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  • El hermano de mi amiga

    El hermano de mi amiga

    Era abril del 2021, tenía 23 años, todavía me costaba hablar sin que se me cayera algo adentro. Habían pasado unos meses desde que se murió mi vieja y yo andaba flotando entre el dolor, la rutina y una especie de vacío seco, raro… hasta que apareció él.

    No fue amor, ni drama, ni vueltas. Fue puro cuerpo. Pura hambre. Facundo fue eso: un sacudón necesario. Me agarró justo cuando ya no recordaba lo que era temblar por alguien. Lo juro: esa noche me devolvió algo que ni sabía que me faltaba. Y sí… ese polvo me marcó.

    Apenas entré a la casa ya sentí el calor de tanta gente amontonada. El living estaba explotado, la música sonaba fuerte y las luces medio bajas le daban ese tono típico de cualquier fiesta improvisada.

    Por la reciente pandemia, se suponía que no se podían hacer reuniones así, pero a nadie le importaba. Éramos fácil unas cuarenta personas, y todos actuábamos como si el virus ya hubiera pasado del todo.

    Vi a Fer enseguida. Mi amiga y anfitriona. Me acerqué a saludarla entre abrazos y gritos. Estaba hermosa, y con una birra en la mano. Le di un beso y al toque me encajó una lata.

    —Tomá, amiga. Estás muy sobria —me dijo, y se rio.

    Yo también me reí. No iba a decirle que venía medio cruzada del día, que el nene que cuido estaba insoportable y que me había peleado con mi hermana, la del medio. Solo quería olvidarme.

    Me fui moviendo por la casa, saludando gente, charlando con algunas amigas, tomando despacio. Había olor a alcohol y a cigarrillo. Una mezcla de todo lo que tienen las fiestas donde hay mucha gente.

    En un momento vi a Facundo. Estaba apoyado contra la pared del patio, fumando, con una cerveza en la mano. No lo conocía mucho. Lo había visto alguna vez cuando iba a lo de Fer, pero nunca habíamos hablado. Sabía que era el hermano, nada más.

    La noche fue avanzando. El volumen de la música subía cada vez más. Me tomé otra lata. Me reí con un par de amigas, bailé un poco. Ya estaba más suelta, aunque todavía lejos del punto en el que me pongo intensa.

    En un momento sentí la vejiga explotar. Fui al pasillo, donde estaba el baño, y por supuesto, había fila. Me apoyé contra la pared con los brazos cruzados. En eso, escuché pasos detrás mío. Me di vuelta y vi a Facundo.

    —¿También estás esperando? —me preguntó, sin mucha expresión.

    —Sí… esto parece la fila del banco.

    Él sonrió apenas.

    —No queda otra que tener paciencia —dijo, y se apoyó al lado mío.

    Asentí.

    —Me llamo Mey —le dije por cortesía.

    —Facundo —respondió.

    —¿Sos el hermano de la cumpleañera, no? —dije sonriendo apenas.

    —Si. Vos venís seguido por casa, ¿no?

    —A veces. Cuando Fer tiene algún quilombo, me manda mensajes. Soy como su plan B.

    Se rio.

    —Bien. Siempre es útil tener un plan B —respondió.

    Lo observé un segundo. Tenía ojeras marcadas, el pelo algo revuelto y ese gesto de tipo que está pero no del todo.

    —¿Faltará mucho para que salga alguien del baño? —pregunté, medio en chiste.

    —Y… si no están cogiendo adentro, debería salir pronto —dijo, sin reírse del todo, pero con cierto tono burlón.

    Me reí.

    —Sería un bajón. Tengo pis desde hace media hora.

    —Tenés cara de estar sufriendo —agregó.

    —Un poco sí. Igual ya está, ahora aguanto por orgullo.

    Se volvió a reír y justo se abrió la puerta del baño. El que salió estaba con cara de culpa. Nos miramos con Facundo.

    —Parece que no era solo pis… —dije bajito.

    —Claramente no.

    —Voy yo —le dije.

    —Dale, después me contás qué tal el panorama —respondió con sarcasmo.

    Entré, cerré la puerta y me senté rápido. Por algún motivo, cuando salí, lo busqué con la mirada y él ya no estaba en el pasillo.

    Volví con mis amigas, las risas, los chismes y la música seguían como si nada. Me serví un vaso de vino, en un momento ya ni me acordaba de cuántos llevaba.

    La fiesta había mutado: ahora había gente chapando en rincones, algunos ya muy pasados de copas, otros con el efecto de las drogas en los ojos.

    A veces, veía a Facundo de reojo. Estaba con su grupo, pero su mirada venía hacia mí. Era raro porque no se acercaba, solo me observaba.

    Había algo en esa mirada que no me dejaba tranquila, algo que hacía preguntarme si se iba a acercar o si solo estaba mirando porque sí.

    La música se volvió más bailable, más movida. Los que antes estaban sentados ya no podían estar quietos. La noche se sentía cargada de alcohol y descontrol.

    Cuando menos lo esperaba, él apareció detrás de mí. Lo miré de reojo. Estaba ahí, parado, como esperando algo, sin animarse a dar el primer paso. Y yo no iba a hacerlo.

    La canción cambió. Sonó un cuarteto. La pista se llenó de parejas. Ahí fue cuando se acercó un poco más y me extendió la mano.

    —¿Bailás? —me dijo, casi al oído.

    —Dale —respondí, sin pensarlo.

    No sé cuánto tiempo pasó desde que empezamos a bailar, pero en un momento su mano en mi cintura ya no era parte del ritmo. Era firme. Tenía los dedos hundidos ahí, como si me marcara.

    De repente, se apartó un poco, me miró, y empezó a caminar. Yo lo seguí sin pensar demasiado. Sabía a qué íbamos. No hizo falta que me lo diga.

    Nos metimos en un rincón oscuro entre dos paredes. Nadie nos veía. Me arrinconó enseguida. Su cuerpo entero contra el mío. Me agarró la cara con una mano y me comió la boca.

    Fue brusco. Urgente. Yo le pasé los brazos por la nuca, lo atraje más. Sentía su lengua desesperada, su respiración en la cara, sus manos bajando sin pausa.

    Me tocó las tetas por debajo de la musculosa, sin pudor. Me apretó una con fuerza, me pellizcó el pezón con los dedos.

    Le metí la mano por debajo de la remera blanca y sentí su panza tensa, el pecho caliente. Me rozó la entrepierna con la rodilla. Yo me abrí sin pensarlo. Jadeaba, quería más.

    Me metió la mano por el jean, por debajo de la tanga. Me tocó la concha. Apenas, pero lo hizo. Él jadeaba duro. Toqué y sentía su verga casi queriendo salir del jogging, pero no cogimos. No ahí. No todavía.

    Los dos sabíamos que no era el momento. Nos quedamos unos segundos más, calientes, respirando agitados. Nos miramos. No hacía falta decir nada.

    Me acomodé la musculosa, me pasé los dedos por el pelo que tenía hecho un quilombo. Él se acomodó la remera. Volvimos a la fiesta.

    Nadie se dio cuenta. Pero yo estaba alterada. Tenía los pezones duros y la tanga empapada. Volví con mis amigas y me serví otro vaso. Me reí, hice como que no pasó nada, pero no podía sacarme de encima la calentura.

    Sabía que me estaba mirando. Lo buscaba con los ojos entre la gente y lo veía a lo lejos, medio serio.

    La fiesta estaba bajando. Algunos empezaban a irse. Agarré mi bolso y me colgué la campera del brazo. Él se me acercó justo cuando pasaba por la cocina.

    —¿Ya te vas, Mey? —me dijo.

    —A tu cuarto —solté.

    Me despedí de todos, saludé a Fer con un beso, hice todo el teatro. “Nos vemos”, “avisame cuando llegues”, bla bla. Abrí la puerta principal, miré un segundo hacia afuera… y la volví a cerrar.

    Me di vuelta y caminé por el pasillo. La casa estaba más vacía, oscura. Había vasos sucios por todos lados, el piso pegoteado, y bastante olor a alcohol.

    Llegué a la puerta del cuarto de Facundo. Entré despacio, cerré sin hacer ruido y me senté al borde de la cama.

    Me acomodé el pelo, crucé las piernas, dejé el bolso y la campera sobre un mueble. Las luces estaban apagadas, había apenas un reflejo de afuera entraba por la ventana.

    Facundo entró sin decir nada. Se me acercó y me agarró de la cara para darme un beso. No fue suave, fue húmedo, apurado, sucio. Me chupaba la boca, me metía la lengua entera, me mordía los labios.

    Yo gemía bajito. Sentía su respiración pesada. Bajó al cuello, me lamía, me chupaba la piel. Me mordió fuerte una vez y le solté un jadeo.

    Ya tenía sus manos encima mío. Me agarraba las piernas, el culo, me tocaba la concha por encima del pantalón. Estaba desesperado. Y yo también.

    Me saqué las zapatillas mientras él me levantaba la musculosa. Me quedó el collar colgado entre las tetas.

    Después me bajó el jean con apuro, me lo sacó entero. Me quedé en tanga y corpiño, ambos negros.

    Me tocó por encima de la tela, sentí el roce en la concha mojada. Me sacó el corpiño y después la tanga. Me abrió los labios con los dedos y me rozó bien ahí. Estaba empapada.

    Ahí nomás se sacó la camisa y la remera en un solo movimiento. Se bajó el pantalón con una mano. Quedó desnudo. Se agarró la pija con la mano y me la mostró. Estaba dura, gruesa, venosa.

    Me arrodillé despacio frente a él, lo miré desde abajo, me acerqué y le pasé la lengua por la punta, apenas saboreándolo. Sentí el gustito salado de su piel y lo escuché soltar un respiro por la nariz.

    Me la metí en la boca bien lento, le agarré la base con una mano y empecé a chuparlo lento. Le pasaba la lengua por todo el tronco, después me lo metía más hasta el fondo. Me babeaba toda, me corría la saliva por la comisura, y sentí cómo se le endurecía todavía más adentro de mi boca. Él me apoyó una mano en la cabeza y me sostuvo ahí.

    —Así Mey… —dijo en voz baja.

    Gemí con la pija en la boca. Me encantaba sentirla llenándome la garganta. La saqué un segundo, lo miré con la boca toda mojada y volví a chupársela. Escuchaba cómo le chasqueaba contra mi lengua y la baba me goteaba al piso.

    De golpe me agarró del brazo y me hizo levantar. Me dio vuelta y me tiró sobre la cama, en cuatro. Me agarró de la cintura con fuerza y me empezó a meter la pija despacio, y después, cada vez más rápido, más fuerte.

    —Te gusta, ¿no? —me dijo mientras me embestía.

    —Sí… la puta madre… —jadeé.

    De pronto me la sacó, me abrió las piernas y metió la cara entre mi nalgas. Me empezó a chupar la vagina mientras me metía los dedos.

    Se volvió a levantar y me la metió de nuevo, más rápido y más salvaje.

    —Decime que querés más, dale —me decía.

    —Seguí Facu… seguí… no pares…

    Sentí cómo me tiraba del pelo para levantarme. Me enderezó, todavía con la pija adentro, me abrazó por atrás, y me cogió más fuerte mientras me besaba el cuello y me agarraba las tetas.

    Sentía el calor de su respiración en mi oído mientras me daba como si no hubiera nadie más en la casa.

    Tenía una mano bien apretada en mi teta izquierda, y con la otra me acariciaba el clítoris, apretándome con los dedos.

    —Estás re buenísima —me dijo mientras me empujaba de nuevo contra el colchón.

    Me reí entre gemidos, con la cara enterrada en la almohada y me dio una nalgada fuerte que me arrancó un grito.

    —Dale… abrí más las piernas. Así… así me gusta —me ordenó.

    Yo no decía mucho. Solo gemía y me mordía los labios.

    No sé cuánto tiempo estuvimos así. Perdí la noción. Solo sabía que me estaba devorando y me encantaba.

    Me tenía boca abajo todavía, pero el ritmo empezó a cambiar. Bajó la intensidad, me acariciaba la espalda, me pasaba la mano por el costado del cuerpo, suave hasta llegar a mis tetas.

    —Tus gomas me tienen loco —me gruñó al oído.

    —Si, no sos el único —le solté sabiendo que esa frase lo iba a prender fuego.

    Y si, me giró despacio, me dio vuelta con firmeza y me dejó boca arriba con las piernas abiertas.

    Se quedó un segundo mirándome las tetas y se tiró encima de ellas. Me las chupaba con desesperación, empapando mis pezones con saliva, mordiendo, succionando fuerte, mientras me volvía a coger lento y hondo.

    —Qué buena estás, la puta madre… —decía.

    Entonces me empujó los brazos hacia arriba y me los sostuvo firmes contra la almohada con una sola mano. Con la otra volvió a agarrarme las tetas, amasándolas con fuerza.

    —¿Te gusta así? —me dijo, mirándome fijo, con la voz cargada de deseo.

    —Me encanta… pero no sos el único que sabe coger fuerte —le solté con la voz ronca, provocadora.

    Me la sacó de golpe y yo me subí arriba suyo. Me acomodé sobre él y me lo clavé otra vez, sintiendo cómo me llenaba de nuevo. Apoyé las manos en su pecho y empecé a montarlo, con las tetas rebotando frente a sus ojos, sabiendo que no podía dejar de mirarlas.

    Él me agarró de la cintura con una fuerza. Estaba caliente, se le notaba en la cara, en los jadeos rotos, en cómo me apretaba cada vez que bajaba sobre su verga.

    Yo lo cabalgaba con un ritmo cada vez más descontrolado. Mis tetas rebotaban con violencia frente a su cara, y no se aguantó: se incorporó un poco y volvió a clavarse en ellas, a chupármelas con desesperación.

    —Seguí así, hermosa… me vas a hacer acabar —me gruñó con la voz ronca y la cara enterrada entre mis pechos mojados.

    Y yo no paraba. Seguía cabalgándolo con furia mientras él me manoseaba sin tregua, me apretaba fuerte, me mordía, me escupía los pezones, y eso me volvía loca.

    Me agarró fuerte de las caderas y me giró sin decir una palabra. Me soltó contra el colchón y, en segundos, ya estaba abajo, con la lengua metida entre mis piernas, desesperado, con hambre. Me abría con los dedos, me lamía con ganas, con bronca, como si quisiera hacerme explotar ahí mismo.

    Yo me arqueaba, me agarraba de las sábanas, sentía los gemidos salirme solos, cortados, ahogados, como si el cuerpo se me estuviera desarmando.

    Las piernas me temblaban. Me latía todo. Y cuando me metió los dedos mientras seguía chupándome como un enfermo, fue el final.

    El orgasmo me vino como un latigazo. Me sacudió entera. Quedé rendida, con la piel erizada y el corazón a full. Me quedé así, con las piernas abiertas, sintiendo su lengua todavía en mi clítoris, como si no quisiera soltarme.

    —La concha de tu madre… sos una bomba —murmuró mirándome desde ahí abajo.

    Me incorporé despacio. Me acerqué y lo empujé para que se sentara en la cama. Lo miré a los ojos y bajé la cabeza directo a su verga.

    Me la metí en la boca de una. Él soltó un gruñido bajo y tensó las piernas. Yo se la chupaba con ritmo, con ganas de hacerlo acabar ahí mismo. Me la tragaba entera, le pasaba la lengua por el glande y lo miraba desde abajo provocándolo.

    —Así, tragámela… qué puta linda sos, te voy a llenar de leche esas tetas hermosas —me decía entre dientes mientras me acariciaba el pelo y me empujaba un poco más.

    Me dio un tirón suave para que me apartara y se levantó. Se puso de pie frente a mí y yo me senté derecha, sacándome el pelo de la cara. Después le ofrecí mis gomas, las levantaba, las sacudía suave, todavía mojadas.

    —Dale, acabame acá, quiero toda tu lechita —le dije, con la voz ronca, apretándome las tetas.

    Él ya no aguantaba más. Se pajeó con fuerza unos segundos, jadeando, mirándome fijo, y cuando se vino fue un espasmo brutal.

    Chorros calientes y espesos me cayeron directo en las tetas, en los pezones. Me mojaron toda. Yo gemí bajito, sintiendo cómo me chorreaba, mientras se le escapaba ese último gemido gutural.

    Me pasé la mano por el pecho, despacio, esparciendo su semen sobre mi piel, juguetona. Le mostré los dedos y me los metí en la boca, uno por uno.

    Facundo me miraba en silencio mientras se tocaba la verga despacito, sin apuro.

    —Ya te traigo algo para limpiarte —dijo medio ronco.

    Al rato volvió con una toalla húmeda. Me la pasó despacio entre las tetas, sin decir nada, con delicadeza. Me limpió y se acostó encima mío, apoyando la cabeza entre mis tetas, con una mano sobre mi cintura.

    —Estás muy buena… —murmuró ahí, casi hundido en mí.

    No hablamos mucho más. Solo se quedó ahí, como si esa pausa también le hiciera bien a él.

    Mi celular vibró en mi bolso. Era un mensaje de Fer.

    “¿Llegaste bien amiga?”

    Mentí sin culpa.

    “Sí, ya estoy en casa.”

    De repente, Facundo dijo.

    —Ahi te vienen a buscar —y se levantó.

    Me alcanzó la tanga y me la subió él mismo, tomándose su tiempo. Me agarró de las caderas para acomodarla bien y me rozó con la nariz el vientre, como si quisiera olerme una vez más.

    Después me alcanzó la musculosa y me ayudó con el jean. Me lo subió despacio, besándome la espalda baja antes de cerrarlo. Al final, me puse las zapatillas.

    Nos quedamos un minuto más sentados en la cama. Me besó otra vez, sin palabras, y me abrazó.

    —Ya está el Uber —dijo mirando su celular.

    Bajamos en silencio. En la casa dormían todos. Cruzamos el pasillo como si fuéramos dos adolescentes escapando.

    Cuando salí, el aire fresco de la mañana me pegó en la cara. Me subí al auto y saludé al chofer con una sonrisa cansada.

    Mientras el auto se alejaba, miré por la ventanilla. Facundo seguía en la puerta con cara de sueño.

    Apoyé la cabeza contra la ventanilla del auto y cerré los ojos. Todavía sentía su olor, su sabor, el peso de su cuerpo apretándome las tetas como si fueran su debilidad.

    Me ardía el pecho, tenía con restos de su semen secándose en mi piel. Me pasé un dedo por el escote, sentí la textura pegajosa y suspiré hondo.

    Qué hijo de puta, qué bien me cogió.

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  • Un rato de pasión

    Un rato de pasión

    La cita prevista culminó exitosamente, él llegó justo a tiempo, aunque se había despertado antes por la adrenalina que estaba al máximo, ya estaba listo, habían pasado días previos con esa tensión deseosa de tenerla pegada a su miembro con la boca engullendo el pito erecto que le había mostrado en fotos cachondas y se sensuales

    La preparación previa fue importante, la seducción y la sorpresa es motivo del placer mismo. Él salió preparado, y le mostró otras sorpresas, una taza de corazones, unos dulces que le encantan a ella y una parada estratégica para arreglar la carga que traía, le mostró lo que a ella tanto le gusta, un trozo viril de carne, un buen ejemplar de hombre bajo los pantalones, se desabrochó todo y se lo mostró, se había salido de casa sin ropa interior.

    La excitación mutua era inminente una buena chupada de pito comió en plena calle al mirar aquel trozo masculino, deseo de sus fantasías y bella verga erecta, para ella, hermoso ejemplar de hombre que tanto la excita y la hace gozar, exclamó de asombro, wow que rico, el delicioso pito estaba listo y desnudo al desabrocharse y bajarse el pantalón dentro del vehículo.

    Era un miembro palpitante carnoso, venoso y jugoso que deseaba ser chupado, besado y mamado con pasión al menos 5 minutos, pero fueron 3 segundos, ni modo, ella traía también unos calzones en su bolso, unos bóxer masculinos y le mostró y prometió probárselos, así tal cual, él sin calzones hicieron el trayecto y justo antes de llegar le prestó esa prenda que ella usa para cubrir sus intimidades arriba de las pantaletas, yo digo, para que, de todas formas se los va a quitar, para que se los pone.

    Se los puso y ajustados mostrando el paquete se lo enseño como le quedaban.

    Ella temerosa de la situación, pero deseosa y admirada del cuadro que veía, un rico paquete que más tarde tendría entre sus piernas y prometieron calmarse y reservarse antes que los dolores de vientre le hicieran efecto.

    Ambos excitados se contuvo y llegaron a la misión encomendada.

    Terminaron temprano y se dirigieron al nido del placer y del amor, un hotel ya elegido y utilizado una vez antes, se bajaron del vehículo pidieron la misma habitación y pasaron, él la buscaba y se le re pegaba a sus nalgas vestido, ella haciendo y preparando no sé qué de su bolso se dejó llevar a la cama y empezó el a besarle en cuello y excitarla que de por sí ya estaba húmeda de su cosita, la desnudo de los pechos y la acariciaba y le bajó el pantalón y le puso el miembro entre las nalgas, ella se sentó y el aún con su bóxer le mostró el paquete que la sedujo al mirar ese objeto de su deseo oculto tras esos calzones se veía apetecible y excitante.

    Lo palpó, lo midió con su mano y lo acaricio envuelto mientras el sin los pantalones se lo mostraba a placer el objeto del deseo y la pasión.

    Le bajó la prenda y comenzó a mamarla, estaban excitados al máximo, tremendo pitote sobresalía de sus manitas y no engullía todo en su boca que no le cabía, le chupaba va cabecita y los guevos lo excitaba, el gemía de gusto con tan rica manada de pito, ahí si fueron más de 5 minutos de chupársela.

    Le bajó los calzones de ella y la empino a la cama con los pies al suelo y abriendo sus pliegues le mostró el tesoro, su cavidad ansiosa de recibir tal excitado y firme miembro que enterró con ganas y deseos.

    Se la cogió empinada.

    Le metió todo el pito hasta los guevos y se quedó un instante y ella había empezado a gemir de placer teniendo adentro tan anhelado pito, la verga entera estaba hundida en su panocha ardiente y deseosa de verga, la sentía caliente por dentro estaba con mucha temperatura y chorreaba líquido, empezó a sentir esas ganas contenidas de placer, era lo que necesitaba, ese pito tan rico tenerlo metido, y gimiendo con placer exclamaba su orgasmo placentero y rápido gemían de gusto ambos, cogiendo en un hotel de paso con todas las ganas se la parcho sabroso, viendo tan hermosas nalgas de mujer hundirse el pito y rellenar de semen su interior, se lo vacío.

    La lleno de leche de macho, era su cabrón cogelon hijo de la chingada que la hacía gozar hasta venirse en un instante, también se vino el, eyaculo en un orgasmo intenso que la sorprendió al ser tan rápido para ella, esa panocha ya la necesitaba la verga y no necesitaba excitación dentro y ser llenada de leche su interior, ambos se vinieron al mismo tiempo y disfrutaron de una cogida de perrita al borde de la cama de un hotel de paso.

    Segunda parte.

    Después de esa rica cogida de perrita, fueron a bañarse y a acariciar sus cuerpos con jabón y el pelo, ahora no la sedujo ni la masturbo en el baño, como de costumbre y arrancarle dos o tres orgasmos más, pero si le acaricio su cuerpo y sus partes íntimas, le tocó y acaricio los pechos se repegó a sus nalgas y le pasó la mano por su panochita, se tallaron la espalda y se fueron a la cama a seguir amándose.

    Se recostaron, ella sobre él y acariciándole el pito se entrelazaron sus cuerpos desnudos, ella tocando sus huevos se bajó y se la mamo mientras el le acariciaba sus labios inferiores y buscaba el clítoris para masturbarla, empezó a gemir ella, y con movimientos circulares de sus dedos le tocaba el clítoris, ella tenía y pedía más y más, pidió mamar verga y se la puso de nuevo en la boca y chupaba con deseo y pasión extendiendo el placer por su cuerpo le tocó al mismo tiempo su culo y le introdujo un dedo, no sabía por donde más le gustaba.

    Era tan inmenso el placer y pegó un grito de gusto y de repetir durante la acción sexual de ambos expresiones y gemidos de placer.

    -papacito…. así así que rico coges…

    -así mi amor chúpame la verga, -gozaba de gusto…- es tuya, cómetela toda -y ella gemía de gusto, mamando pito y él masturbándole el culo, el clítoris y ella con el pito en la boca decía- eres un cabrón cogelon hijo de la chingada como me gustas…

    Ella gemía diciendo esto y seguía mamando verga, el dedo seguía clavado en el culo en mete y saca además también el otro dedo en la panocha al mismo tiempo, gemía y gritaba de placer intenso y chupaba el pito con tanto deseo contenido de vivir sola y sin haber sentido tanto placer en su vida, hasta que nos conocimos, ese culo es mío, el decía, y le hacía gozar y estremecerse de placer, y repetía ella no saber dónde más sentía placer, si por el culo o por la panocha o por la boca.

    Ella se corrió varias veces más, con gritos y gemidos gozaba de placer intenso nunca antes conocido.

    Ya vencido el pito se pusieron después en posición de tijera tocando ambos sexos y le tallaba con los guevos en su panocha y su clítoris excitado se corrió de nuevo y se vacío en intensos orgasmos en el pito y los guevos de el, se empaparon de sus líquidos, de su leches de ambos, terminaron y el fue a lavarse, el sentía los líquidos babosos empapando su pito y guevos, como escurrían bajo el agua de la regadera esa textura viscosa de ambos…

    Lo dejo limpio y ella no se enjuagó solo se secó el exceso de líquido seminal de su entrepierna, había gozado tanto que estaba temblando del placer realizado de sentir tanto gusto como nunca y esas sesiones de sexo la habían dejado satisfecha, feliz, plena, desestresada, calmada, su rostro y sus mejillas se veían sonrosadas se notaba jovial, fresca, rejuvenecida, ningún maquillaje era tan perfecto, su rostro sin arrugas, liso, suave y hermoso, así es una mujer después del sexo, rejuvenecida feliz y satisfecha, no se reconoce ser la misma, se ve muy joven, y bonita, tierna y muy linda.

    El satisfecho de haber cumplido como hombre, muy satisfecho de haberla hecho feliz y rellenarla de leche y de hacerla tener incontables orgasmos, de hacerla explotar de placer y de pasión.

    Es una grata sensación de sentirse satisfecho, joven, deseado, exprimido, mamado, vaciado y sentirse bien con uno mismo al servicio de una mujer y hacerla feliz, y de poder sentir que es uno un buen hombre para el sexo.

    Ser un buen cogedor y parchador de ella y que de premio se lleva de recuerdo una gran cogida que mientras la hacía gozar sentía como hundía sus uñas en sus guevos queriendo arrancarlos de la tensión durante sus orgasmos, y aguantar la estrujante mano en mis huevos, fue doloroso y rico a la vez, sentir que se adueña de la verga y querer arrancársela con las contracciones de su panochita o las uñas de sus manos mientras la hace venirse en espasmos vaginales, es tanto placer que se vuelve afición constante.

    Que rico es cogerse a una mujer y dejarse coger por un hombre deseoso y experto en las artes de coger una mujer, es ir por el camino del placer intenso y satisfacción para la vida cotidiana.

    Una buena parchadota rica.

    Cogieron con intensidad esperando la próxima sesión de puro sexo apasionado.

    Obviamente con mensajes eróticos y cachondos sobre sus experiencias realizadas y la humedecida panochita.

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  • El despertar de Laura

    El despertar de Laura

    En una pequeña ciudad costera, vivía una familia disfuncional. María, una mujer de 40 años, rubia y de complexión delgada, había descubierto que su hijastra, Laura, de 18 años, morena y de ojos verdes, tenía inclinaciones homosexuales. María, aunque no estaba completamente de acuerdo con la orientación sexual de Laura, decidió manejar la situación de una manera que le parecía apropiada.

    Una noche, mientras su esposo, Carlos, un hombre de 45 años, moreno y musculoso, dormía, María despertó a Carlos en la habitación.

    —Carlos, necesitamos hablar —dijo María con voz seria.

    —¿Qué pasa, María? —preguntó Carlos, aún adormilado.

    —Es sobre Laura. Creo que es lesbiana —dijo María, tratando de mantener la calma.

    —¿Qué? ¿Cómo lo sabes? —preguntó Carlos, ahora completamente despierto.

    —Lo vi besando a una chica en el parque. No estoy segura de qué hacer al respecto —confesó María.

    —¿Y qué quieres que haga yo? —preguntó Carlos.

    —Quiero que la seduzcas. Quiero que la hagas cambiar de idea —dijo María, con una mezcla de desesperación y determinación.

    —¿Estás segura de que eso es lo que quieres? —preguntó Carlos, dudoso.

    —Sí, Carlos. Creo que es lo mejor para ella. Necesita experimentar con un hombre —dijo María, con voz firme.

    Al día siguiente, Carlos se acercó a Laura mientras ella estaba en su habitación, ordenando sus libros.

    —Hola, Laura. Pareces preocupada —dijo Carlos, con una sonrisa tranquilizadora.

    —Hola, Carlos. Solo estoy pensando en cosas —dijo Laura, con una sonrisa tímida.

    —¿Te gustaría salir hoy? Podríamos tomar un café o algo —sugirió Carlos, con un tono amable.

    —Claro, Carlos. Eso suena bien —dijo Laura, aceptando la propuesta.

    Salieron juntos y, mientras caminaban por el parque, Carlos comenzó a coquetear con Laura.

    —Sabes, Laura, siempre me has parecido una joven muy especial —dijo Carlos, mirándola a los ojos.

    —Gracias, Carlos. Eres muy amable —dijo Laura, ruborizándose.

    —¿Te gustaría saber un secreto? —preguntó Carlos, acercándose más a ella.

    —Claro —dijo Laura, intrigada.

    —Nunca he podido dejar de pensar en ti —confesó Carlos, con una mirada penetrante.

    —Carlos, no sé qué decir —dijo Laura, sorprendida.

    —No tienes que decir nada. Solo quiero que sepas que te deseo —dijo Carlos, tomando su mano y mirándola fijamente.

    Laura se quedó en silencio, sintiendo una mezcla de sorpresa y excitación. Mientras caminaban, Carlos la guio hacia un banco cercano y se sentaron juntos.

    —¿Te gustaría que te besara? —preguntó Carlos, con una voz suave y sensual.

    —Sí —susurró Laura, sin poder evitarlo.

    Carlos se inclinó hacia ella y la besó suavemente en los labios. Laura correspondió al beso, sintiendo una oleada de emociones nuevas. El beso se volvió más apasionado y Carlos comenzó a explorar su boca con su lengua. Laura gemía suavemente, disfrutando de cada caricia.

    —Vamos a mi habitación —susurró Carlos, tomando la mano de Laura y llevándola hacia la casa.

    Una vez en la habitación, Carlos cerró la puerta y volvió hacia Laura, tomándola en sus brazos y besándola con pasión. Laura respondió con entusiasmo, sintiendo su cuerpo arder con deseo. Carlos comenzó a desabrochar su blusa, revelando su piel suave y su sostén. Besó su cuello y sus hombros, mientras Laura gemía de placer.

    —Eres hermosa, Laura —susurró Carlos, mientras desabrochaba su sostén y liberaba sus pequeños pechos.

    —Gracias —susurró Laura, sintiendo una oleada de placer mientras Carlos comenzaba a lamer y succionar sus pezones.

    Carlos bajó sus manos y comenzó a desabrochar su falda. Laura lo ayudó, deslizándosela y quedando en ropa interior. Carlos se arrodilló frente a ella y comenzó a besar sus muslos, subiendo lentamente hasta llegar a su centro. Laura gemía más fuerte, sintiendo cada caricia de su lengua.

    —Oh, Carlos —gemía Laura, mientras Carlos comenzaba a lamer su clítoris.

    Carlos metió un dedo en su vagina, moviéndolo lentamente mientras seguía lamiendo su clítoris. Laura se agarraba a sus hombros, sintiendo su cuerpo estremecerse con cada caricia.

    —Vamos a la cama —susurró Carlos, levantándola en sus brazos y llevándola hacia la cama.

    Una vez en la cama, Carlos se quitó la ropa y se recostó sobre Laura, besándola con pasión. Laura abrió sus piernas, sintiendo su pene presionando contra su entrada. Carlos la miró a los ojos y comenzó a deslizar su pene lentamente dentro de ella.

    —Oh, Carlos —gemía Laura, sintiendo su cuerpo estirarse para acomodarlo.

    —Eres tan apretada —susurró Carlos, moviéndose lentamente dentro de ella.

    Laura gemía más fuerte, sintiendo cada movimiento de su pene dentro de ella. Carlos aumentó el ritmo, empujando más fuerte y profundo. Laura se agarraba a sus hombros, sintiendo su cuerpo arder con placer.

    —Oh, Carlos, más rápido —gemía Laura, sintiendo cada movimiento de su pene dentro de ella.

    Carlos comenzó a moverse más rápido, empujando con más fuerza. Laura gemía más fuerte, sintiendo su cuerpo estremecerse con cada movimiento.

    —Vamos a cambiar de posición —susurró Carlos, sacando su pene de ella y dándole la vuelta.

    Laura se puso a cuatro patas y Carlos se colocó detrás de ella, empujando su pene dentro de ella nuevamente. Laura gemía más fuerte, sintiendo cada movimiento de su pene dentro de ella. Carlos comenzó a moverse más rápido, empujando con más fuerza.

    —Oh, Carlos, más fuerte —gemía Laura, sintiendo su cuerpo estremecerse con cada movimiento.

    Carlos comenzó a moverse más rápido, empujando con más fuerza. Laura gemía más fuerte, sintiendo su cuerpo estremecerse con cada movimiento. Finalmente, Carlos sintió su orgasmo acercándose y comenzó a moverse más rápido y más fuerte.

    —Oh, Carlos, voy a venir —gemía Laura, sintiendo su cuerpo estremecerse con intensidad.

    Carlos sintió su orgasmo llegar y comenzó a eyacular dentro de ella, sintiendo su cuerpo estremecerse con intensidad. Ambos gemían más fuerte, sintiendo cada oleada de placer recorriendo sus cuerpos.

    Después de algunos minutos, Carlos se retiró de ella y se recostó a su lado, besándola suavemente en los labios.

    —Eso fue increíble, Laura —susurró Carlos, mirándola a los ojos.

    —Sí, lo fue —susurró Laura, sonriendo y sintiéndose satisfecha.

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  • De romántica a libidinosa

    De romántica a libidinosa

    Tianci, fue siempre muy romántica y todos su actos se concentraban en ese marco sentimental. Incluso desde esa óptica era casi la única forma de seducirla. Así por lo menos, yo siempre lo hacía. En fin, una combinación un poco rara para una chica bastante alta, que sin tener cara tipo “tapa de revista”, pero de cuerpo exuberante y abundante en redondeles y que poseía un físico casi escultural, gustaba usar ropas formales pero llamativas y ropa interior muy sexy.

    Había notado que en alguna de nuestras charlas ella preguntaba e indagaba bastante sobre alguna experiencia mía algo subida de tono. Siempre preguntando y nunca relatando sobre alguna experiencia suya. Para esto, yo le había contado ya, algo superficial de una que otra experiencia, dándole una idea de mi libido, pero sin explayarme en detalles. Y si la presionaba para que cuente algo suyo, respondía con muy hábiles evasivas. Solo pude extraerle dos frases del tipo “No me puedo quejar… he tenido buenos amantes” o “Las mujeres también tenemos nuestras fantasías”.

    Lo cual me hacía dudar, si existiría en ella un lado algo mórbido que no se animaba a expresar o mostrar o si sería del tipo de mujer de esa algo mítica fantasía que tenemos los hombres “de la mujer que es una dama en sociedad y a la vez muy puta en la cama”. Sin embargo, su predominante plano romántico, me complicaba bastante a la hora de intentar algo distinto o con más creatividad erótica.

    Nuestras relaciones y lugares habían sido hasta el momento del tipo convencional. Ella también hablaba de haberse hecho respetar por sus dos novios anteriores, como así también la casa de su madre o su oficina privada. La simpleza de nuestro sexo hasta el momento me animó a intentar algunos cambios en su conducta semi-santa.

    Quedé para esa noche en pasarla a buscar por su oficina luego que atendiera a su último cliente. Llevé una pizza y cenamos allí dentro. Era de noche, pero de pleno verano y el calor que reinaba era extenuante. En un momento dado la conversación comenzó a diluirse y diciéndole solo… “Tengo calor, subiré a la terraza” la dejé allí sin esperar su respuesta. Me quedé a mitad de terraza, la que estaba rodeada de unas paredes de 1,50 m de altura en el fondo y laterales y una barandilla de hierros verticales algo más baja en el frente, desde donde se podían observar los edificios de uno o dos pisos menos de la acera de enfrente.

    Unos veinte minutos después subió preguntando si me sentía bien o estaba enojado con ella. No le respondí y me dirigí hacia el frente apoyándome sobre la barandilla y observando las casas más bajas y la enorme luna llena en el cielo. Se coloco a mi lado abrazándome por mi lateral. Respondí besándola y acariciando sus muslos y glúteos, notando en segundos por la intensidad de sus besos y la temperatura de sus labios, que mi semi indiferencia y mis caricias la estaban excitando notablemente.

    Acaricié sus hombros mordisqueando su cuello y los lóbulos de sus orejas, aumentando su calentura. Bajé mis manos a sus grandes tetas acariciando y presionando suave sobre ellas. Levanté su camiseta de seda y bajé su sostén. Sus tetas estaban ya durísimas. Seguí estimulándola chupando y mordisqueando sus largos y erectos pezones y tragándome lo más que entraban en mi boca sus formidables protuberancias al tiempo que continuaba presionándolas con mis manos.

    Ella bajó la cremallera de mi pantalón desatando mi cinturón y masajeándome suavemente la polla. Unos minutos después hice girar su cuerpo de modo que quedara mirando de frente a la calle, apoyando sus manos en la barandilla y yo detrás de ella. Aflojé su ajustado vaquero y con algo de dificultad le quité solo una de las piernas del pantalón, girándola al lado opuesto y dejando sus maravillosos glúteos a descubierto. Corrí su mínima braga y acomodé mi polla (aun a mitad de tamaño) hacia abajo y en la raja de su culo quedando apretadísima dentro de sus férreos glúteos por su parte más baja.

    Su excitación ya era altamente notoria. Al tiempo que mordisqueaba desde atrás su cuello, masajeaba y presionaba sus durísimas y enormes tetas jalé con dureza de sus pezones, estirándolos hacia delante y los costados. Sus jadeos y gemidos ya estaban presentes. Susurré a sus oídos si le gustaba que la follara a la luz de esa gigantesca luna y frente a la mirada de una vieja vecina que desde hacía 5 o 10 minutos nos observaba desde detrás de las cortinas de su ventana. Su cuerpo se conmocionó bruscamente entrecortando su rotundo y único… -Ss… ss… siii…

    Me preguntó también entrecortado entre jadeos si yo me sentía igual que ella. A lo que respondí que si y además me agradaba mucho que además de mujer romántica “también pudiera ser… una puta”. Su cuerpo volvió a estremecerse, al tiempo que presionaba fuertemente su culo contra mi polla. Metí mis dedos en su mojado coño. Estiré mi polla hacia delante atravesando levemente los labios abiertos de su coño a manera que con cada envión mi glande acariciara y estimulara también su clítoris, presionando mi miembro suavemente desde abajo con mi mano.

    Estimulando de esa forma culo, raja, coño y clítoris al mismo tiempo. Estaba a punto de penetrarla, pero Tianci cogiéndome de la mano me pidió que nos situáramos más al medio de la terraza contra una de las paredes y con una sonrisa entre sumisa y cómplice dijo que deseaba cumplir una fantasía. Con total seguridad me empujó suavemente hacia atrás, pidió que elevara mis brazos, los apoyara por sobre la pared y me recostara de espaldas. Bajó mis pantalones y me los quitó, masajeando al tiempo suavemente mis bolas hasta endurecer por completo mi nabo.

    Se agachó en posición india sin apoyar sus rodillas en el piso abriendo bien sus piernas. Cogió suavemente mi polla en su mano, jalando lenta y firmemente la piel hacia atrás y adelante y cerrando y apretando sus dedos en círculo al llegar al glande aprisionado entre sus cálidos y gruesos labios.

    Sin abandonar sus masajes me instó a abrir más mis piernas y girando hacia arriba su cabeza la enterró por debajo mío lamiendo con su caliente lengua unas veces en la raja de mi culo, otras mi agujero y sin levantar su lengua de mi piel, hasta meterse enteramente mis bolas en su boca. Prosiguió recorriendo mi garrote una y otra vez con su laboriosa lengua para luego comerse vorazmente mi glande.

    Mi sorpresa era enorme y mi excitación y calentura crecían si parar. Yo allí, casi estaqueado contra una pared y mi romántica novia agachada y abierta de piernas a más no poder, tragándose cien veces mi herramienta hasta la garganta. Me limité a acariciar con uno de mis pies desnudos su clítoris y a gozar de tan placentera mamada. Me agaché mínimamente para modificar la circunstancia y cogerla de sus voluptuosas y calientes tetas, pellizcando sus pezones y jalando de ellos ahora con dureza estirando sus tetas al límite posible.

    Esto le produjo fuertes jadeos y gemidos entrecortados que se confundían entre sí. Cogí firme su cabello por el lado de su cuello y sin abandonar una de sus castigadas tetas presioné y aceleré los movimientos sobre su clítoris con mi pie ya empapado por el flujo de su coño. Lo que produjo que sus mordisqueos a mi polla fueron más violentos y su ardiente mamada se tornara desenfrenada. No pudo terminar de decirme que estaba por correrse presa de los temblores que invadieron su cuerpo y los jadeos ahogados por mi nabo taponando su boca. Con un gemido muy profundo bañó mi pie con el néctar de su orgasmo que le entregaba su calentísimo coño.

    Lejos de aflojarse su cuerpo y detenerse, tornó más violentos los movimientos sube y baja de su mano aprisionando mi ya durísimo nabo y chapándoselo con aún más desenfreno, siguió así unos minutos hasta que mis jadeos y rigidez corporal anunciaron que faltaban pocos minutos para mi orgasmo. Su fiereza, estaba dejando la cabeza de mi polla totalmente hinchada y violeta tirando a negra y las venas parecían salirse de ella, a punto de reventarme por completo mi sagrada herramienta. En esa situación, apenas pude entenderle que me pidió varias veces que le entregara mi orgasmo, dado que mi carne llenaba su boca.

    Con un último y contundente movimiento de su mano estirando hacia atrás mi garrote extrajo el brusco chorro que bautizó su boca y su cara. Mi último y profundo jadeo le produjo una exquisita sonrisa. Continuó lamiendo y chupando mi trozo de carne hasta extraer todo su contenido, Me abrazó por la cintura quedándoselo en su boca exprimiéndolo y saboreándolo aún con sus labios y su lengua hasta dejarme totalmente exhausto y satisfecho. Descansamos uno o dos minutos y volvimos a la oficina a recostarnos y dormirnos en un sofá.

    En los días siguientes no escasearon las folladas en la casa de madre o en su oficina, antes o después que atendiera a sus clientes, incluso alguna vez mientras alguno de ellos aguardaba esperando en el recibidor.

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  • Después de una discusión con su marido

    Después de una discusión con su marido

    Esther salió furiosa de la casa, se subió a su coche descapotable, y a toda prisa se alejó de allí rumbo a ninguna parte. Ella había tenido otra disputa con su marido.

    Comenzó a dar vueltas por la ciudad sin saber que hacer. Al fin aparco el coche y decidió ir al cine y después iría a un buen restaurante a cenar, pensó que se lo merecía y además pagaría con la tarjeta para que se lo cargaran al capullo de su esposo.

    El cine estaba bastante lleno por lo que tuvo que sentarse entre dos parejas justo en medio de los hombres. Ella hubiera preferido tener a una mujer.

    Esther, apenas estaba por la película, pues sus pensamientos estaban dando vueltas a la última bronca marital. Una mano posada en su rodilla la volvió a la realidad. Hizo amago de llamar la atención a su vecino, pero pensó que quería saber hasta dónde llegaba.

    El hombre, al ver que ella no reaccionaba, comenzó a subir su mano por la pierna de ella, con disimulo, para que su pareja no le viera. Esther estaba asombrada de como un desconocido le metía mano en las narices de su pareja. Lo encontraba divertido y excitante.

    El tipo se hizo más osado y su mano llega a las bragas de Esther, ella iba a protestar cuando los dedos de él comenzaron a jugar con su clítoris. Un súbito placer inunda a Esther, cerro los ojos y decidió relajarse y dejar hacer a aquel tipo con sus hábiles dedos.

    Esther noto su coño húmedo, una calentura recorría su cuerpo, separo sus piernas para facilitarle la tarea a su vecino.

    Estaba con los ojos cerrados, disfrutando, haciendo esfuerzos por no gritar de placer cada vez que notaba un orgasmo, cuando notó otra mano. Era el otro hombre que tenía a su izquierda, el cual se percata de lo que sucedía y quiso participar también.

    Ahora con dos manos, Esther estaba yendo de un orgasmo a otro, el nuevo le cogió una mano y la llevo a su polla, la cual estaba fuera del pantalón. Había colocado encima su chaqueta para evitar miradas indiscretas.

    Esther comenzó a pajear al individuo el cual no tardo en soltar un chorro de leche, ella toma un pañuelo de papel y se limpió. Luego hizo lo mismo con el vecino de su derecha, pero ahora fue ella la que tomo la iniciativa. Le puso la mano en su paquete y desabrochándole el pantalón le saco la polla y lo masturbo.

    Al finalizar la película ella espero que se vaciara el cine para arreglarse el vestido, se fue al baño y se sacó las bragas y las echo a la basura, estaban tan mojadas que se sentía incomoda.

    Cogió el coche, quito la capota, y salió en dirección a un buen restaurante de la ciudad. A cada semáforo la miraban, puesto que la falda no le tapaba nada y al ir con el coche descapotado se veía todo, absolutamente todo y eso era lo que ella quería, sentirse deseada, ser el centro de las miradas, de la lujuria, de la perversión.

    Llega al restaurante y dejo el coche al aparcacoches, al entrar, el maitre le pregunto si iba sola, ella le dijo –sí -. La acompaño a una mesa que estaba casi en el centro del salón, a la vista de todos. Ella noto como la desnudaban con la mirada.

    Cuando llega a los postres el camarero se acercó con una botella de champagne.

    -Es invitación de aquellos caballeros –y señalo a una mesa donde había un grupo de 5 ejecutivos con aspecto de extranjeros.

    Esther acepto, se llenó la copa y mirando a su mesa hizo un brindis, ellos hicieron lo mismo. Cuando termino el postre uno de los hombres de la mesa se acercó a Esther, se presentó, eran ingleses y estaban en una feria y se preguntaban si no querría ella compartir su mesa. Esther accedió encantada, y más ante la perspectiva de pasar la noche sola y aburrida pues no quería regresar a casa y así darle una lección al cabron de su marido.

    El inglés hizo las presentaciones, ella dijo que sólo hablaba un poco su idioma (la realidad era que lo hablaba a la perfección pues para eso había ido a colegios de “pago”) le hicieron un sitio en la mesa y le pidieron un chupito.

    Ella, sentada, enseñaba toda su pierna, y seguramente algo más pues uno de los comensales comento en un rápido inglés –Creo que no lleva bragas –Esther, que lo entendió todo, sonríe y se acomoda en la silla de forma que ellos pudieran “ver más”.

    Después de reír, y beber, era ya tarde y apenas quedaba gente en las mesas, los ingleses pagaron la cuenta, incluida la de Esther, y levantándose se fueron a la salida. Ellos al ver que ella iba con un auto descapotable intercambiaron miradas y comentarios.

    Uno de ellos comento –a ver si esta nos va a cobrar –a lo que otro respondió– calla, que si ha de mantener ese coche será cara.

    Esther, se reía en sus adentros de los comentarios de los ingleses. Uno de ellos le pregunta si quería ir a una sala de fiestas que les habían recomendado en el hotel. Ella duda, pero acabo asintiendo puesto que no había un plan mejor y lo estaba pasando bien.

    Llamaron un taxi y tres se subieron, y los otros dos en el auto de Esther, llegaron a la sala de fiestas situada en los bajos del hotel en que estaban hospedados.

    Ella entra abrazada por los dos hombres, uno a cada lado. Esther, al ver la mirada del portero, noto que la confundían con una de esas chicas que frecuentan este tipo de locales, pero le importo poco, lo único que deseaba era no encontrarse a nadie conocido.

    En la sala de fiestas la mayoría eran ejecutivos, hombres solos y señoritas y alguna que otra pareja despistada.

    En la pista de baile estaba a rebosar, uno de los ingleses que había ido con ella en el auto la saco a bailar. Ella intenta guardar las distancias, pero el tipo la apretó hacia él, un brazo le rodeo la cintura, sus pechos estaban firmemente apretados en el pecho de él, el otro brazo se deslizo hacia su culo. Esther noto el paquete que se apretaba junto a su vientre, y la intuyo enorme.

    A lo largo de las horas fue bailando con todos, y todos le repasaron el culo. Serian ya cerca de las 3 de la madrugada cuando decidieron retirarse.

    Uno de los ingleses invito a Esther a su habitación a tomar algo, ella iba ya tan bebida que lo encontró normal y acepto.

    Al llegar a su habitación vio que no entraba sólo su acompañante sino que entraban todos y otra chica que habían conocido en la sala de fiestas. La habitación era tipo gran suite. El alcohol comenzó a correr, la chica de la sala, a petición de los ingleses, comenzó a realizar un striptease. Esther miraba embobada, entre sorbo y sorbo de alcohol.

    La chica se queda con el tanga, dos ingleses se acercan a ella y comienzan a besarse los tres, Esther, que sigue absorta con el espectáculo, no se percata que los otros dos ingleses le están metiendo mano en su chorreante coño, mientras el tercero sé está masturbando sentado en una silla frente a ellos.

    Esther no se da cuenta de ello, pero lleva el vestido subido hasta la cintura mientras los tres ingleses le están comiendo el coño y sus tetas, mientras, la chica se ha puesto a mamar las pollas de los otros dos.

    El grupo de tres ingleses se habían llevado a Esther a uno de los dos dormitorios, ella estaba a cuatro patas en la cama, una polla la follaba por detrás mientras chupaba las otras dos. Por el rabillo del ojo pudo ver a la chica montada encima de uno mientras el otro pugnaba por encularla.

    Esther puso su coño en la boca de uno de los ingleses que se había echado en la cama mientras con ambas manos tomo las dos pollas y siguió mamando, pasando su lengua por el glande, mordisqueando los testículos, cada vez con mas intensidad al unísono de la lengua que la estaba follando.

    Mientras los otros dos ingleses se corrían encima de la chica, luego se fue al baño a limpiarse. Los otros tres no perdieron el tiempo, Esther cambio la lengua en su coño por la enorme polla, el segundo le obligo a tragarse la polla hasta el fondo, y el tercero se subió en la cama y hábilmente le metió su polla por el culo. Esther nunca había estado con tres, a lo sumo con dos a la vez. Los orgasmos corrían uno detrás del otro, estaba agotada.

    La chica regresa justo cuando los tres habían terminado con Esther dejando sus agujeros llenos de leche. La chica echa a Esther boca arriba y la beso, fue bajando lentamente hasta introducir su lengua en su coño y lamer los jugos de ella y del inglés. Para Esther todo aquello era nuevo.

    Estaba la chica jugando con el clítoris de Esther cuando se sitúo dé forma que su coño quedara a la altura de la boca de Esther. Ella comenzó el mismo juego que la chica. Los ingleses, excitados por la escena de ambas chicas se acercaron a ellas y se pusieron a acariciarlas.

    Uno de los ingleses penetro de golpe a la chica por el culo, la chica sintió como la polla bombeaba su culo que ella hizo lo mismo con su lengua en el coño de Esther. Otro de los ingleses no quiso ser menos e hizo lo mismo con el culo de Esther. La enculo salvajemente. Ella estaba tan fuera de sí que con los ojos cerrados por el placer buscaba afanosamente con sus manos una polla, cogió la primera que encontró y se puso a masturbarla.

    Los dos ingleses fueron sustituidos por los otros dos, estos pusieron ambas chicas a cuatro patas, la una enfrente de la otra, mientras ellas se besaban ellos las enculaban por detrás.

    Toda la noche, ambas mujeres, fueron salvajemente enculadas por los cinco ingleses, al amanecer los ingleses pagaron a la chica y a Esther, ella era la primera vez que cobraba por algo que habría hecho gratis.

    Esther se ofreció a acompañar a la chica hasta su casa, cuando llego se besaron ante las miradas atónitas de los madrugadores, se intercambiaron los números del móvil.

    Al llegar a casa el marido de Esther le pregunto dónde había estado, ella, muy seca le dijo –follando –él respondió– ya quisieras tú.

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  • Trío con Juan y Lucía

    Trío con Juan y Lucía

    No habían dado las siete cuando llegaron Juan y Lucía para irnos al cine, Sylvia ya estaba lista, se había puesto un conjunto negro de verano con cuello barco, con flores, pero yo aún andaba con chándal por casa, y Lucía llegó con una falda gris y un top blanco que sólo se sostenía por un hombro, yo acababa de coger una naranja para tomármela, y Juan sacó su nuevo juguete, se acaba de comprar una cámara digital impresionante, estaba haciendo fotos a todo, yo me senté entre Lucía y Sylvia, y le dije que nos sacará una a nosotros, ale, otra foto, otra foto, otra, a mi mujer, a la suya, a la naranja, se estaba poniendo ya pesadito con las fotos.

    ―Y no sólo eso, estaba sacando demasiadas fotos del top blanco de Lucía, ya nos estábamos dando cuenta.

    ―Coño, Juan, para sácale las tetas a otra –le dijo Lucía.

    ―Hombre, si Sylvia me deja, y Jacobo, por supuesto no se ofende, por mi encantado.

    ―Por mí, como si se baja la camiseta, sabes que para eso soy muy abierto, que me gusta, y si quieres sacarme la polla.

    ―Como eres de guarro -Me dijo Sylvia, mientras me pellizcaba el culo, en clara señal de que a ella no le disgustaría lo más mínimo.

    ―Verás, apunta bien, que tetas como estás no se ven.

    Diciendo esto le subí la parte de arriba a mi mujer y mostré sus senos, con esas aureolas café con leche que tanto me gustan, y lo bajé, Juan disparó la cámara, y Sylvia me dio un palmotazo más en broma que en serio.

    ―Ya me lo he perdido -Dijo Lucía.

    ―Yo te la enseñó, comentó Juan activando la cámara… ¡coño! ¡No salió bien, salió movida, cago en la cámara! ¿a que no lo haces otra vez?

    ―No seas guarro, toma las mías –dijo Lucía recelosa, mientras se subía el top, mostrando unas tetas levemente tostadas por los primeros días de playa

    ―Estos es mucho mejor. –dije yo mientras le volvía a sacar las tetas a mi mujer, se las mordía un poco y pasaba mi lengua por los pezones, para que se marcaran un poquito.

    Lucía seguía con el top levantado y se inclinó sobre mí para ver mejor, evidentemente Juan había pasado de mujer y disparaba la cámara sin cesar.

    Así seguí un rato, las mujeres parecían más cómodas con las tetas al aire, y Sylvia parecía gozar con la situación, porque no paraba de suspirar.

    ―¿Tan bien lo hace? –le preguntó Lucía a Sylvia.

    ―Es un maestro, ¿quieres probar?

    ―Si Juan quiere porno y me deja yo encantada, míralo, él es más feliz con la cámara.

    ―Jacobo, cómele las tetas a mi mujer, que está deseando que te la folles desde que le hablé de la polla que tienes.

    ―Como eres, eres un cerdo -le dijo Lucía a Juan.

    ―No, mejor que no diga lo que tú eres.

    Aquello que también había empezado se estaba a punto de estropear, así que yo aproveché mi situación.

    ―Anda, no discutáis, que a mí no me cuesta ningún trabajo.

    Me incliné hacía Lucía y le comí el pezón izquierdo con verdadero entusiasmo, ella miró desafiante a su marido mientras este inmortalizaba el momento y mi mujer miraba como ponía a su amiga.

    Lucía gozaba con lo que le hacía, cerraba los ojos y disfrutaba, me iba a retirar, cuando me suspiró un no pares, no pares, le hice caso, seguía chupando mientras mi mujer me agarró el paquete y empezó a calentarme la polla.

    ―¿Que? Te gusta, ¿eh? ¿Como saben las tetas Lucía? Anda, chupa, que esto está creciendo más rápido que de costumbre, ahora se lo vamos a enseñar a tu amigo…

    ―Eso que vea lo que es una polla -dijo Lucía fuera de sí.

    Sylvia me bajó el cierre del pantalón y le pantalón, mientras yo seguía con Lucía, que se retorcía de placer, me empezó a comer la polla, con verdadera parsimonia, parecía como si lo único que le importase fuesen las fotos, Lucía no le quitaba ojo a mi polla, mientras se abrió de piernas, se empezó a tocar, pero las bragas le estorbaban, se las quitó y me dijo:

    ―Si así es como comes las tetas, como me chupes el coño, me derrito aquí mismo.

    No tardó ni dos segundos en ponerse de pie sobre el sofá sin bragas y con la falda subida, ofreciéndome una visión espectacular de su coño, perfecto, depilado magistralmente, sólo con una pequeña filita de pelos, que delicia, levanté mi cabeza y empecé a beber esa fuente que emanaba fluidos deliciosos, mientras Sylvia seguía, entregada, en su tarea de comerme la polla. No se había ni quitado la camiseta, estaba con los ojos cerrados chupando la punta de mi rabo.

    ―Dios, Jacobo, por dios, me voy a correr en tu boca, -me dijo Lucía que cada vez se me caía más encima.

    Juan seguía con la cámara, sin dejar de mirar, ni decir palabra, y yo encantado, porque aquello era el cielo.

    ―Sylvia, déjame algo de polo, que yo también quiero probar esa tranca.

    ―Ven aquí y prueba, le dijo Sylvia.

    Lucía no se hizo de rogar, se incorporó un poco y se agachó sobre mi polla, Sylvia me chupaba el glande, y Lucía empezó por mis huevos y el tronco de mi rabo, que estaba a cien…

    Aquello era el no va más por primera vez dos tías de impresión me comían la polla, y una de ellas era mi mujer, lo que alimentaba el morbo hasta cotas muy altas, porque nunca antes había fantaseado nada de eso con ella, por el corte que suponía una mala contestación por su parte, pero ahora ella lo estaba disfrutando casi tanto como yo, así soltó mi polla, en la boca de su amiga, se reclinó sobre el sofá, subiéndose la falda y apartando las bragas blancas chorreantes con una mano, para que le comiera su felpudo, porque Sylvia lo tiene llenito de vellos, a mí me encanta olerlos, mojarlos, chuparlos, y meterle mi lengua, así lo hice, mientras Lucía se afanaba a mi polla.

    Así estuvimos un rato, Lucía era una experta mamadora, y si no fuera porque Sylvia me dijo que tenía que follármela ya o moriría, me hubiera corrido allí mismo, en su boca, pero me incorporé como pude, Sylvia se quitó las bragas, la falda, mientras, Lucía no me soltaba la polla con la mano, Sylvia le hizo soltarla, y se acomodó sobre mi polla, dándome la espalda.

    Lucía le comía las tetas a su amiga, era increíble, le daba pequeños mordiscos en los pezones, mientras Juan ahora estaba a mil.

    ―Eso, cómele las tetas a tu amiga, que vaya seto tiene ahí abajo, que chochete más peludo. –Todo esto mientras seguía tirando fotos– Con razón me decías que a ti si te gustaba comer chochos peludos, guarrete.

    Sylvia bajaba y subía a un ritmo de vértigo, y Lucía la besaba, me besaba a mí, le comía las tetas, se masturbaba para que su marido la fotografiase, aquello era el desmadre.

    ―Juanito, anda, saca una gomita que quiero que tu amigo me folle como a Sylvia, pero si tengo un niño que sea tuyo, que Jacobo es muy maniático.

    Juan no se lo pensó mucho, antes me preguntó si me gustaban los Durex.

    ―No te preocupes, como tengo hoy el rabo me la follo bien hasta con un globo de colores.

    Justo cuando abrió el preservativo Sylvia se bajó y me lo colocó, porque a ella siempre le flipó lo de desenroscarlo, y desde que se puso los parches ya no usábamos, plif, plaf, en nada ya estaba con la goma puesta y esperando que Lucía se subiese encima, lo hizo igual que mi mujer, y mirando a su marido decía:

    ―Mira, mira cómo me folla tu amigo, ¿te gusta? ¿Te gusta como lo hace? Porque a mí me encanta. Anda deja recuerdo de esto porque es para no olvidar, eres un cornudito guapísimo.

    Y así seguimos largo rato, Sylvia al principio no le comía las tetas a su amiga como ella hubiera querido, pero se fue animando, nos dejó follar un poco a solas, como dos locos, arriba, abajo, ella se quitó la poca ropa que le quedaba, mientras Lucía ya no podía más en cuclillas, se dejó caer a un lado, todo esto sin que mi polla dejara de embestirla, una y otra vez, no me quería correr, no sabía si podría volver a responder, así que aguantaba como podía, Sylvia se acomodó sobre nosotros, y aquello era una marea de cuerpos desnudos, manos, pollas, tetas…

    Sylvia quería llegar al orgasmo, no lo quería retrasar más, así que le pidió Lucía que como andaba de ritmo, y esta al oir las prisas de su amiga empezó a chorrear sobre mi preservativo, se corrió brutalmente.

    ―Juan me corro, me corro con otra polla, con la polla de tu amigo, que es un cielo…

    Sylvia no tardó en quitarme el preservativo, y se subió sobre mi rabo, mientras me comía la boca, y yo le agarraba las tetas, que las tenía llenas de saliva, Lucía estuvo hurgando en el culete de su amiga, se lo abría para ver como empalaba a mi mujer, diciendo que nunca lo había visto tan cerca, Sylvia empezó a convulsionarse, casi daba miedo como se estaba corriendo, a gritos…

    ―Si, si, Dios, que polvo Jacobo, me corro, me corro, me corro, no puedo más, me corro, ¡me corrooo!

    Aquello era casi el final, mi mujer y Lucía se arrodillaron delante de mí y se turnaron la polla pidiéndome que me corriese, que las llenase enteras de leche.

    ―Bueno, Juan, ya has estrenado tu cámara nueva, ¿Qué? ¿vemos las fotos, como han quedado?

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  • Mi primera infidelidad

    Mi primera infidelidad

    Soy Rocío de 25 años, casada, de buen cuerpo y muy sensual. Acostumbrada a tener sexo cuando menos 4 veces a la semana. Me encanta vestir muy coqueta y llamar la atención de los hombres que se cruzan por mi camino. sus piropos me hacen sentirme segura de mí misma y deseada.

    Mi marido tenía un trabajo estable hasta hace cuatro meses, pero en la empresa hubo recorte de personal y a él le tocó ese maldito recorte, así que tras buscar durante un mes trabajo, sólo encontró un empleo como agente de ventas foráneo, así que tiene que viajar constantemente. Mi marido y yo somos muy liberales, de mente abierta, antes de tener relaciones sexuales, siempre veíamos videos porno y eso nos aumentaba la pasión, incluso llegamos a fantasear que nosotros éramos los actores de los videos.

    Casi todos los fines de semana nos íbamos a bailar a diferentes antros, y a mi marido le encantaba que fuera vestida muy sexy, incluso bailábamos con otras parejas, pero hasta ahí.

    Todo eso cambió y ahora casi siempre estoy solita, y mal acostumbrada a tener mucho sexo, pero me aguantaba las ganas y me masturbaba con mi consolador.

    Aquella noche en casa, bebi unas copas de vino, me acosté desnuda y puse un video porno, las escenas fueron por demás excitantes, la bebida, mi abstinencia sexual y el video terminaron por ponerme bien caliente, como deseaba estar yo en el lugar de aquella chica del video, la estaba cogiendo un galán muy bien dotado y se apreciaba muy claramente que la chica disfrutaba enormemente la cogida que le estaban dando. al fin, me quedé dormida, pero mis sueños giraron en torno al video.

    Cuando amaneció, me di un duchazo en la regadera, para quitarme el dolorcillo de cabeza y tratar de bajarme la calentura sexual que aún tenía. Durante el día, realicé mis labores hogareñas de siempre, pero vestida con un short muy cortito y un top sin bra, al atardecer después de comer, tomé la botella de vino y me serví unas copas las cuales bebí muy a gusto, como ya no tenía otra cosa que hacer, me senté en el sofá de la sala y puse el mismo video porno, el resultado fue que me volví a excitar demasiado, tanto que decidí arreglarme para salir esa noche para irme a un antro en busca de alguien que me quitara lo caliente.

    Me di un baño y me arreglé muy sexy, más de lo común, con una minifalda muy sancona y una blusita muy escotada, sin ropa interior, unas zapatillas muy altas de tacón de aguja y me alboroté mi cabellera, me maquillé más de lo normal y seguí bebiendo más vino, ya como a las 10 de la noche media ebria, salí de la casa y tomé un taxi, le pedí al taxista me llevara a un lugar donde una se pudiera divertir a gusto.

    Entonces el taxista se me quedó viendo fijamente y me preguntó “¿en busca de aventura linda?”, tomé valor y le dije que sí, y él me dijo que me llevaría a un lugar donde acudían muchas muchachas a trabajar, que además que se divertían se ganaban un buen dinero, que él llevaba a varias chicas a ese lugar y que a las 4 de la mañana las recogía y las llevaba de regreso a sus casas, “si quieres hasta te presento a alguna de ellas para que no te sientas incómoda. te aseguro que te la pasarás muy bien. ¿Quieres que te lleve a ese lugar o prefieres algún otro?”, su propuesta me dio curiosidad y acepté diciéndole que estaba bien. pero que pasara por mí a las cuatro en punto.

    El taxista condujo por varias calles hasta que llegamos a un antro muy elegante, me dijo que lo esperara en el taxi que iba por una de las chicas que conocía, luego de unos minutos salió acompañado de una chica y me presentó, le dijo, “mira Ximena, ella es la chica que te platiqué, viene a divertirse y a disfrutar la noche, ayúdala como quedamos y acabando paso por ustedes ¿ok?”.

    Me bajé del taxi y entre junto con Ximena al antro, estaba a media luz y en la pista de baile había muchas parejas bailando muy repegados, nos sentamos en una mesa y Ximena me empezó a explicar sobre el sitio, que resultó ser un putero, como trabajar, cuanto cobrar por bailar, por sentarme con clientes, por salir al hotel a coger, a cual hotel ir para seguridad de nosotras. en fin, si ya iba yo excitada, todo esto me calentó aún más, un mesero nos llevó unas copas cortesía de la casa dijo.

    Después de casi 15 minutos de estar solas las dos en la mesa, se nos acercaron dos chicos muy guapos a invitarnos a bailar, Ximena les pidió el pago por bailar, nos lo dieron y salimos a bailar, en cuanto llegamos a la pista de baile, mi cliente me abrazó de la cintura y me jaló hacia su cuerpo hasta quedar totalmente repegados, me besaba la oreja y el cuello, me decía que estaba bien buenota y bien chula, y luego sentí como iba bajando sus manos de mi cintura a mis nalgas, ahí dejo sus manos.

    Que caliente me puse, en un putero, trabajando de puta y hasta disfrutándolo, así estuvimos bailando varias piezas, luego nos fuimos a sentar a la mesa los cuatro, bebimos más copas y ellos nos acariciaban bien descaradamente, yo me dejaba acariciar, pues el chico me encantaba, sus caricias en mis piernas y sus besos en la oreja y cuello me pusieron a mil, hasta que el cliente de Ximena nos preguntó si nos íbamos a coger al hotel.

    Ximena me vio como preguntándome se estaba de acuerdo, asentí con mi cabeza y ella les puso precio, ellos aceptaron y les dijo que tenían que pagar nuestra salida en la barra, pagaron y regresaron por nosotras, luego salimos los cuatro del putero, caminamos sólo unos pasos y entramos al hotel.

    Ximena pidió una habitación para cuatro, condones y lubricante, los cuatro entramos al cuarto, y sin más Rigoberto mi cliente me empezó a desvestir, luego él también se desvistió y me llevo a la cama, mientras Ximena y su cliente se sentaron en el sofá a seguir bebiendo, Rigoberto se quitó el calzoncillo y le salió tremenda vergota, la tenía muy grande, pero sobre todo muy gruesota y cabezona.

    Pensé que no me iba a caber, luego se puso el condón y tomo el tubo del lubricante, se unto en su penesote y luego me dijo que abriera las piernas para untarme a mi lubricante, yo cerré los ojos, abrí y levanté mis piernas, cuando sentí sus dedos húmedos en mi vagina casi grito de placer, luego se montó sobre mí y me acomodó la punta de su cabezota en la entrada de mi rajita, me besaba la oreja, el cuello los pezones y poco a poco empecé a sentir como se me iba abriendo demasiado mi vagina, abrí más las piernas y Rigo me fue metiendo más y más su enorme vergota…

    Que rico estaba sintiendo, me sentía muy llena, de pronto sentí que tocó algo dentro de mi raja que me provocó mi primer gran orgasmo, no pude aguantar mis gemidos de placer y dije, “que rico siento, que rico me haces Rigo”, “¿te gusta mi pitito?” me preguntó, “si me encanta”, “claro dijo, a todas las putas les encanta mi caramelito”. Luego Rigo continuó metiéndome y sacándome su pitote, tuve dos orgasmos más y él como si nada, cuando vio que terminé mi tercer orgasmo, me dijo, “a ver putita, ponte a cuatro patas”.

    Me sacó su vergota y sentí un gran hueco en mi raja, me volteé a cuatro y él se acomodó detrás de mí, me acarició la cintura las nalgas que se me pusieron chinitas de placer, de pronto sentí como sus dedos acariciaban mi culo, les había puesto lubricante, me lo acariciaba en círculos, realmente unas sensaciones indescriptibles, riquísimas, acomodó nuevamente su cabezota en la entrada de mi ya muy abierta raja y me la fue empujando al mismo tiempo que me iba metiendo sus dedos en el ano, ufff que riquisimo, empecé a moverme de adelante hacia atrás para que me penetrara más profundo, empecé a sudar de placer, “mira nada mas dijo Rigo, que puta eres, te encanta la verga, ¿verdad?”.

    No contesté solo estaba disfrutando, pero Rigo insistió, “te encanta la vega ¿verdad puta?” la sensación que me daba en la vagina con su vergota, sus dedos dentro de mi ano y sus palabrotas me provocaron más excitación, ¿yo puta? me dije a mi misma, pues si concluí, esa noche estaba ya convertida en toda una prostituta, pero que rico era, así que le contesté, “si mi rey, me encanta tu pitote y me gusta ser puta, esta noche soy tu piruja”.

    Eso calentó más al Rigo y sus embates en mi vagina y en el culo eran cada vez más rápidos, de pronto empecé a notar que Rigo empezó a bufar como toro, su venida estaba ya próxima, así que decidí premiarlo y aprete mis músculos vaginales y anales y movía mis caderas en círculos, esos apretones hicieron que yo también me viniera junto con el Rigo, fue una venida intensa, riquísima…

    Cuando terminamos, nos dejamos caer en la cama y de pronto escuchamos aplausos, “bravo, que buena cogida dieron, jajaja que putos los dos” dijo Ximena, pero ahora nos toca a nosotros la camita, así que al baño, Rigo y yo nos fuimos al baño y nos enjabonamos mutuamente, los dos nos volvimos a calentar y Rigo me volteó me agachó y me cogió en la regadera.

    Salimos del baño y Ximena y su cliente aún estaban cogiendo, nosotros nos sentamos a observarlos bebiendo alguna copas hasta que terminaron, luego nos vestimos Xime y yo y nos salimos del hotel, regresamos al putero y nos sentamos en una mesa, ahí Ximena me dijo:

    -Mírala que bien te la pasaste, ¿verdad que ser puta no es tan malo como nos juzgan?

    -no Xime, que rico es ser puta.

    -¿Regresaras?

    -No creo -le dije- solo vine a calmar mi calentura y vaya que lo logré con creces, gracias por ser mi amiga.

    Le di mi teléfono y ella el suyo. Le dije que era casada y que si me llegaba a hablar lo hiciera con mucha discreción. A la salida, ya estaba el taxista esperándonos, subimos al taxi y nos llevó a nuestras casas. cuando me dejó, el taxista me preguntó si me había divertido, mucho le dije, y gracias por llevarme a ese lugar, pero que tuviera discreción pues fue solo una aventura y que no quería problemas, ok dijo despreocúpate, te dejo mi número de celular para cuando me vuelvas a ocupar sabrosa.

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  • La nueva visita de mi sobrino

    La nueva visita de mi sobrino

    Hace ya un año, más o menos, que sucedió una gratísima situación con mi sobrino, él llegó a visitarnos y al final terminamos entre los dos culeándonos a mi esposa, obvio que, con el consentimiento de ella, además de yo metérselo por el culo a él.

    Ahora él llegó de nuevo a nuestra casa, pero venía acompañado de su novia, una muchacha que distaba mucho de ser una belleza, salvo que poseía unas tetas espectaculares, no muy grandes, paraditas y un pezón rosado y puntiagudo, además de unas bonitas piernas que terminaban en un culo más bien pequeño muy respingado, lo que más me llamó la atención fueron sus pies, muy pequeños con unas uñas también pequeñas muy bien arregladas y pintadas de un color rosado pálido que hacía notar un cuidado muy esmerado de sus pies. Completaba el cuadro el color dorado de su piel.

    Rubén, mi sobrino nos la presentó como Laura, ella sacó una voz suavecita, muy cantada, propia de la gente de provincia. Luego de los abrazos y besos de Rubén con su tía, Verónica mi esposa, vino la consabida descarga de preguntas, de cómo has estado, como te ha ido en los estudios, mis compadres, sus padres, etc. etc., que ocupó más de una hora en esa conversación. De repente Verónica preguntó, Uds. se quedarán a dormir aquí, supongo. No se tía si te incomoda, dijo Rubén. De ninguna manera, me agradaría mucho que se quedaran unos días, es su casa.

    Yo inmediatamente me pasé los más espectaculares rollos de que podríamos hacer los cuatro. Esto en base al énfasis que puso Verónica en que se quedaran en el departamento. Los llevó a la pieza para que se acomodaran, les preparó toallas para que se dieran una refrescante ducha, cosas propias de las dueñas de casa. Cuando volvió al living donde yo estaba, la tomé de una mano y la acerqué dándole un beso que ella correspondió pegándose a mi cuerpo como una estampilla, le susurré al oído, que se te ha pasado por la mente, bandida.

    -A mi nada y a ti.

    -Bueno no sé, pensé que querías repetir lo del año pasado. Pero ahora con otra integrante.

    -No, déjate de locuras degenerado, vives en función del sexo.

    -Amor te conozco tanto como no te imaginas, a ver, dije metiendo mi mano en su chorito, el cual como yo supuse estaba bastante húmedo, y esto que es mi vida, para que tratamos de engañarnos, ya pensaré como lo hacemos, ya.

    -Lo que tú quieras pero ten mucho tacto que no vaya a quedar una cagada grande.

    -No te preocupes, dije, tocándole su clítoris con lo cual ella pegó un suspiro y se puso tensa casi a punto de acabar. Calma amor ya llegará.

    Esa noche entre las dos mujeres prepararon una exquisita comida, nosotros fuimos con Rubén de compras al Supermercado, me compré una serie de tragos de gusto femenino, para amenizar la noche, en nuestra conversación con Rubén, le hice ver lo que nos acordábamos de la vez que lo hicimos los tres con Verónica y él, y lo mucho que le había gustado a su tía, respondió que a él le había fascinado y que muchas pajas fueron en memoria de esa noche. Entre broma y broma le dije, me imagino que más de una de esas pajas habrá sido recordando cuando te lo metí por el culo. El respondiendo a la broma me dijo, si me acuerdo de eso y de cuando yo acabé en tu boca. Risas de ambos.

    Llegamos a la casa bajamos las bolsas entre broma y broma entramos chacoteando a donde estaban las mujeres, las que nos miraban y se reían con señas de complicidad, yo no le di mucha importancia a ese detalle, después lo supe. Ellas se dedicaron a preparar la comida mientras yo me dedicaba a las bebidas, preparé unos cócteles bien cargado para los otros tres y yo me serví uno más suave, recurría a hacer salud por las visitas y en un momento se secaron los vasos, preparé otra ronda un poco mas cargada, Verónica me dijo al oído, nos quieres curar, no solamente que se pongan contentos, no te preocupes me dijo ella, te sigo en todo. Que me han dicho a mí, me bajó toda la morbosidad.

    Se sirvió la comida en la que despachamos en un santiamén dos botellas de vino, por lo que el ambiente estaba lleno de risas y conversación en doble sentido, en que el sexo al mas alto vuelo era el tema principal. Terminamos de comer, retiraron la loza y nos sentamos en el living a tomar un bajativo, obvio que iba cargadísimo para ellos tres, le pregunté a Laura que qué música le agradaba escuchar, me comentó que a Luis Miguel, entonces puse un CD del cantante, que también trastorna a Verónica y bajé un poco la luz del living, quedando muy tenue, salud dije dándole un beso al vaso y ver como los demás bebían.

    Me di cuenta que el alcohol ya estaba cumpliendo con mis deseos, entonces saqué a bailar a mi mujer, instando a Rubén que sacara a bailar a Laura, así lo hizo y se produjo un silencio en solo se escuchaba la música, empecé a refregarle mi pico que ya se encontraba parado, en el pubis de Verónica, al que al sentirlo, comento, te tiene loco la idea, así es, luego saca tu a bailar a Rubén y yo bailo con Laura, te parece, bueno lo que quieras, dijo ella, que entre paréntesis, vestía una falda plisada corta y unos calzones de filo dental, sin medías y unas chalas sin talón que dejaban ver una piernas exquisitas.

    Comencé a tocarle el chorito por debajo de la falda notando lo tremendamente mojado que lo tenía, ¡um!, dije, veo que tú también estás caliente con la idea que pase algo, si mi amor quiero que pase lo que sea, dijo ella tomándome el pico por encima del pantalón y apretándose más a mí, estoy que ardo me susurra, nuestras bocas se juntaron en besos desesperados, refregándonos como si estuviéramos solos, nos separamos un poco y vimos como Rubén tenía a su polola, literalmente ensartada y con ambas manos en el poto y la hacía moverse de un lado al otro.

    Terminó el disco y me separé con la idea de servir otro trago, para darle la oportunidad que Verónica sacara a bailar a Rubén, comenzó el otro disco y Verónica le dice, bailemos sobrino, tomándolo de la mano y se pusieron a bailar, yo llegué con los vasos servidos los que dejé en una mesita y sin decir nada tomé a Laura y comenzamos a bailar. Vestía una solera con unos tirantes delgaditos, no llevaba sostén, pues al poner la mano en su espalda no sentí nada debajo del delgado género de su solera.

    Esta no era muy corta le llegaba a la rodilla, pero si delgadísima, sin mayor demora entre conversaciones vanas, la apreté lentamente para hacerle sentir mi pico, vi que miraba a Rubén con Verónica los que bailaban apretados, a vivas luces Verónica se estaba refregando en forma descarada en el pico de Rubén, le comento a Laura, se llevan muy bien tía y sobrino, así veo dijo ella con una sonrisa picarona, momento que aproveché de apretarla mas colocándole el pico en su hueso pelviano, pensé que se echaría hacia atrás pero no, al contrario se apretó a él poniendo su cabeza en mi hombro y exhalando un suspiro descomunal que más pareció un quejido.

    Bajé mi mano por su espalda dejándola en el comienzo de su poto ejerciendo una mayor presión de su pelvis con mi pico, ella cooperó, iniciando yo un movimiento para estimular más la unión de ambos cuerpos, comencé a besar levemente su orejita, siguiendo con besos por el cuello, sentí como se me apretaba en el pecho, de reojo miré hacia Verónica la que de igual manera se entregaba a refregarse en Rubén, demostrándome que era ella la que tomaba la iniciativa y al parecer mi sobrino se dejaba llevar muy bien, Verónica le tomó una mano y se la llevó a su culo, Rubén no se hizo esperar y metió la mano por debajo de la corta falda de mi esposa.

    Esa actitud de mi esposa me quitó todos los posibles temores que me podrían quedar para lanzarme a la carga ya sin mayor inhibición, por lo que de nuevo empecé a besar la orejita y el cuello, sintiendo una reacción tan rica de parte de Laura, que en cada roce de mis labios con su piel se retorcía suspirando, corrí mi mano más abajo tocando muy suavemente un glúteo pasando mis dedos por la raya de su poto, como no hubo objeción alguna metí mis dedos en ese potito duro y besé sus labios metiendo mi lengua en su boca sintiendo el calor de su interior y una lengua que luchaba con la mía, con mi otra mano la tomé por la nuca y nos fundimos en un largo beso.

    Tenía ella sus dos manos en mi espalda infligiendo una presión como si quisiera meterse dentro de mí. Ninguno de los cuatro nos dimos cuenta o no quisimos darnos cuenta que el disco había terminado y estaba sonando otra melodía, pero seguimos bailando como al principio, súbitamente ella se separa un poco de mi boca y mira hacia donde estaba Verónica con Rubén, percatándose que ellos bailaban apretados casi sin mover los pies y Rubén con ambas manos agarrando el poto de Verónica, al parecer la dejó más tranquila y volvió a pegarse en mi boca.

    A todo esto el pico ya se me arrancaba, me animé a levantar la delgada tela de su vestido para buscar la piel de su culo, no hubo objeción y metí mi mano bajo su vestido, sintiendo la tersa piel de ese culito, la moví un rato hasta alcanzar a sentir los pelos de su zorrita la que ya botaba juguitos que mojaban un pequeño calzón que luchaba por salir o entrar de su choro.

    Le tomé una mano y se la llevé hacia mi pico, lo toco por encima y comenzó a sobarlo a todo lo largo, cosa que me produjo un placer inmenso, en todo ese rato nuestras bocas no se separaron en ningún momento. Esa niña con cara de inocente y voz suavecita, quizás desinhibida por el alcohol o por el ambiente creado, estaba dando rienda suelta a una calentura maravillosa.

    No se cuánto rato pasó ni que sucedía a nuestro alrededor, de repente sentí que no sonaba la música y me separé un poco de ella, que hizo lo mismo, miramos a la pareja de Rubén con Verónica, la cual descaradamente le había sacado el pico del pantalón a Rubén y se lo movía suavemente. Nos miramos y reímos.

    Comenzó a sonar un nuevo tema, hice como que la tomaba para bailar, pero lo que hice fue dirigirla a un sillón en la parte en que la luz era mas tenue, al llegar a mi meta la senté y me arrodillé entre sus piernas, comencé a dar besos de las rodillas hacia arriba mientras me desabrochaba el pantalón para librar del encierro a mi ya endurecido y desesperado pico. Seguí besando sus mulos por el lado interno hasta llegar a una mojadísima concha poblada por unos suaves vellos.

    Aparté el filo del calzón e inserté mi lengua en ese choro, casi en forma automática sentí enterrarse en mi nuca unas uñas que presionaron mi cabeza dentro de los mulos que se encontraban muy abiertos. Comencé a jugar con mi lengua, metiéndola y sacándola hasta lograr tomar un pequeño pero sensible clítoris. Por qué digo sensible, pues apenas le di dos golpes con mi lengua, sentí un orgasmo de miedo, me apretó con sus piernas haciéndome doler las orejas de la presión que hizo en ellas, mi cuello crujió y continué hasta que se relajó completamente y soltó mis orejas, ahí solo sentí sus quejidos y suspiros, golpíe un par de veces más su clítoris con mi lengua, sintiendo unos tremendos espasmos de parte de ella.

    Al levantar mi vista para ver su cara, vi que su vista se dirigía a la otra esquina del living, donde el cuadro era al revés, Verónica había sentado en el sofá de dos cuerpos a Rubén y le estaba chupando el pico en forma frenética, me paré y terminé de sacarme el pantalón, el slip y la camisa quedando totalmente desnudo, como le había subido el vestido a Laura hasta la cintura, tome sus calzones y se los saqué, la ubiqué mas a la orilla del sillón y nuevamente me arrodillé, pero esta vez fue para empezar a pasar mi pico por su chorito, hasta ponerlo en su centro para que fuera penetrando en la forma mas lenta que me lo permitía mi calentura. Ella se movía y gemía como pidiendo que la penetrara de una vez por todas, pero seguí lentamente e incluso deteniéndome a ratos.

    Fui levantando su solera para dejar un lindo par de tetas fuera del vestido, ella me cooperó terminando de sacárselo. Ahí mi calentura pudo mas y se lo terminé de meter entero, ella me abrazó y comenzó un suave pero insistente movimiento, luego de estar un rato así, sentí que iba a acabar, por lo que me detuve y la hice que cruzara sus piernas por alrededor de mi cintura, la abracé muy apretado y me fui parando con ella en brazos sin que se saliera el pico, en esa posición me fui caminando donde se encontraba mi esposa aun chupándoselo a mi sobrino.

    Al momento de llegar a lado de ellos, Laura se acurrucó en mi hombro como impidiendo que Rubén le viera la cara, quizás de vergüenza, no te preocupes, mira cómo están ellos dije por decir algo. Lentamente la fui depositando en el otro cuerpo del sillón al lado de ellos, Verónica al sentirnos que nos encontrábamos junto a ellos, dejó de chupárselo a Rubén y se acercó a mi para darme un tremendo beso en la boca, diciéndome, estoy gozando mucho con lo que estamos haciendo, ¿ y tu…? también dije yo mientras volvía a besarla.

    Rubén a su vez besó a Laura tomándole la cabeza haciéndole cariño en el pelo. Me acerqué y tome la cara de Laura y le di los besos más tiernos que se le pudiera dar a una mujer en esos momentos, para inspirarle confianza y se relajara, luego siguió cada uno afanándose en lo que estaba haciendo, yo metiéndoselo a Laura y Rubén desvistiéndose mientras Verónica seguía chupando. Comencé yo a desvestir a mi esposa, saqué su falda y me percaté que ya habían desaparecido sus calzones o nunca los tuvo puestos, desabotoné su blusa y solté los ganchos de su sostén con un movimiento que ella hizo se desprendió de las prendas sueltas, quedando también totalmente desnuda.

    Dejó de chupárselo y se sentó con sus piernas abiertas en el pico de Rubén, lo ubicó en su choro y se lo fue metiendo poco a poco. No sé qué sensación causó en Laura esta visión que se producía al lado nuestro, el caso es que me abrazó y tuvo un orgasmo fantástico que arrancó apagados gritos de placer moviéndose en una forma brutal como si además de mi pico quisiera tragarme a mi entero.

    Le besé su boca y agarraba sus tetas hasta que después de un largo rato se soltó de mi cuello y se relajó en el sofá bañada en transpiración.

    Le levanté sus piernas al máximo y me arrodillé en la orilla del sillón apoyé sus piernas en mis hombros y empecé un mete y saca, tenía a mi lado la cara de Verónica así que mientras ella cabalgaba en el pico de Rubén y yo me culeaba a Laura, nos besábamos lánguidamente, sentí como Rubén comenzaba a acabar con el pico metido en la zorra de mi esposa, la que a su vez inició uno de esos orgasmos propios de ella que se acompañan con grititos quejidos, suspiros y como es multiorgásmica fue un orgasmo tras el otro, todo esto me produjo una calentura tal que comencé a acabar en forma interminable, se me salieron tremendos gritos de placer.

    Era tal mi calentura al sentir tantas expresiones de lujuria propias de los orgasmos de ambas mujeres, que antes que a mi se me ablandara el pico se lo saqué a Laura, me acomodé detrás de Verónica y esta al ver mi intención se sacó el pico de Rubén, paró un poco el poto para que yo se lo metiera y se lo coloqué en su choro metiéndoselo de un viaje, al presionar hacia adentro sentí como salieron los líquidos de Rubén y mientras más bombeaba mas líquidos salían, sentir esa sensación de los líquidos de otro hombre salir del choro de mi esposa fue el corolario de mi calentura.

    Lo que me produjo un placer tan especial que desembocó en una especie de acabada maravillosa con unos escandalosos gritos de placer, acalambrando mis piernas las que se negaron a sostenerme y tener que caer sentado en el sofá entre Rubén y Laura, mientras Verónica quería meterse nuevamente el pico de Rubén en su choro, como este había acabado y ella estaba tan mojada no lo logró, entonces se sentó al otro lado de Rubén. Risas, bromas sobre la situación vivida, que ayudaron a relajar el ambiente.

    Luego de un momento pregunté al resto del grupo, como por decir algo ¿cómo fue esto tan rápido? Lo que pasa, me dijo Rubén que a Laura yo le había contado lo que habíamos hecho nosotros la vez anterior y cuando salimos a comprar las dos mujeres se confidenciaron por lo que la tía Vero estaba al tanto de todo, el único que ignoraba eras tú. Manga de desgraciados, dije yo, lo tenían preparado y yo me desesperaba de cómo iniciar la situación.

    Mientras conversábamos Verónica le comenzó a sobar el pico a Rubén y Laura tomó mi pico con una mano y con la otra me acariciaba los testículos en una forma tan suave exquisita, ni que estuvieran de acuerdo las mujeres, ambas se agacharon y comenzaron a chuparnos el pico, Verónica luego de un rato se paró y comenzó a besarme en la boca, sentí el sabor acre, salado del semen de Rubén, me separé y le dije al oído, quieres iniciar lo mismo de la otra vez, si mi amor, fue su respuesta, haz lo que tu quieras le dije.

    Tomó la cabeza de Rubén y la llevo a mi pico que era absorbido por Laura, suavemente le retiró la cabeza a ella e hizo que la boca de Rubén se apoderara de mi pico, ambas mujeres se deleitaban con el espectáculo, mientras yo acariciaba los pechos de ellas dos y besaba sus bocas, nuevamente mi pico estaba parado como para iniciar una nueva batalla. Verónica que hacía las beses de maestra de ceremonias, dijo, vamos al dormitorio, ahí estaremos más cómodos para la siguiente etapa.

    Ya una vez en la cama puso a Rubén, que se dejaba hacer todo, hincado y con el culo bien parado, ¡tate! pensé, ya se ahora lo que esta quiere, será, vamos. Tomó una de sus cremas para el cuerpo y untó el hoyo del culo de Rubén, me pescó el pico y lo enfiló directo al centro de la raja, méteselo, me dijo, fue un poco menos que una orden, puse mis manos en las caderas de Rubén y comencé a presionar, al principio hubo un poco de resistencia del esfínter del muchacho.

    Lo retiré un poco y empujé con mayor fuerza logrando pasar la primera barrera, se sintió un quejido de él, pero se movió de la posición, seguí presionando viendo como iba entrando el pico en ese embetunado hoyo, sentí un placer tan grande al tenerlo todo metido, me mantuve un rato con mis testículos pegados a su poto y comencé a retroceder hasta casi la mitad y luego meterlo y sacarlo lenta pero sincronizadamente, cosa que me hacía gozar de una manera distinta pero sensacional.

    A todo esto ambas mujeres estaban ubicadas cada una a un costado de nosotros, mirando embelesadas el espectáculo que había ante sus ojos. Verónica tomo la mano de Laura y ambas comenzaron a pajear a Rubén, yo caliente como estaba también metí una mano y toque un pico parado y duro, luego tomé las cabezas de ambas mujeres y las hice darse un beso, talvez una fingida o real resistencia de Laura la después de un momento se relajó tomó la cabeza de Verónica, fundiéndose en un largo y apretado beso, veía como sus lenguas entraban y salían de sus bocas.

    Situación que sumada a la de tener el pico entero metido en el culo de Rubén, me hizo sentir los primeros síntomas que iba a acabar por lo que me detuve y quedé pegado al poto del muchacho y me dediqué a ver el cuadro de las dos mujeres besándose como locas.

    Verónica se pasó al otro lado quedando abrazada a Laura que comenzó a recostarse hacia la cabecera de la cama con mi mujer encima. Verónica que ya tiene sus experiencias con su hermana en el tema, la tomó y la acostó de espalda, sin dejar de besarla, una vez acostada, comenzó a bajar besándole el cuello hasta llegar a los pechos le lamía los pezones le apretaba las tetas, continuó por el estómago y le metía la lengua en el ombligo mientras que con las manos le tocaba el choro, la chiquilla jadeaba de gusto, justo en el momento que Verónica llegaba con su boca a los pocos pelos de la chucha de Laura, esta dejó escapar gritos de un orgasmo tremendo.

    Ahí Verónica atacó el choro de Laura sacándole un nuevo orgasmo, que la dejó extenuada en la cama, Verónica se acomodó encima de ella e iniciaron una frotación de cuerpos en que obviamente se refregaban sus choritos mutuamente.

    Rubén también miraba el espectáculo sin moverse, cuando de repente inicia un rítmico vaivén de mete y saca mi pico de su culo, de nuevo sentí los deseos de acabar, pero no quería irme todavía porque sabía que quedaba mucho por hacer, así que lo detuve y se lo comencé a sacar diciéndole, espera luego habrá más.

    Nos sentamos a mirar como gozaban las mujeres en un frenético abrazo, cuando sentimos los quejidos de Verónica y sus grititos, generados por los orgasmos que estaba teniendo, Laura también acababa y se refregaban en forma aún más violenta, hasta que ambas quedaron exhaustas, Verónica cayó al lado de Laura, la que le dio un tierno beso en la cara.

    Nunca en mi vida había gozado de esta manera, le dijo. Gracias mi’hijita, le respondió Verónica, vamos a hacer trabajar a estos hombres ahora, tomó nuevamente el pomo con crema y se esparció un buen poco en la mano, pensé de nuevo querrá que se lo meta a Rubén, pero me equivoqué, pues me abrazó y me hizo voltear a un costado colocándome la crema en el culo, no a mi no con eso, Laura saltó y dijo, te gusta gozar a ti no más, tienes que darnos en el gusto a nosotras, ya que le dimos en el gusto a Uds.

    Me intrigaba la cosa pero me resistía, Verónica se acercó a mi oído y me dice, hazlo por mi, amor, lo he soñado tanto que por favor déjate, si te duele mucho no lo hacemos, me pincho mi fibra sentimental y de malas ganas accedí, colocando mi poto para que lo untara con crema, intervino Laura que con un dedito inició un toqueteo en el hoyo que me produjo un placer enorme, me dejé hacer lo que ella quisiera, lo fue introduciendo suavemente sin retirarlo y cuando sentí que ya había pasado su segundo nudillo, comenzó un movimiento rotatorio que realmente era exquisito.

    Mientras tanto Verónica tomó a Rubén y lo acomodó de tal manera que su pico quedó cerca de mi boca, yo estaba con los ojos cerrados sintiendo el placer que me daba Laura con sus dedos, ya llevaba dos metidos en mi culo, siento que me toman la cabeza, abro los ojos y me encuentro con el pico de Rubén al lado de mi boca, Verónica me empuja y me hace que se lo comience a chupar.

    Yo dije, a la mierda todo mis prejuicios, me están metiendo los dedos en el hoyo y ahora me pongo a chupar un pico, vamos sigamos adelante que esta noche será memorable y zas que me meto el pico entero en la boca, iniciando un chupeteo como me gusta que me lo hagan a mi, sentí como gozaba mi sobrino, el pico duro propio de un joven de 23 años, mientras que Laura con Verónica se afanaban en mi culo.

    Realmente, que placer mas infinito era el que sentía en ese momento, placer que me hacía tragarme el pico cada vez con mas fuerza. Nuestra maestra de ceremonias, Verónica, tomó a Rubén y lo llevó detrás mío, colocándolo para que me penetrara, ya a esa altura del partido nada me importaba, así que me deje hacer, sentí como se apoyaba la punta en el ano y una presión lenta pero fuerte, Verónica me dijo has lo que me dices a mi que haga cuando me lo metes por ahí, puja, puja, entonces pujé y sentí como entró entero de un viaje hasta atrás puesto que sentí a Rubén pegado a mi culo.

    Menos mal que el pico de Rubén no es demasiado grueso, y no me dolió tanto, si sentí al principio un ardor tremendo en el interior, que me hizo morder las sábanas y creo que mas de una lágrima se me salió.

    Cuando estaba todo adentro le pedí que se quedara quieto un rato para acostumbrarme, así lo hizo y el ardor empezó a desaparecer, cambiando por un gustito raro pero rico, no te muevas tú, dije déjame moverme yo, comencé a metérmelo y sacármelo lentamente hasta que sentí en mayor grado ese gusto raro de tener metido un pico como tantas veces yo lo había metido. Mi venganza dijo Rubén comenzando a moverse rítmicamente, yo me quedé quieto acomodándome para que me doliera lo menos posible, en la medida que se movía iba desapareciendo el dolor y gozaba cada vez más.

    Ahora entiendo el placer que sienten los homosexuales. Laura con Verónica miraban como me penetraba el pico de Rubén y ambas me pajeaban a mi, sentí como se le hinchaba el pico cada vez más y de repente empezó a moverse como desenfrenado iniciando una acabada tremenda que sentí como entraba en mis intestinos el semen de Rubén. Madre mía como me hizo gozar ese hecho que yo mismo empujaba para que me entrara cada vez más.

    Luego que acabó Rubén se salió y ahí nuevamente sentí un poco de dolor, pero fue mínimo. Yo estaba caliente a punto de acabar por lo que tomé a Laura y la puse de espalda, le abrí las piernas y se lo introduje de un viaje en su choro que estilaba líquidos de calentura, estaba tan mojado y caliente que no alcancé a moverme tres veces y empecé a acabar soltando moco por doquier dentro de esa joven y exquisita zorra, caí derrumbado al lado de mi mujer. La que me abrazó y me dijo, me haz hecho gozar como nunca lo habías hecho antes, te amo mucho. Sentía mi culo perforado, pero realmente digo que gocé por detrás muy pero muy rico, distinto pero muy placentero.

    Nos fundimos los cuatro en un abrazo entre fraterno y de agradecimiento por los momentos vividos.

    Partió Rubén con Laura a ducharse mientras con Verónica comentábamos lo sucedido, aproveché de recriminarle dos cosas, una que no me hubiera contado lo que ellas habían conversado cuando con Rubén andábamos comprando y dos que me hizo perder mi virginidad anal. Como respuesta obtuve una pregunta. Cierto que te gustó, cierto que si. Si me gustó, es raro pero muy rico. Claro siempre te gustaba meterlo tu, yo anhelaba que alguna vez hiciéramos esto.

    Salieron del baño los dos jóvenes muy abrazados, entonces fuimos nosotros dos a la ducha, nos duchamos abrazados, cuando me empecé a lavar el culo, me di cuenta que lo tenía hinchado hacía afuera y me ardía, mi esposa me dijo cuando te seques te pondré un poco de crema para que se te pase el ardor, piensa cuantas veces a mi me sucedió lo mismo. Comentamos cada minuto vivido antes y me comencé a calentarme de nuevo, Verónica al darse cuenta me dijo, resérvate para mas adelante que la noche empieza. Madre mía que mujer es la que tengo que no tiene fin.

    Nos fuimos a la pieza y nos acostamos al lado de la otra pareja, luego de un rato Verónica le dijo a Laura que la acompañara a preparar una bebidas, que la batalla le había dado sed, partieron hacia la cocina desnudas las dos, yo las quedé mirando y se me pasó por la mente toda la libido existente.

    Mientras estaban en la cocina le pesqué el pico a Rubén y se lo apreté diciéndole, te vengaste desgraciado, me debes una, no te gustó a ti no más tío, ahora me tocó a mí.

    Regresaron las mujeres con sendos tragos para todos. Fue una noche larga larguísima, pero maravillosa, hicimos de todo, relatarla daría como para diez páginas más, no quiero ser latoso, pero ya les conté lo principal. Además, que hacía mucho tiempo que no habíamos tenido sexo con compañía.

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  • Mi fantasía con Andrea

    Mi fantasía con Andrea

    Hoy contaré una fantasía que me lleva rondando la cabeza hace mucho tiempo. Hace unos años conocí una linda chica llamada Andrea en un pueblo en el que vivíamos en Boyacá, en ese tiempo éramos más jóvenes pero hubo algo de ella que me llamó la atención. Tengo que decirles que por lo que he conocido es una chica juiciosa, respetuosa, amable y muy tranquila y recatada.

    De un tiempo para acá me he centrado mucho en su belleza y no sé por qué pero, me ha empezado a generar cualquier cantidad de sensaciones extrañas sexualmente hablando.

    Hablo con ella esporádicamente, trato de ser respetuoso y muy tranquilo, pero confieso que a veces quisiera poder hablar con ella de una manera más explícita y que ella me correspondiera.

    Todo comenzó una vez que vi fotos de ella muy normales, pero empecé a fantasear en mi cabeza como serían sus senos, su cola, como sería tenerla en ropa interior.

    Siempre andaba pendiente y algún día vi una foto escotada, donde me llevo mucho más la imaginación a volar y empecé a masturbarme imaginándome, besándole los senos. Poco a poco esas fantasías fueron avanzando y a medida que veía sus fotos y hablaba con ella, me masturbaba, imaginándome besándola, tocándole los senos, acariciando le las nalgas, metiéndole los dedos en su vagina y penetrándola.

    Una noche como muchas me desvestí y empecé suavemente a tocar mi pene, en mi mente empezaron a pasar imágenes de Andrea teniendo relaciones conmigo, pasándole mi lengua por su cuerpo, senos y vagina, pidiéndome que le diera más, que la tocara etc., ese día sentí una sensación en mi cuerpo y cada vez más me movía mi pene más fuerte pensando en ella, hasta que después de un momento sentí como mi semen salía a chorros.

    Este ha sido un resumen de muchas cosas que he imaginado con ella y ha sido una forma de desahogar eso que tenía reprimido, quisiera algún día ver su cuerpo, verla desnuda y fantasear con ella, pero entiendo que es difícil que ella me de ese gusto, por su forma de ser.

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  • Gran escuela de hostelería (parte 11)

    Gran escuela de hostelería (parte 11)

    ¡Hola a todos!

    He vuelto a escribir después de una larga sequía de inspiración, pero he vuelto a retomar la serie de Gran Escuela de Hostelería ¡y tengo muchas ganas de enseñaros todo lo que está por venir!

    Para resumir un poco a los que habéis seguido la serie, recuerdo que la protagonista es Lexa, salía con un chico llamado Roel, al principio eran amigos con derecho a roce, pero él se declaró y se hicieron novios durante una corta temporada. Lexa empezó sus estudios de cocina y allí se enamora de un profesor llamado Jorge, con el que tiene muchas fantasías, empieza a no sentir nada por Roel, y él se da cuenta. Tienen una bronca muy fea en año nuevo y la relación se rompe. Lexa se va de fiesta con sus compañeros de la escuela y aparece una tensión sexual con su amigo Nico, pero sin sentimientos de por medio, ella sigue con Jorge en su cabeza…

    ¡Así se quedó el décimo relato de esta serie y espero que la parte 11 que viene a continuación os guste!

    Gracias a todos de antemano por leerme y apoyar a los autores a que sigamos escribiendo.

    En especial a Jorge, que me anima y me inspira a ello.

    Parte 11:

    Ha amanecido y el sol me da en los ojos, me duele la cabeza y la habitación me da vueltas, me viene una arcada y voy corriendo al baño de la habitación. Cuando me levanto del suelo, después de haber echado hasta la primera papilla, me doy cuenta de que voy desnuda, me vienen flashes a la cabeza de lo que hice anoche con Nico. Dios mío… bebí demasiado y mira como hemos acabado, se me ha ido de las manos.

    Vuelvo a la habitación y Nico sigue dormido, a él no le da el sol. Encuentro mi ropa y me visto, me gustaría ducharme, pero no quiero arriesgarme a que me pillen aquí Laura y Carlota.

    Cuando salgo al comedor y solo encuentro a Carlota que sigue en el suelo durmiendo, madre mía, no se dio cuenta del porrazo y se quedó allí dormida toda la noche. No encuentro a Laura, pero huele a café, así que me dirijo a la cocina.

    Laura está haciendo una cafetera y yo no la puedo querer más en este momento, necesito un café urgente. Cuando cruzo el umbral mi cuerpo se estremece recordando lo que pasó aquí anoche.

    -¡Buenos días! ¿Dónde dormiste? -hago una mueca de dolor, Laura chilla mucho para haberse pasado la noche bebiendo- Perdón, ya sabes que mis resacas son suaves. -susurra, se echa a reír y yo le dedico una mirada de odio fingido. Es verdad que Laura siempre presume de ello.

    -Pues dormí en la cama con Nico. -Laura pone cara de entusiasmo y entonces la corto- No pasó nada, solo fuimos a charlar allí, cuando Carlota y tu caísteis, y nos quedamos dormidos. Fin de la historia.

    Laura hace un puchero a modo de broma y añado -¿Pero tú lo has visto a él? ¿Me has visto a mí? Yo no puedo alcanzar algo así, además está muy reciente lo de Roel y mi cabeza está por otras cosas.

    -Vale vale… No te enfades, me pareció ver complicidad ayer a la noche y pensé que igual… -clavo los codos en la mesa de la cocina y me cojo la cabeza, parece que me va a estallar- Ahora te sirvo un café y un ibuprofeno, te sentará bien.

    -Gracias.

    Al cabo de 20 minutos ya me siento algo mejor, me he tomado el café y la pastilla y Laura y yo seguimos hablando de lo que nos deparará el segundo trimestre de la escuela de cocina cuando entra Nico por la puerta. Tiene los ojos rojos, va despeinado y solo lleva los pantalones del pijama, me vuelvo a estremecer recordando el como besé y lamí esos pectorales y esa tableta.

    -Buenos días -dice Nico con un tono de ultratumba

    -Buenos días ¿Quieres café? -Laura ha tenido el detalle de susurrárselo directamente evitando que le explote la cabeza.

    -Por favor. -Laura se levanta para servirle un café y entonces Nico me mira y hace un gesto con la cabeza señalando a Laura, como si me preguntara si sabía algo. Yo niego con la cabeza y el me dedica una sonrisa de alivio y tierna a la vez.

    -Ven siéntate, aquí tienes el desayuno de los campeones, pizza de ayer, café y, de postre, un ibuprofeno. -dice Laura, Nico y yo nos echamos a reír.

    Nico pone gesto pensativo y dice:

    -Pues creo que empezaré por el postre…

    Laura y yo nos echamos a reír a carcajadas y Nico pone gesto de dolor y se deja caer en la silla. Seguimos la conversación sobre la escuela y al cabo de un rato Laura y yo nos vamos, Carlota sigue durmiendo en el suelo, nos ha dicho Nico que la dejaría allí un rato y si eso ya la despertaría.

    Me despido de Laura con un abrazo y me voy a mi casa.

    Es lunes y todos volvemos a la rutina, a las 8 ya estamos plantados en la cocina con nuestros uniformes impolutos y planchados, delante de la mesa de pase esperando que lleguen los profesores para darnos las instrucciones de los servicios de la semana.

    Ahí aparece Irma y Jorge, se me para el corazón, me recompongo enseguida, me he prometido no pensar en el de ese modo.

    Nos dan las instrucciones y nos ponemos a trabajar, me ha tocado en la partida de pescado y al mirar la ficha técnica del plato veo que hay una cosa que no cuadra, así que voy a preguntarle a Jorge.

    Cuando lo encuentro esta hablando por teléfono, me mira y me hace un gesto con el dedo para indicarme que me espere un minuto, yo obedezco y trato de escuchar lo que habla, pero me resulta imposible.

    Me parece oír algo de un restaurante que se llama Awen, lo conozco, me encantan los canelones de vieira que hacen, están riquísimos. Cuando se pone de acuerdo se despide y atiende mi duda.

    Es viernes a la tarde, ha acabado el servicio y estoy hecha polvo, dicen de ir a tomar una cerveza, pero desde la fiesta del sábado solo de pensar en cerveza me entran náuseas, así que declino la oferta y me voy a casa.

    La casa está vacía, algunos están trabajando y otros han quedado con amigos, cosa que agradezco para así poder echarme una siesta.

    Me echo en el sofá y entonces suena el timbre. ¡No me lo puedo creer! Parece que me hayan visto tumbarme, me pongo de mal humor, pero me levanto y espeto en el interfono:

    -¿Si?

    -Hola, soy Roel

    Se me hiela la sangre. ¿Qué hace esta aquí ahora? Pero del mismo shock abro sin decir nada más.

    Cuando llega arriba yo tengo abierta la puerta del portal, pero tengo otra puertecita para que no salga mi perra y esa la mantengo cerrada, porque no se si quiero dejarle pasar.

    -Hola ¿Como estas?

    -Pues estoy reventada y sorprendida. ¿Qué haces aquí?

    -Quería hablar contigo, pero si te cojo en mal momento, me voy. -su tono es de niño bueno que nunca ha roto un plato. Sinceramente, me supo mal hacerle daño, pero no se me olvida que el también me lo hizo a mí.

    -No no, ya puedes hablar.

    -¿Puedo pasar? -abro la puertecita de mala gana y le señalo el salón para que entre. Se sienta en una silla y yo me dejo caer en el sofá, porque realmente estoy muy cansada.

    -¿Y?

    -Lexa, yo quería pedirte disculpas por el comportamiento de año nuevo, no tengo excusa, te echo de menos y no sé qué hacer o decir para que volvamos a tener la conexión que teníamos este verano.

    -Roel, esa conexión se llama sexo, y el problema de que hayamos cortado no ha sido ese, la razón ha sido mi egoísmo, porque yo acepté estar en una relación contigo, cuando mi corazón está con otra persona, que no me corresponde tampoco, pero es lo que hay. No podemos recuperar una cosa que jamás a existido entre nosotros. -Roel se levanta y se sienta a mi lado, pone una mano sobre mi rodilla, entonces yo clavo mi codo en el reposabrazos del sofá dejo caer mi cabeza en mi mano mientras suelto un suspiro de exasperación.

    -Lo tiendo, de verdad que si y no me importa eso, yo quiero seguir estando a tu lado, -mientras está subiendo la mano por mi muslo- cierra los ojos, imagina esa persona, me da igual, yo quiero estar aquí. -su mano ha llegado a mi sexo y lo masajea por encima del pantalón

    Inconscientemente he cerrado los ojos y veo a Jorge sentado a mi lado, masajeándome el sexo, me envuelve los hombros con su brazo y su mano busca mi pecho, giro la cabeza y empieza a besarme, esa barba de tres días me raspa la nariz al hundir mi lengua en su boca, me encanta.

    Cuando mojo el pantalón me coge las piernas y las coloca sobre el sofá, dejándome tumbada sobre él, sus hábiles manos buscan el cierre del pantalón, me desnuda con facilidad y entonces siento su lengua en mi sexo, esa barba me vuelve loca cuando raspa mis labios vaginales, la lengua viaja desde el clítoris hasta mi ano, cada vez que pasa por un agujero la mete, aprieta, chupa y no tardo en caer en el orgasmo. Me quita la camiseta, libra mis pechos del sujetador, él no se desnuda, de desabrocha los tejanos y bajo sus calzoncillos hasta dejar libre la erección.

    Entonces empieza un recorrido con la lengua mientras intercala besos desde el pie derecho, subiendo por mi cadera, cintura, pecho, cuello, boca y vuelve a descender hasta el pie izquierdo donde me dedica un mordisco en la planta.

    Voy a cogerle la erección, pero no me deja, me levanta las piernas y se la lleva a sus hombros, estoy totalmente expuesta a él. Empieza a frotar su erección por todo mi sexo y yo empujó mi cadera buscando esa delicia, pero el niega con la cabeza y me dice:

    -Me lo tendrás que pedir de voz.

    -¿Como?

    -Que me lo pidas, dime exactamente que es lo que quieres y por donde.

    -Por favor, métemela por el coño.

    -¿Y lo quieres duro, suave, intermedio?

    -Quiero que entres de golpe y me lo hagas muy duro, pero no rápido.

    -Tus órdenes son deseos para mí.

    Jorge pasea sus manos por mis pechos, se detiene en mi vientre y lo presiona, entonces entra tan golpe que yo chillo de la sorpresa y de cómo he notado esa embestida en mi vientre. Al cabo de unos segundos vuelve a sacarla, vuelve a presionar el vientre y vuelve a entrar, yo vuelvo a chillar, me llevo las manos a mis pezones y me los pellizco más fuerte con cada embestida.

    Es una tortura deliciosa, no sé cuántas lleva, pero necesito acabar ya con esto.

    -Por favor, acelera, quiero correrme.

    -Como usted quiera, pero esto llevará su tiempo.

    Ahora ya no saca su falo del todo cada vez que retrocede y va acelerando el ritmo muy lentamente, pero cuando le suplico por segunda vez se apiada de mí y coge más ritmo y más profundidad en las embestidas y al fin caigo en el clímax, convulsiono y el saca su erección de mí y empieza a pajearse sobre mi hasta que echa toda su lefa por mis pechos, una gota le ha quedado colgando de su verga, le cojo la mano, la recojo con un dedo suyo y me lo meto en la boca y lo chupo muy fuerte. Después decide darme un masaje con su lefa como lubricante, me coge entre sus brazos y me dirige a la ducha…

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