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  • Recorrí desnuda mi ciudad y fui descubierta

    Recorrí desnuda mi ciudad y fui descubierta

    Mi nombre es Helen y tengo 24 años, yo y mi hermano tomamos un gusto por salir desnudos a la calle cuando es de noche desde hace un año. Soy alguien de 1.64 y peso 63 kilos y me considero alguien bastante sexy.

    Acá les voy a contar la historia de la vez que aleje más de mi casa estando completamente desnuda.

    Eran las 2 am y ya todos o la mayoría estarían dormidos y si estaban despiertos no saldrían de sus casas, yo ya había pensado en tomar otro camino pero no tenía pensado alejarme tanto, cuando dio la hora me quite toda la ropa y me puse un suéter negro algo largo para salir así de primeras pero se me hizo una buena idea ir descalza para que así si alguien me veía con el suéter sospechara de que estaba desnuda al ver mis pies descalzos.

    Me salí de la casa por la ventana de mi cuarto y crucé el patio para abrir el portón y así salir de casa, me abrí el suéter y comencé a caminar así por la calle vacía, el aire me tenía los pezones duros y ya mostrando los hombros con el suéter más abajo. Casi al final de la calle me quité el suéter y me mostré desnuda en la noche. Me amarre el suéter a la cintura y tome nuevo camino que quería seguir yendo hacia la izquierda.

    La calle era igual de tranquila y las casas también estaban apagadas, no había mucha diferencia con las calles por las que ya había pasado, pero si tomaba ese camino llegaría a una calle que si era más frecuentada aunque fuera muy de noche, todo iba bien hasta que al pasar junto a una casa el perro me comenzó a ladrar y me asusto mucho porque no me lo esperaba, muy rápido di la vuelta a esa casa por si alguien se despertaba no me viera pero el perro me siguió y seguía ladrando.

    Decidí acercarme un poco y dejar que me oliera y pareció calmarse, pero escuché una voz que le gritó al perro que se callara y me agache junto al portón por si se asomaba quien dijo eso. El dueño del perro pregunto quien andaba ahí y otra señora solo respondió que el perro seguro le estaba ladrando al aire como siempre, el perro seguía asomado por el portón, pero ya tranquilo y cuando me levanté para seguir mi camino me sostuve de un barrote y seguí rápido para no estar más expuesta.

    Me puse el suéter por si acaso, aunque no lo cerré y seguí caminando, comencé a escuchar varias voces a lo lejos y ahí noté que una casa tenía luces prendidas, seguro eran señores que se juntaban para beber y platicar, también había música ni muy fuerte. Cuando llegue a esa casa vi que el patio era grande y los señores estaban lejos así que podía pasar por el frente sin problemas y no me verían o al menos no a la primera, pero justo eso fue lo que me hizo querer jugármela.

    Me quite el suéter y me quedé completamente desnuda a un lado del portón de la casa y tire el suéter hasta el otro lado, quería pasar desnuda frente a todos, me puse en cuatro y comencé a gatear despacio frente al portón, conté a 8 hombres ahí, y según yo no me vieron pero cuando llegue al otro lado del portón y agarre mi suéter escuché que se quedaron callados un momento y uno dijo “no wey era un perro acá hay un chingo y luego sacan la basura” me puse el suéter y me aleje rápido de ahí.

    Supongo que alguno debió verme y al estar algo lejos no noto bien que era pero debió comentar que vio algo pasar frente al portón y le dijeron que era un perro. Me dio algo de miedo, sé que es peligroso salir así y mas de noche, me puedo topar a alguien que me quiera violar o hacer daño.

    Aún con todo no paso mucho y me volví a quitar el suéter y corrí de puntas, seguía libre por la calle y no podía pensar en el peligro, solo llevaba el suéter en la mano mientras corría por la calle.

    Cuando me di cuenta ya había llegado a la calle principal pues unas luces pasaron rápido frente a mi, me puse el suéter y me acerqué más hasta ver cómo venían carros, sin pensarlo mas cruce al otro lado de la calle donde había un muro con un terreno vacío y me senté en el pasto para quitarme el suéter. Los conductores me vieron cruzar la calle pero no se iban a detener y el muro no me dejaba descubierta a la primera.

    Abrí mis nalgas en dirección a la calle y un carro paso, y luego otro, así hasta que me decidí sentar en la banqueta, seguro pensarían que soy un vagabundo así que me puse el suéter y me senté en la banqueta. Lo malo paso cuando solo vi una luz y lo que pasó era una moto, se alejó una voz diciendo “era mujer”. No tenía descubierto mi cuerpo pero aun así lo noto.

    No me hice hacia atrás y me calenté lo suficiente para quitarme el suéter y ver cómo pasaban 2 carros después de un rato pero ya casi no venía nadie y dejé el suéter para ponerme a media calle totalmente desnuda, me agache y quedé de cuclillas masturbándome. Hice algunas poses pero no venía nadie hasta que a lo lejos vi una luz, era otra moto así que luego de ponerme brevemente de cuclillas me levanté y fui a la banqueta pero seguí caminando hasta que me pasó por un lado y me pintaron, eran dos personas en la moto y me vieron desnuda en la calle.

    Ya había cumplido lo que quería pero luego de ponerme el suéter me escondí por si los de la moto volvían y luego de un rato decidí seguir avanzando. Con el suéter puesto pero dejando ver bastante de mis piernas y mis pies descalzos así camine hasta una zona donde hay varias tiendas, todas estaban cerradas obvio pero por la esquina paso vi llegar a un señor ya bastante mayor en un triciclo

    Quizá es de los que junta botellas y latas para vender pero se me quedó viendo obviamente, eran casi las 3 am y una chica estaba sola en la calle, más cerca me miró como estaba descalza, me le quedé viendo y el no dijo nada pero me miró mucho las piernas y cuando se alejó levanté la parte de atrás del suéter para mostrar el culo, él no lo vio pero eso fue caliente.

    Llegué a una tienda algo grande obviamente cerrada pero donde podía entrar en un gran pórtico, me quite el suéter y me masturbe hasta finalmente correrme, ya me temblaban las piernas y parecía ser que ahí terminaba mi camino pero nuevamente vi el resto de la calle vacía y volví a comenzar a caminar, tenía el suéter puesto y la calle era una bajada, estaba nerviosa y camine las rápido cubriéndome la carne viendo que algunas casas tenían cámaras y también me apresure ya que me comenzaron a ladrar varios perros, así hasta que llegue a un parque que nunca se terminó de construir y estaba olvidado, entre a una especie de caseta y me seguí tocando desnuda ahí dentro con todas las casas a mi alrededor.

    De pronto vi un grupo de perros de la calle peleándose y me agaché pues eso encendió las luces de una casa, esta noche los perros eran mis enemigos pues incluso podían morderme si no les agradaba al verme, los perros se peleaban por montar a una del grupo y alguien les tiró agua y se fueron pero me calenté, no quería que me hicieran daño pero ¿y si un grupo de gente me veía? Se pelearían por quien me usaría primero y en mi situación no me podría defender.

    Me preguntaba a qué horas serían pero yo seguí caminando más lejos sabiendo que si ya estaba ahí debía llegar a la mejor parte, ya estando a más de un kilómetro de mi casa seguí caminando por calles vacías hasta que paso un coche junto a mi y me pintaron y me di la vuelta mostrando mi cuerpo desnudo al abrir mi suéter, salte un poco para mover las tetas y luego me di la vuelta para correr.

    Conocía estás calles, era un sitio donde por alguna razón estaban varias casas de profesores de una primaria, 5 de mis profesores vivían alrededor de dónde estaba caminando y me preguntaba que pensarían de mi en esta situación, una de sus ex alumnas estaba corriendo desnuda por las calles. Incluso abrí el suéter para imaginarlo, definitivamente quería que las personas me vieran así pero obvio no podía.

    Llegué al final de esa gran calle y solo conseguir un poco a la derecha ya estaba en la avenida principal de mi ciudad. Veía unos pocos carros pero me fijé que si había personas caminando, unas 3 solamente pero en suficiente peligro, sería gente sin hogar o personas mayores que por alguna razón hacían cosas a esas horas como el que juntaba plástico y latas.

    Decidí seguir caminando y cruce la calle para al menos estar más lejos de las personas, aun así sentí caliente cuando alguien me chiflo y era un señor bastante mejor pero noto mis piernas descubiertas, yo solo camine rápido sin voltear lo a ver fijamente y finalmente llegué a lo que es el parque principal de mi ciudad, estaba bastante iluminado y era muy probable que me vieran aunque sea de lejos.

    Camine por una zona donde de día hay muchos puestos de comida y algunos carros pasaron a mi lado, yo me recargue en un poste y abrí el suéter para ver cómo pasaban carros que seguro iban saliendo de la ciudad para sus trabajos, deje caer el suéter y ahí estaba desnuda en la zona más transitada de mi ciudad tanto por personas como por carros, solo que era de noche. Agarré el suéter y me dirigí a un escenario que hay en el parque que es para eventos, subí gateando por la parte de atrás y llegué a la parte alta.

    No podía ir más lejos de aquí porque de un lado era una parte donde seguro habría borrachos y más lejos estaría lo que es la alcaldía y ahí seguro hay policías.

    Aun así es el mejor lugar donde quería estar, un escenario en la parte más abierta del parque y yo estoy completamente desnuda encima, podía imaginar como seria tener público y me pare en la punta del escenario para tirarme al suelo y comenzar a masturbarme, me metí los dedos por la vagina y también un dedito por el ano hasta correrme ahí mismo y seguido comencé a orinar despacio, se sentía increíble estar ahí.

    Luego me baje y camine un poco por la zona abierta y me volví a subir al escenario para mover el culo e imaginarme que había gente viendo, me metía los dedos pensando en estar siendo penetrada frente a una multitud y todo era calentura hasta que alguien me llamo “chiquilla” y me dieron escalofríos, di la vuelta y abajo del escenario aún mejor había un señor seguramente borracho, solo salí corriendo con el suéter en la mano y así me aleje del parque.

    Ya con el suéter puesto pase el recorrido para entrar a la calle grande que me llevaría a casa, sabiendo que era aún más tarde y que antes no había visto a nadie me quite el suéter y aunque seguía nerviosa por ser vista mientras me masturbaba desnuda en el parque y de noche pues ya estaba más tranquila y pensaba que al final eso es lo que quería y no me pasó nada.

    Corrí desnuda por todas las calles hasta llegar a el terreno vacío donde decidí dejar el suéter colgado en unos clavos que había del otro lado del muro, mañana lo buscaría pero ahora solo quería no llevar nada ni siquiera en la mano.

    Seguí caminando algo rápido hasta llegar a la casa donde antes había una especie de reunión, no había nadie ya pero aun así me pare frente al portón y pose desnuda un rato mostrando las nalgas y todo mi cuerpo, seguí la calle y ahora ya muy emocionada por la gran noche.

    Después de eso llegué a la esquina para llegar a mi casa y cuando llegue a mi casa vi que eran las 4:32am. Entre a mi casa y me quedé en el patio un rato antes de entrar por la ventana de mi cuarto y meterme al baño para limpiarme todo el cuerpo de fluidos y algo de polvo, en especial las patas pues caminé descalza todo el tiempo.

    Me tire a la cama ya una vez seca pero aún sin ropa y en la mañana me despierto algo tarde a las 11 am.

    Mi hermano entra al cuarto para avisarme que ya me tengo que levantar porque mamá hizo ya la comida y primero me pongo de espaldas, hazlo la colita y me quito la sabana para dejar a mi hermano ver todo mi culo.

    Unas lamidas de coño y de ano después ya estaba comiendo vestida como siempre.

    Ese día salí de compras así que decidí ir por el camino de la noche y así tomar mi suéter que seguía ahí, aunque algo lleno de polvo pero al ser negro no había problema, luego lo lavaría.

    Subí a un taxi que me llevo al centro de mi ciudad y en todo el trayecto solo podía pensar en que esa misma noche lo había caminado desnuda. No es muy grande la ciudad, aun así fue poco más de 2 kilómetros lo que cine lejos de casa y sin ropa. Me bajé en el final del parque y seguí por otro camino donde estaban las tiendas de estilo departamental y mejor posicionadas, era el centro de la ciudad pues, y yo solo pensaba en estar desnuda otra vez… quizá de día.

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  • Empleada dominada por un cliente

    Empleada dominada por un cliente

    Marta dejó de mirar el monitor de su portátil, respiró hondo, metió la tripa, apretó el culete y se levantó de la silla.

    Le tocaba presentar y estaba nerviosa.

    Durante un instante temió que el calor que sentía se transformase en abundante sudor y apareciesen manchas en su blusa blanca. Por fortuna llevaba falda, y el aire de la sala de reuniones dónde se encontraba, sin censura, se colaba bajo la prenda acariciando sus partes íntimas y proporcionándola frescor.

    En la sala, aparte de su jefe y un compañero, estaban los clientes, Clara, que tendría cinco años más que ella, y por tanto rozaría los cuarenta y Jorge, que no pasaba de los veintiocho.

    Jorge era un “gilipollas” según Marta. El típico tocapelotas que pregunta para “pillar” y tiene el “don” de necesitar cosas urgentes en los momentos en que ella estaba hasta arriba de trabajo. Le odiaba. Le odiaba con un odio que no podía concretar puesto que era el cliente. Y no un cliente cualquiera, sino el segundo en importancia. Así que tanto en la anterior reunión, en la que se habían conocido, como en esta, Marta dedicaba al joven la mejor de sus sonrisas, esforzándose al máximo para parecer natural. Bueno… para ser sinceros, en esta ocasión la sonrisa de Marta fue genuina. No tanto por un cambio de opinión, como por un cambio de situación.

    En esta ocasión la empleada necesitaba suplicar clemencia.

    El tener que concentrarse y exponer el tema fue un alivio efímero. Fue cruzar la mirada con Jorge y notar un nudo en el estómago. Por fortuna su breve intervención había acabado y no hubo preguntas. Durante los siguientes minutos su mente volvió al incidente que tuvo lugar poco antes de la hora de comer.

    Había compartido con una compañera de curro su indignación con el cliente mientras leía el correo y luego, movida por la estupidez, había improvisado una redacción en la que, en tono vengativo, hablaba de Jorge. El personaje del escrito, ella misma, se erigía como una dominatrix que disfrutaba sádicamente azotando el trasero de aquel joven inmaduro (el cliente). La historia no quedaba ahí, y seguía describiendo como humillaba al chaval que, figurada y literalmente acababa besándola el culo en el relato.

    Cuando se percató de lo que estaba escribiendo se sobresaltó, miró con miedo a derecha e izquierda y suspiró aliviada cuando comprobó que todos se habían ido a comer. No lo había pasado tan mal desde aquella vez en la oficina, hace un par de años, en la que se le había escapado un pedo justo antes de que su jefe llegara. De hecho creía que el hombre “se había hecho el loco” ya que al menos, aunque no hubiese oído el ruido, por narices había tenido que olerlo.

    Marta continuó recordando lo que ocurrió después. La llamada, el correo, las prisas y sobre todo los malditos adjuntos. De alguna manera había enviado el fichero con el relato prohibido al cliente, al mismísimo Jorge. Luego llegó el intento de recuperar lo irrecuperable, de estrujarse el cerebro pensando en algo que borrara lo que no se podía borrar. Incluso, y esto la sorprendió, pasada la zozobra inicial, pasada la sensación de “lo hecho hecho está y nada se puede hacer”, pasado todo lo que se puede pasar, notó un ramalazo de excitación.

    De repente estaba en manos de aquel joven y, aunque las consecuencias de ser delatada la aterrorizaban, imaginó que compraba el silencio de aquel tipo vendiendo su cuerpo. Y ese pensamiento pecaminoso y lascivo la persiguió durante las horas previas a la reunión.

    -Marta, me oyes.

    La voz de su jefe la sacó de sus pensamientos.

    -Sí. -respondió la aludida intentando volver a la realidad lo antes posible. Ahora no era el momento de perder el control.

    -Marta, Jorge me ha comentado que…

    -¿El qué? -interrumpió la empleada dándose cuenta casi enseguida de su inapropiada reacción.

    -Perdona Jorge, no sé qué le pasa hoy. -continuó su jefe dirigiéndose al cliente.

    Jorge miró a Marta y sonrió mientras la mujer tragaba saliva y sus mejillas se ruborizaban ligeramente.

    -Lo que te iba a decir Marta, Jorge me ha comentado que teníais pendiente ver un informe.

    Eso era mentira en ningún momento habían hablado de un informe. No obstante la empleada captó el mensaje subliminal. De momento nada parecía haber sido revelado y eso significaba que Jorge quería hablar con ella… en privado.

    -No hace falta que se queden, yo ya me arreglo será un minuto.

    Respondió Jorge confirmando las sospechas de Marta.

    Minutos después empleada y cliente estaban a solas en una oficina vacía a medio iluminar.

    Marta tragó saliva y cerró y abrió los puños tratando de encontrar calma.

    “Habla, di algo cabrón.” Pensó.

    Aquel silencio la estaba volviendo loca.

    -He leído tu dedicatoria y veo que me tienes ganas. Eso de azotarme en el culo… no sé… tengo que pensármelo… ahora lo de besarte las nalgas puede que hasta me apetezca.

    Las mejillas de Marta enrojecieron violentamente con la insinuación.

    Jorge sonrió disfrutando cada segundo de todo aquello. Y pasados unos segundos continuó.

    -Solo que ahora, según parece, yo tengo la sartén por el mango… no me gusta abusar pero, viendo que a ti esto te gusta, quizás podamos hacer algo.

    -El… el qué. -respondió Marta incapaz de disimular su mezcla de nervios y excitación.

    Luego miró a Jorge y se fijó en el bulto a la altura de sus pantalones. Aquel tipo estaba calentándose.

    -Podemos empezar con algo humillante… ven aquí. Por cierto, no creo que tenga que mencionar esto pero el correo con su adjunto están a buen recaudo y sería una pena que saliesen a la luz…

    -¿Me estás chantajeando? -espetó la mujer con voz ronca.

    Jorge se limitó a sonreír mientras desabrochaba el cinturón de sus pantalones y hacía lo propio con el botón. La prenda cayó hasta la altura de las rodillas dejando a la vista muslos jóvenes y con vello.

    “El bulto bajo los calzoncillos no pasaría desapercibido ni para un topo.” Pensó Marta.

    -De rodillas. -ordenó sin titubear su nuevo dueño.

    Marta, como hipnotizada, sin apartar la vista del paquete, obedeció.

    Luego, siguiendo instrucciones, tiró de los “gayumbos” dejando a la vista un pene joven, de gran tamaño, a media erección.

    -Mírame y comienza a chupar.

    La empleada tocó la punta del pene con la punta de su lengua y levantó los ojos mirando la cara del joven. Después, sujetando el falo con su mano derecha, le dio tres lametones y lo introdujo en su boca.

    Jorge gimió y sus piernas temblaron al tiempo que contraía los glúteos.

    La felación dio paso a una chupada de huevos.

    Un rato después, el cliente se vio sorprendido por su propia eyaculación. Parte del semen salió disparado y cayó en la mejilla de la mujer madura.

    -Levántate y prepárate para ser castigada.

    Jorge apoyó la mano en la cara de Marta pringándose con su propio semen.

    Enfadado, la dio una sonora bofetada.

    -Eres una guarra, tienes que limpiarte.

    Un nuevo tortazo, esta vez de revés, en la otra mejilla.

    -Por favor… -dijo la victima

    -Vamos, demuéstrame que quieres colaborar, quítate la camisa. El sujetador también.

    El hombre sobó y pellizcó los pechos desnudos de Marta durante un buen rato. Luego, quitándose calzoncillos y pantalones del todo para evitar enredarse, quedó solo en camisa y calcetines.

    -A cuatro patas, gatea hasta aquí, eso es. Bajo mis piernas.

    La empleada obedeció pasando bajo las piernas de Jorge. Este se agachó y sacó el cinturón de los pantalones que yacían en el suelo, “pinzó” el tronco de la muchacha con las piernas y agachándose le levantó la falda y le bajó las bragas exponiendo su culete.

    Dobló el cinturón cogiéndolo con su mano derecha.

    -¿Lista?

    Marta susurró un “sí” y recibió el primer latigazo.

    Con cada nuevo azote sus nalgas cogían color y calor.

    A mitad de castigo aquello empezaba a escocer en serio.

    Al terminar, por su rostro caía una lágrima.

    Jorge la abrazó y luego, mientras le acariciaba el culo, metió el dedo corazón en la vagina y comenzó a hurgar, moviéndolo a gran velocidad.

    Marta arqueó la espalda, se llevó la mano al sexo por delante y tras varias convulsiones, temblando, alcanzó el orgasmo.

    Más tarde él la besó en la boca y ella respondió al beso con pasión.

    -Creo que es suficiente. -dijo Jorge.

    Marta le miró y sin pensarlo le hizo una petición.

    -fóllame

    Y sin esperar respuesta abrió el cajón de un compañero, sacó un preservativo y rasgando el sobre, ayudó a ponérselo a su amo.

    Sensualmente, tras darle un nuevo beso en la boca metiendo toda la lengua, se dio la vuelta y se arrodilló sobre una de las sillas de oficina sacando trasero.

    Jorge se acercó, separó las nalgas de la mujer y la penetró empujando con decisión.

    Marta gritó mientras el pene la inundaba de placer.

    Una hora después de quedarse a solas, ya vestidos y aseados, cliente y empleada salieron de la oficina.

    Él tomó un taxi, satisfecho con la acción disciplinaria.

    Ella se dirigió a casa a pie.

    Al doblar la esquina se frotó las nalgas.

    Escocían.

    Pero ese escozor no se quedaba ahí.

    Y de nuevo comenzó a sentir el cosquilleo en sus partes.

    La noche tenía un olor especial.

    Pensó en su casa, a la que llegaría en unos minutos. La ducha bajo el agua caliente y, por supuesto, un ratito de auto placer antes de dormir.

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  • Estudiante modelo quiere ser sometida

    Estudiante modelo quiere ser sometida

    Lluvia, frio, oscuridad… Típica tarde invernal del norte. Contexto perfecto para estudiar, ya que el clima invita más a estar encerrado que de paseo. Eso mismo debieron de pensar los centenares de alumnos que estaban en la biblioteca de la universidad, preparando sus exámenes. Y allí estaba yo, en medio, estudiando para los exámenes de la carrera que había decidido comenzar.

    Mi vida había dado un giro en los últimos años; subes y bajas que habían conseguido que terminase todas las relaciones sentimentales que había tenido, aprendizajes que me habían hecho alejar de mi a la gente que no me aportaba; en fin, cambios que me habían llevado a encontrarme a mi mismo, sentirme bien y estable por primera vez en mucho tiempo. Descubrí que el dinero no lo es todo: cuando no lo tienes es muy importante, pero cuando lo tienes esa importancia baja mucho porque no sirve de nada sin otras cosas.

    Y en ese proceso había conocido a mi novia: joven, preciosa, con una energía maravillosa y unas ganas de comerse el mundo tremendas. Yo le daba estabilidad y ella, a mí, me rejuvenecía. Aunque hubiese 7 años de diferencia parecíamos hechos el uno para el otro. Y además, de mente muy abierta, lo cual resultaría ser importante para esta fase de la relación.

    Desde el principio se dejó iniciar en el mundo de la sumisión de mi mano, y ya era una sumisa muy buena. Juntos disfrutábamos mucho y nuestra química era especial. Sin embargo, motivos personales me habían hecho regresar al norte y ella se encontraba ahora mismo en otro país estudiando. Así que decidimos que, como queríamos seguir juntos, sin que la distancia nos lastrase, íbamos a tomar dos decisiones: la primera, que al menos una vez al mes uno de los dos iría a donde el otro para seguir manteniendo esa química que hay cuando estás frente a la persona que quieres; la segunda abrir la relación.

    Podríamos estar con otra persona, por mero interés sexual, durante este período. No era un acuerdo en el que puedes salir y llevarte por delante lo que pase, pero si que podríamos tener una relación sexual con alguien, e incluso compartirla cuando estuviésemos juntos. La idea, a priori, era excitante, y trataba de mantener la chispa y reducir los impulsos sexuales durante este periodo separados. Siempre se daría estando en lugares distintos, y avisando al otro, y podríamos unir a una tercera persona estando juntos.

    Mi novia había tenido alguna experiencia con otras mujeres unos años atrás, así que no le importaba incorporar a una mujer, en un momento determinado, a nuestra relación. No le llamaba un trío con otro hombre, y en nuestra relación abierta, le llamaba más jugar con alguna amiga que tirarse a un tío. En cambio, le encantaba verme con otra mujer y luego acudir a ella; además, de este modo, sabía que podía estar descargado sin presión y eso le daba a ella un punto de ventaja para saber que no la iba a cambiar por otra.

    Y así me encontraba yo, estudiando en el mismo lugar que lo hacía años atrás. Intentaba concentrarme, pero tengo que reconocer que miraba a los lados cada vez que escuchaba pasearse tacones. Y es que la verdad es que por mi mente se pasaban todo tipo de pensamientos recordando los tiempos de universidad…

    En una de esas idas y vueltas se había sentado enfrente de mí una chica muy mona. Tendría la edad de mi novia, rubia, una cara bonita y un cuerpo llamativo. Botas vaqueras y un look actual, serio, pero bien vestida… Todo muy similar a mi chica, algo que me llamo la atención. Así que la siguiente media hora fue un continuo de miradas furtivas y sonrisas ocultas, hasta que decidió salir dejando el material de estudio sobre la mesa.

    Vi mi momento y me decidí a salir detrás, hacía la máquina de café. Iniciamos con una conversación trivial sobre estudios y nos presentamos (desde ahora será Clara); ella me comentaba que hacía medicina y que le estaba yendo muy bien. Yo le conté un poco sobre mí, las vueltas que había dado, y la verdad que escuchaba atenta como si de un mundo nuevo le estuviese hablando. Ella siempre había sido una buena estudiante, centrada en forjar su futuro, y proveniente de un entorno muy bueno, así que le llamaba la atención escuchar historias acerca de aventuras, viajes, países… Hasta que la conversación fue entrando en terreno más privado.

    Clara me contó acerca de su ex; lleva unos meses soltera ya que había tenido una relación toxica desde joven. También que había descubierto la bisexualidad y le llamaban la atención las mujeres; yo le conté acerca de la mía y de como la estábamos gestionando:

    C: ¿Así que… Podéis acostaros con otra gente?

    Y: Si, pero no… No lo hacemos con cualquiera, no lo hacemos cada día, y le comentamos al otro acerca de quien es.

    C: Wow… ¿y no tenéis celos?

    Y: No porque sabemos que es puro sexo y que nos queremos

    Esto despertó una inquietud en ella. De repente, sintió que podía hablar de ciertos temas con alguien, cosa que nunca había podido hacer, por lo que me propuso desconectar un rato del estudio, y salir a tomar una caña, que sin dudar le acepté.

    La conversación siguió por muchos caminos; hablamos de energías, de sentimientos, debatimos acerca de como gestionarlos, de las casualidades… Y en un momento en que el que la charla volvió a las relaciones, me decidí a contarle sobre mi gusto por el bdsm. Esto. Provocó en ella un cambio de actitud, un sonrojo que aumentó aún más su curiosidad. Me confesó que se había sentido atraída por la sumisión siempre, pero que le había dado miedo porque nunca nadie le había confesado esa misma atracción.

    Buscaba info a escondidas pero no se atrevía a dar el paso. Y comenzó a realizar muchas preguntas: sobre mi pareja, sobre sensaciones, sobre como llevarlo a práctica o donde buscar información. Así que de una vez por todas me lancé:

    Y: ¿Tu eres muy curiosa no?

    C: Entiéndeme… Es la primera vez que hablo con alguien abiertamente de esto… Lo tenía muy adentro

    Y: Es curioso si… Es como si las energías nos hubiesen atraído, como si algo me hubiese enviado a conocerte hoy

    C: Yo también lo creo. Además vengo de unos días donde este sentimiento ha estado más presente, sobre todo a las noches… Y justo va y hoy te conozco. Es raro tío

    Y: Raro no es… Las energías se atraen… Y tú buscabas algo así

    C: Tengo mucha curiosidad por saber que se siente atada

    Y: Ven a mi casa y te puedo enseñar algo…

    C: No sé… Me da miedo…

    Y: Iré poco a poco, no haremos nada que no quieras probar, y cuando quieras irte te acerco a casa de nuevo.

    C: ¿Te importa si le aviso a una amiga?

    Y: Por supuesto que no. Y si quieres le mandas ubicación desde mi casa, para que sepa donde estás

    Esa confianza generada durante una hora, y las ganas de probar el mundo de la sumisión, pudieron más que le miedo y la inseguridad, y se decidió a venir conmigo. Le escribió a su amiga más cercana, comentándole que vendría a mi casa. Ella, extrañada, le contestó muy rápido preguntándole más info, así que le envío un audio contándole que había conocido un chico con el que llevaba toda la tarde, y que se iban a tomar algo a su casa. Ellas compartían su ubicación así que en todo momento sabría donde estaba.

    Fuimos a mi vehículo, dispuestos a irnos a la casa. Conducimos charlando tranquilamente con música indie de fondo; a mi me gustaba ese estilo y a ella, al parecer, también, así que se abrió una nueva ventana de diálogo. Estos 15 minutos de conversación en el trayecto le ayudaron a calmar los nervios. Para Clara todo era nuevo; todavía estaba gestionando el ir con un casi desconocido a practicar bdsm y eso la tenía tensa, pero ver que detrás de un mundo a priori tan oscuro, había una persona que, al menos, parecía totalmente normal, la ayudaba a naturalizar la situación. Yo trate de hacerle entender que no era nada malo, ni lo que hacía ni lo que le atraía.

    Una vez en casa, me propuse darle aún más confianza. Nos sentamos en el sofá, puse la chimenea y abrí un vino blanco, ya que me dijo que no bebía tinto. Hasta en eso se parecía a mi novia. La deje sola un segundo y procedí a comunicarme con mi pareja. Le mandé un audio donde le conté un poco todo; ella me pidió descripción y, cuando se la di, me respondió con un chistoso ”las buscas igual que yo eh”. Pero no se equivocaba, se lo confirmé, y nos despedimos hasta el día siguiente.

    Me senté con ella de nuevo y tomé la iniciativa:

    Y: Hay unas cosas que tenemos que hablar antes de que pase nada

    C: Dime

    Y: Primero quiero comentarte que esto es algo para experimentar ambos, pero no puedo ponerte a mi nivel, cualquier duda que tengas, adelante. Me gustaría que escojas una palabra de seguridad. Si en algún momento te sientes incómoda o piensas que no estás preparada, solo tienes que decirla, y pararemos. Si estuvieses amordazada la clave será 5 respiraciones cortas seguidas.

    Se sonrojo nada más escuchar la palabra mordaza, pero me contesto medio tímida:

    C: Biblioteca… La palabra es biblioteca

    Y: Genial. Por otro lado, quiero que me cuentes tus limites o tus fobias. No quiero hacer o decir algo para lo que no estés preparada

    C: No creo que esté preparada para algo doloroso. Quiero ver la sensación de estar atada, de que me humillen. Me da igual como pero no quiero sentir dolor ni ver sangre. Ni nada escatológico. Bueno, y nada que sea un delito, ya sabes que ni drogas ni nada tomo

    Y: Perfecto, me parece muy correcto. Ahora ponte de pie, sácate la ropa y déjate solo las botas. Yo voy a por mis juguetes y cuando vuelva quiero verte de rodillas con los brazos en la espalda

    Me fui a por las cajas donde guardaba todos los juguetes, y cuando volví, allí estaba esperándome. Se la veía avergonzada, con la cabeza agachada, aunque poco tiempo tendría de pensar en lo que venía.

    Empecé a sacar cuerdas, y ella miraba atónita a todo lo que allí había. La puse de pie, y comencé a realizarle un arnés con la primera cuerda. Ella miraba como las cuerdas daban vueltas a su alrededor, de sus pechos al cuello, pasando por la espalda. Mientras miraba la trayectoria de las cuerdas, sin darse cuenta, sus brazos ya estaban amarrados. Me agaché y realicé sendas ataduras en rodillas y tobillos. Se la veía espectacular. Cogí dos pinzas y se las puse en los pezones, a lo que hizo una pequeña protesta, pero sin mucho efecto. La puse de rodillas y me miró:

    Y: ¿que sientes?

    C: No sé… Me da miedo y vergüenza al mismo tiempo, pero me siento bien también. Sentir las cuerdas, sentirme humillada, a merced de alguien… Hay algo por dentro que se me remueve como nunca y me tiene excitada

    Y: Eres más puta de lo que pensaba. Pero si aguantas esta noche vas a salir de aquí toda una zorrita

    Su cara cambió de golpe. El caballero que había conocido le hablaba como nunca antes esa tarde. Su primera reacción fue de sorpresa, pero a la vez una excitación enorme se apoderó de ella. En ningún otro contexto se dejaría hablar así, pero ahí no era capaz de decir nada. Así que me acerque a ella, me quité los pantalones, y me quede con el pene delante de su cara. Ella no podía ni mirarlo de la vergüenza de la situación.

    Y: Ahora vas a abrir la boca y empezar a chupar, ¿o tengo que obligarte?

    Sin dudar alzó las vista y se lo metió en la boca. Estaba totalmente erecto y Clara comenzó a chuparlo con una delicadeza que me dejo loco. Lo hacía genial. Cualquiera pensaría que era una niña pija acostumbrada a no tener que hacer mucho en el sexo, y siempre recibir. Nada más lejos de la realidad, lo tragaba hasta donde llegaba, lo lamía de arriba hacia abajo, y de vez en cuando subía la mirada con lascivia, lo que me ponía aún más enfermo. Llevaba toda la tarde tan caliente, que en apenas 15 minutos le iba a regalar la primera corrida de la noche.

    Lo hacía muy bien, sabía donde tocar para ponerme a temblar; tanto que acabe sentado dejándola hacer de rodillas. Pero cuando estaba llegando, me levanté, agarré su coleta y su mandíbula, y empecé a follarme su boca. Golpeaba tan fuerte y rápido que cada pocos segundos le venían arcadas, pero aun así aguantó hasta el final, hasta que vacié mis testículos en su garganta. Y no defraudo, porque no desperdició ni una gota del fruto de mi placer.

    Y: ¿Como la chupas tan bien?

    C: no se tío…

    Y: ¿Tío…?

    Eso fue lo último que escucho antes de darle una bofetada que la dejó perpleja.

    Y: ¿Qué pasa? ¿Qué te sorprende? -(procedí a darle otra)- creo que aún no sabes donde estas ni como hablar con respeto

    Ella, atónita, solo supo decirme:

    C: Pe,pe, perdón… Señor…

    Y: Eso ya me gusta más.

    No quería ser el típico dom que enseña a base de castigos, pero tenía que entender que respetar a su dominante, aunque fuese solo por esa noche, era básico. Y el tratamiento personal no había sido el correcto. Además, en su mirada, se notaba que esa sensación la había humillado terriblemente, y le excitaba de sobre manera.

    Sin perder más tiempo, dado que ya era algo tarde, y no quería volver muy tarde a su casa, procedí al plato fuerte. Me propuse darle un orgasmo tan fuerte que cada día pensase en él y desease volver a sentirlo. Así que le puse una mordaza de bola, de color rojo, y me la llevé al cuarto.

    Allí desaté sus piernas y sus brazos, y la tumbé boca arriba. Até cada uno de sus brazos a un lado de la cama. Después, levanté sus piernas y puse un pequeño cojín por debajo de su cadera. Por último, até cada una de sus piernas a un lado de la cama, de modo que quedo totalmente expuesta.

    No le di mucha explicación, cogí el bote de lubricante para disponerme a lubricarla. Su vagina ya estaba completamente húmeda, aunque igualmente eché un chorro, que también utilizaría para lubricar su ano.

    Cogí el plug más pequeño que tenía y comencé a introducirlo. No se quejó mucho; yo miraba continuamente por si la señal llegaba, pero ella se mantuvo disfrutando del proceso. Comencé a tocar su clítoris, suavemente y hacia los lados. Ella gemía de placer mientras yo jugaba con su coño depilado. Era rosadito y toda una delicia, tanto que en un momento tuve que bajar y comérselo. Temblaba de placer mientras mi lengua recorría su sexo. Para ese entonces yo ya tenía otra erección, así que decidí que le iba a dar un orgasmo a ella primero, y luego terminaría yo.

    Cogí un vibrador y se lo puse en el mismo clítoris que tan sensible estaba. Sus ojos se abrieron de golpe; nunca había tenido ese cúmulo de sensaciones y no sabía como reaccionar. Se intentaba mover aunque estaba totalmente inmovilizada, gemía, cerraba los ojos y apretaba manos y pies. Bailaba con la cadera y, aunque por momentos, parecía que quería apartarse, en otros parecía que se movía al son del aparato.

    Yo, ya enfundado en un condón, ponía la punta de mi pene a la entrada de su vagina, y la acariciaba a la vez que le daba golpecitos con la punta. Ella me miraba y empujaba sus caderas hacía mi como queriendo que la llenase. Pero aún no era el momento.

    Seguí 10 minutos más con el vibrador; gritó una y otra vez, gemía, respiraba, y volvía esa sensación. Placer extremo mezclado con sensibilidad máxima. Estaba exhausta orgasmo tras orgasmo, viendo como no me apartaba y seguía encime de ella. Llegado un momento, cerró los ojos, y se entregó por completo. No podía más, así que llegado a ese punto sabía que esa cita no se iba a quedar en una noche sola. Separé el vibrador y comencé a bombearla.

    No sé cuánto fue pero acabe vaciando tanto en ese condón que parecía que se salía por los lados. Acabe con la sensación que acababa cada polvo con mi novia, y eso era maravilloso. Y ella destruida, atada de manos y pies, expuesta, sudada, follada por todos sus agujeros, humillada y vejada… Y feliz, muy feliz.

    Me limpie y le quite la mordaza, y una sonrisa gigante salía de su boca.

    C: Gra, gracias señor… Ha sido maravilloso

    La desaté y me tumbé a su lado. Nos abrazamos y comenzamos a charlar, ya sin roles. Hablamos de sus sensaciones, de gustos, de que probar, de como se había sentido. En un momento determinado, hasta me preguntó si creía que a mi novia le apetecería conocerla. Yo estaba seguro de que a mi novia le encantaría conocerla, y de que los tres íbamos a pasar muy buenos momentos, y así se lo hice saber. Ella sonrió y se quedó a mi lado un rato más.

    Finalmente, nos arreglamos un poco, lo justo para no levantar sospechas, y la acerque a casa. Al día siguiente nos volveríamos a ver estudiando, quien sabe como terminaría esta vez…

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  • Al principio no es fácil cogerse a mamá

    Al principio no es fácil cogerse a mamá

    Aun no salía el sol, él se levantó de la cama y pese a la penumbra de la habitación pudo ver la silueta del cuerpo desnudo, se recargó en el vano de la ventana y contempló la calle solitaria, distinta a como es de día llena de gente, el jardín de la plazoleta ocultaba tanto a gatos como grillos, la humedad que mojaba sus vellos púbicos, se empezaba a secar y el olor a sexo a disiparse en el ambiente.

    Como empezó no lo sabe, solamente recordaba los últimos momentos vividos en los brazos amorosos de la dama que le devolvían caricias con caricias.

    La telenovela de moda, exhibía la historia de una dama madura, que se enamoraba de un joven 20 años menor, y las escenas eran candentes, habían jurado y prometido que no volvería a pasar, pero sucumbieron a la tentación, él con miedo tomó su mano y la acarició, ella correspondió.

    Lentamente, se fue acercando a la dama hasta que la rodeo con su brazo por los hombros, ella recargo su cabeza en la de él y levemente volteó la cabeza en su dirección, se fundieron en un beso largo y apasionado, las lenguas se retorcían entre ellas y con suavidad los labios se atrapaban y escapaban.

    La mano bajo al pecho, mientras que ella lo aprisionaba y frotaba sus piernas una con y otra, estaban enardecidos y no podían para, rápidamente la blusa fue desabotonada y arrojada de lado, la polera de él subió sobre su cabeza y dejo el torso desnudo que fue acariciado con cariño, el pene estaba listo para la acción: “espera, no todavía no”.

    Se levantó y se sacó el sostén dejando al aire los senos turgentes que sus hermanas envidiaban y le criticaban por grandes, él se regocijó con la vista, se desnudó rápido, dejando su miembro erecto al aire, que fue contemplado con avidez por ella, ambos desnudos se fundieron en candente abrazo, y dejaron que sus sexos se tocaran.

    Ella se tumbó en la alfombra con la piernas separadas en abierta invitación a entrar en ella, invitación al placer carnal, pecaminoso, pero que lleva al cielo, el dudo, no era la primera vez, pero era su madre y no dejaba de tener remordimientos, ella no los tenía dio un paso, se hinco entre las piernas invitadoras y acomodo su cadera contra la de ella, cerraron los ojos para sentir aún más el placer aquel.

    La humedad tibia le indico que estaba en el sitio correcto, empezó a empujar y se deslizo suavemente el pene en aquella rajada rosa y caliente, que lo arrojó al mundo 18 años atrás, ella movió sus músculos pélvicos y sintió como se le iba al fondo de su ser aquel miembro filial.

    Ya penetrada, los movimientos no se hicieron esperar, suavemente mordisqueaba el cuello, las orejas y los pezones, ahora no para mamar leche, sino para dar y recibir el gozo supremo del sexo incestuoso entre madre e hijo.

    Los gemidos llegaron pronto, ella era una hembra golosa, que gozaba del sexo con libertad y sin tapujos.

    Dos, tres, cuatro orgasmos la dejaron satisfecha y complacida que su hijo aprendió bien como controlarse, le dijo que era turno de él y se aplicó en mover su vagina para aprisionar a la masculinidad de su hijo.

    Las contracciones y la hinchazón de aquella verga, le señalaron la culminación del acto, lo rodeo con sus piernas y lo abrazo con fuerza, los labios se volvieron a unir y una explosión dentro de ella, seguida de él líquido viscoso y caliente dentro de su vagina, la hicieron que tuviera otro orgasmo, el intercambio de contracciones, los dejo exhaustos, como la primera vez, todo el tiempo lo disfrutaban, como la primera vez.

    Solo se desprendieron del abrazo, cuando el pito flácido, se salió de adentro de su mama, y ella desfallecida dejo caer los brazos, solamente alcanzo a decir, “no podemos dejar de hacerlo, no podemos”, mientras el semen escurría lentamente de su crica que no retenía la cantidad de mecos que le habían depositado.

    Ella dormida, él en la ventana meditando; todos sus amigos contaban como andaban de calientes con otras chicas, o con las sirvientas, pero nadie de sus amigos platicaba de tener sexo con su madre, como él.

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  • Pelirroja… peligrosa (3ª parte)

    Pelirroja… peligrosa (3ª parte)

    Al despertarme no recuerdo muy bien donde estoy, y miro alrededor hasta que noto junto a mí el cuerpo desnudo y caliente de Silvia. Tiene un brazo por encima de mi pecho, y está pegada a mi costado. Me incorporo, tratando de no despertarla, y ella se da la vuelta y queda boca arriba. La miro. Joder qué buena que está. Me levanto en silencio y voy al baño. Me limpio la cara, y miro el reloj. Las doce y cuarto. Bueno, hasta las cuatro y media que abra la tienda tengo tiempo de sobra. Es hora de ponerse manos a la obra.

    Primero preparo un buen desayuno con todo lo que encuentro en la cocina. Tostadas, zumo (de cartón, pero bueno), un poco de café que caliento en el microondas, y mermelada. Al principio no encuentro la mantequilla, pero al final recuerdo que ya está en la habitación. Así que lo pongo todo en una bandeja y voy a la cama.

    Silvia sigue durmiendo, así que coloco el paquete de margarina encima de la bandeja y la despierto con un beso.

    -Mmmm… -se estira y abre los ojos, parpadeando ante la luz de la mañana. -Buenos días…

    -Holaaa -le digo, meloso. Cuando poso la bandeja delante de ella, pega una exclamación de alegría y empieza a comer, no sin antes darme un beso. Yo mordisqueo una tostada, distraídamente, y la miro comer con apetito. Cuando termina la bandeja, la poso en la mesilla. Ella me mira sonriendo pero sin decir palabra, y yo aprovecho para darle un largo beso en la boca, jugando con la lengua. Ella me corresponde, me abraza, y noto que mi polla se endurece. Ella lo nota también, porque baja la cabeza y la mira, divertida.

    -Vaya… qué despertares tienes. -La coge en la mano, y la deja crecer, dándole alguna caricia, mientras yo froto su costado. Ella me muerde el cuello y estira, y abre las piernas, acomodándose, dejando sitio libre para que mi polla se dirija hacia su chochito, jugoso y caliente.

    Pero yo tengo otros planes.

    Sin brusquedad, pero con firmeza, le doy la vuelta y la coloco boca abajo. Ella no se resiste, pero me mira extrañada.

    -¿Qué haces?

    -Vamos a probar otra cosa -le digo, con los ojos fijos en su culo, que ahora se me muestra en todo su esplendor, blanco, perfecto, suave como la seda, redondito. Lo miro con reverencia, lo froto con mis manos, lo masajeo, abriendo y cerrando las nalgas, hasta que bajo la cabeza y las muerdo, llenándome la boca de esta carne blanca, firme, abundante. Ella se deja hacer.

    Entonces estiro y abro sus nalgas con las manos, separándolas, y me quedo observando el valle que yace entre ellas, con su pequeño tesoro en el centro. Su anito es precioso, de verdad, pequeño, cerrado, con profundas arrugas, limpio, rosadito… apetitoso. Me lanzo hacia él, lo lamo, lo chupo, le paso la lengua por toda la raja del culo.

    -Mmmm… qué rico… -gime ella, con los ojos cerrados.

    Con la lengua trato de meterme en su orificio, pero está muy prieto, clausurado a cal y canto. Estoy seguro de que nadie ha entrado por la puerta trasera de esta chica, aunque fijo que alguno lo ha intentado, porque con semejante culo… Me entretengo en este diminuto orificio, lo humedezco, lo sorbo, lo lamo y relamo con mi lengua juguetona, y me lleno de su sabor salado y de su olor, tenue pero agradable, a jabón…

    -Uuuum… -ella sigue gimiendo ante este placer que seguro nunca ha experimentado.

    Me chupo con cuidado el dedo meñique, y, como la otra noche, lo poso sobre su hoyito. Ella se da cuenta de eso no es mi lengua, y levanta la cabeza y se gira.

    -¿Qué haces?

    -Es sólo un juego, relájate y disfruta.

    Eso parece bastarle, porque vuelve a cerrar los ojos y apoyar la cabeza en sus manos. Yo juego un poco con mi dedo en su entrada, sintiendo el tacto de su cerrado anillo, y sigo lamiéndolo. Finalmente empujo un poco, y mi dedo se desliza dentro apenas unos milímetros, con lo que ella pega un respingo.

    -¡Mmmm!…

    Yo le acaricio la espalda y ella se relaja otra vez. Empujo otro poco, y entra la primera falange de mi meñique. Empieza el dolor, y Silvia se agita.

    -¡Aaaauch! ¿Qué haces? ¡Para!

    -Vamos Silvi, es sólo un juego, no te pongas nerviosa.

    -Es que duele…

    -Es normal al principio, tú sólo aflójate y disfruta.

    Se vuelve a calmar, y yo de nuevo paso al ataque. Ahora muevo el dedo en círculos, aunque su anito aprieta un montón y noto que Silvia está tensa. Cuando trato de meterlo más, ella se arquea, se saca mi dedo del culito, que se cierra al instante

    -¡AY! Nononono… paraparapara…

    Se pone de lado y me mira con ojos de cordero degollado. Yo la beso y trato de relajarla un poco.

    -¿Qué pasa, Silvi?

    -No quiero que me metas el dedo por ahí. Me molesta, me duele.

    -Pero si no es nada… verás como al final te gusta.

    Ella me mira, no muy convencida, y hace un mohín.

    -¿Qué es lo que quieres?

    Bueno, eso es una interpelación directa, así que es mejor andarse con rodeos para no asustar a la presa.

    -Nada… sólo es un juego.

    Otra vez me mira con suspicacia.

    -¿Seguro? No estarás intentando metérmela por ahí, ¿no?

    ¡Vaya si es lista la jodida! A ésta ya la han tentado y se ha negado en redondo, como si lo viera. Habrá que cambiar de estrategia y tratar de convencerla.

    -Yo… bueno… sí… ¿por qué no?

    Ella se escandaliza.

    -¿Pero qué te has creído? Ni hablar, vamos. Ni pensarlo.

    -Pero ¿por qué?

    -Que no, hombre, que no. Por detrás ni hablar.

    -Pero dime por qué, Silvi.

    -Joder, porque no. No quiero y ya está.

    La beso, la abrazo, pero no da su brazo a torcer.

    -He dicho que no y es que no.

    -Tú sólo dime de qué tienes miedo, mujer.

    Eso parece que la desarma.

    -No es miedo… es que… bueno, sí, me da un poco de miedo. Es que mira, solo con un dedo ya me molesta mucho así que con… además, no creo que guste, y paso. Paso. Ya está.

    Vamos a jugar fuerte, ahora.

    -Tú lo que pasa es que no te atreves a probarlo. “Me duele”, dices, “no creo que me guste”. ¿Por qué no pruebas?

    -Joder C***… qué pesadito… hemos hecho el amor, te la he chupado… ¿qué más quieres?

    -Sólo quiero que disfrutes, Silvi -¡Toooma trola!… me doy asco a mí mismo, pero es que estrenar ese culazo merece eso y mucho más -, seguro que te termina gustando. Tú sólo déjate de prejuicios.

    -Que no y es que no.

    Ella se tumba, dándome la espalda. Pero creo que se está rindiendo. La curiosidad puede más que la prudencia. Dejo pasar un rato, en silencio, mirando su culo, esperando. Al final la escucho preguntar, sin volverse.

    -Además, ¿qué tiene de especial?

    “¡Bingo!”, pienso. “Ya te tengo”.

    -Tú prueba y verás como repites.

    Ella se da la vuelta y me mira a los ojos, muy seria.

    -Cómo se nota que a ti no te la meten…

    Yo la doy un beso.

    -¿Estás seguro de que no me va a doler?

    -Si te duele mucho, paramos. -“Y una m…”, pienso -Es cuestión de un momento. Pero luego vas a gozar muchísimo. -Ésta es la mayor mentira que le he soltado hasta ahora. Dudo mucho que disfrute, ni al principio ni al final. Hasta que no la encule tres o cuatro veces no creo que realmente goce del sexo anal. Y fijo, pero fijo, que la desvirgada no le va a gustar ni un pelo. Pero es que tengo que reventar ese culito, así que la tranquilizo como puedo, con paciencia.

    -¿Tendrás cuidado?

    -No te preocupes. ¿Crees que yo te haría algo que pudiese lastimarte? -Mejor que no conteste a eso.

    Ella se lo piensa unos segundos, pero parece decidirse al final.

    -Bueno, vamos a probar. Pero si me duele paramos.

    -Vale.

    Entonces pasamos a la acción. Yo la coloco tumbada boca abajo, con la almohada de la cama bajo el vientre para que alce bien el culete. Le abro un poco las piernas, y ella suspira y se sacude un poco. Se la nota bastante nerviosa, y mientras la preparo me mira de vez en cuando.

    -No me dolerá, ¿verdad?

    -Shhh… -la callo mientras cojo el paquete de margarina. Lo abro y cojo una buena cantidad, aunque está medio derretida. Con la margarina embadurno su orificio, aún más cerrado que antes por los nervios.

    -Mmm… está tibia. -Le tiembla un poco la voz.

    Unto bien alrededor del esfínter, y entonces con mi dedo meñique empujo un poco. Ella se crispa.

    -Mmmm…

    Gracias al lubricante, consigo que entre hasta la mitad, y aprovecho para untar más margarina, que resbala por los labios de su coñito. Giro el dedo, sin hacer caso de sus respingos, y lo saco un poquito y lo meto más hondo.

    -Aaaau… más despacio, por favor.

    Su ano me aprieta mucho el dedo. Hace tiempo que no pruebo un culito tan cerrado. Realmente voy a pasarlo en grande. Muevo dentro de ella el dedo, despacito, buscando dilatarla un poco.

    -Mmmmm… au… despacito.

    Saco el dedo y lo vuelvo a meter, ahora sin pausa, hasta el nudillo.

    -Mmmmpf… aaaah…

    Lo repito varias veces entre los gemidos de Silvia, que veo como agarra las sábanas con la mano y aprieta. Tras unas cuantas veces, apoyo el dedo índice, chorreante de margarina, y aprieto otra vez.

    -Aaaau… este es más gordo… au au au… con cuidado…

    Cuando entra la falange Silvia da un largo suspiro. Repito la operación, sólo hasta la primera falange. Entonces empujo un poco más.

    -Au au au au… para…

    Me detengo, moviendo suavemente el dedo índice, metido hasta la mitad. Ella aguanta la respiración, y la suelta en bufidos.

    -Buuuf… despacito, despacito.

    -¿Qué tal vas, Silvi?

    -Es como cuando te ponen un supositorio… pero esto es más grande… molesta bastante, y duele un poco… sobre todo la entrada… como si pinchase.

    Sigo moviendo el dedo en círculos, lentamente, dilatando su esfínter, hasta que noto que se relaja. Entonces empujo, y meto el índice hasta el nudillo.

    -¡Aaaau!… ¡paraparapara!… ¡despacito!

    Ella agarra la sabana y cierra los ojos muy fuerte. Sus nalgas se contraen, y noto como su anillo me aprieta el dedo como si me lo fuese a cortar.

    -Silvi, relájate… afloja el culete… como si fueses al baño.

    -Ya… ya… pero vete despacio, joder… despacio.

    Saco el dedo hasta la mitad, y lo vuelvo a meter hasta el fondo, más despacio.

    -Ooooh… mmmm… despacito despacito… au au au…

    Toco su intestino, caliente y blandito, que me aprieta de manera increíble. Casi me duele el dedo con su aro apretando fuerte.

    -Afloja, Silvi… no hagas fuerza.

    -Sí, sí… pero espera… joder… me molesta…

    -Respira hondo y afloja un poco el trasero.

    Noto como la presión se reduce, y entonces saco el dedo casi entero, para meterlo otra vez, con dificultad, haciendo un poco de fuerza, hasta el fondo.

    -Auauauaua… -Silvia gimotea y tiembla, arañando el colchón. Aprieta otra vez el esfínter, y otra vez contrae las nalgas. Así que, para ayudarla, le empiezo a frotar el clítoris con la mano libre. Eso la enciende. Noto que se afloja mucho, y que empieza a gemir de placer en vez de dolor.

    -Mmmmm… oooh… mmmm…

    Así que saco otra vez el dedo, y lo vuelvo a meter. Se retuerce un poco, pero menos, y ya no aprieta cuando le llego al final. No paro de refregarle el clítoris.

    -Aaaau…mmm… ahhh… ooogg…

    Mantengo el dedo bien metido hasta el fondo, y lo muevo lentamente, abriéndole el hoyito, haciendo palanca. Su interior se aprieta contra mi dedo índice con fuerza, y noto sus entrañas húmedas, ardientes, sedosas. Masajeo con mi dedo su recto, y froto con cuidado su clítoris hasta que noto que ella está disfrutando.

    -Mmmm… sííí… auummm…

    Así que saco y meto el dedo varias veces, sin parar de frotar su clítoris en círculos. Ella gime un poco, y aunque un par de veces vuelve a tensarse, sin duda el dolor y la molestia ya no es tanta, porque saca la lengua y se humedece los labios, con los ojos cerrados, y jadea. Ahora saco el índice y lo meto casi sin resistencia, aunque su anito sigue apretando de lo lindo. Procuro doblarlo al sacarlo, para dilatar un poco más la entrada. Su culo está manchado de margarina, y empieza a enrojecerse. Entonces cambio de dedo, y empiezo a meter mi dedo corazón, el más largo, el más ancho.

    -Aaaaum… despacio despacio despacio… aummm -Silvia se queja otra vez, al notar que el intruso es más grande. Crispa la cara, arruga la nariz, y aprieta el puño que tiene cerca de la cara con un buen trozo de sábana.

    Mi dedo se desliza dentro y fuera con bastante facilidad, gracias a la mantequilla y a la dilatación. Lo meto hasta el nudillo y lo hago bailar dentro, notando con placer que sus paredes de cierran en torno a él, mojaditas y suaves, dándome un calor delicioso. ¡Qué culito más rico tiene esta pelirroja y lo que voy a disfrutar! Prácticamente me relamo.

    Cuando mi dedo corazón entra sin resistencia, llega el momento de subir un poco el nivel. Dejo metida sólo la primera falange del dedo, y trato de deslizar dentro la punta del índice. Silvia da un respingo.

    -¡Ayayayay!… para…¡para!… ¡au au au!

    Su anito se resiste, y ella aprieta sin darse cuenta de que así lo empeora.

    -¡Ay…!… ¡nonono!… ¡para! -Ella se gira y me mira con el ceño fruncido, así que me detengo y sigo metiendo con suavidad el dedo corazón y frotándole su botoncito. Vuelve a gemir de de placer. Después de unos segundos, vuelvo a intentar meter un segundo dedo.

    -Auuuu… -se queja bastante.

    -Shhh… vamos, Silvi, afloja un poco… abre un poco el culo…

    -Auuuu… ya lo intento… pero duele… -La verdad es que tiene el ano muy tenso y cerrado a conciencia, me está costando mucho dilatarlo. Ella hace un esfuerzo y afloja todo lo que puede. Mis segundo dedo se empieza a perder en su culito, sin prisa pero sin pausa.

    -Aaaaum… -araña el colchón con las dos manos y hunde la cabeza, pero no protesta ni me pide que pare, así que sigo metiendo los dedos.

    -Oooog… -Silvia gime cuando hago tope con los nudillos y me detengo. Entonces la miro. Está apretando muy fuerte los ojos, y tiene la boca abierta en un gesto de dolor.

    -¿Qué tal va, Silvi? -Tarda un rato en responder, mientras acompasa la respiración. Cuando habla lo hace lentamente, casi escupiendo las palabras.

    -Joder… me tira mogollón… auuuu… molesta… vete muy despacio, por favor.

    Retiro suavemente los dedos mientras ella se muerde el labio inferior. Jadea un poco y lo añade con un “ay” en voz muy baja. Cuando los vuelvo a empujar para dentro empieza a quejarse mucho.

    -¡Aaaau!… no no no… para para joder… ¡para!

    Me paro mientras ella niega con la cabeza. Muerde un poco de sábana, y abre mucho los ojos.

    -Joder… duele bastante… no sé si quiero hacerlo…

    Yo sigo frotando en círculos su clítoris, y eso parece que la excita bastante. Con mis dedos metidos hasta la mitad en su recto, se calma y me mira con ojos un poco temerosos.

    -Empújalos un poco… con mucho cuidado.

    Le hago caso, y hago un poco de presión, pero parece que están atorados, así que empujo más fuerte y los meto casi enteros. Ella casi pega un brinco y se medio incorpora, aunque yo no le saco los dedos.

    -¡¡Aaaay!!… ¡despacio joder! -Se lleva una mano al culo y tira de su nalga. Veo su orificio apretando mis dedos, bastante irritado, a pesar de que voy con muchísimo cuidado. La verdad es que verlo me pone a mil, y mi polla parece querer reventar de las ganas que tengo de enchufársela por el ojete. Pero conviene ir con tiento, no vaya a ser que se eche atrás.

    -Mira Silvi, estás demasiado tensa. Tienes que aflojarte un poco, dejar de hacer fuerza. Tú has como si quisieras ir al baño, y deja que te entren los dedos.

    Me mira en silencio, con la cara colorada, y asiente un poco. No sé lo que está pensando ella, pero yo no logro quitarme de la cabeza la idea de que si un par de dedos le duelen tanto, cuando le meta entero mi nabo va a ver las estrellas, los agujeros negros y hasta el jodido big bang.

    -Es que no te imaginas lo que molesta… -Ella hace un puchero como una niña traviesa, pero yo le sonrío. Tengo dos dedos metidos por su culo, y dentro de un ratito la voy a desvirgar el ojal. Ya tendrá tiempo de hacer pucheritos.

    -Tú confía en mí y déjate hacer. -No sé cómo consigo hacer que suene convincente, sobre todo porque debo de tener una cara de vicioso impresionante, pero finalmente Silvia vuelve a tumbarse en la cama. Yo sigo jugando con mis dedos, sin meterlos, simplemente moviéndolos a los lados. Silvia afloja bastante el culo, y yo me atrevo otra vez a empujar los dedos para adentro. Observo como se muerde el puño y exhala un “mmmm” muy ronco, pero al final meto mis dos dedos hasta el final, y los dejo ahí para dejar que se acostumbre. Su culo aprieta horrores, y ahora tengo mis dudas de que sea capaz de meter mi polla por aquí sin dejarlo en escombros. No sé si es por los nervios, pero tiene el culo más estrecho y cerrado que he visto en mucho tiempo, casi de niña. Aprovecho para meterle un dedo por el coño, y me doy cuenta de que lo tiene casi seco. No lo está pasando nada bien, pero está aguantando y eso es lo que importa. Me lamo el dedo y lo meto por su chochito, y lo meto y lo saco rápidamente. Noto el bulto de mis dos dedos en la pared de su vagina, y eso me excita, por lo que acelero el ritmo y voy metiendo y sacando mi dedo cada vez más rápido.

    -Aaaah… -gime ella, y eso es precisamente lo que quiero. Se humedece un poco, y ese momento lo que aprovecho para sacarle los dos dedos del culo hasta la mitad, y volverlos a meter hasta el fondo, mientras abandono su chochito y me dedico otra vez a refregar el clítoris, más rápido que antes.

    -Mmmm…. au… mmmm -Entre los gemidos de placer todavía se adivinan algunos quejidos, pero esto parece que marcha. Saco y meto los dedos despacio, sólo hasta la mitad, con mucha paciencia, para terminar enviándoselos al fondo con un poco más de fuerza.

    -Oooou… despacito por favor… mmmm.

    Le está empezando a gustar, lo noto porque relaja las manos, y las nalgas se aflojan. Yo ya estoy también a mil por hora. Mis dedos resbalan dentro de su culo con la única resistencia de su anillito, contraído y tenso. Ella gime, pero sigo sin piedad, adentro, afuera, dilatando ese orificio para que mi polla lo taladre y lo termine de romper. Cuando ya creo que está lo bastante dilatado, sacos mis dedos con un suave ¡pop!, que suena casi como si se le hubiera escapado un gas, y me embadurno bien la polla con la margarina semiderretida.

    Ella está en silencio, escuchando el frotar de mis manos con mi nabo, y seguro que muerta de miedo. Su culo brilla de saliva y aceite, y está levemente irritado. Está cerrado, pero menos que cuando empezamos, y se nota que se abre un poquito cuando ella se relaja. Al final Silvia pregunta, con un hilillo de voz.

    -¿Ya… vas a meterla?

    -Ajá -yo sigo untando mi polla, engrasándola bien.

    -Por favor… despacito… por favor…

    -Tranquila Silvi. -Yo me encaramo sobre ella, con la polla durísima, y me inclino para enfilársela y apunta a su hoyito trasero. Meto un dedo, para probar, que entra sin mayores problemas. Lo intento con dos, que con un poco más de esfuerzo un quejido de Silvia, entran también hasta el fondo.

    -Bueno… ahora relájate mucho… -le hablo como a una niña -Abre el culete todo lo que puedas.

    Ella asiente y se prepara, aflojando las nalgas y el culo. Poso el capullo, solo rozando, sobre su esfínter, y entonces ella se agita, se incorpora y me mira.

    -Espera… espera…

    -¿Qué pasa? -yo tengo la polla a punto de reventar.

    -Es que… no estoy segura de querer hacerlo…

    -No seas cría, hombre -le digo. Ya no estoy para tonterías… quiero ese culo y lo quiero ¡ya! -Tú sólo no hagas fuerza…

    -Cuidado… por favor… -se le llenan los ojos de lágrimas, está a punto de llorar. -Con cuidado… por favor.

    -Sí, no te preocupes -me está cansando ya esto. La giro y la poso contra el colchón, dejando su culo bien en pompa. -Prepárate. -Ella parece rendirse, y agarra la sábana con las dos manos. Yo vuelvo a apoyar mi capullo contra su contraído agujerito, y cuento hasta tres… uno… dos… ¡tres!

    Empiezo a empujar, firme pero con delicadeza, pero aunque cede un poco, su culito no quiere abrirse del todo, y mi polla se queda fuera. No dejo de empujar.

    -Mmmpf… aauuu… -La escucho gemir y quejarse, pero a la vez noto que afloja el culo todo lo que puede, así que sigo empujando, con la mano sujetando la polla en su posición, hasta que entrada comienza a extenderse, y por efecto de la margarina, consigo enterrar un par de centímetros dentro de ella.

    -¡Auuu! -chilla, y aprieta el culo, que expulsa al intruso. Ella se lleva una mano al culo, abre su nalga, la acaricia. Yo tengo otra vez la polla fuera. -Auuu… -se queja ella -joder… duele…

    No me importa. Otra vez me preparo, con mi mano izquierda enfilando bien mi polla en vertical de su entrada. Poso el capullo, reluciente y casi chorreante de margarina.

    -No aprietes… -le digo, y vuelvo a contar hasta tres… uno… dos… ¡tres! Empujo con más fuerza, y noto como su resistencia va cediendo ante el avance de mi polla bien engrasada.

    -¡Aaaau!… ¡paraparapara! -me chilla Silvia, pero no hago caso. Con un deslizamiento difícil, y jodidamente apurado, mi capullo se entierra por completo en su culito casi notando que me lo arranca al apretar.

    -Auuu…. quema… sácalo… sácalo… auuuu…. -Silvia se retuerce un poco, y trata de escurrirse, pero la sujeto de las caderas. Me agacho sobre ella y le beso el cuello, lo que parece tranquilizarla un poco.

    -Shhh… tranquila… ya pasó lo peor… relájate… -Le digo mientras ella mantiene los ojos muy cerrados y aprieta los puños.

    -Auu… me arde el culo… auuu…. -Pero ya está mi capullo dentro. Así que froto un poco más de mantequilla en mi nabo, y me dispongo a metérselo hasta la mitad, por lo menos.

    -Relájate… afloja el culo -Y entonces empujo otra vez hacia abajo, con fuerza, mientras Silvia empieza a aullar como si le estuvieran metiendo qué sé yo, un poste por el ojete. Yo empujo hasta que tengo metida más de la mitad, sin hacer caso a sus berridos, pero entonces parece que hago tope con algo, ella aúlla como si la estuviera matando, y me detengo con la polla enterrada hasta la mitad, gozando de la sensación de estrenar este culito, este agujerito tan testarudo.

    -¡¡Aaaauu!!…. ¡aaaauu!…. -cuando se cansa de chillar, empieza a resoplar y finalmente rompe a llorar en silencio. Posa un costado de la cara a un lado y veo está muy colorada, y que de sus ojos cerrados salen lágrimas que resbalan sobre las sábanas. Muerde sus nudillos, muy blancos, y gime entrecortadamente. Yo la acaricio, froto su espalda, le doy besitos, hasta que ella calma sus sollozos.

    Su culo aprieta, hace presión como si quiera sacar al invasor, casi acariciando mi polla, haciéndome gozar mucho… y provocando un dolor atroz a la pobre Silvi. Su anito casi corta la circulación de lo ajustado que está alrededor de mi miembro. Estoy haciendo tope con algo, no sé lo que es, pero en cuanto muevo un poco la polla ella gime amargamente.

    -Ayyyy… ¿Ya… está… entera…? -me pregunta sin abrir los ojos, con voz ronca.

    -Falta un poquito, Silvi -realmente falta un buen trozo, pero tampoco es cuestión de hacérselo pasar peor.

    Ella respira hondo, abre los ojos, que tiene enrojecidos, y me dice con un gemido -Métela entera… métela ya…

    -¿Estás segura? -le pregunto. Por cómo ha reaccionado con el primer envión, no creo que lo pase mejor con el segundo. -¿Te duele mucho? -pregunto, cínicamente.

    -Joder si duele… auuuu… es muy gorda… el culo me da pinchazos… -realmente noto su culito contraerse, palpitar… pero a mí me da un gusto riquísimo. -Joder… la noto súperdentro… auuu… venga… métela ya… termina ya de una vez… -Ella vuelve a cerrar los ojos, preparándose para lo que viene. Así que muevo un poco la polla, intentando evitar ese tope, escuchando como ella llora casi a gritos, y sin darle tiempo a arrepentirse, tomo aire y empujo otra vez con fuerza.

    Sea lo que sea que detuviese mi avance, de repente desaparece con un grito de Silvia, y mi polla se mete de nuevo, mientras ella se retuerce y lanza gemidos roncos y gruñidos, pero no paro hasta que mis huevos tocan su coño y mi vientre se posa en su culo.

    -Auuu… aurrghh -Está mordiéndose los nudillos, que sangran, y realmente parece que la estoy empalando. Siento a lo largo de mi polla el ardiente horno de su recto, y cómo sus húmedas entrañas me apretujan el miembro. ¡Qué culo! ¡Qué delicia de culo! ¡Vaya desvirgada! El placer me recorre en oleadas, desde mi nabo hasta los dedos de mis pies.

    No creo que Silvia lo estuviese pasando muy bien, en cambio. Cuando saco unos pocos centímetros, noto como su culo se contrae y me aprieta deliciosamente. Miro su esfínter totalmente atravesado por mi miembro, distendido casi al límite de su capacidad, enrojecidísimo. Su cara es también un poema. Totalmente contraída en un gesto de dolor, los dientes apretados sobre su puño, los ojos muy abiertos, arrasada de lágrimas, con la nariz llena de mocos y la cara empapada de sudor, muy pálida, lo que hace que sus pecas destaquen como gotitas de sangre.

    -Auurrgh… -saca el puño de su boca, marcado por sus dientes y sangrando, y lanza un bufido. -Uuuuf… joder… auuu…¿ya… está…? -Ni me mira, con la mirada perdida y los ojos húmedos.

    -Todavía no… relájate… -No me gusta que lo esté pasando tan mal, así que empiezo a acariciarle su clítoris intentando que se relaje un poco, e incluso trato de meter un dedo en su coño. Pero su agujero está contraído y seco, y me cuesta un montón aunque ensalivo bien el dedo. Finalmente me paso a la táctica de la ternura, y me agacho sobre ella sin menear el nabo dándole besitos en los hombros, el cuello y los labios. Ella, cuando hago esto, rompe a llorar casi inmediatamente cerrando los ojos, y yo continúo besándole y dándole mordiscos por la cara, las orejas, la boca. C

    on la mano que me queda libre froto su coño, lo masajeo bien, poniendo especial atención en su clítoris, que se endurece bajo mis dedos, moviéndolo en círculos. Ella deja de llorar, pero no abre los ojos.

    -Auuu… me duele mucho, … me quema por dentro… me duele muchísimo el culo… -Lleva una mano hacia la zona dolorida y toca mi polla, el trozo que hay fuera de sus tripas. Lo frota un poco, pero enseguida va hacia su coño, acompañando mi masaje, excitándose, metiéndose un dedito, intentando mitigar con el placer el intenso dolor de su ano.

    Yo simplemente espero, pacientemente, manipulando los resortes adecuados, hasta que sólo quedan hipidos y empieza a gemir otra vez, cabalgando sobre el dolor, intensificando el placer. Yo estoy disfrutando muchísimo de su culito pequeño y virgen. Así que cuando creo que ya ha pasado lo peor, vuelvo a enchufar mi polla hasta el fondo. Y aunque el recorrido es corto hasta posarme otra vez sobre sus nalgas, Silvia gime como una condenada, y me veo obligado a acelerar el masaje sobre su clítoris.

    Así, posado sobre ese culo divino, respiro un poco, deleitándome del gustazo, y le susurro al oído:

    -¿Cómo va, Silvi? -Ella gruñe un poco y bufa. -¿Qué tal?

    -Oooofff… me duele, … me estás rompiendo entera joder… me quema… -Lo dice con voz ronca, gutural, y muerde la sábana apretando bien los dientes. Pero estoy magreándola bien el chochito, y tras un par de minutos noto que empieza a humedecerse, así que redoblo mis esfuerzos en su entrepierna y me preparo para pasar a la siguiente fase. Me voy levantando con cuidado, con lentitud, mientras siento cómo su anillo me aprieta en todo el recorrido como si quisiera cortarme el nabo.

    -Ay ay au au… despacio… suave… au au au -Ella acompaña la salida con gemidos y quejidos. Cuando desenvaino casi por completo, mi polla surge de su culo reluciente de margarina, húmeda y con un poquito de suciedad. Dejo la mitad del capullo metido en el culo, que noto latir, ardiendo, y dejo que se me refresque. Por lo menos, observo, no está sangrando y no parece que haya desgarro. Silvia, con mi polla fuera, se relaja bastante y recobra el ritmo normal de respiración poco a poco, pero no para de frotarse y meterse no uno sino dos dedos. Un par de minutos, no más, le concedo, y entonces me dejo caer suavemente metiéndole la polla sin piedad.

    -Aaau aaau aaauuu… no no no… au au au… -Le está doliendo de lo lindo, al menos tal y como culebrea debajo de mi cuerpo. Pero no hay solución, y vuelvo a enguantar mi miembro dentro de su cuevita acogedora y ya desvirgada. Me detengo de nuevo, dejándola acostumbrarse al grosor, a tener un supositorio de carne enterrado en su intestino. Parece que se amolda rápido, y enseguida vuelve a gemir gracias a que está masturbándose sin parar.

    Otra vez lo saco, y escucho como gimotea de nuevo, pero ahora lo entierro sin esperar ni un segundo, a lo que ella reacciona con un largo lamento y tensando todo el cuerpo, pateando el colchón con fuerza.

    -Auuu… me duele… auuu… despaciooo… auuu… -Cuando me poso en sus glúteos, disfrutando enormemente, ella se calma, hipando y soltando alguna lágrima. Me paro un instante, tomando aliento, y vuelvo a elevarme sacando mi miembro con un placer inenarrable… ¡cómo me aprieta… qué caliente! Si esperar más, bajo y la ensarto de nuevo, acallado los quejidos de Silvia con mis propios gemidos de placer. ¡Joder qué buena enculada!

    Ya está. Sin pausas, subo y bajo despacio, gozando de cada centímetro que entierro en este culito virgen, que ya apenas ofrece resistencia pero que sigue exprimiéndome el nabo. Silvia sigue quejándose en voz baja, hasta que ya no dice nada. Cuando la miro, la veo con la mirada perdida, un gesto de dolor en la cara, y la boca bien apretada emitiendo apenas un “mmmm” cuando hago tope con su culo. Pero cuando aumento el ritmo, abre la boca, se le llenan los ojos de lágrimas y gimotea.

    -Aaauu… por favor acaba ya… auuu… termina de una vez… -No me importa, estoy disfrutando de lo lindo con este hoyito tan rico y tan caliente, fuera… dentro… fuera… dentro… estoy disfrutando tanto que me inclino sobre ella y le susurro al oído.

    -Te estoy rompiendo este culito… ¿te gusta que te dé bien por el culo?… dios cómo me gusta… -ella llora un poco más fuerte, y ya ni siquiera intenta disfrutar. Simplemente agarra la sábana con los puños, se sorbe los mocos como puede y se muerde los labios para no gritar. Sigo metiéndosela hasta el estómago, gozando como loco de ese hoyito prieto. Cada vez se la meto más fuerte, más dentro, más rápido, venciendo toda oposición, distendiendo su esfínter a todo lo que da de sí, reacomodándole las tripas.

    Hace un sonido como de succión cuando se la enchufo, un sonido húmedo, y eso me excita todavía más. En un momento dado parece que la he destrozado entera, porque se pone a llorar en voz alta y a pedirme que pare.

    -¡Aaahaaahauu!… basta ya… termina… aaauu…. acaba ya…. me rompes entera… -la pobre lo debe de estar pasando mal, pero lo cierto es que yo todavía no quiero correrme, aunque noto que no voy a aguantar mucho más. Así que me incorporo sobre mis rodillas, le tiro de las cintura y la pongo también de rodillas, con la cara y el pecho apoyados sobre la cama, la cojo de la caderas y le doy duro de verdad, sin contemplaciones, atrayéndola hacia mí y golpeando los cachetes de su culo, que tiemblan y se sacuden como flanes.

    Ella llora a voz en cuello, trata de escaparse, pero la tengo bien sujeta. Paf… paf… paf… su culo golpea en mis piernas como bofetadas, y se enrojece, mientras Silvia solloza y me pide que termine. No puedo más de placer, siento como si me estuvieran ordeñado la polla, y entonces me estremezco temblando, me sacudo, y noto como de mis huevos lanzan una descarga tras otra, mientras meto más la polla dentro del culo de Silvia, hasta que ya no puedo más y caigo, casi desmayado del gusto, con el nabo todavía dentro de sus tripas, sobre ella, que también se deja caer encima de la cama…

    Jadeo como puedo, totalmente agotado… ¡qué culo… qué polvazo…! Siento mi polla encogerse, con espasmos de su anito, y la miro salir finalmente junto con una buena cantidad de semen espeso y unos grumitos de suciedad, de ese ojete rojo, casi amoratado, en carne viva, que no consigue cerrarse del todo. Silvia llora a mares, y enseguida, cuando nota que le he sacado la polla, se lleva las manos al culito y cuando lo toca pega una sacudida.

    -Ayyyy… me duele… me has roto entera… auuu… -Yo la miro mientras se gira y me da la espalda, encogiendo las piernas y protegiendo su hoyito reventado con las manos. Sigue llorando en voz más baja, quejándose. Yo me levanto, aunque apenas puedo, y me agacho sobre ella. No rehúye mi abrazo, sino que esconde su cabeza en mi pecho y llora. Yo me tumbo junto a ella.

    -Tranquila Silvi… -La doy unos besitos en el pelo -Lo siento, mi amor… -Ella deja poco a poco de llorar, y se calma. Cuando me mira tiene un gesto de reproche en la cara.

    -Joder me ha dolido muchísimo… me has roto el culo… -Yo la beso y la tranquilizo con palabras suaves. -Dijiste que no dolía… hostia… me escuece y lo noto súperhinchado… auuu joder…

    -Déjame verlo -Aunque al principio es reticente, vuelve a colocarse culo en pompa y me ofrece la visión de su anito. Realmente está algo hinchado, muy muy irritado, y no consigue cerrarse del todo, pero no hay ningún desgarro y no sangra. Está de color casi violeta, y todavía chorrea algo de semen. Nada irreparable, en cualquier caso. Unos días de dolor y nada más. Así que voy al botiquín del baño y cojo alguna pomada hidratante, y mojo una compresa en agua fría. Aprovecho para limpiarme la polla, que está también hecha unos zorros. Me molesta bastante, pero en fin, no hay placer sin dolor.

    Cuando vuelvo a la habitación, ella está tocándose el orificio con cuidado y lanzando gemiditos cuando le duele. Le aplico la pomada con cuidado, aunque no puedo evitar que ella se queje, y le pongo la compresa. Cuando termino, se acomoda en la cama y me mira muy seria, secándose las lágrimas.

    -Joder … no pienso volver a hacerlo por detrás en mi vida… qué dolor…

    Bueno, ya veremos.

    Continuará.

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  • Mi hermana y yo nos quitamos la calentura (parte 3)

    Mi hermana y yo nos quitamos la calentura (parte 3)

    Aquel viernes llevaba despierto como una hora, mi mente estaba fantaseando con lo que ocurriría aquella noche, cuando mi novia se hubiese marchado y mi hermana llegaría para no ver a su marido.

    Eran tan reales mis pensamientos que pronto note una erección de mil demonios. A mi lado yacía dormida mi novia, con una inspección acular descubrí que por el escote del camisón que llevaba se veía aparecer un pezón al levantar la vi que no llevaba nada debajo, introduje mi mano hasta tocar su cola empezando en este instante un movimiento rítmico de está masajeando su culo.

    Mi otra mano la introduje inspeccionando con ella si sus piernas estaban bastante separadas para ubicar mi polla en su raja, Vi que metiendo mis dedos entre sus muslos presionando un poco dejaría la holgura suficiente para tal fin. Acomode mi verga tocando la raja empezando a moverme rítmicamente mientras ahora con cuidado metía mí mano por el escote sacando todo su pecho, toque el pezón suavemente con mis dedos.

    Pronto noté que su pezón tomaba vida que se endurecía por instantes y que ella cambiaba su respiración, pero sin despertarse, su pezón se había puesto duro mí lengua ahora sustituyo mis dedos y mí boca ya se llenaba de teta. Sentí como por su vagina bajaban sus fluidos inundando toda su vulva manteniendo su raja húmeda.

    Creo que ya es hora de despertarla. Pensé yo. Con la mano que estaba masajeando su culo poco a poco la fui hundiendo entre sus nalgas, ahora estaba masajeando la raja del culo, mi masaje se limitaba a recorrerla de abajo arriba topándome con el agujero de su ano, cada vez que mi mano pasaba por aquella zona hacia presión para ver cuanto cedía hasta llegar a meterle todo el dedo dando un masaje en forma circular y de fuera dentro como si me la cogiera. Al rato ella empezó a despertar agitando más su respiración jaleando y emitiendo gritos de placer.

    Al despertar, el sentir el calor y su culo insertado por mi dedo intento zafarse de él cambiando de posición, al instante la monté e inserté mi verga en su vagina. Pasando a bombear frenéticamente mientras ella iba llegando poco a poco al orgasmo.

    Cada vez bombeaba con más fuerza, yo sentía como mis pelotas se estrellaban contra la entrada de la concha escuchando rítmicamente el ruido de su inundación vaginal. Pronto llego su orgasmo yo continuaba cabalgando, de pronto sentí que me salía, me aparté de su vagina y puse mi nabo en sus tetas, y de inmediato empezó a escupir elíxir de hombre hasta quedar toda embarrada.

    Era tarde ya. Nos duchamos rápidamente y nos fuimos a trabajar, ella ya con las maletas como cada fin de semana.

    El día se me hizo muy eterno a las 12 del mediodía estaba ya caliente pensando lo que tenía preparado para aquella noche, yo no paraba de mirar el reloj parecía que el tiempo no pasaba y cada vez me calentaba más y más a media tarde ya no podía más así que fui al lavabo a hacerme una paja eso calmo mí calentura por el momento.

    Termine mi trabajo y me fui para casa sin detenerme en ningún sitio a las 8 ya estaba esperando a que llegara mi hermana, llego hacia las 10 de la noche yo ya no aguantaba más, solo con oír el timbre de la puerta de la calle se me paro, faltaba aun tomar el elevador para subir hasta el apartamento. No llego ni siquiera a llamar a la puerta que ya estaba agarrándole sus pezones por debajo de la blusa en el exterior del apartamento la cámara de seguridad estaba enfocándonos. Fernando estaba en su sitio.

    -Vaya recibimiento me has preparado hermano esto no me lo esperaba de ti

    -He pensado mucho contigo.

    Mientras hablábamos le iba quitando toda la ropa que me molestaban para llegar a mis objetivos, que como debéis saber no eran otros que si coño y su ano.

    Desabroche su blusa y con una mano la lance hacia el apartamento, que bien, no llevaba nada debajo. Baje mi mano dentro de sus pantalones y de su tanga hasta encontrarme su monte de Venus toque su cuidado felpudo y metí un dedo entre sus cerradas piernas intentando recorrer toda su raja.

    -Que me haces, -decía ella.

    Le desabroche los pantalones y se los baje. Cosa que también hice con su tanga. Como si tuviese un resorte entre las piernas estas se abrieron al momento dejando expuesto para mi disfrute toda su concha que estaba ya babeando los fruidos vaginales. Entramos y cerré la puerta del apartamento no sin antes ver que la cámara de seguridad del pasillo aún estaba enfocando la puerta eso quería decir que mi amigo Fernando lo había gravado todo. Fernando hacía tiempo ya que yo le proporcionaba bellas escenas de sexo para su colección de videos particular que compartía conmigo, esta vez se quedó sin lo mejor porque eso lo quería saborear yo.

    La lleve al sofá y allí sentados empezamos el juego que duraría todo el fin de semana. Empezamos quitándonos la poca ropa que aun llevábamos. Empecé a entrar mi dedo por su concha y lamer el botoncillo de su clítoris dedicando mi otra mano a tocarle las tetas. Pronto estábamos gimiendo de lo bien que lo pasábamos.

    Tome mi pene y lo acerque al felpudo dejando que lo rozara después lo clave con fuerza en su chichi era la primera vez que mi polla entraba en la cueva de mi hermana, mi polla entraba como un cuchillo caliente dentro de una barra de mantequilla que sensación más buena empecé a bombear dentro de ella despacito, con mi lengua recorría sus pezones. Después de un rato de bombear saqué mi pene de su coño y se lo di en su boca.

    Como chupaba de arriba abajo toda la caña, note que me venia así que la saque de su alcance espere unos segundos para que se calmara un poco y volví a insertarle el coño estaba ya súper caliente no-tardo mucho en tener su primer orgasmo. Mientras yo seguía bombeando ella iba teniendo orgasmos hasta que me vine dentro de ella procurando sincronizar mi corrida con un orgasmo suyo. Pronto vi salir de su vagina mi leche blanca y espesa y correr por su raja hasta llegar a la funda del sofá. Descansamos un poco y nos metimos en la ducha durante el trayecto del sofá a la ducha siguió saliendo leche que resbalo por su pierna hasta alcanzar sus zapatos.

    Nos metimos los dos en la ducha tome el teléfono y la rocié primeramente sus tetas y después su coño abrí sus labios y apunte el teléfono para que entrara hasta lo más profundo abrí sus nalgas y le metí un buen chorro allí.

    No tarde mucho en volver a tener a mi hermana caliente yo también estaba a punto para otra cogida. Así que allí mismo en la bañera la cogí no sin antes hacerla arrodillar para que me la chupara, cuando estuve a punto la gire y la puse en posición perrito abierta de piernas, su culo quedo abierto delante de mi polla, la acerque hasta ponerla a la entrada de su ano y presione un poco entro un poco, su culo estaba apretado, Presione un poco más y entro toda.

    Empecé a bombear muy despacio, mientras con mis manos estaban acariciando sus tetas y sus pezones, la saque del culo y la metí en su vagina, ella emitió un suspiro de placer bombeé con fuerza teniendo un orgasmo casi inmediatamente yo también me vine en sus tetas.

    Después preparamos algo de cenar y nos fuimos a dormir, no como el primer día cada uno en una habitación sino en la misma cama.

    Dormimos abrazados casi toda la noche, y a veces yo dentro de ella.

    El sábado tuvimos sexo todo el día parando solo para recuperarnos. Fue un día para recordarlo mucho tiempo. En uno de esos descansos fui a ver a Fernando para decirle que estuviera preparado el domingo para grabar la cogida de mi hermana al mismo tiempo que le pedí que montara unas cámaras en mi apartamento cuando fuéramos a cenar.

    Salimos a cenar hacia las 9 de la noche. Pasamos por el mostrador donde estaba Herman nos despedimos de él. Lo vi subir, yo ya sabía a lo que iba. Cuando volví encontré una nota debajo la puerta que decía “todo listo Herman”.

    Desde aquel momento Fernando nos estaba viendo y grabando.

    El domingo nos despertamos a eso de las 10 y completamente desnudos fuimos a desayunar para después volver a la cama. A seguir jugando empezamos con un 69 ella abajo, acomode mi lengua en su concha empezando a buscarle el botón de su clítoris, introduje el miembro en su boca y empecé a moverme como si de una follada se tratara. Saque mi verga de su boca y la puse entre sus pechos ella los apretó contra mi polla haciéndome una cubana allí me corrí haciendo que mi leche saltara hasta su ombligo resbalando por su vientre hacia su monte de venus quedando atrapado por su felpudo regándolo todo. Ella mientras tanto llego al orgasmo varias veces.

    Nos duchamos y salimos a almorzar. Al pasar por el mostrador donde estaba Fernando me hizo una señal para que supiera que todo lo había grabado, yo respondí con otra señal que quería decir que después habría más. Almorzamos en un buen restaurante y volvimos dando un paseo. Llegamos a las 5 y media de la tarde nos desnudamos y nos sentamos en el salón a ver la televisión. No nos gustó ningún programa así que pusimos un video porno pronto lo que vimos nos éxito empezando yo a tocar sus pezones y ella agarrando mi rabo.

    Pronto tuvo mi rabo en su boca haciéndome una mamada bestial. Seguidamente la puse en cuatro y sin mas preámbulos la entre por el ano. Pensé en el video que estaba grabando Fernando lo bien que quedaría la escena. Estaba a punto de correrme ya. La saque y le di la vuelta con ese tiempo se me calmo el rabo y lo puse dentro de su chocho, que ya estaba chorreando. con un sonoro grito se corrió al mismo tiempo que me corrí.

    Nos limpiamos y fuimos a cenar a una taberna que había cerca el apartamento. Después cogió las maletas que no deshizo en todo el fin de semana y marcho hasta su casa pues empezaba a trabajar temprano el lunes.

    Cuando me quede solo baje a ver a Fernando el cual me confirmo que todas las cogidas habían salido muy bien y que como el miércoles no trabajaba se dedicaría a editarla y para el jueves la tendría. También me pregunto quien era la dama con quien tan bien me lo había montado. Le dije quien era y nos despedimos. Aquella noche dormí muy bien pensando como podría montar un trío mí hermana mí novia y yo.

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  • ¿A qué sabe ese caramelo?

    ¿A qué sabe ese caramelo?

    No esperaba que Adriana, mi esposa, me recibiera en ese estado de excitación. No es demasiado frecuente en ella. Pero me propuso un juego interesante, a pesar de todo: una rica felación, allí mismo en el sofá, y en aquel preciso instante.

    Cuando llego a casa esto no es normal y menos que se decida a chupármela, aunque si se esmera, Adriana lo sabe hacer de maravilla. Lo único malo es que ella no podía ni quería esperar y yo presentaba un grave problema. Debía ir al baño y limpiar mi polla con esponja y jabón, pero ella no me dejaba. Me empujó sobre el sofá, se desnudó para quedarse en ropa interior y hacerlo más excitante y bajó con sus dedos la cremallera de mi pantalón.

    Mi problema era acuciante y todo podía acabar en catástrofe. Quise inventar una excusa para ir al baño, por ejemplo, que me estaba meando, pero ella me lo prohibió.

    Apenas una hora antes estuve follando con otra mujer, Raquel para concretar más, la mejor amiga de mi mujer, y no estuvimos haciendo cualquier cosa, me refiero a que hicimos un anal. Nos encontramos casualmente en unos grandes almacenes comprando regalos del día de los enamorados para nuestras respectivas parejas. Tomamos un café y como hacía tiempo que andábamos detrás el uno del otro decidimos lanzarnos.

    Ella me dijo que me esperaba cinco minutos después en el lavabo de señoras, pues ella es así, de excitarse en sitios públicos; mas no rehusé. Entonces hice lo acordado y entré en aquellos enormes aseos temeroso de que otras mujeres me viesen, pero no fue así. Escuché el gemido de alguien que aprieta cuando defeca. Sin duda era Raquel, pude reconocer sus zapatos bajo la puerta del compartimiento del w.c.

    Abrí sigilosamente y la vi allí haciendo sus necesidades. Olía a mierda, pero estaba loco por aquella mujer. Estaba dispuesto a montármelo con ella allí mismo a pesar de que el hedor parecía el de una hipopótamo que acaba de vaciar sus intestinos. La chica se levantó, me besó en los labios y a continuación me dio la espalda. Saqué mi polla toda tiesa y busqué su vagina.

    Sin embargo, ella se negó a que la penetrase, aduciendo que tenía la regla y que le daba escrúpulo que le penetrara el coño. Me dijo que por el ano. Reparé en que no se lo había limpiado con papel higiénico y así se lo expuse. ¿Te da asco cariño? Negué con la cabeza pues todos los días no se tenía la oportunidad de echar un polvo con Raquel.

    Me fui a casa como en una nube. Fue fantástico, tanto que ni siquiera reparé en lavarme el glande y la verga toda. Por eso cuando Adriana se inclinó sobre mi polla, antes de metérsela en la boca, dijo que olía raro.

    Solo pude objetar que llevaba todo el día trabajando y podía olerme a sudor. Adriana es un sol, se la tragó entera y esa fue la segunda alegría del día. Cuando acabé de correrme en su boca me miro sonriente a los ojos y me dijo:

    -Si no fuera porque siempre me has dicho que no te gusta el sexo anal habría jurado que hoy le has dado a alguien por el culo.

    Otro día probaré por primera vez contigo cariño –pensé para mis adentros.

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  • Compartí la cama con mi mujer y mi cuñada

    Compartí la cama con mi mujer y mi cuñada

    Decidimos estas vacaciones con mi esposa Adriana y mis hijos tomar un crucero por el caribe. A nuestra idea se acopló Silvia, la hermana de mi esposa.

    Llegamos al crucero y nos instalamos.

    Desde la primera noche tuve sexo con mi esposa, a pesar de comenzar las noches cansada, sin ganas, yo insistía y luego de tocarla y chuparla conseguía mi cometido. A la tarde del quinto día, mi esposa me comenta que su hermana estaba muy necesitada de sexo y que no le molestaría que yo pase la noche con ella, que sabía que me gustaba su hermana y como siempre andaba al palo y ella estaba cansada podía tener una noche más tranquila.

    Silvia tiene un cuerpo delgado, huesudo, buenas piernas un tanto delgadas, tetas pequeñas, un culo no muy redondo, pero bastante paradito, tiene piel oscura, ojos verdes y una gran boca carnosa.

    Adriana, mi esposa tiene ojos azules, buenas tetas, piernas bien torneadas, de tez blanca, un culo bien parado y carnoso y una boca también grande y roja.

    Las dos me tienen muy caliente y mi mayor fantasía es tenerlas juntas en la cama

    Me sorprendió el comentario de mi esposa, pero trancé.

    Entré en el cuarto de Silvia, estaba con ropa interior blanca, que resaltaba su piel tostada. Ni bien entré al cuarto y la vi, no pude disimular una erección que levantó mi bóxer.

    -Bueno, bueno. Adriana me dijo que siempre estas caliente, y veo que tenía razón.

    Sin contestarle, la tomé de la cintura y le di un beso en la boca, esa boca con la que tantas veces soñé.

    Luego de eso, me dirigí directo a su concha, y luego de correrle la tanga hacia un costado se la comí por completo con mi boca. Ya estaba un poco mojada, pero con mis labios apretando su clítoris, se mojó aún más.

    Silvia lanzó un suspiro, me miró a los ojos y me dijo:

    -Cogeme, por favor cogeme ya.

    Saqué mi pija por el agujero del bóxer y ahí no más se la puse de un empujón.

    -Ayyy, si, metémela, que pija dura tenés.

    -Vos me la pones así de dura, por la calentura que tengo con vos.

    -Ayyy, siii, dame, damela, damela.

    -Estas toda transpiradita, como me calienta que estes mojada

    -Vos me haces transpirar, como me calentás.

    -Ayyy, siii, ya estoy, ya estoy -dijo

    -Siii, siii, yo también, no puedo más -dije

    Y así, acabamos juntos.

    Nos quedamos un rato sintiendo nuestras respiraciones agitadas, me dio un beso en la boca y me dijo, anda a dormir con Adriana, yo ya tuve lo que necesitaba.

    Me levanté, me fui a mi cuarto, Adriana ya estaba durmiendo.

    Al otro día llegue al desayuno un poco más tarde que ellas dos. Cuando me vieron comenzaron a reírse.

    -Que pasa, -dije

    -Nada, Silvia me estaba contando que la pasaron bien.

    -Si, muy bien, -agregó.

    -Bueno, esta noche me toca a mí, -dijo Adriana-, ayer descansé bien, esta noche te voy a dar la colita.

    Con este comentario, yo estaba al palo otra vez.

    -¿La colita?, -dice Silvia-, ¡no estarás hablando en serio!

    -Si, -dice Adriana-, cada tanto me encanta que me coja por la cola.

    -Pero eso duele mucho, -insistió Silvia-. Yo lo intenté en 2 oportunidades, y no pude avanzar porque me dolía terriblemente.

    -Ah mi marido es un maestro haciéndote la cola, no te hace doler nada, te puedo asegurar que lo disfrutas una barbaridad.

    -Es cierto, si uno realiza una buena lubricación y tiene paciencia para dilatar el ano, no debería doler.

    -No les creo, -dijo Silvia.

    -Es cierto, -dijo Adriana-, mirá últimamente le estoy pidiendo que me dilate un poco menos, porque le encontré el gustito a que me duela un poco, me calienta mucho saber que me va a doler.

    -Estás loca, -dijo Siliva

    A esta altura de la conversación mi huevos estaban por estallar de la leche.

    -Bueno, Silvia, me ofrezco a demostrarte que el sexo anal no solo no duele, sino que vas a gozar como nunca.

    Silvia se quedó callada, como no creyendo lo que le decía.

    -Dale, animate, -dijo Adriana-, si querés yo estoy presente en el momento para darte mas confianza.

    -Así, puede ser que acepte, -dijo Silvia finalmente-, pero dejamelo pensar un poco mas.

    Yo no podía creer la conversación, finalmente las tendría a las dos juntas en la cama.

    Luego del almuerzo, Silvia confirmó que estaba interesada en probar esa misma noche el sexo anal.

    -Bueno, -dije yo-, entonces acompáñenme al sex-shop del barco para comprar lubricante.

    Y ahí fuimos los tres.

    Entramos y mientras yo compraba el lubricante Adriana y Silvia recorrieron el local. Vi como Silvia se quedó como hipnotizada delante de un traje de cuero negro, con un pene postizo que se ataba a la cintura y entre las piernas. El pene era realmente enorme, de latex negro, muy largo y muy grueso.

    -¿No es como para debutar con eso en el culo, no?, le dije a Silvia

    Ella sonrió y me dijo, que lo que estaba pensando es que le encantaría tener aunque sea por un día un pene como ese.

    -Y bueno, alquilate el traje, le dije

    -Nooo, me dijo sonrojada.

    El paseo por el sex-shop me puso a mil. Me di cuenta que estaban con ganas que llegase la noche, entonces pensé que era el momento de exigir algo mas.

    Adriana, ya sabía que mi sueño era que compartamos la cama con otra mujer, pero ella nunca había accedido.

    -Bueno, tengo algo que decirles, comencé. Si quieren que hoy practiquemos sexo anal, yo les voy a pedir que se den unos besitos y unas chupaditas entre ustedes.

    -Estás loco, dijo Adriana de inmediato

    -Bueno, entonces me voy a dormir al cuarto de los chicos.

    -No seas hijo de puta, dijo Adriana, ya quedamos con Silvia que la ibas a coger por detrás.

    -Si, pero yo quiero eso a cambio

    Silvia la miró a Adriana, y le dijo:

    -Dale, Adriana, no es mucho lo que pide, nos damos unos besos y unas chupaditas y lo dejamos contento.

    -Bueno, está bien, pero sos un aprovechador, dijo Adriana

    Llegó Silvia a nuestro cuarto y les pedí que se besaran en la boca. Que caliente me puso ver esas dos bocas carnosas fundidas en una. El contraste de la piel blanca de una y la otra tostada, también eran increíbles.

    Le bajé la bombacha a Silvia, la puse de costado, yo me coloqué detrás para comenzar a lubricar su culito, le pedí a Adriana que se la chupara para calentarla. Parece que le gustó porque se metió toda la concha dentro de su boca. Silvia comenzó a gemir y Adriana no paraba de comérsela.

    Le pasé gel por el agujerito, luego le metí un dedo, giraba el dedo en círculos para dilatarla, Silvia se retorcía de placer entre el masaje que yo le hacía y los lengüetazos que le pasaba Adriana.

    Finalmente pude introducir 3 dedos bien lubricados en su culito, y ya estaba lista para ser penetrada.

    Levanté su pierna derecha, coloqué la punta de mi pene en el agujero, y comencé a presionar suavemente.

    Cuando la cabeza de mi pene estaba entrando, Silvia hizo una pequeña mueca de dolor, por lo tanto me retiré.

    -¿Duele?, le dije

    -Un poco, pero creo que lo puedo soportar, dijo en un suspiro

    -No es necesario que aguantes, te voy a dilatar mas, conteste.

    -No, por favor, metémela así, que no aguanto mas.

    -Adriana con su lengua me va a hacer acabar.

    Consideré su pedido como una orden, levanté un poco mas su pierna derecha, apoyé la cabeza de mi pene en su culito, y de un solo golpe la ensarté.

    -Ayyy, grito Silvia, Ayyy dios, esta toda adentro.

    La agarré de las caderas y la apreté mas contra mi.

    -¿Te duele?, le pregunté

    -Si, me duele

    -¿Te la saco?

    -No dejala que ya se me pasa, puedo aguantar.

    -Que culito calentito que tenés, me gusta metertela, dije

    -Ay, dios mío, movete, cogeme, chupame Adriana, chupame

    -Ayyy que caliente me ponen los dos, no puedo mas

    -Ayyy, siii, siii, ah, ahhh, gimió Silvia

    -Ay, siii, ya estoy, Silvia, ya estoy, grite yo.

    Acabamos los dos juntos.

    -Como lo disfruté dijo Silvia, dolió un poco, pero porque yo quise, es que la chupada de Adriana, no me permitía aguantar mas.

    Nos quedamos tirados en la cama un rato.

    -Estuvo bueno, dijo Adriana, ahora quiero que me cojas por el orto bien cogida.

    Estas palabras me pusieron al palo nuevamente.

    -Vení, ponete de costado que te voy a lubricar, dije

    Comencé colocando gel en la puerta de su culito. Rápidamente pude meter un dedo, Adriana ya estaba mas acostumbrada a la dilatación.

    -Basta, dijo Adriana, no me dilates mas, metémela ahora.

    -Pero mi amor va a dolerte, dije

    -No importa quiero que me rompas bien el culo, quiero que me lo dejes como una flor.

    -¿Estas segura?

    -Si, y si me quejo, no aflojes, metémelo con todo igual. Silvia, agarrame las manos bien fuerte, así no me puedo zafar.

    Estaba un tanto sorprendido por el pedido, pero a decir verdad me gustaba ver como sufrían las mujeres cuando les rompía el culo, así que puse manos a la obra.

    Me posicioné en la entrada de su culo, le empujé la punta y luego hasta el final.

    -¡Ay!, gritó Adriana, ¡ayyy, me dueleee, ayyy, me dueleee!

    La agarré bien fuerte de las caderas para que no se zafe, Silvia le apretó las manos para inmovilizarla.

    -Ay, mi amor, por favor, sacalaaa, sacalaaa

    -Ni loco, le dije, te la voy a meter hasta la huevos, putaaa

    -Te voy a romper el orto bien roto, como buena yegua que sos.

    -Ahh, nooo, nooo, ahhh, gritaba Adriana

    Silvia y yo nos miramos, la apreté fuerte contra mi, ella le sostenía las manos y poco a poco se fue relajando.

    -Ahhhh, ya está pasando, ya está pasando, movete mi amor, cogeme, cogeme, comenzó a balbucear Adriana. Chupame Silvia, chupame

    -Como me gusta que grites, mi amor, me calienta mucho que sufras putita.

    Comencé a bombearla de costado, con fuerza, y Silvia entre sus piernas chupándosela, hasta que no pudimos mas.

    Así nos quedamos los tres dormidos.

    Las chicas desayunaron juntas, yo me levanté mas tarde. Estuvieron hablando toda la mañana y dando vueltas por el barco.

    Durante el almuerzo comentaron lo bien que había estado, pero que había sido un poco violento.

    Yo les aclaré que pudo haber sido mas suave, pero que ellas forzaron que fuera así.

    Adriana me miró con picardía y me dijo:

    -No te hagas el tonto, a vos te gustó vernos sufrir, tenés instinto sádico.

    -Habría que ver que tal resulta si prueba de su propia medicina, agregó Silvia con una sonrisa.

    Ambas rieron, pero yo no entendí el mensaje.

    Cerca de la noche, Adriana me dijo que me preparara para repetir lo de anoche, que iba a ser un poco distinto, pero que lo íbamos a pasar genial.

    A la noche, Adriana me pidió que me vendara los ojos, ya que pasaríamos en el cuarto de Silvia, y que había una gran sorpresa.

    Así fue que entré al cuarto con los ojos vendados. Adriana me beso en la boca, mientras Silvia me chupaba el pene, estaba en éxtasis con esas maravillosas bocas atendiéndome.

    Adriana me llevó hacia ella, se tiró en la cama y yo quedé sobre ella. En eso siento dos manos que llevan las mías hacia arriba y 2 esposas que se cierran sobre mis muñecas, Adriana sale de abajo mío, me toman de los tobillos y 2 esposas mas me atrapan.

    Quede boca abajo atado de pies y manos, totalmente desnudo.

    En eso escucho la voz de Silvia que dice:

    -Ahora vas a probar de tu propia medicina.

    Adriana me saca la venda de los ojos, y veo a Silvia con el traje negro de cuero, con el enorme pene atado de su cintura y piernas.

    -Gracias cuñado por la idea de alquilar el traje, me encanta tener este pito, y con él te voy a romper bien el culo.

    -No, no sean boludas, como chiste está bien, ahora desátenme

    -Ni locas, dijo Adriana, ahora voy a disfrutar verte rogar que Silvia te saque su pija del culo.

    -Y cuanto mas pidas que te la saque, mas adentro te la voy a poner, cuñado.

    No podía creer lo que estaba sucediendo, no sabía que hacer. En el fondo pensé que se trataba de una broma, y que pronto me iban a desatar.

    Silvia se acercó a mi culo y comenzó a lubricarlo con gel, ¿hasta donde pensaban llegar?

    Luego de lubricado, metió un dedo hasta el fondo, me dolió un poco, pero también me gustó.

    Cuando Silvia se disponía a poner el otro dedo, Adriana le dice:

    -Basta, hermanita, con un solo dedo está bien.

    -Adriana, no me está causando ninguna gracia lo que estás diciendo, dije

    -Callate, sorete, no tenes derecho a hablar, contestó Adriana,

    Y me aplicó un fuerte golpe con una especie de machete.

    -Adriana, pelotuda, eso duele, dije

    -Si, cuñadito, pero mas te va a doler cuando te meta mi pija hasta la garganta, terció Silvia.

    En eso veo que Silvia se para detrás de mí y me dice:

    -Ponete en 4 si no querés que te sigamos dando machetazos

    Obedecí al instante, pensé que era mejor no contrariarlas, entonces Silvia se colocó detrás de mi y apoyó la punta de su pene en el agujero. Comenzó a empujar, pero no conseguía avanzar.

    -Me parece hermanita que vamos a tener que lubricarlo un poco mas, dijo Silvia

    -Bueno, tengamos un poco de piedad de él, dijo Adriana.

    Se acercó Adriana, y metió 2 dedos en mi ano totalmente lubricados, me gustó la sensación, pero intuí que luego vendría lo peor.

    Se acercó luego Silvia por detrás y acercó nuevamente su pene a mi agujero, comenzó a presionar y pudo penetrar con éxito la cabeza.

    Fue terrible el dolor que sentí cuando ingresó, cerré los ojos y me mordí la boca. En ese momento comprendí que seguirían adelante y que lo mejor era no resistir. Levanté un poco mis caderas e hice fuerza hacia fuera como si estuviera por ir de cuerpo, eso hizo que el pene de Silvia comenzara deslizarse dentro de mí.

    -Bien, putita, como aprendiste, bien, decía Silvia.

    Al ver que se deslizaba con poca dificultad, me agarró de las caderas y me empujó hacia atrás.

    -¡¡Ahhh!!, grité, ¡ayyy, dios mío!

    -Te duele, putita, dijo Adriana

    -Sufrí, putita, sufrí, decía Silvia

    -Por favor, Silvia, sacámela que me duele, es muy grande, por favor, sacámela

    -Ayyyy, Como me aprieta el clítoris cuando te la ensarto, como me gusta empujarte, cuñado.

    Me di cuenta que mis súplicas no tenían sentido, entonces decidí que no quería darles el gusto que me vieran sufrir, por lo tanto las comencé a desafiar.

    -Vení putaaa, ponemela mas, ponemela bien adentro, que todavía no la siento.

    En eso Silvia da la estocada final. Sentí como todo ese monstruo ingresaba por mi canal. La sentí hasta la garganta, pero decidí seguir con mi plan.

    -ahhh, si, putita, metemela toda, que me gusta, metemela que me vas a hacer acabar, dije

    -Dámela, démela mas, hija de puta, dámela más

    Estas palabras me calentaron a mi mismo, y comencé a sentir un enorme placer, mientras que el dolor se iba diluyendo.

    -ah, si, Silvia, me gusta tu pija, Adriana chupámela que voy a acabar.

    En eso Adriana se mete bajo de mi y comienza a hacerme una mamada monumental, mientras veo que con una mano se toca la concha.

    -ayyy siiii, ay si que caliente que estoy, voy a acabar, no puedo mas, dice Silvia

    -Siii, cogeme mas, cogeme mas, cogeme mas digo yo

    Los tres acabamos juntos en un orgasmo increíble.

    Luego que Silvia me sacara su enorme instrumento, vi que de la boca de Adriana chorreaba leche, y así casi extenuados nos dormimos hasta el día siguiente.

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  • Vacaciones con mi hermana Alejandra

    Vacaciones con mi hermana Alejandra

    Día 1.

    Alejandra, así es como se llama mi hermana. Al día de hoy tiene 24 años mientras que yo cumplí no hace mucho 21. Ella nunca me había llamado la atención, sobre todo porque siempre había tenido novia y por largos períodos, situación que me hizo centrarme en mis relaciones y no prestar atención a las demás mujeres. Su cuerpo, hasta antes de narrarles lo que me sucedió con ella, era de dos tetas normales, una piel clara, un culo firme y común, unos labios indiferentes, cerca de 1.76 metros de altura y una actitud en ocasiones detestable. Sin embargo, sus facciones eran similares a las mías y teníamos gran parecido.

    Al cumplir mis 21 años, salí de vacaciones al puerto de Acapulco junto a Alejandra y un par de primos. Nos repartimos las habitaciones de tal modo que mi hermana se quedó conmigo y mis dos primos, por ser varones, tomaron otra habitación. Este fue el primer indicio de que algo extraño sucedería.

    Al llegar a la habitación, Alejandra llevaba unos pantalones cortos y una playera ajustada con un ligero escote, cosa que me hizo voltear a ver sus pechos redondos marcados en la tela. Sentí algo bastante extraño, algo así como una especie de escalofrío por hacer algo que hasta entonces consideraba incorrecto. Por supuesto, ella no se había dado cuenta de que constantemente la empezaba a mirar con más frecuencia, y de modo distinto.

    Cada vez más, sentía una agitación intensa al imaginarme sus pechos desnudos y casi al instante, las miradas se tornaban cada vez hacia sus nalgas y su zona vaginal. Ella de pronto se inclinó un poco para buscar sus cremas que llevaba en su equipaje, por lo que me acerqué hacia ella para fingir que le ayudaría a encontrar sus cosas, pero por su puesto, yo miraba de cerca sus tetas como buscando encontrar sus pezones. Pero lo único que veía era un par de tetas redondas, claras, grandes e infinitamente apetecibles.

    Acordé con mis primos vernos en la piscina del hotel para darnos un chapuzón y después salir a comer algo. Una vez que Alejandra había terminado de encontrar sus prendas y sus cremas, se metió al baño de la habitación para cambiarse de ropa. Yo, bastante tenso, me acerqué a la chapa de la puerta pensando encontrar un pequeño orificio por el cual espiarla, pero para mi sorpresa ella no había cerrado la puerta. Entonces, desde el espejo del baño miraba cómo se iba deshaciendo de la ropa que llevaba puesta.

    Primero comenzó por mirarse su cara en el espejo y soltarse el cabello que le llegaba debajo de los hombros, luego y casi con brusquedad, se quitó de golpe su playera, sus tetas sólo quedaban ceñidas por su sostén, por lo que lucían abultadas y bastante ricas. Al quitarse el sostén, sus senos quedaron libres, al viento, tal y como me los imaginé: redondos, medianos, con sus pezones perfectos, listos para ser devorados, para poner mi verga entre los dos o para venirme sobre ellos. Tuve una erección instantánea.

    En fin, quedó totalmente desnuda, pero yo sólo podía mirarla de la cintura para arriba; pero lo más importante, era que sus tetas se veían perfectamente colgando de su cuerpo. No aguanté más, y comencé a masturbarme, viniéndome en segundos, quizás por los nervios de ser descubierto.

    Una vez listos los dos, cogimos el elevador para descender hasta la piscina del hotel. El camino fue bastante tortuoso, pues sus tetas lucían bastante bien y yo no podía dejar de mirarlas de modo cada vez más notorio. Y aunque mi hermana llegó a notarlo, no hizo ningún comentario ni se sintió incómoda. Me estaba volviendo loco, pues al ver su cuerpo me imaginaba que la tomaba del cabello y le metía toda mi verga, provocándole fuertes gemidos.

    Entonces, su cuerpo ya no era el de las tetas normales y el culo firme, los labios indiferentes y la piel clara; su cuerpo ahora estaba dotado de un par de tetas suaves, listas para ser mordidas y magulladas; su culo, listo para ser contemplado, acariciado y penetrado; su piel, preparada para sentir mi semen escurriéndose; y sus labios, perfecta entrada para recibir mi verga.

    Al reunirnos con mis primos, empezamos a convivir en la piscina. Todos notaban que había algo distinto en mí, y no era para menos, pues yo no despegaba los ojos de Alejandra. Después al salir de la piscina me dijo que se iría a duchar para después salir a comer. Le dije que estaba bien y que en unos minutos iría a la habitación para hacer lo mismo. Obviamente me fui detrás de ella sin que lo notara, cosa que resultó por demás absurda, pues ella llevaba la llave y tuve que esperarme afuera de la habitación hasta que ella salió de la ducha.

    Una vez listos para ir a comer, las cosas eran insostenibles, por lo menos para mí. Alejandra llevaba unos shorts y una playerita holgada que permitía entrever la división que se hace entre las tetas y las puntas de sus pezones en la tela. Estaba vuelto loco, pues sus piernas claras y bien dotadas me obligaban a fingir que me quedaba atrasado en el camino para después caminar detrás de ella observando su delicioso culo y sus bien torneadas piernas. Una vez que comimos, decidimos ir a un antro para festejar el primer día de nuestras vacaciones y por supuesto, mi cumpleaños.

    Regresamos al hotel para cambiarnos, momento en el que no pude ver absolutamente nada del cuerpo de Alejandra. Sin embargo, una minifalda y una camisa un tanto ajustada, eran suficientes para provocar enormes fantasías en mí.

    Una vez en el club, comenzamos a beber ron y a bailar. Mis primos bailaban con ella, conscientes de lo guapa que se veía, pero siempre respetuosos. Yo, como nunca había mostrado gusto por el baile, me quedé sentado contemplándola y muriéndome de ganas de cogérmela toda la noche. Pasado un tiempo, un muchacho se acercó para ligar con ella, cosa que me hizo ponerme de nervios, llenarme de rabia y sonrojarme de la impotencia. El tipo era bien parecido y mi hermana, al estar soltera, accedió a bailar con él y platicar un buen rato.

    De pronto vi que caminaron hacia los baños, por lo que los seguí. Simplemente buscaron alejarse de mis primos y de mí para poder ligar a gusto. Él empezó a besarla y acariciarle la nalga; ella lo abrazaba y le rozaba su verga abultada. Siguieron bailando, pero el tipo la gozaba como nadie: le acariciaba las tetas que tan loco me volvían y rozaba el culo de Alejandra con su verga. Volví a mi mesa donde mis primos ya habían ligado. Me sentí como un imbécil fracasado, pero entonces fue cuando me fijé un objetivo mayor: cogerme a mi hermana sin importar nada.

    Volví de madrugada al hotel, sobrio y despierto por los nervios. Mi hermana llegó casi al amanecer un tanto ebria pero aún consiente. Le dije que dónde había estado, que la había perdido de vista, a lo que ella contestó que había conocido un “noviecito”. Le pregunté si lo volvería a ver y me dijo que no fuera tonto, que fue una noche de antro y nada más.

    Al saber eso, comencé a imaginarme que el tipo se la había cogido, que había penetrado su vagina, que se la había cogido por el culo, que había terminado en su boca, que había mordido sus pezones, en fin. No pude aceptarlo. Ella se quedó dormida casi al instante, por lo que me acerqué a ella y comencé a masturbarme. No le veía nada sino su cara, y me imaginaba que me la cogía. Únicamente me vine con gran furia en su cabello y por fin pude dormir.

    Día 2.

    Al día siguiente se levantó cuando yo ya estaba despierto y listo para salir a comer algo. Ella se metió a la ducha mientras yo la esperaba en el lobby del hotel. Una vez que fuimos a comer, mis primos y ella se burlaron de mí al comprobar que fui el único que no ligó. Pero no sabían y jamás hubiera pasado por su cabeza los planes que tenía con Alejandra. Propuse ir a tomar algunas cervezas en la noche, pero a un lugar más tranquilo. Y así fue, llegamos a un bar pequeño donde estuvimos bebiendo y charlando. Como todos teníamos la resaca del día anterior nos embriagamos con menor intensidad y partimos al hotel como a las 3 de la madrugada.

    Pasé a comprar una botella de Vodka en una tienda cercana al hotel. Cuando entré a la habitación, Alejandra estaba semidesnuda, con los senos desnudos, pero con su minifalda puesta. Al verla, ella se molestó un poco y se puso un tanto incómoda. Le dije que no vi nada y que no había nada que no hubiera visto antes, palabras que le provocaron cierta carcajada para aliviar las tensiones.

    Posteriormente, se quitó su minifalda frente a mí, quedándose en tanga, luego se puso una camisa larga blanca que le llegaba hasta sus piernas. Me dijo que se iba a dormir para al día siguiente ir a la playa. Le dije que no, que se tomara un trago conmigo. Iba dispuesto a seducirla hasta que aceptara coger conmigo.

    Así pues, comenzamos a beber vodka, prendí el televisor y puse el canal de música tropical y comenzamos a platicar. Le dije que me contara del tipo que conoció en el antro. Ella, por supuesto, no quiso contarme, me dijo que era algo privado. Después de mucho insistir Alejandra se molestó y para cambiar la situación me dijo te voy a enseñar a bailar. Ya un tanto más ebrios los dos tomé valor, nos pusimos de pie y comenzamos a bailar. Ella se reía de mi torpeza, situación que yo aprovechaba para acercarme a ella y abrazarla, tocarla, arrimarle mi verga erecta o incluso morderle la oreja.

    Ella, al estar mareada no ponía resistencia. Le insistí que me contara del tipo del antro hasta que acepto. Pero para ese momento, yo ya la estaba abrazando por detrás, teniendo una mano sobre una de sus tetas y arrimándole mi verga contra su culo. Ella tenía sus manos sobre las mías.

    Por fin aceptó, entonces, hablar del tipo. Me dijo que después de bailar fueron al hotel donde el muchacho se había alojado y tuvieron sexo. Le pedí que fuera más explícita mientras que yo seguía tomando más vodka. Me dijo que era un tipo guapo, cuya verga no la decepcionó, que tuvo sexo oral durante un buen tiempo y simplemente lo hicieron plácidamente hasta terminar. “¿Dónde terminó?” le pregunté, pero ella no contestó.

    Los dos estábamos ebrios, pero sabíamos lo que vendría. Ella, ya empezaba a tomar parte en el asunto, me arrimaba sus nalgas y se movía. Yo comencé a acariciarle las piernas y las nalgas. Su piel suave estaba haciendo que mi verga estallara. La acariciaba lentamente mientras ella contaba su experiencia. Llegue hasta su vagina y comencé hacerle a un lado la tanga; estaba mojada y lista para ser penetrada. Jugaba amablemente con su clítoris y ella se retorcía, pero no dejaba de hablar. Con mi otra mano empecé a tocarle las tetas y a magullarlas de un modo tierno. Le mordía la oreja y ella cesó de hablar y comenzó a suspirar. La situación era mía.

    Le confesé todas mis intenciones. Le conté que la había espiado, que a propósito caminaba a tras de ella y que deseaba cogérmela del mismo modo en que ella lo había hecho una noche antes. Segundos después tuvo un orgasmo que hizo que sus piernas se retorcieran y gimiera con gran placer. Entonces le quite el camisón dejándola sólo en tanga. Me despojé de toda mi ropa e hice que se hincara para que me hiciera sexo oral.

    Ella accedió; tomó mi verga, que ya de por sí estaba erecta, y comenzó a jaloneármela. Poco a poco fue acercándosela a su boca y comenzó a chuparla. Lo hacía bastante bien, prueba de que tenía una experiencia bastante amplia con los hombres. Mientras me chupaba la verga encendí un cigarro y la dejé actuar. Fue la sensación más placentera que hasta la fecha he experimentado.

    Después la levanté y la acosté en la cama. Hice a un lado su tanga, pero sin quitársela y comencé a lamer su vagina totalmente depilada. Primero metí mi lengua en su cavidad, quizás tres centímetros. Después le escupí y me dirigí hacia su clítoris. Empecé a jugar con sumo deleite con aquella bolita dulce que le provocaba fuertes suspiros y gemidos cada vez más fuertes. Con dos dedos penetraba su vagina hasta que le provoqué otro orgasmo. Entonces ya todo estaba listo.

    Me puse de pie, coloqué sus piernas sobre mis hombros y la fui penetrando lentamente hasta que mi verga había desaparecido. Me quedé dentro durante 10 segundos. En ese instante no podía creer lo que tenía frente a mí: mi propia hermana sumisa y en mis manos, exigiéndome placer y esperando a ser satisfecha. Empezó el vaivén con una fuerza que se iba incrementando. Sus ojos eran testigos del placer que ella sentía. Sus tetas se movían y ella se las acariciaba con rabia. “Más fuerte” me dijo, entonces comencé a penetrarla con mayor fuerza y mayor rapidez. “Me encanta” ella decía, mientras que le contestaba “Y tú me encantas a mí”.

    Le provoqué otro orgasmo, por lo que tuve que bajar la intensidad. Ella me pidió cambiar de posición. Nos acomodamos de tal modo que ella quedaba sentada dándome la espalda y yo semi acostado, con los pies tocando la alfombra. Entonces ella comenzó a moverse hacia atrás y hacia delante, en círculos y de pronto dando brincos leves. Yo empecé a masajearle el culo, tratando de dilatárselo. Después del nuevo orgasmo, volvimos a cambiar de posición, ahora yo estaba totalmente acostado y ella estaba encima de mí. “Quiero estar arriba”, me dijo y comenzó a “cabalgar”.

    Fue quizás otro momento maravilloso, pues sus tetas estaban más cerca que nunca, totalmente desnudas, al viento, colgando de su cuerpo; por mi parte se las acariciaba y las contemplaba. En fin, cambiamos nuevamente de posición; ahora ella estaba de rodillas sobre la cama, era esa famosa posición que algunos llaman “de perrito”. Entonces la penetré con gran fuerza: le metía mi verga y se la sacaba con gran entusiasmo hasta que pensé que era suficiente.

    La tomé del cabello y la acerqué a mi verga. Comencé a jalonármela y después tomé su mano para que ella lo hiciera; pronto me vine sobre sus labios, mi semen empezaba a brotar y se resbalaba por su boca. Después comenzó a mamarme la verga otra vez para limpiar todo rastro de semen que hubiera quedado. Del semen que entró en su boca, dejó que se escurriera por su mentón, cayendo sobre sus hermosas tetas.

    Acabado el acto, ella se levantó y se fue al baño a limpiarse las gotas de semen. Yo me quedé acostado en la cama, jactándome de que había logrado mi meta. Me había cogido a mi hermana y de un modo en el que ella también había tomado cierta iniciativa. Pero después me sentí mal, por haberlo hecho bajo efectos del alcohol, así que me levanté de la cama y fui al baño para hablar con ella.

    Alejandra estaba quieta, totalmente desnuda y aún salpicada de semen. Estaba quieta mirándose en el espejo, quizás un poco arrepentida. Le pregunté qué estaba pensando, pero no me contestó. Se veía perturbada, incluso su embriaguez ya había desaparecido. Le dije que no me culpara por lo que había hecho, pues esa era la única manera de lograr hacerle el amor. Le dije que me encantaba su cuerpo, que la necesitaba cerca, que la quería para mí. Ella no me contestaba.

    Así que volví a acercarme y comencé a esparcirle las gotas de semen por todas sus tetas. Le besaba los hombros y le acariciaba su clítoris. Ella no opuso resistencia por lo que volví a penetrarla. Ambos estábamos de pie cogiendo. Hasta que terminé sobre sus nalgas. Ella respiraba satisfecha. Me pidió que la siguiera. Por su puesto accedí, iba tras ella contemplando sus nalgas manchadas por mi leche y alguna que otra gota sobre su cintura tan excitante.

    Se sentó en la cama y comenzó a mamarme la verga nuevamente. Ella iba dispuesta a hacerme terminar, me mamaba como una experta. Y lo logró después de unos minutos, me vine adentro de su boca sin avisarle, haciendo que se tragara mi semen. Era algo increíble. Yo estaba exhausto y ella también. Alejandra se acostó en la cama dejándome ver su vagina y su culo brilloso por mi semen. Yo me acerqué a ella y ante tal panorama, mi verga se puso enhiesta así que la penetré, pero ya sin cogérmela, simplemente me quedé adentro de ella, la abracé y me quedé dormido a su lado.

    Día 3.

    Alejandra se despertó primero que yo, pero no se levantó de la cama ni hizo el menor movimiento. Yo me desperté y aún seguía con la verga erecta, rozando perfectamente los labios de su vagina. Mi hermana me dijo que le dolía un poco la cabeza, que se iba a meter a la ducha y que se prepararía para ir a la playa. Le pedí que no se moviera, que le haría el amor otra vez antes de irse, pero no aceptó, se levantó y se fue al baño.

    Discretamente la seguí y cuando ella había abierto la regadera, llegué por sorpresa y la tomé por detrás. Le dije que lo hiciéramos una vez más. Ella se negó y me dijo que no había estado bien, que lo que había pasado era fruto de un impulso de ella. Cosa que me dejó pensando.

    Así que me hice a un lado y me quedé contemplándola. Ella ya había perdido todo pudor. Ya actuaba con naturalidad ante mí. Y así, la veía ducharse, acariciarse las tetas, lavarse la vagina, enjabonarse el cuerpo. No pude más y mi verga tuvo otra erección, aunque ni jalonármela pude, por no contar con la aprobación de Alejandra.

    Después cuando salió de ducharse y caminó a su maleta para buscar su ropa, le dije que por favor lo hiciéramos nuevamente. Ella, molesta, me dijo que no estaba de humor y que por favor la dejara en paz, pues de otro modo pediría una habitación para ella sola. Eso me hizo calmarme y comprender que me tenía en la cuerda floja.

    Buscamos a mis primos y no estaban, por lo que salí a comer sólo con ella. Todo el tiempo yacía callada, como no queriendo aceptar lo que había pasado una noche antes. Estábamos a la orilla del mar y aunque había más mujeres igualmente guapas, no podía quitar la vista de Alejandra. Su cara, cuyas facciones eran similares a las mías, me encantaban cada vez más. Todo su cuerpo me volvía loco.

    Una vez que su jaqueca había cesado me dijo que la acompañara a la arena para que las olas del mar nos tocaran un poco. Sentados, ella estaba pensativa hasta que se decidió a hablar. Me comentó que había sido un cabrón la noche anterior y que no tuve vergüenza para haber hecho lo que hice. Le dije que me encantaba y que lo estaba deseando desde que habíamos llegado al hotel.

    Ella continuó diciendo que era lo más extraño que le había pasado en su vida, que era algo que jamás había pasado por sus pensamientos y que no lo iba a repetir. Yo argumenté que por favor lo intentáramos por última vez, ya que ese era nuestro último día y que al día siguiente regresaríamos a casa.

    Alejandra cambió el tema. Empezó a preguntarme sobre mis parejas sexuales y por supuesto, yo también le pregunté sobre las suyas. Le hice que me contara de cómo se la cogían, de qué hacían con ella y cuál había sido la mejor de sus experiencias. Ella me contestó que por lo general le gustaban las relaciones espontáneas, y que le gustaba hacer prácticamente de todo, excepto con lesbianas porque le daba asco. Mientras tanto, el agua del mar que tocaba nuestros cuerpos sentados estaba bastante fría, situación que provocó que sus pezones se pusieran bien duros. Con gran descaro le agarré una de sus tetas y le apreté el pezón, cosa que no la hizo enojar, sólo me quito la mano de su cuerpo.

    Luego le dije que mi fantasía era volver a tener sexo con ella, pero varias veces. Salpicarle la cara, las tetas y su vientre de semen y terminar una vez en su boca. Algo como lo que habíamos hecho la noche anterior. Ella me dijo que ya no quería hacerlo, que lo de la noche anterior había sido espontáneo y que por eso accedió a hacerlo, pero que una vez que se planeaba esto, las cosas no serían iguales. Además, desconfió de que mis primos se enteraran de lo sucedido.

    Yo le propuse que fuéramos al cuarto del hotel y lo intentásemos, pues si no se daba entonces todo quedaría por la paz. Yo respetaría su decisión. Le dije que, si volvíamos a la habitación, tendría el sexo más inusual que podría llegar a experimentar. No accedió. De cualquier modo, volvimos al hotel para volver a ducharnos y prepararnos para ir a cenar algo. Aproveché para hablar con mis primos y decirles que se fueran ellos solos, que Alejandra no se sentía bien y que me quedaría con ella. Ellos entendieron, aunque desconfiaron un poco, y se fueron.

    Entre a la habitación y mi hermana estaba saliendo de la ducha. Era una situación difícil, pues su cuerpo estaba totalmente desnudo. Ella se encontraba sentada en la cama con una pierna arriba de la cama y la otra tocando la alfombra, de tal modo que su vagina se contemplaba bastante bien, y sus tetas, firmes, claras y sabrosas colgaban delicadamente. Me acerqué y comencé a chuparle los senos, morderle sus pezones, acariciarle las piernas, hasta que le propuse hacerlo por última vez. Alejandra, un poco excitada me dijo que no, pero yo seguí, pues sabía que iba a acceder a final de cuentas. Pronto descendí hasta su vagina y comencé a hacerle sexo oral.

    Los gemidos volvieron, pues le había provocado otro orgasmo. La acosté rápidamente sobre la cama y comencé a penetrarla. Ella no oponía resistencia, parecía que me estaba retando a hacerlo. La puse boca abajo y le seguí penetrando hasta que acabé sobre su espalda.

    Le dije, con voz entrecortada, que aprovecháramos esta última oportunidad. Empecé a regarle mi semen por toda la espalda y las nalgas. Le pedí que me chupara la verga y ella accedió. Chupaba delicadamente, me jaloneaba la verga y se embarraba su saliva con mi verga a través de sus labios y sus mejillas. Me preguntó si quería acabar en su boca, pero le dije que no, que me montara y lo hiciéramos de nuevo.

    Ella se subió y se introdujo mi verga en su cavidad vaginal. Cada vez más salían fluidos de su vagina y yo sabía que lo estaba disfrutando. Se acariciaba las tetas, se recogía el cabello y gemía con fuerza. Le pedí permiso para acabar en su boca, pero que no se tragara el esperma, sólo que lo tuviera en la boca y unos segundos y después lo fuera expulsando para que se chorreara hasta sus senos. Ella aceptó, terminé como lo había planeado y de inmediato le embarré los chorros de esperma por todo su pecho.

    Ella me dijo que ya me había satisfecho muchas exigencias por lo que me tocaba satisfacerla a ella. Me dijo que debía penetrarla y beberme sus fluidos, después penetrarla otra vez y volver a beberme sus fluidos, pero para después escupirlos en una mano y untármelos en la cara. Algo como lo que yo había hecho con ella momentos antes. Posteriormente, yo decidiría cómo terminar, así que le hice lo mismo, es decir, cuando yo terminara, me vendría en su boca y después se lo escupiría en su mano para untárselo en su cara.

    Lo hicimos con gran naturalidad. Ya no había ningún dejo de pudor entre los dos. Cogíamos con inigualable confianza.

    Finalmente, y después de un buen descanso, le pedí que se volteara porque quería penetrarle el culo. Ella accedió, pero advirtiéndome que lo hiciera lentamente. Por mi parte, empecé a lamerle el culo, era algo raro pues por un lado me daba un poco de asco, pero en esos momentos ni siquiera pude detectar ningún sabor, yo estaba extasiado.

    Ella lo apretaba y sin duda, la avergonzaba un poco tal situación. Después con un dedo empecé a dilatarle el agujero hasta que ya estaba lo suficientemente abierto para cogérmela. Así, lo fui metiendo poco a poco, provocando en ella un fuerte gemido. Ella gemía de dolor al principio, hasta que me dijo que se había cansado de estar de rodillas, así que la puse bocabajo y seguí penetrándola. Terminé adentro de su culo, abriendo al final sus nalgas para ver el semen que había depositado en ella. Finalmente le pedí que me mamara la verga para que quedara limpia y sin rastro de semen.

    Estábamos cansados, muy cansados. Así que nos quedamos semi dormidos hasta que Alejandra se fue a dar un baño. Hice lo mismo cuando ella salió y entonces salimos a cenar. Ella estaba muy tranquila y yo también, como si ambos hubiéramos encontrado algo que nos hacía falta. Cenamos comida sencilla y nos regresamos al hotel, hablamos con los primos y quedamos de acuerdo para partir de regreso a casa el día siguiente.

    De vuelta al hotel, le pedí que continuáramos con las cogidas, pero en el fondo ninguno de los dos tenía energía para ello. Así que dormimos sencillamente. Sin embargo, yo me levante cuando ella aún seguía dormida. Vi que tenía la boca medio abierta y aproveché para jalonármela y venirme en su boca. Como estaba muy cansado, no saqué mucho esperma, es más, ni la salpiqué, sólo se escurrió. De todos modos, tomé un poco con mi mano y lo dejé caer en los labios de Alejandra. Ella no sintió.

    Al día siguiente, hicimos las cosas para partir. Estábamos listos, pero antes de dejar la habitación, tomé a Alejandra, le levanté la blusa que llevaba y le mordí ambos pezones. Partimos de regreso a casa.

    De vuelta.

    Actualmente sigue viviendo Alejandra conmigo y con mis padres. Lo que nos sucedió fue realmente placentero, pues jamás hubiera pasado por mi cabeza cogerme a mi hermana. Ya en casa no hemos vuelto a tener sexo, pero las miradas incómodas continúan. También continúa la confianza, ella me cuenta de sus experiencias sexuales y yo de las mías. De cualquier modo, su atractivo físico me sigue deleitando. En ocasiones entro a su habitación cuando ella llega de su trabajo. Ella me cuenta de su día mientras se desviste y se pone ropa más cómoda. Mientras tanto, yo recuerdo y disfruto contándoles esta historia.

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  • Mi papá

    Mi papá

    Dormí mal. Un inusitado sueño erótico me mantuvo inquieta toda la noche. No llegué a masturbarme, pero mi entrepierna estaba mojada cuando desperté. Era temprano. Me revolví en la cama un tanto perezosa, todavía inquieta. Mis pezones estaban duros y mi aliento caliente.

    Estaba sorprendida; no era habitual que tuviera ese tipo de sueños e inquietudes. No soy mojigata; por el contrario, soy partidaria de la libre práctica de la sexualidad sin tener reticencias en torno a las supuestas aberraciones o perversiones sexuales. Y sin embargo, nunca he tenido el temperamento ardiente, tampoco me he lanzado al ejercicio de mi sexualidad; incluso, soy virgen. Mi virginidad se debe a que no he encontrado el sujeto para que sea mi desvirgador. No es que sea muy delicada en cuanto a los tipos o las características que deberá tener el que se encargue de retirar mi sello –aberrante, por supuesto– de garantía.

    En ocasiones me he cuestionado si no será que prefiera la actividad lésbica y que, en el fondo, no me atreva a dar salida a este tipo de preferencia; pero he encontrado que no es eso, que las mujeres me son, en todo caso, tan atractivas como los hombres. Con aquellas no he llegado a tener acercamientos, y sí con varios galanes que se me han acercado. No pocas veces he permitido que me toquen todo, incluido mi sexo. Varias veces he tenido orgasmo provocados por bocas masculinas, y sin embargo nunca he considerado a estos que han lamido mi pucha, como los ideales para que me posean.

    Creo que en este concepto es donde estriba mi negativa a permitir la penetración de nadie. Es decir: no deseo que nadie me posea, y menos que esa posesión se establezca por el simple hecho de haber permitido la introducción de una verga en mi vagina. Y no me arrepiento. Por el contrario, estoy satisfecha de conservar mi libertad, aún a costa de continuar siendo virgen.

    Por lo demás, me considero atractiva, tal vez hasta bella. Soy esbelta, morena clara, con ojos de un color insólito, parecido al de las cerezas; mi pelo me gusta mucho. Es largo, ondulado, castaño claro que va muy bien con el color de mis ojos; mis senos son soberbios, creo que esculturales; es decir, ni grandes ni chicos, sino de una proporción escultural, con pezones sonrosados así como las areolas que los rodean, verdaderamente hermosos mis pechos.

    Mis caderas son amplias, sin llegar a la exageración, y me precio de tener los muslos y las piernas más lindos que he visto, considerando incluso los de muchas de las modelos y artistas cinematográficas. Pero lo que realmente me subyuga, en mi tremenda vanidad narcisista, es la configuración del triángulo piloso que adorna y recubre de manera extraordinariamente bella, mi vagina.

    Así que, vista desnuda, de frente o de perfil, soy hermosa. Y por esto es que tengo el montón de pretendientes y un sin número de propuestas para establecer relaciones amorosas, o de noviazgo formal. Todas las propuestas y pretendientes son rechazados con cierta rapidez. (nota: como ves, he cambiado; mi tendencia narcisista casi la he eliminado, lo mismo mis criterios en torno al hermoso ejercicio de la sexualidad y, debo decírtelo, gracias a la prestancia y acuciosidad amorosa de mis padre, los dos por igual)

    Hice este recuento, ante la sorpresa de haber tenido el sueño mencionado, y la inquietud, francamente sexual, que provocó. ¿Será que estoy eludiendo tener la práctica sexual, escudada en tonterías como las dichas?, me dije ese día, y me contesté: no lo sé, pero en éste preciso momento y con toda sinceridad para conmigo misma, siento que no eludo nada, que mis apreciaciones y tendencias son claras, y que mi decisión de tener relaciones sexuales sólo con aquel que me atraiga y yo piense que dejará a salvo mi libertad y mi integridad individual, es correcta y que no existen razones para cambiar esta decisión.

    ¡Ya vendrá el tiempo y el sujeto!, fue la conclusión a la que llegué la mañana siguiente a mi sorprendente sueño erótico. Ese día…

    Escuché ruidos en la cocina. Debía ser papá; siempre se levanta temprano, aun estando de vacaciones. Me fui al baño para vaciar mi vejiga, y peinar un poco mi largo pelo antes de bajar. Mientras estaba sentada en la taza, me sentí contenta. Como que la inquietud tenida se estaba yendo. Lo atribuí al sentimiento de plenitud que invadió al pensar en la singular familia que conformábamos mi padre, mi madre y yo. No es que fuera nada especial, solamente era que nos llevábamos muy bien y que siempre y en todos momento éramos alegres, divertidos, muy unidos y complacientes con los otros.

    Como hija única, al crecer y hacerme adulta con padres muy jóvenes – mi padre tiene 40 y la misma edad tiene mi madre. Se casaron a muy temprana edad porque en el pueblo donde nacieron y se criaron, no había ninguna posibilidad de tener sexo sin estar casados, vamos, ni siquiera putas había en el pueblo serrano – me sentí como un adulto más que se integraba a los otros dos; es decir: dejé de sentirme hija, para pasar a la categoría de la tercera persona del grupo.

    Creo que ese mismo sentimiento mantenían mis padres. Año con año, durante el período de vacaciones de papá, salíamos a diferentes lugares para disfrutar ese magnífico tiempo conviviendo y gozando de todo. En esta ocasión fuimos a la costa de Quintana Roo; nos alojamos en una cabaña situada en la playa, propiedad de uno de los jefes de mamá que se la prestó.

    El precioso mar del caribe, la frondosa selva aledaña y el cielo azulísimo, nos hacían regodearnos en el placer del dulce far niente admirando la naturaleza y permaneciendo en traje de baño el día entero. En muchos kilómetros a la redonda, no había nada, excepto el mar, la vegetación, el calor y el hermosísimo cielo azul. Por supuesto, la playa y los alrededores, desiertos. Es decir, no había nadie más que nosotros en varios kilómetros a la redonda.

    Con ese estado de ánimo bajé. Papá frente a la estufa, tal vez preparando algo para desayunar. Mi madre era la última en levantarse, casi siempre a medio día. Decía que sólo en este tiempo le era posible hacerlo, puesto que, debido a su trabajo, tenía que levantarse muy temprano para poder dejar preparada la comida, a más de tener todo listo para cuando nosotros bajábamos a desayunar. Y por eso nosotros, en vacaciones, la dejábamos estar en la cama hasta que le diera su regalada gana. Mi papá estaba sin camisa, descalzo, y con un delgado chort. Sin hacer ruido me fui acercando. Él me sintió, volteó, sonrió y dijo: “Buenos días, hija. ¿Qué tal dormiste?”. Lo besé en la mejilla y me situé a su lado. “Más o menos”.

    Estuve algo inquieta. “¿Y tú?” “Pues muy bien. Ya sabes que duermo a pata tirante”. “¿Qué haces”, le dije, al tiempo que con mi mano lo tomaba de la cintura desnuda. “Vigilo los frijoles para que no se quemen. Freí unos pocos, ya sabes que a mamá le encanta desayunar sus frijolitos. Ya piqué la fruta y el café está listo. Solo faltabas tú para que desayunemos”, y entonces su mano me tomó de la cintura. Yo bajé con una blusita casi transparente, sin sostén y sin calzones, pero con un delgado chort, parecido al de papá. Ambos teníamos la vista fija en la cazuela de los frijoles y las manos del otro en nuestras respectivas cinturas. Me sentí tierna, y recliné mi cabeza sobre el hombro desnudo de papá.

    Entonces él me besó en la frente con un beso muy tierno, que sentí húmedo. Suspiré y cerré los ojos. Mi relajamiento tenía mucho que ver con esa sensación de seguridad y cariño que emanaba del calorcito del cuerpo de mi padre, y también detecté el olor que se desprendía de su piel. Ya conocía ese olor, y sin embargo esa mañana, lo sentí especial, como si fuera un perfume que alertaba mis sentidos. Volteé a verlo sin despegar mi cabeza de su hombro. El perfil tan conocido, me pareció soberbio y muy bello. Usaba barba y bigote; la tenía revuelta, así como su pelo que también usaba un tanto largo.

    Me estremecí sin saber, al principio, a que era debido ese inusual estremecimiento. Unos segundos después, comprendí que me estremecí al considerar sumamente guapo y atractivo a mi padre, al hombre que estaba a mi lado en cuyo hombro descansaba mi cabeza. Y volví a suspirar, sintiendo que mi sonrisa se ampliaba por la satisfacción que sentía al estar al lado de un hombre como aquél.

    Y, sin pensar en nada, tomé la mano que estaba en mi cintura e hice que adelantara su posición para sentirla más en mi plano vientre. Los dedos se removieron haciendo una caricia, caricia que aumentó mi estremecimiento y mis suspiros. Papá volvió a besar mi frente, pero esta vez el beso se prolongó. El beso hizo que mi sensibilidad aumentara para las sensaciones que el beso despertaba y, al mismo tiempo, me hacía abandonar cualquier otra percepción.

    Mi mano que estaba en la cintura de papá, apretó su cuerpo contra el mío, y la mano libre fue a acariciar el pecho robusto y con largos pelos de papá. Yo no pensaba, solo sentía. La mano de papá que estaba en mi estómago, aumentó el movimiento acariciador de los dedos y la otra acarició mi rostro con mucha suavidad y ternura, sin que el beso cesara. Sentí que mi aliento estaba más caliente y que mi respiración aumentaba de frecuencia. Se escuchaba el suave frote de las manos acariciando la piel del otro, y el tenue hervor de los frijoles.

    Mi mano en el pecho velludo, empezó a jalar de esos pelos, y la mano de dedos ágiles hizo que uno de los dedos se metiera en mi ombligo, caricia que casi me hace saltar, pero que sí me hizo sonreír muy complacida, disfrutando la intimidad de las caricias mutuas. Sentí que el aliento y la respiración de papá se solidarizaran con los míos aumentando su calidez y la frecuencia de las respiraciones. La mano en mi rostro se apartó, lo que hizo que mis ojos se abrieran como para reclamar, con la vista, el abandono. Pero la mano sólo iba a apagar la estufa.

    Cuando regresó esa mano, me tomó de la barbilla y obligó a mi rostro a levantarse, aunque continuaba con los ojos cerrados. Luego, la mano permitió que mi cara descendiera para volver a la calidez del hombro y al olor que anhelaban mis sentidos. Entonces mi mano ascendió para acariciar el rostro barbado, lo que me produjo nuevas y mas sentidas sensaciones. Sensaciones que se incrementaron, cuando mis dedos delinearon el contorno de la boca y los labios sensuales de mi padre, y se estremecían al sentir las asperezas de barba y bigote. Mi mente continuaba ausente, y mis sensaciones en ascenso. Mis suspiros eran jadeos y mis manos se humedecían.

    Mis ojos continuaban cerrados, como no queriendo participar de nada para no impedir que el acercamiento tan hermoso e íntimo continuara. Sentí la punta de la lengua de papá saliendo de su boca fusionada a mi frente. Y quise sentir su boca en mi boca. Giré mi cabeza. La boca se fue, pero la mía fue en su busca. Mi boca la encontró apenas un poco más allá, y se prendió a los labios sentidos por mis dedos.

    Papá suspiró fuerte, e hizo un movimiento para que nuestros cuerpos quedaran frente a frente, sin que su boca se retirara de la mía. Y sus fuertes brazos me rodearon, y yo hice lo mismo con los míos apretándolo para sentir su torso con mis senos, senos que sentí enhiestos, con pezones duros, calientes.

    Fue entonces cuando la lengua de papá salió de su madriguera para ir a internarse en mi boca. Y yo apreté los labios abiertos de papá como para impedir que su suave y cálida lengua se fuera a arrepentir de sus intentos exploratorios y acariciantes. Mi lengua ya sentía la otra, sentía esa suavidad, esa humedad tan exquisita, y el filo de los dientes, y el dulzor de su saliva, y el aliento cálido que se mezclaba con el mío. Sus manos se metieron bajo mi largo pelo, y acariciaron mi espalda de una manera sensual, tenue, como no queriendo que las suaves yemas de los dedos fueran a dañar la tan delicada, sensible y tibia piel.

    Mis uñas, inexplicablemente, se clavaron en la espalda enorme de mi padre, y mis palmas se estremecieron cuando sintieron los pelos de la cintura paterna. Y como los pelos bajaban más allá del límite de los calzones, mis manos se metieron hasta apresar las nalgas, nalgas que se contrajeron al sentir el contacto de mis manos como diciéndoles que estaba gozando, disfrutando la caricia. Mis dedos apretaron el preciado botín recién descubierto y atrajeron el cuerpo hasta pegarlo totalmente al mío.

    Entonces sentí algo duro que presionaba mi vientre; estuve segura que no era una mano, tampoco un dedo, puesto que las manos andaban por mi espalda buscando la manera de llegar hasta la piel oculta por la blusa. Y por eso hice que mi lengua danzara frenética contra la otra y que mis dientes mordieran levemente los labios de la boca portadora de una lengua que tanto estaba excitando a mi propia lengua, todo mientras mi boca se frotaba contra la otra boca. Entonces las manos ajenas pudieron separar la blusa de la piel y recorrieron mi espalda, haciendo que el periplo de esas manos prodigiosas llegara hasta mis nalgas y las aprisionaran como las mías hacían con las otras nalgas.

    Y esas manos me apretaron. Por esto la dureza que presionaba mi vientre, se hizo más evidente y más estremecedora. Las manos de papá, empezaron a acariciar con mucha dulzura mis nalgas, como no queriendo que esa caricia fuera a lastimar, sino que tuviera la intensidad suficiente para que las sensaciones que en oleadas de calor me recorrían de la raíz de mi pelo hasta las uñas de mis pies, se hicieran más intensas y más sensuales, y que al mismo tiempo me hicieran sentir el cariño, el amor que esa caricia implicaba. Pero yo ansiaba más y más sensaciones como las que hasta ese momento sentía, y por eso sentí la necesidad de frotar mis senos contra el potente tórax de papá. Y lo sentí espléndido, sabroso, excitante.

    Pero insuficiente. Insuficiente porque la tela de mi blusa impedía que el contacto de las pieles fuera eso precisamente, contacto de pieles. Y por primera vez mi cuerpo se separó un tanto y mis manos abandonaron sus tesoros, sólo para hacer saltar los botones que mantenían cerrada la blusa y luego, sin interrupción de los movimientos, lanzar la blusa al infinito. Y entonces sí, mis senos se regodearon frotándose contra ese tórax y contra los pelos que lo poblaban. Mis pezones casi estallan de placer, placer que se vio incrementado por los fuertes jadeos que la garganta de papá dejaba escapar casi sin interrupción.

    Entonces las manos apretaron con fuerza, hasta producir dolor exquisito a mis nalgas. Y fueron estas las más audaces porque estiraron el elástico de la cintura para iniciar un rápido retiro de tan estorbosa prenda, retiro que mis piernas, autónomas, ayudaron a que se diera levantándose una primero y luego la otra.

    Y mis manos, imitadoras, hicieron lo mismo con el elástico del otro calzón. Y las piernas ajenas y peludas hicieron los mismos movimientos que las mías para que el chort fuera expulsado. Y entonces, ¡lo sublime! Sentí en toda su extensión y dureza, la gran erección galopante que se apretaba contra mi terso vientre. Y al mismo tiempo sentí las contracciones de mi vagina, contracciones que llevaron a mi conciencia la presencia ya sentida, aunque no asumida, de mi enorme humedad, humedad que ya bañaba mis muslos haciéndolos viscosos y muy sensibles a los movimientos de uno contra el otro.

    Aterrada, sentí que la boca soldada a la mía, me abandonaba, de allí mi pavor, pavor a que esa bendita boca se fuera para siempre. Pero no fue así, solo fue a lamer mis senos, a llenarlos de saliva, y luego a morder levemente mis pezones para después engullirlos hasta que la boca entera mamaba como si fuera la de un lactante. Yo no dejaba de jadear y gemir desde hacía eones, y cuando la boca mamaba entusiasmada, sentí un estremecimiento fantástico que mi mente ausente pudo interpretar como un enorme orgasmo, orgasmo que se acompañó de la expulsión de líquidos abundantes desde mi virginal vagina.

    Y la boca se aplicó en la mamada, mientras las manos que andaban por mis nalgas las abandonaron para ir a hurgar entre mis pelos púbicos.

    Yo tuve que echar hacia atrás mi cabeza, sacudida por un nuevo orgasmo de potencia inusitada, y tanto que casi hace que mis piernas se negaran a continuar sosteniéndome. Al hacer el que mi cabeza diera libre salida a mis gemidos orgásmicos, propicié que la erección me hiciera sentir su propia humedad. Por eso mis manos anhelaron sentir esa verga enhiesta. Autónomas, se dirigieron a la potente erección y ambas la tomaron con cierta fuerza, para después empezar a moverse con dulzura, con mucha ternura, sobre la larga extensión del grueso palo.

    Papá suspiraba más y mejor, pero no podía, aún, igualar mis gemidos ni mis jadeos, ni mis suspiros, ni mis lágrimas de placer, ni mis sollozos atronadores. Y ya los dedos que antes se enredaban con mis pelos, incursionaban entre mis delicados labios verticales. Un fuerte orgasmo me sacudió cuando, sin saber porqué, vi cómo mi padre sacaba los dedos de mi raja y luego los chupaba con pasión, con enorme deleite. Y mis manos iban de delate atrás, haciendo que el suave prepucio se deslizara dejándome ver la brillante y enorme cabeza ciclópea.

    La boca de papá continuaba mamando mis chichis, y yo me retorcía de placer sintiéndolas en su atronador esplendor, y por la superficie de mis perfectas, calientes y hermosas chichis, en este momento más que sensibles. Entonces, para mi sorpresa, papá me levantó en vilo, para depositarme sobre la cubierta de la mesa sin importarle tirar lo que había sobre ella.

    Quedé boca arriba y con las piernas muy abiertas. Vi y sentí con enorme placer, cómo papá se extasiaba contemplando mis belleza más íntima. Luego percibí sus manos acariciando con gran ternura la piel de mis muslos, la del vientre, la de las piernas, para luego jalar levemente mis pelos, y con sus dedos recorres tanto la piel como la raja que rezumaba más y más jugos.

    Tuve otro poderoso orgasmo, orgasmo que se prolongó al infinito cuando su boca fue a anidarse dentro de mi raja. Pero se anidó no para permanecer pasiva, sino para poner la lengua a lamer, a sus labios a chupar los finos labios y las delicadas ninfas, y a sus dientes a morder con infinita ternura lo mordible que se encuentra en mi pucha, en mi raja prodigiosa y por primera vez mamada por una boca sabia, tierna, cariñosa. Volé por las galaxias y por los dulces confines del universo con la soberbia, tremenda y amorosa mamada que papá me daba.

    Fui y vine de un orgasmo a otro, de un lado del universo al opuesto en medio de grandes gritos de placer, de ese desmedido placer que la lengua, los labios y los dientes me estaban dando. Yo creo que mis gritos, sumados a las caricias que mis manos hacían sobre la verga hicieron que papá se encogiera al tener su primera eyaculación y sus primeros gritos francos, abiertos, plenos de placer.

    Yo sentía que me derretía, que casi moría a cada nuevo lengüetazo, a cada nueva chupada, a cada nueva andanada de mamadas que la incansable lengua y boca de papá me daban. La verga apenas si perdió momentáneamente algo de su rigidez, porque mis manos continuaron acariciándola con ternura, con mucho amor. En segundos, la verga estaba tan dura como antes de la eyaculación, eyaculación que en ese momento sentí bañaba la piel del frente de mi cuerpo, desde mi rostro, hasta mis muslos, pasando por mis chichis, mis pelos y mi raja.

    Durante ese tiempo y el sinnúmero de orgasmos tenidos, permanecimos sin decir palabras, solo nuestros gemidos y ayes de placer atronaban el espacio. Ni siquiera pensábamos en que mamá se podría despertar con tantas manifestaciones ruidosas de nuestra pasión y nuestro placer. Sin que mi último orgasmo se acallara, sentí que la verga abandonaba mis manos y era tomada por las manos de papá. Intrigada abrí los ojos para ver lo que pasaba.

    Entonces vi, con enorme gusto y placer, que la verga se dirigía a mi pucha y, de inmediato, sentí la cabeza brillante y aún con una gota de semen asomando por el ojo único, apoyada en la entrada de mi vagina. Me estremecí, pero no de dolor o miedo, sino del enorme placer que sentía porque supe en ese preciado momento, que esa verga se iba a enterrar muy dentro de mi sagrada cueva.

    Suspiré, gimiendo, para abrir la boca, sacar mi lengua y llamar con ella a la otra boca que estaba entreabierta y con la lengua lamiendo sus labios a falta de mis propios labios verticales. Y vino la boca mamadora para besarme con ternura, para hacer entrar su lengua que lamió con cariño, suavemente, mi lengua, al tiempo que las nalgas de papá empujaban lo que estaba adelante, a la verga tremenda que empezó a luchar por adentrarse profundamente en la gruta del placer que con tantas ganas se le ofrecía y que con tanto placer la esperaba para aprisionarla con los pliegues de mi vagina y darle así todo el amor de que era merecedor.

    La verga se fue metiendo, yo sentía cómo avanzaba poco a poco, queriendo evitar el dolor, dolor que no se presentó en ningún momento. Fui sintiendo esos avances con pasión creciente y con el maravilloso orgasmo infinito incrementado. Era una tranca enorme, pero la pude alojar completa dentro de mi vagina, muy adentro de mi sagrada caverna.

    Cuando sus huevos chocaron con mis nalgas y mis labios verticales, el empuje se suspendió y la verga permaneció estática, sin moverse, como queriendo disfrutar al máximo el placer de haber entrado a mi pucha que rezumaba jugos en abundancia. Y yo la sentía gruesa, plena, dura, tierna. Sensaciones que hacían que mi orgasmo se hiciera más patente, de mayor potencia, inacabable, inconmensurable.

    Luego, poco a poco, como no queriendo apresurarse, inició el movimiento de sus nalgas que se acompañaba con un entrar y salir de la verga en mi vagina. Y fue el paraíso. El Nirvana del placer. La Gloria de la gloria de la cogida plena de amor y pasión.

    No sé cuánto duró ese ir y venir de tan prodigiosa verga. Sí sentí varias veces que mi pucha se llenaba de la leche que en potentes eyaculaciones vertía la verga dentro de mi vagina. Estaba enervada, totalmente fusionada a la verga y al placer. Ocasionalmente escuchaba los gritos de papá como tratando de acallar los míos. Cuando la cara de papá se derrumbó sobre mi tórax y su boca encontró una de mis chichis, mi orgasmo ininterrumpido dio un último salto al paraíso ganado. Mi padre estaba exhausto.

    Mi vagina se contraía llena de placer, casi con desesperación placentera. Y sentía la verga que se iba encogiendo al mismo tiempo la abundante leche derramada dentro de mí, salía de la cueva formando una cascada, catarata que tenía también la virtud de provocarme más placer, otro gran orgasmo. Y la sagrada boca de papá mamaba mi chichi, cosa que hacía que mi orgasmo continuara presente, permanente. Por fin mis nalgas se pararon sin estar cansadas de moverse, y todo movimiento cesó.

    No sé cuánto tiempo pasó, para que nuestras respiraciones se calmaran y para que los gemidos dejaran de emitirse. Lo último que se apaciguó, fue la salida de la leche cálida que escurrió constante de mi pucha peluda desde que la verga, exhausta, salió de su guante amoroso. Mis manos acariciaban el torso liso y fuerte, y la boca de él no dejó la chichi ni un solo instante, como si quisiera conservarla para la eternidad.

    Papá fue el primero que dio señales de vida. Levantó su rostro aún sudoroso, respiró profundo, con una de sus manos retiró el mechón de pelo que cubría en parte sus ojos, me miró con amor infinito, y dijo:

    -¡Me diste el paraíso!

    -Y tú me llevaste al Nirvana pasando por tu propio paraíso, padre.

    -Fue… ¡divino!

    -Estuve en la Gloria, por la gloria de tu amor.

    -¿No te arrepientes?

    -¿Se puede alguien arrepentir de gozar de y con Dios?

    -¡Eres mi diosa!

    -Y tú, padre, ¿te arrepientes?

    -Nunca me había pasado nada celestial, ¿puedo arrepentirme de haber estado en el cielo teniendo y disfrutando el placer con la más bella de las diosas?

    -¿Tuviste placer?

    -Nada se puede comparar con el gozo, con el placer que me has dado.

    -¿Sorprendido?

    -Sorprendido y feliz.

    -¿Me culpas?

    -¿De qué puedes ser culpable? Dar amor, no es culpa; el amor es lo más maravilloso de la vida. Y tú, ¿me culpas?

    -¿Cómo puedo culparte por darme lo más sublime de mi vida? No conocía el sexo, padre. Hoy, gracias a ti, lo conozco. Ahora entiendo el desperdicio que es la vida sin el amor que se expresa con el sexo.

    -¿No importa que sea… tu padre?

    -¿Te importa que sea tu hija? Además, eres hombre, y soy mujer. Lo demás, son estupideces.

    -¡Me haces enormemente feliz!

    -No tanto cómo tú me has hecho. ¿Sabes papá?, era virgen. Creo que no hay mujer mortal que pueda tener el orgullo, y el placer, de haber sido desvirgada por su amantísimo padre, ni que sea tan feliz por haberle entregado la virginidad, como yo lo soy.

    -Lo supe cuando… me permitiste introducirme en tu virginal recinto. ¡Nunca había sentido tanto amor!. Amor recibido, y amor dado. Ambos manifiestos en tu apertura plena y placentera y en mi progresivo ingreso al Paraíso de tus entrañas.

    -¡Soy feliz, padre!, y lo soy, porque tú estás aquí, y porque me diste infinito placer y amor.

    -¿Y tú madre?

    -Se perdió la Gloria.

    -¿No sientes que la marginamos, que la traicionamos?

    -No. Primero, no existe traición en este bello amor. En todo caso existe la incomprensión y la intolerancia; a más del egoísmo y la absurda posesión de las personas por otras personas. Segundo, fue un accidente que no haya estado; ¡ya estará compartiendo y compartiéndonos!. Esto lo puedo asegurar, así lo siento y así será; me lo dice tu amor, y el amor que siento en ella y que, por desgracia, no se ha manifestado como tu amor y mi amor. Pero ella es todo amor… y todo sexo, así lo creo, así lo siento. Mi alma me dice que nos dará, y le daremos, inmenso amor y placer con su sexo, con su cuerpo, con su espíritu.

    -¿De dónde tu seguridad?

    -Soy mujer, padre. La entiendo, como quizás tú no la entiendas. Tampoco conozco su cuerpo, como no conocía el tuyo; pero lo intuyo pleno, cálido, dispuesto al placer del sexo y el amor. Estoy segura que tú lo sabes, solo que nunca te has puesto a investigar el portentoso potencial amatorio que tiene mi madre en cuerpo y alma.

    -¿Qué harías de presentarse ella en este momento?

    -La invitaría a sumarse a nuestro amor. Iría a besarla con toda la ternura de los besos que tú me enseñaste. La desnudaría con el mismo cariño que tú pusiste al desnudarme. Besaría sus senos hermosos, y mordería sus pezones. En fin, repetiría el repertorio de ternuras que tú me enseñaste hace solo unos minutos y que tanto placer me han dado, y que tanto me han hecho sentir tu amor.

    -Y ella, ¿aceptaría?

    -No solo aceptaría, se prodigaría en dar y recibir caricias, sexo y amor.

    -¿Estás dispuesta a… repetir la experiencia?

    -Pero padre, no se trata de repetir, se trata de continuar. Nuestro amor será perdurable hasta la muerte de cualquiera.

    -¡Eres hermosa, inteligente y espléndida en el amor… y en el sexo!.

    -¿Vamos por mamá?

    -Tengo temor.

    -No temas, padre. Ella es toda amor. ¿Te gustaría que yo… la convenciera?

    -Me harías enormemente feliz.

    -Entonces, padre, espera un poco, pronto estará con nosotros sintiendo el placer de amarnos con su alma y con su cuerpo.

    Estilando jugos por entre mis pelos, me levanté. Él me besó con toda la pasión de que es capaz puesta en ese beso. Yo, le entregué de nuevo mi cuerpo y mi alma en el beso recíproco.

    Luego, con tristeza, me puse el precario chort, y recogí mi destrozada blusa. Después, me fui en busca de mi madre.

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