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  • La policía y el ladronzuelo

    La policía y el ladronzuelo

    La oficial Agostina Álvarez disfrutaba las últimas pitadas de su cigarrillo del mediodía antes de reincorporarse a su patrulla cuando un grito, familiar y desconocido al mismo tiempo llamó su atención. Solo con escuchar el violento grito que venía del kiosco de Daniel sabía que lo estaban asaltando. Nunca dejaría de sorprenderla como después de tanto tiempo los rateros del barrio no sabían que ese kiosco era proveedor de todos los policías de la comisaría y que siempre había al menos un uniformado cerca que evitaría el robo.

    Molesta por no haber podido terminar de manera adecuada su descanso se dirigió a toda prisa a la puerta del local. Dentro del mismo un joven) blandía un cuchillo amenazando al dueño para que le diera la recaudación del día. Resignada dio la voz de alto al asaltante. El joven delincuente al verse rodeado aumentó su nerviosismo y cambió su objetivo hacia la entrenada oficial, quien reconociendo en forma inmediata la situación supo que no le reportaba el menor peligro. Por más enajenado que estuviera su atacante no estaba en condiciones de siquiera acertarle una puñalada superficial.

    Cuando se lanzó sobre ella simplemente lo esquivó y con el mismo impulso lo empujó al suelo, aprovechando la sorpresa para quitarle el arma y esposarlo.

    Resuelta la situación se dedicó unos instantes a pensar como seguir. El protocolo indicaba que lo llevara a la estación. Eso traía aparejado un extenso papeleo que incluiría reiteradas citaciones a Daniel (con el consecuente cierre de su lugar de trabajo) y largas horas encerrada en la comisaría para que finamente el delincuente terminara libre en menos de un año y siendo improductivo para la sociedad. Por otro lado, podría llevarlo a su casa y reeducarlo adecuadamente. Hacía tiempo que no tenía un proyecto entre sus manos y este parecía prometedor. Aun reducido, esposado y con una rodilla sobre su espalda la miraba desafiante.

    Una vez decidida noqueó al delincuente con su Tazer. Antes de abrazarlo a su cuello miró al kiosquero y le dijo que no era necesario hacer la denuncia. Se despidió guiñándole un ojo y cargó al asaltante hasta la patrulla. Para desgracia del malviviente su turno recién iba por la mitad y tuvo que dejarlo en el baúl hasta que pudiera llevarlo a su departamento.

    Toda la tarde estuvo pensando en como disfrutaría con el joven que tenía atado en su coche. A pesar de algunos malos pasos que casi le cuestan la carrera estaba segura que su método debía reemplazar a la ineficiencia carcelaria a la hora de reformar delincuentes. La misma certeza tenía respecto a que si se aplicara por hombres a mujeres y no al revés ya hubiera sido declarado como el protocolo normal de actuación.

    Al llegar a su auto corroboró que su prisionero ya estaba despierto y más furioso que al intentar robar el kiosco. Cuando la vio comenzó a insultarla, decirle que la violaría y que después la degollaría y se la daría de comer a los perros. La oficial se mostraba impasible externamente pero en su interior se encontraba exultante; le resultaría muy satisfactorio reformar a ese muchacho.

    Lo dejó gritarle hasta que se cansó. El malhechor ya había comprobado que no era capaz de soltarse, con lo que solo así podía demostrar su enojo. Una vez que se calló la policía le sonrió y le dijo:

    -Para hacerme todo eso primero vas a tener que soltarte, y no pudiste hacerlo en cerca de cuatro horas –el ladrón volvió a alterarse. Le gritaba que lo soltara y que ya iba a ver. Le decía que era una puta y que ya la iba a poner en su lugar -¿cómo cuando intentaste antes y en un solo movimiento terminaste desarmado y en el suelo?

    -Me agarraste desprevenido, pero estando preparado no te me vas a escapar.

    -Y yo que pensaba que el elemento sorpresa era parte de tu trabajo.

    Antes que pudiera recibir una respuesta volvió a cerrar el baúl. La escena fue similar cuando llegaron al domicilio. Volvió a dejar inconsciente al delincuente para bajarlo del auto y acomodarlo. Una vez desnudo e inmovilizado en su cama se bañó y arregló. El volver a ponerse su traje de látex y su antifaz le dio un agradable cosquilleo.

    Se sentó en su living a esperar y relajarse. A los pocos minutos oyó una ya conocida voz que gritaba “¿Dónde estoy? Dejame ir loca. Te voy a matar” cuando pudo contener su risa se acercó al cuarto. El joven bandido detuvo sus gritos unos instantes al verla. Todo su cuerpo envuelto en látex, destacando cada una de sus curvas. Tenía que reconocer que estaba muy buena. Enseguida se deshizo de esos pensamientos para volver a exigir que lo liberara.

    -¿Sabés? –dijo la oficial acercándosele– estuve pensando en lo que dijiste y creo que tenés razón –al escucharla el ladrón dejó de gritar, aunque seguía viéndola furioso– así que te voy a dar la oportunidad de que me ataques cuando estés preparado y si me derrotás vas a poder hacerme lo que quieras y después irte.

    -¿Cuál es el truco?

    -Sin trucos. Solo estoy segura que no vas a poder vencerme.

    Dicho esto se acercó y desató una mano. Salió del cuarto dejando unas esposas sobre la cama. El ladrón se terminó de desatar y comprobó el funcionamiento de las esposas, así como su dureza. Con estas agarradas en ambas manos salió del cuarto buscando a la puta que lo había atado.

    -¿Estás listo? –preguntó la oficial Álvarez al verlo y pensando que eso sería aún más fácil de lo que había imaginado. Un movimiento de cabeza le confirmó que así era.

    El ladrón se acercó con las esposas levantadas. La cadena que las unía estaba tensa entre ellas. Buscó torpemente el cuello de Agostina quien lo esquivó con sencillez y le dio un rodillazo en la boca del estómago. El malviviente se dobló por el dolor y la falta de aire, soltando las esposas. La oficial aprovechó para tomarlas y en un rápido movimiento esposarlo a una mesa.

    Cuando el asaltante se recuperó tenía a Agostina parada a su lado. Un pie jugueteaba con el pene del derrotado joven que, a pesar de la situación empezaba a levantarse. La imagen de la oficial enfundada en su traje, sus pechos subir y bajar apretados y su mirada triunfadora eran tan intimidantes como excitantes.

    -¿Ya te rendís? –preguntó sin dejar de ver el pene crecer ante el roce de su pie.

    -Ganaste esta batalla, pero nunca voy a rendirme

    -Ya veremos –sonrió.

    Después de esto se agachó y para sorpresa del encadenado muchacho empezó a chuparle el pene. Lo hacía despacio y con delicadeza. En pocos minutos estaba completamente duro y su dueño jadeante. Entonces se detuvo.

    -Seguí perra –le gritó. El tono todavía era rudo, pero ya no era el mismo que cuando se despertó.

    -Te tengo atado e indefenso. Voy a seguir si quiero –le contestó.

    Después se levantó y buscó algo en un cajón. El ladrón no alcanzó a ver qué era. Lo supo cuando sintió como algo metálico presionaba su miembro hasta que se achicó lo suficiente y pudo escuchar un click. Acto seguido la policía se paró a ambos lados de su cuerpo y se agachó mostrándole una llave que colgaba de su cuello.

    -Con esta llave se abre el cinturón que le puse a tu pija –el ladrón iba a gritarle pero le tapó la boca con una mano– yo ahora te voy a desatar. Podés irte si querés, pero vas a tener que explicarle al cerrajero de tu pandillita de machitos como es que terminaste con eso entre las piernas –por primera vez Agostina vio duda en los ojos del ladrón– también podrías denunciarme, pero mi palabra y la del kiosquero imagino que serán más creíbles –el ratero la miró sin decir nada– O podés irte calladito y cuando no aguantes más tu encierro volver y disculparte adecuadamente.

    El joven sopesó unos instante sus opciones. Como la puta que lo había encerrado dijo ir con su pandilla a que se lo saquen no era una opción. Denunciarla por acoso tampoco. Solo le quedaba esperar su oportunidad de librarse de esa loca.

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  • Mi mejor amiga y su amiga (2)

    Mi mejor amiga y su amiga (2)

    Después de la sensacional cogida que nos dimos, quedamos tendidos en la cama dándonos besos y caricias, respirando lento y recuperando el aliento, nos quedamos así durante unos minutos. Cuando recuperamos el aliento, el jacuzzi ya estaba lleno. Myrna estaba con más ganas, Violeta con ganas de perder su virginidad anal, yo con ganas de disfrutar y hacerlas disfrutar al máximo.

    Myrna me pido que le diera por el culo mientras Violeta le daba lengua a su vagina y se decidía a perder la virginidad de su ano, Myrna comentó que era algo que Violeta siempre había deseado, pero que nunca se había atrevido a hacer y qué mejor oportunidad, ahora con alguien que conocía de casi toda la vida.

    Violeta dijo que deseaba sentir una verga dentro de su culo y ser cogida por dos hombres al mismo tiempo, pero que no se había atrevido, Myrna reía y dijo que no era momento de confesar fantasías eróticas, sino de hacerlas realidad y aunque ella no tenía pito, podía ayudar un poco, mientras yo me la cogía por el culo.

    Yo estaba encantado y excitado con la idea de darles por el culo a esas dos hermosas y calientes hembras, animé a Violeta a que aprovechara la confianza y situación para disfrutar su primera penetración anal, ella nos volteó a ver a Myrna y a mí, diciendo que primero pasáramos al jacuzzi y a la regadera para dejar limpios esos culos, así que les dije que fuéramos al baño, una vez en el baño, las ayudé a entra al jacuzzi, antes de meterme dentro fui por unas bebidas, mismas que bebimos para recuperar energía.

    Me acomodé en medio de las dos, mi verga empezó a crecer al sentir la piel de sus cuerpos rosando mi cuerpo, después de dejar mi vaso, mis manos se entretuvieron entre sus muslos, buscando llegar a sus vaginas mojadas por el agua y lubricadas con nuestros fluidos, ellas por su parte acariciaban mi verga, mi pecho, se acariciaban entre ellas, nuestras lenguas se enredaron en juego de tres.

    Pensando en coger a Violeta por el culo, la tomé de la cintura para sentarla en mis piernas, mientras Myrna acariciaba mi verga y me besaba, abrí las piernas de Violeta con ayuda de las mías, recorría su espalda, acariciaba sus nalgas, una de mis dedos llegó a su ano, pero al intentar introducirlo, ella me detuvo, me dijo que esperara, que se deseaba asear primero, nos confesó que sentía vergüenza y un poco de temor.

    Myrna por su parte, le dijo que se relajara, que hoy era una buena oportunidad para perder la virginidad de su culo, que ella sabía que tenía mucho tiempo deseándolo, Violeta asintió, pero insistió en asearse primero, diciendo eso bajó de mis piernas, se puso de rodillas en el jacuzzi, separó mis piernas, encaminó su boca hacia mi verga para engullirlo por completo y empezar a mamarlo de una manera increíble (dando por terminado el tema por el momento).

    Myrna me acariciaba el pecho mientras nos besábamos y acariciaba sus tetas, poco a poco fue bajando hasta ponerse junto a Violeta para unirse a la felación que me estaba haciendo, entre las dos paseaban sus lenguas por mi falo que para ese momento ya estaba durísimo de nuevo, ver como se besaban al mismo tiempo que lamían y mamaban mi verga era muy excitante.

    No aguantaría mucho tiempo así, por lo que sumergí mi cuerpo también en el agua, nos enredamos en tremendos besos los tres mientras acariciaba las tetas de ambas, ellas tocaban mi pecho y mi pene a punto de explotar, entonces me enderecé un poco para ayudar Violeta a incorporarse, le dije que empezáramos a limpiar su ano, ella dijo que sentía vergüenza, nos pidió que la dejáramos darse una ducha, una vez que terminó, mientras yo besaba el culo de Myrna y metía mis dedos dentro de su ano y vagina hasta hacerla venirse entre gritos y jadeos.

    Violeta nos dijo que ya estaba lista, sin embargo, se sentía tensa, entre Myrna y yo le ayudamos a relajarse, mientras Myrna la besaba apasionadamente en los labios, bajando por su cuello, tetas hasta llegar a su entrepierna para lamer los labios vaginales de Violeta e introducir su lengua, yo besaba su espalda puse jabón en mis manos e introduje un dedo en su apretado ano, Violeta soltó un gemido, yo seguía besando su espalda, Myrna le daba lengua en su vagina y estrujaba sus nalgas.

    Violeta subió una pierna para dejar más expuesto su culo, lo metía y sacaba mi dedo medio de su culo, el jabón ayudaba a que resbalara fácilmente, me dijo que le estaba gustando, que sentía cosquillas, entonces animado metí un dedo más, ella me detuvo con su mano, pero la retiró casi de inmediato, así que empecé a meter y sacar mis dos dedos lentamente aumentando el ritmo poco a poco, de pronto sentí como Violeta apretó su ano entre fuerte gemidos, sus piernas temblaron, sus manos apretaban la cabeza de Myrna que le había hecho llegar a un fuerte orgasmo.

    Aproveché ese momento en el que Myrna y Violeta hablaban de ese orgasmo, para poner más jabón y meter un tercer dedo aún más profundo entre gemidos más fuertes de Violeta, Myrna se sentó abierta de piernas para que Violeta le comiera su rosada vagina, quedando en un ángulo casi perfecto de 90 grados, con las piernas ligeramente separadas, dejando su delicioso culo a mi merced, con las manos arrojé agua para limpiar los restos de jabón de sus nalgas y ano, por dentro y por fuera, aprovechando sus jugos como lubricante.

    Separé un poco más sus nalgas para dejar a la vista ese oscuro ano, me cerqué a lamerlo, Violeta se tensó un poco, pero se distrajo pronto con la vagina y caricias de Myrna, yo continué recorriendo las nalgas y el ano, acercando mi lengua para introducirla poco a poco, los dedos de una mano jugaban con su vagina entrando y saliendo mientras los de la otra mano me abrían paso en ese culo moreno.

    Ella me pidió que ya le metiera mi verga, antes de que se arrepintiera, así que mientras Myrna le pedía que continuara con su vagina, yo apunté la cabeza de mi falo en su ojete, con un mano tomé todo lo que pude de los fluidos vaginales para untarlos en la entrada de ese culo y la metí de un golpe, Violeta dio un grito, me detuvo con una mano en mi muslo, pero le dije que se relajara, que me dejara continuar.

    Ya con mi cabeza adentro, se empezó a relajar, poco a poco fui metiendo mi verga hasta llegar a meterla toda, una vez que mis bolas chocaron con su piel, empecé a moverme con mayor intensidad, su culo se ajustaba a mi verga como un guante, Violeta me pedía entre gritos y gemidos que no parara, que le diera más fuerte, se había incorporado y Myrna también, entonces Myrna se acercó a besarla y con una mano empezó a masajear la vagina de Violeta mientras yo la enculaba, y con mis manos acariciaba sus tetas y las de Myrna también.

    Mis embestidas aumentaron de ritmo, mi presión en su tetas y pezones también, Myrna movía más rápido su mano, entre gritos fuerte de Violeta sentí como apretaba mi verga con su ano y como sus piernas perdían fuerza, sentí la tibia humedad de los jugos de su vagina en mis bolas al chocar con su piel, lo que resultó muy excitante, no aguanté más y llené su recto de mi leche espesa y caliente, me detuve en la pared con una mano, con la otra rodeaba a Violeta por la cintura.

    Myrna le dijo que le dejara limpiar su culo, yo aún con la verga adentro, sentó la lengua de Myrna en mis huevos, lentamente saqué mi verga, para que Myrna limpiara hasta la última gota, al terminar recorrió desde la vagina hasta el culo de Violeta tragando todo el semen que escurría de ese desvirgado ano.

    Myrna entre risas nos reclamó, diciendo que caso nos olvidamos de ella, pero que estaba feliz por ver a su amiga realizar una de sus fantasías sexuales, reprimida durante muchos años, a lo que respondí que la noche aún no terminaba, ella dijo que nos diéramos una ducha y tomáramos algo para recuperar fuerza porque también quería disfrutar de una buena cogida por su culo.

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  • La sumisión de mi esposa Erika ante Julio

    La sumisión de mi esposa Erika ante Julio

    Como habíamos dicho anteriormente… En la tarde regresamos por las muestras, nos interesaban más las pruebas serológicas que si tenía el colesterol alto o el azúcar baja… como sea, las pruebas tardarían 3 días y eran costosas pues las hacíamos privadas para evitar tanta pregunta mezquina, pero era una inversión que vale la pena para nuestro disfrute.

    Pasaron precisamente esos 3 días, mi esposa fue por los resultados pues yo tenía turno, al parecer todo salió negativo y una vez más nos comprobaron que, aunque estén en condiciones de calle no necesariamente tenemos que relacionarlos con una ETS, pero es mejor prevenir. En la noche fuimos a comunicarle las noticias y ponernos de acuerdo la noche en que sería, aunque no le agradó mucho esperar pues hasta dos semanas después ambos podíamos coincidir en días libres así que aprovechamos eso.

    Según recordamos esas dos semanas de espera eran full nervios sabiendo lo que se aproximaba… más que Julio nos había dicho en qué condiciones iba a esperar mi esposa, ya saben haciendo honor el vivir en la calle, llegados el susodicho día comenzamos a alistar las cosas, mi esposa se había hecho un enema por si acaso, se alisto con una mini de cuerina pegada, tanga negra, una blusa transparente negra, y un brasier negro, y un buen labial rojo… algo típico pero efectivo además no le iba a durar mucho lo arreglada.

    Pasamos por la tienda 24/7 y como seres eternos ahí estaban los dos sujetos, se comieron con la mirada a mi esposa pero una vez mas paso de largo pues teníamos un asunto que atender con Julio y su compañía de vagabundos, llegamos a la exconstructora, nos encontramos con Héctor y Antonio pero se abstuvieron de besarla para no regar maquillaje pues Julio la quería intacta, así que sin perder tiempo fuimos a su “madriguera” aunque para ellos es “casa”, y ahí estaba él, sonriendo de oreja a oreja viendo como llegábamos, durante la plática pudimos observar como algunos vagabundos se iban acercando poniéndose cómodos, finalmente Julio nos mostró donde se iba a coger a mi esposa.

    Solamente nos cruzamos la calle, los vagabundos que habían llegado se fueron con nosotros y nuevamente se pusieron cómodos… sin perder tiempo Julian empezó a besar a mi esposa y ella correspondiendo el beso…

    Julian le decía a mi esposa lo bien que olía con sus cremas, a diferencia de él que era olor a sudor en todo su cuerpo y a orines en su entrepierna, mientras la besaba él iba quitando poco a poco la poca ropa que mi esposa traía, hasta que finalmente la dejó sin nada a vista de los demás vagabundos…

    Julian entonces dijo: Veras… ahora eres mi privilegio y aunque les duela a los demás no podrán tocarte… te dije que iba a tener sorpresas para ti –dijo viendo a mi esposa

    -¿Qué sorpresas? –preguntó mi esposa

    -Es una forma de desquitarme… por lo que estuvieron cogiéndote y yo no participar, esta vez le daremos vuelta a esto –dijo sonriendo

    -Algunos o bueno casi todos te han deseado pero ese deseo será su problema y su condena –dijo viendo a cada vagabundo

    -Pero si se la quieren sacar no hay problema, pero el que la toque las verá conmigo –dijo Julio en forma de amenaza.

    Eso último nos dio a entender el dominio que tenía el sobre los demás, excepto claro con Antonio que era como otro “al mando”.

    Dejaron de hablar y en efecto había vagabundos que estaban sentados con los penes de afuera no eran los mas agraciados visualmente, pero si que tenían erecciones, Julio continuó besando a mi esposa, llegados a un punto ella empezó a quitarle la ropa hasta dejarlo sin nada… y mi esposa sonriendo bajo hasta hincarse frente a él y vaya sorpresa nos llevamos los dos…

    Mi esposa se detuvo en seco al ver que su pene o mas bien la cabeza de su pene tenía bastante esmegma por lo que no se había bañado… mi esposa no sabía qué hacer, yo menos… Julio cortó el momento diciéndole: Eres enfermera seguramente limpias muchas vergas, es más, se las has lavado con la boca a Antonio y Héctor… espero esas mismas atenciones, tienes que ser una buena enfermera…

    Mi esposa poco a poco se fue acercándose a los huevos para empezar a chupar pero yo notaba que se quedaba un buen rato ahí, sabía que ella no quería lamer el esmegma, además de todos los pelos de sus huevos, por lo que cedió para vencer…

    -¿Y si lo limpias con mi culo? –preguntó ella.

    Yo tomé aire al escuchar esas palabras, mi pene se puso aún más firme y ya no digamos Julio que se puso como loco…

    Mi esposa se puso en cuatro, frotó su clítoris con la mano invitando a Julio a que la penetre analmente, Julio al ver eso se agachó para brindarle un largo y exquisito oral… pasaba la lengua por todos lados, la nalgueaba, le escupía, le decía mil y un cosas respecto a ella y a su culo, a sus tetas, en fin él iba a saciar toda su sed por cogérsela.

    Después de estar un rato así no solo mi esposa estaba mojada, yo ya tenía bastante liquido preseminal en mi glande por lo que opté sacármela además que la erección ya molestaba adentro del pantalón, Julio me vió y dijo riendo:

    -¡Ja ja! Te encanta que se cojan a tu mujer a sus 40 tendrá ya el culo flojo si termina cogiéndose a todos aquí. –A lo cual procedió a poner su verga en el ano de ella… Y empujó un poco e introdujo su cabeza fue fácil por tres motivos, la primera por la baba que había dejado, lo segundo por el esmegma viscoso y tercero por la forma de su pene en forma de cono, es decir, la cabeza era delgada pero el resto de su verga era gruesa.

    Y como yo estaba atrás de ellos pero aun lado tenía la visión del culo de mi esposa y así poder ver como la penetraban, Julio metía y sacaba su verga del ano de mi esposa lentamente… podía ver como iba quedando el esmegma alrededor del ano de ella, y cuando finalmente se acomodó empezó a bombear más rápido y lo mas profundo que podía.

    Mientras tanto mi esposa fruncia la cara y gemía a la vez, pues como dije la verga de él era más gruesa que la mía por lo que tenía que acostumbrarse, y así fue a los minutos ya mi esposa empezó a disfrutar y dejarse llevar por el éxtasis del momento, pasaron los minutos las nalgas de mi esposa ya estaban algo rojas por las nalgadas, los demás vagabundos viendo emocionados pero a la vez con ese picor de no poder participar, mientras que Julio se sentía el rey.

    Tal vez y digo tal vez porque sinceramente no recordamos, pero probablemente hayan pasado unos 10 minutos desde que habían iniciado y Julio se detuvo, saco su verga, pensé que ya había acabado, pero la sorpresa fue mayúscula cuando suspiro y vi que empezó a orinar en las nalgas de mi esposa.

    Ella al sentir todo ese liquido caliente intento gatear hacia adelante y el la detuvo de la cintura, dejé de tocarme para intervenir pero mi esposa me hizo seña con la mano para que esperara, Julio casi en lo último de la orinada volvió a penetrarla de golpe seguramente dejo algo de orina adentro del culo de ella, luego se separaron, Erika acostó a Julio en el suelo y ella procedió a acomodar la cabeza en la entrada de su ano y procedió a sentarte de a poco hasta que ya no se veía la verga de Julio y comenzó a subir y a bajar hasta que finalmente acabó adentró de ella.

    Julio sacó su verga del culo de mi mujer, le dio vuelta a ella y se la metió de golpe en la boca para que le hiciera un oral… Por primera vez esos vagabundos me habían ganado, me habían sacado la delantera con mi esposa porque jamás me había hecho un oral después de un anal… Ella estaba como poseída mamando y mamando… Y así finalizo la primera noche.

    Para la segunda noche (que no fueron consecutivas) ya teníamos la idea de cómo iba el asunto con Julio, para el solo era coger a como dé lugar y sin importar qué con mi esposa, sabidos de eso nos encaminamos directo al lugar, y nuevamente Julio nos esperaba ansioso, nos tomamos un par de cervezas para luego continuar con el objetivo: cogerse a mi esposa.

    Hoy la cantidad de vagabundo era menos tal vez 4, y como la vez anterior nos cruzamos la calle para ir al escenario de la primer noche, mi esposa Erika y el vagabundo empezaron a besarse, poco a poco le fue quitando la ropa, en cuanto a mi esposa pues quitarle “la ropa” al vagabundo, a diferencia de la vez anterior hoy si tenia relativamente “limpia” su verga por lo que esta vez sin ningún problema mi esposa se alzó a darle una maravillosa mamada desde la cabeza hasta quedar debajo de sus huevos, ver su lengüita, sus labios con brillo rosado sobre esa verga y huevos peludos era indescriptible y totalmente excitante.

    Después de dejar reluciente de saliva la cabeza, mi novia se lanzó a preguntar que por donde quería cogerla, esa pregunta agarró de inesperado a Julio, por lo que el procedió a acostar a mi novia en el suelo y empezó a penetrarla de misionero.

    La verdad era bastante incomodo porque literalmente era en el suelo que solo era tierra, pero no le quitaba lo emocionante, mi esposa jadeaba y a los minutos tuvo su orgasmo, en eso Julio se detuvo y se levantó para orinar aun lado y eso llamó mi atención nuevamente, pero bueno después continuo penetrando a mi esposa, luego ella acostó a Julio y acomodo la verga de el en la entrada de su vagina y comenzó con unos sentones que mas que sentones sonaban como azotes, yo estaba como loco, mi esposa con su segundo orgasmo, se frotaba el clítoris.

    Me encantaba ver como enseñaba todo su culo a los demás presentes hasta que Julio acabó adentro, y con eso sabíamos que otra noche más había finalizado, Erika y yo nos pusimos a pensar y reflexionar que realmente no era tan malo como lo planteábamos en nuestras mentes pues según nosotros estos encuentros iban a ser eternos o algo similar, pero a lo mucho 15 o 20 minutos prologando las cosas, pero eso no evitaba que ella quedase abierta de su vagina, después del encuentro solamente nos quedamos un rato mas charlando, hablando con Héctor y Antonio, ya que a fin de cuentas hacíamos este sacrificio extra por estar con ellos.

    Antonio únicamente me decía que ya quería que pasase todo para que mi esposa vuelva a ser su puta, a lo que le conteste que no se desesperaba que a fin de cuentas el tiempo pasa rápido, él se rio y me dijo que para ellos es como que si nunca pasara y sinceramente ellos tenían razón de hecho hasta me sentí mal decirles eso… En fin después de un platica amena nos retiramos… no sin antes mi esposa besar a escondidas a Héctor y Antonio.

    En la tercera noche el ambiente ya era más relajado, ya íbamos conociendo más a Julio, lo que le gustaba y lo que no, una actitud similar a Antonio solo que con un poco mas de poder sobre todo con el chantaje de por medio, en esta ocasión para no complicarnos no se puso nada de ropa, solo un suéter de lana que le llegaba a inicio de nalga, llegamos a la exconstructura y luego nos fuimos caminando a lo largo de la cuadra hasta la esquina de Julio, mientras caminaba el resto de vagabundos se la comían con la mirada o saludaban normal, algún que otro piropo, a fin de cuenta ellos ya sabían a que venía ella: a darle el culo a Julio.

    Llego hasta donde Julio, él se levantó y se saludaron de beso, y nos pusimos a charlar un rato, entre tanta plática Julio nos confesó algo al parecer tenía incontinencia urinaria y nos preguntó que hacer al respecto, todo cayó en su orden… entendí porque las últimas dos veces había orinado mientras se cogía a Erika, y pues sinceramente mucho no podíamos hacer más que invitarlo a ir a un hospital de gobierno cosa que declinó.

    Pero al final de cuentas le dijimos que si tenía ganas mientras cogía no había problema que se detuviera y ya… Después de eso se pusieron manos a la obra, esta vez fue ella quien tomó el asunto en sus manos, iniciando con otro beso apasionado y caliente, ella besaba y lamia los pectorales de Julio, pasando su lengua por sus bellos e indirectamente limpiando algo de sudor con su lengüita, como dije, pasaba sus labios y lengüita en sus pectorales bajaba al abdomen y volvía a subir, hasta llegar a su parte baja sacando su verga…

    ¡Sorpresa! Nuevamente su verga tenía algo de residuo de esmegma, en un rápido movimiento mi esposa amagó y se fue directamente a sus huevos el cual comenzó a lamer y a chupar con vehemencia, Julio suspiraba ante tal placer… en ese instante obviamente no sabía que pasaba por la mente de ella, pero en su mente la solución fue encubrir todo, con la saliva que se acumula escupió sobre la punta de la verga de Julio y lo masturbó regando el esmegma a lo largo.

    Nunca había visto a mi esposa con el rostro tan desencajado y fruncido ante el sabor de la verga de Julio al momento que se la llevó toda a la boca, hemos de admitir que en ese instante jamás pensamos en hacer tal cosa pero era todo o nada, y hasta el día de hoy es algo que sigo admirando de ella, y como decía… su rostro de asco fue enorme pero continuo mamando y haciendo arcadas del feo sabor y podía ver algo de ese aspecto característico del esmegma en una de sus comisuras de su boca, pero si se detenía no iba a poder continuar.

    Hasta que en un movimiento rapaz rozó la comisura de su labio se quitó ese pedacito de esmegma dejándolo en el tronco del pene y engulléndolo con su boca en el proceso, y para acabar rápido por último lamió directo el glande para retirar otro pedacito de esmegma, seguido de arcadas por el asco… era algo dantesco ver tal escena pero a la vez reventaba de calentura, tenía que sacar mi verga a enfriarse y así lo hice.

    Después de dejar limpia y reluciente la verga de Julio, procedió a levantar a mi esposa y la sentó sobre una cubeta, y comenzó a lamer todo su coño mientras pellizcaba los pezones de ella, le decía lo buena que estaba, lo rica que era, etc… Se imaginarán lo descantado que estaba, mientras hacía eso le preguntó a mi esposa:

    -¿Te gustó la sorpresa que te tenía? Esta vez la tenías que limpiar toda, puta. Si lo haces una vez lo harás otra vez, dijo riendo.

    Mi esposa no contestó nada.

    En ese mismo instante mis neuronas hicieron sinapsis y se imaginó el escenario en el que mi esposa “practicaba” lo dicho por Julio en sus turnos ¿Y cómo? Limpiando con su boca las vergas de los encamados, pero regresé a la realidad.

    Mientras eso pasaba por mi mente, Julio continuaba haciéndole un oral esta vez regalándole un beso negro y dando lengüetazos, luego bajo a mi esposa y la arrodillo para que ella continuara mamándosela, al parecer el sabor se había esfumado porque esta vez no hizo muecas de asco, pero a mitad de la mamada Julio se separó de ella y se fue a orinar, al parecer esos movimientos le habían estimulado la vejiga, una gota de orina aun salía de su orificio y ni le dio tiempo a mi esposa y se la volvió a meter en la boca.

    Luego Julio procedió a colocar de perrito a Erika penetrándole en su vagina de una forma suave y delicada, mientras le besaba la espalda y le sobaba el cabello, luego paso a ser más rápido y frenético, se podía escuchar el choque de su pelvis en las nalgas de ella, se detuvo y poco a poco fue calzando el glande en el culo de mi esposa hasta penetrarla en su totalidad y continuó con el mete y saca, finalmente acabó adentro, procedió a sacar su verga del ano de mi esposa para que limpiara el resto de semen en su verga y así lo hizo, pasando su lengüita retirando todo.

    Un hilo de semen salía de su culo por lo que Julio giró a mi esposa para mostrárselo a los pocos que nos acompañaban esa noche, mi esposa abriendo sus nalgas tenía que mostrar su culo a cada vagabundo presente, en evidencia que su culo había quedado “bautizado” en nombre de Julio.

    Después de eso, como siempre nos pusimos a platicar con él a manera de que cediera sus hostilidades.

    Al final de tanta charla y ver lo dispuesta que era mi esposa nos permitió frecuentar a Antonio y a Héctor sin problemas, pero que pasase donde él a visitar también y pues pensándolo bien… ya se había cogido a mi esposa revés y derecho, se orinó un poco adentro de su culo, terminó adentro de su vagina, la beso, la abrazo, etc… ¿Qué más daba seguirse rehusando?

    Por lo que aceptamos y este asunto así quedo, era como quitar un peso del cuello y espalda, son de esos momentos en que uno se siente hasta más liviano… Pero antes de retornar con Antonio y Héctor nos dimos una pausa y no regresamos al lugar en dos meses, bueno si regresábamos para ver como estaban o llevarles algo de comer o bebida, un oral de vez en cuando…

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  • Nuestro gangbag campero

    Nuestro gangbag campero

    Cada tanto nos gusta subir, contar, algunas de nuestras experiencias, ya tenemos un buen tiempo y la costumbre de registrar prácticamente todas las aventuras o encuentros.

    Las registramos porque nos gusta mucho recordarlas, volver a hablar de ellas, recordar. Siempre escribimos juntos lo sucedido, como si fuera un relato, y además hacemos como una ficha del encuentro, con detalles, algunos, muy, muy íntimos.

    Hace mucho habíamos conocido, y prácticamente desvirgado en estos juegos a un muchacho de Entre Ríos, un peón de campo, más dedicado al cuidado de caballos. Obvio que Paola lo deslumbro, le rompió la cabeza, no podía creer en una dama tan fina pero tan puta. La trata de usted, y la parte al medio, jajaja. Siempre reímos con eso, a Pao le encanta, le dice patroncita, le cuesta mantenerle la mirada y después la bombea a morir, y en particular cuando es anal.

    Él participo de un par de gangbang, una vez, viajo casi todo un día para llegar a uno, lógicamente le vuela la cabeza estas experiencias.

    Bueno, este muchacho cambio varias veces de lugar de trabajo y hace un tiempo está sirviendo en un campo entre Lujan y Villa Espil, donde mantienen caballos y trabaja para un haras muy importante de la zona. El dueño de esas tierras es una persona muy sencilla, muy de campo.

    Juan, el peón conocido nuestro, le contó al dueño de algunas de sus experiencias. El dueño no le creía mucho, pero le interesó, se armó un perfil en página de contactos y nos contactó. Juan nos avisó, claro, vía nuestro amigo Oscar, y le explico todo.

    A Pao le encanto todo, le calentó desafiar y demostrar que su Juancito decía la verdad. Además, este señor el dueño del lugar, Facundo, estaba bien asesorado, Juan, Oscar le dieron información. Además, estábamos con muchas ganas de algo, Paola estaba con ganas, con morbos rondando por la cabeza.

    Fuimos el sábado, la idea era llegar entre las 16 y las 17 h, llegamos sin problemas Pao, yo y Oscar. Llegar saludarnos, charlar, tomar unos mates, cruzar miradas, insinuaciones. Pao con los breeches negros y una remera verde oscura y siendo todo pegado al cuerpo ya calentaba y más jugando e insinuado. Juan, tal y como estaba previsto, ante el ok de nuestra parte a la propuesta de Facundo, fue a ensillar 4 caballos, por eso Pao ya estaba vestida así.

    Salimos a cabalgar, Facundo, Oscar Pao y yo. Al momento de montar al caballo fue un beso a Juan por traerle el animal y una caricia en la cola entre Facundo, y yo (porque le lleve la mano a Facundo) como parte de la ceremonia de ir calentando el ambiente.

    Paseamos, trotamos un poco, intentamos jugar al polo, si bien no podíamos pegar mucho, ni la bocha, ni los tacos sufrieron demasiado, pero nos reímos mucho. Además, fuera de nosotros 4, que montábamos, Juan vio con otro peón y asistía nuestros juegos, colocaba alguna bocha y tratábamos de pegarle y cosas así, siendo Pao el centro de esos juegos. Obvio ella beboteando, dándole un beso a Facundo cuando lograba pegarle siguiendo sus instrucciones o recibiendo una nalgadita de Juan, ante la mirada atónita del otro peón (aunque él no entendería que digo por atónito). Obvio todo esto eran cosas previstas con Facundo y Juan, el otro peón se supone que poco o nada sabía.

    Terminamos de montar, Facundo desmonto y con Juan asistieron a Pao, ella les agradeció con besos y abrazos que ya era recorrer su cuerpo, y ella jugó con eso, al besar a uno dejo que el otro la apoyara. Sabíamos, o sea también estaba hablado de antes, que de allí irían a refrescar y calmar con agua a los caballos, era parte de la fantasía y el juego. Para eso Juan y el otro peón le quitaron las monturas y llevaron a los caballos a un predio con unos palos y unas mangueras con canillas a media altura y mangueras, y comenzaron una leve manguerada.

    Pao dijo que ella quería ayudar y además acariciar a los caballos (también todo pensado), Facundo dijo que si, desde ya, pero que se mojaría y embarraría la ropa… jaja un comentario que no era casual, ni espontaneo. Ahh dijo ella, ok, y la ayudamos a sacarse las botas de montar, se sacó los breeches y la remera, quedo con una calza negra, pero totalmente transparente, una remera corta calada, las que se llamaban balleneras, y unas medias negras, ¿se necesita aclarar que sin ropa interior? Y así se acercó a los peones a manguerear a los caballos, jajaja

    Obvio se mojó, mojó a los peones y comenzó el franeleo, al cual nos sumamos nosotros, yo entre directamente sin la remera, me siguieron el resto quedando todos con el torso descubierto y entre besos y caricias Pao quedo en tetas y comenzó a tocar pijas. ¿Pao querés ver lo que te vas a comer putita? Fueron mis palabras, y ahí todos desabrochados nuestros pantalones y bajamos los calzoncillos o los abrimos, y comenzó una mamadita a todos entre besos, manoseos y la calza baja.

    -¿Me llevan para la casa? -Dijo Pao sensual, le hice seña a los peones, se levantaron los pantalones, la cargaron y caminamos a la casa.

    La casa era muy sencilla, con 3 dormitorios un baño grande y completo entre los dormitorios, una linda cocina y un living grande con un baño toilette, la llevamos a Pao al dormitorio principal y entre besos y caricias quedamos en asearnos y encontrarnos en una hora en el living. Esto obviamente también estaba planeado así.

    Bueno, paso más de una hora, la calentura se respiraba en el ambiente, los 5 hombres estábamos en el living, los peones perfumados de mas, y con los ojos brillantes, se había preparado en una mesa unas bebidas, una picada más o menos como les habíamos dicho. Y llego ella.

    Ella, hermosa, diosa, con otro de los ajuares que se había preparado. Imposible describir lo que generaba, además de calentarnos, obvio. Medias de red, negras, sandalias altas, plateadas, con una pollerita blanca y negra, cuadriculada (bataraza le dicen en el campo) con tablitas y mucho vuelo, y muy corta, dejaba ver que las medias terminaban abiertas, con tiras a la cintura, como porta ligas incorporadas. Y remataba con una musculosa de satén corta y con los breteles largos, todo muy suelto que permitían verle las tetas por los lados y que apenas se las tapaban por lo corta y con toda la panza al aire. Quedaron todos boquiabiertos, y más con el “les gusta”, beboteando, jajaja

    -Ayy, tengo hambre y sed,- dijo Pao, mirando la mesa.

    Ya todos estábamos de pie mirándola. Pero primero se acercó a mí y me besó a la vez que la manoseaba toda, después se acercó a Oscar e igual, desde ya no tenía ropa interior, luego a Facundo y finalmente los dos peones. Pobres no sabían cómo seguir, pero ella marco el ritmo dejando todo así, y acercándose conmigo a la mesa para que le sirva una copa de champagne y comiéramos algo. Charlamos unos minutos de tonteras, y propuse un brindis:

    -¡Por mi hermosa y puta compañera! Llevamos las copas y vasos al centro de la ronda en la que estábamos y brindamos, la mire y ella dijo, levantando un poco su copa:

    -¡Por como los voy a agotar!

    Brindamos y, de nuevo comenzó una ronda de besos y manoseos en los cuales dejamos las copas y comenzamos a desnudarla entre todos, besarla, tocarla, chuparla, ella como en 4 en el sillón chupando pijas y Facundo chupándole la concha, y yo dirigiendo, jajaja.

    -Facu, chúpale bien la cola que le vamos a dar mucho por ahí, no putita?

    -Si, si papi, -dijo, liberando un instante su boca de las pijas. Nuevamente en andas, pero ahora entre todos, fuimos camino al dormitorio principal, y alii repartimos forros y a darle por todos lados.

    Todo el morbo de una hembra puta e insaciable entre 5 hombres, donde además 3 ya teníamos la practica (Oscar, Juan y yo) con lo cual las dobles penetraciones se daban una detrás de otra y ella siempre con una o dos pijas en la boca, viviendo la gloria. Esta situación generó que el sexo era muy intenso, mucha cogida, muchas chupadas.

    Como siempre en un momento se dio, como un párate, un descanso, y propuse volver al living a tomar algo. Allí fuimos, pero ella se fue al baño, se dio una rápida ducha, tenía semen de la espalda y las tetas, y volvió al living con una breve y transparente túnica. Abrimos otro champagne nos sentamos en unos sillones y llevamos alunas cosas a la mesa ratona que estaba frente a ellos, ya estábamos más relajados, ya sabíamos cómo era la cosa, ya la charla era concreta, “¡Como le gusta la pija a la señora!”, jajaja, “se acuerda cuando se comió siete”, dijo Juan, “Bueno chicos, estaba caliente” dijo ella, jajaja (si supieran que no era para reírse tanto), “¿les queda fuerza chicos”?.

    Y así, charlando, de nuevo un beso a uno, tocarle la pija a otro, y de nuevo rodeada de pijas, ahora la cogíamos en el living, ya ninguno tenía más leche para acabar, pero ella seguí jugando y buscando, Juan era el único más aguantador, y con él la llevamos al dormitorio para las ultimas cogida. Les fui haciendo señas al resto y después de los últimos juegos con Juan, todos nos fuimos a dormir.

    En la soledad, en la intimidad entre ella y yo nos dormimos abrazados, sudorosos y comentando de lo bien que la habíamos pasado y lo puta que es y cómo le dimos.

    Había comenzado el sueño, que debía ser reparador, estábamos todos cansados.

    La mañana comenzó con un muy lindo día, con sol, pero sin las altas temperaturas de enero, yo me levante, Pao dormía, despatarrada, pero verla no generaba pensar más que un sueño desordenado, sin saberlo, nadie diría que había cogido tanto, que la habían penetrado tantas veces. Dormía como un angelito habiendo sido mucho más que una diabla.

    Me levante, ya estaba preparado el mate, Facundo me aviso que había enviado a comprar facturas frescas y unas mermeladas que eran famosas en la zona. Oscar también se levantó, Juan el peón paso a saludar y a mirar si Pao se había levantado. Se respiraba en el ambiente la satisfacción y el buen momento que habíamos pasado.

    Facundo, entre mates, preguntaba:

    -¿Siempre fue así Paola? ¿Hacen esto muy habitualmente? ¿Tiene amantes u hombres fijos? ¿Nunca se deja sin forro? ¿Es verdad que llego a estar con 7?

    Ya habían llegado las facturas y se preparó una mesa lo más linda y amable posible, hasta unas flores trajo Juan, jajaja, se habían enamorado de mi putita o al menos le agradecían con cariño tanto sexo.

    Yo desde la galería, allí se había preparado la mesa con el desayuno, miraba el dormitorio que habíamos usado, viendo los posibles movimientos de Pao. Vi que se levantó y paso al baño. Les dije que me esperen y con el mate y la pava, fui para el dormitorio, el peón, el otro, el que no era Juan, miro como con cara de huérfano, y le dije, si, si, esperen todos.

    Me acerqué al baño, se estaba duchando, pasé, nos besamos y la fui secando, estaba hermosa y radiante.

    -¿Contenta? -pregunte

    -¿Yo? Si. ¿Y vos? -dijo sonriente y picara

    -También, la pasamos lindo, ¿no?

    -Sí, sí, me encantó. No dejando lugar a dudas de que lo había disfrutado

    -¡Pero como te dieron, como te gusta eso putita! Los muchachos están felices

    -Jaja ¡sabes que me encanta y a vos te gusta más!

    -Te prepararon un desayuno tipo hotel de campo, jajaja, no sé si de amables, como muestra de agradecimiento o porque quieren más. ¿Qué opinas? -le dije mirándola morbosamente y sonriendo

    -Bueno, son buenos chicos, lindos, se portaron bien, un poco más podemos jugar, ¿no?

    -Sos hermosamente puta, estas partida, pero querés mas, y si, dale. Ahora te los despabilo

    Este dialogo fue entre la sensualidad de acariciarla, secarla, colocarse una bata y volver al dormitorio, la ayude, a pasarse crema para la piel, en todo el cuerpo, y una especial para la vagina y la cola, que habían sido muy castigadas, jajaja.

    Ella había tomado un par de mates, mientras salía del dormitorio, le digo:

    -¡ahora te hago traer otros más calientes, levantando el mate y la pava, no me vas a decir que ya no estas con ganar de chupar algo caliente! -Y reímos ambos

    Volví a la galería caminado tranquilo, calmo, disfrutando del morbo y la confianza enorme de una relación tan buena con Pao, y pensando en los 4 hombres que miraban atentos, conteniendo preguntas y ganas, estaban como en vilo esperando alguna novedad. Le acerque el mate y la pava a Juan, le dije que lo prepare y que le lleve unos mates a Paola, que los esperaba, con Facundo y el otro peón, para chupar algo tibio. Se les ilumino la cara, Facundo ya les dio órdenes, prepararon todo y fueron.

    Con Oscar, que ya tenemos experiencias compartida reíamos y esperamos unos 20 o 30 minutos en el que volvieron los 4, Pao riendo entre ellos, semi desnuda, apenas arropada con una camisola (tipo un kimono blanco, transparente, con dibujos de unos peces). Obvio que les había chupado la pija a los 3 y los tres le habían chupado todo a ella.

    Nos sentamos a desayunar en la galería, tomar unos mates, hablar, reír, todas indirectas y morbos. Teníamos con Pao una fantasía más. Si habíamos llegado hasta ahí, teníamos algo más, solo hablado con Oscar, ella y yo. En otra oportunidad contare los antecedentes de esta fantasía, que básicamente tiene que ver con los animales, en este caso los caballos. Esto lo sabíamos Pao, Oscar y yo, los otros 3 no sabían nada.

    Llevamos la charla a lo yegua que era Pao, a montar, a como la habíamos montado, y ella hablo de la historia de Lady Godiva, y que le gustaría montar desnuda. En esa ideas y fantasías que volaban, Facundo enseguida mando a buscar un caballo, el más dócil supuestamente.

    Se lo prepararon, sin silla, para montar a pelo, solo con las riendas y los frenos.

    Hermoso verla en su semi desnudez, besarla y manosearla cuando fue pasando uno por uno en su camino a montar el caballo. Hermoso como le hicieron pie y tocaron y besaron por donde pudieron, al subirla.

    Dio una pequeña vuelta frente a nosotros, que estábamos embobados, pero le costaba, aun cuando el caballo era dócil, aferrarse al mismo. Juan, conocedor le dijo que mejor le agregaba, al menos una mantita mínima y la cincha con sus estribos. Si, ¡perfecto!, de paso era volver a bajar y subir, manosearla, besarla, verificar su concha mojada.

    Dio otra vuelta, ahora un poco más enérgica, con un leve trote, entre nuestros gritos y palabrotas, respondiendo al movimiento de sus tetas y sus poses mostrándonos la cola.

    Se acercó, dejando que el caballo camine muy lentamente, parecía que el animal entendía el morbo. Me miro sonriente, picara, tirándome un beso, todo era parte de nuestra fantasía, y cuando estaba cerca, cuando Juan y el otro peón se acercaban a tomar el caballo, dijo:

    -Juan, ¿no querés que montemos juntos? ¿Te sacas los pantalones y damos una vuelta?

    ¡Jajaja que decir! A Juan le volaban las manos, creo que rompió el cinturón o algo de la bombacha de campo y quedo en bolas, se sacó la camisa también. Se puso al lado del caballo, de frente a Pao, que se adelantó un poco en la monta, y tomando las crines del animal revoleo la pierna y se estampo sentado detrás de ella.

    Ahí ya nuestra fantasía era realidad, Juan le pasaba las manos por las tetas y se afirmó con las piernas sobre el caballo, Pao, apoyada en los estribos levanto la cola, la cintura, y, obvio, llevo su cuerpo para atrás, y Juan la ensartó, para hacer un trotecito con los gritos de ambos. Ella perra, perra, bajo su cuerpo apoyando las tetas en el cuello del caballo y Juan trataba de usar los movimientos para bombearla.

    Así llegaron, con el caballo, de nuevo, a paso lento, a donde estábamos nosotros. Pao chorreando sus jugos y los de Juan, y así la bajamos, ella entregada, para seguir siendo cogida ahora por todo el resto de nosotros.

    Esta historia continua, solo decir que nos volvimos a Buenos Aires después del mediodía, ya más tiempo era imposible para el físico, en particular el de ella. Y tanto fue así que no volvimos a casa, fuimos a una casa que disponíamos en otro country, para decir a amigos y familiares que nos habíamos quedado en la costa y así que Pao tenga algunos días para recuperarse.

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  • Lety en la piscina

    Lety en la piscina

    Recuerdo que aquella tarde estaba aburrido, había dejado mi antiguo trabajo de vigilante de seguridad, hacia un calor insoportable y no había nada interesante que hacer en mi casa, así que calmaba el aburrimiento chateando con algún amigo y mirando alguna web interesante, bajándome algo de música house para pinchar, así esperando que pasasen las horas y se fuese un poco el calor para ir a entrenar al gimnasio a última hora de la tarde.

    Me llamo Oscar y tengo 23 años, mido 185, peso 77 Kg y soy moreno de ojos verdes. De repente sonó el teléfono “lety clitorina” ponía en la pantalla, al menos alguien se acordaba de mí.

    ―¿Qué tal Oscar?

    ―Bien aburridillo por aquí, y asándome de calor por cierto ahora en un rato me iba a ir al gimnasio

    ―Bien, bien así me gusta a machacarte el cuerpo un poquito para que se marquen bien los abdominales ¿no?

    ―Pues si, que remedio así me desconecto un poco y me entretengo un rato porque esto de tener vacaciones y no poder ir a ningún sitio al menos aprovecho la maña para ponerme un poco morenito en la terraza y la tarde para bajarme mi música y aprovechar para hacer mis cosas

    ―Pues si, eso está bien, hay que ocupar el tiempo en algo… Mmm ¡que ricos esos abdominales ñam ñam!

    ―Ja jaja, estas loca tía…

    ―¿Yo? que va, pues si quieres te puedes pasar mañana por mi piscina que yo no tengo nada que hacer y así nos vemos que hace ya tiempo que no… ya sabes

    ―¿Que no follamos? ¿ya y? Si no vivieses tan lejos y yo no fuese tan vago nos veríamos más a menudo, pero bueno ya sabes lo que dice el refrán, que las grandes esencias vienen en frascos pequeños.

    ―Bueno, ¿entonces te vienes mañana o qué?

    ―Venga, por mi ok, en principio si, pero ya te llamo mañana

    Colgué el teléfono y cogí mi bolsa de deporte y me fui al gimnasio a currármelo un poco, necesitaba salir un poco y que me diese el aire, me enchufe mi discman de mp3 con algo de música cañera que uso para entrenar y entre unas cuantas canciones de Rammstein, Linkin Park, Rob Zombie, Deftones, Metallica, etc…

    Completé otro día más de gimnasio, después una duchita de agua templada para entrar diez minutos a la sauna, volver a ducharme, volver a entrar cinco minutos y ya en el jacuzzi de tíos del gimnasio relajarme un poco de la sesión de entrenamiento, cerré mi taquilla y volví a casa pensando en que maña al menos tenía algo más entretenido que hacer. Me acosté pronto después de mirar el correo y revisar mis mensajes y dormí como un bebé.

    Desperté y después de desayunar en plan “potente” como a mi me gusta (un plato de pasta, un tazón de leche con cereales de muesli y avena, dos tostadas con miel, un plátano y un vaso de zumo de naranja), me metí en la ducha, me puse el bañador, una camiseta blanca y unos vaqueros short con flecos y rotos por todas partes, mis playeras, un par de cd de música house, a mi pequeño amigo Pionner y baje al garaje a por el coche.

    Puse la música y conduje hacia su chalet de la sierra, la verdad es que la niña podía vivir mas cerca porque pegarme ahora en el coche un viajecito hasta la sierra, pudiendo ir a la piscina de mi vecina Patri que esta justo en el portal de al lado.

    Llegue a su casa y después del visto bueno de su perro guardián, un perro de esos enormes que realmente impresiona pasamos dentro, me ofreció un zumo y de ahí nos fuimos a la piscina que le habían construido el verano pasado la verdad es que estaba de puta madre, un chalecito en medio de la sierra, una piscinita, sol…

    Estuvimos bromeando y charlando de nuestras cosas, la verdad es que lety es una de las tías con las mejor me lo paso, nos conocemos desde hace dos años, y la verdad es que desde el principio me gusto, tenemos mucha confianza y lo mas importante es que hemos hecho una buena amistad, aunque de vez en cuando tenemos nuestras épocas como todo el mundo, pero cuando estamos bien, sin agobiarnos, sin discutir y sin enfadarnos da gusto.

    Al menos esta claro que nos queremos, hay un aprecio mutuo por ambas partes, y sin llegar a mas pues al menos desde hace tiempo hemos puesto un punto mas en nuestra relación que creo que faltaba que era el poder disfrutar de nuestros cuerpos y del sexo sin que ello nos comprometa o que por ello tengamos que dar explicaciones de lo que hagamos fuera de nuestras relaciones. Simplemente una buena amistad y un buen polvo de vez en cuando.

    Lety tiene 20 años, es morena con los ojos marrones, la verdad lo que mas me gusta de ella es su mirada, es realmente guapísima y tiene una mirada que transmite muchas cosas, dulzura, morbo, es de carácter fuerte. Hay que saberla llevar, es delgada, y tiene un culo bastante llamativo, como le digo yo tiene un culo muy bien puesto, esa es otra de las cosas que me gustan de ella.

    Nos fuimos a bañar y estuvimos tonteando y haciendo el gilipollas como siempre, después nos tumbamos en el césped y una vez secos saco su bote de bronceador para ponernos algo de crema y quedarnos allí otro rato a tostarnos al sol antes de que fuese la hora de la comida. Le desabroche el nudo de la parte de arriba de su bikini para poder extender la crema mas cómodamente y recorrí toda su espalda con la crema se me quedaron las manos un poco pringosas de la crema, así que lo que quedaba me lo extendí por los brazos y me tumbe de espaldas para que ella hiciese lo mismo conmigo.

    Allí mientras reíamos y charlábamos de mil tonterías de nuevo, se le ocurrió la idea de que le pintase las uñas de los pies, ella ya sabe que yo soy un poco fetichista de esas cosas, y que me da morbo pintarle las uñas de los pies a una tía, sobre todo si es verano y le gusta llevar sandalias de tira como a ella, especialmente las de salir por la noche con tiras en los tobillos.

    ―¿Qué color me quedara mejor el azul o el morado? -dijo sonriendo mientras me enseñaba los dos botes de esmalte de uñas, yo le aconseje que mejor el morado porque las sandalias chulas que tiene para salir por la noche son blancas y pegarían mejor.

    Desenrosque el frasco y cogiendo con cuidado uno de sus pies, comenzó a masajearle los pies con los pulgares mientras bromeando se me escapaba algún bocado a los dedos de sus pies, la verdad es que Lety tiene unos pies bonitos y me gustan, además me gusta que como buenos amigos ella comparta mi gusto por los pies femeninos y ese pequeño fetichismo que permite poder hacer este tipo de cosas como algo normal, aunque mirándolo bien, no es nada malo ni nada anormal, hay cosas peores.

    Saque el tapón que viene con el pincel y empecé a pintarle las uñas de los pies con el esmalte morado tal y como habíamos acordado, soplando un poco después de pintar cada uña y procurando no salirme de la superficie a pintar y se pusiese todo perdido de esmalte, pero la muy capulla no paraba de reírse y de provocarme con tonterías para que yo me partiese…

    ―Anda que ya te vale Oscar, que me estas manchando la toalla del esmalte que no es barato precisamente eh ¡y la mancha de la toalla ya no sale tontaina!

    ―Joer, pues párate quieta ¿no? y deja de hacer el idiota, si te hace cosquillas te jodes.

    Después de terminar aquella labor, nos quedamos un rato mas hasta que por fin ya un poco quemaos de estar toda la maña al sol y habernos remojado unas cuantas veces en la piscina decidimos pasar al porche a comer, me gusta comer al aire libre, mas aun si es en un chalet. Lety sabía cocinar y no se le daba nada mal. Preparo una paella y yo prepare carne en salsa con algunas especias indias, siempre me ha gustado la cocina india así que era una mezcla un poco extraña pero no era mal menú, paellita y carne en salsa con especias indias.

    Además ya que me había invitado a la piscina, que menos que ayudar en la cocina y ayudar a recoger y fregar un poquito que no cuesta nada. Después ya dentro un café cappuccino y nos quedamos bien servidos en el sofá del salón, un salón amplio y allí tirados seguimos hablando y decidimos poner a vernos una peli puesto que ya se nos acababa el fuelle de hablar y era una buena forma de hacer la digestión, pillamos una peli del canal satélite y nos quedamos allí viendo Daredevil cuando termino la peli Lety estaba un poco amodorrada, yo la verdad es que también, pero lo de haberle pintado las uñas de los pies y la conversación morbosa que habíamos tenido con el café, entre bromas, había hecho que me pusiese cachondo…

    Lety me pidió que le diese un masaje, a mi me apetecía porque es una de las cosas que me gustan, así que decidimos irnos a su cuarto mas tranquilos, ella se tumbó en la cama y yo detrás de ella comenzó a darle un buen masaje por la espalda, echándole un poco de aceite johnson y resbalando bien mis manos sobre sus hombros, dándole un buen masaje en el cuello y bajando poco a poco por su espalda, mientras le besaba su espalda hasta llegar al límite que marcaba su bikini.

    Le desabroche la parte de arriba del bikini y subí besándola por el cuello despacio, mientras que poco a poco fue dándose la vuelta quedando ante mi mostrándome sus pechos, son pequeños, pero a mi me gustan mucho, digamos que tienen un encanto especial, ella medio dormida aun, me miraba, dejándose hacer, acerque mis labios y comenzamos a besarnos, me encantaba como besaba.

    Nuestras lenguas juguetearon un rato mientras acariciaba sus muslos y ella me acariciaba la espalda, fui bajando hasta sus pechos y acariciando sus pezones con una de mis manos, y lamiendo y chupando el otro, con ansia, mordiéndolo con cuidado mientras Lety gemía, tenía ya los pezones durísimos, mientras seguí bajando, por su tripa que tantas veces me ha gustado darle pequeños besos hasta llegar a su volcán del amor… acariciándolo y besando la parte interna de sus muslos, sintiendo todo el calor y el deseo de probar mi lengua que emanaba de aquella zona, cogiendo con mis dientes la parte de abajo del bikini, y quitándosela…

    Comencé a hacerle sexo oral como nunca antes, porque aquella tarde yo estaba mas caliente de lo normal, a veces le hecho sexo oral por alguna apuesta, o porque simplemente me encanta y me gustaba hacérselo hasta sentir como se corría que para eso era mi amiga y si me dejaba hacerle lo que mas me gusta, que mas se puede pedir…

    Comencé a succionar sus labios, a investigar con mi lengua por todos sus rincones prohibidos, me encantaba su sabor, su sexo era cálido y húmedo y a mi me encantaba sentirlo así humedeciendo también mis labios y mi lengua, su clítoris ya erecto pedía guerra, mis labios y mi lengua dieron buena cuenta de él, Lety me cogió la cabeza con ambas manos acariciándome la nuca, me encanta que me hagan eso

    ―Cómemelo así Oscar… mmmm joder que bien, sigue

    Su clítoris se movía entre mi lengua, de un lado a otro en círculos concéntricos, mientras que cada vez me apretaba más Lety la cara contra su sexo, levanté la vista y vi su cara de vicio, sus ojos clavándose en los míos, sabiendo que realmente estaba disfrutando que era de lo que se trataba.

    Yo estaba completamente empalmado y me fui quitando los pantalones para liberarme de aquel suplicio, mientras saboreaba el sexo de mi amiga y me degustaba con aquella sensación, hasta que Lety se empezó a convulsionar y a correrse como una loca, empapándome con sus flujos temblando en varios espasmos hasta que su orgasmo no ceso y yo deje de chupar… suspiro y se quedó ahí tumbada, me acerque a ella y seguimos acariciándonos, nos besamos de nuevo y me confeso que le excitaba sentir un beso y saborear también el fruto de su placer….

    Lety continuo besándome, acariciándome el pecho y bajando lentamente, me encantaba sentir los labios de Lety sobre mi pecho, mordisqueando y jugueteando con mis pezones, fue bajando lentamente mientras con la otra mano, acariciaba mi miembro suavemente, sintiendo toda su dureza sobre la palma, de su mano, Lety tenía unas manos suaves y le gustaba masturbarme, al menos lo habíamos hecho otras ocasiones en las que no nos apetecía llegar a mas y me había hecho un buen trabajito manual, hasta descargar todo mi semen.

    Bajo y de repente mirándome con esa mirada perversa nuevamente, se metió mi polla en la boca y jugando con mi lengua en toda su base, en el frenillo y en la parte superior, me puso a mil, fue introduciéndosela en a boca y chupándola poco a poco, despacio como solo ella sabía hacer, tenía un arte especial para hacer mamadas. Y la verdad… recibir una mamada de Lety es uno de los máximos placeres a los que un tío puede aspirar.

    Yo tumbado en aquella cama, mientras Lety me la mamaba, me parecía ver las estrellas, después Lety me puso su sexo en la boca de nuevo poniéndose en cuclillas delante de mi y echándose hacia atrás se clavo mi polla y comenzó a cabalgarme, mientras yo chupaba y succionaba sus pezones erectos nuevamente. Su pelo se agitaba con cada una de mis envestidas mientras nos morreábamos y jugábamos con nuestras lenguas.

    Después Lety se puso en la cama a cuatro patas como una gatita traviesa y yo detrás de ella, comencé a comerle el culito que tenía que ella sabía bien que tanto me gustaba, mientras con la otra mano excitaba su sexo nuevamente, y ella tumbada recibiendo el cosquilleo que le producía sentir mi lengua en su culona me dejo penetrarla por detrás, quizás eso lo reservaríamos para otra ocasión, o quizás ella reservaba su culo para alguien especial… cogiéndola de la cintura la penetre nuevamente desde atrás, sintiendo su cálido sexo apoderarse de mí.

    Así estuvimos un buen rato hasta que yo ya no aguante más y después de cambiar nuevamente de posición yo arriba y ella abajo. Me quite el condón y eyacule sobre su vientre y sus pechos.

    ―Mmmmm que calentita esta, como me gusta…

    Yo temblé, me convulsioné varias veces hasta terminar de eyacular y la visión de su cuerpo con mi cálida corrida por encima me puso a mil, ella me miraba con vicio mientras se extendía mi semen por sus pechos, hasta que caímos rendidos en la cama, al menos para descansar un buen rato… antes de ir a darnos un baño a la piscina nuevamente y terminar la tarde habiéndolo pasado de miedo.

    Nos acariciamos y nos besamos un buen rato antes de bajar a la piscina a tomar el sol de nuevo, nos dimos un buen baño. Lety se tumbó a solas en la colchoneta hinchable sobre la piscina, mientras yo seguí observándola. La verdad es que no hay nada mejor que tener una buena amiga con la que también disfrutas de vez en cuando de buen sexo con cariño, con morbo, de forma salvaje otras veces, sin que haya más compromisos ni complicaciones por ello.

    Nos metimos juntos en la ducha cuando la tarde caía, enjabonándonos y jugueteando nuevamente… le volví a hacer sexo oral y estuvimos tonteando bajo el agua templada otro rato, ella se arregló mientras yo veía la tele y de nuevo nos bajamos a Madrid a cenar a un Ginos puesto que le debía una invitación, jeje y la verdad se había portado como toda una campeona sexualmente hablando así que se merecía un buen plato de pasta para recuperar energías… jeje, bueno y yo también claro.

    Estuvimos hablando y riendo como siempre hacemos, y lo pasamos realmente bien, cuando salimos del restaurante nos fuimos al cine y a tomar un par de copas a una terraza puesto que no había que madrugar al día siguiente, nos mirábamos complemente, sabiendo que podíamos seguir siendo buenos amigos, y que seguramente disfrutaríamos de muchas mas tardes morbosas y muchos más jueguecitos, solos… o quizás con alguna compañía mas quien sabe.

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  • Mi esposa no supo negarse y acabó disfrutando

    Mi esposa no supo negarse y acabó disfrutando

    Me llamo Eloy, tengo 35 años y estoy casado desde hace diez con Olga, una mujer preciosa de 32 años, morena, de pelo bastante largo, ojos castaños, boca grande y labios bastante carnosos. Su cara es realmente bonita, mide cerca de 1,70 y tiene un cuerpo muy sensual, con pechos grandes y de pezones oscuros. Llama mucho la atención de los hombres que se la comen con la mirada.

    Olga es una mujer extrovertida y que difícilmente es capaz de contrariar a alguien sacrificándose ella con frecuencia con tal de no tener que dar una negativa en cualquier aspecto de su vida cotidiana. Esta forma de ser también es aplicable al sexo en el que, aun comportándose de manera muy pasiva prefiriendo dejarse hacer que participar activamente, no rechaza casi nunca lo que yo pueda hacerle. No he conseguido sin embargo que me chupe la polla pues la primera vez que se lo propuse me dijo que le daba asco el líquido preseminal del capullo cuando está en erección, de modo que nunca volví a insistir en ello.

    Este último invierno decidimos hacer una obra en la casa, de modo que, tras contactar con varias empresas, nos decidimos por una de ellas para que se encargara del trabajo.

    El día que empezaron la obra mi mujer me dijo que de ella se estaban encargando dos jóvenes de origen rumano que no hablaban casi nada de español. Me comentó también que al terminar la jornada les había ofrecido una cerveza y algo de embutido, cosa habitual en mi mujer y que ellos le agradecieron amablemente.

    Un día regresé a casa antes de lo normal, coincidiendo con la hora de salida de los dos trabajadores, y al entrar observé, a través del cristal de la puerta que daba al salón desde el hall, que mi esposa y los dos operarios se estaban tomando el tradicional tentempié que ella les ofrecía al terminar la jornada de trabajo. Al estar la puerta cerrada y la luz del hall donde yo me encontraba apagada, mientras que la del salón estaba encendida, ellos no me habían oído llegar ni podían verme a través de la puerta.

    Tras colgar el abrigo en el armario ropero me dirigí hacia el salón para saludar, pero al acercarme a la puerta observé como uno de los dos obreros se acercaba a Olga por su espalda y le ponía la mano sobre la cabeza acariciándole el cabello. Iba a entrar, pero lo insólito del hecho me frenó y me mantuve quieto observando lo que pasaba.

    Mi esposa se sorprendió indudablemente con las caricias del chico, pero no hizo movimiento alguno, de modo que el chaval se animó aún más y tras cogerle la cabeza con ambas manos empezó a acariciarle las sienes con los dedos. Entonces su compañero se levantó, se aproximó también a Olga y tras ponerle sus grandes manos en la cara empezó a acariciarle suavemente las mejillas. Ella permanecía sentada e inmóvil, sin saber qué hacer, y yo pasmado viendo la escena y dudando en intervenir.

    Viendo que Olga no reaccionaba negativamente, el que estaba a su espalda la levantó de la silla mientras que el otro le apoyó sus manos sobre los hombros. No tardaron mucho en proseguir su excitante avance y al cabo de unos minutos el que estaba detrás de ella empezó a besarla en el cuello.. El otro chico ya había bajado sus manos por el costado del cuerpo de ella hasta agarrar suavemente sus caderas mientras también besaba sus mejillas acercando su boca a la de Olga.

    Mientras la magreaban y besaban me fijé en los dos tíos. Eran muy distintos, el que estaba delante de Olga era moreno con el pelo muy rizado y de cuerpo bastante fuerte aunque no excesivamente alto, mientras que el otro chico era rubio, más alto y delgado que su compañero y de pelo bastante corto.

    Los dos hombres estaban cada vez mas animados, toda vez que Olga no ponía reparos a los sobeteos, e intensificaron sus caricias por encima de la ropa. El rubio paseó sus manos por el cuello de ella hasta alcanzar sus pechos y el moreno llegó con su boca a la de Olga y comenzó a besarla en los labios. Al principio Olga no respondió al beso, pero la insistencia del hombre consiguió que ella entreabriera los labios y de inmediato él lo aprovechó para meterle su lengua y besarla con más intensidad mientras ya le acariciaba el trasero.

    A través de sus monos de trabajo se podía constatar que los dos hombres se estaban empalmando mientras acariciaban a Olga e imaginaban lo que podía a venir a continuación. Mi esposa permanecía quieta entre los dos hombres respondiendo ligeramente al beso del rumano moviendo los labios mientras la lengua del tío exploraba el interior de su boca.

    Yo ya había decidido no intervenir pues el morbo de la situación empezaba a ser enorme y quería ver hasta donde era capaz de llegar ella. Me mantuve agazapado contemplando la escena.

    Viendo que todo se desarrollaba seguramente mucho mejor de lo que se imaginaban, los dos rumanos buscaron un mejor acomodo para seguir progresando en sus acciones sobre el cuerpo de ella, y la acercaron lentamente al sofá del salón. Yo me desplacé a la cocina que también comunicaba al salón con un gran ventanal situado justo encima del sofá. Desde ahí podía seguir observando todo sin que me descubrieran.

    Tras sentar a Olga en el sofá, ellos se pusieron cada uno a un lado y volvieron rápidamente el ataque. Ahora fue el rubio el que buscó el beso en la boca, mientras le acariciaba las mejillas, y mi esposa aceptó también tímidamente el contacto bucal. El moreno la besaba en el cuello y en el lóbulo de la oreja, mientras le sobaba los pechos, palpándoselos por encima de la blusa.

    Mi mujer seguía dejándose hacer y los dos rumanos se convencieron por completo de que tenían el campo libre. La tumbaron boca arriba sobre ellos. La cabeza de Olga reposaba ahora sobre los muslos del moreno mientras que sus piernas se apoyaban sobre las del chico rubio. Este último puso sus manos sobre su falda y le acarició suavemente las piernas por encima de la tela. Luego bajó una de ellas hasta el tobillo y tras introducirla por debajo de la falda empezó a subir por dentro de la misma. Olga mantenía las piernas cerradas notando como los dedos del chico iban subiendo inexorablemente hacia su sexo, recorriendo las piernas y luego los muslos, dejando con su avance al descubierto la carne desnuda.

    El moreno tampoco perdía el tiempo. Con una de sus manos sujetó la cabeza de Olga para acercar su rostro al suyo y poder besarla en la boca. La otra mano exploraba una y otra vez por el escote de su camisa, acariciando sus tetas por encima del sujetador y amagando meter sus dedos directamente sobre ellas. Luego le desabrochó los botones de la blusa para dejar al descubierto el canal de sus pechos y el sujetador de encaje blanco que los cubría.

    Los dos chicos se deleitaban contemplando y tocando ya al desnudo buena parte del cuerpo de mi mujer. Noté un leve estremecimiento en Olga cuando el rubio alcanzó sus bragas y empezó a pasear sus dedos sobre ellas. La falda quedaba ya a la altura de la cintura y sus bragas blancas al descubierto, invadidas por la mano del rubio intentando escurrirse hacia la entrepierna que ella mantenía cerrada.

    Con todos los botones de la blusa desabrochados, el hombre acariciaba y apretaba sus pechos por encima del sostén. El bulto de su polla erecta por debajo del mono de trabajo era evidente. Acercó la cara de Olga hacia su cintura para que ella comprobara su calentura, pero cuando ella notó la erección de él giró la cabeza, en un acto reflejo, hacia el lado contrario.

    Él lo volvió a intentar, recibiendo de nuevo el rechazo a semejante invitación, por lo que se escurrió hacia abajo en el sofá hasta conseguir que la cabeza de Olga pasara de estar sobre sus su muslos a quedar apoyada sobre su miembro empalmado. Metió sus manos por debajo del sujetador para agarrar directamente sus dos pechos, los masajeó varias veces y luego los liberó del sostén dejándolos por completo al descubierto.

    El rubio no paraba de acariciar su entrepierna por encima de la braga, introduciendo de cuando en cuando los dedos por debajo de esta y acariciando su vello púbico, hasta que agarró las bragas y las bajó por las piernas de Olga, dejando al aire la pelambrera negra de su coño.

    Los dos chicos, cada vez mas excitados, contemplaban el cuerpo semidesnudo de ella, sin dejar de pasear una y otra vez sus manos por él. Ella permanecía quieta, sintiendo como ambos le metían mano y sin hacer prácticamente nada por su parte, como era tradicional en ella.

    El rubio se incorporó y se situó de rodillas sobre el sofá delante de ella, le agarró las rodillas con ambas manos, empujando hacia afuera para abrirle. Olga se resistió levemente, pero al final cedió y la raja de su precioso coño apareció deslumbrante ante la vista del chaval quien de inmediato llevó allí su mano para acariciarle los pliegues de sus labios. Al subir sus dedos y alcanzar el clítoris, percibí claramente el gimoteo de gusto por parte de ella.

    El rumano moreno se fue deslizó más hacia abajo en su asiento hasta conseguir que la cabeza de Olga reposara sobre su vientre. Se desabrochó los botones de la bragueta de su mono de trabajo y metiendo su mano en ella se sacó el miembro erecto. Tenía una polla muy gruesa y oscura aunque no demasiado larga, aunque lo que más me llamó la atención fue el abundante vello oscuro que circundaba los cojones, ya que también deslizó al exterior sus pelotas.

    Al soltar su verga, ésta se desplazó hacia arriba como un resorte, chocando contra la oreja de Olga. Mientras acariciaba suavemente el rostro de mi esposa, lo fue desplazando hacia el lado por el que su polla asomaba al exterior. Era evidente la intención del rumano, deseando conseguir que ella llevara su boca al tieso cipote para chupársela. Cuando su miembro tocó la cara e Olga, a la altura de la nariz, él se la cogió de nuevo y la guio despacio hacia los labios de ella. No me resultó raro que Olga, al sentir el contacto de la polla, apartara la cara hacia el lado contrario.

    Mientras ambos porfiaban, él en el intento de meterle la picha en la boca y ella en su negativa de hacerlo, el otro chico se había tumbado boca abajo en el sofá sobre las piernas de Olga y lamía sus muslos acercándose cada vez más hacia el sexo entreabierto de ella. Alternaba sus lamidas de una pierna a otra mientras con sus dedos seguía jugueteando en el coño de ella. Cuando estuvo próximo a alcanzar con su lengua las ingles de ella, le agarró los muslos por debajo y le alzó ambas piernas abriéndoselas al mismo tiempo: El chocho de Olga estaba plenamente abierto a él.

    Por fin llegó con su boca a los pelos que rodeaban su raja y abriéndole los labios introdujo la lengua en su chocho recorriéndolo de arriba a abajo repetidamente, mientras mi mujer suspiraba sintiendo el gusto de la comida de coño que el hombre le estaba obsequiando.

    El moreno acercó la boca a los pezones erectos de sus tetas apoderándose de uno de ellos y lo lamió y mordisqueó mientras le manoseaba el pecho con una mano y con la otra seguía intentando inútilmente acercar la boca de Olga a su miembro. Ella estaba cada vez mas caliente y no pudo evitar agarrar con sus manos la cabeza del rubio para empujarla hacia su conejo. Este ya metía su lengua por completo en el agujero de su coño para luego salir y frotarle repetidamente el clítoris, aumentando cada vez más la calentura de ella.

    Al cabo de un rato el chico abandonó la comida del coño de mi esposa y agarrándola de las caderas volteó en un rápido movimiento el cuerpo de ella para dejarla boca abajo en el sofá. La maniobra hizo por un lado que su precioso trasero respingón quedara a la vista del chaval rubio y por otro que el rostro de Olga impactara con la gruesa polla del moreno, quien no perdió la ocasión y sujetándole la cabeza con una mano la inmovilizó, sintiendo con gran placer como los labios de ella se posaban en sus huevos sin poder despegarse de ellos.

    El rubio se entretuvo unos instantes en acariciarle las nalgas y en pasarle los dedos por la raja de su culo, hasta que se levantó y con rapidez se despojó del mono de trabajo y de los slips. Tenía un cuerpo delgado y atlético y su polla, ya en plena erección, no era demasiado gruesa pero tenía una considerable longitud. El chico se acercó de nuevo a mi mujer y apoyando su polla sobre el trasero de ella la frotó suavemente de arriba a abajo sobre la raja del culo y luego la dirigió aún mas abajo hasta alcanzar el chocho con la punta de su nabo.

    Mi esposa gimió al notar el contacto de su polla, pero su grito fue mucho mayor cuando el rubio apretó y le introdujo su larga vara por el coño mientras la agarraba por las caderas y la levantaba para dejarla de rodillas sobre el sofá. Entonces empezó a moverse follándosela muy despacio mientras con sus manos le desabrochaba el sujetador y la falda y luego le agarraba los dos pechos que le colgaban por la posición en que ella se encontraba. Siguió con la lenta follada, besándola la espalda, recorriéndola de arriba abajo, y pellizcando con los dedos de sus dos manos los erizados pezones de sus pechos.

    No había duda que el chico rubio estaba haciendo un buen trabajo. La excitación de Olga aumentó de tal modo que ella empezó también a participar más activamente. Vi como con los labios besaba tímidamente los peludos cojones del hombre moreno quien, sonriendo, suspiraba quedamente mientras con ambas manos acariciaba el rostro de mi mujer. Sin dejar que ella apartara la boca de sus pelotas, se incorporó y se arrodilló también el en el sofá moviendo con sus manos la cara de mi esposa hacia arriba a lo largo de su endurecida lanza. Ella le besó con los labios la caña de la picha, y se desconsoló cuando intentó acercar la boca de mi mujer hacia su grueso capullo, pues esta hizo un claro ademán de rechazo dando a entender una vez más que no tenía intención de mamársela.

    Con creciente ansiedad siguió intentándolo durante un rato, hasta que de repente sonó un móvil y se incorporó para atender la llamada. Tras colgar se desnudó por completo dejando al descubierto su cuerpo velludo y oscuro.

    El rumano rubio se follaba a Olga ya con más fuerza, metiendo y sacando su picha del coño de mi mujer con rapidez, sin dejar de sobarle la espalda y los pechos. Fue ese el momento en el que Olga le avisó con un gesto que no podía correrse dentro de ella. El moreno, ya sin ropa alguna, se acercó de nuevo al sofá y tras hacerle un ademán a su compañero para que se saliera del interior de mi mujer, se colocó tumbado boca arriba. Puso a Olga de rodillas en el sofá, la sujetó por la cintura y apuntó el nabo hacia su coño, paseó la punta unas cuentas veces por su encendida raja y luego de un fuerte golpe se la introdujo por completo.

    Olga gritó al sentir la gorda polla del rumano abrirse paso dentro de ella, pero no tardó en volver a gemir al sentir que él comenzaba a joderla rítmicamente. El rubio volvió de nuevo a la carga, le acarició con los dedos el ano, aproximó su polla a él y empujó con intención de encularla. Hacía mucho tiempo que mi esposa y yo no hacíamos sexo anal, pero ella lo aceptó y aunque sin duda sintió dolor el notar el empuje del hombre, al no ser la polla invasora demasiado gruesa, fue entrando poco a poco en su recto.

    Poco después los dos hombres se follaban al unísono a mi mujer, con entusiasmo, en un precioso sándwich que la estaba enloqueciendo de placer.

    Era el rubio el que llevaba el compás de la follada, agarrando y moviendo de arriba abajo las caderas de mi mujer: El otro, le chupeteaba las tetas, mientras acercaba su boca a la de mi mujer para besarla de nuevo. Ahora sí que ella respondió, presa de excitación, al beso del hombre, abriendo su boca y entrelazando la lengua con la de él mientras le acariciaba el velludo torso. La violencia en los movimientos se fue acentuando y Olga no tardó mucho en venirse entre gritos y suspiros aferrándose a la espalda del que tenía encima de su cuerpo y echando la cabeza hacia atrás.

    Cuando comenzaron a apagarse los gemidos de mi mujer, tras su orgasmo, el chico moreno le dijo algo a su compañero al oído. Se salieron de ella, la cogieron entre ambos y la tumbaron boca arriba sobre el sofá. De inmediato el rubio se colocó sobre ella y le enchufó la polla en el coño empezando de nuevo a follársela, mientras que el moreno se subió al sofá, se arrodilló a ambos lados de su pecho, se cogió la picha con una mano, la acercó a la cara de Olga y la restregó suavemente por el rostro de mi mujer.

    Ella, recuperándose aún del orgasmo anterior, prácticamente ni se inmutaba. La peluda polla rozaba con movimientos muy lentos sus mejillas, su frente y la barbilla. Con la otra mano le acariciaba el pelo con suavidad. Era de nuevo evidente que una vez mas el hombre lo que buscaba era el meterle el cipote en la boca, pero sabedor ya de la reticencia de mi mujer a ello, prefirió extenderse en acariciarle con la polla el rostro con extremada ternura.

    Tras un buen rato de pasarle la polla por el rostro, el hombre acercó la punta a la boca de Olga esperando que con la dulzura demostrada en sus actos pudiera haber vencido la manifiesta negativa de ella. Sin embargo, en cuanto mi esposa notó el contacto de su miembro húmedo en sus labios movió la cabeza hacia un lado demostrando una vez más de su falta de interés en metérsela en la boca. Comprobando que sus intentos habían sido de nuevo inútiles, el rumano acercó la caña de su tranca a los labios de mi mujer. Ella titubeó un poco, pero comenzó a besarla e incluso a lamerla, procurando en todo caso evitar arrimarse a la mojada punta de su miembro.

    El contacto de los labios y sobre todo de la lengua de Olga sobre su polla fueron encendiendo cada vez mas al hombre, a juzgar por los gemidos de gusto que éste mostraba. Su verga parecía que iba a explotar, aunque el hombre aún no debía tener intención de correrse pues de repente adelantó algo más su posición, colocándose sobre la cara de mi mujer.

    Le puso las pelotas sobre su boca en un claro deseo de obtener el mismo tratamiento en sus cojones que el que poco antes había conseguido en su picha. Mi mujer no se opuso y le lamió también los peludos huevos, recorriéndolos con su lengua de lado a lado. El tío, cada vez más excitado, se masturbaba lentamente con una mano y con la otra seguía acariciando las mejillas de mi esposa.

    El rumano rubio seguía mientras tanto con su lento mete-saca agarrado a las caderas de ella. Tras un ademán de su compañero, llevó sus manos a los pechos de Olga, agarrándolos primero con firmeza y manoseándolos después por completo. Las caricias en las tetas junto al rítmico vaivén de la follada del rubio chaval empezaron a surtir efecto y Olga empezó a excitarse de nuevo soltando pequeños gemidos de placer.

    Para facilitar la tarea de su compañero, el chico moreno, tuvo que adelantar aún más su cuerpo, de modo que sus huevos quedaron a la altura de la nariz de ella con el tieso capullo por encima de su frente y su recto a la altura de la boca de ella. Bajó cautamente su trasero hasta la altura de los labios de ella, apoyando sus cojones sobre la nariz, y lo empezó a mover lentamente hacia arriba y abajo. Probablemente esperaba, al igual que yo, que Olga apartar de nuevo su rostro hacia un lado, pero ella nos sorprendió, pues extrañamente ella no puso pega alguna.

    Entretanto el otro hombre se la seguía follando sin descanso, sobándole las tetas a placer. Acercó su boca a una de ellas y apoderándose de su oscuro pezón se lo chupó con fuerza mientras le pellizcaba el pezón libre con una de sus manos. La excitación de mi mujer aumentó con los lametazos que le propinaba el rubio y eso hizo que en un determinado momento agarrara con ambas manos la cintura del hombre moreno.

    Este, animado al notar el contacto de las manos de Olga sobre su cuerpo, bajó aun mas su culo presionando con mas fuerza sobre el rostro de mi mujer con lo que consiguió apoyar su ojete en los labios de ella. Con menos miramientos que antes restregó su trasero sobre la cara de Olga, con movimientos circulares. Se veía que esto le producía una gran satisfacción, meneándose de nuevo su polla mientras jadeaba y farfullaba palabras en su idioma de origen.

    Alentado seguramente por las inesperadas últimas reacciones de mi esposa debió pensar que por fin podía cumplir su deseo y bajó su cipote de nuevo a la cara de ella para moverlo sobre la frente, sin dejar de mover y apretar el agujero de su ano sobre la boca de ella. Con un rápido movimiento arqueó el culo hacia arriba y bajó el capullo hacia los labios de Olga, intentando de nuevo introducírsela por la boca.

    Mi mujer se mantuvo firme y aunque en esta ocasión no apartó la cara, tampoco abrió los labios con lo que la enrojecida punta del nabo del tío se quedó apoyada sobre la boca de ella, y él tuvo que limitarse, resignado, a restregárselo por los labios sin que ella, probablemente por la excitación que le producía la follada del rubio, opusiera resistencia a ello.

    El tío recorrió una y otra vez la punta de su nabo sobre los labios de Olga con la esperanza de que en algún momento ella abriera la boca, pero ésta siguió mostrándose inflexible a la mamada que el hombre moreno estaba desesperadamente intentando conseguir.

    Dándose cuenta de que no iba a conseguir su propósito, se giró hacia el compañero y le comentó algo que no pude entender. Rápidamente el rubio se incorporó de su posición, saliéndose del coño de mi mujer. El otro bajó su cuerpo hasta la cintura de ella, colocó la endurecida polla entre sus pechos, le cogió ambas tetas con las manos y las acercó entre sí para apretar su miembro entre ellas.

    El rubio ya no follaba a Olga. Se había cogido la larga polla con la mano derecha y acercándola a la almeja de mi esposa empezó a frotarla sobre la raja mojada sin llegar a penetrar en su húmedo agujero. Con los dedos de la otra mano le acariciaba el trasero. Arrodillado sobre una de sus piernas en el sofá y la otra de pie sobre el suelo, la agarró por los muslos y le introdujo de nuevo la verga, ahora en el culo, empezando a joderla una vez más, consiguiendo que ella reaccionara de inmediato con evidentes suspiros.

    El moreno también se la follaba ya por las tetas, y así estuvieron durante un buen rato, moviéndose sobre el cuerpo de Olga, cada vez más encendida a juzgar por la intensidad que empezaban a alcanzar sus gemidos.

    El aguante que estaban demostrando los dos rumanos era encomiable, pero al cabo del tiempo observé que el moreno empezaba a acelerar el ritmo de la follada en el pecho de mi mujer y que empezaba a jadear mas alto, señal inequívoca de que se estaba acercando al orgasmo.

    El rubio había acercado una de sus manos a la raja completamente abierta de mi mujer, mientras su picha le taladraba el agujero del culo con continuos embistes. Apoyó su dedo índice sobre el clítoris y lo masajeó, alternando la caricia con la introducción del pulgar en su almeja. Noté que también el hombre se estaba aproximando al orgasmo, pero era Olga la que más reaccionaba a los estímulos en su inflamado clítoris moviendo su cuerpo y gimiendo con más fuerza.

    El moreno, a punto de estallar moviendo violentamente su tranca de arriba abajo entre sus tetas, acercó una de sus manos libres a las mejillas de Olga para acariciarlas. Tal era la excitación de Olga en ese momento que, al sentir el contacto sobre su cara la movió hacia un lado para apoderarse con su boca de uno de los dedos del rumano engulléndolo con placer, demostrando que esta es una de las cosas que mas le gusta mientras folla.

    Esta inesperada e inusual reacción de mi mujer sorprendió al hombre, quien de inmediato redujo el ritmo de la follada que le iba a llevar a correrse sin remedio y acto seguido empezó a juguetear con sus dedos sobre los labios y la boca de Olga, notando el gusto que le proporcionaba esta caricia a mi esposa. Empezó entonces a introducir y sacar suavemente de la boca de mi mujer primero uno de sus dedos, luego dos y después hasta tres al mismo tiempo. Los movimientos eran suaves hacia dentro y fuera de la boca, mientras observaba con satisfacción creciente cómo ella seguía entusiasmada con los vaivenes de sus dedos.

    Se volvió a su compañero haciéndole gestos de que se moviera con más cautela y siguiera acariciando el clítoris a Olga. El ya no la follaba por las tetas, pues se había enderezado sobre sus rodillas, y aproximaba su capullo hacia la cara de mi esposa, sin dejar de mover rítmicamente sus dedos en la boca de esta. La acercó con una gran lentitud hasta situar el grueso cipote a escasos centímetros de sus labios. Me pareció que había crecido todavía más, y el glande aparecía totalmente mojado de un líquido blanquecino.

    Olga, con los ojos cerrados y ensimismada con las caricias y embestidas del rubio, no se había ni percatado de que ya no la follaban por las tetas. El moreno estudió el último movimiento a realizar y lo puso en marcha. Acariciándole con una mano el pelo, con la otra le introdujo tres dedos en la boca, los movió dentro de ella y los sacó viendo como ella dejaba entreabiertos sus labios para recibir de nuevo la caricia. Repitió dos veces más la operación notando que era la ocasión propicia, Acercó su polla a los labios, deslizó los dedos fuera de su boca, se cogió la picha y de un rápido empujón le introdujo la punta del rabo entre los labios, esperando y deseando que ella, en un acto reflejo, no se lo mordiera.

    Evidentemente mi esposa no esperaba encontrarse el mojado cipote del rumano de modo que su reacción instintiva fue liberarse, pero no mordiendo, sino cerrando los labios y moviendo la cara de un lado a otro. El rumano había estudiado perfectamente la situación y con el cuerpo presionaba su verga hacia dentro de la boca, mientras que con las manos le tenía sujeta la cabeza. Consiguió de esta manera evitar que ella, pese a sus esfuerzos, se liberara. A Olga no le gusta hacer daño, por ello seguramente ni se le pasó por la cabeza morder al intruso.

    Una vez frenados los iniciales intentos de ella por sacarse la verga de la boca, el hombre la miró fijamente a los ojos con aire de triunfo dándola a entender que por fin había conseguido su propósito metiéndole el nabo en la boca. Ella le imploraba con su mirada que le sacara el pollón, pero los ojos suplicantes de mi mujer lo único que hacían era acrecentar su ya enorme excitación. Había conseguido lo que durante tanto tiempo había deseado y mi esposa le había negado y pensaba disfrutar plenamente de ello. Miró al rubio y ambos sonrieron.

    Los labios de mi esposa estaban completamente ocupados por el grosor de la polla del hombre que había conseguido introducir con su empujón cerca de un tercio de su tranca. Durante unos instantes sólo se movió el rumano rubio, follándose lentamente el trasero de Olga. El otro hombre se posicionó mejor sobre sus rodillas subiéndolas a la altura de los hombros de ella, manteniendo el tronco bien erguido, y sin dejar de presionar su verga sobre la boca de mi esposa. Agarró la parte del cipote que sobresalía de los labios de ella y se puso a juguetear con él moviendo la piel de arriba abajo, pajeándose lentamente mientras suspiraba con cada movimiento de su mano. Por suerte para mi esposa, ello no provocaba una mayor penetración, puesto que ella presionaba con sus labios el capullo para evitarlo.

    El tío empezó a sacudirse también el pene de arriba abajo, lo que provocó que su mojado glande, totalmente dentro de la boca de mi esposa, soltara en cada sacudida toda el agüilla que por la excitación se había ido acumulando en la punta de su capullo. Vi el lógico desagrado de Olga al notar el contacto salado del líquido, y su reacción natural fue la de intentar de nuevo tímidamente escapar del tormento. Sus esfuerzos siguieron siendo inútiles, no tenía forma alguna de evitar la penetración de la gorda polla del rumano que seguía masturbándose dentro de su boca.

    Tras meneársela suavemente durante un rato, de repente el hombre empezó a acelerar el ritmo del movimiento de la mano sobre su polla en la boca de mi esposa y sus jadeos se acrecentaron conforme se acercaba al orgasmo. El rostro de mi mujer se llenó de pavor, cuando se dio cuenta de que el tío podía correrse dentro de su boca obligándola a degustar inevitablemente toda su lefa. Cuando él notó que la corrida estaba cerca prefirió dejar de masturbarse, para alivio de mi esposa. Pero solo fue un descanso de segundos y comenzó de nuevo a pajearse, alternando rapidez y lentitud. Pese a lo excitado que ya estaba, estaba claro que él hombre quería seguir disfrutando durante más tiempo de la penetración oral que tanto le había costado conseguir.

    También el rubio seguía aguantando sin correrse. Su largo miembro entraba y salía del agujero del culo de ella y no dejaba de masturbarle el coño con los dedos de su mano, recorriendo la raja de arriba a abajo con el índice, acariciando los pelos de su almeja y deteniéndose en el clítoris para presionar suavemente el mismo. La jodía sin violencia, despacio, saboreando el contacto de su caña con las paredes del recto. Intentaba con el movimiento de sus dedos que ella volviera a ser presa de la excitación que había perdido al sentir la polla del hombre moreno introduciéndose por sorpresa en su boca.

    En comparación con su compañero, parecía menos pasional, se movía sin cesar pero sin dar síntomas en ningún momento de estar cercano a correrse, aunque en su rostro sí se podía entrever que disfrutaba enormemente enculando a Olga y sobre todo estimulando su chocho, que acariciaba y manejaba a su antojo.

    Tras pajearse durante unos minutos, el rumano de pelo negro soltó su polla para sujetar con ambas manos la cabeza de Olga y apretar su tronco con más fuerza contra el rostro de ella, intentando introducirle aun más su gorda picha en la boca. Su posición arrodillada sobre el sofá y la resistencia que ofrecía mi mujer, empujando con sus manos sobre la cintura de él, no le permitían progresar en sus pretensiones, de modo que bajó su pierna izquierda y la apoyó sobre el suelo, echando a continuación su cuerpo hacia delante. Con una pierna bien anclada sobre el suelo, sí pudo empujar con más fuerza sobre el rostro de mi esposa.

    Ella se esforzó en evitar los avances, pero la fuerza que el hombre ponía en la presión se fue acentuando y pronto observé que su tranca se deslizaba poco a poco aún mas dentro de la boca de mi desesperada mujer que pugnaba por evitar la introducción de la gorda polla. El forcejeo que los dos mantenían se fue decantando sin remisión a favor del macho. Este empujaba sin cesar y así consiguió introducir la mitad de su grueso pollón entre los labios de ella. El rumano se detuvo unos segundos paró descansar y reanudó el empuje de su polla hacia dentro de la boca de Olga intentando introducirla todavía mas dentro de ella, presionando la cabeza de mi esposa, que tenía bien cogida con ambas manos, hacia su pubis.

    Olga notaba con desesperación como, a pesar de sus esfuerzos, la gorda tranca del tío invadía centímetro a centímetro el interior de su boca mientras que el hombre pugnaba, sudando y jadeando, casi al borde del éxtasis, por metérsela lo máximo posible. Sus esfuerzos estaban siendo recompensados y ya tan solo una cuarta parte de su picha quedaba fuera del húmedo recinto de ella.

    Olga comenzaba a tener dificultades para respirar y se resignó a su suerte, percatándose de que el hombre quería meterle el pollón por completo en su boca y de que no se iba a detener hasta conseguirlo. Dejó de luchar, apoyó ambas manos sobre el trasero del tío y dejó de oponerse a la presión que él ejercía sobre ella, intentando acabar cuanto antes con el suplicio.

    Cuando el rumano notó que las manos de mi esposa ya no oponían resistencia tuvo claro que no iba a tener más dificultades. Dio un fuerte golpe de riñones mientras emitía un ronco grito de triunfo. De inmediato su tranca desapareció por completo en el interior de la boca de mi mujer, sus pelotas chocaron contra la barbilla de ella y la nariz de Olga también desapareció dentro de la mata negra del abundante vello púbico del rumano.

    El hombre estuvo disfrutando durante unos segundos del húmedo calor de la boca de mi mujer en todo su miembro, hasta que notó que ella le ponía las manos en el vientre y le instaba a retirarse pues prácticamente no podía respirar. El ansiado momento de follársela por la boca había por fin llegado. Arqueó lentamente el cuerpo hacia atrás y parte de su picha fue reapareciendo de los labios de ella. Puso cuidado en no sacarla por completa de su excitante envoltorio y empujó para introducirlo de nuevo por completo. Repitió la operación una y otra vez, jadeando cada vez con mayor intensidad mientras el placer invadía todo su cuerpo.

    El otro hombre había cambiado de agujero y ahora la jodía por el chocho sin dejar de acariciar con uno de sus dedos la raja de su coño. Sus embestidas se fueron acentuando al tiempo que inclinándose sobre ella se apoderó de nuevo de uno de sus pechos y empezó a succionar repetidamente su inflamado pezón.

    Mi esposa se estaba habituando ya a la follada en su boca del moreno y sus labios soltaban y engullían sin problemas la gruesa vara del macho. Empezaba de nuevo a calentarse mientras los dos tíos la jodían sin descanso y decidió abandonarse al placer, moviendo su pelvis de arriba abajo, acompasándose al mete-saca del rubio rumano. Alzó una de sus manos hacia el velludo torso del macho que tenía sobre su cabeza, rozando la piel y la pelambrera negra de su pecho, y con la otra mano empezó a acariciarle suavemente los cojones acompañando los movimientos de su follada.

    El hombre empezó a pronunciar frases en su idioma, parándose entre cada embestida para evitar derramarse. Mi mujer ya era consciente de que él quería correrse entre sus labios y de que no iba a poder evitar recibir por primera vez en su vida la eyaculación de un hombre en su boca. Iba a ser además la leche de un extraño la que iba a tener que saborear y beberse sin remisión. Con todo perdido decidió provocarle la corrida cuanto antes. La mano que acariciaba el peludo cuerpo del hombre se detuvo en una de sus tetillas recorriéndola suavemente con sus dedos, mientras que deslizó la otra mano desde los huevos hasta la abertura anal y movió uno de sus dedos en circulo alrededor del ano del tío.

    Las caricias de Olga acabaron con la resistencia del macho. Se dio cuenta de que aunque frenara sus movimientos iba ya a correrse sin remedio y decidió disfrutar del ansiado momento. Comenzó a follarse la boca de Olga con violencia, sujetándole la cabeza mientras ella mantenía sus caricias. Consiguió aguantar una docena de embestidas hasta que finalmente apretó su pubis todo lo que pudo sobre la cara de ella, escondiéndole una vez mas su tranca en la boca, emitiendo un tenue suspiro. Su cuerpo quedó tenso durante unos segundos y finalmente, con un enorme rugido, relajó sus músculos y empezó a eyacular.

    El grito que acompañó el inicio de su corrida fue prolongado, señal evidente de que su polla estaba escupiendo en su primer envite una gran cantidad de leche que Olga recibía directamente en su boca. Tras este primer y prolongado espasmo el hombre contrajo el cuerpo hacia atrás para de inmediato rugir de nuevo y empujar su picha hasta el fondo soltando una nueva oleada de esperma que llenó de nuevo la garganta de Olga obligándola a beberse todo el líquido.

    Se folló así la boca de Olga varias veces más, gritando y descargando toda la leche que había ido acumulando en sus huevos y que en más de un momento había estado a punto de derramar con anterioridad. Ella, muy a su pesar, tuvo que tragarse todo el líquido que el pollón del rumano escupía cada vez que con un golpe de riñones penetraba por completo entre sus labios.

    Cuando él termino de vaciar sus cojones, se incorporó, permaneciendo quieto con el cipote aún dentro de ella, mientras que el rubio se follaba cada vez más impetuosamente el chocho de mi mujer sin dejar de amorrarse a sus pechos. La fuerza de la jodienda y los lametones del rumano en sus tetas estaban llevándola de nuevo al orgasmo. El rumano moreno retiró la polla, ya morcillona, de la boca de Olga y se apartó de ella para dejarla orgasmar a gusto.

    Mi esposa explotó al poco tiempo y con un grito largo y contenido se corrió por segunda vez, mientras agarraba al moreno por el culo intentando atraerle hacia ella.

    Mientras ella se relajaba observé que el rubio estaba a punto de correrse en su coño. Olga ya le había avisado de que no lo hiciera en su coño y se salió, ocupando inmediatamente el lugar que había dejado el moreno. Agarrándose su estrecha y larga picha empezó a pelársela sobre la cara de ella.

    Se la meneó durante un buen rato, jadeando intensamente. Curiosamente movía su largo cipote de arriba abajo, sin dejar asomar el capullo. Pronto la punta de su polla comenzó a cubrirse de un líquido blanco muy espeso y él la apoyó en los labios entreabiertos de Olga. Mi esposa debió pensar en recompensar a quien tan bien se la había follado y al notar que la vara del tío mojaba sus labios con el espeso moco blanco adherido a su capullo, sacó su lengua al exterior y lamió suavemente la zona inferior de su pene.

    Este roce de la lengua de mi mujer en su picha hizo estremecerse al rubio rumano y suspiró profundamente mientras llegaba al orgasmo. El glande de su polla se asomó por fin y empezó a correrse, brotando grandes borbotones de esperma bastante viscoso que se depositaron sobre la lengua de mi mujer y resbalando sobre ésta de inmediato se deslizaron hacia el interior de su boca hasta la garganta. La eyaculación del macho fue lenta pero abundante y la pringosa lefa no paraba de fluir de su capullo que mantenía apoyado sobre la lengua de Olga, para luego bajar hacia el interior de su boca.

    Olga ya se había tragado antes sin poder evitarlo la corrida del otro hombre y no puso obstáculos a beberse por segunda vez la leche de otro extraño. Se la tragó gota a gota, mientras él suspiraba y jadeaba viendo como todo su esperma invadía la boca y garganta de mi esposa. Cuando por fin su capullo dejó de soltar semen le metió la vara en la boca terminando de meneársela y sacudírsela dentro de ella para depositar en su interior los últimos restos de la corrida.

    Ante el espectáculo que ofrecía mi esposa, con toda la boca llena de la leche de su compañero mientras ella se la iba tragando, el rumano de pelo oscuro tenía otra vez su gruesa polla muy tiesa y empezó también él a cascársela de nuevo. No tardó mucho en rugir de nuevo mientras se corría por segunda vez soltando tres o cuatro chorros de esperma caliente sobre la cara de ella.

    Tras correrse, los dos tíos se miraban sonriéndose y restregaban sus pollas y dedos por todo el rostro de Olga, recogiendo y dirigiendo a su boca los restos de leche acumulada por toda su cara. Mi esposa permanecía tumbada sobre el sofá, con los dos machos junto a ella, saboreando el semen que ellos le daban a beber mientras les acariciaba tiernamente los huevos.

    No voy a mencionar el estado en el que yo me encontraba, mezcla de excitación e incredulidad por lo que había visto, pero percatándome de que todo había terminado, salí de la cocina y de la casa y me metí en el coche hasta que, pasado un rato, los dos obreros salieron de mi casa con una amplia sonrisa de satisfacción.

    Mi esposa se mostró en los siguientes días algo distante, pero al poco volvió a ser la de siempre, preguntándome yo si se habría repetido de nuevo la follada en los días que duró la obra.

    Y la gran duda es si volver a proponerle que me la chupe, cosa que ahora deseo mas que nunca, sin decirle nada de lo que he visto, o contarle todo y ver como reacciona.

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  • Cuando follé con mi suegra (2 de 3)

    Cuando follé con mi suegra (2 de 3)

    Tengo que reconocer que las semanas posteriores fueron tensas y extrañas. En las comidas compartíamos miradas mezcla de complicidad y desasosiego. Intenté varios acercamientos, pero siempre me rehusaba. Imagino que se sentía incómoda y confundida al igual que yo, pero en mi caso no podía quitármela de la cabeza. Soñaba con ella a todas horas, en su cuerpo, sus caricias, su olor… Me iba a volver loco. Tuve que conformarme varias semanas en “robar” del cesto de su ropa bragas y medias suyas que me recordaran su olor.

    Aquello irremediablemente terminó convirtiéndome en todo un fetiche de su ropa interior ya que casi sin darme cuenta terminé masturbándome con cada prenda que caía en mis manos. El olor penetrante y fuerte que desprendían sus braguitas usadas me hacían imaginarme mil y una escenas de sexo con ella y cada suspiro de mi nariz me recordaba aquella gran raja suave, de labios bien formados que unas semanas antes me había absorbido hasta las entrañas. Me sentía aún más culpable pero mis instintos eran esos y no podía luchar contra ellos.

    Uno de esos fines de semanas nos quedamos como tantas otras veces sentados hasta altas horas de la noche viendo la tele y cuando al fin estuvimos solos, me acerqué diciéndole que teníamos que hablar.

    -No hay nada de qué hablar, Carlos. Cometimos un error y no volverá a suceder. -Contestó tajantemente.

    -Pero mujer, sí pasó y fue increíble, por lo menos para mí. Y necesito volver a tenerte cerca.

    -Ni se te ocurra, soy la madre de tu mujer y me siento incómoda hablando del tema, por favor.

    Le acaricié el muslo tímidamente mientras insistía que debíamos darnos una oportunidad y que las cosas no pasan porque sí, pero ella seguía con la mirada fija en la televisión. Le retiré su batín hacia un lado para dejar su pierna al descubierto, pero me miró fijamente y me puso su mano en la mía parando todo movimiento.

    -Por favor… No está bien…

    -Déjame sólo un momento… -le susurré mientras besaba su cuello.

    -Nooo… Nos van a pillar… Estamos en el salón… No está bien esto…

    -Sólo un momento –dije convencido. Si te agobias dímelo y paro.

    Le agarré su pierna recorriendo con mi mano su muslo y entrepierna. Estaba muy caliente y mi temperatura me imagino que iba en proporción a la de su pierna. Le toqué sus braguitas y posé mi mano en el coño. Ella negó pesadamente con la cabeza y se dejó ir hacia atrás. Era como una invitación dudosa e insegura, pero invitación al fin.

    Me envalentoné y sin tiempo a que se arrepintiera agarré sus bragas y las arrastré hacia debajo de la mesa camilla dejando al descubierto aquella entrada prohibida que me hacía perder la razón. Mi mano empezó a acariciarlo suavemente introduciendo los dedos cada cierto tiempo mientras ella cerraba los ojos y se dejaba hacer…

    Me deslicé debajo del sofá y acerqué mi cara a su chocho que desprendía ese olor inconfundible con el que tantas otras veces me había pajeado pensando en él. Inmediatamente ella pareció leer mi pensamiento y abrió lentamente sus grandes muslos echándose hacia delante para que su culo saliera en cierto grado del asiento del sofá. Con una mano sujetaba sus nalgas y con la otra abría ansioso sus grandes labios para perder mi nariz en el interior de la vagina que 30 años atrás dio a luz a la que ahora es mi mujer.

    Era morboso pero la excitación podía conmigo y mi lengua no tardó en penetrar aquel agujero húmedo y lamer de arriba abajo todo el camino que me mostraba. Sus manos se apoyaron en sus muslos haciendo presión sobre ellos para crear la abertura perfecta para mi mamada y entonces me centré en su clítoris. De vez en cuando miraba hacia arriba y la veía con la boca abierta, los ojos cerrados y suspirando de verdadero placer. Ella misma se abrió la bata y se sacó una teta, que una vez libre fue masajeada por sus propias manos.

    Mi pantalón iba a reventar y terminé sacándomela fuera mientras seguía succionando su coño que por entonces chorreaba un riquísimo líquido femenino. ¡Y eso que dicen que las mujeres maduras no lubrican bien! Pronto empezó a convulsionarse y morderse el labio inferior y yo lo vi todo desde aquella ridícula posición en el suelo. Fue alucinante. Se corrió en mi misma boca y fue lo más dulce que me pasó en vida. Una vez compuesta me miró con mirada de culpabilidad, se reincorporó y cogiéndome de la mano me metió en el cuarto de baño de invitados.

    Eran las tres de la mañana y estábamos cometiendo una locura. Pero…. ¿Qué locura!. Se desvistió por completo con la luz encendida y mirándome a los ojos me preguntó:

    -¿De verdad me crees hermosa?

    No tuve más remedio que echarme a reír y le susurré que era la mujer más deseable que había conocido y que cada centímetro de su cuerpo representaba para mí la belleza de toda una diosa.

    Me desnudó y agachándose empezó a chuparme el pene y masajearme los huevos. Yo me incliné sobre ella y le cogí sus tetas, pellizcándolas por los pezones mientras envestía su boca suavemente. Le avisé que iba a correrme, pero antes quería follarla y tal como se lo dije me sonrió. Se incorporó y se recostó sobre el lavabo mostrándome ese enorme culo duro y redondo lujuria de cualquier hombre.

    -Fóllame como la otra vez, por favor… fuerte…

    La agarré de la cintura y le mordí la espalda y cuello mientras mi polla buscaba ansiosa un hueco por donde entrar. Se abrió las nalgas con sus propias manos, lo cual me puso aún más cachondo. Era increíble digerir todas aquellas emociones. El hecho de ver a mi suegra, mi propia suegra abriéndose enterita para mí y mostrándome su intimidad más absoluta. Le metí toda mi erección de un solo golpe y me agarré fuertemente a ella mientras la cabalgaba. Ella suspiraba fuerte y se dejaba hacer. Le cogí uno de sus muslos y levantándolo lo puse encima del filo de la bañera para así poder ver bien como la penetraba y fue alucinante.

    Mi cuerpo chocaba una y otra vez contra su enorme trasero y mi mano podía azotarla suavemente en sus cachas. Ella no dudó en meter por debajo una de sus manos y frotarse su raja con pasión. ¡Era alucinante!. De pronto me sorprendió que parara y me dijo que le hiciera lo de la primera vez. Yo no estaba seguro de lo que oía y le pregunté.

    -¿Quieres que te coja por detrás? ¿Estás segura?

    -Completamente.- Sonrió.

    La puse en el suelo a cuatro patas, pero el espacio era mínimo. Aun así, pude lamerle bien su boquetito que me dejó un sabor peculiar y dulce que jamás podré describir con palabras. Mi lengua se fue introduciendo lentamente y le eché algo de aceite corporal en su interior. Poco a poco aquella cavidad se iba preparando para mí y mi excitación iba en aumento y riesgo de explosión. No lo dudé más y se la introduje lentamente para que no sintiera dolor alguno.

    -Así, así, suavito… por favor… suavito…

    Cada vez la penetraba más hasta que mis huevos empezaron a chocar en su culo. Diosss… Estaba metida hasta el fondo. La envestí con fuerza y a ella parecía gustarle.

    -Espera, espera… –dijo. Tiéndete en el suelo.

    Cogí una toalla y obedecí sin rechistar. Ella, dándome la espalda, agarró mi polla y se la introdujo nuevamente en el ano en posición de cuclillas.

    No sé cómo describirlo, pero era majestuoso ver aquel enorme culo, aquellas caderas bajando y subiendo a través de mi pene a un compás de ensueño. Como no podía ser de otra manera, no pude aguantar demasiado y sin tiempo de avisar descargué toda mi leche en sus entrañas. Quedé exhausto y ella me miraba complacida mientras se vestía.

    Salimos en silencio y me dijo que disfrutara de esta última experiencia de por vida porque solo quedarían recuerdos de una noche como aquella. Me fui entre contento y triste a la vez. No sabía si eso significaba el fin de nuestra aventura de manera definitiva, pero, en fin, la vida da muchas vueltas ¿no? Pero esa ya es otra historia.

    Espero que hayáis disfrutado. Un saludo.

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  • La preferida de mi suegro (1)

    La preferida de mi suegro (1)

    Lo destacable seguían siendo sus caderas sobresalientes debido a que su cuerpo se mantuviera intacto pese a lo dificultoso de su embarazo, llevado con estoicismo durante meses eternos. Le había costado tanto quedar encinta que el acumulado de esos kilos en los muslos y parte de su abdomen no le importó.

    -Lo importante es el tesoro de mis ojos.

    Hablaba de su hijo.

    -Camilo es la felicidad que esperé toda la vida.

    Le contestaba a Nancy, su amiga, íntima confidente. Se habían llamado después de diez largos meses en que ella pareció desaparecida de la faz de la tierra. ¿Qué hacía? ¿Seguía deprimida por la decisión de Roberto? ¿Qué había estado haciendo en ese tiempo?

    -Si tienes tiempo te lo cuento, amiga.

    -Todo el tiempo para ti.

    Tendría que empezar desde el inicio. Desde el momento en que conoció a Roberto en uno de esas fiestas de casamiento en la que coincidieron de casualidad. ¿Lo habría sospechado? Ni en un millón de años. Imaginar todo lo que le había sucedido era difícil. Que se iba a casar y tener un hijo tan rápido no estaba en sus planes. Meses vivió flotando en una sensación de irrealidad que la privó de tener registro de las cosas que pasaban, como viviendo en una película, anestesiada por el entusiasmo que ahora tenía.

    -Por eso no aparecía, Nancy.

    Tenía cosas que hacer. Su día estaba lleno de actividades ahora. Cosas que atender que la volvían a hacer sentir importante. Ahora era una madre de apenas 24 años. Lejos estaban las locas noches en que, desbocada, besaba a un muchacho y a otro en los bailes a los que iba junto a Nancy y en los que, inevitablemente, Luana se robaba todas las miradas. Para empezar, había recuperado después del embarazo la figura llena en sus formas.

    -Luego que Roberto la abandonara cayó en un pozo depresivo -repitió Nancy a sus amigas tal como se lo había pedido Luana.

    El paréntesis en el que la pobre se hundió por la partida de su compañero y el momento en que salió a la superficie desde había durado nada menos que ocho meses. Y todo había cambiado y no había cambiado tanto. Un hijo separaba el intervalo entre aquella última conversación entre Nancy y Luana y este momento en que las amigas se reencontraban para contarse todo.

    -Las segundas oportunidades están hechas para aprovecharse, amiga.

    -No sabes lo que me reconforta que hables de esa manera, Luana querida.

    Primero pensó que serían cosas suyas. Su imaginación. Pensamientos que le jugaban una mala pasada. No saber qué hacer ante una mirada dirigida indefectiblemente a su cuerpo. No estaba desacostumbrada: muchos la miraban como al descuido de esa forma libidinosa en que lo hacía el señor. Lo desconcertante era todo lo que ese señor representaba. Lo peligroso era que lo hacía cada vez con mayor descaro mientras ella aparentaba no darse cuenta.

    La primera vez ocurrió en una reunión en la casa familiar; un escenario poblado por los ecos de las risas de los sobrinos de Roberto coronados por filosos comentarios y chistes de su parentela nutrida, contante y sonante. Ella supo que haría el esfuerzo por agradar a todos delante del chico al que había elegido, sobre todo, agradar a la madre política. Lo de siempre. “Que le dieran un nieto”. Solo eso pedía. La pobre estaba ensimismada ante la visión orgullosa de su vástago mayor que la había colmado de otras gratitudes como la de haber conseguido un título a los 24 años. La mirada de doña Nuria la talló desde el inicio semblanteándola de punta a punta.

    “Decime Robertito… ¿esta preciosura es tu novia?”¿Lo habría dicho en serio doña Nuria? Claro que sí. Un vestido casual, debidamente ajustado a los empeines formidables parecía confirmarlo. De cabellos negros como el carbón, Luana era como un “tanque, en el buen sentido de la palabra. Un metro sesenta y ocho de adolescente –sin tacones, por supuesto-, cincuenta y seis kilos milagrosamente distribuidos, una talla de noventa y seis de busto y unas caderas cercanas a la centena. Una botella de…esa gaseosa, bromeaban Nancy y sus amigas.

    Lo desconcertante fue que la primera vez lo hiciera con descaro delante de su novio. Cuando el señor le pidió que se presentara ella lo hizo nerviosa con tibias palabras que él nunca escucharía concentrado en su rostro de rasgos asiáticos y el tono mestizo de su piel. Se sintió de pronto desnuda ante los ojos que traspasaron el vestido negro sin mangas que le caía suave acentuándole el cuerpo lleno de curvas; como si pudiesen penetrar la tela delgadísima que marcaba su trasero bombeado y los senos generosos que procuró simular frente al señor cruzando incómoda los brazos.

    -Este es mi papa, Luana -lo presentó Roberto sin rodeos ni mayor ceremonia; como si cumpliese un forzado y odioso protocolo que no podía ya evitar. La muchachita de 22 abriles -dulcísima, amorosa, respetuosa y siempre alegre- no pudo saber que el novio había estirado a conciencia el acto de presentarlos por inobjetables y valederas razones que sólo él conocía muy bien.

    -Mucho gusto señor.

    El la siguió mirando sin responder siquiera la cortesía. Seco y parco como solía con las personas que no conocía, su gesto produjo una evidente incomodidad que Roberto por suerte suplió con el argumento de que fueran a saludar a los tíos que estaban en la mesa y que también deseaban conocerla. Lo dejaron sentado con su vaso de vino mientras pasearon por las mesas dispuestas en el fondo a media luz. Una música dicharachera inundaba los ambientes que se empapaban con el intenso calor que crecía conforme avanzaba la madrugada. Pocos eran los que bailaban.

    Los más jóvenes lo hicieron de compromiso y en una cadencia cansina producto de sofoco. Luana y Roberto lo hicieron también hasta que ella le pidió un descanso para buscar un refresco de la mesa de bebidas. Con el vestido pegoteándose y marcándole las abundancias naturales, ella pasó delante del agasajado que cumplía 54 en apariencia sumido en la misma monotonía de cada año.

    -Feliz cumpleaños, señor -le dijo ella por decir.

    La frase quedó retumbándole entre la de los aduladores de siempre-sobrinos mezclados con primos que nunca veía- como si en su pensamiento rumiara algo secreto.

    El agasajado la miró otra vez y no pudo más que escudriñarla a la distancia, sorprendido con la exótica mestiza de rasgos orientales y una figura en la que cabían todos los adjetivos sobreabundantes que venían a la cabeza. En comparación con sus últimas dos novias, Luana estaba muy por encima. Lo pensó y se sintió mal en considerarlo: desde el principio, le pareció demasiado para él.

    -¿Siempre se reúnen tantos en su cumpleaños señor? -quiso ella saber.

    -Decime Manuel

    Luana miro escéptica. No pareció convencida ni cuando ella mezcló las cartas que acababa de cortar ni cuando las arrojó en el paño. La mujer -la gitana- lo percibió en el acto en que tomó la baraja e hizo los cortes. Sintió la energía de desconfianza, pero se mantuvo en silencio un momento. La convencería con palabras.

    -Veo que eres una chica de buen corazón.

    Roberto había sido desalojado de la habitación para quedar ella a solas con la vidente.

    -Soy gitana no vidente. Y veo aquí también una oportunidad de dinero…  un trabajo… muy importante.

    La mujer advirtió que Luana se interesaba de pronto con lo que escuchaba. Después de 10 minutos, le prestaba atención por primera vez arrojada sobre la mesa hacia adelante. La postura le dio la imagen cierta de su ángel y su carisma.

    -Tu nombre es Luana y eres una mujer iluminada. Eres pura, divertida, inteligente, una bendición, un ángel en la tierra… Tu gente ha de sentirse afortunada y orgullosa de tenerte… Pero estás a medias feliz… Eres solo la mitad de mujer que puedes ser…

    La joven no comprendió.

    -Eres demasiado hembra para un solo cuerpo, y por ende para el común denominador de varón… Necesitas estar plena y complacida, ser satisfecha y un hombre normal difícilmente lo consiga. Mucho menos el que te acompaña…

    Sabía que Nancy -afuera en ese momento- no simpatizaba con Roberto pero esto era demasiado. ¿Para eso la había hecho ella venir?

    -¿De qué habla?… Roberto es mi novio.

    -Pero el que veo aparecido en la tirada es un hombre verdadero. Uno de carácter y de una notoriedad que lo hace trascender en el campo que se desempeña. Puede parecer a priori alguien complicado y cebo para las que buscan una billetera fácil, pero es el hombre justo para vos. ¿Entendés?

    -No… no la entiendo.

    -Mirá en la tirada sale el rey de oro. Eso indica que se trata de un señor mayor que disfruta de una sólida posición económica; es audaz, imaginativo y muy dominante; con una enorme capacidad y habilidad para seguir varios negocios a la vez. Alguien carismático, pragmático y con dotes de mando. Personifica la experiencia, inteligencia y aptitud típica de un banquero, un agente de bolsa o un millonario. En cambio tu novio aparece aquí personificado a tu lado como un caballero algo díscolo, confiado, poco disciplinado y con dificultades por no estar con los pies en el suelo. Su carácter es más bien voluble, soñador y romántico. Es defensor de las causas justas, tiene altos ideales por los que lucha pero sin mayores ambiciones materiales.

    -Me gusta más como sale mi novio.

    -Pero su carta aparece alejada de ti. No está reflejada en tu futuro.

    -¿No puede equivocarse?

    -Las cartas no mienten. El hombre para vos es alguien igualmente completo que te hará su preferida, mientras vos sos la mujer que a su vez lo completará en todos los sentidos y formas. Pero la tirada también dice algo más: él tiene un compromiso del cual deberá desembarazarse a fin de poder alcanzar la plenitud contigo. Solo entonces, ambos serán felices.

    Luana se quedó en silencio.

    -Pero ¿acaso es alguien que conozco?

    -Lo podés haber conocido, pero aún no se te ha revelado. Eso dicen las cartas. Tranquila. Todo será a su tiempo. Indefectiblemente ocurrirá

    -Pero si yo estoy bien así, soy feliz.

    -Crees serlo, pero te sientes incompleta en tu aura de mujer. Creéme que reconocerás la diferencia apenas tengas intimidad con él.

    Luana estaba dubitativa, confundida intentando pensar sobre lo que le decían. Por más que lo pensara no imaginaba quien podría ser la persona de la cual la gitana le hablaba.

    -Aquel que te acompañe en tu vida será el más dichoso los hombres. Vas a hacerlo enormemente feliz. Tienes un cuerpo y un espíritu que no muchos pueden satisfacer por eso el destino te mostrará tu verdadero amor. El amor es sin condiciones, Luana, si no, no es amor; y una mujer como tú no debe recibir menos que amor incondicional… Podrás querer a tu actual noviecito, pero vibrarás con un macho verdadero que te hará sucumbir y perder la razón. Que te sacudirá desde lo físico y espiritual. Que te hará consumir en una pasión que hace tiempo pugna por salir.

    -¿Hace tiempo? ¿Hace cuánto tiempo?

    -Probablemente desde que naciste. Y desde que él nació también -opinó la gitana- lo dicen las cartas.

    -Pero yo amo a mi novio Roberto

    -Podrás amarlo ahora… pero este otro te está predestinado. Estás unida a él en cuerpo y alma, en espíritu y materia, como él está atado a tu destino. Es el destino… Y el destino no se puede torcer.

    Cuando salió Luana estaba más confundida que antes de ingresar. No había previsto que la gitana le dijera las cosas que acababa de escuchar en un estado de magna sorpresa. Percatándose de ello, Roberto trató de descifrar el gesto inquieto de su novia sin sospechar lo que pasaba por la cabeza. Al contrario de lo que a ella le habían profetizado, a Roberto solo le habían dicho lo que sabía de sobras: que estaba enamorado de su novia hasta el caracú.

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  • De profesión: Puta (1)

    De profesión: Puta (1)

    Una vez más estábamos en casa, discutiendo, las cosas no nos iban bien y necesitábamos que aquel contrato se firmara. Pronto iba a venir a casa el presidente de la empresa con la cual mi marido intentaba conseguir una primicia e inversión que daría un vuelvo abismal a nuestra cuenta bancaria y status social.

    Mi marido me decía que debía hacer lo imposible por agradar y mostrarme tolerante, él sabía perfectamente que al presidente de esa empresa yo le atraía mucho.

    En todas las cenas o fiestas a las que habíamos ido había estado tirándome los tejos y yo me escabullía con toda la cortesía que podía por no entorpecer en los negocios de mi marido.

    A pesar de que a mi marido no le gustaba esa situación puesto que es muy celoso pero nuestro estado económica era dramático y para él la parte económica siempre ha sido muy importante primero el dinero y después lo demás.

    A mi ese tío no me gustaba nada, era viejo, feo, de aspecto tosco, gordo, aunque ciertamente inteligente, de alto nivel cultural y económico, había tenido que esquivar muchas veces sus manos para ahora tener que ser condescendiente con él.

    Finalmente mi marido consiguió convencerme con sus argumentos, además podía ver en sus ojos que le dolía en el alma pedirme eso pero aun así no dudaba en pedirme que lo llevase a cabo y que llegara hasta donde fuera necesario con tal de que el contrato quedase firmado, eso me tenía anonadada.

    No me pongas esa cara, sólo te digo que seas amable con él y que tontees un poco hasta que firme, vale cariño y me beso.

    Entre en el dormitorio y cuando salí, iba vestida con unos zapatos de charol negros de tacón fino, medias de encaje, minifalda negra lisa, camisa blanca (una que tenía que no ponía ya que al regalármela mi marido se equivocó de talla y me iba muy estrecha) mis pechos quedaban perfectamente remarcados por lo ajustada de la blusa y como ultimo toque me puse ropa interior negra, un bonito tanga y un sujetador de encaje que se dejaba ver a través de la blusa blanca.

    Al verme de esa forma pude notar como la libido de mi marido aumentaba de forma escandalosa, pero al instante su rostro se tensó pensando en que no era para él que me había vestido así y que además era él quien había insistido.

    Sonó el timbre de la puerta fui a abrir.

    Cuando abrí la puerta, mi vestimenta surgió el efecto deseado sus ojos me recorrieron de pies a cabeza lentamente y tras ese instante dijo:

    –Hola, ¿qué tal estas guapa?

    –Bien, bien ¿y usted?

    –muy bien.

    Y se acercó a mi para darme dos besos, cosa que aprovecho para con sus manos cogerme distraídamente por la cintura, tan por arriba que casi rozo con sus manos mis pechos.

    En la mesa del comedor con todos los documentos le esperaba mi marido, este se levantó al verle y se dieron de forma firme la mano. Tras unas frases de cortesía, se sentaron a la mesa e iniciaron la conversación de negocios. Yo de vez en cuando entraba a por alguna cosa, cuando lo hacía el tono de la negociación de don Hilario se hacía más abierta a aceptar el contrato, me sentí aliviada.

    Pero la última vez que entre las cosas no parecían ir nada bien, se oían términos como inaceptable, eso va ser imposible…

    Con lo cual, me decidí intervenir y les pedí si querían tomar algo.

    Don Hilario me pidió un Martini y mi marido me requirió lo mismo.

    Los prepare en la cocina y se los lleve en una bandeja, cuando entre en la habitación la cosa estaba peor todavía, parecía que el asunto no tenía solución, me acerque a la mesa y le serví primero a mi marido, cuando fui a dar el Martini a don Hilario, me pegue a él para que pudiera notar mi cuerpo, para luego apartarme un poco e inclinándome más de lo necesario deje la copa sobre la mesa, dejando que don Hilario viera gustoso el canalillo de mis pechos.

    Y desde luego no se perdía detalle.

    Me senté en la mesa, entre los dos, decidí intentar calmar los ánimos y dirigí la conversación hacia temas triviales riéndome de todas las gracias que decía don Hilario aunque no les encontrara el sentido, manteniendo mi mano bajo la barbilla y estando inclinada hacia delante para que pudiera seguir observando el inicio de mis redondos y firmes pechos.

    Don Hilario movió unas de sus piernas y la pego a la mira frotándose contra ella, yo azorada, me levanté y excusándome con que me había olvidado el hielo, me fui a la cocina.

    Al momento llegó mi marido, halagándome diciéndome que lo que había hecho era genial y que solo faltaba un poco más.

    –No sé si voy a poder seguir, me iba a meter mano…

    –Sólo tienes que hacer un esfuerzo más…

    –De verdad quieres que siga

    –Es necesario cariño, tienes que hacerlo por nosotros, a mi también me repugna, le partiría la cara si pudiera, pero quiero que lo hagas, haz todo lo que puedas, es necesario.

    –Está bien haré todo lo que este en mi mano y le bese. Termino de poner el hielo en la cubitera y voy.

    Iba a regresar al comedor ya con la cubitera en las manos, cuando la volví la a dejar sobre el estante de la cocina.

    Lleve mis manos a la blusa y me desabroche un botón más, el encaje del sujetador negro quedaba perfectamente a la vista y mis pechos parecían que iban a romper en cualquier la estrecha blusa, presione con mis dedos los pezones que al endurecerse quedaron remarcados en la blusa a pesar del sujetador, al hacerlo eso, mi coñito se humedeció ligeramente.

    Una vez en el comedor repetí la misma operación que al servir las copas, sólo que esta vez a don Hilario se le pusieron rojas las mejillas y sus ojos se llenaron de deseo observando mi amplio escote y mis pezones remarcados en la blusa, me senté de nuevo entre ellos.

    Reanudaron la conversación de negocios, don Hilario volvió a pegar su pierna contra la mía y yo sacando fuerzas de flaqueza no me moví e hice como si no le diera importancia.

    Era un auténtico desastre, los acuerdos en los puntosa importantes eran nefatos, no servían ni para cubrir las primeras dispensas, no eran ni de cerca lo que esperábamos.

    Nuestra gallina de los huevos de oro estaba a punto de escaparse, nuestra última oportunidad se esfumaba y nos íbamos a hundir en la mísera. Nos lo habíamos jugado todo a una carta y nos había salido mal, que digo mal, desastroso, era nuestra ruina.

    Finalmente a pesar de mis atenciones a don Hilario la conversación llego a un punto muerto, mi marido, impotente, dejo caer su cabeza hasta que quedo apoyada en sus manos.

    –Con esto queda zanjado el asunto, eso es todo, dijo don Hilario.

    Y fue levantarse para marcharse.

    Mi marido lo retuvo por el brazo diciéndole:

    –Necesito que modifiques el acuerdo y los porcentajes…

    –Ya te dije que es inaceptable, eso sólo te beneficia a ti y cuantiosamente además.

    –Quizás podría poner como mayor aval la empresa en si y el inmueble, para llegar a un acuerdo.

    –Mi opinión sigue siendo la misma.

    –¿Y que podría hacerte cambiar de opinión?

    Don Hilario se dejó caer lentamente de nuevo en la silla, se froto con su mano la barbilla con gesto pensativo, como sospesando la situación y con un simple gesto de su cabeza dijo:

    –Ella.

    –Eso es inaceptable.

    Don Hilario apuró su Martini y dijo:

    –Piénsalo bien, digamos que os ofrezco el acuerdo al completo todo lo que habías pedido, soñado, simplemente a cambio de que sea mía, diez minutos, ahora mismo, aquí, sólo diez minutos.

    –No, no… no puede ser…

    Mi marido me miró desesperado, sin decir nada, estuvimos así unos segundos, mirándonos a los ojos, ambos sabíamos que no había otra salida, él no quería, yo tampoco pero sólo serían diez minutos y después todo habría acabado, estaríamos salvados.

    Me levante me acerque a él y le dije al oído:

    –Lo hago por ti.

    Me gire hacía don Hilario y dije:

    –Acepto.

    Don Hilario se levantó cogiéndome por el brazo y dando un pequeño tirón hizo que me fuese tras él, con la otra mano acercó los documentos a mi marido diciéndole:

    –Modifícalo tal y como querías, lo firmare, tienes mi palabra.

    Se quito el reloj de la muñeca y me lo entrego diciéndome:

    –Diez minutos.

    Acto seguido se encamino hacia las habitaciones o eso pensé yo, pero al separarse un par de pasos de la mesa, quedamos a la altura del respaldo del sofá y tirando nuevamente del brazo del que me tenía sujeta, pero con más fuerza, me empujo contra el respaldo haciendo que quedara doblada por la cintura.

    Me puso su mano con firmeza en mi espalda dejando a las claras que no quería que me moviese, recorrió lentamente mi cuerpo sobre la ropa, hasta que llevó sus manos a mi minifalda, noto el tacto de la tela y después me la subió hasta la cintura, sin prisas, soltando un silbido de admiración al ver mi bonito culo y el tanga negro.

    Me parecía que todo pasaba a cámara lenta, sus manos bajaban ahora el tanga hasta mis rodillas, pude oír como se chupaba un dedo que poco después colocaba en la entrada de mi vagina, para introducirlo lentamente hasta conseguir algo de humedad y empezar a moverlo como si me follara.

    Cuando mi coño reacciono mojándose un poco más, sacó su dedo y lo lamió. Diciendo un…

    –Que rico.

    Giré un poco la cabeza y pude ver a mi marido que para abstraerse de todo, estaba enfrascado modificando lo acordado, no levantaba la cabeza de los papeles y le temblaban las manos.

    Su polla entró con fuerza en mi coño, haciéndome soltar un sonido de quejido, que quedo ahogado por el suyo de placer, sus manos acariciaron con fuerza mis pechos por encima de la blusa para luego dirigirse a mi cintura.

    Me cogió con sus grandes manos y empezó a follarme todo lo rápido que podía, yo mire el reloj pero apenas había pasado algo de tiempo, me sentía mareada, asqueada, al mismo tiempo que oía sus gemidos de placer y esfuerzo mientras me follaba.

    Intenté concentrarme en otra cosa, empecé a pensar en la compra pendiente, en una película, en cualquier cosa para enajenarme de la situación.

    Mi vagina reaccionando ante la follada de don Hilario se humedeció más, lo cual excito todavía más a don Hilario que apretó con más fuerza mi cintura diciendo:

    –Si, así me gusta.

    Y con movimientos fuertes de su cadera me clavaba su polla hasta el fondo.

    Estuve a punto de empezar a llorar.

    Pero por fin todo acabaría ya faltaba poco para que se cumpliera el tiempo acordado.

    Mi mirada se mantenía fija en aquel reloj.

    Cuando mi marido (supongo que por desconcentrar de la follada a don Hilario o por librarse de su propia tensión) dijo:

    –Ya está todo listo, sólo pendiente de la firma.

    –Fantástico -replicó don Hilario- Un segundo

    Se inclino sobre mí, llevando una de sus manos hasta mi pechos y metiendo la mano por debajo de la blusa y el sujetador, me apretó con fuerza uno de mis pechos al mismo tiempo que su polla soltaba todo su semen en el interior de mi coño con fuertes espasmos.

    Retiró su mano de mi pecho, note que había dejado algo entre mi pecho y el sujetador, saco su polla de mi coño, cerrando después la cremallera de su pantalón y dándome un azotito en el culo dijo:

    –Gracias, guapa. -Y se giró hacia mi marido-. A ver donde hay que firmar.

    Todo quedo firmado mientras yo subía mi tanga y bajaba mi minifalda.

    Mi marido lo acompaño a la puerta despidiéndose con normalidad, yo me fui al cuarto de baño, cerré con llave la puerta y me dispuse a darme un largo y caliente baño.

    Cuando me desnude, lo que había dejado don Hilario entre mi pecho y el sujetador cayó al suelo, era una tarjeta de un local apenas la mire y la deje en el altillo del mueble del baño junto a mis perfumes.

    Mi marido llamó en varias ocasiones a la puerta pero ni siquiera le conteste y él tampoco dijo nada.

    Por fortuna tras el baño pude conciliar bien el sueño, cuando desperté mi marido ya se había ido a trabajar, y yo me sentía bien, me puse la bata, puesto que siempre duermo desnuda y me fui a la cocina a prepararme un té.

    Ya más despejada me fui a vestirme para ir de compras ya que había rebajas, fui al baño para peinarme, maquillarme, ponerme perfume…

    Al coger el perfume vi la tarjeta que me había dejado don Hilario, la leí, era un de un local de alto standing, no daba la dirección, sólo ponía el nombre del local, el número de teléfono y en la parte adversa de la tarjeta tres dígitos.

    Por el diseño de la tarjeta no cabía duda de a lo que se dedicaba el local.

    –Será cabrón, se habrá pensado que soy una puta.

    Me observé reflejada en el espejo y me sonrojé aún estando sola, ciertamente ayer fui su puta.

    –Que le den a don Hilario.

    Soy una mujer de costumbres y no tiro nada, ni las facturas ni tarjetas hasta incluso guardo la propaganda hasta al menos pasados tres días por si me hiciera falta, tengo un gran cajón donde guardo todos esos papeles, así que allí fue a parar la tarjeta de don Hilario.

    Por la tarde, había bastante tensión entre mi marido y yo apenas nos dirigíamos la palabra, ninguno sabía que decir o hacer, él se comportó como si nada hubiese ocurrido y yo hice lo mismo, por la noche hicimos el amor.

    A la mañana siguiente todo parecía olvidado pero me di cuenta que cuando pasaba por el comedor recordaba todo lo sucedido y que de vez en cuando había mirado el cajón donde guardaba la tarjeta, me tenía intrigada y no sabía porque.

    Pasaron los días y no había cambiado nada, seguía teniendo la misma sensación y no me podía quitar esas imágenes de mi cabeza, hasta cuando dormía soñaba con ello.

    Para mantenerme ocupada decidí preparar una cena romántica para mi marido, con poca luz, velitas, buen vino y por supuesto poca ropa y mucho sexo.

    Todo fue de perlas, la conversación durante la cena, el sexo fue sensacional tuve al menos 4 orgasmos antes de que mi marido se corriera y nos quedáramos dormidos plácidamente.

    De madrugada de nuevo volví a soñar con ello, me desperté sudada a pesar de estar desnuda y aunque había hecho de maravilla el amor con mi marido, estaba mojada y cachonda, llevé mi mano hasta mi coño y al tocar con los dedos mi clítoris, mi cadera dio un respingo, no es que estuviera cachonda, estaba muy caliente.

    Los pezones se endurecieron al contacto con mis dedos, los pellizcaba y tiraba de ellos con mi mano libre, a la vez que mi otra mano me hacía retorcerme de placer, haciendo circulitos sobre mi clítoris, abrí mi boca para coger más aire y poder jadear.

    No me preocupaba despertar a mi marido ya que él sabe de sobra que me masturbo con frecuencia, además su respiración rítmica y profunda indicaba que dormía, agotado tras tanto sexo.

    Mis manos acariciaban todo mi cuerpo, lo recorrían lentamente haciendo que mi piel se pusiera de gallina y mi cadera se movía deseando que una de las manos prestase de nuevo atención a mi coño.

    Finalmente, una de mis manos volvió a situarse sobre mi clítoris y con mis dedos centrales lo frotaba con rapidez, una nueva descarga de placer recorrió mi cuerpo y tuve que ponerme la otra mano en la boca y morderla con intensidad para no gritar de gusto, estaba que ardía.

    Me centre en pensamientos más y más obscenos, tíos cachas con enormes pollas, me puse más cachonda todavía, a la vez que mis dedos frotaban con mayor rapidez mi clítoris, estaba fuera de mi, sentía deseos de alcanzar el orgasmo así que me deje llevar, deje que mi mente se centrara en lo que le apeteciera, en algo morboso, entonces mi coño se empapo con mis jugos, mi mano daba palmaditas sobre mi clítoris al mismo tiempo que movía mi cadera, siii así, que gustooo (me dije a mi misma).

    Fue entonces cuando caí en la cuenta, me estaba masturbando recordando lo sucedido, pero ya era tarde para remediarlo, mi orgasmo estaba ahí y ya nada podía pararlo, deseaba polla, así que mis dedos se deslizaron desde mi clítoris hasta introducirse en mi vagina y empecé a moverlos como si me follaran, un par de movimientos más de mi cadera y con mis dedos centrales hundidos por completo en el interior de mi coño, un poderoso orgasmo empezó a recorrer todo mi cuerpo, afloje la presión de mis dientes sobre la mano que tenía en mi boca y mientras mi cuerpo se convulsionaba con el intenso orgasmo, se me escapó un susurro inaudible:

    –Ooooh don Hilario.

    Tras recuperarme y darme cuenta de lo que había hecho, me di una bofetada en la cara de rabia por lo que acaba de hacer y agotada me volví a quedar dormida.

    Por la mañana, hice mis cosas como de costumbre, arreglando la casa, pero aun así no sacaba de mi cabeza lo ocurrido, sin duda estaba obsesionada, y tras mi masturbación había aumentado mi obsesión, mi mirada se dirigió al sofá donde sucedió todo, me mojé.

    Ya basta, me dije.

    Cogí y cambié toda la ordenación del comedor, puse el sofá pegado a la pared para no ver más el dichoso respaldo, etc.

    Al terminar me senté para beberme tranquilamente un zumo, para reponerme de todo el trajín de cambiar la decoración, tras un par de sorbos, recordé la tarjeta.

    –Vaya, es que no hay manera de no pensar todo el tiempo en lo mismo.

    Me levante y dejando el vaso de zumo, rebusque en el cajón donde había guardado la tarjeta, la cogí y con mi mano la estruje con fuerza haciendo una bola, la iba a tirar a la basura, incluso tenía la mano levantada para dejarla caer, di media vuelta, cogí el teléfono inalámbrico y abriendo la tarjeta marque el número.

    Una voz de mujer respondió:

    –Buenos días

    –Hola, verá, tengo una tarjeta…

    Ella me interrumpió diciéndome:

    –¿Quién le entrego dicha tarjeta?

    –Pues don…

    De nuevo me interrumpió rápidamente:

    –Disculpe, pero no me diga el nombre sino el número del reverso de la tarjeta.

    Le di la vuelta a la tarjeta y le dije el número que me había pedido.

    –Es una persona muy estimada en este club, ¿su nombre es?

    Dudé unos instantes –Vanessa, -mentí.

    –Esta bien Vanessa (en un tono que dejaba claro que sabía que había mentido) toma nota de la dirección, tiene usted una entrevista mañana por la mañana a las 10, no llegue tarde, venga con su indumentaria habitual.

    Y colgó.

    Me quedé allí parada, alucinada, oyendo el ruido que hacen los teléfonos tras terminar una llamada, sin llegar a acertar a colgar, me repuse de mi sorpresa y apreté el botón de rojo para colgar.

    Ni hablar, no pensaba ir a dicha entrevista.

    A las 9.45 me baje del taxi, una par de calles antes de la dirección que me había dado.

    Vestía vestido azul marino cortito, entallado, de escote abierto pero sin dejar ver el pecho, adornado por un bonito collar, de ropa interior movida por el morbo, me había puesto la misma que llevaba el día de don Hilario.

    Nerviosa camine hasta la casa en cuestión, que era una chalet unifamiliar en una zona apartada, eso me tranquilizo, no había nadie que pudiera verme.

    Delante de la puerta exterior, no me decidía a tocar el timbre

    Y pensé:

    –Está bien, ya sé que no pensabas venir, pero ahora que ya estás aquí, llama, esto lo haces sólo porque tienes una curiosidad gatuna y porque te da morbo ver como funciona esto, haces la entrevista y si te he visto no me acuerdo.

    Toqué el timbre y con un zumbido, la puerta exterior se abrió, llegue hasta la puerta interior, donde la misma mujer con la que había hablado el día anterior me pregunto:

    –¿Su nombre?

    –Vanessa -respondí tragando saliva.

    La puerta se abrió y era una señora mayor, que todavía conservaba buen tipo, indicando que en su juventud debía haber sido muy bella.

    –Adelante.

    Era una casa con todo tipo de lujos y aun mayor de lo que parecía en el exterior, pasamos a través del recibidor dirigiéndonos a un despacho de grandes dimensiones.

    Tras dejarme pasar al interior del despacho, la señora cerró la puerta.

    –Toma asiento, por favor

    Iniciamos una conversación sin importancia en español para luego pasar a hablar en inglés (demostrando con orgullo mis conocimientos de idiomas), satisfecha la señora retorno al idioma español.

    –Bueno ya sé lo que quería, dejémonos ya de rodeos, tu físico y tu nivel se ajusta a lo que estaba buscando, hay una plaza vacante y no te voy a mentir hay un pequeño grupo de chicas más, que también están recomendadas, tras una serie de entrevistas elegiremos sólo a una, toma, esta es la lista de pagos, ahí ya está quitado lo que se queda la casa, es decir es neto tuyo.

    Mi boca se abrió eran un cantidad de dinero descomunal.

    Ella sonrió.

    –Es mucho dinero eh

    Asentí con la cabeza.

    –Bueno Vanessa (me dijo guiñándome un ojo) levántate quiero verte mejor.

    Así lo hice.

    –Da un par de vueltas. Muy bien si, eres elegante y sexy.

    Se levantó y dio un par de vueltas alrededor mío y luego mientras se dirigía a la puerta del despacho dijo:

    –Veamos que tal en ropa interior, vete desvistiendo enseguida vuelvo.

    Dude en marcharme ahora que estaba sola, pero para que, hasta ahora había sido divertido y tenía curiosidad por saber si podía ganar y que me aceptaran.

    Me desvestí dejando la ropa bien plegada para que vieran que cuidaba los detalles y espere de pie en sujetador y tanga con aire de modelo de pasarela.

    No tardo en abrirse la puerta y en aparecer la señora, no venía sola, la acompañaba un hombre de color, me contrario un poco, estuve a punto de perder la compostura y taparme instintivamente.

    –Se llama Raimon y esta como te dije es Vanessa

    Se acerco a mi observándome concienzudamente sin inmutarse, con indiferencia, tanto que pensé que era gay.

    –Encantado, -dijo Raimon y me dio dos besos.

    Se giro hacia la señora diciendo:

    –Tiene posibilidades.

    –Parece que de momento sigues adelante niña, la entrevista la continuara Raimon que es nuestro especialista, se sincera y natural, suerte.

    Y tras decir eso, salió del despacho cerrando la puerta tras ella.

    Raimon hizo lo mismo que la señora dando un par de vuelta alrededor mío.

    Me olfateo, me acaricio el pelo, toco mi piel, puso su mano en mi barbilla y examino los rasgos de mi cara.

    –Descálzate.

    Observo mis pies, mis manos, las uñas etc.

    –Eres muy pulcra y cuidadosa.

    –Gracias.

    –Siéntate, te quiero hacer una serie de preguntas, quiero que comprendas que debes contestarme con toda sinceridad.

    –Naturalmente, no tengo objeción

    Me hizo toda una serie de preguntas sobre mis gustos sexuales, que haría, que no, cosas sobre mis gustos personales como comidas, cine, deportes que practicaba etc.

    Y otra serie sobre mi cuerpo, si mis pechos eran naturales, cirugía estética, ortodoncias, depilación…

    Cuando termino con todo el cuestionario dijo:

    –Muy bien, veo que eres una mujer que le gusta el sexo, sin artificios además de simpática.

    Le sonreí.

    –A ver ponte de pie otra vez, date la vuelta, mírame, sonríe.

    –¿Así?

    –Si, perfecto ok desnúdate.

    Me quede helada la situación había sido tan distendida, tan divertida y morbosa que no pensé que me pedirían que me quedase desnuda, tonta de mi, fue como si un velo hubiese caído de delante de mis ojos y ahora me diese perfecta cuenta de donde me había metido.

    Que hacía yo allí, era una mujer casada, feliz.

    Recogí mis zapatos, di media vuelta y me dirigí hacia donde estaba mi ropa.

    –Me dejas perplejo pensé que sabías lo que hacías, es una lástima porque creo que tienes potencial, Vanessa.

    Ese Vanessa fue como si retumbara en el despacho, lo escuche como si hiciera eco en mis oídos.

    Tienes razón y Vanessa quiere ganar. –pensé.

    Me di media vuelta, deje caer mis zapatos y caminando con aire sexy lleve mis brazos a la parte de atrás de mi sujetador y lo desabroche con soltura, dejando que ambos tirantes se deslizaran a la vez por mis brazos, el sujetador cayó al suelo justo delante de Raimon.

    Puse mis manos en la cintura dejando los brazos en jarra, manteniéndome erguida todo lo que podía para que resaltara todo lo posible la belleza de mis senos.

    Raimon no dijo nada sólo me miraba.

    Y cuando iba a coger con mis manos el tanga para quitármelo, me detuvo cogiéndome con ambas manos por mis sendas muñecas.

    –Vanessa, no te quites nada más, piénsatelo bien, consúltalo con la almohada y mañana si quieres continuar vuelves.

    –No hay nada que pensar

    Y fui bajando hasta quedarme en cuclillas, quedando a la altura justa delante de la cremallera de su pantalón, él todavía me sujetaba por las muñecas y mis brazos estaban extendidos hacía arriba.

    –Vaya y yo que pensé que por tu frialdad al verme, que eras gay, pero con ese pedazo de bulto no me cabe duda de que estoy equivocada.

    Raimon dio una pequeña carcajada y soltó mis brazos.

    Le bajé la cremallera de su pantalón lentamente, para después meter una de mis manos en el agujero de su pantalón, no llevaba calzoncillos, y pude coger de inmediato su polla, era gruesecita aunque no estaba totalmente dura y sin duda parecía bastante larga.

    Tras jugar un poco con el pantalón y su polla, la pude sacar fuera, no me había equivocado en la apreciación de mi mano, pero era algo más larga de lo que creí al tocarla

    Comencé a acariciarme los pechos mientras mantenía mis labios pegados al glande de su polla, separé mis labios de su glande y empecé a contornearme sin dejar de tocarme los pechos, los apretaba, los sospesaba, tiraba de mis pezones y me los acariciaba sin cesar.

    Volví a posar mis labios en su glande y sin utilizar las manos que estaban ocupadas con mis tetas, inicie una mamada metiendo su polla en mi boca, abriéndola cada vez más a la vez que su polla iba entrando más y más, trague toda la que pude, pero era gigantesca y de esa forma, me era imposible tragármela entera, no podía, así que deje de tocarme los senos y apoye mis manos en su cuerpo para mejorar mi ángulo de la mamada, un poco más de presión de mi cabeza hacia delante y por fin toda su polla estaba en mi boca y garganta.

    Retiré despacio mi cabeza dejando que su polla fuera quedando libre y una vez fuera la cogí con mi mano y le comencé a masturbar, de vez en cuando escupía sobre su glande y lo golpeaba contra mi lengua.

    Eso le encantó a Raimon que se dejó llevar y sus gemidos inundaron el despacho, sus gemidos iban en aumento, con mi mano libre empecé a tocarme el clítoris por encima del tanga, masturbándome a la vez que le masturbaba para luego iniciar de nuevo la mamada metiendo su polla en la boca y succionándola con fuerza.

    Al rato Raimon parecía fuera de si, me cogía con fuerza la cabeza, era obvio que se iba a correr pronto, decidí dar el toque final, saque su polla de mi boca y me levante un poco, la coloqué entre mis tetas a la vez que mi manos volvían a estar también en mis preciosos pechos haciendo que su polla quedara aprisionada entre ellos, empecé a moverlas arriba y abajo, al mismo tiempo que sacaba la lengua para de vez en cuando darle un lengüetazo a esa gigantesca polla.

    Raimon de repente llevo su mano a la punta de su polla y apretándola con fuerza para retener su corrida y dijo:

    –Veo que la cubana la dominas ¿a ver que tal tragas?

    Inmediatamente busque con mi boca su polla y me coloque justo delante de su capullo, abriendo mi boca y sacando la lengua para notar su cálido semen.

    –Ooooh -gritó Raimon

    A la vez que su polla soltaba todo el semen que tenía almacenado en sus huevos y yo tragaba chorro tras chorro de su leche y relamía lo que caía en mi lengua o alrededores hasta que finalmente no hubo más, Raimon metió un momento su polla en mi boca para que terminase de limpiarle su corrida, se la chupe lentamente saboreando su semen y cuando su polla estuvo limpia, se apartó de mí.

    Después empezó a reírse diciendo:

    –Veo que lo de tragar también lo dominas -y me guiñó un ojo.

    Yo también reía pícaramente y comencé a vestirme.

    Cuando terminé, Raimon solo dijo:

    –Seguiremos mañana, Vanessa

    –Entonces hasta mañana Raimon.

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  • En el probador… con mi madre

    En el probador… con mi madre

    Lo que voy a relatar pasó cuando tenía 18 años.

    En esa época era verano y con mi madre (se llama Graciela) vamos a una casa de venta de ropas a comprar una malla a mí para irnos de vacaciones ese verano.

    Le pedimos mi talla a la vendedora y esperamos, en eso pasan una pareja de chicos jóvenes a los probadores. Cuando llega la vendedora nos alcanza unas prendas y me indica donde están los probadores.

    Estoy probándome las mayas cuando escucho unos gemidos del probador de al lado. Trato de ver que está pasando y encuentro un agujero. Me pongo a espiar y veo la parejita de jóvenes que están en plena faena, eso a mí me ponía a mil y comenzó a reaccionar mi querido amigo que ya estaba a full.

    Sin darme cuenta comencé a masturbarme. Las secreciones seminales salían a borbotones de mi pene. Era la masturbada más rica que me había hecho.

    Estaba tan caliente, tan excitado, que no me di cuenta de cuando mi madre me llamó

    –Juanse ¿cómo te queda es malla?

    Termina de decir eso y abre la puerta del probador. Su cara de asombro decía todo.

    –Perdonam… no sabía que estabas así…

    Yo no sabía que hacer, trate de cubrirme, pero era imposible ocultar la terrible erección que tenía. En eso me pregunta con cara de susto.

    –Porque estaba así.

    –Lo que pasa es que no pude evitar espiar a la pareja que está en el probador de al lado y buenooo.

    No termine de hablar que mi madre se agacha para ver por el agujero, se demora unos minutos, veo que sus pezones se empiezan a parar, su cara estaba tomando un color rojo como si hubiera cambiado de temperatura.

    –Esto es muy raro, pero… se da vuelta y vuelve a mirar mi pene.

    –Ma perdoname pero…

    –Shhh, no digas nada que eso es muy común a tu edad. Aparte el espectáculo que están haciendo estos chicos es una maravilla.

    –Si eso es verdad.

    –Bueno ahora trata de esconder eso que nos tenemos que irnos

    –Pero eso es imposible no puedoo. Eso me dio mucha vergüenza que agache la cabeza.

    –Tonto no te avergoncéis que esto que tienes acá es una preciosura. –Diciendo esto mamá comienza a tocar mi miembro.

    La temperatura continuaba creciendo mientras ella pegaba su pecho al mío y restregaba sus senos contra mí. Yo no daba más necesitaba acabar, pero no me animaba a decirle nada a mi madre.

    –Hijo no puedo más.

    Comienza a besarme. Yo abro la boca y le correspondo sus besos. Estos eran entonces fuertes, largos y profundos. Sus ojos cerrados se entreabrían a veces dejando ver sus ojos en blanco por la excitación Yo la besaba con furia y con pasión. Mordía suavemente sus labios.

    Pude ver una mancha oscura en su entrepierna. Estaba tan excitada que ya se había mojado.

    –Mama me duelen los huevos –le dije.

    –Pobrecito mi niño. No se preocupe que mamá le va aliviar ese dolor –me dijo obscenamente, luego ella se arrodilló en el piso entre mis piernas, cogió mi pene con las dos manos y su lengua comenzó a dar ligeras pasadas sobre el prepucio, muy suavemente, yo creía tocar el cielo con las manos, jamás había sentido unas sensaciones semejantes, la mejor llegó cuando su boca de terciopelo comenzó a tragarse poco a poco toda mi polla, yo la cogí de la cabeza y mi polla entraba y salía de boca con una suavidad increíble.

    –¡Mama! ¡Mama! No puedo más ¡Dios mío! Voy a correrme.

    –Dale hijo dale la leche a mami.

    –Mama no puedo más voy a acabar.

    Ella entonces aceleró sus movimientos, mi polla se deslizaba por su boca a una velocidad increíble y… la explosión llegó, comencé a correrme a borbotones, daba la sensación de que no terminaría nunca de salir leche.

    –Oh hijo que bueno estuvo, pero acomódate que nos tenemos que ir. Se paro pasando su mano por la boca para limpiar todos los restos de semen que no pudo tragar.

    –Si mami estuvo muy bueno y espero que se repita.

    Ella dejó el probador con una sonrisa en los labios, sin decirme nada.

    Me repuse como pude y salí del probador con una sensación rara que no podré olvidar en toda mi vida.

    Días después de haberme comprado el bañador nos dispusimos a ir toda mi familia a la playa. Esta se conforma de mi padre Hugo, mi madre Graciela y mi hermana Eugenia de 20 años. Subimos al coche y nos fuimos a una playa que queda a unos 70 Kilómetros de donde vivimos.

    Cuando íbamos en el auto mi madre le habla a mi padre:

    –Viste Hugo el bañador que se compró Juanse –y me mira con una sonrisa.

    –No, no la vi. Le gusto lo que compro.

    –Yo creo que si, aunque le costó mucho elegirla porque la verdad tardo bastante. –dijo mi madre.

    Todo transcurría con normalidad. Llegamos, nos instalamos en la casa en la playa, cada uno tenía una habitación ya que la casa era inmensa. Como era el mediodía almorzamos algo y nos dispusimos a bajar a la playa.

    –Me voy a dormir la siesta porque el viaje me canso mucho –dijo mi padre

    –Yo también –dijo mi hermana.

    Mama se fue a cambiar indicándome que me ponga mi bañador. Estando ya en la playa los dos solos mamá comienza a ponerse bronceador en todo su cuerpo. Yo no paraba de mirarla y me dice:

    –¿Qué te pasa cariño?

    –Nada, mamá, ¿por qué?

    –Es que me estas mirando de una manera, que parece que nunca me hayas visto ponerme bronceador.

    –Sí, mamá, sí te he visto

    –Entonces ¿qué te pasa?¿Quieres ayudarme? ¿te gustaría ponérmelo tu?

    –Sí, mamá, me gustaría mucho

    Le hecho algunas gotas en la espalda y le refriego el bronceador por toda ella. Me gusta la idea de tocar un cuerpo de una mujer aunque fuese mi madre.

    –¡Oye cariño!

    –Dime, mamá

    –¿Por qué tiemblas tanto?

    –No sé, mamá, estoy nervioso

    –Venga, pues no te pongas nervioso, que no pasa nada, tranquilízate, ¿de acuerdo?

    –Sí.

    Yo sigo con la tarea y eso me excita sobremanera. Trato de no mostrar la erección que tenía, pero me era imposible, ya que se notaba mucho. Mi madre levanta un poco la cabeza y por sobre su brazo me mira, dándose cuenta que estaba a mil.

    –¿Hay alguna parejita en el probador de al lado?

    –¿Por qué?

    –Porque estas como cuando estábamos en el probador, re-excitado.

    –Lo que pasa es que te ves divina y no puedo dejar de pensar lo que paso el otro día

    –¿Estas arrepentido de lo que hicimos?

    –No para nada lo que pasa es que me gustó mucho y me da vuelta por la cabeza

    –Bueno no te pongas mal que en cualquier momento mami te va a recompensar por pasarme bronceador.

    Después de cenar me fui recostarme a mi recamara, ya me estaba durmiéndome cuando escucho el ronquido de mi padre. Miro el reloj y marcan las tres de la madrugada.

    Trato de conciliar el sueño cuando escucho unos pasos que se acercan a mi habitación. Me extraño mucho porque donde duermo se encuentra al final del pasillo y para ese lado queda solo mi habitación. A los pocos minutos escucho mi nombre:

    –Juanse estas dormido.

    Sin contestar me doy vuelta para el lado de la puerta y veo a mamá con una bata que le llega hasta las rodillas, estaba fascinante, se veía su silueta radiante y emanaba un aroma que desde la cama se podía apreciar.

    –Creo que es hora de la recompensa –dice mamá acercándose a mi cama.

    Se sienta a mi lado, me sonríe y se inclina para besarme en la boca. Nos empezamos a besar de una forma frenética sintiendo como con su mano encontraba mi verga, fui abriendo su bata y sus hermosas tetas quedaron libres, empecé a mamárselas, pasaba mi lengua por sus pezones, los mordía, los chupaba y ella gemía del placer, quité la bata por completo.

    Empecé a recorrer todo su cuerpo con mi lengua, no sabía lo que hacía pero eran sus manos las que tenía en mi cabeza que me guiaban hasta su tupido triángulo, mis dedos seguían dándole masaje a sus pezones, ya no daba más se estaba corriendo de gusto y me decía:

    –Metemela, cogeme, quiero sentir tu verga

    Me tomo de mi mano e hizo que me subiera arriba de ella, me acomode y agarro mi verga para ponerla entre sus labios vaginales y ella de un fuerte empujón hizo que llegara al fondo, dio un gemido del placer al sentirse penetrada, nuestra excitación era mayúscula por lo que nuestros movimientos eran frenéticos, gemíamos tapándonos nuestras bocas entre si para que ni mi padre, ni mi hermana escucharan algo. Esto era lo máximo no podía creer lo que estaba viviendo, pero lo mejor todavía no llegaba.

    –Tuyo, tuyo susurraba al tiempo que su cuerpo se convulsionaba, sentí una gran cantidad de liquido bañaba mi verga, pensé que se había orinado, luego supe que eso era un orgasmo.

    –Que placer me das Juanse seguí moviéndote, pero avisame cuando te falte poco.

    Aceleré el movimiento, mi miembro estaba realmente duro y enorme, así que le avisé.

    –Mamá estoy por acabar

    –Acaba en mi cara. Dame tu lechita como la primera vez

    Se la saco y ella toma mi verga con su mano, yo sentía las primeras señales de mi orgasmo. Se lo hice saber:

    –Voy acabar Maama

    –Si damela toda aquí en la cara, en la boca. Quiero tragar todo tu semen

    Ella aceleró su sube y baja, se notaba que quería hacer un buen trabajo porque se veía que lo hacía con mucho entusiasmo.

    –No aguanto más

    –Si no esperes, dale todo a mami.

    –Si, ahí va mama ahí ¡¡¡vaaa!!!

    Yo me arqueaba del gusto lanzando los chorros de semen por toda la cara de mamá, ella seguía meneándola hasta sacar a ultima gota de mi leche.

    Se veía de maravilla, era para sacarle una foto. Se pasaba la lengua por toda la parte que llegaba de su cara, capturando lo que le cayo fuera de su boca.

    –Que hermoso que fue, esto es muy sabroso. –diciendo eso recogió los restos de semen que le quedaron en su cara con los dedos y se los lleva a su boca, luego empieza a limpiar mi verga hasta dejarla brillante por su saliva.

    –Bueno hijo, no te puedes quejar por la recompensa que tuviste

    –No mami, siempre y cuando me dejes seguir haciéndote favores para que luego me recompenses.

    –Si pero nadie tiene que enterarse

    –Ok será nuestro secreto

    Veo que mi madre se levanta, se pone la bata y me da un beso en los labios que lo voy a recordar toda mi vida.

    Transcurrían los días y los favores seguían.

    Un día mi padre le pide a mamá:

    –¿Por qué no vas con Juanse al supermercado a comprar los víveres así yo termino de arreglar los caños del lavabo?

    –Bueno y aprovechamos a pasear un poco por el pueblo –agrego ella.

    –Toma las llaves del auto –y con una sonrisa me invita a subirme.

    Cuando habíamos hecho unos cuantos minutos, mi madre me mira y exclama:

    –Que lindo que mi hijo me ayude a realizar los mandados.

    –¿Por qué lo dices? –le digo yo

    –Porque le voy a tener que agradecerle el favor –. Veo que se acerca hacia mi y pone su mano en mi muslo, yo comienzo a bajar la velocidad porque no puedo concentrarme en el camino. No sé qué dice, pero siento que su mano sube hasta agarrarme la pija por encima del pantalón.

    –Veo que a mi bebe le gusta lo que le hace mamá.

    –¡Siii!, pero no voy a poder manejar bieeen…

    –Solo mantenlo derecho que casi nadie anda por aquí

    Me tenía excitadísimo, ella lo notó y empezó a acariciarlo, hasta que bajó el zipper y lo tuvo al descubierto. Se agachó y lo miraba como una niña mira una paleta, le empezó a dar besos y a jugar con él. Me da un beso en la boca y se abalanza contra mi pija, se la metió en la boca. Mis gemidos no se hicieron esperar. Me la chupo tratando de sacar toda mi leche. Puse mis manos sobre su cabeza y la empujaba suavemente hacia mi. Empecé a meter toda mi pija en la boca. Me miró a los ojos, se dio cuenta que quería todo

    –Damelo todo Juanse –No terminó de decir eso que metí todo mi pedazo en su boca.

    –Si ma estoy por acabar –siempre con el auto en movimiento, a poca velocidad.

    –Si bebe damela ya –dijo excitada. Acelero la mamada con el sube y baja de su cabeza en mi pija, está se pone tensa y con un fuerte gemido le aviso que estoy en el final.

    –Me voy mama, me voooy ma…

    –Siii, sii…

    Me arqueo un poco, el auto se detiene por completo y acabo en su boca llenándola de leche que bebió con desesperación.

    –Ahhh…

    –SI, bebé que rica que esta, cada vez es más sabrosa

    –¡Uff!, no podía seguir con esta tensión

    Mi madre se incorpora con restos de mi semen en la barbilla, la miro y le paso un dedo recogiéndolos. Ella sin titubear los captura chupándome el dedo.

    –No hay que perder nada –y sonríe.

    Seguimos camino al supermercado, no si antes acomodar mi ropa. Cuando terminamos de hacer las compras pusimos todas las bolsa en el auto y regresamos a casa.

    En el camino mi madre comienza a bajarse el pantalón y me dice:

    –Te molesta si me masturbo mientras manejas

    –No para nada mamá, seguí sin problemas

    –Lo que pasa es que voy como un moto después de…

    –No te hagas problema

    Ya mi madre estaba con su bragas en las rodillas metiéndose mano a más no poder.

    –¡Ahh! Que gusto que tengo…

    Yo miro el camino y a mi madre cada tanto, se veía preciosa. Tenía una mano en su vagina y la otra se masajeaba los pechos. Estaba a mil, mi pija estaba a tope, la saco y me empiezo a masturbar.

    –Veo que la estas pasando bien –dice mi madre, estirando su mano hacia mi pija.

    Yo detengo el auto y lo pongo a un costado.

    –Si mami seguí tocándome –ella se saca el pantalón, su braga y se acerca hacia mi, me saca el pantalón.

    –Vamos a disfrutarlo al máximo

    –Si sentate arriba mío

    –si Juanse metemela todaaa

    Y se la metí de un solo empujón toda mi pija, mis testículos chocaron con sus nalgas dando un fuerte gemido de placer, ella empezó a mover todo su cuerpo.

    –Así papi meteme toda tu tranca has que goce como nunca

    –Soy tu puta –gritaba, después de estar bombeando durante un buen rato mama convulsionó su cuerpo dio un fuerte gruñido una gran cantidad de sus fluidos salieron mojando mis testículos, que gran orgasmo había alcanzado.

    –Si bebe echame toda la leche adentro, si siii.

    –Ahí va estoy acabando –ella acelera el ritmo del sube y baja, haciendo que le eche toda mi semen adentro.

    –Tomala toda puta, hazme que saque toda

    –Que divinoooo, voy acabar de vuelta –cuando siento otro baño con sus flujos.

    Nos arreglamos la ropa y retomamos el regreso a casa.

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