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  • Mi esposa con su amigo de Uber

    Mi esposa con su amigo de Uber

    Todo comenzó en estos últimos días en lo que mientras yo estaba fuera de la ciudad ella estaba con el tiempo encima por el trabajo, la escuela de los niños etc. Por lo que algunos días a la semana tenía que tomar taxi o Uber para llegar a tiempo, hasta que un día se encontró con un viejo amigo suyo que ahora es chófer, todo muy tranquilo en el viaje y camino, intercambiaron números y él se ofreció a ser su chófer de planta.

    Pasaron varios días y así estuvieron, yo regrese a la ciudad cansado por lo que algunos días yo le decía que le llamara o escribiera para que la llevara al trabajo hasta que me contó que no le cobraba pero que una vez intento besarla y ella lo rechazo, fue ahí cuando comenzó el juego para ambos. Yo le dije que la siguiente vez que la llevara a algún lado, cuando se despidieran le diera un beso lo más cerca a la boca posible y viera si se daba algo más así fue la semana y no hubo necesidad de solicitar el servicio.

    Hasta que un día yo salí a buscar unas cosas para hacer trabajo de hogar(herramientas y otras cosas) qué no tuve tiempo de ir por mi esposa al trabajo y fue aquí donde paso lo interesante y que no solo se quedó en un beso.

    Aquí empieza lo que me contó Candy.

    Él llega por ella al trabajo y se saludan de beso, es ahí donde ella sigue mi indicación, así que lejos de besarlo cerca a la boca, lo beso en la boca, el por instinto correspondió el beso pero por ser el estacionamiento del trabajo, en donde a mi me conocen como su esposo no siguieron más tiempo, él toma camino rumbo a casa pero ella le pide pasar a una farmacia para comprar shampoo y algunas cosas más, el sin problema para en una farmacia qué estaba cerca, dentro de un fraccionamiento se estaciona y Candy baja a comprar las cosas, al regresar al coche, el se acerca e intenta besarla, pero Candy lo rechaza, el medio confundido le pregunta si es solo cuando ella quiere.

    A lo que ella le responde qué si, ya que era casada pero que tenía muchas ganas de besarlo, entonces él le dice que para estar a mano él también tenía ganas de besarla, qué ahora ella se lo permitiera, así que Candy solo cierra los ojos y le da autorización de un beso, el se acerca con timidez y comienza a besarla, ella abre la boca y lejos de ser un simple pico, comienzan con un beso apasionado, en donde él le pone la mano en la pierna y ella lo toma del cabello sin soltarlo.

    Poco a poco el sube su mano hasta la entre pierna, subiendo por el vientre hasta lograr meter su mano n la blusa, ella al contrario, empieza a bajar su mano por la espalda de él llegando a sus piernas y por encima del pantalón tocando su miembro y erecto así se quedan un rato, el baja su mano y al igual que ella, por encima del pantalón comienza a acariciar su vagina, así estuvieron un rato hasta que ella lo apartó y le dijo que ya tenían que irse.

    En el camino transcurrió todo tranquilo, como si nada, hasta llegar a casa cuando él le pidió permiso a Candy de pasar al sanitario, pasan los dos, ella entra a la recamara deja su bolso y lo espera en la sala, cuando el sale justo cuando se estaban despidiendo, si avisar él la besa a ella, ella nuevamente responde el beso y sin un pre, el comienza a acariciar la espalda de ella, mete la mano a la blusa y continua en la espalda, baja las manos hasta llegar a las nalgas de mi esposa y mientras se besaban él ya las masajeaba.

    Por otro lado Candy estaba colgada de su cuello y mientras con una mano se aferraba a él con la otra comenzó a acariciar el pené de su amigo, sin pensar y sin timidez le saco el cinturón y como pudo, metió su mano al bóxer y le saco la verga del pantalón para así comenzar a masturbarlo, el metía manos en el pantalón de Candy y al sentir su tanga como pudo le baja el pantalón hasta la rodilla y ella sacó las piernas del pantalón, quedando solo en tanga, con la blusa y el brasier puesto, el desesperado se quita el pantalón y el bóxer y la hace arrodillarse.

    Candy se arrodilla y comienza a darle un orales, solamente dando pequeñas chupaditas en la cabeza del pené, seguido de una rica masturbada, él la levanta y justo cuando la iba a llevar al sofá, ella lo toma de las manos y lo invita a pasar al cuarto de invitados, aun no terminan de entrar y ella ya se estaba desnudando completamente, dejando a la vista sus pechos tan ricos y su depilada y rosadita vagina.

    Ella se hecha en la cama con las piernas abiertas y sin pensar, él se abalanza a darle unas lamidas de vagina, Candy comienza con sus ricos gemidos, tapándose la boca, el mientras le daba orales masajeaba sus pechos, ella lo levanta casi ordenándole qué ya la penetre, él se pone un condón y de un solo golpe le mete la verga, Candy suelta un gemido y es cuando comienza el mete y saca, él se baja de la cama y la pone de perrito, dejando esas nalgas güeras y ese ano rosadito con el mejor panorama, le da una nalgada y sigue penetrándola mientras ella no podía dejar de gemir y gemir.

    Candy se voltea lo avienta en la cama y se sube sobre el, es ahí donde empiezan son riquísimos sentones hasta sacarle toda la leche, se baja de encima de él y cuando él la quería besar ella lo evita, se levantan, él le dice que si estaba todo bien y ella solo le comenta que yo ya estaba por llegar, rápidamente se visten y se despiden de lo más normal.

    Ya imaginarán mi morbo al llegar y ver cojines y sillones desacomodados, la cama de invitados destendida y al ver a Candy sudada, exhausta y al meter su mano en el pantalón ver que no traía tanga, más excitante encontrar la tanga de mi esposa tirada en la sala, aun con fluido vagina de la excitación, así que solo la lleve al cuarto de invitados y ahí le di una cogida yo…

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  • Trabajando para mi suegro

    Trabajando para mi suegro

    Pocos días después de mi encuentro con mi cuñado mi suegro me llamó para encomendarme una nueva misión, debía de ir a visitar a dos hermanos, que compartían la misma casa, parece que mantenían relaciones comerciales con el padre de mi marido, mi misión era dejarles satisfechos para estrechar la relación y nunca mejor dicho, jajaja.

    Me puse una camisa blanca, una falda de cuadros a medio muslo, unas medias de figuras y unas botas negras con cierto tacón y me presenté en su casa, ellos me mandaron pasar, aunque fueran hermanos eran muy diferentes, uno de ellos era mucho más alto que el otro, este me dijo:

    –¿Así que tú eres la nuera de Jacobo? Lleva razón en que estas muy buena

    Y diciendo esto puso una de sus manos sobre mi culo y se puso a acariciármelo. Yo le respondí:

    –Me alegro de gustarte, mi suegro quiere conservar las excelentes relaciones que tiene con vosotros, y yo estoy aquí para ofreceros cualquier cosa que os apetezca.

    –¿Cualquier cosa?, preguntó él mientras acercaba su boca a la mía.

    –Cualquier cosa dije yo.

    Uní mis labios a los suyos y nos fundimos en un beso apasionado, mientras su hermano el bajito no se había quedado quieto, llevó sus manos a mi culo y se puso a acariciármelo, mientras decía a su hermano:

    –Esta zorra tiene un culo maravilloso, verdaderamente esta buena.

    Y siguió tocándome el culo, su hermano el alto tras besarme me pidió:

    –Date la vuelta, mi hermano está interesado en tu culo, y yo también.

    Le obedecí y apoyé mis manos sobre la pared, sentí como unas manos subían mi falda, y acariciaban mi culo, el más alto le dijo a su hermano:

    –Llevas razón hermanito, esta chica tiene un culo divino.

    Y los dos se pusieron a acariciármelo, la situación me estaba resultando muy morbosa, y fue más cuando el más alto me preguntó:

    –Has dicho antes que harías cualquier cosa para tenernos satisfechos, ¿Eso incluye ocuparte de nuestras pollas?, es que ver tu culo nos ha puesto a los dos muy calientes.

    –Claro que sí, dije yo, aquí se hace todos los necesario para que vosotros estéis a gusto.

    Me di la vuelta y me arrodillé, estaba entre los dos, me dirigí hacia el más bajito, le desabroche el cinturón, luego de un golpe le baje los pantalones y los calzoncillos, su polla se quedó al aire, yo la cogí con mi mano y acariciándosela le dije:

    –Menuda polla tienes y por lo que veo está en plena juventud.

    Pero no me había olvidado del hermano alto, mi otra mano le acariciaba la polla que reaccionaba ante mis caricias, le pedí que se bajara los pantalones y los calzoncillos y él lo hizo en ese momento yo tenía dos pollas duras cerca de mi boca, me decidí por la del pequeñito, que era la primera que había mostrado ante mí llevé mi boca hacia ella y me la introduje en el interior de esta.

    Que bien mama esta zorra, dijo el pequeñito cuando sintió mis labios sobre su miembro.

    Pero yo no me había olvidado de su hermano, mientras continuaba mamándosela al bajito llevé mi mano hacia la polla del más alto y comencé a acariciársela con mi mano los dos hermanos comenzaron a gemir. Estuve así un rato hasta que decidí cambiar la situación, me saqué la polla del pequeñito de mi boca y me puse a acariciarla con mi mano, mientras que solté mi mano de la polla del grandote y la introduje en mi boca, y así estuve otro rato, hasta que el más alto dijo:

    –Esto es divino, pero tengo ganas de follarte.

    Saqué su polla de mi boca, y me puse a chupársela nuevamente a su hermano y estuve un rato hasta que el mayor dijo:

    –Ya estoy listo que mi hermano se ponga de rodillas y tu ponte a cuatro patas.

    Al volverme hacia el vi que se había desnudado del todo, el más bajo también se desnudó y se puso de rodillas, en ese momento yo me fui hasta donde estaba, a cuatro patas, arrime mi boca hacia su polla, y me la metí de nuevo en su boca y comencé a chuparla, mientras el más alto se puso detrás de mí y poniéndose también de rodillas le metió su polla en mi coño, nunca hubiera pensado que la polla de un viejito pudiera estar tan dura, ni funcionar tan bien, comenzó a moverse dentro de mi coño con gran maestría, mientras su hermano dijo:

    –Joder hermano esta tía la chupa mejor que las chicas del puticlub

    Y tiene el coño más caliente dijo su hermano mientras seguía penetrándome.

    Nunca, hasta que comencé a follar con mi suegro, había pensado en que los hombres de mucha edad fueran capaces de dar tanto gusto a una mujer, y que sus pollas pudieran ponerse tan duras, la del más alto me estaba provocando una sensación increíblemente placentera, mientras sentir de su hermano en la boca, tan dura me encantaba, estuvimos así hasta que el más pequeño, que al parecer estaba en peor forma física que su hermano se cansó de estar de rodillas, se fue hasta un sofá que había en la habitación y seguimos follando los tres de la misma manera, el más alto se ocupaba de mi coño, mientas yo con mi boca me ocupaba de la polla del más bajito. Hasta que este gritó:

    –Que me corro.

    Saqué su polla de mi boca, y se la agarré con mi mano, hasta que definitivamente se corrió y su leche regó mi cara.

    Pero su hermano seguía moviéndose en el interior de mi coño, hasta que se corrió y me llenó el coño con su leche.

    Mi hermano lleva razón, dijo el más alto, este ha sido el mejor polvo que hemos echado en mucho tiempo.

    Después los dos se levantaron.

    –¿Podemos pedirte una cosa?, dijo el más bajito.

    –Podéis pedirme lo que queráis dije yo, la compañía de mi suegro os aprecia mucho como clientes, y añadió, y yo también como folladores.

    Ellos rieron y entonces el bajito me pidió:

    –Ponte de pie, pero doblada, nos encantaría ver muy de cerca tu coño lleno de la leche de mi hermano.

    Por supuesto les complací y ellos ante esta visión se quedaron muy contentos.

    –Desde luego esta tía es una puta de primera, dijo el bajito, quiero follarmela yo ahora.

    –Estoy a vuestra disposición, les respondí.

    Me puse otra vez a cuatro patas, esta vez fue el pequeñito el que se puso detrás de mí, acaricio mi culo y dijo:

    –Me encanta.

    Mientras su hermano se sentó en el sofá, yo fui a donde el estaba y, a cuatro patas le acaricié la polla, hasta ponerla en forma y después me la metí en la boca y comencé a chupársela, en ese momento sentí otra polla en el interior de mi coño, el bajito me la había metido, su polla era parecida a la de su hermana, de esta manera tenía las pollas de los dos hermanos.

    El pequeño me follaba con más rabia, y menos delicadeza de lo que lo había hecho su hermano anteriormente, los dos hermanos gemían de manera muy intensa.

    –Menuda zorra tenemos aquí hermano, jajaja, decía, más que las profesionales.

    Con sus embates me provocó varios orgasmos, y noté como se corría en mi interior mientras yo con mi boca seguía mamando la polla de su hermano, que parecía más la de un chico de treinta que la de un hombre de más de sesenta, hasta que vi que se iba a correr en ese momento saqué su polla de mi boca y cuando vi que iba a eyacular hice que todo su semen cayera sobre mis tetas.

    Tras ello me vestí a la que me iba el más pequeño me dijo:

    –Dile a tu suegro que mientras nos siga obsequiando con tardes como esta seremos sus socios más fieles.

    Al día siguiente estaba sola en casa cuando recibí una videollamada, era de Sonia, la primera imagen era de ella bailando, mientras se iba quitando la ropa hasta quedarse desnuda en ese momento dirigiéndose a mí, me dijo:

    –Tu suegro y yo queremos darme un premio por tu contribución a la buena marcha de la compañía y mostrarte nuestra confianza.

    Cuando hubo terminado de desnudarse se encaminó en un movimiento que la cámara siguió hasta el sofá donde mi suegro se sentaba para follar, y se puso encima de él, los dos se dieron un beso extremadamente apasionado, mi suegro se lanzó hacia las tetas de ella que aunque pequeñas eran preciosas y se puso a chupárselas, estuvieron así un rato, hasta que ella se bajó, se puso de rodillas en el suelo y le quitó los pantalones y los calzoncillos, dejándole solo con su camisa, la polla de mi suegro estaba durísima, y Sonia se puso a chupársela, se vía que la chupaba divinamente y mi suegro gemía de una manera muy intensa, desde luego viendo como follaban era perfectamente comprensible que él hubiera dejado a su mujer para unirse a ella.

    Viéndoles mis dedos fueron hacia mi coño y comencé a acariciármelo, aunque sin perder de vista la escena, estaba viendo un polvo propio de una película porno. Sonia se subió al sofá, acaricio durante un momento la polla de mi suegro y luego se la volvió a meter en la boca para seguir chupándola, él sin duda apreciaba la suerte de tener una mujer tan sexy y que tenía tanto conocimiento sobre el tema follando con él.

    Cuando mi suegro tuvo su polla en plena forma Sonia se sentó encima de él y encajo la polla de su marido en el interior de su coño, y comenzó a moverse con gran agilidad.

    –Cada día me alegro más de estar contigo mi amor por lo bien que follas, la dijo.

    –Complacerte me hace muy feliz, dijo ella.

    Mientras seguía cabalgándole, él se volvió a ocupar de sus tetas y se las chupaba como un niño se las chupa a su madre mientras esta le da de mamar, al poco Sonia se dio la vuelta y se colocó de espaldas a él pero manteniendo el ritmo, sin duda era una folladora extraordinaria.

    Mi suegro dijo:

    –Cariño me corro.

    Y noté como mi suegro se corría dentro del coño de su pareja. Tras ello los dos se besaron y la transmisión se cortó.

    Pero al día siguiente recibí una llamada de mi suegro, diciéndome que me conectara cuando puse la cam me llevé una gran sorpresa, la cámara estaba en el salón de casa de mi suegro donde al parecer se celebraban todas ls folladas, en ese momento entraba Sonia con Manuel, ella llevaba una falda a media pierna con unas medias negras y una blusa de tirantes, mientras el llevaba unos jeans, con una camisa, Manuel era uno de los hijos de mi suegro, Sonia le dijo:

    –Tu padre no está en casa y tardará en volver.

    El que estaba detrás de ella la rodeó con sus brazos y la besó en el cuello mientras con sus manos la sobaba las tetas, después se arrodilló, y desde esta postura la desabrochó la cremallera de la falda que cayó al suelo, ella se quitó la blusa y se quedó con un conjunto de lencería negro extremadamente sexy.

    Le pidió que se pusiera de pie y ella se arrodilló, ella le bajo los pantalones y el short, la polla de mi cuñado se quedó al aire, y ella se la acaricio y le dijo:

    –Menuda polla tienes, Tina lo debe de pasar muy bien contigo.

    Tina es la mujer de Manuel y ya hablaremos de ella más adelante, después Sonia se metió la polla del hijo de su marido en la boca y comenzó a chupársela, Manuel se puso a gemir de una manera muy intensa, y dijo:

    –Es una pena que una mujer como tu esté con un viejo como mi padre que, seguro que no se le pone dura,

    Sonia no dijo nada y siguió mamando la polla de Manuel mientras se notaba que este estaba disfrutando a tope, se quitó la camisa quedándose completamente desnudo, la verdad es que estaba más cachas que el marido de Mirtha, aunque mi marido estaba más sexy.

    Como me había pasado la vez anterior ante este espectáculo no pude menos que llevar mis dedos a mi coño y masturbarme, sin duda Sonia era una gran mamadora, y los gestos de mi cuñado demostraban que estaba gozando a tope, hasta que dijo:

    –Vas a hacer que me corra y no es lo que quiero, siempre hemos sabido que eres una zorra y ahora me lo estas demostrando, y ahora quiero disfrutarlo.

    –Veras hijito, dijo Sonia, puede que sea una zorra, pero quiero sentirme respetada, y siento que en esta familia no lo soy, pude que sea una zorra, pero si quieres disfrutar de mi cuerpo tendrás que darme tu lealtad, quiero que me cuentes cualquier movimiento de tus hermanos o de tu madre contra tu padre o contra mí.

    –¿Y a cambio podre gozar de tu cuerpo?, de acuerdo mami, dijo Manuel.

    Sonia pidió al hijo de su marido que se tumbara en el sofá, creo que si se hiciera un análisis de las personas que follan en ese sofá la lista seria muy larga, jajaja. Manuel por supuesto accedió a las indicaciones de su madrastra y se tumbó encima del sofá, ella le acaricio el pecho y dijo:

    –Desde luego estas para follarte.

    Y dicho esto acaricio la polla de su hijastro hasta ponerla durísima, después se puso encima de él, apartó su tanga dejando su coño al aire y encajó esa polla en el interior de su coño. Y comenzó a moverse, Manuel al sentirlo dijo:

    –Joder tía ahora entiendo porque mi padre esta tan encoñado contigo follas divinamente.

    –¿Mejor que tu mujer, preguntó Sonia?

    –Mucho mejor, dijo él.

    Verlos follar me estaba poniendo muy cachonda, ósea que además de puta, lesbiana y cornuda era voyeur, jajaja.

    Estuvieron follando un rato en esa postura, a él se le veía que se sentía en la gloria, iba a descargar en cualquier momento. Entonces él la pidió que se saliera y que se tumbara en el sofá con las piernas bien abiertas, Sonia lo hizo el se arrodilló a la altura de su coño y desde esta postura introdujo su polla en el interior del coño de su madrasta. Los dos comenzaron a gemir.

    –Eres mucha mujer para mi padre, una puta como tu debe de tener un macho como yo que la satisfaga en la cama, a ti se te nota mucho que te gusta el sexo, dijo Manuel

    –¿Y a tu mujer no?, preguntó Sonia.

    –Ella es una folladora normalita, dijo él.

    Siguieron follando hasta que él dijo:

    –Que me corro.

    Y se salió del coño de ella, pero se puso a la altura de su cara, y cuando se corrió toda su leche fue a parar a la cara de Sonia.

    Ella se restregó la leche por su cara, después dijo:

    –Creo que ya es hora de que te vayas, y recuerda la lección, si eres un niño bueno con mami, mami te dará chocolate.

    –Por supuesto mama, dijo mi cuñado.

    Después se vistió y se fue. En ese momento mi suegro bajo por las escaleras y dirigiéndose a mí me dijo:

    –¿Has visto Lorenita la clase de hijos que tengo? Por eso debemos de tener el modelo de familia que tenemos.

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  • Madre bully (2)

    Madre bully (2)

    Si creían que Isabel dejaría de molestar a su hijo después de haber tenido una noche de pasión incestuosa con él, pues lamento decirles que están muy equivocados, porque una bully jamás se cansara de molestar a su víctima, y menos si dicha víctima es tan ingenua y pasiva como lo es Peter).

    Nuestra historia comienza en una tarde como cualquier otra, en la que Isabel acababa de salir al patio de su casa y, al hacerlo, ve a Peter, quien estaba leyendo un libro sentado en una reposera. Al ver a su hijo tan concentrado en su lectura, a la milf se le ocurre una buena idea para una de sus típicas bromas.

    “¡Peter, cuidado!” grito Isabel “¡tienes un insecto en la cara!”

    “¿Cómo?” grito el joven, quien se levantó exaltado de su reposera “¡quítamelo, quítamelo!”

    “¡De inmediato!” exclamo Isabel, haciendo uso de sus enormes tetas, comenzó a azotar la cara de su hijo

    Luego, la milf metió la cabeza de Peter entre sus pechos, y se los restregó por todo el rostro.

    “¡ya basta!” exclamo Peter, mientras trataba de librarse del agarre de su madre

    “¡no, aun no sé si mate al insecto!” exclamo Isabel, entre risas, mientras la cabeza de su hijo rebotaba entre sus tetas

    “¡dije que basta!” exclamo el joven quien, tras mucho esfuerzo, logro soltarse

    “ups, creo que me confundí y no tenías ningún insecto” dijo la milf, entre risas “pero bueno, mejor prevenir que curar ¿no?”

    “como sea, me voy a leer a otro lado”

    “¡no seas amargado, fue solo una bromita! Además, te quería comentar que, solo por esta noche, habrá una promoción de un 60% de descuento en la Casa de Ramón”

    “¿No es ese uno de los mejores restaurantes de la ciudad?”

    “¡el mismo! Y es por eso que pensé que podríamos ir para aprovecharla”

    “no lo sé…” dice Peter, con desconfianza “siempre que salgo contigo, pasan cosas muy incomodas”

    “¡vamos, no seas aguafiestas! La vamos a pasar genial. A parte, allí sirven tarta de manzana, tu postre favorito, y he escuchado que la tarta de la Casa de Ramón es la mejor de toda la ciudad”

    “¡bueno… creo que vale la pena el riesgo por una buena porción de esa tarta!” dice el joven, a quien se le hacía agua la boca por pensar en aquel postre “¡está bien, acepto! Pero debes prometerme que te portaras bien”

    “¡Peter, me ofendes!” exclamo ella, con sarcasmo “¿Cuándo me he portado mal contigo en público?”

    Al anochecer, madre e hijo van hasta el tenedor libre y, tras estacionar el auto, ambos van a recepción.

    “¡bienvenidos a la Casa de Ramón!” exclamo el recepcionista “¿en qué puedo ayudarlos?”

    “buenas noches” dice Isabel, mientras abraza a Peter “mi novio y yo vimos su promoción y decidimos aprovecharla”

    “¿Cómo que novio, mama?” dijo Peter, y luego se llevó una gran sorpresa al leer el cartel que estaba en la entrada

    Dicho cartel tenía escrito lo siguiente: “solo por esta noche, en la Casa de Ramón, 60% de descuento exclusivo para parejas”

    “¡oh, mierda!” pensó el joven, nervioso “¡sabía que algo iba a hacer mama para molestarme!”

    “¿no tiene mucha diferencia de edad para ser novios?” preguntó el recepcionista, con cierta sospecha “además, él le acaba de decir mama”

    “¿y qué? Para el amor no ahí edad. Además, me dijo “mama” porque yo soy su sugar mommy ¿no es así, querido?” pregunto Isabel, mientras nalgueaba a su hijo, quien se sentía tan incómodo y nervioso que no pudo decir nada

    “bien, antes de darles una mesa, déjenme presentarles al inspector de parejas” dice el cajero, y señala a un hombre que estaba parado al lado suyo “él se encargara de vigilarlos durante todo la velada”

    “¿Cómo que un inspector de pareja?” pregunto Isabel

    “verán, como nuestra promoción es solo para parejas, ha habido muchos casos de gente estafadora que fingen ser novios solo para poder tener una cena barata, y es por eso que decidimos contratar a un experto en relaciones que fuese capaz de identificar que parejas son reales y cuáles no”

    “y, solo por curiosidad ¿Qué les hacen a las personas que fingen ser pareja?” pregunto Peter

    “esas personas tendrán la entrada prohibida a nuestro establecimiento de por vida” dice el cajero

    “pero, sea como sea, si ustedes son realmente una pareja, no tendrán nada de que preocuparse” dice el inspector

    “¡es verdad!” exclamo Isabel “y me parece una gran medida la que han tomado ¿Cómo puede haber gente tan miserable que sea capaz de fingir una relación solo por una promoción? ¡Que indignante!”

    Tras la conversación, el recepcionista guía a Isabel y a Peter hasta su mesa, y regresa a su mostrador para hablar con el inspector.

    “no confió en la “sugar mommy”” dice el recepcionista “mantenla vigilada a ella y al joven”

    “no te preocupes” dice el inspector “llevo 17 años en esta profesión y, si ellos están fingiendo, yo seré el primero en saberlo”

    Mientras tanto, madre e hijo ya se encontraban sentados en la mesa, y Peter sintió el pie de su madre rozándole la entrepierna.

    “mama… digo… Isabel ¿Qué haces?” preguntó el joven, nervioso

    “solo trato de ponerle un poco de “romance” a la velada” dice ella, con una sonrisa malvada “¡ahora ven y dame un besito!”

    “¡no podemos hacer eso! Hay mucha gente”

    “¡con mas razón! Somos pareja ¿lo olvidas? Se vería muy sospechoso si no nos ponemos románticos”

    “¿Por qué no me dijiste que la promoción era solo para parejas?” pregunto, molesta

    “se me olvido” dijo ella, entre risas “como sea ¿Me vas a besar o quieres que nos echen?”

    “¡ya que!” exclamo Peter y, con una gran vergüenza, le dio un beso a su propia madre en publico

    “¿a eso le llamas beso? ¡Te enseñare lo que es un beso!” exclamo Isabel, quien agarro a su hijo del cuello y lo beso apasionadamente.

    Madre e hijo entrelazaron sus lenguas en un intenso beso que parecía no tener fin y, durante el mismo, Isabel guio las manos de Peter hacia sus pechos para que este se los agarrara. Finalmente, cuando ambos separaron sus bocas, estas siguieron unidas por gruesos hilos de baba. Aquel beso había sido tan apasionado que no solo llamo la atención de los demás cliente, sino también del mismo inspector.

    “¿todo en orden?” preguntó el empleado

    “si, está todo bien” dijo Isabel “es que mi novio y yo sentimos tanta pasión el uno por el otro que nos es difícil contenernos”

    Un rato después, mientras madre e hijo disfrutaban de un plato principal, Isabel, con gran habilidad, logro bajarle la cremallera del pantalón a Peter con los dedos del pie, y comenzó a masturbando con sus patas.

    “¡mama… detente!” exclamo Peter, mientras hacia un esfuerzo sobrehumano por evitar gemir

    “¿Por qué? Solo estoy disfrutando de mi comida” dice ella, en un tono muy sensual

    “¿se encuentra bien, señor?” pregunto un mozo

    “¡sí, estoy bien!” exclamo el joven, tratando de disimular “solo que la carne estaba un poco picante para mi gusto”

    Una vez que la “pareja” terminara el plato principal, un camarero pasó frente a su mesa para preguntar que querían de postre.

    “yo una porción de tarta de manzana” dijo Peter “¡y que sea bien grande!”

    “¿y usted que quiere, señora?” preguntó el mozo

    “yo nada, ya estoy satisfecha” dijo Isabel

    Unos minutos después, a Peter se le iluminaron los ojos de alegría al ver el postre que le habían traído y, sin dudarlo ni un segundo, lo comenzó a comer con mucho entusiasmo. Al terminar de comer su postre, Peter quedo con una gran sensación de satisfacción y de realización.

    “¿y? ¿Disfrutaste tu postre?” pregunto Isabel, con una sonrisa malvada

    “¡si, estuvo mejor de lo que pensé!” exclamo contento Peter “¡valió la pena pasar por tanto solo por eso!”

    “¡me alegro que te haya gustado, porque ahora es mi turno de disfrutar de un buen postre!”

    “pero le dijiste al mozo que no querías nada” pregunto él, confundido

    “¿y quién dijo que quería comida?” pregunto la milf, mientras dejaba caer adrede su tenedor “¡pero que torpe soy! Mejor voy a buscarlo”

    Una vez debajo de la mesa, Isabel dejo al descubierto sus inmensas tetas, le bajo los pantalones a su hijo, y le comenzó a chupar la verga mientras que, al mismo tiempo, le hacia una paja con sus pechos.

    “¡mama… por favor… detente…!” exclamo Peter, en voz baja, mientras aguantaba sus ganas de gritar de placer “¡nos van a descubrir!”

    “lo se…” respondió ella, mientras le escupía la verga a su hijo “¡por eso me excita tanto!”

    Isabel volvió a introducir la pija de su hijo en su boca y continúo mamándosela con gran fuerza y pasión hasta que, finalmente, este no pudo soportarlo más, y termino eyaculando dentro de la boca de su madre. Luego, la milf le mostro a su hijo todo el semen que esta tenia dentro de su boca, y se lo trago todo de un solo movimiento.

    “bien dulce” dijo ella, mientras salía de debajo de la mesa y se limpiaba la boca con una servilleta “¡justo como me gusta!”

    “bien, ya comiste tu postre” dijo Peter, nervioso “ahora ya es hora de irnos”

    “¡todavía no!” dijo Isabel, mientras agarraba a su hijo del brazo “yo te di placer, así que lo justo es que tú me lo des a mi”

    “¡de ninguna manera!” exclamo Peter

    “o me acompañas al baño o le diré al inspector que fue tu idea la de hacernos pasar como una pareja, y no solo te vetaran de por vida de este lugar sino que, además, pasaras vergüenza por haber besado a tu propia madre” le susurro Isabel al oído, con una sonrisa diabólica “¡tú eliges!”

    Sin más opción, Peter acompaña a Isabel hasta el baño del establecimiento, sin percatarse que ambos estaban bajo la atenta mirada del inspector quien, desde el inicio de la velada, los estuvo observando desde una esquina.

    “¡jamás había visto a una pareja tan apasionada como esta!” pensó el hombre “no me cabe la menor duda de que son novios”

    Una vez en el sanitario, Isabel trabo la puerta y se bajó los pantalones.

    “yo te hice sentir bien con mi boca, ahora es tu deber como hombre hacer lo mismo conmigo” dijo la milf, mientras le daba la espalda a su hijo “¡mete esa lengüita traviesa en mi culo!”

    “¡Ya que!” exclamo Peter, avergonzado, mientras se ponía de rodillas y acataba la orden de su madre

    “¡vamos, puedes hacerlo mejor que eso!” exclamo la culona, entre gemidos, mientras se sentaba sobre la cara de Peter “apuesto que mi culo está más sabroso que esa tarta de manzana ¿verdad?”

    “¡cállate!” exclamo Peter, quien estaba muy excitado

    “¡tú verga parada confirma lo que digo!” exclamo Isabel, entre risas, mientras agitaba sus nalgas

    Luego de un buen rato de estar sintiendo la lengua de su madre dentro de su culo, Isabel le ordeno a este que se detuviera.

    “¡prepárate, porque hoy experimentaras lo que es el sexo anal!” exclamo ella, mientras se ponía encima de Peter

    De un solo sentón, Isabel enterró la verga de su hijo dentro de su culo, y ella se puso en posición vaquera para poder cogerse a su hijo de forma más adecuada.

    “¡mierda!” grito Peter, entre gemidos “¡tú culo está mucho más apretado que tu coño!”

    “y es por eso que te encanta ¿cierto?” pregunto ella, entre risas

    “¡siento que la verga me explota!”

    “¡pues déjalo salir todo!” exclamo la milf, entre risas y gemidos “¡adorna esta “tarta” con tu dulce “crema”!”

    Finalmente, Peter acabo dentro del culo de su madre, dejando este rebosante de esperma, y luego se desmayó a causa de todo el esfuerzo que hizo.

    “¡creo que hoy si me pase!” pensó Isabel, mientras se subía los pantalones y cargaba a su hijo en sus brazos

    Isabel salió del baño con su hijo en brazos, lo que llamo la atención de todo el personal del restaurant.

    “¿Qué le paso?” pregunto un mozo

    “solo le cayó algo mal la comida, no se preocupe” dice ella, mientras trataba de aguantar sus ganas de reír “por cierto ¿Cuándo tendrán otra promoción para parejas?”

    “para el próximo mes tendremos una”

    “¡pues entonces resérvenos una mesa para entonces!” dijo ella, mientras se pasaba la lengua por los labios.

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  • Noche de bodas

    Noche de bodas

    ¡Hola de nuevo!

    Dado la buena acogida que ha tenido el anterior relato cuyo título es “La playa nudista” (o eso me ha parecido), he decidido ponerme con el segundo, que espero que os guste tanto o más que el primero. Este ocurrió el día de mi boda, hace tres años, aproximadamente.

    Cuando tenía 29 años conocí a un hombre que por primera vez en la vida me cautivó. No sé cómo podría llamarlo, pero así fue. Él tiene 10 años más que yo y tras poco más de un año de noviazgo me pidió matrimonio y le dije que sí. Durante el tiempo que fuimos novios le fui fiel, la verdad que me importaba y quería estar solo para él. La cuestión es que conociéndome, tampoco estaba excesivamente segura de lo que podría acabar pasando. Los días fueron pasando, más rápidos que lentos y al final llegó el día de la boda.

    Nos casamos en un pueblo idílico, con su iglesia bonita y los amigos y las familias allí. La celebración la ofrecíamos en una antigua abadía que ahora es un hotel de cinco estrellas con spa. Una autentica maravilla que parecía sacada de un cuento de hadas. El convite pasó, luego el baile y poco a poco la gente se fue yendo a las habitaciones del hotel. Y desde aquí comienza nuestra historia.

    Pese a haber sido un día larguísimo, allí estaba yo a las seis de la madrugada con mi precioso vestido blanco palabra de honor (luciendo mi escote que para eso lo tengo), las medias con liguero, mi preciosa ropa interior y los taconazos, por fin sola y buscando a mi marido para subir a la suite nupcial (una imponente habitación de dos pisos con jacuzzi incluido que era un autentica pasada) y, al menos, descansar un poco ya que al día siguiente por la tarde salíamos en avión para nuestra luna de miel en las maldivas.

    Tras unos minutos buscando, encontré a mi marido en un sofá medio tirado e inconsciente, completamente borracho y casi al borde del coma etílico. No era capaz de abrir los ojos ni de articular palabra. Al principio me asuste un ligeramente, hasta que escuché un gran ronquido que hizo que empezase a enfadarme. Lógicamente yo no tenía fuerza para poder mover a mi marido y por otro lado no podía dejarlo allí. Valoré distintas opciones y decidí subir a la habitación a por el móvil para llamar a mi cuñado y que me ayudase a subirlo.

    Justo cuando me dirigía hacia el ascensor, un camarero que nos había atendido durante la celebración se presentó allí y me pregunto si podía ayudarme en algo. La verdad que valoré rápido y le comenté la situación. El chico, que era negro, era alto y parecía estar fuerte. Me dijo que no me preocupase, que él me ayudaba. Yo le di las gracias mil veces y entre avergonzada y agradecida esperé a que el camarero cargase a mi marido en sus hombros y le fui guiando hasta la suite nupcial. Por el camino, a cada paso que dábamos, mi enfado iba en aumento y por otro lado iba más avergonzada de la situación en la que me estaba metiendo mi recién estrenado marido.

    La suite nupcial estaba divida en dos plantas, en la de abajo (donde estaba la puerta por la que se accedía) había un recibidor, un baño enorme, un salón y un bar con barra incluida y todo tipo de bebidas (alcohólicas y refrescos) con alguna cosa para picar. Por unas bonitas escaleras se accedí al piso de arriba donde estaba la enorme habitación con el baño, una zona de jacuzzi y un balcón con una pequeña sauna. Tras abrir la puerta, el camarero subió a dejar a mi marido al piso de arriba mientras yo le esperaba avergonzada en el piso inferior.

    Quiero aclarar que hasta ese instante estaba enfadada con mi marido y avergonzada con la situación. Ni siquiera me había atrevido a mirarle. En mi mente solo estaba aquella situación que me tenía bastante importunada. El camarero dejo a mi marido en la cama, cerró la puerta de la habitación y bajó las escaleras para irse. Al llegar donde yo estaba me preguntó si podía ayudarme en algo más, yo le dije que no y tras desearme buena noche se dirigió a la puerta para irse.

    Entonces por mi mente paso la idea de quitarme un poco la vergüenza que tenía y le pregunte si podía invitarle a tomar una copa como agradecimiento al favor que me había hecho. El pareció dudar pero la aceptó con gusto, así que pasamos al salón y le pregunte que quería tomar. Él me dijo que un ron cola. Me fui al bar, cogí un vaso, hielo y preparé su copa mientras él se sentaba en uno de los sofás. Le di la copa y yo decidí abrir una botella de champagne (me encanta) y poner una copa para tomarla y acompañarle.

    Hago ahora otra pequeña apreciación. Yo ya había estado con negros (quizá os lo cuente en relatos futuros), y como iréis viendo, el tema del tamaño es como un fetiche para mi… Un buen pollón me pierde. Es lo que hay. Pero hasta ese momento por mi mente ni se me había pasado por la cabeza que fuese a ocurrir nada entre el camarero y yo.

    Pues allí estábamos, cada uno en un sofá, frente a frente. Yo con mi precioso y sexy vestido de novia y el con el uniforme de camarero, su chaleco, su pajarita y sus pantalones.

    Comenzamos a charlar de cosas triviales, y me conto que se llamaba John, que era de Nigeria, que tenía 21 años, que había llegado a España hacia tres años. Que pretendía traerse a su familia, que aquí le habían acogido bien y que le gustaba el país. Fuimos tocando temas insulsos, alguno de ellos graciosos. Cuando vi que había acabado su copa, me fijé que eran algo más de las seis y media de la mañana y le dije si quería tomar otra.

    Se le veía a gusto y me dijo que por él no había problema. Yo llevaba un par de copas de champagne (mas lo que había bebido en la celebración). Le puse la copa y seguimos charlando. No sé como acabamos llegando a la despedida de soltera y me pregunto cómo había sigo. Le comenté que muy tranquila, con viñedos y masajes y cosas así y me pregunto si no había habido stripper. Le dije que no y se rio… Llamó sosas a mis amigas y estuvimos un rato riéndonos del tema comentando el que en una despedida había que darse un gustazo.

    Yo le seguía la conversación. La verdad que consiguió que se me pasase el enfado y que olvidase por completo lo que había pasado con mi marido, y de pronto, no sé por qué, le mire el paquete. Él estaba sentado con las piernas separadas y se podía ver perfectamente. Me sorprendí quitando la vista rápidamente porque noté un bulto de considerable tamaño. Desde ese instante algo dentro de mí comenzó a cambiar. El tema del stripper y las conversaciones siguientes comenzaron a subir de calor.

    Y a mi cada vez se me iban más los ojos a su paquete. Por otro lado, me daba la sensación de que él me miraba el escote y me recorría el cuerpo cada vez que me levantaba a ponerme más champagne en la copa. La sensación que yo tenía es que cada vez que miraba su paquete, el bulto parecía más y más grande… La situación me estaba poniendo poco a poco loca. Empecé a notar como el tanga blanco de encaje se empezaba a humedecer. En un momento, mientras miraba aquel paquete me mordí el labio inferior y él me descubrió y me dijo con toda la calma del mundo que si encontraba algo que me gustase. Puf, no supe que decir.

    Medio tartamudee mirando al suelo y cuando levante la vista vi que se había puesto de pie frente a mí y que se empezaba a abrir el pantalón mientras decía “si quieres verlo mejor te lo enseño”. Yo estaba atónica, perpleja y no puede decir nada. Se quito el pantalón a toda prisa y descubrí que debajo no llevaba ropa interior (según me comento después es muy práctico para las bodas con las invitadas) y una gran polla negra de 23 cm salto como un resorte apuntando al cielo. Si ya estaba húmeda, la explosión de mi coño fue brutal.

    Desde que estaba con mi recién estrenado marido solo había tenido una polla blanca de 14 cm muy normalita, y claro, en comparación, aquello era una autentica maravilla. Se acerco a mí y su polla quedo a la altura de mi boca. Le miré a los ojos, la cogí con mi mano y comencé a comérsela. Lentamente. Disfrutando de cada cm de piel. Tragando y tragando. Se sorprendió cuando la vio desaparecer en mi garganta (el deeptrhoat es una de mis especialidades). Con un pollón así me quedo sin respiración, pero la sensación es increíble.

    Notaba como el placer que sentía era inmenso y por otro lado sentía como mi coño chorreaba empapando el tanga. Tras una mamada que a él le pareció increíble, la saque de mi boca y cogiéndome por la cara me levanto y me llevo a la barra del bar. Allí me dio la vuelta haciendo que me apoyase contra ella. En ese momento me dispuse a decirle como se quitaba el vestido a lo que él respondió que el primer polvo me lo iba a echar con el vestido puesto. Joderrrrr, eso hizo que mis fluidos arroyasen por mis muslos.

    Note como levantaba el vestido, y como poniéndose detrás me apartaba el tanga colocando su polla durísima contra mi empapado coño. “Estas chorreando cabrona”. Cuando escuché eso creí que me derretía del todo, pero en ese instante me empalo. Me la clavo de golpe y al fondo. Y empezó a follarme con furia, como solo los negros saben follar (aunque el chico del primer relato parecía negro follando). Me embestía con fuerza, como un animal que quiere destrozar a su hembra. Entre los 21 años y el ser de Nigeria le daban una fuerza especial y esa forma de follar que es increíble.

    De pronto noté como un orgasmo me llegaba, invadiéndome por completo, mis gritos se intensificaron, mi respiración era un jadeo y me corrí como hacía tiempo que no lo hacía. John siguió follándome con dureza. Mis piernas temblaban, pero él no tenía piedad. Notaba aquella enorme polla entrando y saliendo de mi coño volviéndome loca, destrozándome de placer. Un segundo orgasmo me vino y me dejo casi exhausta. Cuando llevaba follándome cuarenta minutos note como empezaba a acelerarse y, clavándose en mí de una forma animal comenzó a descargar en mi interior mientras yo alcanzaba un tercer orgasmo increíble que me dejaba muerta.

    Note como su corrida me inundaba mientras yo intentaba respirar y recuperar el control de mi cuerpo, los temblores y algún espasmo del último orgasmo aun hacía mella en mí. Note como salía de mí y poco a poco pude recuperar una especie de normalidad que me permitió separarme de la barra aunque necesite sujetarme al sofá. El polvo había sido brutal me había hecho correrme como hacía tiempo que no lo conseguía mi marido.

    Entonces le mire y vi que se acercaba, me dijo que ahora sí que me iba a quitar el vestido y, tras hacerlo me dijo que le dejase mirarme bien. Se alejo un poco y me pidió que me diese una vuelta. Y allí estaba yo, en tacones, medias blancas con liga y liguero a medio muslo, el tanga blanco y el suje blanco dejándome ver por el camarero nigeriano que me acababa de dar el mejor polvo de los últimos años. Tras terminar de dar la vuelta vi que estaba sentado en el sofá con la polla durísima. Le dije que no se moviese y fui caminando de forma sexy hacia él.

    Me puse delante de John y me senté a horcajadas sobre él. Notaba mis fluidos mezclados con su corrida bajando por mi coño. Volví a apartar mi tanga mientras con la mano colocaba aquella polla en mi entrada y me dejaba caer sobre ella llenándome poco a poco. Esa increíble sensación mientras te llenan… Diosss que maravilla.

    Comencé a cabalgarle, primero lentamente y luego subiendo la velocidad mas y mas rápido. Quería demostrarle que yo también era buena dirigiendo (aunque a los negros les gusta más mandar) él se fue dejando hacer. A mí me estaba volviendo loca y tras un buen rato note como me iba a correr. Acelere más el ritmo. Gemía como una loca y el orgasmo me vino con fuerza, como el primero que tuve follando con él. Al estar en mi clímax me quede clavada en el pero él siguió moviéndose haciendo que mi orgasmo fuese más intenso y duradero.

    Cuando acabe de correrme, el paro y me quito de encima poniéndome a cuatro en el sofá y me la clavo de golpe. Ahí volví a sentir el negro que llevaba dentro John… Me follo como un animal, le había despertado por completo. Las embestidas eran duras, fuertes, impresionantes. El chaval se estaba empleando a fondo conmigo. Un segundo y brutal orgasmo me invadió haciendo que me fallaran mis piernas quedándome tumbada boca abajo. El siguió follando más y más duro en esa posición, cada vez mas profundo mas duro.

    Yo sentía como pequeños orgasmos hasta que llego la gran explosión en un squirt impresionante que empapo todo el sofá mientras el se corría sobre mi espalda al tiempo que yo convulsionaba presa de los espasmos. Me había estado follando como un animal durante casi una hora. Estuve varios minutos tumbada boca abajo en el sofá con su corrida en la espalda.

    Cuando conseguí recuperar un poco el control de mi cuerpo me incorporé, me costaba caminar (la falta de costumbre). Vi que eran las nueve y media de la mañana (el primer polvo había comenzado sobre las siete) y me pareció que a esa hora alguien podría empezar a andar por los pasillos. Le dije que me iba a dar una ducha, que si quería descansar un poco antes de irse que podía quedarse un rato. Pero que vigilase la habitación, que estaba allí mi marido (en ese momento me di cuenta de que mi marido estaba allí al lado).

    Me fui al enorme baño de abajo, que quite los tacones, el tanga, las medias y el suje y entre en la ducha. Notaba que me costaba moverme. La ducha era enorme. Abrí el agua y comencé a mojarme. Entonces escuche un ruido y me gire. Allí estaba John abriendo la puerta de la mampara y entrando en la ducha con la polla tiesa como un hierro. Le mire con cara de sorpresa (benditos 21 años) y me cogió en brazos en el aire colocándome sobre su polla. Empezó a moverse pasando el capullo por mi rajita.

    Eso hizo que me empezase a mojar de nuevo. Poco a poco hizo movimientos para mojarme más y empezó a meterme de nuevo su polla en el coño. Sus manos sujetándome por el culo separaban y abrían mi coño. Mis piernas en su espalda… Dios que maravilla. Empezó con un ritmo suave que fue subiendo poco a poco. Notaba como su polla, sus 23 cm de polla negra me llenaba de nuevo. “follame duro cabron, como tú sabes” le dije entre gemidos. John no se lo pensó dos veces y comenzó a llevarme a la locura. Su frenesí y su fuerza hizo que yo me corriese fuerte y rápido y el siguió y siguió. Me reventaba por dentro.

    Entre el calor de la ducha, el maratón de sexo y mi falta de entrenamiento note que empezaba a marearme ligeramente, pero el placer era indescriptible. Entonces note como se acercaba su orgasmo y le dije que me bajase justo después de legar a mi segundo orgasmo del polvo en la ducha. Lo entendió rápido. Jadeando como una loca, me dejo en el suelo de rodillas y como pude mantuve la posición y comencé a comerle la polla y a metérmela por la garganta. Sabía que esto le volvería loco y al poco empezó a descargar en mi garganta mientras que con los músculos de la misma le ordeñaba la polla y le acariciaba los huevos con las manos.

    Una vez que descargo por completo me la saco de la boca (y pude coger aire) y yo me senté en el suelo. Él se ducho mientras yo descansaba y cuando acabo salió del baño. Yo me duché y, tras secarme, salí del baño envuelta en una toalla. Allí estaba John sentado en el sofá vestido. Me dio las gracias por la noche y se fue de la habitación tras comprobar que no había nadie en el pasillo. Eran las doce menos cuarto de la mañana. ¡Madre mía! Qué forma de irse el tiempo.

    En ese momento subí a la habitación, no sabía que me iba a encontrar. Allí estaba mi marido, en la misma posición que le había dejado John. Roncando y casi inconsciente. Yo estaba exhausta, aunque no tenía sueño. Tenía molestias y sabía que iba a tener agujetas. Me costaba un poco caminar. Deshice un poco la cama y me vestí. Le deje una nota a mi marido diciéndole que si despertaba estaba desayunando en la cafetería del hotel y hacia allí me dispuse a ir.

    Al llegar vi a mis amigas de toda la vida que me llamaron para que me sentase con ellas. Las risitas que se traían me empezaron a dar que pensar y me puse nerviosa y de pronto una de ellas me dijo “¡como engaña tu marido, menudo semental joder! Vaya noche te ha pegado”. Yo me hice la sorprendida y ellas me dijeron que sus habitaciones estaban en el mismo pasillo que la suite nupcial y que me habían escuchado disfrutando con mi marido toda la noche. Desde entonces se creen que mi marido es un prodigio sexual.

    Unas horas más tarde mi marido se despertó y volvió a la vida en un estado lamentable. Se pasó los siguientes días buscando la forma de disculparse, pese a que yo le dije que no pasaba nada. De mis agujetas le comente que eran por el tremendo día que habíamos tenido, el baile y toda la celebración.

    Espero que este os haya gustado tanto o más que el anterior, si es así, seguiré con mis experiencias.

    Muchos besitos de Vero.

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  • La profesora

    La profesora

    Suena el teléfono, es un mensaje de texto, miro distraídamente la pantalla; estoy en mi despacho y full trabajo justo a media tarde; mi corazón se acelera es un mensaje de la profesora, sobreentendido y lacónico:

    -A mi oficina a las 4.

    Dejo varias cosas a medio hacer y me preparo para ir a su despacho, llego como le gusta a ella, a tiempo y discretamente, llevando varios libros y carpetas en la mano, mientras avanzo por los pasillos de la Universidad.

    Toco levemente la puerta, y entro a su señal, cerrando con llave tras de mí. Ella está sentada escribiendo uno papeles, no me mira siquiera, extiende su pie descalzo hacia fuera de la silla, y su falda deja ver sus torneadas piernas blancas que contrastan un poco con el polvo en su pie. La saludo como siempre: echándome en el piso a cuatro patas y besando suavemente el empeine de su pie desnudo.

    Ella lo mueve empujándolo hasta el fondo de mi garganta y mi lengua comienza a succionar cada uno de sus deditos, lamiendo sus plantas y limpiando el polvo de sus finos pies, que evidenciaban el andar descalza.

    Ya casi era común que la profesora me hiciera ir a su despacho para lamerle los pies, sobre todo cuando iba en sandalias, a mí me gustaba verla así, pero se ensuciaba los pies, Habíamos acordado que cuando eso pasara yo debía limpiárselos con la lengua hasta dejarlos impecables. Volviendo al relato de aquella tarde:

    La profesora no me hablaba, seguía corrigiendo exámenes distraídamente, paso un rato lamiendo un pie y luego el otro con igual dedicación, sin pensar, rindiéndole tributo como a una doncella. Me gusta servirle así, y ella seguramente lo sabe.

    Por un momento me aparta, permanezco de rodillas frente a sus piernas abiertas que dejan ver en el fondo de la falda su vello púbico. Me acercó un poco y su manos me sujetan firmemente la cabeza, hundiéndome en los ricos jugos de su sexo. Mi lengua frenética se multiplica, como mi pene en el fondo de mi pantalón. Me gusta verla excitada, suspirando mientras mi lengua revolotea el botoncito de su clítoris, una vez otra y otra mas, por decenas de minutos, tragándome sus elixires, empatucando todo el rostro, dándole placer a la profesora.

    Cuando finalmente sacia su sed de placer, me aparta rudamente, y caigo en el piso a sus pies. Se acomoda la falda, sonriente y complacida, ordenando sin emoción:

    -Te has portado bien hoy, como premio puedes sacar tu “cosa”.

    Me incorporo para desabrochar mi pantalón, para liberar mi sexo erecto, pero me detiene la negativa de su cabeza en señal de desaprobación:

    -Quédate de rodillas y háztelo con la mano mientras lames mis pies

    Aquella escena, humillante y dominante me turba, aumenta aún más mi morbo y mi sumisión ante aquella bizarra escena. La profesora sigue sentada, como distraída entre los papeles de su escritorio y los mensajes de teléfono, extendiendo hacia mi un pie a veces, a veces el otro, con las piernas cruzadas, casi inmutable. Mientras permanezco de rodillas tocándome frente a ella, con el único contacto de sus pies en mi boca. Humillado y dominado por aquella Dama definitivamente superior.

    Exploto inundando el piso, y la profesora se ríe mientras me apuro en subirme el pantalón. Para dominarme mas, arroja en el piso un trapo y comprendo que debo limpiar todo en cuatro patas mientras la profesora me pisa las manos y de vez en vez me nalguea para apurarme.

    Al terminar sin casi mirarme me despide:

    -Vete, te llamare cuando quiera que me chupes de nuevo, pero no creas que voy a premiarte la próxima vez.

    Me voy ente abatido y asombrado, pensando que después de todo ha quedado complacida. Los siguientes días espero y miro una y otra vez el teléfono, esperando su mensaje, casi estoy de mal humor, aquella escena bizarra, de dominación femenina , me absorbe y me transporta.

    Casi al finalizar la semana, suena otro clip, ¡es la profesora!:

    -A mi oficina ahora, no hay papel.

    No entiendo el mensaje de las 10 am, por si acaso, saco varias hojas blancas de la impresora y corro a su despacho, llevo también varias hojas de exámenes.

    Entro y me arrodillo a besar sus pies en señal de respeto y sumisión, la profesora está de pie delante de su escritorio, medio sentada sobre la tabla. Me levanta por las orejas y lleva mi rostro hacia su sexo húmedo, siento su sabor salado y me dedico al cunnilingus que tanto le gusta, comprendo que aun gotea su “Shampaña” y me siento idiota al pensar que le faltaba papel de escribir, cuando en realidad era el papel higiénico.

    Esta vez no me deja darle mucho placer, se voltea y me ofrece sus redondas nalgas recostándose sobre el escritorio.

    Mi lengua recorre el espacio entre sus nalgas, repetidamente de arriba abajo y mi lengua penetra su agujero trasero, varias veces hasta dejarlas impecables.

    -Bien perrito en el baño no había papel, ya me limpiasteis, me voy a clases, ¡espera mi mensaje!

    Dice, incorporándose y dejándome arrodillado al cerrar la puerta de su despacho. Me arreglo lo mejor que puedo y me voy a mi oficina, absorto aun con su sabor y su olor.

    En la tarde me llama, debo llevarle café.

    Nuevamente me usa para darle placer con mi lengua, pero al terminar me ordena ponerme en cuatro patas con el pantalón abajo, y siento como me quema cada uno de los golpes que me propina en mis nalgas con una vara. Al comienzo intento gritar, pero al segundo azote me excito y al cabo de tres fuertes azotes más, ya no ha excitación solo dolor.

    -Puedes irte, ¡es posible que te use mañana!

    Me fui soñando, nervioso y excitado por la profesora, dominante, inteligente y sensualmente arrolladora, me la imaginé usando mi miembro para darle placer, obsequiándome sus pies descalzos para que le lamiera el polvo y la tierra, y azotándome con un látigo, tratándome como su esclavo… me excitaba aquellos pensamientos, cuando me despertó el sonido del teléfono. Un mensaje de texto, ¡era la profesora!

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  • En un sauna, otra vez

    En un sauna, otra vez

    Cuando les conté a mis amigas Elvira y Telma que acababa de conocer a un chico rico y además guapísimo casi les da un soponcio de la envidia. No me importó presentárselo a esas dos brujas al cabo de varios días, al fin y al cabo, habían sido amigas mías desde la niñez.

    Román, tan amable él, las invitó a que una tarde se acercasen a su mansión a tomar unos baños de vapor en su fantástica sauna, y he aquí que un día nos vimos allí sentados los cuatro, Román, Elvira, Telma y yo. Y es que Román, con el que me casé un tiempo después ha sido siempre un encanto, y encantadas tenía a mis amigas con la conversación que les planteaba y ellas boquiabiertas con lo que les decía mi novio y sudaditas a la par de relajadas.

    Sentí lo más parecido a un aguijonazo de celos, pero montar una escena hubiera sido ridículo. Lo que pasa es que acercándose a mi oído Román me comentó en voz baja que quería echar un polvo conmigo y con mis amigas, con las tres, allí y en aquel preciso instante. Román es un encanto, ya lo he dicho, pero también un salido; pero como es guapo y rico no hubiera estado justificado negarse a su petición. No hizo falta rogar mucho a mis amigas para convencerlas, porque ellas aún lo deseaban más que él, no habían dejado de coquetear en todo aquel rato.

    Para follar en una sauna es preciso bajar un poco la temperatura, porque ese ejercicio de por si ya te hace sudar. Por un espacio largo de tiempo dejé de ser su novia para convertirme en una igual de tres mujeres y Román hizo lo que quiso con cada una sin distingos o privilegios, penetrando o chupando por donde quiso, como quiso, a quien quiso y cuando quiso. He de ser justa y confesar que llegado el momento mi novio me trató de forma especial, pero eso era debido a la sorpresiva circunstancia en que se convirtió para ambos comprobar que Elvira y Telma se tomaron un tiempo exclusivo para ellas.

    Sigo haciendo hincapié en justificar mis relatos como eróticos. No necesitan más, ni de descripción ni de extensión.

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  • Pelirroja… peligrosa (4ª parte)

    Pelirroja… peligrosa (4ª parte)

    Después de mi sesión de sexo con Silvia, y sin casi ni tiempo para comer, me largué de su casa a darme una ducha en mi piso, casi sin tiempo. Me marché con un beso muy largo, casi en pago por los estragos que había hecho en su trasero. Apenas podía andar, y se sentaba de lado con gestos evidentes de incomodidad. Me acompañó renqueando hasta la puerta.

    -Joooder… cómo me duele… me duele como si me lo hubiera quemado. -Las compresas frías la aliviaban, pero poco rato. Estaba vestida con una bata y sus braguitas. Cuando nos despedimos la acaricié un poco y le apreté una nalga, pero ella apenas sonrió. Sólo cuando la besé yo la abracé pidiéndole perdón y besando su pelo, la sentí temblar entre mis brazos y besarme el cuello.

    Abrí la tienda absolutamente derrengado. Me sentía un poco mareado, y me dolía un poco la cabeza. Lo que más me apetecía era dormir a pierna suelta una semana entera por lo menos. Afortunadamente era un día bastante tranquilo, uno de esos viernes por la tarde soporíferos. La tarde se desgranó, con parsimonia, hasta que llegó la hora del cierre, ya de noche. Mientras tomaba un café en el bar de al lado llamé a Silvia por el móvil.

    -Hola, Silvia.

    -Hola, C…

    -¿Te apetece salir un rato a dar una vuelta? -No es que me hiciera mucha ilusión salir con ella, además juro que esa noche no tenía nada de ganas de sexo. Notaba el nabo hirviendo, y me hacía daño hasta el roce del slip. Lo digo para que juzguen adecuadamente lo que ocurrió después.

    -Ufff… no… estoy bastante dolorida… no, prefiero quedarme en casa.

    No insistí más. La volví a pedir perdón, y me despedí. Así que era viernes, estaba agotado y encima no tenía a nadie para dar una vuelta, salvo que llamara a los colegas que sin duda me harían beber hasta caer al suelo. Salí del bar y de camino a casa paré en un chino a coger algo de cena. Y ¡caramba con quién me encuentro! ¡Nada menos que mi cuadrilla al completo, que iban a celebrar no sé qué y que me habían estado llamando a casa toda la mañana (mi móvil es de la empresa y no lo uso para cosas personales… bueno, aparte de la llamada a Silvia hace un rato)! No supe qué decirles y…

    A las seis de la mañana salíamos Nacho y yo de uno de los garitos de moda, con un pedal de aquí te espero, dando bandazos y diciéndonos mutuamente lo mucho que nos queríamos y que tú y yo, amigos de verdad. Nacho es un chaval grande… pero grande, grande. Medirá como un metro ochenta y cinco, y pesará ciento diez kilos por lo menos, pero ciento diez kilos de puro músculo. Tiene unos brazos como jamones, y la misma inteligencia que un jamón, también, no es por ser tópico, pero un chico un poco lento, … simpático, buena gente, pero cortito.

    De todas formas el chaval es cierto que llama la atención de esas chicas que se dejan impresionar por los musculitos, y gracias a ello yo, borracho perdido, estaba parloteando ahora en la puerta del local sin mucha coherencia con una chavalita rubia a la que se veía a la legua que estaba aburriendo de lo lindo y que sólo me soportaba para ayudar a su amiga a ligarse a Nacho. Mi recién coronado mejor-amigo-de-toda-la-vida se dejaba hacer, porque la amiga de la rubia estaba muy rica.

    Cuando se acabó mi repertorio de chorradas de borracho me callé y miré a mi alrededor para ver… ¡joder! ¡Nada menos que a Nuri y a Marga, las amigas de Silvia! Ellas me vieron inmediatamente, y como también iban bien azufradas de cubatas, se acercaron sonrientes a tope y cariñosas a más no poder. Nacho dejó a la amiga de la rubia para conocer a mis dos repentinas acompañantes.

    Cuando Marga, la pequeñita, vio a Nacho se quedó bastante impresionada. Así que empezamos a charlar y nos fuimos a un local que cerraba bien entrada la mañana. Allí seguimos tomando (aunque yo tenía que conducir, así que me bebí un par de tónicas para intentar al menos recuperar la coordinación mano-ojo y poder abrir la puerta de mi piso), pero las chicas y Nacho se lo estaban pasando de miedo y no paraban de insuflarse copas. Salimos del local ya casi a las diez, yo un poco más sobrio, y los otros tres figuras con una castaña como para salir en la tele.

    El caso es que yo quería ir a casa, y así se lo dije… ¡buena la lie! Soy uno de los pocos de la cuadrilla que tiene casa propia… y me di cuenta de mi error en cuanto se me ocurrió comentarlo. Los tres se pusieron como locos por que fuéramos a mi casa a terminar la fiesta. Por más que insistí, no pude disuadirlos, sobre todo cuando Nacho me dijo en un aparte que le hiciera el favor de llevarle a mi casa para que pudiera tirarse a Marga, o que le dejara el coche al menos.

    Como mi coche es sagrado, al final me resigné: le dije pondría un par de copas y un poco de música, les dejaría solos paras que follaran a gusto, llevaría a Nuri a casa, y luego entraría sin hacer ruido en mi habitación y les dejaría dormir toda la mañana del sábado… ¡pero sólo hasta la hora de comer!

    Lo pienso ahora y es que tenía que estar todavía muy borracho para haber hecho semejantes planes. Juro que yo entonces sólo quería coger la cama y dormir hasta la noche siguiente. Así que cogí el coche, y muy despacito conduje hasta casa, lo metí en el garaje, y con los tres calaveras que me seguían subí a mi casa.

    Entré en casa y dejé pasar a Nacho y a las chicas. Mi casa está bien, y la tengo semivacía porque me sobra mucho sitio. El salón es muy abierto y grande, y solo tiene un sofá, la tele, el equipo de música y una alfombra enorme que ya estaba en el piso cuando lo alquilé. A un lado del salón está la cocina, justo junto al hall, del que, a través de un arco, se entra al salón. En ese mismo lado una barra separa la cocina de la sala de estar, y a los otros tres lados se abren otras tantas puertas que dan a dos dormitorios grandes (cada uno con un baño) y una terraza bastante amplia, respectivamente.

    Las chicas, borrachas como cubas, se descalzan y empiezan a bailar mientras Nacho pone algo de música, un poco alta. Yo voy a la cocina y preparo tres copas.

    -¿Tú no bebes? -me pregunta Nuri, sonriendo y formando esos graciosos hoyuelos en las mejillas. El pantalón rojo que lleva le sienta fenómeno, y baila muy bien. Así que encogiéndome de hombros sirvo un poco de whisky y coca cola en un vaso y me pongo a bailar con ellos.

    Nacho y Marga enseguida se empiezan a comer la boca, y aprovecho para poner un poco de música lenta (no sé lo que pongo, de verdad, Van Morrison creo). Nuri y yo no sentamos, charlamos… La miro a esa carita que tiene, a sus hoyitos, a su pelo rubio, a sus ojos marrón claro… y termino enrollándome con ella en el sofá.

    Se nota que a la tía le va la marcha, porque me come la boca como si nos fuéramos a morir mañana. ¡La leche! Su lengua parece poseída, se menea por mi boca sin parar, cuando se para la tía me muerde y me tira de los labios. Estamos intercambiando saliva como cinco minutos cuando me tocan en el hombro.

    ¡Joder, pego un brinco de la hostia! Es el jodido Nacho, que me hace señas con la mano de Marga agarrada. Pero mira que es cortito, es tío. Sin parar de darme el lote con Nuri, le señalo a una de las habitaciones, y los dos se meten para dentro… Marga es como la mitad de Nacho, o menos… la va a destrozar.

    Pero yo vuelvo a lo mío. Nuri quiere más caña, así que además de comernos la boca la empiezo a magrear la espalda y el culo… lo tiene prieto prieto, firme, como tiene que ser un culo, para entendernos… la verdad es que está buenísima, porque noto sus tetas apoyadas contra mi pecho y son también grandes y duras. Yo creo que en mi vida me he enrollado con una tía que estuviese tan buena. Y ya era hora, la verdad.

    Nuri se acomoda encima de mis rodillas y mientras me besa me desabotona la camisa (aún voy vestido con la ropa del trabajo), mientras yo me saco los zapatos como puedo. Cuando se quita la camiseta veo su sujetador color morado, lleno a rebosar de unas tetas redondas y abundantes. Lo desabotono como puedo (confieso que no es mi especialidad), y libero sus impresionantes ubres. Son grandes, pero sostienen firmes y con una forma redondeada, tetas de adolescente. Se les nota la marca del bikini, porque están bastante blancas, haciendo que destaquen más sus pezones color marrón, duros a más no poder.

    Me las como a bocados, disfrutando de su sabor y de su dureza. Las magreo, las sopeso, las aprieto y me lleno de su tacto y su tersura. Paso una mano por su espalda y empiezo a bajar hasta el culo, que tensa su pantalón. Ella me acaricia la cara, me besa la nuca, el cuello, los hombros, a toda prisa, espoleada por la urgencia de la excitación. De repente se baja de mis rodillas, y mirándome a los ojos se desabrocha el pantalón, deslizándolo por sus piernas, descubriendo unas braguitas moradas y empapadas. Con voz un poco entrecortada me pregunta:

    -¿Tienes un condón? -digo que sí con la cabeza y saco la cartera torpemente, pudiendo apenas sacar un preservativo. Casi se me cae de lo que me tiemblan las manos, y es que en serio les digo que Nuri está buena, buena, buena. Sólo de pensar en que me la iba a comer enterita me ponía al borde del orgasmo.

    -Póntelo, por favor -me dice, apartándose un mechón rebelde de su melena que le cae sobre los ojos. Me bajo los pantalones y el slip, me saco el miembro, abro el condón y me lo pongo, observando que ella mira golosa mi polla, que a pesar del tute de la mañana está bien tiesa, lista para la acción. Cuando lo tengo dispuesto la miro otra vez, ella se baja las bragas dejando a la vista un coño peludo, de vello color oscuro pero bien recortado. Con cuidado se acerca a mi nabo mientras yo la espero sentado con mi mango listo apuntando al techo, lo coge y lo dirige a la entrada de su chochito. Despacio, se va bajando y metiendo mi polla hasta que posa su culo en mis muslos.

    -Aaaah… -gime bajito, y esconde la cabeza en mi cuello. Su cuevita es suave, y siento las paredes de su vagina, rosadas y babeantes, que apresan mi polla con un abrazo relajado pero firme. Ella comienza a subir y bajar, y me lleva al paraíso. Se mueve la hostia de bien, y contrae y relaja su vagina para ir casi manipulando mi nabo. Apoyadas las manos en mis hombros, sube y baja moviendo el culo en círculos, y me invade una sensación maravillosa… ¡qué bien lo hace esta chiquilla!

    Yo mientras me dejo follar, sobeteando bien sus tetas que cuelgan a la altura de mi cabeza, y no pierdo ocasión de magrearle el culito duro y respingón que tiene, con un tacto increíble, de melocotón, firme, prietito y cubierto de unos pelitos finos, casi invisibles, pero que cuando los acaricias se sienten estupendos. ¡Que cuerpazo!

    -Mmmm…. mmmm… -Ella gime con la boca cerrada, mordiéndose el labio, muy bajito, con la frente contra la mía, sacudiendo la cabeza y el pelo de vez en cuando. Estoy echando un polvazo con un yogurín de dieciocho años que folla como una diosa. La sobo bien sobada por todos sus rincones, impregnándome de su olor a colonia y a sudor, frotando con mis manos su espalda y sus costados, sus tetas, su culo, sus muslos firmes, y dejo que ella se entierre en mi polla, se empale el coñito dándome placer.

    Entonces pasa algo. Suena el teléfono, que está en una mesa junto a la tele. Los dos nos paramos, ella sentada en mis rodillas, apretando mi polla con su coño, y yo totalmente desorientado, con la sensación de calor que noto en mi nabo, y la súbita urgencia por coger el teléfono, que sigue sonando.

    Nuri se saca mi polla y se sienta en el sofá, y mi polla reluciente de jugos se encuentra de repente huérfana al frío aire de mi casa. Aguantando una maldición, cojo el teléfono.

    -¿Dígame? -casi grito cuando contesto.

    -¿C…? ¿Eres tú? -¡La madre que me… es Silvia! Casi se me baja de golpe la erección. Miro a Nuri, que está desnuda recostada contra el sofá con los ojos cerrados, y empiezo a maldecir en mi interior.

    -Sí, soy yo. ¿Qué ocurre? Me has despistado, Silvi. -Espero que eso justifique un poco mi rugido al contestar.

    Silvia parece que se contenta con la explicación, y me cuenta un rollo patatero que apenas escucho, porque en realidad estoy mirando con deseo el cuerpo desnudo de Nuri, que no se mueve. Al final termino diciendo que sí a una cena esta noche, y me despido después de aguantar unos minutos su cháchara.

    Cuando cuelgo el teléfono me miro la polla, y la veo medio caída, con el condón colgando como una tripa de cerdo, flojo y arrugado, goteando flujos casi. Me sacudo la polla unas cuantas veces para que se levante y me acerco a Nuri… que está dormida.

    Otros, en mi lugar, hubieran optado por llevarla a la cama y dejarlo correr… al fin y al cabo, son cosas que pasan. Pero es que yo llevaba hambre atrasada, lo juro, la racha que estaba pasando era cosa de no perder, porque ya hacía meses de mi último casquete antes de conocer a Silvia. Una buena temporada sin mojar y ahora, en unos días… Además, estaba medio borracho, excitado como un verraco y con el condón puesto, con una tía bien buena desnuda y mojada delante. Ya les dije que no entraba dentro de mis planes terminar así pero… en fin, uno no es de piedra.

    Traté de despertarla, pero estaba demasiado bebida. Una vez más pensé en llevarla a la cama como un buen chico, pero entonces la miré… y me puse burrísimo. No iba a perder un polvo porque esta niñata se hubiera quedado tiesa de la borrachera. La volteé sobre el sofá, y la dejé boca abajo, con las rodillas apoyadas en el suelo, un poco abiertas, y el torso en el asiento. Así se sujetaba bastante bien, y además tenía el culo en pompa.

    Era un culo… joder qué culo. Firme, tieso, redondo, con dos nalgas carnosas, un poco rojito junto a la raja. Era moreno, pero blanco donde se notaba la marca del bañador. Por abajo asomaban los pelitos y el bulto de su coño. Le separé los glúteos con cuidado, esas montañitas de carne tan suculenta, y miré su hoyito trasero cerrado y marrón, con algunos pelos alrededor, arrugadito y fruncido. Aunque me apetecía metérselo por el culo, tampoco era plan de despertarla porque tenía pinta de que nunca se lo habían metido por ahí y podía haber más que palabras. Dejé que se cerraran las nalgas, y le di un cachetito, escuchando el ¡paf!. Ella se quejó en sueños, pero no hizo gesto alguno.

    Bajé hasta su chochito abierto, rosado y apetitoso, una fruta madura, rojo como una fresa y seguro que igual de dulce. Le separé los labios y miré la abertura, húmeda, parecía un coral. No me iba a perder en florituras. Tenía ganas de enchufarle la polla, descargar y dormir. Así que sin más miramientos se la fui metiendo, sin ninguna dificultad, dentro del coño hasta el fondo.

    -Mmmm… -volvió a gemir, pero sin moverse, la muy guarrilla. La agarré del pelo y empecé a bombear, zas, zas, zas, a todo lo que daba. Golpeaba su culo con mi cintura, haciéndolo sonar y disfrutando la hostia. Notaba una sensación riquísima en la polla, dentro de ese coñito, y empecé a hablar en voz baja.

    -Toma, guarra… toma… ¿quieres polla, zorra?… -Lo acompañaba de cachetes suaves en las nalgas y apretones, enviones bien fuertes y magreadas en las tetas que tenía apretadas contra el sofá. Ella solo gemía de vez en cuando, y eso me excitaba más. Terminé cabalgándola como un salvaje, metiendo mi polla en su coño a todo trapo con un “¡plop, plop!” bastante audible, notando el calor de sus jugos resbalando por mis piernas… la muy puta estaba gozando también.

    Me corrí con varios chorros, tan fuertes que por poco me sacan el condón de la polla. Salí, jadeando, y vi su coño bien abierto y rezumando flujo. Ella respiraba un poco más rápido, y gemía un poco. Aunque me había corrido bien, mi polla no se bajaba, así que me quité el condón y decidí metérsela a pelo.

    ¡Joder qué placer! La sensación de mi polla en su vagina se multiplicó, y mientras se la metía y la sacaba supe que me iba a correr enseguida. Empecé un dos, un dos, a largarle enviones bien fuertes, bien adentro, mientras la cogía de las tetas y la incorporaba, pegando su espalda a mi pecho. Se la metía con saña, y ella ni reaccionaba siquiera más que con unos gemidos y un hilillo de baba que le caía de la boca. Noté que estaba por venir, y entonces decidí realizar una de mis fantasías.

    Le saqué la polla, bien mojada y brillante de jugos, y cogí a Nuri y la tumbé boca arriba en el sofá. Sin dejar de meneármela, me encaramé en el sofá con las rodillas a ambos lados de su cabeza, y apunté mi polla a su boquita entreabierta. Cuando la notó en sus labios, no hizo nada, así que metí el capullo en su boca… ¡y la muy puta empezó a succionar! Con un placer increíble, empecé a largar semen dentro de su boca, mientras ella chupaba

    -Chup… chup… -hacía con la boca, la muy guarra, y yo gocé como nunca de una corrida. Cuando saqué la polla, ya fláccida, con un ruido húmedo, estaba cubierta de saliva, y de la boca de Nuri, por sus finos labios rosas, se escurría una gota de semen. Con un dedo la recogí y la metí en su boca… ¡y ella empezó a chuparme el dedo!. Lo saqué, y ella seguía con la boca entreabierta.

    Me senté en el suelo, totalmente seco y con la polla reducida a un colgajo arrugado. Ni mirando ese culito respingón conseguí que mi polla reaccionase. Lamento no ser un semental y no poder contarles que me la tiré en doscientas posiciones, pero realmente dos polvos seguidos es para mí una marca considerable, teniendo en cuenta las circunstancias.

    Supongo que mi deber era llevar a Nuri a la cama, pero estaba sin fuerzas, así que medio la llevé medio la arrastré a la cama, la tiré encima desnuda como estaba, sudada, manchada de sus propios caldos, la tapé con una manta y yo me tumbé a su lado.

    Abrí los ojos y parpadeé por culpa de la luz de la ventana. Miré el reloj de la mesilla. ¡Las seis y cuarto de la tarde! No fue hasta que me incorporé que vi el cuerpo desnudo de Nuri a mi lado, además de un dolor de cabeza nada placentero, y un considerable malestar de estómago. Todo lo que había ocurrido la noche anterior regresó a mi cabeza sin preocuparse de llamar antes ni de saber si estaba ocupado. Me quedé atontado, y decidí refrescarme un poco la cara. Cuando fui al baño me miré en el espejo y lo que vi no me gustó nada de nada. Tenía unas ojeras de medio metro, la barba desarreglada, despeinado por completo, y con unos bonitos chupetones amoratados por todo el cuello.

    Me escocía bastante la polla, además. Después de dos días, la tenía escoriada, con manchas rojas, y me dolía con solo cogerla. Así que me puse el albornoz, con cuidado de no tocarla demasiado, y salí a… bueno, a desayunar a la hora de la merienda. Y al salir de mi habitación, vi a Marga y Nacho tomando café, o cola cao, en la cocina.

    Esa es otra. La puta Marga es una víbora… y fijo que no tarda un minuto en irle con el cuento a Silvia. Me miraba, colorada como un tomate, en un silencio embarazoso, rehuyendo mis ojos, mientras Nacho intentaba mantener una conversación… qué cortito es el chaval.

    Se avecinaba tormenta, aunque yo todavía no podía saberlo.

    Continuará.

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  • De profesión: Puta (2)

    De profesión: Puta (2)

    Preferí no pensar en nada de lo sucedido el día anterior y dejarme llevar por mi morbo.

    Al fin y al cabo sólo seguiría yendo por allí hasta finalizar las entrevistas, eso me repetía una y otra vez a mi misma.

    Así que al día siguiente regrese al chalet, sólo que esta vez entre por una puerta lateral y no por la principal, tal y como me había indicado la señora antes de marcharme el día anterior.

    Me volvió a abrir ella la puerta, me saludo muy amablemente, haciéndome pasar de nuevo al despacho, a medida que fui entrando dentro del despacho, iba recordando la mamada que le había hecho allí mismo a Raimon, se me hizo la boca agua.

    Raimon no tardó en llegar, tras saludarme, se sentó detrás de la mesa del despacho y sacando una llave de uno de sus bolsillos, abrió uno de los cajones y sacó una carpeta que contenía los cuestionarios, que había cumplimentado durante mi primera visita y otros que quedaban por hacer.

    La mayoría de las preguntas eran las mismas que el día anterior, supongo que por confirmar que lo que había estado diciendo era cierto y no me lo estaba inventando.

    Justo antes de una pregunta, Raimon, se detuvo y se sonrió.

    –esta, ya la se.

    –¿cómo?

    –¿tragas semen?

    Y se me escapo una sonora risa y guiñándole un ojo le dije:

    –sin duda ya sabes la respuesta.

    Tras terminarse toda la serie de preguntas, Raimon dijo:

    –Muy bien, estos cuestionarios están acabados y no te preocupes son totalmente confidenciales.

    –No me cabe duda de que así es.

    –Muy bien Vanessa, vete desnudando.

    Me levanté sin decir nada, me fui quitando la blusa y la minifalda que llevaba puestas, plegándolas y dejándolas sobre la silla, no me había puesto nada de ropa interior.

    –mmm, veo que hoy ya venias preparada, me gusta ese detalle, me la pones muy dura nena, pero puedes estar aún mejor, haz lo que te digo, tira de tus pezones y aprieta un poco tu clítoris.

    Así lo hice.

    –Ves, de esta forma resaltan más, se dejan ver mejor y llevando el coñito depilado como tú, aún destacan más, ahora otro detalle más, moja bien los dedos de saliva, pero no exceso, extiéndela por tus pezones y la rajita de tu coño, que brillen pero que no queden restos.

    Hice lo que me pidió.

    –perfecta, de esta forma una vez resaltadas tus partes erógenas con ese toque de saliva, das la sensación de que vas pidiendo guerra. Los detalles para ser más apetecible son importantes. Dar la sensación de estar predispuesta a ser follada es imprescindible. Tenlo muy presente.

    –lo recordare Raimon

    –muy bien, ya puedes vestirte.

    Le mire desilusionada (pensé que me pediría que le hiciera otra mamada, pronto acabarían las entrevistas y nunca más le vería) ) él no se percato de mi desilusión, cuando termine de volver a ponerme la ropa dijo:

    –ven conmigo

    Le seguí hasta otra sala, al entrar había allí dos chicas más sentadas, esperando, eran muy bellas, soplé disimuladamente pensando en que estaban muy buenas, mal asunto, menuda competencia.

    Raimon me las presento, nos saludamos con educación.

    Tras irse Raimon comenzamos a charlar de cosas como el tiempo intentando romper el hielo y claramente haciendo un esfuerzo por ser amables ya que sabíamos que sólo una sería seleccionada, yo soy muy amiga de mis amigas pero a mis enemigas ni agua.

    Por fin Raimon regreso.

    –Bueno chicas, ahora es cuando la cosa va en serio, las tres sois las únicas que quedáis y en estos días se decidirá quien pasa a formar parte de nuestro selecto club.

    Ninguna de las tres dijimos nada y Raimon continuo:

    –Obviamente durante las pruebas no habrá renumeración alguna, es vuestra decisión, si alguna quiere abandonar, ahora es el momento, no hay problema.

    Las tres nos miramos las unas a las otras, esperando que alguna competidora se eliminara por si misma, pero ninguna estaba dispuesta a dar el brazo a torcer tan fácilmente.

    Raimon viendo que ninguna decía nada, prosiguió:

    –Hoy la cosa consiste en:

    Dentro de esa habitación (señalo una puerta) hay cinco clientes nuestros, los de mayor antigüedad, tienen la amabilidad y el placer de ayudarnos a seleccionar nuestro personal, entraréis por el siguiente orden (a mi me toco ser la segunda)

    Primera vez: las tres os podréis esos vestidos de licra atigrados (señalo un armario donde había ropa de todo tipo).

    Segunda vez: os pondréis un bañador a vuestra elección

    Tercera vez y última: desnudas.

    Raimon se coloco en la puerta asignada esperando mientras nosotras nos desvestíamos y nos poníamos el vestido que nos había indicado, cuando estuvimos listas, Raimon llamo a la primera, le dijo algo al oído y entro.

    Me preguntaba que le habría dicho.

    Fue mi turno me acerqué a Raimon y repitió la misma operación diciéndome al oído:

    –Cuando entres llegas hasta la luz, dices tu nombre, dar una par de giros para que te vean bien y después dices tu nombre de “guerra”, debes pensarlo dentro, suerte.

    Pasé al interior de la habitación estaba en semipenumbra, excepto por un foco que iluminaba con un haz de luz vertical el centro de la habitación, los cincos hombres apenas se podían vislumbrar , estaban sentados en una especie de sillones y guardaban silencio.

    Camine lo mas sexy que pude hasta quedar debajo del foco, no se porque quizás por la oscuridad, quizás por los nervios en lugar de decir buenos días dije:

    –buenas noches, soy Vanessa.

    Di un par de giros para que pudieran observarme en toda mi belleza, entonces recordé lo del nombre de “guerra” me quede parada por un segundo sin saber que decir y entonces recordé mi curiosidad gatuna e instintivamente dije:

    –Pueden llamarme gatita y llevando de forma elegante mi hombro izquierdo hacia delante y colocando casi mi cabeza sobre el hombro, hice como si fuera a dar un beso abriendo todo lo que podía mis ojos, para que se vieran su bonito color verde, tras eso salí de la habitación

    Una vez fuera tenía el corazón latiendo a toda velocidad, pensaba que se me iba a salir del pecho, después de respirar varias veces profundamente conseguí tranquilizarme.

    Para la segunda parte no podíamos elegir bañador hasta que la tercera chica también estuviera allí, así que esperamos que saliera de la habitación, vi que ellas se elegían unos bañadores minúsculos, yo me decante por uno de tipo short y top de color amarillo, pensé que seria diferente además si la tercera parte, era ir completamente desnuda, para que dejarles ver en el segundo pase ya casi todo.

    Antes de ponerme el bañador, me di la vuelta, quedando de espaldas a las chicas y me pellizqué los pezones, apreté el clítoris todo lo disimuladamente que pude, tal y como me había dicho Raimon, pensé que quizás me habrían visto y me imitarían, pero no, cada una estaba muy ocupada en si misma como para fijarse en que hacían las otras.

    Al ponerme el bañador, quedo ajustado a mi cuerpo, luciendo mis bonitas curvas y marcándose perfectamente mis pezones y la forma de mi vulva.

    Mi turno. Controlo a dudas penas los latidos de mi corazón y entro de nuevo.

    Al quedar situada bajo el foco, el contraste de la luz con el color amarillo provoco que destacaran más mis pezones así como la forma redondeada y firme de mis senos, mi rajita quedo sutilmente marcada dándole un toque extremadamente morboso al conjunto, gire sobre mi misma para que pudieran apreciar la dureza y belleza de mi culo y tras la el giro, salí de la habitación.

    Ya fuera, me desnude y espere a que fuera mi turno y justo antes de que me tocara, hice lo de la saliva, mojando mis pezones y mi rajita tal y como me había enseñado Raimon teniendo también cuidado de que no me viera la que quedaba por entrar.

    Entre de nuevo hasta que el foco me alumbró, di el giro mucho más lentamente que las dos veces anteriores , cuando termine, no me habían dicho que dijera nada, aun así me arriesgue a decir un:

    –espero haber sido de su agrado.

    Y sin esperar respuesta, salí de la habitación, me di cuenta que en ningún instante de las tres pruebas me había sentido incomoda, tras vestirme, Raimon nos dijo que llamásemos el próximo lunes para saber si habíamos sido lo elegida o no, las que no ya no era necesario que aparecieran por ahí más.

    Me despedí con dos besos de Raimon y las otras dos chicas salieron por la puerta y cuando yo también estaba a punto de salir, me gire y dije:

    –el bolso, me he dejado el bolso en el despacho

    –No pasa nada tranquila, son los nervios, vamos a buscarlo.

    Cerró la puerta y no dirigimos al despacho, Raimon entro por delante moviendo la cabeza de un lado a otro buscando mi bolso, entonces se paró, dio media vuelta y dijo:

    –pero si tu no has traído bolso.

    Justo cuando acaba de decir la frase me eche encima de él, besándole ardientemente, él respondió metiéndome su lengua húmeda, juguetona en la boca al mismo tiempo que su manos me desabrochaban con destreza la blusa dejándola caer al suelo.

    Sus manos cogieron con fuerza mis pechos apretándolos, acariciándolos mientras nuestras lenguas seguían entrelazadas, una de sus fuertes manos se posó en mi culo por encima de la mini apretándome contra él pude notar la dureza de su paquete pero esa presión duro poco, soltó mi culo y su mano desapareció por debajo de la mini, mis piernas se separaron y sus dedos frotaron todo mi coñito para luego centrarse en mi clítoris, no tarde en estar totalmente mojada, dejó de besarme y se agacho un poco hasta alcanzar mis pechos y comenzó a morderme suavemente los pezones, mi respiración se aceleró casi hasta empezar a gemir por el placer, él introdujo dos de sus dedos en el interior de mi vagina.

    Pegué un pequeño gritito de placer seguido de fuertes gemidos ya que sus dedos se movían de forma hábil entrando y saliendo de mi coño cada vez más mojados por mis jugos vaginales, entonces paro, se agacho y me cogió en brazos dirigiéndose hacía un sofá que estaba en un lateral del despacho, me coloco en el sofá de forma que quede tumbada, él se incorporó y se desnudó todo lo rápido que pudo, no tardó en quedar a la vista su enorme y preciosa polla.

    Se tumbo sobre mi, note el calor de su cuerpo cuando se apoyó sobre mi luego me beso en el cuello y seguidamente se cogió la polla con la mano y tras restregar su capullo en mi rajita durante un rato, soltó su polla para con un rápido movimiento de cadera clavarme su polla en el coño, entro gran parte de ella pero no toda, grite de placer, Raimon seguía haciendo fuerza con su cadera para que su enorme polla se introdujese del todo en mi coño, poco a poco mi vagina se acomodó a ese visitante gigante y pronto pude sentirla dura y caliente por completo, toda dentro de mi, me estremecí.

    Comenzó a follarme lentamente para ir acelerando poco a poco, clavándome su polla una y otra vez cada vez más intensamente, entonces me di cuenta que en vez de estar terriblemente excitada me sentía rara, aunque no entendía el porque hacía un segundo estaba muy excitada, él se dio cuenta:

    –no estas cómoda

    –no, me pica la tela del sofá (le conteste sin saber que otra excusa decirle)

    –espera que cambiamos de postura

    –vale

    Él se puso de pie y me tendió la mano cuando se la cogí tiro de mi y me levanto después sin soltarme la mano me llevo a la parte posterior del sofá y me beso en los labios antes de darme la vuelta y colocar su mano en mi espalda para que me inclinase, quede allí apoyada en el sofá con mi culito en pompa, como mi mini le molestaba me la recogió hasta la cintura, dio una palmadita en mi culo

    –hummm que culo tan duro y redondito tienes, me encanta

    Giré un poco la cabeza y le sonreí.

    Su polla entro de nuevo con fuerza en mi coño todavía mojado, llenándome, haciéndome soltar un gemido de dolor mezclado con el placer de la sensación, sus fuertes manos me sujetaron por la cintura a la vez que me iba follando más y más rápido, me moje por completo como el continuo ruido de chof chof confirmaba pero yo no me sentía bien incluso me daba la sensación de que todo me diera vueltas, como si estuviera mareada y sentía como un nudo en el estómago.

    Oh Dios, entonces caí en la cuenta que estaba en la misma postura que con don Hilario y que tenía la misma sensación que con él, además mi cuerpo había reaccionado de la misma forma a pesar de cómo me sentía estaba mojada, tensa y mis pechos duros.

    En ese momento, fue cuando me di cuenta que había estado cachonda durante toda la follada con don Hilario, sólo que mi consciencia me jugaba malas pasadas al igual que ahora, por eso don Hilario me dejo la tarjeta, se dio cuenta que a pesar de mi tensión mental, a pesar todo, mi cuerpo había disfrutado de cada instante, los gritos de placer de Raimon me sacaron de mis pensamientos, sus manos me apretaron aún más, sus movimientos de embestida se volvieron mas lentos pero más potentes unos segundos después con un:

    –me corro, Vanessa

    Saco su polla de mi coño y masturbándose con rapidez la soltó toda en mi culito y espalda cayendo con grandes y calientes chorretones, finalmente dio un par de golpes con su polla en mi culo sacando los últimos restos de semen que le quedaban y se alejó diciendo:

    –espera voy a por una toallitas

    Cuando regreso, me limpio él y luego dándome otra palmadita en mi bonito trasero dijo:

    –tienes que relajarte más guapa, aun así ha sido un polvo fantástico tienes un coño increíble

    Sacando fuerza de flaqueza, haciéndome la dura le dije:

    –es cuestión de práctica

    –jajaja, es verdad, tienes toda la razón.

    Recogí mi blusa, me la puse y me arreglé un poco el pelo, nos dirigimos hacia la puerta.

    –Así pues, llamo, el lunes.

    –Si cariño, yo no puedo hacer nada al respecto pero espero que seas tu la elegida para mi eres la que mejor potencial tiene sin duda.

    –gracias Raimon, adiós

    Ya en mi casa los remordimientos por lo hecho rondaban de nuevo por mi cabeza, tanto que finalmente decidí que ni siquiera llamaría para saber si había sido la elegida, se acabaron mis locuras como Vanessa (me dije a mi misma) además al día siguiente llegaría a casa mi marido, que con la nueva ampliación, estaba siempre de viaje de negocios.

    Por fin era viernes y mi marido llegó a casa, el pobrecito estaba agotado por el trabajo y el jet lag, que tras charlar un rato y darnos unos besitos, se fue a dormir.

    Cuando se levantó comimos tranquilamente, comentando cosas si n importancia, yo esperaba que hiciéramos el amor por la tarde, pero justo cuando estaba dándole vueltas esa idea, mi marido me comento:

    –esta noche tenemos una cena de todas las empresas…

    –pero sino tengo nada que ponerme (si ya se que es algo que la mujeres siempre decimos pero como sino conseguiríamos vestidos y zapatos nuevos que sois muy tacaños los hombres jajaja)

    –anda toma dinero y vete arreglar para la cena y cómprate ropa nueva, pero esta vez cómprate algo bonito vale

    Fui a hacerme la manicura, pedicura, limpieza de poros, depilación, peluquería…

    Tras eso me dirigí a una tienda especializada en vestidos de noche y complementos, había vestidos que te dejaban sin habla pero aunque tenía un presupuesto elevado muchos quedaban fuera de mi alcance.

    Tras hacerle una serie de indicaciones a la dependienta de lo que quería, me llevo hacía el apartado que pensaba que sería más de mi agrado, mientras empecé a darle vueltas a algo que me había dejado un poco perturbada, lo de que mi marido me dijera esta vez cómprate algo bonito, se refería a que ahora nos podíamos permitir lujos o lo dijo porque me pusiera algo que fuera más llamativo que hiciera que en la cena le pudiesen surgir más contactos de negocios o mejorar su status.

    Las indicaciones de la dependienta sobre un modelo de vestido, me sacó de mis pensamientos, era vestido precioso de color negro, escote en forma de barca, con caída de falda en pliegues, muy de mi estilo, como sé que soy una mujer atractiva y por no poner más celoso a mi marido ese tipo de vestidos eran ideales, bonitos pero no llamativos por ser sexys.

    Nunca consigo comprar algo a la primera siempre tengo que mirar cientos de prendas pero esta vez sin duda el vestido era el ideal, sino fuera porque colgado de una percha acababa de ver otro vestido, un vestido más del estilo de Vanessa que del mío, muy sexy ceñido, con escote de ojo de cerradura, y espalda abierta, de cierre en el cuello y con una tira de adorno horizontal a base de un bonito granulado enjoyado entre los pechos y el ombligo y otro del mismo estilo que llevaba a hasta finalizar los pliegues horizontales y se iniciaba una larga falda hasta los pies diseñado por Jovani y del color hot pink.

    Una autentica preciosidad pero si me ponía eso a mi marido le iba a dar un infarto.

    Pero no pude contenerme y quise probármelo, me quedaba impresionante, me probé también el vestido negro que me quedaba sin duda muy bonito.

    Decidí comprármelos los dos, con zapatos y bolso a conjunto, más que nada por saber a que se había referido mi marido con esa frase durante la comida, así que uno lo pagué con el dinero que me dio y el otro con mi tarjeta.

    Al llegar a mi casa, había una nota de mi marido que estaba en la oficina pero que volvería enseguida, saque ambos vestidos de sus bolsas protectoras y los deje sobre la cama, pensando cual ponerme, estuve caminando de arriba abajo por la habitación nerviosa sin decidirme, finalmente decidí arriesgarme a su enfado y ponerme el Jovani, era tan escotado que obviamente no se podía llevar sujetador así que como ropa interior solo llevaba un pequeño tanga de un color muy parecido al vestido, acababa de terminar los últimos detalles del maquillaje cuando llego mi marido.

    –Espera cariño ahora salgo

    Cuando salí mi marido se quedó con la boca abierta, creo que de haber tenido tiempo me habría hecho el amor allí mismo.

    –¿Esto es a lo que te referías con lo de algo bonito?

    –es perfecto.

    Le sonreí, le di un beso y se fue al dormitorio vestirse.

    Yo me quede allí, arreglando mi bolso, pensando:

    Así que cuando le interesa para el negocio no le importa como me vista pues muy bien si quiere que sea una esposa de negocios, seré una esposa de negocios.

    Entramos en la mansión donde se celebraba la cena de negocios era algo que quitaba el aliento realmente espectacular, nos presentaron digamos en “sociedad” sin duda había elegido bien el vestido desde el primer instante todo los ojos se centraban en mi.

    En cuanto mi marido se alejó de mi para hablar de negocios con otros empresarios no faltaban moscones que se acercasen preguntando por la empresa en la que trabajaba etc.

    Fui todo lo amable que pude, no me faltaba hombre que me trajera una copa de buen cava español cada vez que se me vaciaba.

    Yo veía que mi marido de vez en cuando miraba hacía donde yo estaba pero como no decía nada pues yo continuaba siendo muy simpática y alegre con los hombres que se acercaban a mi , claro que el cava también ayudaba a que cada vez estuviera más desinhibida.

    Hasta que de repente alguien me saludo a mis espaldas.

    –hola guapa.

    Reconocí la voz era don Hilario.

    Me quede helada, no sabía que hacer ni que decir, me dio hasta miedo que soltara alguna barbaridad o que me preguntara por la tarjeta ahí en medio de tanta gente.

    Por suerte se comportó con naturalidad y fue muy amable, eso me tranquilizo.

    La verdad es que la conversación con él fue muy divertida desenfadada no creí que tuviera esa forma de ser, el que si me tenía alucinada era mi marido que incluso estando charlando con don Hilario no se acercó hasta mi.

    –tú sabrás lo que haces –pensé.

    Bastante gente se había retirado ya y finalmente ya sólo estaba charlando con don Hilario, en ese momento aprovecho para decirme:

    –bueno guapa tengo de cerrar un negocio así que ya nos vemos después

    –hasta dentro de un rato

    Entonces don Hilario acercándose un poco más a mi y me dijo en voz baja:

    –desde luego me arrepiento enormemente de no haberte mirado los pechos cuando pude, sin duda son preciosos, menudo fallo tuve

    Miró de nuevo mi amplio escote y dando media vuelta desapareció del salón.

    Me fui a los lavabos tanto por necesidad como para refrescarme un poco hacia calor, como no había nadie decidí quedarme un rato sentada descansando, luego busqué a mi marido que había cambiado de acompañantes y seguía enfrascado en conversaciones, me hizo una señal con la mano, como diciendo ¿todo bien?

    Asentí con la cabeza mientras levantaba mi copa.

    Vaya está vacía.

    Me acerqué hasta uno de los sirvientes y le pedí otra copa, me la trajo casi inmediatamente para después desaparecer no sin antes mirarme de arriba abajo disimuladamente admirando mi belleza.

    Decidí salir a una de las terrazas, para tomar un poco el aire, era una noche de verano preciosa, pero cuando abrí la puerta, vi que había un hombre que hablaba con otro, me disculpé y fui a dar media vuelta para irme pero entonces el otro hombre me dijo:

    –no te vayas, ya hemos terminado de hablar de negocios

    Era don Hilario.

    –Ven te presento al señor Hessel

    Nos saludamos amablemente y entablamos conversación, mi copa volvió a vaciarse, enseguida el señor Hessel se ofreció voluntario para llevarse mi copa y traerme otra, cuando salió de la terraza me apoye en la barandilla estirándome para sentir en todo mi cuerpo la suave brisa de verano con olor a flores del inmenso jardín que rodeada la mansión, mis pezones se endurecieron al notar la fina tela de mi vestido frotándose contra ellos por el movimiento que producía el suave viento.

    Tenía las mejillas sonrosadas de tanto beber, entonces don Hilario hizo un comentario jocoso y no pude evitar reírme a carcajadas, él se quedó mirándome y en tono medio en broma dijo:

    –sin duda eres preciosa y esos pechos mmm nunca me perdonare el no haberte mirado los pechos cuando tuve ocasión y se rio.

    –bueno eso tiene fácil solución

    Me gire hacia él a la vez que lleve mis manos al cierre del cuello y tras desabrocharlo deje caer mi vestido, el cual bajo hasta el adorno horizontal dejando a la vista mis pechos redondos firme con sus pezones rosados, puntiagudos y duros, justo en ese instante la puerta de la terraza se abrió, ya había visto de reojo que el que llegaba era Hessel pero me hice la sorprendida y me gire hacía él sin subirme el vestido con lo cual pudo ver perfectamente mis senos, se quedó ahí parado con los ojos bien abiertos y sujetando con una mano la maneta de la puerta de la terraza y con la otra mi copa de cava español, entonces me subí rápidamente mi vestido y abroche de nuevo el cierre al mismo tiempo que me dirigí hacia él, le cogí la copa de la mano y salí de la terraza.

    Había dado un par de pasos, cuando don Hilario le dijo algo a Hessel que no llegue a entender entonces Hessel dijo:

    –¡que te la has follado! y girándose hacia donde yo estaba dijo:

    –yo también quiero.

    Yo seguí caminando con aire elegante y con una de mis manos sin girarme hice un gesto para que pudiera verlo, frote mis dedos en señal de decir –demasiado dinero-

    No sabía como había sido capaz de llegar a todo esto pero si sabía como me sentía, me sentía feliz, liberada y por supuesto muy cachonda.

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  • La preferida de mi suegro (2)

    La preferida de mi suegro (2)

    La tarde se había vuelto más calurosa que nunca y lo sorprendió otra vez pensando. En ella. En su forma de moverse. En el tamaño de ese sabroso trasero que disfrutaría el inútil. Procuró despabilarse encendiendo la televisión y no encontró otra cosa que un programa de chimentos donde vio a una vedete que se le parecía bastante. La apagó. Decidió hojear un diario donde cayó de pronto en una página donde había una hermosa morocha increíblemente dotada como la que le sacaba el sueño en ese momento.

    -Basta -se dijo- voy a salir.

    Los domingos eran tan aburridos para él que los padecía. Al contrario de otros que enloquecían con el fútbol por televisión, Manuel prefería salir con algún fato que siempre tenía a mano, tirar una canita al aire era algo usual para él cada fin de semana. Pero había algo ahora que verdaderamente se lo impedía. Un inconveniente. Un problema que existía desde hacía dos meses. Desde la noche que Roberto había elegido para presentarse como el novio de América.

    -Caderas generosas y pechos… enormes. Cabello largo renegrido y labios carnosos… Una bestia -exageró Ricardo.

    -Hablás de minas como si fueras un pajero -bromeó él.

    -Es que desde que se ve todo lo que pasa en la habitación, estoy enloquecido. Los pendejos se cogen todo.

    Vaya suerte de uno, pensó Manuel. El intentaba despabilarse, deshacerse de los malos pensamientos y su amigo le convidaba una sesión de chabacano voyerismo.

    -Vamos. No perdés nada con ver. Relajate. Desconectate de una vez.

    Manuel ya se había acostumbrado tanto a las mentiras de Ricardo que creyó que ni siquiera era necesario contradecirlo.

    -¿No me crees? Resulta que hay una pendeja tremenda ahora en una de las habitaciones. ¿Querés comprobarlo?

    El sexagenario lo sobró con la mirada. A papá mono no le iban a vender bananas.

    -Está más buena que un lunes feriado. En serio. Te juro que nunca vi unas carnes iguales. Lejos es la mejor que se clavaron por lo menos en los últimos dos meses. Vení a comprobarlo. Total ¿qué perdés?

    Tenía razón Ricardo, al fin y cabo. Sin ánimo de llamar a sus fatos y Desganado, el veterano tano que ya lo había visto todo en la vida esperaba encontrarse con otro patético espectáculo digno del peor de los pajueranos.

    -Vení -decidió finalmente Ricardo conduciéndolo a una habitación.

    Dejaron los bolsos que habían tomado para salir y Ricardo cruzó la sala hasta un vestíbulo atravesado por un pasillito que conducía a las habitaciones interiores. El señor se detuvo antes de llegar a una puerta entornada, giró sobre sus talones y miró a su amigo llevando su índice a los labios, en señal de silencio. Sonrió al comprobar la sorpresa instalada en el rostro de Manuel escuchando los primeros gemidos. Era una voz conocida, sin dudas. Sus jadeos suaves, rítmicos pero tranquilos, rezumaban satisfacción y una paz que no era coherente con las estridencias orgiásticas que siempre le refería su amigo.

    Sin embargo, aunque la calma regía el acto que se consumaba al otro lado de la puerta, era la primera vez que Manuel comprobaba que Ricardo no mentía y se sorprendió con lo rápido y fácil que la situación lo excitó. Ricardo no pudo saber que el muchacho que se deshacía en caricias era el hijo de Manuel y que la “minita más buena que un feriado“ no era otra que Luana, su novia. Manuel se cuidó de no revelarlo pese al shock que experimentó. Un calor le subió de repente por la entrepierna y quedó evidenciado en un rubor que ya no pudo simular. Ahora que los jadeos se hacían más acompasados e intensos y lo ponían cada vez más nervioso. Ricardo lo advirtió claramente y se hizo a un lado cediéndole el lugar a su amigo el lugar para que se asomara a espiar.

    Al mirar por el mínimo resquicio que dejaba la abertura dejada adrede vio a Luana desnuda, desparramada en la cama, boca abajo, y al bueno de Roberto prendado de sus muslos, con el rostro enterrado en su entrepierna, haciéndole un cunnilingus. Era una imagen de entrega tal que procuró no hacer el más mínimo movimiento para evitar que un ruido interrumpiera lo que pasaba. Las generosas piernas de Luana, abiertas como si fueran un compás, estaban en una rigidez extrema que hacía que se marcaran los músculos bien definidos de los muslos y de las pantorrillas, una particularidad de su físico; un cuerpo de yegua esculpido en agotadoras sesiones en el gimnasio.

    Físicamente, Luana se parecía algo a Mónica, una ex novia de su hijo, aunque sin dudar ella estaba tremendamente más buena y al contemplarla una parte de él se vio reflejada en la escena, como si se transportara a la habitación de repente. Nunca había practicado esa peculiar posición con ninguna de sus muchas amantes, recordó. Porque más allá de la excitación nacida por aquello que veía, la imagen de adoración de su hijo perdido entre las nalgas de su novia le provocó un genuino sentimiento de ternura, de absoluta pertenencia de su vástago a su hembrita, que dudas había de eso.

    La escena reflejaba con autenticidad irreprochable quien era la dueña del pequeño gusanillo de su hijo, al punto que nadie -y mucho menos otra mujer- podría llegar a considerarlo un objeto de deseo.

    -Vámonos de aquí -dijo finalmente- no va a pasar nada más.

    Ricardo se sorprendió con la actitud de su amigo. Le había parecido que se había excitado tanto como él aunque luego dejara.

    -¿Viste las gambas y el culo de esa bestia? Hija de puta pero ¿que comen estas pendejas?

    -Cerrá el pico boludo. Ni siquiera la conocés. No sabés si puede ser una buena mina. Lo único que hizo la pobre fue confiar en el boludo que la trajo a este antro.

    -Podrá ser buena mina pero es un bestión. Un camionazo todo terreno. Primera vez que la veo.

    -Y me parece que va a ser la última.

    -Hijo de puta el pendejo que se la va a coger.

    Manuel estuvo a punto de revelarle la verdad pero otra vez, prefirió callarse.

    -¿Y quién dice si se la va a coger?

    -¿Cómo?

    -Me jugaría que no. No le veo piné, no le da la nafta para manejar un mujerón así, ese “camión”, como vos le llamaste.

    -¿Pero no estás de acuerdo?

    -Estoy… puede ser. Linda piba.

    -¿Sabés lo que daría por cogerme una así?

    -Yo también… murmuró Manuel.

    -Vos ni en tus sueños te cogerías una así. Sos igual que ese inútil.

    Cuando se despidió de Ricardo después de la cargada, una incipiente sonrisa empezaba a dibujarse en el rostro de Manuel. Algo empezaba a maquinar su cabeza turbia. Una idea disparatada por lo que acababa de ser testigo. Tal vez, al fin y al cabo, algo le debería en el futuro a su amigo.

    -Debe ser una brava.

    -¿Cómo brava? -se intrigó Manuel.

    -Apasionada.

    Manuel miró a su amigo de toda la vida Ricardo de reojo. Como si lo sobrara.

    -El que debe saberlo bien es Roberto ¿no?

    Lo miró otra vez con incredulidad manifiesta.

    “No puede saber nada ese”, estuvo a punto Manuel de decirle pero a último momento se contuvo. Por alguna razón, sentía que a veces debía mejor callarse delante de Ricardo. Lo conocía de sobra.

    -¿Y se puede saber de dónde sacas semejante conclusión? -quiso saber sin embargo.

    -Por los rasgos asiáticos y el color de su piel…

    A Manuel le llamó la atención el razonamiento del volado de Ricardo. Era un hombre leído, culto y poseedor de una pequeña empresa como él pero también un buen parlanchín.

    -Si te lo digo yo, ponele la firma que es así. Raramente me equivoco en eso-redobló la apuesta.

    -No quiero que mi firma quede afectada…

    -Dale… no jodas. Tiene una mirada de gitana, su fisonomía no es simétrica, fijate. La nariz es un poco más grande que lo usual en una mujer, los ojos rasgados y los labios son más bien gruesos…

    -¿Y?

    -Son rasgos moros. El color de la piel es aceitunado, no como los morochos de aquí, el cabello renegrido. Buena mezcla.

    -Le hiciste una radiografía. ¿A qué querés llegar?

    -Me jugaría que la novia de tu hijo tiene sangre árabe.

    -No es necesario jugarse. Su apellido es árabe. Y su nombre también.

    -Las turcas son tremendas, amigo. En la cama. ¿No lo sabés?

    Manuel sonrió por primera vez. Esperaba que la perogrullada de Ricardo llegara de momento a otro, sin tantas vueltas.

    -Las turcas son una cosa. Las árabes otra. Sabelo.

    -Para mí es turquita… y listo.

    -Su abuelo vino a la Argentina desde Yabrud, Siria. Lo contó la noche que vino a casa con Roberto-lo interrumpió Manuel en procura de finiquitar el disparatado razonamiento de su amigo jugando a ser Sherlock.

    -Eso sin contar el lomo que tiene. Decime, ¿hace ejercicio?

    -Todo el tiempo. Taebo y spinning creo. Se entrena duro a diario- dijo.

    -Por las chuncas y el durazno que tiene me daba cuenta.

    Manuel volvió a sonreír, agitando la cabeza.

    -¿Cómo llegamos a esto? -preguntó.

    -Por vos, boludo -respondió Ricardo- por haberte hecho el sota y no confiar en tu amigo.

    Manuel lo recordó con desgano. Una sensación de desagrado le cruzó el rostro.

    -Debiste contarme desde el inicio a quien espiábamos.

    -Me dio… pavura. Es mi hijo.

    Tal vez no había hecho bien en decírselo pero estaba ya hecho. ¿Por qué lo había hecho? No tenía la más mínima idea. Imaginó que abriría una caja de pandora. Y así fue: desde entonces las referencias a Luana de parte de Ricardo se convirtieron en inevitables. La filosa lengua de su amigo encontraba siempre adjetivos calificativos a los atributos de la novia de su hijo. Preguntaba todo el tiempo. Se volvía pesado de repente.

    Manuel se preguntó porqué se lo había dicho si él mismo, en una forma simbólica, hacía todo lo posible para evitar el tema. ¿Solo porque la chica llamara un poco la atención era motivo suficiente para convertirla en motivo de bajas especulaciones de dos viejos? Manuel no tenía la respuesta.

    -¿Vos te lo planteás como posibilidad o a mí me parece?- preguntó Manuel. Ricardo se quedó mudo de repente.

    -Digo, de verdad -siguió Manuel curioso- ¿tu podrida cabeza elucubra algo que te haga pensar que podes tener algo con ella?

    -¿Por qué no?

    Manuel lo miró con desagrado.

    -Primero por ser quien es para Roberto. Segundo, porque tenés casi sesenta años y ella apenas veintitrés.

    -Tengo cincuenta y cuatro, igual que vos…

    -No podés estar hablando en serio.

    Ricardo lo miró con el orgullo de varón herido.

    -¿No viste como me saludó la otra vez?

    -Era una reunión. Estaba conociendo a la familia de su novio. Fue amable como lo sería cualquiera en una situación igual.

    -Me saludó bien a mí. Mejor que a vos. Y eso que no sabe que la vi cogiendo…

    -Bue… cogiendo… lo que se dice cogiendo…

    -Aunque vos la viste más… ¿no? Desde que te dejé que miraras no dejaste más el puesto de vigilancia. No me dejaste ver más.

    Era verdad. Por alguna razón, se había quedado inmóvil delante de la escena.

    -¿Por qué? -insistió Ricardo- ¿Tenias vergüenza?

    -Mucha.

    Pero además también tenía un hueco enorme en la imaginación por donde se filtraban las imágenes de la situación de la que había sido testigo, recreadas cada día por Ricardo que se encargaba de comentarlas.

    -Mirá si teníamos una cámara -dijo Ricardo.

    Manuel volvió a mirarlo como se mira a un degenerado.

    -¿Qué me mirás así? -rio Ricardo- tendríamos un registro de ese momento sublime y nos sacaríamos las dudas que tenemos.

    -¿Que dudas?

    -Si está tan tremenda como imaginamos que está. ¿Te parece poco?

    La cortina y la ventana semi cerrada de su habitación filtraban la luz de la tarde de verano y dejaba, al cuarto, en una silenciosa y agradable penumbra. La suave y refrescante brisa del ventilador de techo acariciaba su cuerpo desnudo tendido justo en medio de su lecho. La fotografía no mentía. Ella se encontraba boca abajo y totalmente relajada. Sus ojos cerrados como si su mente vagara entre el sueño y la conciencia hasta escuchar el pequeño ruido de un click y de la ventana.

    -Pensé que se había dado cuenta de que la espiaba

    Ricardo lo escuchaba atentamente. Estaba concentrado en los detalles del relato que sabiamente hacía Manuel de su experiencia. Porque amigos eran los amigos, Manuel no había podido contenerse a revelarle la verdad.

    -Si hubiéramos llevado la cámara entonces ya estaríamos más avanzados.

    Fue antes de que empezara a aficionarse a espiarla. Cuando venía a casa, cada vez más seguido. Debía ingeniarse para encontrar el momento justo. Primero fueron algunas noches en que a propósito llegaba del trabajo más temprano, para ver si podía sorprenderla en el baño. Después, provisto con la cámara que le había dado Ricardo.

    -¿Has hecho todo como te dije? -quiso saber Ricardo.

    Realmente era poco lo que había podido hacer. Fotos de ella en ropa deportiva mientras hacía ejercicios en la casa; unas cuantas poses osadas por los movimientos de elongaciones que siempre practicaba con obsesión: “gimnasia para endurecer la cola”, explicaba ella alegremente.

    -Como si le hiciera falta, hija de puta -sarcástico Ricardo comentaba escuchando atento el “parte” de su amigo.

    Había conseguido también fotos de ella con falda y audaces jeans súper ceñidos que usaba con remeras color flúor que parecían elegidas a propósito un número menor a la de su talla real. Esa circunstancia, creaba el efecto que las tetas estiraran al máximo la tela de la prenda. Si debían atenerse a sus orígenes sirios – Ricardo había leído interesado en el tema-, las musulmanas estaban obligadas a preocuparse por sus vestimentas y su apariencia según el Islam, pero jamás podían irse a los extremos haciendo una exhibición licenciosa.

    -A lo mejor Luanita es pecadora.

    En cuanto a lo de los ejercicios físicos por los que tanto se obsesionaba en hacer también tendrían una razón de ser, según Ricardo. Resultaba que también según había leído, la mujer musulmana tenía una tendencia a mantener su buena condición física y energía, de acuerdo con el Islam. Por ello, según siempre Ricardo, no era extraño que Luana siguiera un plan organizado de ejercicios apropiados para proporcionarle a su cuerpo agilidad, belleza al solo efecto de satisfacer al quien la ha tomado por esposa, predisponiéndose en el afán de que sus necesidades sexuales fueran satisfechas.

    -Mirá lo que le espera al paparulo de tu hijo. Dios le da pan al que no tiene dientes.

    Ricardo había conseguido una diminuta cámara con una lente que no hacía siquiera ruido cada vez que disparaba. Tenía un alcance muy bueno que permitía que se tomaran buenas fotografías sin importar la distancia en la que se estuviera.

    Las tomas empezaron por lo general desde escondites improvisados encontrados por el paciente hombre que a veces esperaba un buen tiempo, para fotografiarla por lo general desde atrás, para conseguir el premio de un primer plano del trasero que reventaba sus pantalones. En silencio y de forma automática, había ido paulatinamente volcando las fotos en una carpeta de archivos que escondió en una infinidad de otros archivos dentro de su computadora.

    Pero tal vez la mejor secuencia de todas la había obtenido una mañana de sábado en que se vio obligado a regresar desde su oficina tras descubrir que se había olvidado su portafolio. Entró a la casa a media mañana y cuando estaba por irse sintió que alguien estaba en la cocina. Intuitivamente, tomó la cámara escondida en un cajón y se apresuró a ocultarse detrás de los sillones, arrodillado cuando la vio aparecer desde la cocina. Luana estaba totalmente desnuda, solo llevaba unas ojotas como si acabara de levantarse e iba con el cabello sujetado en cola de caballo y un vaso de jugo en la mano.

    Su paso por el living admirado desde el escondrijo por el fisgón quedó registrado en cerca de 15 fotos; desde que venía casi de frente hasta que se iba de espaldas hacia el dormitorio. Había trasnochado con su hijo sin duda y tal vez acababa de levantarse. O mejor aún, existía la posibilidad de que ella y Roberto hubieran estado haciendo el amor hasta hace unos minutos aprovechando la soledad de la casa.

    Ansioso de repente ante esa posibilidad salió disparado al fondo trasero que daba a la habitación de su hijo solo para ver si podía captar algo más desde la ventana. Por desgracia para él, todo estaba cerrado y no pudo ver nada más. ¿Seguirían acostados? Era jugado ir hasta la puerta y apoyar su oreja para ver si los escuchaba. También intentar ver por la mirilla de la puerta, como ya lo había hecho.

    -Me dio no sé qué… cosa -admitió Manuel

    -La otra vez te quedaste diez minutos mirando no te dio nada -rio Ricardo-dale… hay que animarse más. Vamos bien.

    Tan bien que en los siguientes días, Manuel intensificó las vigilancias en la casa tal como Ricardo se lo había aconsejado con el objeto de poder obtener más fotografías. Aprovechaba los momentos de la tarde en que sabía que Nuria no estaría y ese momento podía eventualmente ser utilizado por su hijo para estar a solas con su novia. En realidad, había sido otra sugerencia más de Ricardo, cada vez más entusiasmado con la posibilidad de que su amigo pudiera tantear más la situación.

    De manera que, amparado por el sabio consejo de su amigo, y cuidándose de no cometer errores, el plan fue avanzando con notables hasta conseguir verla envuelta en una toalla una mañana en la bañera, sabiendo muy bien que antes de haberse echado como de costumbre, él se las había arreglado para treparse a una silla y espiarla por el vidriado de la puerta. Así, conteniendo la respiración la vio enjabonarse las partes sumergidas en el agua que hacían pequeñas olas con sus movimientos, desplegando los brazos y dejando al descubierto sus pechos generosos por unos segundos.

    Y todo habría continuado igual si no fuera por la ocasión en que Luana se percató de un ruido detrás de la puerta mientras se duchaba y pensando que podría tratarse del perro, salió en forma intempestiva sorprendiéndolo parado delante de ella que se cubría apenas con una toalla. Él se quedó mudo sin reaccionar mientras ella gritaba asustada lo que hizo que saliera por poco corriendo.

    Solo al cabo de unos minutos, él se apareció por el comedor y la buscó en el dormitorio. Ella le preguntó que hacía. Él se quedó otra vez callado antes de hablar. Se dio cuenta que hubiese sido fácil mentirle que todo había sido un lamentable y bochornoso accidente.

    -¿Y eso fue lo que hiciste?-le preguntó Ricardo intrigado.

    Le dijo que le había sido imposible no concebir la idea cuando una vez por error se la encontró en el comedor a punto de entrar a la ducha. Ella no lo había advertido. Le describió como estaba vestida que hacía y como la siguiente vez sin pensarlo demasiado empezó a hacerle fotografías a la distancia. Entre fastidiada y avergonzada ella quiso saber desde cuando había empezado esa costumbre. Desde hace mucho, confesó en un murmuro, él. Desde hacía un tiempo, ella aparecía en todas las fotos inimaginables, habidas y por haber en un registro que se había venido realizando hacía ya varias semanas, tuvo que reconocerle.

    Sorprendida, ella le preguntó cómo había conseguido tomar las fotos y él le respondió que era su secreto. Ella no daba crédito a la cantidad de fotos que tenía en su poder, más que las que podría haberle tomado Roberto en los meses que se conocían. Ya llevaban más de media hora viendo las imágenes cuando ella le interrumpió. Le pidió que solo le enseñara aquellas donde ella estaba “en una situación comprometida”.

    El abrió varias carpetas hasta llegar a una última donde se acumulaban las imágenes que ella le solicitaba: eran varias docenas que habían sido acumuladas a lo largo de semanas de espera paciente en busca de una oportunidad de hacerlo. Ella le preguntó sorprendida cuando era eso: el respondió que se había memorizado sus rutinas luego de llegar del gimnasio y luego pasar al baño. Pese a que las fotos la mostraban, en efecto, sin mucha ropa, no había una sola fotografía que la hubiera retratado de cuerpo entero como hubiese él querido.

    Ella, sin embargo, quiso estar segura y repasó varias veces la fila de imágenes para estar segura. Estaba enojada y a la vez avergonzada. De pronto, advirtió que estaba en un brete. Si acudía a Roberto lo más probable era que se generara un escándalo donde muchas cosas tendrían que explicarse.

    -¿Estás loco? -lo miró Ricardo extrañado- No le dijo nada al Roberto… ¿sabés lo que significa eso?

    -No… -respondió él, inocente.

    Ricardo suspiró mirándolo incrédulo.

    -Que vas bien… vas muy bien – Ricardo se emocionó como un niño al hablar.

    -¿Te parece?

    -El paso siguiente -le dijo Ricardo- es hacer que ella no sospeche de lo que pretendes.

    -¿Y qué es lo que se supone que pretendo? -preguntó Manuel.

    -Fotografiarla desnuda -se relamió Ricardo- Dejá que piense que lo que pasó no va a llegar más de eso. Deja pasar un tiempo.

    Ricardo parecía más entusiasmado que nunca.

    -El panorama es inmejorable si es verdad lo que contás. ¿Quedaste en algo?

    Manuel le contestó que nada más habían hablado.

    -Después de un tiempito… tenés que volver a intentarlo. ¿Te animás? Decime ¿cuándo es el mejor momento?

    Pese a que se lo había precisado cuando ella se lo preguntó, en los siguientes días Luana no había alterado su rutina de llegar a la casa después del gimnasio.

    -Cuando vuelve de spinning. Arroja la ropa y se baña.

    -Deberías haberte arriesgado. Valía la pena -dijo Ricardo lamentándose.

    -Ya está. No soy como vos.

    -Claro que no lo sos, jaja y nunca lo vas a hacer.

    Manuel se mordió en silencio.

    -Los dos sabemos que recurriste a mí. Que fuiste vos el que me buscaste. Es más: esto no te hubiera pasado nunca sin mí, aceptalo -lo hirió otra vez Ricardo- pero bueno… aprovechá… que hoy estoy enseñando gratis.

    Volvió a mirar a su amigo Ricardo otra vez. Siempre tan buen amigo. Lástima que arruinara siempre todo con su soberbia.

    -A lo mejor en tu situación, yo estaba avanzado varios casilleros.

    Roberto estaba imposible. Abroquelado en un hermetismo propio de su mal genio en determinadas situaciones. Todos la conocían bien. Incluso su novia que sabía que no debía siquiera dirigirle la palabra en ocasiones como esa.

    -Está insoportable, como siempre.

    -Dejalo, ya le va a pasar. Como siempre. Siempre es igual.

    El le hablaba procurando distraerla pero Luana seguía sumida en su propio fastidio contagiada por Roberto. Se había dejado llevar por su pésimo humor.

    -Me tiene harta el fútbol. Me cansan esas cosas-protestó.

    Tres a cero. El equipo de Roberto había perdido por tercera vez consecutiva. Sin atenuantes. Con baile. Y el fanático no quería ni que le hablaran. ¿Podía ser eso posible?, se preguntó Manuel.

    -Te entiendo. ¿Por qué no vamos… a…? -le insistió.

    Luana lo miró como para que no siguiera. Pensó que eso podría llegar a aliviarla. Pero el fastidio de Roberto ya la había contagiado al punto de ser ya inevitablemente tarde. Cambió de tema haciéndole ver que no estaba de humor para nada.

    -Cuando nos casemos no me va a dar bola-se lamentó en voz alta ella.

    Roberto no le había dicho una sola palabra, incapaz de ceder. Ella le había pedido especialmente varias cosas que él sin embargo había olvidado. Y todo tenía una sola razón de ser. Su equipo había perdido y el no estaba de humor. Luana se dio cuenta que hiciera lo que hiciese esta sería una cosa que no podría ser resuelta en su futuro con Roberto. Que cada vez que su equipo perdiera, él encontraría una razón para ignorarla totalmente. Sacar la basura, darle de comer a los perros, ponerle agua al gato, regar las plantas. Manuel lo supo: eran los detalles en apariencia insignificantes los más importantes para Luana.

    Saberlo le despertó un nuevo morbo especial. Era lunes y Roberto se iba de viaje a Buenos Aires hasta el jueves, odioso sin dirigirle la palabra. Su equipo había perdido otra vez y ella sabía muy bien lo que eso significaba. Que no iba a salir y se iba a acostar sin hablarle. Lo mismo de siempre. Al traerla de regreso del aeropuerto tras despedirlo Manuel vio dibujada en el rostro de Luana la misma idiotez de su hijo. Llevaba unos jeans y una remera escotada ajustada pero su rostro estaba contagiado con su mal carácter. Volvió a preguntarle si podía ayudarla en algo.

    -Deje nomás. Él no va a cambiar es así.

    ¿Era posible que el tarambana lo arruinara todo?

    -Te llevo a merendar. Si querés…

    -No deje… Ya hizo bastante.

    Pero tendría que hacer más. Porque aunque lo intentara, se dio cuenta de que ese día no iba a conseguir mucho. Ni al día siguiente. Ni pese a que Roberto se quedara tres días en Buenos Aires. Y todo por un estúpido partido. Ese día, por primera vez, Manuel, que nunca se había interesado por el fútbol deseó que River hubiera metido al menos dos goles.

    Esa misma tarde de viernes fue a ver a su amigo. Estaba ansioso y sin saber qué hacer con sus ganas de león enjaulado que Ricardo dilucidó en el acto.

    -Necesito contarte algo, creo que metí las pata hasta el caracú -le dijo Manuel ya instalado en el living.

    Ricardo se alarmó. Venía planeando cuidadosamente a través de las semanas la forma en que su amigo debía actuar para que nada malo sucediera. Luego de los últimos avances no estaba en sus cálculos un retroceso.

    -El otro día Luana accedió a que le hiciera más fotos -le comunicó Manuel.

    -Supongo que me estás jodiendo.

    -No… no te jodo. Nos quedamos solos en casa. Roberto se fue a Buenos Aires y ella estaba molesta con él.

    -Supongo… que las traés -se entusiasmó nervioso Ricardo.

    -No se me ocurrió…

    -¿Vos me tomás de boludo? Le hiciste ya decenas fotos y nunca se te ocurre. Ni siquiera he visto las otras. Tu nuera está más buena que la cresta. De solo pensar en que me la voy a coger bien pronto me saca de quicio.

    -No hablés así. Recordá que es la novia de Roberto.

    -No jodás. Dale seguí contando.

    Manuel lo miró con cara de disgusto pero al cabo supo que no podría razonar con Ricardo.

    -El otro día que te cuento, le pregunté si -empezó Manuel ante la expectante mirada de Gustavo.- me dejaba verla cuando se cambia…

    -¿Y? ¿Qué te dijo?

    -Que me dejaba.

    -¿Viste?!!! Lo sabía, sabía que la muy no podía ser tan decentita con el lomo que tiene- el entusiasmo de Ricardo solo se contrapesaba con el desgano de Manuel en ese momento – ¿y? ¿y? dale viejo de mierda contá todo, no te lo guardes

    -Le pedí que me dejara mirar cuando hiciera el amor con mi hijo -bromeó Manuel.

    -¿Qué? -Ricardo no pudo creer que se hubiera animado a tanto- ¿Y te dejó?

    -No, al principio se mostro molesta y yo reaccione disculpándome como un chico que sabe que lo van a cascar.

    -¿Al principio? ¿O sea que luego los viste? ¿Como la otra vez en el telo?

    -Bueno… un poco

    -¿Y? Contame

    -Igual que la otra vez.

    – Jaja… te dije… lo sabía. Confirmadísimo. No la coge. No le toca un pelo. ¿Viste que lo que digo se cumple?

    -Y… puede ser -admitió Manuel resignado.

    -¿Estaba en pelotas? -pregunto Ricardo con relamida malicia- Dale… decime como es en bolas, ¿Cómo tiene esas tetazas?, ¿las tiene tan firmes y redondas como parece?

    -Las tiene exactamente como te lo imaginás. Llevaba el short del gym pero ya se lo había quitado. Se veía bella con tacos y ese ajustado shortcito que apenas le cubría el culo que tiene -las palabras salían como si nada de Manuel de solo recordarla- porque vos ya viste el culo que tiene-completó sintiéndose un viejo verde baboso. Ella estaba cruzada de brazos mientras él se deshacía otra vez en disculpas pensando que la había cagado esta vez en serio.

    -Tuve que dibujarla diciéndole las excusas más boludas. Pero no la convencía. Ni la convencí.

    -Extraña tu actitud.

    -Vos no la conocés. Es muy terca cuando se enoja.

    -Vos sos medio boludo me parece. Que decías que te volteás a esta y a la otra.

    -Pero… es la mujer de mi hijo.

    -Ja, si tenés razón… para vos es la mujer de tu hijo. Para mí es una hembra infernal que me tiene loco desde que la vi.

    -No seas enfermo. Si hago esto es por vos, nada más.

    -Está bien. Pero… nadie en sus cabales puede darse por vencido.

    -¿Vencido de qué?

    -¿No lo entendés verdad? Si Luana llegara a coger con alguien que no sea Roberto, no la para nadie. Te lo firmo donde quieras.

    -¿Cómo?

    -Es la regla clásica. Si conociera el placer lo hará con quien quiera, te repito: no la va a parar nadie.

    -No sabés lo que decís. Estás loco.

    -Me animaría a decir que se acerca ese momento. ¿No crees?

    -Ricardo, parala. Me dio la cana haciéndole fotos. Me dejó luego que la siguiera fotografiando. ¿Y vos querés más?

    -Por eso boludo… ¿crees que me voy a contentar mirando unas fotitos?

    -Me parece cualquiera. Una cosa es espiarla y otra pensar algo más. Somos dos viejos verdes. En serio.

    -¿Vos lo viste al boludo de tu hijo? Si se la ganó el…

    Manuel no pudo más que guardar silencio. Sabía que Ricardo tenía razón.

    -Incluso vos. Que seas el padre de Roberto no quiere decir que no seás hombre.

    Ricardo siempre tenía razón.

    -¿Y? no te quedés callado. ¿Qué pasó? -Lo incitó Ricardo.

    -La cagué me parece. Eso. Que la cagué. Yo te lo había adelantado.

    -Pero contame boludo que pasó.

    -Pues no sé. Quise probar que tan preparada estaba para la propuesta de hacerle otras más fotos pero cuando le golpeé su puerta me apartó de un empujó y me mandó a volar de la habitación -el tono de Manuel denotaba su disgusto- estaba tan cerca… tan cerca.

    El silencio de la desilusión se impuso de inmediato. Ricardo no lo pudo creer sencillamente. ¿En realidad había jorobado el asunto?

    -La cosa no termina ahí-siguió Manuel preocupado -Hoy me dijo que no quería que la fotografiara más. Que nuestro acuerdo se cancelaba.

    -¿Qué? -respondió Ricardo con el terror estampado en la cara- ¿Cómo que se cancela? ¿Justo que estamos a un paso de conseguirlo?

    Manuel bajó la cabeza, como si estuviese avergonzado.

    -Pero ¿qué hiciste boludo? ¿No te dije que debías ser cuidadoso? ¿Qué debías llevarla tranquilo? ¿No seguiste mis consejos?

    -Simplemente pasó-apenas murmuró Manuel -lo lamento.

    -Lo que no entiendo es que hiciste mal. Si seguiste cada consejo. La venías chamuyando bárbaro, se estaba animando y de repente ahora sale con esto. No se entiende qué carajo pasó.

    -Y… no debía pasar. Te dije que era algo malo en lo que nos metíamos.

    Ricardo se quedó en silencio, sin saber que decir, sin poder creerlo. Al fin y al cabo, todo parecía que estaba perdido. Nada podía hacerse.

    -Quiero las fotos de la última sesión -dijo levantando la cabeza hacia su estúpido amigo- Y no quiero unas cuantas vistas rápidas en tu portátil. Las quiero todas en CD para poder disfrutarlas en la privacidad de mi habitación. Quiero verla en bolas, quiero ver clarito esas gomas terribles, ese culo grande y la impresión que seguramente puso de zorrita de solo dejarse fotografiar.

    La expresión del rostro de Ricardo al hablar era inequívocamente intransigente. Ya conocía de sobras a su amigo cuando se enojaba de la forma en que lo hacía. Manuel entendió que si no hacía lo que le pedía, su amigo era capaz de hasta ir a hablar con su hijo.

    .Está bien, te las traigo. Tenés mi palabra.

    -Basta de palabras. Quiero las fotos, luego hablamos.

    La charla entre los amigos terminó de forma abrupta y solo se reanudaría al cabo de unos veinte minutos, luego de que Manuel se sentara frente a su notebook. En su mano tenía el cd virgen y aún no acababa de tomar una decisión. Vio las fotos de la última sesión en la carpeta que sabía esconder bien. Recordó la tonicidad de las distintas partes del cuerpo macizo y el color aceitunado de la piel. Puso el cd e hizo transportó las copias de algunas fotos a un pen drive que recibió su amigo.

    -¡Dios santo… mirá lo que está!… -Ricardo no cabía dentro de su sorpresa admirando las fotos- tenía razón… la muy… lo disfruta. Le gustó. Por eso no lo entiendo.

    ¿Cómo lo notaba supuestamente? Manuel enmudeció. La rabia que sentía al enseñar las fotos de Luana lo estaba matando.

    -Bueno, ya está. Ya tenés lo que pediste, ya estarás satisfecho.

    -¿Que querés decir?

    -Que se terminó acá. Listo. No quiero saber más nada.

    -Pará boludo. No podés arrugar ahora. Estamos cerca.

    -No… esta es una señal. No podemos seguir. Si llega a contarle a Roberto se arma la gorda.

    -No va a contarle nada.

    -Nuria me mata. Mi hijo me odiaría de por vida. Me convertiría en un monstruo. No me lo perdonaría más. Mi conciencia me mataría. No soy como vos.

    -Porque vos sos un boludo. Pero te dije que yo no me equivoco nunca en esto. Ella lo disfrutaba. Te pidió que le hicieras la sesión de fotos, ¿no es así? Se nota que lo disfrutaba.

    -Si querés decir que es una puta hacelo sin rodeos.

    -No digo eso. Lo que creo es que si te dejó una vez lo menos, te puede dejar hacer lo más.

    -No… yo no debí dejar que me convencieras a hacerlo. Fue un error mío.

    Ricardo lo miró incrédulo por unos segundos.

    -No… si yo sabía que lo de nabo era de familia. De tal astilla, tal palo.

    -Te dije que no estaba seguro de esto. Mi hijo está en el medio. No entendés.

    -Tu hijo tiene cara de tremendo cornudo. De vos pensaba distinto pero sos igual. Volvé a tus domingos de ajedrez.

    -No creo que esto pueda llevar a nada bueno Ricardo, entendé.

    -Mandate a mudar de acá. Sos un boludo a cuerda. Me convencí.

    ¿Su amigo lo corría? ¿Después de tanto tiempo? ¿Estaba escuchando bien?

    -Y de las fotos olvidate. No te las voy a devolver. Y si me volvés a romper las bolas voy a ir directo a tu nuerita a enseñárselas. Y a que no sabés que le voy a decir sobre como las conseguí.

    ¿Chantaje? Que bajo podía llegar a caer la amistad de toda la vida entre dos hombres solo por chiruza. ¿Chiruza le había dicho? Sí, aunque se tratara de la novia de su hijo más grande, no creía que durara. La pescaría él en alguna infidelidad o tal vez ella lo largara aburrida de la de una relación monógama. “Los pendejos eran así ahora… todo era light”, razonó.

    Pero fuere como fuere, Manuel abandonó la casa de Ricardo con la certidumbre de que ya lo había convencido. Que no vería por un buen tiempo a su amigo y que nunca más le hablaría de su nuera. Satisfecho, recordó la charla mantenida poco antes de que “él lo echara todo a perder”.

    -Siempre fui calentón -le dijo Ricardo hace dos semanas- desde que tengo memoria. Por eso pocas cosas me angustiaron tanto cuando tuve que hacer el servicio militar. Me puse loco de solo imaginar que estaría en cuarentena obligada.

    Ricardo hizo una pausa y se sentó antes de seguir.

    -Y sin embargo, nada pasó. Por extraño que pareciera estuve meses sin que tuviera necesidad ni de hacerme una paja.

    Manuel se quedó esperando el final de la historia.

    -Supe la verdad cuando nos dieron la baja. Lo que nos dejaba mansos era un desinhibidor que nos mezclaban con la comida. Una droga que hacía bajar la libido en forma instantánea.

    Se quedó callado unos segundos antes de terminar.

    -Yo puedo suministrártela. Y a vos, no te va a ser difícil dárselo a la persona indicada.

    Era fácil, nadie se daría cuenta. No había resultados permanentes ni síntomas secundarios. Qué buena idea había tenido Ricardito. No le haría daño a Roberto y sería solo hasta obtener lo que quería. Su amigo ya no lo molestaría más.

    Roberto empezó a sentirse extraño un tiempo antes. Unos cuatro meses habían pasado dos semanas cuando terminó por aceptar que algo malo le pasaba. Con el tiempo empezó a comprobar que su estado empeoraba. Somnolencia, depresión, falta de ánimo, palpitaciones y una fuerte jaqueca eran los síntomas que sufría prácticamente, le dijo al médico. El médico le recetó pastillas y un complejo vitamínico a efecto que pudiera recuperar la vitalidad que parecía lo había abandonado. Al inicio pareció recuperarse un poco pero al cabo de unos días, los síntomas se repetían otra vez sin mayor explicación.

    El deseo sexual se había ido. Dramáticamente. Ya no recordaba el último día en que Luana y él habían mantenido relaciones y todo sucedía justo ahora que planificaban casarse. Con lógica preocupación y en absoluta discreción, Roberto buscó la ayuda de un terapista sexual al que le transmitió en confianza todos sus pesares.

    -No tengo deseos doctor.

    -¿No desea a su novia?

    -No no es eso. No sabría decirle que me pasa pero desde hace un tiempo no he podido tener relaciones sexuales.

    -¿No ha podido?

    -No puedo tener erecciones.

    -En las cuestiones sexuales hay que ser lanzados, decididos y a veces hasta impulsivos. Quizás usted se ha acostumbrado a un esquema rutinario y por eso no puede salir de él.

    -¿Y qué puedo hacer?

    -Debe sorprender a su novia. Ni más ni menos. No la lleve a cenar o en plan de cosas similares. A las mujeres es mejor sorprenderlas todo el tiempo.

    -Yo le regalo flores, estoy pendiente de ella. Busco contenerla.

    -Hay que dejar los prolegómenos. Las vueltas. Vaya directo al grano -le sugirió el terapista.

    -¿Que quiere decir?

    -Vamos hombre, imaginación. Preséntese de improviso. Sin llamarla. Sin mandarle mensajes de texto. Usted se presenta y quiere hacerle el amor. Nada más. ¿Entiende?

    -Entiendo.

    -Usted se siente artífice de su destino. Se siente que nadie va a pararlo en sus ganas de ir por su novia. De arrancarle su ropa y de… bueno usted ya sabe.

    -Claro… ya lo entendí.

    -Abandone los planes. Deje los piropos. Busque en su interior al hombre que solo quiere acostarse con la mujer. Nada más.

    Al salir de la sesión Roberto parecía otro. Se había convencido en apenas unos minutos que el consejo del terapista era tan bueno que no valía ni la pena cuestionarlo. Necesitaba ser por una vez en la vida no tan previsible y convertirse en alguien impulsivo, decidido. Lo haría. Y lo haría ahora mismo, decidió. Vio la hora y de inmediato se dio cuenta que Luana habría salido ya del gimnasio. Probablemente ya estaría en casa haciendo sus últimos ejercicios para ir a bañarse. Ahora que lo pensaba ella también era un tanto previsible.

    Imaginó a su novia en sus diminutos shorts y musculosa de gimnasio en sus tontos ejercicios de elongación. El alteraría todo ahora y le daría resultados. Si se apuraba hasta quizás la alcanzara antes que se quitara sus ropas de gim y le hiciera el amor ahí nomas, con su transpiración en el comedor, sin que se duchara. Era una buena idea, sonrió de repente, sintiendo un estímulo en la entrepierna como hacía mucho tiempo no le pasaba.

    Salió disparado en el coche como un autómata en dirección a su casa. No se estacionó como siempre abriendo el garaje sino dejando el vehículo en la calle y corrió casi desesperado a través de la puerta. Llegó al comedor y miró en la sala: ahí en el piso, estaban las prendas que Lu acababa de quitarse, el shorcito arremangado y la musculosa transpirada. Lamentablemente ya estaba duchándose. La buscó en el baño sin encontrarla y cruzó el pasillo hasta dar con la puerta de su dormitorio cerrada. Estaría arreglándose, pensó.

    Pero al abrir la puerta de la habitación Roberto se estrelló con la realidad más brutal que hubiese podido llegar jamás a imaginar. La figura de un hombre iba acomodando detrás de los globos que sobresalían de la pose arqueada de su novia: el rostro de Luana estaba hundido en una almohada y sus caderas furibundas estaban levantadas y ofrecidas a su padre que en medio de bufadas y roncos quejidos inentendibles la bombeaba sin parar al tiempo que no permitía que se moviera un milímetro de la posición en que la tenía sometida.

    En posición enteramente dominante, su padre la rodeaba con sus brazos recostándose encima de las enormes ancas de ella; así le daba furiosos empellones que la movían en seco hacia adelante. Al abrirse la puerta, Luana había levantado la cabeza asustada y lo miraba con el rostro desencajado.

    -Ay… ay… no te vayas a enojar por favor.

    -Tranquilo hijo… respirá profundo. Respirá y exhalá.

    Roberto se quedó de piedra incapaz de moverse y de articular una palabra ante el tremendo espectáculo.

    -No es lo que parece, Ro.

    Lo primero que vio fue la ancha de su padre de pie que rápidamente tomó una sábana para cubrirse. Por su forma de moverse se dio cuenta de que estaba cogiéndose a Luana. Ella de espaldas, estaba apoyada sobre la cama mientras era sujetada de “sus ancas” como intentando de que se quedara donde él deseaba que se quedase para poder lograr una mejor penetración.

    -No es lo que vos pensás Ro ¡!!ooooh!!.

    -Ah ¿no? ¿Y qué es?

    -Es un mal entendido. Luana me pidió verme para conversar sobre un tema de ustedes.

    -¡Sí!… ¡siii!… un mal entendido.

    -De eso estuvimos hablando hasta hace apenas un rato.

    -Y una cosa llevó a la otra… -completó ella

    La inesperada irrupción del novio engañado en la habitación no había causado la interrupción del acto que en la habitación se ejecutaba. Por el contrario, a Roberto le había parecido que los movimientos se habían tornado más rápidos desde su presencia sorpresiva

    -Eso hijo- Manuel aprovechó la confusión y pasividad de Roberto para ensartarla un poco más -una cosa llevó a la otra.

    -No te dejés llevar por las apariencias, mi amor.

    Ahora su padre había abandonado la magnífica retaguardia de ella y se acostaba boca arriba en espera de que se le subiera encima. Sin que fuera necesaria una indicación, la nuera se levantó y se asentó en cuclillas encima de la verga ofrecida como penacho.

    -Pero… ¡!Luana!! ¿Qué hacés? ¡Dejálo!

    Inmersa en una especie de trance, Luana no escuchaba o no parecía querer escuchar. Era como un animal desbocado que pistoneaba sobre la pija erguida debajo de ella a una velocidad sónica y salvaje, como si estuviera poseída por un espíritu vudú.

    -Ya termina hijo, es un momento más, nada más. Ahhh!!

    -¡Vos sos un hijo de puta! ¡Callate!

    -Cortala Ro… no seas violento…

    -Pero… ¿Cómo querés que sea con el turro que me gorrea?

    -Ya hijo, no es para tanto… además ya termina… ¡ooooh!!

    -El que va a terminar sos vos… y de la peor manera. ¡Ya ahora mismo! Dejála ya si no querés que pase algo feo…

    -Es un momento nada más… Lu, ¿ya terminás?

    -No… Manu… todavía no… ohhh continúe un poquito más… me falta poco creo… ahhh ¿y usted?

    -Yo puedo seguirte el tren dos horas más si es necesario amor…

    -Entonces siga y no le dé bolilla…

    -¿Qué? -protestó Roberto fuera de sí…

    El ritmo se aceleró otra vez en los remolinos de las caderas que hacían círculos violentos para luego retomar un movimiento acompasado en una cadencia más serena en señal de una profunda penetración. El novio conocía perfectamente esa forma particular que Luana tenía de coger, cuando lo estaba pasando bomba. La forma que ahora estaba conociendo su padre.

    -¡Basta! -volvió el novio engañado a gritar- Para ya… pará de cogértela, para un poquito… por el amor de Dios… te lo pido por favor.

    -No me lo digas a mí… la que me está cogiendo es ella -respondió el padre en referencia a los frenéticos movimientos de la muchacha.

    -Dejalo… un poquito más… no seas egoísta… Ro…

    -Vos… ¿vos… me llamas egoísta? ¿Qué carajo te pasa? ¡Sos una desconocida!

    -¡Callate! El desconocido sos vos…! hace más de un tres meses que no me tocás…!! ¿Como querés que esté? -se descargó ella en un tono de recriminación mientras no dejaba de moverse en círculos encima del gozoso viejo que la sujetaba de sus portentosos caderones.

    -Preciosa… por favor no te vayas a poner mal -terció Manuel- ahora permitite disfrutar.

    Ella miró a su novio con el desconsuelo más atroz instalado en los ojos como si se deshiciera en el dolor que sin duda le estaba provocando a Roberto.

    -¿Te sentís bien Lu? ¿Querés que paremos? -se animó él a preguntar al verla dubitativa.

    -No… Manuel… siga un poco más -pidió ella volviendo al acto que ejecutaba -usted no tiene nada que ver, después de todo.

    -Tranquilo hijo, es la primera y la última vez que va a pasar…

    Roberto no volvió a hablar más. Vapuleado en su orgullo, estaba sumido en un mar de sentimientos contradictorios que le causaba el degrado que experimentaba.

    -¡Movete así eso!!… ¡más rapidooo nena! ¡oohhh.!!! ¡Asiii!!

    -¿Así? -acuclillada Luana volvió a marcar el ritmo de la cabalgada bestial con las estocadas certeras de su enorme trasero. Sin dudas estaba más que entrenada por las clases de spinning y taebo que practicaba a diario, pensó Manuel.

    -Eso… así… así… dale que te hago llegar… ¡daleeee que ahora vas a ver todas las estrellas juntas del firmamentooo!! ooooh

    -Si… uuuh primera y últimaaa vez aaaarh… me viene Manu… ¡me viene!

    Manuel aceleró las ensartadas en un mete-saca, sube y baja tremendo por la pastilla y media de viagra que se había tomado una hora antes dispuesto a dar la mejor batalla de su vida. Sabía que tenía una sola bala en la recámara y no estaba dispuesto a desperdiciarla.

    —¡¡Nooo por Diosss…!! ¡¡Acabo!! ¡¡Acabooo…!!

    Roberto quedó en un completo shock incapaz de siquiera moverse. Luana -además de adornarle la frente con unas tremendas guampas- acababa de exponerlo tangencialmente en el punto que más lo avergonzaba: su falta de deseo sexual en los últimos meses. Pero al mismo tiempo, el varón herido supo que su novia no había hecho más que recordarle lo apático y desconsiderado que había sido con ella últimamente. Lo extraño que se había sentido sin razón en las últimas siete semanas.

    No podía decir, incluso, que la pobre Luana no hubiera puesto su parte. Muchas veces, desconcertada, ella lo había buscado cada vez que regresaba a casa con la secreta ilusión de que él reaccionara y se lanzara sobre ella. Pero el tiempo pasaba y nada ocurría. La sospecha de que su novio no la encontrara lo suficientemente atractiva empezó a tomar fuerza en la cabeza de Luana, que se le había ocurrido recurrir al consejo del papá de Roberto como última alternativa.

    -La carne es débil Ro… -dijo ella mientras se reincorporaba tras el tremebundo orgasmo conseguido- yo sé que no hay justificación para lo que te hice… pero en este caso, creéme que no hubo nada premeditado.

    -Claro que no -dijo Manuel intentando recuperar la respiración.

    -Me sentí completamente sola y tu papá simplemente me escuchó. Nada más que eso.

    Al escucharla, Roberto sintió una repentina vergüenza de que su padre pudiese ahora conocer detalles de su intimidad con Luana.

    -¿Vos la escuchaste? -preguntó en retórica Roberto a su padre.

    -Sí, lo hizo -intercedió ella- no seas un atolondrado mal pensado Ro.

    Roberto abandonó la habitación acongojado. Ella terminó de cambiarse y fue tras él. Era el momento de dejarlos a solas, y por ello Manuel se retiró al baño.

    En la sala de estar, ella se acercó con cuidado, sabiendo lo herido que Roberto podía estar en ese momento.

    -Todo va a salir bien, mi amor. Vas a ver que sí.

    -¿Si? ¿Eso creés en serio?

    -Si tenés un problema… disfuncional digo… podemos hablarlo.

    -¿Hubiera sido bueno hacerlo antes no?

    -Estoy dispuesta a hacer todo lo posible. A lo mejor es estrés.

    -Acabás de cogerte a mi viejo Luana. A ver si nos queda claro eso al menos.

    -Tu papá es el primero dispuesto a ayudarnos.

    Roberto recordó la charla con Luana sobre los incipientes inconvenientes económicos que empezaban a tener. Se imaginó en el acto que esa podría haber sido la treta usada para confundir a Luana y aprovecharse de ella. Al fin y al cabo, su padre no era más que un manipulador y explotador de sus empleados. El mismo era una prueba fehaciente de ello.

    -Imagino cómo quiere ayudarnos -dijo con ironía Roberto.

    -Me ha contado que manejás varios clientes. Pero no es suficiente para que puedas conseguir el ascenso.

    El puesto de magnagement general había sido un tortuoso anhelo para Roberto desde hacía años. En pos de ello había sacrificado jornadas enteras, horas extras, feriados, vacaciones solo para demostrar que estaba lo suficientemente calificado ante los ojos de su padre. Quizás fuera eso, dijo Luana lo que lo estaba afectando. Hacía tiempo que Roberto sentía que su rol dentro de la firma se había estancado y hasta se había enfrascado en una estresante competencia con su propio hermano también obsesionado en caerle en gracia a su padre.

    -Ro, no entendés -siguió Luana- tu papá me dijo que tenés una oportunidad.

    -Menos mal que lo dijo… trabajo como un burro para él desde las siete de la mañana.

    -Y lo hacés bien hijo… pero todavía te falta para ser yo.

    El incómodo comentario de Manuel en el momento de su irrupción en la habitación dejó un silencio que solo fue interrumpido al cabo de unos segundos por Luana.

    -¿No entendés Ro? Tu papá ha pensado que podés ocupar su lugar algún día.

    -Te tenés que enfocar más. Es lo que le estuve haciendo ver a Luana.

    Roberto miró a Manuel como se mira a un hijo de puta.

    -Te tenés que esforzar más -le reclamó Luana- ¡Alguna vez vas a ser como él!

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  • Mis padres (1): Mi padre me rasura

    Mis padres (1): Mi padre me rasura

    Voy a escribir esta historia verídica en primera persona porque me pasó a mí.

    Me llamo Carla, casada con Pablo, hija única de José y Viviana. Mi padre trabajó toda su vida como empleado del estado, y por esas bendiciones que tiene la vida un domingo a la noche ganó la lotería con varios millones de euros como premio. Vivíamos en un país sudamericano, los tres juntos porque aún era soltera. Mis padres decidieron por seguridad, ya que los secuestros en países como el nuestro es una industria, que nos fuéramos a vivir a Europa. En España conocí al que hoy es mi esposo, nos casamos y nos fuimos a vivir a Barcelona. Mis padres se fueron a conocer el Caribe y no regresaron más. Mi papá compró un bote grande, de 10 m de largo y pasean permanentemente por el Caribe.

    El verano pasado, en una de nuestras charlas telefónicas, me invité a pasar unos días de navegación con ellos. Ellos al principio pusieron un poco de reparo -la distancia, los mareos, la comida… etc.- pero como yo tengo muchísima confianza con ellos les pregunté que les pasaba, y ellos me dijeron que se habían transformado en naturistas y les daba vergüenza que yo lo supiera y los viera así. Yo les expliqué que a mis 25 años no me importaba en lo más mínimo verlos desnudos y de echo yo hacía topless cuando iba a la playa. La cosa es que aceptaron, y en unos días nos encontramos en un puerto caribeño.

    La primera tarde fue de preparativos, ya que zarpábamos al día siguiente bien temprano, Pablo y mi papá cargaban víveres, agua, gasolina y mi mamá y yo hablábamos, que más. Allí en determinado momento me volvió a sacar el tema del nudismo y yo le dije que ellos siguieran haciendo lo que a ellos les hacía feliz, que yo había venido a descansar, tomar sol y olvidarme de la vida loca de Barcelona.

    Y que Pablo pensaba lo mismo y ya lo habíamos hablado y a él le parecía muy bien que Uds. hicieran lo que quisieran. Cenamos en un lindo restauran de pescados en el puerto y nos fuimos a dormir al bote, ya que salíamos al amanecer. Esa noche nos hicimos unos arrumacos con Pablo, pero nos dormimos enseguida sin amarnos ya que estábamos muy cansados.

    Al amanecer escuché el ruido del motor que salíamos y me volví a dormir. Me desperté como a las 11 de la mañana sin el ruido del motor y el bote se mecía suavemente. Nos levantamos junto con Pablo, nos duchamos y nos encontramos con unas tazas de café recién hecho y nadie en la cocina. Cuando salimos estaban mis padres en cubierta y desnudos. Me chocó un poco pero traté de disimularlo. Pablo se sintió más impresionado y no podía dejar de mirarle las tetas a mi mamá, que las tiene grandes, bronceadas y duras.

    Ella estaba en una tumbona en cubierta, con las piernas abiertas y mi papá en medio rasurándole el pubis. Nos saludamos y como si nada ellos siguieron en lo suyo. Mi papá estaba terminando de dejarle toda la conchita lisita, sin un pelo, a mi mamá. Me arrimé a mirar, tenía la vulva rosadita, inflamada y con jugos. Evidentemente eso la excitaba. Su clítoris sobresalía arriba como un piquito.

    Les pregunté que se sentía con eso, ya que yo nunca lo hago, más que recortarme el cavado por la bikini. Mi mamá nos dijo que eso era hermoso, que se sentían más higiénicos y sexy. Entonces por primera vez le vi el pene a mi papá, lo tenía totalmente depilado, morcillón y era grande, o se veía más grande porque estaba sin pelos. Pero era hermoso, potente, bronceado. Me impactó. Lo desee por primera vez en mi vida como hombre. Mi papá tiene 45 años, y está muy bien, con el pelo entre cano, alto, musculoso y sumamente agradable, aunque no habla mucho.

    Él nos explicó que una vez a la semana se rasuraban mutuamente y que era muy excitante. Cuando terminó, la limpió a mamá y se puso de pie. Su pene seguía morcillón y yo no podía sacarle los ojos de encima y Pablo, lo miraba a él con admiración, pero a mi mamá se la comía con los ojos. Pablo estaba excitado por la situación y tenía una evidente erección bajo el short de baño.

    En ese instante y sin pensarlo, me desprendí la parte de arriba del bikini y lentamente me bajé la parte de abajo y me quedé desnuda ante la sorpresa de todos.

    Yo soy bonita de cara, tengo 1.60 de alto, pero soy tirando a gordita, con unas tetas exageradas para mi altura pero duras y paradas, tengo pancita y piernas gruesas, pero un culo imponente y según Pablo, el más deseable del planeta.

    Mi esposo me miró y de un tirón se sacó su short, quedando desnudo ante la mirada de todos, con una erección de campeonato y diciendo, espero que me disculpen, el espectáculo que dan Uds. desnudos es muy excitante. Pablo es alto, musculoso y bien formado. Tiene un culo duro y chiquitito, piernas largas, muy escaso bello en el cuerpo, excepto en su pubis y una poronga fantástica. Mide 19 cm por 6 cm. Lo sé porque soy su esposa y lo he medido, aguanta muchísimo sin terminar y es muy fogoso amando.

    Ahora estábamos los 4 desnudos y nos mirábamos y nos estudiábamos. Y por nuestras caras, parece que lo que veíamos nos gustaba a todos.

    Mi mamá rompió el hechizo diciendo:

    -Chicos, cuando tengan deseos de hacer el amor, o de coger o masturbarse, por favor no se priven por nosotros, que nosotros no nos privaremos por Uds. En este tiempo que llevamos haciendo esta vida, hemos recuperado la pasión y a veces nos dan ganas a cualquier hora y lo hacemos, y más en este bote y en este lugar donde estamos solos. No se vos Carla si estas excitada por vernos desnudos, pero Pablo si lo está y no es bueno que se contenga durante mucho tiempo porque no va a disfrutar las vacaciones.

    Dicho esto, Pablo se empezó a acariciar su pija, al menos le dio 3 o 4 tirones suavemente y exclamó un suspiro.

    -Papi, por favor rasúrame como a mami, quiero experimentar lo que se siente. Dije al tiempo que me echaba sobre una de las tumbonas y abría las piernas.

    -Y yo también quiero sentir lo que Uds. dicen, argumentó Pablo, acostándose en la tumbona al lado mío.

    Mi papá, con una gran sonrisa, tomó los utensilios y se ubicó entre mis piernas. Mi mamá hizo lo mismo entre las piernas de Pablo, cuya pija apuntaba al cielo.

    Mi papá esparció la espuma sobre mi conchita, desparramándola para abajo hasta mi ano y sus alrededores. Luego se la paso a mamá pero esta estaba con unas tijeras cortándole el bello pubiano a Pablo, que lo tenía muy largo para poder después ponerle la espuma. Como le entorpecía la visión la erección, se la agarró con una mano y se la corría mientras con la otra trabajaba con la tijera, Al correrla a un lado o al otro o arriba, abajo, la piel descapullaba y Pablo con los ojos muy abiertos, miraba y gemía. Cuando le termino de cortar con la tijera, le esparció la espuma y seguía moviéndole la pija como en una lenta masturbación.

    A todo esto, mi padre con la rasuradora iba sacando con mucha delicadeza, todo mi bello. Me hizo abrir bien las piernas y con una mano tomaba mis labios vaginales y con la otra me rasuraba. Y para que no se plegaran, tenía que tomarme los labios y por ende meterme un poquito los dedos adentro. Yo estaba excitadísima y destilaba jugos, mi papá se percató e introducía cada vez más los dedos adentro y me abría la concha y al retirarlos me tocaba el clítoris y me hacía estremecer y gemir sordamente. Yo estaba muy excitada y contenía un orgasmo solo por vergüenza.

    Cuando terminó la parte de arriba de mi concha y los labios, bajó con sus dedos hasta mi ano, y estiraba los cachetes para rasurarme algunos pelitos que estaban allí. Como le resultaba incómodo, me pidió que levantara las piernas y así trabajó mejor. Una vez que terminó de rasurarme, me enjuagó, me secó y me pidió que me diera vuelta en 4 patas para sacarme los últimos pelitos del ojete con una pincita de depilar.

    Cuando me incorporé pude ver que papá tenía una erección impresionante. Su pija debía medir más de 22 cm, no era muy gruesa y tenía el glande afuera y muy brilloso. Lo miré y le dije: ¿vos también estas excitado no? Y como no me voy a excitar con una belleza como vos, me dijo. Yo me colgué a su cuello y le di un beso en la mejilla, mientras su pija se metía entre mis piernas.

    -Bueno, bueno, date vuelta y terminemos de una vez, me dijo.

    -Si es lo que quiero. ¡Terminar! Le dije mientras me ponía en 4 sobre la tumbona y levanté mi culo en pompa para que trabajara sobre mi ojete y él se ubicó atrás y con la pincita me sacaba los pelitos y con los dedos de la otra mano me hurgaba cerca del ano para levantarlos, ¡por Dios, cuanta excitación, que placer!

    Cuando estaba en esa posición, miré a Pablo y mi mamá había terminado de rasurarlo y tenía la pija dentro de la boca y le estaba haciendo una mamada mientras con la otra mano le acariciaba lentamente los huevos. Ante semejante espectáculo, no pude resistir más, estiré la mano hacia atrás entre mis piernas, agarré la pija de mi papá y de un solo movimiento me la encaje en la concha hasta el fondo y terminé. Tuve un orgasmo impresionante e hice presión hacia atrás. Miré a Pablo y este estaba mirándome a mí y en ese momento empezó a largar leche sobre los labios de mi mamá que se corrió y varios chijetazos le dieron en la cara y las tetas.

    Mi papá, con su pija enterrada hasta los huevos en mi, ni se movía y seguía trabajando en mi ojete. A mi me dio muchísima bronca su pasividad, lo miré por arriba del hombro y sonreía sarcásticamente mientras seguía en lo suyo. Mi mamá lo masturbó un poquito a Pablo, mas que masturbada le sacaba el semen con la mano, luego se la metió nuevamente en la boca, y suavemente lo llevó a otra erección. Cuando le pareció que estaba listo, lo montó y lo empezó a cabalgar. Era una belleza verla a mi madre, a sus 44 años y con un físico hermoso, cabalgando sobre la verga de mi esposo, mi verga, mientras Pablo le chupaba las tetas y le metía un dedo en el culo.

    Estuvieron en eso como 10’ y mi mamá tuvo 3 orgasmos cuando Pablo terminó nuevamente, pero ahora dentro de ella. Se quedaron abrazados y se dieron unos besos.

    A todo esto mi papá seguía adentro mío, sin moverse, con una erección descomunal por lo dura y trabajando los pelitos de mi ano. Yo estaba re-caliente de nuevo y quería moverme, pero cada vez que lo hacía mi papá me decía, nena, quédate quieta que no te puedo sacar los pelitos. Cuando terminó, tomó un pote de crema, siempre con su pija enterrada en mi concha, y me lo esparció por el ojete y las nalgas para que no me irritara la rasurada y la sacada de pelitos.

    Cuando estaba en esto, con un dedo me masajeaba el ano y me ponía más crema y me la empujaba para adentro, me dijo, parece que a esto ya lo estrenaron antes. – Y si, con Pablo habitualmente tenemos sexo anal y nos encanta. Él es muy dulce para hacerlo y jamás me hizo doler.

    Papá seguía con su dedo en la roseta de mi ano y en una de esas me metió un dedo hasta el fondo y yo largué un gemido. Entonces no aguanté más y de un movimiento, tomé su verga, la saqué de mi concha, la apoyé en la puerta del ojete y empujé para atrás. Cuando entró la cabeza, se me escapó un gritito, pero al minuto de quedarme quieta empecé a empujar sostenidamente hasta que sus grandes bolas chocaron contra mi concha y tuve el orgasmo más grande que recuerde de mi vida, con gritos, estertores, casi convulsiones.

    Cuando estaba en eso, sentí la leche de mi padre en mi culo, sus bramidos de placer y sus gemidos de felicidad. Cuando nos aquietamos un poco, me la saqué lentamente y me di vuelta. Mi mamá estaba al lado de mi papá besándolo y Pablo estaba al lado mío con una sonrisa de oreja a oreja.

    Mi mamá dijo, chicos, ¿se dan cuenta por que estábamos reticentes a que vinieran? Teníamos miedo y deseo que esto pasara y no les gustara. Pero parece que si, entonces, disfrutemos estas vacaciones y disfrutémonos nosotros.

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