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  • El congreso de fotografía

    El congreso de fotografía

    Llegamos con la gente del club de foto al hotel del congreso, nos acreditamos y yo fui directa a preparar con los técnicos las fotos y power points de mi exposición. Llegó mi momento. Por fin exponía. Y allí estaba yo, de pie con un auditorio lleno, explicando la foto de estudio. Mi explicación fue un éxito. Como el congreso era en el mismo hotel, subimos a ducharnos y cambiarnos antes de ir al cóctel-cena de fin de congreso.

    Me puse mona, con un jersey violeta de manga larga con una sola manga, falda pantalón negra, medias de punto blancas, y botas negras.

    En el cóctel se me acercó un chico y me felicitó por mi exposición.

    Era un chico de pelo negro, con gafas, estatura media, de unos cuarenta años, muy normal.

    Empezó a preguntarme cosas sobre mi exposición, me dijo que también le encantaba la foto de estudio y que le gustaría profundizar mas sobre el tema, porque mi enfoque le pareció muy interesante. A medida que avanzaba la conversación, cada vez me parecía mas interesante y atractivo.

    Me parece que era recíproco por su forma de mirarme, sus gestos nerviosos, y sus miradas furtivas y mal disimuladas, que yo veía por el espejo, recorriendo mi cuerpo de arriba abajo, y de vez en cuando, miradita con descaro hacia mi pecho, bien marcado gracias al jersey ajustado. Después de muchas palabras y algún que otro mojito, me dijo:

    Él: “Me voy a ir, no estoy acostumbrado a trasnochar”.

    Yo: “Yo tampoco, pero es pronto aún…

    Él: “No de verdad, estoy muy a gusto, pero estoy cansado de todo el día”. Se acercó a mí, me dio dos besos y se fue… De repente se giró y volvió hacia mí…

    Él: “Disculpa pero te importa darme tu número y tu correo, así podemos estar en contacto y profundizar sobre tu conferencia…”

    La noche era joven, y en un arranque le dije:

    Yo: “Este es mi número y este mi correo, pero ya profundizaremos otro día, ven…”. Lo cogí de la mano y me lo llevé hacia los ascensores.

    Yo: ”¿Seguro que quieres irte a dormir?…”

    Él: ”¿Que me propones?…”

    Se abrió la puerta del ascensor, entramos, estábamos solos, marcamos el piso, y cuando las puertas se cerraron.

    Yo: ”Improvisemos, dejémonos llevar…”.

    Lo empujé contra las puertas y empezamos a besarnos apasionadamente.

    Sus manos fueron bajando de mi cintura, hasta mi culo en el que se entretuvo palpándolo bien.

    Mis manos fueron directas al suyo, que estaba bien duro, y no era lo único, a juzgar por lo que notaba en mi muslo.

    Me puso de espaldas a él, pegó su miembro contra mí, y empezó a frotarse contra mi culo.

    Sus manos fueron subiendo por debajo de mi jersey, era el turno de jugar con mis tetas ahora.

    “Ding dong cuarta planta”, anunció la voz del ascensor.

    Yo: “Es tu planta…”

    Él: “Sigamos improvisando”…. -Esta vez fue él el que me cogió de la mano, llevándome a su habitación.

    Él: “¿Quieres pasar?, o prefieres irte…”

    Yo: “Lo dudas…”. Entré sin pensarlo. Se cerró la puerta tras de mi, y de camino a la cama, nuestras ropas fueron desapareciendo poco a poco…

    Y allí estábamos, frente a la cama. Él, con un bóxer ajustado que pensaba que le iba a reventar, debido al bulto que se veía. Y yo, con unas bragas brasileñas negras de blonda, que me cubría la mitad del culo, y con sujetador negro.

    Nos abrazamos, y nos dejamos caer sobre la cama.

    Nos besamos, y nos revolcamos acariciándonos nuestros cuerpos.

    Me puse boca arriba, me quité el sujetador, y lo invité a tumbarse sobre mí.

    Nuestros sexos se frotaban ,aun con la ropa interior, y la excitación subía por momentos. Se puso de rodillas, me quitó las bragas, y empezó a comerme.

    Su lengua lamía mi clítoris, al mismo tiempo que uno de sus dedos se introducía y salía de mi a muy buen ritmo.

    Estaba muy excitada, me encantaba lo que me hacía, sino paraba, me iba acorrer.

    Lo coloqué boca arriba, le quité el bóxer y allí estaba esperándome su polla, dura y bien erecta.

    Me metí la punta en la boca, la succioné y pajeé, y poco a poco fui introduciéndomela más y más. Lo sentía estremecerse.

    Paré en seco, me puse sobre él, me la introduje entera y lo cabalgué frotándome contra él.

    Estaba disfrutando muchísimo, y empecé a follarlo más intensa y profundamente como si estuviera montando a caballo.

    Él me cogió del culo ayudando en las embestidas, y en una de ellas me corrí.

    Estaba muy cachonda, me puse a 4 patas y lo guie hacia mi. Se colocó detrás de mí, me la metió lentamente, y empezó a follarme, primero suave pero no tardó nada en acelerar el ritmo y a hacer penetraciones mas profundas, ayudándose cogiéndome de la cadera.

    Me follaba cada vez mas rápido. Pasó sus manos de mi cadera a mis tetas.

    Y mientras me las masajeaba, hizo una penetración muy profunda, y noté el calor de su descarga dentro de mí.

    Estaba a punto otra vez…

    Yo: “Sigue sigue, no pares, fóllame, tócame las tetas , sigue sigue… oh“… Me volví a correr, esta vez fue mas intenso… caí rendida…

    Cuando me recuperé un poco, me vestí, me despedí de él y me fui a mi habitación.

    Me duché y me fui a dormir muy relajada.

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  • El tesoro de mi suegra

    El tesoro de mi suegra

    Esta vez relataré algo que me emocionó y me sigue emocionando.

    Como relaté anteriormente la mamá de mi novia tiene casi 50 años, pero está de buen ver, lo que me encanta de ella es su trasero que pese a la edad que tiene está muy bien formado con un par de nalgas algo grandes y redondas, mirarla empinada cuando levanta algo es el mejor espectáculo que he tenido.

    En un par de ocasiones he tenido la oportunidad de entrar en el cuarto de mi suegra y tener entre mis manos sus ricos calzones sucios para disfrutar de ese olor que me vuelve loco.

    Lo había hecho muy pocas veces y rápidamente pues no vivo ahí y solo tenía pocas oportunidades ya que cuando visitaba a mi novia casi siempre estaban sus padres en casa así que me las ingeniaba para hacerlo, a veces cuando estaban en la sala fingía que iba al baño y cómo está al lado de su recámara pues no era tan difícil, aunque tengo que decir que si me ponía muy nervioso.

    También logré encontrar el cajón donde tiene sus calzones limpios, la verdad es que conozco la mayoría si no es que todos, tiene de varios colores, no todos son “de abuelita”, usa un par de cacheteros y algunos con encaje.

    Yo quería encontrar algo más, no sé pero por alguna razón tenía en mente que mi suegra por lo menos tendría alguna tanga, pues para la edad que tiene y lo rica que está no me sorprendería, pero lamentablemente no había alguna entre esos lindos calzones así que me conformé con lo que había visto pero solo de imaginármela como se ve su hermoso culo en esas prendas me pone bien caliente, y disfrutar del olor que deja en la parte que cubre su vagina es delicioso, pensé que hasta ahí había sido mi mejor regalo.

    Un día visité a mi novia y después de comer mis suegros subieron a su recámara, después de unos minutos bajaron y dijeron que iban a salir, obviamente lo primero que pensé fue en tener sexo con mi novia así que subimos a su recámara, pero ella me dijo que antes iba a bañarse, pues sabía que sus padres iban a demorar algunas horas.

    Esperé un par de minutos después de que mi novia entró en el baño y de inmediato me dirigí a la recámara de mis suegros, pues quería disfrutar de los ricos calzones de mi suegra, yo sé que mi novia se toma por lo menos unos 15 minutos para bañarse así que sentí que tenía tiempo suficiente.

    En cuanto entré miré que sobre la cama estaba la ropa que se había cambiado mi suegra, me acerqué y vaya, su calzón recién quitado estaba entre su pantalón, no perdí tiempo y me lo acerqué a la nariz, tenía ese delicioso olor que me vuelve loco, aún estaba un poco húmedo pues tenía pocos minutos de habérselo quitado, no resistí y tuve que lamerlo en esa parte específica que cubre su vagina, estaba yo tan excitado y así estuve unos momentos.

    Quise más así que fui hasta el lugar donde tiene su ropa sucia y había un par de bragas más así que hice lo mismo, no podía creer que estaba yo disfrutando lo que tanto me gusta ¡con buena libertad!, después de eso y por lo excitante que era quise buscar algo más, entonces abrí el cajón de sus calzones, busqué entre todo, no sé pero por mi mente pasaba encontrar algo que terminara de explotar mi más bajo instinto, estaba en busca de algún juguete sexual o algo así, igual en el cajón de sus bras todo parecía normal.

    Se me ocurrió abrir el último cajón del mueble, en ese había un par de baby doll pero me llamó la atención una bolsa de tela (o no sé cómo llamarla) así que la saqué de ahí y cuando la abrí ¡vaya sorpresa! ¡Está llena de tangas e hilos! Wow fue tan excitante que comencé a sacar una por una la verdad eran como 30 de todos colores, no esperaba eso, si me imaginaba que mi rica suegra alguna vez había usado tangas, pero me esperaba eso; por algo las tenía separadas me dije y cómo no había visto una entre su ropa sucia me supuse que ya casi no las usaba así que no lo pensé más y guardé una en el bolsillo de mi pantalón, dejé todo como estaba y salí de allí.

    Pocos minutos después mi novia terminó de bañarse y regresó al cuarto, hicimos el amor y mientras me la cogía no dejaba de pensar en lo que había pasado, me imaginaba a mi suegra en esas lindas tangas que tenía; cuando llegué a casa saqué de mi pantalón lo que me había llevado de la recámara de mi suegra y comencé a masturbarme pensando obviamente en el gran culo que tiene la mamá de mi novia.

    Pienso que no se ha dado cuenta y no lo hará pues solo me llevé una, todo es bastante normal, me trata con la misma amabilidad de siempre y me encanta qué hay mucha confianza entre nosotros pues me tienen como uno más de la familia.

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  • Durmiendo con mi cuñada

    Durmiendo con mi cuñada

    Este es mi primer relato ya que no me animaba a contarlo, pero esto pasó hace como 1 mes más o menos, íbamos de visita a Toluca a una fiesta, iba yo, mi novia y mi cuñada. Como todo tengo una relación muy muy buena con mi cuñada con la cual nos llevamos pesado, bromeamos y hasta nos decimos de cosas.

    Para empezar este relato describiré a mi cuñada la cual es una chica de 21 años de tez clarita, con poco busto, pero un trasero un poco redondito no grande pero que da a desear.

    Nos habían comentando que tendríamos cuartos diferentes, el chiste fue que al final de todo nos terminamos quedando en un solo cuarto los tres.

    Llegamos el día viernes como a las 8 de la noche, la verdad ya veníamos cansados y solo queríamos llegar a comer y darnos un baño ya que al día siguiente tendríamos fiesta. Y como todo cenamos los tres y nos fuimos acomodar las cosas y nos fuimos a ducharnos. Primero mi cuñada se bañó todo normal se puso un short de color beis y debajo traía una tanga que se le remarcaba no hice tanto caso, después mi novia y se puso su pijama completa y al último yo.

    Ya nos fuimos a dormir y todo normal, a la mañana siguiente cuando desperté solo estaba mi cuñada y todo normal ella arreglándose y todo, después me dice que se cambiaría para probarse unos vestidos, y yo para que ella tuviera más privacidad le dije que si me salía y me dijo “no cuñado es normal solo me quitaré mi short y sirve que me dices qué tal se ven los vestidos” y yo le dije “ok está bien”.

    Luego mi cuñado se empieza a quitar su short no puede contenerme a mirarla y traía una tanga de encaje color negro la cual se le veía súper bien y que yo iba teniendo una erección y se podía notar.

    Entonces ella se prueba un vestido y me dice qué tal se ve y por amable le contesto que se le ve súper bien, que se ve divina y me dice que traía otro y se lo prueba y se veía espectacular porque era abierto y podía mostrar sus piernas y me dijo que cuál se le veía mejor y a lo cual yo le dije que el segundo, pero que se le remarcaba mucho su ropa interior y ella me comentó “no te preocupes aquí traigo más chiquitas” y empezó a sacar más ropa interior.

    Yo luego le eche el ojo a una que era diminuta, era un hilo dental y le dije “creo ese te quedaría bien” y ella me dice “crees” y yo le dije “deberías probártelo” y se lo puso y todo con el vestido y le dije “ya no muevas te ves divina y muy deseable” y ella me comentó “yo también eso es lo que creo y al parecer si causó mucho deseo por lo que veo” y pues era obvio que estaba viendo mi erección que tenía y le dije “perdón iré a cambiarme y tomar aire para que se me baje”, a lo cual ella misma me dijo “no para nada cuñado cámbiate aquí”.

    A mí me daba pena, pero me empecé a cambiar y cuando bajé mi bóxer ella vio que traía muy notable mi pene y ella dijo “con razón mi hermana se escucha muy contenta en las noches cada que está gimiendo”…

    Luego les contaré la segunda parte de lo que pase en ese viaje de fiesta.

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  • Mientras Elisa dormía, su novio me la ponía

    Mientras Elisa dormía, su novio me la ponía

    Hola soy Belu, y quiero contar lo acontecido la noche que dormí en casa de Carlos. Todo transcurrió de una manera no planeada.

    Luego de haber transcurrido un hermoso día disfrutando de la piscina y de Axel, a la noche, Carlos y Axel comenzaron a preparar la cena.

    Elisa y yo, luego de ducharnos y vestirnos con prendas sencillas pero sensuales, nos instalamos sobre un mullido sillón blanco para ver la televisión y tomar exquisitas bebidas preparadas por el dueño de casa.

    Mientras bebíamos, hablábamos en voz baja. Nuestra charla rondaba sobre que Axel se iría a su casa. Ella dormiría esa noche con Carlos .Estaba ansiosa por estar entre los brazos de su amante y dispuesta a entregarle hasta el culo si él se lo pedía, aunque sufriera mucho. Yo dormiría sola en la habitación de huéspedes.

    También se preocupaba, porque debía permanecer atenta a una posible llamada de su marido, Bruno. Quién había prometido llamarla a la noche. La coartada sería que Elisa estaba en casa de una tía de su amiga. Yo atendería la llamada y se la pasaría a ella, aunque estuviera teniendo sexo con su amigo.

    Carlos llenó nuestras copas por segunda vez antes de que pasáramos del salón al comedor. El alcohol hizo efecto sobre nosotras, pero afectó más a Eli.

    Cuando Carlos anunció que la mesa estaba servida, nos pusimos de pie. Elisa dijo sentirse mareada. Estaba vacilante y Carlos le pasó un brazo por los hombros y la condujo hasta sentarla a la mesa.

    Cada vez que la mirada de Axel se encontraba con la mía, sonreía. Siempre con gestos delicados sirvió mi plato y llenó las copas para brindar por habernos conocido. Los cuatro brindamos nuevamente y cenamos riéndonos por momentos, recordando el juego de los caballos y las amazonas. Yo había disfrutado mucho frotando mi vulva en el cuello de Axel. Fue hermoso cabalgar sobre sus hombros y recordarlo me excitó tanto que continuó subiendo mi cachondez, recordando que Axel me cogió, haciéndome delirar y gritar de placer. Pero, luego de cenar llegó el momento de retirarse Alex.

    Elisa, Carlos y yo nos instalamos en el salón a escuchar música, charlar y beber whisky. Elisa con su cabeza apoyada sobre el regazo de Carlos, semi dormida, con la cara sobre el pene de su amigo. Por momentos se reincorporaba para tomar un sorbo de whisky. Mientras, él le acariciaba la espalda y el culo por encima de la fina tela del vestido playero.

    Yo enfrente de ellos, con los pies descalzos recogidos sobre el sillón, dejaba mucho para ver con mi muy corta pollera blanca. Mi tanguita también blanca estaba fruncida entre los labios gorditos de mi vulva y la tirita de atrás, metida entre mis grandes nalgas

    Carlos nos contaba, con lujo de detalles, cómo había sido Mardel diez años atrás. Mientras lo hacía, acariciaba a Elisa, pero su mirada estaba en mí. Cada vez que acomodaba mis piernas, el hacía una pausa en su relato y sus ojos como puñales se clavaban en mis blancos muslos.

    Una ronda más de whisky para él y para mí. Elisa no pudo beber más. El relato de Carlos se fue llenando de pausas y decidimos ir a dormir. Cargada en sus brazos, llevó a Elisa hasta el dormitorio.

    Yo me retiré a la habitación, llevándome el teléfono de Eli, a fin de atender a Bruno. Me quité la ropa y me dispuse a dormir desnuda como me gusta hacerlo.

    Oí el sonido de agua corriendo en su baño e imaginé que mis amigos estaban teniendo sexo y gozaban. Yo eché de menos a mí amigo. Si se hubiese quedado, estaríamos amándonos .No podía dormir, estando atenta a todo sonido proveniente de la casa o al teléfono sobre la mesilla de noche. Afuera había comenzado a llover, se oía el sonido de la lluvia en la galería, eso me adormecía, pero también me llenaba de ganas.

    Pensaba en Elisa que, aunque estaba mareada por las copas que había bebido, dormía acompañada. A su lado Carlos, un hombre bien masculino, de piel bronceada; musculoso, de brazos fuertes y manos grandes; espalda ancha culo pequeño y firme, piernas gruesas y peludas; su vientre bastante plano y un pene de gran tamaño, con el glande siempre a la vista por haber sido circuncidado de niño.

    Sin pensarlo había llevado mi mano derecha a mi entrepierna, acariciándome los labios húmedos e hinchados de mi vulva. Me abracé a la almohada y la apreté fuerte entre mis piernas. Permanecí sin cubrirme con la sábana, era una noche bastante húmeda y cálida

    Creo que ya estaba dormida cuando comenzó a llamar el teléfono sobre la mesilla de noche. Me volví rápidamente y lo tomé.

    ―Hola ―Dije.

    ―Soy Bruno ―Respondió.

    ―Hola Bruno, soy Belu, Elisa está dormida, aguarde ya la despierto ―atine a decir y corrí desnuda por el pasillo hasta el dormitorio principal llevando el teléfono en la mano derecha.

    La habitación estaba tenuemente iluminada, con la puerta sin cerrar totalmente. Elisa dormía desnuda tendida boca abajo, con las piernas levemente abiertas. A su lado Carlos también desnudo boca arriba con una mano sobre el trasero de ella y una erección importante. Me resultó imposible dejar de mirar aquel pene con la cabeza descubierta

    Inclinándome sobre Carlos, apoyando mis tetas sobre su pecho, dije sacudiéndola por los hombros ―Eli, Eli, despierta, es Bruno.

    Ella no respondió. Carlos si se despertó y su mano libre se apoyó en mi culo y no la quitó, aunque moví el trasero.

    Bruno dijo —No insistas Belu, mañana vuelvo a llamar, gracias.

    ―Hasta mañana ―dije.

    Apagué el teléfono y al irme le di un golpe con la palma de mi mano izquierda al pene erecto de Carlos. Caminé hasta mi habitación y antes de entrar fui al baño. Encendí la luz y me volví para cerrar la puerta, Carlos me había seguido y estaba a mis espaldas.

    ―¿Qué quieres, Carlos? ―Pregunté.

    ―Lo mismo que tú. ―Respondió, y cerró la puerta tras nosotros.

    Me senté a orinar y él, de pie frente a mi acercó su tremendo pene a mi boca. Sin pensar en nada abrí mi boca cuánto pude he hice un movimiento envolvente con mi lengua sobre el glande. Él sujetó mi cabeza y empujó con su pelvis. Debí apartarlo porque me ahogaba, aquel enorme, miembro que me aplastaba la lengua y me producía náuseas.

    Tomándome de los pezones me hizo poner de pie. Me dolieron porque los apretó mucho.

    —¡Duele! ―Me quejé

    Me tomó por debajo de los brazos y me elevó hasta sentarme en el mármol fresco de la encimera. Me separó las piernas quedando parado entre ellas. Se inclinó para meter su lengua en mi boca entreabierta. Se la ofrecí y alcancé a rodear su cuello con mis brazos.

    Sus brazos me elevaron de la encimera haciendo pegar mí muy depilada vulva a su vientre poblado de pelos castaños. Con mis piernas me aferré fuertemente a su cintura. Acomodó un poco mi cuerpo con sus manos y su pene me estremeció al abrirse paso llenándome y estirando la piel de mi canal vaginal y yo apretando los músculos para adherirme a él.

    Sus manos me sujetaban por el culo y sus dedos jugaban con mi ano, mientras me hacía subir y bajar sobre su grueso pene, caliente y duro. El primer orgasmo comenzaba a gestarse y fue el primero de varios. Casi perdí el sentido cuando me agité por el gigante orgasmo que me invadió. Me bajó mucho fluido interno hasta mojarlo todo.

    Carlos se contenía sin eyacular. Sacó el miembro moreno surcado de venas palpables de mi vulva hinchada, enrojecida y mojada.

    Lo miré, él me miró y dijo muy bajo ―Belu, vamos a tu cama, quiero entrarte desde atrás.

    ―Por favor, por el culo no ―le imploré.

    Se rio muy bajito y dijo ―Desde atrás, por tu vulva, teniendo la vista de tu hermoso culo, poder besarlo y morderlo. Hoy cuando te vi montada sobre los hombros de Axel, me sentí tentado de comerte toda ―Oír esas palabras dichas por Carlos, me halagaron, pero no dije nada. Ni mencioné que me derretía por su pene.

    Me llevó en brazos hasta mi cama, como lo había hecho con Elisa, dos horas antes. Los fluidos de mi vagina corrían por el interior de mis piernas. Creo que su pene permanecía erguido, pero no podía verlo.

    Lo recibí por atrás, sobre la cama, en cuatro patas apoyada sobre codos y rodillas. Él alternaba embestidas profundas, con su lengua sobre mi ano mojando con saliva y su dedo del medio metiéndose en mí hasta la tercera falange.

    Otro orgasmo sacudió mi tembloroso cuerpo. Grité de gozo y de sorpresa cuando cambio su dedo mayor por el pulgar al tiempo que su miembro me levantaba desde abajo metiéndose a fondo y me dijo ―Esto es doble penetración, ¿te gusta?

    No le respondí, lo gozaba en silencio y agregó ―Estoy tocando la cabeza del pene con mi dedo pulgar, es fascinante cogerte así.

    Me entregué por completo a él aflojando los brazos y cayendo sobre la cama apoyando mis tetas en las sábanas. Únicamente mi culo permanecía elevado, sujeto por Carlos. Mis piernas abiertas también habían perdido fuerzas para sostenerme.

    Continuaron los empujones con su pene desde abajo y sus dedos abriéndome el ano. Una y otra vez. Otra oleada orgásmica desmoronó mi cuerpo ya entregado. No podía contraer la vagina ni el esfínter.

    Carlos emitió un gruñido, y apretando muy fuerte mi sexo al suyo, descargó mucho semen caliente en mi interior profundo. Me mantuvo así hasta que su pene comenzó a perder rigidez y grosor. Luego sacó los dedos de mi entrada estrecha, dejándola no tan estrecha y muy mojada.

    Entramos nuevamente al baño. Carlos se limpió con una toalla. Yo recurrí al querido y útil bidet para quitarme tanto pegote.

    Nos besamos tomados de las manos y nos deseamos buenos sueños. Nos miramos a los ojos por última vez en la noche y se fue a dormir junto a Elisa.

    Yo a dormir en la cama para huéspedes, sola, cansada y contenta de haber conocido sus atributos.

    Belu.

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  • Delicias de ser infiel

    Delicias de ser infiel

    Ese día, temprano en la mañana, mi marido se fue a trabajar. Era una de esas semanas que a él le tocaba quedarse en Caracas y por supuesto, yo estaba con las alas atadas. Podía hablar a ratos con mi amante por teléfono, pero de encontrarnos nada ya que el fin de semana, que era cuando podíamos, estaba ocupada en casa.

    Tomé una ducha y me puse un vestidito de algodón blanco muy corto y sin ropa interior. No tenía intenciones de salir ni de ver a nadie, estaba de vacaciones en mi trabajo. Me recogí el cabello en una cola y me dispuse a poner en orden algunas cosas. Mi humor era negro y parecía que no tenía ganas de mejorar.

    Mientras estaba revisando y contestando mis emails, alguien tocó a mi puerta. La abrí solo un poco y lo que vi casi me deja congelada. En el jardín de mi casa, frente a mi puerta estaba mi amante, no lo podía creer, era una locura que se arriesgara de esa manera.

    Lo hice entrar rápidamente mientras observaba su expresión divertida.

    –¿Qué pasó bebé? ¿Estás asustadita? –me decía mientras reía.– Solo es una visita corta, me escapé del trabajo, es que te extraño. Tengo que regresar en un rato.

    No podía creer lo que estaba pasando, él jamás había entrado en mi casa y más peligroso lo hacía el hecho de estar mi marido en la ciudad. Igual me sentí emocionada al verle y acepté sus besos gustosa. Ya ni recordaba porque estaba de mal humor.

    Le ofrecí un café y nos sentamos cerca, en un sofá. El acariciaba mi rostro y me miraba a los ojos, intensamente para luego recorrerme toda.

    –Siéntate aquí en mis piernas linda, déjame abrazarte, déjame besarte que tengo tiempo sin hacerlo.

    Me senté en sus piernas y nos besamos. Su mano recorrió mi muslo, subiendo el vestido hasta mi cintura y dándose cuenta de mi desnudez, subió hasta mis senos, tocando mis pezones para luego rodar hasta mi espalda. Yo sentía mi sexo mojándose sobre sus jeans por lo cual, en un movimiento quedé cabalgándolo, arrodillada, con las piernas muy abiertas sobre él. Ahora era yo la que buscaba el calor de su lengua, el sabor exquisito y excitante de sus besos, gemía de ganas mientras él se deshacía de mi vestido. solo bastaban instantes de su contacto para encender mis deseos.

    Allí estaba yo, en mi propia casa, desnuda sobre mi amante y con unas ganas locas. Sentía que el calor de la excitación me hacía sudar y mi mente ya no percibía ningún peligro, solo sexo entraba en ella, cegada de placer.

    Quité su franela y disfruté viendo como se revelaba su pecho ante mí, le besé las tetillas, se las lamí casi que con desespero mientras sentía su mano entre mis piernas, abriéndose el camino con sus dedos hasta conseguir y estimular mi clítoris. La sentía resbalándose en mi sexo mojado, haciéndome sentir el cosquilleo divino y parando solo para explorar momentáneamente mis orificios.

    –Vamos a tu habitación, quiero que tiremos en tu propia cama. Quiero que nuestra transpiración y el olor a sexo impregne las sábanas y así se quede, no quiero que cambies nada a la hora de llegar tu marido, déjalo con nuestra esencia divina. –Me decía mientras en sus brazos me llevaba al cuarto.

    Me dejó en la cama para terminar de desvestirse y yo mientras lo veía abrí las piernas y metí mi mano entre ellas masturbándome, tocando mi cuquita mojada y caliente que pedía a gritos ser penetrada por su dueño.

    –Mírame, que acabo –le dije mientras él se acercaba a sustituir mi mano por su boca.

    Quedó con su cabeza entre mis piernas, las cuales rodearon su cuello. Mi cuerpo se movía rítmicamente al son del placer hasta que estallé en sus labios, en su lengua que no dejaba de moverse, en su boca entera que absorbía el producto de mi orgasmo. Su lengua era fuego quemando mi centro y sus labios los que calmaban la urgencia de un grito.

    A estas alturas, apenas comenzando, ya las gotas de sudor cubrían nuestros cuerpos, haciendo que nuestras manos se mojaran en cada caricia. Ya nuestros cuerpos vibraban al cada roce de piel, fluidos y sábanas entrelazándose en un abrazo mágico.

    Acaricié su miembro, estaba tan duro y húmedo que me moría de ganas de tenerlo. Recorrí con mi lengua su punta, haciendo círculos en ella y tomando toda su lubricación. La chupé hasta que mi amado me tomó por la cabeza y la empujó dentro de mi boca. Sentí como llegaba a mi garganta. Suavemente lo saqué un poco para comérmelo, chuparlo mientras entraba y salía de rítmicamente.

    Delineaba mis labios con su glande para luego volverlo a empujar dentro de mi boca. Ya el olor de nuestra piel, de nuestros sexos y el calor del ambiente hacían que mis sentidos captaran hasta el menor estímulo. El solo hecho de darle placer, de oír a mi hombre gemir con mis caricias hacía que mi piel hirviera de lujuria.

    Me acosté sobre su cuerpo, besándolo, intercambiando sabores. Es exquisito, frotar nuestra piel, endulzar nuestras bocas, pedirle al oído que me penetre. Me hace sentir fuera del mundo real.

    –Te quiero dentro de mí, dale amor ¡ya anda! –le decía mientras me masturbaba con su sexo.

    Me volteó en la cama y agarrándome por las caderas me penetró con fuerza, haciendo perderme en ese mundo del placer. Entraba y salía de mi cuquita mojada, golpeaba mis nalgas con sus caderas.

    Estaba acrecentando el ritmo de sus movimientos, llenándome con su penetración completa, cuando el teléfono me regresó a la realidad. Al ver el número de mi marido, todo se paralizó en mí.

    –¡Mi marido!– le dije. Él sabe que no voy a salir.

    –Contesta, –me ordenó mientras me seguía dando sin bajar el ritmo.

    –¡No!, no lo haré, –le dije, a lo que él contestó levantando el auricular y poniéndolo a mi oído.

    Nerviosa, saludé y mi marido me pregunto que me pasaba, que mi voz estaba extraña.

    –… Nada, solo dolor de cabeza así que volví a la cama un rato… quiero dormir ahora que me he tomado el analgésico, –le dije.

    Mi corazón palpitaba, mi sangre se sentía recorrer a la velocidad de la luz. Mi respiración era contenida y la adrenalina junto a las caricias robadas me estaban haciendo llegar a un orgasmo, mientras mi marido me daba detalles del trabajo que hacía. Yo solo le daba dos o tres palabras, tratando de esconder lo que estaba experimentando.

    Mi amante agachado sobre mí me susurraba al oído:

    –Mi vida, mmmm que rica estás traicionera. Mírate como estás de roja. ¡Acaba! ¡quiero que acabes ya!

    Entre todo esto estallé en un orgasmo, amortiguando cualquier sonido y sin saber siquiera de que me estaba hablando el otro por el teléfono. Finalmente, me dijo: “descansa que se te oye mal de verdad. Nos veremos en la tarde”.

    Colgué el auricular y no sabía si reír o llorar. No era sentimiento de culpa. Era más la sensación de bajarse de una montaña rusa, que después de tanto grito y susto, lo que quieres es volver a subir.

    Me incorporé quedando arrodillada, con mi amante de la misma forma a mis espaldas. tomándome desde atrás. Seguía penetrándome mientras sus dientes mordían mi cuello y sus brazos me rodeaban para terminar cruzados sobre mis senos. Los masajeaba suavemente para luego pellizcar mis pezones erectos. Me deshacía en las caricias entregada a mi hombre por completo. Sintiendo llegar cada orgasmo.

    Sin descanso, como agarrando cada segundo de nuestro tiempo, me acosté en la cama boca arriba y lo atraje con mis piernas hasta sentir que rodeaba su cintura y él estaba sobre mí. Besándome, se movió un poco entre mis muslos hasta penetrarme, se movía sobre mi rozándose con su cuerpo, llenando mi boca con sus besos y bañándome en su sudor.

    Luego, me volteó para comerse a besos y lamidas mi espalda. Bajó hasta mis nalgas y la abrió con sus manos, siguió toda la raya con sus dedos y su lengua para terminar lamiendo mi culito con avidez, sentía su lengua recorrerme, hundirse en mi orificio y moverse dentro de éste. Sus manos se aferraban ahora a mis nalgas, controlando mis movimientos. Yo estaba extasiada gozando la sensación cuando lo sentí apoyando su sexo contra mi culo.

    Sin dilatarme suavemente lo empujó dentro de mí, haciéndome arquear la espalda ante esta sensación. Me llenó completa. Sentía los vellos de su piel rozando mis nalgas. Se movía, primero suavemente y después con fuerza hundiéndose y saliendo de mis entrañas. Pasaron los minutos sin dejar de movernos, gemíamos de placer hasta que los dos nos conseguimos en el punto más alto y acabó dentro de mí. Caímos sudados en la cama. Ahora besos y caricias sustituían la danza vertiginosa del sexo.

    Compartimos la cama, una ducha larga y tibia, muchos besos y susurros llenos de lujuria, pasión y hasta algo de comer, para luego verle perderse en el mundo más allá de la puerta de mi casa. Satisfecha y deseándolo como siempre.

    Esta experiencia, aunque corta, la atesoro como una de las más intensas que he vivido.

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  • Le fui infiel a mi marido con don Agustín

    Le fui infiel a mi marido con don Agustín

    Les empiezo contándoles que estoy casada ya hace 3 años, con Martin que es ingeniero industrial, trabajaba para una prestigiosa empresa multinacional y vivíamos en una buena urbanización de clase media alta, pero la empresa se tuvo que ir del país, y ahí fue donde empezó nuestros problemas.

    Tuvimos que vender nuestra casa para pagar la hipoteca y el carro también, y nos fuimos a vivir, a un barrio de clase media baja, yo a mis 30 años tuve que buscar trabajo, pero era difícil encontrarlo, nos mudamos a un edificio viejo, de apenas 50 metros cuadrados y lleno de personas mayores, me acuerdo que al llegar nos encontramos con doña Adela y don Agustín ella muy amable, pero él no me cayó muy bien desde el principio, su mirada era lujuriosa y atrevida, casi me desnuda cuando me vio.

    Así que empezamos nuestra nueva vida allí, menos mal que no teníamos hijos todavía, Martin consiguió un trabajo que apenas, podíamos pagar nuestras deudas, esa semana yo aburrida de estar todo el día en el apartamento, me decidí bajar a conocer el barrio, me dirijo hacia una pequeña bodeguita que visualice a lo lejos, no sin antes percatarme que en la acera de enfrente estaba don Agustín con unos amigos tomándose unas cervezas.

    Al pasar por ahí empezó ese viejo baboso a decir piropos subidos de tono, y al principio me molestaron mucho, pero luego me subieron mi ego, al saber que esos viejos me estaban mirando, pervertidamente, compre unas cuantas cosas para el almuerzo y al salir, me llene de valor y cruce a la acera que estaban todos ellos, con un paso más lento, para que me pudieran apreciar más y deseando que me dijeran más piropos groseros.

    Al llegar donde estaban, veo que don Agustín se para y se me acerca diciéndome “vecinita que buenas nalgas se gasta usted, se ve que están duritas, como me gustaría mordérselas”, y los otros “que tetitas más ricas, así me gustan a mi chiquitas para poder chupárselas bien”, esas cosas notaba que me excitaban mucho, y cuando llegue a mi casa note que esta mojada y excitada.

    Al día siguiente cuando mi esposo se fue al trabajo, me vestí para ir otra vez a la bodega a comprar, pero esta vez me puse una minifalda y una blusita escotada con tacones, y deseando que esos viejos estuvieran tomando otra vez en el mismo sitio

    Así fue ya los había visto, y de pronto siento mi corazón acelerado deseando oír lo que me dirían esta vez, así que camine por la misma acera donde estaban ellos.

    Al estar pasando junto a ellos ya, otra vez don Agustín se paró otra vez y esta vez más atrevido se acercó a mi oído susurrándome, “que rica estás mamacita como quisiera que fueras mi zorrita, para hacerte de todo y penetrarte con mi verga en todos tus agujeritos”.

    Eso acelero más mi corazón, y estaba otra vez mojando mis bragas, cuando llegué a la casa lo primero que hice fue echarme una ducha de agua fría, para quitarme ese calentón que llevaba dentro de mí.

    Otro día cuando llegábamos mi marido y yo del supermercado cargados de bolsas, don Agustín estaba esperando el ascensor y nos saludamos los tres muy cordialmente, entramos en el ascensor y el precisamente quedo atrás mío, y el muy descarado sin que mi esposo se diera cuenta me toco el culo, me dio rabia y asco tenía ganas de decírselo a mi esposo, para que le rompiera la cara, pero no sé qué paso que me quede callada, al abrirse la puerta en nuestro piso otra vez descaradamente me dio una pequeña nalgadita de despedida.

    Así pasaron los días, y a mí me estaba gustando ese jueguito de hacer seducir a esos viejos babosos y cada vez me vestía más provocativa para ellos.

    Un día que estaba viendo la televisión de un programa de ejercicios que yo lo hacía para no aburrirme y seguir estando en forma, me acuerdo que estaba vestida con una faldita con la cual practicábamos tenis en nuestra antigua casa y una franela tipo sujetador de estos que llevan los deportistas con mis zapatillas de goma.

    Cuando sonó el timbre de la casa, baje el volumen del televisor y fui abrir, la sorpresa fue cuando vi a don Agustín en la puerta, tuve varias reacciones la primera de miedo, nervios, curiosidad, y sentí otra vez mi corazón que empezaba acelerárseme, me quede sin palabras

    Don Agustín: vecinita vengo a ver si me da un poco de azúcar, que no tenemos en la casa.

    Yo le contesté que sí, que diera la taza que llevaba para ponerle un poco, lo deje en la puerta me voltee y empecé a caminar lento y sexy para que me viera bien.

    Llegue a la cocina, y oigo que se cierra la puerta de mi casa, la verdad que allí ya estaba un poco nerviosa, veo que él también está en la cocina, así que sigo como si nada, y mi corazón no dejaba de latir con más fuerza sabía que estaba excitada con ese viejo viéndome, así que me incline lo más que pude para darle una mejor vista de mi piernas, sin darme cuenta que con lo pequeña de mi falda le estaba enseñando mis braguitas, que eran tipo hilo dental.

    Al rato siento que don Agustín, había recostado su verga en mi trasero, me quede inmóvil y perpleja no sabía que hacer

    Don Agustín: eso es lo que estabas esperando zorrita, sentir mi verga pegada en tu culo.

    Yo terminaba de reaccionar no sabía que me pasaba quería abofetearlo y a la vez no me desagradaba esa situación estaba abobada

    Así como no reaccioné, él me agarró por mi cintura y me enderezó puso sus manos en mis tetas, y las fue tocando hasta que me las metió por debajo y empezó a pellizcarme mis pezones, que rápidamente reaccionaron parándose y poniéndose duritos.

    Bajo su mano hasta mi vejiga y me estaba tocando mis labios que estaban ya mojados, primera vez que sentía que no podía hacer nada estaba inmóvil a merced de ese viejo degenerado, dejándome hacer todo aquello

    Don Agustín: muy bien zorrita ahora me vas a bajar los pantalones y vas a sacar mi verga para que la veas, y te la puedas llevar a tu boquita de puta, para que me des una buena mamada

    Esas vulgaridades y ese manoseo que hacía con mi cuerpo, me estaba gustando y me estaba llevando a ponerme en el papel de ser su zorrita

    Me voltee y empecé a desabrochar su pantalón se lo baje hasta sus rodillas y enseguida note ese bulto que se ocultaba debajo de su interior, no pude esperar a ver cómo era ese bulto, así que le baje su interior también, y quede sorprendida por el tamaño de su pene, era enorme nunca me imaginé que había de ese tamaño.

    Don Agustín: bueno putita ahora quiero que te lo pongas en tu boca y me lo chupes.

    Así hice sin pensarlo ya metiéndome la mitad me llegaba hasta la garganta, empecé a chupárselo bien y creerme que de verdad era una puta, me estaba gustando mucho lo que hacía y pensar en que verdad era una tremenda puta.

    Después que estuve un buen rato mamándosela, me incorpora de nuevo, fuimos hasta una silla él se sentó, me agarro por mi cintura y me sentó arriba de él, con sus dedos separo mis bragas, y empezó a penetrarme con ese pedazo de estaca que se gastaba, otra vez con sus manos en mi cintura me levantaba y me sentaba haciendo que esa vergota me entrara toda, cada vez lo hacía más rápido y yo me estaba empezando a estremecer como una loca.

    Nunca antes con mi marido había sentido algo igual, gemía, gritaba, jadeaba, era algo increíble que ese viejo, me había hecho descubrir de mi cuerpo, ya no era él quien me hacía levantar y sentar, era yo que lo hacía, hasta que me hizo gritar como nunca por el tremendo orgasmo que estaba sintiendo, entonces para rematar en ese sube y baja clavándome su verga, agarro su dedo y me lo metió en el culo, eso fue maravilloso porque ahora lo sentía con más fuerza.

    Lo que no sabía yo era que ese dedo metido en mi culo era la preparación de sacar su pene, para empezar a metérmelo en mi pequeño agujerito, que por cierto era virgen, no me importo la verdad, hasta que sentí esa estaca que me estaba destrozando por dentro, dolía mucho, pero no quería parar hasta que se fue lubricando mejor mi ano, y ya empezada a disfrutar esa nueva experiencia, me estaba gustando tener esa relación anal.

    Don Agustín: bueno putita mía prepárate que ya estoy a punto de llenar tu culito con toda mi leche, nunca imagine lo que diría, parecía que fuera otra mujer lo que le conteste.

    “Si don Agustín llene mi culito con su lechita, quiero que lo haga ah ah ah ah que rico me encanta ser su putita, mientras me hacía llegar con otro inmenso orgasmo”, y sentí un chorro caliente dentro de mi culo, que cuando me lo saco su leche salía de mi agujero anal y bajaba por mis muslos, quedamos los dos exhaustos y yo muy satisfecha como nunca me imaginé que me hubieran podido coger.

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  • Mi suegra, gordita inesperada (4)

    Mi suegra, gordita inesperada (4)

    Después de un lunes de locura con mi suegra, llegó el martes y mi a esposa, como mujer que es, su sexto sentido le dijo que algo estaba pasando conmigo. Bueno, eso es lo que imagino porque, al despertar el martes, me levanté con una extraña sensación: abro los ojos y veo a mi mujer con mi pene en su boca.

    Se paró y me comenzó a cabalgar como una posesa, se acostó encima mío y yo comencé a chupar sus senos. Semi sentados tuvimos un sexo rápido y lleno de morbo, terminando ella primera y yo después. Hace mucho tiempo que no teníamos un mañanero, así que me pareció más que extraño al desayunar y, ya antes de irme a trabajar, al entrar a mi cuarto para sacar mis llaves y documentos, mi esposa se arrodilla, me abre el cierre y me hace una mamada espectacular, haciéndome llegar al cielo y explotar en su cara.

    Así me fui a trabajar, relajado y un poco cansado. Ya llegaba la salida de trabajo y pensé nuevamente darle siquiera una pequeña repasada a mi suegra, pero, al estar saliendo del trabajo, mi esposa me llama al celular y me dice que vaya rápido a casa, que es urgente.

    Llegué y mis hijos no estaban, y mi esposa estaba con un baby doll negro de infarto, unos pantys de malla negra, unos tacos que, ufff, me puso a mil, me empujó al mueble y me comenzó a besar con mucho morbo, mordiéndome los labios. Mis manos recorrían su casi desnudo cuerpo, se separó y con mi ayuda me comenzó a desvestir, sin decir una palabra ya estaba nuevamente mamándome el pene, lamiéndome hasta las huevos. Se sacó el pene de la boca y lo sobaba frente a la cara, se levantó, regresó de la cocina con unas copas de vino, me dio una y remojó mi pene en su copa, mientras seguía lamiéndome el pene y los huevos.

    Después de esa sesión de mamada espectacular, fuimos al cuarto donde yo tomé acción y la comencé a besar, le di vuelta y viendo su gran culo blanco (mi esposa es gordita, muy blanca, con un trasero enorme como el de su mamá), empecé a mordérselo y lamerlo. Esto la excitaba, y comenzó a mojarse completa. Me sentó en la cama y, sin quitarse el calzón, movió su diminuta trusa y a sentones comenzó a introducirse todo mi pene de frente hacia a mí. Nosotros seguimos moviéndonos de manera espectacular: ella casi saltaba encima de mí, y yo agarrando sus nalgotas y mordiendo sus ricos pezones.

    Cambiamos de posición y solo quitándole la parte de arriba del baby doll comenzamos hacer el perrito, moviéndole su tanga, agarrando ese culo grandote al meterle mi pene. Era fantástico, mi esposa gemía, gritaba, me pedía más y yo después de las corridas temprano, tenía para rato. Así estuvimos un buen rato: ella pegando gritos y alaridos y yo en el cielo.

    Le metí un dedo en el ano y ella ya sabía lo que venía. Metí dos, hasta tres… Ya estaba lista. Mientras metía el pene en la vagina muy mojada, lo saqué y poco a poco se lo fui metiendo por el culo… Seguido de gritos de placer de mi esposa. Después de un rato de dolor ella sola comenzó a seguir con el movimiento, pero, antes de eso, ella ya había llegado un par de veces. Tanto fue el placer que me deba meter mi pene en ese estrecho agujero, que se lo llené de semen.

    Nos quedamos tendidos en la cama, y me dijo que había dejado a los niños con mi suegra, que le había pedido por favor que se quedasen con ella toda semana, que quería pasar una semana inolvidable y que ella no se sentiría sola por no estar con mi suegro.

    Bueno, malogró la semana con mi suegra, pero tuve un sexo de campeonato por una semana, desayunábamos desnudos, tocándonos todo el día, lamiéndole todo el cuerpo a cada momento, parecíamos perros en celo, todo era sexo y placer.

    Y solo pude disfrutar de mi suegra unas 3 a 4 días más este mes… pero ahora viene lo bueno con mi suegra… su cumpleaños.

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  • Mi sobrina María Victoria

    Mi sobrina María Victoria

    Me llamo Carlos, tengo 53 años y entre varios sobrinos y sobrinas, tengo una sobrina de 18 casi 19 años que se llama María Victoria, pero que todos conocemos como Vicky.

    Vicky ha de medir 1,65 metros, tez trigueña, cabello castaño, hermosa sonrisa, buen cuello, tetas generosas y erguidas, buen culo, lindas piernas en un contexto de una chica que practica deportes desde hace años.

    Vicky, además, es mi ahijada.

    Hace un tiempo advertí que en las reuniones familiares me observaba fijamente mientras yo hablaba con otras personas en la mesa, al comienzo no le di importancia, pero al repetirse la actitud, me sentí algo incómodo por temor a que alguien más se diera cuenta.

    Así pasó el tiempo, pero ante la persistencia, la empecé a mirar con otros ojos, descubrí un brillo distinto en su mirada, me maravillé de sus tetas, de su culo, de sus piernas, de su cuello y de su boca; pero tenía temor de equivocarme o bien, quedar como un viejo boludo ante el coqueteo de una pendeja que estuviera histeriqueando.

    Transcurrieron los meses, hasta que una tarde la tropecé en la calle, justo en la entrada del edificio donde tengo mi oficina –trabajo independiente−, nos saludamos con un beso en la mejilla, cambiamos unas palabras (sus ojos brillaban), y se escuchó un fuerte trueno al mismo tiempo que empezaron a caer grandes gotas de lluvia.

    —Entremos que nos vamos a mojar, acá tengo mi oficina —dije yo.

    —¿Acá? —preguntó.

    —Sí, acá —respondí.

    Entramos al edificio, llame el ascensor, subimos y mientras ascendíamos note su respiración algo agitada y no paraba de mirarme a los ojos.

    Llegamos al piso, abrí la puerta de la oficina, entramos, cerré la puerta con llave, encendí las luces y le dije:

    —Pasa, —señalando hacia el fondo donde tengo mi privado.

    Caminó delante de mí, y yo seguí admirando su turgente culo, que se movía debajo de un vestido de verano, de algodón o algo así, y que dejaba adivinar una diminuta tanguita.

    Entramos al privado, por la ventana se veía una copiosa y ruidosa lluvia, le acerqué una silla, pasé al otro lado de mi escritorio, encendí la PC y le ofrecí un café, ella aceptó.

    Serví ambos cafés y procedí a abrir el correo, deseché mensajes sin importancia y mientras leía y respondía los demás, Vicky sorbía su café lentamente y encendió un cigarrillo.

    —No sabía que fumabas, —le dije.

    —En mi casa no lo hago porque a papá no le gusta.

    La miré mientras hablaba y seguía con los ojos brillantes y ahora, con los labios también brillantes como si se hubiera pasado la lengua. Terminé con el correo, encendí por mi parte un cigarrillo y mirando hacia la ventana exclamé:

    —¡Qué manera de llover!, parece que no te vas a poder ir.

    —Si no te molesta tío, me quedo hasta que pare.

    —No hay problemas, pero te vas a aburrir.

    Ella me miró y suavemente me dijo:

    —No creas tío.

    Se levantó de su silla, tomó los pocillos de café, fue a la pequeña cocina, los lavó y volvió a mi privado, tomó asiento y como al pasar me dijo:

    —¡Las pelis porno que habrás mirado acá solo!

    —Para nada, —respondí y pregunté rápido— ¿Vos querés ver?

    —Ay tío, me da vergüenza.

    —¿Vergüenza? —exclamé— pero si soy tu tío y además tu padrino.

    Mientras dialogábamos, abrí el navegador, busqué una peli porno, le di al play y dije:

    —Vicky, vení, sentate en mi sillón así ves mejor, —me levanté ella se sentó y yo quedé parado detrás del respaldar.

    En la pantalla del monitor, una presunta madrastra seducía a su hijastro sentados en un sofá, le tomaba la mano y se la hacía pasar por la concha, después le amasaba la pija por sobre el pantalón, abría el cierre, sacaba la pija y se la empezaba a lamer y chupar.

    A esa altura, Vicky respiraba profundo y yo tenía la verga durísima.

    Saqué mis manos del respaldar y las apoyé en sus hombros, no dijo nada, apreté suavemente sus hombros, subí un poco las manos y acaricié su cuello. Ella quieta y muda, sólo respiraba profundamente y se veían sus tetas moverse al ritmo de la respiración.

    Bajé suavemente las manos, deslicé los breteles de su vestido que cayeron al costado, Vicky quieta pasaba sus manos por sus piernas. Baje los breteles de su corpiño y, ahí se arqueó mirándome hacia arriba. Su rostro reflejaba una tremenda calentura.

    Bajé las manos hacia sus tetas, las saqué de las tasas del corpiño y comencé a acariciárselas, masajeándole los pezones que estaban totalmente erectos, mientras hacía esto, me incliné y la besé en el cuello. Deslicé una de mis manos hacia su entrepierna y le acaricié la conchita por sobre la falda. Ella entreabrió algo sus piernas, subí la falda y metí mano en la tanguita, estaba muy mojada y su conchita muy caliente. Sin dejar de acariciarle la concha, con la otra mano me abrí el pantalón y saqué la pija. Me erguí parado a su lado, Vicky giró la cabeza, me miró la verga y dijo:

    —¡Tío, que pijota!

    —¿Te gusta?, está así dura por vos y es toda para vos, —dije en voz queda.

    Me agarró la verga son sus manos, le corrió el cuero, quedando al aire la cabezota morada, brillante por mis jugos.

    Pasó la punta de la lengua por el orificio de la cabezota, luego por toda la punta mientras me acariciaba los huevos y, finalmente, mirándome a los ojos, se la metió todo lo que pudo en la boca. Boca llena de saliva y muy caliente, la tomé con una mano desde atrás de su cabeza para atraerla hacia mí.

    Me chupaba la verga con muchas ganas, como si de verdad se la quisiera tragar, la saliva le salía por el borde de los labios, lo hacía muy bien, mi verga entraba y salía de su boca al ritmo de los movimientos de su cabeza. Saqué la pija de su boca, la besé, lengua con lengua mientras la volvía a acariciar la concha, la tomé de los brazos y la puse de pie, la abracé metiendo la pija entre sus piernas, amasándole el culo, besé sus tetas, las chupé al mismo tiempo que la manoseaba toda: concha y culo.

    Vicky jadeaba, respiraba hondo, sus mejillas se colorearon de la calentura.

    Me saqué la camisa, el pantalón, el bóxer, y terminé de desvestirla a ella, que quieta esperaba que yo tome la iniciativa. La hice sentar en el sillón, levanté sus piernas para que las ponga arriba del escritorio, me arrodillé, abrí su concha con mis dedos, y comencé a lamerle el clítoris y a chuparle sus jugos, mientras con una mano amasaba sus tetas, se arqueaba y gemía, hasta que dijo balbuceando:

    —Tío, no sabía que eras así ¿Qué más me vas a hacer?

    —De todo.

    Me puse de pie, la tome de las manos, la levanté y le ordene quedo, que se ponga de rodillas en el sillón, la incliné hacia adelante para que se tome del respaldar, abrí sus nalgas y empecé a chuparle el ano y meterle dedos en su concha, ella estiró una mano hacia atrás acariciándome la cabeza diciendo: “Ay tío, ay tío…”.

    Me erguí, pasándole la pija por la zanja del culo, de arriba a abajo, hasta que la emboqué en la concha, empujando de a poco, fue penetrando en esa conchita estrecha y jugosa. Vicky entre suspiros decía “ah… ahhh… tío nunca me habían cogido así, seguí, más, más…”.

    Sus palabras me pusieron al máximo, la tenía agarrada de la cintura y le pegaba terribles cogidas, golpeando sus nalgas que se movían a cada golpe de pija, así estuvimos un rato, hasta que dijo: “Me acabo, tío, me acabo…”, se la enterré hasta el fondo y allí me quedé, mientras Vicky acababa entre espasmos.

    Le saqué la pija, ella se sentó, la besé en la boca, largo beso de lengua, después le ofrecí la verga, ella la tomó la empezó a lamer y me la chupó, succionando con fuerza, hasta que le dije: “Me acabo…” se metió la verga todo lo que pudo en la boca, y allí literalmente exploté, cerró sus labios para tragar mi leche, la tragó toda y me chupó para sacarme hasta la última gota de la acabada.

    Le ofrecí un cigarrillo, encendí uno para mí, me senté en una silla, y fumamos quedamente, relajándonos.

    Terminamos el cigarrillo, ella se puso de pie, dijo:

    —Tío, voy al baño.

    Fue y yo la miré irse, sin poder creer lo que había pasado, y al mismo tiempo mirándole el culo, mientras pensaba que algún día iba a ser mío.

    Cuando volvió del baño, le ofrecí un whisky.

    —¿Tenés tío?, Si, bueno dame uno con hielo.

    Fui hasta la heladerita, serví dos whiskies con hielo, volví al privado, tomamos a pequeños sorbos, de pie, la tomé de la cintura, la atraje hacia mí, la besé en la boca, en el cuello, y acariciaba sus nalgas, ella se froto contra mí, la verga empezaba a pararse otra vez, me la acarició, la agarró, la apretó en su mano, me miró a los ojos, se arrodilló y empezó a mamármela nuevamente.

    Me pegó una terrible mamada, la pija entraba y salía de su boca toda mojada por su saliva, se la metía hasta la garganta y la sacaba despacio succionándomela, yo la tenía muy dura otra vez y con ganas de volver a cogerla.

    La puse de pie y la indique que se pusiera de rodillas en una de las sillas sin apoyabrazos que tengo para mis clientes, se agarró del respaldo abierta de piernas y con el culo parado, me puse de rodillas detrás, le abrí la zanja y empecé a chuparle el ano lamiéndoselo y succionándoselo al mismo tiempo que le metía dedos en la concha y frotaba su clítoris.

    Vicky balbuceaba algo que no se entendía y respiraba roncamente, me puse de pie y le ensarté la verga por la concha, hasta los huevos, la agarré de la cintura y le di tremendas cogidas, en cada violento empujón yo sentía que la cabezota de mi pija llegaba al fondo de su concha inundada de flujos, y en cada golpe ella largaba un ahhh… parecido a un gruñido.

    —Tío dame más, dame más…

    Y más le daba y mi sobrinita empujaba para atrás acompañándome en los movimientos.

    Saqué la pija de esa concha encharcada, se la pase por la zanja del culo, y le golpeé las nalgas a pijazos.

    —Vicky, cambiemos, —le dije.

    Se puso de pie, me senté en la silla.

    —Vení, subite.

    Se montó a horcajadas, enterrándose la pija en su concha ardiente y jugosa, la agarré del culo y ella empezó a cabalgar mientras yo le besaba el cuello. Cabalgaba con la verga ensartada, moviéndose circularmente, jadeaba roncamente: “¡Ay tío!, me volvés loca”.

    Suspiró profundamente, cabalgaba más fuerte, casi con violencia, yo sentía la pija ardiendo por sus jugos calientes.

    De repente empezó a temblar respirando como con un ronquido: “Abrazame fuerte tío”.

    La abrace con fuerza, me beso en la boca y dijo quedamente: “Acabo tío”.

    Empezó a acabar, cabalgaba, jadeaba y gemía.

    No paraba, se quedaba casi sin respiración, me clavaba las uñas en la espalda y se seguía moviendo, su respiración era un gruñido continuo. Eso duro minutos, no sé cuántos, yo estaba sorprendido.

    De repente respiró hondo, se aflojó, cayeron sus brazos a los costados y se le cayó la cabeza hacia atrás, se la sostuve con una de mis manos, y con el otro brazo la tenía firmemente sujeta.

    Respiraba profundo y casi con normalidad, abrió los ojos, sonrió.

    —Tío, no sé qué me pasó, no podía terminar de acabar y casi me desmayo, me faltaba la respiración

    —A lo mejor tuviste pequeños orgasmos seguidos.

    —No sé, es la primera vez, a lo mejor es porque con tu pija me siento llena, siento que me llenas la concha y siento que me llegas al fondo.

    Me besó en la boca, se puso de pie dirigiéndose al baño.

    Serví dos whiskys, que tomamos lentamente, saboreándolos, mientras fumábamos en silencio

    Habrán pasado cinco minutos o diez, no sé, le dio un pequeño sorbo a su whisky, se arrodilló entre mis piernas, me agarro la pija, le pasaba la lengua por la cabeza, se la metió en la boca y empezó a mamármela muy bien. Yo no había acabado antes, así que rápidamente mi verga se puso como un fierro, ella con movimientos de cabeza rápidos la metía y sacaba de su boca, ya sentía que iba a acabar, le puse una mano sobre la cabeza, Vicky adivinó, se metió la verga lo más que pudo en la boca y exploté.

    Se tragó toda la acabada relamiéndose, me limpió la pija con su lengua, se puso de pie, me beso en la boca.

    —Tío, ya dejó de llover, me tengo que ir a la Facultad.

    Se vistió, me saludó y se fue.

    Así terminó nuestro primer encuentro.

    Estos encuentros se repetían una o dos veces por semana, según lo permitieran nuestras ocupaciones, siendo cada vez más calientes, lujuriosos, y libidinosos.

    Si ella tiene tiempo me manda un mensaje de texto con un “Quiero”, yo a mi vez respondo con un “OK”, o un “No”, según las circunstancias, y a veces vamos a un motel, para coger con más comodidad.

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  • Crónicas de X-427 (capítulo 3): Dentro de la abertura

    Crónicas de X-427 (capítulo 3): Dentro de la abertura

    Entrada 8

    12:28 horas. Hora de X-427.

    Hemos caminado apenas unas tres horas desde que salimos del campamento y decidimos tomar un descanso. El calor, la humedad del planeta y el terreno irregular nos están retrasando mucho más de lo que Kael y Lira habían anticipado según la trayectoria de navegación.

    Llevar parte del equipo con nosotros también ha supuesto un obstáculo más que no estaba previsto. Uno de los técnicos, que ahora sé que su nombre es Solen, se ha quedado en el campamento base como medida de prevención en caso de que las cosas se compliquen. No queremos arriesgarnos a perdernos o caer en una cueva subterránea que no está marcada en los mapas, ni a perder la comunicación con la nave de mando central

    Acordamos mantener las comunicaciones abiertas para estar en contacto con el campamento base en todo momento. A su vez, Solen tiene indicaciones de mandar un reporte cada 12 horas al mando central. Si no sabe nada de nosotros en ese lapso debe activar una señal de emergencia con la esperanza de que la ayuda llegue a tiempo.

    El resto del equipo se ve cansado, pero con el ánimo y la moral intactos. La misión apenas comienza y de momento en nuestro pequeño grupo reina la curiosidad sin mencionar lo obvio: la inquietud que imagino todos sentimos por encontrar al equipo de avanzada 1.

    El paisaje es asombroso. A medida que nos adentramos en la espesura, la vegetación se vuelve más densa y variada. Los árboles, altos y delgados, tienen cortezas que brillan con un tono plateado bajo la luz del sol. Las hojas son de un verde intenso, casi iridiscente, y algunas plantas tienen flores que parecen hechas de cristal. Es como caminar a través de un sueño.

    Hemos visto varios animales, aunque ninguno se ha acercado lo suficiente para ser una amenaza. Pequeñas criaturas que parecen una mezcla entre reptiles y aves, con escamas brillantes y alas membranosas. Vuelan entre los árboles, emitiendo sonidos que suenan como campanadas distantes. Son hermosos, pero hay algo inquietante en ellos. Es como si nos estuvieran observando. Analizando lo que hacemos. No me gusta nada.

    Entrada 9:

    14:10 horas. Hora de X-427.

    Hemos llegado a un claro donde el suelo está cubierto de una especie de musgo que brilla con un tono azul pálido. Kael se detuvo para tomar una muestra, pero cuando tocó el musgo, este emitió un suave resplandor y comenzó a vibrar. Fue como si estuviera vivo.

    Lira bromeó diciendo que el planeta nos estaba dando la bienvenida, pero noté que su voz temblaba ligeramente. Jareth, como siempre, observaba en silencio, tomando notas en su dispositivo. La Dra. Sullivan parece ser quien menos está disfrutando del recorrido y la entiendo. Cuando partimos del campamento sugerimos traer solo lo esencial, pero, ¿para un médico que debe estar prevenido para cualquier tipo de emergencia que es “lo esencial”?

    Sullivan, quien por cierto me acabo de enterar es la menor de todo el grupo, trajo consigo un botiquín de primeros auxilios: vendajes, apósitos estériles, suturas y grapas quirúrgicas, torniquetes hemostáticos, analgésicos y antiinflamatorios, antibióticos de amplio espectro, antihistamínicos y epinefrina. También trajo un equipo quirúrgico de emergencia que consta de varios instrumentos que no sabría mencionar, antídotos universales, medicamento para radiación, estimulantes y sedantes.

    Además del equipo de supervivencia personal que todos portamos y que tiene un peso considerable, también quería traer consigo un equipo de soporte vital avanzado que decidimos dejar a último momento debido a lo delicado del equipo y la facilidad con la que podría dañarse. El humor de la doctora parece no ser el mejor de momento, pues está hablando con Veylan, el técnico que vino con nosotros, y su lenguaje corporal lo confirma.

    Hemos decidido hacer una pausa aquí para descansar y reponer energías. Mientras los demás comen, he estado observando el musgo. Parece responder a la presencia de luz y calor, pero no estoy segura de cómo. Tomé una muestra para analizarla más tarde.

    Entrada 10:

    16:30 horas. Hora de X-427.

    Hemos continuado nuestro camino, y ahora estamos más cerca de la formación rocosa. El terreno se ha vuelto más accidentado, con colinas y pequeños arroyos que cruzan nuestro camino. El agua es cristalina y parece segura, los reportes que envió el equipo anterior mencionan que es apta para consumo humano, pero me quedaré más tranquila tras analizarla con calma en mi tienda por la noche.

    En el camino, nos encontramos con una criatura más grande. Parecía un felino, pero con una piel que cambiaba de color para mimetizarse con el entorno. Nos observó desde la distancia, con ojos dorados que brillaban con inteligencia. No mostró signos de agresión, pero su presencia era… intimidante, muy intimidante. Si esa cosa decidiera que somos una amenaza y nos ataca por sorpresa dudo que el blanco de ese ataque sobreviva, al menos no sin lesiones graves, espero mantenga su distancia y nos deje en paz. Después de unos minutos, simplemente se dio la vuelta y desapareció entre la vegetación.

    Kael sugirió que podríamos estar siendo observados por la fauna local. No le dije que yo también lo he notado. Durante el poco tiempo que llevamos aquí, varios miembros de la tripulación parecen percibir esa misma sensación. Quizá debería alentar esa discusión lo más pronto posible.

    Entrada 11:

    17:50 horas. Hora de X-427.

    Hemos llegado a la formación rocosa. Es impresionante: una serie de pilares de piedra que se elevan hacia el cielo, que de cierto modo parecen como si fueran antiguos rascacielos en la tierra. Entre los pilares hay una especie de enredadera que emite un suave resplandor dorado. Es hermoso, pero también inquietante.

    Hemos decidido establecer un campamento temporal aquí, ya que el sol comenzará a ocultarse pronto. Mientras los demás preparan las tiendas, he estado revisando el área en busca de señales del equipo anterior pero no hay rastro de ellos. Nada. Seguiremos buscando.

    Sucedió un evento hace un momento que aún me da vueltas en la cabeza. Kael dice que se encuentra bien y la doctora Sullivan lo ha revisado y no encontró alteraciones en su estado. Con el de hoy hemos tenido dos encuentros con la fauna local y no parece haber señales de hostilidad al menos por el momento, sin embargo algo no me deja estar tranquila. Intentaré describir lo mejor que pueda lo ocurrido para futuras referencias:

    Mientras continuábamos nuestro camino, Kael se separó brevemente del grupo para inspeccionar una especie de arbusto que emitía un brillo rosado. El arbusto tenía unas flores grandes y carnosas, con pétalos que parecían vibrar ligeramente, como si estuvieran respirando. Era un espécimen hermoso.

    Kael se acercó con curiosidad, extendiendo la mano para tocar una de las flores. Para sorpresa de todos, la planta pareció reaccionar al tacto de una forma temerosa, parecía que supiera que la estaban tocando. La planta parecía estar viva o al menos consciente de lo que estaba sucediendo. Algo similar a lo que había pasado con Lira el día de ayer. Dejé que la curiosidad se apoderara de mi por un instante y tuve el mismo reflejo que Kael.

    Ante la mirada incrédula de Lira y la Dra. Sullivan que mantenían una distancia prudente, también estiré la mano para tocar la flor. Parecía tener una textura tersa y suave. Con una delicadeza natural exótica. Por un instante tuve un fuerte impulso de tocar la planta, de acercarme a ella. Estaba por retirarme mi protección cuando vi a Kael que ya se había quitado uno de sus guantes y estaba tocando los pétalos directamente.

    Lo que sucedió después me sacó de mi aturdimiento de golpe.

    La flor respondió al contacto de Kael de una manera que no parecía natural. Los pétalos se abrieron lentamente, revelando un corte o abertura con un interior húmedo y brillante que desprendía un aroma dulce y embriagante. Kael parecía fascinado, inclinándose para observar más de cerca. Pero entonces, la flor se movió con una rapidez sorprendente, envolviendo su mano con una fuerza que lo hizo retroceder.

    “¡Mierda!” exclamó Kael, intentando liberarse, pero la flor no lo soltaba. En lugar de eso, comenzó a deslizarse por su brazo, como si estuviera explorando su piel. Los pétalos, suaves y cálidos al tacto, se enroscaron alrededor de su antebrazo, mientras que el interior de la flor producía un líquido brillante.

    El resto del equipo se acercó, pero Kael nos detuvo con un gesto. “Esperen… no duele”, dijo, con una voz que sonaba más sorprendida que alarmada. Y entonces, la flor hizo algo que nos dejó a todos sin palabras.

    Los pétalos comenzaron a moverse rítmicamente, como si estuvieran masajeando el brazo de Kael. El líquido brillante que desprendía la flor parecía tener un efecto en él, porque noté cómo su respiración se volvía más pesada y cómo sus músculos se tensaban bajo el contacto de la planta. Kael cerró los ojos por un momento, y un gemido bajo escapó de sus labios.

    “Kael, ¿estás bien?” pregunté, tratando de mantener la calma, aunque mi propia respiración se había acelerado.

    Él asintió, pero no abrió los ojos. “Sí… es solo… no sé cómo describirlo”.

    La flor continuó su movimiento, deslizándose ahora hacia su bíceps. Los pétalos se abrieron aún más, filamentos que se extendieron hacia su torso, parecía como si intentaran acariciar su cuerpo con una delicadeza que parecía casi humana. Kael dejó escapar otro gemido, esta vez más audible, el centro de la flor donde debía estar el pistilo era ahora una abertura similar al de los pétalos de donde emanaba más de ese líquido viscoso y brillante.

    La flor había subido lo suficiente por su brazo hasta que tuvo los dedos de Kael dentro de su abertura. Fue entonces cuando noté algo más. El líquido brillante que la flor desprendía no solo cubría la piel de Kael, sino que parecía ser absorbido por ella, como si estuviera entrando en su torrente sanguíneo. Su rostro se relajó, y una expresión de placer se dibujó en sus facciones.

    “Hey, tenemos que sacarlo de ahí”, dijo Veylan, con un tono que parecía casi ser una orden.

    Kael abrió los ojos y me miró, y en ese momento supe que no iba a alejarse. “Esperen… solo un momento más”, murmuró, mientras la flor continuaba su danza sobre su cuerpo. Noté como sus dedos, que estaban dentro de la planta, se movían dentro de ella. Como si estuviera acariciándola, recorriendo la abertura, jugando con ella, recorriendo cada pliegue. No sé si de forma intencional o quizá una reacción al líquido viscoso, pero esta parecía responder a los movimientos de Kael contrayéndose y expandiéndose rítmicamente como si estuviera viva, al menos más “viva” que las plantas en el planeta tierra.

    Había algo en esa escena que me parecía perturbador, pero al mismo tiempo muy interesante y llamativo. Me quedé paralizada mirando. La planta comenzó a vibrar y emitir un sonido suave y melodioso que resonaba en el ambiente. De repente pareció que se tensaba, sus pétalos y filamentos se arquearon y no pude evitar pensar en lo que había visto en la tienda de Lira. Fue un movimiento muy similar.

    Una oleada de líquido abundante comenzó a brotar de su centro con fuerza cubriendo el brazo de Kael casi en su totalidad. Después de ello la flor ahora realizando movimientos temblorosos comenzó a retraerse lentamente, como si estuviera ¿cansada?

    Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, la flor se retiró, deslizándose de vuelta al arbusto como si nada hubiera pasado. Kael se quedó allí, temblando ligeramente, con su piel brillando bajo la luz del sol.

    “¿Qué demonios fue eso? ¿Te encuentras bien?” preguntó Lira, mirando el arbusto con una mezcla de asombro y preocupación.

    La Dra. Sullivan tenía una expresión que me costó comprender. Sus mejillas estaban ruborizadas y parecía que por algún motivo se sentía avergonzada.

    Kael no respondió de inmediato. Se limpió el líquido brillante de su piel y nos miró con una expresión que tampoco pude descifrar. “No lo sé”, dijo finalmente. “Pero fue…intenso”.

    Tras unos momentos de incertidumbre y quedarnos todos en silencio analizando lo que había sucedido y después de que la Dra. Sullivan determinara que Kael no parecía estar herido y podía caminar, seguimos hasta llegar a la formación rocosa como expliqué.

    Ahora estoy aquí sentada al interior de mi tienda pensando en lo sucedido. Creo que debería registrar esto pues podría ser relevante más tarde. He sentido una especie de ardor en mi cuerpo desde que toque esa planta. Es una sensación extraña, por más que intento ignorarla no puedo dejar de sentirla. Le pediré a Sullivan su opinión al respecto.

    Entrada 6:

    21:19 horas. Hora x-427.

    El sol se ha ocultado, y el cielo está lleno de estrellas que no reconozco. Un análisis rápido me ha ayudado a confirmar que el reporte inicial del grupo 1: El agua en el planeta no parece tener propiedades tóxicas.

    Las enredaderas doradas brillan con más intensidad en la oscuridad, iluminando el campamento con una luz cálida y acogedora. Es hermoso, pero no puedo quitarme la sensación de estar siendo observada. Comienza a ser un tanto espeluznante.

    El equipo está cansado, pero nadie parece querer dormir. Hemos estado hablando alrededor de una pequeña fogata, compartiendo teorías sobre lo que pudo haberle pasado al equipo anterior. Algunas son alentadoras, unas pesimistas y otras macabras. Por mi parte, no sé qué pensar. Pero sé que mañana continuaremos nuestra búsqueda, y tal vez entonces encontraremos respuestas.

    Kael parece estar tranquilo a pesar de lo que ha ocurrido, incluso ha bromeado sobre lo sucedido y nos ha confesado que por un momento sintió miedo. Incluso pensó que la planta le arrancaría la mano cuando se abalanzó sobre él. La Dra. Sullivan no ha hablado mucho y parece estar evitando el contacto visual especialmente con Kael. Jareth está haciendo cosas de psicólogo, además parece más interesado en escuchar lo que hablamos y estar anotando cosas en su dispositivo antes que interactuar con el resto.

    Lira y Veylan han estado probando las comunicaciones para determinar si tendremos problemas para contactar a Solen en el campamento base debido a la magnitud de las formaciones rocosas. Por el momento todo parece estar en orden, aunque debemos estar preparados para lo que viene.

    Fin de la entrada.

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  • Joder… vaya noche

    Joder… vaya noche

    Hace unos años, mi amiga Ana, gran amiga mía desde la niñez, se trasladó a vivir a Barcelona por motivos de trabajo y allí conoció a un chico estupendo con el que decidió casarse después de unos meses de salir juntos. Debido a que todos sus amigos y amigas vivíamos lejos de Barcelona, nos propuso hacer la despedida de soltera y soltero justo un día antes de la boda para que casi todos pudiéramos acudir; total, uno solo puede celebrar su despedida de soltero una vez en la vida.

    Mi novio Carlos, Juanje mi hermano y sus amigos no conocían mucho al novio, pero se unieron a la fiesta de despedida de soltero de los hombres y yo naturalmente a la de las chicas. La boda al día siguiente era por la tarde, por lo que disponíamos de toda noche y la mañana posterior para dormir.

    Mi hermano mi novio y yo llegamos pronto a Barcelona, fuimos directamente a la casa nueva de Ana y conocimos a su futuro marido Sergio, que además de alto y guapo, era encantador. Ana estaba guapísima, con su pelo negro, largo y rizado, sus ojos castaños y una cara tan dulce. Toda la mañana, hasta la hora de comer, la dedicamos a ayudar a la novia a formalizar algunas cosas que quedaban pendientes de la boda. A la hora de la comida se unió a la ayuda nuestro amigo Tomas que llegó a esa hora.

    Y a eso de las 4 de la tarde, mientras Juanje y Tomas se quedaban ayudando a Ana a subir un montón de cosas a su casa nueva, Sergio fue a preparar el banquete del día siguiente y yo me fui a un salón de belleza y me hice un corte y un peinado moderno con el pelo muy rubio cortito y con escalones, también me hice la manicura, tomé unos rayos UVA, un tratamiento de piel, depilado total de piernas, dejando el vello de mi pubis muy recortadito, tal y como le gusta a mi hombre… bueno a mis hombres…

    A las nueve llegue al hotel donde ya me estaba esperando Juanje. Aquella noche se presentaba muy calurosa y húmeda por lo que debíamos ponernos ropa ligera. Yo me quise poner sexy y me decidí por un vestidito amarillo de gasa, muy vaporoso, con tirantes, gran escote y muy cortito de muslo; a mi hermano y a mi novio les encantaba y los ponía como unas motos.

    -¡Como te queda ese vestido! -me dijo mi novio

    Mi hermano se acercó a mí y me dijo…

    -¡Eva… joder, estas increíble…!

    -¡Ya sé que te gusta amor mío, luego te dejo que me lo quites! -le respondí.

    -¡No sé si voy a poder aguantar…! -contestó excitado.-¡Estas buenísima!

    A mí me encanta y me pone a tono que me diga esas cosas y él lo sabe, pero es que además aquel vestido era realmente muy sexy y me quedaba muy bien, las cosas como son.

    Nos despedimos con unos ardientes besos y nos dirigimos cada uno a nuestra fiesta, ellos con los chicos y yo con las chicas.

    Al verme llegar mis amigas me saludaron.

    -¡Joder chica, nos vas a quitar los pretendientes! -comentó Carmen, que por entonces estaba soltera y buscando novio.

    -¡Que guapa y que sexy estás! -dijo otra

    -¡Vaya piernas! -me piropeó mi amiga Ana.

    Cuantas más cosas oía, más me gustaba, más me recreaba y me paseaba entre ellas y mi vestidito levantaba el vuelo vaporoso y dejaba ver por entero mis muslos. El camarero que nos serviría la cena, no me quitó ojo en toda la noche.

    Toda la cena fue de cachondeo, risas, mucho vino y sobre todo criticando a los hombres, yo no sé qué pasa, pero siempre que nos reunimos las mujeres acabamos hablando de los mismo, de hombres, supongo que ellos hagan lo mismo hablando de mujeres.

    Luego, tras el cava y los cafés, se hizo un reparto de cosas típicas de despedida, regalos de sex-shop, como: condones de colores y de sabores, pollas andantes, conjunto de lencería supersexy, un pequeño consolador para la futura novia, etc…

    Después nos fuimos a una discoteca donde casi todas seguimos bebiendo bastante y estuvimos hasta las tres y pico de la madrugada riendo, vacilando y bailando. Recuerdo que otras dos amigas y yo estuvimos bailando encima de los altavoces de la discoteca con bailes más que sensuales y poniendo cachondo al personal. Un camarero nos tuvo que ayudar incluso a quitarnos de encima unos tipos que no hacían mas que intentar meternos mano.

    A eso de las cuatro decidimos irnos cada una a su casa o a su hotel, ya que al día siguiente teníamos una boda y debíamos descansar, sobre todo Ana que era la que se iba a casar. Nos despedimos, cogimos varios taxis y nos fuimos a descansar.

    Yo llegué a mi hotel, pedí la tarjeta en recepción y me fui a mi habitación. Antes de abrir la puerta se oían ruidos y risas tras ella. Mi sorpresa fue cuando nada más entrar encontré una escena curiosa: mi novio Carlos y su amigo Tomas, totalmente borrachos, tumbados en la cama en calzoncillos roncando como unos locos, Lolo mi primo, tirado en el suelo bebiendo a morro de una botella de ron y junto a éste mi hermano Juanje y Sergio que era el futuro novio, sentados en el suelo sobre la moqueta azul contándose chistes verdes. Todos ellos tan solo con los calzoncillos.

    Me observaron cuando entré, menos Carlos y Tomás que estaban los dos profundamente dormidos y roncando. Se hizo un silencio…

    -¿Que ha pasado? -pregunté sorprendida.

    -Estos, que no saben beber -dijo Sergio.

    Según me explicaron, el caso era que habían estado en una discoteca y algunos no habían aguantado muy bien la mezcla de copas, como era el caso de mi novio y de Tomás, entonces habían decidido traerlos a la habitación del hotel, quitarles la ropa, tumbarlos en la cama y esperar a que se les pasara la mona.

    -Y ¿qué hacéis todos en calzoncillos? -pregunté de nuevo

    La pregunta se contestaba sola, ya que hacía mucho calor ese día, sobre todo en aquella habitación, ya que recuerdo que aquella noche fue muy caliente en todos los aspectos. Lolo se disculpó diciendo que hacía mucho calor y que se habían sofocado acostando a los dos en la cama y hasta que se les pasara la borrachera, no era cuestión de dejarlos solos, por lo que continuaron su particular fiesta en nuestra habitación del hotel y lo más frescos posible.

    -¡Vale! Esperaremos un rato hasta que se les pase un poco ¿no? -comenté.

    Me invitaron a sentarme en el suelo con ellos y accedí, me quité los zapatos y me acomodé encima de una almohada en el suelo, me sirvieron una copa y seguimos contando chistes, charlando, bebiendo y fumando durante un buen rato.

    Después de algún chiste con cierto picante, Sergio, el futuro novio, me invitó a que me quitara el vestidito, para quedarme en ropa interior como ellos.

    -¿Por qué no te quitas ese vestido?, estarás más cómoda… hace tanto calor. -comentó.

    Yo en principio me negué, no era cuestión de despelotarse delante de cinco tíos, aunque dos estuvieran k.o. en la cama.

    -¡Vamos mujer, no te hagas la estrecha! -insistió Sergio.

    Parecía muy interesado en verme sin el vestido. Pero yo seguí negándome. Lo cierto es que el calor invitaba a desnudarse.

    -¡Venga bonita!, no te preocupes. -saltó Juanje para animarme.

    A Juanje, naturalmente él no se iba a asustar de verme sin ropa ya que me ha visto desnuda varias veces e incluso hacemos el amor los dos juntos pero, al fin y al cabo Lolo, mi primo, me había visto desnuda alguna que otra vez pero en cambio Chema y Sergio eran desconocidos para mí.

    La verdad es que yo estaba muy caliente y en el fondo deseaba desnudarme delante de ellos, ya que me apetecía ponerles cachondos, además después de los magreos que nos habian dado en la discoteca, a mi por lo menos me habían dejado muy excitada, pero aun así seguí en mis trece.

    Fue después de unos cuantos chistes y unas cuantas copas, cuando Sergio insistió tanto que al final accedí a quitarme el vestido, total, tampoco tenía tanta importancia el hecho de quedarme en ropa interior.

    -De acuerdo, me quito el vestido. Pero sólo el vestido. -les aclaré.

    Me puse en pie, y Juanje me ayudó a bajarme la cremallera de la espalda que se resistía un poco y mi vestido cayó al suelo lentamente.

    Todos se quedaron contemplando mi figura en ropa interior, mirándome de arriba a abajo fijamente, aproveché para hacer lentos mis movimientos y haciendo posturas muy sexys para que disfrutaran de las vistas. Para ser sincera me gusta lucirme y que los chicos disfruten viéndome. Además sentía una sensación rara sabiendo que mi novio estaba dormido en la cama y yo le estaba haciendo una pequeña trampa con otros chicos, prácticamente a sus pies.

    Mi sujetador, sin tirantes, de seda de color blanco con encajes cubría casi justos mis pezones, que para entonces ya se notaban erectos a través de la tela, al igual que mis braguitas de seda brillantes, que tapaban lo mínimo por delante en forma de uve y con una tirilla por detrás que se me metía por el canalillo del culo.

    -¡Date la vuelta! -me gritó Sergio que se iba excitando más y más mientras bajo su slip se empezaba a notar un paquete mucho más abultado, al igual que a los otros chicos.

    Yo le obedecí y me giré lentamente. Mis muslos morenos les encantaban a todos y así me lo hicieron saber con algún que otro piropo, mi cintura y mis senos duros también les gustaron. Al final me senté de nuevo apoyándome sobre una de mis caderas. Todos los chicos apuntaban sus ojos hacia mi, incluido Juanje que aunque me conocía bien, le encantaba cuando me ponía así. Aquello de que tres chicos cachondos me desnudaran con sus miradas me hacía sentir un placer enorme.

    El más lanzado era Sergio que no hacía más que comentarme:

    -¡Que buena estas tía… tienes un cuerpo divino… quien te pillara… ahora mismo…!

    El tío no se cortaba un pelo, delante de todos y delante de mi novio aunque éste estaba dormido sobre la cama. Yo le hacía entender que él se iba a casar al día siguiente y que lo iba a hacer con mi amiga, que se cortara un poco, que incluso estaba mi novio allí, pero él como si nada. Lo cierto es que aquellas frases me ponían a tope y supongo que al resto de los chicos también.

    -¡Que boca, que piernas, que tetas, que todo…. ! -comentó otra vez, sin dejar de mirarme con descaro.

    La cosa se animó cuando todos se unieron a las frases de admiración. Lolo, Juanje y Sergio no pararon de piropearme. Como me gusta que me digan cosas bonitas y es que me pongo a cien.

    -Perdónanos -dijo Juanje en un arranque de disculpa-pero es que justo nos hemos tenido que venir cuando íbamos a ir todos a un streap-tease, y sobre todo este (refiriéndose a Sergio) anda muy salido, ya sabes… se casa mañana y…

    Sonreí. Sergio clavó sus ojos en los míos y me preguntó con descaro:

    -¿Podrías hacernos tú un strep-tease privado?

    Le miré sorprendida.

    -¿Que dices? -pregunté con un leve enfado.

    -Si quieres nos desnudamos nosotros primero. -saltó Sergio.

    -Oye no, mejor no. -conteste algo seca, aunque mi otro yo deseaba verles desnudos.

    -Nosotros tenemos calor y nos despelotamos, ¿verdad chicos? -volvió a decir Sergio.

    Después de estas palabras, en un visto y no visto, procedieron a quitarse la única prenda que llevaban cada uno de ellos, sus calzoncillos. Se pusieron en pie y lentamente se bajaron sus calzoncillos al unísono, dejándome ver todos sus cuerpos desnudos y sus pollas tiesas como robles. Parecía que se habían puesto de acuerdo. Lo hicieron a la vez como si lo tuvieran ensayado.

    La situación me parecía increíble, como si de un sueño se tratase. Como me gustaba contemplar sus cuerpos desnudos y con aquellas pollas a tope apuntando al techo. A Juanje ya le he visto muchas veces desnudo y está bastante bien, ya tiene un paquete hermoso. Lolo mi primo es normalito, aunque más de una le quisiera y es aparentemente muy tímido, ya que no se le oyó decir casi nada. Y Sergio es muy guapo, con una barba muy recortada, ojos canela, bastante alto y con una buena polla también.

    Yo estaba alucinada viendo a esos tres hombres desnudos y deseosos de sexo mientras mi novio estaba totalmente ebrio durmiendo en la cama. Hay que reconocer que esta situación era el doble de excitante, sobre todo porque yo estaba muy caliente, el alcohol ayudaba a desinhibirse y el calor era sofocante.

    -¡Venga preciosa! -dijo Lolo- ahora te toca a ti.

    Los demás chicos le ayudaron a jalearme y animarme a desnudarme.

    Tuve que resistirme lo justo, ya que aquellos chicos, el alcohol y el calentamiento me animaron, entonces decidí complacer a aquellos cuatro lobos en celo y hacerles un striptease completo:

    -Me habéis pillado borracha que si no… -dije a modo de disculpa.

    -¡Bien! -gritó Lolo bastante excitado.

    -No me creo que vaya a hacer esto -insistí en las disculpas, cuando era todo mi cuerpo el que me empujaba a desnudarme y lucirme delante de esos tres hombres desnudos.

    Me levanté, me situé en el centro de aquel corro de chicos sedientos de sexo y fui girando sobre mi misma lentamente mientras me contoneaba sensualmente. Ni yo misma me creía lo que estaba haciendo. Me fui desabrochando los corchetes del sostén, haciéndoles sufrir un rato sin desvestirme del todo. Sus ojos se clavaban en mi cuerpo y deseaban ardientemente verme desnuda. Poco a poco retiré el sujetador de mis pechos, dejando asomar mis pezones, siguiendo con mis giros, para luego, poco a poco mostrar por entero mis tetas. Ellos aplaudían. me silbaban y me piropeaban.

    A todo esto, los de la cama ni se enteraban. Aquella situación me hacía sentirme muy cachonda sabiendo que mi novio podía despertarse y pillarnos. Después y siguiendo con mi baile giratorio, me humedecí los labios y me sobé las tetas sin dejar de contonearme. Alguno de ellos se agarraba su polla con la mano intentando contenerla como si fuera un caballo desbocado ante aquella lujuriosa danza. Metí la punta de los dedos por dentro de la braguita rozando ligeramente mi vello púbico. Eso les gustaba, incluso alguno se masturbaba mientras me contemplaba.

    Luego, de espaldas, metí mi mano también por la braguita acariciando mi culo. Con la punta de mis pulgares, entre mis caderas y los elásticos de las braguitas lentamente las bajé, dejándolas un rato a la altura de mis ingles, dejándoles contemplar mi culo redondo, girándome después y dejando entrever los pelitos recortados de mi sexo, luego procedí a bajarlas por completo, haciendo una parada en mis muslos, otra en mis rodillas, otra en mis tobillos y me las saqué por completo, quedándome en pelotas rodeada de esas cuatro pollas que me apuntaban como cuatro cañones dispuestos a disparar.

    Mi cuerpo moreno y excitado, se contoneaba como si fuera el baile de los siete velos, pero sin velos. Seguí por un rato con mi erótico baile, y ellos continuaban observándome por todo lo largo de mi cachondo cuerpo. Me sentía húmeda cada vez más. Ellos seguían gritándome todo tipo de cosas, desde “guapa” hasta el “vaya polvo que tienes” y otras cosas.

    Yo, sin dejar de girar sobre mi misma, recorría con mis manos la silueta de mi cuerpo, apretaba mis manos contra mis caderas, me giraba y me sobaba el culo, volvía a girar y me acariciaba la parte interior de mis muslos, mi culo, mis tetas, mi pelo, me acariciaba el coño, sacaba mi lengua y la pasaba por mis labios, les guiñaba un ojo… parecía toda una profesional. Ellos naturalmente babeaban…

    Sergio, el más excitado de todos, no se pudo resistir, se levantó de pronto.

    -¡Te voy a devorar! -me gritó.

    Y se lanzó sobre mí, metiéndose una de mis tetas en su boca, agarrándome fuertemente el culo con sus manos. Tan fuerte fue su embestida que caímos al suelo los dos, yo de espaldas y él sobre mí. La verdad es que fue un golpe fuerte y me hizo daño. Como pude le di un empujón, quitándomele de encima y él se quedó un poco sorprendido.

    -¿Qué haces?, ¡Estas loco! -le grité

    Pero aquel chico, estaba superexcitado, no estaba en sus casillas y quería comerme entera sin miramientos y sin importarle lo que yo le hiciera o le dijera. De nuevo volvió a las andadas, se tiró sobre mí, me quedé tumbada en el suelo sin casi poderme mover y él volvió a colocar sus labios y su lengua en mis tetas, inmovilizándome con sus brazos; yo al principio intentaba separarle de mí empujándole sobre sus hombros, pero al mismo tiempo sentía en mi interior un gusto enorme. Al lamerme los pezones y acariciar mis pechos me hizo sentir un gusto enorme y deje poco a poco de resistirme, empujándole cada vez con menos fuerza. Mi punto débil son las tetas…

    -¡Para ya, por favor! -le repetía intentando guardar una invisible distancia.

    Estaba como un toro, se retorcía sobre mí y apoyando su cuerpo sobre el mío, me sostenía los brazos con su cuerpo y mientras me besaba el cuello, me lamía las orejas, me metía la lengua entre mis labios…

    Yo apenas podía hablar y menos levantar la cabeza y ver como reaccionaban los demás, que sin tardar mucho me rodearon y empezaron a sobarme como si de un rito satánico se tratase. Notaba sus manos por mis pies, por mis piernas, tocándome el coño, los muslos, otros me besaban, me chupaban. ¡que sensación! Yo estaba prácticamente inmóvil.

    -¡Dejarme, no me hagáis esto! -volvía a suplicarles, pero al mismo tiempo estaba totalmente entregada a aquel maravilloso acto.

    Es una sensación en la que sientes un miedo terrible y eso se suma a un gran gusto interior que te hace captar mayores vibraciones…

    Mis gemidos se hacían más y más fuertes, acompañados de algún grito y alguna lágrima, no sé si de gusto, de dolor, de miedo o de nervios. Cuanto más oía mis gemidos y mis gritos notaba más y más placer. Tres hombres estaban chupándome, besándome y tocándome por todo el cuerpo. Yo me iba relajando cada vez más, cerraba los ojos y me concentraba intentando darle a mi cuerpo todo el placer que recibía de ellos.

    Notaba como se humedecían mis muslos, seguramente por los flujos de aquellos ardientes penes, por mis propios fluidos o por sus húmedas lenguas. Sergio recostado a mi lado, me sostenía la cabeza con sus manos y me besaba mientras nuestras lenguas se cruzaban, primero dentro de mi boca y luego dentro de la suya.

    Ligeramente podía ver como Lolo, me acariciaba la cintura y el ombligo con una mano y con la otra me acariciaba el vello de mi coño, mientras recorría con su lengua el interior de mis muslos y Juanje me chupaba los pezones mientras sostenía las tetas entre sus manos…

    Aquello era increíble. Siempre había soñado con algo parecido, que varios chicos ardientes me sobaran, me metieran mano por todos lados y me chuparan me besaran e hicieran con mi cuerpo lo que quisieran.

    Me giraban poniéndome boca a abajo en el suelo, me chupaban los glúteos, la espalda, la parte de atrás de mis muslos, la nuca, las piernas, me volvían a girar otra vez boca arriba y yo me dejaba hacer como si fuera una muñeca.

    -¡Dios mío, que gusto! -me salió un grito de repente.

    Sergio levantó su cabeza y me sonrió. Se puso en pie. Me daba miedo. Yo seguía tumbada boca arriba. Los demás continuaban en sus chupeteos, tocamientos y besos por todo mi cuerpo. Sergio se sentó sobre mis hombros aplastándome contra el suelo y colocando su polla sobre mi barbilla. Comenzó a pasar su glande por la comisura de mis labios. Yo notaba el dulce sabor de sus jugos pre-seminales.

    Saqué mi lengua instintivamente y empecé a lamer aquella verga. El cerró los ojos y lanzó un gemido. A pesar de estar aplastándome, el gusto que me daban entre todos era muy superior al dolor que pudiera sentir por el peso de Sergio sobre mi. Yo seguía metiendo y sacando de mi boca su extraordinario miembro erecto.

    Sentí de pronto como uno de ellos me separaba las piernas, no podía ver quien era, puso su boca en mi pubis, comenzándome a besar alrededor de mi recortadito vello, por mis ingles y pasando su lengua por mis labios vaginales. ¡Que gusto!

    Reconocí que era Juanje cuando dijo:

    -¡Que rica estás!

    Un placer inmenso recorrió mi cuerpo, era tal el gusto que sentía que parecía que me iba a desmayar. El chupeteador de Juanje metió su lengua en mi coño y lamía mi clítoris. Movía con estilo su lengua dentro de mis labios y todo mi chochito se estremecía de gusto. Chupaba, besaba, mordía y acariciaba mi coño. Le agarré de las orejas para notarle más dentro de mí y enseguida tuve un orgasmo increíble, lanzando una especie de lamento. Él a continuación bajó a mi ano chupando a su alrededor, mientras yo seguía corriéndome en un largo orgasmo, sin dejar de degustar toda la polla de Sergio como si fuera un rico caramelo.

    Lolo recorría la parte interior de uno de mis muslos con su lengua, pudiendo notar su ardiente aliento, dándome ligeros mordiscos y Juanje me sobaba las tetas y con su capullo recorría mis curvas, por las caderas, el vientre, las axilas…

    Estaba siendo comida entera por tres lobos y estaba totalmente entregada a aquel juego tan ardiente que no quería que acabara nunca.

    Con mis dientes dibujaba círculos en el duro falo de Sergio, haciéndole sentir mayor placer. Él me acariciaba la cara, el cuello y el pelo.

    De pronto Juanje dijo:

    -¡Que buenísima estas, te la voy a meter ahora mismo…!

    Sergio sacó de repente la polla de mi boca que para entonces parecía le iba a estallar y se levantó empujando a su amigo y a la vez separando a todos los demás de mi cuerpo, yo no entendía lo que pasaba.

    -Yo debo ser el primero. -dijo como confirmando un turno prefijado.

    Me asustaba todo aquello, pero al mismo tiempo quería que continuase.

    Tras separarse todos, Sergio se colocó enfrente de mi, mientras yo continuaba tumbada en el suelo. Por un momento levanté la vista hacia la cama, pero pude observar como mi chico continuaba prácticamente inconsciente, yo le miraba como suplicándole: “me van a follar estos locos y tú ahí sin enterarte de nada…”

    -Preciosa… -me dijo Sergio, haciendo una pausa.

    Se arrodilló a mis pies. Me separó aún más las piernas, me agarró por las caderas y acercó mi coño hasta pegarlo a su sexo. Me cogió por los tobillos y los colocó en cada uno de sus hombros. Nuestros cuerpos parecían pegarse por el sudor. Él de rodillas, yo tumbada con mis piernas a lo largo de su cuerpo y nuestros genitales en pleno contacto. Colocó la punta de su polla en mi húmeda conchita y comenzó a acariciar con el glande mis labios vaginales. Yo me moría de gusto, sin poder reprimir algún gemido, pero aún tuve fuerzas para resistirme diciendo:

    -¡Por favor, no me la metas…!

    Me sonrió de nuevo, sin hacer el menor caso de mis palabras, siguió con su polla arriba y abajo de mi caliente rajita. Cerré los ojos…

    -¡Qué coño más lindo tienes! -comentó mientras su polla crecía en la entrada de mi sexo mojadito.

    -¡No me la metas! -insistí por si no me hubiera oído. Pero todo mi cuerpo deseaba ser penetrada y penetrada hasta la extenuación.

    -¿Sabes? -me contó- Tu novio Carlos, el que ahora está ahí totalmente grogui, ha estado tirándose a mi futura mujer toda la tarde.

    Abrí los ojos. Su cara sonriente resplandecía.

    -¿Que? -contesté confusa y sorprendida.

    -Lo que oyes… -continuó Sergio, colocando su falo en la entrada de mi cueva- …mientras tú estabas en la peluquería, él y Tomás han estado tirándose y comiéndose a Ana de todas las formas posibles, incluso metiéndosela los dos a la vez, uno por delante y otro por detrás… ¿qué te parece?

    -¿Como lo sabes? -pregunté algo incrédula.

    -Les hemos estado vigilando toda la tarde y lo hemos visto con nuestros propios ojos. -me contestó.

    -¿Es eso cierto Juanje…?

    -Si… lo siento Eva pero es verdad…

    Aquellas palabras de mi hermano me sentaron como un jarro de agua fría pero supe que era verdad pues confiaba y confío muchísimo en mi hermano y sé que él nunca me mentiría una cosa que yo detesto, la mentira.

    Me quedé sorprendida y sentí rabia y celos en ese momento. El cachondeo que tenía era tan grande que aquellas palabras provocaron que yo me vengara. Le dije que adelante que me la metiese. Pero, con una condición, no quería quedarme preñada así que se cada uno se colocó un condón. Después, Sergio se colocó en la misma posición y le agarré por el culo y le apreté contra mí, notando como toda su polla entraba dentro de mí. Necesitaba ser penetrada y no podía aguantar más. Poco a poco toda su verga se metió en mi coño.

    Que sensación. El gusto era increíble, ya que todos me habían excitado muchísimo, pero tras oír las palabras de Sergio el gusto era aún mayor y sentía su polla contra las paredes de mi chochito, arrancándome frases de gusto que no podía ni controlar:

    -¡Qué bien lo haces… Así, así, así, hasta dentro… Quiero notarla entera dentro de mí…!

    Estaba totalmente ida en aquel maravilloso polvo. Él empezó a moverse dentro de mi coño con gran maestría, con un rítmico adentro y afuera, haciendo una paradita casi al final y colando toda su polla de golpe hasta el fondo en un intento por darme un trozo extra. La verdad es que follaba muy bien.

    Los demás se limitaban a observar a distancia y a pajearse mientras observaban como Sergio y yo nos uníamos en un coito increíble.

    El gusto me fue llegando más fuerte, incluso una vez, aún tuve tiempo de asomarme a ver la cama donde estaban Carlos y Tomás, que seguían igual, profundamente dormidos.

    De pronto, en una de las fuertes embestidas, sentí como mi piel y mi cabello se erizaban, como mi cuerpo sudoroso se convulsionaba, como mi coñito se humedecía aún más, como de mi boca salían gritos y gemidos de extremo placer y como un intenso orgasmo recorría mi interior, mientras mordía mis labios y arañaba el culo y la espalda de aquel hombre. Cerré los ojos e hice sentirme en aquel orgasmo por más tiempo apretando mi coño contra sus huevos. Por mi cabeza pasaban las imágenes de todos los chicos sobándome y besándome y mi novio tirándose a Ana.

    Me corrí como pocas veces.

    Sergio continuaba en el rítmico vaivén, haciendo su parada, y metiéndola después hasta el fondo, mirándome y sin borrar la sonrisa de su rostro. El ritmo se fue acelerando hasta que de pronto noté como él cerraba los ojos y en una de sus fuertes metidas, su polla se tensó y se corrió dentro de mi. Por un momento se quedó inmóvil. Me abrió las piernas, las dejó caer al suelo y se tiró sobre mí, besándome y juntando nuestras lenguas en su boca.

    Todos seguían observándonos y masturbándose gracias a aquel polvo. Unos segundos después Sergio se separó de mi y se quedó observándome, siempre con su bonita sonrisa y mirando mi cuerpo tendido en el suelo.

    -¡Estas que triscas…! -me dijo.

    Siguió observándome y sonriendo. Yo me quedé pensativa mirándole y algo me pasó por la cabeza:

    -¡Ahora lo entiendo! -salté de pronto -habéis organizado todo esto con toda la intención, para vengaros de Carlos, joderle bien y de paso joderme a mi.

    Todos sonrieron y de alguna manera lo asintieron.

    -Bueno, si tú le quieres llamar venganza -contestó Sergio- Carlos le ha hecho una buena despedida de soltera a mi novia y tú me la estás dando a mí. ¿no?

    Me reí.

    -¡Visto así…! -dije- Yo lo he pasado muy bien. Espero que te haya gustado a ti…

    -¿A mi…? -preguntó- ¡he disfrutado como nunca!, pero… pasa una cosa.

    -¿Que ocurre…?

    -Pues… la fiesta no ha acabado. Tendrás que follar con todos. No se van a quedar con esa empalmada…

    Me quedé mirándole, y sus palabras me gustaron, seguí sus órdenes, me sonrió y a partir de ahí continuó la fiesta-orgía de despedida de soltero.

    Me dejé hacer de todo como si fuera la mayor puta. Me pusieron a cuatro patas. Lolo colocó su polla junto a mi boca y sin tardar me la metí hasta el fondo de mi garganta. Echó su cabeza hacia atrás y gozó como loco. Juanje se colocó tras de mi, deseoso de follarme, puso la punta de su falo en mi chochito, al principio le costó algo colarla en mi chochito y al fin, poco a poco me penetró. Sergio se puso bajo mi vientre tocándome y besándome las tetas, gozando como loco y dándome a mi mucho gusto también.

    Las embestidas que me daba Juanje por detrás eran bastante fuertes, pero mi coño está adaptado bastante bien a su polla. Después, decidió ponerse debajo mío porque según me dijo quería verme las tetas bailar al ritmo de un buen polvo.

    Sergio se fue excitando de nuevo y también quiso ser el primero en encularme, y así como estaba, a cuatro patas, pasó su pene por mi vagina, recogiendo mis flujos y luego poco a poco fue acercando su polla a mi agujerito y mientras me acariciaba la espalda fue metiéndomela por el culo, haciéndome daño al principio y luego más y más gusto.

    Juanje que ya se situó debajo, logró penetrarme por delante, y casi al mismo ritmo empezaron a follarme uno por delante y otro por el culo con mucha fuerza. Yo sentía algo de escozor y dolor, pero también mucho placer. Lolo, bastante excitado, metió su polla en mi boca y yo con mucha dulzura comencé a chuparle. Era todo un enjambre de hombres comiéndose a una insaciable mujer.

    Juanje, sin dejar de decirme cosas bonitas y acelerando su ritmo, no pudo aguantar mucho tiempo y fue el primero en detener el ritmo, se corrió dentro de mi mientras me sobaba las tetas, lo que hizo que yo también me corriera, que en cadena hizo tener un orgasmo a Sergio soltando su leche dentro de mi culo y que a su vez llegando la vibración a Lolo se corrió dentro de mi boca, tragándome su leche que entraba en mi garganta a borbotones.

    Al rato, me colocaron en el aparador y lo hicimos de nuevo, me las metían en mi coño, me enculaban, me las metían en mi boca, me sobaban, me chupaban, me mordian. Se apartaban unos a otros diciendo “ahora me toca a mi” e iban pasando por mi chochito una y otra verga sin parar… fue una sesión alucinante…

    Todo eso duro varias horas, después, ellos se marcharon y se llevaron a Tomas a su cama. Se fueron todos menos mi hermano Juanje que me ayudo a desnudar y a meter en la cama a mi novio… bueno exnovio ya…

    Después, mi hermano y yo nos fuimos a su habitación porque queríamos disfrutar el uno del otro pero solos. Nada mas entrar en la habitación, me cogió en volandas se sentó en una silla y me puso encima de su verga tiesa. Mi coñito escocido recibió con gusto a aquel tronco y empecé a subir y a bajar por toda su longitud. Juanje prefería follarme él solo, además yo también lo deseaba. Me agarraba por el culo y hacía subir mi coño hasta la puntita de su glande y luego me soltaba, lo que hacía que todo mi cuerpo cayera sobre aquella dura polla.

    Una y otra vez me metía su pene, notando como chocaban sus huevos en la entrada de mi rajita. Debido a la gran excitación y a mis grititos de gusto y de mis frases de aliento, Juanje no tardó en correrse dentro de mi. Se quedo un rato con los ojos cerrados y luego me besó con ganas.

    Nunca hasta entonces había sido devorada de aquella forma por esos tres hombres, que se quedaron completamente satisfechos y me hicieron sentir muchísimo placer.

    A la mañana siguiente, Carlos y yo nos confesamos mutuamente nuestras historias y decidimos seguir cada uno por vías separadas de mutuo acuerdo.

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