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  • Wila

    Wila

    Wila me recibió en su oficinita del gimnasio casi al mediodía. Había terminado su rutina de pesas y aparatos, se había duchado y se aprestaba a revisar todos los papeles que Yani le había dejado sobre su escritorio y, por supuesto, vestía las ropas ajustadas que resaltaban su musculatura porque Wila era toda una fitness. Me miró con el mismo desdén con que se mira a una insignificancia, exactamente como me miró desde su cama mientras me vestía para irme esa vez que me sedujo. Cierto que lo pasé bien en sus brazos y que tuve tres orgasmos increíbles, pero Wila no figuraba entre mis preferencias a la hora de iniciar una relación.

    -Tú dirás.

    -Es solamente para avisarle que mañana será mi último día en el gimnasio. Aquí tiene mi carta de renuncia.

    -Pudiste dársela a Yani. ¿O tenías que decirme algo más?

    En ese momento odié a Yani, odié a Wila, en realidad creo que empecé a odiar a Wila esa madrugada cuando, exhausta, salté de la cama y comencé a vestirme. -¿Siempre te vistes así? Fue su estúpida pregunta al ver que lo primero que me ponía era el sostén. Odié al mundo y me odié todavía más a mí misma por haber cometido la estupidez de aceptar la sugerencia de Yani, entrégasela tú, ella te preguntará por qué tú renuncias y entonces le explicas esa cuestión de tu horario en la universidad, verás que ella no es tan mala como parece y…

    -No. Hasta luego.

    Faltaban apenas veinte días para los exámenes de diciembre, ya no tenía trabajo y lo que cobraría en el gimnasio acaso me permitiría comer por un par de semanas. El diez de diciembre aprobé la última asignatura del penúltimo curso de la carrera de Publicidad y, con una depresión que me dejaba apenas un poquito de fuerzas para levantarme, comencé a repartir copias de mi currículum por todas partes. El 18 de diciembre, día de San Modesto, me pasé la mañana entera tirada en la cama. Hacía calor en mi cuartito alquilado. Me quedaban solamente unos pocos pesos como para pagar el alquiler o comer, aunque podía hablar con doña Marta y pedirle que me esperara o… el olor a comida del cuarto de al lado me interrumpió.

    No tenía hambre pero ese aroma me hizo sentir con toda su fuerza el desamparo en que estaba. Me di una ducha en la palangana de lavar mi ropa y, envuelta en una toalla, salí a tirar el agua al patio. Estaba entrando a mi cuarto cuando vi que Yani venía por el pasillo. Di un respingo. Yani era en realidad muy bonita, aunque lo disimulaba con sus trajes entallados de oficinista. Me quedé en la puerta del cuarto, envuelta en la toalla hasta que ella estuvo frente a mí. Me llamó la atención su vestimenta de calle. Llevaba una falda negra y una camiseta turquesa de cuello redondo, usaba mocasines negros, sin medias, y un bolso de tela muy pequeño.

    -Vine a hablar contigo.

    -Pasa.

    La hice sentar en mi única silla y le pedí que no se diera vuelta a verme mientras me vestía.

    -¿Ibas a salir?

    -Estaba decidiendo. Dime.

    -Wila me canceló anteayer.

    -Pero…¿y cómo va a ser?

    -Pues… es un poco largo de contar pero…

    Las lágrimas caían de sus ojos y se las enjugó con los dedos. Le alcancé un aplastado paquetito de pañuelos de papel que estaba en mi mochila desde tiempos inmemoriales.

    -Gracias. Mira, yo vine a hablar contigo de otra cosa. ¿Por qué no vamos a comer un sándwich o… algo así?

    Yo estaba en tanga y con el sostén sin abrochar, me puse un pantalón de algodón y una camiseta sin mangas, sandalias, y cogí la mochila, por costumbre. Fuimos a un comedor económico cerca de la catedral primada, en la Zona Colonial. Comimos un moro de habichuelas y tomamos jugo de granadillo. Como la mesa era larga y compartida apuramos el almuerzo y salimos al parquecito frente al convento de los Dominicos. La brisa invernal era apenas un poco más fresca que en los días de verano. Nos sentamos bajo un flamboyán.

    -Dime Yuris, ¿Tú sabes pintar?

    -¿Cómo así? ¿Tú dices pintura artística? ¿O de la otra?

    -De la otra.

    -Algo. Pintaba carteles y pasacalles en la parroquia de mi pueblo, y estudié dibujo antes de pasarme a Publicidad y…

    -Magnífico, yo sabía que podía contar contigo. Mira, tú sabes que yo estudié decoración, aunque nunca trabajé en esa vaina. La cuestión es que un tío mío tiene un amigo, un turco que quiere instalar un localcito, dizque una tabaquería, pero ya tú sabes, los turcos son un chin tacaños. Este hombre quiere pintar y decorar el local, quiere un diseño llamativo para la vidriera y…que la cuestión es que yo le pasé un presupuesto de… veinticinco mil…

    Di un brinco.

    -¿Veinticinco mil rayas? ¿Y dices que es tacaño?

    -Más los materiales.

    Mi asombro fue más que evidente.

    -Oye, ¿sabes qué pasa? Que yo creo que en una empresa de decoración le van a pedir mucho más por lo que él quiere hacer, lo que sucede es lo siguiente, mira: yo sé pintar, pero necesito un diseño bueno, algo que a él le guste, y para eso he pensado en ti. Tú sabes diseñar ¿Te animas?

    -¿A qué? ¿A diseñar?

    -No, Yuris, no es solamente el diseño, sino fajarte a pintar conmigo, si el hombre nos acepta el trabajo tenemos que empezar mañana…y terminar el sábado.

    -Yani, tú estás chiflada, muchacha. ¿Y dónde queda ese lugar?

    -Es en la Churchill, mira, vamos para allá si quieres. Así vemos y tú me dices, ¡Ay, muchacha! ¡No te me eches para atrás!

    Sus ojos chispearon de entusiasmo y me pareció que la Yani que lloró en mi cuarto hacía un rato estaba ahora a años luz.

    Bajamos de un desvencijado autobús en la esquina de Churchill y 27 de Febrero y caminamos casi seis cuadras hasta encontrar el local. La vidriera no era demasiado grande y adentro se apilaban los estantes metálicos desarmados. Saqué una escuadra de la mochila y tomé las medidas de la vidriera. Desde afuera hice un esquema frontal mientras Yani contaba los estantes y grababa indicaciones en un magnetófono de bolsillo.

    Fuimos a Plaza Central y nos sentamos en un banco junto a la enorme fuente. Hice un bosquejo de una pipa de la que salían volutas de humo, las volutas encerraban paisajes costeros, navíos piratas, un enorme cofre lleno de habanos, un atardecer marino, bosquejé un logotipo que abarcaría toda la puerta y le puse un nombre al negocio: El Bucanero. Tabaquería.

    -¡Ofrézcome! ¡Eso sí está precioso!

    -Necesitaría una computadora para hacerlo bien.

    -Mira, hay un cibercafé aquí cerca, alquilamos una y ya…

    Yani se puso de pie y no tuve más remedio que seguirla. Me llevó casi dos horas diseñar en freehand y después imprimimos varias copias.

    -Mira, esto está genial, muchacha, ya mismo se la voy a enseñar a ese hombre. Le va a encantar.

    -¿No sería mejor que hiciéramos un diseño alternativo? A lo mejor no le gusta y…

    -No, no, no… le va a gustar, te lo aseguro. ¿Tú puedes empezar a trabajar mañana mismo? Mira, si me ayudas a pintar el resto… vamos a medias ¿te parece?

    Su entusiasmo me cohibía un poco, pero acepté, más por necesidad que por codicia.

    -Mira, prepara tu ropa de trabajo, si yo no voy por tu casa a avisarte nada, nos encontramos mañana a las ocho en el local. ¿Tienes dinero para volver?

    En mi mochila quedaban algo así como cincuenta pesos.

    Esa noche dormí mal. La vitalidad de los ojos de Yani se me había metido en alguna parte de la conciencia. Sentía que la conocía de toda una vida. Me sentí rara.

    Como esa tarde y en la noche no apareció, al otro día, con los ojos legañosos, bostezando como si hubiera pasado una noche deliciosa, fui hacia el local. Me senté en el bulevar central de la avenida a ver el tránsito enloquecido de la Churchill a esa hora. Yani llegó antes de las nueve, en una camioneta de acarreo. Traía tres cajones llenos de latas de pintura, una escalera, paquetes de periódicos viejos y una caja de pinceles y herramientas que el chofer nos ayudó a descargar. Comencé a trabajar de inmediato en la vidriera. El lugar se llenó de un insoportable olor a pintura y a solvente.

    Yani improvisó una mascarilla con un pañuelo y su aspecto era el de una asaltante de diligencias del lejano Oeste. Me dio mucha risa la ocurrencia, pero la imité. Comimos una porción de pizza al mediodía y trabajamos hasta casi las ocho de la noche. Yo misma ignoraba la capacidad de trabajo que Yanis tenía, sobre todo porque de lo poco que la conocía siempre la había visto sentada frente a su PC, impecable en su trajecito de secretaria que cambiaba de color cada semana.

    Ella era apenas un poco más negra que yo, usaba el pelo suelto hasta los hombros, era un poco más rellenita, de caderas redondas y senos bien formados. A mí en cambio me molestaba ir al salón constantemente, también por el costo que insumía, de manera que me gustaba usar el pelo corto, me lo peinaba con mucho gel y rara vez me ponía gorros. Yani se había improvisado uno con una bolsita de polietileno. Al día siguiente completé la pintura del diseño de la vidriera. Me quedaba el logo de la puerta y un juego de flechitas superpuestas de colores que cubrían por completo la parte de abajo.

    El olor a pintura me estaba haciendo doler la cabeza, pero felizmente en la noche con un par de calmantes y el agotamiento de un trabajo que hacía años que no realizaba, me dormía de un solo tirón, al punto de que terminaba incorporando al sueño el sonido del despertador. El viernes en la mañana pude terminar con la vidriera, la dejé limpia, raspé y corté con hojitas de afeitar toda la pintura sobrante, retoqué todos los blancos y huecos y por la tarde ayudé a Yanis con el techo y las puerta de los baños. Eran casi las siete cuando llegó el dueño. Le pedimos que no tocara nada porque la pintura estaba todavía fresca.

    Era un hombre alto, de barriga prominente y gruesos bigotes. Usaba lentes y vestía con sencillez. Nos saludó con mucha amabilidad. Detrás de él entraron dos muchachas que, evidentemente eran sus hijas. Ambas festejaron lo bien que había quedado todo. El hombre nos ofreció entonces que al día siguiente termináramos de limpiar y armáramos todos los estantes y, lo que más nos alegró, sacó su libreta de cheques y extendió un cheque al portador por los veintidós mil pesos que restaban por cobrar.

    -Lo de mañana será aparte. Usted dirá, Yanis.

    -No se apure. Yo lo llamo cuando terminamos.

    A las cuatro de la tarde del sábado el local estaba limpiecito y los estantes armados, pero nosotras estábamos completamente exhaustas, muertas de hambre y cubiertas de polvillo, sucias de pintura y con olor a solvente como para que no nos picaran ni los mosquitos. El chofer de la camioneta de acarreo cargó todas las cosas y nosotras nos montamos con él. Dejamos todo en la casa del tío de Yani, desde donde ella llamó al turco para avisarle que todo estaba listo. Eran casi las seis cuando la camioneta nos dejó en la casa de Yani.

    Era un cuarto más amplio que el mío, de hecho tenía baño privado y una pequeña galería cerrada al frente. La dueña de la casa vivía al lado y tenía más cuartos al fondo. Yani estaba un poco mejor equipada que yo, tenía una neverita, un armarito de ropa, un centro musical y un televisor pequeño. Me puse a ver las travesuras de Tom y Jerry mientras se duchaba.

    -¿Quieres darte una ducha? -me preguntó desde el baño.

    -Oh, es que no tengo ropa para cambiarme.

    -Ven.

    Me acerqué y entreabrí la puerta del baño para escuchar mejor.

    -Dime.

    -Puedo prestarte algo si quieres.

    Sopesé la posibilidad. Temí desairarla si me negaba. Después de todo ella había hecho mucho por mí.

    -Está bien.

    Yani salió del baño con una larga camiseta de algodón. Abrió su roperito y sacó de allí un vestido enterizo con flores estampadas rojas y amarillas.

    -Mira, ¿te parece que salgamos a dar una vuelta? O si te apetece pedimos pizza y cenamos aquí ¿Te gustaría?

    La idea de salir para la calle no me atraía en absoluto. Estaba agotada.

    -Acepto lo de la pizza, pero compartimos los gastos.

    -Oh, claro, somos millonarias esta noche ¿Pido cerveza?

    Hasta ese momento yo no había tenido ninguna clase de morbo con Yani. Solo me caía muy bien. Cuando me desnudé y abrí el chorro de la ducha Yani entró al baño a dejarme una toalla limpia. Me sobresalté y hasta me excitó un poco ver cómo me veía ella. Mis pezones se pusieron duros y Yani sonrió.

    -Tus cañones sí apuntan lindo- dijo riendo. Me enjaboné con lentitud y me llené el cuerpo de espuma de champú mientras Yani me seguía mirando. Le di la espalda y cerré la ducha para seguir enjabonándome, como si necesitara limpiarme también por dentro. Me excitaba la forma en que ella me miró. Hacía más de un año que mi sexo trazaba idilios de fantasía y al abrir el chorro me di vuelta y Yani todavía estaba ahí. Decidí improvisar aunque el pánico me carcomía.

    -Huy, qué frío -dije viéndola directamente a los ojos. Extendí la mano para tomar la toalla y me envolví en ella.

    -¿Quieres ayudarme?

    Yani asintió. Su respiración entrecortada y sus manos temblorosas me ayudaron a deslizar la toalla por mi espalda, por mi vientre, hasta que la dejé caer al piso y sin preámbulos, le tomé la cara y la besé en la boca. Era la primera vez que era yo quien manejaba una situación así. La saqué del baño y la senté en mi regazo, sobre la cama, sin dejar de besarla. Levanté su camiseta lentamente, hasta que sus pezones erguidos quedaron exactamente al alcance de mi boca. Jugué con ellos, dejé que mi lengua barriera sus areolas y los aprisioné con los dientes mientras Yani terminaba de desnudarse.

    Su sexo olía jabón, a perfume de jazmín, a hierba amanecida y a mí solo me importaba transportarla más allá de ese cuarto, más allá de ese barrio rumoroso y de la ciudad nocturna que ahora estaba lejos de nosotras. Yani abría y cerraba levemente las piernas, me acariciaba la cabeza y respiraba hondo hasta que su pelvis comenzó a moverse hacia arriba, mis manos buscaron sus senos y cuando toda su piel se agitó en un tibio latido gimió suavemente mientras su cuerpo temblaba. Se apretó contra mí y me besó en cuello mientras me decía

    -Gracias, gracias, hacía tanto que…

    Le acaricié los cabellos y cuando ella sintió mis pezones endurecidos me besó todo el cuerpo, me recorrió como si me explorara y en pocos segundos su lengua fue un cálido estilete que se deleitó en mi sexo mientras cerré lo ojos, como si soñara, para despertar enseguida sacudida por un orgasmo que me obligó a morder la almohada para ahogar un grito.

    Era de noche y estábamos transpiradas. La oscuridad del cuarto se llenó del zumbido de los mosquitos. Quise decir algo pero los labios de Yani me cerraron la boca.

    Volvimos al baño y nos dimos otra ducha.

    -Será mejor que pida esa pizza antes que nos muramos de hambre -dijo y se puso el vestido que me había prestado y salió del cuarto. Yo encendí el ventilador y desde la cama busqué música en el radio.

    Yani volvió enseguida y se desnudó para acostarse de nuevo a mi lado. Nos dormimos hasta que nos despertó el muchacho que trajo el pedido. No comimos mucho, solamente para retomar fuerzas. Hicimos el amor una vez más y quedamos agotadas. Pasamos el domingo encerradas, desnudas, nos amamos y nos contamos todo, incluso hablamos de Wila y en algún momento Yani sugirió

    -Tal vez deberíamos darle las gracias ¿No crees?

    Al volver a casa esa noche le pagué a Doña Marta dos meses adelantados del alquiler y repasé la lista de direcciones donde debía entregar más currículos. No podía parar de pensar en Yani pero, por intuición más que por experiencia, decidí controlarme. Esperaría que ella me buscara de nuevo. Me acosté a las nueve y di muchas vueltas antes de dormir. A las siete de la mañana me despertaron golpes en la puerta. Salté de la cama y me encontré a Yani, demacrada y ojerosa.

    -No pude dormir. Estuve a punto de venir anoche después que nos despedimos pero temí que te molestarías…

    -Niña tonta, yo tampoco podía dormir pero pensé que tal vez necesitabas tu tiempo y…

    -Yo te necesito a ti -dijo lagrimeando.

    Me sentí conmovida. Cerré la puerta del cuartucho y encendí el calentadorcito para preparar café. Yani se recostó en la cama y yo me puse a su lado y la abracé. Nos quedamos dormidas. Me despertó el zumbido de la cafetera. Ella bebió su café con ganas y dijo que estaba delicioso.

    -¿Quieres hablar? -pregunté. Su mirada tenía un aire de picardía.

    -Oh sí. Hay mucho de qué hablar, pero después -respondió mientras empezaba a desnudarse.

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  • Una diosa en la terraza

    Una diosa en la terraza

    Llevaba varios días teniendo en cuenta que mi vecina desde su terraza por las tardes cuando iba a tomar el sol, se asomaba hasta el borde de su terraza para verme por la ventana de mi habitación, primero pensé que sólo eran imaginaciones mías y que lo hacía de forma muy discreta, pero cada vez era más descarada, enseñándome cada día un bikini nuevo y dejándome ver como se extendía la crema protectora por su magnífico cuerpo.

    Al principio no me gustó que me espiara, pero pronto fuimos ambos los que nos espiábamos.

    Tenía unos grandes pechos, firmes, que con sus bikinis se veían de vicio, con unos pezones enormes, (como a mí me gustan) bueno la mitad de su cuerpo que para mí permanecía oculto, pero me la imaginaba, ya que en muchas ocasiones al saludarnos por la calle con la ropa que llevaba puesta dejaba ver orgullosa sus encantos, para mi deleite; pantalones ajustados que mostraban sus mejores tangas, su gran trasero, su cintura y sus largas piernas, sus camisetas tan justas dejaban insinuarse a sus morbosos sujetadores, haciendo gala de sus pechos.

    De vez en cuando al saludarnos nos parábamos y charlábamos un poco, pero sin mayor trascendencia, hasta que poco a poco noté como intentaba charlar más conmigo, cosa que hacía que me fijase más en ella.

    La verdad es que consiguió que en poco tiempo sólo ella ocupara mi cabeza, no podía pensar en otra cosa que no fuera ella y su precioso cuerpazo, me encantaría salir con ella, pero al ser algo mayor que yo tenía otras amistades, frecuentaba otros sitios, no sé, la veía como algo inalcanzable para mí. Pero algo me decía que debía intentarlo.

    Llegó el gran día, vi salir a su madre de su casa y supe que estaba sola en la terraza, con un bikini rojo que como no, ya me había deleitado los ojos mostrándomelo y haciendo gala del color y el brillo de su piel morena gracias a la loción bronceadora.

    Salí de mi casa decidido, salté la valla de su casa sin gran esfuerzo y cuando entré en su casa fui derecho a la escalera de la terraza donde mi vecina estaba bronceando su cuerpazo. Con rapidez y sigilo fui subiendo las escaleras hasta llegar a la puerta de la terraza, estaba entre abierta, me detuve un instante y pude espiar a mi vecina, estaba tendida sobre una toalla, junto a ella un bote de loción bronceadora y una radio cd.

    Era fabuloso ver su cuerpo desde mi posición, ver el brillo de su piel, su pelo recogido con una coleta dejando ver su precioso cuello, (me salió el complejo de Drácula) lo más impactante fue que aquel bikini rojo dejaba al descubierto prácticamente la totalidad de su hermoso cuerpo y sus vertiginosas curvas.

    Tenía que tomar una decisión, irme de nuevo a mi casa o lanzarme sobre ella, no lo pensé mucho después de estar allí no podía desaprovechar la ocasión, espera la oportunidad y cuando ella se volteó quedando bocabajo salí de mi escondite sigiloso como si de un felino se tratara, quede encima de ella.

    ―Aaaah! ¿Qué haces aquí imbécil? ¿Como has entrado?

    Se dio la vuelta tremendamente asustada, queriendo escaparse de mí, pero no había llegado hasta allí para perder esa oportunidad, la agarré fuerte, queriendo mostrarle que yo tenía el control y no podría escapar de mi.

    ―Tranquila vecina, estoy harto de que me espíes, ya me tienes aquí contigo.

    ―¡Qué gilipollas! ¡Tú también te quedas embobado mirándome! ¿Qué vas a violarme? ¿O vas a pajearte como haces en tu habitación después de verme? ¿Qué te crees que no te he visto como te la meneas? ¡Imbécil!

    No sé como pero adivine sus intenciones, ella quería humillarme y hacerme ver que yo era poca cosa para ella y que nunca podría satisfacerla, entonces emplee sus mismas armas contra ella.

    ―¿Pero tú que te crees? ¿Sabes porque me espías? ¡¡Pues porque con los tíos con los que has estado ninguno te ha vuelto a llamar de lo mal que los dejas, seguramente que no puedes con ellos y los dejas insatisfechos!!

    Parece que después de entablar esta discusión que duro un poco más ella fue bajando sus defensas, comprobé como cada vez ponía menos resistencia y le solté los brazos aunque seguí encima suyo, su propia estrategia surtía efecto contra ella y poco a poco la discusión fue pasando a una conversación insinuante.

    Yo acercaba mi cuerpo al suyo sólo para rozarlo y comprobar como sus pezones se iban endureciendo, como sus labios ansiaban los míos y ella comprobaba como mi rabo crecía al tener su conejo tan cerca.

    Hasta que por fin ella me agarró del cuello y me beso, pude sentir su lengua jugando con la mía, sus ardientes labios junto a los míos, poco a poco fue besándole las orejas y después su cuello, fui bajando por su fina piel hasta tener mi cabeza entre sus dos grandes pechos, delicadamente mientras seguía besando su canalillo mis manos desataron la parte de arriba del bikini, pero sin destapar la belleza de sus pechos, con más mimo aún mi lengua fue retirando la tela y sin prisas pude ir viendo poco a poco sus bellos y firmes pechos que estaban completamente tiesos, aquella forma de quitarle el bikini le encanto y se entregó del todo a mi.

    ―Sii, son todo tuyos, ¡¡cómemelos cielo!!

    ―Son preciosos vecina, nunca he visto algo tan bello, te los voy a comer enteros deben saber a gloria

    Los acaricie y los fue juntando con mis manos, mis labios empezaron a darle pequeños mordiscos que le daban un poco de cosquillas y ella reaccionaba entre pequeñas risas y gemidos, luego con mi lengua fui haciendo una espiral de fuera hasta adentro hasta llegar a uno de sus pezones y con fuerza lo chupe como un niño sediento, cosa que le encantó y soltó un gemido algo mayor y arqueo su cuerpo hacia mi como si quisiera estar más pegada a mi, entonces ella comprendió que estaba totalmente empalmado y con sus manos fue bajando mi cabeza para abajo como mostrándome el camino hasta su tapado conejo, expectante de que le propinara el mismo o mayor placer que le había dado a sus pechos.

    Para destapar su conejo emplee la misma técnica que con la parte de arriba, desate los nudos de los laterales y sin quitárselo fui introduciendo mi boca debajo de la tela dejando poco a poco ver su esplendor, mi lengua buscaba ansiosa su conejo, hasta que por fin dio con él, estaba casi totalmente rasurado, ardiente, esperando que lo hiciera humedecer…

    Delicadamente fui apartando la tela con mi boca hasta que quedo delante mía su impresionante cuerpo desnudo, bronceado y ardiente de sentir placer conmigo. Cuando ella estaba ya vencida me susurro:

    ―Soy tuya, ya me has calentado, a ver ahora que eres capaz.

    Yo levante mi cabeza que estaba perdidamente loca con aquella visión, la mire a la cara y le hice un gesto de sonrisa como estando muy seguro de mis posibilidades, al ver mi gesto se entregó del todo a mí.

    Volcó su cabeza hacia atrás y me abrió el paso hasta su conejo separando sus muslos y dejando al descubierto su tesoro mejor guardado, sus dos grandes labios tan carnosos tenían una pinta de estar muy sabrosos cosa que terminó de excitarme y empecé a saborearlos, primero de forma relajada y muy sutilmente para luego comérmelos con gran pasión abriendo mi boca al máximo, palpando con mi lengua sus sabores, pellizcándolos con mi boca, mientas que mis manos amasaban sus dos voluminosos pechos y al igual que mi boca pellizcando sus tiesos pezones.

    Ella empezó a dar bastantes gemidos no muy fuertes, pero su cuerpo se movía mucho de un lado para otro y me costaba trabajo no separarme de aquel conejo que pedía a gritos más placer, tuve que agarrarla fuerte con mis manos por la cintura para poder seguir satisfaciéndola, su clítoris no tardó mucho en hincharse y dejarse ver como si quisiera explotar, jugué un poco con el y la excitación de mi vecina fue en aumento.

    ―¡¡Si si siii, aaaah…!!

    De repente, cuando ella sintió como mi lengua se metía en el interior de su ardiente conejo y recorría frenéticamente las paredes de su húmeda cueva empezó a correrse y me deleitó con el manjar de sus líquidos, al momento de tener sus primer orgasmo soltó un gran grito de placer y de no ser porque se tapó la boca con sus manos hubiera formado un alboroto en la vecindad. Mi boca seguía saboreando el néctar que emanaba de su conejo, era impresionante, no paraba de salir y salir, cuando ya tenía la cara completamente llena de su miel me incorporé y acercándome a su carita que estaba en el limbo le dije:

    ―¡Que buena estas! ¡cómo me gusta tu conejo! ¡dios, que sabor tiene! ¡eres un primor!

    Ella me miró y al darse cuenta como tenía la cara totalmente cubierta de su miel sonrió un poco y nos besamos muy lentamente sin prisas, su maestría con la lengua me volvía loco y al rozar mi rabo con su conejo comprobaba como este seguía emanando flujos. Me besaba con mucha ternura a veces sacaba su lengua para pasarla por mi cara y probar sus propios flujos, yo le susurraba que estaban muy sabrosos que me diera más, entonces habría su boca y sacaba al completo su lengua, yo la chupaba como si de un polo refrescante se tratara, esto le encantó.

    ―¡Que bueno eres vecino! Tienes experiencia, pero me voy a encargar de hacerte olvidar a todas las demás hoy mismo, no vas a querer chupar otro coño en tu vida que no se el mío ¡ahora veras!

    Nos dimos la vuelta y ella se abalanzó sobre mí y de manera muy lenta y sensual empezó a restregarse su cuerpo con el mío. Sus pezones tan tiesos se hincaban en mi cuerpo, su todavía húmedo conejo dejaba el rastro por todo mi cuerpo, mis manos le acariciaban la espalda y bajaban lentas hasta su firme y suculento trasero, en varios movimientos intentaba conseguir capturar a mi rabo para que la penetrarse, hasta que por fin con un poco de ayuda de una de sus manos consiguió su objetivo…

    Y con un decidido movimiento la penetración fue completa se había engullido todo mi rabo de una sola vez, en ese preciso momento los dos soltamos sendos gemidos de placer.

    Pero ella no se relajó ni un instante y empezó a mover su pelvis y su cuerpo sobre mi como si de un reptil se tratase y mis manos intentaban seguir el movimiento de sus caderas.

    ―Esto no es todo vecino, ahora viene lo bueno…

    En ese momento se incorporó y se puso de rodillas a mi sin dejar escapar mi rabo de su conejo.

    ―¡Aaaahg diosss, muévete vecina!

    Me sonrió y empezó a moverse como me tenía acostumbrado de forma muy sensual y despacio, haciéndome gozar con cada movimiento de su pelvis de arriba abajo, de dentro a afuera, en espiral y con cada uno de sus movimientos yo entraba cada vez más en un estado de placer sin igual.

    Creo que me iba a desmayar de tanto placer que me estaba dando mi vecina, entonces ella reaccionó cogió un bote que contenía agua y me lo espolvoreó por todo el cuerpo, provocándome un reacción violenta sobre ella y empecé a sujetarla firmemente por el trasero y la cintura para que las embestidas fueran grandiosas y ella sintiera el mismo placer que yo estaba sintiendo.

    Después hizo lo mismo y se espolvoreó agua por todo su hermoso cuerpo (para combatir aquel calentón que nos estábamos dando) que no paraba de moverse encima de mí, con el consiguiente movimiento de sus pechos que me tenían totalmente embobado e hipnotizado. Aquella visión de su cuerpo brillando al sol encima de mí con las gotas de agua recorriendo sus maravillosas curvas era algo más que celestial, tenía a una completa diosa conmigo, su pelo estaba aún más mojado y alborotado, ella intentaba recogérselo un poco pero era inútil, además a mi me encantaba su pelo suelto, a veces le tapaba en parte su cara dándole un toque mucho más sensual si cabo a todo aquello.

    Así estuvimos bastante tiempo entre auténticos gemidos de placer por ambas partes, hasta que note que me iba a correr en cuanto se lo hice saber ella rompió nuestra magnifica unión y me hizo algo que me provocó instantáneamente una de mis mayores corridas. Me lamió varias veces mi rabo desde la base hasta la punta de manera sutil, me masajeo con sus delicadas manos todo mi rabo y mis testículos, me propinó varias mamadas fuertes y enérgicas, (ya estaba a punto de estallar no podía aguantar más) se retiró su cabello de la cara echándolo a un lado, agarró mi rabo con sus dos manos, me sopló muy sutilmente en la punta y por último me dio un besito.

    Esto me provocó una corrida bestial, inundando su bellísima cara de mi leche, no sé cuántos chorros pude soltar, por su barbilla caían gotas de mi leche que ella con sus manos las recogía, se untaba bien sus dedos y se los chupaba como si de un manjar para ella fuera, el resto de leche que había por su cara lo recogió y lo extendió por sus pechos.

    ―¡Esta es la mejor crema solar que he tenido nunca vecino!

    Como veía que de mi rabo aún seguían saliendo pequeñas gotas de leche se abalanzó sobre él y como si de una felina sedienta se tratara abrió su boca dejó salir su lengua al completo y me lamió con esmero todo mi rabo hasta dejarlo tan limpio como la cría de una tigresa.

    ―Bueno vecino esta vez hemos empatado, pero la siguiente te voy a hacer correr mucho más rápido.

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  • Una manera de aprender

    Una manera de aprender

    Les cuento un poco de mí, soy estudiante de la universidad de Buenos Aires, con mis veinte años, me esfuerzo mucho para tener un buen aspecto físico. No sé si describirme mucho, pero puedo contarles que soy rubia con rulos, ojos claritos, no muy alta con una altura normal. Tengo buena cola aunque mi orgullo son mis lolas.

    Estaba saliendo con un chico muy lindo, con el que tuve mi primera relación sexual, a los 18 años, siempre fui un poco limitada con lo que hacíamos, por ejemplo, no me gustaba mucho chupársela, de hacerlo por atrás ni hablar. Siempre me lo reclamaba. Pero yo hacía oídos sordos. Mi mejor amiga la cual voy a llamar Luciana siempre me daba consejos de cómo satisfacer a mi chico, él tiene 5 años más que yo. Lo voy a llamar Cristian.

    (Quizás sea su nombre) Él vive solo en un departamento no muy lejos de mi casa, no estábamos pasando nuestro mejor momento, ya que él me pedía cosas en la cama que yo no tenía ganas de hacer. Después de pensar mucho me decidí y fui a su casa a sorprenderlo, estaba dispuesta a hacer de todo, de complacer como Luciana me enseñó. Al llegar a su edificio veo el auto de Lu en la puerta, inconfundible por el color feo que eligió. Estacioné enfrente ya que no encontré otro lugar. Jamás pensé lo que estaba pasando, Cristian cometió el error de darme llaves de su departamento (todo para no bajar a abrirme cuando me voy por la mañana).

    Subí como de costumbre, y al abrir la puerta escuche música electrónica, que es la que suele escuchar mi novio. Me acerqué pensando que estaba solo, la puerta estaba abierta, cuando me asomo, no lo podía creer, él estaba sentado en el borde de la cama, y mi amiga Lu arrodillada en ropa interior chupándolo, ni se dieron cuenta que estaba ahí, Cristian con los ojos cerrados parecía disfrutar a mil. Salí de la misma manera que entré, sin decir nada.

    Estaba más que confundida, pero no reaccioné mal, sabía que tenía que vengarme de alguna manera en particular, esto no se lo perdonaría muy fácilmente.

    Se me ocurrió algo en particular, él quería una novia que haga de todo, entonces se lo iba a dar. Esperé a Lu en su casa, cuando volvió la noté nerviosa, le conté todo lo que vi, no sabía qué hacer. Le dije que si quería seguir siendo amiga mía tenía que ayudarme. No dudó en decirme que si. Quería que Cristian me viera cogiendo con otro. Me prometió arreglar todo, que solo me prepare que me llamaría por teléfono para decirme cuando tenga todo listo.

    Al jueves siguiente me llamo diciendo que esté lista el viernes a las cinco de la tarde que pasaría por mí.

    Llego a mi casa a horario, fuimos a mi habitación y se puso a revisar mi vestidor eligiéndome la ropa. Saco mi uniforme que aún conservaba de la secundaria, me negué a usarlo, pero ella insistió y acepté. De su bolso saco una tanga blanca para prestarme, era bastante chica, la verdad no acostumbraba usar ese tipo de bombachas, pero esa noche todo valía, fui al baño y me la cambié, cuando salí en ropa interior me dijo “te queda bárbaro, esta noche matas”. Me desabrochó el corpiño y me lo saco, me paso la camisa del uniforme y me la puse sin nada abajo, me sentía muy cómoda así, me puse la corbatita y la pollera tableada.

    Me busco las mismas medias que usaba en el cole y los zapatos que encontramos guardados muy al fondo, me hizo dos trenzas en el palo, y me hizo mirarme al espejo. Me dijo “ahora estas en el último año de la secundaria y sos mi prima”, “está bien” le contesté. Me sentía incomoda salir así a la calle, me puse un abrigo y partimos en su auto. Viajamos hasta una casa que no conocía, me dijo “espérame acá y en quince minutos tocá timbre”. Y seguí el juego.

    Espere en el auto mientras ella entró a la casa, pasados los 15 minutos baje del auto y me dirigí a la puerta toque timbre, estaba muy nerviosa. Abrió la puerta un chico como de 20 años y me dijo, “vos debes ser la prima de Lu, pasa”. Entré tímidamente. Junto a él estaban cuatro chicos mas de entre 20 y 25 años, el que me hizo entras comenzó a charlar conmigo mientras los otros miraban la televisión. Me comento que Lu estaba con un compañero de fútbol de ellos en la habitación de arriba. Me sorprendí cuando me enteré que eran amigos de mi novio, pero no los conocía. Hice por irme, pero me decían que me quedé, que la podíamos pasar bien, empecé a ponerme nerviosa.

    Ellos lo notaron y me hacían de todo tipo de bromas, me senté en un sillón y el chico que me abrió la puerta se sentó a mi lado, empezó a acariciarme la rodilla, a mí los nervios me mataban. Pero me acorde de la imagen de mi novio con mi amiga y desinhibí, más al pensar que en ese mismo momento ellos estaban juntos.

    Deje que me acariciara, los otros miraban la tele como si nada, empezó a subir su mano hasta llegar a mi bombachita que ya estaba mojada, realmente pensé en hacerlo con ese chico en ese momento, le dije al oído que quería que vayamos a alguna habitación para estar tranquilos, a lo que me respondió, “acá estamos bien”, en voz alta les dijo a sus amigos, “parece que la pendeja necesita pija”.

    No me gustó nada lo que dijo e hice por irme, pero al pararme escuche gemidos desde arriba donde estaba mi novio. Me quede parada de espalda, este chico que me agarro de la cintura, me levanto la pollera levemente y comento: “huu que cola tiene la hija de puta, se la voy a romper toda”, la verdad me estaba calentando a mil.

    Empezó acariciarme los muslos y la cola pasando por mi conchita, me sentía en otro mundo, muy caliente, me dio vuelta y me desabrocho la camisa dejando mis lolas al aire, comenzó a chuparme y estaba a mil, me hizo sentar en el sillón, y saco su pija, me asombre al ver que era mas grande que la mi novio, me dijo con vos firme, “cómetela toda”, con timidez empecé a darle besos en la pija, hasta sentí su gusto realmente me gustó mucho, empecé a chuparla a full mientras lo miraba a los ojos como gozaba, me sentía una puta y me gustaba, me sentía mirada por sus amigos, y eso me calentaba más.

    Me encantaba sentir eso duro y caliente en mi boca. Me dieron ganas de tocarme y no dude en hacerlo. Me tomo del brazo y me hizo parar, me arrodille en el sillón de espalda a él y me decía al oído, “te voy a coger por todos los agujeros”, me bajo la bombacha, yo me doble agarrada del respaldo sacando la cola y comenzó a chuparme la conchita, me sentía en el cielo, me salió desde adentro del alma decirle “¡¡ponemela ya!!”. Sin pensarlo me apunto a la concha con su pija y me la metió hasta el fondo, sentí un placer como nunca, con dos envestidas tuve mi primer orgasmo, cosa que mi novio nunca logro. Me cogía con fuerza y me reventaba la concha con esa pija que tenía. Sus amigos miraban sin problema.

    Uno se puso detrás del sillón y me miraba a la cara, me decía “que hambre de pija tiene, Queres chupar mientras él te coge”. Yo asentí con la cabeza, estaba fuera de mí, me desconocía, saco su pija y me puso en la boca la chupe como si fuese una canilla en el desierto. Sentí que el que me cogía estaba por acabar y me la saco antes tirándome todo sobre la pollera. Otro ocupo su lugar y me la metió sin pensar, al que estaba chupando me acabo como un burro llenándome toda la boca con su leche, me sentía la mas puta de las putas y me encantaba, tragué todo lo que pude, me gusto como me refregaba toda la pija después de acabar por mi cara ensuciándome toda.

    El ultimó que faltaba me la puso en la boca y seguí chupando. El que me cogía acelero sus embestidas señal de que estaba por acabar, lo hizo dentro de mi, nunca mi novio lo hizo sin preservativo, por eso también era nueva la sensación esa de tener la concha llena de lecha. Me sentía en el paraíso.

    El primero de todos ya la tenía parada de nuevo, y empezó a untarme la cola con una crema, y a meterme un dedito. Nada me importaba, podría hacerme lo que quiera que estaba dispuesta, al que chupaba me tomo de la nuca y me hundió su pija hasta la garganta, obligándome a tragar todo. Después de jugar en mi cola con un dedo puso otro, yo sentía el placer máximo mezclado con dolor. Saco sus dedos y se dispuso a meterme su verga.

    Puso la cabeza primero y yo mismo empecé a empujar para atrás para que la meta toda, asombrados los demás me miraban y me alentaban, mordiéndome los labio logre que entre todo, y empezó a moverme, me encanto que me haga la cola.

    Cuando estaba en lo mejor escucho la vos de mi amiga diciendo “Parece que mi prima entro en confianza, menos mal que la destrabaron porque parece que el novio la atiende mal”, levanto la vista y lo veo a mi novio de la mano de mi amiga, me encanto que me vea así.

    Al verlo tuve un orgasmo grandioso, era la primera vez que me hacían la cola y fue el primer orgasmo que sentí con mi culo ocupado con una pija. Lo miraba a la cara mientras su amigo me hacía de todo, y todos me hablaban como la mas puta. Cristian estaba que volaba, pero no decía nada. De adentro me salió decir, “quiero lechita”. El mas gordito no dudo un segundo de ponerme la pija en la boca. Mientras le decía a Cristian, “dale veni, veni que dejo mi lugar”. Cristian no se enganchó pero seguió mirando.

    El chico que me hacia la cola acabo dentro mío. Sentí que me levantaron de la cintura como si fuese un juguete, uno se acostó en el piso y el que me tenía alzada me sentó sobre este, lo cabalgue como nunca, mientras otro me la metía por la cola.

    Mi amiga me dijo, “nosotros nos vamos, ¿vos te quedas?”. “si se queda” dijeron todos, ni contar que me cogieron hasta entrada la noche, trague leche toda la tarde, y mi cola fue penetrada por cada uno, estos chicos no se cansaban nunca. Comimos unas pizzas y aproveche para contarles que era la novia de Cristian. Todos se rieron, porque según me dijeron muy bien no les cae, pero como juega bien al fútbol está en el equipo, después de comer, el gordito me subió a la mesa y me pidieron que baile desnuda, por supuesto que no me negué.

    Me llevaron a mi casa, toda dolorida, pero más que satisfecha, creo que la venganza salió redonda. Por supuesto que al otro día llamé a Cristian y me di el gusto de decirle que no quería verlo nunca más. Con Lu somos intimas amigas, y siempre salimos a juntas, desde ese día, busco nuevas sensaciones siempre, pero la leche de mis futbolistas no me falta, el pacto fue que siempre estaría disponible, pero si estábamos todos.

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  • Nuestro buen amigo José

    Nuestro buen amigo José

    Me llamo Cristina, aunque todos me llaman Cris, tengo 33 años y estoy casada desde hace 7. Mi marido, Fernando, tiene 36 años, no está nada mal físicamente, practica mucho deporte y es muy buen amante. Nuestra relación tanto en el plano afectivo como sexual, va muy bien.

    Tenemos una pareja de amigos, José y Helena, que llevan 5 años de noviazgo y están preparando para casarse durante las próximas navidades. La verdad es que los cuatro nos llevamos muy bien, se puede decir que nos tenemos mucho cariño.

    La historia es que, de un tiempo a esta parte, he notado, que José me mira mucho, y muy a menudo, cuando nuestras parejas no están presentes me lanza piropos algo subidos de tono. Una noche me desperté después de haber soñado que hacía el amor con él, y estaba totalmente empapada. Tuve que masturbarme para poder volver a conciliar el sueño.

    El caso es que, desde aquella noche, poco a poco, se fue introduciendo en mi cabeza la idea de tener una aventura con José. Me sorprendía a mí misma, nunca antes se me había pasado por la cabeza engañar a mi marido, nunca había tenido motivo, y ahora tampoco lo tenía, pero en mi cabeza se empezaba a gestar la idea de tener una aventura extramatrimonial.

    Los días pasaron, y mi “calentura” se fue enfriando, hasta que en una fiesta de cumpleaños de un amigo común, durante un baile, después de decirme lo hermosa que era, rozó sus labios por mi cuello. En cuestión de segundos me sentí muy excitada, y si no fuera porque estábamos rodeados de gente, le hubiera besado apasionadamente.

    Después del baile, él se fue a charlar con un grupo de amigos en el que se encontraba mi esposo y yo me fui hacia el jardín a tomar un poco de fresco. La noche era hermosa y el cielo era estrellado. Pasado un buen rato, empecé a sentir frío, me dispuse a volver a la casa, justo antes de que pudiera abrir la puerta, alguien tiró de mi brazo, era José, sin mediar palabra me besó apasionadamente, cuando quise darme cuenta, nuestras lenguas pugnaban por explorar la boca del otro.

    Poco a poco fue bajando sus manos hasta llegar a mi falda, sin dejar de besarme me la subió hasta la cintura, una mano recorría mi culo, luego las dos manos. Agarraba fuertemente mis nalgas empujándome contra él, de un tirón rompió mis bragas, poco después pude sentir su polla rozarse con mi pubis. Deseaba verla, tenerla entre mis manos y saborearla en mi boca, pero no podía, José no dejaba de besarme y apretarme contra él.

    De pronto, tiró de mí hacia arriba, quedando su polla a las puertas de mi sexo, en ese momento dejó de besarme, me miró a los ojos y de un golpe, me penetró. No pude reprimir un grito de dolor, él se quedó inmóvil.

    Su polla me llenaba por completo, le besé dulcemente y al oído le susurré que me follara, él sonrió de satisfacción, me apoyó contra la pared y con mucha delicadeza empezó a mover sus caderas haciendo que su grueso miembro me llevara hasta el cielo.

    Era increíble el placer que me estaba dando, mientras devoraba mi cuello no paraba de susurrarle lo mucho que había deseado que llegara este momento, quería sentirme suya. A cada roce de su polla en mi interior, a cada beso que me daba, mi cuerpo respondía aumentando el deseo. No sé si era por la situación, y el lugar, pero nunca me había sentido tan excitada.

    Le rogué que me follara con fuerza, José me complacía en cada petición. Comenzó a embestirme violenta y profundamente, no podía reprimir mis gemidos, nada me importaba en ese momento, que deseaba que no acabara nunca.

    Mis gemidos eran cada vez más audibles, José aumento aún más el ritmo, de pronto todo mi cuerpo se tensó y una tras otra me invadieron oleadas de placer que desembocaron en el orgasmo más intenso de mi vida.

    Estaba realmente satisfecha, le pedí que me dejara saborear su polla, otra vez me complació. Me arrodillé ante él, estaba reluciente empapada de mis jugos, era tan gruesa como la había sentido. Empecé a mamarla con pasión, su sabor era delicioso. Sentí como se hinchaba en mi boca preludio de su descarga, aceleré la mamada mientras masajeaba sus testículos, hasta que por fin se corrió inundándome la boca de semen, que no dudé en tragar.

    Después de esa noche, nunca más, hemos vuelto a follar. Creo que en el fondo los dos sentimos que nuestra curiosidad había quedado satisfecha.

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  • Mi prima Ana

    Mi prima Ana

    El día se prometía algo aburrido, típico día del típico encuentro familiar, donde se junta toda la familia, viendo gente que no recuerdas o que hacía años que no veías. Personalmente, esas situaciones me agobian bastante, estar sentado, rodeado de tíos, tías, abuelos, primos, primas, novios y novias de primos o primas… En fin, lo típico.

    Afortunadamente, de entre toda esta cantidad de gente, estaba también mi prima Ana, que tiene mi misma edad (23 años), y desde luego con la que más confianza tengo, pese a no ser prima de sangre directamente. Hemos crecido juntos y la verdad es que siempre hemos tenido muy buena relación, contándonos nuestras confidencias, problemas, preocupaciones o anécdotas… En resumen, que es muy buena chica, y quizás a la única que tenía verdaderas ganas de ver ese día.

    Como esperaba, el día era aburrido, y como no era el único que tenía esa sensación, uno de mis primos, Miguel, propuso echar un partidillo de fútbol sala en un campo que hay cerca de mi casa, y allí que nos fuimos todos los primos y Ana, que siempre ha sido muy futbolera.

    Eso fue poco después de comer, y estábamos a principios de septiembre, por lo que aún hacía algo de calor. Yo jugaba de portero, era donde menos se notaba mi falta de calidad futbolística, pero sin embargo Ana tenía clase, y jugaba de delantera en el otro equipo. Era buena y de hecho si hubiésemos tenido que nombrar mejor jugador del partido, hubiese salido ella ganando con toda probabilidad. Me marcó algunos goles, pero siempre recordaré uno de ellos.

    En un momento dado, Ana salió corriendo hacia mí, llevando la pelota en sus pies, cuando de repente, Gonzalo, uno de mis primos, le agarro de la camiseta de tirantes que llevaba, dejando al descubierto un pecho. Me quedé atontado mirándolo, hecho que ella aprovechó para batirme sin ningún tipo de problema.

    Cuando por fin nos cansamos, volvimos a mi casa, donde nos habíamos reunido toda la familia, y ahí la gente empezó a despedirse, salvo la familia de Ana, que se quedaron un rato más. Como la cosa iba para largo y yo estaba sudado de pies a cabeza, decidí darme una ducha, sin poder quitarme de la cabeza la imagen del pecho de Ana. Pensé que el agua fresquita me serviría para olvidarme un poco del tema, así que sin pensármelo dos veces, fui a mi cuarto.

    Entré en mi habitación y abrí el armario para seleccionar ropa limpia que me pondría después, me quité la camiseta, y me dispuse a entrar en el cuarto de baño. Al abrir la puerta, vi algo fuera de lo habitual. Allí estaba Ana, que había tenido la misma idea de la ducha que yo para quitarse el sudor, y me la encontré únicamente vestida con un pequeño tanga de color fucsia claro.

    Yo sorprendido, me quedé completamente congelado ante tal visión, que me encantaba todo hay que decirlo, pero me dejó de piedra. Nunca había visto desnuda a Ana desde que éramos muy pequeños y sin “deseos adultos”, y desde luego, verla allí, en esa situación me resultó muy chocante… y excitante. Ante mi tenía a toda una mujer, con un cuerpo bonito, pechos en su justa medida y por lo que veía reflejado en el espejo, un culito respingón y atractivo. Además, Ana también es guapa, tiene dos grandes ojos marrón oscuro, pelo liso negro y un pequeño lunar junto a la boca que le daba un aire misterioso.

    Nos quedamos los dos mirándonos unos pocos minutos sin saber que decir, la situación era incomoda, pero ninguno de los dos hacíamos un amago de echar a correr o de girar la vista. En ese momento, rompiendo ese silencio hipnotizador, Ana preguntó:

    “¿Te ha gustado verdad?”

    “¿El… el que?”

    “No te hagas el tonto -dijo ella riéndose- Me he dado cuenta en el partido que cuando se me ha salido una tetilla, la has mirado… y además ahora estás mirando la misma de antes”

    Y era verdad… pudiendo disfrutar de una visión más amplia, yo me había quedado absorto mirando el mismo pecho que había visto antes.

    -“¿Te gustaría tocarlo?” -dijo ella mirándome primero a los ojos y después bajando la vista a una erección bastante evidente que se marcaba en mi pantalón

    -“¿Cómo?” -dije yo sorprendido- “Bueno… si, gustarme me gustaría, pero… ¿estás segura?”.

    Aquella pregunta me descolocó completamente, pero tampoco pude ocultar mi deseo sincero. Como yo no me arrancaba, ella me tomó por la muñeca, e hizo que apoyase su mano en su teta derecha, la que había visto en el campo de fútbol sala. Después, suavemente me tomó la otra mano, y la apoyo en el otro pecho, y ahí estaba yo, acariciando dulcemente los pezones, agarrándole toda la redondez que cabía en mi mano. Estaba ensimismado en ello cuando Ana empezó a tocar mi paquete.

    Mi miembro estaba muy duro y yo ya no pude aguantar más… y ella al parecer tampoco. Apretamos nuestros cuerpos, sintiendo yo sus curvas junto a mí, y notando como cada vez, mi cosa cada vez más excitada y dura, se apretaba contra la tela de su tanga. Mientras yo comenzaba a devorar sus pezones, cada vez mas endurecidos por la excitación, ella me bajó el pantalón corto que llevaba, dejándolo todo al descubierto, y lo mismo hice yo, poniéndola de espaldas a mi y besando sus nalgas, bajando poco a poco el tanga, dejando a la vista una rajita cubierta de una suave capa de vello como pude comprobar al acariciarlo. Empezamos a besarnos y de repente ella me dijo al oído suavemente.

    -“¿Nos duchamos? Al fin y al cabo, veníamos a eso”

    Me miró con una mirada y una sonrisa pícara y alargando la mano encendí el agua de la ducha, y cuando la encontramos a una temperatura tibia tirando a fría, entramos, dejando que el agua surcase nuestros cuerpos. Ahora con el frío del agua, curiosamente nuestros cuerpos entraron en más calor, y las caricias eran mucho más directas que unos minutos antes. Ella me la agarró con fuerza, y empezó a masturbarme, mientras yo a ella le hacía lo mismo con una mano, y con la otra acariciaba sus nalgas, mientras nos besábamos debajo del chorro de agua.

    Agarré la alcachofa de la ducha, y sonriendo, apunté con ella entre sus piernas. El agua estaba fresquita, cosa que hizo que Ana diese un pequeño saltito de sorpresa, pero a la vez de placer, cerrando los ojos y sonriendo dejando que la presión del agua jugase con su clítoris, ayudada por mis dedos que giraban en círculo. Así estuve un rato, haciéndole llegar a su primer orgasmo, que le hizo soltar un suave gemido de placer. La verdad es que verla así aumentaban mis deseos de poseerla.

    En cuanto abrió los ojos, me miró, me guiñó un ojo, y se agacho. Empezó besándome el vientre, y masajeando mi pene, durísimo, al que empezó a besar en la punta, a la vez que le dejaba caer un chorro de agua sobre el… la combinación del agua y de lo que me estaba haciendo Ana era maravilloso, y aun lo fue más cuando ella empezó a lamerme todo lo largo de mi miembro, y cuando se lo introdujo en su boca. Yo me sentía en el paraíso, pero la cosa no había hecho más que empezar.

    Estuvo mamándome unos pocos minutos hasta que los dos necesitamos algo más. Se abrazó a mí, y mientras besaba su suave cuello, separó un poco sus piernas, m agaché un poco y con la ayuda de su mano, fui introduciéndome en su interior. Era maravillosa la sensación del agua sobre nuestros cuerpos, y el calor que sentía cuando entraba en ella. La primera embestida fue suave, asegurando que mi pene se introducía entero dentro de ella. Poco a poco, empecé a acelerar el ritmo de mis entradas y salidas, y los dos empezábamos a gemir de placer.

    A cada acometida, sus pechos saltaban y yo no podía evitar la tentación de morderlos suavemente, cosa que sin duda le gustaba también a Ana, que en cuanto paraba me miraba, sonreía, y me daba un beso como dándome las gracias. Así estuvimos bastantes minutos, besándonos, gimiendo, dándonos un amor prohibido, pero a la vez el más placentero que nos habíamos dado, hasta que empecé a notar que mi cuerpo no podía más y ya iba a explotar. Ella me lo notó y me señalo el pecho que tanto me había gustado en el partido… Quería que acabase allí.

    Así que se separó de mí, se agachó y se lo introdujo de nuevo en la boca, para provocar la “explosión”. Con un par de sacudidas, noté que iba a correrme finalmente, le avisé, y ella apuntó al centro de su pezón derecho, donde salió todo mi semen, en gran cantidad, empezando a deslizarse por su cuerpo. Sin embargo, ella no había acabado esta vez, así que para compensarle por el gran regalo que me había hecho, la senté y empecé a lamer su rajita suavemente, con cariño, pero sin descanso, pasando primero la lengua por sus labios, y finalmente haciéndola girar en su clítoris, mientras mis dedos se introducían en un lugar húmedo que no tardó mucho en acabar también.

    Así nos quedamos un rato abrazados bajo el agua, hasta que decidimos, ducharnos “de verdad”, y vestirnos. Cuando salimos la familia seguía hablando, así que decidimos dar una vuelta donde también sucedió alguna cosa cuando llegamos al campo de fútbol… pero esa es otra historia, y desde luego, no la última que protagonizó mi prima Ana, ya que en cada encuentro familiar, siempre buscamos nuestro momento de intimidad, y recordamos lo que fue este primer encuentro en la ducha…

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  • Infidelidad en el bar

    Infidelidad en el bar

    Mi marido o no se da cuenta o no quiere darse cuenta, pero la verdad, ahora que me he puesto a recordar las pequeñas cosas que me han sucedido, descubro en mi un componente muy exhibicionista, que desconocía, y también que el hombre que tanto me descuida tiene ya más cuernos que el padre Bamby, quizá, ¿Quién sabe? si los mismos que yo.

    Fue este verano en un local de copas. Habíamos ido a tomar yo creo que la tercera o la cuarta porque me notaba bastante puesta y con ganitas de marcha. Como estaba lleno de gente nos colocamos justo en la puerta, pero con la suerte de que al entrar una pareja dejaba libre un banquito alto, aproveché para sentarme mientras él iba a pedir dos cubatas.

    Yo me había puesto una faldita vaquera blanca, preciosa la verdad, que hacía resaltar más el moreno de mis piernas. Está mal que insista, pero tengo unas bonitas piernas. Debajo unas braguitas, también blancas, casi transparentes, no aguanto el tanga, aunque a veces me lo ponga, sobre todo cuando sé que me lo voy a quitar pronto.

    Como siempre pasa entre el tumulto observé que alguien me miraba. Era un chico guapo, tostado por el sol, no demasiado alto, pero yo tampoco, mido sólo 1´62, que me miraba con insistencia. A mí, que siempre me ha gustado que me miren, como a todas, creo, me empezaron a entrar cosquillas en el estómago, porque él no estaba nada mal.

    Miró descaradamente hacia mis tetas, bueno he dicho descaradamente y no fue así, las miró para que nadie más que yo supiera que las miraba, y siguió con todo mi cuerpo, fijándose especialmente en mis piernas y, claro, en mi entrepierna. No sé porqué, pero abrí un poquito mis piernas para facilitarle la labor. Sabía que estaba viendo mis bragas y quizá la sombra de mi vello. También sabía que se estaba poniendo nervioso.

    Cuando volvió mi marido, se giró hacia la barra, pero yo sabía que el juego no había terminado. Nos pusimos a hablar y noté que de nuevo se volvía hacia mí. Le miré. Nos miramos. Fui al servicio y cuando volví mis braguitas estaban en mi bolso. Me volví a sentar. Él había pedido otra copa. No estaba dispuesto a soltar su presa, pensé. Se volvió hacia mí, me volvió a mirar, y, mientras yo hablaba con mi marido, sentí que sus ojos atravesaban mi sexo, que había descubierto el juego.

    Con disimulo se acercó a nosotros. El bar se había seguido llenando. En un descuido se acercó a mí. Mi rodilla rozó con su sexo, parecía no llevar slips, lo sentí claramente, medio duro, grande. Parecía hablar con alguien, descuidadamente me seguía rozando y su polla cada vez crecía más, cada vez estaba más dura. Yo pensé que mi marido se iba a dar cuenta. Puse mi mano sobre mi rodilla y dejé que rozara su sexo por mis nudillos.

    En cada roce sentía una descarga en mi vagina.

    -Voy a por otra copa, -dijo mi marido.

    -¿Otra?, -le dije.

    No me contestó y salió hacia la barra.

    El chico me miró. En sus ojos veía deseo, en los míos se vería lo mismo. Él sabía que tenía poco tiempo. Puso su mano sobre mi muslo y la dejó deslizar hacia mi sexo. Estaba empapada. Pasó su dedo dos o tres veces por mi rajita. Yo cogí disimuladamente su polla, dura como una piedra. Estábamos temblando. Metió su dedo en mi coño. Una vez, otra.

    Sinceramente no sé si tuve un orgasmo, pero sentí un espasmo tremendo. Casi me desmayo.

    Cuando mi marido se acercaba él se alejó, despacio, hacia la barra.

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  • Mi tía Dorita, si, pero ¿y mi abuela?

    Mi tía Dorita, si, pero ¿y mi abuela?

    Era domingo y como todos los domingos desde que tengo uso de razón, tocaba comida familiar en cada de los abuelos, cosa que con 12 años te divierte, pero ya con 19, como que te resulta harto pesado.

    Tenía que prepararme para contestarles a todas y cada una de mis tías, que no, que aún no tenía novia, desconozco como se las arreglan, pero después del saludo inicial, del “cuanto has crecido” siempre e irremediablemente iba la fatídica pregunta: “ya tienes novia?”.

    De todas las hermanas de mi madre, mi tía Dora, era la mayor, demasiado quizás para mí y realmente nunca la había visto como mujer, para mí era la tía que nos complacía, que nos compraba chucherías, nos mimaba y la edad ya comenzaba a hacer mella en ella, con la aparición de las primeras manchas en sus manos, arrugas, pese a ello, a sus 56 años, su silueta enfundada en un traje ejecutivo de señora, medias y tacos altos, aún hacía que los hombres tornaran la mirada hacia ella.

    Durante la comida, mi asiento y de forma casual, mi asiento quedó enfrente del de la tía Dora, cosa que me agradó, claro que no contaba con que a mi lado estuvieran mis abuelos franqueando la parte derecha y mis agobiantes primos gemelos de 11 años, que se la pasaban jugando con la comida, alborotando, lo que suscitaba las reprimenda de sus padres, que advertidos por el comportamiento de los niños, huyeron hacia el extremo mas alejado de la mesa.

    -¡¡¡Alex, Damián, estesen quietooos!!! -Se oía cada dos minutos en medio de la comida.

    Entre el ruido de las conversaciones, las risas, los niños incordiando y sin saber muy bien ni como empezó, lo cierto es que en medio de la conversación me excité, reconozco que no es el lugar más erótico posible, pero así fue, motivado por la visión que tenía enfrente, tía Dora, pese a ser domingo, había ido a la oficina, así que estaba bien arreglada, con sus uñas largas, su traje que despertaba en mí el lado fetichista.

    No podía levantar mi mirada de ella, y ella lo notaba, así que haciéndose dueña de la situación, comenzó a lanzarme miradas pícaras, jugando disimuladamente con su lengua y el tenedor, al tiempo que me sobresalté, al sentir el roce de su pie descalzo, enfundado en su media negra, que se deleitaba en frotarse una y otra vez.

    Comencé a sudar, por el nerviosismo de la situación, estaba entre aterrado y sumamente excitado,

    -¡Roberto!

    -¿Qué? -Contesté sobresaltado,

    -No has comido nada, ¿no te gusta acaso la comida? –infirió mi abuela.

    ¡Casi me infarto! ¡Pensaba que habían descubierto algo!, mi tía sonreía burlonamente y continuaba, intentando atrapar entre los dedos de su pie, la punta de mi bulto, para abandonarla posteriormente y hacer presión sobre mis testículos.

    Yo no podía más, tenía ganas de aferrarme a su pie para que continuara, mientras que hacía verdaderos esfuerzos por controlar mis reacciones, intentando tragar, entonces me sobrevinieron ganas de correrme, por lo que sin saber muy bien como, me levante, pedí excusas y me fue al servicio, en donde aún sin cerrar la puerta, ya me estaba desabrochando el pantalón.

    Para entonces, y dado lo fortuito al parar tan maravillosa masturbación, mi pene había comenzado a mostrar síntomas de flacidez, recordando la imagen de mi tía Dora, así que comencé a masturbarme cuando de repente hace aparición mi abuela, entonces fue cuando me percaté de que no había cerrado la puerta.

    Ahí si que se me bajó todo el libido posible, porque no sabía como reaccionar, que hacer, asustado y con mi verga en la mano, en media bajada y con la cabezota de mi polla al aire.

    -¡Pero que haces condenado! ¡No tienes vergüenza! ¡Estás en casa de tus abuelos! ¡Como se enteren tus padres!

    -No por favor, abuela, vera…

    -¿Verá? ¡Ni nada! -mi abuela se acercó a mí, regañándome y soltándome una fuerte bofetada a la punta de mi verga con sus dedos, que me dejó dolorido y excitado a la vez.

    Estaba tan nervioso que ni oí lo que dijo, me empujó, cayendo sobre la tapa del inodoro y siendo ella quien agarrara mi verga, sacudiéndola fuertemente, para posteriormente engullir en su boca y comenzar una chaqueta con su boca, su lengua.

    No era una experta, pero succionaba tan fuertemente que casi me hacía levantar todo el cuerpo, para luego bajar, ensalivando bien todo el cuerpo de mi polla, yo no sabía que hacer, aquella situación no era correcta, pero me estaba dando el mayor placer de mi vida, no en sí por las dotes de mamadora de mi abuela, sino por el desenlace de la situación… hasta que no pude más…

    -ahhh, me corrooo

    Entonces mi abuela, lejos de sacársela, succionó fuertemente, tan fuertemente que mi semen salía poco a poco, lo que me hizo alargar la corrida, mientras ella tragaba lentamente, apretando entre sus labios el cuerpo de mi verga.

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  • Mi esposa Ceci y su hermana Caro

    Mi esposa Ceci y su hermana Caro

    Hoy es el día de mi cumpleaños, ya para acostarnos mi esposa me salió con que me tenía una pequeña sorpresa, ya que en todo el día no nos habíamos visto por cuestiones de trabajo; “pues bien, y cual es la sorpresa” le pregunté “pensé que no te habías acordado…”.

    En eso sonó el timbre de la entrada del departamento, salió ella a ver quien tocaba, y si que era una sorpresa, había llegado su hermana Carolina… pensé, ya se me aguó la fiesta, de aquí a que se vaya, se hará más tarde y de seguro no habrá nada de nada… no fue mi noche… y con las ganas que tenía de peinarme a mi esposa… ya había fantaseado con ella, como la iba a poner, como se la iba a ir metiendo y hasta como le bañaría sus pechos con mi leche… en fin… a ver si mañana… que inoportuna era mi cuñada…

    Se saludaron con risas, demasiadas risas escuchaba yo, realmente no era muy común que rieran tanto, ellas se parecen mucho en la boca grande que tienen, como para comerse una buena tranca, unas enormes tetas para alimentar a diez náufragos y claro fogosas y golosas como ellas solas, mi cuñada, sin que sea una descarada, de vez en cuando me da entrada como para irme “sobres”, pero, no pasa de que me caliente y nada más, no me he atrevido a cogérmela, ganas no me faltan, pero todavía no estoy seguro de que me las “afloje”. Una que otra vez hasta he soñado con ella en pleno agasajo, pero siempre llega mi esposa a la hora de venirme y se me ceba la función…

    Tardaron un poco con sus risas, que era lo único que alcanzaba yo a escuchar, pensé, han de estar contándose sus aventuras, ya que mi cuñada es soltera y sin compromiso, supongo que aprovecha las oportunidades de llevar algún pajarito a su nido ni modo que sea abstemia, pero viéndolo bien, estaría bueno darle un pequeño “llegue” a ver si jala y bueno, nada se pierde con probar… cualquier día de estos a ver que oportunidad se presenta y veremos…

    Como no regresaba mi esposa, seguí recostado en la cama, esperando a ver si se iba mi cuñada y podía disfrutar de mi cumpleaños, ya que cuando menos una buena cogida le daría a mi esposa, ya me andaba por tenerla desnuda, acariciando sus enormes tetas y sintiendo como poco a poco se va mojando su vagina a medida que la voy calentando.

    Escuché muy apenas que las dos se iban acercando hacia la recámara… mi esposa le pedía silencio a su hermana… si que era un misterio… dos mujeres secreteándose hay que tener cuidado pensé… algún presente me ha de traer mi cuñada, que más puede ser con tanto misterio, eso debe de ser… de improviso entraron las dos y como fieras se me vinieron encima, mi esposa me desabrochó el pantalón y mi cuñada se fue directo a mi verga…

    En un santiamén mi cuñada estaba prendida de mi verga dándome una soberana mamada… increíblemente sorprendido por esta relampagueante acción no sabía que hacer, mi cuñada chupándome la verga y mi esposa por un lado tratando de mamármela también, ante esta situación no me quedó más que responder con mi falo endurecido, que de por sí ya estaba yo caliente…

    Mi esposa se hizo de mi verga y empezó a chupármela como es su costumbre, succiona con fuerza y maestría, mi verga como por encanto al sentir su boca, se pone tensa a punto de reventar… Ella es demasiada caliente e insaciable, abrió sus piernas, y le metí mano, su pantaleta de seda me excita cuando le empiezo a acariciar su rajada, ella abre más y más sus piernas para darme todo el espacio de su vulva para acariciarla… Mi cuñada que como lo sospechaba es también una golosa insaciable, siguió lamiendo lo largo de mi verga, enloqueciéndome las dos con sus deliciosas lamidas…

    Insaciable y depravada resultó mi cuñada, le bajó la pantaleta a su hermana y empezó a lamerle por atrás la vagina, a la primera lamida mi esposa no aguantó la caricia y me mordió la verga, haciéndome gritar y estremecerme del placentero dolor, así se estuvieron un buen rato, haciéndome un magistral trabajo de sexo…

    Luego entre las dos me desnudaron, me dejaron en “pelotas” y como fieras atacando a su presa, mi cuñada me mamaba la verga mientras mi esposa y yo nos besábamos con ansias, porque ahora si que la estaba gozando, teniendo a las dos hermanas en plena faena sexual fue para volverme loco de lujuria.

    La caliente de mi cuñada fue la que se desnudó primero de las dos, se empinó dándome su espléndido culo, un delicioso culo, espectáculo delirante contemplar empapada toda su vagina, se la acaricié con mis dedos y se estremeció de placer, le presione su clítoris endurecido tanto por lo caliente que ya estaba, como por el contacto de mis dedos, le di unos toques con la punta de mi verga para irla preparando, se la pasé por toda su vagina, la que empezó a palpitar y a escurrir abundantemente, luego la tomé por las caderas y ya que la tenía bien afianzada, le deslicé la verga hasta el fondo, gimió como desesperada y todavía en su espasmo alcanzó a decir:

    –Miguel… Que me enloqueces cariñooo… Que afortunada eres Ceciii -gimió como desesperada, gritando- máaas, dame más verga…

    –¿Te gusta hermana?… Deja que te la meta toda… ¿verdad que la tiene bien rica Caro? -intervino mi esposa.

    La empecé a bombear con furia y lujuriosamente, mi esposa por debajo lamía el clítoris de su hermana y recibía los líquidos que salían de la vagina con cada embestida de mi verga, que entraba y salía desenfrenada gozando a mi cuñada…

    Eufórica mi esposa me recostó sobre la cama y empezó a masturbarme y su hermana me lamía ansiosa las ingles, rozando con su lengua esa parte sensible próxima a los guevos; realmente las dos son expertas sexuales… Mi esposa estaba feliz compartiéndome con su hermana, yo al borde de vaciarme, no sabía como hacerle para controlar la situación, pues ellas me manejaban a su antojo…

    Mi esposa volvió a mamarme la verga, a saborear los jugos impregnados de la vagina de su hermana…

    –”Ceci”, le dice mi cuñada a su hermana, colócate encima de mí, quiero que Miguel te coja y yo pueda mamarte la rajada hermana…

    –Sí “Caro”, como tú quieras esta noche vamos a cogernos a mi marido, entre las dos vamos a dejarlo sin fuerzas y sin ánimos de levantarse mañana…

    Y diciendo esto, se colocó boca arriba abriendo sus piernas y encima de ella mi esposa, a la que le metí de un empujón toda mi verga, a ella así le gusta, que se la ensarte de un solo empujón, dice que siente como en un instante mi trozo de carne la perfora sus entrañas y la desquicia de placer…

    –¡Aaagh! Resonó en la recámara el alarido de mi esposa cuando le ensarté totalmente la verga y mi cuñada le lamía furiosamente su vagina…

    Atrapada como estaba entre mi cuñada y yo, y las embestidas que le daba, la hicieron venirse copiosamente… Un orgasmo como no se lo había podido sacar en todo el tiempo que hemos cogido ni de novios ni de casados, se estremecía a cada contracción de su vagina expulsando sus ardientes jugos, y mi cuñada embistiendo también con su lengua la vagina de su hermana y mi verga, cada vez que entraba y salía de la rajada de mi esposa…

    La acosté boca arriba, su hermana le abrió las piernas y le puso la vagina en la boca a mi esposa, lamiéndole toda la vulva y sus ardientes labios vaginales, yo empecé a meterle la verga y mi cuñada con su dedo acariciándole el clítoris, la hicimos bramar de placer…

    Las dos gemían desesperadas, se estremecían y se retorcían ansiosas de alcanzar nuevamente el orgasmo, orgasmo que yo quería también precipitar en ellas y mantener mi verga erecta para seguir enloquecido disfrutando el cumpleaños más feliz de mi vida, el regalo de mi esposa más inesperado y envidiable, su golosa y fogosa hermana “Caro”…

    -“Caro”, dijo mi esposa, quiero ver otra vez que Miguel te meta la verga, quiero verlos gozar a los dos hermana, hazlo feliz…

    Carolina, muy obediente se tendió en la cama abrió sus piernas y le metí la verga en su mojadísima vagina, mi esposa al vernos coger, empezó a masturbarme la verga cada vez que se la sacaba a su hermana en cada bombeada que le daba.

    Después de estar cogiéndome a mi cuñada, mi esposa tomó mi verga y me la empezó a mamar y a masturbar ansiosamente, y ahí fue donde no pude más y soltando chorros de leche caliente, me vine en la boca de mi esposa, ella se tragó mi semen y como pude le saqué mi verga de su boca y terminé de venirme en la boca de mi cuñada…

    Caro me la chupó succionándome hasta la médula, casi sentía que me desbarataba al estar exprimiéndome la verga con su boca…

    Su hermana le arrebató mi verga y se puso a mamarla, quedando las últimas gotas de semen en la boca de mi esposa y mi cuñada con su cara llena de leche, la leche de su cuñado.

    Nos tendimos los tres en la cama a reponernos de esta batalla sexual, se abrazaron a mi y al cabo de unos instantes las dos acariciando mi flácida verga, me dijeron: feliz cumpleaños Miguel, gracias por complacernos…

    –Si cuñado, estuvo fenomenal… Estoy agotadísima…

    –Las maravillosas son ustedes intervine yo, para agradecer tantos halagos… Me han dejado para el arrastre… Ni de soltero había cogido como ahora… Están buenísimas…

    A partir de ese día, mi cuñada mi esposa y yo, hacemos el trío, que tal vez no es un trío perfecto, pero nos cogemos sin limitaciones de nada, la pasamos bien y ellas se reparten mi leche y mi verga lujuriosa y apasionadamente como buenas hermanas.

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  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (13)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (13)

    Después de la cena despedimos a sus amigos, la atención de mi esposa y mía se centró en nuestra hija. Mi esposa, sin perder la sonrisa le preguntó directo: “¿Estás saliendo con Alejandro?” Sandra se ruborizó un poco, su respiración se aceleró ligeramente y asintió, parecía que se sentía incómoda. Sin duda a mi mujer la presencia del plug en su culo la hacía sentir más atrevida de lo habitual. Con un susurro en la oreja apoyando a mi hija le confese que me parecía un buen chico.

    “Supongo que al aceptar que están saliendo y traerlo a casa. ¿Lo podemos tomar como tu novio formal? Mi duda ahora es si aun estás interesada a seguir adelante con la idea de probar en el swinger, tu papa y yo teníamos en mente que mañana por la noche modelé la ropa que adquirí en la tienda” -dijo Myriam, con un brillo pícaro en su mirada.

    “No tiene nada que ver que este saliendo con Alejandro, por supuesto que quiero continuar. Y con respecto a que modeles mañana tu ropa sexy. ¿Están ustedes de acuerdo?, me parece que la de la idea de modelar fue mía” Contesto con una sonrisa triunfal.

    Sí, y además aceptamos la propuesta de que Enrique esté presente, y te elegimos para seas quien le informe” -Agregue.

    “¿De verdad? ¡Lo sugerí solo por diversión, vaya que son unos pervertidos!”

    Nuestra charla fue interrumpida por Enrique camino a su habitación.

    “Hermana ahora entiendo porque vistes como zorra últimamente, Alex te comía con la mirada”

    “Vaya que eres bobo ya deberías saber que tenemos varias semanas saliendo” Le contesto

    “¿Entonces, Laura y el no tienen nada que ver? Me encanta esa pecosa. ¿Podrías entonces ayudar a tu hermano hablando bien de mi con ella?”

    “¡No, por favor! Es muy buena amiga no quiero perderla por tu culpa”

    “Todos en esta casa se divierten menos yo, nuestros padres tienen su reunión-orgia el fin de semana, mi hermana trae a casa chicos y yo el único aburrido”

    “Qué bueno que tocas el tema bobo, mañana mama nos quiere mostrar la ropa sexy que usara para la reunión y nos corresponde darle nuestra opinión”

    “Es en serio?”

    “Claro que es en serio yo misma los acompañe a una sex shop a elegirla” Contesto mi hija.

    “Fuiste a dónde?”

    “A una bonita tienda de artículos para personas de amplio criterio y no cretinos como tú. ¿Cuento contigo mañana?”

    “¿Es, en serio papa y mama? ¿o es otra ocurrencia de Sandy?” Insistió incrédulo

    “Es verdad y nos gustaría saber tu opinión” Contesto mi esposa.

    “A qué horas lo tienen planeado?”

    “A las 8 de la tarde, la cita es en la sala” Contesto mi hija

    Al día siguiente después de cenar nos subimos a nuestras habitaciones para el surrealista evento que pasaría en nuestra propia casa. Antes de que mi esposa y mi hija entraran a la habitación para preparar a su madre me puse un pantalón suelto, mi miembro ya me picaba de la ansiedad, al salir me encontré con Enrique que igual salía de su cuarto caminando con las manos dentro de las bolsas de su bermuda, y al mismo tiempo nos cruzamos con mi esposa e hija que entre risas subían juntas las escaleras.

    Bajamos en silencio y nos sentamos en la sala, en un ambiente que se sentía extraño y emocionante a la vez. Compartimos una gaseosa, intentando mantener la conversación normal:

    “Todo bien Enrique?, relájate es solo un juego divertido entre familia”

    “Si claro, un juego divertido, solo que hay una gran diferencia entre jugar Catan y ver a mama en ropa provocativa que usara en una de sus reuniones especiales”

    Escuche que la puerta de nuestra recamara se abrió y algunos pasos de zapatillas golpeando la madera del piso, así como risas mezcladas de mi hija y Myriam, de pronto la figura de Sandy se perfiló en el umbral y bajo lentamente las escaleras, a lo lejos escuche la voz de Myriam aun sin asomarse, seguramente tomando valor en la habitación. Mi hija había cambiado su atuendo casual de la cena y se vistió con una falda corta de mezclilla que le hacían lucir sus muslos tonificados y unas botas hasta las rodillas que elevaban su estatura, Nos sonrió al ir descendiendo, la imagen de Sandy, con su atuendo provocador, me recordó la tarde de la visita a la tienda para adultos. Se veía espectacular e imponente.

    Se acercó a nosotros, sus hermosas piernas torneadas y musculosas se balancearon al caminar, la falda se movió al ritmo de cada paso, exponiendo la piel suave que se adhería a su falda, se paró delante de la chimenea y se puso de perfil, mostrando su figura completa. La iluminación suave la envolvía, resaltando sus curvas y haciéndola parecer aún más sensual.

    Enrique tragó saliva, su hermana melliza se movía con gracia y se balanceaba al caminar con un paso elegante dando vueltas, cada paso que daba hacía que su corta falda se levantara ligeramente permitiéndonos ver sus piernas desnudas. Enrique no podía quitar la mirada de su hermana, su boca abierta, sus ojos salidos de las orbitas, era evidente que se sentía intimidado y excitado a la par.

    Sandy sonrió, su entusiasmo era contagioso. “¿Listos para la pasarela?” Nos preguntó, asentí con la cabeza, tenía la boca demasiado seca para emitir alguna palabra.

    “¡Mami, puedes salir!” Le grito.

    Myriam salió de la habitación con un vestido ajustado. El brillo en sus ojos y la sonrisa en sus labios me decía que estaba tan excitada como yo, sabía que aún conservaba el plug en el ano ya que antes de cenar me solicito colocarlo de nuevo pidiéndome que le quitara la cola de zorra para que no fuera evidente el promontorio bajo su ropa. El vestido era abajo de las rodillas entallado a su cuerpo aun así mostraba sus piernas bonitas y cubiertas con lencería, las zapatillas que eligió eran de las más altas de su guardarropa, se veía imponente.

    Mi hija subió las escaleras y se acercó a mi esposa tomándola de la cintura, haciéndola dar un giro lento y sensual invitándola a bajar “¿Chicos les gusta como se ve mama?” Myriam sonrío. Siguieron bajando con sensualidad con movimientos suaves y cadenciosos. Sandy iba delante, su atrevida falda subiéndose con cada paso, detrás de ella, Myriam se movía de una forma que me dejo sin aliento.

    El silencio en la sala era absoluto, la tensión palpable. Ninguno de nosotros podía creer lo que sucedía. Era un acto de exhibicionismo que jamás hubiéramos imaginado en nuestro hogar.

    Al pie de la escalera, las dos se detuvieron, Sandy se pegó por la espalda a su mama y la abrazo sin imaginar que presionaba el plug anal, mi esposa cerró los ojos y gimió suavemente, realmente lo estaba disfrutando, la tensión era evidente, nadie hablo ni opino nada, todo fluía con naturalidad, habíamos traspasado una barrera emocional que aún no entendíamos.

    “¿Ahora que les parece el look de mama?” -Preguntó Sandy,

    Mi esposa camino hasta ponerse frente a nosotros, en realidad estaba modelando, regreso hasta el pie de la escalera en donde mi hija la esperaba para regresar de nuevo a nosotros caminando sensualmente.

    “¿Les gustaría ver lo que mamá compro para la reunión y trae abajo de su vestido?” Sandy sonrío con picardía, su tono sugerente fue la gota que colmó el vaso.

    “Claro, claro, adelante” -dije, mi corazón latía desbocado.

    La idea de que mi hija nos invitara a ver a su mamá era una situación que jamás me hubiera imaginado. Mirando a mi esposa, sus ojos se cruzaron con los míos, el deseo que emanaba de su mirada era obvio. Con un gesto de ojos le pregunte si se sentía cómoda en continuar, Myriam sonrió levemente y asintió con la cabeza, sus mejillas estaban sonrosadas por la excitación. Sin perder un instante, Sandy le tomó de la cintura y le bajó la parte de arriba del vestido, mostrando la piel suave y el corpiño negro que resaltaba contra su piel almendrada. Las tetas turgentes de mi esposa se expandieron dentro de su brasiere al liberarse de la prenda.

    Enrique, tragó saliva, seguramente no podía creer que su propia mamá se exhiba de tal forma. Sandy, sin darse por aludida, continúo bajando el vestido que cayó en cascada sobre el piso, mi esposa con un sensual movimiento se agacho a recoger la prenda y se la entregó a mi hija, quedando en liguero y zapatillas. Sandy, tomó el vestido y lo colgó cuidadosamente en la barandilla de la escalera. “¿Y bien, ¿qué les parece?” -Preguntó triunfal, haciéndose la ingenua. Mi hijo y yo éramos incapaces de articular una sola frase coherente.

    Myriam, se paró ante nosotros sin ningún pudor. Los encajes del corte se ceñían a su cintura y sus pechos se alzaron por encima del escote. Sus muslos se veían lisos y firmes.

    “¿Qué les parece?” -preguntó nuevamente Sandy y le dijo a su mamá: “Ahora mami, modélanos un poco, imagina que ya estás en la reunión y te muestras a las otras personas, a la pareja y al chico”. Myriam, se dio la media vuelta lentamente, mostrando sus espectaculares nalgas, se movía suavemente, acariciando su propia piel, Sandy caminó detrás de Myriam, sus dedos juguetearon con la tira de encaje que atravesaba el culo de su mamá, “Mamá se ve tan sexy que podría ser la estrella de una película xxx, de las que papa veía y se imaginaba situaciones”. Myriam se sonrojó aún más, su respiración se aceleró, la excitación era evidente.

    Enrique, se notaba incómodo, se levantó y fue a la barra, sirviéndose un trago y bebiéndolo de un sorbo, “¿Esto es normal?” -preguntó, su rostro realmente mostraba la confusión. “Lo que es normal para nosotros no lo es para todos” -Respondí, intentando mantener la calma, mi propia excitación se acrecentaba.

    Enrique trago saliva, sus ojos no podían apartarse de la visión que les ofrecían su mama y hermana. Su rostro era una combinación de deseo y asombro.

    Solo atine a decir “Este es el ambiente que se vive en una fiesta swinger, los preparativos forman parte de la fiesta”.

    Mi hijo tomo un trago grande, “Sí, es… Es un shock, lo admito. Nunca pensé que vería a mamá y a Sandy en ese tipo de ropa. Pero… Hay que admitir que es… Excitante”

    Myriam, noto la incomodidad de nuestro hijo, sin embargo, tomo la delantera y para que no se enfriara el momento ya que indudablemente lo estaba disfrutando tanto como yo voltio a ver a nuestra hija. “Sandy, tú tienes que mostrarnos lo que compraste en la tienda”.

    Mi hija sonrió y asintió. “Qué opinas hermanito?” – Enrique se quedó mudo.

    Sin esperar respuesta Sandy subió las escaleras de dos en dos, deseando mostrarnos su adquisición. Enrique, aun un poco aturdido por la insólita situación, se sentó en el sofá, intentando digerir lo que estaba sucediendo.

    Miriam seguía de pie semidesnuda, mientras Enrique y yo algo incomodos tomábamos de nuestras copas. La puesta en escena era perfecta.

    Mientras Sandy se preparaba, Enrique y yo intercambiamos miradas incrédulas. El, que aparentemente estaba al margen de las cosas, ahora se encontraba inmerso.

    Myriam, aprovechando el silencio, se sentó en el sillón frente a nosotros, cruzo las piernas y nos miró, conozco su mirada, mi esposa estaba sumamente excitada, ahora ella era la que manejaba la situación. “Té gusta la ropa que he elegido, cariño?” Me preguntó con un tono suave acariciando sus piernas e ignorando a Enrique.

    “Sí, te ves… Espectacular, mi vida, como siempre vas a impactar en la reunión,” Le dije.

    “No sé qué digan los demás, mami, para mi te ves muy sexy” Opino para mi sorpresa Enrique

    Sandy bajo las escaleras con un vestido corto ceñido que realzaba sus curvas, el material era suave y se le pegaba al cuerpo, resaltando su figura esbelta y atlética. Llegando al piso, giro lentamente, mostrando el vestido de una pieza con abertura en la espalda dejándonos ver su piel joven, suave y tersa, Abajo se adivinaba lencería y liguero. Al igual que su mama calzaba tacones de punta de aguja. Sonrío al ver la reacción de todos.

    “¿Qué les parece mi outfit?” -preguntó, con un toque de inocencia como si fuese el vestido de Rapunzel que nos mostraba para un festival de la primaria.

    Mi boca se abrió y cerró, sin saber que responder. El mini vestido era absolutamente atrevido. El corpiño que sostenía sus tetas era lo más escaso que podría existir y la falda era más corta que la anterior, la tela se adhería a sus muslos.

    Enrique y yo nos miramos por enésima ocasión. “Te ves… Impresionante, Sandy,” dije con la garganta seca.

    Mi hija se dio la media vuelta lentamente, con un movimiento que parecía ensayado mostrando su espalda, resaltando la curva de sus nalgas. “¿Y de espaldas, papa?”, Sandy arqueo la espalda mostrando su redondo y respingado culo mirándome a través de sus hombros. Sus movimientos eran fluidos y deliberados. Camino sonriendo entre nosotros y le pidió a su mama que se levantara, Myriam obedeció, la abrazo por detrás y le susurro al oído “Vamos mami, vamos a darles un buen show, imagina que ellos son tu cita de mañana”.

    Sandy, a su vez desabrocho la cremallera de su ajustado vestido, la prenda se deslizo de su joven cuerpo, revelando la lencería de cuero. El tanga escaso y el sujetador de encaje, mostrando sus glúteos firmes y redondos. Enrique la miro con la boca abierta. Una vez liberada del mini vestido se para frente a nosotros retadora y segura.

    Myriam se une a mi hija y comienzan a caminar en círculo alrededor de la sala con sus diminutos atuendos. Los pechos de Myriam amenazan con salirse de su sujetador de encaje, mientras que las nalgas de Sandy se asoman por los lados de su tanga. Los ojos de Enrique se mueven de un lado a otro, sin duda por su aspecto su excitación crece a medida que observa a las dos mujeres más importantes de su vida hacer alarde de sí mismas tan descaradamente. Verlas juntas, tan íntimamente vestidas, es a la vez emocionante y desconcertante. Continúan dando vueltas en círculos y contoneándose, ocasionalmente haciendo contacto visual con nosotros, sus expresiones son una mezcla de dominio y desafío.

    De pronto ante la señal de mi hija, toman sus vestidos, y suben las escaleras semidesnudas, sus caderas se balancean con cada paso. La tela de su ropa interior se adhiere a sus cuerpos, acentuando sus curvas a medida que ascienden. Vuelven a mirarnos, sus ojos brillan con picardía, dejándonos a Enrique y a mí en una neblina de excitación. El desfile ha llegado a su fin, pero la tensión sexual sigue siendo palpable.

    Llegan a la parte superior de las escaleras y lanzan besos antes de desaparecer, sus risas resuenan por el pasillo. Mi hijo y yo nos miramos, se produce un silencio algo incomodo, me levante y tome un par de cervezas, Enrique estaba realmente en shock, al entregarle la cerveza exclamó: “¡Ufff! ¡Eso fue intenso!”, Dijo con voz ronca rompiendo la tensión con una risa forzada.

    “Vaya que lo fue!” Le contesté tapando mi erección con un cojín, nos tomamos la cerveza y me despedí de mi hijo, necesitaba urgentemente ir a reunirme con mi esposa.

    Al llegar a la habitación Sandy estaba sobre la cama sentada muy despreocupada tenía una pierna sobre la otra, aún conservaba la lencería cuando me vio entrar se levantó en señal de despedirse y le dio un beso de buenas noches a su mama, mi esposa enseguida se metió al baño, al mismo tiempo me dio un beso en la mejilla y antes de salir me pregunto “¿me puedo quedar un momento mientras sale mama de ducharse?”, asentí desconcertado y mi hija regreso a la cama y tomo de nuevo su posición.

    Al quedarnos solos fue inevitable mirar directamente la pose relajada y desinhibida de mi hija, el tono de musculo de sus piernas es demasiado atrayente para cualquiera y yo no sería la excepción.

    En el breve e incómodo silencio que envolvió la habitación, no pude evitar sentir una tensión creciente entre nosotros, mis ojos se fijaron nuevamente en las torneadas piernas de Sandy, el delicado encaje de su lencería. Me miró con una sonrisa cómplice, como si fuera plenamente consciente del efecto que tenía en mí, tragué saliva, tratando de mantener una apariencia de normalidad, pero el encanto era innegable.

    Sin saber qué decir o hacer, me senté en el borde de la cama y rosé sin intención la tersa y firme pierna de mi hija con la mano. Ella no se apartó, sino que dejó escapar un suave suspiro, sus ojos se cerraron bruscamente. El momento flotaba en el aire, cargado de anticipación y deseos no expresados.

    “Papa que te comento el bobo de Enrique?” Dijo de pronto rompiendo el hechizo

    “No mucho, pero está bien, hija no te preocupes, simplemente para él fue un shock, se acostumbrará ” Respondí

    Sandy me miró con una sonrisa maliciosa moviendo su pierna y rozando mi mano, sus ojos brillaban con curiosidad y una pizca de picardía. “fue muy divertido” Agregó.

    De repente, la ducha se detuvo, el sonido de Myriam cerrando el grifo. El hechizo se rompió y ambos saltamos un poco, dándonos cuenta de la situación en la que nos habíamos permitido caer. Los ojos de Sandy buscaron los míos, una pregunta silenciosa flotando en el aire.

    Myriam salió del baño, con el pelo envuelto en una toalla y otra toalla apenas ocultando su figura, levanto una ceja al ver a Sandy todavía descansando en la cama junto a mí, sus mejillas se enrojecen y sonríe ligeramente. “Sandy, cariño, ¿no te dije que te vistieras?”, pregunto con voz ligera y juguetona. Sandy se ríe, se recuesta en la cama y se estira, dándome una vista completa de sus curvas. Se levanta y se pavonea hacia su madre, “Mamá, te estaba esperando”, ronronea. Myriam ríe nerviosa y se aleja de mi hija acercándose al armario para elegir un atuendo para dormir.

    “Me puedo quedar un momento con ustedes?” Me gustaría saber cómo se sienten por la reunión de mañana con sus amigos y… su hijo”

    Myriam y yo compartimos una mirada cómplice, se sienta en la cama junto a mi e inicia su ritual de cremas en las piernas, mi hija se queda de pie al centro de la habitación semi desnuda con su mini vestido en la mano esperando nuestra respuesta, al parecer no tenía ninguna intención de vestirse o retirarse a su habitación.

    “La emoción y excitación previa a cada reunión hija” Respondí

    “Entiendo que será más que diferente, habrá un hombre sin pareja y además es hijo de ellos…” Lo dijo regresando a la cama junto a Myriam

    “Bueno sí, es algo diferente” respondí

    “No hay secreto ya entre nosotros papa y mama, como es que los hijos de sus amigos aceptaron tener relaciones con ellos y ahora con ustedes?”

    Sandy, ahora sentada a mi lado, se reclinó en la cama y apoyó su barbilla cariñosamente en mi hombro. Su respiración cálida acariciaba mi piel y la tensión volvió a subir. Myriam me miraba con ojos que delataban su propia excitación. “Juan y Martha han tenido una relación muy abierta con sus hijos desde hace años. Tuvimos muchas conversaciones de como iniciaron fue un proceso lento y progresivo, somos muy cercanos a ellos, no es algo para lo que me sienta preparada para contarlo por ahora Sandy, ¿qué te parece si dejamos siga fluyendo nuestra confianza y que tu misma descubras en tu primera reunión como sucede todo?” Le respondió mi esposa sin dejar de untarse crema en sus piernas.

    “Vale, lo entiendo, solo que… No sé qué pensar realmente, es todo tan excitante” dijo Sandy “¿Ya tiene su amigo alguna fecha para mi iniciación?”

    Mi corazón dio un salto en mi pecho al escuchar eso, imaginar a mi hija en acción sexual me excitó enormemente, “Mañana seguramente Juan nos dará los pormenores, quedo de enviarnos algunas fotos de la pareja para que te des una idea y quedamos de enviar un par de fotos tuyas” Le dije intentando mantener la calma.

    “Fotos mías de que tipo, sexys o normales, ¿Ellos saben que soy inexperta y primeriza?” preguntó.

    Mientras yo reflexionaba sobre el tipo de fotos que le enviaríamos a Juan de nuestra hija para que las envié a la pareja, Myriam me mira buscando algo adecuado para responderle. Está claro que comparte la idea de mostrar la belleza y la sexualidad de nuestra hija. Myriam, sin inmutarse sugiere que seleccione algunas fotos favorecedoras normales de las que usa en sus redes sociales y le pide que use algún editor para tapar su rostro.

    “Esperen, Juan hoy nos enviaría algunas fotos de la parejita, voy a enviarle un mensaje” Recordé la promesa de Juan y enseguida le envié un mensaje.

    Mientras, la tensión continuaba en crescendo. Sandy, aún en lencería, se movía con gracia por la habitación. Ella sonreía, aparentando inocencia, más la picardía en sus ojos delataba sus intenciones.

    Unos momentos después, mi teléfono zumbo con una respuesta de Juan. Me envió varias fotos de la joven pareja, no mayor a 25 años ambos atractivos y seguros posando para la cámara. Son una pareja en forma, joven y aventurera, bronceada y con ojos penetrantes, y exudan una química innegable entre ellos. Junto a las fotos, hay un enlace a su perfil en un conocido sitio web de intercambio de parejas. Las imágenes los muestran participando en diversos actos íntimos y explícitos entre ellos. También di un vistazo rápido a su perfil en el sitio en donde incluyen una lista de preferencias y límites, lo que indica que son serios y respetuosos. Dude un momento en mostrar las fotos a mi hija. Sin embargo…

    “Sandy, mira, Juan acaba de mandar las fotos de la pareja que podrían ser quienes te inicien. Son imágenes algo fuertes” Le advertí, entregando mi teléfono a mi hija.

    Ella, con curiosidad, toma el dispositivo y comienza a desplazar las imágenes. Su rostro se sonroja y sus ojos se agrandan a medida que ve a la joven pareja en diversas poses sexuales. “¿Son… Son reales?” balbucea, su dedo tembloroso se mueve por la pantalla.

    “Si, además hay un enlace a una página de contactos con información más extensa sobre su perfil y búsqueda dentro del swinger, también hay más fotos”. Agregué.

    Sandy, intrigada por las fotos explícitas, hace clic en el enlace proporcionado. Se abre la página web, que muestra un perfil más detallado de la joven pareja, hay más fotos, algunas incluso más íntimas que las del teléfono. El perfil detalla sus experiencias, y detallan que son iniciantes y les gustaría encontrar a una chica sin experiencia para iniciar, y es evidente que están bien versados en el estilo de vida swinger.

    En algunas fotos se les ve interactuar con otra pareja, lo cual me indica que en efecto tienen algo de experiencia como lo comento nuestro amigo Juan. Sandy se desplaza por las imágenes con una mezcla de emoción e inquietud, me mira primero a mí y luego a Myriam, con los ojos muy abiertos e inquisitiva.

    “Son… Perfectos papa, muy atractivos… Wow” Atina a opinar mi hija.

    Continuará.

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  • Cómo empezó todo

    Cómo empezó todo

    Hola a todos, esto que les voy a relatar, creo que fue el comienzo de como nació mi morbo con respecto al incesto y todos lo que tiene que ver con el sexo en familia, si bien yo no soy el protagonista de los hechos, soy el principal espectador de todo lo que ocurrió.

    Esto sucedió por esas casualidades de la vida, yo por cuestiones que no vienen al caso tuve que ir a vivir a casa de mis padres, ellos en ese momento contaban con alrededor de 55 años cada uno, yo recién separado me la pasaba saliendo mucho los fines de semana, así que era todo muy normal.

    Una de las tantas noches, salgo como de costumbre, pero como no había mucho movimiento y estaba todo muy aburrido, decido volver temprano a casa, cerca de la 1 de la madrugada.

    Cuando llegó estaba todo apagado, así que para no despertar a mis padres, voy sigilosamente a mi habitación sin hacer ruido, cuando paso por la habitación de ellos, la puerta estaba un poco entreabierta y se iluminaba con la luz del velador, al pasar siento un ruido raro, y me asomo para ver qué era, lo hago con mucho silencio y cuando veo, no lo podía creer, mi mamá le estaba tragando la pija a mi papá de una manera desesperada, no tenía ni un milímetro fuera de su boca.

    En ese instante me quedé paralizado, y me dio como un especie de vergüenza y morbo a la vez, mi pija salto como un resorte, no sabía si irme, o quedarme a ver, así que opte por la segunda opción, solo veía la cabeza de mi madre moviéndose queriendo tragar hasta los huevos de mi padre, cuando por fin levanta la cabeza para sacarla de su boca, pude ver porque era la desesperación, sale la pija de mi padre de la boca de mi mamá, y era enorme, larga y gruesa, no entendía como mi madre podía tragar todo eso, y lo volvía a hacer una y otra vez, y cada vez con más ganas, ella daba arcadas cada vez que la metía por completo en su boca, y la cara de mi padre era de pura satisfacción.

    Luego de varios minutos de que mi madre le estuvo chupando su enorme pija, él la corre y le dice “ahora yo te voy a comer la concha” y sin más preámbulo se acomoda entre las piernas de mi madre y se pone a chupársela, mientras lo hacía mi mamá abre cada vez más sus piernas, y agarrando la cabeza de mi padre y hundiéndola contra ella le dice “dale, chúpamela como vos sabes, cómeme toda la concha”.

    Yo estaba incrédulo de lo que oía, mi madre desesperada pidiendo que le chupen la concha, ni en mis pensamientos más morbosos lo hubiera imaginado, mi madre no paraba de gemir y mi padre hundía cada vez más la cabeza en la concha de mi madre, no tardó mucho en comenzar a temblar y acabar como loca en la boca de mi padre, el cual seguía chupando sin ningún miramiento, pude ver cómo ella blanqueaba los ojos de placer, estaba gozando como loca de la comida de concha que le estaba dando mi padre, el siguió hasta sacarle un segundo orgasmo, está vez ella no paro de gritar y gemir, pidiendo que no pare.

    Luego de unos segundos para que mi madre recuperara el aliento, él se levanta y le da nuevamente de chupar la pija, ella pasaba su lengua como si fuera el mejor de los helados, y cada tanto la metía toda en su boca, mi padre le dice que se recueste que la iba a coger, y ella le responde que necesitaba que la coja duro, y que quería sentirse muy puta, yo casi me desmayo ahí mismo al escucharlo, él se acomodó sobre ella y con una sola estocada se la clavo hasta el fondo, ella dio un fuerte gemido de placer y desahogo, se ve que lo deseaba mucho, el hacía movimientos violentos, que mi madre disfrutaba muchísimo, y era una sinfonía de gemidos que emitía.

    Pasado varios minutos mi padre empieza a agarrarla del cuello intentando ahogarla, en ese momento no sabía que hacer, pero podía ver qué ella lo disfrutaba mucho, él le decía “así te gusta puta” y ella le respondía como podía, “si, trátame como puta, soy tu puta” y el literalmente lo estaba haciendo, al mismo tiempo no paraba de cogerla, realmente era un verdadero espectáculo lo que estaba viendo desde la puerta.

    En un momento él le da la orden de que de vuelta y se ponga en 4 patas, y ella obedece, él se acomodó detrás de ella, la toma de la cintura y vuelve a penetrarla con todas sus fuerzas, solo se escuchaban los gemidos de mi madre y como golpeaban los huevos de mi padre en su concha, luego de varios minutos mi madre le avisa que está por acabar nuevamente, el aumenta la velocidad y la fuerza de sus embestidas, y mi madre da un alarido estruendoso y comienza a acabar temblando de tal forma que pareciera que estaba convulsionando, prácticamente queda casi desvanecida, intentando recuperar el aliento, me sentía un privilegiado por haber asistido a tan espectacular sesión de sexo.

    Ya mi noche estaba totalmente ganada, pero para mí sorpresa, esa noche estaba lejos de acabarse, una vez que mi madre había recuperado su aliento, escucho que mi padre le dice “acomódate que te voy a coger el culo, te lo voy a romper como te gusta”, así como estaba apoya su pecho en la cama, y con sus manos abre sus nalgas dejando su ano y concha a disposición de mi padre, yo desde donde estaba tenía una vista increíble, podía ver su orificio oscuro y su concha abierta de par en par, mi padre acomodo la cabeza de su pija en la entrada de su ano, lo tapaba completamente de lo gruesa que la tiene, empezó a empujar lentamente.

    Mi madre daba quejidos de dolor, pero en ningún momento pidió que se detenga, en cuestión de segundos pudo meter la cabeza de ese monstruo en su interior y mi madre dijo un “ay” entre dolor y placer, y parece que fue la señal para que mi padre disponga de ella a su gusto, poco a poco él fue metiendo y sacando cada vez más profundo en su culo, hasta que en un momento pudo tenerla toda adentro, aumentaba cada vez más su velocidad, y mi madre cambio los quejidos por gemidos, ella le decía “así, así, romperme el culo, dame tu leche”, yo estaba que no daba más de la calentura que tenía.

    Mi padre no paraba de cogerle el culo con gran violencia, en un momento él se para, y montando su culo, la empieza a coger desde arriba, mi visión era realmente de primera, cada vez que mi padre sacaba la pija para volver a meterla, podía ver la gran dilatación del ano de mi madre, mi padre no paraba de cogerla y al mismo tiempo le decía “que rico culo de mi puta, ya te voy a dar la sorpresa para que te lo cojan mucho”.

    Pude darme cuenta que estaban planeando hacer un trío o más, pero en ese momento solo me importaba ver el culo de mi madre, que estaba siendo penetrado ferozmente por mi padre, luego nuevamente se pone detrás de ella y sigue cogiéndola con todas sus fuerzas, ella no paraba de gemir, y mi padre le dice que estaba que estaba por acabar.

    En ese momento pasa algo totalmente impensado, mi padre se levanta, la da vuelta a mi madre, y se la pone en la boca, empieza a bramar de placer, y noto que acaba en la boca de mi madre, escucho que le dice “ahhh, toma toda la leche putita, sácame toda la leche”, y mi madre le contesta “dame tu leche, te voy a ordeñar toda la leche que es mía, lléname de leche” y no paraba de chupar, en ese momento sabía que me tenía que ir, así que me metí en mi habitación a descargar toda la calentura que tenía, nunca hubiera imaginado que mis padres cogieran de una forma tan salvaje.

    Casi al mediodía me levanto, y voy al comedor, estaban mis padres tomando mate, mi madre me pregunta cómo me había ido en la noche, yo le contesto que bien, que había visto un espectáculo excelente, ella me comenta que le dolía todo el cuerpo y no sabía porque (yo si sabía), y continuo el día como cualquier otro.

    Al comenzar el relato dije que así había empezado mi morbo con respecto al incesto, es que después de aquella noche me obsesioné con disfrutar de la misma manera a mi madre, pero eso se los comento en el próximo relato.

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