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  • Crónicas de X-427 (capítulo 2): Con un ritmo constante

    Crónicas de X-427 (capítulo 2): Con un ritmo constante

    Entrada 4:

    29:03 horas. Hora X-427.

    La noche en X-427 es más silenciosa de lo que esperaba. No hay sonidos de animales, ni siquiera el susurro del viento. Solo el crujido ocasional proveniente de la fauna al mecerse con el viento y el leve zumbido de los generadores del campamento. Es un silencio que te envuelve, como si el planeta estuviera conteniendo la respiración.

    He estado revisando los datos preliminares de las muestras que recolecté. Las estructuras celulares de las plantas son fascinantes. Algunas muestran patrones que no encajan con ningún modelo biológico conocido. Parecen casi… reactivas, como si respondieran a estímulos externos. Kael bromeó diciendo que tal vez las plantas nos están estudiando a nosotros. No le dije que esa idea no me parece tan descabellada tras lo que sucedió con las enredaderas hace unas horas.

    El equipo está disperso alrededor del campamento. Lira está sentada cerca de la fogata (aunque no la necesitamos para el calor, es más por comodidad), revisando los mapas de la zona y metiendo datos en el navegador que lleva en su antebrazo. Kael está ajustando los sensores perimetrales asegurándose que el campamento está asegurado y nada pueda sorprendernos desde el bosque, Jareth está en su tienda, supongo que escribiendo sus propias notas. No he hablado con él desde nuestra última sesión hace un par de días, antes de aterrizar, espero que la situación se mantenga así durante varios días. Los técnicos y la Dra. Sullivan están conversando en voz baja, pero no puedo oír lo que dicen.

    Hay algo en el aire esta noche. No es solo el aroma que noté antes, sino algo más sutil, como una corriente eléctrica que no puedes ver pero que sientes en tu piel. Tal vez sea solo la novedad del lugar, la tensión de estar en un mundo desconocido. O tal vez sea algo más.

    Entrada 5:

    33:40 horas. Hora X-427.

    Acabo de tener una conversación extraña con Lira. Salió de su tienda y se acercó a mí mientras revisaba las muestras. Me preguntó cómo me sentía, si notaba algo inusual. Le dije que no, que todo parecía normal, pero no estoy segura de haberle convencido. Lo último que quiero es transmitir mis inquietudes con el resto del grupo hasta no estar segura de que algo sucede realmente… Además del hecho de que un grupo de personas están desaparecidas en un planeta desconocido.

    Lo que más me llamó la atención fue su mirada. Esa misma mirada calculadora que siempre tiene, pero esta vez había algo más, algo que no pude identificar. Tal vez sea solo mi imaginación.

    Entrada 6:

    02:21 horas. Hora X-427.

    Es tarde, pero no puedo dormir. El silencio es demasiado intenso, y cada vez que cierro los ojos, siento como si estuviera siendo observada… todo el tiempo. He decidido hacer una ronda por el perímetro del campamento, solo para asegurarme de que todo esté en orden.

    Mientras caminaba, noté que las plantas fosforescentes parecen brillar más intensamente cuando me acerco. Es como si reaccionaran a mi presencia. Tomé otra muestra, esta vez de una flor que parece cambiar de color dependiendo del ángulo desde el que la miras. Mañana la analizaré con más detalle.

    La tienda de la Dra. Sullivan, Kael y los dos técnicos (tengo que recordar preguntar sus nombres) parecían estar dormidos tranquila y profundamente en sus respectivas tiendas. Me pregunto si alguno de ellos también percibe lo que Lira y yo hemos sentido en el ambiente de este planeta.

    También noté algo en Lira. Cuando pasé cerca de su tienda, la escuché dando vueltas en su camastro seguido de un sonido rítmico que no supe identificar. “Paf, paf, paf paf”.

    Al igual que yo parece estar teniendo dificultades para conciliar el sueño. Me asomé discretamente por la ventana de su tienda, lo último que necesitaba era asustarla en medio de la noche. Apenas alcance a verla recostada sobre su costado dándome la espalda. Llevaba puesto un tank top de color gris que se le ceñía al cuerpo revelando la musculatura de su espalda y el contorno de sus hombros. Sus piernas estaban ligeramente flexionadas, y sus caderas se movían con un ritmo constante, casi imperceptible, pero persistente. El sonido que había escuchado antes, ese ‘paf, paf, paf’, parecía coincidir con el movimiento de su cuerpo.

    Me quedé quieta, observando desde la ventana de su tienda, tratando de entender lo que estaba viendo. Lira parecía estar durmiendo pero al mismo tiempo intranquila. Su respiración era irregular, entrecortada, y de vez en cuando emitía un suspiro ahogado, como si estuviera luchando contra algo.

    El resplandor tenue de las plantas fosforescentes iluminaba apenas el interior de la tienda, proyectando sombras danzantes sobre las paredes. La luz se deslizaba por la piel de Lira, acentuando cada curva, cada movimiento.

    Por un momento, me pregunté si estaba teniendo una pesadilla o si algo la estaba molestando. Pero entonces, Lira arqueó ligeramente la espalda, los músculos de su espalda se tensaron por la fuerza de aquel espasmo tan cargado de algo que no podía definir, que sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo.

    No podía apartar la mirada. Aunque no entendía completamente lo que estaba viendo, había algo en esa escena que me atraía, me sentía hipnotizada. De pronto comencé a sentir una especie de escozor u hormigueo justo donde mi mano había hecho contacto con la enredadera. El calor fue aumentando gradualmente pero no al punto de ser doloroso. No. Era una sensación agradable, embriagadora. Fue una sensación intensa pero se apagó rápidamente.

    Lira se detuvo por un momento, como si hubiera sentido mi presencia, y yo contuve la respiración, temiendo que me descubriera. Pero luego, con un movimiento lento y deliberado, volvió a arquear la espalda, y sus caderas retomaron ese ritmo constante, ese ‘paf, paf, paf’ que ahora parecía resonar en mi mente.

    Finalmente, me alejé de la ventana, sintiendo un calor inusual en mis mejillas y una inquietud que no podía explicar. Regresé a mi tienda en silencio, pero aquella imagen no dejaba de dar vueltas en mi cabeza.

    Entrada 7:

    06:16 horas. Hora X-427.

    Tras lo que sucedió ayer en la tienda de Lira llegue a acostarme con el corazón acelerado. Apenas pude conciliar el sueño y me siento muy cansada. No sé por qué pero verla en ese estado me causó una fuerte impresión. No puedo sacarme de la cabeza el momento en el que tuvo ese espasmo. Parecía como si… bueno, no importa, seguro son más imaginaciones mías. Intentaré aprovechar un momento del día para preguntarle por su estado, quizá sea conveniente que la Dra. Sullivan la revisé antes de iniciar con la caminata que tenemos por delante.

    Hoy comenzamos nuestra expedición hacia el último punto de contacto del equipo anterior. Las coordenadas indican que estaban cerca de una formación rocosa a unos diez kilómetros al noreste del campamento base. El terreno es irregular, pero no parece imposible de recorrer. Hemos empacado lo esencial: suministros para tres días, equipo de muestreo, armas (por precaución, espero no tengamos que usarlas durante toda la misión) y los dispositivos de comunicación.

    El equipo está alerta, pero no puedo evitar notar una cierta… ansiedad en el aire. No es solo la expectativa de encontrar respuestas, sino algo más. Algo que no puedo definir.

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  • Me masturbo por una vecina

    Me masturbo por una vecina

    No soy de escribir en este tipo de portales, pero hay cosas que uno siempre quiere desahogar y creo que esta es una gran oportunidad. Mi nombre es Eduardo, tengo 28 años, hace ya un tiempo vengo fantaseando con alguien que conozco y que me gusta mucho.

    Se trata de una vecina que trabajaba en la panadería de unos amigos, su nombre es Zulma ella es trozudita, tiene buenos senos y buena cola. Siempre que la veía o me atendía había momentos que me excitaba.

    Una vez la vi con una blusa rosadita escotada, ese día le pedí algo donde tuvo que agacharse y desde donde estaba podía ver sus senos y el brasier que traía puesto de color rojo, me gustó mucho ver como se le veían esos lindas tetas que tiene que por cierto son grandes, no pude aguantar e inmediatamente mi pene se puso erecto.

    Llegué a mi casa a buscarla en Facebook y mirar fotos de ella, saqué mi pene y empecé a masturbarme imaginando cómo sería tenerla en mis brazos desnuda.

    Imaginaba besándole las tetas, metiéndole los dedos mientras tanto en su vagina, seguía tocándome imaginándome esta mujer teniendo sexo conmigo, mi pene estaba totalmente erecto y no dejaba de tocármelo fantaseando con esta mujer.

    Dure más o menos 10 minutos moviendo la mano de arriba abajo mirando más y más fotos imaginando como sería penetrarla en cuatro y en otras poses más hasta que salió un chorro inmenso de semen.

    Así tengo muchas historias que más adelante les contaré donde me he masturbado pensándola, ojalá algún día pueda tenerla y cumplir esa fantasía erótica que tengo con ella.

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  • Profesora particular (9): Mi primera clase a los dos hermanos

    Profesora particular (9): Mi primera clase a los dos hermanos

    Hoy es miércoles y casi son las cinco, así que estoy llegando a casa de Lucas y Juani a dar la primera clase de repaso a sus hijos. Voy vestida como me mandó su padre: una falda muy corta y sin bragas. No entiendo muy bien el porqué. Supongo que, como es un cerdo, lo hace para humillarme. Y seguro que es para excitarse pensando en que doy clase a los chicos sin nada bajo la falda.

    -¡Hola, Esther!

    -¡Qué bien que nos harás repaso!

    -Bueno, me dijo vuestro papá que no estabais sacando buenas notas.

    -Sí, es cierto.

    -Últimamente, no nos van bien los estudios.

    -Qué casualidad que los dos tengáis ahora problemas con las notas y eso.

    -Es que es muy difícil este curso.

    -Sí, el mío también.

    -Pues yo soy la mejor en el máster que estudio.

    -No nos extraña. Eres muy inteligente.

    -¡Y muy guapa! –exclama Jorge mirándome el pecho.

    -¡Sí, muy guapa! –añade Ángel admirando mis muslos. Creo que está intentando verme las bragas. Algo imposible esta tarde- ¡Guapísima!

    -Bueno, gracias, pero eso no tiene nada que ver con mis notas. Va, no miréis tanto y aprovechemos el tiempo. ¡A estudiar!

    Estoy incómoda sin bragas. No me siento porque temo que se me vea todo.

    -Oye, Esther, explícame bien esto, que no acabo de entenderlo –me pide Ángel.

    No puedo evitar acercarme a él e inclinarme un poco. Eso hace que casi él me vea todo el pecho. Pero lo peor es que el descarado de Jorge disimula y se pone detrás de mí para verme las bragas. Claro, lo que me ve es el culo.

    -Esther, pero si… ¡Vas sin bragas!

    -¿Eh? ¡Jorge! ¡No mires!

    -Yo solo quería verte las… ¡Como vas con la falda tan corta!

    -¿Sí? ¿Vas sin bragas? ¡A ver!

    -No, Ángel. Siéntate.

    -¡Sí! –me levanta la falda y me lo ve todo. Por suerte, antes de venir, me depilé bien y no tengo ni un pelo allí abajo.

    -¡A ver, si no os sentáis y estudiáis, yo me voy a ir! -noto que ya me estoy mojando.

    -No, no puedes irte. Papá nos dijo que tienes un acuerdo con él y que, por lo menos, vas a darnos clase durante todo el curso.

    -¿Eso os dijo? Bueno… o sea… pero va ¡a trabajar y a portaros bien! –mis mejillas arden.

    -Sí, sí, profesora. De cinco a siete.

    -No te enfades, Esther.

    -Es solo que, nos ha sorprendido que vengas a dar clases sin bragas y con una minifalda.

    -¡Nos ha gustado!

    -Ya, va, venga –temo que el flujo me resbale por los muslos y ellos se den cuenta– No me miréis debajo de la falda y ya está.

    -Será difícil resistir la tentación.

    -Oye, Esther, si ves que hacemos bien los ejercicios y respondemos bien las preguntas, ¿al final nos vas a enseñar otra vez el culo?

    -¿Sí, y el coño?

    -¿Y las tetas?

    -A ver, chicos, no estoy aquí para eso –lo digo, pero empiezo a dudar de por qué estoy aquí- Aunque da igual, estáis muy perdidos, no hay manera de que en menos de un par de horas lleguéis a entender las lecciones.

    -Nos esforzaremos, Esther.

    -Sí. De verdad.

    -Eso me gusta. Esta es la actitud –aprieto las piernas, pero no puedo evitar que mi vagina empiece a ser una fuente.

    Sorprendentemente, los dos empiezan a comprenderlo todo con facilidad y en menos de media hora ya terminamos con todo lo que tenemos que repasar.

    -Veo que, si os concentráis, no os cuesta nada entender estas lecciones. Muy bien.

    -Y aún no son ni las seis, Esther.

    -Pues yo me voy a ir, porque…

    -No, no, Esther. Un trato es un trato.

    -¿Qué trato? Yo no… o sea…

    -Sí, dijimos que si aprendíamos bien ¡tú nos ibas a enseñar el culo!

    -¡Sí! ¡Y el chocho y las tetas!

    -¡No, yo no dije eso! –me siento ante ellos y, sin darme cuenta, separo algo las piernas para ellos– O sea… me voy a ir.

    -Esther, papá nos dijo que la clase iba a durar hasta las siete.

    -Pero es que ya terminamos –soy consciente de que me ven el sexo empapado.

    -Tú nos debes enseñar hasta la hora de acabar.

    -¿Pero qué queréis que os enseñe? –me abro algo más de piernas y sé que me lo ven todo, incluso mojar algo la silla.

    -¡Todo! ¡Que nos lo enseñes todo! -mira fijamente entre mis piernas.

    -¡Sí, toda tú, Esther! –me devora el pecho con sus ojos.

    -Ay, de verdad que sois… Bueno, venga, porque veo que habéis aprendido muy bien. Pero no podéis tocarme, ¿eh? Que sabéis que tengo novio –la falda se me arremanga hasta las ingles cuando separo todavía más las piernas para brindarles una visión irresistible para cualquier hombre.

    -Vale, sí –con ojos como platos– sin tocarte.

    -Solo mirar –se relame Ángel.

    -¿No peligra que vuestros padres lleguen y me vean…? –sensualmente levanto la falda hasta el ombligo y la vuelvo a bajar enseguida.

    -Mamá siempre llega a partir de las ocho.

    -Y papá, solo los jueves está en casa por la tarde.

    -Ya, bueno, ¡pues va! ¡Mirad, mirad!

    Me desabrocho la blusa y me la quito sensualmente. Sé que el sostén es muy transparente y que deja ver bien los pezones. Me inclino ante los chicos para que me vean bien el escote. Jorge se abalanza para agarrarme los pechos, pero yo me aparto y le hago un gesto de que se siente. Me hace caso y yo le premio bajándome el sostén debajo de los pechos y ofreciéndoselos tomándolos con mis manos.

    Pero me doy la vuelta y me arremango poco a poco la falda hasta la cintura y me inclino para que me vean bien el culo y el chichi empapado. Me contorneo. Cada vez estoy más mojada. Veo que los chicos esconden un gran bulto bajo el pantalón. Aunque me duela, veo que la situación es peligrosa y decido parar.

    -Bueno, ya está. ¡Me lo habéis visto todo! –me bajo la falda y me pongo bien el sostén.

    -No, aún es pronto.

    -Solo son las seis, Esther.

    -¡Pero ya os lo enseñé todo! –me pongo la blusa.

    -A ver, Esther, podrías enseñar a mi hermano a… -dice Jorge.

    -¿Qué?

    -Sabes, él, esos días en la playa… quería… él nunca… con una mujer…

    -Es que es muy joven…

    -Bueno, pero sabes que él deseaba…

    -Metértela por… ya sabes… como mi hermano –reconoce Ángel.

    -Ya, pero, Angelito, si recuerdas… tú no… cuando lo intentaste…

    -Sí, ya, pero, siendo tan buena profesora…

    -Enseñando tan bien…

    -Esther, qué te parece si yo… bueno, si nosotros… para que Ángel…

    -Pero… a ver… yo… o sea…

    -Venga, Ángel, tú, mira… -Jorge se acerca y me acompaña hasta la butaca del cuarto y pone un cojín en el suelo– arrodíllate, Esther, pon los codos en la butaca… ven, Ángel, mira bien, Esther, separa un poco las piernas, sube el culo para que mi hermano te vea tu ano sonrosado… vale… tú misma, separa las nalgas con ambas manos… ¡oh, que guapo tu culo! Ángel, el agujero es muy pequeño ¿verdad?

    -Sí, demasiado. No creo que yo…

    -¡Pero no hay problema, Angelito! –le explico mientras agrando el ano con un par de dedos de cada mano– mira, mira ¿ves?

    -Sí ¡Oh!

    -Y ahora verás, Ángel. Está muy seco, ¿verdad? Pero ¿ves? –Jorge escupe un par de veces con precisión dentro de mi ano y luego lo empapa con el flujo que recoge de mi vagina.

    -¡Ay, me estoy excitando! ¡Mucho! –exclamo en pompa ofreciéndome a los dos muchachos, levantando más el culo para ellos.

    -Ahora, fíjate bien, Ángel.

    Jorge se saca el miembro completamente erecto y me lo introduce muy lentamente.

    -¿Ves? No cuesta nada. Ella tiene el culo muy prieto, pero también muy flexible.

    -Por favor, métemela más adentro. ¡Fóllame el culo!

    -Espera, espera, que Ángel lo vea bien.

    -¡Es que me muero, Jorge! ¡Va! –me acaricio el clítoris y estoy a punto de correrme.

    -Ya, ya, espera, mujer. Mira, Ángel, ya tengo la mitad dentro. Si no la muevo, puedo aguantar sin problema.

    -No aguantes, no. ¡Métemela toda!

    -Espera, hago un poco más de fuerza y… ya… ya… ¡Hasta el fondo! ¡Toda dentro!

    -¡Y le cabe!

    -¡Hum, sí! ¡Y me encanta!

    -Sí ¡y es muy placentero también para mí! Y ahora, la muevo dentro del culo de Esther y a ella le gusta.

    -¡Mucho!

    -Y la saco y la meto, y la meto y la saco. Si controlo, no me corro hasta que yo quiera.

    -¡Córrete, córrete, Jorge, lléname de tu leche caliente! ¡Oh, qué gusto!

    -Si fuera más rápido, no podría aguantar y eyacularía enseguida. Es que Esther tiene un culo muy caliente e irresistible.

    -Sí, sí ¡va! Yo ya… ay… estoy a punto de… -me muero de placer.

    -¿Quieres probar, Ángel? Demuestra que te hemos enseñado bien –le pide a su hermano.

    -Me gustaría, pero es que, estoy muy excitado. No sé si… -se saca el miembro del pantalón y realmente parece a punto de explotar.

    -Mira, ves, yo la saco de golpe y fíjate qué agujero más enorme muestra ahora.

    -¡Métemela, Angelito, va! O tu Jorge ¡por favor! –suplico al notar el ano tan abierto y vacío.

    -¡Yo, yo, voy a probar!

    -Apunta bien tu polla al culo de la profe. Primero introdúcele el glande. Y aprieta un poco.

    -Sí, sí, lo haces muy bien, Ángel. ¡Oh, ah, bestia!

    -¡Se la has endiñado de golpe!

    -¡Oh, cuanto placer, me muero, me muero! –no puedo evitar gritar ante mi orgasmo.

    -¡Yo también, ay, ya, ya me corro dentro de tu culo!

    -¡Sí, sí, llénamelo con tu leche! ¡Oh, qué caliente! -su abundante semen rebosa mi ano y me resbala por la vulva y los muslos– ¡Cuanta leche caliente, Angelito! ¡Fóllame, fóllame bien el culo!

    -¡Sí, te estoy dando porculo, te estoy dando porculo!

    -¡Y me encanta, Angelito!

    -¡Vale vale, aparta, Ángel! ¡Que estoy a punto de explotar!

    -¡No, no, deja que le folle más el culo!

    -¡Jorge, ven, eyacula en mi boca mientras tu hermano me da porculo!

    -No, no, también te quiero llenar el ano con mi lefa. –aparta a su hermano y me encula de golpe.

    -¡Oh! ¡Ah! –vuelvo a correrme con placer– ven, Ángel, métemela en la boca y te la limpio bien de mi culo y aprovecho para saborear tu semen que tanto me agrada.

    -¡Sí, sí, toma! –me folla la boca y noto el sabor de su semen, de su verga y de mi ano.

    Los dos chicos, el mayor de veinte y el menor de dieciocho, me están mucho placer. Jorge tarda aún un poco en eyacular en mi culo y me voy corriendo continuamente mientras chupo y beso la picha de Ángel, que me agarra los pechos y me los acaricia. Jorge tiene varios dedos de una mano en mi vagina y con la otra mano me acaricia el clítoris. Su metisaca es tan placentero que pierdo la noción del tiempo.

    Me sorprende agradablemente cuando Ángel vuelve a estar tan excitado que eyacula de nuevo, ahora en mi boca y también en mi cara. Juego con mi lengua en su glande y el chico grita de placer. Muevo mis caderas y presiono el miembro de Jorge con mi esfínter y por fin él se corre dentro de mí, también chillando de gusto. Yo sigo con mis incontables orgasmos.

    -¡Oh, la puerta!

    -¡Debe ser mamá!

    -¡Niños! Hola, ¿qué tal ha ido la primera clase con Esther?

    -Pero, ¿qué? ¿No me habéis dicho que… hasta las ocho no…? –Jorge saca su pene de mi culo y yo no encuentro el sostén y me pongo la blusa como puedo.

    -¡Profe, es que son las ocho y media! -aclara Ángel metiendo como puede su miembro aún erecto en el pantalón.

    -¿Cómo? ¿Han pasado más de dos horas? -me bajo la falda- ¿Me habéis estado dando porculo más de dos horas? ¡Ah, hola, Juani! Esto… -intento disimular.

    -Esther ¿todavía estás aquí? ¡Hola, bonita! -me da un par de besos y temo que note el sabor del semen de su hijo pequeño en mis mejillas.

    -Mamá, es que hoy, al ser la primera clase…

    -Sí, la profe ha tenido que estar más tiempo para enseñarnos.

    -Ya, pero me sabe mal, Esther. Tú tendrás tus cosas…

    -Bueno, Juani, no te preocupes, me ha gustado enseñar a los chicos.

    -Ya, muchas gracias, eres muy buena profesora particular. Ya nos lo dijo Manuel. Te vamos a pagar una hora más, te lo mereces.

    -No, de verdad que no hace falta, ha sido un placer, o sea…

    -¡Qué amable, hija! Bueno, oye, si quieres puedes quedarte a cenar.

    -Sí, nos encantaría, Esther.

    -Cuando llegue Lucas cenaremos y seguro que él estará contento de que comas con nosotros cuatro.

    -¿Lucas? Ya… no… o sea… ahora sí que debo irme, se ha hecho tarde –intento bajarme la falda para que no se dé cuenta que no llevo nada debajo.

    -Oye, ¿sabes que vas muy guapa?

    -¿Sí? ¿Te gusta, Juani? –espero que no vea que no llevo sostén ni bragas.

    -Tú siempre vistes bien. Tienes mucha clase. Y como eres tan, tan guapa…

    -¡Qué amable! Bueno, yo me voy. ¡Hasta mañana!

    -Oye, si quieres, como hoy te has quedado hasta tan tarde, mañana no vengas.

    -Mamá, sí, ella debe venir.

    -Papá nos dijo que vendrías dos días.

    -Sí, o sea… ya vendré, ya. Lucas dijo que dos días.

    -Vale, pues mañana también a las cinco, ¿verdad?

    -¿A las cinco? No, a las dos y media… Ah, no, no, qué tonta, a las cinco, a las cinco. –ella no sabe que debo acudir a la cita con Lucas mucho antes de las cinco.

    -Chicos, acompañad a Esther a la puerta.

    -Sí, mamá.

    -Oye, Esther, me guardo tu sostén para luego olerlo, lamerlo y masturbarme con él.

    -Oh, ¿lo tienes tú, Jorge? Por favor, devuélvemelo, es que esta blusa es muy…

    -No, no. Voy a lamerlo y chuparlo toda la noche. Espero que sepa a tus tetas.

    -¡Ay, qué malo eres, Jorge!

    -¿Y a mí qué me das, Esther?

    -No puedo darte nada, Angelito. Solo llevo la blusa y la faldita, nada más. Pero a ti te voy a dar un besito –le doy un piquito.

    -Esther, oye, te vamos a confesar una cosa.

    -No, Ángel, que se va a enfadar.

    -En realidad, estamos suspendiendo a propósito.

    -¿Qué?

    -Sí, pensamos que era la única manera de verte.

    -¿Cómo?

    -Cuando volvimos de los días en la playa, te echamos mucho en falta.

    -Y decidimos que fueras nuestra profesora particular.

    -Y a papá le pareció muy, muy bien.

    -Ya… o sea… pero esto no está bien, se lo diré a vuestros padres.

    -¡No, no, por favor, Esther!

    -No les digas nada.

    -Bueno, no sé. Si os portáis tan bien como hoy…

    -Sí, sí, seremos buenos contigo.

    -¿Y cariñosos?

    -Sí, muy cariñosos contigo.

    -¿Me diréis palabras bonitas?

    -¡Sí, sí, y poemas de amor! ¡Ja, ja, ja!

    -Vale, pues si es así, de momento no les diré nada. Y, como veo que, en realidad, no necesitáis de mi ayuda en matemáticas… o sea… si queréis, podemos pasar las dos horas… enseñándonos otras cosas.

    -¡Enseñándonos la tetas!

    -¡Y el culo!

    -¡Y el coño!

    -Sí, vale, lo que queráis, chicos. Pasaremos bien las dos horas.

    -¡Mamándonosla!

    -¡Dándonos el pecho!

    -Sí, sí, ¡follándote el culo!

    -¡Psst, que nos va a oír vuestra madre! Venga, adiós, hasta mañana.

    -¡Adiós, Esther! Mañana la segunda clase.

    -¡Adiós, profe! –me dice Jorge mientras me levanta la falda y me pellizca el culo. Y me gusta.

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  • Los trabajos de Mirtha

    Los trabajos de Mirtha

    Los que sigan mi historia recordaran como mi suegro, un hombre sesentón pero muy bien conservado, padre de once hijos, entre ellos mi marido, y hombre con un cierto éxito en el mundo de los negocios, tras afrontar un intentó de rebelión de sus hijos, motivado por la decisión de su padre de separarse de su madre y juntarse con otra mujer,, los dominó y tomo una drástica decisión emputecer a todas sus nueras, yo fui la primera y me encomendó la misión de ayudarle a hacerlo con el resto de sus nueras, la siguiente fue Mirtha, lo que logramos de una manera muy satisfactoria, y posteriormente con otra de ellas llamada Tina, que a su vez era prima de Mirtha.

    Al día siguiente de que entre mi suegro y yo empedeciéramos a Tina me llegó, por mi móvil, la orden de conectarme al sistema de emisión transmisión que mi suegro había instalado en nuestras casas. Lo hice y la piscina del chale de mi suegro apareció en pantalla, era verano, y tomando el sol, con un diminuto bikini de color de piel de leopardo estaba Mirtha, parecía saber que estaba siendo vista y sonreída de una manera muy especial.

    Al poco de conectarme mi suegro llegó al lugar acompañado, de otro hombre de avanzada edad, mi suegro le dijo:

    -Cristino, te presento a mi nuera Mirtha, la aludida puso su mejor sonrisa, y mi suegro añadió, Mirtha, Cristino es uno de nuestros mejores clientes.

    Cristino miró a Mirtha con ganas, la verdad es que para un viejo sesentón era una verdadera delicia, mi suegro añadió:

    -Vamos a ponernos el bañador para relajarnos un poco esta tarde.

    Loa dos viejos se fueron a cambiarse, en ese momento recibí por mi móvil un mensaje de mi suegro de llamarle cuando volvieran a la piscina, cuando esto sucedió seguí las instrucciones, mi suegro contestó y simulando que hablaba con su secretaria dijo:

    -¿Cómo dices?, al poco añadió ¿No puede esperar?, espero un poco y colgó, después dirigiéndose a sus acompañantes añadió, lo siento ha surgido un problema en la oficina, debo irme, te dejo aquí con mi nuera, y dirigiéndose a esta, la pidió, atiende bien a nuestro invitado, que no le falte de nada.

    -No te preocupes suegrito, dijo Mirtha con voz insinuante, yo me ocupare de que se encuentre muy a gusto.

    Mi suegro abandonó la piscina dejando a Cristino y Mirtha solos, el sentado en una hamaca, ella en el suelo encima de una toalla, el esta se puso a echarse bronceador por su cuerpo, Cristino la miraba como un niño a una tarta, y al poco la preguntó:

    -¿Quieres que te apliqué el bronceador yo?

    Si eso no es molestia me encantaría dijo Mirtha muy insinuante.

    -Por mi encantado, dijo él y se puso a pasar el bronceador por todo el cuerpo de ella.

    Se le notaba que estaba excitado y tras acariciar de forma detenida el cuerpo de ella, la sugirió:

    -¿Por qué no te quitas el bikini y así no te quedan marcas?, no te preocupes por mi será como su viera a mi hija.

    -Si no te importa, papi, dijo Mirtha de forma muy sensual, pero a condición de que tú te quites el tuyo también para estar en las mismas condiciones.

    Él se quedó sorprendido, pero accedió y su polla que ya estaba bien dura quedó al aire, estando los dos desnudos Mirtha dijo:

    -Papaíto me gustaría sentarme en tus rodillas.

    Y sin esperar la respuesta del interpelado se sentó encima de sus rodillas, le pasó los brazos por el cuello dejando sus tetas cerca de su boca mientras él llevaba sus manos al culo de ella y comenzó a acariciarlo, hasta que Mirtha dijo:

    -Papi ¿Quieres que tu niña te aplique el bronceador a ti?

    Cristino debía de estar alucinando, por supuesto aceptó l propuesta y ella se puso a untarle el bronceador de una manera muy lenta por todo su cuerpo, primero con él de espaldas, cuando llegó a su culo, se entretuvo acariciándolo, y le dijo:

    -Tienes un culo precioso, muchas mujeres se volverán locas por él

    Y le dio un besito en su trasero, después siguió dándole bronceador, y cuando terminó, le pidió que se diera la vuelta, lo hizo y se veía que su polla estaba bien dura, él dijo:

    -Hija supongo que para una mujer como tu un viejales como yo debe resultarle feo.

    Ella le estrechó contra su cuerpo y beso su calva mientras le respondía:

    -Para nada papaíto, se te ve sexy, estas para follarte.

    Siguió bronceando su cuerpo hasta que llegó a su polla, entonces fingiendo sorpresa, dijo:

    -Menuda polla tienes papi, igual vamos a lubricarla de otra manera,

    Sacó su lengua y comenzó a lamer sus testículos, él se puso a gemir, al poco rato ella subió su cabeza y empezó a lamer su polla, ella dijo:

    -Vaya papi tienes una buena herramienta, y está muy viva.

    Se la siguió chupando hasta que la consideró preparada, entonces se la sacó de la boca, la cogió con una mano mientras su boca iba subiendo por el pecho de Cristino hasta que llegó a su boa y ambos se fundieron en un beso apasionado, después ella dijo:

    -Quiero follar contigo, papaíto.

    Con su mano seguía masajeando la polla del viejo, pero se movió hasta ponerse encima de él, dándole la espalda, fu bajando hasta restregar su culo contra la polla de Cristino, y así la tuvo un buen rato, después utilizando su mano la encajó con su coño y se la metió hasta dentro y se puso a cabalgarle.

    En ese momento yo no pude aguantarme las ganas y tuve que alzarme el vestido y apartarme el tanga para introducir varios de mis dedos dentro de mi coño, mientras seguía disfrutando del espectáculo.

    Mientras Mirtha seguía cabalgando a Cristino, que lo estaba pasando muy bien y dijo:

    -Cariño créeme que ninguna de las putas caras con las que me lo hago me da tanto placer como tú, y luego añadió, debes de estar muy cansada en esa postura, túmbate a mi lado, de costado.

    Mirtha por supuesto le complació, los dos se pusieron en la hamaca uno al lado del otro, ella daba la espalda a él que tenía su polla al lado de culo de la chica. Y desde esa postura se la volvió a meter en el coño y, de lado se puso a cabalgarla, no se si fue por la forma física, o porque el cuerpo de mi cuñada se lo merecía, el viejo comenzó a moverse con mucha agilidad y en esa postura siguió follándosela durante un buen rato hasta que él dijo:

    -Cariño quiero hacerte algo muy especial, algo que no hago con mis damas de compañía, déjame comerte el coño.

    Ella muy obediente cambio de postura se volvió a colocar tumbaba encima de él, tras estirar la hamaca, y se puso con su coño al alcance de la boca de Cristino, mientras acercaba su boca a la polla del viejo y se puso a chuparla, de esta manera esta pareja tan particular comenzó un delicioso sesentainueve ella chupaba la polla de él con ganas y gran maestría, y a él se le notaba que le encantaba el sabor del coño de mi cuñada, los sonidos de placer de ambos resonaban en la pantalla y me ponían muy caliente, no podía dejar de masturbarme.

    Al rato el viejo tuvo un nuevo capricho y le pidió a ella:

    -Mi amor si a ti no te da asco, o te duele, me encantaría follarte por el culo.

    Tranquilo cariño, mi marido me lo hacía antes, así que estoy acostumbrada, pero ahora no quiere, estaré encantada de hacerlo contigo.

    Y levantándose de la hamaca se puso a cuatro patas sobre el césped, y el viejo, de rodillas la penetró.

    -Que culo tan delicioso tienes, dijo mientras la penetraba.

    -Me lo haces muy bien, dijo ella entre gemidos.

    Y el viejo siguió penetrándola hasta que se corrió, cuando lo hizo la dijo:

    -Dile a tu suegro que seguiremos haciendo negocios, y enfatizo, mientras su seas su representante.

    En ese momento la transmisión se cortó.

    Dos días después recibí otro aviso para conectarme al sistema de emisión, esta vez lo que apareció fue el salón de la casa de Mirtha, al momento entro está acompañada de Manuel, recordemos que es el hermano de su marido, pero además, y primero, había sido el marido de Tina su prima, nada más entrar Mirtha rodeo a su acompañante por el cuello y dijo:

    -Que bueno estas, primito, mi prima se quedó con el más buenorro de los hermanos.

    Y llevando sus labios a la boca de él le dio un morreo de campeonato, después se arrodilló ante él, y le bajo los pantalones y el short, dejando libre su polla, ella la agarró con la mano y dijo:

    -Menudo pollón tienes primito, definitivamente mi prima se quedó con el mejor de los hermanos.

    Y diciendo esto se metió la polla en su boca y comenzó a mamársela, los gestos de él demostraban que estaba en la gloria, sus gemidos eran intensos, mientras la prima de su mujer se la estaba chupando con mucha ansia. Estuvieron así hasta que él la ventó del suelo y la depositó sobre la mesa del salón, después la alzó el vestido, era de color rosa, descubrió que ella no llevaba bragas y apartándola las piernas se disponía a metérsela, pero ella dijo:

    -Primito, ponte un condón.

    Se notaba que él tenía ganas, y sin duda la petición de ella le suponía una contrariedad, pero ella dijo:

    -Tengo un paquete en el cajón de aquel mueble, los compre cuando me llamaste que venías a traer los documentos de tu papa.

    Él fue hasta el sitio que le había indicado Mirtha, abrió el cajón y sacó el paquete.

    -¿Pero el capullo de mi hermano no se dará cuenta?, preguntó.

    -Tranquilo cuñado, dijo ella, estos son solo para ti, él ni sabe que existen

    Él se puso el condón y acercándose a ella le clavó la polla en el coño, ella al sentirla, entre gritos de placer, comenzó a decir:

    -Que bien la metes primo, no sabes el gusto que me da tener tu polla dentro de mi coño, sigue.

    Él la estuvo cabalgando varios minutos, se notaba que los dos lo estaban pasando muy bien, Manuel se acercó a su cuñada, quería besarla intensamente, mientras con sus manos acariciaba las tetas de ella, Mirtha le recibió encantada y los dos se fusionaron en un gran beso, ella le puso un pie sobre el hombro para facilitar la penetración. Después a la que se separaron los labios dijo:

    -Follas muy bien, cuñada.

    -Te equivocaste de prima, jajaja, contestó ella.

    Y así volvieron a estar un rato, hasta que ella dijo:

    -Primo follas mi bien, pero creo que estas cansado. ¿Qué tal si te tumbas a mi lado y lo hacemos de lado?

    Él se puso a la espalda de ella, y Mirtha puso sus piernas en una postura de noventa grados, así que su coño quedó al alcance de la polla de Manuel que se la volvió a meter, de nuevo los gemidos de los dos se hicieron muy intensos, hasta que de nuevo ella dijo:

    -Primito, esto es delicioso, pero me gustaría ser yo quien llevará el ritmo, al menos un rato.

    Él se giró y quedó tumbado encima de la mesa, ella se puso de rodillas encima de él e introdujo la polla de su cuñado dentro de su coño y comenzó a moverse a un ritmo que a este parecía encantarle y dijo:

    -Primita, eres una folladora de primera.

    -¿Mejor que mi prima?, preguntó ella, riéndose.

    -Mucho mejor, dijo él.

    Ella siguió moviéndose de una manera que se notaba que su acompañante estaba disfrutando al máximo.

    Para mi esta escena estaba siendo alucinante como ya se estaba convirtiendo en costumbre, cada vez que veía una escena de este tipo no podía dejar de llevar mis manos a mi coño y masturbarme, lo que me provocaba unos orgasmos muy intensos, ¿Me estaría haciendo voyeur?

    Ellos ajenos a mis deseos se seguían dando placer mutuamente, él la acariciaba con una de sus manos las tetas, que de otro lado debían de recordarle mucho a las de su mujer. La otra la tenía puesta sobre su trasero y también se lo acariciaba, hasta que ella dijo:

    -Me encantaría cambiar de postura.

    Se giro y siguió cabalgándole, pero ahora de espaldas a su cabeza, lo que me permitía a él contemplar su culo. Y Así siguieron hasta que él dijo_

    -Quero seguir follandote mucho tiempo más prima, pero la mesa esta un poco dura, ¿Te animarías a hacerlo de lie, prima?

    -Que morboso eres, primo, dijo ella.

    Los dos se levantaron de la mesa, ella apoyó una de las manos sobre esta, mientras su cuñado alzaba la pierna contraria de ella, y alzándola un poco volvió a introducir su polla en el interior de ella, nuevamente los gemidos de ambos se intensificaron, yo no sé como no se estaba corriendo los dos, bueno ella debía de estar teniendo varios orgasmos dada la expresión de su cara, en un momento dado , el llevó la pierna de ella encima de la mesa, además de un buen espectáculo de folleteo estaba siendo un buen espectáculo de acrobacias, jajaja.

    Mirtha debía de estar disfrutando a tope, pero sin duda notaba que algo le faltaba, así que entre gemidos le dijo a su cuñado:

    -¿Primo te apetece metérmela por el culo?

    Él pareció alucinar, sin duda su cuñada tenía un trasero precioso, aunque no demasiado grande, así que aceptó la oferta, ella se subió a la mesa y se puso sobre ella a cuatro patas, su cuñado se subió, también, a la mesa y se puso de rodillas detrás de ella, y luego de un golpe se la metió, ella dijo:

    -Esto es maravilloso primito, tu polla me está volviendo loca.

    La cara de él demostraba que también estaba disfrutando muchísimo:

    -¿Mi hermano también tela mete por el culo encima de la mesa?, preguntó él

    Ella se rio y dijo:

    -Para nada cuñado, solo follamos en la cama y con la luz apagada.

    Él siguió atacando el culo de ella, se notaba que los dos seguían disfrutando a tope, hasta que Manuel dijo:

    -Prima me corro.

    Ella le pidió que se saliera y se bajara de la mesa, el obedeció, en ese momento Mirtha se arrodilló ante su cuñado y le quitó el condón que llevaba puesto y volvió a chupársela con verdadera ansia hasta que él la dijo:

    -Prima no puedo más.

    Ella se la sacó de la boca y en ese momento parte del semen Manuel cayó en la boca de su cuñada y otra parte sobre sus pechos. Y en ese momento se cortó la transmisión.

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  • Venganza en el gimnasio

    Venganza en el gimnasio

    El sábado por la tarde mi mujer y yo fuimos al gimnasio como de costumbre, habíamos cogido la ropa de deporte y los bañadores para poder hacer piscina después, el caso es que estábamos haciendo la rutina de siempre cuando vi a dos tíos que no paraban de examinar a mi mujer, y no me extraña, con esas mallas ajustadas que llevaba estaba muy apetecible; su hermoso culo quedaba bien dibujado y la raja del coñito bien marcada también, como les pasa a todas las mujeres que se ponen ese tipo de ropa.

    Total que eso me cabreó, y encima la pillé mirándolos, no obstante intenté tranquilizarme, pero la gota que colmó el vaso fue cuando llegó aquel día el nuevo profesor de fitness, como todos los profesores se dedicaba a corregir las malas posturas que hacían los clientes con las máquinas, pero es que este iba todo el rato a por mi mujer; riendo con ella y preguntándole cosas que no le importaban, Laura “para variar” se puso a coquetear y yo pillé una mala leche del copón, hasta que pasada una hora discutí con ella a base de frases sarcásticas.

    Me enojé tanto que le dije que me marchaba sin hacer piscina ni terminar las tablas, ella me contestó que había venido al gimnasio a hacer gimnasia y si quería irme que me fuera solo, ¡por mis cojones que lo hice!

    Y la dejé allí plantada, pero ella siguió como si nada, estaba enfadada y pensó en darle más cuerda a sus admiradores para vengarse de mí. Sudorosa, sus pechos se le marcaron aún más y cuando notaba que la miraban hacía los ejercicios de manera más sensual, incluso repitió en algunas máquinas, como en la de tumbarse boca abajo y levantar pesas con la parte trasera de los tobillos, esto era mayormente para los gemelos, pero ella arqueaba ligeramente la espalda para poner su precioso trasero más en pompa, a los tíos aquello le moló casi se les salían los ojos.

    Habían pasado más de veinte minutos desde que acabó con sus tablas cuando decidió ir a la piscina, no sin antes, claro está, expresar sus pensamientos en voz alta.

    -¡Y ahora, a la piscina!

    Los dos tíos se miraron, ellos también habían acabado las tablas hacia rato, la siguieron por el pasillo muy de cerca, uno estaba casi pegado a su culo, el otro hizo ademán de tocárselo como broma, Laura que no era tonta sabía que le pisaban los talones, y rápidamente se paró en seco como si fuera a atarse las zapatillas de deporte, el tipo que tenía detrás no le dio tiempo a frenar y la golpeó con su entre pierna en toda la raja, mi mujer casi se cae hacia delante de no ser por los rápidos reflejos del culpable del impacto, que la cogió por las caderas y la atrajo hacia sí volviéndola a golpear con el paquete, la bella dama se incorporó tranquilamente y girando la mitad de su cuerpo –ya que él todavía la sujetaba– le dijo casi pegada a su cara:

    -¡UY, que tonta soy!, lo siento es culpa mía.

    -No he sido yo, no miraba hacia delante.

    -¿Y qué mirabas?

    Sonriendo le dio un golpecito con el culo para liberarse de él y fue a los vestuarios a cambiarse.

    Cuando entró en la piscina, los dos tíos ya la estaban esperando, se estaban dando una ducha en las que había en frente de la piscina para mojarse el cuerpo y quitarse el sudor, ella pudo ducharse en la otra punta, pero no, eligió la ducha que había entre los dos, y mientras se mojaba se abría y ajustaba el bañador dando un pequeño espectáculo de la hermosa vista que tenía su cuerpo.

    Laura cogió una calle y los dos chicos se pusieron en la de al lado que era la única que quedaba libre, después de un rato efectuando los ejercicios náuticos, mi mujer prosiguió con el juego, allí todo el mundo llevaba gafas para bucear y se le ocurrió nadar con un tirante del bañador totalmente bajado, justo el tirante del lado de los chicos, estos alucinaron al verla nadar con un pecho fuera y la siguieron buceando como pudieron para no perder detalle.

    Antes de llegar a la otra punta se puso bien el bañador para que nadie la viera, los chicos tuvieron que darse un respiro antes de proseguir, dándole tiempo a ella a cruzar a nado media piscina, volvieron a seguirla pero ella ya había llegado a la otra punta, cual grande fue su sorpresa cuando al acercarse bajo el agua contemplaron como se había apartado el bañador para poner a la vista su mojado conejito, los chicos tiesos y calientes ya no podían nadar más y se les iluminó el cielo cuando vieron a aparecer a un par de viejos que eligieron el carril de mi esposa, ella tan atenta les dejó el carril y se pasó al de los chicos, estos tramaron un plan y se pusieron cada una en una punta, Laura saludó a uno mientras su compañero nadaba hasta su posición.

    -Hola.

    -Hola, nada tú que nosotros estamos algo cansados.

    -Vale, os gusta la gimnasia ¿he?

    -Si

    -Yo también y hago toda clase de gimnasia.

    Dijo guiñándole el ojo para después salir nadando, estaba llegando a la otra punta cuando el chico que había ahí apostado sacó su polla por encima del bañador, mi mujer al ver aquella tranca buceó el último tramo y cuando llegó hasta él se metió su polla en la boca para darle un chupetón, el chico sonrió a su compañero para demostrarle que el plan había funcionado.

    Cuando Laura se dirigió al otro lado el otro chico ya la estaba esperando, a este también se la chupó, pero cuando salió de espaldas a él volvió a apartarse el bañador y se metió su polla en el coñito, saltando tres o cuatro veces como si quisiera coger impulso volvió a nadar hacia el otro lado, de nuevo chupó la polla de este pero esta vez salió del agua diciendo que se iba al jacuzzi.

    Habían dos uno al lado del otro, uno para hombres y otro para mujeres, al lado de cada la respectiva sauna, allí permanecieron los tres diez minutos, hasta que uno se levantó y metiéndose en la sauna le dijo al otro, –No hay nadie –su compañero entro tras él, desde dentro se veía el exterior pero desde fuera no se veía el interior, miraron como mi mujer se levantaba y esperaba a que nadie la viera para poder entrar, al hacerlo los tíos se lanzaron a ella como depredadores, obligándola a ponerse a cuatro patas, uno se la puso en la boca la cual ella abrió para tragarse aquella tranca, el otro le apartó el bañador y se la metió de un empujón, así estuvieron un rato disfrutando de ella hasta que ella se levantó y les dijo:

    -Aquí es muy arriesgado, si queréis que sigamos haciendo la gimnasia que me gusta, mirar que no haya nadie en los vestuarios y nos ducharemos juntos en las individuales mientras hacemos gimnasia.

    -¡Vamos, vamos!

    Apresurándose vigilaron los vestuarios, gracias a dios era tarde y no había casi nadie, a la primera oportunidad la hicieron entrar y cuando cerraron la puerta de la ducha le bajaron el bañador hasta los tobillos, ella cogió al primero que pilló y le masturbó mientras lo besaba, el otro le abrió las nalgas y empujando con fuerza se la metió en el culo, a lo que Laura se giró sonriente y dijo:

    -Por ahí duele, dale al agua para que entre bien.

    Así lo hizo, luego entre los dos la abrieron de piernas en el aire para que el que estaba delante se la pudiera meter por el coño, que polvo tan divino mi mujer en volandas siendo follada por los dos agujeros y con el agua cayendo por todo su cuerpo, de vez en cuando giraba la cabeza para dar su lengua al que tenía detrás, entre morreos dijo:

    -Vamos chicos, me encanta esta gimnasia, dadme lo que me merezco correos dentro, correos dentro que me lo he ganado.

    -¡Aaasí, asíii –gritaba mi mujer mientras consumía su venganza– muy bieeen, todo dentro dentro!

    Laura miró antes de salir y vio a un hombre algo mayor, le dio igual, salió con todo su descaro, este se quedó embobado y ella se paró delante de él para exhibirse, se tocó los pechos luego dio la vuelta y se inclinó para ofrecerle la mejor vista de todo su sexo antes de irse.

    Al salir no encontró a sus amigos, pero al pasar por el parking del gimnasio una voz le pidió que lo ayudara, no vio quien era hasta que entre coche y coche se topó con el viejo de los vestuarios, agarrándola por la espalda la inclinó sobre el capó de un coche, con una mano le sujetaba la espalda para que no se levantara y con la otra le subió la minifalda y le arrancó el tanga de un tirón.

    -No te muevas -Dijo sacando su viejo mástil, y ensartándola con este.

    -No me moveré si esto es lo que quieres, ¡Dios! ¿Eso es tu polla?, ¡que gusto me da abuelito!

    -Estabas deseando mi polla eh nietecita.

    -Si, soy tu nietecita, fóllame abuelito, soy una nietecita muy puta.

    -¿Quieres mi polla nietecita?

    -Si, la quiero y también tu leche.

    -¿Y si te la derramo dentro?

    -Síii, como a tu nietecita le gusta.

    -tómala, tómalaaa

    -Dámela toda abuelito, asíii

    Cuando Laura llegó a casa y le abrí la puerta lo primero que hizo fue subirse la minifalda y enseñarme el tanga roto diciéndome que se había vengado, yo la empuje contra la puerta con la intención de follarla allí mismo, pero ella abrió la puerta y salió al rellano donde me esperaba, al acercarme se me subió encima de un salto, la apoyé contra la pared y se la metí.

    -Aquí si, en el rellano es más divertido, sabes, he hecho gimnasia de esta con dos chicos en las duchas y luego con un vejete en los vestuarios, él me decía nietecita y yo le decía abuelito mientras se corría dentro, si lo veo le invitaré a casa para que veas como se la chupo.

    Y así fue como mi mujer se vengó de mí, desde entonces intento no darle motivos para que se enfade conmigo.

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  • El marido de una amiga quería besarme

    El marido de una amiga quería besarme

    Hace un día de primavera, es media tarde, voy por la calle y me encuentro de frente con un amigo, es un hombre alto al que conozco hace tiempo y con el que me llevo muy bien, nos alegra encontrarnos y decidimos tomar un café, los dos estamos casados, pero no hay nada malo en el hecho de que nos apetezca tomar algo juntos.

    Vamos charlando animadamente hasta una cafetería cercana, una vez dentro curiosamente ninguno de los dos pide café, él toma un vino y yo una coca cola, me gusta su forma de hablar, me gusta escuchar sus historias, me siento cómoda con él.

    Hablamos, bromeamos y sonreímos, es evidente que estamos a gusto los dos, le miro mientras me habla de su hipertensión, y de lo guapa que es su doctora, mi pulso se acelera, me gusta su boca, me llama, me incita, no puedo apartar mis ojos de ella.

    Intento controlarme mientras le digo que el tiempo vuela, y se nos está empezando a hacer tarde, él paga las consumiciones y salimos de la cafetería, fuera la tarde es cálida, agradable, invita a pasear, no quiero que se acabe nuestro encuentro, y de repente le oigo decir… “Estoy teniendo pensamientos impuros”… me excita que me lo diga, y pícaramente le pregunto… “¿Cuáles?”… deseando que sean los mismos que yo tengo, me muero de ganas de besarle, y él dice… “Me muero de ganas de besarte” adivinando mis pensamientos, yo añado… “Pues tenemos un problema porque a mí me sucede lo mismo”.

    El silencio se apodera de nosotros, caminamos juntos, pero separados por la calle, desandando el camino que andamos para ir a la cafetería, al pasar junto a una tapia él vuelve a decirme… “Quiero besarte María” y yo le digo dando la vuelta a la tapia… “Ven aquí detrás que te coma esa boca”.

    Él no se hace de rogar, rápidamente da la vuelta, me abraza y me aprieta contra la pared, al mismo tiempo que me besa, con un beso apasionado, salvaje, furioso, me sorprende la rabia y la fuerza de su beso, ambos llevamos mucho tiempo deseando hacerlo y hoy hemos dado alas a nuestras ansias, somos como dos adolescentes que a escondidas se devoran a besos.

    Las lenguas se enredan, se retuercen, exploran ávidas todos los rincones de nuestras bocas, desatascan nuestras gargantas, bailan la una con la otra en un danza perversa, una danza que hace que nuestros deseos aumenten.

    Su cuerpo me tiene prisionera contra la pared, enseguida noto su excitación al sentir sobre mi vientre, su miembro firme, mis manos acarician su espalda y mis uñas le arañan a través de la fina tela de su camisa, ese gesto le enloquece más aún y ronronea como un tigre dispuesto a atacar, me provoca saberle tan excitado, y mi mano vuela a su entrepierna, para acrecentar su erección, su sexo caliente y duro me vuelve loca, sus manos me acarician los pezones, que reaccionan poniéndose tiesos, mi pecho jadea de una manera atropellada, sin control, mi mente ya no razona, solo deseo sentirle dentro, llenándome por completo, embistiéndome con la misma fuerza y la misma pasión con que me besa, y es entonces… en ese momento… cuando sonó el despertador.

    Abrí los ojos mientras me besaba y observé con estupor, que desde un edificio cercano nos observaban descaradamente un par de chicos jóvenes, como pude me separé de él y le dije… “Tenemos público, será mejor que nos vayamos, ¿me acompañas a casa?” a él le costó separarse de mí, pero asintió con la cabeza y me dijo resignadamente… “Será lo mejor”.

    Dimos la vuelta a la tapia, y nos dirigimos a su coche, al ponerlo en marcha su mano rozó intencionadamente mi muslo, mientras me guiñaba el ojo con picardía y me lanzaba una sonrisa diabólica, fue en ese instante cuando lo supe, supe que le invitaría a subir a mi casa con cualquier excusa.

    En el trayecto sopesé la pequeña posibilidad de que él se negara a subir, pero cuando recordé sus besos, sus manos, su lengua, deseché rápidamente esa opción, además me dio tiempo a encontrar la excusa perfecta, devolverle el cd que me había prestado unos días antes.

    Llegamos y detuvo su coche muy cerca de mi casa, sin estacionarlo, esperando que yo me bajara, yo le dije… “Aparca y sube conmigo, tienes que recoger tu cd” él me miró con los ojos ligeramente entrecerrados, mientras en su subconsciente analizaba la situación, después de unos segundos interminables añadió… “¿Tú sabes lo que me estás pidiendo?… ¿Estás segura?”… yo le mire de frente, abiertamente, al tiempo que le decía con absoluta franqueza… “Segura no, segurísima”.

    Él aparcó el coche, bajamos y nos dirigimos hacia mi casa, una vez allí le conduje al salón, donde están todos los cd’s, puse música y le pregunté si le apetecía tomar algo, me excitó que me dijera… “Si, a ti”

    A pesar de mi aparente seguridad en mi misma, temía el momento de que me desnudara… me asustaba pensar que mi ropa interior (de un blanco virginal) no le gustara, me sentía un poco infantil, y me recriminé por no haberme puesto el sexy conjunto negro, pero… sorprendentemente… cuando descubrió mi tanga y mi corpiño blanco, sus ojos se iluminaron con un brillo perverso, la verdad es que me sentaba muy bien, se ceñía a mi cintura y envolvía mis caderas, con delicadeza, como un guante de seda, además al ser tan blanco, destacaba el tono moreno de color miel que tiene mi piel.

    Al verle tan entusiasmado con mi aspecto le mentí diciéndole con picardía que me había vestido así para él, y me encantó su respuesta, acercándose a mi oído me dijo susurrando… “Aunque seas una mentirosa es un placer para mis ojos verte vestida así, y será un placer para mis manos, desnudarte” yo… ronroneando… me apreté más a él.

    Sus manos volaron sobre mí, dibujando caricias por todo mi cuerpo, sus labios besaron todos y cada uno de los poros de mi piel, su sexo duro y desafiante se acercó buscando el mío, mis piernas abrazaron su cintura deseando atraparlo, deseando sentirlo dentro.

    Él se introdujo en mi cuerpo con mucha lentitud, llenándome por completo, marcando un ritmo extremadamente lento, mis caderas le seguían al compás, nos movíamos despacio, con calma, disfrutando de cada entrada y cada salida, bebiendo placer, comiéndonos a besos largos y húmedos, devorándonos a besos ardientes que inflamaban nuestro deseo, arrancándonos jadeos, aumentando nuestros gemidos, multiplicando nuestras embestidas, haciéndonos alcanzar al fin, un orgasmo interminable y salvaje.

    Al acabar no se movió, se quedó dentro de mí, regalándome besos y caricias repletas de ternura, por supuesto yo también le regalé palabras de amor, de una infinita dulzura…

    Lo pasamos tan maravillosamente bien, que se olvidó de llevarse el cd, es una lástima… tendrá que volver otro día…

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  • De esposa modélica fiel a puta sin remedio (4)

    De esposa modélica fiel a puta sin remedio (4)

    Como ya visteis en mi último relato, Eva, mi esposa, se había convertido en una mujer nueva. Una mujer con una mente terriblemente calenturienta y que siempre estaba pensando las mil y una para poner cachondos a sus amigos. No le hacía falta hacer mucha cosa, ya que como ya os expliqué, Eva tiene un cuerpazo hecho para follar, y una cara de chica inocente que le da un morbazo tremendo. Además, cuando está inspirada no tiene ningún reparo en salir a la calle vestida como una putita.

    Es más, yo creo que le encanta que la vean así y que la deseen, porque cada día tengo más claro lo que busca: disfrutar a tope con quien le dé la gana, y sobre todo que le metan una buena tranca en cada uno de sus agujeros y la dejen bien a gusto, al fin y al cabo, es lo que se merece después de estar trabajando todo el día. Puede sonar grosero, pero es así como piensa Eva, que, aunque es una mujer culta, educada, y guapísima no renuncia ni mucho menos a realizar sus sueños más profundos, que por la razón que sea son básicamente uno: ser una buena puta.

    Debido a que tenemos hijos, ella no tenía mucho tiempo para salir, por lo que tenía muy pocas oportunidades de contactar físicamente con los chicos que conocía por internet. Últimamente contactaba con uno que la ponía muy cachonda con las conversaciones y las fotos que se intercambiaban a través del chat. Se llamaba Juan, y yo mismo también había hablado a veces con él, y me daba la impresión de que era un buen tío, y que sobre todo quería amistad (yo es que soy un poco inocente a veces…).

    Pero también me daba la impresión de que en sus conversaciones con Eva se ponían a tope de calientes y muchas veces hablaban por internet o incluso por teléfono sin que yo estuviera presente. Conozco muy bien a Eva, y sabía que la muy golfa tenía unas ganas tan grandes de quedar con él que iba siempre como una gatita en celo. Una gatita necesitada de que alguien la calmara. Yo así lo intentaba, pero no podía. La verdad es que a la hora de hacer el amor Eva es una máquina y tengo que reconocer que me supera.

    Yo sabía que ella necesitaba más, y más. Y que haría lo que fuera para conseguirlo. Su estrategia estaba perfectamente estudiada. Ella no paraba de provocarme para que yo siempre fuera empalmado, y de esa manera no pudiera negarle nada si algún día se le ocurría hacer alguna de sus travesuras. Sabe muy bien como hacer que yo vaya como una moto todo el día y toda la noche. En varias ocasiones me hizo jugadas como las que seguidamente os explico. Eva y yo nos fuimos normalmente a dormir a nuestra cama, como muchos otros días.

    Pero cuando llevábamos algunos minutos en la cama me cogió la polla como quien no quiere la cosa. La iba moviendo haciendo ver que estaba medio dormida hasta que me la ponía dura como una piedra, cuando yo ya estaba cardíaco y empezaba a suspirar ella se detenía, y la muy guarra se hacía la dormida, aunque yo me moviera para indicarle que deseaba seguir con aquello.

    Luego, pasaba un rato bien quietecita como si tuviera un sueño bien profundo, pero si veía que mi polla se aflojaba un poco la volvía a apretar y a mover para que la tuviera siempre a punto de explotar. Me tenía así horas, hasta que ella se dormía de verdad y yo podía liberarme de su mano, y quedarme con las ganas, era como una dulce tortura.

    Muchas veces, después de noches así, yo me iba al trabajo pensando en follármela al volver a casa. Pero al mediodía yo tenía el tiempo justo para comer, así que ella esperaba el momento en el que yo ya tenía que vestirme para volver al trabajo para ponerse en plan cachonda y darme algunos morreos. Después me tocaba un poco por encima del pantalón y me acompañaba a la habitación donde yo me ponía la ropa para ir a trabajar.

    Yo me vestía y ella mientras se tumbaba en la cama y empezaba a tocarse todo su cuerpo, se sacaba los pantalones, se sacaba la camiseta,. Yo intentaba acercarme para conseguir pegarle un polvo de un vez, dándole un morreo y acariciándole por encima de sus braguitas, pero ella enseguida me recordaba que tenía que irme. Me miraba, se tocaba sus pezones, se tocaba su coñito contorneándose como una zorra, y luego se tapaba con la sábana y con su carita inocente me decía:

    -Va cariño, date prisa, que no hagas tarde en el trabajo. Tu mujercita se queda aquí relajadita ¿eh? yo te deseo muchísimo pero ahora no puede ser, ya lo sabes. Hasta luego amor. Que te vaya muy bien en la oficina.

    Ella sabía que yo no podía faltar del trabajo ya que la empresa no iba muy bien, y no estaba la cosa para ir haciendo el tonto. Y nuevamente con la polla a punto de estallar, y pensando en la mujer tan calentorra que tenía, yo me iba a trabajar, por increíble que parezca. Desde luego tenía una mente pervertida que volvía loco a cualquiera.

    Por si fuera poco mi excitación, más tarde me llamaba a la oficina y me decía:

    -Hola cariño. ¿qué tal?

    -Bien ¿y tú? ¿Me llamabas por algo en concreto?

    -Pues si… mira, te llamaba para decirte que estoy en nuestra cama y que me lo estoy pasando ummmh muy bien. Voy desnuda, pero me he puesto medias para sentirme mas golfa. Ahora estoy tumbada, bien abierta de piernas y con un consolador en mi agujerito ufff… que gusto…

    -Ejem (yo disimulaba delante de mis compañeros). Muy bien Eva, me parece bien… vale… de acuerdo.

    -Ahora cariño me lo estoy metiendo hasta el fondo, aaag ya sabes que este consolador es enorme… aaaay me pone a cien… cómo me gusta tener mi coño lleno… ya sabes, contigo me encanta, pero como no estás… aunque reconozco que en estos momentos estoy pensando en otra polla que no es la tuya, no te enfadas ¿verdad? Yo lo siento, pero sin quererlo me excita más pensar así… uuumh ahora, amor mío, me estoy metiendo otro consolador por mi culo, uuufff ya sabes que tengo el agujero bien agrandado, así que he elegido otro consolador bastante grande, pero de esos que se quedan puestos en mi agujero de atrás porque empieza muy ancho y luego se estrecha… aaahhh me encanta…

    ¿Sabes porque te digo todo esto? Para que veas lo guarra que soy y como necesito de una polla que no pare de darme placer… y creo que no me lo puedes negar… ahora dejaré el teléfono descolgado para que puedas escuchar mientras acabo la faena, quiero estar cómoda… hasta luego cariño…

    Yo me quedé escuchando, no pude evitar que mi miembro se pusiera duro (si es que en algún momento del día había dejado de estarlo…). Me la imaginaba allí retorciéndose de placer. Con su coño depilado lleno de aquel pollón de plástico. Oía gemidos y incluso el chic chic de sus dedos en su coñito, supongo que dejó el teléfono entre sus piernas. Entre sus espasmos decía frases en voz alta como para concentrarse más en su papel de puta:

    Mmmm Necesito tu polla… quiero tu polla y que me folles sin parar… para que mi marido vea lo putita que es su mujer y cuales son sus necesidades… por favor fóllame, siii, aaaah

    Hasta que oí un grito de placer señal inequívoca de que había llegado a un orgasmo monumental. Seguidamente y sin decir nada mas colgó el teléfono. A mi solo se me ocurrió decir.

    -Vale… hasta luego.

    Así, día tras día, mi mujercita conseguía que yo estuviera deseando que ella follara de una vez fuera de casa, porque ya veía que era la manera de tenerla contenta y poder mojar algo de vez en cuando.

    Uno de aquellos día bajamos a la ciudad para hacer unos encargos, y cuando ya pensábamos volver a nuestra casa, yo conducía por el centro de la ciudad y ella dijo:

    -Voy a enviarle un mensaje de móvil a un amigo que vive por aquí, sólo para que sepa que hemos estado en la capital ¿eh, cariño?

    Enseguida vi que el amigo ya sabía de que pie calzaba Eva porque en un minuto ya sonaba el teléfono. Era Juan, el chico que había conocido por internet. Decía que quería vernos un momento antes de que nos fuéramos para simplemente saludarnos. Quedamos en un lateral de la salida de la ciudad. Bajamos del coche y fuimos caminado hacia donde él nos esperaba. Eva estaba impresionante, con unos tejanos ajustados que marcaban perfectamente su culazo, unas sandalias de talón alto y su manera de caminar que quita la respiración. Llevaba una camiseta color pistacho ajustadísima, que también marcaba sus pechos perfectamente.

    Sólo llegar donde estaba Juan va y le da un morreo con lengua incluida, lo que a mi me dejó estupefacto. Luego le sonreía, le cogía del brazo…, y después estuvimos un rato hablando y ellos dos tonteando en mis narices hasta que nos despedimos. Fuimos hacia nuestro coche. Eva caminaba moviendo su cadera como una hembra caliente que es, y Juan no pudo contener un “vaya culo” que le salió de su boca casi sin querer. Eva giro su cabeza y le sonrió.

    Cuando estábamos en el coche Eva parecía incómoda y comenzó a decir:

    -Ay… qué lástima…

    -¿Qué lástima que?

    -No… nada, nada… (decía ella entre suspiros).

    Íbamos circulando y teníamos el coche de Juan delante. Eva no paraba de moverse en el asiento como si estuviera, acalorada. Tenía las piernas semiabiertas y sus manos entre ellas como presionando su entrepierna, me pareció ver de reojo que se acariciaba por encima del pantalón. No se podía estar quieta.

    Más que acalorada yo diría que iba caliente como una perra en celo. Juan se paró en un semáforo y nosotros detrás de él. Aproveché para mirarla, su cara estaba bien rojiza del sofoco que llevaba, estaba irresistible, se mordía su labio inferior en una expresión de lujuria que no podía contener y me miraba fijamente con aquellos ojazos brillantes, con una mirada que parecía decir: “necesito follar ahora…por favor…” . Así que sin pensármelo más le dije:

    -Si quieres puedes ir al coche de Juan. Ves, no pasa nada por que vayas en su coche ¿no?

    Sonrió y dijo:

    -Gracias cariño.

    Y salió sin más de mi coche para subirse en el de Juan.

    Los fui siguiendo y a cada semáforo se pegaban el lote. Ella le fue metiendo mano sin parar, desde el momento en el que entró en el coche.

    En cuanto pudo Juan aparcó el coche en una calle periférica. Al lado de un camión que tapaba bastante la vista a los coches que pasaban. Yo aparqué también al otro lado del coche de Juan.

    El sitio era oscuro, pero había bastante tránsito. Eva y Juan fueron enseguida a la parte de atrás del vehículo y se sacaron la ropa. Se dieron el lote y la guarra de mi mujer pasó su lengua por todo el cuerpo de él como una auténtica viciosa. Sobre todo, por sus labios, su cara, su cuello, parecía loca por aquel chico. Luego vi que ella se sentaba abierta de piernas y le cogía a él por la cintura.

    Mi corazón iba a mil por hora. La mujer que cada día tenía en casa como una dulce esposa parecía ahora una zorra caliente y enloquecida por el macho que tenía entre la piernas. Y digo entre las piernas porque enseguida Juan estaba encima de Eva follándosela como un loco. Yo desde mi coche veía lo envites de Juan y a Eva tan espatarrada como podía. No pude más que empezar a hacerme una paja.

    Después de darle caña un rato ella se puso a cuatro patas mirando hacia mí. Y Juan empezó a darle por detrás. Yo no sabía si la estaba enculando o si se la volvía a meter por el coño. Pero era lo de menos, porque lo de más era la cara de gusto que ponía Eva, era indescriptible, y la muy zorra se deleitaba mirando por la ventana y restregando su lengua contra el vidrio mirando hacia mi coche. Aquel tío se la folló por todas partes todo lo que quiso. El vehículo de movía tanto que algunos que pasaban por allí y se daban cuenta, miraban incrédulos, y seguían la marcha con cara de salidos.

    Cuando él empezó a acelerar el ritmo Eva se corrió irremediablemente, yo sentía sus gritos de placer desde mi coche. Luego se puso de rodillas en el asiento para hacerle una mamada a Juan mientras me enseñaba su culo. Lo movía como si deseara que le pegaran otro polvo por detrás, y al unísono subía y bajaba su cabeza sin parar. La muy puta ya tenía práctica en meterse pepinos hasta el fondo de su garganta, así que siguió metiéndose el nabo de Juan en la boca y chupándoselo como una zorra hasta que Juan se le corrió y le entregó toda la leche.

    Ella no dejó ni por un momento aquella polla y se bebió todo el líquido que salió sin dejar ni una gota, yo creo que además de puta sin remedio es una adicta al semen. Ella, por fin, levantó la cabeza y se relamía los labios como demostrando lo que le gustaba aquel sabor.

    Yo al ver aquello me corrí en mi mano pensando que aquella mujer que veía, mi amada esposa, era una puta, pero una puta por vocación, pero me excitaba muchísimo tener aquella puta en casa. Y mientras yo me limpiaba ellos se vistieron y se despidieron. Entró en mi coche, me dio un morreo y me dijo “me ha encantado, gracias” y le dio un beso a mi polla que ya estaba algo flácida . Luego me abroché el pantalón y nos fuimos para casa. Y así trascurre mi vida diaria, una vida bien normal, como la de todo el mundo, pero con una excepción: Eva.

    Espero que Juan esté contento con este relato porque como ya les expliqué mi mujercita lo único que pretende es que sus amigos se exciten cuando los leen, y que de paso quien quiera que también los disfrute a su manera. Si les gustó pueden escribirnos sus comentarios y quien sabe…

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  • Todo empezó con una inyección a mi madre

    Todo empezó con una inyección a mi madre

    Soy de un lugar donde la gente es muy conservadora y poco maliciosa, por lo general casi todos los vecinos nos conocemos y, por tanto, los lazos familiares siempre son fuertes.

    Yo vivo solo con mi madre, Lulita como la llaman sus amigas. Es una mujer que admiro, respeto y quiero mucho. Desde que yo tenía 8 años se hace cargo de mí, ya que mi padre falleció en un accidente de trabajo y con poco dinero del seguro y una propiedad rural, mi madre invirtió en una refaccionaria. Conocía el negocio bien, pues ya había trabajado en una cuando soltera, así que es lógico que nos fuera bastante bien. Mide 1.77 de estatura (según su pasaporte), morena clara, cintura bien delineada, busto pequeño pero bien redondeado, ojos color miel, cabello negro, cara del tipo infantil y con una nalgas increíblemente bellas que acentúan su cinturita y moldean unas piernas bien ejercitadas y largas.

    Mi vida sexual era normal, veía películas con mis amigos, algunas experiencias curiosas con mis novias y lo poco que veía en revistas e internet. Mi curiosidad sexual para ese entonces (25 años) ocupaba casi todas mis fantasías, sueños y temores, pero no había llegado aún a tener sexo completo con una mujer, la verdad me da un poco de temor.

    Mi madre quien nunca figuraba en esas fantasías, sufrió repentinamente un problema de salud por la falta de descanso; comenzó con severas depresiones y cambios de ánimo. Yo me hacía cargo del negocio todas las tardes, negocio del que ya teníamos dos pequeñas sucursales más. Mi madre llevaba las cuentas y todo lo referente a los inventarios y trámites administrativos, yo simplemente superviso a los vendedores de las 3 tiendas y trato con los proveedores.

    Yo soy su orgullo, así que no era raro saber que todos sus planes se vinculaban conmigo, sin embargo jamás me mostraba su “yo” oculto, sus sueños, ilusiones, o pasiones. Su comportamiento en casa era normal, pocas veces la vi en ropa interior o con ropa que mostrara sus atributos provocativamente lo que se reflejo una relación sana entre nosotros.

    En esos días comenzamos a hablar cosas que jamás tocábamos, sus mejores recuerdos, sus peores momentos, sus sueños y muchas otras cosas más. Su estado de ánimo cambio, era un poco más abierta y franca, era más una amiga que una madre.

    Para complicar su salud, adquirió faringitis y en consecuencia un dolor de garganta y fiebre muy fuertes. La depresión volvió a la carga y se volvió introvertida. Yo seguía ataviado con el negocio, aprendiendo más sobre su administración, así que me limitaba a llevarle su medicina, mimarla un poco y darle de cenar algo ligero y sin grasa, pues no podía ingerir nada sin sentir dolor en la garganta.

    Al llegar el sábado por la mañana, mi madre no puede localizar a la señora Fina, anciana encargada de inyectar a media ciudad y tampoco a su amiga Claudia, personas que generalmente la inyectaban cuando se daba el raro caso de que se enfermara, así que se acostó temprano y trato de dormir. Al mediodía la llame por teléfono para ver como seguía y pedirle unos datos, me indicó que tenía fiebre y bastante molestia de la garganta, por lo que había decidido que se iba a inyectar ella misma.

    —¿Estás segura de que puedes inyectarte sola?

    —Qué remedio, no puedo suspender las inyecciones.

    —Y si vamos a la farmacia, tal vez la que le ayuda al doctor pueda inyectarte.

    —No lo creo, además me da vergüenza.

    —¿Y por qué con doña Fina no?

    —Es diferente, esa mujer le conoce las pompis a todo el pueblo.

    Reímos un rato y seguimos buscando opciones: la clínica, otras amigas e incluso le hablamos a varias pero ninguna sabían inyectar.

    —¿Y si te inyecto yo?

    —Tú no sabes hacerlo.

    —Enséñame, que tan difícil puede ser.

    —¡Y que aprendas conmigo!, no lo creo.

    —¿Con quién quieres que aprenda?, ¿ayudando a Dona Fina?

    —Está bien, trae la jeringa, alcohol, algodón aquí tengo las ampolletas.

    Me explicó como se prepara la inyección, que es necesario limpiar el lugar del pinchazo con alcohol y que la nalga (pompi como ella le dice) se divide en 4 partes imaginarias, debiendo inyectar la parte de arriba a la derecha. El pinchazo debe ser fuerte pero no violento, en fin todas las recomendaciones pues le preocupaba su pompi.

    Al decidir que todo estaba listo, se metió al vestidor con movimientos torpes, se puso un short bastante flojo y regresó a su cama.

    —Listo, deja me pongo boca abajo.

    —Yo revise la jeringa revisando que saliera un poco de líquido

    Entonces ella acomodada boca abajo en la cama, con su mano izquierda sujeto el elástico del short, titubeo un poco y luego lo bajo despacio desnudando apenas la mitad de su pompis derecha.

    Fue entonces cuando descubrí que no tenía nada bajo el short. Su pompi era considerablemente más blanca que el resto de su piel, firme y tensa por el momento, pero muy carnosa.

    —Recuerda que debes dividir en 4 la pompi y poner alcohol antes de picar.

    —OK

    Al frotar el algodón empapado en alcohol en la parte del blanco, ella bajo un poco más el short mostrando casi toda la pompi y la división con la otra pompi. Me percate que ella no quería ver nada por miedo al pinchazo.

    Sujete un poco su pompa levantando un poco su carne y di el pinchazo, inyecte lentamente el líquido blancuzco y al sacar la aguja, presione con el algodón y masaje un poco para evitar que se formara una bolita con el medicamento inyectado. Le di una nalgada y subí su short.

    —Listo, ¿te dolió?

    —Casi ni la sentí, tienes buena mano.

    —Entonces le haré la competencia a doña Fina, ¿no crees?

    —Tendrás que ser anciano para poder ver las pompis de todo el pueblo.

    —Bueno, no soy tan viejo y ya pude ver tu pompi desnuda.

    —Bueno… fue una emergencia, eres mi hijo y además el hombre de la casa. A nadie más le dejaría ver ni pompis.

    Esas últimas palabras me causaron una sensación muy extraña. Pensé en eso toda la tarde y traté de olvidarlo.

    Por la noche mi madre, trató nuevamente de localizar a doña Fina pero era inútil, ella estaba cuidando a una mujer mayor bastante grave en una ranchería cercana, no podía ayudarnos.

    —Bueno señor de la casa. Creo que tendrá que inyectarme de nuevo.

    —Está bien señora, pero le costará 30 pesos.

    —¿Le cobrarás a tu madre?

    —Eso cobra la señora por dos inyecciones.

    —¿Y si no te pago?

    —Está bien, haré una excepción por esta vez.

    —Menudo pillo tengo por hijo.

    Mientras bromeábamos ella se encamino a su vestidor y se colocó un nuevo short. Al repetir el procedimiento, se acostó y trató de bajarse el elástico esta vez de la pompis izquierda, para su sorpresa el short era más rígido y el elástico menos flexible.

    —A ver déjame ayudarte.

    —Está muy duro, no logro bajarlo.

    Lo sujete con ambas manos y ella se despegó un poco de la cama para ayudar, el short cedió, pero debido a la rigidez bajo parejo. Podía ver ambas nalgas desnudas en un 80 %. Mi madre se paralizo, pero no dijo nada; repetí los pasos, pero esta vez trazando una cruz tocando su nalga y escogí el cuarto indicado para pinchar.

    —Listo señora, ¿le dolió?

    —Nada doctor, es usted excelente.

    —Gracias, de aquí en adelante yo seré su doctor particular, ¿entendido?

    —Sí doctor.

    Le subí el short para cubrir sus nalgas desnudas por varios minutos y ella permaneció acostada.

    —Doctor, olvida algo.

    —Imposible

    —Masajear para que no se acumule el líquido que me inyectó.

    —Es verdad.

    Vuelvo a bajar el short descubriendo nuevamente su hermoso culo y esta vez más abajo que antes, sobe la zona de la inyección sin alcohol solo con dos dedos por un minuto mientras me deleitaba con la vista. Pensaba encontrar algunos pelitos donde termina su vagina pero fue inútil no se veía nada.

    —Hemos terminado señora.

    —Gracias de nuevo doctor.

    Le di su nalgada y le subí el short.

    El resto de la noche no pude dejar de sentir esa sensación erótica que me invadía, estaba excitado, vi desnudo el culo de mi madre con su autorización y ella pareció no apenarse. Toda la noche recordé la escena dormitando a ratos, la razón era clara me hipnotizó el culo de mi madre.

    —¿Cómo amaneciste mamá?

    —Mejor hijo, solo que me sigue doliendo la garganta aunque ya menos.

    —Que te parece si salimos al cine, pasan buenas películas, te distraerás un poco y ya verás que te sentirás mejor.

    —Me parece bien.

    —Solo apúrate para invitarte a comer y de ahí nos vamos.

    —¿A comer?, y eso

    —Bueno tú vas a pagar

    —A no, si un hombre invita a una dama él debe pagar.

    —Solo que sea con trabajo porque mi jefa no me ha pagado mi quincena.

    —Está bien, me rindo eres un pillo.

    Salió de la cocina y se tardó como 45 minutos, al regresar venia carrereada buscando algo sobre la mesa.

    —¿Que buscas, mamá?

    —jeringas desechables, parece que se terminaron

    —Dame dinero para ir a comprar una aquí a la vuelta

    —Ten, apúrate sino no alcanzamos a comer y ver la película

    —No me tardo

    Al llegar a la farmacia a dos cuadras de casa, me encontré con unos amigos y platicamos un poco sobre tonterías. Al notar mi retraso me despedí rápido y salí corriendo.

    —Ya vine.

    —¿Por qué te tardaste?, ¿la encontraste?

    —Sí compre 6.

    —Creo que no vamos a llegar.

    —Cámbiate, te inyecto y nos vamos.

    —¿Cambiarme? Ya no hay tiempo, prepara la inyección.

    Sin saber que quería hacer prepare la inyección y probé la jeringa derramando unas gotas. Mi madre me indicó que la siguiera, llegamos a la sala y me indicó que me sentara, se colocó sobre el sillón pero de pie y por su posición asumí que debía inyectarla ahí mismo.

    —¿Aquí te voy a inyectar?

    —Si apúrate.

    Levante su falda rápidamente hasta su cintura, llevaba puesto un discreto bikini blanco que le cubría casi todas su nalgas, pero era algo trasparente. Ella con sus manos fijó la falda levantada a la altura de la cintura. Temblando sujete su bikini, y lo jale hasta librar sus dos nalgas. Por la posición el bikini se deslizó apenas librando ambas nalgas. Increíble, tenía ante mi un culo blanco. Podía percibir apenas la orillita de su concha depilada y aprisionada por sus nalgas. El ano no era poco visible, así que cuando seleccione la nalga y trace la cruz para dividirla, agarre la nalga derecha y la sujete para inyectar, en ese momento se descubrió el ano pequeñito, morenito y delicioso.

    Termine de inyectar.

    —No olvides sobar señor doctor.

    —No señora.

    Sobé un minuto aproximadamente apreciando aquel paraíso. Dejé la jeringa en la mesita de un lado y le subí el bikini mientras ella se incorporaba. Al llegar a su lugar acomode el elástico sobre su cintura y el de sus nalgas. Al terminar ella dejo caer la falda y se volteó.

    —Gracias señor doctor, es usted un maestro, no me dolió nada, sin embargo olvido su nalgada.

    —Perdón es por los nervios.

    —Olvídalo yo tuve la culpa, creo que viste más de lo que verás en el cine.

    Sin darme cuenta me sonroje por la pena.

    —No te apenes, el cuerpo es algo hermoso y natural, además confío en ti y recuerda que debemos cuidarnos mutuamente, no tenemos a nadie más

    —Así es.

    —Vámonos señor doctor o no llegaremos a la película

    Pasamos toda la tarde en recorriendo unas tiendas de ropa de mujer, vimos dos películas, cenamos y en cada momento mis pensamientos estaban absortos en esa excitación, en ese erotismo. De reojo, cuando no podía verme, admiraba a mi madre, aún joven, bien formada, seria y cariñosa. Estaba orgulloso de ella y también algo atraído.

    Al llegar a casa nos duchamos, cada quien en su baño y nos pusimos en ropa de dormir reuniéndonos en la sala para ver TV.

    —Mamá, ¿por qué dices que soy el hombre de la casa?, no la mantengo.

    —No tienes que hacerlo para ser el hombre

    —No entiendo

    —Quiero decir que varón en esta casa, tienes autoridad y el derecho para opinar, tomar decisiones y cumplir con tus deberes, ya eres todo un hombre.

    —¿Que deberes?

    —Cuidarme, mimarme, protegerme y curarme como lo haces ahora.

    —¿Por qué preguntas tanto?

    —¿Es que me siento un poco raro?

    —¿Por lo de las inyecciones?

    —Sí, es que verte así… nunca lo había hecho

    —Tampoco yo me acostumbro del todo, pero era necesario que vieras mis pompis desnudas para poder inyectarme y cuidarme como lo has hecho; además, te diré algo, estoy orgullosa de mi cuerpo y lo cuido para que luzca hermoso, por eso me ejercito a diario. Cuando vivía tu padre me decía que era muy hermosa, me veía desnuda mientras dormía acariciándome tiernamente, nadie más, aparte de Fina, me había visto desnudas mis pompis, hasta ayer. Pero al no estar tu padre, creo que tienes derecho de verme porque eres además de mi hijo, el hombre que me cuida

    —¿Entonces no es malo que yo te vea desnuda?

    —No lo es, solo cuando yo te lo permita. ¿Que sientes al respecto?

    —Mucha excitación, nunca había visto a nadie desnuda

    —Te diré que sentí un poco de pena pero ahora estoy más tranquila porque lo hablamos

    —¿Tú que sentiste cuando te desnude tus pompis?

    —Lo pensé mucho antes de hacerlo pero al saber que me estabas viendo me excite un poquitín. Dime ¿qué viste exactamente?

    —tus pompis, tu ano y parte de tu conchita

    —Bárbaro, ¿viste todo eso en unos segundos?

    —Si, ¿estuvo mal?

    —No, viste lo que yo te permití ver, es muy natural.

    La conversación siguió así, nuestra excitación crecía pero también nuestra confianza. Después nos concentramos en una película de la TV y guardamos silencio hasta tarde.

    —Señor doctor, es hora de que me inyecte y se vaya a dormir.

    —Sí señora.

    Para mi sorpresa la inyecte apenas viendo media nalga. Decepcionado me fui a acostar. El resto de las inyecciones fueron iguales y finalmente recuperó su salud.

    Después de algunos meses mi calentura desapareció. Éramos como antes, solo que más unidos. Cierto día en la cocina después de hacer cuentas, mi madre lavaba los platos y yo los ponía junto a ella. Sin saber porque, le di una nalgada suave sobre su falda de franela.

    —Uyyy, ¿y eso?

    —Me la debías. Voy con mis amigos un rato y regreso.

    —OK!, dame mi beso y pórtate bien.

    Al acercarme para darle un beso, ella no volteó, de espaldas a mí tome su cintura con ambas manos y bese en la mejilla recargando mi cuerpo en su espalda. Ella estaba inmóvil.

    Sin saber que hacer, recupere la vertical y despegue mi cuerpo. Ella volteó y mirándome de reojo sonrió un poco y pícaramente me preguntó.

    —¿Sucede algo?

    No me atreví a responder.

    —Por favor, dime lo que estás pensando en este momento

    —Me apena

    —Recuerda que no tenemos secretos

    —Estoy excitado, al tocarte con mi cuerpo sentí extraño y recordé tus pompis desnudas

    —Está bien hijo, las hormonas te gobiernan, lo que quiere decir que estas listo para una mujer

    —Desgraciadamente aun no la encuentro y dudo que llegue pronto, hasta hoy, a mi edad lo único que he visto desnudo son tus pompis, que ironía

    —Oye… mis pompis son hermosas, más que las de esas jovenzuelas que conocerás

    —Si pero no cuentan, son las pompis de mi madre y las vi por emergencia

    Mi madre sin voltear se quedó callada. Admiraba su hermosa cintura y el bulto de sus pompis sobre la falda.

    —Tienes razón, fue una emergencia, pero en este momento parece que el de la emergencia eres tu

    —No entiendo

    —Anda travieso, satisface tu curiosidad, súbeme un poco la falda y disfruta un poco de la vista de mi pompis pero sin bajar mi bikini

    Asombrado por lo que acababa de oír, me retire un poco hacia atrás y mire su trasero oculto por la falda de franela roja. Ella seguía concentrada lavando los platos. Me hinque, coloque mis manos sobre los extremos de su falta, la subí hasta descubrir sus muslos, continué subiendo y aprecie el paisaje de su bien formado trasero. Mi madre tomo la falta y la jalo hacia su frente presionándola entre su vientre y el lavaplatos. Su culo estaba totalmente disponible, apenas oculto por una prenda trasparente que dejaba ver su raya.

    —Y bien, ¿qué opinas?

    —Es muy hermoso tu trasero Lulita

    —¿Quieres ver un poco más?

    —Por favor

    —Anda mete mi bikini entre mis pompis y toca un poco

    Obedecí, jalé los extremos y lo metí entre sus pompis, sus nalgas estaban desnudas. Acaricie en círculos apretando un poco. Masaje por un rato aquellas nalgas duras y carnosas.

    —Bueno señor de la casa, creo que es hora de que me deje como estaba

    Antes de desistir, me armé de valor y metí la mano entre sus nalgas recorriendo la vagina. Detecte sobre la prenda cierta humedad pero nada de vello púbico. Finalmente retrocedí, reajuste el bikini a su posición original y bajé su falda. Sin decir más me disponía a salir de la casa cuando escuche

    —Luego platicamos.

    Ya con mis amigos conversamos de algunas cosas y derivamos en política. Al cabo de un rato caminaba hacia el parque completamente solo. Sin hacer nada pensé y pensé lo sucedido sin entender que pasaba. Finalmente, no me preocupaba solo me excitaba. Al volver mamá limpiaba la alacena y pude apreciar que la cocina brillaba.

    Fui a mi cuarto y de ahí al estudio. Algo inquieto salí al patio y me senté en la mesita de campo a meditar. Podía ver a mi madre moverse en la cocina sin que ella me viera. La vi desplazarse a su habitación y encenderse la luz del baño.

    Entre y decidí bañarme yo también para la cena.

    Salí de la ducha, me coloqué un short sin trusa debajo (pues aún estaba excitado) y sin playera fui al estudio a revisar mi correo electrónico en la computadora. Estaba absorto en internet cuando Lulita entró.

    —¿Qué haces?

    —Checo mi correo

    —¿Quieres algo especial de cenar?

    —Lo que tu desees está bien, casi no tengo hambre

    —OK

    —Lulita…

    —¿Sí?

    —Nada

    Cenamos unas quesadillas platicando de trivialidades. Parecía como si yo estuviese recién regañado, estaba serio, corto y distante. Terminamos, colocamos los platos en la tarja y me dijo:

    —Luego los lavo, ¿ahora podemos hablar?

    —Sí, ¿dónde?

    —En la sala

    Caminamos a la sala y ambos nos sentamos en el sillón grande frente a la TV. No encendimos el televisor. Lulita me miro y comenzó la plática.

    —¿Como te sientes?

    —Extraño de nuevo

    Sin dejar de mirarme calló unos minutos eternos para mí.

    —¿Quieres preguntar algo?

    —Es un poco intimo

    —No importa

    —¿Te depilas tu monte de venus?

    —Sí, me siento más libre y limpia, ¿cómo lo notaste?

    —Al tocarte sobre el bikini sentí tu piel sin bello

    —Me gusta depilarme todo el cuerpo, lo hago desde adolescente, ¿y tú?

    —No.

    —Deberías rasurarte, es más higiénico.

    —Me da un poco de miedo, es una zona peligrosa.

    —Si no te apenas yo puedo hacerlo.

    —No, yo lo haré.

    —Desconfiado ehhh.

    Esa misma noche y con ayuda de un espejo y en una posición bastante incomoda me rasure todo, quedo como de recién nacido. Aproveche y recorte un poco el bello de mis axilas. Me apliqué talco y decidí dormir desnudo.

    En la mañana después de la ducha, encontré a Lulita aplicada en la estufa con una larga bata rosa y el pelo aún mojado

    —¿Te salió agua caliente amor?

    —Tibia, creo que casi te la acabas

    —Sorry

    —Qué tal te fue, ¿te rasuraste amor?

    —Anoche, es bastante más difícil de lo que parece

    —Es cuestión de acostumbrarse, yo lo hice hace unos minutos sin ningún problema

    —Aun así, me tarde casi una hora

    —Y ¿cómo quedó?

    —Como bebe.

    —A ver déjame verte.

    —¿Quieres que te lo muestre?, creo que no, me da pena.

    —Yo te mostré mis pompis recuérdalo.

    —No me convences.

    —Mira, para que te tranquilices, me muestras como te quedo depilado y yo te muestro mis pompis, ¿de acuerdo?

    —No me parece justo, yo ya conozco tus pompis y tú no conoces lo mío

    —¿Entonces que te parece justo?

    —Muéstrame tu conchita depilada y yo te muestro lo mío, así ambos estaremos en igualdad de condiciones.

    Se quedo pensando y finalmente…

    —Está bien, ¿cómo lo haremos?

    —Me acuesto en la alfombra y tú me revisas, luego lo hacemos al revés

    —Es un poco bochornoso, ¿no crees?

    —Entonces ¿cómo?

    —Los dos al mismo tiempo. Te acuestas boca arriba y te tapas los ojos, yo me coloco sobre ti en 69 y te aviso, tú te descubres y me ves mientras yo te descubro y te veo.

    —Está bien

    Me acosté en la alfombra de la sala sin quitarme el pans, cerré los ojos y esperé.

    —Ya me quité mi bikini, me verás cuando levantes la bata de baño, y ¿tu calzoncillo?

    —No traigo ropa interior

    —Guau, nada más me coloco en posición y te aviso

    Tomamos posiciones con movimientos algo torpes y risas de nervios.

    Al estar en 69, despegados (ella estaba de perrito y yo acostado) me dio la señal. Comenzó a bajar mis pans cuando asomo mi pene en vertical. Lulita siguió bajando mis pans hasta llegar a las rodillas.

    —Quedo como bebe, limpio.

    Con angustia subí su bata colocándola sobre su espalda, su culo estaba desnudo y su concha impecable como ella dijo. Sentí su cálida mano sujetar apenas mi pene y moverlo a los lados.

    —Es hermosa la vista, ¿cómo te sientes ahora que no tienes vello?

    —Con algo de frío y cierta excitación

    —La excitación se debe a lo que estás viendo, y no a tu depilada

    Yo animado por su caricia, comencé a subir por el muslo hacia su concha, la toque apenas rozando sus pliegues y ella se estremeció notablemente. Su vagina estaba rosadita, estrecha pero ligeramente abierta.

    Lulita acariciaba mis huevos calvos dándole un masaje a una mano y con la otra se sujetaba para no caer. Mientras, yo exploraba con ambas manos las zona, abrí sus labios apreciando un punto de líquido viscoso que caía lentamente por la gravedad, era sumamente brilloso con la consistencia de la miel. Lo atrape y unte por su raja tocando ligeramente el clítoris.

    —Ahhh, no lo toques mi amor, solo observa

    —Puedo chuparlo con mi lengua Lulita

    —No amor, debemos controlarnos

    Seguí tocando su vagina a dos dedos sin excitarla mucho, mientras con la otra mano recorría su raya en busca de su ano. Lulita pareció inmovilizarse un momento, luego con un dedo tocaba la cabeza de mi pene totalmente duro. Embarraba unas gotitas de líquido seminal que brotaban lubricando la cabeza. Al rozar con mis dedos su ano, sentí su estremecimiento, lo acaricié en círculos sin violarlo. Tome un poco de líquido vaginal y lo aplique alrededor de su ano con mucha delicadeza. Podía sentir sus espasmos. Lulita seguía acariciando discretamente mi pene.

    Sin pensarlo, mis dos dedos jugaban en su vagina de un extremo a otro lubricados por abundantes líquidos pero tocando a propósito su clítoris ahora hinchado. Ella respiraba agitada. De pronto, volvió del placer y acarició mi pene en un delicado sube y baja muy lento, acariciaba mis huevos y jalaba mi pene hasta el límite.

    —¿Puedo chupar tu concha Lulita?

    —No amor, estamos en el límite, solo tócalo y disfruta de la vista

    —Por favor Lulita, chupa mi pene un poquito, solo chúpalo yo no haré nada

    Mi madre se recostó sobre mi cuerpo y se retrajo un poco para alcanzar con su boca mi pene, automáticamente abrió un poco más las piernas y mi vista mejoro. Pensando que no se daría cuenta, retire mis dos dedos retozones de su vagina y toque con la punta de mi lengua.

    Mi madre, recorría con su lengua mi tronco, sujetaba los huevos y los chupaba, volviendo de nuevo al tronco. Mi lengua en cambio se aventuraba en un vaivén por su vagina, saboreando sus jugos. De pronto sentí el calor de su boca en la cabeza de mi pene, lo chupaba como queriendo extraer su contenido. Poco a poco bajo hasta engullir lo que su boca permitía y después de un segundo comenzó a mamarlo sin ritmo. Sus dientes y lo fuerte que lo apretaba con la mano me lastimaban pero la excitación era total.

    —Pero ¿qué hago?, por Dios

    Dicho esto se incorporó de golpe, se tapó con la bata y comenzó a llorar, corrió a su cuarto y dio un portazo. Yo estaba asustado, no sabía que hacer. Decidí esperar a la mañana siguiente.

    El ajetreo del trabajo me gano y no pude verla en la mañana. El día fue pesado y todo parecía salir mal. Abatido e intrigado llegue a la casa a las 9 de la noche. Busqué y descubrí que Lulita seguía en su habitación. Armado de valor toque un poco y no contesto. Llame con más fuerza y nada, decidí forzar la puerta cuando descubrí que estaba sin llave. Entre de golpe ya asustado y ella se incorporó llorando trato de huir y la sujete con fuerza, la abrace por largo rato acariciando su cabello. Aún seguía en la misma bata. Levante su cara roja y sequé sus lágrimas, le sonreí buscando lo mismo sin éxito.

    —Me asustas Lulita

    —Soy una tonta, una inmoral, un animal en celo

    —No eres nada de eso

    —Lo que hice es una aberración, es incesto

    —Podemos olvidarlo y aquí no paso nada

    —Me siento sucia, avergonzada

    —Escúchame bien Lulita, solo tu y yo lo sabemos, nadie más. Si estamos de acuerdo podemos olvidarlo. ¿OK?

    —Creo que quiero estar sola. Te prometo que me calmare.

    Con el tiempo, todo volvió a la normalidad, seguimos siendo madre e hijo.

    Cierto día, tras una semana muy pesada, estábamos en casa y me dijo que quería descansar el fin de semana, así que como era sábado, se tomó un fuerte sedante y se fue a acostar. Yo me quede en la oficina navegando en internet. Al poco rato me pareció escuchar un ruido y fui a revisar, vi su puerta entreabierta y me asomé. Dormía a pierna suelta, llevaba una bata acolchada rosa y sus pantuflas aun puestas. Me acerque y le quite sus pantuflas, la acomode y le bese la mejilla. Seguía perdida.

    Sin saber porque, me senté en el borde de la cama y la observé largo rato. Animado por su profundo estado levanté un poco la bata y vi sus pompis, no llevaba nada debajo. La subí hasta descubrir su espalda y observé su culo desnudo. Salí de la habitación y fui a a la oficina, traté de olvidarlo sin lograrlo. Regrese y la observe por un tiempo, me senté junto a ella y acaricie sus nalgas.

    Son muy blancas, carnosas y firmes. No presentan ninguna cicatriz y el ejercicio, las tiene en excelente estado.

    El domingo se levantó algo tarde y tomo un largo baño. Su humor era excelente..

    Con el tiempo me hice de una amiga que le presenté como mi novia, se llama Mary Carmen, es muy bonita de cara pero escasa de lo demás. Su carácter es muy alegre y siempre andábamos juntos. Mi madre parecía tratarla muy bien y ella se sentía bien en casa, pasábamos mucho tiempo en la oficina navegando en internet. Cierto día mi madre me sorprendió besándonos pero con mi mano bajo su falda, no dijo nada, solo se fue a su cuarto. Mary, algo apenada se despidió en voz alta y se marchó.

    Yo estaba a mil, sin embargo no pude hacer nada.

    El comportamiento de mi madre comenzó a cambiar y incluso me pidió que no la llevara mas a la casa, que le molestaba su presencia. Mary se puso algo triste y después de mucho platicar me pidió que rentara un departamento y me saliera de casa, así podría yo hacer mi vida normal sin ser molestado y seguiríamos viéndonos a diario. Le prometí pensarlo.

    Cuando le conté a mi madre esta posibilidad enmudeció y nada que dijera la consolaba. En casa todo fue silencio unos días.

    Mary era muy tierna, yo algo cariñoso. Cierto día la llame para ir al cine, platicamos y me convenció de acompañarla a comprar unos vestidos. Aburrido la acompañe de tienda en tienda, se tardaba horas para comprar algo.

    Lo único que me gusto, fue un vestido corto de color negro. Ella lo noto y se decidió a complacerme.

    —Mañana me lo voy a poner especialmente para ti.

    —Pero mañana tengo inventario en la bodega.

    —No importa igual me lo pongo

    Para no alargarlo, no pude contar ni un tornillo. La devore a besos, sin quitarle su vestido la despoje de su bikini rojo y la recosté en una colchoneta.

    —¿Que vas a hacer?

    —Voy a chuparte tu conchita

    —Yo también quiero chapártelo.

    Si pensarlo, me desnudé y me puse debajo, ella se colocó encima en 69 con el vestido puesto pero sin ropa interior. Mientras devoraba su concha ella engullía torpemente mi pene. Notaba que estaba asustada pero disfrutaba a cada minuto que pasaba. Después de soberbias mamadas, me vine en su boca. Ante la sorpresa, derramo algo de leche pero se trago la mayor parte.

    Así seguimos algunas veces más. Pero el tiempo paso y no me atreví a salir de casa. Lulita era otra, en cuanto al negocio seguía siendo mi mamá, pero ya no platicábamos, no salíamos y mucho menos comíamos juntos.

    Cierto día, mientras como de costumbre lavaba platos, note que se había cortado el pelo y teñido de rubio, se veía diferente, muy atractiva. Sin pensarlo dos veces, me acerque a ella y la tome de los hombros, le di un masaje suave y ella lo disfrutó.

    —Ahhh… que rico masaje, síguele amor.

    Seguí apretando sus hombros y recordé aquellas hermosas pompis que extrañaba ver. Sin pensarlo mucho baje rápidamente la mano y acaricie su nalga derecha. Sin recibir queja acaricie ahora ambas nalgas, apretándolas ligeramente.

    —¿Puedo verlas un poco?

    —No amor, esta vez no.

    —¿Porqué?

    —Estoy en mi periodo.

    Al día siguiente, fuimos a revisar una mercancía que acababa de llegar para inventariarla. Al terminar estaba algo exhausto y bañado en sudor. Regresamos a casa y fui a la cocina a beber un refresco. Me senté en la silla del comedor y encendí la TV chica sin ver nada en particular. Lulita entro y se dirigía al refrigerador. Al pasar frente a mi, note que sus senos presentaban una fuerte erección de pezones. Me llamo mucho la atención pero lo atribuí al calor.

    Varios días después mientras capturaba los movimientos de una de las sucursales en la oficina de casa, entro sin silenciosa y se coloco a un lado de mi sillón. No le preste mucha atención pues pensé que al ver en que trabajaba se retiraría. Nada más equivocado.

    —Ya no estoy reglando.

    Voltee y la mire, no entendía que quería en ese momento.

    —Ese día me dio pena porque debido a mi periodo, llevaba mi toalla sanitaria, por eso no te deje ver mis pompis.

    Enseguida observe a detalle. Llevaba un short rosa de una tela como toalla, una blusa sin mangas de color blanca en la que percibía nuevamente sus pezones muy erectos, estaba descalza sobre la alfombra y lucía el pelo húmedo, lo que confirmaba que recién había salido de ducharse.

    —¿Puedo ver tus pompis desnudas?

    —Esta bien.

    Se acerco más y se dio vuelta, tome los extremos del short y lo baje suavemente. Su culo asomo desnudo, no traía ropa interior.

    —Puedo tocarlas un poco.

    —Sí solo un poco.

    Termine de bajar su short hasta que cayó al suelo. Acaricie sus muslos subiendo hasta su culo. Lo toque suavemente por largo rato. Bastante caliente, me atreví a subir su blusa por la espalda y la atoré a la altura de sus hombros. Acaricie su espalda deliciosamente pasando por sus nalgas y muslos en muchas ocasiones. Lulita parecía disfrutarlo como si se tratara de un simple masaje.

    Yo seguía sentado sin creer mi suerte.

    —¿Sigues rasurándote tu entrepierna?

    —Sí, pero créeme que aún no muy bien, ya que me da miedo cortar de más.

    —Si quieres puedo rasurarte aquí mismo, para que quedes como bebe.

    —¿En este momento?

    —Porque no, solo tengo que traer del baño las cosas y listo

    —Bueno.

    —Quítate el short y tu bóxer, no tardo.

    Si decir más, me dejo helado. Se volteo mostrándome desnudo su vientre y casi todo porque aun llevaba tapados los senos con el resto de la blusa. Al comenzar a caminar hacia la puerta de la oficina, se bajo la blusa hasta casi medias nalgas, dejándome apreciar el contorno de su figura y esas piernas maravillosas.

    Obedecí y apenas me quite el bóxer, regreso rápidamente. Traía mi crema de rasurar, una navaja de afeitar, talco, unas tijeras y una toalla. Me sentó en la silla y se hinco frente a mí. Aún seguía desnuda de abajo y sus pezones erectos.

    —Espérame un poco y te dejo como bebe.

    —Pero con cuidado, eh, solo tengo uno.

    Con gran destreza y unos 15 minutos, me dejo lisito. Limpio delicadamente mi pene y huevos con la toalla húmeda y finalmente con el otro extremo seco toda el área.

    —Listo.

    Aparto las cosas y comenzó a revisar a detalle. Acariciaba mis huevos sintiendo su suavidad, mi pene realmente impecable y debido a la caricia, en franco crecimiento. Al llegar a la erección, Lulita lo observaba sin perder detalle, se acercó y lo acaricio con su mejilla, lo retiro sin dejar de sujetarlo, lo miro un poco y finalmente se puso de pie.

    —Puedo verte totalmente desnuda Lulita.

    —¿No crees que hacemos mal?

    —No lo creo, podemos vernos desnudos y tocarnos sin que nada pase. Podemos confiar el uno en el otro.

    —Está bien.

    Sin mucha charla se quitó la blusa y cruzo sus brazos tapando sus senos. Yo retire mi playera y me acerque a ella. Sin pensarlo se abrazó rápido a mí y la abrace. Poco a poco acaricie su espalda, sus nalgas y su cabello. Ella se animó y me acaricio de igual forma, apretando mis nalgas. Metió una mano entre nosotros y acaricio mis huevos y mi pene en forma intermitente. Yo la imite y acaricie su entrepierna sin lograrlo muy bien debido a que sus piernas estaban muy juntas. Al notarlo las separo un poco y logre tocar aquellos labios húmedos y calientes. Comencé a acariciarle su vagina hasta identificar el clítoris. Sus espasmos empezaron pero ella seguía aferrada a mis huevos.

    Mientras la masturbaba, ella abría ligeramente más sus piernas. Su agitación creció, disfrutaba mucho. La sujeté y le di vuelta. Ahora su culo sentía la presión de mi pene y su cuerpo se recargaba en el mío. Volvía a colocar mi mano y seguí masturbándola. Con la otra mano acariciaba sus pechos dirigido por las manos de ella.

    Mientras la deleitaba, mi erección era total. Ella giro y volvimos a quedar de frente, tomo mi pene y despacio comenzó a masturbarlo. Apenas se apartó lo suficiente para observar esta tarea. Mis manos sujetaron sus senos y pellizcaron sus pezones ahora enormes, muy hinchados. Finalmente me vine y con mi trabajo poco después se vino ella. Quedamos abrazados largo rato y decidió que era hora de la cena.

    —Quiero que el resto de la tarde no te vistas, quiero verte desnuda por toda la casa. No me obedeció del todo pues mientras guisaba se puso su mandil, pero de espaldas me daba una vista hermosísima de su culo y en ocasiones una sonrisa cómplice.

    Casi a diario nos masturbábamos y fajábamos, pero sin llegar a coger. Casi siempre masajeo su vagina con mi pene, pero solo dos veces la he penetrado y créanme fue fabuloso. Otras veces me aplica una mamada de verga fenomenal o un masaje con cremas aromáticas muy sensual. Seguimos siendo madre e hijo.

    Espero que no nos juzguen, nos gusta vivir así.

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  • Mi madre me explicó como masturbarme

    Mi madre me explicó como masturbarme

    Mi nombre es Esteban, tengo 20 años y vivo con mis padres en un pueblo llamado Pintos que se encuentra muy cerca de Madrid, soy hijo único.

    Paso a describir mi familia. Mi padre tiene 52 años, trabaja en una empresa constructora, eso hace que tenga que viajar mucho, debido a su cargo, nuestra economía se encuentra muy bien y por consiguiente mi madre no tiene que salir a trabajar, aunque los quehaceres domésticos son muchos y agotadores. MI madre tiene 40 años, de larga cabellera, color castaño claro, sus ojos son celeste y rasgados, su cuerpo es la envidia de toda adolescente, ya que se cuida mucho y sus curvas son muy marcadas, pero déjenme que les aclare algo, lo que más enloquece a los hombre son sus pechos, no sé sus medidas, pero son hermosos, no necesita llevar sujetadores porque no se les caen.

    Dejare de describir a mi familia y pasare a contar la historia que me llevo a escribirles. Era el mes de octubre y yo me encontraba de novio con una compañera de trabajo, que en ese momento tenía 19 años recién cumplidos. Los dos estábamos haciendo las nuestras primeras experiencias en el sexo, a veces nos encerrábamos en mi cuarto y casi siempre terminábamos con poca ropa, pero sin concretar nada. Debido a que yo no llegaba nunca a correrme, mis testículos estaban inmensos, cargados de esperma a mas no poder. Esto hacía que tuviera cierto dolor en ellos y además caminaba con las piernas un poco abiertas para que no me rozaran.

    Estando un sábado en casa mi madre observa mi caminar, pero no me dice nada, aunque noto que algo andaba mal. Después de pasar un par de horas viendo la TV. Intento pararme para buscar una Coca Cola y grito de dolor por la puntada que tuve en mis testículos, eso hizo que mi madre viniera enseguida.

    -Que pasa hijo.

    -Nada mama, nada, lo digo con lágrimas en los ojos.

    -No te creo, dime que tienes.

    -Pero nada ma, es que

    -Aunque sea dime de que se trata

    -Es que es un tema que tengo que hablar solo con papá

    -Pero tu padre no viene hasta dentro de dos semanas

    -Si, es que me da vergüenza hablar contigo de esto

    -Vale, entonces vamos a ir al medico

    -Vale. Le dije yo.

    Esa misma tarde fuimos al médico y a duras penas le conté mi problema un poco vergonzoso por estar mi madre adelante y además ella se sonreía por todo lo que pasaba. El medico me explica lo que sucede.

    -Debido a la elevada producción de testosterona y al no ser evacuada, esta se acumula en los testículos produciendo algún pinchazo en estos… No recuerdo que más dijo porque no pude concentrarme por lo avergonzado que estaba pero termino diciendo… que la solución era evacuarlos de cualquier manera.

    Luego de decir eso me pide que baje mis pantalones para examinarme. Yo lo hago con temor porque mi madre me viera, pero igual lo hago. El medico me examina y dice:

    -Veo que están repletos. Debo haber puesto alguna cara rara porque mi madre dejo de mirar dándose la vuelta y posteriormente saliendo de la sala.

    Una vez de regreso a casa mi madre me dice:

    -Puedes confiar en mi, aunque el tema te dé pena, tratare de aconsejarte en lo que pueda.

    Llegamos a casa, voy a mi habitación a tratar de solucionar mi problema tal como el medico me había explicado, mediante una masturbación. Cuando me lo dijo, me pregunto si sabía como hacerla y le dije que si, pero en verdad nunca lo había hecho. Estaba en mi cuarto con los pantalones en los tobillos y tratando de hacer todo lo que recordaba de las charlas con mis amigos, pero me era imposible. Aunque trataba de bajar el prepucio de la cabeza del pene me era imposible, así que hice mas fuerza logrando que esto me producirá un ardor impresionante, haciendo salir las lagrima y un pequeño quejido. Esto hizo alertar a mi madre que entro a mi habitación preguntando:

    -Estas bien hijo

    -Noo puedo –le conteste llorando.

    -El que no puedes, contale a mami

    -No se como aliviarme.

    -No te explico el medico

    -Si pero le dije que sabia masturbarme, pero en realidad nunca lo hice, solo escuche a mis amigos contar algo.

    -Y que sabes

    -Eh…

    -Vamos dime no te cortes

    -Que tengo que bajar la piel de la cabeza, pero no puedo, me raspa

    -Debes lubricarla, lo puedes hacer con saliva

    -Y adonde

    -Bueno por lo que veo tu padre no hablo mucho contigo, no te hagas problema empezaremos desde cero, pero no debes cortarte que soy tu madre y estoy para ayudarte. –decía para tranquilizarme.

    -Vale para masturbarte debes estar excitado, debes pensar en algo o en alguien, eso hará que tu pene se eleve y empiece a crecer. Si ves que la piel no se desplaza para atrás, coges saliva en tus dedos y lo pasas por la cabeza, eso hará que se lubrique. Una vez logrado empiezas a frotar tu mano con los dedos formando un círculo sobre tu pene, lo haces subiendo desde la base hasta la cabeza y bajas hasta la base. A medida que lo haces vas presionando un poco tu pene con los dedos, eso te dará placer. Puedes aumentar el ritmo de las subidas y bajadas

    -Si, creo que si

    -Vale ahora me iré y tu harás los deberes, lo dijo sonriendo. Cualquier cosa pregúntame ¿vale?

    -Vale Una vez que se fue trate del o que me había explicado mi madre, pero otra vez me ardía la cabeza, entonces grito:

    –mami me duele.

    Se ve que no estaba lejos porque apenas pude cubrirme con las sábanas cuando entró aI cuarto.

    -que pasa hijo

    -No se me arde, no puedo. Lo dije con lágrimas en los ojos mirando a mama como pidiendo ayuda.

    Lo que observe a continuación me llamo la atención, pero más fueron sus comentarios. Esto fue que mi madre se puso roja como acalorada y se le comenzaron a sobresalir dos puntos sobre sus pechos, que después supe que se llaman pezones mientras decía:

    -Mira Esteban esto no se lo debes contar a nadie, ni siquiera a tu padre porque no entendería lo que una madre es capaz de hacer por su hijo, queda claro.

    -Si –dije un poco confundido

    -Bueno déjame ver -decía mientras desplazaba la sabana que me cubría.

    -Lo que tienes que hacer es coger esta hermosura así y luego con los dedos de la otra mano lo llevas hasta la boca y coges saliva ( iba hablando y haciéndolo al mismo tiempo), luego lo frotas por la cabecita de tu amigo así, después empiezas un vaivén de arriba para abajo así…, le vas dando presiona tus dedos para darte placer… así… Y dime como te sientes, ¿te arde?

    -No mami, se siente rico

    -Ves hijo que no es tan difícil. ¿Quieres que siga?

    -Sí mami por favor

    -Pero esto no se lo debes contar a nadie, va hacer nuestro secreto

    -Si mami, no se lo diré a nadie

    -Si no lo cuentas podré recompensarte luego, pero ahora quieres que siga

    -Sí ma

    -Estas disfrutando

    -Siii

    -También puedes frotar los testículos un poco para darte placer… así…

    -Sí madre, si

    -Que sientes

    -Que hay algo que quiere salir, pero no puede porque tiene un tapón

    -Vale, mami va acelerar el ritmo para que todo fluya… así… va mejorando

    -Si madre está cerca creo. Oooh se me sale, se me sale que hago

    -Déjalo que fluya para mami

    -Ahhh sii aquí va mami

    -Si bebe dale tu lechita a mami, dásela bien calentita. Decía mientras aceleraba el ritmo de su mano.

    No paraba de salir parecía litros y litros de semen. Todo o gran parte de este fue a parar a la blusa de mi madre la cual sé hacia transparente, dejando traslucir sus hermosos pechos. Otra parte fue a su rostro y el resto sobre mi pecho. Mi madre parecía poseída, parecía disfrutar mucho de la paja que le hacía a su hijo.

    -Oh si bebe, me bañaste toda con tu rica leche, mmmm. –decía mientras se pasaba su lengua por alrededor de sus labios saboreando mi semen.

    -Como te sientes hijo.

    -Mucho mejor con menos dolor.

    -¿Todavía te duele?

    -Sí pero mucho menos

    -Vale, quizás mas tarde debas hacerte tú otra, para aliviar a estos. -decía tocando mis testículos.

    Luego se paró y se fue a su cuarto. Yo quede desconcertado. Pase de nunca masturbarme, a que mi madre me cascara una y no solo eso, sino que disfrute como loco.

    Pasaron unas horas y después de darme un baño, el dolor comenzó aparecer, más leve pero molesto. Fui al baño para no manchar todo y comencé a chascármela sin buenos resultados, ya que no conseguía una buena erección. Frustrado y con solo el bóxer puestos, voy a por mi madre que estaba en el living mirando la televisión y le digo:

    -Mami el dolor volvió aparecer y no puedo hacer bien los deberes

    -¿Te raspa?

    -No. No logro una buena erección, esta flácida ¿por qué me pasa eso?

    -No lo sé a ver -dice bajando ella misma el bóxer hasta los tobillos. No hace mas que cogerlo que empieza a crecer.

    -Parece que solo quiere las caricias de mami; que no se acostumbre mal porque no siempre va a estar mama

    -Ayúdame otra vez mas por favor

    -Bueno pero déjame sacarme el camisón porque si no me vas a manchar toda.

    Así fue cuando por primera vez pude observar a mama desnuda, era hermosa, solo se quedó con las bragas puestas.

    -Hijo no te gusta lo que ves-recostándose en el respaldo del sillón y de esa manera sus pechos sobresalían más.

    -Si mami tienes unos pechos hermosos, parecen súper suaves

    -En serio. Quieres comprobarlos.

    No termino de decir eso que mis manos estaban en cada pecho. Parecía que yo no era el único que disfrutaba, ya que mii madre estaba con sus ojos cerrados, su cabeza hacia atrás y de su boca salía un ¡mmnn!, sus pezones crecían cada vez mas llegaron a ser como mi dedo meñique, esto hizo que recordara mi época de lactancia y me los llevara a la boca.

    -Ahhh hijo no debiste hacer eso, es mi perdición Aaaah.

    Después de estar como diez minutos jugando con sus pechos mi madre pego un grito que parecía que la había mordido.

    -¿Mama estas bien?

    -Siii mi amor, sigue no pares. Si, si amor, estoy Aahh… no lo puedo creer ahhh…

    Solo me pare para observarla y la verdad que parecía una diosa, recostada en el sillón sol con sus bragas, las cuales estaban empapadas.

    -Gracias hijo, gracias, estuvo genial. Déjame que termine con tus dolores. Ven párate aquí adelante.

    Lo primero que hizo fue frotarme con sus manos los testículos y luego le dio un beso en la cabeza de mi pene y posteriormente comenzó con un sube y baje impresionante. Estaba disfrutando mucho, cuando mi madre dijo:

    -Hijo espero que disfrutes lo que voy hacer, como disfrute yo. Después de decir esto se llevó el pene a su boca y lo introdujo varias veces, mientras parecía que quería hablar, pero solo se escuchaba mmmm.

    -Ahora hijo coloca tu pene en la hendidura de mis pechos y sostiene con las manos a ambos lados como haciendo un sándwich con ellos.

    -Así mami. -dije súper excitado

    -Si bebe así y ahora muévete para adelante y para atrás.

    -Mami se siente rico, mejor que hace un rato.

    -Si hijito esto esta genial-decía mi madre mientras desplazaba mi pene por entre sus pechos. Mi madre me miraba con esos ojos divinos y en su mirada se veía que sería capaz de cualquier cosa por su hijo.

    La sensación era hermosa estaba gozando muchísimo, cerré los ojos para disfrutar mas hasta que sentí la humedad de la boca de mi madre sobre la cabeza de mi pene. Esto me hacía tocar el cielo con las manos, este placer se producía cada vez que mi pene sobresalía de los pechos de mi madre.

    -Hay madre que placer tengo.

    -Yo también hijo, acelera tus movimientos.

    -Si pero no aguantare mucho.

    -No importa, tu gózalo.

    -Gracias mami. Estuve como cinco minutos mas y una erupción se acercaba

    -Madre, creo que voy a correrme.

    -Vale, hazlo en mi cara, hazlo en mi boca.

    -Si mama que placer tengo ahhh voy a correrme. Siii aquí llega, mami. No termine la frase cuando grandes gotas empezaron a salir

    -Si hijo dale a mami su ración de leche calentita, dámela toda mmmm.

    Apunte mi pene a su boca y ella lo encerró entre sus labios succionando toda mi leche que contenían mis testículos.

    -Si ma sigue q me corro. Parecía hambrienta, no se despegaba de mi pene ni un milímetro, trataba de tragarse todo pero como mi corrida era abundante se le escapaba por las comisuras. Cuando mi semen disminuye ella se lo retira de su boca y se lo refriega todo por su cara, manchándose toda. Déjenme decirles que si hubiera tenido una cámara de fotos hubiera gastado por lo menos un carrete de fotos, porque esa imagen vale mas que todo este relato. Aunque la guardo en mi memoria.

    -Gracias madre, el dolor se me ha ido, además lo he pasado maravilloso.

    -Yo también hijo, disfrute mucho. Ahora a cambiarte y recuerda de esto a nadie, ni siquiera a tu padre. ¿Vale?

    -Vale mama, no se lo diré a nadie.

    Quiero decirle que desde ese día no ha pasado nada mas, aunque no dejo de pensar en ello, eso si no hay masturbación que me haga que no recuerde sus pechos, su cara llena de semen. La verdad creo que me enamore de mi madre.

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  • El encuentro con Adonis

    El encuentro con Adonis

    Nunca imaginé escribir algo que desnudara no solo mi alma, sino también mis deseos. Esta no es solo una historia; es una llama que no se extinguió con el tiempo. Adonis… ese hombre que, desde mis años universitarios, encendió en mí un fuego que parecía eterno.

    Éramos jóvenes, inexpertos, pero cada beso furtivo, cada caricia robada, dejaba una huella imborrable. Ahora, después de tantos años, un simple mensaje reavivó lo que creí perdido.

    Habían pasado más de 15 años. Mi vida transcurría en calma, entre rutinas y responsabilidades, hasta que apareció en mi celular un mensaje de un número extranjero. La verdad no pensé volver a ver su foto, era Adonis.

    —“¿Recuerdas nuestros bailes? Siempre me pregunté si todavía piensas en esos días” —decía el mensaje acompañado de una canción que hablaba sobre conexiones significativas y la esperanza de un reencuentro en “En Otra Vida”.

    Mi corazón se detuvo. ¿Cómo podía explicarle que no solo pensaba en esos días, sino que muchas noches los revivía? Las fiestas universitarias, las risas, su aliento cerca de mi oído mientras me susurraba algo que apenas escuchaba por el volumen de la música.

    “Por supuesto que lo recuerdo”, respondí con manos temblorosas. — “¿Cómo olvidarlo?”

    La conversación fluyó como si el tiempo no hubiese pasado. Hablamos de nuestras vidas, nuestros trabajos, pero pronto el tono cambió. Las palabras se volvieron más íntimas, cargadas de una tensión que ambos sabíamos que tarde o temprano explotaría.

    Él era casi un niño, seis años menor que yo, pero la atracción entre nosotros era palpable, un fuego que nos consumía poco a poco. Llegamos a tocarnos, a desearnos con una intensidad que rozaba lo peligroso. Estuvimos al borde de perdernos en ese abismo, pero la razón, fría y calculadora, nos detuvo en el último instante. En un par de ocasiones, a solas, yo me senté en su regazo, sintiendo cómo su cuerpo joven y ansioso respondía al mío. Él, aferrado a mí como un náufrago a su salvación, besaba mis senos con una mezcla de devoción y desesperación, como un niño buscando algo más que leche: buscando consuelo, placer, una conexión que lo desbordaba.

    Recuerdo una vez, en particular, cuando nos encerramos en el baño, el aire cargado de anticipación y el eco de nuestros latidos resonando en las paredes. Con manos temblorosas, deslicé la mía dentro de su pantalón, encontrando su miembro erecto, palpitante, como si fuera un secreto que solo yo podía tocar. Él sudaba, sus rizos largos y rebeldes caían sobre su rostro, ocultando una expresión que era una mezcla de placer y angustia. “Para”, murmuró, pero su voz era tan frágil como su resistencia, y en ese momento, ambos supimos que estábamos jugando con algo más grande que nosotros.

    Pasaron los meses y Adonis propuso venir a visitarme. Era una tarde de verano, y el aire fresco contrastaba con el calor que sentía en mi pecho mientras me dirigía al aeropuerto a buscarlo.

    Cuando lo vi, sentí que el tiempo retrocedía. Seguía siendo el mismo hombre que me robó un beso en aquella residencia estudiantil, esta vez su cabello estaba rapado. Me recibió con una sonrisa deslumbrante, y esa manera de mirarme que hacía que el mundo desapareciera.

    Nos subimos a mi carro y comenzamos a hablar, pero pronto las palabras dieron paso a silencios cargados de significado. En un momento, sus dedos rozaron los míos sobre la palanca, y fue como si una chispa recorriera mi piel.

    —“Siempre quise volver a verte” —confesó.— “Nunca dejé de pensar en ti.”

    No respondí. No era necesario. Mis ojos hablaron por mí, y en ese instante supe que nada nos detendría.

    Le creí, yo tampoco dejaba de pensar en él. Cada cumpleaños le enviaba saludos a través de una amiga. Siempre guardando la distancia por miedo a cruzar la línea del deseo. Esta vez lo tenía frente a mi mucho más maduro, esta vez no me evadía.

    Decidimos antes de hacer el checking caminar para mostrarle la ciudad. Las calles estaban casi vacías, y la brisa nocturna envolvía nuestros cuerpos. Cuando nos detuvimos frente a un parque, se giró hacia mí y, sin previo aviso, me tomó por la cintura.

    —“Siempre quise saber qué se siente estar contigo, ahora que ambos sabemos lo que queremos” —dijo, acercándose lentamente.

    Lo dijo con una seguridad, que ya sabía a dónde podíamos llegar. Sé acercó lo suficiente para sentir su aliento. Entonces saqué de mi bolso una tarjetita muy bonita que había impreso con el siguiente poema:

    Yo abriría mis piernas,

    para que el aroma de mi deseo

    te envuelva como un secreto,

    como un eco que nunca se desvanece.

    Abriría mi boca,

    para que escupas en ella tu fuego,

    tu dominio, tu marca,

    y así beber de ti hasta quedarme sin aliento.

    Pondría música,

    esa que suena en la piel para tocarnos con ritmo,

    y que cada nota te lleve a mí,

    a nuestro instante, a este abismo que compartimos.

    Porque eres tú quien despierta mis pasiones,

    quien enciende mis sombras,

    y en cada gesto, en cada gemido,

    te haría eterno dentro de mí.

    Pude ver cómo comenzó a temblarle el pulso, se sonrojó y tomó mi boca con su mano. Su beso fue suave al principio, explorando, reconociendo. Pero pronto se volvió más intenso, más urgente, como si estuviera recuperando todo el tiempo perdido. Ahora sus manos recorrían mi espalda, y yo me aferraba a él, sintiendo cómo nuestros cuerpos parecían encajar a la perfección.

    Era como si volviésemos a esos años dónde no nos importaba el qué dirán y solo nos dejábamos llevar.

    Llegamos al hotel, un lugar cálido, elegante y con una vista panorámica llena de sombras y luces tenues, lo único que importaba era la cercanía de su cuerpo. Cuando cruzamos la puerta, todo rastro de autocontrol desapareció.

    Él me alzó en sus brazos con una fuerza que me sorprendió, llevándome a la cama como si fuera un tesoro que no quería soltar. Allí, nos dejamos llevar por la pasión, un torbellino de deseos que había estado esperando su momento. Me desnudó rudamente, con una urgencia que hizo que varios botones de mi largo vestido salieran disparados por la habitación. Sus manos, torpes pero decididas, luchaban contra la tela, hasta que finalmente se detuvo para verme en lencería. Yo estaba tan mojada que la humedad se transparentaba en mi bikini, un detalle que no pasó desapercibido para él.

    Sus manos, firmes pero gentiles, exploraron cada curva de mi cuerpo como si estuvieran redescubriéndome. Cada caricia parecía despertar una parte de mí que había olvidado, como si su tacto fuera una llave que abría puertas cerradas hace mucho tiempo. Nuestros suspiros se mezclaron, llenando el espacio entre nosotros, mientras la conexión se volvía más profunda, más real, más inevitable.

    —“Eres aún más increíble de lo que recordaba” —susurró al oído, su voz cargada de admiración y deseo. Sus labios siguieron un camino ardiente por mi cuello, bajando lentamente hasta llegar a mi cintura. Con un movimiento audaz, me quitó el panty con los dientes, y comenzó a besarme allí con una habilidad que dejó claro que no era un principiante. Yo respondí con gemidos, perdida en la sensación de sus labios probando mi sabor, explorando cada rincón de mi placer.

    Después de llevarme al límite, después de espasmos orgásmicos que sacudieron todo mi ser, dejó su cuerpo caer sobre el mío, permitiéndome sentir su piel contra la mía, caliente y sudorosa. Mi sabor aún estaba en sus labios, y él lo saboreaba con una sonrisa de satisfacción.

    Era el momento de devolverle el favor, y lo hice con la misma intensidad que él me había dado. ¡Oh Dios! ¡Qué rico! Lo miraba fijamente, esa sonrisita suya me decía lo bien que lo estaba pasando, lo mucho que disfrutaba de cada segundo.

    Dentro de mí, casi no necesitábamos movernos. Fue tan tántrico, tan profundo, que cada respiración, cada latido, era parte de un ritmo que solo nosotros entendíamos. Era el deseo consumado de la manera más noble, una conexión que iba más allá de lo físico. Y de fondo, el dembow sonaba, marcando el ritmo de nuestros cuerpos, de nuestras almas, que por fin habían encontrado su sincronía.

    A la mañana siguiente, desperté envuelta en sus brazos. El sol se filtraba por la ventana, iluminando su rostro relajado, y no pude evitar preguntarme: ¿Qué sigue ahora?

    Sabía que lo que habíamos hecho no estaba bien. Ambos teníamos vidas establecidas, responsabilidades que no podíamos ignorar. Pero en ese momento, nada de eso importaba. Había encontrado algo que creía perdido: una chispa, una pasión, un recuerdo hecho realidad.

    Cuando finalmente me despedí de Adonis, sentí un nudo en el pecho. Sabía que nuestro encuentro cambiaría nuestras vidas para siempre, pero también sabía que no me arrepentiría. A veces, el amor llega de formas inesperadas, y lo único que podemos hacer es dejarnos llevar.

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