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  • La profesora dominante (3)

    La profesora dominante (3)

    Llegué a casa a ver el video de mi celular y fue increíble no me reconocía a mí misma, me masturbe nuevamente y por poco lo hago una vez más, pero caí dormida, había sido un día largo y al día siguiente sin saberlo iba a ser mejor.

    Al día siguiente tenía ansiedad por saber si “mi hombre” había grabado lo que le pedí la verdad no tenía mucha esperanza de que lo cumpliera, no era algo fácil de hacer no sé realmente como es su relación con su esposa y eso me tenía en velo.

    Pasé toda la mañana pensando en ello deseosa y un tanto nerviosa, en el transcurso del día no lo vi y eso me ponía más nerviosa, hasta ya en la tarde que me lo tope de golpe cerca de su oficina, se quedó viéndome con una media sonrisa, me acerque disimuladamente y le dije al oído susurrándole “espero que tengas lo que te pedí”.

    Se me quedó viendo como nervioso y me fui por el pasillo sintiéndome nerviosa, en un puro tembló, no sé porque lo hice, pero me encantó poder ponerlo nervioso y hacerle saber que lo mío iba en serio.

    Al salir todos me fui directamente a su oficina, claro, antes de llegar procure no verme desesperada, cuando abrí él estaba sentado en su escritorio normal, como si nada raro pasara entre nosotros así que me acerque y puse mis piernas en su escritorio sentándome casi con las piernas abiertas frente a él, se me quedó viendo y saco su celular del bolsillo, podía ver como su mano temblaba, lo desbloque y extendió su mano dándomelo y viendo como un video comenzaba a reproducirse, no podía creerlo, mis manos temblaban, en la pantalla podía ver a una señora de al menos unos 45 años muy bien conservada y bastante linda sentada en la cama frente a él con una pijama holgada casi con los pechos afuera preguntándole:

    -“amor, porque quieres grabar”

    -Solo quiero probar cosas nuevas, créeme lo vamos a disfrutar

    Seguidamente saco su pene y ella sin decir más se lo metió en la boca, en ese momento recordé que su pene estaba lleno de mis jugos y me mojé de inmediato. Mientras veía el video sentí como una mano hurgaba en mis piernas y lo dejé seguir, pero lentamente.

    En el video se veía como ella se tragaba su pene y gemía suavemente mientras el bufaba como un toro, uff estaba tan empapada que deseaba ser penetrada de golpe, pero aún faltaba más, así que solo subí mi falda, abrí mis piernas, con una mano tomé su cabeza y la hundí en mi vagina ya empapada mientras le ordenaba chupar y el bien obediente lo hacía sin decir nada.

    Continuando con el video luego de realizarle un oral y ver como ella ponía un sonrisa preciosa él le ordenó ponerse de cuatro y ella sumisa siguió sus órdenes, tenía un gran trasero, no como el mío pero lo suficiente para excitar a cualquiera, en ese momento él subió un poco la cámara y podía ver cómo le chupaba todo, escuchar su lengua en esa vagina húmeda mezclado con sus gemidos mientras él me chupaba a mi hizo que tuviera un orgasmo increíble, tanto que me quedé sin aire mientras tomaba su pelo con fuerza.

    Al ver esto quiso detenerse, pero de nuevo lo tomé de la cabeza lo hundí en mi vagina y le grité “Continúa” y sin decir nada siguió en lo suyo, mientras tanto en el video ya estaba siendo penetrada y gemía incontrolablemente mientras le decía:

    -Amor ¿Qué te pasa hoy? Estas diferente, nunca me habías cogido así

    Él sin decir nada le daba con más fuerza mientras la nalgueaba, luego la tomó del pelo y ella en lugar de molestarse se calentó más, podía ver como hacía más para atrás sus caderas para recibir mejor las embestidas, luego él se detuvo, le dio vuelta bruscamente, la puso boca arriaba, abrió sus piernas y empezó a chupar de nuevo su vagina provocándole un orgasmo, yo estaba a mil, necesitaba ser penetrada, tomaba la cabeza del director con fuerza hundiéndolo más, quería que me penetrara con su lengua, estaba a punto de tener otro orgasmo y así fue cuando vi que empezó a penetrarla fuertemente mientras la tomaba del cuello y ella ponía los ojos en blanco.

    Esta vez por inercia cerré mis piernas apresándolo en ellas sin poder contener los chorros que salían de mí y que para mi sorpresa el bebía sin parar, solté el celular, lo empuje en el suelo y sin decir nada me clave su pene de golpe, empecé a cabalgarlo rápidamente mientras ponía uno de mis pechos en su boca, deseaba sentirme llena así que no paraba de moverme como loca, así estuve hasta que tuve otro orgasmo increíble mojando todo su estómago.

    Cuando me detuve pude ver que estaba asustado, nunca había actuado así, ni con él ni con nadie, le sonreí y le di un beso apasionado, estaba extasiada. Él aún no se había venido, así que le di otra orden mientras ponía mi pie desnudo en su pene.

    -Quiero que cuando llegues, pongas a tu mujer de rodillas, hagas que abra su boca, te masturbes y te riegues en su boquita, debes hacer que lo trague todo.

    Lo vi dudoso, así que le dije:

    -Si lo haces y lo grabas para la próxima seré yo quien me lo trague.

    Me vestí y antes de irme le ordene que me enviara el video que grabo con su esposa a mi celular para masturbarme antes de dormir.

    Cuando llegué a casa estaba ansiosa, ya deseaba saber si el director había cumplido lo que le pedí, además de que aún no me llegaba el video que grabo cogiéndose a su esposa, empecé a pensar que ya era mucho para él. Cuando pasaron dos horas me llegaron dos mensajes de él, muy nerviosa los abrí y eran dos videos, uno duraba mucho y el otro era corto así que presentí cual era cual, abrí el más grande y era el que vimos en su oficina, lo adelante a donde había quedado y termine de verlo y a pesar de que no faltaba mucho para que terminara me calenté un poco y más de pensar que sería lo que venía en el otro video, ya sin nada debajo y bien mis piernas, ya lista abrí el video.

    Aparecía su esposa de rodillas en media cocina viendo a la cámara:

    -Amor ¿qué haces?

    -Me la vas a chupar hasta que me riegue en tu boquita

    -Sabes que sí, pero ¿por qué grabas?

    -Tu solo baja mi pantalón y comienza a chupar que quiero regarme

    Y ahí se ve como ella con ambas manos le baja el pantalón junto con el bóxer y le saca el pene, ella sin más abre su boquita y comienza a chupársela, primero despacio pero luego él la toma de la cabeza y comienza a empujarla para que chupe más rápido mientras le decía cosas como “chupa bien perra, que quiero que te tragues la leche”, me pareció extraño porque conmigo era muy sumiso, en cambio con su esposa era lo contrario, me calenté bastante y ya tenía tres dedos en mi vagina moviéndose bastante rápido mientras oía los gemidos de su esposa que eran ahogados por su pene casi en su garganta, ella lo veía con los ojos vidriosos y no paraba de chupar, en un momento se la sacó de la boca y le preguntó:

    -Amor ¿Qué te pasa? Últimamente estas muy caliente y eres más agresivo en el sexo

    La tomó del pelo, la jaló hacia atrás y le dijo:

    -¿te gusta chupármela o no?

    -Si amor sabes que sí, es solo que te noto diferente

    -Solo quiero que me obedezcas, quiero que me complazcas

    -Este bien amor, hare lo que me pidas

    Esa respuesta hizo que se me pusiera la piel de gallina, mi mente empezó a imaginar de todo, mientras mis dedos no paraban de penetrarme.

    De pronto él le dio una leve cachetada, le pidió que abriera la boca, así lo hizo y para mi sorpresa le escupió en ella, creí que ella le reprocharía, pero contrariamente puso cara de sumisa y siguió chupando:

    -De ahora en adelante quiero que cuando llegue lo primero que hagas sea bajarme el pantalón y hacerme una mamada ¿entendido?

    -Si amor

    -Y luego de ello te pondrás de cuatro para cogerte cuanto yo quiera y como yo quiera, tampoco quiero que te me rehúses a nada, harás lo que yo diga sin oponerte ¿te parece?

    -Si amor (dijo esto mientras tenía el pene en su boca)

    En este punto yo ya estaba con las piernas a lo que me daba de abiertas, me estaba masturbando fuerte y a punto del orgasmo cuando vi como ella cerro los ojos, él la tomo de su cabeza y la mantuvo, luego la soltó y ella abrió la boquita mostrando la leche en su boca ¡wooow! En ese momento tuvo un orgasmo intenso, solté el teléfono y tocaba mis pechos mientras me dejaba llevar.

    Al final le envié un mensaje con una foto de mi vagina empapada y mi lengua afuera con un pie de foto que decía: “te lo ganaste, pronto seré yo la que me trague todo eso”.

    Al día siguiente ya ni pensaba en las lecciones, pasaba todo el día pensando en sexo, en todo lo que quería hacer con mi nuevo “juguete” y más luego de ver como era su esposa, ya que era una mujer atractiva y bastante sumisa, eso me daba muchas ideas pervertidas, pero sabía que debía ir con cuidado, además era más interesante ir lento así se disfrutaba más cada encuentro.

    Al día siguiente en el instituto deseaba poder iniciar con mi juego, deje a mis alumnos con una práctica y me fui directamente a la dirección, ahí iba yo con un vestido holgado mostrando mis piernas torneadas, bastante sensuales y sin ropa interior, entré, cerré con seguro, me fui directo al escritorio, vi cómo se acomodaba y quitaba varias cosas adelantándose a los acontecimientos suponiendo que yo me sentaría allí, abriría mis piernas y lo podría a hacerme un oral, pero esta vez quería algo diferente, así que me puse frente a él y viéndolo fijamente le ordene bajarse los pantalones y sin decir nada lo hizo, me asombro darme cuenta que ya tenía una erección.

    Me hinque tome su pene y sin decir nada comencé a chuparlo, su rostro era de asombro, intentó tomar mi cabeza pero lo detuve, quería que supiera que aún seguía mandando yo, le dije que pusiera sus manos atrás como si estuviera esposado y así lo hizo, seguí mi tarea mientras lo escuchaba gemir sintiendo como me lo introducía hasta mi garganta, me detuve y le dije:

    -Esta es la recompensa por ser un buen chico, si sigues así te daré cosas mejores ¿está bien?

    Él solamente asintió con los ojos cerrados ya que me había vuelto a meter su pene en mi boca, lo chupaba con dedicación, quería que se regara en mi boca, mientras lo chupaba recordaba los videos y eso hacía que me mojara más, sentía como varias gotas bajaban por mis muslos, deseaba ser penetrada pero también quería que se regara, así decidí calentarlo más.

    -¿lo hago mejor que tu esposa?

    -Si, si, lo haces mejor

    -¿me darás tu leche como se la diste a ella? (le decía esto mientras lo masturbaba)

    -sí, toda la que quieras.

    -Eso me gusta, pero ¿Qué tal si te pido que hagas más cosas para mí? ¿estarás dispuesto?

    -Claro lo que tú quieras

    -¿estás seguro?

    -Si, lo que quieras, solo pídelo y lo hare (estaba a punto de regarse, podía notar como se tensaba su cuerpo y su pene se endurecía más)

    -Perfecto, mañana quiero que traigas a tu esposa para la salida, quiero que le digas que tienes una sorpresa para ella y le vendaras los ojos.

    Abrió los ojos como platos y se me quedo viendo serio, así que tome su pene con fuerza, lo mire fijamente y le dije:

    -O ¿ya no quieres venirte en mi boca?

    Me miro, introduje su pene nuevamente en mi boca hasta casi atragantarme y solo asintió, empecé a chupara con más fuerza hasta sentir su semen tocar mi garganta, seguí chupando mientras lo tragaba todo, luego lo besé con pasión, abrí mis piernas y me senté sobre su pene aun erecto, él seguía excitado tanto que su pene no perdía fuerza. Lo tomé del pelo, hice su cabeza hacia atrás y le dije:

    -Has lo que te digo y tendrás más de esto

    Me sonrió y respondió:

    -Haré todo lo que me pidas.

    -Perfecto, la próxima podrás regarte en más lugares

    Le dije esto mientras me levantaba acomodándome el vestido y salía de su oficina, la verdad iba chorreando y deseaba tener un orgasmo, pero quería dejarlo con ganas y que se atreviera a cumplir.

    Por la noche cuando llegué a casa la verdad estaba aún caliente, tanto que no sabía qué hacer para desahogarme, así que decidí escribirle.

    -Mándame un video

    -¿de qué?

    -Improvisa, pero quiero que involucres a tu esposa

    Tardaba en contestar y hasta dudé de que lo enviara hasta que me llegó un video algo largo, estaba su mujer hincada frente a él en lo que parecía ser la sala chupando su pene con una venda en los ojos, chupaba mientras gemía y estando totalmente desnuda, me calenté de inmediato así que le envié una foto de mi vagina empapada para que supiera que lo estaba haciendo bien.

    Él le tomaba su cabeza para que entrara más profundo, provocando que casi se ahogara, yo no paraba de masturbarme con fuerza, de pronto él la levantó, la puso boca arriba en el sofá grande y le ordenó que abriera las piernas y ella sin decir nada así lo hizo, ella estaba empapada, su vagina chorreaba y eso me calentaba aún más, estando en esa posición le apretaba los pezones y le daba palmadas en su vagina, deseaba tanto ser ella, todo eso me calentaba tanto que grabe un pequeño video masturbándome y se lo envié sin pensarlo, mientras continuaba viendo como la sodomizaba y le metía el pene en la boca casi como si se la estuviera cogiendo y ella más se mojaba.

    Luego sin decir nada la tomo del cuello firmemente sin llegar a ahogarla, la penetro de golpe, podía escuchar los jugos de su vagina y el golpeteo de su pelvis chocar con ella, yo por mi parte me masturbaba cada vez más fuerte, estaba a punto de tener un orgasmo y gemía casi al mismo tiempo que ella, hasta que no pude más y mojé toda mi cama y hasta el piso, quedé tan cansada que así me quedé dormida pensando en el largo día que me esperaba mañana.

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  • La policía y el ladronzuelo (4)

    La policía y el ladronzuelo (4)

    Esa noche a ambos les costó dormirse. La oficial estaba muy excitada. Aunque no fuera a utilizarlo todavía quería que el ladronzuelo supiera quien mandaba y dejó su puerta abierta. Vestía un suave tanga y una remera holgada. Su mano derecha recorría despacio sus muslos. La izquierda masajeaba con la misma fuerza sus pechos, agarrando a veces la pequeña llave que colgaba entre ellos. Sus caricias le provocaban sonrisas y suspiros. Un suave gemido salió de su boca en cuanto su dedo índice acarició su vagina por sobre su ropa interior.

    Siguió jugando de esa forma con su cuerpo, sobresaltándose cada vez más a medida que sus manos pasaban por sus zonas erógenas. El calor exterior la estaba haciendo transpirar y el interior aumentar su ritmo cardíaco y la hacía apoyarse cada vez más en sus pies y sus hombros. Para entonces ya se frotaba a mediana velocidad sobre su bombacha y gemía a un volumen que era imposible que pasara desapercibido a su huésped.

    Lo más rápido que pudo bajó su ropa íntima hasta las pantorrillas y chupó sus dedos índice y medio. Recorrió con estos por vez primera su sexo, gimiendo dulcemente. Se penetró despacio, disfrutando el placentero roce cada centímetro de sus dedos al ingresar dentro de ella le daba. Los dejó quietos en su interior, metiéndolos y sacándolos a través del movimiento de su cadera, que subía y bajaba a un ritmo medio/alto. Su otra mano se dedicaba a pellizcar su seno izquierdo sobre la remera.

    Ya gritaba poseída cuando empezó a acompañar el vaivén de su pelvis con el de su mano. Eso solo le produjo que gimiera con más intensidad y alcanzara un largo y exquisito clímax. Se quedó acostada, recomponiéndose de a poco, mientras sus manos la acariciaron hasta que se quedó dormida.

    En la otra habitación el ladrón tenía su pene totalmente erecto. Solo pensaba en la manera de frotarse con algo, pero sus ataduras de pies y manos no le permitían mucho movimiento. Subía y bajaba su cadera como lo hacía la policía, pero obteniendo frustración en lugar de placer.

    Al principio creyó que los gemidos de su compañera de piso eran producto de su imaginación. Desde su primera experiencia sexual nunca había estado tanto tiempo sin cogerse a una puta, ya sea de profesión o de alma. Pero el encierro impuesto por la zorra que estaba gozando a pocos metros suyo lo obligaron a cambiar sus planes. Los primeros días no tuvo mayores inconvenientes, pero a medida que pasaba el tiempo la calentura nublaba su juicio. Cuando se le hizo insoportable fue a buscar a su verdugo, pero las cosas no fueron como las había planificado.

    Intentó evadirse de los sonidos que llegaban de la otra habitación, pero su excitación pronto le ganó a su razón y a los pocos minutos estaba imaginando a su torturadora masturbarse frenéticamente. Cuando la oyó alcanzar su clímax llegó a pensar en que daría lo que fuera por poder correrse con ella. Esa noche fue una constante pelea entre el enfado que le provocaba y los límites que estaba dispuesto a pasar con tal que le dejara correrse.

    Cuando Agostina ingresó a su cuarto estaba dormido, pero su miembro no estaba completamente contraído, como no lo estuvo durante todo el sueño del ratero. Repitió la rutina del día anterior, pero la nota dejada ya no fue irónica. Le daba instrucciones de lo que debía hacer y le decía que si todo estaba como ella quería abriría su jaula y quizás hasta le permitiría que se corriera, si hacía caso a todo lo que le pedía.

    Se sorprendió gratamente cuando entró en su departamento. Si bien le faltaba claramente práctica en los quehaceres domésticos todo estaba limpio y ordenado. Más se sorprendió cuando al decirle que lo ataría para poder acomodarse sin preocupaciones fue el propio ladrón el que se dirigió sin protestar a su cuarto. Viendo su buen comportamiento lo dejó desnudo completamente y le dedicó un sensual movimiento de caderas mientras se dirigía al cuarto de baño.

    El pene del malviviente volvió a tomar su máximo tamaño al verla, del mismo modo que se exacerbó su molestia por no poder descargarlo. El ladrón pensaba solo en correrse, no le importaba lo que tendría que hacer para lograrlo.

    -Dado lo bien que te estás portando –la voz de la policía lo sacó de sus pensamientos– voy a darte un pequeño premio.

    Al levantar su vista hacia ella notó que ya no traía su traje. Solo vestía con su antifaz y guantes largos hasta el codo. Como no podía ser de otra manera la pija del cautivo vibró en cuanto la vio. La oficial se acercó despacio y volvió a ponerse sobre su pecho. Sus ojos no dejaban de ver sus senos bambolearse.

    -¿Seguís pensando que solo las lesbianas chupan conchas?

    -No –contestó tragando el poco orgullo que le quedaba

    -¿Y que las mujeres solo servimos para comer pija y tragar leche? –llevó su mano y apretó el pene erecto a su espalda

    -No –la mano en su sensible miembro le dificultaban concentrarse

    -¿Qué hacemos cuando nos damos cuenta que estábamos equivocados? –empezó a masturbarlo muy despacio

    -Nos aahhh –el placer de la paja lo hizo gemir– disculpamos

    -¿Y cómo te dije yo que quiero que te disculpes?

    -Comiéndote ufff –la oficial sintió al ladrón acercarse al clímax y se detuvo sin soltarlo. Un bufido de frustración salió de su ser– por favor, no pares

    -Mmmm me gusta que aprendas a pedir las cosas, pero no terminé de entender tu respuesta

    -Comiéndote la concha hasta que no des más.

    -Me gusta eso –empezó a jalarlo despacio otra vez. El ratero solo pensaba en la mano sobre su aparato y en el suave bamboleo de los senos de Agostina, la que nuevamente se detuvo antes de que acabara.

    -Por favor. Dejame acabar. No puedo más.

    -Primero es mi turno. Si esa boquita tuya sirve para algo más que insultar ambos vamos a quedar satisfechos esta noche. Sino será solo uno de nosotros

    La oficial puso su entrepierna a la altura de la boca del ladronzuelo. Este pasó su lengua sin muchas ganas y algo de asco. Para su asombro el sabor no le resultó desagradable. Al ver que solo la lamía le indicó que la chupara despacio y alternara con lamidas. De a poco fue mejorando.

    Cuando estuvo lubricada lo agarró con una mano de su cabeza y empezó a moverse adelante y atrás sin dejar que se separara de ella. Gemía despacio. Pensar que la inexperiencia del malhechor no era únicamente en las labores hogareñas la hizo sonreír. Igualmente lo veía cada vez más compenetrado. Sus ojos cerrados, su respiración agitada, su boca recorriendo su entrepierna buscando los lugares más sensibles y la mejor forma de estimularlos. Dándose media vuelta vio que lo estaba disfrutando.

    Cuando casi de casualidad dio un lametazo al clítoris la agente gimió por primera vez con intensidad. El ladrón intentó torpemente volver a acertar a ese punto tan sensible tanto con lamidas como con succiones, pero no lograba hacerlo. Los movimientos de la policía encima suyo y la imposibilidad de agarrarla dificultaban mucho esta tarea. Notando esto y sabiendo que era su primera vez complaciendo a una mujer dijo

    -Voy a ayudarte por esta vez –desató una mano– podés agarrarte de mi, pero no vas a correrte hoy –sintió como su equilibrio y la puntería del ratero mejoraban notoriamente– a cambio de esto podés tocarme el culo, que sé que querés hacerlo.

    La oficial empezó en ese momento a gozar de verdad. La falta de experiencia la compensaba con el énfasis que ponía en darle placer. Con las dos manos en sus nalgas guiaba su clítoris al medio de sus labios y alternaba pequeños roces con la lengua, mordiscos y chupones. Agostina lo alentaba a que siguiera y el joven ladrón respondía con ahínco.

    Finalmente empezó a emitir gritos cortos. Al mismo tiempo se penetró a toda velocidad con dos de sus dedos. Gemía y gemía acercándose más al delicioso final. Una mordida más fuerte en su centro de placer le hizo alcanzar su clímax. Mientras se corría no dejaba de penetrarse y gritarle al joven entre sus piernas que no se detuviera. Después de un último y largo suspiro se derrumbó encima suyo.

    Descansaron así unos minutos. Después de recuperada volvió a atar al malviviente y le dio las buenas noches, meneándole nuevamente el culo. El delincuente estaba más caliente que la noche anterior, pero todo su enojo y frustración habían desaparecido.

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  • Mi inicio con las mujeres

    Mi inicio con las mujeres

    Después de desvirgar a mi hijo menor me encontré ante una gran duda, ¿Debía contárselo a mi hijo mayor, con el que además de follar compartíamos todas nuestras aventuras?, Decidí no hacerlo, al menos en un primer momento, quería evitar celos entre ellos, y no deseaba que mi pequeño supiera lo que hacía con su hermano, al menos hasta que nuestra relación no estuviera más consolidada, pero esto tuvo una consecuencia, cuando mi hijo mayor me pidió que comenzara a tener relaciones con mujeres, la primera la madre del amigo con la que él follaba, no me sentí con suficiente fuerza para decirle que no:

    –Oye so cabrón ¿Tu idea no será que terminemos haciendo un trio las dos contigo?

    Él se rio y me respondió:

    –No te digo que no, pero hacerlo con mujeres a ti te dará un nuevo campo para experimentar e igual si tú te lo haces con tu cuñada te será más fácil convencerla de que se lo haga con su hijo.

    ¿Qué no haría una madre por su hijo?, jajaja, el asunto es que de esta manera me implicó en un campo que nunca había pensado experimentar, me contó su plan, lado que Mar, la madre de su amigo le había confesado que su vida sexual había comenzado cuando su marido la dejó, y que follaba tanto con hombres como con mujeres, aunque no con su hijo, le diría que yo era una amiga de su madre a la que acababa de dejar su marido, ý él me habría propuesto que yo fuera a verla para que ella me aconsejara, ya más adelante veríamos que hacíamos con ella.

    No muy convencida acepté, mi hijo me dio su teléfono y yo la llamé tratando de poner voz apenada, y creo que lo conseguí, ella me contesto y quedamos para la tarde del día siguiente en su casa.

    Me puse una falda azul cortita, con unas medias negras y una blusa de flores, además de una cazadora y me encaminé a su casa, cuando ella me abrió la puerta en encontré con una mujer muy sexy, llevaba puesta una camiseta de tirantes y unas braguitas de color azul, pese a estar en el mes de noviembre en la casa hacía mucho calor, debía de tener muy fuerte la calefacción. Tras darnos un beso en la mejilla, me invitó a sentarme en el sofá y a quitarme la cazadora, y luego comenzó a contarme su experiencia, como tras dejarla su exmarido había entrado en una etapa de reflexión, de la que salió tras animarse a tener sexo y decidió tenerlo con todo el que pudiera, tanto hombres como mujeres.

    Tras decir esto acercó su boca a la mía y nos dimos un beso en la boca muy profundo.

    –A mí no me gustan las mujeres, protesté.

    Ya verás como cambias de opinión, dijo volviéndome a besar.

    Y la verdad es que sentir su lengua contra la mía me estaba dando mucho placer sin que pudiera sentir gran diferencia a cuando lo hacía con un tío. Ella debí de notar que me tenía en el bote y con ironía dijo:

    –Si quieres paro.

    Pero yo no tenía ganas de que parara, lo estaba pasando igual de bien que con un tío, y estaba empezando a sentir curiosidad, ella interpretó mi silencio como una muestra de que deseaba que siguiera y nos seguimos besando hasta que llevó una de sus manos a mi culo y comenzó a acariciármelo, y lo hacía muy bien, estaba gozando más de lo que lo hacía con muchos tíos, en un momento dado me anime y yo también comencé a acariciarle el culo, ella siguió animada y me quitó la falda dejándome con un pequeño tanga, después dirigió sus manos hacia mis tetas primero me las tocó por encima de la blusa, y después me alzó esta y se puso a acariciarme las tetas.

    –Menudas tetas tienes, me dijo.

    La verdad es que sus caricias me estaban gustando, se notaba que sabía como acariciar y lo que apetece que te acaricien, nos volvimos a besar de una manera intensa, ella me quitó el tanga y me dijo:

    –Vamos al sofá.

    Pero antes de hacerlo me quitó el tanga y la blusa y me dejó desnuda. Después me hizo tumbarme en ese mueble, ella se desnudó también, comprendí que a mi hijo le gustara, tenía un cuerpo espectacular.

    Una vez tumbadas en el sofá nos volvimos a besar me hizo tumbarme, y poniéndose a un lado de rodillas, llevó una de sus manos a mis tetas y dijo:

    –No me extraña que Iván este loco por estas tetas.

    Aclaro a los posibles lectores que Iván es mi hijo mayor, pero Mar esto no lo sabía pensaba que simplemente éramos amigos, mientras acariciaba mis tetas con una de sus manos, llevó la otra hasta mi coño y estuvo acariciándome un rato, después introdujo uno de sus dedos en él y comenzó a moverlo, entonces me preguntó:

    –¿Quieres que pare?

    No, no quería estaba gozando y así se lo hice saber con mis gestos, ella se dio cuenta de que ya era suya, se movió y supo su cabeza a la altura de mi coño, volvió a meter su dedo dentro y sacando su lengua comenzó a lamerme la parte superior de mi coño, era muy placentero, en ese momento estaba gozando con ella más que con muchos de los tíos con los que había estado.

    Ella era consciente de que me había conquistado, así que siguió con su penetración y yo no pude resistirme mucho, de esta manera tuve mi primer orgasmo con una mujer. Cuando su dedo notó que me corría, lo sacó y metió su lengua plenamente en mi interior tragándose todo mi líquido, en ese momento, admití mi derrota y le dije:

    –Muchas gracias, esto es mucho mejor de lo que he experimentado con muchos tíos.

    Ella se rio y dijo:

    –Ya te había dicho que te iba a gustar, pero ahora te toca a ti hacérmelo.

    Se tumbó en el sofá con las piernas bien abiertas, me animó a acercar mi cabeza a su coño.

    –Nunca lo he hecho, dije, con miedo de no estar a la altura

    –Cariño me encanta ser yo quien te desvirgue lésbicamente, dijo ella.

    Yo tímidamente acerque mi lengua a su coño y la introduje en su interior, me encantó su sabor, me habían chupado el coño muchas veces, ahora estaba del otro lado, así que pensando en lo que me gusta pase mi lengua por toda la superficie entreteniéndome en los puntos que a mi más me gusta que me toquen, ella me dijo:

    –Lo estás haciendo muy bien cariño, vas a ser una buena comecoños.

    Sus palabras me animaron a seguir, estaba riquísimo, estaba descubriendo una nueva forma de dar y recibir placer. Y lo hice hasta que ella dijo:

    –Me corro.

    Por primera vez en mi vida había conseguido que una mujer se corriera, quería saborear su coño en ese momento y cuando sentí como sus líquidos bajaban por su coño me puse a lamerlos, eran deliciosos, en ese momento tuve claro que mi faceta lésbica acababa de comenzar.

    Ella se recuperó al momento, y me pido que fuera yo quien me tumbara en la cama, me besó apasionadamente y me dijo:

    –¿Lo has disfrutado?, ya te había dicho que ibas a gozar mucho, si te apetece te presentare a algunas amigas que a veces nos reunimos para disfrutar.

    Creo que en la expresión de mi cara vio la aprobación a su idea, llevó una de sus manos a mi coño y me lo acaricio, después introdujo un dedo en él y comenzó a realizarme una especie de masturbación que me encantó, mientras con su boca fue bajando por mi cuello, mis tetas y mi vientre, hasta llegar a mi coño y, sin sacar su dedo de dentro de él, comenzó a besármelo.

    Se te nota que disfrutas, me dijo, ya verás como lo vamos a pasar con otras chicas del grupo.

    Mientras me decía esto su dedo seguía atacando mi coño, era mucho más pequeño que una polla de un tío normal, pero sin embargo proporcionaba tanto o más placer que ellas, con esto no tardé en correrme.

    –Eres muy sensual, dijo ella, las dos juntas, o por separado vamos a vivir grandes aventuras, quizá comenzando por tu vecinito Iván.

    Mar no sabía que en realidad Iván era mi hijo y nuestro acuerdo era no contárselo hasta que no la hubiéramos metido en nuestro juego, mientras yo debía, y me apetecía, meterme en el suyo.

    Llevé mi mano hasta su coño y me puse a acariciarlo, ella al sentir mis dedos comenzó a gemir, yo me animé y la introduje uno de ellos en el interior de su coño, su tacto me encantó, por un momento me lo saqué y lo introduje en mi boca, el sabor de sus flujos, me encanto su sabor.

    En ese momento ella me pidió que me tumbara en la cama con las piernas bien abiertas, ella se puso encima de mí y rozó su coño contra el mío, fue una sensación increíblemente maravillosa, en ese momento me di cuenta de que había descubierto una nueva manera de dar y obtener placer, el sexo con mujeres había llegado a mi vida para quedarse. Mientras nos rozábamos los coños nuestros labios se juntaron en un beso que me supo a gloria. El calor que se daban nuestros coños hizo que me corriera nuevamente.

    Me pidió que me girara y cuando lo hice, con sus manos acaricio mi culo, y me dijo:

    –Otra de las cosas que le encantan a Iván.

    Se puso a lamerme los cachetes de mi trasero, estaba descubriendo otra fuente de placer mientras gozaba de una manera increíble. Después par mi sorpresa volvió a introducir uno de sus dedos en mi coño, pero con la otra mano metió uno de sus dedos en mi culo, de esta manera me estaba follando, con sus dedos, por mis dos agujeros a la vez, era la primera vez en mi vida que me hacían eso, y ella sabía cómo hacerlo, volvió a hacer que me corriera. Después ella dijo:

    –Te voy a presentar a un amigo.

    ¿Íbamos a hacer ya mismo un trio con algún chico? Ella fue hasta su mesilla de noche, abrió uno de los cajones y de allí sacó un objeto de goma con forma de una polla de un buen tamaño, y me comentó:

    Este fue mi primer amor después de que mi marido me dejara, tras unos meses deprimida, un día curioseando entre en una tienda de productos eróticos y allí vi uno, me animé a probarlo y me hizo olvidarme de mi marido, y quizá no te vendría mal comprarte uno tú, pero luego me di cuenta de que me faltaba trato humano y me fui animando a probar cosas nuevas en el sexo.

    Mientras decía esto con el aparato en la mano fue viniendo hasta la cama donde yo la esperaba tumbada, nunca había probado un pene artificial, pero al parecer ese era el día de experimentar cosas nuevas, ella se puso sentada a mi lado con su amigo en la mano, llevó su otra mano a mi coño y me lo acarició, después me abrió el coño, con nuestra actividad de esa tarde lo tenía muy mojado, así que no la costó nada arrimar su aparato a la entrada del mismo y me lo metió, era de mayor tamaño que la polla de mi marido, de mis hijos, o de cualquier otra polla que hubiera probado, me produjo un placer indescriptible, comencé a gemir de una manera muy intensa mientras ella me decía:

    –¿Verdad que te gusta?

    Creo que en la expresión de mi cara se podía ver que sí, me estaba haciendo disfrutar muchísimo, ella sabía cómo manejarlo, me estaba volviendo loca de placer y insistió:

    Ya me había dado cuenta de que tienes espíritu de putilla, de mujer con muchas ganas de disfrutar del sexo en todas sus vertientes ya verás que bien lo vamos a pasar.

    Y mientras decía esto su consolador seguía dentro de mi coño moviéndose a un ritmo perfecto para darme el máximo de placer posible, hasta que finalmente exploté en medio de un orgasmo increíble. Tras ello ella me sacó el aparato de mi coño, yo la pedí que acercara su boca a la mía y nos volvimos a fundir en un beso increíble, lo que me estaba pasando desbordaba todas mis expectativas. Después fue ella la que me dijo:

    –Ahora te toca a ti.

    Y con sus manos cogió el consolador y lo puso en mis manos. Comprendí que su idea era que fuera yo la que la penetrara con el aparato, iba a ser la primera vez que hiciera algo así, aunque de joven me hubiera metido en el coño alguna zanahoria e incluso algún pepino no muy grande, estaba nerviosa, pero ella me dijo:

    –Cariño si pensara que me puedes hacer daño no te lo propondría, si lo hago es porque sé que me vas a hacer disfrutar muchísimo.

    Animada por su confianza cogí el juguete con mis manos, y lo acerqué a su coño, ella sonrió y dijo:

    –Métemelo, cariño, métemelo.

    Animada por sus palabras conduje el aparato hasta la entrada de su coño y se lo introduje. Ella al sentirlo comenzó a gemir y me dijo:

    –Muy bien, mi amor, sigue adelante,

    Y yo utilizando el aparato comencé a moverlo en el interior de su coño, en ese momento comprendí a los hombres y su sensación de poder cuando meten su polla dentro de una mujer, como mujer que había recibido varias pollas en mi vida creo que no me fue difícil encontrar el ritmo apropiado para que mi amiga gozará de la manera más intensa posible.

    Sus gemidos me hacían ver que lo estaba logrando, comencé a mover el aparato con una de mis manos, mientras con la otra me pue a acariciar sus tetas, la verdad es que eran deliciosas, no me extraña que a mi hijo le volvieran loco, de esta manera ella empezó a gemir de una manera cada vez más intensa hasta que noté como un gran orgasmo sacudía su cuerpo. Ella me abrazó y me dijo:

    –Cariño lo has hecho muy bien, esto lo tenemos que repetir más veces, aunque igual deberías comprarte uno para ti, para que pudieras gozar cuando te apeteciera, aunque no tuvieras compañía.

    Mar se había creído las mentiras de mi hijo y se pensaba que yo era una recién separada solitaria, jajaja, yo la bese en la boca y la dije:

    –Prefiero hacerlo contigo

    –Lo haremos y te presentare a otras amigas.

    –¿Alguna que no conozca Iván?, la pregunté.

    –Por supuesto dijo ella, pero ahora hagamos una de las cosas más deliciosas que pueden hacer dos mujeres., me dijo.

    Y me pidió que me tumbará sobre la cama con el coño bien abierto, lo hice, ella se tumbó encima de mi en posición invertida, de manera de el coño de cada una quedó al alcance de la boca de la otra, ella introdujo su lengua dentro del mío y yo hice lo mismo con la mía en el suyo y comenzamos a lamernos, era algo increíble comer un coño mientras sentías como la lengua de tu compañera te come el tuyo es de las mejores cosas que puede sentir una mujer.

    Yo sentía que estaba alucinando, ella sabía donde atacar mi coño para hacerme gozar y creo que lo que me estaba haciendo sentir me ayudaba a buscar lo que debía de hacer yo para hacerla sentir lo mismo, el asunto es que no tarde en correrme, pero no la deje moverse de arriba y seguí atacando su coño con mi lengua hasta que la oí gemir de una manera tan intensa que me demostraron que estaba teniendo un orgasmo, esto me hizo sentirme satisfecha.

    Después ella si me movió, se colocó a mi lado y nos volvimos a fundir en un beso muy apasionado. Tras ello las dos dimos por terminado nuestro encuentro, nos vestimos, las dos sabíamos que íbamos a repetir. Yo estaba preocupada por como reaccionaría cuando descubriera el engaño a que mi hijo y yo la habíamos sometido.

    Mientras volvía a casa pensaba en lo sucedido, había descubierto el sexo con mujeres que no sustituía al sexo con jóvenes que parecía haberse convertido en mi especialidad, pero le complementaba.

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  • Una vecina del pueblo

    Una vecina del pueblo

    Me llamo Jorge y tengo 35 años, hace un par de meses mi mujer falleció en un fatídico accidente de coche dejándome solo con mis dos hijos. Ahora es verano, en esta época solíamos ir todos a pasarlo con sus padres en la sierra, en un pueblo de 10 habitantes. Este año no me sentía con fuerzas de pasar las vacaciones allí, pero decidí ir el fin de semana por mis hijos.

    El día era soleado, después de comer me fui a dar un paseo por los caminos que se adentraban en el monte. A medida que caminaba empecé a pensar en las mil travesuras que habíamos hecho mi mujer y yo por aquellos lugares, las miles de veces que nos pusimos a follar con el morbo de ser descubiertos.

    A la mente se me vino su esbelto cuerpo desnudo, los momentos en los que jugaba con sus grandes pechos, lamiendo, mordiendo y apretando sus pezones hasta dejarlos duros, podía incluso oír de nuevo sus gemidos, el placer que me daba cada vez que me hacía una mamada con su deliciosa lengua. Aquello me estaba poniendo a cien, sentía como mi polla palpitaba dura dentro de mi pantalón, unas enormes ganas de masturbarme recorrieron mi cuerpo; me di cuenta de que estaba lejos de casa, miré a los lados y por aquel camino no se veía a nadie, así que me senté en una roca cómodamente y bajé la cremallera para saciar ese deseo.

    Mi miembro salió deseoso, erecto, lo agarré y comencé a pajearme lentamente, no quería acabar rápido, quería disfrutar el máximo tiempo posible. Poco a poco mi excitación creció al mismo tiempo que sincronizaba mis movimientos con los recuerdos de como la penetraba, como disfrutaba al sentir la humedad de su sexo todo mojado por el placer.

    Aquellas imágenes hicieron que me emocionara, de repente me sentí incapaz de seguir y las lágrimas recorrían mis mejillas. En ese instante escuché un ruido que me sobresaltó, al levantar la cabeza vi a una mujer salir de unos arbustos, era la señora Alicia, una vecina también viuda de 55 años, se podía ver que conservaba el atractivo de su juventud pese a estar rellenita.

    Me levanté sonrojado y avergonzado por la situación mientras se acercaba a mí. Al llegar a mi lado pude ver en su rostro una mirada maternal y de ternura, recuerdo aún la conversación

    -Perdóneme, creí que estaba solo. -Le dije.

    -Tranquilo, perdóname tú por estar espiando. Deja que te ayude. -me respondió

    Sus palabras me pillaron tan de sorpresa que la dejé hacer sin decir nada. Se arrodilló, desabrochó el pantalón y me los bajó junto con mis calzoncillos.

    -Ahora siéntate en la roca y cierra los ojos. -dijo.

    Obedecí como si hubieran sido órdenes, al instante sentí como agarraba mi polla, que había perdido gran parte de su erección. Muy lentamente comenzó a masturbarme, con mucha suavidad, de arriba a abajo, era una sensación muy agradable. Casi al momento recuperé mi erección, la sentía otra vez vigorosa y dura. Ella aprovechó para incrementar el ritmo, sus manos expertas hacían que fuera más placentera aún.

    Noté como su otra mano me acariciaba el muslo, apretándolo con fuerza, dirigiéndose hasta mis testículos y comenzando a jugar con ellos. Mi respiración se volvió rápida, aunque cuando más se me aceleró fue cuando sentí su húmeda lengua presionando mi glande, no podía creer todo aquello, pero no quería detenerlo. Lamió toda mi polla de arriba a abajo sin soltarme los testículos, lo hacía de vicio y consiguió que me pusiera a gemir.

    Al poco deslizó su dedo índice hasta mi ano, sin detenerse me lo introdujo; no me alteré pues era una práctica que ya había experimentado con mi mujer, sus movimientos activaron ese punto masculino que siempre nos negamos a dejar estimular.

    En ese instante me volví loco, era incapaz de imaginar nada, solo sentía las descargas de placer que inundaban mi cuerpo proporcionadas por sus manos y su lengua. Deseé que nunca se detuviera, agitaba mi rabo de forma salvaje, aquello era tan fuerte que sentí como llegaba mi orgasmo; entre jadeos se lo advertí, casi le grité que no podía aguantar más. Retiró su dedo y se introdujo mi polla en su boca, noté mi capullo sobre su lengua, exploté en un bestial orgasmo, no dejaba de gemir mientras podía sentir como a cada meneo de su mano salían chorros de esperma.

    Abrí mis ojos, podía ver a la señora Alicia entregada a su cometido. Era tan excitante que no podía para de eyacular, tal cantidad provocaba que se le escapara de su boca como una cascada de agua. No paró hasta que sintió la última gota y mi agitación empezaba a disminuir. Nos miramos, pude ver como aún tenía en la boca parte mi semen que no se le había escapado, yo sabía por mi esposa que una cosa era que una mujer llenara su boca de esperma y otra muy distinta que estuviera dispuesta a tragarlo, por eso me sorprendí al ver que hacía lo segundo. Me vestí y nos despedimos entre agradecimientos mutuos.

    Después de aquella experiencia, decidí pasar todo el verano allí como siempre, lo que alegró a toda la familia. Yo visité a menudo a la señora Alicia, nos pasábamos las tardes conversando, descubrí que había sido la maestra que enseñó a mi mujer todo lo que sabía de sexo y por supuesto a mí también me enseñó.

    Aquel verano fue la mejor terapia que pude tener y la que me ayudó a salir adelante como una persona nueva.

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  • Lo que comenzó siendo una fantasía con el mecánico

    Lo que comenzó siendo una fantasía con el mecánico

    Os voy a contar mi última fantasía que por fin he podido llevar a cabo. Siempre me habían llamado mucho la atención los mecánicos, con sus monos y sus manos manchadas de grasa. Y hace unos días, localicé a uno realmente cachondo y decidí echarle ovarios al asunto. Así que, inventando la excusa de mi horario de trabajo, conseguí que me hiciese una revisión del carro una vez que hubiera cerrado. Y la historia sucedió así:

    Entré con mi carro en el taller y mi mecánico, a partir de ahora favorito, cerró el portón detrás. Iba vestida con una falda muy corta negra con vuelo, una blusa verde claro de una tela muy fina, sin sujetador y abierta, unas sandalias y el tanga más pequeño que tengo. Esperé dentro del coche a que el cerrase el portón y fuese hasta el capó para bajar del coche.

    Él me dijo que le diera a la palanca para abrir el capó y yo lo hice a través de la ventanilla estirándome mucho para que pudiera ver el principio de mis nalgas. Luego él se puso manos a la obra mientras charlábamos y me iba indicando cuales eran los problemas del motor, a lo que yo no hacía mucho caso porque no tengo ni idea de mecánica, aunque me agachaba para ver lo que me indicaba. Cuando lo hacía el no perdía oportunidad de mirarme el escote.

    Yo no me preocupaba en aguantar la blusa con la mano para que no cayese mucho por lo que tenía una buena visión que se iba notando en su paquete que empezaba a abultar bajo su mono. Yo alababa su buen hacer y, cuando parecía que iba a acabar, puse en marcha la segunda parte del plan. Fui hasta el maletero y saqué las cervezas que llevaba en una neverita de playa y le ofrecí una. Él dijo que con clientes así daba gusto trabajar, frase que aproveché para decirle que había que cuidar a los que nos hacían favores porque yo, con mi horario, si no fuera por gente tan amable como el, no podría hacer muchas cosas y por eso se lo quería agradecer.

    El me miró con una sonrisa pícara mientras yo me acariciaba con la lata helada los pezones para que se marcaran bien a través de la blusa, algo que pronto llamó su atención. Y decidí dar un paso más. Me senté en el lateral del carro, con una pierna doblada de modo que, si se acercaba a esa zona, vería mi colaléss blanco ya ligeramente húmedo porque yo me estaba poniendo muy caliente. Pero el siguió a lo suyo, aunque mirando de vez en cuando, por lo que me levanté y di una vuelta por el taller para ver si había alguien más.

    No encontré rastro de nadie, así que regresé junto al carro. Él estaba cambiando una pieza mientras me contaba que era una alocada por conducir el coche tal como estaba. Yo me acerqué en ese instante y le dije que sí, que era muy alocada y que no sabía cómo podía agradecerle el favor tan grande que me estaba haciendo porque mañana salía de viaje.

    Me puse pegadita y el bajando el capó, se mira a su paquete ya manifiesto y me dice: “pues apagando el fuego que llevas provocando media hora”. No sabéis lo que me alegró esa frase que daba vía libre a mi libido desenfrenada. Enseguida dejé mi cerveza y, sin dejar de mirarlo a los ojos, le puse mi mano sobre el paquete y con una voz sugerente y pasando mi lengua por los labios, le dije: ” déjame hacer”.

    Estaba duro como una piedra y parecía muy grande. Él se mantenía pasivo, quizás no creyéndose que estuviese viviendo algo que parecía salido de una peli porno. Yo seguía acariciándolo y cogiendo una mano suya se la puse en mis pechos. Mi blusa quedó negra enseguida y él no se cortó en estrujarlas mientras yo iba abriendo su bragueta y liberando ese trozo de carne que tantas ganas de metérmelo en la boca tenía. Me arrodillé y besé su verga que apuntaba al cielo, estaba tiesa como un palo y aquello me decía que iba a soltar mucha leche.

    Pasé primero la punta de mi lengua por su glande, haciendo círculos y luego recorriéndola de arriba abajo, mordisqueando sus huevos. Luego, cuando ya empezaron a fluir sus primeras gotitas que tan ricas saben, la fui tragando poco a poco, apretando con mis labios y lamiendo con la lengua hasta que me la metí hasta donde pude y el empezó a moverse, me estaba follando por la boca mientras me iba engrasando el pelo al marcarme el ritmo. Gemía sin control y empezaba a ser un poco bruto, pero paró y empezó de nuevo despacio y fue acelerando de nuevo. La verdad es que se hizo con el control enseguida y poco me quedó a mí de elección hasta el final.

    Volvió a parar y me levantó. Me quitó la blusa mientras yo le bajaba el mono hasta la cintura descubriendo un torso muy bonito y se lanzó sobre mis tetas que lamió, mordisqueó y sobó a conciencia mientras sus manos me seguían machando y excitando más y más. Se colaron por debajo de la faldita para estrujarme las nalgas y yo le pajeaba. Y él se iba agachando, besando mi barriga, deteniéndose en el ombligo mientras sus manos ennegrecían mis tetas y yo al verlas me ponía más caliente. Me arrancó el cierre de la falda y la tiró, me miró desde mi entrepierna y me dijo: “ya verás lo que hago con tu conejito”.

    Me quitó el colaléss y hundió su boca en mi conchita húmeda y se la tragó enterita, la lamía con maestría el cabrón, pellizcaba mi clítoris con sus labios, su lengua entraba y salía de mi vagina y yo me estremecía. Verlo a mis pies, dándome ese placer, con mi cuerpo lleno de manchas negras provocó que notase como mis muslos temblaban cada vez más, como se contraía mi cuerpo en lo que se anunciaba un orgasmo fantástico que pronto llegó mientras él no paraba de chupar, de succionar y de lamer.

    Lo aparté un poco y el me tumbó sobre el coche, me abrió las piernas todo lo que pudo y dirigió su verga directamente a mi conejo, la apoyó en la entrada y muy lentamente la fue metiendo hasta el final. Estaba en la gloria y el empezó a a follarme como solo los machos saben hacerlo: con una energía brutal, metiendo y sacándola con fuerza, oyendo el chof-chof que provocaban mis jugos y el golpear de sus pelotas contra mi cuerpo.

    Me agarraba las piernas para que estuvieran bien separadas y no quitaba la vista del bamboleo de mis tetas. Yo miraba su cara de esfuerzo y loqueaba viendo aquellas manos negras sujetando mis muslos. De repente, paró de golpe, dejándolo entera dentro de mí, me mira y me dice que quiere correrse sobre mi cara, que una calentorra como yo es lo que se merece.

    Yo me bajo y se la chupó como una loca mientras él me pide que lo mire, la lamo, me trago sus huevos mientras él se masturba, me golpea con ella en los labios y yo veo que se hincha y me la trago de nuevo porque quiero tragarme su leche, pero él la saca, me agarra del pelo y la pone al lado mi boca y un chorro poderoso me golpea en la mejilla y luego más pero el ya perdió el control y puedo tragarme sus gotas ultimas mientras se la limpio. Él me levanta, me apoya boca abajo y me la mete de nuevo pero ya dura poco. Su polla se queda flácida y se retira. Yo me quedo tumbada sobre el coche, desnuda, disfrutando de la sensación, notando mi piel manchada de su grasa y también de su semen.

    Luego se viste, me abre el portón en clara indicación de que me vaya. Así que me monto en el coche, aun desnuda. Por el camino, me puse la blusa rota que no me tapaba un pecho y en el garaje la faldita. Ahora voy a darme una ducha larga y a recordar lo bien que lo he pasado.

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  • Follada anal en el descampado

    Follada anal en el descampado

    Era un sábado normal, quedamos para salir y estar con unos amigos y fuimos a un descampado en el cual no hay mucha gente, para beber y estar un rato tranquilos.

    Mientras bebíamos había un gran ajetreo de coches que subían, y lo más normal es que, al ser un descampado alejado, fueran para follar.

    Dijo mi novia:

    -¿De dónde vendrán?

    Y la gente con la que estábamos empezó a reírse. Dijo una amiga suya:

    -Pues de follar. ¿No ves cómo tienen los cristales, totalmente empañados?

    Mi novia cambió la cara y me dijo:

    -Jjjj, ya sabemos otro sitio más.

    Estuvimos un rato más, tranquilos, bebiendo, fumando los que fumaban, y se hizo tarde (alrededor de las cuatro de la mañana). Nuestros amigos querían irse a casa, así que los llevamos, porque yo era el único que tenía coche.

    Mi novia estaba muy cariñosa, y me dijo:

    -¿Ya te quieres ir a casa?

    -No. ¿Qué te apetece? -le contesté.

    Se acercó, me dio un beso y me cogió fuertemente la polla con la mano.

    -Podíamos ir al sitio de antes.

    -Me parece bien.

    Llegamos al descampado, aparcamos y nos pusimos cómodos.

    Nos acercamos, nos besamos y empezamos a desnudarnos. Yo tenía aún mis calzoncillos y ella sus braguitas.

    Empezamos a acariciarnos cada uno el sexo del otro, y yo, como podía, le comía las tetas y se las tocaba con la otra mano.

    -Mmmm, me encanta como me comes las tetas -me dijo

    -Y a mi comerlas -le dije.

    Ella buscó mi polla para comerla, despacito, mmm, cómo me gustaba.

    Me encantaba, movía la cabeza, de arriba abajo, como se metía la polla entera y succionaba. No podía parar de jadear.

    -Oh, ohhh, sigue -decía

    -Mmmm, que polla más rica.

    Ella tenía toda la polla para ella, y empezó a pajearla cerca de la lengua, esperando leche.

    Tenía la luz encendida y su cara de guarra me ponía loco.

    Le toqué el coño y lo tenía empapado. Le dije:

    -Ufff, guarra, como lo tienes

    -Sii, fóllame.

    La abrí de piernas y se la metí lentamente. Despacito, luego cada vez con embestidas más fuertes.

    -Oh, ohhh, ohhhh -mi jadeo iba en aumento.

    -Mmmm, sigue -el suyo también.

    Se oía el sonido y llegar al final. Así estuvimos un rato hasta que dijo:

    -Mmmmm, fóllame el culo.

    La saqué despacito y se puso de espaldas a mí.

    Le toqué sus jugos vaginales y se los llevé al culito, chupándoselo también un poquito.

    Se estaba empezando a hacer de día, que rápido pasa el tiempo.

    -Métemela, pero despacito, no seas bestia -me dijo.

    -Vale, tranquila.

    Empecé a meterla, era un poco difícil, cuando una gran parte estaba dentro empezó a chillar.

    -Agh, aghhh, sácala

    -¿Qué pasa? -dije.

    -Me duele mucho, sácala y vuélvela a meter.

    La saqué despacio y volví a intentarlo. Iba entrando:

    -Sí, si, así.

    Notaba que entraba toda.

    -Sí, si, así, la noto -me decía

    Pegué un último arreón y noté que ya estaba dentro.

    -Mmmm, sí, me gusta -Me decía

    -¿Quieres que acelere? -Respondí.

    -Si, si, si, mmmm.

    Empecé a embestir, cada vez más rápido, notaba la presión, mmm, era increíble.

    -Ohhh -no podía parar de gemir

    -Sigue, sigue -decía mi chica.

    En ese momento una cabeza se puso en la ventana. Era el típico viejo que se levantaba a las siete para ir a pasear. Nosotros seguimos debido al placer. El viejo siguió palante, pero miraba de vez en cuando hacía atrás. No me extrañaba que se hiciera una paja, si allí era todo campo y no había nadie. Pero eso ni nos iba ni nos venía, nosotros seguimos, estaba cerca de correrme.

    Cada vez iba más rápido, notaba que le estaba reventando el culo y me gustaba. Veía que me iba y la avisé.

    -Ohhh me corrooo. -le dije.

    -Mmmm, si, si, córrete en todo mi culo.

    Pegué un par de embestidas más y me corrí con todas mis fuerzas.

    -Mmm, ohhh -que gran gemido pegué.

    La saqué, nos abrazamos y nos dimos un beso.

    Le pregunté:

    -¿Te duele? ¿Te ha gustado?

    -Claro que me ha gustado, fiera -contestó.

    Nos vestimos y nos fuimos rápido, era ya de día y cada vez había más ajetreo de gente por ahí.

    Había sido una gran noche. Además, le habíamos alegrado la mañana al viejo.

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  • Follada salvaje con un pastor

    Follada salvaje con un pastor

    Íbamos relajados en el coche, de noche, ya en camino de montaña, de escapada de fin de semana, hasta que debido al mal estado de la carretera y a la tormenta, mi marido perdió el control de vehículo hasta caer en una cuneta, gracias a Dios estábamos bien, pero por más que lo intentamos no fuimos capaces sacar el coche de donde había quedado atascado.

    Llamamos al servicio de asistencia quien nos dijo que debido a la tormenta que se preveía hasta mañana por la mañana era imposible que pudieran venir a remolcarnos, teníamos que pasar la noche en el coche.

    ¡Vaya faena!

    Consultamos el mapa y el hotelito rural parecía estar bastante cerca, como la tormenta parecía hacer una pausa, decidimos intentar llegar hasta él.

    Cogimos la mochila con algo de ropa, las carteras, móvil…

    Ya tarde, tras mucho caminar sin duda nos habíamos equivocado en algo porque no dimos más que la naturaleza y todos esos ruidos nocturnos que me ponían los pelos de punta, para colmo de nuestra mala suerte la tormenta parecía volver a demostrar toda su fuerza, estábamos a punto de dar media vuelta y regresar al coche aunque ya hubiese quedado muy atrás cuando vimos un luz en lo que parecía la cabaña de un pastor, nos dirigimos allí a toda prisa ya que empezaban a caer las primeras gotas.

    Mi marido golpeo varias veces con fuerza la puerta hasta que se oyó unos movimientos lentos y pesados acercase hasta ella.

    ¡Nos hemos perdido!

    La puerta se abrió dejando a la vista a un hombre ya maduro, de complexión gruesa, ancho de espalda, no muy alto, con rasgos en la cara que demostraban su vida a la intemperie, que tras salir de la sorpresa, nos dejó pasar amablemente, nos calentamos junto al fuego, el hombre era poco hablador, taciturno, pero se comportó con cortesía.

    Tras cenar algo, el pastor nos ofreció la única habitación de la cabaña para que durmiésemos allí, saqué un par de cosas de la mochila, camisón y bata, para cambiarme y dormir, me desnudé, por completo y me puse el camisón, nos pusimos a hablar tumbados en la cama hasta que finalmente mi marido se quedó dormido, estaba a punto de quedarme yo también dormida cuando recordé que la mochila con las carteras habían quedado en la habitación principal, preocupada por un posible hurto, me levante, me puse la fina bata que tenía, apenas me llegaba hasta los muslos, despacio abrí la puerta con cuidado, por no hacer ruido.

    Mire por la apertura, parecía que no había nadie así que termine de abrir la puerta y me dirigí a la mochila, mi marido como siempre al sacar su ropa lo había dejado hecho todo un desastre así que me incline y recogí la ropa, llevaba un ratito así cuando oí como un murmullo detrás mío, me giré para ver de que se trataba, era el pastor, que estaba en una esquina en la penumbra tranquilamente recostado en una silla, no me decía nada pero no me quitaba ojo mientras continuaba haciendo ese murmullo inteligible, me erguí de golpe e instintivamente con una de mis manos estire la bata intentando cubrir un poco mis muslos desnudos.

    –La mochila, acerté a decir para romper el hielo

    El hombre no dijo nada excepto ese murmullo como visceral, cogí la mochila y me metí en el cuarto todo lo deprisa que pude, cerré la puerta, me tumbé en la cama y al instante me quedé dormida.

    Un ruido, un ¡plam! Me despertó.

    Mi marido seguía profundamente dormido, le di un codazo, pero ni por esas, me dirigí de nuevo a la puerta y volví a entreabrirla ver a que se debía ese ruido, la puerta exterior estaba abierta y por el viento, golpeaba haciendo ese ruido, fui a cerrarla, pero antes eché un vistazo en el exterior, en el pequeño establo de al lado había luz.

    ¿Qué demonios debía estar haciendo a esas horas?

    Me acerqué hasta una de las minúsculas ventanas del establo, me asome, el pastor estaba justo ahí, tan cerca que pensé que me habría visto pero no fue así, la diferencia luz-oscuridad me protegía.

    El hombre desatándose la cuerda que llevaba por cinturón se bajó los pantalones dejando a la vista su pene.

    Mis ojos se abrieron como platos era una polla enorme, dejando normal a la polla de un negro dotado y ni que contar de esas mini pollas de América y Asía.

    Era larga, gruesa y a pesar de ello se podía apreciar que era muy dura, se masturbo durante un momento hasta que un relámpago hizo que el hombre se girara hacia mi ventana, me agache de inmediato y un segundo después volví a mirar, me tranquilizo ver que él seguía con su faena, decidí volver a la casa para no ser descubierta.

    Me metí en la cama y me quede dormida, creo que soñando con la escena que acaba de ver, por la mañana, mi marido, ya despierto y vestido me zarandeaba.

    –Cariño, ya voy yo hasta el coche en cuanto lo saquen de la zanja te recojo así no hace falta que te pegues tú también la caminata, –me dio un beso en la frente y se marchó.

    Tras dar un par de vueltas en la cama y no poder volver a conciliar el sueño, me levanté, volví a recoger la ropa que mi marido había vuelto a dejar desperdigada alrededor de la mochila.

    Será posible siempre lo deja igual, es un desastre. –pensé.

    Entonces la vi, era una de mis mini faldas, de las más cortitas, vaya creí que estaba en las maletas del coche, la iba a guardar cuando se me ocurrió una idea para divertirme un rato con el pueblerino, me desnude por completo y me puse la mini, me quedaba de infarto y más con los pechos desnudos, acaricie mis piernas desde las rodillas hasta los muslos, notando lo suaves que son luego me di un palmadita en el culito que firme lo tienes, me dije, y por último apreté mis pechos tirado de mis pezones, redondos, grandes, perfectos.

    Como era lógico no llevaba nada en esa mochila a conjunto con esa mini así que tras mucho mirar y dudar, me puse lo que creí sería más sexy, una camiseta interior blanca de tirantes de mi marido.

    Cuando salí, el pastor estaba haciéndose el desayuno de espaldas a mi de forma que no me vio, me acerque a la puerta principal y la abrí, la tormenta había pasado y el sol brillaba, el hombre se giró y yo aproveche para desperezarme haciendo notar aún más las sensuales curvas de mi cuerpo.

    Pude en sus ojos una mirada de deseo contenida.

    –¿Qué hay de desayuno?

    El hombre sirvió otro tazón de leche y nos sentamos en una pequeña mesa cuadra cada uno a un lado, yo miraba el tazón de leche mientras él se echaba una migas de pan dentro y no dejaba de mirarme.

    –¿No hay azúcar?

    El pastor hizo un gesto con la cabeza indicado un botecito es un estante de la cocina, me levante y camine contoneándome lo más que pude, cuando me senté lo hice lentamente a la vez que la mini se me recogía en exceso, él parecía que resoplaba como un toro a la vez que engullía la leche y el pan.

    ¿Y ahora qué más? Pensé

    Ah ya sé, cogeré el tazón de leche y me lo beberé despacito como si bebiera otro tipo de leche, si eso voy a hacer, que gran idea.

    De hecho, la idea me gusto tanto, que mis pezones se pusieron duros y se hicieron notar a través de la camiseta, el hombre bajo de inmediato la cabeza

    Y se centró en el desayuno, pero murmurando de nuevo como lo había hecho la noche anterior, vaya así que por eso murmuraba estaba caliente mirándome a escondidas mientras recogía las cosas de la mochila en bata.

    Ahora era mi turno se lo iba a hacer pasar mal, me retoque el pelo con ambas manos y bajándolas hacia mis pechos me los reajuste sobre la camiseta, iba a coger el tazón para sorberlo como había pensado, cuando el hombre se levantó como una fiera dirigiéndose hacia a mi apenas me dio tiempo a levantarme y el cogiéndome con una mano por el cuello me levanto haciendo que a duras penas tocara de puntillas.

    –¡que hace suélteme!

    Pero él ya se dirigía hacia el dormitorio todavía con su mano en mi garganta me tumbó sobre la cama y con su mano libre comenzó a magrearme los pechos con fuerza.

    –¡no! ¡no! Déjame hijo de puta

    Él de un tirón me arrancó la camiseta dejando mis pechos al aire, se inclinó sobre mi y comenzó a lamerlos por entero llenándomelos de saliva luego se echó para atrás y de otro fuerte tirón me arrancó la minifalda dejando mi sexo húmedo y depilado a la vista, con su mano libre se empezó a deshacer el nudo de la cuerda que sujetaban su pantalones

    Empecé a chillar moviendo las piernas intentado liberarme, era inútil.

    Grite el nombre de mi marido un par de veces hasta que finalmente aquella enorme polla se apoyó en mi rajita a la entrada de mi vagina y de un fuerte empujón se coló dentro de mi.

    Volví a gritar pero esta vez de placer, el volvió a embestirme con fuerza y su polla quedo mojada por mi jugos vaginales, yo gemía y me retorcía de gusto.

    Él se paró como desconcertado.

    –Vamos no te pares ahora, dame fuerte, vamos follame con ese pollón que tienes.

    Soltó mi garganta y sujetándome con fuerza por la tetas comenzó a follarme más y más deprisa hasta que toda su polla entró en mi interior, estaba con la piernas tan abiertas que pensaba que me iba a partir pero ahora eso no importaba estaba gozando como nunca.

    Volví a gemir con fuerza, él se volvió a inclinar hasta llegar con su boca a mis pechos y empezó a morderlos con fuerza, especialmente mis pezones aumentando aún más mi placer.

    Siguió dándome con todas sus fuerzas, mi cuerpo se retorcía de placer, notaba como mi orgasmo llegaba en toda su intensidad entonces él resoplando decelero el ritmo introduciendo lentamente esa enorme polla en mi coño, poco a poco, hasta que sus huevos golpearon contra mi coño, nos quedamos así quietos unos segundos, me sentía follada hasta lo más hondo de mi ser, volvió a cogerme los pechos apretándolos con sus fuertes y ásperas manos, con un movimiento de cadera me restregué contra él, de pronto mi cuerpo se tensó y de mi garganta salió un gran grito de placer y tuve un magnífico orgasmo entre espasmos.

    Él saco su polla todavía dura ya que no se había corrido en mi coño, la tenía totalmente empapada de mis jugos, tiro de mi, haciendo que me acercara a él y cuando estuve a la altura adecuada la coloco entre mi tetas y comenzó a hacer como si se las estuviera follando quise acariciar aquel gigantesco miembro mientras se follaba mis tetas pero no me dejo, entonces fue él mismo quien se cogió la polla con la mano y empezó a dar fuertes golpes con su pollón a mis tetas primero una luego a la otra y así cambiando unas cuantas veces sin dejar de masturbarse.

    Con la otra mano me cogió la cabeza y de forma brusca me intento meter su polla en la boca, era imposible, demasiado gruesa, abría la boca todo lo que podía pero apenas entraba, yo succionaba con fuerza, con mi labios lo que entraba de su capullo, de repente se tensó y su polla estalló comenzando a soltar todo su semen en mi boca, un chorro, otro y otro más, joder esa polla podía correrse tanto como enorme que era, tanta salía que a pesar que continuaba tragando, su leche resbalaba por la comisura de mis labios, él se alejó algunos centímetros de mi y meneándosela un poco continuó corriéndose encima mío, sobre mis tetas hasta que no le quedo ni una gota de leche en su interior.

    Mis manos restregaron por mis pechos todo el semen que él había derramado en ellos, en sus ojos se podía ver lujuria, le sonreí y con mis dedos recogí los restos de su leche que todavía resbalan por mi barbilla llevándolos a mi boca y relamiéndolos con gusto.

    Resoplando de nuevo como un toro como hizo al levantarse de la mesa, se tiró encima de mí bajando de inmediato hasta mi coño, acerco su cara a mi rajita e inspirando con intensidad olió mi coño, que estaba empapado de flujos.

    Y empezó a lamer mi coño con fervor, pasaba su lengua por todos lados, mi coño se mojó aún más, me hacía gozar como una loca con tanto lengüetazo eran poco hábiles, pero tan rudos y esa rudeza buf me ponía tan cachonda, entonces me metió sin miramientos tres de sus dedos en mi coño que entraron con total facilidad, me retorcía, gemía y jadeaba.

    Una vez con sus dedos bien empapados busco mi culo, introdujo uno de sus dedos y comienzo a follármelo sin dejar de comerme el coño, al momento le siguió otro de sus dedos y también un tercero, mis gemidos se convirtieron en gritos, mi coño se derretía ante esa lengua y mi culo pedía más ante tanto placer, no pude más y me dejé llevar, empecé a gritarle:

    ¡Me corro! Una y otra vez mientras mi cuerpo se convulsiona disfrutando de mi orgasmo, lentamente me fui relajando tras terminar mi nuevo orgasmo, aunque seguía jadeando por la intensidad del mismo.

    El pastor se levantó y se fue sin decir ni media palabra, yo tumbada sobre la cama intentaba reponerme de tanto esfuerzo y placer, mis manos acariciaban mi cuerpo sudoroso, por fin recupere la respiración.

    Entonces escuché sus pasos pesados que se venían de nuevo a la habitación parándose bajo el marco de la puerta, de nuevo parecía como si estuviera resoplando y tenía la polla totalmente empalmada, me fijé bien en ella disfrutando de su tamaño, entonces me di cuenta:

    La llevaba totalmente embadurnada de manteca.

    Sin darme tiempo a hacer o decir nada se abalanzó sobre mí, me dio la vuelta y apretándome con una de sus manos contra la cama intento clavarme su polla en el culo, tras varios bruscos intentos, por fin su capullo rompió mi culo y entró, pero su polla es tan grande que a pesar de que empuja con fuerza ya no avanza más.

    –Espera, espera, déjame.

    Me levante y me coloque a cuatro patas.

    –Prueba así, veras como cabe mejor.

    Se subió sobre la cama y cogiéndome con sus manos por la cintura, colocó su capullo de nuevo en el agujero de mi culo y de fuerte golpe me la metió casi por completo.

    –Ahhhh me matas, más, dame más.

    Un nuevo empujón y entró por completo, produciéndome un dolor intenso pero al mismo tiempo un gran placer.

    Grite de dolor, para seguir con gemiditos de placer con algún ¡Ay! intercalado.

    Su polla exploraba lo más hondo de mi culo, estaba tan caliente que necesitaba hacer algo, acerque la almohada y me incline sobre ella mordiéndola con fuerza, él aprovecho para juntar mi cabello y cogerlo con su mano, ahora me follaba el culo a la vez que daba tirones de mi cabello tan fuertes eran sus embestidas que a veces levantaba mi cabeza junto con la almohada.

    Deje de morder por un instante la almohada.

    –Si, así, fóllame, rómpeme el culo , Diosss que gustooo.

    Comenzó a moverse más rápido dándome con todas su fuerzas, empecé a gemir cada vez más y más alto, el hombre se excito aún más, sus empujes se volvieron más violentos al igual que los tirones de pelo que me hacían levantar cada vez la cabeza, hasta que de repente, sentí un enorme placer en mi culo que empezó a extenderse por todo mi cuerpo, tuve un orgasmo anal bestial gritando enloquecida por el placer.

    El pastor seguía follándome el culo sin parar hasta que no pudo más y su polla estalló dentro de mi culo, notaba los chorretones calientes de su leche en el interior de mi culo, de repente sacó su polla de mi culo y un chorretón caliente de su leche cayó sobre mi trasero e inmediatamente me la metió de un solo golpe mi coño, me embistió de forma brusca, ahora notaba su polla corriéndose en mi vagina, su semen calentito dentro de mi vagina, poco a poco los empujones fueron más débiles, y sus espasmos soltando su leche, cesaron.

    Saco su polla de mi coño y la restregó sobre mi trasero en el sitio donde había caído el chorretón al cambiar de mi culo a mi coño, su semen salía de mi culo y resbalaba hasta mi vagina donde se mezclaba con el resto de su semen y mis jugos y todo junto resbalaba por mis muslos hasta llegar a la cama.

    El hombre desapareció, yo me limpié como pude, poniéndome desodorante y perfume para disimular el olor a sexo, al rato llego mi marido con el coche, me subí y nos fuimos, el pastor no volvió aparecer, allí quedó la camiseta rota de mi marido y mi minifalda…

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  • De esposa modélica fiel a puta sin remedio (real)

    De esposa modélica fiel a puta sin remedio (real)

    Quiero puntualizar que, aunque algunos “expertos” dicen que las mujeres no disfrutan principalmente con la penetración, doy fe de que Eva (mi mujer) sí lo hace. Es más, a veces he leído de mano de algún sexólogo que es imposible que una mujer disfrute de la doble penetración. Pues bien, eso es completamente falso, y si quieren les presento a la mía, que no solo la disfruta, sino que es lo que más le excita. Hasta el punto de que si no tiene dos pollas a mano se mete un consolador por delante y me invita a mí a que se la meta por detrás. Y se corre como una loca.

    Eva es una de aquellas esposas ejemplares, con una educación exquisita, muy guapa y culta, con una carita de nena inocente pero que denota una cierta picardía… Unos ojos grandes y alargados, de un color marrón verdoso, unos labios atractivos, y un cuerpo hecho para el sexo. Tiene una cintura muy estrecha que realzan una caderas anchas y un trasero que vuelven loco a cualquiera, sobre todo por su manera de moverse. Siempre usa talones altos y sabe caminar con aquel aire que le hace ser una mujer atractiva solo mirarla.

    Llevamos 8 años casados en un feliz matrimonio donde nunca ha faltado el sexo. Ella proviene de una familia muy conservadora pero siempre ha tenido muchas ganas de experimentar en el terreno sexual. Una temporada comenzó a venirme a la cabeza la fantasía de ver a Eva con otro hombre, de manera que cuando hacíamos el amor y hablábamos del tema ella se excitaba muchísimo, pero evidentemente la cosa no pasaba de aquí. A veces ella me decía “¿pero en serio te gustaría que me lo montara con otro?” y yo le decía que no estaba seguro, pero que me excitaban ese tipo de fantasías.

    Nuestra vida era bastante estresante debido a nuestros trabajos y a que tenemos unos hermosos hijos que ocupan muchísimo tiempo, nuestro tiempo libre era muy limitado. Así que en las pocas ocasiones que podíamos ir de marcha teníamos ganas de comernos el mundo. Y supongo que debido a ello y a que siempre le han gustado los retos Eva accedió a la idea de presentarnos un día en un pub liberal y eso fue el inicio.

    En nuestras escapaditas tuvimos varias aventurillas en las que disfrutamos muchísimo.

    Normalmente, en el pub, nos poníamos en zonas obscuras a montárnoslo y otras parejas se nos acercaban y había un intercambio de caricias y besos muy excitante.

    En una de aquellas ocasiones ya pude ver que mi esposa era mas atrevida de lo que yo podía imaginar. Aquel día había poca gente en el local. Yo me estaba follando a Eva en un cuarto con vidrios alrededor, estábamos de pie, Eva apoyada en la pared. Ella como siempre últimamente con minifalda y sin bragas, porque yo ya se las había arrancado. Yo se la estaba metiendo a base de bien pero tenía que parar para no correrme demasiado pronto. Ella gemía y se movía arriba y abajo frenéticamente, y cuando yo la sacaba, protestaba una y otra vez.

    Así que empezó a decir cosas como “creo que esta noche si que voy a necesitar otro tío que me de caña” y yo le respondí “pues si tantas ganas tienes ¿por qué no vas a buscar al negro que hemos visto en la entrada?” y ella ni corta ni perezosa me dejo allí con mi polla tiesa y se fue hacia la parte donde pueden entrar chicos solos. Se dirigió directamente a un chico de color que habíamos visto al entrar y se lo trajo de la mano al lugar donde yo estaba.

    Ella se arrodilló delante de mis narices, le sacó la polla y se la metió enterita en la boca. Se la chupaba como una autentica profesional, y el negro estaba tan desconcertado con la fogosidad de mi mujer que no sabía como reaccionar. Después de hacerle un mamada monumental, él se tumbó en el suelo y ella se abrió bien de piernas ofreciéndole todo su coñito depilado, el empezó a lamerlo y lamerlo mientras ella en cuclillas me miraba y me decía “te gusta ¿eh? ¿Te gusta ver lo guarra que es tu mujer? Dime, ¿te gusta? Mira como me lo chupa, ummmh que gusto. Ahhh”.

    Y yo que no paraba de pajearme le decía “me encanta, me encanta verte así. Sigue, no pares”. Ella de repente separo su vagina de la boca del negro y sin dejar que el se levantase del suelo se puso a restregarse el coño en aquella polla. El tío había estado tanto rato mamando que se le había ablandado algo la tranca, pero ella que no podía esperar más se la metió tal y como la tenía y empezó a masturbarse con una mano y con la otra aguantaba aquel miembro en la entrada de su coño.

    “Mira como me la meto, ummmh no puedo parar, no puedo para de follar, me encanta, aaaah me corro aaah asiii”.

    Yo me corrí haciéndome una paja monumental y le tiré toda la leche en su boca… y ella fue parando a poco a poco hasta que se levantó y me abrazó.

    Después se despidió del tío sin más. Fue increíble.

    Incluso otra pareja del local que vieron el espectáculo vinieron a felicitarnos después a la barra por la mujer tan sensual que tenía. Y nos dijeron que se habían puesto a mil mirándola. Y es que ella se mueve como nadie. Es una máquina de follar os lo aseguro.

    Experiencias así hubo 4 o 5 pero luego empezó lo mas interesante. Ella decía que los tíos del local no la satisfacían y que necesitaba algo mas de morbo. Algo que la hiciese sentir viva y caliente como ella sabía que era. Yo, estaba descubriendo que tenía una nueva mujer y que me volvía loco. Iba siempre como una moto pensando en ella y en lo cachonda que era. Por ello un día se me ocurrió poner un anuncio en Internet que decía algo así.

    “Somos pareja de… Buscamos chico para follarse a mi mujer. Ella es preciosa tanto de cara como de cuerpo (podéis verla en la foto). Le encanta la penetración vaginal o anal. Le apasiona chupar pollas y es muy sensual. Le encanta el morbo. Imprescindible que tenga una buena herramienta. No respondemos sin foto”

    Lo acompañé de una foto suya donde estaba vestida con un liguero y una minifalda que se subió enseñando descaradamente el trasero. Mostraba bien su culo y sus hermosas piernas en una pose que se le da muy bien. Parecía decir “por aquí… por aquí necesito que me la metan…” Lo hice por puro morbo pero gracias a eso todo cambió…

    Al día siguiente le comenté lo que había hecho aquella noche, pensaba que a lo mejor se lo tomaba mal por no haberla consultado pero lejos de eso me dijo “caray, pues puede ser interesante ver quien escribe, ja ja ja. A lo mejor no escribe nadie cuando vean mi foto” Bromeaba.

    Lo cierto es que a partir de ese día la tuve enganchada al ordenador consultando todos los correos que recibíamos. Y que como era de esperar fueron cientos, así que fue imposible responderlos a todos. Ella se hizo un hartón de mirar pollas y compararlas, lo que la iba excitando cada vez mas. Muchas de las veces que hacíamos el amor me comentaba que cada vez tenía mas y mas ganas de coger a uno de los tíos que le escribían y literalmente “machacarlo”.

    Después de varias semanas le hizo gracia uno de los correos por su insistencia y por su manera de tratarla. Ya que el chico que la escribía le llamaba princesa, preciosidad, y cosas así. Vaya que la seducía de una manera muy sutil. Él se llamaba David.

    Yo, la verdad, me estaba poniendo algo celoso porque ella no paraba de mirarse aquellos correos hasta que un día sucedió lo siguiente:

    Yo estaba en la cocina tranquilamente cuando se me acerco por detrás y empezó a acariciarme la polla por encima del pantalón. Yo pensé “esta tiene ganas de marcha y se la voy a dar, je je” pero en vez de seguir empezó a susurrarme al oído:

    “Esta noche tengo ganas de hacer una travesura. Pienso llamar a ese tal David y quedar con él para montármelo”.

    Yo le respondí inocentemente pensando que era un juego solo para excitarnos

    “¿ah si? Pues venga llama”.

    Y ella insistía “es en serio ¿eh?” y continuaba haciéndome un masaje en la polla que me estaba poniendo a mil… Cuando vio que yo ya estaba excitadísimo cogió mi móvil y llamó.

    “Hola David, soy Eva”

    El tío al otro lado del teléfono se quedó alucinado, pero cuando reaccionó le dijo que era un chico con experiencia y tal y cual. Yo la miraba desde el sofá y me la iba tocando. Eva estaba irresistible, al lado de la ventana, solo con una camiseta ajustada y no paraba de sonreír con el chico aquel y de moverse con el teléfono en la mano de una manera tan sensual…

    Yo la verdad no sé qué me vino, pero de golpe le hice colgar el teléfono. Ella se enfadó bastante, pero al final dijo que no pasaba nada pero que recapacitara de lo que había hecho. Ese día estuve pensando si de verdad quería que ella se estuviera volviendo así. Yo veía que no había marcha atrás y que si le cortaba mucho las alas a lo mejor me dejaba y me quedaba sin esposa. Por otra parte, las puterías de mi esposa me excitaban, tenía que reconocerlo, aunque a veces me ponía algo celoso pero me excitaban, y mucho.

    Al cabo de unos días el chico llamo a mi teléfono ya que se había quedado con el número. Me explicó que el era un chico casado, que buscaba el morbo y el placer con otra pareja para desfogar sus deseos. Que lo que mas deseaba era dar placer y que me entendía en mis pensamientos con mi esposa. El mismo se ofreció para que quedáramos el y yo para hablar un día en directo, y así lo hicimos.

    Eva estuvo toda la semana muy contenta por el paso que yo iba a dar y me lo agradeció con un polvo cada día en los que siempre me recordaba que estaba excitadísima por el hecho de que yo conocería a David en persona, el chico que ella estaba deseando coger.

    Quedamos un viernes en un centro comercial de la capital. Y la verdad es que hubo una simbiosis perfecta en todo lo que hablamos. Cuando llegue a casa le explique a Eva que el chico era genial y ella se puso aún mas contenta.

    Toda la semana nos estuvimos enviando mensajes que cada vez iban subiendo de tono, y quedamos para el sábado por la noche.

    Aquella semana ella iba muy excitada y fuimos a comprar los dos juntos ropa adecuada para la ocasión. En la tienda, cuando abrió el probador y la vi con aquella minifalda negra y aquella camiseta de tirantes ajustadísima me puse enfermo. Estaba como un tren, te la ponía dura con solo verla. Ella me miraba y sonreía mientras me decía “¿te gusta? ¿No iré demasiado provocativa?”. Yo como es natural le dije que era un diez , que le sentaba de maravilla y que no le perdonaría que no se comprase esa ropa.

    El día antes ella fue a depilarse íntegramente y a comprarse un tanga y unos sostenes nuevos para la ocasión.

    Y llego el día. Ella se puso unas medias negras y el tanga también negro, solo le cubría mínimamente su rajita. Los sostenes semitransparentes a juego realzaban aún mas su pecho, ya que solo le tapaban de la mitad para abajo de sus tetas.

    Se vistió con la minifalda, yo observé que apenas le tapaba nada y que casi se le veía el final de la media y el principio de su desnudo culazo, pero me encantaba verla así. Cuando se agachaba hacia delante (gesto que ella siempre hace sin flexionar la piernas ) dejaba su culo respingón bien puesto a la altura que le corresponde y se le podía ver su hermoso coñito. Es una posturita que frecuentemente hace con la excusa de coger algo del suelo o abrocharse los zapatos. Sus tetas se veían supermarcadas en aquel jersey que le entraba como un funda. Estaba preciosa, deliciosa, era un dulce irresistible pero yo no la podía tocar, sólo mirar. Ella quería estar perfecta para David.

    Cogimos el coche y fuimos hacia la ciudad. Cuando estábamos llegando ella me dijo:

    “¿sabes que me excitaría? Que él se comportara como si fuera mi novio y tú vas de mirón… ¿Que te parece maridito mío?”

    “perfecto” le respondí

    “prefiero que me dejes a mi sola para presentarme, quiero darle una sorpresa”

    “no hay problema” yo pensé inocentemente

    Así que llegamos al sitio convenido. Una plaza céntrica llena de gente arriba y abajo. Yo me quedé en una esquina y vi como ella iba sola hacia un monumento que era el lugar indicado. Él también se dirigía hacia allí e iba detrás de ella. De repente ella se giró, lo vio, y para sorpresa mía se le tiro encima y le dio un morreo increíble.

    Luego ya me acerqué y fuimos juntos a tomar un café. Ellos iban tonteando y haciendo bromas y comentarios como que ella era la mujer de David y que si me gustaba su mujer…

    Entramos en el café y fuimos a una mesa del fondo. Ellos se sentaron muy juntitos y yo me puse delante de ellos, mas que nada porque con la minifalda que llevaba Eva si no me ponía delante se le hubiera visto todo, y el local estaba lleno.

    Inmediatamente se pusieron a morrearse y a tocarse. Eva estaba espléndida, se veía que se lo pasaba bomba. A mi la situación me ponía. Había visto a mi mujer en un pub liberal con otros hombres pero aquello era mucho más morboso. Era un local público, donde la gente iba a hacer un café. Y todo el mundo la veía perfectamente, ella se comportaba como una gatita en celo con aquel chico que acababa de conocer.

    Yo veía que David tenía una mano en las piernas de Eva e iba subiendo…

    “me encanta la piel de tu mujer” me dijo… “es suave como el terciopelo…”

    Luego me dijo:

    “a que no sabes donde tengo la mano ahora?”

    “me lo imagino”

    “pues seguro que aciertas” me decía ella sonriendo y pasando su lengua descaradamente por los labios de David mientras me miraba.

    Yo me estaba poniendo tan caliente que les dije. Voy un momento al lavabo…

    Y fui a relajarme y tomar un respiro.

    Cuando volví los pude ver desde lejos ya que estaban al final del local. Ella estaba completamente entregada y sobándolo a base de bien. Solo hacía que abrazarse a él y dejarse meter mano por todas partes. Mi mente estaba a punto de estallar de excitación, mi mujer siempre había mantenido la compostura delante de la gente y ahora parecía una auténtica golfa.

    Por debajo de la mesa se veía la mano de él dentro del coño descaradamente. Con aquellas minifaldas se le veía todo, pero a ella no le importaba. Ahora si que lo veía claro, mi mujercita. Aquella dulce esposa fiel y modélica, se había convertido en una autentica puta y se entregaba por completo a aquel tío que acababa de conocer. Pero esto fue solo el principio.

    Cuando salimos del local ella dijo que tenía ganas de irse a comprar algo de ropa, así que fuimos a una tienda céntrica y ella eligió varias minifaldas (son su debilidad).

    Entro en un probador y tras ponerse la primera abrió la cortina y nos dijo a David y a mi: “¿os gusta? ¿Como se me ve?” y ponía su culito hacia nosotros…

    “David. ¿Crees que esta ropa ira bien para hacer ciertas cositas?”

    El que ya iba como una moto le dijo “habrá que probar, espera que te ayudo”

    Y se metió con ella en el probador. Yo solo metía la cabeza a través de la cortina pero ella empezó a restregar su culo contra la polla de David mientras este la sobaba por todas partes. Levantaba sus brazos para que el le tocara las tetas, la cintura y por último, su caliente coñito. Eva me dijo “anda, ves a buscarme mas ropa que no tengo bastante”

    Yo no podía creer lo que estaba pasando. Normalmente mi esposa es muy formal, y ahora se exponía a dar un espectáculo en una tienda céntrica de la ciudad, sin duda se había transformado. Yo le lleve varias minifaldas y fueron “probando” todas una a una.

    Cuando salimos de allí mi mujer estaba que se derretía. Yo creo que tal como iba vestida segura que le chorreaban jugos piernas abajo, porque ella siempre va muy lubricada. No hubo que deliberar mucho para decidir que iríamos a un hotel porque ella me confeso que necesitaba acabar la faena aquel mismo día. Estábamos en la calle y era hora de cenar, y ella le hacía comentarios delante mío a David como que tenía hambre y que quería probar su lechecita…

    Fuimos directos a un hotel céntrico y una vez entramos los tres a la habitación ella se desnudó, el también, y ella se abalanzo sobre el y empezaron a morrearse y meterse mano por todas partes. Yo miraba y no daba crédito a mis ojos. Aquella tía que estaba revolcándose con aquel tio como una posesa era mi mujer. Aquella que hacía apenas un año era tan modélica y fiel esposa. Ahora se había convertido en una autentica viciosa, puta de vocación, y me lo demostraba en la cara.

    Él estaba tendido en la cama y ella encima de él. Sin pensárselo dos veces le metió su polla hasta el fondo. Eva primero se movía a poco a poco, le besaba, le acariciaba, le pasaba la lengua por el cuello, las orejas, el pecho. Después empezó a acelerarse. Me miraba y se movía arriba y abajo sin parar, deslizaba su lengua por sus labios se lo morreaba y le sobaba todo su cuerpo.

    Se lo estaba pasando en grande. Yo mientras lo observaba todo desde una silla y me masturbaba… Mi mente no paraba de dar vueltas y vueltas pensando en que se había convertido mi esposa, pero lo cierto es que aquello me ponía a mil. Y yo, no podía mas que disfrutar de una esposa así. Que encima que estaba buenísima, era una calentorra sin remedio.

    La cosa fue subiendo de ritmo mas y mas hasta que ella giro la cabeza hacia mi y me hizo un gesto para que me acercase. Cuando estaba a su lado me dijo.

    “Ahora fóllame por el culo, vamos, quiero sentir que me follen por todos mis agujeros y que me hagáis sentir como una reina… vamos guarro”

    Y sin sacarse la polla de David puso su increíble culo bien levantadito y yo le metí mi polla por aquel agujero. Con su mano me empujó para que entrara mas y mas, y yo se la metí hasta el fondo. Ella no paraba de gemir…

    “Ummmh. Que placer mas increíble… ahhh como me gusta sentirme tan llena… me encanta… aaaah. Soy vuestra puta, vuestra putita para que me folleis siempre que queráis ummm No paréis… aaaah”

    Estuvimos horas follando en diferentes posturas.

    Luego Eva me volvió a separar para dedicarse por completo a follarse a David delante de mis narices. Hasta que se puso de rodillas delante de David, que estaba de pie y le mamo la polla metiéndosela hasta la garganta. Era increíble, parecía que le gustaba tanto que no hubiera parado nunca de mamar. Hasta que al final le dijo mirándole con cara de buena nena: “ya que no he cenado quiero tener al menos los postres eh?” y se puso delante de el con la boca abierta y la lengua fuera. David le dijo “pues prepárate porque yo cuando me corro…”

    Ella parecía una puta en celo, allí arrodillada y arqueando su espalda. Moviéndose como una autentica zorra que espera su premio. Él se masturbaba frenéticamente para correrse lo mas rápido posible.

    Cuando ella tenía la boca bien abierta empezó a salir leche a chorros de la polla de David. Ella la recogía toda la que podía con su lengua y la que no le fue a parar a la cara. Se relamía una y otra vez como una guarra. Lo que le fue a la cara lo recogía con un dedo y se lo llevaba a la boca. Fue un espectáculo que no olvidare en mi vida.

    Yo estaba sentado mirando. Ella después le dijo David “déjame que te la limpie yo, por favor” y empezó a lamerle toda la polla y los huevos hasta dejarla bien limpia de cualquier rastro de jugos.

    Después se levantó y aun con el semen en la boca se me follo sin dejarme ni levantar de la silla delante de David hasta que tuve una corrida monumental dentro de su coño.

    Os juro que nunca había visto una felicidad tan grande en la cara de Eva. Se sentía satisfecha y feliz por su nuevo estatus, sabía que ahora tendría dos pollas (como mínimo) a sus disposición y eso le encantaba. A mí por mi parte también me encanta tener una mujer tan puta y que encima esta tan buena. Me encanta exhibirla por la calle y voy pensando “… si supieran que no solo está buena sino que además folla como ninguna y le encanta ser una guarra…” y ya se me pone dura.

    Pues ya veis. Pensároslo bien si a alguno de vosotros se le pasa por la cabeza emputecer a su esposa que se atenga a las consecuencias. La mía ahora no puede dejar de ser una golfa.

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  • Al fin lo conseguí con mi cuñada (2 de 3)

    Al fin lo conseguí con mi cuñada (2 de 3)

    Mientras regresaba a casa daba vueltas en mi mente los momentos vividos, me parecía un sueño, tanto deseé ese cuerpo durante tantos años y sin querer, sin siquiera prepararme se había dado todo y ella había sido mía y plenamente. Iba pensando cuando llegué a casa abrí el portón, entré el auto, voy caminando a la puerta donde me esperaba Verónica y me doy cuenta que no me había lavado, ni la cara, ni el pico, nada, ahora si quedará la cagada, no pude evitar que ella me abrazara y me diera un beso en la boca, creí que te demorarías más tiempo, dijo, dando un respingo por el olor de mi cara, pero no hizo ningún comentario, cosa que me asustó.

    Seguimos caminando a la cocina preguntándome como me había ido, que tenía la lavadora, si la había arreglado o no, etc. Cómo estaba Laura, que hacía cuando tu llegaste, como andaba vestida, ¡uf! Mil preguntas de un solo viaje, yo iba respondiendo a cada una de ellas, pero la noté rara. La embarré al no lavarme la cara o haberme duchado y comencé a divagar en mis pensamientos, mejor le cuento todo o me callo, si me callo y ella está sospechando algo voy a perder su confianza, perdería todo, ¿qué hago? me pregunté.

    Laura te sirvió almuerzo, me preguntó Verónica, me ofreció pero no quise quedarme para venir a almorzar contigo, dije, tomándola de la cintura y asestándole un beso en la boca, a que hueles me dice, es que al soplar la manguera del desagüe me ha saltado lavaza en la cara y en la ropa, cosa que le hizo mucha gracia a Laura que se ha reído a costillas mías. Como que creyó lo que decía pues no hubo ninguna objeción en retribuirme los besos, la abrace muy fuerte y le apreté el poto con ambas manos. Me ducho y vengo para que almorcemos, apúrate que quiero que nos acostemos a dormir una siesta, me dijo. Y

    o sabía a donde apuntaba tal siesta, era para ver como iba a estar el rendimiento. Me metí a la ducha un poco más tranquilo, yo sabía que podía responderle a Verónica en lo que me pidiera, pero vería como le contaba todo, prefería que lo supiera por mí que por Laura, pues había quedado muy sorprendido con lo que me contó Laura sobre las confesiones de hermanas. Bajé, almorzamos hablando de mil cosas, pero entremedio siempre había una consulta a lo de la mañana.

    Terminamos de almorzar, le ayudé a lavar y guardar la loza, ordenamos y nos fuimos al dormitorio, pasamos a lavarnos los dientes y nos acostamos, desnudos como de costumbre, inmediatamente ella se acurrucó a mi lado y de repente me preguntó, ¿por qué no estaba Eduardo?, andaba en la nieve con los niños respondí, ¡ahhh! así que estuvieron solos. Si porque tanta pregunta, que estás pensando, nada me dijo solo quería saber. O es que sientes celos de tu hermana. No de ninguna manera, todo lo contrario, confío plenamente en ella.

    Como ambos estábamos desnudos y el acordarme de lo de la mañana a través de la conversación que teníamos, se me empezó a parar el pico cosa que percató Verónica, lo tomó y comenzó a hacerle cariño, parece que se ha portado bien, me dice. Por supuesto, que creías. Te contaré que conversamos mucho con Laura, como siempre lo hemos hecho, y eso tú lo sabes, lo que sí me gustaría saber que conversan Uds. dos cuando se juntan y se confían las cosas íntimas, pues lo que hablábamos con Laura en la mañana era eso, que entre Uds. no hay secretos y cada una sabe todo de la otra.

    Verónica me dice, solo comentamos las cosas del matrimonio, de nuestros maridos, como es vuestro comportamiento en la intimidad. Salté yo y pregunté preocupado, o sea, que ella sabe lo que nosotros hacemos con las criadas, lo que pasó con mi sobrino. ¡No eso no! dice ella, solo sabe como son las relaciones nuestras y como eres tú en la cama. Y como es ella con Eduardo, pregunté. Por lo que cuenta mi hermana, Eduardo no es muy bueno para la cama, no le gusta hacer distintas posiciones, tampoco el sesenta y nueve, y por atrás le da asco porque dice que puede salir caca.

    Es harto leso porque esas cosas son las que le dan la salsa al sexo, dije yo. Si me dice ella metiéndose bajo la ropa y se mete el pico a la boca comenzando a chuparlo y besarlo con ansias que llegaba a sonar el sorbete que le daba, ahí se me terminó de parar, con un morbo espectacular al pensar que en la mañana me lo había hecho mi cuñada.

    Me di vueltas y metí mi cabeza entre las piernas de Verónica, comenzando a pasar mi lengua por los labios vaginales, sorbiendo los jugos deliciosos que salían de la profundidad de su caliente sexo, hasta que tomé su clítoris con mis labios iniciando un masaje que la hacían revolcarse de placer, se sacó el pico de la boca para gritar cuando comenzó su gran orgasmo lleno de espasmos, luego de un momento, me salí y me puse a su lado diciéndole, todo esto se lo ha perdido tu hermana, se ha perdido la mitad de su vida.

    Verónica asintió y dice, como puede ser tan bruto su marido que no le gustan estas cosas, cuando hemos conversado el tema con Laura, que no han sido muchas veces, ella me ha contado que le gustaría que Eduardo le haga posturas y todas estas variaciones del sexo, siente unos deseos tremendos de chapárselo, pero él la mira poco menos que como una degenerada, si supiera lo que hacemos nosotros, ahí si que nos consideraría unos degenerados locos.

    De inmediato la solté, diciéndole, si quieres yo le puedo hacer el favor a tu hermana y la pongo al día de todas estas cosas, tendría un profesor de lujo y quedaría en familia. Terminé diciendo, tú que opinas. Me queda mirando y me dice, estás loco, como se te ocurre pensar en una cosa así, tu crees que ella lo aceptaría. No pudo haber mejor respuesta a mis pensamientos ya que la lancé rápidamente y dije, quizás ella si lo aceptase ¿y tú lo aceptarías?.

    No sé me da cosa, es mi hermana, es cierto que hemos hecho muchas cosas juntos y a mí me agrada y me calienta, pero es mi hermana, ahora por otro lado yo sé lo que a ella le gustaría probar todas estas variedades de acuerdo a lo que hemos conversado, hasta yo creo que sufre de una frustración muy grande como mujer, y con su marido nunca lo va ha lograr. Si tu lo aceptas y como a la noche vamos a ir a tomarnos un trago con ellos, puedo tantear el terreno para ver que sucede, lógico que con un tino extremado para que no vaya a quedar una cagada. Dije con mi mejor cara de cínico.

    Ella me queda mirando con cara de entre sorpresa y duda, no sé, es mi hermana pero yo sé lo que siente y en el fondo sufre pues le he contado lo que se siente y fehacientemente no le va a poner nunca el gorro a su marido, bueno hazlo pero con mucho cuidado que no se dé cuenta Eduardo. Pierde cuidado mi cielo seré lo más cuidadoso posible.

    Bueno, con toda esta conversación tenía el pico parado a un extremo máximo, lo que había captado Verónica la que de inmediato me pidió que se lo metiera, me subo encima de ella y le apoyo la cabeza del pico en la entrada de su mojadísima vagina, comenzando una introducción lenta pero muy movida hacia los costados, tocándole todas las paredes calientes de su concha produciéndole un goce tremendo que la hacía suspirar y exclamar palabras de calentura, que rico, métemelo, hay que manera de gozar, ya me voy, voy a acabar, muévete, muévete.

    Sin preguntar, pero al sentirla así de caliente, supe que la idea de que me tirara a la hermana la había puesto a ese punto de haber acabado en menos de treinta segundos. Los pensamientos sobre lo sucedido en la mañana más lo de ahora, ambas cosas hicieron que iniciara mi acabada brutal en la concha de mi mujer, saltó el chorro de semen inundándola por completo conjuntamente con un tremendo alarido mío y de atrás los otros chorros acompañados de otros tantos gritos.

    Como sería mi acabada que Verónica volvió a tener otro orgasmo casi tan violento que el anterior, nos besamos hasta que nuestros cuerpos quedaron inmóviles bañados en transpiración. La miré y estaba con los ojos cerrados pero con una cara de satisfacción increíble. Nos pusimos de lado y nos tapamos quedándonos dormidos en el acto.

    Cercano a las seis de la tarde me desperté viendo a Verónica durmiendo de espaldas, levanté la sábana deleitándome con esos exquisitos pechos, pensé, son iguales a los de Laura que nuevamente irían a ser míos, le comencé a besar los pezones hasta despertarla, me abrazó y me besó en la boca, vamos a duchamos y nos arreglamos para irnos a la casa de Laura, te parece. Si mi amor, vamos, dije yo con un morbo extraordinario.

    A las ocho y media estábamos en la casa de mi cuñada, las dos hermanas se abrazaron y saludaron muy cálidamente, en un gesto de la gran afinidad que tienen. Los niños como están, le preguntó a Laura. Bien, dijo ella, se fueron a casa de mi suegra hasta mañana.

    Verónica siguió hacia el living y yo saludé a Laura con un beso en la boca que la dejó totalmente asombrada de mi comportamiento y por supuesto la correspondiente tocada de tetas que siempre le he hecho, cuidado, me dijo ella, que te puede ver Verónica, no te preocupes no nos ve, dije yo en tono conciliador y la deje pasar delante de mí aprovechando de mirarle el poto en forma muy morbosa y deseosa. Llevaba una blusa suelta con un pequeño escote en “V”, una falda a la rodilla con un tajo en un muslo que permitía apreciar sus ricas piernas, (me enteré después que llevaba medias con ligas iguales a las de Verónica y una tanga de filo dental).

    Saludé a mi cuñado Eduardo, diciéndole, compadre que vamos a preparar de comida, no sé, estaba pensando hacer una carne al horno, que ya la compré, así que puedes prepararla ya que a ti té queda tan buena, me dice él. Listo preparo unos tragos y me voy a la cocina. Al preparar los tragos me cargué en el licor en forma exagerada para Eduardo y Laura, a uno para que se durmiera temprano y a la otra para que se relajara y diera pie a lo que yo quería hacer.

    Compadre se le pasó la mano con el Ron, no compadre está igual que el mío, respondí, si quiere se lo cambio. Ya me voy a preparar la carne, partiendo a la cocina seguido por Verónica y Laura. No déjenme solo sé donde están todas las cosas, así que no hay problema. Pero ambas se quedaron para preparar una ensaladas, salud cuñada, salud mi amor, le dije a ambas e instándolas a beber bastante de un solo trago.

    Seguimos animadamente una conversación trivial y nuevamente salud, mientras Eduardo veía un partido de Tenis en la TV, de repente veo que mi cuñada se agacha para sacar unas verduras del refrigerador, quedándole el potito paradito, rápidamente paso por detrás de ella refregando descaradamente mi pico en su culo. Verónica inteligentemente miró hacia otro lado cuando Laura se paró asustada, tranquilizándose al ver a su hermana que no había visto nada, me miró y me hizo un gesto de enojo, a lo cual respondí lanzándole un beso por el aire.

    Verónica se dio vueltas y pasó por su lado llevando una bandeja con picadillos para el living, le guiñó un ojo y le palmoteó un hombro a su hermana y le dijo, yo me quedaré conversando con Eduardo mientras Uds. están aquí y salió de la cocina preocupándose que la puerta quedara casi cerrada.

    Me acerque a Laura la abracé por la cintura y le di un beso en la boca, ella abrió los labios permitiendo que mi lengua entrara y se cruzara con la suya, me tomó por la cabeza y me devolvió el beso en una forma ansiosa, nos estuvimos besando y abrazando un rato, enseguida bajé mi mano a su entrepiernas y me encontré con el calzón metido en su húmeda zorra, se la empecé a acariciar y apretar con la punta de los dedos. Increíble en la forma que comenzó a soltar jugos diciéndome que había quedado tan caliente con lo que habíamos hecho en la mañana, le fascinó que le metiera la lengua y le chupara su clítoris.

    La tomé y la senté en el mesón del mueble de cocina, le subí la falda desplazando el calzón para un lado y le metí la lengua en su choro que despedía una exquisita fragancia a sexo y perfume, mientras con una mano le tocaba las tetas por debajo de su blusa, ella me tomó la cabeza haciendo presión para que le hiciera con más fuerza viniéndole en forma instantánea un orgasmo furioso soltando un chorro de líquido caliente que me chorreó por la barbilla, ella casi me arranca los pelos donde me apretaba la cabeza, todo esto no demoró mas de dos minutos, que ha ambos se nos hicieron eternos por el miedo a que entrara alguien a la cocina, felizmente nada pasó.

    Luego de estos nos besamos profundamente, se arregló su falda y blusa, yo le dije, anda al living para evitar sospechas, luego voy yo. Ella salió sin antes tocar mi pico que estaba parado formando un tremendo paquete en mis pantalones, lo apretó y se fue.

    Seguí con mi preparación de la carne, luego la metí al horno. Cuando en eso se abre la puerta y entra Verónica, con una tremenda sonrisa me pregunta, ¿y qué pasó?, de inmediato le respondí que nos habíamos besado y que le había metido la mano en su zorra, ella me interrumpió con un beso en la boca, y donde más la besaste, pues el olor de tu cara no te deja mentirme. Bueno te estoy contando que le metí la mano y la senté en este mesón, tomando a Verónica poniéndola en la misma posición que a Laura, luego le subí su falda, haciendo lo mismo con ella, y le metí la lengua así, incrustando mi boca en la zorra sumamente mojada de Verónica, iniciando así mi segunda chupada de zorra de la noche.

    Sentí como mi esposa me tomaba la cabeza igual que su hermana, hasta que le cacé su clítoris con mi lengua labios y dientes, comenzando ella a suspirar anunciando que le venía el orgasmo, que de inmediato lo sentí, también me llenó de jugos la cara. Pensé si en todo son iguales estas hermanas, si lo que he hecho con Laura se repite calcado con Verónica. Me retiré de su entrepierna y ella se bajó del mesón ayudada por mí, se acomodó su falda y me dice, como lo lograste tan rápido. Bueno un poco por lo que conversamos en la mañana y otro tanto que le dije que le haría algo que yo sabía que deseaba y que nunca lo había hecho, no hubo mas conversación y nos fuimos al acto de inmediato, que le ha gustado le ha gustado mucho, pues acabó apenas empecé a besárselo. Tomé a Verónica dándole un gran beso en la boca, mi pico no daba más dentro del pantalón con lo parado que lo tenía, me tomé el resto del trago hicimos unos minutos de tiempo y salimos al living donde Laura terminaba de preparar la mesa.

    Eduardo seguía ensimismado mirando el partido de tenis, pregunté a todos si les preparaba otro trago, a lo que respondieron que sí, ahora me cargué en el licor solo en el de Eduardo pensando que más pronto le daría sueño.

    Hicimos salud brindando cada uno por nuestras esposas, extendiéndolo yo para mi cuñada como una gran amiga y ese tremendo cariño que se profesaban las dos hermanas, me agradecieron las dos parándose y dándome sendos besos en la cara.

    Se disputaban los últimos puntos del partido de tenis que veía Eduardo en la TV, así que aproveché de ir a la cocina para ver como iba la carne. Detrás de mí entraron abrazadas las dos hermanas muertas de la risa por algo que venían hablando. Me di cuenta que algo de efecto les estaba haciendo el trago a ambas, por su risa alegre y espontánea, pero no estaban ebrias solo chispeantes. Gracias por tus palabras me dijo Laura abrazándome por un costado y clavándome los senos en las costillas, por el otro costado me abraza Verónica también apretándose a mí.

    Mi pobre pico comenzó a pararse de nuevo, como lo tenía doblado dentro del calzoncillo me tuve que meter la mano al bolsillo y arreglármelo con muy poco disimulo. Cuando lo hice pasé mis brazos por la cintura de las dos mujeres, me giré al lado de Verónica y le di un largo beso en la boca apretando a Laura para sentir mejor sus pechos en mis costillas. Enseguida me giré al lado de Laura dándole también un largo beso en la boca.

    Luego di vueltas mi cabeza al lado de Verónica y la besé suavemente mientras bajaba ambas manos hacia el poto de cada una sin que se enterara una lo que le hacía a la otra, a ambas le empecé a meter la mano por debajo de la falda tocando esos potitos tan ricos de cada una, se quedaron quietas un segundo y Laura dice, te ayudamos en algo, si dije pásame una fuente para que sirvan la carne que ya está lista, mientras tanto yo descorcho el vino.

    Nos sentamos a comer y yo le metía y le metía mucho vino a Eduardo y más moderado a las mujeres. Nos reímos por diversas razones, como de costumbre por Eduardo no se habló nada de sexo solo chascarros, temas de actualidad algo de política, etc., yo iba para destapar la cuarta botella de vino pero ambas hermanas me pidieron que por favor no, ya que aún quedaba por lavar platos y ordenar, pero luego nos tomaríamos el bajativo, yo accedí por que vi que a ellas no era necesario darles mas vino, solo pensaba en Eduardo, como mandarlo a la lona.

    Compadre, le dije, me acompaña con un Wisky, porque yo sabía que con eso lo derribaría, bueno me respondió pero ponle bastante hielo y un poquito de soda. Partí a la cocina a buscar los ingredientes y ahí estaban las dos riéndose y cuchichiando, pasé por el lado de Verónica y le toque el poto y le mandé un beso en la boca, fui a sacar hielo y pasé por detrás de Laura a la que también le toqué el poto suavemente de abajo hacia arriba, se dio vuelta y le asesté un beso en la boca, retirándome sin decir palabra.

    Cuando regresé al living estaba mi buen Eduardo cabeceando de sueño, así que le pasé el Wisky con bastante hielo y soda, mientras yo me servía en mi vaso igual cantidad que la de él, salud cuñado, salud Raúl me dice, con una arrastrada de lengua que a las claras se veía que ya estaba doblando el cogote. Hice como que tomaba bastante dejándolo en mi boca y miraba como él se lo bebía casi de un viaje, me volví a llevar el vaso a la boca y devolví el licor sin siquiera beber nada.

    Iniciamos una conversación que no duró mucho pues los cabezazos de sueño de Eduardo fueron en aumento, que incluso se le derramó algo de licor en el pantalón. Ahí reaccionó y me dice, parece que me anduve mareando un poco, bebí mucho. No compadre al parecer lo vence el sueño, si quieres anda a acostarte y nosotros nos vamos ya es tarde. Parece que eso voy a hacer, parándose y partiendo a la cocina donde le comunicó a Laura que se iría a acostar pues se le cerraban los ojos de sueño, se despidió de Verónica de mí y partió al dormitorio acompañado por su esposa.

    Nos quedamos los dos con Verónica en la cocina y ella me dice riéndose en forma bien chispeante, pobre Eduardo lo curaste ex profeso para que se fuera a dormir, quieres hacerle algo a Laura, si mi amor, quiero volverle a chupar el chorito, ya que le gustó tanto y no se lo pude hacer bien denantes, ¿me dejas?. Por mi no hay drama, me da cosa pero yo sé que la harás gozar mucho. Bueno mí amor como siempre te lo he hecho a ti.

    Con la conversación y los besos que le daba a mi esposa tenía el pico paradísimo y Verónica me lo tocaba por encima del pantalón, le metí la mano en su zorrita encontrándola mojada de la calentura que tenía. Seguimos conversando del tema hasta que volvió Laura muerta de la risa.

    Primera vez que veo a Eduardo tan curado, lo tuve que desvestir y acostarlo, porque no se sostenía en píe, se quedó dormido de un viaje y ronca de una manera si parece una locomotora. Le miraba la cara a ambas hermanas cuando se reían las dos tenían los ojos chiquititos y brillantes por el alcohol ingerido. Verónica dice a Laura y a mí, empujándonos por la espalda, vayan ustedes al living a sentarme un rato, yo no he hecho nada hoy día así que lavaré la loza y la guardaré. Yo le digo a Laura en vista de la exigencia vamos a tomarnos el bajativo.

    Apenas salimos de la cocina Verónica cerró la puerta echándole llave por dentro, cosa que arrancó otra carcajada de Laura pero está fue risa nerviosa, inmediatamente la abracé por la espalda haciéndole sentir mi pico en su poto, le tomé los pechos y le empecé a besar el cuello, eso la hizo moverse refregándose en mi pico, la fui empujando hacia el sofá donde la hice sentarse en la orilla de este y apoyar la espalda en el respaldo, le subí la falda que ella tironeaba hacia abajo tratando de impedírmelo, pero insistí metiéndole las manos para bajarle los calzones.

    La insistencia mía y su calentura o el alcohol ingerido fueron mayor que su negativa ya que le logré subir la falda y sacarle los calzones, yo me bajé los pantalones dejándolos arremangados en los tobillos y me hinqué entre sus piernas metiendo de nuevo en ese día mi boca en su choro, que manera de estar mojada, si los jugos le habían empapado calzón, piernas y llegado a las ligas de las medias.

    Comencé a chuparle violentamente el clítoris y a lamerle toda la zorra en su extensión desde la punta hasta el ano, arrancándole quejidos y suspiros, ella me metía los dedos entre el pelo y me empujaba la cabeza presionándome a su entrepierna, no demoró mucho en llegar al orgasmo, señal que se encontraba tremendamente excitada.

    Saltaron más jugos de su caliente vagina, empapándome la cara, la hice tenderse en el sofá y me acomodé haciendo un sesenta y nueve, me molestaban los pantalones que me los saqué de una pierna al subirme al sofá, ella me tomó el pico y se lo metió golosamente en la boca comenzando a chuparlo y pasarle la lengua a todo lo largo dándome exquisitos besos en los testículos y succionándome la cabeza del pico, trataba de meterme la lengua la lengua en el meato, gozaba y se deleitaba con su faena mientras yo le seguía trabajando su zorra, le tomé el clítoris con los labios y se lo chupé estirándolo y refregándolo contra la lengua, cosa que le hizo arrancar chillidos de placer que se ahogaban donde ella no quería sacar mi pico de su boca.

    En forma imprevista se le desató un segundo orgasmo tan violento, que en forma impensada me apretó muy fuerte con los dientes mi adolorido pico. Este segundo orgasmo fue mucho más largo que el anterior, seguramente porque yo no dejaba de zamarrearle el clítoris, le saltó un chorro de líquido que parecía que se le había salido el pipí, fue una sensación tan deliciosa sentirla acabar de esa manera que yo comencé a acabar tan fuerte, soltando cinco o seis chorros de semen. Ella sintió el primer chorro y quiso sacar la cabeza, pero al saborearlo se siguió bebiendo el resto del semen que expulsaba.

    Declaro honestamente que fue una acabada de esas inmemorables, que pocas veces me había hecho Verónica. Laura seguía chupándolo lo que me obligó a afanarme de nuevo en su chorito, pero cuando lo tomé de nuevo ¡zas! que otro orgasmo de ella, más suave, pero orgasmo al fin y al cabo.

    Me fui retirando poco a poco hasta quedar hincado en la alfombra y ella aun acostada en el sofá, le comencé a desabrochar la blusa y le saqué los senos del sostén para comenzar a acariciárselos y besarlos, le tomaba el pezón y se lo mamaba como una guagua, haciendo que ella se revolviera de calentura en los cojines. Me tomaba la cabeza y me hacía cariño. Pegó un brinco como volviendo a la realidad y me dice, cuidado no vaya a venir Verónica, yo sabía que no, pero para tranquilizarla le digo que aún le falta mucho ya que eran demasiadas las cosas sucias que había por lavar.

    Comenzamos a besarnos, manteniendo ella aun el sabor de mi semen en los labios y cara, al parecer esto la excitó ya que me apretaba y me metía la lengua en la boca luchando contra mi lengua. Era tanta mi calentura que en forma normal me demoro un rato en que se me pare de nuevo, pero en este accionar se me comenzó a parar casi de inmediato.

    La giré y la puse al borde del sofá, levanté sus piernas poniéndolas en mis hombros y me quedó su zorrita despejada y a una altura tan cómoda que apoyé la punta del pico en su entrada y se la metí de un solo movimiento, me produjo tal gozo al sentir como entraba en ese choro mojado y caliente, inicié unos mete y saca en forma circular tratando que mi pico tocara todas las paredes de su vagina para producirle un mayor placer.

    Al parecer lo estaba logrando porque sentía como gozaba, se quejaba y suspiraba, estábamos de lo mejor cuando sentí que Verónica le estaba sacando la llave a la puerta de la cocina, así que rápidamente se lo saqué y me subí los pantalones, Laura se paró y partió al baño, me senté en el sofá aun con el pico con una erección bárbara. Verónica se acercó y se agachó a besarme. Me estaba dando celos con todo lo que le hacías, me dice, pero es mi hermana y yo sé que todo es solo placer y sexo, o no. Lógico que si, mi amor, dije yo.

    Ella se percata de la tremenda erección que tenía y comienza a acariciármelo por encima de la ropa, y me pregunta, te gustaría metérmelo ahora en este momento. Por supuesto que si, me encantaría, pero… Espera voy a ver a Laura y vuelvo.

    Partió hacia el baño, escuche que golpeaba muy suave la puerta y decía, abre soy yo y entró. Estuvieron más o menos como diez minutos en el baño, luego salieron y Laura pasó al dormitorio del niño, Verónica vino al living, me tomó la mano haciendo que me pusiera de pie y me llevó donde estaba Laura, cuando entramos ésta cerró la puerta con llave y apagó la luz quedando la pieza iluminada con una tenue ampolleta de una lámpara con pantalla de colores que había en el velador.

    Yo iba a preguntar que pasaba, pero Verónica me tapó la boca con la suya metiéndome la lengua, en seguida tomó a su hermana acercándola hacia mí, ella se retiró e hizo que nos abrazáramos y besáramos, mientras ella se dedicaba a sacarme los pantalones dejando mi endurecido pico al aire. Yo no daba más de caliente, de morbo y de goce, de estar metido en ese trío con las dos mujeres que me sorbían los sesos y me volvían loco.

    Verónica se sentó en la cama iniciando una chupada de pico extraordinaria, mientras yo me besaba y sacaba la blusa y sostén a Laura, dejando esas dos exquisitas tetas de nuevo a mi disposición, las cuales tomé con ambas manos y besé, chupé, recorrí con mi boca y refregué con mi cara. Tomé a Laura y la hice sentarse en la cama al lado de Verónica, ésta se sacó el pico de la boca pasándoselo a Laura, quién ávida se lo metió completo iniciando una succión a todo lo largo, haciéndome arrancar pequeños quejidos de placer.

    Me tiritaban las piernas en la posición que me encontraba, así que me saqué los zapatos con los pantalones que tenía arremangados y la camisa quedando totalmente desnudo me tendí en la cama haciendo que Laura se pusiera para iniciar un sesenta y nueve con ella, para lo cual la despojé de lo que quedaba de ropa, falda y calzón solo quedaron las medias con ligas, metí mi boca en su choro.

    En el ínter tanto, solo a tientas, ya que no veía, tomé a Verónica y la comencé a desvestir, ella me cooperó y se ubicó entre mis piernas observando como me lo chupaba Laura, yo le daba con todo en su chucha hasta que sentí que le daban convulsiones iniciando un potente orgasmo, ahogando sus gritos con el pico en la boca.

    Estuve a punto de acabar, pero no quise perder todo lo demás que pudiera venir, le seguí chupando su concha y haciendo que se saliera de esa posición para dar paso a que Verónica se sentara en mi pico poniéndose a horcajadas en mis piernas, dándole ella inicio a un movimiento muy suave, a veces circular, a veces de mete y saca, llegando hasta la misma puntita y de ahí metiéndoselo entero pero muy lentamente.

    Tomé a Laura y la hice girar para quedar los dos en el mismo sentido, mientras la besaba con una mano le tocaba sus tetas mientras que con la otra tomé su mano derecha llevándosela a su vagina donde la hice iniciar una masturbación. Al principio quiso parar y sacar la mano, insistí y siguió sola masturbándose, entonces con una mano acariciaba sus tetas y con la otra tomaba las tetas de Verónica.

    Estábamos los tres en un éxtasis tan grande, yo le miraba la cara a ambas, las dos gozando con sus ojitos cerrados y dando quejidos por doquier, en ese instante Verónica inició su primer orgasmo, brutal, salvaje, que contagió a Laura, quién también explotó en un maravilloso orgasmo. Ante esa situación yo no me pude reprimir más y solté un tremendo chorro de moco seguido de cinco o seis más; Laura se me tiró a la boca, besándome y acariciándome el pecho.

    Como conté Verónica caliente es multiorgásmica y Laura no lo hace menos. Cuando yo aún no terminaba de acabar a ella le vino otro orgasmo tan violento como el anterior, yo sentía sus jugos calientes como inundaban todo su interior saliendo hacia mis pelos. Cuando ya se estaba calmando Laura le solicitó que se saliera, a lo que ella accedió, sin saber lo que Laura quería y lo que quería era echarse mi pico a su boca, lo chupó en una forma tan exquisita que me daba la impresión que quería sacarle mas semen.

    En la forma que me lo estaba chupando, que realmente era soberbia, no se me volvió a parar de inmediato pero si quedó un poco duro lo suficiente para que ella se deleitara con lo que deseaba.

    Verónica se recuperó y se puso a observar como Laura me lo chupaba, luego subió hasta mi cara me dio un beso y me dijo que se lo metiera a Laura, como aún no lo tenía bien parado tomé a Laura y la puse a lo perrito con las piernas bien abiertas, quedando su chucha abierta lo que me permitió metérselo más cómodamente con el pico que aún no estaba ciento por ciento duro.

    Verónica se hincó detrás de mí, me abrazó y miraba embobada como entraba y salía el pico del choro de su hermana, yo tiré una mano para atrás y le comencé a masturbar provocándole un nuevo orgasmo, ella me sacó la mano siguiendo la masturbación con su mano acostándose al lado nuestro, entonces me preocupé de atender bien a Laura, mis movimientos tendían a frotarle el clítoris lo más que se pudiera para acelerar su acabada, lo logré por que rápidamente le llegó otro orgasmo.

    Como pude yo también acabé, más bien por machismo y demostrar mí potencia. Algo de moco boté, claro que quedé agotadísimo, me tiré al lado de Verónica quedando Laura al otro lado de ella. No hubo palabras por un largo rato solo los resuellos de los tres que se confundían con nuestra agitada respiración.

    Al cabo de unos minutos Verónica quebró el silencio diciéndole a Laura. Ves hermanita que salió todo bien, con Raúl tenemos tal confianza que entre nosotros no hay secretos y ese ha sido el éxito de nuestra felicidad. Laura respondió, te envidio hermana, el no tener esta misma vida sexual con Eduardo, es excelente hombre, un magnífico marido, pero en esto no funciona como yo deseo, Uds. me han hecho inmensamente feliz.

    Yo me metí en la conversación diciéndole, cuñada cuando lo desee estaremos a su disposición. Me tiré encima de las dos dándole besos en la boca a cada una. Les doy las gracias a ambas por haber confiado en mí, me han hecho gozar mucho, casi en coro me respondieron ellas, cuando lo desee estaremos a su disposición, soltamos los tres la risa callándonos para no despertar a Eduardo.

    Nos vestimos y salimos de la pieza hacia el living, pasando a mirar a Eduardo, éste dormía plácidamente su provocada borrachera. Laura y Verónica lo compadecieron diciendo, ¡pobrecito!. Seguimos al living donde departimos un rato más hasta que Verónica miró la hora y me dice, amor son las cinco de la mañana, vámonos para que Laura vaya a descansar. Se despiden las dos hermanas fundidas en un largo y efusivo abrazo, luego me despedí yo con un estrecho abrazo y beso en la boca, gracias cuñadita.

    Partimos a nuestra casa lo que se conversó y sucedió a los días después es materia de otro relato.

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  • Mi tía me deslechó

    Mi tía me deslechó

    A la edad de 20 años me encontraba estudiando mi carrera universitaria. Casi a final de ese curso mis padres fueron destinados por la empresa en la que trabajan a Alemania durante dos años. Yo soy hijo único y mis progenitores no querían que mis estudios se vieran perjudicados por su traslado. Yo debía, por tanto, seguir viviendo en España para continuar mis estudios.

    A mis padres se les planteó entonces una doble posibilidad: o que me quedara en nuestro piso, solo, o que me marchase a vivir durante ese tiempo a casa de mi tía Berta, que residía en la misma ciudad que nosotros. La diferencia era que en casa de mi tía estaría más controlado y atendido que si vivía solo. Esto fue lo que hizo que mis padres se decantaran porque me quedase con mi tía.

    A principios de mayo mis progenitores se marcharon a Alemania, con la promesa de llamar con frecuencia y de regresar a España unos días durante las vacaciones de Navidades. Desde el mismo día de su partida me instalé en casa de mi tía Berta. Ella tenía 43 años, estaba soltera y era empresaria. Su estatus social y económico era bueno y vivía en una zona de familias acomodadas. Le gustaba cuidarse y aparentaba algunos años menos de los que en realidad tenía. Era morena, con el pelo largo, labios carnosos, con el cuerpo esbelto y medía 1.70 m aproximadamente. Sus pechos eran de tamaño mediano y tenía un culo bien puesto, prieto y respingón.

    Su casa tenía tres habitaciones, una cocina, un cuarto de baño, un salón y un jardín coqueto. Mi tía me cedió una de las habitaciones que estaban libres y me dijo que me sintiera y me comportara como si estuviese en mi propia casa. Incluso me invitó a tomar el sol en el jardín cuando me apeteciera, al igual que solía hacer ella casi a diario, especialmente a partir de la época en la que estábamos y durante todo el periodo estival. La verdad es que tardé poco tiempo en adaptarme a mi nuevo hogar temporal, gracias a la amabilidad y cariño que me ofrecía siempre mi tía.

    Mis clases en la facultad eran por las mañanas y por las tardes tenía que dedicar bastante tiempo a estudiar para los exámenes finales del curso. Mi tía Berta acudía a su trabajo en su propia empresa también por las mañanas y las tardes las reservaba para su tiempo libre. Los primeros días transcurrieron rápidos y sin ningún tipo de contratiempos. Pero al décimo día me tocó vivir algo que jamás podré olvidar.

    Serían sobre las 17.30 cuando me encontraba en mi habitación estudiando. Sonó el teléfono fijo del salón y como mi tía no lo cogía acudí presto a atender la llamada: era Mariló, una amiga de mi tía, que preguntaba por ella. Yo hacía poco que me había despertado de la siesta y me había puesto a estudiar sin saber si mi tía se encontraba en casa o había salido. La llamé en voz alta varias veces, pero no contestaba. Salí entonces a mirar si se encontraba en el jardín y allí me la encontré en una situación que resultó incómoda para mí: estaba tumbada sobre una de las hamacas que había en el jardín para tomar el sol y sólo tenía puesta la braguita negra del bikini.

    Por arriba estaba en topless. Era el primer día que veía a mi tía tomar el sol desde que estaba en su casa y lo que menos esperaba era encontrármela recibiendo los rayos solares de aquella manera. Me quedé un poco cortado y no sabía si acercarme y avisarla de la llamada que tenía o irme de allí antes de que me viese, para no molestarla. Me decidí por lo primero y, aproximándome un poco, le dije con voz algo nerviosa:

    —Tita, te llama tu amiga Mariló.

    —¡Ay! Gracias, David —me dijo.

    Se levantó de la tumbona y de una manera aparentemente natural para ella se dirigió al salón sólo tapada por la parte inferior del bikini. La dejé hablando por teléfono con su amiga y me encaminé hacia mi habitación para retomar el estudio. Pero ya no pude concentrarme: era incapaz de quitarme de la mente la imagen de Berta con los senos al aire, dos tetas firmes, redondas y con las aureolas y los pezones de color marrón oscuro.

    Casi una hora más tarde mi tía entró en mi habitación para decirme que iba a salir de compras con su amiga Mariló y que estaría de vuelta antes de la hora de cenar. Seguía comportándose con plena naturalidad sin darle importancia a que yo la hubiese visto tomando el sol en topless. Antes de salir me dijo:

    —Está muy bien que te apliques y que estudies, pero deberías buscar un ratito para relajarte. A ver si un día te decides y me acompañas mientras tomo el sol en el jardín. A ti también te vendrá bien para ponerte morenito y recargar la pilas.

    Me acarició el pelo de forma cariñosa y se marchó de la habitación con un “hasta luego”. Lo que no sé si se imaginaba mi tía Berta era lo dura que me había dejado la polla: el hecho de verle los senos a mi propia tía me había excitado sobremanera. Pese a que me sentía “sucio” por estar así a causa de mi tía, no lo pude evitar: me levanté de la mesa de estudio y me dirigí a la lavadora. Estaba parada y en su interior había varias prendas sucias y entre ellas la braguita del bikini que Berta se acababa de quitar hacía un rato.

    La saqué de la lavadora y olí profundamente la zona de la entrepierna de la prenda: aunque no llegaba a ser un olor muy intenso, supongo que por el breve tiempo que Berta la había tenido puesta, sí que desprendía un aroma excitante del sexo de mi tía, un aroma en el que se mezclaba también cierto olor a orín. Con la braguita en la mano me dirigí hacia el baño, me quité el pantalón y el slip y me puse la braga. Con ella puesta empecé a masturbarme, recordando los senos de mi tía. Me agitaba la verga cada vez más deprisa, provocando que mis testículos empezaran a hincharse y a dolerme.

    Mi líquido preseminal ya había manchado la zona delantera de la braguita y decidí bajar un poco el ritmo de mi manoseo, pues no quería correrme tan rápido. Dejé que mi polla bajara un poco de su erección y se pusiera blanda de nuevo. Cuando recuperó su estado normal, volví a empezar a magreármela y fue adquiriendo otra vez su máximo grosor y dureza. Tras dos minutos más de trabajo manual, sentí un espasmo en el abdomen, un fuerte pinchazo en los testículos y a continuación cómo a través de mi polla por el glande salía a borbotones el semen. La parte delantera de la prenda negra de mi tía quedó completamente empapada y pringosa por el viscoso líquido blancuzco que yo había soltado.

    La sensación de gusto que me quedó hizo que me quedase parado por unos instantes, antes de darme cuenta de que tenía que hacer algo para que mi tía no se diera cuenta de lo ocurrido. Entonces me quité la braguita sucia y la volví a meter en la lavadora junto con toda mi ropa que llevaba puesta esa tarde. Puse la máquina en funcionamiento y lavé todas las prendas. Tras ducharme y descansar un rato, tendí la ropa ya limpia. Logré evitar así que Berta notara lo sucedido. Cuando regresó a casa y vio que había puesto la lavadora y que había tendido la ropa, hasta me dio las gracias por la ayuda en las labores del hogar.

    A la mañana siguiente no tenía clases, pues era sábado. Tras desayunar y estudiar un buen rato, decidí aparcar los libros hasta el lunes y tomarme el resto del fin de semana de descanso. Salí a dar una vuelta a un centro comercial cercano a la casa. Quería ojear varios libros y ropa. Mi pensamiento era comprarme un par de bañadores, pues sólo me había llevado uno de la casa paterna y la verdad es que estaba ya algo pasado de moda. Ese mismo fin de semana quería acompañar a mi tía tomando el sol, como ella me había ofrecido, y hacerlo en adelante siempre que pudiera y tuviese tiempo.

    Tras pasar por la sección de librería y música, me encaminé hacia la parte textil del establecimiento. En la zona dedicada a las prendas de baño estuve mirando distintos modelos de bañadores, hasta que di con varios de tipo bóxer, que se ciñen al cuerpo como una segunda piel. Me acordé de mi tía tomando el sol en topless y de la naturalidad con la que había actuado posteriormente y pensé que yo también podía tomar el sol de manera un tanto sexy, para ver cómo era la reacción de Berta.

    Elegí dos bañadores ajustados, uno negro y otro rojo y de una talla menos a la que uso habitualmente, pues deseaba que se me marcase bien el paquete para estar lo más provocativo posible ante mi tía. Tras pagar la compra regresé al domicilio con el fin de ayudar a Berta a terminar de preparar el almuerzo. Después de comer y de recoger la cocina, le pregunté:

    —Tita, ¿puedo tomar dentro de un rato el sol en el jardín?

    —¡Pues claro que sí, hombre! ¿No te lo dejé claro ayer? —me respondió.

    —Gracias. Voy a cambiarme y estaré una horita más o menos al sol. —le comenté.

    —Pues mira, te voy a hacer compañía. Me cambio yo también en un momento y tomamos el sol juntos, ¿te parece? —me indicó.

    —Ahora nos vemos entonces en el jardín —dije antes de marcharme a mi habitación.

    Tenía el corazón acelerado, pensando en la posibilidad de que mi tía volviera a estar en topless delante de mí, pero no quería hacerme muchas ilusiones. A lo mejor hoy era más prudente y decidía ponerse el bikini completo. Me desnudé por completo y cogí el bañador rojo que había comprado por la mañana. Le quité la etiqueta con el precio y me lo puse. Me quedaba tal y como yo deseaba: más ajustado de lo normal y marcando todo mi bulto. La silueta de mi verga se adivinaba perfectamente bajo aquella ceñida prenda.

    Cogí una toalla para extenderla en la hamaca y unas chanclas y sin nada más dirigí mis pasos hacia el jardín. Una vez allí coloqué la toalla sobre una de las hamacas, me tumbé y cerré los ojos, mientras esperaba la llegada de mi tía. Pocos minutos después escuché los pasos de Berta entrando en la zona ajardinada.

    —¿Qué, se está bien al sol, no? —me preguntó conforme entraba a mi espalda.

    —La verdad es que sí —le respondí.

    Cuando me giré un poco para mirarla, se despejaron todas mis dudas: venía con una toalla en una mano, un bote de crema solar en la otra y sólo llevaba puestas unas chanclas y la parte de debajo de un bikini blanco. Sus pechos estaban al descubierto y me quedó definitivamente claro que a mi tía no le importaba en absoluto tomar el sol en topless aunque estuviese yo presente. Ella colocó su toalla sobre la tumbona que estaba a mi derecha, se quitó las chanclas y se sentó en la hamaca. Una vez sentada, la sorprendí echándole un mirada furtiva a mi paquete. Al levantar la vista de él, nuestras miradas se cruzaron y se dio cuenta de que la había pillado mirando mi bulto. Entonces me preguntó:

    —¿Te has puesto protección solar?

    —No me he puesto. Es que no tenía, tendré que comprarme un bote —respondí.

    —Deja que te ponga de la mía, si no quieres achicharrarte. Date la vuelta, que empezaré por la espalda —me propuso.

    Me tumbé bocabajo y ella comenzó a extender con suavidad la crema solar por mi cuello, hombros y espalda. Mientras sentía cómo sus manos recorrían todas esas partes de mi cuerpo, empecé a excitarme de forma rápida. Mi verga se puso dura y tiesa y la sentía aprisionada entre el bañador y la tumbona. Me percaté de algunos detalles del jardín que habían pasado desapercibidos para mí hasta ese instante: al menos desde las ventanas de las dos casas más próximas había visibilidad hacia nuestro jardín, por lo que seguro que esos vecinos habrían visto en más de una ocasión a Berta tomando el sol en topless.

    El jardín daba a la acera de la calle, motivo por el cual estaba cercado por una valla de rejilla metálica y recubierta de arbustos. Sin embargo, existían partes de la valla en las que el espesor de los arbustos no era el suficiente como para ocultar de las miradas de los posibles transeúntes lo que sucedía en el jardín. Era una calle tranquila, poco transitada, pero de vez en cuando pasaban algunos peatones por allí, por lo que estaba también seguro de que más de uno se habría deleitado desde fuera viendo los pechos de mi tía, aunque fuera brevemente.

    Todos esos pensamientos y conclusiones hicieron que mi excitación fuera en aumento. Mi tía tenía ahora sus manos en el comienzo de mis muslos y las deslizaba en sentido descendente extendiéndome la crema.

    —Bueno, pues esto ya está —pronunció, bajándome de la nube en la que me encontraba—. Ponte un poco por el torso y por la cara y cuando termines me das a mí un poco de crema —me indicó.

    Se echó bocabajo en su tumbona a la espera de que yo hiciera lo que me había comentado. Tras ponerme protección por la delantera de mi cuerpo, me arrodillé tembloroso junto a la tumbona donde descansaba mi tía: estaba a punto de tocar con mis manos el cuerpo semidesnudo de ella. Presioné por fin el bote de crema y dejé caer una generosa cantidad sobre la espalda de Berta. A continuación, la repartí poco a poco hasta llegar a la zona baja de su espalda.

    En ese momento mi tía se llevó la mano a la parte trasera de la braga del bikini, enterró la prenda en la raja de su culo y, dejando al descubierto casi la totalidad de sus glúteos, me pidió que le echase crema por ahí para que se pusieran morenitos.

    —¡A ver cuándo me acuerdo de comprarme un par de tangas! —exclamó, en alusión a la maniobra que había hecho con la braguita.

    Fue entonces cuando empecé a creer que mi tía estaba jugando conmigo, calentándome. Obedecí sus órdenes y con delicadeza me puse a manosearle los glúteos mientras esparcía la crema. Mis dedos maliciosos se aproximaron entonces a la entrepierna de mi tía. Disimuladamente le rocé esa zona, después una segunda vez y, al ver que Berta no oponía ninguna resistencia, le palpé la vagina de forma descarada por encima de la braguita: mi tía estaba tan caliente o más que yo, pues tenía húmeda la braga, hasta el punto de que se le empezaba a transparentar su sexo.

    Ella se volvió y yo me puse en pie, mostrándole la enorme erección que tenía bajo mi ceñidísimo bañador. Sus manos agarraron mi prenda náutica y empezó a masajearme la polla sobre el bañador. Berta alternaba sus miradas hacia mi paquete y hacia mis ojos: no quería perder detalle de mis gestos mientras me sobaba la verga. La mano de mi tía se sentía deliciosa y juguetona. Yo estaba deseando que me bajara la prenda para que me tocase directamente el pene y pareció leerme el pensamiento, porque instantes más tarde fue deslizándola por mis piernas hasta que cayó al suelo. Debió notarme cara de susto y de nerviosismo al dejarme completamente desnudo ante ella.

    —Tranquilo, que tus padres no se van a enterar de esto. Relájate y disfruta —me calmó mi tía.

    Mi polla empalmada estaba a escasos centímetros de ella y cuando me quise dar cuenta ya la tenía agarrada con su mano derecha. Me la acarició, me la agitó varias veces y con el glande ya al descubierto, se la metió entera en la boca. Estuvo así proporcionándome un grandísimo placer durante un par de minutos, empapándome mi miembro de saliva hasta que se detuvo y dejo salir mi pene de la boca. Entonces me dijo:

    —Te la hubiese seguido mamando gustosamente hasta el final, pero eso será otro día. Hoy, por ser la primera vez, quiero que te corras en mi coño. Ya haré que me llenes la boca de leche en otra ocasión.

    Yo me quedé sorprendido ante estas palabras, pues no se trataba de un calentón momentáneo, sino que tenía intención de seguir practicando sexo conmigo otros días.

    —¡Venga, fóllame de una vez! ¡Tengo la vagina ardiendo y empapada, a punto de explotar! —exclamó.

    Se quitó de un tirón la braguita blanca y me enseñó por primera vez su hermoso coño completamente depilado y con unos carnosos labios vaginales que chorreaban fluidos.

    —¡Túmbate en la hamaca! —me ordenó.

    Obedecí y me eché en la tumbona. Ella, dándome la espalda, se sentó lentamente sobre mi verga hasta que ésta quedó por completo engullida por la vagina de mi tía. Berta se puso a cabalgar lentamente sobre mi miembro y progresivamente fue aumentando el ritmo. Llevé hacia delante mis brazos y con las manos agarré los senos de mi tía y comencé a presionar los pezones. Ella empezó a gemir e incrementó aún más el ritmo de su cuerpo sobre mi polla. Lo hacía ya a tal velocidad que el pene comenzó a dolerme y mis testículos no tardaron en darme un primer aviso de que pronto llegaría la corrida.

    Unos segundos más tarde mi tía dio un fuerte grito y de su coño salió una abundante cantidad de flujo. Ella seguía botando y botando sobre mí intercalando movimientos circulares con sus caderas que hacían que mi polla girara dentro de su coño. En uno de esos movimientos no pude aguantar más y en varias descargas consecutivas llené la vagina de Berta con mi leche caliente. Mi tía se quedó con mi miembro metido dentro hasta asegurarse de que había recogido hasta la última gota de mi esperma. Yo le solté entonces los pechos y ella se levantó, dejando que mi dolorida polla saliera de su sexo. Me besó en los labios y me preguntó:

    —¿Has disfrutado, cariño?

    —Como nunca antes lo había hecho, tita —le respondí.

    —Yo también he gozado con tu herramienta. Anda, vamos a darnos una ducha —añadió.

    Abandonamos el jardín completamente desnudos y entramos en la casa para dirigirnos al cuarto de baño. Mientras nos duchábamos juntos, mi tía me dijo que aquello sólo había sido el comienzo y que me preparase para lo que estaba por venir durante mi estancia en su casa.

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