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  • Se la chupé en la banca de un parque (1)

    Se la chupé en la banca de un parque (1)

    Esta es la historia de la primera y única vez que he dado una mamada.

    Esto pasó hace como un año.

    Hola, mi nombre es Manuel, cabe señalar que nunca había hecho nada con otro hombre, solamente con mujeres.

    Recuerdo muy bien la fecha, porque era mi cumpleaños.

    Antes de esto tenía ya una semana en una App de citas por curiosidad solamente, sin contestar mensajes, pero ese día quise celebrar mi cumpleaños

    Eran alrededor de las 7 de la noche, me metí a la aplicación y me llamó la atención un perfil que decía tener 99 años y de perfil tenía una foto de su paquete dentro del pantalón, di clic sin pensar nada ignorando a los demás perfiles.

    A lo que iba, solo pregunté que si quería una mamada y me sorprendió cuando dijo que él estaba en un parque a unos 15 minutos de mí, en este momento dudé en ir, pero me mandó un mensaje que me atrapó.

    -no me digas que no tienes ganas, sólo ven a verlo si no quieres te regresas ni que fuera el primero.

    Yo le respondí que la verdad si era el primer hombre y sin esperar su respuesta salí de casa…

    Tuve qué usar transporte público y estuve a punto de regresar o bajarme a la mitad del camino.

    Llegue al parque y le mandé mensaje preguntando exactamente dónde estaba, él respondió que detrás de un pequeño kiosco, enseguida ubiqué el lugar, era muy ingenioso el lugar que eligió, las lámparas del fondo no servían solo las de la entrada entonces estaba a media luz.

    No pensé ni en su edad o físico, al verlo noté que tenía la verga afuera y su obvia edad unos 50 años (después me enteré que tiene 61).

    Sin preguntar nada me acerqué y como protegiéndose guardó su pene entre sus piernas.

    Me senté a su lado y preguntó si yo era el que había quedado en ir, solo asentí y él volvió a sacar su pene de entre sus piernas. Un nerviosismo me invadió y no podía ni coordinar una sola palabra.

    Bajé mi mano a su pene que aún estaba aguado, agradezco mucho lo que hizo después porque se presentó como Víctor y sus palabras me decían que él no obligaría nada y que tenía el poder de irme cuando yo quisiera (obvio no me fui)

    Su pene empezó a reaccionar a mis toques y se puso dura, a pesar de su edad tenía un buen rifle use la medida que tiene el mío (17 cm) este media al menos 20 cm.

    Sin preguntar se paró de la banca y aprovechando que yo estaba aún sentado me acercó la verga a la cara y empezó a sacudirla.

    Yo entendí el mensaje y abrí la boca el metió la punta dentro y yo empecé a chupársela, como era la primera vez, no me la metía completa a la boca solo la punta y un poco más (en esa época yo traía el pelo largo y tenía una pequeña cola de caballo) él me tomó de la cabeza y usó mi cabello para agarrarme mejor, no me hacía meterla más, al principio solo me acariciaba la cabeza.

    Tomó un poco de fuerza y la metió más haciendo que tuviera una arcada, esa fue la primera vez que tomé fuerza para hablar y le dije que aún no hiciera eso… Él entendió y solo me acariciaba la nuca mientras yo se la chupaba un poco más adentro que al principio.

    Me pregunto si podía grabarme, pero le dije que no, pero saque mi teléfono y le dije que tomara una foto y yo después se la pasaba (tomo unas cuantas fotos y como 15 segundos de video) me devolvió mi teléfono y así de una me sacó la verga de la boca y me pregunto si podía venirse en mi cara, me negué y le dije que en la boca mejor y como no queriendo volvió a meterla y de nuevo yo a chupársela sabiendo que ya se iba a venir.

    En el momento que se vino no lo tragué, solo lo tuve un poco en la boca y lo tiré en la jardinera del parque. Pregunto por dónde vivía y le dije que no vivía solo (con mis papás).

    Igual le pasé mi número y quedamos de vernos después.

    Continuará.

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  • Encuentro la tanga de mi cuñada y me masturbo

    Encuentro la tanga de mi cuñada y me masturbo

    Hola, me llamo Adrián, pero me dicen Kitos. La historia que les contaré sucedió hace unos años atrás.

    Resulta que mi ex novia tiene una hermana, es más alta que mi ex, tengo que admitir que a diferencia de mi ex, su hermana es de piel canela, tenía una cintura de muñeca, de nalgas bien grandes y unas tetas no tan grandes, pero bien redonditas y duras (siempre le veía cuando tenía la oportunidad) y le deseaba como a nadie, me imaginaba tenerla en cuatro y chupársela desde el clítoris hasta el culo.

    Era mi cumpleaños por lo que mi ex me invitó a su casa (me había preparado una sorpresa) donde estaba su hermana, un amigo de la hermana y yo, estábamos entre 4… su hermana tenía puesto un vestido negro, ajustado, corto que le permitía mostrar la figura de su cuerpo hecha a mano, en momentos desprevenidos me dejaba ver lo que llevaba abajo, una tanga de color negro, lo podía ver porque estábamos sentados en círculo a lo que ella quedó justo frente a mí, yo estaba muy excitado que me imaginaba cosas de ella.

    Pasaron los tiempos y ya eran casi las 3 de la mañana y con los tragos ingeridos ya estábamos muy borrachos, mi ex ya tenía sueño y el amigo de mi ex cuñada ya se iba retirar, por esa cuestión decidimos ingresar a las casa para así poder acomodarnos a dormir..

    Como mencioné más arriba que ya íbamos dormir, mi cuñada se dispuso a dormir en la sala para dejarme dormir con mi ex en el cuarto que compartían. Entre al baño para ducharme y poner una ropa más cómoda, ya en el baño encuentro en el cesto de ropas sucias, la ropa de mi cuñada que recientemente tenía puesto a lo que me dio curiosidad y revisé, encontré su tanga negro (qué le estuve viendo mientras estábamos sentados en el patio de la casa).

    Sentía como mi corazón parecía dispararse en ese momento, cuando lo tome esa pequeña tanguita y mojada, noté que desprendía un aroma a vagina sudada por lo que apoyé a mi nariz y la olfatee, se sentía muy rica, me imaginaba su coñito en mi cara a lo que no pude aguantarme y me eche una paja refregando la parte de su vagina en mi pene, en donde deje salir bastante leche, era tan rico lo que había sentido en ese momento.. lo volví a dejar en su lugar con toda la leche que me había echado.

    Ya en la cama no podía dejar de pensar en mi cuñada a lo que me volví a pajearme, esta vez viniéndome dos veces y otra vez en su ropa interior que había encontrado en su cómoda (Mi ex estaba a mi lado durmiendo profundamente por el alcohol).

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  • Mi esposa Cinthya y mi viejo jefe (7)

    Mi esposa Cinthya y mi viejo jefe (7)

    Estaba atento a lo que acontecía en la pista de baile con mi esposa y mi jefe, las manos del viejo seguían el camino que Cinthya había trazado, ella con una sonrisa aceptaba lo que pasaba en ese instante, de un momento a otro varias parejas se cruzaban en mi visión y no pude ver si en verdad el viejo estaba amasando las jugosas esferas de mi esposa, solo veía por momentos el rostro del viejo quien sonreía descaradamente, a medida que las parejas se movían me dejaban ver la cara de mi esposa quien estaba con una gran sonrisa en su rostro.

    Estaba enojado por lo que Cinthya estaba haciendo con mi jefe. Me levanté de la mesa y me dirigí hacia la pista para separarlos, me abrí camino en la multitud y pude ver a Cinthya que seguía pegado al viejo pero ya no estaban en “manoseos”, el viejo al parecer le hizo saber a Cinthya de mi presencia porque de inmediato volteo.

    -¡cariño! Jeje viniste a bailar

    -no Cinthya esp… -no me dejo terminar de inmediato me jaló hacía ella.

    Me tomo de la mano y seguimos bailando, Cinthya empezó a hacer los mismos movimientos ondulares como cuando bailaba con don Ernesto, se acoplo a mi y de la misma forma empezó a frotar su trasero sobre mi pelvis. A todo esto, don Ernesto ya estaba en su mesa, el baile de Cinthya me dejaba perplejo con razón el viejo se quedaba atónito al bailar con mi esposa.

    Seguimos bailando hasta que la música termino y Cinthya me tomo de la mano y volvimos a la mesa.

    -me sorprendiste cariño, no pensé que te acercarías bailar jeje-mientras me sonreía alegre.

    -si quería bailar con mi esposa. ¿Hay algo de malo?

    -no tontito jeje solo me sorprendiste es todo -mientras me daba un beso

    -descansemos un poco y luego seguimos si jeje.

    -de acuerdo.

    Estuvimos en la mesa conversando ahora Cinthya estaba más alegre a comparación que cuando llegamos, ella estaba atenta a lo que pasaba en la mesa de los viejos, pero sin ignorarme. De pronto tanto como don Ernesto y don Mario se pararon con sus respectivas parejas y se dirigieron a la pista de baile, esto fue visto por Cinthya que de inmediato me tomo de la mano y prácticamente me jalo a bailar. Ya estábamos bailando, los viejos con sus jóvenes acompañantes también bailaban al ritmo de la música algo movida sin ser sensual, a medida que la música seguía y cambiaba las parejas iban dejando la pista esto hacía que cada vez nos acerquemos más a los viejos.

    De pronto ya estábamos las tres parejas bailando justo al lado del otro, cosa que hizo que Cinthya sonriera de alegría.

    -hola don Mario jeje.

    -Cinthya jeje no te cansas eh, y tú también Héctor.

    Solo sonreímos, yo mas por cumplir y Cinthya por el momento cómico. La música seguía y ahora pusieron una tropical sensual, las jovencitas bailaban ahora si sensualmente con los viejos y Cinthya no se quedó atrás y presa del momento comenzó a bailar del mismo modo conmigo, claro yo solo podía seguirla torpemente.

    De improviso escuchamos por los parlantes se la están pasando muy bien, ahora cambien de parejas con el de al lado. Me puse tenso pensando que al lado estaba don Ernesto, pero no, era don Mario quien se encontraba en dicho lugar, de inmediato Cinthya tomo la mano de don Mario y me dejo con la jovencita compañera de él, a decir verdad, era guapa y sexi pero lo que hacía a Cinthya diferente era su forma de ser tan jovial e inocente.

    La música continuaba, mientras bailaba con la jovencita no perdía de vista a Cinthya, ella bailaba con don Mario animadamente, y mi pareja momentánea baila al ritmo de la música sensual parecía tener bastante experiencia no sé en qué momento tomo mi mano y lo puso en su cadera cerca a sus nalgas, esto me sorprendió y quise quitar mis manos, pero ella me dijo que lo deje ahí que así se baila. Gire mi cabeza para ver a Cinthya como tratando de pedir disculpas por lo que estaba pasando, pero Cinthya estaba del mismo modo con don Mario a diferencia de mí el sí tenía bien sujeta a mi esposa de sus anchas caderas.

    Decidí dejarlos mientras no sea don Ernesto podía estar calmado, claro después que se follo a Cinthya mi sangre hervía cuando los veía juntos. La música seguía don Mario y Cinthya hablaban cosas al oído del otro y ambos se reían. Las parejas vuelven con sus respectivas parejas iniciales, pero al hacerlo todos al mismo tiempo me impiden el paso y alcanzar a Cinthya, la joven al ver esto me dice que sigamos bailando, Cinthya me ve y con una señal me dice que está bien y me sonríe al mismo tiempo que sigue con don Mario.

    La música cambia y la coreografía se torna demasiado sensual casi llegando a lo sexual, las parejas entran en un “ritual” de movimientos pélvicos claro se supone que están con sus parejas. Laura que así are llamar a la joven empezó a bailar del mismo modo que los demás sus piernas rozaban las mías y hacían movimientos de fricción.

    Me estaba adentrando al momento con Laura, pero la fidelidad a mi esposa me lo impedía, a pesar de todo lo que paso amaba a Cinthya y sentía que no podía hacer algo así. Entonces vi a don Ernesto que estaba casi fornicando con su pareja en la pista, esa jovencita de ojos rasgados estaba moviendo su culo sobre la polla del viejo quien tenía una cara de vicio.

    Eso me pareció muy desagradable y volteé la vista a ver a Cinthya, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando vi a Cinthya que movía su cuerpo sensualmente frente a don Mario bajaba un poco y volvía a subir al compás de la música sensual, su vestido se hacía más pequeño cada vez que hacia esos movimientos. Otra vez vuelve a hablar por el parlante “¡mujeres denles a sus parejas un buen perreo intensooo!”. Se escucharon varias carcajadas en la pista en el bar y de inmediato la música cambio.

    Las parejas se preparaban para moverse al ritmo de la música ya prevista, Laura de inmediato se dio vuelta y me entrego su buen trasero con movimientos circulares aun sin apegarse a mí, estaba impresionado por los movimientos del baile, de la nada Cinthya toma la mano de don Mario y empiezan a caminar pensé que venía hacia mí, pero un movimiento de Laura hace que le preste atención unos segundos y pierda de vista a Cinthya, de un momento a otro sentí a alguien apegarse a mi pensé que era Cinthya quien venía relevar a Laura pero no, era la joven con quien estaba bailando el viejo don Ernesto, ¿qué hacía acá? me pregunte y ¿dónde está Cinthya?

    Solo me basto girar hacia donde hace unos momentos estaba don Ernesto con su pareja para darme cuenta que mi esposa estaba junto a él, había caminado desde su posición inicial para acercarse al viejo Ernesto, todo era tan confuso, podía sentir el cuerpo de Laura y las manos de la otra joven acariciando mi espalda, quise apartarme, pero ambas mujeres me tenían prisionero, aunque debo decir que las caricias de ellas, aunque sea solo un baile me encendían.

    La música de fondo seguía sonando, el famoso perreo, las parejas se movían con destreza y sensualidad. Cinthya solo dijo unas palabras a los viejos y ellos se rieron a carcajadas seguido de unos leves aplausos por parte de ambos. Acto seguido Cinthya se puso de espaldas frente a ellos y empezó a menear su voluptuoso culo al ritmo del perreo acercándose al viejo Mario, su corto vestido se había subido un poco mostrando aún mas sus piernas sexis, poco a poco llego a estar rozando justo sobre el miembro del viejo quien con su rostro morboso disfrutaba lo que mi esposa estaba ofreciéndole, mientras don Ernesto estaba disfrutando aquella escena con una sonrisa burlona.

    ¡vamos mujeres que sea más intensooo!, se escuchó por el parlante, casi fue como una orden para los asistentes del lugar ya que todos los que bailaban empezaron a hacerlo con más ímpetu y vigorosidad, Laura y la otra mujer también empezaron a moverse con total descaro era como si estuvieran queriendo que me corra en ese mismo lugar, se turnaban para poner su culo sobre mí.

    Yo tratando de mantener las formas solo sonreía y las animaba, pero mi sonrisa decayó cuando me fije en Cinthya ya no hacia suaves movimientos contra don Mario ahora estaba prácticamente follando con él, estaba inclinada con las manos en la cintura mientras movía su espectacular y redondo culo sobre él, su cabellera caía por su frente y de inmediato con una sonrisa se lo acomodaba sin parar de moverse, ya el viejo Mario tenía sus manos en la cintura de Cinthya quien giro su cabeza para verlo y decirle algo que no distinguí.

    Se separaron y pensé que ya había terminado aquel espectáculo pero nada mas alejado de la realidad, Cinthya vio a don Ernesto y le dijo “ahora le toca“ y esbozo una sonrisa, de inmediato ella se puso a disposición del viejo y de un solo movimiento se acoplo a él, se podía notar que Cinthya empino sensualmente su culo y de inmediato lo movía con una habilidad y destrezas nunca antes vista, este acto para ambos fue electrizando se podía ver en sus rostros la satisfacción que ambos sintieron.

    Cinthya se mordió el labio inferior y el viejo apretó su cintura de forma grotesca, Cinthya movía su culo de forma que el viejo parecía que le iba a dar un infarto esto hizo que ella en un momento lo volteara a ver como queriendo grabar los gestos del viejo. Don Ernesto estaba absorto en los movimientos y Cinthya decidió hacer otra cosa, ya no solo se frotaba sobre el paquete del viejo, ahora empezó a hacer movimientos de martilleo los mismos que vi cuando estaba follando con el viejo, en eso la mirada de don Ernesto y el mío se cruzan.

    Yo lo miro como tratando de hacer recordarle nuestro trato, el parece entender lo que intento decir, pero solo levanta las manos como quien, diciendo, “yo no estoy haciendo nada”. Era cierto, muy cierto no podía negarlo era Cinthya quien lo busco en todo momento, solo quería que acabe ya la música y salir de ese lugar, de pronto Cinthya me mira y sonríe, ella ve que las mujeres me estaban aprisionando con sus movimientos y yo solo veía como Cinthya bailaba con el viejo mientras las demás parejas hacían lo mismo, entonces don Mario se une al baile de Cinthya y don Ernesto, emulando la posición que me encontraba solo que Cinthya era quien estaba en medio de ambos viejos.

    Cinthya viendo esto solo empezó a reírse, disfrutando del momento levanto los brazos, pero seguía haciendo movimientos circulares con su trasero y seguía rozando el miembro de don Ernesto, ahora se dio vuelta y dejo sus carnosas nalgas a disposición de don Mario quien no dudo ni un segundo y se restregó a ella quien se sorprendió, pero solo atino a reír y moverse con descaro. A todo esto, ya Cinthya no bailaba solo estaba en medio de ambos viejos cuerpos, pero seguían hablando los tres, la imagen era algo turbia para cualquiera, una mujer joven con rostro angelical y dueña de una figura sensual en medio de esos viejos arrugados y medio gordos.

    ¡eso fue intensooo! ¡Como regalo para todosss! ¡Fuera luces!, las luces se apagaron con la orden solo quedaron las luces tenues purpuras que alumbraban vagamente, y ya no pude ver a Cinthya con claridad, sentí la mano de lorena posarse en mi miembro lo cual me sorprendió y de inmediato la retire, trate de divisar donde se podía encontrar Cinthya, pero no podía ver casi nada solo distinguía movimientos. ¡a la cuenta de 3 enciendan luces! 1 2 3!

    Las luces se encendieron, y al fin pude ver a Cinthya seguía en medio de los viejos, pero se estaba acomodando su vestido y tenía el top más debajo de lo normal, no me cabía dudas los viejos aprovecharon para morbosearla otra vez.

    Me dirigí hacia ellos y tomé Cinthya del brazo y la llave a un lado.

    -¿estas bien amor?

    -que pasa cariño, si estoy bien jeje -mientras seguía arreglándose su vestido.

    -vámonos de aquí.

    -esperaa deja me despido, cariño -Y se dirigió hacia los viejos.

    -gracias don Ernesto, don Mario me divertí mucho jeje.

    -a ti damita por alegrarnos jaja -respondió don Ernesto.

    -y me despiden de Lina.

    Después de esto nos alejamos, del bar y de camino le pregunte quien era Lina, y me dijo que así se llamaba la acompañante de don Ernesto, y fue cuando me explico que fue ella misma que le pidió a Lina que baile conmigo porque ella tenía pagar una apuesta que le debía a don Mario. ahora si todo me cuadraba por eso Lina apareció a mi lado, mientras mi esposa se unía a los viejos.

    -te la pasabas bien con Lina y su amiga jajaja -dijo mi esposa de forma divertida.

    -yo cariño eh.

    -tranquilo amor jeje solo te estabas divirtiendo jeje me alegra.

    -tú también te divertiste con don Mario y don Ernesto.

    -emm pos ya sabes jeje tienen mucha vitalidad y me divierten. Y claro antes que lo olvide como mañana es nuestro último día aquí iremos a cenar con ellos jeje.

    -¿que? ¿Por qué? Debiste consultarme antes -Dije molesto

    -no pensé que sería algo malo cariño -mientras ponía su rostro de tristeza

    -no te pongas así amor, está bien por ti lo que sea.

    -siii gracias cariño, te amo.

    Al ser el último día podía soportarlo, además solo sería una cena que podía salir mal.

    El siguiente capítulo lo dividiré en 2 partes o tal vez 3, serán escenas cargadas de pasión y mucho morbo.

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  • Noche en el Caribe con mi esposa traviesa

    Noche en el Caribe con mi esposa traviesa

    La brisa cálida del Caribe acariciaba la piel bronceada de Roxana mientras se recostaba en la tumbona de la terraza.

    Desde allí, podía ver el azul interminable del mar, las palmeras moviéndose al ritmo del viento y escuchar el eco de la música que llegaba desde el bar de playa.

    Alejandro, su esposo, estaba sentado a su lado, con una copa de vino en la mano y una mirada que la hacía sentir desnuda, aunque solo llevaba un bikini negro diminuto que resaltaba sus curvas. —Deberías ir al bar esta noche —dijo Alejandro de pronto, con esa voz grave y tranquila que usaba cuando quería convencerla de algo.

    Roxana lo miró con curiosidad, levantando una ceja. —¿Al bar? ¿Sola? —preguntó, dejando de mover el pie que balanceaba suavemente al borde de la tumbona.

    Alejandro sonrió, dándole un sorbo a su copa antes de responder. —Sí. Sola. Quiero verte allí… quiero verte a ti siendo tú, sin que nadie sepa que eres mi esposa. —Se inclinó hacia ella, apoyando un codo en la tumbona y bajando la voz—. Quiero verte siendo deseada, provocando miradas, despertando fantasías.

    Roxana sintió cómo el corazón le daba un vuelco. Se enderezó ligeramente, apoyando los codos en las rodillas. —¿Estás hablando en serio? —preguntó en un susurro. Alejandro asintió, pero sus ojos no se apartaban de ella. —Hace años que tenemos esta conversación. Sé que lo has pensado. Y no puedes negar que parte de ti quiere hacerlo. —Sus dedos recorrieron suavemente el muslo de Roxana—.

    Este lugar es perfecto. Nadie nos conoce. Nadie te juzgará. Es Cancún… la ciudad del pecado después de Las Vegas. Además… —hizo una pausa, acariciando la piel de su pierna— los hombres caerán sobre ti como moscas.

    Roxana soltó una risa nerviosa y se apartó un poco, pero Alejandro no dejó de mirarla. —No seas ridículo. Ya tengo cincuenta años… —dijo, aunque su voz tembló ligeramente. —Y sigues siendo increíble. —La interrumpió Alejandro, acercándose más—. Esas piernas torneadas, ese cuerpo… ¿Sabes lo que darían muchos por tenerte aunque fuera una noche?

    La respiración de Roxana se aceleró. Alejandro la conocía demasiado bien. Sabía que en el fondo ella sentía curiosidad. Sabía que, aunque la idea la asustaba, también la excitaba. —Y si no pasa nada —continuó él—, no importa. Solo quiero verte en ese ambiente… quiero verte sintiéndote libre, admirada, deseada.

    Roxana lo miró, buscando algún indicio de celos o inseguridad en sus palabras, pero no encontró nada más que emoción en sus ojos. —¿Y si pasa algo? —preguntó finalmente, probándolo.

    Alejandro se inclinó y le mordió suavemente el labio inferior. —Si pasa algo… me muero por verte disfrutarlo.

    Roxana cerró los ojos un momento, dejando que las palabras se filtraran en su mente. La idea de ser el centro de atención en un lugar lleno de desconocidos, de sentir miradas recorriendo su cuerpo y manos acariciándola que no fueran las de Alejandro, despertó un calor en su vientre que no podía ignorar. —Pero… —intentó decir, aunque Alejandro no la dejó terminar. —No hay peros. Solo un juego. Podemos parar en cualquier momento. Y si no te sientes cómoda, no pasa nada.

    Pero si decides seguir… —su voz bajó aún más— prometo que será una noche que ninguno de los dos olvidará. Roxana se mordió el labio. —¿Y los niños? —Se los encargamos a mis papás, me quedo con ellos hasta que se duerman y te alcanzo. Nadie sospechará nada. Será nuestra pequeña travesura.

    La palabra “travesura” le provocó un escalofrío placentero. Recordó lo fácil que era dejarse llevar cuando el ambiente era el adecuado. El sol, la playa, los cuerpos sudorosos, la música, las risas… todo parecía diseñado para que la gente dejara sus inhibiciones en casa.

    —No sé… —susurró, aunque en el fondo ya lo sabía. Alejandro se acercó más, deslizando la mano entre sus muslos y acariciándola por encima del bikini. —Piénsalo… —susurró en su oído—.

    Imagínate en ese bar, con un vestido corto y ajustado, tomando una margarita mientras todos los hombres no pueden apartar los ojos de ti.

    Roxana se estremeció al imaginárselo. —Algún hombre maduro, atractivo, que no pueda resistirse a ti. Imagínate lo que diría cuando vea ese cuerpo. Roxana sintió que su respiración se volvía más pesada. La idea de ser deseada por otro hombre mientras Alejandro observaba la hacía arder por dentro.

    —¿Y si quiero tocarlo? —preguntó, probando los límites. Alejandro deslizó los dedos bajo el borde del bikini, rozando su piel húmeda. —Entonces lo tocas… Roxana soltó un gemido suave y cerró los ojos. Sabía que la decisión estaba tomada. Esa noche se convertiría en una aventura que cambiaría todo.

    El sol comenzaba a descender sobre la playa tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados. Roxana estaba sentada en la barra del bar del hotel.

    El bar de la playa tenía un ambiente relajado. El sonido de las olas mezclado con la música suave hacía que el aire se sintiera cargado de sensualidad. Roxana daba pequeños sorbos a su margarita cuando sintió una mirada intensa sobre ella.

    Levantó la vista y ahí estaba Jason, alto, maduro, con un aire de seguridad que le hizo estremecerse. Su vestido blanco de tirantes resaltaba el tono dorado de su piel, mientras el escote sugerente dejaba ver el generoso contorno de sus senos.

    Observaba las olas cuando una voz profunda y con un acento extranjero la hizo girar. —Bonsoir, madame. ¿Puedo acompañarla? —preguntó un hombre de cabello entrecano, piel bronceada y ojos azul acero con una voz profunda y un acento que la envolvió como seda.

    Roxana se puso nerviosa, abrió la boca para responder pero si su inglés no era suficiente para sostener una conversación fluida, mucho menos lo era en francés.

    Entonces Alejandro su esposo siempre atento, apareció como por arte de magia colocando una mano tranquilizadora en la parte baja de su espalda —Buenas tardes. Ella no habla francés, pero yo puedo ayudarles a comunicarse si gustan.

    Su voz era tranquila, casi cómplice. Roxana lo miró sorprendida. No la llamó “mi esposa”; simplemente dijo “ella”.

    —Ah, parfait! —respondió Jason con una sonrisa seductora —y deslizó su mirada por el cuerpo de Roxana. —Dile que tiene un cuerpo espectacular, que es una mujer exquisita. Que no podía dejar de mirarla desde que la vi al entrar y no pude resistirme a hablarle.

    Alejandro tragó saliva y tradujo sin titubeos, intentando mantener un tono neutral. Roxana se ruborizó y sintió un escalofrío recorrerle la columna. La mirada de Jason era penetrante y directa, pero no apartó la mirada de la suya.

    —Dile que… gracias —respondió, intentando no parecer nerviosa y dile que él también es… muy atractivo. Me gustan sus brazos —respondió ella, pasando lentamente la vista por los músculos marcados de Jason.

    —Dile que me encantó su sonrisa y que me gustaría invitarla a cenar esta noche. —Alejandro tradujo, pero había algo en su tono. No sonaba incómodo ni molesto. Al contrario, parecía disfrutar de la situación.

    Todo sucedió tan rápido que Roxana no sabía si realmente estaba pasando, Alejandro se adelantó y dijo que aceptaba con mucho gusto. Jason sonrió, mostrando una fila de dientes perfectos y tomó la mano de Roxana antes de despedirse, inclinándose para besarla suavemente en los nudillos.

    Su mirada ardiente prometía mucho más de lo que las palabras podían expresar. —Nos vemos más tarde, hermosa —dijo con su acento francés. Alejandro tradujo mientras Jason se alejaba por la playa, dejándolos a solas.

    Roxana soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo y se giró hacia su esposo con una mezcla de sorpresa, regaño y complicidad en los ojos. —¿Pero qué acaba de pasar, Alejandro? ¿En qué nos estamos metiendo? —dijo en un susurro apresurado.

    Alejandro sonrió, divertido. —No te preocupes, Roxy, yo me encargo de todo. —Le pasó un brazo alrededor de la cintura y la atrajo hacia él y bajó la mirada hacia su cuerpo— ve a prepararte. Quiero que lo dejes sin aliento.

    Roxana sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Su esposo no solo no estaba celoso; estaba emocionado. La idea la encendió aún más.

    De regreso en la habitación, Roxana abrió su maleta y sacó el conjunto que había llevado “por si acaso”. Un sostén negro de encaje que apenas contenía sus senos, acompañado de un diminuto hilo dental y unas medias de red. Se miró en el espejo y se mordió el labio. —Esto es una locura… —susurró para sí misma, pero no podía evitar sentir el calor palpitante entre sus muslos mientras se imaginaba las manos de Jason recorriéndola.

    Se colocó un vestido rojo ceñido al cuerpo, con un escote pronunciado y una abertura en la pierna que dejaba ver sus medias. Se soltó el cabello y se perfumó detrás de las orejas y en el cuello.

    La cena fue en un restaurante íntimo frente al mar, cuando Roxana llegó al restaurante Jason ya estaba allí esperándola con una copa de vino en la mano.

    Su mirada se encendió al verla entrar, se puso de pie de inmediato, dejándose impresionar por su figura, —Magnifique… —susurró mientras le extendía la mano para guiarla a la mesa.

    No necesitaban palabras. La tensión entre ellos hablaba por sí sola. Jason no apartaba los ojos de ella. Sus dedos rozaban los de Roxana cada vez que le pasaba la copa y durante toda la velada mantuvo la atención fija en Roxana.

    —Eres increíblemente hermosa —dijo él en francés, inclinándose hacia ella. Roxana no entendió las palabras, pero su mirada lo decía todo. Ella levantó la mano y tocó los músculos de su brazo, sintiendo su dureza bajo la tela de la camisa.

    En ese momento, Alejandro llegó al restaurante. Los vio tomados de las manos, inclinados el uno hacia el otro, y se detuvo un segundo antes de acercarse. Roxana levantó la vista, sus ojos brillando de deseo y nervios.

    —¿Todo bien? —preguntó Alejandro mientras tomaba asiento. Sus manos rozaban las de ella mientras platicaban y Alejandro en su papel de traductor mantenía la conversación viva, pero en ningún momento interrumpía la creciente tensión sexual entre Jasonny Roxana.

    —Dile que sus labios son… irresistibles —susurró Jason, inclinándose sobre la mesa. Alejandro tradujo mientras Roxana sonreía y pasaba la lengua suavemente sobre su labio inferior. La atmósfera se volvía más espesa con cada mirada.

    —Dile que tiene unos senos maravillosos, firmes y provocativos. Que sus piernas están hechas para ser admiradas… y esas nalgas… —se inclinó hacia adelante— pequeñas, pero tan firmes y ricas que no puedo dejar de imaginarlas en mis manos.

    Alejandro se aclaró la garganta antes de traducir. Roxana abrió los labios para decir algo, pero solo dejó escapar un suspiro. Se mordió el labio inferior. La idea era una locura. Pero algo en la mirada de Alejandro, en su actitud serena, la animó a jugar.

    —Dile que tiene unos brazos fuertes… y me encantan sus nalgas duras —susurró en español, sabiendo que él no entendía, pero sintiéndose traviesa de todos modos.

    Jason sonrió como si supiera exactamente lo que había dicho. —Dile que ella es quien me pone así de firme. Que solo mirarla me ha puesto tan duro que no puedo esconderlo. Pregúntale si quiere sentirlo.

    Alejandro se congeló por un momento antes de traducir en un susurro apresurado. Roxana lo miró fijamente, como pidiendo permiso, pero la leve sonrisa en el rostro de su esposo la hizo perder el miedo.

    —¿Y bien? —preguntó Jason, dejando que su pierna rozara la de ella bajo la mesa.

    —Dile que sí —susurró Roxana sin dudar esta vez. Jason tomó suavemente su mano y la guió por debajo de la mesa, entre las sombras donde nadie más podía verlos. La colocó sobre su muslo primero, dejando que se deslizara lentamente hacia su entrepierna.

    Alejandro observaba todo, respirando de manera entrecortada.

    —Dile que quiero sentirla más cerca —susurró Jason mientras Roxana apretaba ligeramente sobre la tela de su pantalón, sintiendo la dureza bajo su mano.

    Alejandro tradujo, pero su voz salió entrecortada, Roxana se mordió el labio y deslizó los dedos con más firmeza. Jason no necesitó la traducción esta vez. Su respiración se aceleró mientras sus dedos se deslizaban por la pierna de Roxana, levantando ligeramente el borde de su vestido.

    Alejandro movió la cabeza, como si estuviera tratando de mantener el control, pero su sonrisa traicionaba el placer que sentía al verlos.

    —Creo que deberíamos continuar esto en un lugar más privado —dijo Jason, inclinándose lo suficiente para besar suavemente el cuello de Roxana.

    —Quiere tener más privacidad, pregunta si te gustaría acompañarlo a su habitación —tradujo Alejandro, ahora con voz más ronca. Roxana asintió lentamente, apretando una vez más el miembro de Jason antes de soltarlo y levantarse. La noche apenas comenzaba.

    —Dice que ya está muy excitado —tradujo Alejandro, esta vez sin intentar ocultar el tono cargado de su voz. Roxana dejó escapar un suspiro entrecortado.

    —Dile que yo también lo deseo — dijo ella, y Alejandro repitió sus palabras. El francés no esperó más, se levantó y extendió la mano hacia Roxana que todavía sentía el cosquilleo en la palma de su mano por haber tocado el miembro de Jason.

    —Vamos— tradujo Alejandro, pero Roxana ya entendía. Asintió y tomó la mano de Jason, dejando que la guiara hacia la salida. Alejandro observaba cómo Jason colocaba la mano en la espalda baja de Roxana, demasiado cerca de sus caderas.

    El ambiente se llenó de expectativa cuando él abrió la puerta y dejó pasar primero a Roxana, la puerta de la habitación se cerró tras ellos, dejando al mundo afuera.

    —Dile que quiero besarla —dijo Jason, acercándose lentamente. —Quiere besarte —repitió Alejandro, pero esta vez la voz le salió más baja. Roxana tembló. —Dile que lo haga… —susurró.

    Jason no esperó la traducción, se acercó y tomó el rostro de Roxana entre sus manos y la besó profundamente, sus labios se encontraron en un choque de deseo profundizando el beso mientras sus manos recorrian su espalda.

    Alejandro se acomodaba en el sillón de la esquina con una sonrisa tensa, con el pecho agitado preparado para lo que estaba a punto de suceder.

    Jason se separó por un instante, sus ojos recorrieron el cuerpo de Roxana con admiración. —Eres una mujer increíblemente hermosa —susurró en francés.

    Alejandro tradujo en voz baja, aunque la determinación en la mirada de Jason dejaba claro que no necesitaba palabras.

    Roxana, sintiéndose más audaz que nunca, deslizó los tirantes de su vestido por los hombros. La tela cayó suavemente al suelo, dejando al descubierto la lencería que había elegido para esa noche.

    Jason contuvo el aliento y la miró como si quisiera devorarla… Alejandro también

    —Dile que lo quiero desnudo —susurró Roxana, sus ojos brillando de deseo—. Quiero ver qué tan duro lo pongo. Alejandro tragó saliva antes de traducir.

    Jason sonrió con picardía y comenzó a desabotonarse la camisa lentamente, manteniendo el contacto visual con Roxana mientras dejaba al descubierto su pecho definido y sus abdominales marcados.

    Cuando se desabrochó el pantalón y lo dejó caer, Roxana soltó un leve gemido al ver la impresionante erección que resaltaba bajo sus bóxers. Jason se los quitó sin prisas, liberando por completo su masculinidad.

    Roxana se mordió el labio y Alejandro, desde su asiento, no pudo apartar la mirada. Jason se acercó, la levantó en brazos cargándola con facilidad y la llevó a la cama, la depositó suavemente sobre las sábanas, quedándose de pie frente a ella.

    Roxana se inclinó hacia adelante, acercando sus labios al miembro pulsante de Jason. Sin más preámbulos, lo tomó con una mano y deslizó su lengua por toda su longitud. Jason cerró los ojos y dejó escapar un gemido gutural mientras ella lo devoraba con avidez.

    Su boca trabajaba con pasión, y sus manos acariciaban sus muslos firmes y sus nalgas duras. Desde el sillón, Alejandro jadeaba al ver a su esposa entregada de esa manera, pero ninguno de los dos parecía notar su presencia. En ese momento, el mundo se redujo a ellos dos.

    Jason la tumbó sobre la cama y se colocó entre sus piernas, empujando suavemente el hilo dental hacia un lado. Su lengua encontró el centro de su placer, arrancándole gemidos que llenaron la habitación.

    Roxana se arqueó, agarrándose de las sábanas mientras él la devoraba sin piedad. Cuando finalmente la penetró, ella gritó de placer. Jason se movía con fuerza y ritmo, mientras Roxana lo recibía con ansias, moviendo las caderas para encontrarse con él.

    Cambiaron de posición varias veces, explorándose mutuamente como si estuvieran creando su propio Kama Sutra. —Mon dieu… —susurró Jason mientras la tomaba desde atrás, admirando cómo su cuerpo respondía a cada embestida.

    En un momento de respiro, Jason notó que Alejandro seguía en el sillón, con los ojos fijos en ellos. Miró a Roxana, levantando una ceja como preguntando por qué Alejandro seguía ahí.

    Roxana sonrió y levantó la mano, mostrando su argolla matrimonial antes de señalar a Alejandro, Jason entendió al instante y, con una sonrisa traviesa, redobló sus esfuerzos para hacerla gozar aún más.

    Siguió besándola y recorriendo cada curva con sus manos, Roxana gimió al sentir la boca de Jason en sus pechos, mientras Alejandro se acomodaba en el sillón, observando cada movimiento. La tensión en la habitación era tan densa que parecía electrificar el aire.

    Jason la tomó con fuerza, con hambre, mientras Alejandro se mordía el labio inferior. El sonido de piel contra piel llenó el cuarto, mezclado con jadeos y palabras entrecortadas. Roxana no recordaba haberse sentido tan deseada, tan libre y gemía cada vez más fuerte mientras Jason la hacía suya.

    En un momento, ella giró la cabeza y encontró los ojos de su esposo. Le sonrió traviesa y Alejandro asintió, como si le diera permiso para dejarse llevar por completo.

    Ella gritó su nombre cuando llegó al clímax, pero Jason no se detuvo. La llevó a otro orgasmo y luego otro, hasta que finalmente ambos colapsaron en un abrazo.

    Cuando todo terminó, Roxana cayó rendida sobre la cama. Jason besó su cuello y se giró hacia Alejandro agradeciendo: —Creo que esto fue… inolvidable —dijo en francés, y Alejandro asintió.

    Roxana todavía desnuda y temblorosa, llamó a Alejandro con un gesto. Él se acercó a la cama y ella lo recibió con un beso tierno. —Gracias por cumplirme este deseo… —dijo Alejandro —Gracias a ti por hacer esto posible. —susurró Roxana—

    Alejandro la besaba, bajando lentamente por su cuello. Su mano recorrió las curvas de Roxana. —Mmm… —Roxana gimió suavemente, estremeciéndose por el contacto. La noche había terminado, pero la pasión que habían compartido dejaría huellas imborrables en cada uno de ellos.

    El silencio en la habitación era total. Solo se escuchaban las respiraciones entrecortadas, a lo lejos las olas del mar y el leve zumbido del aire acondicionado.

    Roxana yacía entre las sábanas revueltas, su cuerpo desnudo todavía brillando por el sudor y los rastros del placer desbordante que había compartido con Jason.

    Su pecho subía y bajaba lentamente, recuperando el aliento tras horas de entrega. Jason dormía a un lado, su brazo todavía descansando sobre la cadera de Roxana, como si temiera que pudiera escapar de su lado.

    Pero ella abrió los ojos cuando sintió que Alejandro se acercaba. Su esposo estaba de pie junto a la cama, observándola.

    Su mirada recorría cada centímetro de su cuerpo desnudo, deteniéndose en la piel enrojecida, en las marcas de las manos de Jason sobre sus muslos y caderas, en el rastro húmedo y brillante que se deslizaba desde su sexo hasta sus muslos, marcando el camino que Jason había dejado en ella.

    —Eres… preciosa.

    La voz de Alejandro estaba ronca, cargada de deseo y admiración. Se inclinó hacia ella, apoyando una rodilla en la cama mientras sus manos acariciaban sus muslos abiertos.

    Roxana tembló cuando sus dedos se deslizaron suavemente por la piel húmeda, recogiendo con delicadeza el semen tibio que todavía goteaba entre sus nalgas.

    —Aún puedes sentirlo en ti, ¿verdad? —susurró Alejandro, deslizando los dedos hacia arriba, separando con cuidado los labios de su sexo, notando cómo todavía estaba abierto, escurriendo y sensible por las embestidas de Jason.

    Roxana gimió suavemente, cerrando los ojos al sentir el roce de su esposo. —Sí… aún siento todo lo que me hizo —susurró, mordiéndose el labio.

    Alejandro llevó los dedos humedecidos a uno de sus senos, embarrando la aureola, el pezón y se lo llevo a su boca, saboreándolo lentamente mientras la miraba a los ojos. —Te ves increíble así… —susurró, inclinándose para besarla con hambre.

    El beso fue profundo, desesperado. Roxana se arqueó hacia él mientras Alejandro bajaba por su cuello, besando y mordiendo suavemente la piel marcada.

    Su boca descendió hasta sus senos, atrapando un pezón entre los labios mientras sus manos exploraban su cuerpo sin reservas. Cuando deslizó la lengua entre sus muslos, Roxana jadeó, abriéndose más para él. —Alejandro… —gimió, enredando los dedos en su cabello mientras él lamía con lentitud sus piernas.

    —Quiero probarte… toda. —Su voz era un murmullo contra su piel. Sus labios y lengua limpiaron cada centímetro de su piel, saboreándola como si fuera un elixir prohibido, mientras Roxana se retorcía bajo él, perdida entre la vergüenza y el deseo renovado.

    Jason, despertando por los sonidos de placer, sonrió al ver la escena. Se acercó a Roxana por detrás, cubriendo sus hombros desnudos de besos suaves mientras Alejandro continuaba explorándola.

    —Mon amour… —susurró Jason al oído de Roxana, sus manos acariciando sus senos mientras Alejandro seguía devorándola entre sus piernas.

    Roxana se estremeció entre sus dos hombres, entregándose de nuevo al placer mientras ellos la adoraban como la diosa que era.

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  • La vecina (2)

    La vecina (2)

    Continuando, antes de que llegase el domingo que nos veríamos de noche en su casa toda la semana pasó vistiéndose más sexy con mini shorts, minifaldas y sus ajustadas leggins, siempre trataba salir a la hora que yo llegaba de trabajar para que yo la viese.

    Eso me provocaba y me ponía más ansioso de querer estar a solas con ella y tenerla desnuda, bien pasó la semana y llegó el día, me fui a trabajar y ya entrada la noche le escribí para confirmar si siempre estaba dispuesta o si se había arrepentido a lo cual ella me dijo “a las 10 pm abriré la puerta principal” a lo que le dije “le aviso al salir de casa pues ya a esa hora estaría de regreso de mi trabajo”.

    Salí a escondidas pendiente de que nadie me viese acercarme a la casa, empujé la puerta y estaba todo oscuro, sentí que una mano me tocó y era ella, cerró la puerta y me guio hacia el dormitorio, todo fue en la oscuridad porque tenía sus 2 hijos pequeños durmiendo en otra habitación y pues no se podía hacer mucho ruido tampoco.

    Portaba un mini camisón con un hilo super chiquito lo que pude ver con la luz del teléfono, ya me tenía excitado, comencé a apretar sus anchas caderas, después deslicé mis manos por sus nalgas, quité su camisón luego nos hundimos en besos hasta acostarnos en su cama dónde la haría mía.

    Ella quiso iniciar cabalgándome, aunque le costó un poco pues me confesó que ya llevaba 3 meses sin tener sexo con nadie, aparte que mi pene era más grande que al que ella estaba acostumbrada, pero después de unos minutos ya la tenía toda adentro y su respiración agitada confirmaba que los estaba gozando sin gemir porque se podían despertar los peques. Luego cambiamos de posición y seguí penetrándola, yo en el clásico misionero con sus piernas bien abiertas, ella estaba super mojada, no aguanté más y expulsé un chorro de semen como nunca, nos quedamos sin aliento ambos recostados uno a uno a la par.

    Se levantó por papel higiénico para limpiarnos, luego de unos 25 minutos volví a tomar energía para continuar con el segundo round, ya ni me importaba si el marido regresaría temprano y nos encontrase cogiendo en su cama, se puso en 4 y le di como nunca, ella quería “gritar”, pero no podíamos hacer ruido, ni encender luces todo fue a oscuras, quise comerle la raja, pero no lo permitió ni tampoco tocársela así que no sabía ni como la tenía, dijo que apenas me conocía.

    Lo que si que la tenía super apretada, era notorio que no tenía mucho uso, seguí agarrándole firmemente de su cadera y acariciando por momento ese culo que le ponía más firme el pene hasta que no aguante más y le llene toda la concha de mi leche caliente.

    Pasó el tiempo y llegó la madrugada, ella me dijo que ya era hora de irme antes que llegara su marido de trabajar, ella salió a abrir la puerta, nos despedimos con un beso y pues yo caminé hacia la casa de mi mamá asegurando de que nadie me viese salir de dónde ella y sin hacer ruido entré a mi casa, entré mi cuarto, limpié el restante del semen que aún había entre mi pene y el bóxer, me acosté y me quedé pensando en lo sucedido, no podía creer que me había comido a la mujer de mi medio amigo y vecino.

    Continuará…

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  • Dos grandes putas gozando con mi polla (1)

    Dos grandes putas gozando con mi polla (1)

    Era sábado por la mañana y Nuria y yo estábamos sentados en el tresillo de nuestro salón degustando un rico café. Ya habían transcurrido varios días desde que Javier, el sobrino de mi mujer, viviese con nosotros una experiencia sexual que deseaba y consiguiese el sueño de follarse a su tía. Nuria me dijo que iba a llamar a su hermana ‘Monty’ para que viniese a casa a tomar un café y comentarle lo que había ocurrido entre nosotros y su hijo, algo que mi zorra deseaba hacer desde el mismo momento en que el chaval se marchó de nuestra casa y lo que, como a él mismo le confesó durante nuestro encuentro, la ponía muy caliente y cachonda.

    Por mi parte no había problema en que la llamase y la invité a hacerlo cuando quisiese por lo que aprovechó ese preciso instante para contactar con ella.

    Nuria puso el teléfono en modo manos libres para que yo también escuchase la conversación. Cuando mi cuñada cogió el teléfono ambas se saludaron muy afectuosamente y mi mujer procedió a invitarla a tomar un café con nosotros esa misma tarde -“para vernos y charlar un ratillo”, le dijo- pero sin mencionar en absoluto lo que había ocurrido con su hijo Javier aunque, ¡eso sí!, le dijo que se pusiese algún juego de lencería con liguero y medias sexys de los que ella poseía por una “pequeña sorpresa” que le iba a dar, extrañándose un poco mi cuñada aunque le respondió que se lo pondría; no dijo nada pero intuyo que algo se imaginó.

    Finalmente y antes de despedirse ambas hermanas convinieron que nos encontraríamos en nuestra casa a las 18 horas de esa misma tarde.

    Tras finalizar la conversación con ‘Monty’, mi mujer me miró a los ojos y esbozó una sonrisa muy pícara y sensual diciéndome “¡Cari, esta tarde lo vamos a pasar muy bien, te lo aseguro! ¡Vamos a gozar de placer los tres como no te imaginas!”, añadiendo “Que tu rica e inmensa polla se vaya preparando porque va a tener que dar placer a dos grandiosas putas y surtirlas de mucha leche.”

    Al escucharla me sentí muy caliente y cachondo tan solo con imaginarme la situación, experimentando una gran erección que mi mujer notó a la perfección por lo que me dijo “¡Joder, tu verga ya se puso bien dura, como a mí me gusta, cari!” por lo que se encargó de aplacarla, primero con una buena mamada en el tresillo con suaves chupadas a mi hinchado capullo y lamiéndola de arriba a abajo con su dulce lengua y después, aunque mi deseo era follarla, con una fabulosa paja que hizo que me corriese de auténtico placer, chupándomela de nuevo para tragarse y saborear mi placentera corrida.

    Terminamos el café y mi mujer y yo procedimos a ducharnos ya que teníamos que salir a la calle a realizar unas compras. Decidimos ducharnos juntos para ahorrar tiempo y cuando lo estábamos haciendo, al enjabonarnos mutuamente -práctica muy habitual entre ambos-, comencé a acariciar desde atrás las majestuosas tetas de Nuria y su inmenso culo pasando también mi mano por su peludo coño lo que la estremeció de gusto pidiéndome que le hiciese una buena paja porque se había puesto muy caliente y tenía muchas ganas de correrse, algo que hizo varios minutos después entre grandes gemidos y jadeos de placer.

    Tras la ducha conjunta, mi mujer y yo procedimos a vestirnos para salir a la calle a realizar unas compras. Ni que decir tiene que ella se engalanó fantásticamente vistiendo una camisa de rayas blancas y negras, una minifalda de cuero y unos excepcionales zapatos de tacón mientras que, interiormente -¡cómo no!- portaba un precioso conjunto de lencería negra compuesto por sujetador, tanga, liguero y medias sexys de ancha blonda con encaje para deleitar a cuantos hombres se cruzasen en nuestro camino con objeto de provocarles deseo y de que la desnudasen con la mirada así como para el mío propio, que en cuanto la vi vestida así experimenté una nueva y brutal erección de mi verga.

    Nos marchamos y tras realizar diversas tareas durante algo más de dos horas fuimos parando en varios locales para tomar unas cervezas antes de volver a casa para hacer la comida, mientras lo hacíamos Nuria y yo comentábamos con morbo inusitado lo que podía dar de sí la tarde con la visita de su hermana experimentando ambos una subida de nuestra temperatura corporal que provocó que nos pusiésemos muy calientes. Abonamos nuestras consumiciones y mi mujer me pidió que nos marchásemos a casa.

    Al llegar a nuestro domicilio Nuria estaba tan cachonda que me dijo “Cari, no aguanto más. Estoy muy mojada. Por favor, coge el vibrador y hazme una paja con él antes de hacer la comida, deseo correrme con todas mis fuerzas”.

    Le hice caso y me dirigí a nuestra habitación a buscarlo, cuando volví al salón ella ya estaba tendida en el tresillo sin tanga y con las piernas abiertas y deseando recibir en su almeja peluda el vibrador con forma de polla que la hiciese gozar aunque antes de pajearla me puse de rodillas en el suelo y la calenté aún más comiéndole el coño durante unos minutos, seguidamente fui introduciéndole el vibrador suavemente y no habrían transcurrido ni tres minutos cuando comenzó a correrse como una puta zorra entre alaridos y gemidos, corrida que yo me encargué de saborear muy bien comiéndole todo su coño abierto mientras continuaba jadeando de puro gusto.

    Ya más relajada se incorporó, nos tomamos una cerveza mientras dábamos cuenta de unos cigarrillos y posteriormente se dirigió a la cocina en sujetador y sin tanga, con el ligero, las medias sexys y con su riquísimo coño libre de ropa totalmente al aire poniéndose a realizar la comida, que no quisimos fuese muy copiosa por lo que nos esperaba pocas horas después. Tras la misma, mi mujer y yo degustamos dos cafés y nos dispusimos a ver la televisión hasta que llegase la hora en que nos visitase mi cuñada ‘Monty”.

    Con puntualidad meridiana, a las 18 horas, sonó el timbre del portal de nuestro piso. Mi mujer se dirigió al interfono y abrió diciéndome “Cari, ya viene mi hermana. Prepárate y fóllala ante mis ojos como merece una buena puta como ella. También quiero que me folles a mí como tú sabes, ¿vale, amor? Lo vamos a gozar bien”. Me morreó suavemente y se dirigió a abrirle la puerta de nuestro piso. Tras saludar a mi mujer a la entrada, mi cuñada hizo acto de presencia en el salón y se dirigió a mí diciéndome “¡Buenas tardes, cuñado! ¿Qué tal va esa vida? ¿Todo bien?; espero que sí. Dame dos besazos”.

    Yo me levanté del tresillo y también la saludé afablemente plantándole dos besos en sus mejillas, besos que eran de morbo y deseo solo de pensar en lo que nos esperaba. ‘Monty’ vestía chaqueta de cuero y debajo una camisa roja de fina seda, minifaldas también de cuero, medias negras que imaginé eran de las que a mí me ponen muy caliente y excitado y botas rojas de fino tacón que le llegaban casi a medio muslo. Mi mujer y ella tomaron asiento en el tresillo del salón y yo me dirigí a la cocina para preparar café para los tres.

    Una vez servido el café yo tomé asiento en un sillón pero mi mujer me pidió que me cambiase de sitio y me sentase en medio de ellas dos en el tresillo a lo que accedí sin problema. Cuando lo hice mi cuñada me puso una mano en mi pierna y me dijo “¡Joder, cuñado, qué bien te veo!” a lo que yo, haciendo lo propio pero apretando un poco su piernaza con la minifalda más subida de lo normal por lo que me percaté de que llevaba puestas medias sexys de ancha blonda y, por tanto, un juego de lencería como le había pedido mi mujer, le respondí “¡Yo a ti tampoco te veo nada mal, querida!”.

    Nuria, esbozando una pícara sonrisa, le dijo “Tu cuñado se cuida muy bien y aquí estoy yo también para cuidarlo como se merece”.

    Tras las preguntas pertinentes entre ambas hermanas, aunque hablan por teléfono diariamente, mi mujer quiso entrar en materia cuanto antes y le dijo a mi cuñada “Tu hijo estuvo aquí hace varios días a vernos y se quedó a comer con nosotros. Es muy bueno y un encanto, ya le dije que venga más a menudo, coma con nosotros y que cuando quiera se quede aquí a dormir o varios días, lo que prefiera”, respondiéndole su hermana “Me lo dijo y me ha comentado que se lo pasó muy bien aquí, que tiene que volver a veros cualquier día de estos”.

    Yo, por mi parte, pensaba en todo lo que había acontecido entre nosotros durante su visita y con tan solo recordarlo comencé a sentir cómo mi polla despertaba por lo que intenté disimularlo-, respondiéndole mi mujer “¡Y tan bien que se lo pasó, hermana! ¡Ya te digo que si se lo pasó bien!”. Mi cuñada ‘Monty’, algo extrañada, le dijo “No entiendo que me quieres decir, Nuria. ¿Por qué se lo pasó tan bien…?”, a lo que mi zorra replicó “Pues muy sencillo, hizo realidad uno de sus sueños y de sus fantasías”.

    Más extrañada aún, mi cuñada le contestó “¿Uno de sus sueños y una de sus fantasías…? ¡No entiendo, la verdad! ¡Explícate…!”, respondiéndole ya mi mujer muy clara y directamente “Pues porque su ilusión era follarme y lo hizo, ¡y no te imaginas de qué manera! No te haces ni una idea de la polla que tiene Javier y de cómo folla y come el coño, el hijo de puta. Me hizo gozar y correrme de placer como no te imaginas”. Mi cuñada, con los ojos abiertos como platos y totalmente alucinada, le espetó “¡No me jodas, hermana! ¿No me lo puedo creer! ¿En serio, Nuria…? ¿En serio, cuñado…?”, respondiéndole yo “Totalmente en serio y, además, hemos quedado para repetir la experiencia contigo delante”.

    Mi cuñada no podía dar crédito a lo que escuchaba de nuestras bocas y, visiblemente algo nerviosa, marchó al baño mientras mi mujer me guiñaba un ojo de complicidad.

    Después de varios minutos ‘Monty’ regresó más relajada al salón junto a nosotros y Nuria me pidió que preparase otro café para los tres, me dirigí a la cocina y desde allí escuchaba la conversación entre las dos hermanas siendo mi puta zorra la que le daba todo tipo de detalles sobre la follada con su hijo y sobre lo bien que lo habíamos pasado con él, de repente se hizo el silencio y dejé de escucharlas, cuando el café ya estuvo listo y servido marché de nuevo al salón y cuál fue mi sorpresa al llegar y encontrarme a mi mujer y a mi cuñada morreándose con pasión inusitada mientras se acariciaban sus tetas una a la otra mutuamente por encima de la ropa y se abrazaban calientes como perras.

    Con los ojos como platos por la escena deposité los cafés en la mesa y Nuria me pidió que volviese a tomar asiento entre las dos en el tresillo, así lo hice cachondo perdido y con mi rabo totalmente duro y tieso, lo que no pasó desapercibido para ambas, comenzando mi mujer a besarme el cuello mientras me lo acariciaba por encima del pantalón y cogía la mano de mi cuñada para que hiciese lo mismo.

    Yo, por mi parte, recibiendo inmenso placer, comencé a morrearlas a ambas de forma alterna mientras que con mis manos acariciaba sus tetas y sus piernas hasta llegar, por encima de sus tangas y ligueros, a sus húmedos y peludos coños -mi cuñada lo tiene igual que su hermana-, ya muy mojados por la calentura acumulada. Nuria nos dijo que estaríamos mucho más cómodos sin ropa y los tres procedimos a desnudarnos creciendo mi excitación cuando ambas quedaron ante mis ojos totalmente desnudas, tan solo con ligueros y medias sexys preciosas las dos, las de mi mujer color carne y negras las de su hermana, y con tacones mi zorra y botas rojas mi cuñada.

    Volvimos a sentarnos en el tresillo en la misma posición y Nuria invitó a mi cuñada a comerme la polla diciéndole “¡Toda tuya, hermana! Ahí tienes el hermoso vergajo de mi marido todo para ti. ¡Chúpaselo y mámaselo como tú bien sabes y dale gusto y placer, jodida puta!”. Ella, dirigiéndose a mí y mientras me lo acariciaba de arriba a abajo, me dijo, “Ya lo conocía por fotos que me ha enviado mi hermana y han sido varias las veces que me he pajeado y me he corrido mirándolas pero en directo me gusta mucho más. ¡Vaya polla que tienes, hijo de puta! ¡Me encanta!”.

    Seguidamente se levantó y se puso de rodillas ante mí, que continuaba sentado en el tresillo y con las piernas abiertas, y comenzó a deleitarme con una mamada de escándalo que me proporcionó un gustazo indescriptible.

    Mientras que la zorra de mi cuñada gozaba con mi rabo y me lo chupaba fuera de sí, yo morreaba a mi mujer y al mismo tiempo la pajeaba con dos dedos dentro de su jugosa almeja.

    Nuria, con su coño ya muy mojado por la paja que yo le hacía y con inmensos deseos de correrse me pidió que se lo comiese mientras mi cuñada me mamaba la polla por lo que se levantó y se puso de pie en el tresillo encajando su peluda raja en mi cara y pidiéndome que le pasara mi lengua por ella y se la besara lo que hice mientras ella me decía “¡Sigue, cari, sigue! Cómeme el coño, hijo de puta, cómetelo para darte toda mi corrida en tu boca. ¡Cómo me gusta, mi amor, cómo me gusta, me haces gozar como lo puta y zorra que soy!”.

    Mientras, ‘Monty’ se tocaba su coño con una mano y seguía disfrutando con mi verga, dura como una piedra y tiesa como un palo, diciéndome entre chupada y chupada “¡Me encanta, cariño, me encanta tu polla! Qué ganas tenía de disfrutar de ella y de que me hicieses gozar como una perra. ¡La quiero toda para mí, toda!”.

    Yo, caliente a más no poder, sujetaba a mi mujer por las cachas de su maravilloso culazo y con la punta de mi lengua aceleraba el ritmo de mi comida de coño en su clítoris haciendo que en poco tiempo se estremeciese de placer con una majestuosa y rica corrida en mi boca diciéndome “¡Toma mi jugo, cornudo mío! Ahí tienes el rico néctar de la almeja de la puta zorra de tu mujer todo para ti, saboréalo y trágatelo como a ti te gusta, disfrútalo, hijo de puta. ¡Qué bien me comes el coño y cómo me gusta!

    Tras su inmensa corrida Nuria pidió a ‘Monty’ invertir las posiciones y fue mi mujer quien comenzó a chuparme y mamarme la verga placenteramente mientras que mi cuñada se subió al tresillo para que también a ella le comiese su rico coño y la hiciese correrse de gusto.

    Lo encajó en mi boca y sujetándola por su soberbio culo comencé a saborearlo con deleite excitándome mucho el hecho de hacerlo delante de mi golfa, que le decía mientras acariciaba mi polla “¿Te gusta, hermana…? ¿Te gusta cómo te come el coño mi marido…? ¿Has visto el placer que nos da su lengua en nuestras rajas calientes…?”, a lo que ‘Monty’ le respondió entre grandes gemidos y jadeos “¡Me encanta, me encanta muchísimo!”, añadiendo “¡Sigue, sigue cuñado mío! Qué bien me comes mi conejo peludo, hijo de puta, y qué caliente y cachonda me tienes. Me voy a correr en tu boca, cornudo cabrón, hijo de la gran puta. ¡No pares, te lo ruego, no pares!”.

    Yo aceleré los movimientos con la punta de mi lengua en el clítoris y en la pepitilla del coño de ‘Monty’ y gritando por el gustazo que recibía comenzó a soltar sus jugos en mi boca mientras que, entre espasmos de placer, se movía refregando su almeja contra mi boca y gritaba “¡Me corro, me corro! Qué gustazo, por Dios, qué gusto. Me corro, cariño. Qué rico, ¡qué rico!”; mientras lo hacía mi mujer le decía “¡Así, así gran puta! ¡Córrete, zorra! ¿Te gusta cómo te come el coño tu cuñado, no…? ¡Así, así! ¡Me pone muy cachonda ver cómo te corres con mi marido!”.

    Yo ya estaba a punto de explotar, y avisé a Nuria de que me correría muy pronto, ella siguió de rodillas y mi cuñada se bajó del tresillo para arrodillarse junto a ella. Ambas abrieron sus bocas y yo, mirando al techo, comencé a menear mi polla con rapidez hasta explosionar en una gran catarata de leche que ambas recibieron deseosas y tragaban con enormes ganas. Entre las dos comenzaron a chupar mi rabo y mi capullo para dejarlos relucientes y no desaprovechar ni una gota de mi corrida finalizando con un extraordinario morreo entre las dos para chupar mutuamente la lefa impregnada en sus caras y bocas.

    Después de corrernos y gozar plenamente mi mujer y mi cuñada fueron al baño a adecentarse un poco mientras que yo permanecí sentado en el tresillo totalmente relajado y acariciándome la polla para que volviese a ponerse en forma y seguir dando placer a mis dos grandes putas follándolas como realmente se merecen.

    A ambas las escuchaba hablar casi susurrando en el baño y me picó la curiosidad por lo que con sigilo me acerqué hasta la puerta, un poco entreabierta, pudiendo escuchar a mi mujer cómo le preguntaba a mi cuñada “¿Te gusta la polla de mi marido, eh…? He visto cómo gozabas chupándosela y me he puesto muy cachonda”, añadiendo “¡Menuda comida de coño te ha hecho mi cornudo! Es un fenómeno comiendo coños y follando”, respondiéndole mi cuñada “¡Joder, que si me gusta su polla! Es inmensa y se la estaría comiendo a todas horas. Además, me encanta la cantidad de leche que suelta, me ha maravillado su corrida”, añadiendo “Y me he vuelto loca cuando me ha comido el coño, me he corrido como una perra, ¡qué bien lo hace el hijo de puta!”.

    Conforme transcurría su conversación en el baño ambas se iban poniendo nuevamente muy cachondas por lo que mi mujer se apoyó de espaldas en el lavabo atrayendo a su hermana hacia sí y comenzando las dos a morrearse de nuevo y a meterse mano una a la otra en sus respectivos coños, que volvían a estar mojados por el calentón. Yo las miraba tras la puerta y mi verga experimentó una nueva erección deseosa de follarlas a las dos.

    Mientras se besaban como si de dos lesbianas se tratase, mi mujer le dijo a mi cuñada “¿Te gusta la polla de mi marido, eh? ¡Qué zorra y qué golfa eres! Te aseguro que vas a gozar con ella ahora cuando te folle. Quiero ver cómo gozas de gusto cuando te la meta toda delante de mí”, ella jadeaba de placer y asentía con su cabeza diciéndole a Nuria “¡Sí, hermana, quiero que me folle tu marido, sentir su verga dentro de mí y gozar de placer como lo haces tú cuando te la mete!”.

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  • Mi suegro y Mirtha emputecen a otra de sus nueras: Genesis

    Mi suegro y Mirtha emputecen a otra de sus nueras: Genesis

    Dos días después de mi encuentro con mi suegro y Manuel pillé una inoportuna gripe veraniega que me tenía en cama con fiebre, pero recibí el aviso para conectarme al sistema urdido por mi suegro, lo que quería decir que algo iba a pasar, cuando me conecté, me encontré a mi suegro sentado en el sofá del folleteo con Genesis.

    Genesis era otra de las nueras de mi suegro, la cuarta que iba a pasar la prueba de puta o fuera de la familia, como todas las anteriores, era de pelo castaño, petas medianas, parece que los hijos de mi suegro tenían todos gustos muy parecidos. Llevaba puesto un vestido veraniego de rayas azules y bancas. Cuando mi suegro le terminó de exponer el discurso que nos iba soltando a todas sus nueras, ella se levantó y dijo:

    -Jacobo, me tienes a tu disposición.

    Mi suegro, como había hecho con sus anteriores nueras, se puso de pie y comenzó un morreo con ella, después la puso sus manos y en culo y se lo sobó, acto seguido mientras se morreaban, le fue alzando el vestido hasta que se lo puso a la altura de su tanga blanco, con una de sus manos, se la fue bajando hasta dejarlas en el suelo, después se apartó un poco y se quitó os pantalones y los calzoncillos, en ese momento Genesis apartándose un poco llevó su mano a la polla de mi suegro y dijo:

    -Suegro parece que tienes una buena polla, deja que tu nuera, rinda un homenaje al jefe de la familia.

    Y arrodillándose ante él le cogió su polla con la mano y dijo:

    -La tienes mejor que la de Oscar.

    Oscar era el marido de Genesis, y por tanto uno de los hijos de mi suegro, Genesis cogió la polla de Jacobo y se la metió en la boca comenzando de esta manera una mamada, mi suegro dijo:

    -Joder so puta, que bien la mamas, yo no sé cómo el tonto de mi hijo no espabila al recibir estas mamadas, que seguro le haces cada día.

    -No le gusta tanto como a ti, dijo su nuera interrumpiendo por un momento la mamada.

    Pero después siguió chupándosela hasta que mi suegro dijo:

    -Vamos al sofá.

    Jacobo se sentó en el lugar habitual y su nuera se puso encima, la bajo las hombreras del vestido Genesis no llevaba sujetador y sus tetas quedaron al aire, él se puso a chupárselas mientras decía:

    -Me encantan tus tetas, puta, no muy grandes, no me gustan para nada las mujeres de grandes ubres, parecen una vaca.

    Estuvieron así un rato hasta que nuevamente mi suegro dijo:

    -Vamos tengo muchas ganas de tener mi polla dentro de tu coño.

    Parecía que la postura preferida de mi suegro para follar era él sentado en el sofá y que su compañera de folleteo se sentara encima de él, y eso fue lo que hizo Genesis, se sentó encima de él y acoplo el coño de ella con la polla de él. Y comenzó a subir y bajar, como si estuviera montado un caballo, mi suegro la apretaba contra él y aprovechando que los pechos de su nuera estaban cerca de su boca se puso a mamárselos, Genesis dijo:

    -Cariño, lo haces muy bien, me encanta como me los chupas.

    Mientras él con sus manos agarraba fuertemente el culo de ella, los dos gemían de una manera muy intensa.

    Yo al verlos, pese a encontrarme en medio de un proceso febril no pude menos de llevar mi mano a mi coño e introducir varios dedos en su interior, y no tarde en correrme.

    Mientras ellos seguían ajenos a mi calentura, y sumidos en su propia calentura, Genesis seguía montada sobre mi suegro mientras este seguía chupando sus pezones y sobando su culo hasta que mi suegro dijo:

    -Quiero tener un primer plano de tu culo.

    Genesis se levantó y en un movimiento rápido, se dio media vuelta, quedándose de espaldas a mi suegro y desde esta postura se la volvió a meter, después recostándose sobre mi suegro hecho su cabeza hacia tras, su cabeza se apoyó en el hombro de mi suegro y sus bocas quedaron muy cerca una de la otra, mientras había acoplado la polla de su suegro con su coño, y desde esta postura continúo cabalgándole.

    -Joder, que bien follas niña, dijo mi suegro.

    Ella, sin duda satisfecha por sus palabras, aunque no lo demostrara seguía al ataque, mi suegro estaba a punto de correrse, pero quería retrasarlo, para no dejar de follar con su nuera, así que dijo:

    -Mi niña, debes de estar muy cansada con esta postura, salte y túmbate en el sofá.

    Genesis, una vez más obedeció y se tumbó sobre el mueble de los folleteos y abrió bien sus piernas, Jacobo apoyó una de sus piernas doblada, se le notaba que estaba en forma, y con la otra en el suelo, introdujo su polla dentro del coño de su nuera, esta al recibirla dio un fuerte gemido mientras decía:

    -Suegro que bien follas, con el soso de tu hijo hace mucho que no probamos posturas nuevas.

    -Mi hijo es tonto, dijo mi suegro, con una mujer tan puta como tu es para que estuviera siempre con la polla en la mano, dispuesto a follar en cualquier sitio.

    Estuvieron en esta postura otro rato, hasta que mi suegro dijo:

    -Mi niña tengo ganas de follarte como si fueras una perra

    -No puedo negarte nada, Jacobo, dijo ella.

    Él se apartó y ella se puso a cuatro patas sobre el sofá como si fuera una animal, zorra o perra. Entonces mi suegro se acercó a ella por detrás y le metió su polla en el interior de su coño, mientras les decía:

    -¿El cornudo de mi hijo tampoco te folla así?

    Para nada, dijo ella, hace mucho que perdió la pasión por mí.

    Pues una zorra como tú, dijo mi suegro, esta para que la follen en todas las posturas.

    Y siguió follándosela casi con rabia, viendo la forma en que se movía mi suegro no parecía un sesentón, parecía poseer la misma fuerza y vigor que sus hijos.

    Yo por mi parte parecía que ver follar era un buen remedio para mi gripe, aunque no dejaba de tener fiebre no podía dejar de masturbarme y me olvidaba por completo de mi enfermedad.

    Tras estar un rato follando de esta manera mi suegro dijo a su nuera:

    -Me muero de ganas de metértela por el culo.

    -Tus deseos son órdenes para mii amor, dijo Genesis, mi culo es tuyo.

    Dado la postura en que estaban follando, a mi suegro no le costó mucho, simplemente sacó su polla del coño de su nuera, cogió un bote de crema que se encontraba, disimuladamente, en el sofá, y se lo untó a su nuera en el culo, después llevó su polla hasta la entrada del culo de Genesis, y empujó con ganas, su polla, a pesar de ser de buen tamaño entró con mucha facilidad en el culo de su nuera que al notarla comenzó a gemir de una manera muy intensa, se notaba que ella estaba acostumbrada a recibir visitas por ahí, mi suegro comenzó a decir:

    -Que culo tan acogedor tienes, querida nuera.

    -Es para que mi adorado suegro lo disfrute, contestó ella.

    El comenzó a mover su polla dentro del culo de Genesis, cuyos gemidos fueron en aumento, hasta que finalmente mi suegro dijo:

    -No puedo más.

    Y un río de leche de su polla llenó el culo de su nuera.

    Había sido muy excitante, pero cuando terminó una cosa, me comenzó a preocupar, lo normal era que después de que mi suegro emputeciera a sus nueras, era que yo tuviere relaciones lésbicas con ellas, como decía mi suegro putas y lesbianas, pero mi estado físico aún no me lo permitía, ¿Esperaría mi suegro a que me recuperara?

    Al día siguiente tuve la respuesta, me encontraba más recuperada, pero necesitaba unos días más para estar completamente restablecida, me llegó un mensaje para conectarme al sistema instalado por mi suegro, cuando lo hice la casa de Mirtha apareció en la pantalla, y en ese momento entraron Mirtha y Genesis, esta última le dijo a la primera:

    -Nuestro suegro me ha pedido que te entregué un bikini que nos ha comprado a cada una.

    -Vale, dijo Mirtha, vete a mi cuarto y ponte el tuyo, yo me pongo el mío aquí,

    Genesis salió y Mirtha se quitó la ropa delante de la cámara, está claro que sabía que la estaban mirando y lo hizo de la forma más erótica que pudo, después se puso el bikini, era pequeñito, y apenas la tapaba nada, el cabrón de mi suegro quería que pareciera muy puta y seguro que el de Genesis era parecido; y efectivamente cuando esta apareció llevaba un bikini de un color diferente al de Mirtha, pero los dos tapaban una cantidad muy pequeña de su cuerpo, cuando Mirtha la vio dijo:

    -Estas espectacular.

    -Tú, también estás divina, dijo Genesis

    -¿Qué te parece si nos los cambiamos?, preguntó Mirtha.

    Genesis aceptó y las dos ayudándose mutuamente se deshicieron de sus bikinis y se quedaron completamente desnudas, en ese momento Mirtha dijo:

    -Que buenorra estas, cuñada.

    Llevó sus manos al hombro de Genesis, y arrimando su boca a la de esta las dos se fundieron en un beso muy apasionado. Cuando germinaron de besarse Mirtha dijo a Genesis, túmbate en el sofá, está la hizo, aunque con la cabeza apoyada en el respaldo e instintivamente abrió bien sus piernas, Mirtha se arrodilló a sus pies y arrimando su boca al coño de su amiga, introdujo su lengua en su interior.

    Genesis al sentir la lengua de Mirtha dentro de ella comenzó a gemir, entonces dijo:

    -Por lo que veo tú también has tenido una conversación con nuestro suegro.

    -Es cierto amor, contestó Mirtha, pero creme tu coño me encanta.

    Y continúo lamiéndoselo ante los gemidos cada vez más intensos de su compañera de juegos. Genesis no pudo resistir micho tiempo los ataques de Mirtha y terminó corriéndose en medio de fuertes gemidos, en ese momento Mirtha sacó su lengua del coño de su compañera de juegos, que le dijo:

    -Muchas gracias, amor, nunca pensé que con una mujer se pudiera gozar tanto.

    -La verdad es que yo no lo había probado hasta que nuestro suegro me llevó a ello, pero espero que me deje profundizar en ello, dijo Mirtha.

    Tras esta frase, llevó tres de sus dedos al coño de Genesis y los introdujo en su interior.

    -Quiero ser una buena anfitriona, dijo de una forma muy insinuante.

    Joder tía, dijo Genesis, a Oscar esto nunca se le ocurre y podía hacerlo perfectamente,

    -Los tíos son unos egoístas, dijo Mirtha, solo piensan en su placer, así que no hay que tener ningún complejo en ponerles los cuernos.

    Mientras decía esto sus dedos continuaban moviéndose dentro del coño de su compañera, que con sus gemidos demostraba su satisfacción. Hasta que nuevamente se volvió a correr. Genesis la beso de nuevo en la boca y la dijo:

    -Muchas gracias cuñada, hasta ahora te veía como la cuñada de mi marido, se que él te tiene ganas, pero después de esto no me importa, solo espero que, con el consentimiento de nuestro suegro lo repitamos.

    -Él mío también te tiene ganas a ti, en realidad todos los tíos son unos cerdos, así que nosotras gocemos, respondió Mirtha.

    -Llevas razón, dijo Genesis, pero ahora me toca a mi ser generosa contigo, ponte en el sofá de espaldas.

    Mirtha se colocó en el sofá a cuatro patas, apoyada en el respaldo, en ese momento Genesis se puso de rodillas en el suelo, tenía un primer plano del culo de su compañera de juegos, y dijo:

    -Menudo culo tienes cuñadita, no me extraña que mi marido te lo mire, pero creo que hay lo voy a ganar, voy a acariciártelo.

    Y con sus manos comenzó a acariciarla el culo, su compañera comenzó a gemir, Genesis dijo:

    -Ahora voy a ser yo quien juegue.

    E introdujo tres dedos, como había hecho antes Mirtha, dentro del coño de su compañera que comenzó a gemir de una manera muy intensa y dijo:

    -Llevas razón cariño, ya podían hacer un esfuerzo nuestros mariditos y hacerlos esto.

    Yo viéndolas también había metido tres de mis dedos dentro de mi coño y me estaba dando placer, y es que es espectáculo era impresionante.

    Genesis continuó jugando con el coño de Mirtha hasta que esta se corrió, lanzando un grito muy intenso, en ese momento le dijo:

    -Tengo ganas de saborear tu coño.

    Y con Mirtha que seguía de espaldas a su acompañante, apoyada en el sofá Genesis poso su casa cerca del trasero de su amiga, y sacando su lengua procedió a lamerle el culo, Mirtha dijo:

    -Que bien lo comes.

    -Me alegro de que te guste cariño, dijo Genesis, quiero volverte loca de gusto.

    Y los gemidos de Mirtha parecían demostrar que lo estaba consiguiendo, cuando estos se hicieron más intensos, su compañera aumento el ritmo hasta que fue claro que Mirtha se estaba corriendo.

    En ese momento Genesis fue hasta su bolso y para sorpresa de Mirtha sacó de él un consolador con un color muy vivo y le dijo a Mirtha:

    -Nuestro suegro quiere que juguemos un poco con esto.

    -Bueno más o menos tiene el tamaño de la de mi marido y supongo que esta no da gatillazos, jajaja, dijo Mirtha, pero como anfitriona me pido ser la primera que la use contigo.

    Genesis aceptó y se puso a cuatro patas, apoyada en el sofá, Mirtha agarró el consolador y desde atrás lo introdujo en le interior del coño de Genesis. Esta al sentirlo comenzó a gemir, mientras Mirtha como si fuera un chico, sus gemidos se hicieron muy intensos y finalmente se corrió.

    Genesis cuando Mirtha se lo sacó sonrió y dijo:

    -Cuñada manejas el aparato mejor que mi marido, pero ahora me toca a mí.

    Mirtha comprendiendo los deseos de su compañera de juegos ss tumbó sobre el sofá, pero esta vez boca arriba, pero al separar sus piernas su coño quedó bien abierto. Genesis se arrodilló y cogió el aparato con una de sus manos y lo introdujo dentro del coño de su amiga, que nada más sentirlo dentro de ella comenzó a proferir fuertes gemidos y exclamó:

    -Llevas razón cuñada esto es mejor que la polla de nuestros maridos.

    Genesis seguía moviendo el aparato dentro del coño de su cuñada provocándola un gran placer, hasta que se corrió estallando en medio de un impresionante orgasmo.

    Ver estas imágenes me resultaba extremadamente excitante, pero de otro lado me hacían pensar, si yo hubiera estado bien habría sido yo y no ella quien hubiera estado jugando con Genesis ello hizo que me animara a curarme del todo.

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  • El despertar de Sofía

    El despertar de Sofía

    En la soleada ciudad de Guadalajara, vivía una joven de 18 años llamada Sofía. Desde que su madre se casó con Jorge, un hombre de 40 años, Sofía había sentido una atracción misteriosa hacia su nuevo padrastro. Jorge era un hombre atractivo, con cabello castaño oscuro y ojos verdes penetrantes. A pesar de su atracción, Sofía sabía que cruzar esa línea sería un tabú.

    Un día, mientras Jorge estaba en su estudio trabajando, Sofía entró tímidamente. “Hola, Jorge. ¿Puedo hablar contigo?” preguntó, con una voz suave y temblorosa.

    “Por supuesto, Sofía. ¿Qué necesitas?” respondió Jorge, mirándola fijamente.

    “Es solo que… me siento un poco sola. Mi madre está ocupada y no tengo muchos amigos aquí.” admitió Sofía, mirando al suelo.

    Jorge se levantó de su silla y se acercó a ella. “Lo siento, Sofía. No deberías sentirte sola. ¿Te gustaría salir a tomar un café o algo?” propuso, con una sonrisa amable.

    Sofía asintió y sonrió. “Gracias, Jorge. Me encantaría.”

    Salieron juntos y caminaron por las calles adoquinadas de Guadalajara, hablando de todo y de nada. La tensión entre ellos era palpable, pero ambos disfrutaban de la compañía del otro. Después de un par de semanas de salir juntos, comenzaron a sentir una conexión más profunda.

    Una noche, mientras miraban una película en el sofá, Jorge se acercó a Sofía. “Sofía, eres muy especial para mí. No puedo evitar sentir una atracción hacia ti.” confesó, con voz baja.

    Sofía miró a Jorge a los ojos, su corazón latía fuerte. “Yo también siento lo mismo, Jorge. Pero… ¿está bien?” preguntó, con una mezcla de miedo y deseo.

    Jorge la tomó de la mano y la miró fijamente. “Solo si tú estás segura. No quiero que te sientas presionada.”

    Sofía asintió, su corazón latiendo con emoción. “Estoy segura, Jorge. Quiero estar contigo.”

    Jorge se inclinó y la besó suavemente en los labios. Sofía respondió al beso, sus labios se abrieron y sus lenguas se encontraron. El beso se volvió más apasionado, y ambos sintieron una oleada de deseo.

    Jorge comenzó a besar el cuello de Sofía, deslizándose lentamente hacia abajo hasta sus senos. Los besó y los lamió, haciendo que Sofía gimiera de placer. Luego, bajó su mano y comenzó a acariciar su coño a través de sus ropas. Sofía jadeó, sintiendo una oleada de calor.

    “¿Te gusta, Sofía?” susurró Jorge, mirándola a los ojos.

    “Sí, Jorge. Me encanta.” respondió Sofía, con voz temblorosa.

    Jorge desabrochó su pantalón y sacó su polla dura. Sofía lo miró, asombrada por su tamaño. Jorge se acercó y comenzó a frotar su polla contra su coño, mojándolo con su humedad.

    “¿Estás lista, Sofía?” preguntó Jorge, con voz ronca.

    “Sí, Jorge. Quiero que me folles.” respondió Sofía, con deseo.

    Jorge entró lentamente en ella, haciendo que Sofía jadeara de placer. “Oh, Jorge… sí…” gimió.

    Jorge comenzó a moverse lentamente, haciendo que Sofía se estremeciera de placer. “Más rápido, Jorge. Quiero más…” suplicó.

    Jorge aumentó el ritmo, haciendo que Sofía gritara de placer. “Oh, Jorge… sí… sí…” gemía, sus uñas hundiéndose en la piel de Jorge.

    Jorge se inclinó y comenzó a chupar los pezones de Sofía, haciendo que ella se estremeciera aún más. “Oh, Dios… oh, sí…” gemía, su coño apretándose alrededor de su polla.

    Jorge siguió follándola, sus cuerpos sudorosos chocando uno contra el otro. Sofía sintió una oleada de placer y gritó de éxtasis. “Oh, Jorge… sí… sí… sí…” gemía, su cuerpo temblando de placer.

    Jorge también sintió una oleada de placer y gritó, vertiendo su semen dentro de Sofía. Ambos se quedaron allí, jadeando y abrazándose.

    “Te amo, Sofía.” susurró Jorge, mirándola a los ojos.

    “Te amo, Jorge.” respondió Sofía, con una sonrisa.

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  • Vacaciones movidas

    Vacaciones movidas

    Después de un tiempo donde mi esposa fue la putita del verdulero, el hijo, el carnicero, de Marcelo el policía y un vecino, decidimos hacer una vuelta de hoja, y nos fuimos de vacaciones, como queríamos disfrutar lo más posible decidimos ir gastando lo menos posible, así que hasta retiro nos fuimos en tren, en la mitad del camino, en la estación de Caseros, sube la policía y nos piden irnos a otro vagón porque subiría la barra de Boca, un poco por rebeldía y otro poco porque estábamos muy cargados de bolsas decidimos quedarnos en el mismo vagón, total vos sos de Boca le dije hasta la biquini tenés puesta y el bolso, no podes negar que lo sos.

    Al llegar la barras brava es obvio que los capos se nos vinieron, como no ver semejante morocha, con unos labios hermosos, sus pechos redonditos, al ver el bolso y a Noemi, lo primero que preguntaron si éramos bosteros, a lo que Noemi rápidamente dijo que si, ella como se reía, no sé si creaba duda o bien fue el plan del capo de la barra, pero le muestra el slip de boca que llevaba puesto con el escudo del club bien en el frente en medio, a lo que ella dice yo llevo la biquini también de boca, ellos se ríen y le piden que se los muestre así, que se saca sus sandalias y el vestido, mostrando no solo el traje de baño si no todo su lindo cuerpo.

    El jefe toma su slip por la cintura y le dice a Noemi, si es verdad que sos bosterita, dale un beso a mi escudo, a lo que ella se agacha y al momento de besar el escudo el baja su slip, dejando ver un pene no muy gordo pero largo en el mismo momento que ella besaba el escudo, es decir que le dio un beso a la pija del tipo.

    Sin perder tiempo él toma el pelo de mi esposa impidiendo que saque su cara y le refregó todo el tronco por la cara, en ese momento detrás le desatan su biquini quedando totalmente desnuda el cual se lo queda como trofeo quien se lo saco.

    Mientras otro tenía pensado mejor premio así que se agacho chupo un poco toda la rayita de mi esposa y se la clavo por la cola, eso hizo que ella grite logrando así meter su miembro en la boca el jefe que la tenía agachada por la cabeza.

    Ella ya resignada cogió con jefes por ambos lados mientras otro solo se hicieron chupar. Al llegar a la estación donde bajaban se despidieron, con un beso en la boca a lo que mi mujer no se negó ya a estas alturas.

    Se limpio un poco y se puso solo el vestido ya sin nada abajo.

    Yo estaba al palo, pero al subir el resto de la gente cuando bajo la barra no pude hacer nada. Por el resto del viaje no tocamos el tema, pero nuestro viaje no termino ahí.

    En otro relato cuento que pasó.

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  • Confesión de chica trans sissy

    Confesión de chica trans sissy

    Hola soy many. Espero estén bien.

    Hoy más que un relato, es una confesión y algo que hago todos los días.

    Trabajo en un almacén en logística y envíos, estoy en oficina. La mayoría del personal ya son señores y señoras maduros. Yo y otra chica somos las únicas jóvenes, si se puede decir.

    En pocas palabras mi confesión y secreto (que ya no es secreto jijiji)

    Cómo mi trabajo requiere que este bien presentable. Pantalón Levis o de vestir, obviamente ajustado. Camisa de botones, etc., todo lo que conlleva estar en oficina. Lo que no saben los señores que trabajan conmigo, es que diariamente, todos los días, abajo de mi uniforme todo formal de “chico” abajo de todo eso, estoy enfundada en una rica lencería, ligueros, medias, obviamente tanguitas muy chiquita, creo que nadie se imagina, bueno lo más que se imaginan es que soy “gay” creo que saben la mayoría, lo digo porque varios señores de mi trabajo, se me han insinuado. Mi culo gordo no lo puedo ocultar y mi compañera, de mi edad, no para de alagarme cada vez que puede y me encanta.

    Hay ocasiones que hasta babydolls he llevado abajo de mi uniforme, esto lo hago todos los días, se ha vuelto un vicio andar con mi rica lencería por todo el trabajo, creo que ellos no se imaginan y si lo hicieran, no saben lo caliente que me pone eso.

    De vez en cuando llevo mis juguetes para darme placer en los baños yo solita. Siempre trato de ir cuando algún señor compañero va también al baño, con ganas de quitarme mi uniforme y enseñarles mi ropita de puta.

    Me he llegado a quitar todo mi uniforme, quedando en mi rica lencería, dándome placer encerrada en un baño, con las ganas de que algún señor de ahí, se dé cuenta y me haga de todo.

    También confieso que en este momento, estoy en mi trabajo escribiendo esta confesión, sentada y enfundada en una rica lencería, medias de red negras, tanguita negra con falda transparente y con unas ganas de ser descubierta y que se aprovechen de mí.

    Gracias por leerme y seguiré más activa y por supuesto vistiendo en mi trabajo lo más puta posible.

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