Blog

  • Orgía con gladiadores

    Orgía con gladiadores

    Cayó la noche sobre Roma. En medio de la oscuridad un carro se detuvo frente a la casa del lanista. De él salieron dos hombres grandes y musculosos, vistiendo corazas y portando espadas colgando del cinturón; y una mujer menuda, delicada, con la cabeza cubierta por un velo de ricas telas. La dama golpeó la puerta y el lanista salió a recibirles.

    -Mi señora, buenas noches. Pasad por favor. ¿En qué puedo serviros?

    -Deseo alquilar a dos de tus gladiadores más veteranos.

    -Por supuesto señora mía. Aquí dentro tengo a los luchadores más fuertes y apuestos del imperio, como si duda sabréis. Acompañadme y elegid a los que más os plazcan.

    El lanista condujo a la dama hacia las celdas donde dormían los gladiadores. Ella los miraba uno a uno desde la puerta. De vez en cuando alguno le parecía lo bastante apuesto para entrar a examinarlo de cerca. Comprobaba la dureza de sus bíceps y sus glúteos, acariciaba sus pectorales y se aseguraba de que el aparato de su entrepierna fuera de un tamaño adecuado. Por fin escogió a un tracio y a un galo.

    -Mi señora, ¿deseáis tener a los dos a la vez?

    -Por supuesto, ¿de qué otro modo si no iban a combatir?

    -¿Combatir?

    El lanista estaba confuso. Era habitual que las hijas de los patricios acudieran a él para acostarse con los gladiadores, pero las mujeres nunca organizaban combates. Eso era cosa de hombres.

    -Me los llevaré a mi casa y te los devolveré mañana por la mañana. No será un combate a muerte, así que no debes cobrarme el precio de venta ni tampoco el alquiler de las armas, pues no las usarán.

    -Como desee mi señora.

    Los dos esclavos subieron al carro custodiados por uno de los guardaespaldas de la dama. Ella se sentó delante junto a su otro guardia, que era quien manejaba las riendas. El carro se dirigió a la colina del Palatino, y entró en una de las haciendas más lujosas de la ciudad, cerca del palacio del mismísimo emperador.

    Tras bajarse del carro, la dama dirigió al grupo al interior del palacete. Atravesaron lujosas estancias hasta llegar a una escalera que les condujo al sótano. El sótano abovedado era amplio. Las paredes estaban repletas de ánforas y cajas. En el centro había una pequeña arena circular con algunos asientos alrededor. Allí sentadas charlaban animadamente tres doncellas vestidas únicamente con sus joyas. Se levantaron para recibir a la dama y a sus acompañantes.

    -¡Magníficos ejemplares! -Exclamó la doncella joven.

    -Sí, ya te dije que nuestra prima es muy exigente en estos asuntos – Contestó la doncella gorda.

    -¿Vosotras creéis que harán… el jueguecito? -Preguntó la doncella hermosa.

    -Por supuesto que lo harán. -Respondió la dama mirando primero a los esclavos y después a sus guardias.

    Los guardias ocuparon sus posiciones: uno en la escalera para impedir fugas y otro junto a las muchachas para protegerlas. La dama dejó caer sus vestidos dejando ver varios collares y brazaletes y pendientes de oro y plata y piedras preciosas. Sin más ropa que sus joyas, fue a sentarse junto a sus primas mientras ordenaba a los gladiadores colocarse en el centro de la arena.

    La dama dio dos sonoras palmadas y dos jóvenes y hermosas esclavas aparecieron bajando la escalera. Cada una se acercó a uno de los gladiadores y depositaron a sus pies las pequeñas ánforas que llevaban. Las esclavas, que tampoco llevaban ropa, desnudaron con mucha dulzura a los gladiadores y, de una manera muy sensual, utilizando todo su cuerpo, les untaron el aceite que traían en sus ánforas.

    Mientras tanto, la dama les explicaba las reglas de su pelea:

    -Esta no será una pelea normal. Como veis, será un entretenimiento para nosotras, cuatro damas aburridas y viciosas. No se trata de herir a vuestro contrincante. No quiero golpes ni mordiscos ni estrangulaciones ni ningún tipo de ataque a los testículos, sólo podréis utilizar forcejeos e inmovilizaciones. El vencedor será el primero que derrame su semilla en el interior del culo del otro, y recibirá una generosa recompensa. Y el perdedor… ¿Quién sabe? Quizá por esta vez perder también sea una recompensa… ¿Lo habéis entendido?

    Los gladiadores se miraron asombrados. Nunca se habían visto en una situación semejante. No estaban seguros de si aquello era mejor o peor que un combate a muerte. En cualquier caso, los guardias tenían sus manos sobre las empuñaduras de sus espadas, de modo que no les quedó más remedio que asentir.

    Las esclavas aplastaban sus grandes pechos en los costados de los gladiadores mientras con una mano agitaban sus penes y con la otra introducían un dedo embadurnado de aceite en sus culos.

    -Dejad que estas chicas hagan su trabajo. -Continuó la dama.- Cuando vuestras pollas estén bien duras será el momento de comenzar el combate.

    -¡Yo apuesto por el tracio! -Exclamó la hermosa.

    -No, no. -Dijo la gorda- El galo ya se está poniendo duro. Está mucho más excitado y dispuesto a hacer esto que el otro. Será el quien gane.

    -Estoy de acuerdo -comentó la joven- Yo también apuesto por el galo.

    -Entonces yo apostaré por el tracio, así seremos dos y dos. -Dijo la anfitriona.- Bien, parece que nuestros guerreros ya están listos. ¡Que comience el combate!

    Las esclavas salieron de la arena y fueron a arrodillarse ante las patricias. Éstas, por turnos, recibían en sus entrepiernas los lengüetazos de las esclavas mientras gritaban animando a sus campeones.

    Los hombres se colocaron frente a frente, en posición de guardia. Caminaban en círculos el uno en torno al otro, buscando el mejor momento para atacar. El galo fue el primero en lanzarse. Saltó hacia adelante intentando agarrar los hombros de su rival, pero éste, con un rápido movimiento de pies lo esquivó al tiempo que le ponía la zancadilla. El galo cayó al suelo, pero consiguió levantarse antes de que el tracio cayera sobre él. Furioso, el galo atacó de nuevo. Esta vez usó una finta con la que logró engañar al tracio y agarrarlo por detrás, sujetando a la vez el torso y los brazos de su oponente. Gracias a lo resbaladizo que el aceite había dejado sus cuerpos, no le resultó difícil al tracio zafarse.

    -¿Lo veis? -Preguntó la gorda.- Ese tracio es un cobarde. ¡No hace más que defenderse! El galo va a por todas.

    -De momento no ha conseguido nada -Señaló la dama.

    -¡Ánimo galo! ¡Fóllatelo bien duro! -Exclamó la joven mientras agarraba del pelo a la esclava con las dos manos y la obligaba a mover la cabeza arriba y abajo, para hacer más vigorosos los lametones que le propinaba en el coño.

    Los gladiadores siguieron así durante un rato, sin rastro de un posible ganador. A veces se aferraban el uno al otro y se zafaban rápidamente. Otras caían juntos al suelo y forcejeaban hasta que uno conseguía alejarse y ponerse de pie. En todo momento el galo fue más agresivo y el tracio más defensivo, cosa que llenaba de júbilo a la gorda y a la joven. Hasta en tres ocasiones llegó a someter y penetrar al tracio, pero las tres veces logró el tracio escaparse enseguida. La gorda y la joven estaban seguras de su victoria, pero la dama, más experta, sonrió al ver jadear al galo.

    -Está cansado. -Dijo.- Cada minuto que pasa, el galo tiene menos posibilidades de ganar.

    La táctica del tracio estaba siendo un éxito. Él aún estaba fresco mientras que el galo estaba claramente cansado, de modo que el tracio vio la oportunidad de pasar al ataque. Corrió hacia su rival y de un empujón lo derribó cayendo encima de él. Sin embargo, al galo aún le quedaban energías para un último contraataque.

    Rodó hasta colocarse encima del tracio, deslizó sus brazos por debajo de las piernas de su contrincante y las agarró con todas sus fuerzas, tanto para inmovilizarle como para mantenerle en una postura adecuada para penetrarle, pero al tener las manos ocupadas le resultaba muy difícil apuntar. Su pene golpeaba continuamente el ano del tracio, pero no conseguía entrar, sino que resbalaba entre las nalgas de su adversario, o pasaba rozando sus testículos.

    Tras mucho retorcerse en esa postura, el tracio logró agarrar con su mano el miembro duro y palpitante del galo, y empezó a agitarlo violentamente. Con un gemido, el galo soltó su presa y de su pene salió disparado un espeso chorro de semen que fue a estrellarse contra el pecho del tracio.

    Agotado por la pelea y el orgasmo, el galo no pudo resistir el último ataque del tracio, que se abalanzó sobre él. Tumbado boca abajo, inmovilizado por el peso del tracio, el galo sintió como se le ensanchaba el agujero de atrás. Gritó y se retorció, pero fue inútil. Ya no tenía fuerzas suficientes para librarse. El tracio movía sus caderas enérgicamente, metiendo y sacando rápidamente su polla en el culo del galo. Poco después el tracio gimió, el ritmo de sus caderas decreció considerablemente y el galo maldijo su suerte. El tracio sacó su polla y se apartó. El culo del galo estaba rojo y abierto, y de él brotaba un cálido líquido blanco.

    -¡Ya tenemos ganador! -Proclamó la dama.

    -Aunque he perdido, he de admitir que este ha sido el combate más emocionante que he visto nunca. -Comentó la gorda.

    -¡Bien! -Exclamó la hermosa.- ¡Es el momento de cobrar las apuestas!

    Las perdedoras aceptaron humildemente el precio de la apuesta perdida. Las cuatro mujeres eran ricas, de modo apostar dinero o joyas no les proporcionaba ninguna emoción. La gorda y la joven caminaron hasta el centro de la arena, donde se arrodillaron, cerraron los ojos y abrieron la boca. La dama y la hermosa, de pie junto a ellas, separaron con las manos sus labios vaginales y comenzaron a orinar en las bocas de las perdedoras.

    Los gladiadores miraban asombrados como la joven, asqueada, hacía lo posible por tragar la orina de la hermosa, pero la mayoría se le salía y le empapaba su menudo cuerpo. Mientras, por el contrario, la gorda disfrutaba de su lluvia dorada. No sólo bebía con gusto sino que además lamía con ansias el coño de la dama mientras ésta aun meaba.

    -Y ahora, llegó el momento de la recompensa. -Anunció la dama.- El ganador para las ganadoras, y el perdedor para las perdedoras.

    La dama y la hermosa se acercaron al tracio y le acomodaron en un colchón. La dama se sentó sobre él a horcajadas y le lamió el semen reseco que el galo había derramado sobre su pecho. La hermosa se arrodilló a los pies del gladiador y su lengua alternaba entre el pene del hombre y el coño de la mujer. Cuando el rabo del tracio se puso duro de nuevo y el coño de la dama estaba empapado, la hermosa agarró el miembro del hombre y lo dirigió hacia el coño de la dama, quien con un movimiento rápido de cadera se lo metió hasta el fondo.

    Mientras la dama comenzaba a mover sus caderas la hermosa se sentó sobre la cabeza del tracio y le exigió que sacara la lengua. Ambas mujeres movían sus caderas para obtener placer mientras se besaban.

    Por su parte, la gorda ordenó al galo ponerse a cuatro patas. El galo obedeció y la gorda se arrodilló detrás de él. Con sus manos, la gorda separó las nalgas del galo y un nuevo goterón de semen salió de su culo, resbalando hasta llegar a la bolsa escrotal. La gorda lamió esa leche con avidez, y también lamió el culo del galo en busca de algo más de esperma. La joven, enfadada, se arrodillo frente al luchador derrotado.

    -¡Mira como estoy por tu culpa! -Le gritó.- ¡Por tu culpa estoy empapada de orines! ¡Límpiame ahora mismo!

    El galo no tuvo más remedio que obedecer. Aunque le asqueaba tanto como a la joven, sacó su lengua y recorrió con ella el cuerpo suave y delicado de la chica. Ella le agarraba la cabeza y se la dirigía hacia donde tenía que limpiar, aunque se entretuvo más de la cuenta en sus diminutos pechos y en su rosada rajita.

    Los guardias, que habían sido testigos silenciosos de la velada, estaban tan excitados como las doncellas, pero no tenían permitido quitar el ojo de encima de los gladiadores, de modo que llamaron a las esclavas y las obligaron a chuparles las pollas.

    La hermosa dejó de besar a la dama, se inclinó hacia delante de modo que el tracio aún podía chuparle el coño, pero ahora ella también podía lamer la base del pene del tracio y al mismo tiempo el clítoris de la dama. Esto sacudió los sentidos de la dama, quien entre gemidos tuvo un espectacular orgasmo. Completamente relajada, la dama se tumbó boca arriba. La hermosa se colocó sobre ella de modo que ambas podían chuparse el coño mutuamente y ordenó continuar con ella al tracio, quien se puso de rodillas y la penetró desde detrás.

    No tardó mucho en llegar también al orgasmo, y entonces, las contracciones de su vagina fueron tan fuertes que el tracio no pudo contenerse. Una descarga húmeda y caliente inundó el interior de la hermosa. La dama, que hasta entonces no había dejado de lamer el clítoris de su compañera, sacó el pene y se lo metió en la boca. Le dio unos lametones hasta dejarlo limpio y entonces se afanó en limpiar a su prima. Con unos dedos suaves separó los labios vaginales hasta que el semen empezó a salir del interior de la hermosa.

    Entonces la dama abrió la boca, sacó la lengua y recogió con ella todo el líquido que le cayó. La hermosa entonces se dio la vuelta para besarla y las dos compartieron el cálido esperma en una serie de besos que duró hasta después de haber tragado la última gota de leche.

    Mientras tanto, la gorda estaba tumbada encima de la joven, quien culpaba a la gorda de estar ensuciándola de orina otra vez. Para calmarla, la gorda le lamía la cara, el cuello, y sobre todo los pezones. Ambas mujeres frotaban sus entrepiernas mientras el galo, que estaba detrás de ellas, metía su polla alternativamente en ambos coños y estrujaba con lujuria los pliegues de grasa de la gorda. Cuando el galo se corrió, su polla estaba dentro de la gorda y ninguna de las dos mujeres había alcanzado el orgasmo.

    Las dos se burlaron de él y le insultaron, pero por no quedar a medias siguieron frotándose y lamiéndose la una a la otra. Del coño de la gorda salía poco a poco el espeso semen del galo, que se iba esparciendo por el chocho de la joven a medida que ambos sexos se restregaban el uno con el otro. Siguieron así un rato hasta que las dos estuvieron satisfechas.

    Entonces la dama dio por terminada la orgía. Mandó a las esclavas traer agua y trapos y limpiar los cuerpos de los gladiadores. Obedecieron rápidamente y los gladiadores pudieron vestirse de nuevo. La dama les sirvió una copa de vino y un mendrugo de pan para que repusieran fuerzas. Cuando terminaron de comer, los guardias los llevaron de vuelta al carro, donde aguardaba la dama, vestida únicamente con el velo que había llevado al inicio de la noche.

    Los gladiadores se sentaron a ambos lados de la dama y ella reposó sus brazos en las entrepiernas de ellos. Poco después de comenzar la marcha, ambos hombres estaban excitados otra vez. La dama se sentó a horcajadas sobre el tracio, metiéndose su rabo en el coño, y ordenó al galo que la penetrara por el culo. Así viajaron de vuelta a la casa del lanista, y así, con la primera luz del alba, la dama regresó a su palacio, con sus dos agujeros favoritos mojados y calientes, rellenos de valiosa semilla de gladiador.

    Fin

    Loading

  • Hetero – Pelirroja… peligrosa (7ª parte – final)

    Hetero – Pelirroja… peligrosa (7ª parte – final)

    El timbre sonó aparatoso, inquisitivo, perentorio. Abrí los ojos de golpe, y escuché un gruñido fastidiado y un cuerpo que se revolvía.

    Nombre. Lugar. Fecha y Hora. Acompañante

    C…. Mi casa. Lunes por la mañana. Silvia.

    Un momento. ¿Lunes por la mañana? ¡Joder el curro! Por fortuna recordé a tiempo que hoy era fiesta y cerraba la tienda, antes de partirme la crisma intentando afeitarme, vestirme, calzarme y salir corriendo para el curro, todo a la vez.

    A la tercera llamada del timbre me levanté de un salto, poniéndome los primeros pantalones que encontré. Caminé fastidiado mientras me abotonaba, pensando en que la pena de muerte es un castigo muy dulce para los que se atreven a llamar a una casa decente un día de fiesta a las… bueno, a la una y media del mediodía.

    Abrí la puerta con la cara más agria que imaginarse pueda y…

    La madre que me parió.

    Bea.

    La chica no se cortó un pelo, y ante mi cara de auténtico pasmarote me plantó un beso en toda la boca que resucitaría a un muerto.

    -¡Hola C…! -dijo, en su habitual tono de voz despreocupado. Salí al rellano y arrimé todo lo que pude la puerta tras de mí, sin cerrarla.

    -¡Bea!… ¿pero qué haces aquí? -yo hablaba en susurros y debía de tener una expresión bastante rara.

    -Yo… oye C…, ¿estás bien?

    -Lo que estoy, Bea, es… acompañado.

    Vi cómo la sonrisa amplia y agradable de Bea iba desapareciendo de su rostro.

    -¿Qué? ¿Cómo que estás “acompañado”? -casi pude ver las comillas en el aire mientras decía la última palabra, de tanto como la enfatizó. Estaba prácticamente gritando.

    -Shhh… pues sí, mira, estoy con… con la chica que te presenté… Silvia.

    Me miró con una cara de odio, pero como en la películas, entrecerrando de los ojos.

    -Eres un pedazo de cabrón… ¿y lo del sábado?

    Eso sí que me desarmó. ¿Qué coño fue lo del sábado? Para mí un polvazo… y un exorcismo. Una noche de puta madre. Nada más. No un polvo de reconciliación, ni un “hola, bienvenida a mi vida otra vez después de tres años”. Al menos yo pensaba así. Pero no parecía que Bea tuviera la misma opinión.

    -Yo… bueno… lo del sábado estuvo muy bien pero… -Vale, lo reconozco, ahí me atasqué. Joder, no sabía qué decir.

    -¿”Muy bien”? -otra vez las comillas -Dios pero qué hijo de puta. -eso lo dijo sin comillas.

    -Oye Bea yo… -entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir, claro.

    -¡C…! ¿Quién es? -Silvia estaba llamándome desde dentro. Mi madre. Yo creía que esto sólo pasaba en el cine y que era muy gracioso. Pues yo no tenía muchas ganas de reírme que digamos.

    -Oye Bea… ya hablaremos… -Intenté cortar en ese momento, pero creo haberles dicho ya que Bea no es precisamente una niña ingenua, así que se puso hecha una auténtica fiera.

    -¿Cómo que “ya hablaremos”? ¡Y una mierda hablaremos! ¡Eres un cabrón de la hostia! -Mi vecino, un señor de unos cincuenta tacos, abrió la puerta y se asomó en el momento justo de ver cómo Bea me soltaba una pedazo de torta… pero de las que duelen hasta las muelas.

    -¡Hijo de puta! -se me puso la cara como un pimiento, y encima Bea parecía histérica y noté cómo se preparaba para otra hostia, así que la agarré como pude. Mi vecino cerró la puerta, pero fijo que estaba mirando por la mirilla el muy bastardo y estaba llamando a la familia para que no se perdieran el espectáculo. Y mientras yo tenía a Bea agarrada y ella casi me escupía de la rabia, Silvia fue y abrió la puerta.

    -¡C…! ¿Pero qué pasa?

    ¿Qué pasa? El jodido maldito fin del puto mundo.

    Bea se sacude medio loca, pero en cuanto ve a Silvia no puede contenerse y le espeta así, en la cara:

    -¡El cabrón de tu novio! ¡Que el sábado se acostó conmigo y ahora me manda a la mierda!

    “Oh Dios mío líbrame de esta por lo que más quieras”, pensé. Huelga decir que Dios ni se pasó por allí.

    A Silvia se le puso una cara… palideció de repente, se dio la vuelta… ¡y cerró la puerta! ¡La puerta de MI casa… me la cerró en las narices! Yo me quedé como un gilipollas, tan atontado que solté a Bea. Ella, en vez de pegarme, se puso a llorar de la misma rabia y me gritó como una loca.

    -¡Pedazo de maricón… no quiero volverte a ver en mi vida! -Bea se dio la vuelta y se largó por donde había venido, pero yo ni siquiera la miré. Tenía los ojos fijos en la puerta. Llamé al timbre y golpeé con todas mis fuerzas, mientras daba auténticos alaridos.

    -¡Silvia! ¡Silvia! ¡Abre, por favor! ¡Silvia!

    Pero como se pueden imaginar, Silvia no me abrió. Así que me miré, desnudo de cintura para arriba, descalzo, en mitad del rellano. La otra llave la tenían mis padres… que vivían en un pueblo a quince kilómetros.

    Para colmo me dolía un lado de la cara pero la hostia, y lo notaba ardiendo. Y el cuello me molestaba también, como si lo tuviera agarrotado. Ítem mas, me estaba empezando a zumbar el oído del lado que Bea me había soltado el bofetón, y para culminar la situación me encontraba moralmente derrumbado. Así que me pegué un par de puñetazos en la puerta y traté de que Silvia me abriera.

    -Silvia… por favor… ábreme… puedo explicártelo -Vaya gilipollez, ¿a que sí? ¿Qué coño había que explicar? Pero tampoco pueden pedirme que pensara con claridad en esas circunstancias.

    Seguí llamando, hablándole y pidiendo que me abriera. Y abrió. Pero cuando lo hizo estaba completamente vestida, y en cuanto traté de hablarle me miró con una cara de odio que me cerró la boca. Antes de que llegara al ascensor la cogí del brazo para tratar de decirle algo y… plaf.

    Otro pedazo de hostia que me giró la cara. En la otra mejilla.

    -¡Déjame en paz! -Me dijo, mientras las puertas del ascensor se cerraban y yo me quedaba mirándola, con la mano en la cara.

    Pueden comprender que no estaba en mis mejores momentos cuando llamaron a la puerta una hora después. Estaba sentado en el sofá, mirando por la ventana. Ni siquiera me había vestido. Me gustaría decir que había estado llorando, pero en realidad lo que tenía es como un nudo en el estómago, y un horrible dolor de cabeza. Y en la cara, también.

    Abrí sin muchas ganas, y me encontré con Sara.

    Stop. ¿Quién es Sara? Sara es mi hermana. Así que no se froten las manos pensando que es una chica con la que salí, un ligue, o una amiga que me voy a beneficiar dentro de un ratito para olvidar las penas. Tiene veinte años, y está estudiando Enfermería. Como aún vive en casa de mis padres, no nos vemos tan a menudo como me gustaría, porque de verdad me llevo fenomenal con ella. Físicamente se parece bastante a mí. Pequeñita, delgada, sonriente, de pelo largo y castaño. Viste siempre con un cierto estilo hippy, y por eso tiene bastantes broncas con mi padre, un señor de bigote ciertamente poco partidario de las extravagancias.

    No es guapa, pero tiene esa mirada soñadora y un poco mística que les gusta a algunos chicos. Por cierto, ya sé que en otros relatos las hermanas están ardiendo en deseos de acostarse con el protagonista, y que el propio protagonista no puede resistir la tentación de darle caña a su propia hermana en el sofá o en el suelo del salón. Lamento decepcionarles. Estoy convencido de que, aún en el caso de que yo estuviera dispuesto, si intentara cualquier acercamiento sexual con Sara las hostias que había recibido hoy serían unos cariñosos arrumacos comparadas con las que me iba a soltar ella.

    Así que no se lleven a engaño. Ya saben quién es Sara, y prosigo mi relato.

    -¡Holaa! -me da dos besos y sin duda nota que tengo la cara un poco hinchada -Joder C…, vaya careto que tienes. ¿Qué te ha pasado?

    -Hola Sara… ¿que qué me ha pasado? No sé por dónde empezar.

    Pero empiezo, y le cuento todo el marrón, desde el principio, tal y como se lo he contado a ustedes (hombre, prescindiendo de según qué detalles, claro). Cuando termino hace algo que no me espero. Se echa a reír.

    -La leche hermanito… eres un pedazo de cabrón… -lo dice entre carcajadas, seguramente porque ha estado con sus amiguitos los hippies y han estado compartiendo algo más que canciones y filosofía natural.

    -¿Eso es todo lo que se ocurre, Sarita? -le jode que le llamen Sarita, pero lo hago porque estoy un poco picado.

    -Hombre… creo que tienes muy poquito que pensar… -Sara deja de reírse y me mira todo lo seria que puede, lo que no es mucho porque le brillan los ojos cosa mala. -A ver si lo he entendido: has conocido a una chica, pero también te has acostado con una amiga suya y con tu ex, que casualmente pasaba por allí, delante de sus narices como quien dice, y te han cazado como a un pollo… poca broma, hermano. -Y se echa a reír otra vez.

    Yo la miro bastante fastidiado. Se reía con toda la boca, casi lagrimeando, y no me estaba ayudando mucho. Así que chasqueé la lengua, bastante disgustado, y cambien de tema.

    -Venga Sara… vamos a comer.-lo dije para distraerme un poco, porque no tenía nada hecho ni ganas de hacer nada, así que terminamos comiendo los dos una pizza que preparé en un momento, recién sacada del horno. Inevitablemente, volvimos a hablar del tema.

    -Bueno Sara, dime qué puedo hacer. -Le pregunté, mientras devorábamos la pizza.

    -¡Buf!… no tengo ni idea, en serio. Creo que esta vez te has metido en un marrón de los buenos. -Se calló un momento, y los dos nos dedicamos a comer, hasta que ella volvió a hablar- ¿A ti quién te gusta? ¿Con quién quieres estar?

    Buena pregunta. No estaba seguro. Antes de que Bea llegara, estaba convencido de que al fin quería sentar la cabeza con Silvia, pero la escena de celos de mi ex me había abierto los ojos a la posibilidad de volver con ella. Así que ahora estaba realmente confuso. Si hubiera podido, me hubiera quedado con las dos. No me miren así. Pues claro que con las dos. ¿Y quién no? Pero no podía decirle eso a mi hermana si quería que me aconsejara, así que fui todo lo sincero que pude.

    -No lo sé, Sara -le contesté. Mi hermana me miró, muy seria, y dejó de comer.

    -Pues ya es hora de que te decidas, C… Porque mira la que has montado por no decidirte desde el principio.

    -¿A qué te refieres? -demasiado bien lo sabía, pero creo que necesitaba que alguien me apretara las tuercas un poco.

    -Joder C… Madura un poco, por favor -Mi hermana pequeña me estaba pidiendo que madurara… vivir para ver, señores -Tal y como me lo has contado, desde el principio no sabías si querías rollo con Silvia o algo más serio. Y de repente llegó Bea, y como siempre, reconócelo, te pusiste a pensar con… ya sabes, y la has cagado.

    -Tú lo ves muy fácil, Sara, pero no es…

    -¡Deja de ser tan crío! Es facilísimo. ¡Elige una con la que quedarte, habla con ella y trata de arreglarlo! Pero por favor, ¡piensa con la cabeza por una vez!

    El resto de la comida la pasamos en silencio. Sara se quedó un rato más, ayudándome a recoger, y charlamos un poco de nuestros padres y de su vida. Estaba saliendo con un chico que me había presentado hacía unos días, un tal David. Era un buen chaval, estudiaba medicina. Un poco calladito, pero majete. Al parecer, llevaban ya dos meses juntos y les iba más o menos bien. En fin, dos meses eran todo un récord para mi hermana, así que me alegré.

    -Si consigues aclarar tu cabecita un día de estos, podríamos salir los cuatro -me dijo cuando me dio un beso en la mejilla, para despedirse. -Hasta luego, C…

    Y se marchó, dejándome tan confundido como antes, pero al menos con la firme decisión de enmendar el rumbo un poco loco que había tomado mi vida de un tiempo a esta parte. ¿Ustedes a quien hubieran elegido? ¿La pasión salvaje de Bea o la dulzura ingenua de Silvia? Me pasé toda la tarde del lunes dándoles vueltas a la cabeza, pero no terminé de decidirme. Por un lado, mi pelirroja me gustaba mucho, me hacía sentir como el hombre más importante del mundo; pero por otro, mi pasado llamaba a la puerta con mucha fuerza, y no podía dejar de pensar en el cuerpo ardiente de Bea y su carácter extrovertido, su desparpajo.

    Llegó la noche, y lo consulté largo y tendido con la almohada.

    La mañana del martes se pasó en una maraña de trabajo y obligaciones, que tuvieron la ventaja de distraerme un poco y darme aire.

    Cuando el martes por la tarde toqué a la puerta, realmente no sé lo que esperaba. Quizá atención. Puede que perdón. O al menos, que me dejara decirle lo mucho que la necesitaba. Ciertamente, buscaba la menos calmar mi conciencia.

    Silvia me abrió la puerta, pero se quedó en silencio, sin mirarme.

    -Hola, Silvi. -le dije. -Vengo a devolverte esto.-Le alargué la llave. No sé por qué me la dio, pero supongo que para ella era algo simbólico, porque la cogió y la paretó fuerte.

    -Vale. Hasta luego. -E hizo ademán de cerrar la puerta.

    -¡Espera! -yo aguanté su empujón con la mano. -Silvi, por favor, hablemos. -Ella ni siquiera me miraba.

    -No tenemos nada de qué hablar.

    -Por favor Silvi, déjame pasar.

    -No. Vete, por favor. Vete. -Silvia estaba hablando como si fuese a llorar de un momento a otro.

    -Silvi, no pienso moverme de aquí hasta que no me dejes entrar.

    Noté que ella relajó la presión sobre la hoja de la puerta, y finalmente abrió y con un gesto me dejó entrar.

    Ahora podría engañarles. Podría simplemente contar que Silvia me perdonó, que ella lloró, que yo fui todo un caballero, que nos reconciliamos con sexo salvaje encima de la mesa del comedor, y que me porté como un auténtico atleta sexual. ¿Pero de qué me serviría?

    Porque no ocurrió nada parecido.

    Bueno, sí. Traté de que me perdonara, ella lloró, y yo intenté portarme como un caballero. Pero es que, no sé si lo recuerdan, yo me había acostado con Nuri. Y al parecer cuando Silvia habló con ella para contarle lo mío con Bea, Nuri no había podido resistir los remordimientos, y había cantado de plano. Así que se pueden ustedes hacer una somera idea de cómo estaban las cosas. Me insultó bastante (aunque creo que no tanto como me merecía), me dejó claro (pero clarísimo, vamos) que no me quería ver en el resto de su vida, que había cometido un error conmigo, y vamos, resumiendo, que hiciera el favor de no volver a acercarme.

    Por cierto, me devolvió el ordenador. Así que encima tuve que llevarme el equipo completo con cajas y todo para el coche. Parecía que me había echado de casa. Y yo me sentía así, la verdad.

    Supongo que me lo merecía, ¿no? Pero joder, lo pasé fatal, pero fatal de verdad, mientras volvía casa en el coche. Cuando aparqué no eran ni las siete de la tarde, así que directamente llamé a mi mejor amigo, Toni, y nos fuimos a tomar unas cervezas en el bar de siempre.

    Toni se marchó a las diez y media o algo así, con una media borrachera del carajo. Le había contado todo lo que pasaba, y aunque he de decir que no me fue de ninguna ayuda (Toni es de estos tipos que de tías no entienden ni media), como es la leche de divertido no puedo decir que no lograra apartarme a Silvia de la cabeza. Yo me quedé en el bar, decidido a tomar la última e irme para casa. Era martes, después de todo, y el miércoles tenía que currar.

    Cuando Sara me encontró a las doce y cuarto, yo estaba al borde del coma etílico.

    Ni les vi entrar. Resulta que Toni había llamado a Sara para decirle que yo estaba un poco pasado de rosca, y se presentó en el bar con David, el chico con el que salía. Allí me encontraron, sentado en una mesa del fondo del bar, con un cubata a medio beber en la mano, y como me contó Sara al día siguiente, “con cara de estar a punto de tirarme del puente de la autopista”.

    No recuerdo muy bien esa noche. Por lo que me ha contado mi hermana, David y ella me llevaron a casa y me metieron en la cama, sin más. Pero eso no explica algunas cosas. Por ejemplo, que la alfombra del salón tuviera una estupenda mancha de vómito (por cierto, me sangraron en la tintorería por limpiarla, los muy…), ni por qué el tal David me mira con caras raras cada vez que nos encontramos, desde entonces.

    Sara se portó muy bien conmigo. Llamó a mi trabajo diciendo que estaba enfermo, y se quedó a dormir en la habitación de al lado. No fue a clase el miércoles, y me estuvo cuidando como una madre.

    A las tres de la tarde del miércoles conseguí abrir los párpados sin que mi cabeza amenazara con caerse de mis hombros. Así que mediante un esfuerzo titánico conseguí sentarme en la cama. Noté náuseas y dolor de estómago, pero no era la primera vez que tenía resaca, así que me levanté, me puse un pantalón de chándal que encontré en el armario y me fui a la cocina.

    Sara estaba comiendo mientras hablaba por el móvil. En cuanto salí de la habitación, se despidió de quien fuese con quien estaba hablando, y me miró con cara entre divertida y enfadada.

    -Vaya… el señorito ha amanecido por fin.

    -Muy graciosa Sara… oye, lo siento de verdad… gracias por echarme un cable… -Me sentía avergonzado y sobre todo resacoso. Y deprimido también, vaya, pero eso ya lo estaba desde el lunes… no eran noticias frescas.

    -No te preocupes, hermanito. Hoy por ti… -Sara comía despacio un plato de macarrones con tomate. Siempre me gustó verla comer, porque se mete unos bocados pequeñitos a la boca y los mastica mucho rato, con un aire despistado encantador, como si estuviera pensando en otra cosa. Y realmente piensa en otra cosa.

    -Ya… pero no sé lo que me pasó…

    -Yo sí. Toni me llamó sobre las once al móvil. Yo todavía estaba despierta, pero a papá no le hizo mucha gracia que me vistiera y me marchase un martes a las once para venir hasta aquí. Menos mal que David todavía no se había acostado.

    Se me quedó mirando, masticando un bocado de macarrones. Yo guardé silencio, y desvié la mirada. Pasaron unos segundos eternos, hasta que ella tragó y volvió a hablar.

    -¿En qué estabas pensando, C…? ¿Qué te pasó? -Yo no tenía ganas de hablar, pero había algo en su tono, en su sincera preocupación, en el aire cariñoso con que lo dijo, que simplemente me sentí totalmente destrozado por dentro.

    -Mira Sara… ayer estuve en casa de Silvia… te hice caso, intenté arreglarlo… pero no quiso escucharme.

    -Vaya… lo siento, C… lo siento de verdad… y lamento tener que decir esto… pero creo que te lo mereces.

    Eso fue un golpe bajo. Vaya si lo fue.

    -Hombre, muchas gracias Sara… eres un cielo… vaya ánimos que me das… te cuento mis problemas y lo único que se te ocurre es decirme que me lo merezco -lo dije bastante enfadado, lo admito, y ya sé que fui muy injusto.

    -¿Cómo que ánimos? C…, te recuerdo que eres tú el que has metido la pata hasta el fondo. Y sí, creo que te lo mereces. Porque has sido muy cabrón con esa chica. Te has portado como un cerdo egoísta.

    -¿Ahora también soy un cerdo egoísta? Oye Sara, no necesito a nadie que me insulte… -a estas alturas yo ya estaba gritando. Necesitaba gritar. Necesitaba la rabia. Pero a Sara no le impresionó lo más mínimo mi berrinche.

    -Te estás portando como un gilipollas.

    Así de claro, dicho en un tono de voz normal, sin inflexiones, entre bocado y bocado de macarrones. Eso me desarmó. Me quedé callado un momento, y se me pasó el enfado, para ser sustituido por una maravillosa sensación de querer estar muerto.

    No lo pude evitar. Me eché a llorar.

    Vale, en el fondo soy un jodido sentimental. Los días siguientes a la partida de Bea, hace tres años, me los pasé llorando por cualquier cosa. Hombre, no a moco tendido ni a gritos, pero con frecuencia notaba un congoja en la garganta y notaba que los ojos se me humedecían, y de acuerdo, a veces no podía evitar morder la almohada por las noches y emprenderla a puñetazos con el colchón. Nunca creí que la iba a echar tanto de menos. Llegó un punto en que no pasaba una hora sin que se me los ojos me picaran y notara que no podía tragar. Así que volví a casa de mis padres.

    Les dije que era porque no podía pagar el alquiler, y que sería solo por unos días hasta que encontrara otro piso, pero en realidad era porque no soportaba permanecer en esa casa conviviendo cada día con su recuerdo. Y me quedé por un año.

    No soy ni la mitad de duro que pretendo aparentar. En el fondo, todavía soy un chico de quince años preguntándose qué hace vestido de traje y viviendo solo en una casa vacía.

    Sara me abrazó y yo lloré en su hombro, lloré por ser tan idiota, por no saber qué coño estaba pasando con mi vida, por haber perdido a una chica que realmente merecía la pena. Lloré por la soledad, por mi egoísmo, por todos los errores que cometí durante el fin de semana más loco de mi vida. Lloré por Silvia. Lloré por mí.

    Es posible, pienso ahora, algunos meses después de todo aquello, que lo mío con Silvia no hubiera funcionado. Que lo hubiéramos dejado seis meses después, echando pestes el uno del otro, arrojándonos los trastos a la cabeza.

    Es posible, pienso ahora, que con Silvia corriese el peligro de enamorarme hasta las trancas y que después me dejase tirado hecho una piltrafa, como me ocurrió con Bea. Es posible corriera el peligro de llorar durante semanas, el peligro de perder otra vez el rumbo de mi vida, el peligro de tardar otros tres años en enamorarme otra vez.

    Pero, aunque mi pelirroja hubiera sido tan peligrosa, créanme que es un riesgo que hubiese querido correr.

    Fin

    Loading

  • Reglamento de mamadas

    Reglamento de mamadas

    Manual de buenos modales para mamadas, escrito por “ellas”

    1. Lo primero y muy importante: Recuerda, primero que nada:

    “No es obligación ni está escrito en ningún Código, Regla o Manual, que estoy obligada a chupártelo”.

    1. Extensión de la Regla 1: Si te lo mamo, debes ser agradecido.
    2. Si accedo a mamártelo ocasionalmente es porque veo que te causa gran placer, eso no significa que de ahora en adelante ya sea obligación y te lo tenga que mamar siempre e indefinidamente antes de tirar, hacer el amor o culear según sea el caso.
    3. No me importa lo que hayas visto en los videos porno; lo habitual no es acabar en nuestra cara, ni desparramármelo en las tetas.
    4. Extensión de la regla número 4: Tampoco me la tengo que tragar, ni sabe exquisito, aunque tenga muchas proteínas.
    5. Recuerda que mis orejas no son agarraderas.
    6. Extensión de la regla número 6: No me debes empujar la cabeza, déjame a mi solita, mi garganta tiene una capacidad limitada.
    7. Que me llegue la regla no quiere decir que sea “La Semana De las Mamadas”. Entiende, y que te entre en la cabeza, que estoy hinchada, roja y no me siento particularmente obligada a chupártelo sólo porque no puedas cogerme ahora.
    8. Extensión de la regla número 8: Decir que te duelen las bolas o testículos porque andas cargado y arrecho puede que te haya funcionado antes, pero ya no funciona. Si estás tan urgido, mejor hazte la paja y déjame en paz y a gusto mientras se acaba mi regla.
    9. Si paro un momento para quitarme un pelo de entre mis dientes, o se me fue hasta la garganta, no me digas que lo acabo de cagar todo.
    10. Dejarme en la cama para ir a ver el fútbol, inmediatamente después de mamártelo no es nada recomendable, eso afectará mi comportamiento para mamadas futuras.
    11. Si te gusta cómo te lo mamo, lo mejor no es especular acerca del origen de mi talento, no alucines cagadas sobre “¿Dónde aprendiste a mamar así?”. Simplemente disfruta el momento y alégrate de que sea buena; vuelve a leer la regla numero 2 acerca de ser agradecido.
    12. No, tu esperma no sabe particularmente bien, vuelve a leer la regla número 5; y entiende que no me importa ni me impresionas con eso de:

    “No tienes idea del aporte nutritivo de sus proteínas”, para eso existen alimentos que puedo preparar en la cocina.

    1. Por favor, si antes de empezar a juguetear, antes de tirar, ya sabes que me vas a estar ladillando para que te lo mame, de una vez dale su enjuagadita con agua y jabón, no creas que solo a nosotras nos apesta a pescado.
    2. No me insistas que te lo mame mientras tú ves la televisión, no lo voy a hacer.
    3. Cuando oigas a tus amigos quejarse de que no se los chupan sus novias, mantén tu boquita cerrada, aunque estés orgulloso; no es apropiado ni compadecerse ni vacilar ante ellos, menos aún que les “chismees” que yo a ti si te lo mamo bien rico, no me trates de alabar delante de ellos diciéndoles que soy “La Campeona De Las Mamadas”, no vaya a ser que la próxima vez que me vean sea con ojos lujuriosos y libidinosos, y se me queden viendo a los labios.
    4. Si te amanece parado por las mañanas, eso no significa que tenga que darle “Su Besito De Los Buenos Días”.
    5. Si tu disfrutas el sexo oral, recuerda que si tú quieres mamármela a mí, ¡puedes hacerlo! ¡A mí también me encanta!

    Atentamente,

    Mujeres, Esposas, Novias, Amantes, Levantes, Amigas, Putas, Arrejuntes, Resuelves, Cachos, Peoresnada, etc.

    ¡Espero sea de mucha ayuda tanto para ti como para tus conocidos!

    Con cariño.

    Loading

  • El sueño se repite cada noche

    El sueño se repite cada noche

    Dicen que los sueños son la expresión del subconsciente. Si eso es cierto, no quiero ni pensar lo que mi subconsciente me está diciendo. Aunque no creo que necesite un psicólogo para que en palabras de Freud me diga el significado de un sueño que se repite noche tras noche.

    Sueño que estoy acostada desnuda en una mesa circular, en medio de un salón muy grande. El salón está vacío excepto por la mesa. Estoy acostada boca arriba con los brazos y piernas abiertas. A mi alrededor hay varios consoladores de diferentes tamaños y formas.

    De pronto se abren unas puertas que están en un costado y se me acercan 10 hombres, altos y fuertes. Todos están vestidos por completo, usando trajes negros. Sus caras están cubiertas por unas máscaras de carnaval y tienen sus grandes vergas afuera de los pantalones. Vienen pajeándose.

    Uno, que parece el líder, da una señal y los hombres se forman alrededor de la mesa circular y los tres que me quedan más cerca me ponen sus vergas en la boca y en las manos. Yo las chupo y masturbo durante un buen rato. Luego van girando la mesa hasta que he mamado y pajeado a todos. Hay de todos los tamaños, colores y sabores. Unas más flácidas que otras, pero no por eso menos ricas. Siento mi boca adolorida por haber mamado tanto aparato, pero estaba feliz.

    Todo esto pasó sin que ninguno me metiera su verga. El líder hace una nueva señal y yo empiezo a masturbarme. En ningún momento me había tocado. Empiezo con mis dedos acariciando mis tetas.. Me los meto a la boca y los lleno con mi saliva. Vuelvo a pasarlos por mis pezones duros. Bajo la cabeza para chuparme mis tetas mientras una de mis manos se dirige a mi panocha. Apoyo los pies en la mesa y abro bien las piernas. Mis caderas suben para que los hombres vean como brilla mi coño depilado y lleno de mis jugos. Me pellizco fuerte uno de mis pezones y gimo de placer.

    Mis hombres no dejan de mirarme. Me volteo y me pongo en cuatro patitas sobre la mesa. Bajo mi espalda y siento como mis tetas rozan la fría superficie de la mesa. Me muevo de adelante hacia atrás arrastrando mis pezones y siento una sensación electrificante. Meto de nuevo mis dedos en mi boca y los chupo, como si de nuevo estuviera chupando una de las vergas que tengo enfrente. Ya bien mojados, los llevo a mi culo. Empiezo a jugar con él. Muevo mis dedos en forma circular. Los llevo de nuevo a mi boca para mojarlos más.

    Luego empiezo a meterme el dedo de en medio muy despacio por mi culo.. Voy sintiendo como entra, despacio.. Empujo un poco más, un poco más, hasta que lo tengo metido hasta el nudillo. Empiezo a sacarlo y meterlo más rápido. Voy rozando las membranas por dentro hasta que siento mi culito más relajado.

    Tomo uno de los consoladores y me lo meto en la boca. Lo chupo como antes chupé las vergas de mis hombres. Agarrándolo por los huevos de goma, me lo meto hasta abajo, hasta mi garganta, luego lo saco y le escupo la punta. Saco mi dedo del culo y empiezo a meterme el consolador. Despacio siento como va abriéndose camino entre mis tripas.

    Cuando tengo las 6 pulgadas bien encajadas, tomo otro de los consoladores, un cilindro metálico y lo dirijo hacia mi chocha, no necesito lubricarlo, las babas que salen de mi coño son suficientes. Empiezo a metérmelo sintiendo primero su frío, luego su dureza. Le doy al botón y cobra vida propia. Vibra dentro de mí y parece que hace contacto con el que tengo por el culo. Aquí tengo mi primer orgasmo. Grito como una loca y para callarme, el líder mete de nuevo su verga en mi boca. Yo parezco sorprendida pues ya me había olvidado que mis hombres estuvieran ahí. Pero no por eso pierdo tiempo para volver a chupar.

    Cuando me pasan los estremecimientos del orgasmo, el líder me ordena que empiece de nuevo. Entonces, uno por uno los 15 consoladores fueron pasando de mi chocha a mi culo una y otra vez, en ocasiones, dos consoladores en mi chocha, hasta ir usando todos y cada uno de ellos. Hasta que me quedo con uno metido por mi chochita y otro bien encajado en mi culo.

    Entonces mis hombres, que no han dejado de pajearse en ningún momento, empiezan a sacudir sus vergas más frenéticamente, disfrutando del espectáculo que les estoy dando hasta que todos nos venimos al unísono y siento como si litros y litros de leche me cayeran en todo mi cuerpo. Y así toda cubierta de leche, me volteo en la mesa y sigo masturbándome y con una mano me recorro el cuerpo para embarrarla y llevármela a la boca para probar ese rico cocktail de leche.

    Loading

  • Al fin mi hermana, mi esposa y yo

    Al fin mi hermana, mi esposa y yo

    Una vez que regresamos del río, nos incorporamos al grupo familiar como si nada hubiese pasado. Estuvimos compartiendo hasta el mediodía cuando mi hermana sugirió que regresáramos al pueblo para pasar el resto de la tarde en la piscina del hotel.

    Llegamos al hotel y pedimos algo para almorzar alrededor de la piscina.

    Pasaron aproximadamente como dos horas cuando mi hermana le pidió a Ana que la acompañara a comprar algunas cosas.

    Mi cuñado y yo nos quedamos junto con los niños en la piscina.

    Pasaron aproximadamente dos horas más para cuando ellas regresaron, recogimos las cosas y cada familia subió a su habitación.

    Al rato mi cuñado tocó la puerta diciendo que llevaría a los niños al parque de diversiones que estaba instalado en el pueblo, Ana le dijo que los acompañaría.

    En virtud de eso yo decidí quedarme a descansar en la habitación. Me recosté y me quedé dormido.

    No sé cuánto tiempo había pasado cuando sentí a mi hermana entrar a la habitación, pero supuse que estaba buscando algo que había olvidado, pero mayor fue mi sorpresa cuando vino directo a la cama, se acostó a mi lado, me abrazó y buscó mis labios para darme un beso.

    Ante esa situación mi pija reaccionó inmediatamente y se comenzó a parar, respondí al abrazo y bajé acompasadamente mis manos hasta las nalgas de mi hermana, que llevaba puesto un short que le quedaba holgado y una franela sin brassier. Metí mis manos debajo del short y nuevamente quedé sorprendido, ya que mi hermana no llevaba puesta bombacha. Eso hizo que mi pija terminara de ponerse a punto.

    Me incorporé en la cama y le quité la franela, dejando al aire sus hermosas tetas y no pude evitar la tentación de dedicarme a chuparle sus pezones y a lamerle lentamente sus pezones, haciendo que mi hermana comenzara a retorcerse de placer. Evidentemente ella ya venía caliente y me fue muy fácil terminar de encenderla. Mientras le chupaba las tetas bajé mi mano hasta la concha de mi hermana y comencé a frotar ligeramente su clítoris, ya su concha empezaba a humedecerse y mis dedos se deslizaban suavemente, permitiéndoles entrar y salir con facilidad.

    Cuando su concha ya estaba totalmente encharcada, bajé mi cara y me dispuse a beberme sus fluidos vaginales, a lamerle su concha, a chuparle sus jugos.

    Ya estaba demasiado encendida y me pidió que la penetrara, pero antes decidió ponerse en cuatro patas de cara a la puerta.

    Cuando estaba en lo mejor de la cogida que le estaba dando a mi hermana, sonó el cerrojo de la puerta, yo intenté retraerme, pero mi hermana no me lo permitió.

    Olvidé el asunto y me dediqué a bombearle pija a mi hermana, en esa posición es realmente excitante ya que puedo ver todo su culo y agarrarle sus tetas sintiendo que tengo el control de su cuerpo y ella disfrutando siendo sometida por mi verga encajada en su concha. Mi hermana gemía y me pedía que la penetrara con mayor intensidad.

    Repentinamente se abrió la puerta y sorpresa… era mi esposa que había decidido regresar, pero contrariamente a lo que me esperaba (una escena de celos) puso el cerrojo y empezó a desvestirse, sonriendo pícaramente.

    Yo no estaba entendiendo lo que pasaba, pero mi hermana que aún estaba ensartada en mi pija, le dijo: Ana, apúrate que este hombre está realmente divino.

    -Me dejas algo, no te lo goces todo -Ana respondió.

    Esos comentarios me pusieron a millón y me puse darle mas duro a mi hermana, Ana se acercó y se paró desnuda delante de mi hermana, quien la agarró por las tetas y comenzó a chupárselas, Ana bajo su cara y buscó los labios de mi hermana y se fundieron en un beso, un beso tan erótico como nunca lo había visto, era un beso de pasión, me pareció hermosamente excitante.

    Se despegaron y Ana se acercó a mi para darme un beso también. En ese momento mi hermana se despegó de mi pija, dejándome con mi verga a punto de estallar. Ana bajó hasta mi pija y la llevó a su boca para darme una mamada magistral. Mientras tanto mi hermana buscó su bolso y sacó un consolador, se colocó detrás de Ana y se lo introdujo. Mi esposa se meneaba disfrutando la cogida que le estaba dando mi hermana, mientras me chupaba la pija.

    Me tumbaron en la cama y se acostaron junto a mi, dejándome a un lado. Ellas se dieron a besarse y a tocarse como las diosas, esa situación me tenía muy excitado y se me ocurrió bajar a chuparles sus conchas, mientras se la chupaba a mi esposa, mi hermana se metía el consolador en su concha.

    Cuando ya estábamos a punto de acabar, mi hermana se levantó y me hizo que me montara sobre Ana, mientras ella lubricó el consolador y se lo puso en el culo de mi esposa y comenzó a perforarle su trasero. Ana gemía y se retorcía ante la doble penetración.

    Yo no aguanté más y acabé en la concha de mi esposa.

    Mi hermana me apartó y metió su cara en la concha de Ana, donde yo acababa de vaciar mi leche, la chupó intensamente sacando los líquidos que le había derramado, Ana no aguantó y se escuchó un grito de placer, al momento de tener su orgasmo.

    Me acosté a su lado y mi hermana aún a nuestros pies, se dedicó a lamer suavemente mi pija limpiando todo residuo de semen.

    Luego se ubicó al otro lado, dejándome en el medio de mis dos mujeres.

    Cuando iba a hacer un comentario, ambas me taparon la boca y me pidieron que me quedara callado y que disfrutara el momento.

    Allí estaba yo en medio de mis dos excelentes mujeres que amo, entregados en una difícil, pero fascinante relación.

    Loading

  • La consecuencia de un trío

    La consecuencia de un trío

    Definitivamente esta historia, no es un cuento, sino es parte de una confesión que al tiempo no mucho de haber ocurrido el suceso me refirió en un bar de Almagro de la calle Quito donde paran muchos taxistas, medio intoxicado de alcohol, Horacio.

    Sorprendido narró (cuando en ese día por la mañana se separaba definitivamente de su mujer Julia) como se inició el peor juego de su vida.

    -Sin duda Gustavo, ello se debe a una travesura idiota que decidimos tomar parte y como resultado final Julia, partiría dejando todo. Absolutamente todo, hasta la tenencia de dos sus hijas. Posiblemente se fue siguiendo el curso de una aventura.

    Todo empezó como un juego y circunstancialmente una tarde de invierno, para cuando ya habían terminado de hacer el amor.

    Julia y Horacio era un matrimonio de mas de diez años de convivencia en común, vivían en un departamento cerca de la calle Cuenca y las vías del ferrocarril en ese entonces San Martín.

    Horacio desde hacía un tiempo notaba que Julia al terminar de amarla no se sentía bien sexualmente, como al inicio de las relaciones, en las que Julia pasaba media hora en recuperarme sin levantarse de la cama para higienizarse.

    Entendía él que estaba cayendo en ese letargo de todo matrimonio que no dejaba de ser reconocido el tiempo y la continuidad de las relaciones sexuales.

    Si bien Horacio nunca no fue un amante de aquellos (los que te agotan en la cama) me confesó Julia, mas bien era práctico, sabia de mis tiempos a la perfección y ello lo beneficiaba en la técnica de provocarme una serie de orgasmos antes que él se corriera en su interior.

    Siempre lo hacía por única vez, pero ello la satisfacía enormemente.

    Pero ahora la situación de la economía hogareña mas algunos problemas de parte de la familia de Julia, habían cambiado el humor de Luis tanto en lo sexual y con ello la pareja empezaba a de a poco a decaer.

    Horacio le dijo a Julia cuando hubo de empezarse a levantar de la cama una noche de fracaso en lo sexual:

    -¿Y si, buscamos algo que nos caliente a los dos, como hace tiempo que no nos ocurre?

    -¿Pero cómo y qué? -le respondió Julia asustada.

    -Julia espera a que te cuente, ayer mientras navegaba en la Internet vi un lugar, donde matrimonios hacían intercambios, los publicaban del modo y la forma que quisieran tener sexo, es decir dejar surgir sus fantasías. ¡Y si publicamos nosotros, Julia te parece! Además, ayer por la tarde leí en una revista del tipo sexual cuando iba al trabajo. Dicen que esas cosas, motiva a la pareja como engendrando nuevas pasiones, así es como se consigue liberar tu interior sexual y tus mismas emociones escondidas, Julia.

    -¿Y cómo debe ser, me asustas Horacio? Eso es simplemente meternos los cuernos entre los dos.

    -Pero por los dos consentido Julia, ninguno caerá en la sonsera que es un engaño en la pareja.

    -No Luis, mi conducta de mujer y madre de dos mujeres me cohíbe. No definitivamente no, Horacio me cae mal y además como me vas a compartir entre uno que no conozco y verte ahí al lado mío disfrutando con otra mujer, me haría daño. No entro en ese juego.

    Pasaron los días, las semanas. Horacio parecía mas ausente que de costumbre, y siempre miraba como pidiéndome que cediera a Julia.

    Y si hasta en varias oportunidades pretendió sacar el tema cuando las niñas salían a la casa de la abuela en su habitual visita de los sábados por la mañana.

    Pero siempre la misma respuesta.

    No eso no es para mi.

    Una vez cuando Julia volvía del “super” después de haber comprado las cosas mas necesarias para la casa, a su lado caminaba acompañándola Patricia quien era su amiga desde que la menor de sus hijas iba al preescolar.

    A una respuesta a una observación de lo mal que me encontraba anímicamente Julia.

    Esta a Patricia le mencionó:

    “es que la pareja anda mal y es que entre otras cosas, por la abstinencia de sexo desde hace casi ya dos meses”. Horacio, ha cambiado tanto le terminó diciendo…

    Y como al salir de contexto le menciona Julia a Patricia, suponiéndome que sería ello criticado:

    La ocurrencia de su esposo.

    Patricia se quedó mirándola un tiempo y le respondió algo temerosa a Julia.

    -Que santa eres, en tus relaciones con Horacio, Julia Y hasta para vos misma.

    Agregando casi al momento.

    -Y a ti mucho, y a mi nada.

    Julia se quedó asombrada mirándola, pero Patricia siguió diciéndole:

    -El mío si me lo pidiese, no tendría… que ir tan seguido de compras y cuidándome que no se dé cuenta. En realidad, de compras con el sueldo de Juan lo único que puedo comprar es leche y pan. En realidad, salgo a que… algún hombre me ponga de espalda en la cama de un hotel o en su casa y me penetre de lo lindo.

    -Pero como, tu… le haces los cuernos a Juan -respondió Julia.

    -No me juzgues mal… Julia. Si mujer claro, desde ya hace un tiempo, casi un año, pero claro no me animaba a comentártelo. Sabes salir así de vez de putas me ayudó algo en mi matrimonio. Al menos para que no se disolviera. Y descubrí que la rutina te achaca mujer, en lo sexual y eso. Además, sabes como la mueve dentro de ti otro hombre. Es otro hombre cuando lo hace, y no tu marido que le conoces de memoria. Ahí lo ves no te lo imaginas como en la tele o cuando te masturbas en la pieza, al menos en las tardes como lo hacía antes. Te lo hace… te la mete de verdad, con ganas sin la obligación de cogerte y por eso de vaciarles los huevos a tu esposo.

    Ese amante circunstancial te obliga a ponerte en línea, a seguirlo en todo aunque ello sea deliciosamente chancho. A ponerte en cuatro o así, de acá, para allá, de arriba, de abajo, a lo misionero, a lo perrito. Hasta algunos te acaban en las tetas, sobre el culo, en los labios. Julia eso me excita el hacerlo sin rendir examen en la cama a mi marido, sin que él quede satisfecho, y a ti te deje por la mitad, fingiendo un orgasmos. Y después corriendo al baño a masturbarte. Eso de obligarte, es lo que me emociona. Sabes hago como que no quiero y él se excita aún más, yo me rio por dentro y él se inflama por su pene:

    Me calientas como una puta de la calle, Patricia -me dicen al oído. Y él siente que me domina. Te piden mil cosas que te hacen hervir la sangre, al fin de cuentas el cuerpo de una mujer es elástico. Y tú ya lo sabes eres casada, y recuerda lo que podemos resistir, y si no morimos al tener un hijo… ¿Como no vamos a soportar, a un buen miembro que te parta en dos? No nos hagamos la virgencitas a esta altura Julia…

    Volvió más que desconcertada a su casa cuando su amiga le terminó de decir que ella al menos, dos o tres veces en el mes, salía con un desconocido.

    -Una sola vez eso sí. Para que él no se encariñase demasiado. Sabes Julia, ese es el error de todas las mujeres. Lo hacen con uno solo, y allí te pica la vacuna del amor. Pero al ser más o menos desconocido, la relación se corta fácilmente. No seas tonta, usa un forro, y se acabó la cosa.

    Esa misma noche le aceptó la propuesta a Horacio.

    Mas por curiosidad que por otra cosa.

    Publicaron un aviso en esa página de Internet, pero a diferencia de los demás, ella consistió en tener sexo con un “extraño” pero acotó la idea al menos al inicio que Horacio participase también y no hubiese ninguna mujer.

    Aceptó Horacio con reproches, pero al menos ello los motivaría esa noche.

    Horacio sería el encargado de seleccionar al visitante, y ella les proporcionó sus exigencias.

    Acudieron al jueves, los que a Horacio por las observaciones de Julia les parecía que cumplirían las exigencias, y al finalizar la tarde quedo Ismael seleccionado.

    Era un hombre simple, sin vueltas, sabía lo que quería además había tenido varias experiencias en el tema, se lo veía culto y discreto.

    El sábado a las ocho de la noche puntualmente llegó Ismael.

    Traía un ramo de flores, para Julia y un vino de primera marca para la cena, la casa estaba ese fin de semana a disposición del matrimonio ya que Julia a sus hijas esa mañana los había llevado, a lo de su suegra.

    El barrio donde vivía el matrimonio, era típico así que nadie sospecharía que en esa casa esa noche Julia aprendería a gozar, como nunca se había imaginado.

    Julia se había vestido muy elegante de negro, además de ponerse un juego de ropa interior nuevo y realmente diminuto, también se hubo de depilarse el sexo para que ningún vello saliese de su bombacha cavada.

    El corpiño era delicadamente pequeño sostenido en la espalda, pero muy liviano, así de esa manera al visitante le mostrase a través de la tela lo excitada que Julia se sentía, al marcárseles sus dos pezones.

    Horacio estaba discreto, pero al inicio de la conversación se sentía un poco incómodo, cosa que en la comida se fue distendiendo.

    Pero nadie en la mesa abordaba el tema, aunque flotaba en el aire y las miradas provocadoras de Ismael le fueron incendiando la sangre a Julia, que ya empezaba a frotarse los muslos, con disimulo.

    A los postres decidieron tomar el café en el living.

    Horacio acalló el silencio con el compact, poniendo música de Luis Miguel, que cantaba en tono algo bajo, y que ya para esta altura, nadie le prestaba atención.

    A una invitación de Ismael, Julia empezó a bailar y ambos al cabo de un tiempo se encontraron empezándose a acariciar, él le pasaba la mano por su cola en forma disimulada, y ella empezó a notar que el miembro de Ismael le prometía un buen momento.

    Y como dejándose llevar por las pasiones Ismael le dijo:

    -¿Dónde queda el dormitorio?

    Julia con la mirada le indicó y él la condujo atrapándole la mano, pero diciéndole a Horacio.

    -Espera, un poco y prepara una copa

    A un tiempo prudencial entra sin ruido, dejáremos entornada la puerta.

    -Si, claro -dijo Horacio

    Y en ese momento Julia observó algo de turbación en su esposo.

    Se dejó llevar a la pieza. Ismael era eminentemente un hombre que sabía aprovechar el tiempo, que le daba Julia en su obnubilación, ya que en segundos le bajó el vestido quitándole también el corpiño.

    Julia le dejó hacerlo casi sin oponer resistencia, la mínima como para vencer su pudor, pero notó que sobre un seno encontró los labios de Ismael.

    Inconscientemente y a medida que aumentaba su excitación desprendió ella misma la bragueta del pantalón de Ismael para ir de a poco introduciendo la mano, primero sobre su calzoncillo buscándole el sexo, para luego bajarlo un poco y tomándolo al pene, con seguridad entre sus manos.

    Descubrió asombrada, que a diferencia del de su esposo Ismael tenía buenas proporciones, pero no en lo largo ya que falsamente sería como la de su marido, sino en lo ancho.

    Cuando Ismael sintió la mano de ella, le dijo al oído.

    -Cuidado mujer que estoy muy caliente, solo apréstamela con la mano, pero no me masturbes, que estoy por acabar.

    A ella, esto le sonó nuevo y enérgico ya que al finalizar ese dialogo tuvo un intenso orgasmo.

    Se corrió en su interior como nunca le había ocurrido lo que le obligó a arquearse y aflojarse sobre los brazos de Ismael.

    Ismael le llevó a la cama, ella le acompañaba exhausta de gozo y depositándola sobre la misma, le empezó a desnudar.

    Cuando se observó desnuda, y como saliendo de su aletargo, Julia empezó contemplar el cuerpo desnudo de ese hombre.

    Era marcadamente atlético, ya que deportista y además de cuidado, era macizo, pero lo que sin duda le llamó la atención fue su miembro.

    No era como el de su marido, pero comprendía que Ismael estaba terriblemente excitado a su miembro le notaba como amenazante y erguido, inclinado levemente al costado mostraba un grande rojo, rojísimo y grande, como una ciruela.

    De esa cabeza alcanzaba a ver unas pequeñinas gotas. Era su semen que amenazaba con salir.

    Sin que ella notara Ismael se agachó levemente y con ello le fue introduciendo su sexo.

    Fue allí que Julia recordó las palabras de Patricia:

    “Descubrirás que no todos lo hacen igual ”

    Él fue delicado al principio, pero enérgico, cuando notó la dificultad producida por su estrecha dilatación inicial, ahí le proporcionó una envestida seca y segura, lo que a Julia le obligó a cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás, por el dolor. No quería demostrarle a ese hombre que hacía tiempo que no la cogían verdaderamente, la estaba como de nuevo desvirgando y después de ser madre dos veces.

    Y para cuando la obliga a tomar el ritmo, ya tenía prácticamente introducida todo su miembro, y ahí fue cuando Ismael la levantó de sus caderas, justo cuando ingresaba Horacio.

    A la vista de su esposo Julia fue penetrada enérgicamente como descargando la deseo el de Ismael ante la mirada asombrada del esposo.

    Julia no pudiendo sopar tanto placer mezclado de dolor emitió desde el fondo de su garganta, un ronco y sentido grito de placer que partió el silencio de la habitación.

    Y encendió la lujuria de su esposo que fue a mirar de cerca como era penetrada por un extraño, su esposa.

    Desnudo, Luis se empezó a masturbar con su cara enrojecida de tanto placer. Y su miembro ahora había recobrado la vitalidad de antes.

    Julia recuperándose le llamó y luego tomándole el miembro con su mano se lo introdujo en la boca.

    Horacio le hacia el amor en la boca e Ismael le había levantado las caderas en una suerte de arco en la cual a ella le obligaba a caer sobre la cama y luego subirla, lo mismo ocurría con su sexo se salía y metía constantemente lo que enloquecía de placer a Julia.

    Ya había perdido la noción del tiempo Julia que era penetrada casi salvajemente cuando notó que su esposo se venía en su boca, y como adivinado la intención Ismael hizo lo mismo, pero dentro de su concha.

    Julia los recibió a los dos por igual, desplomándose en la cama con la piernas abiertas mientras que Ismael caía rendido en el suelo apoyándose en la cama.

    Esa noche Julia de desinhibió de pronto y para siempre y en el curso de esa noche hasta se atrevió ya muy sacada de si, a darle la cola tanto a su esposo como a Ismael.

    No supieron cuántas veces ese matrimonio hizo el amor ya que al amanecer ella se encontraba en el medio de los dos hombres durmiendo, con el sexo de Ismael en la mano.

    Las visitas se revivieron al otro sábado, luego fue en la semana.

    Y un día ya Julia no durmió más en la casa…

    Loading

  • Mi suegra, gordita inesperada (3)

    Mi suegra, gordita inesperada (3)

    Mi suegra me comenzó a besar desesperadamente, a lo que yo respondí metiendo mi lengua en su boca acariciando todo su cuerpo con mis manos, pero me separé y mi suegra con cara de extrañada se sorprendió, entonces le dije:

    Y: suegrita tenemos toda la tarde vamos con calma que quiero recorrerla completita

    S: si yo quiero ser tuya como el otro día

    Comenzamos nuevamente a besarnos, pero ahora más despacio saboreando nuestras lenguas, baje y le di una mordida a su cuello lo que hizo que me metiera las uñas en la espalda, baje los tirantes del vestido para verla solo con ropa interior, pero ella no dejo que caiga (es una mujer demasiado conservadora, era de día y no quería enseñar su rollizo cuerpo).

    Y: déjeme hacer suegrita, que a mí me encanta toda usted. Quiero verla completita por todos los ángulos.

    S: pero vamos al cuarto

    En el cuarto seguimos besándonos y por fin le pude quitar el vestido completo, extendió su pequeño pero robusto cuerpo en la cama, solo la cubría un sostén color negro y un calzón del mismo color. Me acerqué a ella aún de pie y me quité toda la ropa parado como estaba mi suegra extendió la mano y comenzó a acariciarme el pene, que para el momento ya estaba apuntando al techo.

    Acerqué mi pene a su cara y ella ya sabía lo que tenía que hacer, lo comenzó a lamer desde la base hasta la punta y llegando ahí se lo metía todo. Mi suegra sí que sabe chupar una verga. Ella estaba encantada chupando mientras yo admiraba esa escena. Era increíble ella acostada se acomodó dejándome ver si trasero que a pesar que su calzón era grande se le metía casi como hilo dentro de su gigantesco trasero. Nuevamente me aparte y mi suegra con cara de molesta vio cómo iba a la parte trasera.

    Ella se puso en perrito pensando que la iba a penetrar, pero yo comencé a lamer sus nalgas, mordisquearlas besarlas acariciarlas, mi suegra comenzó a gemir como si la estuviera penetrando. Mi suegra estaba disfrutando de mi trabajo y mientras le mordía y lamía el trasero comencé a meterle los dedos en la vagina. Al realizar la penetración con solo mi dedo mi suegra comenzó a tener su primer orgasmo del día, mi suegra convulsionaba mientras yo seguí metiéndole dos dedos y mordiendo y lamiendo ese culo inmenso.

    Mi suegra no aguantó más y cayó sobre la cama, se quitó el brasier y se volteó, me miró y me dijo:

    S: que rico me has hecho llegar y no me lo has metido

    Y: no se relaje que todavía tenemos mucho rato más suegrita hermosa

    Me le acerque y comencé a besarla otra vez pero ahora si después fui a morder y jugar con sus senos, mi suegra abría las piernas esperando se lo introduzca, me lo pedía con suplicas, pero después de jugar mucha rato lamiendo y mordiendo sus senos maduros baje mi cabeza hasta la altura de su vagina, ella sabía lo que iba a pasar cerro los ojos, mi lengua ya estaba lamiendo los labios vaginales de mi suegra que comenzaba a gemir más y más fuerte, le metía la lengua a su caliente cueva y ella me agarraba la cabeza queriéndome hundir dentro. Ahora si me incorporé y sin miramientos le introduje mi pene de un solo golpe y fuerte.

    El grito de placer de mi suegra debió escucharse hasta la casa de al lado, pero no nos importó, le metía mi pene fuerte varias embestida mientras nos besábamos llenos de lujuria, mi suegra me mordía la oreja y yo tomaba sus tetas con mis manos pellizcándolas. Mi suegra agarro sus piernas con sus manos y se las abrió más, quería comerme con su vagina, estuvimos buen rato ahí hasta que le dije, suegrita quiero su culo. Y ella rápidamente se salió de la posición y se puso en 4 patas.

    S: comete mi culo, es todo tuyo, te confieso que solo lo hice una vez con tu suegro, pero quiero que te me lo partas siempre

    Y: usted desde ahora es mi mujer(se lo decía mientras se lo metía, ella solo asentía con la cabeza por el dolor)

    Se lo metí todo y no me moví para que mi suegra se adecue a tener mi pene, hasta que ella sola empezó el vaivén y yo lo seguí acariciando esas dos masas de carne que me volvían loco.

    S: si Andrés, dame más quiero hacerlo así rico

    Y: si suegrita dígame quien es su marido

    S: tú, tú lo eres

    Y: de quien es este culo tan rico

    S: tuyo mi amor tuyo

    Y: y esta vagina tan sabrosa (metiéndole el dedo)

    S: ohhh que rico… tuya también tuya

    Me salí y me senté al pie de la cama, le dije que se sentara encima mío para que se lo introdujera, pero me senté de frente al espejo del cuarto a lo que cuando se sentó se vio desnuda sentada en el pene de su yerno gimiendo de placer, mis manos fueron a parar a un seno y el otro lo metí dentro de la vagina.

    S: oh, que rico nunca me habían hecho esto

    Y: mírese al espejo suegra, mírese como se la come su yerno querido.

    S: Si oh oh… Eres un pervertido Andrés

    Y: ¿pero al final a usted le gusta que sea así o no?

    S: oh oh oh sí, me encanta oh nunca me había mirado haciendo el amor

    Y: la próxima vez nos voy a tomar foto y grabar

    S: oh oh oh.

    Mi suegra llegó y dejé soltar todo mi esperma, yo me había estado aguantando ya, tan solo vernos al espejo con mi suegra casi me hace eyacular.

    Nos acostamos aun con mi pene en sus entrañas, se salió lentamente y mi suegra me dijo:

    S: si quiere acá yo tengo una cámara que nunca usamos, puede ser nuestra…

    Y: ay suegra usted si me vuelve loco, hay que cargarla

    Ese día lo hicimos como locos hasta 1 hora antes que llegara mi esposa a la casa de su mamá, no nos pudimos tomar fotos ni grabar porque al estar ocupados metiéndole el pene y ella gritando nos olvidamos.

    Todavía me quedan 14 días y quiero hacer todo con mi suegra, aunque solo me falta el trío (ya tengo una candidata) y bueno probar con unos juguetitos…

    Loading

  • Ivette no era infiel con mala intención

    Ivette no era infiel con mala intención

    Era temprano, salir de la oficina, y estar en la calle para visitar a un cliente antes del mediodía era algo que representaba un reto para Ivette, sabía que las ventas de seguros eran algo que en su familia se había convertido en una tradición, y que ella, por ningún motivo debía fracasar en esta aventura profesional.

    Se había casado joven, no con su hombre soñado, pero Eduardo le había dado tres hijos, y a pesar de que la relación había dado fruto, ella siempre se había sentido incompleta, y a sus 48 años, 1.70 de estatura, piel blanca como la nieve, pelirroja natural, de figura curvilínea, grandes senos, poderosas piernas y torneadas caderas, sonrisa fácil, y una expresión facial que mezclaba un aire infantil y juguetón, con una sensualidad que emanaba de cada poro de su epidermis.

    A lo largo de sus primeros años de matrimonio, había probado la fruta prohibida de la infidelidad ocasional, en diversas oportunidades, primero sintiéndose culpable, pero después, notándose liberada, como si la vida le diera oportunidad a través de su infidelidad de encontrar en esos hombres, el romance que formaba parte de su fantasía de encontrar al hombre perfecto.

    Ivette no era infiel con mala intención, si es que esto era posible, era infiel porque deseaba vehementemente que un hombre que llenara sus expectativas surgiera de alguna de esas múltiples aventuras que se habían dado ocasionalmente de vez en vez, pero que también ella había provocado con su coquetería natural, y su abierta sexualidad.

    Al llegar a la oficina del corporativo que tenía que visitar, fue atendida por una asistente ejecutiva alta y esbelta, la cita con el señor Márquez, propietario de la empresa camionera que deseaba asegurar su flotilla de autobuses era una oportunidad de oro para Ivette que, en caso de cerrar la transacción ganaría una muy jugosa comisión mensual que pondría fin a algunos apuros económicos de la decidida vendedora.

    -hola, soy Alina, el señor Márquez ya la espera, gracias por su puntualidad- Ivette sonrió y agradeció la cortesía – Un placer estar aquí, espero que mis servicios llenen sus expectativas.

    La mujer que recibió a Ivette hizo un gesto, bajo sus ojos y recorrió a Ivette de pies a cabeza, con lentitud casi morbosa, con tanta lentitud y detenimiento, que Ivette se percató de su actitud, verifico sus zapatos de tacón alto y correa a la altura del tobillo, el vestido floreado, de verano, que delineaba las curvas y protuberancias del cuerpo de Ivette, el vestido presentaba un escote que destacaba los dos senos turgentes copa D que tanto orgullo le daban a su poseedora – Señora Ivette, le garantizo que el señor Márquez estará encantado con usted, y seguramente llenara sus expectativas y alguno más – esta última frase la dijo sonriendo con picardía, como anticipando algo, un algo que Ivette no alcanzaba a descifrar y que después descubriría profundamente.

    -Permítame anunciarla, siéntese por favor- Alina se dio la vuelta y se dirigió a su amplio escritorio mientras Ivette tomaba asiento en el amplio y mullido sillón de piel a un costado de la iluminada estancia que era antesala para ingresar a la oficina del magnate camionero.

    Ivette vio a Alina levantar el teléfono, sonreír, y escucho que la treintañera asistente ejecutiva decía, sí señor, es lo que usted estaba esperando, se sentirá complacido.

    Ivette noto las cámaras de seguridad en la parte alta de la oficina, una a cada lado del techo, es decir, su cliente seguramente ya la había visto, y tal vez Alina destacaba ante su jefe su puntualidad y seriedad en el trato, Ivette no tenía idea de que eran otras cosas las que la asistente había mencionado a su jefe a través de la línea telefónica – Un momento, en 10 minutos el señor Márquez la recibirá, ¿gusta tomar algo? Tenemos un vino rosado de excelente calidad, frio y perfecto para sentirse relajada antes de una cita tan importante- Ivette sonrió, y medito su respuesta, pensó: ¿vino al mediodía en una cita de trabajo?

    Sin acertar sobre que decir, vio a Alina caminar hacia ella en su elegante traje sastre, ya con la copa de vino en la mano, y antes de que pudiera responder las largas manos de la asistente le estaban entregando su fina copa de cristal cortado con una generosa cantidad de vino –Ivette agradeció, con una pequeña caravana al tiempo que Alina sonrió una vez más, se dio la vuelta y regreso a su escritorio, Ivette se llevó la copa a los labios y sintió que el dulce sabor de la generosa bebida le caía del cielo, había sido un día caluroso y el traslado hacia la zona de edificios ejecutivos había sido tortuoso en medio de un tráfico incesante y un sol a plomo.

    Tras varios tragos a la bebida, se dirigió a Alina, y le dijo: gracias por la copa, verdaderamente me ayudo a relajarme, y además me refresco mucho- la asistente volvió a sonreír y le respondió – que bueno que se siente relajada, eso es importante para tratar con el señor Márquez.

    El sonido del timbre del teléfono interrumpió a la mujer, quien clavo su mirada en Ivette y le dijo, adelante señora, el patrón está listo para recibirla.

    Ivette se levantó, meso la falda sobre sus protuberantes glúteos, y su cadera, y camino hacia la amplia puerta de doble hoja frente a ella, la oficina y su cita con el destino estaba a su alcance, Alina abrió una de las dos puertas e Ivette se internó en una amplísima oficina con muchos ventanales que daban a la ciudad desde el décimo piso en donde estaba situada, una pequeña y elegante sala de tres piezas al lado derecho, y al fondo un hermoso juego de oficina de chapa de nogal con un gran escritorio y una silla ejecutiva alta que semejaba a un trono, y dos sillas sin abrazaderas frente al escritorio.

    Ahí, detrás del voluminoso mueble, estaba el señor Márquez, quien estaba de espaldas a la puerta en ese momento, pero al escuchar el sonido de la puerta comenzó a girar, viendo a la mujer que entraba en su espacio, Márquez y su mirada oteo el físico y apariencia de Ivette como lo había hecho antes su asistente, era un hombre alto, de casi un metro noventa centímetros, de manos grandes, canas en las sienes, y una piel morena clara que hacía juego perfecto con sus ojos verdes.

    Ivette no pudo evitarlo, para sus adentros pensó: que delicia de hombre, y se sintió emocionada primero y algo excitada ante un hombre que era lo que ella desearía para poder gozarlo cuantas veces quisiera.

    -Bienvenida Ivette, Alina no se equivocó, es usted una mujer muy elegante y hermosa, y espero que nuestro encuentro de negocios sea un verdadero placer- su sonrisa la derritió, el énfasis que el hombre hizo en la palabra “placer” fue notorio, e Ivette volvió a cavilar sobre el sentido que este maduro hombre de 46 años le había dado a su comentario.

    Ella adopto rápidamente su papel profesional, saco algunos papeles y gráficos de su portafolio, y permaneció de pie frente al hombre que se apuró a dar la vuelta al escritorio, saludarla de mano, darle un gran beso en la mejilla y retirar la silla para que la vendedora se sentara frente al escritorio.

    Adelante Ivette, dígame, ¿Qué tiene que ofrecerme? Ella se inclinó hacia el frente, la distancia entre su cliente y ella, con el enorme escritorio de por medio era muy grande, al inclinarse, el escote de su vestido se abrió un poco, dejando ver el hermoso canalillo que se formaba en medio de sus senos, dicha vista fue aprovechada a la perfección por Márquez, quien no perdía detalle mientras ella le hablaba de los planes de seguros para los vehículos de su compañía, en el curso de la conversación.

    Ella nunca se percató de que el hombre disfrutaba de una vista perfecta de sus pechos, que con cada movimiento de ella sobre las hojas en el escritorio se balanceaban tentadoramente, en un momento, ella tuvo que incorporarse de la silla y así, de pie e inclinada sobre el escritorio siguió con su exposición, el hombre de negocios la interrumpió un momento y afirmo – Vaya que usted hace bien su trabajo, me tiene plenamente interesado en sus grandes planes – Ivette sonrió, y siguió hablando, seguía inclinada, con el vestido de tela suave resbalando a la altura de su pecho y las dos telas cruzadas se descolgaron un poco más, ampliando el ángulo de visión para el hombre que estaba frente a ella.

    Márquez se levantó, de la silla, y dijo. Siga Ivette, la escucho, y procedió a dar la vuelta desde su escritorio, quedando detrás de la vendedora que entusiasmada en la exposición, no alcanzo a ver al hombre que analizaba con detenimiento sus piernas, sus caderas, las nalgas y la espalda así como su cabello rojo como el fuego, él se acercó por detrás de ella, quien sintió su presencia y se incorporó lentamente, volteando a verlo, sonrió ligeramente y dentro de sí medito sobre el descarado análisis al que había sido sujeta por el varón que ahora estaba a un paso de ella justo a un costado de la silla – ¿le ha gustado el plan? Todavía hay muchas cosas que tengo que enseñarle, todavía no termino…

    Él la interrumpió, en forma amable, sonriendo, ella volvió a sentir esa calentura y entusiasmo que el hombre la había hecho sentir cuando le vio anteriormente – Ivette, soy un hombre de negocios, y estoy acostumbrado a realizar transacciones comerciales importantes en muy poco tiempo, y sé que lo que usted y su compañía me ofrecen, es lo mejor para asegurar mi flotilla, siéntase tranquila.

    Ahora él estaba dentro de su espacio, menos de medio metro entre ella y ese hombre 20 centímetros más alto que ella, que le encantaba, que la hacía sentirse como una adolescente entusiasmada por el maestro, ¿Qué tanto estas dispuesta a hacer para cerrar este trato Ivette? La pregunta la sorprendió, ella dijo – sinceramente señor Márquez, esta es una venta muy importante para mí en lo personal, y para la compañía que represento, casi podría decirle que hare lo que sea necesario para que usted se sienta complacido, y firme con nosotros y no con otra empresa.

    -Complacido ya estoy, es un gusto ser atendido por alguien como tú – la tuteo por primera vez – y como te dije, escuchándote, sé que tu oferta es lo que necesito, pero debo ser franco, quiero una atención verdaderamente personalizada de mi agente de seguros, algo que sea más que la atención que ofrecen la pólizas, estiro la mano, y toco su rostro, fue una caricia suave, con esas manos inmensas, y con un aroma a una colonia exquisita, un estremecimiento súbito recorrió la piel de Ivette, quien se sonrojo, y esbozo una sonrisa tímida pero no menos coqueta.

    –Señor Márquez, soy una mujer casada

    –Lo sé, dijo el empresario, lo note por la argolla de matrimonio en tu mano, y debo decir que tu marido debe ser un tipo muy feliz teniendo a una mujer madura, atractiva y profesional junto al el.

    Ivette bajo la mirada, pero se recuperó rápidamente del piropo, y levanto la cabeza para decir algo, pero no pudo hacerlo, el hombre estaba ya ahí, entre la silla y el escritorio, a centímetros de ella, y le robo un beso en forma sorpresiva y relampagueante, Ivette solo respondió al ósculo, había sido tan osado, tan hábil, que quedo indefensa y su propio deseo la traiciono.

    La lengua del empresario se abrió paso entre los labios pequeños y rosados de Ivette, sintió como el hombre adelanto su humanidad y sus brazos entrelazaron su cintura y la jalaron hacia él, un flujo de sensaciones, incluyendo una lubricación inmediata cundieron por todo su cuerpo, sus senos altamente sensibles se apretaron vigorosamente contra el sólido pecho del hombre que le robaba el beso, y que ahora, estaba segura, podía hacerle lo que él quisiera.

    La delgada tela del vestido, era una barrera tímida ante las sensaciones que las caricias cada vez más atrevidas prodigaban, ella quiso retomar su compostura, y aun cuando internamente deseaba que el la hiciera suya, quiso poner distancia empujándolo, el separo sus labios de la boca ávida de la mujer, quien solo pudo decir – ¿qué me haces? – nada aun, contesto el varón, quiero hacerte ¡todo! Ella se ruborizo y sintió el calor recorrer su rostro y en una oleada completa bajo por su cuello, quemo sus senos, su vientre y su sexo, Ivette sabía que no había defensa y que sería poseída en esa oficina esa tarde.

    La mano de inmensas proporciones copo a Ivette por las nalgas, bajo el vestido había un delicado pantie de encaje, de dimensiones regulares que hacía juego con su brasiere, ya había tocado las frondosas carnes de la vendedora por encima de la tela, pero ahora comenzó un recorrido de arriba hacia abajo, sin soltar el beso, que seguía invadiendo la boca de Ivette, la mano se metió curiosa por debajo de la tela, sus dedos eran tan largos que abarcaban el gran trasero de la mujer que seguía extasiada en el beso, sin notarlo, tal vez más por reflejo que por voluntad, separo las piernas para facilitar el acceso a esa mano que, desde atrás, estaba a milímetros de su húmedo coño que estaba inundado de sus líquidos lubricantes que manaban incontrolablemente ante la sensación del macho.

    Ivette, no te quiero condicionar, pero debo decir, que una vez que hayas sido mía, el contrato y la venta será tuyo, desde que te vi a través de la cámara de seguridad desee tenerte, tocarte, sentirte, las palabras de Márquez encantaban la vanidad de la mujer casada que estaba siendo tocada por alguien que no era su esposo – No sé por quién me tomas- afirmo Ivette – no quiero que pienses que soy una puta que se vende por un contrato – el contesto – Jamás lo he pensado, solo te informo que te deseo, y que cuando termines de entregarte a mí, además del placer, tendremos un negocio que satisface lo que yo necesito y que te otorgara un ingreso importante producto de tu trabajo, no de tu sexo, quiero que lo tomes así.

    Por dentro, Ivette se sintió como usada, sería una puta que daría su cuerpo a cambio del contrato, pero una vocecilla interior respondió a su pensamiento, lo vas a hacer porque te encanta, y además, ganaras un dinero divirtiéndote…

    La mano de Márquez seguía abierta, copando las abundantes carnes del trasero de Ivette que se estremecía con el recorrido descarado, casi vulgar que su cliente realizaba en su curvilínea anatomía, su mano cerro los dedos, y se metió por en medio del amplio puente entre los poderosos muslos de la pelirroja que sintió esos gruesos y largos dedos hacer contacto con su sexo, moviendo hacia un lado la delicada tela, y llegando a su labia exterior…

    Un suspiro largo y un gemido delicado y sensual broto de sus labios cuando su atrevido comprador uso el dedo pulgar y el anular de su mano diestra para jalar el encaje de la prenda hacia un costado, asegurándose que no regresara a cubrir la mojada abertura de la mujer, y uso los mismos dedos para abrir la vagina e introducir el grueso dedo índice en la entrada de la abertura – hummm, oh –gimió Ivette, y el procedió a jalarla más, atrayéndola hacia su cuerpo, mientras ella arqueaba la espalda para facilitar la introducción del dedo que ahora exploraba y acariciaba la parte más íntima de esa mujer casada que, una vez más, volvía a violar sus votos, disponiéndose a dar rienda suelta a sus altamente desarrollados instintos sexuales.

    Señor Márquez – dijo Ivette – José Luis, Ivette, llámame José Luis – contesto el hombre, que percibía el exceso de humedad en la cavidad tierna y tibia de ella en la punta del dedo que ahora hacia movimientos circulares dentro de la oquedad de ella, Ivette seguía gimiendo, y dijo quedamente, nos van a escuchar, el, simplemente sonrió y le explico – como tu bien sabes, soy viudo, y mi oficina ha sido testigo de mi búsqueda de mujeres hermosas que, como tú, estén abiertas a una tarde placentera, y que quieran estar un rato conmigo, mi asistente es acreedora de toda mi confianza y ella sabe que mientras yo no la llame, no debe molestarme, además de que la oficina tiene un sistema de aislamiento al ruido que hace imposible que nos escuchen linda, así que, puedes dar rienda suelta a tu pasión.

    Ivette se sintió una vez más, usada, la confesión de José Luis Márquez de que lo que le estaba haciendo a ella, ya se lo había hecho a otras, le molesto un poco, pero, misteriosamente, la excito aún más, sería una más, si, pero pensó, seré una más que le será difícil olvidar.

    Ivette se alejó apoyando sus manos en el pecho de su aspirante a amante, rompió el beso, y el dedeo insistente en su vagina que ahora ella sentía rezumaba jugos mojando la parte interna de sus muslos, sus pezones le dolían, y la anticipación de contacto sexual la estaba volviendo loca, la falda del vestido cayo cubriendo sus nalgas, todavía con la tela del pantie hecha a un costado de sus hinchados labios vaginales, se recargo en el borde del amplio escritorio, y le dedico a su amante una sonrisa juguetona y coqueta, ¿no vamos demasiado rápido?

    Él echó un paso hacia atrás, y contempló una vez más a la mujer madura con las mejillas rojas por la excitación, y le contestó – No, al contrario, me encantaría que te quitaras la ropa para mí – Ivette había perdido toda inhibición, ahora era ella quien quería controlar el show, se llevó las manos a la cintura y procedió a retirar el cinto de tela que acinturaba el vestido, la delgada tela cruzada se abrió inmediatamente tras de que ella quitara el cinturón, las enormes tetas de Ivette en su brassiere rematado de encaje eran incitantes, y el frente de sus pantaletas, que, estaban hechas a un lado dejando ver el matojo de pelo púbico rojo, y sus hinchados labios vaginales.

    Era una invitación increíble para el empresario que tras verla así, solo acertó a decir – eres una puta deliciosa.

    Ivette sonrió pícaramente ante el insulto, dio un pequeño paso al costado, y dejo que el vestido resbalara hasta caer en el piso, después paso los brazos por detrás de su espalda, y lentamente proyectando su cadera hacia un costado sin dejar de sonreír, desabrocho el clip que sujetaba el brassiere, mismo que procedió a retirar despacio, haciendo que su apasionado observador casi perdiera la razón, con mucha pericia, las dos correas del sujetador estaban entre las delicadas manos de uñas perfectamente manicuradas y pintadas de Ivette, quien jaló ambas correas hasta la altura de sus exaltados pechos, y dando un paso al frente retiro las copas que sujetaban esas dos enormes piezas de carne trémula medida doble D.

    El hombre aceleró su respiración, y sonrió estúpidamente, anonadado, la vendedora de seguros casada que había entrado a la oficina, era ahora una mujer poseída de deseo, que estaba haciéndole un striptease enfrente de su escritorio.

    Los pechos enormes de Ivette, coronados con pezones de color café obscuro, y aureolas grandes de un café claro, contrastaban radicalmente con la blancura de su piel, y las pecas que adornaban su epidermis, ahora, tras retirar el sujetador, estaban libres de frente al hombre que tenía una erección que rayaba en lo doloroso.

    José Luis tocaba su duro falo por encima de la tela del fino pantalón de vestir, mientras Ivette, dando un par de pasos se colocó a centímetros de su rostro, ataviada solo con sus panties de encaje azul, y los tacones, el sujeto a la mujer por la cintura y se avoco a lamer los pezones que estaban duros como diamantes, y masajeo los dos pechos con sus grandes manos, ella volvió a gemir, y le pidió que retirara lo que le quedaba puesto, sin pensarlo, puso ambas manos al mismo tiempo a la altura de la amplia cadera, tomo las pantaletas y las bajo tirando de ambos lados, hasta que su cara quedo a la altura del pubis de la caliente mujer y la prenda estaba enredada a la altura de los tobillos de ella.

    Ivette levanto primero una pierna, y el hizo pasar la delicada prenda repitió la operación, y finalmente ella estaba frente al él solo con los zapatos de tacón puestos, y esa picara y coqueta sonrisa – cojeme José Luis – quiero que me la metas toda.

    El respondió, estaba sorprendido, era increíble el contraste entre la mujer casi tímida que había entrado a la oficina 25 minutos antes, ahora estaba frente a una hembra hambrienta de sexo que pedía ser fornicada con urgencia.

    José Luis la abrazo por la cintura, bajo uno de los brazos y volvió a magrear el amplio trasero, uno de sus dedos resbalo hasta la entrada del ano de Ivette, quien separo las piernas, el metió el dedo índice hasta la mitad, ella ronroneo como un gatito, al tiempo, la jalo hacia sí, y se sentó en la silla donde antes Ivette había hecho su exposición de ventas, desde ahí, siguió dedeando el ano de ella, y ataco sus enormes pechos con la boca, lamia y chupaba los erectos pezones, y ella se sentía en la gloria, mientras ella estaba ahí, inclinada hacia él, de pie, con sus pechos siendo devorados y su mano derecha dedeando su entrada trasera el movió el brazo izquierdo y tomo la vulva que tanto deseaba.

    El dedeo era ahora simultaneo, un dedo en su apretado culo, y uno más en su empapada vagina, tras unos minutos en esta operación, Ivette sentía sus jugos resbalar por ambos muslos, el finalmente rompió el extraño candado al que la tenía sometida, la llevo hacia atrás y la levanto por la cintura, sentándola en la orilla del escritorio.

    Ella empezó a desabotonar la camisa con manos expertas, retiro la prenda, y la doblo cuidadosamente poniéndola en la silla de a lado, ahora sus manos fueron por la hebilla del cinturón de su amante, pero al mismo tiempo, su mano derecha bajo hasta donde la enorme protuberancia del miembro de él luchaba por escapar de la tela, ante su tacto, la dureza del pene de él, la hizo gemir una vez más.

    –ummm, que rico, quiero esto dentro de mí.

    Subió la mano, y desabrocho la hebilla, abrió el pantalón, y metió desesperadamente la mano para liberar el pene del bóxer debajo del pantalón, durante la operación, el resto de la prenda se deslizo hasta sus tobillos, los retiro con torpeza, atorándose con los zapatos, y entre risas le dijo – ve como me tienes, casi me caigo – para evitar más accidentes él se quitó la camisa que había quedado abierta tras el procedimiento incompleto de Ivette, se quitó los zapatos, y los calcetines, y finalmente el bóxer dejando ahora sí, su pene enhiesto y listo frente a la vendedora de seguros.

    Al tiempo que retiraba sus ropas, la mujer de blanca de piel coronada con pecas, y enormes pechos con pezones en punta, ronroneaba, era una gata en celo, quería más, Ivette se arrodillo frente al macho que deseaba, tomo el pene por su base, y procedió a meter el enorme cabezal del miembro en su boca de muñeca de porcelana, cualquiera que hubiera visto la escena, habría pensado que ella era la que había realizado la seducción, ahora era Ivette la que respondiendo a las caricias, y a su enorme deseo y sexualidad abierta y caliente temperamento tomaba la iniciativa.

    Era ella quien mamaba ese pedazo de carne con boca experta, su cavidad bucal era pequeña, pero metía lo más que podía de ese bate de carne dura que deseaba tener en medio delas piernas, sacaba la lengua y lamia con enorme deleite el líquido seminal transparente que ahora brotaba profusamente del miembro viril del líder transportista, al mismo tiempo acariciaba sus testículos con habilidad extrema, sus uñas trazaban círculos concéntricos diseminando la sensación por todo el vientre el hombre, y con la otra mano se asía firmemente de una de las nalgas del varón que estaba siendo devorado con una pericia asombrosa.

    Ivette siguió mamando con entusiasmo mientras José Luis comenzaba a emitir sonidos guturales motivados por el placer de esa mujer madura, y casada chupándole el miembro en su oficina, chúpamela toda, chúpame la verga ¿te gusta verdad? Ivette no respondió con palabras y arrecio la succión sobre el glande – que rico mamas eres una mamadora experta – que puta tan rica – oírse descrita como puta enervo a la mujer, muchas veces había sido llamada así injustamente por su marido, y en ese momento, ella sabía perfectamente que se lo merecía completamente y letra por letra, pero no le importó, por el contrario, dejo de chupar el miembro, y con una sonrisa pícara le dijo al hombre, mejor me la metes porque si sigo lo único que me voy a llevar es mi boca llena de mecos y lo que quiero es que me cojas y me compres hermoso.

    Ivette se levantó, apoyo ambas manos sobre el amplio escritorio y respingo sus enormes nalgas arqueando la espalda sin dejar jamás de mirar a los ojos del hombre que se había quedado de pie, detrás de ella, con el miembro totalmente enhiesto y goteante, y que en ese momento lo que más deseaba era penetrar esa vulva de enormes labios que dejaba ver un rastro evidente de humedad lubricando la labia interna y el orificio de la misma, al tiempo de que las gotas resbalaban hacia abajo.

    Así, José Luis se incorporó y dirigió la punta de su miembro hacia la entrada húmeda y caliente de Ivette, y de un solo golpe la puso dentro de ella al tiempo que comenzaba un frenético mete-saca que la mujer gozo con suaves gemidos en cada incursión hacia el interior de su ser, la excitación había sido mucha, la entrevista degenerando en una situación meramente sexual estaba cargada de morbo y calentura y ambos estaban a punto de estallar, no variaron en la posición y el tomo a Ivette por las anchas caderas al tiempo que la mujer echaba los brazos hacia atrás y con sus manos abría sus nalgas dándole al hombre aun mayor profundidad en sus embestidas.

    Y una vista maravillosa para el varón que contemplaba a la mujer ofreciéndosele completa con una perspectiva perfecta de su miembro entrando en ella y su ano expuesto totalmente, el orificio era rosa, apetitoso, pero el placer de su vulva sobrepaso los pensamientos de él de meterse en el ano de la vendedora que ahora respiraba entrecortadamente y gemía con mayor volumen y descaro.

    Sus quejidos excitaban aún más al hombre que reforzó la frenética sesión y al tiempo que ella comenzó a decir: me vengo, huuum ayyy que rico, cogemeee aaay- el no pudo contenerse y así, sin condón de por medio estallo con una lechada profusa, chorros de semen que inundaron la vagina de la mujer que, al hacerse el para atrás y sacar el miembro, dejo salir varios chorros de la leche del amante que escurrían de su bien usada vulva que aún se abría y cerraba con los espasmos de un poderoso orgasmo, él se sentó en el cómodo sillón de visitantes mientras Ivette permanecía sin moverse con medio cuerpo encima del escritorio, de pie, aun con las nalgas paradas y sus piernas abiertas por cuyos muslos el semen y su propia excitación escurrían dando una visión caliente y sensacional.

    José Luis rompió el silencio y le dijo: Señora Ivette, tiene usted mi compromiso para comprar todos sus servicios, así que espero que cada quincena venga a visitarme igual que hoy, para seguir conectados en cuanto a negocios e igualmente disfrutar de sus esmeradas atenciones y excelente servicio.

    Ivette se vistió rápidamente, las palabras del empresario de regresar cada quince días le daban vuelta en la cabeza, se dirigió a la puerta le sonrió a su cliente y le dijo, aquí estaré, y espero que la siguiente sesión de negocios sea aún más larga y conveniente para los dos, meso el vestido sobre su trasero, camino, y volteo a donde Alina, la asistente ejecutiva sonreía socarronamente y le dijo: muchas gracias, nos vemos en 15 días, a lo que la bella mujer le dijo, si señora Ivette, y ojala en la siguiente sesión pueda acompañarlos para tomar dictado de lo que pase en la reunión.

    Ivette no contesto, camino hacia el elevador al tiempo que su imaginación la ponía de vuelta en esa oficina con su recién adquirido cliente y amante y probablemente con la esbelta asistente que, al parecer le había flirteado descaradamente en su camino a la puerta…

    Loading

  • Sigue la fiesta en Brasil

    Sigue la fiesta en Brasil

    Después de despedirnos del grupo de amigos, Otavio y yo nos fuimos a su casa. Al principio pensé en llevarlo a mi hotel, pero me pareció mejor, para este primer encuentro, usar su casa.

    Ya en su auto, apoyé mi cabeza sobre su hombro, no tanto como para hacerme la “enamorada” sino, más bien, para poder acariciarle su verga con mayor comodidad; no quería que perdiese la excitación en ningún momento.

    Desde que subimos al ascensor, Otavio me abrazo y me beso; me apretó contra la pared del ascensor (¡como si yo tuviera ganas de escaparme!) para recorrer mi cuerpo con sus manos, se había convertido en una especie de pulpo, que no dejaba parte sin tocar, acariciar, palpar o manosear. Me saco la bikini y, el muy tonto, la tiro por la puerta del ascensor. A mi bikini la busque después pero no la encontré, alguien se la llevo, vaya a saber para qué.

    Enseguida me llevo al dormitorio, donde una hermosa y gran cama nos esperaba. Aun vestidos nos dejamos caer sobre ella, abrazados, acariciados, besados… con suavidad y pasión Otavio me lleno de besos, cada uno de ellos fueron correspondidos… si en algún momento, durante el viaje, había caído la excitación, ambos nos pusimos a tono rápidamente.

    Otavio me desvistió, la poca ropa que me quedaba, sin dejar de besarme, cada movimiento para desvestirme era una sensual caricia hecha con sus manos suaves y de largos y finos dedos. Yo lo desvestí a él, más rápido que el a mí; su morcilla erecta pugnaba por escaparse del calzoncillo y la tenía frente a mi rostro: una hermosa y negra verga, con una vena gruesa por la parte superior… de cabeza rosada… al descubrirla, la piel se juntaba pareciendo aún más oscura; los dos huevos tenían unos pocos pendejos enrulados, ásperos.

    Me la lleve a la boca, solo la cabeza, para juguetear con mi lengua; él me la metió hasta la mitad con un movimiento de su cadera… ¡qué sensación!… mi boca se abría hasta lo máximo para recibirla; Otavio empujaba para que me la tragara toda, pero ¡era muy grande para mí! … y me daba como arcadas.

    Me acostó sobre las sábanas ya revueltas; se colocó entre mis piernas y su boca se prendió a uno de mis pezones, lo mordía sin producirme dolor, como un niño pequeño que busca la leche de su madre, yo le acariciaba la cabeza y jugaba con sus cabellos; sentía la punta de la morcilla tocando mis labios vaginales. Siguió besándome la panza y el ombligo… y el pubis… abrió mis labios vaginales y su lengua se sumergió en mi concha, muy húmeda para entonces… ondas de placer nacían en mi sexo y se expandían por todo mi cuerpo.

    Otavio hizo mis piernas y así sentí como su lengua pasaba de mi concha a mi culo y volvía a la concha; yo ya me había entregado a su lengua que, como una serpiente indecisa, iba de un agujero a otro.

    No aguante más, “¡quiero tu verga!” le dije… no sé si comprendió lo que le dije, pero si lo entendió; lo empuje para recostarlo de espaldas sobre la cama; tome un preservativo que había dejado en la mesita de luz y se lo coloque… eso es algo que me gusta, ponerle a un hombre el preservativo, me parece muy erótico y excitante, colocarle el “sombrerito” y deslizar el látex por el tronco de la verga creo que es lindo para ambos.

    Me senté encima de su pecho y fui retrocediendo hasta sentir la verga en la puerta de mi concha… seguí hasta que me entro la cabeza… moví mis caderas de un lado a otro y luego seguí con la penetración, despacio, moviendo mis caderas, más adentro… pronto mis labios vaginales besaron sus huevos… me detuve a gozar de la sensación de estar plena, llena de su carne… ahora que lo pienso, en ese momento fui egoísta, me había olvidado de Otavio y de su placer para concentrarme solo en mi placer.

    Me moví para disminuir la penetración… los músculos íntimos se acomodaban a esa morcilla que entraba y salía… se estiraban y contraían como un corazón de fuego. La verga tocaba puntos que disparaban descargas eléctricas que contarían mi concha, apretándolo, para que nunca saliese de mi… con mis ojos cerrados, me había aislado por completo y solo existía yo y esa morcilla enorme que me abría íntimamente.

    Otavio acabo al rato, por suerte mantuvo la erección porque yo no había terminado aún. Me deje llevar por mis movimientos rítmicos e involuntarios, hasta que me llega el orgasmo en forma total y absoluta.

    Me quedé sentada sobre Otavio, dejando que mi vagina pulsante abrazara su verga, que perdía la erección por momentos; finalmente no fue mas que algo que no estiraba mi concha… me recosté sobre el pecho de Otavio y su verga salió de mí. Lo bese para agradecerle el préstamo de su verga para mi placer.

    Nos quedamos dormidos abrazados, él por detrás de mí. Antes de cerrar los ojos, pensé en que era una pena que debiera usar preservativos, pues me hubiera encantado que me llenara con su leche.

    Loading

  • La enfermedad de mi hijo (3)

    La enfermedad de mi hijo (3)

    Hola a todos, soy Manuela y esta es la continuación de la historia de la enfermedad de mi hijo. Dije que la tercera parte iba a ser la última, pero es tan larga que he decidí separarla en dos con el objetivo de facilitaros la lectura y que podáis disfrutar mejor de esta historia. Eso sí, prometo que la próxima será la última parte de esta historia.

    Llegado el día de marcharme mi maleta ya estaba lista con todo lo necesario para el viaje. Mi hijo también tenía un pequeño bolso de deportes con sus cosas listas, unas camisetas, un pantalón de chándal y unos calzoncillos de recambio. Terminamos de desayunar y en el coche de camino a casa de Marta hablamos.

    ―Te lo vuelvo a repetir hijo, ella es uróloga, trabaja en el mismo hospital que yo así que sabe lo que hace, además tiene bastante experiencia; así que si necesitas algo no dudes en decírselo que te ayudara.

    ―Está bien mamá no te preocupes que ya me has dicho esto 4 veces.

    ―Ya lo sé hijo, pero es que no me voy muy tranquila sabiendo que estas enfermo y que necesitas ayuda. ¿Todavía no eres capaz de masturbarte solo?

    ―No. Lo intenté esta mañana y conseguí hacerlo durante unos minutos, pero a medida que me acercaba al momento final me dolía más y más.

    ―¿Y cuando te lo hago yo no te duele?

    ―No porque tú lo haces con suavidad y cuando utilizas la boca no siento ningún dolor.

    ―Vaya. No te preocupes en cuanto acabe la conferencia vengo aquí directamente y te ayudo yo, así ya no necesitas a nadie más, pero de momento estarás con Marta y con la abuela una semana así que pórtate bien, no les causes muchos problemas y sobre todo…

    ―Si necesito cualquier cosa se lo digo a Marta o a la abuela ya lo sé mamá.

    ―Bien.

    Llegamos a casa de Marta y tras saludar estuvimos hablando unos minutos nada más porque yo me tenía que ir ya de viaje:

    ―Bueno Dani puedes ir a dejar tus cosas en la habitación si quieres y luego hacer lo que quieras, dijo Marta.

    ―Vale gracias.

    ―Bueno Marta pues me tengo que ir, pero antes te dejo el número de mi madre para que estéis en contacto cuando queráis y así os poneis de acuerdo en donde ira Dani y eso ¿vale?

    ―Vale ahora lo apunto. No te preocupes por tu hijo, yo estaré con el todo el fin de semana, ya sabes que no tengo hijos y que la casa esta vacía siempre así que me vendrá bien tener a alguien para no sentirme tan sola.

    ―Me alegro que la presencia de Dani te ayude. Te aviso de un par de cosas. Bueno el tamaño de su miembro ya lo conoces visto que ya lo has visto pero te aviso que cuando llega al orgasmo sus chorros de semen son bastante fuertes así que igual puede mancharte o manchar el suelo.

    ―Es normal que salgan así, están comprimidos porque se producen en cantidades grandes así que cuando sale, sale con más presión de lo normal no te preocupes tendré cuidado.

    ―Bueno pues me voy, cuídamelo bien y cualquier cosa me llamas.

    ―Vale guapa que tengas un buen viaje y puedes estar segura de que lo cuidaré bien.

    ―Te debo una Marta. ¡Adiós hijo! —Dije gritando desde la puerta.

    ―¡Adiós mama! —Respondió mi hijo

    Sali de la casa de Marta con una sensación de satisfacción porque sabría que iba a estar bien pero también de tristeza por no poder ayudar a mi hijo en estos momentos difíciles para él.

    Arranqué y puse rumbo a la autopista donde me esperaba un largo viaje.

    ―Bueno Dani vamos a ver, te voy a hacer unas preguntas para ver como estas desde la última vez ¿vale? —Preguntó Marta.

    ―Vale, —respondió mi hijo.

    ―¿Cuando fue la última vez que liberaste semen?

    ―Ayer

    ―¿Lo hiciste solo?

    ―No, me ayudó mi madre.

    ―¿Aun no eres capaz de hacerlo solo?

    ―No, me duele mucho y no siento ningún placer.

    ―¿Cuando fue la última vez que lo hiciste solo?

    ―Hace varias semanas ya.

    ―Ahora si no te importa vamos a ver como están tus testículos y vemos si siguen hinchados ¿vale?

    ―Vale, —dijo mi hijo poniéndose en pie.

    ―¿Te puedes quitar la ropa?

    ―¿Todo? —Pregunto mi hijo

    ―Hombre pues te voy a ver los testículos así que mínimo los pantalones y los calzoncillos.

    ―Vale entonces me lo quito todo ya que estamos.

    ―Yo lo que quiero es que te sientas cómodo, puedes estar tranquilo y tu madre y yo nos conocemos mucho y tenemos mucha confianza así que puedes considerarme como si fuera tu tía. Siéntete libre de hacer lo que quieras y de pedirme lo que quieras.

    ―Vale gracias, —dijo mi hijo mientras se quitaba la ropa.

    ―Aun no consigo acostumbrarme a tu tamaño. Ya he visto muchos penes en mi vida por mi trabajo, pero el tuyo impresiona.

    ―Eh… gracias creo.

    ―Jaja de nada. Bueno vamos a ver, —dijo Marta observando los testículos de mi hijo y palpándolos con la mano.

    ―¿Y bien?

    ―Están un poco hinchados sí que es verdad, pero menos que la última vez, eso quiere decir que vas mejorando poco a poco. Sin embargo, creo que los calzoncillos que llevas te aprietan mucho y no es bueno.

    ―Es que solo tengo de este tipo, no tengo más holgados ni nada.

    ―Pues no pasa nada, te lo quitas y te pones solo el pantalón si quieres con nada debajo.

    ―Ah vale.

    ―¿Sientes la necesidad de masturbarte ahora mismo?

    ―No, ahora estoy bien, pero creo que más tarde tendré ganas y…

    ―No te preocupes vamos a hacer lo siguiente: cuando quieras hacerlo te dejaré solo un momento y lo intentaras y si te duele o no lo consigues me avisas y te ayudo.

    ―Vale.

    ―Bueno pues si quieres ahora puedes ver la tele o hacer lo que quieras mientras yo preparo poco a poco la comida ¿te parece?

    ―Vale, si necesitas ayuda dímelo.

    ―Gracias eres un cielo.

    Marta se fue a la cocina a preparar la comida, pero se fue muy caliente por la vista del pene semi erecto de Dani y por lo cerca que estaba. Hacía mucho tiempo que no había tenido un pene en casa, aunque aún dudaba de sus intenciones, no sabía si solo debía ayudar al joven Dani o si por el contrario debería intentar algo más y satisfacer sus ganas de sexo. Finalmente prefirió ayudar de momento y ver cómo evoluciona la situación poco a poco.

    Mientras tanto Dani no se sentía a gusto con el pantalón vaquero que llevaba pues no llevaba calzoncillos visto que la doctora Marta se los desaconsejo. Entonces decidido cambiarse de pantalón y ponerse el único pantalón de chándal que tenía en su bolso por lo que debería aguantar todo el fin de semana con ese pantalón. Llego la hora de la comida y Dani fue a la cocina para ayudar a Marta a preparar la mesa. Después de comer fueron al salón a ver la tele tranquilamente, pero Dani empezaba a sentir como poco a poco las ganas de masturbarse le llegaban. Unas horas más tarde y con una erección ya bastante notable fue Marta la que le pregunto si todo iba bien.

    ―Creo que ya tengo que liberar… eso… ya sabes.

    ―Jaja tranquilo, no dijimos que tenemos confianza, puedes hablar utilizando las palabras que quieras. ¿Te quieres masturbar verdad?

    ―Si.

    ―Bueno pues si quieres yo me voy a mi habitación y te dejo aquí intentándolo y cuando acabes me llamas.

    ―Vale lo intentaré.

    Marta se fue a su habitación muy caliente sabiendo que Dani iba a jugar con su amigo de 26 cm a unos metros y que si no lo consigue tendrá que ayudarle ella misma. Se sorprendió al sentirse mojada de la excitación y no tuvo más remedio que tocarse un poco esperando a que Dani acabe de hacer lo mismo. Al cabo de unos minutos en los que Marta sentía placer y Dani dolor Dani llamo a la doctora.

    ―Dime cielo.

    ―Es que… veras… no lo consigo, me duele mucho. Siempre que me acerco me duele.

    ―Bueno tranquilo que yo te ayudo, —dijo Marta mientras poco a poco se acercaba al miembro erecto de Dani y lo cogía con las manos.

    ―Tus manos están calientes.

    ―Eh… si es que estaba doblando la ropa en la habitación, —dijo Marta ruborizada.

    Su mano empezó suavemente a subir y bajar del miembro imponente de Dani y sin darse cuenta ya lo tenía metido en la boca. Empezó a lamer suavemente y con ritmo y se metió de golpe hasta donde pudo, cubría con su boca más de la mitad del miembro de Dani, algo que ella misma costaba de creer mientras su lengua jugaba. Mientras con la mano lo masturbaba suavemente. Dani gemía suavemente a cada lamida de Marta.

    ―¿Te duele? —Preguntó Marta

    ―No no para nada, cambia mucho cuando lo haces tú, yo me lastimo mientras que cuando lo haces tú me da mucho placer. Por cierto, dice mi madre que te avise cuando esté cerca así que te aviso ya, ya que no estoy muy lejos de correrme.

    ―Vale, cuando quieras.

    Marta seguía metiéndose en la boca ese pene casi hasta la garganta y cuando sintió que Dani se arqueaba y estaba cerca de explotar saco el miembro de su boca y después de unas sacudidas se corrió abundantemente sobre la cara, los pechos y la mano de la doctora.

    ―Vaya, tu madre sí que tenía razón, te corres mucho y fuerte.

    ―Lo siento, te he manchado entera

    ―No te preocupes, un poco de agua y se va, además el semen es bueno para la piel —dijo Marta en tono bromista.

    Se fue al aseo y lo primero que hizo fue cerrar la puerta con pestillo, quitarse toda la ropa y meterse bajo la ducha. Aun con rastros de semen en la cara de la doctora Marta empezó a tocarse ya que estaba demasiado caliente tras lo sucedido con Dani. No tardó mucho en llegar al clímax, luego se limpió todo el semen que aún tenía en la cara y se relajó unos minutos bajo el agua caliente.

    Al acabar se secó y salió a cambiarse a su habitación. Al acabar se puso una camiseta holgada blanca que dejaba a la vista sus curvas por primera vez. La mujer de 52 años conservaba aún muy bien sus pechos y sus curvas. No estaba rellenita ni había tenido hijos por lo que tenía un cuerpo mucho más joven que su edad.

    Le tocaba a Dani entrar a la ducha y relajarse un poco. Acababa de vaciar una gran cantidad de semen y se sentía mucho más tranquilo. Después de unos minutos salió y se puso otra vez el mismo pantalón de chándal, no le quedaba otra visto que ya no tenía ningún otro pantalón que no le doliera sin calzoncillos.

    ―¿Te has puesto el mismo pantalón?

    ―Si es que no tengo otro pantalón de chándal, pensaba estar durante el día con los vaqueros y dormir con el de chándal, pero como me has dicho que no es bueno para mi llevar calzoncillos pues no puedo ponerme vaqueros porque me rozan y me duele.

    ―Claro es normal, el problema es que mañana es domingo y las tiendas estarán cerradas. Bueno pues no pasa nada, aguanta con este pantalón esta noche y mañana ya veremos lo que hacemos.

    ―Vale.

    ―Yo me voy a dormir ya que estoy algo cansada, pero si necesitas la mínima cosa o si te duele o algo no dudes en despertarme, —dijo Marta.

    ―Vale te avisaré si pasa algo. Por cierto, te quería preguntar, he traído conmigo la play y ahora mismo no voy a dormir, te importa que juegue un poco.

    ―Para nada, estas de vacaciones así que disfruta, además mi habitación está lejos así que no te tienes que preocupar por el ruido ni nada, juega y pásatelo bien, como si estuvieras en tu casa.

    ―Gracias —dijo Dani dándole un beso de buenas noches

    Marta recordaba todas las cosas sucedidas durante el día y se sentía aun caliente pero decidido no tocarse y dormir pues realmente estaba cansada.

    El día siguiente empezó como acabo el anterior, mi hijo jugando a la consola mientras desayunaba y Marta completando unos informes del hospital. Hacia calor y mi hijo decidió ir a ducharse mientras yo llamé a Marta por teléfono:

    ―Hola Manuela ¿que tal el viaje?

    ―Bastante cansada, pero he llegado bien y estoy en el hotel descansando, mañana empieza la primera parte de la conferencia así que hoy voy a aprovechar y descansar. ¿Qué tal estas tu? ¿Y cómo esta Dani?

    ―Bien gracias, los dos estamos bien, de momento sin problemas. Ayer no pudo hacerlo solo así que le ayudé, pero sin embargo hay algo que me gustaría decirte. Los calzoncillos de tu hijo le aprietan dada la enfermedad que tiene.

    ―Ya, pero son los calzoncillos que a él le gustan, se siente cómodo así.

    ―Lo entiendo, pero tiene los testículos hinchados así que cuanta menos presión sienta en esa zona mejor será.

    ―Entiendo, menos mal que estas aquí para decirme estas cosas, tengo mucha suerte de tenerte como amiga.

    ―No digas eso estoy segura que harías lo mismo por mí. La cosa es que tu hijo solo ha traído un pantalón de chándal, los demás le rozan cuando no lleva ropa interior y por eso no se los pone, ayer estuvo con ellos casi todo el día, durmió con ellos y ahora se acaba de ir a la ducha y al salir creo que se los volverá a poner. No sé muy bien que hacer porque sabes que los domingos las tiendas están cerradas y no puedo comprarle ningún pantalón ni calzoncillos holgados.

    ―Ya veo… Bueno pues si no te molesta dile que esté desnudo. En casa hay días que esta desnudo todo el día así que no será nuevo para él. A menos que te moleste.

    ―Que va mujer para nada, es su casa.

    ―Gracias. Bueno pues dale un beso de mi parte y cuídate, te llamara mi madre esta noche para concretar los detalles de mañana.

    ―Vale perfecto, un beso cuídate.

    Marta fue a la ducha y desde la puerta pregunto si podía entrar a lo que Dani dijo que sí. Le explico que su madre había llamado y que le había dicho de quedarse desnudo como hace en casa a lo que Dani dijo que si a ella no le molestaba a él tampoco.

    Al salir Dani se sentó en el sofá desnudo y con su pene flácido, pero con una talla más que envidiable. Dani dijo que no era justo, que se sentía mal estando desnudo el solo:

    ―Es que en casa estamos desnudos los dos, mi madre y yo, y ahora me siento solo estándolo solo yo —dijo Dani en tono de broma.

    ―Bueno pues entonces nos ponemos en igualdad de condiciones para que te sientas mejor, —dijo Marta quitándose la ropa ella también revelando unos pechos de una buena talla, aunque un poquito caídos y unas curvas más que apetecedoras.

    ―Jajaja ya pero ahora voy a tener un problema más grande

    ―Jajaja mucho más grande por lo que veo, —dijo Marta refiriéndose a la erección de Dani.

    Estuvieron viendo la TV un rato y después de comer se repitió lo mismo del día anterior solo que esta vez la doctora Marta prefirió empezar ella misma sin tener que irse a su habitación. Así pues, empezó a masajear suavemente el miembro de mi hijo que por entonces ya estaba completamente erecto. Se lo metió suavemente en la boca, mordió su cabeza y jugo con la lengua provocando los gemidos de Dani. Cuando tenía el pene ya bien mojado con la saliva de Marta, esta lo puso entre sus pechos y empezó a subir y bajar a un buen ritmo.

    ―Es la primera vez que me hacen esto, —dijo Dani.

    ―Entonces disfruta. ¿Te gustan mis tetas?

    ―Mucho

    ―Entonces imagina que las estas follando —dijo la doctora bastante caliente.

    ―Mmmm son suaves.

    ―A ellas también les gustas —dijo Marta tocándose suavemente el clítoris

    ―¿Quieres que te ayude yo a ti como tú a mí?

    ―Con mucho gusto —dijo Marta abriéndose de piernas para facilitar la entrada de los dedos de Dani.

    Marta llevaba muchísimo tiempo sin tener sexo así que llego rápidamente al clímax. Dani aun no había acabado así que mientras la doctora seguía masturbándolo Dani decidió que era hora de hacer un 69 y comerle todo a Marta. Mientras mi hijo saboreaba su manjar Marta volvía a llegar al clímax.

    ―¡¡Siii!! ¡¡Que bien lo haces!! ¡¡Mete tu lengua más profunda!! ¡¡Me corro!!

    ―Yo también estoy cerca.

    ―Vamos, dame toda la leche que tienes dentro, sácala toda, ¡¡lléname de leche con tu pollón!!

    ―¡¡Toma!! —dijo mi hijo llegando al orgasmo

    Marta se sorprendió cuando sintió un chorro de semen golpear su garganta, mi hijo se había corrido tanto que le salió un poco de semen por la boca y fue a parar a sus pechos. Nunca había tragado tanto semen en sus 52 años de vida. También era la primera vez que llegaba tan fuerte solo con la lengua.

    ―¡Madre mía, me has llenado! ¿Nos duchamos?

    ―Vale —dijo Dani mucho más relajado.

    En la ducha, los dos cuerpos pegados y el agua caliente hicieron que a mi hijo se le volviera a poner dura.

    ―Que buenos sois los jóvenes, siempre dispuestos a ayudar jaja —dijo Marta bromeando

    Se inclino un poco hacia adelante y poco a poco empezó a meterse el miembro de mi hijo en su cueva. Cuando entro todo soltó un grito tremendo.

    ―¡Aaaaghh!

    ―¿Te he lastimado? —Pregunto Dani

    ―¡Ni se te ocurra parar, ahora dame! ¡Dame con tu polla hasta lo más profundo de mí! ¡Rómpeme si hace falta, pero no pares de follarme fuerte!

    Empezó un mete saca a un ritmo frenético y demoledor que estaba volviendo loca a Marta. Cambiaron de posición varias veces y tras unos 30 minutos y 2 orgasmos de Marta se acercó el de Dani.

    Marta con una voz ya agotadísima pero llena de placer dijo:

    ―Córrete en mi boca que me lo quiero volver a tragar, me ha encantado así que antes de acabar mete tu tremenda polla en mi boca y suéltalo todo.

    ―Ahí va, abre la boca que vengo.

    ―Dame leche… dame leche.

    Dani se corrió en la boca de Marta, esta vez menos semen que hacia 30-40 minutos, pero aun así era suficiente para que Marta jugara un poco con el antes de tragarlo. Terminaron de ducharse y se secaron juntos.

    ―Tengo que prepararme algún día para que me la metas por detrás pero hoy no porque necesitaré más tiempo para prepararme. Tengo que estar bien dilatada porque debe doler.

    ―Cuando quieras me avisas.

    ―Tranquilo que te avisaré jaja.

    Así acabo el fin de semana con Marta, llamo mi madre, la abuela de Dani y Marta le dijo que mañana antes de ir al hospital lo llevaría a casa de la abuela por lo que la abuela le dio su dirección. En la noche estaban los dos agotados de tanto sexo y se fueron a dormir pronto.

    Loading