Blog

  • Repito con mi hermana

    Repito con mi hermana

    Ya les conté como comenzó mi vida sexual junto con la de mi hermana, ahora les contaré como es que volvimos a hacerlo.

    Después de esa primera vez, la relación con mi hermana cambio drásticamente, dejo de entrar a mi habitación los fines de semana, e incluso se volvió mas distante conmigo. Pasó mes y medio con esta actitud diferente a lo cual yo no hice nada por cambiarlo pues podía entender como se sentía ella después de lo sucedido, yo también entendía que lo que paso no era normal pero no podía dejar de sentir la satisfacción que me produjo hacerlo.

    Una mañana de lunes que no teníamos clases en la universidad por ser día festivo me desperté temprano por la costumbre de la rutina escolar, me dirigí al baño y me llevé una gran sorpresa cuando al abrir la puerta mi hermana estaba solo con ropa interior lavándose los dientes. Ella asustada me dijo que porque estaba despierto tan temprano si no teníamos clases, a lo que solo respondí que por la costumbre. En ese momento al verla vestida solo con un bra y un cachetero a conjunto en color azul, no pude evitar recordar nuestra primera vez y me entro el deseo de hacerla mía una vez más, pero ¿cómo lograrlo?

    En ese momento recordé que yo le había prestado un libro desde hace como 3 o 4 meses y le pedí si podía devolvérmelo pues se lo prestaría a un amigo, esto solo era un pretexto para ver si con suerte me decía que fuéramos a su habitación, cosas que funcionó. Me dijo que lo tenia en su cuarto y que fuéramos para que me lo diera, entramos y ella se agacho parando la cola para buscar el libro en un cajón, al verla así le dije: Frida, que ricas se te ven las nalgas en esa posición. Pensé que se enojaría pero ella solo me dijo, ¿en serio se ven ricas?, mientras me entregaba el libro y hacia una caricia en mi brazo.

    En ese momento no lo pensé, la tome por la cintura, la acerque a mí y comencé a besarla, al principio ella no quería, pero poco a poco fue cediendo hasta que en un momento introdujo su lengua en mi boca y supe que no había marcha atrás. Le quite el bra mientras mordía suavemente sus hombros y apretaba sus caderas pegándola más a mí, ella comenzó a suspirar y soltar pequeños gemidos que me invitaban a seguir besando su cuerpo.

    La recosté en su cama y poco a poco fui bajando mientras besaba su abdomen hasta llegar a su pubis, me separé de ella para poder quitarle el cachetero y entonces vi la mancha de humedad, mi hermana tenía las mismas o incluso más ganas que yo y eso lo iba a aprovechar.

    Le quité la última prenda que tenía y entonces sin ningún tipo de experiencia comencé a hacerle un oral a mi hermana, en cuanto mis labios tocaron su vagina, ella me tomo por la cabeza y comenzó a guiarme por donde debía de lamer, chupar o morder. Estuve así por un rato y entonces ella empezó a tener unos espasmos que indicaban que su orgasmo estaba llegando, en ese momento ella tomó una almohada para cubrir su rostro y solo un gemido fuerte mientras un chorro de agua llenaba mi boca una y otra vez.

    Me levante para acomodarme entre sus piernas y proceder a penetrarla, pero ella me detuvo, se levantó me acostó a mí y tomando mi pene entre sus manos se la llevo a la boca para darme una mamada, que sin ser la mejor que he recibido, siempre que pienso en eso se me pone dura al saber que la primera vez que mi hermana hizo eso fue conmigo. Me la estuvo mamando hasta que yo le dije que no faltaba mucho para que mis padres se levantaran para ir a trabajar, entonces ella se acomodó en 4 sobre la cama y me dijo: Entonces ya cógeme porque necesito tu verga adentro y no quiero esperar más.

    Comencé a clavarla en esa posición cuidando de no hacer demasiado ruido pues mis padres podrían escuchar algo y no queríamos que nos descubrieran. Estuve penetrándola y haciéndola gemir hasta que yo sentí que me iba a venir por lo que le avise que me saldría pues no teníamos protección, ella se separó de mí, se dio la vuelta y comenzó a mamármela hasta que me vine en su boca, fueron 4 o 5 chorros potentes que ella recibió, tratando de tragar la mayoría cosa que no pudo hacer y un poco de mi leche chorreo por la comisura de sus labios cayendo sobre sus pechos.

    En ese momento me pidió que me fuera a mi habitación y que una vez que mis padres se fueran hablaríamos de lo sucedido, yo me fui a mi cuarto y me volví a dormir. Como a las 9 de la mañana desperté y baje a la cocina para desayunar, mi hermana estaba terminando su desayuno y me pidió sentarme para hablar de lo que paso. Comenzamos a hablar de porque se había repetido, no les contare eso porque es demasiado aburrido, solo les diré que a lo mucho hablamos unos 2 o 3 minutos porque al acercarnos comenzamos a besarnos y terminamos haciéndolo en mesa de la cocina.

    Hasta el día de hoy y a pesar de tener nuestras parejas, mi hermana y yo seguimos teniendo sexo de vez en cuando, aunque algo llegaría a animar nuestras sesiones incestuosas, solo que eso se los cuento después.

    Loading

  • Como apagué el incendio de mi cuerpo

    Como apagué el incendio de mi cuerpo

    Ese calor profundo y sofocante se había apoderado de la atmósfera de mi habitación. La ventana estaba abierta pero el aire parecía haberse perdido en algún lugar de la galaxia. Mi cuerpo, delgado, pero de buenas formas estaba empapado de transpiración. En ese momento, me decidí por fin a preparar un baño para intentar refrescarme un poco.

    Llegaba al baño y luego de llenar la bañera de agua fría, me detenía a observarme detenidamente en el espejo como hacía mucho no lo hacía. Sonreía, gesticulaba, me ponía seria, sacaba la lengua, guiñaba un ojo, tiraba besos al aire como una diva de Hollywood. Me sentía esplendida y a pesar del calor, de buen humor.

    El agua fluía y yo liberaba mis ropas. El narciso que tenemos muchas mujeres empezaba a brotar como nunca. Así, mi excitación empezaba a manifestarse. Mis tetas se veían más lindas que de costumbre, y aquellas caderas seguían tan sensuales y super femeninas como me lo había dicho él alguna vez y hace tiempo. Volví a sonreír y masajeé mis pechos suavemente en forma circular y apretando mis pezones sensibles.

    No tardé en meter mi cuerpo ardiente en el frío polar del agua del baño aderezado con unas espectaculares salas. La electricidad se apoderaba de mi cuerpo. Calor y frio; combinación brusca y explosiva para algunos, pero no para mí que continuaba con el cuerpo en llamas. Distintas imágenes comenzaban a deambular por mis crecientes impulsos sexuales.

    La forma en la que me abrazaba él, la manera que me acariciaba ella, tan acobardadamente salvaje y sensual. Recordaba el cuerpo de él introduciéndose lento y veloz al mismo tiempo, con su sexo duro y candente. También las tetas grandes de la chica que las refriega en mi entrepierna como una experta madura.

    El agua fría empezaba a hervir de a poco, culpa quizás de mis labios vaginales que eran separados por mis manos. Eran mis dedos que jugaban desesperadamente buscando algún éxtasis perdido en alguna cama de hotel, mientras mi imaginación participaba de una polla chupada con la delicadeza que el solo sabe disfrutar.

    Mis ojos se cerraban y el labio inferior era mordido por mis dientes señalando el placer que me estaba proporcionando con las manos. La calenturienta mente seguía disparando imágenes sin cesar. Ahora, el chico me tenía con las piernas abiertas y me penetraba sin compasión, la chica me asfixiaba con su sexo chorreante de jugos en mi boca sedienta.

    Mi respiración se agitaba y el placer me sacudía en forma progresiva. No era suficiente con mis dedos juguetones por lo que me introduje en mi vagina el envase de un desodorante a bolilla. Soñaba que ellos me follaban hasta a punto de desmayarme. Entraba y salía con facilidad. Gozaba, gemía, gritaba. Agitaba mi falo entre la humedad de mi sexo. El calor consumía el frio y mi sexo estaba por descargar todo mi éxtasis y lujuria. Se contraían mis músculos, mis piernas se cerraban un poco como esperando el esperado final.

    Chupaba mi instrumento y me encantaba el sabor de mi sexo. Lo pegue al clítoris como si fuera una verga erecta, moviéndola en círculos y rallando todas la paredes de mi vagina. Cerraba los ojos. Suave y fuerte, rápido. Estaba por acabar lo que no imaginaba minutos antes, una desenfrenada carrera de imaginación que estaba llevando al orgasmo. Mas rápido, entrando y saliendo. Y allí el grito primitivo y aullante, el gemido que acababa con el silencio del baño.

    Loading

  • Una joven accidentada y un hombre maduro (1 de 3)

    Una joven accidentada y un hombre maduro (1 de 3)

    No había empezado bien el día. Como uno de tantos, la mañana había comenzado con un nuevo cruce de acusaciones entre mi esposa y yo. No podía decirse que las cosas estuvieran yendo bien los últimos meses. ¿Quizá los últimos años?

    Ni desayunar me apeteció en casa, porque estaba deseando salir de ella y poder pensar que había otra vida. Tras 18 años de matrimonio, las cosas no iban ni bien ni mal; sencillamente, pareciera que no iban. Los años de Universidad y de risas, de fiestas, de copas… habían dado paso a otros años donde las fiestas no eran menos divertidas, aunque sí algo menos alocadas. El sexo, por contra, había seguido siendo el mismo. Habíamos evolucionado poco en nuestra técnica, en nuestras fantasías, que jamás se habían visto cumplidas… o por atrevidas, según opinaba ella, o por inexistentes, según intuía yo.

    El coche avanzaba lento y mortecino por las calles de la bulliciosa ciudad. Todos parecían tener prisa por llegar a su destino. Todos parecían que tenían claro el objetivo de su día, el objetivo de su vida. Esa maldita sensación de que la vida se escapaba sin saborearla al máximo estaba siendo un sabor demasiado continuado en mi paladar cada mañana.

    Pasar cerca de la Universidad cada mañana era un soplo de aire fresco. A mis 42 años, no me podía considerar ya un viejo verde, pero la sensación de avanzar entre jóvenes me devolvía por unos minutos a mi vida de juventud, a esa vida donde uno piensa que la vida es un libro donde uno tiene la posibilidad de escribir cada página a su antojo. Y a veces, o uno se queda sin tinta en el bolígrafo y otras… otras, sencillamente, deja pasar hojas sin rellenar, a sabiendas que luego, uno puede lamentarse.

    Entre esas hojas en blanco, sin duda, estaba la infidelidad a mi esposa que jamás había cometido y siempre había sido una de las páginas que más me hubiera gustado escribir. Avanzar entre jóvenes de 20 años no era el mejor sitio para olvidar ese sueño. A pesar de ello, siempre guardaba especial cuidado en circular lo más despacio posible para no tener problemas con las cada vez más numerosas bicicletas que el Campus atraía. ¡¡Qué distintos los tiempos!!

    De acuerdo, el hecho de ir despacio también me permitía poder examinar de manera más que detenida los cuerpos de las chicas que acudían puntuales a su cita con la sabiduría.

    Gracias a mi prudencia, he podido evitar más de un accidente. La chica que avanzaba a mi lado por el carril bici era del tipo que es imposible no mirar. Una falda corta, camiseta blanca ajustada y esa prenda objeto de culto: una cazadora vaquera. Pañuelo al cuello y un bolso enorme eran los complementos perfectos para ser la chica fashion que tendría que rivalizar con cientos de competidoras en cuanto a ropa, complementos y peinado. Qué diferente la Universidad hoy en día de la que yo recordaba y cuánto enviaba a los chicos de ahora.

    Fue rápido y casi como esas pruebas de los concursos donde se encadenan golpes, bolas que caen, palancas que accionan motores que mueven poleas que suben cubos que bajan pelotas que mueven objetos. Un grupo de jóvenes hablaban animadamente en una esquina, junto a un semáforo, cuando pasaba la chica a la que venía observando desde hacía unos minutos. Una gorra que salía volando, impactaba en la cara de otra chica, que sin poder evitarlo y como un acto reflejo dio un paso atrás mientras empujaba a otra chica que estaba justo detrás de ella.

    Esta retrocedió de manera involuntaria quedando su pie en el aire, al terminar la acera bajo su cuerpo y precipitarse justo hacia atrás sobre el carril bici, metiendo el zapato entre los radios de la rueda delantera y empujando a la chica de la bicicleta. En ese momento yo estaba justo a la altura de ella, y pude ver cómo intentaba sujetarla o frenarla con una de sus manos, mientras el movimiento hizo que su bolso resbalara de su hombro y las asas se deslizaran a lo largo de su brazo, cayendo hasta el manillar.

    Anticipando lo que iba a ser una caída casi segura, aflojé hasta notar el sonido de la bicicleta deslizándose por el lateral izquierdo de mi coche a lo largo de la puerta del acompañante y cómo la chica iba perdiendo el equilibrio hasta que acabó semitumbada sobre el capó delantero del coche.

    Balance: la rueda delantera con algunos radios rotos, una pequeña herida en la pierna producto seguramente del roce de su piel contra alguno de los radios que quedaron sueltos y la falda un poco perjudicada. Y naturalmente, unos preciosos arañazos en el lateral de mi coche.

    En un instante, la chica estaba rodeada de esos jóvenes que habían provocado su accidente, la bicicleta había quedado en el suelo y yo, mirando el panorama. Pero lo peor, era que me sentía el padre de todos esos muchachos. Con mi traje y mi corbata, contrastaba con el aire desenfadado del resto. La chica se disculpaba ante mí, pidiendo perdón por cómo había quedado la puerta de mi coche, por el susto que me había dado y sobre todo, sin poder asumir como culpa suya y diciendo que había sido empujada por ese grupo, ante cuyas palabras, y constatando que la chica estaba bien, habían comenzado a dispersarse con la consabida consigna de… tonto el último.

    Allí quedamos la chica, su bicicleta y yo.

    Y lógicamente, salió el caballero rescatador que todos llevamos dentro.

    —¿Estas bien? —le pregunté.

    —Siento mucho no haber podido evitar que tu coche sufriera el roce de la bicicleta. Imagino que algo debo hacer al respecto, aunque mi bici no tiene seguro —decía mientras sonreía y miraba su reloj.

    —¿Vas tarde? —le respondí— Creo que en el estado que ha quedado la bicicleta no puedes usarla, así que deberíamos buscar algún sitio donde repararla.

    —Digamos que ya no llego a la única clase que tenía hoy —Mientras decía eso, sacaba un kleenex de su bolso para limpiar unas pequeñas gotas de sangre de su pierna.

    —Y encima estás herida —me agaché y pude ver de cerca esa pierna que se ofrecía realmente suave y firme al tacto— Espera que en el coche tengo un pequeño kit de primeros auxilios.

    —No te molestes —dijo ella, usando esa forma tan natural que les sale a los jóvenes ahora de tutear a cualquier persona, por muy mayor que sea, y yo me sentía realmente mayor al lado de una preciosidad como esa —no creo que me haga falta el boca a boca ni la reanimación cardiorrespiratoria.

    Antes de que pudiera darle tiempo a reaccionar, tenía un algodón empapado con agua oxigenada y me estaba agachando junto a su pierna. Ella tomó el algodón y me lo arrebató de las manos mientras sonreía:

    —Deja, que no me parece bonito que encima de haberte arañado el coche, retrasado en tu camino al trabajo, supongo, estés ahí, agachado delante de mí curándome… además, que no es tan grave.

    —Yo diría que lo que no te parece bonito es que un viejo como yo pretenda tocarte la pierna con la excusa del arañazo, que es lo que realmente pretendía —le dije mientras le sonreía.

    —Yo aún no he visto a ningún viejo por aquí, francamente. Y te digo más, a un hombre como tú, no le hacen falta excusas para tocar una pierna… ni otras cosas

    En ese momento, reparé que me estaba mirando de arriba a abajo, mientras pasaba el algodón por su muslo. Lo hacía sin prisa. Queriendo que notara que me miraba, y que no era una mirada superficial, sino profunda. Dejé de imaginar cosas… porque a esas alturas, ya estaba empezando a imaginarme otras cosas que no serían confesables jamás, salvo al sacerdote de mi colegio, claro está, pero porque siempre se empeñaba en sacarnos los malos pensamientos con alguna “amiguita”.

    —Mira, si te parece, y como no creo que a estas horas podamos dejar tu bicicleta en algún taller para repararla, podemos esperar a que abran desayunando, ¿te parece? Yo no he tomado nada aún, y ya que se me ha pasado el susto de haberte podido atropellar, me está entrando hambre.

    —Pero… ¿y la bici?

    —Pues prometo devolvértela. En cuanto abran, la llevamos al taller que la reparen —dije sonriendo mientras abría el amplio portón trasero de mi coche. Eché los asientos hacia delante, plegándolos, dejando sitio para que la bici pudiera entrar sin problemas.— Vamos, siéntate y ponte cómoda, que te invitaré al desayuno completo.

    —¿Completo? —dijo ella sonriéndome maliciosamente.

    —Parece que aquí las tornas están cambiadas —dije yo mirándola fijamente a los ojos y sonriendo de la manera que recordaba años atrás, era garantía de éxito entre las chicas— Sería yo quien tendría que estar insinuando toda suerte de dobles sentidos con una chica tan guapa y tan sexy como tú, y no al revés. Dije completo, porque hay que empezar el día con energía, con fruta, con tostadas, con cereales y con leche…..

    Mientras decía esto, ya había arrancado el coche y nos encaminábamos a una zona donde pudiera aparcar el coche junto a la cafetería, y eso sólo es posible en esos sitios donde sacamos lo peor de nosotros mismos: un polígono industrial.

    —Si no te importa, prefiero empezar por lo último, por la leche…

    Y diciendo esto, su mano se dirigió a mi cinturón, que abrió de manera lenta y sugerente, mientras alternaba su mirada a mis ojos con otras miradas a lo que iba apareciendo a cada gesto que sus manos hacían. Desabotonó mi pantalón… y bajó suavemente la cremallera, dejando a su vista unos slips Calvin Klein negros, pero que dejaban ver la erección que me estaba provocando lo directa que era aquella chica.

    —Pero…

    —Shhh… conduce, que cuando menos te lo esperas, se puede producir un accidente. Te lo digo por propia experiencia —dijo mientras sacaba mi polla del slip sujetándolo por la base con su mano, dejándolo totalmente inhiesto.

    Continuará.

    Loading

  • Sigo metiéndole los cuernos a mi marido

    Sigo metiéndole los cuernos a mi marido

    Les cuento que después de volver de Brasil y contarle a mi marido lo que hice allí, como si fuera una fantasía, tuvimos una serie de noches llenas de pasión. Por supuesto, tuve que simular algunas cosas, por ejemplo, mi colita que ahora se dilata más que antes de irme a Brasil, pero eso lo solucioné apretando el esfínter mientras él me apoya la puntita y hasta que me penetra finalmente, pero ahora ya no es necesario simularlo más.

    Cuando ya se terminó la excitación por mi supuesta “fantasía” de mi viaje a Brasil, así que me vi en la obligación de meterle los cuernos nuevamente a mi marido para tener más temas para nuestras noches de cama. Como no quería caer en la fácil de encamarme con mi jefe, que además no me gusta para nada, no sabía qué hacer y por donde encarar.

    La segunda quincena de diciembre vino a Buenos Aires, desde Córdoba, un viejo novio de mi hermana menor, que se acercó a la casa de mi vieja a saludar. Mi hermana no lo fue a ver porque su marido es muy celoso, así que cuando me dijo mi madre que estaba él en su casa, lo fui a buscar para que venga a tomar un café a mi casa. Yo volvía del gym bastante sudada, con mis calzas negras y azules bien ajustadas y una remera blanca con sudor entre mis pechos y en la espalda.

    Cuando lo vi en la casa de mi vieja, me dije que ya tenía tema para otro “cuento” para mi marido.

    Ya en mi casa, tiré el bolso encima del sillón, puse algo de música, y le dije a Horacio que le iba a preparar un café en la cocina. Sabía que él estaba mirando mi remera y, especialmente, la calza que me marcaba bien la cola. Café de por medio charlamos de cosas pasadas; él me dijo que nos extrañaba a mi hermana y a mí, ya que entonces hubo buena onda entre nosotros. Yo le tomé la mano y le dije que sentía lo mismo.

    Tomando un poco de coraje para mentirle sin que se me notara, le dije, a tono de confesión, que si no se hubiera enganchado en su momento con mi hermana, me lo habría agarrado para mí, a pesar que él es seis años menor que yo. Pareció un poco asombrado de lo que le oyó pero reaccionó enseguida, ya que puso su otra mano encima de la mía y me confesó que en su momento se había ratoneado conmigo..

    Le pregunté si le molestaba que me fuera a duchar mientras me esperaba un rato. Claro que dijo que no. Al rato le pedí que me alcanzase la salida de baño que tenía colgada en mi dormitorio. Entró al baño y me encontró tapada sólo con un toallón alrededor de mis pechos y un poquito por debajo de mi cola.

    -“Ayudame a salir” –le pedí. Me dio du mano y salí de la bañera. Me puse la bata y dejé que el toallón cayera a mis pies.

    Volví a preguntarle si le molestaba que me vistiera mientras charlábamos, porque tenía una fiesta esa noche. Nuevamente la respuesta fue un no rotundo. Fuimos al dormitorio y abrí el cajón donde guardo la ropa interior. Le mostré un par de conjuntos y le pregunté cuál pensaba que me iría mejor.

    Me contestó que mejor me los probara y el decidiría: el primero fue una bikini de lycra azul y corpiño… me dijo que me probara el segundo. Ya decidida a encamármelo de una buena vez, me saqué el corpiño delante de él y luego el calzón. Me puse la tanga del otro conjunto y Horacio se me acercó, me abrazó y me dijo al oído: “quedate así… estás mejor”. Le quité la camisa.

    -“Vení”, dije y me lo llevé a la cama, yo me acosté de frente a él. Horacio se quedó de pie quitándose el jean; se acostó junto a mí, me abrazó y me besó.

    -“Siempre me calentaste”, me dijo. Me acariciaba una teta y la otra mano en mi pubis. Continuamos calentándonos mutuamente. Pronto nos quedamos desnudo y él encima de mí.

    Subió mis piernas por encima de sus hombros y comenzó a frotar su pene por mis labios vaginales… con eso me excitó como nunca. Quería que me penetrase, pero no encontré los preservativos… yo ni loca me dejo coger sin condones, así que le dije que le chuparía hasta hacerlo acabar.

    Horacio se subió encima de mi pecho y se apoyó en el respaldar de la cama. Su pene quedó a la altura de mi boca… Entendí lo que deseaba y lo metí en mi boca, pero enseguida yo dejé de chupársela ya que él comenzó a moverse como cogiendo mi boca… yo lo dejé que se moviera a gusto, cogiendo mi boca, sentía su presemen salado en mi lengua… cuando estuvo a punto de eyacular, salió y me derramó su leche en mi cara y cuello.

    Al rato, él ya estaba satisfecho, pero yo aún estaba caliente, le pedí que me masturbara. Con la ayuda de sus dedos y su lengua me hizo terminar de maravillas, no como loca, pero no me puedo quejar.

    A la noche, mientras cenábamos, le pregunté a mi marido. “¿a qué no sabés quién vino a visitarnos hoy?”.

    Loading

  • Una nueva sargento viene destinada a mi compañía: Mi hermana

    Una nueva sargento viene destinada a mi compañía: Mi hermana

    Decididamente, el mundo es un pañuelo.

    Me llamo Luis Varona, capitán de una compañía de una bandera de paracaidistas. Creo ser un buen oficial, conozco a mis hombres, debería decir a mis hombres y mujeres. Aunque meto bastante caña no soy un jefe odiado. Me respetan, nunca pido nada que no haga yo primero.

    Estaba un día, hace pocos meses, repasando la ficha de un nuevo sargento que iba a venir destinado a mi compañía. Primera sorpresa, era una tía. Al fijarme en su nombre me dio un vuelco el corazón. Susana Varona ¡Coño, mi hermana! ¡Hay que joderse, mi hermana pequeña venía destinada a mi compañía! Comprobé sus notas, experiencia, aptitudes, etc. Había realizado las prácticas en otra unidad, no sé porqué no la habrían destinado allí en vez de mandarla conmigo.

    Mis padres se habían divorciado hacía muchos años, cuando yo tendría unos 15 y Susana unos 6. Mi madre se enrolló con otro tío, se montó un follón tremendo y se separaron. A pesar de que la tutela se la dieron a ella, yo me fui a vivir con mi padre, el pobre no tenía culpa de nada. Vaya zorrón estaba hecha mi progenitora. Mi hermana pequeña se quedó con ella. Para no estar cerca, nos fuimos a vivir a otro sitio, quedándose ellas, encima, con la casa, la pasta… en fin, con todo.

    Ya instalados en otra ciudad, mi padre y yo llevamos una vida muy agradable, haciéndonos grandes amigos. A mi madre no la volví a ver, ni ganas que tenía, a mi hermana tampoco, aunque me hubiera gustado. Siempre le eché en cara que se hubiera quedado con ella, con lo golfa que era, en vez de venir con nosotros.

    -¿Da su permiso mi capitán?

    Allí estaba, en la puerta, su cara no me sonaba de nada, pero me quedé anonadado de lo guapa que era. ¡Y que tipazo! Si yo tenía 29 años, ella andaría por los 20, no la había visto hacía 14, normal que no la reconociera.

    -Pase -Contesté, dejando a un lado mis pensamientos

    -Se presenta la sargento Varona que ha sido destinada a esta compañía, mi capitán.

    ¿Y ahora, yo qué hacía? Tanto si la recibía bien como si no, el mal ya estaba hecho. No sé si me hacía ilusión verla. ¡Joder, joder, joder! Con cara hierática contesté…

    -Bien Varona, descanse. Bienvenida a esta compañía. La voy a destinar, en principio, a una sección de fusileros, la 1ª, con el teniente Martín. Si prefiere otro destino, dígamelo. Aquí nos preciamos de ser la mejor compañía de toda la bandera, el trabajo es duro, tanto los oficiales como suboficiales son siempre los primeros delante de la tropa ¿Alguna pregunta?

    -No mi capitán.

    -Bien, retírese -La despedí

    -Con su permiso mi capitán, quería comunicarle que soy su hermana. Soy tu hermana Susana, Luis. Prefiero decírtelo yo antes de que te enteres por otro sitio.

    ¿Esta tía era boba? A lo mejor pensaba que no me iba a dar cuenta. Yo seguí tratándola “de usted”, como al resto, que supiera que no iba a tener ningún privilegio.

    -Como usted comprenderá Varona, ya me había percatado de ese detalle. ¿O me considera usted idiota?

    -¡No mi capitán! -Contestó con énfasis.

    -¿Entonces? -La estaba acorralando

    -Es que como no nos hemos visto desde hace muchos años, a lo mejor no me recordaba, mi capitán.

    -Mire Varona, no sé si me está tomando por imbécil o algo parecido. Lo que quiero que quede claro es que no va a tener ninguna diferencia de trato con respecto a sus compañeros, es más, va tener que demostrar el doble que ellos. Ya me he encargado de eso con sus superiores. Y si me entero que anda por ahí diciendo que es la hermana del capitán para obtener algún beneficio o escaquearse, la empapelo ¿Ha quedado claro?

    Se puso muy colorada y no acertaba ni a contestar. Supongo que había imaginado algún recibimiento mejor por mi parte. Pero yo ya estaba muy curtido y los años pasados eran muchos. No me caracterizaba precisamente por mi blandura. En la Brigada no hay nadie blando, somos fuerzas de intervención rápida y hay que estar siempre al límite.

    -¿Tiene algún problema, Varona? -Volví a insistir

    -¡No mi capitán! ¡A la orden de usted, mi capitán! ¿Ordena alguna cosa para mí? -Me contestó en posición de firmes y mirando al techo (o, como se decía vulgarmente, a los huevos de San Pedro)

    -Retírese.

    Bien, ¿y ahora qué? Vaya coña marinera. Hiciera lo que hiciese siempre iba a estar en el candelero, ella también. Debería hablar con el Tcol jefe de la bandera para ver si la podían trasladar a otra compañía, mejor a otra bandera y en otro acuartelamiento.

    Pasaban los días y las semanas. Susana se portaba bien, con una entrega admirable, intentando siempre superarse tanto en la instrucción de orden cerrado como de orden de combate… Me sentía orgulloso de ella, estaba muy pendiente para que el teniente y resto de suboficiales de su sección no le dieran un trato de favor. Lo que era imposible evitar es que la miraran de forma diferente que al resto

    Fijándome en ella me daba cuenta de que era muy mona, causaba sensación en la compañía, diría que en toda la bandera. A pesar de que el traje de faena no le suele sentar bien a casi ninguna chica, ella lo lucía como un maniquí. Hubiera servido para los carteles publicitarios de los banderines de enganche. ¡Coño! ¡Estaba buenísima! Me ponía, reconozco que me ponía, me daba un morbazo especial.

    Sin embargo, yo era el jefe, no podía demostrar ni atracción ni rechazo. Había una cosa que me comía la cabeza ¿cómo había podido hacerse militar? Ya me enteraría…

    Yo estaba soltero y tenía un pisito cerca del cuartel, mi vida la realizaba en el pueblo, solía salir a tomarme algunas copas por ahí, con compañeros oficiales de otras compañías.

    Un día, tomándonos unas cañas después del trabajo, entró al bar en el que estábamos un grupo de sargentos de mi compañía. Entre ellos venía mi hermana. Vestida de civil estaba para comérsela, unos vaqueros ajustados, el pelo suelto, camiseta sin mangas pegada a sus pechos. ¡Coño, qué tetas tan bien puestas!

    En cuanto nos vieron se pusieron serios.

    -A la orden mi capitán. -Dijeron a coro

    -Sigan, sigan -Contesté. Y seguimos a lo nuestro. Viendo que se sentían un poco incómodos decidimos irnos para no aguarles la tarde. Íbamos a salir cuando mi hermana dijo que nos invitaban a otra cerveza.

    -Tómense otra caña mi capitán. Invitamos nosotros.

    Serían cinco o seis, todos chicos menos ella, estaba claro que habían bebido algo, sino no se hubieran atrevido a invitarnos, aunque la mitad miraban horrorizados a Susana. No pude menos que sonreír. Estaba con tres tenientes de mi compañía y conocíamos a todos, estábamos de buen humor. Decidimos aceptar el ofrecimiento. Nos sentamos con ellos en unas mesas y pedimos unas jarras de cerveza para todos, iniciando la típica conversación entre soldados…

    -Bueno ¿qué tal lo lleva, Varona? ¿es como imaginaba? -Preguntó el tte Martín, uno de mis acompañantes. -Bien mi teniente. Es muy duro, pero de momento lo voy aguantando. Eso sí, cuando llego a la cama, por la noche, caigo rendida.

    -¿Y le han hecho alguna novatada?

    Aquí contestó demasiado rápido y supuse que mentía. Claro que no es lo mismo un suboficial que la tropa.

    -No mi capitán, nada de novatadas.

    Las novatadas estaban prohibidas desde hacía varios años, los castigos eran muy fuertes, prisión militar como poco. Sin embargo, siempre les hacían algo a los reclutas, era inevitable. Lo que se había conseguido es que no sufrieran un trato vejatorio como sucedía antiguamente. Todavía recordaba lo del “plátano Baloo” o los partidos de fútbol en los que la pelota era una moneda y había que moverla con la polla.

    Seguimos charlando un rato con ellos de cosas del cuartel. Mi hermana me miraba continuamente, charlaba por los codos, era realmente extrovertida y simpática, pero me estaba poniendo nervioso. La situación no era natural, todos sabían nuestro parentesco. Al cabo de unos minutos me levanté aduciendo que me tenía que ir. Se pusieron todos en pie y me despidieron, todo de forma muy reglamentaria.

    Me fui a casa, me sentía un tanto confuso. He de reconocer que Susana me gustaba, el hecho de ser hermanos no me influía pues prácticamente no la conocía. Sin embargo, era una verdad categórica que no podía, ni quería, evadir. También estaba el tema de que yo era un oficial y ella un sargento en prácticas.

    En el momento de abrir la puerta del portal una voz me llamó por detrás.

    -Mi capitán, mi capitán.

    Al volverme la vi, venía corriendo hacia mí. La esperé con la mano en el pomo de la puerta.

    -Mi capitán, me gustaría hablar con usted. -Me dijo al llegar hasta mí.

    -Pida “conducto reglamentario” Varona. Ya sabe como funciona. -Le contesté

    -No mi capitán, me gustaría hablar con usted en privado y, si me lo permite, de temas más personales. No creo que debiera pedir “conducto reglamentario” para eso.

    Aunque no era muy ético y debería haber rechazado, o irnos a otro sitio, le dije que pasara. Pensé que al ser mi hermana nadie se extrañaría. Entramos al cuarto de estar y nos sentamos en el sofá. Previamente había traído una botella de güisqui, hielo y unas latas de cola de la cocina. Se sirvió un pelotazo y yo otro.

    -Bien Varona, dígame de que cosas personales quiere hablar.

    -Mira Luis, en el cuartel o en la calle, eres mi capitán, pero en privado creo que tengo el derecho de tutearte como mi hermano ¿No? Una cosa es que no nos hayamos visto en 14 años y otra comportarnos como gilipollas.

    -Vale, vale. Pues ya que estamos, me muero de ganas por saber que coño haces aquí. ¿Qué piensa tu madre de todo esto?

    -Pues no ha dicho nada. Desde que te fuiste ha sufrido muchísimo, nunca volviste y ella lo estaba deseando.

    -Mira Susana, tú eras muy pequeña y no te acuerdas, pero mamá le puso a tu padre unos cuernos de escándalo. Se tenía que agachar para pasar por las puertas. Eso tampoco lo olvido.

    -Pues ella ha estado siguiendo siempre tu carrera, preocupada por ti. Cuando yo le dije que iba a la academia de Talarn no puso ninguna pega, todo lo contrario. Después de estos tres años, lo único que me ha pedido es que intentara reunirme contigo. He sudado mares para que me destinaran a tu compañía, menos mal que era de las primeras de mi promoción y aun así no ha sido nada fácil. Está arrepentida Luis, quiere verte…

    -¡Je! ¡Lo que me faltaba por oír! 14 años Susana, 14 años, se dice pronto.

    Pero dejemos el tema, cuéntame de ti. ¿Cómo se te ha ocurrido meterte en el ejército?

    -Pues sabiendo que tú eras capitán me fue entrando el gusanillo. Así que nada, me presenté a las pruebas de ingreso a la academia de suboficiales, aprobé y aquí estoy.

    -¿Así, sin más? ¿Y quién te dijo que era capitán? -Me tenía cada vez más asombrado

    -Papá, quién iba a ser. Hablamos de vez en cuando ¿Sabes?

    No tenía ni idea de que mi padre hablara con mi hermana, nunca me había dicho nada. Tomándome la copa, me serví otra. Disimuladamente miraba el cuerpazo de mi hermana. ¡Qué desperdicio! Podría haber sido modelo, o actriz, o cualquier cosa que se hubiera propuesto donde lucir ese palmito. Solo viéndola se le ponía a uno el rabo tieso.

    Control, control, control. Que era mi hermana y una subordinada… ¡Jesús, que tía más cojonuda! Estaba para echarle, no uno, veinte polvos seguidos. ¿Cómo puede haber tías que estén tan buenas?

    Estando ella allí me estaba poniendo nervioso, muy nervioso. Después de charlar un poco sobre nuestras respectivas vidas, me puse en pie con ánimo de despedirme. No me hizo ni puto caso, es más, se autoinvitó a la cena.

    -Oye Luis, ¿Por qué no nos preparamos algo de cenar y así seguimos contándonos cosas? A ver que tienes por aquí…

    Se dirigió a la cocina y empezó a trastear en la nevera…

    -¡Uy, que bien! Tienes vino blanco fresquito. ¡Me encanta! Abre la botella, anda…

    Me pasó un sacacorchos y serví un par de copas. Mientras, ella había empezado a preparar una ensalada y unos filetes. A pesar de mi incomodidad, no podía negar que mi hermana me atraía muchísimo. Si no hubiera sido mi familia me hubiera lanzado a saco allí mismo.

    Después de cenar nos sentamos en el sofá del cuarto de estar. Terminamos la botella de vino y nos servimos unos licores. Empezábamos a estar más que achispados, también más relajados. Cada vez estaba más con una hermana y menos con una tía buena, sin embargo, seguía sintiendo cierta desazón, demasiadas confianzas para un solo día.

    Me levanté para acompañarla a la puerta…

    -Bueno Susana, mañana hay que madrugar y hay que ir preparando las maniobras de la semana que viene. Me ha encantado que te quedaras este rato. -Le dije mientras abría. Puse la mejilla, un poco cortado, para darnos un beso. No recordaba haber besado a mi hermana en la vida.

    Mi sorpresa fue mayúscula cuando, en vez de la mejilla me besó en los labios. Y casi me caigo de culo cuando, como quien no quiere la cosa, cerró la puerta con el pie.

    Estuve a punto de decir algo, de dar una orden, de cualquier cosa… Pero mi ardor guerrero se vino abajo a la misma velocidad que mi campeón se izaba en una erección imponente.

    Poco a poco, mientras me besaba, me fue llevando al sofá otra vez. Yo iba de espaldas y al llegar a él caí sentado. Desde arriba Susana me miró, tenía los ojos brillantes, la boca semiabierta… Quitándose la camiseta se echó sobre mí, sin haberme dado tiempo a reaccionar. No reaccionaba ni mentalmente, era la primera vez que una tía se me lanzaba de esa manera, solía ser yo el que hiciera estas cosas, no ellas.

    Me estaba soltando los botones de la camisa, acariciando el vello de mi pecho. Chupaba y mordía el cuello y las orejas, metiéndome la lengua en el oído. Me estaba llevando al cielo, apenas me atrevía a soltar el cierre del sujetador, pero ella si se atrevió con el cierre de mis pantalones.

    No pude más, de un brinco me incorporé tirando a mi hermana al suelo.

    -¡Susana! ¿¡Qué coño estás haciendo!? ¿¡Se puede saber que te pasa!?

    Puso cara de asombro, de no entender mi reacción. Estaba claro que no estaba acostumbrada a que la rechazaran, menos en un momento de máxima excitación.

    -¿Y a ti? ¿Qué pasa, que eres marica o qué? -Desde luego, no le había sentado nada bien que me rebelara. Se levantó para sentarse en el sillón.

    -Vamos a ver, me parece demasiado que me preguntes eso. Tú, que pasa… ¿que se te mete un tío entre ceja y ceja y ya, te lo follas sin importarte ni quién es ni nada? ¿Incluso si es tu hermano?

    -Precisamente. Porque eres mi hermano quiero follar contigo. Desde que te vi en tu despacho me quedé alucinada. Estabas para comerte, eras el capitán, eras mi hermano perdido. Vamos hijo, que no te faltaba nada. Y que conste que no me iría a la cama con cualquiera…

    -¡Pues quién lo diría! Además, siguen sin convencerme tus argumentos: Primero, si soy tu hermano, es un elemento en contra, no a favor. Segundo, ser tu capitán tampoco ayuda mucho, que digamos. Vamos, que hay muchos más contras que pros.

    -¡Qué poco entiendes a las mujeres! He soñado contigo desde que recuerdo. Papá me daba algunas fotos tuyas, me enamoré de esas fotos. Hay una de la entrega de despachos que estás… Ahí dije que tenía que verte, tenía que estar cerca de mi amor. Desde entonces he hecho lo imposible por llegar a estar contigo.

    -¡Joder! ¡Esta si que es buena! Mi hermana se enamora de unas fotos mías y no para hasta estar conmigo ¡Alucinante! ¿Nadie te dijo que yo era un fruto prohibido?

    -¡Hombre! Pero eso son convencionalismos sociales. ¿No te gusto? Yo creo que sí. Y si te gusto, no veo el problema… a no ser que seas un mojigato con todo ese tema de la moral…

    Viendo que yo también me sentaba, sin pensárselo dos veces, se volvió a lanzar, a comerme los labios, su lengua y sus dientes hacían maravillas dentro de mi boca, sus manos no paraban quietas aprovechando el momento de desconcierto en el que me hallaba sumido. Estaba claro que mi hermana me gustaba a rabiar, cualquiera daría su brazo derecho por echar un polvo con ella, pero era sangre de mi sangre, era su superior…

    Me estaba acariciando la polla entre el pantalón y el calzoncillo… ¡Cómo me estaba poniendo! ¡Al carajo la moral! Pensé mientras le sobaba una teta. ¡Qué suave! ¡Parecía de anuncio! ¡Lavado con Mimosín! ¡O lavado con Perlán! Aquello no era natural, jamás había tocado o acariciado una piel tan tersa. No dudé un segundo en intentar engullir un pezón, el más cercano… Jugué con mi lengua, raspé suavemente con los dientes, mis dedos se dedicaban al otro, necesitado igualmente de caricias.

    Susana jadeaba, había dejado de masajearme el paquete y se abrazaba muy fuerte. Sonreía triunfante, había conseguido su objetivo ¿Habría algo que ella no consiguiera? Dejé de pensar en chorradas mientras intentaba quitarle los pantalones. Su ayuda fue inestimable, los llevaba verdaderamente ajustados. Tenía el coño acorde con su figura, bien recortado, pero no afeitado. Ahí recostada, solo con el sujetador puesto, abriendo sus piernas para mí, era la viva imagen del erotismo y la sensualidad.

    ¡Qué buena estaba! No recordaba haber visto a otra chica que estuviera tan buena, ni siquiera en las revistas. Arrodillado entre sus piernas fui pasando las yemas de mis dedos por todo su cuerpo. Acariciaba con extrema suavidad, quería disfrutar de esa piel inmaculada… Se le ponía la piel de gallina, me esperaba anhelante… yo me hacía esperar, con los ojos cerrados disfrutaba de cada rincón de su perfección.

    Rodeando con sus brazos mi cuello, intentó atraerme hacia ella, me ofrecía sus labios, levantaba las caderas buscándome. Me deslicé hacia su pubis, ya puestos, quería comérmela enterita. Besé sus muslos mientras los acariciaba, me sorprendieron lo fuertes que eran, fui acercando mis labios hacia sus genitales dejando un reguero de saliva en sus ingles. Su olor a hembra me excitaba, cada mujer huele de forma distinta, Susana no era una excepción, pero era mucho más suave de lo que había probado hasta entonces, creí reconocer algo de desodorante íntimo ¡Enervante!

    Me apliqué con esmero sobre toda la zona, lamía el perineo, mordisqueándola al mismo tiempo e iba subiendo, muy lentamente hacia su guardado tesoro. Al abrir sus labios con mi boca aparecieron los primeros signos de su excitación, su flujo vaginal podía desbordarse libremente, lo mezclaba con mi saliva… intentaba penetrarla con la lengua, hacía juegos con ella en su entrada, Susana subía el ritmo de su respiración, soltaba quedos gemidos, se acariciaba los pezones, me acariciaba el pelo… Estaba disfrutando, disfrutando tanto o más que yo.

    Cuando la creí totalmente preparada, ataqué el clítoris, lo movía como un pequeño badajo de campana para luego succionarlo. Repetí varias veces la operación a la vez que introducía un dedo en su vagina buscando esa zona rugosilla de la parte superior conocida como punto G. La fricción de ambos centros de placer simultáneamente le provocaron un orgasmo como pocas veces he visto. Gimió fortísimo apretando los dientes, levantando su pelvis todo lo que pudo mientras me apretaba la cabeza con las piernas y me tiraba fuerte del pelo. Fue apoteósico.

    Cuando se relajó y conseguí soltarme de su abrazo, volví a acariciarla con mucha suavidad, solo con las yemas de los dedos. Me miraba con amor, nadie me había mirado nunca así. Me atrajo hacia ella y nos besamos con pasión, nuestras lenguas se buscaron y encontraron, mordíamos los labios, las caricias, poco a poco se intensificaban.

    Empezó a mover las caderas buscándome, me abrazaba con las piernas mi cintura, me miraba fijamente a los ojos…

    -¡Por favor, Luis! ¡Házmelo ya! ¡No me hagas sufrir!

    Ayudándome con una mano busqué la entrada que me ofrecía. No me costó mucho encontrarla, me encajé lo suficiente y comencé un lento pero poderoso avance hacia su interior. ¡Joder como costaba! Ella se ayudaba con los talones, apretando fuerte contra mis nalgas. Intenté unos movimientos de vaivén para ir ensanchando ese estrecho coñito. Parecía que iba cediendo, pero no, no conseguía avanzar demasiado. Revelación súbita…

    -Susana, ¿no serás virgen, verdad?

    -¡Pues claro! ¡Pero no te pares, Luis! ¡Ahora no!

    La verdad es que se me había cortado todo el rollo. En ese momento pensé en cuando era pequeña, cuando vivíamos todos juntos, aquella niñita no podía ser la pedazo de hembra que me estaba follando… ¿O me estaba follando ella a mí? Me dio no sé qué el hecho de desvirgar a mi hermana. No sé como explicarlo, me daba la sensación de aprovecharme de ella, me volvían de golpe todos los prejuicios morales.

    Debió de ver la duda en mi cara, yo la miraba, pero no la veía, sumido en mis pensamientos, pensaba que estaba realmente mal lo que estábamos a punto de consumar. Iba a levantarme cuando ella, con un ágil golpe de cadera, sujetándome fuerte con piernas y brazos, se ensartó hasta el corvejón. Puso cara de dolor durante unos segundos cerrando fuerte los ojos. Cuando se relajó y los abrió, se encontró con los míos que la miraban con asombro. No dije nada, una vez hecho y ante lo inevitable, me dejé llevar, tampoco le iba a dejar con el mal sabor de boca del desvirgue y nada más, como poco, no era de caballeros.

    Intenté que gozara todo lo posible. Para mitigar ese bestial empujón me mantuve quieto durante un rato. La basaba en los labios, en los ojos cubiertos de lágrimas, lágrimas de amor y pena, no de dolor. Reconozco que me gustaba, pero no estaba enamorado de ella. ¿O si?

    Los movimientos de mete-saca iban subiendo de ritmo. Sus tetas se balanceaban al son de su respiración, me excitaban muchísimo. Abría cada vez más las piernas, sus jadeos llenaban la habitación. Susana estaba a punto de correrse sin remisión. Yo también, notaba ese cosquilleo que nace en la base de la polla hacia las pelotas, signo inequívoco de que iba a descargar toda mi virilidad.

    Quise salirme, pero me lo impidió. Mientras gritaba y se convulsionaba me clavó las uñas en la espalda, me volvió a abrazar con sus firmes muslos y me introdujo en ella todo lo que mi nabo daba de sí. Me vacié como nunca lo había hecho, golpe tras golpe soltaba mis chorros de semen en su interior mientras ella lo gozaba como una loca

    -¡Aaaah Luisss, siii, siii, maaas!

    ¡Joder, qué corrida! Al cabo de un ratito de descanso, de intentar recuperar el resuello, me apartó suavemente hacia un costado… Se incorporó para besarme los labios…

    -Gracias Luis, me has hecho la mujer más feliz del mundo.

    ¡Coño, que guapa estaba! La cara arrebolada, el pelo suelto, la perfección de su pecho… Estando sentada se inclinó, me cogió la polla y se la introdujo en la boca. Ya la tenía fláccida, pero chupaba y chupaba, la descapullaba y recorría el glande con la lengua, limpiando cualquier resto de leche que quedara. Siguió durante mucho tiempo, hasta que consiguió que me recuperara.

    Sin soltar mi miembro, me ofreció su coño para darnos placer mutuamente. Me dediqué a ello con ansia, succionaba su clítoris, introducía un dedo en la vagina, hasta me atreví a metérselo en su sonrosado culito. Respingó, no debía esperárselo, pero tras unos momento de duda se incorporó, se situó frente a mí y ayudándose con una mano, fue dejándose caer, introduciéndose el nabo en su estrecho paso trasero.

    Por la cara que ponía, debía de estar haciéndole daño, pero a mí me estaba partiendo en dos. Me dolía muchísimo e intenté que parara sujetándola por las nalgas. No se dio por vencida. Se levantó rápidamente yéndose al cuarto de baño. Volvió con un bote de gel de ducha, me embadurnó bien y se lo hechó también en el culito.

    Volvió a repetir la operación, ahora con mayor facilidad. Poco a poco iba entrando, ella controlaba, lo hacía muy, muy despacio. A mí ya no me dolía, así que subía mis caderas para intentar ayudar. En poco tiempo estuve entero dentro de ella. Me sentí en la gloria, su esfínter me apretaba la base de la polla, sentía sus latidos, era una sensación maravillosa. Nunca había sodomizado a nadie. Se empezó a mover despacio, con una mano se excitaba el clítoris y la vagina, con la otra me acariciaba el pecho. Yo no podía soltar sus tetas, parecía que tenían un imán. Pellizcaba tiernamente los pezones, sin hacerle daño, repasaba las areolas y amasaba todo el pecho.

    Minutos después botaba como una loca sobre mí en la llegada de otro de sus orgasmos bestiales. Tampoco pude aguantar más, aquel conducto era demasiado estrecho, me volví a correr con todas mis ganas dentro de su prieto culo mientras se derrumbaba sobre mí. Aunque me pesaba estuvimos largo rato besándonos tiernamente. Su cara era realmente la de una mujer enamorada. ¿Cómo iba a desilusionarla?

    Nos duchamos tranquilamente y volvimos a la cama. Esa noche se quedó a dormir conmigo, pero no era algo que pudiera prolongarse. ¿Qué iban a pensar en el cuartel de esa situación?

    La verdad es que fue más fácil de lo esperado. Ya era “vox populi” que éramos hermanos así que a nadie extrañó que ella viniera a vivir conmigo. Había ciertas reticencias dentro de los mandos de la compañía, pero como vieron que no la distinguía de los demás, pronto fue aceptado por todos.

    Dentro de poco voy a ascender a comandante y no sé dónde me van a destinar. Estoy seguro de que querrá venir conmigo, desde luego no se lo voy a impedir. A fin de cuentas, es difícil no enamorarse de alguien que te tiene tal devoción.

    Loading

  • Presentando las calificaciones a mamá

    Presentando las calificaciones a mamá

    Un viernes por la tarde que regresé de la universidad, encontré a mí madre en su recámara recostada en su cama, como la puerta estaba abierta entré sin tocar:

    –Hola mamá, ¿a qué hora regresaste?, ¿qué tal te fue?… Caray que a gusto estas mamá y que bien te ves… estás fenomenal y muy espectacular.

    –Tantas preguntas me haces que no te contestaré ninguna, algo tramas o algo traes entre manos, Felipe, esto me da mala espina, ven acércate…

    Como cada vez que finalizan mis exámenes le muestro mis calificaciones, solo que en esta ocasión, no salí muy bien que digamos y no sabía cómo enterarla de que su hijo del alma, salió un poco bajo de aprovechamiento…

    –Bueno mamá, no sé cómo le haces que casi todo lo sabes antes de que yo te lo diga… me desconciertas…

    –No hace falta ser adivina, a leguas se ve que tu conciencia no anda muy bien ¿eh?… vamos a ver, ahora que se trae el “hombre de la casa” que está tan lisonjero…

    Me acerqué a su cama ¡y carambas!… al verla con un pantaloncillo corto y una playera, me estremecí sin querer; normalmente cuando está en casa y no tiene intenciones de salir o algún compromiso, se pone cómoda, por demás está decir que debajo de esto no trae nada, sus senos se marcaban sensualmente y sus pezones más.

    A mi madre la he visto en muchas ocasiones semidesnuda o desnuda y, no había sentido como ahora esta sensación de un agradable estremecimiento, así que me acomodé como pude tratando de que no se diera cuenta de mi turbación y le dije:

    –Mamá, sé que me vas a regañar, tú me pagas los estudios, soy una carga muy exagerada para ti y yo ni siquiera te hago ligera y amena la vida… y…

    –¡Felipe! sin rodeos hijo, dime de una vez, ¿acaso tengo que comparecer en la rectoría o qué?… ¿has destruido algún edificio de la universidad? ¿Te vas a embarcar en alguna guerra en el extranjero?

    –No mamá, tampoco estoy loco como para hacer eso, no… mira, estas son las calificaciones de “tu flamante hijo”, “tu brillante y prometedor futuro”, “la esperanza de la patria”, mira como salió este cuatrimestre…

    Le extendí la hoja de notas a mi madre y me puse a la defensiva esperando una avalancha de las que hasta ahora no me había enfrentado…

    Mi madre leyó con calma una y otra vez las calificaciones, se mostró muy interesada, pero los segundos que tardó en leer y leer me parecieron un siglo, hasta se me olvidó que se me habían acelerados los impulsos sexuales por ella.

    –Mmmm… a ver Psicología…Tratamientos de la disfunción… Problemática social de la adolescencia… Práctica de los sistemas audiovisuales… Integración grupal… veamos: ¿qué pasó en Psicología?

    –¿En Psicología mamá?… le repetí su pregunta, tratando de armar mi defensa… ahora me tocaron temas que no entendí muy bien y, fue en los días que saliste de viaje y como no estabas, no me daban ganas de estudiar y ni a quien preguntarle, apenas alcancé un siete mamá… te prometo que ya no vuelve a suceder…

    –Ajá… y en Prácticas de los sistemas?… ¿también fue cuando salí de viaje?

    –Pues si mamá, saliste como 15 días y no es lo mismo que estemos los dos en casa, a que nada más esté yo… pero te prometo que ya no vuelve a suceder mamá…

    –El hecho de que yo no esté en casa, no es motivo para que “mi señor” haga lo que se le venga en gana… aquí cada quien tiene que cumplir su parte y su responsabilidad, los tiempos no están como para flojear…

    Nada podía argumentar para defenderme, desde pequeño siempre tuve el apoyo y el ejemplo de mi madre, por lo que con un silencio más que de sepulcro, me resigné a aguantar este vendaval que se me venía encima…

    –Aunque la beca no la necesites más que para tus diversiones, creo que ahora vas a estar en un período de austeridad hasta que te repongas de estas notas cariño mío… y mira que haber flojeado, con el pretexto de que yo no estaba, no me parece lógico “señor mío”…

    Ese “señor mío” me cayó como agua fría en pleno invierno, pensé que mi madre ya estaba agarrando suficiente fuerza como para que no la pudiera detener, así que rompí mi silencio y me arriesgué a que me fuera peor…

    –Mamá… -le dije con una voz más tierna que el primer cuarto creciente de la luna…

    Mi madre no me dejó continuar… sí, ya sé: “te prometo que ya no vuelve a suceder, mamá…”

    Verdaderamente estaba en un aprieto, no había pasado antes algo similar a esto, así que sin meditar lo que hacía, suavemente le quité las hojas de mis notas a mi madre y con mi mejor sonrisa y poniendo cara de hijo regañado, opté por cambiar la situación diametralmente…

    –Mamá… sé que estas demasiado cansada por el trabajo, tuviste una semana mortal y, creo que no fue el momento adecuado para salir con mi trastada, pero… ¿para que se enoja mi hermosísima madre?… mire: ya no le prometo nada y con hechos le demostraré que la quiero mucho, que la amo y que usted es mi madre y no tengo más…

    Tal vez mi madre no esperaba este drástico cambio y sin darle tiempo a que reaccionara, continúe halagándola…

    … creo que te falta un poco de relax mamá… esa bellísima cara que tienes, hay que mantenerla así sin arrugas y esplendorosa, ese cuerpo tan hermoso… tan… tan guapísima que estas mamá… además, así como traes el cabello te ves deliciosa… a lo mejor no debo decirte esto, pero estas esplendorosamente sensual…

    La tomé por sus manos y acariciándolas logré que mi madre se fuera relajando plácidamente…

    … ya ves mamá… lo que te hace falta es distraerte un poco… un descanso de fin de semana creo que hasta a mí me vendría muy bien, podemos salir si quieres a Cancún, a Puerto Vallarta o a Huatulco, la playa y el agua de mar nos harán muy bien… y mientras hablaba seguí con mis suaves y tiernas caricias, creándose un ambiente que sin saber cómo, las cosas se cambiaron y de nuevo mi sexo volvió a endurecerse, supongo que mi madre recibió la descarga erótica que me invadía y, en su cuerpo se encendió el deseo y la pasión fue despertando…

    Me aproximé más y empecé a acariciar sus hermosos muslos… ella como hipnotizada, se estaba dejando llevar por mis palabras y el fin de semana que le sugería que tomáramos…

    De repente dejé de hablar y ella con los ojos entrecerrados disfrutaba el delicado roce de mis caricias en sus muslos y en sus brazos, de pronto no resistí más… atraje a mi madre hacia mí y sin más preámbulos busqué su boca y… ¡la besé!

    –Hijo… ¡¡Felipe!!… soy tu madre y yo… y yo… “mi señor” esto no puede ser… por favor contrólate…

    –No puedo mamá… si te pudieses ver lo hermosa y sensual que estas, con esos ojos divinos que brillan con una intensa ansiedad y ganas de no sé qué… si te pudieses acariciar tu cuerpo como te lo estoy acariciado, sé que perderías la razón como ahora la estoy perdiendo yo, tu hijo… tu “señor”, como me dices mamá… nunca había sentido esto… ese tibio calor y esa suavidad de tu piel me han electrizado… han hecho que mi virilidad se despierte y ahora esté sin control ansiando fundirme contigo en un solo palpitar de tu ser y del mío…

    Mis caricias seguían sin cesar recorriendo lo que de su cuerpo tenía más a mi alcance, metí mis manos por debajo de su playera y el tibio calor de su piel me enervó más… pasé mis manos por su espalda… por su vientre y poco a poco mis manos se fueron acercando a sus enormes senos… casi sentía como latía aceleradamente su corazón… mi madre aún quería resistirse a la emoción que ya a los dos nos embargaba…

    La volví a besar con más pasión y ella respondió apretando su boca con la mía y enlazándose a mi cuerpo… su lengua buscó con ansiedad la mía… mamá estas tan sensual que me enloqueces… le murmuré en su oído, ella se estremeció ligeramente y la apreté con mayor fuerza en mis brazos…

    Pasé mis caricias a su cuello y respirando voluptuoso la fui encendiendo más y más, avivando sus deseos y desenfrenando su pasión…

    Considerando que ya los dos estábamos con la sangre ardiendo, empecé a quitarle la playera dispuesto a poseerla y desahogar mis inmensas ganas de hacerle el amor a mi madre…

    –”Señor… señor mío”, esto no está bien… alcanzó a decir mi madre con una voz casi balbuceante…

    No le respondí nada, pero sentí que solamente era una forma de hacer que yo continuara con lo que había iniciado, ella también estaba ansiosa de hacerlo…

    –Mamá que hermosos ojos tienes, me encanta verlos… bueno en realidad creo que me fascina verte toda, aunque siempre te he visto, ahora estas como bajada del cielo… mientras le hablaba mis caricias seguían un ritmo por demás suave trasmitiéndole toda mi carga sexual que ya para este momento estaba casi a explotar.

    Su playera la fui sacando lentamente, mi madre como hipnotizada se dejaba hacer, ya su resistencia se fue convirtiendo en una espontánea cooperación.

    Mientras esto hacía, mis besos en su cuello se fueron intensificando y mis manos se deslizaban por todo el contorno de su cuerpo enardeciéndola…la sentía estremecer y suspiros ahogados salían sutilmente de su pecho que ya empezaba a agitarse…

    Finalmente, la playera salió y medio cuerpo de mi madre quedó esplendorosamente ante mi vista, palpitante, ansioso al igual que yo, arrastrado por el deseo que como torbellino nos arrojaba hacia un rumbo sin retorno y del cual a duras penas podíamos contener…

    Me incliné con suavidad hacia ella, para tomar con mis manos uno de sus majestuosos senos, y empecé por pasarle a su alrededor mis labios y mi lengua, estremeciéndose y dejando escapar un ligero ¡aghhh!, al oír esto presioné sobre su pezón y la hice que se abrazara a mí, haciéndome caer sobre la cama, la abracé y entrelacé sus piernas con las mías, para acomodar su sexo con el mío y hacerla sentir lo inflamado que tenía mi viril instrumento…

    Ella se abrazó con mayor fuerza a mi cuerpo y su boca buscó con ansias la mía, fundiéndonos en un interminable beso ardiente y desenfrenado, con el que perdimos la noción del tiempo y del lugar en que nos encontrábamos, mis manos buscaron las de ella y las dirigí hacia el cinturón de mi pantalón empezando a desabrocharlo… arqueando ligeramente mi cuerpo le facilité la acción y quedó al descubierto mi sexo, al que se le abalanzó y con avidez empezó a acariciar con sus manos, para de inmediato llevárselo a la boca iniciando la más deliciosa felación que mi sexo y mi cuerpo han recibido…

    La sedosa boca de mamá, me produjeron unos continuos estremecimientos más bien eran espasmos que a duras penas mi cuerpo soportaba… el placer lascivo de tener a mi madre succionándome el sexo me fue aturdiendo, disfruté como poseído este placer lujurioso al ver a mi madre gozando el sexo de “su señor”, combinados el dulce calor de su boca, la suavidad de sus labios y el efecto delirante de su saliva deslizándose a lo largo de mi sexo, me hizo gemir y tensar mi cuerpo y a punto de explotar en una maravillosa eyaculación…

    Sabiamente ella aflojo el ritmo de sus caricias sobre mi sexo aprovechando ese momento para aflojar la cinta de su pantaloncillo y quitárselo rápidamente, dejándola completamente desnuda… al contemplarla en toda su espléndida figura, mis manos se deslizaron por sus muslos y suavemente le fui abriendo esas bellas y sensuales piernas, dejando escapar su ardiente vagina una delirante fragancia… esa fragancia que nunca había pasado siquiera por mi mente que existiera y que ahora la esparcía mi madre arrastrándome a la locura.

    Me clavé prácticamente sobre su sexo, ávido de poder llenar mi cuerpo con su sutil aroma y beberme ansiosamente sus fluidos que ya se anunciaban en sus labios vaginales… ella al sentir mi boca, se estremeció y balbuceo no sé qué cosas, que por estar embelesado con su sexo no alcancé a escuchar y comencé a pasar con lentitud mis labios a lo largo de su sexo, lamiendo por instantes ese delicioso manjar…

    Succioné y lamí con desesperada locura ese salobre sabor de los líquidos que mi madre empezaba a expulsar rítmicamente, metí con ternura mi lengua por toda su cavidad sexual, extasiándome el disfrute de su inigualable sexo…

    A medida que fui aumentando el ritmo de mis lamidas, ella fue aflojando lentamente su hermoso y ahora lujurioso cuerpo, hasta quedar totalmente tendida sobre la cama disfrutando a plenitud las caricias que mi boca le estaba dando… sus quejidos, los suspiros y los estremecimientos de ella, más me encendían y hacían que mi incipiente experiencia en el sexo se fuera fortaleciendo buscando encontrar con mis caricias el mayor goce para la mujer que por primera vez tenía en mis brazos: mi hermosa y sensual mamá…

    La ligera vellosidad de su sexo me producía un delicioso placer al pasar mi lengua y mis labios por toda su parte externa, caricias que mi madre agradecía presionando mi cabeza para que no dejara de hacerlo

    –Cariño mío, -dijo mi madre-… quítate ya tu pantalón y deja que mamá se deleite con tu sexo, quiero saborearlo en mi boca mientras me enloqueces con esa lengua y esos labios maravillosos que tienes…

    Por toda respuesta sin quitar mi boca ni dejar de mover mi lengua dentro de su vagina, me bajé el pantalón y me fui acomodando encima de ella para que mi sexo quedara al alcance de su boca y satisfacer la lujuria de mi madre, que en cuanto lo tuvo a la vista con las dos manos, lo aprisionó y tras de darle unas sobadas, se lo introdujo en la boca y empezó de nuevo a enloquecerme con su desquiciante forma de succionar y lamer mi sexo…

    A punto estuve nuevamente de vaciar mi semen cuando acerté a mordisquear ligeramente el clítoris de mi madre, que ya encendida como estaba, no le quedó más que explotar con un alargado y gutural “aaaghh” que estremeció su cuerpo arqueándolo con inusitada fuerza y al mismo tiempo su vagina como volcán en erupción arrojó en chorros la lava ardiente de su lujuriosa y voluptuosa pasión… lava que mi boca a duras penas pudo contener y tomar, dada la impetuosidad con que esta salía interminable de la intimidad de mi madre… extasiado en libar completamente todo su orgasmo, no sentí cuando mi madre fue aflojando lentamente su cuerpo quedando desvanecida debajo de mi cuerpo…

    Cuando terminé de tomarme todos los líquidos de mi madre, con sumo cuidado me fui colocando al lado de ella, al tiempo que también recobraba el sentido y sus ojos entrecerrados apenas dejaban entrever su mirada, por lo que medio asustado le pregunté:

    –¿Mamá, te sientes bien?

    Sin contestar mi pregunta, ella a su vez me dijo:

    –Abrázame “mi señor”… abrázame fuerte mi “enorme señor”… eres inigualable y extremadamente formidable… ¿sabes señor mío?, me has hecho enloquecer… me has seducido… me has poseído como creo, nunca lo había vivido… y al final hasta me he desvanecido en tus brazos…

    Sin saber que contestar a las palabras de mi madre, solo acerté a besar su boca, apretándola fuertemente contra mi cuerpo y acariciándola recorriendo su deliciosa anatomía terminando mis manos en sus exquisitos senos, con mi corazón palpitando desenfrenado por entender que a mi madre la hice gozar tal vez como nunca lo había hecho…

    –En realidad mamá, como ves no tengo tanta experiencia, pero tu sensualidad y tu ardiente pasión me enloquecieron, me trastornaste desde que entré a tu recámara y verte recostada fue algo electrizante que provocó que mi sexo se endureciera… no sé cómo pasó en tan escasos segundos en que iba estresado por mis calificaciones, estabas tan deslumbrante y tan sensual que me inquietaste como hombre mamá…

    –Tú fuiste el seductor “señor mío”, tenía muchos meses sin saber lo que era hacer el amor, pero lo que tú me has hecho hoy supera todo lo que como mujer he vivido, estoy en las nubes contigo, estoy que enloquezco de alegría y felicidad y mira, toca mi sexo como está otra vez poniéndose al rojo vivo cariño mío…

    Al tocar la vagina de mamá e introducirle los dedos, sentí que se hundieron deliciosamente por lo empapada que estaba y, en cuanto empecé a juguetear con sus labios vaginales, ella me dijo:

    –Ven cariño, acuéstate boca arriba que ahora mamá te va a enseñar algunas cositas que te van a encantar…

    Obedecí a mi madre y con mi sexo parado como mástil de barco, ella se acomodó sobre mí y con su mano fue dirigiéndolo hacía la abertura vaginal, que por la posición que tenía sobre de mí estaba como una boquita abierta facilitando la penetración… al sentir lo caliente de su sexo, me estremecí con un morboso placer, que mi madre apreció…

    –Te ha gustado, ¿verdad?… espera, que esto apenas empieza “señor mío”, al mismo tiempo se fue sentando sobre mi viril instrumento y a medida que entraba, sentía enloquecer de una indescriptible sensación de lujuria, jamás sentida por mí…

    Ella se recostó sobre mi cuerpo y empezó a moverse rítmicamente subiendo y bajando y, al mismo tiempo me ofreció sus tetas y sus pezones endurecidos que desfilaron por mi boca de uno en uno, arrancándole a mi madre suspiros profundos y llenos de sensualidad…

    La tuve sujeta por su cintura casi obligándola a mantenerse ensartada sobre mi pene que estaba terriblemente inflamado y lo sentía estallar en cualquier momento… ella con una voz entrecortada y muy sensual, llena de lujuria, me decía:

    –”Mi señor”… estoy enloqueciendo, y quiero enloquecer mucho más, perder la razón, perderme entre tus brazos, perderme en ti… quiero tenerte para siempre, quiero desearte a cada instante y sentir que eres mío…

    –Mamá si soy tuyo… todo tuyo… has de mi lo que quieras, que a mí también me has enloquecido, me has transformado, soy el hombre más feliz del universo y tú eres mi gloria… estoy alucinando mamá…

    –Eso haremos los dos cariño: alucinarnos hasta la locura… serás mí amante día y noche amor…

    –Si mamá, quiero ser tu amante… quiero por siempre darte el amor, el placer y todo lo que tu desees mamá…

    Sentí los fluidos vaginales de mamá escurrir por mis testículos… sentí arder su vagina y mi sexo explotar adentro de ella… el sube y baja de mamá seguía y cada vez que mi sexo salía, ella presionaba con sus labios vaginales la cabecita de mi enardecido miembro haciéndome vibrar y, cuando lo tenía todo adentro también con la parte profunda de su vagina succionaba sintiendo recorrer por todo mi cuerpo una especie de descarga eléctrica que me estremecía de placer y una locura descomunal… yo empecé a mordisquear sus pezones y mi madre a balbucear desesperada:

    –Así cariñooo… asíii dale a mamá con más fuerza, asiii mi vida… que delicioso y rico siento… esto es maravillosooo… oooh mi amor sigue… sigue mi vida… ¡aghhh!

    Presentía que mi madre tenía tiempo sin desfogar sus ansias de mujer y ya no podía aguantar más para saciar sus ganas, verdaderamente estaba en un aprieto, temía no satisfacerla, su frenesí iba en aumento al igual que sus embestidas sobre mi sexo y no teniendo otro recurso, opté por mantenerla sujeta de sus caderas y no dejarla mover y con todo adentro…creo que ella entendió mi situación y muy quedamente dijo:

    –Amor que enorme siento tu sexo… parece que me partes en dos… que delicioso martirio cariño mío…

    Como respuesta, yo inicié un movimiento de tensionar y aflojar rítmicamente mi sexo, lo que le fascinó a mi madre al sentirlo moverse en su interior…

    –Maravilloso “mi señor”… no pares amor, no pareees… sigue moviendo tu sexo cariño… esto es la locura… ¡¡ahhhh!!… que delirio amor mío…

    Con esto pude al fin controlar mis ganas de eyacular y ahora así como tenía sujeta a mi madre por sus deliciosas nalgas, di comienzo a un movimiento de bombeo suave y lento para gradualmente ir acelerando…entraba y salía de la vagina de mamá con más y más velocidad, y de pronto solo se escuchó en la recámara un vigoroso grito:

    –¡¡¡Yaaaa!!!…

    Al sentir que mi madre terminaba en otro orgasmo, como loco incrementé mi bombeo y apreté con mayor fuerza sus caderas para inmovilizarla, arrancándole nuevamente otro grito más gutural y lujurioso que el anterior…

    Las ansias de mi madre bañaron mi sexo… empapado y con la fusión de líquidos de su vagina, mis testículos también participaron en este festín de sexo con mi madre, quedando totalmente mojados… fui aminorando las embestidas sobre mi madre y lentamente se fue dejando caer sobre mí… yo la abracé con ternura y nuestros cuerpos se acomodaron suavemente el uno con el otro, sintiendo en mi pecho como el palpitar del corazón de mi madre se iba acompasando lentamente.

    Me agradó tener todo el peso del cuerpo de mi madre sobre de mí, es tal vez la ternura más sublime del mundo… mi sexo seguía dentro de ella, pero al enfriarse sus líquidos derramados sobre mis testículos, mi erección se endureció más y no queriendo echar a perder la recuperación física de mi madre, se la fui sacando lentamente y tener un respiro también yo…

    Mi madre casi se duerme sobre mí y así estuvo unos minutos más, hasta que se fue deslizando hacia un lado y quedamos entrelazados con las piernas, seguí acariciándola y dándole besos, sus pechos tan hermosos y jugosos con sus pezones aún duros por la excitación se me antojaron tanto que los empecé a besar suavemente… ella se dejó hacer, metí mis dedos en su vagina y estaba además de inundada con sus líquidos bastante flácida pero me gusto, empapé bien mis dedos y discretamente me los llevé a la boca… el sabor me entusiasmó y me fui calentando poco a poco… se dio cuenta de esto mi madre y dijo:

    –¿A qué saben cariño mío?

    Su pregunta desconcertó por un momento porque por lujuria quise saborearlos…

    –Deliciosos mamá… muy excitantes, alcancé a contestar, mira:

    Llevé nuevamente mis dedos a su vagina, los volví a mojar y se los puse en su boca, ella los lamió con suaves movimientos de su lengua…

    –¿Verdad que son excitantes mamá?

    –Ay cariño mío, tú me vas a venir matando de puro placer… eres enloquecedor y con este miembro tan delicioso que tienes, cualquier mujer se vuelve loca…

    –A la única que quiero enloquecer es a ti hermosa mamá, le respondí…

    Tomó con una mano mi sexo y le dio sobadas en toda su extensión…yo empecé de nuevo a jugar con sus labios vaginales, y así estuvimos los dos dándonos placer, hasta que mi madre se montó sobre mí, ensartándose todo mi sexo… en esa posición empezó a subir y bajar galopando voluptuosamente, la tomé por sus caderas y fui controlando sus embestidas para disfrutar más del placer…

    Mi madre casi aullaba del goce que tenía y yo sufriendo por contener mis ganas de vaciar la leche dentro de ella, mi sexo nuevamente inflamado me empezaba a doler, así que decidí darle con más furia a mi madre para hacerla venir otra vez…

    –Así mi vida… dale a mamá todas tus fuerzas… llénala de esta ardiente felicidad… ayyy… ay que rico cariño… ¡¡Me vengo mi señor!!… ¡me vengooo! ¡Aghhhh!

    Sentí el intenso orgasmo de mi madre bañar mi sexo y escurrir libremente sobre mis testículos hasta llegar a la cama… intensifiqué con más fuerzas mis embates en su vagina, hasta que sentí aflojar sus piernas a mi madre… la recosté sobre la cama y levantándome ligeramente sobre ella agarré mi sexo y lo empecé a sobar rápidamente… ella también lo tomó y se lo llevó a su boca succionando con ardiente placer todo el miembro que enrojecido entraba y salía lujuriosamente de su boca…

    –Máaas mamá… masss por favor no pares mamá…

    –Si mi señor lo que tú quieras.. .cariño mío… ¡ay que delicia amor!… balbucía mi madre con mi sexo en su boca…

    Mi cuerpo al borde de la locura, empezó a tensarse anunciando la tan ansiada descarga de semen… como pude le saqué el sexo de su boca y nuevamente la sobé con furia para hacerme explotar la ardiente pasión y lujuria que quemaba mi cuerpo…

    -Me vengo mamá… ¡¡me vengooo!!

    -¡¡Tómala mamá!! ¡¡Es tuyaaa!!

    Con grandes estertores mi semen salió en torrente incontenible cayendo sobre el pecho de mi madre, que fascinada veía como la leche fluía de mi sexo…

    –Que hermoso vida mía… que hermoso, decía mi madre contemplando el sexo de su hijo vaciarse en su pecho…

    –Si mamá la gloria eres en mi vida… no sé cómo decirte este inmenso placer que me has dado

    –Maravilloso… simplemente maravilloso “señor mío”…

    Vi a mi madre extremadamente feliz y muy contenta, sus hermosas facciones se acentuaron aún más… estaba bellísima… angelical… casi una diosa…

    Queriendo hacer interminable mi eyaculación seguí dándole a mi sexo hasta que poco a poco fue disminuyendo la descarga y mi cuerpo también se fue aflojando, con esa sensación indefinible de un cansancio placentero…

    Al terminar mi madre tomó mi mano y con los restos de semen que quedaban se la llevó a su boca… los saboreó golosamente y se los tomó… después todo el semen que estaba en su pecho, se lo untó lentamente en sus senos, haciendo remolinos en sus pezones que se volvieron a poner erectos y duros, mi madre disfrutaba su lascivo placer… luego viendo que quedaba un poquitín de semen entre sus dedos se los lamió con un gusto que se antojaba… golosa pasó nuevamente sus dedos por sus senos recogiendo semen y me lo ofreció, tomé su mano y también los saboree contagiándome de su inmenso placer lujurioso…

    Mi madre, creo que es profundamente… ¡insaciable! Y eso me gusta a madres.

    Loading

  • Viaje de vacaciones con mi novia y mis amigos (2)

    Viaje de vacaciones con mi novia y mis amigos (2)

    Hola de nuevo, por trabajo estuve ausente, pero me tomé un momento para continuar con la rica experiencia de las vacaciones con mis amigos y mi novia.

    Les recuerdo un poco que en mi anterior relato conté como un día lleno de morbo y excitación terminó en una deliciosa sesión de sexo con mi novia.

    Mi nombre es Luis, mi novia se llama Isabel, mi amigo se llama Gabriel y su novia se llama Karime.

    El siguiente día la verdad pasó un poco normal, fuimos a comer, estuvimos en la piscina tranquilamente. Mi novia tenía un traje de baño de cuerpo completo y bastante normal la verdad, se veía linda, pero nada sexual. La novia de mi amigo ella si no dejaba sorprender, usó un bikini blanco que le marcaba las tetas y los pezones casi se le ven como si no tuviera nada, se marcaba la aureola, los poros, los pezones todo muy delicioso. Yo como tenía lentes de sol oscuros pude morbosear sin que mi novia se diera cuenta.

    De momento, vi a la novia de mi amigo de la parte de abajo y wow sorpresa, la parte de abajo igual era casi transparente, se le marcaban los labios asombrosamente, una locura, tenía la verga durísima, me dolían los huevos, era una locura.

    Sin embargo, el día pasó normal y tranquilo, jugando en la piscina, tomando un poco pero con moderación. Yo cuando podía morboseaba a la novia de mi amigo.

    Para la cena mi novia usó un vestido negro como de seda muy delgado, se marcaba su calzón y su sujetador… Platicando, le dije que por que no usaba una de sus tanguitas nuevas para que no se vea mucho a lo cual aceptó, se cambió y ufff se le veía increíble en culo. Me animé más y la reté a no usar sujetador. La verdad no tenía esperanzas y así fue.

    Cuando bajamos vimos a nuestros amigos y uf que la novia de mi amigo cumple por que cumple, tenía un vestido amarillo, ella bronceada se veía brutal… No tenía sujetador se le marcaban las tetas delicioso y el vestido era muy corto.

    La cena paso sin algo relevante, pero cuando terminamos propusieron ir a un antro, llegando tomamos shots y la fiesta se puso buena, eufórica, bailábamos y tomábamos todo el tiempo, la novia de mi amigo bailaba descomunal, casi se le salen las tetas un par de veces y pude ver su tanga de lo corto que era el vestido, ya me estaba calentando.

    Mi novia al pasar las bebidas, cada vez bailaba más rico, me perreaba muy rico, se me ponía la verga dura, ella pensaba que era por ella y si, en parte, pero también por estar morboseando a la novia de mi amigo… ufff solo de recordar se me pone dura.

    En un momento, se pusieron a bailar entre ellas, mi amigo y yo viendo nada más, fue algo delicioso, abrían las piernas y perreaban así, una delicia de ver. Un rato más y más bebidas, volví a retar a mi novia a quitarse el sujetador pero volvió a negarse, pero se fue al baño y al regresar noté sus pezones durísimos a punto de explotar no lo podía creer, me abrazó y me dijo “feliz”, “guardalo”, era el sujetador, como pude lo guardé en mi pantalón y ahí empezó todo, mi novia con las tetas libres, bailando, sudando, el vestido se le pegaba al cuerpo, los pezones se le marcaban demasiado yo tenía la verga durísima no podía más…

    Bailando le manoseé las tetas y le pellizqué los pezones, ella gimió, mi amigo lo notó, ufff una sensación de otro mundo, había demasiada tensión sexual, manoseaba a mi novia en cualquier momento, mi amigo manoseaba a su novia, una locura total no nos importó nada. Después de un rato, me percaté que había un par de gringos viendo todo el espectáculo que estábamos dando, eso a la novia de mi amigo le encanta, provocar a los demás y más cuando esta borracha, yo solo veía como ella bailaba y se me ponía dura, no me imagino a los gringos…

    En un momento, mi amigo se fue al baño, me dijo “te encargo a Karime bro, voy al baño” y yo normal solo le dije ok, vale. La verdad no le di importancia, yo seguía con mi novia baile y tome. Cuando me acordé de Karime pero no la vi, le dije a mi novia oye no está Karime y mi novia me dijo un poco preocupada, vamos a buscarla esta borracha, a lo que le dije cierto, le di un apretón de culo y nos pusimos a buscarla..

    Pasaron unos minutos caminando por el antro, que estaba llenísimo y para nuestra sorpresa, estaba bailando con los gringos, con los dos que las estaban morboseando hace un rato, quedé impactado, estaba por ir a buscarla, pero mi novia me detuvo, y me dijo al oído, “amor… ve que rico baila Karime, no se te antojaría que sea yo en vez de ella” y me apretó los huevos, fue algo alucinante, ella se dio la vuelta y empezó a bailar sexy pegada a mi, los dos viendo a Karime bailar. Karime estaba en medio de los gringos, uno le manoseaba las piernas y el otro le mordía el cuello, ella se movía brutal yo manoseando a mi novia, una completa locura…

    Pasamos unos minutos así cuando recapacité y me acordé de mi amigo, a lo cual me cortó el rollo por que no podía ver eso iba a ser un problema… Sin más, fui a buscar a Karime, la jalé del brazo y le dije “¡amiga que haces, vamos te está buscando Gabriel!” Ella solo me vio, con cara de borracha y me dijo “hola guapo” ¡y me besó en la boca! WTF me quedé pasmado, mi novia estaba a unos metros de nosotros, como pude reaccioné y me la llevé, pasó junto a mí por dios…

    Sentí su culo en mi verga lo restregó increíble mi novia no lo vio, había mucha gente, la adrenalina estaba a tope y me atreví a agarrarle el culo, no de una manera brusca o grosera, sino de una manera morbosa, como si fuera mi novia, lo manosee muy rico, fueron los mejores 10 segundos de mi vida… ella me volteo a ver y me dijo al oído.. “vaya pensé que nunca lo harías” Pfff en ese momento tuve la erección de mi vida, me dolía la verga estaba durísimo. La verdad tuve que contenerme demasiado y disimular porque me esperaba un problema por el beso que me dio hace unos momentos…

    Llegamos con mi novia y lo primero que dije fue “está muy borracha vamos con Gabriel” mi novia no dijo nada sobre el beso, yo rezaba porque no lo haya visto.

    Espero les esté gustando, terminaré la anécdota en otro relato, dejen sus comentarios amigos.

    Loading

  • Decadencia filial: Un acuerdo inesperado (1)

    Decadencia filial: Un acuerdo inesperado (1)

    Los personajes de este relato tienen las siguientes edades:

    Manuel (19 años), Mariana (44 años), Carla (21 años) y Paula (18 años).

    Manuel se levantó de la cama al escuchar a su madre llamándolo por fuera de su habitación. Bajó las escaleras con cierto miedo y nerviosismo por el aprieto en el que se había metido. Su hermana Carla estaba cansada de lo que le había estado haciendo y al final se lo contó a su madre.

    Carla considera a su hermano un pervertido. Lleva mucho tiempo obsesionado con su culo. Ella siempre ha tenido un trasero llamativo, por lo que su hermano no paraba de insinuárselo, le decía obscenidades y a veces le daba una nalgada. Con el paso de los años, sus molestias se volvieron más intrusivas: la tomaba por atrás, sacudía sus nalgas para luego intentar apretarlas contra su erección y frotarse contra ella cuando estaba boca abajo o agachada.

    Empezó a hacerlo con su hermana menor, Paula, pero el culo de Carla está mucho más formado, por lo que al final la eligió a ella. A pesar de todo, Manuel nunca se atrevió a intentar hacerle algo fuera de la casa. Ni siquiera alguien como él iba a ser tan estúpido como para atreverse a tanto. Aunque, de vez en cuando, intentaba manosear a otras chicas sin que lo vieran. Esto fue la gota que colmó el vaso.

    Cuando Manuel llegó a la sala, su madre Mariana, le hizo saber con dureza y de forma pausada por qué lo había llamado. La escuchó atentamente mientras tragaba saliva nervioso.

    —Esto se ha salido de control y se acaba ahora mismo. Aquí mismo… ¡Ahora!

    Mariana lo miró fijamente a los ojos y no hizo falta saber que no debía apartarle la vista, aunque él quisiera.

    —Deja a tus hermanas y a todos los demás en paz. Entiendo que eres joven, que tienes impulsos, y en tu caso fetiches. Pero tienes que saber que, si sigues así, podrías ir a la cárcel por agresión. ¿Has entendido?

    Manuel asintió con la cabeza mientras su madre, con una mano sobre la frente y la otra en la cintura, caminó dos o tres pasos de un lado al otro.

    —Mira… a muchos hombres les gustan los traseros, y es evidente que tú sientes una atracción particular hacia ellos y que te estimula especialmente frotarte.

    Mariana hizo una pausa, se sentó de frente a su hijo, respiró profundo y suspiró.

    —Está claro que tenemos que sacar esto de tu sistema con regularidad y mantenerlo entre nosotros. No podemos permitir que tu problema afecte a todo el mundo. Así que estoy dispuesta a… bueno, sacrificarme por el equipo, por así decirlo.

    Manuel se sorprendió, con los ojos desorbitados. No podía creer lo que su madre le estaba diciendo.

    —Podrás aliviar tus impulsos conmigo, así obtienes lo que quieres y dejas en paz a todos los demás… especialmente a los miembros de tu familia. Esto no será como tu quieras, como lo has estado haciendo, sino que lo haremos mis términos. No me quitaré la ropa, y mucho menos… bueno, ya sabes. Sin embargo, dejaré que me abraces por detrás… así también… que me acaricies y te frotes hasta que termines.

    Mariana se levantó y puso los brazos en jarra.

    —No me importa si te gusta o no mi culo. Sé que está lo suficientemente en forma y estoy segura de que encontraremos la manera de que esto funcione. Trabajaremos juntos en casa cuando no estén tus hermanas y ninguno de los dos se lo dirá a nadie, ¿me has entendido?

    Mariana miró a su hijo a los ojos con cara de disgusto y pena. Manuel asintió con un lamento y salió presuroso, según ella se lo había ordenado.

    Si le pusieran un detector de mentiras y una pistola en la cabeza a Paula, la más chica de las hermanas, probablemente confesaría que estaba un poco enamorada de su hermano. Era de esperar que sintiera un poco de celos hacia Carla, sabiendo que a Manuel le gustaba más ella. Pero también hay que aceptar que Carla tiene un cuerpo más sensual. Tiene un trasero más prominente y unas piernas más tonificadas y atléticas. A pesar de que Paula reconoce que su hermana mayor está más desarrollada, aun así, le gustaría recibir más atención, y no solo de su hermano. Manuel no le ha metido mano tanto como a Carla.

    Hace unos meses, Paula estaba en el suelo, vestida con un pijama y jugando con la consola de videojuegos cuando Manuel se le tiró encima, se restregó contra su culo hasta que ella le dijo que parara y lo empujó sacándoselo de encima. Nunca se lo contó a nadie, pero el contacto de su entrepierna hizo que se masturbara esa noche pensando en él.

    Era viernes por la tarde cuando Mariana llevó a sus dos hijas a pasar el fin de semana con su primo y su tía Julia. Manuel se sentía extraño. Pasó todo ese tiempo tumbado en la cama mirando al techo.

    No sabía qué le esperaba cuando su madre regresara, y no podía creer que le estuviera ofreciendo su culo para que se masturbara.

    Estaba muy confundido por lo que se le venía encima y decidió no masturbarse en ese momento por si pasaba algo con su madre. Se preguntó si ella le daría un baile erótico. Si le resultaba raro, no podía imaginarse cómo se sentiría ella. Pensó que seguro su madre solo lo haría porque era un pervertido.

    Para ser sincero, Manuel no podía quitarse de la cabeza el manosear culos, sobre todo el de su hermana mayor. Solo con pensar en sus nalgas perfectas, de inmediato tuvo una erección.

    Para él no era fácil crecer y convivir todos los días con la persona más sexualmente estimulante que jamás haya visto y que nunca lo dejarían disfrutarla como él quisiera. Aunque ya había arruinado unos cuantos calcetines al imaginarla con su pelo rubio oscuro y sus jeans ajustados, inclinada sobre el mostrador mientras la cogía con fuerza.

    En cambio, con su madre, quizás le habría hecho lo mismo una o dos veces. Pues nunca había pensado en ella de esa manera, ya que no le interesaban las mujeres maduras como a otros. Mariana tiene un cuerpo apenas más grande que el de sus hijas y, por su edad, su figura no es tan vivaz como la de Paula ni tiene la figura imponente de Carla, pero aun así su cuerpo es bastante atractivo como para excitarlo.

    Ella lo sabía y lo único que tenía que hacer era conseguir que él se sintiera atraído. El problema es que su hijo es demasiado exigente y meticuloso. Sin embargo, cabe mencionar que, aunque ella haya parido tres hijos y no tenga un hombre en su vida, igual encontraría la manera de que su culo hiciera acabar a su hijo, tal y como lo había asegurado.

    Manuel es muy ambicioso. No le gustan muchas cosas, pero cuando encuentra una que sí, se obsesiona. Por eso siempre estaba Carla en su cabeza. Aunque ahora supuestamente su madre se estaba ofreciendo a que le usara el culo, y hasta se lo había ordenado. Quería que su hijo se ensañara con ella en lugar de con su hermana. Tan pronto como Manuel empezó a asimilar ese pensamiento, escuchó cómo se abría y se cerraba la puerta del vestíbulo. Su madre estaba en casa.

    La idea de Mariana era ponerse en posturas que llamaran la atención de su hijo y que este la tomara desde atrás como quisiera.

    Para ella, el sentarse en su regazo y tomar el control podría poner las cosas incómodas, así que pensó en cambiar de escenario para que él estuviera a cargo. Mariana pensó que por una vez sería agradable que un hombre volviera a desearla después de tanto tiempo, ya que desde que su marido la dejó, cuando Paula tenía menos de un año, nunca había tenido parejas estables.

    Pero, claro, este era su hijo, por lo que no podía concretar en algo más que eso. Lo único que haría con él sería retenerlo con su culo para evitar que su perversión de seguir frotándose en alguien más lo llevara a la cárcel.

    Mientras aparcaba el coche en la casa, sabía que ese fin de semana las cosas iban a cambiar entre ellos. Aunque aún no sabía como se vestiría.

    Y fue el sonido de las llaves sobre el mostrador lo que realmente le hizo traer a la mente la idea de que iba a hacer que su hijo se masturbara esa noche.

    No solo eso, sino que también le dijo que sería algo rutinario. Aunque fue autoritaria y se mantuvo en control de cómo iba a suceder, en realidad no tenía un plan concreto. La verdad es que ella estaba muy nerviosa y pensó que seguro su hijo también lo estaba.

    Ya en el vestíbulo, pudo oír pasos y lo vio bajando para dirigirse a la cocina. Para evitar encontrarse con él en ese momento, subió rápido las escaleras para ducharse.

    Manuel había terminado de prepararse algo en la cocina y subió a su habitación. Al pasar por el baño, se dio cuenta de que la puerta no estaba completamente cerrada. Se preguntó si su madre lo había hecho a propósito. Quizás quería que entrara. Luego se dijo a sí mismo que se tranquilizara, que tendría que estar loco para pensar que ella lo estaba invitando a verla ducharse.

    Luego pensó que, si ella iba a excitarlo esa misma noche, bien antes podría hacerse una idea de su cuerpo. Antes podría entrar e intentar echar un vistazo insolente a su madre desnuda. Nunca la había visto así y pensó que era su oportunidad, antes de que todo comenzara. Se había convencido de que las cartas ya estaban echadas para su madre por lo que decidió adelantarse y ser él el que diera el primer paso.

    A través del sonido del agua que goteaba sobre la nuca de Mariana, ella seguía escuchando débiles pasos que se acercaban. Aunque no había dejado la puerta del baño abierta a propósito, pensó que lo mejor sería no darse la vuelta, quedarse como estaba y seguirle el juego a su hijo. Sabía que era él el que entraba para verla ducharse, así que decidió no empeorar las cosas e incomodarlo. Disimuló y dejó que la observara centrando la vista en su culo.

    Se limitó a lavarse las nalgas y los muslos, y mantuvo la cabeza mirando hacia la pared, aunque prestando atención a cualquier sonido que se acercara por detrás. Mientras se lavaba, se aseguró de levantar más el trasero. Entonces escuchó algo metálico. Manuel se estaba desabrochando el cinturón.

    Optó por continuar e inclinarse más, lo que pareció acrecentar su excitación. Tenía el jabón en la mano y lo dejó caer a propósito. Escuchó lo que estaba segura era un jadeo ahogado. No se dio la vuelta. Al contrario, se agachó muy despacio para que, al recoger el jabón, su culo pareciera lo más grande y ancho posible. Sabía que estaba funcionando porque inmediatamente pudo oír a su hijo exhalando gemidos. Siguió agachada, apretando las nalgas contra la mampara, y luego escuchó sus gemidos más fuertes detrás de la espalda. Sintió que se acercaban, como si alguien le respirara en la nuca. Pensó que la situación se le había ido de las manos, por lo que decidió interrumpirlo.

    —¿Acabaste, hijo?

    Ella seguía en la misma posición, con la cabeza mirando por encima del hombro. Fue un momento incómodo para los dos. Manuel había eyaculado y, si no fuera por la mampara, habría manchado con semen a su madre. Al disminuir la euforia, se sintió avergonzado y quiso inventar una excusa de por qué había entrado en el baño, pero ella lo detuvo diciéndole que no quería hablar de eso.

    —Nos ocuparemos de esto mañana. Ahora vete a la cama, Manuel.

    Loading

  • Mi vecino escribe fetiches. La modelo y el escritor

    Mi vecino escribe fetiches. La modelo y el escritor

    Laura desanudó la lazada de sus pantalones cortos de correr y extrajo la llave que servía para abrir el portal del edificio y la puerta del apartamento donde vivía. Solo había corrido durante 20 minutos y a ritmo no muy alto. Hacía calor y el aire se le había acumulado en la tripa. Nada más entrar en su apartamento, se quitó las zapatillas sin desatarlas y tiró de los pantalones y bragas a un tiempo quedándose con el culo al aire. Luego, antes de quitarse la camiseta empapada, se inclinó para quitarse los calcetines, primero el derecho y a continuación, con más dificultad, por eso del equilibrio al ser zurda de pierna, el izquierdo.

    El aire salió de su ano en aquel momento, con un ruido similar al de una colchoneta deshinchándose.

    Sí, se acababa de tirar el primer pedo de la tarde y a la sensación de alivio le acompañó cierto grado de excitación. Aunque no había nadie en el piso, imaginó que su vecino la pillaba. Se puso colorada mientras se sentaba en el sillón. Aspiró el olor de su propio sudor mezclado con el de la ventosidad, notó un leve escozor en sus pezones húmedos que se estaban enfriando bajo la camiseta empapada que aún tenía puesta y llevando la mano derecha a su sexo, comenzó a masturbarse. Un nuevo pedo, un nuevo pensamiento libidinoso y su cuerpo perdió el control, presa de un orgasmo.

    Minutos después, mientras el agua de la ducha regaba su cuerpo completamente desnudo, pensó de nuevo en su vecino. Era un hombre mayor que ella, siete años quizás. No estaba mal y parecía serio. Pero lo que realmente le atraía de él, era esa voz ronca y sobre todo ese misterio que le rodeaba. Lacónico en palabras, comentó una vez que se dedicaba a escribir, aunque no reveló muchos detalles. Corría el rumor de que en su casa tenía una estancia secreta donde llevaba a cabo experimentos. Una vez una vecina había oído gritos, o eso decía ella. En cualquier caso, para alguien ansiosa de aventuras como Laura, aquella historia y aquel hombre llenaban su mente de fantasías.

    Laura cenó tortilla y ensalada aquella noche. Luego decidió ver una película en la televisión antes de ir a cama. Más tarde, ya en su dormitorio, a pesar del cansancio, permaneció despierta. “Hoy empiezan más tarde” se dijo hablando consigo misma mientras a sus oídos llegaba el inconfundible sonido de la cama de sus vecinos haciendo el amor.

    Los muelles de la cama protestaban sin parar ante el vigoroso movimiento de los inquilinos, una mujer madura y regordeta de pelo corto y pompis generoso y un cincuentón de barriga cervecera y pito pequeño (o así se lo imaginó Laura en ese momento) que, a juzgar por el alboroto, aun se mantenía en forma. “Al menos mañana es festivo y no tengo que madrugar” reflexionó Laura justo antes de cerrar los ojos y caer en brazos de Morfeo.

    A pesar de ser las 10 h, el cielo poblado de pesadas nubes grises apenas dejaba que la luz del sol llegase y atravesase la amplia ventana de la habitación de nuestra protagonista. Laura bostezó y dio la luz del dormitorio. Tras rascarse una nalga, decidió que tenía muy pocas ganas de levantarse. Luego pensó en el cacao 100% puro, las tostadas y la mermelada de fresa que aguardaban en la cocina. “El sexo está muy bien pero el amargor del cacao puro podría rivalizar en adicción con un beso”. Además, tenía la vejiga llena de pis así que no le quedó más remedio que levantarse y, como cada mañana, incrustar su trasero en la taza y mear.

    Su móvil, inoportuno como siempre, comenzó a sonar.

    Laura se secó con el papel higiénico y sin tiempo para tirar de la cadena fue en busca del aparato.

    -Sí.

    -Hola, buenos días. Soy Jorge.

    -¿Jorge?

    -Sí, el vecino del tercero. Perdona que te llame, pero tengo una necesidad y antes de buscar fuera he pensado en consultarlo contigo, por si estuvieses interesada.

    Laura tardó unos instantes en responder.

    -¿Estás ahí?

    -Sí, perdone… digo perdona. Vale, bueno… eh. Nos vemos si eso.

    -Sí, si te parece puedes pasar a las 11:30 o 12:00 por mi casa y te cuento.

    -11:30… sí, sobre esa hora estoy allí. ¿Tengo que llevar algo, preparar algo?

    -No, no. Solo es para hablar de momento.

    Laura regresó distraída al cuarto de baño, se quitó el sujetador y contempló sus pechos ante el espejo. Tomo aire notando el olor intenso a orina y, tomando consciencia de la realidad, tiró de la cadena y abrió el grifo de la ducha.

    Dos minutos pasaban de las once y media cuando la mujer llamó al timbre de su vecino. Por su cabeza habían pasado todo tipo de teorías y estaba algo nerviosa, sin embargo, estaba preparada. O eso creía ella.

    -Hola Laura, ¿qué tal? Por cierto, bonito vestido.

    La mujer sonrió agradeciendo el cumplido. Había elegido algo bastante casual pero elegante para la ocasión. El salón estaba decorado con muebles antiguos y en un par de armarios se alineaban un gran número de libros. La mesa de madera era lo suficientemente amplia para dar de comer a seis personas, sin embargo, en ese momento, estaba llena de papeles.

    -Adelante, son notas sobre mi próxima novela. ¿Quieres algo de beber? ¿Cerveza?

    Laura pidió agua mientras cogía un folio y comenzaba a leer.

    “La escena tenía lugar en una mansión inglesa, una doncella de cabello rubio y ojos azules, pálida y delgada, se encontraba inclinada sobre el taburete de madera de una cocina. La cocinera, de mofletes rosados y ojos saltones, la observaba con malicioso interés mientras que la dueña de la casa, armada con un manojo de ramas de abedul, azotaba a la pobre doncella. El escrito seguía describiendo a alguien que observaba el castigo oculto en la sombra.”

    Laura dejó de leer cuando el anfitrión volvió con la bebida. Jorge sonrió durante un instante, esperó a que Laura bebiera algo de agua y con la eficiencia que le caracterizaba fue directamente al grano.

    -Bien, como ves me dedico a escribir novelas eróticas. Lo cierto es que no quiero caer en el escribir por escribir. En el erotismo, la abundancia de sexo puede llegar a cansar, al final necesitamos una historia, unos personajes y, sobre todo, misterio. En definitiva, quiero que mis novelas se devoren y que las escenas cobren vida. Mi próximo trabajo estará ambientado en el mundo actual y deseo ir un paso más allá, dotando de un crudo realismo a mis personajes y lo que les rodea. Quiero desnudarles no solo físicamente si no también mentalmente, saber que sienten en cada momento y transmitir esas pequeñas cosas que nos hacen humanos. Necesito ayuda.

    -¿Ayuda?

    -Sí, necesito una persona que vea el mundo desde otro ángulo, y también, necesito que esa persona esté dispuesta a experimentar conmigo. ¿Tú serías capaz de desnudarte enfrente de dos o tres personas o eres de las que sienten mucha vergüenza?

    Las mejillas de Laura enrojecieron violentamente. Sin embargo, asintió.

    -Está bien… pero para poder hablar del proyecto necesito que firmemos un acuerdo. No solo se trata de obtener tu consentimiento si no de que me digas si todo lo que aparece ahí te convence. Iremos poco a poco.

    Jorge sacó un pliego con varias hojas escritas y se lo entregó. -Léelo con detenimiento y fírmalo en cada hoja por favor. Tómate tu tiempo.

    Al día siguiente, el timbre de la puerta del piso de Jorge sonó. Fuera, esperaba Laura, aparentemente tranquila, pero con cierto aire de cansancio. Un sesudo observador podría haber dicho que aquella mujer no había dormido más de tres horas seguidas la noche anterior. Pero también podría haber señalado que estaba convencida de lo que hacía.

    -Aquí tienes. ¿Cuándo empezamos?

    El vecino miró de arriba a abajo a su nueva empleada. Laura vestía pantalones holgados, camiseta de manga corta y zapatillas de tela sin tacón.

    -Acompáñame al salón. Empezaremos con algo sencillo.

    Siguiendo instrucciones, Laura colocó una silla en posición. Jorge tomó asiento y la mujer se bajó los pantalones y las bragas antes de recostarse sobre el regazo de su nuevo amo.

    -Seguirás mis órdenes al pie de la letra y responderás cuando te diga que lo hagas. ¿Está claro?

    -Sí.

    -Sí, señor. –respondió Jorge propinando un sonoro azote en la nalga de su vecina.

    Laura no supo cuánto tiempo había durado todo aquello, le picaba y escocía el culete y tenía lágrimas en los ojos.

    -Está bien, ahora cuéntame con detalle lo que has sentido durante la azotaina.

    La vecina comenzó a narrar todo. A veces, su anfitrión le hacía preguntas embarazosas relacionadas con sus partes íntimas, su vida y sus fantasía sexuales.

    -Desnúdate.

    Laura obedeció quedándose en cueros.

    Jorge la besó en los labios. La dio una torta en la mejilla y ordenándole que se inclinase sobre la mesa, le metió el dedo en el culo hurgando en el ano. Luego, sacando una fina vara de un cajón, comenzó a azotarla. Recibió un total de quince latigazos.

    -Ven, vístete y comamos mientras me cuentas. Pizza, coca-cola y alubias pintas.

    Las tres horas siguientes transcurrieron casi en silencio. Jorge escribía y Laura leía notas del autor, apuntando ideas propias.

    -Voy al baño. –Anunció la mujer.

    -¿A qué vas al baño? –preguntó Jorge.

    Laura agachó la cabeza sin mediar palabra.

    -Bájate los pantalones y ven aquí.

    Jorge metió la mano debajo de las bragas de su vecina introduciendo dos dedos en la vagina y comenzó a hurgar ahí dentro hasta que Laura se corrió.

    -Agáchate, levántate, agáchate.

    En una de esas sonó un pedo.

    -¿Tienes más pedos ahí dentro?

    Laura asintió.

    -Está bien, vístete y aguarda aquí. No te tires ninguno todavía.

    Diez minutos más tarde llamaron a la puerta. Una chica de la edad de Laura, vestida con un traje rojo entró.

    -Te presento a Mónica.

    Las dos mujeres de besaron en las mejillas en forma de saludo.

    -Mónica es una colaboradora puntual, me ayudó bastante en mi último libro.

    -Laura ven aquí, quítate los pantalones y siéntate en esta silla. Así es, ahora apoya el brazo, levanta la pierna, saca el culo y tírate un pedo.

    La mujer se ruborizó ante la petición. Una cosa era desnudarse enfrente de Jorge y otra cosa era con público, sin embargo, el contrato hablaba de ello y ella había aceptado. La ventosidad escapó con fuerza e inundó la estancia de un aroma que hizo toser a Mónica.

    -Vamos con la orgía. -anunció Jorge satisfecho.

    Mónica se quitó la ropa y Jorge la imitó quedándose en bolas. El pene en posición horizontal, henchido, palpitante duro. Mónica se sentó en la silla con las piernas separadas, el coño peludo expuesto. Laura se inclinó y, siguiendo órdenes, comenzó a lamer la vagina de la recién llegada. Por otro lado, Jorge, introdujo su nariz en el trasero de su vecina, le dio un azote y recibió como respuesta una nueva ventosidad. Su mano tocó el sexo de Laura, la zona estaba empapada.

    Sin pensarlo dos veces se colocó en posición e introdujo de un empujón el pene. Laura gritó mientras el placer activaba cada parte de su cuerpo. Las mujeres se besaron en ese momento y Jorge empujó de nuevo apretando su esfínter y contrayendo sus glúteos.

    Durante media hora más, cambiaron posiciones, chuparon y lamieron cada parte de sus cuerpos, se besaron, se azotaron y tuvieron sexo vaginal y anal. Luego, después de limpiarse, ir al baño a mear y tirarse algún pedo más en el lugar donde corresponde. Se vistieron, se sentaron en la mesa y comenzaron a hablar de lo sucedido, desnudándose ante los otros, revelando sus deseos, sus recuerdos y cada sucio pensamiento que había pasado por sus mentes.

    Confieso que me hubiese gustado leer esas notas previas al borrador final de la novela. Pero las guarda con celo Jorge en su caja fuerte. Confieso que al menos me hubiese gustado participar en la investigación y en todo lo que aquí se cuenta, que, en comparación con lo que pasó es poco. Me falta describir olores, y eso que me contaron mucho del tema… me falta describir a Laura, Mónica y Jorge, su físico al detalle… pero bueno, confío en que la imaginación del lector llene los huecos.

    Laura puede ser cualquier mujer que conozcan, Jorge también. Llenen esos huecos y déjense llevar.

    Loading

  • Mi cuñada, mi mujer y un morboso placer

    Mi cuñada, mi mujer y un morboso placer

    Esa noche rondaba algo raro en el ambiente, fue cuando llegó mi cuñada Sandra desde Buenos Aires a pasar unas vacaciones con nosotros en Lima, donde yo estaba por cuestiones de trabajo como Ceo de varias empresas y muy vinculado al cuerpo diplomático; mi mujer Carina que le había caído muy bien a cierto funcionario de una delegación diplomática, comenzó a desempeñarse como asistente de embajada. Pero aquella noche cuando llegó Sandra luego de regresar a nuestro Dpto. en Miraflores frente al mar sobre el Malecón Cisneros, mi mujer me pidió que fuera a hacerle unas últimas compras para su viaje, también de negocios con en ese funcionario de embajada, al que llamaremos Darío.

    Carina, mientras yo tomaba las llaves del auto, le indicó a su hermana que me acompañara para recorrer brevemente los alrededores del bello Miraflores, así fue. Sandra bajó conmigo por el ascensor con aquella cierta tensión que ya habíamos experimentado en varias oportunidades en Buenos Aires y en algunos viajes que compartimos en un par de cruceros. Cuando subimos al auto rompí en silencio diciéndole que estaba más hermosa que nunca, aunque su carita de cansada por el viaje no dejaba de mostrar ese nerviosismo frente a la tentación que sentíamos, ella me miró me sonrió mientras llevaba su dedo índice a sus labios, nos sonreímos y yo arranqué hacia la noche.

    Cuando volvimos al departamento mi mujer ya estaba lista para que, volviendo al aeropuerto ella viajara con Darío en una embajada hacia Panamá. No llegué a escuchar que murmuraron las hermanas cuando Carina dejó algo en el cajón de su mesa de luz, en el momento que se distrajeron curioseando descubrí que eran pastillas anticonceptivas, las que había escondido debajo de un libro. Me sorprendí, pero no dije nada.

    Llevamos a mi mujer al aeropuerto, estaba sensualmente vestida con un escote que dejaba ver la catarata de pecas que caen entre sus tetas doradas por el sol y erguidas a sus cincuenta; con su espalda descubierta mostraba que no llevaba soutien; me calenté de enojo o me excité cuando apareció Darío, quien tomándola por la cintura la saludo con un murmullo al oído, Carina me miró, me sonrió y una mirada cómplice con su hermana se confundieron con la mía. No entendía nada, pero sentí que esa noche yo iba a ser un cornudo.

    Volvíamos a Miraflores en silencio con Sandra, mi BMW era una caja de silencios que pedía a gritos que cruzáramos la línea hacia la infidelidad, la que mi mujer seguramente estaba conjugando en ese avión que pasó sobre nosotros. Pero resistí la tentación, aunque Sandra acomodando su pronunciado escote buscó la provocación a mis instintos. Mi pija ya había marcado el bulto cuando vi que sus pezones eran el relieve en su blusa, estábamos conjugando una silenciosa pasión, ¡Sin duda!

    Llegamos y como pude me zambullí en la ducha, no pasaron cinco minutos cuando con los ojos cerrados bajo la lluvia y todo enjabonado sentí que Sandra me espiaba desde la puerta entreabierta del baño, como invitándola comencé a pajearme con la mano enjabonada hasta que mi pija se fue poniendo dura en mi mano… No faltó mucho —mientras yo seguí en la ducha y de espaldas a la puerta— ella se atrevió apoyando esos pezones en mi espalda. Sandra, casi toda desnuda (en bikini y con las sandalias las que no se había quitado) me abrazo por detrás, cuando me ordenó; —Solo quédate quieto y déjame que te lleve—. Volví a cerrar los ojos y me dejé llevar.

    Sentí que comenzó a besar mi espalda mientras iba descendiendo junto a las aguas que corrían sobre nosotros, sus manos seguían ese descenso con una caricia; apoyé mis manos en el mármol húmedo cuando sentí que sus manos separando mis glúteos le abrían paso a su lengua que comenzaba a puntear mi esfínter.

    La sensación fue intensa, sentí que mi pija en una erección era tomada por su mano para masturbarme; en un segundo Sandra pasó por debajo de mis piernas —las que separé aún más para que ella de rodillas comenzara a chuparme la pija agresivamente, —ni se te ocurra acabar— me ordenó nuevamente— mientras veía que el agua que caía sobre ella, le iba iluminado esas tetas, las que aún más delataban su calentura en sus pezones.

    —¿Me ibas a dejar caliente toda la noche Richard o pretendías que me masturbe, puto? —Me quedé en silencio, eché mi cabeza hacia atrás dejando que se mojara mi rostro y embestí mi pija hasta dejarla en lo profundo de su garganta provocándole aquella arcada. Sandra se incorporó, sentí rozar mi glande sobre el satén de esa tanga mojada; nos comimos la boca con ese fuego de tiempos. —Al fin sos mío— me quedé mirando sus ojos verdes, envolví mis manos con su cabellera rubia y agresivamente nos volvimos a besar confirmando el pecado, en esa imprudente infidelidad de cuñados, mientras yo acaso culpable pensaba en mi mujer.

    Desnudos, sin dejar que se separaran nuestras bocas, chorreando agua nos tiramos en la cama y comenzamos ese juego de morbosos besos y groseros chuponeos, cuando quedé boca arriba y mi erección mojada fue el deseo en los ojos de Sandra, desde la punta de la cama comenzó a arrastrar sus pezones por mis piernas, hasta que sus labios volvieron a apretar y chupetear mi glande por largo rato, mientras cada vez más me pajeaba fuertemente… —Quiero toda tu leche en mi garganta— No terminó decirlo cuando sentí que a chorros mi pija latía dentro de su boca, mientras que con sus labios me seguía tragándose y saboreando mi erección.

    Mirándonos a los ojos ella dejó caer sobre mí su saliva mezclada con mi semen. No se había quitado la tanga que todavía goteaba sobre mis piernas, provocando una sensación de sorpresas, ahora era yo quien deseaba desnudarla y comerle esa conchita, la que había deseado tanto cuando me cogía a su hermana, a mi mujer Carina pensando en ella.

    —¿Me vas a coger? —me sedujo con esa pregunta mirándome a los ojos.

    —¿Qué otra alternativa tengo?

    —Tu mujer en este momento también se está cogiendo a su potro.

    No me dejó decir otra palabra, la miré fijamente a los ojos y en esa declaración sentí la necesidad de comerle la boca a mordiscones como queriéndole callar esa verdad; se recostó sobre mí, cuando acariciando su espalda me excité pensando que mi mujer estaba desnuda también sobre otro tipo, mi pija se hundió en aquel raso de la tanga, cuando al quitársela me dejó ver que estaba depilada como Carina, y suavemente y en silencio —pero mirándonos fijamente— abriéndose los labios se enterró toda mi calentura y morbo, explotando ella.

    Era mi cuñada Sandra quien en un orgasmo a gritos y en ahogos cabalgaba su clítoris sobre mi vientre; tuve que contener el no acabar, —quería cogerme profundamente a mi cuñada con esas ganas de tiempos.

    —Date vuelta perrita—, le dije. Me ofreció su colita cuando puso un almohadón bajo su cintura y esa cola escondida todavía por el hilo de esa tanga me tentó a arrancársela de un tirón, ella giró su cara y mirándome con esos hermosos ojos verdes, mordiéndose los labios me ordenó —haceme la colita— apoyé mi pija en su esfínter con un resto de jabón que quedaba sobre su piel… y la penetré hasta el final de mi tronco de veintitantos centímetros, ella abrió aún más con sus manos el placer que yo enterraba, Sandra ahora mi amante gemía a boca abierta y yo elevaba mi placer al cielo por las infidelidades conjugadas. —Al fin me estaba cogiendo a mi cuñada, o ella a mí—.

    Nos incorporamos sin desprender esa dura penetración, volvimos a comernos la boca, yo palpando sus deseados senos empecé a sostener entre mis dedos sus erguidos pezones color caramelo.

    Juego de salivas dejábamos ir entre nuestras bocas y sobre nuestra piel. —Cogeme más—, ¡Potro! Mi pija que no quería salir de esa colita la bombeaba con más fuerza, siendo esos golpeteos más fuertes y agresivos, como mis manos que la levantaban desde la cintura para acabarle bien adentro en sus entrañas, pero no… La dejé caer sobre esas sábanas húmedas y su concha como una perfecta línea dibujada estaba tan mojada como el morbo que nos provocábamos. Hundiendo solo mi glande entre esos labios, apenas fui separándolos para que ella sintiera también mi deseo. —Cogeme Fran, haceme tuya también—, esa declaración sonó como compartiéndose con mi mujer.

    —Cogeme y dejame tu lechita adentro, te quiero para mí esta noche, quiero sentir tu calentura en mis entrañas.

    —¿Estás segura? Le preguntaba entre murmullos eróticos, mientras sintiéndome enamorado de mi cuñada la besaba con ternura, recostándome todo yo sobre ella.

    —Siii. —Cerramos los ojos sintiéndonos, y dejando desaparecer las culpas, nos fundimos en un largo orgasmo después cogernos ya no con locura, sino con una ternura que se descubría en nuestras miradas cuando dejé que todo mi semen se contuviera dentro de ella. Sentí que en esa misma mirada nos estábamos declarando enamorados, ella tomó con sus sedosas manos mis mejillas, me acarició y me devolvió en un beso toda la ternura que yo dejaba chorreando dentro y fuera de su concha rapadita y tersa sobre mí. —Estoy acabando, soy toda tuya. —y me volvió a besar.

    Cuando desperté por la mañana, mi cuñada traía puesto el camisolín azul eléctrico de mi mujer, el que apenas cubría su hermosa desnudez, me servía el desayuno,—yo no podía creerlo—, me miró a los ojos, me volví a enamorar de Sandra.

    —Te amo Richard, ¡No puedo esconderlo más!

    —¿Y ahora qué haremos? Le pregunté mientras descubriendo las sábanas le mostré otra vez mi calentura.

    —Te pienso compartir con mi hermana, vamos a ser tres en esta hermosa locura, que deseo, ya está decidido.

    Comenzó otra vez con sus besos suaves sobre mi pubis cuando se comió mi pija lustrada y tiesa pajeándome en su deseo, mientras acomodándose en un perfecto sesenta y nueve sobre mí, el placer del sexo oral volvió la tentación en morbo. Sentí que mi pija era una roca y viendo que mi glande era una bomba a punto de explotar se montó sobre mí y me cabalgó toda aquella mañana, no sé cuántas veces acabé en su vientre, ni cuantos orgasmos gritó ella rasguñándome la espalda que me dejaba marcada…

    —Cada rasguño es para que mi hermana vea que fuiste mío en estos días. — Yo la besé mordiéndoles los labios —ya hinchados de tanta lujuria— para que mi mujer viera que su hermanita había sangrado sobre mí y abrazándola sobre su cintura la clavé sobre los últimos orgasmos que gritó como deseando que Carina los oyera.

    Esa semana pasó ligeramente, pero nosotros gozándonos, como si fuéramos una pareja de novios, de amantes libres, mi cuñada Sandra no dejó de dormir desnuda y erótica en mi cuarto, compartiendo la cama matrimonial, durmiéndonos confundidos, entrelazando nuestras piernas, nuestros abrazos y los conjugados aromas de tanta libido entregada.

    Dejando en cada noche de aquellas nuestros húmedos orgasmos manchados sobre las sábanas, mientras que Sandra tomaba aquellos anticonceptivos que Carina le había escondido en su mesa de luz, por ello dejaba correr mi leche en su vientre cada vez. Ello revelaba el juego cómplice de dos hermanas, que se decidieron a compartir mi semen, en el mismo morboso deseo de compartirme desde esas noches.

    Cuando fuimos al aeropuerto varios días después a buscar a mi mujer y a su «supuesto amante» claramente me sorprendí cuando sin que nos vieran ellos vi que Carina se colgó del cuello de Darío, besándose en la boca a mordiscones y chupones, percibí también —mientras nos acercábamos con Sandra— que mi mujer le acariciaba el bulto a su amante y él le acariciaba su pecosa espalda dorada por el sol del Caribe.

    Sandra me miró cómplice, la miré, me dio un piquito en los labios cuando me mostró en su celular unas fotos de mi mujer desnuda en alguna playa del Caribe, con sus senos rosados y con los pezones en los labios de Darío, —y aún más y como si fuera poco—, un video cogiendo en un cuarto de hotel con el que ahora la despedía a besos delante de mí.

    Mi cuñada me dijo al oído —todo está hecho— Mi mujer claramente también me había metido los cuernos, pero nos sonrió y nos tiró un beso cuando advirtió que su hermana y yo estábamos tomados de las manos.

    Loading