Blog

  • La policía y el ladronzuelo (5 – final)

    La policía y el ladronzuelo (5 – final)

    La llegada de la oficial Álvarez a su hogar luego de una agobiante jornada no pudo resultarle más placentera. No solo el lugar estaba limpio, sino que el ladrón la esperaba desnudo, acostado, y con una de sus manos esposada. No podía creer que el joven que por voluntad propia se había atado a la cama fuera el mismo que dos días atrás la insultaba y amenazaba. El cambio de actitud le merecía un premio. Y el verlo entregado en forma tan dócil la estimuló sobremanera y le hizo olvidar el arduo día de trabajo.

    Antes de comenzar decidió refrescarse un poco. Estaba aún transpirada, con algunos pelos pegados a su rostro por el sudor. Sus pezones erectos se marcaban a través de la mojada musculosa blanca. Su cola resaltaba en el jean gastado. A pesar de no estar en su mejor momento el ladrón no podía dejar de mirarla excitado. El cuerpo, pero principalmente la actitud de la policía eran de una sensualidad que nunca había visto.

    -¿Te gusta lo que ves? –preguntó coqueta. El delincuente solo pudo afirmar con la cabeza y emitir un casi inaudible “Ajá”. La oficial sonrió y sin perder contacto visual empezó a desnudarse– Hoy es tu día de suerte –continuó mientras abría el cinturón de su joven víctima. El miembro de este saltó erecto a su rostro– Si no la cagás -se subió a su pecho y ató la mano libre– vas a poder acabar.

    El rostro del malviviente se iluminó con estas palabras. Los pechos de la oficial se balanceaban a escasos centímetros de sus ojos. No podía ni quería apartarlos. Agostina se acomodó sobre su rostro sin dejar de acariciarlo. Gimió de placer cuando la lengua la recorrió despacio. Sin prisas el delincuente iba lamiendo su interior. Lo hacía mucho mejor que la noche anterior. Cuando ya estuvo húmeda le dio un pequeño mordisco al clítoris. La oficial lo alentaba entre bufidos.

    Una vez estuvo lo suficiente excitada se dio la vuelta. La posición no era la más cómoda para que gozara, pero era la que mejor le permitía controlar al ladronzuelo. Las lamidas en su vagina eran algo torpes. Elevo su cadera unos milímetros, permitiendo que la lengua acariciara su clítoris. Ese estímulo, sumado a sus dedos entrando y saliendo de ella despacio y la visión de ese pene a punto de estallar si le resultó estimulante.

    Con el ritmo adecuado dentro suyo tomó la dura pija que tenía delante de ella. Sus manos aumentaban su velocidad juntas. Ya a punto de acabar comenzó a saltar sobre la lengua y nariz que estaban debajo de ella. Cuando comenzó a correrse agarró con fuerza el miembro del delincuente y le ordenó a los gritos que acabara.

    El ladrón nunca había gozado tanto. La cantidad y duración de su eyaculación casi lo hacen desmayarse. Descansaron así unos minutos. La oficial fue la primera en asearse. Viendo como la miraba supo que ya lo tenía en sus manos. Solo le quedaba enseñarle todo lo que se esperaba de él y su reeducación habría terminado.

    Loading

  • Continuando de coqueta y más

    Continuando de coqueta y más

    Hola nuevamente, seguiré contando la experiencia que viví en Pimentel.

    Ese rato que andábamos bailando sentía apretados mis pechos contra su torso y fue cuando le dije: ya sé que lo haces porque quieres sentirlas, pero no te pases.

    Aún me quedaba cordura a pesar de estar tomando ya unas 5 copas de gin.

    Mauricio: Es parte de bailar bien la salsa, lo demás son detalles jajaja.

    María: No eres el primer chico que intenta ligarme y me refiero a chico con que seas menor que yo y tú por mucho jajaja.

    Mauricio: Jaja me pareciste una mujer atractiva por tu actitud con la que te vi con tus amigos, intrépida en la playa llevándolos de un lado a otro a conocer y sí te observé desde el restaurant. Por eso le dije a Javier para seguirte hasta esa pequeña loma para el sunset, me declaro culpable.

    María: jaja wuao, ¡qué directo! Y que acosador jajaja

    Me lo tomé en buena onda y me pareció divertido y algo tierno lo que Mauricio hizo para lograr hablarme.

    María: No puedo creer que desperdicies tu tarde siguiéndome para lograr ligarme, bailar y hablar está bien pero más no piense que va a pasar jaja.

    Y solté una risita nerviosa porque el niño estaba guapo hay que admitirlo y si me caía bien, pero a que pase más lo dudaba.

    Mauricio: Tranquila bailemos relajados y te invito otra copa de lo que estás tomando.

    Y antes de responder que ya teníamos una botella en mesa, me lleva de la mano a la barra y ordena un gin tropical.

    Se lo acepté por cordialidad y le dije que no era necesario que me invitase, que teníamos botella en mesa.

    Mauricio: No te preocupes, solo estoy siendo cordial contigo.

    Y me pasa la mano por la espalda como ligeramente abrazándome. No sé, pero me agrado su confianza y el tono de su voz, así que me dejé envolver en un tibio abrazo y volvimos a bailar donde a los minutos nuevamente me estrechó bien a su torso y fue donde ahí yo más suelta le digo…

    María: Tú me has seguido para conocerme a para conocer a éstas…

    Y me sostengo con ambas manos de los laterales de mis pechos aparentándolos muy levemente. Por dentro pensaba, qué estoy haciendo, ya el alcohol se me está subiendo, ya no estaba tan acostumbrada a tomar de largo.

    Mauricio: Pues María me pareces sexy siendo sincero, tienes una carita que no denota tus 32 pero tampoco seré un mentiroso al decir que ese par que llevas ahí escondidos en la blusa no me levantan ganas jaja

    María: ¡Mira al niño tan atrevido! Jajaja

    Te pasas, por eso ando con una blusa con todos los botones hasta el inicio del cuello.

    Mauricio: Pero aun así se hacen notar, no pasan nada desapercibidas jajaja

    Deberías soltarte un botón, además que en el local ya se va sintiendo más calor ir el montón de gente y tú blusa lo sabe.

    Señalando que estaba ligeramente humedecidas en la zona baja del busto y laterales.

    María: Ay qué pereza con este calor, créeme que es mi pesar de los veranos, es normal que me suden jaja

    Mauricio: Pero por eso libera un botón para que respiren. Es más te propongo algo. En un rato más harán un concurso de baile donde deben darlo todo, si me gano alguna de las dos jarras de cerveza las liberarás un poco

    María: Jajaja ¿tanta confianza tienes en ganar?

    Iba a entrar en su juego una porque estaba raramente más suelta en sí y porque de veras quería que mis senos respiren un poco con ese calor atroz.

    Le dije que sólo un botón si ganaba la jarra de cerveza

    María: Me parece gracioso todo lo que quieras hacer tan solo por verme a penas el escote y créeme que es como si estuviese de oficina en el estudio de abogados modo formal, lo clásico

    Mauricio: Es que realmente lo valen, tú tranquila, me tengo fe jajaja.

    Ahí regresamos con Carlos y Miguel que estaban visiblemente más tomados, habrían pasado unos 40 minutos que me entretuve con este niño jaja. Mis amigos me molestaban y le dije Miguel ¡vamos a bailar! Y fue como para no estar tan pegada a Mauricio donde éste último solo miro como nos alejábamos un poco cerca de la banda y se entretuvo con Javier, su novia y Carlos que ya estaban charlando todos como si fueran grupo de tiempo.

    Miguel: Te vi entretenida con el colágeno que te dejamos ser jajaja.

    María: No sé por qué siempre atraigo sobre todo hombres menores que yo pero ésta es de las pocas veces que ya muy menores, es un niño, ¡tiene 19! Jajaja.

    Y le comenté lo directo que había sido.

    María: Puedes creer que me observó desde el restaurant y que le parecí carita bonita y sexy. Ah y también lo motivó mis senos jaja

    Miguel: Realmente lo traes como un webonaso jajaja

    María: Me da cierta ternura, pobrecito, si supiera que no va a ligar conmigo, estoy cerrada a todo emocional o carnal jajaja

    Miguel: No seas mala, pobre chico, ya lo vas a traumar tan pequeño jajaja

    Mejor tráumalo con tus pechos.

    Y quién no se traumaría viéndolos…

    Fue lo que soltó de comentario al final y me quedé pensando y le dije

    María: Ay no jodas, ¿tú también molestando con mis senos? Déjenlas tranquilas, no les hacen nada y solté una risa nerviosa.

    María: ¿No que era un brother con tetas? Qué mal ah jajaja

    Miguel: Y lo eres María, no lo dudes, pero también qué tetas son las que te manejas jajaja

    María: Te pasas en serio, menos mal las tengo tapadas jaja

    Miguel: Pues deberías liberarlas un poco, tu blusa blanca está bonita y todo pero lo ayuda, ya se nota mojada por los lados, te lo digo porque sé que te incomoda. Lo de tus senos son detalles amiga jajaja

    María: Pendejo jaja pero sí e ir a cambiarme al carro pues me da pereza y no tengo algo que combine bien con la falda, tengo un polo de tiritas y es básico, no voy a colocarme ropa de casa

    Miguel: Pues ve al tocador, párate un rato donde el secador de aire pero igual al rato seguirá sino desabotonas una aunque sea

    Por dentro pensaba, si supiera que ya acepté un reto con Mauricio sobre ese tema.

    María: Jaja tranqui lo haré pero luego. Y gracias, terminemos esta canción y me voy al baño ¿o ya me estás botando? Jajaja

    Miguel: No jaja lo digo por la comodidad de tus senos, ya sabes siempre preocupado jeje

    María: Ay tú, tan sacrificado y hoy en estás más lanzado, el alcohol te está soltando, que mal amigo jaja

    De alguna manera también estaba dejando entrar en juego a Miguel. Entonces me fui al baño, me demoré como 10 minutos entre que refrescaba y demás.

    Cuando regresé había otra botella de gin en la mesa, la anterior se la estaban llevando. Fue donde pensé ya estoy medio ebria y estos van a seguir tomando, iré más suave para durar en la noche que recién marcaban las 2 am.

    El ambiente a esa hora estaba a tope, lleno de gente, todos coreando canciones medios ebrios. En nuestro grupo hicimos nueva ronda de gin y todos abrazados medio saltando, la estábamos pasando genial dentro de todo, un buen feriado por el día del trabajo. Fue donde me dieron ganas de fumar, lo hago ocasionalmente, una al mes por así decirlo. Mis amigos no fuman así que les dije que ya regresaba.

    Ahí fue donde Mauricio me dijo vamos, yo también quiero echarme un cigarro y fuimos otra zona de la terraza más amplia y estaba lleno y logramos encontrar un rincón más tranquilo casi tirando fuera del local, había otra puerta de salida por ahí. Era prácticamente la playa, uno podía ir a meterse un chapuzón, serían unos 20 metros en la oscuridad y llegabas a la orilla.

    Mauricio: Tengo de éstos.

    Y sacó unos lucky morado mentolados, eran de los que suelo fumar o varió con otros dos más. Me ofreció fuego y guardó la cajetilla, fue donde le pregunté ¿por qué, él no iba a fumar?

    Mauricio: La verdad no fumo casi nada, esto lo compré porque te escuché en el almuerzo que tenías de unos cigarros frente al mar

    Y es verdad, recuerdo haber comentado algo y me pareció algo lindo que se haya tomado la molestia de haber comprado unos por si acaso.

    María: No tenías por qué hacerlo y además no sabías qué podías a llegar a entablar una conversación más fluida conmigo.

    Mauricio: Es verdad pero me la jugué, ya sabes, el que arriesga no gana jajaja

    María: Es verdad jajaja pero no creas que tienes chance de ganarte de éstas, no es por ti pero enserio no soy de ligar de una noche y acostarme así, no te digo que no he agarrado con algún chico por ahí que me gustó en la fiesta y las cosas se dieron pero de ahí a pasar a otro nivel no, no quiero pincharte tus globos pero soy así jajaja

    Mauricio: Bueno, tengo chances de esos labios y tranquila no me pinchaste mis globos, yo quiero pinchar los tuyos jajaja.

    Usando mi frase contra mí cosa que me dejó perpleja porque obvio quería pinchar mis senos.

    María: Jajaja no digas mamadas (frase que a veces uso).

    Mauricio: Jajaja pues soy sincero y vamos por ese cigarro frente al mar como te escuché temprano.

    María: ¿Pero andamos aquí o quieres ir hasta la orilla?

    Por dentro pensaba que de alguna manera le estaba dando entrada para alejarnos hacia la playa. Él tomó su shot de Jagger y me tomó de la mano y nos fuimos. Total eran unos 5 minutos caminando en la oscuridad de la playa.

    Ahí nos sentamos y me simplemente nos quedamos mirando al mar, oscuro y el sonido de las olas me relajaba.

    Mauricio: Es tranquilo andar acá lejos de la bulla aunque sea un rato, recuerda que tengo una competencia que ganar, siempre regalan dos jarras de cerveza para los que mejor hacen show en el escenario. En una 20 minutos deben empezar.

    María: ¿En serio lo vas hacer? ¿Tan seguro estás de ganar?

    Mauricio: Nunca he ganado pero ahora tengo dos grandes motivaciones jajaja.

    María: Si ya veo ¿pero nunca has estado con una chica así de pechos grandes como yo? O sea admito que si, las tengo grandes pero personalmente también sé que están medio caídas y es natural por el tamaño y peso.

    Obvio no iba a decirle que también por andar pajeando con mis tetas a mis ex parejas jajaja.

    María: Enserio agradezco tu halago de tratar de ganar aunque sea por verme algo escote pero no son para tanto, son grandes pero algo caídas y pues a veces me generan inseguridad, me gustaría que estuviesen más firmes y también reducir un poco la talla.

    Mauricio: Ya te dije que si llaman la atención poderosamente pero también te vi la carita, la forma en la que te expresabas y eso también me pareció sexy, más allá de un par de tetas que obvio también. No te voy a mentir jajaja

    Y si las tienes algo caídas, no lo sé pues está bien, me gusta más lo natural, se aprecia más jeje

    Y te entiendo la reducción pero porfa no lo hagas, por otro lado mi respuesta sería si, por ti si es lo que sientes pero no prives a tus futuras parejas de complacerlos de esa manera.

    Estábamos en plena playa a oscuras teniendo una conversación sobre mis pechos de lo más natural y me parecía algo atrevido pero continuamos así, espontáneos.

    María: Eso dices tú pero igual pesan y duele un poco la espalda, a veces, además cómo periodo es algo complicado y se me suelen hinchar un poco y se ponen sensibles, créeme que siendo mujer no es cómodo. Pero te entiendo, sé que les prende eso a los hombres, mis parejas también vivían prendidas de éstas…

    Y me las agarre con ambas manos sacudiéndolas unos segundos, y claro que él no perdió detalle de eso. Estaba siendo más suelta sin darme cuenta del todo y le dije que ya deberíamos regresar, tenía dos caladas más del cigarro y listo.

    Mauricio: Espera me mojaré un poco los pies un poco los pies y entre lo que caminamos se secará rápido la arena.

    Y a mí también me dio ganas de hacer lo mismo y le dije que también refrescaría los míos. Me quité las sandalias y me remangué un poco la falda larga en caso venga una ola más grande hacia la orilla.

    Aún teníamos unos 10 minutos según Mauricio y quería remojar los pies en la playa de noche, es algo que suelo hacer si tengo chance. Mauricio compartió su shot de Jagger y le dimos trámite. Todo iba bien pero de la nada sentí en los pocos centímetros de agua que cubrían mis pies algo medio pegajoso, como algas no sé y llegó una pequeña ola un poco fuerte a la orilla que me hizo tambalear y me caí al agua, toda mi ropa se mojó, me quería morir porque no tenía más como salir a un resto-bar.

    No sé qué habrá sido, hasta ahora me pregunto, pero lo más seguro que fue un tipo de alga. Lo terrible fue que estaba mojada y Mauricio andaba poco más allá, solo se dio cuenta cuando ya estaba en el agua. Éstas cosas me tenían que pasar a mi jajaja

    Lo malo es que mi falda estaba mojada pero lo único bueno es que como era color negro como que pasaba algo desapercibido. La escurrí como pude y lo peor viene ahora porque recuerdan mi blusa blanca pues eso si transparentaba a mi brassier que también era blanco pero delgado y me marcaban los pezones, lo supe cuando aún en la oscuridad de la orilla Mauricio me dijo, te pasó el frío jaja señalándolas.

    María: Tan buena vista tienes y ahora estoy jodida, no puedo regresar así y en el carro de Carlos tampoco tengo otra blusa más que ese polo de tiritas y no es adecuado para el lugar, es como ropa de casa, no es.

    Mauricio: ¡Tranquila, el accidente ya pasó!

    Mejor trata de escurrir tu blusa porque eso si se nota y ve al baño directo para la secadora de aire y eso te ayudará pero escúrrela porque estás goteando agua y así no te dejarán entrar.

    María: ¡Si! ¡Pero debo entrar rápido, espero no haya mucha gente por esa zona de la terraza, que roche!

    Estoy con la blusa toda pegada al cuerpo.

    Mauricio: Mejor escúrrela antes de llegar de vuelta al bar y normal que me doy vuelta y no te veré.

    María: Jaja conste que estás diciendo que no vas a voltear, igual tengo el brasier igual de mojado pero por lo menos algo para no quedar expuesta.

    Dentro de mí pensaba que tendría que escurrir mi sostén de igual manera pero era una situación embarazosa así esté de espaldas tanto él como yo, sabiendo que estaré unos metros de él sin nada que cubra mi torso unos minutos mientras trato de escurrir mi blusa y brasier. Iba a ser una situación si algo excitante pero también un tanto incómoda y comprometedora.

    Mauricio: Por último que estes en brasier mientras escurres tu blusa es como si anduvieses en bikini así que tranquila, es más creo que el bikini muestra más jajaja

    María: Jaja es verdad pero igual, ay ni modo.

    Yo estaba ahí a punto de desabotonar mi blusa para poder secarla, me iba a quedar en brasier y justo era de esos delegaditos que hacían notar si tus pezones estaban parados y por la situación estaban realmente en su esplendor. Los míos son de tamaño regular, mis pezones no son tan grandes pero si admito que son súper sensibles y se colocan duros.

    María: Y sin pensarlo saldrás ganado con esta situación, aunque sea en la oscuridad.

    Mauricio: Jaja ganado sería que te quedes sin nada que te cubras los senos jajaja

    María: Ya quisieras… jajaja

    Y procedí a bajarme la blusa por los hombros mientras ambos nos mirábamos, él sobre todo fijamente a mis senos cubiertos por mi brasier y a mis rostro, hacia una intercalada, supongo que quería ver mi expresión de cómo una chica 10 años mayor se estaba quedando en sostén por una coincidencia de la vida. Y me despojé de la blusa y antes de secarla le dije:

    Maria: Ya ves, no es para tanto, son grandes pero están algo caídas.

    Mientras las sostenía con ambas manos hacia arriba, fue tan natural.

    Mauricio: Jaja ¿no es para tanto? ¡Son hermosas! No puedo creer que digas eso. Apostaría que son súper suaves y así estén algo caídas es natural por el tamaño pero eso lo hace más excitante, más realista de una linda mujer como tú.

    María: Bueno, suaves si son, créeme jajaja ¡y gracias!

    ¡Ya ves sin concursar ya me estás viendo en brasier! Tienes mucha suerte.

    Mauricio: Y eso que lo de ahorita me motivará aun más para intentar ganar esa jarra pero no por la cerveza sino por tus hermosas tetas. Lástima que por la oscuridad apenas puedo ver lo parado que están tus pezones jaja

    María: Jaja no te pases, ¿qué? Quieres iluminarme.

    Y solté la frase como una broma pero el enseguida sacó su celular y activo linterna. Yo me quedé en shock y cuando menos lo pensaba, ya tenía una linterna iluminándome los pechos cubiertos por ese bra.

    María: Ya hasta te dejé que me los ilumines.

    Mauricio: Ahora voy más entusiasmado jajaja

    María: Bueno, todo sea por la chela y que me vieras en escote a éstas jajaja

    Y me volví agarrar mis pechos pero esta vez me las apreté más fuerte y mantuve mis manos unos segundos. Creo que me estaba dando el aire junto al alcohol que ya no estaba tan acostumbrada a beber. Estaba como actuando más natural y sin vergüenza, coqueta…

    Pero cuando me las sostuve bien, noté que mis manos estaban igual de empapadas de agua que con mi blusa y pensé: No puede ser, también tengo que escurrir este brasier y no pensaba quedarme solo con la blusa sin nada debajo, se vería la diferencia a pesar que seque mi blusa blanca, era obvio que se notarían que estuvieses sueltas y mis pezones dirían hola aquí estamos. Definitivamente no, pensaba.

    Mauricio: Creo que deberías secar ese brasier de igual manera pero tranqui yo te ayudo a escurrir lo último de blusa y tú escurre tranquilamente tu brasier.

    Y tomó la blusa de mis manos y procedió a ajustarla para exprimir hasta lo último de agua que tenía.

    María: ¡Ay Dios! Si tengo que secar esto pero no puedo quedar en tetas delante tuyo así nomás. Me daré la vuelta y lo haré.

    Mauricio: Dale, no hay problema. Pero qué te preocupas si estamos a oscuras y se ve poco, vértelas así es casi desaparecido, solo vería dos grandes masas frente a mí jajaja

    María: Jajaja no seas payaso.

    Entonces empecé a quitarme el sostén de espaldas a él y empecé a ajustarlo para que se quede lo más seco posible. A la vez me entró en pensamiento de que Mauricio venga por detrás y me agarrara suavemente mis senos que tanto estaba deseando él desde hace rato. Que me tomara por sorpresa, fue un pensamiento de segundos mientras hacía lo que tenía que hacer con mi sostén.

    María: Creo que ya está, regular por lo menos jaja

    Mauricio: A ver jaja

    María: Espera que me coloque el brasier

    Mauricio: Espera toma tu blusa y pásame tu sostén para escurrirlo al máximo.

    Y mientras lo decía colocó en mis hombros mi blusa húmeda y por un costado de mi mano derecha se llevó mi brasier, fue tan rápido que yo me quedé plop. Todo esto de espaldas claro pero me continuaba sintiendo excitada.

    María: Hey no muchos tienen la suerte de tener una parte de mi ropa interior en sus manos.

    Mauricio: Por este servicio de secado mínimo debería permitir vértelas un poco en la oscuridad, aunque sea con tu blusa puesta.

    María: Jajaja has sido un caballero y no has intentado nada pero enseñártelas así al desnudo, no sé

    En mi cabeza ya no era un no, era un recién y tibio no sé. Andaba risueña medio ebria aún con el golpe del aire en la orilla. Todo esto hablando de espaldas y mientras me colocaba mi blusa y me giré.

    Mauricio: Si se nota la diferencia, tienen una hermosa y natural caída.!

    Y entre medio me había ganado que en su pantalón estaba un bulto notorio y pensé sí que le gustaron.

    María: Es que los hombres mayormente siempre les gustan que estén más paradas y firmes. Eso de todas afecta en el orgullo a la mujer aunque algunas no lo admitan.

    Mauricio: Tus pechos están hermosos así como están y decorando con esos pezones que si se pararon eh jajaja. Tenías razón si ingresases así al bar todos te quedarían viendo y eso que acá estamos a oscuras.

    Y vi cómo sostenía mi brasier y lo ajustaba para exprimir lo último de agua que tenía. Hasta parecía que podía rasgarlo por la fuerza.

    María: Tranquilo, no me lo vayas a romper y ahí si estaríamos en otro problema, con delicadeza jajaja

    Mauricio: Jaja no te preocupes, ya está listo, colócatelo o si quieres te ayudo jaja

    María: jaja chistoso, mejor dame mi brasier para colocármelo.

    Y en ese momento pensé me debo dar la vuelta nuevamente para no darle una vista en primera plana.

    Mauricio: Jaja no te des la vuelta mientras te abres la blusa, si apenas se logra ver la oscuridad de la playa, te puedes colocar tu brasier frente a mí jaja

    María: Jajaja qué atrevido, claro que se ve

    Pero Mauricio se me acercó un poco más y tensó mi blusa con ambas manos tirando hacia abajo y me miró fijamente como pidiendo, dale no seas mala, como haciendo pucherito con los labios.

    Mauricio: Anda, regálame esa vista antes de regresar al bar. Igual ya va siendo hora porque empezarán a sortear esas jarras que ya sabes para qué serán jaja

    María: Pues aquí el premio sería más de lo que hablamos, estamos hablando de enseñarte mis pechos.

    Mauricio: Dame esa extra de motivación y así cuando gane una de las jarras por bailar bien, tendré en la mente que pude observarlas al desnudo por unos momentos aunque sea.

    Yo estaba cediendo, nunca me había mostrado así frente a alguien que apenas conozco y sé que estábamos en esos juegos de seducción pero ya era mostrar mi torso desnudo unos segundos mientras me colocaba mi brasier. Pensé, igual se ha comportado bien y pues…

    Ya solo actué y lo miré fijamente, quería ver su expresión mientras me desabotonaba uno por uno hasta quedar con la blusa expuesta para posteriormente abrirla del todo, dársela a sus manos para ponerme mi sostén.

    Su expresión era un poema, apenas abrí mi blusa exponiendo mis senos, mis pezones se endurecieron rápidamente, dejé pasar unos segundos así y procedí a sostenerlas con mis manos y aplastarlas para que estén bien juntas, sentía que mi vagina se estaba mojando al mostrarme así frente a un chico de 19 años que apenas conocía. Por eso me las apreté y la mantuve así otro rato más.

    María: ¿Te gustan mucho? Sé sincero por favor.

    Continuará…

    Loading

  • Economista y prosti: Mi comienzo Bi (1)

    Economista y prosti: Mi comienzo Bi (1)

    ¡Hola! Al fin tengo tiempo de retomar contacto con ustedes, queridos lectores para relatarles mis nuevas aventuras, que me han traído tanto disfrute como siempre. En especial la que paso a relatarles, en donde he descubierto los placeres bi, y la que le seguirá, en donde Ricardo, mi primer macho luego de Tommy, nos invitó una semana a París, cumpliendo su promesa de ya casi un año.

    Vamos a los hechos.

    Habíamos salido a cenar con Tommy, para festejar a solas un año desde mi apertura a otros hombres y al cobro.

    Ya hemos tomado una semana de nuestras vacaciones a disfrutar en 2025, y estamos en Montevideo, aunque los findes vamos al campo o a Punta del Este según requieran mis clientes, a quienes siempre mantengo bien atendidos. En este caso, aprovechamos que íbamos rumbo a Punta del Este por cliente super importante y paramos a cenar en un restaurante de mariscos de Piriápolis.

    Llegados al restaurante, y ya habiendo ordenado nuestra cena, vimos entrar a mi cliente por partida doble, Víctor, el que vive en Piriápolis y es casado. Cliente en la Asesoría y cliente como putifina, hay relato de cómo comenzamos a salir.

    Llegó acompañado de su esposa, la llamaré ‘Mary’ de aquí en adelante, a quien he visto un par de veces en reuniones sociales de la Asesoría, un tanto (quizás 10 años) más joven que él, y a quien noté bastante cambiada.

    Siempre me llamó la atención su piel pecosa, muy agradable, pero esta vez, sin dudas resaltaban sus pechos, evidentemente operados y que mostraba con un escote relativamente amplio.

    Al verlos llegar, los saludamos, conversamos un momento y los invitamos a compartir nuestra mesa. Aclaro que ella no sabe en absoluto de mis actividades de putifina ni mucho menos sabe que su marido es cliente mío a 2500 dólares por salida.

    Nos aseguramos de que nos sirvieran a los cuatro al mismo tiempo y disfrutamos de una buena cena conversando de todo tipo de temas. En la inevitable ida al tocador, las damas siempre vamos de a dos, le comenté que la veía espléndida y renovada.

    Me agradeció, y me dijo “hay que combatir los efectos de la edad, ya tengo 42 y hace seis meses me hice mejorar el busto”.

    A lo cual respondí que “si bien nos vemos muy poco, se nota ampliamente la mejora, que queda aún mejor con tu piel con algunas pecas”.

    –¿Verdad que sí? Por eso pedí que me las dejaran duras y con la piel tensa, para resaltar las pecas, en el día a día y en la playa.

    –¡Te felicito!

    Volvimos a la mesa, tomamos café y nos marchamos cada cual a su casa, en donde Tommy y yo, disfrutamos en grande de mi aniversario de hotwife y puta.

    Pero al otro día fui sorprendida, ya en la mañana con una llamada de Vic a mi putifono.

    Me agradeció la agradable velada, y me dijo que su esposa había quedado muy halagada por mis comentarios favorables sobre sus cambios.

    –¿Sabés? Desde que se operó y superó el post operatorio, se siente nueva, la noto más sexy conmigo, y hasta quiere empezar a hacer topless.

    –Uyyy ¡creo que perderé un cliente! ¡Y que cliente!

    –Nooo, no te preocupes, eso jamás, desde que te conocí me encantas, y no pienso abandonar nuestros encuentros. Más bien quisiera perfeccionarlos.

    –¿Perfeccionarlos?

    –Exactamente, cómo te dije, Mary fantasea con hacer topless y ver la reacción de otras personas, pero no se anima a que vayamos a Chihuahua o la a zona topless de playa Mansa. Y yo he pensado en la soledad de vuestro campo, y me pregunto si tú has tenido alguna vez experiencias con otra mujer.

    –Nunca estuve con otra mujer ni por placer ni como… bueno como ya tú ya sabes…

    –¿Sabés? nosotros tenemos separación de bienes, ella no se entera de mis pagos. ¿Podrías pensarlo? ¿Un lindo fin de semana de campo? La incitas a tomar sol en topless y quién sabe si pasa algo más. Como te dije, ella está mucho más sexy y hot, creo que a punto de desatarse sexualmente.

    –Claro que lo pensaremos, obviamente junto a Tommy, ¿no temes que todo se salga de cauce?

    –Tengo cero temor, ella no sabe lo nuestro, y si todo se pone intenso y alguien desea frenar, diremos que es excitación del momento y listo.

    –Te comentaré nuestra decisión ¡y te mando un beso grande en esa parte de ti que más me gusta!

    –Espero ansioso.

    Obviamente esa misma noche lo hablamos con mi maridito, a quien la idea le encantó, pensando en poder verme con otra mujer y hasta quizás en poder hacer algo él con Mary.

    Al día siguiente la respuesta estaba transmitida a Víctor; un rotundo sí, con cero costo dado que era experimentación pura, si todo iba bien, a posteriori él me transferiría lo que le pareciera adecuado.

    Lo acordamos para ese mismo fin de semana y yo intensifiqué mi agenda de clientes entre semana a fin de no perder de atender a nadie.

    Sobre el jueves, ya llamé a Mary, para decirle que visto lo bien que lo pasamos en la cena, queríamos invitarlos al campo el fin de semana.

    Al momento lo consultó con su marido y aceptaron. Les pasamos las coordenadas de navegador para que llegaran sin inconvenientes, y nos aseguramos de llegar el sábado temprano, antes que ellos. Para cuando llegaron, tanto Tommy como yo estábamos cambiados de ropa, él en short y yo en micro bikini.

    Llegaron, saludos de rigor y:

    –Esperamos que no les moleste que los recibamos así, pero teníamos la idea de que Tommy y Víctor vayan a pescar mientras nosotras nos asoleamos un poco, ¡el día está ideal para eso!

    –¡Genial! Nos cambiamos y lo hacemos. Y así fue, se cambiaron, Mary se puso un bikini un poco menos atrevido que el mío, de los que la parte inferior se ata en las caderas, y los esposos se marcharon al río a pescar, o a intentarlo por lo menos.

    –Mary, espero que no te moleste que use este bikini delante de tu esposo, ¡es un poco minimalista! Ja ja.

    –No, en absoluto, es lo normal en verano, se suele mostrar piel.

    Llevamos las tumbonas al césped del patio trasero y nos recostamos un rato, conversando de todo un poco hasta que aventuré:

    –¿Te molesta si quedo en topless? Sé que no tenemos mucha confianza, pero al fin y al cabo estamos solas.

    –No me molesta y yo también lo haré, desde que me operé deseo hacerlo y no encontraba lugar adecuado, y creo que hoy es el lugar y las circunstancias perfectas, sin más gente cerca.

    –Puedes sentirte totalmente libre de hacerlo, así luces tus nuevas lolas y las bronceas un poco.

    Nos quitamos la parte superior de los bikinis. Ella lanzó una pequeña exclamación al verme: –¿Son naturales? Lucen perfectas. –Claro que son naturales. Déjame ver las tuyas, la miré fijamente y no pareció molestarle, se ven turgentes, la piel tersa y las pecas son hermosas, si puedo decirlo. Realmente, a su pedido, se las habían hecho duras, y la piel tersa y estirada lucía enormemente las pecas. No había señales de cicatrices en las areolas, y los pezones se veían muy lindos.

    –Sí, creo que quedaron bastante bien, pero las tuyas son perfectas…

    Siempre hay un momento en el cual tomar decisiones, y decidí dar un paso, pequeño, pero un paso adelante.

    –Puedes tocarlas. Dije, con cierta timidez real, al fin y al cabo nunca había hablado así con una mujer.

    –¿De verdad puedo?

    Como respuesta le tomé una mano y la acerqué a uno de mis senos, soltándola para que ella misma se decidiera a tocarme. Lo hizo por debajo, como tomando el peso, luego deslizó la mano sobre el pezón y palpó la firmeza.

    –Hermoso, fue todo lo que dijo. Si tú quieres tocar uno operado, adelante.

    Lo hice, me demoré unos segundos más que ella, y casi casi fue una caricia.

    –¡Que firme! Seguro Vic está encantado.

    –Al menos eso es lo que me dice, aunque creo que la edad se hace notar, tiene diez años más que yo y ya no es el mismo, al menos no siempre. Nos recostamos de cara al sol y seguimos nuestra conversación.

    Yo trataba de ir por temas íntimos y Mary en general respondía bien, sin timidez. Hablamos de cómo desde su operación se ha sentido renacer en su sexualidad, como interactúa más libremente con su marido, y como siempre que su libido está muy alta y siempre deseosa de sexo.

    Yo también le conté algunas cosas, sin entrar aún en detalles, y en cierto momento propuse traer protector solar para aplicarnos, pues el sol ya se hacía sentir con fuerza.

    Lo traje del interior de la casa, y también una lona y una sábana que extendimos sobre el césped para estas más cómodas.

    Me apliqué protector al frente de mi cuerpo, deteniéndome un poco más de lo debido al aplicarlo en mis tetas, y le pedí a Mary si me haría el favor de aplicármelo en toda la espalda. Así lo hizo, y la verdad, se sintió muy bien.

    Luego fue su turno, se lo aplicó en todo su frente, conmigo mirándola con cierto descaro y me cedió el pomo para que lo aplicara en su espalda. Me tomé mi tiempo para hacerlo, pasaba dos o tres veces por cada sector, y en cierto momento me pareció oír un pequeño gemido.

    Hecho eso, nos tendimos boca arriba, lado a lado sobre la sábana extendida sobre la lona.

    Hice que como por descuido en determinado momento, una de mis manos se pusiera sobre la de ella. Nada dijo y así estuvimos un cierto tiempo. Luego nos giramos y quedamos boca abajo, y dije:

    –No te ofendas, pero voy a quitarme la tanga.

    –No me ofende, pero ¿y si regresan Tommy y Víctor?

    –Supongo que no se asustarán, y espero que no seas celosa de qué Vic pueda verme.

    Me quité la parte inferior del bikini y quedamos unos minutos así, lado a lado, hasta que nuevamente decidí avanzar.

    –¡Anímate! Le dije, y desaté los cordones de un lado de su bikini.

    –¿Te parece? Dijo ella.

    –Quiero que me acompañes en esto, le dije, y desaté los hilos del lado opuesto y dejé su trasero al descubierto… se giró y para mi sorpresa, tenía un pequeño triángulo de vellos perfectamente recortados.

    Nos reímos, al ver que ambas nos dejábamos algo de pelitos.

    Nuevamente nos tendimos boca abajo, y nuevamente como por casualidad apoyé una mano mía en una de ella.

    Conversamos, me encantaba estar así con una mujer, y le hice saber de cuánto me gustaba la situación y lo cómoda que me sentía.

    Mary también confesó que estaba muy cómoda aunque había tenido sus dudas cuando nos quedamos solas. “Ahora estoy muy contenta de haber venido y de animarme a lo que estamos haciendo “ dijo, y yo lo interpreté como una señal de avance.

    Me giré quedando boca arriba nuevamente y ella también lo hizo, conversamos un poco más, me arrodillé y me puse en sus pies. Lentamente insinué con mis manos abrir sus piernas… no reaccionó y yo insistí, separé sus piernas.

    –¿Qué haces? Susurró.

    –¡Quiero hacerlo, nunca lo hice!

    Separé totalmente sus piernas, no se resistió, vi su vulva rosada y depilada. Comencé a lamer sus muslos.

    –¡No, no, van a venir ellos! Atinó a decir.

    –Mejor para ellos si vienen dije, mientras mi boca subía y llegaba a su entrepierna. Comencé a lamerla la concha, nunca lo había hecho, me encantó su sabor. Se negaba cada vez con menos énfasis, y dejó escapar un “Ahhh” cuando le metí la lengua en la vulva.

    Había leído bastante, ja ja, y fui al clítoris, lamí toda la zona, mordisqueaba el capuchón de su clítoris hasta que se fue inflamando y surgió pequeño y rosado. Me dediqué a lamerlo y Mary ya se retorcía.

    Puse todo mi cuerpo sobre el suyo, refregando mis senos en los de ella, su boca se abrió, la besé sin resistencia y ella con su lengua buscó mi lengua. El beso fue largo y apasionado, frotábamos nuestros pubis y nuestras manos acariciaban los senos de la otra. Jugamos largo rato, y transpiradas y sin aliento quedamos tendidas lado a lado, jadeando, acariciándonos.

    Una vez más, tomé la delantera:

    –Nunca pensé disfrutar tanto, podría acostumbrarme a hacerlo contigo…

    –No pienso abandonarte, me siento diferente, libre.

    –Pero hay cosas que debes saber de mí. ¿Nos duchamos?

    Nos fuimos a la casa tomadas de la mano, nos duchamos, nos enjabonamos mutuamente, nos acariciamos. La llevé a la cama y llamé a Tommy: “Por favor, amor, no vuelvan hasta las cinco o seis de la tarde” y corté la llamada.

    En la cama, lado a lado, de frente y besándonos, le pregunté si estaba bien.

    Me acarició y dijo:

    –Me encantó esta manera de tomar sol, nunca pensé llegar a esto, aunque noto que mis deseos están por las nubes, ahora siento que querré verte siempre, que no está mal mujer con mujer.

    –Me pasa lo mismo, nunca lo había hecho con otra chica, y me ha encantado, pero debes saber cosas de mí.

    –Contame, por favor.

    Y entre caricias y besos le fui contando todo. Como hasta hace un año nunca había tenido otro hombre más que Tommy, como un día me preguntó si estaba conforme con eso y que le respondí que me intrigaba estar con otro hombre, como Tom me autorizó a buscar otro macho para experimentar (de momento no le conté lo de mi deseo de prostituirme), y como había seducido a Ric y él fue mi segundo hombre.

    Por suerte, Mary comprendió todo, y no solo lo comprendió sino que dijo que le pasaban por la mente cosas así, pero que jamás se animaría a concretarlas.

    –Tampoco pensabas en lo de hoy, dije, y me respondió:

    –Tienes razón, y me besó.

    Le di mi cuca a chupar por primera vez, y confieso que pese a su inexperiencia tocaba yo el cielo con las manos, me encantó, le chupé sus tetas como piedras, le chupé nuevamente la concha hasta que parecía un lago de mi saliva y sus jugos.

    –Quiero que sepas todo, le dije. Si me aceptas, que sea tal como soy.

    –¿Qué más debo saber?

    Y le confesé lo que faltaba, que le había dicho a Tommy que quería saber cómo era recibir dinero por sexo.

    Le conté como Tommy lo aceptó y hasta sugirió que si iba a prostituirme que fuera la mejor y más cara.

    Su cara expresaba asombro, y solamente preguntó: “¿Lo hiciste?”

    –Sí, respondí.

    –¿Te gustó? ¿Realmente cobraste?

    –Cobré y cobro, tengo más de 15 clientes… lo disfruto al máximo. Ahora lo sabes… si te vistes y te vas cuando llegue Vic, los entenderé.

    –Solamente quiero que me cuentes, cuanto te pagan, cómo los contactas, cómo te aseguras. ¿Y sigues con el primero que fue gratis?

    –Ya va un año de todo esto, cobro al menos 2500 dólares, exijo análisis de salud y sí, sigo saliendo con el primero, y tengo otros tres mas, gratis ja ja, uno de ellos es el cuidador del campo, que vendrá en cualquier momento; y los otros dos ni te imaginas… algún día sabrás. A veces dos personas muy especiales me recomiendan a alguien. A veces yo detecto interés de alguien en mí y en forma más o menos sutil, o no, les hago conocer mi disponibilidad.

    –¡Que mundo! Inimaginable, una profesional universitaria, quien lo diría.

    –Descubrí una mina de oro en mi cuerpo, me desean, aseguro la salud, Tommy me autoriza… no sabes cuánto disfruto mi putez. ¡Es que me descubrí puta!

    –Actualmente, Tommy lo disfruta y goza de verme, quien sabe si hasta algún día intercambiemos con otra pareja, dije, sembrando con la esperanza de cosechar.

    –¿Pero no te sientes sucia? ¿Como lo hacen?

    –Siempre me encantó que Tommy me llene de leche, te lo digo claramente. Y al ser seguro me gusta que todos lo hagan. Me llenan, o me la dan en la boca o en las tetas, pero no me gusta atrás, salvo casos muy especiales o que paguen mucho.

    ¿Sigues sin prepararte para huir de aquí?

    –Me siento como Alicia en el país de las maravillas, enterándome de cosas asombrosas. Tú, Economista, prostituta de lujo y llena de semen, recibiendo dinero de extraños con los que te vas a la cama… ni en mis sueños más locos lo hubiera imaginado.

    –Un día una se descubre, y si recibe apoyo, no para. Ya siento que cada vez quiero más. ¿Tienes fantasías incumplidas? Que quede claro que no digo que sea para todas, pero a mí me encanta.

    –Sí, tengo fantasías, algunas sencillas aunque no pienso que las concrete. Y una, muy muy pero muy secreta.

    –¿Por qué no las concretarías? Puedo ayudarte ahora que nos conocemos y tenemos intimidad.

    –Creo que me gustaría estar con dos hombres, lo imagino y me excito. Pero al mismo tiempo pienso que no me animaría, que la vergüenza podría más.

    –Nunca lo sabrás si no se lo comentas a Víctor, y si no lo intentas si él está de acuerdo. Eso sí, nunca intentes nada sin su acuerdo, siempre respétalo, y que él te respete tus deseos.

    –Aunque he cambiado, me costaría hablar de cosas así con él…

    –Como te dije, si lo deseas puedo ayudarte, actualmente ya soy muy liberal.

    En ese momento llamaron a la puerta. Desnuda como estaba, me levanté y fui a ver quién llamaba, y por supuesto era don Roque que traía como siempre, frutas y verduras frescas de sus cultivos.

    Lo saludé, y le dije amablemente que quizás de noche le pidiera algún favor (en clave de que ya estuviera duchado, descansado y listo por si surgía algo), pero que no era seguro.

    Al regresar con Mary, le dije que era don Roque, el casero.

    –Y lo atendiste desnuda…

    –¿Y por qué no? Al fin y al cabo me coge a veces, cuando lo invito.

    –¿Pero tu marido que hace?

    –A veces nos deja solos a veces nos mira, a veces participa y me cogen los dos.

    –¡Me dejas asombrada! Y yo sin saber si me animaría a sugerirle algo a Víctor.

    No la dejé hablar más, la besé y comencé otra ronda de caricias y besos. Era evidente que prefería ser guiada. Me dediqué a sus pechos, a lamer la piel llena de pecas y tersa. Le chupé y pellizqué los pezones hasta que gritó de placer, y entonces recordé que soy especialista en beso negro.

    La fui guiando a ponerse en cuatro, le acariciaba las tetas y la besaba, hasta que comencé a besarle y lamerle la espalda y fui lamiendo y besando su espalda desde la nuca, debajo de sus cabellos que usa rojizos y en melena corta, hasta su trasero. Le mordí los glúteos, y desde diez o quince centímetros de distancia, le dejé caer saliva al esfínter, bien formado y aparentemente muy apretado.

    Cuando sintió caer la saliva en el esfínter, su cuerpo tembló.

    –¿Te molesta?

    –Es que… nunca una chica, y casi nunca Vic, la tiene muy grande…

    –¡Que afortunada eres! Eso que dijo me vino bien para hacer como que ya quedé sabiendo de la gran pija de Vic, que en realidad me la ha puesto por todos lados.

    Otra vez la ensalivé y comencé un lento trabajo de lengua, al principio solamente en su ojete, luego lamiendo también la vulva, lo cual pareció enloquecerla.

    Y lo mejor fue cuando le metí un dedo, al momento comenzó a ayudar a la introducción y a clamar que le gustaba.

    Un buen rato le hice la cola con un dedo y le lamía todo, y entonces le ofrecí mi culo para lamer.

    Me lo lamió sin experiencia pero con ganas y al cabo de eso, nos quedamos descansando tiradas en la cama.

    Oímos que alguien entraba en la casa, solamente podían ser Tommy y Víctor, les dije que estábamos por ducharnos y cerré la puerta del dormitorio.

    Nos duchamos, nos “vestimos” y salimos a estar con ellos.

    Yo me puse una bata larga, color rosa viejo, opaca, y tacos. Mary solamente había traído jeans y tops, por lo cual le ofrecí a una bata similar, negra. Ambas sugeríamos estar desnudas debajo, pero no se veía nada. Y por suerte, nuestros cuerpos no son demasiado diferentes.

    Bromeamos acerca de si habíamos tomado mucho sol, a lo cual yo dije a los chicos que sí, muy a gusto y en forma integral.

    Ellos fingieron asombro y nos contaron que poco habían pescado, liberando las capturas y que ahora irían a ducharse.

    Sin que me viera Mary, miré a ambos de manera muy pícara y les guiñé un ojo.

    Se fueron a ducharse y nosotras, ya eran casi las 7 pm nos sentamos en el sofá del living a disfrutar el Sprite de moda, que preparo realmente bien.

    Brindamos, y me acerqué a ella y le dije si se animaba a hacer algo de lo hablado. Quizás coquetear con ellos, quizás mostrarnos, y si el ambiente era bueno “podríamos intentar algo más“.

    Me preguntó que sería ese algo mas, y, ya segura de que a ella le gusta ser conducida, le dije que “quizás intercambiar maridos, o que pruebes con dos hombres”. Simplemente me sonrió y dijo “no sé si me atreveré”, pero lo tomé como un sí, ja ja.

    Acerqué mi boca a su oído y le dije: hoy nos hicimos bi, y tú saldrás de aquí muy putita. Y la volví a besar.

    Continúa.

    Loading

  • La escort que ya conocía

    La escort que ya conocía

    Todo comenzó cuando por fin me decidí a hacer lo que quería hacer desde hace mucho, ir a visitar a una escort. Tenía ganas desde hace años, pero jamás me había atrevido, por diversos motivos y por temas de dinero, ya que cuando eres estudiante de universidad no tienes ni para un dulce. Pero una vez graduado y ya trabajando no tenía excusas. Tenía ganas de estar con un mujeron, una mujer voluptuosa de grandes tetas, culo grande, muslos grandes ya fuera una milf o alguien de mi edad. Dichas ganas venían ya que a mis 25 años no he tenido mucha suerte con el sexo opuesto, he tenido mis buenas experiencias, pero no al nivel ni la frecuencia que un pervertido como yo quisiera.

    En fin, me decidí a contratar los servicios de una escort y tener el sexo que quería. Entre a las respectivas páginas mas famosas de escort de mi país, buscando una milf que pareciera pornstar, pero me término llamando mucho la atención una chica de mi rango edad muy voluptuosa. No mostraba su cara, pero era justo lo que buscaba. Morena de cabello y piel, voluptuosa a mas no poder, en las fotos se veían unas tetas enormes y colgantes con unos ricos pezones gordos, piernotas bien grandes con ricos muslos y lo que mas me impacto, su enorme culazo.

    Grande, redondo, con un pequeño lunar en la nalga derecha que lo hacía mas suculento. Tenía un video de ella moviendo el culo sin nada puesto que casi me hace eyacular ahí mismo.

    Tome valor y le escribí un mensaje, deje el celu a un lado pero esperaba ansioso que me respondiera. Después de una media hora veo que tengo un mensaje de voz de ella, nervioso lo escucho, me decía: “Hola papi, como estas?” lo que me prendió a mil. Pasamos a conversar del servicio entre mensajes y notas de voz, yo estaba súper caliente ya y como el precio me pareció razonable agende para el día siguiente, lo raro fue… que su voz se me hacía extrañamente familiar pero lo caliente que estaba no me dejaba pensar.

    Al otro día salí listo para la cita, estaba nervioso a mas no poder pero muy excitado, tuve suerte si mi erección no se notó en el camino. Llegó al lugar indicado, me contacto con ella y me dice que pase, entro al edificio casi sudando de los nervios porque el conserje parecía saber a que venía. Me deja pasar, subo en el ascensor que se me hizo eterno y pene cada vez crecía mas y se rozaba con mi pantalón. Camino hacia la dirección, confirmo que el número es el mismo, toco la puerta, se escuchan unos tacones resonar adentro y la puerta se abre sola.

    En estos segundos pasan dos cosas simultaneas, yo entro y lo primero que miro es su voluptuoso cuerpo en una micro lencería que apenas si cubría sus pezones dejando la mayoría de las tetas fuera, y el colaless apenas si tapaba su sexo, baje la vista hasta sus pies muy ricos en esos tacones. Pero, al mismo tiempo que yo repasaba su cuerpo, noto como su cuerpo se estremece y grita mi nombre, enseguida miro su cara de terror, tapándose la boca y lo peor es que yo conocía esa cara, era una compañera de universidad, Francisca.

    Ambos nos miramos perplejos, yo solo atine a decir “¿Francisca?” y ella solo atino a taparse la cara de vergüenza y decir un “no no nooo” prolongado, pude notar su enorme culo balancearse, los cachetes se le movían de arriba abajo y lo único que no se apreciaba era su raja gracias al colaless. Entre la excitación y la sorpresa no sabía que decir, ósea sabía lo que quería que era tener sexo y ya, pero era una amiga de la universidad y a la que curiosamente siempre le tuve ganas.

    Para ponerlos en contexto, conocí a Francisca comenzando la carrera, nos hicimos rápidamente amigos, siendo el pervertido que soy enseguida note su voluptuosidad y le miraba el culo con un descaro total. Pero nunca paso nada entre nosotros por diversos motivos, siendo uno de ellos que fue pareja de uno de mis mejores amigos, con el cual bromeaba que yo siempre le miraba el culo, cosa que a mi amigo no le molestaba porque es igual de pervertido que yo.

    Francisca siempre bromeaba con mi obsesión por su culo y jugaba a “mostrármelo” haciendo poses o contoneándolo, cosa que alimento algunas de mis pajas por años, incluso algunas dentro de los baños de la misma universidad.

    Pero jamás llego a pasar nada, pese a que yo siempre lo quise, porque su comportamiento “inestable” comenzó a surgir. Mi amigo me mostraba sus su comportamiento de celos extremos con mensajes de textos y anécdotas para no creer, incluso me conto que le había mordido el pene solo por sujetarle la cabeza al momento de un oral. Eso, mas sus pésimas notas, hicieron que botaran la carrera y se fuera, no supe mas de ella hasta este momento.

    Volviendo a lo nuestro acontecimientos actuales, Francisca me miraba con cara de terror moviendo la cabeza y me decía “¿que haces tu aquí?” “¿como supiste que era yo?”. Intente hacer que se calmara y explicarle que fue un error, que no tenía manera de saber. Le dije que siempre quise volver a hablarle y tener contacto como amigos pero no supe como, buscando una manera de que se tranquilizara.

    Me conto que después de que se fue de la universidad no supo que estudiar y decidió explorar primero vendiendo fotos y video llamadas y luego la prostitución y le fue tan bien que hasta tiene su departamento, yo le dije que obvio si siempre fue hermosa y con un cuerpazo, lo que le saco una sonrisa, al menos se estaba relajando.

    Nos pusimos a recordar los viejos tiempo entre risas hasta que salió el tema de como siempre le miré el culo, le dije que era espectacular y por eso no podía dejar de mirarlo, ella me sonrió de vuelta muy coqueta. Yo ya no podía esperar mas, mi pene estaba como palo, le acaricié suavemente el muslo de una pierna y mirando fijo sus tetazas le dije que por favor lo hiciéramos, que si quería le pagaba el doble pero que no aguantaba mas.

    Ella me dijo “lo sé, me has mirado el cuerpo sin parar todo el rato, de la misma manera que lo hacías antes, y se nota tu pene bien erecto” dijo eso y me agarro mi erección por sobre el pantalón. Me dijo “solo tengo una condición y no es que me pagues extra, no digas nada, aún tenemos gente en común y no quiero que sepan”. Asentí con cara de tonto.

    Francisca procedió a levantarse y comenzó a desvestirme rápidamente, no me di cuenta y ya estaba sin nada con mi pene mirando al techo. Ella se rio y me pregunto “¿ese pico está caliente por mí?” y procedió a darle un beso en el glande que casi me hace acabar ahí mismo.

    Procedió a quitarse la parte de arriba de su conjunto y sus tetotas salieron al aire con un ligero rebote, cayeron por su peso pero aun así sus pezones se mantenían erguidos y desafiantes, mirando fijamente se sacó su colaless dejando caer y mostrándome su vagina rasurada excepto por unos poquitos pelos, se veía tan jugosa y rica, acaricio su cuerpo sensualmente y luego lo mejor, se dio vuelta y al fin pude ver el culo que tanto desee, grande, redondo, con las nalgas bien levantadas y duras, con una raja exquisita y ese pícaro lunar en su nalga derecha.

    Ahí ya no aguante mas y me lance sobre ella poniendo mi pene en el hermoso valle entre sus nalgas mientras las acariciaba, tan duras pero de piel muy suave. Estuve tocando culo y tetas por un buen rato hasta que acomodé mejor mi pene entre sus nalgas y empecé a masturbarme usando su culo, de arriba a abajo mientras mi pene se rozaba con su raja y mis manos iban de nalgas a tetas, francisca se rio y me dijo “eso siempre quisiste hacerlo, pervertido. Ahora puedes, estas tetas y culos son tuyos papi”.

    Estuve así un rato pero mis ganas me traicionaron y mientras le decía lo rica que estaba empecé a acabar sobre su culo. Respire un poco y mientras Francisca contoneaba su culazo hacia la cocina para sacar un pañuelo y sacarse mi semen.

    Le rogué que siguiéramos, le pagaba una hora mas, ella acepto y me dijo “tienes suerte que no venga otro cliente” camino hacia mi contoneando sus caderas y sus tetazas rebotando de arriba abajo, me agarro el pico y lo empezó a masturbar con fuerza y mi caído amigo volvió al combate. Sonrió y me dijo “veamos cuanto aguantas ahora, mira que cuando me suba encima de ti te voy a destrozar el pico a sentones” yo me metí una teta en la boca y chupe como loco sus tetas. Francisca aun masturbando mi pene comenzó a dirigirme hacia su habitación.

    Me puso frente a la cama, levanto una de sus piernas y me puso el pie en la boca, lamí su pie mientras ella se masturbaba la vagina. De un empujón en el pecho con su pie me tiro a la cama, se puso en cuclillas sobre mi pene, y me puso el condón con la boca. Luego lentamente se introdujo mi pene en su vagina y comenzamos la cabalgata que fue rápidamente aumentando de ritmo mientras le sujetaba las tetas.

    Si seguíamos así vería la luz pronto, así que antes de eso le dije que me cabalgara al revés para verle el culo. Se dio vuelta y ese culazo empezó a subir y bajar con fuerza sobre mi pene y bolas, tanto que me llegue a quejar un poco porque su culo me dio en las bolas, ella burlonamente me dijo “¿tus cositas no pueden con mi culo?”, yo le dije que era una puta y la penetre mas fuerte mientras se reía.

    Finalmente no aguantaría mucho mas, le dije que acabaría y con una voz de zorra me dijo “¿adónde me vas a dar tu leche ahora, papi? ¿En culo?, ¿tetas?, ¿en la boquita?”. Apenas podía hablar reteniendo la corrida lo mas que podía y pedí culo, así que se paró y se puso en cuatro en la cama meneando las abundantes carnes de su culo mientras yo me sacaba el preservativo para luego acabar sobre sus nalgas.

    Nos recostamos un rato a conversar, como amigos, justo como era antes. Entre risas me agarro con cierta fuerza mis testículos y me dijo “acuérdate, no le digas a nadie, sino te los corto”. Le dije que no se preocupara y que planeaba seguir visitándola seguido, me dijo “eso espero” y me lanzo un beso en la boca que casi me revive para un round tres. Me duché y me vestí, se despidió de mi con un beso y me fui de su departamento muy feliz, no creía mi suerte.

    Después de ese intenso primer encuentro, seguí siendo su cliente habitual. La visitaba una vez cada mes así que nuestra amistad también se fue fortaleciendo. Yo aproveche de pedirle probar ciertos fetiches como anal y masturbación con los pies, los cuales hacía de manera fenomenal y muy intensa. Hasta el día de hoy soy cliente de mi amiga de la universidad que término siendo una increíble prostituta. Mas adelante puede que narre otras cosas sucias que hemos hecho.

    Loading

  • Elena y una peli (parte 2)

    Elena y una peli (parte 2)

    Aunque me consta que no fue su intención, esa maniobra provocó a José que al verla, ya excitado en la mañana, su miembro alcanzara su máxima dureza, notándose debajo de su maya. Elena por su parte cuando terminó de darse crema, ignorándolo, sacó un libro de su bolsa de playa, se puso a leer.

    Cuanto mayor era mi esfuerzo de José, menor era el resultado y por eso durante un largo rato, tuvo la pija tiesa sin sacarles los ojos de encima a Elena. Hasta que salió corriendo a darse un chapuzón en el mar.

    El agua estaba fría y gracias a ello, se calmó el escozor que sentía en la piel. Pero no evitó que al cabo de unos minutos Elena y yo caminemos hacia donde estaba él los pechos al aire, y su verga volviera a salir de su letargo

    -¡Está helada! Gritó mientras se sumergía en el mar.

    Al emerger, comprobamos que sus pezones se le habían puesto duros por el contraste de temperatura y no porque estuviera excitada. El que sí estaba caliente como en celo era José, que viendo nuestros dos erectos botones decorando nuestros pechos no pude más que babear mientras miraba.

    Elena estuvo nadando a nuestro alrededor, mientras yo debajo del agua comprobaba la erección de José apoyando mis nalgas, hasta que ya con frio decimos volver a la toalla. En vista que su pene seguía excitado, José juzgó mejor esperar a que se bajara. Durante casi media hora estuvo nadando hasta que se tranquilizó y entonces con su miembro ya normal, volvió donde estábamos con Elena.

    Fue entonces cuando levantando la mirada de su libro, soltó espantada:

    -¡Te has quemado! -para acto seguido recriminar como si fuera su madre por no haberse puesto crema.

    No nos habíamos dado cuenta que estaba rojo como un camarón y como casi era oscuro volvimos al departamento, enseguida saco un frasco de crema hidratante y sin pedirme opinión, me exigió que me acostara para untarme. Incapaz de rebelarse, José se tumba boca abajo y con el erotismo que eso entrañaría hasta que sintió el frescor de la crema mientras Elena la esparcía por su espalda.

    Noté que bajo un poco la malla y que sus yemas extendiendo el ungüento llegaban casi hasta el culo de José que no pudo evitar gemir de placer, con los ojos cerrados. Creo que fue entonces cuando ella se percató de la escena.

    Sus caricias se fueron haciendo más sutiles, más sensuales hasta que me di cuenta que lo que realmente estaba haciendo era meterle mano descaradamente. José entusiasmado, sentía como sus dedos recorrían la espalda de una forma especial, deteniéndose especialmente en sus nalgas.

    Su calentura iba en aumento de manera exponencial y sin pensarlo bien, ella decidió que esa postura era incómoda y tratando de mejorarla, se puso a caballo sobre él con una pierna a cada lado. Al hacerlo su concha quedó en contacto con la cola y espalda. El continuo masajeo fue lentamente asolando su cordura hasta que absolutamente entregada, salto y se fue a su sofá.

    -¿Qué te ocurre? Pregunto José dándose la vuelta sin percatar que boca arriba, dejaba al descubierto su erección.

    Gritó: -¡Qué estoy loca! ¡Que estoy caliente! Necesito una cogida

    Tras su rotunda confesión, solo se le ocurrió, acostarse con ella y abrazándola por detrás tratar de consolarla diciendo:

    -Si estás loca, yo también. Dijo José.

    -¿Qué vamos a hacer? Dándose la vuelta y mirándonos, preguntó.

    Su pregunta era una llamada de auxilio, pidiendo que intentáramos algo, con en sus labios entreabiertos José no pudo reprimir sus ganas de besarla. Fue un beso suave al principio que rápidamente se volvió apasionado mientras sus cuerpos se entrelazaban.

    -Te deseo, Elena -susurró José en su oído.

    -Esto no está bien, escuché que decía mientras sus labios se intentaban separar de los de José.

    Al notar su urgencia llevó sus manos hasta su bikini, lo desabrochó para sentir la perfección de sus pechos. Elena, totalmente contagiada por la pasión, se quedó quieta mientras sus manos comenzaban un recorrido por toda su piel. Su mente todavía luchaba contra la idea de acostarse con mi marido pero al notar sus caricias, tuvo que morderse los labios para no gritar.

    Por mi parte yo ya estaba convencida que ella necesitaba un hombre y ahí me ofrecí para ayudar:

    -¿Quiere que te bese yo también? Deja a un lado los prejuicios sociales.

    -No Lau, nunca me gustaron las mujeres. Necesito un hombre.

    Mientras ella no paraba de besar a José, él recorría con sus dedos uno de sus pezones acercándolo a su boca y sacando la lengua, para prenderse como un ternero.

    -Por favor, para, chilló indecisa.

    Por mucho que conocía y comprendía sus razones, al oír su súplica lejos de renunciar José siguió y bajando por su cuerpo, rozo sus dedos su tanga.

    -No seas malo, rogó apretando sus mandíbulas al notar que la mano completa se habían apoderado de su vagina.

    Totalmente indefensa se quedó quieta mientras sufría y disfrutaba por igual las caricias. Su entrega me dio los arrestos suficientes arrimarme y sacarle por los pies su tanga, ante su asombro y descubrir que tenía una concha exquisitamente depilada.

    -¡Qué maravilla de mujer!, exclamé en voz alta y sin esperar su respuesta, subí mis manos para encontrar las de José en su vulva.

    No me extrañó encontrarme con su sexo empapado pero lo que no me esperaba fue que, ella abriera un segundo los ojos para mirarme y no dijera nada. Yo también a esa altura estaba mojada, y comencé a sacarme lo poco que tenía puesto. Entretanto José hundía su cabeza entre sus piernas para pasar su lengua por sus labios, esa mujer enloquecía, pegando gritos, gimiendo de placer. Al hacerlo, el aroma a mujer necesitada inundó la habitación, con José recogiendo su flujo en su boca mientras mis manos se apoderaban de sus pechos.

    -¡No sigan!, susurro otra vez.

    Aunque verbalmente nos exigía que cesáramos, el resto de su cuerpo pedía lo contrario mientras involuntariamente separaba mas sus rodillas y posando su mano en la cabeza de José, forzaba el contacto de su boca. Su doble discurso no consiguió desviarnos.

    Sus gemidos informaron que estaba dispuesta y atrayéndola hacia él, puso la cabeza de su glande entre los labios de su sexo.

    -Te voy a coger, balbuceo casi sin poder hablar por la lujuria José.

    Con una sonrisa en sus labios, le respondió:

    -Si, cógeme. ¡Hazme sentir mujer! ¡Necesito acabar! No aguanto más de calentura.

    Su completa aceptación permitió que de un solo empujón rellenara su vagina con el pene. Al sentir la pija chocando contra la pared de su jugosa cueva, gritó presa del deseo y retorciéndose como poseída ponía sus ojos en blanco. José se apoderó de sus senos y usándolos como ancla, se afianzó con ellos antes de comenzar un suave trote con sus cuerpos.

    Fue cuando entre gemidos, me gritó:

    -Sí, dame fuerte, que voy a acabar.

    Entre gruñidos y respiraciones agitadas, incrementó la velocidad de sus penetraciones.

    Elena respondió con pasión y sin importarle ya que el hombre que la estaba haciendo gozar era mi marido, era el marido de su amiga, me chilló que no parara. El sonido de los muelles de la cama chirriando se mezcló con sus aullidos y como si fuera la primera vez, acabo sin parar de moverse. Por mi parte al no haber conseguido satisfacer mi lujuria, y ver que el disfrute era solo de ellos, tomé mi negro y grande consolador para empezar una fuerte masturbación con él. Convertí mi suave galope en una desenfrenada carrera en busca del placer mientras Elena seguía disfrutando de una sucesión de ruidosos orgasmos.

    Cuando José está a punto de sembrar su vientre le informé que se iba a correr, en vez de pedirle que eyaculara fuera, Elena contrajo los músculos de su vagina y con una presión desconocida, obligó a vaciar en su vagina toda la leche que cargaba, mientras me decía:

    -La quiero toda.

    Mientras seguía apuñalando su concha para explotar en su interior, yo junto con él llegue a mi feliz orgasmo, con mis típicos gritos y gemidos. Ellos se desplomaron en la cama. Fue entonces cuando Elena abrazándolo le dice:

    -Soy feliz. Ya había perdido la esperanza de volver a llegar a un orgasmo un día.

    Sabiendo de la importancia que para ella tenía esa confesión, me acerqué a ellos, mientras José la besaba, le contesté tratando de desdramatizar la situación:

    -Este va a ser el primero de muchos que vas a tener.

    Soltó una carcajada y mientras con sus manos se apoderaba de la pija, respondió:

    -¿No hay nada más para mí?

    -¡Claro, te voy hacer el culo! Rugió José, mientras entre sus dedos el pene reaccionaba con otra erección.

    Muerta de risa, bajo a chuparle para que se endurezca y una vez que lo consiguió, se dio la vuelta y llevó la pija hasta su esfínter, susurró:

    -Ya que eres tan desgraciado de haber cogido a la amiga de tu mujer, termina lo que has empezado. ¡Úsalo! ¡Es todo tuyo!

    Loading

  • Té caliente

    Té caliente

    Hola lectores. Este es mi primer relato.

    Mi nombre es William. Todo empezó cuando por azares del destino coincidí con una mujer hermosa. Emma, flaquita, pechos muy bonitos y un culo redondito.

    Emma es una mujer de ensueño, muy guapa, con un aroma rico. Empezamos la relación de amistad, nos llamábamos, enviábamos textos.

    La confianza fue creciendo, hasta llegar al punto donde ella era lo que yo tanto deseaba. Soñaba con tenerla. De tanta confianza que había entre nosotros un día le pedí cambiar fotos, yo envíe la mía y así…

    Ese fue el paso para llegar a proponer estar en un lugar a solas, ir a un motel.

    Los nervios nos invadían, pero eso no nos impedía las ganas de estar.

    El día llegó, decidimos entrar al motel, ella tan guapa, yo no podía creer que ahí estábamos.

    No podía aguantar más las ganas de tenerla así que la tomé de la cintura y la besé con tanta pasión, la despojé de la ropa y ella hizo lo mismo conmigo. Estábamos piel con piel… yo muy excitado de tenerla… mi verga estaba a reventar… ella la tomaba entre sus manos y la masajeaba con movimientos expertos…

    Esa fue la mejor noche de mi vida… hicimos todo lo que un día imaginábamos..

    La cogí en todas las posiciones posibles, ella gemía, me miraba, me sonreía. Detrás de esa Emma tan tierna había una mujer tan complaciente… después de estar al borde de venirme ella sin decir una palabra se metió mi verga a su boca para tragarse toda la leche.

    Puedo decir una vez más, que fue la mejor noche de mi vida.

    Loading

  • Mi tía y sus hijas (1 de 3)

    Mi tía y sus hijas (1 de 3)

    Al cumplir dieciocho por motivos de estudio tuve que irme a vivir una temporada a casa de mis tíos. Resulta que no me llegó la nota para la carrera, pero sí me llegaba en la universidad de la ciudad donde vivían mis tíos. Mi plan era estar un año y luego pedir el traslado y ni en mis más calientes sueños podía imaginar lo que allí me pasaría.

    Antes que nada, voy a describirme, soy un chico alto y moreno, las mujeres dicen que soy mono con una polla normalita de unos 16 pero bastante gorda. Yo había tenido varias novias, pero nunca había conseguido nada más que una buena mamada por lo que estaba loco por echar un polvo. Así que a mis dieciocho años podéis imaginar que tenía que recurrir a las pajas para bajar mi constante calentura.

    Mi tío vivía en un gran apartamento con su mujer, Lourdes, y mis dos primas, Miriam de 18 y María de 21. Mi tía tiene 45 años, pero se conservaba muy bien. Esta delgada y tiene un culo impresionante de esos que parecen gritar que los sobes y dos tetas enormes y firmes, eso lo sabía por algunas vacaciones que habíamos pasado en la playa y la había visto en bikini.

    Miriam era muy delgadita y su cara y su físico poco desarrollado, con un buen culito y unas tetitas pequeñas, pero que prometían buenas maneras. Por el contrario, mi prima María era ya toda una mujer con unos senos más pequeños que los de su madre pero igual de apetecibles y con el mejor culo de las tres.

    El curso comenzaba el 29 de septiembre y mis tíos insistieron en que fuera un poco antes para acostumbrarme a la ciudad y a la que sería mi casa. Mi tío me vino a recoger a la estación a media mañana y me llevó en coche hasta el apartamento, por el camino me explicó que María estaba aún de vacaciones con unas amigas, empezaba el curso el mismo día que yo y aún quedaban siete días, y mi tía Lourdes estaba trabajando. Llegamos al apartamento y mi tío me ayudo a colocar mis cosas en lo que sería mi habitación, al lado de la de mi prima Miriam.

    Cuando habíamos acabado de colocar todas las cosas oímos las cosas. Era mi prima Miriam. Vestía un pantaloncito estrecho que se ceñía a su culito y un top deportivo.

    -¡Primo! -gritó y me abrazó.

    Desde pequeña había sido muy cariñosa conmigo. Su cuerpo estaba cubierto de sudor y el abrazo hizo que sintiera sus tiernos pechos y su cuerpo entrara en contacto con el mío. No pude evitarlo y tuve una erección de campeonato. Ella no pareció notarlo y continuó el abrazo mientras me decía lo mucho que me echaba de menos.

    -Voy a bañarme, pues estoy que doy asco después de correr -dijo.

    -Tu siempre estas guapa Miriam. -Sonrió y me dio un beso en la mejilla.

    -Eres mi primo preferido -dijo antes de salir de la habitación.

    Llegó la hora de comer y yo seguía con la calentura pues no había encontrado el momento para hacerme una paja. Mi tío me explicó mientras comía que le habían vuelto a cambiar el turno y que ahora trabajaba por la tarde hasta que volverían cambiarle al turno de noche.

    Se marchó poco después de comer dejándonos solos a mi prima y a mí. Nos fuimos al salón y estuvimos viendo un rato la tele.

    -Hazme un favor -dijo de repente mi prima con voz melosa.

    Yo miré su rostro juvenil y sus bonitos ojos verdes tapados parcialmente por sus gafitas, y me imaginé su boquita comiéndose mi polla.

    -Lava hoy tú los platos que he quedado con unas amigas, ¿vale?

    Por mi cabeza paso la idea de tumbarla en el sofá y follármela a lo bestia pero la razón se sobrepuso. Joder, la verdad es que estaba muy cachondo necesitaba hacerme una paja ya.

    -Claro guapa yo lo hago, pero me debes una -dije pensando que así estaría solo para aliviarme.

    Se acercó y me dio un beso en la mejilla.

    -¡Qué bueno eres! -¿Si?

    La cogí de la cabeza y empezamos a jugar sobre el sofá, mi prima se reía mientras yo intentaba ponerme encima. El roce y mi calentura hizo que tuviera una gran erección que pese a mis tejanos era visible. Mi prima pareció notarlo. Dejamos el juego y yo me senté cruzando las piernas intentando disimular mi erección. Se despidió y se marchó dejándome así. Nada más salir saqué mi polla del pantalón y me hice un paja en honor de las tetas de mi prima. Me corrí rápidamente escupiendo grandes chorros de leche, pero tal era mi calentura que no se me bajaba.

    Como estaba solo decidí aprovechar la ocasión y me fui a la habitación de mis tíos. Busqué entre sus armarios hasta que encontré la ropa interior de mi tía. La principio sólo vi conjuntos normales, pero en el fondo había varios tangas y conjuntos de lencería muy sexy. Sólo pensar en que mi tía con ellos me puso aún más cachondo, cogí un tanga negro y lo pasé por mi polla y me masturbé. Cuando estaba a punto de correrme tuve la precaución de apartar el tanga para no dejar pruebas de mi delito.

    Hecho esto me decidí a lavar los platos. Estaba acabando cuando llegó mi tía. Estaba guapísima con un vestido de tirantes que dejaba ver parte de sus grandes pechos.

    -¡Jorge cómo me alegro de verte! -dijo y me dio un beso mientras me abrazaba. -Sentir aquellos pechos tan cerca hizo que mi verga volviera a crecer, por suerte mi tía se apartó antes de darse cuenta. -Vaya veo que estas lavando los platos -dijo mi tía -Vaya huésped más trabajador. -Uno hace lo que puede -bromeé. -Bueno yo voy a cambiarme y luego tengo que comer algo que tengo un hambre… -Mi tía se fue a su habitación y yo corrí a encerrarme al lavabo donde volví a masturbarme, por tercera vez en pocas horas.

    El resto de la tarde lo pasé viendo la tele un rato con mi tía y luego decidí dar un paseo para conocer mejor la ciudad. Mi tía me entregó un juego de llaves y estuve un buen rato dando vueltas, hasta que se me hizo de noche y regresé.

    Mi tía y mis dos primas estaban poniendo la mesa para cenar. Mi prima María había regresado antes de tiempo, vestía unos tejanos cortados que le iban muy ceñidos, una camiseta de tirantes y un pañuelo le tapaba sus cabellos oscuros. Se acercó y me besó en la mejilla. Desprendía un olor dulzón que me encantó.

    -¿Ya cenamos? -pregunté -¿y el tío?

    -Viene a las doce -me explicó mi tía.

    Cenamos y estuvimos charlando mucho rato, especialmente con mi prima María con la que siempre me había llevado muy bien. Ella me explicó como era la vida universitaria y que no tardaría en adaptarme.

    Miriam pilló en el satélite una peli que tenía muchas ganas de ver y fuimos todos al salón para verla. Mi tía me aconsejó que me pusiera el pijama pues estaría más cómodo. Ella se había puesto un camisón que le llegaba por las rodillas, pero que a contraluz se transparentaba y casi pego un grito cuando vi que sólo llevaba unas braguitas debajo. Asentí y me dirigí a mi habitación para cambiarme. Cogí un pijama formado por una camiseta de manga corta y un pantalón corto. Por lo que pudiera pasar me dejé los calzoncillos y volví al salón.

    Mis dos primas también se habían puesto la ropa de dormir. Miriam llevaba un pijama parecido al mío, pero con dibujos de ositos en la camiseta. El pijama le venía algo pequeño y marcaba sus pezones. María llevaba un pijama del mismo estilo, sin dibujos, pero bastante grande. Me senté entre mis dos primas y comenzamos a ver la película. No pude evitar fijarme en Miriam, el pantaloncito marcaba la raja de su culito y no pude contener mi erección. La película era muy larga y a la mitad mi prima Miriam estaba dormida apoyando su cara en mi hombro. Tener cerca ese cuerpo era más de lo que podía resistir y aprovechando que María y mi tía estaban también dormidas pasé el brazo sobre los hombros de mi prima.

    Con precaución comencé a acariciarle sus pequeños pechos y pese a estar dormida sus pezones se pusieron duros marcándose claramente en su pijama. Loco de excitación me atreví a bajar con mi otra mano hacia su pelvis. Su coñito se marcaba a través del pijama y comencé a pasarla la mano por encima. Mi prima lanzó un pequeño gemido de placer y yo continué. Bajé mi otra mano para intentar bajarle su pantaloncito. En ese momento oí el sonido de la puerta y me aparté de mi prima rápidamente.

    Mi tío entró en el salón y observó la escena con una sonrisa.

    -Vaya veo que te ha pasado como a mí. Estas mujeres siempre se duermen -dijo -Siempre acabó de ver las películas yo solo.

    -Sí -dije y sonreí mientras cruzaba mis piernas para disimular mi erección.

    Mi tío volvió a sonreír y se fue a hacia su habitación. Yo aproveché para ir a la mía y acostarme. Una vez allí me masturbé pensando me prima y me corrí en un orgasmo bestial. Sonreí al pensar que me había masturbado cuatro veces por culpa de mi tía y mis primas. Jejeje iba a ser un año muy duro.

    Pasó una semana en que no hubo más encuentros con mi prima, pero en que aproveché cada momento en que me quedaba solo para masturbarme en honor de mi tía y mis primas. Y durante esa semana estaba bastante tiempo solo, mis primas salían con sus amigos y mis tíos trabajan. Finalmente mi prima María me presentó a su panda y empecé a salir con ellos. Tenía varias amigas que estaban muy bien pero ninguna era como ella.

    Llegó el 29 y mi prima me acompañó a la facultad el primer día, en mi carrera una ingeniería técnica, no abundan las mujeres por lo que mi prima llamaba la atención por los pasillos. El primer día fue como me esperaba presentación de los profesores y las asignaturas, horarios, etc. Iba por la mañana, por lo que podría ir con mi prima María en su coche hasta la universidad, pero yo acababa a las doce y ella se quedaba a comer en la universidad por lo que volvería en autobús.

    Así los primeros días me acostumbre a mi nueva rutina, después de clase llegaba sobre las doce y media a casa y me encontraba con mi tío que se iba a las dos a trabajar. Miriam llegaba a las dos del instituto y estaba en casa hasta que salía con las amigas. Mi tía llegaba a las tres y solía pasar la tarde en casa.

    Llevaba ya dos semanas de clase cuando pasó algo que me iba a permitir disfrutar de mi tía y sus dos hijas. A mi tío le cambiaron al turno de noche por lo que estaba todo el día en casa y se iba a las once. Eso al principio me jodió pues provocó que tuviera que dejar mis pajas hasta la noche, pues por la tarde había demasiada gente.

    El primer viernes desde que a mi tío le cambiaron el turno mi prima María me insistió para que saliera con ella y sus amigos. Habían abierto un local nuevo en la ciudad y todos querían ir a verlo. Pero esa tarde había estado jugando a fútbol con algunos compañeros de clase y estaba cansado por lo que le dije que no iba. Cené pronto y me fui a la cama a las diez, pero eso no me evitó ver a mi prima preparada para salir de fiesta. Llevaba toda la cara maquillada y el pelo suelto sobre los hombros. Vestía un jersey que se pegaba a sus pechos y un pantalón ajustado blanco que marcaba el fino tanga que llevaba.

    Pese a que estaba cansado me pegué una gran paja en su honor antes de caer redondo. Quizás porque no acostumbraba a dormirme tan pronto o por alguna otra razón que desconozco me desperté sobre las dos. Tenía mucha sed así que fui hacia la cocina intentando no hacer ruido para no despertar a nadie. Vi claridad en el salón y supuse que mi tía se había quedado dormida viendo una película. Me acerqué con cautela y entreabrí la puerta. Lo que vi me dejó estupefacto.

    Mi tía estaba sentada en sofá con el camisón remangado hasta la cintura, las bragas en los tobillos y masturbándose con la mano derecha, mientras que con la izquierda se sobaba las tetas. Vaya coño que se gastaba con unos labios gruesos y lleno de pelo, aunque recortado por los lados .Entonces oí los gemidos provenientes de la tele y comprendí que estaba viendo una película porno.

    -Sii, sii, métela hasta el fondo -oí que decía mi tía.

    Yo me había sacado la polla y me la estaba meneando. Entonces decidí que era la hora de echarle huevos e intentar follarme a mi tía. La verdad es que no sabía cómo iba a reaccionar, pero al menos jugaba con la ventaja de haberla pillado in fraganti. Me guardé la polla en el pantalón, no sin dificultad y entré de improviso en el salón. Mi tía pegó un salto y se apresuró a taparse con las manos.

    Yo me acerqué rápidamente y me senté como si quisiera ver la película. Un negro con una polla gigantesca se la estaba metiendo por culo a una jovencita que gemía de placer.

    -Yo, yo… -balbuceó mi tía.

    -Tranquila tita, no pasa nada -dije yo. Sabía que tenía que aprovechar su confusión -Es algo muy normal satisfacernos nosotros mismos. Es algo natural.

    Como si quisiera afirmar mis palabras saqué mi polla y la empecé a menear. Ella me miró confusa unos instantes y yo temí que se fuera, pero se notaba que seguía cachonda y miraba mi polla con lujuria.

    Se sentó sin dejar de mirarme y se quitó las bragas y el camisón mostrándome sus exuberantes pechos. Lentamente volvió a masturbarse. Yo noté que ya no miraba la película me miraba a mí. Yo me puse de rodillas en el sofá y me acerqué a ella sin dejar de masturbarme, ofreciéndole mi verga.

    -Está muy bien divertirnos solos pero ya que estamos aquí -dije con picardía.

    Ella no contestó, pero su mirada de lujuria fue más que suficiente. Puse mis manos en su cabeza y le acerqué a mi polla. Al principio parecía que se resistía, pero finalmente se la tragó entera. Dios es increíble la sensación de que tu tía te chupe la polla. Además, lo hacía como una experta. Me hizo sentar en el sofá y ella se lanzó sobre mi polla, con lo que me permitió que mis manos exploraran su coño.

    Estaba muy húmeda y su clítoris era enorme con lo que no tuve problemas para acariciarlo. Ella por su parte lamía mi capullo con lentitud, como si fuera un helado, mientras yo gemía de placer. Comenzó a lamer todo el tronco hasta que se la metió entera. Yo la cogí de la cabeza y empecé a marcarle el ritmo. Era genial me estaba follando a mi tía por la boca. Le metí tres dedos en su coño y empecé a moverlos rápidamente, mi tía empezó a mover su culo a modo de respuesta.

    -Diooos tía me corrooo -exclamé y en ese instante me pareció ver una sombra en la puerta. -Mi tía no apartó la boca y se tragó los abundantes chorros de semen que lancé. Continuó lamiendo hasta que mi polla quedó limpia. Entonces volví a fijarme en la puerta y no vi nada pero estaba seguro que antes había visto algo.

    Mi tía se sentó y yo me lancé a lamer su coño. Se estiró en el sofá y abrió al máximo sus piernas mientras yo chupaba con mi lengua a la vez que introducía mis dedos en su encharcado coño.

    -Siii, sigue, sigue -jadeó mi tía- Qué bien lo haces, qué bien. -Yo empecé a buscar con mi mano su culito y empecé a acariciar su trasero. Mi tía Lourdes gemía como una loca y yo aproveché para meterle un dedo por el culo.

    -No por ahí nunca lo he hecho.

    Yo no le hice caso y continué metiéndole un dedo mientras le chupaba el coño.

    -Me corrooo -anunció y me bañó la cara con su corrida. -Yo la continué acariciando y noté que mi polla ya estaba lista para participar en la fiesta. Mi tía se dio cuenta.

    -¡Métemela ya, que no resisto más! ¡Métemela hasta el fondo! -Yo no dudé en hacerle caso y puse mi polla en la entrada de su vagina. Empecé a pasar mi capullo por sus labios mientras mi tía gemía excitada.

    -¡Metela ya, por lo que más quieras! -Mi polla entró con facilidad debido a la humedad de mi tía y se la metí de golpe hasta los huevos. Mi tía lanzó un chillido de placer y yo empecé a un rápido metesaca. Mi tía cerró sus piernas tras mi culo para atraerme más hacia ella. Y yo empecé a lamer sus pechos como sin dejar de metérsela hasta el fondo. Mi tía se corrió otra vez y yo aceleré más el ritmo para acabar.

    -Me corro tía -Sii, quiero sentir tu leche dentro de mí -me dijo. -Me corrí y noté que mi tía volvía a tener otro orgasmo. Me derrumbé exhausto sobre ella sin dejar de acariciarle las tetas. Mi polla no perdió su rigidez por lo que continué follándomela.

    -Dios, siii, no pares, sigue -exclamaba mi tía.

    Entonces tuve una idea y se la saqué de repente. Mi tía me miró como suplicando que volviera a metérsela.

    -Ha sido mi primera vez -le revelé a mi tía que me miró con sorpresa -Por eso me gustaría que para ti también lo fuera.

    Mi tía me miró extrañada hasta que lo comprendió.

    -Qué cabronazo, me quieres dar por culo -dijo con una sonrisa. Se colocó en el suelo a cuatro patas -Después de todo lo que me has hecho pasar es lo mínimo que puedo ofrecerte ¡Vamos ven a dar por culo a la puta de tiita, vamos!

    Ver a mi tía de cuatro patas mostrándome su culo y su coño me hizo enloquecer y me lancé sobre ella y se la metí por el culo de golpe hasta los mismísimos huevos. Se la metí tan a lo bestia que llegó a dolerme, pero no tanto como a mi tía que chilló de dolor, pero no me dijo que la sacara. Como quien calla otorga yo proseguí follándomela, sin compasión. La penetraba con tal fuerza que mi tía se derrumbó sobre sus brazos, lágrimas de dolor corrían por la cara de mi tía. Sin dejar de follarla con fuerza empecé a acariciar su coño que estaba encharcado. En menos de un minuto los gritos de dolor de mi tía se convirtieron en gemidos de placer.

    -Sii, qué bueno, no pares nooo -dijo mientras volvía a correrse. -Yo la agarré por el pelo y se la clavé hasta el fondo mientras llegaba a un fenomenal orgasmo y llenaba el culo de mi tía de leche. Permanecí casi un minuto sobre mi tía sin moverme. Entonces se la saqué y vi que grandes cantidades de semen salían por su culo, al igual que algo de sangre. Me alarmé al verla y se lo comenté, pero mi tía tras tocarse el trasero se levantó sonriendo.

    -Dios cómo lo he pasado. -Se acercó a mí y me dio un beso con lengua impresionante y me agarró mi verga, ya flácida y manchada de flujos y mierda. Se agachó y la besó.

    -Creo que nos lo vamos a pasar muy bien tú y yo cariño -me dijo. -Yo no pude menos que evitar sonreír ante la perspectiva de esas palabras y no pude dejar de pensar en como podría llegar a conseguir hacer lo mismo con mis primas y recordé la sombra que había visto en la puerta y que sólo podía ser mi prima Miriam.

    Continuará.

    Loading

  • Mi hermano y yo nos cogemos a mi esposa

    Mi hermano y yo nos cogemos a mi esposa

    Después de algunas semanas de estar disfrutando con los recuerdos de las actividades sexuales ya establecidas entre Linda mi esposa y Juan mi hermano, en complicidad conmigo, tuve que salir de la ciudad por cuestiones de trabajo.

    Advertí a mi Linda que, si había alguna relación con Juan en mi ausencia, deberían tener un cuidado extraordinario ya que no podrían contar con mi apoyo para protegerlos en cuanto a la privacidad de nuestras acciones. (ellos y nuestro matrimonio por supuesto).

    Mi estancia en otra ciudad fue de seis meses aproximadamente, tiempo en que yo viajaba a casa más o menos cada mes. Así que yo allá pensaba en que mi hermano se estaría acostando con mi esposa cada vez que se le antojaba, pero no era ese el problema, sino que yo no participaría para disfrutarlo en la forma acostumbrada. Sin embargo, no fueron tantas las veces que lo hicieron sin mí, pues solo fueron como dos o tres, porque cada vez que yo volvía, preparábamos una buena cogida para mi esposa y mi hermano aprovechando que yo estaba en casa, como lo habíamos hecho anteriormente

    Una ocasión le dije a Linda que lo citara en la casa de nosotros un viernes en la noche ya que yo llegaría ese día como a la media noche. Así lo hizo mi Linda y el aceptó, pero la realidad era que yo iba a llegar a casa como a las diez de la noche según el itinerario de la línea de autobuses (ya que la ciudad donde yo estaba queda como a nueve horas de viaje desde donde vivimos) y así fue, llegué a mi casa a las diez y cuarto de la noche.

    Todo estaba quieto, las luces estaban apagadas excepto la de nuestra recamara, introduje la llave en la cerradura, cuidando no hacer ruido, abrí la puerta y entré, alcancé a escuchar los ruidos de la recamara y se acentuó mi excitación, no me atreví a abrir la puerta, sino que acerqué un banco alto a la puerta para ver a través del vidrio fijo que hay en la parte superior de la puerta.

    ¡Oh! Que espectáculo el que me ofrecían mi hermanito y mi esposa, él estaba hincado en mi cama frente a ella que estaba acostada de espaldas y la tenía con las piernas levantadas y se las sostenía tomándola de los tobillos con sus dos manos de tal forma que el podía ver (y yo también) toda la panocha de mi esposa abierta por su gruesa verga, ¡que verga!, tal como me la había descrito mi esposa.

    Observando desde ese lugar yo podía ver todo, ellos estaban tan ocupados en su cogida que ni se imaginaron lo que pasaba detrás de la puerta, saqué mi verga que estaba mojadísima por la excitación y me masturbé vigorosamente ya que tenía un mes de no estar con mi esposa. Logré presenciar la descarga de mi hermano en el interior de Linda y vi como lo disfrutaba ella dando muestras de haber alcanzado su orgasmo (yo también descargué, pero en mis manos).

    Cuando Juan le sacó la verga a mi esposa, pude ver claramente su tamaño y forma, que tanto me intrigaba y también aprecié la vagina de mi esposa con sus labios colorados muy separados y lubricados por aquella cosota que le acababan de sacar.

    En cuanto terminaron yo bajé del banquillo y me apresuré a salir hacia la lavandería porque no habíamos planeado un encuentro entre los tres y así lo respeté. Esperé a que mi hermano saliera de la casa para salir de mi escondite. Mi esposa solo traía una bata de dormir cuando salió a despedir a Juan “para que saliera antes de que yo volviera de mi viaje,” me le aparecí por detrás de ella y se llevó un gran susto, le expliqué lo que había presenciado y no podía creerlo, se excitó enormemente y pasamos a la recamara para el disfrute acostumbrado.

    Ella me decía “mama mi panochita, está llena de leche de tu hermano, me cogió y me la metió en la boca y entre las chiches, ¿te gusta eso? dime que si te gusta, dímelo. Me encanta le contesté, y de inmediato comencé a mamar su panocha mientras ella decía “tu hermanito, me cogió tres veces”.

    Como tres semanas después de este acontecimiento yo regresé definitivamente a residir en mi casa y en poco tiempo planeamos una reunión entre los tres, que ya para entonces se antojaba necesaria por varias razones, una era que mucho del trato y comentarios picantes entre mi hermano y yo solo eran a través de mi esposa, otra que ella insistía en que le gustaría estar con los dos a la vez. Eso me agradaba porque yo tenía mucha curiosidad por ver lo que sucedería en un trío entre nosotros, me provocaba mucha calentura el imaginar a mi esposa entre mi hermano y yo, y me imaginaba muchas cosas que ella podría hacer por hacernos disfrutar a nosotros, ya que es buenísima en la cama.

    La oportunidad se presentó, mi hermano debía salir de viaje de trabajo, y me pidió que el lunes siguiente, lo llevara al aeropuerto, ocasión que aproveché para plantearle nuestra inquietud. El me preguntó que si lo que estaba pasando entre Linda y él había sido una inquietud mía y le contesté que era de Linda y mía, que era de los dos.

    Nos pusimos de acuerdo, Juan iba a regresar a la ciudad el próximo jueves a las cuatro de la tarde y yo lo recogería en el aeropuerto para llevarlo a mi casa (en lugar de su casa) donde asaríamos una carne con sus respectivas cervezas, una típica reunión familiar, mientras el avisaría en su casa que regresaba hasta el día siguiente en el primer vuelo y que yo iría a recogerlo al aeropuerto.

    El jueves fuimos Linda y yo al aeropuerto a recibir a Juan, llegó a la hora señalada y con maleta en mano nos dirigimos a la pick up que tenemos, colocó su maleta en la caja de la camioneta y subimos, Linda en medio de nosotros dos. Ya para entonces al menos yo estaba muy excitado, mi esposa le dio un beso a mi hermano y colocó su mano sobre su pierna, casi sin pensarlo yo también puse mi mano sobre la pierna de Linda que estaba vestida con una falda amplia de tablones y sin medias.

    Ella comenzó a subir su mano por la pierna de Juan y llegó a su entrepierna yo había notado que el bulto de mi hermano crecía y el mío también, subí mi mano por la pierna de Linda y ella abrió sus piernas, subí su falda y quedó visible su calzoncito de tanga, Juan deslizó su mano y acarició sus piernas, pero Linda se la acercó hacia su panochita.

    Para entonces yo disminuí la velocidad y tomé el carril de baja porque no quería interrumpir aquellos eventos no planeados. Mi mano se encontró con la de mi hermano justamente entre las piernas de mi esposa, con mi dedo medio hice a un lado la tanguita y acaricié su mojada panochita, retiré un poco mi mano y la de Juan tomó su lugar.

    Para entonces mi esposa había liberado la verga de mi hermano y lo masturbaba. Todo eso casi sin decir palabra ninguno de los tres, solo expresiones cortas de Linda, como: ¿ya querías regresar? ¿nos extrañaste? Los quiero mucho a los dos, los dos están muy buenos, nunca me imaginé con los dos, etc. Todas esas frases me calentaban al máximo, pero afortunadamente el viaje del aeropuerto a mi casa es como de cuarenta minutos y ya entrando a la población, Linda guardó el juguetito de mi hermano y también la compostura.

    Llegamos a casa y despedimos a la chica que cuidaba a nuestros niños para preparar lo necesario para asar la carne que habíamos planeado, prendí fuego al carbón mientras mi hermano adentro de la casa, sacó de su maleta algunas cosas que había comprado para regalar a los niños y a nosotros, a los niños unos juguetes, a linda un juego de aretes y una camiseta para mí.

    Luego salió al patiecito conmigo hizo algunos comentarios sobre el viaje y me ayudó con la carne, cenamos y después Linda preparó a los niños para dormir pues ya eran como las ocho y media de la noche. Juan y yo seguimos en el pequeño patio tomando algunas cervezas y platicando acerca de la “ocurrencia” y la aventura que estábamos teniendo, coincidiendo ambos en que mi esposa estaba muy buena y que era excelente cogiendo, y ya se notaba la excitación de los dos.

    Cuando Linda salió a reunirse con nosotros, solo traía una camiseta larga y suelta a manera de camisón, se le notaban sus pezones y daba la impresión de que no traía ni calzones. Juan le ofreció una cerveza y ella la tomó de su mano y le dio un beso, se notaba que ya estaba muy caliente, Juan dijo dirigiéndose a mí, ¿se puede? Al tiempo que atraía a mi esposa con un brazo rodeando su cintura, adelante, dije yo mientras tomaba un sorbo. Juan la abrazó y la besó muy apasionadamente mientras acariciaba las nalgas de mi esposa, ella se pegaba con todo su cuerpo y lo abrazaba sobando su verga con una mano.

    Se separaron y Linda me dijo, ¿Qué traes ahí? Y se me acercó echando mano a mi bulto, luego lo sacó y comenzó a masturbarme, le dijo a Juan que se acercara y sacó su verga para masturbarlo también, mientras, yo acariciaba sus chiches y Juan sus nalgas, luego cambiamos. En seguida mi esposa de sentó en cuclillas y comenzó a mamar la verga de mi hermano mientras me seguía masturbando a mí.

    Ya era tarde y seguíamos en el patiecito, como que no queríamos romper el encanto de aquel lugar. Mientras Linda mamaba a Juan, yo me comencé a desvestir, linda destrabó el cinturón de Juan y bajó sus ropas hasta el suelo, él se deshizo de su camisa, ella se levantó y besaba el vientre y el pecho de mi hermano tal como lo había hecho muchas veces conmigo, mamó los pezones de Juan mientras él se retorcía de placer, yo seguí masturbándome muy suavemente mientras levantaba el camisón de Linda para dejarla totalmente desnuda ya que no traía nada debajo, ella se volvió hacia mí y me comenzó a mamar la verga mientras Juan al verla inclinada mostrando su culo hacia él, se acomodó detrás iniciando una penetración por la panocha de mi esposa.

    Yo me incliné para acariciar su clítoris y pude sentir el roce de la verga de mi hermano al entrar y salir de la peluda panochita de mi esposa y le descargó su esperma, esos momentos son imborrables de mi mente y me producen mucha excitación.

    Cambiamos posiciones y descargué como mi hermano, ella tuvo varios orgasmos, Juan y yo habíamos descargado nuestra leche dentro de ella y cuando estuvimos un poco tranquilos, nos abrazábamos los tres juntos, nunca me había abrazado con mi hermano estando desnudos, era una sensación extraña pero muy agradable, nos vimos sin complejos ni vergüenzas nos acariciamos la espalda y nos tomamos de la cintura con una mano mientras con la otra los dos acariciábamos a mi esposa.

    Luego apagamos las luces del patio y entramos a la recamara donde ya familiarizados, nos acostamos y nos volvimos a fundir en abrazo con mi esposa en medio de nosotros, ella de frente a él lo besaba, mientras con sus manos, acariciaba su verga y el su panochita, yo abrazándolos a los dos acomodé mi verga entre las nalgas de mi esposa y se la frotaba.

    Al fin ella decidió montarme a mí, mientras Juan a nuestro lado acariciaba sus pechos y se dejaba masturbar, Linda le indicó que se pusiera de pie junto a mi para mamarle la verga mientras ella me cogía, desde ahí pude ver la verga de mi hermano entrando y saliendo de la boca de mi esposa y su grosor parecía excesivo para la boquita que se la tragaba, estaba tan caliente por aquello que estaba viendo, que no pude aguantar mucho las ensartadas que se daba mi esposa en mi verga haciendo movimientos de vaivén y circulares haciéndome tener sensaciones indescriptibles, como dije, no aguanté mucho y volví a descargar dentro de su panochita, poco después noté que mi hermano estaba a punto de llenar aquella boquita hambrienta de mi esposa que lo mamaba.

    Así fue; la verga de Juan, parecía que se hinchaba más y se notaba como se le ensanchaba el caño que conduce el semen con cada chorro que mi hermano depositaba en la boca de mi esposa, a Linda se le escapaba algo por las comisuras de sus labios cayendo en sus pechos que yo acariciaba y algo sobre mi estómago también.

    Linda y Juan se acostaron a mi lado, yo me levanté sobre linda para mamar sus pechos y luego bajar hasta su vagina, la mamé un poco y luego comenté a mi hermano que a mí me gustaba mucho mamar la rajita de Linda aun cuando llegaba de coger con él, Linda dijo “le gusta sobre todo en esas ocasiones y a mí también me gusta mucho” y dirigiéndose a Juan le dijo, ¿quieres probar? Juan con una sonrisa como diciendo “eso es lo que esperaba” se incorporó y se acomodó como yo y comenzó a mamar la panochita de Linda, quien jalándolo un poco por la cadera, lo acercó para que la verga de mi hermano quedara en su boca haciendo un sesenta y nueve.

    Linda le decía a Juan mientras él la mamaba, ¿te gusta? Tiene lechita de los dos, ¿te gusta saborearla como a tu hermano? volviendo a introducirse la verga de mi hermano en su boca. Como yo estaba fuera de la acción solo me quedó masturbarme mientras hincado a un lado de mi esposa acariciaba su cara pasando mis dedos por sus labios que envolvían la verga de mi hermano aprovechando para palpar su textura, era suave al tacto, pero tan dura como un tronco, se veía grande y gruesa entre los labios de Linda, ganas no me faltaban para tomarla entre mis manos y masturbarlo yo mismo. ¿Qué más me faltaba si ya le había compartido a mi esposa?

    Mi hermano y yo cogimos toda la noche con mi esposa, y ya entrada la mañana, nos bañamos juntos con ella en un lugarcito que por pequeño, nos obligaba a estar muy juntos los tres, la acariciamos mucho, la ayudamos a enjabonarse la panochita y la besamos muchísimo, siempre tocando su culo, sus chiches y su panocha hasta que mis manos se encontraban en los mismos lugares de mi esposa con las manos de mi hermano, nuestras vergas estaban paradas nuevamente y linda dijo, “quiero ponerlas juntas para ver la diferencia” y nos acomodó uno al lado del otro tomándonos por la verga, mi hermano me echó su brazo por mi cintura y yo hice lo mismo.

    Sintiendo como me apretaba un poco, yo también lo hacía y volteamos a vernos mientras mi esposa comparaba las vergas que la habían penetrado hacía unos minutos. La mía larga (19.0cm) y con una pequeña curvatura hacia la izquierda, la de mi hermano, algo mas corta, pero mas gruesa y totalmente recta, de hecho, están lindas las dos, decía Linda acariciándolas al mismo tiempo.

    Esto es algo que hemos vivido por casi cinco años y aunque con menor frecuencia, pero lo seguimos disfrutando.

    Loading

  • Su hermano el cura

    Su hermano el cura

    Don Francisco era el cura párroco de la parroquia de Sta. María (Madrid), éste era un mocetón de 32 años, 1,82 de estatura, jovial y deportista a más no poder, muy querido por todos sus feligreses y deseado por una buena cantidad de sus feligresas.

    Don Francisco era un cura vocacional, predicaba lo que realmente sentía y aparentemente sabía esquivar bien las trampas y tentaciones a las que diariamente el demonio le sometía, en toda la parroquia se le apreciaba enormemente debido a que era una persona servicial y amable, estaba siempre dispuesto a ayudar a quien hiciera falta sin pedir jamás nada a cambio y no había absolutamente nadie que pudiese señalarle con el dedo por la más mínima falta, se pude decir de don Francisco que en todos los aspectos era una persona intachable.

    Don Francisco era oriundo de un pueblo cercano a Barcelona educado en el seno de una familia profundamente religiosa compuesta por sus padres y una hermana, Ana (casada y sin hijos), dos años mayor que él. Los padres de Don Francisco desgraciadamente fallecieron hace dos años en un accidente de tráfico donde el marido de Ana que era el conductor del vehículo siniestrado quedó en estado de coma, el pobre hombre en todo este tiempo estuvo luchando entre la vida y la muerte la cual por fin le venció.

    Francisco se trasladó a Barcelona para acompañar a su hermana y asistir al sepelio, Ana se había quedado absolutamente sola y después de dos días de insistir una y otra vez Francisco consiguió convencerla para que le acompañase a Madrid y se quedase a vivir con él.

    Ana es una mujer alta, mide 1,74, su forma de vestir aun siendo muy elegante pretende disimular la esplendidez de su hermoso cuerpo, ella usa ropas normalmente de color gris, largas y bastante holgadas, es una mujer profundamente religiosa, seria y recatada, es muy difícil verla por la calle, si no está en casa hay que ir a la iglesia más cercana para encontrarla.

    En una semana Francisco y Ana arreglaron todos sus asuntos en Barcelona y seguidamente se trasladaron a Madrid. Francisco vivía en la casa rectoral, esta era una casa tipo chalet adosada a un lateral de la Iglesia parroquial de tipo muy moderno, la casa estaba compuesta de piso y bajo donde en el bajo había un salón recibidor el despacho de D. Francisco la cocina y un baño. El piso superior estaba compuesto por 3 cómodas habitaciones y un baño, la del fondo del pasillo era la habitación de Francisco y Ana eligió para ella la habitación situada en medio, ambas habitaciones tenían acceso directo al baño desde el interior de las mismas, el baño se encontraba en medio.

    Ana en cuanto se instaló automáticamente se hizo cargo de la casa, ella hacía la limpieza y las comidas, en fin, ella se ocupaba de todo y le sobraba tiempo para hacer la compra diaria ir a la iglesia y leer. Ana cayó muy bien entre los vecinos y feligreses por lo seria y recatada que era, en muy poco tiempo consiguió el aprecio de todo el mundo, en amabilidad y ayuda al prójimo era igual a su hermano.

    En los primeros meses de la estancia de Ana en casa todo fue normal, la relación entre ambos hermanos no podía ser mejor, ambos se dedicaban a sus cosas sin preocuparse el uno del otro, Ana cuidaba de la casa y Francisco la iglesia y a sus feligreses.

    Todo empezó a cambiar una buena mañana que Francisco en calzoncillos abrió la puerta de comunicación interior del baño y se encontró con Ana totalmente desnuda, los dos se quedaron paralizados mirándose el uno al otro sin reaccionar excepto por un detalle el calzoncillo de Francisco se convirtió de pronto en una carpa lo cual no pasó inadvertido a Ana, Francisco de pronto reaccionó, pidió disculpas a su hermana y se retiró cerrando la puerta del baño pero la imagen de Ana desnuda estaba grabada a fuego en su cerebro, realmente era la primera vez en su vida que había visto en carne y hueso a una mujer desnuda ¡Y qué mujer!

    El cuerpo de Ana era excepcional, tenía unos pechos firmes y erguidos perfectamente proporcionados, el vientre totalmente plano seguido de unas caderas rotundas, entre ellas albergaban un pubis totalmente poblado de un pelo negro, liso y perfectamente distribuido, sus piernas eran como dos columnas de alabastro perfectamente torneadas, en fin aquello era el cuerpo de una diosa griega.

    Francisco no podía apartar de su mente la imagen desnuda de su hermana y su pene se mantenía dolorosamente en pie, por otro lado Ana se perturbó terriblemente, Ana en realidad era una mujer muy fogosa y terriblemente sensual, la sensualidad de su cuerpo la vencía a muy duras penas en base a ejercicios de fuerza de voluntad pero al ver el pene erguido de su hermano apuntándola directamente rompió algo en el interior de ella y su vagina comenzó a humedecerse, la sensación y el calor que transmitía a todo su cuerpo a través de ella llegó hasta sus pechos poniéndole los pezones duros como piedras.

    Inconscientemente su mano derecha se dirigió a su entrepierna e introdujo dos dedos dentro de aquel mojado túnel, su mano izquierda acariciaba y retorcía sus pezones, en unos segundos Ana lanzó un profundo gemido y tuvo un orgasmo, era el primero que tenía desde el accidente de su marido, se duchó, vistió y bajó a preparar el desayuno.

    Mientras Francisco como si estuviese coordinado con Ana se bajó el calzoncillo, cogió su durísimo pene con la mano y pensando en el cuerpo de Ana en unos segundos se corría al igual que ella, los orgasmos casi fueron simultáneos. Cuando bajó Francisco a desayunar Ana estaba sentada a la mesa, se quedaron ambos mirándose detenidamente y los dos muy colorados iniciaron una disculpa simultánea atropellándose ambos con las palabras, Ana se serenó y dijo…

    No te disculpes Paco la culpa fue mía por no haber cerrado la puerta, fue un despiste imperdonable. Sí Ana, pero yo debería haberme retirado de inmediato, pero no sé lo que me pasó y me quedé mirándote, no debería haberlo hecho. Yo también te miré a ti y por eso no creo que pueda pasar nada ¿Lo olvidamos? Habrá que olvidarlo, aunque para mí me temo va a ser difícil. ¿Qué quieres decir? No lo sé Ana, no lo sé.

    1. Francisco se levantó de la mesa y muy desconcertado salió de casa sin rumbo fijo, meditando en lo que había pasado, su inquietud era enorme nunca en su vida había notado la más mínima sensación extraña, excepto lo habitual de una persona célibe, a sus 32 años seguía siendo virgen y eso nunca le quitó el sueño, hoy las cosas habían cambiado repentinamente, su hermana había despertado en él algo totalmente desconocido, su cuerpo y su mente habían cambiado totalmente, la imagen desnuda de su hermana estaba grabada a fuego, por más que luchaba para desprenderse de ella ésta más se fijaba y sus erecciones eran continuas.

    Ana se dirigió a su cuarto, su cuerpo temblaba como si tuviese fiebre, a pesar de haber hablado serenamente con su hermano estaba muy lejos de estar serena, su cuerpo pedía a gritos ser acariciado, su vagina no había dejado de segregar flujos tanto que creyéndose haber derramado algo de orín se fue a cambiar las bragas comprobando que la humedad que tenía era muy otra, estaba tan desconcertada que comenzó a sollozar desesperadamente.

    Intentaba olvidar la imagen de su hermano y esto resultaba imposible dándose cuenta que desde que tenía uso de razón había estado enamorada de Paco sin haber querido reconocerlo nunca, el gran cariño que siempre sintió hacia él, siempre lo había atribuido al cariño propio de una hermana mayor, ahora y dolorosamente, se daba cuenta que la realidad era muy otra ¡Lo amaba como mujer, no, como hermana!

    1. Paco después de pasar parte de la mañana dando vueltas y otra buena parte rezando en su iglesia se dirigió a casa, era muy tarde y Ana le estaría esperando para comer, en efecto Ana ya estaba preocupada por él, Paco le dio un tierno beso en la frente, le pidió disculpas y se sentó a la mesa para comer, cuando Ana se sentó frente a él ambos se quedaron mirándose profundamente, Paco se ruborizó y bajando la vista siguió comiendo, aunque sin ningún apetito.

    Después de comer ambos se dirigieron al salón a tomar café, eso era algo que se hacía normalmente, pero esta vez Ana había tomado una decisión ¡Seduciría a su querido hermano costara lo que costara!

    Después de servir el café Ana se quejó del calor que hacía, estábamos en pleno mes de julio y en Madrid la verdad hacía un calor infernal, se retiró un momento y cuando regresó como toda vestimenta portaba una ceñida y ligerísima bata de casa que marcaba y resaltaba su cuerpo de una forma bastante indecente pero maravillosa, Paco se la quedó mirando bastante desconcertado pero a la vez muy embelesado, ella le dirigió una dulce sonrisa y se sentó frente a él, como al descuido la batita quedó ligeramente abierta y mostraba una generosa porción de muslo de su dueña la cual no se molestó en absoluto en cubrirlo.

    El muslo de su hermana ejercía como una especie de imán a los ojos de don Francisco el cual no podía apartarlos de tan lindo lugar, por más que lo intentaba siempre iban a parar al mismo sitio. Ana charlaba por los codos con la intención de distraer a su hermano e inconscientemente dirigirlo hacia su objetivo, según charlaba se movía ligeramente de modo que su bata cada vez se abría más y más hasta que sus braguitas quedaron a la vista de Paco el cual ya no disimulaba y no apartaba la vista de los muslos y braguitas de su hermana, su pene hacía ya mucho rato que estaba como un poste de teléfono.

    En un momento dado Ana se levantó y se sentó a los pies de su hermano, abrazándose a sus piernas recostó suavemente la cabeza sobre su regazo apoyando la mejilla sobre aquella barra de hierro…

    ¡Hermanito! Me parece que te encuentras muy mal, esta cosa dura que noto bajo mi mejilla te está haciendo mucho daño ¿Me permites que te alivie? No puedes permanecer en este estado. Pero Ana, esto es inmoral ¿Qué quieres hacer? No podemos… No debemos…

    Las protestas de Francisco no tenían ningún convencimiento pues ya en ese momento Ana acariciaba su hermosa y ardorosa polla sobre el pantalón, él cerró los ojos y se recostó hacia atrás en el sofá, Ana hábilmente soltó el cinturón del pantalón de su hermano y enseguida bajó la cremallera, tiró ligeramente del elástico del calzoncillo dejando en libertad aquel hermoso potro todavía sin domesticar, como adorándolo lo cogió con sus dos manos e hipnóticamente se lo fue introduciendo lentamente en su boca, algo que jamás había hecho en su vida.

    Paco que era la primera vez que sentía una cosa semejante dio un respingo y se quedó mirando a su hermana la cual ya chupaba frenéticamente como si en ello se le fuese la vida, el placer que Francisco comenzó a sentir fue enorme y soltando una especie de mugido comenzó a correrse soltando esperma a borbotones directamente en la garganta de su hermana, era la primera vez que ella probaba el sabor del semen y en principio le dieron arcadas, Paco la tenía sujeta por la cabeza y ante la imposibilidad de retirarla no le quedó más remedio que tragárselo, finalmente terminó gustándole tanto que no dejó ni gota, dejando el pene de su hermano más limpio que una patena.

    En cuanto terminó su tarea Ana se puso de pie delante de su hermano y se quitó la bata, tenía puesto un conjuntito de braga y sujetador de un color azul clarito precioso, su cuerpo se veía formidable, Paco la cogió de la cintura y la atrajo hacia sí, su cabeza quedaba justo a la altura de sus hermosos senos, ella tenía los pezones tan erectos que parecían querer romper la tela del sujetador.

    Paco cogió uno de ellos con su boca y comenzó a chuparlo con verdadero deleite sobre la misma tela, las sensaciones de Ana eran increíbles, echó sus manos atrás y en un rápido movimiento se soltó el cierre del sujetador quedando sus hermosas tetas a disposición total de su querido hermano, éste las cogió con sus manos y las acarició dulcemente, su boca iba de uno al otro pezón sin descanso chupando con verdadera fruición, Ana suspiraba de deleite, hacía muchísimo tiempo que no sentía en su cuerpo aquellas dulces sensaciones.

    Francisco como buen inexperto en materias amatorias realmente no tenía ni idea de lo que debía hacer, estaba parado abrazado al cuerpo de su hermana sin hacer otra cosa mas que chuparle los pezones por lo cual Ana tomó la iniciativa, ella siempre tuvo la terrible curiosidad de saber qué se sentiría cuando un hombre te acaricia con su boca la vagina, jamás se atrevió a pedírselo a su marido (Era demasiado puritano).

    Las relaciones sexuales con él siempre fueron las clásicas, ella se subía el camisón de dormir, abría las piernas, él se colocaba entre ellas iniciaba un mete saca más o menos rápido, se corría e inmediatamente se quedaba dormido con la satisfacción del deber cumplido, Ana alguna que otra vez llegó a sentir algo parecido a un orgasmo, cuando la calentura que sentía era excesiva entonces pedía ayuda a sus dedos y con ellos trataba de satisfacerse en absoluto silencio, decidió entonces que era hora de aprendes las artes amatorias y enseñar a su querido hermano para que la satisfacción de ambos fuera absoluta.

    Con ambas manos cogió la cabeza de Paco y la fue empujando lentamente hacia abajo, Paco pareció entender y su lengua comenzó a trazar círculos por el vientre de su hermana, ella siguió empujando lentamente, Paco parecía sentir temor a bajarle las braguitas pero ella le animó, con sus manos cogió las manos de él y se las situó sobre el elástico de las mismas, engarfió sus dedos en el elástico y le animó a empujar hacia abajo.

    Él decididamente lo hizo, bajó las bragas de Ana hasta los pies y se las sacó totalmente, se quedó absorto contemplando aquel hermoso coño que su querida hermana tenía en medio de sus hermosos muslos, ella cogió de nuevo su cabeza y se la dirigió suavemente hacia su monte de Venus, cuando Paco percibió el delicioso aroma que se desprendía del coño húmedo de su hermana pareció volverse loco, sus manos se posaron sobre las nalgas de ella y sin necesidad de indicación alguna su lengua se introdujo en la grieta de su hermana y comenzó a recorrerla arriba, abajo igual a una locomotora.

    Ana daba grititos de verdadero placer, por fin sentía lo que era una caricia de verdad, por fin sentía lo que era el verdadero placer sexual, Paco eso lo percibía y suavemente recostó a su hermosa hermana sobre el sofá, le abrió las piernas todo lo que daban de sí y materialmente se sumergió en aquella divina vagina, en el ángulo superior de la misma percibió algo grueso y duro, sin pensarlo comenzó a chupar y lamer aquella pequeña protuberancia, Ana arqueó su cuerpo y en un supremo espasmo comenzó a tener orgasmos encadenados finalizando en uno que inundó la boca de Paco con un torrente de flujos quedando ella prácticamente inconsciente.

    Paco la acariciaba amorosamente, ella terriblemente agradecida le besó con pasión, se tiró al suelo y abriéndose de piernas invitó al macho a que la montase, Paco torpemente se situó sobre ella, su pene dibujaba círculos en todas direcciones y cuando encontraba la gruta se ponía tan nervioso que su pene resbalaba sobre ella, Ana le calmó, con su mano derecha cogió suavemente el pene de su hermano y firmemente lo dirigió a la entrada de su vagina, en cuanto la cabeza se posicionó ella elevó ligeramente sus caderas y la introdujo en su interior.

    Paco entonces comenzó a empujar hasta que su pene quedó totalmente alojado en el cuerpo de su querida hermana, al unísono ambos iniciaron un acompasado saca y mete, las sensaciones de Paco eran fabulosas, se preguntaba interiormente cómo había conseguido pasar tanto tiempo sin disfrutar de semejante maravilla, era tan dulce y maravilloso que no podía ser pecado, por su parte Ana más o menos acostumbrada a las rápidas arremetidas de su difunto esposo disfrutaba enormemente los movimientos lentos y cadenciosos de su querido hermano, su hermano le estaba haciendo el amor con verdadera pasión y buscando el don supremo de la plena satisfacción de ambos.

    Paco comenzó a sentir un enorme hormigueo por todo su cuerpo y Ana comenzó a arquear su cuerpo nuevamente, ambos empujaron brutalmente sus pelvis entre sí buscando la penetración total, con un profundo gemido de él y un grito incontrolado de ella ambos se corrieron de una forma tremenda, permanecieron varios minutos abrazados herméticamente entre sí sin querer separarse en absoluto hasta que el órgano de Paco por sí mismo se salió del cuerpo de su hermana, ellos todavía seguían abrazados prodigándose todo tipo de caricias como dos enamorados, ellos ahora se querían no como hermanos, realmente se querían como marido y mujer.

    Ana tenía un problema congénito que le impedía tener hijos por lo cual no tenían necesidad de guardar precaución de ningún tipo, los dos eran tremendamente apreciados por los vecinos de la parroquia que nunca jamás llegaron a sospechar la íntima relación que unía a los hermanos los cuales de mutuo acuerdo decidieron seguir su vida normal como cura y hermana del cura, eso sí dormían juntitos y en la misma cama.

    Loading

  • Una madre calma la angustia de su hijo

    Una madre calma la angustia de su hijo

    Los Wilson estaba viajando a Australia para las vacaciones anuales de la familia. Graciela y su marido Juan eran padres orgullosos de tres hijos adolescentes. Había allí un hijo llamado Diego, de 18 años, y sus hijas gemelas Karina y Juliana. La familia estaría pasando las doce horas próximas en un avión y como Juan era un hombre muy rico, él voló siempre en primera clase con su familia. Alcanzado todos sus asientos, Graciela dio vuelta hacia su marido y con una sonrisa cariñosa le dijo:

    –Juan, porqué no le hace compañía a las muchachas en esta fila y yo me siento mejor en la parte posterior con Diego. Usted sabe que el vuelo lo pone nervioso.

    –buena idea .–Dijo Juan.

    A los 40 años, Graciela era una mujer llamativa, con el pelo del marrón largo hasta el hombro y las piernas delgadas. Sus amigos siempre le dijeron que ella era una imagen parecida de la actriz Penélope Cruz, y ella estaba de hecho, con los pechos y la cola infartantes.

    Ella tomó un asiento al lado de su hijo Diego, que se sentó al lado de la ventana. Su fila estaba en la parte posterior de la primera clase, con una pared detrás de ellos. Los asientos eran grandes y Graciela no podría incluso ver a las cabezas de su marido e hijas, que estaban en la fila delante de ellos. Esto, junto al hecho de que la familia de Wilson estaba sola en la primera clase, hizo de la fila lo más privado del avión. Esto a Graciela le satisfago mucho, porque ella no deseó nada más que confortar a su hijo en privado.

    Sentándose en el asiento medio al lado de su hijo, Graciela llevó su mano hacia Diego y frotó su hombro mientras que el jet alcanzó gran altura rápida y súbitamente en el aire. Desde entonces ella podría recordar que Diego siempre se asustaba por el vuelo y como una buena madre, ella deseó estar allí para él.

    Cuando llegaron a la altitud de vuelo y la muestra del cinturón de sujetar, desapareció, Diego se sentía un poco más tranquilo. Graciela miraba a su muchacho en los ojos.

    –Diego, ¿cómo estás? –Ella susurró.

    –Bien, más tranquilo. –Contestó Diego.

    –Porqué usted no se deshace de su cinturón y pone su cabeza en el regazo de mama. –Ella dijo cariñosamente.

    Él lo hizo y miro para arriba a los ojos que brillaban intensamente de su madre. Pero de su posición ventajosa, podía apreciar sus deliciosos pechos. Las montañas gemelas de Graciela estiraban la tela de su blusa, asomando como dos globos grandes sobre la cara de su hijo. Diego, era justo como la mayoría de los muchachos que sueña con conseguir estar entre las piernas de su madre mientras que sus padres están en el trabajo. Esos pechos grandes eran un banquete a sus ojos y chispeó una onda de la sangre a acometer a su verga joven.

    Graciela frotó ligeramente la cabeza de su bebé, justo cuando una azafata hermosa, de la misma edad de Graciela, llegó su fila.

    –¿Todo bien aquí? –Ella expresa.

    –Sí todo bien. Mi hijo se pone un poco nervioso siempre que volemos. –Contestó Graciela.

    La azafata sonrió, y dijo:

    –Es aceptable, yo tengo un muchacho de su edad que siente lo mismo cuando vuela. Como usted, señalándolo a él, aparte no hay ningún lugar más seguro que los brazos de su madre.

    Graciela y la azafata comparten una sonrisa significativa. Ambas entienden el deber sagrado de una madre a su hijo. Ambas entienden el enlace del secreto que solamente una madre y un hijo pueden compartir.

    –El capitán me llama voy a dar vuelta por la cabina, ¿puedo yo conseguirle una manta? –Dijo la azafata.

    –Por favor y gracias. –Graciela respondió.

    En algunos minutos las luces se apagaron, casi obscureciendo la cabina de primera clase. La fila de Graciela y de Diego ahora era una esquina privada oscura, detrás de un mar de todo los asientos vacíos. La azafata volvió con una manta y un montón de almohadillas. Ella las colocó en el asiento vacío de la fila.

    –Allí están. –ella dijo.

    –Gracias. –Graciela dijo amablemente.

    –Es gruesa. La tome de al lado de su marido en la fila siguiente. –La azafata expreso.

    –Sí, ¿esta dormido él? –Dijo Graciela.

    –No todavía, ¿usted quiere que le haga saber cuándo él este dormido? –La azafata susurró.

    –¿Podría usted? Iré a continuación a darle sus buenas noches. –Graciela dijo.

    La azafata y Graciela estaban paradas, apenas capaz de mirar sobre los asientos de su marido e hijas.

    –¿Juan? Diego y yo vamos a tratar de dormir. Usted y las muchachas están bien. –Ella dijo.

    –Sí, estamos muy bien. Pienso que vamos a conseguir cerrar el ojo también. –Contestó Juan.

    –Buena idea. Buen sueño, amor. –Graciela dicho esto volvió a su asiento. Ella miraba por encima a su hijo.

    –¿Por qué no te sacas las zapatillas de deporte, para conseguir mejor confort? –Ella dijo.

    Diego hizo eso y Graciela le apoyó algunas almohadillas detrás él. Ella sacó sus sandalias y abrió la manta gigante de paño grueso y la desplegó sobre ellos. Apaga la luz de arriba y con eso su fila logro un grado de oscuridad tal que no se veía nada. Graciela levantó los apoyabrazos que estaban en su asiento y el de su hijo.

    –Ponga una pierna detrás de mí y después ponga la otra en mi regazo. –Ella exclama.

    Diego hizo lo que su madre le dijo y apoyaba en los asientos solamente su cabeza y hombros arriba de las almohadillas.

    Graciela levanta sus piernas en el asiento y se reclinaba entre las piernas de su hijo. Ella podría sentir su erección con sus pantalones débiles, podría sentir el palpitar, pulsando contra su estómago. Ella sabía la sensación de sus pechos suaves aplanados contra el pecho de su hijo.

    –Usted tiene gusto de cómo estamos, ¿no Diego? –Ella pregunta.

    –Sí. –Dijo.

    Graciela esperó cerca de diez minutos antes de que llegara su informante. La azafata se esforzó para ver en la oscuridad, la fila de Graciela y de Diego, era como una ensenada secreta oscura, oculta del resto del mundo. Ella sonrió cuando descubrió a la madre y el hijo junto, como amantes en su propia cucheta privada. Mira al marido de Graciela y después se mueve hacia el bunker de Graciela. Y dijo:

    –Su marido está dormido. Usted está bien.

    Graciela sonrió y la azafata se fue para adelante.

    Graciela desplaza las manos debajo de la camisa de su hijo, a través de su pecho muscular. Rasguñó ligeramente sus pezones con sus uñas y escucho su respiración pesada. Diego estaba nervioso y excitado pues él se encontró debajo de las mantas bajo el control de una belleza que era su mama.

    Él podría sentirla desprendiendo de su camisa, exponiendo su pecho pelado.

    Graciela entonces se movió separando los botones de su blusa hasta que su pecho cubierto por el corpiño fue expuesto.

    Esto ocurría debajo de la manta por supuesto, en un pequeño espacio oscuro, un ámbito privado para una madre y su hijo.

    Graciela resbaló encima del pecho de su hijo, tirando de la manta sobre sus cabezas mientras que ella acerca los labios a su oído.

    –Desbrocha mi corpiño. –Ella susurró.

    Diego obedeció sin hablar y sintió los pechos de su madre sobre su pecho. Graciela tira su corpiño sobre el piso, desplazando las piernas sobre su hijo montándose a horcajadas. Con una pierna ahora un cada lado de él, ella podría sentir su sexo que se reclinaba contra ella. Le masajeo con sus manos sobre sus pantalones encontrando su blanco sustancioso. Diego mordió su labio mientras que él sentía las manos delicadas de su madre amasar su verga y bolas. Las Manos de Graciela se alineaba arriba y abajo del eje grueso de su hijo, tirando y ordeñando del pene tanto más grande que su marido. Ella sabía lo que él deseaba. Necesitaba aspirar la leche de las bolas de su hijo.

    Graciela bajó y engulló la verga en su boca suave caliente y utilizó su lengüeta para birlar el primer goteo de la extremidad de su glande, entonces rodeaba su serpiente rosada alrededor de su plomada púrpura. Diego estaba en cielo mientras que él sentía a su madre coger su verga con su boca y resbalar dentro del esófago hambriento.

    Los labios de Graciela se reclinaban contra las bolas de su bebé, Entonces ella comenzó a alternar entre sus bolas y su pene. Diego no podía creer su suerte, mientras que sentía los labios de su propia mama deslizarse arriba y abajo de su miembro hinchado alguien le rozaba con una mano su pie. Él tiró de la manta para abajo descubriendo su cabeza y vio a la azafata que lo saludó con una sonrisa.

    –¿Cómo está usted? –Ella murmura.

    –Bien –exclamó un poco asustado por la situación.

    La azafata ve la cabeza de la madre que se meneaba claramente hacia arriba y hacia abajo debajo de la manta y sabia todo sobre el especial amor entre la madre y el hijo, por tener uno de la misma edad que Diego.

    –¡Voy a acabar!! –Diego murmuró.

    Graciela trabajó con sus labios más rápidos y más apretado y la azafata le coloco a Diego un pedazo de plástico duro en su boca.

    –Muerda esto amor, así nadie te escuchara. –Dijo la azafata.

    Graciela sentía el semen salpicar contra la parte posterior de su garganta, como un río abajo en su esófago. Ella ordeñó a su hijo, tragando todo lo que él expulsaba.

    –mummm madre sigue, sigueee que ya acaboo.

    –Sí diego dale a tu madre toda la leche que está ansiosa.

    –Ahhh –exclamo mordiendo el plástico mientras veía que la azafata gozaba con lo que pasa bajo la manta.

    Habiendo gozado del show que les dieron madre e hijo se retira para atender el resto de los pasajeros.

    La madre y el hijo gozaron solamente en una hora de su vuelo. Diego tenía la clase de verga que podría ir toda la noche y en cuanto a Graciela, ella sentía los labios mojados del gatito temblar.

    –Ábrelos, bebe. –le dice su madre levándole su mamo a los labios súper mojados.

    –Madre, que placer me estas dando –exclamo Diego.

    Tanto madre e hijo comenzaron besarse como jóvenes amantes.

    Ella se monta desespera arriba de su hijo y con su mano lleva el mástil más hermoso que tuvo en su vida hacia el lugar más secreto de una madre.

    –Goza hijo que tu madre te va a dar todo de ella –dijo entre gemidos.

    –si mami es hermoso, es como tocar el cielo con las manos

    –Dale Diego llega conmigo, que estoy por acabar –acelerando los movimientos que para ese entonces ya eran evidentes.

    –Si madre ya me voy, estoy acabando yaaa

    –Hay bebe que placer me estas dando, seguí, seguí, por favor.

    Diego sentía su pene contra la matriz de su madre.

    Aceleran sus cuerpo y se ponen a acabar simultáneamente, intercambiándose besos que nada eran de una madre y un hijo.

    –Fue maravilloso hijo.

    –Si Graciela, fue lo mas lindo de mi vida. –dijo Diego.

    Luego de la excitante aventura se arreglan las ropas y caen en las manos de Orfeo con una leve sonrisa en cada rostro.

    Al rato paso la azafata y ve a los dos en un sueño profundo, notando en él que estaba agradecido tener una madre de alto vuelo.

    Loading