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  • Mi mujer y su amiga (2)

    Mi mujer y su amiga (2)

    Llevábamos más de 2 años de la relación a tres, y todo fluía muy bien. El sexo era bueno, muy bueno. En más de una ocasión, pasábamos semanas enteras juntos, en nuestra casa, o en la de Noelia. Teníamos una buena colección de videos íntimos. Habíamos empezado a hacer cosas en el mundo del bondadge y la sumisión, e incluso participamos los 3 en algún taller de ataduras en una comunidad cercana, donde conocimos algún trío mas como el nuestro. La colección de videos, marcó un cambio en la relación, el día que Noe, le dijo a mi mujer que quería hablar con los dos, que era muy importante.

    Quedamos después del trabajo cerca de su casa en una cafetería.

    Se le veía nerviosa, porque no paraba de mordisquearse el labio inferior.

    -No se cómo deciros esto, así que voy directa al grano, dijo con la voz entrecortada, después de saludarnos, a mi hermano le ha dado por hacer reformas en la cabaña, y encontró varios USB con fotos y videos, ya sabéis de quien. Se presentó en mi casa con ellos y me dijo que no sabía que era tan guarra y caliente, y que quería participar en nuestros encuentros, que a mí me tenía ganas desde siempre, y que tú, Lara, le pones muy cachondo. Si no aceptamos, dijo que colgaría los videos en la red

    -¡Maldito hijo de puta, vocifere presa de la ira, como se atreve!

    -Debimos guardarlos mejor, fueron las palabras de una afligida Lara

    -¿Que vamos a hacer? Dije

    -Creo que deberíamos hablar los tres con él, pero veo pocas opciones, dijo Noelia

    Quedamos en verlo el fin de semana en la cabaña, que es donde se quedaba, para hablar con él, ajenos por completo a lo que iba a suceder allí.

    Serían las 2 de la tare cuando llegamos a la casa. El 4×4 de Abel, estaba fuera. Noelia se bajó delante y entro. La seguimos dentro. Había pintado y decorado la cabaña de manera muy rústica y a la vez moderna, pues pensaba pasar allí largas temporadas tras prejubilarse con 49 años de su empresa por una enfermedad crónica en las rodillas. Nos esperaba con unas copas en la mesa. Al entrar miro descaradamente a mi mujer y soltó:

    -¡Joder! En vivo estas mucho mejor aún, y mi hermanita no se queda atrás, ¿eh cabrón? Dijo mirándome a mi

    -¿Te parecen maneras de hablarles? Voy a hacer que te tragues tus palabras, dije abalanzándome sobre él, pero las chicas me pararon

    -Tranquilo semental, solo quiero un poco de lo que tu disfrutas, nada mas, jajaja

    -Basta ya, dijo Noelia, ¿que quieres de nosotros?

    -Un fin de semana entero follando, tú puedes quedar o marchar, como veas, me dijo, pero con mis reglas y mis juegos

    -¿A que te refieres? Pregunto Noelia

    -A pasarlo bien, venir y veréis, dijo guiándonos al antiguo sótano. Al encender la luz, apareció una sala, con varias butacas de piel, una barra de bar completa, y al fondo una cruz, un potro y una cama grande con correas en las 4 esquinas. Además en una de las paredes multitud de parafernalia BDSM. Quedamos perplejos mirándonos los tres y mirándole a el

    -He visto que las damas se dejan hacer casi de todo, solo quiero probarlas un fin de semana, si no queréis repetir, se acabó, os devuelvo los USB, os juro que no hay copias

    -Déjanos hablarlo los tres, dijimos casi al unísono

    -Por supuesto, estoy arriba

    Tras un rato, llegamos a la conclusión de que no teníamos muchas opciones. Si los videos salían a la luz, algún conocido podía verlos, y sería el fin de nuestra vida social y familiar. He de reconocer que la idea, en cierta manera me excitaba, pero no el que alguien pudiera follarse a mi mujer, y menos delante de mío. Acordamos poner condiciones y subimos

    Hablo Lara en nombre de los tres.

    -Aceptamos, con reglas. Nada que deje marcas o daños permanentes, si decimos no, es no, y Miguel estará y participará. Además, lo vamos a grabar también. Si después tu rompes tu palabra, tu video también saldrá a la luz

    -Acepto, dijo sin pensar. Coger una copa, brindemos, y vamos ya

    Tomamos las copas de un trago y bajamos al sótano. Lara y Noelia fueron a la cama y comenzaron a desnudarse una a la otra, como tantas veces hacían solo para mí. Abel no les quitaba ojo mientras se desnudaba. Tenía una buena polla, no muy larga, pero bastante gruesa y circundada. Estaba algo relleno y sin depilar, pero tenía unos brazos fuertes. Terminé de desnudarme y fuimos con ellas. He de reconocer que a Abel se le veía cortado, así que tome la iniciativa.

    -Ven, le dije a Lara, acompañándola desnuda a la cruz.

    La inmovilice en ella, de espalda a la sala, con las piernas muy separas, expuesta e indefensa. Le vende los ojos.

    Del otro lado de la cruz, y frente a ella, dispuse a Noe de igual manera. Abel fue directo a su hermana por detrás y comenzó a acariciar y pasar sus manos por todo su cuerpo, haciendo hincapié en apretarle los pezones y juguetear con los piercing. Deslizo una de las manos a la entrepierna y comenzó a masturbarla lentamente, introduciendo a su vez un dedo en la vagina. Noelia busco la boca de Lara y comenzaron a besarse, excitada, comenzaba a jadear. El bdsm siempre me llamo la atención, y tenía la oportunidad de ponerlo en práctica gracias al chantaje de Abel, y pese a mi reticencia inicial, la situación me ponía de lo mas cachondo.

    Mientras Abel se ponía a un lado de la cruz, y ya empezaba a tocar también a Lara, me detuve en la mesilla con los “juguetes”. Tome unas mordazas, una con bola y otra que era para mantener la boca muy abierta. Cogí también unas pinzas para pezones unidas entre si por una cadena y una fusta. Coloqué las mordazas, dejando la de que mantenía la boca abierta a Lara, y les puse las pinzas de los pezones a ambas, entrelazando las cadenas, de manera que si una se separaba tiraba de los pezones de la otra. Me coloque a un lado, acaricie suavemente el culo de Noe, y seguidamente descargue la fusta sobre ella.

    Se sorprendió con el golpe y un ligero grito salió de su tapada boca. Hice lo mismo con Lara. Después de un rato, sus pechos brillaban por el sudor y la saliva que salía de sus bocas al no las poder cerrar. El juego me cansaba un poco. Abel me sugirió llevarlas a la cama, quería follar. Yo también

    Con las manos esposadas a la espalda las llevamos a ella. Una frente a la otra, de rodillas, y con la cabeza contra el colchón, Abel tomo a Lara por las caderas, froto su polla en su húmedo ya coño, y la penetro de golpe, hasta el fondo. Un ahogado gemido salió de su boca. Yo iba a follarme a Noe, pero al ver a mi mujer siendo follada duro a cuatro patas, inmovilizada y privada de visión, con la boca obscenamente abierta con la mordaza, me situé frente a ella y le metí mi miembro hasta la garganta.

    Los envites que recibía por detrás, hacían que entrara la mía muy adentro, ahogándola en cada embestida y salivando de manera exagerada. Estuvimos un rato así hasta que Abel empezó a jadear fuertemente

    -¡Dios! ¡Me voy a correr! ¡Me voy a correr! Quita, me dijo, quiero que lo trague todo

    Me separe, para dejarle la boca libre, y casi sin darle tiempo a metérsela en ella, empezó a correrse abundantemente. Un chorro fue casi directo a la cara de mi mujer, pero el resto fue dentro de su garganta, pues el grueso pene de Abel estaba en su boca hasta el fondo, dejándola casi sin aliento

    Yo rodee a Noe, que estaba expectante, lubrique su culo un poco, y comencé a follarmela por detrás con fuerza. No estaba prestando a tención más que a mi propio placer, por primera vez en mi vida. Estaba desatado. Tarde muy poco en correrme dentro del culo de Noe. Cuando la saque, su esfínter permaneció dilatado y rojo, palpitante, expulsando un ligero hilo de semen fuera. Abel había quitado la mordaza a Lara, y esta se afanaba en limpiar con la lengua el pene de este, erecto como al principio, y más grueso, si cabe.

    Nos miramos e intercambiamos posturas, mi polla también seguía, para mi asombro, dura como una piedra. Abel se dirigió al maltrecho culo de su hermana, y yo a la boca de mi mujer, que recibió con una leve sonrisa mi polla en ella. Se afanó en chupármela, y aunque sin manos le resultaba complicado, hacia maravillas. Le tomé la cabeza por el pelo, y comencé a follarle la boca un poco más duro, como lo había hecho Abel minutos antes.

    Un jadeo fuerte de Noe me hizo levantar la cabeza para ver como su hermano hundía su gruesa polla en ella sin piedad. Una mano tiraba de su pelo, recogido en una coleta, hacia atrás, y la otra jugueteaba con uno de sus pezones, atrapado por la tenacilla, estirándole y retorciéndolo.

    -Coloca a tu mujer ahí, me dijo, señalando el poste de la cama, átala de espaldas a el

    Asentí con la cabeza y la puse como me indico. Él se tumbó en el suelo, muy cerca de ella.

    -Trae a Noe, ayúdala y suéltale las manos, me dijo.

    La coloque sobre él, que introdujo su polla dentro de su coño fácilmente dado lo mojada que estaba. La dirigió hacia delante exponiendo su culo, y adiviné sus intenciones. Me arrodillé detrás y volví a taladrárselo. En esa posición, el coño de Lara le quedaba justo a la altura de la boca, por lo que moví su cabeza para que empezara a comérselo. Apoyo una mano en el pecho de su hermano y con 2 dedos de la otra penetro a su amiga mientras le lamia golosa el clítoris. Lara con lo excitada que estaba no tardó en correrse, pero Noe siguió haciéndolo y le arranco un segundo orgasmo seguido.

    -¡Me voy a correr dentro tuyo!, dijo Abel, mirando a Noe, a quien había despojado de la venda

    -Yo también me corro, dije

    -¡Y yo, correros cabrones, correros, me estáis matando de placer! ahh! grito Noe fuera de si

    Un chorro de abundante semen salió de mí dentro de su culo, seguido de otros dos, mientras la aferraba con fuerza de las caderas

    -Aaaghh! ¡Mascullo Abel, Dios, que ganas te tenía! Dijo mientras se corría también dentro de su hermana.

    Noelia se dejó caer sobre él y yo saque mi polla, aun chorreando, de su culo. Desate a Lara y le quite la venda, se arrodillo a mis pies y comenzó a chupármela una vez más para recoger todos los fluidos que en ella había. Mi polla seguía dura como una piedra, no sabía que estaba pasando, me sentía como un chaval de 15 años.

    -Éxtasis en sus copas, y en las nuestras además, Viagra ,jeje masculló Abel, que estaba recibiendo también una mamada de su hermana La fiesta tenía que durar, ¿no crees? Me dijo

    -No es la primera vez que me pasa, dije esbozando una sonrisa

    -El plato principal, para el final, dijo Abel, mirando a Lara, postrada a mis pies

    Levantó a su hermana y la ató en el potro, boca abajo, como si estuviera montando a caballo. Metió un consolador de buen tamaño en su coño, y otro, mas pequeño, en el culo. Le puso la mordaza con la bola y pinzas en los pezones, con pesos, que estiraban de forma grotesca estos hacia el suelo. Conecto los consoladores a un ritmo intermitente, que hicieron jadear a Noe, y la dejo allí, mientras se dirigía a nuestra posición. Lara seguía de rodillas. Abel se puso a mi lado, y Lara, mecánicamente, empezó a alternar en su boca las dos pollas que frente a ella se encontraban.

    He de reconocer, que hace unas mamadas tremendas. Me senté en el borde de la cama, y Lara se inclinó para seguir chupándome la polla, dejando sus agujeros expuestos a Abel, que no tardo en metérsela en el coño. Escupió un par de veces en su culo, esparciendo la saliva con los dedos, e introduciéndolos en el culo, que los aceptaba sin demasiada resistencia. Lara estaba excitada y no lo ocultaba. Abel saco su miembro del coño, volvió a escupir en él, y presionó este en el culo de mi mujer, que se abrió para él.

    El glande traspaso el esfínter, y poco a poco la metió entera. Mientras yo, la aferraba por el cuello, disfrutando de una mamada tremenda. Abel comenzó a moverse rítmicamente, cada vez más fuerte, y yo solté su cabeza, para dejarles a ellos todo el trabajo. Abel empezó a alternar sus 2 agujeros, follandola con fuerza, mientras sus manos apretaban sus tetas bamboleantes y retorciendo sus pezones. Lara estaba en éxtasis, jadeando y sudando. Era una visión excitante y turbadora, ver a mi mujer empalada por detrás, disfrutando como una loca, mientras me hacia una deliciosa mamada, y mi amante, atada enfrente en un potro, con dos consoladores dentro, gimiendo y jadeando sin parar.

    Abel se separó y se dispuso a mi lado, en la cama.

    -Te toca, me dijo

    Ocupé mi posición detrás de Lara y se la metí sin esfuerzo en el culo, mientras ella sustituía mi polla en su boca por la de Abel. Comencé a darle por el culo, con fuerza, y también alterné sus agujeros, mientras masajeaba su clítoris con una mano, y con la otra cogía una de sus tetas. Abel la cogía con fuerza del cuello, y le enterraba su polla en la boca hasta las bolas, manteniéndose unos instantes así, cada vez que la sacaba, Lara tomaba una bocanada de aire, entre náuseas y tos, pero lejos de quejarse, dijo:

    -Seguir cabrones, no paréis, follarme duro, me voy a correr otra vez

    Yo no daba crédito. Estaba desatada y desinhibida como nunca, efecto de las drogas, supuse. Abel se recostó en la cama, y acerco a Lara sobre él, que se montó a horcajadas.

    -No, la corrigió, date la vuelta

    Se giró de espaldas a él, y la empaló por su dilatado culo, sin ningún tipo de problema. Tiró de ella hacia atrás, apoyando las manos en la cama y dejándome un expuesto y desafiante, enrojecido coño, abierto, esperándome. Como pude, con una rodilla en la cama, entre sus piernas, y un pie en el suelo, me acomodé entre ellos y mi erecta y ya morada polla, encontró fácilmente el coño de Lara y se perdió dentro de ella. Abel desde detrás, se aferraba con fuerza a sus tetas, que estaban enrojecidas y con marcas de sus manos.

    De vez en cuando abofeteaba una con fuerza o le retorcía un pezón. Era una postura algo incómoda pero la penetración era profunda y placentera. Después de unos minutos así, Lara estalló en un nuevo orgasmo

    -¡Joder, sI!! Si! ¡Si! ¡Me corro cabrones Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh!

    Abel en ese momento, hizo ademan de quitarla de encima, yo me retiré a punto de correrme, Empujó a Lara de rodillas al suelo, se puso en pie frente a ella a mi lado, y un chorro de semen impacto en su cara, Lara abrió la boca para recibir el resto, mi descarga fue directa a su cara también. Ella tomo las dos pollas con las manos, y comenzó a chuparlas y lamerlas, hasta dejarlas completamente limpias, pero ya relajadas, y al menos en mi caso, dolorida.

    Lara tenía la cara cubierta de semen y sudor, que le arrollaba por el cuello hasta el pecho. El rímel corrido y el pelo alborotado y sucio. Se tumbó en la cama, agotada. Abel había soltado a su hermana y la acompañaba también a la cama, se tumbó junto a Lara, hechas un ovillo y se durmieron. Yo subí a beber y darme una ducha. Abel subió conmigo.

    -No había follado a si en la vida, me dijo

    -Ya, yo tampoco, lo reconozco, pero, al menos para ti, esta ha sido la primera y única con nosotros

    -Bueno, hay dos personas abajo que tendrán algo que decir

    -Eso es cierto, pero, al menos de una, conozco la respuesta

    -Ya veremos

    Bajamos, y acompañamos a las mujeres que descansaban ya, profundamente dormidas.

    Al día siguiente y después de asearnos y desayunar algo, rompió el hielo Noe.

    -Lo de ayer fue increíble, tardaré en olvidarlo, dijo

    -La verdad que sí, una locura, dijo Lara

    -No hay porque olvidarlo, yo repito cuando queráis, dijo Abel

    -Eso no era lo hablado, dije yo. Aunque estuvo muy bien, Una vez y se acabó, respondí

    -Yo, he de reconocer, que desde siempre, me sentí muy atraída por ti, me tocaba mirándote, de pequeña en casa. Y te desee siempre. No me importaría, dijo Noe

    -Como experiencia estuvo bien, pero fue bajo un chantaje, para mí, se acabó, dijo Lara

    -Estoy con mi mujer, para mí también, respondí, satisfecho con lo que Lara respondió. Si esto hubiese surgido de manera espontánea, habría estado muy bien, Noe, como fue lo nuestro, pero así, no

    -Pues temo que esto sea el fin de lo nuestro entonces, si mi hermano está dispuesto a quedarse conmigo

    -Por supuesto, lo he querido siempre, pero no me atrevía decírtelo por miedo a tu reacción

    -Noe, lo nuestro no tiene por qué acabar así, hemos disfrutado mucho los tres, y podemos seguir haciéndolo, dijo Lara, con lágrimas en los ojos

    -No cielo, he deseado mucho esto, y si él no tiene cabida, yo tampoco

    -Pues lo siento, nos despedimos aquí, dijo Lara

    Fuimos a recoger nuestras cosas, y apenados nos despedimos de Noe, que nos entregó el pendrive con las grabaciones del chantaje, y también la tarjeta de este fin de semana. Lara tomo los dos y los arrojó a la chimenea. Hicimos el viaje de vuelta casi sin hablar. El lunes, en el trabajo, Noelia presento una petición de excedencia y no volvimos a saber nada de ellos.

    Nosotros empezamos a frecuentar locales de intercambio y a ir a fiestas Swinger, y en una de estas nos encontramos a unos viejos amigo de la adolescencia, que llevaban más de 25 años juntos también, Jaime y Julia. Ese día no paso nada, porque nos fuimos directos a un reservado a hablar y ponernos al día de todo lo pasado en este tiempo sin saber de nosotros. Quedamos en vernos el siguiente fin de semana en su casa, pero eso, es otra historia.

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  • No merezco llamarme hombre, ahora soy Gina Genoveva

    No merezco llamarme hombre, ahora soy Gina Genoveva

    -¡Entérate de una vez, eres poco hombre!

    Me dijo ella gritando, convirtiéndose en ese momento en mi exesposa, dando fin a 10 años de matrimonio, a la vez que agregaba:

    -¡Por tu culpa me convertí en lesbiana! ¡Y me siento liberada de ti! Tu miseria de verga nunca me excitó, por eso cuando me acosté por primera vez con una mujer sentí mucho más placer que lo que alguna vez me hiciste sentir. Es más, cada vez que me acosté contigo sentí más que eras una mujer y que tu micro miembro era un clítoris sobando mi concha.

    Abrió violentamente la puerta y salió con sus dos maletas. Le dio un beso apasionado y jugoso en la boca a la hermosa mujer que la esperaba fuera en un auto y me miró de vuelta antes de subir e irse:

    -Bien puedes hacer lo que quieras con todo lo que dejo en esta casa, nunca voy a volver, me voy del país.

    Subió al auto y se fueron. Fue la última vez que la vi.

    Me quedé sorprendido y en silencio. No sabía qué hacer. Llamé a unos amigos de universidad para encontrar desahogo y en una hora cuatro de ellos en mi casa dándome apoyo pues nos habíamos hecho muy cercanos mientras estudiábamos. Eran tres mujeres y un hombre. Pero, además, una quinta persona acompañaba a aquellos cuatro compañeros.

    -Danilo estaba con nosotros cuando nos llamaste -dijo Ana, -Espero no te moleste que haya venido-. Hice un gesto de indiferencia con los hombros y los dejé pasar a la casa.

    Danilo era apuesto de rostro, no fornido, pero sí de cuerpo esculpido y músculo macizo por el ejercicio. Tenía un atractivo natural con las mujeres. Sin embargo, no empatizamos mucho pues me era incómodo que me vieran con él, a sabiendas de que era muy amanerado, con expresiones típicas de un afeminado a quien poco le importan las apariencias. Siempre lo discriminé por ello. Aunque claro, mi mundo estaba por cambiar.

    Luego de unas horas, en las que inventé las razones por las cuales mi esposa me había abandonado, mis amigos decidieron irse. Me quedé solo de nuevo. Media hora después tocaron a la puerta. Era Danilo, quien se disculpó por regresar pues había dejado sus llaves al salir. Notó mi tristeza y me dijo:

    -Se que siempre será difícil y creo que necesitas un abrazo para liberarte-.

    Me atrajo hacia él y me dio un abrazo. En efecto, lo necesitaba. Me apretó más, mientras me sobaba la espalda y la cabeza de forma muy gratificante y consoladora. Pasamos un rato así.

    -Gracias -le dije. Y me sentí comprometido -¿Quieres un café? -Accedió y fuimos a la cocina. Mientras yo preparaba la cafetera. Me dijo: -Creo que hay más en esta historia ¿por qué realmente ella te dejó?

    No pude evadir la pregunta. Me resultaba incómodo contarle la razón, sobre todo porque atentaba contra mi hombría, mi orgullo de hombre.

    Yo recostaba la espalda contra un gabinete. Él se acercó a menos de medio metro de mí, de forma que podía sentir su aliento. Me acarició la cabeza y me peinó con su mano. Me sorprendió que no puse resistencia a que lo hiciera.

    -Puedes confiar en mí -me indicó.

    -Es mi miembro -confesé– Me dijo que era poco hombre y que lo tenía demasiado pequeño para satisfacerla. Es más, dijo que por mi culpa se convirtió en lesbiana.

    Danilo se extrañó. -No creas todo lo que dice -me aconsejó – Quizá siempre le gustaron las mujeres y te dio esa excusa-. Mientras decía eso, me desabotonó la camisa y empezó a desabrocharme el pantalón cuando reaccioné.

    -Pero ¡¿qué haces?! -Le pregunté.

    -Cálmate. Veamos si realmente lo tienes tan pequeña como ella dice -y súbitamente metió sus manos a los lados de mi calzoncillo y lo bajó a las rodillas, exponiéndome del todo ante él.

    Sonrió compasivamente. Me vio a los ojos y me dijo: -Te enseñaré algo -a la vez que se bajó el pantalón y su calzoncillo y fue por vez primera en vivo una verga que no fuera la mía.

    A primera vista, su pedazo de carne era al menos 5 veces mas larga y el doble de gruesa que la mía.

    -Esto -dijo Danilo -Es una verdadera verga. Compárala -La levantó y pegándola a la mía, como dos tubos que ven hacia arriba, sujetó ambas con su mano. Desde la base, mi verga cubría su dedo meñique y anular y apenas la cabeza se asomaba al dedo medio; mientras que la de él necesitaba dos manos para sujetarla.

    Me soltó el miembro y pegando su pelvis aún más a la mía me acarició los pezones. Jadeé del dolor, pero también de un placer hasta hoy desconocido para mí.

    -Gabriel -me dijo viéndome fijamente a los ojos. -Olvida lo que te dijo esa mujer, no vale la pena. Es tiempo de comenzar de nuevo… y para ello debes ser alguien nuevo. Acéptalo, con ese miembro, si puede llamarse así, nunca podrás tener una mujer. Pero puedes convertirte en algo distinto. ¿Tienes un espejo de cuerpo completo en tu cuarto? -Asentí con la cabeza. Con sus pies se terminó de quitar sus pantalones y calzoncillo e hizo lo mismo con los míos. Me tomó de la mano y nos dirigimos hacia mi habitación. Al llegar terminó de desnudarse y me desnudó. Nos vimos frente al espejo. Evidentemente su cuerpo era mucho más varonil que el mío.

    Abrió el closet de mi esposa. Sacó unas sandalias de meter, color cobre, de pequeño tacón y un vestido.

    -¿Te has vestido alguna vez con su ropa? – preguntó y negué con la cabeza. -Bien, esta será tu primera vez en todo -dijo a la vez que me puso las sandalias y me enfundó el vestido. Me contemplé vistiendo como mujer frente al espejo.

    En ese momento, me liberé, me descubrí y entendí la oportunidad que me estaba dando la vida. Toda la tristeza que experimentaba hace apenas unas horas desapareció y la ilusión me transformó definitivamente. Me sentí absolutamente libre.

    -No puedo creerlo -dije -me miro y me siento tan… ¡femenina, tan mujer! Y sonreí entusiasmada.

    -No necesitas a ninguna mujer -me explicó Danilo – Tú eres una.

    Y diciendo esto me besó apasionadamente. Devolví el beso acaloradamente, masajeando su húmeda lengua, abrazándolo al cuello y acariciándolo en su espalda y cabeza.

    -Gracias, gracias, gracias -le grité con euforia mientras continuaba besándolo.

    Me condujo a la cama y me sentó en ella. Quedé casi a la altura de su verga y supe lo que él quería. La tomé con mis manos y la sobé enamorada.

    -Mámala -me dijo dulcemente Danilo.

    Tomé con las manos esa belleza de miembro. Le di un beso en la punta, lo descapoté y se mostró ante mí aún mas grande. Le di pequeños besitos desde la punta hasta la base, luego le pasé la lengua desde sus testículos a la punta, como si fuera un gran helado, y luego bajé la lengua mojada y caliente hasta los testículos otra vez. Subí una vez más mojando con saliva ese miembro gigante hasta ver cómo se endurecía como el acero, lo tomé con las manos y lo introduje por primera vez en mis labios.

    Primero, solo la cabeza lisa succionándola y chupándola como a un bombón. Luego, la fui metiendo poco a poco hasta mi garganta. Mi lengua frotaba la parte de abajo. Él me tomó de la cabeza y rítmicamente me empujaba para que sintiera hasta mis amígdalas su miembro y luego me retiraba y así nuevamente.

    Mi verga no se molestó en pararse, pero mi ano comenzó a empaparse. Nunca había experimentado nada igual. No quería soltar mi nuevo juguete, me estaba volviendo loca, deleitándome al darle a Danilo una mamada, chupada, pajeada y acariciada de verga y testículos. Estaba delicioso. Comencé a sentir sus líquidos preseminales salados y me excitó aún más. Lo metí más al fondo, para luego chuparla hasta la punta, gimiendo y escuchándolo gemir.

    Danilo se descontroló y comenzó a prepararse para su orgasmo. Me jalaba cada vez mas duro la cabeza hacia él. De pronto en un delicioso grito me indicó que se estaba corriendo y fue cuando probé en mi boca, en mis labios, en mi cara y cuello por primera vez el sabor alucinante del semen. Es un manjar. Como una vela que chorrea cera por sus lados, vi la leche de Danilo espesa, abundante, caliente y viscosa correrse por todo el largo de su gran miembro. Me apresuré a saborearla.

    Las ligas que generaban en mis labios me excitaron aún más. Con su último chorro me invadió la garganta y luego se acostó en la cama, me jaló hacia él y nos besamos apasionadamente, mezclando con la saliva su semen salado que humectó nuestro placer.

    Me vio a los ojos, y yo me sentía como enamorada. -Quiero tener un nuevo nombre, un nombre de mujer-, le dije. -De acuerdo, Gaby-, y al escuchar ese nombre me sentí tan bien, tan femenina, tan mujer. -Sí, llámame Gaby, le dije, pero también puede ser Gina o Genoveva-

    -De acuerdo Gina Genoveva. No pares de hablar, di lo que sientes, lo que quieres, lo que deseas. No detengas tu transformación.

    -Quiero que me conviertas en mujer -Le supliqué -Hazme tuya, quiero darte el culo, mi agujero, quiero gritar al mundo que soy una nena, una princesa, una marica. Quiero sentir la verga, tu verga, soy tuya, cógeme, métemela, hazme el amor.

    El fuego se encendió de nuevo y Danilo me besó profunda y locamente. Me jaló del pelo e hizo mi cabeza atrás, me chupó y mordió los pezones, me estrujó las caderas. Me volteó boca abajo, me abrió las piernas y me separó las nalgas. Escupió con mucha saliva en mi agujero para lubricarlo.

    -¡Soy una marica, soy una travesti, soy una nena, una princesa! -repetí alocadamente.

    El dolor fue desgarrador. Mi ano estiró sus músculos violentamente para dejar pasar la verga de Danilo cuando súbitamente me penetró y me la metió hasta el fondo sin misericordia.

    Grité de placer y de agonía. -¡Ya eres una mujer! – me anunció victorioso mientras vencía mi recto y me penetraba más duro y más profundamente. Sentí que me quemaba por dentro.

    Mientras le daba el culo, se desplomó sobre mí. Sentí su pecho en mi espalda. Sus manos pasaron por delante de mi pecho y me tomó de los hombros y así me jalaba para darme verga mas adentro y salir y de nuevo entrar y de nuevo salir. Gemíamos los dos como enajenados.

    No me importaron los vecinos ni nadie que me escuchara desde la calle cuando exclamaba con respiración entrecortada: -¡Me gusta, la adoro, que deliciosa es la verga!, ¡ya no soy un hombre, soy una mujer!, ¡Me gusta vestirme de mujer!, ¡ya no puedo vivir sin una verga adentro! –

    En ese momento, comencé a tener espasmos incontrolables. Sí, mi micropene eyaculó leche en cantidades que nunca antes había visto derramar sobre las sábanas, pero mejor aún, mi ano comenzó a lubricarse cada vez más hasta abrirse y cerrarse enloquecidamente y me invadió por todo el cuerpo un calambre de placer: ¡Tuve por primera vez un orgasmo anal! Y mientras succionaba con el culo el miembro de Danilo, él también se corrió, expulsando semen dentro de mi recto y ano, empapándolo aún más de placer. Al eyacular su último chorro dentro de mí, se impulsó hasta muy adentro. Empiné las nalgas y caderas más para sentirlo totalmente.

    Nuestra respiración estaba al máximo. Ambos jadeamos a más no poder.

    -Gracias, Danilo, por desvirgarme el culo y convertirme en una travesti, en una mujer. Seré tu esclava sexual cuando desees. -Le dije, viéndolo enamoradamente, como nunca me imaginé ver a otro hombre, solo que esta vez yo ya no era un hombre, me había estrenado como mujer.

    -Lo necesitabas, Genoveva -Me dijo -Tu micropene es un accesorio del cual te has liberado, a partir de hoy solo le encontrarás sentido a la vida calzando unas hermosas y femeninas sandalias, vistiéndote con vestidos, faldas, ligueros, tangas y sostenes de encaje, como una nena y dando el culo por placer.

    Nos besamos y así empecé mi nueva vida.

    Espero que tú, que me lees, sepas también que deseo darte el culo, vestirme de mujer para ti y que no exista parte de mi cuerpo que no saboree con placer tu hermoso miembro, para llegar juntos al máximo placer.

    Gina Genoveva.

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  • Finalizando el año en una cabina

    Finalizando el año en una cabina

    Terminé el año siendo penetrado en una cabina.

    Me encontraba paseando en la Zona Rosa de la ciudad de México, era el día 31 de diciembre, ya era un poco tarde, como eso de las 7 de la tarde-noche, no quería irme a hospedar todavía, porque finalmente, ese día me la pasaría solo en mi cuarto de hotel y como para esa fecha, realmente no tenía muchas ganas de irme a encerrar en mi soledad. Me acorde de que, en esa zona, había visitado en una anterior ocasión, un lugar de cabinas de internet de encuentros de tipo cruising, encuentros sexuales del ambiente gay, por lo que decidí ir a probar suerte, a la mejor y de que menos me podría entretener un rato.

    Después de algunas vueltas, logre dar con la entrada de ese lugar, que esta medio escondido, me dispongo a entrar, me dirijo a la recepción con un chavo atendiendo, y rento una cabina individual, me da la llave y me dirijo a la misma, encuentro la cabina y abrí la puerta, entro y cierro la puerta tras de mí, me acomodo en el pequeño asiento y abro la sesión de la computadora que está ahí, empiezo a navegar en el chat que tiene la computadora para entablar conversaciones con las otras cabinas.

    Empecé leyendo los distintos mensajes que enviaban en la ventana de chat general, en su enorme mayoría, eran mensajes de hombres pasivos, pidiendo verga, uno que otro solo de voyerista, que quería ver, yo estaba buscando un encuentro sexual con alguien activo, bueno, quería al menos tener la oportunidad de poder terminar bien el año o al menos esa fue mi intención al entrar a esas cabinas, tarde unos minutos, que también, no paraban de tratar de abrir la puerta donde me encontraba, pero esta vez, le puse seguro, en esta ocasión quería escoger algo.

    Seguía en el chat, hasta se vi en la ventana de chat general, alguien que escribió soy: “Soy activo de 43 años, un poco gordito, cabina 32”. Me dije a mi mismo, hay un buen de pasivos en las cabinas en este momento, pero me decidí a mandarle mensaje con el siguiente contenido: “Hola, me llamaste la atención, tengo x años, un poco llenito, soy pasivo, nalgón, discreto ¿Me gustaría saber si se puede algo?”, pasaron varios minutos y entonces me contestó: “Hola, pues si gustas, pasa a mi cabina, aquí vemos que se puede dar, entre tú y yo”, al tener su respuesta, me dispuse entonces a salir de mi cabina y caminar por el pasillo en dirección a su cabina, que estaba al fondo del local.

    Llegue a la puerta de la cabina marcada con el número 32, tome de la manija que tenía esa puerta y jale un poco, notando que estaba sin seguro, al abrirla por completo, estaba él, sentado, solamente con un bóxer puesto, se notaba de mediana estatura, algo gordito, pero no tan exagerado, cabello negro, usaba lentes, al él notar que se había abierto la puerta, se puso de pie, se dirigió hacia la puerta, en ese momento, me percate, que era un poco mas alto que yo, se puso frente a mí, me tomo del brazo y me jalo hacia dentro de la cabina, cerrando la puerta, poniendo seguro de inmediato y ejerciendo un poco de fuerza, me empujo hacia la puerta que estaba detrás de mí, pegando mi espalda a la puerta.

    Cuando estaba pegado a la puerta, poso uno de sus brazos en la puerta, pasándolo por debajo de mi axila, su otro brazo, que estaba sosteniéndome y el que uso para empujarme a la puerta, lo soltó y una vez con su brazo liberado, puso su mano en mí barbilla, levantando ligeramente mi cara, poniendo su cara frente a la mía, me da un beso en la boca, que poco a poco se va tornando bastante cachondo, el cual empecé a corresponder y pasé mis brazos por su cintura, dejando que me estuviera besando con esa pasión. Soltó mi barbilla y paso su mano hacia abajo, tomando la hebilla de mi cinturón y soltándolo, también aprovechando y desabotonando el pantalón.

    Cuando consigue soltar el broche del cinturón y el desabrochar el botón de mi pantalón, deja de besarme, toma con sus manos los lados de mi pantalón, a lo cual, en un movimiento, baja de un solo jalón hasta mis pies mi pantalón y de paso bajo también mí bóxer, dejándome desnudo de la cintura para abajo.

    Una vez hizo esto, se pone de pie, para que con una de sus manos, toma mi brazo derecho y lo jala en un movimiento hacia la izquierda, haciéndome girar de este modo y poniéndome de espalda hacia él, poniendo su mano sobre mi nuca, haciéndome inclinar hacia la pared, dejándome un momento en esa posición a su vista, para luego acercar su cara a mi oreja, diciendo por primera vez en todo ese rato las siguientes palabras: “Este culo va a ser mío, vas a terminar el año bien cogido”.

    Cuando termino de decir sus palabras, se incorporó y con su mano libre, me dio un par de nalgadas y luego poso su mano sobre una de mis nalgas, apretándola, soltándola y empezando a acariciar con su mano mis nalgas, acariciándolas, mientras que se vuelve a inclinar sobre mí espalda y con su boca, empezó a jugar con mi oreja, lamiendo mi cuello de vez en vez, empezando yo, luego de estas sensaciones que me estaba provocando, a gemir de placer.

    Empezó a bajar su boca por mi espalda, pasando su lengua por la línea de mi espalda, besándola, llegando a mis nalgas, las cuales les dio un par de besos y unas cuantas lamidas, tomando con sus manos, ambas nalgas y separándolas, dejando a su vista mi culito, el cual, al sentirse expuesto, respingo un poco, al ver el esto, dijo en voz alta: “Ese culito se ve que ya tiene hambre”.

    Cuando dijo eso, sentí que algo de una forma que podía reconocer, se posaba entre mis nalgas, él ya había soltado mis nalgas, así es que aprovecho ese momento para sacarse su verga del bóxer, la cual puso entre mis nalgas.

    Con sus manos libres, me tomo de la cintura, y empezó a moverse, de tal manera que su verga empezó a estar pasando en medio de mis nalgas, estando jugando de este modo por un corto periodo de tiempo, para luego soltarme, separarse y con su mano, tomarme de mi brazo, hacerme levantar para ponerme de frente a él y con un poco de su fuerza, hacerme sentar en el sillón que estaba dentro de la cabina, para dejarme a la altura de mi cara, a unos cuantos centímetros de mi boca, su verga, la cual, he de decir, era de buen tamaño, con al menos unos 18 cm, algo gruesa, circuncidada, rasurada, la cual ya tenía liquido preseminal saliendo de ella.

    Él acerca su verga a mi boca, la toma con su mano y la pasa por mi cara, por mis mejillas, mis labios, pasando la punta de su verga por toda mi boca, acercándola la punta a la comisura de mis labios.

    A lo que sin más, abrí mi boca y empecé a meterla poco, iniciando con su punta, sacándola, pasándole mi lengua por toda la punta, para luego meterla hasta donde me era posible, empezando a pasar mi boca por todo su tronco, entre los gemidos de placer que él iba dando, metiendo y sacando su verga de mi boca, estaba gimiendo con mas fuerza, cuando sus manos sostuvieron mi cara y saco su verga de mi boca, para después, soltar mi cara, tomar de mi brazo, hacer que me pusiera de pie, para después, girarme hacia el sillón y hacerme hincar, poniendo su mano sobre mi cabeza, haciendo que pegara mi cara al sillón, de este modo, dejando mas paradas mi nalgas a su vista.

    Una vez me hubo acomodado así, empiezo a sentir algo frio liquido recorrer entre mis nalgas, con su mano, separa un poco mis nalgas y empieza a frotar mi culito, con ese líquido, dejando sentir una deliciosa sensación, empieza a frotar con bastante de forma insistente por todo mi orificio anal.

    Sintiendo que ese liquido cada vez se va poniendo mas y mas cálido, de pronto, siento como uno de sus dedos se quiere abrir paso a mi interior, no lo consiguió a la primera, pero sigue poniendo presión, hasta que logra abrirse paso, lo saca, vuelve a soltar mas liquido encima de mi culo y vuelve a meter su dedo, esta vez, ya sin tanta resistencia, empezando a meter y a sacarlo, haciendo movimientos circulares en mi interior, tratando de dilatar mi culito lo mas posible, de un momento a otro saca su dedo, con sus manos, abre mis nalgas, dejando nuevamente a su vista mi culo y dice en voz alta: “Que rico estas, listo o no, prepárate para recibirme”.

    Al soltar mis nalgas y terminar de decir eso, empiezo a sentir, como acomoda su verga entre mis nalgas, subiendo y bajando entre ellas, para luego separarse y empiezo a sentir, como la punta de su verga está en la entrada de mi orifico anal, empezando a hacer presión por entrar, mi esfínter empieza a ceder, ante su constante presión, siento como mi culo se está abriendo ante el insistente invasor, como mi interior desea darle paso a esa verga, que mi culito aún se niega a cederle la entrada, un sonoro y fuerte gemido se hace presente en esa cabina, con una sensación entre dolor y placer, porque su verga, se abrió paso a mi interior.

    Mi culo finalmente cedió ante la presión de la invasión de ese pedazo de carne, que logro entrar hasta la mitad en ese empujón, él, al ya sentir su verga dentro de mí, soltó un profundo gemido, deteniendo un momento su empuje, soltando entre algunas palabras: “Que apretadito estas”, “Que rico culo me estoy comiendo para terminar el año”.

    Saca su verga de mi interior por completo, abre mis nalgas con sus manos, suelta algo más de líquido, pone nuevamente la punta de su verga en la entrada de mi culito y empieza a presiona hacia mi interior, esta vez, entrando sin mayor problema, empujándola hasta que logro entrar totalmente, que sus huevos chocaron con los míos.

    Luego, empezar a sacarla, solo hasta la mitad, para meterla nuevamente hasta el fondo, volviendo a hacerlo de la misma forma nuevamente, empezando a aumentar la velocidad en la que iba haciéndolo, empezando a hacerlo de forma cada vez más rápida, haciéndolo ya de forma constante, con cada arremetida que me da, mi interior y mi culo lo van disfrutando más y más, cada vez que siento su verga ir y venir en mi interior, voy soltando mas y mas gemidos de placer total.

    Su verga entra y sale de mi culo, con bastante facilidad, entre sus gemidos y mis gemidos, se escuchan también el cómo su bombeo hace que mi culo reciba su verga sin parar, entre ese mete y saca constante, de pronto, la saca por completo de mi interior, dejando una sensación de vacío, para que el pusiera sus manos en mis manos y las abriera por completo y dejar otra vez mi culo expuesto a su vista.

    Diciendo en voz bastante excitada: “Mira que rico que se ve abierto tu culito”, “Lo estoy disfrutando como no tienes idea”, “Te voy a dejar como a pavo de navidad”, al decir esto último, soltó mis nalgas y metió de un golpe su verga en mi culo, con una ligera sensación de dolor, pero siendo la sensación de placer mas dominante, una vez dentro de mí, empieza a sacar y meter su verga con bastante más rapidez que antes.

    Aumenta su ritmo y su respiración se vuelve bastante más rápida y pesada, sus gemidos se hacen mas sonoros.

    Es entonces cuando acerca su cara a mi oído y me dice: “Voy a terminar dentro de tu culito, recibe mi leche caliente”, se levanta, me toma por la cintura, empieza a embestirme con mayor rapidez y fuerza y de pronto siento como la mente hasta el fondo y de pronto como algo caliente impregna mi interior, dando unos últimos empujones, entre sus bufidos y gemidos míos, para luego sacar su verga, poner ambas manos en mis nalgas, para separarlas y dejarle a su vista mi culo todavía abierto y palpitando de la tremenda cogida que me estaba dando, me suelta las nalgas, me da un par de nalgadas.

    Me toma del brazo y me levanta con él, para jalarme hacia su cuerpo, para luego besarme, deja de besarme y me dice: “Feliz Año Nuevo”, “Que rico culito que disfrute para cerrar este año”, me vuelve a besar, me toma con sus manos por mis nalgas y me empieza a masajear, luego se separa y me comienzo a vestir, para salir por la puerta, para dirigirme a la cabina que había rentado, cierro la sesión, salgo del local y me dirijo a mi hotel, para terminar ese año con el culo abierto y lleno de leche, algo que nunca ha vuelto a pasar hasta el día de hoy.

    MicifusARM

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  • La amiga de mi mujer se pone borracha en la fiesta

    La amiga de mi mujer se pone borracha en la fiesta

    Aún recuerdo con morbo y algo de culpa ese día. El cumpleaños de mi mujer. Desde meses antes ella había estado planeando con mucha emoción su fiesta, obvio me ofrecí para complacerla en todo. Solo quería verla feliz y darle un gusto ese día.

    Ella quería tirar la casa por la ventana y empezamos a comprar alcohol desde semanas antes. Planeamos la comida y hasta el mariachi. De hecho de mis conocidos no fue nadie, solo eran amigos de ella.

    Yo no conocía a los amigos de Letice, mi mujer, pero si conocía a sus amigas más cercanas y en especial había una de ellas que me llamaba la atención, era una abogada recién graduada y que a leguas se veía que era bien puta pero obviamente yo ni siquiera la volteaba a ver porque no quería ningún problema con mi pareja.

    Conforme se acercaba la fiesta de cumpleaños, sus amigas iban más seguido a la casa para organizarse y ver cómo iban a decorar todo. En una de esas reuniones se pusieron a chelear y yo llegue de trabajo como a las 11 de la noche. Cabe aclarar que ya estaban más que entonadas las 3 amigas que ahí estaban. Mi mujer me dio de cenar y después me integre con ellas en la charla y una chela en mano. Mi mujer andaba de short cortito sin tanga, era súper notorio pero pues estaba en su casa así que no pasaba nada.

    La cosa era que la abogada venia del trabajo y estaba vestida con un look muy ejecutivo, falda entubada negra, súper pegadita y corta, blusa escotada que dejaba ver unas tetas de buen tamaño y con el pelo lacio y suelto, agrégale unos tacones altos y bueno, yo no podía dejar de verla de reojo, en cada descuido que podía, no perdía la oportunidad de comérmela con los ojos. La otra amiga iba mas casual, de blusita sin bra (me di cuenta por como se le marcaban los pezones a pesar de traer sudadera) y unos pants pegaditos.

    Después de un rato pusieron música para bailar y Letice insistió en que yo tenía que bailar con las 3, así que no me pude resistir. Obviamente baile una salsa con mi mujer y ella empezó a repegarse mucho. Yo la miraba y la acercaba a mí, la pegaba a mi cuerpo y la besaba mientras bailábamos. En varias vueltas le agarraba las nalgas y ella no decía nada. No sé si era por la cerveza o porque no le importaba que yo la manoseara enfrente de sus amigas, el chiste es que después de varias rolas me dijo que bailara con la de pants así que bailamos un par de rolas cuando la abogada se paró y me dijo que ya le tocaba a ella.

    En ese momento mi mujer se fue al baño, yo la veía medio mareada y como con ánimos de vomitar pero no podía dejar a la abogada ya que era la primera que bailaba con ella. Le grite si necesitaba ayuda pero me dijo que siguiera bailando, que ella estaría bien.

    Empecé a bailar y sentía que ella se me pegaba discretamente. Me empecé a sentir nervioso de que saliera mi mujer y pensara otra cosa pero se estaba tardando mucho en el baño y la otra amiga se estaba quedando dormida en el sillón así que era ahora o nunca. En cada vuelta bajaba un poco mi mano y rosaba el borde superior de sus nalgas pero ella no decía nada, al contrario, se pegaba aún más. Reíamos y charlábamos de cosas triviales mientras bailábamos y sin darme cuenta me quede mirando justo al escote y ella se acercó a mi oído y me pregunto si me gustaban.

    Yo apenado me disculpe, le dije que me perdonara, que fu involuntario pero me dijo que no había problema. Solo reímos. Terminó la canción y fui al baño a ver como estaba mi chica, la abogada venia atrás de mi con el pretexto de ver si su amiga estaba bien. Cuál fue nuestra sorpresa que la encontramos dormida sentada en la tasa. El verla con el short abajo y su sexo expuesto me excitó y al voltear estaba su amiga viéndome. Le dije si me ayudaba y me dijo que sí. Yo la tome por las axilas para levantarla un poco y le pedí que ella le subiera el short.

    Yo estaba en la espalda de mi mujer y mis manos salían por sus brazos así que cuando la levantamos, accidentalmente mis manos rosaron las tetas de la abogada ya que el baño es pequeño. Le dije que me disculpara pero me dijo que no había problema.

    La llevamos a la cama y se quedó súper dormida, la otra amiga ya estaba en el sofá igualmente bien perdida así que solo quedábamos la abogada y yo así que le dije si gustaba otra cerveza a lo cual accedió.

    Tomamos un poco mas y después de un rato seguimos bailando pero ahora ya era bachata así que el baile era más pegadito, yo de sentir sus tetas rosando mi pecho no pude evitar una erección que ella noto de inmediato pero lejos de decir algo, se me pegaba mas al grado que ya no me pude contener, deslice mi mano hacia su nalga y la apreté gentilmente. Ella no hizo nada, solo seguimos bailando. Después de un rato ya tenía mis manos en sus dos nalgas y comencé a subir su falda pero como estaba muy pegada era difícil pero ella se apartó y me dijo que me detuviera, que no estaba bien así que lo hice.

    No quería tener problema así que le dije que se acostara con mi mujer en la cama y que yo vería donde acostarme. Ella se fue a la recamara y me quede un rato en la sala sentado viendo a la amiga que dormía en el sillón. Yo ya estaba demasiado caliente y con las cervezas no pensaba con claridad. Apague las luces y me acerque sigilosamente al sillón, me asegure de que nadie estuviera despierto y calenté mis manos frotándolas entre sí. Moví un poco por el hombro a la chica pero no reaccionaba. Ya en otras ocasiones esta amiga se había quedado en la casa y como le gustaba la marihuana cuando la combinaba con alcohol se queda súper dormida y no reaccionaba.

    Hoy había sido lo mismo. No reaccionaba. Me arrodillé frente a ella, le subí la sudadera y la blusa despacio hasta dejar las tetas al aire, no imaginaba que estuvieran tan deliciosas. Saqué de inmediato la verga que ya estaba más dura que un tronco y empecé a masturbarme mientras las toca suavemente. En unos minutos sentí que iba a explotar y sin dudarlo me puse de pie, acerque mi miembro a la boca de ella y le dispare un chorro caliente que resbalo por sus labios.

    Me apresure a limpiarle la boca, baje su blusa y me fui al baño. Después de unos minutos regresé a la sala y me dormí en el otro sillón.

    El día de la fiesta llego y todo iba súper bien. Llegaron sus amigos, sus amigas, el mariachi, todos empezaron a beber, unos fumaban de la que te da risa mientras otros quien sabe que cosas se metían. Todo empezaba a descontrolarse hasta que varios se empezaron a ir.

    Ya en la madrugada solo quedaban sus amigas de la última vez. Mi mujer ya estaba súper perdida, acostada boca abajo en la cama, con su vestido levantada y las nalgas al aire. Su amiga, a un lado de ella con la blusa medio desacomodada y yo solo ayude a sacarle las tetas. Era una imagen súper excitante. Mi mujer de culo y su amiga con las tetas al aire. Yo solo me senté enfrente, saqué mi verga y me empecé a masturbar lento y rico hasta que me di cuenta que la abogada estaba parada en la puerta viéndome. Yo quise pararme y taparme pero ella me hizo señas de que me quedara sentado y callado.

    Se acerco a mí, me dio un beso mientras sentía su mano en mi verga. No lo podía creer, no sé si era el alcohol o qué pero esto era más allá de lo que yo hubiera podido imaginar. Después de unos momentos la abogada se puso de rodillas y me la empezó a chupar de una manera tan deliciosa que yo estaba casi en el nirvana. Metí mi mano en su escote y mi sorpresa fue mayor al ver que no traía nada abajo. Sentí el calor de su piel. Lo duro de sus pezones. No me pude contener más. Me puse de pie, la acosté cerca de los pies de mi mujer, le levanté la falda y sumergí la cabeza entre sus piernas.

    El olor de su vagina me puso como un animal, dejaba que mi lengua viajara frenéticamente por todo su clítoris, recorriendo desde su culo hasta su pubis. Instintivamente lleve una mano a las nalgas de mi mujer mientras empezaba a meterle la verga a su amiga. Después de unos minutos sentí como se vino la abogada en un chorro fuerte y nutrido. Mojo gran parte de los pies de la cama, yo saque la varga y la acerque a su boca. Le deje la cara llena de leche y después la bese. Nuestras bocas compartían semen, fluidos vaginales y sudor. Nos besamos apasionadamente hasta quedar casi dormidos. Como pude me levanté, me vestí y me fui al sillón.

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  • La preferida de mi suegro (4)

    La preferida de mi suegro (4)

    Los preparativos de la boda avanzaron sin pausas. El novio y su prometida intercambiaban todo el tiempo opiniones acerca de cómo se haría la fiesta, quien llevaría al cura párroco escogido para la ceremonia religiosa, quienes serían los padrinos, quienes harían los arreglos florales y la toca para los padrinos y las mesas de los invitados. Sin embargo, en lo único que no existió margen de discusión fue en la elección del lugar en el que se llevaría a cabo la ceremonia civil y religiosa: sería la finca de fines de semana que Nuria y Manuel habían comprado en el Paraná.

    Luana les avisó a sus padres con tiempo para que programaran el viaje para fines de noviembre a quienes el novio conocía solo de aquel evento de despedida del año pasado. Roberto los recordó de pronto lo adorables que se comportaron esa noche, al inicio de su relación con Luana, cuando asistieron a la acostumbrada cena de fin de año que se dio en la finca para los empleados. Todos estaban familiarizados con esa costumbre y todo transcurrió en los carriles normales durante gran parte de la noche hasta el momento en que se retiraron de aquel evento.

    Cuando Luana y Roberto regresaban en el auto después dejar a los padres de la novia en el hotel donde se hospedaban, ella le dijo que había sido testigo de cómo su padre (el padre de Roberto) había estado flirteando con Felicia, la esposa de su hermano Carlos. Roberto se sorprendió de inmediato y la miró incrédulo. Si algo como eso había pasado no era posible que él no se hubiera dado cuenta. Mucho más inexplicable era el hecho que Luana pudiera estar al tanto de una cosa así. Le preguntó de dónde lo había sacado.

    Ella explicó que era un comentario general que Felicia había pasado un fin de semana en la finca durante una ausencia de Nuria y que su hermano Carlos no lo ignoraba. Roberto se quedó helado. Pensó que cualquier mal pensamiento deslizado podría ser parte de una equivocada interpretación. Probablemente, pensó Roberto, se había tratado de una visita sin importancia en un momento en que Carlos estaría viajando. Luana, sin embargo, opinó que su hermano no debería haber permitido que su mujer estuviera sola en la finca fuera por la causa que fuera. Roberto le preguntó por qué pensaba eso.

    -Vamos amor, ya ves que es obvio que todos piensan que ella hizo algo indebido… Es cómo… que Carlos le permitió a Felicia hacerlo.

    Roberto le echó una mirada de reprobación. Los chismes no le gustaban para nada más allá que su razonamiento tuviera mucho de lógica. La charla quedó allí y Luana no volvió a hacer referencia al tema durante un tiempo hasta que un día le hizo un anuncio inesperado.

    -He recibido un llamado de tu padre -le dijo ella como al pasar mientras acomodaba las bolsas de ropa que se había recién comprado. Eran muchas compras. Eran cada vez más bolsas. De los negocios más exclusivas de la ciudad por los que pagaría una fortuna. Una cantidad que estaba fuera de los cálculos y del bolsillo de su novio.

    -Un llamado ¿Que quería?

    Cuando Roberto le hacía preguntas directas a Luana, ella, por lo general, no le contestaba. ¿De dónde sacaba el dinero con el que se compraba ropa casi a diario? ¿Quién pagaba los zapatos de plataforma que se acumulaban en su guardarropa? ¿Alguien elegía los sugerentes vestidos escotados, los pantalones apretadísimos y los audaces conjuntos de lencería que ella acomodaba paciente en sus cajones, a la espera de una noche de loca pasión? Y… por añadidura… ¿Cuándo era que iba a tener lugar esa noche de loca pasión? Ninguna pregunta de ese tipo había sido contestada con claridad en los últimos ocho meses.

    El sexo entre Luana y Roberto había quedado reducido a una remota estadística que apenas recordaban y evitaban tratar como una conversación prohibida. Las preguntas sobre el hecho de que siguiera regresando a casa con cajas de ropa recién compradas seguirían sin contestarse. Y sin embargo, cuando Roberto le consultó que quería su padre al llamarla, ella fue tan directa que no hubo lugar a una mala interpretación.

    -Invitarme a la finca este fin de semana. Para ajustar detalles de la boda.

    -Que bueno… hace rato que no iba para allí.

    -No… entendés. A vos no. Me dijo que fuera yo.

    -¿Cómo? ¿Vos sola?

    -Negri, no es algo raro. Somos las mujeres las que tenemos que encargarnos de los detalles que ustedes no ven. La ceremonia y la fiesta.

    -¿Y qué tiene que ver mi padre?

    -Tu papá es el que va a costear todo. Acordate.

    -No… Luana. Una cosa es la capacitación. Esto ya no me gusta.

    Luana se quedó mirándolo como si pensara en algo.

    -¿No te das cuenta que esa podría ser una causa por la que tu hermano te ha relegado?

    -¿Cómo que podría ser una causa?

    -Recordá lo que te dije de Felicia.

    Roberto lo pensó. Nunca se le habían ocurrido las cosas en la forma en que ahora lo planteaba Luana. Le era difícil imaginar que Carlos no dimensionara de los riesgos acerca del trato cordial recibido por Felicia de parte de su padre. Pensar otra cosa era subestimar la inteligencia de Carlos por lo que las conclusiones de Luana no podían estar alejadas de la realidad. Entonces… ¿que pretendía aceptando la propuesta?

    -Como te dije, la novia es la que debe supervisar detalles. Además dijiste que no creías que Felicia pudiera haber hecho nada malo.

    -Si… lo dije porque no me gusta hablar ni pensar mal de otros.

    -¿Y vas a pensar mal de mí entonces?

    -No es que dude de vos mi amor…

    -¿Acaso no tenés confianza en mí?

    -En vos tengo toda la confianza. En el que no confío es en él. Ya te lo dije Lu.

    Ella le recordó lo que había hecho su padre por él y su hermano Carlos. Le dijo que hacía mal en dudar de su integridad. Roberto lo pensó mejor. Imaginó que los argumentos de su prometida se condecían con una posible lógica. Además, se dijo a sí mismo -en plan ya de convencerse- podría servirle para saber el motivo por el que Carlos lo había aventajado en la empresa, tal como su futura esposa se lo había hecho notar. No hubo que discutir nada más.

    Los días que su novia estuvo ausente Roberto se mantuvo inquieto. Estaba claramente celoso; recordaba constantemente los comentarios acerca de su cuñada y las concesiones que había hecho supuestamente su hermano. Cuando Luana regresó los celos de Roberto recrudecieron al punto de mostrar una ansiedad inesperada por saber lo qué podría haber sucedido. Su prometida había comentado que por un tiempo quería descansar su cabeza por haberse ocupado exclusivamente de las cuestiones vinculadas con el inminente enlace. Pero desafortunadamente, Roberto estaba tan impaciente que no pudo evitar que su falta de tacto quedara al descubierto apenas le dio la bienvenida.

    -¿Lo has pasado bien en la finca? ¿Era tan linda y grande como esperabas?

    Luana le contestó con típicos comentarios dichos al pasar y él no pudo contenerse.

    -Pero… ¿recordás lo que dijiste de Felicia?…

    Ella lo miró sin saber a donde quería llegar pero no le fue difícil empezar a imaginarlo.

    -Digo…. bueno… que… -insistió Roberto- Estoy seguro de que contigo fue diferente… que te comportaste… y que…

    Luana lo miró con severidad cuando interrumpió sus comentarios:

    -¿Recordás quien aceptó la invitación de tu padre para llevarme a la finca a pesar de lo que te había dicho sobre Felicia?

    -¿A que te referís?

    -Recuerdo claramente que fuiste vos y no puedo entender por qué…

    Roberto se mostró desconcertado. ¿No había sido ella quien le había pedido que la dejara ir? ¿Qué pasaba ahora de repente?

    – A menos… -siguió Luana como si estuviese elucubrando-¿vos querías que sucediera?

    -¿Yo quería que sucediera? ¿Qué… sucediera… q… qué?

    -Ya sabés. Al dejarme pasar todo el tiempo con tu padre, a solas … varios días y noches… sin posibilidad que supiera de lo que hacía… estoy segura de que sabías que me ponías en una situación riesgosa…

    -¡Por eso mismo! ¡Nunca quise que fueras! -le espetó él

    Trató de hilvanar una respuesta, pero Luana terminó abruptamente la conversación.

    -Me dejaste ir a pesar de lo que sabías. Si pasó algo fue porque lo permitiste. Por lo tanto, es obvio que no tenés derecho a preguntarme sobre lo que hice…

    -Pero…

    -Pero ¡nada!… ¡Y no quiero oír el menor comentario sobre todo esto!

    La “conversación” terminó de forma abrupta. Durante un tiempo, Roberto no tuvo más remedio que dejar sus preocupaciones de lado y todo fue bastante bien hasta el verano, cuando una invitación similar se repitió para el mes de febrero. Su padre le adelantó que permanecería todo enero en la finca, antes de emprender un viaje al extranjero. Y, al mismo tiempo, le ofreció que Luana acudiera a la finca las dos semanas finales de enero para continuar con los arreglos de la boda. Roberto volvió a sentirse confundido.

    Buscó hablar del tema con su prometida con la intención de presionarla para que no aceptara. No obstante, Luana, consideró que no existía razón para rechazar la propuesta ni motivos de qué preocuparse. ¿Acaso no había estado ya en esa situación? De modo que la joven novia pasó las dos últimas semanas de enero en la finca y Roberto se encontraría con ella en febrero, justo un día después que su padre se marchara. El reencuentro de los futuros contrayentes resultó apasionado y por primera vez tuvieron toda la finca a su entera disposición.

    Incluso por sugerencia del dueño de casa, hasta se acomodaron juntos en el dormitorio principal, el lugar donde dormían los padres del novio. Roberto lo consideró una extraña atención hasta el momento en que reparó un detalle que no pudo dejar pasar. La circunstancia de encontrar la ropa de Luana en el armario del dormitorio de sus padres volvió a encender sus celos a flor de piel.

    Todo lo que se había recibido su prometida en esos previos meses como regalo de lo que iba a ser su noche de bodas estaba en esa habitación: desde un increíblemente sexy baby doll de puntillas blanco, hasta un modelo elaborado en encaje acompañado por unas medias muy elegantes y un bello portaligas; desde un camisolín con transparencias y tajos recién comprado hasta una finísima bata de seda importada, usada a punto de lavar.

    Cuando su novio le preguntó el porqué tenía tantas prendas para lo que iba a ser una noche de bodas única, Luana le contestó que no había podido decidirse por un solo modelo por lo que le habían sido obsequiados varios (¿por quién?): unos los utilizaría en la noche de bodas y los restantes podría estrenarlos en lo que iba a ser una luna de miel inolvidable. Otros, evidentemente habían sido ya estrenados. Fue inútil el minucioso interrogatorio por parte del novio afligido en procura de confirmar si su prometida había usado ya aquella habitación tal como lo indicaban todos los indicios: sus comentarios y tibios reproches fueron descartados por ella como estúpidas fantasías.

    El casamiento tuvo lugar apenas dos meses antes de la muerte de Nuria y tuvo una repercusión fenomenal en toda la región. Los novios se mostraron todo lo felices que eran, tal como fueron retratados por una foto que salió en la página de sociales del diario más importante, en el momento de contraer el enlace. Y sin embargo, el dolor por la desaparición física de la matriarca de la familia hizo naufragar el meticuloso viaje de luna de miel que Luana y Roberto habían planificado durante meses.

    El primer destino iba a ser Europa, más bien París, luego Venecia, para finalmente ir a Yabrud, la tierra de los ancestros de la novia que recibirían la sorpresa de su vida al conocerla. Y sin embargo todo se desdibujó de un plumazo ante el desgarrador abismo provocado por la muerte de Nuria. Aunque esta hubiera sido anunciada, el golpe había alcanzado no solo al jefe de familia sino también a sus dos hijos que parecían destrozados por el impacto.

    No todo, sin embargo había sido en vano: la compañera de Manuel había tenido la satisfacción de ver como sus hijos lograban consumar lo que tanto ella había deseado. Encontrar a sus respectivas mujeres de las que debían estar orgullosos por el resto de su vida. Tal había sido su enseñanza y así habrían de respetarla por los años que vendrían.

    -Mi madre te quiso mucho Luana -le explicó Roberto- a menudo me lo decía.

    -Ya lo sé. Sé que siempre me quiso.

    El tiempo compartido así lo había indicado para regocijo de Roberto. No quería nada más en el mundo que su madre aceptara a Luana. Era una de las satisfacciones que sentía ahora que su madre ya no estaba. Ahora que era el cumpleaños número de su padre. Ahora que Luana le pedía que se apurara para no llegar tarde a la celebración que tendría lugar pese al poco tiempo transcurrido desde la muerte de Nuria.

    -Conozco muy bien a los hombres -dijo Luana. Y conozco también muy bien a las mujeres.

    Roberto la miró intrigado.

    -¿Y qué significa eso?

    -Que no quiero que Felicia llegue antes a la fiesta. Antes que yo.

    Roberto se sorprendió por el pedido que le hacía su flamante esposa.

    -¿Que tiene que ver eso?

    -Ya, Ro, no quiero discutirlo. Solo te pido eso. ¿Es mucho pedir?

    -No… ya me pediste hacer vos la torta. También elegiste la camisa que llevamos de regalo.

    -Te gustó a vos también la camisa.

    -Pero nunca me elegís a mí la ropa.

    -Ya, Ro… no te pongas chiquilín. Tu papá ha enviudado… ¿no te has dado cuenta?

    -¿Y eso que tiene que ver?

    -Que de seguro debe extrañar a tu madre.

    -¿En qué sentido?

    -En todo sentido.

    -Hablás de ese sentido también.

    -Claro que sí. Es un hombre.

    Roberto se sintió descolocado otra vez con el comentario de su mujer. En los últimos tiempos, de ese tipo se habían vuelto frecuentes.

    -Puede tener sus años pero eso no significa nada -siguió ella.

    -¿Y cómo es que estás tan segura de ello?

    -Porque un hombre tiene sus necesidades. Y sé que él también las tiene.

    Roberto empezó a sentirse incómodo. Le parecía extraño escuchar hablar a Luana de esa manera pero no quiso preguntar más. Ella sintió la necesidad de proseguir con la conversación.

    -Querrá salir en algún momento a conocer a una mujer. Intimar con ella.

    -Y por eso te has propuesto comprarle ropa. ¿Crees que eso va a mitigar su dolor por la pérdida de mi madre?

    Luana agachó la cabeza. Sus ojos estaban clavados en el piso.

    -¿Qué es lo que querés realmente? -volvió a preguntarle Roberto.

    -Procurar que no sienta tanto su ausencia. ¿Está mal eso?

    -No… no digo eso. Pero nosotros, los hijos vamos a…

    -Dijiste que tu madre me quería -lo interrumpió ella- ella amaba a tu padre… y por eso confiaba tanto en mí.

    Roberto no alcanzó a entenderlo. No fue capaz siquiera de sospecharlo.

    -Gozaba de su confianza -siguió ella.

    Cuando se entablan ciertas afinidades como la que Luana había empezado a tener con Nuria no hacen faltan las palabras. Solo una mirada bastaba.

    -Tu padre tiene que seguir con su vida -insistió Luana-con la vida que tenía antes de que ella muriera.

    Era su voluntad. La voluntad de Nuria. Luana lo había percibido con el paso de los últimos meses mientras cimentaba una relación de absoluta confianza con su suegra que hacía la vista gorda. Que no preguntara por los viajes a la finca que se habían vuelto cada vez más frecuentes e inocultables. Ahora lo veía claro: que era, también, la elegida de su suegra.

    -Me voy a ocupar de eso, Roberto. Vos tenés todo pero ahora tu padre ha quedado solo.

    No hablaron más. Una hora después ella acudía a la reunión para la que la había citado. Ahora que Nuria no estaba se veía en la obligación de tomar decisiones. Y Manuel había sentido la necesidad de llamarla. De ponerla al tanto de delicadas decisiones que tomaría. Su compañera había tenido que sufrir demasiado antes de partir de este mundo. Y lo había hecho inmersa en un velo de incertidumbre por la futura vida de su marido.

    -La pobre quería que usted viviera la vida -dijo Luana muy firme- y eso es a lo que voy a dedicarme.

    -Sabía que podía contar con vos -dijo Manuel casi sin sorprenderse- He estado pensando en ello.

    -¿Pensando en qué?

    -En las responsabilidades que deberían afrontar mis hijos en la firma. En todo lo que quería Nuria y por eso es que no tomé una decisión antes.

    Se produjo un silencio obligatorio y alargado.

    – Ninguno de los dos me sirve. Carlos es demasiado ambicioso y Roberto un inútil. La gerente de Magnagement vas a ser vos.

    Luana se quedó de una pieza al escuchar la repentina confesión de su suegro. Había sido imposible imaginar una cosa así considerando su origen de repostera, lo único que había podido hacer bien en su vida. Además de contribuir a la innegable satisfacción que decía de pronto disfrutar el pater familia.

    -Tranquila. Ya está hecho. No hay vuelta atrás. Ya me lo demostraste con creces. Felicia era muy buena pero de las dos, vos sos la mejor, la mejor de todas. Sos mi preferida.

    Luana no pudo disimular el halago que le producían aquellas palabras y se plantó en pose orgullosa como si acusara recibo de repente. Nunca se había sentido tan importante. Nunca tan valorada. Nunca se había sentido tan precisada por ningún hombre en toda su vida. Vestida con un impecable talleur que le concedía un aire ciertamente ejecutivo, empezaba a intuir que en la empresa se produciría un cambio radical entre los empleados que, de repente, ahora la respetaban y empezaban a moverse en su misma sintonía. Esa era una razón suficiente para que por lo menos, se sintiera en la obligación de considerarlo, le dijo a Roberto.

    -¿Ahora vas a aceptar el cargo? ¿Qué te pasa? ¿No estás yendo demasiado lejos con esto? -protestó él.

    -No te pongas paranoico. Tu padre ha decidido tener un gesto conmigo y ¿vos le pagas con tus celos?

    -Lu ¿de eso se trata? ¿De plata?

    -¿Qué te pasa? A pesar de todo lo que dijiste ¿no tienes aún confianza en tu mujer? Deberías avergonzarte de tratarme de esa manera.

    Las palabras de Luana sonaban como si Roberto le hubiera plantado una fragrante ofensa. No entendía su postura. Desde su humilde punto de vista sentía que necesitaba una explicación acerca de lo que estaba sucediendo.

    -Dijiste que lo entenderías ¿Te acordás?

    Roberto se acordaba.

    -Tenía tu palabra que dejarías que tomara mis decisiones. Comprendo que podás necesitar una explicación. Sólo dejame decirte que a pesar de tu mal pensamiento no he visto a tu padre desde mi último viaje a la finca.

    Roberto recordó de repente que su último viaje había sido la semana pasada.

    No intento hablar del tema con su hermano. Ni siquiera con su cuñada Felicia. De alguna manera, sabía que sería en vano. Todos sabían que su padre era un hombre de convicciones arraigadas al punto que, cuando se le metía algo en la cabeza podía ser muy tozudo si alguien le llevara la contra. Ser responsable de una firma en la que trabajaban muchas personas, le había dado la fama de alguien a quien no se le podía decir que no.

    De modo que a nadie le pareció extraño cuando Luana después de pasar un tiempo como asistente de su padre fuera promovida como gerente de magnagement, es decir, encargada de supervisar el desempeño general de los vendedores y comisionistas que debían asistir a los clientes en varias provincias. Su cargo era por lejos, uno de los mejores pagados de la empresa, solo por debajo del gerente y el tesorero, los inmediatos subalternos de Manuel y quienes componían su estricto vínculo de confianza.

    En los siguientes meses, su benefactor preservó las formas al efecto de que la situación “no fuera lo que parecía”, pero nadie podía pecar de ingenuo: la mayoría conocía las reales implicancias de que Luana se desempeñara donde lo hacía. Al cabo de un tiempo, Roberto fue también ascendido y pasó a ser comisionista especializado, dedicado a visitar proveedores y clientes seleccionados con lo que ello implicaba: debía viajar por el país para ofrecer los servicios de la firma.

    Sorprendido y contento por su logro, Roberto se enfrascó en su trabajo como nunca antes: se volvió reflexivo y analítico. Y al repasar los acontecimientos se sintió feliz al saber que nada de su esfuerzo había caído en saco roto. Los libros de autoayuda y manuales de estrategia le habían ayudado a conseguirlo. Qué más podía pedir. La vida le sonreía por fin. Lo sintió cuando se aprestaba a partir a otro de sus viajes frecuentes. Y cuando iba camino al aeropuerto de pronto se decidió por ir a verla. Si existía un artífice de su cambio sería sin duda ella. Pasaría por la oficina central como nunca hacía solo para darle la sorpresa. Si había alguien a quien quería ver en ese momento era a Luana.

    -Se ha retirado a la oficina interior -le dijeron cuando preguntó por su esposa.

    Raro, pensó mientras daba las gracias y dejaba el mensaje para ella. Hizo que se retiraba pero ante el menor descuido ingresó a través del vestíbulo al pasillo junto a la oficina que le había sido asignada. Callado dejó su portafolio en el piso y cuando se disponía a tocar escuchó el grito que le encogió el alma:

    -¡Dame con más fuerza Manu… dame con todo!

    La voz de Luana rechinó desde los interiores de la oficina como la de una marrana desbocada. Al abrir la puerta vio reproducido todo ante sus ojos como hacía unos meses; la morbosa –y calenturienta -escena se repetía por segunda vez. ¿Era posible? Lo era desde los alaridos proferidos por ella; arrancados por un grueso chipote que daba pavor, el instrumento que su padre empuñaba y aplicaba cuan taladro gordo y amoratado pujaba entrando y saliendo de la raya dilatada causándole un placer inenarrable. ¿Era posible? ¿Que a pesar de su evidente dolor pidiera más?

    Conforme a sus declamaciones, Roberto supo que era evidente que cada vez que su padre repetía su potente retroceso y avance laceraba con su pendón la dulce rajita que lo contenía. Que se producía una nueva laceración en su orgullo con cada grito desgarrado de Luana que hacía rechinar los flejes de la cama donde la cogían bestialmente, sin compasión, por segunda vez delante suyo.

    -Perdón… ahhh ahhh… sé que dije una cosa pero ahhh no pude cumplir…

    Y lo peor de todo era que era cierto. Que ella no cumpliera podía deberse a cualquier circunstancia que tal vez no la tuviera como intrínseco motivo; como factor determinante para que otra vez acabara en la cama de su padre. ¿Qué había hecho él, por ejemplo, para evitarlo? Nada, a decir verdad. Se había quedado impasible frente a la evidencia misma. Sintió que tal vez esta sería la ocasión. La oportunidad que le presentaba el destino para plantarse de una vez. No podía suceder ahora. Ahora que había conseguido la gerencia de magnagement y que todo parecía sonreírle, no podía pasar. Lo intentaría por ella. Por él. Por los dos.

    -Pero Lu… yo quería hablar de lo nuestro… porque pese a esto… siento que te amo cada vez más.

    -Y yo también te amo -dijo ella- no sabés cuanto…

    -Justo ahora que lo nuestro empezaba a consolidarse. Que yo empezaba a conseguir mis metas.

    -Y estoy muy orgullosa de lo que conseguiste-lo alentó ella sin detenerse. En realidad desde su inesperada aparición en la habitación ninguno de los dos lo había hecho: sumergidos en una sintonía armónica del fluir del sexo que hacían otra vez delante de él.

    -De eso… de… todo eso quería hablar con vos-siguió él diciendo como si nada estuviera pasando-estaba dispuesto a reconocer lo que me habías apoyado para el puesto.

    -Lo hice… ahhhh… uhhh porque te quiero, precisamente.

    -¿En serio?

    -Claro -le hablaba sin poder simular su agitación- ¿no confiás en mí?

    -En vos confío más que en nadie. Ya te lo dije. No confío en otro. Ya sabés.

    -Que esto no te haga cambiar de parecer ohhh -dijo ella -es apenas la segunda vez que pasa.

    Roberto se quedó pensativo. Eso también era cierto.

    -Y es medio difícil no hacerlo -dijo Roberto- aunque ¿creés que todavía hay algo bueno para nosotros?

    -¡Siii… siii! –gritó ella

    -Por eso, quería hablar de lo nuestro… -intentó él otra vez

    -Andate Ro… -le pidió ella- ¡no te merecés esto… te va a hacer mal!

    Luana recibía las serruchadas en posición decúbito dorsal por parte de su padre que bufaba y empujaba embravecido como si él fuese invisible: no parecía tener la mínima intención de detenerse.

    -¿No querés hablarlo ahora? -pidió Roberto-me parece que…

    -Andate… -intervino de pronto Manuel- ya la escuchaste, es por tu propio bien.

    La voz paterna lo sobresaltó. Lo predispuso para mal. Esta vez Roberto no estaba dispuesto a ceder.

    -No. Voy a luchar por vos Lu… esta vez voy a ir hasta las últimas consecuencias.

    -Esto puede demorar mucho, hijo.

    -¿Cómo mucho?

    -Como unas dos horas. En todo caso andá y volvé más tarde… ohhh

    -Pero…

    -Andá Ro… por favor, salí a tomar un poco de aire y despéjate -le pidió Luana sin dejar de moverse- cuando vuelvas hablamos nosotros dos más tranquilos.

    Le vinieron todas las ganas juntas de insultarla. De odiarla con todas sus fuerzas. De borrarla para siempre. De llamarla puta. Pero Roberto se había hecho dueño de un autocontrol absoluto gracias a los libros de autoayuda que había leído últimamente. Salió en silencio eyectado. De lejos Luana y su suegro escucharon el portazo violento y a la letanía, algunos insultos indescifrables.

    -Bueno… era hora que el paparulo abriera los ojos -dijo él retomando el acto.

    -No sea tan malo -Luana seguía agitándose debajo del cuerpo que no la dejaba de acometer -no hable así… esto es grave.

    -Es un cornudo y lo sabés. No se puede hacer el ofendido ahora.

    -No me haga sentir mal…

    -¿Mal?… ¿te sentís mal? -él maniobró detrás de sus nalgas y le metió un violento empellón que le hizo pegar otro respingo.

    -Ahhh!!!… Ohhh

    -¿Ahora te sentís mejor?…

    -Siii… digo… no… es que no se merece esto… ahhh

    -No se merecerá esto pero vos… Vos sí… nena… sos una hembra tremenda… ya te lo dije y te lo voy a seguir repitiendo… te quiero solo para mí.

    -¡Si!! ¡Nooo!!…

    -Antes de que vayan a querer coger todos los hijos de puta que te tienen ganas… Los hijos de puta que querían hacerle daño a mi hijo… los hijos de puta que te empezaban a rondar… ¡te voy a coger yooo!

    -Siii! Siii

    -¡Y me voy a cansar de garcharte ohhh!!

    -Nooo… ¿Y qué van a decir de su hijo?

    -Lo sé… van a seguir diciendo que es un cornudo ohhh… pero…

    -Pero ahhh ¿qué?

    -Es un cornudo sin remedio, lo sé, pero las astas que vos le pusiste no se las puso nadie.

    -Ahhh ¿en serio? -se interesó ella de repente.

    -En serio Lu -le confirmó él mirándola fijo -vos le adornaste bien la frente y se lo hiciste asumir… ohhh…

    – Ooooh él dijo que Mónica… ahhh

    -¡Esa boluda no tiene ni para empezar al lado tuyo ahhh! Ni ella ni Felicia. Sos la mejor de todas… ¡no tengas dudaas! ooooh

    -¿Seguro? Ohhh -dele… oh!-volvió ella a arengarlo con las ganas en su calentura propiciada por el recuerdo de los cuernos de Roberto.

    -¡Te voy a dar para que tengas, para que guardes y para que archives!!

    Una vez y solo al cabo de tres formidables derramadas sobre ella, el hombre dejó de moverse por fin. Ella se volteó y vio en los ojos de Manuel todavía el destello de la lujuria que siempre sabía despertar en él. Le pareció increíble que su verga, incluso con las evidentes milagrosa del viagra, acabara de entrar y salir de allí en tres ocasiones. Luana exhaló un gemido exánime y se tendió boca abajo exhausta sobre la cama. Sus orificios estaban otra vez llenos de la provisión abundante de su suegro, luego de otra frenética sesión de sexo.

    -Justo dos horas… un relojito -le dijo ella.

    El sabía que se había hecho costumbre que ella calculara el promedio de sus sesiones. En la oficina, por ejemplo, siempre sabía cuando el tiempo acababa sin necesidad que él se preocupara y sin que su visita implicara un riesgo real. Se acostumbró a cronometrar el tiempo que pasaba utilizando la música de su celular.

    Si la sesión iniciaba con un álbum sabía que tenía que terminar con el siguiente. Todo eso él lo sabía. Y que nunca dejaba pistas. Antes de irse, retiraba con cuidado un cabello impregnado en su saco, rastros de lápiz labial o de perfume delator. Cualquier cosa que pudiera dejarlo expuesto: Luana siempre había sabido estar fuera del radar de Nuria y solo por eso, le estaría eternamente agradecido.

    -Lu… esto es tuyo- le dijo entregándole la tanga que tenía en sus manos.

    -Gracias…

    Él no se cansaba de mirarla, el prodigio de ese gran trasero que ahora era suyo y nada más que suyo, era lo único que en verdad le hacía perder el autocontrol que siempre había sabido tener, el equilibrio sobre sí mismo y las pasiones que podían llegar a extraviar a cualquier hombre.

    -Ahora… vas a tener que ocuparte del cuerno -dijo él.

    -¿Y que se supone que deba decirle?

    -Convencelo… No quiero un escándalo ahora que Nuria no está. Sabés que hay que guardar las apariencias.

    -Hablaré con él.

    -Él no va a perjudicarte. Mientras viva no te va a faltar nada.

    -Déjelo por mi cuenta.

    -Solo arreglá las cosas y dejalo dispuesto para lo que va a pasar, para lo que va a venir.

    -No se preocupe, no va a hacer ninguna cosa fuera de lugar.

    -Porque le van a seguir creciendo las guampas. Y le van a crecer más que antes.

    Se miraron otra vez sin poder evitar la sonrisa cómplice. El observó la camiseta de ella manchada con su semen en prodigiosa cantidad. Sólo su nuera podía hacerlo eyacular una y otra vez como si fuera un adolescente, a los 56 años.

    -Y pensar que lo envidié. Desde el inicio. Apenas te vi por primera vez.

    -Lo imaginaba por la forma en que me miraba. Lo supe siempre. Como dijo: es imposible que Roberto no se haya dado cuenta también.

    -El hijo de Carlos, mi hermoso nieto Benjamín y los maravillosos momentos que me has dado disfrutándote han sido los mejores regalos que me ha dado la vida.

    La franqueza del comentario la enterneció.

    -Y me vas a seguir disfrutando. Todo lo que quieras.

    Manuel sonrió enteramente satisfecho, incapaz de sentirse inmune a la dicha que lo embargaba y le cambiaba el mal humor por primera vez en su vida. Ahora lo sabía.

    -No sé si voy a poder seguir ocupándome de todo. Enfocarme en las cosas de la empresa. Contigo es imposible.

    -No te preocupés por ello, encontraremos una forma.

    -Ya tengo la forma. Luana… prometeme una cosa

    -Si ¿qué?

    -Prometeme que la verga de mi hijo será la única que tendrá una posibilidad real en tu vagina y tu estrecho y delicioso ano, mientras que sigas casada con él.

    -O sea… ¿que solo vos vas a poder hacerlo cornudo?

    Manuel sonrió. Luana levantó en el acto la mano y haciendo la señal de juramento dijo en voz alta:

    -Lo prometo.

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  • La fantasía de mi esposa hecha realidad

    La fantasía de mi esposa hecha realidad

    Después de disfrutar como loco el reinicio de la actividad sexual con Ana, comencé a maquinar la forma de hacer realidad la fantasía de mi esposa. Durante algunos días estuve buscando en los diarios la sección de masajistas para mujeres, llamé a varios hasta que logré encontrar un aviso que decía “Armando, negro con excelente cuerpo, ofrece sus servicios a damas. Músculos bien definidos, excelente dotación. Llámame, no te arrepentirás”. Esa misma tarde llamé para averiguar la tarifa y saber las condiciones y dirección. Le expliqué a Armando que era para complacer una fantasía de mi esposa. Decidió recibirme en su apartamento para aclarar los términos.

    Al llegar a la puerta me atendió un tipo como de 1,80 m de estatura, con cuerpo atlético, complemente negro, no muy bien parecido, pero en fin tenía algunos rasgos parecidos a los tipos de las películas. Acordamos el precio y establecimos la logística a seguir. Le dije que tenía que parecer algo casual porque mi esposa, aunque quería hacerlo, estaba renuente. Durante varias noches hice el amor con mi esposa y estuvimos fantaseando, siempre le hablaba de complacer su fantasía, pero ella me decía en algunas ocasiones que no y en otras que si.

    Llegó el día, esa tarde invité a Ana a almorzar y le dije que se tomara la tarde, como ella trabaja por su cuenta no tuvo ningún inconveniente. Comimos en un restaurante cerca de su trabajo. Le dije que me habían invitado a un cumpleaños y que quería que me acompañara, pero que antes nos tomáramos unos tragos para animarnos la tarde, comencé a decirle cosas calientes al oído, mientras le tocaba la entrepierna con mi mano. Ana ese día llevaba puesta una falda ajustada que le resaltaba su culo redondo y también tenía puesta una blusa transparente que permitía ver a trasluz su brassier y sus grandes senos. Ella se sentía algo incómoda por el sitio, pero disimuladamente accedía a mis caricias.

    Cuando ya estaba algo mareada y excitada me dijo que quería hacer el amor conmigo en ese momento y que nos olvidáramos de la fiesta. Le comenté que sólo pasaríamos un momento a cumplir con mis amigos y que luego nos iríamos a casa a tirar como ella quisiera. Llegamos al edificio y subimos en el ascensor, en ese momento le la besé y le metí la mano en su vagina y le dije que cuanto la deseaba.

    Llegamos al apartamento y tal como habíamos acordado Armando estaba sólo, Ana se sorprendió, pero no sospecho nada. Entramos y le pregunté a Armando por el resto de la gente y me dijo que nosotros éramos los primeros en llegar. Nos ofreció dos tragos y comenzamos a hablar, tal como estaba planeado, le pregunté a Armando que estaba haciendo, ya que hacía mucho tiempo no lo veía y me dijo que por la crisis estaba trabajando como stripper.

    Le dije que porque no le hacía un show a mi esposa mientras llegaban los invitados, él dijo que no tenía problemas siempre y cuando Ana estuviera de acuerdo. Ella no sabía que decir, pero como nos vio con tanta confianza aceptó. Armando colocó la música apropiada y comenzó a mover su cuerpo, Ana trataba de disimular y desviaba su mirada, pero yo insistía en que lo mirara ya que se lo estaban dedicando a ella. Estaba muy tensa, no sabía que hacer, fue cuando a mí se me ocurrió decirle a Armando que yo iba imitarlo para aprender y así hacerlo en mi casa con mi esposa.

    En ese momento Ana estuvo de acuerdo porque le pareció gracioso, al principio reía a carcajadas por mi show, pero ponía especial atención a los movimientos de Armando. Cuando estuvimos en interiores Ana se sonrió pícaramente, me le acerqué y le pregunté que si le gustaba, a lo que me respondió que le agradaba.

    Metí mi mano por debajo de su falda mientras Armando seguía moviéndose. Al principio me rechazó porque le daba pena, pero yo insistí diciéndole que seguro estaba húmeda, ella lo negaba, pero al final aceptó. Mientras ella veía fijamente a Armando yo le metía mis dedos y le decía cosas al oído. Le dije a Armando que se acercara para que Ana le quitara el interior como si fuera realmente un show, como ella estaba hirviendo dijo complacida que si.

    Ella bajó el interior y cuando vio aquella masa de carne que estaba frente a sus ojos, volteó a mirarme, yo cómplice acepté y vi como gustosamente se metía ese verga grande y negra en su boca. Se la sacó y comenzó a recorrer con su lengua de arriba abajo ese palo, sus ojos brillaban, sabía que su marido le estaba haciendo realidad su fantasía.

    Le quité la ropa y se acostó en el mueble, mientras se la mamaba a Armando yo bajé hasta su concha para chupársela, estaba inundada de fluidos, gemía de placer, se retorcía, mientras se tragaba esa pija negra. Me pedía que le dijera que era una puta y que yo era un cabrón que accedía a que se la mamara a otro hombre. Cuando le decía lo que me pedía lanzó un grito de placer como nunca lo había hecho. Había alcanzado un orgasmo.

    Se sentó en el mueble y decidió llevar las riendas de la situación, total era su fantasía. Me mandó a sentar en otra silla y levantó sus piernas bien abiertas y le ordenó a Armando que la penetrara, lentamente, para sentir su enorme pija, mientras ella me miraba, impotente, ante aquel espectáculo que yo había propiciado.

    Ella sudaba, le pedía al negro que la perforara, que le diera placer, que la tratara como una puta, se agarraba sus tetas y me daba las gracias por ser tan comprensivo. Yo estaba a punto de estallar, le pedí que me dejara cogerla y ella se negó, me dijo que quería verme masturbándome mientras el negro se la cogía. Yo estaba alucinando y accedí a su petición, me masturbé hasta acabar viendo aquel grotesco, pero excitante escenario.

    Cuando Armando iba a acabar le ordenó que la metiera en la boca y que se corriera en ella, lo hizo, no se cuanta cantidad de semen le vació, pero fue mucho, se le salía por la comisura de sus labios. Se tragó lo que pudo y me pidió que me acercara a ella para darme un beso, un beso lleno de leche de un desconocido.

    Luego se levantó del mueble, fue al baño, al rato salió bañada y vestida. Me pidió que saliéramos de allí, no sin antes darles las gracias a Armando por hacer realidad su fantasía.

    Durante el trayecto a casa no hablamos, entramos a casa, me bañé y cuando salí vi a Ana dormida con una dulce sonrisa en rostro. No quise despertarla y me quedé contemplándola toda la noche, mientras recordaba lo sucedido, hasta donde habíamos sido capaces de llegar.

    Estuve muy perturbado esa noche. Al amanecer Ana se fue muy temprano al trabajo. En la noche cuando yo regresé, ella estaba allí esperándome sentaba en la sala, con un baby doll transparente, insinuante. Me dijo que se sentía extraña, pero que no se sentía ni mal, ni culpable. Abrió sus piernas me enseño la concha y me ratificó que aunque otro hombre la había penetrado, su vagina y todo su ser era sólo míos. Nos abrazamos, nos dimos un dulce beso y fuimos a la cama a hacer el amor como nunca antes lo habíamos hecho.

    A las personas que lean este relato, les debo confesar que aunque estuve muy perturbado, aturdido y confundido, después de lo sucedido, también les tengo que decir que lo superé muy bien, con aceptación de lo que fue, sólo un fantasía hecha realidad, ya que nuestra relación y nuestras vidas se han consolidado mucho más a partir de ese día.

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  • Zorrita infiel y sumisa (3)

    Zorrita infiel y sumisa (3)

    Después de aquel fin de semana con el jefe de mi marido, ya no volví a ser la misma. Me tenía completamente subyugada y estaba dispuesta a hacer lo que él me dijera. Me estaba convirtiendo en su puta, algo que escapaba a mi entendimiento pero que no podía ni quería remediar.

    Pasado un mes mi marido me dijo un jueves, que debía pasar algunos días fuera porque Pedro, su jefe, le enviaba a un congreso, pero que en esta ocasión no podía acompañarle. Yo ya me imaginaba que aquello era realmente una maniobra de Pedro para tenerme a su disposición durante varios días. Y efectivamente, el viernes por la mañana al poco de irse mi marido, sonó mi móvil:

    -Hola zorrita. -Reconocí al instante la voz de Pedro.

    -Hola, -le contesté

    -¿Ya se ha ido el cornudo?, -me preguntó

    -Si, -le dije

    -Bien dentro de una hora paso a recogerte.

    A las once en punto estaba allí. Yo ya estaba vestida y preparada. Le abrí a puerta y entró. Me miró de arriba abajo, me sobó a su antojo y yo me dejaba hacer.

    -Estas muy guapa, -me dijo-, pero puedes estarlo más. Vamos a tu habitación que te voy a ayudar a elegir el vestuario.

    -¿No te gusto así?

    -Si, mucho, pero quiero que te vistas más sexy, más provocativa. Quiero que sepan que eres mi puta.

    Yo le obedecí sin rechistar y le llevé a mi habitación. Abrí la puerta del armario para que eligiese mi vestuario. Me sacó unos minishorts blancos que apenas me ponía por atrevidos y un top muy fino de tirantes, muy escotado, muy ceñido también blanco, que resaltaba mucho sobre mi piel todavía morena.

    -Así estarás bien ahora, -me dijo.

    Me quité lo que llevaba puesto, quedándome con el tanga y el sujetador, delante de él. Me iba a poner lo que me había elegido, pero me dijo:

    -Eh, nada de ropa interior, ya sabes.

    Me quite el sujetador y el tanga mientras él me miraba.

    -Joder, que buena estás, -me decía-, pero te haré unos retoques para que estés más rica todavía.

    -¿Que retoques? -Le pregunté

    -Ya lo verás.

    Me puse la ropa sin nada debajo. Los pantalones me estaban muy ajustados, de forma que se me metían en la rajita marcándola completamente. Los pezones y las areolas también se me notaban. Me daba algo de vergüenza salir así a la calle, sobre todo en mi vecindario, pero a la vez me excitaba muchísimo y me estaba empezando a mojar. Pedro lo notó y metió los dedos en mi coño.

    -Vaya, ¿no decías que te daba reparo vestirte así? Estás chorreando -me decía mientras mojaba sus dedos en mi flujo y me los hacía chupar.

    -Menuda guarra eres, ¿cómo te gusta esto eh?

    -Si, me encanta.

    Salimos a la calle y nos montamos en su coche. Durante el camino me fue metiendo mano por las tetas, sacándolas del top y sin dejar que las volviera a meter. En los semáforos los otros conductores alucinaban y alguno me decía obscenidades a las que yo respondía con una sonrisa.

    Llegamos a un local que se anunciaba como “Salón de Estética” y le pregunté que hacíamos allí.

    -Me gusta que mis putitas estén marcadas y me gusta que tu tengas un aspecto determinado que resaltará tu condición de zorra.

    Entramos al local y Pedro saludó a varias personas. Estuvo hablando con ellos y luego me pasaron a una peluquería donde me cortaron el pelo dejándome una melenita pequeña y rapada por la nuca. Me tiñeron el pelo de rubio platino. Luego me inyectaron un poco de silicona en los labios y me maquillaron, pero no dejaron que me viera hasta el final. El resultado era bastante bueno, aunque un poco exagerado. Me había quedado un aspecto de “calentona” inimaginable por mi marido. No sé lo que diría cuando me viera, pero no me preocupaba. Además, todavía no habían acabado conmigo. Cuando salí de la pulquería vi cómo Pedro me miraba satisfecho.

    -Que bien la vas a chupar ahora, en conmigo, -me dijo

    Bajamos a un piso inferior dónde había una sala de tatuajes. Entramos en una habitación donde había un tío que le preguntó a Pedro:

    -¿Dónde se lo hago, en las tetas o en el culo?

    -En el culo, -le respondió.

    -Vamos zorrita, enséñame ese culo tan bonito, -me dijo el tatuador.

    Me bajé los pantalones hasta los tobillos y me coloco apoyada en los codos y en las rodillas en una camilla. El tatuador empezó a sobarme el culo hasta que eligió el sitio (la parte alta de mi nalga izquierda) y empezó a tatuarme.

    Aquello me estaba poniendo como una moto. Pedro estaba cambiando mi aspecto sin consultarme y me tenía allí con el culo expuesto a un desconocido que además de tatuarme aprovechaba para meter sus dedos por entre mis nalgas y en mi coño. Pedro sabía que me estaba calentando así que se puso delante de mí y empezó a tocarme las tetas, primero metiéndome mano por debajo de mi top pero luego acabó quitándomelo dejándome allí con las tetas al aire. Se sacó la polla y dijo:

    -Vamos a estrenar esos labios

    Me cogió de la nuca y me la metió en la boca.

    -Venga, chupa

    Yo se la chupaba con frenesí. El tatuador ya había acabado y me estaba haciendo una paja desde atrás. Me besaba el culo y me metía los dedos en el coño a la vez que me sobaba el clítoris lo que hizo que me corriera.

    -Dale por culo si quieres, -le dijo Pedro-. Así te pagará el arreglito que le hemos hecho

    El tatuador se sacó la polla y comenzó a restregarla entre mis nalgas. Me llenó el culo de saliva y me la metió. Mientras Pedro se corrió en mi boca cosa que me provocó de nuevo un orgasmo tremendo. El tatuador me la sacó del culo, se sentó en la camilla y me hizo arrodillarme delante de él.

    -Ahora con las tetas, cerda, que las tienes muy bonitas.

    Yo frotaba su verga con mis pezones, la metía entre mis tetas y me la metía en la boca, le chupaba los huevos y así hasta que se corrió llenándome la cara y las tetas de semen.

    -Esta si que es buena, -le dijo a Pedro-. ¿De dónde la has sacado?

    -Su marido es empleado mío, -le contestó-, pero no la da caña

    -Ya lo veo. ¿Quieres ver su tatuaje?

    -Si

    -Venga guarrita, date un paseito

    Me hicieron pasear por la habitación desnuda llena de semen para ver mi tatuaje.

    -Te queda muy bien, -me decían mientras se reían

    Cuando me lo miré vi la causa de sus risas: era una especie serpiente-pene muy sexy, muy erótico y muy “guarro”, que se dirigía serpenteante hacia mi culo.

    -¿Y mi marido que dirá?

    -Tu verás zorrón, -seguían diciendo entre carcajadas.

    -Ven que todavía no hemos acabado.

    Me hicieron salir de la habitación desnuda y me llevaron a otra donde me sentaron en otra camilla boca arriba y con las piernas abiertas. Me llenaron el coño de espuma de afeitar y me lo depilaron dejándome una especie de Y, que quedaba fenomenal.

    -Bueno, ya hemos acabado, -dijo Pedro, vístete.

    Lo hice. Al ponerme el pantalón vi que parte del tatuaje quedaba fuera y se veía, cosa que me gustaba. Pedro me llevó a mi casa y me dijo que pasaría a por mí por la tarde y que no me vistiese hasta que no volviera. Subí a casa y me desnudé. Me miré al espejo y la verdad es que, entre los labios, el tatuaje y el chochito que me habían dejado tenía una pinta de putón que no podía con ella, pero me gustaba y me gustaba que no me hubiera consultado. No sé si a mi marido le gustaría, pero no me importaba.

    A las siete en punto Pedro vino a buscarme. Le abrí desnuda. Al entrar pasó su lengua por mis labios, me dio la vuelta y me palmeó el culo.

    -Ahora si que eres mi putita, -me dijo-. Vístete con esto que te he traído, vas a ser la reina de la fiesta.

    Me trajo un top de satén negro, una mini de cuero negro abierta por los lados y unos pantys de red negros también. Me lo puse. El top me quedaba de vicio, pero era tan corto que si levantaba los brazos se me salían las tetas por debajo y aún sin levantarlos como mis tetas son grandes desde abajo se me veían. Además, era muy escotado y muy suelto de forma que con cualquier movimiento las exhibía. Me puso también una gargantilla de cuero con aros de plata. La falda llevaba de cinturón una cadenita de plata. La quitó y la unió a un aro de la gargantilla y me hizo pasear como si me llevara atada.

    -¿Ves para que sirve este cinturón?. Para que te lleve como a una perrita, ¿te gusta?

    -Me encanta -le contesté

    -A ver si es verdad.

    Y me empezó a sobar el coño que estaba mojadísimo.

    -Uf, ya lo creo que te gusta, perra. Venga vámonos

    -¿Dónde vamos?

    -A la fiesta de cumpleaños de mi amigo Miguel, don Miguel para ti.

    -¿Y no voy demasiado descocada?

    -No, le gustarás mucho. Y tú eres mi regalo para él así que espero que te dejes hacer lo que quiera.

    Cuando llegamos a la casa de don Miguel, ya había bastante gente, muchos de los cuales conocía por mi marido y claro se sorprendían de verme allí sin él y con Pedro, aunque dada la fama de Pedro ya se suponían lo que ocurría. Me presentó a don Miguel que era un hombre muy atractivo de unos cincuenta años.

    -Mira Miguel, esta es la putita de la que te hablé

    -Ah si, la esposita de Andrés ¿no?

    -Si, ¿te gusta?

    -Joder, está muy buena, -le decía mientras me acariciaba el cuello y bajaba su mano hasta mi cintura y la volvía a subir metiéndola por debajo del top y sobándome las tetas, allí delante de todos-. Luego veremos que sabes hacer con ellas, -me volvió a decir.

    La fiesta fue pasando y yo me iba exhibiendo cada vez más. A medida que transcurría el tiempo notaba las miradas de los tíos mas lascivas y yo estaba cada vez más caliente. Ya quedaba poca gente cuando Pedro se acercó a mi me quitó la cadena de la cintura y me la puso en la gargantilla, y tirando de mi me llevó a unos sillones un poco apartados. De camino vimos como don Miguel estaba magreando a una mujer de otro empleado

    -Vamos Elenita, ponme cachondo, -me dijo, mientras me sentaba en sus rodillas

    Empezamos a besarnos y a sobarnos. Bajó las hombreras de mi top y me sacó las tetas. Me quitó la falda y bajo un poco mis pantys, me sentó de espaldas a él en sus rodillas y empezó a masturbarme, mientras veíamos como humillaban a la otra mujer don Miguel y los otros. Ella no quería, pero la decían que si no quería ver a su marido en el paro tenía que comer polla. La metían mano, la sobaban y le restregaban sus paquetes por la cara, mientras otros le daban azotes en el culo. Yo me corrí con aquel espectáculo y limpié los dedos de Pedro con mi boca.

    Don Miguel vino donde estábamos y me dijo:

    -Traenos bebida, puta.

    Así lo hice. Me levante medio desnuda pero no permitieron que me vistiera. Fui al otro lado del salón con las tetas fuera y los pantys medio bajados. Se me veía el coño y el tatuaje del culo. Durante el camino varios tíos me metieron mano , me dijeron obscenidades y me llevé mas de un cachetazo en el culo. Volví con unas cervezas y me senté entre ellos, que terminaron de desnudarme. Don Miguel se levantó, se quitó los pantalones y los calzoncillos. Cogió estos y me los restregó por la cara mientras me sujetaba de la nuca.

    -¿Te gusta como huele?

    -Siii, -le contesté

    -Pues ahora vas a saber a lo que sabe. -Se puso de rodillas en el sillón y me dijo- Chúpame el culo.

    Pedro me agarró de la cadena bien corta y me arrimó la cara al culo de don Miguel. Empecé a pasar la lengua entre sus nalgas y acabé metiéndosela en el culo. Pedro me cogió una mano y me la puso en la polla de don Miguel.

    -Así, cerda, hazme una paja mientras, -me dijo

    Así estuvimos un rato hasta que se dio la vuelta.

    -Tienes unos labios preciosos, -hazme una paja con ellos

    Se lo hacía como me ordenaba, le pasaba mis labios arriba y abajo de su polla. Le lamía los cojones y el culo mientras Pedro me estaba follando por detrás. Cuando noté su leche llenando mi culo, me metí la polla de don Miguel en la boca y tardó poco en correrse dentro de ella.

    -Pedrito, le dijo a Pedro, ésta si que es buena y ambos se estuvieron riendo un buen rato.

    Me cogieron de la cadena de la gargantilla, me dejaron atada a la pared y llamaron a los que estaban con la otra tía que ya había dejado de llorar y disfrutaba como una perra de lo que la estaban haciendo.

    -Aquí tenéis otra guarra -les dijeron.

    Me miraban con ojos de deseo mientras yo les provocaba con mi culo y mi boca.

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  • Mi esposa y yo sedujimos a mi hermano

    Mi esposa y yo sedujimos a mi hermano

    Mi esposa y yo teníamos cuatro años de casados y ya había tres hijos pequeños. Decidimos que se ligara las trompas después del tercero, para evitar más embarazos y así poder disfrutar de nuestra vida sexual sin preocuparnos más. Comenzamos a tener actividad sexual matrimonial con mas frecuencia, nos gustaban las películas porno y yo conseguía algunas prestadas y las disfrutábamos de lo lindo tratando de imitar muchas cosas que nos agradaban de ellas.

    Al poco tiempo de estar disfrutando nuestra nueva libertad en lo sexual, se inició una época de tomar algunos tragos en lo íntimo y fantasear con tal o cual persona que conocíamos y nos llamaba la atención sexualmente. Así fue como le hice la observación de que yo había notado casi inmediatamente de que nos casamos, que mi hermano Juan la miraba a ella de una forma muy especial, como si le gustara y además en las reuniones de la familia trataba de estar cerca de “nosotros” y sacaba a relucir su gracia para contar cuentos graciosos de tipo sexual porque le agradaba la forma en que ella se reía y festejaba su platica.

    Linda (mi esposa) me dijo que ella lo había notado hacía mucho tiempo pero no se imaginaba que fuera a gustarle a él, pero que a ella también le gustaba mi hermano.

    Esa noche fue diferente, nos excitamos como nunca lo habíamos hecho y tuvimos una de las mejores cogidas en mucho tiempo.

    De la fantasía pasamos a planear la manera de hubiera algún acercamiento con los fines que perseguíamos. Comenzamos a provocar reuniones de los matrimonios pero a mi, la esposa de mi hermano simple y sencillamente no me atrae nadita de nada, tal vez es su carácter pero su persona me es antipática y punto, así que quedaba descartado algo entre nosotros dos. Pero de mi Linda con mi hermano no había dudas, el proyecto seguiría adelante.

    Mi hermano Juan es el tercero de una familia de ocho, yo soy el séptimo, el es mayor que yo en seis años, tiene muy buen carácter y es muy simpático, nos parecemos mucho físicamente y siempre fuimos muy unidos de solteros pero se había perdido algo la comunicación después de los matrimonios de ambos. Yo tengo 27 y Linda 25 así que Juan tiene 33 y es muy atractivo. Linda es bajita de estatura mide 1.57 m. Piernas muy bien torneadas, sus nalgas están firmes y levantadas y sus pechos son grandes y firmes por muchos años practicó la gimnasia y la danza, tiene un hermoso cuerpo.

    Al fin encontramos la manera de que hubiera algo, a la esposa de Juan la tenían que operar de su apéndice y estaría hospitalizada por dos o tres días según nos avisó mi hermano, sus dos niños los dejaría con una hermana de su esposa y su suegra estaría en el hospital con ella. Era el momento esperado para poner en práctica lo planeado. Linda esperó a que llegara el de su trabajo y llamó supuestamente para saber acerca de la situación, él dijo que todo estaba bien y que el estaría solo en casa, Linda lo invitó a quedarse con nosotros conforme al plan “A” pero no fue de su agrado, luego según el “B” le ofreció llevarle algo para cenar ya que contaba con mi consentimiento y el aceptó, puesto que no tenía nada preparado en su casa.

    Nos preparamos, ella se le insinuaría pronto pues no había mucho tiempo, diciéndole que yo si sabía del asunto y que no habría problema pues lo habíamos planeado juntos, que lo habíamos pensado desde hace mucho tiempo porque sabíamos que a él le atraía Linda y a ella también, que eso nos había calentado enormidades y que él era el causante de numerosas sesiones sexuales fantásticas entre nosotros.

    Linda se fue a la casa de Juan como a las siete treinta de la tarde, sin ropa interior según el plan, con muchas recomendaciones mías y con mucha excitación.

    Yo me quedé en casa con mis niños, los acosté a dormir en su recámara y esperé. Por lo caliente que estaba yo me venía un temblor en las piernas, la verga se me paró y estaba a punto de masturbarme de tanta calentura. Decidí tomar un trago mientras esperaba y solo podía imaginar lo que estaría pasando entre ellos.

    Después de dos horas aproximadamente, llamó Linda diciendo que en ese momento salía de regreso a casa. (Que esta como a tres o cuatro minutos caminando desde la casa de Juan) Salí al frente de mi casa para esperarla y noté una sonrisa radiante, picara y su cara estaba sonrojada, la recibí con un gran beso y muchas preguntas, ella me dijo que me tranquilizara, que pasáramos al interior de la casa para comentar.

    Mi impaciencia era mucha, pero Linda se dedicó a acariciar mi verga y me propinó una riquísima mamada y me extrajo toda la leche para dejarme muy tranquilo. Luego comenzó a platicarme lo que pasó, dijo que en un principio él no lo podía creer pero que ella le mostró que iba preparada para todo y sin ropa interior, él dijo que no lo creía pero ella le mostró sus pechos abriéndose un poco la blusa, el preguntó que si tampoco traía calzones y ella le dijo que metiera su mano entre sus piernas para cerciorarse y así empezó a tocarla entre sus piernas y a acariciarle su panochita, Linda le buscó la verga entre sus pantalones y la sacó para mamársela por un rato.

    Me dijo que su verga (yo tuve mucha curiosidad acerca de eso desde que lo pensamos la primera vez) era casi idéntica a la mía solo un poco mas gruesa y sin la pequeña curvatura hacia la izquierda que tengo yo, que le gustó y que la sintió muy rica entre sus labios y dentro de su panochita.

    La primera vez lo mamó hasta que lo hizo descargar todo su esperma dentro de su boca tragándoselo todo, después dice que se desnudaron totalmente y sin apagar las luces se acostaron en la cama y el la acarició toda y la besó por todas partes incluyendo su chochito que lo traía muy mojado de tan caliente que estaba. La segunda vez Linda subió sobre el se le clavó en la verga dándole una cabalgada que hasta entonces solo yo sabía.

    Mi Linda, disfrutó tanto aquella cabalgata (su posición favorita, su especialidad. Mueve su trasero como ninguna) que tuvo dos orgasmos seguidos y luego aguantó allí clavada hasta recibir los chorros de semen de mi hermano, en lo mas profundo de sus entrañas.

    Le dejó la cena que le había llevado y después de un rato de cachondeo como despedida, le encargó que me dijera que me agradecía a mí todo el placer que ella le había llevado. Luego mi esposa me llamó para avisarme que ya regresaría a casa.

    Para entonces, yo estaba otra vez muy caliente con su relato y acariciando su panochito, noté que estaba muy mojado y pegajoso a lo que mi Linda dijo que no se había lavado después de la cogida y que me traía algo de lo que recibió de la verga de mi hermano, con las luces encendidas, me acerqué para observarle su peludito de cerca y al abrirle sus piernas y labios vaginales noté unos escurrimientos por su entrepierna y pude ver algo de la espesa leche de Juan saliendo de su vagina.

    Juro que se medio nubló mi vista, de la emoción no pude contenerme. Tomé con mis dedos de aquella leche y la palpé le di mis dedos a chupar a linda y ella me tomó de la nuca y me dirigió hacia su rajadita recién inundada de semen.

    Con mucho ánimo y placer comencé a chuparle su panocha y a saborear la leche de mi hermano, todo lo que salía me lo tragué con muchas ganas, era algo totalmente nuevo y emocionante para los dos, luego la penetré y a ratos sacaba mi verga para observarla y tenía una capa de líquido blanco que me la cubría, se la mostré a Linda y ella decidió mamarla un poco, y varias veces en ese rato lo hicimos así. Hasta que por fin descargué todo mi esperma para que se revolviera con lo que quedaba de mi hermano.

    El resto de la noche casi hasta el amanecer seguimos cogiendo y disfrutando de aquella fantasía convertida en una hermosa realidad.

    Seguimos muy unidos mi hermano y yo pero no hemos comentado el asunto, solo nos echamos unas miradas y sonreímos los tres aunque sea en reuniones familiares. Hasta ahora lo hemos disfrutado enormemente mi Linda y yo y estamos esperando la siguiente ocasión a ver que más puede pasar entre ellos por lo pronto y luego veremos si planeamos un trío o algo por el estilo.

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  • Solo por esta vez

    Solo por esta vez

    Todo ocurrió en unas colonias de verano para escolares, en las que el instituto había pedido la colaboración de algunos padres para ayudar en las tareas más cotidianas para que los profesores se dedicaran solamente a su labor pedagógica.

    Desde el primer momento nos interesó a mí y a mi marido, así estaríamos más cerca de nuestro hijo, para comprobar como se comporta en un ambiente y un entorno no habitual para él.

    Estaba claro que era yo la que tenía que ir, mi marido no podía dejar el trabajo, en cambio yo me lo podía combinar por tener un trabajo liberal y no estar sujeta ni a horarios ni a días.

    Hubo una reunión previa con los padres, profesores y la dirección del Instituto, para presentarnos y explicar en qué consistiría nuestro trabajo.

    Como padres colaboradores aparte de mí que por cierto me llamo Melisa, otros dos matrimonios, dos mujeres más también casadas que además eran amigas, y un hombre que dijo llamarse Roberto, también casado que al contrario de mi era el que podía disponer un poco de su tiempo, al contrario de su mujer.

    El desplazamiento se haría en autocar, excepto Roberto que traería su cuatro por cuatro, por si fuera necesario algún desplazamiento imprevisto ya que la casa de colonias distaba unos 12 Km. del pueblo mas cerca.

    Llego el día, después de unas dos horas de viaje llegamos al sitio, una casa rural antigua pero muy bien restaurada y bien comunicada, las dependencias de nueva construcción eran la cocina, comedores, aulas, servicios y duchas.

    Después de presentarnos al personal de la casa y acomodarnos en nuestras habitaciones, en una pequeña reunión explicaron con mas detalle en que consistía nuestro trabajo, haciendo equipos de dos personas, naturalmente los dos matrimonios formaban ya dos parejas, las dos mujeres la otra pareja, quedábamos yo y Roberto, el me pregunto si tenis algún inconveniente en que fuéramos pareja de trabajo durante quince días, naturalmente acepte, no había mas remedio y el chico tampoco estaba mal, se veía servicial, trabajador y amable.

    Empezamos el trabajo que cambiábamos en turnos rotativos, un día ayudábamos en la cocina, otro servíamos las mesas, recogíamos los platos, limpiábamos el comedor, etc.

    Sin darnos cuenta empezó a forjarse una complicidad entre él y yo, estábamos juntos todo el día, incluso fuera del trabajo, en los ratos de ocio hablábamos de nuestras cosas, yo le contaba cosas de mi marido mi hijo y el también de su mujer e hijos, los dos coincidíamos en que estábamos muy enamorados de nuestras parejas, así la primera semana.

    El sábado y el domingo era cuando teníamos menos trabajo ya que los profesores no daban ninguna actividad y nos ayudaban a nosotros.

    Los de la casa nos dijeron que cerca de allí había un paraje con sombras y prados por donde corría un riachuelo donde se refrescaba la gente del pueblo.

    Nos animamos y fuimos a ver el paraje, cuatro con el coche de Roberto, el yo y las dos amigas, los otros dos matrimonios prefirieron quedarse en la casa, al no saber como reaccionaria la gente del pueblo trajimos el bañador de una pieza y el biquini, para ponernos lo mas indicado.

    Llegamos al sitio y la sorpresa fue mayúscula, las chicas de allí se bañaban en top-les, es evidente con las comunicaciones ya no hay pueblos grandes ni pequeñas, yo no acostumbraba a ir en top-les pero las otras dos no tuvieron reparo en ponérselo, mejor dicho quitárselo, cosa que yo también lo hice, el que no estaba tan tranquilo era Roberto, no le quitaba ojo a mis tetas, no muy grandes pero tiesas.

    Al principio tuve un poco de vergüenza hacia él y me puse boca abajo, conforme pasaba la mañana entre remojón y remojón me fui fijando más en Roberto, era de tipo atlético y el bulto que escondía su bañador no era nada despreciable, también se dio cuenta de mis miradas.

    Aprovechó un momento en que las dos amigas estaban en el agua, para acercarse un poco más, diciéndome que no lo tomara a mal, que yo estaba casada y el también, pero que yo tenía un cuerpo precioso y unas tetas muy bonitas, tu marido debe estar orgulloso, le di las gracias por el cumplido, insistió que no era ningún cumplido que era lo que sentía, le repetí las gracias, añadiendo que también él tenía un cuerpo atlético y que al igual su mujer estaría contenta de tenerlo, no sé cómo se me ocurrió decirle, que además se le veían un buen atributo.

    Después de esta mañana empezamos a mirarnos como dos enamorados, ambos empezamos a desearnos, pero nuestra condición nos obligaba a guardar las distancias.

    Todo ocurrió el ultimo día, un sábado, el domingo temprano salíamos de retorno, los profesores prepararon una pequeña fiesta para los adultos, para cunado los chicos estuvieran dormidos.

    Después de quince días de trabajo la fiesta se agradecía, la mesa fue normal, unas copas entre baile y baile, hicieron que estuviera un poco mareada, Roberto también, por lo que decidimos salir a pasear con el fresco de la noche, había un cielo muy despejado, la luna brillaba con toda intensidad, nada mas salir me dio la mano.

    Caminamos un buen rato sin mediar palabra hasta llegar a una pequeña cabaña fue allí donde me empujo de espaldas contra la pared, besándome los labios, yo le correspondí abrazándole fuertemente, fue un beso muy largo entrelazando nuestras lenguas, me mordisqueaba las orejas, pasaba la lengua y los labios por mi cuello, mordisqueaba y besaba mis labios, yo le correspondía en todo.

    De pronto vino a mi mente que estaba siendo infiel a mi marido, me aparté un poco y le dije, para por favor, no sé si es correcto lo que estamos haciendo, el contesto, que tenía razón pidiéndome disculpas.

    Continuamos nuestro paseo callados y abrazados, pasados no más de cinco minutos Roberto rompió el silencio, se puso frente a mí, junto su mejilla con la mía, Melisa dijo, no quiero romper ningún matrimonio, ni el tuyo ni el mío, pero te deseo, solo será esta noche, mañana iremos cada uno a su casa y quedara solo el recuerdo, yo estaba deseando que insistiera, no me atreví a decirlo, pero quería ser follada por él, estas últimas palabras suyas nos dieron rienda suelta, los dos estábamos muy excitados, lo bese en la boca diciéndole, si cariño esta noche seré tuya.

    Me acerco a un gran árbol, me quito las bragas con mucha suavidad, levanto mi pierna derecha apoyando mi pie encima de unas rocas que quedaban a la altura de la rodilla, se agacho levanto mi falda, para lamerme mi coñito, entraba la lengua dentro, con los labios succionaba, pasando su mano de entre mis piernas me metía su dedo en el ano.

    Yo disfrutaba como una loca, las piernas me temblaban, casi no me tenía en pie, se levantó saco su aparato y lo introdujo todo dentro de mi coño, moviéndose un poco rápido, me empotraba contra el árbol, los dos jadeábamos de placer, mientras me follaba desabrocho mi camisa para jugar con mis pezones, pellizcándolos y acariciándolos yo hacía lo mismo con los suyos.

    Íbamos a llegar los dos al orgasmo juntos, lo apreté fuertemente diciéndole que no la sacara, quería sentir su leche dentro de mí, así lo hizo, después estuvimos un rato apoyados al árbol sin movernos, con todo esto se nos estaba acabando la noche, pasamos la poca que nos quedaba en su habitación, desnudos en la cama me follo otra vez, pero esta se corrió en mi boca, tragándome todo su semen.

    En la despedida me puse a llorar, nos habíamos prometido que sería solo aquella noche, posiblemente no nos veríamos más, solo quedaría el recuerdo de mi infidelidad.

    RoF

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  • Le quité la calentura a mi madre

    Le quité la calentura a mi madre

    Me sucedió hace tres años aproximadamente, tenía 22 años y una bellísima madre de 44, de sensual aspecto, cariñosa y muy mimosa. Separada, vivimos juntos con una hermana de 20, tan hermosa como ella.

    Nunca las había contemplado, ni a mi madre ni a mi hermana, como mujeres, fuera de comprender tanto la realidad de su belleza, como que somos consanguíneos.

    Mi madre era maestra en un cuarto grado de una escuela, y muy querida. Volviendo una tarde de la universidad donde yo estudiaba, la encontré llorando, pese a que trató de disimularlo. Acortando, me dijo que un profesor, al cual yo no conocía, trataba infructuosamente de seducirla, alentado por algunas concesiones de ella, pero que no había querido proseguir por no amarlo.

    El tipo era un pesado y la estaba comprometiendo ante los ojos de sus colegas, y esa noche, durante la cena, nos confesó a mi hermana y a mí, que le había dicho que tenía ella ya un amante, y que ese fin de semana iría con él a un hotel de una playa alejada de Buenos Aires, y el tipo no la creyó, y ella, imprudentemente, le dijo a cual hotel iría, y tampoco le creyó; en fin, que él se iría a ese hotel ese fin de semana a buscarla, y ahora mi madre no sabía como salir del lío.

    Mi hermana le dijo que se fuera con alguna persona de confianza y se hiciera pasar por su amante, si, pero ¿en quién confiar? Riendo mi hermana dijo que me llevara a mí. Nos miramos y reímos, y entonces la cosa fue cuidadosamente planificada entre los tres.

    Ese viernes nos fuimos en el coche, un día antes, a fin de preparar todo. Llegamos, ella dio su nombre, callando el mío, y sospecho que pensaron en la administración que la hermosa señora se llevaba consigo a un amante. Entramos finalmente en la alcoba con una sola cama de matrimonio, a pedido de ella, y acomodamos la ropa, algo nerviosos y yo con una extraña sensación de estar cometiendo una locura.

    Esa mañana, decidimos irnos a la playa privada del hotel; estaba con una bikini despampanante, y sus senos, turgentes y duros para su edad, querían escaparse del breve corpiño; no pude menos de mirar el hermoso triángulo de su bajo vientre, apenas cubierto por la malla, y para mi desesperación, mi pene se puso tieso, y notándose perfectamente el bulto debajo de mi pantalón de baño.

    Ella me miró, se ruborizó, y riendo me dijo que me comportara como un novio, para que los pasajeros no sospechasen nada; me tomó de la mano, y corrimos como dos chicos hacia el agua; durante un rato, jugueteamos hasta que de pronto, yo me senté en el fondo de arena, cubierto apenas hasta el pecho por el agua, y ella instintivamente, se sentó entre mis piernas abiertas de espalda a mí, y nos quedamos quietos en esa erótica situación.

    Creo que no se daba cuenta de lo que sucedía, pero a mí, mi palo se endureció nuevamente y sin poderlo evitar, se lo apoyé a lo largo de su trasero, hermoso y turgente, y me apreté a ella…

    –Cómo deberemos besarnos cuando llegue ese desagradable tipo, empecemos ahora… y además, ante todos, somos novios.

    Me ofreció sus labios, y creí desmayarme del susto; al comienzo fue un beso suave, pero cuando ella separó los labios, y mi lengua entró en su ardorosa y perfumada boca, se hicieron apasionados y terminamos jadeando. Sin darme casi cuenta de un posible un rechazo, subí mis manos que estaban en su cintura, y la tomé por los pechos por encima de la bikini; suspiró, y aceptó la caricia.

    Perdí la noción del tiempo, de la gente que estaban bañándose, de que la mujer que tenía apretada era mi propia madre, que era todo eso una locura, y mi lengua entraba y salía de su boca, nos intercambiábamos la saliva como si fuese una droga de amor, y mis dedos apretujaban sus tetas en una caricia incestuosa y ardiente.

    Después, cuando salimos del agua, en silencio, tímida, ella se colgó de mi brazo y nos dirigimos al hotel; nos cambiamos de ropa, sin que comentara lo sucedido, y bajamos a almorzar.

    Hubo un corto silencio y luego ella me dijo cariñosa y tierna:

    –Escucha hijo… esto que sucedió en el mar, me ha gustado más de lo que suponía, y no me arrepiento, pese a que nuestros besos fueron muy… muy poco de madre e hijo… –se sonrió al decirlo– pero deberemos repetirlo mañana cuando venga ese desgraciado y nos sorprenda…

    En realidad, la cosa había sido armada así: el conserje lo haría pasar, cuando llegara, pero nos avisaría por teléfono de su arribo, y yo estaría con mi madre en posición inequívoca como si nos estuviésemos amando, y permitir que nos viese.

    Fuimos a mi pedido a bailar a una disco que me habían recomendado por discreta y agradable.

    Ella se río a mi invitación:

    –¡Lo único que faltaría que nos viera algún conocido, yo bailando con mi propio hijo en una confitería…!

    Pero aceptó. Se puso una minifalda, y una blusa casi transparente, que dejaba ver su corpiño cubriendo sus hermosos senos. Pedimos unas bebidas, y comenzamos a bailar. Nos olvidamos del parentesco; en una pieza brasileña, yo bailaba con ella quien me daba la espalda y apoyaba su cabeza en mi hombro como esa mañana en la playa, y sentía su trasero, duro y ampuloso apretado contra mi vientre, y mi pene, durísimo, lo acomodé en la hendidura de sus nalgas, y bailamos así abrazados, hasta que le susurré:

    –¡Mamá… dame tu boca…!

    Sin decir nada, volvió su rostro y mi boca se adhirió a la suya, que estaba abierta, y besos que nos dimos nada tenían que ver con lo de la mañana, por su ardiente voluptuosidad y pasión.

    El baile fue algo enloquecedor: me frotaba contra ella, buscando las ocasiones para con los movimientos acomodarle bien mi pene entre sus nalgas, y lo peor o lo mejor para mí, era que mamá gozaba con esto, y proyectaba hacia mi, su trasero, apretándolo contra mi vientre, buscando más intimidad en el roce, mientras tratábamos de besarnos en largos besos de lengua, húmedos, jadeantes.

    Yo estaba a punto de acabar en mis pantalones, pero por suerte la música terminó, y en silencio, agitados, regresamos a nuestro sitio en el reservado; sentados muy juntos, nos miramos, y envalentonado por su hermosura, la noche y el deseo que me invadía, rodeé sus hombros con un brazo y la atraje hacia mí.

    Cerró los ojos cuando mi boca buscó la suya, y con un largo suspiro se abandonó. Mi otra mano se posó sobre su vientre, sobre la corta falda, y cuando hurgué entre sus muslos, mamá los separó y pude alcanzarle el sexo que estaba empapado; de allí, temeroso de que se molestara, subí en mi caricia, y le abarqué una teta, ahora por debajo de la blusa.

    –¡Hijito, por favor, no sigas…! ¡Por favor querido…!

    Sentí su angustia, y obedecí; no podíamos separar nuestras bocas, y ya casi no podíamos respirar bien, cuando mi mano se posó en su pequeño pie, calzado con unas preciosas sandalias blancas de tirillas, tipo pulsera, y comencé largas caricias, ella suspiraba, sentía sus estremecimientos, jadeaba de deseo mal contenido, y poco a poco volvía a ascender, llegué con mi mano a la tersura de sus muslos, y nuevamente alcancé su vulva, y la acaricie, sin atreverme a llegar más lejos, aunque estaba loco por meterle los dedos.

    Esa noche, al acostarnos, ella vestía un camisón muy sensual, y le dije que yo dormiría en el sofá de la habitación.

    –¡No seas tonto… dormiremos juntos…! ¿Acaso no soy tu madre?

    Entre nosotros no puede haber nada malo.

    –¿Y si lo hubiese? –mi pregunta se escapó y la vi sonrojarse:

    –Entonces no te permitiría dormir conmigo… pero no hay cuidado…

    De lo cual yo no estaba muy seguro.

    Calculen lo que pasaba por mi mente: yo era joven y ardiente, tenía a mi disposición casi, a una mujer sumamente bella, muy sensual y cariñosa, y durante la mañana la había besado apasionadamente y manoseado sus pechos; durante el baile, no había sido mi madre, sino una ardiente compañera; en ese momento de acostarnos, mi pene era una madera de duro y grande; ella se pegó contra mi cuerpo, y me atreví a pasar un brazo debajo de su cabeza, sin oposición, y de común acuerdo, nos acercamos el uno al otro acostados de lado.

    Fue una especie de acuerdo tácito, cuando nuestras bocas se encontraron, y durante largos minutos, nuestras lenguas se buscaron jadeantes, se enroscaban una contra la otra, lamía sus encías y mi pene se acomodó a lo largo de su vientre; ella suspiraba entre jadeos, pero no sucedió nada más, excepto que yo tuve un orgasmo y le empapé el camisón.

    Al día siguiente, durante el desayuno, nos mirábamos como amantes, enamorados y cariñosos. Tomó su mano por encima de la mesa, que me entregó, y nuestros dedos se entrelazaron, mientras ella se ruborizaba una y otra vez.

    Después, durante el baño en el mar, se repitió lo del día anterior, pero esta vez, dejé uno de sus senos libres, y bajé la mano hasta su vulva, y con un estremecimiento, su lengua enredada en la mía, permitió que yo le acariciase su sexo.

    Esa noche, nos preparamos para la comedia: se puso un baby doll rosado, pero cuando se tendió en la cama, se quitó el calzón del mismo, y con las piernas apretadas, ruborizada, los ojos que no se quitaban de los míos, esperó que yo me desnudase, y luego, esperamos estrechamente abrazados, pero yo temía que el individuo descargase su rabia con un escándalo o peor; dio un salto asustada cuando el teléfono de la conserjería avisó, y con un grito me dijo apremiante:

    –¡Pronto, acuéstate encima de mí y haz que me estás penetrando…!

    Así lo hice: ella separó sus bellísimas piernas, y me acomodé entre ellas, y mi pene, duro y grueso, se acomodó contra su vulva desnuda y húmeda, a lo largo de la misma, quedando entre sus labios como dentro de un estuche caliente y húmedo. Nuestras bocas se pegaron, en un beso ardiente, y comencé a moverme con los movimientos de coito, como si estuviese dentro de ella: se sintió abrir una puerta, (habíamos dejado un velador encendido que apenas iluminaba la escena), enseguida unas palabras soeces, pasos rápidos, y un portazo de salida: todo había concluido para mi madre.

    Pero algo sucedió: no me aparté de ella, y seguía moviéndome encima de ella, frotando mi pene contra la entrada de su vientre; mi boca seguía pegada a la de mi madre, y vi que cerraba los ojos dulcemente.

    Entonces, loco de amor y de lujuria, elevé mis caderas, y suavemente, le apoyé el glande en la entrada de su vagina; no dijo nada, su boca seguía ardientemente adherida a la mía, y jadeaba, no trató de cerrar las piernas, y como no protestó al sentir mi glande entre los labios de la vulva, empujé, mi pija, dura como un palo, caliente como el fuego, le entró totalmente en la concha, arrancando de su boca un largo gemido de pasión.

    Fue una locura: ¡me estaba cogiendo a mi propia madre! ¡Era un incesto de madre e hijo! No me importó y a ella tampoco: elevó sus piernas desnudas, y me rodeó mis caderas con ellas, en un abrazo de intensa lujuria. Yo comencé a moverme de arriba a abajo, entrando y retirando casi mi miembro de su vientre, y ella, gimiendo, me acompañaba en su delirante entrega.

    Emitió un largo y apasionado gemido cuando mi semen inundó su vagina, caliente y abundante, y comenzó a moverse enloquecida acompañando mis espasmos de pasión.

    Fue en realidad nuestra noche de bodas, y a la mañana, empapados de semen y flujo, nos despertamos entre asombrados recuerdo.

    –¿Que hemos hecho? ¡Eres mi hijo…! ¡Soy tu madre…! –murmuró temerosa.

    No la dejé que pensara más sino que me tendí encima, busqué su vulva con mi miembro nuevamente duro, y se lo metí, haciéndola olvidar sus temores. Entonces, su entrega fue total, y se transformó en una ardiente y deliciosa amante.

    Terminamos exhaustos; se acodó a mi lado y me miró pensativa.

    –¿Que ocurre mamá…? ¿Estás disgustada por esto…?

    –.No hijo… solamente pensaba en lo amoroso y apasionado que eres… y tengo que confesarte, que estoy enamorada de ti… como una jovencita… como una novia.

    –Mamá… –respondí emocionado– Yo estoy locamente enamorado también de ti… y eso me asusta un poco.

    –¿Porque amor mío…?

    –Porque eres mi madre, porque te amo como a mujer, porque soy tu hijo, y porque me enamoré de ti…

    Enrojeció de placer. Me besó largamente en la boca, y su mano buscó y asió entre sus suaves dedos mi pija, endurecida nuevamente, y murmuró mientras me la acariciaba:

    –Cojéme otra vez, amor mío… y olvidemos que somos madre e hijo… somos ahora marido y mujer… –y agregó mientras se trepaba encima de mí, buscando meterse mi pene– soy tu mujercita, mi amor… soy tuya ahora y siempre… ¡Ahhh…! –estaba totalmente empalada con mi carne, y cayó sobre mi pecho moviéndose lúbricamente, mientras yo lanzaba dentro de su ardiente vagina, un chorro de caliente semen que le inundó el vientre.

    Cuando nos dormimos, ella encima de mí, aún tenía dentro de su vagina, mi pene casi tan duro como al principio.

    Al día siguiente emprendimos el regreso, pero a medio camino nos detuvimos a dormir en un motel, y tuvimos otra noche inenarrable.

    Cuando llegamos, mi hermana me comentó que mamá parecía cambiada, más alegre, más cariñosa, y muy satisfecha. Entonces, le dije la verdad, porque me interesaba que supiese.

    –Durante nuestra estadía en el hotel, la cogí…

    –¡Pero es nuestra madre… y la puedes dejar preñada! –exclamó alarmada, con cara de susto.

    Entonces tuve que explicarle lo sucedido, cuánto nos amábamos, la locura de la relación y la vi interesada. Una mala idea me cruzó por mi mente:

    ¡Sería hermoso cogerme, también a mi hermana, total, ya habiendo comenzado…!

    Y si mamá salió preñada teniendo a los nueve meses, ¡una linda mujercita, que hoy lleva el nombre de Claudia!

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