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  • Micaela y sus sobrinos (6): La carnada virtual

    Micaela y sus sobrinos (6): La carnada virtual

    Anteriormente: Micaela pudo probar el miembro de Marcos y tener en su mano la de Agustín.

    Cuando arranca su tarea perversa tiene un orgasmo que la deja en el suelo acostada solo con su ropa interior roja de encaje.

    Con espasmos y el fluir de líquidos de su interior no puede reponerse, su cuerpo ha disfrutado de todo el orgasmo que la ha dejado tirada.

    Sus sobrinos al verla allí acostada deciden homenajearla masturbándose a la vista de ella.

    Después de algunos largos minutos terminan eyaculando chorros de leche en todo el cuerpo de su tía, que al recibir unas gotas en su boca y ver los enormes miembros y bolas de sus sobrinos vuelve a tener un orgasmo y grita de placer solo por sentir la tibia crema de sus sobrinos en su piel y su boca.

    Suena el celular insistentemente. Micaela mira hacia el costado y ve borroso, se pasa las manos en los ojos tratando de limpiar el exceso de lágrimas o lo que sea para poder enfocar bien.

    Está en su cama, tapada con su sábana blanca. No entiende qué está pasando.

    El teléfono sigue sonando, es su esposo. Lo atiende tratando de entender qué es lo que pasó o qué está pasando.

    Hablan un poco de trivialidades, ella le dice que recién se despierta y parece sorprenderle a su pareja.

    “te dejaron de cama los sobris, ya es mediodía” le dice

    Abre las cortinas y el sol de verano entra a su cuarto haciéndole cerrar los ojos.

    Se mira al espejo y ve que está con su misma ropa interior. Está muy despeinada. Se acerca un poco más y ve en detalle que tiene manchas brillosas en la piel, en todo su cuerpo, en su cara y se toca las pestañas, están todas juntas pegadas.

    En cada lugar que hay brillo pasa su dedo y caen como escamas.

    Evidentemente no lo soñó, lo que ocurrió, ocurrió. ¿Ahora habrá pasado algo más que no recuerda?

    Termina de hablar con su esposo nuevamente sin haber escuchado ni una palabra de lo que dijo.

    Esta vez se pone una bata más decente y sale hacia el living.

    No hay nadie, tampoco en la cocina, se asoma hacia el jardín y la pileta, tampoco hay nadie.

    Revisa su celular y no hay mensajes de sus sobrinos, simplemente se fueron.

    Decepcionada camina por toda la casa y va a darse un baño. Tiene hasta ganas de llorar, se siente despreciada.

    Sale con el pelo húmedo mientras se seca el cuerpo camino a su cuarto, abre el cajón de su ropa interior y esta vez no elige nada sexy, sino una bombacha más ancha color crema y un corpiño que cubre todas sus tetas.

    Se pone un vestido floreado y se va a desayunar, sola.

    Mientras toma su café con sus tostadas con queso crema mira hacia la pileta que dio origen a todo lo ocurrido el día y noche anterior.

    Sus ojos se llenan de lágrimas, pero no sabe bien por qué.

    Un poco se siente culpable porque ha hecho algo prohibido, ha tenido situaciones sexuales extramatrimoniales, y no solo con uno sino con dos hombres a la vez.

    Pero la culpa se expande al considerar que no son hombres cualquiera, sino sus sobrinos, sus jóvenes sobrinos hijos de su odiosa cuñada que habían solo a librarse del calor del verano de Buenos Aires en su pileta.

    Estarían haciendo sus primeras experiencias con sus novias o parejas pasajeras y Micaela se aprovechó de ello para satisfacer una calentura momentánea.

    Unas lágrimas más gruesas caen por sus mejillas y lanza el primer llanto, pero esta vez ya no es por culpa, sino por bronca. Se siente rechazada. Ella no tuvo su noche de sexo desenfrenado como deseaba, sino que luego de recibir el semen de sus sobrinos se desmayó de placer y ellos solo la levantaron y acostaron en su cama.

    Testigo de esto son sus prendas que quedaron puestas, sabe bien que no hubo nada más, no hubo borrachera, ni amnesia. Simplemente sirvió como objeto de masturbación de sus sobrinos y al acabar la desecharon.

    Se repone, se limpia la cara y camina hacia la puerta de vidrio corrediza que da hacia la pileta y el jardín.

    La abre y sale, el piso está caliente, así que camina por la sombra, el sol del mediodía está ardiendo e inmediatamente siente el calor en su piel.

    Chequea el pronóstico y verifica que ya está en 36 grados y recién es mediodía. Su App le advierte que pasará los 40 grados esa jornada.

    Vuelve al interior de su casa, a la protección del aire acondicionado, se dirige a su cuarto, abre sus cajones y elige la bikini más chica que tiene.

    Un juego no tan diminuto pero que al menos es de dos piezas.

    Al mirarse al espejo quisiera que fuera más chico de lo que es, en su mente ya planea comprar ropa más reveladora.

    Va hacia la pileta y tras un chapuzón sale para ponerse crema solar.

    En la reposera siente como el sol la abraza y dedica unos minutos a poner su mente en blanco.

    Con sus ojos cerrados logra abstraerse de todo y hasta sonríe por ese momento de paz.

    Abre los ojos de repente, un flash vino a su mente, el recuerdo de la última gota de semen de Marcos cayendo hacia su boca cuando estaba aún temblando por los espasmos de su orgasmo.

    Trata de eliminar ese pensamiento y quiere volver a poner su mente en blanco pero ya es tarde, nuevamente sentimientos de culpa, bronca y suposiciones vuelven.

    Se pone a mirar su celular, las redes sociales.

    Ve como las famosas y hasta sus amigas suben historias en playas o piletas en bikini mostrando sus cuerpos para recibir el halago de muchos hombres y mujeres.

    Micaela no era de subir muchas historias de ese estilo, pero se vio tentada al leer los comentarios y las reacciones hacia las publicaciones de las amigas y las famosas.

    Ensaya selfies y fotos para poder publicar y no se convence.

    Su bikini turquesa que era la más chica y moderna parecía de una abuela comparada a las que veía en las redes sociales.

    Decidió entonces hacer algo.

    Vuelve a su cuarto y toma la tanga roja que usó la noche anterior. Esa pequeña tanga con transparencia.

    Aún tiene restos secos de las eyaculaciones de sus sobrinos, pero no le importa.

    Se la cambia y va hacia la reposera.

    Allí toma fotos mostrando el bondadoso culo blanco que tiene, con la tela roja metida entre sus nalgas y solo unas tiritas que la sostienen en sus caderas.

    Se pone más osada y se saca la parte de arriba, no habría nada de malo, está tomando sol y no quiere las marcas de un corpiño.

    De alguna manera logra tomar una foto de ella cubriéndose los pezones, sin ser grotesca, acostada en esa reposera mostrando su inocente cola y la pileta de fondo.

    Duda mucho en subirla, y cuando lo hace usa una opción de mejores amigos, solo para algunos elegidos.

    Todas sus amigas están incluidas, también compañeros de facultad y de trabajo, excluye a familiares directos, excepto a dos: sus sobrinos Marcos y Agustín.

    Llueven las notificaciones y reacciones, de amigas que la felicitan, que le dicen que es una bomba, que es hermosa, etc.

    También de los compañeros de trabajo y facultad y hasta de la secundaria, hasta con comentarios subidos de tono, sin respetar que es una mujer casada.

    Se indigna cuando ve que hombres con novia o esposa e hijos le comentan la foto.

    Le agrada gustar, le sube el ánimo. Pero con decepción ve que sus sobrinos al ver la foto no hacen nada.

    Sigue tomando sol y siguen cayendo notificaciones, y le llegan mensajes al whatsapp de hombres que buscan excusa para ver si tienen alguna oportunidad.

    Algo la hace enojar, en la cantidad de notificaciones le llega una foto temporal que solo se abrirá al tocarla.

    Es de un ex compañero de secundaria, y a pesar de que sabe que no debe abrirla lo hace.

    Era lo obvio, una foto de sus genitales. El pobre creía que tenía algo poderoso entre las piernas y solo causa risa, asco y gracia a Micaela. Un pequeño pene feo, rosado, con muchos pendejos castaños, todo aestético. Sacado en su propio baño, se ve un inodoro, un calzón con manchas. Todo menos erótico.

    Micaela se cansa y borra la foto, también silencia el teléfono. Se pone auriculares y escucha su música favorita mientras sigue al sol transpirando con sus pechos ofrecidos y su diminuta tanga roja manchada.

    Sumida en una canción vuelve a recordar los miembros de sus sobrinos, y no puede creer la diferencia de cuerpos y de aparatos que portaban ellos comparado con el desubicado que le envió esas fotos poco agraciadas.

    Recuerda como su mano comprobó el ancho y el largo del falo de Agustín y del tamaño enorme de sus bolas bamboleantes.

    Vino a su mente el sabor y el calor del enorme glande de Marcos, y de cómo intentó comer centímetros de carne hasta que tuvo ese orgasmo.

    Sus dedos volvieron por instinto a su vulva, metiéndose por debajo de la pequeña tanga.

    El sudor, el calor y sus propios jugos se activaron. Hicieron fácil la entrada de sus dos dedos mayor y anular.

    Arquea su cuerpo y escucha el chapoteo de sus dedos en su vagina a pesar de tener auriculares.

    Esto la calienta más y trata de meter más profundo sus dedos, como queriendo llegar más lejos, pero sabe que es limitado el largo de estos, el largo de los miembros de sus sobrinos sería más del doble de sus delicados y femeninos dedos.

    Pierde la noción del tiempo y el espacio. Su otra mano toca sus pezones buscando mayor estimulación.

    Jadea y gime de forma sonora, no le importa. Está extasiada.

    Comienza a temblar, está llegando nuevamente al clímax del orgasmo.

    Grita y el movimiento hace caer uno de los auriculares. Abre los ojos por instinto y al girar su cabeza ve a sus sobrinos Marcos y Agustín en la entrada de su casa, con la puerta corrediza abierta, mirando el espectáculo.

    Ella intenta sacarse los dedos que están bien profundo en su interior y en ese movimiento acelerado roza su inflamado clítoris.

    “nooo” grita gimiendo mientras tiene un orgasmo similar al de la noche anterior.

    Tiembla y jugos caen por el costado de sus muslos.

    Está toda roja, transpirada, despeinada, en tetas y vestida con la pequeña tanga roja transparente, húmeda y brillosa por la leche de sus sobrinos.

    Sus sobrinos siguen estáticos en la puerta.

    Micaela se levanta como puede, camina temblorosa hacia ellos.

    Al acercarse se contonea, no le importa estar en tetas. Llega hasta sus sobrinos.

    Vuelve sus manos hacia su vulva. Marcos y Agustín se debaten entre mirar las tetas maduras de su tía y lo que hace con sus manos.

    Ella toma de sus jugos y les dice:

    “abran la boca pendejos”

    Marcos y Agustín obedecen. Micaela les mete sus dedos con sus jugos producto de su masturbación que fue causada por el recuerdo de lo que hicieron ellos.

    “esto lo causaron ustedes, así que se lo van a comer” les dice Micaela.

    La escena si es erótica.

    Micaela parada solo con su tanga roja húmeda frente a sus sobrinos, con sus dedos dentro de la boca de sus sobrinos.

    El calor del ambiente es poco comparado con el que sienten Micaela y sus sobrinos en ese momento. Y no parece que vaya a terminar allí.

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  • Pequeña introducción

    Pequeña introducción

    Hola, mi nombre es Alma, tengo 37 años, soy de tez blanca y cabello rubio, mido 1,75 y la verdad tengo un hermoso cuerpo gracias a la actividad deportiva que tengo, me encanta ir al gym y trabajar.

    Trabajo en una agencia de viajes y por suerte no me faltó la plata nunca, tengo un esposo de 40 años, es jefe de una empresa de inmuebles, nos casamos muy jóvenes a los 22 años, tenemos 3 hijos, la verdad una vida perfecta que todos soñarían tener. Pero… nada es perfecto.

    Él es un hombre muy correcto y hermoso, pero a la hora del sexo no es muy bueno, y todo iba a empeorar con los años, hace dos años mi esposo y yo no tenemos relaciones, a menudo intento seducirlo poniéndome lencería sexy y haciendo bailes eróticos para él, pero con suerte tenemos sexo una vez por mes.

    Con el producto de los años llega siempre cansado a casa, se la pasa todo el día trabajando y mirando futbol, la verdad es que siento que me dejo un poco de lado.

    Hace aproximadamente 4 meses por falta de atención decidí indagar por el mundo del porno, pensando que no me gustaría, pero la verdad es que no puedo creer las historias similares que me he encontrado respecto a mi vida, no me gusta pensar y mucho menos decirlo, pero le fui infiel a mi marido un par de veces, no es algo de lo que esté orgullosa, de hecho siempre traté de mejorar y olvidar ese lado oscuro de mí, pero estas historias que me encuentro en videos e historietas me recordaron las aventuras tan apasionantes y calientes que viví, es por eso que decidí indagar en este mundo y contarles como llegué a ser la perra que fui y que probablemente sea.

    En este humilde perfil te iré contando mis aventuras más calientes que tuve.

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  • La madre de mi amigo

    La madre de mi amigo

    Quien no se ha querido coger a la mamá de su amigo, en este mundo mínimo el 80% de los hombres lo hemos deseado y tuve la fortuna de hacerlo en mi juventud ya hace más de 25 años.

    Mi nombre es José, tengo 43 años y les contaré algunas anécdotas calientes de mi vida y comenzaré con la vez que cogí con Aurora, la mamá de mi mejor amigo Cesar.

    Aurora era de esas güeras de rancho, tras ese cuerpo y esos ojos verdes el acento sierreño la delataba, eran de San Luis o Colima la verdad no recuerdo bien, lo que sí recuerdo son esas tetas enormes, sus caderas, sus nalgas paradas y sus ricas piernas, así era la mamá de mi amigo.

    A los 18 años estábamos en el mundo de la barra (ejercicio callejero en los parques) la verdad ambos teníamos buena forma y yo siempre estaba en casa de ellos, muchas ocasiones yo ya había visto a su hermana desnuda, pero el día que por accidente vi a su mamá, me obsesioné con ella.

    Todas las noches me masturbaba pensando en Aurora, cuando lavaba ropa y traía ese short entallado o cuando iba a las juntas con esa falda a los muslos o cuando usaba medias, esa señora era la dueña de mis chaquetas o pajas.

    Pues bien, una ocasión César estaba enfermo de varicela, por lo que se fue con su abuela y yo como buen amigo me ofrecí a llevarle sus cosas así que acordé ir por ella la tarde siguiente para ir el sábado a dejarlas.

    No recuerdo muy bien que pasó solo que se me hizo un poco tarde, yo traía llave de su casa se suponía que no estaba nadie, cuando entré comencé a recoger las cosas de César y justo apareció Aurora.

    A: ¡Ya te vi chamaco!

    J: Pensé que no había nadie, vine por las cosas de César.

    A: Ah es verdad, que las vas a llevar, eres un amor de amigo.

    Quedé estupefacto, no por qué ella estuviera, si no por dos cosas la forma en que estaba vestida, una minifalda morada, zapatos abiertos y una blusa negra entallada que remarcaba espectacular sus tetas y otra su voz con un poco de aliento alcohólico que se debía al six de cerveza que estaba en la mesa.

    J: ¿Todo bien?

    A: Cosas que no entenderías.

    J: No es necesario, yo entiendo su situación y se cómo es don Toño.

    A: ¡¡Muchacho!! abusado saliste, toma, tomate una conmigo.

    Me ofreció una cerveza y se sentó en el sofá cruzando sus piernas enseñándome la gloria, yo nervioso la tomé y me senté frente a ella, la verdad me puse a temblar, Aurora me comenzó a contar su situación, se había peleado con don Toño y se quedó mientras él y sus hijos se fueron a la fiesta, me contaba sus penas mientras yo babeaba de ver cómo cruzaba sus piernas y como jugaba con sus lindos pies.

    J: Yo creo que no se merece esto, usted siempre ha sido muy buena mujer.

    A: ¡A cabrón! jaja que coqueto saliste.

    J: ¿Por qué dice eso?

    A: ¡Me aventaste el verbo, eso me agrada ven tomemos otra!

    Yo solo fingía tomar y le cambiaba la lata mientras se distraía, de pronto ella se sentó a mi lado y me comenzó a acariciar la pierna, con su pies sobaba mi pantorrilla, ¡yo ya la tenía parada!

    Entre nervios puse mi mano en su rodilla, ella no dijo nada, seguía hablando y hablando, sin miedo, empecé a acariciar su pierna y ella no me decía nada.

    Aurora estaba tan ebria que hasta ella misma me ponía la mano en su otra pierna, fue entonces que con el corazón acelerado le dije mi más grande deseo.

    J: ¡Señora, la verdad tiene unas piernas muy hermosas!

    A: ¡¡A caray!! ¿Qué dices?

    J: También es muy guapa, mucha mujer para don Toño, si yo fuera de su edad me la robaría sin pensarlo.

    A: Jajaja, que chistoso, ¿estas bromeando verdad niño?

    J: Para nada, como me gustaría demostrarle lo que usted provoca en un hombre.

    A: ¿Y dónde está el hombre?

    J: Si me lo permite, yo me ofrezco ya tengo 18, la verdad ya no soy virgen ya sé que hacer con una mujer.

    Ella me miró y yo sin miedo me levante la tome de la mano y la lleve a la cama, ella como hipnotizada solo me miraba, me acerqué y la abrace apretándola suave, le bese su mejilla luego de ahí baje a su cuello, mis manos empezaron a acariciar su espalda, ella no oponía resistencia, mi corazón estaba acelerado y mi verga dura como piedra.

    Me agache para acariciar y besar sus piernas, esas piernas que siempre me enloquecieron, ella se desabrocho su falda y yo la baje y una rica tanga húmeda frente a mi sin dudar puse mi cara en su coño y olfatee cual sabueso buscando su presa.

    Bajé lentamente con mis dedos y empecé con suaves caricias a deleitarme con su cuca rasurada, rosita, hermosa, de esas que muy pocas tienen, no iba a desaprovechar la oportunidad de meter mis dedos pero primero comencé a chupársela, mi lengua lo hacía como helado para luego abrirla y meter mi lengua juguetear con su delicioso clítoris.

    Aurora se quitaba la blusa, dejando unas enormes tetas con pezón rosa, eso me la puso super dura, nos fuimos a su cama y comencé a quitarme la ropa mientras ella se tocaba sensualmente, estaba frente una verdadera milf, la primera de mi vida.

    A: ¡¡Que deliciosa la tienes, ven para acá!!

    J: ¡¡soñaba con que harías esto!!

    Aura sin dudarlo empezó a chupármela, comenzó suave yo de rodillas cerca de su cara y acariciando sus tetas, la mama de mi mejor amigo me empezó a comer el palo como solo ella podía, metiéndolo entero, tragando mis 21 cm de pura carne.

    J: Que rico lo chupas, uf, no pares, ¡¡ah!!

    A: ¡¡Que rica verga, hace tiempo que no veía una morena tan rica!!

    ¡Su lengua me tenía en la gloria!, sus mamadas me dejaban extasiado, yo como todo un hombre observaba como mi nueva puta me dejaba limpio mi pene listo para meterlo en ella.

    Me acosté y la señora sin dudarlo subió en mí, se dejó caer despacio solo la punta y empezó el menor, yo acariciaba sus piernas, sus nalgas y su tetas, que delicia era tenerla encima de mí, como toda una diosa sexual.

    Poco a poco se ensarto más y más, se agachaba mientras meneaba su cintura, me besaba con pasión, sus carnosos labios me ponían más duro, mis manos no desaprovecharon la oportunidad de apretar esas deliciosas tetas y morderlas como bebe hambriento.

    J: ¡Que rico! ¡qué buena estás, uf!

    A: ¡Eres todo un hombre que delicia de verga!

    La acosté y le puse sus piernas en mis hombros, ella gemía, se movía bien, yo me empujaba fuerte, suave y como se me ocurría, le besaba sus ricos pies, le lamia las tetas, la estaba cogiendo con todas las ganas del mundo.

    Luego la puse de ladito y mientras le metía la verga nos besábamos y le apretaba sus enormes tetas, ahí estábamos en la cama que comparte con su esposo, la mamá de mi amigo y yo pecando al máximo nivel.

    A: ¡Más! ¡así papi, dámela, uhm, ah!

    J: Que rico, aprietas fenomenal, que nalgas, que piernas, ¡soñaba con esto!

    Me acosté y Aurora subió a cabalgar y que manera de hacerlo, sus movimientos eran increíbles, en círculos, pequeños sentones, a lo loco, ¡me tenía gimiendo y durísimo!

    A: ¡Que rico, esta verga me tiene loca, ah, ah!

    J: ¡Así! ¡muévete mm, ah!

    Aurora seguía gozando, la volteo para que siga cabalgando y vaya panorama, esas nalgotas subiendo y bajando en mi dura verga era un ángulo espectacular, lástima que en esa época aún no tenía celular para grabarla.

    Le daba nalgadas, apretaba sus muslos, acariciaba sus pies, era mi sueño hecho realidad.

    Lo puse de perrito, ella estaba super mojada, extasiada, sudada y yo super firme, ella se empino riquísimo y tomo mi verga para llevarla lentamente a su coño, aprete esas nalgas ricas y empecé a embestirla, una y otra vez, suave, fuerte, como loco, mientras la mamá de mi amigo seguía pidiéndome más, moviendo su cadera, ¡ambos estábamos en el éxtasis!

    J: Muévete, uhm, así, que rico, mas, mas, toma, toma mi verga, ¡ah!

    A: No pares, que rico, ah, mas, que rica verga, me vengo, mi amor me voy a venir, ¡ah!

    Unos empujones más y comenzamos a venirnos juntos, que rico momento, llenaba de semen a Aurora, la sensual madre de mi amigo y ella se movía como gata en celo recibiendo mi semen espeso.

    Quedé pegado a ella un rato en lo que pasaban los espasmos, después me recosté a su lado y ella se reía mientras acariciaba su rico cuerpo.

    A: ¡Qué rico! ¡la verdad me faltaba algo así!

    J: ¡Pues yo estoy disponible cuando guste!

    A: Ya veremos nene, ya veremos.

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  • Economista y prosti: Fiesta con camioneros

    Economista y prosti: Fiesta con camioneros

    ¡Hola! ¡Retomando reportes luego del regreso desde Paris y de hacer los reportes correspondientes a tan hermosa, rentable y sexy aventura! Gracias Ricardo por invitarnos y gracias, mil gracias amor de mi vida por acompañarme a disfrutar como lo disfruté.

    Respecto al relato de hoy, debo confesar que quedé totalmente obsesionada con la visita a la parte “buena” del Bois de Boulogne. Esas damas de sociedad haciéndose coger por choferes de camión o de U… o entregándose por 100 simbólicos euros a automovilistas que pasaban, todo bajo la mirada de sus maridos y de los choferes de sus autos de alta gama, me dejaron hiperventilando, deseando hacer yo misma algo así.

    Se lo dije a Tommy, quien me comprendió y sin dudarlo me dijo que estaba de acuerdo en hacerlo.

    Tocaba elegir lugar y circunstancias. Lo primero fue pensar lugares.

    Parque Rivera en zona Carrasco, muy desolado y un tanto peligroso. Zona de médanos y arbustos en playa Carrasco, ya lo tienen casi en exclusiva, personas de otra orientación sexual haciendo cruising. Parque Batlle o De Los Aliados”, cerca del Estadio Centenario, posible, pero también más bien frecuentado por otras orientaciones sexuales.

    Y entonces se nos ocurrió hacer un paseo por la zona de la ruta de entrada al Puerto de Montevideo. Suelen estacionarse durante toda la noche camiones que hacen fila para entrar en la mañana a descargar o a recoger mercaderías o contenedores en el Puerto de Montevideo.

    Y allá fuimos una noche a explorar, aunque ya sabíamos cómo es la zona de día, pasamos por allí siempre que volvemos de la casa de campo. La ruta de entrada al Puerto da de un lado al Río de la Plata, Bahía de Montevideo, y del otro lado hay automotoras, tabacaleras, estaciones de servicio, plantas de almacenaje de arroz, etc.; no es zona residencial.

    Parecía zona adecuada, y fuimos a ver de noche como es.

    Fila interminable de camiones, sobre la senda que da a la Bahía, a veces puede haber más de uno o dos kilómetros de camiones, siempre hay al menos de 500 metros a un kilómetro, o sea nunca menos de 30 o 40 camiones, y a veces hasta 150 o 200. Siempre, para estar la más cerca posible de la entrada al Puerto, estacionan muy cercanos uno de otro a 4 o 5 metros.

    Nos estacionamos a eso de las 11 pm sobre la otra senda, la de los comercios e industrias, y miramos un rato la actividad. A esa hora muy pocos coches, ningún peatón (no hay aún edificios de viviendas en la zona, aunque hay dos en plena construcción). Los camioneros se veían conversar, tomar mate o comer algo liviano, antes de dormir en sus cabinas (la mayoría de los camiones, equipados con cama).

    Bajamos del coche, cruzamos la calle, y caminamos a lo largo de la fila de camiones. Nos miraban con curiosidad, nadie suele caminar allí, y obviamente les llamaba la atención mi short de Juan, super ajustado y mi camisa suelta, sin corpiño que sujetara mis tetas.

    Todo tranquilo, mes de febrero, súper caluroso, nadie nos dijo nada, aunque me miraron mucho, y llegamos a oír “que culo”. Ninguna presencia policial, pues obviamente los camioneros se protegen unos a otros.

    Y por nuestra parte, no tuvimos dudas, era “el lugar” para que me sacara las ganas.

    Mientras retirábamos, tranquilos, a preparar nuestra (mi) aventura, dejé caer un papel que llevábamos preparado: “Dentro de dos noches, volvemos y habrá acción”.

    Cruzamos la calle y rápidamente nos fuimos a casa, “on firme”, y cogimos como desesperados.

    Lo siguiente, además de mi trabajo normal y atender puticlientes, fue preparar los detalles, sobre todo el outfit a lucir. Respecto a mi trabajo en la Asesoría Económica, al regresar, la amenaza de mi jefe se diluyó y retomé mi trabajo normalmente.

    Decidimos llevar, obviamente, buena provisión de condones, pues todo contacto, si había, sería con protección por razones obvias. También decidimos, ya que Carnaval estaba muy muy próximo, llevar máscaras “venecianas” que nos cubrieran absolutamente toda la cara, casi totalmente en mi caso, pues elegimos una que deja libre una zona alrededor de la boca, ja ja. No podíamos arriesgar que alguien tomara una foto.

    Dudamos y cambiamos varias veces de idea; ¿babydoll escandaloso? ¿Micro bikini de playa? ¿fina lencería sexy? ¿bata transparente y desnuda debajo, o con algo debajo? ¿totalmente desnuda ya desde bajar del coche?

    Finalmente, optamos por una larga bata de red, traída de París, y desnuda debajo. El efecto era de verme desnuda, pero la bata de red subiría el morbo.

    Además, de alguna manera, los que hubieran estado la primera noche, sabían que habría acción, y los quería bien calientes. Obviamente, era de esperar que los teléfonos hubieran hecho su trabajo y algunos que no habían estado en la primera noche igual ya sabrían lo que iba a pasar.

    Por supuesto, con Tom también coordinamos el tipo de acción que sugeriríamos.

    Me “vestí” y para ir desde casa hasta la zona de acción, me puse una trench sobre los hombros. A último momento decidí agregar un toque de color dorado, poniéndome un cubre concha en forma de “cascada” de hilos dorados, que caían desde un cinturón de hilo, también dorado. No era tipo tanga, sino simplemente algo que daba color y me cubría la concha y los pelitos.

    Partimos eso de las 11 pm y al salir nos cruzamos con el señor que suele pasear su perro, y de quien supe a través de una carta que les mencioné en otro relato. Nos miró con atención e inclinó la cabeza a modo de saludo. Saludo que retribuimos.

    En algo menos de media hora estábamos llegando al lugar de la acción. Era día de semana, con lo cual la actividad diurna del puerto al día siguiente sería intensa, y había al menos 50 o 60 camiones en fila.

    Paramos el coche en el mismo lugar de la vez anterior, nos bajamos y en un momento que no vimos coches en la ruta, dejé mi trench en nuestro coche y cruzamos corriendo la amplia calle, cuidando de no caerme con los altísimos tacos que llevaba.

    Llegamos a la fila de camiones, muchos tomaban mate o simplemente disfrutaban la brisa en la acera, alguno seguramente dormía, pero el efecto de mi aparición (modestamente) fue espectacular.

    Todos en alerta, miraban, formaron una especie de cordón a lo largo de los primeros camiones, los que nos veían. La brisa nocturna, aunque cálida, era suficiente para hacer volar mi bata en algunos momentos, en otros no.

    Esta vez, nuestras intenciones no dejaban lugar a dudas, y aunque con pocas variaciones las exclamaciones se hacían oír: “qué culo” “ qué orto espectacular” “esas tetas valen oro” “le entro como el iceberg al Titanic” “debe tener una concha divina”… caminé unos 100 metros, algunos vinieron de más lejos, corriendo, para ver qué pasaba. Cuando me pareció adecuado, giré, me detuve y dejé caer al suelo la bata, que Tommy prestamente recogió.

    Ahí hubo un aplauso y silbidos. Lentamente, retomé la caminata, luciéndome ya desnuda salvo el tapa concha, caminando con paso de modelo, poniendo cada pie por delante del otro. Prácticamente varios vinieron siguiéndome mirándome de atrás, otros nos adelantaban para verme las tetas. Las tetas, en full exposición, les encantaban. Hice todo el camino de regreso, giré y caminé nuevamente hasta detenerme aproximadamente al centro del recorrido.

    Pregunté si alguien tenía una colchoneta en su cama del camión, y al instante alguien hizo aparecer una.

    Entonces les hablé, con toda claridad, sin tapujos: “Chicos, gracias por las muestras de admiración, se dan cuenta de que aquí y siendo tantos para mí, no puedo coger con ustedes, pero gustosa les dejaré verme un poco más y les pido por favor que se masturben y acaben sobre mi cuerpo, ¡me encantará recibir leche de muchos de ustedes!”

    Entonces, me quité lentamente el tapa concha, que entregué a Tommy, y quedaron mis pelitos y concha a la vista.

    Algunos ya se comenzaron a masturbar, mientras otros iban sacando el miembro.

    Me acerqué a algunos de ellos para que me admiraran bien de cerca, alguno fue beneficiado dejando que me acariciara las tetas.

    Me recosté en la colchoneta boca arriba y abrí las piernas para que vieran mi concha un poco mojadita. Una linterna de uno de los camioneros la iluminó, y aplaudieron.

    Me viré para quedar boca abajo y me puse en cuatro, la linterna me iluminó el culo, ¡más aplausos! Fue entonces que Tommy se agachó y me lamió el culo y la concha, lo cual siguió calentando a los que se masturbaban, no menos de 14 o 15.

    Tommy sacó de un bolso, un trozo grande de polietileno que habíamos llevado para cubrir la colchoneta que alguien prestara, para no ensuciarla.

    Me puse boca arriba, me volvió a lamer la concha y luego yo me puse a masturbarme intensamente. Hasta que el primer lechazo se estrelló en mis tetas.

    Caliente y abundante, me llegó desde alguien pardo a mi lado. Y se fueron sucediendo una acabada tras otra. Unos acababan parados, otros se arrodillaban a mi lado, unos apuntando a las tetas, otros a la concha, algunos a la cara, impactando en la careta o cerca de mi boca.

    Cuando vi que faltaban tres por acabar, me di vuelta y me abrí los cachetes del culo, para que pudieran apuntar al esfínter y se corriera hacia los labios de la concha. Todo ese proceso fue una experiencia nueva y un deleite.

    Cuando terminaron, Tommy me cogió en cuatro delante de ellos, acabó en un minuto ja ja… y les mostró cómo escurría su leche desde mi concha.

    Mi cuerpo era un mar de leche, en ese entonces ya se me había desparramado por piernas y todo el tórax, las tetas totalmente bañadas.

    Uno de los camioneros ofreció bañarme con una espacie de duchero que algunos tienen, con un tanque de agua, una manguera y una regadera. Acepté encantado y él aprovechó a manosearme totalmente “para limpiarte bien” por supuesto me secó con una toalla.

    Pero no quería yo que las cosas quedaran así… habíamos llevado 20 números escritos en pequeños papeles, que repartimos al azar. Dije: “El número 9 me coge”… y el aludido saltó, eufórico.

    De pija dura, lo dejé acariciarme un poco y chuparme las tetas. Tommy le entregó un condón y él se lo colocó.

    Yo, enloquecida recordando lo visto en Boris de Boulogne, improvisé y le dije que me cogiera parado, contra un camión.

    Nos arrimamos a uno, me apoyé en el camión y puse mis piernas un poco hacia atrás y bien abiertas. Tom me confirmó que la concha se veía hermosa y disponible.

    Sin prolegómenos el camionero me refregó la pija encapuchada en los labios vaginales y me la metió sin miramientos, eufórico, ¡y eufórico me comenzó a dar como si le fuera la vida!

    ¡Por suerte pude gozar algo (aunque muy poco por usar condón) y en tres o cuatro minutos acabó, de lo cual me enteré porque me la sacó! Un desastre el uso de condón, seguiré a pelo tomando las precauciones del caso.

    Un poco insatisfecha, o mejor dicho aún caliente, dije “Al número 14 se la chupo” los que quedaban buscaron en sus bolsillos o en el piso los papeles que ya creían inútiles, no apareció el 14 pero sí el 17 al que llamé a continuación.

    Me encantó la pija, vino casi dura y tiene una cabeza más que respetable. Le pusimos el condón, y me dediqué a acariciarla y chuparla. Otra vez, un fracaso, cero satisfacción, cero sensación para mí, como chupar un consolador. Aceleré, lo masturbé y logré hacerlo acabar.

    Él quedó muy contento, pero yo decepcionada, lo mío es la leche y sentir piel con piel.

    Mientras tanto, Tommy recolectó los números de teléfono de algunos que nos parecieron más serios, con la finalidad de hacer que a futuro se analicen y podamos, quizás, hacerlo al natural.

    Volví a exhibirme frente a ellos, desnuda, el cabello húmedo, recibí piropos y algunas caricias, y nos despedimos.

    Desnuda, todo lo mío en el bolso de Tommy, cruzamos la calle y subimos al coche. Tommy avanzó hasta un cruce y allí hizo un giro en “U”, retomando la misma calle hacia el centro. Bajé el vidrio de la lado, y saludé, desnuda, a algunos de los camioneros que me habían acabado encima (esa parte sí que me gustó, pero no el sexo con condón que definitivamente, ¡lo detesto!).

    Mientras avanzamos a lo largo de la larga fila de camiones, sugerí: “¿Y si les desfilo a los que estaban muy lejos?”… ya que definitivamente algunos ni se habrían enterado de lo sucedido.

    Mi amor nunca me defrauda, avanzó hasta en primero de los camiones de la fila, y detuvo el coche.

    Nos bajamos, me puse la bata de red, pero no el tapaconcha. Comenzamos a caminar delante de los que no nos habían visto. De nuevo silbidos y aplausos, gritos y pedidos de que me desnudara del todo.

    Lo hice y me dejé tocar. Besé a algunos (ya sin careta), con Tommy vigilando que no hubiera fotos. Luego de que me manosearan bastante, nos fuimos, no sin antes recolectar algún número de teléfono más, “just in case”.

    Así terminó esta aventura, inédita para mí, muy muy satisfactoria cuando me acabaron encima, un placer, y no tanto, cuando me cogieron y chupé con látex, un fiasco que tomaré en cuanta para no repetir.

    Volvimos a casa conmigo desnuda, y por el camino recibimos algún saludo de automovilistas que nos adelantaban.

    ¡Hasta la próxima y buen sexo! Besos.

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  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (19)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (19)

    Esa misma noche le informamos a Sandy sobre el compromiso el miércoles con Carlos y Valeria, mi hija se emocionó y aunque nerviosa por el encuentro nos dijo que estaba más que lista.

    El miércoles la llevamos a su cita, el nerviosismo de los tres en el auto era evidente.

    “¿Como te sientes cariño?” Pregunto mi esposa

    “Bien, no se preocupen solo voy a una cita a un café”

    Sandy se bajó del auto, la vimos alejarse, nos envió una sonrisa y entro al establecimiento, vestía con pantalón de mezclilla y un bonito suéter de color rojo. La vimos desaparecer, Myriam y yo nos quedamos un tanto angustiados, nos fuimos a caminar al centro de la ciudad y en algún momento recibimos la llamada de nuestra hija para que pasáramos por ella. La encontramos en el mismo lugar que la dejamos, se subió al auto, note que venía alegre lo que me dio tranquilidad.

    “¿Y bien, señorita como estuvo su reunión?” Pregunte camino a casa.

    “Son una hermosa parejita, me cayeron super bien, Valeria y yo tenemos muchas cosas en común, los dos son simpáticos y muy bellos” Contesto

    “¡Vaya! en verdad te impresionaron” Le dijo Myriam mirándola por el espejo retrovisor.

    “Si, definitivamente estoy lista pata vivir la experiencia” Contesto, sentí un vacío en el estómago, estaba más decidida que nunca.

    “¿Y cuando tienen planeado reunirse y en donde si se puede saber?” Le pregunto Myriam.

    “Quedamos en dos semanas, ellos ya saben que soy yo quien les ha estado escribiendo en el sitio, querían que fuese este próximo sábado y bueno me quede pensando que no tengo ropa que haga juego con la lencería que compramos en la sex shop, me gustaría prepararme mejor y que ustedes me den algunos consejos. ¿Qué les parece si regresamos a la tienda y compro una falda y unos accesorios que vi la vez que fuimos?” Mi hija estaba realmente emocionada con sus nuevos amigos.

    “Si hija, podríamos ir mañana si gustas a la tienda” Sugerí

    “Mejor el sábado, recuerda que Juan y Martha irán” Dijo mi esposa, yo tenía en mente que iríamos con ellos el sábado por ello sugerí que fuésemos uno o dos días antes con Sandy.

    “Bueno sí, pero en esa cita no vamos a ir especialmente a la tienda sino a la otra zona” Le recordé.

    “Lo sé, vamos a ir a las cabinas, quizá sea buena idea que Sandy conozca a Juan y Martha” Dijo mi esposa.

    “¿Se van a meter a las cabinas prohibidas que nos contó papa el otro día?” Nos dijo mi hija con cara picara y divertida.

    “Compramos la membresía la última vez que fuimos” Le contesto mi esposa.

    “Muy bien chicos, mientras ustedes entran a divertirse a ese lugar prohibido yo puedo hacer mis compras, y si me gustaría conocer a sus amigos.

    Esa noche al llegar a casa mi esposa y yo volvimos a tener sexo, fue un encuentro salvaje estábamos muy excitados, la idea del próximo encuentro de nuestra hija a los dos nos ponía a tope. Además, había visto el video que me envió Juan varias veces, ver a mi esposa gimiendo en la doble penetración era un estimulante continuo.

    “¡Te quiero ver otra vez como te la meten por todos lados!”

    “¡Siii eso quiero!”

    “¡¿Quieres que te rompan el culo los negros también?!”

    “¡No lo se. pero si quiero una de esas vergas negras adentro!”

    “¡Haa puta quieres esos chocolates!!¡”

    “Siii”

    “Dime que más quieres… ¡Dímelo!”

    “¡Muchas vergas… muchas y que me llenen de leche!”

    “¿Y porque quieres que el sábado vayamos al sex shop y que Sandy se entere que vamos a las cabinas?”

    “¡¡No sé… me parece excitante, quiero que nos vea entrar… quizá ella también se anime y nos acompañe… Cógeme!!”

    Nos corrimos al mismo tiempo. Tenía razón Juan. Myriam ya había pasado a otro nivel, no me sentía seguro de poder controlarla.

    El sábado, acudimos a la tienda para adultos en horas nocturnas, ya que éramos consciente de que este era el horario preferido para las parejas en las cabinas de “glory hole”. Sandy entro a buscar su falda para la reunión, se sentía totalmente ilusionada al descubrir a una pareja de su edad que se describían a sí mismos como liberales. nuestra hija estaba cautivada por vivir la experiencia de interaccionar con un matrimonio joven y abierto a la libertad de sus preferencias sexuales.

    Habíamos citado a Juan y Martha a las 8 y les avise que nos acompañaría nuestra hija para presentárselos. Sandy avanzo delante de nosotros en el centro comercial, su falda corta de mezclilla revelaba un indicio de la piel suave y flexible de sus muslos, era imposible que no llamara la atención. Su comportamiento al caminar era una mezcla de emoción y una oleada de adrenalina sexual. El descubrimiento a un mundo nuevo, libre y excitante.

    Dentro del local, la iluminación tenue y los escaparates repletos de artículos de cuero, lencería provocativa y juguetes eróticos, El olor a cuero y aromas exóticos invadía el ambiente, nos atendió otra chica que no vimos las ultimas veces, en la caja estaba Brian el chico que nos sugirió comprar la membresía para acceso a las cabinas, nos reconoció y saludo con un gesto amable y pícaro.

    Mi hija note que se sentía atrevida, un poquito intimidada quizá por la situación, pero decidida a comprar su atuendo erótico y hacernos compañía.

    Después de elegir su atuendo y el collar que le sugirió mi esposa, llegaron Juan y Martha, mi hija al inicio se cohibió, fue su segundo encuentro con una pareja swinger (técnicamente la tercera contándonos) aun sin participar en alguna reunión; nuestros buenos amigos del lifestyle swinger.

    Le presentamos a nuestra hija “Un gusto Sandy, que no te de pena, somos de confianza” Le dijo Juan tomándole ambas manos paternalmente y sonriendo, Martha se acercó y le dio un tierno beso en la mejilla, suavizando la situación.

    “Gracias por la invitación” Agrego Martha, “Hace rato que no veníamos a este sitio, teníamos unas cuantas cosas en mente para comprar” Dicho eso, se acercan a Brian el cajero y le piden un consolador de la vitrina y, además. “Queremos adquirir la membresía anual, nos la sugirieron nuestros amigos aquí presentes” Dijo Juan.

    “¿En verdad pagaron la membresía?” Pregunto mi hija

    “Si, la vez anterior que venimos tu mama la pago” Le respondí. “Les contamos a Juan y Martha en la última reunión, y queremos echar un vistazo el horario es el adecuado para parejas, vamos a entrar si gustas esperarnos dentro de la tienda o ir a algún lugar del mall, no tardaremos solo será un vistazo”

    “¿Puedo entrar? me gustaría ver de qué se trata” Dijo mi princesa con cara de inocencia.

    “Por supuesto que nos puedes acompañar, te vamos a cuidar hay cada loco en esos lugares” Le respondió Juan

    Pagamos nuestras compras y tomando nuestros artículos con discreción nos conducimos a la sección de las cabinas, que se encontraba al fondo del local, Mi hija tenía rubor en las mejillas, con una sonrisa tímida avanzo a lado mío y de su mama, La curiosidad y la excitación se le podía ver en la cara.

    Las cabinas del Glory Hole, un concepto que ya habíamos experimentado como espectadores en un club swinger de la ciudad, era un cuarto relativamente grande, cerrado y privado, rodeado por un pasillo circular con orificios en la pared, por los que se podían insertar las manos o los genitales para mantener contacto sexual con las personas que entraban al interior del cuarto central o cabina. Por una puerta entraban las mujeres en el caso de la sala hetero.

    “¿Están listos?” Pregunte, todos asintieron con la emoción del desconocimiento.

    Entramos a la cabina, por el lado del pasillo, era un estrello túnel que rodeaba la cabina, iniciaba y terminaba en la puerta de acceso, la iluminación era tenue y se podía escuchar el sonido de las pocas personas que había murmurando, algunos gemidos o hablando en tono bajo, de inmediato me llego el característico olor a sexo mezclado con aromatizante ambiental tan común en orgias en clubs swinger. Las paredes tenían dibujos eróticos que parecían ser la guía de lo que se podía disfrutar allí. A simple vista vi en el cuadrante que nos tocó a 2 hombres observando y masturbándose, después nos enteramos que eran los esposos de dos mujeres que estaban adentro.

    Alrededor de la habitación había orificios para introducir los penes o manos y un cuadro a la altura de la cara para observar lo que adentro sucedía. Las dos esposas se repartían entre 4 miembros erectos que chupaban y lamian al otro extremo de la habitación. Observe a mi hija que estaba a un lado mío y evidentemente se impactó, el hecho de que mirara a hombres con los miembros erectos siendo mamados por las 2 mujeres y tener a un lado a sus dos maridos masturbándose era demasiado impactante.

    “Esto es más fuerte de lo que imagine” Exclamo Sandy nerviosa.

    “Relájate, si no te gusta o te sientes incomoda, puedes salir en cualquier momento hija, no te sientas obligada a permanecer.” Le aseguro Juan, acariciándole los hombros con una sonrisa tranquilizante.

    Sandy con la mirada fija en la escena mordía su labio inferior, para mí un claro signo de excitación y nervios.

    Juan y yo, a su espalda, la observábamos. Se veía muy atractiva en su falda de mezclilla ajustada que acentuaban su cintura y resaltaban sus nalgas. note que Juan no le quitaba la vista de su espalda y culo. El lenguaje corporal de mi hija era seguro, era plenamente consciente del efecto que tiene en quienes la rodean. Habíamos criado a Sandy y Enrique con la mentalidad de que el sexo no era malo, que la exploración era natural y que debía de ser disfrutado. Pero verla ahora, en un entorno tan explícitamente sexual, me causo un extraño sentimiento de orgullo y excitación.

    Mi esposa se había sentado en una banca a nuestra espalda de momento aislándose, me miraba, sabía lo que pensaba, podía leer en mi cara la lujuria que sentía. Se paró y se acercó a mí con gesto preocupado y me susurro al oído “Creo que ya vimos lo suficiente, no queremos que ella se sienta presionada”.

    “Déjala, ella sabe que es lo que quiere, es muy madura, en cuanto se sienta incomoda nos lo comunicara” Le respondí en un susurro.

    Myriam sonrió nerviosa y se alejó encogiéndose de hombros, dando a entender que confiaba en mí y en nuestra hija.

    Sandy continúo observando, sus ojos se desplazaron de un orificio a otro, mirando las caras de placer de las dos desconocidas señoras cuarentonas un poco pasadas de peso que chupaban y daban lengua con verdadera pasión a los miembros que entraban por los orificios o ver la excitante escena de masturbación de sus maridos. La escena se volvió aún más interesante con la entrada de dos jóvenes, uno moreno y musculoso, el otro de cabello rubio y ojos azules, se pararon justo a mi lado derecho.

    No podía evitar sentir mi miembro palpitar más rápido ante la atención que prestaron a mi hija, su mirada se clavaba en su culo y en sus piernas, era obvio que la situación le gustaba a mi hija ya que paraba más las nalgas.

    “¿Cuantas veces has participado en una cabina de Glory Hole?” Me susurro el joven moreno sacándose y estirándose el miembro, su aliento con olor a menta y alcohol me erizó la piel.

    “Es la primera vez que entramos”, respondí con la mirada fija en mi hija protegiéndola de alguna manera de los intrusos.

    “¿La chica viene con ustedes?” Pregunto el rubio.

    “Si, es una “amiga” de mi esposa”, Mentí, “Mi esposa es la que está sentada en la banca”

    “Muy linda tu pareja amigo. ¿Va a entrar a la cabina tu esposa?” Pregunto el moreno.

    “¿Tu esposa? ¿Te gusta ver a tu esposa en estos lugares?” Inquirió el joven rubio.

    “Ella, bueno, somos pareja liberal, swingers al igual que nuestros amigos que nos acompañan, no tenemos problemas al respecto” Respondí con cierta vacilación.

    Mi hija, escucho la conversación y se sonrojo levemente al sentirse incluida en el término de “ser swinger”

    “¿Y qué pasaría si ella quiere unirse a la diversión?” El joven moreno dijo con un tono sugerente mirando a mi hija con lujuria.

    “Ah, ya veríamos… Es su decisión ya es mayor de edad, ella es consciente de antemano de lo que pasa aquí adentro” Le conteste con una sonrisa vacilante.

    Mi esposa se acercó a mi nuevamente y me susurro “¿Podemos irnos ya? Esto me pone cada vez más nerviosa”

    Le di un beso en la mejilla “Solo un rato más, es bueno que ella vea lo que significa un mundo liberal, estoy aquí para guiarla” Le respondí en un susurro inaudible para el resto.

    “¿De verdad, estas seguro?” Me miro con ojos de incredulidad.

    “Ya sabes que soy un buen guía” Le dije con un guiño.

    Mi esposa se acercó a la ventana por la que yo veía y observamos juntos. La escena era más candente de lo que habíamos anticipado. Las dos mujeres, semi desnudas, se turnaban entre las pollas que les ofrecían sus maridos y los dos jóvenes que habían entrado recientemente, ya habían aniquilado a los 4 anteriores que se retiraron en silencio, tenían rastros de semen en pechos y cara.

    Note que Sandy cruzo su mirada con uno de los esposos que la miraba con ojos cargados de lujuria y deseo y le sonreía mientras recibía sexo oral. Ella, sin darse por aludida, se sentó en la banca junto a su mama y comenzó a ajustarse la falda en un acto de pudor, la sentía algo incomoda.

    Juan me llamo para consultarme o pedirme autorización si me parecía bien la idea de que Martha entrara a la cabina, le gustaría mirarla junto a las dos mujeres, pero no quería darle una impresión demasiado fuerte a nuestra hija, lo pensé por un momento y le dije “Amigo, es tu decisión, mi esposa ya quiere que nos retiremos, no te preocupes si desean estar más tiempo, nosotros nos retiraremos”. Myriam y mi hija estaban sentadas en la banca con las piernas cruzadas, se veían muy sexys e inocentes, el chico moreno y el rubio recibían lengua de las señoras dentro del cuarto a través del orificio y miraban en dirección de mis dos mujeres.

    “¿Sabes que es lo que más me gusta de este sitio?” Dijo el joven moreno en voz alta dirigiéndose mi hija sin dejar de moverse para introducir el miembro en la boca de una de las esposas, “Es que no hay reglas, no hay límites, solo la imaginación y el consentimiento”

    “Si, lo sé, mi “amiga” me lo ha contado”, Dijo para mi sorpresa Sandy señalando a su mama, sus mejillas ardían, lo podía ver desde donde yo estaba, “Pero no estoy segura de estar preparada para eso”

    “Tranquila, si no te sientas cómoda, no tienes que participar. Si deseas solo ver también es excitante. Tú tienes el control”, Le dijo a su vez el rubio, su sonrisa era seductora, su acento extranjero le daba un toque de misterio.

    Mi esposa y yo intercambiamos una mirada, se acercó a mi dejando a Sandy sola en la banca.

    “Deberíamos irnos ya” Insistió mi esposa, algo ansiosa.

    “Dale un minuto más, es su decisión” Le dije abrazándola.

    Sandy, sentada en la banca, ya no observaba lo que pasaba adentro de la cabina, movía una pierna encima de la otra un gesto que hace su mama cuando está sumamente excitada.

    Una de las esposas salió a reunirse con su marido, venia totalmente desnuda. Al ver a Sandy en la banca le dijo:

    “¿Te gustaría unirte a nosotras? Están llegando más chicos” Preguntó con la cara y pechos con semen, le entrego la ropa a su esposo y regreso a la cabina.

    Sandy vacilo por un instante, su respiración se aceleró. “Yo… no estoy segura.” Nos dijo a su mama y a mí como si tuviese obligación de hacerlo por el hecho de habernos pedido entrar.

    Martha, se desnudó se llenó de aceite el cuerpo y entrego la ropa a Juan. Con un movimiento fluido, la puerta se abrió y ella, desnuda y con la piel brillante por el aceite que la cubría, se deslizó en la cabina.

    “Hola chicas” Dijo con una sonrisa cautivadora en medio de las dos, “¿Necesitan alguna ayuda?”

    Juan se acercó a mí con la cara enrojecida por la excitación y la respiración jadeante. “Que excitante es esto, vendremos más seguido, tenías razón amigo, ¿Les molesta si me saco el miembro?, Necesito liberarlo” Nos dijo sin importarle que a medio metro atrás estaba sentada nuestra hija.

    “Es tu decisión, disfrútalo. Esto es lo que elegimos.” Le respondí resignado.

    Con la entrada de una nueva pareja más ocho chicos adicionales, la atmósfera del cuarto se empezó a viciar, el olor a excitación, a aceite corporal, perfumes, sudor y semen se combinaron en un ambiente que era a la vez asfixiante y emocionante. Sandy se mantuvo en silencio, observando a las personas que se introducían por el pasillo buscando algún lugar disponible, la curiosidad se apoderó de ella y regreso a mi lado, Myriam le cedió su lugar regresando a la banca, colocándose en medio entre Juan y yo que había metido también su miembro a uno de los orificios.

    Los ojos de mi hija brillaban, cada risa que escuchaba y cada gemido que se filtraba por los agujeros le llamaban la atención, parecía asustada, aturdida.

    Se pegó a mi buscando protección, su respiración se aceleró y su corazón latía fuertemente contra mi pecho. Podía sentir su excitación crecer con cada minuto que pasaba. “Papá, no sé si puedo con esto” Me susurró al oído.

    “¿Te sientes incómoda?” Le dije, “Podemos irnos si quieres.”

    Ella negó con la cabeza. “No, solo me siento un poco nerviosa. Nunca vi antes personas teniendo sexo en vivo.” Me dijo temblando.

    “Eso es lo bueno de ser liberal” le dije con una sonrisa buscando tranquilizarla, “Siempre hay cosas interesantes que descubrir.”

    Mi esposa se acercó nuevamente a nosotros y le susurró al oído “¿Crees que te estemos haciendo daño, cariño?”

    “No” Respondí en lugar de mi hija con confianza, “Ella ya es adulta. Está aquí por su propia voluntad y es consensuado.”

    Mi esposa asintió resignada, su propia excitación era evidente en su rostro, pero no lograba liberarse y también disfrutar ya que a la vez se sentía preocupada. La situación se estaba saliendo de control y se alejó de nuevo a sentarse a la banca acompañada de mi hija a observar cómo más chicos se unían con sus miembros a la cabina, prácticamente todos los espacios estaban ocupados. El aforo del sitio estaba lleno: 25 personas, quienes entraran tendrían que esperar que alguien saliera, eran las reglas de la tienda.

    Martha, era el foco de atención, se movía con la gracia de una bailarina, tomando cada miembro que le ofrecían, acomodándolos con habilidad en su boca o en sus manos los gritos de placer de los hombres se escuchaban en todo el pasillo.

    Mi hija nerviosa se levantó y retomo su posición en la ventana observando a las mujeres, cada movimiento, cada toque, cada sonido que emitían la tenían completamente hipnotizada.

    “¿Papá, crees que algún día… podría probar?” Preguntó Sandy, su duda se notaba en la voz, era un tono que no me era familiar en ella, su timidez se enfrentaba a su intriga.

    Asentí con la boca seca “Si, claro, si tú lo deseas, recuerda que tus tomas tus propias decisiones.”. No estaba preparado realmente para su pregunta.

    Con un respiro profundo, Sandy siguió observando, se mordía los labios, su pecho se hinchaba bajo su delgada blusa.

    “¿Sandy…?” Le dije con calma, “¿Te sientes incómoda?”

    Ella negó con la cabeza, “No, solo… no sé, es… es todo tan… irreal, tan crudo”

    “Lo es, cariño” Le respondió su mama acercándose, “Pero recuerda que estamos aquí para apoyarte. Nunca te forzaremos a nada que no quieras.”

    Mi hija asintió lentamente, y su atención volvió a la escena del interior de la cabina. Los dos chicos que estaban a mi derecha se acercaron a ella, la miraron con ojos llenos de deseo, sus manos moviéndose en sus respectivos penes, se veían ansiosos por que Sandy se les uniera. Ella les sonrío tímidamente sin saber que hacer, y el moreno, el que me hablara anteriormente, se acercó y le dijo:

    “¿Te gustaría estar con nosotros? Seremos cuidadosos” Su tono era suave, seductor. Como si fuese la pregunta más natural del mundo. Estuve a punto de reaccionar, dentro de mí se activó el celo de padre, inexplicablemente no dije nada, estaba en shock.

    Sandy se puso roja, “No, no creo que… ” Le contesto tímidamente, como si por educación fuese la respuesta correcta, vi que Myriam se puso a la defensiva, le hice una seña de que todo estaba bajo control.

    “Venga, solo un poquito, no te vamos a lastimar, será divertido” Dice el rubio con una sonrisa que debería ser encantador, si no estuvieran en la situación más comprometedora y con el miembro erecto en la mano

    Mi hija me miro, buscando respuestas en mi cara, buscando mi protección o aprobación, o alguna indicación de que hacer en una situación así, era nuestra alumna, éramos su guía. No me atreví a dar ni una ni otra. Solo la mire, le di un beso en la mejilla y le susurre, “Solo si te sientes cómoda, si no, no te presiones, sigue tus instintos.” Atine a decirle.

    Mi esposa se levantó de la banca, “¿Podemos ir a tomar aire fresco? Estoy empezando a sentirme un poquito… asfixiada.”. Buscando sin duda una salida a la bizarra situación. Para los chicos ella era una mujer que estaba ahí por voluntad propia, no podrían imaginar que se trataba de nuestra hija, eso hubiese sido de escándalo, ahí fue cuando entre un poco en razón, me estaba dejando llevar por mi excitación.

    Mi esposa me toma del brazo y me susurra, “¿No crees que ya llegamos demasiado lejos?”

    La mire a los ojos, “Nosotros no lo empezamos, recuerda que fue tu idea que viniéramos.”

    Ella asintió acongojada, quizá arrepentida.

    Mientras tanto, Sandy continúo hablando con los chicos, sus manos se movían nerviosamente, tocando sus piernas, su cabello, sus mejillas ardiendo.

    “¿Por qué no te unes a la fiesta?” Dice el moreno, “Podemos ser discretos si lo quieres, tus amigos al parecer tienen su propia diversión.”

    Sandy, que ya se sentía un poquito más confiada, le sonrío y dijo, “Tal vez más adelante… en otra ocasión, en otro lugar”

    Mi esposa y yo, a un costado, la observábamos. Tan hermosa, la luz del neón iluminando sus ojos marrones, su cabello castaño oscuro y lacio cayéndole por los hombros. No podíamos dejar de sentirnos orgullosos de la muñeca que habíamos criado. A sus veintiún años, Sandy era una hermosa y apetitosa jovencita que emanaba una sexualidad innata, que ahora se encontraba en la atención de todos, al parecer se corría la voz entre los hombres del recinto ya que venían a mirarla seguramente advertidos por otros de su belleza y se regresaban a sus posiciones en el pasillo.

    Sus piernas, que se asomaban por debajo de la falda, se movían rítmicamente brillando con la humedad que el ambiente había generado, y su cara, su rostro angelical que se tornaba cada vez más pecaminoso, reflejaba la excitación que la embargaba.

    Continuará.

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  • Casado con Raquel (1)

    Casado con Raquel (1)

    Llevo casado con Raquel casi veinte años, así que no somos precisamente unos niños. Durante este tiempo, he sido cornudo en el sentido más estricto del término. Aparentemente Raquel es conservadora.

    Cuando nos conocimos Raquel tenía mucha más experiencia sexualmente hablando que yo, pero como ella dice fui un alumno aventajado. Si alguien piensa que soy cornudo por alguna incompetencia sexual está totalmente equivocado. Nuestra vida sexual ha sido siempre buena, pero nunca fue suficiente para Raquel. De la misma manera que muchos hombres están felizmente casados, pero son infieles, también hay mujeres que siguen el mismo patrón. Lo sé porque me casé con una.

    Decir que me quedé sorprendido sería quedarse muy corto, pero todo se destapó cuando contraje una enfermedad de transmisión sexual que su amante había pasado a Raquel y ella a mí. Durante más de un año nuestro matrimonio no fue un camino de rosas conforme iba sabiendo más sobre sus infidelidades.

    Por supuesto, estuve tentado a dar nuestra relación por terminada o a tener yo también una aventura, pero no lo hice. Raquel me ama y se siente mal por ser débil, pero es una adicción que no podía cortar.

    Finalmente llegamos a un acuerdo y fuimos a un club de parejas. Estuvimos con otra pareja y, aunque el sexo que yo disfruté con la otra mujer fue muy bueno, el punto de inflexión lo marcó lo que ocurrió posteriormente.

    Habíamos estado en habitaciones separadas. Aunque habíamos estado desnudos todos sólo momentos antes, nos sentamos vestidos con una toalla; y no como matrimonios sino como compañeros de sexo. Su mujer y yo estábamos acurrucados mientras Raquel y el otro marido se abrazaban.

    Hablábamos de lo que había sucedido y si lo encontrábamos excitante. Les confesé que así me lo parecía a mí, pero en el fondo no les pude decir que era lo que quería hacer como norma de vida. Él comentó que su mujer resplandecía y ella se ruborizó al confesar que había disfrutado mucho.

    Su comentario alentó mi ego porque, independientemente de lo que te diga tu infiel mujer, siempre te preguntas si ha sido tu forma de proceder como amante lo que la ha conducido a los brazos de otro hombre.

    Continuamos charlando y acurrucados mientras nos tomábamos una ronda de cervezas. Miré a Raquel y me di cuenta que irradiaba satisfacción, era la expresión que se tiene después de haber disfrutado de un sexo increíblemente bueno.

    Se había cubierto con una toalla de baño pero, mientras fui a por las cervezas, él la había aflojado y dejaba ver sus tetas. Mientras nos hablaba le acariciaba despreocupadamente su teta derecha.

    No recuerdo que me sintiera celoso, sólo tenía fijación de ver cómo jugaba con la teta derecha de mi mujer. Me fijé en su pezón y sentí una erección venir cuando lo acarició entre sus dedos.

    Cuando terminó la cerveza nos dijo que estaba preparado para el segundo asalto. Pensé que se refería a tomarse otra cerveza.

    -Yo también… -Añadió Raquel.

    Empezaron a besarse enfrente de nosotros. Sentí cómo me golpeaba una onda nauseabunda, pero pasó. Me sentí incómodo mirándola y preguntándome si ella y yo debíamos emularlos.

    Fui a besarla, pero era obvio que estaba más interesada en contemplar la acción que se desarrollaba delante de nosotros.

    -Espera, esta es mi parte favorita… Mirar… Abrázame… -Me susurró.

    Así que allí estábamos sentados, mi espalda contra la pared, ella descansando en mí, entre mis piernas, mientras la sostenía en mis brazos y juntos mirábamos a su marido follar a mi mujer.

    Mientras la sostengo ella pone mis manos en sus tetas. Sus pezones estaban duros como rocas. Entonces cogió mi mano izquierda y la llevó entre sus piernas.

    -Acaríciame, por favor… -Me susurró.

    La hice alcanzar varios orgasmos antes que su marido y mi mujer terminaran. Fue increíble ver a mi mujer disfrutar del sexo, aunque difícil de aceptar su entusiasmo por su polla.

    Lo había hecho con condón con su mujer, pero él lo hizo a pelo y cuando se corrió no la sacó; la llenó entera con su semen.

    El primer pensamiento que cruzó mi mente fue preguntarme si acababan de concebir. El segundo qué pasaría si él tuviera alguna enfermedad. En cuanto la sacó Raquel quedó con las piernas abiertas frente a mí y mi compañera sugirió:

    -Vamos… Ve y cómela…

    Era lo que estaba más lejos de mi mente, pero ahora era lo principal. Había estado enamorado del sexo de Raquel desde la primera vez que lo lamí. Él la estaba besando y las piernas de Raquel permanecían abiertas a modo de invitación para cualquiera de los dos. Su mujer continuaba engatusándome.

    -A todas las mujeres les gusta que las coman después de un polvo… Tu lengua la sentirá tan suave. ¿No quieres hacerla sentir bien?

    No me resistí mucho y pronto la estaba lamiendo, pero evitando introducir mi lengua en ella. Mientras comía a Raquel la otra mujer se puso debajo mía y me la chupó. También me animó a introducir mi lengua profundamente y sacar así todo el semen de su marido. Y lo hice. No puedo decir que el sabor del semen me gustara, pero sí los ánimos de mi mujer.

    Raquel se corrió literalmente a chorros unos minutos después mientras, entre gemidos, me decía lo bien que se sentía y que quería que la limpiara de todo el semen que tenía.

    No lo había intentado, pero me había sido imposible correrme hasta que Raquel lo hizo. Una vez que empezó su placer también lo hizo el mío y llené la boca de la mujer con mi semen. En cuanto me dejó seco salió de debajo y plantó su cara en la de Raquel. Ahora veía a mi mujer hacérselo con otra.

    No mucho tiempo después, la mujer se dio la vuelta y plantó su culo en la cara de Raquel. Mi mujer paladeó su primer coño aquella noche y le gustó. Mientras Raquel la comía, ella y yo nos besábamos. Me pidió mirarla mientras se corría.

    Decir que fue caliente se queda corto para describir la escena. Raquel no necesitó mucho tiempo para hacerla correr y a los pocos instantes después éramos cuatro adultos radiantes de felicidad post orgásmica.

    Y no pasó mucho tiempo hasta que primero la mujer, después Raquel y finalmente él me engatusaron para explorar mi propia bisexualidad. Me moría al verme enfrentado a ello. Su mujer no me convenció, pero no pude ignorar a mi propia mujer.

    -Hazlo por mí, por favor… Me has visto comerla a ella… Me excitaría tanto… He fantaseado con ello desde siempre…

    Él me enseñó en mi primera mamada. Como Raquel había dicho, soy un alumno aventajado. Fue mucho más trabajoso que comerse un coño, pero según iba chupando su polla y acariciando su escroto me vi disfrutando del sabor y la textura de su carne.

    Me gustó especialmente cuando él comenzó a sacarla y meterla en mi boca. La introducía por completo hasta que mis labios llegaban a presionar la base de su polla y mi cara se hundía en su vello púbico. Mis glándulas de saliva trabajaban a pleno rendimiento, manteniendo mi boca húmeda como si fuera la vagina de una mujer. Él sostenía mi cabeza con sus manos y podía sentir como su polla crecía.

    Cuando gimió y dejó de moverse llenó mi boca con su caliente semen. Lo tragué sin vacilación y continué chupándosela hasta que la tuvo completamente flácida.

    Cuando terminó me dio las gracias. Le dije que el placer había sido mío. Raquel me atrajo hacia ella y entre calientes besos me dijo lo húmeda que estaba tras haberme visto chupándosela. También comentó lo dura que la tenía.

    Enseguida estábamos follando mientras ellos nos miraban. Ella era una auténtica voyeur, su marido la acarició y acabamos por corrernos los tres juntos. En cuanto me corrí Raquel me urgió a que la comiera nuevamente.

    -Realmente le gusta el semen, ¿verdad? -Oí comentar a la mujer.

    -Siempre supe que le gustaría, sólo necesitaba un empujón… -Raquel le respondió.

    Un par de minutos después Raquel empezó a hablarme mientras la comía.

    -“Dime que te gusta el sabor del semen… Píllalo todo… Límpiame entera… ¿Te gusta lo rico que está?… Te gusta chupar una polla, ¿verdad?”

    Mis respuestas fueron todas afirmativas y Raquel me recompensó con una nueva catarata de sus juegos cuando se corrió.

    Aquella velada supuso un punto de inflexión en nuestro matrimonio. Siempre que hacíamos el amor Raquel sacaba el tema de cómo había chupado una polla y cuánto se había excitado viéndome. Entre medias de los besos, y con su lengua en mi boca, me llevaba a admitir que lo había disfrutado.

    Estaba claro que verme con una polla en mi boca o limpiando su vagina de semen era la mecha que encendía su pasión, pero esos actos no eran suficientes. Raquel necesitaba además mi expresa confesión de que me gustaba chupar una polla y el sabor del semen.

    -“Lo echas de menos… Apuesto a que siempre piensas en el tema… Te gustan las pollas, ¿verdad?”

    Si vacilaba en contestar afirmativamente podía sentir como su pasión empezaba a enfriarse. En una ocasión incluso retiró mi cabeza de entre sus piernas.

    -¿Qué ocurre? -Le pregunté.

    Raquel me confesó que necesitaba oírmelo decir pero…

    -Que suene como que de verdad lo sientes…

    -Sí, y me gusta… ¿No es eso lo suficientemente bueno?

    -¿Lo dices en serio?

    -Sí Raquel, te lo juro… Me gusta.

    -¿Qué te gusta?

    -Ya lo sabes, Raquel… Chupar una polla, el sabor del semen.

    -¿De verdad?

    -Sí, en serio…

    -Estoy tan mojada… Cómeme…

    Y, por supuesto, lo hice.

    Varios meses después Raquel insistió en que volviéramos al club de parejas. Su razón era que volviéramos a encontrarnos con la pareja de la primera ocasión. En realidad, sólo era una estratagema.

    Una vez que llegamos estuvo claro que el ambiente era muy diferente al de la primera vez. El ratio era de una mujer por cada diez hombres.

    Raquel ligó con un chico y se dirigieron a una habitación mientras yo me senté en la barra y tomé una cerveza. Cuando terminó fui a la habitación y me encontré a Raquel acostada en la cama.

    -Cariño, tráeme una cerveza… Y otro hombre.

    Aquella noche siete hombres se acostaron con ella y la velada terminó conmigo entre sus piernas comiéndola. Su sabor era muy fuerte y saturado de semen.

    No podía negar que me excitaba, la imagen de Raquel siendo follada por uno tras otro, aunque nada comparado con la dolorosa erección que experimenté mientras la comía. Duré menos de un minuto en sus paredes de seda y, para mi sorpresa, Raquel no quedó decepcionada por ello.

    Otro cambio había tenido lugar: Con anterioridad a aquella noche nunca había tenido problemas para controlar mi eyaculación. Raquel se corría siempre conmigo, pero ahora parecía obsesionada con que me corriera en el instante que la penetraba para que así pudiera empezar a comerla. No necesitó mucho tiempo para entrenarme en lo que deseaba.

    Por la noche Raquel me preguntaba si quería follar. Mi interpretación era la de hacer el amor, pero me dijo:

    -No, sólo quiero sentirte dentro de mí… No te preocupes por mí, sólo quiero que te corras.

    Con anterioridad el hecho de saber que Raquel estaba disfrutando me permitía aguantar más, ahora en cambio resultó que cada vez me corría más y más rápido. Al final acababa rendido sobre ella, Raquel me abrazaba y comentaba:

    -Eso te ha dado gusto, ¿verdad?

    Le respondía que sí, pero al mismo tiempo me sentía culpable por no haberla hecho llegar al orgasmo.

    -No te preocupes por mí, no me siento con ganas de tener un orgasmo… ¿No sienta bien ser egoísta, no preocuparte por mí?… Sólo conseguir lo que te interesa.

    Admití que así era.

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  • Fue un placer engañar a mi marido

    Fue un placer engañar a mi marido

    Tengo 35 años, puedo orgullosa decir que soy una mujer muy deseada, ya tengo dos hijos y trabajo en unos grandes almacenes, mi marido trabaja en una empresa y vivimos, solo que en la cama no funcionamos como debía de ser. Unas veces yo estoy cansada y otras él, el caso es que se nos pasan días y a veces semanas sin hacer el amor, pero si en casa estoy cansada en el trabajo con tantos hombres se me sube a veces el libido y los ojos se me van tras un paquete u otro.

    Os contaré, lo que ha sucedido esta semana. El súper en el que trabajo tiene un ascensor para subir material o bajar, yo tengo un despachito en el sótano, que comparto con un encargado de almacén, que tiene allí sus papeles de entradas y salidas, la oficinita es bastante estrecha una mesa un armario metálico, dos sillones giratorios y una máquina de escribir, si en determinado momento nos encontramos los dos aquello es muy estrecho y al pasar de un lado al otro es inevitable sufrir algún roce.

    Hay días que no me causan ningún efecto, pero hay otros en que me ponen tan nerviosa, que me hacen pensar en lo bueno que sería en que el roce fuera más duradero y profundo y claro estos pensamientos en un hombre deben de ser iguales, ya que las miradas a veces dicen cómeme y en especial cuando yo llevo varios días sin tener el normal desahogo con mi hombre.

    El lunes pasado yo en lugar de ponerme de espaldas al pasar el al otro lado de la mesa, como solía hacer siempre, con lo cual sentía su paquete en mi trasero, me quede de frente y lo que se rozaron fueron nuestros frentes, cosa que el medio en broma medio en serio, aprovecho para darme un beso en los labios y decirme “perdona es que estas muy apetitosa”.

    Sonreí y le deje pasar, no sin antes notar que el paquete de él se había agrandado de repente y note su apretón contra mi pubis, solo duró un segundo, pero fue lo suficiente para que yo sintiera un derrame en mis genitales que me hizo pensar que me había orinado en mis bragas y esta sensación fue tan fuerte que tuve que ir al rato al servicio, para analizar que me había pasado y secarme, ya que sentía toda húmeda y efectivamente así era por lo que me quite las bragas y en el lavabo les di una enjuagada, para ponerlas a secar y no llevar eso, que además de ser molesto podría producir olor desagradable en un cuartito tan pequeño como mi oficinita.

    No tardo en regresar de nuevo y sonriéndome me dijo que el besito de antes le había puesto a mil y me señalo su bulto, que en realidad se veía a la larga enorme, mientras añadía, “tendré que quedarme aquí pues no puedo circular por el almacén de esa manera”. Le dije, “y ¿no te puedes arreglar tu solito? Yo no he tenido la culpa, además tú no sabes como estaré yo, por el mismo motivo”.

    No tardó en captar, lo que en realidad era una invitación a hacer el amor, y él fue quien lanzó la idea. “¿Qué te parece si vamos a revisar unas mantas que acaban de llegar y me ayudas a contarlas?”.

    Deja una nota por si nos buscan, con cualquier excusa y nos ayudamos, Tome un cartelito que ya tenía a mano para otra emergencia y lo coloque en la ventanilla, diciendo que volvería pronto, y le seguí. ¡Mi corazón palpitaba a mil por hora y me ahogaba! ¡Dios estaba dispuesta a ponerle los cuernos a mi marido!

    Llegamos al rincón más oscuro del almacén y ya me tomo por los hombros y comenzó a besarme, y yo a corresponderle mientras se sacaba su enorme pene y tomando mi mano hizo que se lo apretara mientras se llevó la gran sorpresa de, al meter la mano por debajo de mi falda notó mi peludo chochito sin bragas y sin más me empujó hacia el monton de paquetes de mantas que estaban para contar según él, no tardo en buscar la entrada de mi coñito y poner su pene en ella lo restregó varias veces por mi rajita ya de nuevo enormemente húmeda y note como me entraba.

    Era mucho más gorda que la de mi marido eso lo puede comprobar enseguida por el dolor que me estaba produciendo su entrada en cuanto estuvo dentro, sus manos se metieron por mi blusa y agarraron mis senos por encima del sostén, que ya estaban ansiosos de ser chupados y acariciados, pero, no me dio mucho tiempo, su bombear me llevo enseguida al orgasmo y tuve que contenerme para no gritar entre el dolor y el placer, y sentí sus chorros entrar dentro de mí, él se quiso retirar y yo no quería perderlo y le advertí que no tuviera miedo que yo tomaba mi píldora y no teníamos que precipitarnos lo que sirvió para que aumentara sus envites y de nuevo note que me venía otro orgasmo.

    No sé el tiempo que estuvimos haciendo el amor, pero si me di cuenta que aquello no podía seguir así que lo dejamos, nos separamos y yo volví a mi oficinita, descolgué el cartel que explicaba mi ausencia y colgué uno nuevo que decía que estaba en el servicio, donde fui y ya mis braguitas estaban secas, me lave lo que pude y me volvieron a entrar escalofríos solo el tocarme pero una sonrisa iluminaba mi rostro y una enorme satisfacción inundaba mi cuerpo y me pregunte que como seguiría esto ya que habíamos abierto ambos la puerta a algo que pudiera cambiar nuestras vida, si no lo controlábamos y así lo decidí, mientras me enfundaba en mis braguitas ya secas.

    Hablaría con él y si me necesitaba o yo quería tenerlo le diría que en el trabajo no más que si otra vez lo necesitábamos que debía buscar un nido para hacer el amor fuera de cualquier mirada y con la tranquilidad requerida. Con esa idea volví al trabajo, nos cruzamos muchas veces durante el resto del día y cada vez yo sentía un placer interno y recordaba con gusto aquellas entradas y aquellos besos sobre las mantas del almacén. Estaba segura de que había sido la primera vez pero que volveríamos a disfrutar del sexo en una nueva ocasión.

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  • Mi hijo el stripper (1 de 3)

    Mi hijo el stripper (1 de 3)

    Buenas, me presento, me llamo Esperanza y tengo 48 años, complexión media, ni delgada ni gruesa, soy bastante alta ya que mido 1 metro 75 cm, rubia teñida y grande pechos, lo que más me gusta de mi son mis manos y mis uñas, de hecho, trabajo en un centro de estética y belleza haciendo manicuras.

    Todo ocurrió la semana pasada, os cuento, era sábado por la noche y nos reunimos mis amigas Juani de 52 años, delgada, no muy agraciada con una nariz aguileña, Rosi de 55 años, bastante gruesa, seguramente sobrepasase los 100 Kg y mi hermana Yoli de 50 años, también bastante alta, aunque más gorda que yo, bastante más y el pelo teñido de moreno.

    Como muchos fines de semana nos reuníamos para charlar, echar una partida de cartas y tomarnos algo, éramos todas separadas o divorciadas, esa noche mi hijo Manuel, de 18 años llegó a casa. Manuel siempre levantaba expectativa porque era un chico muy atlético, de metro 90 cm, musculado y apuesto, apenas había hecho los 18 años hacía tres meses, aún tenía esa cara de niño.

    –Hola mamá, hola compañía, hoy me quedo en mi cuarto viendo una peli.

    –Hola cariño, ¿dime hoy no sales?

    –No mamá… hoy no hay curro al final, se ha anulado.

    –¿Curro? Ahhh, tranquilo hijo que estamos en familia, puedes hablar con libertad, ¿te refieres a eso que haces de stripper no?

    –¿No me digas Manuelito, que eres estripper? Dijo la tía Yoli.

    –Si tita, ya soy mayor de edad y es una buena entrada que me viene bien para la universidad, para mi es un trabajo como otro cualquiera.

    –Vaya con el niño –dijeron Juani y Rosi– ¿y donde trabajas?

    –jaja, no en serio, es un trabajo y me lo tomo muy en serio, para mi es trabajo, apenas llevo unas semanas, ahora que soy adulto puedo hacerlo.

    –Bueno hijo tu sabrás –dijo su madre– ve tranquilo a tu cuarto a descansar.

    –Oye Manuelito –pregunto su tía Yoli– ¿y dime hoy que tenías?

    –Una despedida de soltera.

    –¿Y tu exactamente qué haces?

    –Tranqui tía, que no me hacen nada, según lo que pagan hago una cosa u otra, pero nunca realizo el acto sexual.

    –No follas –dijo Rosi.

    –Que bestia que eres Rosi –dijo la madre.

    –No Rosi, nunca follo, me dejo tocar, hago el show y ya está, pero a esos extremos no llego, es un trabajo honrado.

    –¿Y que tarifas son esas? Pregunto Juani

    –Pues con 150 euros hago un show de baile y strip–tease, y por 300 euros ya me desnudo del todo y por 400 me pueden tocar el miembro y jugar con él, etc.

    –Joder –dijo Rosi la gordita– ¿y a nosotras no nos harías un precio especial?

    –¿Oyeee Rosi, que te pasa? –Dijo la madre– ¿estás loca?

    –Ay mamá –dijo Manuel– no seas tonta.

    –Va en serio –dijo la tia Yoli– dime Manuel, tú nos harías un show de esos o te da corte que estemos tu madre y yo aquí, o que seamos unas viejas jajaja.

    –A mí no me da corte alguno, bueno mi madre puede que sí, pero yo me lo tomo muy enserio, me bloqueo cuando tengo que actuar y sólo pienso en hacer el trabajo lo más profesionalmente que pueda.

    –¿En serio que no te daría corte?

    –Que no de verdad.

    –¿Pero a tu madre le podrías hacer el show también? Es tu madre –dijo Juani la más feilla.

    –Juani por favor – ijo la madre

    –A ver mi madre es mi madre, pero yo soy un profesional, no la vería como mi madre, me bloqueo y ya está, además, nunca me paso tanto.

    –¿Y exactamente que se te puede hacer por los 400 euros? –dijo su tía Yoli

    –Todo lo que se quiera, yo me dejo hacer de todo siempre que no tenga que follar claro, hago todo lo que queráis menos follar, una vez he cobrado no me niego a nada, eso lo pongo por contrato y doy mi palabra.

    –Y por ser nosotras no nos lo harías gratis el show –dijo Rosi

    –Jajaja, tampoco hay que pasarse, –respondió Manuel– para mi es un trabajo, pero mira, por ser vosotras y por sacarme una pasta, os hago precio super especial, os lo dejo todo por 150 euros, en vez de 400.

    –Bueno –dijo Rosi– pero 150 euros es muy caro todavía para nosotras.

    –Por menos no hago nada chicas.

    –Un momento, un momento –dijo Esperanza– que es mi hijo atajo de salidas.

    –Ayyy por favor hermanita, como el niño dice, es un trabajo, no te pases que también es mi sobrino, mira nene te damos los 150 euros y yo te doy 30 más para que te portes mejor conmigo jajaja.

    –Ay tía como eres.

    –Nada nada, aquí se habla de profesionalidad, y yo soy una cliente.

    –No sé, no me gusta mucho la idea –dijo Esperanza.

    –Tranquila mamá que para mí es un trabajo, ni siquiera pensare que eres mi madre, ya verás, no me veas como tu hijo, mírame como un stripper que hace su show y la pasta la necesito.

    –Ok de acuerdo.

    –Pues ahora vengo que voy a cambiarme de ropa.

    Las cuatro señoras continuaron tomando algo y hablando del tema, el caso es que era un poco violento, por un lado, Esperanza la madre estaba nerviosa y la tía Yoli algo también pero no tanto, Juani que era muy fea lo veía como una oportunidad de ver un tío bueno desnudo y quien sabe y Rosi la gruesa estaba muy salida.

    –A la media hora apareció Manuel vestido de cuero, puso música y empezó a bailar y moverse, iba una por una, tocándolas por los hombros, las espaldas, se sentaba en sus rodillas y frotaba su espalda en los pechos de ellas. Las mujeres no paraban de reír, decirse mira mira, de señalar.

    Manuel se quitó la parte de arriba dejando al descubierto un pecho musculoso y rasurado y unas abdominales de tableta de chocolate, se sentó en las rodillas de Rosi la gorda y Rosi empezó a manosearlo por el pecho, Manuel se dejaba, subía los brazos y Rosi tocaba y tocaba, Juani la feilla alargó el brazo y toco directamente el paquete de Manuel, se rieron todas jajaja.

    Manuel se levantó y fue lentamente, muy lentamente hacia su tía Yoli, ella estaba roja como un tomate, con sus 50 años y estaba en esta situación, Manuel le puso una pierna encima, copio la mano de su tía y empezó a pasarla por su pierna y depuse por su pecho.

    –Joder sobrino, que soy tu tía jajaja, no me pongas así.

    –¡Guau! –decían Rosi y Juani– ¡estás buenísimo carbón!

    Entonces Manuel fue a su madre riéndose y cantando la canción que sonaba, copio las manos de su madre y empezó a desabrocharse los pantalones con ellas, los botones laterales de las piernas.

    –Ay Dios mío Manuel, que no se si he hecho bien.

    –Calla hermana joder y empezó a manosear el trasero de su sobrino con ansia.

    Manuel se apartó, se puso en medio y de un movimiento se quitó los pantalones y se quedó en calzoncillos.

    –Ven ven Manuelito –dijo Rosi– ven…

    Manuelito fue y empezó a rozarse con Rosi, la levantó y se pusieron a bailar juntos. Rosi empezó a manosearlo por el pecho, la espalda, y Manuel cogió una mano de Rosi y la bajó hasta el ombligo… se paró, sonrió y metió la mano de Rosi en su paquete. Todas se quedaron mudas. Manuel continuó bailando con los brazos levantados mientras Rosi manoseaba el paquete de Manuel y acto seguido Manuel se quitó los calzoncillos quedándose en un minusculosísimo tanga, y se apartó. El bulto dentro del tanga era espectacular, las tenia a las cuatro mudas, su madre se tapaba los ojos.

    Manuel se retiró unos pasos y agarró una bandera de UK, se la puso por la cintura y en varios movimientos sexys se agachó y se quitó el tanga, quedando cubierto sólo con la bandera y empezando a mover la cintura de atrás adelante notándose los movimiento del pene, que se intuía enorme.

    Las mujeres estaban desatadas, sobre todo Rosi y Juani, y Yoli en camino.

    Manuel se acercó a las cuatro bailando, tocó a su madre que se reía, a su tía que alargó el brazo para tocarle el culo y a Rosi que directamente metió la mano debajo de la bandera y agarró el pollón de Manuel.

    –¡Joder, es enorme! –Dijo gritando

    Entonces Juani hizo lo mismo apartando a su amiga

    –¡La leche Espe, tu hijo se gasta un pistolón que es un cañón! Es enorme joder, y que caliente, y oye, está creciendo… venga Espe tócala que vas a flipar.

    –Pero que dices mujer, yo bastante hago con estar aquí con vosotras salidas, pero que es mi hijo…

    –Venga Manuel, demuestra lo profesional que eres –dijo Rosi–. Ve a tu madre que toque algo de carne.

    Manuel ni se lo pensó, la verdad es que el tío se tomaba su trabajo en serio, no lo veía como placer, le iba ese morbillo de calentar a las mujeres. Entonces se acercó y mientras todas gritaban y aplaudían, Esperanza se tapaba los ojos, la cara, estaba como un tomate y se negaba. Entonces Yoli, la tía de Manuel se acercó.

    –Venga hermanita, te digo que es mi sobrino y todo lo que quieras, pero yo voy a agarrar esa tranca que tiene, hemos pagado ¿no?

    –Pero Yoli hermana, que hacemos, estamos locas, es mi hijo y tu sobrino, ¿por qué no nos conformamos con mirar y ya está?

    –No no, Espe… –Y acto seguido agarró por debajo de la bandera el miembro de su sobrino.– Dios santo hermana, menudo armatoste se gasta el niño este, ven agarra.

    –Que no loca, que eres una loca.

    –Pues agárralo por fuera de la bandera andaaa, pero no te quedes con las ganas que de verdad es enorme.

    Entonces Esperanza acercó la mano poco a poco, las demás vitoreaban sin parar, ella cuando estuvo a 2 cm del aparato, apartó la mirada y entonces agarró la polla de su hijo por fuera…

    –Vivaaa… viva la Espe, menuda guarra jajaja, –dijeron todas– no la sueltes no la sueltes.

    Manuel comenzó a bailar con la polla en la mano de su madre y soltó el enganche de la bandera quedando esta entre la mano de Esperanza y a polla.

    –Es enorme o no la polla del niño –dijo Yoli

    –Si si la verdad es que es grande.

    –Pues anda suelta y así la vemos. –La soltó y quedó una polla de unos 20 cm sin trempar, completamente rasurada y muy gruesa.

    –Pero que pollaaa, –decían todas menos la madre y empezaron a gritar como locas a Manuel.

    Manuel iba paseándose con todas, ahora completamente desnudo, iba bailando, dejándose tocar por unas, por otras, copio un poco de aceite corporal y fue hacia Rosi la gorda de 55 años, se puso aceite por el cuerpo y Rosi empezó a manosearlo, llegando al pene, y tocándolo como un posesa.

    –Pero que polla tiene madre mía, que polla, toca toca Juani, ya que nunca ligas, aprovecha, –y Juani la agarró y empezó a masturbar sin parar.

    –Hay que ver como os estáis portando briboncillas, no os quejareis del precio ¿eh? –dijo Manuel.

    –Anda Manuelito, calienta a tu tía jajaja –dijo Juani.

    Manuel se acercó a su tía, agarró las manos de ella y las empezó a manejar por todo su cuerpo, las manejaba hasta el pene y justo antes de tocarlo las desviaba.

    –Que cabrón que eres sobrino jajaja

    –¿Quieres el palito de tu sobrino tita? Si seguro… –Y entonces se lo puso a dos cm de su cara…

    –Quita eso que no respondo Manuelito…

    –A ¿nooo? –Y se sentó en su rodillas, y puso las dos manos de su tía en su polla y se dejó masturbar por ella largo rato.

    –Ahora la madre, ahora la madre, –dijeron Rosi y Juani.

    –¿Te atreves Manuel con tu madre? –dijo Yoli–. Qué coño pregunto, hemos pagado, anda muchachote que queremos ver cómo te soba tu madre.

    –Estáis locas que yo paso, –pero Manuel ya estaba acosando a su madre, ella no se dejaba, pero Manuel se acercaba, le tocaba la espalda, las piernas, en eso que se apretó a su madre que ya estaba levantada y agarró sus manos, con sus uñas largas y bonitas. Y se las puso en las nalgas relucientes por el aceite.

    –Venga el culo y ya está ¿eh? –Decía ella.

    –No no no –dijo Juani– Manuel ponte entre tu tía y tu madre.

    Manuel se puso entre ellas, ellas estaban sentadas y él de pie, junto las cabezas de las dos, tocando cada una con sus cachetes el pollón de Manuel.

    –Ayyy dios miooo Yoli que te mato –dijo Espe.

    Juani hozo una foto, no se resistió y Rosi, agarro la mano de Esperanza que estaba con la guardia baja y la puso en la polla de Manuel, se quedó loca Esperanza, pero no la soltó.

    –La verdad es que la tienes gigante mi niño, ¿de verdad que no te molesta que yo esté aquí?

    –Mamá… Que estoy trabajando, no me cortes el rollo, estoy trabajando y eres una más, te veo como una clienta a la que la he de calentar, nada más, tu déjate llevar, no pienses que soy tu hijo, yo no pienso que eres mi madre, y te haría lo mismo a ti que a cualquier clienta.

    –¿Lo mismo? –Dijo ella.

    –Si lo mismo, yo nunca follo, pero llego lejos y voy a hacer todo lo que digáis por lo que habéis pagado, por eso me dejo tocar… y basta de chachara, eres una más.

    –Muy bien, soy una más, fuera chicas, ¡ala que pollón que tiene el niñooo! –Gritó Esperanza. Y comenzó a masturbarlo mientras le tocaba el culo. Yoli también empezó a besar el culo de Manuel e intentaba tocarle la polla.

    Rosi pilló un bote de nata pastelera y dijo…

    –Tengo hambre, anda Manuelito, que nos vas a dar nata de comer a todas.

    Manuel se rio, agarró la nata y se la puso a lo largo de la polla. Puso la polla delante de Rosi y esta lamió la nata por toda la polla, repitió con Juani la fea y esta no solo la lamió, sino que se la metió dentro de la boca, todas rieron. Manuel fue a su tía y a su madre.

    Se puso más nata y la acercó a la boca de su tía, esta abrió la boca y se metió toda la polla dentro y estuvo lamiendo un largo rato.

    –Joder Espe, no me lo puedo creer, que polla tiene tu hijo. –La polla de Manuel ya había crecido algo y se estaba poniendo durita.

    –A ver chavalillo, que yo también quiero nata, que tengo hambre.

    Manuel se puso el miembro de nata y su madre agarró la polla, miró a sus amigas que estaban locas en casi estado de shock y lamió la los bordes del pene, no se lo metió, sólo lamio y se metió un poco el glande de la polla de su hijo.

    El espectáculo continuó por estos derroteros, bailaban todos en la sala y las mujeres le iban tocando la polla, lo aceitaban, le ponían nata y lo lamían por todo el cuerpo, Manuel también la puso tumbadas en el suelo y haciendo flexiones iba metiendo la polla en cada una de las bocas, cuando le tocó a su madre, las chicas pidieron una pausa.

    –Venga Manuel a ver cuántas flexiones haces y tu Espe intenta que el niño trempe o se corra jajaja… si lo consigues te pagamos todas 200 euros y si Manuel hace más de 100, entonces le pagamos a él los 200.

    Y así Manuel empezó a hacer flexiones y Esperanza a lamer como podía la polla de su hijo, cada vez que la tenía dentro intentaba lamerla, pero era muy poco tiempo. Cuando llevaba 60 flexiones Manuel ya estaba muy cansado y reposó un poco, en ese momento tenía la polla dentro de la boca de su madre y esta aprovechaba para lamer como una loca… al final Manuel se rindió y se tumbó en el suelo.

    –Chicas ya no puedo más, habéis ganado, haced lo que queráis mientras yo sigo tumbado.

    –tienes una polla gigante mamonazo, anda Yoli continúa chupando a ver si logramos que se corra este cabrón. –dijo Esperanza.

    Rosi con lo gorda que estaba, se quitó las bragas y puso su coño en la cara de Manuel… chupa cabrón. Manuel ni dijo nada y empezó a practicar el cunnilingus a Rosi, daba un poco de asco porque apestaba, pero continuó haciéndolo, mientras lo practicaba, Juani la fea comenzó a practicarle un beso negro a Manuel y este se trempó…

    Mira Esperanza, tu hijo se ha tremolado… –Yoli se quitó las bragas y se sentó en la polla de su sobrino y comenzó a cabalgarlo como una loca.

    –¡Pero que loca Yoli, te lo estás follando!

    –Venga Espe ¿tu no quieres?

    –No se mujer, estoy caliente, pero es mi hijo, me apetece mucho la verdad, pero no sé…

    –Mira Espe so cerda, quítate las bragas de una puta vez –le dijo Rosi– ya me he corrido dos veces en la boca de tu hijo, está medio desmayado, ven que te va a chupar el coño.

    –Bueno de acuerdo, a eso si me atrevo.

    Rosi se apartó, sentó a Esperanza en la boca de su hijo, que estaba super mojada y dijo:

    –Manuel haz que se corra esta puta por lo menos tres veces.

    Manuel comió el coño de su madre y esta no paraba de correrse, al final las cuatro lo levantaron, tenía la polla tiesa como un tronco, mediría unos 25 cm y era gordísima, Juani la fea le metió un dedo en el culo y empezó a masturbarlo.

    –Me voy a correr joder, me voy a correr…

    –Espera Manuel, no te corras que echamos a suertes en la boca de quien te corres, vale, di un número, el 3… ¡Joder Esperanza te ha tocado!

    –¿A mí? Pero bueno, ¿me voy a tragar el semen de mi hijo?

    Manuel ya no aguantaba…

    –Bueno mami, lo quieres o se lo doy a otra.

    –No no dame dame… –se metió la polla en la boca y empezó lamerlo, Manuel empezó a bombear leche sin parar, casi se le salía de la boca. Manuel tubo su polla largo tiempo en la boca de su madre, la sacó y Esperanza la abrió para que todas viesen el semen y como se lo tragaba.

    –Ha estado estupendo chico, la verdad –repetían todas. Yoli se agachó y continuó chupando la polla de su sobrino– Manuelito, Manuelito, estoy muy cachonda, ¿no podrías darme leche a mi también?

    Manuel se masturbó todo lo rápido que pudo y se corrió en la boca de su tía también.

    –Bueno chicas, espero que os haya gustado el show, si otro día queréis ya sabéis, pero la verdad es que os habéis pasado un poquito para lo poco que pagáis..

    –¿Y dices que nunca follas? –Dijo Juani

    –No nunca, vamos que los shows son shows, pero no se folla.

    –¿Y por más pasta? –dijo Yoli

    –Bueno es que follar follar, a ver, eres mi tía y mi madre, a Juani y Rosi aún podría hacer algo, llegar más lejos por más pasta, eso habría que estudiarlo.

    –Pues nosotras dos, Rosi y Juani te vamos a pagar lo que sea por otro show, pero que se folle.

    –Nosotras también iremos –dijo Yoli

    –No se –dijo Esperanza– ya me he pasado bastante hoy.

    –No que a mí el que me toquen la polla, me la chupen, entra en el show, pero follar con mi madre y mi tía no.

    –¿Y si viene y solo participan hasta que llegue el momento y luego sólo miran?

    –Bueno eso sería cuestión de hablarlo, pero podría ser que sí.

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  • Desinhibida con su amigo (parte 1)

    Desinhibida con su amigo (parte 1)

    Hace unos meses estaba buscando algo en mi portátil, tenía abierto el WhatsApp y me llego un link para poder ver un partido de futsal, el link me envió al Facebook, como no tengo acceso directo en mi portátil me aparecieron los datos de mi esposa, oprimí ingresar y efectivamente ingreso al perfil de ella, como estaba ocupado me dediqué solo a escuchar el partido, mi esposa se fue para el gimnasio y quedé solo en casa, aproveché para hablar tranquilamente con algunas amigas, mientras estaba en eso recordé que tenía abierto el Facebook de mi esposa.

    Hacía mucho tiempo no revisaba su perfil, abrí su chat y al comienzo no encontré nada raro, se me ocurrió buscar en mensajes más antiguos, me fui a junio de 2018 que fue la fecha donde nos separamos con mi esposa, lentamente revisé cada conversación tanto con amigas como con amigos, en junio solo estaba de relevante la conversación con unos de sus examantes que les compartí en un relato anterior, en julio uno que otro coqueteo con algunos, el miércoles agosto 8 apareció un mensaje así:

    FerLu: Hola linda

    Nena: Lindo, ¿cómo amaneciste?

    FerLu: feliz, después de pasar una noche tan especial contigo

    Nena: ¿te gusto?

    FerLu: por supuesto, y espero que hoy completemos

    Nena: claro que si bebé, hoy tenemos más tiempo, podemos hacer todo lo que te imagines

    FerLu: ¿Dónde nos vemos hoy linda?

    Nena: lindo, ¿te parece si vienes a mi trabajo y de aquí salimos?

    FerLu: Ok bebé, nos vemos más tarde, besos

    Nena: bye lindo, picos

    jueves 9 de agosto 2018.

    FerLu: Hola, ¿mucho guayabo bebé?

    Nena: lindo, ¿Cómo amaneciste?

    Nena: siii amor, tomamos bastante

    FerLu: ¿te dijeron algo en tu casa?

    Nena: no amor, pues hasta ahora nada

    FerLu: ¿y las marcas?

    Nena: loco, claro hoy que me duché me las vi, tengo unas grandes en los senos y en la entrepierna

    FerLu: y hoy te hago más

    FerLu: que rico te calientas tomada

    Nena: me tenías en mi clímax, me vine muchísimo

    FerLu: me duele la pelvis, eres muy insaciable, ese control remoto se debe haber dañado.

    Nena: jajaja

    Nena: a eso salimos amor, a divertirnos

    FerLu: tienes un cuerpo muy hermoso, verte disfrutar mi verga es una experiencia única, el mejor polvo de mi vida has sido tú

    Nena: lindo, yo te lo dije, mientras este contigo soy tuya, toda tuya

    FerLu: ¿siempre eres así de fogosa?

    Nena: trato, pero en ocasiones las circunstancias no lo permiten, pero me entrego por completo

    FerLu: me quedaste debiendo la rusa

    Nena: ay amor, pero tú te dedicaste a mi culito, pero ahora te la hago

    FerLu: nooo, pero es que a mi edad no es normal tener una mujer como tú a mi disposición y mucho menos que me entregué su culo, a las de mi edad no les gusta, y poder hacer con el tuyo lo que quise, no podía desaprovechar

    Nena: goloso

    Nena: ¿pero ya lo habías hecho?

    FerLu: una vez completo e intentamos otra, pero por el dolor no aguanto la nena

    Nena: ¿con la misma chica?

    FerLu: con mi ex y con una prima

    Nena: lindo, tengo que trabajar, te espero a las 4 pm, i love you

    FerLu: ok amor, besos

    Viernes 10 de agosto de 2018.

    Nena: precioso, ¿cómo amaneciste?

    FerLu: agotado, deslechado, enguayabado, pero feliz, que noche tan espectacular

    FerLu: te veías preciosa con esa ropa anoche, estaba acostumbrado a verte solo con tus uniformes, pero te luce todo, todos en ese bar no dejaban de mirarte, creo que nos excedimos con el manoseo en la pista de baile, no le temes a nada

    Nena: estos 3 días me he sentido feliz, he disfrutado cada momento, anoche coloque más atención a tus gestos cuando me hacías el amor, me encanto ver cómo me deseas, como disfrutas de mí, como te preocupas por hacerme sentir bien, gracias precioso.

    Nena: yo quería chupártela por debajo de la mesa, pero había mucha gente, pero no me quede con las ganas de masturbarte y tragarme tu leche en ese sitio

    FerLu: me pasé un poco de copas, me disculpas si fui muy atrevido contigo, pero es que es imposible contenerse contigo, eres una tentación muy grande

    Nena: nooo amor, estuviste a la altura de la situación, lo normal de una excitación por el sexo y el licor.

    FerLu: bella, una pregunta

    Nena: la que quieras lindo

    FerLu: ya te han hecho tríos, ¿cierto?

    Nena: jajaja

    Nena: En que se me nota

    FerLu: anoche cuando estábamos en el jacuzzi yo te estaba penetrando por detrás y tú te metías toda la mano por delante, estabas súper excitada, lo digo por eso

    Nena: Ay amor, es que la he pasado muy bien contigo, me pones como loca

    Nena: Lindo, pues la verdad si he hecho tríos.

    FerLu: ¿cuántos? ¿de qué tipo?

    Nena: MHM 2 veces, HMH 2 veces

    FerLu: con todos los juguetes

    Nena: ¿Cómo así?

    FerLu: ¿hiciste de todo? ¿te hicieron de todo?

    Nena: en los HMH la verdad si me entregué por completo, yo no hice mucho, ellos fueron los que disfrutaron de mí.

    FerLu: ¿doble penetración?

    Nena: siii, fue súper dolorosa, sobre todo la primera vez, y no me podía oponer, se me hizo eterna, la segunda vez la maneje mejor, pero no la disfrute.

    FerLu: o sea que no fueron los mismos

    Nena: nooo, entre uno y otro hubo como 2 años de diferencia

    FerLu: ¿y en los MHM?

    Nena: la primera vez solo me bese en la boca y acaricie los senos y el clítoris de la nena, la segunda vez si me bese en la boca, le bese los senos y dedie a mi amiga por delante y por detrás.

    FerLu: ¿Cuál te gusto más, con hombres o con mujeres?

    Nena: pues el primero con hombres y el segundo con mujeres

    Nena: ¿quieres ver el que hice con mi amiga?

    FerLu: por supuesto

    Mi esposa le envía un video, lastimosamente no estaba disponible por el tiempo

    FerLu: uy que man tan de buenas, te ves hermosa con ese bikini naranja, tu amiga y tú se parecen mucho, pero tú eres más linda.

    FerLu: ¿Dónde es eso?

    Nena: en una cabaña en una playa, estuvimos los 3, 2 días en ese sitio, edwin se turnaba con cada una y la última noche, bebidos hicimos el trio.

    FerLu: son los 8 minutos más excitantes que he visto, como te mueves de rico, tu amiga te chupa las tetas delicioso, que envidia.

    Nena: amor ven y vamos a almorzar a un lugar campestre, ahí podemos amarnos un rato al aire libre.

    FerLu: ok linda, a las 12 llego

    Nena: lindo ¿tú sabes conducir carro?

    FerLu: si claro

    Nena: quiero hacer algo para ti, te espero amor, besos

    FerLu: espero que me los des en persona

    Continuará.

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  • Mi primer relato

    Mi primer relato

    Hola, soy nueva contando este tipo de relatos, pero tengo la necesidad de escribir lo que últimamente no sale de mi mente, quisiera leer algunas opiniones pues tal vez ante los ojos de muchos de ustedes esto es algo muy depravado y enfermo.

    En la actualidad tengo a mi pareja oficial de dicho qué conocen en mi familia, pero no me llena y no sabe cómo lograr satisfacerse, para él soy una muñeca de aparador solo mirar y no tocar.

    Yo me estaba ahogando pues soy una mujer extremadamente caliente, apasionada considero que soy una ninfómana y eso me lo ha dejado muy claro la persona que tengo a mi lado mi pareja que se oculta en las sombras, la persona con la que he descubierto muchas fantasías sexuales con la que soy yo misma, no debo fingir nada.

    El hombre que me estremece y pone a temblar mi cuerpo de tan delicioso placer me ha dado las mejores cogidas de toda mi vida. Me revienta tan delicioso el culo y mi puchita me deja tan adolorida.

    Pero bueno quiero contarles que ahora siento la necesidad de pasar a otro nivel con él, deseo tanto verlo coger con otra mujer, pero tengo miedo de que lo hagamos y mi corazón colapse pues él es muy importante en mi vida. Pero aun así muero por ponerle un culo a su merced, sé que él lo disfrutará mucho pues a mí me llaman la atención las chicas y eso a él le gusta sus ganas por verme tijereando con otra puchita hará que su verga reviente y se ponga venosa.

    Tenemos en la mira a su jefa una mujer de 26 años con unas tetas enormes casi tocan su ombligo, pero eso no me quita las ganas de estarle mamando sus tetas enormes. A mi macho tampoco le disgusta y ahora estamos tratando de cazar a esa zorrita con piel de oveja tenemos un plan muy depravado con ella. Pero la señorita aún no cae en la trampa.

    Bueno bueno hasta ahí mi contexto quiero saber que piensan estoy enferma por querer que mi hombre se coja a otra mientras yo lo miro y disfruto de tan delicioso encuentro… Los leo.

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