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  • Lo que el gimnasio endurece

    Lo que el gimnasio endurece

    Yo sabía que en el gimnasio se desarrollaban muchos músculos, pero desde luego no esperaba que el “músculo” también fuese a ejercitarse.

    La vida sedentaria del estudiante había hecho efecto en mi cuerpo, había engordado un poco y me sentía algo incómodo en mi propio cuerpo, por lo que una vez me hice el ánimo, me apunté a un gimnasio, a ver si conseguía gustarme a mi mismo. La verdad es que, para ser sincero, no me gusta demasiado ir al gimnasio. Lo encuentro aburrido, monótono, e incluso me siento observado por la gente que se pasa allí horas, que miran a los que son normales, como yo, por encima del hombro. Menos mal que en una ocasión pasó algo que me invitó a seguir yendo.

    Suelo ir por las noches antes de la hora de cenar, ya que, aparte de estudiar, estoy haciendo unas prácticas, y es el único momento que puedo dedicarle a mi cuerpo. La rutina siempre es la misma. Llego, voy al vestuario, me cambio y dejo mis cosas en la taquilla. Después voy a por mi cartulina que me indica que tengo que hacer, y allí voy, a quemar calorías. Cuando termino las tareas del día, vuelvo al vestuario, me ducho, y a veces, voy unos15 minutos al jacuzzi, y una vez recogido todo, me vuelvo a casa a descansar después de un día bastante intenso.

    Pues bien, una de mis muchas noches allí, como era habitual no había prácticamente nadie, de hecho, solo estaba el encargado, un hombre fuerte que nunca habla más de lo necesario, y una chica que no iba mucho, pero que era imposible que pasase desapercibida a los ojos de nadie. Se llamaba Andreina, pelo castaño, ojos marrones, y con una personalidad que junto con un cuerpo bastante atractivo, con pechos turgentes y un culito respingón, que hacía de ella una chica más que interesante. La verdad es que con ella no había cruzado más palabras que no fuesen “hola” “ciao” o alguna sonrisa de esas que se ponen para quedar bien.

    Hice mis ejercicios, y una vez finalizados, me fui al vestuario, dispuesto a recompensar mi esfuerzo con una buena sesión de jacuzzi, ya que ese día le había dado muy fuerte y la verdad es que mi cuerpo estaba bastante cansado.

    El vestuario estaba vacío, solo estaba yo, como era habitual a esas horas, así que me desnudé, me duché para quitarme el sudor, y me encaminé a una pequeña habitación contigua donde está el jacuzzi, donde, tras pulsar el botón de encendido, entré a disfrutar del agua caliente y de las burbujas. Me recosté y, relajado, cerré los ojos, viendo mentalmente lo que había hecho durante el día, y repasando lo que tenía que hacer el día siguiente. Ahí estaba yo sumido en mis pensamientos, del que me sacaron el sonido de unos pasos que se acercaban.

    Abrí los ojos muy lentamente y ante mi había una silueta, que desde luego no era masculina. Estaba de espaldas a mí, cubriendo su cuerpo con una toalla blanca, y en un momento que se puso de perfil, vi que era Andreina. Ella al verme se sorprendió y dio un gritito de susto, pero al reconocerme se calmó, ya que aunque poco, nos conocíamos. Me pidió perdón y me explico lo que hacía allí.

    Por lo visto el jacuzzi del vestuario de las mujeres se había estropeado, y el encargado, pensando que yo ya me había ido, le dijo que pasara al de hombres, que no había ningún problema. Yo le dije que no pasaba nada, que si quería me iba y le dejaba tranquila, yo ya llevaba bastante rato. Pero su respuesta me dejó de piedra.

    En lugar de decir algo, se quitó la toalla, dejando al descubierto un precioso cuerpo que, no voy a negar, me había imaginado alguna vez en alguna de las máquinas del gimnasio. Era de piel muy morena, con pequeños pezones marrones y su vello púbico estaba muy bien cuidado.

    Se metió en la bañera, y comenzó, mientras besaba mis hombros, a pasar su mano por mi pecho, en tensión por el ejercicio que había recibido, y empezó a deslizarse, primero por mis pezones y después fue lentamente hacia abajo, por mi vientre, y tras juguetear con mi vello, agarró mi miembro, que estaba en ese momento ya muy endurecido, y empezó a masajearlo, de arriba abajo, presionando a cada bajada. Yo estaba excitadísimo, y al ver su boca cerca de la mía, no pude controlarme y comencé a besarla con fuerza, acariciando yo sus pezones que bajo mi mano se iban endureciendo poco a poco.

    El ritmo de nuestras lenguas y de nuestras manos se aceleraban conforme la excitación iba en aumento, y nuestras manos masajeaban nuestros sexos cada vez con mas intensidad, y por tanto, con mas placer. La rodeé con mis brazos, y sacándola un poco del jacuzzi, lo justo para que su rajita estuviese a la altura de mi cara, comencé a lamérsela con dulzura.

    Primero mi lengua se deslizaba de abajo a arriba, parándome en el clítoris de vez en cuando para juguetear con él, haciendo que girase en círculos, cosa que le hacía gozar, ya que cada vez que la lengua entraba en contacto con él, emitía pequeños gemidos de placer, que aumentaban conforme mis dedos entraban dentro de su cuerpo. Estuve varios minutos devorando su coñito, hasta que me dijo que era suficiente…

    Volvió a meterse en el agua, y sumergiéndose en ella, comenzó a lamerme todo el pene, dándome una sensación como nunca antes la había tenido. Estuvo aproximadamente un minuto bajo el agua, mordisqueando la punta de mi miembro, metiéndoselo en la boca y masajeando mis testículos con su mano. Cuando salió, me preguntó si me gustaba, yo por supuesto le dije que si, así que me hizo sentarme en uno de los escalones, dejando que la “cabecita” se asomase justo por encima del agua, estando el resto cubierto. Ahí se volvió a lanzar sobre mi verga, durísima, y siguió lamiéndolo, besándolo, mordiéndolo suavemente, y yo creía que iba a morir de placer.

    Cuando vi que me faltaba poco, yo aun quería más, así que me volví a meter con ella dentro del agua, y estuvimos un buen rato besándonos, tocándonos, descubriendo otra vez nuestros cuerpos, hasta que llegó el momento… Andreina se apoyó contra uno de los laterales del jacuzzi, y allí, separé sus piernas dejando ver bajo el agua su apertura y allí, poco a poco, comencé a entrar dentro de ella. Una vez estuve completamente dentro, los dos lanzamos un gemido de placer, y me miró a los ojos de forma picarona, pidiéndome más y eso hice. Comencé a acelerar poco a poco, salpicando a cada movimiento.

    Empecé lento, pero cada vez iba mas rápido, y mas, y mas, y mas… el agua iba por todas partes, por lo que, para mas comodidad, abrazó mi cuerpo con sus piernas, limitándome a movimientos cortos, pero rápidos dentro de ella. Yo, aunque quisiera, no podía parar. Mi miembro entraba continuamente dentro de ella, y los dos estábamos extasiados. Cuando nos quedaba poco, la abracé y con ella aun atrapándome con sus piernas, nos pusimos en el borde del jacuzzi, para poder ir aún más rápido.

    Ahí, ella tumbada en el suelo, y ya sin disimular su placer, noté como acababa por el calor que rápidamente empezó a envolver mi verga. Yo estaba también a punto, pero me dijo que quería hacerme acabar ella misma. Con un rápido movimiento, puso mi cosa entre sus pechos, y empezó a masajearlos, lamiendo la punta cada vez que se asomaba…no pude aguantar mucho mas, por lo que finalmente, acabé en su cuello, totalmente agotado.

    Mientras nos duchábamos juntos, me confesó una cosa. Me dijo que no había ningún problema en el jacuzzi de las mujeres, pero que sabía que estaba solo, y que le producía cierto morbo desde hacía bastante tiempo, no como todas esas masas de músculos que presumían en el gimnasio de conquistas. Le agradecí su sinceridad, y, aprovechando que estaba solo en casa esa noche, vino conmigo, donde continuamos desatando toda nuestra pasión.

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  • Una noche entre amigos (La fiesta)

    Una noche entre amigos (La fiesta)

    Esta es una historia que viví con mi señora actual y una pareja de la cual somos amigos hace mucho tiempo, Laura y Juan.

    Aunque vivimos en la misma ciudad, hacia un tiempo que no nos veíamos, y nos encontramos en una fiesta de cumpleaños de un amigo que tenemos en común.

    La fiesta estaba muy aburrida, mucho alcohol, un poco de música, pero nada en especial.

    Nosotros estábamos acostumbrados a otra cosa, a la alegría, a la risa constante, ¡a la fiesta!

    Visto que el ambiente no daba para mucho más nos pusimos de acuerdo con estos chicos y decidimos coincidir el momentos de irnos para seguir la fiesta en otro lado, o mejor dicho para empezar con la joda.

    Salimos afuera y decidimos ahí en el momento ir a bailar a un boliche.

    Una vez en el boliche, ya estábamos bastante entonados con el alcohol que traíamos encima así que no costó mucho entrar en clima festivo.

    Bailamos toda la noche yo con Laura, mi señora con Juan, yo con Juan, y algún otro pescado que se prendía a la joda.

    Ya medios cansados hicimos un “stop” en la barra.  Comenzamos a charlar de todo un poco, cosas en doble sentido, bromas pesadas, y se fue dando un clima inesperado para ambas parejas.

    Sin querer coincidían nuestras fantasías, el morbo de intercambiar parejas.

    Seguimos charlando cada vez entrando mas en confianza y nos confesaron que ellos ya habían tenido un experiencia mientras estaban de vacaciones en Brasil, pero que no les había ido muy bien en el tema.

    Ya un poco aburridos decidimos irnos del boliche. Salimos afuera, subimos al auto y fuimos a dar una vuelta por la ciudad.

    Ya eran como las siete de la mañana y estábamos con ganas de irnos a casa y surgió un comentario por parte de Laura, la señora de mi amigo… “-Bueno, ¿esta noche la pondríamos terminar en un hotel alojamiento todos juntitos no?…”.

    Se hizo un silencio, con mi señora nos quedamos mirando, en eso mi amigo que iba manejando se dio vuelta y nos miró sonriendo, a lo que no hice otra cosa que sonreír también.

    Seguimos charlando, la conversación fue tomando otro rumbo y note que Juan iba hacia uno de los hoteles de la ciudad.

    Llegamos hasta la puerta y dijo…”-¿qué hacemos?… ¿entramos?”.

    Nos miramos los cuatro y aceptamos con una sonrisa pícara y cómplice de la aventura.

    Entramos en la habitación y nos tiramos en la cama, mi señora se abalanzo sobre mi y empezó a besarme como loca mientras yo le sacaba la camisa con furia…

    Ellos no eran para menos, Laura se agacho delante de Juan y le bajo el cierre del pantalón dejando a la vista esa enorme pija que portaba.

    Sin dudarlo comenzó a chuparle el pedazo, ¡qué bien que tiraba la goma la turra esa!

    Sin darnos cuenta estábamos los cuatro desnudos en la misma cama revolcándonos desesperados.

    Juan empezó a meterle mano a mi mujer, ella en un principio sentía algo de vergüenza. Hasta que él la tomo de un brazo y se la llevó al baño, cerrando la puerta.

    Y ahí estaba, solo con ella, Laura empezó a chuparme la verga con una categoría que hasta debo aceptar que lo hacía mejor que mi señora.

    Luego se abrió de piernas y llevo mi cabeza hasta su dulce conchita que hasta ese momento ya estaba muy, pero muy mojada, y empezó a refregar mi cara sobre ella.

    Hasta ahí todo bien, todo era jolgorio, fiesta, alegría, pero en un momento empecé a escuchar los gritos de placer que emitía mi mujer desde el baño, gritaba como loca, el solo imaginar lo que le estaban haciendo me calentaba más y más.

    Laura se subió encima de mí y empezó a cabalgarme con ganas y a gritar como una perra.

    Luego en cuatro patas, parados contra la pared, todas la formas posibles.

    En eso se abrió la puerta del baño y se asomó mi mujer, toda despeinada, agitada, transpirada y sonriente. Me vio muy entretenido con Laura y se acercó y me pidió al oído que le cumpliera su fantasía más grande y atrevida. Ella quería ser penetrada por dos al mismo tiempo.

    Yo ya estaba totalmente enfiestado así que ni lo dudé.

    Me acosté boca arriba en la cama y ella se subió encima de mí, cabalgo un poco y enseguida le pidió a Juan que la penetrara por el culo. Él, con muchísimo cuidado se puso saliva en los dedos de su mano derecha y comenzó a dilatarle el ano.

    Laura solo miraba y sonreía, mi mujer gemía como una loca.

    Muy lento comenzó a meterle ese pedazo en el orto, Laura empezó a besarla a mi mujer, como consolándola.

    De a poco fimos tomando ritmo y empezó en mete y saca que se convertiría de a poco en un brutal orgasmo infinito.

    Acabamos los tres al mismo tiempo y nos tiramos a descansar en la cama.

    Laura, que estaba sedienta aun, comenzó poco a poco a chuparme la pija, un poco a mí y un poco a Juan, logrando luego de unos minutos que estuviéramos al palo otra vez.

    Mi señora se sentó en un borde de la cama a fumarse un cigarrillo.

    “-Yo también quiero lo mismo” -dijo Laura y se sentó sobre la pija de Juan y pasado unos minutos me invitó a hacerme el banquete con su colita redondita parada en pompa como esperándome.

    Con la misma delicadeza con la que Juan había tratado a mi mujer comencé a hurgarle el orto primero con un dedo, luego con dos, tres y luego de a poquito introduje toda mi verga en su culito.

    Nos movimos hasta el cansancio y decidimos acabarle en la cara a mi señora que miraba y se reía por cualquier cosa.

    Casi los dos al mismo tiempo explotamos sobre el rostro de mi mujer inundándole la cara de leche.

    Laura se acercó y terminó de exprimirnos hasta la última gotita.

    Hasta aquí nada fuera de lo normal, dos parejas que se intercambian “swinger” como le dicen ahora ¿no?

    Ya dábamos por terminado el acto. Me metí en el baño a pegarme una ducha.

    Pasado unos minutos sentí que se abría la puerta… era Juan que se estaba peinando, arreglando en el espejo, pero cerró la puerta…

    -“que noche Juan ¿eh?”… -le dije a modo de comentario.

    -“Y… si”… -me respondió el sonriendo.

    -“¿Y las chicas? ¿Qué hacen?… le pregunté.

    -“En la cama, siguen de fiesta…”

    Y no termino de decir eso, corrió la cortina de la ducha, se metió conmigo, se agachó delante de mí y empezó a chúpame la pija…

    Yo no entendía nada, pero poco me importó, esa noche valía todo y eso también.

    Mi chota cada vez se ponía mas grande y él se la comía toda, toda en su boca.

    Se paró, me dio media vuelta y me puso los brazo sobre la pared, como un esclavo.

    Se puso crema en las manos, y empezó a untarme el culo cada vez mas profundo.

    Debo confesar que siempre me consideré bisexual, pero nunca lo había experimentado así, con un conocido.

    Luego empezó a meterme ese trozo de carne en el orto, ahí entendí porque mi señora gritaba tanto cuando Juan se la ponía. Era enorme, gordo.

    Le costó acabar, así que estuvimos un buen rato ahí, hasta que acabo sobre mi culo.

    Nos terminamos de bañar, salimos y ellas estaban aún revolcándose en la cama, para ambas era su primera relación lesbia y sin duda les había quedado gustando.

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  • Sensaciones

    Sensaciones

    Sus duros pezones se clavan en mi espalda, sus enormes pechos hacen que en cada embestida perforen mi piel, sensaciones confusas, una chica empujándome sin descanso, sus tetas en mi espalda, sus manos en mis caderas, su aliento en mi nuca y mi polla completamente libre y erecta balanceándose sin parar.

    Y sin embargo la sensación de placer permanece en mi cuerpo, en lo más profundo y oscuro, pero ahí está, en cada embestida el placer es más embriagador, la sensación de dolor inicial ha desaparecido y el placer me hace gemir y gritar.

    Su polla, sí su polla, entra y sale de mi ano suave y firmemente a la vez, sentir como todo un cuerpo te domina y te somete es una sensación difícil de relatar, no es solo la polla que te de ese placer, es un todo que te abraza, te roza, te acaricia, te susurra, te penetra…

    En un instante te corres y todos tus músculos se aferran a esa polla que llega a lo más profundo y ella se viene contigo derramando toda su leche en lo más profundo de tu ser inundándolo todo… sensaciones de estar lleno, colmado, vacío en el instante que tu amante te deja libre.

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  • El mejor culo que rompí hasta ahora

    El mejor culo que rompí hasta ahora

    En el pequeño balcón enrejado de mi piso sería la primera vez que follaría el culo de Tianci. Notarán que fue una situación altamente tierna y romántica tanto para mi como seguramente para ella también. (Tal vez la ternura no acompañe habitualmente a estos relatos) pero así fue verdaderamente.

    Tianci había protegido y resguardado su ano como un especial e invicto trofeo. Habiéndose jurado que jamás se lo entregaría a nadie. Pero ella tenía la especial debilidad conmigo de querer darme todo lo que yo deseara. Mis deseos, aunque a veces con alguna restricción, se convertían para ella en una necesidad de entrega. No obstante hasta ese día, mis tres o cuatro intentos no habían dado resultado.

    No recuerdo absolutamente nada de cómo se desarrollaron las cosas previo a esta situación ni siquiera recuerdo que ropas teníamos puestas. Solo recuerdo que nos encontrábamos allí en mi piso desde hacía poco rato y que ella tenía puesto como casi siempre, algo que dejaba bastante al descubierto sus llamativas tetas.

    El día había estado bastante cálido y la noche tenía la temperatura ideal para estar al exterior. Me asomé al balcón recostándome sobre la barandilla de hierros en reja. Tianci se acercó a mí. Le dije que estaba disfrutando del cielo o de la noche y me abrazó por la espalda. Sentí al instante la especial y alta temperatura de su cuerpo. Estiré uno de mis brazos hacia atrás abrazándole su cintura. Ella se presionó más contra mi cuerpo y acaricié suave sus glúteos. Dijo que era una noche romántica, pero que comenzaba a refrescar.

    Me pasé por detrás de ella ofreciéndole brindarle calor abrazándola y ella se acurrucó contra mí, tratando de copiar mi cuerpo con el suyo. Mi bulto comenzó a crecer, notándose su agrado ya que volvió a tratar de acomodarse mejor a mí figura presionando su cola contra mí.

    Supuse que estaría en su día y hora mas fértil ya que un rato antes y casi sin haberme acercado a ella mas que con algún dialogo sexy o romántico me sorprendí que a unos pocos metros de distancia se podía observar la dureza y la turgencia de sus tetas. En esa posición desde detrás de ella, liberé de su ropa y su sostén sus duras y grandes tetas. Las que fui acariciando con firmeza y mucha ternura estimulando sus erguidos y tiesos pezones con mis dedos, acariciándolos, pellizcándolos y jalando de ellos suavemente. ¡Estaban verdaderamente muy duras y muy calientes! Ella comenzó a gemir muy muy suave pronunciando repetidamente y en voz baja la abreviatura de mi nombre.

    Sentí que ese día y esa situación era la ideal para cumplir con una de las fantasías que yo tenía con ella, entrarle en su muy protegido agujerito y nada menos que ante la posible mirada de algún vecino. Lo cual excitó verdaderamente mi cerebro. Su ano era el más pequeño y apretado que follaría al día de hoy. Y también la primera vez que follaría un culo con cariño, ternura y devoción.

    Continué corriendo y haciendo a un lado su ropa hasta dejar sus nalgas y coño a descubierto, llevé una de mis manos por entre sus piernas y lentamente fui acariciando sus nalgas y la raja de su culo hasta llegar a su ya mojado coño. Introduciendo mis dedos en el para ayudar a aumentar su lubricación y ayudarme a estimular suavemente su clítoris que ya mostraba todos los signos de escaparse de su refugio.

    Lentamente fui trasladando los jugos de su coño hacia su estrechísimo ano donde fui repetidamente introduciendo y sacando lentamente mi dedo pulgar dilatándolo poco a poco para acostumbrarlo a algo más grande, sin quitar mis otros dos dedos de su coño y un cuarto que continuaba estimulando su clítoris. Mientras, continuaba besando su boca y se entremezclaban nuestras lenguas.

    Baje mi otra mano. Me agaché y separando lentamente sus glúteos acerque mi lengua a la zona caliente, quite mi dedo pasándolo a su vagina y a acariciar más su clítoris con los otros dedos. Mientras fui introduciendo repetidamente mi lengua y más saliva para seguir ablandando su ano.

    Volví a pararme y llenando lo mas posible su agujero y mi polla de saliva, fui metiéndola de apoco y suave. Al terminar de pasar la cabeza de mi polla su esfínter se cerró bruscamente realizando una fuerte presión por detrás del glande… Tianci cerró sus ojos, echando hacia atrás su cabeza con un gemido álgido y su cuerpo tembló de placer.

    Le dije lo feliz que me sentía poder estar metiéndosela en el culo y respondió girando medianamente su cuerpo para abrazarme y besarme con toda pasión. De a milímetros fue entrando un poco más y un poco más hasta llegar al anillo de mi polla. Esta parte mas ancha de mi polla ya le producía un fuerte dolor por lo no insistí en metérsela hasta el fondo y solo continué entrándole y sacándole unos cinco minutos solo la mitad. Mientras, jugamos con nuestras lenguas y una de mis manos continuaba extrayendo más placer de su erecto clítoris y mi otra mano haciendo lo propio en sus tetas y pezones.

    Le susurré al oído hacía unos había oído unos leves movimientos en la ventana del piso inferior por lo que creía que la vecina nos estaba observando. Creo que en principio no le gustó mucho, pero me pregunto si a mi me agradaba que me espiasen y al escuchar mi simple “SI”, emitió un largo gemido pronunciando mi nombre y su cuerpo volvió a estremecerse. Me permitió continuar con mi fantasía de follar su culo ante la posible vista de todo un barrio y dos tres minutos más y con su habitual y fina sutileza pidió seguir dentro del apartamento dado que había empezado a refrescar.

    Allí dentro en los escasos segundos que tardó en sacarse la ropa que yo había dejado a medio quitar, unté mi polla con bastante vaselina liquida la llevé a arrodillarse en el piso haciendo que apoyara a medias su gran trasero sobre sus tobillos y manteniendo el torso erguido.

    Me acomodé detrás de ella en la misma posición y separando sus maravillosos glúteos entré de nuevo y lentamente en su apretadísimo ano. Internamente sentía deseos de clavarla con violencia y sentir su dolor, pero sabía que no era el momento oportuno y que solo debía entrar mi polla hasta la mitad. Apoyando mi pecho en su espalda la abracé fuertemente, presionado de nuevo y siempre suave sus tetas y con mis dedos estimulando nuevamente sus pezones. Sus tetas ardían.

    Continué entrando y saliendo así, suave pero con ritmo, sin penetrarlo del todo ya que al ser tan estrecho le dolía bastante. Volvió a girar un poco su cuerpo y abrazarme y besarme con infinita pasión; sus gruesos labios, sus tetas, su abdomen y su espalda eran fuego nuevamente.

    En cada uno de mis movimientos de vaivén para penetrar su culo sentí un placer y ternura infinita e indescriptible. Aun besándonos, apretadísimos el uno al otro, sus gemidos se acrecentaban y se repetían y correspondían con cada una de mis arremetidas. Mi polla comenzó a latir violentamente dentro del apretadísimo esfínter, mis huevos parecían explotar y mis jadeos comenzaron acelerarse junto con mi ritmo y presión de penetración.

    Mi parte superior del cuerpo se puso enormemente tieso, sin poder lograr contener mi fuerza y embestir las últimas tres o cuatro veces con algo de dureza su culo, calentándoselo algo más por dentro con toda mi leche Tiansi se retorció de placer, no sin algo de dolor. Supe que a ella le faltaban 5 segundos para correrse por lo que sin terminar de entregar toda mi leche en su exquisito agujero, la penetré, ahora si con algo de furia en su coño y acariciando aceleradamente su clítoris. Culminamos casi juntos nuestros respectivos orgasmos, totalmente empapados de transpiración, apretando nuestros cuerpos con fuerza animal y toda la ternura el uno contra el otro.

    Nos dejamos caer de costado sobre unos almohadones que había a un lado en el piso y tapándonos con una manta. Así, sin dejar de abrazarla fuerte por detrás, ella totalmente acurrucada dentro de mi abrazo y sin dejar de penetrarla por el coño, nos mantuvimos así, con verdadera pasión y cariño hasta que nuestros cuerpos dejaron de jadear. Fue algo muy tierno y romántico. No me importó que no haya sido una relación con dureza como a mi me hubiese gustado. He satisfecho mi instinto de entra en el estrecho culo de Tianci y además tal vez haya otra próxima oportunidad para ello, aún no ha llegado ese momento, pero también reconozco que es bello que me quede guardada esa fantasía.

    Desde mí, fue realmente apasionado, con mucha ternura y sublime y más lo será cuando ella esté más preparada y gustosa de gozar que mi polla ingrese en sus entrañas y taladre su culo… con dureza y pasión.

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  • Follaron a mi esposa en los aseos

    Follaron a mi esposa en los aseos

    El último mes había estado trabajando incansablemente para actualizar el archivo de la empresa. Fue agotador y muy estresante porque estábamos al límite del plazo que nos habían dado. Al final conseguimos solucionar los problemas y sacamos la empresa adelante. Mi esposa Natalia soportó mi ausencia con paciencia y por fin llegó el fin de semana y nos desquitaríamos.

    Quedamos con unos amigos y nos fuimos de copas. Bailamos, bebimos, hablamos, nos reímos, nos besamos… Ella estaba preciosa, como siempre, pero además muy sensual porque teníamos pensado un fin de fiesta de lo más excitante. Intentaríamos por fin tener un hijo, después de ocho años de casados y una vida en común fenomenal. Me llamo Francisco, por cierto. Todos me llaman Paco.

    Todo iba perfecto hasta que me dio un bajón de tensión que casi me desmaya. Eran casi las tres y me tuve que sentar. La noche estaba siendo tan divertida que no quería aguarle la fiesta a los demás, así que seguí la juerga sentado y viendo cómo mi mujer seguía bailando, al principio entre mis amigos y luego con un par de cubanos (estábamos en un local de salsa) que bailaban como auténticos profesionales y la llevaban de maravilla.

    Luego se acercó otro tipo y este más que bailar se echaba sobre Natalia. Debía de ser una agradable compañía, porque ella no hacía más que reír y no se apartaba cuando en los bailes él se la arrimaba. Yo no estaba muy celoso porque confío mucho en ella y porque seguía muy débil. Me vinieron unas ganas de vomitar y bajé a los aseos, en un sótano. Los aseos eran pequeños en ese local y el de damas y caballeros estaban una puerta junto con otra. Cuando terminé de vomitar me senté en la taza para reponerme. Estaba tan debilitado que no podía ni levantarme.

    Oí un ruido en el baño de al lado. Descubrí un agujerito y pude observar que era Natalia, que se estaba maquillando. Era una preciosidad, con su pelo azabache y su cara aniñada. Estaba de escándalo con su minifalda y su camiseta con escote de palabra de honor, con sus hombros desnudos y su pecho bien apretado contra esa camiseta blanca, trasparentando sus pezones. Entonces me di cuenta de que no debí haber permitido a aquel tipo arrimársele tanto, menudo espectáculo que se había llevado a costa de mi mujer. Oí pasos y vi que Natalia se dio la vuelta.

    -Creo que te has equivocado. Los baños de caballeros están en la puerta de al lado, dijo ella en tono de broma. Pude mirarle y él tenía una cara de excitación evidente. No era gran cosa y estaba algo calvo, pero era uno de esos tíos que atraen a las mujeres.

    -No me he equivocado, estás tú aquí.

    -¡No me digas! Anda, sube que me estoy maquillando.

    -¿Para qué voy a subir cuando me has pedido que baje?

    -¿Qué te he pedido que bajes? Me parece que estás equivocado.

    -No me lo parece. Cuando dijiste que ibas al baño me miraste. Creo que sé captar una invitación.

    -Habría mirado a mi marido, creído.

    -¿Ahora tienes marido? Antes no me habías dicho nada.

    -Pues claro que tengo marido.

    Cerró la puerta tras de sí. Natalia se puso algo nerviosa. Yo no podía moverme ni hablar. Seguía muy debilitado. El cabrón ese se acercó a mi mujer y se puso a dos palmos de ella.

    -Pues yo si fuese tu marido, no te dejaba bailar con desconocidos y menos cuando tengo una mujer que está tan buena.

    -Está malo, si no habría estado con él, no contigo, Alfredo.

    -Eres una preciosidad, Natalia.

    La besó en la boca y una mano se puso en su cintura y otro en su culo. Ella le apartó con brusquedad.

    -Alfredo, te estás equivocando. Mejor será que te vayas.

    El tal Alfredo se volvió a echar encima de mi mujer y la besó de nuevo, aunque ella le negó la boca. Le apretó el culo con más fuerza y la arrastró contra su paquete. Estaba muy excitado, se le notaba el bulto.

    -Desde que te he visto te he deseado, estás buenísima, me pones mucho.

    -Alfredo, déjame.

    Él ahora la besaba en el cuello y en los hombros y le había metido las manos debajo de la falda. Lo único que reaccionó en mi cuerpo fue mi pene, que se puso tieso al ver unas manos de un cabrón en el culo de mi esposa. No sabía por qué estaba tan excitado. Alfredo la seguía besando y tocando. Una de sus manos le acarició los senos sobre la camiseta.

    -Te he dicho que me dejes, Alfredo.

    Ahora ella no le intentaba apartar y cerraba los ojos. Mis ojos se emborronaron. Él le tomó una de sus manos y la guio a su entrepierna. Ella la apartó.

    -Dime que no me deseas y me iré.

    -Vete, Alfredo.

    La besó en los labios y volvió a decírselo. Dime que no quieres follar conmigo y me iré. Natalia lo repitió, pero con los ojos cerrados. Su falda estaba muy subida y pude verle la tanga a mi esposa. La mano del tipo estaba dentro de ella y moviéndose con rapidez. La estaba masturbando. “Estás muy mojada, tu coño no me dice que me vaya”. Le bajó de un tirón la camiseta y sus deliciosos pechos vibraron ante su cara unos instantes. Sus pezones estaban muy levantados y duros.

    Enterró sus pechos con sus manos y los apretó con fuerza. Luego la sentó y se puso de rodillas a succionarlos con ansia. Natalia empezó a gemir. Le bajó la tanga hasta los tobillos y ella movió su pierna y la tiró al suelo. Alfredo, siempre sin dejar que una mano masajeara sus pechos, bajó su cabeza y le quitó la falda abriéndole la abertura. Mi esposa estaba con la camiseta en la tripa, a merced de ese hijo de puta.

    -La próxima vez prefiero que esto esté depilado.

    Enterró su cabeza en su coño. Ella le acariciaba el pelo. Él movía la cabeza arriba y abajo. La estaba follando con la lengua. Yo me saqué la verga del pantalón y me la machaqué con rabia, casi llorando. Natalia gritó, se estaba corriendo en la boca del tal Alfredo, que se levantó y se quitó los pantalones. Una hinchada y gorda polla se quedó delante de Natalia, que se la metió en la boca y la limpió de líquidos.

    -Levántate, que quiero sentarme. Arrodíllate y mámamela como tú sabes, puta.

    Ella, de rodillas, obedeció y le lamió los huevos y luego su palo y disfrutó con su glande como una condenada. Entre mamada y mamada le decía lo gorda que la tenía y cuánto le gustaba. Él cerraba los ojos y le decía lo bien que se la estaba chupando, le llamaba guarra y cosas así. De repente, la jaló del pelo y la levantó.

    -Móntate encima.

    Natalia dudó. No tenía preservativo y ella no estaba tomando la píldora. Le dijo que no débilmente, pero él no tuvo que insistir mucho para que sus piernas abiertas fueran flexionándose sobre esa verga, que fue desapareciendo dentro de mi esposa. ¡Cómo gritó ella! ¿Te gusta mi polla? Sí, me encanta, decía y siguió hasta que la tuvo hasta dentro del todo. Al instante se puso a dar brincos, a cabalgarle con locura. Él la besaba y mordía los pechos y la agarraba del culo. Así, así, puta, me lo estoy pasando bomba con tu coño, me gusta como follas, así, así. Y ella, sí, sí, cómo me haces gozar, cómo me gusta tu polla. Y se besaban en la boca, entremezclando sus lenguas.

    -Date la vuelta.

    Ella le dio la espalda y continuaron follando. El tío aguantaba lo suyo dentro de mi esposa. La seguía aplastando las tetas y besándola el cuello y ella seguía jadeando. Ah, ah, ah, ah, qué polla tienes, qué gusto. Sus orgasmos eran incalculables. Él se levantó y la dio la vuelta. La besó con frenesí y la subió sobre su cintura y sus piernas entrelazaron su culo. Empezó a culearla con fuerza. Toma, toma, toma, puta, toma.

    Estaba a punto de correrse. Quise gritar entonces, pero yo también estaba derramando mi semen por todos lados, con lágrimas en los ojos. Me voy a correr, puta, me voy a correr. Sí, sí, quiero tu leche dentro de mi, la quiero toda. Ah, ah, ah, ah. Y vi una gota de semen deslizarse por la pierna de mi esposa. Había terminado.

    Se separaron y él empezó a vestirse. Dame tu número de teléfono. Ella se lo dio. Seguía muy excitada, acariciándose las tetas. Esto hay que repetirlo. Hasta otra. Se fue, dejando la puerta abierta. Mi mujer se vistió y se fue. Como pude, me levanté y volví al local. Ahora ella hablaba con nuestros amigos. Al verme llegar me preguntó dónde había estado. Me besó en la boca y le dije que la estaba buscando. He estado maquillándome, cariño. ¿Estás mejor, Paco? Llegamos a casa y cuando le quité la falda y no le vi la tanga no le dije nada. Le chupé el coño y, aunque se había limpiado la muy zorra, quedaban restos de semen.

    Follamos toda la noche. Ahora cuando suena el teléfono me asusto mucho. Algún día me atreveré a preguntarla qué tiene ese tío que no tenga yo.

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  • Lluvia y calentura en una ciudad extraña

    Lluvia y calentura en una ciudad extraña

    Salí de la Secretaría de Educación alrededor de las 13 horas, era el mes de septiembre y cuando llegué a la ciudad, había un sol tremendo y cuando tomé un taxi hacia el centro de la capital, ya estaba nublado y a punto de llover.

    En la oficina a la que fui primero tuve raras sensaciones. Portaba una falda negra pegada que realzaba mi culo y una blusa escotada en rojo que hacía lucir mis senos.

    El primer empleado que me atendió no quitaba la vista de mí y quizá esperaba que le suplicara para que hiciera el trámite. Luego fui a otra oficina y resultó que una hermosa chica no me dejaba de mirar y me lanzaba una que otra sonrisa. Por supuesto que todo eso me gustó. Tuve ganas de decirle a esa joven que fuéramos al baño, aunque sólo hubiese sido para conocernos o quizá, tocarnos, pero no lo hice.

    Salí de allí y abordé un taxi que me llevó al centro de la ciudad. Cuando salí del palacio de gobierno ya eran las 2:30 de la tarde y llovía con fuerza. Yo quise ganar tiempo y crucé hacia el ayuntamiento y me mojé. Esperé en vano un taxi y había mucha gente deseando una unidad. Yo me mojé tanto que creí que me daría una pulmonía.

    Más tarde, como diez minutos después pasó otra unidad y se detuvo frente a mí. Le pedí de favor que me llevara a la central de autobuses y accedió, sólo que debía llevar a una pareja unas cuadras más adelante.

    Se detuvo frente a un parque y de allí siguió de frente. Me ofreció una pequeña toalla para que me secara un poco. Era un hombre de unos 55 años y relativamente atractivo que me hizo plática de inmediato.

    Indudablemente tenía poco tiempo para lograr algo conmigo y se lanzó a fondo. Me coqueteó e invitó una copa a lo que me negué y me ofreció cualquier tipo de cosas.

    Con tal de quitármelo de encima le comenté que era prostituta y que yo cobraba muy caro. ¿Cuánto? preguntó.

    “Por ser para usted, serían dos mil pesos, ni un centavo menos”, le dije, por supuesto en broma, pero él sí que hablaba en serio.

    “Va, yo te pago eso, pero nos vamos enseguida al hotel”, dijo.

    Resignada maldije mi bocota aunque yo me interesé un poco pues no estaba nada mal. Si ya estaba allá y tan lejos, no tuve más remedio que aceptar y me fui con él.

    Salimos de carretera rumbo al puerto de Veracruz y en una salida que tenía forma de trébol dio vuelta y se introdujo en un motel muy bonito. Pagó y se metió a uno de las cocheras. Yo temblaba de frío pues la mojada había sido impresionante y solo quería secar mi ropa e irme de allí.

    Subí primero y él me sostuvo de las caderas. No era tan alto, quizá 1.65, pero tenía manos gruesas y me excitó un poco que me sostuviera.

    Fue atento pues preparó el baño para mí y me dijo que lo hiciera rápido para que no me enfermara. Seguí sus instrucciones y el agua caliente me animó y por supuesto que pude bañarme con un rico jabón con olor a rosas.

    Me cepillé el cabello y me puse crema y un poco de perfume. Salí en toalla y sonreí al ver que ya estaba acostado en la cama, aunque tapado con una sábana. Su ropa estaba perfectamente acomodada y sólo me esperaba a mí.

    Puso en la pantalla una película pornográfica y me acerqué a la cama y me fui desnudando poco a poco. Él abrió los ojos muy grandes cuando vio mis tetas, piernas, vulva y mi culo.

    Para mi sorpresa él se destapó y ya tenía su pene completamente erecto. Era una verga carnosa de unos 20 centímetros y un poco deforme de la cabeza. Me repuse de la sorpresa pues mi vagina escurría de pasión.

    Le mamé su pito lentamente y le lamí toda la macana y hasta sus testículos. Seguí haciéndolo un rato más pues estaba encantado de esa mamada. Posteriormente me acerqué a su cara y le puse mi coño en su boca y él lo lamió como todo un experto. Realmente sentí mucho placer y comencé a gemir.

    La lluvia volvió fuerte y golpeaba la ventana del cuarto y eso le dio cierto romanticismo al momento pues el tipo me besó los pechos y el cuello, lo que casi me hizo gritar.

    Acarició mis piernas y se colocó el condón. Me pidió que lo montara y yo lo hice sólo que dándole la espalda y comencé a moverme. Él estaba extasiado de pasión pues yo apreté su pito con mi vagina y me senté en cuclillas para sentir más adentro su verga.

    Después se levantó y me clavó duramente en la posición de perrito, mi favorita. Si algo ocurrió es que el tipo duró mucho, pues me continuó cogiendo en distintas posiciones. Debe admitir que él y yo sudamos mucho en ese encuentro. En una hora me cogió tres veces y me logró llevar al éxtasis pues en la última cogida tuve un orgasmo tan intenso que casi me desmayo. Gemí como una loca.

    Me bañé mientras él puso en la tv un programa del Discovery Channel y yo me vestí. Mi ropa aún estaba húmeda pero ya no tanto como al principio.

    Tal y como fue el convenio, el tipo me arrojó 10 billetes de 200 pesos y me dijo que nunca había cogido tan rico como este día. Fue un halago de parte de un hombre que desde el primer momento, se propuso cogerme.

    La lluvia fue lo de menos y si no hubiera sido por el aguacero, no habría cogido tan rico.

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  • Pude follarme a la hermana melliza de mi esposa

    Pude follarme a la hermana melliza de mi esposa

    Tuve la suerte, o la desgracia, de embarazar a mi mujer a los pocos meses de haberme casado. Eso contribuyó para que nuestros problemas de convivencia y de pareja, pasaran a un segundo plano. Teníamos que convertirnos en adultos responsables y sólo pensábamos en el “bien de nuestros hijos”. El plural está bien utilizado en este caso, porque tuvimos mellizos.

    Ana nunca se recuperó de ese doble parto, se dejó estar y al cabo de un año ya se había puesto gorda como una ballena. Siempre estaba de mal humor y le molestaba cualquier sugerencia que yo le hiciera. Lo cierto es que dejó de calentarme y, primero por el tema de la cuarentena y luego por la atención que requerían nuestros hijos, dejamos de tener relaciones sexuales.

    La probabilidad de que tuviéramos mellizos era alta, porque Ana era también melliza y dicen que eso es hereditario. Ana y Beatriz, así se llama su hermana, son prácticamente idénticas. Cuando las conocí en la facultad de medicina eran un calco: dos rubias de rasgos filosos, buena cintura y una reputación envidiable según los testimonios de los estudiantes que aseguraban que juntas eran dinamita. En el bar de la universidad, las habían catalogado como a dos hembras increíblemente sensuales cuando estaban solas y absolutamente infernales cuando estaban juntas.

    Según la leyenda universitaria, engañaban a los chicos con los que salían y los intercambiaban. Y si ambas coincidían en los gustos, no tenían dramas en entregarse juntas. Se decía que una mamada de las mellizas, equivalía a un 10 en neuropsiquiatría y que sus escenas lésbicas, podrían provocarle una erección a los finados de la morgue. Ana siempre me negó todas esas historias. “Se las imaginan ustedes, que son todos unos pajeros”, me contestó una tarde en la que le pregunté si era cierto si ella y Beatriz habían participado en varias “fiestitas” de futuros egresados.

    A pesar de que en un principio, Ana en la cama parecía afirmar las versiones estudiantiles, los años de convivencia y una escasa variedad de recursos a la hora del sexo, me inclinaron a aceptar la versión de mi mujer. De los tres, Ana, Beatriz y yo, el único que se recibió de médico fui yo. Ana dejó los estudios cuando se confirmó lo del embarazo y Beatriz un año más tarde, cuando se casó con un empresario y se recluyó en el gimnasio y la vida familiar.

    A pesar de todo lo que se dice acerca de las mellizas, Ana y Beatriz no parecían tener esa necesidad mutua que caracteriza a los que compartieron el vientre. Alcanza con decirles que mis hijos ya tienen 14 años y hasta que cumplieron diez sólo nos habíamos visto en escasas ocasiones con la hermana de mi mujer. Pero todo cambió imprevistamente el año pasado, gracias a una mano que me dio la profesión.

    Soy médico cirujano y por mis resultados me he convertido casi en una eminencia cuando se trata de problemas cardíacos. Ese prestigio profesional derivó en un importante crecimiento económico y pude comprarme un departamento cerca del consultorio, para atender mis asuntos particulares. Básicamente, allí llevaba mi vida de soltero, tenía varias amantes y disfrutaba de los beneficios de hacer lo que se me daba la gana sin que nadie me lo recriminara. En una operación sólo se puede saber la hora de inicio, pero nunca la de finalización. En ese contexto y con esa libertad podía moverme por el mundo sin que nadie advirtiera mi doble vida.

    El año pasado recibí una llamada en mi celular. Era Beatriz que me pedía que fuera urgente para su casa porque su marido tenía problemas de corazón. Le aconsejé que llamara a la clínica para que enviaran una ambulancia de alta complejidad. “Para evitar cualquier inconveniente”, le dije para tranquilizarla. Cuando llegué, el cuadro me sorprendió: ella estaba con un conjunto de encaje, medias negras y tacos altos. Tenía puesto un body de tul casi transparente que me permitió apreciar todos sus encantos.

    Tenía el tul metido entre las nalgas y su cola era redonda y dura, el opuesto cruel de la de Ana. Mientras me llevaba hasta el dormitorio, pensé en cómo se había arruinado mi mujer y traté de concentrarme en mi trabajo para no cometer errores. Beatriz era la imagen de la hembra de la que yo me había enamorado y eso me excitó mucho.

    Su marido estaba sentado en la cama, se tapaba sus genitales con una sábana, pero no llevaba nada puesto. Le pregunté los síntomas, le tomé la presión y noté una arritmia que me obligó a ordenarle la internación. Miré a Beatriz y le dije como para que notara que la había observado. “Vestite así nos vamos para la clínica”. Llamé a Ana y le conté lo que había pasado. Le dije que ni se molestara cuando se ofreció a venir porque lo iba a derivar a una sala de terapia intensiva, donde no estaban permitidas las visitas. Beatriz estaba muy nerviosa y asustada, pero se calmó cuando le dije que esto era de rutina y que seguramente volvería a su casa luego de dos días de observación.

    Después de hacer todos los papeles y permitirle que se despidiera de su marido, le pedí que aguardara en la sala de espera porque debía hacerle algunas preguntas. Por los años de profesión, puedo asegurar que los hospitales sensibilizan a la gente. Beatriz se presentó en mi oficina para hablar a corazón abierto. Le pregunté si su marido había estado nervioso en estos días o si había pasado algo que pudiera haberlo presionado más de la cuenta. “Lo único que puedo decirte es que está tomando Viagra desde hace unos meses. Se la recomendaron en la empresa, algunos compañeros, pero nunca se hizo ver por un médico”, me contó sin tapujos.

    La excusa me animó para que hiciera un comentario malicioso, cargado de ironía. “Si fuera que está con Ana entiendo la del Viagra, pero con vos, que estás como cuando éramos estudiantes. Qué desperdicio, Beatriz, por favor”. A ella la incomodó un poco, pero en el fondo le gustó. Porque desde allí su actitud cambió.

    Le ofrecí un café y le recomendé que se fuera a su casa a descansar, que volviera al otro día durante el horario de visita para que le diera el parte médico. Ella me dijo que prefería quedarse porque se sentía muy sola, que era una suerte tenerme dentro de la familia y que quedaba en deuda conmigo por lo de esa noche. La charla se prolongó varias horas, empezamos con los clásicos recuerdos de la universidad y fuimos llegando hasta nuestras inquietudes sexuales. Mientras me hablaba noté como sus pezones se habían puesto duros. Me contaba sus intimidades con tono cómplice y varias veces apoyó las manos en mis muslos como gesto de confianza. Quería cogérmela, pero no sabía cómo.

    Ella me piropeó diciendo que yo me había mantenido muy bien y que siempre había envidiado a Ana. Me confesó que su marido tenía problemas de erección y que desde hacía varios años su vida sexual era prácticamente nula.

    Por supuesto que yo le mentí, evité contar mi parte oscura, y le aseguré que no tenía sexo desde que los mellizos habían cumplido cuatro años. Cuando me dijo que se iba me dio un fuerte abrazo. Nos quedamos así quietos unos segundos, pude sentir todo el calor de su cuerpo en mi delantal. Tenía la polla tiesa y no dudé en apoyársela para que la sintiera. Sabía que para la esposa de un impotente, no había nada más apetecible que una buena polla bien parada.

    Afortunadamente, el marido de Beatriz fue dado de alta luego de la observación de rutina. Efectivamente, la taquicardia había sido producto del uso irresponsable del Viagra. Le aconsejaron que no tomara nada raro por el momento, hasta que tuvieran los resultados de todos los análisis a los que había sido sometido. Beatriz se despidió con un beso que me dio más cerca de los labios que de las mejillas y prometió un llamado para que la familia se reuniera. “Te debo una, bebé”, me chuceó al oído.

    Pero lo bueno llegó a la semana siguiente de lo de la internación. Estaba por salir de la clínica cuando recibí una llamada de Beatriz en mi celular. Pensé que su marido había tenido una recaída, pero la mano venía por otro lado. “Necesito verte en tu consultorio. Tengo un dolor en el pecho y me gustaría que me revisaras”. Intentar algo en la clínica, con la melliza de mi hermana era una locura porque obviamente el único retrato que tenía de Ana era de cuando todavía estaba buena. Así que cité a Beatriz en mi departamento, donde obviamente tengo montado un consultorio como coartada en caso de inconvenientes con mi esposa.

    Beatriz llegó puntual y me saludo fríamente. Por momentos pensé que era cierto lo del dolor en el pecho y eso me decepcionó. Sin embargo, bastó que dijera sus primeras palabras para entender de qué se trataba el asunto. “No le dije nada a mi marido porque tenía miedo de preocuparlo. Acaba de salir de una, no lo iba a meter e otra”, me comentó mientras colgaba su sobre todo en el perchero. Estaba vestida con un vestido floreado, ajustado en la zona de sus senos y suelto en la espalda. Atrás sólo se sujetaba con dos cintas de tela, por lo que pude advertir que no llevaba sujetador.

    Cuando le pedí que se sentara en la camilla, noté que tenía las piernas recién depiladas por la irritación que denunciaban algunos de sus poros. “¿No me vas a pedir que me desvista?”, me alentó con un tono de golfa que casi que hace mandar al diablo la revisión. Pero el juego me estaba excitando. “Tranquila, primero quiero escuchar tu corazón”.

    Le pedí que inhalara y exhalara el aire y que tratara de prolongar la letra m para que yo pudiera escuchar con el estetoscopio. Cuando le apoyé el instrumento, su piel se erizó y lanzó un leve gemido cuando empezó a pronunciar la letra m. “Mmmm, que bien se siente”, me apuró. Le advertí que le iba a hacer un tacto en la zona de los pechos, para comprobar que no fuera algún problema mamario lo que le estaba provocando el dolor de pecho. Ella se desató el vestido con un leve movimiento de su mano y sus pechos quedaron flotando frente a mis narices.

    Mientras la tocaba, ella jugaba con su respiración. “Tengo algo raro, doctor, también siento un dolor cerca de la entrepierna”. Yo seguí jugando con sus pechos. Y con mi otra mano le acaricié las piernas. Ella las abrió instintivamente y a mi me aterrorizaba el hecho de estar cogiéndome a mi mujer pero como hacía 10 años.

    Después de sobarle los senos, la besé en la boca y nos prendimos en un beso que nos puso más cachondos todavía. Bajé hasta sus senos y recién ahí advertí que se los había operado por una ínfima cicatriz a la altura de los pezones.. Ahora Beatriz tenía unos pechos perfectos y mucho más grandes de lo que yo recordaba. “Doctor, le dije que sentía un dolor en la entrepierna, no podría revisarme también allí”: Obedecí y me sumergí en su concha. Estaba empapada y sus flujos le habían dado un brillo especial a su entrepierna. Me gustó su sabor y le di una buena mamada. Digo buena, porque mientras se la daba acabó por lo menos dos o tres veces.

    Le dije que no tenía nada y me preguntó si aceptaba el pago en especias. Le dije que sí y se bajó de la camilla. Se sacó hacia abajo el vestido y se puso en cuclillas para comerse mi polla. Era una maestra, mientras hacía la desaparecer en su boca, se acariciaba el clítoris. Y tenía que sacar mi polla de su boca para aullar. “Mmmm, que rica polla. Y qué dura está. Necesito que me penetres hasta el cansancio”. Apoyó sus codos en la camilla, levantó la cola y me pidió que se la metiera desde atrás.

    Tenía la concha tan húmeda, que mi polla se deslizó suavemente hasta que mis huevos golpearon con sus nalgas. “Cogeme fuerte, por favor, cogeme”, me suplicaba mientras yo la embestía con toda la violencia posible. Me aclaró que ella se cuidaba y que ni se me ocurriera sacarla bajo ninguna circunstancia. Yo estaba como loco, cogiéndome a una hembra en celo, increíblemente parecida a mi mujer. “Enterrámela hasta los huevos”, y acabamos los dos juntos, fue algo increíble.

    Esa noche cogimos hasta el cansancio. Beatriz se fue de mi pseudo consultorio con una sonrisa que nadie le había visto en años. Desde allí en más, una vez por semana se da una vuelta por mi departamento de soltero para hacerse un chequeo a su medida. Desde que atiendo a Beatriz, ya no tengo problemas con Ana. Directamente nos ignoramos. Ella no se divorcia por la plata y yo porque disfruto dándole placer a su adorable hermana.

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  • Mi madre y yo nos aliviamos mutuamente

    Mi madre y yo nos aliviamos mutuamente

    Todo empezó cuando mi primo José llego a vivir con mi familia, pues quería estudiar en la ciudad, así que mis padres le ofrecieron el cuarto de visitas. Todo estaba organizado yo iría en las mañanas a la universidad y el por las tardes, así jamás estaríamos solos. Mis padres son de las personas que piensan más vale prevenir que lamentar; pero no contaban con que yo siempre anhelaba ser penetrada por él.

    ¿Que como soy? Bueno mido 1.50 m y siempre me ha encantado bailar así que me inscribí a clases de jazz y ballet por lo cual tengo buena elasticidad y todo en su lugar, ya saben pompas marcadas y pechos firmes, aunque por desgracia son algo pequeños.

    Después de dos meses de fantasear como lograría sentir el pene de mi primo dentro de mí, me arme de valor y puse mi plan en marcha. Me levante a las seis me bañe, escogí mi tanga de encaje negro el bra que va de juego, se abre por adelante, me vestí con jeans y una playera holgada, me puse una chamarra, me despedí de mis padres y salí “a la escuela” maneje un rato y llegue a una cafetería lo suficientemente lejos para que mis padres no vieran mi auto y me quede a desayunar, espere a que me dieran las ocho y media pues mis padres entran a trabajar a las nueve.

    Llegue a casa sin hacer ruido y me fui a quitar la ropa para ponerme un baby-doll. Lentamente abrí la puerta del cuarto de invitados que está a un lado del mío y lo vi allí durmiendo sin camisa (he de confesar que su color moreno y su barba me vuelven loca además de tener tan bien definidos sus abdominales) Así que camine de puntitas hacia su cama y me metí entre sus sabanas, y fue cuando lo abrace, él se acomodó para girar y responder el abrazo cuando de repente vi como sus ojos se abrieron muy rápido. Se volteo a verme y con una voz medio asustada me dijo

    -¿Qué haces aquí

    -Dejar correr mi imaginación

    -Esto está mal

    -El conjunto no te agrada

    -Me encanta, pero somos primos esto no puede ser

    -Si somos primos, pero quien mejor para probar algo nuevo que un primo

    Así que me acerque a su oído y le dije con voz queda -hazme tuya- y empecé a jugar con su oreja usando mi lengua. Y qué bueno que pensé en eso porque sus manos se posaron en mi trasero y lo masajeo con tanto frenesí que con cada caricia hacía que sintiera cosquillas en concha.

    Puse mis labios en los suyos y me acomode para sentir su verga cerca de mi vientre y fui bajando lentamente y pasando mi lengua por su torso hasta llegar a su bóxer, levante mi cara lo mire pícaramente y le dije -esto me estorba así que te lo quitare- poco a poco se lo quite usando mis dientes y una vez que lo baje lo suficiente salto su polla como si tuviera un resorte y en ese momento dije es mío.

    Metí en mi boca esa polla con tantas ganas que sentí que cada vez me mojaba más, me tomo de la cabeza y me movió mas rápido, y de repente, me jalo con tanta fuerza que me saco el dulce de la boca; le pregunte:

    ¿Por qué me detienes?

    -Porque yo te hare los mismo así que trae ese hermoso trasero a mi cara

    Sin pensarlo dos veces lo hice, y de repente sentí como su legua, tibia, iba entrando en mi concha y fue allí cuando tuve mi primer orgasmo, no solo por el hecho de que siempre deseé eso si no por el placer de hacer mío a mi primo

    La sensación de hacer algo que casi nadie lo ve normal me hacía sentir más caliente, y el hecho de tener un orgasmo con su legua dentro de mí, me hizo pensar que el momento era casi perfecto.

    Así que me levante me quite el baby-doll la tanga que ya escurría, y solo me quede el bra, José se quedó pensativo así que le dije, este quiero que me lo quietes tú de la manera que te plazca, y ese fue el segundo detonador, me jalo a su lado, y de una manera ansiosa me abrazo y empezó a jalar mi bra; al oído le dije:

    -no seas tontito se desabrocha por adelante

    Jadeando me contesto –Sé que es por adelante, pero quiero causarte dolor, así cuando te lo quite sientas que te libere y hagamos todo lo que se me apetezca, serás mi esclava y eso es lo menos por hacerme sentir siempre tan excitado y jamás haberme dejado tocarte de esta manera.

    -Siempre hay una primera vez

    Los jalones del bra me empezaban a lastimar pero también me agradaban, y aun así lo que más quería era sentir su polla en mí. Así que me adelante abrí mis piernas y me senté en su miembro, lo tome con mi mano derecha y cuando lo iba a meter tomo mi mano y me dijo –no primita dije que serás mi esclava y aun no deseo que seamos uno.

    Me quede pensando, que más quería hacer conmigo, para ser sincera nunca había sido tan atrevida y solo había tenido una pareja sexual, así que mis ideas eran muy limitadas.

    Cuando las dudas empezaban a ser más grandes él empezó a masajear mi senos, y fue cuando recordé que me ardía la espalda y debajo de mi nenas, con su boca empezó a desabrochar mi bra, siempre creí que eso era imposible, pero al parecer mi Primito sabia más de sexo de lo que yo pensaba. Y tome la decisión de dejarme llevar por ese grandulón.

    Cuando me quito el bra fue como él dijo, sentí que me libero, y en cierta forma saco lo más sexoso de mí, lo jale del cabello y lo bese con pasión, y le dije:

    –esclava nunca, perra tal vez, pero quiero tu polla adentro de mi de una vez

    Lo seguí besando, con un movimiento rápido tome con mi mano su pene lo centre y me deje caer, sentí como su verga se metía con fuerza, que a su paso iba abriendo más mi canal y cuando sus testículos tocaron mi vagina grite de placer y claro que él no se quedó atrás, me tomo de la cadera y empezó a bajarme y subirme, pero de repente se detuvo y yo con todo de placer y también de desesperación por qué decidió parar le dije:

    –ahora que

    -estas segura de esto, no habrá vuelta atrás, y si quedas embarazada, mejor uso un condón

    -Estoy segura, no hay cosa que haya deseado más desde mis quince (ahora tengo 21 el 25), en nuestro caso el condón solo serviría para prevenir una ets, por que ayer me puse un implante anticonceptivo, así que párteme en dos porque no puedo perdonarte que interrumpas mi placer

    Empecé a moverme más rápido, él me dijo –si quieres que te rompa empecemos por ese lindo anito que creo que es virgen, me quito, se giró y saco del cajón de su cómoda un gel, me puso en cuatro y yo no aguantaba más así que me deje me metió su verga por la vagina y tuve mi segundo orgasmo mientras el dejaba salir su leche dentro de mí. Me abrazo y dijo:

    -dame unos minutos, deja me recupero y seguiremos nuestro juego

    Me deje caer en su cama, él cayo a mi lado me abrazo con una mano y con la otra empezaba a meter su dedo índice en mi ano (que si era virgen); la sensación era extraña por un lado sentía placer y por otro me dolía un poco al sentir como su dedo se movía dentro de mi ano.

    Continuará.

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  • TusFetiches S.A. (parte 1)

    TusFetiches S.A. (parte 1)

    Lorena.

    Lorena yacía boca abajo sobre el coqueto sillón de un pequeño saloncito. Estaba completamente desnuda. A su lado Esteban, su chico, unos años mayor que ella, y vestido con solo una camiseta de tirantes, calzoncillos y calcetines blancos, le apartó el cabello negro despejando su nuca. Luego, con la yema de su dedo índice, trazó una línea a lo largo de su columna vertebral, deteniéndose en el nacimiento de la rajita del culete femenino.

    La chica suspiró.

    Había cerrado los ojos al notar el contacto con el fin de disfrutar de las caricias y ahora, aguardaba expectante algo más.

    Esteban no la decepcionó. Y pronto, el dedo masculino, juguetón, encontró el camino entre las nalgas introduciéndose en la vagina de la mujer.

    Lorena arqueó la espalda y gimió.

    Minutos después, sentados en el sillón, la muchacha oyó la pregunta.

    -¿Te gustó?

    La aludida movió la cabeza afirmativamente. Claro que le había gustado, ¿a quién no podía gustarle aquello? Y, sin embargo, egoístamente, ella quería más, lo único, no sabía cómo pedirlo. Esteban era un chico delicado, romántico y clásico. Se conformaba aparentemente con poco, pero… y de eso estaba casi 100% segura, quería una chica formal, femenina y buena. Lorena no se tomaba a si misma por buena, sus pensamientos eran los de una rebelde, o eso quería ser… y solo pensar así merecía, como poco, unos azotes.

    Sí, la idea de ser azotada había pasado una y otra vez por su mente. A veces, cuando copulaban, había hecho ademán de recostarse sobre el regazo de Esteban esperando que este la diese una nalgada, pero todo lo que había conseguido era una caricia o un beso en el pompis.

    Quizás es que no estaba haciendo todo lo posible.

    -¿Y tú, disfrutas algo? –le devolvió la pregunta.

    -Sabes que el perfume de tu piel es el mejor premio que…

    Lorena dejó de escucharle, “el perfume de su piel” pensó, lo que deberías oler son mis pedos. Por un instante fantaseo con ventosear y recibir un castigo ejemplar… Lo único, de nuevo el temor, el estar casi segura que, en lugar de un castigo, recibiría un reproche de palabra y quizás, cierto distanciamiento… y eso no podía ser, no, ella necesitaba las caricias de aquel hombre, el calor de su cuerpo en las noches de tormenta, él era su faro y su sustento, él era…

    Distraída, apoyó su mano en los calzoncillos de Esteban.

    No recibiría sus azotes pero aquel chico merecía una recompensa le gustase o no.

    -Vamos, bájate esto, que quiero que te corras tú también.

    El hombre obedeció dejando al aire su miembro crecido y excitado.

    Lorena se levantó del sillón, se arrodilló delante del pene y sacando la lengua comenzó a lamerlo sin importarle el tacto de algún que otro grueso pelo.

    Los mirones.

    Pedro, en pijama y zapatillas de andar por casa, leyó el anuncio adulto en la web. “Se buscan mirones”. El asunto prometía, al parecer una empresa llamada “TusFetiches S.A.” ofrecía una especie de obra teatral interactiva en la que los protagonistas, guiados por un grupo de profesionales, eran gente normal y corriente.

    Aquel mes, había dos propuestas en la mesa. Una de ellas se ambientaba en una especie de gimnasio donde una chica y un chico, bajo la supervisión de un entrenador, realizaban ciertos ejercicios físicos. Tenían lugar varias escenas, por un lado el entrenamiento en sí, con escenas de castigo corporal. Por otro lado las duchas, donde una tercera persona se exhibía desnuda mientras el agua caía por su cuerpo.

    Incluso, para los más “guarretes”, se ofrecían papeles para ser observados mientras orinaban y quizás, se tiraban algún pedo en el proceso.

    Pedro observó que había enlaces para apuntarse como exhibicionista (dos o tres para el ejercicio con castigos corporales), un par de ellos (hombre y mujer) para la escena de la ducha y enjabonamiento y hasta cinco para orinar rodeado de curiosos.

    También había, como no, plazas para participar como mirones. La experiencia prometía mirar y, si así lo deseaba alguno de los exhibicionistas, participar dando un cachete, pasando la esponja por el cuerpo de la persona que se duchaba o la nariz en el culo de los que meaban y ventoseaban entre otras posibilidades.

    Ser mirón costaba más dinero que exhibirse.

    Pedro notó bajo los pantalones como su pene crecía, pinchó en el enlace de mirón y se apuntó a todo.

    Ahora solo quedaba que la empresa, una vez tuviese gente confirmada para todo, le enviase la notificación de pago.

    La reunión.

    Lucía miró a su alrededor mientras movía nerviosa una pierna. En la sala de espera había unas diez personas. La mayoría hombres, aunque también vio a alguna mujer.

    Una chica vestida con bata blanca y un hombre maduro salieron de una sala de reuniones e invitaron a todos los presentes a entrar.

    -Bien, han venido aquí para participar como “mirones” en la próxima representación. Tendrán que pasar una entrevista con nuestros psicólogos que les harán todo tipo de preguntas. Por favor, respondan con sinceridad. No se trata de juzgarles, si no de mantener unos estándares de seguridad para garantizar que el evento se realiza sin imprevistos. Tengan en cuenta que hay cierta libertad y no todo está 100% guionizado, lo que hace única la experiencia. Sin embargo, los exhibicionistas han podido poner ciertas condiciones que, unidas a nuestras condiciones, harán que el evento se lleve a cabo sin incidencias y respetando las libertades de todos los participantes.

    -¿Entonces no puedo dar una nalgada a la de los azotes? –preguntó una pelirroja con pecas.

    -Puedes si así está establecido. Si queréis hacer algo, cualquier cosa, y tenéis dudas, consultadnos primero (antes de la sesión) para tener nuestra aprobación. Al final los exhibicionistas son bastante permisivos en ese sentido y cosas que vayan en la dirección de su fetiche, pueden ser fácilmente aprobadas, pero insisto, necesitamos su consentimiento, aunque esto pueda restar realismo a la experiencia.

    Bien, si no hay más preguntas, vuelvan a la sala de espera y lean y respondan el formulario individual que les acabamos de enviar a sus móviles.

    A continuación, irán siendo llamados por nuestro equipo de psicólogos para la entrevista.

    Continuará.

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  • Grata sorpresa (5)

    Grata sorpresa (5)

    Días más tarde había quedado nuevamente con Laura en la cafetería de siempre, al pasar por la tienda de ropa Sara estaba en la puerta fumándose un cigarro, a lo que me pare a saludarla.

    Yo: hola, ¿dándole al vicio?

    Sara: sí un poco, pero este es mas light que los tuyos jejeje

    Yo: pero los míos dan otros placeres aparte de la nicotina

    Sara: ¿Podrías hacerme un favor?

    Yo: depende cual sea, dime

    Sara: si no es mucho pedir ¿podrías traerme un café con hielo por favor?

    Yo: no hay problema, ahora vuelvo.

    Al volver de la cafetería con el café, Sara ya estaba dentro de la tienda, entre en ella y mientras ella se estaba tomando el café yo me puse a mirar las faldas que tenía colgadas.

    Sara: ¿Buscas algo en concreto?

    Yo: ¿qué talla usas? ¿la 40 o la 42?

    Sara: venga no empieces Alex…

    Yo: esta es la 40 te servirá creo, toma y pruébatela, quiero ver cómo te queda.

    Sara: pero si yo no quiero probarme ahora ninguna.

    Yo: tú me has pedido un café, y yo a cambio quiero verte con esta falda (ella llevaba un traje chaqueta en ese momento).

    Sara cogió la falda y entró en el probador, cuando quería correr la cortina, aguante esta y le negué con la cabeza “déjala abierta, quiero verte, y quítate también la chaqueta”. Sara me miró fijamente como retándome a lo que yo le mantuve también mi mirada hasta que la apartó, se giró y quitó la chaqueta, yo mientras me fui a sentar al banquito que había enfrente del probador, ella se puso de espaldas a mí y se quitó el pantalón, cuando cogía la falda le dije “el tanga lo quiero también fuera”.

    Nuevamente giró su cabeza a mi viéndome sentado, se bajó el tanga y lo depositó en una percha, se subió la falda, se la ajustó y se giró hacia mi “buena chica, ahora quiero que te acerques aquí, quiero ver de cerca cómo te queda” al oír eso se le empezaron a subir los colores a la cara, se imaginaba lo que venía a continuación, se puso inquieta, pero se acercó a mí, cuando estaba más o menos a la altura de mis pies, le metí la mano debajo de la falda, notando que todo lo ocurrido hasta ese momento no le había molestado para nada, más bien todo lo contrario, estaba toda mojada.

    Así que comencé a masturbarla, mientras nuestras miradas estaban entrelazadas, ella empezaba a gemir, a morderse el labio, empezaba a flexionar hacia abajo y hacia arriba un poco las piernas, de vez en cuando dirigía su mirada a la calle por si pasaba alguien que nos estuviera viendo, en un momento dado le mande ponerse de espaldas a mí, dejé de acariciarle su clítoris para ponerme a follarla con mis dedos, sus movimientos y gemidos cada vez eran mayores, cuando note que estaba alcanzado ya un punto sin retorno, saque mis dedos de su interior, me levante y se los lleve a la boca, a la vez acerque mi polla a su culo para que notara lo dura que estaba.

    Cuando estaba limpiando mis dedos con su boca, le susurre al oído “eres casi tan perra como Laura, deberías decirle a tu novio que te trate como tal, pues te gusta ser usada como una vulgar puta, y puedes decirle esta noche que acabe con lo que yo he comenzado” una vez dicho esto saque mis dedos de su boca y me dispuse a irme diciéndome ella

    Sara: “no serás tan cabrón de dejarme ahora así?”

    Yo: “Estaré en el bar más o menos una hora, si quieres puedes acompañarnos esta noche y quizás acabe lo que he comenzado, pero no quiero verte con ese jersey, quiero que aparte de la falda que llevas puesta ahora te pongas una blusa y no lleves ropa interior, por cierto ni se te ocurra lavarte o secarte ahí abajo y mucho menos masturbarte”

    Sara estaba toda sofocada y acalorada, la había dejado a medias, se sentía impotente en ese momento.

    Cuando llegue al bar Laura ya me estaba esperando, tenía la mirada triste, por lo que supuse que me había visto en la tienda, por lo que le explique lo que había pasado, cuando acabe de explicárselo, le dije que si venía Sara sería ella quien debía aceptarla, pues yo solo tenía una perra, y esta era ella, y si Sara optaba por unirse a nosotros esa noche, solo sería posible si ella la aceptaba, de lo contrario continuaríamos solos.

    Laura: “si usted quiere que venga, yo también”

    Yo: “No Laura, esto no funciona así, yo propongo cosas, pero en realidad eres tú quien debe aceptarlas siempre, aunque seas mi perra sumisa yo siempre velare por ti, y tú siempre tendrás tu derecho a veto respecto a todo, por ese motivo tienes tus dos palabras clave”

    Laura estaba realmente celosa por la invitación que le había ofrecido a Sara de acompañarnos en esta sesión, pero acepto de buen grado lo que le estaba ofreciendo con mis palabras.

    Sara acaba de entrar al bar, al ver que estaba Laura también titubeo en acercarse, a lo que yo le indiqué que viniera, cuando llegó a la mesa se sentó enfrente nuestro, venía con los nervios a flor de piel, y estaba hecha un flan en ese momento, una vez estuvo sentada le dije a Sara que si estaba allí, suponía que era porque quería unirse a nuestra sesión, pero que para ello debía pedirle permiso a Laura, puesto que ella era mi verdadera perra. Sara al oír esto se sintió como humillada, pues a Laura solo la conocía como clienta, pero nunca había cruzado palabra alguna con ella, por lo que se hizo el silencio en la mesa durante unos minutos.

    Yo: “Laura, supongo que recuerdas a Sara, es la chica de la tienda de al lado.”

    Laura: “sí lo sé amo”

    Yo: “Sara, ¿quieres pedirle algo a Laura? Este es tu momento” (mientras le decía esto Sara me miraba con odio)

    Sara: “Ejem. Laura, Alex me ha explicado que él es tu amo y tú eres su sumisa, ejem. Y me gustaría saber si me dejas que os acompañe esta noche”.

    Laura: ”Si vas a venir esta noche con nosotros, para ti él tampoco es Alex, será solo tu amo, y tú serás una perra más para él, deberás obedecerlo en todo lo que te pida, y si no estás de acuerdo siempre podrás irte, además recuerda que su única perra de verdad soy yo, si estás de acuerdo con esto, no tengo inconveniente en que vengas”

    Al oír lo que acababa de decirle Laura a Sara no pude más que ponerme a aplaudir, me estaba sorprendiendo cada día más, Laura seguía seria y celosa, Sara hacía una mueca con la cara como de agrado y miedo a la vez, y yo estaba sonriente y feliz, esa noche tendría a mi Laura y Sara para mis perversiones.

    Me acerqué al oído de Laura y le susurré “Ahora te pondré una cosa en el coño, y luego te sentaras al lado de Sara, mírale la blusa, va demasiado abrochada, debes soltarle algunos botones, luego cuando notes algo dentro de ti, quiero que le metas mano en su coño, quiero que la masturbes con disimulo, pero solo mientras lo notes, si para quiero que tu también pares, y bajo ningún concepto quiero que os corráis, ni tú, ni ella, pues ella ahora será responsabilidad tuya durante este juego”

    Saque de mi bolsillo con disimulo un huevo vibrador a distancia, que había comprado esa misma tarde, acaricie un poco su clítoris con él, y deje que su coño lo absorbiera, ella mientras me estaba mirando como extrañada, “no hace nada me dijo” con un movimiento de mi cabeza se levantó y ocupó su nueva posición, empezó a desabrocharle los botones de la blusa, Sara la miraba sorprendida, solo le dejo 2 de ellos abrochados el resto fueron desabrochados, ahora se le podía ver perfectamente el canalillo de las tetas de Sara a través de la apertura de su blusa, Sara estaba roja como un tomate.

    Laura al verla en ese estado nos regaló con su primera sonrisa de la tarde, se sentía superior, las dos se miraron nuevamente y echaron juntas a reír mientras yo le decía a Sara “Ahora si te pareces más a una perra, no con lo que llevabas puesto esta tarde, Sara eres libre de irte cuando quieras, y estas aquí por tu propia voluntad, no sé si tienes experiencias lésbicas o no, pero como supongo sabrás, por los que estamos presentes, no solo te tocaré yo, ni tu solo me tocaras a mí, hoy todos deberemos hacernos de todo, ¿estas dispuesta a ello?”.

    Sara movió afirmativamente la cabeza, y yo puse en marcha el huevo vibrador, con el que sobresalte a Laura con ello pegando esta un pequeño saltito de la silla donde estaba sentada, mirándola sin saber que estaba pasando Sara, momento que aprovecho Laura para deslizar su mano en busca del sexo de Sara, siendo esta ahora la que se sobresaltó al notarse tocada por Laura, Sara ahora estaba siendo masturbada por Laura, Sara miró abajo, a su compañera, al lado, detrás y luego dirigió su mirada hacia mí, yo paré la vibración, Laura paro su masturbación a Sara.

    Yo aprovechando esa calma me acerque más a las dos, “¿están bien mis putitas? Espero que no me deis un espectáculo ninguna de las dos, ni se os ocurra correros, o deberé castigaros por ello (mientras les estaba diciendo eso le volví a dar marcha al huevo)” era todo un poema verles la cara a las dos, sus caras reflejaban el placer que las invadía, llame al camarero para pedir algo más de beber, y pare nuevamente la vibración, dejando que las chicas se relajaran un poco.

    Cuando nos habían ya servido las nuevas copas, bebimos de ellas, aprovechando yo para decirle a Sara

    Yo: “no te gusta lo que te hace Laura?”

    Sara: “si me gusta Amo, me está dando mucho placer”

    Yo: “entonces eres una egoísta, puesto que ella te está dando placer y tu ni la has tocado aún, seguro que Laura también quiere sentir como la tocas ¿verdad Laura?

    Laura: “Amo, todo esto es tan excitante que creo que si además me toca no podré aguantar”

    Yo: “pues como no me obedezcas y te corras me demostraras que no eres tan buena perra como pensaba, y quizás me replantee lo de ser tu Amo, Sara cuando ella te toque tú debes hacerle lo mismo, si ella para, tu también paras, quiero ver quien se llevara el premio esta noche y quien se llevará el castigo”

    Volví a poner en marcha el huevo, ambas se estaban acariciando mutuamente, al cabo de unos minutos, eso se había convertido en una competición, cada una intentaba hacérselo mejor a la otra para ver si se corría, la compostura de las dos ya no existía, se movían, se agitaban, se mordían el labio, y me miraban a mí como pidiéndome clemencia, al pronto vi que Sara se estaba mordiendo demasiado el labio y le brotaba una gota de sangre, por lo que decidí parar el huevo, y las chicas me lo agradecieron las dos, les mande chupar sus propios dedos, para que así descubrieran a que sabía cada una.

    Luego salimos del bar y le pregunté a Sara si le importaba que nos quedáramos en su tienda,

    Sara: “¿en mi tienda?”

    Yo: “tienes algún inconveniente Sara”

    Sara: “No, simplemente me ha sorprendido su propuesta señor, solo tengo un pequeño almacén atrás”

    Yo: ”¿con eso nos conformamos verdad chicas?”

    A lo que las dos asintieron, desconectó la alarma y entramos, les dije que se esperaran en la zona de la tienda, quería explorar las posibilidades que me podía ofrecer ese local, y me sumergí en el trastienda, él ella había montones de cajas con ropa de temporadas anteriores, habían viejas estanterías, y había una estantería que estaba habilitada de la cual colgaban abrigos y vestidos supongo que del invierno anterior, comencé por hacer sitio en esa estantería, me daba la posibilidad de poder atar a las chicas en ella, luego seguí buscando, encontré un plumero de quitar el polvo, el cual lo cogí, cogí varios cinturones, varias bufandas, y un paquete de velas que tenía por si se marchaba la luz supongo.

    Cogí una bufanda y salí nuevamente al local, las chicas estaban hablando entre ellas, mande a Laura que se desvistiera, cosa que hizo de inmediato, le tape los ojos y me la lleve a la trastienda, una vez allí, le até las manos en la estantería, y con las piernas bien abiertas también se las até a las patas de la estantería, “ahora zorra vas a esperar a que prepare a Sara, no quiero oírte decir nada, ni tan siquiera quiero que hoy me pidas permiso para correrte, si te apetece, te corres, y una vez hayas acabado me das las gracias por haberte dejado hacerlo”

    Salí nuevamente a la tienda a por Sara, le ordene desnudarse, le tape los ojos y le dije antes de entrar “Hoy vas a ser mi perra, no quiero oírte decir absolutamente nada, te quiero en absoluto silencio, cada vez que notes algo en tu cara quiero que lo chupes, lo lamas o lo que sea, pero quiero ver tu lengua moviéndose siempre, no podrás correrte de no ser que me haya corrido yo y Laura antes, sabrás perfectamente cuando será ese momento, ahora cuando entres te pondrás a 4 patas, como una perra, que es lo que eres hoy para mi” Sara al oír todo lo que le estaba diciendo se estaba acojonando, estaba muerta de miedo.

    No sabía que le esperaba, y eso le daba pánico, pero entre tembleques obedeció, le puse una cinturón al cuello, como si fuera un collar, y a 4 patas, con los ojos tapados, le tiraba para que me siguiera, cuando llegue enfrente de Laura, me pare, empecé a acariciarle sus glúteos, le metí la mano por la raja del culo, empecé a tocar sus labios, acariciar su bello, Sara empezaba a suspirar, Laura estaba expectativa intentando averiguar que le hacía a su compañera sin lograrlo adivinar, mientras seguía jugando con Sara, le metí una de las velas por el coño, aumentando de inmediato su respiración ya agitada, la acerque más a la entrepierna de Laura.

    Al notar ella la presencia y las piernas de su compañera enfrente suyo levantó la cabeza y estiró la lengua buscando el coño de esta, Sara había empezado a comerle el coño a Laura, esta estaba disfrutando del placer que le estaba proporcionando su compañera, yo empecé un mete y saca con la vela, e intencionadamente le estaba lubricando a su vez el agujero trasero, cuando vi que este ya cedía a la presión de mi dedo, empecé un mete saca mixto, una por el coño y otra por el culo.

    Sara estaba como loca, no daba abasto a comerse el coño de Laura, estaba desatada, Laura había ya entrado en un punto sin retorno y empezó a correrse en la boca de Sara, y esta seguía chupando todo lo que podía, Laura me dio las gracias por haberla dejado correr, al darme las gracias Laura deje de follarle el culo y el coño de Sara con la velas.

    Destape los ojos de Laura, dejándole ver la situación de Sara arrodillada a sus pies, y la desate, destape también los ojos de Sara, y le mande ponerse de pie donde había estado antes atada Laura, me desnude, mande poner a Laura de rodillas y a 4 patas, me coloque detrás de ella, y empecé a follarla mientras le daba azotes en sus glúteos, Sara en ese momento tenía los ojos abiertos como platos mirándonos, a lo que le pregunte “¿te gusta lo que ves? ¿Tienes ganas de correrte Sara, te gustaría poderte correr?”.

    Sara con su cabeza me indicó que así era, por lo que le mande acercarse a la cara de Laura para que esta pudiera empezar a comerle su coño, y también le dije que podía ayudarse ella misma, con lo que cogió con sus manos la cara de Laura no dejando que ésta se separara de su coño, la escena en ese momento era encantadora, excitante y animal, y los 3 estábamos comportándonos como tal, los tres gimiendo como animales sudorosos, empecé a correrme dentro de Laura, esta al sentir como inundaba con mi semen su coño empezó a tensarse y a correrse, cuando lo hacía sentía como aprisionaba mi miembro con fuerza con sus músculos vaginales.

    Le dije a Sara “déjate ir puta, déjate ir que ya te toca a ti y te lo has ganado” Sara soltó unos espasmos brutales, agarrando aún más si cabe la cabeza de Laura, metiéndola en su coño, y soltándole todo su flujo en la cara, había sido una sesión bestial, genial, animal.

    Continuará.

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