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  • Los dos amigos me cogieron en el baño

    Los dos amigos me cogieron en el baño

    El buen clima y una sucesión de días cálidos fueron el pretexto ideal para que Carlos nos invitará a la inauguración del uso de la piscina en temporada estival. Claudio, Vicki y yo iríamos su casa y de acuerdo con lo dicho por Carlos, allí se sumarían Paula, Edgardo, Axel con su novia Jésica.

    Para Vicki, todo era nuevo, no conocía el lugar ni a Carlos. Tampoco conocía a Edgardo, Paula, Axel y Jésica. Le hablé de ellos y de Paula, yo únicamente no conocía a Jésica.

    El dueño de casa estaba encantado con nuestra asistencia a su mini parque nudista con piscina. Además, como todos somos amigos con derecho a roce, el encuentro podría ser de alto voltaje erótico.

    Durante el viaje de ida, imaginaba como sería el estar con mis amigos.

    En la última comunicación telefónica que habíamos tenido, Paula me dijo que estaba ansiosa por tener las manos de Carlos sobre ella. También dijo que Edgardo su novio soñaba con hacerlo conmigo.

    Apenas llegados, saludamos con besos y abrazos a quienes nos esperaban. Pero sorpresivamente Axel, el hermoso chico alto, con mucho pelo en brazos y piernas, había acudido solo. Jésica se sintió mal y decidió no exponerse al sol, dijo él. Así que, el grupo de amigos quedó conformado por cuatro hombres y tres chicas.

    ―Lo esencial es divertirse. Podemos disfrutar el parque, la piscina y la libertad de la desnudez en nuestra piel, ya propondré algún juego para que podamos participar todos y ligar… ―dijo Carlos.

    Las tres chicas fuimos a la habitación de huéspedes para cambiarnos de ropa.

    Vicki es alta y delgada, su piel es suave, su cabello liso castaño claro, su melena mediana, y perfectamente depilada total, al igual que Paula y yo. Vicki se puso un diminuto bikini y corpiño marrón con reflejos cobrizos.

    ―¡Eres muy alta! ―Le dijo Paula que agregó― Belu y yo parecemos las hermanas, enanas a tu lado.

    Paula mientras se quitaba el pantalón optó por un bikini verde tan pequeño que si separaba un poquito las piernas dejaba expuestos los gorditos labios de su vulva. Desde atrás un breve triángulo de tela se hundía entre sus nalgas blancas que contrataban con su cabello rojizo.

    Yo llevé para esa ocasión, un bikini fucsia también pequeño, con tiritas de atar a los lados que caen desde un moñito sobre mis caderas. El sostén es transparente, con dos círculos de tela de color fucsia que cubren mis pezones.

    Luego de aplicarnos abundante aceite bronceador, salimos a la galería. Ellos estaban conversando junto a la parrilla y bebiendo. Carlos giró la cabeza para mirarnos y se acercó con una bandeja portando tres vasos servidos con Gin-tonic y hielo. Lo vi bajar la vista hacia el triángulo de tela verde entre las piernas de Paula.

    Los otros tres nos aplaudieron y vivaron nuestros nombres, festejando la ocasión de encontrarnos. Las tres movimos las caderas en gesto de agradecimiento y continuamos meneando el culo cuando nos alejamos ingresando al parque. Caminamos, riéndonos de ellos que quedaron mirando hipnotizados y con erecciones inocultables.

    Me reía pensando como sufrirían sus vergas aprisionadas en sus mallas.

    El sol al mediodía llegaba casi verticalmente sobre nuestras cabezas. Cuando llegamos a la piscina introduje un pie en el agua que estaba templada.

    Pedí a Vicki que sostuviera mi vaso con Gin-tonic para liberar las manos y quitarme el sostén. Paula sonrió, luego me pasó su vaso y también liberó sus pechos. Me veo ridícula con este sujetador, ante ustedes ―dijo Vicki y se lo desabroché

    Las tres movíamos alegremente nuestras tetas festejando la oportunidad exponernos sin los molestos sujetadores.

    Continuamos charlando sentadas al borde de la piscina y Vicki preguntó― ¿Debo quitarme el bikini para entrar al agua?

    ―Si, es un ritual de Carlos ―Respondí― Pero no te preocupes, todos estaremos en igualdad de condiciones. Luego de unos minutos de estar entre desnudos todo fluye con naturalidad y es hermoso.

    Paula miraba su bikini que dejaba ver parte de sus labios gorditos y dijo ―Se ve un poco chico pero estamos entre amigos y pronto verán todo. Cuando vaya a la playa quiero enloquecer a los sementales, a los pajeros y a los mirones.

    ―Estoy segura querida Paula, que en la playa pronto encontrarás un tío que tenga con que abrirte en dos mitades ―Le respondí― Luego tú decides.

    Paula, se rio maliciosamente quizás pensando en lo que yo acababa de decirle. Y me respondió: —¿Lo dices por tu experiencia?

    Nos reímos ruidosamente las tres.

    Vicki se veía hermosa, su bikini tostado con destellos de bronce apenas le ocultaba el sexo. El color parejo de sus largas piernas y brazos delicados, sus senos medianos, el culo también de color parejo y su tersa piel eran tentación y deleite para el hombre que la mirase.

    Luego de mojarnos los pies y antes de dirigirnos hacia la casa, Paula le dijo a Vicki que el chico alto llamado Axel sería un lindo compañero para ella.

    Vicki sonrió y dijo ―No sé si se fijará en mí, ellos son cuatro y nosotras somos sólo tres.

    ―Creo que Carlos vendrá por mí y Edgardo por Belu ―pronostico Paula― Alex y Claudio competirán por ti.

    ―Me encantaría que compitan por mí, pero me apena que uno quede marginado ―Dijo Vicki.

    Comenzamos a caminar rumbo a la casa llevando los sostenes colgando de las manos. Yo sentía el sol incidiendo en mis pechos, calentando la sensible piel de mis aureolas y pezones.

    ―¡Que delicia verlas llegar! ―Dijo Carlos acercándonos una bandeja con sándwich de miga y vasos con jugo de fruta. Vistiendo nada más que una sunga negra ajustada, cubriendo su generoso sexo y sus pequeñas nalgas.

    Claudio con su cabello corto con muchas canas. Su bronceado parejo y una sunga negra muy levantada formando un llamativo montículo

    Edgardo también se cubría con sunga negra que marcaba un montículo de buen porte por debajo de su ombligo. Sin igualar a Claudio.

    Axel, vestido con un short playero celeste y holgado no marcaba nada de lo que cubría. Únicamente llamaba mí atención la pelambrera de su pecho y una línea central de pelos continuando por su vientre hasta perderse bajo la tela de su short.

    En un viaje anterior que acompañe a Elisa conocimos con Alex que estaba cortando el césped, Carlos lo invitó a quedar todo el día a fin de que yo estuviera acompañada. En esa oportunidad me deleité montando sobre los hombros de Axel y esa tarde tuvimos sexo, aunque fue breve lo disfrute mucho. Ahora estábamos nuevamente en casa de Carlos y el recuerdo me llevó a desear nuevamente estar entre sus largos y fuertes brazos.

    Luego de tres rondas de sándwiches y cerveza, ya estaba acalorada y con deseos de orinar. Fui al baño y percibí lo mojada que estaba, además sentía un leve hormigueo en la vagina. Me miré las tetas reflejadas en el espejo y deseé tener las manos de Axel sobre ellas.

    Afuera en la galería los hombres comenzaban a ir hacia la piscina mientras Paula y Vicki, también iban al baño. Carlos llevaba un recipiente térmico con latas de cerveza y una pequeña bolsa con algún juego de entretenimiento.

    Cuando llegamos junto a la piscina ellos ya estaban sumergidos hasta el pecho. Carlos se adelantó a la escalera de acceso y estiró una mano para ayudarnos a entrar. Advertí que aún estaban con las prendas de baño puestas.

    Luego que estuvimos nosotras junto a ellos, Carlos dirigiéndose a Vicki dijo ―Bienvenida a la pileta nudista, si es tu gusto compartir con nosotros esto. Adelante querida Vicki ―Ella llevó las manos a la cintura para quitarse el bikini y Carlos la ayudó a bajarla hasta los pies. Luego él también se quitó la sunga, lo siguieron los otros chicos, haciendo lo mismo.

    Paula y yo también nos quitamos los bikinis y alargamos los brazos para juntarnos en un abrazo múltiple, donde alguna mano se movió hasta tocarme el culo.

    Paula me dijo al oído ―Me tocaron abajo y yo también toqué algo inmenso.

    Mientras hablábamos, siempre estuve en movimiento rozando con el culo a quien estuviera a mí lado. Edgardo buscó la proximidad de mí cuerpo y se ubicó entre Paula y yo; nos tomó por la cintura y bajó su mano para atenazar mí traste.

    Lo mire a los ojos y sonreí.

    Luego de jugar un tiempo, haciendo contacto nuestros cuerpos, saltando o empujando.

    Riéndonos nosotras o brincando cuando algún dedo osado llegaba a sorprendernos.

    Dijo Carlos:

    ―Si las chicas tienen ganas de montar, vamos a jugar, pero a montar caballos sin competir.

    ―Ellas tendrán su caballo por sorteo, una de ellas tendrá dos caballos ya que somos cuatro los caballeros ―Y continuó diciendo― En una bolsita colocaré cuatro tarjetas con el nombre de cada uno de nosotros, cada chica sacará de la bolsita una tarjeta y ese será su caballo. De los varones uno quedará sin chica. Ese nombre volverá a la bolsa con dos tarjetas en blanco. Cada niña ex traerá una, ¡entonces una chica va a ligar dos caballos!

    Las tres nos reímos y nos alistamos ansiosas a extraer nuestra tarjetita.

    Mí caballo resultó ser Axel. La suerte estuvo de mí lado. Sentí mariposas en el estómago y fuerte hormigueo en la vulva. A Vicki le correspondió Carlos y para Paula fue Claudio. Sin pareja quedó Edgardo que nos miraba con cara de decepción.

    Luego, Carlos introdujo dos tarjetas en blanco junto con otra con el nombre de Edgardo y las tres extrajimos una. El último caballo fue para mí. Sin duda era mi día de suerte, podía cabalgar en uno u otro al tener dos caballos.

    Tenerlos a mí servicio fue delirante. El más bajo me deseaba muchísimo y el más alto ya conocía mí cuerpo, pero quería más y yo deseaba más de él. Me sentía de maravillas junto a ellos y mientras hablábamos como montaría sobre sus lomos. Acaricié sus pechos y bajé la mano hasta tocar sus miembros.

    Axel se inclinó un poco y tomándome desde atrás por las axilas me elevó sobre su cabeza me sentó en su cuello.

    Edgardo se deleitaba mirando mí culo desnudo sobre Axel y también podía ver el culo de su pareja Paula, sentada sobre el cuello de Claudio. Luego salió de la piscina y caminó alrededor ofreciendo la visión de su blanca verga semi despierta. Paula meneaba el culo frotándose sobre Claudio.

    ―Mira qué bonito el caballo de Paulita ―Le dije a Edgardo que caminaba junto a Axel, pero no comento nada. Marchaba dos pasos por detrás nuestro para mirar mí culo con los cachetes separados. Quizás vería hasta mí fruncido ano .

    A poco de andar Axel cargándome. Se empapó en transpiración que sumada a las gotitas brotadas de mí vagina.

    Convertía su cuello en un asiento resbaladizo.

    Le pedí a Axel que me sujetarla más fuertemente por los pies.

    Vicki, en un ángulo de la piscina, estaba rodeada por los brazos de Carlos. Aún no había montado sobre su cuello.

    Completé una vuelta sobre Axel y le dije a Edgardo que iría sobre él. Axel me elevo sobre su cabeza y me bajó haciendo rozar el culo en su pecho hasta llegar a poner los pies en el piso.

    Cambié de caballo.

    Cuando apoyé la vagina en el cuello de Edgardo, tuvo una erección inmediatamente. Estaba sonriente y me sujetaba fuertemente por los tobillos.

    Cuando Vicki por fin montó sobre los hombros de Carlos, casi llegaba a tocarle el pene con sus largas piernas. Luego volvieron a entrar en el agua y él a rodearla con sus brazos.

    Paula cabalgaba y movía el culo sobre los hombros de Claudio sin importarle otra cosa que gozar el momento de sentir su piel y ligar algo más.

    Claudio la cargaba sobre sus hombros y caminaba. Su verga flácida se balanceaba con su enorme cabeza, cuál badajo de campana.

    Cuando completamos varias vueltas. Carlos desde el ángulo donde tenía rodeada con sus brazos a Vicki dijo ―El juego puede continuar con todo tipo de pedidos de las chicas. Si su caballo cumple lo solicitado puede recompensar con algo o castigarlo. Incluso con azotes ―Hizo luego una pausa y nos alcanzó latitas de cerveza.

    Nos reímos todos.

    Los chicos se sentaron al borde de la piscina con los pies hacia adentro. Vicki se acostó sobre una toalla doblada y apoyó la cabeza sobre regazo de Carlos. Lo mismo hizo Paula, apoyando la cabeza sobre el sexo de Claudio. Yo me acosté apoyando el traste sobre los muslos de Axel y la cabeza sobre el sexo de Edgardo que estaba sentado a su lado. Inmediatamente sentí el crecimiento de sus miembros, uno debajo mí trasero el otro bajo el cuello.

    Edgardo llevo una mano hacia mis tetas y jugó con los pezones. Axel con su mano, grande pero suave, cubrió mi pubis y acariciándome muy suavemente los labios de la vulva. Decía: —Es una delicia acariciarte, tu piel me atrae como un imán al hierro. En pocos minutos mí cuerpo ardía y deseaba urgentemente ser llenada con la preciosa barra de su larga verga caliente.

    A pocos metros, Paula denotaba con sus movimientos estar deseosa de que Claudio se la metiera pronto. Abría y cerraba las piernas con cierto nerviosismo, mirando el grueso y cabezón miembro de su caballito.

    Mi amigo Claudio es poseedor de una herramienta. Bien firme con diecinueve centímetros. Gruesa y el glande fuera de serie. Con forma de sombrerito con bordes prominentes.

    Vicki trataba de hacerse la difícil. Pero la habilidad y la paciencia de Carlos son de un campeón semental. Y terminaría clavándole su herramienta aunque pasaran doce horas en la previa.

    Carlos es poseedor de un largo y grueso pene circuncidado, divino

    Luego de beber mí cerveza, acomodé la cabeza para estar cómoda. La dura verga de Edgardo tocó mis labios y le di un lengüetazo que le sobresaltó. Ante eso, Axel, movió el dedo del corazón separándome los muy mojados labios vaginales. Su verga cual si fuera un hidráulico intentaba levantarme el culo. Mi situación era desesperante por la urgencia de sentirme penetrada. Si la espera se prolonga iba a colapsar estallando en un orgasmo. Entonces dije ―Mis queridos caballitos quiero ir al baño ¿Quién me lleva?

    ―¡Yo! ―Se apresuró a decir Axel.

    ―Yo te regreso ―Dijo Edgardo.

    Axel me llevó hasta la casa sobre sus hombros mientras Edgardo caminaba a nuestro lado. Siempre mirando mí culo. Ambos con una erección a medias. Yo era consciente que les provocaba esa erección y me encantaba. Me sentía realizada siendo deseada por dos hombres al mismo tiempo y me mojaba. Nuevamente mí culo resbalaba sobre el cuello de Axel. El debió sujetarme fuerte por los tobillos.

    Edgardo caminaba tocándose su pene ya erecto. Es el menos dotado pero nada despreciable, su verga. Lejos de ser mini dotado .

    Llegamos a la galería y Axel continuó cargándome hasta la puerta del baño. Luego se dejaron caer sobre dos sillas del comedor a esperarme.

    Oriné, luego me metí bajo la ducha a refrescarme y los llamé diciendo ―¿Quieren refrescarse un poco conmigo?

    Acudieron ambos y sus penes se levantaron inmediatamente al ver ellos mis senos firmes con los pezones duros; y quizás también un poco hinchados los labios de mí sexo.

    Me incline para chuparle la verga a Axel y Edgardo se arrodilló por detrás y hundió su cara entre mis piernas lamiendo toda la piel que alcanzo su lengua continuo chupando todo desordenadamente con fuerza, me hacía temblar y gritar de gozo.

    La explosión de un orgasmo me inundó y Axel me llenó la boca con su exquisito néctar almizclado, mientras yo empapaba la cara de Edgardo con mis jugos.

    Quise ponerme de pie, pero Edgardo me empujó la cabeza hacia abajo para que levantase el culo y me clavó su verga, de una y a fondo desde atrás. Dando una andanada de golpes profundos con su falo duro y muy caliente. Tuve otro orgasmo mientras se vaciaba en lo profundo de mi cáliz.

    Nos reincorporamos y volví bajo la ducha para quitarme el semen de Axel pegado a mí barbilla y tetas y también limpiar la babosa vagina.

    Nos besamos y nos reímos; éramos felices por haber sucumbido ante el deseo, sin reprimirlo.

    Axel se sentó sobre la tapa del retrete para reponerse. Cuando su verga comenzó a levantarse lo monté a horcajadas. Tomándome por sus hombros me moví sobre él. El roce de su pelambre en mis tetas y vientre me enloquecieron y me moría por sentirlo muy adentro. Su dura verga se movió entre los labios de mi vulva. Tocó el clítoris con la piel tersa de la punta de la verga, me estremeció algo similar a una descarga eléctrica y suavemente comenzó a meterla fuertemente en la conchita. Sus manos en mis nalgas las separaban.

    haciendo que fuesen a un libro abierto, ofreciendo la visión completa de mí capullo marrón a Edgardo. Mientras me hacía subir y bajar sobre su grueso mástil, duro y caliente, Edgardo me lubricaba el ano con sus dedos resbaladizos. Creo que también se lubricaba el pene.

    En un momento, cegada por la lujuria le pedí a Axel ―¡Abre bien mí concha caballito mío, quiero ser tu puta yegua!

    Axel se acostó en el piso del comedor sobre una toalla y lo monté a horcajadas, permitiendo que me clavase la totalidad de su grueso miembro. Sosteniendo con sus manos mí culo me hacía subir y bajar sobre su mástil. Yo con los ojos en blanco, emitía quejidos de placer. Haciendo que casi el sentido perdiera y convulsionara estallando en un orgasmo.

    Cuando su pene se ablandó, apoyé mí cara en la suya y con las piernas recogidas elevé un poco el traste mientras Edgardo me acariciaba y lubricaba el hoyuelo marrón. Luego, de rodillas a mis espaldas, alineo la verga en mí capullo y empujó. Tanto era mí deseo que no advertí que no entraba con un dedo, sino con su duro pene.

    Fue una sensación rara pero no desagradable estar ensartada por el culo haciendo un sándwich triple. No tenía control sobre los músculos vaginales. Mí vulva estaba muy dilatada e inflamada. Ni tenía control sobre el esfínter para ceñir el miembro de Edgardo.

    Axel casi no se movía, únicamente Edgard me la sacaba unos centímetros y volvía a empujar. Yo no podía hacer ningún movimiento, pero lo sentía muy adentro. Ambos me habían metido sus vergas, calientes como brasas, hasta la empuñadura. Cuando noté la rigidez del cuerpo de Edgardo oí el sonido gutural de su garganta y noté las contracciones de su verga. Grité feliz temblando y mordiendo el cuello de Axel mientras Edgardo se vaciaba en mí. Los dos se vinieron dentro de mí cuerpo y lloré feliz temblando sobre Axel y debajo de Edgardo.

    Salí acalambrada de esa posición y no podía mantenerme en pie, escurriendo semen y mis fluidos por los dilatados agujeros que lentamente fueron volviendo a su estado natural.

    Axel me sostuvo por los hombros.

    Luego de lavarme bien volví de regreso a la piscina, sin montar porque mis caballos no tenían fuerzas para cargarme.

    Belu.

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  • Mi suegra, el mejor regalo de cumpleaños

    Mi suegra, el mejor regalo de cumpleaños

    Cuando murió el padre de mi mujer, mi suegra vino a vivir a nuestra casa por unas temporada. Habían sido muchos años de dolor porque mi suegro nunca se había recuperado de un infarto y acv que lo mantuvo postrado por años hasta que su corazón no resistió más. Con Stella nos habíamos casado hacía dos años y la presencia de Adela en casa terminó cambiando nuestras vidas para siempre.

    Adela tenía 54 años cuando enviudó, un físico trabajado con sus sesiones semanales de pilates, sus cursos de Yoga y sus torneos de tenis en el club. Tenía las piernas largas y una cintura angelical y sus tetas sobresalían en sus escotes porque solía ponerse corpiños apretados. En varias oportunidades ella notaba que mi mirada se perdía en esas dos montañas apetecibles, que todavía se mantenían firmes a pesar de los años. Cuando caminaba por la casa con sus camisones cortos y sin sujetador, sus pechos eran una invitación al deseo.

    Por qué no reconocerlo. Adela con 25 años más que mi mujer mantenía una postura más sexy ante los hombres, era coqueta, siempre cuidada su vestimenta y su peinado y era extremadamente amable. Solía saludarme con un beso en la frente y eso hacía que sus tetas se pasearan frente a mis ojos y me la pusieran dura casi al instante.

    Cuando los fines de semana salía para jugar sus torneos de tenis tenía que contenerme para no hacerme la paja. Adela usaba calzas cortas y unas minifaldas diminutas que le marcaban sus muslos y su culo redondo y parado. Tenía la piel suave y meticulosamente hidratada con cremas y masajes.

    Cuando se ponía esos top apretados sus tetas amenazaban con explotar. Sus pezones se marcaban como dos puntos imposibles de no tener de referencia y tenía una espalda casi escultural. Para tomar sol en la pileta se ponía unos bikinis diminutos o aprovechaba la intimidad de nuestra piscina para broncearse los pechos sin importarle que yo pudiera verla o espiarla. Adela era una de esas mujeres que todos los hombres desearían tener.

    Cuando cumplí 34 años mi mujer había viajado por cuestiones de trabajo y Adela vino a tráeme el desayuno a la cama. Yo estaba desnudo, casi destapado con una de esas erecciones que te sorprenden por las mañanas tal vez por cosas que se soñaron o que se desean… Tenía la pija tiesa cuando Adela abrió sorpresivamente la puerta con un camisón casi transparente que permitían ver su todo cuerpo tallado. Ella se quedó paralizada cuando me vio desnudo y con el miembro amenazante y trató de actuar con naturalidad.

    Pude notar como su mirada se perdía en mi entrepierna y mi pija que a esa altura se había puesto más dura y más venosa y amenazaba con estallar. Fueron segundos que parecieron una eternidad hasta que ella pudo apoyar la bandeja en la cama y yo pude taparme torpemente con las sábanas.

    -Feliz cumpleaños corazón -me dijo y se abalanzó sobre mí para darme un abrazo. Pude sentir sus tetas apretadas contra mi cuerpo y tuve que contenerme para no agarrarla de las nalgas para que sintiera el calor de mi pija que latía y seguía dura como una piedra.

    -A mí también me encanta dormir desnuda- me dijo cuando terminó el abrazo apasionado. Me hubiera prendido de esas tetas que se balanceaban de un lado a otro con los pezones erectos y la piel de gallina. Estaba seguro de que a Adela verme así en pelotas también la había calentado. Un gran regalo de cumpleaños.

    -Esta noche salgo, no te preocupes si no vuelvo a dormir- me confesó con una mirada sugestiva, como deseando que se le diera esa situación después de años.

    -Mañana a la noche hacemos el festejo cuando vuelva Stella de su viaje, ya reservamos mesa en un bodegón- me aclaró para que no sintiera que le restaba importancia a mi cumpleaños.

    Cuando cerró la puerta de la habitación mi pija seguía tiesa, con las venas marcadas y a punto de explotar. Me metí en el baño, me hice una tremenda paja pensando en lo lindo que sería cogerme a mi suegra y me tiré a dormir otro buen rato. No sería un cumpleaños más.

    Aproveché que Stella estaba de viaje para organizar un asado con mis amigos. Como siempre tomamos más de la cuenta y fumamos todo lo que nos ponía al alcance. Terminé destruido por la mezcla y por el calor insoportable. Cuando se fueron me quedé un buen rato en calzoncillos, en el borde de la pileta con las piernas metidas en el agua para enfriar el cuerpo. Estaba en bóxer, relajado disfrutando de un lindo cumple. Eran las 3 de la mañana y seguía dando vueltas sin poder dormir pensando que Adela no volvía así que decidí tirarme en pelotas a la pileta para hacer la plancha y relajar aún más.

    No sé cuanto tiempo pasó, pero cuando abrí los ojos vi que Adela estaba parada en el borde de la pileta. Tenía un vestido negro que le marcaba toda sus curvas y unos tacos altos que le estilizaban las piernas y le paraban el culo. Su maquillaje estaba derramado por sus mejillas por lo que noté que estaba llorando.

    -Perdón, pensé que no volvías, pásame una toalla por favor-, le pedí ya erguido en la piscina. Cuando volvió con la toalla subí las escaleras sin ocultar mi erección y otra vez su mirada se dirigió a mi miembro. Pensé en Stella y mi matrimonio y me importó tres carajos todo, Adela estaba ahí, caliente e indefensa, mirando mi pija erecta, paralizada sin atinar a darme la toalla para que me tapara. Eso me la puso aún más dura. Finalmente, me la pasó, me la até en la cintura, pero no pude disimular la calentura.

    Adela estaba borracha y se notaba que había llorado mucho. Cuando terminé de acomodar la toalla me abrazó y se pegó a mi cuerpo sin importarle que estaba todo mojado, empezó a llorar desconsoladamente y cada vez se aferraba más a mi cuello. Sus tetas pegadas contra mi cuerpo me calentaron aún más. Y por primera vez la apreté de la cintura y la pegué contra mi a la altura de la cintura para que sintiera la dureza de mi pija. Ella siguió el juego y se frotó un par de veces contra mi miembro hasta que quedamos casi pegados cuerpo a cuerpo. Había parado de llorar y en cada roce con mi cuerpo dejó escapar algún suspiro.

    -Estoy muy borracha y muy caliente, ayudame a no hacer una locura-me imploró susurrándome al oído mientras se apretaba más y más contra mi pija que ya casi estaba rozando su tanga diminuta. Sentía el calor de la entrepierna de Adela a pesar de la toalla que se soltó cuando ella hizo apenas presión en mi espalda. Seguía frotándome las tetas contra pecho, su vestido apretado sin corpiño las dejaba casi al aire. Me contuve de chupárselas todas porque quería que fuera ella la que tomara la iniciativa. Estábamos en un punto de ebullición, yo estaba decidido a cogerme a mi suegra y ella estaba dispuesta a hacerlo posible.

    Me separé apenas para levantar la toalla y ella hizo lo mismo, su cara quedó casi a centímetros de mi pija. La miró con ganas, seguía dura y con las venas bien marcadas, creo que si seguía frotándome le hubiese llenado la tanguita de leche porque a esa altura mi calentura era incontenible.

    -Adela, por qué no te das una ducha, te va a hacer bien, haceme caso-, le dije en respuesta a su pedido de ayuda para no hacer locuras y de la mano la llevé hasta el baño de mi habitación, que era mucho más completo que el que ella usaba habitualmente. Le aconsejé que se diera un buen baño de inmersión y que iba a amanecer como nueva.

    Cuando salió del baño sólo tenía la toalla apretada a la altura de las axilas para tapar las tetas, pero abajo no se había puesto nada y por primera vez pude ver su rajita depilada. Sus labios eran una invitación a comerlos. Yo seguía en toalla tirado en mi cama, la erección me había dado un respiro hasta que vi esas piernas torneadas y ese culo redondo y carnoso. Era una hembra maravillosa, estaba caliente y en pelotas conmigo en mi casa y con mi esposa de viaje. No iba a dejar pasar esta oportunidad.

    Adela se sentó en la cama y otra vez empezó a sollozar. Tenía el pelo atado y el tajo de la toalla dejaba ver su espalda y sus nalgas. Tenía unas cremas que comenzó a pasarse por las piernas, una piel humectada que olía a paraíso. Sus muslos brillaban y cada vez que estiraba las piernas y las acariciaba con sus menos sus tetas se balanceaban suavemente debajo de la toalla. Una diosa total.

    -Me pasas un poco de crema por la espalda- me pidió sabiendo que me estaba dando luz verde a que hiciera lo que quisiera con ella. Se recostó en la cama, se soltó la toalla y me pasó la crema para que le untara la espalda. Lo hice con mucho cuidado, sintiendo cada centímetro de su piel suave, iba y venía por su espalda y me detenía al llegar a su culo. Tenía ganas de apretar esas nalgas, separarlas, hundir mi lengua en su agujerito dilatado y en esos labios carnosos y rosas.

    -Vos crees que una mina como yo sigue siendo apetecible- me preguntó mientras con una de sus manos tocó mi miembro erecto. Aproveché ese movimiento para tomar la iniciativa. Le agarré la mano, abrí la toalla y la apreté contra mi pija. Hice que su mano la tomara, que la rodeara con sus dedos para que sintiera como latía por la calentura que me estaba provocando.

    -Una mujer como vos es el sueño de cualquier hombre- le dije mientras empecé a mover suavemente su mano por mi pija como si me estuviera masturbando. Con la otro mano aproveché para deslizar mis dedos por su vagina, que estaba empepada y latiendo. Cuando rocé su vagina ella se aferró a mi pija y comenzó a masturbarla con más ritmo. Seguí acariciándole las piernas en un ir y venir que terminaba siempre en sus labios abiertos, cada vez que mis dedos rozaban su concha ella dejaba escapar gemidos. Yo estaba de rodillas en la cama acariciando su cuerpo con su mano aferrada a mi pija.

    -Date vuelta- Le pedí casi al oído. Ella obedeció instantáneamente, se dio vuelta suavemente y con un movimiento premeditado volvió a aferrarse a mi pija con la otra mano. Pude ver sus tetas redondas y sus pezones erectos. Ella abrió instintivamente las piernas para que la tocara. Me seguía masajeando la pija cada vez con más maestría. No pude resistir sobarle esos pechos hermosos, ella gemía y con su mano acariciaba mis huevos y se aferraba a mi pene. Con el pulgar y el índice le acariciaba los pezones con suavidad, ella gemía y asentía con movimientos cada vez más rítmicos en mi miembro tieso.

    Me acerqué un poco más. Ella también hizo un movimiento con la espalda hacia abajo y quedó cara a cara con mi pija. Seguía masturbándola con una mano y sobándole las tetas con la otra. Adela miraba mi pija con lujuria, con su lengua empezó a recorrerla desde la base hasta la cabeza, jugaba con sus labios y volvía a los huevos hasta perderlos en su boca. Hasta que finalmente la envolvió con sus labios y empezó a chuparla con ganas mientras me masturbaba. Estaba muy caliente porque yo seguía frotándole el clítoris mientras le metía uno o dos dedos en su vagina.

    Eso la ponía más puta, se empezó a soltar y a tratar de atragantarse con mi pija metiéndosela hasta la garganta. Le lloraban los ojos y le latía la vagina cuando la apretaba del cuello para que se la comiera hasta los huevos.

    Me recosté en la cama para que me boca pudiera probar esa fruta que yo creía prohibida pero estaba a punto de comerme, Le separé las piernas y empecé a jugar con mi lenga por sus muslos, su ombligo y su entrepierna. Ella seguía manándomela con maestría, me acariciaba los huevos y con sus dedos jugaba cerca de mi ano para ponerla más tiesa. Yo seguía jugando con mi lengua en los límites de sus concha latiente. Cuando el juego comenzó a desesperarla me agarró suavemente de la nuca y me hundió la cabeza en su entrepierna.

    Le metí la lengua hasta la nariz. Adela gemía y se retorcía en la cama mientras me chupaba la piba con devoción. Noté que estuvo a punto de estallar en un orgasmo cuando le pellizqué el clítoris con los dientes, pero lo contuvo, se incorporó en la cama y volvió a ponerse de espaldas. Aproveché par hundirle la lengua en ese culo perfecto y caliente.

    -Cogeme por favor- me imploró mientras de ponía en cuatro y sus nalgas quedaron a merced de mi pija erguida y lubricada. Separe todo lo que pude el culo con las palmas de mi mamo y los cachetes abiertos me ofrecieron un espectáculo único. Su culito estaba tenía dilatado. Antes de hundirle la pija en la vagina me comí bien ese botón rozado y su reacción fue la esperada. Empezó a gemir y a contorsionarse de rodillas implorando que le metiera la pija. Volví a acercarla hacia mí para que mis muslos rozaran con sus piernas torneadas, no podía creer lo que estaba a punto de hacer. Me estaba por coger a mi suegra y no me importaba nada.

    Acerqué la pija hasta que quedara muy muy cerca de sus labios. Ella sintió el calor y automáticamente se apretó contra mí. Su clítoris quedó rozando mi miembro y eso la calentó más, se frotó varios segundos, se puso de rodillas y me pidió que le apretara las tetas, y con un movimiento suave se acomodó mi miembro en su entrepierna y dio un empujón suave pero decidido para que mi pija se hundiera en su vagina con un solo envión de sus caderas. Estaba empapada y caliente, tenía una cueva estrecha y quedó varios segundos inmóvil hasta que mi pija tiesa se hizo paso para ir y venir por ese mar de jugos dulces.

    Le pellizqué los pezones, gritaba como una hembra caliente y se aferraba con sus manos en mi cuello. Cada empujón de mi pija era un suspiro, me pidió que le comiera el cuello, comencé a bombear con más fuerza, tenía la pija cada vez más hinchada y caliente y pude sentir como llegaba al orgasmo porque sus labios empezaron a latir y su cuerpo se relajaba suavemente después de algunos segundos de éxtasis y lujuria. Se desplomó sobre la cama como pidiendo tregua. Mi pija seguía parada, los huevos me dolían con tanta leche acumulada.

    Con mi palma abierta le metí la mano en la entrepierna y eso la puso loca. Automáticamente se inclinó hacia mí de rodillas y su culo quedó a mi merced.

    -Puedo llenártelo de leche- le pregunté mientras le metía dos dedos que no oponían la más mínima resistencia.

    -Podes hacerme lo que quieras corazón, tomalo como un regalo de cumpleaños-, me dijo y con cada una de sus manos se separo sus nalgas y me imploró que le la metiera. Acomodé la cabeza en su botón diminuto y dilatado, hice presión suave hasta que mi pene se empezara a perder en ese culo hermoso.

    -Rompemelo todo, llenámelo de leche- me suplicó mientras con un movimiento brusco se clavó contra mi pija y se la enterró hasta los huevos. Quedamos abotonados, quietos por varios segundos. Mi pija es gruesa y le llevó varios minutos aflojar ese culo que hacía tiempo no tenía acción. Comencé a moverme suavemente y ella a gritar con intensidad. Le gustaba que me la cogiera por culo, sentía mis huevos golpear contra su vagina y se me pedía que la cogiera más fuerte.

    Se masturbaba y se acariciaba las tetas mientras mi pija se perdía en ese culo espectacular. No pude aguantar mucho, fueron varios minutos de sexo fuerte, el golpe de mis muslos contra su culo me la ponía más tiesa, me pidió que le pegara algunas palmadas y más puta se puso.

    -Pegame hijo puta, rómpeme bien el orto con esa pija hermosa que tenés-, me imploró y se empezó a mover con mayor frenesí. Mi pija se le enterraba entre las nalgas hasta que los huevos se pegaban su vagina empapada. Estaba a punto de explotar. Traté de retener todo lo posible el lechazo. Sacaba la pija de su culo abierto y la volvía a meter con fuerza y dándole nalgadas.

    Se retorcía y gritaba y suplicaba que la siguiera cogiendo con fuerza. El chorro caliente de mi semen le llenó el culo y automáticamente estalló en un orgasmo. Seguí bombeando mientras me acariciaba los huevos y suspiraba. Cuando saqué mi pija todavía erecta, el chorro de leche se le deslizó por los muslos y eso también la puso más puta.

    Se dio vuelta y se prendió otra vez a mi pija con la su boca hasta dejarla sin rastros de semen ni de nada. Yo daba pequeños gritos de placer mientras su lengua recorría mi verga. Seguía jugando con su lengua en mi cabeza que a esta altura estaba sensible y lubricada por el orgasmo. Me había vaciado los huevos con tremenda acabada y me sentía feliz a pesar de la traición.

    Ninguno de los dos atinó a decir nada. Se levantó, agarró su camisolín y su toalla, me dio un apasionado beso en la boca y me tiró de suavemente de una de mis orejas recordándome que era mi cumpleaños.

    -Me hiciste muy feliz, puedo decir que tengo una hija afortunada- me dijo con otro beso en el que me hundió la lengua hasta la garganta. Y me recordó lo de la reserva en el bodegón para el festejo del aniversario.

    Así fue el comienzo de una relación con Adela que se extendió por varios años y que más adelante les contaré.

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  • ¡Fóllame, joder!

    ¡Fóllame, joder!

    La luna estaba jodidamente alta esa noche, colándose por la ventana como una puta voyeur, iluminando la habitación con su luz blanca y cachonda.

    Ella estaba ahí, apoyada contra el marco, el culo apenas cubierto por ese vestido de mierda que se pegaba a sus curvas como si quisiese follarse cada centímetro de su piel.

    Él no pudo aguantarse más, caminó hacia ella como perro en celo, las tablas del suelo crujiendo bajo sus pies, y se pegó a su espalda hasta que ella sintió su aliento caliente en la nuca, como si ya la estuviera follando con solo respirarle encima.

    “¿Qué carajo esperas?” murmuró ella, girando la cabeza lo justo para enseñarle esos labios húmedos que pedían verga a gritos. Él no dijo ni mierda, solo le clavó las manos en las caderas, apretándola tan fuerte que casi le arranca el vestido.

    Sus dedos bajaron rápido, metiéndose por debajo de la tela, tocándole el coño como si fuera suyo desde siempre.

    Ella gimió, un sonido ronco que le puso la polla dura como piedra en dos segundos. El vestido cayó al suelo con un ruido sordo, y ahí estaban, ella empapada y él listo para reventarla.

    La agarró por el pelo, tirando hacia atrás mientras le lamía el cuello como un maldito animal, y ella se arqueó, empujando el culo contra él, rogándole sin palabras que se la metiera ya, “Fóllame, joder”, soltó ella, y él no se hizo de rogar.

    Se bajó los pantalones de un tirón, la verga saltando libre, y se la clavó hasta el fondo sin avisar. Los gemidos de ella rebotaban en las paredes, cada embestida más brutal que la anterior, el sudor chorreando mientras la cama temblaba como si fuera a partirse en dos.

    La noche se volvió un puto desastre de carne, fluidos y gritos, y ninguno de los dos dio un paso atrás hasta que el amanecer los encontró exhaustos, tirados y satisfechos como cabrones.

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  • Gordo policía hizo a mi esposa su puta (1)

    Gordo policía hizo a mi esposa su puta (1)

    Hola, soy Santiago y mi esposa Noemi, nos casamos desde los 20 años y hoy tenemos 33 los dos con diferencia de meses entre los dos.

    Un día entre las charlas íntimas le digo que cuando la conocí que fue un momento muy ardiente, ya que mis manos recorrieron su cuerpo en el pasillo del boliche no era yo quien metía mano, qué yo la besaba y el tipo que estaba al lado comenzó a tocarla, algo que era mentira, pero quería ver su reacción. La que fue sorpresiva ya que su nivel de temperatura corporal fue grandísima.

    Ahí pude ver lo puta que era y lo que podíamos hacer para pasarla bien.

    Las lista de fantasías se me venían a la mente y con ella podía llegar a ser realidad.

    Un día un amigo, policía un tipo gordo desarranchado, típico panzón y barbudo, se encontraba con un problema y buscaba donde quedarse unos días, a lo que le dije sin consultar a mi mujer que se venga que le prestaba una pieza.

    Eso me trajo primero problemas al principio porque lo hice sin consultar, ya que a ella ese tipo no le gustaba, decía que cuando la veía la desnudaba con la vista, a lo que le decía “bueno a lo mejor sabe que sos una putita”.

    Y era obvio que le atraía, ella es una morena delgada, con unos pechos hermosos y un lindo culito tipo manzana, llamaba mucho la atención y la otra razón a ella le gustaba andar en ropa interior y ahora no podría.

    Los primeros días todo bien más allá de la queja que el mirarle el culo cuando pasaba sin disimulo, pero le decía y no lo culpo.

    Una noche después de cenar los tres, estábamos tomando unas copas y le pregunte a mi amigo cuanto tiempo más se iba quedar, y me contestó que una semana más, a lo que le digo, “mi esposa le gusta andar en ropa interior en la casa, y estando vos no pudo, ¿a vos te molesta si lo hace?”. Y con los ojos lujuriosos me dice “para nada, todo lo contrario”, mi esposa me mira toda colorada de vergüenza.

    “Listo, todo arreglado, ya no te vas a tener que cuidar de que te vea”, y le saco sorpresivamente la remera sabiendo que no tenía corpiño, pero haciendo que no lo sabía, dejando sus lindas tetas a la vista de mi amigo, ella me mira y se tapa con sus manos, creo que el efecto del alcohol me tenía sacado, porque le tomo las manos y le como la boca, mientras le decía, “bueno que mi amigo sepa que sos una putita”.

    Mi amigo escuchando eso, le empezó a comer las tetas, ella quería evitar que él la besara en la boca, y eso a mí me calentaba más, ver como él la obligaba fue muy excitante, así que me levanté y se la entregué. Ella tenía un pantalón cortito qué fue arrancado con tanga y todo por él que la seguía besando de prepo, en un momento él la toma de los pelos y la hace arrodillar y empieza a chuparle el pene, ya asumiendo su rollo dejo de resistirse y hacía lo que él decía.

    Para todo esto había preparado todo para seguir entre los tres divirtiéndonos, ahora mi esposa era la puta de los dos.

    Mi amigo se dio el lujo de cogerla por su vagina, que le chupara la pija, y que ella le dijera que era su puta, antes de hacerle el culo.

    Después de ahí ella volvió andar en ropa interior y era la putita de los dos, pero ya contaré como siguió después de esta noche, donde ella quedó con su boca llena de semen de los dos.

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  • Devolución con polvo

    Devolución con polvo

    El calor de la tarde se colaba por la ventana entreabierta, y el ventilador zumbaba inútilmente en un rincón. Lara estaba tirada en el sofá, con una pierna colgando y el vestido subido hasta los muslos, aburrida de la rutina que la tenía atrapada desde hace meses. Su marido, Miguel, estaba en una de esas jornadas eternas en la oficina, o eso decía él. Últimamente, sus excusas olían a mierda, y ella lo sabía. Pero esa tarde no le importaba. Estaba caliente, inquieta, y el cosquilleo entre las piernas no la dejaba en paz.

    Sonó el timbre. Era Carlos, el vecino del tercero, un tipo grandote, con manos de obrero y una sonrisa que prometía problemas. Había venido a devolverle una herramienta que Miguel le había prestado semanas atrás. Lara lo miró de arriba abajo mientras él hablaba, notando cómo la camiseta se le pegaba al pecho sudoroso. “Miguel no está”, dijo ella, apoyándose en el marco de la puerta, dejando que el escote del vestido hablara por sí solo. Carlos se rascó la nuca, nervioso, pero sus ojos se clavaron en sus tetas como si fueran imanes.

    “¿Quieres pasar un rato? Hace calor y tengo cerveza fría”, soltó Lara, sin rodeos. Él dudó un segundo, pero la forma en que ella se mordió el labio lo decidió. Entró, y el aire entre ellos ya estaba cargado de algo sucio, algo que ninguno de los dos iba a parar.

    Se sentaron en la cocina, la cerveza sudando sobre la mesa. Charlaron un poco, pero las palabras eran solo ruido. Lara cruzó las piernas despacio, dejando que él viera el borde de sus bragas negras. Carlos tragó saliva, y ella supo que lo tenía. “¿Hace cuánto que no te follas a alguien, Carlos?”, le soltó de golpe, con una sonrisa filosa. Él se rio, sorprendido, pero no apartó la mirada. “Hace un tiempo. Mi mujer anda más fría que esta birra”, respondió, y su voz tenía un filo que a Lara le encantó.

    No hicieron falta más vueltas. Ella se levantó, se acercó y se sentó a horcajadas sobre él, sin pedir permiso. Las manos de Carlos fueron directo a su culo, apretándola con fuerza mientras ella le metía la lengua en la boca. El beso era puro fuego, desordenado, con dientes chocando y gemidos que se escapaban sin control. Lara sintió cómo él se ponía duro bajo los jeans, y eso la mojó todavía más. “Eres una puta calentona, ¿eh?”, le gruñó él al oído, y ella se rio, encantada con lo bruto que sonaba.

    Se bajaron al piso de la cocina como animales, arrancándose la ropa. Lara le desabrochó el pantalón y sacó esa verga gruesa que había imaginado un par de veces mientras se tocaba en la ducha. Se la metió en la boca sin pensarlo, chupándola con ganas, dejando que la saliva le corriera por la barbilla. Carlos le agarró el pelo y la empujó más profundo, gimiendo como si lo estuvieran matando. “¡Así, coño, sigue chupando!”, le ordenó, y ella obedeció, perdida en el morbo de tenerlo ahí, duro y palpitante.

    Pero Lara quería más. Se puso en cuatro sobre las baldosas frías, abriéndose con las manos para que él viera todo. “¡Métemela ya!”, le dijo, y Carlos no se hizo rogar. La embistió de una, llenándola hasta el fondo, y el grito que se le escapó a Lara rebotó en las paredes. Él la cogía con furia, como si quisiera partirla en dos, y ella se retorcía, pidiéndole más, insultándolo entre jadeos. “Dame duro, hijo de puta, hazme acabar cabrón”, le gritaba, y él le daba nalgadas que le dejaban la piel roja.

    El sudor les chorreaba, los cuerpos chocaban con un ruido húmedo y obsceno. Lara se corrió primero, temblando como loca, con las uñas clavadas en el suelo. Carlos no tardó en seguirla, gruñendo mientras se vaciaba adentro, sin preguntar si podía. Se quedaron ahí, tirados, respirando como si hubieran corrido una maratón. La culpa no aparecía todavía; solo había un silencio pesado y el olor a sexo flotando en el aire.

    Minutos después, Carlos se levantó, se subió los pantalones y agarró otra cerveza. “Esto no pasó, ¿eh?”, dijo, más para sí mismo que para ella. Lara, todavía desnuda y despeinada, se rio bajito. “Claro, como tú digas”. Él se fue, y ella se quedó mirando la puerta, sabiendo que Miguel llegaría en un par de horas con cara de cansado y ninguna idea de lo que había pasado en su propia casa.

    Se tocó entre las piernas, sintiendo la mezcla de los dos todavía ahí, y sonrió. La rutina podía irse a la mierda. Esto era mucho mejor.

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  • Quería saber que les hacía mi hijo a sus novias

    Quería saber que les hacía mi hijo a sus novias

    Mi nombre es Manuela. Tengo 44 años. Soy todavía joven, hermosa, seductora. Llevo el cabello teñido de rubio y mi figura me atrevería a decir que es muy sexy. Mis pechos están algo caídos, pero son sensuales. Tengo algo de barriga que yo creo que resulta más estimulante. Y lo mejor son mis piernas. Robustas. Lo fueron siempre.

    Mi marido se llama Ángel y tiene 52 años. No es por presumir, pero sigue siendo muy viril. He disfrutado mucho con él. Recuerdo especialmente la cuarta noche después de casados.

    Como ustedes estarán intuyendo soy una mujer muy liberal. Es importante que comente esto para que puedan entender la experiencia que les voy a contar.

    Mi hijo se llama Rafael tiene 20 años. Es alto y atractivo.

    Creo que supera a mi marido en casi todo. Es la suerte que tienen siempre las nuevas generaciones.

    Le dejamos a nuestro chico que se traiga las novias a casa y se acuesta con ellas. Y así podemos escuchar como ellas gozan de placer; jadean, gritan, gimen, chillan. Mi marido cuando lo oye se ríe. Pero yo no me río, yo es que me hago pajas por las noches pensando en lo que les hará. Con mi marido yo he llegado a hacer hasta sexo anal. Pero se me mete en la cabeza que Rafael debe hacerles más cosas. No sé el qué.

    Así es que la idea de acostarme con mi hijo rondaba sin cesar por mi cabeza.

    Una tarde me decidí y le pasé un mensaje por debajo de la puerta. Y él aceptó.

    Mi marido tomaba un avión para marcharse al extranjero de vacaciones (En esta casa lo hacemos así cada uno se va por su lado, pero esto no tiene que ver ahora con lo que estoy contando).

    Le vi marcharse con el coche desde el balcón. Me desnudé por completo y entré en la habitación de mi hijo. Allí me esperaba tumbado, toqueteándosela. Su pene era muy largo. Me lancé a por él y cogí el miembro con la mano. En seguida se me puso pegajosa.

    Me la metí en la boca casi llegando hasta lo más profundo, pero me atragantaba. Entonces ocurrió algo inesperado. Se corrió, tragándome todo su esperma. Esto he decir que lo había hecho alguna vez con mi marido.

    Siendo así me disponía a masturbarme sentada en la cama y mirándole fijamente, pero con una cierta desilusión. Entonces él acompañándome me metió un dedo en mi culo. Y tuve un espasmo tremendo que me hizo gritar. Justo en ese instante sonó el teléfono. Era mi marido que estaba en el aeropuerto y que había decidido cancelar su viaje. Estaría en casa en unos 15 minutos.

    Le dije a mi hijo que aquello había terminado y que su padre volvía a casa. Cuando ya me disponía a vestirme mi hijo me agarró con fuerza y me llevó de nuevo a su habitación. Yo me agité intentando soltarme con mi corazón acelerado.

    Nos tumbamos en la cama en la posición del 69 y él me comía el coño. Yo veía que su pene que acababa de eyacular hace unos instantes se volvía a poner todo recto. Quería librarme, pero no podía. Me dominaba. Iba venir mi marido y nos iba a pillar. Pero no pude resistir y me puse a chupársela como loca. Rafael me volvió a meter un dedo en mi culo y yo se lo metí a él. Esto no se lo había hecho jamás a mi marido. ¡Como gritaba yo!

    Oímos como se abría la puerta de la calle. Mi hijo se levantó y puso el pestillo. Luego con un pañuelo me amordazó. Y me sentó sobre él. Follándome. Nos mirábamos a los ojos. Se puso a follarme a una velocidad de vértigo. La mordaza amortiguaba los gritos que pese a todo se tenían que oír como gemidos desgarradores.

    Se detuvo un momento. Y entonces así sin más y en esa misma postura me la metió por el culo. Muy lentamente, no rápido. Poníamos perdida la cama. Muy despacio. Me hizo tener un orgasmo estremecedor.

    Me la sacó de dentro. Me quitó el pañuelo de la boca y meneándosela se corrió obligándome a que me tragase todo su semen de nuevo.

    Pero ahí no acabo todo.

    Rafael abrió la puerta de su habitación. Miró a un lado y a otro por si Ángel se encontraba en alguna parte. Me cogió y los dos andando de puntillas fuimos hasta el servicio.

    Me metió en la ducha y allí se orinó sobre mi cara. Yo me bebí enfebrecida su pis. Y luego bese sus muslos; las palmas de las manos, su boca…

    Días después mi marido me confesó que en realidad sus vacaciones no eran otra cosa más que visitas a una amante. Como el marido no se había marchado tuvo que cancelar ese viaje y por eso regresó a casa. Cuando volvió escuchó mis gemidos y los de mi amante, pero no dijo nada puesto que quería jugarme limpio. Me dijo que se comprometía a no serme infiel más. Yo la verdad es que no me he comprometido a nada.

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  • El pito duro de mi tío Bernardo

    El pito duro de mi tío Bernardo

    Llegó desde Oaxaca, de un poblado hacia la sierra. No llegó de huaraches como andan los indígenas en aquella zona. El tipo era muy listo y había sabido ganarse la confianza de los habitantes de ese pueblito. Tenía un auto compacto con el que transportaba a indígenas hasta los hospitales más cercanos que en realidad no estaban tan cercanos. Uno podía ir a tocar a su puerta a cualquier hora del día y de la noche para solicitar sus servicios. Hacía un gran negocio con ello.

    Vino de visita al puerto de Veracruz para acudir al hospital para ver a un tío suyo que pocos meses después moriría. Era un tipo de 1.70, trigueño y le gustaba vestirse bien, aunque en el lugar donde vivía no había ocasión de lucir esas ropas, pues la pobreza allí era tremenda. Había logrado amasar una pequeña fortuna pues no sólo le pagaban sus servicios con dinero, sino que también le regalaban pollos, gallinas, cerdos, guajolotes, cualquier animal que valiera el precio de sus servicios.

    Yo tenía 20 años y estaba en la flor de la edad, aunque para ese entonces ya era una experta en las artes sexuales. Fue quizá por aquellos años, entre los 18 y los 24 cuando más deseaba tener sexo y lo tuve. En ocasiones me cogían a diario, a veces era un novio o en ocasiones vecinos, ex novios, amigos y hasta amigos de mis novios, yo me consideraba un bocado que todos debían probar y vaya que eso lo supo percibir mi tío Bernardo.

    Desde que me vio me miró con mucho deseo. Jamás se había casado. El tío rebasaba los 40 años, pero se veía interesante, sobre todo porque para la familia era novedad que estuviera allí cuando casi no había convivido con ellos, por lo menos no con mi mamá y vaya que era su prima hermana.

    Esa noche conversó hasta muy tarde y se marchó cerca de la medianoche al hospital para cuidar a su tío. Sólo se quedaría tres días así que mi madre decidió prestarle el sofá de la casa para que allí descansara.

    Al otro día desperté y me arreglé para ir a la uni y salí a toda prisa pues se me había hecho tarde. Volví al mediodía. Mi madre aún no estaba en casa pues llegaba sobre las dos de la tarde de trabajar y de mis hermanas Karen trabajaba en una unidad deportiva y Laura cuidaba a un bebé en una casa que quedaba lejos de la nuestra. Abrí la puerta y vi que el tío dormía. Sólo estaba en calzoncillos pues a lo mejor pensó que estaría todo el día solo. Lo miré, dejé mi mochila y fui a mi cuarto para cambiarme. Me puse una playera larga que me cubría el culo y anduve descalza. Fui a la cocina para prepararme algo de comer.

    Preparé agua de limón y pensé ofrecerle a mi tío pues el calor era tremendo y aunque dormía con el ventilador encendido no se soportaba el calor a esa hora. Volví a la sala y lo vi nuevamente. Esta vez no pude dejar de mirar que tenía una tremenda erección. Seguía dormido pero su pene se veía muy bien debajo de su ropa interior. No puedo negar que sentí ganas de tocarlo pues en esos días había andado muy caliente debido a que un chico quería cogerme y yo no lo permitía, pero sí me había metido mano y me había dejado con muchas ganas.

    Mi tío se medio despertó y me saludó y trató de cubrirse el pito erecto. Sin embargo, no pudo evitar mirarme pues sólo llevaba mi playera que hacía ver mis bellos muslos. Le di un vaso con agua de limón y volví a la cocina para seguir preparando algo de comida. Él se levantó al baño y volvió más tarde pero lo curioso es que no se cambió de ropa, sino que se quedó en playera y calzoncillos. Conversó conmigo y me hizo reír mucho con sus chistes.

    La conversación fue cambiando de color pues hubo un momento en que comenzó a alabar mi belleza y sobre todo mis piernas. No era algo raro para mí, yo estaba encariñada con mi familia y a lo largo de mi vida he tenido estupendos encuentros sexuales con primos, primas, hermanos y tíos, he quedado muy satisfecha. Sólo que en aquella ocasión no sabía si estaba preparada para tener una relación con un tío al que había conocido unas horas antes.

    Sin embargo, me gustó que me estaba haciendo saber que para él yo estaba preciosa. “El hombre que te posea será muy afortunado” me dijo.

    No me di cuenta en qué momento se levantó, sólo vi de reojo que estaba junto a mí y me arrimó su enorme pito en mi culo. No supe qué hacer. Podía haber gritado, pero a la vez pregunto ¿quién puede resistirse al toque, al arrimón de una macana erecta en un mediodía de intenso calor? No pude hacerlo y sólo sentí como mi tío comenzaba a sobar su pene sobre mi culo. Lo hacía lento y luego muy rápido, con mucha fuerza. Yo me resistía en mi interior a ceder ante la acometida de mi tío precisamente porque era mi tío, sin embargo, colocó sus manos sobre mis caderas y me acarició. Sopló en mi nuca y eso comenzó a encenderme.

    Vaya, el tío Bernardo era un hombre muy caliente y estaba logrando hacer mella en mí, pues estaba venciendo mi resistencia. Me hizo que me volteara y me repegó su pito en mi vientre y un poco más abajo. ¡Estás muy hermosa nena, desde ayer que te vi tuve ganas de estar contigo! ¡Dáme tu culito, dáme tu culito! jadeó…

    No podía evitar ver su macana completamente erecta. Para ser un hombre de más de 40 años tenía bastante vigor y eso me excitó.

    El tío Bernardo se olvidó de su tío enfermo, de que estaba hospedado en casa de su prima y de que yo era una chica casi inocente -esto es broma-, yo estaba atrapada entre sus brazos y la única forma de librarme de ello era abriendo las piernas.

    Para sorpresa de mi tío me dejé que besara mi cuello y tocara mis tetas y yo comencé a besarlo en su boca. Eso le encendió pues yo era apenas una chiquilla que si bien ya había sido cogida muchas veces por mis novios y jóvenes que fueron amantes ocasionales me mostraba como lo que era, una mujer caliente que amaba el sexo por encima de cualquier otra cosa.

    ¡Nena, sigue así, sigue así, vas a hacer feliz a muchos hombres! profetizó. Yo estaba encantada pues ya había comenzado a apretarme mis duras y redondas nalgas. También rozaba con su dedo mi vulva. Eso me hacía enloquecer.

    Irremediablemente metí mi mano en su calzoncillo y pude sentir ese enorme pito duro que se había puesto así desde que estaba dormido. Siempre he amado el sexo matinal pues los pitos están especialmente duros. Mi tío estaba hirviendo y yo quise complacerlo. Sacudí su verga y comencé a masturbarlo. Estaba realmente caliente y me pidió que se lo chupara. Yo fui lentamente, no me avoracé sobre esa verga de unos 20 centímetros para no verme muy zorra, pero ya quería que estuviera dentro de mí.

    Me dijo que me deseó desde el primer momento y que se había hecho el propósito de cogerme mientras estuviera allí. ¡Chúpamelo más, anda niña, chúpamelo! me dijo mientras me metía el pene hasta la garganta. Yo aprisionaba su falo con mis labios y chupaba vigorosamente ese hermoso pene. Era una auténtica macana que haría muy feliz a mi vagina, no tenía duda de ello.

    Mi tío me cargó hacia mi recámara y allí me depositó mientras se desnudaba por completo. No era atlético, era flaco pero lo que le destacaba era ese enorme pito estaba completamente parado. Se lo lamí y eso le encantó. Entonces me pidió que me acostara y alzó mis piernas separándolas y utilizó otro instrumento que me volvió loca: Su lengua.

    Con la punta de su lengua acariciaba los labios de mi vulva y mi clítoris, inclusive con su nariz simulaba que la metía. Me volvió loca con sus caricias y yo me veía literalmente clavada por esa fenomenal verga, pero seguía lamiéndome y mordisqueando mi vagina. ¡Tío, por favor, méteme tu verga, méteme tu verga, por favor! supliqué casi al borde del llanto. Estaba completamente excitada y muy mojada esperando la acometida.

    Alcé mi cabeza y vi que su falo venía hacia mi vagina y entonces comenzó a acariciar mi clítoris y lo pasaba sobre mi vulva sin meterlo y eso me hizo desearlo más. Yo quería la clavada e inclusive me arqueaba para tratar de atrapar ese enorme pito. Mi tío sonreía, parecía que le complacía tenerme allí, deseosa y suplicante.

    Me siguió rozando con su pene hasta que lo metió, yo lancé un fuerte gemido pues me lastimó un poco, pero a la vez no quería que lo sacara, ya que estaba allí comencé a apretarlo para que él también sintiera la misma pasión, me arqueé nuevamente y moví mi culo de tal manera que comenzó a jadear: ¡No imaginé que te movieras tan bien hija de la chingada, anda, mueve el culo, aprieta mi pito! dijo, visiblemente apasionado.

    Comenzó a meter y sacar su verga con tremenda rapidez que me hizo gemir de placer e inclusive gritar.

    Me pidió que me pusiera boca abajo y puso una almohada debajo de mi vientre. Me quedó el culo parado y él me volvió a clavar en mi vagina. Arremetió con fuerza y nuevamente hizo que gimiera fuertemente. Estaba tan caliente y disfrutaba tanto que casi le gritaba que lo amaba, aunque no fuera cierto, pero es algo común que ocurre cuando tenemos un orgasmo.

    Me puso en posición de perrito y lamió mi culo que estaba humedecido ya tras haber escurrido varias veces. Me clavó en la vagina y ahora arremetió contra mi culo.

    Nuevamente le pedí que me diera más, que me siguiera cogiendo, mientras esperaba una descarga de su semen. ¡Tío, arrójame la leche en la cara, por favor!, sin embargo, no veía trazas de que fuera a terminar rápido.

    Siguió culeándome hasta el cansancio, el tipo era un prodigio pues siguió cogiéndome quizá por espacio de 20 minutos, yo estaba cansadísima, llena de verga, pero quería más y seguí moviendo el culo. Ya me había clavado por todos lados y esperaba aún más, pero él también comenzó a cansarse y por fin, me dijo: ¡ya me vengo, acomódate! y yo me hinqué para recibir su descarga. Su leche cayó en mi cara y restregó mi pene en mis mejillas, párpados y en mis labios. Jadeó y me dijo que le había complacido.

    Fue una rica sesión de sexo y mi tío realmente me sorprendió.

    Se marchó unos días después y prometió volver.

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  • Las aventuras sexuales de Madame Pussy (1)

    Las aventuras sexuales de Madame Pussy (1)

    Cuando llegó el momento de inscribirme en la Universidad, visité varias instituciones posibles. Ninguna me convencía demasiado, estaba indecisa acerca de lo que quería estudiar y dónde.

    En una de ellas me invitaron a una charla informativa donde un profesor con cara de aburrido nos explicaba las materias que tendríamos que estudiar y el régimen de aprobación de las mismas, etc. Estaba a punto de pararme e irme, convencida de que en ese lugar no estaba lo que yo buscaba cuando la puerta se abrió y entró un hombre. Unos 50 años, alto, atractivo, muy bien vestido, cabellos oscuros y ojos penetrantes. El profesor nos lo presentó como el director de la carrera y mi corazón comenzó a latirme más fuerte. Deseaba a ese hombre con sólo verlo.

    Por supuesto sin pensarlo más me inscribí en la Universidad. Y para mi mayor alegría el director de la carrera también era profesor de una de las materias que yo tenía que cursar. Me juré a mi misma que ese hombre iba a ser mío. Siempre fui muy buena estudiante y pronto conseguí llamar su atención. Me acercaba a él donde lo encontrara a saludarlo o consultarle cosas. Me vestía especialmente sensual para sus clases y me sentaba en los asientos de adelante. Pronto comenzó a tener conmigo más familiaridad que con el resto, pero no pasaba de una relación correcta y apropiada de un profesor cincuentón a una alumna de 19 años.

    Pasó todo el año y yo me consumía. Esperaba toda la semana que llegue el día de verlo, me masturbaba pensando en él, uno dos tres dedos en mi vagina repitiendo su nombre. El verano fue interminable cuando tuvimos vacaciones. Cuando ya casi iniciaba mi segundo año, se realizó un evento en la universidad.

    Yo me vestí para matar, pensando que él estaría ahí. Un vestido ajustado, con un profundo escote que resaltaba mis tetas grandes y generosas. Pero no, para mi decepción él no estaba. Sin embargo, el destino decidió allanarme el camino y conocí esa noche a un hombre de unos 30 años. Atractivo, simpático y muy interesado en mi desde el primer momento.

    Hablamos, tomamos vino, nos reímos mucho y finalmente me propuso ir a un lugar más tranquilo. Subimos a su auto y fuimos a un edifico a pocas cuadras de ahí, subimos a un departamento, que yo pensé que sería su casa, pero cuando entramos veo que era una oficina. Me explica que es su empresa y que ahí vamos a estar tranquilos. Nos sentamos en unos sillones y empezamos a besarnos, sus manos fueron directo a mi escote, se metieron por debajo de la tela, sedientas y empezaron a apretar mis pezones que se pusieron como rocas.

    Me quitó el vestido y el corpiño y vestida sólo con una diminuta tanga de hilo dental me arrodillé delante de el para chuparle la pija. La tenía durísima y caliente y sentía muchos deseos de tenerla en la boca. Me comí su pija hasta los huevos, toda entera, hasta legar a las arcadas, golosa de su leche y él estaba enloquecido. Gemía y pedía más hasta que estalló en toda su pasión dentro de mi boca dejándome los labios chorreando de semen.

    Se la limpié hasta la última gota y entonces me dijo: ahora quiero comerte yo a vos… me tiró hacia atrás en el sillón, me quitó la tanga, me abrió las piernas y se sumergió en besos franceses con los labios de mi vulva… y ahí estaba yo, con la cabeza colgando hacia atrás del placer, cuando a punto de perder el control mis ojos se posaron sobre una foto que estaba pegada en la pared… el esfuerzo por enfocar la vista era supremo porque este tipo tenía toda su lengua adentro de mi vagina y con el pulgar de una mano me sobaba el clítoris… en ese momento me metió un dedo en el culo y yo lancé un grito ahogado.

    Pero no fue solamente por el placer de su dedo dentro de mi, sino porque al fin mis ojos habían identificado en la foto de la pared a la persona que, sonriente, estaba fotografiada con el tipo que se estaba comiendo mi concha… ¡mi hermoso profesor!

    La vista de mi profe me calentó tanto que tuve un orgasmo espontáneo. Él me empezó a penetrar por la vagina y estaba buenísimo, pero yo ya no podía concentrarme… necesitaba saber qué hacia la foto de mi profe ahí… sabiendo que mientras más colaborara más rápido acabaría y podría satisfacer mi curiosidad, me dediqué en cuerpo y alma a coger y así le arranque a esa pija otra catarata de leche deliciosa. Quedó exhausto unos momentos en el sillón.

    Me indicó un baño donde podía lavarme, lo hice, luego lo hizo él y nos quedamos tirados desnudos, recuperando el aliento en el sillón. Ahí aproveché a iniciar mi interrogatorio y supe que mi profe y él eran socios y dueños de esa empresa y que estaban con mucho trabajo porque habían comenzado a organizar un viaje con el que premiarían a algunos clientes importantes.

    El viaje sería de ahí a un par de meses a una ciudad turística en las montañas. “Son cuatro noches” me dijo, “donde estaremos lejos de la ciudad y de mi mujer… ¿te gustaría que te agregue a la lista de invitados?”… cuando le pregunté cuanto costaba la estadía me contestó: “a vos te va a costar cuatro noches de sexo caliente como el de recién”…

    -Tu socio también vendría?

    -Si, claro. Vamos los dos representando a la empresa.

    -Contá conmigo.

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  • El tío caliente

    El tío caliente

    Yo vivía con mi madre, su pareja y un hermano de él. Este que lo voy a llamar “tío” a pesar de que todos sabemos que no lo es.

    Sucedió un domingo luego del almuerzo. Habían estado festejando algo y por ese motivo habían brindado varias veces y habían tomado un poquito de más.

    Entonces Luis -mi “tío”- se va a su habitación, mi madre y su pareja a descansar en la suya y yo me quedo en un sillón del comedor solo, leyendo una revista.

    Luego de un rato, me levanto para ir al baño. Paso por la puerta de la habitación de Luis y veo que la puerta está algo entornada y una luz muy tenue dentro. Al regresar del baño rumbo al comedor nuevamente, siento que Luis me llama en un tono bajito y cómplice.

    Me asomo por la puerta y lo veo acostado a medio cubrir su cuerpo, ya que hacía calor y pienso que sin ropa interior.

    Al ingresar me dice que cierre la puerta y me siente en la cama. Yo asiento a su pedido.

    Me siento a su lado y él me pasa un brazo por encima de mis piernas. Yo tenía un pantaloncito corto y una camisa muy fina. Luego de un rato me dice que me recueste a su lado y me parece que está algo excitado, seguramente por la lectura que estaba llevando a cabo.

    Cuando me acuesto me invita a quitarme la ropa, para quedar, así como él, y así lo hice.

    Me gusto sentir la piel contra mi piel, fue una sensación extraña y agradable, y comprobé mi primer pensamiento, ¡no tenía ropa!

    De inmediato puso la mano sobre mi muslo y continuaba leyendo. Masajeaba un poco mi muslo y yo lógicamente me excité, cosa que él notó con su antebrazo al acariciar mi muslo.

    Entonces puso mi mano sobre su pene que estaba muy duro, yo nunca había visto ni sentido un pene en ese estado. Me hizo que lo masajeara como para masturbarlo y me invitó a que lo chupara.

    En un primer momento rechacé la invitación, pero sin decirlo, quedé recostada a su lado con una mano agarrando el miembro y la otra apoyado en la cama y mirando la cabeza del pene que estaba caliente y roja.

    Reitera la invitación, ya con una voz más nerviosa y seductora, me agaché y lo puse en mi boca, él comenzó a moverse como si estuviera cogiendo mi boca y comenzó a gustarme. Yo también movía mi lengua y lo sacaba de mi boca para pasarle la lengua a lo largo y nuevamente lo metía en la boca para meterlo todo lo que podía dentro de mi boca.

    En eso siento que comienza a latir de una forma incontrolada y ahí comienza a salir la leche caliente, en ese momento y creo que, por ser la primera vez, Luis retira el pene de mi boca para derramarlo sobre su abdomen y lo frota lentamente… Me gustó mucho…

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  • Tina y sus cuñados

    Tina y sus cuñados

    Los que sigan mi historia recordaran como mi suegro, un hombre sesentón pero muy bien conservado, padre de once hijos, entre ellos mi marido, y hombre con un cierto éxito en el mundo de los negocios, tras afrontar un intentó de rebelión de sus hijos, motivado por la decisión de su padre de separarse de su madre y juntarse con otra mujer, los dominó y tomo una drástica decisión emputecer a todas sus nueras, yo fui la primera y me encomendó la misión de ayudarle a hacerlo con el resto de sus nueras, la tercera de ellas se llamaba Tina.

    Varios días después de que esto sucediera, recibí la orden de conectarme al sistema que mi suegro, con la colaboración de sus nueras emputecidas, había instalado en nuestras casas, cuando me conecte apareció el salón de la casa de Tina. Al poco apareció ella con mi marido y Fernando, el esposo de Mirtha, que era a la vez su cuñada y su prima, Ella les preguntó, con una voz muy sensual:

    -¿Qué os trae por aquí cuñaditos?

    Y mientras lo hacía acariciaba los pechos de sus cuñados, en esto Fernando, viendo la actitud de su cuñada-prima, dijo:

    -Nuestro padre nos ha ordenado traerte estos papeles para nuestro hermano, y dirigiéndose a mi marido, añadió, ¿No te parece hermanito que nuestra cuñada, además de estar muy buena, parece estar muy caliente y ser muy puta, por suerte nuestras mujeres no son así, y para que se la folle otro mejor nos la follamos nosotros? Que ella elija.

    Cuando Fernando decía esto demostraba ser un hipócrita, no hacía mucho. siguiendo las ordenes de mi suegro, yo había follado con él, y lo que no sabía era que su mujer, por el mismo motivo, había follado con mi marido. Tina dijo:

    -Nunca he hecho un trio, y si vosotros os animáis, seréis los primeros.

    Y rápidamente despojaron a Tina de su vestido, para descubrir que no llevaba anda debajo.

    -Que buena esta nuestra cuñada, hermano, dijo mi marido.

    Tina se inclinó hacia Fernando, le bajo los pantalones y el short y se puso a lamerle la polla, y después se la metió en la boca dando comienzo a una intensa mamada que hizo que su primo-cuñado comenzara a lanzar fuertes gemidos.

    Pero mi marido no se quedó quieto, sino que, al ver la postura de Tina, de noventa grados, y como su coño había quedado a su alcance, se bajó los pantalones y el short y se disponía a metérsela cuando Tina, dejando un momento la mamada le indicó:

    -Cuñadito, ponte primero un condón, están en el cajón, y con su mano señaló un mueble.

    Mi marido abrió el cajón del mueble, sacó el preservativo, se lo puso y de un golpe metió su polla dentro del coño de su cuñada, esta acusó el golpe, pero siguió chupando la polla de Fernando que dijo:

    -Cuñada la chupas divinamente, mucho mejor que tu prima.

    -Y tienes el coño más caliente que mi mujer, dijo mi marido.

    Ver esta escena me puso caliente, no estaba celosa de mi marido, aunque me molestó que fuera tan hipócrita, estaba segura de que mi coño era bien caliente y placentero y en esos momentos no pude evitar llevar mis dedos hacia mi sexo e introducir dos de ellos en mi interior.

    Mientras el trio que había formado continuaba su actividad, hasta que Tina, sacándose la polla de Fernando de su boca dijo, mirando a mi marido:

    Cuñados me estoy cansando de estar así, túmbate, Jorge, se refería a mi marido, en el sofá. Mi marido, siguió la indicación de Tina y se tumbó bocarriba, su cuñada se puso encima de él, formando un ángulo de noventa grados y se puso a cabalgarle, mientras con su mano agarró la polla de Fernando, que permanecía de pie, y se puso a chupársela.

    -Ya me imaginaba yo, que nuestra cuñada era putisima, pero no creí que lo fuera tanto, dijo mi marido.

    Estuvieron en esta postura hasta que mi marido se corrió, Tina al sentirlo le hizo una señal a su otro acompañante y se sacó la polla de Fernando de su boca, limpió con su vestido la polla de mi marido.

    -Así cuando lo lavé me acordaré de ti cuñadito.

    Se sentó en el sofá, Fernando llevó una de sus manos hasta su coño y se lo acarició y después dijo a mi marido:

    -¿Sabes que desde que comenzó a salir con Manuel, Manuel era el marido de Tina y hermano de los que se la estaban follando en ese momento, notaba que le gustaba enseñarme las bragas, y desde que comencé a salir con su prima aún más?

    -Y tú te morías de gas por follarme primito, dijo Tina refiriéndose a su primo cuñado.

    Después le pidió al aludido que se tumbara ahora el en el sofá, cuando lo hizo Tina le colocó un condón en la polla, y ella dirigió el miembro de su cuñado hasta el interior de su coño mientras ordenaba a mi marido sentarse en el respaldo del sillón, cerca de su boca y agachándose llevó la polla de este al interior de su boca, mientras Fernando, viendo la cercanía de las tetas de su cuñada a sus manos se puso a acariciárselas.

    -Menos mal que nuestras mujeres no son así, dijo mi marido, mientras gemía disfrutando de las acometidas de la boca de Tina sobre su polla.

    Me dieron ganas de reír, sabiendo como sabía que, si éramos unas putas, pero nuestros mariditos no imaginaban o cornudos que eran, pero más que ganas de reír lo que tenía ganas era de masturbarme. Ver como mi cuñada daba gusto y exprimía a sus dos machos me resultaba muy excitante.

    Los tres parecían funcionar como una máquina muy bien ensamblada, mi marido parecía no poder guardar bien el equilibrio, así que se puso de pie, esto hizo que también su cuñada hiciera lo mismo, volviendo a formar con el cuerpo de Fernando un ángulo de noventa grados, en ese momento Tina llevó una de sus manos a su coño y comenzó a acariciárselo, en la expresión de su cara se la notaba que estaba gozando a tope y tuvo varios orgasmos, pero en ese momento Fernando dijo:

    -Prima siempre me ha encantado tu culo y apenas te lo he acariciado.

    Ella se rio y dijo:

    -¿Acaso crees que no lo había notado?, más de una discusión he tenido con mi prima por eso, tenía que convencerla de que eran puras fantasías suyas, pero sabía que no era así.

    Fernando se puso a acariciarla el culo de manera intensa, Mi marido preguntó:

    -¿Entonces ahora no te lo toca?

    -Hace mucho que no, seguro que esta liado con alguna zorra de vuestra oficina, dijo Tina, y vosotros lo sabéis, pero los tíos, os lo tapáis todo.

    -Ahora primita de lo que se traba de es taparte a ti tus agujeros, dijo Fernando, de nuevo.

    Tina agarró las pollas de sus cuñados y se puso a acariciarlas, y pese a la actividad que estaban desarrollando, estas se volvieron a poner en forma enseguida, después Tina ordenó a mi marido tumbarse en el suelo, ella se arrodilló sobre él y comenzó a cabalgarle de nuevo, en ese momento dijo a su cuñado:

    -Venga primo tráeme mi chorizo.

    El aludido se acercó a ella y le puso su polla cerca de la boca, Tina la abrió y se introdujo el miembro de su cuñado en su interior, en ese momento Fernando, dirigiéndose a mi marido dijo:

    -La zorra de nuestra cuñada hace unas mamadas divinas, no em extraña que nuestro hermanito este siempre en las nubes.

    Mientras decía esto apretaba la cabeza de Tina contra su cuerpo, lo que hacía que las mamadas de esta fueran más intensas, mientras mi marido añadió:

    -Y hace unas folladas increíbles.

    Mientras Tina seguía con unos movimientos, en su boca y en su coño, que dejaban alucinados a sus cuñados, dejando por un momento la polla de Fernando dijo:

    -Y vosotros cuñaditos tenéis unas pollas increíbles, vuestras mujeres tienen que estar muertas de ganas de que las folléis.

    Acto seguido volvió a meter la polla de Fernando dentro de su boca y continuó con la mamada, yo viendo la escena estaba calentísima, tenía los dedos cansados de tanto masturbarme, menos mal que con la paliza que les estaba dando su cuñada mi maridito esa noche no quería nada.

    Los tres seguían llevando a cabo su folleteo con mucha pasión, hasta que mi Fernando dijo:

    -Mi polla ya no aguanta más me voy a correr.

    Y soltó un fuerte gemido que demostraba que se estaba corriendo en la boca de su cuñada prima, cuando terminó, ella, sin dejar de cabalgar a mi marido, se dedicó a limpiar con su boca la polla de Fernando, cuando terminó dijo:

    -¿Sabes primito? Alguna vez os espiaba a mi prima y a ti mientras follabais y veía como ella te chupaba la polla, la verdad es que me daba envidia.

    -Y yo tenía la fantasía de que tu ocuparas su lugar, dijo él

    En ese momento fue mi marido quien llamó la atención y dijo:

    -No puedo más.

    Y se corrió, tras esto descansaron un momento, pero rápidamente Fernando se recuperó y dijo:

    -Prima estamos hablando mucho, pero yo lo que tengo es ganas de metértela por el culo, seguro que el cabrón de nuestro hermano te lo hace a menudo.

    -No creas, dijo ella, seguro que se lo hace a otra, y vosotros lo sabéis, pero me da igual quiero dejaros muy satisfechos, mi culo es vuestro.

    Tina cogió la polla de mi marido, que aún no se había recuperado del último polvo y la acaricio un poco, después dijo:

    -Tendremos que trabajarla un poco, ponte de pie.

    Mi marido obedeció, Tina se puso a cuatro patas, al lado de la polla de mi marido y se introdujo la polla de este en su boca, después cogió la polla de Fernando con una de sus manos, comprobó que estaba en forma y le dijo:

    -Bien primito, si te apetece mi culo es tuyo.

    Fernando no se hizo de rogar, y colocándose detrás de ella la introdujo su polla en el culo, y comenzó a moverse de delante hacia detrás.

    -Caramba, primito que bien enculas, dijo Tina dejando, por un momento de chuparle la polla a mi marido.

    -Es que tenía muchas ganas de hacerlo, dijo el aludido.

    Tina volvió a chupársela a mi marido, mientras Fernando continuaba haciendo realidad su fantasía de follar el culo de su prima cuñada, hasta que mi marido dijo:

    -Oye cuñada la chupas estupendamente, pero viendo a mi hermanito hacértelo por el culo siento celos, quiero hacértelo yo también.

    Tina se río y con ironía dijo:

    -Me encanta que lo compartáis todo como buenos hermanos.

    Pidió a mi marido que se sentara sobre el sofá ella se puso encima y dirigió la polla de mi marido hacia su culo y poco a poco se la introdujo en su interior, y fue ella la que se movía de arriba abajo. Después llamó a Fernando e introdujo su palla en la boca de ella.

    -Que guarra eres prima, dijo este, primero te la metes por el culo y sin lavarla luego te la metes en la boca.

    -Si quieres vete a labrártela, dijo ella soltando por un momento su polla.

    -No primita, dijo él, creo que yo también soy un guarro, jajaja

    Y siguieron con lo que estaban haciendo.

    Desde luego Tina estaba demostrando ser putisima, como le gustaba a su suegro, y por lo visto a sus cuñados también, jajaja. Y yo viendo cómo funcionaba su trio me puse cachondisima, no podía sacar mis dedos de mi vagina, disfrutaba de ser una cornuda.

    Tina seguía chupándole la polla a mi marido que no pudo aguantar más y se corrió, pero Fernando seguía con su polla en el interior de su cuñada.

    -Primo que manera de meterla, se te nota que tenías ganas, jajaja.

    -Llevas razón primita tenía muchas ganas de darte por el culo respondió él

    Poco después se corrió. En ese momento Tina les dijo:

    -¿Sabéis una de mis fantasías? Tener una polla en ele coño y otra en el culo a la vez.

    -Pues por nosotros que no quedé, dijo Fernando.

    Entonces mi marido propuso.

    -Pongámonos de pie, yo acopló mi polla con su coño y tu desde atrás se la metes por el culo.

    Y eso hicieron, se pusieron los tres de pie, Tina y mi marido el uno frente al otro, pero ella estaba emparedada puesto que, si su cuerpo se juntaba por delante con el de mi marido, por detrás era Fernando quien restregaba su polla contra su culo.

    Mi marido la alzó y no sé como pero el caso es que en esta acrobática postura consiguió meter su polla en el coño de ella, Fernando por su parte al tener el culo de ella a su altura se la metió por este agujero, Tina comenzó a emitir unos gemidos muy intensos, mientras decía:

    -Joder, no pensaba que esto fueran tan divino, estoy gozando como nunca.

    Estuvieron un rato en esta postura hasta que tina dijo:

    -Lo estoy pasando de maravilla, pero esta postura es un poco incomoda, mejor tumbémonos en el sofá.

    No sé muy bien como lo hicieron, pero lo cierto es que cuando me quise dar cuenta, mi marido estaba tumbado en el sofá, Tina estaba encima de él, con su polla dentro del coño de ella, y Fernando que seguía de pie tenía su polla dentro del culo de su prima cuñada, que seguía jadeando intensamente mientras decía:

    -Nunca pensé que esto fuera tan placentero me estáis matando de gusto cuñaditos, me estáis follando divinamente.

    Ellos continuaron con su labor, Fernando decía:

    -Meterla dentro de tu culo es algo maravilloso, cuñadita, parece estar hecho para recibir pollas.

    Y así siguieron otro rato, ver las dos pollas de ellos situadas muy cerca, aunque penetrando distintos agujeros de Tina resultaba muy morboso, parecía que las dos pollas estaban a punto de chocarse, la cosa duro hasta que mi marido dijo:

    -Venga Fernando hagamos un cambio de agujeros.

    Tina se giró sobre si misma, mi marido no se movió, y ella desde la postura de sentada introdujo la polla de mi marido en el interior de su culo, ahora miraba a Fernando que continuaba, de pie y rápidamente se la metió por el culo, y de esta manera estuvieron follando otro rato, cuando vieron que se iban a correr Tina les pidió que se corrieran encima de su cuerpo y así lo hicieron.

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