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  • 69: Tú y yo

    69: Tú y yo

    Tú estas en casa, solo, alguien llama abajo, soy yo, te sorprendes nunca voy a tu casa sin avisar, y te alegras. Antes de que suba intentas arreglar un poco tu habitación, tienes ganas de que estemos a solas porque hacía mucho tiempo que no intimábamos. Solo pensarlo te excita. Entonces llego yo, llevo un vestidito de verano, y enseguida te das cuenta de que no llevo sujetador.

    Cierras la puerta y me abrazas, me das un beso, muy dulce, nuestras lenguas juguetean, me coges de la mano y me llevas a tu habitación, me siento en tu cama, sigues besándome, tocas mis pechos, te detienes en los pezones, jugando con ellos, yo empiezo a excitarme y tú lo notas y te gusta.

    Me tumbas en la cama, y subes lentamente el vestido hasta descubrir que mis braguitas están totalmente húmedas.

    Te toco yo, y descubro que no estás menos excitado que yo. Te quito la camiseta, y nos besamos… Me quitas el vestido y te detienes en mi cuello besándolo, vas bajando y llegas al pecho, te gusta cogerlas y tocarlas, pero deteniéndote en los pezones que los lames y mordisqueas y eso hace que yo me excite cada vez más… Incluso llegando a gemir…

    Bajas desde el pecho por mi barriguita hasta la comisura de las braguitas, y lames las ingles, sabes que yo deseo que me las quites y me toques… entonces… Te quito los pantalones y te llevo al baño.

    Si… los dos nos abrazamos, notas mis pezones contra tu pecho, cuerpo contra cuerpo. Abro el grifo y me quito las braguitas, está depilado… Y te gusta… Te quitas los calzoncillos… Te mojo con la ducha… Tu pene está muy erecto y buscas el roce contra mi piel.

    Entonces, empiezas a rozarme el clítoris con los dedos. Sabes que me encanta, de fondo el ruido de la ducha… Bajas un poco más, y haces que apoye mi pierna encima de la bañera, abriéndome totalmente de piernas, y empiezas lentamente a lamerme, a rozarme, haciendo círculos con tu lengua en mi clítoris… Y yo empiezo a jadear…

    Me encanta deseo que introduzcas tus dedos en mi vagina… Pero entonces, te paro. Y me tumbo, y tú también, pero al revés, el agua cae sobre nosotros y mientras tu sigues lamiendo yo empiezo a jugar…

    Te rozo los testículos y los lamo… Cojo tu pene con la mano, y empiezo a lamerlo poco a poco sin llegar a la puntita… Y te gusta.. Y empiezas a chuparme más deprisa… Y me introduces dos dedos en la vagina… Si… me encanta.

    Entonces junto mis labios y me la introduzco entera, y te encanta y la saco y me la vuelvo a introducir, deteniéndome en el glande. Y te encanta.. Y a mí también…

    Estamos los dos muy excitados. Mi cuerpo empieza a temblar y el tuyo desea que yo vaya más deprisa y así lo hago. Llegamos los dos al orgasmo, conjuntamente, mientras yo noto tus fluidos en mi boca tu notas una excesiva humedad en la tuya… El agua sigue cayendo sobre nosotros… Nos ponemos de pie y me abrazas.

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  • En soledad, pero gozando

    En soledad, pero gozando

    Es tarde, como no puedo dormir estoy tumbada en el sofá haciendo zapping; entre canales de tele tienda y concursos llego al canal para mayores de 18 años que a partir de la hora “golfa” pone películas para adultos, la que están dando es morbosilla, hay una chica desnuda tumbada en una mesa con las piernas abiertas, el tío en el borde de la mesa comiéndole el coño…

    Empiezo a humedecerme, más que verlos a ellos, mentalmente nos veo a nosotros, meto mis manos por debajo del pijama y mis bragas, estoy tan mojada…

    En la peli él le está recorriendo los labios de arriba a abajo como si paladeara un helado, en un momento la penetra con sus dedos y con su lengua…

    Yo mientras masajeo mi coño con mis manos pensando que son tus dedos los que recorren los labios vaginales, los que me penetran intentando encontrar el punto g…

    De vuelta a la pantalla él se está concentrando en el clítoris, lo lame de abajo a arriba y en círculos, pone sus labios debajo de los dientes dándole suaves e intensos mordiscos combinados con unas succiones al muy hinchado clítoris…

    Mis pezones están totalmente duros y los masajeo con la mano que tengo libre imaginando que es la tuya, paro un momento para ir a la habitación, me desnudo completamente y saco de su cajón a nuestro amiguito el “conejito”.

    Ahora él está de pie, sube las pierna de ella apoyando los talones en su hombros, con el glande le recorre el coño, lo sitúa en la entrada de su vagina y de una embestida la penetra bombeando sin compasión y arrancándole unos gritos de placer…

    En mi interior “conejito” está en movimiento, a medida que sube el ritmo de la peli, yo voy aumentando la intensidad, a la vez que una parte vibra en mi clítoris la otra entra y sale de mi coño, casi resbalando por lo encharcada que estoy…

    A cuatro patas y con él sobre la mesa la penetra salvajemente por detrás mientras ella masajea su clítoris…

    Me pongo en la misma posición, aunque tú no estás detrás, con la punta juego en la entrada de mi vagina, pasándolo por el clítoris, como puedo intento calmar el cosquilleo que siento en mis pechos…

    Sentados en una silla ella le cabalga mientras él le chupa los pezones…

    Imito la escena, encima de “conejito” subo y bajo sintiendo todo su longitud, su grosor -me salen pequeños gemidos, es tan placentero- mis jugos están desbordando, siento como se deslizan por la mano con la que sostengo a “conejito”…

    Ella ha dejado de cabalgar y le está chupando la polla, mientras saborea el glande le masturba con la mano, él se agarra a la silla y comienza a expulsar semen en la boca de ella…

    Con conejito a máxima potencia y mis movimientos comienzo a correrme… es muy placentero… aunque no tanto como si hubiéramos sido tú y yo los protagonistas reales.

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  • El deseo de Paula

    El deseo de Paula

    Le dijo que si realmente quería convertirse en esclava debía presentarse ante su puerta sin nada puesto. Eso significaría que dejaba atrás su vida pasada y renunciaba a la dignidad humana. Cuando abrió la puerta, ella le dio su abrigo y mostró con valentía su entusiasmo. Cuando ingresó a su servicio, puso todas sus pertenencias y ropa en una bolsa de basura para guardarla; sabía que su amo se lo quitaría todo y que ahora ella se convertiría en una esclava, completamente desnuda y sin derechos. El sentimiento de desnudez y vulnerabilidad fue una liberación.

    Había dejado su trabajo para vivir permanentemente y existir sólo como esclava 24 horas al día, 7 días a la semana para su amo. Obligada a ofrecerse como mera carne de propiedad para ser usada y maltratada.

    -¡Eres una puta cosita tan perfecta! Me vas a dar tanto placer…

    Me encanta provocar a mis esclavos y crearles miedo o expectación por lo que les haré a continuación.

    -vamos… dijiste que querías ser mi perra, así que ahora vas a lamer como una perra… ¡ladra cachorrito!

    -Oh, Srta. Paula, no pensarías de verdad que exageraba cuando dije que iba a convertirte en una puta, ¿verdad? Deberías haber sabido que tu estatus de ama de casa murió en el momento en que decidiste someterte a un amo dominante. Sin embargo, es adorable ver cómo sigues intentando mentirte a ti misma. No te preocupes, pronto estarás demasiado absorta en lo bien que te sientes como para preocuparte por tonterías.

    El sexo vainilla ya no le interesaba, se encontraba haciendo cosas cada vez más depravadas mientras imaginaba vivir la vida de una esclava. Anhelaba el día en que pudiera entregarse por completo a un amo y ser de su propiedad.

    -El propósito es algo difícil de descifrar. Se necesita mucha reflexión e introspección para reconocer cuál es nuestro propósito. Por suerte, los objetos como tú no tienen ese problema. Tienes la suerte de que tu amo te asigne un propósito.

    -Sé que da miedo la idea de que puede que nunca vuelvas a correrte. Vivir una vida en constante necesidad. Siempre apretando los muslos, gimiendo al menor roce. Sintiendo el frío metal de tu cinturón de castidad contra tu caliente coño negado. Encerrada y negada hasta que decido acariciarte una y otra vez. Pero sienta tan bien, ¿verdad? Oírme decirte que no cuando me suplicas permiso para correrte. Sentir esa patética excusa para un cerebro goteando por tus muslos y empapando mis sábanas. ¿No te hace palpitar el coño? Sentir que todo tu cuerpo bulle con el inconfundible zumbido de la excitación con solo mis palabras, mi voz, mi lento y meticuloso tacto.

    Como un animalito salvaje en celo. Quieres que te nieguen. Quieres perder todo el control sobre ti misma. Quieres entregarme una de tus funciones corporales más básicas. Quieres ser una buena chica. Sé que quieres. Tal vez si finalmente aceptas que el último orgasmo que tuviste fue realmente el último que tendrás, consideraré dejarte correrte de nuevo. ¿Y si creyeras por un segundo que realmente te dejaría correrte otra vez? Entonces o la negación está haciendo su trabajo, o esa cabecita tuya es más tonta de lo que pensaba.

    Con el coño bien cerrado y desesperada por una penetración, Paula empezó a explorar su otro agujero con la esperanza de que le ofreciera algún tipo de alivio…

    -Buena chica, ahora sigue, pero detente antes de correrte.

    -Te daré la Lección del Día: Ofrecer a tu amo, siempre una buena vista.

    Una esclava bien entrenada adopta siempre su posición rápidamente cuando se le ordena, y poniéndose a cuatro patas, su cara apoyada contra el suelo, sus pechos tocándolo también, su cintura elevada, y sus manos separando sus cachetes, le ofrecía a su amo su culo para que lo poseyera como él estimara conveniente. Una vez que una esclava se ha roto de la vergüenza, con que entusiasmo hace las cosas más degradantes.

    Nada recuerda tanto a una esclava su lugar como hacerle beber la orina de su amo. Una esclava desvergonzada y depravada sorbe orina antes y/o después de ser follada. Esto no es una mujer decente, es el juguete de su amo.

    Metiendo su coño necesitado en mi pierna mientras me dice cosas como que es una patética zorra desesperada por ensuciar tu pierna, le susurro al oído:

    -Realmente necesitas una polla en la boca, ¡ahora a babear puta!

    -Eso es cariño, córrete tantas veces como quieras. Espero que tu cinturón de castidad no te apriete demasiado.

    No es como si no pudiera correrse, es que necesitaba la polla de su amo dentro de ella, sentirse llena de él, sentirse usada, dominada, poseída, sometida…

    Una esclava debería sentir cómo los pezones perforados la llevan a un nivel de excitación sin posibilidad de retorno… permanentemente desnuda y privada de su respiración por un corsé apretado.

    -La hora del ordeño en la lechería. No te preocupes, me he asegurado de que las abrazaderas no estén demasiado apretadas, para que puedas llevarlas todo el día.

    -Sucio juguete de mierda. Mira como la polla en tu culo te hace babear por todas partes. ¿Qué va a pasar cuando te llene de semen?

    -No, puta, así no. Siéntate sobre ella, hasta el fondo. ¿Por qué no te tiro del pelo para ayudarte?

    -No estoy seguro de que puedas llevar tu culo roto a la playa, cariño. Oh espera, vamos a ponerte tu plug, así entonces será más adecuado.

    -Empuja tu lengua profundamente en mi culo puta. Lámelo, quiero sentir como me lo follas. Pajéame, esclava, y prepárate para recibir tu recompensa en esa cara de santa simulas tener.

    Como siempre agradeceros vuestras lecturas, y como no, agradecer de igualmente todos los comentarios respetuosos que queráis hacer.

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  • Beso negro a mi vecina. Chupando un culo moreno

    Beso negro a mi vecina. Chupando un culo moreno

    Una noche no podía dormir y mi vecina, que estaba charlando con una amiga suya en la habitación contigua, decidió empezar a hablar de hombres y de sexo. La conversación empezó por el tamaño de las pollas que se habían comido, pero rápidamente pasó a fantasías sexuales frustradas.

    La amiga de mi vecina decía que le costaba llegar al orgasmo, pero mi vecina tenía mucho más claro lo que le faltaba por hacer:

    -Siempre he querido que un tío me meta la lengua en el culo y no la saque -grito mi vecina

    -¿Pero qué dices? Jajaja -exclamó su amiga

    -Sí, tía, ponerme a cuatro y sentir como huele mi culo y lo chupa con pasión… ¿Te imaginas que te tiras un pedo en su cara? Sería mortal.

    -Tía qué asco, estás fatal.

    Si antes no podía dormir después de aquello os podéis imaginar…

    Mi vecina era una morena regordeta con caderas anchas pero firmes. A veces subía las escaleras detrás suya y según cerraba la puerta de mi casa iba al baño a imaginarme ese culo sin pantalones en mi cara…

    Empecé a acariciarme la polla cuando decidí que, si algún día quería comerme ese culo, tenía que ser hoy…

    La conversación entre ellas decayó algo y empezaron a recoger. Yo estaba deseando que su amiga se marchara.

    Mantuvieron unas últimas palabras en el umbral de su puerta, la vecina bajó las escaleras y ella cerró la puerta.

    Yo, cachondo como nunca y extremadamente nervioso, con toda la sangre donde no debería, abrí mi puerta y llamé a la suya.

    -¡Buenas noches! -Exclamé más alto de lo que debería a la 1 am.

    -¿Hola? Buenas noches -Dijo ella extrañada de que llamase a su puerta a esa hora.

    -No he podido evitar oír vuestra conversación dado que mi dormitorio es contiguo a tu salón…

    Ella mantuvo la mirada y solo dijo “Valee…”. A lo que siguió un breve silencio que rompí yo:

    -¿Puedo… quizá… ayudarte con tu fantasía?

    Ella puso cara de asombro, pero no contestó inmediatamente.

    -¿Es una pregunta o una afirmación? -Contestó ella un poco después.

    Yo, nervioso como nunca, me lancé:

    -Es una afirmación. Yo puedo hacer lo que tú quieres…

    Ella me miró fijamente y me sostuvo la mirada. Parecía que ninguno de los dos respirábamos…

    -Entra, ¿me prometes que no me decepcionaras o voy a tener que atarte?

    Me quedé sin habla y no supe contestar. “Las dos cosas” pensé.

    -Puedes atarme si quieres, pero prometo estar a la altura.

    Ella avanzó hasta su habitación guiándome. Se quitó los pantalones de pijama al entrar a su habitación y anduvo hasta la cama en tanga. No dejaba de mirar como yo le miraba el culo. Un culo grande, menos moreno que el resto del cuerpo, perfilado por un tanga negro que se perdía entre aquellas nalgas…

    -Puedes ponerte un cojín si quieres… -dijo mientras se arrodillaba en la cama.

    Hice lo que me dijo y me puse de rodillas en el suelo. Ella aún no se había agachado y tenía sus pies cerca de mi cara. Su culo estaba cerca de mi cabeza y parecía inmenso…

    -¿Un besito de buena suerte? -Dijo mientras me ponía un pie cerca de la cara.

    Yo estaba tan cachondo que haría cualquier cosa que me pidiese, sobre todo desde aquel ángulo. Le besé un pie y aunque no tuvo sabor alguno, lo detecté algo pegajoso, nada grave, era un pie.

    -¿Como se dice? -Preguntó

    -Gracias -dije al instante, aunque no se si debería

    Ella comenzó a agacharse y supe que desde ese momento se me estaba poniendo a prueba. Si lo hacía bien podría chupar ese culo con regularidad, ya que era mi vecina. Según se iba agachando sus caderas parecían ensancharse y poco a poco, entre las nalgas, empezó a verse un agujero redondo y marrón oscuro. Perfecto, arrugado…

    Acerqué mi cara a sus nalgas sin prisa y di un beso a cada una. Pasé mi nariz por su raja sin tocarla, solo oliendo.

    Olía fuerte, estaba caliente y… aquel culo era perfecto. Me controlé por no lanzar mi cara contra él y volví a oler… Olía a culo, a cerrado…

    Separe un poco una nalga, toque su ano con mi nariz y volví a oler… No podía más. Le bajé el tanga con las manos, ella se inclinó un poquito más y empecé a rodear su ojete con mi lengua.

    No estaba sucio, pero tampoco recién duchado, el sabor era amargo y salado. Seguí rodeando su culo con mi lengua hasta que empecé a darle lengüetazos anchos. El calor de su raja impregnaba mi cara y mi lengua peleaba con su ojete. Olía y chupaba, olía y chupaba… hasta que enterré mi cara en su culo y ella apretó mi cara contra él con una mano. Allí dentro había paz, satisfacción y lujuria. Ella gemía de placer y restregaba todo su culo contra mi cara hasta que se aseguró que cada centímetro de mi cara había pasado por su culo. Me soltó y respire fuerte cerca de culo.

    Le separé las nalgas con las manos y poco a poco le empecé a follar el culo con la lengua. La vista era descomunal, el olor era fuerte y el sabor, cuanto más dentro más intenso. Ella parecía disfrutar tanto como yo. Mientras hacía aquello ella movía su culo para adelante y para atrás para que metiese mi lengua más dentro.

    -Eres un buen chupaculos ¿eh?

    Yo no interrumpí aquello para contestar. Además, era bastante obvio que sí.

    -Tienes que haber chupado unos cuantos culos, lo haces muy bien. Dime ¿eres un lamedor de culos profesional? Naciste para esto.

    Aquello me la ponía más dura aún. Apretó mi cara contra su culo sin dejarme respirar y dijo:

    -Si lo llego a saber antes te pasas comiendo culo toda la noche. Cagué hace un ratito, si lo llego a saber me limpio en tu cara. ¿Te gustaría eh? Así eh, así.

    Apretaba tanto mi cara que yo no conseguía restregarla con su raja.

    Me soltó y se irguió. Se puso de píe con los pies un poco separados y me ordenó que me tumbase. Obedecí y ella empezó a inclinarse. Tenía sus pies a mis lados y veía como poco a poco aquel ano se acercaba a mí y se abría un poco al llegar a mi cara.

    -Te gusta ¿eh? Ay, tengo un pedito, eres todo un afortunado.

    -¡Venga! -dije, cerrando los ojos sin saber cómo reaccionar.

    Ella apretó el culo y vi su ojete moverse al abrir los ojos, pero no salió nada. Me puso el ano en la boca y yo la abrí. Guiño el culo un par de veces más y a la tercera un pedo pasó directo de su culo a mi boca. El sabor era asqueroso pero increíble. En cuanto cesó el viento caliente, ella bajó el culo para asegurarse de que todo aquel pedo ahora era mío. Y volvió a restregarme el culo contra la cara.

    -Oh joder, es increíble ¿eh? Dios, que gustazo.

    Ahora prácticamente me estaba perreando la cara mientras yo podía sin seguir respirar y su culo sacudía mi nariz.

    Lo levanto y lo volvió a bajar varias veces para golpear mi cara.

    -Te gusta eh, joder claro que te gusta, es increíble.

    Ella metió su ojete dentro de mi boca y me ordenó que metiese la lengua, fuerte. Ella empezó a gemir mientras sacudía su culo ligeramente. Un poco después vi cómo se llevaba un dedo al clítoris. Ella giñaba el ano de vez en cuando quizá por puro placer. El olor a culo allí debajo era tan intenso que hasta mareaba un poco. Además, solo podía respirar por la nariz porque su culo estaba en mi boca. Las vistas eran insuperables.

    Juraría que hubo algún que otro pequeño pedo en aquel frenesí de placer que pasó desapercibido por sus gemidos, los míos y el sabor intenso.

    -Oh, joder, dios, ¡si! -Gemía ella

    Los gemidos aumentaros de volumen y frecuencia hasta que noté un líquido caliente en mi pecho que me sobresaltó un poco y ella levantó un poco el culo. Cuando el pis perdió fuerza algunas gotitas fueron a mi barbilla y pude observar su ano, abierto, marrón y precioso. Sus gemidos dieron paso a sollozos y cuando empezó un silencio breve, conmigo aun allí debajo, se metió un dedo en el ojete y me lo metió en la boca. Entonces se levantó.

    -Uff, joder, realmente te gustan los ojetes ¿eh?

    No supe responder y empecé a levantarme.

    -Te voy a ser sincero, hubo un momento en el que pensé que me cagaba del placer y ni por un momento me iba a quitar.

    No supe qué hacer con esa información, aunque sé que me masturbaría con aquello en el futuro.

    -¿Gracias? -dije, sin ser consciente de mis palabras.

    -Bien hecho chico, ahora sé que puedo contar contigo para que me chupes el culo.

    -¡Si! -grité- digo, si… -me arrepentí de aquel ímpetu, la breve falta de oxígeno, los nervios… tenía mucho que procesar. Pero tenía un sabor a culo en la boca que jamás olvidaría.

    -Vete, yo limpio, la próxima vez pondré un plástico o algo. Ah, y lávate la boca, ¡tienes un poco de… bueno ya lo verás en casa! Adiós. Chao.

    Me empujó fuera de su casa y cerró la puerta. Aquella noche no podría dormir ni lo más mínimo. Pero tenía un sabor a culo y a pedo que tenía que quitarme. Fui al baño a enjuagarme la boca y al mirarme en el espejo, tenía la comisura de los labios algo marrón…

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  • Del odio al amor es un paso

    Del odio al amor es un paso

    Todos tenemos distintas historias personales, pero algunas con el pasar de los años se cruzan irremediablemente, si bien los odios por lo general tratamos de que no vuelvan, a veces llegan en otra forma, y es lo que me pasó a mi, yo estoy casado desde hace mucho tiempo y por distintas cuestiones de la vida algo que creí que no pasaría nunca pasó, tanto yo como mi esposa tenemos 46 años y vivimos en un terreno que ella heredó de sus padres, ella tiene 3 hermanos y como sucede siempre el terreno se divide en 4 partes, el temas es que en la parte de atrás vive una ex pareja de mi cuñado, a quien por tener una hija de él, mi suegra en vida le dio la parte de atrás.

    Mi esposa arregló con otra de sus hermanas el dejarle su parte de otro terreno por la que le correspondía a ella de este, y la parte restante es de otra hermana que le dijo a mi esposa que se haga cargo de esta y de a poco le vaya pagando como pueda, en definitiva mi esposa tiene ¾ parte del terreno y la restante es de una ex pareja de mi cuñado, con el tiempo empezaron a surgir los problemas porque los que vivían atrás querían adueñarse de más de lo que le correspondía, así que hubo muchos idas y vueltas, incluso hubo golpe y demás, por esta razón mí esposa odiaba a su ex cuñada, mandamos a hacer un paredón de 100 metros cuadrados para dejar todo bien separado y que no haya ningún inconveniente más.

    El tiempo fue pasando y las aguas no se calmaban, incluso con el pasar de los años la hija de mi cuñado creció y se fue de la casa, y su madre volvió a hacer pareja y separarse, cada cruce entre ellas era un cuento de nunca acabar con sus peleas, pero en cambio yo trataba de apaciguar la situación y no tenía una mala relación con ella, obviamente que siempre dentro del respeto y los buenos modales.

    A Julia que así llamaré a la ex de mi cuñado, siempre la vi como una persona conflictiva, y para nada atractiva ella tiene unos 50 años, de contextura grande, pelo muy corto casi rapado y su cara era realmente incómoda de ver, pero debo decir que con el paso del tiempo ella sola mantuvo a sus hijos y tiene un gran mérito, pero lo que viene a cuenta es lo que pasó después con el paso del tiempo.

    Una noche nos encontrábamos con mi esposa en una fiesta que organizaba mi sindicato, realmente lo estábamos pasando bien tomando y bailando, pero cuando menos lo esperamos vemos que está Julia, mi esposa que ya se encontraba con un par de tragos demás realmente se puso de mal humor, así que decidimos irnos a casa para que las cosas no pasen a mayores.

    Cuando llegamos ella se da cuenta que se había olvidado la cartera así que tuve que volver a buscarla, antes hice que mi esposa se acueste así descansaba mientras la iba a buscar, cuando llego ya había poca gente en el lugar y la cartera se encontraba en la mesa, la agarro y me choco con Julia, ella me dice que fue una sorpresa que coincidamos en esa fiesta, yo le digo que está todo bien, que no se haga problema, que mi esposa ya se había ido a dormir y que no se cruzarían así no pasaban un mal momento ninguna de las dos.

    Julia me responde que yo siempre tratando que todo esté bien, que era un hombre excelente y que mi esposa tenía la suerte de estar conmigo, yo le contesto que gracias y si necesitaba que la acerque a su casa, que estaba detrás de la mía, Julia me agradece que hiciera eso por ella y salimos.

    En el trayecto vamos hablando de todo, y me di cuenta de que ella también tenía algunas copas demás, cuando llegamos los dos tenemos que entrar por un pasillo y ella continúa hasta el final, así que cuando entramos la saludo diciéndole buenas noches, que descanses, y ella me agarra la mano y me da un beso en la boca, yo hasta ese momento nunca la había mirado como a una mujer sexualmente, pero ese instante cambió todo para mí, no sé muy bien si era el alcohol o que pero sentí una calentura inexplicable, por lo que le respondí el beso y además agarré su culo con mis dos manos.

    Estuvimos así unos minutos, pero los dos sabíamos que era peligroso, yo debería llegar pronto porque mi esposa sospecharía, así que le dije que me dejara ver cómo estaba todo en casa y que ella me esperara en la suya con la puerta abierta, que si mi esposa estaba despierta le enviaría un mensaje, cuando entré ella se encontraba dormida, así que dejé su cartera, puse celular en silencio y le envié un mensaje que decía que me quedaría tomando unas copas con unos compañeros y volvía, luego otra vez le puse el sonido, salí y fui directo a la casa de Julia.

    Cuando entré ella ya estaba en la cama completamente desnuda, así que me hundí entre sus piernas a chupar su concha, sus piernas eran gruesas y su concha gorda, podía morder y chupar sus carnes, y cuando pasaba mi lengua en su clítoris se ponía hinchado y brilloso, Julia agarraba mi cabeza y la sujetaba para que no pare de chupar, y decía innumerables insultos de placer, pero lo que más decía era “dale, chúpame la concha y haceme acabar”, realmente estaba disfrutando de esa concha, era distinta a la de mi esposa y eso me encantaba.

    Yo chupaba y trataba de meter mi lengua en lo mas profundo de su interior, luego me detenía a jugar con su clítoris, y Julia gemía como loca, hasta que llegaron sus primeros espasmos y acabó con un grito, fue increíble como lo estaba gozando, cuando se recuperó me pidió que me saque la ropa, y así lo hice, me acosté a su lado y ella se levantó, se acomodó entre mis piernas y comenzó a darme la chupada de pija más monumental de la historia, ella jugaba con su lengua en la cabeza de mi pija y luego la tragaba por completo, bajaba pasando su lengua hasta llegar a mis huevos, que los lamía y chupaba.

    Realmente la estaba saboreando y decía “que rica pija”, eso me calentaba aún más, en un momento comenzó a chupar de tal manera que casi me hace acabar ahí mismo, movía su cabeza intentando tragar lo que más podía y llegaba a chocar con mi pelvis, era increíble, luego de bastantes minutos de estar chupando me dice “ahora quiero que me cojas la concha y me la llenes de leche”, me sentía en otro mundo al escuchar como lo decía, Julia se salió de entre mis piernas, se puso en 4 y mirándome dice cogéme, yo me levanté y me acomode detrás de ella, pero cuando vi su enorme culo a mi disposición.

    No aguanté la tentación y me puse a chuparlo, nunca pensé que esa mujer con la que tuvimos tantos conflictos podría ser tan puta en la cama y yo disfrutar de eso, pasaba mi lengua por todo ese generoso culo, de abajo a arriba y me detenía en su ano a jugar con mi lengua que le arrancaba suspiros y palabras de placer, me decía “así papi, chupáme así y después cogemeló”, mientras decía esto agarro sus nalgas con sus manos y las abrió para que pueda comerle mejor el culo, que delicia meter mi lengua lo mas profundo que podía en su ano, ella solo decía mmmm cada vez que lo hacía.

    Realmente estaba teniendo una de las mejores experiencias sexuales de mi vida, yo chupaba y lamía su culo y concha a gusto, cuando pasaron varios minutos de estar chupándosela, me acomodo y pongo mi pija en la entrada de su concha, y de un solo empujón llegué al fondo, Julia dio un gemido y yo comencé a meter y sacar mi pija, cada vez que la embestía ella gemía mas fuerte, mis huevos chocaban contra su concha haciendo el clásico sonido de estar dándole una buena cogida, en pocos minutos comenzó a insultar nuevamente y ahí mismo tuvo su segundo orgasmo, y me decía que no pare de cogerla, obviamente no lo hice, ella pedía más y más.

    Yo estaba que casi no aguantaba sin acabar, así que me salí de su interior y nuevamente comencé a chuparle el culo, porque me había encantado y porque quería bajar un poco la calentura, luego de unos minutos de chuparla, me acomodo y apoyo mi pija en su ano, hago presión y entra la cabeza de un solo empujón, Julia da un quejido de dolor pero no me dice nada, así que presiono un poco más para que entre toda mi pija, cuando choco con sus nalgas me detengo para que se acostumbre, y muy lentamente la empiezo a sacar.

    Julia se queja nuevamente pero está vez menos, así que comienzo con el mete y saca subiendo la velocidad de a poco y sus quejidos se transforman en gemidos y palabras calientes pidiéndome que la coja más fuerte, yo lo hacía con todas mis fuerzas y eso le encantaba, la sacaba completamente y la volvía a meter, de esa forma podía ver lo dilatado que quedaba su ano, ella me pedía que le llene el culo de leche, así que cuando estaba por acabar se lo digo, y ella me dice “quiero sentir tu leche caliente en mi culo papi”.

    Fue solamente escuchar eso y acabe como nunca, varios chorros de leche quedaron en su interior y quedé rendido, me salgo y Julia abre sus nalgas con sus manos y me dice “mira como me dejaste”, yo veía su culo bien dilatado y chorreando leche, fue la mejor vista que tuve en años, se da vuelta y quedamos abrazados en la cama.

    Al rato le digo que me tengo que ir, así mi esposa no sospecharía, ella me dice que está bien, pero que quiere que la vuelva a coger con más tiempo, yo le contesto que me encantaría cogerla muchas veces más y que me encanta su culo, me dice que puede ser mío todas las veces que desee, que hace bastante no la cogen así, por lo que arreglamos todo para seguir cogiendo y ser amantes, hoy la cojo en todas las formas posibles y prácticamente es mi juguete sexual, y a Julia le encanta eso, en este tiempo cumplimos varias fantasías mías, y otras que ella ya las había hecho, pero si me lo piden se las contaré, espero sus mensajes.

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  • La encargada del club

    La encargada del club

    Me aventuro en esta ocasión a contar una experiencia que tuve con una mujer madura, a mis 20 años. La verdad es que la belleza está en saber apreciar, y la belleza más atractiva a mi modo de ver es la imperfecta.

    Una mujer madura ofrece experiencia, discreción y libertad, la cuestión es encontrar el lugar y la persona adecuada.

    El club deportivo por membresía “el campestre” de mi ciudad, cuenta con algunas canchas de frontón, básquetbol, fútbol, ½ alberca olímpica, muchas áreas verdes y 1 baño sauna grupal; al fondo un bungaló de vivienda para la persona de mantenimiento.

    Quien ahí habitaba era Norma, una señora divorciada de unos 45 años y sus dos hijos varones de 18 y 20 años. Ella era más bien alta (de 1.70 m. aprox.), morena clara, de pelo lacio y al hombro; de cuerpo llenito sin llegar a obesa, sus piernas eran gruesas y bien definidas, su trasero que ya había visto pasar mejores tiempos era grande y ya no tan duro, pero muy atractivo; su punto fuerte para mi eran sus enormes senos, bien naturales, juguetones por ya no ser tan firmes, de un color moreno bien claro y con unos pezones bien grandes (la aureola era grandísima) y la punta del mismo resaltaba siempre por sobre su sostén y blusa aún sin estar excitada, imaginen cuando lo estaba.

    Yo en esa edad era bien ardiente, siempre estaba buscando el modo de verla o tocarla, a veces hasta resultaba demasiado obvio, pero ella me apartaba con delicadeza, tal vez me comprendía por que sus hijos eran de mi edad y siempre andaban atrás de las jóvenes que jugaban en el deportivo.

    Así, por ejemplo, le pedía me prestara balones o pelotas, y en las agachadas de ella, yo aprovechaba para apreciar dentro de su blusa holgadísima sus nenas enormes; no había sostén que tapara totalmente su pezón por lo que siempre miraba buena parte de el. Norma incluso me dejaba ver un poco más (así lo sentía yo) durando más de la cuenta inclinada o moviéndose de tal manera que su pezón saliera del sostén y yo lo apreciara a plenitud. Yo, deliberadamente hacía deporte en puro short de licra (como los de los ciclistas), y ella al estar abajo buscando lo que le pedía quedaba a centímetros de mi pene erecto, el cual no podía evitar observar.

    En muchas ocasiones en vez de estar delante de ella, me ponía a sus espaldas, provocando que en determinado momento al agacharse o pararse, se rozaran su trasero bajo su minifalda negra del club y mi pene bajo mi licra. Habíamos tomado cierta confianza entre nosotros, lo que me daba motivo de tocarla o verla a la menor oportunidad.

    Una ocasión, la vi barriendo la orilla de la alberca y al llegar al lugar donde yo estaba dentro, me salí de golpe provocando que Norma me viera mi miembro bien despierto y con el glande tan hinchado que casi la pedía a gritos. En otra ocasión tuve la suerte de verla defecar, por un orificio que quedo tras su baño durante una remodelación en el lugar, aquel lugar solo duro un día, pero fue suficiente para darme cuenta de algunas cosas: su ano se abría una enormidad y se veía bellísimo; sus labios vaginales eran muy gruesos e hinchados y su obertura se veía a simple vista; y, una cosa que me sorprendió: lo tenía rasurado a rastrillo.

    Las masturbadas por las noches pensando en ella eran obligadas, no dormía hasta eyacular pensando en su encanto de mujer madura.

    Tenía yo que cuidarme mucho de sus hijos, eran muy celosos y ya comenzaban a sospechar de mí. Pero aquel fin de semana se descuidaron, era sábado y desde temprano se habían ido a una fiesta con sus amigos. Se quedo Norma esperando que se fueran los últimos socios para terminar de limpiar el sitio e irse a descansar; el último lugar que limpiaba eran las regaderas y sauna una vez que cerraba.

    Yo permanecí dentro del club escondido dentro de los baños; la mire venir por la ventana y empezó mi plan, justo al entrar Norma pudo apreciar muy bien y cerca mi pene orinando en el mingitorio de la entrada, se sorprendió y sin dejar de mirarlo dijo: -“Caray te quedaste dentro, discúlpame por entrar así, ahora te abro la puerta de salida”-.

    Le conteste (metiendo mi pene ya en mi short): -“Si no es molestia te quisiera pedir que me dejes bañar, no me tardo, mientras puedes seguir limpiando, te juro que no te estorbaré, tú has tus labores normalmente y como si nada por favor ¿sí?”.

    Norma me sonrío y contesto: -“Mira, estos son los momentos que yo aprovecho para bañarme, por eso limpio esto hasta lo último, por eso lo hago solo con mi toalla encima, así que no te pases de listo que te conozco y apúrate para luego entrar yo al vapor”.

    Entre al vapor totalmente desnudo, al cabo de un rato entreabrí la puerta y pude ver que Norma ya limpiaba afuera del sauna las regaderas con tan solo una toalla blanca encima, la cual solo tapaba de medios pechos hasta bajo la cadera. Las inclinadas eran fenomenales, su culo sobre sus piernas era insoportablemente delirante, y una de sus niñas de plano se había botado fuera de la toalla.

    Estaba a punto de eyacular sin siquiera tocarme el miembro, cuando la vi venir hacía mí, corrí a sentarme a la banca del sauna. Norma entró y me busco entre la oscuridad blanca del vapor, me encontró sentado con las piernas estiradas y el miembro bien firme. –”¿todavía aquí? Ya terminé todo y tú todavía no te puedes ni bañar, y caramba cada vez tienes menos vergüenza conmigo Walter. Obviamente estas bastante caliente y no me refiero al vapor ¿o no?”.

    -“No lo puedo evitar, mira como te ves con tan solo esa toalla, ¿Tú crees que tus senos no me provocan, y tus piernas no quisiera tenerlas abiertas enfrente mío?”- le contesté, esperando una reacción de rechazo y hasta agresiva de ella. Cual fue mi sorpresa lo que me dijo sonriendo y con comprensión.

    -“No te hagas el inocente, que eres tú el que tienes tiempo provocando estas situaciones, estas que no sé como has aguantado y no me has penetrado a la fuerza; pero ahora arreglamos esto de una vez…”-

    Sentado yo aún, Norma se puso de rodillas y acaricio mi pene (no muy grande, una cosa normal y que yo rasure en su honor) suavemente con su mano; yo, baje la toalla de sus senos para apreciarlos y sentir su calidez, viendo esto ella, puso mi miembro en medio de sus ubres y lo masturbo muy lentamente sirviendo como lubricante nuestro sudor. Estaba como les comente a nada de venir, por lo que en sólo ½ minuto al ver Norma que era inevitable se llevó la verga a la boca y no dejo salir ni gota, muchos chorros que no la dejaban ni respirar pero aguanto la venida.

    Me recosté extasiado en la banca y la doña se acabó de quitar la toalla y se dio un regaderazo frío. Como a los 5 minutos estaba mi verga erecta otra vez y vino hacía mi nuevamente Norma, me dijo que me acostara en la banca y la complací; se sentó encima mío, metiéndose el pene hasta el fondo de un golpe, ya no estaba tan apretada, pero estaba riquísima.

    Cogió por unos 15 minutos sin parar, gimiendo mucho, se veía que ya le urgía una verga dentro de mucho tiempo atrás; en ese lapso yo eyacule dentro de ella pero eso no la detuvo hasta lograr un mega orgasmo, me sorprendió la mojadota que se dio y medio. Al acabar ella, se dio cuenta que me faltaba poco a mi e inmediatamente sacarlo dentro de sí, me masturbo muy rápidamente con su mano; al mismo tiempo yo no quitaba las manos de sus tetas que manifestaban un pezón impresionante, eyacule salvajemente hasta casi quedar sin sentido.

    Me quede recostado en la banca no se cuanto tiempo más, estaba exhausto; Norma al otro extremo de la banca acostada abierta de piernas de frente a mi con su vagina rasurada a rastrillo (que suave era), descansando plácidamente su baño y orgasmo.

    En un momento dado me dijo doña Norma: -“Creo que es hora de que te vayas a casa Walter, mira, como lo tuyo es muy fuerte, ok, si quieres cógeme una vez más como y por donde quieras y nos despedimos”.

    Claro que acepte la oferta, le pedí se pusiera de rodilla sobre la banca y con su culo hermoso al viento; la penetre por su oscuro y enorme ano bien lubricado por el sudor que emanábamos, la folle bien lentamente para disfrutar al máximo; norma pujaba y pujaba bien rico y fuerte de placer. Mis manos en esos momentos recorrían a placer sus senos impresionantes y su vagina hinchada y rasurada. La eyaculación fue demasiado intensa en cuanto a sensación dentro de su ano, tuve que detenerme de la pared para no desmayar.

    Descansamos un poco y luego nos dimos un baño mutuo en la regadera fría. Nos vestimos y me abrió para salir del deportivo; no se ni como llegue a mi casa con aquella debilidad provocada por el vapor y la señora Norma.

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  • La novia de otro

    La novia de otro

    Después de cinco años de ausencia me apetecía explorar de nuevo mi ciudad, primero subí al Tibidabo para contemplar una panorámica y después la crucé para ir a cenar junto al mar; la última vez que lo hice en un restaurante del puerto olímpico las circunstancias eran otras, pero me había acostumbrado a disfrutar de las cosas sin necesidad de compañías forzadas.

    Tras una cena más abundante de lo recomendable dejé el coche y a pie me dirigí a “Las ramblas”; gran arteria de la ciudad siempre en ebullición donde el ambiente está asegurado, llegando a la mítica “Fuente de Canaletas” vi mucho movimiento y es que había terminado el derbi catalán aunque desconocía el resultado me pareció que habría problemas; como en otra ocasiones había bastante policía para evitar que algunos violentos crearan disturbios pero eso no impidió que comenzaran a oírse algunos gritos acompañando a las primeras carreras, eso solo podía ir a peor y decidí retirarme de allí.

    Un grupo venia corriendo hacia mí empujado a una mujer asustada; tiré de ella para apartarnos contra un portal y se abrazó a mi como a una tabla de salvación, un policía nos miró, pero al ver que no intentamos huir siguió al grupo, abracé a la mujer por la cintura y nos metimos por unas callejas laterales en dirección al mar, caminamos en silencio hasta las atarazanas y me despedí con la intención de separarnos; ella ya estaba a salvo y yo caminaría hasta donde había dejado el coche.

    —No me dejes sola por favor. ¿Te puedo acompañar? Estaba con unas amigas, pero nos hemos separado y no quiero regresar a casa todavía.

    Aún tenía mi mano en su cintura y por primera vez me fijé en ella y lo que más me gustó fue su forma de mirarme, se veía muy sincera y eso sí que me impresiono a pesar de que por norma desconfiaba de las mujeres, pero eso en algún momento debía cambiar; se abrazó a mí y notar su cuerpo hizo que me excitara y la besé, la bese como hacía mucho tiempo que no hacía y me gustó la forma de responder y entregarse.

    Poco después le dije donde tenía el coche pero que si no le apetecía pasear podíamos ir a casa directamente; no estaba dispuesto a perder el tiempo y quería saber si solo quería flirtear o realmente le atraía la idea de pasar unas horas conmigo.

    —Podemos ir a tu casa directamente, pero no me importa pasear contigo si es lo que decides.

    No tuve que decidir nada, en ese momento comenzó a llover y como había parado un taxi en el semáforo lo tomamos para que nos llevara a mi casa y el coche ya lo recogería en algún momento del domingo, en el trayecto nos presentamos, ella se llama Paula y le dije que me llamo Juan; sé que no es un nombre exótico, pero es el mío.

    En el ascensor nos dedicamos a besarnos como posesos y nuestras manos exploraron el cuerpo del otro con ansia; ya dentro del piso seguimos con frenesí nuestra carrera que solo nos llevó a mi cama donde tuvimos un primer asalto; después de besar su cuerpo y acariciarlo con gran pasión me suplicó que la penetrara; no suelo hacerlo sin condón pero por primera vez en mucho tiempo no me paré a pensar y me dedique en cuerpo y alma a satisfacerla, consciente que una mujer satisfecha siempre se muestra más ardiente.

    Después del primer orgasmo me sorprendió la facilidad para alcanzar el siguiente y además como aumentó en intensidad; había oído hablar de mujeres multiorgásmica pero lo máximo que había conseguido en alguna ocasión era continuar en un corto espacio de tiempo, pero nunca sin pausa entre uno y otro, cabeceaba a un lado y otro y me tenía atrapado con sus piernas mientras farfullaba.

    —¡Sigue! ¡Sigueee!

    Naturalmente que continué, además me sujetaba también con sus brazos atrayéndome con fuerza como si temiera que la dejara, intenté retirarme al notar que me corría, pero lo evitó con su presa.

    Se arqueaba como si de ese modo pudiera penetrar aún más; me vacié por completo en ella que me abrazó para que no me moviera durante unos minutos en que guardamos silencio y al final de los cuales me hizo girar para quedar entonces sobre mi e irguiéndose me mostró su agradecimiento aprisionándome la verga con sus músculos vaginales obteniendo así una erección regular, lanzándose entonces a una desesperada cabalgada en la que consiguió otra serie de orgasmos que encadenó pero que no impidió que me vaciara por segunda vez, entonces se abatió sobre mi pecho y cuando se serenó un poco musitó.

    —Cuéntame algo de ti, no quiero que me apartes y me gustaría que me arrullaras con tus palabras mientras me adormezco un poco, estoy muy cansada, pero contenta de haberte encontrado.

    La abracé con mimo y comencé a contarle de forma casual y casi impersonal algunas de mis cuitas.

    —Marché de esta ciudad que adoro hace algo más de cinco años poco después de divorciarme de la que fue mi pareja por casi diez y que de la noche a la mañana decidió que ya no quería continuar conmigo; como no podía pagarme su mitad le compre yo la suya de esta casa donde apenas he vivido desde entonces.

    —La misma mujer que nos ayudaba cuando estábamos juntos es la que en este tiempo se ha encargado de abrir la casa de vez en cuando para ventilarla y cuando le comunique que pasaría unos días aquí la limpió y me llenó la nevera de lo esencial; seguramente solo estaré un par de semanas, el próximo domingo asistiré a una boda y después de hacer algunas visitas volveré a la filial de Tenerife que es donde resido desde que marche.

    En ese momento Paula levantó la cabeza y preguntó con gran interés.

    —¿Crees en las casualidades? También yo iré a una boda el domingo próximo. ¿Cómo se llama quien te ha invitado a la boda?

    Estallé en una sonora carcajada y añadí.

    —Matías, es mi primo Matías y no es que le tenga demasiado aprecio, fue el causante directo de mi divorcio y si no tuvo toda la culpa sí que fue quien le aconsejó a mi ex que si no estaba segura de seguir conmigo lo mejor era separarse y valorar la situación desde fuera; después la llevó a varias fiestas privadas donde se hartaba de follar con unos y otras hasta que decidió seguir ese camino.

    Paula siguió interrogándolo.

    —¿Y has venido para vengarte, conoces a la mujer que se casa con él?

    —No es venganza lo que busco, solo recuperar esa pequeña parcela que me robó, la capacidad de estar cerca suyo y que no me duela, digamos que es una especie de terapia aunque no lo he visto aún y en cuanto a su futura esposa no la conozco aunque pienso que ha de ser una criatura muy ingenua si no ha sido capaz de descubrir qué clase de hombre es, pero no le deseo ningún mal.

    Después de un prolongado silencio Paula comenzó a sollozar; Juan no entendía nada y cuando le preguntó que sucedía ella se levantó y fue a por su bolso, sacó un portafotos que le entregó abierto, después de mirarlo y sorprenderse cuando levantó la cabeza ella le espetó.

    —¿Cómo lo has hecho para conseguir acercarte a mi esta noche? ¿He de creer que no me conocías?

    Juan cogió su móvil, marcó un número y puso en marcha la grabadora; con el sistema manos libres se oyó la voz de Matías entre el barullo propio de una sala de fiestas.

    —¿Quién eres no veo tu nombre? Juan puso voz gangosa como si hubiera bebido y contestó.

    —Soy Juan tu primo, quería haber ido a tu boda, pero me es imposible después de lo que pasó, pero esta noche estoy un poco más animado que otras veces y quería saber a quién has engañado esta vez. ¿No me enviaste ninguna foto de tu futura esposa verdad? Su primo le respondió con sorna.

    —Se trata de una buena chica casi tan tonta como puta, te envío una foto para que veas la cara de mamona que tiene.

    Juan se quedó en silencio esperando que él otro continuara.

    —Ahora estamos ambos en la despedida de solteros y me consta que follará con quien le parezca, pero no me importa porque además de que también yo lo haré, sé que la culpa le hará disculparme de cualquier humillación a la que se me ocurra someterla, de hecho, al poco de conocernos le comenté que tenía que verme de vez en cuando con “Sandra” la ex de mi primo que se había quedado destrozada por la separación y aunque paso algunas noches con ella nunca me ha preguntado nada.

    —Por cierto, ¿Has sabido algo de Sandra? Está hecha una buena pieza, me extraña que no haya venido a mí despedida de soltero, sé que aún sigue follando con unos y otras como cuando te dejó para entrar en esa dinámica y es que es una golfa de mucho cuidado con la que me sigo encontrando al menos dos o tres veces al mes. Bueno, te envío una foto de Paula y otra de Sandra para que puedas comprobar que ambas son unas mamonas de mucho cuidado y la próxima vez que esté con Sandra ya le diré que has llamado.

    Juan ignoró ese último comentario y le contestó que esa noche aún tenía cosas que hacer y colgó.

    Entretanto llegó un whatsapp que Juan miró después de cortar la comunicación; había una foto de Paula jugando con una polla como si fuera un caramelo y a continuación llegó otra de Sandra en semejante postura y ambas hechas en la misma habitación.

    La situación era tensa; la conversación había sido esclarecedora pero la visión de esas fotos había turbado mucho a Paula y abrazándola le dijo.

    —Me has preguntado antes si creo en las casualidades y te aseguro que desde hace unos minutos he de responder con un rotundo ¡SI! La mujer se dejó abrazar y comentó como si hablara consigo mismo.

    —Matías me habló de su primo; se había marchado a Tenerife después de divorciarse de una mujer maravillosa con la que estuvo él unos meses para consolarla pues la ruptura fue traumática y según me contó es que el esposo la hizo sufrir mucho con sus infidelidades, pero ya veo que la historia es muy diferente y Matías un desalmado; después de vivir juntos seguía visitándola de vez en cuando aunque nunca me la presentó ni yo le pregunté; estaba orgullosa de que se preocupara por ella y que pasaran la noche “charlando para animarla” como comentó una de las primeras noches que pasó con ella cuando ya vivíamos juntos.

    Juan la llevó de regreso a la cama y terminaron de pasar la noche, pero sin tener más sexo pero sin soltar ese abrazo que tanto bien hizo a ambos; no durmieron en absoluto y a media mañana salieron a desayunar a un bar cercano a donde había dejado el coche la noche anterior, después la acompañé y por indicación de Paula aparqué en un lugar desde donde se veía el piso que compartía con Matías.

    Esperamos, cerca de las dos lo vimos salir y entramos nosotros; en dos bolsos y una maleta que sacó de un armario guardó una serie de cosas, sobre todo ropa zapatos además de un portátil, había dejado un elegante vestido sobre la cama que se puso directamente sobre la piel y con un guiño me indicó que podíamos marchar. Comimos en el mismo restaurante donde cené la noche anterior y después marchamos a mi casa donde pasamos la tarde en la cama sin comentar nada de lo sucedido desde la llamada a Matías.

    Salimos a cenar y después caminamos por el paseo marítimo, me tomó del brazo para que parase y preguntó.

    —¿Cuándo piensas marchar a Tenerife? Tengo unos cuantos días de vacaciones y me gustaría pasarlos contigo. ¿Me dejaras que te acompañe?

    La besé y le dije que estaría encantado de tenerla como huésped todo el tiempo que quisiera. Esa noche fue espectacular, volvimos a ser esa máquina perfecta de sexo en que ambos nos entregamos a fondo sin guardarnos nada; ver como enlazaba los orgasmos jadeando y bufando como una vieja locomotora era la mejor de las recompensas y cuando de madrugada quedamos rendidos me sentí muy afortunado por haber tropezado son ella y por su expresión supe que sentía algo semejante.

    Nos adormecimos abrazados y entre brumas noté que se levantó y que hacía algo en el ordenador, más tarde la noté junto a mi otra vez y sus labios recorrieron mi cuerpo hasta quedar en posición para hacerme sexo oral hasta conseguir su premio; se durmió abrazada a mi otra vez hasta avanzada la mañana.

    Llevamos unos meses juntos y ha encontrado un empleo en la isla, está decidida a pasar una larga temporada conmigo y estoy contento de que piense de ese modo, de Matías no he sabido nada directamente pero un amigo común con el que me escribo con cierta frecuencia me contó que explica a quien le quiere oír, que “dejó a su novia poco antes de la boda porque había descubierto que era una mujer infiel” aunque todos saben la verdad porque llegó a todos los contactos de su lista de correo una nota aclaratoria junto con un fichero mp3 donde se oye parte de una conversación

    —Se trata de una buena chica casi tan tonta como puta, te envío una foto para que veas la cara de mamona que tiene.

    Después de una imperceptible pausa se oía también. — Ahora estamos ambos en la despedida de solteros y me consta que follará con quien le parezca, pero no me importa porque además de que también yo lo haré, sé que la culpa le hará disculparme de cualquier humillación a la que se me ocurra someterla, de hecho, al poco de conocernos le comenté que tenía que verme de vez en cuando con “Sandra” la ex de mi primo que se había quedado destrozada por la separación y aunque paso algunas noches con ella nunca me ha preguntado nada.

    Supongo que es lo que hizo aquella noche cuando la vi en el ordenador y me alegró que lo hiciera porque Matías no merece ninguna consideración y jamás lo hemos vuelto a nombrar siquiera.

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  • Otra noche loca de sexo con mi hermano

    Otra noche loca de sexo con mi hermano

    Mi hermano y yo nos fuimos con una prima al cine y después de marcha. En un pub, mientras mi hermano, jugaba con unas amigas, mi prima y yo fuimos a ver si nosotras encontrábamos a mi otra prima. Pero, no pudimos encontrarla ya que se había ido, por lo cual, regresamos cada uno a su casa.

    Cuando llegamos mi hermano y yo a nuestra casa, vimos que no había nadie, nos fuimos cada uno a su dormitorio y nos pusimos una ropa más cómoda. A continuación, vimos una nota en el frigorífico diciendo que nuestros padres, habían tenido que salir por problemas familiares y que no volverían hasta el día siguiente. Así que cenamos los dos juntos y luego, nos pusimos a ver la televisión.

    -¿Qué quieres ver, Eva?

    -Pues me da igual…

    Comenzó a hacer zapping por las cadenas de la televisión, pero no encontramos nada, pero al final, apareció un película romántica (eso era lo que parecía).

    El cómo estaba pegado a mí, acerco sus labios a mi oreja y me dijo en voz baja

    -No sabes cuánto te amo…

    -Yo también te quiero…

    Nos miramos a los ojos, me acaricio la cara y nos besamos. Fue un beso realmente muy apasionado.

    Cuando terminamos de besarnos, miramos la televisión y nos dimos cuenta de que la película era pornográfica y veíamos cómo se daban una mamada profesional en la pantalla. Comenzamos a excitarnos los dos y entonces, mi hermano me puso una de sus manos en mi muslo y me dijo.

    -Eva, ¿has visto lo que están haciendo esos…?

    -Pues claro, que los veo… ¿y qué?

    -Pues que había pensado en que… estamos solos… tú y yo… toda la casa para nosotros…

    -Joder Juanje, ¿quieres que hagamos nosotros ahora mismo eso…?

    -No eso no, mucho mejor que eso, todo…

    -No sé, ahora mismo…

    -Si Eva, además por fin hoy estamos tranquilos los dos y solos…

    -Es verdad… mmm… De acuerdo Juanje, hagámoslo.

    Dicho esto, nos abrazamos y nos fundimos en unos besos muy apasionados, mientras nuestras manos recorrían nuestros cuerpos.

    Empezó a besarme y fue bajando poco a poco. Yo estaba muy excitada por lo que, cuando llegó a mi pecho, mi respiración se entrecortó, mientras yo acariciaba su espalda. Se levantó un momento y me dijo:

    -Eva, vámonos al dormitorio

    -No Juanje, para que perder tiempo, hagamos el amor, aquí mismo… -dije yo

    Entonces, se apartó un poco de mí y comenzó a desabrocharme la blusa, mientras yo iba sacándole su camisa. Terminó de sacársela él mismo y desabrochó mi sostén…

    -Guau Eva… mmm… cómo me gustan tus tetas.

    -Pues son todas tuyas… Juanje…

    Yo me senté sobre él haciendo que chupara mis senos, los mordía suavemente mientras yo gemía y me movía sobre él, sintiendo cómo su verga ya había crecido. Mientras él me chupaba, metí la mano yo fui desabrochando su pantalón. Se la metí por dentro del mismo y sentí que estaba muy caliente, la agarré con mis manos y él empezó a gemir.

    -Mmm… que calentita la tienes… hermanito…

    -Si hermanita… mmm… manoseamelaaa…

    Nos pusimos de pie los dos Cuando, al fin, logré quitárselo, pude ver aquel pene grande y muy erecto. Ahí estaba, desnudo completamente. Me quedé parada, con el pecho desnudo, y se sentó debajo de mí, metiendo sus manos en mi falda, acariciando mi trasero.

    Bajó mi falda junto con mis bragas de una sola vez, quedando yo desnuda totalmente. Se levantó un poco y se dio cuenta de lo mojada que yo estaba, sacó su lengua y la pasó por mis virginales labios, lo que hizo que yo lanzara un gemido muy fuerte…

    -Así Juanje… mmm… chupamelooo…

    Me sentó en el sofá con las piernas abiertas, metió su lengua en mi vagina haciéndome gritar de placer, así lo hizo durante unos minutos.

    Cada vez con más fuerza, metía y sacaba su lengua de mí. Después, de chupármelo un rato, se levantó, se puso enfrente de mi con lo cual, su pene quedaba en dirección a mi boca y dijo…

    -Anda Eva, trabájamela un poco

    -Si… ahora mismo

    Claro, no pude resistir la tentación de mamarlo y lo acaricié en la puntita, mientras él me decía:

    -Más, así, así… mmm…

    Quise que gritara como yo. Metí su pene completo en mi boca y gritó.

    -Siii… así… mmm… asiii… oouuhh…

    Empecé a mamárselo más a prisa y sentí como al rato de chupárselo, se venía en mi boca, por lo que hice que se sentara en el sofá.

    -Evaaa… aaauh… me corrooo…

    Así lo tuve, desnudo y con el pene erecto completamente dentro de mi boca, hasta que se corrió por completo.

    Después, me tomó de las manos y me sentó sobre él. Mientras nos besábamos y nos acariciábamos, sentí como su verga se ponía nuevamente muy dura. Así que mientras lo besaba, se la cogí, la apunte a mi vagina y me la introduje por completo, los dos al momento suspiramos de gusto…

    -Evaaa… aaah…

    -Juanjeee… ooouh… así…

    Su pene es muy grande y me hizo daño de nuevo, pero es el dolor más rico de todo el mundo, y me excité mucho más al ver cómo cerraba los ojos mientras me sentaba sobre él…

    Cuando ya estaba casi todo dentro de mí, me tomó de las nalgas y me dio un empujón hasta la raíz, por lo que gritamos los dos llenos de placer. Nos quedamos así un momento hasta que de pronto me agarró de las caderas y me levantó. Empecé a moverme también, primero lento, pero luego fue más rápido, más fuerte, por lo que tuve un violento orgasmo…

    -Así Juanje… ooouh… métemela asiii…

    -Eva… mi amor… que deliciosa eres… aaah…

    Sentí que me desgarraba, pero yo seguía saltando, cabalgando. Gritaba desesperada y el también. Ya casi no podía resistir, así que él me cargó y me puso debajo. Me embistió como una bestia y me vine una vez más. Era realmente delicioso lo que estaba sintiendo. Yo ya no podía más, ya nos veníamos juntos, pero antes de eso me dijo:

    -Anda Eva, ponte a 4 patas…

    Me puse y noté como su verga se introducía por completo nuevamente dentro de mi cueva. Me agarro por las tetas y comenzó a embestirme de nuevo. Al rato la saco y de pronto, sentí cómo aquel tronco me penetraba por el ano…

    -Aaah… Juanjeee…

    Mis gritos eran desgarradores, pero después de unos empujones me sentí en la gloria. Él seguía empujando más fuerte y gritaba conmigo…

    -¿Te gusta eh…?

    -Siii… aaauh… muchooo…

    Ya no pudimos aguantar más. Me puso nuevamente debajo de él y me embistió desesperadamente, fue muy rápido. A continuación, la saco, se la masturbe un poco y se corrió. Su leche me lleno mis tetas, mi cara, mi pubis… en fin, todo mi cuerpo.

    Después, él se tumbó en el sofá y yo me tumbe encima de él mientras hablábamos.

    -¿Te ha gustado, Eva…?

    -Si Juanje, muchísimo… ya sabes que me encanta hacerlo contigo

    -A sido magnifico volver a hacerlo de nuevo.

    -Si, es verdad. Por fin hoy estábamos solos de nuevo.

    Bueno, después nos fuimos al dormitorio y nos quedamos profundamente dormidos después, de la sesión de sexo que nos habíamos dado.

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  • El deseo oculto (4)

    El deseo oculto (4)

    La confesión de Raúl cayó como un jarro de agua fría sobre Iván, quien retrocedió un paso, rompiendo el contacto físico que aún compartían. Su mente intentaba procesar las palabras que acababa de escuchar mientras la adrenalina y el calor de lo que acababan de vivir seguían corriendo por su cuerpo.

    —¿María? ¿Tu mujer? —preguntó Iván, incrédulo, mientras su respiración aún estaba agitada.

    Raúl asintió, con su mirada llena de culpa y algo más profundo, quizás miedo a su reacción.

    —Sí, Iván… Lo siento, pero tenía que decírtelo. Esto que siento por ti no lo había sentido nunca, pero tampoco puedo dejar de lado la vida que llevo. Ella no sabe nada y… —Raúl hizo una pausa, frotándose la frente como si quisiera borrar todo lo que acababa de pasar—. No sé qué hacer con esto.

    Iván sintió cómo el cabreo comenzaba a crecer dentro de él, mezclado con el dolor y la traición. Había creído que lo que compartían era real, puro, pero ahora todo parecía teñido de una doble vida que no había imaginado.

    —¿Y qué esperas que haga yo con esto, Raúl? —dijo con un tono más alto, casi chillando, mientras recogía su ropa del suelo y comenzaba a vestirse rápidamente—. ¿Qué acepte ser tu… tu diversión secreta mientras sigues con tu “vida perfecta” con María?

    —No es eso, Iván. No quiero perderte, pero… Es complicado. Esto que siento por ti no lo puedo ignorar, pero tampoco sé cómo manejarlo —Raúl dio un paso hacia él, intentando calmarlo.

    Iván lo miró, ahora completamente vestido, mientras Raúl seguía desnudo, vulnerable y perdido. Hubo un largo silencio en el que Iván respiró hondo, intentando no perder el control.

    —¿Sabes qué, Raúl? Yo tampoco sé cómo manejarlo, pero no puedo ser tu escape, tu secreto. No soy eso, y no voy a permitírmelo. —Su voz temblaba ligeramente, pero había firmeza en sus palabras—. Si realmente me quieres, si de verdad esto significa algo para ti, tendrás que decidir. No voy a compartirte con nadie, y menos con una mujer.

    Raúl quiso responder, pero las palabras no salieron. Su silencio fue más elocuente que cualquier excusa que pudiera dar. Iván negó con la cabeza, sintiéndose abrumado, y salió del cubículo, dejando a Raúl ahí, solo, con su dilema. Cuando volvió al bullicio del restaurante, se sintió ajeno al ambiente festivo. Buscó su abrigo, murmuró una excusa a sus compañeros, y salió al frío de la noche. Caminó sin rumbo durante un rato, intentando ordenar sus pensamientos, pero solo podía sentir un dolor agudo en el pecho.

    Aquella noche, mientras se tumbaba en su cama, aún con el olor de Raúl impregnado en su piel, Iván tomó una decisión. No iba a permitir que lo que sentía por Raúl lo atrapara en una situación que lo hiriera más. Si Raúl quería algo real, tendría que demostrarlo, y eso significaba afrontar las consecuencias de sus elecciones. Por ahora, Iván sabía que merecía más. Y aunque doliera, tenía que protegerse, porque amar a alguien no siempre significaba quedarse.

    Han pasado unos días, y tras las fiestas, todo volvía a la normalidad.

    Raúl se apoyaba en la máquina de fotocopias, revisando su teléfono mientras esperaba que el ruido mecánico le devolviera los papeles que había solicitado. La oficina estaba inusualmente silenciosa para ser el primer día de trabajo, como si todos aún estuvieran arrastrando la resaca emocional y física de las celebraciones navideñas.

    Iván se acercó desde el fondo del pasillo. Al principio, quiso dar media vuelta al reconocer la figura de Raúl, pero su orgullo, mezclado con la curiosidad, lo mantuvo en pie. Se ajustó la corbata con un gesto mecánico, buscando aparentar una calma que no sentía, y finalmente se plantó junto a él.

    —Buenos días —dijo Iván, sin mirarlo.

    —Buenos días, Iván. ¿Qué… tal las fiestas? —Raúl levantó la vista del móvil, visiblemente incómodo, pero esbozó una sonrisa educada.

    Un silencio denso siguió a la pregunta, mientras ambos parecían medir cada palabra, como si cualquier frase pudiera desatar algo irreparable. Finalmente, Iván respondió.

    —Tranquilas. Ya sabes, familia, cenas, lo típico.

    —Sí, lo mismo por mi lado —Raúl asintió, apartando la mirada hacia la máquina, que aún vomitaba hojas lentamente.

    El sonido de las fotocopias llenaba el espacio entre ellos, pero ninguno parecía capaz de llenar el vacío con algo más. Aunque con algo de valentía, Raúl fue el primero en romper ese silencio.

    —Sobre lo que pasó…

    —No hace falta, Raúl. De verdad —Iván lo interrumpió de inmediato, con tono cortante.

    Raúl lo miró, sorprendido por la dureza en la voz de Iván.

    —Pero sí hace falta. Lo que pasó aquella noche… no fue solo el alcohol.

    Iván dejó escapar un suspiro, pasándose una mano por el cabello.

    —¿Y qué quieres que diga? ¿Qué sí, que fue increíble y que me arrepiento al mismo tiempo? ¿Qué no sé si tocarte o pegarte un puñetazo? Porque eso es lo que siento, Raúl. Justamente eso.

    Raúl se quedó en silencio, procesando las palabras. La máquina de fotocopias emitió un pitido al finalizar el trabajo, pero ninguno de los dos hizo el menor movimiento para recoger los papeles.

    —María no sabe nada —confesó Raúl, finalmente. Sus palabras salieron rápidas, como si temiera que quedarse callado fuera peor.

    —Ni lo sabrá —respondió Iván, con frialdad—. Porque esto… esto no tiene lugar, Raúl.

    El peso de las palabras parecía más insoportable que cualquier cosa que hubieran dicho antes. Raúl inclinó la cabeza, derrotado.

    —¿Ni siquiera una amistad?

    Iván lo miró fijamente por primera vez desde que comenzó la conversación. Su mirada estaba cargada de algo que oscilaba entre el resentimiento y la nostalgia.

    —¡Que te den!

    Raúl asintió lentamente, como si entendiera que había cruzado una línea que no podía desdibujar. Dio un paso hacia la máquina, recogiendo los documentos, y, sin mirarlo, murmuró.

    —Lo siento, Iván.

    Y se fue, dejando a Iván solo, mirando fijamente las hojas que ahora salían para él. Su pecho se sentía vacío, pero también aliviado. La rutina, pensó, sería su refugio… aunque el eco de lo sucedido lo seguiría acechando, como una sombra que nunca desaparece del todo.

    Iván llegó temprano a casa tras el trabajo, durmió un poco la siesta y se despertó con una gran empalmada. Se dijo a sí mismo que debía solucionarlo como sea, que esto que le había pasado no iba a derrotarlo. Así que salió de su casa con una mezcla de ansiedad y determinación. Se enfundó en una chaqueta negra y caminó con las manos en los bolsillos, notando como el frío de la noche se filtraba por los huecos de su ropa.

    Sus pasos resonaban en las calles vacías mientras se dirigía al pub Corrientes, un lugar que conocía bien por sus escapadas solitarias, pero al que no había vuelto en meses. Esta noche, sin embargo, sentía la necesidad de liberar la tensión que llevaba acumulada desde Navidad, desde ese fatídico día con Raúl.

    El letrero neón del pub brillaba en tonos rojos y azules, lanzando destellos que parecían latir como un corazón nervioso. Iván empujó la puerta y fue recibido por el calor sofocante del lugar y el sonido de risas, vasos chocando y música electrónica retumbando. Se acercó a la barra y pidió un cubata. Lo bebió rápido, demasiado rápido, como si necesitara que el alcohol nublara sus pensamientos de inmediato.

    Bebió uno más y luego otro, y otro. Para el cuarto vaso, Iván sentía el calor del ron mezclarse con su sangre, relajando los nudos en su pecho, pero encendiendo otro tipo de necesidad, notando como su polla estaba morcillona dentro de sus bóxer apretados.

    Cerró los ojos por un momento, respirando hondo, y luego giró sobre el taburete. Su mirada recorrió el lugar hasta detenerse en la puerta del fondo, donde un letrero discreto indicaba la entrada al cuarto oscuro. Era una noche como cualquier otra en el pub; nadie se fijaría en él ni haría preguntas.

    Iván se levantó con cierta torpeza, con la cabeza ligeramente mareada pero el propósito claro. Empujó la puerta del cuarto oscuro y fue recibido por una penumbra cargada, un olor a cuero y sudor mezclado con el de los limpiadores industriales. Avanzó despacio, dejando que sus ojos se adaptaran a la falta de luz. El Glory Hole estaba al fondo, marcado por una luz tenue y roja que le daba un aire clandestino.

    Se acercó y sintió su respiración acelerarse, más por el nerviosismo que por el alcohol. El espacio estaba diseñado para no revelar nada más que la esencia del anonimato, y eso era justo lo que Iván buscaba. Se sacó la polla del pantalón, se apoyó contra la pared y dejó que las sensaciones lo invadieran mientras esperaba una boca.

    Aunque borracho, escuchó movimiento al otro lado del panel y llamó su atención. No podía ver a la persona, pero el sonido de una respiración contenida y un leve roce contra la madera lo hicieron consciente de su presencia. Por un momento, Iván dudó sacando el rabo del agujero, pero con un suspiro profundo, cerró los ojos y la metió de nuevo dejando que sucediera algo con suerte.

    De repente, notó el calor de un alengua lamer su gran y gordo rabo y de una sentada, el anónimo hombre al otro lado, se la metió entera en la boca, hasta la garganta. Iván jadeó con fuerza, dejándose llevar por el alcohol y los secretos que solo suceden ahí. El anónimo hombre siguió mamando su rabo sin descanso durante un largo tiempo hasta que se detuvo en seco, como si algo hubiese roto el momento de intimidad.

    —… ¿Iván? —dijo quién fuese al otro lado.

    —¿Raúl? —preguntó con un hilo de voz, mientras el calor de la situación se transformaba en un frío aterrador.

    El silencio al otro lado del panel fue la confirmación que necesitaba. Iván se retiró de inmediato, subiendo su pantalón de forma torpe y saliendo al pasillo oscuro como si el aire le faltara.

    Raúl apareció al momento, empujando la puerta trasera con una expresión que oscilaba entre el desconcierto y la vergüenza. Su chaqueta estaba desordenada, y la tensión en sus hombros lo hacía parecer más pequeño.

    —¡Iván! Espera, por favor… ¡No sabía que eras tú! —dijo Raúl, colocándose el paquete mientras intentaba alcanzarlo.

    —¡Claro que no sabías! Porque esto no debería estar pasando, ¡nunca debió pasar! —Iván se giró, con los ojos inyectados de ira y el rostro encendido tanto por el alcohol como por lo absurdo del momento.

    Raúl levantó las manos, intentando calmarlo.

    —No vine aquí a buscarte, lo juro. Ni siquiera sé por qué estoy aquí. Solo… necesitaba algo, necesitaba… olvidar.

    Iván soltó una carcajada seca, tan amarga que hizo eco en el pasillo vacío.

    —¿Olvidar? ¿Es así como olvidas, Raúl? Saltando de un agujero a otro, buscando excusas para no enfrentar lo que has hecho.

    Raúl se acercó, dando un paso tímido hacia él, pero Iván levantó la mano, frenándolo.

    —¡No te acerques! Estoy borracho, Raúl, y si das un paso más, no respondo de mis actos —continuó diciendo.

    —Iván, por favor… yo… —Raúl intentó hablar, pero las palabras parecían quedarse atascadas en su garganta.

    —¡Tú nada! —espetó Iván, avanzando hacia él con los puños cerrados—. ¿Sabes lo que eres? Un cobarde, Raúl. Un maldito cobarde que no sabe lo que quiere, y mientras tanto, arrastras a todos los demás en tu mierda.

    Raúl retrocedió un paso, pero algo en su interior parecía romperse.

    —¡Tienes razón! —gritó de repente, su voz resonando en el pasillo oscuro—. ¡Soy un cobarde! Pero no porque no sepa lo que quiero. Sé exactamente lo que quiero, Iván… Te quiero a ti.

    Las palabras dejaron a Iván congelado, como si un golpe invisible lo hubiera alcanzado. Pero la mezcla de emociones —dolor, ira, deseo— se desbordó.

    —¡No digas eso! —chilló, lanzando un puñetazo que alcanzó a Raúl en la mandíbula.

    Raúl cayó hacia atrás, golpeando contra la pared con un gemido ahogado. Pero en lugar de devolver el golpe, simplemente se quedó ahí, con la mirada fija en el suelo y los ojos brillando con lágrimas que no se atrevía a dejar caer.

    —¿Te hace sentir mejor? —preguntó con voz quebrada.

    Iván lo miró, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras intentaba recuperar el control. La rabia parecía desvanecerse lentamente, dejando solo un vacío insoportable.

    —Ponte de rodillas —respondió finalmente, con la voz cargada de rabia—. ¿No es lo que querías? Abre la boca y cómeme el rabo.

    Raúl se quedó en silencio, solo roto por el sonido lejano de la música del pub y sus respiraciones entrecortadas siendo lo único que se oía en la calma tensa. Finalmente, Iván se bajó los pantalones, se sacó la polla de los bóxer aún empalmada y se la puso en la cara.

    —¿No dices que me quieres? ¡Pues chúpamela hasta que me corra!

    Raúl abrió la boca con timidez, posando su lengua en el glande de Iván, hasta que este, con un movimiento duro de caderas, le metió el rabo de golpe provocándole arcadas. Y no hubo más palabras, solo la acción frenética de la cabeza de Raúl moviéndose adelante y atrás para chupar el rabo de Iván mientras que lo acompañaba con el ritmo de sus caderas.

    Iván sentía cómo el peso de la situación lo excitaba a un nivel extremo, pero al mismo tiempo notaba que no podía aguantar mucho más, había algo que le ponía en todo esto, algo visceral que lo hacía sentir poderoso mandando sobre alguien, sobre alguien que sí le importaba.

    Los jadeos borrachos de Iván continuaron sin medida, resonando entre las oscuras paredes del pasillo y al bajar la cabeza, vio como Raúl comenzaba a pajearse por lo extraño de la situación. Podía sentir al igual que a él, a Raúl, esto lo excitaba todavía más y, sin decir palabra alguna, y con la misma rapidez con que se había iniciado todo, comenzó a correrse sin avisar.

    Iván podía notar como su rabo se dilataba dentro de la boca de Raúl con fuerza y como cada chorro de leche recorría el largo de su polla para acabar dentro. La corrida pareció interminable para Iván que en silencio se retorcía con cada espasmo que realizaba su cuerpo. Raúl, inmerso en cada disparo de Iván, apretaba con sus labios su rabo para que la sensación le fuese más y más placentera de lo que a primeras ya era mientras continuaba pajeándose.

    Iván terminó de correrse, exhausto, notando como las últimas gotas eran escurridas gracias a la succión de Raúl. Y sin decir nada, se apartó, con la mente nublada y la sensación de haber cometido un error, un error del que ya no había vuelta atrás.

    Raúl no dijo nada. Se quedó ahí, en silencio, respirando de forma agitada tragándose la leche de Iván, con su miembro entre las manos, como si hubiera sido arrastrado por una corriente que no podía controlar. Iván, sin mirarlo, se ajustó la ropa con prisa. Las emociones se agolpaban dentro de él, pero lo único que sabía con certeza era que no podía quedarse más tiempo allí, junto a él.

    —Me voy —dijo Iván con voz fría, apenas audible, como si sus palabras no tuvieran peso alguno en el aire.

    Sin esperar una respuesta, dio un paso hacia la puerta, la abrió sin volver la vista atrás y salió, dejando atrás el bullicio del pub, el calor, la confusión. El aire frío de la noche lo recibió como un alivio, un recordatorio de que la rutina seguía, aunque nada sería igual.

    Caminó sin rumbo, sus pensamientos y emociones entrelazándose, pero su única certeza era que, por más que lo intentara, ya nada podría deshacer lo sucedido. Y, aunque el dolor lo acompañara, estaba decidido a continuar, a seguir con su vida con e recuerdo de Raúl. Al menos, por ahora.

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  • Cayendo en la red (3)

    Cayendo en la red (3)

    Un nuevo día llegaba para Amanda y con él le venían los recuerdos del día anterior. Nada más llegar a casa después de la aventura con Susana, lo primero que hizo fue darse un baño y, entre la espuma, volvió a masturbarse pensando en su secretaria taladrándola el culo con el falo de plástico.

    Al salir del baño, encendió el ordenador y, después de ojear la página de contactos, comenzó a buscar porno, de la misma manera que había estado todo el día en la oficina. Se había metido a la cama con el portátil y había pasado la noche pegada a sus nuevos vibradores. Casi no había dormido, pero se encontraba mejor que nunca, se sentía… liberada… no sabía explicarlo pero era (…una buena perra…) una sensación agradable.

    Durante la semana, se volvió a repetir lo del día anterior. Amanda acudía con las bolas chinas puestas y cada día se vestía más provocativa para llamar la atención de su secretaria. Pasaba el día laboral viendo porno, esperando el momento en el que Susana entrara en su oficina con el pollón de plástico para follarla. Cada día pasaba más tiempo sodomizándola en detrimento de su coño, llegando al punto de que el viernes, ni siquiera se la metió en él. De todas formas daba igual, Amanda se corría de la misma manera, o incluso de forma más intensa cuando se la metía por el culo.

    -¿Qué crees que pasaría si volvieras a estar con un hombre como el sábado pasado?. -Preguntó Susana mientras se vestía el viernes, después de follarse a su jefa.

    -Que sería una buena chica (…Perra…). No volvería a pasar lo mismo…

    -Pues estás de enhorabuena, porque he vuelto a organizarte una cita con él. Esta vez tú sola.

    -¿Qué? ¿T-Tu no irás?

    -No, yo tengo otras cosas que hacer, y estás totalmente preparada para satisfacer a tu hombre (…Solo eres una boca, un coño y un culo…) Es a la misma hora y en el mismo sitio. ¡Espero que no me decepciones! -Dijo mientras la guiñaba un ojo. -Si lo haces bien, tengo preparada una sorpresita para el lunes…

    Un escalofrío recorrió el coño de Amanda.

    -No te preocupes, esta vez será distinto.

    Amanda pasó nerviosa la tarde del viernes y la mañana del sábado. Fue de compras de nuevo para encontrar algo adecuado que ponerse, la última vez, Susana iba mucho más impactante que ella, y no quería decepcionar a su hombre… (…Eres una buena perra…)

    Mientras estuvo en casa, repartió su tiempo entre ver porno, masturbarse, probarse los modelitos que había comprado y hacerse fotos con ellos, masturbarse, subir las fotos a la página de contactos y masturbarse… Desde la primera vez que había subido fotos, se había convertido en rutina. Ahora tenía una galería bastante extensa y, cada vez que subía una nueva serie de fotos, ésta era un poco más atrevida que la anterior. Hoy había empezado con su nuevo modelito y, poco a poco y de manera sensual se había despojado de la ropa hasta quedarse en ropa interior.

    Así, entre nervios y autosatisfacción llegó el sábado por la noche. Se presentó en el mismo hotel con un vestido rojo y ajustado que realzaba sus curvas. Llevaba un escote casi hasta el ombligo y la tela de la espalda se componía de una especie de rejilla que sólo servía para sujetar un poco el vestido. La parte de abajo se ajustaba a sus glúteos y un par de centímetros de sus muslos. No llegaba ni siquiera a tapar la parte superior de las medias que se había puesto. Completaba el conjunto unos tacones de aguja también rojos, de 15 cm y un abrigo negro que llegaba justo a tapar el vestido. Llevaba al cuello un collar de tela, que iba ajustado al mismo y portaba un pequeño diamante en el centro.

    Al entrar al vestíbulo, divisó inmediatamente a su acompañante, que se la quedó mirando con la boca abierta.

    -Vaya, parece que hoy vienes buscando guerra. -La dijo nada más verla.

    Amanda no se molestó en contestar, le agarró de la camisa y, tirando hacia ella, le pegó un morreo que le dejó sin habla. Después, le agarró de la mano y, tirando de él le llevó a su habitación.

    Empujó al chico sobre la cama y comenzó a despojarse lentamente de sus ropas, contoneándose. Primero deshaciéndose del abrigo, luego del vestido. Bailaba para su hombre de la misma forma que había bailado para Susana, acariciando su cuerpo lentamente, disfrutando de su contacto y de la excitación que producía en su hombre. Bajó las copas de su sostén dejando sus pechos al aire y dándose la vuelta, se despojó completamente de él tirándolo a la cara del excitado hombre. Amanda se relamía viendo el bulto de su pantalón, así que, sin acabar de quitarse lo poco que le quedaba, se arrodilló en el suelo y, gateando, se colocó entre las piernas del chico.

    Comenzó a acariciar su pecho, desabrochando su camisa y restregando sus pechos sobre su paquete. Fue bajando hasta llegar a su cinturón, que desabrochó con soltura, siguiendo por el botón y la cremallera. El calzoncillo no podía soportar la presión de la polla erecta del hombre, así que lo bajó de golpe, provocando que la polla saltase y la pegase en los pechos.

    Agarró ese mango con cuidado y comenzó a masturbarle lentamente, acercando su lengua al glande, dándole pequeños lametones. Estaba disfrutando realmente del placer que estaba provocando en ese hombre, estaba convencida de que que esta vez le complacería plenamente (…Eres una buena chica… Tu misión es dar placer…)

    Mientras profundizaba en la mamada, movía su culo sensualmente, mostrando a su hombre lo que le esperaba dentro de un rato, dejando ver como su tanga desaparecía entre sus nalgas.

    Tras varios minutos de mamada, soltó la polla incorporándose y dándole la espalda a su compañero. Inclinándose en un ángulo de 90º, comenzó a despojarse del tanga, mostrando su culo en pompa completamente desnudo. Se subió a la cama y se sentó a horcajadas sobre el hombre, metiéndose su polla de golpe y dejando escapar un gemido de placer. Comenzó a cabalgar deslizando sus caderas sobre la polla del hombre, sacándola casi completa para volver a meterla de golpe. Sus manos amasaban sus tetas, pellizcándose ella misma los pezones.

    Estaba perdiendo el control y notó que el hombre empezaba a acostumbrarse a la nueva fogosidad de la chica cuando la agarró con fuerza de las caderas intentando marcar el ritmo de la follada. El hombre comenzó a levantar a la mujer para penetrarla de golpe, siendo él el que comenzó a embestirla con fuerza.

    Amanda, de repente se apartó de él haciendo caso omiso de sus protestas y, cuando iba a poner a insultarla otra vez, se dio cuenta de lo que estaba planeando la chica.

    Amanda se colocó a cuatro patas, separándose las nalgas con las manos, dejando ver la entrada de su ojete dispuesta a recibir una buena polla.

    -¿Hoy si me vas a dejar? ¿O te vas a apartar en el último momento?

    -Esta vez no, soy tuya para que hagas conmigo lo que quieras… (…Eres una buena chica…).

    El hombre no quiso seguir hablando por si se volvía a echar atrás y metió la polla de golpe, hasta el fondo, provocando un grito que escapó de la boca de Amanda. El hombre ignoró el grito y comenzó a bombear con fuerza en el culo de la chica. El grito de Amanda fue sustituido por sonoros gemidos que animaron al hombre a seguir con su tarea.

    -Vaya culo que tienes, ¿Eh zorrita? -Dijo mientras sacaba la polla, solo para admirar como el ojete de Amanda se quedaba abierto, formando una O que esperaba recibir de nuevo su polla.

    -Es un placer que te guste… mi culo es todo tuyo, haz conmigo lo que quieras…

    -Eso es…. No sé que ha cambiado en esta semana pero te has convertido en una buena perra. (…Eres una perra…Una buena perra…) -Dijo, a la vez que volvía a meter la polla de un empujón.

    Esa última frase rompió las pocas barreras que quedaban en la mente de Amanda, ¡Se había convertido en una buena perra! ¡Estaba satisfaciendo al su hombre! El placer invadió su cuerpo, haciendo que explotara en ella un tremendo orgasmo. El orgasmo hacía que apretase con su recto la polla del hombre, provocando rápidamente que éste llenase su culo de leche. Inmediatamente se dió la vuelta y, agarrando la polla con las dos manos comenzó a exprimirla con la boca, extrayendo hasta la última gota de la corrida que había provocado.

    Amanda no paró ahí, siguió mamando hasta que su hombre volvió a tener la polla dura como una piedra y, esta vez siguió con la mamada hasta el final. El hombre no se lo podía creer, la mujer que había conocido la semana pasada no tenía nada que ver con la fiera sexual que tenía delante. No pudo evitar volver a correrse a los pocos minutos, derramando su semen sobre la boca y las tetas de Amanda.

    Después de volver a limpiar la polla de su hombre, comenzó a recoger el semen de su cuerpo con los dedos y llevárselo a la boca, primero limpió su cara y sus tetas, y luego comenzó a recoger los chorretones que comenzaban a caer de su culo.

    Estaba en la gloria, se había resarcido del desastre del sábado anterior y ¡Había dejado a su hombre satisfecho!

    -Parece que hice bien en hacer caso a tu amiga. Al principio no quería… ¿Para qué malgastar el tiempo en una zorra que no valía dejar satisfecho a un hombre? Pero tu amiga es muy… convincente…

    -¿Q-Qué?

    -Si, esa pelirroja quedó conmigo hace un par de días y me dijo que si accedía a volver a quedar contigo haría ella lo que no quisiste hacer conmigo… Estuve dándola por el culo toooda la tarde.

    Amanda estaba confusa… ¿Susana se lo había follado para convencerlo?

    -Me dijo que si me había gustado su culo, el tuyo me iba a encantar, y no me has decepcionado esta vez… A ver si volvemos a quedar… A lo mejor podríamos quedar los tres, y me enseñáis que tal os compenetráis las dos…

    Se acercó a Amanda mientras se vestía y, como toda despedida le dió un sonoro azote en el culo. Amanda se quedó en el sitio, pensando en si le alagaba lo que había hecho su amiga por ella, o por el contrario la molestaba que le hubiese quitado a su hombre…

    Durante el viaje a su casa estuvo dándole vueltas al asunto y llegó a la conclusión de que su amiga lo había hecho por ella… Las últimas semanas había estado ayudándola y, si ella tuviese la oportunidad, habría hecho lo mismo por ella…

    Amanda se despertó sobresaltada al oír el timbre de su puerta, se había quedado dormida hasta tarde y no sabía quien podía ser. Se echó un batín de seda por encima y salió a abrir.

    Nada más abrir, Susana se le echó encima, dándole un húmedo beso mientras la metía dentro del piso y cerraba la puerta.

    -¡Buenos días! -Saludó Susana, cuando acabó de besarla.

    -H-Hola -Contestó Amanda, confusa pero excitada.

    -¡Me ha dicho un pajarito que el ayer fuiste una buena chica!

    -¿Eh?… S-Si…

    -Entonces te mereces tu premio… He pensado que para qué esperar al lunes… Estoy deseando darte tu sorpresa… Es más… Si te portas bien hoy, a lo mejor hay otra sorpresa más… Así que ven aquí a cuatro patas y haz que me corra con tu lengua.

    Amanda obedeció. Le encantaba dar placer, casi le gustaba más que recibirlo. Mientras se acercaba, Susana comenzó a despojarse de su ropa, quedándose tan solo con su lencería. La pelirroja se dio la vuelta y se inclinó ligeramente hacia delante, separándose las nalgas para darle acceso a su coño. Amanda apartó a un lado el hilo del tanga que llevaba Susana y se aplicó realmente sobre el coño pelirrojo que tenía delante, lamiéndolo como si fuese una golosina, cambió varias veces a lamer su ojete, jugueteando con ese apretado agujero, penetrándolo con la lengua, hasta que llevó a Susana al orgasmo un par de veces.

    -Mmmm… Muy bien perrita… Te has ganado tu primer premio…

    Amanda realmente parecía una perrita esperando una golosina. Estaba de rodillas frente a su secretaria, mirándola con una cara de auténtica expectación.

    -Lo primero es que ya no tendrás que llevar más las bolas chinas al trabajo. -Susana pudo ver la cara de decepción que puso Amanda. -En lugar de eso…

    Se acercó a la bolsa donde guardaba el arnés, pero, en vez de eso, extrajo una especie de bragas con dos consoladores en vez de uno, dándoselo a su jefa.

    En cuanto lo cogió, Amanda se dio cuenta de lo que era, para ponerse aquello, tendría que penetrarse el culo y el coño con los dos consoladores.

    -A partir de ahora, vendrás todos los días con estas bragas puestas. ¡Vamos! ¿No estás deseando probarlas?

    Amanda se incorporó y, después de examinar el aparato para ver a qué lado iba cada cosa, comenzó a ponérselo. Fue un poco incómodo de poner, pero una vez estuvo fijado no molestaba demasiado. Era un poco raro… Amanda nunca había sido penetrada por sus dos agujeros a la vez, pero era… placentero… Se sentía totalmente llena y eso era agradable.

    -¿Te gustan?

    -Son un poco extrañas, pero… Si, me gustan mucho… ¿No será un poco incómodo trabajar con esto?

    -Eso te da igual, si quieres ser una buena chica, debes obedecer. -Dijo Susana, de forma más brusca a lo que estaba acostumbrado a oir Amanda.

    (…Una buena chica…Soy una buena chica…Una buena perra…Obedecer es placer…)

    Amanda asintió.

    -Además… No creo que te puedas resistir a llevar eso puesto… Sobre todo… Por esto. -Susana mostró a Amanda un pequeño aparato negro que llevaba en una mano.

    Amanda no sabía que era, pero entonces, la pelirroja apretó un botón y una descarga de placer recorrió su cuerpo, ¡Los consoladores estaban vibrando! La sorpresa y la intensidad con la que habían empezado hicieron que Amanda perdiera el equilibrio y cayó al suelo, llevándose las manos a su coño y su culo, notando como actuaban los vibradores y gritando de placer. De repente, cuando estaba a punto de correrse, todo paró de golpe.

    -¡Nooo!

    -Vaya vaya… Parece que al final te gusta ¿Eh? Que lástima que sólo funcione cuando yo quiera, ¿Verdad?

    Amanda llevó sus manos a su coño con la intención de masturbarse.

    -No no no… Ni se te ocurra masturbarte, mientras lleves esto puesto seré yo la única que te proporcione placer… ¿No te gusta el juego? Sólo te lo podrás quitar cuando yo te lo diga, o cuando alguien vaya a follarte, ¿De acuerdo?

    No sabía porqué, pero había parado de intentar masturbarse… Lo que Susana le decía le parecía lo más lógico del mundo… Su placer no le pertenecía… Y esa idea no le parecía extraña… Además, ella… (…Obedecer es placer…) quería ser una buena chica… (…Perra…)

    La mujer cejó en su empeño, se incorporó y quedó de rodillas frente a su secretaria. Ésta estaba orgullosa de Amanda, ¡Lo estaba haciendo genial!

    -Muy bien, me alegra que lo aceptes tan rápido… Eres una buena chica… Y ahora, prepárate, que vamos a salir a comer por ahí y después voy a llevarte a un sitio especial.

    ¿Un sitio especial? Amanda no sabía a que se refería, pero seguro que le gustaba, como todo lo que hacía Susana…

    La mujer se puso una minifalda muy corta y un top con escote de palabra de honor que dejaba al aire su ombligo, completaba su atuendo unos tacones y unas medias negras de cristal. Se peinó con una coleta alta, de cola de caballo, que dejaba al aire su cuello. Éste estaba adornado de nuevo con el collar ajustado que llevara el día anterior.

    -¡Que guapa!. -Dijo Susana nada más verla. Mientras decía esto, activó los vibradores a un nivel suave.

    -¡Ah! -Se sorprendió Amanda, encogiéndose al notar la vibración. La sorpresa le duró poco, se incorporó rápidamente e intentó aparentar normalidad… Si tenía que llevarlo en el trabajo debería acostumbrarse a que no se notara…

    -Me alegra comprobar que no te lo has quitado. Y ahora, ¡Vámonos!.

    Las dos mujeres salieron de la casa y se dirigieron al coche. Cuando se montaron, Amanda se dió cuenta que Susana llevaba el mando de sus consoladores en la mano mientras conducía… Esa sensación de vulnerabilidad y dependencia la ponía cachonda… Y todavía no se había corrido… Cosa extraña, dada la frecuencia con la que lo hacía desde hacía un par de semanas…

    Amanda no podía concentrarse en nada, sólo veía la mano de su secretaria y su controlador, pero parece que no tenía interes en activarlo…

    -¿Tienes ganas de correrte?

    -¡Si!

    -Está bien, pues vamos a divertirnos un poco… -Con una mano, bajó de golpe el top de Amanda e, inmediatamente, accionó uno de los vibradores a nivel más bajo.

    Amanda se sorprendió pero no hizo nada… Se dio cuenta que a su lado del coche se encontraba un autobús y a algunos de sus pasajeros no le había pasado desapercibido lo que estaba ocurriendo en el coche. Cada vez había más gente mirando.

    -Quiero que te exhibas durante el viaje, estás siendo una buena perra y quiero que se lo demuestres a la gente. Dijo Susana.

    Amanda comprendió lo que quería, mirando hacia los pasajeros del autobús, comenzó a acariciarse las tetas sobre el sujetador. Al principio era un juego, luego comenzó a ponerse cachonda a sí misma. En unos segundos, había bajado las copas de su sujetador y sus pechos estaban al aire mientras ella jugaba con sus pezones. Notó como el vibrador de su culo se ponía en marcha también.

    Estuvo así durante todo el trayecto al restaurante, pero, los vibradores estaban tan bajos que no llegó a correrse.

    Cuando llegaron, el sitio sorprendió un poco a Amanda, había pensado en un sitio un poco… diferente. Susana la había llevado a un buffet libre con auto-servicio. Hacía mucho que no iba a un sitio así, estaba acostumbrada a ir a sitios con algo más de… clase. Pero rápidamente vio el juego que le planteaba la pelirroja: Ésta se sentó y Amanda fue la encargada de traer la comida, dándose paseos por todo el restaurante. Por supuesto, los paseos iban acompañados de la activación del juguete que llevaba metido en su culo y su coño.

    Amanda tenía que controlarse para no llamar la atención al resto de comensales, pero ese juego le gustaba, tanto que echaba poca comida en los platos para levantarse a repetir. Cada vez que llegaba a la mesa, Susana la miraba y la sonreía. Amanda estaba al límite, tanto tiempo con el juego que llevaban y todavía no se había corrido, ¿Cuánto más iba a esperar su secretaria? Estaba deseando que subiese un poco más la potencia de los vibradores, le daba igual correrse delante de toda esa gente, aunque sabía perfectamente que sería un orgasmo que no podría ocultar de ninguna manera.

    Susana comía tranquila, con el dispositivo a un lado del plato, hablando de cualquier cosa trivial. Le salía una sonrisilla cada vez que Amanda no la contestaba, porque sabía que en la cabeza de su jefa ahora mismo sólo había un objetivo.

    Cuando acabaron la comida, pagaron y fueron de nuevo al coche. Amanda estaba decepcionada e impaciente, suponía que en algún momento irían las dos al servicio y allí… pero no. En el coche mantuvieron el mismo juego que en el trayecto al restaurante. En cada semáforo, los coches de alrededor quedaban impactados des espectáculo que ofrecía Amanda y ésta estaba cada vez más y más caliente. Tan absorta estaba que no se dio ni cuenta de cuando pararon hasta que Susana le abrió la puerta del coche por fuera.

    -Es aquí. -Dijo la pelirroja.

    -¿Aquí? -Amanda se asustó. Habían parado frente a una tienda de tatuajes y piercings.

    -Exacto, voy a hacerte un pequeño regalo, que prefieres, ¿Piercing o tatuaje?

    -¿Cómo? N-no quiero nada de eso…

    -¿Cómo que no? Vamos, ¿No te pone hacerte un tatuaje o ponerte un piercing? No me lo creo…

    -No… Nunca me había planteado ponerme uno…

    -Ya supongo, pero ahora eres otra, tu vida ha dado un giro, ¿No es verdad? Y ahora te gusta más…

    -Si… Es-es posible…

    -Venga, esta nueva Amanda se merece un cambio con la anterior ¿no? Anda, se una buena chica y vamos a entrar…

    -Si… Soy una buena chica… -Dijo Amanda mientras salía del coche.

    Al entrar y ver la decoración de la tienda a Amanda le dio un pequeño escalofrío, nuca le habían gustado esas cosas, pero… quería ser una buena chica… (…Una buena perra…)

    Cuando se acercaron al mostrador, una chica les atendió. Era rubia platino y estaba llena de tatuajes y piercing, como si fuese un pequeño escaparate de la tienda. Amanda se la quedó mirando… Realmente estaba preciosa… Le quedaban muy bien… Claro, que ella nunca llegaría a tanto…

    -¡Buenas tardes! -Saludó alegremente.

    -Buenas tardes. -Contestó Susana.

    -¿En que puedo ayudaros?

    -Pues mi amiga quería ponerse un adornito, pero todavía no sabe si un piercing o un tatuaje, ¿Verdad?

    -S-Si… No sé… -Balbuceó Amanda.

    -¿No estás decidida todavía? Bueno, aquí tienes un montón de diseños de tatuaje que puedes mirar, o fotos de piercing, a ver si alguno te convence.

    Amanda se quedó mirando, pero no a los diseños que había en la tienda, sino a los que llevaba la dependienta en el cuerpo. Tenía varios piercing en las orejas, cejas y labio, y un enorme tribal le comenzaba en el cuello y, serpenteando, bajaba una parte por su brazo, otra por el costado y otra moría en el nacimiento de sus pechos. Amanda se quedó con la mirada fija en el escote de la chica, justo donde acababa el tatuaje.

    -Vaya vaya, ¡Que juguetona! -Exclamó la dependienta. -Ya sé que es lo que estás buscando ¿Eh?

    -¿Cómo? Y-yo… -Amanda estaba azorada, ¡Le había pillado mirándole las tetas! No sabía por qué pero no podía dejar de mirarlas, ¡Estaba tan cachonda! Llevaba varias horas al borde del orgasmo y, desde sus aventuras con Susana, había empezado a mirar de otra manera los cuerpos femeninos.

    -Mira, seguramente pienses que te va a doler, pero te digo yo que no es para tanto. -Seguía hablando la dependienta, haciendo caso omiso de sus balbuceos.

    -No… No sé de qué me hablas…

    -¡Pues de que va a ser! ¡De esto!. -Entonces la dependienta se bajó un poco el vestido y el sujetador, mostrando a Amanda sus pechos, que se encontraban adornados por unos relucientes aritos de plata en cada pezón.

    Amanda se quedó atónita, tanto el desparpajo de la dependienta para mostrarse como el efecto que hacían los aritos en sus pezones la habían impactado, no podía apartar la mirada de ellos.

    -¡Parece que está decidido! -Exclamó Susana. -Un piercing en cada pezón le quedará perfecto, ¿Verdad, Amanda?.

    Amanda seguía sin contestar, seguía mirando atentamente los pezones de la chica. Para sacarla de su ensoñación, Susana activó los vibradores un par de segundos, lo que hizo que la mujer se estremeciese y dejase de mirar a la dependienta.

    -¿Tenéis servicio? -Preguntó Susana.

    -Si, al fondo a la derecha.

    -Ok, pues que vayan preparando las cosas que ahora volvemos. -Dijo, arrastrando a Amanda hacia el servicio.

    En cuanto se cerró la puerta, Susana le plantó un húmedo besó en los labios que no hizo más que acrecentar la calentura de su jefa. Mientras su lengua exploraba su boca, sus manos levantaban la minifalda y, de un lento movimiento comenzó a bajarle las bragas, extrayendo los vibradores del interior de la mujer. Amanda soltó un gemido y se quedó mirando a Susana con expectación, esperando que por fin le diera su deseado orgasmo. Los dedos de la pelirroja se internaron en la húmeda entrepierna de Amanda.

    -Así que te pone cachonda la idea de perforarte los pezones, ¿Eh?. -Preguntó.

    -Me da un poco de miedo, pero me excita mucho… La dependienta…

    -¿Quieres follartela? -Soltó, de sopetón.

    -…Creo que sí… Nunca me había fijado así en una mujer… A excepción de tí, claro…

    -Ja ja ja, ¡Vaya perra estás hecha! -Exclamó Susana. -Anda, vamos a que te pongan un par de aritos en esos bonitos pezones.

    Amanda salió del servicio más decidida de lo que realmente se sentía, no quería decepcionar a Susana… ¡Quería ser una buena chica!

    -¿Ya estás? -Preguntó la dependienta.

    -Si.

    -Estupendo, ya está todo preparado. Por favor, pasa por aquí.

    Le señaló una cortinilla que había detrás del mostrador y Amanda entró a una habitación pequeña y oscura. En el centro de la sala había una especie de silla con una mesita con instrumental a un lado y, al fondo de la sala y de espaldas, un hombre alto y negro.

    La dependienta, después de dejar a Amanda salió y fué a echar el pestillo de la puerta… Era mejor que no les molestase nadie en un buen rato.

    -¿Ya está dentro? -Preguntó Susana, que estaba saliendo del servicio.

    -Sí, ya está en manos de Jake… ¿Es buena?

    -Excelente… Os va a encantar…

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