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  • Descubriendo mis partes secretas con un espejo

    Descubriendo mis partes secretas con un espejo

    Como me ordenaste entré al baño con un espejo de mano. Me desnudé por completo y entré a la bañera. Puse el espejo en una esquina, apuntando directamente hacia mi coñito. Tomé la ducha de mano y le ajusté el chorro. Lo dirigí directamente a mi rajita y abrí la pluma. El agua empezó acariciándome el clítoris, bajé un poco el chorro y empezó a entrarme por la entrada de mi vagina. El agua estaba fría y mis pezones empezaron a ponerse duros. Apagué la ducha, no quería hacer nada todavía, eso fue solo un momento para calentarme.

    Querías que estuviera bien limpia cuando empezara a meter mis dedos, por lo que empecé por quitarme los pelitos que ya me estaban creciendo. Regué espuma por toda mi puchita, metiendo de vez en cuando un dedo hasta mi clítoris (después que me calenté con el agua, no quería volver a caer en el enfriamiento). Tomé el aparatico de afeitar y comencé con mi tarea. Sentía la navaja rozar mi piel. Con el espejo enfrente tenía una visión clara de mi puchita toda llena de espuma blanca.

    Estaba fantaseando con que mi coñito estaba lleno de leche, ya que varios hombres se habían corrido encima de mí. Cerré los ojos y me imaginé tirada en el suelo y que hombres me rodeaban con sus vergas en la mano bañando mi rajita de leche. Empecé a temblar, sin querer uno de mis dedos estaba acariciando mi clítoris. Sin dejar de tocarme abrí la ducha y me quité toda la espuma. Tomé el jabón y me lo restregué para hacer espuma.

    Con la mano abierta me lavé mi chochita. Me puse de pie y me lavé mi culito con mucho jabón. Ya que estaba en esas no pude evitar y abrí mis piernas, recosté mi hombro de la pared y paré bien mi culito. Con un dedo bien enjabonado empecé a meterlo por mi culito. Tu querías que estuviera bien limpia y quería complacerte. Sentía como ya mi dedito estaba completo adentro. Movía mis caderas atrás y adelante, tratando de que entrara hasta el nudillo. Mmmm que calentón me estaba dando. Me saqué el dedo y tomé la ducha.

    Todavía de pie la dirigí a mi ano para enjuagarlo. Ya con mi puchita y culo bien limpios, me sequé con una toalla y salí de la bañera. Tomé el espejo y lo puse en la alfombra y me puse a horcajadas encima del espejo. Con dos dedos me abrí mi conchita y por el espejo veía lo rosadita que es. Por primera vez me vi mi clítoris, he oído que hay chicas que lo tienen muy grande, hasta de una pulgada, pero el mío es pequeñito. Una vez que quité las capas de piel, lo pude ver. Es duro y sensible.

    Me lo acaricié con un dedo. No podía quitar mis ojos del espejo. Veía mi dedo moviéndose en círculos y veía como mi puchita empezaba a humedecerse. Dejé mi clítoris por un momento y moví mi dedo hacia la entrada de mi vagina. Pasé la puntita del dedo alrededor, para lubricarme bien. Poco a poco vi como mi dedo iba entrando en mi hoyito. No sé que me gustó más, si sentir mi dedo entrando o ver como mi conchita se comía todo mi dedo. Fue algo inolvidable. Parecía tener algo dentro de mí que chupaba mi dedo. Las piernas empezaron a flaquear y me recosté de la pared. Comencé un entre y saca rítmico.

    Me separé de la pared para empezar a acomodar mi culito para ser penetrado. Me metí el dedo grande en la boca y lo llené de saliva y echando las nalgas para atrás, metí mi dedo hasta la mitad por mi culo. Veía mis dos manos encontrarse. Estaba gozando como una perra encelo. Abrí mas las piernas y me metí otro dedo por mi rajita. No hizo falta tocarme el clítoris para llegar. En el momento en que vi como mi hoyito se abría para recibir mi otro dedo, me corrí con largos espasmos y estremecimientos.

    Creo que tuve dos orgasmos, uno físico y otro mental. Fue algo increíble. Aun antes de venirme, solo con verlo todo por el espejo, ya me estaba corriendo, en mi mente… No sé si me entiendes.

    No sabes lo que estás haciendo conmigo, enseñándome estas cosas. Creo que a partir de ahora, además de masturbarme, voy a poder ver como me masturbo, lo cual me causa igual placer.

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  • Maribel y yo, sexo entre mujeres

    Maribel y yo, sexo entre mujeres

    En cuanto llegué comprendí que mis deseos de relajarme en lo físico y lo psíquico serían de plena satisfacción.

    Sobre las 11:30 am llegué al hotel, situado en pleno corazón del parque natural Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas (Jaén). Después de registrarme en recepción, subí a la habitación para acomodar el equipaje, tomar una ducha y salir a dar un paseo por los alrededores, a modo de toma de contacto con el entorno de lo que sería los cuatro días en el paraíso que me esperaban.

    La habitación, aunque muy amplia para una sola persona y muy bien acondicionada, no fue de mi satisfacción dado que su única ventana asomaba a un patio interior utilizado como parking, así que decidí solicitar el cambio a una habitación con mejores vistas, para lo que expliqué en recepción que el objeto de mi visita era realizar fotografías y procurar alejar el stress con ellas y la contemplación de paisajes.

    Me indicaron que no había problema en el cambio, pero debía esperar unos minutos dado que aún estaban limpiando y acondicionando una que quedó libre esa mañana desde donde se divisaba un inmenso bosque de pinos. Solicité autorización para colocar el equipaje en el armario de la habitación mientras terminaban de prepararla y así aprovechar para pasear.

    Una mujer de unos 45 años, uniformada de falda azul y camisa celeste, bajo un delantal blanco, se afanaba en darle “mejor cara” al habitáculo, según dijo.

    Tras un saludo, le dije que no era necesario que se apresurara, que yo no tenía prisas y que había venido a relajarme y no a pasarle mi stress a ella.

    Rio, mostrando una fila de dientes muy blancos, perfectamente alineados.

    ―Gracias, señora, ya era hora de encontrar una clienta sin aires de grandeza. Por aquí abundan las gentes que se creen que las camareras de piso somos una especie inferior y que estamos sometidas a sus caprichos.

    ―Pues ya ve, no es mi caso. Tan solo quiero descansar.

    ―¿Viene sola?, no crea que soy cotilla, señora, le pregunto para poner toallas y demás complementos para una o dos personas, según sea.

    ―Sí, vengo sola, es la mejor manera de andar libre en cuerpo y alma, ¿no cree?

    ―Pues supongo que sí. Yo nunca he estado sola más de 30 minutos seguidos, así que no puedo opinar con conocimiento de causa. –dijo, sin parar de moverse de un lado a otro, recogiendo ropa sucia por aquí, pasando el trapo por allí.

    ―Bueno, me marcho, para que pueda terminar sus tareas sin estorbos. Luego volveré a ducharme.

    ―Ya termino, así que si lo desea puede ducharse ahora. Antes de que termine, ya me habré marchado.

    ―¿Seguro que no le importa?

    ―Seguro, señora.

    Comencé a llenar la bañera de agua templada, mientras me iba despojando de mis ropas, que fui dejando sobre el banco de madera que estaba en un rincón.

    Me sumergí en la bañera, eché sales minerales de las que había perfectamente colocadas junto a jabones, gel de baño y demás productos de aseo que te proporciona el hotel. Empecé a frotar mi cuerpo con suavidad, procurando dar relajamiento a mis músculos durante varios minutos. Cuando terminé, sequé mi cuerpo y salí desnuda a la habitación para sacar del equipaje ropa limpia. Ni recordaba a la señora de la limpieza, ya que creí que había marchado hacía rato, pero no, aún estaba allí reponiendo la pequeña nevera de los productos consumidos por los clientes anteriores.

    Las dos nos sorprendimos al vernos de nuevo.

    ―Disculpe señora, es que con las prisas, me olvidé de reponer el mini bar y he tenido que volver. Espero me sepa perdonar. –dijo titubeante.

    Intenté tapar mi desnudez, colocando mis manos de forma que tapara en lo posible mis pechos y mi sexo. Sonrojada, le dije que no era problema y que la culpa era mía por no haber esperado a que terminara su tarea como me habían indicado en recepción.

    Nos miramos y al unísono, comenzamos a reír. Ella, con gracia, me dijo que podía vestirme sin ruborizarme, que ella no se iba a sorprender de ver mi cuerpo desnudo, ya que tenía uno parecido al mío, con sus tetitas y su chochete y todo, además de que realmente no le atraían las mujeres. Yo, mostrando mi cuerpo en su totalidad, en muestra de confianza y dirigiéndome al armario para elegir la ropa que me iba a poner, le dije:

    ―Eso nunca se sabe, tampoco yo tenía el más mínimo interés por las mujeres, hasta que hace algún tiempo, sin saber como, hice el amor con una amiga. Las dos estábamos casadas y, sin embargo, disfrutamos mucho de nuestro encuentro.

    ―Oye, pues bien pensado, tampoco es tan descabellado pensar que podría ocurrir. Al fin y al cabo, hace mucho que no disfruto de un buen polvo, porque mi marido anda más pendiente de la botella de vino que de sus obligaciones maritales, pero en fin, hasta ahora con mis manitas me apaño. Aunque no es igual.

    Yo ya me había colocado unas braguitas blancas que dejaban ver mi sexo casi depilado y estaba poniéndome un sujetador a juego cuando ella me miró para despedirse. No sé si fue la conversación o que intuí cierto brillo en su mirada, pero el caso es que se me pusieron los pezones erectos como los picos de los árboles que se apreciaban desde la ventana.

    ―Bueno, tengo que marcharme, pero si necesitas algo, no dudes en llamarme, mi turno acaba a las seis, así que, hasta esa hora andaré por aquí, barriendo pasillos y atendiendo impertinencias de señoritos. –me sorprendió que me tuteara.

    ―Gracias por tu confianza, pero no quiero entrar a formar parte de ese tipo de gente que tanto te molesta. Yo, en cualquier caso, te llamaría para tomar algo juntas y charlar un buen rato, como buenas mujeres. –le dije, sin pensar en que podía tomárselo como una provocación.

    ―Entonces, igual me paso a las seis, cuando termine.

    ―Te esperaré, si quieres.

    Salió de la habitación con cierto nerviosismo. Yo la seguí con la mirada, adivinando sus formas, ocultas bajo el holgado uniforme.

    La verdad es que, a excepción de aquella vez con mi amiga, nunca más tuve inquietudes lésbicas, pero esta mujer me había puesto a cien. Quizás sería sus carnosos labios, donde escondía sus preciosos dientes o el hecho de saber que andaba escasa de sexo o no sé qué, pero el caso es que me encontraba mojada y con un grado de excitación que hacía tiempo no sentía. Decidí bajar a almorzar al restaurante del hotel, en la terraza, disfrutando de las magníficas vistas que desde allí se apreciaban.

    Pedí cerveza y aperitivos para hacer tiempo para comer. No dejaba de pensar en ella, la desconocida camarera de piso. Me decidí a pedir una ensalada y carne de caza guisada para comer. Sobre las 15:30 subí a la habitación con la intención de dormir una siesta. Cuando me disponía a entrar, la vi al fondo del pasillo, tirando del carro con los enseres de limpieza. Me saludó tímidamente y le sonreí. Hizo un gesto con la mano que no entendí. Me dijo que esperara y así hice. Se acercó, cogió mi brazo y nos metimos en la habitación. Con voz nerviosa me preguntó:

    ―¿De verdad quieres que te acompañe luego?

    ―Solo si tú quieres, no debes sentirte obligada a nada. Supongo que tu familia te esperará cuando termines tu jornada. De todas formas, he venido sabiendo que iba a estar sola, así que no te preocupes por mí.

    ―Bueno, mi marido estará borracho, como de costumbre, así que nadie me espera. Además estoy extraña desde que te vi esta mañana, no hago más que pensar en conversar contigo sobre cosas de mujeres. ¿Nos vemos a las seis?

    ―Claro que sí. Aquí estaré.

    Me dio un beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de mis labios, frotó mis caderas suavemente y se marchó.

    Ni que decir tiene que me quedé extasiada, mojada, sintiendo mis jugos atravesar la fina tela de mis braguitas, cayendo por mis muslos. Qué extraña sensación, ni con un hombre me había puesto así jamás, sin que existieran tocamientos previos.

    Me desnudé por completo y tendida en la cama, pensando en lo que seguro que iba a ocurrir, empecé a tocarme por el contorno de mis labios vaginales, notando mi propia humedad. Pasaba un dedo por mi jugosa vagina, recogía jugos y los saboreaba. Esto me proporcionaba increíbles espasmos. Pensé en masturbarme salvajemente, pero decliné hacerlo para guardar las energías para ella. Entre tocamientos leves y movimientos de cintura, me dormí.

    Me despertó suaves golpes en la puerta. Habían pasado quince minutos de las seis de la tarde. Tras abrir la puerta y verla, vestida de pantalón vaquero y una blusa ajustada con generoso escote, me di cuenta de que no había tenido la precaución de tapar mi desnudez.

    ―Perdona que te reciba así, pero es que estaba casi dormida e instintivamente me he dispuesto a abrirte.

    ―No importa, mujer, ya te dije antes que también yo tengo lo mismo.

    Le pedí que se sentara mientras me vestía. Junto a la ventana, una mesa redonda con dos butacas, sería el lugar de nuestra conversación. Ella tomó asiento con las maneras más femeninas que jamás vi en mujer alguna. Con una mirada fija, hipnotizada, vio como cogía mis braguitas y cómo, tras ver la mancha que mis jugos habían dejado en ellas, me dispuse a alojarla en la bolsa de plástico que tenía para guardar la ropa sucia. Inocentemente, me preguntó que porqué cambiaba las bragas, si hace solo un rato me había duchado, por lo éstas debían estar limpias.

    Nerviosa, intenté explicarle el motivo, pero no me salía palabra alguna. Con calor en mi rostro, supongo que de vergüenza, le sonreí y me fui al baño para lavar mi vagina. Estaba secándola cuando levanté la vista y la vi apoyada en la puerta, mirándome fijamente, con los labios entreabiertos. Los pezones que coronaban sus hermosos pechos parecían atravesar sus ropas.

    Se acercó, me cogió la pequeña toalla de las manos, la enrolló en la suya y terminó de secarme. ¡¡¡Qué maravillosa sensación cuando se puso tras de mí, abriendo mis nalgas suavemente para pasar la toalla por mi ano!!!, con su mano izquierda me acarició el vientre, mientras su derecha se dedicaba a rozar mi culo. Me besó la espalda y salió del baño. Suspiré profundamente y la seguí como lo hacen los pollitos tras su mamá.

    Cuando fui a coger ropa interior, me sorprendió diciendo:

    ―No lo hagas, igual la vuelves a mojar.

    ―Sí, creo que es mejor así.

    Me senté frente a ella. Me preguntó sobre cómo se daban placer dos mujeres. Si alguna vez había utilizado algún juguete para hacerlo y cosas así. Le dije que solo lo había hecho una vez por lo que no era ninguna experta en temas lésbicos, pero que en mi experiencia no hubo otros elementos diferentes a tocamientos manuales y sexo oral. Su nerviosismo aumentó junto a su excitación, aunque debería decir “nuestra excitación”, ya que yo estaba a mil revoluciones.

    Le expliqué que, en mi opinión, el sexo entre mujeres era más dulce que con hombres, ya que la mujer, por naturaleza es más fina y llega a la excitación de manera progresiva y más duradera e intensa que el hombre, el cual, con solo ver una mujer ya está excitado, no entrando a valorar si la pareja lo está o no, simplemente se satisface y si coge a la mujer en el punto, pues bien, y si no es así, pues nada, él a lo suyo y punto final. (Por supuesto que esta última apreciación no era compatible con lo que había sentido ese día, que no necesité mucho tiempo de “precalentamiento”).

    Notaba que, en la medida que yo iba hablando, ella se mostraba cada vez más inquieta, juntando sus piernas, mordisqueándose los carnosos labios y suspirando a mayor ritmo. Me levanté, girando sobre mí para encarar el minibar, incliné mi cuerpo para abrir la pequeña nevera, mostrando mis nalgas y los que se podía ver de mi rajita. Giré la cabeza para ofrecerle algo de beber y la vi deseosa, comiéndome con la mirada. Refresco de limón, por favor, me dijo, con la voz claramente temblorosa. Una vez puse las bebidas sobre la mesa, me acerqué a ella, me arrodillé a su lado, le cogí las manos y le dije:

    ―¿Estás nerviosa?

    ―Mucho, estoy muy nerviosa y la verdad es que no sé porqué. –dijo con un hilo de voz que apenas se apreciaba.

    ―No hay nada que debas hacer si no lo deseas. Si quieres, podemos hablar de otras cosas, me visto y damos un paseo o si lo prefieres, te marchas y no pasa nada. Esto es solo una conversación entre amigas.

    No dijo nada, se levantó de la butaca y comenzó a descubrir sus grandes pechos con sus manos temblorosas. Yo le fui sacando los botones del pantalón, que se los bajé hasta los tobillos y acaricié su sexo sobre sus bragas negras.

    ―Así que tú también te mojas, ¿eh? –le dije desenfadada, queriendo quitar tensión a la escena, notando la humedad de su entrepierna.

    ―Ja ja ja…, pues sí, creo que he descubierto que también yo soy humana. –dijo, entre risas.

    Una vez las dos estábamos desnudas, nos fundimos en un abrazo, donde nuestras manos no estaban quietas ni un segundo, nuestras bocas se unieron y ya no hubo vuelta atrás. Caímos sobre la cama como si de un solo cuerpo se tratara. Unos pechos exuberantes, parecía que el tiempo no había pasado por ellos, los tenía tersos, los pezones impresionantemente tiesos. Suaves caricias nos fundían. Mis dedos se perdieron entre sus labios vaginales, impregnados de sus jugos, buscando intensamente su clítoris, mientras ella me besaba apasionadamente, entre profundos suspiros.

    Ella abría cada vez más sus piernas, facilitando la introducción de mis dedos en su sexo. En esta situación, me coloqué entre sus piernas y comencé a comerla, más bien a sorberla, recogiendo sus jugos con mi lengua, que no hacía más que contonearle los labios, introducirse en su rajita y agitarse como alas de colibrí sobre su clítoris.

    Cuando le di la vuelta para colocarla en la postura de perrito, ella solo suspiraba, gemía alocadamente y decía: “Dios mío, Dios mío…”. Entonces fue cuando acaricié con mi lengua su rosado ojito anal. Su sexo goteaba deliciosos jugos que me apresuraba a recoger en mi boca. Cuando metí ligeramente mi lengua en su ano y la movía rápidamente no pudo soportar más la situación y rompió en un largo orgasmo que, por la cantidad de flujos que salía de su abierto sexo, parecía más la eyaculación de un hombre que el orgasmo de una mujer. Apoyé mi cabeza en la cama, para colocarla bajo su manantial de miel, mientras me masturbaba.

    Cuando ella acabó su inmenso orgasmo, me incorporé para besarla. Después, me coloqué con una pierna a cada uno de sus lados, le cogí un pecho y froté su pezón contra mi clítoris durante largo rato, mientras ella tocaba mis pechos sin parar de gemir. Me cogió por las nalgas y me atrajo hacía su boca, haciéndome la mejor comida de sexo jamás sentida. No parecía una inexperta, vaya que no.

    Mientras me daba placer con su lengua, me introducía un dedo en el ano, aprovechando mis líquidos como lubricante natural. Esto me volvió loca definitivamente. Temblores de mi cuerpo anunciaban una maravillosa corrida. No tardé en caer desplomada junto a ella, para besarnos y fundir los jugos que aún estaban en nuestras bocas.

    Una vez recuperadas de la apasionante batalla, nos duchamos de manera pausada, se vistió y me dijo:

    ―Gracias por todo…

    ―Elisa, mi nombre es Elisa. Gracias a ti…

    ―El mío es Maribel.

    Sin más palabras, me dio un beso, cogió mi rostro con sus manos, me miró con sus ojos brillosos durante unos segundos y se marchó.

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  • Primer intercambio con una pareja de abogados

    Primer intercambio con una pareja de abogados

    Soy un empresario maduro con 50 años de edad, alto, labios gruesos, moreno claro, delgado conservado por el ejercicio, con una personalidad fuerte, mi esposa Mary de 46 años, estatura 1.59, blanca pelirroja, ojos cafés, con unos senos paraditos con aureolas grandes rosaditas y unos pezones deliciosos, tiene un culito bien formado muy rico, labios gruesos y sensuales, su conchita depilada solo dejando un poco de bellos en la parte de arriba, es una mujer muy hermosa

    En otras ocasiones ya habíamos incursionado en contactar parejas para hacer un intercambio, en realidad no teníamos mucha experiencia solo con una habíamos logrado tener la química para llevarlo a cabo aunque ya habíamos tenido la experiencia de haber realizado varios tríos MHM después se nos presentó la oportunidad al tener contacto con Jaime de eso hace más de cinco años.

    Estuvimos intercambiando correos inclusive intercambiamos fotos y nuestros números de celular en una de las pláticas quedamos de conocernos personalmente por lo que escogimos el lugar un bar cerca del malecón del puerto donde vivimos, Jaime de 41 y Jazmín de 34 ambos abogados de profesión, Jaime es un tipo bajo de estatura, gordito con ideas sexuales abiertas, un tipo agradable, Jazmín su esposa es una mujer de mediana estatura, blanca, ojos negros preciosos, unos senos riquísimos, un trasero hermoso y unas piernas deliciosas.

    Acudimos un sábado por la noche a conocer personalmente a Jaime y jazmín, mi esposa se puso una tanguita que hacía resaltar el trasero deliciosamente y un sostén que atrapaba sus ricos pechos, los dos estábamos nerviosos y calientes a la vez, terminamos de arreglarnos y nos dirigimos a al bar para encontrarnos con ellos.

    Estacioné el carro cerca del lugar, al entrar al lugar veo a Jaime al cual reconocí porque las fotos que habíamos intercambiado, nos hace señas para invitarnos a su mesa, nos presentamos pedimos unas bebidas y nos pusimos a platicar fue algo curioso porque casi de manera inmediata hubo afinidad entre nosotros, después de unas copas mi esposa Mary nos indica que va al baño, Jazmín le comenta que ella también va al baño se levantan las dos para dirigirse al sanitario cuando veo el semejante trasero de jazmín, Jaime se da cuenta y me dice que están muy buenas las dos, sin duda alguna le conteste.

    Al regresar venían riéndose como grandes amigas, eso me puso a mil porque sabía que algo pasaría esa noche, después de unas horas de platica les dije de manera directa que si cumplíamos con sus expectativas los dos se voltearon a ver pícaramente, Jaime me dice vamos a otro lugar para estar más cómodos pagamos la cuenta, caminamos a donde estaban los carros mientras yo veía aquel hermosos trasero de Jazmín enfundado en un pantalón blanco, les sugiero irnos en un solo vehículo así que subieron al nuestro.

    Sin pensarlo me dirigí a la salida del puerto para ingresar al motel entre la plática se hizo corto el camino así que nos dieron el número de cuarto ingresamos pedimos mas bebidas y platicamos un momento en eso las dos nos dicen que pasarían al baño después de unos minutos salieron las dos únicamente con su ropa interior y con una sonrisa de oreja a oreja se veían deliciosas ahí fue cuando por primera vez pude apreciar el hermoso trasero de Jazmín provocando una erección inmediata de mi miembro, Jazmín mas jovial y decidida nos pregunta qué tal se ven, ¡buenísimas les contestamos!

    Las dos se paran frente a nosotros y se empiezan a cachondear con besos largos y apasionados sus manos recorrían el cuerpo de una y otra, que espectáculo tae rotico nos estaban dando esas dos mujeres hermosas, Jazmín toma de la mano a Mary y la lleva a la cama la acuesta boca arriba y le pide a Jaime que le pase su bolso de dónde saca una botellita de aceite para masaje, le quita el sostén y la tanguita a Mary y ella hace los mismo quedando las dos completamente desnudas, Mary se recuesta y Jazmín se vacía aceite en sus manos y comienza a masajear los pechos de Mary arrancándole un gemido, acerca su cara y la besa con intensidad.

    Ya para eso yo estaba completamente desnudo sobándome la verga alucinado con esas imágenes, Jaime veía extasiado sin quitarse nada solo sobándose por encima del pantalón, Jazmín continua con el masaje untando todo el cuerpo de Mary que cada vez se ponía más caliente cuando Jazmín le pone su mano acariciando su conchita suelta un gemido y le pide que se la siga acariciando, Jazmín inmediatamente pone sus labios en su rajita y empieza a comerle pasando su lengua por los labios vaginales hasta su clítoris.

    Mary no abre los ojos pero con sus manos agarra la cabeza de Jazmín y la pega más a su concha mientras da un grito corriéndose al mismo tiempo, ver a Jazmín comiéndole la concha a Mary era un poema mientras yo estaba parado atrás de ella viendo su enorme y maravilloso culo queriendo meterle mi verga de una vez, Mary quiere regresarle los cariños recibidos así que le dice a Jazmín que es su turno, Mary la empieza a besar buen rato en la boca y, recorre el cuello con la lengua, tomas sus pechos y los acaricia besándolos alternadamente, succionándolos suavemente mientras su mano ya acaricia la entrada de la conchita de Jazmín.

    Ni que decir que estaba inundada de sus jugos, le pone su muslo en la concha y Jazmín también le pone el de ella en su vagina empezando a frotarse suavemente mientras sus bocas no se despegan y lo hace cuando aceleran el ritmo y sus bocas se abren gimiendo de placer fundiéndose en un abrazo mientras sus sexos descargan sus flujos, segundos después voltean a vernos, yo estoy con la verga a reventar y Jaime en camiseta, bóxers y la tranca parada, sin más me acerco a Jazmín y la beso en la boca entrelazando nuestras lenguas mientras mis manos recorren sus pechos.

    Volteo a ver a Jaime y asiente con la cabeza, los mismo hago con Mary ya con su aprobación empiezo a recorrer con mi boca el cuerpo de Jazmín, besos sus pechos paso mi lengua por sus pezones chupándolos mientras mis manos exploran su conchita depilada con solo un hilo de bellos, siento su humedad en mis dedos, resisto la tentación de comerme esa concha inmediatamente así que lentamente voy besando su vientre, bajando por sus macizas piernas, se las abro y lentamente voy subiendo hasta llegar a su conchita pasando mi lengua por en medio de su rajita haciéndola gemir de placer mi boca estaba llena de sus jugos aproveche para meterle dos dedos.

    Al hacerlo movió su trasero queriendo fallárselos ella misma, Mary al verla tan excitada se acerca a su boca besándola dejando el culo empinado para que Jaime se lo coma cosa que inmediatamente capto y comenzó hacerlo, con mis dedos dentro de su vagina y mi boca pegada a su clítoris siento como de tensa, arque su espada y empieza a temblar saliendo de su vagina una enorme cantidad de jugos que no paro de comer hasta dejarla seca mientras Jaime hacia lo suyo con Mary, le levanto las piernas a Jazmín y le inserto la verga despacio para sentir lo caliente de su vagina.

    A Mary le siguen comiendo la concha mientas le chupa los pechos a Jazmín y como en trance se queda viendo como se mete mi verga en la concha de Jazmín que al sentirla gime y me dice métela toda de una vez al escuchar y ver eso Mary empieza a gemir por la venida que está teniendo, Jaime se quita el bóxer y se la mete de una vez, mientras los dos cogíamos a la esposa del otro ellas se alternaban para comerse los pechos, Jaime se corrió en un santiamén mientras yo seguía cogiendo a su mujer (tengo la fortuna de aguantar bastante) tanto Jaime como Mary se recargaron en la cabecera de la cama viendo como me cogía a Jazmín la cual me pedía mas y mas.

    Me pide que ella se quiere subir al hacerlo se la entierra de un golpe soltando un gemido y agarrándose la cabeza se acomoda el cabello y empieza a cabalgar, despacio hasta que su cuerpo le pide más y acelera sus movimientos, en verdad sabia como mover su trasero mientras le comía sus pechos y veía su cara distorsionada de placer, estaba a punto de venirme ella lo sintió y se puso como loca a moverse hasta que se arqueo sacudiendo su cuerpo con cada oleada de flujos que le salían al sentir el chorro de leche que inundo su vagina.

    Hasta ese momento me di cuenta que Mary y Jaime estaban embelesados con la cogida que habíamos tenido, Jazmín se baja de mi y se acerca a su esposo poniendo su boca en la verga de su marido mientras yo me acerco a Mary y la beso en la boca, tiento su conchita totalmente mojada y me mira complacida mente pero había algo que todavía me falta por hacer y era poner en cuatro a Jazmín esa idea la traía desde que la vi por primera vez así que mientras ella jugaba con la verga de su marido tome su cintura levantando sus caderas ella lo capto rápidamente y puso su culo parado le separe las piernas y durante unos momentos me deleite viendo ese culazo.

    La agarre de las nalgas y le metí mi verga de un solo golpe gimió con la verga de su marido insertada hasta la garganta, empecé a meterla suavemente quería disfrutar, ver, sentir al máximo como me cogía a esa mujer, Mary se acercó a Jaime y lo besaba mientras él le acariciaba la concha con sus dedos yo seguía dándole duro a Jazmín, Jaime empezó a decirle a su mujer que se venía Jazmín dejo de mamársela, se puso a jalársela viendo como aventaba su leche al aire cayendo en el mismo estomago de Jaime, apresure mis embestidas y estando apunto de venirme le metí un dedo en su culito provocando que se corriera intensamente mientras yo le descargaba mi leche en su interior.

    Después de un rato estar platicando nos vestimos para salir del motel quedando encantados para vernos en otra ocasión y la verdad fueron muchas que ya les contaré en otra ocasión.

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  • Por azar me follé a mi vecina embarazada

    Por azar me follé a mi vecina embarazada

    Este relato ilustra como por azar me follé por primera vez a Marta, mi vecina del 3–2, estando ella embarazada de 4 meses. Es un hecho real, aunque los diálogos no sean muy exactos.

    Me encontré a Marta en el parking del edificio. Coincidió que yo iba para sacar mi coche y ella estaba cargando un montón de bolsas del súper. Nunca antes me fijé mucho en ella ya que aunque guapa de cara era muy delgada con unos pechos pequeñitos, poco culo y además estaba casada. Pero ese día estaba preciosa, el embarazo la había redondeado, tenía más culo y unas tetas bien rellenas con los pezones que se le marcaban claramente detrás de la tela del vestido. Aunque ya se le notara la barriguita estaba tremendamente atractiva y quizá fue eso y que el ascensor estaba averiado lo que me indujo a ofrecerle mi desinteresada ayuda.

    –Hola vecina –le dije parándome

    –Hola… (me dijo algo indiferente)

    –¿Puedo ayudarte?

    –ufff… –se paró dejo las bolsas en el suelo y me miró como sospesando mis intenciones.

    –A subir las bolsas, el ascensor está estropeado… (sonreí)

    –Ah si vale, gracias, ten coge estas… –y empezó a subir escaleras arriba.

    Yo cogí las bolsas y fui detrás de ella mientras hablábamos del calor que hacía y del maldito ascensor íbamos subiendo. Yo detrás de ella no perdía de vista el suave vaivén de su culo bien modelado por el embarazo. Llegados a su puerta mi excitación era tal que no pude evitar que se me marcara el paquete y al agacharse a dejar las bolsas en el suelo ella se dio perfecta cuenta de ello. Yo iba a dejar las mías en el suelo cuando ella abriendo la puerta dijo.

    –¿Te importaría dejarlas en la cocina? (dijo algo sonrojada, mientras entraba para adentro)

    –No, claro… –y la seguí.

    Dejemos las bolsas en la mesa y durante un segundo nos miramos a los ojos… mi excitación iba en aumento. Iba a despedirme, cuando…

    –Gracias… Joaquín, ¿verdad?

    –¡Si! y tu Marta, ¿no? –ella asintió y nos sonreímos…

    –¿Te apetece una cerveza o algo?

    –Vale, si… hace mucho bochorno y más después de subir 3 pisos estoy seco

    Reímos relajando la situación.

    –Coge lo que quieras y a mí me sacas un zumo de piña… –dijo saliendo de la cocina

    Oí como cerraba la puerta del piso y sus pasos se perdían hacia el fondo del pasillo.

    Así que prepare las bebidas y saliendo al comedor deje la suya en una mesita junto al sofá y me quede de pie mirando los objetos y libros que tenía por el salón.

    Al rato apareció ella, se había puesto un vestido túnica de estar por casa, bastante corto y con un generoso escote. Me la miré y no pude evitar fijarme en que se había quitado el sostén y sus pechos bailaban derechos pugnando sus pezones por atravesar la tela. Esa imagen me excitó más aun y me sentí algo incomodo por la situación.

    –Siéntate vecino… –me dijo al tiempo que se sentaba en el sofá y tomaba su vaso.

    Me acerqué y de pie le dije…

    –No sabía que estabas embarazada, ¿de cuánto estás?

    –De 4 meses, ya se me nota la gordura ¿verdad?

    –¿Gordura? No que va, se te ve bien… quiero decir que de gorda nada.

    –Ya se, los hombres veis a las embarazadas como gordas y fofas.

    –¿Que hombres? yo te encuentro ahora mucho más atractiva, en serio…

    Ay la cosa se ponía resbaladiza y encima estando yo de pie veía sus pechos moverse cada vez que cogía el vaso para beber y mi polla estaba que no cabía.

    –Lo que está claro es que a mi marido no le gusto así… (dijo con un tono de enfado)

    Glup… tomé aire, mi polla me pedía acción inmediata, así que me la jugué.

    –Pues no lo entiendo, yo te veo de un morbo tremendo, además estás preciosa.

    Ahora si, miró directamente mi paquete a punto de explotar y mirándome a los ojos…

    –¿Te follarías a una embarazada?… (Dijo con voz picara)

    Era el momento… dejé mi vaso y situándome tras ella introduje mis manos por delante de sus hombros y llegando hasta sus pechos se los agarre al tiempo que con mi lengua en su oreja le dije…

    –Me la follaría hasta por el culo…

    Ella se estremeció e hizo por levantarse, pero la tenía bien sujeta y al empezar a comerle la oreja y masajearle suavemente los pechos se abandonó y empezó a suspirar.

    Le gire la cara y nos empezamos a morrear con verdadera pasión, sin duda estábamos embriagados por la situación y el calor que hacía.

    Pase a su lado y arrodillándome delante suyo, le quite las bragas y abriéndole las piernas hundí mi lengua en su intimidad.

    Marta suspiraba y se estremecía… yo ponía todo mi saber en la lamida.

    –Siii… cabrón… ahhhgg

    Su orgasmo estaba cerca, así que hundí un dedo en su culo mientras lamía su hinchado clítoris. Eso la puso a mil y empezó a agitarse temblando toda en señal del orgasmo que la invadía.

    Quedo medio tumbada en el borde del sofá con la parte baja del vestido en su cintura abierta de piernas, todo mojada y medio grogui. Mientras tanto me quité la ropa y acercándome a su rostro le dije…

    –Venga, chúpala…

    Me miro y sin decir nada se incorporó sentada y cogiéndola empezó un suave lamida del tronco que me la puso dura al instante.

    –Ahh, que mamona… así cómetela

    Y eso hacía, me la chupaba a conciencia y yo aproveche para bajarle el vestido hasta la cintura dejando sus excitados pechos a la vista y a merced de mis caricias.

    Así con las tetas al aire y mamándomela como una perra en celo estaba como para follársela por todos lados.

    –Ya vale, date la vuelta… te voy a follar.

    –¡Si, fóllame cabrón… aprovéchate!

    Y así ella de rodillas encima del sofá se la hundí en el coño y empecé a follármela sin contemplaciones.

    –Ahh, sigue… así… así…

    –Zorra, así que tu marido cornudo no te quiere follar, ¿eh? pues toma polla zorrona. Sus tetas se bamboleaban con cada embestida y ella respiraba fuerte mientras gritaba…

    –cabrón, sigue… nooo paress… asiii

    De nuevo se estaba corriendo, notaba sus contracciones y eso hizo que me corriese en su interior dándole bien adentro.

    –ahhh… dios…

    –Te ha gustado, ¿eh?

    –Siii… que gusto… hacía tiempo… ahhhh…

    En eso se la saqué y cogiéndola por la nuca le hice dar un giro y apoyando mi rodilla en el sofá la hice bajar hasta mi polla chorreante de semen.

    –No hemos acabado, vamos límpiala y ponla dura…

    Me miro un instante, pero sin decir nada se puso de nuevo a mamarla a 4 patas mientras yo me acomodaba sentándome en el sofá y acariciaba sus pechos ahora colgantes.

    Ya caliente de nuevo, me levanté y poniéndola otra vez contra el respaldo del sofá, le metí los dedos en su coño arrastrando flujo y semen a su culo hundiendo primero un dedo y luego otro en su estrecho canal.

    –¿Te han follado por el culo?

    –No, no… déjalo…

    –Que honor… ahora quietecita…

    Y diciendo eso empecé a encularla lentamente, estaba muy estrecha y no quería estropearlo.

    –Ahhh… espera,… ahhh… si, sigue

    Había entrado la mitad y empecé un suave vaivén deleitándome al sentir la presión de su esfínter.

    Poco a poco le empezó a gustar, se frotaba el clítoris y suspiraba…

    –¿Que te gusta que te enculen? zorra…

    –Siii, por favor… no pares ahora…

    –ahhhg… mas… mas…

    –que guarra, ¿qué le dirías a tu marido si te viera así enculada?

    –cabrón… él nunca me ha enculado… ahhhh

    Marta, de nuevo empezaba a temblar y contraerse por los impulsos del orgasmo… ahhh era un sensación cojonuda, su culo y todo su cuerpo se estremecía con cada ola de placer apretando mi pene.

    Su orgasmo parecía interminable yo estaba muy a punto, así que la saque y pajeándome le dije…

    –Vamos, acércate…

    Fue tocar sus labios entreabiertos mi polla y recibir la primera descarga en su mejilla. No así las siguientes ya que se tragó la polla sin importarle que venía de su culo.

    –Guarra, mamona… que pedazo de puta…

    Se había arrodillado en el suelo y se comía mi corrida limpiando la polla de arriba a abajo como una posesa.

    Eso me puso a 100, la levante y abrazándola con las manos en su culo la bese largamente.

    –Mi culo es tuyo… ¡fóllatelo de nuevo!

    Madre mía, esa frase me incendió…

    Allí de pie le di la vuelta y agarrándola por los pechos, sin mas, se la clave por el culo.

    –Encúlame cabronnn…

    –Toma puta…

    Ahora si que la enculaba a tope, veía reflejada en el espejo del comedor la escena y eso acrecentaba mis embestidas y mi deseo. Otra vez note la llegada de su orgasmo e incremente el ritmo para también correrme esta vez en sus entrañas y dejarnos caer en el sofá exhaustos.

    Así estuvimos con mi polla en su interior unos minutos hasta que cesaron las palpitaciones del orgasmo.

    Finalmente me salí de ella y vistiéndome le dije…

    –debo irme…

    Marta adormecida, quedo tumbada de costado y su culo entreabierto rezumaba semen…

    La deje con esa imagen guardada en mi retina y me fui satisfecho de la estupenda follada que el azar me había obsequiado y que siempre pensé que solo ocurría en las películas.

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  • Mi mujer y el ingeniero

    Mi mujer y el ingeniero

    Hola, me llamo Javier. Después de ocho años de casados, nuestro matrimonio agonizaba. María, aún mi mujer, es una hembra de pelo moreno, 1,70 de altura, pechos no excesivamente grandes y de complexión delgada. Actualmente tiene 35 años, cuando ocurrió lo que voy a contar, 28.

    Una noche, después de una fiesta con unos amigos, volvimos a discutir, como hacíamos habitualmente, casi como rutina. No merecía la pena continuar casados, pero los dos hijos que habían nacido de nuestro matrimonio, hacían que la separación se fuese prolongando en el tiempo.

    Nos metimos en la cama, y con la luz aún encendida, comenzamos a hablar, primero con malos gestos y malas contestaciones, para posteriormente ir reduciendo la rudeza de las palabras empleadas. Ya más tranquilos, se me ocurrió hacer una pregunta a María. ¿Tú me has sido infiel alguna vez?

    María se quedó mirándome fijamente a los ojos y respondió con otra pregunta. ¿Y tú?

    No llegué a contestarla, pero con su respuesta supe que ella había tenido alguna aventura después de estar casado.

    –Esa respuesta que me das, preguntándome a mí, deja claro que algo has tenido. Me gustaría saberlo.

    Ella se negó al principio, pero le propuse que actuaríamos como dos desconocidos y que me contase lo que había pasado, con pelos y señales. Sólo imaginarme la situación, me excitaba sobremanera.

    –Es cierto, te he engañado una vez. Pero por favor, no me hagas que te lo cuente. Pasó y ya está.

    Dada mi insistencia, ella aceptó. Se incorporó en la cama, y empezó a contarme.

    María trabaja en una empresa multinacional. Tiene un horario más o menos flexible, y su puesto le obliga a viajar con cierta frecuencia.

    –Javier, cielo, ¿te acuerdas del viaje que hice a Valencia? Fue allí donde ocurrió…

    Pasó hace 7 años. Aún no había nacido nuestro hijo mayor. Estuve todo el día de reuniones, sobre todo con un joven de 22 años. Era un ingeniero, recién licenciado, que trabajaba para nuestro cliente y que estuvo todo el día a mi lado.

    A las ocho de la tarde, sólo quedábamos en la oficina él y yo. Le pregunté si había posibilidad de llamar a un taxi, para ir al hotel. Estaba agotada, después de un duro día de trabajo.

    El joven, amablemente, se ofreció a llevarme en su coche hasta mi hotel. Era un chico atractivo, con ciertos musculitos de gimnasio, y sobre todo bien parecido.

    Si te soy sincera, no me había fijado en él en todo el día que habíamos estado juntos, pero ahora, ya más relajada, si me resultaba muy atractivo, aunque con un aspecto barbilampiño, y bastante crío.

    Cuando llegamos al hotel, se bajó conmigo y me acompañó a la recepción. Me ofreció tomar una cerveza en la cafetería, y aunque me sentía muy cansada, acepté por cortesía.

    Su conversación, era muy amena. No tenía nada que ver con el chico serio que había conocido por la mañana. Contaba chistes, nos reíamos, y me resultaba agradable la sensación de estar con alguien a quien se le notaba que se moría por tocarme.

    Ese día, mi ropa era de ejecutiva. Un traje de chaqueta, con una camisa ceñida. La falda, llegaba más o menos a la altura de las rodillas, con unas medias negras y zapatos del mismo color.

    Sentados en la barra de la cafetería, mi falda se subía ligeramente, dejando al descubierto parte de mis muslos. Una de las veces, como signo de afectividad, Ángel, como así se llamaba este chico, puso su mano sobre mis rodillas.

    Me dejó un poco perpleja, pero por no romper la confianza que se había establecido entre nosotros, no quise apartársela. No sabía muy bien que hacer o decir, y le propuse que me acompañase a cenar.

    Según íbamos a sentarnos, notaba como su paquete se iba hinchando por momentos, y eso me hacía sentir muy atractiva.

    Después de cenar, tomamos café y unos whiskys. Me sentía un poco mareada. Volvimos a la barra del bar y pedimos una segunda copa. Ya se notaba el feeling que existía entre nosotros, y me di cuenta, que si yo quería esa noche no dormiría sola.

    Con ciertas dudas, le propuse tomar la última copa en mi habitación. Subimos y nada más llegar me estampó un beso en los labios. Me quedé sin palabras, y sólo acerté a decir, estoy casada.

    Él volvió de nuevo a agarrarme y me besó de nuevo, esta vez acariciándome el culo mientras lo hacía… Empezó a acariciarme las tetas, mientras seguía metiéndome la lengua por toda la boca.

    Cuando me di cuenta, ya no llevaba la camisa puesta. A los pocos minutos, toda la ropa estaba en el suelo.

    Me abrió las piernas todo lo que pudo, y empezó a pasar la lengua por mi chochito. Estaba totalmente mojado, y las gotas de mi calentó, mojaban su lengua. Después de unos minutos, le aparté. Empecé a comerle su polla que iba aumentando de tamaño por cada lametón que le daba.

    Se giró 180 grados y empezó a volverme a comer mi almejita mientras yo me seguía comiendo su polla. Era enorme y estaba excitadísima.

    Después de varios minutos, se levantó, y volvió a girarse. Hizo que me pusiera a cuatro patas. Volvió a tocarme mi conejito, que seguía totalmente empapado. Separó los labios con los dedos, y me la clavó. Mi excitación era tal, que no podía parar de gritar. No paraba de decirme, que buena estás, hija de puta. Pensé que se correría en breve, tal y como había hecho yo hacía ya unos minutos, pero me la sacó y me volvió a dar la vuelta.

    De nuevo volvió a comerme el coñito. Manejaba mi clítoris con su lengua de una forma perfecta. Como una pequeña gominola dentro de su boca. No tardé nada en volverme a correr. Al sentir su boca llena de mis jugos, volvió a subirse, y me montó de nuevo.

    Estaba tan empapada, que creo que llegaba el líquido hasta mis muslos. El me embestía de una forma ruda aunque manteniendo la afectuosidad que le gusta a una mujer. A los pocos minutos, no té su leche dentro de mi vagina.

    Se quedó a dormir esa noche conmigo, y al día siguiente volvimos los dos juntos a terminar la parte laboral de mi viaje.

    Eso es todo, Javier. Jamás he vuelto a ver a Ángel. Te lo juro. Sólo he sido infiel esa vez.

    Mi sensación era una mezcla de humillación, por lo sucedido, y de excitación por los detalles de lo que había descrito mi mujer.

    La cogí, la abracé y la besé. Mi único objetivo era echarle el mejor polvo de su vida. Fue fácil dejarla totalmente desnuda. Yo me quité toda la ropa también. Empecé a besar sus pechos. Estos se pusieron tersos por los roces de mi lengua. Los acariciaba, los mordía. No quería que ella hiciese nada, sino que disfrutase de mí. Bajé mi lengua por todo su cuerpo hasta llegar a su rajita. Estaba totalmente rasurada. Empecé a comerle el conejito. Le mordía los labios mayores, le lamía su pipita, mientras ella se mojaba cada vez más. A la vez, le tocaba sus pechos. Hacía un despliegue total para que se sintiese totalmente plena.

    Ella se puso de rodillas, con el torso levantado. Yo justo detrás. Le tocaba las tetas, mientras le iba mordiendo el cuello. Con la otra mano, manoseaba su rajita, que ya estaba totalmente empapada.

    Me senté en una silla y la puse encima de mí. La levantaba y bajaba, como a una muñequita. Ella no paraba de gritar de placer. La subía y la bajaba, mientras mis labios acertaban a lamerle los pezones. A los pocos minutos, nos corrimos y quedamos exhaustos.

    Fuimos a la cama, y ella me dijo que le tenía que contar mis infidelidades. Estaba segura que habían sido varias, y no le faltaba razón, pero ahora, después de esta fiestecita, no era el momento.

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  • Ayudando a mi hermana a vengarse de su ex

    Ayudando a mi hermana a vengarse de su ex

    Tengo una hermana que se llama Irene tiene 20 años, es una chica que siempre ha sido normal, es guapa de cara, rubia pelo largo, carita muy dulce. Siempre ha sido una chica muy responsable y modosita.

    La relación entre nosotros dos siempre ha sido muy buena, siempre hemos sido muy amigos y nos hemos contado nuestros ligues y algunas veces algunas experiencias sexuales, nos hemos criado en un ambiente familiar muy abierto de mente. Desde pequeños íbamos con nuestros padres a sitios nudistas, hemos estado muchas veces en casa desnudos e incluso de más mayores en más de una ocasión hemos ido Irene y yo juntos a playas nudistas.

    En este relato voy a narrar lo que sucedió hace dos años. Fue un domingo de julio, Irene y yo íbamos a ir una vez más a una playa nudista como solíamos hacer bastantes veces. Cuando llevábamos una hora en la playa, Irene se fue a saludar a Antonio y Pedro. Antonio era un chico que había ido a su clase. Pedro había sido su pareja. Alguna vez Pedro le propuso hacer un trío con Antonio, pero a ella Antonio no le gustaba nada y no quería y Pedro desde entonces le decía que era una niña que decía mucho y que luego no se atrevía.

    Por esas discusiones lo dejaron y a ella siempre le había dado rabia que pensara así de ella. Él siempre la menospreciaba, le decía que era una niñata y que en el sexo no se atrevía a muchas cosas. Ella se consideraba una chica muy abierta de mente y atrevida. Le dijo a Pedro que yo era su novio. Y él le dijo que habían quedado ellos dos con Marta, era una excompañera de clase, que siempre iba de calienta-pollas, y que aunque Pedro estaba con Irene siempre iba detrás de él. Pedro dijo que tenían pensado cuando viniera Marta hacer un trío.

    Al volver Irene donde yo estaba vino super cabreada y alterada. Me contó lo que pasaba, no se creía que fuera de verdad lo del trío, pero le daba mucha rabia que estuviera así. Me dijo ¿te puedo pedir una cosa? Hoy trátame como si fuera tu novia. Yo no sabía que responder, no sabía que decir. Ella antes de que le respondiera me dio un beso, se me acerco y junto los labios con los míos, su lengua se juntó con la mía y me cogió la mano y la situó en su culito. Lo tenía durito y bien puesto. Cuando acabó el beso miré y Antonio y Pedro miraban con cara de envidia.

    Irene añadió ayúdame hoy, quiero que se arrepienta de lo que pasó, de no haber conseguido que lo nuestro fuera a más. Quiero que se arrepienta. Para mi Irene siempre había sido una persona muy importante y por ayudarle lo que hiciera falta, además que el día prometía así que le dije que si. Y esta vez fui yo quien se lanzó a por ella. Se quedo tumbada en la toalla y yo encima de ella comiéndole la boca, mi mano se situó en su tripita y muy suave mientras mi lengua y la mía se unían, subiendo mi mano hasta acariciar sus tetas. Fue un momento porque aunque no estaba muy concurrida la playa había gente.

    Ella me dijo vente al agua, vamos a hacer que se piensen que pegamos un polvo. Yo no sabía que quería hacer, no sabía si quería que me la follara o que, por lo que no sabía si ir o que hacer, ella me estiro de la mano y acabe yendo por inercia. Ella se fue lanzada y yo detrás, Antonio y Pedro no nos quitaban la mirada de encima. Ella se puso en un sitio que el agua le cubrían hasta casi las tetas me dijo ven y me abrazo, me dio un beso. Me susurro y me dijo dame un beso de estos con pasión. Y eso hice.

    Yo le dejaba hacer, no sabía hasta donde quería llegar, no sabía que quería hacer. Entonces ella se puso cara a la arena mirando a Antonio y Pedro que nos miraban me apretó a ella, mi polla rozaba su culo. Cogió mi mano y la situó en su coñito. Me dijo hazme tener placer, así pensarán que estamos follando. Entonces no lo dude, mi mano acariciaba su coño, le apretaba el clítoris mientras mi otra mano le tocaba las tetas y con mi boca le daba mordisquitos por el cuello. Ella situó su mano en mi polla y empezó a moverla. A hacerme una paja.

    La situación era brutal, en la playa. Dentro del agua, con Antonio y Pedro mirando, alucinando. Yo le estaba follando a mi hermana con dos dedos mientras le sobaba las tetas y le besaba el cuello y los hombros. Ella movía su mano me hacía una paja. Era una situación brutal, los dos pese a lo extraño de la situación y ser algo que nunca habíamos imaginado estábamos muy excitados y no tardamos mucho en acabar.

    Volvimos a las toallas y estuvimos una hora con calma, sin hacer nada, tomando el sol. A la hora ya prácticamente estábamos solos en la playa Irene y yo, en su sitio Pedro y Antonio de por medio una pareja con su hijo. Y en esos momentos coincidió la llegada de Marta con la marcha de la pareja. Marta llegó y no se desnudó se quedó en ropa interior. Irene dijo si mucho calentar, pero luego es más cobarde que yo. Van a flipar, se van a morir de envidia.

    No sabía que iba a hacer y se arrodilló y me cogió la polla con una mano, en la arena yo estaba tumbado y me empezó a pajear, la mirada de Marta, Antonio y Pedro se dirigió a nosotros. Ella se abalanzó sobre mi polla y se la introdujo en su boca. Lamía la base e iba subiendo en ese momento paraba un segundo rozando con la punta de mi polla su lengua y se la introducía y se follaba mi polla con su boca.

    Entonces Antonio le cogió la mano a Marta y la dirigió a su polla para que Marta le hiciera una paja. Movía la mano mientras no dejaba de mirar como Irene se metía mi polla en su boca era una muy buena mamadora, me estaba muriendo de placer. Pedro intentaba que Marta le pajeara a él también a lo que Marta se negaba.

    Irene seguía chupándomela, alguna vez lo hacía mientras miraba a Pedro. Tras ver la negativa de Marta a darle placer y que Marta tan sólo se centraba en Antonio. Irene se levantó sacando mi polla de su boca. Se puso de pie para poco a poco ir bajando, de espaldas a mi, cara a ellos. Se fue introduciendo mi polla en su conejo. Una vez la tenía entera dentro para un momento.

    Marta empezaba a comerle la polla a Antonio. Irene miró a Pedro y le dijo ¿no quieres que te la coma? Entonces se levantó y se acercó a nosotros. Él de pie y ella con mi polla dentro suya se la empezó a chupar al mismo tiempo que me empezaba a cabalgar.

    Antonio colocó a Marta a cuatro patas, tenía un muy buen culito ella y se la follaba en plan salvaje. En cambio, Irene se movía muy suave, con mucha delicadeza, acompasando sus movimientos en la entrepierna con los de su boca.

    Ella se esmeraba en la mamada mientras me follaba quería que viera Pedro lo que se había perdido que ella era una chica que la comía muy bien, se la comía con mucha suavidad, con un movimiento suave de mano acompasado con el vaivén de su boca follándose su polla.

    Él estaba muy caliente, ella acelero el ritmo. Cuando vio que él estaba cerca paro y le dijo. Es la última vez que te hago algo, esta es mi venganza no te voy a hacer acabar mira lo que te has perdido. En ese momento soltó la polla de Pedro se giró y se tumbó encima de mí follándome muy salvaje mientras me comía la boca.

    Lo había dejado a medias, se estaba entregando al placer con mi cuerpo, se movía muy salvaje. Lo mismo sucedía con Marta y Antonio. Aunque ellos no paraban de mirarnos. Yo les miraba de reojo pero Irene es mucha mujer. Nuestras lenguas se unían mientras cada vez follábamos más duro, cada vez costaba más unir nuestras lenguas. Aumentamos el ritmo hasta que llegamos los dos al mismo tiempo a un sabroso orgasmo.

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  • Lo prohibido es más excitante

    Lo prohibido es más excitante

    Las cosas a veces pasan sin que uno las planifique, pero aquellas cosas por ilógicas que parezcan pueden ser una experiencia inolvidable.

    Somos dos hermanos de una familia con un buen pasar económico, pues nuestros padres tienen un buen trabajo, papá como profesor de la universidad y mamá como secretaria de una empresa de exportaciones. Jorge mi único hermano a quien cariñosamente yo le digo Koke, es dos años mayor que yo, pero cuando sucedió esta historia, él tenía 20 y yo 18, pero eso fue hace algunos años y hoy lo quiero relatar aquella experiencia.

    Como de costumbre mis padres tenían muchos compromisos sociales y los fines de semana, por lo general se ausentaban de casa frecuentemente; aquel fin de semana viajaron fuera de la ciudad y mi hermano y yo nos quedamos solos, era costumbre y nos habíamos acostumbrado a esta rutina, ese sábado por la tarde como era habitual concurrí al gimnasio a practicar mis ejercicios, regresé a casa cerca de las 6 de la tarde, después de darme una buena ducha, me percaté que estaba sola en casa, ya que Jorge no se encontraba en su dormitorio, sucedía siempre así, yo sola y él saliendo con sus amigos.

    Me tendí sobre la cama solo con una camisa transparente que me llegaba sobre las rodillas, pero sin bragas debajo, encendí el televisor para ver un programa entretenido, pero todos los que había en ese momento eran rutinarios y aburridores. Entonces recordé que Koke siempre tenía películas en su pieza, de esas eróticas un poco fuertes y me fui a su dormitorio hasta que encontré una que me parecía excitante.

    Volví a mi pieza y comencé a mirarla atentamente, desde el principio era puro sexo, eso me fue excitando poco a poco pero igual seguí viéndola. Cuando terminó estaba demasiado caliente y tuve que ir al baño a darme una ducha fría, luego fui a la nevera saqué un poco de frutas y volví a mi dormitorio, estaba en baby-dioll y sin bragas debajo, me tapé con la sábana y seguí mirando la televisión.

    Debe haber sido cerca de la medianoche cuando sentó abrir la puerta de calle, por los pasos pude percibir que era mi hermano Jorge, sentí que pasó directo al baño, y al rato vino a mi dormitorio

    -¿qué haces hermanita?

    -nada… sólo miraba televisión

    Se acercó lentamente hasta sentarse al borde de mi cama, me di cuenta que venía con unas copas en la cabeza, lo delataba su forma de hablar entrecortado.

    -¿Koke que deseas?

    -hablar contigo hermanita

    -y que quieres hablar

    – de muchas cosas… como cuando éramos pequeños y jugábamos

    -pero que tiene que ver eso

    -tiene que ver que ahora ya no eres una niñita, te has convertido en una mujer

    -estás loco… ándate a tu cuarto y déjame tranquila

    -¿por qué me tratas de esta forma, si cuando éramos pequeños nos hacíamos cariño?

    -pero eso era antes… ahora es distinto

    -¿Por qué es distinto?

    -ya déjate y vete a tu cuarto

    -¿me estas echando? no seas malvada

    -ya, déjate de payasadas y vete

    Se acercó a mí bruscamente y hundió su boca en mis senos por sobre mi baby doll, sentí una sensación extraña de miedo, pero también de placer; comenzó a morderme los senos desesperadamente, podía percibir su aliento pasado a licor, esto me excitando, y mi cuerpo se fue calentando rápidamente; de pronto levantó su cabeza y me dijo:

    -ahhh, ahora serás mía

    Yo no supe reaccionar a sus palabras y quedé sin habla.

    Salió de la pieza y volvió apresuradamente, sin siquiera darme tiempo a reaccionar, comenzó a atarme las manos al respaldo de la cama, quede paralizada sin movimiento alguno, fue en esos momentos que comenzó a besar mis piernas a la altura de mis rodillas, fue deslizando su boca suavemente hacia mi vagina, yo a esa altura estaba ardiendo de deseos; ninguno de los dos pronunciaba palabra alguna, solo lance un grito de placer cuando sentí que su boca chupaba con desenfreno mi vagina buscando mi clítoris, estaba completamente rendida ante él.

    -hermanita querida, te voy a dar todo mi semen caliente en tu vagina.

    Yo estaba en silencio, sin decir nada.

    Comencé a sentir una excitación difícil de describir, Koke se puso entre mis piernas y pude sentir su inmensa polla ardiendo a la entrada de mi vagina, la punta de su pene me quemaba, yo estaba entera mojada y de pronto sentí que me la introdujo completamente hasta el fondo de mis entrañas, primero sentí un escozor acompañado de un placer extraordinario, sentí deseos de abrazarlo, pero no podía pues mis manos estaban atadas, pero él buscó mis senos con su boca y comenzó a devorármelos en forma brusca y alocadamente, bombeaba fuertemente y en forma rápida.

    Tenía todo Su pene en mis entrañas, cuando sentí como una explosión de líquido caliente dentro de mí, fue entonces que lo escuché jadear

    -ohhh… que rico… hermanita querida mira como te poseo

    -ahhh… me vengo… me vengo de nuevo… aaaah…

    Ya no pude controlarme y comencé a moverme furtivamente.

    -dámelo todo dentro de mí… hermanito

    -sí… guaguita mía, todo mi semen es tuyo…

    -Koke me vengo… aahh… ohhh… más… más. Lo quiero todo dentro de mí… dámelo entero maricón… querías culearme

    -Si hermanita… esta todo dentro de ti… ahhh… maaas… ohhh.

    -Koke… Koke… aaaah… que rico… párteme entera…

    Sentí un río entero que se desbordaba dentro de mí, él había eyaculado una gran cantidad de semen, cayó rendido sobre mi cuerpo… siguió chupando y mordiendo mis senos.

    Yo estaba extasiada… se fue saliendo lentamente de entre mis piernas mojándome con su semen aún caliente y espeso.

    Besó mi vientre y con su lengua limpió mis muslos de su líquido caliente. Yo había tenido varios orgasmos.

    Pasado unos minutos, tenía su pene erecto nuevamente, procedió a desatarme y me dijo que me pusiera boca abajo, yo obedecí sin siquiera pensar que es lo que haría. Volvió a atarme a la cama y comenzó a besarme el cuello y la espalda, bajaba con su lengua hasta mis caderas y luego, introducía su boca entre mis nalgas y con su lengua succionaba mi potito, era una sensación rica que nunca había experimentado.

    -oooh… hermanita querida… tienes un culito exquisito te lo voy a partir esta noche…

    Se puso sobre mí… sentí que me esparcía una crema en mi ano… entonces fue cuando sentí la punta de su polla a la entrada de mi culito, era como sentir un fierro caliente y ardiendo, lo puso suavemente y comenzó a introducirlo de a poco.

    -oh hermanito… que rico… aaah no tan fuerte… ayyy.

    -cállate puta de mierda… eres mi puta y te lo voy a meter hasta el fondo…

    -oh… nooo… basta que me duele… nooo. aaay… Koke nooo… me estas partiendo… aaay… me partes… nooo…

    Koke no escuchaba mis súplicas, cada bombeada que daba, su pene se introducía mas y mas en mi culito… fue en ese momento que me estacó con fuera hasta el fondo…

    -nooo… aaaay… uuuf… aaah… oooh…

    -hermanita… eres un a puta… si una puta… te estoy partiendo tu culito… mira…

    -Me vengo… me vengo… oooh…

    -todo mi semen para ti

    -sí… hermanito dámelo todo…

    -toma… toma… puta de mierda…

    -me gusta que me digas puta…

    -si eres una puta

    -una puta para ti.

    Sentí como si le punta de su pene hubiese llegado por dentro hasta la boca de mi estómago. Allí estaba yo empalada completamente con toda la verga de mi hermano dentro de mí. No sé cuántas veces eyaculó en mi interior, solo sé que tuve varios orgasmos.

    Lo fue sacando lentamente y a medida que lo sacaba, iba cayendo líquido sobre mis nalgas, sentí un gran alivio cuando lo sacó completamente, pero me sentía toda rota por dentro.

    Se subió los pantalones y abandonó mi dormitorio, por varios minutos permanecí en silencio, tratando de recordar si lo que había sucedido había sido un sueño o una realidad.

    No me di cuenta a la hora que me quedé dormida, cuando desperté al día siguiente, me sentía completamente descaderada, un dolor intenso en mi culito y las sábanas de la cama impregnadas de semen y sangre. Sentí miedo y fui hasta el baño, me puse bajo la ducha y dejé escurrir el agua fría.

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  • Vacaciones en el campo con mi madre (1)

    Vacaciones en el campo con mi madre (1)

    Todo comienzo al cumplir 18 años, me llamo Raúl vivo con mi madre Sandra tiene 43 años, mis padres están separados, pero se llevan muy bien incluso muchos fines de semana salen de fiesta juntos, se separaron hace dos años y desde entonces creo que están mejor los dos. Mi madre es profesora de instituto por lo que cuando yo voy, ella ha ido y vuelto varias veces, a mi padre me cuesta menos tomarle el pelo y al final siempre lo llevo a mi terreno.

    Al cumplir los 18 mi padre me pagó el carnet de conducir y en mayo ya tenía el carnet. Soy un apasionado de los coches me vuelven loco, mi padre venia todos los sábados y salíamos a dar una vuelta no me casaba de conducir, pero mi madre no había manera que me dejara el coche, y llegó el verano.

    –Raúl hijo, este año he tenido mucho estrés en el instituto y me apetecería mucho que nos fuéramos a la casa de campo de la abuela, he hablado con tu tía que han pasado unos días allí y han estado muy bien no habrá que trabajar como otros años, ya está todo limpio y la piscina también, podríamos pasar unos días tranquilos en el campo.

    –Mamá que tengo 18 años, allí no hay nada, me moriré de aburrimiento, no hay ni cobertura en el teléfono, ya me dirás que hago yo allí.

    –Podemos descansar, la piscina y te dejare llevar el coche que sé que es lo que más te gusta.

    –Nunca me dejas el coche y ahora como a ti te interesa sí, yo mamá prefiero quedarme aquí con mis amigos, vete tu una semanita y así te relajas.

    –Tienes razón con lo del coche, pues llévate a un amigo y así no te aburres y podemos hacer alguna excursión y por las tardes bajar algún día al pueblo, al cine, lo que surja, ya veremos no vamos a estar todo el día en casa.

    –Vale hablaré con mis amigos, pero solo una semana, más tiempo no mamá, a ver quien se va querer ir allí perdidos en el monte.

    Quede así con mi madre, hable con todos mis amigos, y de todos ellos el único que acepto la invitación fue Juan, amigos desde pequeños, buen chaval, con el que me rio mucho, siempre está salido y atacando a las chicas del instituto, pero como todas ya lo conocen no le hacen ni caso, el problema es que mi madre también lo conoce lo tuvo en clase el año pasado y lo pillo dos veces con porros de maría, aparte de alguna trastada más.

    –Mama, se vendrá Juan con nosotros de vacaciones.

    –Juan, el mismos Juan que tuve en clase el año pasado.

    –Si, el mismo

    –Pero si es un pieza todo el día detrás de las niñas y además le quite dos porros en clase, no me parece buena idea.

    –Mamá, es buen chico yo lo paso muy bien con él, además si allí no hay nada, no te daremos problemas, es el único que se puede venir y ahora no le voy a decir que no.

    –Bueno vale tu mismo, pero no quiero nada de porros que quede claro.

    –Tranquila mama, ni te enteraras que estamos allí, tú a descansar y relajarte.

    Por fin llego el día de partir, metimos el equipaje en el coche, y nos dirigimos a recoger a Juan.

    –Hola buenos días Sandra gracias por invitarme.

    –Dale las gracias a Raúl que es quien te ha invitado, no llevaras ningún cigarrito de los que tú ya sabes Juan, no quiero problemas como en clase, aquí vamos de vacaciones a pasarlo bien no quiero malos royos.

    –Tranquila Sandra ya lo sé, me lo dijo Raúl.

    –Venga monta, que queda mucho viaje y conduce Raúl así que iremos tranquilos.

    Iniciemos el viaje con la musiquita y hablando de todo un poco hasta que paremos a desayunar en un bar de carretera, mientras mi madre pagaba.

    –No veas Raúl, que buena esta tu madre siempre me ha dado morbo pero al vela hoy con esa faldita tejana y ese jersey blanco que le marca los pezones me ha puesto loco.

    –Joder Juan córtate un poco que es mi madre, siempre estas igual.

    –No me digas que no está buenísima, mira que culo tiene ahí apoyada en la barra, tu mira le los pezones cuando venga para nosotros.

    –Cállate ya, estás loco.

    Entonces empecé a mirar el tipazo que tenía mi madre apoyada en la barra, tenía razón Juan, estaba buenísima, los hombres que había en las mesas del restaurante tenían su mirada puesta en ella, y cuando pago y se dio la vuelta no puede evitar mirarle las tetas, Juan tenía razón llevaba un jersey blanco ajustado con un sujetador blanco que dejaban marcar los dos pezones.

    –Venga Raúl sigamos que quisiera estar antes de comer en casa.

    Continuemos el viaje y no me podía quitar el cuerpo de mi madre de la cabeza, de vez en cuando le miraba las piernas e imaginaba que bragas llevaría me estaba poniendo cachondo y cada vez con mas frecuencia se me iban los ojos a sus muslos. Por fin lleguemos cogimos el equipaje y mama le enseño la casa a Juan.

    –Dejar las cosas en la habitación poneros algo cómodo y en 15 minutos en la cocina que me ayudareis a colocar la comida y hacerla si queréis comer claro.

    –Vale mamá, pero empiezas pronto a mandar.

    –Venga no os quejéis, quedamos en la cocina, yo me voy a dar una ducha rápida y en nada nos liamos con la comida.

    –Raúl que buena esta tu madre vamos a ver si la vemos en la ducha.

    –¿Estás loco?

    –Venga que no pasa nada, si nos pilla, ya se nos ocurrirá algo tranquilo, cámbiate rápido y vamos a ver.

    No sé por qué le hice caso, nos pusimos pantalones cortos y una camiseta.

    –¿Donde esta Raúl?

    –En su habitación, tiene el baño dentro.

    Fuimos hasta la puerta de su habitación y estaba cerrada, pero se oía el agua de la ducha.

    –Venga Raúl entra y si te ve le dices que vamos a la cocina.

    –Definitivamente estás loco, como voy hacer eso, yo siempre llamo antes de entrar y ella lo sabe, porque me lo ha enseñado.

    –Está en la ducha no nos va a ver.

    Abrí la puerta despacio, eché una mirada y la puerta del baño estaba cerrada se oía el agua, entremos y encima de la cama tenía su maleta abierta y al lado un tanga blanco y una playera, Juan cogió el tanga y empezó a olerlo se lo quite de las manos y yo también, pensar que dentro de un momento iba a estar tocando el coño de mi madre me ponía cachondisimo y no pude evitar pasármelo por la polla, paro el agua y salimos rápidamente de la habitación.

    Ya en la cocina bajo mi madre, cuando la vimos bajando las escaleras con su pelo largo y rubio mojado y su playera estaba divina.

    –Mira Raúl como le botan las tetas por las escaleras

    –Calla que te va a oír

    –Y ya sabemos lo que lleva entre las piernas, hay que recuperar ese tanga para hacernos unas buenas pajas.

    –Que chicos, de que habláis.

    –De nada mama, Juan que ya tiene hambre

    –Bueno pues manos a la obra, y hago las pizzas y vosotros la ensalada

    –Vale mama, pero una cervecita mientras hacemos la comida que hace mucho calor.

    –Vale cogerlas, tráeme una a mi también.

    Juan y yo mientras hacíamos la ensalada, no dejábamos de mirarla cuando se agachaba intentando verle el escote pero nada mas se le veía la marca de los pezones poco mas, hasta.

    –Bueno chicos, me vais a decir que pasa, se me ve algo que no paráis de mirarme.

    –No mama, donde vamos a mirar estamos aquí haciendo la ensalada y miramos como haces las pizzas.

    –Si ya, y tu Juan que dices.

    –Ya me conoces Sandra, ¿quieres que te diga la verdad?

    –Claro.

    –Como no llevas sujetador, pues los pezones, lo siento ya me conoces.

    Mama se miró.

    –¿Raúl tú también mirabas lo mismo?

    –No mama, lo he visto ahora que lo ha dicho Juan.

    –Pues tranquilos ya me fijare mas en lo que me pongo para no herir vuestra sensibilidad, veo que tenéis las hormonas a tope, ahora vengo.

    –Juan como le dices eso.

    –No conoces a tu madre, ya lo sabía era mejor decir la verdad además no se lo ha tomado mal.

    Al momento bajo mamá, se había puesto un sujetador y no le marcaba nada.

    –Bueno Juan espero que así estés mas tranquilo.

    –Sandra, me gustaba mas antes pero así también está bien.

    –No cambias Juan, y tu Raúl así mejor.

    No sabía que me había metido Juan en la cabeza pero me estaba volviendo como él.

    –Mama la verdad que me gustaba mas antes, pero así estas bien.

    –Vaya dos, pues a ver si voy a tener que ir como una monja para que estéis tranquilos, no quiero ni pensar el día que tengáis novia pobrecitas

    –Ni yo, –dijo Juan riéndose.

    Comimos junto la piscina con muchas risas, Juan contándonos sus trastadas.

    –Bueno chicos hoy como es el primer día friego yo los platos, pero vamos a poner normas, un día vosotros, un día yo y comidas y cenas entre los tres, el desayuno cada uno lo suyo, os parece bien.

    –Sandra veo que te gusta mandar y organizar, Raúl y yo preferimos que lo hicieras todo tú, pero no va a colar ¿verdad?

    –Como eres Juan no cambias, ¿quieres empezar tu hoy?

    –Nooo ya está bien como lo has dicho empiezas tu hoy, yo si no te importa me voy a echar una siesta.

    –¿Mama que vas hacer tú?

    –Voy a fregar los platos, y después a ordenar la ropa y cuando acabe tomar el sol si no se ha hecho de noche.

    Juan y yo subimos a la habitación, cerramos la puerta y Juan saco uno de sus cigarrillos.

    –Juan aquí no, se va dar cuenta mi madre no quiero ni pensarlo.

    –Tranquilo que me lo fumo en la ventana no te preocupes.

    –Tenemos que hacer algo para ver a tu madre sin ropa, me he dado cuenta que a ti también te pone, estos días tenemos que conseguir por lo menos verles las tetas.

    –Si vale, pero deja de tocarte la polla que me estas poniendo nervioso

    –Toma dale unas caladas ya verás como tú también te la tocas.

    Le di unas caladas y al cabo de un rato estaba muy eufórico y cachondo y entonces me di cuenta que estaba obsesionado con mi madre y en vez de Juan era yo el que decía disparates.

    –Si Juan tienes razón vamos hacerlo, como un juego y si vemos algo pues a pajearnos que eso no es malo, espérate aquí que voy a ver que hace.

    Me dirigí a la habitación de mi madre

    –Hola mama, que haces.

    –Ordenando la ropa, no duermes, que ojos mas rojos no habrás fumado

    –No mama que me he quedado adormilado y no tenía mas sueño.

    –Una cosa, tu amigo esta super salido, y ahora a mi me da corte y no sé que ponerme no tengo bañador solo bikinis, a ver te los enseño y dime tu cual me pongo para que no esté todo el día mirando.

    –No se mama, no le hagas caso ya lo conoces.

    –Si pero me siento incómoda, a ver tengo estos dos.

    –No se mama los veo igual uno blanco y otro blanco y negro que mas dará.

    –Espera

    Entró en el baño y salió con el bikini blanco.

    –¿Qué te parece?

    –Que estas guapísima

    –Gracias, pero no te pregunto eso, espera que me pongo el otro. Y este, ¿cuál enseña menos?

    –Mama los dos son parecidos quizás este enseñe mas porque te queda mas ajustado parece que te se van a salir, pero no pasa nada eres una mujer muy guapa y tienes un tipazo.

    –Raúl que soy tu madre, bueno tu cual elegirías.

    –El blanco.

    –Enseña menos verdad.

    Yo estaba que la polla se me iba a salir del pantalón ver esa fina tela que le apretaban las tetas que parecía que iban a reventar la cuerda del bikini y el colocón que llevaba.

    –No mama, es porque imagino que el blanco cuando te metas en el agua se debe transparentar entero y la verdad es que me encantaría ver la cara que pone Juan.

    Mama se quedó mirándome unos segundos, miró mi entrepierna.

    –Te pone cachondo verme en bikini Raúl, soy tu madre, pensaba que solo me tenía que preocupar de Juan, pero veo que de ti también. Vamos hacer una cosa como estoy cansada de pelear con chicos como vosotros voy a ser franca, llama a Juan que venga un momento que vamos a solucionar este problema.

    Estaba asustado, la había liado bien.

    –Juan, mi madre que vayamos a su habitación

    –Si hombre la has convencido y nos va a follar a los dos.

    –Calla que la he liado bien, esta nos mandara a casa pero ya.

    Entramos en la habitación y allí estaba mi madre con el bikini como la había dejado cuando salí.

    –Sentaros los dos en la cama

    –¿Que nos vas hacer Sandra?

    –Mas quisierais vosotros, a ver me siento mal por la situación se cómo pensáis y lo que pensáis, y esto tiene que acabar y solo tiene una solución y es desahogaros cuando salgáis de aquí, vais a la habitación y os hacéis una buena paja, después de cenar otra y cuando os levantéis otra y así dejareis de hacer el tonto.

    No dábamos crédito a lo que oíamos.

    –¿Pero mamá?

    –Ves otra solución, la única que yo conozco es que os desahoguéis y no hay otra manera.

    Juan al oír a mi madre creo que se puso más cachondo que nunca.

    –Sandra, pues ya que eres maestra nos podrías enseñar un poquito sabes que por lo menos yo me las voy hacer pensando en ti, y Raúl creo que también.

    –¿Es eso verdad Raúl? ¿te haces pajas pensando en tu madre o sea en mí?

    –No mama nunca lo he hecho, la verdad. Pero después de todo lo que ha pasado hoy, estoy deseando ir a mi habitación y pensar en ti, perdona mama.

    Mi madre se quedó callada unos instantes no sabía que decir era la primera vez que la veía sin respuestas.

    –Sandra nos podemos ir ya o has cambiado de idea y nos vas ayudar

    –¿Qué quieres Juan? ¿qué te haga yo la paja?, no me durarías ni dos minutos

    No podía creer que mi madre hablara así y menos la conversión que estábamos teniendo.

    –Si, pero Sandra también esta Raúl, serian cuatro minutos, no está mal para nuestra edad, y con dos hombres a la vez y uno es tu hijo, dos para ti ¿no te da morbo?

    Mi madre se ponía roja como un tomate y no hablaba, pero a través del bikini se notaban unos pezones enormes con la conversión se estaba calentado se le notaba hasta la aureola.

    –Os gusta jugar al límite, está bien ¿que propones tu Raúl?

    –Yo mamá no sé, estoy loco por verte las tetas con eso tendría bastante.

    –Estás loco Raúl, y tú que propones Juan.

    –Si nos hicieras tú la paja seria increíble.

    –Y tanto que increíble porque no va a pasar, os voy a dar una lección valientes. Venga Raúl quítate los pantalones.

    –Mama ¿cómo?

    –Ves, a ver si tu amigo es más valiente.

    Juan no lo dudo un segundo bajo su pantalón y como un resorte salió su polla mejor dicho su pollón porque el tío va bien armado, mi madre no daba crédito a lo que veía.

    –Dios mío Juan quien lo iba a imaginar donde guardabas todo eso si no cabe en el pantalón. Venga yo estoy aquí hazte la paja.

    –No me vas ayudar Sandra?

    –Ya te ayudo desde aquí, mi madre no le quitaba ojo a la polla de Juan –cerró la puerta de la habitación, se apoyó en ella.– Tu tranquilo Juan no tengas prisa, –me miró (yo no sabía que hacer estaba excitado y asustado a la vez)– Raúl vas a perder tu oportunidad.

    –¿No me enseñas nada Sandra?

    Mama estaba callada mirando como Juan se pajeaba, en el momento que mi madre me miró no lo pensé, me bajé el pantalón liberando mi polla, mamá miraba sorprendida, me agarré la polla y empecé a pajearme frenéticamente sin dejar de mirar a mi madre. Allí estaba ella sin perder detalle mirándonos sofocada y con los pezones a punto de perforar el pequeño bikini. Al momento estábamos corriéndonos como locos sin dejar de mirar a mi madre a la vez que no dejaba de mirarnos ella.

    –¿Qué? ¿ya habéis acabado?, ¿estáis tranquilos y relajados? pues en cuanto os recuperéis limpiáis todo esto, me voy a tomar el sol.

    Se dirigió al armario, cogió una toalla abrió la puerta y se marchó.

    –Que hemos hecho Juan

    –Tienes razón Raúl nos hemos pasado tres pueblos, pero ha sido la mejor paja de mi vida

    –Si la mía también, venga limpiamos esto e iré hablar con mi madre.

    –Si es lo mejor, yo limpio esto y tú te vas hablar con ella, yo no bajo hasta que tú me avises estaré en la habitación.

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  • Eva, su sirvienta y yo

    Eva, su sirvienta y yo

    Hola, soy Isabel, tengo 65 años y soy una ama de casa a la que le encanta divertirse. En realidad, estoy disfrutando de un estilo de vida de tipo matrimonio abierto y cornudo. He vivido toda mi vida para hacer realidad todas mis fantasías sexuales, ya que solo se vive una vez y no tengo intención de perderme nada. Llevo cuarenta años casada con mi marido, pero eso nunca ha sido un obstáculo para disfrutar de todo, incluso, al contrario.

    Como conté en mi segundo relato, esta historia sucedió hace varias décadas, tras enterarme de que Eva, una mujer que presumía de santurrona, perteneciente a nuestro circulo social, había follado con mi marido, la sometí y la transformé en mi sumisa, un día cuando sabía que solo la criada y ella estaban en casa me presenté allí.

    Me abrió su criada filipina, de nombre Elena, era una chica de poco más de treinta años, tanto a Eva como a su marido les encantaba presumir de ella, tenía poco más de treinta años, era pequeñita, tenía un buen culo y aunque sus tetas resultaran pequeñas su aspecto oriental le daba mucho sexy.

    Tras anunciar mi presencia, ella avisó a su señora y me condujo al salón, la verdad es que verla mover ese culito me encantó, después se retiró, Eva y yo nos quedamos solas, ella llevaba una bata de andar por casa, me senté a su lado en el sofá y rápidamente llevé mi mano a su rodilla, ella intentó apartármela diciendo:

    Tenías que haber venido el día que la criada descansa, hoy no podemos hacer nada, ella podría vernos y decírselo a mi marido.

    Ante esta respuesta la pegue un bofetón y la dije:

    -Oye zorra, yo hago contigo lo que me da la gana cuando me da la gana y donde me da la gana y si el cornudo de tu marido se entera de cómo es en realidad la meapilas de su mujer, es problema tuyo, no mío y resulta que en estos momentos tengo ganas de follar contigo, así que déjate de tonterías y vamos a la habitación donde duermes con tu marido.

    Eva puso cara de desagrado, pero sabía que si yo le ordenaba una cosa su destino era obedecer así que dijo:

    -De acuerdo ama, está bien.

    Y me condujo a su habitación matrimonial, una vez allí la ordené que pidiera a la criada que nos trajera unos refrescos y algo para picar, Eva la llamó y se lo ordenó y cuando la criada nos lo trajo y lo dejo encima de la mesilla, Eva le ordenó:

    -Voy a estar un rato con mi amiga, discutiendo sobre un posible cambio en la decoración de esta habitación, por favor que nadie nos moleste.

    -Como la señora ordene, dijo Elena y salió de la habitación dejándonos solas.

    Nada más salir Elena, me lancé sobre Eva y la quité la bata, estaba en el reino donde era una esposa decente y su ropa interior era de lo más opuesto a nada sexy, así que la ordené:

    -Quítate ahora mismo esa asquerosidad.

    Ella un poco avergonzada por mis palabras rápidamente se quitó el sujetador y las bragas quedándose desnuda ante mí. La verdad es que estaba impresionante, tras ello la volví a ordenar:

    -Ahora desnúdame a mí.

    Eva vino hasta mí, nos fundimos en un beso apasionado, después buscó con sus manos la cremallera de mi falda y me la desabrochó, me dejó con un tanga azul, interpretando mis deseos se puso de rodillas ante mí, y con sus manos fue bajando mi tanga dejando mi coño al aire.

    Introdujo su lengua en mi sexo y comenzó a lamérmelo, la verdad es que la zorrita aprendía pronto, su lengua comenzó a explorar mi coño dándome un placer increíble, yo intentaba contenerme mis ganas de correrme, pero estaba muy caliente y me fue imposible. Ella recibió todo mi líquido en su boca sin desperdiciar ni una gota.

    Mi zorrita se levantó, yo le hice una señal y ella me levantó la blusa, mis tetas solo quedaron contenidas por mi sujetador, Eva se lanzó sobre ellas y se puso a chupármelas, lo hacía con ansia, la muy zorra era ya una experta, mientras, como premio, yo acariciaba las suyas, el sujetador comenzó a molestarme y le pedí a Eva que me lo quitará, de esta manera nos quedamos las dos desnudas. Ella me pidió:

    -Ama ¿Puedo darte placer?

    Decidí darle libertad, ella me pidió que me tumbara sobre la cama, mientras ella se mantenía de pie, acercó uno de sus pezones a mi boca y yo no pude contenerme las ganas de chupárselo, mientras ella llevó una de sus manos a mi coño y comenzó a acariciármelo, después me introdujo dos de sus dedos en mi interior y comenzó a moverlo, había aprendido como hacerlos, la meaplias había aprendido otras cosas que no eran el Catecismo, jejeje.

    Mi sumisa siguió en esa postura hasta que la muy puta logró que me corriera, me aparte un poco y la dije:

    -Me ha gustado mucho, puta, aunque debes de seguir practicando, pero ahora quiero que te tumbes sobre la cama con las piernas bien abiertas.

    Me obedeció, yo me coloqué encima de ella de manera que nuestros coños se frotaron el uno contra el otro, ella se puso a gemir, yo sabía que ella estaba disfrutando, hasta que sentí como ella se corría, me hice la enfadada:

    -Zorra ¿Cómo te atreves a correrte sin mi permiso?

    Ella puso cara de asustada, sabía que podía caerle un castigo, pero ese día no tenía ganas, bueno si pero eso llegaría después, la ordené ponerse de rodillas encima de la cama, yo me puse detrás de ella, la pasé mis manos hacia delante y la toqué sus preciosas tetas y comencé a besarla en el cuello mientras la preguntaba:

    -¿Soy la primera mujer con la que estas?

    -Si, mi ama, respondió ella.

    -¿Ni siquiera con esa filipina que tienes?

    -Claro que no mi ama, respondió

    -Seguro que el cabron de tu marido se la folla, dije yo

    Ella me hizo un gesto de ignorancia, yo bajé una de mis manos y la introduje dos de mis dedos en su coño, se la notaba que estaba gozando, le dije:

    -Puta vamos a hacer un sesentainueve

    Me tumbé en la cama con mis piernas bien abiertas, ella se puso encima de mí, en posición invertida, su coño quedó a la altura de mi boca, mientras el mío lo estaba a la suya, no tardó en introducir su lengua dentro de mí, mientras yo hacía lo mismo con su coño. Saborearle me encantaba, se la notaba que como pija y cursi se lavaba mucho el coño.

    La pasión con que me comía el coño demostraba que pese al fariseísmo de su beatería su verdadera vocación era la de puta, no tardo en hacer que me corriera y yo hice lo mismo con ella, tras hacerlo, la introduje un dedo en el coño y la dije:

    -¿De verdad que no haces nada con tu criada filipina?

    -Claro que no me ama, contestó ella.

    -¿Pues sabes una cosa? Yo tengo ganas de hacerlo con ella y tú me vas a ayudar, quiero que la llames inmediatamente.

    -Pero… dijo ella dubitativa

    -Ni peros ni nada dije yo, llámala

    Ella tocó la campanilla y trató de taparse para que cuando llegara la otra no la viera desnuda, pero yo se lo impedí.

    -Ella te va a ver desnuda y va a saber lo clase de puta que eres, la sentencie.

    Y por supuesto cuando Elena entró en la habitación nos encontró a las dos desnudas, yo le dije:

    -Elena tu jefa y yo tenemos una apuesta, si tú te desnudas y haces conmigo lo que está haciendo ella, tu señora se pondrá el uniforme de criada y mientras nosotras jugamos, ella se vestirá con el uniforme que la traigas y hará todas las tareas de la casa, no tengas miedo, con lo que estás viendo si ella trata de despedirte o castigarle de alguna manera tu podrías contarlo todo.

    -El señor nunca me despediría dijo Elena, dice que follo mejor que la señora, voy a por el uniforme.

    Elena salió de la habitación y volvió con el uniforme, Eva se lo puso, y su criada le ordenó, hay que barrer la casa y limpiar el polvo de los muebles, mi sumisa comprendiendo que no tenía más remedio se puso el uniforme y se fue a ejercer de criada, mientras esta se quitó la ropa corriente que llevaba, el uniforme elegante solo se lo ponía para las grandes ocasiones. Y el resto de la ropa hasta quedarse completamente desnuda, en ese momento yo le dije:

    -Creo que comprendes cuáles son tus obligaciones.

    -Por supuesto, dijo ella, y las cumpliere encantada.

    Y acercando su boca a la mía nos dimos un primer morreo, la verdad es que besaba muy bien, llevé mi mano a su coño, lo tenía muy mojado, de otro lado peladito y muy cuidado.

    -Al señor le gusta así, me dijo.

    -¿Así que follas de verdad con el señor?, le pregunté

    -Si, dijo ella, viene un par de veces por semana a mi cuarto. Pero créame, señora, follo con él por obligación lo hace muy mal.

    -Te creo dije yo riendo, espero que conmigo lo pases mejor.

    Llevé mis manos hacia sus tetas, eran pequeñitas, pero preciosas y se las empecé a acariciar, después se las chupé con mi boca, ella comenzó a gemir. Notaba que le gustaba y eso me animaba a ser más atrevida, ella tomó la iniciativa y fue quien llevó su cabeza hacia mis tetas y comenzó a chupármelas, no debía de tener mucha experiencia, pero se le notaba que tenía ganas de complacerme. Tras un rato así ella me preguntó:

    -¿Quiere la señora que la meta mis dedos dentro de su sexo?

    Me encanta mi amor, pero no me llames señora, aquí no eres la criada, la criada es la que está limpiando ahora la casa, aquí somos dos amigas gozando y nunca he gozado con una chica oriental y me muero de ganas por hacerlo.

    Ella se tumbó sobre a cama y yo me puse detrás de ella, comencé a admirar y acariciar su culo me encantaba, m tumbé encima de ella y comencé a besarla en el cuello, ella se puso a gemir, se la notaba que le gustaba, la besé intensamente y su legua se juntó con la mía, ella me dijo:

    -¿Qué quiere la señora que le haga?

    -Primero no me llames señora y segundo lo que quiero es sentarme encima de tu boca y que tú me comas el coño.

    Puse mi coño encima de su cabeza y ella sacó su lengua y la introdujo dentro de mi coño, se le notaba que era su primera vez y que no dominaba la técnica, pero dejando de hacerlo un momento me dijo:

    -Cariño tu coño sabe delicioso.

    -Así me gusta que me llames cariño, le dije yo.

    Luego le fui indicando como darme placer con su boca, ella demostró ser muy despierta y sus lamidas empezaron a ser muy acertadas, por lo que al final, ante ello y el morbo que la situación me provocaba terminé por correrme.

    -Ahora me toca a mi servirte a ti, le dije.

    Llevé una de mis manos a su coño y le acaricié, después introduje dos de mis dedos en su interior y los comencé a mover, ella se dejó llevar y comenzó a gemir mientras me decía:

    -Cariño esto está muy rico, nunca pené que con una mujer se pudiera gozar tanto.

    Arrimé mis labios a los suyos y la besé con intensidad, mientras con mis dedos seguía hurgando su coño, ella seguía gimiendo y no tardó mucho en soltar un fuerte grito que demostraba que se había corrido, de hecho, sintió que tenía que disculparse:

    -Lo siento señora, no he podido contenerme.

    -Una vez más te pido que no me llames señora y que no te contengas en expresar el placer que tengas, eres mi compañera de juegos y quiero que disfrutes tanto como yo, o más.

    -De acuerdo cariño, dijo ella

    -Cuéntame una cosa, El marido de Eva, en mi presencia llámale el Cornudo, ¿Cuándo va a verte te pide algo especial?

    -Para nada cariño, dijo ella

    -¿Y tu señora no te gustaría que te comerá el coño? La pregunté.

    Ella dudó un momento y contesto:

    -No se ella podía enfadarse conmigo.

    -Para nada, la respondí, ella hará lo que a mi me apetezca, y si tu, eres mi amiga y me cuentas todo lo que pasa en esta casa te prometo que las tres lo vamos a pasar muy bien.

    -De acuerdo, dijo ella, no muy convencida.

    Tocó la campanilla, como normalmente hacia su jefa para llamarla a ella, y rápidamente Eva, vestida de criada, entró en la habitación.

    -¿Qué pasa? Dijo.

    -Oye zorra dije yo, y delante de su criada le sacudí un buen bofetón, te recuerdo que ahora eres la criada, así que habla como tal

    -¿Qué desean as señoras? Preguntó Eva acusando el golpe.

    -Primero saber si has terminado las tareas de la casa.

    -No mi señora, lo siento, dijo ella avergonzada.

    La sacudí un segundo bofetón y la dije:

    -Ya lo harás luego, pero ahora tienes una nueva tarea más urgente, tienes que comerle el coño a la señora Elena. Pero primero ofrécele ese servicio.

    Eva miró a su criada con un sentimiento de humillación y la pregunto:

    -Señorita Elena, ¿Desea que le cola el coño?

    -Si lo deseo, contestó la criada y se abrió bien de piernas.

    Eva, con el vestido de sirvienta se arrodilló ante su criada, acercó su boca al coño de esta y sacando su lengua comenzó a comerle el coño, la criada, ante las lamidas de su señora comenzó a gemir de una manera intensa, yo le dije:

    -Mira cariño, como una dama de las que pasan más tiempo en la Iglesia que en casa, a la hora de la verdad es más puta que ninguna.

    Eva parecía ajena ante nuestra conversación y seguía comiéndole el coño a su criada filipina, yo le dije:

    -Así me gusta zorra que comas el coño que da gusto a tu marido cuando el necesita una mujer de verdad y no una beata frígida como tú.

    En esos momentos Elena tuvo un orgasmo intensísimo, no hizo falta ordenar a su señora que se tragará todo el líquido que saliera de su coño. Una vez que se recuperó me preguntó:

    -¿Puedo pedirla algo muy especial?

    -Claro que puedes pedirle lo que te apetezca, le dije yo.

    Elena, sentada sobre la cama, pidió a su señora que se acercará y levantara la falda del uniforme de criada y cuando esta lo hizo, la bajo las bragas dejando al descubierto su sexo, que la criada acarició Eva no podía evitar gemir, la filipina le metió sus dedos en el coño y se puso a masturbarla, pronto la Señora no disimulo sus gemidos hasta que se corrió. La criada dijo:

    -Perdonen mis amores, pero creo que el señor, mirándome rectifico, el cornudo esta al venir, tendremos que volver a la normalidad.

    Desgraciadamente llevaba razón, debíamos cesar nuestro juego, pero las tres sabíamos que era el principio de una relación muy especial, nos vestimos, la señora de señora y la criada de criada, advertí a Eva de las consecuencias que tendría cualquier coda que hiciera contra Elena, y a esta le pedí que me acompañara hasta la puerta donde nos despedimos con un beso apasionado.

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  • Baco (capítulo 1)

    Baco (capítulo 1)

    Llegó Baco a introducirnos en este mundo. Poquito a poco, como debe ser cuando uno es novato… Que necesitas tacto, comprensión, paciencia…

    Contactó con nosotros mandándonos un correo. Se presentó, nos contó algunas cosas sobre él y nos mandó algunas fotos. Conde lo seleccionó pasando el primer filtro y luego yo le di la razón y empezamos a hablar con él.

    Me resultaba muy excitante saber que un hombre distinto de Conde se sintiese atraído por mi y estuviera dispuesto a… No sé muy bien a qué.

    Durante unos días tuvimos contacto por escrito, nos mandamos fotos, hablamos y al final decidimos quedar para conocernos cara a cara. Tampoco queremos estar calentando el ambiente y que luego no haya atracción en persona. Así es que buscamos el momento (que no fue fácil, jeje) y propuse un lugar que pensé que sería discreto y apartado. Todos de acuerdo. Concretamos varias veces. Parecía que ninguno nos lo creyésemos demasiado, como si todos estuviésemos esperando que el otro se echase atrás. El miedo, la incertidumbre, las dudas…

    Durante los días anteriores no lo pensé demasiado; supongo que para no correr el riesgo de buscar una excusa absurda para cancelar lo que estaba deseando.

    ¡Y llegó el día! ¡Qué nervios! Estuve toda la mañana cómo en una nube. Las “mariposas” en el estómago. Me sentía como cuando te preparabas para las fiestas de la Universidad, poniéndote todo lo sexi que puedes, jajaja. No sabía qué vestir para atraerle sin resultar ordinaria o fuera de lugar (la elegancia es mi lema). Además estaba el hándicap de que era un día de diario temprano, así es que las opciones no eran muchas. Para un chico estás cosas son mucho más fáciles… unos vaqueros, una camisa ¡y ala! Súper monos.

    Al final, me di una ducha y decidí el interior y el exterior. Me puse un corpiño de listas diplomáticas (si me seguís en Twitter lo conoceréis), su liguero a juego y unas medias negras. Decidí que no me pondría braguitas. Una de mis fantasías y de Conde es que salga sin ropa interior, y me excitaba tanto la situación que quise darle un toque más de morbo. Y para cubrir todo eso elegí una falda ajustada negra, un jersey rosa empolvado holgado y unas botas altas con tacón.

    No sé qué pensarían Conde y Baco, pero yo estaba satisfecha con el resultado. De todas maneras le mandé unas fotos sensuales a Conde para que me diera su opinión y me contestó: “Guau”.

    Con esa opinión no había duda de que había acertado y además daba pie a alguna situación comprometida bajo la mesa y eso me excitaba aún más.

    Todo listo. Solo quedaba que pasaran las horas y llegará el momento.

    Durante el rato antes de salir de casa mientras esperaba a Conde para acudir a nuestra cita, todo el rato venga a subirme la media… ¡Ohhhh! ¡Qué rabia! ¿Qué pasa? Intento averiguar qué ocurre y descubro que el botón del liguero, ¡¡¡se ha roto!!! Claro, así se me resbalaba la media… Tuve que cambiar de liguero porque no tenía arreglo y ya no iba a juego con el corpiño. Odio no llevar la ropa conjuntada… maniática que es una, qué le vamos a hacer. Y yo no sé si los nervios o qué, pero al hacer el cambio va y se me hace una carrera en la media, ¿algo más? ¡Qué mala suerte! Ahora tengo que cambiar también las medias y no tengo otras negras, así es que van en color natural. Hay que adaptarse a la situación.

    Todo esto hace que finalmente nos retrasemos y tenga que mandar un sms a Baco; no vaya a creer que nos hemos echado atrás. “Nos retrasamos 5-10 minutos por problemas logísticos… lo siento”. Me responde rápido que no hay problema. ¡Es un encanto!

    De camino a la cita estaba tan nerviosa que quise contárselo a nuestra nueva pareja amiga, que nos están dando muchos consejos y ánimos. Me tranquilizaron y me animaron mucho más aún. Conde no decía mucho (señal de que los nervios también le rondaban) y llegamos al lugar. Él no había llegado. Estábamos como un flan. Nos sentamos en la mesa “discreta” (menudos ingenuos…). Nos tomaron nota y nos trajeron las bebidas.

    Le escribimos a Baco para decirle que ya estábamos allí. Estaba intentando aparcar y tardaría un poco. Más nervios.

    “Estoy llegando”.

    “¿Dónde estáis?”.

    Le dijimos donde nos habíamos sentado.

    Un par de minutos después… Ahí estaba.

    “Qué alto!” Acerté a decir. La verdad que no recuerdo qué se dijeron ellos. Dos besos, creo… Supongo… no lo recuerdo. Más nervios.

    “Qué vas a tomar?”

    No sabe ni qué pedir.

    En ese momento me flojea todo y pienso que no seré capaz y que estamos locos.

    Es Conde el que rompe el hielo sacando un tema que tienen en común y que les gusta mucho a ambos. Charlan animadamente y poco a poco entablamos una conversación más y más fluida. Parece que nos relajamos y eso me tranquiliza y me anima.

    Estoy excitada. No sé cómo estarán ellos. Yo, sin ropa interior, con un chico a cada lado… solo deseaba… Pero, ¡imposible! La camarera no nos quita ojo y justo en la mesa de al lado se sienta una pareja aburrida que ni se mira. Él solo nos mira a nosotros y ella a su móvil. Entre los nervios y los “espías” no consigo insinuarme.

    Todo va muy bien. Parece que ellos se llevan bien. Es súper simpático, agradable, con ojos limpios y sonrisa sincera. Sus labios me atraen, y sus manos. Y solo puedo pensar en tenerlos cerca de mí a los dos.

    Hemos hablado mucho, se acaban las bebidas. Llega la hora de irnos. Nos hemos caído bien, creo.

    Nos despedimos.

    Me sabe a mucho y a poco. No sé qué pensar. Una vez solos, intercambiamos impresiones. Nos ha gustado a los dos, así es que le mandamos un mensaje para decirle que nos ha gustado y que estamos dispuestos a dar un paso más. Él contesta con lo que parece un “yo también”.

    Tras nuestro encuentro fuimos a un centro comercial a comprar unas medias nuevas. Conde me dijo que podía haberle hecho saber a Baco que no llevaba ropa interior… Fui al baño y tomé algunas fotos para documentarlo y mandárselas. Le dije que así había acudido a la cita y me dijo que de habérselas mandado antes hubiera calentado el ambiente. ¡Qué razón tiene! Pero me ganaron los nervios.

    Esa noche era tal excitación que el sexo fue indescriptible. Cada vez deseo más el momento de tenerlos juntos…

    Eva Privateva

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