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  • La subyugación de Luisa (2)

    La subyugación de Luisa (2)

    Habían pasado varios días después del encuentro con Luisa, quedé con Manolito en la misma cafetería, cuando llegué, él ya estaba esperando, me senté y le di un USB, contenía todas las imágenes que tenía de su madre, incluida una grabación en el chalet, se lo guardo en el bolsillo, a grosso modo le conté lo que paso, pude observar como sus ojos mostraban un grado de excitación traviesa.

    Paso a contarme que su madre había sufrido un cambio en su comportamiento y tras un tiempo en que no se arreglaba demasiado, había ido a la peluquería y vestía de manera más sexy, yo conocía bien a que venía esa conducta.

    Le pregunte si quería seguir con sus intenciones y su respuesta fue contundente y paso a explicarme que el próximo fin de semana su madre se quedaba sola, eso encendió mi juguetona bombilla, estaba ofreciéndome en bandeja a su madre para que la usase a mi antojo.

    Le pedí un momento y salí a hacer una llamada, Kaya me debía un favor y había llegado la hora de cobrármelo, volví a sentarme y le pregunte si quería espiar a su madre cuando la volviera a someter, se le encendieron los ojos como luces incandescentes, su sonrisa me asombro hasta a mí, era un perfecto degenerado.

    El fin de semana, prepare el chalet, había sido diseñado como una ratonera, podía hacer grabaciones, enviar imágenes en tiempo real, audio y una pequeña sorpresa, la habitación estaba separada de una sala pequeña por un simple biombo que permitía ver y oír todo lo que pasaba en la habitación y se podía entrar y salir sin ser visto.

    Manolito llegó y le enseñe donde tendría que ponerse, más tarde llego Kaya, la acomode en otra habitación y tan solo era cuestión de esperar.

    Ya oscureciendo el ruido de un motor y las luces me anunciaron que llegaba Luisa, la había vuelto a convocar, pero ella no sospechaba que esta vez tendría compañía y público.

    Luisa entró en el chalet, vestía de forma más provocativa y su peinado había cambiado, cómo la otra vez le quite el bolso y le apague el móvil, la hice pasar a la habitación, ella caminaba delante de mí, la guarra se aseguraba de balancear bien las nalgas, obsequiándome con la sensualidad de su culo en movimiento girando su cara y lanzándome una mirada enredadora, la mama recatada estaba deseosa de ser follada.

    -¿te ha follado tú marido esta semana? –pregunto sin ningún tapujo.

    -Una vez –contesta Luisa con voz pícara sin saber que su hijo la estaba escuchando– ¡pero no me ha dejado satisfecha!

    Empiezo a manosearle las nalgas, ella se deja y levanta los brazos y los cruza por mi cuello en actitud provocativa.

    -¿Vas a follarme? –me susurra con voz incitadora y anunciándome algo que ya sabía– hoy si quieres me puedes abrir las piernas toda la noche y ya tomó anticonceptivos.

    Manolito asistía atónito al espectáculo, reconocía la voz de su madre, pero esa actitud no, ofreciéndose para que la follaran.

    -¡Tranquila que hoy vas a follar por donde nunca te han follado! –le susurró de forma retorcida.

    Solté a Luisa y salí de la estancia un segundo, cuando volví lo hice acompañado, Luisa suelta un gritito de sorpresa cuando vio a kaya que se acerca y pasando una mano por la nuca de Luisa intenta besarla en los labios.

    Se inicia un pequeño forcejeo entre las dos, tengo que intervenir y me pongo detrás de Luisa, la sujeto por los brazos y se los levanto.

    -¡Que hacéis! –Chilla Luisa- ¡No! –sigue gritando.

    -¿Qué te pasa? –Le murmura Kaya mientras vuelve a buscar su boca- ¡No te gustan las negritas!

    Luisa se revuelve y patalea inútilmente mientras nos lanza una mirada mezcla de confusión e indignación.

    Kaya la sujeta sin compasión, las quejas de Luisa la calientan más aún y poco a poco logra imponer su fuerza mientras yo también la inmovilizo por detrás.

    Manolito busco un buen ángulo de visión los tres tan juntos no le dejaban ver bien la escena, escuchaba a su madre sollozar y lloriquear pidiendo que la soltaran en vano.

    Kaya impone su contundencia, es una mujer negra un poco más bajita que Luisa, pero su aspecto intimida, corpulenta con el pelo muy corto y una fuerza descomunal, portera de seguridad de un club de lesbianas, aparte de follarse a las clientas, un puto clon de Grace Jones en miniatura.

    Luisa sigue chillando y forcejeando, Kaya ya ha pasado sus manos por debajo del jersey y lleva sus dedos a desabrocharle el sujetador, me hace un gesto y arrastramos a Luisa hasta la cama, pierde las chanclas que lleva y la soltamos encima de las sábanas, patalea intentando huir, pero le empiezan a fallar las fuerzas.

    -¡Estate quieta putita! –le vocifera Kaya

    Ya desfallecida Luisa solloza mientras va perdiendo fuerzas y es un juguete para Kaya que la mueve a su antojo quitando sus pantalones, en un instante Luisa ya está desnuda.

    -¡Acércame eso! –me insinúa Kaya señalando con su mano las chanclas de Luisa.

    Le acerco las chanclas y da la vuelta a Luisa en la cama, sus nalgas quedan a la altura de la cintura de Kaya, que levanta una chancla con la mano y la deja caer con fuerza sobre las nalgas de Luisa.

    Se oye él ensordecedor ruido que hace la chancla al impactar en la nalga, Luisa suelta un grito de dolor escandaloso, Kaya deja caer la chancla varias veces más sobre Luisa que ya llora desconsolada chillando que para que pare.

    -¡Dime que vas a ser muy putita y dejo de castigarte! –vocifera Kaya

    -¡No quiero… dejadme! –suplica Luisa con voz cortada.

    -¡No es lo que quiero escuchar!

    La mano de Kaya empuja el cuello de Luisa contra las sábanas, yo me aparto y me deleito del espectáculo, veo algún movimiento imperceptible en el lugar donde esta Manolito, seguro que se está haciendo una paja.

    La chancla fustiga las nalgas de Luisa sin parar, ya están muy enrojecidas por los azotes, ella ya solo solloza débilmente entre lloriqueos.

    -Por favor –brama Luisa incapaz de recibir más castigo- ¡Haré lo que me pidas!

    Kaya deja de fustigarla mientras me lanza una sonrisa y un gesto con la cara, ya tiene a Luisa obediente y preparada para ser sometida. Luisa se deja caer en las sábanas y queda lloriqueando desconsolada, Kaya le da un golpe y Luisa se gira, Kaya se acomoda al lado de la cintura de Luisa y la busca con los ojos.

    -¡Ábrete de piernas! –Ordena Kaya con voz tajante– Quiero ver ese chocho de marrana que tienes.

    Luisa se lleva las manos a la cara y abre sus piernas lentamente ofreciendo su coño, aparta la mirada avergonzada, una vez tiene las piernas abiertas Kaya pasa sus manos por los muslos pegándole golpes, Luisa obedece y se abre completamente.

    -¡Pero cómo eres tan marrana y descuidada! –grita Kaya humillando a Luisa– Todo ese felpudo… ¡Mañana te rasuro el chocho!

    Kaya le abre el coño con las manos, sus dedos frotan la raja de Luisa, levanta la cabeza y me mira complacida.

    -¡Mira cómo le brilla el chochito! –Me enseña Kaya abriéndolo bien con los dedos- ¡Esta putita está muy mojada!… Voy a follarla para quitarle la calentura.

    Kaya le frota el coño con la yema de los dedos, es una lesbiana experta y sabe como calentar los motores de otra mujer, Luisa arquea la espalda y suelta un gemido placentero.

    -¿Te come tu marido el chochito?

    -¡Muy poco y mal! –contesta Luisa desatada.

    -¿Quieres que te coma el chochito? –Le susurra Kaya acercando su cara y acariciándola con las manos– Estas muy cachonda y necesitas correrte.

    Kaya abre los labios del coño de Luisa y baja su cabeza y le da un lengüetazo en la raja, que provoca que Luisa tiemble, sus dedos acarician lenta y suavemente con movimientos circulares, Luisa arquea los dedos de los pies mientras sus piernas tiemblan descontroladas.

    -¡Pídeme que te coma el chochito! -Insiste Kaya sabiendo que Luisa no va poder resistirse.

    Kaya deja repentinamente de tocarla Y Luisa desconcertada y sus súplicas no tardan en llegar.

    -Joder… ¡No pares! –grita Luisa en tono desesperado y abriendo sus labios vaginales con sus dedos- ¡Cómeme el coño!

    Kaya se acomoda poniéndose de rodillas entre las piernas de Luisa, le separa los muslos con las manos y empieza a lamerle el coño, Luisa gime profundamente.

    -¡Cómo te funciona el clítoris! –murmura Kaya levantando la cara y mirando Luisa fijamente- ¡Te vas a correr enseguida!

    La lengua de Kaya hace movimientos rápidos y parpadeantes sobre el inflamado clítoris de Luisa y se corre salvajemente, cierra las piernas de manera violenta mientras convulsiona de forma agitada, Kaya le abre las piernas y le mete los dedos, los pelos del coño de Luisa están impregnados de un suave líquido blanquecino.

    -¡Ahora te voy a follar con los dedos! –grita Kaya metiendo y sacando sus dedos de forma continua y fluida y girándolos cuando los saca, lo que provoca que Luisa chille intensamente.

    Kaya y yo nos cruzamos las miradas, yo estoy empalmado como un burro y deseoso de unirme a ellas, supongo que Manolito debe haberse hecho más de una paja, el squirt provoca que Luisa se vuelva a correr otra vez, los orgasmos son cada vez más largos y continuos.

    Kaya la deja descansar un poco, se levanta de la cama y vuelve con un dildo pequeño y un bote de lubricante, le obliga a Luisa a chupar y ella misma lo impregno de su saliva.

    Ya era un juguete en las manos de Kaya, le pasa el dildo por la raja del coño impregnándolo también de fluidos, Luisa se muerde el labio de abajo y le arden los labios del coño, pero ese no es el destino del dildo, kaya le abre las piernas e insinúa una penetración en otro lado.

    -¡No! –Chilla Luisa- ¡Por el culo no!

    En previsión de que se resista, me levanto y me uno a ellas sujeto a Luisa por los brazos y le inmovilizo las piernas, Kaya le unta lubricante y la penetra con el dildo.

    Luisa suelta un grito desgarrador y doloroso, le están dilatando el culo con el dildo, entonces comprende lo que quieren hacerle, intenta levantarse, pero le fallan las fuerzas y esta inmovilizada.

    -¡Por ahí no! –chilla inútilmente.

    -¡Chilla lo que quieras te voy a romper el culo! –contesta Kaya aplacando los chillidos de Luisa

    -¡Para te lo suplico! –Solloza- ¡Me haces daño!

    -Tú esfínter se está dilatando –le susurra Kaya– lo estás haciendo muy bien, aguanta un poco.

    Yo dejo de inmovilizar a Luisa y le acaricio la cara, su rostro esta desfigurado de dolor y suelta gritos dolorosos, por sus quejidos puedo notar cuando el dildo la penetra con profundidad, ella suplica que le hace daño, pero Kaya la sigue penetrando sin compasión, preparando su culito para que yo la desvirgue con mi rabo.

    El dildo entra y sale fluidamente y los gritos dolorosos se convierten en tímidos gemidos placenteros, Kaya me hace una señal y me preparo poniéndome un condón e impregnándolo de lubricante.

    Luisa empezó a jadear y gemir profundamente, me gire y vi como los dedos kaya le frotaban el coño y alternaba las penetraciones del dildo en el coño y en el culo.

    -¡Tiene el chochito como una sopa! –Dice kaya con una sonrisa- ¡Que puta es esta tía!

    Me preparo masturbándome, Kaya empieza a frotar los dedos de forma intensa mientras penetra el culo con el dildo profundamente, Luisa alterna gemidos con chillidos dolorosos, pero se vuelve a correr.

    Kaya no la deja, la gira con fuerza y pone sus nalgas al borde de la cama, Luisa queda con las piernas suspendidas mientras Kaya la sujeta con fuerza por la espalda apretando el cuerpo de Luisa contra las sábanas, pongo la punta de mi rabo en su culo, ella se revuelve, pero Kaya logra contenerla inmovilizada, la penetro con fuerza, ella chilla y se agita violentamente, yo la sujeto por las caderas empujando su cuerpo contra las sábanas.

    -¡No se deja encular la guarra! –Me quejo yo al sentir que solo le puedo meter menos de la mitad de mi rabo- ¡no colabora!

    Kaya le sube la cara a Luisa y le vocifera fuertemente al oído y amenazó otra vez con la chancla en la mano.

    -¡O te dejas follar el culo o te lo violamos y te lo rompemos de malas maneras!

    Luisa lloraba desconsolada, pero hace un gesto con la cabeza, yo saco mi rabo e impregno el culo de Luisa con más lubricante, Kaya la flexiona y me la pone a estilo perrito, le da un azote en las nalgas y Luisa me abre las piernas.

    La vuelvo a penetrar en dos golpes, consigo penetrarla más que la vez anterior, ella chilla mientras gimotea afligida, una sensación recorrió mi cuerpo, nunca había metido mi rabo en un culo tan apretado como ese y saber que la estaba sodomizando delante de su hijo hizo que mis ganas de romperlo fueran atroces, la penetre con furia sin importarme sus chillidos.

    -¡Por favor ya me dejo! –Gimotea– pero no me hagas más daño.

    Kaya le gira los brazos y los pone sobre su espalda, yo me apoyo en ellos y sigo sodomizándola, pienso en Manolito y me corro, saco mi rabo y me quito el condón, hago un nudo con él y lo dejo al lado de la cara de Luisa, ella llorando observa horrorizada como el condón atado está lleno de lefa e impregnado de sangre y heces.

    La dejamos descansar un tiempo, ella se repuso dolorida, Kaya le limpio el culo con una gasa y le unto de lubricante para que ayudara a calmar su dolor.

    Luisa ya era una puta en nuestras manos, había desaparecido la mujer decente que fue anteriormente, aquella noche le follé la boca y me corrí dentro de ella mientras Kaya le rasuraba el coño con unas tijeras.

    Cuando me junté con Manolito pude ver su cara de perversión, el cabrón había disfrutado oyendo chillar a su madre.

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  • Dominado por mis compañeras de piso (1)

    Dominado por mis compañeras de piso (1)

    Hola, mi nombre es Nacho, soy un chico normal de 21 años que estudia una carrera universitaria como mucha otra gente de mi edad. Hasta que empezaron a suceder los hechos que ahora describiré mi vida sexual había sido bastante escasa. Algún royo con alguna chica, pero nunca una relación seria.

    Los otros protagonistas de esta historia son mis compañeros de piso, dos chicas y un chico. Ana es una chica morenita delgadita de poco más de 1’70 y un cuerpo divino, aunque lo que más sobresale de ella son sus pechos, algo más de una 95 y redondos, levantados y duros. Vane es un poco más bajita y regordeta y tirando a rubia. Si Ana tiene unos grandes pechos no son nada en comparación con los de Vane, que tiene más de 105, algo blanditos, como todas las chicas regordetas pero muy bien puestos. Rafa es un chico como yo, 1.77 y con algún kilito de más debido a las cervecitas, pero guapito de cara.

    Nos conocemos desde hace 5 años, cuando empezamos a estudiar juntos. Por unos y otros motivos acabamos compartiendo piso, aunque entre nosotros nunca hubo nada más que amistad. Hasta que empezó esta historia.

    Todo empezó un jueves de finales de junio, Dani se había ido a su casa porque ya había acabado los exámenes, después de cenar y mientras ellas se arreglaban para salir empecé a beber cervezas para empezar la fiesta. Ana llevaba una mini falda con la que se le veía el tanga de color negro y un top negro que le marcaba perfectamente todas las tetas. Vane iba un poco más normalita, aunque llevaba un generoso escote. Hacía poco había sido el cumple de Ana y le habían regalado una botella de tequila, así que decidimos jugar al juego de la botella, pero con preguntas para animar la noche.

    Como si se hubieran puesto de acuerdo ellas me hacían preguntas a mí. Con las 5 o 7 primeras preguntas y chupitos aguantaba bien, pero a partir del décimo chupito ya estaba muy borracho y en ese instante Ana me pregunto que daría porque por hacerme una cubana entre las tetas de Vane. Me quede de piedra por la pregunta. En ese momento me entro una arcada y me fui a vomitar al baño. Entonces llego Ana para ayudarme a vomitar, y cuando ya estaba acabando me pregunto susurrándome al oído que no había oído la respuesta. Yo como no sabía ni donde estaba le conteste “Lo que tú quieras ama”.

    No lo recuerdo bien, pero vi un brillo maligno en sus ojos. No sé cómo fue, pero cambie la palabra Ana por ama. Ella me volvió a preguntar acariciándome el pelo que si me gustaba la sumisión y yo conteste que “si”. Ella sonrió y se fue. Yo me quede dormido.

    A la mañana siguiente todos se comportaban de un modo normal. Después de comer Vane se fue con unas amigas al cine y yo me quede viendo la tele con Ana. Como hacia bastante calor yo sólo llevaba un bañador y una camiseta, prácticamente igual que ella. Me fije en que ella no llevaba sujetador, ya que decía que con el calor se le pegaba al cuerpo y le molestaba. En un momento dado salió un anuncio de Corporación Dermoestética y ella me pregunto que si me gustaban más las tetas de la chica de la tele o las suyas, yo conteste que las de la tele eran perfectas. Y entonces se quitó la camiseta y me volvió a preguntar.

    Yo me quede de piedra, y mi polla también. Entonces ella me contesto que si podíamos continuar con la conversación de anoche. Yo estaba totalmente embobado mirando sus tetas y solo decía que si, no pensaba en nada, solo en aquellas dos fabulosas tetas.

    Me ordeno que me desnudara y no tarde ni un segundo en reaccionar. Pero cual fue mi sorpresa que ella se empezó a reír y señalarme con el dedo a mi polla. A mí entro un bajón terrible. Se me acerco y me dijo que eso no era una polla que era un dedillo. Yo abatido totalmente era manejable, además aún tenía una resaca de miedo, con lo que mi cabeza no podía pensar mucho. Me dijo que aunque no le sirviera de momento para follar si le valdría como chupador. Me cogió de la barbilla me dio un piquito y me dijo que le empezara a chupar los pezones, pero que no usara las manos.

    Poco a poco ella me fue bajando hasta su pantalón corto, que me hizo bajar con la boca. Y entonces la vi completamente desnuda una preciosidad de modelo, y mi polla reacciono levantándose.

    Ella se volvió a reír de mi polla, pero mi erección no se bajaba ahora, estaba súper excitado. Me cogió de los huevos con una mano y acerco sus labios a mi boca, y apretando fuertemente mis huevos me dijo suavemente “Esclavo, si te portas bien conmigo, dejare que te corras”. Yo estaba casi llorando por el dolor, aunque súper excitado por la forma que tenia de tratarme. Me tiró al suelo y me dijo que le lamiera el coño hasta que se corriera, cosa que no tardo mucho tiempo en suceder porque ella también le estaba excitando esto.

    Se levanto y vino con unas bragas y un sujetador rojos del cubo de la ropa sucia de Vane. Me dijo que me los pusiera y me masturbara delante de ella. A mí me faltó tiempo para ponérmelo todo y empezar a masturbarme como un loco enfrente de ella. Mientras ella no dejaba de tocarse y de hacerme preguntas.

    “¿Verdad que te excitas más con las braguitas de Vane?”

    “Siii” gritaba yo masturbándome como un loco.

    “Tócate el sujetador como si fueran mis tetas. ¿Verdad que te gusta estar vestido de putita? Me gritaba Ana

    Yo estaba a punto de correrme y ella lo vio.

    “No te doy permiso para correrte” me grito, mientras se apretaba las tetas una contra la otra.

    Yo estaba ido, y solo gritaba que quería correrme.

    Ella me pregunto “¿Te gustaría hacer esto más a menudo, ir vestido de putita y darme todo el placer que puedas?”

    Yo contesté que sí y me corrí como nunca en mi vida. El chorro de semen salió disparado con tal mala suerte que cayó sobre el pie de Ana.

    “Cerdo, idiota, no sabes ni correrte. Límpiame ahora mismo el pie”. Yo intente levantarme e ir a por una servilleta cuando me dio una patada en los huevos con el otro pie que me dejo sin respiración.

    “Imbécil, recógelo con la lengua”, me estiro el pie y casi me lo mete de la patada en la boca. Yo empecé a lamer su pie recogiendo mi propio semen, cosa que no me desagrado mucho. Y no entiendo como, porque después de haberme corrido y de la patada, mi polla se empezó a poner dura otra vez. Ella se rio diciéndome que eso me gustaba.

    “Sigue lamiendo perrita, que veo que te gusta porque tu aparato esta otra vez levantado”.

    Yo no entendía nada, pero la verdad es que estaba súper excitado. Seguí lamiendo y ella me ordeno que fuera subiendo y le empecé a chuparle el coño. Ella tuvo dos orgasmos y después con los pies me hizo una paja y me hizo volver a recoger el semen de sus pies con la boca.

    Yo estaba muerto, así que me fui a dormir. Me levante en calzoncillos y cuál fue mi sorpresa al oír gritos míos, pero no sabía de qué eran. En eso que me acerco a la habitación de Vane y veo que en su ordenador había un video mío masturbándome con su ropa. Me quede blanco. Ana al verme allí me dio una bofetada que casi me tumba. Aun sin poder reaccionar me dice ” Perro, ¿quién te ha dado permiso para entrar aquí sin llamar?”. Entonces me doy cuenta que Vane está riéndose detrás de mí.

    “Pues la verdad, te queda de vicio mi ropa.” me dijo Vane y girándose cogió unas braguitas del cesto de la ropa sucia y me las tiro a la cara.

    “Ves este video en el que estas vestido de ropa femenina y lamiendo los pies de Ana, pos sino te portas bien, se distribuirá por todo el campus. Y como puedes ver a Ana solo se le ven los pies, así que nadie sabrá quien es, pero a ti se te ve completo.” Vane me grita con cara de sádica

    Yo estaba de piedra, en eso que otra bofetada de Ana me saca del trance y me grita para que me quite el bóxer y me ponga las bragas. Cuando me quito el bóxer mi polla estaba tiesa como un mástil, aunque mi cabeza no lo quería. Ellas se empezaron a reír como locas, diciéndome que ya veían que me gustaba. A cada insulto mi polla parecía ponerse más dura y mi aptitud más sumisa. Con las bragas ya puestas

    “Si te quedan mejor a ti que a mí, pero hay que hacer algo con ese colgajo”. Dijo Vane.

    Un segundo después Ana me cogió de los huevos y me los retorció hasta que mi erección desapareció.

    Ana me ordeno que me ordeno tumbarme sobre la cama y se sentó sobre mi cara, me grito “Idiota, aparta mi pantalón y empieza chuparme el coño”. Yo empecé a chupar a duras penas porque tenía toda la cara llena con su coño y me costaba respirar. Estábamos disfrutando ambos, pero me había olvidado de Vane, que me arranco un pelo de mis huevos de un tirón cuando mi polla ya empezaba a ponerse dura dentro de las bragas. Me pillo tan de improviso que de la convulsión casi tiro a Ana de encima de mí al suelo.

    A los 2 segundos del tirón me di cuenta de lo ocurrido, al ver a Vane riéndose sujetando un pelo entre los dedos. La cara de Ana no era la misma, estaba súper enfadada, primero porque casi la tiro de la cama y segundo porque había interrumpido su orgasmo de una forma fugaz. Me cogió de los mofletes y de la nariz y gritando como una loca me dijo que si volvía a hacer algo parecido lo lamentaría toda la vida. Se giro me cogió de los huevos y me pego un tirón que me arranco 10 o 20 pelos de golpe. Salió del cuarto gritando que esto no sucedería nunca más.

    Vane seguía riéndose y se fue acercando andando sobre la cama, se quedó desnuda y pude comprobar que aunque algo gordita, estaba muy buena. Se sentó como había hecho Ana sobre mi cara y me dijo que empezara a chupar que tenía ganas de tener un gran orgasmo. Estuve chupando casi 20 minutos hasta que sus jugos inundaron mi cara. Yo estaba totalmente empalmado. Vane se giró para poder toquetear mi polla mientras la limpiaba. Yo estaba que me iba de excitado, y cuando estaba a medias de mi orgasmo, paro de tocarme y me arranco 8 pelos de los huevos, eso me bajo la erección de golpe.

    Vane se reía como una loca. Se levanto y me dijo que me pusiera bien las bragas y la acompañara al comedor. Tras tumbarse en el sofá me ordeno que le masajeara los pies. Yo estaba otra vez empalmado viéndola toda desnuda y masajeándole los pies.

    De repente apareció Ana y al ver que estaba otra vez empalmado se puso loca, “¿Es que eres un puto perro en celo?”. Me cogió de la oreja y cuatro patas me llevo hasta la bañera que estaba llena de agua fría y me metió dentro por supuesto al instante mi erección desapareció del shock. Me ordeno quitarme las bragas y hecho un líquido sobre el agua. Me cogió de los pelos de la cabeza y me dijo que ni se me ocurriera meter la cabeza dentro del agua que no le gustaban los calvos. Entonces comprendí que era un líquido depilatorio. A los 10 minutos de estar dentro me quemaba todo el cuerpo, pero pude comprobar que se me caían los pelos de todo el cuerpo.

    Me vino a sacar Vane, me seco y me dio un gel por toda mi piel, que estaba roja. Hizo como si me tirara de un pelo de los huevos y ponía cara de decepción al ver que ya no podría hacerlo más. Me metieron en la cama y por el dolor dormí hasta la mañana siguiente.

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  • Busco pareja que me quiera adoptar (1)

    Busco pareja que me quiera adoptar (1)

    «Busco pareja que me quiera adoptar. 22 años, estudiante, busco una pareja o matrimonio que me quiera adoptar y llevarme a vivir con ellos, a cambio ofrezco ser su juguete sexual.»

    Terminó de escribirlo, lo releyó, lo pensó, y se decidió, apretó el botón de aceptar y lo publicó en ese sitio tan visitado.

    Salió del ciber café y se fue a su mugrienta pensión de San Telmo, en Buenos Aires, odiaba vivir ahí, pero era el único lugar donde sus escasos ahorros le permitían estar. Y además eso le duraría poco, le costaba conseguir un trabajo que le permitiera estudiar y vivir en un lugar digno.

    Su único contacto con el mundo y con su familia en el Chaco era su modesto celular y por eso dejó ese contacto en el aviso para no tener que ir al ciber todos los días a revisar su casilla de correos.

    Mientras caminaba por las vereditas de San Telmo recordaba, con una risa en los labios, como surgió en él esa idea, desesperado por no tener que volverse a su Chaco natal derrotado por haberse gastado sus ahorros y no poder seguir sus estudios de abogacía en la UBA.

    -Si fuera mujer sería fácil prostituirme –decía- conseguiría el dinero necesario…

    Pero como varón no quería convertirse en un taxiboy, seguro tendría que atender a hombres y no se animaba…

    Pero aquí tenemos que hacer un alto para entender lo que pasaba por su cabeza, porque si bien le gustaban las mujeres y solo había tenido sexo con algunas pocas, en su interior no descartaba la idea de estar con un hombre y sabía bien que con este aviso seguramente tendría que satisfacer a los dos integrantes de la pareja, aunque no quisiera admitirlo.

    Pedro nació y se crio en Castelli, una ciudad del interior de la provincia del Chaco, en Argentina, en medio del impenetrable bosque chaqueño, ciudad chica, casi pueblo, de esa donde todos se conocen y donde no podes hacer algo fuera de lo normal sin que todos se enteren.

    Había debutado sexualmente no hacía mucho, con “la Teresa”, una de las prostitutas del pueblo, y después un poco de sexo con una noviecita y alguna chica más, esa era toda su experiencia.

    Pero el tema del sexo estaba en su cabeza y envolvía cada cosa que hacía… sabía que Buenos Aires era la posibilidad de tener una vida sexual activa.

    Su mayor problema era el escaso dinero con que contaba, ya había buscado sexo “gratis” por internet, alguna chica que quisiera coger con él por el solo hecho de hacerlo, pero no, lo que consiguió era solo a cambio de dinero de alguna u otra manera y no se podía dar ese lujo aun.

    El otro tema era los hombres, era más fácil conseguir sexo con hombres sin tener que pagar.

    El sexo con hombres era otro de sus grandes temas. Siempre lo vio como posibilidad, como algo que le gustaría experimentar, pero no se animaba.

    En su pueblo hubiera sido imposible, todos se enterarían muy rápidamente, pueblo chico…

    Pero la suerte comenzó a cambiar, al menos para su vida sexual. Esa mañana se levantó temprano y salió para el ciber, estaba caliente, ya hacía mucho que no cogía y las pajas no le alcanzaban…

    Lo único que encontró fue a un tal Willy, muchacho caliente que prometía un buen “pete” y no estaba lejos de ahí.

    Lo llamó y fue a su encuentro, al menos podría “descargar” en una boca, aunque fuera de un hombre.

    Willy era un muchacho agradable, algún año mayor que él, flaco, sus pelos enrulados y desordenados le daban un marco especial, conocedor de los oscuros rincones que brinda el viejo barrio de San Telmo, lo llevó a uno de esos. Ahí nadie los vería, se arrodilló y desabrochó su pantalón. La pija de Pedro saltó de su encierro con todo su esplendor, no era extremadamente larga, pero sus 17 cm y su gruesa cabeza le daban notoriedad.

    Willy agarró al muchacho de los costados de sus pantalones y comenzó a lamerle el tronco, Pedro cerró los ojos para pensar que una bella mujer se la estaba mamando, pero solo apareció en su mente la cara de su amigo Luis y esto lo calentó.

    Cuando abrió sus ojos notó que tenía puesto un forro… ¿cuándo fue? Su inocencia pueblerina le hacía desconocer lo hábil que pueden ser algunos colocando forros con la boca.

    Igual no le importó porque ya estaba acabando, una explosión de semen que contuvo el forro en la hábil boca de Willy. Recostado sobre la pared, sus últimos chorros salían de su roja cabeza mientras Willy acariciaba su panza.

    Dejó que la pija se calmara dentro de su boca y luego se retiró, le sacó el forro le hizo un nudo y lo tiró mientras Pedro se arreglaba la ropa.

    -¿Desayunaste hoy? Te hacía ruido la panza –le dijo Willy

    -Solo tomé unos mates –atinó a decir Pedro

    -Dale, acompañame y desayunamos juntos

    Willy lo llevó a la pensión donde él vivía, no muy lejos de ahí, era un poco mejor que la suya, el cuarto era más iluminado y más amplio, había dos camas que ocupaban dos de las paredes, una vacía, desordenada, que adivinó era de Willy y en la otra dormía una chica, una bella chica, medio destapada, dejando ver su hermoso culo, solo cubierto por una tanguita.

    -Esa es mi hermana Doris, vinimos de Tapalqué con la idea de estudiar pero al final conseguimos trabajo y todavía no estudiamos, los dos estamos a la tarde en un supermercado, ella de cajera y yo de repositor.

    Mientras charlaban puso la pava en un pequeño anafe y sacó de un cajón un paquete de galletitas dulces, lo abrió y le convidó a Pedro.

    Mientras tomaban mate le contó que en realidad la excusa de salir de su pueblo era escapar del chusmerío, él ya era abiertamente gay y su hermana le gustaba la pija más que comer, eran tan mal vistos en su pueblo, que decidieron emigrar hacia la gran ciudad, esa en la cual podés pasar desapercibido y hacer tu vida como se te antoje.

    La charla despertó a Doris que al ver a Pedro les dijo:

    -¡Buen día!, hermanito, veo que saliste temprano a “desayunar”… ¿ahora me lo trajiste para que desayune yo?

    Lo que también se volvió a despertar en ese momento fue la pija de Pedro. Doris era una linda morocha, tenía un par de hermosas tetas que solo cubría con una remera corta, sin corpiño y ya les conté lo que era su culo entangado. Una hermosa cabellera negra y enrulada caía por sus hombros y tenía todo el encanto sensual de una mujer recién levantada, con sueño aún, ablando con voz grave, entre susurros.

    -Vení tonta y tomate unos mates –dijo Willy y ella se sentó en la pequeña mesa muy cerca de Pedro.

    -¿Te la chupó?… ¿Viste que bien la chupa?… ¿a qué no sabes quién le enseño?… ¿viste que bien pone el forro con la boca?

    Pedro asentía con la cabeza, riendo nervioso y muy colorado, acababa de descubrir cómo le habían puesto el forro.

    -No lo jodas tanto –dijo Willy- Pedro es como nosotros y está solo, podemos hacerle compañía, pero así lo vas a espantar.

    Pedro reaccionó y dijo -No dejala, para nada, jaja

    Siguieron charlando distendidamente, tomando mate y terminándose el paquete de galletitas.

    En un momento Doris bajó la mano y se la puso a Pedro sobre la pija que al instante volvió a estar dura. Willy notó lo que su hermana estaba buscando y le dijo a Pedro:

    -Ahora te vas a quedar a almorzar, yo voy a comprar un par de cosas que me faltan y les hago un alto guiso.

    Pedro estaba duro, tan duro como su pija en manos de Doris, asintió con la cabeza y Willy los dejó solos.

    Apenas cerró la puerta Doris le comió la boca metiéndole la lengua bien adentro. Si Pedro no acabó en ese momento fue porque lo había hecho hace una hora en la boca de su hermano.

    Doris lo hizo parar y le desabrochó el pantalón, se arrodilló delante de él y le dijo:

    -Ahora te la voy a chupar como corresponde, de rodillas, hoy tuviste al alumno, ahora tenés a la profe…

    Pedro no tenía mucha experiencia, pero se dio cuenta que difícilmente alguien se la chuparía como lo estaba haciendo ella.

    Su lengua lo estaba llevando al paraíso… se le aflojaban las piernas entonces ella lo llevó a la cama, lo desnudó y se desnudó, le montó y lo cabalgó lentamente.

    Sus tetas se bamboleaban y Pedro solo atinó a agarrarlas y a acariciárselas… al poco tiempo acabó entre sacudidas. Estaba en el cielo, no lo podía creer.

    -¡Uff quedé recaliente! ¡No pude acabar! -Dijo Doris frotándose el clítoris- vení… chupamela… chupamela… ufff

    Pedro nunca lo había hecho pero instintivamente se metió entre sus piernas y le lamió la concha sin mucha experiencia, nunca había tenido una concha tan cerca de su cara, primero sintió su olor penetrante, corrió sus labios con los dedos y dio el primer lengüetazo, como con miedo, su fuerte sabor lo cautivó, pronto estaba lamiendo esa concha como si fuera lo único que importaba en la vida y en ese momento lo era, los gemidos de Doris deben haber retumbado en toda la pensión y no acabó una, sino dos veces. No podía parar de saborear ese lujurioso néctar, con cada acabada, Doris bañaba su cara y Pedro se hacía adicto. Esto marcaría su futuro sexual.

    Después de unos minutos de descanso, se vistieron. Doris le dijo:

    -¡Ahora si somos amigos los tres!… ¡así entiendo la amistad yo! Con lo que me gusta coger me podría haber hecho puta… pero a mi me gusta coger de onda, no podría hacerlo por plata, me gusta hacerlo con amigos, así como hoy, tenemos ganas y cogemos… ya tendré tiempo de tener pareja y veremos, por ahora… ¡A vivir la vida!

    Le volvió a comer la boca y se mezclaron los gustos de sus jugos.

    Al rato volvió Willy, había tardado más de una hora para dejar tranquila a su hermana y viéndoles la cara a los dos, supo lo bien que lo habían pasado.

    Había solucionado el tema del sexo. Pero si seguía sin generar dinero, debería regresar pronto su pueblo… Y ahora no quería perder la amistad de los hermanos, en especial la de Doris.

    Esto fue lo que lo decidió a publicar el aviso y obtuvo una rápida respuesta.

    Ese mediodía sonó su celular, un mensaje.

    «Hola, es por el aviso, nos interesa, somos un matrimonio de capital. Él 47, ella 43. Quiero conocerte. Tomemos un café hoy. Damián»

    Continuará.

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  • Haz el amor y no la guerra

    Haz el amor y no la guerra

    Mi amigo Jonah, el marine, un negrazo con un rabo que hace honor a su raza, me había invitado a su casa, en la Castellana, a una fiesta de despedida. Además, tenía unos amigos de los EEUU, que le estaban visitando y quería que vieran lo ardientes que somos las españolas… así que me puse unas mallas muy ceñidas negras y un top azul muy sugerente. Debajo, solo me puse un tanga, para que no se marcara nada en las mallas. Llegué a casa de Jonah y comenzó a presentarme a sus amigos: Jim, otro negrazo, con unas espaldas más anchas que un armario, Carl, un rubio de California con unos ojazos azules que tiraban y Sam, un tejano moreno guapísimo.

    Todos eran muy amables y muy educados. Bebimos un poco, nos achispamos lo que pudimos y al final, acabamos sentados en el sofá hablando de los temas más peregrinos. Indudablemente, la conversación derivó hacia el tema que ellos querían:

    –Vamos –les dije– que yo sé lo que queréis.

    –¿Cómo que lo que queremos?

    –Vosotros queréis echar unos polvos gratis porque aquí vuestro amigo os ha dicho que él lo hace cuando quiere.

    Jonah sonrió débilmente mientras Carl se ruborizaba hasta las pestañas.

    –Vamos Rosa –dijo Jonah– solo les he dicho que eres una chica fantástica, muy liberal y sin prejuicios en lo que al sexo se refiere. ¿Tú crees que te lo haríamos pasar mal?

    Le miré sonriendo. La verdad, es que ya estaba cachondisima. Mis pezones se marcaban una barbaridad en mi top y mi vagina se había puesto a trabajar, expulsando una humedad incipiente. Me acerque a Carl y le dije que no se preocupara y acerqué mi boca a la suya, comenzando a besarle. Al principio, se mostraba tímido, pero cuando mi lengua se adentró en su boca, comenzó a manejarse. Deslizo su mano hasta mis tetas y comenzó a pellizcarme con fuerza un pezón a través del top.

    Mientras, Jonah se había levantado y metiendo los pulgares en la cintura de mis mallas, tiró de ellas hacia abajo, con la suerte de enganchar la cinturilla de mi tanga, con lo cual salieron con las mallas, dejándome mi almeja palpitante desnuda. Jonah cogió el tanga y se lo pasó a Jim.

    –Mira, esto es humedad y no la de Nueva York. Y era cierto.

    El tanga debía de estar empapadisimo pues notaba el calor húmedo de mi flujo.

    Jonah se arrodilló y levantando mis muslos, comenzó a comerme el coño como el solo sabe hacerlo. Primero pasa su lengua por el clítoris y comienza a hacer círculos, muy, muy lentamente, tan lentamente que creo que me voy a volver loca… cuando ya estoy en un estado cercano al paroxismo, hunde su lengua en las profundidades de mi coño y la mueve como si de una batidora se tratara. En ese momento estoy casi catatónica y ya debo de haber tenido tres o cuatro orgasmos.

    El útero salta dentro de mi vientre como un caballo desbocado y mi vagina se contrae salvajemente… Pero en ese momento Jonah había empezado el cunnilingus, todavía quedaba satisfacción para rato… Carl seguía besándome y Sam y Jim me miraban como tontos, con la boca abierta.

    –¡¡Que pasa con esas pollas!!… ¡¡Vamos, sacadlas ya de una puta vez…!!

    La última palabra se perdió en un gemido de placer cuando Jonah mordisqueó ligeramente el clítoris. Pero no tuve que repetirlo mas veces. En un momento se quedaron en pelotas, ofreciéndome el lote de pollas erectas más grandes que jamás había visto.

    Carl parecía el mas lanzado ahora, se subió al sofá y de un golpe me metió su polla en la boca, una polla corta pero gruesa. Jim y Sam se pusieron cada uno a mi lado y les agarré sus pollas, comenzando a pajearles. Chupaba como una desesperada. Me llenaba la boca de saliva y luego la rebozaba bien con la lengua. También la descapullaba con los labios y saboreaba el sabor agridulce de su prepucio.

    Jonah le pareció que no estaba integrado en la fiesta, así que se despojó de sus pantalones y el slip y me dijo:

    –Te voy a destripar, cariño.

    Agarró su polla con la mano y comenzó a restregarme la entrada de mi coño con la punta de su capullo. Eso sí que es para volverte loca… Berreando como una perra, con una polla en la boca y moviendo convulsivamente mi pelvis para empalarme… cuando considero que su polla ya estaba suficientemente rebozada de flujo, me la metió de golpe. Abrí la boca, y a pesar de tener el pene de Carl, grite de gusto, un auténtico grito de placer. Arrecié en mi mamada y en mis pajas. Mientras, Jonah empezó a bombear mientras en la habitación solo se oía el chapoteo de mi raja, mis gemidos y los jadeos de los chicos.

    Notaba como gotas de flujo resbalaban por la raja de mis nalgas y se detenían en mi ano y también como mis músculos vaginales trabajaban el aparato de Jonah. En ese momento me vino mi quinto orgasmo. Carl de repente, gimió más fuerte que de costumbre y me agarró con fuerza del pelo. Mi boca comenzó a llenase de un semen cálido y liquido; yo tragaba y tragaba y no daba abasto. Finalmente Carl, sacó su pene y dirigió los últimos chorros a mis labios y caras. Yo tragué los restos de su delicioso esperma y le hablé:

    –¡¡Límpiate la polla en mi pelo!!… ¡¡En mi pelo…!!

    Carl, obediente cogió su polla y comenzó a limpiarse los restos en mi pelo. Jim retiró su polla de mi mano y poniéndose en pie, metió su cacharro, grueso y largo, en mi boca, mientras Carl se retiraba a mirar. Chupaba como una loca y le pajeaba con mi mano libre. En eso Jonah comenzó a correrse explosivamente en mi vagina. Notaba el calor húmedo de su leche y como los chorros golpeaban las paredes de mi coño. En ese momento Jim no aguantó más y eyaculó con fuerza en mi boca, una lefa espesa y grumosa.

    El primer chorro me llegó directo al estómago y el resto de su crema se fue acumulando en mi boca. Jonah sacó su pene de mí, brillante por los flujos mucosos de mi coño y su semen. Él y Jim, también se limpiaron las pollas en mi pelo, mientras saboreaba lentamente el yogur de Jim. Cuando me disponía a comerle el cipote a Sam, se corrió en mi cara. Saqué mi lengua y recogí lo que pude, que fue poco porque la mayoría de chorros fueron a mi pelo… ¡Qué desperdicio!

    Me encontraba en la gloria, toda sucia de esperma y con su sabor en mi boca y mi estomago bien harto de él. Yo esperaba que la cosa no hubiera acabado. Eso me lo confirmó Carl, sentado en una silla, haciéndose un pajote. Me levanté y me acerqué despacio a él. Carl me dijo que era fantástica. Yo sonreí y me senté encima de él, cara a cara. Agarré su pene, lo dirigí hacia mi cueva y me senté encima. Fue como si me hubiera dado una descarga eléctrica. Su grueso rabo se abrió paso en mis húmedas y viscosas interioridades. Carl me agarró con fuerza de la cintura y comenzó a follarme a un ritmo endiablado. Gritaba y gemía como una zorra en celo.

    Tenía cerrados los ojos y por eso no me di cuenta de que Jim se acercó por detrás y con cuidado apoyó su prepucio en mi ojete. Carl, al darse cuenta de lo que pretendía, detuvo momentáneamente sus embestidas. Jim, de una manera casi sádica, comenzó a empujar su polla. Notaba como mi ano gimió, como si se rasgara un trozo de tela. Abrí los ojos y me quedé boqueando, casi sin aire y sin poder respirar apenas.

    El sexto, séptimo y octavo orgasmo me vinieron de una manera salvaje y parecía que la matriz se me iba a salir por la boca. Por fin, Jim acomodó su cipote en mi recto y así empecé a ser follada por dos rabos al mismo tiempo. Mientras, Jonah le decía Sam:

    –¡¡La especialidad de la casa… el sándwich!!

    Mis jadeos eran ya gritos… sentía las dos pollas y los orgasmos eran casi continuos… me estaba casi deshidratando por la cantidad de flujos que perdía por mi raja… parecía un grifo.

    Cuando Jim empujaba, mis intestinos recibían su polla con un misil y el golpe me empalaba en Carl, que a su vez empujaba y notaba las dos pollas a través de la delgada pared que separa intestino y vagina. Finalmente, Carl, agarrándome los pechos casi hasta reventármelos se corrió. Volví a notar los espasmos peneanos y el calor húmedo de su lefa. No sé si fue por simpatía o qué, pero Jim, también se corrió en mis tripas. Sus chorros me causaban cosquillas en los intestinos, notaban como resbalaban.

    Me quedé abrazada a Carl, respirando ruidosamente y llorando de placer. Jim se retiró y cuando creía que todo había acabado, sin desacoplarme de Carl, Sam me volvió a encular… ¡¡Para qué contar!! Grité de tal manera que Jonah me tapó la boca, pero como no me callaba, se subió a una mesa y me metió su polla en la boca.

    Chupe ávidamente, como una drogadicta, viviendo un orgasmo continuo… para que decir más. Sam se corrió en mi culo y Jonah unió su leche a la que había en mi estómago y a la de la gruesa mascara que cubría mi pelo y cara. Por fin me desacoplé y me dirigí al sillón. Gruesos regueros de esperma me bajaban por las piernas de mi culo y coño. Me tumbé reventada en el sofá. Debía ofrecer un aspecto increíble, con todo el semen ese por mi cuerpo… pero la fiesta tuvo su traca final. Los cuatro chicos se empezaron a pajear delante de mí.

    Era increíble, cuatro pollas ofreciendo su carga seminal a mí… la leche… nunca mejor dicho… Se corrieron como cuatro cataratas; pelo, boca, cara y mi top quedaron cubiertos de la cama viscosa más deliciosa del mundo. No tenía fuerzas ni para relamerme, mi útero todavía vibraba de contracciones… supongo que me dormí…

    A la mañana siguiente me desperté en la cama de invitados de Jonah. Me levanté y fui al cuarto de baño. Ofrecía un aspecto dantesco: Mi pelo estaba cubierto de un emplasto blanco seco, mi cara de una costra reseca de esperma, así como todo mi cuerpo y mi top esta tieso del semen seco. Sonreí al espejo y desnudándome por completo y me metí en la ducha.

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  • Una noche muy distinta a las demás

    Una noche muy distinta a las demás

    ¡Qué iluso fui al pensar que aquella noche iba a ser como las demás!

    Como cada sábado, me preparé para ir a pinchar música al local donde trabajaba. Había estado toda la tarde en internet charlando con mis buenos amigos/as del chat y pasando unos ratos muy agradables a la par de, porque no decirlo, morbosillos. Lo único fuera de lo normal es que esa tarde no estaba por allí conectada una muy buena amiga de las que en ese chat son habituales. Pregunté, pero nadie me supo dar respuesta.

    Tras acicalarme y ponerme mis mejores galas para la faena, tomé un taxi hacia mi lugar de curre. Hablando con el taxista sobre el tiempo y esas cosas triviales tenía una extraña sensación.

    -¿Sabe usted esa sensación de que va a ocurrir algo, como un presentimiento? -le dije al conductor.

    -Si hijo, espero que sea bueno. -Me contestó mientras aparcaba en la misma puerta del garito.

    Y cerrando la puerta del taxi le dije -ya le contaré…

    Entré en la cabina y tras saludar a mis compañeros me puse a hacer bailar a toda esa gente que tomaba sus copas y se relacionaban. Yo pensé que la única relación que iba a tener yo sería con mi mesa de mezclas, pero apenas a 1 hora del cierre un “¡hola!” en una voz sumamente sexy hizo que mi cuello girase rápidamente.

    -¿Me puedes poner una canción, por favor?

    Ante mí una carita de ensueño: unos ojos más que brillantes, una nariz de lo más sensual y unos labios más ardientes que el pitillo que se consumía en el cenicero. La pared de la cabina tapaba el resto de su cuerpo y haciendo gala de mi saber estar, aunque con la voz un poco entrecortada la pude contestar:

    -¿Qué canción quieres?

    Tras pedirme un éxito actual me sonrió y bajó su mirada con una caída de ojos impresionante.

    Mientras me preparaba a ponerle ese tema que pidió pensé en la cara de pelele que debía haber puesto. No la volví a ver.

    Cuando acabé la sesión y el local estaba cerrando fui al wc. Al volver a coger mis cosas para marcharme vi entre mi paquete de tabaco y el mechero un papel que yo no había dejado allí. Encendí un cigarrillo, abrí dicho papel y con una letra característica de mujer estaba escrito: “Muchas gracias por la canción (con mi nombre al lado) y a continuación una pregunta… ¿aceptarías otra petición? Y un poco más abajo las señas de un conocido hotel de la cuidad y un numero de habitación.”

    Automáticamente pensé que mis compañeros me estaban gastando una broma, pero en ese momento sonó mi móvil. Llamada anónima, descolgué y esa voz tan sexy me dijo: -¿no vas a venir? -y sin darme tiempo a contestar colgó.

    Me apresuré a llegar al hotel indicado. La recepcionista me preguntó dónde iba, le dije el numero de la habitación y tras mirar en sus papeles, sonriendo pícaramente, me dijo que adelante.

    Subí hasta llegar a la puerta de la habitación y algo nervioso me dispuse a llamar, pero al golpearla suavemente esta se abrió. Estaba oscuro y solo se oía el ruido del agua en la ducha. Me descalcé y entré al baño. Miré a la mampara y adiviné en el cristal traslucido una silueta de mujer de lo más exuberante. Abriéndoseme la boca vi como una mano asomaba por encima del biombo haciéndome la señal de que entrase. Nunca había tardado tan poco tiempo en quitarme la ropa.

    Entré, y ante mí, una increíble mujer de espaldas atusándose el cabello mojado por el agua que caía por ese curvilíneo cuerpo que al instante se dio la vuelta tornándose hacia mí. Un escalofrío recorrió mi espalda al ver que era la misteriosa mujer que me pidió la canción.

    Tras un par de segundos mirándonos a los ojos ella me saludo por el nick que yo utilizaba en internet, y ella se presentó por el suyo. ¡No lo podía creer!, era esa amiga del chat que esa tarde no estuvo allí.

    La cogí suavemente del cuello y comenzamos a comernos la boca de una manera que hacía que el agua de la ducha estuviera más y más caliente. Yo la deseaba desde que empecé a hablar con ella a través de la red. Todo el morbo que nos unía en el pc se estaba acumulando dentro de aquella bañera. Mis manos agarraron su cintura y con las palmas en sus duras nalgas empujaba su cuerpo contra el mío sin dejar de besarla. Ella hacía lo propio con mi trasero, apretándolo y jugando a la vez con su lengua y la mía.

    Sus magníficos pechos se hundían en el mío provocándome un ansioso deseo de acariciarlos. Dándose la vuelta y siempre con el agua cayéndonos como lluvia abrasadora echó su cabeza hacia atrás apoyándola en mi hombro y dejó libres esos maravillosos senos para que yo pudiera disfrutarlos entre mis manos y notar como sus grandes pezones se endurecían sensiblemente a la vez que ella notaba en sus nalgas como mi sexo se ponía cada vez un poco más duro. Agarrando mi pene por detrás suyo comenzó a moverlo con su mano mientras su cuello era devorado por mí.

    Agachándose y ya frente hincó sus rodillas en el suelo de la bañera y empezó a masajear mi glande con la punta de su lengua mientras con su mano acariciaba mi escroto haciendo que aquello se pusiera tieso de verdad. Cuando se metió mi miembro en su boquita yo creí estar en el cielo, pero aquello no era más que el principio de un viaje increíble.

    Mamando y succionadme, ella acariciaba sus tetas al mismo ritmo que mi falo entraba y salía de su boca. Me estaba dando envidia, yo también quería comer.

    Corté el agua y cogiéndola en brazos la llevé a la cama. La acomodé tumbada y ella lo agradeció abriendo de par en par sus piernas ofreciéndome ese delicado manjar que había entre ellas.

    Presuroso me tumbé con mi cabeza entre sus muslos y delicadamente acerqué mi lengua para entretenerla con su clítoris mientras ella temblaba. Temblor que se hizo más fuerte cuando tras abrir sus rasurados labios mi lengua paso a saborear la entrada de esa caliente y húmeda cueva. Metiendo y sacando mi lengua de ese sabroso agujerito mis manos subieron a jugar con sus pechos. Viendo que estaba empapada no dude en incorporarme y acercar mi tieso miembro a su entrada sin que ella cambiase de postura.

    Al penetrarla de aquella manera se erigió hacia delante poniéndome sus pezones a la altura de mi boca para que por fin pudiera mamarlos y saborearlos como si de 2 fresitas se tratara.

    Dentro de ella y degustando tan sabroso manjar mis movimientos de cadera se convertían en más y más rápidos hasta que noté como su respiración se aceleraba y un orgasmo recorrió todo su cuerpo.

    Me separó haciendo que saliese de ella y dándose la vuelta, se puso a 4 patitas ofreciéndome ese culito tan rico que yo me dispuse a comer sin poner objeción. Mis dientes mordían suavemente sus glúteos carnosos y mi lengua rozaba con suavidad su ano mojándolo un poquito para lo que vendría después.

    Agarré sus caderas y coloqué la punta de mi sexo justo en la entrada de su coñito. Ella, en cuanto la sintió tan cerca no tuvo más que echar su culito hacia atrás para que aquel pene muy duro y tieso entrase hasta dentro. Que bien que tuviera mi pubis y mi escroto sin pelitos, eso hacía que tanto yo como ella sintiésemos mucho más los golpes de su culito en mi pubis y mis huevitos en su clítoris.

    A un ritmo rápido y mientras ambos sudábamos y la habitación parecía hervir, los golpecitos en sus nalgas con mi mano y mis embestidas hicieron que ella tuviera su segundo orgasmo.

    Yo no podía más que pensar en poseer su otro agujerito. Las ganas de meter mi erectísima polla en ese precioso ano eran patentes. Tras humedecer la zona con mi lengua y saliva y dilatarlo con mis deditos me dispuse a penetrarlo suavemente. Así fue, aquella sensación de fricción era increíble. Mientras movía mis caderas delante y atrás mi mano rozaba su clítoris a un ritmo frenético. Yo quería que tuviera otro orgasmo y sentir el orgullo de ser yo quien la estuviera haciendo gozar de aquella manera. Saqué mi miembro de su culito y lo metí de golpe en su coñito, follándolo lo más rápido que pude. Lo conseguí, sus gritos de placer decían todo, se estaba volviendo a correr.

    Yo ya no podía más, iba a reventar y quería darle toda mi cremita. Ella sabía lo que a mi más me gustaba y colocando mi falo entre sus magistrales tetas las apretó y empezó a subir y a bajar hasta que yo, muriéndome de placer, en tensión y gimiendo de verdadero gusto me corrí en su cuello y carita dándole toda mi leche…

    Después de mi orgasmo y tras una corrida más que generosa, que ella saboreó, nos quedamos los dos desnudos, agotados y sudorosos encima de la cama. Lo que pasó después… eso… elígelo tú…

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  • Alejandra mi mujer y su ex

    Alejandra mi mujer y su ex

    Una vez diste el primer paso, ¡todo fluye!

    Esa noche luego de regresar de nuestra primera experiencia sexual involucrando un tercero, nos quedamos en el patio de casa un rato fumando un cigarro y hablando.

    Una vez más yo insisto en preguntar.

    -¿Te gustó?

    -¡Uf! Me super gustó, te juro que lo disfrute muchísimo. Jamás pensé en hacer esto, pero ahora estoy arrepentida de no haberme animado antes…

    -¿Antes cuando? ¿Cuando yo te lo propuse o cuando Roberto te lo propuso?

    Roberto es su ex quien ella me contó que también le proponía hacer trío, con otro hombre o una mujer.

    Mejor nos vamos a dormir y descansar qué mañana es un día largo me respondió con una sonrisa pícara qué una vez más me hizo jugar con mi mente.

    Juro que en varias ocasiones me hice la fantasía de que ella cogiera con su ex y eso me ponía muy caliente, así que maquiné darle al tema alguna vez más a ver si ahora me lo hacía realidad.

    A la mañana cuando me levanté ella ya estaba en la cocina fumando un cigarro y tomando un café.

    Le di un beso y pregunté si iba a ir a trabajar vestida así… Se había puesto un vestido rojo muy ajustado y corto qué lucia escote y apenas llegaba a la vuelta de sus nalgas. Ese vestido solo lo usaba para andar adentro de casa, jamás salía a la calle con él.

    -¡Si! Me respondió.

    -¿Te molesta que vaya así? Siempre querías que vistiera provocativa y ahora me animé.

    -No, no… Todo lo contrario, ¡me encanta que lo hagas! Luego me cuentas las reacciones de los chicos.

    -¡Dale! Responde nuevamente con esa sonrisa pícara.

    La semana paso tranqui, solo jugando con su forma de vestir ya que cada día se ponía algo nuevo y muy sexi, pero el viernes me escribe y me dice que en la noche cuando la vaya a buscar no lleve a los niños que tenemos que hablar… Que lleve ropa de baño qué nos vamos a ir a la playa a tomar unas cervezas y que me tiene una sorpresa… ¡Mmm! Bueno, en verdad son como tres sorpresas, me dice.

    En noche me voy todo ansioso y me recibe a besos muy calientes, con cara de puta a full y no para de sonreír. Le pregunto cuales son las sorpresas y me responde que una por una.

    -Espérame aquí que ya vengo

    Y se va al baño.

    Al salir lleva puesta una tanga amarilla fío dental.

    Se da vueltas y me pregunta si me gusta como le queda.

    -¡Hermosa te queda! Respondo mientras mi miembro se ponía duro y no podía contener mi exaltación.

    -Esta es la primera sorpresa, ahora vamos que te cuento las otras dos.

    En el camino me dice que estuvo con Roberto hablando. Que hacía días que iba al local y se la comía con la mirada hasta que la comenzó a cargar.

    -Hoy no se aguantó y me hizo el comentario de que estaba muy buena, que cambios había tenido y si seguía casada. Le dije que si, que estaba casada aún pero no privada… Se río y me dijo si eso significaba que nos podíamos ver.

    -¿Y que le dijiste?

    -Qué si, que podíamos hacer algo, si él no estaba casado y me dijo que si, pero que tampoco estaba privado…

    -¿Entonces que arreglaron?

    -Nada aún sin antes hablar contigo, porque no quiere hacer trío de una, quiere verme sola primero.

    -¿Y tú lo quieres ver sola primero?

    -¡Si me dejas!

    -Voy a poner mi voto de confianza y te dejo…

    Ella sonríe una vez más, prende un cigarro abre un par de cervezas y bajamos a la playa.

    -Te prometo me voy a portar bien y luego te relato todo con detalles… ¡O mejor aún! ¿Te gustaría que filme?

    -¿Será que él quiere?

    -No le voy a preguntar.

    Armo para que no sepa, ya me las ingenio…

    -Ahora te comento la tercera. Una pareja me encaro esta tarde y me invito a una fiesta en su casa de la playa. ¡Me dijo que puedo ir sola o con mi pareja y ya sabes para qué es, hacen intercambios me dijo!

    -Fa! Se nos dieron todas de una. ¿Cuándo es la fiesta?

    -No se, les tengo que preguntar, pero si tu estás de acuerdo mañana salgo con Roberto.

    -¿A donde piensa ir?

    -Él tiene la cabaña de un amigo que se la cuida me dijo, así que me llevara para ahí. Cuando salga de trabajar yo me voy sola y el me levanta por algún lugar discreto, así que te toca inventarle algo a los niños.

    -Fácil, una juntada con tus amigas y listo.

    Sábado a la noche cuando cierra el negocio me hace video llama para que vea como se va arreglada.

    Se había puesto mascara en las pestañas, delineó los ojos y pinto de azul, labios rosa y uñas rosa… Vestía remera blanca entera pero super ajustada sin sujetador lo que marcaba todos los pezones y abajo calza blanca con tanga blanca qué se marcaba toda acompañada de tacones rojos… ¡Sin duda vestía como puta para ir a laburar! Pero me encantó y pensé que Roberto quedaría como loco.

    Cuando llegaron a la cabaña ella lo mando a buscar algo para tomar y ahí me hizo video llamada, quedamos en silenciar las dos partes y ubico el celular de forma que enfocara la cama.

    Minutos después llega el y ella sale de la habitación a recibirlo, pero lo que pasa en esa más de media hora que están en la otra habitación solo me lo podía imaginar, solo escuchaba murmullo y algún que otro sonido a besos así que imaginaba a mi gusto lo que allí estaban haciendo.

    De pronto entran al dormitorio tomados de la mano, Ale venía solo con la tanga puesta y él ya estaba desnudo. Se ubica de forma que yo pueda ver con claridad lo que seguía y como la primera vez comienza a besarlo con besos muy húmedos de lengua mientras pajea su miembro duro.

    La tenía gruesa de unos 17 cm y bastante cabezona.

    Se da la vuelta y mientras él la toma de las tetas besa su cuello y espalda, ella realiza movimientos con la cola y refriega su verga qué ya se podía notar como babeaba…

    Se agacha, le agarra la verga y comienza a limpiar su jugo con la lengua, se la pasa por los labios y la cara mientras lo mira a los ojos y le sonríe con picardía… El levanta su mirada al techo como en una súplica, gime y la manotea de lo pelos como queriendo que se la traguen ya, pero Ale sigue jugando con su verga.

    Se la mete entre las tetas y lo pajea con una buena rusa mientras cada tanto le da lengüetazos, pero el ya no aguanta más y le pide que se la chupe.

    Lentamente comienza a introducirla en su boca, siempre jugando con la lengua y haciendo contacto suavemente con los labios que parecían hinchados. Hace movimientos siempre suaves en medio círculo de un lado para otro, la saca hasta solo dejar adentro la cabeza y vuelve a meterla mientras da chupetazos qué acompañados de la saliva que salía por sus labios sonaban a una ternera mamando la leche de su madre, pero Alejandra lo que quería era mamar la leche de su ex…

    ¡La excitación se les podía notar claramente a los dos y yo ahí firme a la pantalla del celular me hacia una tremenda paja!

    La mamada duro sin mentira unos 40 minutos y Roberto seguía sin acabar, Ale se acuesta y lo invita a que la trepe.

    -Cogeme porfi, Cogeme rico como lo hacías antes… ¡Aaah! ¡Uy! Que caliente la tienes, me encanta… Y mientras miraba como le entraba suavemente le sigue hablando, besando y sus uñas rosa brillantes rascan la espalda de Roberto quien la abraza y gime de placer.

    -Extrañaba esta verga, que rica la siento.

    -¡Dime que soy puta!

    -Eres puta, muy puta pero me gusta que lo seas así te puedo disfrutar… La próxima hacemos el trío con tu marido, quiero ver su cara mientras te cojo como a una puta.

    -Le va a gustar, a él le gusta que me cojan, ¡es bien cornudo! Cuando te vayas acabar dime, quiero tu leche en mi boca…

    Eso pareció excitar más aún a Roberto que envestía con más ritmo y más fuerza.

    -¿Me vas a tragar la lechita?

    -¡Si! Toda te la voy a tragar…

    -¿Que más querés?

    -Qué me des verga por el culo, quiero quedar con el culo bien cogido y lleno de leche, que se me chorree toda pero que no pares. Me encanta la sensación de la leche caliente en mi culo mientras me la siguen batiendo.

    -En eso veo que Roberto casi de una salto se pone encima de ella metiendo su verga en la boca y con más gemidos de placer se retuerce, ale se la agarra con fuerza y chupa metiendo y sacando.

    La leche sale por sus labios, pero la remanga con el puño apretado y la vuelve a su boca.

    Se puede notar claramente que está tragando cada gota, gimen los dos hasta que él se afloja y ella abre su boca liberando su miembro.

    Comienzan a reír tirados en la cama y el expresa…

    -¡Fa! Te juro que jamás imagine estar así con vos, te has liberado mismo… ¡Eres una verdadera puta en la cama!

    -Y eso que aún falta mucho por hacer, le dice ella…

    -¿No pensaras terminar aquí así?

    -¡No no! Solo dame un respiro que ya estoy algo mayor…

    Y vuelven las risas.

    Él le pregunta si se quiere dar una ducha y ella responde qué no, que le gusta así, cerdita.

    Vuelven a reír y ella se le pone encima, lo besa refriega su vagina mojada y caliente sobre su verga.

    El comienza a excitarse otra vez y se le pone dura.

    Ale se pone en cuatro, pero mirando hacia la cámara y sonriendo me guiña un ojo mientras que le dice…

    -Mi culito te está esperando.

    Él la mira y dice burlón.

    -Ese culito ya ha sido bien explorado por lo que veo.

    -Te lo vas a coger o lo vas a estudiar…

    Llegan las risas una vez más y él pone una mano sobre la nalga y con la otra agarrando su miembro comienza a pasarle la verga hacia arriba y abajo, coloca la punta y juega sin ponerla.

    Yo de frente puedo ver la cara de mi mujer que está muy alzada y quiere tenerla adentro.

    -Por favor, métemela, coge ese culo… ¡Cogeme fuerte!

    Ella empuja y el también, puedo ver cuando le entra por su cara, los ojos grandes y la boca entre abierta.

    -Por dios, que verga divina papito.

    -Si así así cogeme que me gusta.

    -Que ganas de esto tenía. Desde que empezaste a mirarme en el comercio me dieron ganas de tenerte otra vez.

    -Y yo desde que te vi con aquel jean qué dejaba tus nalgas de afuera y ese terrible escote qué llevabas ese día se me antojo cogerte…

    -¿Vas a ser mi putita desde ahora?

    -¡Si! Toda puta para ti quiero ser.

    -Vamos hacerlo bien cornudo a tu marido.

    -¡Si! Que sea bien cornudo ya que le gusta tanto, vos me coges y me disfrutas mientras el espera.

    -Si, quiero que le mientas y que le digas que tienes trabajo mientras te vas conmigo en secreto… Yo llevo algún amigo y te enfiestamos. ¿Quieres?

    -¡Si quiero! ¿A quién tenés en mente para llevar?

    Mientras esa conversación se da, ale se mueve fuerte dando es vestidas y Roberto también, parece que se olvidaron de todo y todos y solo cogen sin parar pero ella mira la cámara siempre, con mirada como perdida pero mira y yo imagino con esa terrible cogida y a ese ritmo como le estará quedando el culo…

    En eso él dice casi gritando…

    -¡Me vengo!

    Ale suspira y gime fuerte mientras sus ojos parecen darle vuelta, muerde los labios y como estaba tan concentrado viendo y tocándome muchas veces no me había dado cuenta de la batería del celu… ¡Se apaga y ahí se me termina el show!

    Se termina para mi obvio, ya que ellos según ale continuaron cogiendo sin parar casi hasta las tres de la mañana.

    -Terminamos exhaustos, pero me fui a trabajar bien cogida decía sonriente.

    -Querías una mujer puta y liberal, ya la tienes. La verdad es que me transforme en dos semanas. ¡Te juro que no hago otra cosa que pensar en cogerme todo lo que se me cruza jaja! Ya voy a ver con esta pareja para cuando es esa fiesta así vamos juntos…

    Esa charla se daba al medio día vía chat ya que ella no había vuelto a casa.

    Yo quería detalles de algo…

    -¡Decime! ¿Como fue volver a coger con tu ex? ¿Te gusto? ¿Recordaste el pasado?

    -No te voy a mentir, lo disfrute a full. Me gustó mucho el hecho de volver a sentir su pija dentro mío y fue distinto a lo que era antes. Una por el morbo de estar casada, ¡que vos me vieras por chat y porque hicimos cosas que jamás habíamos hecho! Sabes que el culo me lo devirgaste vos así que sentir si verga en mi culo fue una sensación distinta y por lo mismo tragar su leche, que esa me la desvirgo Marcelo, y sonríe.

    -¡Él te propuso verse sin que yo sepa!

    -Si, y yo le dije que si en un momento de mucha calentura, pero sabía que estabas ahí escuchando… ¡Tranqui que al que me coja antes o después lo vas a saber! ¿Es nuestro trato verdad? Y yo quiero jugar a las putas, pero a ti te amo, ellos serán solo diversión de nosotros dos.

    Y así fue la segunda parte de nuestro juego, un juego que hasta el día de hoy jugamos y que iré contando uno a uno.

    Lo que también hace hoy en día es filmar mientras se baña o sacarse fotos desnuda o en tanga y compartir con hombres de otro lado, sin sexo de por medio.

    Próximos capítulos…

    Nuestro primer intercambio.

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  • Una madura recientemente sabedora de ser cornuda

    Una madura recientemente sabedora de ser cornuda

    A mis 22 años una hermosa mujer de 52 años, recientemente despechada me hizo el ofrecimiento de ser su entrenador, esta es Yolanda, para que la aprecien tiene unos pechos chicos, con una nalgas de película, ancha de caderas con unas protuberancias que generan un calor interno por cachonda redondez, así como unas piernas exquisitas bien torneadas, es delgada, pero bien cuidada a pesar de su edad.

    Aprovechando que mi novia Nancy se fue a visitar a su abuelita con sus padres y su hermana, por el puente del viernes al domingo. Por lo que tengo libertad para darle las lecciones que necesita.

    Ayer tuvimos nuestra primera lección que fue abrirle por primera vez el centro de su culo, dándole una buena lechada, que disfruto con sed después de dos meses sin líquidos en sus hoyos.

    En fin después de tanta acción me vine durmiendo a las dos de la mañana, por lo que tenía que recuperar fuerzas para el siguiente.

    Estando acostado en mi cama, el clima aquí en Chihuahua es muy caluroso, por lo que en las noches acabas durmiendo en calzones o encuerado, yo soy de los últimos, en mi departamento vivimos tres jóvenes, cada uno en su cuarto, mis compañeros son Jesús y Luis, que también son universitarios, repartimos gastos y tenemos nuestros códigos.

    Hoy Jesús pidió usar el departamento para traer a su nuevo ligue, una viejonon güero que vino de intercambio de una universidad de EEUU, la güerita esta rebuena, sobre todo con unos bubies tremendos, es mas alta que Chuchito, le lleva como quince centímetros, pero dice que en la cama todo se empareja, en fin que hoy no ha departamento y yo sin novia.

    Ring…

    Era mi celular, lo tomo veo el número.

    -Nancy ¿Dónde andas?

    -Ya estamos llegando a Parral ¿y tú?

    -Yo aquí tirándote extrañándote

    -No te creo

    -Si mi amor, después de lo de anoche quede muy empalmado

    -¿Querías mas guerra?

    -La verdad si, llegue a mi departamento y no me podía dormir

    -Ya me imagino

    -Es que lo de tus papas si fueron buenas lecciones –mi cañón empezó a reaccionar.

    -La verdad yo también me tarde mucho en dormirme, ¡como que todavía no asimilo!

    -Tienes una madre bien fogosa y abierta a todo, por eso tu papa no se le despega

    -¡Ay! Ay Pedrito

    -No se… pero como que dan ganas de volverlos a ver… –me empecé a acariciar el pene con fuerza, tenía un empalme riquísimo, que ganas dan de desfogar.

    -tu tan caliente, pero si he estado pensando como los puedo observar…

    -¿por qué no crees? ¡que se aguanten!

    -¡efectivamente!

    -Amor te extraño, me tengo que ir porque ya nos vamos a subir a la camioneta…

    -Adiós amor que tenga buen viaje –como me agitaba el instrumento, que duro se me puso.

    -¡ay! ¡Pedrito como te extraño!

    -Que tengas buena observación…

    -¿Cómo crees?

    -Que te la pases bien, amor

    -Hablo el sábado cuando vayamos al pueblo, porque en la casa de mi abuela no entra el celular.

    -Aquí estoy esperándote…

    Me quede con la verga empalmada, sin vieja, encuerado en mi cama y con unas ganas de venirme, así que me enfile al baño, el baño se encuentra saliendo mi cuarto, en una especie de pasillo que conecta los tres cuartos. Salí y estaba Luis por irse, y me dice que traes, es muy temprano para estar a si, refiriéndose a mi compañero.

    -Es que estuve hablando con mi novia

    -¡Que buena platica!

    -¿se ven al rato?

    -Fíjate que se fue a Parral

    -¿A Parral?

    -Si con su familia a ver a su abuelita

    -Bonita familia

    -Ya ves

    -¿Qué plan traes?

    -no se voy y al centro alguna disco, ya sabes chucho quiere el depa –le conteste, sabiendo que Yolis me iba a hablar.

    -Si, el cabrón se quiere coger a la Mailing

    -¡Y esta rebuena! la muchachita…

    -Pues apúntate… Y se van a ser un trío…

    -El pinché chuchito se la quiere comer solo…

    -si es recabrón…

    -en fin me voy, mi amorcito me espera… -pinche cabron se siente un galán me dije para mis adentros y su noviecita es re puta.

    -Adiós

    Me despedí eran como las once… me metí a la ducha, estando ahí con el agua se endureció mas aun, por lo que me la empecé a jalar…

    Ring…

    Me salí de la ducha, tomé el celular, lo vi.

    -Yolis… ¿dime?

    -Pues nada mas para decirte que ya vino mi marido

    -Y ya se reconciliaron… je je –me solté una carcajada.

    -¿Estas pendejo?

    -A tu instructor no le dices pendejo, porque te puede castigar…

    -Si, Pedrito…

    -Bueno le puse en una caja sus cosas, fueron más bien dos y ya se llevó todas sus chingaderas, me trajo el acuerdo, me deja la casa, dos edificios y un billetin…

    -Así que además de cuero, estas forrada… ¡Mi cabroncita!

    -Mira Pedrito, me voy a comprar unos encargos de mi instructor…

    -buena alumna…

    -Ya sabes aplicada y te espero a las dos para ir a comer y tú dirás…

    -¿Dónde comemos? – le dije

    -En mi cama…

    -Ya mande a la servidumbre de weekend…

    -Muy bien…

    -Se van a las doce…

    -Te espero…

    -Nos vemos al rato…

    -Adiós

    Me volví a meter a la ducha, me dije para que me la bajo, mejor que me baje la alumnita renalgona que tengo. Me vestí, hice una mochila con un cambio completo y me fui al centro a hacer una compras que iba a necesitar para las clases.

    Después de hacer las compras eran la una y media, tome un taxi rumbo a la casa de mi alumna, eran cinco para las dos cuando me estaba bajando del taxi… Me encamine a la puerta…

    Toque… al instante se apareció ella… estaba hecha una vedette… Vestido rojo a media rodilla, se saboreaban sus magníficos muslos y sus bien torneadas piernas, su playerita parecía que se iba a romper por sus bubies, que mujer, se hizo un corte de pelo, del pelo largo que traía ayer, se dejó un corte mas moderno con rizos moderados, no pelo cortito, pero si muy acorde con la expresión de su rostro, muy bien maquillada sin excesos, en fin un manjar listo para ser deglutido…

    -¿Cómo esta mi nena?

    -Favor que me haces

    -Estas sensacional…

    -Pasa…

    Le dije no he desayunado, que te parece si comemos, mientras le da un beso, ella me entregaba su lengua, que hambrienta buscaba su par, buscaba yo con mis manos sus nalgas que se sentían buenísimas, me quite la mochila la puse en el hall, y la acompañe al comedor donde tenía todo listo.

    -Mi amorcito

    -Si Pedrito…

    -Antes de empezar a servir, me vas a ser un striptease…

    -¿Cómo se pela eso?

    -Vas a empezar a usar tu cuerpo, lo íntimo y expandirlo…

    -Seducirte…

    -Bueno… Tienes que seducir con tu cuerpo, con la forma de quitártelo…

    -¿pero cómo?

    -Vete quitando lentamente tus cositas y ve exaltando aquellas partes…

    -¿Pero…?

    -Ya empieza…

    Me senté en el comedor, este era amplio tenía espejos en cada una de las tres paredes, lo que me fascinó para este ejercicio, ella se puso al frente, empezó a quitarse la playera, suavemente, quedo al aire el brasier blanco que detenía sus portentos. Que mujer que pechos, después se volteó, estableciendo un vaivén riquísimo. Sus nalgas se veían de maravilla, que buena esta la vieja y tan abandonada, se movía la falda mostrando sugerente su tanga, la volvía a bajar, que rápido aprende.

    Mi verga esta súper, que empalme, por fin se aflojo el zziper de la falda y esta cayo, que redondez más exquisita, sus nalgotas en toda su extensión, el tanga apenas si cubría su centro, pero ya se encontraba pegado, que vista… que vieja. Seguía moviéndolas lentamente, su vaivén me acelero. Después se desabrocho el brassier estando volteada y me lo aventó al tiempo que se daba la vuelta, que turgencias, no grandes pero muy bien puestas, sus pezones rodeados de una corola grande. Que ganas de comértelos… después…

    -Amorcito, hice lo que me pediste…

    Se quita el tanga, apareció una concha riquísima, totalmente depilada, sus labios amplios, que bien se veían.

    Sube un pie a la silla y levanta su culo, sus dos hoyos se mostraban en visión única.

    -Amorcito ¿Cómo están?

    -¡Muy bien!

    -¡Aprobé las preliminares!

    -Con once mi amorcito.

    -¿ahora qué?

    -Me vas a dar de comer

    -¿Cómo?

    -Si quiero comer. Acostúmbrate a andar desnuda.

    -Si mi amor.

    Me sirvió la comida, comimos muy a gusto mientras me platicaba, como desde anoche se puso a trabajar, primero se depilo, gracias a una de las muchachas que tiene le ayudo, sobre todo con los labios y el ano, en la mañana hizo cita a primera hora con su peluquera, ahí se depilo las piernas y se cambió el peinado, de coraje, entrada la noche puso en cajas las cosas de su marido y las arrimo en la puerta. En fin.

    Me dijo que el cabrón de Ramon en la mañana llego con un ramo de rosas, se le hinco, le dijo que había sido la única vieja que se había cogido, ella le contesto que se dejara de chingaderas, que ya se había dado cuenta de lo su secretaria y otras, pero ya estaba hasta la madre, además para andar con varias hay que tener potencia y que el cuando llega a segunda ya no tiene nada. Que hay muere. Me platico como se arreglaron, en fin muy buena platica en conjunto con muy buena vista sobre todo cuando le pedía me sirviera algo. Como están buenas sus nalgotas.

    Terminando nos tomamos un anicito y nos preparamos para echar la siesta.

    -Pulguita…

    -Si mi amorcito –me contesto.

    -recoge, que yo te espero en tu cama para la siesta.

    -me apuro y voy corriendo

    Tomé mi mochila y me fui a su cuarto, prepare unas cosas, me encuere y me senté en un sillón comodísimo que tenían en su amplia habitación, coronado con un tálamo magnifico de muy gusto.

    -Amorcito…

    -Si aquí estoy… –le dije en forma seca- Mira acuéstate en la cama

    Tan pronto se acostó le puse una venda en los ojos, le tome las manos y las espose al respaldo de la cama.

    -¡Amorcito! ¿qué me vas a hacer?

    -Darte tu segunda lección.

    Saque de mi mochila el instrumento –un consolador con forma de pija de unos 20 cm, venia dotado de tres velocidades- lo active y se lo metí por su pucha.

    -¡Amor! ¿qué es eso?

    -placer…

    Con el consolador se lo fui metiendo por su caperuza recién depilada, mientras que con mi otra mano le metí un dedito en su hoyito negro.

    -mmm… mmmm… que rico se siente

    Le fui haciendo rozar su clítoris, viendo como el aparato le generaba una sensación eléctrica, poco a poco se fue relajando, hasta que entro en el ritmo, su cuerpo empezó a temblar, el frote del clítoris iba a haciendo su efecto, bufaba, gritaba que rico… métemela cabrón, y le metí dos dedos en el hoyo del culo, le inicié un mete saca con el aparatito de forma que lo sacaba lentamente y se lo metía duro y lo mantenía durante dos o tres segundos hasta dentro. Se contorsionaba, era inminente su venida, cuando sentí que se venía aumente al segundo nivel del vibrador. Relinchó.

    Expulso una gran cantidad de líquido con una fuerza durante dos o segundos, ya gritaba dame tu pene, le decía ahora sigue. Con el vibrador le hacia un mete y saca que en dos minutos se vino su segundo orgasmo, que forma expulsar líquido, su cuerpo se contorsionaba la cama se movía, esta vez el orgasmo fue bestial y prolongado, amorcito esto es placer. Moví el último nivel del vibrador. Se lo introduje profundo, lloraba de placer. Se movía, se colocaba bufaba, le metí el tercer dedo en el culo y gritaba. Como disfrutaba…

    -¡amorcito! ay… te va tu capitán…

    Le quité el vibrador de su pucha, se lo metí de un solo golpe.

    -ay me vengo… mmmm…

    En eso le meto mi verga a su puchita y le mantengo el vibrador en el culo.

    Al entrar mi verga la aprieta y empieza un movimiento ascendente descendente que me lleva al final, mi venida es inminente.

    Siento como su cuerpo inicia una temblorina espectacular, no aguanto mas y me vengo se aviento toda lechita en su puchita ¡que desfogue! En eso siento como su cuerpo se mueve a una velocidad, su pucha empieza a aventar líquidos mientras su cuerpo se mueve. Grita… ¡se viene!

    Es tan fuerte la venida que se desvanece y pierde el conocimiento. Apago el vibrador y se lo saco del culo. Con mi verga a dentro le quito las esposas y me duermo.

    Me despierto eran las nueve de la noche, tengo mi verga en su vagina que se ha vuelto a poner dura, le doy un beso y ella sigue modorra, me da uno.

    -Alumnita ¡¡despierta!! que ya te vuelve a tocar.

    -Espérame voy a hacer pipi

    -¡Aguántate! que primero tienes que hacer lo que te diga tu instructor…

    -tengo muchas ganas…

    -Te aguantas…

    Inicio con una mamadita de sus pezones, siento como su cuerpo se contorsiona. Le recorro con mi lengua sus coronas mientras que con la otra mano, le acaricio sus nalgas. Siento como su cuerpo reacción y su temperatura sube, me besa apasionadamente. Mi verga toma su dimensión dentro de ella, empiezo a subir y bajar, no le suelto sus pezones, que mujer, sus nalgas están ¡exquisitas! Cambiamos de posición ella se monta sobre mi verga y empieza un movimiento con todo su cuerpo, me siento en la luna, que mujer.

    Admirando sus pechos y sus labios depilados, saboreando sus pezones, me estoy calentando, en eso vuelvo a sentir su temblorina e inmediatamente mi verga siente sus jugos, inunda mis huevos que con el calor se aceleran y en ese momento expulso mi semen en su vagina, que sensación, ella se agita mas rápido y viene su segundo orgasmo…

    -No entiendo…

    -¿Qué?

    -En 22 años Ramoncito, no me hizo vibrar ni la mitad de lo que tú me has hecho…

    -Para eso me contrataste…

    Le saco mi instrumento y se chorrean sus muslos de semen…

    -¿puedo ir a mear?

    -Si

    Se levanta, sus muslos muestran la señas de lo que ha pasado, su cocho esta coloradito, que mujer como mueve las nalgas, admirar como se mueven sus glúteos, como dispara placer como llama a ser perforada, mi verga quiere reaccionar pero se resiste.

    -¿ahora? –después de mear

    -Pues hay que cenar…

    -¿Qué hora es?

    -Son las 10 y media.

    -Bueno.

    -Una pizza estaría bien.

    -pero antes hay que ducharnos.

    -de acuerdo.

    Nos vamos a la ducha la enjabono, me enjabono, recorro su cuerpo, recorre el mío mi verga se alborotada, me la agarra le da unos chupetes por el glande, se endurece mas, ella empieza una lamida espectacular, que forma de recorrer el tronco, se usar su lengua, mi venida le aviso, acelera. Me vengo en su Boca, se traga todo.

    -¡ay! chaparrita ¡usted! no deja descanso.

    -Sigo las instrucciones.

    -Bueno una pizza.

    Se sale de la regadera y toma el teléfono, llama a una pizzería que conoce y regresa, nos secamos.

    -Tenemos que vestirnos antes de que llegue la pizza… -mientras se restriega la toalla en su cuerpo.

    -Ahora ponte de rojo, con medias.

    Abre un cajón y saca unas prendas y se dispone a vestirse, que vieja tan recatada que era y ahora es una gran puta, creo que va aprobar el primer ciclo. La muy cabrona se sienta en su cama y se pone una medias con liga de color rosado con encaje, que le realzan sus muslos, se levanta y expone el culo, ¡que vieja!, se monta un brasier semi transparente y pequeño que apenas cubre sus tetinas, y después se coloca una tanga roja con encajes en los bordes, pequeña apenas si cubre la entre nalga, ¡que puta me está resultando!, saca un vestidito integral de falta corta…

    -Hasta ¡ay!

    -¿Como crees? está por llegar la pizza…

    -Ponte el delantal que tienes en la cocina.

    -¿estas cabrón?

    -Tu cuarta lección es sexo en frío.

    -Al de las pizza se la vas a mamar como propina en menos de cinco minutos…

    -¿pero si me conoce?

    -Lo vas a hacer…

    -¿Qué van a pensar tus vecinos?

    -Si alguien pregunta lo vas a negar.

    En eso se oye al fondo, la moto de la pizza…

    -Corréele te falta tu delantal…

    Se dirige rápidamente a la cocina, yo con mi toalla, me coloco detrás del baño cerca del hall, para supervisar a mi alumna y ver su desempeño, la cabrona se coloca el delantal que es amplio, pero no cubre su culo, por lo que se notan sus nalgas cubiertas por la entre tanga. Toca el timbre. Se acerca a la puerta.

    -Está abierto.

    El muchacho entra, era un joven de unos 18 años, alto, morocho, vestía el tipo de uniforme de pizzería una playera con la marca y unos pants de mismo color, buen cuerpo no atlético, con un poquito de panza, coloca las pizzas encima de una mesa que se encuentra en la entrada, en eso sale de la cocina el monumento. El muchacho se queda pasmado. Su aparato reacciona mostrando una tremenda erección, que mueve fuertemente su pants, Yoli se aproxima en forma cadenciosa.

    -¿Cuánto te debo?

    -¡¿Qué?!

    -Si cuanto te debo –mientras se acerca, saca su cartera.

    -¿No está la señora Yo-yo-lan-da? –tartamudeando

    -¡No hoy no está! yo soy su prima Ana, a tus ordenes.

    -Son $129 señorita.

    -Favor que me haces.

    -Conoces a mi prima.

    -Si ella es muy parecida a usted –mientras trataba de ocultar su erección, y buscaba con sus ojos recorriendo ese hermoso cuerpo que está enfrente.

    -Ya sabes de tal palo muchas astillas, y si son buenos los palos mejor… -suelta una sonrisa burlona.

    -¡ay! Señorita…

    -¡Nada de señorita! soy Ana –hurgando en su cartera, saca un billete de 200.

    -Ana es que no traigo cambio…

    -Espera déjame ver si tengo en la cocina… –se voltea y se dirige a la cocina, el muchacho clava su vista en las nalgas de Yola ahora Ana, se toca el pene, no sabe que hacer.

    Ana mueve suavemente sus caderas sabiendo el efecto que produce, se oculta un momento y regresa. El muchacho se pone rígido y sus ojos lo dicen todo, no la cree.

    -Mira tengo un billete de 100 y tres monedas de 10, pero…

    -Está bien señorita…

    -Ya te dije que soy Ana…

    -Está bien Ana… ya me voy por tengo dos entregas y si no corren…

    -¡pero no tengo! para tu propina…

    -no se preoc… -le planta un beso al muchacho, mientras sus manos libres buscan su aparato, se le soba por encima de sus pants, el aparatito esta activado.

    -¡pero!! Ana…

    -¡es tu propina! así que prepárate…

    Le baja de un solo golpe los pants y slip, y salta el banano erecto.

    -Pero que buen aparato tienes –iniciando una acariciada suave, el muchacho debía tener un pene grueso de unos 15 cm con mucho pelo tanto en el pubis como en los huevos y la entrepierna.- Tu juguetito me recuerda un novio que tenía –hincándose enfrente y tomando con su boca el glande dándole unos lametones, suaves hasta introducirse toda la verga en su boca.

    -Señorita, que bien lo hace…

    Ella acelera un proceso de mete y saca, usando su lengua sobre su tronco, el muchacho esta extasiado, ella continua con su proceso, hasta que denota que se encuentra por venirse…

    -Me voy a venir…

    Intenta separarse, ella sin sacar su boca, con una mano toma su nalga y con la otra mete un dedo en su ano, en muchacho grita e inmediatamente inicia su terminación, el espectáculo de sus nalgas me muestra que su tanga está totalmente húmeda y el piso recoge muestras de sus líquidos.

    -Agh Agh Agh… que buena está usted… –expulsando todo su semen en la boca de ‘Ana’ que continua con sus movimientos…

    Anita recibe todo el semen, lo digiere. Limpia los residuos le sube el slip, se lo coloca y le sube el pants.

    -¡Muy bien!… -estas cubierto.

    -Señorita, ¿cuándo tiempo va estar usted aquí?

    -Nada mas este fin de semana

    -La próxima pizza yo la pago…

    -Gracias, vete porque tienes más entregas.

    -Gracias…

    Se marcha el muchacho, cierra la puerta y se oye como la moto acelera para cumplir con sus entregas.

    -Bien ¡Ana!

    -Bueno es que son los que siempre traen las pizza…

    -¡Así que Anita! Me gusta…

    -¿Ahora que? ¿Cómo estuve?

    -Muy bien, pero esta lección no acaba –avanzando para darme un beso, me hago para atrás.

    -No has entendido esta lección es sexo en frío –la volteo la pongo en cuatro patas, se resiste, sin tocar sus amplios glúteos, agarrando mi polla se la meto por el ano.

    -mm mmm mmmm

    -Esto es lo que necesitas, además me dejaste empalmado de antología y necesito desfogue –iniciando un proceso de recorrido sobre su apretado ano.

    -me duele, pero síguele, siento dolor y placer… mmmm mmm

    Sigo con mi ritmo, cuando veo que se puchita empieza a destilar líquidos a borbotones.

    -Así que te gusta, me estas ganando –acelero mi metidas siento mis huevos tocar sus nalgas, estoy sintiéndola.

    -Métemela cabrón… duro… agh… mmmm…

    Es incontenible disparo mi semen en su ano que se convulsiona oprimiendo mi verga como queriendo exprimir hasta la última gota.

    -Que rico…

    -Vamos a cenar que la pizza se enfría… -sacando mi verga de su culo, el semen se esparce por sus muslos.

    -Vamos…

    Nos dirigimos a la cocina, ella recoge la pizza, son las doce y media, que noche y lo que falta, suena el teléfono móvil, corro hacia su cuarto, ella se queda en la cocina.

    -Jesús, ¿siii?

    -¿Qué crees que la mailing me salió una gran puta?

    -Te dije que las gringas son insaciables…

    -Si la cabrona quiere mas y como sé que tu andas libre dije pues si hacemos un trío

    -Bueno lo que pasa es que me ligue a una vieja…

    -Déjalo…

    -Espera tengo una idea y si armamos una grande…

    -¿tú crees que quiera?

    -Mira tráete a la gringa yo aquí preparo el camino…

    -Dame la dirección…

    Se la di… quedamos en una hora…

    Me despedí diciéndole va a ver de todo…

    Regrese a la cocina, quería cenar y descansar un poco por lo que venía, la gringa esta rebuena, es el tipo de viejas que la traes cargando hasta que te la coges… que viejon y Jesús con Ana le basta, yo me tengo que acabar a la gringuita.

    -¿Quién era? –me pregunto.

    -Unos amigos que tienen un problema…

    -Te vas a tener que ir…

    -No ellos van a venir…

    -¿Cabrón?

    -Pues quieren un intercambio y orgía y le dije que tu querías…

    -¡ay! cabroncito, tan recatado que te vez

    -Eso dice mi suegra.

    -¿Están buenos?

    -Si, le dije que eras mi ligue, nada debe saber de nuestro trato…

    -Si, mi amor

    -Te vas a presentar como Ana, vístete sexy pero no mucho, para te veas como de cuarenta novata…

    -Si, que sabes tu negocio…

    -Mi cuate tiene un problema le cuesta mucho volverla a levantar, así que lo tienes que hacer sin que se venga hasta después de por lo menos una hora…

    -¿Cómo le hago?

    -Cuando se acelere cambias de posición, y así sucesivamente, si se viene se acabó la fiesta, y yo quiero acabarme a la gringuita por sus tres hoyos, tu entiendes…

    -Eres inagotable…

    Acabamos la pizza, seguía con su delantal, me subí al cuarto, me tire en la cama, vi entre sueños como ella se preparaba…

    Ring… –sonó la puerta.

    -Son ellos –me dijo Ana.

    -Ve Ábreles ofréceles una copa, yo ahorita bajo

    La nueva Ana feliz contorneando sus nalgotas, bajaba las escaleras.

    Bueno con esto terminó mi narración del primer día de entrenamiento, que buen forro es esta vieja.

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  • Mi tía y sus hijas (2 de 3)

    Mi tía y sus hijas (2 de 3)

    El día después del polvo con mi tía era sábado por lo que pude dormir hasta tarde. Mi prima María vino a la habitación y me despertó a la hora de comer.

    -Joder yo salí anoche y me he despertado antes que tú -dijo con una sonrisa.

    Yo sólo sonreí. Si ella supiera.

    Me levanté y me vestí para ir a comer. Cuando entré en el comedor mi tía estaba sirviendo los platos. Iba vestida con unos pantalones cortos y una camiseta larga. Me sonrió y me riñó en broma por mi pereza.

    El día se me hizo muy largo pues al estar todo el mundo en casa no podía acercarme a mi tía. Pero me fijé en que Miriam me miraba cuando le parecía que yo estaba distraído con gran interés lo que me hizo estar más seguro que nos había visto la noche anterior. Mi prima María me propuso salir de fiesta con sus amigos por lo que estuvimos toda la noche fuera.

    El domingo pasó igual y llegó el lunes. Mi tío estaba todo el día en casa, ahora hacía el turno de noche, pero después de comer solía echar una siesta. Por lo que cuando él fue a echarse me ofrecí a lavar los platos para que mi prima Miriam pudiera irse con las amigas. Me lo agradeció con un beso en la mejilla y se fue, por lo que yo me quedé esperando a mi tía que llegaba a las tres. Yo estaba loco de excitación, pero poco antes de llegar mi tío se despertó y me jodió el plan. Mi tía llevaba un vestido de tirantes que marcaba su lindo cuerpo y mostraba gran parte de sus senos y al entrar nos saludó con un beso a mi tío y a mí.

    Se fue a comer mientras mi tío y yo veíamos la tele. A cabo de media hora mi tío se levantó y me dijo que iba a ver unos amigos en la peña y echar unas copas, y me invitó a ir. Yo me negué diciendo que tenía unos deberes pendientes y nada más irse me dirigí a la cocina. Mi tía estaba de espaldas fregando los platos y yo me abalancé sobre ella. Le pegué mi paquete, en su culo y empecé a sobarle las tetas.

    Ella protestaba consciente que podían pillarnos, pero le expliqué que estábamos solos, por lo que con una sonrisa me dejó hacer. Le subí el vestido y observé su culo, tapado por unas bragas oscuras que arranqué de un golpe, que provocó un chillido de placer y sacándome la polla se la metí en su coño, que ya estaba encharcado. Se la estuve metiendo unos diez minutos antes de correrme, ella se había corrido dos veces, llenándole el coño de mi leche.

    Mi tía se arregló rápidamente consciente de que mi prima María llegaría pronto. Pasó una semana en que no tuvimos más contactos sexuales de ese tipo pues casi nunca estábamos solos. Eso sí, a mi tía le encantaba refregarse contra mí cuando nos cruzábamos por la casa y mamármela siempre que podía. Yo cogí la costumbre de ir siempre con chándal para facilitar nuestros breves contactos. Pero yo ansiaba más y empecé a fijarme en mi primita. Desde que nos había espiado, pues yo estaba seguro que había sido ella, noté que me miraba distinto y que a veces si le devolvía la mirada se ruborizaba.

    Por lo que una noche me decidí y al comprobar que estaban todos dormidos me dirigí a su habitación, que estaba al lado de la mía. Estaba dormida, tapada por una fina sabana. Me senté en la cama y le dije su nombre para despertarla.

    -¿Sii? Qué quieres -preguntó adormilada mientras buscaba sus gafitas y se las ponía.

    -Tengo que hacerte una pregunta. ¿El otro día nos viste? -No dijo nada pero su reacción de bajar la cabeza y ruborizarse era clara. Pero no había dicho nada a nadie por lo que me decidí a seguir en ese tema.

    -¿Y qué te parece?

    Levantó la cabeza y me miró.

    -¿Te gusto lo que viste? -pregunté y me acerqué más a ella.- Me fijé en su pijama estrechito en que se marcaban sus ya duros pezones.- Seguro que volviste a tu habitación y te acariciaste -dije y la destapé. Puse mis manos sobre sus piernas y empecé a acariciarlas- ¿No?

    Mi prima me miró fijamente y volvió a sonrojarse.

    -Eso no es nada malo. El sexo es algo maravilloso y lo que hicimos tu madre y yo no es más que un acto de cariño.

    -Yo nunca había visto, había visto… un pene -dijo finalmente.

    -¿Quieres volver a verlo? -pregunté con una sonrisa pícara.

    Antes de que me contestara me saqué el pantalón del pijama mostrando mi verga ya dura. Mi prima la miró como hipnotizada.

    -Tengo amigas que tienen novios, pero yo nunca… -dijo mientras alargaba una de sus manos y empezaba a acariciar mi verga.

    -Tranquila yo te enseñaré -dije y le cogí la mano y empecé a moverla de arriba a abajo. Pronto empezó a mover la mano más rápido lo que me hizo lanzar gemidos de placer.

    -¿No quieres chuparla? -dije y me puse de rodillas frente a ella- Lámela como si fuera un helado.

    Empezó a pasar su lengua por toda mi polla, recorriéndola en toda su longitud hasta que se la tragó entera. La estrechez de su boca me hizo jadear de gusto.

    -Me corro -le dije y ella se la sacó de la boca.

    Chorros de leche surgieron de mi verga, varios acabaron en su boca y el resto le mancharon su cara y sus gafas.

    -Me gusta el sabor -dijo con una sonrisa pícara.

    Se quitó las gafas y lamió los restos de mi corrida lo que me excitó enormemente. Entonces la desvestí dejándola totalmente desnuda. Ella intentó taparse con las manos sus dos pequeños pechos con unos pequeños pezones totalmente erectos, pero yo le aparté las manos y empecé a lamerlos, después de un buen rato empecé a bajar hasta llegar a su coñito. Comí son desespero su coño introduciéndole varios dedos a la vez que mi lengua le recorría sus labios vaginales y la penetraba como una pequeña polla. Le estuve comiendo el coño más de veinte minutos en los que perdí la cuenta del número de veces que se corrió.

    -Quiero que tu seas el primero -me dijo.

    Yo sonreí y me lancé sobre ella buscando su boca. Introduje mi lengua en su boca y ella me correspondió con la suya. Me puse sobre ella y la penetré lentamente. Introduje mi pene facilidad hasta que llegué a una especie de barrera. La miré a los ojos y empecé a besarla y a acariciarle sus tetitas para calmarla. Y la acabé de penetrar con fuerza, ella sólo lanzó un pequeño gemido y me dijo que siguiera.

    Yo la continué penetrando durante varios minutos hasta que decidí cambiar de postura. Hice que se pusiera de cuatro patas, mi posición preferido, y empecé a penetrarla desde detrás. Mi prima empezó a lanzar grititos de placer y yo le introduje un dedo en el culo, mientras que con la otra mano le acariciaba sus tetas.

    -¡Me corroo! -exclamé.

    -En mi cara -gritó mi prima- Quiero sentirlo en mi cara

    La saqué y mi prima se puso de rodillas para recibir toda la corrida con la boca abierta. Tras tragarse toda mi leche me la siguió chupando hasta que quedó limpia. Yo la abracé y la besé sintiendo mi propia leche en su boca.

    -Cómo te quiero primito -me dijo ella.

    -Si quieres podemos hacerlo todas las noches amor y por la tarde si no hay nadie.

    -Sí, sí -dijo mi prima excitada. -La besé por última vez y me dirigí a mi cuarto.

    Enseguida quedé dormido pero una placentera sensación me hizo despertar. Me estaban comiendo la polla. Abrí los ojos y vi a mi prima desnuda comiéndome la verga con frenesí. Joder era insaciable. Entonces una alarma se encendió en mi cabeza si era por la mañana nos podían pillar. Me aparté alarmado. Pero mi prima sonrió.

    -Son las siete, mama acaba de irse y hasta las ocho no se despertarán mi padre y María.

    Yo sonreí.

    -Veo que tienes ganas de polla.

    Mi prima sonrió, en un gesto que siempre hacía que la viera como una viciosa.

    -Ayer me lo pase tan bien que quiero más -dijo y se volvió a abalanzar sobre mi polla.

    Yo le dije que esperara un momento y me estiré en la cama y le dije que se estirara sobre mí, por lo que yo tendría acceso a su coño. Así empezamos un 69 que aún recuerdo con excitación. Mi prima se corrió casi al mismo tiempo que yo y se estiró a mi lado en la cama. Yo vi su hermoso culito y decidí desvirgarla también por ahí.

    -Oye Miriam, ¿me dejarás que te diera por culo? -le pregunté directamente.

    Ella me miró alarmada al principio, pero finalmente sonrió y salió corriendo de la habitación. Volvió al minuto con un pote de crema y me le entregó. Se puso de cuatro patas y espero que la penetrara, pero yo empecé a acariciar su coñito lo que provocó sus gemidos. Cogí el pote de crema y empecé a pasarlo por su culito mientras la desvirgaba con mis dedos, sin dejar de acariciar su coño. Finalmente conseguí introducir tres dedos en su ano y me decidí por meterle mi verga. Saqué mis dedos y se la introduje lentamente.

    -¡Sii, vamos rómpeme el culo! -exclamó excitada

    Acabé de meterle mi polla de golpe lo que hizo que lanzara un gritito de dolor. La dejé casi un minuto sin moverme para que se acostumbrara y me di cuenta que mi prima lo aprovechó para empezar a masturbarse. Entonces empecé a bombearla primero con suavidad, pero finalmente a gran velocidad mi prima gemía, de placer y dolor, y yo seguí por varios minutos hasta que llené su culo de leche.

    Saqué mi verga manchada de flujos y mierda y se la acerqué a la boca a mi prima, que no tuvo ningún problema en chupármela.

    -Será mejor que te vayas estarán a punto de despertarse -le dije. -Ella asintió y tras darme un beso salió de la habitación. La verdad es que no se podía pedir más, tenía a mi disposición dos mujeres para disfrutar. Pero lo que no me esperaba es que mi prima María también acabaría catando mi polla.

    A partir de ese día mi rutina varió bastante. Por la tarde, de tres a cinco, pues mi prima María tenía prácticas en la universidad, estaba solo con mi tía y mi prima y yo aprovechaba cualquier excusa para quedarme a solas con una de las dos. Como he dicho antes mi tía acostumbraba a refregar se culito sobre mi polla siempre que nos encontrábamos por el pasillo y no le importaba hacerme una buena mamada si nadie nos veía. Y a mi prima le encantaba acariciarme cuando su madre iba a la cocina o al lavabo. La verdad es que creo que la idea de que nos pillaran la excitaba mucho. Pasó por la cabeza la idea de proponerles un trío, pero no creía que mi tía lo aprobara.

    En esa situación pasó más de un mes en que solo pude follarme a mi tía en un par de ocasiones, pero en que disfrutaba de mi prima casi cada noche. Ella era tan cachonda o más que yo. En menos de diez minutos después de acostarnos venía a mi habitación y nos pasábamos horas follando. A ella le encantaba que me corriera en su boca, pues le había cogido el gusto a mi leche.

    Yo estaba en la gloria y la verdad es que no se podía pedir más pero aún seguía masturbándome a veces pensando en mi prima María. Pero nunca creí que ella también me cataría jeje. Y fue más o menos al cabo de un mes, como ya he dicho, desde que me follara a mi prima, cuando me follé a mi otra prima, o mejor dicho cuando me folló ella.

    Era un sábado y salí con ella y sus amigos por la noche. Fuimos a un pub que solíamos frecuentar a tomar unas copas. Yo la verdad es que bebí bastante, bueno como casi siempre que salía, por lo que aunque no me gusta nada bailar las amigas de mi prima consiguieron sacarme a la pista. La música era la propia para bailar pegados por lo que no dudé en bailar muy agarrado frotando mi polla sobre sus cuerpos. Ellas no se molestaron, pues siempre que salíamos había visto que bailaban así con sus amigos.

    Entre el alcohol que llevaba en la sangre y los bailes me comencé a poner muy cachondo, tanto que pensé en intentar ligarme a alguna de las amigas de mi prima. Cuando estaba bailando con una de ellas e iba a lanzarle los trastos vino mi prima.

    -Creo que me toca bailar contigo primito.

    Su amiga se apartó y mi prima se agarró a mi cintura. Vestía una minifalda, medias oscuras y un jersey con una abertura vertical entre los pechos, que insinuaba más que mostraba. Yo al principio me sentí un poco cohibido por ser mi prima, pero ella se pegaba a mí y bailaba muy provocativa.

    -Con mis amigas bailabas mejor -se rio.

    “Ahora veras”, pensé yo. La cogí por el culo y empecé a bailar frotando mi polla, contra una de sus piernas. Yo pensaba que eso la haría retroceder y esa era mi intención para darle una lección, pero en vez de eso empezó a mover su pierna para frotarse más contra mí. Bajo sus manos de mi cintura hasta mi culo y continuamos bailando así un rato. Finalmente apoyó la cabeza sobre mi hombro y me dijo al oído.

    -Sé lo que haces con mi hermana.

    Yo me quedé helado.

    -¿Qué… qué quieres decir? -pregunté haciéndome el despistado.

    -Os vi hace varias noches y ella me lo ha contado todo -dijo y movió su mano de mi culo a mi paquete y lo acarició- Por lo que parece lo usas muy bien.

    Yo me estaba cansando del juego por lo que la pillé del brazo y la llevé a una mesa.

    -¿Ella te lo ha contado? -le pregunté después de sentarnos.

    María sonrió.

    -Había oído como alguien andaba por el pasillo varias noches. Una de ellas me levanté y vi que mi hermana salía de tu habitación. Al día siguiente le dije que lo había visto todo y la muy tonta se lo creyó y se delató ella misma -explicó sin dejar de sonreír.

    Yo estaba bastante nervioso, si a mi prima se le ocurría decírselo a mi tía, bueno con ella aún podría hablar, pero si hablaba con mi tío… María debió darse cuenta de mi nerviosismo.

    -Tranquilo, no voy a decir nada a mis padres -dijo- Después de todo mi hermana ya es mayor para saber lo que hace.

    Se levantó de la mesa y se fue a la pista. Yo no sabía qué hacer por lo que opté por tomar una copa más. No sé si fue el alcohol o saber que mi prima lo sabía, pero la verdad es que me puse más caliente.

    Nos fuimos para casa una hora después por lo que pude tomar varios cubatas más. Mi prima llevaba el coche y fuimos a llevar a dos amigas y un amigo. Cuando los dejemos nos dirigimos a casa. Yo no podía dejar de mirar sus piernas, al conducir su minifalda se había levantado y dejaba ver el bordado de sus medias. Sin pensarlo puse mi mano derecha sobre su pierna. Mi prima miró por un momento mi mano pero no dijo nada. Yo empecé a acariciarla y subí hasta su coño. Metí la mano por debajo de su falda y noté su diminuto tanga. Introduje mis dedos bajo la tela y empecé a acariciarle lentamente.

    En eso que llegamos a casa, yo casi no me había dado cuenta. Mi prima introdujo el coche en el parking y tras aparcar bajó sin decir nada. Yo bajé y la seguí hasta el ascensor confuso. Entramos y yo ya estaba seguro que no conseguiría nada con ella cuando accionó la parada de emergencia deteniendo el ascensor. Se giró y me miró a los ojos y yo vi su mirada de increíble lujuria.

    -Fóllame -dijo.

    Se apoyó en la puerta del ascensor, poniéndose de espaldas a mí, y se levantó la falda mostrándome su precioso culo. Su tanga negro era tan fino que parecía desaparecer entre sus nalgas. Yo me arrodillé y lamí sus nalgas a la vez que con mis dedos penetraba su coño.

    -Vamos métemela ya -dijo con una gran excitación.

    Yo rápidamente me bajé los pantalones y me cogí mi verga, que ya estaba en todo su esplendor, y me dispuse a penetrarla. Cuando iba a hacerlo me dijo.

    -Sólo por el culo.

    Pasé la cabeza de mi polla por sus nalgas y con una mano aparté el trocito de tela del tanga.

    -¡Métela ya mariconazo! -exclamó- ¡Vamos rómpele el culo a tu primita!

    Excitado por esas palabras se la metí de un solo golpe hasta los huevos, pero mi prima no lanzó queja alguna, por lo que deduje que ya había catado varias vergas por su ano. No sé si fue por el alcohol o por la gran excitación que tenía por romper el culo a mi prima, pero el hecho es que tardé mucho en correrme. La penetraba sin compasión, aplastando sus pechos sobre la puerta del ascensor mientras ella se masturbaba.

    -Dioos, dios qué bueno, qué bueno primito -decía entre suspiros.

    Finalmente tuve un gran orgasmo que llenó el culito de mi prima de leche. La saqué de su culito lo que provocó que mi leche saliera de su culo y se esparciera por sus medias.

    -Joder primo qué bien me lo has hecho pasar -dijo mientras se subía la falda y volvía a accionar el ascensor- Qué suerte que tiene mi hermana.

    Yo sonreí con picardía. Entramos en el apartamento en silencio para no despertar a nadie. Mi prima me dio un sensual beso en la boca como despedida por esa noche y sonrió al notar mi nueva erección.

    -Joder primito eres insaciable -dijo y se fue a su habitación dejándome a dos velas.

    Fui a mi habitación y que me quedé plantado ante la puerta de la de mi prima Miriam. Estaba dormida en su cama, pero se debía haber dormido en sueños pues estaba totalmente destapada. Impulsado por mi excitación fui hacia ella. Pese a que ya hacía frío llevaba un pijama de pantalón corto.

    Me quité mis pantalones y me le bajé los suyos con cuidado, se los quité con cuidado y vi sus braguitas blancas y mi polla pareció crecer más. Se las quité con cuidado y vi acaricié su tierno coñito. Le abrí las piernas y debido a mi excitación se la metí de golpe. Mi prima empezó a gemir en sueños, pero yo no aflojé el ritmo finalmente ella abrió los ojos sorprendida y me sonrió. No tardó en empezar a moverse al mismo ritmo que yo.

    Como antes tardé bastante en correrme y mi prima tuvo dos orgasmos antes que yo sacara mi polla y me corriera en su boca. Se trago todo mi leche con glotonería y me besó haciéndome sentir mi propia leche.

    -Me encanta que me despiertes así podías hacerlo todos los días.

    Yo sonreí y le devolví el beso.

    -Claro cariño. Siempre que tú quieras.

    Cogí mi pantalón y me dirigí a mi habitación. En el pasillo me encontré a mi prima María vestida con su pijama. Sus pezones se marcaban en su camiseta y no dudé que nos había estado espiando.

    -¿Te ha gustado? -pregunté con picardía.

    Ella no contestó, pero me miró con picardía y se fue hacia su habitación. Yo sonreí mientras iba a mi habitación. Iba a ser un año muy divertido.

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  • La mejor amiga de mi esposa

    La mejor amiga de mi esposa

    Llevaba casado ya dieciocho años. La verdad es que a pesar de alguna tentación pasajera que pude evitar, siempre había sido fiel a Cris, mi mujer.

    Con frecuencia, venía a visitarnos su mejor amiga, Laura. Anteriormente, lo hacía con su marido, pero se había divorciado unos meses atrás. Laura y Cris, eran amigas de la infancia, pero por motivos de trabajo, ella se marchó a trabajar a una ciudad costera, y tan sólo nos reuníamos cuando ella venía a vernos, o nosotros a ella.

    La vida de Cris y mía es de lo más tranquila. No tenemos hijos, y nuestros trabajos nos permiten disponer de una situación económica acomodada.

    Llevaba ya un cierto tiempo fijándome en Laura. Aunque tenía la misma edad que mi mujer, lo cierto es que se conservaba mucho mejor. Tenía un tipazo impresionante, mucho mejor que cuando eran ambas jóvenes.

    Su reciente divorcio, hizo que empezara a venir a casa más a menudo de lo que solía hacerlo antes. Por mi parte, cuando la miraba, me obsesionaba su cuerpo, lo que hizo que empezara a dar vueltas a mi cabeza para ver algo más de lo que ella mostraba, así que en un arranque, fui a comprar una cámara con el fin de colocarla en la ducha.

    Mi plan y mis ideas eran simples y hasta casi inocentes. Sólo pretendía ver a nuestra amiga desnuda. No compartiría esas imágenes, sólo sería para mi disfrute personal, para una paja ocasional imaginando que poseía sus partes íntimas.

    Compré una pequeña cámara, apenas cuatro centímetros de tamaño y la coloqué estratégicamente en el baño. Hice varias comprobaciones, y la calidad de la imagen era bastante buena. Laura vendría al día siguiente, y se quedaría una semana en casa, aprovechando parte de sus vacaciones.

    Llegó a media tarde, y no podía dejar de imaginar como sería sin ropa. Era una mujer de un metro sesenta y cinco, abundante pecho, ojos azules, rubia y media melena, de cuarenta años, al igual que mi mujer y yo. No obstante, sabía que no podría utilizar mi invento hasta el próximo día., cuando ella se levantase y fuese a la ducha.

    A la mañana siguiente, Cristina fue la primera en ducharse, puesto que tenía que entrar pronto a trabajar. Cuando salió, aproveché para conectar la cámara y procedí a ducharme. Sabía que Laura entraría al baño después.

    Mi profesión, me permite trabajar en casa, por lo que no fue extraño que fuese a mi despacho, conectase el ordenador. Ahí estaba ella, preciosa, pudiendo contemplar todos sus encantos. Siempre me había preguntado como serían sus pechos, su sexo, si estaría o no depilado. Todos los detalles estaban enfrente de mí, en la pantalla del ordenador.

    Guardé toda la película, tanto de ese día, como del día siguiente. Mi sueño se había hecho realidad, aunque sin duda alguna menosprecié la inteligencia de Laura y su capacidad de observación.

    Al oír la puerta del baño, cerré la pantalla del ordenador y paré de grabar. No le di importancia hasta que Laura me llamó y solicitó mi presencia en la habitación.

    ―Pedro, tienes mucha cara, ¿no crees?

    La miré extrañado. Temía que me hubiese descubierto, pero intenté disimular.

    ―¿Qué te pasa? ¿Te he hecho algo?

    Laura estaba sólo con el albornoz de baño, y sacó de su bolsillo mi pequeña cámara. El mundo cayó a mis pies.

    Tartamudeé.

    ―Eh, verás, esto, no es lo que piensas, te lo explico…

    ―Soy toda oídos, puedes empezar a explicarlo, o tal vez, se lo explicas a Cris también, porque no creo que quisieras filmar a tu mujer, ¿verdad? A ella la puedes ver siempre que quieras.

    No sabía que decirle. Me había pillado y si se lo contaba a Cristina tendría un problema serio. No tenía demasiadas opciones, así que intenté solucionarlo de la mejor manera que pude.

    ―Reconozco que quería verte mientras te duchabas. Era un pensamiento inocente, sólo verte desnuda. Me gustas mucho y sólo puedo decir que lo siento. Te daré todas las imágenes, o las eliminamos los dos juntos, pero por favor, no se lo cuentes a Cris.

    Mostraba una cínica sonrisa. Veía que mi matrimonio se desmoronaba por momentos. Conocía bien a mi esposa, y jamás me habría perdonado esto, y menos, con su mejor amiga.

    ―Enséñame lo que has grabado, me pidió

    Cabizbajo ambos fuimos al ordenador y le mostré las imágenes. Se la veía en la ducha, con todo lujo de detalles.

    ―¿Te das cuenta que no es justo lo que has hecho? Preguntó.

    ―Lo sé, y lo siento. Eres la mejor amiga de Cris y aunque no lo fueras, no es ético lo que acabo de hacer contigo y lo que acabo de hacerle a ella.

    ―Efectivamente, no es ético, pero, sobre todo, no es justo.

    ―Te pediría que no dijeses nada a Cris.

    ―Olvida a Cris ahora. Digo que no es justo, porque tú me has visto desnuda a mí, y yo no te he visto desnudo a ti.

    ―¿Perdón? No te entiendo, le dije.

    ―Pues que para que esto sea justo, quiero verte desnudo.

    Sentí sensaciones contrapuestas. En un primer momento cierta parte de humillación para transformarse en alivio. Si hacía eso, no contaría nada a Cris, y salvaría mi matrimonio. En realidad, nunca me había importado que me vieran desnudo, aunque no hiciera alarde de ello.

    ―¿Quieres verme desnudo?

    ―Vamos a tu habitación, y desnúdate para mí.

    ―Me parece justo, le respondí mientras me dirigía a la habitación de matrimonio, mientras una sensación de alivio recorría mi cuerpo. En principio eso significaba que no diría nada a Cris.

    Llegamos allí. Ella se situó enfrente de mí y me miró fijamente. Desabotoné mi camisa azul y me quité los pantalones tejanos que llevaba puestos. Quedándome sólo con mis calzoncillos.

    ―Quítate todo, quiero verte bien, igual que tú me has visto a mí.

    Sin reparos, me quedé totalmente desnudo delante de ella.

    ―Ahora estamos en paz, me dijo.

    ―No del todo. Yo te he visto desnuda a través del ordenador y tú a mí en vivo. Hay diferencias, ¿no crees?

    Sólo quería ganar la posición y evitar que mi mujer se enterara, pero su respuesta volvió a dejarme desconcertado.

    ―¿Te gustaría verme desnuda ahora? Sabes que eres casado, que tu mujer es mi mejor amiga. No eres un hombre respetable.

    ―Supongo que a ella tampoco le gustaría saber que has pedido ver a su marido en pelotas. ¿No crees?

    ―Llevas razón.

    Podría haber imaginado cualquier respuesta, menos la que me dio. Laura desató su albornoz que cayó al suelo, quedando tan sólo con un minúsculo tanga. Mis pensamientos se disparaban. No sólo no estaba enfadada, sino que probablemente se había alegrado de que aquello pasara.

    ―¿Y bien? ¿Crees que gano al natural o te gusto más a través de la cámara?

    Su osadía me hacía ruborizarme a la vez que mi miembro comenzaba a hincharse. Ella se acercó y me cogió la cara. Me besó en los labios y me susurró al oído.

    ―Si querías verme desnuda, habría bastado con que me lo dijeras. Siempre te vi muy enamorado de Cris, pero quiero que sepas que siempre he deseado tenerte en mis brazos.

    Agarró mi mano y me llevó hacia la cama donde solía dormir su mejor amiga. Se tumbó de forma sensual y llevó mis labios hacia los suyos y mis dedos a sus enormes pechos.

    Me besaba con pasión, acariciaba sus pezones que estaban duros. Sus pechos eran firmes a pesar de su tamaño, pero me aseguró que no se había operado porque no lo necesitaba, y doy fe de que aquello era cierto.

    Las manos dejaron paso a mi boca, a mi lengua. Comencé a besar esas maravillosas tetas. Sus pezones parecían caramelos que yo saboreaba pero que lejos de desgastarse, cada vez parecían mayores.

    Bajé mis labios por su estómago hasta tropezarme con su pequeño tanga. Ella me echó de nuevo hacia la cama y comenzó de nuevo a besarme. Yo no soltaba su prenda interior y terminé metiendo mi mano por dentro, llegando a acariciar su depilado sexo, que manaba fluidos como una fuente.

    Laura separó sus piernas para permitir la entrada de mis dedos que jugaban con su clítoris y entraban y salían de su cavidad vaginal. No paraba de besarme, su respiración era agitada y yo continuaba con mi manoseo hasta que ella misma, bajó su tanguita y lo tiró fuera de la cama.

    Se colocó de rodillas en la cama y continuó besándome. Lamía mi pecho hasta que llegó al inicio de mi miembro. Estaba a punto de explotar, dio un lametón y me dijo:

    ―No sabes la cantidad de veces que he imaginado esto.

    Mis fantasías hacia ella eran mucho más simples. Me habría encantado tocarla, acariciarla, penetrarla, pero jamás pude imaginar tener una sesión de sexo de esta forma.

    Metió mi pene en su boca, y comenzó a chuparlo. Lo hacía con cariño y experiencia. Me hacía gemir como jamás lo había conseguido Cris.

    La aparté y fui yo quien ahora se colocó de rodillas, la tumbó y comenzó a besar su cuerpo. Tenía un olor especial a hembra recién duchada, con su piel suave, que animaba a dirigirme a su sexo que brillaba por la excitación.

    Mi lengua marcó el camino hacia su coño. Ella separó las piernas lo que me permitió que mi lengua y su clítoris se juntaran, haciéndola gritar de placer.

    Metí mi dedo corazón dentro de su vagina, moviéndolo y contrayéndolo, mientras que con mi lengua le hacía un suave masaje a su clítoris. Notaba como la piel de mi dedo, incluso la de la parte de la mano que pegaba con ella se arrugaba por la humedad que producía.

    Laura comenzó a estremecerse, a gemir, hasta que terminó quedándose quieta fruto del orgasmo que acababa de disfrutar.

    Yo seguía muy empalmado. Ella me miró con ojos tiernos, con una ligera sonrisa.

    ―¿Sabes? Llevaba mucho tiempo sin estar con un tío. Desde que me separé no he estado con ningún otro hombre y me alegro que hayas sido tú quien me haya reestrenado.

    ―Mira como me tienes, le dije dirigiendo la mirada hacia mi polla que seguía en plena forma, a punto de reventar.

    ―Habrá que hacer algo. No vas a quedarte así.

    De nuevo volvió hacia mi polla y la metió en su boca. Temí correrme así que la aparté y le expliqué que quería tomarla.

    ―Soy toda tuya, haz lo que desees conmigo.

    Le separé las piernas, en posición tradicional. Me coloqué encima de ella e introduje mi miembro. No me costó nada puesto que estaba empapada y mi polla encontró rápidamente el camino de su coño.

    Me agarró fuertemente mi culo. Yo besé su cuello y sus tetas. Sus piernas se cruzaron a mi espalda.

    Intentaba mirarla, aguantar mi orgasmo. De repente ella se levantó y se colocó a cuatro patas.

    ―Métemela por detrás, pero por mi coño. No quiero sexo anal y dame unos azotes en el culo mientras lo haces. Siempre te imaginé haciéndome eso.

    Era algo que hacía con mi mujer y supongo que ella se lo había contado. Así que hice lo que me pidió. Comencé a cabalgar sobre ella y le daba unas cachetadas en el culo. Ella estaba muy excitada y yo también, pero me excitaba más verla de frente mientras le hacía el amos.

    De nuevo volvió a colocarse en la misma posición y le introduje mi pene de nuevo. Ella volvió a agarrarme. Me excitaba ver sus ojos azules mirándome de aquella forma y sus tetas que se acercaban a mi boca mientras se movía lascivamente. Me tenía sujeto con sus piernas. Estábamos fundidos el uno en el otro.

    Notaba que mi calentura llegaba a más. Estaba a punto de explotar.

    ―Cielo, voy a correrme. Déjame salir cuando llegue, que no me he puesto preservativo.

    Ella me agarró con más fuerza aún.

    ―No te voy a soltar. Después de tantos años esperando esto, no voy a permitir que tu semen quede fuera.

    ―¿Tomas algún anticonceptivo?

    ―No, pero nunca me he quedado preñada, así que no te preocupes. Descarga dentro de mí.

    En pocos segundos, inundé la cavidad de Laura. Me quedé tumbado mientras llegaba el momento de los remordimientos.

    ―No diré nada a Cris, pero quiero que sepas que siento algo especial por ti. Si decides dejarla, podemos estar juntos.

    Mi cabeza estaba hecha un lío, pero no quería dejar a mi mujer, de momento no. Ella era mi vida mientras que Laura sólo una aventura.

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  • Mi papá, mi mamá y yo

    Mi papá, mi mamá y yo

    Entre jadeos estentóreos, mamá intentó gritar, pero sólo le salió una voz entrecortada, fuerte sí, pero no como el grito de alegría y felicidad que quiso emitir. “Ven, amor, ven, quiero que… veas cómo… me coge tu hija, mi hija, nuestra hija… Dios, que intensidad de… placer, ven viejo lindo… dame tus besos, tus mamadas…”, sus gritos se mezclaban con los míos que decían a papá que viniera a sumarse, que viniera a completar nuestro amor y nuestro placer, que nos diera la ternura tan hermosa que sabe dar, en fin gritábamos, queríamos, necesitábamos la participación de papá.

    Por mucho tiempo, papá permaneció viéndonos; veía, suspiraba, enrojecía de placer, placer en ese momento del mirón privilegiado viendo a sus más caros y cercanos amores cogiendo como locas; no se movía; estaba anonadado, completamente perplejo en el placer y en la inmovilidad que la divina visión le proporcionaba; mamá subida en la mesa, abierta de muslos y piernas, soberbiamente erguida, con los ojos cerrados, concentrada en el placer que tenía montando mi seno prodigioso que yo aguzaba con mi mano, con los labios verticales de su pucha perfectamente abiertos y la intromisión de mi pezón en su vagina, emitiendo gritos en cada orgasmo que se le presentaba, acezando, gimiendo, jadeando ininterrumpidamente.

    Yo, sobre mi espalda y mis nalgas hermosas en el borde mismo de la mesa, con los talones sobre la mesa y los muslos abiertos a toda su capacidad, con lo que mis lindos pelos y mi hermosa cueva del placer se exponían en su inmensa belleza, acezando, gimiendo y jadeando como mamá y una de mis manos metida entre los pelos para que los dedos pudieran acariciar mi clítoris.

    Por fin, papá inició los movimientos, movimientos que, primero, lo despojaron de toda la escasa ropa que vestía, y después empezó la caricia de la enorme erección que palpitaba, saltaba como otra loca más. Desnudo, agitado por la enorme excitación que lo tenía en el quicio del delirio, papá se acercó a la pareja que gritaba y gemía el placer, placer que solo el sexo puede proveer. Veía mi pucha abierta y expulsando abundantes líquidos. Sus ojos antecedían su avance.

    Al llegar a la mesa de las delicias, primero besó y mamó las chichis de mamá que gritaba, ahora más, porque las mamadas estimularon sus orgasmos, más bien el orgasmo interminable que desde hacía eones la estremecía continuamente, en sus gritos decía:

    “Sí, sí, papacito de las dos, mama, mama mis chichis, muerde mis pezones, ¡dame una nalgada!”, claro, papá la nalgueó, sin decir nada, no podía hablar de tan caliente que estaba, con cariño con ternura, mientras la besaba en los labios con beso de entrega total del amor; para, después, con una de las manos acariciar mi pelo, mi rostro; delineó mis labios para luego besarlos metiendo su lengua casi hasta mi garganta, y luego empezó a golpear mi rostro con su enorme erección, golpes que tuvieron la virtud de encender el cohete de mi enésimo orgasmo. Suspiré, casi con contrariedad, cuando la verga de papá dejó de golpear. Volteé, papá ya no estaba.

    Pero, en segundos, sentí la boca, la lengua de papá luchando con mi mano, mano que de inmediato se retiró comprensiva y presurosa para dejar el campo a la boca deliciosa que besó apasionadamente mi pucha deseosa, y que agradeció la caricia, al tiempo que yo gritaba:

    “Sí, papá, sí, papacito, mama, mámame, te lo ruego. Bebe mis jugos; mete tu lengua preciosa hasta que tu mentón se entierre en mi culo, mama, mama, Mamaaá”, y grité de nueva cuenta transportada por el orgasmo hasta el borde mismo de la galaxia. Mamá se retorcía gritando como loca al escuchar mis gritos extasiada por el hecho que papá me estaba mamando rico, muy rico.

    “Mámala mi amor, mámala, mete la lengua hasta taladrarla…” gritó mamá por completo fuera de sí por el tremendo orgasmo que ahogaba cualquiera otra sensación. Ya no sabía que sentir, o las pucha de mamá, o la gran lengua del experto mamador que es papá; finalmente, mi cuerpo dio la respuesta: conectó uno con otro mis órganos que recibían caricias y fueron uno solo para proporcionarme el increíble, el inmenso placer del orgasmo doble; sí, doble, porque uno era el que mi pezón mojado, cogido por la pucha de mamá experimentaba, y otro, tal vez más potente, el que la divina lengua de nuestro macho producía en mi capullo que, de tantas mamadas, estaba en la posibilidad de desaparecer perdido entre tanto gozo.

    Entonces, sentí que las nalgas de mamá volaban. Es que mamá se dio la vuelta, sin dejar su asiento en mi seno que ya estaba bien embarrado de jugos y viscosidades. Veía arrobada la cabeza de papá clavada entre mis maravillosos muslos, y se relamía los labios. Yo estaba desquiciada por sentir la lengua fabulosa de papá. Retiró su pucha de mi chichi, volteó risueña, me besó con lengua larga y bailadora, luego dijo:

    “yo también quiero ser mamada, ¿no te opones?”, pero reía.

    Adiviné que solo bromeaba para aumentar nuestra excitación. Yo sin poder decir nada, preñada como estaba mi boca de tantos y tantos gritos, solo atine a decirle con los ojos que adelante, que no se detuviera, que fuera en busca de la lengua que tanto deseaba. Se colocó sobre mi cuerpo, maniobra que bendije porque no quería perder la divina carga que era ese esplendoroso cuerpo de mamá. Se fue recorriendo hasta que sentir que su pucha chocaba con la cabeza de papá.

    En ese momento, colocó sus dos manos en mis primorosas chichis, y apretó los pezones con sus dedos. Papá, enajenado en la mamada, sintió las nalgas sobre su cabeza, la levantó para enterarse de qué o quién se atrevía a sacarlo de tan sabroso deleite. Vio que eran las nalgas, los pelos de la vagina, la vagina misma, y el culo de mamá.

    “También quieres mi lengua, ¿no es así madre de esta preciosidad que estoy mamando?, pues también te la mamo a ti”, dijo, y jaló las nalgas de mamá para que las puchas se emparejaran. “Qué maravilloso paisaje, amadas mías, que maravilloso. Pelos y más pelos, jugos a raudales, olores incontrolables, excitantes, lindamente cachondos…”, decía papá al tiempo que bajaba parsimonioso la cabeza para poder colocar su boca en la radiante pucha de mamá. Supe que la estaba mamando por los gritos, los gemidos increíbles que ella daba.

    Sentí envidia y abandono, pero no celos, sabía que mamá gozaba lo mismo que yo… y que papá. Pero, luego de unos segundos, la lengua increíble regresó a mi sensible raja y mamó de nuevo mis almíbares que tanto le gustaban. Así estuvo, un minuto arriba – mamá – un minuto abajo – yo – otro arriba y otro abajo, hasta que las dos prorrumpimos en tremendos aullidos de placer expulsando líquidos abundantes que papá bebía como beduino del desierto a medio día en el Sahara.

    Yo gritaba más, porque los sabios dedos de mamá no dejaban de acariciar mis pezones, sensación que, aunada a la de la lengua de papá, me llevaban a los aullidos de loba en celo; por supuesto mi manos estaban apretando los senos y los pezones de la autora de mis días. “Ora me las cojo, cabronas!”, gritó papá tratando de estimularnos también con la voz.

    Las nalgas de mamá iniciaron un ,movimiento como para retirarse, pero papá la detuvo, y le dijo: “No te me muevas corazón porque la cogida, como la mamada, va a ser doble, doble… ¡carajo, doble!, si señor, una vagina arriba, otra abajo, ¡Carajo, que delicia!”, y, sin mayor tardanza, me la metió, y eso porque era la pucha que estaba mejor colocada. Sentí su verga hasta el pescuezo; me contorsioné de regocijo entrando en un orgasmo fantástico que no había de terminar hasta mucho después que la verga de papá se puso a descansar.

    Nos cogió a las dos simultáneamente metiendo la verga en una y luego en la otra, como desde el inicio de la cogida que, sin descanso, nos dio por mucho tiempo, mucho, tal vez incontable. Mamá quedó despatarrada, sin moverse y sin permitir el menor movimiento de mi cuerpo apresado por el de ella que estaba arriba. Papá, con amor inmenso, la rodó para acomodarla a mi lado. Luego, con ternura exenta de erotismo, empezó a besar los senos de las dos, sin intentar parar los pezones.

    Era de noche, cuando mamá recobró su conciencia y su alegría. Besó a papá que velaba su sueño, su descanso. Luego dijo:

    “Viejito querido, ¡soy tremendamente feliz!, y lo soy porque eres todo un encanto, un cogedor incansable… ¡mamas como los merititos ángeles!, pero más que todo – volteó a besarme – porque te cogiste a… tu, mi, nuestra hija, esta hija endemoniadamente angelical que… chingada madre, ¡se cogió a su madre la muy cabrona, la muy puta! – era obvio para papá, y para mí, que sus palabrotas eran de elogio, no de insulto – esta hija como no hay dos y que… nos ha puesto a coger como Dios manda. ¡Carajo!, tanto tiempo perdido… digo, para coger entre los tres… ¡Que amor maravilloso!, ¡que cogidas tan sublimes!, ¡viva el amor!…., ¡viva la cogida y la mamada y los chupetes, y las lamidas… y todo lo que da goce sin pechicaterías!

    Bueno, ahora a comer… y a descansar… por fortuna ya nada ni nadie nos puede impedir coger a mañana, tarde y noche, como las tandas del Principal.

    Y menos ahora que tenemos todo el tiempo para dedicarlo, ¡madre mía, que rico!, a puro coger, si señor, sí, viejo lindo. Ni te asustes, cuando esa verga de maravilla y de acero, se doblegue, no importa, nosotras te daremos placer con nuestro amor, a besos y caricias, aunque tu verga este en el quinto sueño… o de mirón, viéndonos coger a mi sensacional hija… mi mejor amante, con la que te pongo los cuernos viejito lindo… ¿no sientes los semejantes cuernotes que te estoy viendo? – las carcajadas eran estruendosas, alegres, expresión de la felicidad total que nos embargaba, después de que papá nos había “envergado” tan conmovedora, tan gozosa, tan placenteramente.

    Antes de cenar, nos metimos al mar, encuerados, para lavar nuestros sudores. Jugamos como adolescentes. Nos correteamos, tumbamos y besamos, a más de acariciarnos todo el cuerpo todos contra todos. Fue la plena felicidad, el disfrute del amor sin erotismo, como preparándonos para el amor pleno en los juegos y las caricias colmadas de sensualidad, lubricidad y lujuria desatada, incontenible, dichosa.

    Entre los tres hicimos la cena, pusimos la mesa y abrimos tres botellas, una cada una – de aquí en delante, por acuerdo con papá, cuando se trata de artículos u otras formas gramaticales que implican género y machismo, nos expresaremos en femenino; aquí decimos “cada una, integrando a papá en ese una” – brindamos por nuestro amor, y papá nos besó a las dos, y nosotras nos besamos lúbricamente, y tanto que papá nos nalgueó a las dos, cosa que hizo aparecer el erotismo un tanto ausente hasta ese momento.

    Mis manos fueron las primeras en reaccionar; fueron a las nalgas de mamá para aliviar su dolor – placer, y mamá, como ya nos entendíamos a la perfección hizo los mismo. Entonces, papá se carcajeó, y dijo:

    “Ya, mujercitas, ya, no sean tan calientes… lo único caliente en este momento, debe ser la cena… tenemos toda la noche por delante. Vamos, siéntense… ¡no ven que estoy que me lleva la chingada de celos”, y sus carcajadas nos convencieron. Nos sentamos uno al lado de la otra en la parte más larga de la mesa; dejamos a papá en el centro porque eso nos facilitaba las caricias tiernas, un tanto lúbricas, que constantemente nos dimos todo el tiempo que duró la cena.

    Pero lo principal fue el intercambio de sentimientos, de ideas, de pensamientos, de conceptos que estábamos descubriendo en ese mismo momento, todos relacionados con la maravillosa relación que esa noche, mejor esa misma tarde, habíamos inaugurado. Las dos me hacían la responsable del feliz acontecimiento, las dos me besaban, aunque mamá, mañosa como ella sola, aprovechaba que tenía que cruzar a papá para poder besarme, con una de sus manos se “apoyaba” en la verga de papá para poder hacer los movimientos; ¡claro, estábamos desnudos!, desnudez que nunca más nos abandonaría cuando estamos en la intimidad.

    Las botellas se agotaron y todas nos sentíamos medio borrachas. Papá era el más sobrio; lo era, porque por tener las dos manos ocupadas, una en cada vagina y raja, acariciando tiernamente el contenido hermoso de ese lugar, no bebía igual a nosotras.

    Mamá fue la primera en sentirse caliente al máximo. Besó frenética a papá, le mordió levemente los labios, se levantó de un salto, le jaló la barba a papá para levantarlo y lo besó con toda la pasión, la lujuria y la excitación que tenía. Yo, me levanté y tomé a papá desde atrás y él quedo apretado entre las dos. Su verga era ya un poste reluciente. Mamá, sorpresivamente, se separó del abrazó con los ojos muy abiertos; una de las manos llegó de inmediato a la pucha, la otra a los senos. Nosotras, papá y yo, recuerden el machismo, la veíamos extasiados pensando en que las hostilidades placenteras se reiniciaban.

    Para una nueva y más desternillante sorpresa, mamá retiró las manos de los propios encantos, se arregló el desgreñado pelo y, casi gritando, dijo:

    “Alto la música!”, gritó, se carcajeó, jadeando su excitación; levantó las manos en un gesto reforzador de su expresión verbal, y continuó, tenemos la noche por delante, queridas, y también el montón de cosas por hacer para subsistir… digo, con los arrestos suficientes para poder extenuarnos cogiendo, por tanto, hay que hacer la comida de mañana… porque no pienso que yo, ustedes, nosotras, tengamos ganas de perder el tiempo en pendejadas y dejar los placeres que podemos tener durante el día de mañana.

    Por tanto, por decreto de las machas, el viejo tiene que hacer la comida en este preciso momento”, se carcajeaba, y tanto que su discurso duró eternidades porque se interrumpía para reír. Caminó a la cocina, tomó un delantal, se lo puso a papá, y dijo:

    “por estar menos borracho, y por ser el único que gozó a dos el mismo tiempo, se le condena a freír lo que haya que freír”, y se remolineaba de gozo y alegría. Papá, feliz, reía como todas nosotras, se amarró el delantal, abrió el refrigerador, sacó muchas cosas de él, las colocó sobre el pretil y, rascándose la cabeza, nos dijo:

    “Bien, mandonas, ¿qué se les antoja… ya sé que una buena mamada, pero no se trata de eso, digo, qué se les antoja de comer, comida por supuesto, no ¿otra cosa?”.

    Se lo dijimos riendo alegremente. Pero cooperamos. Nosotras picamos lo que había picar, digo, las verduras, los jitomates, los chiles… vegetales, claro, bueno, lo necesario para hacer la comida, porque eso de picamos se presta a pensar en agujeros.

    Nos sentamos a observarlo como chef internacional preparando guisos que tal vez comprobaríamos que eran incomibles – la verdad, guisó muy rico; al día siguiente comimos cuando nos dio la gana, pero comimos muy sabroso – yo me senté en los bellos muslos de mamá y ella me acariciaba mis senos portentosos, y yo hacía lo mismo con los de ella, pero eran caricias tendientes a darnos placer sin que nos moviera a dejar al pobre de papá solito y preparando con atingencia los sagrados alimentos; de vez en cuando íbamos a besarlo, a darle alguna caricia a la verga semidormida, a darle nalgaditas de cariño, en fin, a decirle que éramos justas y que no lo excluíamos de los placeres de la carne humana, no la que él cocinaba.

    Sería la medianoche, cuando, agarradas cada una de lo que podía del cuerpo de las otras, subimos a la recámara… que por primera vez sería de las tres. En el umbral mismo de la recámara, mamá hizo que nos detuviéramos, nos besó por turnos, luego pidió que nos besáramos, y por fin se unió al beso para hacerlo a tres. Luego, bajó las manos; tomó la verga parada de papá, metió un dedo en mi vagina, y nos jaló al interior.

    Adentró, volvió a abrazarnos a los dos, y nosotras la abrazamos. Enseguida, mordió y jaló los pelos del pecho de papá, y lamió mis tetas adorables, deteniéndose en morder mis pezones uno a uno. De plano, en ese momento, se dedicó a mi cuerpo, aunque de vez en cuando, una mano iba a la verga enhiesta y la acariciaba; papá acariciaba lo que podía poniendo enorme ternura en cada cariño que nos hacía. Mamá, con los dientes prendidos de uno de mis pezones, me jaló hasta que me hizo caer en la cama boca arriba.

    Luego, sin dar tiempo a nada, se colocó para quedar en el celestial 69; nuestras conchas ya estaban inundadas, y nuestras bocas horizontales chuparon las verticales. Entre chupada y chupada, mamá pudo decir:

    “Viejo lindo, tú eres el condimento de esta soberbia mamada que nos damos mi amorcito femenino y yo… ¡que esperas para condimentarnos!”, y siguió mamando. Papá dijo:

    “te voy a encular, vieja; te la voy a meter toda en el culo”, pero era una broma que siempre se hacían entre ellos – luego me explicaron, porque las desfloración de nuestros culos sucedió tiempo después – se acercó a mamá que era la que estaba arriba, y empezó a lamer toda la parte posterior del maravilloso cuerpo de su esposa, para dejar la lengua por mucho tiempo entre las nalgas, lamiendo el culo – esto se lo hacía con frecuencia a ella, y a mí desde que nos amamos y nos mamamos, cada que pudo – y se alojó con la lengua profundamente en la concha de mamá.

    Metió las manos entre los dos cuerpos y acarició mis senos, apretando mis pezones de una deliciosa manera. Así continuamos: él tras mamá, yo debajo de ella, y ella arriba de mí y delante de papá. Mamaba mi pucha era mamada por papá. Entonces, mamá se dio la vuelta con lo que ahora fui yo la que quedo arriba. Papá, sin tardanza, me besó en la boca horizontal, metió la lengua hasta mis amígdalas, y apretó mis chichis quitando las manos de ella que lucharon por no perder tan preciosas presas. Luego, papá me ofreció su verga, y yo la lamí primero, y luego le di una mamada monumental.

    Cuando mi primer orgasmo de la sesión se presentó con la lengua de mamá matándome de placer, papá corrió al otro lado de la cama y me metió la verga tremenda en la concha. El mete y saca colosal que inició me hizo pegar de gritos, gritos que me hicieron suspender la mamada, momentáneamente, que daba a mamá, para, con gritos y todo, regresar a ella cuando la sentí que se estremecía a la llegada de su orgasmo; mi mamada fue tan eficaz, que mamá hasta brincó de placer, gritó como lo seguía haciendo yo.

    Entonces sentí que papá se aferraba más férreamente a mis ingles y me jalaba, y yo recaudaba la eyaculación de papá, eyaculación que inundó mi raja, inundación desbordada que fue a parar a la boca de mamá, que ahora gritaba con el histerismo propio del placer multiplicado por mil. Papá se derrumbó. Nosotras continuamos en el 69 hasta que la leche de papá dejó de salir de mi chocho y el clítoris de mamá protestó emitiendo calambres eléctricos casi dolorosos de tanto placer tenido.

    Enseguida quedamos mamá y yo en sólo 34.5 cada una del 69 divino, juntas lo hacíamos momentos antes. Luego de gemir y jadear nuestro enorme placer, fuimos por papá que estaba acezando como si estuviera tremendamente fatigado.

    Lamimos, las dos al unísono, el cuerpo entero de papá, sin dejar de compartir sincrónicamente con nuestras boca la grandiosa verga. Lo alineamos a lo largo de la cama, y nos situamos una a un lado y otra al otro lado de él. Lo acariciamos tiernamente; nos alternábamos para besarlo y meterle la lengua profundamente en la boca, lamíamos una un lado de su rostro y la otra el opuesto. Mamá, que parecía querer convertirse en la guía del encuentro, le dio la vuelta al cuerpo yaciente, y ahora, ambas, lamimos el sudor del torso de papá. Pero mamá metió la lengua entre las nalgas, y no descansó hasta que, con mi ayuda desde luego, pudo besar amplia y glotonamente, el culo de papá.

    Con esa caricia, el hombre ordenó a la verga que ya era tiempo de despertar, que ya había descansado demasiado, que se pusiera en acción – todo esto dicho en voz alta por él – y sí, empezó a besarnos con lujuria desatada, caliente, excitado. Fue él el que ahora se puso sobre mamá y le mamó la pucha. Mamá, se metió la descomunal verga en la boca, yo aplaudí frenética, excitada al ver ese maravilloso 69 reinstalado… con un nuevo actor en él. Pero mamá ya quería verga… no en su boca, sino en su vagina.

    Tumbó a papá, lo levantó como loba hambrienta, se colocó con su frente hacia donde yo estaba sonriendo excitada, roja como sangre derramada, con una de sus manos apuntó el ojo único del palo a la cueva, y se sentó sobre él. Yo aplaudí con mayor frenesí, caliente como volcán en erupción. Cuando estuvo bien sentada y bien cogida, extendió los brazos invitándome a que me incorporara. Yo estilaba, mi corazón brincaba como loco, mis muslos temblaban cuando se abrieron para dejar la cabeza de papá entre ellos y, a mi vez, me senté sobre la lengua que estaba afuera de la boca, como esperando la pucha preciosa y llena de pelos anhelante de caricias linguales.

    Cuando estuve bien sentada y la lengua dentro de mi raja, besé a mamá con uno de mis más fúricos y excitados besos: fue la primera vez que nos besábamos cuando estábamos una con la verga de papá adentro, y la otra con la lengua hasta donde podía llegar dentro de la espléndida vagina. Ella apretó mis pechos, yo acaricié con dulzura sus senos; ella apretó el beso y mis pezones, y yo pellizqué los suyos. Fue uno de los palos – polvo, dicen en España – más fabulosos que empezamos a conocer y que es uno de nuestros preferidos para alternarnos en la boca y en la verga de papá.

    Los gritos de papá fueron acallados por mi conejito, los nuestros fueron gritados a todo pulmón, todos casi sincrónicos.

    “Ay, amorcito, que caliente estás… mira que tu verga sigue dura a pesar de la ordeñada que le di”, decía mamá entrecortadamente entre suspiros, gemidos y grititos de placer. Y siguió:

    “Soy una egoísta, mira que adueñarme de la única verga que tenemos… ¡carajo, no se vale!”.

    Y entonces intercambiamos; yo fui a sentarme en la verga, ella en la lengua… y se reiniciaron los lúbricos movimientos de las seis nalgas, pero sólo la boca de papá comía: se alimentaba de la leche que escurría del chocho grandioso de la esposa. Y los besos entre nosotras, los agarrones de chichis y pezones, y yo inauguré los frotamientos en nuestros respectivos clítoris con nuestros ya sabios y ágiles dedos. Si la primera vez el orgasmo colectivo fue tremebundo, el que tuvimos después del cambio de palos para nuestras vaginas, fue terrorífico; casi nos desmayamos de placer… ¡los tres!

    Mamá y yo caímos despatarradas a la cama, fundidas en un beso tierno e interminable, abrazadas dulcemente. Así permanecimos por quien sabe cuanto tiempo.

    Fui yo, tal vez por mi juventud, la que reinició todo el juego y el placer. Del abrazo dulce, pasé a la caricia cachonda en las nalgas de mamá, misma que me vio con su sonrisa más expresiva de su amor, y también mandó sus manos a mis nalgas. Los pellizcos arrancaban suspiros de las dos; papá se reanimó, aunque la verga era solo recuerdo del poste terrible y cariñoso que se nos había metido hasta las entrañas mismas. El viejo descendió de la cama, se sentó en el piso, y tomó nuestros pies para besarlos, chuparlos todos: cada dedo, las plantas, los dorsos, para regresar a los dedos y metérselos a la boca uno por uno por mucho tiempo.

    Nosotras nos mamábamos los senos, mordíamos los pezones, nos dábamos nalgaditas a cada tanto. Cuando papá vio que nuestros cuerpos se separaban un poco para dar paso a las manos que se dirigían a la pucha contraria, se carcajeó, y dijo:

    “Míralas, ya van a hacerse dedo como buenas adolescentes… ya verán… las voy a enseñar”.

    Entonces, se levantó, me jaló de los pies hasta hacer que quedara alineada en sentido contrario al cuerpo de mamá, para luego jalarla a ella igualmente de los pies, levantar un muslo de ella, otro mío, para luego hacer que nuestros pelos se acercaran y nuestros jadeos ya eran tan ruidosos como una discoteca. Él se encargaba de juntar nuestros chochos, nosotras nos veíamos con excitación creciente, sabíamos lo que papá deseaba hacer y nos complacía… era algo que queríamos intentar desde los primeros besos: juntar nuestros pelos, nuestras rajas, nuestros jugos, nuestras baba viscosas, y papá hizo el deseo realidad.

    Cuando sentí los pelos y la humedad de la pucha materna, me fui a la gloria de la gloriosa sensación inédita, tan cachonda, tan excitante y también enormemente placentera… esa sensación de sentir otra pucha con la propia es, en definitiva, uno de los mayores placeres que se puede obtener en el amor sexual… vamos, ni siquiera la metida de verga gruesa, larga, es comparable con esta fantástica sensación. Más, cuando se inicia el frotamiento de un chocho contra el otro, de un hociquito de un conejito, contra el otro conejito que solo movía las naricitas, que ahora las degustaba aportando los jugos propios para el placer del otro conejo.

    Luego, papá hizo que cada una tomara la pierna de la otra y jalara a esta contra sí misma para apretarse una concha contra la otra y aumentar así el frotamiento de pelos, pliegues y vaginas. Cuando nos dejó bien ocupadas en el cachondo movimiento circular de nuestras nalgas y puchas, él se puso a mamar todo lo que podía mamar, desde nuestros heroicos seno, hasta nuestros coños apretados uno contra el otro y, por eso, llenos de jugos que bañaban totalmente los pelos para deleite de la boca de papá.

    Es posible que esos jugos tuvieron algo sustancioso, porque papá mismo se sorprendió con la tremenda erección que surgió entre los gritos de nosotras y las miradas arrobas que papá gozaba viéndonos en la espectacular “tijera” que él mismo había forjado. Gritó de orgullo, satisfacción y placer, cuando con la mano comprobó la dureza de la verga, y las palpitaciones que la hacían saltar. Entonces mamá la pidió, pidió la verga para mamarla, para chuparla con mayor fruición que si fuera un caramelo de donde obtendría la vida eterna.

    Así estuvieron por varios minutos, él viendo como mamá se tragaba la verga, y ésta jalando desesperada mis piernas porque ya le veía el orgasmo, y yo gritando sacudida por el placer de las estrellas salidas de mi pucha.

    Entonces mamá dijo, entre suspiros precursores de sus orgasmos, “no seamos egoístas, mi amor, dale verga a nuestra niña inocente que también debe querer adorar con la boca al falo de nuestra dicha”, y sí, se acercó y me metió la verga en mi boca, con algún trabajo porque la boca estaba apretada por los efectos del tremendo e interminable orgasmo que estaba teniendo y que, con la verga ya metida hasta mis amígdalas, se hizo como trueno de las erupciones volcánicas que aturden anunciando la salida de la lava hirviente. La excitación de papá era ya exuberante.

    Nos veía, miraba nuestros pelos revueltos, los muslos tensos y bañados de tantos jugos, y quiso sentir nuestros pliegues vaginales, con su tremenda tranca. Pero en la posición en que estábamos mamá y yo eso era imposible; simplemente la verga no se podía meter a ningún lado que no fueran las boca de las dos. Sin embargo, la calentura sexual despierta el ingenio. Papá se subió a la cama, se colocó sobre nuestras puchas fusionadas con sus piernas abierta y, forzando la pegadura de nuestros coños, metió la verga entre los dos conejos, entre las dos rajas abiertas al máximo para poder sentirse mutuamente, y entonces nuestras hendiduras sintieron al mismo tiempo el poste clavado entre las dos.

    No cesaron nuestros movimientos a pesar que ahora el contacto directo se había roto, pero no nos importaba puesto que el contacto continuaba por intermedio de la verguísima de papá. No cogía a las dos por los húmedos precipicios tan juntos. Así tuvimos el movimiento de la verga de papá estrujando nuestros clítoris de una sensacional y lujuriosa manera.

    Estallamos al unísono los tres… la leche de papá, con un ágil movimiento de su dueño, nos bañó a las dos. Cuando los hermosos estertores del placer se aplacaron un tanto, y la verga de papá volvió al punto del nacimiento, se puso a lavar con la lengua las superficies bañadas con leche, lamidas que contribuyeron a que nuestras puchas volvieran al movimiento, al frotamiento mutuo, mientras la lengua iba de los rostros a las chichis, y de estas a los ombligos llenos de leche, y de estos, a los pelos lindísimos que tenemos mamá y yo.

    Al terminar papá la tarea, mamá aflojó mi pierna; no pudo continuar agotada como estaba de tanto y tanto placer y tanto esfuerzo para jalar mis piernas y empujar y mover las nalgas para que el placer nos inundara. Yo solté las bellas piernas de mamá y, desfalleciente, cerré los ojos. Creo que mis padres y amantes hicieron lo mismo… y dormimos el sueño de los justos saturados de placer sexual. Mamá fue la que me despertó con besos tiernos, lentos, sensuales. Después se agregó papá a esa tierna manifestación de amor de ellos para mí. Me sentí en la gloria por la adoración que estaba recibiendo. Lloré de emoción, de alegría, de amor.

    “Nuestro querido querubín, nuestro ángel maravilloso, nuestra niña que nos sacó lo rancio, para llevarnos a la resurrección de nuestras glorias”,

    decía mamá llena de amor. Así estuvimos, ellas besándome como expresión de todo el amor que sentían, y yo respondiendo al los besos con igual ternura y mismo amor.

    Papá se fue a preparar el desayuno, mamá pasó de los besos tiernos, a los besos pasionales, lujuriosos, inacabables. Mi cuerpo respondía alegre, dichoso, con el alma saturada de amor. Claro, yo también lamía y mordía pezones y nalgas. De un momento a otro estábamos ya, en nuestro insustituible 69; nos mamábamos como desesperadas, yo con los ojos cerrados para concentrarme en las sensaciones de mi boca horizontal y mi lengua de esa cueva, y más en la boca vertical y la lengüita escondida entre ninfas que mamá golpeteaba tiernamente con su lengua.

    Cuando mi primer orgasmo venía, abrí los ojos y vi el ojo negro de mamá que estaba a unos centímetros. Mi orgasmo aumento la velocidad, la intensidad y el estruendo ante la divina visión. Yo creo que recordé la broma de papá – “te voy a encular, vieja” – porque mi imaginación ordenó que uno de mis dedos explorara el culo fantástico de mamá que por primera vez veía con ojos de lujuria. Puse el dedo, mamá respingó, continuó moviendo las nalgas, como que el orgasmo venía. Empujé el dedo tratando de meterlo, mamá suspendió los movimientos pero no la mamada que me daba el cielo, la gloria del placer y frunció el culo, como oponiéndose a la penetración del dedo impertinente.

    Mis gritos hicieron que abandonara la concha que mamaba, no el intento de meter mi dedo. El circulo del culo estaba mojado de jugos y saliva, por eso, cuando el orgasmo de mamá estalló, un poco aflojó el culo y mi dedo se metió, solo una falange. Mamá entre los sollozos del placer, decía:

    “No hija, no, eso no, te lo ruego…”, entrecortadamente. Pero yo estaba decidida a “culearla” y empujé. Mamá respingó, sus nalgas brincaron de la cama y el culo se apretó en un vano intento de expulsar el dedo invasor. No le sirvió; mi dedo continuó avanzando, mientras yo regresaba a la mamada; me apliqué al clítoris tan sensible de mamá, pero lamiéndolo tiernamente sobre el capullo, no directamente, que no protestara. Mamá, que salía del orgasmo, sintió la mamada y las nalgas, sin su voluntad consciente, empezaron a moverse y mi dedo a avanzar dentro del culo.

    “No hija, no, en el culo no, por Dios, el culo no…”, gritaba mamá al mismo tiempo que las nalgas aumentaban el ritmo de los movimientos. Sonreí para mis adentros pensando en las muchas hipócritas que dicen no y abren las piernas para que se las metan; así pensé que estaba haciendo mi adorada madre. Por eso fue que di un empujón soberbio hasta que mi dedo se metió todo y empecé a moverlo circularmente al tiempo que metía dos dedos de la otra mano a la pucha de mama.

    Mamá ya no me mamaba, como que se concentraba en desentrañar el placer de la caricia desconocida, sentí que apretaba los dientes de placer y que sus nalgas se movían como queriendo que la penetración de todos los dedos fuera mayor. Entonces, sin dejar de lamer el clítoris de mis desvelos y placeres, intenté insertar un nuevo dedo en el culo que ya no sentía duro, lo percibía relajado, gozando. El dedo segundo, inició la invasión del culo. Poco a poco se fue metiendo y las nalgas de mamá se movían con una rapidez y una intensidad inédita; entonces metí un tercer dedo en la vagina y completé la introducción del segundo en el culo. Mamá ya no pudo permanecer en silencio, gritó:

    “Así hija, así, méteme todos los dedos, mételos por tu madre que tanto te quiere, mételos hasta los nudillos… ¡los del culo te estoy diciendo!”, enfurecida de placer.

    Como pude, metí el tercer dedo en el culo y aumenté los círculos y el mete y saca con más brío, con más frecuencia en el ir y venir… mi madre ya enardecida, movía las nalgas como salvaje en el momento del parto… pero no quería parir los dedos, al contrario, quería retenerlos hasta el fondo de la vagina y del culo. Me vino el orgasmo de solo pensar en que mamá hiciera lo mismo con mi culo, pero no quise pedírselo porque quería que por si misma deseara replicar la caricia que la estaba llevando al máximo placer.

    Ya mis dedos entraban y salían del culo como Pedro por su casa, cosa que me hacía sentir la delicia de meterlos y sacarlos sin ninguna resistencia y sí demasiado placer hasta ese momento inédito.

    Fueron tanto los gritos de mamá, que papá subió presuroso, más por curiosidad que por preocupación: eran claros gritos de éxtasis placentero. Gritábamos las dos, yo con el orgasmo del placer de mi boca horizontal y mis dedos llenos de jugos unos, y de mierda otros. Escuché que papá subía, por eso saqué los dedos, no sin la protesta de mamá que entre sollozos decía que no, pero ahora que ¡no los sacara!; no quise que papá se enterara que era desplazado en su deseo de ser el primero de desvirgar el bello culito de mamá.

    Nos reprendió, dijo que éramos unas perras calientes, que se nos iban a raspar las puchas, que no fuéramos ingratas que también él quería participar, pero que en ese momento había que comer… claro, estaba feliz de vernos en el sempiterno 69 estilando de las puchas, gimiendo como verdaderas perras después de la metida de la verga del perro. Nos nalgueó a las dos entre risas alegres y cariñosas, nosotras incrementamos nuestros desfallecientes orgasmos y expulsamos jugos que papá se apresuró a sorber, pero sin intentar nada más. Cuando la boca no pudo recoger más líquidos, se levantó, y dijo:

    “Ya mis amadas mujercitas, ya. Hay que comer, porque si no, se me mueren y luego que hago…”, se carcajeaba, cuando logró terminar: “las espero abajo, cabronas, perras calientes, putas”.

    Desayunamos alegremente, entre ternuras generalizadas, con besitos leves y dándonos unas a otras alimentos en la boca. Reíamos haciendo remembranzas de los laces del día y la noche anteriores. Expresábamos cómo fue la obtención nuestro placer y cómo lo habíamos dado a las otras. No dejamos de tocar nuestros cuerpos, hasta en momentos lamíamos donde se nos antojaba lamer. Pero todo era expresión de amor, de ternura, de un afecto maravilloso. Lavamos los trastes, y nos fuimos al mar.

    Pasamos ese día entre arrumacos de amor, entre besos de afecto, con contactos pensados y sentidos como manifestación amorosa solamente. En ningún momento, ninguna de las tres, sentimos la necesidad de la lujuria. Y no porque estuviéramos agotadas, sino porque el amor había sustituido fabulosamente toda la lujuria del día anterior, y los de más atrás, que fueron toda una fiebre de sensualidad, lujuria y sexo. Era el último día que pasábamos en el paraíso donde nuestro amor verdadero se expresó con la intensidad, con toda la alegría y la sinceridad que solo el amor completado con el placer del sexo puede hacer patente, cierto, abierto y fuerte.

    Esa noche, la ternura amorosa imperó. Con papá en el centro, las caricias, los besos, las palabras susurradas de todas para todas, nos arrullaron hasta que nos quedamos dormidas con brazos, muslos, piernas y pies entrelazados en una milagrosa maraña de amor.

    Regresamos. Cuando entramos a casa, las tres nos apretamos en un beso ardoroso que dejaba a un lado la exclusiva ternura. Tiramos las maletas, y nos encueramos. En el triple abrazo, nuestros cuerpos se calentaron, se excitaron de fábula Allí, sobre la alfombra de la sala de estar, nos dimos al placer de la lujuria, repitiendo todas las maravillosas caricias que nos habíamos prodigado desde que descubrimos que podíamos coger todas contra todas. Papá nos cogió sin descanso, y nosotras nos mamábamos todo el cuerpo, cayendo siempre en el 69 insustituible.

    Posición que acabo por ser la preferida de papá porque así podía cogerse a una y luego a la otra, bastaba con dar la vuelta a la cama o a los cuerpos para ensartar a la otra. Nos llenó las puchas de leche, leche que luego, como avaro, succionó, lamió, bebió y trago sin permitir que ninguna de nosotras le robara ni la más mínima gota del lácteo atole. Cuando la verga de papá quedó convertida en una astillita, obtuvo placer de vernos en el inacabable 69, en la intermitente “tijera”, y en los besos de amor que dábamos en nuestras puchas cuando los clítoris se ponían eléctricos. Entre postreros jadeos de las dos, papá vino a meterse entre nosotras y, con besos tiernos acalló nuestra fatiga amorosa. Luego nos dormimos. Desde esa noche, papá duerme entre las dos, y nosotras siempre dormimos agarradas con una mano de la verga de papá, y con la otra mano acariciando la chichi del cuerpo del otro lado.

    La tarde del día siguiente, juntas las tres, fuimos a comprar una recámara con una inmensa cama. En la noche la inauguramos amándonos intensa, frenética, interminable y amorosamente; y, también, iniciamos nuestra vida en el amoroso coloquio de almas y cuerpos funcionando como una sola.

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