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  • Pequeño trío espontaneo (HMH)

    Pequeño trío espontaneo (HMH)

    Esto sucedió ya hace unos años con mi ex novia Valeria de la que hablé en mi último relato, era una época donde estábamos experimentando mucho sexualmente y cada fantasía que teníamos la platicábamos al otro para el intentar hacerla posible, lo único que nos importaba a la hora de intimidar era obtener el mayor placer sexual que fuera posible.

    La anécdota comienza cuando un muy buen amigo mío me visita en casa un día, hablamos un poco de cómo nos iba en nuestras vidas y con nuestras parejas, para esto después el me pregunto por mi novia, yo le respondí que me iba muy bien con ella y que estaba viviendo el sueño de todo adolescente, tener sexo todo el tiempo y de muchas formas con su novia. Él se alegró al escuchar esto, le conté un par de detalles más que le sorprendieron he incluso termine mostrándole algunos nudes de ella.

    Ya para el final de nuestra plática yo le mencioné que incluso teníamos en mente experimentar con un trío algún día, ya estábamos planeando un MHM por fantasía de ella, y que si eso se lograba dar, que yo accedería a uno HMH para devolverle el favor. Le dije a mi amigo que cuando mi novia estaba muy excitada me decía “si” a cualquier propuesta sexual por mas loca que fuera, ella llegaba a un punto en donde la excitación le ganaba y solo cedía al placer. La conversación con mi amigo terminó conmigo diciéndole que incluso si un día él quería hacer un trío con nosotros solo bastaba que me dijera para que yo la calentara y él se nos uniera.

    Pasaron algunos días y la idea de un trío con mi novia y mi amigo cada vez estaba más presente en mis pensamientos del día, por lo que decidí planearlo, me puse de acuerdo con mi amigo y llego el día.

    Yo me vería en mi casa con Valeria por la mañana y comenzaríamos a tener sexo, como a ella la volvía loca el sexo oral comenzaría con eso para que su excitación aumentara rápidamente, después mi amigo comenzaría a mandarme mensajes, diciéndome que tenía una “urgencia” y que si podía pasar a mi casa en ese momento, así paso y el llego, entonces pausamos el sexo mientras yo salí a recibir a mi amigo y Valeria se quedaba en mi cama desnuda y muy excitada por el sexo oral previo.

    Volví al cuarto con Valeria y entre besos le inventé una excusa de porque mi amigo había venido de forma tan urgente a mi casa, ahí fue cuando le dije “mi amigo está afuera, ¿que te parece si cumplimos una de nuestras fantasías y lo dejamos pasar a ver cómo follamos?”

    Al principio ella lo tomo como una locura, pero después vio que estaba hablando enserio y ambos ya estábamos muy excitados por lo que al final termino aceptando incluso con un poco de nervios, le coloqué una venda en los ojos para que ella no pudiera ver (hacíamos esto seguido durante el sexo como forma de concentrarnos más solo en las sensaciones) y salí del cuarto a decirle a mi amigo que entrara. Cuando el entro le dije a Valeria que él ya estaba aquí, el solamente se sentó a un lado de la cama a mirarnos sin interactuar aún.

    Ahí estaba ella desnuda en la cama con una venda en los ojos y solamente una delgada sábana cubría su piel blanca, quité esa sábana dejando sus tetas al aire y abrí sus piernas para retomar el sexo oral y no perder esa excitación. Yo también estaba muy excitado solamente por ver que mi amigo estaba presenciando a mi novia de esta forma tan hermosa. Mientras lamía su clítoris logré sacarle algún gemido al provocarle un orgasmo, yo solo espero que mi amigo haya disfrutado tremendo show.

    Me levante para ahora ir hacía donde tenía su cabeza recostada y le dije en voz baja, te voy a quitar la venda de los ojos para que veas que ya está aquí, le quite la venda y seguido lleve mi verga a su boca a lo que inmediato ella abrió la boca, mientras ella tenía mi verga en su boca comencé a acariciarle las tetas y le hice una señal a mi amigo como invitándolo a que él también se las tocara.

    Fue aquí cuando el por fin hizo contacto físico con ella al comenzar a sobarle las tetas junto conmigo, ya eran 4 manos las que Valeria podía sentir recorrer su cuerpo mientras tenía mi verga en su boca, y logré que ver que una de las manos de mi amigo bajo a tocar el clítoris de Valeria, era una escena muy perversa y excitante que incluso ahora mientras lo escribo me hacer tener durísima la verga de solo recordarlo.

    Yo quería seguir aumentando la intensidad y en voz alta le dije a mi amigo que se sacara también la verga, Valeria vio cómo se la sacó, yo tome una mano de ella y la lleve directamente a la verga de mi amigo, para mi sorpresa rápidamente ella la tomo con su mano y comenzó a mover su mano de arriba abajo ya que estaba acostumbrada a esto, en verdad casi estallo de placer al ver que mi novia tenía una verga en cada mano.

    Yo acariciaba su cabeza de ella mientras me la chupaba y la invité a que también se la chupara a mi amigo, tardo un poco pero finalmente la probó, aunque no fue mucho ya que casi todo el sexo oral que ella estaba haciendo me lo hizo a mi mientras a él solo se la jalaba, aun así era una escena muy perversa, mi amigo bajo a hacerle sexo oral y a ella le pregunté si quería que él se pusiera un condón lo cual no quiso, por lo que la penetre solamente yo mientras ella se la jalaba a mi amigo y el seguía sobándole y besándole las tetas.

    Seguimos un rato más en esa posición hasta que ambos terminamos, finalmente le hicimos prometer a mi amigo que no diría nada de lo ocurrido y fue así como se fue, creo que el si se quedó con ganas de penetrarla pero no se dio la oportunidad para él, pero yo creo se llevó una experiencia muy loca de ese día, y yo me quedo con el recuerdo de Valeria acostada de piernas abiertas y con las tetas al aire y una verga en cada mano mientras nos la jalaba.

    Después Valeria y yo hablamos de lo sucedido y coincidimos en que finalmente no fue un trío muy en forma debido a lo espontáneo que fue, aunque aun así fue muy excitante.

    Les pido un par de disculpas debido a que he pasado mucho tiempo sin escribir y que el relato pudo ser un poco largo, pero ya tenía muy abandonada esta cuenta y por fin me di un momento de escribir esta anécdota que tenía pendiente el contarles.

    Espero les haya gustado la anécdota, disfruto mucho cuando comentan o me escriben diciéndome que tienen experiencias muy parecidas, si les gustaría que contara más háganmelo saber ya que aún tengo experiencias que nadie sabe que sucedieron.

    Gracias por leer.

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  • Un baile sensual

    Un baile sensual

    El ambiente del lugar lleno con una melodía de un Sax romántico, la luz baja en un tono cálido, apenas iluminando el lugar, un baile despacio, disfrutando de la noche, sin presiones ni tiempos, abrazados, dejándose llevar por el ritmo.

    Pegados, bailando suave, mirándole de cerca, él tomándole de una mano y rodeando su cintura con la otra.

    Ella va en un vestido rojo satinado, con el cabello suelto y sus hombros, el ritmo y el ambiente los acerca cada vez más. Se acerca a su hombro y huele un suave perfume dulce, un toque floral mezclado con frutas.

    Acariciando su espalda; sentía la piel bajo sus dedos, bajando a su cintura y posando las manos, acompañaba el movimiento de su cadera, colocando un suave beso en el cuello, justo bajo su oreja.

    Besando un par de veces más, bajando por el cuello al inicio del hombro, ella cierra los ojos y suspira; mientras se mantienen juntos.

    Sus manos vuelven a subir, esta vez por los costados, siguiendo la figura de su cuerpo, se detiene en la espalda y él la observa a los ojos con una sonrisa sutil.

    A lo cual ella le devuelve la sonrisa, él lo nota y toma el cierre de su vestido, jalándolo lenta y suavemente hacia abajo, abriéndolo. Se afloja la tela, pero se mantiene en su lugar con los tirantes aún en los hombros de ella. Él sube ambas manos y mueve los tirantes hacia un lado, haciendo que bajen por los brazos. El vestido cae poco a poco, revelando que ella va sin sostén.

    El vestido cae totalmente al piso, su cuerpo descubierto frente a él. Comienza a pasear mis manos sobre su piel, recorriendo cada centímetro, dibujándola con los dedos y estimulando los vellos de la piel al acariciarla suavemente. La luz apenas ilumina la silueta de ambos, resaltando las curvas de ella, volviéndolo un ambiente sensual.

    La música no se detiene y las caricias tampoco. Él nota cómo su cuerpo reacciona a ellas, se le eriza la piel, la respiración de ambos se acelera, ella cierra un poco los ojos; dejándose llevar.

    Él comienza a ser más atrevido, acariciándole las costillas, los muslos, el vientre, subiendo hacia el pecho.

    Las manos de él se posan sobre los pechos suaves y cálidos, sintiendo su calor firmeza y los pezones endureciéndose al roce. Ella se acerca y coloca un beso suave en la boca de él

    Sus bocas se juntan, comenzando una danza entre sus lenguas, enredándose y probando un beso pasional. Él aprieta un poco las manos, acariciando y sujetando con firmeza sus pechos. Sin dejar de besarse, comienzan a recostarse. La luz nos ilumina el camino y el deseo se siente en el aire

    Cuando él comienza a abrirse la camisa, ella aprovecha para acariciar sus brazos, usando las uñas; ella araña con deseo su pecho y espalda, terminando por soltar su cinturón.

    Observan sus miradas, que se van transformando con las caricias y los besos, cada segundo el deseo aumenta y sienten sus caricias por todo el cuerpo.

    Él se coloca entre las suaves piernas de ella, tomando su pantaleta por los costados, tirando de ella, bajando por las piernas, acariciando su piel con la yema de los dedos, disfrutando verla totalmente desnuda.

    Sienten el calor de sus cuerpos juntos, él nota su pecho subiendo y bajando; acelerado por la respiración incontrolable que causa la situación, los ojos de ella no dejan de seguirlo, él ya no puede contenerse más…

    Tomando su bóxer por el resorte, lo retira totalmente, quedando iguales, desnudos y expuestos, la piel se roza en ocasiones y suaves descargas se sienten entre los cuerpos de ambos, desatando un deseo intenso por sentirse más cerca.

    En un movimiento, él toma sus manos por las muñecas y las sube sobre su cabeza, mientras que con la rodilla comienza a separarle las piernas cada vez más, acercando su pelvis a ella.

    Sin dejar de observar, él sonríe y asiente, esperando una respuesta de ella…

    Ella sonríe en respuesta mordiéndose el labio inferior, deseando hacer eterno ese momento.

    Entiende la señal, le besa el cuello con fuerza, mientras sus cuerpos se pegan totalmente, suave y con decisión, él presiona su miembro hacia dentro, abriéndose paso poco a poco

    Un suave gemido de ella se escucha en la habitación, solamente opacado por la música al fondo. El cuerpo de ella, se estremece al sentirlo dentro, mientras sus respiraciones se unen al compás del movimiento. Al fin se sienten fundidos en uno solo.

    Por un segundo se detiene al saberse totalmente dentro de ella, disfrutando la sensación de su piel pegada a él, notando tus pechos presionados con el suyo, ella lo rodea con sus piernas en un abrazo pasional y comienzan a bailar juntos nuevamente, el mismo ritmo suave y relajado, sus cuerpos guiados por la música que les marca el compás y la luz tenue dejando entrever los gestos de placer que cada uno hace.

    Con cada movimiento, un suave gemido sale de la boca de ella, mostrando cómo lo disfruta. Él poco a poco acelera los movimientos, buscando entrar un más profundo en ella.

    La sutileza se va quedando atrás, el deseo y placer inunda sus cuerpos y mentes, ambos se mueven más rápido, mientras los sexos se unen, los pechos de ella moviéndose al ritmo de cada embestida que él da.

    Ella escucha la respiración agitada de él ahogándose en sus gemidos más fuertes, él le suelta las manos y recorre su cuerpo, estimulando cada posible sensación.

    Toma sus brazos y se inclina hacia atrás, levantando su cuerpo, quedando él acostado y ella encima, mientras siguen con su baile sexual.

    Ahora ella controla la profundidad y el ritmo del baile, mientras él siente cómo sus piernas se humedecen a causa de los jugos que salen de ella. Comienza a moverse de adelante hacia atrás, despacio, se inclina para besarlo, mientras las manos de él, le acarician la espalda y la otra entra por debajo para darle doble placer.

    Húmeda, caliente y deliciosa, él disfruta ver el deseo y la pasión en su mirada. Sentir sus manos calientes en la piel y su miembro dentro de ella.

    Ella baja a su cuello, succiona la piel, al mismo tiempo lo besa, levantándose un poco para colocarle los senos en la boca y que los disfrute.

    La sensación es exquisita, mordiendo, suave, disfrutando entre ellos. Él se incorpora, apoyándose en su pecho. Acompañándola en un viaje de placer.

    Le ayuda a moverse con las manos en su cadera, acompañando cada movimiento, cada embestida.

    Es una sensación muy rica y agradable, el movimiento los guía y ambos disfrutan de cada sensación y estímulo que reciben, comenzando a incrementar el placer.

    Ninguno se detiene y continúan bailando entre las sombras; ella arquea la espalda y continúa montándolo. Están en el clímax y al escucharla gemir sin control, libera el su cuerpo, llegando a un orgasmo que inunda sus cuerpos.

    A ambos les llena una sensación de placer y alivio en todo el cuerpo, mientras termina dentro de ella. Extasiados se acuestan juntos, relajando el cuerpo y la respiración.

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  • Una negra fantasía

    Una negra fantasía

    Me llamo Ana y siempre he sido una mujer muy tradicional a la hora de practicar sexo, no digo que llegase al matrimonio virgen, pero sí que nunca salí de una rutina clásica, sin introducir fantasías ni “posturas” raras. Todo cambió cuando mi marido me dejó por una mujer más joven, empecé a fantasear con otros hombres, incluso con varios a la vez.

    Empecé a fantasear con hombres negros, con sus cuerpos tan cuidados y con sus enormes miembros, nunca había pensado en los negros como compañeros de cama y eso me ponía muy caliente, y claro, se lo conté a una amiga. Esta me animo a que probase suerte con algún negro, yo evidentemente dije que no, era algo muy arriesgado y disparatado. Pero un día a solas en casa, mirando a mí alrededor y viendo el mundo de contención y recatamiento que había construido me di cuenta de que o me lanzaba o mi vida sexual se convertiría con mis 40 años en un camino de aburrimiento.

    Me decidí a vivir mi fantasía hasta el final, me puse una mini corta color negra y una blusa blanca casi transparente, notándose la ropa interior con encaje que tenía puesta y unos zapatos tacos aguja color negro

    Fui a un festival de música caribeña había bastantes negros en ese lugar, especialmente había dos negros hermosos muy altos y fornidos en la barra tomando ron, mientras hablaban animadamente. Nuestras miradas se cruzaron y uno de ellos se me acerco y me invitó a tomar una copa con ellos, pensé en decir que no y huir de ese lugar, pero algo me decía que era tiempo de ser valiente y acepté.

    Me presentó a su amigo Franco y Raúl, se llamaban y tomé una copa para darme valor y terminamos bailando y bebiendo hasta las 3 de la madrugada.

    Los movimientos y abrazos en el baile se volvieron cada vez más obvios yo estaba feliz y en ese momento y me propuse que esa noche no los dejaría ir, y los tendría conmigo toda la noche, y estaba dispuesta a hacer lo que fuera. Así que empecé a ser demasiado provocativa, muy atrevida en mi baile, cada vez era más descarada, los tocaba, les apretaba sus nalgas, su pecho, pegaba a sus entrepiernas, y sentía esos penes aun flácido, pero de gran tamaño, que pronto tendría entre mis manos, más descarada no podía ser

    Ellos obviamente se habían dado cuenta de mis intenciones así, salimos del lugar rumbo a la casa de uno de ellos, entramos a la casa En ese momento me di cuenta que me esperaba la noche más lujuriosa de mi vida.

    Me acerqué a Franco simulando una leve vergüenza de niña malcriada. Puse la sonrisa más picara que se me ocurrió y me paré frente a él. Lo miré a los ojos y noté en su mirada también una sonrisa picara.

    Poco a poco fui sucumbiendo ante las caricias de Franco hasta estar en plena entrega total. Sentía como su mano luchaban con éxito por agarrar mis senos y pellizcar suavemente mis pezones. Ellos respondían, endureciéndose a las cálidas caricias.

    Empecé a recibir dobles caricias que trataba de adivinar de donde venían. Manos que rozaban mis tetas, otras que acariciaban mi cola. Luego una boca que chupaba mi pezón izquierdo y otra boca que besaba y pasaba suavemente su lengua por mi cuello. Una mano que exploraba mi sexo…

    ¿Cómo no sucumbir ante tanto placer nuevo?

    Probé los labios de Raúl, besaba en forma firme y segura. Su lengua jugueteaba hábilmente en mi boca y yo respondía de la misma forma. Me gustaba sentir el cuerpo de Raúl a mi lado y su calor. Comencé a chuparle el pene que apenas entraba en mi boca, pero podía hacerlo torpemente y cumplía con darle el placer que quería darle.

    Sin darme cuenta estaba sentada en cuclillas sobre el sofá chupando el pene de Raúl, cuando de pronto siento entrar a Franco por mi vagina. Con cada golpe de penetración de Franco, el pene de Raúl entraba más y más en mi boca. Me sentía sucia, me encanta sentirme muy atrevida, muy sucia, muy puta.

    Franco empezó a jugar con los dedos en mi ano, mientras me tenía empalada por la vagina. Raúl apretaba uno de mis senos y pellizcaba cada vez con más fuerza mis pezones hasta el punto de dolerme un poco, es un dolor rico suave.

    Después de un rato me siento sobre Raúl. Me empalo suavemente sobre él, y empiezo a subir y bajar, de forma suave, pero firme.

    Franco seguía masajeando con sus dedos mi ano e intento infructuosamente trataba de penetrarme por atrás. Logró meterme sólo la puntita de su pene, lo cual me provocó muchísimo dolor. Se dio cuenta y se detuvo.

    Raúl que no paraba de moverse, explotó dentro de mí. Ese mismo calor de su semen golpeando mis paredes vaginales, hizo que mi cuerpo sintiera un calor pesadísimo que venía de menos a más. Estallamos con gemidos de placer, trató de sacarlo para no acabar dentro de mí, pero ya era tarde. No me importo, me sentía muy segura de lo que hacía y de lo que sentía.

    Comenzó a entrar y salir de mi ano, cada vez con más fuerzas y más profundo. Logré sostenerme con mis manos, ya no sentía casi dolor, solo sentía el roce caliente de su pene con las paredes de mi ano.

    Poco a poco ese calor se fue incrementando. Sentía que su pene llegaba más allá de los límites permitidos. El placer era tan intenso, que no podía y no quería negarme. Estaba sintiendo placer, quedé recostada boca abajo. Franco entraba y salía de mi ano. Sus gemidos se hacían mas fuertes, su respiración se escuchaba como el viento fuerte de una mañana tempestuosa.

    ¡¡Aaah!! ¡¡Uff!! Mmm. Estaba siendo cogida como siempre soñé, me sentía toda una puta, una puta, enorme y vulgar, haciendo lo que me pedía un desconocido, cuando me dijo:

    -Aquí tienes mi leche, -y sentí como se venía dentro de mí, uyyy, fue genial sentir esos chorros, mmm, que rico, el seguía con sus movimientos, fuertes sin cesar parecía que no se hubiera venido, cuando empiezo a sentir como sale un poco de mi ano y corre por mis piernas, guau, ese era el semen de mi negro.

    Siempre recordaré esa noche que me abrió el camino hacia el sexo grupal.

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  • El mensaje que te excita

    El mensaje que te excita

    Llegabas tarde, como de costumbre, a tu cita. Siempre te cuesta decidir la ropa que ponerte y al final, una vez elegida, acabaste cambiándola de nuevo.

    El maquillaje también contribuía a esa tardanza, y sin embargo, no podías salir de casa sin encender el ordenador y comprobar si tenías un mensaje suyo. Te morías de ganas de leerle, de saber algo más de él, de sentirlo tan cerca como cada vez que leías algo suyo, y tan intenso como si estuviera al lado tuyo haciendo sobre tu cuerpo las caricias que describía con sus palabras.

    Ahí estaba su mensaje; sus palabras formaban hileras de letras que al ser interpretadas por tus ojos provocaban esos estremecimientos en lo más profundo de tu cuerpo.

    Te habías esmerado especialmente en el atuendo interior ese día, habiendo hecho uso de buena parte de tu lencería preferida. Te habías puesto tus medias negras con liguero, que te hacían sentir aún más sexy. La acompañabas con un tanguita negro muy pequeño, que dejaba tu depilado sexo aprisionado bajo él, si bien tus labios siempre acababan saliéndose por los lados con tus movimientos… notabas la delgada cinta del tanga completamente pegada a tu sexo, habiéndose quedado por fuera tus labios. En cuanto al sujetador, hacía perfecto juego con el resto de lencería.

    Para vestirte habías elegido un ceñido vestido negro, bastante corto, que realzaba tu figura, dejando ver perfectamente las curvas de tu cuerpo, de tu cintura, de tus pechos y, al tiempo, mostraban un generoso escote que sin duda, invitaba a la imaginación. La sensualidad que irradiabas era increíble, y tu sola contemplación bastaba para acrecentar la sensación de intenso deseo que te inundaba. Unos tacones bastante altos, nada cómodos pero terriblemente bonitos, completaban la bella imagen que te devolvía el espejo cuando apareciste delante.

    Comenzaste a leer su mensaje. Era otra indecente propuesta suya que tanto te gustaba recibir. Insinuaba lo mucho que le excitaba la idea de que pudieras masturbarte para él. Tu excitación iba en aumento. También te excitaba la idea. El recuerdo de tu sensual imagen en el espejo acudía repetidamente a tu mente. Notabas el tanga completamente pegado a tu sexo. Estabas siendo invadida por una arrolladora avalancha de pensamientos a cuál más erótico.

    Conectas tu cámara. Sólo por ti. Sólo para ti. Te excitaba mucho la idea de verte en tu pantalla, vestida para follar, y cuando te viste, no pudiste resistirte a la tentación de dejar deslizar sobre la piel de tu escote tus dedos, recorriendo lentamente tu cuello con el dorso de dos dedos. Notas tu sexo entre tus piernas arder de deseo. Te levantas de la silla y contemplas la imagen que está en la pantalla… Tus manos recorren todo tu cuerpo, tus muslos, tus piernas, tus caderas, deslizándose suavemente sobre la suave tela. Tu vientre, tus pechos, tu cintura es recorrida lentamente, hasta que tropiezas con la cremallera del costado, y vas bajándola suavemente.

    Tu vestido cae dejando ver tu ropa interior; tu sexo rebosa por los lados de tu pequeño tanga, y tus dedos juguetean con ellos. Tus manos acarician tu sujetador notando como tus pezones se endurecen aún más. Los aprietas entre el encaje que los rodea. Los pellizcas suavemente dejando que tus dedos noten su dureza. Acabas quitándote el sujetador y te quedas con tu minúsculo tanga, y unos pechos enormes que se mueven sensualmente al compás de tu cuerpo.

    No paras de acariciarlos dulcemente, de pellizcarte los pezones, de rozar con la yema de tus dedos esos duros apéndices que rematan esos pechos tan bellos, que no paran de moverse, de bambolearse ayudado por el movimiento de tu cuerpo. La imagen de la pantalla te tiene cada vez más excitada. Te gusta, te excita el contemplarte así de sensual.

    Ya solo te quedan las medias, los tacones y tu tanga, pero tus manos hace tiempo que no paran de acariciar tu clítoris por encima del tanga, de pellizcarte los labios que sobresalen por los lados y darles pequeños tironcitos que te están volviendo loca. Tus jadeos cada vez son más fuertes, más sonoros, más excitantes.

    Colocas una pierna sobre la silla y te dedicas a abrir tu sexo todo lo que puedes. Te clavas la cinta entre tus labios y aún más cuando coges entre tus dedos tu tanga y tiras hacia arriba, moviéndolo suavemente hacia los lados, de manera que la cinta negra acaba arrastrando tus labios de un lado a otro, uniéndolos, dejándolos escapar por un lado, para de nuevo introducirse entre ambos separándolos, para volver a dejarlos escapar por el lado opuesto. Vuelves a tirar hacia arriba, notando cómo acaba queriendo penetrar en tu sexo.

    Te demoras en este juego un buen rato, sin prisas, jugando con tus labios, con el roce de tu tanga sobre tu clítoris, sobre tu vulva, que palpita de deseo, notando sobre tu sexo los latidos de tu acelerado corazón.

    Tienes el tanga totalmente empapado de la humedad que estás sintiendo. Te gusta estar así. Ya no tienes ninguna intención de llegar a tu cita, con lo que acabas abandonándote al placer y acabas quitándote el tanga. Sólo tus medias negras, tus ligueros, y tus tacones.

    Te inclinas sobre el teclado, viendo tus pechos sensuales, y como tus manos están acariciando tu clítoris con movimientos rítmicos, tus pechos reproducen esa cadencia incrementando la sensualidad del momento. Abandonas momentáneamente tu clítoris porque tus dedos están entrando por fin en tu húmedo sexo.

    Tienes dos dedos lo más profundo que has podido meterlos dentro de ti. Despacio, sin movimientos bruscos. Simplemente has colocado dos dedos en la entrada de tu vagina, y suavemente, has ido empujando sin retroceder hasta que el resto de la mano ha hecho de freno. Han sido increíble las miles sensaciones que has tenido en un momento. Poco a poco los vas retirando, despacio, notando cómo tu sexo vuelve a cerrarse, como si no hubiera estado totalmente entregado a tu propia penetración un instante antes.

    Sacas los dedos y despacio los llevas a tu boca para sentir tu sublime sabor. Te excita. Sentir el sabor de tu coño en tu boca es algo que siempre acaba llevándote a la locura. Los chupas despacio, sacando todo el sabor, notando la textura tan peculiar que adquieren tus dedos cuando los metes en tu sexo. Esa humedad, ese tacto, esa viscosidad, ese sabor, ese olor, te transportan a un mundo de sensaciones que siempre te desborda. Como te estás sintiendo ahora.

    Tus dedos vuelven al camino anterior, invadiendo tu intimidad, contemplando tu imagen abierta de piernas y con tus dedos dentro en la pantalla de tu ordenador. Colocas la cámara de manera que capte perfectamente el momento en el que te sientas de nuevo ante el ordenador, colocar ambas piernas sobre la mesa, totalmente abiertas y tus dedos comienzan a entrar y salir a mayor velocidad de tu sexo. Notas cómo tu mano te está follando, cómo tus dedos te están follando, llenándote de placer, ya no son dos, sino tres los dedos que has metido, pero aún tienes ganas de más…

    Estás tan excitada que no sientes dolor ninguno cuando tus dedos pellizcan tus pezones fuertemente. Tampoco cuando tu mano abierta acaba dándote un cachete bien fuerte en tu propio culo, sintiendo aún más placer por el golpe sonoro y seco que produce sobre tu piel. Por fin te dedicas a penetrar tu sexo con una mano mientras la otra está totalmente centrada en tu clítoris… Te ves en la pantalla. Te excitas aún más.

    Tus gemidos y gritos de placer inundan la habitación… No puedes más…

    Tus ojos no pueden estar abiertos… El placer los cierra… tu mano se empapa aún más…

    Te has corrido de una forma espectacular… tu mano está empapada…

    Recoges todo el líquido que puedes y lo esparces sobre tus pechos, que lo recibe mientras todavía sientes espasmos de placer en tu sexo.

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  • Me encanta disfrutar de esa enorme macana

    Me encanta disfrutar de esa enorme macana

    Me casé en 2001 y tuve mi primera hija en 2003. En diciembre de 2005 fui a una fiesta navideña que ofreció la escuela en la que doy cursos de manera ocasional. Llevé un vestido corto negro y unas zapatillas muy bellas. De acuerdo a comentarios de las personas con las que bailé me veía muy bien. Mi esposo se quedó en casa con la niña. Una amiga que era quien había prestado su casa me presentó a su hermano, Carlos. un hombre fornido de como 1.80 de estatura y que tenía bigote y una barba mal cuidada. Tenía aspecto de policía judicial, pero en realidad era un migrante que vivía diez meses en Estados Unidos y que venía en diciembre y se marchaba nuevamente en enero.

    En la fiesta bailé con él y me dio de beber puros preparados dulces que obviamente me emborracharon muy rápido. Se ofreció a llevarme a mi casa. Le comenté que era casada y que debía llegar temprano. Eran cerca de las 24 h. Me llevó y en el camino me preguntó si podíamos pasar a su casa para que recogiera algo que había olvidado y acepté. Quedaba de camino.

    Una vez que estuvimos en su casa, fue por el paquete que le urgía y yo me senté en el único sofá que había en la sala, a esperarlo. Pero vino y me abrazó violentamente y me besó a la fuerza. Yo traté de separarme de él y no lo logré pues era mucho más fuerte que yo. Me quitó el vestido hasta casi arrancármelo y me siguió besando a la fuerza. Yo decidí no oponer resistencia y fingí corresponderle un poco porque tenía miedo que me violara o al menos eso pensaba que ocurriría.

    Una vez que me dejó apenas con mi tanga -no llevaba sostén- me metió el dedo en la vagina y me dolió pues sus manos eran grandes. Fue a la cocina y se untó un poco de mantequilla y me penetró. Me dolió pues tenía un pene muy grande y jadeó hasta que se salió y arrojó el semen en el piso. Me dijo que me vistiera y me llevó hasta la esquina de donde yo vivía.

    Me quedé muy contrariada y lo volví a ver a mediados de enero. Paró su camioneta pick up y me pidió que subiera. Lo hice sólo porque me pidió disculpas y añadió que había tomado mucho y que había perdido el control. En esa ocasión fue tierno. Estaba a punto de marcharse a Estados Unidos y dijo que no quería irse así. No le creí mucho pues él era casado y tenía tres hijos a pesar que era un hombre de apenas 26 años. En ese entonces yo tenía 31 años.

    Me pidió si le permitía llevarme a casa y ya su actitud era distinta. Una vez que pasamos frente al campo militar me preguntó si quería dar una vuelta y accedí. Se desvió hacia un lugar llamado Medellín y en un paraje inhabitado se desvió nuevamente y puso su camioneta debajo de varios mangales. Allí comenzó a besarme y acariciarme con delicadeza y me excitó mucho. Me quitó el sostén que llevaba y la falda también y me acarició mi vulva y la lamió como todo un experto. Yo estaba ardiendo.

    En eso él llevó mi mano izquierda a su pene cubierto por el pantalón y pude sentir un bulto enorme. Se quitó el pantalón y la trusa y su pene sin erectarse se veía muy grande. Inmediatamente que lo metí en mi boca comenzó a erectarse y de repente ya se veía descomunal. Fácilmente y sin exagerar debe medir por lo menos 25 centímetros completamente erecto y además grueso. Se lo mamé y lo lamí. Yo me preguntaba qué iba a hacer otra vez con ese pito en mi vulva pues lo agarraba con mis dos manos y todavía quedaba un buen trozo de carne.

    Él estaba muy excitado y me pidió que me sentara en su pito. Antes de eso cuidó que yo estuviera bien lubricada para que pudiera entrar sin tantas complicaciones. Primero sentí dolor y luego un inusitado placer pues él arremetió muy delicadamente. Me sacó el pito y me lo volvió a meter sólo que ahora mi espalda chocaba con su pecho y fue una sensacional tremenda. Gemí de placer al sentir esa macana adentro. Luego me cogió en otras posiciones y al final eyaculó dentro de mí. Fue una gran sesión de sexo.

    En marzo de 2006 comencé a sentirme mal. Perdí el apetito, bajé de peso, tenía náuseas y me mareaba con facilidad. Me desmayé durante un curso y me llevaron con el médico de la escuela quien pidió una prueba rápida de embarazo y se comprobó que estaba esperando un hijo. Aunque tenía encuentros con mi esposo como es lógico, recordé que mi migrante me dejó ir chorros abundantes de semen. No tenía duda que el bebé que tendría era de él.

    Él regresó hasta diciembre de 2007 y nos encontramos otra vez y a partir de allí, año con año tenemos uno que otro encuentro furtivo. Tener sexo con él es sensacional pues, aunque sólo lo veo una vez al año me encanta disfrutar de esa enorme macana que la vida le regaló.

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  • Mi hermana y yo nos quitamos la calentura (parte 2)

    Mi hermana y yo nos quitamos la calentura (parte 2)

    El lunes cuando regresó mi novia de casa de su familia le conté lo que pasaba con mi hermana y su marido. Se apenó mucho, pero como ella sabía que yo salía los fines de semana pensó que ahora que mi hermana estaría en casa de viernes a domingo podría golfear menos, con lo cual también se alegró, lo que ella no sabía es que la golfería podía hacerla ahora en casa.

    Mi hermana me había dejado como una moto o lo que se suele decir muy cachondo así que tomé a mi novia y me la llevé a la habitación, pues no aguantaba más, sin decir ni permitir que dijera palabra la tiré sobre la cama, empecé a besarla mientras mis manos le iban desabrochando la ropa. Primero la blusa, después la falda y por último unos sostenes negros pequeños que dejaron al descubierto sus pechos con sus pezones rozados.

    Acerque mis manos a sus pechos acariciándolo con cuidado al principio y amasándolos después con fuerza, para seguir de inmediato recorriendo los pezones con la lengua. Llevaba ya mucho tiempo dedicado a dar masaje a sus bubis que es así como le llamaba ella a sus protuberancias mamarias.

    Ella no movía ni un músculo, solo su respiración sé hacia más profunda y entrecortada. Aparte sus bragas a un lado y deje al descubierto la raja de su concha pase un dedo por ella intentando averiguar lo húmeda que se encontraba. Estaba realmente cachonda a decir por los jugos que salían de su concha.

    Sin apenas tocar su concha se vino con un colosal orgasmo. Yo le puse mi polla en la boca y me dediqué a follarla por aquel lugar pero sin querer aun terminar.

    Mi boca bajo hasta su vulva la lengua penetro entre los pliegues de sus labios recorriéndolos de arriba abajo hasta pasar por los más recóndito rincones de su sexo.

    Poco a poco llegué a concentrarme en el endurecido clítoris. Mi lengua pronto paso a lamer circularmente la zona y a pasar la lengua por encima del clítoris. Cada vez que hacía presión sobre su clítoris todos sus músculos sé tensaban todos, de pronto todo su cuerpo se convulsiono en un orgasmo descomunal. Yo aún seguía con mi pene en su boca.

    Deje que se repusiera un poco para volver a la carga con ella, pero esta vez le ensarté su almeja con mi verga y empecé a bombear con fuerza y a un buen ritmo, mi pene que aún no se había corrido ninguna vez y estaba más duro que una barra de hierro empezó a brotar leche como si de una fuente se tratara, todo se quedó adentro de su coño, poco a poco la leche que deje dentro fue saliendo de su vagina.

    Le acerqué mi verga a su boca para que la dejara limpia mientras lo hacía me llegó una nueva erección más dura si cabe que la primera, le di la vuelta a mi novia le abrí las nalgas y empecé a lubricar su ano con mi saliva al tiempo que le metía un dedo en el ano seguí lubricando su ano y metí otro dedo. No quería meter muchos dedos ya que como era la primera vez que se la metería por el culo no la quería muy dilatada.

    Jamás me había dejado que se la metiera por aquel agujero, pero hoy ya estaba tan agotada que creo que no se enteraba de lo que se le venía encima le abrí las piernas ella no opuso ninguna resistencia apunte con mi pene la entrada de su ano y de espacio fui acercando mi verga a su ano.

    Cuando toqué su ano ella solo tuvo fuerzas para decir que por allí no por favor, no termino de decir la frase que ya tenía la punta del glande metido en el ano y seguía entrando despacio muy despacio. En el desvirgue anal tuve que detenerme algunas veces para lograr que su ano se acomodase a tener mi polla dentro. Una vez conseguí que mi polla estuviera dentro me detuve solo un momento y empecé a bombear primeramente con suavidad y después más rápidamente mí novia no pudo decir nada de tanto en tanto solo algún quejido.

    Al rato me vine allí dentro todo su recto quedo inundado por mi leche mientras aun salía la leche de su vagina saque mi verga de allí dentro y se la puse en la boca para que la limpiara.

    Mientras me cogí a mi novia soñaba que estaba ella, mi hermana y yo dándonos placer.

    Aquella semana empezaba bien aún no era la tarde y había desvirgado el ultimo agujero que le quedaba para desvirgar a mi novia.

    Por la noche nos esperaba otra sección de sexo.

    Después de cenar nos sentamos delante del televisor no hacían nada interesante y nos empezamos a besar y acariciar nuestros cuerpos. Yo le quite la ropa hasta que se quedó como su madre la trajo a este mundo. Mis manos recorrieron cada centímetro de su piel ella se calentó con mucha facilidad.

    Yo me calenté otra vez pensando que estaba contemplando a mí hermana y ella haciendo el amor como si fueran lesbianas.

    Esta vez no aguante tanto tiempo antes de meter la en su coño estaba super excitado así que toda para ella. Empezando a bombear casi de inmediato mientras le metía un dedo en el culo para ver como termino el trabajito que había desarrollado en la sección anterior. Cuando sintió mi dedo ella se quejó diciendo. Aun me duele. Deje que ella se fuera recuperando del desvirgue que había sufrido. Por lo tanto, no hicimos sexo anal.

    Pronto nos corrimos los dos y decidimos irnos a la cama allí jugamos otro ratito dejado para mañana otra sección de sexo.

    Aquella semana aprovechamos para tener sexo en todas las ocasiones que se nos presentaron y por todos los sitios. Aunque tardamos 3 días en tener sexo anal.

    Todos los días hasta que llegó mi hermana el viernes fantaseé con ella y mi novia cogiendo entre ellas y conmigo.

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  • De regreso a la escuela

    De regreso a la escuela

    Bueno, lo que les voy a contar me sucedió hace tiempo en un local bailable.

    Yo estaba colaborando con la escuela de mi pueblo, pertenecía a un comité que ayudaba en actividades para recaudar dinero para el funcionamiento. Se decidió realizar un baile, desde el día que lo planearon pensé que esa sería la noche en que yo iba a culear con otro hombre. Esa noche me tocaba con una amiga estar cobrando la entrada al baile, era de la escuela de mi pueblo. Estaba decidida a ser culeada por el primer hombre guapo que me lo pidiera, a pesar de mis cuarenta y cuatro años me conservo muy bien. Ya había pensado donde lo podría llevar para que me cogiera.

    Ya estando allí me encontré con una amiga de mi barrio la cual me presentó a su amigo que había venido de otra ciudad a pasear y bailar un poco, grande fue mi sorpresa cuando la vi, era un hombre de unos 25 años, tez morena, pelo castaño corto, de 1,70 de altura aproximadamente, con una cola espectacular y un bulto que yo se lo deseaba a mi marido, pero lo que más me impactó fue su mirada (de seguro se reirán por esto) ya que tenía una mirada de “come-mujeres” que mataba. Con solo verlo la vagina se me puso a mil, sentí donde se me comenzó a mojar con solo ver a este hombre.

    Después de presentarnos, (él se llamaba Carlos) el ingresó al baile siendo la admiración de las mujeres, yo me propuse que no iba a ser para ninguna de ellas, tenía que ser mío esa noche mientras mi marido estaba durmiendo en la casa yo me tenía que culear a Carlos a como diera lugar, se tomó un refresco y buscó mi mirada.

    Yo tenía puesta esa noche una blusa donde sobresalían mis pechos, a pesar de mis cuarenta años yo los conservaba hermosos por mis ejercicios, yo también le busque su mirada, y con un gesto le dije que me llevara a bailar, dejé a mi amiga sola cobrando y nos pusimos a bailar y a cada movimiento que dábamos trataba yo de apoyarlo un poco a mis pechos, cosa de lo que él se dio cuenta ya que él también se pegaba un poco mas a mi a cada apoyada.

    Luego de esto nos fuimos a tomar unos tragos y luego de charlar un rato le dije si podíamos salir afuera un momento ya que allí dentro hacía mucho calor. Accedió y salimos, cuando pasé por la puerta le dije a mi amiga:

    -Busca quien te ayude a cobrar, yo tengo que culearme a este hombre, hoy le voy a poner los cuernos a mi marido, me tengo que desquitar que él tenga otra mujer y creo que voy a estar ausente por largo tiempo, si te llama mi marido le dices que estoy ocupada adentro y que no lo puedo atender, que me deje el recado.

    Caminamos un poco y llegamos hasta un paredón de la escuela de mi pueblo y nos sentamos a charlar. La misma giraba en torno a si tenía pareja, cosa que me negó diciéndome que hacia un par de meses que “nada de nada”.

    Esto me ponía mojada de solo pensar las ganas de coger que tendría este macho. Luego me preguntó a mí, y le dije que yo tenía pero que tenía algunos problemas de pareja por el momento, no le podía contar cuando me culeó el primer yerno, el camionero, el amigo de mi amiga Merce, o el chofer de mi marido. De repente se quedó mirándome muy serio y me preguntó… “¿hace cuanto que no la ponés?”…

    Yo me quedé absorta por la pregunta y le dije:

    -¿La pongo a qué?

    -Pones tu vagina a que te coja tu marido

    -… Desde hace un par de meses…

    Él se sonrió y me dijo… “creo que estamos en igualdad de condiciones…”. Yo no aguanté más y lo tomé por la cintura, acerqué mis labios a los suyos y nos fundimos en un solo beso en el que nuestras lenguas eran solo las que hablaban. Yo comencé a sobar su verga y el mis hermosos pechos a lo que yo acepté con unos suaves quejidos.

    Sus manos no abarcaban por completo mis pechos eran grandísimos. Luego llevó sus manos a mi cola y pudo sentir la dureza de mis nalgas. Yo mientras tanto, entre gemidos, le tocaba la verga, que para ese momento estaba dura como una piedra, yo no podía creer lo que me estaba pasando.

    Después de un rato de toqueteo le dije que nos fuéramos al fondo de la escuela, ya tenía bien mojada mi vagina y no aguantaba las ganas de que me metiera su verga, yo tenía la llave del portón, en ese momento por la calle no pasaba ninguna persona ya que estaban en el baile, y hacia allí nos dirigimos, llegamos hasta la parte trasera de un aula la cual estaba iluminada por un bombillo y desde allí no nos podían ver desde la calle, en reuniones que había tenido en la escuela yo había analizado el lugar donde podría llegar a culear, ya que un padre de un alumno un día que nos quedamos solos me había propuesto cogerme ahí pero yo no lo acepté porque quedaba poco tiempo para que mi marido llegara a recogerme e irme a casa.

    Una vez allí, me subí la blusa y me desabroché el corpiño, los pechos mas hermosos y grandes que vio en su vida los tenía ante el ahora. Los tomó entre sus manos y se llevó uno a la boca, tenía los pezones grandes los cuales comenzó a chupar como si fuera un bebe.

    Yo le preguntaba entre quejidos si le gustaban mis tetas, que se me las podía comer a gusto. Mis manos ya habían desabrochado su pantalón y comenzaba a jugar con su verga por encima de sus calzoncillos. Luego se los bajé y me agaché delante de él engulléndome todo su pedazo hasta las bolas. Yo gemía por el placer que este hombre me estaba dando mientras el me acariciaba y exprimía mis pechos entre sus manos. Miró hacia abajo y podía ver mis ojos mirándole fijamente y moviendo mi cabeza hacia atrás y adelante, haciendo ruido con mi lengua sobre su verga. lo tomaba por los cachetes del culo y lo llevaba hacia mi pidiéndosela mas adentro.

    Él ya estaba por acabar y sacarla de mi boca, pero yo la muy puta le apreté de los cachetes del culo para que no me la sacara. El sintió un escalofrío por su espalda y un placer extremo por lo que me descargó toda la leche en mi garganta, de la que no se escapó una sola gota. Luego con mi lengua se la dejé limpita.

    Cuando estuvo un poco repuesto yo le miré y le dije “ahora te toca a vos darle placer a esta mamita…” y sin más ni más me quité los pantalones. Tenía puesta una tanguita color crema que se me metía toda en el culo, de solo verme se le puso dura de nuevo, a lo que se agachó y hundió su cara entre mis piernas besándome a través de mi ropa interior, estaba toda mojada por mis flujos de la excitación que sentía. El comenzó a morder mis labios por encima de la tanguita y a pasar un dedo por encima de mi clítoris, yo me quejaba y decía:

    -… así, mi bebe, así, comeme toda… ayyy.

    El directamente me arrancó los calzones de un tirón quedando ante una espesa mata de pelos del cual se desprendía un hermoso olor a perra en celo. Abrí mis piernas y las apoyé en un filo de la pared con lo cual mi vagina quedó toda a su disposición.

    Se abalanzó sobre sus labios carnosos, los cuales mordía suavemente y con lo cual yo pegaba un gritito de placer, sus dedos tocaban mi clítoris arrancando los suspiros más lindos que oí en mi vida. Uno me lo empezó a meter suavemente a la vez que me chupaba el clítoris.

    Yo parecía una loba, me movía arriba y abajo emitiendo quejidos cada vez más fuertes, sus dedos se movían cada vez mas fuerte dentro de mi, los tenía empapados por mis jugos.

    Luego tomé sus cabellos y comencé un mete y saca con su cabeza que yo creía que me lo iba a ahogar, a todo esto el no dejaba de meter lengua y dedos. El orgasmo que tuve, según como le conté luego, fue espectacular. Mi vagina se contraía con unos espasmos espectaculares a la vez que su cara se iba llenando de mis jugos orgásmicos. Mis gritos eran realmente fuertes, por lo que pensé que nos podrían estar escuchando, cosa que me excitó a sobremanera, no me di cuenta que mis gritos llamaron la atención del padre que me quería culear, él estaba en la escuela y se acercó para ver que pasaba.

    Carlos se paró y con su verga al palo me la hundió hasta el fondo. Yo pegué un grito de placer de sentir bien ocupada mi vagina y me aferré a su espalda comenzando un sube y baja genial, nuestros cuerpos se acoplaron perfectamente a un movimiento realmente excitante. A cada empujón de él, yo gritaba que por favor no me la saque más que me la deje toda adentro…” soy tu putita” le decía. Él me tomaba por mis nalgas y me la hundía más al fondo. Tenía sus manos empapadas.

    Me movía como ninguna, mientras el chupaba y mordía mis hermosos pechos que tenía ante él. Nuestros gritos llenaban el silencio de la noche, yo le arañaba la espalda y le decía…”quiero que acabemos juntos, mi amor, por favor”. De repente comenzó un movimiento furioso de mete y saca al saber que ya estaba por llegar “… ahora, mi amor…” me dijo y me descargó un chorro mas grande aún que el primero, yo arqueaba mi espalda mientras le gritaba: “… que bien me cogiste, mi amor, me acabé toda con vos… que puta que soy… soy la mas puta de todas…”.

    Por sus piernas corrían nuestros jugos, a lo que yo me agaché y los comencé a beber diciendo: “… mirá como mamita se toma toda la leche…”, luego seguí con su verga en la que no dejé ni un rastro de nuestra aventura.

    Después nos vestimos, y nos quedamos un rato mas charlando entre besos y toqueteos Le dije que vaya a mi casa, que vivía sola en el día ya que mi marido sale a trabajar y no regresa hasta en la noche y mis hijos no pasan el día en la casa, y que allí podríamos continuar esto que habíamos comenzado, que hacía mucho tiempo que no me ocurría algo así, que podíamos culear en la cama sin ninguna prisa de que llegara alguien. Salimos del fondo de la escuela y al pasar frente a la oficina noté que había luz y me asomé, ahí estaba el padre de familia que me quería culear.

    Le dije “Hola, pasé por aquí porque vi luz y vine a revisar”.

    Me contestó ¨Hola Haydeé, que está haciendo Ud. aquí si tenía que estar cobrando la entrada al baile”.

    Andaba en mi casa.

    -No me mienta Haydeé, si yo la vi en el fondo de la escuela culeando con su amigo, que pasa que no ha querido culear conmigo, sus gritos me hicieron asomarme para ver que pasaba. Si no se deja culear se lo cuento a su marido, Ud. es la que pierde.

    -Deme tiempo al tiempo, voy a ir a dejar a mi amigo y después hablamos.

    Cerré la puerta y le di un gran beso, él me acarició mis tetas y yo su verga.

    -Espérese que un día de estos voy a ser toda suya, vamos a culear sin presiones, con buen tiempo.

    Salí, me despedí de él y salí con Carlos a la calle comprobando que no pasara nadie y nos viera salir de ahí y le fueran con el cuento a mi marido que me vieron en la escuela a altas horas de la noche sola con un hombre. Luego fuimos hasta el salón para cerrar caja, y mi amiga me preguntó como me fue en mi culeada, le dije que de maravilla, me dijo tu marido llamó que no te podía venir a recoger, que te acompañara a la casa, pero tu amigo te puede ir a dejar y yo le digo que fui yo, cuando cerramos el salón el padre de familia me dijo:

    -Haydeé, yo la voy a dejar a su casa, tal vez podamos culear de camino en un lugar apartado de la calle.

    -No, mi amigo me va a ir a dejar a mi casa, después hablo con Ud., su tiempo llegará

    Carlos me acompañó hasta la casa y como todavía teníamos ganas en el garaje nos pusimos a culear de nuevo sobre la tapa del carro, me bajó los pantalones hasta la rodilla se sacó su gran verga y de un solo envión me atravesó mi vagina, que estaba bien lubricada de la cogida anterior y de la sobada que me dieron en la oficina, de sus embistes movíamos el carro y me dio otra descarga de semen y allí nos despedimos, yo con mi vagina bien mojada y el con su verga bien exprimida, lo cité para el lunes cuando no hubiera nadie en la casa y pudiéramos culear muy rico en la cama de mi habitación.

    Al siguiente día se iba a su ciudad, llegó el lunes en la mañana a culearme, esperó que se fuera mi marido y nos dimos gusto culeando toda la mañana en mi cama.

    En la noche tuve reunión para cancelar las deudas del baile, al final me quedé sola con el padre de familia, le dije:

    -Ya se fueron todos solo Ud. y yo quedamos, aprovechemos para culear antes de que venga mi marido a buscarme, yo le dije que su tiempo iba a llegar.

    Quitamos todo del escritorio, el comienza a acariciarme las tetas y al poco tiempo me quita la blusa y me las deja al descubierto y me da una buena mamada, yo le acaricio su verga sobre el pantalón, se siente que es de gran calibre, me deja pensando todo lo que me va a meter.

    Me quito el pantalón dejándome solo mi tanga y él se inclina y me comienza a dar besos sobre mi vagina, aparta la tela y me da una buena mamada que me hace gemir y suspirar, me quita la tanga por completo, se pone de pie y se quita el pantalón quedando en bóxer con su gran bulto bien erecto, me acerco a él y se lo bajo dejando libre para mi aquel gran pedazo de carne, me quedo asombrada de ver su tamaño, es un poquito más grande que la de mi amigo con quien me vio culeando. No me haga daño porque entonces mi marido se va a dar cuenta que estuve culeando.

    -No se preocupe, Haydeé, yo se la meto poco a poco, a lo que Ud. aguante.

    Me acuesto sobre el escritorio levanto mis piernas y le dejo mi vagina a su disposición, él se coloca al frente y me acerca su gran verga a la entrada, me la comienza a rozar de arriba abajo, me hace temblar de sentirla a la entrada, poco a poco me la comienza a hundir y yo a gemir, comienza con un mete saca poco a poco y cada vez más apura el paso, al lubricarse más mi vagina me la hunde más hasta metérmela toda, es delicioso sentir toda mi vagina bien ocupada.

    -Tómate todo el tiempo en culearme, necesito disfrutar esto.

    Estuvimos cinco minutos en esta posición después de que me la metió toda, me desconecta sintiendo un ¨plof¨ cuando me la saca, me bajo del escritorio y me coloco dándole la espalda inclinada sobre el escritorio con toda mi vagina a su disposición, me la hunde de un solo envión sintiendo donde me separa todo los pliegues de mi vagina con su gran verga

    Siento delicioso sus embestidas y me agarra de mis hermosas tetas para apoyarse y no dejarme nada afuera, me hace gemir y gritar, me saca suspiros de la gran cogida que me está dando, apura el paso y al poco tiempo siento donde me va a descargar todo su semen el cual pretendía regármelo en las nalgas y no lo dejo que me saque la verga de mi vagina, quiero sentir sus chorros dentro de mis entrañas, siento donde me inunda toda y los dos llegamos a nuestros orgasmos al mismo tiempo, me tiene conectada cuando suena el timbre del portón, es mi marido que me llega a buscar, termina de darme toda su descarga y se queda dándome varias embestidas

    -Ya, ya, pare, no siga que me busca mi marido, no nos dimos cuenta del tiempo, otro día culeamos en otro lado. Póngase la ropa mientras yo me limpio y me pongo mi ropa, no voy a llegar a mi casa con mi vagina toda llena de semen, entreténgalo mientras me alisto.

    Salió al portón y atendió a mi marido:

    -Dele un momento, ahorita viene Haydeé, está ocupada recogiendo y guardando unas cosas.

    Escucho donde él le responde:

    -No tenga cuidado, aquí la espero.

    El regresa a la oficina y me encuentra poniéndome la tanga y me toma de la cintura y me da un beso, y me toca mi vagina y al momento tiene su verga fuera del pantalón y me la introduce nuevamente y me comienza a culear ahí, de pie, yo le respondo ya que su verga me ha dejado bien satisfecha y excitada, culeamos por cinco minutos y da otra descarga de su semen, me desconecta y sale su semen sobre mi pierna, me tiene bien inundada mi vagina, me limpia con una toalla las piernas de abajo hacia arriba hasta llegar a mi vagina la cual me mama.

    -Ya, pare, me tengo que ir, mi marido me está esperando, hoy tengo que culear con él y voy a llegar sin fuerzas y sin ganas.

    Me suelta, me visto rápidamente y salgo. Le digo a mi marido:

    -Estaba recogiendo todos los documentos de la actividad y guardándolos en los archivos.

    Pero el que me estaba recogiendo a mi era el padre de familia y me estaba guardando su verga en mi vagina.

    Tiempo después fui al pueblo de Carlos y me fui a su casa, en ese tiempo estaba de vacaciones junto con él su sobrina amiga mía, o la que nos había presentado, era una chica un poco gordita pero muy linda. Algo pasó con ella también que tuvo que salir de la casa y nos quedamos solos culeando para envidia de las jovencitas de su pueblo que a pesar de mis cuarenta años él siempre me quería coger, prefería una buena vagina con experiencia.

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  • La esperada aventura con Conchi

    La esperada aventura con Conchi

    Recordaba haber pensado en Conchi alguna vez antes. Si que había tenido alguna fantasía antes con ella, algo rápido, nada especial ni recurrente.

    Sin embargo, creo que lo que paso después creció por puro morbo, o quizás un juego de seducción, un juego mutuo. Un juego largo.

    No sé cuándo pudo haber empezado, nunca se lo pregunte, ni soy consciente siquiera de cuando empecé yo a jugar. Estas cosas surgen de tantas veces que salimos en pandilla. Su marido y yo nos conocíamos desde hacía muchos años y en cuanto empezaron a salir juntos nos la presento a todos, sin embargo, pasaron muchos años desde aquello.

    Si soy consciente de haberla observado, algunas veces detenidamente durante nuestras tardes de vinos, y si recuerdo especialmente un día de final de primavera donde prefiero empezar a pensar en nuestro juego. La tarde empezaba a oler a estío a hierba agostada y a pesar de estar anocheciendo, se agradecía estar sentados en aquella terraza. Yo había llegado con mi mujer un poco tarde, para no perder esa costumbre tan propia de nosotros dos. Todos nos esperaban sentados en dos mesas circulares de madera, de cara al jardín donde corrían los hijos de las otras parejas del grupo.

    Cuando me senté, quedé situado entre las dos mesas y Conchi sentada enfrente de mí. La curvatura de las mesas dejaba prácticamente vacío todo el espacio entre nosotros y cuando bajé mi vista encontré sus piernas cruzadas delante de mí. Vestía un vestido muy ligero de color turquesa con unas sandalias en el mismo color, con tres finas tiras con algún adorno blanco. Creo que al menos deje caer los ojos hasta sus pies en un par de ocasiones para subir despacio por su pantorrilla y su pierna hasta donde el vestido me dejaba disfrutar de la adorable vista.

    Mientras continuábamos la conversación con muchas risas y alborotos, mi mirada cayó una vez más, disfrutando de las sandalias de tacón, de sus juguetones deditos, del fino tobillo, la suave piel de su rodilla y muslo, y… de su mano, que separo despacio la abertura de su falda para dejarme libre una extraordinaria vista del interior de sus muslos ya ligeramente bronceados y del comienzo de la braguita blanca que vestía.

    Un poco turbado fui incapaz de volver a bajar la vista durante toda la tarde, ni siquiera le presté atención durante la cena. Y lo cierto es que pensé en aquel gesto muchas veces en la siguientes semanas, pero fui incapaz de adivinar mas intencionalidad que la simple y fantástica casualidad.

    Poco a poco mi juego se fue intensificando durante las siguientes tardes de vinos y cervezas. Mis miradas se multiplicaron, pero no aprecie gestos tan severos como para ajustar mi hipótesis de la casualidad.

    Hasta el episodio de la playa, la playa era probablemente el lugar mas tranquilo donde solíamos quedar todos juntos, una playa que me gustaba pasear de un lado a otro, subir las dunas y caminar por la orilla., como siempre, solía anunciar mis caminatas, me agradaba la compañía durante esa hora de relax.

    Ella se animó como otras veces, cuando subíamos una de las pequeñas dunas de la playa, dio un pequeño respingo y un gritito de dolor y se agacho, me giré hacia ella y le pregunté que le sucedía.

    ―Me he torcido un poco el pie en la arena.

    ―Déjame ver tu tobillo, ¿te duele?

    Me agaché y senté a su lado para comprobar su tobillo y cuando puse mis manos sobre él, ella cerró sus manos sobre las mías cuando las tenía sobre el final de su empeine, apoyo su cara sobre la mía.

    ―No es nada. Dame un pequeño masaje y acompáñame hasta el agua.

    Bromeé y traté de no darle importancia, no la tenía. Su sanación fue casi milagrosa a los dos minutos del suave masaje por su puente, empeine y tobillo. Creo que la necesidad del paseo al agua y el rápido y terapéutico baño que nos dimos estaba más recomendada por mi calentura que por el dolor de su articulación.

    Cuando regresamos a las toallas la mire en dos o tres ocasiones, siempre empezando por sus pies y terminando en su mirada que siempre me esperaba tras el recorrido por sus piernas.

    Esa noche durante la cena en el restaurante de tapas del paseo marítimo, nos sentamos enfrente uno del otro. Estaba casi seguro que iba a ocurrir, yo me había rezagado a la hora de sentarme, mi mujer estaba sentada de mi lado de la mesa y su marido cerca de mi mujer. Yo espere para sentarme cuando solo quedaban unos pocos sitios y Conchi se sentó enfrente. Llevaba puestas las sandalias turquesas de tacón del final de primavera, escasos eran ya aquellas molestias vespertinas de su tobillo… je.je.

    Durante la cena nuestros pies se juntaron en mas de una ocasión, alguna vez dobló su pie sobre el juego que le daba el alto tacón de la sandalia, para apoyar su pie contra el mío. La piel de mi mocasín era tan delgada, que cuando levantaba mi pie sobre el talón podía notar las tiras de las sandalias por todo el exterior de mi pie. La cena fue absolutamente deliciosa, hoy en día soy incapaz de recordar el menú. Durante la copas no creo que estuviésemos a menos de tres metros uno del otro.

    Después de la gloriosa cena de verano no tuve absolutamente ninguna oportunidad para continuar con nuestros juegos, ni siquiera hasta el día de hoy hemos tenido ocasión de volver a disfrutar de los placeres bajo mesa.

    Sin embargo la gloria se acercó durante estas navidades.

    Nos encontramos a primeros de diciembre a las puertas del centro comercial que queda muy cercano a las urbanizaciones donde vivimos.

    ―Hola

    ―Dos besitos, ¿De compras de Papa Noel?

    ―Mas o menos, estoy acabando con las compras para fin de año, acaba de dejar el vestido a arreglar y voy a comprarme bolso y zapatos.

    ―Uhhh.

    ―Vamos, ven conmigo, me vas a ser de ayuda… E… estoy segura de que te va a gustar.

    En el centro comercial había un par de zapaterías. La selección fue extraordinaria, acorde al increíble gusto que había demostrado siempre, unas sandalias negras y plata de tacón alto no excesivamente fino, unos zapatos de salón negro y bordados verdes y unos zapatos de aire 80s, perfectamente escotados para su pie y con el talón abierto.

    Estos eran un acierto absoluto, con la falda rodillera y aquellas medias negras tupidas y brillantes, Sin duda, un acierto, sin ver siquiera el vestido que había elegido solo una hora antes.

    ―Estos, no dudes.

    ―Seguro, no crees que el tacón es un poco alto.

    ―Stiletto perfecto, juego seguro para una noche de glamour y lujuria, para una seductora como tú.

    Estaba casi seguro de poder liberarme lo suficiente de mi mujer durante la fiesta de fin de año para continuar con el juego abandonado durante el verano.

    ―¡!Adulador, vicioso!!

    ―Je je je

    ―Te invito a un café, Pero salgamos de aquí, es calor es espantoso con la marea de gente que hay aquí.

    La cafetería era la de un pequeño hotel que había a una manzana del centro comercial. Nos sentamos y charlamos durante casi media hora de medio millar de tonterías.

    ―Espera un segundo.

    Conchi se levantó de la mesa y me dejó desordenado entre el pensamiento rápido y mis oscuras fantasías para la venidera fiesta de fin de año.

    ―Click click click, ring click ring,

    El mensaje era tan devastador que mi pecho empezó a hacer un ruido que hasta el camarero percibía.

    “Coge mis cosas y sube a la 212″

    La puerta ni siquiera estaba cerrada, la empuje suavemente. Ella estaba sentada a los pies de la cama. Tiré todas las cosas que llevaba en la mano sobre la butaca y me quedé callado delante de ella.

    Puso sus pies entre mis piernas y me pidió que le pusiese los zapatos nuevos. Cuando me puse de pie, subió sus pies acariciando mis piernas por el interior hasta apoyar la planta sobre mi entrepierna dura y palpitante. Se levantó y se desnudó, no me dejo moverme mientras ella se desnudaba de pie sobre la cama, pero sin quitarse las medias y los zapatos.

    Cuando se sentó de nuevo al borde de la cama levanto de nuevo sus pies recién calzados con aquellos hermosos zapatos y recorrió acariciando el interior de mis piernas desde mis pies hasta con una lujuria asombrosa posarlos sobre el bulto del pantalón donde mi polla, durísima ya por la excitación los esperaba ansiosa.

    Se adelantó para desnudarme completamente, comenzando a acariciarme la tiesa polla que la apuntaba directamente a la cara. Recostándose de nuevo ligeramente alzo sus piernas para atrapármela de nuevo entre sus zapatos.

    ―¿Esto es lo que querías, verdad?

    Y comenzó a pajearme apretándola suave entre los dos zapatos. Cuando estaba en pleno orgasmo, a punto de empaparle las piernas, se acercó de nuevo, cogiéndomela la metió solo hasta el glande en su boca y empujó despacio con la punta de la lengua la punta hasta que notó como empezaba a humedecerse y dejar que explotara por fin sobre su cara.

    Se separo, y tirándose en la cama, separo sus piernas en el aire y agarrando mi cintura me empujo hacia ella.

    ―Ahora te toca a ti.

    La arrastre hasta que solo la mitad de su culo quedaba apoyado en la cama, arrodillado la vista que me ofrecía era increíble.

    Su coño estaba recién afeitado, sus labios se separaban ligeramente en su parte final, podía distinguir claramente como unas pequeñas gotas de babilla colgaban de finos hilos brillantes. Comencé a lamerle sus muslos para ascender despacio hasta la piel suave que separaba su culo y aquel increíble coño. Con varias lamidas largas a cada lado de la entrada, disfrutando de sus pliegues, su cuerpo empezó a moverse, sus manos de bajaron y separando ligeramente con los dedos los labios me mostró su rosado y pequeño botón del placer.

    ―Vamos, cómelo. Lámelo.

    Me entretuve un buen rato lamiéndolo, dejando que mi saliva bajase por la lengua para que su clítoris estuviese siempre empapado y mientras tanto empecé a penetrarla con un dedo.

    Llego de golpe y silenciosamente a una pequeña cadena de orgasmos e inmediatamente me decidí a follarla para que continuase con su placer.

    Me puse de pie para penetrarla, solo un poco mientras deslizaba mis manos sobre sus piernas Le levante ambas piernas a la vez para ponerlas a un lado de mi cabeza, le besaba los tobillos y le apretaba los pies a un lado y otro de mi cara mientras y la incruste lo mas profundo que pude para allí darle ligeros golpecitos contra la pared final de su empapad ismo coño hasta reventar.

    Hoy solo puedo pensar en la fiesta de fin de año.

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  • Mi frustrada madre

    Mi frustrada madre

    Me llamo Guillermo. Soy un chico de 20 años, de cuerpo atlético, muy sano, bien proporcionado y cuando digo esto, creo que es importante puesto que mi pene mide unos 21 centímetros. Hace años que vengo teniendo relaciones con chicas, es decir que para mí el sexo es algo habitual.

    Sin embargo, sé que las personas de otras generaciones como las de mis padres no han podido vivir de la forma que lo hacemos ahora. Mi madre por ejemplo, es una mujer todavía joven; tiene 40 años es muy guapa. Se casó con mi padre a los 20, cuando éste tenía 40; es decir que es 20 años mayor que ella. Además, cuando la conoció ya era calvo, regordete y bastante feo.

    Mi madre no se casó con él por amor o por que le gustara sino porque tenía la necesidad de ello. Salir adelante. Así ha sido en muchas familias. Bueno, luego ha sido una madraza. Se ha dedicado a mí por completo. Nunca me ha faltado de nada. Mi presencia física, ya digo no tiene nada que ver con la de mi padre que tiene ahora 60 años.

    Creo que lo que mi madre ha tenido siempre es represión. Lo noto muchas veces cuando me mira paseando sin camisa, o a otros chicos jóvenes. También me he dado cuenta cuando alguna de mis amigas viene a casa, me acueste o no con ellas. A veces me parece que está muy tensa. Si suena el teléfono da un respingo. Es como si estuviese disimulando su sufrimiento; como si tuviese celos y lo ocultase, incluso a si misma.

    A veces me he fijado que me mira en la entrepierna.

    Esto se lo he contado a una amiga muy inteligente, que me dijo que podía hacer algo. Exhibirme desnudo un día haciendo como que yo no me daba cuenta o algo así. Darle una oportunidad de disfrutar. La verdad es que esta amiga es un poco extravagante, pero es así.

    En mi habitación hay una puerta corredera, que si la cierras del todo con un enganche, te pueden ver desde fuera. Quiero decir que se puede quedar ligeramente entreabierta. Si es por la parte derecha no pasa nada pero si es por la izquierda da a un pasillo y al salón, que es donde está el teléfono. Si alguien está allí sentado en el sofá hablando te puede ver tumbado en la cama. Esa ha sido mi gran preocupación a la hora de hacerme pajas. Ese lado la puerta tiene que estar cerrada porque si no te ven.

    Una tarde quise hacer caso a mi amiga. Me estaba pajeando tumbado y desnudo sobre la cama con todo mi miembro viril. La puerta corredera estaba algo abierta por su lado izquierdo. Sabía que mi madre estaba en el salón.

    Sonó el teléfono. Y me quedé allí tumbado con toda naturalidad. Oí a mi madre sentándose en el sofá y descolgar el auricular.

    -No. Aquí no es -me pareció oírle decir.

    Luego no se percibía ningún sonido. Los sofás son viejos y siempre se oye cuando te sientas o te levantas. Debía estar quieta. ¿Me estaría viendo? Posiblemente. ¿Por qué estaría haciendo caso a la loca de mi amiga? Yo me masturbaba muy despacio. Levanté un poco la cabeza y por un momento me pareció ver a mi madre que miraba y luego oí el ruido del sofá.

    Dos días después volvió a pasar lo mismo. Sonó el teléfono y yo estaba haciendo lo que estaba haciendo. Entonces vi que mi madre me miraba con una sonrisa y no se levantaba. Yo soy moderno, me levanté completamente desnudo, entré en el salón, cogí de la mano a mi madre y la llevé a mi habitación. Esta vez si que cerré la puerta.

    En mi dormitorio hay dos camas. Me volví a tumbar en la mía y me madre en la otra. “Relájate”, le dije. “No pasa nada”. Mi madre no dejaba de sonreír, mirándome. Entonces se quitó el vestido. De todas las chicas que había conocido, mi madre tenía uno de los cuerpos más bonitos, mejor formados. Lleva el pelo corto y rubio. Sus pechos no son grandes, pero son puntiagudos. Su cara sigue pareciendo la de una niña. No hace aeróbic y sin embargo lo parece. Jamás había sentido una erección así. Pero ella no se atrevía a tocarse. Yo si, arriba y abajo.

    Entonces se levantó con su vista clavada en mi polla, y me pasó la lengua; luego la beso; oso tocarla; la agarró con toda la mano; la agito; la volvió a lamer; y se la metió en la boca; aspiraba; movía la lengua; la volvió a besar. Hizo un conato de levantarse, pero antes volvió a pasar su lengua. Le gustaba mucho mi capullo. Finalmente se levantó y se fue.

    Me quedé ahí tendido.

    Una media hora después volvió a entrar en la habitación. Sus ojos estaban encelados. Debía haber estado masturbándose. Se volvió a quitar el vestido. Me dijo que me irguiese y me sentase en la cama. Entonces ella se arrodilló y se la metió en la boca. Ahora la subía y la bajaba con ella dentro, sujetándola con la mano izquierda. No dejaba de salivar. Yo todavía no me había corrido, pero lo que estaba haciendo me gustaba mucho. Estoy acostumbrado a aguantar el orgasmo para que la otra chica disfrute.

    Mi madre con la mano libre la derecha se estaba pajeando, se acariciaba el clítoris y se metía los dedos. Su respiración era cada vez más intensa; se convertía en jadeos; y luego como gemidos, hasta que en unos minutos pararon. Luego volvieron de nuevo. Debió tener dos orgasmos. Su boca estaba llena de mis jugos y su baba.

    Cuando se marchó. Me fui al servicio y eyaculé con fuerza.

    Dos semanas más tarde vino una novia a mi casa para despedirse de mí. Se iba de vacaciones a Holanda. El caso es que el adiós fue definitivo. Rompimos en ese momento. Mi madre fue testigo de ello. De verdad que esa chica me gustaba bastante y me quedé un poco deprimido.

    Estaba tumbado en la cama con los pantalones puestos. Entró mi madre. Me dijo que me los quitara. Pero yo no quería. No estaba bien. Me fije que sus ojos estaban entornadísimos. Ante mi negativa salió de la habitación.

    Una hora después explotó en mí el deseo más morboso. Le dije a mi madre que viniese. Me encontró desnudo con mi polla totalmente erecta, bamboleante. Ella se quitó el vestido. Yo me senté como la última vez y antes de que se la metiese en la boca, literalmente se le estaba cayéndosele la baba. Se puso otra vez arrodillada en el suelo y con una mano se acariciaba la vagina.

    Parecía no tan remilgada como las veces anteriores. Me besaba, en el torso, pasaba su lengua, me mordisqueaba los pezones. Se movía de forma muy agitada. Me lamió el cuello, los hombros. Y se la metió en la boca. La chupaba de una forma muy acelerada, yo cerraba los ojos disfrutando locamente. Sus gemidos eran bestiales. Sonaban maullidos.

    -Cabrón de hombre -me dijo.

    Me beso en la boca y me metió la lengua. Luego otra vez a por mi polla. Fue bajando hasta mis testículos; apretó con su boca uno de ellos, pero me hacía daño y se lo dije. Entonces me lo lamió, pero seguía doliéndome igual.

    -Levanta las piernas -me dijo-. Su voz parecía haber perdido el control.

    Hice eso y se tiró a por mi sucio culo.

    -Mama. No -le dije.

    Esto ya lo había hecho en alguna ocasión con alguna amiga pero los dos nos habíamos puesto antes enemas.

    No me hizo caso. Mordisqueaba los glúteos y luego me lamió el ano. Metía su lengua, me lo comía. Se apretaba como si fuera a exprimirlo. Le encantaba. Y con la mano izquierda me masturbaba, subía y bajaba mi pene. Me sentía incapaz de aguantarme con lo que estaba haciendo. Me chupaba el culo mientras me pajeaba y ella se masturbaba. Tuve dos espasmos, se me escaparon dos flatos, salió un chorrazo de semen. Puse la cama, la sabana, mi cuerpo y el suyos perdidos. El suelo estaba empapado de todo lo que había soltado ella. No sé si incluso se había llegado a mear.

    Mi madre lo limpió todo antes de que llegara mi padre.

    No recuerdo haberlo hecho después con tanta pasión.

    Sigo saliendo con otras chicas y alguna vez dejo que mi madre disfrute conmigo. Nunca hemos hecho el coito.

    Lo que venimos haciendo últimamente es masturbarnos cada uno en una cama, mirándonos mutuamente.

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  • La seducción de mamá

    La seducción de mamá

    Mi madre y yo, hemos vivido solos desde hace ya algunos años, metida siempre en el trabajo, casi no tiene tiempo para sí misma, y resulta que un sábado se me ocurrió invitarle un trago, ella al principio se hizo de rogar, pero de tanto insistirle al fin accedió y empezamos por un tequila, suave para no espantarla porque ella no es afecta a tomar.

    Como siempre pasa, después del primero los demás y estos más seguidos uno de otro, ella se fue alegrando y más animada hasta para platicar, empezó a contarme de lo sola que se sentía sin la presencia de mi padre, y todo el esfuerzo que tiene que hacer para mantener la casa, así fueron pasando los minutos.

    Puse la música y empezamos a bailar, ella al principio mantuvo su distancia y claro entre baile y baile un tequila, y yo con las ganas que le traía, no encontraba la forma de tratarle el tema del sexo… Ella es de estatura media, sus pechos no son grandes, más bien pequeños, lo que si tiene es un trasero sabroso; está hecha a la antigüita, no es destrampada, sino recatada, un poco gordita, de esas gorditas que se antojan a cualquier hora con solo verlas.

    Cuando menos nos dimos cuenta, ya estábamos en estrecha confianza y me preguntó:

    —Luis, ya tienes novia…

    —Claro mamá, te la voy a traer para que la conozcas, a ver si te cae bien…

    —¿Y qué tal te la pasas con ella?

    —Bien… vamos al cine, al teatro, a cenar y luego a dar la vuelta por ahí…

    —¿Y nada más das la vuelta…?

    —¿Cómo que si nada más doy la vuelta…?

    —Sí, quiero decir, ¿no la besas, no la acaricias, o algo…?

    —Bueno si, la beso, la acaricio y nos abrazamos, creo que lo normal, o ¿qué más hay que hacer mamá? le contesté haciéndome el inocente, aprovechándome de la oportunidad que me daba para no descubrir mis lujuriosas intenciones…

    —Bueno, es que ahora los tiempos están tan cambiados que según me platican, los jóvenes desde los 18 años o antes ya saben todo lo que es el hombre o la mujer y antes, que esperanza que nos dejaran salir a solas con el novio…

    —¿A poco tú y papá no salieron solos alguna vez…?

    —Claro que no y sí, porque si nos dimos nuestras escapadas y pues una también siente ganas de eso que los hombres quieren y una desea…

    —A ver mamá cuéntame que te hacia papá, le pregunté…

    Ya con esta plática pensé que mi madre también andaba con ganas de coger y no podía desaprovechar la ocasión y, empecé a preguntar cosas más calientes a modo de despertar los deseos de mi madre…

    —¿Que tanto acariciabas a papá cuando dices que se escapaban mamá?

    —Cositas que no te voy a contar, porque son mis cosas íntimas y tú eres mi hijo y a lo mejor no está bien que te las platique…

    —Mamá que ya estoy grande, tengo 20 años mamá, además estamos solos tú y yo y ni pensar platicarle a nadie…

    —Bueno solo que me prometas que todo quedará entre tú y yo, porque capaz que me muero de vergüenza si alguien se entera…

    —No mamá ya soy hombre, puedes confiar en tu hijo, además a quien más puedes platicarle si no a mí, ¿no crees mamá?

    —Bueno, es que tu papá siempre andaba tocándome lo que podía, y claro aunque a mí me gustaba, no era bien visto que una se dejara, pero me acuerdo que yo me ponía bien caliente de mi vagina, empezaba a mojarme y a desear más y más que me acariciara… se iba sobre mis tetas, era lo primero donde metía las manos y pues yo no era de piedra, me dejaba acariciar y mis pezones se ponían duros y empezaba a respirar agitadamente, creo que eso calentaba más a tu papá, se nos olvidaba todo, luego de las caricias empezaba a chupármelas y ahí sí ya no podía hacer nada por resistirme, luego sus manos bajaban a mi pantaleta sin darme cuenta o, tal vez con lo caliente que me ponía, ni cuenta me daba cuando ya me estaba acariciando mis vellos, y de eso a meter sus dedos tan solo un instante, me acariciaba tan delicadamente que me derretía en sus brazos y a escurrir mis orgasmos…

    Al escuchar todo esto, mi verga se fue poniendo dura a más no poder, y como estábamos bailando, la fui apretando contra mi cuerpo y a pegarle lo grueso de mi verga para que la fuera sintiendo, ella como si no se diera cuenta, también se fue pegando más y más a mi sexo, bajé mi mano sobre su espalda y llegue a sus nalgas, esas nalgas que me han traído alucinando, las empecé a acariciar… ella no decía nada y para calentarla más, le pregunté:

    —Oye mamá ¿y tú no le hacías nada?

    —Bueno, él tomaba mi mano y la metía en su pantalón para que le acariciara su verga, la primera vez que la toqué, sentí hervir mi sangre y mi cuerpo se puso caliente, caliente…

    —¿Y luego mamá…?

    —Pues luego, él me levantaba la falda y me ponía su verga en la vagina, yo me moría porque me la metiera, pero como todo era a escondidas y no podíamos estar mucho tiempo sin que supieran donde estábamos, me dejaba toda caliente y ganosa…

    Metí mi mano en su pecho y le acaricié una teta, ella como que se quiso retirar de mi cuerpo, pero más la apreté hacia mí y empecé a jugar con su pezón que se puso duro… luego le dije al oído… “¿así te hacia mamá? ¿así te apretaba tu pezón…?… ¿te gusta mamá, te gusta mi caricia…?”.

    Ella no respondió nada, pero empezó a respirar agitadamente, se abrazó a mí y me besó en la boca, yo reaccioné con todas mis ganas, la abracé también y mis manos se fueron a acariciar sus enormes nalgas y mi verga buscando su rajada…

    Así estuvimos un rato agasajándonos, le empecé a meter mano en su vagina y ella dejándose llevar por lo caliente que ya estábamos los dos, sus vellos son sedosos y muy hermosos, bueno a mí me encantan, mi dedo entraba y salía suavemente de su rajada, que para este momento ya estaba destilando sus jugos calientes, y con ese aroma tan excitante de quien tiene tiempo sin haber cogido… el ambiente se puso enloquecedor…

    Nos fuimos a la cama, me bajé el pantalón y le enseñé mi sexo, le dije:

    —¿Mamá te gusta mi verga?

    —A ver déjame verla bien… Luis, pero si está hermosa, que bárbaro sí que la tienes buena ¿eh?… diciendo esto y se empezó a sonrojar… mi verga como si estuviera modelando, empezó a lucir sus venas llenas de sangre.

    Mi mamá no quitaba la vista de mi verga y como que se le hacía agua la boca.

    —La tienes más desarrollada que tu padre y eso me gusta Luis.

    Aproveché y le dije:

    —¿Mamá me la quieres mamar? ¿Te gustaría chupármela y tenerla en tu boca mamá?

    No dijo nada, pero abrió su boca y empezó a mamármela, sentí la suavidad de sus labios, lo caliente de su boca, su saliva empapando toda mi verga, entrando y saliendo de su boca, yo a punto de vaciarme, haciendo esfuerzos por resistir sus caricias, esas caricias que con sus manos y su boca me estaban volviendo loco y me tenían a punto de explotar en mil alucinantes pedazos…

    La recosté sobre la cama, le bajé su pantaleta le abrí las piernas y pude deleitarme con su hermosa vagina rosada, anhelante, brillosa, ansiosa me coloqué sus piernas sobre mis hombros, su vagina me quedó en la cara, tomé con mis manos sus pechos metí mi lengua en su vagina, lamiéndole suavemente gozando el momento sublime de tener semidesnuda a mi madre, ella empezó a retorcerse de placer y a gemir como desesperada, mis manos acariciando sus pezones y sus tetas, mi boca succionando su clítoris tan duro que me fue fácil atraparlo con mis labios y junto con la lengua darle masaje que no aguantó… y empezó a balbucear:

    —Luis me vengo mi amor… me vengo… ¡¡me vengooo…!!

    Me tomé todo su orgasmo, me inundó la boca con sus líquidos, los saboreé, gozando infinitamente el indescriptible sabor de sus efluvios vaginales… así nos quedamos unos momentos, hasta que nuestros cuerpos se medio apaciguaron.

    —Luis, mi amor eres único, me has hecho vivir nuevamente, gracias cariño… me encantas amor.

    —Me alegro mamá, me alegro que te haya gustado y que hayas gozado mis caricias…

    Luego me puse de pie junto a ella y mi verga quedó al aire a todo su esplendor, ella se le quedó viendo y dijo:

    —Que hermosa está y no se puede quedar así, ahora me toca a mí hacerte los honores… espero poder satisfacerte completamente…

    Tomé de la bolsa de mi pantalón un preservativo, lo saqué de su envoltura y le dije:

    —Mamá colócame el condón —y ella de tan emocionada y caliente que estaba lo tomó al revés y no podía ponérmelo…

    Entré en su auxilio diciéndole:

    —Así no mamá, debe de desenrollarse sobre lo grueso de la verga…

    —Bueno enséñame cariño que yo no sé de estas cosas, además está tan delgado que se puede romper…

    —Si lo tomas con las uñas no nos va a servir, mira mamá, esto que sobresale aquí le dije mostrándole la punta del condón debe de quedar precisamente en la punta de la verga para que deslizándolo sobre de ella quede colocado, mamá…

    —Ay Luis, que chistosa se ve, fue el comentario de mi madre…

    —Si mamá, pero te va a gustar mucho y seguí deleitándome con lo que tenía al frente, una carne deliciosa, deseada por mi durante noches y días en que la lujuria se apoderaba de mis sentidos…

    Aquí está mi manjar, mi sueño de muchas noches, estos muslos suaves, acariciables y también llenos de deseos… tenía por primera vez a mi madre a mi disposición, para hacerla mía y llenarle su vagina con lo grueso de mi verga, metérsela toda era mi mayor locura, mi más grande deseo y estaba a punto de conseguirlo… la locura en mi mente, en mi cuerpo y en mis pensamientos, mis deseos insatisfechos, el placer, mi pasión ardiente a punto de ser la más delirante realidad…

    A mí también me falló la colocación del condón, pero me valió madres ya lo que quería era cogerme a mamá, sentirme adentro de ella y verla disfrutar…

    —Mamá abre tus piernas que ya no aguanto más, quiero estar dentro de ti, quiero que me sientas penetrarte, quiero deslizar mi verga en esa “cosita deliciosa” que tienes para darme el mayor placer de mi vida…

    —Ven Luis, ven a mí que también te estoy deseando, hazme tuya y méteme tu sexo, quiero que me claves con fuerzas esa hermosa verga que tienes amor… y lentamente fue separando sus piernas y dejando para mi lujuriosa vista, su vagina mojada y sus vellos revueltos y llenos de su orgasmo.

    Pasión, lujuria, deseo, irrefrenable sensación de poseer a mi madre, ardiente ansiedad de llenar su vagina con lo grueso y duro de mi verga… me acerqué lentamente a ella y colocando sus piernas sobre mis brazos, se las fui levantando, suave y lentamente para ir abriendo sus nalgas y exponiendo su deliciosa vagina a la impaciente verga que irremediable y dulcemente le iba a meter…

    Le puse la cabeza de la verga en la entrada de su vagina y se estremeció gimiendo y respirando con ansiedad, le di unas talladas a todo lo largo de sus labios vaginales y su vagina empezó a contraerse convulsivamente, su respiración entrecortada empezó a acelerarse, tomando mi verga se la restregué en su clítoris y no pudo contener un largo “¡¡aggggh!”

    Al escucharla, se la restregué con mayor fuerza, de derecha a izquierda haciendo que su delicioso y duro clítoris se tensara más, no resistí el deseo de volvérselo a chupar, me volví a bajar a su vagina y directo al clítoris dirigí mi boca para succionar tan hermoso y delicado botón de placer de mi madre…

    Fueron tantas mis ansias y mis ardores sexuales, que empecé a mordisquearlo, mi madre no soportó y en segundos se volcó en un estremecimiento y en una convulsiva contracción vaginal, con tanta fuerza que con sus piernas atrapó mi cabeza y así me mantuvo hasta que terminó su orgasmo… mi cara quedó empapada de sus líquidos vaginales, sabor enloquecedor, indescriptible sabor a mamá…

    Sin darle tiempo a reponerse, me volví a colocar sus piernas en mis brazos y nuevamente la tuve en posición fantástica para meterle todo mi sexo y se lo fui dejando ir lentamente, gozando el deslizamiento en su ardiente vagina, cuando ya lo tuvo todo adentro, empecé a bombearla y ella con sus ojos cerrados contraía rítmicamente a cada embestida mía sus músculos vaginales y la locura en mi sexo, sentir las succiones en mi verga, y bombearla hasta el fondo fue como detener el tiempo y ansiar desesperadamente tener una enorme verga para atravesar con desenfrenada pasión el cuerpo entero de mi madre…

    Así seguimos por un largo rato, se la clavé con ansias, gocé al irla penetrando, lo que más deseaba era tenerla en mis brazos por tiempo interminable, metiéndole toda mi verga, poco a poco se la fui dejando ir lenta y furiosamente, viendo como totalmente se la comía… la vagina de mamá está deliciosa, es grande y de labios gruesos, llena de vello púbico que me pusieron a punto de vaciarme… como pude me mantuve sin moverme para poder controlar mi venida, sus piernas sabrosas, las tuve en mis brazos, me fasciné mirando la penetración que le estaba dando, ella empezó a retorcerse de placer, sus ojos brillaron con lujuria… deseo… pasión ardiente y desenfrenada.

    Le saqué la verga a mamá, y su vagina quedó medio entreabierta, ansiosa, golosa, insaciable, pidiendo más y más verga… ella me dijo:

    —Luis cógeme agachada… ardo en deseos de sentir que me partes en dos con tu verga…

    Se fue colocando como ella quería y me ofreció ese enorme culo que tiene mamá y me extasié en sus voluminosas nalgas, enormes, deliciosas, sabrosas, con esas caderas apropiadas para apoyarse en ella y penetrarla con toda fuerza y de golpe para hacerla enloquecer…

    —Mamá agáchate más y párame bien tu trasero, quiero verlo bien, quiero disfrutar esta alucinante visión… estas tremenda mamá, estas deliciosamente buena, tienes el culo perfecto para mi verga y te la voy a meter toda mamá, voy a ver cómo te penetro, voy a ver como se pierde mi verga dentro de ti…

    La acomodé de tal manera que el enorme culo de mamá se abriera un poco, y apareció maravillosamente su rajada, una inmensa rajada, una vulva abultada y jugosa, con sus vellos enmarañados, una locura de vagina… la tomé de sus caderas y lentamente la fui jalando hacia mí y mi verga se fue perdiendo en esas grandiosas nalgas de mamá…

    —Ayyy Luis… me matas… me estas volviendo loca…

    —Si mamá eso quiero, volverte loca, quiero que vuelvas a sentir y a gozar a un hombre… quiero que encuentres en mi todo el placer y las fantasías que hayas alguna vez soñado…

    —Luis… Luis que ardiente eres cariño…

    —Te gusta mamá?… estas gozando la verga de tu hijo mamá…?

    —Estoy volviendo a vivir cariño… estoy enloqueciendo de ganas, siento la delicia de tu verga cuando se va deslizando dentro de mí, es una ansiedad desquiciante la que siento en mi vagina cuando me clavas tu vergota cariño… ¡¡agggh!!

    La locura fue cuando después de bombearla y sujetarla por sus caderas, le di con furia como queriéndola desbaratar y que acabara con otro orgasmo, se empezó a estremecer y a gemir ardientemente…

    —Ya Luis cariño que me matas… ya mi amor que no aguanto más… ¡aagh! ¡Me vengo Luis… me vengooo ahhh!

    Estalló mamá en mil convulsiones y estertores… su vagina se contrajo con tantísima fuerza que de mi verga brotaron chorros de leche, caliente y espesa… me aferré a las caderas de mamá, le clavé las uñas y en un empujón brutal, le volví a clavar toda la verga y terminé de expulsar el semen… caí recostado sobre mamá, así la tuve un buen rato con la verga adentro de sus inmensas nalgas, su culo maravilloso que supo sacarme la leche, como jamás me la han sacado… esa es mamá y esta es mi deseo cumplido.

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