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  • Tu condena. Te deseo

    Tu condena. Te deseo

    Tu condena.

    Maldito corazón traicionero. Sometido sin remedio a tus quimeras.

    Los sortilegios de tus yemas en mi piel me ahogan. Y mi voluntad se rinde a esa boca devastadora. Pero el juez palpitante de mi pecho ya dictó su sentencia. Afinaste la guitarra del deseo. Y por ello mi alma en llamas te condena.

    Yo te condeno a traspasar las fronteras del pudor. A robar el cálido viento de mi voz. A que tus labios derramen rosas de ultramar sobre mí. Porteñas y raciales serán ardientes cómplices de mi lujuria.

    Te condeno a ser náufrago en el océano infinito de mi cuerpo. En la cima de mis pechos saciarás tu sed. Cabalgarás al viento embriagado de un veneno de sal y miel. Será mi fragancia la fiebre que te devore. Mis latidos desbocados la lluvia de primavera que sofoque tu pasión. El seísmo de tu vientre arrasará mis campos dorados. Y te consumirás en el fuego eterno de esa danza arcana del amor.

    Tu libertad vendrá con la desbordante marea de aguas blancas. Podrás volar cuando tus olas rompan en mi arena. Cuando pueda dormir arropada por la espuma del mar.

    Pena ya tus faltas gaucho bendito. Mi cuerpo será tu prisión. Cumple tu condena chorro maldito. Tan maldito y traicionero como este pobre corazón.

    Te deseo.

    La lascivia de tus pupilas me corrompe. Y la miel de tu boca me atormenta. La pasión salvaje de tu carne me embriaga. Y yo sólo quiero sofocar este deseo que me devora.

    Deseo que mi aliento furtivo robe tus aromas. En mi piel el roce de tus yemas peregrinas. Descubrir con mi lengua todos tus rincones. Y el dulce rumor de un gemido en mi garganta. Que te enredes en la ardiente maraña de mis venas. Que encuentres holganza en el oasis de mis pechos. Que tu cuerpo salobre explore mis más sagradas rutas. Que te consumas en la lava de mis entrañas. Que en mi acogedor interior vacíes tu vigor. Deseo morir encadenada a ti. Deseo convertirme en fugaz rocío entre tus brazos.

    Y tú, que eres Señor de mis profanos dominios, harás tuyos por siempre mis más oscuros deseos.

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  • Fantasía de putita

    Fantasía de putita

    Todo comenzó con un gusto que empecé a desarrollar desde mis inicios sexuales, que es el de utilizar disfraces para de alguna manera explotar mis dotes de actriz, en la cama me encantaba dejar de ser la chica de siempre y de golpe una noche pasar a ser una enfermera, una mujer policía, una profesora, una secretaria, una nena inocente, una odalisca, una conejita, etc. Siempre trataba de desarrollar un personaje diferente y esto realmente me excitaba. Una noche como tantas mi novio al que voy a llamar Martin apareció con un regalo, un conjuntito muy de puta, de esas putas callejeras, y me propuso que ese sea el juego.

    Sin dudas fue el que más me gusto, me trato como una puta y me sentí muy metida en el roll. Lo hicimos como nunca. Se notaba que a ambos nos gustó ese juego, por eso al otro fin de semana, pensé llevarlo un poquito más lejos. Fui a un local donde venden este tipo de ropa compré una minifalda de cuero, una medias de red, una tanga muy chiquita y una remetía muy cortita y ajustada. Me considero una chica atractiva, y por lo general los chicos afirman esto, soy rubia de rulos y ojos miel, no muy alta pero un cuerpo armónico, para mi gusto tengo lo justo.

    Me vestí con mis nuevas prendas, me puse unas botas con taco muy fino, y llamé a mi chico. Le dije que a las 22 esté con su auto en la avenida Centenario y las vías, una zona donde por lo general hay algunas chicas ganándose la vida.

    Tome mi auto y me dirigí a la zona, llegue a la esquina y solo había dos chicas, una era una mujer algo grande y la otra una chica un tanto gordita. Me estacione y las llame, la señora mayor se acercó un tanto asombrada, le pregunte cuanto cobra habitualmente por un servicio de una hora a lo que me respondió 50 pesos. Pero que con mujeres no acostumbraba a estar, la interrumpí proponiéndole un trato, le daba 40 pesos, para que comparta con su compañera si me dejaba estar con ellas más o menos 20 minutos que era lo que faltaba para que llegue mi novio. Se fue a hablarlo con su compañera y volvió pidiéndome 60, acepte les di el dinero y baje del auto.

    Realmente estaba algo nerviosa, pero a la vez excitada, charlamos mientras ellas provocaban de a ratos a los autos que pasaban, les conté que era lo que estaba haciendo. Y me alentaron a darla a mi novio todo lo que quiera, para que no termine como los que van buscando con ellas lo que no encuentran en sus casas.

    Paro una auto rojo, y la chica más gordita se acercó a charlar por la ventanilla, dio la vuelta y se subió, solo quedamos nosotras dos, paro otro auto, ya eran las 10 en punto y en la otra esquina doblaba el auto de mi novio. “Es el”, le dije a mi nueva compañera y me dirigí hacia el auto que ya había estacionado.

    Nunca me voy a olvidar su cara de asombro. Copie la técnica que recién había aprendido de hablar por la ventanilla con la cola bien parada para llamar la atención y mostrar bien las tetas a mi cliente.

    Me acerqué y le dije.

    -hola.

    -cuanto cobras?

    -40 el oral y 150 el turno de hotel.

    No sabía si era mucho o no, pero no quería arruinar mi actuación.

    “Ok subí”, mientras daba la vuelta por delante del auto, caminaba como la más puta, me despedí desde lejos de mi nueva amiga y subía al auto.

    El intento tocarme las piernas, pero no me deje, diciendo que todavía no había pagado, me miro asombrado de nuevo, y salimos con el auto. Paro en un cajero automático, saco efectivo y al subir al auto me dio los 150.

    No me decía nada, solo manejaba muy rápido, llegamos a un telo, entramos con al auto, y subimos a la habitación, todo sin decir una palabra.

    Me hizo sentar en la cama, saco su pija y de una me la metió en la boca, y me decía “chupa puta, voy a aprovechar lo que me costaste”, obviamente le hice caso y empecé a chupársela como una desesperada.

    Me tomo del pelo y prácticamente me cogía por la boca porque no dejaba de moverse, estaba siendo rudo conmigo, sin dudas también entendió bien el papel.

    Soportaba como podida las envestida que me daba con la pija en la garganta, hasta que siento que descarga toda su leche en mi boca, cosa que nunca había echo antes. Me sentía una superputa y me encantaba.

    Cair rendida en la cama, pero me hizo poner de pie y comenzó a desvestirme. Dejándome solo en bombacha.

    Me empujo a la cama, mientras yo acostada lo veía como el terminaba de sacarse toda la ropa.

    Me gustaba desconocerlo, me hacía sentir más mi personaje, se abalanzó sobre mí me puso de espalda y empezó a chuparme la cola desesperadamente. Esto hizo que acabe como una yegua en celo. Quería ya que me penetre.

    Cuando se cansó de chuparme y manosearme toda, me hizo poner de pie nuevamente y con las manos en la pared me penetro desde atrás, sentía su pija más dura y caliente que nunca. Me partía la conchita en dos. Tomándome del pelo me sacudía sin parar hasta que sentí que inundo mi interior.

    Me dejo ahí para y se fue a recostar. Yo lo miraba como descansaba y su pene perdía rigidez. Me llamo con el dedito, y me dijo “nenita veni que me queda media hora, chupamela”. Me la metí nuevamente en la boca, estaba un poco blanda, pero enseguida comenzó a recobrar su erección. No podría calcular el tiempo, pero creo que se la chupe por más de media hora, mientras el miraba el canal porno. No me prestaba atención y sentirme su putita me encantaba.

    Me hizo poner en cuatro patas sobre la cama y de nuevo estaba penetrándome con furia, mientras me reventaba las tetas apretándolas. Me cogió muy fuerte, cuando estaba por acabar saco su pija de mi concha y me tiro toda la leche en la cola y espalda.

    Comenzó a vestirse y me dijo. Si querés bañate que ya me voy. Me pegué una duchita muy rápida, me vestí y salimos del telo.

    Me dejo donde me levanto, mi autito estaba solo, ya mis compañeras no estaban. Subí a mi auto y me dirigí a mi casa.

    Me super fascino la experiencia y sabía que esto no terminaría acá, esta fantasía la llevaríamos más lejos.

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  • El sueño de mi marido

    El sueño de mi marido

    Cerré silenciosamente la puerta del piso con los zapatos en la mano para no hacer ruido al caminar. Me quité la ropa en el salón. Las 4:15 de la mañana. Hacía mucho que no salía hasta tan tarde. Me lavé los dientes y entré en la habitación.

    Sandro no había bajado la persiana. La luz de la calle era suficiente para apreciar los detalles de la habitación. Mi marido dormía plácidamente, como es costumbre en él. Me acosté a su lado, le di un beso de buenas noches en la espalda y cerré los ojos.

    Mmmm… al tercer gemido abrí los ojos. Miré a mi izquierda y descubrí que mi marido estaba teniendo algún sueño que le estaba dando mucho placer. Estaba boca arriba y se tocaba con una mano. Retiré la sábana y pude ver como se tocaba por encima de su calzoncillo en el que se marcaba una potente erección. Sonreí. Después de 10 años de matrimonio era la primera vez que vivía algo así.

    Me preguntaba con quién soñaría. Un cosquilleo me recorrió el estómago. ¿Serían celos? No lo parecía. Acaricié el brazo con el que se estaba tocando. Luego acaricié su pecho. Gimió un poquito más. Observé fijamente su cara por si se despertaba, pero su respiración era la de siempre cuando dormía profundamente. Seguí acariciando su tórax, su barriga, me acerqué a su cintura. Sandro se tocaba solo por encima del calzoncillo. Empecé a tocar su polla. Nuestras manos se juntaron. Metí la mano por dentro, la cogí en mi mano y lo fui masturbando muy despacio. Él se movió y su respiración se detuvo, pero yo no.

    Estaba excitada. Me había puesto cachonda verlo disfrutar supongo que con otra persona y yo quería participar también. Noté que se había despertado, pero hice como si no me daba cuenta. Él fingió también que seguía dormido. No nos dijimos nada.

    Me pegué a su cuerpo buscando con mis tetas el roce con su brazo. Mi mano seguía subiendo y bajando en su polla, notando su dureza. Le bajé un poco el calzoncillo y aceleré el movimiento de mi mano a la vez que sus gemidos se iban haciendo más fuertes hasta que mi mano quedó llena con su semen. Ralenticé el movimiento mientras iba notando como su polla perdía dureza. Chupé el semen de mi mano, me quité las braguitas y limpié con ellas los restos de su polla, devolví su calzoncillo a su lugar y me abracé a él mientras recuperaba su respiración y se quedaba de nuevo dormido.

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  • Dando rienda suelta a mis fantasías

    Dando rienda suelta a mis fantasías

    Hola. Me llamo Elena y tengo 30 años. Estoy casada, pero el sexo con mi marido es bastante convencional. No entiende muy bien mis fantasías sexuales de dominación, humillación y exhibicionismo por lo que en la red he encontrado un buen sitio para satisfacerlas. Soy rubia, guapa con un buen tipo, las tetas bastante grandes y un buen culo, que me gusta enseñar a los hombres. Me gusta mucho sentir sus miradas sobre mi escote, en mi culito o en mi entrepierna, así que suelo vestirme “apretadita” para lucirme.

    Hace poco conocí a un hombre en un chat erótico, que tras varias conversaciones en las que conectamos bastante bien, me propuso un juego.

    Quería quedar conmigo para llevar a cabo algunas de las fantasías de las que habíamos hablado, y un día acepté. Me dijo que nos viéramos en un centro comercial donde hay un cine con sesión matutina. Si nos gustábamos entraríamos a hacer lo que nos apeteciese. Me dijo que fuese muy sexy así que me puse una camisa negra semitransparente que me dejaba el ombligo al aire, con un sujetador supersexy que se apreciaba perfectamente debajo de la camisa y como era verano, un vaquerito muy corto que me sienta muy bien, con un tanga negro debajo y unas sandalias de tacón alto. Era un poco más atrevido de lo normal, pero me encantaba el aspecto que me daba.

    Llegué a las puertas del cine y sonó mi móvil. Era él. Yo no le veía, pero el a mi sí. Me dijo que estaba preciosa pero que me quitase la ropa interior antes de conocernos. Yo le dije que la camisa era bastante transparente y que se me iban a transparentar las tetas y el me respondió:

    ―¿Y eso te importa guarrita?

    ―No, en realidad me pone cachondona -le dije.

    ―Pues ya sabes lo que tienes que hacer -me contestó- Además -siguió- quiero que te desabroches otro botón más y que el del pantalón lo dejes sin abrochar.

    Me fui a un baño y me quité el sujetador y el tanga. Me desabroché otro botón de la blusa, con lo cual el escote era espectacular y al no abrochar el botón del vaquero casi se me veían los pelos del pubis. Me puse excitadísima, con los pezones muy duros, lo que agravaba la situación. Al caminar mis tetas se balanceaban libremente, se me transparentaban y tenía los pezones salidisimos, imaginaos como me miraban, tanto que me puse mojada.

    Al llegar a los cines, sonó de nuevo mi móvil:

    ―¡Hola!, mira a tu izquierda.

    Al mirar, vi a un hombre de unos 40 años, de buen tipo y atractivo. Le sonreí y me dijo:

    ―Estás maravillosa, vas a ser una guarrita perfecta.

    Y mientras me besaba en el cuello y me agarraba de la cintura me propuso entrar en el cine:

    ―No habrá nadie y si te has quedado así vestida es que estas deseando que te dé con mi polla en la boca.

    Ese lenguaje me excitó aún más. No pude negarme.

    ―Si, le dije, vamos.

    ―Espera -y antes de entrar me sobo las tetas allí delante y metió la mano por mi pantalón

    ―¡Joder, ya estas mojada!, eres más puta de lo que parece -me dijo sonriendo.

    ―Ahora veras lo puta que soy -le dije yo.

    Entramos en el cine y nos sentamos en la última fila. Efectivamente, la sala estaba vacía. Nada más sentarnos me dio un beso metiéndome su lengua hasta las entrañas. Me sujetaba la cabeza con fuerza, y poco a poco iba bajando las manos que empezaron a acariciarme las tetas por encima de la blusa primero y luego por debajo.

    ―Desabróchate la camisa entera –me dijo.

    Y yo así lo hice con lo que mis tetas quedaron liberadas. Me las agarro y empezó a comérmelas con avaricia, llenándomelas de saliva y poniéndome los pezones a punto de reventar. Yo gemía y le agarraba la cabeza y se la metía entre mis tetas. Me quito la camisa entera y me cogió una mano y se la llevo a su entrepierna. Desabrocho la bragueta y metió mi mano dentro. Tampoco llevaba calzoncillos, con lo que tocaba su verga que ya estaba durísima. La acaricié y se la saqué del pantalón. Me quedé mirándola porque era una buena polla, sobre todo gorda, dura, apetitosa…

    ―Te gusta ¿eh?

    ―Es preciosa, me encanta

    ―Pues te la vas a comer entera

    ―Siii.

    Empecé a masturbarle lentamente y el a sobarme más aún las tetas y de vez en cuando bajaba a mi coñito que recorría con el dedo y luego me lo daba a chupar.

    ―Levántate me dijo.

    Me levante y me puso mirando a la pantalla apoyada en el respaldo del asiento de delante.

    ―Bájate los pantalones, pero no te los quites del todo.

    Así lo hice. Imaginaros que sensación, en un cine, con las tetas al aire, los pantalones bajados y con el culo ofrecido a un desconocido. Era la puta más feliz del mundo. Separó mis nalgas y noté como su lengua recorría mi esfínter. Primero por fuera, luego metiéndose dentro, mientras me acariciaba el clítoris con el dedo. Me corrí de forma salvaje.

    ―Como te gusta, zorrita

    ―Si, le dije, me enloquece

    Me cogió de las caderas y me sentó encima de su polla que se metió en mi coño. Me bombeó con fuerza, cogiéndome de las caderas y me corrí otra vez, mientras me tocaba el coño y me metía los dedos en la boca.

    ―Quieres ser mi puta?

    ―Si, claro que si

    ―Pues ahora me toca a mi

    Me arrodilló delante de él y se cogió la polla que empezó a restregarme por las tetas y la cara hasta que la metió en mi boca.

    ―Dejas a tu marido que se corra en tu boca?

    ―No

    ―Pues yo me voy a correr

    Me cogió la cabeza con las piernas y las manos de forma que no podía sacarme su polla de dentro la boca y empezó a follármela hasta que me la llenó de semen que se me escapaba por la comisura de los labios y me llegaba hasta las tetas, mientras me decía:

    ―Toma leche puta, trágatela toda.

    Al acabar nos vestimos, salimos del cine y nos separamos, pero no dejo que me pusiera ni el tanga ni el sujetador, ni que me limpiase las tetas ni las piernas. Iba literalmente chorreando, las piernas, el cuello, las tetas llenos de semen. Sentía su olor y eso me excitaba todavía. Bajando por las escaleras mecánicas sonó mi móvil:

    ―¿Qué es eso que te moja las tetas y las piernas, puta? -me preguntó

    ―Semen de mi macho.

    ―¿Te gusta cómo sabe?

    ―Si

    ―Volverás a probarlo

    ―Estoy deseando.

    Ahora estoy esperando su llamada o su mensaje.

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  • Masturbándome en la oficina

    Masturbándome en la oficina

    Buenas a todos, este es mi primer relato después de llevar años leyendo.

    Soy un hombre que esta por pisar los 40 en cualquier momento, casado con hijos hace ya muchos años, no reniego de esto último y disfruto mucho a la familia, pero quizás la rutina y el propio hecho de tener hijos, nos llevó a tener cada vez menos intimidad en el matrimonio, esto me llevo a tratar de bajar un poco la ansiedad y calentura sexual viendo mujeres en vivo por plataformas de trasmisión online, y me empezó a gustar mucho tener video llamadas con ellas.

    Con una en particular se empezó a gestar una especie de vínculo, que más allá de que siempre yo pagaba por la llamada, ambos la empezamos a disfrutar, ya que no es lo mismo que te llame una mujer y te muestre el cuerpo, que te llame simulando una situación que a ambos le gustaría que pase en la realidad.

    Relatare brevemente la última tratando de que se pueda vivir un poquito, es 100% real y no un cuento imaginario.

    Llego a la oficina como todos los días, me conecto a Skype y voy a prepararme algo para tomar, todavía estoy solo y veo que se conecta ella, nos saludamos y arreglamos hacer una video llamada, pago lo convenido y ella me llama, esta con un camisón transparente y un hilo dental que raja la tierra, y acá es donde se empieza a poner más buena la llamada, ya que ella me pide que me desnude no importándome que este en mi oficina de trabajo, nunca lo había hecho, siempre me masturbaba viéndola y solo mostrándole la verga o me iba al baño para más privacidad.

    No sé si fue la calentura del momento o el impulso de vivir algo nuevo, que le di bola y solo me saque la camisa y zapatos, ella se saca el camisón y queda con el hilo dental y viéndola me empiezo a tocar el pantalón, me dice “te animas a sacártelo” y le digo que si sin pensarlo y me lo voy bajando hasta quedar en calzoncillos, el cual ya era una carpita, me lo bajo y salta la verga y quedo completamente desnudo en la oficina.

    No lo podía creer, estaba excitado viéndola a ella desnuda, pero también con las palpitaciones a mil en la oficina completamente desnudo, apoyo el teléfono en la silla y pispeo que no haya nadie afuera, a horas diurnas raramente pasa gente por la galería donde trabajo, y le digo “mira” y acto seguido abro la puerta de la oficina y me paro tocándome un segundo la pija en el marco de la entrada de la oficina… Esa sensación nunca la sentí ni cogiendo ni masturbándome… Estar desnudo en un lugar público y pudiendo ser descubierto me volvió loco, rápido cerré la puerta y apoyé el teléfono en el escritorio y seguimos los dos masturbándonos.

    Yo sentado en mi silla de oficina todo desnudo y ya no dando más, ella me dice dame la leche donde más te guste, me pare frente al escritorio y escupí el mayor lechazo que jamás haya dado… Cuando corto me percate de la situación, desnudo y traspirado con el escritorio todo enlechado, pero con la adrenalina y palpitaciones a mil. Me vestí más rápido que un bombero y limpie el escritorio… El mejor pajazo de mi vida, y la rara sensación de que otro te vea desnudo, pero también poder ser descubierto es la cosa más excitante que me paso y últimamente disfruto seguido, jajaja.

    Espero que lo hayan disfrutado.

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  • Mi esposa Ceci y su hermana Caro en mi oficina

    Mi esposa Ceci y su hermana Caro en mi oficina

    Mi cuñada Caro y mi esposa Ceci un día que me fueron a visitar a la oficina ya que habíamos quedado para ir a comer a un restaurante después del trabajo.

    Mientras terminaba mis labores “Caro” se entretenía hojeando una revista y en eso llegó su hermana, se pusieron a platicar un rato y como siempre andan alegres, empezaron a hacerse bromas.

    –Oye Ceci, que elegante vienes hoy, que van a festejar algo o de que se trata, a ver dime hermana…

    –Nada en especial, solo que como ya tenemos días que nos no visitas, Miguel y yo queremos invitarte a comer, espero que no tengas algún compromisillo por ahí, ¿eh?

    –A ver, ven… -dijo “Ceci”- ¿qué es lo que traes aquí?… Que bárbara “Caro”… A quien estas criando hermana… ¡mira nada más hasta a mí se me antojan…!

    –Ay como eres, como si tu no tuvieras nada…

    –Bueno, esto es de herencia, acuérdate como está mamá, que aunque parece que no, también tiene su guardadito muy bien conservado…

    Y acercándose a su hermana le dice:

    –Oye ¿y por qué estás tan caliente?… ¿que mi cuñado no cena antes de dormir?… ¿o ni de desayunar le das antes de que se venga a la oficina?… Porque como que estás desperdiciando todo esto que tengo en mis manos…

    –De que ando caliente, ni duda cabe, pero en cuanto salga no sabe lo que le espera, este cabrón creo que ya anda remojando la brocha por otro lado y yo de babosa esperándolo y nada de nada…

    –¡Ah!… Con que eso tenemos hermanita, pero no te apures en cuanto salga yo te ayudo… Ya sabes para cuando son las hermanas… ¡este cabrón hoy, no se nos va vivo!

    Yo sin saber la que me esperaba, salgo muy quitado de la pena y como ya es costumbre… En cuanto me vieron se me vinieron encima las dos, y mi esposa empezó el desmadre… Me bajaron el pantalón y “Cecí” se prendió de mi verga y a mamar como poseída, mientras tanto “Caro” me ponía sus chichotas en la cara para que yo se las mamara y me prendí de una, mordisqueándole su pezón que de inmediato se puso duro.

    Después de satisfacerse mamándome la verga mi esposa se recostó en una mesita, se levantó su falda abrió sus piernas y como no traía tanga, ni pantaleta ni nada, su deliciosa y caliente vagina quedó ante mi vista en todo su esplendor, bastante humedecida, esperando ansiosa el deslizamiento impetuoso de mi sexo, que también lo tenía listo para quitarle el ardor y la comezón que a mi esposa hacían desesperar…

    Para hacer más ansioso el momento por parte de mi esposa, la punta de mi verga se la puse a la entrada de su vagina, le di sus pasadas y jugando con la cabecita en sus labios la estuve enardeciendo… Mi cuñada que también es una lujuriosa, no perdía detalle de lo que hacía, le desabrochó la blusa acariciándole los pechos a “Ceci” haciéndola estremecer…

    Le seguí jugando la verga en la entrada de su vagina, gozando el momento de volverlas a tener dispuestas a las dos para cogérmelas a mi antojo, mi cuñada como si estuviera en una fiesta disfrutaba el suplicio a la que tenía sometida a su hermana…

    –Miguel. Mi amor ya por favor, hazlo cariño… No me tortures mi amor, que estoy ansiosa de sentir todo mi vida…

    Ante esta suplicante petición, que enardeció a mi cuñada y a mí, le metí suavemente la verga a mi esposa, mi cuñada no aguantando también su calentura, descubrió uno de sus pechos y se lo dio a mamar a su hermana, quien al sentir como le iba entrando la verga empezó a estremecerse y contraer su vagina como queriendo exprimirme la verga…

    La seguí bombeando, mi verga entraba y salía empapada de la vagina de mi esposa, mi cuñada y su hermana besándose apasionadamente, mamándose las dos sus enormes y suculentas tetas… Es lujurioso estar cogiéndose a unas hermanas y que estas se desenfrenen besándose y mamándose sus chichotas jugosas, llenas de pasión y deseos ardientes…pero así son mi esposa y mi cuñada…calientes, cachondas, lujuriosas, golosas y sobre todo insaciables…

    –Miguel quiero ensartarme tu verga mi amor… Quiero que me traspases con todas tus fuerzas para quitarme esta comezón que me devora y calcina por dentro.

    –Si Miguel, clávale toda esa vergota a mi hermana, quiero verla gozar, quiero ver como te la coges cariño, quítale lo caliente y dale verga hasta que la llenes.

    Me senté en una silla, acomodándome para que mi verga estuviera completamente libre, mi esposa se fue colocando quedando montada encima de mi, ayudada por “Caro” que aprovechó y me dio una mamada antes de que su hermana se ensartara la verga, luego le dio lengua a la vagina de “Ceci” y fue guiando mi verga en la rajada de mi esposa, hasta que quedó totalmente ensartada… ahí empezó a cabalgarme y en ese sube y baja, sentía escurrir un torrente de líquidos de la vagina, empapándome los guevos.

    Mi cuñada al borde de la locura, se tocaba sus jugosas chichotas y su hermana acariciándole el pezón la cachondeaba enardecida de pasión, se besaban y al vaivén incesante del sube y baja de mi esposa sobre mi verga, las dos como lesbianas se entregaban una a otra.

    –Ahora me toca a mi cogérmelas como yo quiera, les dije… Quiero que se pongan las dos agachadas sobre la mesa.

    –Si, si… Agachadas y juntas para que nos las metas a las dos.

    Y diciendo y haciendo, rápidamente las dos se colocaron ofreciéndome sus majestuosas nalgas, sedientas de sexo.

    Le metí la verga primero a mi cuñada y a mi esposa le empecé a acariciar, su vagina estaba hecha un diluvio, inundada, con torrentes escurriendo de sus labios vaginales.

    Cambié de vagina y se la metí a mi esposa, la empecé a bombear con rapidez buscando su orgasmo, a punto de conseguirlo, gritó desesperada

    –Ya Miguel, ¡que me estoy viniendo papacitooo! Mi amor que salvaje eres Miguel… Aaah…

    Sentí como se le aflojaron sus piernas y los dos rodamos al piso para no desaprovechar, le abrí las piernas y se la volví a meter, empecé el mete y saca, mi cuñada se echó encima de mí restregándome sus deliciosas tetas en la espalda.

    Al sentir el cuerpo de mi cuñada en mi espalda acariciándome con sus deliciosas tetas y sus manos deslizándose por mi cuerpo estuve a punto de venirme, pero resistí el candente momento.

    En este vaivén de cuerpos, mi esposa ya no aguantó más y con un sonoro.

    –¡¡aaaggh!! Se vació completamente en un rabiante orgasmo.

    Para penetrarla más, al momento de estarse viniendo materialmente me acosté sobre de ella y mi cuñada también viniéndose se encimó en nosotros… Como pude me incorporé un poco, para controlar mi calentura y evitar vaciarme, quería seguir disfrutando a mis mujeres insaciables y ardientes.

    Empecé a jugar con la vagina de mi esposa y mi verga, para permitir que se enfriara un poco, mi cuñada por atrás de mí seguía acariciándome y llenándome de besos por mi cuello y mi nuca, enardeciéndome más y más.

    –Cuñada colócate encima de tu hermana, quiero ver que se besen y te mame las tetas.

    –Si cariño, lo que tu mandes amor, me contesto.

    Se colocó encima de mi esposa y esta le empezó a mamar sus chichotas, le metí la verga a mi cuñada, se deslizó suavemente en su vagina por lo empapada que estaba haciéndola estremecer en cada milímetro que le iba entrando… Su enorme culo es una visión alucinante y más, si se siente el inmenso y lujurioso placer de ver la verga desaparecer en las entrañas de mi cuñada, mi esposa abierta de piernas debajo de nosotros, mamándole desesperadamente las tetas a su hermana y ésta, delirando de placer como una poseída.

    Al borde de la locura y estando los tres al máximo del placer, aceleré mis embestidas a mi cuñada con la leche en la punta de la verga, se la clavé desesperadamente sacándosela con rapidez y haciéndola a un lado, me vine copiosamente en la cara de mi esposa.

    Las dos como inseparables hermanas, me chuparon la verga hasta que me la limpiaron completamente, saboreando sus propios jugos vaginales mezclados con la leche caliente que de mi verga a chorros salió… Después mi cuñada empezó a lamer la leche que en la cara tenía mi esposa… Así terminó la visita de mi esposa y su hermana a la oficina, los tres exhaustos tendidos en la alfombra.

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  • Mi cuñada y familia (2): La suegra

    Mi cuñada y familia (2): La suegra

    La ocasión no tardo en presentarse un día que tuve que acompañarla a realizar varias gestiones y que al llegar la hora de comer me invito a un restaurante.

    Hábilmente, al tiempo que le llenaba el vaso de vino, fui derivando la conversación a su relación con su marido, mi suegro, pues de toda la familia era conocido que no era muy cordial.

    Comencé a decirle que era una pena una señora tan guapa, con un buen tipo para su edad, y todas esas cosas que una mujer desea oír y más cuando se siente abandonada por su pareja. Mis palabras y el vino comenzaron a hacer mella y como quien no quiere la cosa le tome la mano y suavemente le dije

    –No te preocupes Mayte, estés segura que hay un montón de hombres que desearían estar contigo porque estás muy guapa

    –Ah ¿tú crees?

    –Sí Mayte, ya verás. Dale tiempo al tiempo

    Ella no podía imaginar que pronto habría otros hombres en su vida. En el postre la anime a tomarse un chupito, el alcohol la había desinhibido casi por completo.

    Camino del parking donde tenía el coche le fui diciendo que varios hombres la habían mirado (aunque no era cierto), ya en el coche le pase la mano por detrás del hombro mientras la otra la apoyaba en su pierna al tiempo que me acercaba a ella

    –Mayte esta guapísima, ¡ah! Lo que habría dado yo por conocerte antes

    –¿De verdad encuentras que estoy bien?

    –Si, mírame

    Ella me mira y sin darle opción la besé en la boca, Mayte se apartó bruscamente, pero yo la retuve con mi brazo volví acercar mis labios a los suyos. Ya no se resistió, nos fundimos en un apasionado beso al tiempo que mi mano le acariciaba el coño. Le desabroche la blusa y bese sus pechos, ella cerro los ojos de placer y dijo:

    –¡Oh dios! Cuanto tiempo

    –¿Quieres que vayamos a un sitio más tranquilo?

    –Si –musita ella

    Nos adecentamos y me dirigí con el coche hacía unos apartamentos que alquilan por horas para ese tipo de necesidades.

    Una vez dentro me puse detrás de ella y mientras le besaba en el cuello y la oreja le fui desabrochando la blusa, cuando sus pechos quedaron libres de los sostenes los tome con mis manos apretándolos, ella se recostó en mí y girando su cabeza nos besamos, una de sus manos palpo mi polla que ya estaba dura.

    Los dos desnudos nos echamos en la cama, nos besábamos, mis dedos jugueteaban con su clítoris mientras su mano me masturbaba. Luego se puso de rodillas y comenzó a mamarme la polla, al poco la eche en la cama y me acerque, le puse dos dedos en el coño, este estaba completamente mojado, le separe las piernas y la penetre.

    Una serie de gemidos escapaba de su garganta a cada embestida mía, notaba sus orgasmos, ella me sujetaba las caderas apretándolas hacia sí, yo no pude más y un chorro de semen inunda su coño.

    Permanecimos echados uno al lado del otro acariciándonos, besándonos, ella volvió a masturbarme, primero despacio y a medida que se me iba poniendo dura Mayte aumentaba el ritmo hasta que me corrí, entonces ella me la limpio con su boca.

    Nos vestimos y la lleve a su casa, me despedí de ella hasta la noche pues luego vendría con su marido a cenar a casa.

    Por la noche durante la cena ella estaba sentada a mi lado, yo me divertía con la escena pues estaba el padre que se follaba a la hija y la madre de mi mujer a la que me follaba yo. Con todo el descaro del mundo le metía mano a mi suegra por debajo la mesa, le había subido la falda y le toqueteaba el coño por encima de las bragas. Vi que ella estaba incómoda, pero no me importo.

    Aprovechando que mi suegro subió al piso de arriba con mi mujer con alguna excusa (yo ya me imaginé que iban a hacer) me acerque a mi suegra la bese al tiempo que le tocaba los pechos por encima del vestido, luego le levante la falda y le quite las bragas, entonces saque mi polla y se la puse en la boca. Mayte se sentía cohibida, pero yo le dije

    –No te preocupes que tardaran en bajar.

    Mayte siguió chupando mientras con una mano me la masturbaba, yo le sujeté la cabeza y me corrí en su boca obligándola a tragarse mi semen. Ella me dijo.

    –Te has pasado

    –No quería que se manchase tu vestido

    Apenas se había limpiado la boca cuando mi mujer y su padre regresaron al salón, al rato se despidieron y se fueron a su casa. Cuando nos quedamos solos le pregunte a María.

    –¿Qué, hoy que le apetecía a tu padre?

    –Hoy solo se la he chupado

    Mi mujer y yo nos fuimos a dormir, al día siguiente le conté a Juan lo de mi suegra y entre ambos urdimos un plan. Llame a Mayte y concerté una cita en el apartamento.

    Cuando ella llega la recibí con un gran beso y me dijo.

    –He venido como tu querías, sin bragas

    La desnude, bese sus pechos, su coño, ella me mama la polla, entonces cuando estuve a punto me senté en el sofá y le dije que se pusiera encima, estábamos follando cuando se abrió la puerta del apartamento, era mi amigo Juan. Mayte intento bajar de mi polla, pero la sujete con fuerza al tiempo que le decía.

    –No te preocupes Mayte, es un amigo

    No paso un instante que Juan se puso a nuestro lado y comenzó a acariciar a mi suegra, ella poco a poco se fue relajando, siempre sin sacar mi polla de su coño, volvía a cabalgar mientras Juan le besaba y toqueteaba, ella al mismo tiempo le masturbaba y mamaba. Juan y yo nos cambiamos, ahora era él el que se la follaba y yo quien se la metía en la boca. Cuando la tuve bien me puse detrás de ella y con suavidad la enculé.

    Mayte gimió de placer, yo estaba seguro que nunca había estado con dos hombres y es probable que nunca la hubieran enculado. Juan y yo nos corrimos dentro de ella. La tomamos de la mano y la llevamos al dormitorio, allí los dos de pie y ella sentada al borde de la cama nos chupo nuestros penes y no tardamos en corrernos en su cara. Mayte los limpio con amor y devoción.

    Nos despedimos y le dijimos que le esperábamos al cabo de dos días y que por favor se pusiera ropa sexy.

    Mayte fue puntual como un reloj suizo, iba con un vestido de una sola pieza abrochado por delante, pícaramente había dejado los primeros y últimos botones sin abrochar para mostrar sus pechos y piernas. Llevaba ligas y sin bragas. La llevábamos a una habitación y cambiamos el vestido por una negligé de seda, casi transparente. Le dijimos que esperase y salimos.

    Cuando vio entrar a Toby y Mohamed ido ademan de salir pero los fuertes brazos de Toby la detuvieron. Ambos estaban desnudos, Juan y yo no sabíamos si se asustó al ver sus aparatos o quizás que era racista.

    Toby la sujeto con fuerza y obligándola a agacharse le metió su polla en la boca, su aparato apenas le entraba un tercio, mientras Mohamed por detrás le pasaba la lengua por el culo y el coño. Ella intento zafarse, pero ellos la amenazaron, ante el temor Mayte obedeció y se puso a mamar la polla del negro.

    Mohamed con sus lengüetazos ya le había dejado el coño completamente mojado, él se sentó al borde de la cama Toby cogió a Mayte y la puso encima de la polla de Mohamed, mi suegra ya se había desinhibido completamente y estaba disfrutando del sexo como nunca, Toby se apoyó en Mayte y apuntando a su ano comenzó suavemente a metérsela, ella gritaba y gemía del dolor, pero el negro fuertemente agarrado a ella empujo y empujo hasta que se predio en su culo.

    Ah que placer ver a toda una señora de la alta sociedad follando como una puta, cuando ambos terminaron con ella le dieron un reconfortante baño y un masaje relajante. Le dieron ropa limpia y muy sexy y le dijeron que esperara.

    Entre yo y le dije.

    –Mira hay un amigo que desea conocerte

    –Bueno, pues yo no. Dame la ropa que me voy a casa

    –No Mayte, debes colaborar, es un favor muy especial o deberé tomar otras medidas.

    –Bien ¿Qué he de hacer?

    –Nada, muy sencillo, este señor te va a dar 300 euros a cambio de hacer el amor

    –Ah no. Yo no soy una puta

    –No, si prefieres lo haces gratis.

    En ese momento entro Juan y la beso metiéndole el dedo en su clítoris, ella dio un ligero respingo, yo la besé y le dije.

    –Pórtate bien, amor

    Juan y yo salimos y a continuación entro el cliente y he de decir que mi suegra se comportó muy bien, ah y cobro los 300.

    Desde entonces Juan y yo nos la follamos regularmente, lo mismo que Mohamed y Toby, y algún día hace de puta de lujo.

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  • La habitación de mi padre

    La habitación de mi padre

    Habíamos terminado por quedarnos solos. Ninguno de los dos quería admitir su propia soledad y tratábamos de mentirnos manteniendo cada uno en su espacio una rutina que pretendía dar a entender que todo seguía como antes.

    Él venía a verme dos veces en la semana. Por propia iniciativa y cuando pasaba un tiempo sin hacerlo yo provocaba su visita con el pretexto de resolver, en mi departamento, algún problema doméstico. Él, a su vez, me invitaba todos los sábados a cenar en un restaurante del centro de la ciudad, a lo que yo retribuía el domingo siguiente preparando algún menú especial que disfrutábamos juntos a la hora de almuerzo en mi departamento frente al parque.

    Sin embargo, los dos sabíamos, que este armónica situación no podría mantenerse por mucho tiempo. No era lógica, ni conveniente, ni económica y hasta resultaba peligrosa en los tiempos que estábamos viviendo.

    Así, poco a poco, la idea de vivir bajo el mismo techo se fue abriendo paso, hasta el día en que hablamos por primera vez de ello. Recuerdo que fue en el restaurante frente al río que tanto nos gustaba.

    En una armonía perfecta fuimos ultimando los detalles y cuando nos fuimos de ahí ya estaba claro que yo me mudaría a su casa el próximo fin de semana.

    Debo confesar que la decisión tomada, si bien era feliz, no me tenía muy tranquila desde el punto de vista de mi propia conducta.

    A mi edad, 38 años, había desarrollado un modelo de vida independiente, sin grandes preocupaciones, dueña de mi espacio, segura de no ser observada, a menudo caminaba por mi departamento ligera de ropas, a veces desnuda, en un ambiente relajado al máximo.

    Nunca había compartido mi espacio con nadie y menos con un hombre, de modo que, conociendo mi carácter, me preparé para superar todos los inconvenientes que podría derivarse de ocupar ahora espacios comunes con él.

    Ya instalados en la casa, comencé a darme cuenta que no se trataba solamente de compartir espacios con otra persona, sino que también de sentir en todo momento la presencia de su personalidad fuerte.

    Era un hombre de 55 años, aun plenamente vigoroso, que parecía marcar los espacios en todo lo que hacía y que sin mostrar en absoluto ansias de dominio, por su sola presencia, quedaba establecida una jerárquica indiscutible que yo acepté de buen grado, porque en realidad no me molestaba y me hacía sentir protegida y segura. En suma, me gustaba el cambio que habíamos operado.

    Sin embargo, las primeras noches me costaba conciliar el sueño.

    El solo pensar que él estaba bajo el mismo techo durmiendo o leyendo en su cuarto allí, a unos cuantos pasos, en el otro lado del pasillo, ocasionaba en mi una rara inquietud y comencé a preguntarme si a él habría de sucederle lo mismo. Yo estaba dispuesta a preguntárselo en la mañana, pero llegado el momento me di cuenta que no sabía que preguntarle porque yo tampoco tenía claro en mi mente lo que me pasaba.

    Pensé que había que dejar al tiempo la adaptación necesaria a la nueva situación y casi había olvidado totalmente mis pequeños insomnios, cuando llego el día, o mas bien dicho la noche, en que me desperté terriblemente agitada con una avanzada taquicardia, para darme cuenta, entre dormida y despierta, que estaba sudando copiosamente, que tenía el cabello revuelto, que mis cobertores habían caído de mi cama y que yo estaba totalmente desnuda con mi camisón de noche recogido a la altura del cuello y que mi sexo latía como un reloj desesperado como si hubiera cobrado vida independiente, sin que yo pudiese hacer nada por evitarlo.

    No soy en absoluto una persona capaz de ocultarse de la realidad, de modo que una vez despierta, pude darme perfecta cuenta que me había despertado en medio de una excitación sexual de características mayores como yo nunca había experimentado.

    Si yo comparaba con los momentos de autosatisfacción que a veces me proporcionaba en mi cama o en la ducha, debía admitir que lo que había experimentado ahora, tenía una dimensión totalmente distinta, tanto en sus características placenteras como en su intensidad y sin mayores análisis admití también que el factor desencadenante de tal fenómeno no era otro que la presencia suya en la cual me había detenido a pensar con inquietante frecuencia.

    Los días siguientes, en forma cada vez más intensa, se me fue haciendo presente su imagen en mi mente y mi cuerpo al evocar mi incendiaria experiencia nocturna, comenzó a evocar situaciones eróticas cada vez mas audaces, de las cuales él y yo éramos protagonistas.

    De estos simples, aunque diabólicos pensamientos, fui pasando luego a acciones mas reales, como era mirarlo con calma, con otra forma de percibirlo, rescatando en él, no ya su personalidad ni su presencia jerárquica en la casa, sino reparando en sus brazos vigorosos, en sus labios gruesos y sensuales en su forma elástica de caminar, en la forma como él tomaba los objetos entre sus dedos que me parecían de una suavidad perturbadora, en las pocas oportunidades que tenía acceso a tocarlo, y lo que mas me importaba, darme cuenta si el me miraba de forma particular.

    Solamente una vez creí notar algo, fue cuando yo lucía una blusa muy ajustada la cual hasta yo misma encontré provocativa y percibí su mirada directa detenida inequívocamente sobre mis pechos monumentales cuyos pezones parecían querer perforar la delgada tela.

    En apariencia todo parecía normal en la casa. Pero esa normalidad era en la superficie, pues mi vida interior se había alterado completamente. Esta alteración ya había invadido, como un incendio que nadie tuviese interés en extinguir, hasta mi trabajo, donde pasaba largos momentos ensoñada pensando en él y donde barajaba alternativas para encauzar lo que me pasaba, donde parecía desear que de algún modo el tomara algún tipo de iniciativa para poderle contar lo que me estaba pasando. Pero como nada de esto sucedía terminé por envolverme en una especie de torbellino erótico mental del cual realmente no quería salir aunque el mismo me llevara hasta el infierno.

    Pero el infierno vino a mí sin esperar que yo lo buscara.

    Fue la noche del sábado pasado y habíamos acudido al restaurante frente al río.

    Me dejé llevar por la alegría de las copas, me dejé arrebatar por la mirada picara de sus ojos celestes, me dejé arrebatar por sus palabras envolventes, sobre un tema que no recuerdo, porque solamente me interesaba escuchar el sonido de su voz y mirar sus labios semi abiertos y a veces húmedos. De modo que cuando conducía el automóvil rumbo a la casa yo ya sabía perfectamente lo que haría y ni mis convicciones, ya casi olvidadas, me harían retroceder en el camino que ya había iniciado sin remedio.

    Ni siquiera me acosté esa noche. Simplemente me desnudé para darme un suave masaje perfumado y para mirarme en el espejo y comprobar que era una mujer excitante. En realidad, no sé si lo soy, pero lo importante era que así me sentía, ardiente, deseable, insolente, provocativa, insinuante y no me atrevía a pronunciarme la palabra, pero ella me llenaba el alma. Me sentía una puta.

    Y entonces abandoné mi cuarto y comencé a caminar por el pasillo hacia el cuarto de mi padre.

    En cada paso que daba en silencio, escuchaba crujir bajo mis pies los fragmentos destrozados de mis tabúes, de mis temores, de mis trancas, y me parecía avanzar gloriosa hacia un mundo distinto y deseado y con cada paso me sentí mas mujer mas hembra y más suya aún antes de entregarme, de modo que cuando aparecí en su puerta debo haberme visto como una diosa diabólica y pecadora con mi cabellera negra sobre mis hombros que era lo único que me vestía.

    Me detuve solamente unos segundos, para que él me recorriera con su vista, para que su mirada redibujara mis contornos y abarcara en un solo instante mi figura pecadora. Luego avancé para meterme bajo sus sábanas y me di cuenta que estaba desnudo y que su piel emanaba una calentura tal que me envolvió como una ola atrapadora que no habría de soltarme en toda esa noche iniciática.

    No quería desmayarme y no me desmaye.

    Estuve mas despierta que nunca. Despierta cuando su mano hábil dura y tersa a la vez englobó mis pechos, despierta cuando sus rodillas fuertes separaron mis muslos con cálida certeza, despierta cuando su cuerpo comenzó a cubrirme y a yo sentí su peso sobre el mío aplastándome como yo sabía desde mis sueños que lo haría, despierta cuando su otra mano acarició mi sexo abierto para él como una regalo deseado desde años, y despierta cuando el grosor inaudito de su virilidad quemante pareció partirme en un delirio orgásmico que me estremece aún en la evocación.

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  • Confesiones a la ginecóloga (parte 1)

    Confesiones a la ginecóloga (parte 1)

    Sabrina empezó a sentir una leve sensación de malestar después de tener relaciones con su nueva pareja, Marcelo. Hacía relativamente poco que estaban saliendo y ella no quería arruinarlo; realmente le gustaba. Ella estuvo casada por más de 10 años y, después del divorcio, estuvo otro tanto sin conocer a nadie. Más allá de esporádicas y efímeras interrupciones de placer, permaneció casi otros 10 años sin sexo.

    Se dedicó exclusivamente a su hija. Pero ahora su hija estudiaba y vivía sola. Entonces se abrió un vacío en su vida que parecía tener las profundidades del abismo. Fue hace poco que conoció a Marcelo y resultó un bálsamo para su vida: la hizo de veras renacer, la sacudió de un letargo que la tenía mustia y apagada; la despertó y vitalizó.

    Marcelo era un excelente amante y la hacía estremecer de punta a punta. Pero, no obstante ello, cada vez que hacían el amor sentía ella después una incómoda sensación de ardor que la hacía querer orinar todo el día. De hecho, cuando lo hacían de noche, antes de dormir (Marcelo era una verdadera máquina siempre presta para el sexo, por lo que no había horas ni días) permanecía varias horas sentada en el inodoro pues no dejaba de hacer pis de a hilitos muy pequeños. Cuando pensaba que ya estaba lista, y volvía a la cama, otra vez le asaltaba ese ardor que no la dejaba en paz.

    Decidió entonces hacer una visita a Fernanda, su vieja amiga y ginecóloga. No lo dudó. Tenían entre ellas extrema confianza y hablaban de todos los temas. Es más, Fernanda era quien otrora le recomendó a Sabrina tener relaciones después de que ésta le confesara que hacía más de siete años que nadie la tocaba. La insistencia de su confidente facultativa la hizo recurrir a una baja estratagema, pero esto es para otra historia. Fernanda no se sorprendió al verla en el consultorio. La estaba esperando. Su amistad no conocía de turnos ni citas y bastaba en solo mensaje de Sabrina para que la esperara en el consultorio, sin que importe el horario.

    -¡Hola Sabri! ¡Tanto tiempo! ¿Cómo andás? ¡¿Cómo anda Sofi?!

    -¡Hola amiga! Bien, bien, todo muy bien. ¿Sofía? ¡Estudiando, creo… jajaja!

    -¡Ay sí! ¡Seguro! Vení, pasá, que ya sos la última, pasá.

    Después de la breve charla típica que se impone en toda conversación entre dos amigas que hace tiempo no se ven, Sabrina le comentó el problema:

    -Mirá, después de tener relaciones con Marcelo me agarra como muchas ganas de hacer pis y no se me van por horas.

    -Ajá, ¿y cuándo notaste esto?

    -Y, hace mucho. Lo que pasa es que no quería decir nada porque no quiero estropear lo de Marcelo, pero cada vez me está costando más. Aparte, acá entre nosotras, Marcelo le da y le da… jajaja, no sé si me entendés.

    -¡Jajaja, bueno, bien amiga! ¿Es larguero?

    -Sí, jajaja. Es un caño, la verdad. Aparte acaba y sigue automáticamente, no descansa, pero tampoco me da respiro. Y yo a veces me meo y el sigue, sigue…

    -Bueno amiga, quedate tranquila igual. Lo más probable es que tengas cistitis poscoital. A veces entran bacterias a la vejiga y causan eso, pero es re normal y no pasa nada. También puede tener que ver con la intensidad de las relaciones y, por lo que veo, ¡Marcelo es todo un semental!

    -¡Ay qué asco amiga! ¿Cómo que bacterias? ¡Pero yo nunca tuve antes, por dios! ¿Y me las pasó él? ¡Seguro que anduvo con otras, si es un pajero! ¡Y me contagió!

    -Noo no, para nada. Son bacterias que tenemos todos, naturalmente, pero que por las relaciones se pasan a la vejiga. ¡Quedate tranquila que no es nada raro! Aparte, te digo, tiene mucho que ver con la fricción y la intensidad de las relaciones

    -¿Seguro? Jajaja. Ahora me da un poco de cosita.

    -Seguro. Escuchame, ¿vos lubricás bien? ¿Usan gel íntimo?

    -No, no uso, pero lubrico re bien, mejor que a los 20 años -Sabrina se sonrojó al extremo- Marcelo me encanta, me hace de todo. Te digo, acá entre nosotras, me la pone como un charco, ¡no sabés!

    -¡Ah bueno! ¡Jajaja! ¡Pero mirá a Marcelito! ¡Me lo tenés que presentar entonces!

    -¡Si! ¡Nos tenemos que juntar a comer los cuatro! Y, ya que está, te pregunto, siempre entre nosotras…

    -¡Siempre entre nosotras!

    -¿Puede tener algo que ver con el tamaño? Porque la verdad, yo nunca había visto algo tan grande, tan… gordo… jajaja

    -¡Jajaja, por dios!

    -Pero mucho más que el stripper ese que me hiciste coger, ¿te acordás?

    -¡Ay, pero ese la tenía enorme Sabrina! Le decían Stanley, por el termo. ¡Si lo garchamos las dos juntas, y tenía para las dos y para más!

    -Bueno, pero Marcelo la tiene enorme, te digo. Es, capaz que un poquito más corta que la del stripper, o igual, no sé, pero es muy gorda. Es como una serpiente gorda, jajaja ¡Ay! ¡Qué vergüenza!

    -¡Pero por dios! ¡Jajaja, bueno, te felicito amiga! Tenés todo un macho al final!

    -Sí, pero es impresionante. La primera vez que la vi me impactó porque, a ver, tengo 47 años y he visto de todo en mi vida, pero eso, así, todo hinchado, lleno de venas, nunca.

    Había un dejo de vergüenza en la voz de Sabrina que, a pesar de estar sola con su amiga, hablaba cada vez más en voz baja. Fernanda no podía ocultar su entusiasmo y la interrogaba con la boca abierta a su amiga:

    -Pero… decime que le sacaste una foto, por favor

    -Nooo, por dios, sabés que nada de fotos ni videos conmigo

    -Pero le tenés que sacar una, para mí, jaja. Aunque sea por un mero interés científico. Es un caso para estudiar. Pero amiga, decime, ¿te duele cuando te coge? Porque, directamente, no tiene nada que ver con la cistitis después del sexo. Sí, indirectamente puede incidir: como te dije, la fricción desmedida puede contribuir al ingreso de bacterias en el cuello uterino y el tamaño del pene puede incidir, a su vez, en eso

    -No no, no me duele -Sabrina bajó aún más la voz:- Aparte no sabés cómo me mojo. Es rara la vez que me garcha sin chupármela antes. Es re bueno en todo lo que hace.

    Riéndose, bajó la cabeza y se tapó la boca, como queriendo detener aquello que ya había sido dicho. Siguió:

    -Por lo general, te confieso: mi concha es un cambalache de flujo y saliva. Después me empieza a bombear y ya se hace una crema impresionante.

    -¡Hermoso! Jajaja. Bueno, todo eso contribuye al florecimiento bacteriano. ¡Pero, ¿quién te quita lo bailado, Sabrina?!

    -Ay, pero me empezó a molestar.

    -Bueno, yo te voy a dar unos antibióticos para el tema de las bacterias. Los tomás dentro de las 24 o 48 horas del sexo, dos por día, hasta que se te pase. Si te sigue molestando, te voy a tener que hacer un cultivo y ver cómo proseguimos. Pero estoy segura, por lo que me contás, que con las pastillas se te va a pasar.

    -Bueno, voy a intentar.

    -¿Le dijiste a él que te pasa esto?

    -Noo, ni loca. No quiero decir ni hacer nada que pueda estropear esto que tenemos.

    -Pero boluda, se lo tenés que plantear, porque quizá él tenga que parar un poco la moto y ser un poco más “delicado”

    -Es que él no es bruto. Es pijudo, sí; pero no es bruto. Sabe exactamente cómo moverse con esa anaconda venosa que tiene, jajaja.

    -¡Ay dios amiga! Ahora lo quiero conocer. ¡Bah, quiero conocer esa verga! ¡La tengo que ver! ¿Tan impresionante es?

    -Te juro, impresiona.

    -Y ¿cómo hacés para que no te duela?

    -Te digo, es un genio en lo que hace. Siempre me la chupa antes y me hace acabar, salvo que esté indispuesta. Y después, sabe lo que me gusta y cómo me gusta. Lo que tiene es que no para. Son mínimo, dos horas, entre que empieza a comérmela y termina.

    Fernanda ya estaba visiblemente excitada. Ellas ya habían compartido una experiencia sexual en la que habían compartido a un hombre. Este acontecimiento había sido pergeñado por la doctora como un “remedio” a la abstinencia sexual de su amiga. Aprovechó la ocasión y contrató a un stripper, que llamó a su casa, cuando su marido no estaba. Fernanda tenía dos hijos y estaba casada con Diego, un abogado de la “city porteña”.

    Aburridísima de Diego, no hesitó en usufructuar los servicios del profesional y, bajo la excusa de la timidez de Sabrina, empezó a tener sexo con el stripper, para recién después unírseles la paciente. Habían disfrutado tanto del episodio que quedaron en repetirlo, pero nunca lo habían concretado. Un halo de silencio envolvió al suceso, y quedó enterrado en el inconsciente de ambas. Ahora, el grueso miembro de Marcelo parecía rescatarlo de las ondas mismas del deseo.

    -Ay, contame más, por favor.

    -Mirá, la primera vez nos besamos en el sillón. Yo estaba muy nerviosa, estábamos mirando una serie, tomando helado. En un momento, él me abraza y me besó.

    Marcelo trabajaba en una dependencia estatal en ese momento. Conoció a Sabrina en un partido de fútbol: ambos compartían la misma pasión por San Lorenzo. En una final en la que Sabrina no había podido comprar entradas, Marcelo, que tenía contactos la dirigencia del club, pudo hacerla pasar a ella y a su hija, desesperadas por ver el partido. Marcelo las acompañó y a partir de allí nunca pudo despegar sus ojos de los mullidos pechos de Sabrina.

    Ella le había dado su número de teléfono y hablaban por mensajes, de vez en vez. Hasta que Marcelo la invitó a comer. Sabrina fue reticente al principio, pero cedió. Marcelo no era un tipo buen mozo, pero era alto y musculoso. Vivía haciendo deportes y, a sus 52 años, tenía un cuerpo envidiable. Además, era alguien que sabía cómo hablarles a las mujeres.

    Fueron a comer, y nada pasó esa vez. Pero Sabrina se comprometió a cocinarle una de sus especialidades: ratatouille, plato que al rusticidad de Marcelo nunca había alcanzado a saborear. A Marcelo le pareció un plato horrible. Pero comió de todas maneras. Después tapó el amargor que sentía con el helado que había llevado de postre.

    Ya en el sillón, con el helado en mano, Marcelo la abraza y le da un suave beso en el oído Sabrina, nerviosísimas, no hace sino reírse, pero apoya su cabeza en el hombro de él. Es ahí cuando vio la enorme protuberancia en que se dibujaba en el pantalón de Marcelo. Era un bulto que asomaba y que se inclinaba hacia el lado izquierdo, y hasta parecía moverse. Sabrina no sabía qué hacer, pero tampoco podía dejar de mirar, y el dotado lo sabía.

    Marcelo abrió un poco sus piernas y mostró en toda su plenitud el instrumento que sus pantalones guardaban. Allí, la tomó del pelo y Sabrina lo miró, y se besaron. La calidez de sus labios contrastaba con el frío que el helado le había impreso a su lengua el helado. Sabrina siguió contándole a su amiga:

    -Nos besamos un largo rato. Me tocó las tetas, jajaja. Yo tenía corpiño pero aun así se me habían parado los pezones. Y yo no pude dejar de tocarle el bulto. Era algo carnoso, gordo y enorme. Se ve que él no se esperaba que se lo toque tan de pronto, porque pegó un saltito. Pero no pude contarme. Me di cuenta de que me había apurado y como una boba le pedí perdón.

    Sabrina estaba extática. Le acarició la entrepierna a Marcelo y le pellizcó le prepucio. Marcelo lo sintió y se estremeció, pero cuando Sabrina quitó la mano Marcelo y se había desabrochado el jean. Allí se podía ver un gran tubo de carne envuelto por un calzoncillo blanco que no lograba sujetarlo todo: era tan ancho que separó el elástico del calzoncillo de su pubis. Marcelo puso de vuelta la mano de Sabrina allí y le dijo: -Es todo para vos.

    -Yo, a todo esto -prosiguió Sabrina- ya estaba empapada y temblaba. No podía creer lo que estaba tocando. Él se bajó un poco más los pantalones y ahí estaba: una gran anaconda blanca, a punto de romperle los calzoncillos. Dejó de besarme y miraba su pija con mi mano, que no sabía si eso era de verdad o no.

    Marcelo se sacó el calzoncillo y dejó al desnudo su pene. Era de verdad una gran serpiente henchida de sangre, surcada por venas y coronada con una cabeza de diamante sonreía. Sabrina no pudo contener su exclamación de sorpresa. Su boca quedó semiabierta y sus neuronas quedaron bailando en ese tronco, sin poder reaccionar.

    Allí Marcelo, que estaba acostumbrado a causar ese impacto, se sacó la camisa. Sabrina estaba absolutamente obnubilada: el abdomen tallado de Marcelo, apenas recubierto por una fina manta de vellos, contenía una vena que iba desde el pectoral hasta la base de su martillo. Parecía la vena encargada de insuflar el halo vital que mantenía enhiesta a esa fiera. Sabrina la recorrió con su lengua. Llegó hasta la base del pene y se detuvo: la tomó entre sus dientes y no la podía abarcar. Se quedó un rato allí, jugado y oliéndolo.

    -Yo te juro, que es tan grande que parece que transpira ese bicho. Ahí yo solo le chupaba la parte de debajo de la pija y, te juro, me faltaban como dos bocas para completarla. Y el chabón me agarró y me puso la cabeza en la boca. La cabeza de la pija de Marcelo creo que es más grande que todo el pito de mi exmarido. No me entra en la boca. Me quedó ahí, se la lleno de saliva y le paso la lengua por el agujerito, viste…

    -La uretra –dijo Fernanda, toda excitada

    -La uretra. Eso le gusta y siento que es lo único que puedo hacer. Y lo empiezo a pajear mientras le como la cabeza. Y le agarro los huevos, que son enormes también. Son grandes y duros, y los tiene depilados. Ahí, esa primera vez, me acabó al toque. Empezó a gemir y me dijo… no sabés lo que acabó. No eran chorros, como el stripper, ¿te acordás?

    -Sí, mi vida, cómo me voy a olvidar. Meaba leche ese pendejo

    -Bueno, Marcelo acaba una banda, pero sin fuerza, sin chorros. Es como si saliera sin fuerza, sola, pero no para de salir, y yo no paraba de chupar, y él no paraba de acabar. Fue hermoso amiga.

    En esa primera ocasión, Marcelo no pudo contenerse. Mientras Sabrina jugaba con su frenillo, él ya le había bajado los pantalones a ella, que estaba doblada en el sillón, mientras se encargaba de la bestia que tenía entre sus dientes. Él le acariciaba la cola. Jugaba con la tanga blanca que tenía Sabrina. Sus dedos bordaban la costura de su ropa interior y pudieron palpar la humedad que surtía del sexo de su compañera. Estaba tan mojada, que Marcelo empezó a frutar sus dedos mayo e índice sobre la tanga y se mojaron. Marcelo sacó los dedos, los olió y se los chupó; después volvió a las nalgas de Sabrina y los hundió en su estrecho agujero, que surtía borbotones. Ahí Marcelo acabó.

    -Me la tomé toda amiga, toda. Encima él me colaba los dedos y yo estaba mojadísima. Estaba tan mojada que, en una, él me metió los dedos en la concha y como los sacó re mojados, aprovechó el flujo y me metió un dedo en la cola. Yo no podía más

    -Y ¿qué hizo?

    -Después de acabar se levantó del sillón, se arrodilló, me agarró de las piernas, me sacó el pantalón y me la chupó como nunca antes me la habían chupado. Primero, me abrió de par en par, sin sacarme la tanga, y empezó a hundir su nariz. Estaba enloquecido. Yo gritaba, jajaja, como una loca. Y el hijo de puta me rompió la tanga: me la agarró con los dientes y me la destrozó. Era una tanga cara, encima. Era la Calvin Klein, jajaja

    -Ay, pero ni te importó, ¿o si?

    -Nooo, por favor. Y ahí se queda fijo mirándome la concha y me dice: es tal cual me la imaginaba, rosada, mojada y gordita. Y me metió la lengua en la concha bien hasta el fondo. Después me la sacó y me empezó a chupar por donde hago pis, y me la metió de vuelta. ¿Y sabés qué hizo?

    -¡¿Qué?!

    -Con la lengua adentro de la concha me empezó a masajear el clítoris con la punta de la nariz, de acá para allá. Y me apretaba. Viste que es medio narigón, encima. Y yo le agarraba la cabeza y lo hundía más en mi cajeta. No podías más.

    Sabrina sintió fuertes espasmos y no taró en acabar. Allí pudo comprobar que su sexo emanaba más flujo del que alguna vez tuvo noción.

    -Acabé re mal, boluda. ¿Sabés lo que me pasó? Se me escapó un chorrito de pis, no de flujo, de pis.

    -Jajaja, hiciste squirting

    -Yo no hice nada, fue Marcelo. Pero le pedí disculpas, no sabía qué hacer, porque le meé la cara, sin querer. No sabés cómo se puso…

    -¿Se enojó?

    -Noo, si ya estaba caliente, se puso todavía más: me agarró de las piernas, me levantó y me cogió de parada. Yo me sentaba literalmente en su verga: lo enroscaba con mis piernas y me senté en esa cabeza enorme.

    La primera estocada le llegó a Sabrina hasta el fondo. Ahí el placer se mezcló con algo de dolor. Marcelo estaba parado, sosteniendo en alzas a Sabrina y penetrándola frenéticamente, mientras le mordía el labio.

    -Ahí le tuve que pedir que aflojara un poco, porque me destrozó. Me pidió perdón y así como estaba, a upa de él, me llevó hasta la cama…

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  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (14)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (14)

    Sandy, intrigada por las fotos explícitas, hace clic en el enlace proporcionado. Se abre la página web, que muestra un perfil más detallado de la joven pareja, hay más fotos, algunas incluso más íntimas que las del teléfono. El perfil detalla sus experiencias, y detallan que son iniciantes y les gustaría encontrar a una chica sin experiencia para iniciar, y es evidente que están bien versados en el estilo de vida swinger.

    En algunas fotos se les ve interactuar con otra pareja, lo cual me indica que en efecto tienen algo de experiencia como lo comento nuestro amigo Juan. Sandy se desplaza por las imágenes con una mezcla de emoción e inquietud, me mira primero a mí y luego a Myriam, con los ojos muy abiertos e inquisitiva.

    “Son… perfectos papas, muy atractivos… wow” Atina a opinar mi hija.

    Sandy continúa explorando el perfil de la joven pareja, sus ojos se mueven ansiosos por cada detalle que les ofrece. Mi esposa y yo miramos con interés a nuestra hija, sabiendo que la decisión de integrarla al círculo swinger no es para tomar a la ligera, cada gesto es importante para nosotros. Los comentarios y las imágenes que ve Sandy son explícitos, mostrando a la pareja en diversas situaciones sexuales. El silencio se rompe solo por el sonido del desplazamiento de las imágenes en la pantalla. Sandy levanta la vista del teléfono y nos mira, su cara ahora es una máscara de emoción y nervios.

    “No quisiera parecer tan novata, ¿qué les parece que les enviemos unas fotos de como estoy vestida ahora?” Pregunto con una rara inocencia.

    Me tome un momento para considerar su propuesta. Myriam, asiente sutilmente, dando su aprobación. Luego vuelve a mirar a Sandy. “De acuerdo, hija, me parece buena idea que les muestres tus encantos de una forma un poco más sugerente”, le dice con una sonrisa, “Pero recuerda que la discreción es la clave en este tipo de situaciones, no muestres por ahora tu rostro, suéltate el cabello y cúbrete la cara.” Myriam se levanta y le ofrece a Sandy su teléfono. “¿Por qué no te tomas unas selfies?”

    “Me gustaría que ustedes me tomen las fotos” contesto

    Mi esposa y yo intercambiamos miradas, procesando la solicitud de Sandy. Myriam, me entrega su teléfono: “Tómalas tú, amor. Tienes un ojo especial para este tipo de cosas.” Sin dudar más y por lo excitado que me sentía sin pensarlo más le pedí a mi hija que se siente en la cama, cruce una pierna y sonría. Tome algunas fotos desde varios ángulos, centrándome en sus curvas.

    Mi hija se levanta y posa de pie, levantando sus nalgas, su pecho de hincha y noto que su respiración aumenta. “¿Que más hago?”

    “Dale la oportunidad a tu papa de que el escoja las mejores y las edite para enviar a la pareja, el conoce el gusto de la gente en esos círculos, solo posa y sigue sus indicaciones.” Mi esposa se puso atrás de mí, sentí su aliento caliente en mi oído.

    “Les parece que algunas sean de frente y otras de espalda?” pregunto mi hija

    “Si, eso suena perfecto, Sandy ” respondí con una sonrisa. “Solo imagina que te gustaría transmitirles” sugerí.

    Mi esposa, detrás de mí, susurra sugerencias en mi oído, lo que me excita aún más. “¿Por qué no le pides que se acueste boca abajo en la cama?”, Siguiendo su sugerencia, le pido a Sandy que se acueste boca abajo. Ella lo hace, su piel color canela y suave contrastando con la sábana blanca. El encaje de su lingerie se ilumina suavemente por la luz de la lampara, levanta su culo. Tomo la foto, y la imagen que captura la cámara es absolutamente cautivadora.

    “Ahora, gira un poquito, muéstranos tus nalgas, cariño” le digo en tono suave, mi hija me mira con un brillo divertido en los ojos. Se gira lentamente, apoyando sus manos en la cama y levantando su culo en el aire. La tela del encaje se pega a sus nalgas, mostrando la forma perfecta de cada centímetro de su carne. Myriam suspira detrás de mí, y puedo sentir su excitación.

    Después de tomar unas cuantas imágenes más, decido que ya tengo material suficiente. Le paso el teléfono a Myriam para que ella revise las imágenes. Mi esposa se sienta a mi lado, ladeando su pierna por encima de la mía, su toalla se desliza un poco mostrando sin pudor sus pantis, sin importarle comienza a deslizar su dedo por la pantalla, eligiendo cuidadosamente las mejores imágenes.

    “Tengo una idea” comenta de pronto mi hija ” Van a editar las imágenes y no se mirará el rostro¿ no es así?, ¿que les parece si les enviamos unas fotos en donde salgan ustedes?” Myriam y yo nos vemos sin saber que contestar. “Algo simulado, primero unas fotos de mama y yo, y después otras contigo papa, ellos no sabrán quienes son”.

    La sugerencia me pareció muy excitante, sin embargo, le recordé a mi hija que lo que buscaban era a alguien sin experiencia y eso podría confundir a la pareja.

    Sin embargo, Myriam y yo intercambiamos miradas, evaluando la propuesta de Sandy. La idea de enviarles imágenes simulando que mi hija tenía algún tipo de contacto o experiencia en el tema no era lo adecuado ya que para la integridad en nuestro pequeño círculo swinger es primordial ser honestos. Decidimos ser cautelosos. Myriam, que aun revisaba las imágenes, estuvo de acuerdo conmigo. “Tiene razón tu papa cariño. Eso podría darles la impresión equivocada. Lo que buscan es una experiencia genuina con una chica sin experiencia y no querríamos engañarlos. Aun así, las imágenes que tomamos son realmente atractivas”.

    “Que les parece una selfie de los 3 en la cama, algo para nosotros” Sugerí ante la clara decepción de Sandy por su propuesta.

    El único completamente vestido era yo y sin pedir permiso me quite la camiseta, mi esposa se quitó la toalla quedando en pantaletas y brasiere, Sandy, se recostó en el medio y capture 5 selfies, con mis dos mujeres enviando besos a la cámara, parecíamos realmente un trio swinger listos para conquistar el mundo.

    “Me parece que ya tenemos las fotos perfectas, las termino de editar y las envió a Juan” Di por concluida la velada poniéndome de pie. Mi esposa también se levantó y le dice a mi hija “Bueno señorita es hora de que nos dejes descansar, fue una bonita velada”.

    Mi hija a regañadientes nos dio un beso en la mejilla y antes de salir nos dijo:

    “Fue una noche muy excitante, buenas noches, espero me dejen dormir y no me torturen con sus travesuras, un favor papa envíame las imágenes y el link del perfil de la pareja es… para una tarea de investigación.” Y se despidió caminando sensualmente con su mini vestido sobre los hombros.

    Myriam sonrío, “Al parecer esta más que decidida y cada día es más audaz.”

    Antes de dormir envié las fotos ya editadas a Juan. Además, una muy especial con dedicatoria con mis dos mujeres semi desnudas:

    “Amigo, esta foto guárdala en tu álbum privado con mucho cariño de parte de mi familia”.

    Al día siguiente recibí un mensaje de Juan, su respuesta fue entusiasta.

    “Cuando vimos las imágenes no podíamos creerlo, Sandy es un encanto y la combinación de inocencia y deseo que transmite es irresistible. La pareja ya vio las imágenes. Están ansiosos por conocerla. Nos vemos más tarde.”

    Continuará.

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