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  • La no muy inocente Laurita

    La no muy inocente Laurita

    Laura es la hija de unos buenos amigos. Me llamó para hacer un trabajo en mi ordenador y aclarar algunas dudas que no quiso explicarme por teléfono. Me preguntó si estaba solo en casa y pareció alegrarse al saber que sí. Mientras la esperaba, pensé extrañado el porqué de tal sorprendente visita.

    No tardó demasiado, su casa estaba cerca de la nuestra. Abrí la puerta y no pude evitar un gesto de asombro al verla: vestía una camiseta muy ajustada y una falda cortísima que demostraba un bonito cuerpo, aquellos 18 años estaban bien puestos, muy bien puestos. Mientras la invité a entrar no pude evitar admirar su figura de arriba a abajo, estaba realmente muy buena. Mi repentino interés le encantó y me dio dos besos en las mejillas satisfecha por mi sorpresa.

    Nos servimos dos refrescos y nos sentamos frente al ordenador, uno junto al otro. El espacio era reducido y apenas si cabían dos sillas en la mesa. Me explicó que su ordenador no funcionaba del todo bien y necesitaba escribir ese trabajo para el día siguiente.

    Sus preguntas eran constantes… ¿cómo va esto?, ¿qué tecleo?, ¿por qué no va eso?… pero yo apenas pude contestar pues perdí todo el interés por su trabajo y empecé a imaginar calientes y perversas historias con aquella joven. Mientras ella estaba centrada en el monitor, yo no perdía ocasión de admirar aquel espectacular cuerpo: su pelo negro con media melena, su cuello esbelto, unos pechos redondos y respingones, de cintura estrecha y una ridícula faldita que dejaba ver unas piernas de piel tersa y morena, todo realmente apetecible.

    La vergüenza me embargó por sentir tal deseo por aquella mujer, pero su proximidad me alteraba, sus gestos eran sensuales y provocativos, parecía encantada de despertar tal atención e intentaba exagerar sus movimientos para lucirse ante mí. Mi excitación iba en aumento y mis miradas se hacían cada vez mas descaradas. Me pareció que ella actuaba con falsa inocencia y era evidente que disfrutaba de mi nerviosismo.

    Con la excusa de acceder mejor al teclado preguntó si podríamos sentarnos en la misma silla, sentada sobre mí. No dio tiempo a mi respuesta, antes de poder negarme la encontré sobre mis rodillas y siguió tecleando como si tal cosa. Aquello acabó por volverme loco. Bajo mi pantalón emergía ya un enorme bulto que vibraba excitado y ella, al notar mis molestias, fue acomodando su culito hasta dejar aquel inquieto paquete entre sus piernas. Me invitó a teclear partes de su trabajo y al rodearla nuestros cuerpos se rozaban inevitablemente. El disimulo dejó paso al descaro y empecé a manosearla cuanto pude. Ella acepto encantada mis atenciones y su cuerpo se relajó dispuesta a gozar.

    Le aparté los cabellos a un lado y empecé a besarle el cuello con dulzura y deseo. Intenté sacarle la blusa y ella alzó los brazos para ayudarme, invitándome a disfrutar de su desnudez. ¡Que espectáculo! reflejados en el monitor pude admirar dos hermosos pechos redondos, calientes, saltones… mis manos los acariciaron lentamente mientras fundimos nuestros labios en un acalorado y jugoso morreo. Mis caricias la hacían temblar y suspirar de placer, su piel era suave y muy caliente.

    Mientras nuestras lenguas jugueteaban alocadas mis dedos seguían el contorno de sus pechos, acariciaban sus pezones, rodeaban y apretujaban aquellas firmes y excitadas tetas. La acaricié más y más, recorriendo todo su cuerpo. Lentamente me metí bajo la falda y descubrí asombrado que no llevaba bragas y su entrepierna estaba chorreando de placer. Deje caer la falda al suelo, quedo toda desnuda para mí, dispuesta a gozar de mis perversas atenciones. Mis expertos dedos empezaron a juguetear en su coñito, empezó a gritar y jadear sin control.

    Me agarró un dedo de la mano y se lo metió en la boca, mirándome lujuriosamente. Mi mano siguió tocándole entre los labios de aquel húmedo conejito, acariciando con dulces círculos su exaltado clítoris. Unos instantes de locura, jadeos, gritos, una brutal sacudida la estremeció por completo en una corrida descomunal. Me besó profundamente, el brillo de sus ojos me agradecía aquel intenso momento de pasión. En un susurro me confirmó que nadie la había hecho sentirse de aquel modo jamás, ¡me has vuelto loca!

    Tras unos breves descansos se levantó y empujó la silla bruscamente para hacerse espacio. Se arrodilló en el suelo frente a mi y lentamente me desabrocho el cinturón, la cremallera, los calzoncillos… todo parecía molestarle. No pudo evitar una exclamación de asombro al ver su nuevo juguete: mi pene se alzaba ante ella totalmente erecto, enorme, brutal, tenso, deseoso de participar en la fiesta. Sorprendida y admirada, me miró muy satisfecha felicitándose de poder disfrutar de tan descomunal porra.

    Sin duda, aquella niñata jamás había visto nada parecido, acostumbrada a los pequeños rabos de los chicos de su edad. Tras un eterno lapsus de contemplación, sus pequeñas manos se acercaron temblorosas a mi verga y empezó un juego de caricias que me enloqueció por completo. Con sorprendente habilidad me acarició la polla, los huevos, apenas si pudo rodear todo el tallo de mi cipote para agitarlo con firmeza. Yo gozaba alocadamente, mi pene temblaba excitado por tal abuso, aquella niñata me estaba masturbando con increíble destreza.

    Muy satisfecha por mi evidente disfrute, acerco su lengua y empezó a chuparme el cuerpo con maldad. Me besó las piernas, la cintura, los testículos… todo sin dejar de menearme el rabo como una zambomba. Mi capullo parecía reventar, sonrosado y brillante como una enorme seta rojiza y no tardó en tragárselo entero con deseo. Chupaba y chupaba con fruición, satisfecha como una niña con su helado preferido.

    Yo estaba viendo las estrellas, apunto de explotar, pero a ella no parecía importarle, seguía enjugándome todo el capullo mientras me agitaba el pene acompasadamente. Sus ojos me miraban con aire triunfal, segura de tenerme totalmente dominado. Le rogué que parara, pero no me hizo caso, no pude aguantar más. ¡Ahh!… brincando sobre la silla me corrí en brutales sacudidas, llenando su boca y su cara de semen. Ella estaba feliz, satisfecha de su trabajo, encantada de darme placer. Siguió chupando y chupando, hasta devorar la última gota de esperma. Su mirada me confirmó que no estaba dispuesta a darme ningún tipo de tregua.

    Sus caricias no cesaban, no me dio descanso alguno, y mi pene agradecido se le mostraba totalmente erecto y dispuesto a seguir dando guerra. Sin mediar palabra, se levantó sin soltar mi verga y se la acomodó entre las piernas, sentada de rodillas sobre mi. Su coñito estaba chorreando de nuevo, ardiente y dispuesto a gozar. Mi sorpresa iba en aumento, aquella joven empezó a pasearse el capullo entre los húmedos labios del coñito con una destreza que me convenció de que tenía mucho más de gatita que de virgen.

    Nos fundimos en un acalorado morreo mientras mi polla empezó a entrar en sus entrañas. Se estremeció de placer al sentir aquella enorme vara en su interior, que entraba y salía lentamente para abrirse camino. Aquello acabó por volverla loca del todo y susurró levemente… ¡es enorme!, me estas rompiendo, ¡follame, ¡follame toda!… ¿quién se iba a negar?, yo desde luego no. La abrace agarrándole el culo con ambas manos y la obligue a cabalgarme. Mi polla entraba y salía disfrutando del calor de sus labios vaginales, a cada golpe de mi capullo en sus entrañas ella gritaba loca de placer, sintiendo lleno su interior.

    Su piel quemaba y al tacto de mis caricias se estremecía agitada, no paraba de gritar escandalosamente. Mis envestidas fueron ganando ritmo, mis manos la manoseaban con locura, nuestras lenguas jugueteaban con desenfreno. Todo su cuerpo empezó a temblar sin control y empecé a joderla frenéticamente. La corrida fue mutua y brutal, mi polla le explotó por dentro y ella, al sentirla tan dura y voraz, gritó con todas sus fuerzas y se corrió también junto a mí, encharcándome el rabo, los muslos, la silla, aquella niña tenía un manantial entre las piernas.

    Nuestros cuerpos temblaban de placer. Reposamos exhaustos durante un tiempo, besándonos con levedad, podía sentir el frenético bombeo de su corazón. Sus ojos reflejaban un agradecimiento infinito, aquella niña se había sentido mujer “de verdad” por primera vez en su vida y me prometió otras muchas tardes de pasión y lujuria que yo acepté encantado.

    Era ya tarde, mi mujer debía estar a punto de llegar, y me ofrecí para acompañarla a su casa. Mientras ella se vestía me quede reposando en la silla, disfrutando del espectáculo: su cuerpo era escultural, sus curvas eran perfectas, aquella juvenil silueta lo tenía todo muy bien formado. Mentiría si dijese que a mi pene no le hubiese gustado librar una última batalla.

    Jamás olvidaré aquella primera experiencia, pero hoy esta absurda relación todavía continúa. Sus padres son unos buenos amigos y solemos quedar muy a menudo en reuniones, cenas, salidas, etc. Ella y yo seguimos disfrutando de nuestros cuerpos en secreto, aprovechando cualquier rincón para joder como locos. Esta joven me ha dado más placer que el resto de mujeres con las que he tenido sexo, y no son pocas. Debe ser el morbo de lo prohibido, no lo sé, pero siempre nos excita jugar con el riesgo de esta relación imposible.

    Lo más difícil es tenerla junto a mí en una reunión, evitar desearla, hablar con ella de otra forma y no como si de una amante se tratara, es realmente complicado aunque… ya hemos hecho mil locuras de difícil explicación: manosearnos en el asiento de atrás del coche de su padre, follarnos en la piscina de mi casa con toda la familia presente, cabalgar sobre la taza del baño de su casa mientras los demás dormían, masturbarla con los pies bajo la mesa en una cena de familia e incluso correrme en su boca en mi propia cama mientras mi mujer dormía a mi lado.

    Hoy incluso tiene novio, pero dice textualmente que “no se puede comparar”, el juguetito del niñito ni la llena ni se mueve como su polla preferida. Es sexo, es vicio, es una historia que sin duda acabará mal.

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  • Fracasé en mi intento por compartir a mi esposa

    Fracasé en mi intento por compartir a mi esposa

    Es un deseo que tengo desde hace muchos años porque quiero ver a mi mujer como goza con otros penes.

    Actualmente mi mujer tiene 42 años de edad y pese a estar gordita con el paso de los años, tiene unos senos hermosos, unas nalgas bellísimas que son un banquete a la hora de hacer el amor. Los años le han sentado muy bien.

    Nunca se ha rasurado la rajita, de hecho, la prefiero con sus vellos que son sumamente bastantes y que le dan un atractivo visual fascinante, sobre todo cuando se mojan con semen.

    Desde hace tiempo he tratado de convencerla para que disfrute con otros penes, pero siempre se ha rehusado con el fin de que me ama y que no está dispuesta a ser follada por otro hombre que no sea yo. No entiendo por qué se empeña en pensar en eso, sin ponerse a pensar en todo lo que gozaría al ser penetrada por uno o más penes al mismo tiempo.

    También le he dicho que cuando menos hagamos un trío con algún amigo o con uno de sus ex novios que cada que la ven se ponen a mil, porque sé que la desean, pero sigue insistiendo en que eso no está en sus planes.

    La verdad es que no sé qué hacer, porque lo que más deseo es verla cabalgar sentada en un pene, disfrutando, gimiendo de placer, pero sobre todo para que sepa la diferencia que hay entre mi pene y otro.

    Ya en una ocasión estuve a punto de convencerla, ya me había dicho que sí aceptaría, siempre y cuando no se volviera a repetir, que sólo me iba a dar gusto en cumplir mi fantasía, pero finalmente me manifestó que no, que estaba loco y que eso no era posible.

    Insisto en que mi mayor fantasía es ver que su rajita escurra semen de otro, que se venga en sus pechos, en sus nalgas, pero sobre todo que ella disfrute, que gima, que grite de placer y que yo observe como se comporta con otro pene dentro.

    Aun no puedo convencerla y espero que alguien que lea este relato me de consejos de cómo podría convencerla, para que ambos disfrutemos de esos momentos agradables del sexo.

    La verdad es que lamentablemente eso se ha quedado en fantasía, porque a pesar de buscar todos los mecanismos no la he podido convencer y por más esfuerzos que hago no avanzo, me doy por vencido, por lo que mejor buscaré otras fantasías para hacer realidad, las cuales consideró serán con algunas amigas íntimas que tengo.

    Les decía que por más estrategias que intenté, imperó la decisión de mi mujer de no dejarse coger por otros hombres, a pesar de que le hago notar que eso vendría a refrendar a un más nuestra relación de pareja que ya tiene muchos años y que ya ha caído en la monotonía.

    Por ejemplo, le menciono que así como a mi me gusta ver como le sale mi semen a borbotones de su rajita rosada, así me gustaría ver la leche de otros hombres que le escurriera cuando se la cogieran, o verla poseída por varios hombres, entre ellos uno por la cola, otro por la concha y otro en la boca y de ser posible que dos o tres se hicieran la paja y se vinieran en su espalda.

    Se que un error en mi petición fue lo que llevó al traste con la realización de mi fantasía, porque hubo un momento en que mi esposa reconoció que después de tantos años de vivir juntos, nuestro matrimonio está apagado, que no pasamos de las mismas posiciones y que meter a otro o a otros en nuestra cama habría venido a ser de gran satisfacción para ambos.

    Quiero decirles que durante las últimas semanas me he vuelto muy caliente, pero mi mayor diversión y excitación es mi mano. Quiero decir con ello que ahora gusto de masturbarme, lo hago a cualquier hora del día, ya sea en mi casa o en la oficina, lo importante es disfrutar, ver como salen los chorros de semen de mi pene totalmente erecto que anda en busca de una vagina caliente y mojada.

    Es tanta mi excitación que tengo sexo con mi mano en las mañanas, tratando de no se pillado por mi mujer, que la última vez que me encontró masturbándome se escandalizó con el argumento de que soy un enfermo sexual, que parecía un demente haciéndome una paja y a pesar de su coraje no me detuve porque estaba a punto de alcanzar el clímax.

    Para mi es satisfactorio ver como mi semen me escurre entre los vellos púbicos que me he rasurado y no sé qué le pasó a mi esposa de escandalizarse si a ella le fascina masturbarme, siempre lo ha hecho y cuando se cansa de hacerlo me pide que le ayude y veo que goza hacerlo, por eso a veces no entiendo a las mujeres.

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  • Cuando menos te lo imaginas

    Cuando menos te lo imaginas

    Insensata, inquieta y sutil desnudé mi cuerpo. Recorrí con la mirada cada parte de mi piel, recordando con frenesí esos momentos.

    —No estuvo bien —dije queriendo convencerme. Pero mi mano danzaba juguetona sin poder ni querer alejar esas sensaciones. Los recuerdos seguían mientras continuaba la exploración por mí misma y el calor aumentaba.

    Las caricias deleitaban todo mi cuerpo, deteniéndose en esa parte tan delicada y a la vez tan prohibida que tú llegaste a conocer y te proclamaste rey.

    Sí, esas sensaciones volvieron y cerrando los ojos me sentí de nuevo tu reina. Mientras una mano danzaba por mis senos, la otra jugaba lentamente con mi clítoris.

    —¡Oh! —Gemí sin poderlo evitar.

    Mi cuerpo comenzó a convulsionarse de placer y tuve que sofocar los gemidos que clamaban por salir, mi esposo no estaba muy lejos y si me oía de alguna manera te traicionaría. Pero… por otra parte… sentirme observada por mi marido sonaba muy tentador.

    Los recuerdos eran amargos, las sensaciones agradables y esa mezcla agridulce me llevó a aquellos ayeres cuando aún tenía dieciocho años:

    Te fuiste sin dar explicaciones. Desapareciste sin preocuparte de esta pobre adolescente: Enamorada, ilusionada y con la virginidad perdida. Sí, porque te llevaste todo lo que en aquel entonces era un tesoro para mí.

    La única pregunta que nunca pude responder fue:

    ¿Por qué?

    ¿Por qué te fuiste sin decir nada?

    Recuerdo muy bien el miedo que tuve al mes de irte. Me cansé de buscarte como loca y no saber nada de ti. Los rumores decían que habías huido, algunos que fuiste asesinado. Incluso se rumoraba que andabas en malos pasos.

    Pero el tiempo se ocupa de poner todo en su lugar. “Los años pasan y las personas cambian y maduran”. Al menos eso creía hasta que te volví a ver.

    Sí, ahora regresaste y a pesar de los años me parecías guapo a mas no poder. Quise oponerme a hablar contigo. Te rehuí las veces que pude. Pero el destino, el pasado y las ganas de verte pudieron conmigo.

    Los recuerdos eran demasiados, detuve el recorrido por mi cuerpo y decidí que era hora de meterme a la ducha, el agua helada taladraba mi piel. Se suponía que era para desahogarme, pero en mi mente solo vagaba tu imagen: ¡Desnudo, pretencioso y balbuceante!

    Tú, tú y de nuevo tú ¿Cómo era posible que me enamoraras? Te fuiste sin decir nada y de la misma manera egoísta volviste.

    Tus fuertes manos oprimieron mi espalda, tu barba estremeció mi piel, y tu voz gruesa pero sensual me hizo llegar al paraíso. Pero fue tu boca la que jugueteo con mi parte más sensible haciendo que mi cuerpo explotara de placer.

    ¡Oh mi cuerpo!

    Estaba entregado a tu manera, estaba poseído moviéndose a tu ritmo, Me penetrabas como un caballo salvaje. Hiciste de mí una pantera penetrándome con esa pasión que me hacía recordar a la más caliente película pornográfica. ¡Y yo era la protagonista!

    Mis senos bailaban al son que esa melodía tocaba. Pero no era música, era esa pasión que recorría como lava hirviente todo mi cuerpo. Por fin la excitación llegó a su límite, explotamos juntos y me apretaste con una fuerza que se me antojó sobrehumana.

    Dejé los recuerdos a un lado mientras terminaba de bañarme y otra vez me miré al espejo. Cerré los ojos intentando ahogar mis lágrimas. Ceder a tus encantos después de tantos años no sé si fue lo mejor. Creí que ya te había olvidado, pero con dolor comprendí que no.

    Estaba casada sino con el mejor hombre del mundo, sí con uno que me sacó del fango en el que me metiste. Era, es, un hombre bueno y cariñoso. Un hombre que supo calmar mis lágrimas cuando te fuiste.

    Sí, lo conocí, desde que platicamos por primera vez supe que él era el calmante de tu partida. Ni aun hoy podría describirte la avalancha de sensaciones que me envolvieron en aquel tiempo. Desee a Lucas mientras trataba de olvidarte.

    No me enamoré, no en aquellos ayeres, pero sí después, la fuerza de la costumbre y su trató fue lo que me hizo quererlo.

    Lo importante es que te olvidé, de mi matrimonio con Lucas nacieron dos hijos, el mayor estaba por entrar en la adolescencia. Nunca fuimos ricos pero se podría decir que estábamos en un buen nivel económico.

    Bien dicen que nada es perfecto.

    Cuando creí que todo se había olvidado. Llegaste a mi vida como un torrencial de agua fría. El pasado apareció de pronto y tuve que esforzarme para mantener todo normal.

    Te esquivé con la mirada, pero tú, terco como siempre has sido, me presionaste para vernos en un café. Cedí. Sí, cedí a una plática que se antojaba tan peligrosa como necesaria.

    Escogí el lugar más alejado de mi casa. Al principio traté de parecer fría. Pero después de escuchar tu historia, de mostrarme algunas fotografías y recortes de periódicos, pude constatar que efectivamente te tuviste que esconder porque eras un testigo encubierto.

    —No puede ser cierto —murmuré— No puede ser que estuvieras implicado en aquel asesinato

    —Desgraciadamente todo es verdad —dijiste mientras tensabas la mandíbula.

    Lloré sin poderlo evitar. Con gesto suave limpiaste mis lágrimas mientras murmurabas cosas tiernas. Mi corazón se estremeció y en ese momento perdí la cordura.

    Aquella noche terminamos desnudos en un hotel: Sudorosos, llenos de éxtasis, y de pasión. Tus labios recorrieron cada parte de mi ser, tus manos se apropiaron de mis carnes y tu miembro se hizo dueño de mi intimidad. Me enseñaste cosas nuevas, me entregaste lo más íntimo de ti, pero sobre todo aprendí que con el ano también se puede dar placer.

    No hubo necesidad de un condón. Al menos la pasión no lo creyó prudente. Pero que prudencia íbamos a tener si en esa noche tú fuiste un tigre y yo me transformé en pantera desgarrando tu piel con mis uñas, montándote e incluso tragándome tu semen.

    ¡Oh! ¡Si Lucas se llegara a enterar!

    ¿Cuántas veces hicimos el amor? ¿En cuántas diferentes posiciones?

    Fui víctima de un impulso o tal vez yo lo busqué a propósito. Lo que sí puedo decir, es que lo que ayer no me importó hoy puede tener fatales consecuencias.

    Caíste a mi lado extasiado, tu rostro cansado me inspiró ternura y te besé cariñosamente. Me rodeaste con tu brazo y platicamos tiernamente como antaño, como si nunca te hubieras ido.

    Pero hoy es hoy, he vuelto a la realidad.

    Fui infiel a mi marido, al que quiero y tengo dos hijos. Pero por el otro lado estas tú con un presente y una explicación coherente de lo que pasó. Aun así, sigues siendo ese fruto prohibido que probé en esa noche de pasión.

    Lo peor o lo mejor será mañana. Tengo que tomar una decisión y no se cual.

    —Cariño ven a dormir —Me susurró mi marido. Dejé de mirarme al espejo, apagué la luz y me dispuse a dormir mientras su brazo me atrajo a su cuerpo.

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  • Tuve una y consolé a otra

    Tuve una y consolé a otra

    Esto sucedió hace varios años cuando estamos en la Universidad, tenía yo 22 años, mi novia Nancy que es un cuero, esta retebuena, hecha un bombón, unos senos grandes y firmes, el culo un poquito chiquito pero firme y monte de venus plano que sugiere unos labios amplios.

    Ella de 19 años cursaba el segundo semestre de comunicación, por el clima de aquí Chihuahua, en primavera y verano el calor es agobiante, por lo que las ropas son escasas, por lo que mi novia usaba siempre short cortos y camisas ligeras, lo que hacía que me diera unas empalmadas muy seguido.

    Nosotros como novios éramos muy serios, según decía mi suegra, ya que no andábamos buscando como fajarnos en todos lados, con esa confianza mi suegra nos dejaba en su casa, cuando ella salía, Nancy solo tiene otra hermana que es diez años mas chica que ella y mi suegra siempre la traía como perrito faldero.

    Eso nos permitía darnos nuestros desfogues, mi suegro un ingeniero exitoso siempre tenía obra fuera de Chihuahua, por lo que se visitaba a mi suegra cada dos semanas, y a veces ella con su hija se iban a ver a mi suegro el fin de semana donde se encontraba. Mi suegra en esa época era una mujer con muy buenas tetas, de ahí la herencia de mi noviecita con muy buen cuerpo e iba al gym pues pensaba que mi suegro se le podía escapar.

    En una de las visitas de mi suegro, estando en la cocina con mi novia, oímos unos ruidos y silenciosamente me acerque, a la recamara de mis suegros, que escena mi suegra en cuatro patas, totalmente encuerada, mi suegro atrás colocándole su instrumento por el culo, agarrándole con las manos las tetotas y mi suegra bufando como una puta. Mi novia que me siguió, se quedó pasmada:

    -Ay mi papas… que cogida se están dando

    -Tan decentes que se veían

    -Ay Pedro tu siempre pensando que todos quieren

    En eso mi suegra inicia una serie de movimientos de mete y saca, por la posición, veíamos todo, ellos volteaban en lateral hacia la ventana, por lo que las nalgas de mi suegro firmes eran un espectáculo, pero al iniciar el entra y sale el instrumento de mi suegro quedo a la vista, un banano como de 20 cm delgado bastante delgado, pero lo que sobresalía era el ímpetu de mi suegra que mostraba signos de estarse viniendo, con un culo espectacular y mas horadado profundamente por ese instrumento, que hacía resaltar la redondez de las maravillosas nalgas de mi suegra.

    -Pedro que bien se mueve mi padre

    -Yo diría que buen polvazo se están dando, se ve que estaba dura el hambre

    -¿Qué crees?

    -Que tu mama si sabe satisfacer a un hombre, mira como le da.

    Mi suegra cuando va a llegar el orgasmo, se voltea, le agarra la verga que empieza a mostrar signos de agotamiento, se tira sobre la cama y la trae entre sus súper bubies, mi suegro se acomoda y empieza a moverse, cada vez que sobresale entre sus turgentes pechos, mi suegra le da un lengüetazo, lo que todavía acelera mas a mi suegro, que grita que ya no puede, mi suegra acelera sus lengüetazos y mi suegro termina aventando su semen sobre la cara y pelos de mi suegra, que aunque trata de que todo quede en su boca, el semen se expande por toda su cara.

    -Pedro que calientes son mis padres –mostrando unos ojos desorbitados.

    -Y tu tan recatada. Estoy sorprendido –mientras busca en mi short acariciar mi instrumento, que con la escena trae un empalme sensacional.- De tal palo tal astilla, como se ve que eres hija de tu madre

    -Ay Pedrito, tu cachondo –sin soltar.

    Mi suegra y suegro se funden en un beso y chupeteo con el que limpian todo resto, en esos besos.

    -Se le está volviendo a parar –me dice novia, que baja el zíper de mi pantalón yo busco sus nalgas sin perderme un detalle, el espectáculo de mis suegros esta mejor que las películas porno de mis amigos.

    -Si parece que va a seguir la acción

    -Que caliente es mi mama

    -ya ves

    -y siempre me anda diciendo que hay que ser recatada, que hay que cuidarse

    -si, pero no en la cama

    -cabroncito, tu nada mas piensas en eso –ya me había liberado el instrumento y me lo estaba suavemente acariciando

    -yo creo que en la cama, en pareja se debe dar todo, sino para que la intimidad

    -ay caliente

    En eso mi suegra se monta sobre suegro y le ofrece su cuca, mi suegro –por el ángulo era lo que nosotros veíamos, tratando de que no nos detecten- abre sus labios sobre su cuquita rosadita, bien depilada, con unos pelitos arreglados cortitos en forma circulo, que se veían sensacionales, mi suegro comienza a meter su lengua hasta encontrar el clítoris, nos dimos cuenta porque mi suegra empezó a bufar, a los pocos minutos, mientras mi suegra mamaba el cilindro de mi suegro, empezó a temblar e inmediatamente, mojo la cara de mi suegro al tiempo en que los espasmos y sonidos inundaban el cuarto, mi suegra se venía monstruosamente.

    Mi suegro no soltaba el clítoris de mi suegra y a los pocos minutos volvió a temblar, mi suegro le indico que se iba a venir, mi suegra empezó a moverse aceleradamente y lleno otra vez la cara de mi suegro con sus líquidos, que por mas que mi suegro trataba de limpiar no podía, en ese momento mi suegro termino siendo recibido por la boca de mi suegra, quien absorbió en su boca el líquido guardado por mi suegro.

    Los dos estaban agotados, mi suegro se volteó y beso a mi suegra compartiendo parte del semen, que se mostraban en las comisuras de los labios de mi suegra, mi suegro se los lamía, vimos que se abrazaban.

    -Nancy vámonos antes de que se den cuenta

    -sale

    Corrimos hacia la cocina, y ahí nos sentamos en la mesa, empezamos a platicar.

    Mis suegros agotados se quedaron dormidos.

    -Nancy que buena lección nos han dado tus padres

    -¿Como crees?

    -si que buena lección nos han dado

    -No eso solo es para parejas

    -¿Y que somos nosotros?

    -No es para cuando están casados

    -¿tú crees?

    En eso suena el timbre, era Alicia la hermana de Nancy, que Yolanda la comadre de mi suegra, traía de una fiesta infantil.

    En eso baja corriendo en bata mi suegra

    -Alicia ¿Ya llegaste?

    -Si mama, mi tía Yolanda quiere hablar contigo

    -Dile que ahora bajo, que pase a la sala

    Mi suegra rápido se enfundo un vestido, no traía brasier, pero sus pechos estaban firmes y se ve que no se puso braguitas, porque las nalgas se denotaban espectacularmente –tiene mejor contorno que los de su hija-.

    Alicia nos saludó y se fue a su cuarto porque no había hecho la tarea, mi novia estaba espantada, no creía lo que pasaba en su casa.

    -María -así se llamaba mi suegra- tengo un problema y quiero que me aconsejes.

    -Si, Yolis

    Nosotros con el morbo, nos acomodamos cerca de la puerta que daba a la sala y la abrimos un poquito, escuchábamos todo, mi novia mi agarro el instrumento y empezó a agitarlo.

    -Estoy tan súper encabronada

    -¿Por…?

    -Pues fui a la oficina de Ramón y que no estaba, le pregunté a la secretaria y que tenía una cita con un cliente

    Mi novia muy exaltada agitaba fuertemente mi verga, mostrando signos de aceleramiento, mi pene está muy excitado, le indique a Nancy, la que sin chistar bajo su boca, tomando el glande y lo empezó a besar suavemente, después me lamía el tronco, sentía yo la gloria, mi instrumento se endurecía, no quería perderme la plática…

    -Pues interrogo a la secretaria y le digo o me dices o te…

    -Ay Yolis que cabrona eres

    -SI ya estoy harta…

    MI novia me estaba llevando al final, ella movía rítmicamente su cara, haciendo que yo estuviera a punto.

    -Pues me dijo que la reservación con el cliente era en el Holyday Inn

    Le indique a mi novia que me vendría…

    -¿y que hiciste? –le pregunta mi suegra

    -Pues que agarro mi coche y me voy para el Holy

    -No te mides

    -Es que este hijo de la chingada, ya me tiene harta, llega tarde y no se le para, llevo mas de dos meses que ni me toca

    -Ay Yolis..

    -Si como tienes tu toro todas las semanas

    -¿Cómo crees? Con tanto trabajo y el cansancio, ni podemos

    -mi cabrona, si se ve a todas luces, que te acabas de darte un festín

    -¿Cómo crees?

    -No traes nada en tu ropa y tu maridito debe estar reponiéndose de los cinco o seis orgasmos que te dio.

    -¿Cómo piensas eso? -esbozando una sonrisita de santurrona.

    En ese momento ya no me aguante entre la calentura interna y la plática, las imágenes de mis suegros que rebotaban en mi mente, me vine, mi novia recibió todo mi semen en su boca, no me di cuenta que ella, con el masaje al clítoris que le daba, se estaba viniendo, al grado que expulso sus líquidos, que mojaron mi dedo e inundaron su braga, menuda platica, menuda mamada, me sentía en otro mundo.

    -Bueno si no me tienes confianza –replico Yolis

    -Está bien –ruborizándose- nos acabamos de echar un buen polvo

    -Ya ves

    -La verdad es que mi José es buen amante y le gusta la variedad

    -Se ve

    -¿Cómo?

    -He visto que cuando te ve, se le llena el pantalón

    -¿Qué se nota?

    -Que no te das cuenta que las mujeres bien cogidas no tienen que decirlo

    -Bueno pues que voy al Holy y que pregunto por el cuarto, que soy su esposa y me dan la llave

    -¿Cómo?

    -Pues voy al cuarto, lo abro y que lo encuentro en plena acción con tu comadre Sarai

    -La esposa de Juan

    -Pues la cabrona lo estaba cabalgando

    -Arriba de el

    -Pues si

    -¿Qué hiciste?

    -Que me paro enfrente de la cama, trataron de cubrirse, pero no podían, la muy cabrona de Sarai está muy bien conservada a pesar de ser tres años mas grande que yo, muy firmes las tetas y depiladito el durazno

    -Pero Yolis como te fijaste tanto

    -Mi Ramoncito con el instrumento bien amorcillado, no muy grande como te he platicado.

    -Ay Yolis tu con los detalles, me estas ruborizando.

    -Mira déjate de sandeces que todavía sientes la verga de tu marido en tu culote

    -Pero Yolis como crees

    -Eso y mas, y el cabroncito de Ramón con otra.

    -¿Qué paso?

    -Pues que le dije a Ramón que se vistiera y que por nosotros todo había a acabado y que por favor quería los papeles del divorcio mañana, si no hablaría con mi compadre Juan y el se encargaría

    -Hija de la mañana, si sabes que tiene fama de matón

    -Pues…

    -¿Qué vas a ser?

    -Primero tengo muchas ganas de vengarme

    -Como crees…

    En eso por la escalera baja mi suegro perfectamente vestido, con una sonrisa en la boca.

    Mi novia que me dice:

    -oye Pedro ya son las 10 y ya sabes como se pone mi papá…

    -Si mucho respeto, después de lo que vimos

    -cállate no te vaya a oír –poniéndome la mano en la boca.

    -está bien, ya me voy nos vemos el domingo en la tarde cuando regresen de ver a tu abuela.

    Salgo yo de la cocina y me despido de mi novia en el hall, mi suegro mira el reloj, el cabrón ha de querer el área despejada para seguir con su farándula. Me despido de él y de mi suegra que estaba con Yolanda.

    -Hola Yolis, ¿Cómo estás? –dice mi suegro.

    -Pues ahí pasándola, ya te contara Mari –le contesta Yolanda.

    -Oye que bien te ves….

    Me dirijo a la puerta, me despido de un beso de mi novia y me encamino a mi casa que está a cinco cuadras.

    Cuando llego a la Avenida Principal, veo que Yolanda me hace señas, desde su Explorer, me detengo y me alcanza, me dice:

    -Oye Pedro, me siento sola me gustaría platicar contigo.

    -Si

    -Súbete.

    Nos dirigimos hacia el Parque estrella, una extensión que se encuentra a las afueras de la ciudad, me cuenta lo que paso, yo lo volví a oír –no le podía decir que estaba detrás de la puerta con Nancy- me dijo que estaba muy dolida, le dije que en lo que quiera si la podía ayudar.

    -Pedro tú crees que soy atractiva

    -Como no Yolis, estas muy bien

    Ella se ruborizo, y me dijo:

    -Lo dices por compromiso, como crees

    -Te digo estas rebuena

    Por cierto, Yolis es una mujer de pechos chicos, de 52 años, con unas piernas exquisitas bien torneadas, delgada pero muy, muy nalgona consecuencia de sus anchas caderas, bien cuidada a pesar de su edad, que por cierto mi verguita volvió a las andanzas con la conversación, yo con el short que traía no podía ocultarla.

    -Si Pedrito, si pareces mi hijo, Ramón nunca quiso encargar ningún chamaco y vivimos solos

    -Si pinché Ramón, lo cabrón que salió y tan pendejo que se metió con la esposa del desgraciado de Juan, ¿a ver como le va?

    -Si desgraciado

    Ya estamos dentro del Parque, por lo que estaciono el coche, el parque es una extensión ajardinada con un poco de bosque, refugio de las parejas.

    -Pedro, te voy a pedir un favor –dirigió la vista a mi bulto, que mostraba su turgencia.

    -Dime, lo que tú ordenes

    -Necesito un instructor

    -¿Cómo?

    -Si necesito un instructor que me ponga al día de lo que mi maridito, dejo de hacer conmigo.

    -¿SÍ?

    -Quiere que me ayudes a vengarme de mi marido, pero no quiero parecer novata.

    -¿lo que tu mandes?

    -Si quiero que me enseñes a dominar el arte comer bien en la cama

    -¿yo?

    -Si tu

    -¿Por qué crees que sirvo para ello?

    -He visto como tienes de satisfecha a Nancy

    -Como crees solo somos novios

    -¿no me digas que no te las has cogido? –tocando suavemente sobre mi short.

    -Bueno si, pero no es para tanto.

    Se bajo de la camioneta y me dice:

    -Ven acompáñame

    -Si

    -Mira lo he pensado, por eso le platiqué todo a tu suegra, los vi como te la mamaba y como se la hiciste hasta que se vinieron juntos.

    -bueno, que cabrona eres

    -Si lo que requiero son tus servicios profesionales –mientras nos acercábamos a la zona arbolada, vimos a una pareja compartiendo sus cuerpos, los dos nos miramos y seguimos caminando- no sería gratis, con lo que me dar el cabrón de Ramón te completo, no te va a ir mal, además de que a lo mejor te doy el título de instructor profesional

    -¿cómo crees?

    -Si creo

    En eso se me acerca y me da un beso en la boca, compartiendo su lengua que busca la mía, se prolonga, electrizando mi cuerpo, me desabrocha el short y me lo baja, se hinca y baja mi bóxer, y en eso salta liberado mi instrumento, que ella empieza a acariciar con vehemencia, yo busco sus nalgotas, le subo la falda y veo su tanga roja, la separo de mi verga y la empiezo a morrear, le acaricio las nalgas, busco su hoyo, lo encuentro, está muy estrecho, le meto un dedo.

    -¿quieres culearme?

    -Si, si voy a ser tu instructor, yo decido que

    -SI mi Pedrito, aunque ¿no duele?

    -Es que nunca me dejé con Ramon, siempre me las pedía, pero nunca se las di.

    -Ahí está el error

    -Estréname mi amor

    En ese momento la puse en cuatro patas y empecé a acaríciale el ano con una mano y con la otra empecé a buscar el clítoris, poco a poco vi como se iba aflojando, le metí dos dedos, sin soltar su clítoris, empezaba a exhalar.

    Viendo que se iba venir, acelere el roce sobre el clítoris, mientras le metía el tercer dedo, por lo que ella empezó a mostrar que iba a venirse, su cuerpo se estremeció.

    -Pedrito me vengo

    -Deja a tu instructor seguir

    -Mmmmh… mmmh.

    -¿Te gusta?

    -¿Cómo le haces Ramon en sus 22 años nunca me tuvo a así tan rápido?

    -Solo estamos empezando el entrenamiento –mientras su cuerpo inicio el proceso de descarga.

    Al instante su vulva inundo mi mano con un líquido abundante, mientras profería unos alaridos escandalosos.

    -Cógeme… me vengo… métemela…

    Seguí con mi ritmo y a los tres minutos se vino por segunda vez con mas fuerza, en ese momento retiré mis tres de dedos de hoyito y le metí de un solo golpe mis 16 cm de cipote de un solo golpe.

    -Síguele… Síguele…

    Continué acariciando su clítoris y cuando sentí que iba venirse por tercera vez, acelere el recorrido de entrar y salir por el hoyito, que espectáculo, con esas nalgotas tan sabrosas y vírgenes, de forma que cuando sentí su cuerpo temblar, descargue mi banano en su ano, inundando mi semen las cavidades de su retaguardia.

    -Que rico… que rico… que bueno eres…

    -Es lo que necesita mi alumna…

    Seguía dándole a su clítoris y movía mi ayudante que no había perdido fuerza, aunque ya sin potencia…

    Me mantuve un rato y por fin la saque, desparramando parte del semen en sus piernas.

    -Pedro que bueno eres…

    -Si tu lo dices

    -Vamos a mi casa y ahí le seguimos…

    -No, por hoy es suficiente, es una lección cada vez

    -Vamos…

    -No, tu instructor te dice que mañana seguimos, además Nancy no va a estar hasta el domingo, así que podemos avanzar en varias lecciones.

    -SI ¿¿tú dices??

    -Si, a si debe ser

    -Por cierto –mientras se volvía a poner su tanga enseñando su triangulo todo lleno de pelambre larga- necesito para mañana que prepares varias cosas

    -Si lo que tu digas

    Nos fuimos encaminados hacia la camioneta, ella conmocionaba sus nalgotas, que volvieron a endurecer mi aparato.

    Arranco su camioneta y nos dirigimos hacia mi casa, sus piernas mostraban los desechos de la guerra, semen con su liquido lo cual con la luz de la noche, brillaba generando un rico empalme en mi aparato –que buena esta la cabrona y tan abandonada.

    -Cuando estés lista me avisas al móvil

    -Mañana en la mañana, me trae Ramon los papeles del divorcio y ya que estén te hablo

    -Si pero, hoy en la noche con la rasuradora de tu marido, debes depilarte la chochita…

    -totalmente…

    -Totalmente.

    -Incluido el ano que tiene mucho pelitos y tus axilas, después te das un baño de tina y te pones las garras mas sexy que tengas, con medias, sino tienes ve a Liverpool y cómprate lo necesario, de varios colores para cada lección.

    -Si Pedrito…

    Nos encaminamos al rumbo de mi casa, cuando nos acercamos le dije que me dejara en la avenida que esta a la vuelta de mi casa para evitar especulaciones.

    -Si Pedrito…

    -Nos vemos te espero

    Me acerque a ella, le di un beso que duro casi dos minutos, lo que me puso cachondo, me baje del coche y le dije:

    -Adiós, duerme tranquila y bien porque mañana no se si puedas…

    -Lo haré…

    Caminando hacia mi casa, pensaba que noche, eran las 12 y media y primero la actuación de mis suegros, la segunda la mamada de mi novia y luego la primera lección de Yolis, que consuelo le di, que noche, en fin, mañana será otro día.

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  • Mi tía Vicky

    Mi tía Vicky

    Saludos cordiales, lo que a continuación os contaré fue la historia que me ocurrió el verano pasado, real por increíble que pueda parecer, pero creo que las relaciones entre familiares son algo bastante común, pero que por la moral y la sociedad nos vemos obligados a esconderlas, por eso yo la daré a la luz, porque lo que viví con mi tía fue algo que además de la parte sexual incendiaria también me hizo darme y aprender a cómo dedicarme a una mujer para que obtuviese el máximo placer que yo le pudiese dar.

    Os contaré que soy un chico de 21 años, no os diré lógicamente de donde soy, sí os diré que vivo en una gran y bonita ciudad de España, el caso es que soy un chico alto, de 1,86, delgado, con los pectorales marcados, lo cual me ha sido siempre fácil además de mi labia, el encontrar alguna joven de mi edad con la que pasar el rato.

    Nos fuimos a un pueblecito del norte de España donde solíamos pasar las vacaciones, de siempre. Mi tía tiene 47 años. Es rubia con el pelo corto, muy morena de piel, se cuida muy bien, porque aunque es ama de casa, digamos que no hace mucho, hace una vida de mujer acomodada, ya me entendéis, salir con las amigas a tomar café, etc., vamos que en casa todo lo hace la asistenta.

    Llegaron esos días en lo que iba a disfrutar yo de esos días de vacaciones en el pueblo con mis padres, mis tíos, mis primos. Tenía una prima Ainhoa de 18 años que también estaba de vicio, pero nunca llegué a nada con ella, sí que me sirvió de enlace para que en el verano pasado estuviese todas las vacaciones follando con una amiga suya de su misma edad, en el monte, en nuestra piscina.

    El caso es que llegó la mañana en la que como de costumbre me gustaba ir a casa de mi tía a buscar a mi prima Ainhoa para dar una vuelta por el pueblo, tomar un aperitivo, etc., pero mi prima se había ido y no me había dicho nada lo cual me mosqueó un poco, pero al fin y al cabo ella tenía su vida y no iba a estar todo el rato pendiente de mí.

    –Hola cielo, pasa… no está tu prima ¿eh?

    Me quedé sorprendido pues no me lo esperaba.

    –¿Y eso?, yo venía para ver si salíamos un rato, pero si no está pues nada ya me pasaré a la noche o mañana por la mañana.

    –Nada que se ha ido a pasar el día a la playa (la playa quedaba a unos 50 km del pueblo), así que hasta la noche no creo que vuelva, se ha ido con Belén, con Irune y con Itziar.

    –Ah bueno, pues nada entonces…

    –No pero… pasa si quieres, y tómate algo no seas tonto.

    La verdad es que no pude rechazar la invitación, mi tía llevaba una falda blanca y una camiseta ajustada roja y tenía puesto el delantal. Joder, si es que cada vez que veo a mi tía tengo que ir al baño a tirarme una paja porque si no me da algo… es superior a mí.

    Me senté en el sofá y mi tía me sirvió una Fanta de naranja, (la Coca-Cola a secas no me gusta, solo con whisky, para beber solo, prefiero Fanta).

    –Ponte la tele o juega unas partidas con la consola de Ainhoa si quieres, yo estoy aquí solita porque el tío se ha ido con los amigos a pescar al río y estoy aquí más aburrida de una ostra, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras.

    No pensé en ningún plan para follarme a mi tía, pues lo veía como un imposible. Tenía pensado jugar un rato a la consola y luego irme con mis amigos a la piscina un rato. De repente decidí intentar algo con mi tía, fui al baño y me encontré con unas bragas sucias en un cubo pues es allí donde tenían el cubo de la ropa sucia, sabía que eran de mi tía por el olor, tengo muy buen olfato y sabía distinguir perfectamente el sabor y olor del coño de mi tía con el de mi prima Ainhoa.

    En el salón llegó mi tía, ya había terminado de preparar la comida y se puso a charlar conmigo de todo, hablamos de sexo y de forma natural cuando estábamos hablando sobre el tamaño porque había salido una encuesta que decía que el tamaño medio de los españoles era de 13,58 cm, y mi tía me preguntó que si yo superaba esa media.

    –Yo sí, yo tengo más de eso afortunadamente.

    Mi tía sonrió y no pudo evitar fijarse en mi bañador que si de por sí era ajustado no podía ya disimular más la pedazo de erección que yo ya tenía, mi tía se acercó más a mí y empezó a acariciarme el paquete, yo empecé a hacer lo mismo con sus muslos… al principio nos quedamos como dudando, ¿qué estábamos haciendo?

    Bueno el caso es que ella al igual que yo estaba muy caliente, así que no dudé un momento en levantar su falda y acomodarme de rodillas delante del sillón a comerla su coño, desde la cara interna de sus muslos, su clítoris era bastante grande, sus labios sonrosados… mmm qué sabor, todo en ella era morboso, estaba mareándola el culo y mi tía no paraba de gemir hasta que después de un rato una avalancha de flujos inundo mi cara, pensé que se había meado pero no era así, joder cómo se había corrido la tía…

    Después de eso me hizo una mamada de campeonato de rodillas, lamiendo desde la base hasta el glande y sintiendo sus labios en mi miembro me puse a mil, la avisé de que me iba a correr y ella esperó mi corrida con la boca abierta, salieron cinco trallazos enormes que impactaron en su boca…

    –Mmmm qué leche mas rica tiene mi sobrinito, decía mientras me limpiaba los restos de semen de la polla.

    Desde aquel momento mi tía y yo hacíamos todo lo posible para sacar un rato en el cual pudiese comerle el coño o ella se pudiese comer mi polla, incluso un día que también la pija de mi prima se fue con sus amigas de fin de semana al campo… pasé todo el fin de semana con mi tía haciendo muchas locuras, follando, sexo anal, lluvia dorada, pero eso es otra historia.

    Desde aquel día ya no me interesan las niñas de mi edad y sólo me intereso por las señoras y las mujeres de verdad de más de 35 años. Y he tenido muchas experiencias con mujeres maduras todas ellas fabulosas.

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  • Obsesionado por los grandes pechos de mi hermana

    Obsesionado por los grandes pechos de mi hermana

    Esta es la palabra exacta que define mi historia. Primero tengo que decir que tengo una novia que se llama Mónica; una chica atractiva, majilla. Y luego que tengo una hermana llamada Sandra -y con perdón por ser su hermano- que tiene un par de melones por pechos.

    He salido sólo con dos chicas. Con la que estoy ahora y con una anterior llamada Patricia. El caso (y voy a ser muy sincero) es que siempre me ha obsesionado el que mis parejas no tuviesen ese cuerpazo que tiene mi hermana. Creo que la culpa de este pensamiento obsesivo la han tenido mis padres que me educaron consintiéndomelo todo.

    Mi hermana en cambio ha tenido muchas más relaciones que yo, es como he oído alguna vez que se dice, “promiscua”. Desde luego que no me extraña.

    Debo decir que mi vida sexual con mi novia es excelente pero siempre he tenido una gran pasión irrefrenable por Sandra.

    Lo que voy a contar ocurrió en un momento especialmente delicado. Es el azar el que te conduce a las situaciones más insospechadas. Mónica me había sido infiel y me lo había contado todo. Se sentía culpable y quería favorecerme de alguna manera. Y a mi hermana le había abandonado su novio, cosa que le había producido un estado depresivo bastante grande. Mónica que la aprecia mucho me preguntaba constantemente por ella.

    Bueno, pues coincidimos en cierta ocasión los tres solos en casa. No recuerdo de que estábamos hablando y no sé si fue Mónica o Sandra la que sacó el tema de que podíamos bañarnos los tres juntos. He de decir que ambas son muy ingenuas y que no tenían presente el sexo en ese mismo momento.

    Nuestra bañera es grande y pueden caber hasta tres personas. Nos desnudamos y nos metimos. Yo disimulaba, haciendo como que no veía los tetones de mi hermana (ya se los había visto otras veces).

    Me senté en un borde, llegándome el agua hasta la cintura, mi novia en medio y Sandra en el otro lado. Lo de que se trataba realmente era de lavarnos mutuamente la cabeza; así mi novia enjabonó mi pelo y empezó a restregar. Luego me echaba el agua encima para aclararme. Tengo que decir que yo estaba empalmadísimo. No sé cómo ni de qué manera me levanté un poco y se me vio la polla dura.

    -Vaya -Dijo Mónica.- En que momento te ha ido a suceder esto. Si está tu hermana. -Entonces me besó en la boca-. A esto habrá que ponerle remedio.

    Entonces mi hermana se levantó y se marchó.

    -Os dejo chicos que os divirtáis -nos dijo.

    Me puse en cuclillas y enjaboné la cabeza de Mónica. Me levante con mi polla recta. Se la metió en la boca. Así mientras frotaba su cabeza ella me la chupaba. Me estaba volviendo loco. Lavándole la cabeza.

    Cuando estaba a punto de correrme oímos un teléfono. Mi hermana golpeó con los nudillos en la puerta.

    -Es para ti Mónica… llaman de tu casa.

    Salió de la bañera, se pasó una toalla para secarse, y se la arrolló para no salir desnuda.

    Y entró mi hermana.

    -¿Habéis terminado? -me dijo.

    -Si -le mentí.

    Así que se volvió a meter en la bañera. Con sus bamboleantes senos. El agua me llegaba a la cintura y no se me veía el pene tapado por el agua grisácea y jabonosa.

    -Lávame el pelo anda -me dijo.

    Se acercó a mí, notando su aliento en mi boca. Se lo enjaboné y comencé a frotar. Sus pechos estaban frente a mí y me estaba quedando bizco. Y no pude aguantar más. Me erguí sacando mi larga polla y eché el cuerpo de mi hermana hacia mí. Apretujé mi polla contra uno de sus senos hasta que logré meterla entre los dos.

    -¡Vaya! -me dijo.

    Yo suspiré. Estaba muy colorado. Se dio cuenta. Entonces se apretujó los senos aplastando mi polla.

    -No pasa nada. Vale. No pasa nada -me decía meneándomela con sus pechos. Hacía esto mientras yo toqueteaba su pezones.

    Me corrí llenando su cuerpo de esperma que se enjuagó rápidamente con el agua.

    -¡Qué no vuelva a suceder más! -me dijo.

    Yo me quedé aliviado.

    En ese momento entró mi novia. Terminamos de aclararnos.

    -Lo dejamos para otro momento -me dijo Mónica- pensando que todavía estaría deseoso de sexo.

    Así sucedió todo.

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  • La lección de papá

    La lección de papá

    Sé que lo que hice está mal y que no lo volveré a hacer, pero hay veces en que los padres tenemos que hacer cosas que pueden no estar muy bien vistas. A lo mejor esto es solo una excusa, porque lo cierto es que desde que mi hija Carlota fue creciendo, me empecé a sentir atraído por ella de una forma inadecuada y salvaje.

    Mi mujer y yo nos habíamos separado hacía ya unos cuantos años porque no nos aguantábamos. Lo mismo le pasó a mi hija y terminó mandando a paseo a su madre, mudándose a mi casa en cuanto cumplió los 18. Ella, Carlota, tenía un novio, un chico que no debe ser mala persona, pero sí bastante paradito. Ya antes de que pasara lo que os voy a contar, yo sabía que nunca haría disfrutar a mi hija en la cama como se merece toda hembra.

    En cuanto los dos chicos terminaron la carrera, se decidieron a casarse. Ambos tenían 22 años y ganaban lo suficiente como para alquilarse un pisito y empezar una vida en común. Mentiría si dijera que estaba contento porque me comían los celos. No sabéis cuántas veces espié a mi hija mientras dormía, casi siempre en verano, que lo hacía medio desnuda. Al principio estaba acojonado, pero lógicamente me fui soltando con los días. Como tiene el sueño muy profundo, poco a poco me atreví hasta a tocarla, solo rozarla, porque me daba miedo que se despertara y me pillara ahí, sentado a su lado en la cama y completamente empalmado.

    Un día llegué a su habitación y vi que se había quedado dormida completamente abierta de piernas con una mano metida dentro de sus bragas, apoyada completamente en su coño. Seguramente se había estado acariciando… ¡Uuuuis!, todavía me pongo malo cuando me acuerdo. En fin, que me animé a tocarle un poco los labios que había dejado entreabiertos y de pronto abrió más la boca y empezó a mamar de mi dedo como si fuera un chupete, mientras frotaba suavemente su coño con la mano que aún tenía aprisionada con las bragas.

    En ese momento creí que me correría sin ni siquiera tocarme, pero lo cierto es que estaba cagado por si se despertaba de repente y en cuanto pude sacar el dedo de su boca me fui a mi cama sigilosamente, donde me pajeé a placer unas dos o tres veces antes de conseguir calmarme.

    Pues llegó el día de la boda y Carlota se levantó muy animada, lógicamente. Acabábamos justo de desayunar juntos. Fue un rato bastante corto, como el de cualquier otro día, pero la noté mucho más cariñosa conmigo que cualquier otro. Se levantó de la mesa para contestar una llamada del móvil. Era su amiga Claudia, a la que estaba esperando para que la ayudara a vestirse. Por lo visto había pinchado en mitad de ningún sitio y no iba a llegar a tiempo para ayudarla. Al principio se puso un poco nerviosa, pero yo la abracé suavemente para reconfortarla y le dije que yo sería su asistente.

    -Pero, papá, ¡tú no sabes nada de vestidos ni de arreglar a una novia!

    -¡No me subestimes! -traté de animarla-. Ve a la ducha y cuando estés lista me avisas para que te ayude.

    La convencí bastante rápido y me fui a duchar yo también. Imaginaréis que mi ducha fue a una temperatura muy baja, aunque no ayudó mucho porque no podía dejar de pensar en que iba a poder tocar a mi hija más que ninguna otra vez en la vida. Estaba dispuesto a llegar hasta donde pudiera sin que ella pensara que era un cerdo.

    Carlota no tardó mucho en llamarme. Me recibió en su habitación con la bata puesta. Se acababa de dar una mano de esmalte de uñas y no podía tocar nada, así que estaba en una posición que parecía un espantapájaros.

    -Papá, vas a tener que ayudarme porque no quiero fastidiarme las uñas

    -Claro, ¿qué quieres que haga? -le pregunté.

    -Quítame la bata, porfa.

    Era evidente que mi hija confiaba en mí, bueno, me veía como lo que soy, o sea, su padre, lo que me hacía sentir un miserable porque a mí me excitaba su cuerpo tanto que necesitaba arrancarle la poca ropa que llevaba y tirarla donde fuera, ahí mismo y follármela. Me acerqué a ella por delante y le deshice el nudo de la bata con cuidado para no tocarla de manera que ella pudiera sentirse mal. Como vi que no le daba ni la más mínima importancia, le abrí la bata y se la quité con facilidad. Ante mí apareció una diosa en ropa interior blanca de encaje y unas medias rematadas con un liguero fino y una flor azul. Ya se sabe, por eso de las novias que tienen que llevar algo azul, supongo.

    Cuando me acerqué a la cama para dejar la bata sobre ella, no pude, (ni quise), evitar ver su glorioso culo adornado con un sensual culotte de encaje. Me fascina el culo de Carlota y eso que ella siempre ha tenido complejo porque decía que lo tenía muy gordo. ¡De gordo nada! Necesitaba estrujar esas dos masas de carne dura. Me dio vergüenza mi propio deseo. Aquella era mi hija y se iba a casar en unas horas. Tenía que dejar de pensar así y ponerme en manos de un especialista. No podía pasarme la vida masturbándome pensando en ella o incluso pensando en ella cuando follaba con otras mujeres.

    -Papá, por favor, levántame un poco el bustier, que noto que se me está arrugando por los lados.

    ¿Bustier? ¿Y qué coño era eso? Estaba tan excitado que tardé en relacionar bustier con busto y darme cuenta de que quería que le tirara hacia arriba de ese sujetador grande con unas barras a los lados que hace tan buena figura y que por lo visto se llama bustier, así que me puse detrás de ella, que todavía estaba con los brazos en cruz y metí dos dedos de cada mano entre la tela y sus costados, tirando para arriba.

    -Vale, ahora por delante un poco, porfa

    Casi me muero, pero con dos cojones me puse de frente a ella y repetí la operación, pero esta vez no me quedó más remedio que rozar los laterales de sus tetas. Al tirar hacia arriba de la prenda temblaron como flanes. Ella me miraba a los ojos sonriendo. Tenía la impresión de que estaba mirándome con cara de estar cachonda, pero no podía ni creérmelo.

    -¡Ay, papá! ¡Tira un poco más que la parte de delante se arruga!

    Descaradamente le cogí de las copas del bustier y metí los dedos. Ahora sí que le estaba rozando los pechos, pero ella tan campante, aunque seguía divertida, yo creo que porque ya me estaba viendo que empezaba a sudar ligeramente. Volví a tirar de la puta tela aquella haciendo que sus dos tetas se juntaran al centro. Yo no podía dejar de mirar a su canalillo imaginando mi polla justo ahí. Carlota dejó escapar un gemidito sin dejar de mirarme.

    En ese momento pensé que tenía que salir de allí. Aquello estaba yendo demasiado lejos y mi pobre polla a punto de reventar. Necesitaba un poco de amor propio antes de salir para la iglesia, pero cuál fue mi sorpresa cuando Carlota ni corta ni perezosa me dice:

    -¡Mierda! ¡Papá! Lo siento, tanto esfuerzo para nada. Se me ha olvidado la crema.

    Me miró con cara de pena y lo último que yo quería era que mi niña se pusiera triste en un día como ese, así que me ofrecí a dársela. Me dio la espalda y empecé a aplicarle la crema con una mano, muerto de vergüenza y con una erección de tres pares de cojones.

    -Papi, desabróchame el bustier, que lo vas a manchar.

    Tratando de no morir de infarto, le desabroché el puto bustier, que ella se sujetó por la parte de delante pudorosamente. Bueno, pensé que después de todo no me estaría lanzando señales de las que yo creía ver y me sentí más cerdo aún, pero con la polla igual de tiesa. Así como si le diera vergüenza empezó a hablarme y a pedirme consejo.

    -Oye papi, ¿tú crees que me dolerá mucho?

    Nunca me había preguntado nada relacionado con el sexo y yo supuse que ya lo habría hablado en su momento con su madre, pero parecía tener algunas dudas a esas alturas.

    -No sé… Pero, cariño… a estas alturas… ¿no has hecho nada todavía?

    -Jejeje, papá, cómo eres. ¡Pues no! Estábamos esperando a este día, precisamente.

    Mi hija era virgen y el tonto de su novio seguramente también.

    -¡¿Así que sois vírgenes los dos?! -dije sin disimular mi asombro.

    De pronto mi hija se dio la vuelta y levantó la barbilla como pidiéndome que le pusiera crema por delante también.

    -Aha -contestó.

    -Pues no es buen asunto que ninguno de los dos tengáis ni idea. ¿Sabes lo que yo creo? -dije parándome ante ella.

    -¿Qué?

    -Que tenías que haber dejado que te desvirgara alguien con experiencia.

    -¡Papá! Solo he tenido este novio y lo sabes -me contestó entre risas.

    -No te hablo de casarte, sino de que te enseñe a… bueno, tú ya sabes.

    -Jajaja. Sí, ya sé, pero en cualquier caso ya es tarde, ¿no?

    En ese momento separó las manos de su cuerpo y volvió a poner los brazos en cruz, con lo que el bustier cayó al suelo y sus pezones quedaron apuntándome a mí directamente.

    -Bueno, anda, ponme la crema que al final se va a hacer tarde -me dijo mirándome a los ojos.

    Tuvo que darse cuenta, seguro, de como me tenía. Yo creo que hasta jadeaba. ¿Qué otra cosa podía hacer? Me puse un buen pegote de crema en las manos, me las froté y aunque podía haber disimulado y haber empezado por los hombros o el cuello, me fui a posar directamente en sus tetas. Ella gimió y me miró. Yo no podía levantar la vista de sus tetas. Sus pezones se iban endureciendo en cada pasada. Los froté en círculos pasando las yemas de mis dedos por encima de ellos, notando todas las rugosidades y la piel encogiéndose en cada pasada. Le apreté las dos tetas e inconscientemente me pegué más a su cuerpo. Carlota no se movía del sitio.

    -¿Es así cómo se hace? -me preguntó en un tono muy sensual.

    Me sorprendió la pregunta y tardé en contestarla.

    -¿Cómo se hace qué?

    -¡Papá! -protestó caprichosamente- Pues eso de lo que se habla, del calentamiento previo, los preliminares…, ya sabes. ¡No me hagas hablar más, que me da vergüenza!

    Sinceramente, no sabía qué decirla, pero ahí seguía moviendo y espachurrando sus pechos, lo que a ella debía gustarle a juzgar por el tamaño que adquirieron sus pezones. Entonces bajó sus brazos sin previo aviso y sus tetas aparecieron más grandes y más juntas ante mí. Posó sus manos en mi cintura y noté como me tiraba del polo hacia arriba para sacármelo del pantalón. Aquello era demasiado y tenía que ponerle freno de inmediato. Yo era el adulto responsable, claro que cómo decir eso mientras le magreaba las tetas a mi hija. Carlota me sacó el polo por completo y metió sus manos por dentro, acariciándome la espalda.

    -Pero, ¡¿qué haces, Carlota?! -le dije soltándola inmediatamente y echándome para atrás.

    No pude decirle nada más porque no sabía qué. De pronto me sentí como un gusano cuando vi que por su preciosa cara rodaban dos lagrimones.

    -¡No, por favor, mi niña! ¡No me llores! – le dije apenado.

    Entonces se abrazó a mí y rompió a llorar apoyando su cabeza en mi cuello. La había reprendido por algo que yo estaba deseando hacer hace siglos y me sentía fatal. La abracé con más intensidad y ella se pegó a mí como una lapa. Noté sus tetas contra mi pecho y deseé haberme dejado quitar el polo antes.

    -Lo siento, papi -dijo más tranquila.

    -Mi niña, soy un cabrón -le dije acariciándole la cara y echándole el pelo hacia atrás.

    Entonces ella se secó la nariz y se volvió a abrazar a mí, mirándome a los ojos acercándose mucho, tanto que cuando menos me los esperaba, cerró los ojos y apoyó sus labios suavemente contra los míos. No me pude ni mover.

    -Papi, enséñame tú -me dijo y volvió a besarme- No quiero que me enseñe nadie más que tú.

    ¿Qué podía hacer? Me lo pedía así, tan tiernamente… después de todo no era tan mala idea y a lo mejor les estaba haciendo un favor a los dos para su futura vida sexual, así que decidí dejar de luchar contra mis impulsos y la agarré por la cadera atrayéndola más hacia mí. Me pegué a ella y volvió a acariciarme la espalda por debajo del polo. Yo la agarré la cabeza con las dos manos y con suavidad le abrí más la boca para meterle toda mi lengua bien hasta adentro. Le gustaba, porque respondía con su cuerpo pegándose más a mi, acariciándome con más pasión, abriendo su boca y dejando que su lengua luchara con la mía.

    -¡Papá! ¡Enséñamelo todo!

    -Tranquila, mi amor. Aquí está tu papi para que no te pille nada por sorpresa. Ven -le dije cogiéndola por un brazo llevándola hasta su cama.

    La senté en el borde y me agaché de manera que sus tan ansiadas tetas me llegaran a la altura de la boca. Ella estaba muy erguida, supongo que estaba tensa. Me acerqué despacio mirándola a los ojos. Con mi mano derecha le agarré el pecho por abajo y me acerqué con la boca abierta entresacando la lengua para que me viera bien lo que hacía. Ella suspiró esperando lo que venía.

    -Mira, Carlota. Mira como te como las tetitas.

    -¡Oh, papá!

    Me deleité todo lo que quise mordisqueando, lamiendo y succionando sus pezones, pasando la lengua de arriba a abajo, en círculos. Iba de uno a otro para no dejar a ninguno desatendido, mientras mi hija me agarraba por el pelo jadeando suavemente.

    -Espera -le dije.

    Ni mis piernas ni mi polla aguantaban más en esa posición

    -¿Has visto alguna vez a tu novio desnudo?

    -No -dijo ladeando la cabeza.

    Me desabroché los pantalones y me los quité junto con los calzoncillos a velocidad récord. Allí estaba yo, en pelotas, con la polla como una estaca, delante de mi hija. Ahora era ella la que tenía mi verga delante de su cara. Me quedé quieto a ver si ella hacía algo, pero me di cuenta enseguida que no sabía qué hacer con eso.

    -Dame tu mano -dije cogiéndole la mano y llevándosela a mi sexo-. Acaríciame, mi amor… Así, de arriba a abajo, suavemente

    Lo estaba haciendo muy bien y la dejé que jugueteara un rato con mi polla para que se familiarizara con ella. Entonces me acerqué más a ella y la cogí por la cabeza con cuidado para que se la metiera en la boca. Lo hice muy despacio para que no se asustara.

    -Abre la boca, hija -le pedí- Ábrela y chúpame la polla, corazón.

    Le metí la polla en la boca y me empecé a mover despacio dentro de ella, sin metérsela mucho, recordando que era la primera vez que lo hacía.

    -Suave, Carlota. Suave, con los labios. Llénala de saliva y jamás uses los dientes. Eso es. Muy bien.

    Mi hija me chupaba la verga con gusto, porque se notaba. Fue ella la que se la metió más adentro y me la agarró con las dos manos. No me extraña, porque el tamaño era de campeonato a esas alturas y con lo cachondo que estaba. Tuve que parar porque me iba a correr sin remedio.

    -¡Nooo! -protestó Carlota- Dame un poquito más, papá.

    -Espera, si sigues así me correré y tengo que cumplir con mi cometido, cariño.

    Ella no dijo nada más y me obedeció cuando le dije que se sentara apoyando la espalda contra el cabecero de la cama. Tenía las piernas estiradas y juntas, yo creo que estaba un poco cohibida por lo que fuera a pasar.

    -Carlota, cielo, ¿te acuerdas cuando eras pequeña y jugabas en el arenero?

    -Sí, papá, ¿por?

    -Siéntate como entonces.

    Sabía que así me entendería perfectamente. Sin tardar, flexionó las dos rodillas a la vez y cuando las tuvo pegadas al pecho abrió las dos piernas completamente dejándome ver su precioso y sonrosado coño, abrillantado por los jugos que emanaban de él. Me arrodillé delante de ella y me chupé un dedo despacio, poniéndolo inmediatamente en su pequeño clítoris y bajándolo hasta la entrada de su vagina. Deshice el camino y lo repetí tres o cuatro veces más. Para entonces Carlota había dejado de gemir y había empezado a gritar.

    ¡Ay, papá! ¡¿Qué me haces?! ¡Por Dios, ¿qué me haces?!

    Sin darme cuenta, mi hija se corrió.

    -¡Cariño, te has corrido! ¡Qué rápido! Bien, eso es bueno -expliqué- Cuantas más veces mejor.

    Me acerqué a ella y la besé suavemente. Ella me abrió su boca ansiosa y me rechupeteó los labios y mi propia lengua. Estaba claro que necesitaba más y yo no podía aguantar ni un minuto. Volví adonde estaba todavía ella con las piernas abiertas y pude ver como todavía le latía el coño. Antes de que fuera demasiado tarde, me tiré literalmente con la boca abierta en todo su sexo jugoso y se lo lamí como si la estuviera besando en la boca, entre sus gritos y los tirones de pelo que me pegaba.

    -¿Te gusta como papá te come el coño, mi vida?

    -¡Sí, sí! ¡Por favor, papá, no pares! ¡No pares!

    Después de unos minutos de chuparle todo el coño, en cuanto presentí que se volvería a correr, sin levantarme ni dejar de mover mi lengua alrededor de su clítoris, le metí un dedo en la vagina, al principio con dificultad, pero después entraba y salía de maravilla, tanto que justo cuando se volvió a correr le había metido y sacado tres dedos a la vez, eso sí, despacito y delicadamente porque no quería hacerla daño.

    -Muy bien, cariño -le susurré al oído mientras me tendía encima de ella- Ahora viene lo mejor.

    Ella abrió los ojos y sonrió. Se abrió completamente de piernas y levantó el culo todo lo que pudo invitándome a entrar.

    -¡Fóllame, papá! ¡Taládrame con tu polla!

    Me dejó completamente atónito. No me parecieron palabras propias de mi Carlotita, pero me pusieron más cachondo aun de lo que ya estaba, así que no quise tardar más en montarla.

    -Mírame -le ordené a mi hija- Quiero que me mires mientras te la clavo, cariño. Atenta, que esto va a ser rápido. Me has puesto tan cachondo que no creo que aguante mucho.

    Puse todo mi cuidado en metérsela. Era como si mi verga tuviera vida propia. Ella solita se dirigió al húmedo agujero que la aguardaba con ansia. Mientras, yo besaba a mi hija y le acariciaba las tetas estrujándole los pezones entre mis dedos, lo que le ponía tan cachonda que tenía que dejar de besarme para gritar. Cuando se la metí entera en ese chocho apretado como pocos, comencé a moverme despacio sacándole y metiéndole mi polla que solo quería reventar en ella. Mi hija empezó también a moverse debajo de mí.

    -¡Fóllame, fóllame, papá!

    -¡Sí, hija, sí! ¿Quién te va a follar a ti mejor que tu padre?

    -¡Nadie, papi. Nadie…!

    Mi hija volvió a correrse otra vez justo antes de que lo hiciera yo. Pensé haberla sacado antes de tiempo, pero no quise cuando llegó el momento. Preferí dejarla llena de mi leche pensando en que iría por ahí el día de su boda con todo el semen de su padre mojando su precioso coño.

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  • Mi vida como sumisa. Complaciendo a mi amo con sexo oral

    Mi vida como sumisa. Complaciendo a mi amo con sexo oral

    Según las indicaciones de mi amo, entré al salón avanzando a cuatro patas como la perra que soy, con las pinzas apretadas en los pezones, un collar de perra en el cuello, el “plug” en el culo y en el coño, un vibrador controlado por él. Me acerqué a mi amo, que se encontraba recostado en el sofá y me puse de rodillas entre sus piernas abiertas, admirando su presencia con un pantalón negro de traje, una camisa blanca y unos zapatos a juego con el traje. Al ver que le estaba comiendo con la mirada sonrió arrogante, disfrutando de la vista con su puta a sus pies, a la espera de sus órdenes.

    Me ordenó chuparle la polla hasta que se corriera en mi boca; me incorporé y, con mis manos, empecé a desabrocharle el botón del pantalón, luego la cremallera y, finalmente, deslizando su pantalón por sus piernas con dirección al suelo, dejé su polla a mi alcance. Empecé a pajearle con mi mano mientras lamía la punta; al sentir su sabor gemí y, sin poder aguantar, me la metí entera en la boca y empecé a mamársela lentamente.

    De repente, el vibrador se encendió, haciéndome temblar y gemir como una puta necesitada, deseando complacerle con la esperanza de que me dejara correr, aunque en el fondo deseaba que me torturara y me hiciera sufrir. Intentando ignorar la vibración, me la metí hasta el fondo, ahogándome con su polla y babeándola toda hasta que tuve que separarme para respirar. Mientras jadeaba en busca de aire, empecé a tocarle los huevos y la polla simultáneamente, sintiendo cómo su polla crecía en mi mano; sin apartar mis manos de aquel irresistible trozo de carne, reinicié la mamada.

    Al cabo de unos minutos, aumenté el ritmo y empecé a metérmela cada vez más al fondo, al punto de ahogarme con cada embestida; pareció gustarle, ya que le escuché gemir un poco y subió la vibración al máximo. Temblando de necesidad y chorreando el suelo con mis fluidos, traté de contener mi orgasmo mientras continué ahogándome con su polla, al tiempo que le miraba a los ojos con lágrimas y babas chorreando de mi cara.

    A este punto, mi cabeza se movía de manera descoordinada, lo que molestó a mi amo, porque tomó la correa y tiró con fuerza pegándome a él hasta casi no poder respirar; me agarró del pelo y empezó a follar mi boca con agresividad, como si de un juguete se tratase, atragantándome con su polla. Yo no podía parar de gemir, temblando de necesidad por como me usaba, sumado a las vibraciones que me volvían loca; me dejé llevar, me era imposible pensar correctamente.

    Transcurrió un tiempo en la misma dinámica, él follaba mi boca mientras me decía lo buen objeto que era, recordándome su prohibición para correrme. Sin poder evitarlo, gemí más fuerte a causa de su trato humillante, intente apartarme para respirar, pero él tenía otros planes, me agarró con fuerza y me follo violentamente la boca mientras me ordenó masturbarme rápidamente el coño; así lo hice, mientras la necesidad de esta perra por correrse aumentaba vertiginosamente, conteniendo el intento de orgasmo que llevaba tiempo al borde del clímax, queriendo estallar.

    Viendo cómo sufría, llorando de necesidad, retiró su polla de mi boca y se corrió en toda mi cara, dejándome con restos de semen, caliente y espeso, cayendo desde mi frente hasta la barbilla, por mi pelo, ojos y tetas, en una asquerosa mezcla de babas y lágrimas. Una vez satisfecho, me ordenó parar la masturbación, aunque el vibrador seguía encendido a su máxima velocidad; su siguiente orden, no limpiar nada de mi cuerpo, quedé sorprendida, pero no tenía ninguna alternativa, más que acceder a sus deseos como mi único dueño y señor, con todo el derecho de hacer conmigo lo que desee.

    Caía la noche y, con ella, la hora de dormir; me metió en la jaula y me ató cada rodilla a un extremo para asegurarse de que no pudiera cerrar las piernas, las manos, a su vez, las ató junto con las rodillas. Retiró las pinzas de mis pezones y las reemplazó por crema vibradora, creando una necesidad incontrolable en mis pezones y en mi clítoris. Finalmente, me puso la mordaza, ordenándome no hacer ruido durante la noche; riéndose de mi situación, me dejó atada en la jaula con el vibrador y la crema con una irónica y humillante despedida: descansa como puedas.

    Con sus pasos alejándose de mí, aumentó mi desesperarme por la vibración en mi coño, retorciéndome y tratando de tocarme para aliviar la tortura, algo claramente imposible a causa de mis ataduras. Sin darme cuenta, empecé a gemir cada vez más fuerte, un gran golpe en la jaula me sobresaltó, recordándome de inmediato que debía callarme ya.

    Larga noche, pues no pude dormir absolutamente nada, estuve toda la noche temblando de necesidad, llorando y retorciéndome, cuando no de placer, por dolor.

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  • Mi esposa Cinthya y mi viejo jefe (6)

    Mi esposa Cinthya y mi viejo jefe (6)

    No podía quedarme tranquilo después de lo que presencie, las imágenes y los gemidos de Cinthya aún se escuchaban en mi mente, así que me levante y salí de la habitación dejando a Cinthya dormida plácidamente esbozando una sonrisa, me preguntaba cómo podía ella dormía tranquilamente después de lo que hizo hace unas horas con ese viejo. Camine tratando de enfriar mis pensamientos, por momentos quería encarar a Cinthya y decirle todas sus verdades, pero primero tenía que enfrentar a mi jefe.

    Me dirigí hacia el departamento de don Ernesto quería enfrentarlo y estaba decidido a terminar este asunto de una vez por todas y largarme con Cinthya. Llegué a su habitación y no estaba, intuía que podía estar en el departamento de don Mario y me dirigí ahí. La puerta estaba abierta y pude escuchar que los viejos estaban adentro riéndose, solo entre para enfrentarlos, no se habían dado cuenta que había entrado, cuando iba a hacer notar mi presencia.

    -esas madres si funcionan jajaja hubieras visto a la culona como la tenía-escuche a mi viejo jefe decirle a su amigo.

    -Ta’ que te pasas Ernesto yo también quería gozarme a esa diosa

    -¡y dale con eso! Que culpa tengo yo que seas un pendejo como te vas a dormir jajaja

    -y si le ponemos otra vez la pastillita si afloja otra vez, anda no seas cagon.

    Con lo que hablaron los dos viejos entonces era obvio que habían puesto algo en la bebida de Cinthya, por eso estaba tan receptiva con los viejos. Todo fue obvio en ese momento no fue culpa de mi esposa, ella fue “obligada” a actuar de esa forma y entregarse a mi jefe, yo estaba hirviendo en ira y no aguante más y lo enfrente.

    -son unos miserables! -entre iracundo. ¡Como pudieron hacerle eso a Cinthya desgraciados! -directo me lancé a don Ernesto. El de inmediato me detuvo y me redujo el viejo tenía demasiada fuerza.

    -cálmate pendejito

    -¡suéltame!

    -si no te calmas no te voy a soltar.

    -¡que le dieron a Cinthya! -grite con odio

    -cálmate Héctor, y hablemos -el viejo trataba de tranquilizarme

    Estuve tratando de liberarme, pero era imposible hasta que mis fuerzas se terminaron.

    -así tranquilito muchacho jaja

    -porque le hicieron eso a Cinthya -pregunte

    -pos somos hombres y tu esposa esta bien rica -dijo con descaro don Ernesto.

    -¡los voy a denunciar malditos!

    -¿y que vas a denunciar? ¿Que tu esposa te hizo cornudo? Jajaja, ¿serias capaz de hacerle eso a Cinthya?

    -¡ustedes la obligaron!

    -yo no hice nada -dijo don Mario

    -cállate Mario -dijo don Ernesto con autoridad. Mira muchacho no hay nada que puedas hacer ya me cogí a tu esposa y punto.

    -¡cállate asqueroso!

    -¡te dije que te calmes pendejo!

    -¡la obligaron!

    -nadie la obligo a nada muchacho simplemente paso y ya jaja.

    -¡aléjate de ella!

    -hagamos una cosa Héctor para que no hagas un escandalo que pueda perjudicar a tu esposita.

    Quede viendo al viejo con odio y el comenzó a hablar.

    -sabes que si haces un escandalo de esto me vas a perjudicar a mí, pero saldré bien librado tengo mis contactos, pero Cinthya va a quedar como una mujer infiel y tu quedaras como un cornudo mas del montón. Te propongo que no digas nada y no hagas nada que sigas con tu vida con tu esposa, y yo no me acercare a ella, es mas la voy a evitar para que estés tranquilo, “yo no la voy a buscar” ¿escuchaste?

    Me quede en silencio unos momentos pensando en las palabras del viejo, aunque era un desgraciado tenía bastante razón, Cinthya saldrías perjudicada por esto y ella no tuvo “mucha” culpa.

    -¿de verdad no se acercará a ella?

    -tienes mi palabra muchacho jeje.

    -si no lo cumple le diré a ella que la drogo para que se acueste con usted y no me importara nada.

    -ya jaja yo no me acuesto yo follo muchacho jajaja -se reía como un desgraciado. Pero está bien.

    -esta bien solo lo hare por ella.

    Sali del departamento furioso, pero al menos el viejo ya no se acercaría a mi esposa, solo lo hacía por ella.

    Regresé a la habitación con Cinthya, ella fue una víctima de don Ernesto, aunque estaba decepcionado no podía culparla, supuse que a mí también a mí me habían dado algo por eso estaba como zombi. Con todo esto en mente llegue a la puerta de la habitación me quede unos segundos frente a la puerta dándome valor para poder verla y entre. Ella estaba en la ducha y espere a que saliera. Estaba perdido en mis pensamientos hasta que Cinthya salió de la ducha.

    -¡Cariño! Donde estabas -decía ella mientras me abrazaba

    -solo sali a caminar, estabas dormida y no quería despertarte.

    -mm bueno llegamos tarde ayer así que dormí un poquito más jeje -dijo nerviosa

    -si no me acuerdo ni como llegue.

    -don Ernesto me ayudo a traerte jeje.

    -entiendo y al final quien gano.

    -emm bueno no terminamos el juego jeje.

    -lo siento por ti cariño.

    Cinthya se vistió y me pregunto que quiera hacer hoy.

    -¿cariño que quieres hacer hoy?

    -¿que tal si nos vamos de este lugar? -le dije mirándola seriamente

    -¿que? ¿Por que quieres irte? Todavía nos quedan 2 días

    -solo decía, pensé que querías irte también.

    -em bueno yo quiero quedarme jeje -decía ella con su sonrisa alegre y tierna.

    -bueno entonces tu decide que quieres hacer hoy cariño -esperando su respuesta.

    -emm bueno vamos a desayunar y ahí pensamos sí.

    Salimos de la habitación y nos dirigimos a desayunar, podía notar que Cinthya estaba bastante alegre y tranquila, pareciera que lo de ayer no la había perturbado ni un poco, por el contrario, se veía radiante, aunque por momentos la veía distraída. Durante el trayecto ella volteaba a todos lados como buscando algo o a alguien. Estábamos desayunando, pero ella estaba en silencio obviamente era raro ya que ella siempre hablaba de cualquier cosa durante las comidas.

    -¿pasa algo Cinthya?

    -emm no cariño jeje -mientras salía de sus pensamientos y se acomodaba el mechón de cabello que caía sobre su bello rostro.

    -¿bueno ya pensaste que podemos hacer hoy?

    -si vamos de compras, a 15 minutos hay muchas tiendas jeje

    -si esta bien como gustes cariño.

    -y podemos decirle a don Ernesto que nos acompañe -dijo convencida

    -¡no! -dije exaltándome.

    -¿por que no cariño?

    -pues este digo, no creo que pueda no vamos a molestarlo, Cinthya.

    -claro que no, seguro el va estar feliz de ir con nosotros.

    Yo estaba cada vez más molesto, aunque ella fuera inducida a revolcarse con don Ernesto como podía querer compartir más momentos con él, y lo peor podía ver en ella un destello de emoción por la idea.

    Terminamos de desayunar y estuvimos caminando por los alrededores, estábamos conversando de lo que quería comprar, pero de pronto pudimos ver a don Ernesto que estaba caminando, de inmediato Cinthya trato de llamar su atención alzo sus delicados brazos y lo llamo, pero al parecer el no escucho, así que en un acto de desesperación empezó a brincar deseando que el viejo la note, mientras hacía eso sus perfectas tetas revoloteaban dentro de su camiseta que la hacían ver sensual. Logro que el viejo nos viera, pero de inmediato la mirada de don Ernesto se desvió y siguió su rumbo, pero Cinthya en un acto desesperado apuro el paso para alcanzarlo.

    -¡don Ernesto! -llamo mi esposa emocionada

    -ah hola Cinthya jeje -dijo viéndome como dudando.

    -lo estábamos llamando hace rato ¿no nos vio? Jeje -se comportaba como una adolescente

    -este no pos no me había dado cuenta jeje

    -jaja bueno que distraído -mi esposa lo toma del brazo.

    -pos para que soy bueno Cinthya.

    -ah si mi esposo y yo vamos a ir de compras y nos preguntábamos si quisiera acompañarnos jeje.

    En todo momento veía a don Ernesto como quien diciendo que cumpla lo acordado.

    -pos es que yo eh… Tengo que hacer algunas cosas damita, no voy a poder jaja.

    -¿de verdad? ¿Está seguro? -Cinthya estaba rogando.

    -si lo siento damita, mm bueno pos mejor me voy jeje -dijo el viejo alejándose presurosamente

    Cinthya estaba desanimada por la negativa de mi jefe, pero igual quiso seguir con el plan de las compras. Salimos del club y fuimos al centro comercial que me hablo Cinthya, estaba bastante cerca así que no demoramos mucho en llegar. Visitamos muchas tiendas y de diferentes tipos. A ella le fascinaba hacer compras.

    Fueron diferentes prendas que Cinthya y yo compramos, de tanto pasar por las tiendas me quede cansado y Cinthya propuso que la espere en unos asientos mientras ella compraba unas ultimas cosas y que no tardaría, así que acepte y de verdad no tardo mas de 20 minutos y volvió con unas bolsas le pregunte que había comprado y ella dijo que eran unas ropitas que le gustaron.

    -hoy si compraste bastantes cosas Cinthya.

    -sí, pero me gustaron todas así que no pude resistirme jeje.

    -lo se cariño

    -ven amor -me atrajo hacia ella y me dio un tierno beso. “Sabes que te eres el amor de mi vida”

    -lo se cariño -y esta vez fui yo quien busqué su boca.

    Volvimos al club repleto de bolsas y fuimos a la habitación a dejarlas, durante el trayecto Cinthya propuso ir al disco-bar, pero yo me negué, y ella por primera vez me insistió en hacer algo que no quería, pero después de tanto me convenció, total podía confiar que mi viejo jefe cumpliría su palabra y por eso no estaría en el bar.

    Pasaron las horas y nos alistábamos para ir al disco-bar, a pesar de lo acontecido en esas vacaciones no podía permitir que Cinthya sea catalogada de formas soeces, la amaba y eso me consolaba, su hermosa sonrisa iluminaba mis días y no podía permitir que se apague.

    Fuimos al disco-bar yo me había puesto un pantalón azul simple y una camisa blanca, Cinthya por su parte llevaba puesto algunas cosas que había comprado en las tiendas, como es su top negro corto y ajustado dejando sus hombros y su abdomen plano descubiertos, una faldita negra de cuero que se ajustaba a su cintura y a sus nalgas que llegaba hasta un poco más debajo de la mitad de sus tonificados muslos, esto le daba un toque llamativo, sus sandalias de tacón transparente que visualmente alargaban sus piernas, y para acompañar su chaqueta de mezclilla de un tono claro esto le daba un contrate fresco a su estilo, ella estaba hecho toda una belleza y derrochaba sensualidad con su caminar.

    Con tan solo entrar todas las miradas fueron directamente a Cinthya, yo pasaba a segundo plano, la música era variada y decidí disfrutar nuestro momento así que la saque a bailar, estábamos bailando entretenidos, pero podía ver que Cinthya buscaba a alguien de manera disimulada, pero volvía a verme y sonreía animadamente.

    Bailamos un buen rato y fuimos a una mesa al sentarnos pude ver que la falda de Cinthya se subía aun mas y dejaba muy descubierta sus piernas. Fui por unas bebidas y cuando estaba en la barra un sujeto se acerco a ella, “otra vez” me dije, pero no tuve que interferir porque Cinthya le dijo algo y el sujeto se retiro raudamente. Volví a la mesa con las bebidas.

    -¿y ese tipo que estaba acá?

    -buenos cariño quería sacarme a bailar, pero le dije que no porque estaba con mi esposo -me dijo sonriendo

    -muy bien cariño jeje -dije orgulloso.

    Seguimos bailando y ya estaba cansado, por primera vez le seguía el ritmo a Cinthya y eso me hacia sentir muy feliz. Pero mi felicidad se apago cuando vi a don Mario entrar acompañado de unas féminas bastante jóvenes (no tanto como Cinthya) y atrás de todos estaba don Ernesto. Ellos se sentaron en una mesa alejados de nosotros y empezaron a charlar. Pude ver que Cinthya tenia la mirada puesta en ellos, y apenas termino la música me tomo la mano y fue hacia donde se encontraban.

    -buenas noches señores -dijo mi esposa

    -Cinthya jeje estaban aquí no los había visto.

    -si mi esposo y yo quisimos bailar un poco -se notaba que Cinthya estaba algo enojada

    -me alegro por ustedes -acoto don Ernesto.

    -buenos no los interrumpimos más diviértanse -dije tratando de alejarme con Cinthya.

    Prácticamente aleje a Cinthya de la mesa de ellos.

    -con razón don Ernesto no quiso acompañarnos.

    -mm no lo sé -la mire incómodo.

    La música empezó nuevamente y Cinthya me llevo a bailar, ya no estaba divirtiéndose o al menos no me parecía que lo hiciera. Pude ver que ella observaba disimuladamente la mesa de don Ernesto quien no daba muestras de interés en mi esposa, lo cual me dejo tranquilo, pensaba que ya era tiempo de salir del disco-bar. Termino la música y volvimos a la mesa.

    -cariño creo que ya deberíamos irnos.

    -emm no porque cariño es temprano -respondió mi esposa mientras bebía.

    -¿segura?

    -si jeje nos quedamos siii.

    Mientras hablábamos la música empezó nuevamente y una de las acompañantes salía a bailar con don Ernesto, la música era tropical y movida, ambos lo bailaban bastante bien el viejo la tomaba como quería y le decía cosas, aunque ella era bastante atractiva no podía compararse con mi esposa. Ellos seguían bailando y Cinthya estaba bastante atenta a lo que pasaba en la pista de baile. La mujer se movía candemente al compás de la música y sobre todo al ritmo que quería don Ernesto.

    No sé en qué momento Cinthya me tomo de la mano y ya estábamos bailando cerca a don Ernesto y su compañera, ciertamente el viejo no estaba incumpliendo su palabra. Mientras bailábamos Cinthya seguía viendo de manera disimulada lo que hacía don Ernesto. La música termino y don Ernesto se fue a su mesa tomado de la mano de su compañera, lo mismo hicimos nosotros, Cinthya estaba bastante confundida se notaba, pero lo disimulaba.

    -cariño ya vuelvo jeje -mientras se dirigía al tocador.

    Espere a que ella volviera y decirle que ya era momento de irnos, no espere mucho y ella ya estaba de vuelta esta vez con una sonrisa en sus labios.

    -¿nos vamos? -le dije

    -no cariño vamos a bailar más jeje.

    -es que ya estoy cansado cariño -esperaba su respuesta afirmativa para irnos.

    -no te preocupes jeje descansamos un momento -dijo sonriendo.

    La música comenzó nuevamente y seguíamos en la mesa, Cinthya estaba atenta a lo que pasaba en la mesa de los viejos.

    -em cariño mientras descansas iré a sacar a bailar a don Ernesto jeje.

    -¿cómo? -pregunte incrédulo.

    -si amor voy a provechar que esta sentado jeje, ya vuelvo sí.

    No me dejo decir nada, Cinthya se levantó de inmediato y fue hacia la mesa de don Ernesto, desde mi ubicación apreciaba que don Ernesto ponía peros a lo que Cinthya decía, pero ella fiel a su persona lo tomo de la mano y prácticamente lo jalo hacia la pista. Cinthya se veía tan hermosa y sexi con su diminuto vestido llevando de la mano a ese viejo tras ella era una imagen increíble.

    La música seguía sonando y Cinthya ahora si se veía animada en compañía de mi jefe, bailaban en sincronía y excelencia, Cinthya y don Ernesto hablaban mientras bailaban, ambos se reían animadamente. La música cambio ahora las parejas bailaban sensualmente. Cinthya junto su voluptuoso cuerpo al de don Ernesto, él poso su mano en la cintura de Cinthya quien sonrió con ese toque, y la otra mano sostenía la de ella. Se podía ver que don Ernesto movía su mano palpando la cintura de Cinthya y bajando lentamente cerca a sus portentosas nalgas. Ella sonrió y le dio un pequeño golpecito a su mano como regañándolo.

    Esta vez Cinthya no estaba bajo ningún efecto extraño, era imposible que pudieran darle algo ni siquiera se acercaron a ella y no le invitaron ningún trago ni nada.

    Otra vez la música cambio y esta vez era una especie de movida moderna. Extrañamente Cinthya volvía a mi mesa de manera apurada, pero solo era para dejar su chaqueta que ya le estorbaba.

    -cariño te dejo mi chaqueta jeje -dijo sonriéndome

    -espera am… -no pude decirle nada por que dejo su chaqueta y se fue con el mismo apuro.

    De inmediato ya estaba con don Ernesto, la música seguía golpeando fuerte en la pista, los cuerpos se movían al ritmo de la melodía, y Cinthya no tardó en volver a encajar perfectamente con don Ernesto. Él viejo jefe parecía rejuvenecer con cada paso que daba junto a ella, como si la energía de su voluptuoso cuerpo lo electrizara. Sus manos exploraban con descaro la curva de su cintura, deslizándose con una lentitud maliciosa hacia sus caderas.

    Cinthya sonreía con picardía, mordiéndose el labio inferior, dejando que sus movimientos fueran más provocativos. Ella se pegó más al cuerpo de don Ernesto, su trasero rozando la entrepierna del hombre con cada movimiento. Sus manos viajaron hasta su cuello, sujetándolo con sutileza, inclinando el rostro con una expresión de diversión. El viejo parecía embelesado, con la respiración agitada y una mano que se aferraba con más seguridad a su cintura.

    Desde mi asiento, estaba iracundo viendo cómo mi mujer se entregaba al juego de la provocación sin reservas. Su diminuto vestido se ceñía más a su cuerpo, dejando ver con cada giro un atisbo más de su piel tersa y caliente. Don Ernesto murmuraba algo en su oído y Cinthya soltó una carcajada traviesa antes de apoyar su frente en la de él por un segundo fugaz, dejando que sus labios quedaran a milímetros de los suyos.

    Don Ernesto deslizó su mano con descaro, bajando hasta el límite de su trasero, apretando con suavidad. Ella reaccionó con una leve inclinación de caderas, restregándose contra él, haciéndolo jadear. Sus manos se deslizaron hasta su pecho, rozándolo apenas con las puntas de sus dedos mientras mantenían el ritmo de la música. Don Ernesto, con una mirada hambrienta, acercó su rostro al cuello de Cinthya, respirando su aroma, dejando que sus labios apenas rozaran su piel caliente.

    Ella cerró los ojos por un instante, disfrutando del momento, de la sensación de ser el centro de la atención, de la tensión en el aire. Luego, con una sonrisa traviesa, giró lentamente sobre sus talones, dándole la espalda al viejo mientras seguía bailando, frotando su carnoso culo contra él quien de inmediato la tomo e hizo movimientos como si la estuviera cogiendo en ese mismo instante. Cinthya abrió la boca disfrutando de lo acontecido y volteo a ver a don Ernesto quien la vio a los ojos. Ambos cruzaron miradas como recordando lo que habían hecho en aquella habitación.

    La tensión entre ellos era palpable, una mezcla de deseo y recuerdos que encendían aún más el fuego entre sus cuerpos. Don Ernesto se inclinó levemente, susurrándole algo al oído que la hizo estremecer. Mi esposa sonrió con malicia y deslizó sus dedos por el pecho del viejo, provocándolo aún más. El juego entre ambos estaba lejos de terminar, y la noche prometía ser más intensa de lo que imaginaban.

    Sin previo aviso, la mano de don Ernesto descendió con más atrevimiento, delineando cada curva de Cinthya con descaro. Ella dejó escapar un suspiro entrecortado, sin apartarse, dejándolo explorar su piel ardiente. Sus cuerpos seguían balanceándose con la música, aunque la danza ya no era lo único que los unía. El viejo levanto levemente el diminuto vestido de Cinthya a lo que ella sonrió.

    De repente, Cinthya tomó la mano del viejo y la llevó hacia el borde de su top, deslizándola ligeramente hacia adentro. La respiración de ambos se volvió más densa, más pesada. La oscuridad de la pista, la vibración de la música y la tensión acumulada hacían de aquel momento un juego peligroso. Don Ernesto, con una sonrisa lobuna, no se hizo de rogar y sus dedos comenzaron a trazar un camino hacia las esferas de Cinthya quien estaba totalmente de acuerdo.

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  • Primer encuentro

    Primer encuentro

    Como empezar un relato que nos involucre a ambos, nos conocemos un poco pero más nos conocemos nuestros gustos que nuestras caras, fíjate que no nos conocemos las voces, pero si que nos gusta el sexo mucho más que otras cosas. Estoy seguro que entre ambos haríamos una genial pareja en la cama, o un sillón del living, cualquier lugar sería apto para nosotros dos unidos.

    Hagamos de cuenta que vos cariño llegas a Córdoba como lo chateamos una vez. Y yo alquilo un departamento por 2 noches.

    Dejo todo preparado para que vos puedas retirar la llave y ubicarte. Yo voy a llegar un poco más tarde que vos a Córdoba.

    Cuando llego vos me estás esperando. Es un piso alto con vista a la ciudad y las sierras en Nueva Córdoba sobre la Hipólito Yrigoyen, cerca de Plaza España.

    Bajas para abrirme la puerta. Es la primera vez que nos vemos cara a cara nos besamos en la mejilla y subimos, llevas puesta una remera blanca muy larga un pantalón de lycra tipo de gimnasia corto negro que forma tu cola a la perfección pues se nota pese lo largo de tu remera.

    En el ascensor nos besamos por primera vez, este encuentro tan esperado y deseado no podía demorar ese beso apasionado largo intenso donde nuestras lenguas luchan por invadir la boca del otro y se trenzan entre ellas sintiendo nuestros sabores. Agitados por la falta de aire llegamos a nuestro piso y entramos al departamento. Cerramos la puerta y te abrazo recostándote contra la misma. Es tantas nuestras ansias que comenzamos a acariciarnos.

    Mis manos suben bajo tu remera acarician tus pezones que sin sostén ya se traslucían en tu remera, dos botones duros que responden a mis pulgares y tu primer suspiro nace casi sin intención, me abrazas fuerte y me besas nuevamente con pasión mientras acercas tu pelvis a la mi. Mi pija ya parada no sé puede disimular. Te saco la remera y te chupo ambas tetas con ganas, lleno mi boca de ellas y poco a poco voy recorriendo tu cuerpo con mi lengua. Me detengo en tu ombligo lo beso, lo chupo, le introduzco la lengua mientras mis manos siguen jugando en tus tetas.

    Para amor me pedís vamos al comedor. Ahí te dedicas a desabrocharme el pantalón bajarme el cierre y sacas mi pija la que comenzas a acariciar suavemente y darle pequeños besos y mojarla con tu saliva, dejas al descubierto su cabeza y te la metes en la boca y después me la chupás de costado y de abajo pasando tu lengua por mis huevos y todo el largo y ancho y la volvés a meter en tu boca esta vez un poco más profundo y te la sacas y volvés a chupármela y comenzas a cogerte la boca hasta tragártela toda y yo tiemblo de placer…

    -ahhh… cariño hermosa chupame así… más chupame más, ¡que bueno está nunca me chuparon la pija así!

    Siento que me voy a ir pero me contengo…

    ¡Qué placer! Te pido que pares y te saco la calza corta que tenés y te siento en un sillón te abro las piernas y es mi turno de usar la lengua.

    Ya había notado cuando te acaricie el culo cuando nos besamos que no llevabas nada abajo y que mientras me chupabas ya se te estaba humedeciendo.

    Así que ni bien acaricie tu concha con mis dedos estos se mojaron. Te acaricie el clítoris suavemente y volvieron tus suspiros

    -¡Aahhh! Me gusta amor seguí…

    Y te metí un dedo y después dos.

    -Aahhh más mete tres

    ¡Y en lugar de eso me agacho me pierdo en tus piernas y te comienzo a besar y chupar tus jugos, que ricos!

    Paso mi lengua por todos tus labios, retengo tu clítoris entre mis labios y te cojo con mi lengua lo más profundo que puedo, siento tu flujo mojarme la cara los bigote y lo chupo me lo trago.

    Ý vos…

    -más amor chupame más me gusta cogeme ahhh cogeme meteme la lengua al fondo así y te moves para sentirla mejor.

    Ya desnudos ambos vamos a la cama me volves a chupar la pija y te sentás arriba para cogerte vos a tu ritmo y yo poder acariciar tus tetas, cada tanto te agachas contra mi pecho te abrazo y nos besamos ahí aprovecho yo para mover mi cintura y metertela más a fondo.

    Que lindo nos cogemos me siento duro firme y vos tan jugosa.

    Me mojas todo siento como tu flujo corre por mis bolas.

    Y nos decimos uno al otro.

    -cogeme, cógeme.

    -Creo que voy a acabar te digo.

    -en la concha no amor me decís, pero espérame que ya me voy yo… una vez más y siento otro chorro que me moja

    Te levantas y comenzas a chuparmela de nuevo.

    -Ahora si andate cuando quieras mientras te la chupo y me trago toda tu leche.

    Y te la metes hasta el fondo te tragas por entero mi pija y yo no aguanto más quiero darte toda mi leche.

    -Aaahh tómala amor tómala toda es tuya desde que te conozco que es tuya.

    Te la tragas y me limpias todo con tu boca y nos acostamos abrazados en la cama cansados, pero no agotados.

    Más tarde vamos a tomar unos mates salir a cenar y a la noche quiero conocer mejor tu culo…

    ¿Querés?

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