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  • Crónicas de X-427 (capítulo 1): Primer contacto

    Crónicas de X-427 (capítulo 1): Primer contacto

    En un futuro donde la Tierra ha quedado inhabitable debido a siglos de contaminación, sobreexplotación y guerras por los recursos, la humanidad ha sido forzada a buscar un nuevo hogar entre las estrellas. El planeta X-427, un mundo exuberante y misterioso, se perfila como la esperanza más prometedora para la colonización.

    Un equipo de exploradores ha sido enviado con una misión crítica: investigar la desaparición del primer grupo de avanzada, que perdió contacto tras semanas de enviar informes alentadores sobre las condiciones del planeta. Este nuevo equipo, liderado por la brillante y enigmática bióloga Dra. Elara Voss, está compuesto por el ingeniero Kael Torrin, la piloto Lira Solis, el psicólogo Dr. Jareth Cole, el médico Dra. Jane Sullivan y dos técnicos de apoyo. Su objetivo principal es descubrir qué le sucedió al equipo anterior, pero también tienen la tarea de evaluar si X-427 es viable para la colonización humana.

    Sin embargo, a medida que se adentran en este mundo desconocido, comienzan a experimentar cambios sutiles en su comportamiento, impulsados por fuerzas que no comprenden. Entre la belleza alienígena y los peligros ocultos, el equipo no solo luchará por cumplir su misión, sino que también se enfrentará a sus propios deseos más profundos y oscuros, desatados por un planeta que parece tener una voluntad propia.

    Capítulo 1: “Primer Contacto”

    Bitácora de la Dra. Elara Voss – Día 1 en X-427

    Entrada 1:

    09:14 horas, hora X-427.

    Hoy hemos aterrizado en X-427. El planeta, desde la órbita, es un espectáculo de tonalidades verdes y azules, con nubes blancas que se arremolinan como si estuvieran vivas. La atmósfera es respirable, según los sensores, pero no puedo evitar sentir una ligera opresión en el pecho al pisar la superficie. No es miedo, o al menos no lo admitiré. Es… anticipación.

    El equipo está completo: Kael Torrin, nuestro ingeniero, ya está revisando los sistemas de la nave para asegurarse de que todo funcione mientras estamos aquí. Lira Solis, la piloto experimentada en exploración de terrenos desconocidos parece tan imperturbable como siempre, aunque noté que sus ojos brillaban con curiosidad cuando abrimos las escotillas. El Dr. Jareth Cole, nuestro psicólogo, se mantiene en segundo plano, observando todo con esa mirada calculadora que tanto me incomoda. La Dra. Jane Sullivan, nuestra médico, pasó al menos 30-40 minutos revisando que su equipo no sufriera daños durante el aterrizaje. Y luego está el resto: dos técnicos, todos competentes, pero no los conozco lo suficiente como para confiar plenamente en ellos.

    El paisaje es impresionante. La vegetación es densa, con árboles que se elevan como columnas hacia un cielo teñido de tonos violetas al atardecer. Las plantas tienen un brillo tenue, como si estuvieran impregnadas de fosforescencia. Ya he recolectado algunas muestras para analizar más tarde. No puedo esperar a ver qué secretos esconden.

    Entrada 2:

    13:30 horas. Hora X-427.

    Hemos establecido el campamento base cerca de la nave. Kael insistió en que mantuviéramos una distancia segura, por si acaso. No puedo culparlo; la desaparición del equipo anterior todavía pesa en todos nosotros. Aunque no lo decimos en voz alta, está ahí, en cada mirada furtiva hacia la espesura, en cada susurro que parece provenir de la nada.

    Lira ha estado revisando las coordenadas del último punto de contacto del equipo anterior. Parece que estaban explorando una zona a unos diez kilómetros de aquí, cerca de lo que los sensores identifican como una formación rocosa inusual. Mañana partiremos hacia allí. Por ahora, todos estamos ocupados con las tareas de rutina: montar las tiendas, revisar el equipo, asegurarnos de que los sistemas de comunicación funcionen.

    He notado algo extraño, aunque no estoy segura de cómo describirlo. El aire aquí tiene un aroma bastante peculiar. No es desagradable, pero es persistente. Kael mencionó que también lo había notado, aunque dijo que probablemente sea únicamente que no estamos acostumbrados al olor de este planeta.

    -No hay nada de qué preocuparse -dijo Kael mientras levantaba una de las tiendas e inhalaba profundamente para enfatizar su punto- los SBA (sensores bio-espectrógrafos atmosféricos) confirmaron los reportes del equipo Alpha. El aire es adecuado para los humanos.

    Tal vez tenga razón. Aún así, no puedo sacármelo de la cabeza.

    Entrada 3:

    21:57 horas. Hora X-427.

    Es tarde. Los días son más largos en este planeta en comparación con la tierra. Un día en X-427 tiene una duración de 36 horas terrestres. El sol se ha ocultado, y el cielo está lleno de estrellas que no reconozco. La fosforescencia de las plantas se ha intensificado, iluminando el campamento con una luz tenue y fantasmal. Es hermoso, pero también inquietante.

    El equipo está cansado, pero nadie parece querer dormir. Hay una tensión en el aire, algo que no puedo identificar. Jareth ha estado hablando con todos, haciendo preguntas, tomando notas. Supongo que es su trabajo, pero no puedo evitar sentir que de algún modo está creando un ambiente de tensión en el grupo. No lo sé, quizá solo sea cosa mía y el rechazo que me genera pensar en que en algún momento intentará venir conmigo a preguntarme “¿Si todo va bien?”.

    Por mi parte, he estado revisando las muestras que recolecté. Las plantas son fascinantes. Algunas parecen tener estructuras que no encajan con nada que haya visto antes.

    Mientras las recolectaba algo llamó mi atención. Una de las plantas cercanas, una enredadera delgada y brillante, comenzó a moverse lentamente, como si estuviera viva. Al principio pensé que era el viento, pero no había brisa alguna. La enredadera se deslizó hacia mí, casi con curiosidad, y sin pensarlo dos veces, extendí mi mano.

    La planta respondió al contacto. Sus hojas, suaves y cálidas al tacto, se enroscaron alrededor de mis dedos con una delicadeza que me sorprendió. Era como si estuviera acariciando la piel de un ser vivo, no la superficie áspera de una planta. Sentí una oleada de calor que subió por mi brazo, una sensación que no era desagradable, sino… reconfortante. Casi íntima.

    Mientras esto ocurría, noté algo más. A unos metros de mí, Lira, nuestra piloto, estaba de pie, inmóvil, con una expresión de sorpresa en su rostro. Otra enredadera, similar a la que estaba interactuando conmigo, se deslizaba por su pierna, subiendo lentamente por su traje de exploración. La planta parecía tener una intención clara, como si estuviera explorando su cuerpo con una curiosidad casi humana.

    La enredadera se detuvo brevemente en su muslo, como si evaluara su próximo movimiento, antes de continuar su ascenso. Lira no hizo ningún intento por detenerla; parecía tan fascinada como yo. La planta se deslizó hacia su entrepierna, posándose sobre su sexo y luego rodeando y acariciando su trasero con una suavidad que me hizo contener la respiración. Era como si la enredadera estuviera buscando algo, explorando cada curva con una precisión inquietante.

    Lira cerró los ojos por un momento, y su respiración se volvió más profunda. No sé si era sorpresa, incomodidad o…¿placer?, pero no hizo nada para detenerlo. Finalmente, la enredadera se retiró, deslizándose de vuelta al suelo, y Lira abrió los ojos, mirándome con una expresión que no pude descifrar.

    En ese momento, la enredadera que estaba en mi mano también se retiró, volviendo a su posición original, y el calor en mi brazo se desvaneció lentamente. Me quedé allí, mirando mis dedos, todavía sintiendo el eco de esa sensación. No sé qué fue lo que acaba de pasar, pero sé que no fue algo ordinario.

    Es casi como si estuvieran diseñadas para… algo. No sé. Tal vez estoy imaginando cosas.

    Lo que más me preocupa es la sensación que tengo. No es miedo, no exactamente. Es más como una especie de… ansiedad u hormigueo. Hacia el planeta, hacia el equipo, hacia todo. Es difícil de explicar. Tal vez sea solo el cansancio.

    Mañana será un día largo. Espero que encontremos respuestas. O al menos, alguna señal del equipo anterior.

    Fin de la entrada.

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  • Economista y prosti: Mi comienzo Bi (2 – final)

    Economista y prosti: Mi comienzo Bi (2 – final)

    Por suerte nuestros maridos demoraban, y tuvimos tiempo de conversar un poco más.

    Le fui sincera, no fue una declaración de amor, que hubiera sido falsa, pero le dije a Mary la verdad, que me encantaba estar con ella, probar cosas que nunca había probado (tampoco ella), y que si ella aceptaba la ayudaría con sus fantasías, aún con esa tan secreta que no me había contado. Y le prometí que si continuábamos, sabría quiénes eran mis dos hombres secretos que no le mencioné.

    Me miró largamente, seguro que pensó si creerme o no; y en secreto, directo a mi oído me dijo que le encantaba experimentar conmigo, y como prueba de confianza me dijo su fantasía secreta.

    Mis ojos se abrieron desmesuradamente, pero razoné, pensé en cómo facilitárselo, y le dije: “Cuando quieras lo harás”. Estaba en un compromiso, y me sentí en el deber de confiarle mi secreto ya mismo, y le dije, sin eufemismos, directamente: “ Debes saber que me cogen mi suegro y mi padre”. Así, directo.

    Asombrada, me dijo: “No te creo”.

    -Créeme, ya te lo confirmará Tommy en algún momento.

    -Y dime, ¿te animas a que después de la cena juguemos con nuestros maridos? Podemos conversar, contarles lo que hemos hecho hoy, sacar a relucir tus fantasías y quizás hasta concretar algo.

    -Quiero saber algo, dijo mimosa… y allí supe que había logrado tenerla conmigo.

    -Dime, ¿qué quieres saber?

    -Supongamos, solamente supongamos, que algún día quisiera vender mi cuerpo, no a tu nivel, pero tan alto como pueda llegar… ¿ Me ayudarías? ¿O me dejarías en evidencia socialmente? Me has sembrado esa inquietud, y te veo tan feliz…

    -Una sola cosa te diré, Mary, cuenta con mi ayuda para lo que sea, para divertirnos solas, para tu fantasía secreta, que desde ya quiero compartir, para estar con dos machos como sueñas, o para emputecerte; y te digo más, serías mi compañera para tríos que algunos clientes me piden y no puedo complacerlos.

    Un largo beso selló ese pacto, y convinimos que esa noche sería de sexo y planes con los chicos, y yo le dejé saber que seguramente mientras pescaban Tommy habría hecho algunas confidencias a Víctor.

    Pero faltaba aclarar algo, y se lo pregunté: ¿ Me aceptas pese a lo de mi suegro y mi papá?

    -Siento que no puedo juzgarte, si tú lo haces, ellos lo hacen y tu marido lo sabe, no puedo ni debo oponerme. Y te digo, se me acelera el corazón pensando en algún día verte con ellos.

    Finalmente aparecieron los caballeros, los invitamos a una ronda de Spritz, e hicimos una cena tempranera y liviana de ensaladas.

    Corrían las bromas sobre la falta de pescado acompañando la ensalada, y fuimos deslizando algunos comentarios acerca del día, nosotras, de a poco fuimos revelando cómo tomamos sol primero el topless, aplauso de los caballeros a Mary y luego desnudas, lo cual llevó a que Vic besara a Mary como muestra de admiración por haberse animado a hacerlo.

    Los maridos dijeron haber intercambiado confesiones y gustos. Tommy le contó a Víctor todo, o casi todo mi proceso, y entonces le dije:

    -Tom, confírmale a Mary sobre mis gustos familiares…

    -Sí, inicialmente ella se propuso seducir a mi padre y yo acepté, una vez concretado eso, yo mismo la impulsé hacia su padre, y finalmente se dio y todos felices, muy felices, es increíble realmente como hacen el amor Sofi y su papá.

    -¿Alguna vez han estado con ellos y otra gente presente? Preguntó Vic.

    -No aún dijo Tommy… y divertido agregó ¿acaso te interesa?

    Una risa un poco nerviosa asaltó a Víctor y Mary, señal de que la semilla había sido sembrada también en este caso.

    Tommy interpretó que era el momento adecuado para profundizar la conversación, e inquirió sobre las fantasías y deseos de Mary, “porque ustedes ya saben todo acerca de mi bella putita, y cuanto me gusta motivarla, verla entregarse o compartirla”.

    Mary lo refirió muy brevemente, tanto que yo misma a veces complementaba sus palabras, y como por casualidad, agregaba detalles de todo lo que hicimos en el día.

    A los maridos les encantó saber que habíamos intimado y nos había gustado a ambas. Y Tom me preguntó si las tetas de Mary habían quedado tan hermosas como nos había parecido al vernos en el restaurante.

    Mi respuesta fue categórica: -“Son mucho más lindas, no te lo imaginas”.

    -“Si pudiera verlas” dijo Tommy.

    -“Querida, creo que hoy es tu día” acotó Víctor.

    Y Mary , indecisa y propensa a ser guiada, como ya les dije, simplemente respondió “¿Si? ¿Hoy? ¿Y si me arrepiento?

    -Amor, estoy en todo contigo, y sé que si te arrepientes nuestros amigos te comprenderán. ¡Además, habrá reciprocidad si me lo permites! Tommy me ha dicho que Sofi siempre atiende bien a los invitados.

    Con Tommy asentimos, y para nuestra sorpresa, Mary se levantó de la mesa, pasó al sofá de más tamaño y se sentó allí. Una vez en el sofá dijo: “Estoy esperando”, mientras me miraba y me hacía señas de que me acercara.

    Se imaginan, casi corriendo fui a su lado, me senté cuidando que buena parte de mis piernas quedaran expuestas.

    Miré a Tommy y le dije a Mary que se parara, sentada, le desaté la bata, me puse de pie y la desnudé… “¡Que tetas!” Exclamó Tom. “Y que hermosos pelitos”.

    -Víctor, ¿querés ver las mías? (pregunta retórica si las hay) y sin esperar respuesta, me desnudé, acercándome a él para que me viera bien de cerca.

    Luego, fui hacia Mary, que estaba parada cubriéndose el sexo con una mano, un poco vergonzosa, y tomando su mano y acariciándole las tetas le dije: “Querida, si nos dejan tú y tu marido, hoy empiezas una nueva vida”. “Con gusto” dijo Vic, mientras ella simplemente sonrió y yo tapé la sonrisa con un beso en los labios y más caricias en sus duras tetas hechas.

    La guié al dormitorio, y los hombres nos siguieron. La llevé a la cama y le dije que estuviera tranquila, y que solamente iríamos hasta donde ella quisiera.

    De cuando estuvimos solas, ya sabía lo que le gustaba, “ustedes miren”, dije a nuestros maridos, y me puse lado a lado con ella en la cama.

    Me dediqué a acariciar sus tetas y sus nalgas (tiene un lindo culo), y ella solamente gemía… bajé hasta sus pies a besarlos, le chupé los deditos, y fui abriendo sus piernas y subí entre ellas lamiéndolas. Vi que se masturbaba, y delicadamente le llevé su mano a las tetas y comencé a lamerle la concha.

    Mirando hacia el costado vi que los hombres se desnudaban.

    Aproveché para blanquear el hecho de que la verga de Vic ya me era conocida, y le dije a Tommy: “amor, ¡mira que pedazo de verga tiene Vic!

    Uds ya lo saben, y yo lo sabía desde el comienzo cuando Vic me contrató, tiene una verga hermosa, grande, venosa, un lujo de verga.

    Dicho eso seguí dedicada a lamer la concha y ano de Mary, que de a poco comenzó a atraerme más arriba, hacia su boca.

    Pasé por sus tetas, las chupė y lamí, le ofrecí las mías para acariciar y chupar, y nos pasamos a 69 conmigo arriba un largo rato de 69 nos puso como fuego. Cosa rara, Mary tomó la iniciativa: “quiero verte coger con Sofía, Vic”.

    -¿Segura? ¿Quieres verme? Dijo él. Y preguntó si Tom y yo estábamos de acuerdo.

    La respuesta fue obvia, me incorporé, me puse en cuatro al borde de la cama, mis piernas un poco abiertas para que pudieran lamerme concha y culo, y le hice a Vic seña de que se acercara.

    Parado al lado de la cama, mi boca estaba al frente de su verga.

    Sin usar las manos, fui rodeando con mis labios su glande hermoso, introduje media verga en mi boca casi hasta la garganta, mientras sentía la lengua de Mary en mi esfínter y concha.

    Tommy comenzó a acariciarle la concha, pero ella le tomó las manos y las llevó hasta sus tetas.

    Mi concha hervía, y me di vuelta, ofreciendo la concha a Víctor. “Quiero ver, susurró Mary”. Se bajó de la cama y se arrodilló al lado de la misma, para mirar desde pocos centímetros de distancia como su marido metía su verga en mi concha empapada de la saliva de ella.

    Desde siempre me encanta cuando Vic me la mete, no tuve que fingir, sentí placer real cuando la metió hasta los huevos (nunca mejor dicho) y empezó a bombearme. Entraba y salía sin dificultad por mis jugos y la saliva de la esposa.

    De nuevo Tommy intentó pasar a mayores con Mary, pero ella esquivaba el contacto.

    Me di cuenta y le dije a Tom: “Ayuda a Mary a que se posicione para recibir leche cuando se escurra”. Me pasé al centro de la cama, Vic se subió y de rodillas me siguió dando en 4 , y abrió un poco las piernas.

    Tom la guio a ponerse boca arriba , con la cara debajo de mi concha y viendo a poca distancia, desde abajo como su marido me cogía. Y no menos importante, ella estaba casi indefensa ante los lengüetazos que comenzó a aplicarle Tom a su concha.

    Cuando Víctor acabó, con casi una semana de abstinencia, fue inevitable que desde mi concha empezara a caer leche y flujo a la cara de ella. Solamente dijo “mmm” y cuando Vic sacó de mí la verga, cayó más líquido sobre su boca.

    -¿Te gusta amor? Le preguntó, ¡me encanta! Dijo ella, desentendida de que Tommy le chupaba la concha y dedicada a recoger toda la leche que le caía de mi concha.

    Me puse a limpiarle la verga a Víctor, a pura lengua, mientras él le decía “Mira amor, así se hace, me encanta”. “¿Te gusta? Prometo hacértelo siempre en adelante”.

    Pero estoy agotada, quisiera dormir un rato, porque igual tenemos el día de mañana ¿verdad? Pero está decidido, me entregaré a quien digas amor, a ti delante de ellos, a Tommy o a ese tal Roque que me mencionó Sofi. Y quiero volver a verlos coger a ustedes, me encantó.

    Era más de medianoche, le puse un mensaje a don Roque que seguramente el domingo cogería con alguien… el pobre llevaba más de tres semana sin coger a causa de nuestras vacaciones en Punta del Este y de mis compromisos con clientes.

    Nos dispusimos a dormir, aunque jugamos un rato con nuestros varones, que se dedicaron a chupar y lamer tetas, sin importarles de quién fueran. Pero a la hora de dormirnos, Mary se pegó a mí, con caricias y mimos. Agotados, nos fuimos despertando entre las 8 y las 9 de la mañana, salvo Mary a las 10. Duchas, desayunos, ¡y a tomar sol nuevamente! Obvio, nosotros en topless y con diminutas tangas.

    Los varones nos acompañaron, nos untaron protector solar acariciando generosamente nuestros cuerpos.

    Estuvimos hasta casi el mediodía al sol, disfrutando, y no lo voy a negar, a veces nos acariciaban las tetas o nos besamos.

    Decidimos hacer un almuerzo tan liviano como la cena anterior, solamente ensaladas, pues la verdad sea dicha, sabríamos que habría sexo y queríamos estar livianos.

    Invitamos a Roque a almorzar (acostumbrado a la carne, con sólo ensalada debe haberse sentido ambiento aún después de comer ja ja).

    Mientras preparábamos todo, Tommy le pidió ayuda a Vic y juntos colocaron en la pared del living nuestro nuevo juguete, un televisor 75 pulgadas, ¡sí! 75 pulgadas. Lo vimos en el súper con Tom y fue amor a primera vista, Ultra HD, led. Tanto que compramos dos, uno al campo y uno para mi nueva “oficina” de cuya inauguración les contaré próximamente.

    Lo instalaron y Tommy lo encendió y verificó que recibía perfectamente desde nuestros celulares.

    Mientras tanto, en la cocina, preparábamos las ensaladas y conversábamos.

    Le comenté a Mary que había dormido mucho, y ella dijo que sí, por el día anterior tan excitante y lleno de novedades, pero que la última hora, estuvo sola, despierta pensando.

    -¿Acaso te arrepentiste?

    -Todo lo contrario, verte poseída y como gozabas con mi Víctor fue algo impensado, inesperado, y me llevó a decidirme… Quiero el combo full, quiero que me guíes, quiero hacer de todo, quiero dar rienda suelta a mis nuevos impulsos. Y quiero que me enseñes a venderme, ¿me ayudas? Quiero gozar todo antes de hacerme mayor, ya paso los 40…

    -Que divina, cuenta conmigo para lo que sea, de verdad… y para esas fantasías secretas que me hablaste ayer, también. Y si te atrae, pienso regalarte algo muy especial, aunque será en nuestro próximo encuentro, no hoy… ¿te gustaría ver cómo me coge mi papá?

    -Puedo volverme loca de felicidad si veo eso, y más si llegan a estar Tommy y Víctor…

    -Obvio que sí, y también Tomás, el padre de Tommy.

    -¿Te parece que me adaptaré a cobrar? Quiero hacerlo, pero por momentos dudaba antes de decidirme, quizás no encuentre clientes, quizás no me vean atractiva, o puede que no me adapte a que me paguen y estar con desconocidos, ¡eres tanto más linda que yo! Aunque está claro que pediré mucho menos que tú.

    -Tengo ideas, después te las diré, quiero que hablemos por teléfono todos los días, siento que voy a extrañarte mucho. Quizás te convenga emputecerte en Montevideo, Piriápolis es pequeño, y podría reconocerte gente que no tiene por qué enterarse de lo que hagas. Y no te preocupes, eres preciosa, y tengo una idea para que pierdas la timidez frente a extraños. Y la comí a besos.

    -Que bueno que me ayudes en todo, y ese regalo de verte con tu papá me enloquece, ya solamente pienso en eso. ¿Nos cambiamos de ropa para almorzar?

    Nos cambiamos (ya les contaré) y Tom llamó a Roque para almorzar.

    Transcurrió el almuerzo sin mayores alternativas, aunque Tommy deslizó que “con nuestras vacaciones y las suyas, casi no nos hemos visto en tres semanas Roque”.

    -Cierto Sr. Tommy, ya los extrañaba, solamente los vi de lejos un domingo con un amigo, bueno, y ayer que vi a la Sra…

    -¡Je je… y bien que me vio!

    Terminamos, y en el ambiente había tensión sexual. Pasamos a los sofás a conversar, respetuosamente don Roque dijo que nos dejaba, pero todos nos opusimos, y le pedimos que se quedara de sobremesa.

    Me senté al lado de Mary, deliberadamente. Mientras se hablaba de cualquier cosa, quejándome del calor, levanté un poco mi largo vestido veraniego, a medio muslo, e hice lo mismo con el de Mary. “¿verdad que hace calor?” Le pregunté. “Desesperante” me respondió. “Deberíamos ponernos más frescas” dije y comencé a bajar el vestido de ella por sus hombros.

    Aparecieron sus tetas desnudas, la guie a pararse, e hice caer el vestido al piso, lo cual siempre encanta a los hombres quedó solamente con un canchero plateado que le presté, su triángulo de pelito a la vista. Era su turno de desnudarme. Mientras su marido la acariciaba desde atrás, hizo lo mismo que yo, bajó mi vestido, primero mis tetas al aire, suspiros de Víctor y de Roque… y luego, vestido al piso y yo totalmente desnuda, nada de nada sobre mi concha, y mi landing strip, luciéndose.

    Roque no soportó y se desnudó, ya la verga casi parada, luego Víctor y Tommy.

    ¿Sabés Víctor? Tu señora me confesó que desea estar con dos hombres, y yo quiero repetir contigo lo de anoche. ¿Los dejamos ir al dormitorio? Podríamos verlos en el televisor, dije ansiosa de verlos en pantalla gigante.

    -¿Podré cogerme a la señora Mary? Dijo Roque.

    -Sí, por favor dijo ella. Mientras yo susurraba algo a Tommy (que filmara en primer plano cuando Roque le acabara adentro).

    Se fueron y Tommy comenzó a trasmitir, prueba perfecta y dejó su teléfono fijo en posición panorámica.

    Con Vic no perdimos tiempo, besos, manoseos, y me metió casi toda la verga en la boca.

    Desde el dormitorio, se veía a Mary, manoseada a cuatro manos, le tocaban todo, casi sin descanso, ella, definitivamente entregada, a veces dudaba sobre qué hacer, pero siempre uno de los dos machos experimentados la guiaba al camino del placer.

    Largo rato le chuparon la concha y las tetas, la besaban y se hacían chupar la pija alternadamente.

    Preocupado por la larga abstinencia de Roque, Tom le hizo señas de penetrarla. Con Roque boca arriba, Tommy guio a Mary a que lo montara.

    Mientras tanto, yo, con la concha chorreando de calentura le dije a Vic de hacerlo en vaquerita inversa para ver los dos como Mary era cogida.

    Nos ubicamos en el sofá, Vic sentado y yo encima, de espaldas a él, ambos de frente a la tele. Sin prisa me senté sobre esa hermosa poronga hasta que me entró hasta el fondo. Mi comencé a mover lentamente.

    Mientras, nos deleitábamos viendo cómo Tommy, celular en mano ahora, nos enviaba las imágenes de cómo Mary se subió sobre Roque y se metió la verga a fondo. Mary buscó la cámara, y de frente a ella dijo: “gracias amor de mi vida”, y comenzó casi que a saltar sobre la pija de Roque.

    Yo seguí. En mi lento sube y baja mientras Víctor me manoseaba las tetas.

    Tommy comenzó a filmar en primer plano como Mary subía y bajaba sobre la verga de Roque, mientras, Roque se deleitaba chupando las tetitas de Mary.

    Y pasó lo esperado, ¡me acabo! Gritó Roque. Me salí de Víctor para mirar bien los dos, y Tommy filmó en primer plano las pulsaciones de la verga de Roque, de a poco comenzó a deslizar leche por el tronco de la pija, luego más y más pues Mary seguía subiendo y bajando frenética. Cuando la verga se salió, blanda al fin, una catarata de leche, producto de las tres semanas de abstinencia, cayó sobre las sábanas.

    Tommy dejó de filmar, con Vic fuimos al dormitorio, y ya estaba Mary en 4 chupando a Roque y con Tommy dentro de ella. Me puse en cuatro a su lado, y le dije que iba a ver como a su vez Vic me clavaba y me acababa.

    Y así lo hicimos, logré acabar yo también, Víctor me obsequió su licor de hombre, y Tommy acabó en la ya más que encharcada concha de Mary.

    Era casi el final (Tommy y yo nos quedamos en el campo, dormí con Roque y Tommy, que se dedicaron a cogerme) y luego de limpiar las tres pijas a lengua, Mary y yo nos fuimos a ducharnos, luego los hombres fueron de a uno.

    Mary y yo no cesábamos de besarnos y ella de agradecerme, ella se iba muy bien cogida según dijo, y deseando más.

    Cuando se despidieron para volver a Piriápolis, los cuatro nos prometimos amistad y libre acceso sexual y yo prometí a Mary propuestas muy atrevidas para cuando volviéramos Tommy y yo de nuestro viaje a Paris con Ricardo, mi primer macho extraoficial, pero que antes de irnos, trataría que hiciéramos algo.

    Por supuesto, para mayor seguridad, pregunté… ¿Víctor, estás seguro que autorizas a Mary a seguir mi camino? ¿Incluso si le pagan?

    -Puede hacer lo que desee, y si le pagan mejor, ¡seguro aprenderá nuevas cosas y disfrutaremos!

    Así se marcharon, más de dos horas y media de regreso, y todos quedamos con ganas de más. Y nuestras mentes (Tom y yo) pensando a mil revoluciones en cosas nuevas y en nuestro viaje con Ricardo.

    Al otro día lunes, Tommy se fue temprano a su trabajo, yo iría más tarde al mío, directamente sin pasar por casa. Y mientras Roque lamía incansablemente mi concha, yo consulté mi puticuenta bancaria. Había un generosísimo depósito de Víctor. Y además un mensaje:

    “Mary y yo estamos encantados, yo no sabía que ella podía ser así, y en gran parte es mérito de las tetas nuevas y de ti, que la emputeciste en dos días. Por favor, cuando salgamos tú y yo será rentado, los cuatro juntos, solamente diversión. Quiero que la emputezcas al máximo y te mando un beso”.

    Le agradecí todo y me pareció justo lo propuesto.

    Eufórica con el dinero recibido, consentí otro polvo a don Roque que apenas lo podía creer, ¡y llegué un poco tarde al trabajo!

    Los espero para contarles, trataré de no hacer un relato tan extenso, nuestro viaje invitados a Paris.

    Besos a todos.

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  • La primera vez con mi profesor

    La primera vez con mi profesor

    Todo comenzó en septiembre con el inicio del curso escolar, en la bienvenida al alumnado nos juntamos con varias clases para hacer un tour por la universidad y así conocer los lugares donde daríamos clases durante los próximos años.

    Soy una chica rubia, 1.70, pecho mediano y culo redondo y de buen tamaño, ese día fui vestida con una falda negra y un top blanco y una chaqueta abierta que dejaba ver mis pechos medianos. Durante el tour un profesor llamado Sergio nos explicaba cada parte de la universidad, mientras atendía notaba que su mirada iba bajando hacia mi escote y se quedaba un buen rato observando.

    Él es un hombre de unos 47 años, cabeza rapada, barba corta con algunas canas, no muy alto. No era el tipo de hombre en el que me fijaría eso sin duda, pero tenía algo que me llamaba la atención, o quizá solo me estaba poniendo cachonda. La ruta por la universidad terminó temprano y me fui a casa recordando la mirada de Sergio en mis pechos.

    Varios días después tuve mi primera clase con él, yo aproveché y me senté en primera fila, no es algo que suela hacer normalmente, pero quería ponerle nervioso y así fue. Sergio entró y saludó a toda la clase, nos explicó el funcionamiento de su asignatura y más cosas aburridas, sino hubiese sido por las miradas que notaba en mis piernas y en el escote probablemente me hubiese ido, pero menos mal que no lo hice. Al terminar la clase Sergio me pidió que me quedase unos minutos a hablar de la asignatura a lo que yo accedí y me quedé.

    Cuando todos los alumnos se marcharon, cerró la puerta y se sentó en mi mesa, yo seguía en mi silla y él desde la posición en la que estaba tenía enfoque directo a mis tetas. Aunque notaba que su mirada se desviaba de vez en cuando no dije nada, me estaba poniendo, Sergio tenía algo que me intrigaba.

    –Mery sería un problema si el próximo día viene con ropa un poco… distinta… –dijo mientras volvía a mirar mis tetas.

    –¿Distinta, por qué?

    –Creo que tus compañeros pueden hacerse ideas equivocadas y bueno, distraerles.

    –¿Distraer, como le ha pasado a usted? Lo he visto mirando varias veces mis tetas y no creo que sea muy apropiado para un profesor.

    –Creo que te equivocas, solo la miraba porque estaba pensando en que debería decirte lo del cambio de ropa.

    –No hace falta que me mienta, sé muy bien lo que he visto, y no me importa, puedes mirar todo lo que quieras. –Me retiré el pelo y junté mis brazos para que mis tetas estuviesen más apretadas. Su voz comenzó a entrecortarse y un bulto apareció en sus pantalones.– Ve, le pongo cachondo, y usted a mi también, no hay problema si los dos queremos, ¿verdad?

    Entonces me levanté de mi silla y me puse a la altura de Sergio, me acerqué y nuestras bocas quedaron a escasos centímetros, su mirada bajó a mis labios después a mis tetas y entonces su mano fue directa al bulto de su pantalón intentando esconderlo.

    –No lo esconda.

    Cogí su mano y la puse sobre mi culo, cuando lo notó su mirada se oscureció y rápidamente me besó, fue un beso con urgencia y mucha pasión, no podía ni respirar, mientras nos seguíamos besando comenzamos a quitarnos las camisetas y yo que no llevaba sujetador dejé mis tetas al aire y el bajó a comerlas con ansia.

    Me arqueé hacia atrás del placer, el tanga que llevaba comenzaba a estar muy mojado, el pareció leerme la mente y puso su mano en la ropa interior, empezó a tocarme por encima de la tela, y después la retiró hacia un lado para poder tocarme y empezó a introducir un dedo, pero yo necesitaba más, empecé a gemir más fuerte, y entonces introdujo otro dedo. Él sabía perfectamente como hacerlo y la velocidad que quería, entonces paró se puso de pie me agarró de los hombros y me puso de rodillas, sacó su pene que mediría aproximadamente unos 17 cm y empezó a darme golpes con su miembro en mi boca, yo le miraba a los ojos y comencé a meterla en mi boca y jugar con ella.

    Notaba que no podía más, estaba haciendo un gran esfuerzo por no correrse y yo necesitaba que me la metiese y que me follase ahí mismo. Entonces me levante, me apoyé contra la mesa y el empezó a comerme el coño, lo hacía de una manera increíble, metía dos dedos y después chupaba, yo no podía más necesitaba que me follase ya, y así fue, la introdujo de un solo golpe y yo la sentí entera, como me llenaba, como se iba moviendo al principio lentamente y después aumentó, fue una follada salvaje, me tiraba del pelo, me ahorcaba, me llamaba puta, y me daba igual.

    Me cambió de posición y me puso enfrente de él y comenzó a comerme el coño de nuevo y tuve el primer orgasmo, después la volvió a meter y ya no aguantábamos más.

    –¿Dónde me puedo correr?

    –En mi boca, en mi boca. –Repetí.

    Sacó su polla y empecé a hacerle una mamada, jugando con la puntita, mientras con mi mano le acariciaba los huevos, y no duró ni dos minutos cuando ya tenía toda su corrida en mi boca, como debía ser la tragué y justo después me besó.

    Esta fue la primera vez con Sergio, pero no la última.

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  • Siendo coqueta y más (parte 3)

    Siendo coqueta y más (parte 3)

    Continuando la historia.

    Mauricio: María tienes unos senos espectaculares, me has dejado casi sin palabras y eso que he visto otras tetonas pero tú estás increíble. Pensé que no ibas aceptar mi petición.

    María: Considérate afortunado, yo no soy así y aunque no me creas, da igual pero solo pocos han visto mis senos expuestos de esta manera y me alegro que te gusten.

    Mauricio: Elegiré creerte jaja, lástima que estamos en un lugar a oscuras sino las apreciaría mejor, sobre todo cuando tus pezones crecieron rápidamente, me di cuenta jaja

    María: Jaja bueno qué te puedo decir, son cositas que se me paren mis pezones, el frío de la brisa ya sabes jaja

    Mauricio: Hey pero tengo la linterna de mi celular

    Y rápidamente la activó apuntando a mis pechos y yo me quedé solo diciendo

    María: No se te ocurra filmarme así, no he sido de mandar nudes y esas cosas. ¡Espero sea la linterna niñito atrevido!

    Mauricio: Tranquila, mira el celular, ya ves.

    María: Ah bueno, entonces sigue iluminando mis senos jaja pero date prisa, ya habrá pasado 20 minutos por lo menos y debemos volver.

    Y de paso ya dame mi brasier por favor, ya regalé el verme con el torso descubierto.

    Mauricio: Me has alegrado la noche, qué suerte el hombre que estaría contigo, no sólo por la parte sexual que es importante igual sino que se nota que eres una mujer agradable, con sentido del humor y cuando la buscas, pues más sexy.

    Y a continuación Mauricio llevó mi brasier de sus manos directamente a colocar las copas en mis senos de manera que sostuvo por encima de la fina tela mis grandes mamas que ya estaban con la piel erizada y rápidamente pegó su torso al mío y llevó sus manos hacia atrás para ajustar el broche.

    Mauricio: Creo que así estará bien ¿verdad? Solo falta subir tus tirantes de los hombros y darles una última acomodada.

    María: Te dije pásame el sostén, no que me lo coloques aprovechando para palpar mis senos.

    Mauricio: Era necesario, no podía perder la oportunidad. Además solo falta que te subas los tirantes y lo ajustes para que no se caiga las copas de tu brasier jaja

    Y se alejó de mí y claramente como la tela era delgada se cayó hacia adelante dejando nuevamente mis senos expuestos. En ese momento nos miramos fijamente.

    María: Bueno, despídete que ya me las guardaré.

    Y coloqué mis manos en mi cintura como dándole tiempo para un último vistazo mientras lo miraba embobado por mis senos. Ahí fue donde se acercó nuevamente tanto que su torso quedó pegado contra mis pechos mirándome fijamente y me dijo.

    Mauricio: Eres una mujer hermosa y demasiado sexy, lo debes saber.

    Diciendo esto mientras jugaba con mi cabello hasta tomar parte de rostro ¡y me besó! Enseguida respondí tímidamente pero segundos después sentí como su lengua invadía mi boca y eso me calentó a la par que me tomaba por la nuca apretándome hacia él quedando yo mis senos aplastados sobre su pecho.

    Me dejé llevar por el momento y también utilicé hábilmente mi lengua, fue un beso largo y con morbo.

    Habrá sido un minuto recuerdo que luego nos separamos y yo con expresión de excitada por el beso seguía ahí de pie y exponiendo mis tetas cuando él mirándome fijamente como queriendo retomar el beso fue con ambas manos a tocármelas desde la base mientras me miraba a los ojos para inmediatamente amasar mis senos suavemente y dirigiendo sus dedos hasta mis pezones estirándolos al principio levemente y luego aumentando la fuerza hasta un poco rudo y soltándolos haciéndome vibrar la piel y humedecer aún más mi vagina, a la vez que por soltar mis pezones un poco fuerte hizo que mis senos se bambolearan de manera excitante para él.

    María: Te gusta tratarlas bien y luego me pellizcas mi pezones. (Lo dije en tono sumiso y con voz de juguetona).

    Mauricio: Tus tetas se sienten tan suaves y…

    Inmediatamente su boca fue nuevamente a la mía y quedamos entrelazados en un nuevo beso mientras seguía manoseándome mis pechos sin parar y con más ganas en plena oscuridad de la playa. Fue a mi cuello unos segundos y bajó besando hasta mi teta derecha que la tomó con ambas manos la apretó firmemente haciendo que se viera como un globo a punto de explotar y estiró su lengua para jugar con mi pezón y luego ensalivando toda mi seno.

    Yo estaba controlándome pero fue inevitable soltar un ligero gemido casi ahogado, Mauricio estaba concentrado en mi seno derecho pasándole lengua y dándole pequeños besos y suave chupones para luego soltarlo y decirme

    Mauricio: Definitivamente me vas a terminar de criar esta noche y falta consentir tu otra teta. Míratelas, como una si está bien húmeda, con restos de saliva y la otra contrasta.

    María: ¡Dios! Hace tiempo no me chupaban los senos con tantas ganas, debes sentirte privilegiado. ¿Y en serio me quieres ensalivar bien mis grandes mamas?

    Mauricio: ¡Si! ¡Te voy a dar una chupada de tus tetas que no vas a olvidar!

    Y se lanzó sobre mi teta izquierda y repitió el proceso. Jugaba con mi pezón y hacía girar su lengua que esta vez fui yo quién lo apreté contra mi pecho con pasión. Él casi ahogándose tratando de batallar por seguir prendido empezó a babosear todo mi seno tratando de metérselo en la boca pero claramente no le cabía, en uno de sus intentos abrió mas la boca y por lo babeado que ya tenía las tetas se quedó pegado y cuando soltó sonó como destapar un gran chupón mientras quedaban hilos de baba en mi pecho y alternaba entre ambos senos.

    En la oscuridad con mi mano derecha bajé hasta mi entrepierna y por encima de la falda comencé y ligero toqueteo en mi vagina, como él estaba tan entretenido arriba no quería que se ganase de ello, igual ya era hora de regresar, nos empezábamos hacer tarde.

    María: Me encanta que disfrutes de mis pechos, no pensé que te iban a parecer la gran cosa, sigue, ¡chúpame! Déjame mis grandes mamas bien mojadas con tu saliva, ah, ¡si!

    Yo estaba claramente excitada y después de unos 5 minutos según recuerdo le dije que ya deberíamos volver

    Mauricio: Tranquila un último minuto y ya, déjame terminarme de criar con éstas enorme mamas que tienes, así como tú les dices.

    María: Jaja realmente tienes suerte, hoy estoy en mis 5 minutos de debilidad, tengo a un niño de 19 años chupándome los senos pero ya debemos regresar, senos hace tarde, ya luego vemos.

    No sé por qué dije esto, quería que ya terminara aunque admito que me estaba gustando pero a la vez el tiempo me ponía ansiosa.

    Mauricio: Ya casi María, te vas a ir al bar con las tetas bien babeadas jaja

    Y dicho esto terminó dando las últimas lengüeteadas y chupadas a mis senos dejándolas con muchos hilos de baba en ellas. Ya las tenía pegajosas de esos cerca de 10 minutos que llevábamos así.

    El mismo las acomodó me abrochó el último botón de la blusa y caminamos rumbo al bar a prisa y justo antes de ingresar a la zona de terraza, por detrás ya venía con su mano en mi espada baja, cerca de mi trasero y antes de que todo se iluminara por el local bajó su mano por encima de la falda y me agarró las nalgas descubiertas y fue tan rápido que cuando me di cuenta sus dedos ya estaban palpando lo húmeda que estaban mis bragas.

    María: Hey tranquilo, nos pueden ver que ya estamos cerca de ingresar. ¡No me hagas eso por favor!

    Mauricio: Sabía que estarías mojada, y ahora estarás así un rato más…

    Y prosiguió a jugar por afuera de mi vagina hasta que corrió la tela en ingresó dos de sus dedos que entraron suavemente por lo mojada que iba. Ahí solté un gran gemido por la penetración con sus dedos y lo excitante que era por si alguien nos viese desde la terraza del bar aunque casi nadie miraba hacia la oscuridad de la playa.

    María: ¡Por favor, saca tus dedos, no me hagas eso, ahhh!

    Me estás invadiendo.

    Y sacudió sus dedos sobre mi clítoris unos segundos y penetró con sus dedos una vez más pero con fuerza, lo mantuvo un rato y los sacó de golpe dejándome con una sensación de vacío muy rica, de paso que me arrancó otro gemido que me tapé la boca porque ya estábamos prácticamente en la puerta de la terraza.

    El dirigió sus dedos a relamerlos y eso me terminó de poner muy excitada, su expresión lo decía, le había gustado mis jugos vaginales y yo estaba ya prendida, se me había bajado el alcohol pero andaba excitada con lo que había pasado en la orilla.

    Ingresé directamente al baño y vi como Mauricio se fue hacia el escenario con mis amigos que ya estaban muy entrados en alcohol, había pasado media hora a las justas pero se me hizo más con todo lo vivido.

    Ya en baño que menos mal era personal y tenía secadora de aire n cada cubículo para no salir en o bien sin brasier pero con blusa y peor salir en brasier pero sin blusa. Total que me desnudé completamente y lo primero que observé fue mis mamas aun brillando por las lengüeteadas y chupones que había dado Mauricio, seguían bien ensalivadas a pesar que ya estaban guardadas y obvio que mi sostén estaba pegajoso por obvias razones.

    Empecé a jugar con mis pezones, a pellizcarlos, a manosearme los senos embarrándome con los restos de babas que me había dejado Mauricio y también otra cosa que andaba muy mojada era mi calzón que reposaba en el lavabo, pensar que hace minutos me habían metido dedo y lo habían saboreado, me tocaba si así se me bajaba la calentura pero solo conseguí ponerme más prendida.

    Dejé caer mi saliva sobre mis pechos y recordaba los ricos momentos en la playa, me miraba a la espejo y mi expresión era de toda una puta regalada que se había dejado llevar por el momento, permitiendo que un pendejo de 19 años le chupe los senos, me sentía ansiosa y medio mal porque era algo nuevo para mí, había tenido otras experiencias pero son aparte, nunca tan jóvenes y tampoco nunca tan fácil de dejarme llevar.

    Todo esto mientras me miraba al espejo y continuaba amasando mis tetas con una mano y ya con la otra me dada dedo y volvía mi cara de puta sumisa.

    Estaba tan prendida que comencé a levantarme un seno para poder chupármelo yo misma y viéndome así con mi propio seno tirándolo hacia mi boca y con la otra mano dándome dos dedos en lo vagina. Es lo bueno de tener senos grandes, una como mujer si puede llegar a lamerse o en este caso chuparse sus propios senos con mayor facilidad, andaba desatada en el baño, encerrada supuestamente para secar mi ropa pero una vez adentro al verme así desnuda y con babas en mi vagina y sobre todo en mis senos me prendí, sumado a mi cara de puta sumisa que pongo cuando me excito.

    Me concentré a los minutos y terminé en un orgasmo intenso que mordí mi pezón y y dejé mis dedos bien adentro y los mantuve ahí, pensando que Mauricio entraba al baño y me encontraba así masturbándome y tomando con fuerza, haciéndome lo que se le ocurra, ya soltaba unos últimos gemidos medios ahogados dentro del cubículo, no sé si alguna persona por afuera se habría ganado pero yo estaba tratando de bajarme las ganas que tenía pero al final cuando terminé, ¡me sentía aún con ganas de más!

    Así que dije, ya, hora de secar la blusa y mi brasier sobre todo y así lo hice, la falda oscura también pero era más disimulado. Luego me lavé mi vagina para que no esté con tantos fluidos y me aseé con jabón los pechos para que quedasen sin restos de babas o algo por el estilo.

    Cuando salí estaba Carlos llamándome con Miguel diciendo que me iba a perder el espectáculo y que Mauricio ya les había contado que te habías caído en la orilla por lo que pasabas al baño a secar tu ropa. Por dentro estaba como uff, pensé que había dicho algo más.

    Yo me integré al grupo de lo más natural y ya con la ropa seca me sentí aliviada. Justo ahí los muchachos me dieron dos shots, uno de Jagger y otro de Gin. Y dije no hay forma, solo uno, me muero afirmé risueñamente jaja.

    Ellos insistieron por perderme tanto tiempo, que tenía que ponerme al corriente con los demás. Y así fue, presión social que me mandé primero el de Gin y luego de Jagger. Al instante me agarre una botella de agua que había en nuestra mesa y tomó buenos sorbos pero era inútil, el alcohol igual me iba a llegar rápido al cerebro.

    Luego levanto la mirada y veo a Mauricio arriba con dos chicos más listos para el show y era el turno del segundo participante; nuestro pequeño atrevido iba a estar de último turno. Así que observamos, el otro chico no lo hacía mal, no había visto cómo lo hizo el primero pero parece que todo iba reñido. Cuando por fin le tocó a Mauricio que obvio le preguntaron con quién había venido y nos señaló. Empezó con el baile, me miraba de rato en rato y le colocaron esa canción que dice suavecito para abajo, para abajo, con un mix de esa clase de música que no recuerdo bien.

    La cuestión es s que estaban empatados con el primer participante. Y fijaron un desempate, al final pusieron una música brasileña tocada por la banda y fue éxito, Mauricio ganó y se llevó no una sino las dos jarras. Y nosotros estábamos más que por el alcohol era porque había ganado y lo hizo muy bien.

    Por dentro pensé, después de haberme visto los senos, haberlos manoseado y chupado a su antojo estaba más que motivado y ahora debía mostrar el escote, no se me pasaba el detalle pero me sorprendió cuando apenas llegó con las dos jarras y a los segundos me dice al oído, gané la dos, entonces son 2 botones pero eso ya era enseñar buena parte de mis pechos y se podría notar el brasier.

    Me lo volvió a repetir y dije pucha, ahora uno si me desabrocho pero el segundo ya estaría enseñando mi sostén en parte, así que salí rumbo al baño para ver cómo ser vería, desaté uno y ya era notorio el escote pero con el segundo botón ya se iba hasta prácticamente el inicio central de mis pechos y lo arreglaba en formaba de V para que se viera más estético pero solo conseguía que mis dos mamas salieran a relucirse, admito que me veía medio puta enseñando las tetas y salir así era no sé, ¡me miré nuevamente al espejo, tomé aire y salí!

    Apenas cerré la puerta me encuentro del pasillo hacia el lado de los hombre con Miguel, que rápidamente me comió con la mirada y me dijo.

    Miguel: María que buen escote hacia esa blusa y tú que tan abotonada la tenías, vas a jalar muchas miradas y más jajaja

    Sabíamos a qué se refería, a qué viéndome así jalaba miradas pero también iba hacer que se la jalen en privado por la vista que les regalaba de mis senos.

    María: Jajaja es que hace calor y me siento más cómoda así.

    Tratando de disimular regresamos los dos charlando me decía que me veía súper sexy usando la blusa así, que debía hacerlo más en Trujillo.

    María: Jaja chistoso, quieres que vaya por ahí alegrándoles la vida.

    Miguel: ¡Claro! Hasta se te ve un poco el brasier pero tranqui, creo que para usarla de esa manera mejor te hubiese puesto un brasier más pequeño que cubra menos pero con un escote como el que estás ahora no se note jaja

    María: ¿Se ve mal? Dime qué aún estamos a tiempo.

    Miguel: No se ve mal, solo digo que con algo más pequeño se vería más estético

    Y eso me caló, me dejó pensando y dije me voy al baño, me saco el brasier y me quedo solo en blusa, lo que estaba pensando era una locura, se me iba a notar la caída de mis senos y mis pezones podrían decir hola en cualquier momento manteniéndose de esa manera.

    Creo que los dos últimos shots me estaban haciendo pensar mamadas, pendejadas que ya estaban por cometer.

    Así que regresé al baño y Miguel me siguió, me dijo te espero para decirte qué tal se te ve antes que salgas por ese pasillo para la zona del bar. Me quité el brasier por dentro de la blusa y lo guardé. Se veía más estético si, en eso Miguel tenía razón pero era notorio que mis dos mamas se fueran un poco hacia los costados y con la caída denotaban que estaba sin nada debajo de la blusa. Ya verán una foto que colgaré en mi usuario para que vean cómo se me ven en realidad cuando ando sin brasier debajo.

    Volviendo al relato apenas abrí la puerta Miguel se me quedó viendo embobado y le dije se me nota verdad mientras sostenía mis senos nuevamente, creo que esa noche estaba con la manía de hacer eso.

    Miguel: Que se note, no importa, te ves genial y estético jajaja.

    María: Entonces ¿por qué te ríes? Malo jaja

    Miguel: Es que María te haré un comentario sincero pero verte así se nota los buenos melones que te cargas, has caminado 3 pasos y ya se mueven como quieren jaja, vas hacer la envidia en lo que resta de la noche.

    María: Jaja tú me estás orillando a exhibirme mal amigo.

    Miguel: Me declaro culpable pero agradéceme más bien, ahora que andas más liberada ésta noche, no te conocía así, siempre habías sido algo coqueta en buena onda pero hoy estás espectacular María.

    María: Gracias jaja qué te puedo decir, son cositas jajaja. Pero ya no me mires tan así que me avergüenzas.

    Miguel: Tranqui más bien yo te estoy dando el veredicto antes que salgas al bar del todo. Espera déjame acomodarte.

    Y se fue directo acomodar el vuelo V qué había formado y me lo abrió más, dejando casi media teta afuera, aún faltaba poco más para mi pezón pero ya se notaban más. Sus dedos llegaron a tocar la parte central de mis senos mientras me arreglaba la blusa.

    María: Hey, ¿tú me estás arreglando o quieres aprovechar para rozarme mis pechos?

    Se lo hice en modo pregunta y relajada y él solo atinó a regresar con sus manos pero esta vez por debajo de mi blusa agarrándome ambas tetas con cada mano y me dio una manoseada mientras me susurró al oído

    Miguel: María me encantan tus pechos, siempre los miraba de reojo y hoy confirmo mis sospechas, ¡¡me fascinas tus grandes tetas! Mira cómo me has puesto de duro y llevó mi mano a su pantalón que ya denotaba un pene abultado.

    Ahí fue donde reaccioné del todo y dije tranquilo, estamos en el pasillo, nos puede ver cualquiera como restándole importancia que aún tenía ambas manos jugando con mis senos y ya estaba estirando mis pezones.

    Miguel: ¡Te vas a ir con los pezones bien parados para que se te note!

    Esa noche andaba realmente como otra mujer, ya eran dos las personas que en menos de una hora me estaban manoseando mis tetas. Y yo me volvía y volvía a mojar.

    Miguel: ¡Ahora ya estás lista!

    Dijo eso mientras me daba los últimos estirones a mis pezones por dentro de mi blusa, fue un tanto rudo que fue entre dolor y excitación para mí. ¡Como consecuencia se me notaban muy puntiagudos y salí rumbo al bar con toda la actitud!

    Llegué a paso acelerado con los muchachos y al verme trataban de disimular las miradas pero claramente se habían dado cuenta que andaba sin brasier debajo y comenzamos a brindar con la cerveza que se fue como agua, ya mezclando entre dos tipos de tragos más la cerveza ahí fue donde detoné creo yo porque recuerdo mi actitud mucho más relajada de lo que ya venía siendo hasta ese rato.

    La banda iba a tocar una hora mas hasta las 4am y ordenamos la última botella de gin, con esa botella definitivamente íbamos a morir jaja.

    Yo andaba ya medio eufórica hablando más fuerte y sobre todo riéndome de todas las tonterías que hablábamos.

    Carlos me molestaba por Mauricio que estaba teniendo jale con el niño, que era una robacunas yo afirmaba que el solo se le pegaba aunque admití que me caía bien el muchacho jajaja.

    Seguíamos coreando las canciones y medio bailando en grupo. Ahí Mauricio volvió al ataque, de manera natural me tomó por la cintura desde el costado y me giró para bailar más personal y terminamos en el medio bailando hasta abajo con los chicos animándonos. Es de las cosas que recuerdo porque luego sólo por momentos hasta que ya estábamos saliendo del local

    Recuerdo que Miguel también me sacó a bailar, al final acabamos en chupitos de gin para acabar la botella y nosotros teníamos que buscar un hotel por lo menos para dormir unas 5 horas hasta regresar más tarde a Trujillo manejando.

    Salimos del bar caminando hacia la rivera donde estaban otros resto bares que aún estaban abiertos.

    Yo andaba risueña, caminando como podía, estaba ebria y dijeron vamos a buscar un lugar donde pasar unas horas para descansar y luego si nos da la cabeza algo para comer.

    Yo andaba con mi bolso y a mi lado se colocó Miguel que andaba medio tambaleándose y se apoyaba en mi y yo en él. Mauricio también trataba de caminar alado mío y Carlos dijo que fuéramos unos 5 minutos caminando que le habían pasado el dato de un hotel decente a ver si nos daban acogida por unas horas aunque sea.

    Mauricio con Javier y su novia nos acompañaban. Cuando llegamos recordó que el encargado de recepción no nos quería alquilar por unas horas y la tarifa era muy alta para pagarla por completo. Ahí fue donde Mauricio dijo que conocía otro pero unos 10 minutos más allá, hacia el otro lado de la playa, decente que es más, ya se había hospedado bromeando que había ido con otra mujer. Yo por dentro me reía, y tomé iniciativa para de una ir a ese hotel y poder dejar las cosas y salir a buscar algo de comer al paso para luego descansar.

    En el trayecto que Carlos y Javier estaban muy mal y querían vomitar y tropezaban mucho, demoramos el doble sentí yo para llegar a dicho hotel que si estaba simpático y esta vez el señor si nos dejó quedarnos, entonces tocaba ir por el carro, ahí fueron Miguel con Carlos y Mauricio con sus amigos hacían que se despedían, yo me quedaría en recepción esperando porque me estaba chocando el caminar ebria y tenía hambre jaja

    María: Muchachos yo les espero que ya no doy más, de paso porfaa busquen alguna hamburguesa, algo para comer, ¡lo que encuentren porfa!

    Carlos: apenas puedo con mi vida para buscar el carro y las cosas

    Miguel: si, iré con él para no que no se choque jajaja

    María: No hagan tonterías y vengan con cuidado.

    Mauricio: Bueno, nosotros ya nos vamos

    Javier: Si, ya es algo tarde y pediremos un taxi a Chiclayo.

    María: Un gusto muchachos, fue una buena noche.

    Continuará.

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  • Mariana y una lección de sexo

    Mariana y una lección de sexo

    No lo quiero engañarlo estimado lector. Mariana era muy poco agraciada. Tenía para la época donde comienza este relato, más de 40 años, 42 para ser exactos. Alta, medía cerca de 1,70 cm, y no pesaba más de 52 kilos. Era flacucha y lo único que podría afirmarse que sobresalía de su físico, era unas tetitas pequeñas pero macizas y coronadas con unos pezones que parecían pitones. Su rostro era aguileño y su cabellera lacia y oscura, los ojos color castaña. Definitivamente nunca hubiera sido Miss Universo.

    A esa falta de atributos físicos tenía a mi criterio dos cualidades. Era muy inteligente y cogía maravillosamente bien, yo diría que, en esto, bien podría haber sido campeona mundial. Claro que esta última cualidad no llegué a conocerla hasta que se dio la ocasión.

    Ella era la encargada de una de las sucursales de una cadena de farmacias donde yo solía comprar mis medicinas. Creo que lo que me atrajo desde un primer momento fue su sonrisa, su cálida mirada y la atención que ponía a mis pedidos. O tal vez no era nada de eso, sino uno de esos encoñes que uno tiene sin razón para ello. La verdad es que desde el primer día que la conocí me propuse liarme con ella.

    Yo me había divorciado un par de años antes de conocerla. No tenía hijos y vivía mi soltería en un apartamento acogedor en un moderno barrio de mi ciudad. No tenía compromisos y gozaba de mi libertad con amores pasajeros. Olvidé decir que tenía 50 años en esa época.

    A las habituales visitas para comprar lo necesario, con el afán de verla inventaba otras oportunidades. En mis visitas a la farmacia buscaba la oportunidad de avanzar sobre ella, la cantidad de gente que siempre había allí lo hacía imposible. Las cosas quedaban siempre en palabras gentiles y miradas cariñosas. Solo un milagro haría posible acercarme a ella.

    Y ese milagro se dio. Nos encontramos un día sábado por la mañana en un comercio de la zona. Ella salía y yo llegaba.

    —Hola Mariana, ¿cómo estás? Que casualidad encontrarte. Dichosos los ojos que te ven.

    —Buen día Carlos. Todo bien. ¿y tú?

    —Lo mismo de siempre, pero hoy sin apuro porque es sábado.

    —Yo aprovecho para poner al día mi casa… —me respondió.

    Hubo un cruce de cálidas miradas que me permitieron decirle…

    —Veo que estás apurada. ¿Por qué no nos encontramos a tomar un café y charlar?

    Sorprendida por mi avance, respondió…

    —De acuerdo, me gustaría. Te dejo mi número de teléfono.

    Me apresuré a anotar el número y nos despedimos. Mariana tomó la iniciativa y me dio un cálido beso en la mejilla que me sorprendió gratamente y que por supuesto devolví de igual manera.

    Pasado unos días, aguantando mi inquietud por hacerlo, llamé a Mariana proponiendo vernos el sábado siguiente. Aceptó de buena gana y acordamos hora y lugar.

    La reunión fue muy amena y grata. Compartimos los sucesos de nuestras vidas, hablamos de cine, música, y temas varios. Tan afable fue la conversación que sin darnos cuenta llegó la noche. Se me ocurrió seguir el encuentro con una cena en un sitio a dos cuadras de donde estábamos. La cena transcurrió con el mismo tenor de íntima cordialidad. Al terminar la acompañé hasta su departamento.

    En la puerta del mismo, cuando me estaba por despedir, surgió la pregunta que yo esperaba.

    —Oye Carlos, todo estuve estupendo y te agradezco. Te propongo subir a mi departamento para tomar una copa para retribuir tantas atenciones. ¿qué te parece?

    —Encantado, si no es una molestia para ti.

    —Por favor, me encanta.

    Y allí fuimos. Me tomó de la mano y subimos un piso. Abrió la puerta y encendió las luces. Me miró con esa mirada acaramelada de la que yo me había enamorado, que interpreté como una invitación a besarla. Y así lo hice.

    Tomé su rostro con ambas manos y acerqué mi boca a la suya. Me recibieron unos labios abiertos y una lengua ávida de pasión. Abrazados y besándonos como si nos fuera la vida en ello, estuvimos un largo rato de pie. Dando pasos cortos como bailando, nos acercamos a un sillón y nos arrojamos sobre él, mientras seguíamos nuestro abrazo matizando con toqueteos buscando los sitios más excitantes.

    Mientras Mariana buscaba mi entrepierna, por mi parte conseguía tener en mis manos aquellos pequeños senos por encima de su blusa. Todo esto en silencio, salvo hondos suspiros y respiración agitada. En un momento dado, tomó la iniciativa y tomándome de la mano me llevó a su dormitorio.

    Lanzados sobre la cama y sin dejar de besarnos, fuimos despojándonos del calzado y de las pocas ropas que llevábamos. Desnudos frente a frente pude ver su cuerpo, era como yo lo había imaginado. Destacaba entre su entrepierna una mata de pelos enrulados que señalaban su pubis y sexo. Como amante de los coños peludos me sentí reconfortado, esperando el momento de gozarlo.

    Abrazados y besándonos dimos vueltas sobre la cama una y cien veces. En una de esas, Mariana se liberó de mis brazos y se apoderó de mi verga que, de más está decirlo, estaba dura apuntando al techo. Fue en ese momento que comenzó la felatio mas impresionante que recibí en mi vida. Tomó el ariete con ambas manos y se quedó unos minutos mirando detalladamente cada milímetro del falo. Con sus dedos tocaba suavemente toda la superficie desde la base hasta la punta y se detenía a observar las venas que parecían reventar. Luego tomó los testículos y los sopesó, mirándome con picardía.

    Sacó la lengua y con la punta de la misma empezó a lamer la zona comenzando con el perineo, luego los gemelos, después la verga recorriéndola de abajo hacia arriba en múltiples ocasiones. Lo hacía muy despacio y suave, lo que me producía una indescriptible sensación de placer. Esto lo repitió durante varios minutos, solo se detenía para observar la verga y luego continuar. A continuación, la sesión siguió, pero con la lengua completa. Otra vez desde los testículos hasta el glande repitiendo el recorrido muchas veces, mi verga quedó empapada por su saliva.

    De inmediato retiró el prepucio dejando el glande a disposición de su hambrienta boca que lo engulló para luego chupar y lamer durante varios minutos. Era incansable y parecía no saciarse, daba la impresión que tenía hambre de verga.

    A todo esto, mi calentura estaba en grado superlativo, por momentos sentía la sensación de correrme, pero Mariana que estaba atenta, detenía por unos segundos su quehacer y por las dudas apretaba con su mano la base mi pene para evitarlo.

    Me miró y me dijo… ¿te gusta? ¿Lo estoy haciendo bien?, a lo cual respondí con respiración entrecortada y acezante… Claro que me gusta, es maravilloso, no creo que nadie lo pueda hacerlo mejor. Ten cuidado que corres el riesgo de que me venga en tu boca. Sería sensacional para mí… me respondió. Y siguió lamiendo y chupando llevándome al paroxismo.

    Cuando su apetito pareció quedar satisfecho se recostó a mi lado, diciéndome,

    —No podía detenerme. Me fascina tu verga. Hubiera estado toda la noche mamándola y jugando con ella. Creo que te gustó, ¿verdad?

    —Fue maravilloso. Nunca me habían tratado así, digo a mi verga. Inolvidable. Pero ahora creo que debo retribuir tanto goce. ¿me permites?

    Mariana me había hecho una felatio tan fabulosa que yo sentí verdaderamente la necesidad de tratar de lograr que ella alcanzara las mismas sensaciones. Comencé a besar y lamer su cuerpo desde su cara hasta los dedos de sus pies. En ese tránsito me detuve especialmente en sus preciosas tetitas para llevármelas a la boca y jugar con ellas. Sus grandes pezones, durísimos, fueron un manjar exquisito. Cumplido el recorrido entre gemidos de mi pareja, me deslicé hacia su entrepierna para comerle la almeja.

    Mariana me facilitó la tarea abriéndose de piernas y colocando un almohadón bajo sus riñones para que mi cara pudiera enfrentar su apetitosa vagina. Desplacé unos pelitos que me impedían llegar a su vulva y me di a la tarea de realizar el mejor cunnilingus de mi larga historia como chupa coños. Me ayudé con mis dedos para abrir sus labios y comenzar una sesión de lamidas y chupadas por toda la superficie de su vulva. Realmente era una delicia comerse esa almeja rosada. Mi lengua, ansiosa y curiosa, recorría todos los rincones saboreando la suave superficie vaginal, iba y venía buscando saciar mi apetito.

    Haciendo las veces de un pene se metió en su cavidad entrando y saliendo en repetidas oportunidades. Me acompañaban los gemidos profundos de Mariana, que me regalaba sus jugos, que derramaba en abundancia, y que yo bebí con placer. Estuve un largo rato en esa tarea y entusiasmado porque ella me animaba… Que bien lo haces, papito, no sabes el placer que siento… No pares por favor que quiero acabar en tu boca… En un momento que me retiré para tomar aliento… no pares, sigue, sigue que estoy llegando al clímax. Sigue Carlos, no me abandones…

    Por supuesto yo seguí saciando mi deseo. En la búsqueda de un mayor placer mutuo llegué a su hinchado clítoris para lamerlo una y otra vez hasta que vino lo que ambos sabíamos que ocurriera. Y lo que vino fue una tremenda corrida de Mariana que arqueó su cuerpo, me apretó la cabeza con sus piernas mientras gritaba… que lindo, que hermoso, te quiero, te quiero… y descargó sobre mi boca nuevos y abundantes jugos que se me escaparon por la comisura de mi boca.

    Mientras recuperaba su respiración, acezante me dijo… Estuvo genial, nunca había sentido tanto placer… La dejé recuperarse y me tendí a su lado acariciándola. Después de todo ese trajín yo estaba recaliente y mi picha apuntaba al techo dura como una roca. Necesitaba descargar.

    Cuando Mariana normalizó su respiración y se percató de mi estado dijo… pobre alma, tieso y caliente… creo que llegó tu momento… me entrego a ti… ¿cómo quieres?… No respondí, la puse de costado enfrentada a mí y le puse la verga entre sus labios vaginales y me moví suavemente repetidas veces para luego ponerla de espaldas levanté sus piernas sobre mis hombros y colocar mi virilidad en la boca de su vulva. Muy despacio fui metiendo mi ariete con la idea de gozar cada centímetro de avance. El conducto no parecía haber sido muy trajinado porque lo notaba estrecho, lo cual acentuaba mi goce al sentir presión sobre mi verga.

    Me acompañaban los gemidos de Mariana. Cuando sentí haber llegado al final con mi falo totalmente hundido en su cueva, comencé a sacar y meter despacio primero y luego con todo el ímpetu que me daban mis caderas. Finalmente, no pude contenerme más y comencé a derramarme con fuertes descargas que llenaron el interior de su concha, mientras oía el beneplácito de Mariana que pedía más y más mientras repetía un fuerte orgasmo.

    Los cuerpos rendidos por tanta fajina sexual reclamaban reposo. Y fue así que nos quedamos dormidos tomados de la mano. Nos despertamos a la madrugada. Aún no había salido el sol. El baño nos esperaba para satisfacer nuestras necesidades y para higienizarnos un poco. Regresamos Al lecho y reiniciamos los juegos sexuales. Nuevamente nos complacimos, esta vez con un 69 que disfrutamos a morir.

    Mariana seguía enamorada de mi verga y repitió su repertorio de lamidas, besos y chupones que lograron endurecer el miembro y prepararlo para otro tipo de acción. Por mi parte, enfrentado nuevamente al coño de mi amiga, gocé e hice gozar con un repertorio interminable de lamidas y chupones. Comer esa vulva era un delirio de placer.

    Estuvimos largo rato jugando y dándonos placer, pero mis intenciones, y creo que las de Mariana también, era volver a follar. Con un movimiento rápido me puso de espaldas y se montó arriba mío. Con suma delicadeza tomó mi verga y la acomodó en la entrada de su vagina para comenzar a deslizarse lentamente buscando una penetración profunda. Y lo logró. Su goce fue tan grande que iluminó su cara con una sonrisa de satisfacción.

    Por mi parte, llegado a ese punto, tomé con mis manos los delgados cachetes de su culo y comencé a pujar con fuerza haciéndola gemir… dame tu leche papi, quiero que me llenes… esto es hermoso, cuanto placer… me falta poco para derramar, te voy a inundar la conchita… respondí… Te acompaño, yo también me corro… dijo. Unos segundos después empecé a descargar mi semen. Mi corrida duró bastante porque Mariana apretando sus músculos lograba prolongar mi eyaculación. Otro polvo sensacional que nos dejó nuevamente agotados.

    Nos volvimos a despertar avanzada la mañana. El apetito carnal había sido satisfecho, le tocaba el turno al otro apetito, que, debido a la intensidad de los juegos nocturnos, era importante. Después de un baño que nos devolvió lucidez, Mariana preparó un suculento desayuno que devoramos. Por mi cabeza pasaba la idea de quedarme, pero me pareció abusar de la hospitalidad de mi anfitriona. Nos despedimos con unos apasionados besos prometiéndonos encontrarnos lo más pronto posible para darle continuidad a nuestra nueva relación que sería apasionada.

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  • Mi gusto por los hombres mayores (parte 1)

    Mi gusto por los hombres mayores (parte 1)

    Hola que tal a todos, mi nombre es Alejandra, pero de cariño me dicen Ale, el leído varios relatos en páginas como esta y me gustaría relatar mis propias historias

    Comenzaré por describirme, mido 1.66 m de altura, piel clara, ojos café miel, labios gruesos, carita finita, cabello castaño largo y lacio, complexión esbelta, pero con tetas grandes y jugosas gracias la genética de mi madre mis piernas también son largas y torneadas, tengo un culito grande y paradito por el ejercicio, actualmente tengo 27 años y vivo en Atlixco puebla.

    Siempre mi mamá me dejo a vestirme como a mí me gustara y pues con esa libertad me gusto viste sexy y más con ayuda pues ya se imaginarán aprendí a maquillarme a usar tacones y hacer lindos y reveladores outfit me encanta provocar miradas y que volteen a verme me hace sentir muy sexy y me encanta ser deseada.

    Me gustaría relatarles cómo empezó mi gusto por el sexo con hombres maduros.

    Todo empezó gracias a mi novio Alfredo en esa época, mi ahora esposo él es mayor que yo por 4 años.

    Regularmente nos veíamos para salir a algún lugar y terminar teniendo sexo en su auto o en algún motel de paso en ese tiempo vivíamos en Tlaxcala.

    Así estuvimos por casi dos años él trabajaba en una empresa donde realizan cosas de cerámico y así él es ingeniero industrial, en temporada de diciembre en su empresa hicieron una cena de fin de año solo con personal administrativo y jefes de áreas y por su puesto lo invitaron a él y me pidió que lo acompañara y me dispuse a buscar algo para la ocasión.

    Salí a algunas tiendas y centros comerciales pero no encontraba nada que me gustara por completo hasta que en una salida con mi novio vi en un aparador un vestido verde cortito con brillos de tirantes acorde a la temporada, con el toque sexy de una abertura en la pierna casi a la altura mi entre pierna a escasos 10 cm abajo escote en “V” profundo que dejaba ver una ligera parte de la parte inferior de mis tetas, se veían tan lindas y voluptuosas, era tan lindo que no pude resistirme a comprarlo mi novio aun con cierto celo por ver como se me veía el mismo pago por mi vestido.

    Ya el día del evento me arreglé como aprendí desde muy chica.

    Me di un baño muy largo, aplique cremas corporales y para mi cabello, me depilé pues siempre me gusta estar depiladita de pies a cabeza, por la mañana fui a hacerme las uñas de pies y manos pues me encanta lucir delicada y linda de pies a cabeza.

    Para vestirme elegí un conjunto de tanguita negra de encaje que al ponérmela se me metió en medio de mi culito, pero sin sostén para que no se marcara sobre la tela del vestido y que por el escote en V se vería, unas zapatillas de tacón negras abiertas de esas que se sujeta con tiras delgadas a la pierna para que lucieran mis uñitas recién arregladas.

    Mi novio paso muy puntual por mí y ya estaba casi lista me termine de retocar el maquillaje mis pestañas con el rímel y perfumar, tome mi abrigo y salí el al verme no dijo mas que preciosa me veía y que sería la envidia de la fiesta a verlo llegar conmigo.

    Y eso la hace sentir a una muy bien sobre su arreglo.

    Al llegar me presento como su novia con algunos amigos de su trabajo y algunos de sus jefes dentro de los que resalta Julián era un hombre de unos 45 años aproximadamente, alto y algo robusto pero con un toque elegante llevaba traje gris claro con camisa azul marino, desde que lo vi llamo mi atención y eso mi novio lo noto pues el al saludarme elogio mi belleza y se lo hizo saber a mi novio diciéndole que mujer más hermosa y sensual lo acompañaba tomo mi mano me saludo muy delicada pero firmemente y me dio un beso en la mejilla lo cual me gusto.

    En el transcurso de la cena mi novio comenzó a beber con algunos de sus compañeros nada fuera de lo común bailamos nos divertimos bastante la verdad, hicieron rifa de algunos regalos y premios a algunos empleados entre uno de esos a mi novio por su desempeño.

    Paso una hora aproximada mente y la plática y bebidas me empecé a enfiestar y con la música que pusieron pase con algunas chicas a bailar mi novio se quedó con sus compañeros a platicar.

    Yo estaba bailando cuando me percaté de que don Julián me veía fijamente de esas miradas fijas que se sienten.

    Yo solo lo mire y no sé si por el efecto de la fiesta, el alcohol o por lo que causaba dentro de mi inconscientemente lo mire y sonreí el tan elegante solo me miro y alzo una copa en dirección mía como diciendo salud así pasamos una media hora más y ya se habían ido muchas personas solo se quedaron los más enfiestados y algunos jefes que era la mesa principal se veía que ellos platicaban más de negocios o cosas por el estilo porque no bebían al ritmo de los demás.

    Así nos dieron las 12 de la noche y en eso don Julián se acercó a nosotros preguntando en la mesa que tal se la habían pasado todos, respondimos que bien comento que nos vio muy alegres y que lo malo que vino solo pues no pudo bailar a lo que algunas chicas en la mesa inmediatamente le dijeron que falta de confianza y cosas por el estilo y ya con algunas canciones más tranquilas se dispuso a bailar con todas y cada uno de las chicas hasta llegar a mí se acercó y pidió mi mano para levantarme a bailar preguntando a mi novio si no habría problema en eso el que ya lo conocía un poco note que se sintió incomodo o celoso pues había notado lo nerviosa que me supe al saludarlo.

    Tomo mi mano y de camino a la pista me tomo de la cintura y haciéndome platica me decía que era una mujer hermosa y sin duda las más hermosa de la fiesta, yo solo agradecí y nos dispusimos a bailar pusieron unas canciones de salsa y debo decir que bailaba muy bien, bailamos al menos unas 3 canciones y el aprovechaba cada vuelta para acercarme a él yo al sentir sus manos grandes en mi cintura me ponía cada vez más nerviosa cosa que me gustaba al terminar me llevo a mi mesa y se retiró.

    Mi novio no pudo ocultar su enojo y salió del salón yo salí tras de el para aclarar las cosas nos encontramos en el estacionamiento y comenzamos a hablar el me recriminaba que me veía muy feliz bailando con su jefe y que mas me le pegaba a él, yo tratando de tranquilizarlo le decía que no era así aunque por dentro sabía que si, trate de abrazarlo y pude sentir en medio de su entrepierna su verga estaba super erecta era una erección tan firme que se sentía duro.

    Comencé a sobarle por encima del pantalón diciendo que yo solo era de él y que no tenia de que preocuparse el solo jadeaba por lo excitado que estaba a lo que le pregunte que por que estaba así y me decía que no sabía, le pregunte si había visto a alguna chica o que y el solo me decía que no que solo me vio a mi bailando tan pegadita a don Julián a lo que le pregunte ¿y eso te hizo estar a si o qué?

    Él lo negaba pero ya más tranquilo decidió volver a la fiesta yo con el frio y al salir sin abrigo se me pusieron duros mis pezones cosa que note y me gustaba pues los demás lo notaron también sobre todo los chicos, todos nos preguntaban que donde estábamos y que por que nos habíamos ido, que al parecer ya era hora de entregar el salón pero uno de los jefes les ofreció una cabaña que tenía cerca que podían pasar por algo de beber y pasar ahí el rato que algunos ya se habían adelantado para allá.

    Alfredo dijo que ya no quería ir pero yo quería seguir en la fiesta pues me la estaba pasando bien así que tomamos las cosas y nos dispusimos a ir con los demás, camino a el lugar mi novio no menciono ya nada de lo ocurrido.

    Al llegar llegamos menos de los que iban a ir y solo quedábamos 4 de los 8 que estábamos pasamos y saludamos a los presentes dentro de ellos estaba don Julián que se levantó de su sillón a saludarme de beso nuevamente mientras tomaba mi mano ofreciéndome su sitio yo agradecí y como la sala era pequeña accedí.

    La cabaña era bonita nada del otro mundo, pero bonita luz rustica amarilla y con muchas cosas en madera los sillones que eran lo más moderno y una cantina con luces led muy nice.

    Pasamos así al menos hora y media y entre copa y copa mi novio ya había bebido de más y se quedó dormido dos de los chicos con los que habíamos llegado ya se había retirado y solo quedaban 2 de ellos, mismos que me ayudaron a llevarlo a una de las 2 habitaciones que había pase con él un rato esperando que se despertara pero nada de nada, al paso de unos minutos vinieron los mismos dos chicos a decirme que saliera que el estaría bien que solo despertaría y saldría.

    Salimos y me dieron un bebida con vodka y arándano sabía muy bien muy suave y poco a poco todos se iban retirando y algunos quedando dormidos incluido el dueño de la cabaña que no recuerdo su nombre entre platica y plática con una y otra persona del trabajo de mi novio me llego el momento y se me acerco de nuevo don Julián ya algo movido por los tragos pero sin perder el porte yo también ya algo mareada por lo mismo y cantando y bailando algunas canciones que sonaban de fondo.

    Se me acerco y pregunto que si aún no despertaba Alfredo a lo cual respondí que no comenzamos a platicar de cosas típicas de donde era que de donde venía me preguntaba que como había hecho mi novio para conocerme y más aún como había logrado conquistarme pues era una chica que desbordaba belleza y sensualidad mientras no quitaba la vista de mis tetas.

    Ese comentario me gustó mucho pues era evidente que le gustaba yo no hacía más que reírme de lo nerviosa que estos comentarios me hacían sentir emocionada y algo mojadita, al paso de uno minutos sonaron algunas canciones de banda y como típica chica ebria comencé a cantarlas, luego algunas para bailar y ahí fue donde yo le dije a don Julián venga a bailar conmigo no es justo que solo me vea cantar y bailar a mi.

    Él se levantó de sillón y se acercó a mi sin darnos cuenta éramos los últimos en pie dentro de la cabaña algunos salieron a fumar otros se habían retirado y otros como mi novio había quedado dormidos por lo ebrios en fin entre canción y canción llegaron unas de canciones de reguetón y por impulso natural comencé a bailaras no se en qué momento me di vuelta y comencé a rosar mi culito en el pantalón de don Julián el solo tomo mi cintura y se movía un poco sin saber muy bien del ritmo pero en eso poco a poco sentí como el su verga se comenzó a poner dura y sentí el bulto en medio de mi culito.

    Pase mi mano por detrás de mí y sentí con ella su verga erecta totalmente, la acaricie y luego agarre con firmeza como comenzado a masturbarlo, me susurro en el oído sabia por tu forma de bailar y esa forma de vestir que eras toda una putita cosa que me excitó aún más, el me tomo de la mano y me llevo a la habitación juste al lado de mi novio, yo apenas y podía caminar entre los tacones altos, lo mareada, la poca luz de las lámparas y los embaces que había tirado pude llegar a la habitación.

    Continuará.

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  • Mónica, la casada (segunda parte)

    Mónica, la casada (segunda parte)

    Los siguientes días fueron de locos, mientras yo sin poder sacarme de la cabeza a mi nueva amiga de chat.

    Por fin tuve un rato en el que pude entrar a buscarla al chat y nada… Nooo… No aparecía mi bella amiga. Yo deseando verla, ver esa carita con esa boca de ensueño y ese culito, uf por Dios, no podía sacarme de la cabeza ese culito…

    Cuando ya estaba por irme, sintiendo que el destino no nos haya encontrado nuevamente, me escriben:

    -Hola guapo…

    -Hola. No reconocí ese nick, ya que no era el mismo que el de Mónica.

    -¿Me buscabas cazador? Soy yo.

    -Uy, sí… Hola linda, ¿cómo estás? Pensé que no entrarías y ya estaba por irme…

    -Sí estuve complicada, pero quería ver si estabas. Qué bueno que nos encontramos.

    -Aunque ya debo irme quería encontrarte.

    -Ah, qué lástima, ¿ya debes irte? Sí, era la hora en la que habíamos cortado nuestra anterior charla..

    -Sabes, ¿que no pude dejar de pensar en ti… En todo lo que vi el otro día?

    -Jaja, ¿en serio? Porque yo tampoco pude dejar de pensar en lo que vi.

    -¿Te parece que nos encontremos para vernos?

    -¿En tu casa el miércoles? Siendo lunes hoy.

    -Perfecto, te paso mi dirección y mi celular…

    -Mmm si, bárbaro… Te escribo luego guapo así te queda mi número…

    -Ahora debo irme… Besito…

    -Besos, guapa…

    Por la noche, yo saliendo de la ducha, me llega un mensaje:

    -Hola Marcos…

    -Hola Mónica, sabiendo que era ella

    -¿Qué estabas haciendo?

    -Saliendo de la ducha, bella. Mojado y desnudo, le respondo

    -Mmm, ¿a ver? Jeje

    Y le mando una foto, hasta la cintura, solo con una toalla.

    -Uy, que lindo.

    -Y vos, ¿qué hacías?

    -Acá, pensando que cenar…

    Y veo que me manda una foto. Por Dios, pelo suelto, con un bikini que mostraba un lomo de película.

    -Uy que rica, bombón. ¿Así cocinas?

    -Jeje… Si. Pero no siempre

    -Así dan ganas de cenar contigo, jaja.

    -Me encantaría, me respondió.

    Y me llega su dirección, comprobando que no era tan lejos de casa…

    -Ponte algo cómodo, en 2 horas paso por vos.

    -Genial, beso, guapo.

    Un edificio a pocas cuadras de casa, estaciono el auto y le aviso.

    -Llegué

    -Bajo.

    Dos minutos después salía del ascensor y con una sonrisa que me encantó.

    -Hola, me dice, dándome un beso muy cerca de mi boca.

    -Hola guapa. Estás preciosa

    Y así era, con una blusa que le marcaba un par de pechos no muy grandes, pero sin duda que apetecibles, un short de jean que le quedaba pintado casi, mostrando un par de piernas torneadas y divinas, todo eso con unas sandalias que solo le daba un toque de casual y formal, que le quedaba espectacular.

    -Gracias, Me dijo, consciente de que toda ella había hecho efecto, subiendo a mi auto tras abrirle la puerta.

    Ahí salimos directo y lejos, a un sitio donde fuésemos dos desconocidos. La noche veraniega ayudaba a ir a un parador que conocía, sobre una playa unos pocos km, suficientes para alejarse del bullicio urbano.

    Buena música ambiente, escogimos una mesa en la terraza, que aunque habían más personas, nos daba un poco de intimidad. El mar de un lado, un bello local del otro y esa morocha de frente… Se vislumbraba una maravillosa velada.

    La charla se hizo muy entretenida, ella era una fascinante compañía sin dudas. Comentarios, risas y alguna caricia de manos, fueron testigos de esa velada. Una cosa llevó a otra y la charla se tonó más íntima, ayudados por un vino que bebíamos con placer y siendo testigos los mariscos de turno.

    -¿Y siempre entras al chat? Me preguntó.

    -No siempre, cuando necesito distraerme del trabajo, entro y estoy un rato no más. ¿Tú?

    -Yo en realidad no mucho, una amiga me había hablado de él, para distraerse un rato y decidí entrar esa vez.

    -Um que suerte tengo entonces jaja.

    -Jaja, ¿decis? Debes charlar con muchas ahí.

    -Obvio. Eres una mujer simpática y muy agradable en la charla. Y toda una diosa en persona. Sin dudas que tuve suerte.

    Mar, aire, vino ya empezaban a hacer efecto en nosotros, por lo que me acerqué a esa boca, puerta del infierno y decidí probarla, ahora sí, sin reparos.

    Ella correspondió al beso, suave y tentador.

    -Eres una mujer hermosa y deseo hacerte mía desde que bajaste del ascensor.

    -Mmm y yo que lo hagas.

    -Vámonos, caminemos

    Pagamos la cuenta y decidimos pasear por la arena, ya de la mano, acariciándonos, buscando por qué no, un lugar apartado. Mi erección ya empezaba a notarse en mi pantalón y sus pezones bajo la blusa.

    En unas rocas que nos daban intimidad y por qué no, también protegía del viento marino, decidimos parar y con mis manos en su cintura y la suya en mi nuca, la besé, ahora sí con toda la pasión que la situación ameritaba.

    Nuestras lenguas jugaban sin reparo y nuestras manos acariciaban en busca de la piel del otro. Las de ella bajo mi camisa de lino y las mías sobre su espalda, bajo su blusa y apretando su cola contra mí. Lo que sin dudas le hizo sentir la erección que toda ella me había provocado.

    En eso su mano baja, apretando mi sexo sobre la ropa, mis manos sobre sus pechos, apretando unos pezones que del viento o la excitación estaban duritos.

    Subiendo su blusa me dediqué a besar esos pechos, morder esos pezones…

    -Mmm siii. Dijo. Sigue…

    -Qué ganas de saborearte que tenía…

    -Umm, yo igual. Liberando mi sexo, poniéndose de rodillas.

    Sentir su boca comiéndome me puso a mil. Su boca parecía que quisiera comerme literal, lo saboreaba y volvía a comérselo.

    -Uumm que boca mami… Que ganas de follarte rico bebé

    -Mi turno…

    Ahí la hice pararse y bajar su short y una tanguita, y decidí atacar ese sexo que emanaba jugo.

    La senté en una piedra lisa y abriendo sus piernas, decidí atacar… Besé, mordí, succioné esa concha, que emanaban calor, decidiendo beber de ese manjar que ella me regalaba, chupando ese clítoris que parecía esperarme en atención…

    -Ahh… Que ricooo

    -No pares… Sigueee. Sigueee uuuy.

    Aumentando la intensidad de la succión y con un par de dedos…

    -Aahhh aaahh uuy siiii. Que hijo de putaaa. Me acabooo… Sigueee… aaaah.

    -Ummm mmmm si… que riccaa… Mmm

    -Uy papi… Que acabada… Umm, cogeme.. Por favor, cogeme

    No tuvo que decir otra vez. Agarré mi verga y apoyando la cabeza se la fui metiendo suave…

    Ese sexo que emanaba manjar, me recibió de una forma caliente…

    Empecé un vaivén, entra y saque intenso… Cada vez mas ricoo, mas intenso y fuerte….

    Nuestros gemidos se mezclaban con el ruido del mar, nos besábamos… Y cada vez más intenso nuestros sexos se fundían en uno solo…

    -Aahh aahhh uummm siii.

    -uuy mamiiii… que rica estas bebé… Uumm

    -Ahh ahhh sii, que pija… uuy si… Cogeme sii

    -No pares… Segui papi… Aaah aahh

    -Uumm sii

    -Uuyy papii me corrooo, aaahhh siii aaahhh

    -Uummm si mami… Que yegua divinaaa… Uummm

    Quedó en un letargo… Y yo aun con la verga dentro de ella… Quieto… Sintiendo su sexo latir…

    Empezando un movimiento suave… Dentro de ella… Queriendo que se vuelva loca realmente.

    -umm mm que pija por Dios… Mmm

    En eso me tiro en la arena y ella se viene sobre mí, agarrando mi falo aun duro, apuntando a ella y sentándose de una se la clavó entera…

    Ver esa amazona sobre mí, esos pechos al alcance de mi boca, mmm decidí morder esos pezones duros…

    Ella volvió a girarse… Estaba con el poder de saber que tenía el néctar que tanto deseaba sentir dentro… Empezó a moverse… Subir y bajar sobre mi sexo…

    -uumm mamiii que yegua que sos….

    -Me vas a sacar todo.

    -si papi… Dámela… Tomo pastillas.. Dale… Llenameee la conchaaa… Ahahh

    Tomando sus caderas decidí cogerla con fuerza… Esa concha que me estaba volviendo loco… Que me pedía néctar a gritos… Había que dárselo…

    -ahh papiii siii cogerme asiii aahhh por Dios… Me corro de nuevooo

    -ahh mami.. Y yo… Me corrooo… Uuummm

    -ahhh mi amooor aahhh siiii aahhhh….

    Cayó sobre mí, rendidos…. Abrazados… Y dentro de ella…

    Nuestras bocas se encontraron nuevamente…. Esta vez en un beso tierno… De pasión recibida… y regalada… Esa mujer era fuego puro…

    -Qué diosa que sos… Uuyy mm

    -Y vos mi macho…. No quiero dejarte ir jeje…

    -No me iré, ni loco. Jaja.

    Esa mujer sin dudas era fuego sensual y puro… Y ahí decidí seguir quemándome a pesar del riesgo social que eso conlleva….

    Bueno espero les guste, dejen algún comentario en sana crítica. Saludos. Y hasta la próxima.

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  • Por fin solos (1 de 2)

    Por fin solos (1 de 2)

    Raúl descansaba tumbado en la cama boca arriba, recuperando lentamente el aliento. Había sido uno de los polvos más intensos de su vida, y sin duda el más largo. Estaba agotado, pero no podía quedarse allí a dormir. Haciendo un esfuerzo, se incorporó, y se quedó un momento admirando el cuerpo de su chica. Ya se estaba quedando dormida, y no era para menos. Se inclinó y la besó en los labios dulcemente, y le dio las buenas noches. Entonces cogió su ropa y salió de la habitación sigilosamente.

    Cruzó el pasillo lo más despacio que pudo, sobre todo al pasar al lado de la puerta de sus padres. Cuando la hubo pasado, respiró aliviado. Le aterrorizaba la idea de que le oyeran y pudieran sospechar algo. Al fin entró a su habitación y se metió a la cama, y esperó a que el sueño se apoderara de él, mientras recordaba el polvo que acababa de echar con su hermana momentos antes.

    Sara y Raúl eran dos hermanos mellizos, de 19 años, que mantenían una relación en secreto desde hacía algunos meses. Los detalles de cómo empezó todo no vienen a cuento ahora, simplemente, las hormonas y la necesidad de sexo y cariño hacen su efecto, y no entienden de tabúes.

    El caso es que desde que habían empezado a tener sexo, se veían obligados a hacerlo por la noche, con sus padres durmiendo a escasos metros, debido a que su madre no trabajaba fuera de casa. Eso hacía que casi nunca estuvieran solos en casa, privándoles de esa intimidad tan necesaria.

    Sin embargo, sabían llevar la situación. Eran muy cuidadosos: esperaban bastante tiempo para asegurarse de que los padres dormían, y lo hacían casi en completo silencio. Cuando Raúl salía de la habitación, abría un poco la ventana para que saliera el olor a sudor y a sexo.

    Sin embargo, ocurrió algo que hizo que se torcieran las cosas. No sabían porqué, pero últimamente sus padres dejaban la puerta de su habitación abierta por la noche, y esa habitación estaba en medio de las de ellos dos. Aparte de que podían oír algo, podían verles yendo de una a otra.

    Al principio Sara y Raúl pensaron que quizá sospechaban… pero descartaron esa opción. Eran demasiado cuidadosos, y además, a ningún padre se le podía pasar por la cabeza que sus hijos mantuvieran relaciones sexuales entre ellos. En ese aspecto estaban tranquilos… pero el caso es que ya no podían verse por las noches.

    Los primeros días fueron aguantando, pero al cabo de algunas semanas estaban ya bastante nerviosos y necesitados de sexo. Y es que antes de que la situación se torciera, solían follar casi todos los días, o al menos hacerse sexo oral.

    Cierto día se dio la coincidencia de que su madre salió a hacer unas compras y que ambos estaban en casa. Sara estaba en su habitación, esperando a oír el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose. En cuanto se cerró, salió apresuradamente hacia la habitación de su hermano. Al entrar vio que la estaba esperando, de pie. Se abrazaron y se fundieron en un apasionado beso, húmedo, lascivo, muestra de la pasión acumulada que tenían dentro.

    Raúl abrazaba a su hermana mientras la besaba, notando la forma y la dureza de sus tetas contra su pecho. Sus lenguas se frotaban una con otra, ayudadas por la saliva. Las manos de Sara fueron bajando hasta copar el culo de su hermano, que era la parte de su cuerpo que más le gustaba.

    Ya más calmados, se recostaron en la cama de Raúl, sin dejar de besarse y de meterse mano. Entre besos y lameteos se susurraban al oído sus palabras más tiernas.

    Sara, que estaba debajo, empezó a desabrochar los pantalones de Raúl, tras lo cual siguió magreándole el culo por encima del bóxer. Sentía contra su pubis lo duro que estaba ya el paquete de su adorado hermano. Finalmente habló Raúl:

    “Qué quieres que te haga?”

    “Así mismo, cariño… a misionero… lo único que quiero es tenerla dentro…”

    La forma de hablar de Sara dejaba ver claramente la excitación que había en su interior.

    Entonces ocurrió lo inesperado. Oyeron unas llaves en la puerta, y acto seguido oyeron como se abría. Raúl saltó como un resorte de la cama, se subió los pantalones y se sentó en su silla. Sara, que afortunadamente no se había quitado nada de ropa, se levantó y se atusó un poco el pelo, y se inclinó sobre la mesa de Raúl como si estuviera mirando el libro que estaba sobre la mesa. En ese momento oyeron a su madre pasar al lado de la puerta saludando, aunque pasó de largo. No la miraron ya que tenían la cara sonrojada, aún por la excitación. Al rato Sara se incorporó y se fue a su habitación.

    Estaban contentos de que no les hubieran pillado, pero muy frustrados por haber tenido que parar en lo mejor. Esta situación se empezaba a hacer insostenible. Necesitaban intimidad y la necesitaban ya.

    Ambos estaban en sus respectivas habitaciones haciendo que estudiaban, pero no podían dejar de pensar en el otro. Sentían la frustración sexual acumularse, todavía excitados, pero sin poder desahogarse.

    Raúl encendió el bluetooth de su móvil, y vio que Sara también lo tenía encendido. Cuando no les apetecía estudiar, solían mandarse mensajes de esa manera, para pasar el rato y para hablar de sus cosas, sin que sus padres se enteraran. Raúl envió el primero:

    “Todavía estoy caliente, peque”

    “Y yo, no te imaginas cuánto”, respondió ella.

    “No se me baja la erección”

    “Pues yo tengo las bragas empapadas”

    “Qué podemos hacer?”

    Sara tardó en responder: “Espera, que se me ocurre una idea”

    Después de un rato Sara entró en la habitación de su hermano, llevando unos libros, que dejó allí como si nada. Comprobó que no había nadie por el pasillo, y metió la mano en el bolsillo de su bata. Sacó sus bragas arrugadas de ahí y se las dio, tras lo cual volvió a su habitación, nerviosa.

    Eso fue una agradable sorpresa para Raúl. Tenía las bragas húmedas de su hermana en sus manos. Pero ahí podían verle si hacía cualquier cosa con ellas. Apresuradamente, se fue al baño y cerró la puerta. Ya en ese lugar seguro, se llevó la prenda íntima de Sara a la nariz e inspiró profundamente. Efectivamente, la excitación de su hermana se percibía claramente. El olor era embriagador y super excitante.

    Si ya estaba cachondo de antes, ahora su polla ya pugnaba por salirse del pantalón. Sin pensárselo dos veces, se bajó los pantalones y se sentó en la taza, y empezó a masturbarse enérgicamente.

    Cuando se hubo saciado del olor sexual de su hermana, se llevó las bragas al pene, y lo envolvió con ellas. Ahí ya se estaba volviendo loco, y tenía que esforzarse en no gemir. La suavidad de la tela y el agradable calor que le producía le llevaron rápidamente al clímax. Los chorros de semen caían en las bragas uno tras otro, quedando ahí depositadas.

    Cuando ya no le quedaba una gota de leche, se preguntó qué iba a hacer ahora con eso. No podía echarlas así al cesto de la ropa sucia.

    Así que decidió devolverle la pelota a Sara. Como ella había sido tan traviesa, él no lo iba a ser menos. Se subió los pantalones de nuevo y salió del baño en dirección a la habitación de su hermana. Una vez allí fue donde ella y le devolvió sus braguitas, con el “regalo” extra. Sonrió malévolamente y salió de la habitación.

    Sara se quedó petrificada, mirando las bragas arrugadas y húmedas encima de su mesa, sin saber qué hacer. Luchó contra su instinto durante unos momentos, pero finalmente se rindió, cogió de nuevo la prenda y se la llevó consigo al cuarto de baño.

    Tras cerrar bien el pestillo, se sentó en la taza, y empezó a palpar la leche aún caliente de su hermano. Se lo llevó a la nariz, percibiendo el fuerte olor, y no pudo resistir llevárselo a la boca, notando que todavía estaba caliente. Chupó y sorbió una buena cantidad, y empezó a jugar con ello en la boca, notando como se quedaba pegado a su lengua y a su paladar.

    No era la primera vez que tenía semen de Raúl en su boca, pero esto era diferente. Ahora estaba mucho más excitada y encendida que otras veces que había hecho el amor con él. Finalmente se bajó los pantalones y directamente empezó a pasarse las braguitas por encima de sus labios vaginales. La sensación provocada por la tela y la densa leche era enloquecedora. Sabía que no se podía quedar embarazada solo por frotarse así por fuera, así que siguió masturbándose como una loca.

    A medida que la sensaciones iban aumentando de intensidad, le iba costando más no gemir. Por suerte, todo acabó rápido, con un orgasmo impresionante. Aun jadeando, contempló la mezcla de semen y flujo que había en las braguitas. Cuando unos minutos antes se le ocurrió la travesura de darle sus bragas usadas a su hermano, no hubiera imaginado que pudiera acabar así. Pero estaba encantada, su excitación sexual se había calmado un poco, por el momento.

    Después de limpiarse y asearse, se empezó a arrepentir de lo que habían hecho. ¿Qué iba a hacer ahora con las bragas sucias? Al final decidió lavarlas como pudo en la bañera, y al volver a su habitación las colgó de una percha dentro del armario, entre su ropa. Cuando se secaran las echaría al cesto de la ropa sucia.

    Volvió a sentarse en su mesa, intentando aparentar normalidad. Cogió el móvil y volvió a escribir a Raúl:

    “Me vuelves loca…”

    “¿Que hacías en el baño tanto rato, guarrilla?”

    “Me he corrido como nunca. Joder, me tienes todo el día pensando en sexo… ¿qué vamos a hacer?”

    “Bueno, como has visto hoy, tenemos otras formas de desahogarnos”

    “Ya tío, pero yo quiero follar. Eres mi novio, ¿no? Quiero que hagamos el amor…”

    Raúl no contestó, sino que se quedó pensando. Era cierto que la situación era difícil. No iban a estar solos en casa mucho tiempo, ni tenían coche para poder irse a algún sitio apartado.

    Unos días después, Amador, el padre de Sara y Raúl, les llamó para comentarles algo.

    “A ver chicos, tengo una noticia buena y otra mala. La buena es que vuestros tíos nos vuelven a dejar este verano el apartamento de la playa, ya que ellos no van a estar. Pero como comprenderéis, hasta que no acabéis los exámenes, no vais a poder ir.”

    Los hermanos no sabían qué pensar… estaban expectantes, deseando que su padre continuara hablando.

    “De momento, los próximos fines de semana vamos a ir vuestra madre y yo, y vosotros os quedaréis aquí a estudiar”

    Raúl sintió un agradable cosquilleo en el estómago, y dijo, “Sin problema…”

    Amador contestó, “Pero he dicho a estudiar, no quiero que os paséis el fin de semana de fiesta y el domingo con resaca…”

    “Os prometo que no voy a salir de casa”, dijo Raúl.

    “Ni yo”, dijo Sara, mordiéndose el labio para no reírse.

    Amador estaba sorprendido de la reacción. Se levantó y se marchó tranquilo, convencido de que sus hijos se estaban haciendo mayores y responsables.

    Raúl comprobó que no había nadie cerca, abrazó a su hermana y le dijo al oído, “Por fin solos…”

    “Se me va a hacer eterno hasta que llegue el finde”, dijo Sara.

    “Lo sé”, respondió Raúl. Estando así abrazados, sintió el impulso de besar a su hermana, y le dio un suave beso en los labios.

    Sara se apartó, y dijo, “Ten cuidado, cariño… no vayamos a cagarla, ahora que lo tenemos tan cerca”

    Raúl asintió y se separaron, ambos con una sonrisa de felicidad en sus caras.

    Efectivamente, los dos días transcurridos hasta que llegó el viernes por la tarde, se les hicieron a los dos muy, muy largos. Cada uno en su habitación, escuchaban cómo sus padres hacían equipaje, e iban sacando las cosas.

    Finalmente llegó el momento, se despidieron y al rato se oyó la puerta cerrarse. Raúl se apresuró hacia la habitación de Sara, con una sola cosa en la mente, hacerle el amor durante horas. Se acercó hacia ella para abrazarla, pero ésta le rechazó: “Vamos a esperar un momento Raúl, imagínate si vuelven”

    Al ver la expresión de frustración de su hermano, dijo “Se han podido olvidar cualquier cosa… quiero hacer esto bien, Raúl”

    “De acuerdo, pero vamos a hacer una cosa para que te quedes tranquila” La cogió de la mano y la llevó al salón, desde donde se veía la carretera por la que se alejaban sus padres. Aun después de perder el coche de vista, esperaron un rato, hasta que finalmente no pudieron más y empezaron a besarse.

    Las manos de Raúl no daban abasto, acariciaban y palpaban las curvas del precioso cuerpo de su hermana. Sara llevaba un vestido de verano, ligero y de una tela muy fina, lo cual enloquecía a Raúl. Le encantaba como se sentía la piel de su hermana a través de la tela.

    Por su parte, Sara tenía sus brazos alrededor del cuello de Raúl. Le encantaba besarle así, como apoyándose en su cuerpo.

    Raúl dirigió sus manos al culo de su hermana, y al hacerlo notó que no llevaba bragas. Su erección empezaba ya a molestarle. “No llevas bragas?”, preguntó

    Entre besos y lameteos, Sara contestó, “No llevo nada debajo, sólo el vestido… quería estar lo más accesible posible para ti”

    “Me encanta, gracias”, dijo Raúl con una sonrisa. No se hizo esperar y empezó a subirle el vestido. Cuando el sexo de Sara quedó expuesto paró, y pasó a acariciarle los muslos. Al hacerlo notó que el flujo de su chica ya se estaba deslizando desde su coño, manchando la suave piel de sus pantorrillas.

    Subió la mano a la boca de ella para que le chupara los dedos, y finalmente bajó de nuevo y empezó a acariciarle los labios vaginales. Sin duda, nunca había visto a su hermana tan caliente y mojada. Era impresionante la cantidad de flujo que estaba segregando.

    Entre estremecimientos de placer, Sara cogió la parte de abajo del vestido y terminó de quitárselo. Sonriendo, le miró a los ojos para ver qué cara se le quedaba. Raúl no sabía por donde empezar a tocar. Le faltaba tiempo para alegrarse la vista y el tacto con cada centímetro de la piel de la chica.

    “Joder… hacía tiempo que no te veía a la luz del día. Siempre haciéndolo de noche a escondidas…”, dijo Raúl

    “No te preocupes, porque no me voy a vestir en todo el fin de semana”, dijo Sara con una sonrisa pícara.

    Raúl fue bajando beso a beso por la piel de su hermana, atravesando el valle entre sus pechos, y el llano vientre que tantas horas de gimnasio le costaba mantener. Sara sabía lo que venía ahora, así que se sentó en el sillón que había al lado de la ventana.

    Raúl se arrodilló y elevó las piernas de Sara para ponerlas sobre sus hombros, para tener un acceso cómodo a su coñito. Sin entretenerse en preliminares, se inclinó para lamer su vulva, con delicadeza, pero con fuerza. Sara se convulsionaba sólo de sentir la húmeda lengua de su hermano en su lugar más íntimo.

    La mamada de Raúl se iba intensificando. Su lengua penetraba lo más profundo que podía mientras sus labios estimulaban los labios vaginales. Mientras, Sara se acariciaba las tetas, dejando que lentamente el placer se fuera apoderando de su cuerpo. Raúl no aguantaba más la presión de su polla contra los vaqueros, así que se fue desnudando de cintura para abajo. Sara se quedó embobada viendo cómo la polla de su hermano salía como un resorte, ya totalmente erecta y babeando líquido preseminal.

    Le encantaba sentir que ella solita era capaz de ponerle así. Que sólo con su cuerpo, y su belleza, era capaz de hacer que una persona llegara hasta el punto de cometer incesto, de querer follar con su propia hermana. Entonces vio que Raúl se inclinaba sobre ella, apuntando su mástil hacia la entrada de su coño.

    Abrió un poco más sus piernas y por fin, volvió a sentir cómo esa verga se abría paso en su interior. Se sintió feliz, colmada. Raúl le agarró las tetas y empezó a meter y sacar rítmicamente, con fuerza. El placer era indescriptible. Ambos empezaron a gemir, esta vez sin miedo, sin tener que ahogar los gemidos en la boca del otro.

    Sara abrazaba a su hermano con las piernas, rodeando su cintura. Éste todavía tenía puesta la camiseta, pero poco importaba. Se dedicó durante muchos minutos al bombeo constante dentro del coño de su chica, mientras se robaban húmedos besos el uno al otro. A Sara casi le dolían las tetas de la presión de las manos de Raúl sobre ellas. Le dijo que parara un momento, tras lo cual se levantó y se dirigió a su habitación, llevando a su hermano de la mano.

    Ahí estaban más cómodos, y además habían podido recuperar un poco el aliento. Sara se subió a la cama y se puso a cuatro patas, exponiéndose totalmente a la voluntad de su hermano. Sin hacerse esperar, éste se puso detrás y volvió a penetrarla por el coño. Con una mano se apoyaba en la cama y con la otra acariciaba los senos de Sara, que colgaban sensualmente hacia abajo y se movían con cada envión de Raúl.

    Sara ya no gemía, sino que chillaba de placer. Quería correrse, pero a la vez no quería que esto acabara. A Raúl ya se le empezaban a escurrir gotas de sudor, que caían sobre el pelo y la espalda de su hermanita. Entonces dijo, no sin esfuerzo:

    “Me corro, Sara…”

    “Espera… así no, espera un momento”, respondió ella.

    Raúl tuvo que poner toda su fuerza de voluntad para sacársela en el mejor momento. Sara simplemente se dio la vuelta, se tumbó boca arriba y le invitó de nuevo a metérsela:

    “Quiero que nos miremos a los ojos cuando lleguemos al orgasmo, cariño”

    Raúl se la introdujo de nuevo apresuradamente, follándola salvajemente, buscando vaciarse dentro de ella. Sus bocas se buscaban ansiosas, chupándose y lamiéndose, más que besándose. Finalmente, Sara sintió la leche de Raúl en sus entrañas, momentos antes de conseguir ella su orgasmo. Se miraron a los ojos sonriendo, mientras disfrutaban de las sensaciones del orgasmo.

    Un buen rato después de terminar, aún seguían tumbados recuperándose del esfuerzo realizado. Finalmente habló Sara:

    “Madre mía, ya son las nueve… hemos debido de estar dos horas follando…”

    Raúl se rio, “Bueno, ¿qué te apetece hacer?”

    “Podemos ver una peli en mi ordenador, aquí los dos en mi cama”, dijo Sara.

    “Genial”

    Sara se fue a la cocina y al rato volvió con unos sándwich y una botella de Coca Cola.

    “Ya sé qué peli vamos a ver… Almas Gemelas, te va a gustar”

    Raúl no la conocía, pero sí conocía bien a su hermanita, y sabía que le iba a gustar lo que le proponía.

    Tras ver la película, se quedaron dormidos en la cama de Sara. Por primera vez en su relación, podían dormir juntos y abrazados, sin miedo.

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  • Tuve que ducharme en la casa de mi madre

    Tuve que ducharme en la casa de mi madre

    Estaba de suerte, había conseguido un nuevo trabajo para comenzar pronto, había cobrado en apenas unos días atrás un cheque agradable por dejar el anterior trabaja que era de U$S 20,000.

    No dude decirle a mi esposa Bety para refaccionar el cuarto de baño ponerlo todo a nuevo.

    Mientras que los constructores remodelaban el baño y siendo la segunda semana cuando quitaron los artefactos para poder poner las baldosas. Ahí me di cuenta que sería imposible bañarse ya que era todo un desastre, así que no quedo más alternativa que buscar donde hacerlo.

    La solución vivió afortunadamente cerca de nosotros, iríamos a ducharnos en la casa de mi madre.

    Era jueves y me iría al trabajo, así que yo caí para darme una ducha. Toqué el timbre y no era tenía respuesta, juré que mi madre estaba, al no responderme me puse nervioso por tener que ir así al trabajo, pero mi cólera se dio vuelta rápidamente mientras que mi madre abrió la puerta.

    Me ofreció una taza de té, la cual decliné hasta después de que hubiera tomado una ducha. Corriendo escaleras arriba, lanzó mi bolso en su cama mientras que me dirigí al cuarto de baño.

    La sensación de la ducha era maravillosa después del frio del exterior y puse a lavarse. Cuando apagué la ducha me di cuenta que no había tomado la toalla de mi bolso y aunque había dos colgadas no quise utilizarlas. Goteando agua abrí cautelosamente la puerta del cuarto de baño y me fui al dormitorio.

    Mientras que estaba parado ahí desnudo y luchando con la cremallera en mi bolso, nunca oí a mi madre el venir por las escaleras.

    –Oh perdón –ella dijo haciéndome saltar.

    Di vuelta y traté de cubrir mis pedacitos privados con mis manos.

    –Madre estoy un poco avergonzado. –dije yo.

    –Usted no se preocupe que no voy a ver nada nuevo que no haya visto. –ella contestó con una risa.

    –Sí solamente cuando era yo un niño, ya tengo 33 años, así que usted no le importaría dejarme acabar con esto.

    Mi madre todavía estaba parada, mirándome como si fuera un coche usado que ella examinaba.

    Mi madre tenía 55 años y se había conservaba bastante bien, aunque sufrió mucho cuando mi padre había tenido un ataque del corazón años atrás, falleciendo unos meses después.

    –Mami, le importaría a usted. –indicándole que quería cambiarme.

    –Hijo estoy apenada, lo que pasa es que no he visto uno de ellos por algunos años. –dijo ella mirando para abajo mis pedazos protegidos.

    –Pero madre. –contesté mirando al rededor para encontrar algo más grande para cubrirse.

    Ella se movió hacia mí y dijo:

    –Deme su mano, ella exigió.

    Me asuste, un poco confundido, que era lo que ella quería. Estaba un poco desconcentrado.

    –Elimine sus manos y póngalas en su lado. –ella dijo y no hice caso.

    Ella avanzo unos metros y yo tomé unos metros más atrás, eso hizo que mis piernas hicieran contacto con la cama haciéndome perder mi equilibrio y me caí sobre mi espalda, a causa de esto, mis manos cayeron a mi lado y así quedaba todo expuesto.

    Mi madre vio la ocasión y se puso sobre mí, yo habría podido empujarla fácilmente, pero estaba asustado de lastimarla.

    Con mis brazos a mi lado mi madre puso la cara cerca de mí.

    –Usted no va hacer nada, no va a exprimir estos globos duros ocultos que están por estallar. –ella dijo mientras movió una de mano apretando mis bolas firmemente.

    Yo quería salir de esa situación que su apretón en mis bolas me inmovilizó. Su otra mano comenzó a acariciar mi polla, eso se sentía agradable pero también se sentía un poco incorrecto y cuanto más ella la tocaba, más duro se ponía. Yo no podría controlarlo.

    –Usted tiene gusto de lo que le hago. Usted quiere que le chupe esa polla que tan dura esta. –ella pidió.

    –Esto es incorrecto, apenas déjeme ir por favor, esto está mal, usted es mi madre. –Dije yo.

    Su lengua hizo contacto con la extremidad de mi pene, después sus labios me envolvieron y comenzó a chupar y a lamer mi polla ahora más tiesa.

    Ella pudo conseguir con un brazo su vestido y se lo quito. Debajo no tenía nada, estaba desnuda, sus pechos estaban un poco caídos por su edad, pero todavía parecían bastante buenos.

    –Ahora hijo, voy a mover lentamente mi raja en esta posición y usted va a dejar, usted entiende.

    –Madre no haga es por favor, es incorrecto. –yo exclamé, pero era inútil.

    No podía pararla lo que hacía ella lo deseaba siempre y no tenía ninguna intención de parar. Mientras que ella movía su rajita sobre mi polla erguida, esta se iba mojando, de modo mi polla se deslizara con mayor facilidad.

    Experimenté una sensación del placer extremo mezclada con culpabilidad, Cada vez que ella empujaba sobre mi polla mis ojos se posaban en las ondulaciones de sus pechos. El ritmo de sus movimientos me traía cada vez más cerca de acabar, deseaba acabar, pero no con mi madre.

    –Le apuesto que usted tenía una fantasía de coger a su madre cuando era joven. –ella bromeo, a medida que ella continuaba el movimiento hacia arriba y hacia abajo en mi polla.

    La verdad es que yo no, las madres de mis amigos sí, pero mi propia madre no. Pensé en voz baja.

    Ella se inclinó hacia adelante de modo que sus pechos tocaran mi pecho, se sentía caliente contra mi piel, mi mente estaba en una confusión total, mientras que mi pene respondía a sus acciones.

    –Viene encendido, me dice usted que no tiene gusto de mí, que va a hacer cuando es por acabar, por favor estalle dentro de su madre, déjeme sentir su semen al entrar en erupción en mi raja, –ella dijo como si ella fuera una persona enajenada.

    –Me dice cuánto usted está gozando. –ella dijo una vez más.

    –Tengo gusto de esto, me gusta como me coge, yo amo su rajita. –mis propias palabras me traían más cerca del orgasmo, yo me iba venir, yo voy a llenar su concha.

    La palabra final me envió más al borde, diciéndole esto a mi madre hacia incontrolable mi orgasmo, sentí una sensación rara que comenzó en mis bolas, voló a lo largo de mi pene y terminando en mi cerebro como si fueran sacudidas de electricidad. Esto hizo que mi semen se extendiera en su raja, ella también con cada espasmo de mi cuerpo se arqueaba anunciando su propio orgasmo.

    Ella se derrumbó sobre mi cuerpo, cayendo ella trajo los labios hacia los míos y comenzó a besarme apasionadamente, nuestras lenguas se enredaban como amantes, en vez de madre e hijo. El besarnos y la presión de su raja contra mi pene habían comenzado a reaccionar rápidamente. Notando esto, ella me cayó sobre la cama y me dijo:

    –Pienso ahora debe cogerme usted, poner entre las piernas de su madre y montarme, –lo pronuncio como si fuera la cosa más natural del mundo.

    No sé por qué, pero estaba impaciente de satisfacer sus necesidades, así que rodé sobre ella y aspiré sus pezones, primero uno, después el otro. Fui besando para abajo de su cuerpo hasta que alcancé su rajita, yo no podía creer que miraba fijamente hacia la concha de mi madre. Mi lengua pintó alrededor de sus labios hasta encontrar su clítoris. Ella gimió debajo de mí, su cuerpo temblaba, se arqueaba, se notaba que estaba en la gloria mientras su propio hijo la lamía.

    –Cójame hijo, deseo y necesito su verga dentro de mí, deseo ser cogida ahora –ella dijo con impaciencia.

    Levanté mi cuerpo y coloque mi pene a lo largo de su raja, ella empujó hacia arriba y resbalo fácilmente dentro de ella. Montaba a mi madre sin cuidado, cada uno empujó hacia el otro causando esto gemidos muy ruidosos que se escapaban de nuestras bocas.

    –Oh mi dios, me estoy viniendo, cójame más rápido que me viene, ¡oh mi dios! –ella gritó sintiendo su orgasmo atravesar su cuerpo, se vino poco rato después y eso hizo que yo me viniera otra vez salpicando dentro de su concha una vez más.

    Me quedo encima de mi madre. Nuestra respiración lentamente iba poniéndose normal, nuestros cuerpos sudorosos se pegan.

    –Hijo le doy las gracias y siempre que usted desee una cogida apenas tiene que viene verme, usted puede cogerme siempre que desee.

    Salí de su casa, mis sensaciones sobre qué había sucedido era confusas, acababa de tener sexo con mi madre y no me sentía culpable, No sabía si lo que sentía era que estaba impaciente de hacerlo otra vez.

    Pero todo queda ahí. Solo lo hicimos esa vez

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  • Disipé las dudas de mi madre

    Disipé las dudas de mi madre

    Me llamo Chema, y mi mujer ideal, la protagonista de mis fantasías juveniles fue Lola, mi madre, que era muy hermosa y que a sus 40 años, se había quedado viuda, cuidando de mis hermanas Marta de veinte años, Maribel de dieciocho, siendo yo, que tenía diecinueve años, el único varón de la familia.

    Un sábado por la noche en el que ambos nos encontrábamos solos en casa, ya que Marta y Maribel habían ido a pasar el fin de semana a la playa en el apartamento de una amiga; mamá me dijo que deseaba hacerme unas preguntas. Yo quería disfrutar de mis vicios solitarios y por dicha razón estuve un poco hosco con mi madre, cuando me rogó que me quedara con ella en el salón, para ver la tele juntos, porque se sentía algo deprimida y temía la soledad.

    —He leído, Chema, en una revista que en muchas familias se practica el incesto, especialmente entre madre e hijos. A mí ese tema me desagrada, porque me parece algo sucio, pero ¿Qué opinas tú hijo mío?… ¿Estás a favor, o en contra de las relaciones incestuosas? —me preguntó mamá sin rodeos,.

    —Yo quiero confesarte mamá, que estoy a favor del incesto, y es más, me excitó mucho cuando os imagino a Marta, a Maribel o a ti misma desnudas y dispuestas a hacer el amor conmigo.

    —¿Te has vuelto loco, hijo mío? No me explico como un ser normal puede pensar en su madre y en sus hermanas, como vulgares objetos de placer, olvidándose del parentesco filial que les une.

    —Te sorprenderías Lola, si supieras la razón que tiene esa revista que mencionas, al hacer tal aseveración; ya que me consta que hay muchísimos hombres y mujeres que amparados en la intimidad de su hogar y consanguinidad disfrutan de todos los placeres carnales, prohibidos por las entes retrógradas y por los moralistas de pacotilla.

    —Está bien Chema. Yo no quiero discutir contigo sobre lo que está bien o mal en el seno de una familia. Te pregunto… ¿Tú serías capaz de follarme, sabiendo que soy tu madre?

    —La verdad es que lo he deseado muchas veces. Eres una mujer libre, joven, pero madura. Tienes un cuerpo escultural, con unas tetas enormes, un culazo respingón y que sabes mover muy provocativa cuando andas. Tus piernas son impresionantes y no digamos nada de tus muslos.

    —¿No te has fijado en que mi rostro es ovalado?… ¿No te gustan mis ojos color miel, o mi melena larga y castaña?… ¿Acaso no soy tan bonita como me suelen decir los hombres que me cortejan?

    Yo entonces le dije a mi madre, que estaba enamoradísimo de ella; que deseaba ardientemente besar sus labios rojos y carnosos, lamer sus dientes blancos y perfectos como perlas y juntar su lengua con la suya en unos besos de fuego, muy apasionados.

    Cuando ella se echó a llorar al ver el peligroso cariz que estaban tomando los acontecimientos, la abracé y mi esternón se juntó con sus enormes pechos, aplastándoselos, mientras que rodeé su cintura y le oprimí las nalgas carnosas y excitantes. Ella quiso protestar por mi atrevimiento, pero se limitó a abrir la boca y a juntar sus labios a los míos, cuando la besé como un enamorado apasionado.

    Lola sorbió mi aliento y permitió que mi lengua juguetona entrara en su boca, uniéndose a la suya en una excitante caricia prohibida. Solamente entonces comprendió, lo que una mujer ardiente podía sentir en sus pezones y en su vagina, cuando esa corriente de placer indescriptible recorría los cuatro puntos cardinales de su anatomía femenina.

    —Quiero Chema —me dijo mamá— que me ayudes a conocer, ya que eres tan liberal, lo que siente una mujer cuando lo hace con su propio hijo, dejándose llevar por sus instintos y no por la maldita moral que nos convierte en unas hambrientas de polla perpetuas, envejeciéndonos prematuramente ante la falta de estímulos sexuales que padecemos.

    —La primera lección es olvidarse de los prejuicios y practicar en tu casa, al abrigo de miradas extrañas el placer del topless.

    —¿Quieres decir que debo de ir delante de ti, con los senos al aire, como si fuera una camarera de un bar de alterne?

    —Exageras mucho, mamá ¿No has visto cuantas mujeres decentes se quitan la parte superior de su bikini, cuando están en la playa?

    —Yo no podría hacerlo, aunque quisiera, porque tengo mucho busto y parezco una vaca lechera; por lo que estoy segura de que mis pechos más que gusto te darían asco, si los vieras, hijo mío.

    —¿Por qué no me dejas que sea yo el que juzgue al verlos, lo que me parecen?

    Lola venciendo sus prejuicios, decidió quitarse la blusa y luego el enorme sujetador, diseñado para reducirle un par de tallas.

    Cuando los senos enormes de mi madre, que eran como una especie de voluminosas sandías muy redondas, con areolas oscuras y granuladas y apetitosos pezones rosados, estuvieron al alcance de mi boca, yo como un bebé hambriento me incliné sobre uno de los botones erectos del place y lo chupé con deleite, obsequiando a mi madre, con una espectacular mamada, como si quisiera extraer de esas deliciosas esferas femeninas, el néctar lácteo que muchos años atrás fue mi alimento primordial.

    Lola me quiso apartar de sus senos ya que comprendió que no era lógico que se los estuviera mordisqueando, lamiendo sus pezones, areolas, y es que al parecer -como me explicó avergonzada- al acariciarle los globos maternos con tanta habilidad, ella sin poder evitarlo, comenzó a sentir unas humedades desconocidas en su bajo vientre, en la abertura de su feminidad. Cuando continué haciéndole un sinfín de caricias prohibidas, mamá notó una cascada de flujo que brotaba de su interior y que mojaba sus bragas.

    ¡Había sentido un orgasmo!… ¡Y otro!… Sin poder evitarlo gimió y esa exteriorización de sus sensaciones me animó a seguir con mis incursiones a la intimidad de mi madre, levantándole la falda hasta la cintura y cogiéndole la braguita por el elástico, poco después la liberé de dicha prenda.

    La mujer se quedó petrificada, incapaz de reaccionar cuando su vagina, la grieta de su placer estuvo expuesta al aire, sin disimulos y yo posé mis manos con dedos temblorosos, en el bosque de sus pelos púbicos, ensortijados y de color castaño. Luego al encontrar la raja, hundí entre los labios mayores las yemas, tocando con mimo en su parte superior ese botoncito del clítoris, suave y excitado, que logré hacer crecer con mis caricias hasta convertirlo en un pequeño pene, transportando a mi madre al paraíso del placer supremo.

    Ella me pedía que no siguiera recorriendo su lado sexual, pero él al encontrar la entrada de la vagina cálida y húmeda, hundí dos, tres dedos en la misma y Lola gritó mi nombre, atenazando con sus músculos íntimos esos intrusos que la hacían temblar de gusto, aumentando hasta límites insoportables los caldos que brotaban desde el interior de su conejito.

    Cogí enloquecido a mi madre de la mano y la conduje hasta su dormitorio conyugal. Quité el edredón y abriendo el embozo ordené a Lola que se acostase boca arriba y abierta de piernas, mostrándome su flor sexual húmeda y apetitosa.

    Su coño parecía una boca abierta y mojada. Con mi lengua lamí toda la muesca sexual, los rodetes de carne, la cresta de su sexo y el botón erecto de su clítoris, que ensalivé haciéndole vibrar también con la penetración de mi lengua en el interior rosado de su vagina.

    Luego me atreví a seguir lamiendo a mi madre hasta alcanzar la fruncida rosa de su ano, barrenándolo con mi lengua convertida en un cepillo; tratando de penetrar con ese apéndice en la carne blanda de su ranura posterior.

    Del ano volvió a la vagina y tras hincarle de nuevo la lengua en el conejito hambriento, insistió en barrer su botoncito excitado de arriba abajo, rodeándolo con atrevidas caricias linguales, sorbiéndolo sin descanso, para que poco después mi rostros rozase la raja de su culo.

    Cuando Lola había disfrutado de varios orgasmos y yo estaba cansado de beber la melaza de su vulva, me tomé un respiro y disfruté peinando el matorral de su vello púbico, y acariciando los labios mayores rosáceos y entreabiertos que al parecer esperaban la introducción de mi miembro viril erecto en el pasadizo de su chocho.

    Fuera de mí interrumpí de repente la exploración y lamidas a los bajos de mi madre, para quitarme el slip, sacando al exterior mi enorme miembro viril erecto, que Lola asombrada cogió entre sus manos aprisionándolo con gusto, al tiempo que se relamí con picardía esos labios carnosos, rojos y sensuales, que volví de nuevo a besar y a morder, mientras ella me masturbaba rítmicamente.

    Sentí el deseo de ofrecerle a mi madre, ese enorme cilindro de carne, esa verga salvaje y erecta, que ella aceptó, acostándose sumisa sobre mi falo desafiante. No sabía como debía de lamer ese monumento a la virilidad filial, pero aconsejada por mí, lamió la punta del glande morado por la lujuria, humedeciéndomelo con su saliva.

    Acto seguido Lola obedeciéndome, puso los labios en forma circular, para permitir que a través de ese anillo de carne suave entrase el miembro viril a su boca. Fue una penetración grata y pronto el intruso estuvo apoyado en el blando y húmedo lecho de su lengua. Rozando su paladar se pegó a su campanilla, sin importarle a la dama, dada su excitación y goce, el riesgo que corría de atragantarse con la mamada.

    Su lengua traviesa jugueteaba circunvalando mi glande hinchado, mientras que de vez en cuando sus lengüetazos a mi frenillo, me sumían en un estado de locura, ya que esa membrana era muy sensible y la mamona aunque inexperta, resultaba ser muy viciosa.

    Cuando después de esa felación maravillosa estaba a punto de eyacular en la cálida boca de mi madre, el contenido abundante de mis testículos, ella aceleró sus succiones y cerrando los ojos y acariciando la cabeza de esa maravillosa mujer que se había convertido en una magnífica alumna de mis enseñanzas pornográficas, sentí un gran escalofrío que recorrió mi columna vertebral y poco después arrojé en la boca, garganta, en los labios, cuello y hasta en sus pechos, unos cañonazos de leche que salieron en forma de alud incontenible.

    Lola siguió chupándome la verga y gracias a sus cuidados y a mi juventud, ésta pronto creció en el interior de su boca y se convirtió de nuevo en una estaca de carne erecta y desafiante, que yo ansiaba introducir en el chumino materno, logrando ver cumplido, mi viejo sueño de follarla.

    Me subí al fin sobre el vientre de Lola, como un jinete fanfarrón trata de cabalgar a mi yegua. Ella abrió los mulos generosa y se dispuso a recibir en su claustro íntimo mi polla supergrande. Tras colocarle mi aparato genital a la entrada de la vagina materna, con un golpe de riñones conseguí penetrarla totalmente hasta que mis testículos, de nuevo llenos de semen, rozaron su esfínter anal.

    Mi madre colocó excitadísima los pies en mi cuello y al contraer sus músculos vaginales, éstos formaron como una especie de boca hambrienta, que se cerró en torno a mi picha enorme, mientras unas gotas de flujo que brotaban incesantemente de su sexo, humedecieron nuestros muslos.

    Yo la sujetaba por las caderas, y teniéndola empalada, ensartada con mi gran verga, arrecié en mis acometidas follando a esa hembra, que movía su trasero, sus muslos, todo su bajo vientre, como una lavadora en la fase de centrifugado, haciéndome enloquecer de placer.

    Noté al fin que mis testículos se tensaban y pensé que en pocos segundos iba a correrme en el coño de mi madre. No quería dejarla preñada y por ello le pregunté a Lola, si debía o no salirme de su vagina. Ella me rogó, me exigió que no lo hiciera, y al correrse satisfecha entre alaridos de placer, no pudo contenerme y le llené su conejito con unas enormes oleadas de semen.

    Su vientre femenino se puso tenso cuando las primeras descargas de leche, le entraron como una lluvia de virilidad desbordada. Sin sacar el pene del agujero materno noté que de nuevo sentía deseos de follarla y me entregué al acto sexual con todas mis fuerzas, produciéndose de nuevo una descarga abundante y satisfactoria de lefa en el coño materno. Pese a ello Lola quiso seguir jodiendo y acepté encantado el reto. Al concluir el cuarto polvo, exhausto le pedí una tregua a mi partenaire, tratando de recuperar las fuerzas perdidas, en los sucesivos coitos incestuosos.

    Mi madre aprovechó la pausa para ir al baño. Poco después regresó con unos preparados vitamínicos y un tentempié que devoré hambriento. Abrazado a mi madre le acaricié de nuevo sus pechos grandes, redondos y gracias a sus cuidados y dedicación, pronto mi verga fláccida recuperó su vigor y de nuevo deseé follarla a esa mujer a la que tanto quería, y que además de ser mi madre, me había hecho conocer el placer del sexo en su máxima dimensión.

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