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  • Mi alumna favorita de la Universidad

    Mi alumna favorita de la Universidad

    Esta es una historia corta, tan corta como un par de horas, ¿quién soy? Leonardo, ¿a qué me dedico? profesor en la facultad de la Universidad de Córdoba, recuerdo siempre a las alumnas que pasaron por mi claustro, pero hay una que nunca podré olvidar, su nombre Claudia, tan joven y bonita como ninguna mujer que hubiera conocido en mi vida.

    Si alguno aún no se dio cuenta Claudia es una diosa, que no hace falta describir, basta con decir que hasta las mujeres se daban vuelta para admirar su belleza y su manera desenvuelta de caminar y hablar. Podía tener a quien quisiera a sus pies, pero no era de ese tipo de personas, su propia seguridad, era lo que la distinguía. Quien quisiera acercarse a ella tenía que tener su mismo porte y seguridad.

    Fue eso mismo lo que me llamó la atención cuando un día nos encontramos en el comedor universitario, se me acercó para hacerme una pregunta sobre la clase del día y una vez resuelta se quedó a mi lado conversando banalidades.

    De donde éramos cada uno, que gustos teníamos, de la diferencia de edades y me sorprendió su respuesta cuando me dijo

    -la edad es simplemente un número.

    A esta altura debo aclarar que yo debo ser 40 años mayor que ella.

    La conversación continuo un largo rato y cuando el comedor ya estaba cerrando le propuse tomar un café fuera de la universidad para seguir nuestra conversación y ella me propuso ir a su departamento.

    Halagado por tal propuesta la acepté y fuimos a buscar mi auto para dirigirnos a su departamento ubicado en Nueva Córdoba.

    Lindo, austero pero con una decoración extremadamente femenina, un tenue aroma a fresias, su perfume favorito, inundaba el ambiente. Todo era plácido y acogedor en ese ambiente.

    Había en su totalidad una invitación a sentirse libre de todo preconcepto. A dejar de lado el concepto alumna-profesor.

    Flotaba en el aire ese especial sentimiento compartido de que algo más existía ese día entre nosotros.

    Ya instalados en la sala donde había un sillón de 2 cuerpos, me pidió mi saco para que estuviera más cómodo y así quedarme en manga de camisa y corbata.

    Era finales de primavera casi verano, el calor no era extremo pero se aproximaba un atardecer templado a los que nos tiene acostumbrado la ciudad de Córdoba, son tan plácidos cuando la ciudad poco a poco va callando sus ruidos y esa luz especial que tiene mezcla de puesta de sol tras las sierras y el comenzar de la iluminación artificial de las calles y vidrieras, puede que muchas ciudades se parezcan pero Córdoba tiene un encanto especial, un encanto que invita a estar acompañado.

    Luego de retirar mi saco y dejarlo en el respaldo de una silla del comedor Claudia me pide disculpas un momento,

    -Espéreme profesor ya vuelvo, ¿desea tomar algo fresco? Tengo en la heladera un vino torrentes salteño y podemos acompañarlo con algunos duraznos, primeros de la temporada, y también tengo unas uvas moscatel que conseguí ayer acá en el mercado sur. ¿Le parece?

    Asentí de buenas ganas

    -Ya vuelvo deme 10 minutos que preparo las cosas y mientras me cambio un poco.

    Me quedé observando los buenos detalles de su decoración y ese aroma a fresias que realmente embriagaba y su frescura revitalizaba a uno. Realmente me sentía tan a gusto en ese lugar.

    No sé si pasaron 10 o 15 minutos no tiene importancia el tiempo cuando uno se siente bien y sentí de la cocina el ruido típico del abrir y cerrar de heladera un cuchillo cortando y el tintineo de dos copas.

    Cuando al fin volvió Claudia trayendo en sus manos una bandeja en ella había algunos duraznos cortados en gajos, un bol con uvas dos copas, los apoyo en la mesita ratona, volvió corriendo a la cocina y trajo el vino con un sacacorchos me los extendió diciéndome:

    -Este es trabajo de hombres.

    Yo totalmente absorto no me di cuenta de que me hablaba.

    Es que me había quedado inmerso en la visión de tal belleza que venía de la cocina, no es que no supiera que Claudia era y seguirá siendo seguro muy bonita, pero cuando salió de la cocina por primera vez mis ojos no pudieron dejar de ver la mujer más bonita que había visto, con una blusa negra de una tela casi transparente del busto para arriba que hacía que este se destacara y con una pollera muy corta haciendo juego, descalza, mostrando esas piernas torneadas, pareciera por Miguel Ángel, perfectas, toda ella era adictiva a la vista, ¡deslumbrante!

    -Perdón, ¿qué me dijiste?

    Riéndose y muy segura de sí misma y de la impresión que me había causado, me contestó extendiéndome la botella y el sacacorchos nuevamente.

    -Tome profesor, este es trabajo de hombres…

    Reaccionando de esa primera impresión le dije

    -Por supuesto tome la botella y me dispuse a abrirla y servirle media copa. Lo mismo en la mía.

    -¿por qué no se saca la corbata? Me preguntó mientras que al mismo tiempo comenzó a deshacer el nudo haciéndola correr y dejarla a su lado en el piso.

    Acto seguido brindamos por la nada y me ofreció un gajo de durazno y se sentó más cerca mío.

    Ambos sentados en ese sillón de dos cuerpos, la conversación seguía en un tono casual casi insignificante, sobre la facultad profesores; alumnos; horarios; y que hacíamos fuera de ella, cuando sentí su pierna rozar la mía. Yo estaba por tomar una uva cuando ella me ofreció una con su mano apoyándola en mis labios.

    -Tome profesor…

    El tono de su voz fue insinuante y yo no pude más que abrir mi boca recibir su ofrenda, acto seguido tomó un gajo de durazno y poniendo la mitad en su boca se acercó a la mía y me lo ofreció yo tomé la otra mitad con mis dientes y tras partirlo nos dimos el primer beso. Luego me aparto levemente y me dijo.

    -Sabe profesor realmente lo deseo…

    A partir de allí todo ocurrió como en un sueño. O por lo menos para mí.

    Claudia me abrazo y en un momento nuestras lenguas jugaban dentro de nuestras bocas, buscando recorrer cada espacio de la otra y en forma alternativa entraban una en boca del otro con pasión casi con desenfreno.

    Mis manos no pudieron contener el deseo de acariciar sus pechos, jóvenes; firmes; turgentes, inmediatamente me di cuenta que no llevaba sostén puesto, no le hacía falta.

    Sus pezones comenzaron a hacerse notar a través de la tela como dos botones a punto de saltar, desabroché su blusa y comencé a chuparlos y morderlos suavemente, ella exclamó por primera vez un suspiro y tomando mi nuca arrimó más mi cara a ellos, mi boca estaba totalmente ocupada por sus pecho variando de uno a otro, acariciándolos con mi lengua y vuelta a succionarlos, perdiendo el total de sus pezones erectos dentro de mi boca junto con una buena porción de su seno, sus suspiros de placer aumentaban mientras acariciaba su espalda cuando ella comenzó a acariciar mi miembro por encima del pantalón.

    Tomo una de mis manos y la dirigió hacia sus muslos, suavemente fui acariciando sus piernas y metiéndola cada vez más bajo su pollera, cuando llegué a su entrepiernas no me sorprendió notar que no llevaba ropa interior y que sus concha ya húmeda estaba totalmente depilada, mis dedos jugaron con sus labios y acariciaron suavemente su clítoris, sus suspiros iban en aumento hasta que introduje un dedo en su interior y ella comenzó su primer orgasmo inundando mi mano de sus fluidos.

    Claudia me desabrochó el cinturón ya había abierto mi camisa y llenado mi pecho de besos sin dejar de lado mis pezones también y ahora iba por mi pija que ya reventaba por salirse del encierro.

    Cuando la liberó la aprecio y sin decir nada comenzó con una hermosa lamida, la introducía en su boca, la llenaba de saliva y la pajeaba. Debo acotar mi verga no es algo anormal ni más ni menos, no haremos alarde de algo que no pasa de lo estándar quizás si un poco más gorda o ancha como prefieran.

    Lo importante es que su forma de chupármela era exquisita, algo que jamás había sentido en mis 60 y pico largos. Cuando se sintió satisfecha de su faena y su boca cansada de chupar me llevó al dormitorio, fuimos tropezando entre besos; abrazos y risas un tanto nerviosas unas, otras ansiosas, nuestros cuerpos pedían más.

    Antes de acostarnos terminamos de sacarnos las ropas y acostándose boca arriba me dediqué a darle placer con mi lengua, fui besando cada espacio de su hermoso cuerpo desde el cuello, su boca; su senos y pezones ; su estómago liso; sus piernas; hasta llegar al centro de su pasión. Su vagina depilada por completo fue la mimada de mis besos, mientras se la chupaba y apretaba su clítoris entre mis labios le introduje un dedo y luego dos y la masturbé hasta que lleno mi boca de sus jugos en un espasmódico orgasmo entre más suspiros de placer.

    La ventaja de ser un adulto, es que uno no tiene apuro y yo podía dedicarle todo mi tiempo y experiencia a Claudia para que gozara, cuando ella acabó le dije que se pusiera de costado y comencé a cogerla nuevamente con mi lengua pero desde atrás, de esa forma logré que mi lengua le llegue más profundo, su respiración y jadeos me indicaban que lo estaba gozando y me pedía más.

    Y fue en ese momento que me decidí a cogerla en la misma posición le fui acariciando el clítoris con la cabeza de mi pene y abriendo poco a poco sus labios con mi glande, mi pija recorría toda su vagina desde el comienzo de sus labios hasta su clítoris, sus suspiros ya eran jadeos de placer al igual que los míos, en ese punto fui introduciendo poco a poco mi pija, ella estaba totalmente mojada y su concha era una abertura hermosa y resbaladiza. Mi verga se deslizaba como en un mar de fluidos tibios.

    Comencé con movimientos suaves. Una vez que mi cabeza había entrado Lucy apenas si ahogó un gemido de placer y me fui moviendo suavemente en un entre y saque rozando todos sus labios interiores y le dije:

    -cuando quieras que te coja profundo avísame hermosa.

    Tras unos pocos movimientos me dijo:

    -¡Ahora cogeme ahora!

    Y le clave mi pija hasta el fondo, ahogó un grito de placer y me dijo:

    -Dame más, cógeme duro y volvé a empezar

    Y así fue la cogí con fuerza y pasión y luego volví atrás a comenzar nuevamente el juego de pasar mi cabeza por sus labios y su clítoris cuando me lo pedía nuevamente con fuerza y hasta el fondo.

    Sus fluidos empapaban nuestras piernas y en un momento sentí como su concha comenzaba a contraerse como en un espasmo final y mi verga comenzó a latir.

    -¡Creo que me voy a ir como nunca en mi vida! -me dijo en una mezcla de suspiro y falta de aliento.

    -Y yo también le repuse

    -Lléname, dame tu leche, dámela toda

    Y dos segundos después explote dentro suyo al mismo tiempo que Claudia se relajaba totalmente y se dejaba ir.

    En ese segundo en que nuestros seres se unieron con lo más íntimo que nos podemos dar. La abracé por la espalda le di besos en la nuca y acariciaba sus pezones, ella no dejaba de estremecerse y hacia movimientos espasmódicos de placer.

    Cuando mi pija se salió sola de su concha Claudia se dio vuelta me abrazo y me beso muy profundamente. Ya no con pasión sino con cariño, casi con amor.

    -¡Gracias profesor! -Me susurro al oído.

    -Gracias a vos Claudia, sos mi mejor alumna.

    Y abrazados nos quedamos callados mirándonos a los ojos. No había nada más que decir.

    Afuera la noche comenzaba a cobrar vida.

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  • Noche de película súper hot

    Noche de película súper hot

    Cesar y yo somos amigos desde la infancia y siempre hemos hecho locuras de todo tipo juntos, esta noche lo he invitado a ver una película de estreno, sin embargo, la noche de cine terminó con uno de los encuentros más deliciosos del mundo. Hicimos el amor.

    En medio de la película me senté en sus piernas y le dije que jugáramos a ver quién se calentaba más rápido con tan solo besos, inmediatamente aceptó. Le di un beso pequeño en los labios seguido de una caricia en su cuello, besé su oreja y recorrí con mi lengua su cuello hasta llegar de nuevo a su boca, dándole un beso aún más intenso, tanto que desabotonó mi blusa y sacó de ella mis enormes pechos.

    Empezó a lamerlos y darles pequeños mordiscos que me hacían gemir, me puse frente a él y me quité la blusa por completo, volví a sentarme sobre él y me movía en su enorme pene firme duro listo para cogerme. Seguí moviendo mientras él se comía mis pechos.

    Después me tomó fuerte de la cintura y me quitó de tajo la ropa, me tiró contra el sofá de espaldas, abrió mis piernas y me penetró con fuerza, sacó de mi un grito de placer, mi vagina estaba más que humedecida, agradecida de tenerlo tan y tan dentro de mí.

    Siguió cogiendo así de rico sobre el sofá, halaba mi cabello con tanta fuerza la misma con la que entraba y salía de mi vagina. De repente me voltea se sienta y me pone de rodillas hala mi cabeza y mete toda su verga en mi boca, era enorme, apenas cabía en mi garganta, se la mame hasta cansarme mientras el halaba mi cabello y gemía de placer.

    Después me tiró al suelo y me puso de espaldas, separó un tanto mis piernas y me la dejó ir con una fuerza increíble, grité de placer y le pedí que no parara, quería que acelerara y siguiera cogiéndome, él estaba muy excitado, me volteó y de igual forma me penetraba una y otra vez.

    Como pude lo tumbé sobre la alfombra y me subí sobre él, era mi momento, quería hacerlo gemir y pedir más como yo lo hacía, allí sentada sobre su enorme pene no podía más que gemir y dejar que sus manos acariciaran mis pechos.

    No podía más, era tan delicioso estar ahí sentada sobre ese enorme pene erecto que desenfrenadamente me movía

    De tajo me quita y me jala del cabello y mete de nuevo su verga en mi boca y me dice:

    —Cómetela zorrita, te encanta ¿no es así?

    Le respondí que sí y la metió con más fuerza hasta mi garganta y me pregunta si quiero mi lechita a lo cual respondo sí. Me tumba de nuevo en la alfombra se sube sobre mí y me penetra fuerte una y otra vez empiezo a gemir más fuerte, él tapa mi boca y lo hace más fuerte, fuerte, fuerte.

    Quita su mano de mi boca y toca mis pechos fuertemente mientras deja venir un gemido fuerte se empieza a correr dentro de mí.

    Ha sido increíble, recién se acaba de ir de mi casa y quise compartirles esta deliciosa noche con mi amigo.

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  • De esposa modélica fiel a puta sin remedio (5 – final)

    De esposa modélica fiel a puta sin remedio (5 – final)

    Eva seguía tan guapa y provocativa como siempre. En su trabajo las indirectas de sus compañeros eran cada vez más frecuentes y es que el culo que marca Eva, seguido de una cintura de modelo, increíble para una mujer con dos embarazos, su manera de caminar, su mirada, sus labios sensuales y su cara de niña inocente son un conjunto que a pocos hombres le pasa por alto.

    Después de su última aventura en coche, Eva seguía siendo una esposa exquisita, pero eso sí, en cuanto podía se convertía en una golfa.

    Eva seguía conectándose a través de internet con sus amiguitos. En general yo veía que eran personas que buscaban amistad, pero algunos quizá buscaban algo más.

    Estuvo unos días un poco baja de ánimo y dio la casualidad que uno de sus compañeros de tertulias se había comprado un pequeño barco, ideal para relajarse y desconectar cerca de la costa. Él mismo enseguida nos ofreció dar algún día una vuelta en su nueva adquisición.

    Eva pareció animarse mucho con la idea. Como eran vacaciones y teníamos a nuestros hijos con nosotros, un día cualquiera que salimos toda la familia nos acercamos al puerto donde Manuel tenía amarrado el barco para curiosear.

    Enseguida lo encontramos y él nos invitó a subir. Era muy amable y cordial, se comportó estupendamente. En un momento que los niños se fueron fuera de la cabina me pareció que Manuel pasaba su mano por el culo de Eva. Serían imaginaciones mías… pensé yo.

    Enseguida los niños estaban alborotados y todos un poco hartos de tanto jaleo. Así que le dije a Eva: “Mejor que nos vayamos a dar una vuelta por el puerto”. Eva me sonrió y me dijo…”gracias cariño… no te importa que me quede ¿verdad?”. “No, no”. Así que salí del barco y dejé a Eva sola con Manuel.

    Solo poner los pies en el suelo empecé a tener pensamientos turbadores:

    “Eva es toda una tentación y esa sonrisa que me ha hecho… estas situaciones la ponen cachonda ¿y si Manuel empieza a toquetear a Eva? ¿Sería ella capaz de hacérselo en el barco mientras yo estoy aquí fuera con los niños? Pero que estoy diciendo… Eva no es tan golfa para hacer algo así… ¿o si?”

    Mientras caminada por el puerto una sensación entre excitación y celos me invadía. Tenía el presentimiento de que Eva no dejaría escapar a un tío como Manuel. Pero que caray, había que dejarla descansar y darle un poco de libertad. A lo mejor todo eran imaginaciones mías…

    Me fui alejando y me situé en un punto donde veía perfectamente el barco de Manuel.

    De repente pude ver con ojos incrédulos, que no estaban en cubierta y en seguida veo que aquel chico cerraba las puertas del compartimiento. Me quede perplejo pero la verdad es que la situación me puso a cien.

    Después de diez minutos en los que mi mente estaba a punto de estallar entre excitación y asombro, cogí a los niños y volví hacia el barco. Cuando llegué tuve la precaución de dejar a los niños en la parte delantera y yo rápidamente miré por una ventanilla.

    Sólo pude ver como Eva dejaba la polla de Manuel y ambos se vestían apresuradamente.

    Yo hice ver que no pasaba nada, pero tengo que reconocer que mi polla estaba dura como una roca. Luego nos despedimos de Manuel tan tranquilamente y una vez en el coche pusimos a los niños en sus asientos en la parte de atrás del vehículo. Una vez en marcha Eva fue la primera en tocarme por encima de los pantalones mientras me decía.

    -¿Creo que has visto algo no? No te enfadaras ¿verdad? Cuando me he quedado con Manuel no lo he podido resistir… Pero ya veo que a ti no te disgusta. Te pone caliente pensar lo golfa que es tu mujer ¿no es cierto?

    -Yo… es que verás Eva. Tu estas tan buena que siempre voy caliente con tan solo verte pero…

    -Cariño. Tu fuiste el que me pervertiste. Así que ahora no puedes echarte atrás. Lo siento pero a mi cada día me gusta mas este rollo. Después de tantos días aburrida necesitaba hacer algo como lo de hoy. Es mi medicina. Lo siento pero yo soy así… tu así lo querías… ¿no?

    -Pues si eres tan puta y quieres que yo lo consienta tendrás que ser puta a todas hora y conmigo también… Pienso aprovecharlo al máximo.

    -Pues así será cariño… a partir de ahora tu vivirás cada una de mis folladas. Ya no serás un maridito cornudo sino que serás un tío que tiene la suerte de tener una esposa que le gusta follar como a una zorra. Ahora bien, tú me follaras junto con los tíos que busquemos y tendrás que aguantar y follar como a mi me gusta. ¿De acuerdo?

    -Así será.

    -Si tu sueño era tener una esposa calentorra lo vas a tener más que cumplido, te lo aseguro.

    Cuando llegamos a casa yo iba como una moto… pero con los niños por allí no podíamos hablar hasta que los pusimos a hacer la siesta. Y nosotros también nos fuimos a nuestro dormitorio a hacer nuestra siesta… Una vez en la cama le pregunté:

    -¿Y qué has hecho dentro del barco exactamente?

    -¿De verdad quieres que te lo explique? Me preguntó Eva mientras por encima del pantalón empezó a acariciarme la polla.

    -Si… por favor…

    -¿Te pone cachondo?

    -Si.

    -Pues prométeme que serás bueno conmigo…

    -Te lo prometo pero explícamelo…

    -Pues bien. Solo irte del barco Manuel me ha cogido por la cintura, supongo que ya ha visto en mi mirada que iba caliente como una gatita. Yo enseguida me he entregado y nos hemos dado un morreo increíble. Inmediatamente me he quitado la ropa y el también lo ha hecho.

    Su polla estaba completamente tiesa, así que me ha cogido encima de la mesa y directamente me la ha metido por mi coñito. Ya sabes que siempre lo tengo depiladito y apunto de recibir una buena polla. Ha sido increíble, como folla este Manuel… uffff es una caña.

    Me la ha metido hasta el fondo… Que placer que me daba cariño… ummm solo de pensarlo me pongo cachonda. Perdona que sea tan clara, si te molesto en algo de lo que te explico dímelo…

    Yo le respondí “No, no… sigue…”. Y Eva sacó mi polla del pantalón y empezó a menearla.

    Pues después me ha tendido en una cama y ha continuado follándome mientras yo le decía. “Sigue, sigue así… que gusto me das… Te excita pensar que mi maridito está ahí fuera ¿verdad?”. Yo le apretaba con mis piernas y gritaba de placer. Entonces me he metido un dedito por el culo y ahí si que ya… yo me moría de gusto. Él me decía: “Toma puta, toma una buena polla. Te gusta tanto follar que no puedes aguantarte ni con tu familia aquí mismo ¿eh golfa?” Y tenía razón cariño, últimamente no pienso en nada mas… Y el tío no ha parado de follarme y yo de meterme mas y mas el dedo en el culo hasta que me he corrido como una guarra.

    Lo siento… ya sabes que a mi me vuelve loca una buena tranca entre las piernas. Sobre todo si tiene aguante. Y este Manuel te aseguro que lo tiene.

    Mientras Eva me explicaba todo esto, me la iba meneando y yo ya estaba tan cachondo que no podía aguantar ni un minuto más sin follarmela… Pero la muy guarra en vez de dejarme follarla de una vez, no me soltaba la polla y cada vez iba acercando más su carita a mi miembro mientras continuaba explicando:

    “Cuando el tío me ha follado lo que ha querido y me la ha sacado de mi coño, yo rápidamente me la he metido en mi boca y le he empezado a hacer una mamada como tu ya sabes que hago. No quería ni perder un segundo. Primero con la lengüecita, ummm por toda su polla…”

    Ella me miraba con su cara de inocente, continuaba con mi polla en sus manos pero solo le daba un poquito con su lengua de tanto en tanto. Solo la pasaba ligeramente, una décima de segundo, no más, y seguía explicándome su aventura:

    “luego me he metido la punta de su nabo dentro de mi boca. Y finalmente me la he clavado hasta la garganta… ufff como me encanta. Yo se la mamaba sin parar y esperando mi regalo, ya sabes que soy una viciosa del semen… ¿pero sabes que ha pasado? has aparecido tu y no he podido acabar… ¿y sabes que significa eso?

    -Pues… no sé ¿Qué quieres decir?

    -Pues significa que a este tío le debo una mamada y necesito recibir su leche. Tendrás que darme un día para mí… lo siento pero yo quiero mi regalo. Me has prometido que te portarías bien conmigo.

    -Está bien, está bien pero ahora chúpamela a mi. Por favor…

    -Encantada…

    Y Eva me hizo una mamada monumental. Mientras yo le decía que era una puta pero no tardé ni medio minuto en correrme porque ya estaba a punto de estallar. Ella no dejó ni por un momento que mi polla saliese de su boca, y se bebió hasta la última gota de la leche que fui capaz de darle. Luego yo me quede exhausto y ella me susurró al oído:

    “cariño… un día de estos bajo solita al puerto, ¿vale?” y me dio un beso en los labios.

    Yo le dije: Si, pero tú no te has corrido y yo sí. Dime que puedo hacer para darte placer.

    Ella señaló el cajón donde guarda varios consoladores y me dijo: “tráeme el mas grande”. Y así lo hice, y me acosté a su lado. Es un consolador de medidas increíbles, más bien parece la de un caballo, pero Eva empezó a metérselo entre sus piernas mientras se acariciaba y me miraba con una cara de placer indescriptible. Así estuvo unos minutos, cada vez más rápido, cada vez con la respiración más entrecortada. Y entonces los niños se despertaron y empezaron a llamarnos desde su habitación, pero ella lejos de dejar de meterse aquello les decía “ahora vengo, un momento…” y continuaba con aquel miembro más y más adentro.

    “ummm que gusto cariño, mira bien, me lo he metido entero. Aaahh, que placer.”

    Los niños de tanto en tanto volvían a llamarnos, pero Eva les volvía a decir con la voz entrecortada “Ahora no puedo venir, esperad un momentooo…”

    Yo no podía creer lo puta que se había vuelto mi mujercita pero he de confesar que me gustaba y que era yo el que me lo había buscado. Los niños seguían llamándonos, pero ella entre gemidos intentaba disimular el placer y gritaba “en seguida vengo, por favor solo un minuto más… ummmm”.

    Eva se convulsionaba de placer con aquel instrumento entre las piernas “como me gusta cariño, gracias por enseñarme a ser tan calentorra… ufff creo que ya lo era de nacimiento, pero ahora… ahora no puedo parar nunca, aaah que placer…”.

    Siguió así hasta que al cabo de un rato sentí unos gritos de placer que me indicaron que Eva había llegado al deseado orgasmo. Luego salió de la habitación bien alegre y me dio un beso de agradecimiento.

    “Me ha encantado, ha sido increíble, ya sabes que a mi estas situaciones me ponen a mil”

    Yo le respondí “También me lo he pasado muy bien cariño”

    Y como era de esperar al viernes siguiente Eva se fue sola al puerto. En principio a cenar con nuestro amigo Manuel mientras yo me quedé en casa con los niños. Iba preciosa, con unos pantalones claros, que marcaban claramente un tanga minúsculo, un jersey sin mangas ajustadísimo, y unos zapatos de talón alto que aun la hacían más esbelta, era un escándalo.

    Yo pasé las horas más largas de mi vida, esperando a ver que hacía mi mujercita.

    Cuando llegó a casa yo estaba como una moto y ella solo entrar me dio un morreo y me preguntó:

    “¿no notas un sabor extraño en mi boca?”

    “¿ya has conseguido lo que querías?”

    “¿tu que crees?”

    La cogí por la cintura y mientras la besaba le metí mano entre el pantalón y el culo. Estaba igual de cachonda que cuando se había ido. Yo seguía bajando y acariciándole todo por dentro del pantalón, y para mi sorpresa no encontré nada entre mi mano y su coñito:

    “¡pero si no llevas bragas! ¿Has ido por ahí con estos pantalones y sin bragas?”

    Las sacó del bolso y me las dio. “Son de parte de Manuel, para que veas lo golfa que es tu mujer. Ya no llevo bragas y creo que cada vez las llevaré menos porque es muy práctico. Ya te debes imaginar porque…” Me dijo con una mirada picarona.

    Yo no pude aguantar más. Enseguida le bajé los pantalones y se la metí de pie allí mismo, mientras ella me decía:

    “Te excita pensar que me acabo de follar a otro tío ¿eh? Que este coño ya está mojado porque otra polla se lo ha follado hace menos de una hora…”

    “Si puta, me excita y tu lo sabes…”

    Yo se la metía sin parar y ella se agarraba a mí y me morreaba como si le fuera la vida y cuando estaba a punto de correrme se la saqué del coño, le acabé de sacar los pantalones y la gire hacia la mesa del comedor. Ella continuó con los pies en el suelo pero estiró su cuerpo en la mesa dejando su increíble culo a la altura de mi polla. Estaba increíble. Me recreé mirando a la hembra que tenía. La verdad es que cada día estaba más buena, y su cuerpo era para hacer perder la cabeza a cualquiera.

    Con aquellos zapatos y aquel jersey que aun llevaba puesto, pero con su culo desnudo y puesto en pompa esperando que se la clavase. Ella con su cara apoyada en la mesa me miraba con ojos brillantes, y es que Eva tiene una carita de ángel que enternece a cualquiera, pero un culo que te la pone tiesa solo con ver como lo mueve. No pude resistirme, enseguida se la metí por el culo hasta el fondo mientras le decía: “eres una zorra, una puta, toma guarra, toma lo que te mereces”.

    Eva gritaba de placer mientras yo le daba por el culo. No quería que aquello acabase nunca. Ella como podía se tocaba el coño y gritaba mas y mas. “siii, dame por el culo. Dale por el culo a tu putaaa” y acabó corriéndose descomunalmente. Enseguida yo también me iba a correr pero ella rápidamente se giró y me dijo “¡no cariño! ¡no! Déjame que me la beba, ummmh mi lechecita” y se metió mi polla en la boca. Se la metió del todo, hasta la garganta, y cuando la sacaba me decía “he estado practicando esto. ¿te gusta?” Y vi de nuevo como mi polla desaparecía enterita dentro de su boca.

    Era un placer increíble, me la estaba follando por la boca. Cuando la punta de mi polla tocaba las paredes de su garganta era un placer exquisito. En tres o cuatro metidas me corrí allí dentro dejándole toda la leche que pude, mientras ella sonreía satisfecha.

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  • El jefe de mi mujer nos interrumpe las vacaciones

    El jefe de mi mujer nos interrumpe las vacaciones

    Martes, segundo día de vacaciones de mi esposa, nos habíamos preparado para ir a la playa, pero justo antes de salir recibimos una llamada, era su jefe y el muy cabrón le dijo que tenía que volver al día siguiente al trabajo, que tenía que posponer las vacaciones, Laura, mi mujer, al principio le dijo que si, pero después de colgar pensó que no estaba de acuerdo, ya llevaba unos días puteada en el trabajo, así que pensó ir en persona a hablar con su jefe. Yo le pregunté que si se iba a cambiar, pues el bikini estaba mojado y no llevaba nada debajo del vestido amarillo a rallas, que por cierto era de esos elásticos que se pegan al cuerpo, el caso es que me dijo que no, y así mismo nos fuimos.

    Tuve que dejar el coche en un parking, ya que como siempre era imposible aparcar en Barcelona. Cuando llegamos al edificio me dijo que me esperara en la puerta, y eso hice, así que la vi marchar meneando ese culo que tiene que parece decir «Tócame, apriétame, pétame el agujerito» ella subió por el ascensor, ya que trabajaba en la cuarta planta, mientras que yo me senté frente al hombre que hay en recepción, que no sé cómo se llama, pero mi esposa lo conoce.

    A lo que iba, Laura entró decidida, y fue directamente al despacho del jefe, cuando entró cerró la puerta tras de si. Él estaba sentado frente al ordenador parecía que estaba viendo algo, puede que fueran fotos porno o puede que estuviera jugando al solitario. Desde el ventanal del despacho se veían unas cuantas mesas de trabajo, pero casi todas estaban vacías por que la mitad de la gente estaba de vacaciones. Su jefe la miró sorprendido, estaba muy enfadada.

    -¿Se puede saber que te pasa conmigo? –preguntó ella.

    -A mí nada.

    -Como que nada, llevas unos días haciéndome la vida imposible: primero me quitas un plus de la nómina que no tenías porqué, después me pones a esa tonta del culo por encima mío en mi propio departamento, que no es por nada pero lo llevaba muy bien sola, luego se retrasa la paga de beneficios y resulta de que mis compañeras cobran mucho más que yo, y ahora que cojo vacaciones me llamas para que vuelva, ¿seguro que no has llamado a ninguna otra?

    -Pues no pero…

    -¡¿Pero qué?! –le cortó mi mujer– ¡ya estoy harta!

    -No te pongas así, tranquilízate –le dijo levantándose y acercándose a ella.

    -¡¿Tú lo que quieres es joderme verdad?! –le dijo a la cara– ¡Pues venga, jódeme de verdad!

    Diciendo esto, Laura lo cogió del brazo y lo atrajo hacia ella hasta que su espalda tocó la pared, acto y seguido se subió el vestido hasta la cintura.

    -¡Vamos cabrón, ¿no querías joderme?! ¡Pues hazlo! –dijo mi esposa desabrochándole los pantalones.

    Laura le sacó la polla, la sujetó con una mano y con la otra le rodeó la cintura para pegarlo a su cuerpo, después levantó una pierna, la apoyó en su cintura rodeándola, y así poder poner la punta de su capullo en la entrada de su coñito.

    -Empieza a joderme –dijo ella– empuja, jódeme de verdad.

    Su jefe no se lo creía, pero estaba sucediendo, tenía la punta de su rabo en la entrada de Laura, y esta era una mujer deseable, su cuerpo decía «¡Fóllame!» cada vez que se movía, se había hecho tantas pajas pensando en ella que parecía increíble lo cerca que la tenía, así que no iba a desperdiciar la oportunidad y se la metió de golpe hasta el fondo.

    -Aaaaah –gritó ella– así, jódeme, venga hazlo –su jefe la bombeaba con fuerza mientras le sujetaba el culo con una mano y con la otra exploraba el resto de su cuerpo– ¿esto es lo que querías verdad?

    -Oh sí.

    -Pues aprovecha, jódeme todo lo que quieras –dijo colgándose de su cuello. Su jefe le bajó los tirantes para descubrir sus pechos– ¿también quieres mis tetas?

    -Sí, quería verlas –decía mientras se la follaba– siempre vas con esos escotes llevándolas tan apretaditas.

    -Pues… son tuyas… aprieta… las… hazme… daño… jóde… me… más –decía entre jadeos.

    -Qué puta eres, me gusta que seas así.

    -No sabes… lo puta… que puedo… llegar… a ser.

    -Si dejas que me corra dentro, no tendrás que venir mañana, podrás acabar las vacaciones.

    -Si me… lo prometes… te la limpio… con… la boca… cuando acabes.

    -Trato hecho.

    Entonces entró en el despacho un compañero, que había visto por el ventanal la espalda desnuda y los movimientos de ambos, los dos lo miraron sin dejar de copular.

    -Odio a… ese tío… siempre… quiere… joderme… ¿También quieres… que me joda?

    -Sí, pero después de mí –el compañero de Laura esperó su turno mientras se quitaba los pantalones– ahora te lo voy a hacer en mi mesa.

    El jefe llevó a su empleada hasta la mesa y la inclinó sobre ella, dejando su culo a tiro para bombearlo.

    -¿Me dejas metértela por el culo?

    -Eso me jodería más ¿no querías joderme? ¡Pues hazlo! –le contestó mi esposa. Su jefe la enculó bombeando con fuerza.

    -¡El culo de Laura, no me lo puedo creer, es todo mío! Vamos puta, quiero que chupes la mesa, es la mesa de tu jefe y la tienes que adorar, venga hazlo que yo te vea.

    Mi mujer comenzó a lamer la mesa con esa lengua que tiene extremadamente sensual.

    -Me corro Laura, si me haces una mamada cada día cuando llegues te subo el sueldo.

    -Si me subes el sueldo bastante, seré tu puta toda la jornada, para que me puedas joder cuanto quieras y como quieras.

    -Trato hecho, ¡me corro, me corro!

    -¡Hazlo dentro como prometiste!

    El jefe sacó su polla del ano de mi mujer para introducírsela en la rajita, y ahí dentro descargar su leche inundando el interior de mi esposa.

    -¡Me corrooo!

    -¡Así, bien, lléname de leche, bien, bien, asíii!

    Cuando terminó de correrse, la sacó y se fue al otro lado de la mesa para que su empleada le limpiara el rabo. Laura se lo metió en la boca con voracidad. Su jefe le dijo al compañero de Laura que ya podía empezar a joderla, este se situó frente a su culito y se la metió en la vagina.

    -Te guste o no, yo voy a joderte como quiera, y con o sin tu consentimiento me voy a correr dentro de ti.

    -Eso, aprovecha hoy que me dejo joder.

    El chico se la folló mientras ella dejaba reluciente la polla de su jefe.

    -Sabía que tenías que chuparla de maravilla, vas a conseguir que me corra.

    -Yo también estoy casi listo –dijo el compañero.

    -¡Trágate mi leche puta!

    -¡Toma la mía también!

    Ambos descargaron todo lo que tenían, Laura no dejó ni una gota, se lo tragó todo. Mi esposa creyendo haber desahogado a los dos se incorporó y dijo:

    -¿Os habéis quedado a gusto no? ¡espero que no volváis a joderme!

    -¿Pero de qué hablas? –dijo el compañero– no somos los únicos que quieren joderte.

    Dicho esto, la agarró y la sacó fuera a la fuerza así desnuda.

    -¡¿Qué haces?! –dijo mi mujer forcejeando– ¡para!

    -¡¿No querías que te jodiera?! ¡pues eso hago! –una vez fuera se dirigió a los demás compañeros– ¡mirar lo que traigo, ha venido para que la jodamos, acercaos y joderla cuanto queráis!

    Allí había cinco compañeros más y la guarra que había puesto el jefe por encima de mi mujer, esta fue la primera en reaccionar, dijo:

    -La boca de esa puta es mía –entre todos la cogieron y la pusieron encima de una mesa.

    -¡¿Qué hacéis?! –decía mi esposa– ¡parar, mi marido me está esperando abajo! –la mujer se levantó la falda del traje que llevaba, se subió a la mesa y apartando las bragas puso el coño en la boca de mi mujer.

    -¡uno a uno! –dijo el odioso compañero.

    Mientras le sujetaban las piernas se la fueron follando uno a uno, he iban diciendo frases como: «¡Laura es nuestra!» «¡Que ganas tenía de tirármela!» «¡Qué coño tiene la muy puta!» «¡A la zorra le gusta que la jodan!» «¡Encima disfruta la muy guarra!». Cuando acabó el último, el primero propuso otra ronda, y uno a uno volvieron a tirársela, algunos por el coño otros por el culo, el caso es que cuando acabaron con ella, casi no podía sostenerse en pie, pero aun así dijo.

    -¿Habéis acabado de joderme, os habéis quedado a gusto?

    -Sí, te hemos jodido bien –dijeron todos.

    -Pues entonces me voy.

    -¡No, te echamos nosotros! –dijo el odiado compañero tirándole del pelo la cabeza hacia atrás– ¡y volveremos a joderte en cuanto vuelvas!

    De un empujón la tiraron al rellano, Laura cayó al suelo con el vestido encogido en su cintura, y con el monte de Venus, el estómago y las tetas llenas de leche. El hombre de recepción que la vio desde uno de los pequeños monitores que grababan el edificio me dijo:

    -Vuelvo en seguida, espere aquí.

    Acto y seguido apagó el monitor y se fue por las escaleras a toda prisa. Cuando llegó a la cuata planta vio a mi mujer tirada como la había visto en el monitor, él se acercó y le preguntó:

    -¿Señorita Laura se encuentra bien?

    -Más o menos –le contestó ella.

    -¿Qué ha pasado?

    -Verás, tú no lo entiendes, pero querían joderme y lo han hecho.

    -Sí que lo entiendo, y me preguntaba…

    -¡¿No me digas que tú también quieres joderme?!

    -¡Yo también tengo derecho a divertirme! ¡Y ya tenía ganas de pillar ese culito tan cachondo que tienes, a ti y a las demás os gusta menearlo delante de mí, sois todas unas guarras y de aquí no sales hasta que me desahogue contigo, ven aquí guarra!

    El hombre la agarró de las caderas, la alzó y la arrastró hasta las escaleras, la dejó con el torso apoyado en el rellano y con el culo en pompa.

    -No por favor estoy cansada.

    -¡No mientas puta! –dijo sacando su miembro– ¡¿Creéis que podéis ir por ahí provocando sin que pase nada?! ¡Pues te equivocas so zorra! –dijo colocando su glande en el ano de mi esposa.

    -No quería hacértelo pasar mal, te lo juro. Si me lo hubieras dicho, yo habría hecho algo.

    -¡¿Cómo qué?! –preguntó el hombre.

    -Una mamada, te habría hecho una mamada. Aaah –gritó al sentir aquella polla clavarse en su culo.

    -¡Lo que quiero ahora es tu culo!

    -Cógelo, cógelo, es todo tuyo.

    -Sí, ahora tu culo es mío –dijo el hombre metiéndole la polla hasta los cojones.

    -Sí, es para ti, te lo estoy dando, Yo me dejo dar por el culo ¿sabes? pero no me hagas daño, luego tela chupo ¿vale? ¿quieres que te la chupe? –dijo entre jadeos.

    -Sí, quiero que me la chupes.

    -Te la chuparé como nunca te la han chupado, tú termina con mi culo, que ya verás lo bien que la mamo.

    -¿Y qué me dices si otro día me apetece follarte?

    -Tú pídeme lo que quieras, que yo lo haré –dijo mi esposa– haré todo lo que me pidas sin rechistar.

    -¿Y qué quieres a cambio? –dijo el hombre mientras bombeaba.

    -Qué me dejes menear el culo delante de ti, déjame provocarte, déjame que te ponga cardíaco delante de mis compañeras para que nos riamos, y cuando no haya nadie haré lo que me pidas.

    -¿Y si quiero un show lésbico?

    -Eso te lo puedo hacer delante de mis compañeras, una me pidió la semana pasada que te lo hiciéramos, ahora está de vacaciones, pero puedo llamarla para hacértelo esta misma tarde.

    -¿Quién es esa? –preguntó el hombre.

    -Carol.

    -Sí, esa guarra me gusta –dijo excitado– también le gusta menear el culo.

    -Pero a ella le van más las pajas.

    -¡Me corro! ¡me corro!

    -¡Sí, llénamelo de leche, hazlo para cuando que mueva el culo delante de ti, te acuerdes de que has dejado tu semen dentro y que ha sido tuyo!

    -¡Ya es mío! ¡ya es mío! –dijo corriéndose dentro de mi esposa– ¡toma mi leche!

    El hombre no dejó de bombear hasta que descargó todo su semen, acto y seguido, la sacó y se arrodilló delante de mi mujer. Laura le sonrió para después metérsela en la boca y succionar las gotas que aún le quedaban en el interior del largo de su polla. El tipo comprobó por si mismo la veracidad en las palabras de mi esposa; la chupaba que era una maravilla. Al rato, cuando estuvo convencida de haberla mamado bien para limpiarla, se la extrajo de la boca y le pidió que la ayudara a levantar, entonces, el señor le metió un dedo en el culo, al sentir introducirse el índice en su ano, dio un respingo.

    -¡¿Por qué hace eso?!

    -No voy a permitir que se escape mi leche de ese hermoso trasero, levanta, no te soltaré hasta que lleguemos abajo.

    Dicho y hecho, Laura se tuvo que apañar como pudo para poder levantarse, mientras el picaba al ascensor, ella se arregló un poco. Al llegar abajo él la soltó, y ella para fastidiarle dijo con tono libidinoso mientras se bajaba el vestido:

    -Mm. Qué pena, me estaba gustando.

    Mi esposa me dijo que había tardado por que la habían estado preguntando cosas del trabajo, que al parecer “les había gustado joderla” haciéndole tardar en salir. Y los dos salimos del edificio, no sin antes levantarse el vestido desde atrás y con dos dedos recoger el semen que emanaba de su ano, para después metérselo en la boca mirando al hombre con cara juguetona, no obstante, él no dejó de sostener una sonrisa burlona.

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  • Me follé a la madre de mi novia

    Me follé a la madre de mi novia

    Soy Toni y tengo un apartamento alquilado en el que vivo, con una sola habitación, cocina-comedor y cuarto de baño, en el barrio en donde vive Silvia, mi novia, situado a escasos metros de su casa.

    Cuando cumplimos los dieciocho años, ella comenzó a ir a la Universidad y yo conseguí un trabajo de administrativo en una empresa de automoción.

    Entonces como ya no dependía del dinero que me giraban mis padres desde mi pueblo, pensó que era el momento de pasarme por la piedra a mi novia que hasta entonces solamente me había permitido tocarla por debajo de la falda, acariciarle las tetas, unos besos con mucha lengua y pasión y pocas cosas más.

    Además, ella en estos dos años tenía unos pechos más grandes, un culo más provocativo, que además sabía mover con coquetería al andar y en definitiva estaba buenísima. Un día pensé que ya no podía seguirlas y que si ella no entraba en mi juego, sería la hora de buscarme a otra chorva más corriente, pero que me permitiera echar esos polvos de locura que tanto necesitaba.

    Incapaz de soportar por más tiempo el tener ese bombón de mujer al alcance de mi boca, sin comérmelo, un día a la salida del cine la invitó a tomar una copa en mi piso, aunque en realidad quería pasármela por la piedra.

    Por esa razón le pregunte:

    –¿No quieres ahora que echemos un polvito rápido, Silvia?

    –No, pues, aunque te quiero, después de lo que me has propuesto, dudo de que vayas conmigo con buenas intenciones. Todos los tíos sois unos cerdos y no pensáis más que coger a una tonta para follar con ella hasta aburriros y luego le dais una patada en el chocho y a buscaros a otro ¿Verdad que estoy en lo cierto?

    En vano intente disuadirla, pero me quedó sin argumentos y ella muy decidida se marchó enfurruñada sin permitir que la acompañara.

    Sinceramente pensé que nuestra relación había terminado que pronto tendría que buscar a otra sustituta, porque necesitaba hacer el amor con una mujer de cualquier edad, color de piel o condición social.

    Estaba salido como un perro y no encontraba una solución urgente a mis males.

    Pasaron los días y en el mes de febrero, Silvia me sorprendió cuando me dijo en la calle que su madre, que era viuda, deseaba conocerme.

    Me invirtió a comer en su casa y yo acepté por lo que me dispuse a ir el sábado al mediodía a conocer la que podía convertirse en mi futura suegra, si es que Silvia había decidido prolongar nuestra relación.

    El día del almuerzo yo compré unas flores, unos bombones y muy nervioso llegué a la casa de Silvia.

    Al abrir la puerta mi novia, me presentó a su madre y me quedé boquiabierto al ver lo guapa que era.

    –Esta es Carmen, mi madre. ¿Verdad que está muy buena?

    –Si, ya lo creo que si –dije como un lelo, pero no desaproveché la ocasión de darle dos besos en su cara ovalada, suave y muy hermosa.

    Olía perfume caro y era una mujer de mediana estatura, pelirroja, provista de un cuerpo precioso.

    Tras las presentaciones la seguí obnubilado al comedor, y sin darme cuenta dejé un poco olvidada a Silvia, porque me gustaba mucho más su madre que ella.

    Comimos y a los postres, Silvia me dijo que tenía un examen el próximo lunes y que se iba a estudiar a casa de su amiga Azucena.

    Me pidió que la esperase haciéndole compañía a su madre y que ella regresaría sobre las diez de la noche, y nos iríamos los dos a bailar un rato a la discoteca.

    Hice como que acepta a regañadientes la oportunidad de quedarme a solas con Carmen, pero suspiré de alivio cuando mi novia se fue tras darme un beso en la boca.

    Carmen me dijo que era la propietaria de una tintorería y que recibía los vestidos de novia, tras las ceremonias para limpiarlos y dejarlos como nuevos.

    No me imaginé ni por un momento lo que estaba tramando.

    Un rato después cuando nos bebimos unos whiskies, ella me pidió que la esperase en el salón porque iba a darme una sorpresa muy grata.

    Estuve impaciente leyendo una revista y viendo la televisión, deseando que volviera de nuevo a mi lado y una media hora después se acercó a mí majestuosa, haciendo una entrada triunfal en el comedor, como una super vedette, vestida de novia.

    Iba peinada con un moño artístico y lucía un albo tul de ilusión.

    Su vestido blanco corto, sus medias blancas, con los zapatos de tacón a juego, su rostro maquillado ¡Estaba preciosa!

    –Vamos a jugar a que eres mi marido. ¿Qué te parece mi idea?

    –Fantástica ¿pero haremos lo que suelen hacer los recién casados?

    –¡Por supuesto que sí! Este traje está para lavarlo y antes de eso vamos a disfrutar un poco. ¿De acuerdo, Tony?

    La besé en la boca y me sentí el afortunado esposo de esa preciosa señora, que se dejó levantar el besito de novia y que la acariciase sus muslos, que no eran gruesos, sino macizos.

    Le toqué una pierna, primero la rodilla, luego el muslo y ví sorprendido que me mostraba al aire el rojizo vello de su monte de Venus, porque no llevaba bragas la madre de Silvia.

    Le solté la cremallera del vestido, y al darse la vuelta, me di cuenta de que tampoco llevaba sostén.

    Al despojarla del vestido blanco, de primorosos encajes y pasamanería, le vi sus pechos rosáceos, gordos y redondos, preciosos, que me recordaban dos melones dulces y apetitosos.

    Se los acaricié y manoseé, luego le lubriqué con saliva los pezones y se los chupé.

    Eran sin duda más grandes y sensuales que los de mi novia.

    Le ayudé a quitarse las medias y la hice ponerse a gatas en el sofá.

    Se puso a cuatro patas, apoyada en sus codos, rodillas y me mostró la perfección y sensualidad de sus nalgas apretadas, de su culo, de ese esfínter sonrosado que yo supuse que no era virgen ¡No podía serlo! La mujer se creyó que iba a metérsela por su trasero en un griego espectacular.

    Estaba equivocada, porque sin dudarlo dos veces, se la introduje sin pedirle permiso, por la boca hambrienta de su vagina ¡Fue increíble! Le metí el pene hasta los testículos mientras la sujetaba por sus pechos.

    Mi verga entró y taladró la cálida hendidura, sumergiéndose en un algo de caldos femeninos, tibios y muy gratos.

    Carmen me decía piropos, me alababa animándome a que la follara, regalándome todos los placeres que una mujer ardiente y experimentada como ella, podía ofrecerle a su hombre.

    Ignoro cuanto tiempo estuvimos haciendo el amor, pero de repente un temblor placentero, sublime, me hizo gemir, y grité su nombre mientras acariciaba la protuberancia erecta y resbaladiza de su clítoris y ella movía las caderas.

    Poco después salió un río de esperma y le llené la vagina de mis secreciones.

    Le acerqué un momento después mi miembro a su boca pintada de carmín.

    Ella me lamió varias veces el pene y Carmen al fin se introdujo mi prepucio entre sus labios.

    Se lo hinqué con furia en su boca.

    Me succión, absorbí y expulsó el glande lamiéndome cada milímetro de su superficie, mientras jugaba con mis testículos y siguió disfrutando de mis atributos, hasta que creció el ritmo de sus lamidas y mi leche se trasvasé con furia de mi pene anegado hasta su boca y garganta.

    Carmen paladeé mi semen que yo le arrojaba a chorro y no pudo evitar que alguno de esos borbotones se deslizase por su cara, rumbo a sus tetas.

    Me quedé exhausto, pero ella se echó boca arriba y me ordenó que le lamiera las mieles que brotaban por sus orgasmos en cadena, de la grieta de su sexo.

    Yo la lamí y mi boca se posó junto a sus labios mayores y menores, penetrándole con mi lengua rígida en su hendidura femenina, lamiéndome sus cálidos jugos y los restos de mi eyaculación.

    ¡Qué extraña amalgama de humores! Pero no lo pensé más y seguí meciéndole la nariz entres sus nalgas y de nuevo mi lengua traviesa limpió todo ese sexo que ella generosa me ofrecía, abierta de par en par a mi exploración lingual.

    Cuando disfrutamos juntos en un sinfín de posturas dignas de un Kama Sutra doméstico y particular, nos fuimos a lavarnos y ella me rogó que me apresurase porque tal vez su hija sabiendo que yo estaba en su casa, adelantase su regreso y no quería defraudarla por haberse entregado a mí.

    Cuando salí de la ducha y me perfumé con la colonia de hombre que me facilitó Carmen, me quedé absorto viéndola como se peinaba desnuda y se maquillaba.

    Cuando terminó de acicalarse y se sintió muy guapa como me confesó con una sonrisa de complicidad me permitió verla como se ponía la braga, el sostén y por último un vestido muy sensual.

    Una vez estuvimos vestidos, ella me preparó una merienda opípara y muy nutritiva, para recuperar las fuerzas que habíamos gastado jodiendo sin límites.

    Vimos juntos la tele y lo pasamos muy bien juntos hasta que al llegar las diez, vino Silvia que se alegró al ver que su madre y yo habíamos hecho tan buenas migas.

    Mi novia y yo pasamos una velada feliz, aunque yo estaba hecho polvo y con pocas ganas de meterle mano, cosa que le extrañó por ser anómalo, aunque yo achaque ese desinterés sexual a mi dolor de cabeza que me impedía disfrutar del placer de su compañía.

    Al día siguiente Silvia me llamó por teléfono muy enfadada y me dijo que ya se había enterado de lo que habíamos hecho su madre y yo juntos.

    Se echó a llorar repitiendo con insistencia que ella no era una cornuda y que deseaba romper una relación, que después de tirarme a su madre ya no tenía ningún futuro. Yo intenté por todos los medios disuadirla, pero como era muy terca, mi misión resultó imposible.

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  • Mi suegra, gordita inesperada (5): Mi suegra es de armas tomar

    Mi suegra, gordita inesperada (5): Mi suegra es de armas tomar

    Después de la semana de lujuria con mi esposa, ¡deje poco atendida a mi suegra que se quedó con mis hijos! y al término de esa semana llegó mi suegro que acortó su estadía en el interior del país, así que todo volvía a su curso natural.

    El día lunes que mi suegra trajo a mis hijos, hacía mucho calor y yo justo iba a entrar a la ducha. Ya adentro me tocan la puerta y era mi esposa, me dice que mi suegra quiere entrar a orinar, que es urgente que por favor le abra, el baño es pequeño así que estaría yo desnudo muy cerquita a ella.

    Yo imaginando las intenciones dejé la puerta sin llave, pero primero me seco todo lo que puedo antes de abrir el seguro de la puerta y entro a la ducha que solo separa al inodoro por una cortina de plástico.

    Mi suegra al entrar no dice nada así que yo no intento nada, pero hago como si me estuviera enjabonando, pero no tengo jabón y mirando la silueta que aparece traslucida en la cortina y en eso se abre la cortina y mi suegra que había llegado con uno de sus clásicos vestidos, se lo levanta y empieza a bajarse la trusa delante de mí, pero dándome la espalda mostrándome ese riquísimo trasero ¡que era inmenso!

    Entonces me salí de la ducha y yo me senté en el inodoro y sin decirnos nada mi suegra se había introducido todo mi pene en su vagina dándome la espalda ¡se lo metía con una facilidad! Estaba muy lubricada. Mi suegra venía con ganas se notaba en su vagina.

    Mi pene entraba y mi suegra apretaba los gemidos para que no se nos escuchara. Salió de mi pene y me comenzó a hacer una mamada riquísima, me lamía el pene con fuerza, se lo metía hasta la garganta, me lamía hasta los huevos, ya estaba a punto de llegar y se lo dije a lo que ella, me comenzó a succionar de tal forma que acabé en su boca.

    Mi suegra se levantó, se lavó, me dio un beso y salió del baño. Yo terminé de bañarme y salí. Mi esposa y mi suegra estaban conversando de lo más normal, pero mi suegra se había olvidado ponerse el calzón así que salí con él y me lo llevé al cuarto y lo escondí.

    Pasamos el día de lo más normal hasta que cayó la noche, mi esposa se fue a comprar con mis hijos y nos quedamos mi suegra y yo. La pasión salió sola, nos comenzamos a besar y a acariciar sentados y yo le metía los dedos en la vagina sin calzón. Me agaché y le comencé a hacer un oral lamiéndole desde las piernas hasta la cueva deliciosa. La puse de perrito y otra vez comenzamos a hacerlo fuerte, fuertísimo y escuchamos el timbre. Era mi esposa, mi suegra se fue al baño y le di su calzón para que se lo pusiera.

    Se hizo de noche y mi suegra se tuvo que ir, le dije que la acompañaba y ella dijo que sí, pero mi esposa también fue así que no pudimos hacer nada más que agarrarle las nalgas cada vez que mi esposa no veía.

    —Tenemos que encontrarnos —me dijo mi suegra al oído.

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  • Vacaciones en el campo con mi madre (final)

    Vacaciones en el campo con mi madre (final)

    Bajé a la piscina y allí estaba mi madre tomando el sol en una hamaca.

    –Hola mama

    –Hola Raúl que ya habéis limpiado todo

    –Está Juan en ello, mamá te quiero pedir perdón no sé cómo se nos ha ido la cabeza, eres una mujer guapísima y hasta hoy no me había dado cuenta, todo ha empezado con Juan como una broma y se nos ha ido de las manos.

    –No te preocupes vamos a dejar las cosas como están, sé cómo tenéis las hormonas los chicos de tu edad, estamos de vacaciones ya hablaremos de esto más adelante, olvídate de lo que ha pasado, ven acompáñame nos vamos a dar un baño.

    Se levanto me cogió de la mano, nos dirigimos a la piscina y me tiró al agua.

    –¿Mamá, que haces?

    –Para que te refresques, cógeme que voy.

    Empecemos a tirarnos agua y a jugar en el agua hasta que mi madre se puso delante de mí, se subió encima rodeándome con sus piernas, podía sentir su coño en mi estómago, apretando sus piernas a mi cintura, no quería pensar en ella de forma sexual, pero estaba confundido después de todo lo que había pasado, me estaba poniendo cachondo otra vez con mi madre. Mi sorpresa fue cuando noté que aflojaba sus piernas y se dejaba caer hasta la altura de mi polla notando como su coño se restregaba contra ella y sintiendo sus preciosas tetas en mi pecho, me atreví a bajar muy lentamente mis manos por su espalda hasta llegar a su culo.

    –Raúl llévame hacia las escaleras

    Dejé de apretar su culo sin quitar las manos, y me dirigí hacia las escaleras, pero mamá seguía presionando su coño contra mi polla. Sin soltar sus piernas se dejó caer hacia atrás y se agarró a la escalera moviéndose como si estuviéramos follando con los ojos cerrados mordiéndose levemente los labios…

    En ese momento tenía la polla que me iba estallar podía ver como sus pezones se marcaban a través del bikini, apreté mis manos contra su culo y empecé a moverla frenéticamente, dejó sus piernas muertas y era yo él que hacía que me la follaba. Mi madre suspiraba y se le escapaba algún gemido. Me atreví a más y empecé a introducir mis manos por dentro de su bikini apretando y abriendo su culo hasta legar a tocar su ano con mis dedos.

    –Ahhh siii –pude oír gritar a mi madre, hasta que se soltó de la escalera, se abrazó a mi cuello, me miró, sonrió y me dio un largo beso en los labios.

    –Voy a salir cariño tengo mucha sed, te traigo algo

    –Si mamá una coca cola

    Estaba alucinado, no sabía si mi madre se había corrido restregándose con mi polla, le había tocado el culo por dentro del bikini y me había besado en los labios, saliendo del agua como si no pasara nada. Salía del agua con la polla a punto de reventar mientras mi madre se acercaba con los refresco.

    –Toma Raúl, yo voy aprovechar un poco más el sol para ponerme morena.

    Subí a la habitación a reunirme con Juan, muy excitado y con mi mente hecha un lio, pero con la seguridad de no decirle nada a Juan de lo que había pasado, subí a la planta de arriba y me encontré a Juan en la habitación de mi madre.

    –¿Todavía estas aquí?

    –Si, te tengo que enseñar una cosa

    –¿El qué?

    Abrió un cajón donde estaba la ropa interior de mi madre y me la empezó a enseñar.

    –Mira que lencería tiene tu madre más guarra

    Yo todavía estaba cachondo por lo de la piscina y viendo esa ropa me la imaginaba puesta en el cuerpo de mi madre.

    –Pero eso no es todo Raúl.

    Metió la mano al fondo del cajón y saco su neceser.

    –Ábrelo Raúl

    Lo abrí y dentro había lubricante y tres consoladores de distintos tamaños, me quedé helado.

    –Joder Juan con mi madre, nunca lo hubiera imaginado, pero es normal se tendrá que desahogar de alguna manera.

    –Pues estando nosotros aquí podía usarnos así no gasta pilas

    Estábamos los dos como locos, mirando las bragas y tangas de mi madre, cogí uno rojo me saqué la polla lo puse encima y me hice una paja pensando en ella dejándolo todo lleno de leche, Juan cogió otro y me imito.

    –¿Raúl, ahora que hacemos?

    –Lo dejamos todo como estaba

    –Pero ahora tu eres el que está loco, está nuestra leche ahí, los va a ver manchados se va a dar cuenta.

    –Pues mejor, a ver que nos dice, he hablado con ella y no le ha dado importancia a lo que ha pasado, si nos dice algo le echamos la culpa a las hormonas como dice ella.

    –Tu veras Raúl, por mi vale el problema si se cabrea eres tú su hijo.

    Bajamos a la piscina y nos metimos al agua mientras mi madre tomaba el sol, todo transcurría como si nada hubiera pasado, hablábamos, pusimos música y nos bebimos los tres unas cervecitas tomando el sol.

    –Bueno chicos, os dejo aquí me voy a duchar y descansar un poco en la cama

    –Sandra, si necesitas ayuda nos llamas.

    –Tranquilo que si necesito ayuda ya sé que estáis aquí –dijo sonriendo– a las nueve para hacer la cena os espero en la cocina

    –Joder Raúl, tu madre parece más simpática desde que has hablado con ella ¿qué le has dicho?

    –Nada, que nos vanos a portar bien.

    Estuvimos un rato más en la piscina y subimos a la habitación, al pasar por la habitación de mi madre tenía la puerta entreabierta cosa que nunca solía hacer, se oía caer el agua, nos asomamos y la puerta del baño la tenía totalmente abierta. Yo ya no tenía ninguna duda, mi madre quería guerra y estaba entrando en nuestro juego, pero no le dije nada a Juan.

    Juan señaló la cama y allí estaba el tanga rojo con el que me había hecho la paja y una camisa blanca de botones y justo debajo una falda muy corta negra, si quería jugar era nuestra oportunidad. Fui muy despacio al cajón, saqué un consolador y lo dejé metido dentro del tanga, Juan me miraba atónito. Me dirigí a la puerta del baño agarrando a Juan y allí estaba la silueta de mi madre tras las cortinas, se acariciaba todo el cuerpo con sus manos, estoy seguro de que sabía que la estábamos espiando, hasta que apagó el agua del baño y salimos rápidamente.

    Ya en nuestra habitación.

    –Raúl, ¿cómo le has dejado el consolador en el tanga? sabrá que hemos sido nosotros, nos va a matar, en dos minutos está aquí.

    –No Juan, mi madre jamás deja la puerta abierta, es la primera vez en mi vida que he visto que la deja así. Y ya la conoces, ha dejado el tanga todo manchado justo ahí con la puerta abierta eso es porque quiere jugar, no sé hasta donde quiere llegar, pero tenemos que comprobarlo, ya verás como no nos dice nada.

    Nos dimos una ducha, nos cambiamos y bajamos a la cocina, mi madre todavía no había bajado y empecemos a sacar la comida de la nevera para hacer la cena, como seguía si venir empecemos a hacer una ensalada.

    –Raúl estoy nervioso

    –Y yo, no sé por qué no ha bajado todavía a lo mejor sí que me he pasado, la voy a buscar.

    –Suerte Raúl, a mí me va a dar algo, sube a ver

    Llame a la puerta.

    –Mamá, te estamos esperando

    –En un minuto bajo.

    –¿Te ha dicho algo, Raúl?

    –Si, que ahora baja, nada más.

    –Hola chicos, ya está la cena echa

    Nos quedamos de piedra, bajaba con la camisa blanca transparentándosele los pezones y con los botones abiertos, con el más mínimo movimiento se le escapaban de la camisa, el pelo recogido y una falda negra corta la cual dejaba ver el liguero que llevaba puesto con unos taconazos de infarto, no era exactamente la ropa que se pondría una mujer para estar en el campo. Conociendo a mi madre estaba seguro que esa noche no la íbamos a olvidar.

    –Estas guapísima Sandra

    –Gracias, y tu que dices Raúl.

    –Que si mama, estas guapísima,

    –Gracias a los dos, por cierto creo que esto lo tendríais que lavar vosotros, porque yo los traje limpios.

    Y dejo los dos tangas en la mesa.

    –¿No los vais a recoger?, no se van a quedar en la mesa así que cada uno recoja el suyo y mañana los quiero limpios.

    Sin decir palabra recogimos cada uno el nuestro

    –Raúl ya veo que te gusta el rojo

    A mí no me salían las palabras y Juan con lo echado pa lante que es tampoco, estaba guapísima y provocativa, pero sin enseñar nada, lo dejaba todo para la imaginación, todos sabíamos a esas alturas después de todos los acontecimientos creados por Juan y yo, que algo iba a pasar, pero no sabíamos si bueno o malo conociendo a mi madre y con su experiencia con adolescentes lo más seguro es que no fuera muy bueno, cogimos los tangas y los llevemos al lavadero

    –De que va tu madre, vaya corte he pasado, y no veas como va de provocativa no puedo dejar de mirarle las tetas lleva la camisa de una manera abrochada que me vuelve loco.

    –Si, yo tampoco sé que pensar, vamos hacer una cosa Juan, le seguimos la corriente, pero no la provocamos y en cuanto podamos nos vamos a la cama, cuanto menos tiempo pasemos con ella mejor a ver si se enfría un poco la cosa.

    –Si que habéis tardado.

    –No mamá.

    –Veo que habéis hecho la ensalada, yo no tengo mucha hambre con la ensalada tengo bastante, vosotros coger lo que queráis de la nevera. Que os parece si hago una sangría bien fresquita

    –Como quieras mamá.

    –Pon música Raúl, que estáis muy apagados. Y tú Juan ayúdame con la fruta mientras.

    Puse la música y mi madre mientras hacia la sangría bailaba, no quitábamos la vista de su cuerpo, cada vez que con sus movimientos habría un poco las piernas le podíamos ver las tiras negras del liguero que llevaba, servimos la ensalada.

    –Raúl esto ya está, solo le falta el hielo puedes ir a la otra nevera que en esta no hay

    –Si mamá

    Me fui al garaje que es donde está el congelador y cogí una bolsa de hielo mientras volvía hacia la cocina oí que la música estaba mucho mas alta, y al entrar me encontré a Juan y mi madre bailando una bachata mi madre muy sensual y Juan detrás de ella intentándose restregar con todo lo que podía.

    –Mama, ya está.

    Se acercaron a mi bailando, mi madre cogió las manos de Juan que estaban en su cintura y los dos se acercaron a mí, cogió la bolsa de hielo de mis manos y sin parar de bailar la dejó en el fregadero, se dirigieron otra vez hacia mi y mamá soltó las manos de Juan rodeando mi cuello, bailando los tres muy sensualmente, bajé la mirada y podía ver las tetas de mi madre como se movían a través de la fina camisa y las manos de Juan moviéndose por debajo de ellas como intentándolas coger.

    Me estaba poniendo cachondisimo, en mi mente solo estaban las tetas de mi madre, deseaba que de un momento a otro Juan se las cogiera y las sacara de la fina tela y por fin ver sus pezones que tanto deseaba. Dejé caer muy suavemente mis manos hacia su culo acariciándoselo descaradamente, cuando sentí en mis manos la polla de Juan, no me lo podía creer aquella enorme polla estaba en el culo de mi madre presionándolo con fuerza.

    Quité mis manos y las coloqué debajo de sus pechos rodeándolos con mis manos, pero sin tocarlos, y con los movimientos del baile dejando que mi dedo pulgar fuera poco a poco ganado terreno, cuando estaba a punto de llegar a rozarle el pezón, se acabó la canción.

    –Ufff me encanta esta canción, ya está bien de baile, vamos a cenar, Raúl saca el hielo de la bolsa.

    Juan y yo estábamos acelerados, y sofocados cogimos el hielo y lo echemos a la sangría.

    –¿Que Sandra, otro baile mientras se enfría la sangría?

    –Me parece que tú eres el que te tienes que enfriar Juan, la sangría se enfría enseguida, Raúl llena las copas.

    Llené las copas, y brindemos sentándonos a cenar, durante esta y con la sangría, los tres íbamos subiendo la conversión de tono. Acabada la cena se levantó mi madre la primera. Y de nuevo bailando al ritmo que sonaba en la cadena de música, se dirigió a hacer café, nosotros no dejábamos de observarla ni un segundo, mientras subía el café se dirigió a un armario y sacó una baraja de cartas, las puso en la mesa y sirvió el café en la mesita del sofá.

    –Aquí estaremos más cómodos, ¿os apetece una partida de cartas?

    –Vale Sandra, quien pierda se quita una prenda.

    –Eso vosotros, yo no me voy a quitar nada.

    –Si hombre, mamá, entonces no tiene gracia.

    –¿Es que te gustaría verme desnuda?

    –Mamá, nos encantaría verte desnuda, ya sabes que es lo que estamos intentando desde que hemos llegado.

    –Si ya lo sé, y por eso os vais a quedar con las ganas, yo si pierdo os contestaré una pregunta, y si perdéis vosotros haréis lo que yo diga.

    –No es justo, Sandra.

    –¿Que sugieres, Juan?

    –Si tu pierdes dos preguntas cada uno, y si perdemos nosotros, nos haces una pregunta y hacemos lo que tu digas.

    –Me parece bien, reparte cartas.

    Repartimos las cartas y perdí yo.

    –Bueno Raúl, primero la pregunta. ¿Eres virgen?

    –Si mamá.

    –Pues quítate la camiseta.

    La siguiente ronda perdió mamá, y yo le hacia las dos primeras preguntas y luego Juan.

    –¿Eres virgen mamá?

    –Nooo, –riéndose

    –¿Has estado alguna vez con dos hombres a la vez?

    –Muchas veces ahora mismo estoy con dos, bueno si se os puede llamar hombres más bien chicos.

    –No te he preguntado eso mamá, ya sabes a que me refería.

    –Pues has perdido tu oportunidad, haber preguntado bien, te toca Juan.

    –¿Has follado con dos hombres a la vez?

    –No

    –¿Te masturbas con consoladores?

    –Sabéis que si, me lo habéis dejado bien claro esta tarde. Da cartas Raúl.

    Tiré las cartas y volví a perder.

    –Bueno Raúl, a ver que te pregunto, ¿desde cuando te pone verme y espiarme?

    –Desde hoy mamá, nunca lo había hecho ni pensado.

    –Quítate el pantalón.

    –Solo llevo el pantalón, me quedaré en sin nada.

    –Si queréis dejamos de jugar

    –No, está bien me lo quito.

    Me levanté, me quité el pantalón y dejé mi polla al aire como un mástil, mi madre me miró y me dijo riendo:

    –Ya te puedes sentar Juan tira cartas.

    Tiremos las cartas y perdió Juan.

    –Bueno Juan, primero quédate igual que Raúl, sin ropa

    Juan se levantó sin pensárselo, y en un segundo estaba totalmente desnudo con su polla apuntando hacia mi madre.

    –Muy bien Juan, ahora la pregunta. ¿Qué es lo que más te gustaría hacerle a una mujer?

    –Comerle el coño, nunca lo he hecho y creo que es lo que más me gustaría.

    –Vale me toca repartir cartas.

    Mi madre tiro las cartas y perdió, nos tocaba preguntar y ya íbamos a por todas, estábamos los dos, que sin darnos cuenta, contemplado a mi madre nos íbamos pajeando muy despacio.

    –A ver mamá empiezo yo, quería saber lo que había pasado en la piscina. ¿Te has corrido hoy alguna vez?

    –Si.

    –¿Dónde?

    –Me he corrido dos veces, cual quieres saber la primera o la segunda.

    Oír a mi madre decir eso, me obligaba a tocarme la polla y pajearla muy despacio para no correrme.

    –La primera

    Me sonrió.

    –En la piscina. Pregunta tu Juan y como no pares de tocártela te vas a correr.

    Estábamos los dos pajeándonos como locos, y mi madre al vernos dijo:

    –Vamos a cambiar de juego.

    –No Sandra, que falta mis dos preguntas

    –Vale di

    –¿Te has puesto cachonda esta tarde en la habitación al vernos las pollas?

    –Si.

    –¿Y ahora estas cachonda?

    Tardó un poco en contestar, mirando fijamente nuestras manos como subían y bajaban alrededor de nuestras pollas.

    –Si y mucho, por eso os voy a proponer otro juego, de los dos el que primero se corra se va a su habitación y el otro se queda aquí y seguiremos jugando, pero no podéis dejar la paja podéis cambiar los ritmos, el que deje la paja pierde.

    Al oír lo que decía mi madre estuve a punto de correrme y supongo que Juan también, los dos estábamos callados mientras mi madre empezó un juego que era imposible de ganar, se levantó del sofá y dejó de ser mi madre, era la tía más puta y cachonda que había visto en mi corta vida.

    Se levanto la falda frente a Juan.

    –¿Juan te comerías este coñito? míralo bien, ¿es lo que te gustaría? –mientras con su mano acariciaba su coño por encima del tanga sin dejar de mirar su polla, se arrodillo frente a él apoyando los codos en sus rodillas. Llevando sus manos a los botones de la camisa.– ¿Te gusta lo que ves, quieres que me la desabroche lentamente para ti?

    –¡Siii Sandra siii!

    Mi madre se iba desabrochando la camisa mientras me miraba con cara de zorra, porque sabía que era lo que yo más deseaba, frente a Juan. Por fin, la abrió dejando salir esas tetas tan deseadas y pude ver sus pezones rosados por primera vez, no podía más me iba a correr y no quería, solté mi polla casi sin poder respirar, cuando oí a Juan “¡ohhh siii!” soltando un chorro de leche en las tetas de mi madre.

    –Nooo, yo no quería Sandra, no me quiero ir.

    Entonces fue cuando me di cuenta lo guarra que podía ser mi madre.

    –Si, pero te has corrido ya está.

    –Sandra como ves no se baja, sigue igual.

    –No sigue igual, esta mucha más pequeña, pero si te quieres quedar tendrás que limpiarme toda la leche que me has echado encima con tu lengua, –le decía mientras se quitaba la camisa por completo y sin que Juan le diera una respuesta mi madre se subió encima de él le cogió la cabeza y la dirigió a sus tetas.

    Juan chupaba lamia y mordía como aceleradamente sin importarle que estuvieran llenas de su leche, mientras mi madre con una mano le dirigía la cabeza pude ver como la otra la tenía en la polla de Juan y la restregaba por su coño encima del tanga.

    Ver ese espectáculo me estaba matando, de celos por no ser yo, y a la vez el morbo que me daba ver a mi madre sentada encima de Juan disfrutando como una zorra, y viendo cómo se restregaba la polla de Juan por su coño. Mi madre me miró, bajó su mirada a mi polla, que yo movía lentamente para no correrme, estiró su mano y yo la cogí acercándome justo al lado de ellos.

    Se soltó de Juan y se arrodilló en el suelo en medio de los dos, entonces sentí el cielo, la mano de mi madre se acercaba a mi polla la cogió con suavidad iniciando una paja, estaba a punto de estallar y ella lo sabía. por lo que bajó el ritmo, sin soltarme la polla se incorporó y vi como su boca se dirigía a la polla de Juan y poco a poco iba desapareciendo.

    Juan gemía como un loco y mi madre aumentaba la velocidad “¡oh sisisi no puedo masss siii!”. Y pude ver como le salía la leche a mi madre por la comisura de los labios que rodeaban su polla, pero si sacársela de la boca ni un solo instante, cuando notó que había terminado sacó su boca de la polla y con sus dedos se introdujo lo poco que quedaba y no se había tragado.

    –Juan sube arriba, dúchate, prepara unos de tus cigarritos para ponerte a tono otra vez, y espéranos en mi habitación.

    –Sandra lo que tu digas, es el día más feliz de mi vida.

    Juan se fue a la habitación.

    –Bueno Raúl madre e hijo solos no veas el morbo que me da, estaba padeciendo pensando que te ibas a correr, pero veo que eres un campeón. Ven cómele las tetas que tanto deseas a mamá.

    Se tumbo en el sofá y comencé a comerle las tetas con desespero, mordiendo sus pezones duros como piedras, cogió mi mano y la deslizó por debajo de su tanga, podía sentir por primera vez el coño empapado de mi madre guiándome ella con su mano como enseñándome la forma de hacerlo, estaba tan mojada que sin darme cuenta tenía tres dedos metidos en su coño, más sus tres que me guiaban la mano.

    –Ohhh si mi niño así así no pares muerde los pezones sin miedo así así ohhh siii deja las tetas y pon la polla en mi boca que la estoy desando desde esta tarde.

    Le puse mi polla en la boca mientras movía mi mano dentro de su coño y ella se pellizcaba los pezones, se tragaba mi polla con mis embestidas no podía ni respirar, cogió mi mano y la apretó fuerte contra su coño, se estaba corriendo, su cuerpo daba espasmos mientras yo soltaba un chorro de leche dentro de su boca, gritaba de placer sintiendo como mi madre se tragaba toda mi leche hasta quedarme vacío dentro de su boca. Estuvimos un rato recuperándonos estirados en el sofá.

    –Te ha gustado hijo

    –Me ha encantado

    –¿Alguna vez te habían comido la polla así?

    –No mama ni así ni de otra forma, ha sido la primera vez.

    Se acercó a mi lamiendo mi polla con su lengua muy despacio.

    –Pues te digo lo mismo que a Juan, sube a ducharte, en media hora en mi habitación que la noche aun es larga.

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  • Mi alumna favorita de la Universidad (parte 2)

    Mi alumna favorita de la Universidad (parte 2)

    Después de nuestro primer encuentro las cosas entre Claudia y yo eran totalmente normales, la relación profesor-alumna se mantenía normal, cada tanto podría haber un cruce de miradas o una sonrisa cómplice, pero de ahí no pasaba, en realidad yo no sabía cómo actuar y ella si sabía, y lo sabe hoy que me tiene para cuando ella quiera.

    Aquella mañana al entrar al aula encontré arriba de mi escritorio un sobre color rosa con un aroma inconfundible a fresias, no hacía falta leerlo para saber de quién era, ella sabía que aunque pareciera una antigüedad lo clásico me subyuga. La nota que contenía dentro en letra cursiva simplemente decía:

    “Profesor

    Lo espero está tarde a las 19 en mi departamento.

    Claudia”

    Levante la vista y una sonrisa hermosa con una mirada pícara que brillaba y con un pequeño movimiento de su mano como corriendo su cabellera morocha, me asintió levemente y yo le devolví el gesto apenas con mi cabeza en forma afirmativa.

    Dar mi cátedra esa mañana no fue fácil cada vez que miraba a mis alumnos involuntariamente siempre mi mirada se posaba en Claudia y ella segura de sí misma sonreía y miraba a otro lado para no hacerme quedar en evidencia.

    Al fin terminó esa hora y pude salir del claustro y dirigirme hacia otras tareas, pero el resto del día estuve perturbado pensando en esa tarde.

    Terminé mi jornada, fui a casa a bañarme y cambiarme, le dije a mi señora que tenía una cena con profesores y que no me esperara temprano.

    7 en punto de la tarde estaba en la puerta de su departamento, bajo en jeans y musculosa a abrirme, escultural como siempre,

    -¡Hola profesor! -Y me dio un beso en la mejilla.

    -¿subimos? -Dijo invitándome a pasar

    Ya dentro de su departamento me indico el sillón, tenía allí sobre la mesita 2 cervezas heladas que serví en sendos chops.

    Un tanto indeciso debo ser franco, yo no sabía cómo romper el hielo, y fue ella, cuando no, que me preguntó:

    -¿Sabe por qué lo invité?

    Lógicamente le contesté que no, tenía alguna idea pero en realidad no podía decir a ciencia cierta que quería sexo.

    -Hoy profesor quiero que me enseñe, necesito una clase particular, ¿podrá? Ud. es profesor de derecho ¡y yo hoy quiero estrenar mi recto! -Me dijo con ironía y con esa sonrisa perfecta.- Quiero que Ud. por ser mi profesor preferido sea el primero en gozar de mi cola y a su vez me enseñe a gozar a mi también.

    Acto seguido se acercó y me beso intensamente.

    Cuando nos separamos le pregunté:

    -¿Claudia estás segura?

    -Muy segura profesor, he estado experimentando con mis dedos y algún juguetito, me ha dado algo de placer, pero no el que busco. No siento su piel junto a la mía, no siento a ese hombre que me haga suya, estoy segura no será lo mismo. Además, yo sé qué Ud. me va cuidar, ¿no es cierto? pero antes quiero que todo sea natural. Antes…

    Comenzó a besarme y acariciarme por encima del pantalón, no necesito demasiado para poner mi verga dura, sabía cómo hacerlo además de mi propia excitación, yo me sentía extasiado ante la perspectiva. Y como no estarlo frente a tan bella mujer que deseaba que la poseyera de todas las formas.

    Cuando saco mi pija comenzó a acariciarla y darle pequeños besos, y lamerla y pajearme suavemente, sabía lo que hacía, sabía que para que yo eyaculara debía manejarme con paciencia.

    Saqué su musculosa y comencé a acariciar sus deliciosas tetas. Sus pezones reaccionaron al instante, rígidos que invitaban a ser besados y mordidos suavemente.

    Me sacó por entero los pantalones yo me saqué la camisa y entré ambos terminamos de sacar su Jean y la minúscula tanga.

    Volvió a chuparme la pija pero esta vez con más fricción y comenzó poco a poco a tragársela entera, el placer brotaba por mis poros

    -¡ah, ah, así Claudia así!

    Y la cogí por la boca como nunca había cogido a nadie.

    Cuando su boca ya cansada decidió darse un respiro le dije.

    -vamos a la cama

    La recosté y comencé a besarle la vagina, estaba tan jugosa y caliente mientras que con mi lengua también lamia su culo que se mojaban con sus jugos también, le apretaba su clítoris con mis labios la penetraba con mi lengua y le acariciaba el culo con un > Roberto: dedo introduciéndolo suavemente

    -así profe, que bueno, ¡me gusta!

    -¡más profe cógeme más!

    Y más profundo iba con mi lengua y mi dedo.

    -dame alguna crema Claudia

    Ella tenía preparado un pote de aceite de coco y con el comencé a lubricar muy bien su culo hasta meterle dos dedos.

    Claudia suspiraba y movía su cuerpo para introducirse más aún los dedos, luego un tercero muy despacio y su culo se abría poco a poco como pidiendo más.

    -profe culeame -me pidió–meteme tu pija en mi culo ahora o no será nunca.

    Su cara mostraba excitación, dolor, placer, todo junto pero sobre todas las cosas deseo.

    Y yo deseaba meter mi verga en ese culito virgen. Como no desearlo, tan cerrado, tan firme, tan apretado.

    Primero lubrique bien mi miembro con aceite de coco, le puse más a ella y la apoye suavemente en su entrada.

    Poco a poco la fui metiendo.

    -ay me duele, pero siga profe no se detenga ahora, la quiero toda -y mientras estábamos en cuatro se masturbaba con fuerza.

    -¡estoy caliente profe métela!

    Hice un poco más de fuerza y sobrepasé su esfínter y ahí se deslizó sola hasta el fondo.

    -¡Aaahhh! -Suspiramos juntos.

    Que increíble que hermoso se sentía, que culo tan apretado.

    -me encanta profe, duele pero me gusta ¡cógeme más! ¡Esta gorda y dura como me gusta! ¡cogeme y dame toda tu leche!

    Seguí moviendo mi pija en ese culo espectacular hasta que empecé a sentir como cosquillaba y se preparaba para volcar dentro suyo.

    Apenas un momento después sentí como un chorro de esperma se escapaba de mi e inundaba a Claudia por dentro lubricando más aún ese culo.

    Ella extasiada se dio vuelta y respirando profundo me dijo:

    -me encantó, fue hermoso

    Y juntos con mi pija dentro nos dejamos caer sobre la cama.

    -no la saques aún, -me pidió-, deja que se salga sola.

    Era lógico que desde hacía un rato ya no me trataba de Ud.

    Y poco a poco mi pija se fue achicando y saliendo.

    Sus jugos, mi leche, todo se mezclaba entre nuestras piernas y las sábanas.

    -Estoy exhausta, -me dijo-, vamos igual a bañarnos. Creo lo necesitamos.

    -Dame un momento, me tiemblan las piernas.

    -Sos hermosa

    -Gracias profe, Ud. es el mejor que tuve en mi vida.

    -Y vos seguís siendo mi mejor alumna.

    Nos besamos a profundamente y fuimos a la ducha.

    Roberto: Suena un mensaje en mi celular…

    -¡Hola profe! Esta noche es mi cumpleaños y he invitado a algunos compañeros y quiero que vos vengas.

    -Hola Clau, no creo que sea muy bien recibido por tus compañeros, a algunos los he bochado y no creo que me tengan gran simpatía.

    -¿¡No serías capaz de dejarme sola en mi cumple!?

    -¿dejarte sola? ¡jamás! Pero creo que no es mi ambiente.

    Te propongo que cuando termine tu festejo yo te lleve la torta. Así soplas la velita.

    -Pícaro mi profe preferido, ya me estás pidiendo un pete de los que te gustan..

    -¡Quizás también son los que más te gustan a vos! Esos que llegan a tu garganta.

    -Hagamos una cosa profe, yo cancelo la fiesta, ya lograste calentarme con tan poco, pongo cualquier excusa que vengan mañana y te espero hoy a las 8 ¿querés?

    -No puedo negarme a las ocho llevo un champagne y vos prepará la bañera. ¡Vamos a festejar tu cumple a lo grande!

    -Dale… falta mucho para las ocho ya no me aguanto, pero la expectativa viene bien ya estoy ansiosa.

    -Yo también preciosa. te quiero mucho, y por cierto ¡feliz cumpleaños!

    -¡Gracias Profe te espero!

    Ocho menos cinco toco el portero de su departamento. Me atiende.

    -¿Sos vos profe? Subí usa tu llave

    -Bueno… ahí voy

    Cuando entro a su departamento, me hablas desde el dormitorio.

    -ya voy

    -Dale yo pongo el champagne un rato más en el freezer y dejo el resto en la cocina.

    -¿Que trajiste Profe? ¡No hacia falta nada si estamos nosotros!

    -Una pavada para festejar Claudia, algún sanwichito de miga nada más.

    -¡Y yo que te esperaba para comerte a vos!

    -jajaja reímos ambos sin habernos visto aún

    Cuando aparece en la puerta de la cocina.

    -¿Te gusta profe? Hoy para que pase el tiempo más rápido me fui al Shopping a comprarlo para vos.

    -Como decirte que hermoso te queda, todo es indigno ante tanta belleza. Cualquier prenda te queda estupenda.

    Estas con un vestido negro bien ajustado a tu cuerpo que te marcan tus hermosas formas. La falda llega justo a mitad de tus muslos, el escote termina en v donde se unen tus pechos, tu cola redonda y perfecta se marca en la medida exacta, diría que la enmarca como a una obra de arte. Tu cabello oscuro cae como una cascada suelta sobre tus hombros desnudos, tus ojos brillan casi sin maquillaje y tu sonrisa ilumina tu rostro con felicidad, te tomo de la mano y te hago girar como una bailarina para observarte. ¡Cuanta hermosura! Mi ramo de fresias y rosas rojas que te traje de regalo empalidece.

    -No me dijiste nada todavía…

    -¿Que puedo decirte Clau? ¡bella, bellísima! Estás radiante hermosa, deseable, no tengo más adjetivos que este.

    Y te abrazo suavemente y beso en la boca con ternura.

    Ternura que vos en 2 segundos convertis en pasión, me abrazas muy fuerte y me introduces tu lengua en mi boca como un pistón. Y tomas mi lengua entre tus labios y la aprietas chupando lo más que puedes.

    Me siento prisionero en tus brazos, pero no tengo deseos de liberarme todo lo contrario te atraigo hacia mi, quiero sentir el roce de tu cuerpo y el aroma de tu piel.

    Beso tu cuello y acaricio tu espalda. Siento como mi miembro se va endureciendo y tu se refriega contra él atrayendo tu cadera a la mía.

    -¿Claudia amor querés tomar algo antes? -Te pregunto

    -Si, profe me respondes… su lechita, la esperé toda la tarde. Quiero mi regalo y lo quiero ahora. -Extrañamente Claudia se dejó llevar por la pasión y cambio su lenguaje.

    -Bueno tomá las flores amor jajaja

    -Jaja -ríe también- son hermosas amor, gracias pero quiero mi otro regalo quiero el paquete que traes acá -y me acaricias…

    Nos abrazamos nuevamente y de a poco voy bajando el cierre del vestido y acaricio su espalda y bajo la mano para acariciar su cola. Tan redonda y perfecta, apenas cubierta por la tanga.

    -Esperá -me dice-, tengo algo más para vos -y terminas de sacarse el vestido y se queda con un conjunto negro con encaje en el sostén transparente y en la parte delantera de su tanga.

    Ahí parada de frente a mi tengo la preciosura más inimaginable en tacos y lencería negra que jamás mi imaginación se atrevió a pensar o crear.

    -¡Bella hermosa Clau!

    -Y se supone que es tu cumpleaños no el mío.

    Le propongo que tomemos la primera botella de champagne para festejar tanta belleza. Y poder acariciarle y admirarle como es debido.

    Me concede ese favor y abrimos la primera botella.

    Brindamos y la segunda copa la tomo desde la cascada que haces correr por tus senos.

    Mientras el champagne corre por tus pechos desabrochas el sostén desde adelante y dejas tus tetas libres, mientras mi lengua recorre el interior del espacio entre ellas, su estómago, su ombligo, vuelvo a sus pezones, los chupo los muerdo suavemente, tu tanga se humedece de champagne y flujo y también deslizo mi lengua hasta allí para sentir el sabor mezclado de ambos elixires. Recostada en el sillón y yo de rodillas en el piso te beso la vagina por encima de la tanga y me estiro para besar tus pechos y tus pezones y tu boca alternativamente le pido por favor no más champagne que me va a terminar mareando tomarlo así.

    Y me dedico a besar con más fricción su vagina, te saco la tanga y me dedico a chuparte el clítoris y penetrarte con mi lengua mientras mis dedos aprietan tus pezones.

    -Así papi ahhh mmm más papito que me voy en tu boca ¡no pares!

    De repente mi boca siente una explosión de jugos que me inundan, los saboreo con placer y te beso con pasión.

    -Vamos a la bañera profe. Mientras se llena te chupo la pija, no puede ser ya me hiciste acabar una vez y ni la camisa te sacaste. ¡Te amo por como me haces sentir! Única

    -Vos a mi… vamos.

    Dejamos el pantalón y la camisa y el resto menos los boxes tirados por ahí.

    Ya en el baño metes la mano bajo mi bóxer

    -¿A ver profesor como estamos hoy? Humm que dura y gorda

    Y comienza a chupármela, me saca el bóxer y me lame las bolas, pasando tu lengua por todo el largo de mi pija y cuando llega a mi cabeza te la traga despacio y te la sacas hasta que te la mete toda adentro.

    -Hummm ahhh chupame diosa así que hermoso (te tomo de la nuca y te la meto más…) así Clau… ¡así mi amor!

    La bañera ya está llena le ponemos la espuma de baño y nos metemos ella sentada delante de mí y recuesta su espalda en mi pecho mientras le beso el cuello y acaricio sus tetas y la masturbo con la otra mano, le meto dos dedos en la vagina.

    Suspira y se arquea para que le entren más profundo.

    -Date vuelta, ponete de frente y sentate en mi pija amor quiero cogerte

    -si cogeme por favor quiero sentir tu pija adentro

    Te la metes de a poco.

    -¿Así profe, así te gusta? ¡Cogeme! ¡Ahhh!

    -¡Así mi Clau cogete, movete, sentila! ¡Me gusta… mnnn hasta el fondo amor cogete hasta el fondo!

    -me voy profe me voy de nuevo

    -andate amor no te detengas, después vamos a la cama así te acabo en el culito ¿querés?

    -si chupame el culo y culeame pero antes quiero chuparte todo de nuevo.

    Vamos a la cama totalmente mojados y me volves a chupar la pija.

    -¡Ay amor, Claudia sos lo más! estoy a punto de explotar

    -¡Hoy no, hoy llename el culo!

    -ponete en 4 ya tu culito está acostumbrado

    Le comienzo a lamer y meterte la lengua, en su cola le pongo aceite de coco y le meto un dedo y otro en la concha y le acaricio por dentro la pared que los separa y otro chorro de flujo nace de su concha, lo uso para lubricarte más el culito y te pongo 2 dedos y te voy estirando el esfínter.

    -Ahh hummm me gusta rompeme el culo de una vez. ¡La quiero ya! ¡Culeame!

    -ya voy amor, querés pija y pija te voy a dar

    Le pongo más aceite y le apoyo la cabeza y empiezo de a poco a culearla.

    -¡Así amor, así despacito me gusta! ¡Culeame!

    -Así mi Clau hermosa, que hermoso culito tenés. ¡Tan chiquito ese agujero y todo para mi! La siento tan bien apretadito… Un poco más y te entra toda

    -Métela toda ya aunque duela un poco me encanta… bombeala y culeame hasta el fondo así profe hummm aaash dame pija. Dame leche… Llename el culo de tu lechita calentita.

    Mientras te la meto y saco te mastubas y te cojes con tus dedos.

    -Ahora amor volcame que me vuelvo a ir

    Siento que mi pija está por explotar bombeo 2 veces más y cuando llego al fondo un chorro de leche le inunda el culo.

    -Que buena tu lechita amor calentita

    -Ahhh decimos ambos.

    Y caemos rendidos yo arriba tuyo y aun adentro, tu flujo recorre tus piernas sobre las sábanas y cuando saco mi pija la leche comienza a salir y se mezclan uniéndose ellos en esencia, como nos unimos nosotros en nuestro sentimiento y placer.

    Nos vamos a bañar, nos acariciamos tiernamente. Nos ayudamos a vestimos únicamente con nuestra ropa interior. Mi bóxer y tu hermoso conjunto negro transparente de encaje.

    Buscamos los sándwiches la otra botella de champagne y nos sentamos muy juntos en el living a disfrutar de nosotros. Las fresias invaden con su aroma el ambiente.

    Nos besamos cariñosamente y brindamos

    Feliz Cumpleaños. La fiesta recién empieza.

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  • Su imagen

    Su imagen

    Es domingo de madrugada y estoy desvelada así que aprovecho para escribir un rato y contarles lo que acabo de hacer.

    Estaba lloviendo en el lugar donde me encuentro; gracias a la oscuridad y el calor, mi mente traviesa empezó a volar imaginando cosas sucias, perversas… capítulos candentes.

    Mi coño empezó a humedecer y sin pensarlo tanto llevé una mano allí para sentir lo ganosa que estaba; sentir la humedad y las palpitaciones deseando ser hurgada por una mano perversa o profanada por una verga deli, apetitosa, gruesa que brotarán sus venas y con ganas de explotar dentro de mí.

    Llegó a mi mente una imagen, más exactamente una foto que tiempos atrás me enviaron y con esa imagen me empecé a follar introduciendo un dedo, luego dos, hasta llegar a cinco… llevándolos hasta el fondo como podía.

    Para estar más cómoda retiré mi pantalón y blusa de pijama para quedar completamente desnuda, abrí mis piernas e introduje nuevamente mis dedos hasta el fondo mientras con la otra mano amasé cada una de mis tetas pellizcando mis pezones; recordé que tengo algo en mi mesa de noche así que pausé lo que estaba haciendo y saqué de allí dos pares de palillos con cauchos en cada extremidad para colocarlos en mis pezones.

    Solté un extremo abriendo los palillos y coloqué mi pezón en medio de ellos, luego tomé el caucho y amarre los palillos haciendo presión; este mismo procedimiento lo hice en el otro pezón.

    -¡Ah!

    Salió un gemido gracias al dolor que sentía en esos momentos… si, el dolor me excita lo supe hasta que una vez quise utilizar unas pinzas en medio de un juego sexual que tuve con mi ex pareja; así que cada vez que quiero sentir placer me pellizco mis pezones con los palillos.

    Me recosté nuevamente separando mis piernas y cerrando mis ojos llevando nuevamente mi mente a esa imagen, esa verga apetitosa que estaba dura y con gotas pre semanales saliendo de esa punta que invitaba a lamerlo, a metérmelo hasta el fondo de mi garganta para succionarlo… así que me follé con ganas aumentado la velocidad; el dolor, el placer y esa imagen hizo que gimiera duro como una puta deseando esa verga dentro de mí.

    Imaginé que estaba aquí conmigo penetrándome con ganas encima de mío con mis piernas flexionadas cerca a mis tetas, sus embestidas eran lentas pero profundas mientras arañaba su espalda dejando marcas en él. Luego hizo que me girará quedando boca abajo ya que está pose me gusta más y me penetró nuevamente sintiendo esa verga hasta el fondo de mí. Imaginé que mordía el lóbulo de mi oreja suavemente luego me susurraba cosas al oído.

    -Me encantas, siempre te he deseado.

    Imaginé su voz varonil mientras me cogía a su antojo.

    -Te deseo, dame más duro -dije en voz alta… le diría eso y muchas cosas más.

    Estaba tan caliente en esos momentos deseaba aquel hombre aquí follándome… aumenté mis movimientos mientras con la otra mano me daba unas palmaditas en mi clítoris. Por la presión de los palillos mis tetas me ardían; arqueé mi espalda pasando mis manos por todo mi cuerpo untando mi piel con mis fluidos deseando que fueran las de él.

    -Dame más duro, quiero sentirte hasta el fondo-todo esto lo decía en voz alta

    -Aquí me tienes ganosita, arrecha, deseosa, una perra en celo estimulándome con tu imagen… ¿quieres cogerme? Me gustaría que lo hicieras en estos momentos.

    Imaginé que me ponía en cuatro y me clavaba de nuevo… me tomaba por el cuello haciendo una leve presión para que mi respiración se dificultara… sus huevos chocaban contra mis nalgas y su verga me llenaba en totalidad.

    -Fóllame el culo, es todo tuyo

    Estaba muy arrecha boca abajo, en ese momento tomé mi juguete sexual del cajón que es para doble penetración y me hundí la parte más gruesa por mi hoyito para profanar esa entrada muy deseada para los hombres y con la otra mano frotaba mi gallito.

    -Me fascina ese culo tan apretado que tienes, quiero llenarte de lechita los intestinos me imaginaba esas palabras morbosas

    Seguí ahí retorciéndome empezando a sudar, mi respiración cada vez era más agitada… esa imagen me tiene loca hasta que no aguante más y exploté no una sino dos veces. Mi culo apretaba el juguete y mi coño palpitaba así que introduje la otra parte del juguete teniendo una doble penetración…mientras el juguete vibra me follaba con él en busca de más placer; muerdo la almohada para callar mi grito mientras rozaba contra la superficie mi gallito llegando a otro orgasmo.

    Mis dedos quedaron mojados oliendo a deseo, a mujer en celo; los saboreo ya que me gusta probar mis jugos. Hale los palillos y mi coño se contrae.

    -¡Ah, que rico papi!

    Me arde mis pezones, mi coño continúa palpitando deseando por más; me tiembla el pulso, pero así como estoy redacto está historia candente y deseando más a ese hombre… cierro mis piernas apretándolas porque lo deseo y no lo puedo hacer realidad en estos momentos; solo les puedo decir que él no sabe que hago con su imagen y con mi imaginación.

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  • Mayra, debut anal

    Mayra, debut anal

    Pasado un tiempo de aquel fogoso primer encuentro sexual entre Mayra y Carlos, ambos se habían evitado durante días, incómodos ante el cariz que habían tomado las cosas. Pero al cabo de unas semanas habían tenido un nuevo encuentro en el cual Carlos había hecho las delicias de la preciosa mujer haciéndola gritar de placer, penetrándola en varias posiciones, eyaculando sobre ella en cada orgasmo, dándole de beber su semen, algo que según había descubierto, ella adoraba, la maravillaba ver fluir caudaloso el semen de su gran verga, pero aún quedaba algo que comenzaba a obsesionar a ambos.

    La pija de Carlos y el hermoso culo de Mayra eran como polos magnéticos opuestos, su atracción era evidente, y el encuentro entre ambos inevitable mal que le pese a la pudorosa Mayra, que se resistía a cualquier tipo de insinuación de Carlos acerca de la sodomía. Estaban hechos el uno para el otro, las blancas redondeces de Mayra eran la meca, el paraíso para el potente pene del muchacho, y el ardiente deseo carnal de ambos vería su cumbre en el encuentro anal. Mismo que se dio en forma casual, en una tranquila noche porteña.

    Mayra se encontraba ataviada de papeles, contratos y su casilla de correo atestada, daban las 8 pm y necesitaba un café, salió de su oficina con su taza corporativa en mano, y tomó el pasillo rumbo a la maquina de café, pero siguió hasta la cocina para lavar el recipiente, el piso entero se encontraba en silencio, como era costumbre a estas horas, los empleados más atrasados se retiraban 7:30. La puerta se encontraba abierta, entró y se dispuso a enjuagar su taza.

    Carlos, cuyo escritorio se encontraba en el pasillo central junto a los ascensores, sabía que sólo quedaba su amante en todo el piso, por lo que había dejado su puesto y se dirigía sigilosamente hacia la oficina de Mayra con la esperanza de encontrarla dispuesta a tener un encuentro sexual, cuando oyó pasos en el pasillo de la cocina. Tomó ese rumbo silenciosamente, y al entrar descansó un minuto bajo el marco de la puerta admirándola sin que ella advierta su presencia.

    Ver a la hermosa mujer de espaldas, semi recostada sobre el fregadero encendió nuevamente el deseo del chico por su abultado trasero, vestía un saquito de lana, por encima de una de sus blancas camisas que siempre delatan sus bellos pechos, una pollera no muy corta, por debajo de las rodillas, de tela suave, seda quizás, que contorneaba magníficamente sus piernas, se ajustaba bellamente a su cintura y cadera, dibujando finamente su figura esbelta e insinuando moderadamente la tanga que ocultaba a medias sus preciosas nalgas.

    Extasiado por sus bellas redondeces, no titubeó al acercarse, tomándola decididamente por detrás, aferrando sus caderas y apoyando su ya abultada pelvis en medio de sus cándidas redondeces, reprimiendo el intento de Mayra de voltearse, sorprendida al encontrarse repentinamente manoseada.

    Mayra no dudó siquiera un instante en saber quién era el osado que la tocaba, suprimió un leve acceso de furia al sentirse oprimida cuando intento voltearse, y asaltada prontamente por el deseo se dejó hacer, aflojando la tensión.

    Las manos del muchacho pasaban de su cintura a sus piernas describiendo la muy pronunciada pero armoniosa curva que describían sus caderas, deslizándose suavemente por encima de la tela, su pene tomando progresivamente su acostumbrada consistencia, frotaba insistente en medio de las nalgas de Mayra haciendo que su vagina segregue los primeros flujos.

    Prontamente Carlos agobiado por el deseo elevó la falda descubriendo los encantos de la mujer, hizo a un lado la delgada tanguita blanca, cuyos finos y ajustados bordes se hundían apenas en su cálida piel de su cadera, marcándola con una suave tonalidad rozagante, penetró la vagina ya perfectamente lubricada de Mayra, en intervalos cortos y regulares, ayudado por ella que curvó su espalda apoyando ambos brazos extendidos sobre la mesada y abriendo sus piernas en actitud relajada recibió el miembro con gran placer, albergando su objeto de devoción, dándole todo su calor.

    A poco Mayra con desenfreno sintiendo colmada su vagina se retorcía frenéticamente con gran velocidad por momentos, y luego golpeando con fuerza pero lentamente sus nalgas contra Carlos al alcanzar un orgasmo, que inundaba la pija del muchacho con sus jugos, haciendo que gotas de flujo blanco surcaran sus testículos llegando algunas a caer hasta el suelo, manchando la alfombra gris.

    El muchacho veía no sin una cuota de recelo a su fiel amante como en trance, obteniendo placer de él en forma egoísta, ignorándolo, veía a su casi madura rubia autosatisfaciéndose, como masturbándose frenéticamente con su pene, haciéndolo sentir un gran consolador ambulante. Esto lo decidió a actuar.

    Repentinamente y tomando a Mayra por sus finos cabellos claros, comenzó a mover sus caderas con fiereza hacia ella, haciéndola soltar resoplidos forzados, irguiéndola un poco con cada embestida, y cuando la tuvo apoyando casi su pubis contra el frío mármol de la mesada, de una patadita acercó un banco hasta ellos y tomando la pierna izquierda de Mayra por debajo de la rodilla, sin abandonar la penetración, la elevó hasta apoyar su pie entre una de las patas del banco, con la intención de ver su verga venosa entrar y salir del elongado coño de su linda puta.

    Carlos tomaba a Mayra por su estrecha cintura admirando la belleza de su desnudez, dominando la cadencia del acto sexual, cuando en determinado momento, habiendo suavizado sus movimientos de cadera hasta casi detenerse, retiró su pene de la vagina de su amante y sin miramientos, apuntó la punta de su escroto hacia el delicado esfínter de Mayra, oculto aún entre las inmaculadas paredes carnales que conformaban sus nalgas.

    Mayra había temido este final, pero el éxtasis sexual en el que se encontraba le impedía reaccionar, dejando a Carlos proseguir, sintió el enajenado pene del muchacho abrirse paso en medio de sus nalgas, que sin ofrecer resistencia, se abrían suavemente ante el paso decidido del lubricado falo hasta su orificio anal, que reaccionaba en regulares periodos de contracción y relax, en una especie de latidos al primer contacto de la punta del glande. Sentía su culo en forma extraña, ahora no le producía rechazo, un calor abrasador agobiaba su zona anal y se acentuaba con cada uno de los involuntarios periodos de contracción y relajación que en su esfínter había dado lugar la situación.

    Carlos una vez que se hubo acomodado y empalmando su verga cuya cabeza se hallaba oculta en medio de tan hermosas nalgas, ansiaba penetrarla y llenarla con su leche, pero se tomó unos instantes, esperando quizás una reacción que jamás llegó, y por el contrario, vio como Mayra tensó un poco su cuerpo, e inclinándose sobre la mesada, apoyando sus brazos detrás del lavabo, su rodilla izquierda sobre el banco y estirando su pierna derecha hasta ponerse en puntillas de pie, esperó plácidamente la penetración.

    Desconcertada ante esta nueva sensación, Mayra se dejó llevar por el sentido de curiosidad que le proporcionaba la nueva experiencia que ahora viviría, acomodó su cuerpo para Carlos, poniéndole toda su atención y con todos sus sentidos enfocados en su canal rectal.

    Sentía de momentos su culo ardiente, un calor abrasador la obligaba a contraer su círculo anal, que luego involuntariamente se relajaba haciéndola sentir que se ensanchaba cada vez más, en espera incierta del contacto que no llegaba, para nuevamente sentir la irreprimible necesidad de contraer sus músculos rectales, por periodos cada vez más prolongados, casi temblorosamente, repitiéndolos aceleradamente hasta que ese incomprensible sentimiento la apoderaba, y su culo volvía a aflojarse lánguidamente ansiando ese contacto físico que Mayra inconscientemente asociaba cada vez más con un pene.

    Habida cuenta de su estado, Mayra tomó mayor conciencia de su predisposición, decidida a la penetración anal y sintiéndose algo extraña aunque dispuesta a ser sodomizada, exclamó:

    -“No sé qué me has hecho, pero quiero ofrecerte mi culo. Tómalo.”- Y presa del deseo que le provocaba la sensación en su ardiente trasero, agregó:

    -“Quiero recibir tu virilidad, quiero que me sodomices y obtengas el máximo placer de mí, tómame y satisface tu deseo, descarga toda tu hombría en mi culo.”- Finalizó casi en susurros, mirándolo a sus ojos de costado, como avergonzada.

    Carlos perplejo por el discurso pero tremendamente excitado con aquellas palabras de su hembra, inesperados y bien recibidos símbolos de entrega absoluta, se encontraba en el más maravilloso clímax y con infinito placer volvió a detener la cabeza empalmada en medio de las grandes y deliciosas nalgas de la hermosa Mayra, tomando contacto con el dilatado y latente circulo de su esfínter anal; a punto de sumirse en el placer máximo, el que sólo se encuentra sodomizando a una bella dama dispuesta a serlo, en medio mismo de la clase de orgasmo más poderoso que hombre alguno pueda ofrecer, y que sólo una mujer al ofrecerse por primera vez puede recibir; empujó su gruesa verga hacia el fondo del ardiente culo de la preciosa doncella, sellando así para siempre el lazo que los unía desde su primer encuentro y que ya no podría romperse…

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