Blog

  • Todo por una deuda

    Todo por una deuda

    Después de lo que pasamos en el barrio que la mayoría de los tipos se dieron el gusto de coger a mi esposa nos tuvimos que mudar, ya que las esposas de ellos la buscaban, algunas para pegarle, otras para probarla también.

    Noemi, mi esposa una morocha hermosa con unos pechos divinos y linda cola.

    El problema era que hasta que vendamos la casa tuvimos que pedir in préstamo para alquilar.

    El error fue que se lo pedí a mi jefe, y como garantía está el auto, algo que a mi jefe mucho no le interesa pero al menos lo acepto.

    El primer mes todo bien, pero a medida que pasaba el tiempo es como que buscaba apurarme más y para colmo un problema en el trabajo me costó el descuento de una suma importante de mi sueldo, cuando le dije que si hacía eso me iba complicar pagarle, me contesto que no puede hacer excepciones porque si no los otros trabajadores no lo respetarían.

    Llegado el día de pago salí a buscar un resto de lo que me faltaba y mandé a mi esposa a llevarle lo que en ese momento teníamos, para darme tiempo en juntar el dinero, ese fue mi error.

    Al llegar al despacho de mi jefe, la secretaria me dice que entre qué me esperaba, al entrar veo a mi jefe en su sofá y al lado mi esposa, el me recibe lo más bien diciendo, me imagino que trajiste el dinero, mientras tenía su mano en la pierna de mi esposa.

    Cuando le informo que me falto una pequeña suma comparada con la cuota, me dice que él contaba con todo el dinero, por eso el me lo presto, pensando que yo cumpliría, pero que no me preocupe que por esta vez me va perdonar ese faltante pero debo aceptar que mi esposa le haga una linda mamada, yo me levante enojado, pero me dice sentate si no querés perder tu casa, tu auto y todo lo que tenés.

    Tengo los documentos donde dice la deuda y los intereses serán proporcional a los intereses bancarios.

    No me quedo otra que aceptar lo que pidió, así que empezó a besar a mi esposa, tocaba sus pechos y su entrepiernas, el muy cabrón ya estaba cobrando los intereses, en si tenía pensado más que una mamada, desprendió la camisa qué llevaba Noemi y mesaba los pezones y pegaba algunos mordiscos haciendo que ella gimiera,

    Volviendo a su boca besando, hizo que chupara sus dedos el cual metió después dentro del jogging de mi mujer, haciendo movimientos con su mano, lo que hacía qué mi esposa se retuerza, tomó la mano de Noemi y la puso sobre tu pené qué ya lo había sacado, y estaba duro, ella atino a bajar a chuparlo y el la freno, mientras seguía metiendo mano, se podía ver que ella no daba más de calentura y el lo confirmó, diciendo está muy mojada esta putita.

    Mientras la mira y le pregunta, te gusta lo que tenés en tu mano, ella sin más le dice que si, a lo que él le preguntó ¿querés que la meta? Ella con lágrimas en los ojos mientras me mira, le dice que si, el siguiendo su juego, le pregunta ¿si qué? A lo que ella dice si la quiero dentro mio por favor.

    Mi jefe se ríe y dice es muy puta, y la baja para que se la chupa, ella empieza por la cabeza, pasa la lengua por todo el tronco, y se mete toda en boca, así por varios minutos, hasta que la hace desnudar, y la sube arriba de él, ella con la calentura qué tenía empieza a cabalgar.

    Yo sé que no es la primera vez que la veía así, pero me puso a mil, y empecé a masturbarme.

    Mi jefe se ríe y me dice me parece que te voy hacer pagar parte de la deuda con ella, coge muy lindo.

    La pone en cuatro y empieza a meter la lengua por sus cuevitas, ella ya sabía que iba pasar ella lo besa y le ruega que por detrás no, y el dice que si, no se iba perder ese lindo culo y empezó a intentar encontrar, y presionaba con fuerza, Noemi gritaba, hasta que veo que el se deja caer sobre ella, ahí la había metido toda, y empezó a moverse, ella gemía como loca hasta que de repente tuvo un orgasmos.

    El la besa y le dice, viste que te gustó putita, ahora me vas a dar ese culo todos los meses. Ella lo besa y dice que si, al rato él se mueve más rápido y da un jadeo fuerte, había llenado de leche las extrañas de mi mujer.

    Minutos después me dice valió la pena tu deuda, cuando la vi por primera vez a tu esposa, y vi esa carita de puta no era porque si.

    Se visten se acomodan, me da el recibo y nos fuimos.

    Al mes siguiente el mismo buscaba que yo no llegue a poder pagar y Noemi pagaba el faltante.

    Loading

  • Masturbarme en el baño de hombres y ser vista

    Masturbarme en el baño de hombres y ser vista

    Una historia rápida, mi nombre es Helen y tengo 24 años, desde hace bastante tiempo tengo hábitos exhibicionistas y me gusta estar desnuda en diferentes lugares o ser vista.

    Hace 5 días desde que escribí esto yo estaba tocándome en los baños de un centro comercial, estaba sin ropa en un cubículo del baño de mujeres y como siempre me pasa tengo ideas.

    Sin haberme venido me puse la ropa y salí a ver el baño de hombres del que vi que salieron los 2 personas, sin saber si había alguien más tome a esas 2 personas como un boleto de entrada.

    Me encerré en un cubículo rápido al no ver a nadie dentro y me volví a quitar la ropa, pero otros 2 cubículos estaban cerrados así que si había gente ahí.

    Comencé a tocarme gimiendo despacio, escuché gente entrar y puertas abrirse y eso me calentaba más, me metía los dedos más rápido y cuando estaba por terminar quite el seguro de mi puerta incluso la abrí un poco para asomar la mirada y al no ver a nadie la abrí para correrme de una vez.

    El sonido húmedo de mi vagina era escuchable en el lugar y gemía lo suficiente como para que se supiera lo que estaba pasando, seguí con mis dedos rápido hasta que comenzó a salir el chorro, me estaba corriendo en el baño de hombres.

    Cerré la puerta y sin poner seguro me vestí y decidí no ponerme las bragas, tenía falda y como ya estaba por irme del centro comercial y de todas formas era otra ciudad pues simplemente ya vestida salí.

    Había 2 hombres ahí, uno orinando y otro joven lavándose las manos, yo pasé frente a ellos con mis bragas en la mano y salí del baño dejándolas sobre el secador de manos y me fui a casa.

    En 2 años de hacer estas cosas tengo algunas historias para contar, pero no sé si quieran escuchar como me desnude en una tienda departamental, en un parque por la madrugada y me confundieron con una prostituta, o como me desnude en un gimnasio cuando estaba sola y entrene así.

    Lo que quieran lo pueden decir en los comentarios, hasta la próxima.

    Loading

  • Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (3)

    Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (3)

    Los jóvenes rellenaron sus vasos de la mezcla alcohólica y siguieron conversando.

    Habían pasado unas cinco canciones cuando Minerva sacó una banda elástica para el cabello de su mochila.

    —¡Puff! Hace calor. ¿No os parece? —dijo, haciéndose una coleta en el pelo.

    —Ch-chicos, ¡qué tal si n-nos metemos al agua!

    Los tres varones festejaron la idea y, poniéndose de pie, empezaron a quitarse las camisas.

    —Esperad, esperad. ¿Qué hacéis? ¿Cómo vamos a meternos al agua?

    —¿Por qué no? —dijo el negro quitándose la camiseta, dejando a la vista sus desarrollados pectorales y unos rectos abdominales que parecían patatas bajo la piel.

    —Pues porque no tenemos bañado… —Minerva se calló cuando vio que en un instante los tres jóvenes estaban en bóxer. Se puso los dedos en la boca, intentando contener una risa, tal vez por el asombro de ver que en la silueta de sus penes se evidenciaban sendas erecciones, tal vez por el aspecto de sus desmadejados bóxeres. El del gordito era de un verde descolorido por gotas de lejía, el del flaco era azul y estaba roto junto al elástico de la cintura y el del chico negro era de color blanco, con el dibujo de unos labios rojos justo en el saco que aloja el pene.

    —¿Para qué bañador? —dijo el negro—. Venga. No te pongas mojigata de nuevo.

    —Dale, que ya te vimos el culo —dijo el flaco.

    —Es muy diferente que me hayáis visto el culo, a que me veáis… ¡toda!

    —S-será como estar en b-bikini. —Dijo el gordito.

    —No es lo mismo. Mi ropa interior es… es muy pequeña. Me… me veríais casi todo.

    —Venga, esto quedará entre nosotros —dijo el negro—. Mira a David; ya tiene las tetas al aire y no dice nada.

    Los pectorales obesos del que se había vuelto tartamudo parecían tetas puberales. Se tomó las tetillas con los dedos, se las pellizcó e hizo una divertida mueca morbosa con la lengua. Todos rieron.

    —Yo he venido en tanga, como tú. ¡Mira! —dijo el flaco.

    Se había vuelto de espaldas, y metiéndose su bóxer entre la raja de sus raquíticos glúteos, salpicados de pequeños granitos inflamados; se puso a menearlo, haciendo descojonar de risa a la chica.

    Los otros dos chicos dijeron que ellos también iban en tanga y también metieron sus bóxeres entre los glúteos y los menearon y todo mundo se descojonó de risa.

    —Definitivamente, estáis como unas cabras —dijo ella con una exhalación derrotada—. Solo os digo que, si esto sale de aquí, os mato.

    La ropa de la chica rodó por su espalda y glúteos hasta el suelo rocoso.

    Las aguas de la cascada dejaron de murmurar…

    Los pájaros interrumpieron su trinar…

    Y los hombres dejaron de respirar…

    El color pálido de la piel de Minerva era inmaculado, como una virgen de porcelana. Sus clavículas, haciendo presión bajo la piel, parecían las alas abiertas de un pájaro queriendo volar. Sus tetas, que tenían el tamaño justo para ser agarradas por una mano abierta, estaban contenidas con dificultad por la media copa de un sujetador que parecía una talla menos de la correcta, hecho de una fina tela de algodón blanco. Debajo de su pequeña cintura se abrían los contornos de una pelvis femenina cuya sola existencia invitaba a ser fertilizada, y el tesoro que contenía se ocultaba tras un tanga, cuyos triángulos delantero y trasero también estaban hechos de una delicada tela de algodón blanco.

    Como los chicos parecían estar petrificados, fue Minerva quien tomó la iniciativa y caminó hacia la orilla de la balsa de agua y se hundió lentamente en ella.

    —¡Vamos! No os quedéis ahí parados como tontos —les dijo.

    Mientras chapoteaban como críos, los jóvenes se turnaban para hablar con Minerva, para tenerla cerca, para rozarle un poco la piel, y ella actuaba con ingenuidad. Pero el negro les cortó el impulso, diciéndoles con severidad que dejaran de tocar a su chica. Era como si le gustara que observaran a “su chica”, más no que la tocaran.

    El flaco desgarbado propuso jugar a una prueba de resistencia bajo el agua que consistía en que tres de ellos se ponían en fila india con una separación de algo más de un metro, con las piernas abiertas en compas. La cuarta persona debía pasar nadando debajo del agua, bajo las piernas de todos, hasta salir del otro lado.

    El juego empezó con normalidad. Pero, a través del agua cristalina, Nicolau se percató de que cuando Minerva quedó de última y al flaco le tocó el turno de sumergirse y llegó a la altura de Minerva, se atascó entre la apertura de sus piernas, y en un torpe intento por salir del otro lado, metía las manos entre sus muslos, tocándole, aparentemente por accidente, ¡la vagina! Y ella no pareció sorprenderse; simplemente, reía divertida mientras se abría más de piernas para facilitarle el paso; aunque no parecía funcionar, y el flaco siguió maniobrando entre las piernas de ella, hasta que finalmente logró emerger del agua a su espalda.

    Él le murmuró: «me estaba quedando sin aire» y ella asintió con la cabeza, como si hubiera quedado satisfecha con la explicación. Al estar los demás chicos de primeros en la fila, no se enteraron del inconveniente, o conveniente, atasco. Lo más raro del atasco bajo los muslos de Minerva es que luego sucedió lo mismo cuando la prueba la hizo el gordo; y así siguió ocurriendo durante las sucesivas rondas. Incluso, Minerva, que había hecho una primera ronda impecable, también empezó a tener dificultades y se atascaba pasando entre los muslos del último chico de la fila.

    El único que lo hizo impecablemente todas las veces fue el negro, quien no se enteró, como si fuera un poco tonto, de que los demás participantes, Minerva incluida, se entretenían entre las piernas de la última persona de la fila, hasta que no tenían más oxígeno en sus pulmones.

    Se tomaron un descanso haciendo levitar de mano en mano una copa que habían dejado a la orilla de la balsa.

    Parece que la actitud dócil de Minerva durante la prueba anterior animó a los chicos a proponer más juegos…

    Loading

  • Pasión bajo el escritorio

    Pasión bajo el escritorio

    Eran las cinco de la tarde cuando ella llegó a mi casa para estudiar. La recibí con una sonrisa y la invité a pasar a mi habitación. Encendí la computadora, nos sentamos juntos y me preparé para explicarle con calma, mientras la luz del atardecer se filtraba suavemente por la ventana.

    Después de pasar una hora explicándole cómo funcionaba el programa gráfico, llegó el momento de que ella practicara con el software. Le cedí el teclado y el mouse, listo para observar su progreso. Para mi grata sorpresa, en lugar de sentarse a mi lado, se acomodó delicadamente sobre mis piernas, tomándome completamente por sorpresa.

    Esto me alteró por completo. Me puse tenso y nervioso por su culpa. Su trasero, pequeño pero bien formado, hizo que mi pene se excitara. Además, desde mi altura, podía ver su escote y la forma prominente de sus senos, lo que solo aumentó mi excitación. Sentí cómo mi pene comenzaba a endurecerse y crecer.

    Minutos más tarde, no pude contenerme. La envolví con mis brazos alrededor de su cintura; antes tenía las manos sobre mis piernas, pero ahora las deslicé suavemente hacia ella, comenzando a acariciarla con delicadeza. Luego, apoyé mi barbilla sobre su hombro y, casi sin pensarlo, la sorprendí con un beso tierno en su mejilla.

    Ella giró su cabeza hacia mí y me sonrió, con el rostro ligeramente ruborizado. Esa expresión fue como una confirmación de que le había gustado mi beso, así que continué. Primero, dejé un beso suave en su hombro, y mientras lo hacía, mis ojos se desviaron hacia sus pechos, admirando la figura de la hija de mi vecina. Luego, llevé mis labios a su cuello, y ella respondió con una caricia tierna en mi rostro, intensificando la conexión entre nosotros.

    Mis besos comenzaron a deslizarse desde su mejilla hasta llegar a su boca. Ambos nos inclinamos, besándonos de costado, una posición un poco incómoda pero llena de ternura. Eran besos torpes pero hermosos, como suele suceder la primera vez. Mientras nos entregábamos a ese momento, mis manos abandonaron su cintura y se deslizaron suavemente hacia sus senos, explorando con cautela y curiosidad.

    Mientras nuestras lenguas se entrelazaban con una pasión ardiente, mis manos se deslizaron hacia sus pechos, ansiosas por explorar cada curva. Con un deseo que no podía contener, los apreté con firmeza, sintiendo cómo se moldeaban bajo mis palmas. Después de un breve instante, mis dedos buscaron sus pezones, y al encontrarlos, los froté con intensidad, haciendo círculos rápidos y firmes sobre la tela de su ropa. Sentí cómo se endurecían bajo mi tacto, respondiendo a cada movimiento con una rigidez que solo aumentaba mi excitación.

    Mi pene, ya completamente erecto, palpitaba con una urgencia casi dolorosa, presionando contra la tela ajustada de mi pantalón. Cada roce de su cuerpo contra el mío, cada gemido suave que escapaba de sus labios, solo alimentaba el fuego que ardía dentro de mí, haciéndome desear más, mucho más.

    La excitación que sentía me llevó a deslizar mi mano izquierda para explorar otra parte de su cuerpo. Con cuidado, la metí dentro de su calza negra, provocativa y ajustada. Tras pasar por una zona cubierta de suaves vellos, llevé mis dedos hasta su entrepierna, sintiendo la humedad y calidez de su intimidad.

    Empecé a acariciarla en esa zona íntima, y sus gemidos suaves y delicados comenzaron a llenar el aire de mi habitación. Mi pene estaba tan duro que sentía que podría perforar el tejido de mi pantalón en cualquier momento. Necesitaba liberarlo, sacarlo y dejar que viera la luz, urgido por la intensidad del momento.

    En un movimiento decidido, la levanté de encima mío y la dejé parada frente a mí, manteniendo su mirada fija en mis ojos. Sin perder un segundo, me bajé el pantalón junto con mi calzoncillo, liberando mi miembro viril, que palpitaba con una tensión casi dolorosa. Estaba completamente erecto, la piel tirante y el glande enrojecido, ansioso por sentir el calor de su boca. La expresión de mi vecina, entre curiosa y complacida, me confirmó que estaba lista para satisfacer ese deseo que nos consumía a ambos.

    La miré directamente a los ojos, con una mezcla de deseo y determinación, y le dije sin rodeos: ‘Chúpamela’. Ella, sin vacilar, se arrodilló justo frente a mí, deslizándose entre mis piernas, bajo el escritorio de la computadora. El espacio era estrecho, casi íntimo, y el ambiente se cargó de una tensión eléctrica.

    Con manos temblorosas, agarró mi pene, que palpitaba con urgencia, y comenzó a darle besos suaves y tentativos, como si estuviera explorando algo nuevo y desconocido. Su inexperiencia era evidente, pero cada uno de esos besos tiernos y cautelosos solo aumentaba mi deseo, haciéndome gemir en voz baja mientras observaba cómo exploraba mi cuerpo con curiosidad y entrega.

    Sus besos suaves y tentativos en mi pene solo aumentaban mi tensión, haciéndome sentir como si estuviera al borde de estallar. Necesitaba más, mucho más. Con una voz ronca y cargada de deseo, le dije: ‘Métela en tu boca y chúpala’. Ella, obediente pero aún con cierta timidez, abrió sus labios y deslizó los primeros centímetros de mi miembro dentro de su boca caliente y húmeda. El sonido húmedo y repetitivo de ‘glup glup glup’ comenzó a resonar en la habitación, mezclándose con mis gemidos y su respiración agitada.

    Cada movimiento de su boca, cada chupada torpe pero llena de esfuerzo, me llevaba más cerca del límite, mientras yo observaba cómo sus mejillas se hundían y sus labios se ajustaban alrededor de mi erección.

    De forma casi automática, apoyé mis manos sobre su cabeza, hundiendo mis dedos en su cabello oscuro mientras me dejaba llevar por el placer que inundaba cada fibra de mi cuerpo. Me relajé, cerrando los ojos y dejando que mi mirada se perdiera hacia el techo, como si el mundo exterior hubiera dejado de existir. Cada tanto, mi cerebro enviaba pulsos de deseo incontrolable, y mis manos, casi sin pensarlo, ejercían una presión suave pero firme sobre ella, guiándola para que mi pene entrara aún más profundamente en su boca.

    Sentía cómo su garganta se ajustaba alrededor de mi miembro, cómo su lengua se movía torpemente, pero con una determinación que me hacía gemir. El sonido húmedo de sus esfuerzos, mezclado con mis propios gruñidos de placer, llenaba la habitación, creando una sinfonía de deseo y entrega que me llevaba cada vez más cerca del límite. Cada empujón hacia adelante, cada gemido ahogado que salía de ella, solo aumentaba la intensidad, hasta que ya no podía distinguir si eran sus manos, su boca o mi propia necesidad lo que me dominaba por completo.

    Toda esta sensación acumulada fue demasiado para mi cuerpo. De repente, un temblor incontrolable comenzó a recorrer mis piernas y mi abdomen, mientras una nueva necesidad, urgente e inevitable, surgió en lo más profundo de mí. Intenté, sin éxito, contenerla, retrasar lo que ya no podía evitar, pero fue imposible. Un gemido gutural y profundo escapó de mi boca, anunciando lo que estaba por venir.

    En ese instante, una explosión intensa llenó su boca con mi esencia. Sentí cómo cada chorro salía con fuerza, caliente y espeso, mientras ella, sorprendida pero obediente, intentaba manejar el flujo, tragando lo que podía y dejando que el exceso se escapara por las comisuras de sus labios. El sonido de su garganta trabajando, mezclado con mis propios jadeos, creó un momento de pura entrega y satisfacción que me dejó sin aliento, completamente consumido por el placer.

    Ese momento marcó el fin de nuestra primera jornada sexual, un encuentro cargado de tensión y deseo entre mi alumna e hija de mi vecina, Claudia. Después de que mi cuerpo se relajara y el último temblor de placer desapareciera, me miré a los ojos con ella, todavía jadeando. Con un tono entre arrepentido y cauteloso, le pedí disculpas por haber acabado en su boca. Para mi sorpresa, ella no solo aceptó mis disculpas con una sonrisa tímida, sino que también me dijo, con una voz suave pero segura, que no pasaba nada, que todo estaba bien. Sus palabras me tranquilizaron, pero también me dejaron claro que algo había cambiado entre nosotros.

    A pesar de lo ocurrido, decidimos seguir estudiando un rato más, como si intentáramos normalizar la situación. Sin embargo, la tensión sexual aún flotaba en el aire, y cada mirada o roce casual parecía cargado de un nuevo significado. Cuando finalmente llegó el momento de que se fuera, ella se acercó a mí y, sin previo aviso, me dio un beso en la boca, tierno pero lleno de intención. Ese beso fue una confirmación silenciosa de que ya éramos algo más que alumna y profesor, algo que iba más allá de los límites que habíamos cruzado juntos.

    Loading

  • Profesora particular (11): Clase a unos caballeros con clase

    Profesora particular (11): Clase a unos caballeros con clase

    Las siguientes semanas han transcurrido sin novedad. He ido visitando la casa de Lucas y Juani. Los chicos están encantados y debo decir que yo también. Me gusta cómo me adoran y se excitan solo de verme. Ellos me tratan como a una princesa. Aunque también llego a sentir placer con su padre, no me gusta cómo se comporta conmigo. Pero entre esos dos días semanales y mi novio Gustavo, reconozco que estoy más que satisfecha a nivel sexual. Nunca había tenido tantos orgasmos en mi vida. Es que ni me hubiera imaginado que eso fuera posible. Además, de vez en cuando visito al señor Garboz y me pongo cachonda cuando poso para él y suelo correrme varias veces también esos días.

    Sé que todo esto no puede continuar así porque peligra que se entere alguien y se arme la gorda. Mis padres y mi novio tendrían un gran disgusto. Espero que todos sean muy discretos. Hablaré con Lucas y le dejaré claro que esto se debe terminar. Creo que, aunque es bastante cabrón, él lo entenderá y dejará que termine con mis clases tan especiales. Puede estar muy satisfecho con lo bien que me he portado. Y, por otra parte, los chicos están sacando muy buenas notas, aunque en eso yo no tengo nada que ver. Bueno, en algún sentido sí, claro.

    La semana pasada Lucas me dijo que saldría de viaje y que no estaría, pero que, a cambio, este jueves estuviera ya en su casa por la mañana, a las nueve. Aunque le dije que no podía ser porque voy a la universidad, él me contestó que por un día no pasaría nada si faltaba. No transigió y aquí me tienes, me he levantado, duchado, desayunado, vestido y maquillado y ya estoy llegando a su casa. Sandro, un compañero de clase, me dijo que ya me pasaría los apuntes de hoy.

    Me da rabia reconocer que estoy cachonda imaginándome que seguramente tendremos toda la mañana de sexo con Lucas. Aunque él no me gusta nada y menos su manera de hablarme, saber a lo que voy me excita en cantidad. A veces siento que estoy siendo infiel a mi novio, no sé. No tengo otra opción que hacer caso a Lucas, pero eso de que en el fondo me esté gustando, me turba. Me he puesto un tanga que creo que le gustará. Y cómo voy directamente a su casa, ya visto muy sexy. Llevo un vestido rosa muy ajustado, escotado y corto que deja ver enteramente mis muslos.

    Debajo, el tanga blanco que ya noto empapado y un sostén también blanco a juego que apenas me cubre los pezones. Las medias, también blancas, me llegan solo hasta las rodillas. Calzo unos zapatos de talón que realzan mi figura. Aunque lleve encima un abrigo casi hasta los pies, la gente me mira. Creo que me ven sexy y elegante.

    -Hola, Esther. Así me gusta, puntual, a las nueve –me acompaña con la mano en mi culo para que entre.

    -Es que ya no he ido a la universidad.

    -Claro. Seguro que ya tenías ganas de verme.

    -No, yo no… o sea…

    -Quítate el abrigo y lo cuelgas aquí. ¡Oh, qué guapa! Deja que compruebe si… –pone una mano debajo de mi falda y me acaricia las nalgas –Sí, muy bien, un tanga, perfecto. Verás que hoy no estaremos solos.

    -¿Cómo? ¿Está Juani en casa? Pero… ¡Mira cómo visto!

    -No, tranquila, Juani ya salió y no volverá hasta pasadas las ocho. Tal como vistes es muy adecuado.

    -Oh, pero… ¿Quiénes son? –me sorprende al ver que en la sala nos esperan varios hombres.

    -Unos buenos amigos. Todos señores educados, no te preocupes.

    -Hola, encantado de conocerte –se acerca el más alto y atractivo y me da un par de besos.

    -Hola, encantada también. ¿Pero…?

    Uno a uno me va saludando con dos besos. El último, calvo y con bigote, me aprieta contra su cuerpo en un abrazo. Yo me separo y pregunto:

    -Lucas, ¿qué se supone que…? O sea…

    -Esther, he estado hablando de ti a estos buenos amigos y… bueno, pues ahora ya conocéis a mi amante.

    -Lucas, yo no… señores, esto es un error. Yo tengo novio y no…

    -¿Qué? ¿Os he estado engañando o no? ¡A que es guapa mi amante!

    Todos responden afirmativamente y entusiasmados.

    -Venga, tomemos una copa. Esther, tú puedes decir unas palabras para el brindis.

    -Yo… no sé… pero ¿es que celebramos algo?

    -Pues sí. Ya hablo yo: Brindemos por la chica más guapa, elegante y sexy que jamás he conocido. ¡Y la más fresca!

    -¡Lucas!

    -¡Es la verdad!

    Levantamos la copa y todos vienen a chocar la suya con la mía. Cuento que son siete señores, aparte de Lucas.

    -Supongo que queréis conocer mejor a la chica, ¿verdad? Sentémonos en los sofás. Tú siéntate en este sillón, así, delante de mis amigos.

    -No… o sea… prefiero estar de pie –temo que si me siento se me verá todo bajo la falda.

    -Estarás más cómoda sentada –me acompaña al sillón y me hace sentar en él.

    Efectivamente, el vestido apretado me sube y no puedo evitar que muestre el tanga a todos. Aunque alguno disimula, otros me miran descaradamente entre las piernas. No pasan ni cinco minutos que Lucas me toma de la mano para que me levante con él.

    -Amigos, ya habéis visto lo guapa que es Esther. Y también cómo viste. ¿Os ha gustado ver sus braguitas minúsculas bajo la minifalda? Supongo que todos se las habéis visto. No me digáis que no. Es que ella viste así porque le gusta exhibirse, ¿verdad, hija?

    -No, no es eso… o sea… -me sonrojo. –Tú me dijiste que…

    -Y quizá os habéis fijado que está mojando sus bragas.

    -¡Eso no es verdad, Lucas! –pero noto sí que están empapadas.

    -Ya os dije que mi amante es muy caliente y se excita enseñando su cuerpo a los hombres, incluso a desconocidos.

    -Yo no… o sea…

    -A ver, mirad. Quítate el vestido, Esther. Vamos a comprobar si tienes o no tus bragas húmedas.

    -No, Lucas, así delante de todos, no. Es que, además, el sostén que llevo…

    -Esa es otra. Veréis como seguro que su sostén enseña más que cubre. A ella le gusta venir así a mi casa y no le importa que yo sea un hombre casado y ella tenga novio.

    -¡Eso no es verdad!

    -Venga, ¡vestido fuera! –me lo arremanga y no me resisto cuando me lo quita por la cabeza. Creo que en el fondo deseo que todos me vean en ropa interior.

    Noto su admiración cuando descubren mi cuerpo casi desnudo. Les encanta mi pecho perfecto y con el sostén que muestra algo mis aureolas. Oigo algún silbido. Me ruborizo, pero sí, me gusta, para qué negarlo.

    -Miradle también las braguitas, no solo el pecho. ¿Veis cómo están transparentes porque están empapadas de su flujo?

    Veo algunas sonrisas y oigo comentarios. Les doy la espalda para que no vean el tanga mojado, pero claro, entonces tienen mi culo a la vista. Siguen los piropos. Busco el vestido, pero veo que unos de los caballeros, con el pelo blanco, lo está abrazando y oliendo con satisfacción. Aunque en cierto modo querría quedarme y seguirme exhibiendo, mi decoro no me lo permite.:

    -Yo me voy a ir –le quito mi vestido al señor del pelo blanco y me lo pongo -Esto no es en lo que habíamos quedado. Una cosa es venir a verte a ti, Lucas, y otra que…

    -Calla, Esther. Tranquila. Verás cómo hoy estarás contenta –me separa un poco del grupo para que no le oigan –mira, reconozco que a veces yo… bueno, que no siempre he sido educado contigo, que cuando me excito te trato como a una cualquiera. Pero tú te mereces lo mejor. Eres una señorita.

    -Pues sí –me bajo la falda unos milímetros, lo que hace que aumente el escote.

    -Por eso. He hablado de ti maravillas a estos buenos amigos y verás cómo te tratan bien. Y yo te voy a pagar el doble por la clase. No, el triple.

    -Sabes que no necesito el dinero.

    -Sí, es cierto. Espera, verás.

    Me toma de la mano y me acerca al grupo.

    -Mi amante me estaba diciendo que es una señorita muy educada y que quiere ser amable con vosotros. Así que, en primer lugar, os va a enseñar sus pechos y luego ella va a escoger a uno de vosotros y se los va a ofrecer las tetas para que se las maméis.

    -No, yo no… o sea… -me muero de ganas que me chupen los pezones.

    -Si te va a encantar. ¡Venga, va! –me baja el vestido hasta la cintura y me desabrocha el sostén y me lo quita. Yo me tapo el pecho, pero no puedo evitar que mi vagina rezume. Seguro que todos se den cuenta de que el flujo ya resbala por mis muslos. Veo que llega algo hasta las medias. Así que ellos saben que la situación me pone muy cachonda.

    Todos se relamen cuando por fin decido apartar las manos de mi pecho y enseñarlo. Noto los pezones erectos, parece que van a salir disparados. Todos me miran con deseo. Me doy cuenta de que les crece un buen bulto en la entrepierna.

    -Señores ¿les gustan mis tetas? –las tomo con mis manos y las ofrezco a los caballeros -¿A alguno le apetece que le dé de mamar?

    Obviamente, todos levantan la mano y gritan “yo, yo”.

    -Esther, escoge tú, ya ves que a todos les gustaría chuparte las tetas.

    -No sé, se ven todos muy buenos señores. Si acaso, creo que dejaré que todos, de dos en dos, me mamen los pechos. Venga, a ver, yo me siento en este sofá y ustedes van pasando.

    Separo las piernas y soy consciente de que el tanga deja ver mis labios empapados bajo la falda mientras ofrezco mis pechos al señor alto y atractivo y al del pelo blanco que se ve el más mayor. Ellos se sientan en mi regazo y me lamen y besan las tetas y chupan mis pezones. Me encanta. Al cabo de un par de minutos, digo que vengan el señor calvo y con bigote y uno que se ve algo más joven. Se nota que se morían de ganas de mamarme las tetas porque me las chupan con mucha fuerza. Me las siento muy sensibles y experimento mucho placer.

    Después es el turno de un señor con barba y otro con gafas bastante guapo. Mientras están en mi regazo y les doy de mamar, tomo sus manos y las acerco a mis muslos. Ellos me los acarician y enseguida se dirigen a mis braguitas y me las apartan a un lado. Noto que lanzo una buena cantidad de flujo que va a parar a mis muslos y al sofá. Ellos me penetran la vagina con un dedo cada uno y yo separo más las piernas. Enseguida disfruto de un orgasmo que reciben todos con aplausos.

    Cuando me recupero de tanto placer, pido a los últimos que quedan para darles mis tetas. Lucas y un caballero algo gordo se sientan en mi regazo. Lucas me mama la teta izquierda con mucha intensidad y, sin que yo haga ni diga nada, me mete un dedo en el culo, hasta el fondo y yo suspiro. Y enseguida gimo cuando el señor gordo me penetra la vagina con varios dedos. Levanto las caderas y ellos, mientras les doy de mamar, me follan con sus dedos. Ya siento varios de Lucas en mi ano y los cinco de ambas manos del gordo en mi coño. Parece que me vayan a romper en dos y grito de placer al experimentar un orgasmo que va acompañado de varios chorros de squirt.

    Eso debe gustar a los caballeros porque todos se acercan a mi alrededor y me acarician el pelo, me besan en la cara y en la boca. Yo devuelvo los besos y ofrezco mis tetas para que las acaricien mis amantes. No sé cuantas manos están jugando con mis pechos mientras Lucas y el gordo me las maman. Veo que el señor alto y atractivo me arranca el tanga, lo besa, lo huele y lo lame. Después, me lo acerca a la boca y me lo introduce en ella. No sé muy bien por qué hace eso, pero es algo que me excita más todavía. Me sorprendo cuando veo la mano del gordo casi entera en mi vagina y cuando la saca, lanzo chorros y chorros de squirt mientras gimo y me siento morir.

    Al cabo de media hora de orgasmos sin parar, Lucas dice:

    -Amigos, ya habéis visto que la chica no se corta un pelo y se ha corrido cantidad de veces. ¿Has disfrutado, verdad, Esther?

    -Debo reconocer que sí, para qué os voy a mentir. Es que habéis sido muy amables conmigo –me bajo algo la falda y acerco mis piernas mientras busco el sostén, pero no lo veo por ningún lado así que me quedo con el vestido en la cintura y con el pecho al aire. Veo que tengo las medias empapadas y me siento bastante guarra.

    -Ahora nos toca a nosotros disfrutar.

    -¿Es que acaso no les ha gustado mamar mis tetas?

    -Sí, mucho, pero no nos vamos a quedar solo con eso. A ver, amigos, ya habéis visto que ella es muy calentorra y no le importa montárselo con muchos hombres. Así que, Esther, ahora te toca mamar a ti.

    -No, ya está, es mejor que no, es que… o sea… me sentiría como…

    -Cómo lo que eres, hija, una cerda. Pero una cerda muy guapa. Y una buena mamona. Escoge a quién se la vas a chupar.

    -Lucas, ¿pero no te importa que tu amante le haga una mamada a otro hombre? –pregunta el de la barba.

    -No, aunque tenga novio, seguro que ella se lo monta con más de uno aparte de conmigo.

    -¡Eso no es verdad, Lucas! –me tapo los pechos avergonzada. –Es solo que… o sea…

    -Amigos, sacaos la polla y así ella podrá escoger a quién le hace una mamada. Veréis que bien que la chupa.

    Los siete caballeros hacen caso a Lucas y me muestran sus penes totalmente erguidos y con la punta húmeda apuntando hacia mí. Esa visión me halaga y me pone a cien. Aunque me avergüenza, deseo tener esas vergas en mi boca y darles placer. Así que, me pongo a cuatro patas y ando hacia los señores. Como si fuera una perrita, huelo el miembro de cada uno, lo lamo y le doy un besito. Cada pene me regala unas gotas de líquido preseminal y yo lo sorbo con gusto.

    La escena les agrada porque sus vergas siguen aumentando de tamaño. Y yo, cada vez estoy más cachonda. Voy andando a cuatro patas, con los pechos colorados apuntando al suelo y contorneando sexualmente el culo hasta que me detengo ante el señor algo gordo y me trago su polla de un bocado. Aunque no se me entienda porque tengo la boca llena con su verga que me llega hasta el paladar, les explico:

    -Se la chupo a este señor porque es el que me ha dado más placer al jugar con su mano en mi chocho.

    -¡Gracias, niña, oh, oh!

    Le agarro los testículos y se los acaricio mientras le hago una mamada que no olvidará. El señor con barba se acerca y me suplica:

    -¡Por favor, Esther, chúpamela a mí ahora, estoy a punto de correrme, no resisto más, no puedo aguantar!

    -Eghstera, uhk mokemsbnto, veñ, kumtra tu golla a la de pu aligo –abro la boca para que junte su pene al de su amigo y es verdad que estaba a punto de explotar porque al momento él me lanza todo su esperma a la garganta. –Oh, qué gucco, hum, kaccias, capalero.

    Eso hace que el señor gordo se excite y enseguida eyacule también en mi boca. Yo les chupo bien ambos miembros y los dejo secos y limpios. Ver que me he tragado dos vergas juntas habrá gustado a los otros caballeros porque el alto y atractivo y el del pelo blanco se acercan blandiendo las suyas y yo dejo que me follen la boca juntos. Les acaricio el escroto y les pido que me den toda su leche caliente. Ellos me magrean las tetas y yo suspiro de gusto. Al cabo de unos minutos de mamada, el del pelo blanco ya me llena la boca con su semen, caliente y sabroso.

    Después de tragármelo y dejar su pene bien limpio, me centro en el del alto y atractivo. Chupo y beso también sus huevos y le lamo el perineo. Él me arremanga la falda y por detrás me acaricia las nalgas y me penetra el ano con sus dedos. Los saca y los huele con satisfacción para volver a meterlos en mi culo, quién sabe cuántos. Eso me gusta y hace que mame con más intensidad y que él ya no resista más y me lance su lefa que me bebo con gusto. Al cabo de unos minutos, su verga ya está flácida. Lucas dice:

    -¡Esther, vaya mamona estás hecha! Bueno, aún quedamos nosotros cuatro. ¿Qué os parece si nos la chupas a todos juntos? ¿Te ves capaz?

    -No sé, no creo, o sea… es que las tenéis muy grandes, muy tiesas… no creo que…

    -Pero te gustaría probar ¿verdad?

    -Yo nunca… así… con cuatro no… -abro las hojas con deseo –la verdad es que me da morbo, Lucas.

    -¡Lo sabía, putita! ¡Venga, vamos a probar!

    Los tres caballeros y Lucas se acercan a mí y me apuntan con sus miembros erguidos. Yo doy unos pasos y me trago el del que parece más joven. Agarro el del calvo con bigote y lo junto a la otra en mi boca, casi también hasta el fondo. Las chupo con gusto. Lucas me ordena que me meta también el de su amigo alto y atractivo, pero no hay manera ni que me alcance los labios, así que me quito los otros de la boca para poder chupar el del señor alto y también el de Lucas y voy turnando las cuatro en mi boca, de dos en dos.

    Lucas me agarra las tetas y más que acariciármelas, es como si me ordeñara. Siento una mezcla de vergüenza, dolor y gusto. Por un momento temo que me las arranque, pero reacciono con un orgasmo que va acompañado de varios chorros de squirt. Abro mucho la boca y consigo que Lucas pueda meter la punta de su pene en ella mientras tengo dentro el del calvo y el del más joven, mientras masturbo con fuerza el del alto. Chupo y juego con la lengua con los tres miembros que están en mi boca y cuando, al cabo de unos minutos, el alto cierra los ojos y suspira y grita que se va a correr, me como su polla y dejo las otras fuera para que eyacule dentro de mí y pueda saborear su esperma.

    Mi sorpresa es cuando los otros tres apuntan a mi cara y me lanzan su lefa abundante sobre ella. Me siento tan puerca que eso me excita y sorbo con placer el pene dentro de mi boca y masturbo las otras tres con fuerza hasta dejarlas secas. Más sorpresa es ver que los otros cuatro vuelven a tener sus vergas erectas se acercan y eyaculan casi al unísono en mi cara que queda totalmente cubierta de su sabrosa lefa. Yo me relamo y voy recogiendo con la lengua el semen mientras Lucas y ahora también el más atractivo siguen ordeñándome.

    Los demás me besan el cuello, la espalda, las axilas, los muslos y las nalgas. Estoy muy cachonda y me acaricio el clítoris cada vez con más fuerza y me meto casi la mano entera para tener más y más orgasmos que dejan el suelo con charcos de mi abundante squirt.

    Al cabo de no sé cuánto tiempo, Lucas exclama:

    -¿Qué os dije? ¿Es o no es una guarra mi amante? Hija, Esther ¡hasta a mí me has sorprendido!

    -Lucas, es que ver que gusto tanto a los hombres… no sé… o sea…

    -¡Vaya puta estás hecha!

    -¡No, eso no!

    -Lucas, no insultes a la chica.

    -Ha sido muy cariñosa con nosotros.

    -Ustedes lo han sido conmigo. Os lo agradezco.

    -Y nosotros a ti. Bueno, y a ti, Lucas, que nos has dejado disfrutar con tu amante.

    -A mí no me importa, al contrario, me gusta ver lo marrana que es. Más que mi amante, es mi putita.

    -Si te parece bien, Lucas, yo ya me voy a ir y luego, ya volveré para la clase a los niños. A no ser que… bueno… que ustedes… o sea… -me relamo, les guiño un ojo y me abro de piernas para enseñar a todos mi coño sonrosado bajo la faldita. –quiero decir que quizá, Lucas, estos señores…

    Les doy la espalda y me inclino con los codos al sofá, consciente que la falda subirá hasta casi la cintura y enseñaré mi sexo y mi culo a todos. Me entienden a la perfección y más cuando con las dos manos abro mi ano. Enseguida ya noto una verga en mi agujero trasero. Se van turnando y yo me voy corriendo sin parar. Debo resistir a mis deseos de que me follen la vagina y solo permitirme que me enculen y que me masturben. No sé cuántas veces eyaculan en mi ano. Me siento muy querida.

    Ya son casi las cinco y los caballeros, tan exhaustos como yo, se van de la casa. Llegan los chicos y no sé si llegan a sospechar algo. Lucas se va y nos quedamos nosotros. Yo solo llevo el vestidito porque se me han llevado las bragas y el sostén. Me quité las medias porque están empapadas de mis jugos. No sé si Jorge y Ángel notan que huelo intensamente a sexo porque ni me he lavado la cara.

    Les digo que estoy muy cansada y respetan que esta tarde nos la pasemos los tres en el sofá abrazados y dándonos besos y caricias suaves, yo con el vestido y ellos en calzoncillos. Aunque al final ellos están tan excitados que me veo en la obligación de hacerles una buena paja y que se corran en mi cara.

    Al llegar a casa, mamá me dice que hay un compañero de clase en la salita. Es Sandro, que muy amable me ha traído los apuntes.

    -Mamá, vamos un rato a estudiar a mi habitación.

    -Muy bien, así me gusta.

    Decido agradecer a Sandro su amabilidad y dejo que me abrace y me bese. Él me acaricia el pecho por encima del vestido. No resisto la tentación y acompaño su mano bajo mi falda. Él me dice que ya se había dado cuenta de que no llevo bragas y que estoy muy guapa. Irresistible. Yo le contesto que no se resista y separo las piernas para que me masturbe con sus dedos. Después de correrme varias veces, le saco el miembro y le hago una mamada que no va a olvidar. Dejo que eyacule en mi boca y le digo que su semen es muy sabroso y que gracias por haberme traído los apuntes de esta mañana.

    Loading

  • Me dejé abusar por una huésped

    Me dejé abusar por una huésped

    En mi época de universidad, para poder ganar algo de dinero, trabajaba por turnos en un hotel que administraba un conocido. Casi siempre me daban los reemplazos o los turnos que nadie más quería, pero como necesitaba el dinero no me podía quejar, está experiencia fue de uno de esos turnos que, sin duda, fueron de los mejores para mí.

    Era un sábado, hacía poco habían pagado así que pensaba salir con una amiguita a la que le llevaba ganas, y que por trabajos de la U no habíamos podido vernos, más o menos a las 6 de la tarde me llama mi jefe.

    Jefe: Oye Loco, necesito que cubras el turno de noche de hoy y mañana, porque se enfermó la recepcionista.

    Yo: a como así, es que yo ya tenía planes para hoy, no podés llamar a nadie más, en serio, si querés el domingo trabajo derecho, pero déjame libre el sábado.

    Jefe: no nea, no se puede, tienes que ser vos porque ya todos me dijeron que no podían, así que tú verás, decime si vas a venir, sino para ver qué hago porque yo lo hago es para colaborarte.

    Yo: No dale todo bien, yo llego entonces a las 8 pues, para hacer el turno.

    Después de cortar la llamada, quedé más aburrido, pues habían dañado mi plan de follada y la verdad andaba algo urgido pues, como tenía muchos trabajos de la U, hacía rato no descargaba como debía.

    La cuestión es que llegue aburrido a mi turno a las 8 como siempre, saludé a mi compañera, vi las habitaciones disponibles y los huéspedes que había, afortunadamente el hotel estaba poco ocupado, así que no tendría que estar habiendo la puerta constantemente.

    Cerca de la media noche, ya habían entrado los últimos huéspedes, cerré todo y me puse a ver una serie en el PC, una serie algo explicita, era tal las escenas que me había excitado y al andar en una licra deportiva, se me notaba un poco la erección.

    De pronto sonó el intercomunicador, atendí la llamada y me pedían unas cervezas y unas papas fritas de una habitación, empaque todo y subí a entregarla. Cuál fue mi sorpresa que al tocar la puerta de la habitación, me recibió una mujer de unos 30 años, en una bata semitransparente, de la cual se le podía ver completamente todo, usaba una tanga de encaje negra y no tenía sostén por lo que se le veía perfectamente las auroras de los pezones y los pezones duros.

    Yo quedé totalmente embobado, con semejante escena y no pude articular palabra.

    Mi verga estaba ya tan dura que empezaba a doler, así que como pude entregué las cosas y me fui al baño de recepción para masturbarme, estaba tan metido en mi labor, que deje la puerta del baño abierta, con tan mala o buena suerte, que la huésped llegó un momento después y yo estaba con la verga en la mano, y me dice, si quieres te ayudo o vuelvo más tarde.

    Por Dios, quedé en blanco, la mujer, entro al baño y se fue acercando a mí en cámara lenta según mi mente, y toma mi verga y me dice al oído, deja te ayudo con eso, y empezó a masturbarme, mientras me decía al oído.

    Huésped: espero que sea por mí.

    Acto seguido se agachó y empezó a devorar completamente mi verga.

    Se la tragaba completa, me mordía levemente la cabeza, estaba encarnizada en su labor, cuando de un momento a otro se detuvo y se paró y salió del cuarto de baño.

    Huésped: no piensas seguirme (al verme parada sin dar crédito a lo que vivía).

    Inmediatamente la seguí hasta la habitación donde se hospedaba, nomás entrar al cuarto y cerrar la puerta me tiró a la cama desabrochó mi pantalón y bajo completamente, mi verga seguía como hasta de bandera, y ella siguió su labor gutural, intercambiando entre mi glande, el tronco y los testículos que los chupaba mientras me masturbaba, poco pude hacer ante semejante trabajo y terminé por vaciar mis bolas, mientras ella se tragaba todo mi pene, alguna hilillo de semen le salía por los labios.

    Huésped: espero tengas más para mí porque vas a tener que darme duro toda la noche.

    Yo: haré todo lo posible por atender todas tus necesidades como dice el hotel.

    Ellas sola se subió sobre mí, y empezó a cabalgarme como si no hubiese un mañana, era insaciable, y le gustaba controlar a ella el ritmo y la labor.

    Llevábamos por ahí una hora ella encima de mí, yo solo podía besarle los pechos, cuando ella me dijo.

    Huésped: ven, reventarme el culo con esa verga tan rica que tienes.

    Se puso en cuatro abriéndose las nalgas con las manos, y pude ver ese pequeño asterisco oscuro, no me resistí y pasé mi lengua por él, tratando de penetrarlo con ella.

    No paraba de gemir y de tomarme del pelo como para que me enterrará más entre sus nalgas.

    Cuando ya estaba totalmente listo, apunte mi verga sobre su culo y fui empujando hasta que entró la cabeza, dio un pequeño gemido de dolor mientras terminaba de enterrarle toda la verga, espere a que se acoplara su culo a mi verga, y la tome fuerte de las caderas, y le di con toda, como si la vida se me fuera en ello, mientras le decía obscenidades y lo rica que estaba.

    Yo: así es que te gusta cierto, esto es lo que querías no perrita.

    Huésped: ahí si cabrón que rico, así dame duro, no pares así, demuestra que eres un macho, párteme en dos, que rico. Sigue, sigue que estoy por venir.

    Sentí como apretaba más mi verga, producto del orgasmo que estaba teniendo, y con mis últimas fuerzas la penetré un par de veces más hasta vaciar mis testículos en su recto.

    Cayendo rendido sobre ella.

    Huésped: que rico, por Dios, me dejaste adolorida, pero muy satisfecha.

    Dijo esto mientras procedía a limpiarme la verga con su boca, hasta que perdí toda la erección.

    Con la tarea cumplida y mis huevas totalmente vaciadas, me pare y vestí, saliendo de la habitación para ir a mi puesto de trabajo y evitar problemas.

    En la mañana entregué mi turno como siempre y me fui a descansar a mi casa.

    Por la noche supe que había preguntado por mí, con la excusa de agradecerme por haberle ayudado con algo, nadie sospecho nada y todo siguió normal, lastimosamente no volví a verla mientras trabajé en el hotel.

    Pero sin duda fue una de los mejores turnos que he tenido en un trabajo.

    Loading

  • Esposa pudorosa (2): Hermosa

    Esposa pudorosa (2): Hermosa

    Vanesa aún jadeaba, su cuerpo pegado al de Esteban, sus pieles húmedas, cálidas —aun la situación tensa pero sensual; con tinte de erotismo por el calor y el éxtasis compartido, una esencia a pecado con perfume a fruta exótica y se puede saborear en el aire… piel, sudor; miel y néctar, un incienso al altar de Eros.

    Él la abrazaba por la espalda, sus labios aún acariciaban su cuello, dejando pequeños besos suaves, y atrevidos… no había más razones o excusas para disimular lo que estaban sintiendo.

    De pronto, un sonido hizo que ambos —congelándose, mirándose sin decir palabras, pero entendiendo lo que estaba pasando:

    La puerta principal se abrió.

    Sus ojos se encontraron en la misma pausa; y dilatados por la sorpresa… lo único que hicieron fue mover su cabeza hacia la puerta, y ahí Manuel parado —también congelado— evaluaba la escena; había regresado más pronto de lo esperado, y encontraba a su esposa en las manos de su gran amigo —ella desnuda, despeinada, sudada, tan bella como siempre… su mujer, siempre tan pudorosa, ¡hoy por fin la hembra de otro!

    —¿Vanesa? —llamó la voz de su esposo desde la entrada.

    El pánico se encendió en la mirada de Esteban. Aún estaba dentro de ella, su cuerpo pegado al suyo, y ambos sabían que no había tiempo para explicaciones, era innecesario.

    Pero antes de que pudieran moverse, Manuel apareció en el umbral de la cocina.

    Sus ojos clavados en la escena: la piel desnuda de Vanesa, las marcas de las manos de Esteban en sus caderas, el brillo del sudor en sus cuerpos. Todo era evidente. Innegable.

    Por un segundo, un silencio sepulcral los envolvió. Nadie respiraba. Nadie se movía.

    Pero para sorpresa de ambos, Manuel no se enfureció; sus labios se entreabrieron apenas, sin pronunciar una sola palabra, su respiración se volvió pesada.

    Lo que vieron en su rostro no fue rabia… sino algo más oscuro, algo inesperado: deseo.

    Vanesa sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

    —No te detengas —murmuró Manuel, con la voz baja, casi un gruñido.

    Esteban la miró, atónito. Vanesa apenas podía respirar. La excitación la atravesó como un relámpago. Su esposo los había descubierto… y no solo no estaba enfadado, sino que quería ver más.

    El morbo y la adrenalina la encendieron de nuevo. Con la mirada fija en Manuel, empezó a moverse lentamente como cuando a Manuel le bailaba, y así chocando intensamente contra su amante quien todavía la poseía, sin haber salido de su interior: empezaron nuevamente la danza erótica del delicioso éxtasis.

    —¿Así? —susurró ella, con la voz ronca, sin dejar de mirar a su esposo.

    Manuel se acercó lentamente, sus ojos oscuros de deseo recorriendo cada centímetro de la escena. Se desabrochó la camisa sin prisa, dejando que cayera al suelo, mientras Esteban ya también había empezado a moverse de nuevo, más despacio, suave pero más intenso, embistiéndola con la misma pasión que antes.

    La respiración de Manuel se aceleró… y se llevó la mano al pantalón, liberando su erección ante los ojos atónitos de ambos. Sus dedos se envolvieron alrededor de sí mismo, sin vergüenza alguna, mientras los observaba, acariciaba su propia fuerza luchando por ser también dominada.

    —Ay Dios… —gimió Vanesa, sintiendo cómo la situación la incendiaba por completo.

    Manuel se acercó a ellos. La besó con fiereza, atrapando sus labios con los suyos, su lengua invadiéndola con hambre, mientras Esteban seguía dentro de ella, aumentando el ritmo, más rápido, más profundo, más intenso.

    La combinación de las dos bocas, de las manos de Manuel recorriéndola mientras Esteban la llenaba de su grosor la hizo perder la poca vergüenza que le quedaba.

    Con la mirada oscurecida por el deseo, Manuel se arrodilló frente a ella, entre sus piernas abiertas. Bajó la cabeza y hundió la lengua en su centro, lamiendo sus pliegues con un hambre casi animal, mientras su amigo seguía embistiendo a su querida esposa quien se miraba más bella, más sensual —sexy, ¡siempre diosa seductora!

    El placer la hizo gritar. Su cuerpo se sacudió violentamente entre ellos, atrapada en un clímax desbordante. El roce de la lengua de su esposo y el empuje firme del cuerpo de su amante la llevaban al límite, hasta que sintió que se deshacía, estremeciéndose con un orgasmo tan intenso que su visión se nubló por varios segundos.

    Los tres quedaron jadeando, temblorosos… sin decir nada, Manuel la besó con pasión, atrapando su labio inferior entre los dientes, mientras Esteban la acariciaba lentamente la espalda, los hombros, y sus bellas nalgas sin salir aún de ella eyaculaba lo poco que faltaba.

    —¿Desde cuándo…? —preguntó Esteban con la voz ronca.

    Manuel sonrió de forma oscura.

    —Desde siempre. Siempre he tenido esta fantasía de verlos así, en mi casa follando.

    Vanesa le devolvió la sonrisa. Su cuerpo aún ardía, sus piernas temblaban, pero lo miró con una chispa de travesura.

    —Entonces, quédate un poco más… —susurró, con un brillo de lujuria en los ojos.

    Manuel y su amigo intercambiaron una mirada cargada de deseo… y sin dudarlo, se lanzaron sobre ella de nuevo.

    Vanesa apenas podía recuperar el aliento. Su cuerpo aún temblaba con los resquicios del orgasmo que la había sacudido entre las manos de su esposo y su amante. El sudor perlaba su piel, mezclándose con la humedad de los labios y las lenguas que la habían devorado segundos atrás. Sus piernas estaban abiertas…

    Continuará.

    MA

    Loading

  • El encuentro inesperado

    El encuentro inesperado

    En una fría noche de invierno, mientras navegaba por una plataforma en línea, me topé con un perfil que capturó mi atención. La mujer en la foto tenía una sonrisa encantadora y una mirada que parecía decirlo todo. Decidí enviarle un mensaje con la esperanza de conocerla mejor.

    —Hola, soy Marco —le escribí.

    —Hola, Marco. Soy Clara —respondió ella, con un tono que me hizo sonreír.

    Después de intercambiar algunos mensajes, decidimos encontrarnos en un motel discreto. La emoción y la curiosidad me consumían, pero nunca imaginé lo que me esperaba.

    Al llegar al motel, toqué a la puerta y, para mi sorpresa, Clara abrió la puerta. Al verla, quedé paralizado. Era la madre de mi mejor amigo, Sofia.

    —Marco, ¿qué haces aquí? —preguntó ella, con una mezcla de sorpresa y excitación en su voz.

    —Lo siento, Clara. No sabía que eras… —comencé a explicar, pero ella me interrumpió.

    —No importa, Marco. Estoy aquí por la misma razón que tú —dijo, con una sonrisa traviesa.

    Entré a la habitación y cerré la puerta tras de mí. Clara se acercó lentamente, sus ojos nunca dejando de mirarme.

    —Sé que esto es extraño, pero no puedo negar que te he deseado desde hace tiempo —confesó ella, mientras sus manos se deslizaban por mi pecho.

    —Yo también, Clara. No sé por qué, pero siempre te he encontrado atractiva —respondí, sintiendo una oleada de deseo recorrer mi cuerpo.

    Ella se inclinó y nuestros labios se encontraron en un beso apasionado. Nuestras lenguas se entrelazaron, explorando cada rincón del otro. Sus manos recorrieron mi espalda, mientras mis dedos se enredaban en su cabello.

    —Quiero sentirte —susurró ella, mientras me guiaba hacia la cama.

    Nos desnudamos lentamente, disfrutando de cada momento de anticipación. Clara se acostó en la cama, sus piernas abiertas, invitándome a explorar. Me arrodillé entre sus muslos y comencé a besar su muslo interno, trabajando mi camino hacia su centro.

    —Oh, Marco —suspiró ella, mientras mis labios encontraban su clítoris.

    Lo lamí suavemente, saboreando su sabor, mientras mis dedos se deslizaban dentro de ella. Ella gemía con cada movimiento, sus caderas moviéndose al ritmo de mi lengua.

    —Sí, así —gemía ella, mientras sus manos agarraban mi cabello con fuerza.

    Me levanté y me coloqué sobre ella, mi pene duro y listo para entrar. Clara miró hacia arriba, sus ojos brillando con deseo.

    —Quiero sentirte dentro de mí —dijo, mientras sus piernas se enredaban en mi cintura.

    Entré lentamente, disfrutando de cada centímetro de ella. Ella gemía con cada movimiento, sus uñas marcando mi espalda.

    —Oh, sí, Marco. Más —pidió ella, mientras sus caderas se movían para encontrar un ritmo.

    Aceleré el movimiento, nuestros cuerpos sudorosos chocando contra el otro. Los sonidos de nuestros actos llenaban la habitación, cada gemido y jadeo intensificando nuestro deseo.

    —Fuck, Marco. Sí, más rápido —gritó ella, mientras sus manos agarraban mis nalgas para guiarme.

    Me volteé y la coloqué en una posición de vaquera. Clara controló el ritmo, moviéndose sobre mí con una intensidad que me hizo gemir.

    —Oh, Dios, Clara. Eres increíble —susurré, mientras mis manos acariciaban sus pechos.

    Ella inclinó su cabeza hacia atrás, sus ojos cerrados, disfrutando de cada momento. Nuestros cuerpos sudorosos chocaban, el sonido de nuestras pieles contra las otras llenando la habitación.

    —Ven aquí, Marco —susurró ella, mientras se inclinaba hacia mí.

    Nos besamos apasionadamente, nuestras lenguas entrelazadas, mientras ella continuaba moviéndose sobre mí. Sentí la intensidad aumentar, nuestros cuerpos al borde del éxtasis.

    —Oh, sí, Marco. Vamos a corrernos juntos —gemía ella, mientras sus movimientos se aceleraban.

    Nuestros cuerpos se tensaron, el placer recorriendo cada fibra de nuestros seres. Gritamos juntos, nuestros cuerpos temblando con la intensidad del orgasmo.

    Clara se inclinó sobre mí, nuestras respiraciones jadeantes, nuestros corazones latiendo al unísono.

    —Eso fue increíble —susurró ella, mientras me besaba suavemente.

    —Sí, lo fue —respondí, sintiendo una mezcla de satisfacción y sorpresa.

    Nos quedamos juntos durante un rato, disfrutando de la sensación de estar en los brazos del otro. Finalmente, nos despedimos con una sonrisa, sabiendo que este momento sería uno que recordaríamos para siempre.

    Loading

  • Todo por una deuda (2)

    Todo por una deuda (2)

    Por fin llegó el fin de la deuda, yo estaba trabajo en un sector donde no me podía mover así que obligaba tuvo que ir mi mujer Noemi, sabía más o menos el horario citada así que estaba nervioso no quería más sorpresa.

    En el lugar había un monitor, no entendía del porque pero nunca había estado en ese sector así que desconocía si estaba antes ahí para que se usaba.

    En un momento para mi sorpresa veo que se enciende y veo la silueta de mi esposa entrar a la oficina de mi jefe, llevaba un vestido negro hermoso negro, tengo que admitir que estaba divina de donde yo estaba pude ver caminar hasta el escritorio de mi jefe donde entrega el dinero, para sorpresa de ella y mía en el lugar también estaba Roberto el portero de la empresa, un viejo de aproximadamente 85 años medio corpulento, y es quien cierra con llave cuando ingresa Noemi a la oficina.

    Cuando mi jefe recibe el dinero lo cuenta y dice, esta saldada la cuenta, pero quedo unos intereses de la demora de la otra vez, lamentablemente es justo lo que tenía que pagar a él, y señala al portero así que vas a tener que arreglar con Roberto y lo que Noemi dice no tener más dinero en su poder.

    A lo que le contesta, mira a mi hoy me pagas de alguna manera pero me pagas.

    Roberto se agarra a la fuerza a Noemi, besando a la fuerza a mi esposa que intenta sacarlo, mi jefe se reía y se tocaba el bulto ya saboreando lo que estaba pasando, a todo esto, Roberto arranca la tanga a mi esposa dejando a la vista toda su conchita y el culito. Ya para todo esto había logrado dejar los pechos descubiertos y sin tanga con lo que aprovechaba a chupar los pezones y mordisquearlos, haciendo que mi esposa pegara unos chillidos, lo que hacía qué Roberto dijera que lindo se queja esta putita, tenías razón.

    A todo esto ya se suma mi jefe quien ayuda a ponerla en posición de que le chupara la pija a los dos, y tratando de que la cámara los enfoque bien, sabiendo que yo los veía hace un gesto de okey.

    Como Noemi intentaba resistirse se ve que Roberto le da una cachetada y le hace chupar de nuevo.

    Cabe aclarar que lo que tenía entre las piernas era proporcional a su tamaño, era claramente más grande que la de mi jefe y la mía.

    Luego de un raro la ponen en cuatro y Roberto le mete la lengua en su conchita y el culito, al mismo tiempo que aprovecha para meter sus dedos.

    Noemi se arqueaba ya de placer y le chupaba a mi jefe como si estuviera tomando un helado, pero la frena y se acuesta haciendo que ella se suba, a lo que ella cabalgaba como una jinete y el mordía las tetas, pero esa posición fue ideal para que Roberto entre por detrás, así que mi jefe la acuesta sobre su pecho y la agarra fuerte, mientras Roberto empieza a meter su punta en el culito, gracias al trabajo que hizo con los dedos y lengua ayudo a que no le doliera tanto cuando entro todo ese pedazo de carne, fue increíble como gritaba pero se notó que era de placer, Noemi tuvo en minutos varios orgasmos cuando se lo ve a Roberto inclinarse contra la espalda de Noemi y grita debido a la tremenda acabada dentro de sus entrañas.

    Cuando sale aprovecha mi jefe para cogerla por el culo también sin dificultad hasta que también la llena de su leche.

    Después de un rato se visten y la dejan ir.

    Después de mi turno, mi jefe me llama y me dice gracias a tu chica ya tenés saldada tu cuenta conmigo, espero te haya gustado lo que viste.

    Al llegar a mi casa Noemi estaba recién bañada con un vestido y sin calzones ya que lo que se ponía le hacía doler pero no me dijo del porque, igual yo ya lo sabía.

    Espero les haya gustado.

    Loading

  • Finalmente descubrí que mi esposa es una puta (1)

    Finalmente descubrí que mi esposa es una puta (1)

    Mi esposa Stella es una médica de 45 años, 1.75 metros de alta, cabello corto negro con algunas canas que le dan atractivo, tiene un rostro hermoso y unos labios para besar y mamar, sus tetas son medianas con sus pezones siempre erectos, unas piernas largas torneadas y un culo de campeonato, dentro de nuestro círculo todos se la quieren follar, especialmente Manuel un amigo desde antes de casarnos, seguro que se hace la paja pensando en el culo de mi mujer. Yo soy de tez trigueña, pelo negro con canas, ingeniero de 44 años, 1.8 metros de alto, cuerpo normalito pero la biología me dotó con un pene de 23 centímetros y grueso, mi esposa le fascina mamarlo.

    Hablando con Manuel al calor de unos tragos me confesó que siempre ha estado enamorado de mi mujer y que adora su culo y como lo mueve al caminar, yo le pregunté y ¿quiere follársela? Me dijo: sí. Yo le dije, pero usted ha compartido mucho tiempo con ella por sus tareas en la administración del conjunto, ¿acaso no ha intentado al menos besarla?

    Me dijo: si, una noche que salimos muy tarde de una reunión de la administración le acompañé hasta la puerta del apartamento y al despedirme la besé y ella se echó para atrás, yo la atraje de nuevo y la besé con fuerza y ella poco a poco me respondió y yo entré con ella al apartamento y nuestras lenguas se entrelazaron, acaricié sus senos y ella me sobó el pene por encima del pantalón, pero hasta ahí llegamos y no ha habido otra oportunidad. Yo reflexioné y le dije: yo si sabía que mi mujer es una puta zorra y sé que usted le gusta.

    Esa tarde de tragos fraguamos un plan para follar a mi mujer en trío, Manuel hará un almuerzo en su apartamento y se almorzará hacia las 3 de la tarde, la cita es a las 2 pm y comenzaremos tomándonoslos unos vinos antes de almuerzo y por supuesto después, también. Llegado el día, las cosas se desarrollaron según lo planeado, mi mujer estaba muy alegre y sin tapujos hablamos de sexo de nuestros gustos y fantasías.

    La tomata y conversación agradable hizo que el tiempo pasara sin darnos cuenta, eran ya las 10 pm, mi mujer fue al baño de nuevo y le dije a Manuel, yo iré al baño y usted se le lanza, la hermana de Manuel se había acostado y para no hacer ruido nos habíamos refugiado en la alcoba de Manuel, había una cama súper king, cuando regresé del baño que a propósito me demoré les encontré callados y serios, yo pregunté de que me perdí, mi mujer me dice es que me siento un poco mareada y quiero dormir un poco, ella se recostó y nosotros salimos a la sala.

    Y Manuel me dice: nos estuvimos besando y le dije que quería hacerle el amor esa noche y me dijo hoy no, mañana mi marido debe ir a la obra, él saldrá de apartamento a las dos de la tarde y regresa hacia las seis o siete de la noche, yo te aviso y tú vas al apto y follaremos toda la tarde.

    Me enojé un poco porque sentí algo de celos y rabia al descubrir a mi mujer, pero yo le dije, nuestro plan sigue adelante hoy nos la follamos, yo estaba preparado tanto que hasta me tomé un Viagra para durar más. Le dije ya durmió 20 minutos vamos, entramos yo me recosté a su lado y comencé a acariciarle el culo, le subí la falda para que Manuel admirara de cerca ese apetecido culo cubierto por una tanga transparente, le abrí la blusa la puse de espalda sobre la cama le quite el sujetador y le sobe sus tetas que respondieron pues sus pezones estaban duros y erectos, yo me desvestí y Manuel también.

    Estábamos excitados y nuestras vergas duras, pude calibrar la verga de Manuel en unos 19 a 20 centímetros, y comenzamos a chupar cada uno una teta, mi mujer suspiraba y gemía, mi amigo le sobaba el chocho a mi mujer y ella movía sus caderas, le dije a mi amigo bájale la tanga y cómele el coño, hazla llegar, mi mujer con sus manos puestas sobre la cabeza de Manuel lo metía entre su coño depilado y yo le acerqué mi verga a su boca, ella ya estaba despierta gozando de la comida de coño que le hacía Manuel y se tragó toda mi verga y me la chupaba con mucha fuerza, y de pronto explotó mojándole la cara a Manuel y éste se chupaba y tragaba todos los flujos vaginales.

    Y mi mujer de pronto dice: Manuel fóllame, quiero tu verga primero y luego la de mi marido, quiero primero la verga nueva en mi chocho y la de mi marido en mi boca, Manuel puso su verga a la entrada del coño y le sobaba el clítoris y la raja con la verga y mi mujer grita: fóllame ya, y mi amigo se la empujó todita, le entró como cuchillo caliente en mantequilla, mi amigo levantó sus piernas en sus hombros y aumentó el ritmo de la follada, que morbo ver a mi mujer follando con otro mientras me la mamaba.

    Manuel bufó y le lleno el coño de semen a mi mujer y yo exploté en su boca, tragando todo mi semen y ella siguió mamándomela para mantenerla bien erecta y ella tuvo un gran orgasmo, Manuel se tiró a la cama al lado de mi esposa y la besaba con mucha ternura.

    Yo me acomodé, levanté una pierna y le metí mi verga todita de una, por los lados salía el semen de Manuel, ese coño estaba caliente y lubricado, y comencé a follarla duro, me tiré de espalda a la cama e hice que mi mujer me cabalgara, dejando su ano expuesto porque yo le abría la nalgas, Manuel le besaba y chupaba el culo a mi mujer, tomó el gel le unto en el culo y le metió un dedo dilatando el esfínter, ella me cabalgaba con cadencia y dejaba que Manuel le trabajara el culo, hasta que mi amigo le metía tres dedos, mi amigo me los mostraba, hasta que se acomodó y le metió su verga por el culo, yo sentí como la enculó.

    Nos sincronizamos y disfrutamos y mi mujer como loca de movía para sentir ambas vergas entrar y salir de su coño y de su culo, hasta que simultáneamente explotamos los tres, sentí los fluidos de mi mujer bajando a mi culo mezclado con nuestro semen y mi amigo dejó su semen en los intestinos de mi mujer. Mi mujer y Manuel se tiraron a la cama a descansar.

    Mi mujer fue al baño y regresó desnuda y comenzó a mamar mi verga y alternaba con la verga de Manuel, cuando las puso bien duras, se subió a cabalgar a Manuel y me miró y me dijo: tú vas por mi culo, e iniciamos otra doble penetración, mi mujer se movía y gemía como loca, decía quiero otra verga para mi boca, le metí tres dedos en su boca para que chupara.

    Así estuvimos hasta que tuvimos un orgasmo simultáneo, esta vez las gónadas de Manuel quedaron mojadas con sus fluidos, el coño lleno de semen y yo descargué mis huevos en sus intestinos, nos dejamos caer a la cama, mi mujer me abrazó, me besaba y decía: te amo, gracias por darme tanto placer y nos quedamos dormidos, como a las tres de la mañana.

    Nos despertamos hacia las ocho de la mañana, nos vestimos y salimos del apartamento a hurtadillas para que la hermana de Manuel no se enterara, corrimos al otro edificio entramos a nuestro apartamento, entramos a nuestra alcoba, le levanté la falda a mi mujer y no tenía puesta la tanga, pues se la regaló a Manuel, la puse en cuatro paticas o de perrito y le metí mi verga en su chocho que lo tenía pringoso del semen de Manuel.

    Echamos un polvo y nos quedamos dormidos, me levanté a las once de la mañana pedí almuerzo a domicilio y entré a ducharme, mi mujer también se duchó y arregló, almorzamos hacia las doce y media y me alisté para irme, mi mujer estaba muy hermosa, se puso una minifalda, le metí mano y estaba sin ropa interior, llamé a Manuel y le dije voy saliendo para la obra, alístese para follar. Abrace a mi mujer la besé, le chupe la lengua y le dije al oído: espero que te diviertas, fóllate bien a Manuel.

    Loading