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  • Me masturbé observando a la mamá de Eusebio

    Me masturbé observando a la mamá de Eusebio

    Eusebio y yo somos amigos desde el primer grado de estudio, y recuerdo desde pequeño ya me gustaba su madre, fuimos creciendo y ya siendo adolescentes recuerdo que cada fin de curso, ellos me invitaban a irnos de vacaciones a su chalet, que tenían en el pueblo de sus abuelos

    La madre de Eusebio es una mujer hermosa, pero un cuerpazo estupendo, unas tremendas tetas y un culazo espectacular, cada verano nos vamos de vacaciones a su chalet que está bastante bien, el padre nos lleva a los tres y luego él se devuelve a la ciudad y allí pasamos unos 20 días.

    Ellos son de origen portugués, así que cada vez que vamos al chalet se la pasa ella en la piscina tomando el sol ya que es de piel muy blanca y se pone un bikini pequeñito que deja ver esas hermosas tetas y la parte de abajo se nota sus labios vaginales que se ve que son grandes, y la parte de atrás se le mete en la rajita de su culo yo enseguida me tengo que meter en la piscina para que no se me note mi verga parada.

    Luego cuando subo al baño me hago tremenda paja pensando en ella, ese verano me acuerdo que cuando bajamos al pueblo conocimos a dos muchachas y enseguida Eusebio se enredó con una, la verdad la otra no era muy bonita así que yo nada, a los días hicieron una fiesta en la casa de una de ellas y fuimos.

    Eusebio la estaba pasando muy bien mientras yo solo pensaba en su madre, así que como a media noche le dije que me iría a dormir.

    Al llegar a la casa, entré, me dirigí a tomar un poco de agua, y al rato apareció la madre, se asustó al encender la luz y verme allí.

    Madre: Luis que haces aquí me asustaste no estabas con Eusebio en la fiesta.

    Luis: si señora, la cosa fue que tenía sueño y me vine.

    Madre: y no sabes cuándo va venir Eusebio.

    Luis: no sé, no me dijo.

    Mientras yo estaba nervioso hablando con ella porque llevaba puesto un pijama que se le trasparentaban sus pezones y se veían rosaditos y paraditos, y la parte de abajo del pijama era un short pequeño que igual se trasparentaban y dejaban ver sus bragas que eran de color negras, y al voltearse y abrir la nevera para agarrar el agua se dibujaban sus bellas nalgas que le salían de su short.

    Menos mal que había un banco cerca de la mesa que agarré rápido para que no se notara el bulto en mi pantalón y me tapé, porque esa verga la tenía a reventar y me senté rápido, ella seguía medio agachada en la nevera buscando yo no sé, y empinando ese culo más y ya se le salía media braga por lo corto del short.

    Me armé de valor, me acerqué por detrás de ella sin que se diera cuenta y le recosté en ese bello culo mi verga parada, ella pegó un brinco, se volteó y me cacheteó, diciendo que hacía, si estaba loco, como podía hacerle eso.

    Me disculpé y salí corriendo a mi cuarto, allí me acosté y recordé que mi verga estuvo recostada en la raja de su culo y me empecé a masturbar con fuerza.

    Al día siguiente no quería salir del cuarto y mucho menos verle la cara a ella, pero Eusebio insistió y tuve que salir, allí estaba ella preparándonos el desayuno, y no se veía molesta, actuaba normal, eso me tranquilizó porque estaba muy nervioso, ella llevaba el mismo pijama, pero esta vez llevaba el brasier.

    Desayunamos y luego fuimos a la piscina y Eusebio me dijo que anoche lo había pasado de maravilla y que había tenido relaciones con ella, y luego salió la mamá y no me pudo contar más.

    Ella llegó con otro bikini de espanto que no dejaba mucho para la imaginación, así que otra vez me haría sufrir por ponerme mi verga súper parada, tuve que salir corriendo a echarme un chapuzón.

    El teléfono de Eusebio sonó y al rato le dijo que volvería que tenía que salir, se acercó y me dijo “es ella, quiere que vaya a su casa ahora que sus padres salieron, distrae a mi madre” riéndose y se fue.

    Yo no quería salir de la piscina por la erección de mi pene, pero ella me llamó y me dijo que teníamos que hablar, salí, agarré la toalla y me tapé y fui a donde ella súper nervioso, para ver que me decía.

    Madre: Luis sabes que lo que hiciste anoche no está bien, verdad.

    Luis: si señora estoy muy apenado con usted no sé qué me pasó anoche, perdóneme no va volver a pasar más nunca, le ruego que no le diga Eusebio.

    Madre: bueno entiendo que son loqueras de la juventud, pero bueno ya está olvidado, y ahora para hacer las paces échame bronceador solar, que sabes que soy muy blanca y me quemo rápido.

    Se volteó, se acostó y dejó otra vez su bello culo a mi vista, agarré el bloqueador, se lo eché en su espalda y luego yo en mis manos y empecé a frotárselo en la espalda.

    Cuando terminé me dijo que se lo echara en las piernas y así se lo hice, al tocar ese cuerpo tan rico mi erección era tan fuerte que me dolía mi verga, y luego sube un poco más, y yo veía que ya todas sus piernas estaban, solo era su culo que le faltaba, así que con un poco de miedo subí y con mis dedos rozaba el pliegue de su piel que hacían separar sus piernas con el comienzo de su culo, y visto que no decía nada, me atrevía y subía cada vez más, hasta que llegué hasta sus nalguitas redonditas y paraditas y las frotaba con más fuerza y veía que con esos movimientos su bikini se iba metiendo en su rajita.

    Cada vez mis dedos estaban más cerca de su rajita, rozaban su agujerito anal y yo seguía, hasta que me dijo “está bien, ahora por delante por favor Luis”, se volteó y vi esas hermosas tetas tan cerca de mí, le eché bloqueador en sus hombros y empecé a frotarlo y disimuladamente con mis dedos rozaba sus tetas.

    Estuve un rato, medio tocándole las tetas por el costado, y viendo crecer esos hermosos pezones, parecían dos ciruelitas por lo bien paraditas que estaban, luego bajé a su vientre y las piernas y mientras subía y frotaba más fuerte, pasó lo mismo de antes, su bikini se metía entre sus labios vaginales, y se notaban que eran grandes, disimuladamente me acercaba a ellos y sentía con mis dedos el comienzo de esos labios, cada vez estaba más cerca de ellos, que ricura tener esa vagina rozándola con mis dedos.

    Ya estaba dispuesto a recibir otra bofetada, porque no aguantaba más meterle mano, cuando me dijo “ya está bien Luis, gracias por todo”.

    Agarré la toalla y me fui al baño a masturbarme, lo que había hecho, era burlarse de mí, pero se salvó que llegó Eusebio, porque ya estaba dispuesto a follármela.

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  • Recordando aquella verga rica que me comí

    Recordando aquella verga rica que me comí

    Este hombre despertó en mí una pasión sexual difícil de controlar, luego de decidir escribirle e incluso haber logrado vernos y echar una rica culeada, pues este deseo por el aumentó.

    No había probado ni sentido una verga tan rica como esa, de muy buen tamaño, hermosa en apariencia, rica muy rica, caliente, provocaba chuparla y chuparla hasta que dejara esa rica leche calientica en mi boca.

    Con tan solo cerrar mis ojos puedo imaginármelo conmigo, él recostado en la cama deliciosamente desnudo, con su espalda sobre algunas almohadas, ligeramente inclinado, yo con mi cabello suelto me voy acercando a él desde el extremo inferior de la cama, muy sensualmente voy acariciando su cuerpo con mi cuerpo y mi cabello, sus piernas, sus caderas, al tener su verga rica frente a mi cara no puedo evitar lamerla, darle una probada y metérmela completa, pero me retiro y sigo subiendo…

    Quiero probar su boca, pero antes beso su abdomen, su pecho, llego al cuello, chupo, beso, mordisqueo suavemente, voy a sus orejas, que me encantan porque le da un cosquilleo cuando me acerco a ellas y les doy una rica y sutil chupadita, me dirijo a su boca, en mi abdomen sentía su verga clavándoseme, paradísima, dura, caliente…

    Al llegar a su boca surgió aquel beso tan excitante que hacía que todo se mojara más, que todo se endureciera más, aquella lengua que se enlazaba con la mía, comunicándose ellas entre sí, haciéndose saber que el placer aumentaba.

    No pude más y tuve que bajar a metérmela en la boca, quería chupársela, quería que él me agarrara el cabello dirigiéndome el movimiento según su gusto, que rico sentir esa dominación, la chupo completa, le paso la lengua, le chupo la cabecita, sigo lamiendo todo, completa, el agarrándome del cabello me guía el movimiento, rápido, arriba, abajo, más lento, completa, que sintiera que me llagaba más allá de la garganta.

    “Qué rica verga tienes mi amor”, le digo, “quiero comérmela toda”, “es que toda todita te la vas a comer”, me dijo… pasados los minutos le dije, “quiero que me la metas, cógeme, pero cógeme duro”, él toma acción y me agarra y me baja rápido la ropa y antes de metérmelo me da aquella rica mamada, chupándose toda la humedad que ya mi cuerpo había dejado salir, “que rico, sigue, no pares”, le decía…

    Él seguía haciendo maravillas con esa lengua, su verga estaba parada, caliente, métemela le dije, él lo hizo, embistiéndome con toda aquella fuerza y pasión que el también acumulaba, al cabo de unos minutos dándome duro le dije “quiero cabalgarte” se me quedó mirando con aquellos ojos libidinosos, me lo saca, pero sin soltar mis caderas se acuesta montando mi cuerpo encima de su verga “¡Que rico!” Le dije, de verdad, que rica verga, con ese tamaño, haciéndome sentir dolor, pero dolor de placer, ya que me llena completa, moviendo mis piernas y caderas podía sentir como entraba y salía, su cara era demasiado excitante, provocaba moverme más rápido solo de ver su cara de placer.

    “Te quiero poner en cuatro” me dijo, “ponte, así como una perra en celo, pidiendo verga” bien abierta y en cuatro sentí como su verga me seguía penetrando, “que ricura” era todo lo que yo pensaba, me jalaba el cabello con aquella bestialidad mezclada con sensualidad. “dame rico, no pares” le decía. Él introdujo un dedo en mi boca, chupándoselo me sentía más aún como una perra, una puta, toda una puta para mi amante, dándome una que otra nalgada, dolor que se volvía placer, sintiendo como su verga entraba y salía, que placer el que yo sentía…

    “Quiero que me des por el culo” le dije, eso aumentó más el placer, me lo sacó, me volteó, me besó metiéndome la lengua a más no poder, su respiración estaba aceleradísima, chupando mi cuello, mordiendo suavemente las tetas, lamiéndome la vagina por unos segundos, todo rápido, él necesitaba metérmelo rápido por el culo, yo estaba muy excitada, acostados de lado, solo hizo falta aplicar el lubricante, más nada…

    “Métemela… uyyy que rico, dame mi amor, soy tu puta”, de nuevo jalándome el cabello, “méteme dos dedos por delante” le dije “así que me sienta bien puta”, que rico era sentir mis dos zonas totalmente llenas, sentirme cogida por todos lados.

    A los minutos sacó los dedos y me hizo chuparlos me agarraba las tetas, apretándomelas, me mordía la espalda, “ponte en cuatro me dijo” lo hice, obedecía a cada una de sus órdenes, metiéndomela de nuevo, haciéndose notar con una rica nalgada, “vamos, muévete bien rico, bien culeona” me dijo, “no pares” le dije, “quiero que me llenes el culo de leche”…

    Él me seguía dando, rico, muy rico, aquella rica verga entraba y salía, yo no podía más de placer, las piernas me temblaban, gemía de placer, “vamos, sigue, como a una puta” le dije, siguió dándome, hasta que dejó mi culo todo lleno de leche, más besos, aun las respiraciones aceleradas y yo, con más ganas de seguirle dando culo, menos mal, que este, mi amante, Alexander, es todo un macho alfa y su tenacidad da para seguir y seguir.

    Que rico imaginar estas cosas y de solo imaginarlas y escribirlas, mi cuerpo se despierte todito.

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  • Cuando mi mujer se iba a trabajar

    Cuando mi mujer se iba a trabajar

    El siguiente relato ocurrió hace muchos años, cuando vivía con mi primera esposa, con la que sí disfruté mucho el sexo, se portaba desinhibida con la que seguramente habríamos llegado a hacer muchas locuras si se nos hubiera ocurrido.

    Resulta que por su trabajo, mi esposa tenía muchas amigas, las cuales en su mayoría eran mujeres que vivían en comunidades muy apartadas y al concluir hasta muy tarde su jornada laboral tenían que quedarse a dormir en hospedajes cuyo costo a final de mes les restaba mucho de sus ingresos.

    Por tanto, al ver que sus dos amigas, Patricia y Josefina mermaban mucho sus ingresos por tener que hacer pagos de hospedaje o de servicio de transporte cuando no tenían donde quedarse, optó por darles oportunidad de quedarse a dormir en casa.

    La verdad es que a pesar de que me gustaban, nunca les falté al respeto, porque pensaba que podrían quejarse con mi mujer de que les había pedido una cita o bien invitarlas a tomar el café, entonces guardaba mis sentimientos en el baúl de los olvidos.

    El caso es que en una ocasión mi mujer tuvo que viajar fuera de la ciudad para visitar a unos familiares, porque una de sus tías había enfermado y decidió acudir a atenderla por unos días porque no había pariente cercano que se hiciera cargo, por tanto, su estadía fuera de la ciudad se prolongó por espacio de varias semanas.

    Ante la ausencia de mi mujer una tarde decidí entrar en una taberna para tomarme unas cervezas, ya que había bastante calor, siendo grande mi sorpresa porque una de sus amigas, Patricia, estaba almorzando ahí. Después de platicar un rato se despidió, porque además argumentó que una compañera de trabajo nos había visto y se lo iba a decir a mi mujer que nos había visto juntos y no quería problemas.

    Sucedió lo que se espera. La compañera de trabajo de mi mujer le dijo que me había visto muy acaramelado a la hora del almuerzo con Patricia porque la había ido a buscar y seguramente de ahí nos fuimos a un motel.

    Mi mujer me reclamó muy enojada, que como era posible que en su ausencia por cuestiones de enfermedad de su pariente me había dado la gran vida cogiendo con una de sus compañeras de trabajo. No sólo yo fui víctima de sus celos enfermizos y los comentarios infundados, sino que también su amiga Patricia sufrió las consecuencias porque aparte de dejarle de hablar, ya no le permitió quedarse a dormir en casa.

    Entonces busqué a Patricia y le indiqué que eran lamentables las acusaciones que nos hacían mi mujer y su compañera de trabajo, por lo que llegamos a la conclusión que para que mi mujer se enojara con provecho, que pusiéramos en práctica nuestros sentimientos, porque ambos nos gustábamos.

    A raíz de eso, Patricia y yo disfrutamos de nuestro amor, y me topé con una mujer que era totalmente caliente, que no le podía tocar los muslos porque empezaba a mojarse totalmente, a través de su ropa interior podían palparse sus jugos que salían a chorros

    Durante muchos meses disfruté al máximo las relaciones sexuales con Patricia, toda vez que es una mujer que se entrega en cuerpo y alma a la relación, ya que hacíamos el amor casi a diario, se me entregaba totalmente, siendo su platillo favorito el sexo oral, anal y que me corriera en sus senos.

    Nuestra relación fue muy duradera, la disfrutamos al máximo porque a pesar de mi matrimonio, Patricia me atendía muy bien, conocía mis gustos sexuales, ya que después de que terminaba, le gustaba volver a ponerme erecto el pene metiéndolo en su boca cuando estaba flácido hasta despertarlo totalmente, no sin antes lamer los restos de semen que quedaban en la punta.

    Desde luego que yo no me quedaba atrás, ya que también le lamía su conchita y me tragaba mi semen y sus fluidos, que al juntarse en uno sólo eran un manjar, mejor que un ostión.

    Además, le gustaba rasurarse su conchita, le gustaba que yo se la rasurara, además de que en muchas ocasiones me decía que terminara en sus pocos pelos y que ese semen me lo echara en la boca y así la besara.

    Quiero decirles que por arte de magia mi mujer “perdonó” a Patricia y nuevamente le permitió llegar a dormir a casa al concluir su jornada laboral, lo cual era aprovechado por Paty y por mí, para dar rienda suelta a nuestro amor mientras mi mujer se encontraba ausente, ya fuera porque saliera temprano a trabajar, o aun no llegara de sus cotidianas labores.

    Cogíamos de lo más rico en mi casa, donde disfrutábamos de nuestro amor, donde dábamos placer a nuestras fantasías sexuales que eran de lo más fabuloso, porque cogíamos en la misma cama donde más tarde me acostaba con mi mujer y cogía también con ella que gemía de placer, lo cual se los contaré en otra historia.

    Hicimos muchas locuras sexualmente hablando, muchas posiciones.

    Fueron muchos meses de felicidad, hasta que un día me dijo que lo nuestro ya no podría ser porque debía volver a su pueblo, por lo que un día nos despedimos sexualmente, haciendo el amor como locos, nos bebimos sus jugos, mi semen, terminé en su boca, en su culo.

    Desde ese entonces ya no la he vuelto a ver, como tampoco a la que en ese entonces era mi mujer.

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  • Mi suegra, gordita inesperada (6): El cumpleaños de mi suegra

    Mi suegra, gordita inesperada (6): El cumpleaños de mi suegra

    Llegó el tan ansiado cumpleaños de mi suegra y la familia de mi suegra se quedó hasta muy tarde y muy tomados.

    Yo tome poco, quería darle su regalo a mi suegra y por lo que tomo mi suegra también esperaban que caigan todos para recibir su regalo. Como siempre yo me quede hasta el último para ayudar a acomodar y limpiar todo muy entrada ya la madrugada, mi suegro ya estaba bien tomado, así que no tardaba en caer. mi esposa ya sabía que me quedaría a acomodar la casa de mi suegra así que se fue a nuestra casa la jalo en su carro su tío ya solo quedaban unos sobrinos de mi suegra que eran los que más aguantaban.

    Ya eran las 5 de la mañana así que mi misma suegra fue la que les dijo que ya era hora de irse y entre bromas sus sobrinos le decían que cuidado con el yerno que estaba tomado y que mi suegro estaba dormido como piedra, mi suegra se rio y dijo de manera muy desfachatada algo atípico en ella dijo, que se cuide el, que mi marido está dormido, (debe ser que el alcohol que tomo ya estaba haciendo efecto) entre las risas se fueron mientras yo movía los muebles y limpiaba el suelo.

    Mi suegra entro a su cuarto donde estaba roncando mi suegro y cuando salió solo traía un polo largo que le llegaba solo hasta la mitad de sus hermosos muslos gorditos y deliciosos, lo que hago yo es acercarme y darle un beso largo y cuando quiero agarrar su inmenso trasero me doy cuenta que si exactamente solo tenía puesto ese polo, estaba sin nada abajo y podía tocar y sobar a gusto ese tremendo culazo, nos comenzamos a besar y yo a agarrar ese culazo desnudo sobándolo ahí en medio de la sala, le di vuelta y me arrodille para morderle y lamerle el trasero tan grande y hermoso, mi suegra gemía despacio.

    Se dio vuelta y me ofreció su vagina abriéndola con sus dedos para enseñarme su clítoris con ganas de ser lamido, se lo comienzo a lamer y ella casi y se cae, así que me senté y ella me desabrocho el pantalón y al ver mi pene erecto y listo no aguanto más y de un sentón se tragó mi pene con su vagina. le levante el polo y mientras ella se comía mi pene salvajemente yo le mordía lamia y hundía mi cabeza en sus tetas blancas y de pezones marrones deliciosos, agarrando con mis manos esas dos masas inmensas de carne que son sus nalgas, hasta dando nalgadas suaves para que no suene.

    Esto excitaba a mas a mi suegra que se movía mas alocada hasta que llego a su orgasmo haciendo sentir en mi verga como contraía las paredes de su vagina. Cayó encima mío a lo que la puse de perrito para ver ese culazo que me encanta y le dije: muerda el cojín que se lo voy a meter por atrás o si no van a escuchar hasta los vecinos.

    Así que empecé el trabajo y poco a como le fui metiendo el pene en ese hermoso culo, mi suegra gemía fuerte mordiendo el cojín del mueble, pero no se movía, se dejaba taladrar ese pequeño orificio.

    Al entrar todo me quede un momento ahí hasta que se acostumbre a tenerme dentro, no pasaron segundos para sentir los movimientos de mi suegra, ese vaivén para comerse mi pene con su culo, entonces yo también empecé a moverme, ella dejo la almohada y comenzó a decirme:

    “Que rico, Andrés sigue así por favor, voy a llegar a otra vez, métemelo más fuerte, oh ho oh”.

    Esas palabras me pusieron a mil y más que mi suegra estiro su mano debajo de ella y me empezó a agarrar las bolas suavemente, lo que me excitó más todavía. Le dije a mi suegra, suegrita ya me voy a venir, a lo que ella me dijo, ya mi amor métemelo en mi vagina que quiero sentir tu semen dentro, saqué mi pene y se lo introduje con fuerza en la vagina lo que hizo gritar a mi suegra varias veces.

    “oh si siii ohhh más más sigue”

    Entonces termine de llenarle las entrañas con mi semen quedándome dentro de ella, la jale hacia mí me puse en cuclillas y ella se sentó en mis piernas abrazándola por detrás y besándonos. A lo que se paró rápido y fue a su cuarto, regreso despacio y vio que mi suegro seguía roncando de lo lindo sin saber que a menos de 10 metros su mujer había sido culeada.

    Fue hacia a mí me dio las gracias y me dijo que me vaya a acostar a la cama de que fue de mi esposa en el otro cuarto, cuando entre me acosté y mi suegra entro para besarme apasionadamente hacerme una mamada riquísima y quitarse toda la ropa para que yo la pudiera ver totalmente desnuda como me gustaba.

    Me dieron ganas de metérsela otra vez lo que hice, pero ella salió y me hizo una mamada que me hizo llenarle la boca de leche, me dijo que ya estaba cansada así que mejor no más sexo por hoy, pero que fue un riquísimo regalo el mejor regalo del año y yo le dije del año y del ano.

    Me dormí apenas se fue y cuando desperté ya era casi medio día y me despedí de mi suegro y mi suegra estaba en la cocina me fui a despedir, le di un beso muy caliente y le metí la mano como quise ¡mi suegra ya es mi mujer!

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  • Y se folló a Papá Noel

    Y se folló a Papá Noel

    Se acercaba la noche buena. Laura estaba casada y con dos hijos. Todos los años para la noche del veinticuatro mandaba a sus hijos a dormir muy temprano, y estos siempre se quejaban porque decían que querían ver a Papá Noel. El caso, es que estaban llegando a una edad en que sólo creían lo que veían, y por lo tanto, la sospecha de que dicho personaje no existía se hacía cada año más contundente. Como buena madre, esta no quería que sus hijos perdieran la ilusión de las fiestas, y ese mismo año pensó en la manera de sorprender a sus criaturas.

    Laura, por su vecina Carolina se enteró de la existencia de una empresa, en la cual se podía alquilar un Papá Noel. La idea le cautivó, pues así, sus hijos podrían ver a dicho personaje sin sospechar de su padre, a este le pidió permiso y lo convenció añadiendo que ella se encargaría de todo. Y la verdad es que era bastante sencillo: sólo tenía que mandar una carta con su dirección, el pago en efectivo del alquiler, el sitio por donde debería entrar el enviado de la empresa (ya sea una puerta o ventana) y el lugar donde ella guardaría los regalos, antes de que Papá Noel los recogiera y los depositara debajo del árbol.

    Así lo hizo, y esperó ansiosa la noche del veinticuatro. La empresa sólo pedía como requisito que la carta se mandara una semana antes, y que de su parte no recibiera contestación a la carta mandada, por si algún niño se le ocurriera abrir el correo y descubrir todo el embrollo.

    Llegó la noche del veinticuatro. Laura mandó a sus hijos a la cama, pero esta vez con la promesa de que los despertaría para ver a Papá Noel. Su marido se quedó dormido enseguida, pero ella tuvo que aguardar despierta porque no sabía a qué hora llegaría el individuo.

    Laura escuchó el ruido de una ventana al abrirse, se puso una bata para tapar el sensual picardías que su marido le había regalado antes de tiempo, y fue a asomarse al salón para ver asegurarse de que el hombre había llegado, y así fue: el individuo estaba entrando por la ventana que había junto al árbol. La joven madre fue a despertar a sus hijos sin hacer ruido, y les pidió a ellos que también tuvieran precaución, porque si no, Papá Noel se marcharía sin dejar los regalos.

    Con legañas en los ojos, los niños se asomaron por la barandilla de las escaleras que daban al salón, y se quedaron petrificados de ilusión cuando vieron a aquel hombre gordo vestido de rojo dejando sus regalos bajo el árbol. Al poco rato, su madre tironeo de ellos para devolverlos a sus habitaciones. Ellos le pidieron permiso para abrir ya los regalos, pero ella les dijo que debían dormir o si no el próximo año no vendría Papá Noel.

    Laura en dirección a su dormitorio, pasó en silencio por delante del salón, y cuando vio que todos los regalos estaban bajo el árbol y la ventana cerrada se alegró, pues necesitaba una tila o algo por el estilo para conciliar el sueño con rapidez. Bajo las escaleras y se dirigió a la cocina. Cuan grande fue su sorpresa cuando encontró allí al individuo sacando una cerveza del frigorífico.

    -¿Qué hace usted aquí? – susurró.

    -Soy Papá Noel.

    -Debería marcharse.

    -Señora, que sólo me estoy sacando una cerveza.

    -Le denunciaré a la empresa.

    -¿Cuándo? ¿Ahora? ¿Quiere que despierte a sus hijos y les diga quién soy?

    Laura guardo silencio.

    -Ya veo que no –el hombre se dirigió al salón con la cerveza en la mano.

    -¿Qué va a hacer?

    -Tomarme la cerveza –dijo sentándose en el sillón.

    -No, lárguese ahora mismo –ordenó Laura de pie frente a él.

    -No haga que me enfade. Es una lástima que no pueda encender la tele –comentó.

    -¿Y qué más?

    -Me gusta tomar una cerveza viendo la televisión, por qué no en vez de tanto refunfuñar me enseña usted algo –dicho esto tiró del lazo de la bata, la cual se abrió de par en par.

    -¿Pero que hace? –dijo Laura tapándose.

    -¡Vaya picardías más sugerente! ¡Usted si que sabe celebrar la noche buena!

    -¡A usted no le importa!

    -Vaya, por su tono deduzco que no ha celebrado nada.

    -¿Por qué no se marcha de una vez? –entonces Laura calló en la cuenta de que esos ojos tras la espesa melena blanca le eran familiares.

    -Creo que he hecho mi papel bastante bien, me merezco un premio, había pensado sólo en una cerveza, pero ya que está usted aquí, ¿por qué no me deleita con una agradable visión?

    -Yo a usted le conozco.

    -Claro, soy Papá Noel.

    -Usted no es de la empresa.

    -Vas bien encaminada, así que no se moleste en poner una denuncia, ahora quítate la bata.

    -Ni lo sueñes.

    -¿Quieres que tus hijos se enteren de que Papá Noel no existe? Pues haz lo que te digo.

    -Mi marido está arriba.

    -Pero no gritaras, podrías despertar a tus hijos.

    -Te marcharas si lo hago.

    -Claro, no voy a quedarme aquí todo el año.

    Laura se quitó la bata y la arrojo a un lado con delicadeza. Sus pechos redondeados asomaban por encima del picardías, este transparente, mostraba un tanga a juego, y a su vez, el vello púbico bien recortado de Laura.

    -¡Vaya, estás más buena de lo que había imaginado! Ahora da un par de vueltas, como si estuvieras en un pase de modelos, quiero verte bien.

    Laura obedeció ofreciéndole una fabulosa vista de su cuerpo, al rato se detuvo.

    -¿Ya?

    -Casi, ahora quiero verte de rodillas.

    La joven madre se arrodilló en mitad del salón. El hombre se levantó y se acercó a ella.

    -¿Qué vas a hacer? –preguntó ella, no obstante ya se lo imaginaba.

    -Quiero que te portes bien con Papá Noel, chúpamela –dijo desabrochándose el pantalón y sacando su miembro– si no lo haces el año que viene no te traeré regalos.

    -Nunca se la he chupado a Papá Noel.

    -Hazlo si no quieres que… ¡Ah!

    Laura se tragó su polla como una loba, y se la chupó con una maestría sorprendente.

    -Que bien lo haces, creo que me voy a correr.

    -De eso nada –dijo Laura quitándose las bragas y lanzándolas hacia el árbol de navidad, en el cual quedaron colgadas– sólo vienes una vez al año, tenemos que aprovechar.

    Tirando de él, Laura se tumbó en el sofá arrastrándolo encima de ella.

    -Hazme lo que quieras, me portaré bien –dijo Laura abierta de piernas.

    El hombre le tapó la boca con una mano, así ahogó el gemido de ésta al penetrarla. Laura no se lo creía estaba siendo follada por Papá Noel en el sofá de su salón. El individuo aparto la mano para probar su lengua, pero sin quitarse la peluca y la barba postiza en ningún momento.

    -Ahora ponte tú debajo, quiero cabalgarte.

    Papá Noel obedeció, y Laura le demostró lo bien que se le daba la equitación. Después de un rato cabalgando al galope, Papá Noel le dijo:

    -Está amaneciendo y me tengo que ir, déjame que me corra.

    -Un poco más, vamos, todavía no has probado mi culo, Papá Noel tiene que probar mi culo.

    -¿Me dejas hacerte eso?

    -Te lo estoy suplicando, ven.

    Laura lo ayudó a levantarse, para después colocarse ella a cuatro patas ofreciéndole su culo.

    -Vamos, pruébalo ¿No quieres probar mi culo?

    -Sí, lo estaba deseando, nunca imaginé que conseguiría hacerlo mío.

    -Podrás disfrutar de él todos los años si vienes.

    -Claro que vendré, y no te molestes en mandar la carta, te la he traído junto con el dinero.

    -Quédatelo, pero trae en Halloween un par de brujas para que mi marido disfrute tanto como yo en navidad.

    -Tranquila, mi mujer lo está deseando, lo he notado, y la otra ya sé quién puede ser.

    -¿Quién?

    -Tú hermana, me he dado cuenta que coquetea con él, será fácil convencerlas, ¿No te importa?

    -No, si tú vuelves, ¿eres un vecino verdad?

    -Puede ser.

    -Venga, métemela en el culo de una vez.

    El vecino empujó con fuerza y se la clavó de golpe, a lo que ella se le escapó un pequeño grito.

    -¿Cariño, estás bien? –preguntó su marido desde la habitación.

    -Sí, sólo se me ha derramado el té –le contestó– no te pares –le susurró a Papá Noel– acaba de una vez, antes de que se levanten todos.

    -Ya estoy llegando, me voy a correr dentro de tu culito.

    -Sí, mi culo quiere tu leche, dásela, dásela.

    -Toma, toma –el hombre soltó una gran corrida.

    Cuando el hombre sacó su verga aún goteaba.

    -Tengo que ir al baño.

    -Ya te limpio yo –dijo Laura– para qué estamos las vecinas –la joven madre se arrodillo y se la chupó tragándose todo lo que le quedaba.

    Al día siguiente, todos disfrutaron de la navidad y no sólo sus hijos recuperaron la ilusión de las fiestas, ahora también Laura esperaba ansiosa la próxima navidad.

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  • Acoso y derribo con mi hermano Jordi

    Acoso y derribo con mi hermano Jordi

    Soy María, tengo 21 años, soy una chica bajita, de gran pecho (talla 100) pelo largo, rellenita y con culito bien puesto. Mi vida sexual ha sido muy activa, he tenido sexo con muchos chicos, en muchos sitios distintos, he hecho tríos y más variedad de experiencias sexuales, pero había algo que hasta hace poco no había conseguido, una fantasía que me faltaba, algo que quería que me sucediera, un sueño: Mi hermano Jordi, 35 años, casado y con 2 hijos. Siempre ha sido mi fantasía erótica, empecé a fijarme en él tras mis primeras experiencias y leer algunos relatos.

    Me fijaba en él, en su cuerpo, lo veía y me mojaba, soñaba con algún día tener su polla en mi boca, en tenerlo dentro de mí y lo mío me ha costado. Siempre ha sido una fantasía sin acercamiento, lo veía como algo imposible hasta hace medio año que decidí hacer acoso y derribo, no podía quedarme con esa espina clavada, prefería conseguir esa estaca dentro de mí. Empecé de manera suave, cuando lo veía empecé a ser más cariñosa con él, abrazos, besos cerca de los labios, cuando iba con él en el coche ponía mi mano en su pierna cerca del paquete. Pese a notar a veces su excitación, no vislumbraba nada que me diera esperanzas.

    Así que decidí dar un paso más, él es fotógrafo así que le pedí que me hiciera una sesión. Esa sesión hubo fotos de todo tipo, desde más sencillas y completamente vestida a más atrevidas y desnuda. Él estaba excitado, pero me paraba los pies, me recordaba que es mi hermano.

    Pese a no pasar nada ese día fue un paso adelante, a partir de ese día hablábamos más, yo cada vez estaba más caliente hablando con él incluso empezamos a tener conversaciones sexuales en las que él me contaba sus experiencias y yo a él las mías, fue esa época en la que me contó que tenía 22 centímetros de polla. Decidí apretar todo intentarlo por última vez, así que ideé un plan y salió bien. Primero le pedí una nueva sesión, esta vez desde el principio le dije que la quería completamente desnuda.

    La semana anterior cada día hablábamos, cada día le recordaba que iba a verme desnuda, cada día le decía que me moría de ganar de follármelo, él me decía que no, que era mi hermano, que le ponía, pero que no se debía hacer. Cada día intentaba ponerlo caliente y crearle ganas. Hasta que llegó el día, nada más verle le di un abrazo, le besé muy cerca de los labios, empezó la sesión y yo le hablaba de mis tetas, de mi culito, para que se fijara. Le daba de vez en cuando abrazos, besos, algún roce como aquél que no quiere la cosa.

    Lo notaba excitado, pero yo no le decía nada ni lo intentaba, simplemente intentaba alargar su excitación posaba de manera muy erótica delante antes sus ojos. Así llegamos al final de la sesión, al acabar le volví a abrazar, esta vez desnuda sobre él abrazándome, restregando mi cuerpo con el suyo, diciéndole que gracias hermano.

    Entonces noté como su paquete abultaba más de lo normal, como eso estaba duro, fue entonces cuando le tiré mano por encima del paquete, le tocaba la polla por encima de pantalón y le dije “por fa déjame, aunque sólo sea una vez hacerte una paja”. Su respuesta fue decir que no quería, pero yo no dejaba de tocarla, cada vez le notaba menos reticente le volví a decir que sólo una vez, en ese momento bajé la cremallera de pantalón y le di un beso en los labios, él me dijo “vale, pero sólo una vez, una paja sólo”.

    Fue entonces cuando por fin se la vi, ante mis ojos la polla de mi hermano, la que llevaba tanto tiempo soñando con ver. La rodeé con mi mano, mientras le besaba en la boca, nuestras lenguas jugueteaban, mientras seguíamos abrazados y empezaba a hacerle una paja. Le daba ritmo y al mismo tiempo delicadeza quería que lo disfrutara tanto como yo, cada vez los besos eran más apasionados, cada vez su polla vibraba más con el contacto con mi mano. Entonces me agachó y engullí su polla en mi boca, él me decía que no, que eso no era lo acordado, pero yo seguí aumentando el ritmo, me follaba su polla con mi boca.

    Así conseguí acabar con su reparo y seguí lamiendo, ponía mi lengua en la punta le miraba a los ojos, le recorría todo la polla de arriba abajo y me la metía en la boca todo lo que me cabía. Él estaba disfrutando mucho, se le notaba en sus gemidos, en eso estaba cuando me empecé a tocar, a masturbar, mientras le comía su bonita polla yo me tocaba, estaba a tope.

    Él se dio cuenta, y esta vez fue él quien me dijo de dar un paso más y por una vez follar. Fue entonces cuando se tumbó en el sofá y yo me senté encima, muy suave, insertándome su polla dentro de mí, restregando mis tetas en su cara, me senté y al principio me quedé quieta para que saboreara mis pechos, mordisqueándome los pezones.

    Entonces empecé a mover mis caderas, a mover e iniciar un metesaca frenético mientras nos comíamos la boca, costaba mantener los besos por el placer que nos estábamos dando. Pero me encantaba esa situación. Por fin me estaba follando a mi hermano, no sabía si se iba a repetir, pero sí que lo tenía que disfrutar, cada vez me movía más sus manos se apoderaban de mis pechos sin dejar de besarnos, aunque por momento le besaba el cuello y le daba mordisquitos en la oreja.

    Cada vez más fuerte, empezamos a movernos los dos, decidí parar y levantarme, me apoyé en la pared yo de pie, puse culo en pompa y él por detrás entraba en mí. Sus manos me apretaban el culo ahora era él quien llevaba el ritmo, quien marcaba los movimientos, lo estábamos disfrutando mucho estaba siendo un gran polvo. Cada vez era mayor el ritmo y la velocidad.

    Hasta que llegamos al éxtasis, él se corrió y yo llegué al orgasmo había sido brutal, espectacular.

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  • Su novio en el chat, y ella conmigo en la cama

    Su novio en el chat, y ella conmigo en la cama

    Hola, mi nombre es Pedro, tengo 40 años y vivo en Madrid. Soy divorciado, y vivo solo desde hace varios años. Para pasar mis ratos de ocio, tengo un grupo de amigos en mi misma situación, un grupo de gente sin pareja dispersados por toda España. Formamos un club privado, tenemos nuestro propio chat y organizamos de vez en cuando alguna fiestecilla para mantener un contacto más directo.

    Como es normal, la mayor parte de sus componentes, son de las dos grandes ciudades españolas, es decir, Madrid y Barcelona.

    A continuación, os contaré lo que me sucedió un día, una historia con un morbo tremendo por las circunstancias que se dieron.

    Un día de julio, me encontraba por asuntos personales en Barcelona. A las 12 de la mañana, había terminado todas mis gestiones del día y entré a un ciber a consultar mi correo.

    No pude evitar la tentación de entrar en nuestro chat particular. Pensé que a esas horas no habría nadie conectado. Pero mi sorpresa fue mayúscula, al comprobar que al menos 5 personas estaban en línea en ese momento.

    Saludé y vi que una de ellas, era Andrea. Ella vivía en Barcelona, y tenía una especie de relación de pareja con Luis, que también se encontraba en el chat en esos momentos.

    Comenté a Andrea que en esos momentos estaba en su ciudad. Se alegró mucho y me propuso tomar un café por la tarde. Su único problema, era que tenía a su hijo en casa, un niño de 7 años, y la canguro debía irse a las 6 de la tarde, hora a la que ella llegaba del trabajo.

    Puesto que no tenía nada que hacer, acepté sin dudarlo. Habíamos quedado directamente en el chat, ya que no era necesario ocultar nada. No había habido nunca nada entre nosotros, y prefería no ir a escondidas.

    Mi sorpresa vino enseguida. Su novio, me abrió un privado, y empezó a increparme por quedar con ella. Le dije que estuviera tranquilo conmigo, que no pretendía nada con ella, y es más, había sido ella quien me había propuesto ir a su casa.

    Yo tenía cierta fama de ligón, aunque quizá eran más las habladurías de la gente, que mis experiencias con mujeres dentro del grupo. No obstante, me hacía gracia el ataque de cuernos que tenía Luis. La verdad, me habría encantado estar a solas con Alicia, y poder disfrutar de ella, pero me tendría que conformar con un café.

    A las 5.30 de la tarde, pasó a recogerme en una plaza céntrica de Barcelona. A los pocos minutos entrábamos a su casa. Vivía en un piso alto, con una terraza enorme, en una zona privilegiada de la ciudad.

    Salió el niño a saludarla, y me presentó. Mira Isaac, este es Pedro, un amigo de mamá. Le di un beso, y le hice un par de gracias para ganarme su confianza. Al fin y al cabo, pasaríamos varias horas juntos, y convenía meterse al niño en el bolsillo.

    Mi sorpresa fue mayúscula cuando Alicia entregó 30 euros a la persona que cuidaba a Isaac, una chica joven de origen ecuatoriano, y esta respondió que volverían sobre las 9,30. Nos acababan de dejar solos en casa. No podía dar crédito a la situación.

    Hacía bastante calor. Cogió dos cervezas y salimos a la terraza. Se divisaba gran parte de la ciudad. Alicia no era excesivamente guapa, pero su estilo, su glamour, dejaban aparcada su belleza. Su aspecto era de silueta delgada, poco pecho, un pelo negro como el azabache y unas piernas que no terminaban nunca. Era un sueño poder compartir unos minutos con ella.

    Le comenté lo que me gustaba su casa, y lo afortunada que era al poder disfrutar de una vivienda así. Ella sonrió y me respondió. ¿Sabes que desde mi habitación se divisa el mar?

    ¿El mar? Si está a varios kilómetros de aquí. Efectivamente, así era. Ella me invitó a comprobarlo.

    Entramos en su habitación, y el Mediterráneo se divisaba a lo lejos, por encima de los tejados de los edificios. Ella estaba situada delante de mí, y en ese momento aproveché la ocasión para agarrarla por la cintura y darle un beso en la mejilla.

    Alicia se giró, momento que aproveché la situación para meter mi lengua en su boca. Ella me respondió efusivamente. La apreté fuerte y comencé a apretar fuertemente sus pechos, amasándolos por encima de su blusa.

    Nos tiramos en la cama. Con ansia, nos despojamos uno a otro de la ropa que llevábamos puesta. Primero su blusa, después su sujetador. Podía contemplar sus tetitas, que estaban totalmente duras y a mi disposición, para que pudiera jugar con ellas. Comencé a besarlas de una forma efusiva, dándoles pequeños mordisquitos que hacían que sus pezones se pusieran aún más erectos. Ella retiró los botones de mi camisa y me los quitó. Acariciaba mi pecho y lo besaba. Yo pasé mi mano entre las piernas. Como aún llevaba el tejano puesto, lo desabroché y se lo bajé hasta los tobillos. Ella hizo el resto, y se los retiró de sus piernas para quedarse sólo con un diminuto tanga.

    Presa de la excitación, procedió a quitarme mi pantalón. Fruto de la excitación, cayeron rápidamente al suelo. Sólo con mi bóxer, ella empezó a darme mordisquitos en mi polla, por encima de este. Estaba tan empalmado que casi no podía aguantarlo.

    Por mi parte, empecé a meter mi mano por un lateral de su braguita. De esta forma, era más fácil que mis dedos pudieran jugar con su conejito. Estaba muy mojada. Le froté su clítoris con mi dedo, y aún se mojó más.

    Procedía a quitarle el tanga, para dejarla totalmente desnuda. Su coñito era precioso. Su pelo, muy recortado, tenía forma rectangular, lo que le hacía tener un tacto aún más excitante.

    Comencé a comerlo. Le pasaba la lengua, mientras notaba su humedad en mi nariz. Su sabor era exquisito, entre amargo, húmedo y salado, dependiendo del lugar por el que se moviese mi lengua.

    Ella se giró y comenzó a chupármela también. Estábamos haciendo un perfecto sesenta y nueve. La rozaba de una forma justa, para que el placer de mi glande fuera más intenso. Esta chica sabía lo que hacía y sobre todo, lo que tenía entre manos, o quizá sería mejor decir, entre su boca.

    Estuvimos un rato de esa forma, hasta que, por sus gritos primero, y su relajación después, noté que se había corrido.

    En ese momento le di la vuelta, y la puse en frente de mí, cara a cara, con las piernas muy abiertas, y comencé a embestirla por delante. En los primeros bombeos, noté como se volvía a excitar sobre manera. Se movía, giraba su tronco, su cabeza, movía sus tetas, todo de una forma muy sensual, que hacía que me excitase sobremanera.

    A los pocos minutos, tuve una gran corrida, que hice dentro de su coño. Era realmente una hembra magnífica.

    Descansamos un poco, puesto que aún faltaba un buen rato para que regresara su hijo y la canguro. Nos dimos una ducha juntos y allí mismo, comenzó de nuevo a manosearla. A pesar de haberme corrido hacía unos minutos, mi polla volvía a estar como un tronco.

    En la misma ducha, con el agua cayéndole por encima de la cabeza, comenzó a chupármela de nuevo. Mi excitación iba en aumento, sobre todo si pensaba que esta mujer tenía novio, y que ahora era yo quien la tenía a mi disposición.

    Mi polla aumentaba por momentos, la di la vuelta. Ahora era a mí a quien caía el agua por encima. Empecé a darle por detrás. Ella se apoyaba en la pared de la ducha mientras yo la embestía con todas mis fuerzas. Sus movimientos de caderas hicieron el resto. Volví a correrme.

    Una vez duchados, volví a mi hotel. Por la noche entré de nuevo en el chat, y todo seguía como siempre. Su novio se sentía tranquilo, porque pensaba que no había sucedido nada entre nosotros, pero en realidad, fue uno de los mejores polvos de mi vida.

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  • Exhibiendo a mi esposa (3)

    Exhibiendo a mi esposa (3)

    Como platiqué en mi anterior relato el exhibicionismo era algo que disfrutábamos como pareja, y nuestra creatividad crecía al pensar otras formas de enseñar al mundo los maravillosos atributos de mi mujer.

    Para nuestra suerte nos invitaron a una fiesta y decidimos divertirnos a nuestro modo. Planeamos un atuendo super sexy, para que todo mundo vea el cuerpo de mi esposa, uso un bikini negro super pequeño, que solo servía para tapar sus pezones u en la parte de abajo una tanga que desaparecía entre las nalgas grandes de mi mujer; y un vestido negro, transparente, super corto y entallado. Se veía super sexy y provocativa.

    Llegamos a la fiesta y todos los chicos la veían morbosamente, no disimulaban al verle el culo o las tetas, me desaparecí unos minutos para dejarla tomar acción cuando regrese estaba perreando muy cachonda con un tipo que no conocíamos, él la tomo del brazo al terminar la canción y la llevo al baño se encerraron por 10 minutos,

    Cuando el tipo salió del baño entre rápidamente y encontré a mi esposa, arreglándose el cabello digo que le había mamado la verga a su nuevo amigo y le termino en la boca, que se había comido una buena corrida, espesa y rica.

    Salimos de nuevo a la fiesta tomamos varios tragos y un amigo de ella se nos unió a la plática estaba muy cerca de mi mujer y se veía como ella le sobaba el paquete muy discretamente, después de un rato me pidió las llaves del nuestro auto y salió con su amigo, a los 15 minutos me mando mensaje con una foto de ella mamando verga otra vez, después me llego un audio de ella gimiendo como loca y pidiendo verga en su culo.

    Regresaron y no se volvieron a hablar en toda la noche, yo estaba editado a mil, que fui y me folle a mi mujer en el baño, me la folle por el ano que aún estaba dilatado por la verga que entro ahí primero, me corrí dentro de su culo.

    Salimos de nuevo a la fiesta y todo siguió normal bebimos y bailamos toda la noche. Ya solo éramos 5 amigos, yo y mi mujer. Decidimos terminar la fiesta en casa de uno de ellos, su nombre es Agustín, llegamos a su casa y destapo un tequila, y comenzamos a beber.

    Sobre la plática, empezaron a decir que mi esposa era muy fiestera, y divertida, comenzaron a lanzarle piropos, y a resaltar su atuendo, mi esposa dijo que, si les gustaba tanto podían quedárselo, así que se puso de pie en medio de la sala de Agustín y se quitó el vestido, quedando solo en bikini, le lanzo la prenda a uno de mis amigos, Paco.

    Y le dijo que el resto de la noche estaría así para que la disfrutaran más, me para a su lado y le di una nalgada, y le ordene que nos atendiera bien a los 6 porque esa noche seria nuestra putita, y eso hizo empezamos a follarla los 6 se dio un festín con nuestros miembros, Agustín termino siendo uno de esos con fetiches raros y le hizo chuparle el culo, mi mujer no lo pensó demasiado y lleno de lengüetazos el culo demasiado depilado de Agustín, esa noche le hicimos de todo y quedo llena de leche en todos sus agujeros,

    Al día siguiente me puse a redactar este relato, y me sorprende con cuantos hombres pudo estar en una sola noche. Y cuanto semen trajo la muy puta de mi esposa, he pensado convencerla de hacer encuentros sexuales, y ofrecer sus servicios en grupos de telegram, pero no ha querido, dice que no podría cobrar por sexo, a ella le encanta que la follen por deseo, y si cobra se sentiría como un objeto.

    Si la hago cambiar de opinión les traeré otro relato más caliente y morboso. Me ayudarían algunos tips.

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  • Profesora particular (10): Mi clase a padre e hijos

    Profesora particular (10): Mi clase a padre e hijos

    Este mediodía, apenas ha terminado la última hora de clase en la universidad que he salido hacia la casa de Luca y Juani. Mis mejores compañeros se han quedado para ir al bar a comer y pasar el rato y me ha sabido mal no poder estar con ellos. Pero no quisiera que Lucas se enfadara y enseñara a mi novio y a mis padres las imágenes que me comprometen. Veo que llegaré a la hora, aunque a costa de no poder tomar nada antes. Espero que al menos en eso, Lucas sea educado y me dé algo que comer. Me muero de hambre.

    Hoy no visto muy sexy porque no quería llamar la atención en la universidad. No sé si eso va a gustar a Lucas, me temo que no. Pero bueno, al menos cumplo lo de usar un tanga, el más pequeño que tengo. De hecho, hace tiempo que ya no me lo ponía, es de cuando era adolescente, poco más que una niña. Por poco que separe las piernas deja mis labios a la vista. Esta mañana, antes de salir a clase, me he depilado bien ahí abajo y mi pubis parece el de una muñequita.

    Pienso en lo que pasó ayer con sus dos hijos y me pongo cachonda. Ya llego y llamo al timbre.

    -¡Esther, hola guapa!

    -Hola, Lucas.

    -Debo reñirte por no venir a la hora.

    -Aún no son las dos y media.

    -Sabes que quería que vinieras a las dos.

    -Pero ya te dije que eso es imposible. No termino hasta las dos. Y me he apresurado a venir. Enseguida. Casi corría por la calle.

    -No estoy nada contento. Tampoco me gusta como vistes.

    -Lucas, por favor, sé más amable conmigo. O si no…

    -Si no, ¿qué?

    -Pues que me voy a ir.

    -Sabes que no te conviene. Pagué mucho dinero al Señor Garboz para que no enseñara las fotos a tu familia ni al cornudo de tu novio.

    -¡No le llames cornudo!

    -¡Pero sí es lo que es! Y tú, mi putita.

    -Oye, basta ya. Mira, te voy a dar todo el dinero que pagaste a ese caballero y ya está. Ya sabes que mi familia es rica también.

    -No, no quiero tu dinero. Te quiero a ti. Ya te digo, que seas mi putita.

    -Como me vuelvas a insultar, me largo.

    -Va, venga, no te enfades. Pero el próximo día, viste más sexy cuando vengas a verme.

    -No, no podría. Sabes que vengo de la universidad y no quiero que allí todos piensen que… o sea… que me vean vestida como una…

    -Como lo que eres. Una cerdita caliente que le gusta enseñar a todos su cuerpo.

    -¡Pues no! En eso te equivocas. Pero bueno… hice lo que me mandaste y… me puse un tanga muy pequeño.

    -¿A sí? Bueno, eso está bien. A ver… quiero que me lo enseñes.

    -No, no, espera. No he comido nada. Deja que primero almuerce algo. Y luego te enseño el tanga.

    -Esther, aquí las órdenes las tomo yo. Esta es mi casa. Así que, primero, bájate los pantalones y enséñame el tanga. Y luego te doy de comer.

    Me desabrocho la cremallera y me bajo el pantalón hasta los muslos y muestro mi tanga de niña a Lucas. Se ve que le gusta porque se relame y aparece un bulto en su pantalón. Noto que mi vagina rezuma y pronto empaparé el tanga. Así que le digo:

    -Vale, ya está, ahora deja que coma algo.

    -Espera, espera. Vas a comer, te lo prometo. Pero quítate el pantalón. Vale, así, muy bien. A ver, date la vuelta. ¡Perfecto! Enseñas todo el culo. El tanga es de puta, puta.

    -No, en eso te equivocas. Es solo que… o sea… lo llevaba cuando era más niña y… pensé que te gustaría.

    -¡Me encanta! Claro, ahora tienes el culo más grande y redondo.

    -¡Es que ahora soy una mujer!

    -Y que lo digas: ¡una buena hembra!

    -Va, ahora me das algo de comer.

    -Primero quiero ver tu sostén. ¿También es de adolescente?

    -No, no me iba a caber el pecho. O sea…

    -¡Ya, claro, también tienes unas buenas tetas de mujer!

    -Pues sí, así es.

    -Y sabes que me encantan ¡A ver, va!

    Me quito el jersey y me quedo ante él solo en ropa interior.

    -Hija ¡es que estás muy buena! ¡Pero que sea la última vez que vienes con un sostén tan poco sexy! ¡Mira qué hago con él!

    -¡No, Lucas!

    Me quita el sostén sin ningún miramiento y lo tira a la papelera. Me deja con las tetas al aire y solo con el tanga minúsculo y además, ya muy mojado.

    -Enseguida te doy de comer, pero antes te castigaré por no llegar a las dos y por no vestir sexy. Hala, ven aquí conmigo, túmbate en mi regazo, vale. Sí, así, buena chica.

    Me da unos cuantos cachetes en el culo, primero en una nalga y luego en la otra.

    -Vale, ya tienes el culo enrojecido, me gusta. Unas cuantas nalgadas más y… oh, pero… ¡si estás manchando mi pantalón con tu flujo de calentorra!

    -Lucas, lo siento ¡es que como las bragas son tan, tan pequeñas!

    -Pues eso merece que te castigue un poco más.

    -¡No, por favor, que me va a quedar el culo rojo y mi novio se dará cuenta!

    -Pues no se lo enseñes. I si no, que se entere de con qué clase de chica está.

    -¡Lucas! ¡Ay! ¡Ya basta!

    -Va, sí, ya está. Y ahora… ¡Vas a comer!

    Se abre la cremallera del pantalón y se saca el miembro. Me aparta un poco y me pone de rodillas y me empuja la cabeza hasta la punta de su pene empinado.

    -No, no, Lucas, deja que primero coma, de verdad.

    -Sí, sí, venga, come mi nabo. Mira qué grande está y es todo para ti.

    -¡Lucas! De verdad que…

    -Venga ¡a comer!

    Me presiona la cabeza y no puedo evitar que penetre mi boca con su glande. Aunque no quiero sentirlo así, me agrada el sabor de su verga y también los líquidos preseminales que saboreo con hambre y con placer. Al cabo de unos pocos minutos, solo deseo que eyacule en mi boca para beberme su lefa caliente. Pero él sigue follando mi boca. Para darle más placer y que se corra de una vez, le agarro sus testículos y hago para que me quepan en mi boca junto a su pene, pero ni así, él resiste. Por lo menos, no deja de emitir líquido preseminal que me trago con gusto.

    Le acerco una mano a mi culo y la otra a mi sexo y, como el microtanga no supone ningún obstáculo, hago que me penetre con todos sus dedos, cinco en cada agujero. Eso hace que yo empiece a correrme incontables veces y emita una sinfonía de suspiros y gemidos, con más un grito de placer. Eso me molesta porque da la razón a Lucas en que soy una chica muy caliente y que me gusta el sexo. Pero no puedo evitar sentir tanto placer.

    -Vale, ya está, Esther, levántate.

    -Pero papi, si tú todavía no… o sea…

    -Estoy muy excitado, pero no me quiero correr en tu boca. Ven, espera que me baje el pantalón. Vale, siéntate encima de mi polla, hija.

    -¿Encima de tu polla?

    -Sí, tú te has corrido no sé cuántas veces y ahora me toca a mí correrme. Y quiero hacerlo dentro de ti.

    -En la boca, mejor. Y así me trago tu esperma, que tengo hambre.

    -No, no. Quiero follarte bien y que tú te sigas corriendo mientras te follo. – me agarra por las caderas y me acompaña para que me siente encima de él – Venga, Esther. Escoge el agujero, tu coño o tu culo.

    -No, el coño, no, Lucas, que sabes que tengo novio y… bueno… o sea… que mi vagina es solo para él, no quiero serle infiel.

    -La verdad es que tengo ganas de follarte bien el coño. Pero bueno, de momento, respeto que no quieras. Más adelante, otro día, te lo follaré bien. ¡Y seguro que te gustará!

    -No, Lucas, contigo no ¡eso nunca!

    -Ya veremos, ya veremos. Va, pues, aparta el hilillo del tanga y sienta tu culo en mi polla. Vale, sí, muy bien, ya lo tienes bastante abierto porque te lo he follado tanto rato con mis dedos.

    -Sí, hum, ah… hum… ya… ya siento la cabeza de tu polla en mi ano… ¿te gusta, Lucas, te gusta mi culo?

    -¡El mejor, tu culo de puta es el mejor! ¡Oh, cuánto placer!

    Mi cuerpo casi va saltando en el falo de Lucas que entra hasta el fondo y luego casi sale por completo rítmicamente, ahora dentro, ahora fuera. Mis pechos se balancean y bailan y él me los acaricia y juega con mis pezones. Yo vuelvo a correrme y tomo mi flujo con la mano y me lo acerco a la boca y lo sorbo. Encuentro que es muy sabroso y más cuando eyaculo cantidad de squirt, que también intento recoger para beberlo, pero la mayor parte va al suelo y sobre varios muebles que hay alrededor. Me acaricio el clítoris y mis orgasmos son incesantes, no sé durante cuánto tiempo.

    Por fin, Lucas me llena las entrañas con su semen hirviente, aunque me sigue enculando un buen rato y yo disfrutándolo. Luego me arrodillo delante de él y me trago su miembro y lo chupo y relamo y me trago todo lo que puedo, con el sabor de su semen, de su verga y de mi culo. Al cabo de unos minutos de flacidez aún en mi boca, su pene vuelve a crecer y endurecerse y yo lo beso y mordisqueo y me alegra poder volver a sorber su líquido preseminal.

    -Esther, eres tan cerda que ya me la has vuelto a poner dura.

    -Es porque soy cariñosa contigo, papi. – le contesto con su pene en mi garganta. -A pesar de tu edad, tienes mucho vigor.

    -Solo contigo, Esther. Con mi mujer, apenas se me levanta.

    -Oh, ¡vaya! Me sabe mal… o sea…

    -Ven, ven, venga, inclínate, pon los codos en el sofá, así, sí, y levanta el culo. Oh, qué visión, tu culo abierto y sonrosado para mí.

    -¿Lucas, es que quieres volver a…?

    -¡Sí, sí, por supuesto, te quiero volver a dar porculo!

    -¡Venga, pues, sí, papito! – aparta el hilillo a un lado y él me escupe varias veces en el agujero para enseguida endiñármela hasta el fondo.

    El constante mete y saca me pone a cien y de nuevo me corro como una loca. Él me acaricia el clítoris y me introduce varios dedos en mi vagina mientras yo le masajeo los huevos. Estamos así un buen rato y a mí me tiemblan las piernas de placer y agotamiento. No sé dónde ha ido a parar el tanga ni si hace mucho que no lo llevo puesto. Después de más de una hora, vuelve a correrse dentro de mí y yo todavía tengo fuerzas para volver a lanzar cantidad de squirt. Acompaña su eyaculación con palabras soeces, de puta y guarra para arriba. Pero mientras su pene está duro sigue enculándome con fuerza. Casi no me siento el culo de tanto tiempo de penetración. Las piernas apenas me sostienen.

    -Esther, veo que ya casi son las cinco – por fin deja de encularme -No quiero que los niños me encuentren en casa, temo que pensarían mal de su padre. Así que, yo me voy a ir y tú, claro, tendrás que esperarles en la calle.

    -Ya… entiendo. Oye, me has dado tanto porculo que me duele bastante. Y me tiemblan las piernas.

    -Es normal, hija. ¿Qué quieres, con un culo así, tan irresistible? Me ha encantado follártelo tanto.

    -Y a mí, sí, también, de verdad. Pero es que nos hemos pasado.

    -Venga, ponte el jersey y esperas a los niños en la puerta. Vamos a salir.

    -Antes me pongo el sostén y el pantalón y… -él los recoge y los tira dentro de un cajón -No ¿pero qué haces? ¡Lucas!

    -No hay tiempo, hija. Con el jersey vas bien, es largo y no se te ve nada.

    -Si solo me llega hasta la mitad de los muslos. ¿Y dónde tengo las bragas?

    -Uy, el tanga te lo rompí hace más de una hora. No te diste ni cuenta con tanto placer que te di, guarrita. Luego lo oleré y lameré. Y me correré en él.

    -¡No puedo salir a la calle si bragas, ni sostén ni pantalones! Oh, y además me resbala flujo y semen por el culo y los muslos.

    -Va, ya está. Quizá alguien te verá el coño y el culo mientras esperas a mis hijos y seguro que te iba a gustar, marrana.

    -¡Lucas!

    -Venga ¡adiós, putita!

    Se larga y me deja en la calle. Me siento desnuda y humillada. Me disgusta que, aun habiendo sido tan cariñosa, él me trate tan mal. Me muero de hambre y, disimuladamente, recojo flujo de mi vagina y esperma de mi ano y me lo voy tragando. El frío de la calle hace que tenga los pezones duros y se me marquen debajo del jersey. Un vecino llega y se me queda mirando hasta que me dice muy pícaro que si no quiero esperar, puedo acompañarle a su casa, que no está su esposa. La verdad es que es bastante atractivo y dudo de entrar con él, seguro que me iba a pasar el frío. Pero los chicos deben de estar a punto de llegar y no puedo. Quizá en otra ocasión.

    -Has llegado pronto, profe.

    -Sí, os estoy esperando hace un rato.

    -Vale, pues vamos dentro, que tienes frío – Jorge me mira el pecho y se da cuenta de que voy sin sostén.

    -Es que con este vestido tan corto… -dice Ángel.

    -Más bien es un jersey largo… o sea…

    -Te queda muy bien.

    -Estás muy sexy, profe.

    -¡Irresistible!

    -¿Y también vienes sin bragas?

    -Entremos y eso ya lo veréis.

    No hacemos nada de clase de repaso. Los chicos quieren volver a encularme, pero no se lo consiento. Lo tengo muy escocido y además, se darían cuenta de que su padre me lo ha estado follando y lo tengo enrojecido, dolorido y rezumando de esperma. Así que me paso la tarde dejando que me mamen los pechos y me llenen el chocho con sus dedos mientras me acarician el clítoris y me besan en la boca. Evito cualquier intento cuando quieren meter sus dedos en mi ano y como justificación les explico que me duele porque ayer ellos dos me estuvieron dando tan duro. Son tan inocentes que se lo creen.

    Vuelvo a tener varios orgasmos placenteros y cuando veo que ellos ya están muy excitados, me saco el jersey y les masturbo hasta que lanzan su abundante leche a mis pechos. Yo tomo toda su lefa y les digo que su leche es la más sabrosa cuando la voy recogiendo y me la voy tragando. Cuando ya tengo las tetas limpias, me siento en el sofá, me abro de piernas para enseñarles mi vagina sonrosada y húmeda y les hago una señal para que llenen mi boca con sus vergas y me penetren el coño cada uno con los cinco dedos de una mano. Con la otra, cada uno me magrea una teta.

    De vez en cuando, acerco sus manos empapadas a mi boca y las chupo y sorbo mis ambrosías deliciosas. Mis orgasmos son continuos, pero ahora más suaves y sin squirt. Ellos se corren varias veces en mi boca y yo saboreo su leche tan rica y abundante y me la trago. Y así hasta más de las ocho, cuando vuelve a llegar su madre y casi me sorprende tragando las vergas de sus hijos mientras me masturban. Ella me vuelve a felicitar por mi dedicación y que no me importe alargar tanto la clase. Y eso que no sabe que estoy en su casa desde las dos y antes ya he hecho de maestra de su marido.

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  • Gordo policía hizo a mi esposa su puta (2)

    Gordo policía hizo a mi esposa su puta (2)

    Desde que llego mi amigo Marcelo el policía, típico gordo barrigón a nuestra casa nuestra vida sexual cambió, sobre todo para Noemi, mi esposa.

    Ella volvió a estar en la casa en ropa interior como antes y a veces sin corpiño a pedido de Marcelo me dijo mi esposa. Él llegaba y la besaba en la boca cosa que al principio a Noemi le molestaba pero se acostumbró, e incluso antes de dormir ella va y le hace sexo oral a veces quedándose a dormir con él.

    Una tarde mi esposa estaba en casa temprano se saca la ropa quedando solo en bombacha y corpiño, cuando entro Marcelo acompañado de Raúl el verdulero del barrio.

    Raúl es un hombre de 68 años petizo oriundo de Bolivia, y siempre que mi mujer iba a la verdulería no dejaba de ver con a mi esposa de modo morboso.

    Noemi al ver que entran se trató de tapar, al mismo tiempo que le reclama a Marcelo que porque no le avisa que viene acompañado.

    Marcelo se ríe la toma de las manos y la atrae hacia ellos al mismo tiempo que le pregunta quien es ella mientras la toma de los pelos y la besa, a lo que Noemi contesta su puta, Raúl se ríe diciendo ya sabía que eras una zorrita en piel de cordero, también la besa dando a la vez unas nalgadas, Noemi al sentir la lengua de Raúl ingresar en su boca intento alejarse, pero Marcelo la tenía bien agarrada, lo que Raúl aprovecho para comer no solo su boca si no sus pechos.

    Marcelo quien se reía frena a Raúl diciendo, tranquilo hoy como te prometí te vas a comer esta linda putita, pero lo vamos hacer bien, no va ser en mi pieza, va ser en la de ellos que es más cómoda, y lo vamos a documentar.

    Noemi no entendió lo de documentar, pero si lo de la pieza a lo que se negaba, diciendo ese no fue el arreglo con mi marido.

    Marcelo ríe diciendo el cornudo de tu marido me deja hacer lo que quiera con vos y donde quiera, al momento que la lleva a nuestra pieza, Raúl los seguía de atrás sobando el culo de mi mujer.

    Raúl veía sacarse lo poco que tenía puesto Noemi y le decía, al final tremenda puta eras y te hacías la seria en la verdulería, a lo que Noemi se ponía colorada.

    Marcelo le ordena que les chupé el pené a los dos, algo que hizo empezando con Marcelo que no tardo en desnudarse, mientras Raúl fue un poco más lerdo en hacerlo, Noemi pudo ver que Raúl no era muy amante de la higiene lo que le preocupo y con razón al momento de meterse el pené de Raúl en la boca este tenía un sabor agrio pero no pudo dejar de chupar porque Raúl la tenía de la cabeza empujando hasta el fondo de su garganta.

    Mientras que Marcelo tomaba fotografías del momento, a eso se refería con documentar el momento, Raúl con cara de lujuria le decía a Marcelo tenías razón era toda una linda puta, después pásame una copia de esas fotos, a lo que mi mujer sin poder sacar el pené de Raúl de la boca gritaba que no tomen fotos.

    Después de un rato de saborear el pené de ambos, Marcelo se recostó. Haciendo que Noemi se subiera y ella misma se sentará sobre su pené.

    Esa pose hacia quedar a mi esposa con su cola bien a la merced de Raúl quien aprovecha hacerse por detrás.

    Noemi al adivinar la intención a lo que les ruega de que no, que el pené de Raúl era muy gordo y no iba entrar, al parecer Raúl pensé a la edad estaba mejor dotado, tal vez no en lo larga pero si en lo grueso.

    Marcelo la besa y le dice tranquila, putita ya vas a ver que te va gustar y siente en ese momento como ese pedazo de carne abre paso en su cola.

    El grito que pega más motivo a los muchachos que la tuvieron cogiendo bastante en varias posiciones y se intercambiaron las posiciones.

    Noemi quedo con sus agujeros lleno de leche, recostada en el medio de los dos, Raúl ya con su pené flácido sobando las nalga de mi mujer.

    Marcelo la besaba mientras le decía lo buena puta que es, al rato se levantan y Raúl saca de su ropa un sobre con dinero y agradece a Marcelo el darle el gusto de comer a mi esposa algo que deseaba bastante tiempo.

    Marcelo toma el sobre cuando Noemi lo ve le reclama que está haciendo a Marcelo y él contesta vos sos mi puta y hago lo que quiera,

    Raúl agarra a mi esposa y le dice que suerte tiene Marcelo, yo te llenaría ese culo de leche todo los días.

    A lo que Marcelo contesta, ya sabes como hacer que pase, después de eso le ordena a Noemi chuparle nuevamente a Raúl para tomar unas fotos y un video donde ella tiene que mirar a la cámara y decir que es una puta y que Raúl le hizo la cola.

    Una vez terminado Raúl se fue sin antes besar a mi esposa, ella después de ese día intentaba no ir a esa verdulería pero si tenía que ir Raúl le agradecería lo puta que era y le mostraba la foto de ella con pija en su boca.

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