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  • Convertido en sissy en una isla del Caribe (2)

    Convertido en sissy en una isla del Caribe (2)

    Habían pasado 3 semanas desde que me convertí en el esclavo de Sean.

    Al parecer el que Sean tuviera meses sin coger me hizo pagar los platos rotos.

    El segundo día sentía el culo roto sin embargo me hizo entender que no era broma lo de ser su esclavo sexual.

    “Ponte esto alrededor del cuello” -me ordenó mientras vestía solo una toalla.

    Me dio una correa de perro con picos unida a una cadena que estaba fija a un gancho en el techo.

    Era lo suficientemente larga para poder moverme por el cuarto pero no podría salir.

    “Híncate y ladra perro” -me dijo con un tono burlón.

    Yo estaba desnudo con una pequeña tanga y un cinturón de castidad.

    Pero este cinturón tenía una forma de vagina y era plano.

    Yo obedecí y el continuo ordenando me.

    “Se una buena perrita y ofréceme tu culo”

    Yo sin chistar me puse en cuatro exponiendo el culo cuando de repente sentí que jalaba mi cabello hacia atrás.

    “Sniffa esto puta es tu medicina para hacerte una putita” -de repente sentí que mi libido aumentaba y me sentía muy excitado al parecer era un popper.

    Unas nalgadas, apretones de huevos y amenazas después dejo caer su toalla.

    “Voy a arrancarte los huevos puta” vocifero mientras los sostenía yo seguía en 4 como zorra.

    “Pídeme que no lo haga, resístete me gusta es más divertido así” -yo comencé a suplicar que por favor no lo hiciera (todo fingido) y una vez adentro le pedía que se detuviera mientras cada embestida me hacía que sus huevos golpearon con los míos.

    “Detente por favor” -le decía mientras me embestía más rápido casi a punto de correrse, en eso me acerco su gigantesco miembro a mi cara y me dio la llave de mi cinturón de castidad.

    “Quítate tú cinturón ambos nos la jalaremos, pero tú ahí hincado quiero que recibas mi semen en la cara” -mientras jugaba con su tremenda verga.

    Me insultaba y decía lo mucho que necesitaba tener un culo para follar, yo no pude con tanta excitación y me puse a chupar sus bolas lo que solo lo hizo reírse y terminar en mi cara.

    Mientras aún sentía su semen él me decía “estás listo para pasar a lo que sigue” por cierto… no has llamado a alguna esposa y me dijiste que estabas casado… Quizás después de ser convertido en perra ella necesita con quién follar yo la podría cuidar y comerme una vagina de verdad.

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  • Mi hermano y la recatada de mi mujer

    Mi hermano y la recatada de mi mujer

    Después del trío con mi mujer, su amigo Manuel y yo su marido, recordé que mi hermano alguna vez me dijo: oiga hermano el culo de tu mujer tiene que ser mío, la tengo que encular, entonces programé un viaje a la hacienda de mi hermano.

    Mi hermano José por la tarde muy juiciosos estuvimos tomando unos tragos y mi esposa se le servía vino, y jugamos en la piscina, donde mi hermano aprovechaba para cogerle las nalgas a mi mujer mientras ella solo se reía, en un momento ella le jaló el bañador a mi hermano, él desnudó con su verga erecta, mi hermano tiene 22 centímetros de verga e igual de gruesa a la mía, mi esposa gritó diciendo: wow que hermosa verga cuñadito, se la cogió sobándola desde el glande a la base, se agachó y se la metió a la boca mamándosela muy fuerte como por un minuto, luego le subió el bañador y seguimos jugando y bebiendo.

    Hacia las seis de la tarde llegó el mayordomo Jorge, un atlético joven, entró a la piscina y se le notaba una buena verga comentó mi mujer, salimos de la piscina hacia las nueve de la noche, habíamos picado algo, mi mujer se duchó de primera y después mi hermano, entré de último a la ducha, sorpresa cuando salí de la ducha mi mujercita se la mamaba a mi hermano y a Jorge, tenía una verga en cada mano y las chupaba alternando las vergas, el Jorge tiene una verga como de 18 centímetros pero bien gruesa, sin embargo mi mujer abría su boca y se la metía hasta el fondo de su garganta.

    Mi hermano acomodó a Jorge y puso a mi mujer a mamar, y él le chupaba el chocho y el culo a mi mujer, jugaba con su culo metiéndole par de dedos en el chocho y otro par en su culo, ella solo gemía soportando la masturbación que le hacia mi hermano, quien le dilató el culo y puso la punta de su verga en el recto de mi mujer y de un solo empujón le metió la verga hasta los huevos, mi mujer gritó y comenzó a mover su culo hacia atrás y adelante, mi hermano aumentó el ritmo y le follaba el culo muy fuerte y rápido, mientras Jorge la masturbaba y le chupaba el clítoris, ella se corrió y me hermano le lleno de semen el culo a mi mujer. Se tiraron en la cama los tres a descansar.

    Llené las copas y bebimos, yo me incorporé besando a mi mujer y comiéndole el chocho, me acosté de espalda y hale a mi mujer y la hice subir sobre mi verga que entró muy suave de lo lubricada que estaba la zorra de mi mujer, ella comenzó a cabalgarme, su chocho subía y bajada en mi verga, mi hermano de nuevo de la metió por el culo, completando la doble penetración, Jorge le puso le verga para que se la mamara, mi recatada mujercita gozaba como la puta recatada que es, tenía todos sus huecos ocupados, y llegó el momento, Jorge se derramó en la boca de mi mujer, mi hermano de nuevo le llenó los intestinos y yo le llene de semen su coño.

    Y yo somos muy parecidos en todo, somos bien dotados mi mujer le gusta chupar mis 23 centímetros de verga, y le gusta que se lo meta por el chocho y por el culo. Llegamos hacia la una de la tarde a la hacienda y mi hermano nos recibió abrazando a mi mujer y bajando sus manos por su espalda le sobó el culo y ella como si no se hubiera dado cuenta, nos abrazamos y pasamos al almuerzo que nos esperaba.

    Durante tres horas nos culeamos a mi recatada mujercita, tuvo muchos orgasmos, y cada uno de nosotros no repitió agujero, fue sensacional ver a mi hermano metiéndosela por el chocho, pero fue más enérgico cuando Jorge se la folló dejándole tanto el chocho como el culo más abierto, cuando se la metí en su chocho sentí que tenía su chocho dilatado y mi verga no llenaba ese chocho, finalmente nos dormimos.

    Lo que sigue después es tema del próximo relato, pues estuvimos una semana dándole verga a mi mujer todo el tiempo.

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  • Inolvidable viaje de trabajo (2)

    Inolvidable viaje de trabajo (2)

    Buenas tardes queridos lectores aquí les traigo la segunda parte de mi viaje de trabajo.

    Luego de aquella noche donde una bulla hizo que cada quien vaya por su camino, al día siguiente esperaba que pasara rápido el día para poder verla por la noche nuevamente con esos short pequeños. No fue la excepción, traía unos short que parecían unos calzones era de color negro transparente, sus piernas se veían hermosas y lo mejor marcaba muy bien la parte de su concha, no pude evitar sin disimulo ver directamente ahí pues también tenía unos tops que resaltaban esas enormes tetas.

    S: buenas noches profe que tal su día lo veo algo nervioso, comento

    P: no para nada como cree, solo que la veo muy bien linda ropa ligera.

    S: ay gracias profe ¿le gusta?

    P: Si le queda espectacular resalta todos sus atributos. -Esa noche no aguantaba más y mi erección me estaba delatando.

    S: hay profe por lo visto, tampoco se queda atrás se ve que tiene algo muy interesante por ahí -reímos ambos- era una adrenalina que pasaba entre excitación, morbo, y el saber que cualquier momento alguien podría venir y ver la situación y más en la vestimenta que traía la señora.

    S: se nota que está algo incómodo profe ¿no le gusta que esté vestida así?

    P: no para nada al contrario sigo imaginando que aún tiene ropa más diminuta y cómoda que esa -reímos nuevamente.

    S: claro que tengo, es más, estuve revisando y le comento que traje uno, pero me dio pena ponerme a lo mejor algún padre o alguien podría verme así y se armaría un problema.

    P: haa claro podría decirse que si, pero a mí me gustaría verla y ver qué tal le queda, o me lo envía para verla -ahí estaba dispuesto a que si en esa ocasión no iba a poder comerla al menos tenía que tener fotos y el número de ella eso pensé.

    S: será… ya profe anote mi número, pero solo será para usted -comento.

    Luego de esa conservación y antes de despedirnos pasamos los números, pero ella no dejaba de mirar mi bulto, la verdad que ya me estaba explotando la verga, me dolía de la presión de los bóxer y el short ..

    Pasé a mi habitación luego de ver qué todo este en orden, grande fue mi sorpresa cuando me escribió y me dice:

    S: ¿profe ya se durmió? Aquí me siento más cómoda y más confianza, hablar en persona con usted me pone nerviosa.

    P: buenas noches sii, justamente pensaba en usted y lo hermosa que se ve

    S: a si profe y dígame qué le gusta de mí, dígalo sin miedo ni pena.

    Esas palabras terminaron sacando todo el morbo y calentura que tenía en ese momento.

    P: a ver que le puedo decir, tiene unas tetas que se ven muy ricas y grandes, ni que decir de sus piernas y nalgas, quien se coma todo eso va ser un delite.

    S: que rico… lástima que no hay quien se coma todo eso, usted profe tampoco se queda atrás se ve que tiene algo muy grande e interesante ahí abajo.

    P: jajaja pues no sé tendría que averiguarlo usted para ver si es o no interesante.

    S: muéstreme pues, así lo califico -manda emoji de diablito y ojitos.

    P: claro pero en persona para que lo vea mejor -envío emoji de diablito.

    S: puede ser, pero aquí no se puede mucha gente y mucha bulla, además hay papás que no me quitan la mirada de encima.

    P: me imagino que si con lo rica y linda que está hasta yo pue andaría tras de usted.

    S: ¿profe en serio tan buena estoy? Dígame que me haría.

    En ese momento estaba a mil a punto de masturbarme, pero me contenía solo leer varias veces la conversación que tenía me puso a mil, no pude evitar en mi cama, me quité la ropa, estaba desnudo con la verga dura y me arriesgué a enviarle una foto con auto eliminación.

    P: mire como me tiene tan solo de verla imagínese, cuando la vea en shores más pequeños, las cosas que le haría, le comería todas, las besaría, mordería, y chuparía hasta sacarle chupones.

    S: profe que rico se ve, cómo quisiera que esté aquí y viera como me tiene también -me envía una foto de ella normal sin brasier sus tetas estabas por lo visto grandes, sus pezones grandes se marcaban y se veían muy parados y duros, me llega otra foto, esta vez la parte de abajo estaba depilada completamente, se veía húmeda y empecé a masturbarme.

    P: como me gustaría comerte la concha meterle la lengua hasta hacerte terminar

    S: que rico profe quiero que me rompa la concha que me dé duro que me haga su puta.

    Esas palabras me hicieron explotar, terminé, boté mucha leche por el momento y la excitación, me voló la cabeza saber que aparte de estar muy buena, era tremenda puta y le gustaba que la traten como tal, le envié foto de toda la leche derramada.

    S: profe que desperdicio yo la quiero para mí toda en la boca, me gusta la lechita, me gusta ser la putita y que me traten así en todo momento.

    En ese momento pasaba por mi mente decirle que venga a mi habitación, pero era muy arriesgado así que decidí mejor no.

    P: te gusta, en otra ocasión te la vas a tomar toda hasta la última gota, vas a ser mi puta a partir de ahora…

    S: si papi, digo profe lo que usted ordene será su putita, voy a descansar no vaya ser que despierte alguien. -Me envía otra foto toda mojada al parecer también se había masturbado.

    Pasó el día el cual era el último, no pude estar mucho tiempo cerca de ella pues deberíamos regresar a nuestra ciudad, grande fue mi sorpresa cuando ella apareció en un asiento de atrás, disimuló muy bien todo y veníamos conversando de muchas cosas, entre ellas el desempeño y rendimiento de la escuela.

    En la noche aproveché para tocarle las enormes tetas, pues me permitía hasta llegar a meter mis dedos en su concha, fue con mucha discreción.

    Llegamos al día siguiente, cada quien se fue por su lugar, pasaron semanas y teníamos charlas muy calientes, incluso nos enviamos muchos vídeos, hasta que llegó el día de vernos en un hotel… esa será otra historia espero les guste es un relato real.

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  • ¿Príncipe o rana?

    ¿Príncipe o rana?

    No puedo más. Estoy cansada y sin fuerzas para nada. Ya me han roto tantas veces el corazón que me cuesta confiar en los hombres. Me prometen la luna y las estrellas y lo único que consigo es estrellarme. “Hasta meter prometer…” ¿Quién no conoce ese refrán?

    Todos los hombres son iguales. Sé que es un tópico típico, pero esconde tanta verdad que da miedo. Todos buscan lo mismo, y cuando encuentras a uno distinto al resto… ¡milagro! ¡Por fin un príncipe azul en mi vida! Dulce, atento, detallista, cariñoso, romántico. No te promete la luna, tan sólo que te sientes a su lado a contemplarla. Me hace sentir bonita y llena de vida. Juega a la seducción conmigo sin querer llegar a la meta. Y vuelvo a confiar, con lo que ello conlleva.

    Cena romántica en su casa, ¿y luego? “Es tarde, mejor te acompaño a casa. No quisiera hacer nada de lo que podamos arrepentirnos después. Aún es pronto para dar un paso así”.

    Una de dos, o es gay o no le atraigo sexualmente. Empiezo a poner en duda sus principios morales y, lo que es peor de todo, empiezo a perder los pocos principios que me quedan a mí.

    Después de tantas relaciones basadas en puro sexo me choca que este hombre no se haya abalanzado sobre mí como el resto. No es que sea bonita o tenga un cuerpo de escándalo; soy más bien normalita. Pero estoy acostumbrada a que todos los tíos busquen lo mismo de mí. En cambio este…

    Nuestros labios chocan en un dulce beso. Deseo que nuestras lenguas jueguen, sentir verdadera pasión en sus caricias. Pero el beso termina tan fugazmente como empezó.

    ¿Qué me está sucediendo? Encuentro un verdadero príncipe azul y en lo único en lo que puedo pensar es en que se abalance sobre mí me posea en el asiento trasero de su coche.

    Pero eso no pasa. Después de tres semanas esto que me subo por las paredes. Necesito sexo. Y lo que es peor. Me he enamorado de él como una tonta.

    Necesito verle a diario, escuchar su voz, recibir sus mensajes de buenas noches. Se preocupa tanto por mí… Empezamos a hacer planes de futuro, incluso me pide que me vaya a vivir con él. Yo acepto encantada. Me siento la mujer más feliz del mundo. Estoy bajo su hechizo. Vivo por y para él.

    Empieza a cambiar, a volverse más fogoso. Y ya no desea esperar más. Esa noche fue increíble. Una nueva cena romántica en su casa se transforma en una noche de lujuria y desenfreno.

    Voy a su dormitorio a ponerme una camiseta para estar más cómoda viendo la tele. La puerta se abre y él aparece. Se pone detrás de mí y empieza a besar mi cuello a recorrer mi cuerpo con sus manos. Me da la vuelta y nuestras lenguas empiezan a pelear en una lucha sin fin. Va quitando mi ropa con desesperación. Cada prenda va cayendo al suelo en silencio. Tan sólo se escuchan nuestras agitadas respiraciones. Mi cuerpo desnudo yace expectante sobre la cama. No deja un solo centímetro sin recorrer. Sus manos, su boca su lengua exploran cada rincón de mi anatomía. Ha valido la pena esperar. Estoy enamorada de un príncipe azul que por fin deja fluir su deseo por mí.

    Exploto en un orgasmo sin fin y ocupo su lugar. Lentamente voy bajando hasta su miembro. Lo noto duro y poderoso dentro de mi boca, pero no quiero que mi príncipe se corra todavía. Quiero sentir su dureza dentro de mí. Entrando saliendo de mi cuerpo con fuerza. Sentirme enteramente suya.

    Vuelvo a estar debajo de él. Me besa con pasión mientras lo dirige hasta mi entrada. Me llena a la perfección. Nos movemos al compás. Estoy tan mojada que se sale en varias ocasiones, pero ya ha aprendido el camino y de inmediato vuelve a su lugar. Una y otra vez. Cada vez más rápido. Llegamos juntos al clímax total. Siento como su semen rebosa en mi interior y poco a poco sale escurriendo por mis muslos.

    Dormimos abrazados toda la noche. ¿He mencionado que amo a mi príncipe azul más que a nada en esta vida?

    Al día siguiente todo empieza a cambiar. Está distante, esquivo. Apenas me llama. Tal vez se sienta culpable por lo de la noche anterior. Día tras día noto que se va alejando de mí. Por fin lo confiesa: “Nunca te he querido, pero me gusta currármelo bien antes de meterla”.

    “El príncipe se ha convertido en rana”, pienso mientras en mis mejillas se deslizan lágrimas de dolor. Consiguió engañarme. Otra vez con el corazón desgarrado por la tristeza. Y en mi mente la promesa de no volver a caer en lo mismo. Son demasiadas veces.

    ¿El príncipe se volvió rana, o la rana siguió siendo rana?

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  • ¡Qué vacaciones! (1)

    ¡Qué vacaciones! (1)

    Por fin llegaron las vacaciones, después de un año de trabajo incesante, era la hora esperada, teníamos preparadas las maletas y habíamos llamado un taxi que nos llevaría al Aeropuerto, allí habíamos quedado con Juan y Lucía, como siempre, estarían esperándonos, y es que Sylvia es muy tardona, no sé cómo se las arregla, pero siempre es la última.

    Llegamos al aeropuerto y allí estaba Juan, estaba blanco como la leche, menos mal que teníamos dos semanas para tomar el sol, Lucía había ido al baño.

    ―¿Qué tal? —Le dije mientras le daba un abrazo.

    ―Aquí, listos para el viaje —me contestó sacando unos chicles de las bermudas verdes que llevaba.

    Se dio dos besos con mi mujer, que le preguntó por Lucía justo cuando aparecía ante nosotros, llevaba un vestido suelto de una pieza, no llevaba sujetador, y se le marcaban los pezones por el frío del aeropuerto, le di dos besos y nos fuimos a hacer el cheking. Tardamos como dos horas aún en coger el avión que nos llevaría a Tenerife a pasar dos semanas. En este impás aprovecho para presentarnos.

    Yo soy Jacobo, tengo 30 años, soy castañito, estoy empezando a quitarme la barriguita cervecera, que creo ha crecido rápidamente, estoy moreno porque suelo ir a menudo a la playa con mi mujer, Sylvia, 29 años, mido 1,77 y soy un hombre afable, con conversación y esas cosas, mi mujer es algo mas tímida, es rubia con ojos verdes, de complexión delgada, con una pequeñas tetitas que me vuelven loco, con unos pezones que al ponerse duros son roquitas.

    Nuestro amigos tienen la misma edad que nosotros, Juan 30 y Lucía 28, si no fuera porque Juan está algo más delgado que yo, y tiene los ojos verdes, se diría que somos casi gemelos de lo que nos parecemos, sin embargo Lucía es algo más bajita que Sylvia, tiene los pechos ago más grandes, lo que en su estatura resalta más, es morena con ojos verdes.

    Bien, ya estamos en el avión, Lucía se ha sentado con Sylvia, y yo con Juan, así podemos hablar de nuestras cosas, mejor que no os cuente el vuelo, ¿no?

    Por fin llegamos al hotel, un hotel en primera línea de playa, espectacular, que recepción, que piscinas, que de gente.

    Nos dan las habitaciones y quedamos en soltar los bártulos y vernos en el comedor a la hora de la cena, así que listos.

    Empezamos a curiosear la habitación y todas las poyaditas que se suelen hacer en estos casos, y gran sorpresa la nuestra cuando al entrar en el baño encontramos un jacuzzi, ni lo habíamos pedido ni creíamos estuviera incluido, por lo que lo primero que hicimos fue llamar a la habitación de Juan para preguntarle si todas las habitaciones eran así.

    Mi amigo se cagó en mí, y me dijo que estaba de coña, que mentía y esas cosas, así que me di cuenta de que él no tenía, mala suerte, le dije a Sylvia lo bien que lo íbamos a pasar en el jacuzzi, que por cierto era de unas dimensiones exageradas, podrían entrar como seis personas, más tarde nos comentaron en recepción que fue error del constructor, que ahí tenía que haber ido una suite de super lujo, pero que luego hubo que cambiar de idea, si bien sacar la bañera era más costoso, por lo que siempre había alguien con suerte.

    Pusimos todas las cosas en su sitio y mientras estábamos colocándolo mi mujer se dio cuenta que no había traído ni un solo sujetador, que con las bullas se le había olvidado, y que como en el avión había venido con un top pegado, que no trajo.

    ―Bueno, no te preocupes, total para lo que tienes.

    ―Si, pues a ti bien que te gustan, ¿o prefieres unas tetas más grandes como las de Lucía?

    ―Que va mujer, sabes que me encantan, tus pezoncitos, uy, uy, uy, ven aquí, que te vas a enterar…

    Dicho y hecho, mi mujer se acercó, y yo le di unos mordisquitos por encima del top naranja que llevaba puesto, y rápidamente se le marcaron los pezones en las manchas húmedas que dejé en la tela, la recosté en la cama, la quité el top y seguí chupando lentamente, dando pequeños mordiscos con los labios, ella se dejaba hacer mientras con mi mano le acariciaba por encima de las bragas, con las que me entretuve hasta dejarla húmeda, le metía la telilla entre los labios vaginales y las mojaba, me encanta, ella estaba relajada, con los brazos extendidos hacia atrás, dejando sus axilas desnudas para mí.

    Eso es algo que no puedo aguantar, me encanta comerle las axilas a mi mujer, y a ella le flipa, me fui directo y empecé a pasar mi lengua, ella seguía con los ojos cerrados, yo había dejado a un lado las bragas y le metía los dedos como podía, empecé por uno, luego dos, estaba muy mojada, por lo que aproveché el flujo para hacérselo llegar desde el clítoris hasta el ano, le sobaba la entre pierna sin pensarlo dos veces, y entonces golpearon a la puerta.

    ―¿Sí? —Dije yo con un cabreo de cojones.

    ―Jacobo, somos nosotros, abre, anda, y enséñanos el jacuzzi.

    ―Voy, un segundo.

    Abrí la puerta, y los invité a pasar a la habitación mientras Sylvia se fue al baño, ya venían listos para cenar, el con unas bermudas y camiseta, y ella con otro vestido similar al del viaje, pero en otros colores.

    ―Un segundo, que está Sylvia en el baño, ¿Amor, estás lista?

    Sylvia abrió la puerta tapada simplemente con un pareo que dejaba entrever su cuerpo parcialmente desnudo, llevaba las braguitas únicamente debajo, por lo que los pezones dibujaban una pequeña montañita en la liviana tela.

    ―Anda, pasar, que no la dejáis a una ni cambiarse tranquila.

    ―Vaya, vaya, como sale tu mujercita. —Me dijo Juan con una media sonrisa que le delataba las intenciones.

    Entramos y vimos el jacuzzi, con las típicas bromas:

    ―Ya me vendré aquí a ducharme y esas cosas, porque me lo dejarás Jacobito

    ―Vale, pero si dejas que os grabe con la cámara, espeté yo picando a Lucía.

    ―Perfecto, pero la cinta me la das, que no quiero que luego te den un Oscar a la mejor escena, y no lo compartas.

    ―Vale, fantasma, no se si no te ahogarías entre burbujas.

    A todo esto mi mujer se había cambiado a nuestras espaldas sin ningún tipo de pudor, aunque tampoco la habíamos visto, y nos dijo.

    ―¿Qué? ¿Nos vamos?, que tengo hambre.

    ―Uy, ¿y tu, donde te has cambiado? Dijo Juan.

    ―Aquí detrás, mientras vosotros estabais con las chorraditas pornográficas. Total, tampoco creo que vayas a asustarte, ¿no? Por mi no hay problema, mientras que no toques ni manches.

    ―Bueno, pues entonces nada, mejor así, ojos que no ven…

    ―Venga, me cambio y nos vamos. —Dije yo.

    Así que me quité los pantalones que traía y me puse otros, dejando ver mis calzoncillos, que guardaban mi polla semierecta, al subir la bermudas limpias se me salió un poco, ante la mirada de todos que me esperaban impacientes.

    ―Oye, cortate un poco. —Me dijo mi mujer

    ―¿Qué pasó? Total, tu sales medio desnuda del baño y porque a mi se me salga un poquito del soldadito, venga, no seas casta.

    ―Ya te diré yo a ti, venga vamos a cenar.

    Terminé con una camisa de lino, me puse las chanclas, me eché algo de colonia, y nos fuimos para el comedor, la cena era tipo buffet, y no había mucha gente, nos sentamos y primero me levanté yo para echar un vistazo a la cena, había de todo, y todo tenía una pinta extraordinaria, me senté y aprovecharon las mujeres para echar otro vistazo, Juan, que es un vago de pelotas le dijo a su mujer que te trajera algo, cosa que esta se pasó por el forro, las mujeres cuchicheaban entre si, y Juan me dijo:

    ―Has visto el polvazo que tiene la camarera de la esquina, a esa le daba yo una buena propina.

    Efectivamente, la chica era algo espectacular, rubia de melena rizada, ojos verdes, morena del sol, unos pechos que se adivinaban a pesar de la camisa y el chalequito verde del hotel, y un culito, vamos que sí, que tenía no uno, sino dos y tres polvos, y en esas estábamos cuando llegaron las mujeres y pillaron a Juanito mirando descaradamente a la camarera.

    ―Ya estás, ¿no? No se te puede dejar solo un segundo, que? Está buena, ¿no? Pues venga, pregúntale si te la puedes tirar esta noche. Porque conmigo lo llevas chungo, salido, que eres un salido, ves Sylvia, lo que te decía, ven cualquier mujer y se vuelven locos.

    ―Bueno, bueno, una mujer cualquiera no, que la muchacha está de impresión, ¿eh? —Dije yo para echarle un capote a mi amigo

    ―¿Si? Si la tía está buena vale mirar, ¿no? Venga, que sois unos salidos, solo pensáis con el cerebro inferior. —Me dijo Sylvia, medio en broma.

    ―Vamos que si el camarero fuera un tío como Beckam… ahí os quería ver yo a vosotras, o como George Cloney, lo que pasa es que las mujeres siempre estáis con los sueños de grandeza, se acabó la fantasía del mecánico, o del fontanero, aquello se quedó en mito con la llegada de la televisión. —Concluí mi disertación social.

    Ellas se quedaron calladas y empezaron a cenar, así que Juan y yo nos levantamos para tomar algo, cuando llegamos a la mesa estaban las dos hablando con la camarera, nos sentamos y saludamos cortésmente, mientras disimuladamente le hacíamos un chequeo en toda regla a Judith, que así se llamaba.

    Cuando se fue, Sylvia se empezó a sonreír, y nos espetó:

    ―¿Os habéis fijado bien?

    ―¿Fijado, en qué?

    ―Es un tío, esa no es esa, es ese.

    ―Anda ya, envidiosa, que va a ser un tío.

    ―¿Tú crees que es un tío? Yo también le he notado algo raro. —Dijo Lucía.

    Seguimos un rato discutiendo sobre la posibilidad de si era un tío o una tía y así acabó la cena, nos tomamos unas copas en la terraza del hotel, y nos fuimos a la habitación, había que empezar a descansar de una vez.

    Al llegar a nuestra planta, Juan nos dijo:

    ―Tener cuidado con el jacuzzi, no vaya a ser que os ahoguéis y luego os encontremos desnuditos y en alguna posición rara…

    Nos reímos y nos fuimos a la habitación, mi mujer fue directa al baño y yo me quité la ropa y me eché en la cama, en cinco minutos salió mi mujer con unas braguitas tipo bóxer y se me acercó muy sugerente, y empezó a decirme que si terminábamos lo que habíamos empezado.

    ―¿Dónde nos quedamos? Le dije yo

    ―Me estabas limpiando el desodorante, además de la exploración inferior que estabas haciendo.

    Conforme me decía eso mi polla iba creciendo por momentos, se empezaban a marcar sus venillas, y seguía creciendo cuando mi mujer empezó a acariciarme lentamente, me dio un pequeño chupetón, y pegó un respingo, otro chupetón, otro respingo, me la cogió por la base y me sacó el capullo, ya estaba para reventar, dieciocho cm de carne tiesa para empezar a disfrutar.

    ―Te vas a enterar de lo que vale un pene… ven aquí te voy a meter la lengua hasta la campanilla.

    ―Te espero, ven aquí, y prueba —Me dijo Lucía mientras se abría de piernas y me mostraba las bragas metidas entre sus piernas.

    Me acerqué, metí la cabeza entre sus piernas y le chupé las bragas que estaban húmedas a reventar, le metía la lengua hasta dentro, con tela incluida, y ella se abría todo lo que podía, le fui levantando lentamente el culo, hasta empezar a tirar de las braguitas, una vez que se las quité sonó el teléfono de la habitación, otra vez no, este Juanito se va a enterar.

    ―Si ¿dígame? —Contestó Sylvia con mi cabeza entre las piernas.

    ―Sylvia, soy Juan, ¿está Jacobo por ahí?

    ―Está ocupado, dime, que quieres. —Contestó Sylvia con una sonrisa pícara entre sus labios, mientras le seguía devorando por encima de las bragas, ya que aguantaba la cabeza para que no la soltara.

    ―Mira. Es que tenemos una pequeña sorpresa en la ventana de enfrente.

    ―Sí, ¿cuál?

    ―Ahora mismo hay dos tíos que están con una perica, y se están poniendo las botas, y parece que le gusta que los miren, porque tienen las luces encendidas y el balcón abierto, y ya les hemos tirado unas fotos con la cámara digital, pero hemos pensado que quizá estaría mejor hacerles un video, ¿Por qué no lo traéis?

    ―Vale, en un minuto estamos ahí.

    Mi mujer cerró las piernas y me dijo con cara de sorpresa:

    ―Anda, para otra vez, que nuestros amigos tienen show enfrente de su balcón, y quieren que los grabemos.

    Me quedé a rayas, pero me puse unas bermudas, una camiseta, cogí la cámara y mi mujer ya estaba lista con el pareo, así nos fuimos a la habitación de nuestros amigos.

    Pegamos con sigilo a la puerta y nos abrió Lucía, que llevaba un top negro ajustado que dejaba claro que no llevaba sujetador, y unos pantalones anchos que dejaban ver las tirillas del tanga blanco que llevaba. Juan llevaba puestos unos calzoncillos largos y cuando entramos se puso unas bermudas, ya que marcaba paquete de forma considerable, nos acercamos a la ventana y pudimos ver el show, dos hombres de cómo cuarenta años se estaban tirando a una morenita de cómo veinte años, uno le estaba metiendo el rabo por detrás, mientras el otro se dejaba pajear por la muchacha.

    Allí estábamos los cuatro mirando como niños, embobados, la escena era de lo más sugerente, yo saqué la cámara, y empecé a grabar, con el zoom se veían otras cosas, los tíos eran algo mayores de lo que parecían en la lejanía, y ella estaba francamente buena, en estos momentos el que parecía llevar la voz cantante se puso en la cama boca arriba y ella se subió, dejando su culito en pompa, y metiéndose la verga hasta dentro.

    Ahora Juan y Lucia miraban en la pantalla de la cámara, yo notaba las tetas de Lucía en mi espalda, y me estaba poniendo como una moto, y Juan le tenía puesto el paquete en el culo de su mujer, Sylvia mientras tanto estaba en posición de perrito mirando por la ventana, con las luces de fuera me di cuenta que se transparentaba la silueta de mi mujer, se le veían las tetitas puntiagudas, y parecía que el resto iba desnudo, vamos, iba desnuda, solo llevaba las bragas completamente húmedas. Cuando volví la vista a la cámara pude comprobar como se hacía una doble penetración en directo.

    ―Joder, eso tiene que doler tela, que bestia es la tía esa… —Dijo Lucía llevándose las manos al pecho.

    ―Pues a esa parece que no le duele, y si no fíjate como se mueve. —Dijo Sylvia, que no quitaba ojo de la escena.

    ―Me cago en la puta, como me está poniendo con la escenita, esto es mejor que la porno del plus, yo pensaba que no había tías así, pero esa es real, ¿eh? —Dijo Juan sobándose descaradamente el paquete.

    ―Pues fíjate bien y aprende, eso que te has perdido… —le dije yo sin pensar que estaban las mujeres delante.

    ―A ¿si? Dijo Lucía.

    ―Bueno, seguro que tú le das otras cosas que también le gustan, vamos que hay gustos y deseos para todo el mundo, ¿no?

    ―Si, si, pero vamos, que ahora bien que firmabais estar donde están esos dos tíos, ¿eh?

    ―Que va mujer, nosotros estamos mejor, tenemos dos mujeres para dos hombres, ganamos, ellos tienen déficit de mujeres, a lo mejor eres tú la que quieres estar allí, a juzgar por como se te han puesto los pezones —Le dije mientras la enfocaba con la cámara.

    ―Quita guarro, que sois unos salidos, mira tu mujer, que no quita ojo, ella si que se ve necesitada.

    Efectivamente no quitaba ojo, le empecé a grabar y no se percataba del tema, seguía mirando embobada, empecé a grabar su silueta, se le veían un poco las braguitas por un descuido con el pareo, Juan y Lucía también volvieron a la ventana, y se cogieron uno detrás del otro, Juan le agarraba el culo, y le sobaba con un poco de disimulo las tetas, ahora los grababa a ellos, seguía acariciando a su mujer, hasta que la tela fue un obstáculo y metió las manos por debajo del top, las fue subiendo lentamente, y amasaba, ya sin disimulo, las tetazas de su mujer, que recostó la cabeza en su pecho, una mano bajo lentamente y se metió por los pantalones, con una dirección inequívoca.

    Lucía cerró los ojos y se dejó hacer, yo seguía grabando, con un empalme considerable, pero esto era algo irrepetible, miré a mi mujer, y seguía observando a los vecinos, pero su pareo ya apenas le cubría los pechos, se la veía semidesnuda, miré un poco a ver que seguían haciendo los de enfrente, seguían los dos dándole por los dos boquetes, el que le abría el culo le sacó la polla y se corrió en su espalda, retirándose de nuestra vista, en ese momento volví hacía Juan y Lucía, y ¡Dios Mio! Lucía ya no tenía pantalones, y Juan tampoco, le estaba metiendo toda su polla por detrás, mientras no le soltaba las tetas por encima del top, Sylvia miró en ese momento para ellos y soltó un Joder que a ellos solo les hizo abrir los ojos y decir tranquilamente ….

    ―Uy, perdón, ¿os importa?

    ―No, que va, vosotros a lo vuestro, si nosotros ya nos íbamos —Dijo Sylvia colorada como un tomate.

    ―Si os queréis quedar no hay problema, nosotros nos metemos en el baño… Pero tío, ¿qué haces? ¿Estás grabándonos?

    Juan se había salido del culo de Lucía, y ella se había recolocado el tanga, y me miraban queriendo saber que había grabado.

    ―Bueno, solo he grabado un poquito, ya mañana os lo enseño, ¿vale?

    ―Anda, que no eres cabrón, eso lo borras ahora mismo o… —Me dijo Lucía.

    ―¿O qué? Vas a llamar a la poli, anda, si no se ve nada, no ves que está muy oscuro. Mañana te enseño lo que se ve, anda, seguir con lo que estabais, nos vemos en el desayuno…

    ―Venga, vale, hasta mañana.

    Nos fuimos a nuestra habitación con un calentón de aúpa, íbamos por el ascensor dándonos el lote, metiéndole mano por las tetas, ella me agarró la polla, llegamos a la habitación y Sylvia se echó sobre la cama diciéndome:

    ―Fóllame con todas tus ganas, que tengo un calentón, ábreme el coño y méteme ese rabo que tienes

    No me hice de rogar, me bajé los pantalones y se la metí de una estocada, hasta los huevos, ella abría las piernas queriendo más y yo empujaba con todas mis fuerzas mientras le agarraba el culo, así, a empujones la fui llevando hasta dar con su cabeza en el cabecero, al llegar allí cambiamos de posición, la levanté sin dejar de empujar, me senté y la acomodé bien encima, ahora le comía las tetitas y le abría el culo…

    ―Mas, mas, fóllame más, métemela, métemela

    ―Tú lo que quieres otro rabo, ¿eh? —Le dije mientras le metía un dedo por el culo, que lo había llenado de flujos.

    ―Quiero que me folles, siii, métemelo, por el culo, si métemelo

    Sylvia se echó hacia atrás, se la saqué del coño y le abrí bien las piernas, tenía el culito abierto, me agarré la polla y la empujé en su culo, entró con dificultades, yo notaba ahora la estrechez de su culito, pero la tenía allí, abierta, con el coño completamente expuestos, tumbada, jadeando mientras se agarraba los pezones y hacía movimientos pélvicos, empecé a sobarle el coño a lo bestia, se lo abría con la palma de la mano, me echaba saliva y se lo restregaba, empezó a gritar:

    ―Me corro, me corro, no pares, más, me corro…

    Noté como su cuerpo se contraía fuertemente, así que empujé con todas mis fuerzas y me corría con ella, le llené el culo de leche llevaba todo el día fabricándola, ella se salió y se quedó abierta, chorreando semen, lo recogía con la mano y se lo esparcía por el coño, completamente enrojecido, así me quedé dormido, totalmente exhausto.

    A la mañana siguiente cuando desperté Sylvia ya no estaba en la cama, yo seguía desnudo, y con unas ganas de ir al baño increíbles, así que me levanté y me fui al servicio, al entrar me encontré con mi mujer desnuda en el jacuzzi, medio adormilada, entré, meé y le dije que era la hora del desayuno, en ese mismo momento golpearon a la puerta, me anudé una toalla a la cintura y pregunté quien era, mientras cerraba el baño, eran Juan y Lucía, les abrí y vi que ellos ya estaban listos para el desayuno, Sylvia me preguntó por Sylvia y le dije que estaba en el jacuzzi, así entró al baño cerrando la puerta tras de ella, mientras yo me puse un bañador, y deje a Juan en la habitación para entrar al baño.

    Cual fue mi sorpresa cuando al entrar pude ver a Lucía entrando al jacuzzi desnuda, no se inmutó ni nada por el estilo, me miraron y me dijeron que llamáramos al servicio de habitaciones, para que trajeran el desayuno, que aún estábamos a tiempo, así lo hicimos, y Juan y yo les dijimos qué hacíamos ahora, mientras no quitábamos ojo de lo que el agua del jacuzzi nos dejaba ver.

    Lucía nos dijo que nos metiéramos con ellas en el baño, que había sitio para todos, Juan ni lo dudó, se quitó la ropa en un segundo y se metió dentro, así que yo no fui menos, me bajé el bañador, dejando mi polla medio tiesa a la vista de todos, y entré en el jacuzzi, que gustazo, la temperatura era la perfecta, las burbujitas se te metían por todas las partes del cuerpo, y tapaban más o menos nuestros cuerpos desnudos, aunque nuestras intenciones en adivinar lo que no veíamos eran extraordinarias.

    Así estábamos relajados cuando noté que una mano me agarraba la polla, yo estaba colocado entre Lucía y Sylvia, y ambas tenías los brazos dentro del jacuzzi, así tapaban los pechos un poco mejor, yo las tenía fuera, pero las metí para adivinar de quien era la mano, era de mi mujer, a la que agarré del brazo suavemente, ella se sonrío, y Lucía se dio cuenta.

    ―¿Qué haces Sylvia? Estás trabajando con tu marido, no paráis, ¿eh?

    ―Anda, calla, es que estaba calculando las distancias

    ―A ver si te equivocas y tocas donde no debes, ¿eh?

    Sylvia estiró las piernas y se las metió entre las piernas a Lucía.

    ―¿Aquí? Aquí no debo…

    ―Serás guarra, Lucía dio un bote y se le vieron las tetas, pero enseguida volvió a meterse en el jacuzzi.

    ―Hay, que eres muy sensible —le dijo Sylvia a Lucía.

    ―Estaros quietecitas las dos, no vayamos a empezar, que yo aún no he desayunado, y tengo un hambre —Dijo Juan.

    ―Pos cómeme la… —le solté de broma, ya que me lo puso a huevo.

    ―No me lo digas dos veces.

    Me quedé de piedra, y preferí no seguir el juego, pero a lo tonto a lo tonto tenía un empalme del quince, Sylvia se dio cuenta rápidamente y me la agarró con fuerza, al mismo tiempo que me soltaba un morreo impresionante, colocándose encima de mí, y diciéndome:

    ―Fóllame que vean como me follas, ellos ya lo hicieron ayer, ahora van a ver como se folla de verdad.

    No acaba de decirme eso cuando ya estaba dentro, el empalme era bestial y no costó nada que le entrara en el coño, que estaba más caliente que el agua del jacuzzi, Juan se quedó de piedra y con la boca abierta, y Lucía hizo como si no quisiera verlo, pero en eso estábamos cuando golpearon la puerta, era el desayuno.

    ―Anda Juan ve a por el desayuno, que ahora no puedo. —le dije a mi amigo mientras agarraba con fuerza el culo de mi mujer, y le daba embestidas hacia arriba que hacía que se salieran las tetas del jacuzzi.

    Juan salió del baño totalmente empalmado, se tapó con una toalla y fue a la puerta, mientras lo oíamos hablar desde la puerta Sylvia agarró a Lucía de las manos y le dijo:

    ―Anda guapa, dame un besito, no te quedes ahí solita

    ―Ven aquí Sylvia, que te vas a enterar.

    En un momento estaba follándome a mi mujer en el jacuzzi, mientras se morreaba con nuestra mejor amiga, se devoraban las bocas mientras se agarraban las tetas, era impresionante, había manos por todos los lados, mi mujer me pasó a Lucía para que le comiera la boca y aproveché para meterle mano en el coño, que ya estaba ocupado por Sylvia.

    Lucía entonces sacó el cuerpo del jacuzzi, se echó sobre el suelo y puso el coño a nuestra disposición, empezó Sylvia comiéndoselo, pero rápidamente me puse a ayudarla, Lucía se retorcía de placer, y yo seguía follándome a Sylvia, pero nos habíamos olvidado de Juan, en eso caí y pude ver como el cabrón de Juan estaba en pelotas, con la polla en una mano, haciéndose una paja, y en la otra la cámara de video.

    No sé cuánto rato llevaba allí, pero lo estaba grabando todo, cuando vio que yo me di cuenta me hizo un gesto para que no dijera nada, a lo que obedecía claramente, pero ahora me cortaba más comerle el coño a su mujer, por lo que lo dejé un poco, me dediqué por completo a mordisquear los pezones de Sylvia, que metía su lengua dentro del coño de su amiga, que se dio cuenta también de la presencia de su marido, ya que dijo:

    ―Anda, deja la cámara y ven que te coma la polla, que tengo ganas de rabo.

    Juan no se hizo de rogar, pero no soltó la cámara, se colocó de rodillas mirando hacia nosotros y metió la polla en la boca de Lucía, mientras seguía grabando como Sylvia le comía el coño a Lucía, a mí me iba a dar un dolor de girar la cabeza para verlos, así que me levanté y me puse a darle por detrás a Sylvia, mientras masturbaba a Lucía con mis manos, y le metía mis dedos en la boca a Sylvia.

    En ese momento Juan dijo que se corría, que no aguantaba más, y efectivamente, empezó a echar leche sobre la cara de su mujer, que no parecía gustarle mucho, ya que no tragaba nada, le chorreaban goterones de lefa por la cara, hasta esas inmensas tetas, Juan, se echó hacia atrás, con el pene totalmente recto y colorado, y sin soltar la cámara de video empezó a filmar la leche sobre el cuerpo de su mujer, mientras la mía seguía disfrutando de mi embestida y del coño de Lucía.

    En ese momento noté como Sylvia se contraía en mi rabo, estaba corriéndose como una perra en celo, llevada por el éxtasis chupó con fuerza el clítoris de su amiga, que dando un gemido de placer llegó también al orgasmo, cuando Sylvia se corre no puedo estar follándola mucho rato, porque se pone como una moto y siente el placer multiplicado por cuatro, y mientras se la meto parece como si no pudiera más, así que mi mujer tenía esa cara de placer que tiene cuando sigo follándomela una vez se ha corrido, y Lucía se había dado la vuelta y se estaba morreando con Juan que seguía con la cámara en la mano.

    Yo no podía más, pero al estar dentro del jacuzzi no sé que me pasaba, no podía correrme, así que me subía en el asiento agarrando a Sylvia y nos quedamos fuera del agua, menos los pies, con esos movimiento se me salió la polla, y seguí masturbándome, Sylvia se quedó rendida con medio cuerpo fuera del baño, y al verla así me vino todo el semen de golpe, y la llené por completo el culo.

    ―¿Que? ¿Desayunamos? —Dijo Juan

    ―Venga, vamos…— le dije yo.

    Esto sólo fue el principio de unas vacaciones, que recomiendo no os perdáis.

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  • La locura de los cuarenta (2)

    La locura de los cuarenta (2)

    4 de octubre

    Cada vez que me veo con Nathaniel me siento una perra pervertidora, sucia, digna de ir a la cárcel… aunque no es así: tiene 19 años cumplidos y no era virgen cuando lo seduje, hace apenas seis meses, aunque casi. Solo lo había hecho con su noviecita que tenía desde la prepa y yo fui la primera que le hice sexo oral, la primera que hurgó en su ano, la primera en cabalgarlo atado… claro que él tiene bastante disposición para aprender.

    Sus ojos claros, su dorado bozo, la pelusilla que cubre sus hombros, esos brazos con los que me carga y me da vuelta sobre la cama sin sacarme la verga… y esa verga insaciable de 19 años, me llenan cada vez que lo veo, cada vez que puedo escaparme y (benditos artefactos modernos que le permiten estar conectado incluso en clase) él puede acudir a mí, ansioso, enamorado, adorándome, tanto que a veces me da miedo… pero ya me preocuparé cuando haya que preocuparse: de momento, como de mi mano o mejor dicho, de mi sexo.

    Pero aún no es tiempo de contarles del joven, del bello, del enamorado Nathaniel ni de cómo lo hice mío, porque sigo contando mi historia, sino de cómo enfrenté el terror que le tenía a exmarido y tras dos años de abandono casi total, me atreví a buscarme amantes.

    La verdad es que yo cada vez callaba más cosas, cada vez me sentía más triste, más sola. Era terrible dormir al lado de exmarido, cuyo cuerpo tanto me había hecho gozar, con ese pene exquisito, siempre dormido, esos brazos que ya no estrechaban, esa lejanía total, y yo, derritiéndome por dentro, amándolo aún. Me sentía solo, triste y más horrible que antes, nada deseada, no querida por nadie, sin nada, nadie enfrente. Solo el vacío y mis dedos.

    Tenía yo 27 años cuando me alejé por primera vez de mi hijo mayor –su padre sería mal marido, pero era y sigue siendo un magnífico padre, para presentar en mi Universidad el examen doctoral- y ahí, del otro lado del mar, con dos semanas por delante y una privacidad total –no quedaba nadie allá de nuestros tiempos de estudiantes-, me cogí a Carlos el día que aterricé. Carlitos, 23 años, magnífico estudiante que se fue a doctorar también allá y llevaba un año solo, pelando por carta con su novia, que entendía que amor de lejos es de pensarse.

    Llegué a aquella ciudad un sábado temprano, cinco días antes de mi examen, y había quedado de ver a Carlos, solo para pasear, para comer juntos… para cogérmelo. Porque llevaba la firme, clara, explícita intención de cogérmelo todos los días. Llevaba meses soñándolo, meses planeando cómo decírselo, meses sabiendo, por nuestros correos electrónicos, que estaba tan solo, tan triste, tan desamparado como yo.

    Finalmente, luego de horas de caminata, de dos botellas de vino, de contarnos nuestros tan distintos abandonos, le pedí: “¿me darías un beso?”.

    Me lo dio, y no uno. Nos seguimos besando toda la tarde, caminando como novios en esa ciudad lejana, para luego dormir juntos, tras habernos agotado el uno al otro. Y esa noche no me preocupé de los seis o siete kilos de más, mal repartidos, que el embarazo me había dejado, no tuve un solo instante de duda ni temí por las amenazas y la violencia doméstica –nunca física- que me paralizaba en México.

    No, simplemente, por primera vez en más de dos años, gocé, gocé como antaño a un joven tímido y encantador. Desnudos en mi cama –sí, otra vez, en mi cama-, saboreó mis pechos y mis pezones, disfrutando el placer que me daba en cada lengüetazo. Pero no se quedó ahí: bajó sin prisa por mi estómago, su lengua recorrió todos los rincones de mi ombligo mientras sus manos me acariciaban las nalgas y la cintura con delicadeza.

    Han pasado más de diez años, pero lo sigo recordando –y lo volví a hacer mío el año pasado, volví a tenerlo una semana, otra vez en Europa, igual de amoroso, igual de tierno, más guapo si cabe-, recuerdo cada detalle de mi primer amante, mi segundo hombre, la segunda lengua que se detenía en mi clítoris para buscar después la entrada de mi sexo.

    El movimiento de su lengua aumentó de intensidad, haciendo círculos sobre mi clítoris, escarbando en mi vagina, lamiendo los labios, deteniéndose en el ano, mientras yo, totalmente abandonada ya, a su merced, cerrados los ojos, lo dejaba hacer, hasta que alcancé las estrellas y lo bañé con mis fluidos.

    Todavía perdida en mi orgasmo fui penetrada. Disfruté la segunda verga de mi vida, que no entraba en mí partiéndome, matándome de ansias como la de exmarido (en los buenos tiempos), sino despacio, como pidiendo permiso apenas, deslizándose suavemente hasta el fondo de mi bien lubricada vagina, con un movimiento que no se si me sacó otro orgasmo o prolongó el primero.

    Sin avisarle me moví, me puse a cuatro patas sobre la esquina de la cama y ofrecí a su vista, a su verga, abiertas las piernas hacia él, palpitante y jugosa la vagina, que fue penetrada por segunda vez. “¡Cógeme, querido mío, cógeme, párteme!” le dije,

    El, obediente, iba y venía a placer dentro de mí, a su ritmo y aire, a veces con fuerza, a veces deteniéndose para acariciar mis pechos, parando potra vez para tomar aliento. Me sorprendió tan magnífico amante en un niño de 23 años, aunque bien pensado, ¿qué sabía yo? qué podía saber, ¿más allá de la dulce verga de exmarido? Mi siguiente orgasmo, sin inhibición de ningún tipo, fue acompañado de un largo aullido cuyos ecos llenaron el modesto hotel en que me hospedaba. Instantes después sentí su semen inundar mi vagina y él, quieto, con la respiración agitada, e recostó sobre mi espalda llenándola de besos, dejándome sentir dentro de mí la retracción de su verga.

    ¿Creen ustedes que lo gocé así la semana entera? No: una maldición gitana me seguía. A la mañana siguiente, en lugar de despertarme haciéndome el amor, amaneció culpígeno y amedrentado, arrepentido, llorando por su novia, asustado por mi marido –cuyos arranques de celos conocía de antes- y huyó… y yo ahí, saciada por fin, pero otra vez insegura, sintiéndome indigna de ser amada, de ser deseada, justo en vísperas de mi examen de grado.

    Claro que ahí sí me lucí, porque ese tipo de cosas sabía… sé hacerlas. Carlitos, Carlitos… regresó la última noche para hacerme la más espectacular mamada hasta entonces recibida, pero no quiso penetrarme, por “lealtad” a su noviecita santa que, mientras tanto, acá en México le ponía bien y bonito con otros.

    Y yo regresé casi igual que como me fui, y aunque algo había ganado, llegué a la inseguridad, al miedo, a la falta de confianza en mí misma y así no se puede uno echar amantes. Gané mi plaza, empecé a dar clases y a dirigir tesis, con el anhelo íntimo y profundo de abandonar a exmarido pero la incapacidad física y emocional de hacerlo. Finalmente busqué en una página de contactos y casi un año después de aquella maravillosa noche con Carlos, fui usada poco caballerosamente por un gordo de 45 años, eyaculador precoz y nada romántico. Debut y despedida.

    Pero entonces apareció Marcos (¡ay, Marcos!, ¿por qué no me cogiste ayer, con las ganas que yo te traía, con las que tú me traías?… y no es por menospreciar la deliciosa tarde con Nathaniel, los cuatro orgasmos que me arrancó, pero ayer te tenía ganas a ti). Pero antes de Marcos, de saber que era Marcos, me empezaron a llegar correos anónimos de amor platónico absoluto, sediento, hermoso.

    Yo miraba y trataba de adivinar quién sería el remitente… y deseaba que fuera Marcos, con su larga cabellera negra, sus gruesos labios, su profunda mirada que me seguía a todos lados, a cada paso, ¿por qué desapareciste, Marcos? Supe luego sin duda, que era él. Pero yo era casada, él mi alumno, mi hijo chico… y decidí, en lugar de cogérmelo, como haría hoy (esperando, sí, que terminara el semestre), buscar a aquel otro hombre al que había amado.

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  • Madre cariñosa

    Madre cariñosa

    Todo comenzó una mañana, hace un año, había tomado una ducha y pensaba que en la casa no había nadie. Entonces decidí caminar del cuarto de baño a mi dormitorio desnudo. No sabía que mi madre había venido a casa, solo cuando coincidimos en el pasillo. Esto hizo que mi madre se quedara sin palabras y su mirada fija en mi miembro. Yo sin decir palabra seguí hasta mi cuarto, donde no dejaba de darme vuelta la cabeza lo acontecido recientemente.

    Déjenme decirle que mi madre es muy bonita, mide 168 cm, delgada, con unos pechos geniales, de pelo castaño, con ojos azules, y una cola que hace a cualquier hombre darse vuelta en la calle para apreciarlo y eso que tiene 42 años.

    Al principio, no decía nada, pero comencé a notar que mi madre miraba mi pene. Eso hacía que tuviera fantasía sobre mi madre, pero hasta ahora nada había sucedido entre nosotros.

    Tanto la deseé a ella, que una vez en mi dormitorio, me masturbé locamente. Esto era totalmente nuevo para mí y tuve que pensar de cómo proceder. Sabía que desde mis padres se habían divorciado, ella realmente no había salido mucho. No tenía ningún hermano y tampoco preocuparme por mi alrededor. Mi madre era justa para mí.

    Comencé a espiar a mi madre en cada ocasión que podía. Besaría sus labios más como amante que como hijo. La abrazaría firmemente, con mis manos frotando suavemente contra sus glúteos. Pronto, ella pediría que le diera masajes, seria grandioso. En una ocasión me dio la posibilidad de frotar mis manos contra ella. La froté por detrás, los pies, piernas, cualquier parte de su cuerpo. Después de que ambos estuvimos cómodos con esto, conseguí mi primera mirada en lo que ella me ofreció.

    Una noche, ella quería que le diera un masaje en sus pies. Lo hice sin queja. Mi madre usaba una blusa y una falda corta que demostró unas piernas de locura. Estaba duro inmediatamente. Cuando comencé a frotar sus pies, yo, miraba para arriba, encima de su falda. Mi madre me daba tranquilidad. Ella tenía unas bragas negras de encaje, que mostraban su vulva muy agradable. Podía ver a través de ellas. Sabía que mi madre estaba mojada, pero no sabía cómo proceder.

    Pronto decidí masajear encima de su pierna para ver cómo ella reaccionaba y cuán lejos me dejaría ir. Le froté los músculos, después conseguí ir a sus pantorrillas. Trabajé en el exterior de sus muslos un par de minutos. Entonces me moví entre sus piernas.

    Fue ahí cuando ella finalmente me paró. Me agradeció por tan agradable masaje y después fue a tomar una ducha. Pensé también tomar una, pero no sabía cómo mi madre reaccionaría. Si ella no me había dejado dar masajes a sus muslos internos, no sé cómo actuaría si yo entraba con ella a la ducha. Eso no me pareció una buena idea.

    No fue hasta la mañana próxima que sucedió otro hecho. Masturbándome en mi dormitorio mientras que mi madre estaba preparando la colada. Ella caminó en mi sitio y había podido apenas conseguir la hoja sobre mi pinchazo duro. Estaba tan cerca de correrme y además nervioso por estar ella ahí. Ella sonrió y me dice “es razonable y eso es normal”. Ella me besó y su brazo rozó accidentalmente contra mi pene. Eso se sentía bueno. Entonces ella sin decir nada comenzó a frotar ligeramente sobre mi pene. Eso hizo que me corriera en menos de dos minutos. Después conseguimos lentamente masturbarnos mutuamente y también sexo oral.

    Finalmente, apenas un par de días, tuvimos sexo por primera vez. Le daba masajes detrás en su bonito trasero. Estaba en bóxer, ella usaba bragas. Ella me dijo que me recostara en la cama y cuando ella volvió tenía un condón para ponerlo. Me montó por primera vez, lo hacía muy duro.

    Esta fue la primera experiencia más erótica de mi vida. Mientras que mi madre y yo somos amantes lo hacemos dos veces a la semana y ahora me he movido a su cama.

    Yo todavía estoy buscando a una muchacha que me deje compartir los placeres con mi madre.

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  • Mi primera infidelidad con dos desconocidos

    Mi primera infidelidad con dos desconocidos

    En realidad, el conjunto de confesiones que voy a realizar supone vencer el peso de la sociedad conservadora en la que he vivido, y desde luego poner al descubierto las actividades sexuales tanto mías como las de mi marido, el cual me ha alentado desde luego a este atrevimiento pues como se darán cuenta, ha sido extremadamente permisivo con mi sexualidad.

    Actualmente tengo 28 años, aunque me esté mal el decirlo soy una hembra muy guapa, me casé a los 18 años y mi esposo es algo mayor que yo sin embargo nuestro mundo sexual ha estado lleno siempre de sorpresas y satisfacciones que me han convertido paulatinamente en una hembra muy puta.

    A los 18 años conocí a quien es mi esposo y un año después me fui a vivir con él a pesar de la oposición de mis papás. Tres años duró nuestra luna de miel, siempre cogiendo y disfrutando, tanto que, en parte, él ha sido culpable de mis puterías pues desde entonces me acostumbro a coger mucho provocando e involucrando una serie de fantasías que me han convertido en una mujer casada muy golfa.

    Con mi marido aprendí a putear con gran placer, y fue el mismo quien me hacía fantasear que estaba con otros hombres mientras me gozaba, así con sus cogidas me hacía decirle otros nombres y pensar que yo era una puta que me entregaba a todo el que me gustaba, sin embargo para mi marido todo era fantasía y pagó muy caro estas enseñanzas a su mujercita.

    A los cuatro años de casada, tras la primera pelea con mi marido por causa de sus continuas borracheras, me fui a la calle mientras él se quedó dormido. Como era una tarde calurosa solo me puse una tanga y sobre de mi cuerpo un vestidito muy corto, sin brasier; así mis senos dejaban traslucir mis pezones y el rítmico movimiento de mis duras nalgas se hacía más excitante por las sandalias de tiras y de tacón alto que me hacían mover más de la cuenta, así sin más, salí a la calle y me di a caminar sin rumbo.

    Solamente callejeando en el centro de la ciudad que recibe bastante turismo, en realidad no sé como pero ya oscureciendo me metí a un pequeño bar, de entrada los hombres que estaba allí me miraron con lujuria y eso me avergonzó un poco. Pedí un trago y sentía las miradas de esos hombres en mi anatomía, la mayoría solos o en grupos de tres o cuatro, iba en el segundo trago cuando el mesero me trajo una bebida diciéndome:

    —Señorita, se la envían de aquella mesa… —y señaló a donde estaban dos hombres jóvenes bien parecidos y bien vestidos.

    Mi razón me indicaba no aceptarla, pero mi instinto de hembra halagada me ganó y acepté la copa, al tiempo que mirando hacia los tipos les sonreí en muestra de agradecimiento; y tal vez esa sonrisa provocó todo lo que siguió… Cuando salí hacia el baño uno de ellos fue tras de mí, esperó a que saliera y me abordó con cinismo causándome cierto nerviosismo.

    —¡Estas preciosa!… ¿Qué tal si nos acompañas a nuestra mesa y nos tomamos otros tragos juntos?… —dudé un poco y sonriente rechacé su invitación y de forma coqueta moviendo mi tremendo trasero (algo más de la cuenta) me fui hacia mi mesa, desde donde empecé a mirarlos de reojo sonriéndoles coquetamente.

    Supongo que el licor hizo lo suyo, tenía que ir de nuevo al baño y al hacerlo los miré y sonreí con más putería, como insinuándole que me siguiera de nuevo; claro que entendió el tipo la invitación, al salir del baño allí estaba y sonriéndole me aproximé a él, de hecho ya estaba yo algo mareada pues el ron me había puesto en esa situación.

    —¿Aún me quieren invitar?… —le pregunté con cierta insinuación.

    —¡Claro que si mamacita, por nosotros cuando quieras!…

    —Está bien —le dije— pero que les parece si mejor vamos a otro lugar, aquí pude venir alguien que me conoce, o conozca a mi marido… —le dije para ver su reacción al saber que yo estaba casada.

    Creo que eso marcó todo. Salí con los dos del bar y nos fuimos a otro algo menos concurrido, nos presentamos, ellos se llamaban Luis y Juan Emilio, ambos jóvenes abogados, de 25 y 28 años respectivamente, atractivos y muy atrevidos. De entrada, solo conversamos estupideces, hasta que Luis propuso ir a bailar, yo por mi parte acepté y así lo hicimos. Ya en el lugar seguimos bebiendo y bailé con uno y otro alternadamente, ambos intentaron besarme y no se los permití. Para mí era solo un juego, que se fue haciendo muy excitante.

    Los dos se me insinuaban con sus vergas duras bajo el pantalón frotándose contra mi vientre, calentándome poco a poco. En la mesa, sus manos empezaron a tocarme las piernas, cada uno por su lado se apoderó de uno de mis muslos tersos y calientes. Luis fue el más atrevido y subiendo su mano por debajo de la mesa llego hasta mi cueva ya mojada por la excitación y sin pedir permiso me hizo a un lado la tanga y me clavó sus dedos entre mis encharcados labios vaginales, encontrando mi clítoris erecto y dedicándose a frotármelo con discreción; provocándome un estremecimiento al seguir dedeándome el bollo.

    Esto desde luego no pasó desapercibido para Juan Emilio, y fui yo misma quien le ofrecí mis labios y sentí su lengua rica invadiéndome la boca con gusto; y así, mientras me besaba con uno el otro me metía el dedo en mi panocha ya empapada. Un vez más, fue Luis quien propuso irnos de allí, yo acepté nerviosa, caliente y excitada al imaginarme cogida por esos atractivos hombres.

    Me llevaron ya sin preguntarme nada a casa de Luis, al llegar me miraron con deseo y el anfitrión fue por una botella de vino mientras el otro me tomó por la cintura y me beso muy rico, al tiempo que sus manos se fueron hacia mis nalgas duras y temblorosas.

    —¡Qué culo más rico tienes mamacita, estas buenísima!… —yo excitada como estaba solo le dije:

    —¿Te gustaría probarlo?…

    —¡Claro que si mi reina, mira como traigo de parada la verga!…

    —Déjame verla papacito. Quiero verla y sentirla… —le dije toda caliente.

    Sin más, le abrí la cremallera y se la saqué, era una verga prieta, gruesa y dura, grande como nunca había imaginado; su gorda cabeza estaba lisa y brillante de líquido. Se la tomé con mi suave mano y la empecé a frotar con gusto.

    —¿Quieres que te la mamé?… —le dije muy insinuante sin dejar de chaqueteársela.

    —¡Claro que si puta!… ¡Quiero que me la mames muy rico!…

    Me agaché y metiéndome su verga empecé a mamársela succionándola con fuerza, él se perdió en mi boca. De verdad que era enorme esa macana, con gran trabajo trataba de tragarla en toda su extensión sin lograrlo. Estaba extasiada chapándola, así no me di cuenta que Luis regresó a la sala y me encontró en esta posición. Sin decir nada se fue hacia mi trasero y me acarició las nalgas, diciéndole a su amigo:

    —¡Mira canijo, esta pinche vieja esta buenísima!… ¡Qué rico culote tiene y se ve que le encanta la verga!… ¿Qué tal mama?…

    —¡Riquísimo!… Siento que me saca el alma y tiene la boca súper caliente. Pruébala…

    Emilio me sacó su verga de la boca y me ordenó chapársela a Luis el cual se había acomodado en el sofá, sentado y ya con su garrote de fuera. Grata sorpresa tuve al ver esa nueva verga, igual de rica, sólo que con cierta cuerva hacia arriba, con una cabeza enrojecida y gorda; era una verga rica aunque no tan gruesa y grande como la de Juan Emilio, pero eso sí, ambas más ricas, más grandes y gordas que la de mi marido.

    Sin pensarlo le brindé mis mejores lengüeteadas al palo de Luis, al tiempo que paré el culo para que Juan Emilio me lo tomara. Él se fue atrás de mí y quitándome la tanga abrió mis muslos y se puso a lamerme el bollo con tal maestría que gemí de gusto, provocando que mamara con más fuerza la verga que tenía en la boca.

    —Así mi vida cómeme toda, así papacito es tuyo… —le dije más caliente que una perra en brama.

    Mientras le chupaba su verga a Luis, Juan se detuvo, me abrió las nalgas y se dedicó a lamer mi culito estremecido.

    —¡Qué ricas nalgotas tienes, cabrona!… ¡Que rico fundillo te cargas perra!… ¡Prepárate porque hoy tu culo prueba verga!…

    —¡No, eso no, soy virgen de allí!…

    Al escuchar esto ambos se sorprendieron, entonces me pusieron de pie, entre los dos me acariciaron y besaron, uno por enfrente y otro por mis espaldas. De pronto Luis le dijo a su amigo.

    —Ponla aquí me la quiero coger… —dijo señalando el sofá, en donde él se había sentado.

    Me tumbaron y me abrieron de piernas, mi vestido estaba enrollado en mi cintura, mis senos habían sido chupados, así que sin más me abrí en compás mostrando mi raja abierta y lista para ser penetrada. Luis se acomodó entre mis muslos y me la metió de un golpe; sentí delicioso cómo me penetró y sus movimientos de vaivén me extasiaron de inmediato. Me hizo alcanzar el orgasmo en poco tiempo y deliciosamente mi coño empezó a contraerse como siempre me ocurre cuando alcanzo el orgasmo, provocando apretones rítmicos en la verga de mi marido y ahora en la verga de este chico que me estaba haciendo disfrutar como una yegua.

    —¡Oye, esta pinche puta tiene perrito!… Siento que me chupa la verga con la panocha… ¡Qué rico coges cabrona, se ve que te encanta la verga, ¿verdad?!…

    —Si papi, me encanta… Pero no te detengas, sigue jodiéndome… ¡Dame más, métemela hasta el fondo, trabármela toda!…

    —¡Oye güey, dame chance ya!… Déjame cogérmela también… —dijo Juan Emilio.

    Luis me la sacó, yo protesté, pero luego me pusieron de rodillas ofreciendo mi redondo culo, desde el sofá hacia ellos. Emilio se acomodó detrás y guiando su enorme verga hacia mi raja me la empezó a meter… ¡Que rico sentí, al ser penetrada, me hizo gozar con su grandeza!… Me estremecí y de un golpe la sentí hasta el fondo, era terrible, me hizo gozar y gemir como nunca; me jalaba de las caderas al tiempo que me embestía con todo. Me la sacaba una y otra vez y me penetraba hasta el fondo haciéndome gozar más y más.

    —¡Qué rica estás, hija de la verga, que rico panochón tienes!… ¡Estás apretadísima, se ve que tu pinche marido no te coge sabroso!… —me decía apretando mis nalgas.

    —Voltea para acá, puta… —dijo Luis, jalándome hacia un lado pero sin sacar la verga de Juan Emilio que tenía en mi cuevita.

    Así en esta posición, Luis se acercó y me dio su tolete en la boca, de tal forma que mientras Emilio me cogía de perrito, yo le chupaba nuevamente la verga a su amigo. ¡Qué gusto más extraño, qué placer más intenso!… De pronto las arremetidas en mi coño se aceleraron por ese bruto que me estaba cogiendo. Hasta que dándome unos jalones tremendos empezó a vaciar su leche en mi canal vaginal. Chorros y chorros de leche me llegaron hasta el útero, sentí su calor y me retorcí en un orgasmo más que le entregué a ese maldito.

    No bien había terminado cuando Luis me jaló para empalarme también. Limpiando mi papaya de la leche de su amigo que me escurría, me puso de espaldas y me la metió subiendo mis piernas en sus hombros. ¡Qué delicia de cogida!… De esta forma mi raja se acortó y cada embestida me llegaba al fondo haciéndome gritar.

    —¡Qué puta más rica eres!… Me imaginé que eras caliente, pero me quedé corto…

    Sus labios me besaban y yo le correspondía dándole toda mi lengua, sus manos me atraparon por las nalgas y me apretaban, mientras Juan Emilio se excitaba de nuevo mostrándome su verga bien parada.

    —Déjamela de nuevo, que le voy a encajar este chilote… —dijo sacudiéndose la verga ante mis desmesurados ojos.

    —Aguanta, que estoy a punto de venirme… ¡Ahí te va más leche puta!… ¡Tómala como te gusta, hija de tu perra madre!…

    —¡Ohhh papi, lléname toda!… ¡Así, qué rico!… ¡Más, dámela toda!…

    Sudorosa como nunca me desmontó y sentí escurrir el semen mezclado de ambos de mi panochita irritada.

    —Eres deliciosa no puedo creerlo, ¿dime cómo le haces para apretar la cuca tan rico?… —me preguntó Luis mientras me acariciaba las mejillas y el cabello todo revuelto.

    —No lo sé, me pasa siempre cuando me vengo… Es algo que no puedo controlar. Se contrae sola mi vagina, al sentir los piquetes de la verga; es algo que no puedo evitar…

    —Ya déjense de pendejadas —dijo Juan Emilio.— ¡Vente para acá mamacita que aún te falta comerte esta!… —me dijo mostrándome su fierro, de nuevo en todo su esplendor. Al ver esa suculenta verga, no pude evitar un estremecimiento.

    —Ponte de nalgas hacia mí… —me ordenó impaciente.

    Levantándome del sofá, aun temblorosa, me quité el vestidito todo arrugado, sacándomelo por encima de la cabeza y quedando completamente desnuda ante los dos.

    —¡Hija de tu puta madre, estás buenísima!… ¡Que pinches nalgotas te cargas, perra!… —dijo Emilio apretando mi nalga izquierda y con una sonrisota de satisfacción.

    —Además de guapa y ponedora, está durita —dijo Luis, halagándome aún más.— ¡Qué nalgotas más ricas tienes y mira que tetas se carga la cabrona!…

    Por primera vez me estaba mostrando ante ellos, y su reacción me encantó. Así que sin pensarlo más les dije:

    —Quiero que me cojan hasta por las orejas, hasta que ya no puedan cabrones… Hoy soy su puta para toda la noche.

    —Ven para acá, te voy a montar como nunca… Se ve que el pendejo de tu marido no te llena pinche zorra, pero ahora tendrás verga hasta por las orejas. Te voy a reventar tu madre a punta de vergazos…

    —¿Y qué esperas?, haz de mi lo que quieras… —dijo casi con voz temblorosa ante el deseo.

    Y diciendo esto, me tomó de la mano, me arrodilló ante él y me metió la verga en la boca.

    —¡Chúpame la verga antes de metértela, puta!…

    Pensarán algunos de los lectores que todo lo que me decían me molestaba, pero no, era todo lo contrario, y sentía rico oír esas palabras. Así que le di mis mejores chupadas a esa vergota, succionando con fuerza y haciéndolo estremecer. Un poco después me puso de nuevo de perrita y ahora fue él quien me chupó la panocha. Me comía con furia y me estremecía toda, luego de saciarse con mi almeja, sus chupadas y lamidas se dirigieron a mi ano; me estremecí aún más al sentir la punta de su lengua tratando de horadar mi culito apretado. Después, Juan Emilio se levantó, me afianzó por las nalgas y me la metió duro, con fuerza haciéndome pujar al sentir su vergota.

    Me empezó a meter y sacar su instrumento con fuerza y muy rico, yo me abrí más de piernas para darle mejor acceso a mi concha, repleta de su verga; y de pronto y sin decirme nada, me la sacó y me comió de nuevo el culo. En eso estábamos cuando Luis ya se había recobrado. Su curvado garrote hacia arriba se mecía insolente, macizo, duro y babeante. Se me antojó para mamarlo otra vez; pero su amigo me tomó de las ancas y me hizo montar sobre él.

    —Ven acá hija de la chingada…

    Me empaló haciéndome subir y bajar rítmicamente, moviéndose mañosamente me hizo quedar prácticamente horizontal a él, que estaba debajo de mí. Me jaló por la espalda y logró que mi culo quedara expuesto e indefenso, y cuando me di cuenta de su maniobra fue demasiado tarde. El anfitrión estaba atrás de mí, con algo grasoso me estaba untando los pliegues de mi culo. Me estremecí y me dio miedo al imaginar lo que se aproximaba; se acomodó y sin darme tiempo protestar me empujó su gorda cabezota por el culo. Me distendió el esfínter y logró entrar arrancándome un gemido de dolor…

    Le pedí y le supliqué que no continuara, pero le importaron muy poco mis suplicas y argumentos, pues me dijo que había chingado a mi madre, porque no pensaba quedarse con el deseo de saborear un culote como el mío (palabras textuales). Logró entrar unos centímetros más, haciéndome pujar. Me sentía morir, ese enorme leño me estaba rompiendo el culo y su amigo me tenía penetrada por la papaya. Así una vez más reinició el martirio… Luis me jaló de las caderas y me la metió hasta donde mis nalgas se lo impidieron. No pude más y sentí desmayarme del dolor.

    Era un ardorcito intenso y sentía tremendas ganas de defecar; me ardía y dolía de verdad, y aunque grité, pataleé, pero nada que se detenían hasta que sentí que algo en mi interior me tronó, y su verga se perdió completa en mi recto haciéndome llorar. Luis se detuvo como cobrando fuerza para seguirme bombeando, se quedó quieto mientras su amigo me seguía cogiendo por la panocha.

    En eso vino lo peor, Juan Emilio me empezó a sacar y meter su verga de mi pucha, yo suplicaba de nuevo, pero de nada valió, me invadía, me penetraba y me hacía sufrir, así me tuvieron en esa doble penetración hasta que Luis no aguantó las contracciones de mi recto y vació su leche en mi interior… Una vez terminada la inundación de mi culo, me la sacó de un golpe, sentí que me tiraban de mis tejidos internos y sentí que me desfloró, pero la cosa no paró allí.

    —Ahora me toca a mi comerme ese culo mamacita… —me dijo Emilio mientras me volteaba para nalguearme.

    Yo ya no tenía más fuerzas ni voluntad para reaccionar, así que de un golpe ya y encontrando mi culo dilatado me la dejo ir hasta el fondo. Me cogió como se le dio su gana, me la sacaba toda, me frotaba el anillo adolorido y me la volvía a encajar, una y otra vez, pero sin dejar de nalguearme y vociferar cuantas deliciosas groserías se le ocurrían de mí, de mi mamá, de mi papá y del cornudo de mi esposo.

    Luego ya no dijo nada, se dedicó a metérmela y sacarla hasta el fondo y vuelta a sacar casi hasta la cabeza. Era una verdadera masacre hacia mi culito, que se abría y se cerraba ya sin control, entorno a la enorme verga que se lo estaba cogiendo. Y a pesar de que el otro me había hormado a su macana, no dejaba de rozarme la gordura de ese chilote.

    La cosa fue que empezó a gustarme, era una sensación sin igual, me ardía y me gustaba, me dolía y restregaba mis nalgas contra él; entonces vino algo sorprendente. Luis se metió entre mis piernas y se dedicó a mamarme la papaya mientras su compañero me seguía clavando por el culo sin misericordia. Entre ambos me transportaron al éxtasis y me vine como pocas veces. Grité, aullé y maldije, pero me entregué a estos machos como la puta que soy, me iniciaron por el culo y se los agradecí; así hasta que quedé vacía.

    Agotada pero consciente supe que debía de regresar a mi casa. Me despedí de ellos con un beso de lengua a cada uno. Mis pasos eran pesados, me dolían las nalgas, las tetas, todo el cuerpo. Entré a la casa, mi marido no estaba, así que me dejé caer sin ganas de nada y me quedé dormida… Cerca de las seis de la mañana escuché entrar a mi esposo, me vio sin encender la luz, tomó una frazada y se fue a dormir a la sala.

    De suerte lo hizo ya que de otro modo hubiera descubierto a su mujercita toda cogida y oliendo a semen de los dos hombres, que me habían disfrutado y que me habían iniciado en la putería, que desde entonces marcaría mi vida de forma encantadora; tanto que hasta mi cornudo marido se integraría a ella al descubrir lo que esa noche me había ocurrido… Pero eso lo sabrán en mis siguientes confesiones.

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  • Con el hijo del portero y su abuelo (1)

    Con el hijo del portero y su abuelo (1)

    Ya me había acostumbrado a ver como se cogían a mi esposa sin consentimiento y con el mismo, no los culpo, tremenda morocha con hermosos pechos, colita manzana y un tajito peladito parecía para la ocasión, Noemi mi esposa, ya daba por hecho que fue la puta de varios tipos.

    Pero un día me sorprendí al llegar a mi casa y ver una bici en el portón, al entrar veo sentado al hijo del portero donde trabajo, y mi esposa arrodillada enfrente a él haciéndole una mamada, el como si nada me saluda y dice que lindo que es tener una mujer así, la tendría mamándome todo el tiempo.

    Una vez que le lleno la boca de leche a mi esposa se fue como si nada, cuando le pregunto a mi esposa, que es lo que pasa, me dice llego con la escusa de invitarnos a la pileta, agradeciendo lo que hice la otra vez, y que quería que le chupara o mostraría las fotos de la otra vez que estuve con ellos a todos los vecinos.

    Fue así que organizamos para ir ese sábado a la pileta pero yo por el trabajo llegaría dos horas más tarde, al llegar veo que estaban en la pileta para mi sorpresa estaba agarrada del borde de lo más hondo, y le decían que si no se desnudaba harían qué se suelte, y ella no sabía nadar.

    Como me llamo la atención y me dio morbo no deje que me vean, observando de cerca, ella termina aceptando, con lo cual se toma del cuello de uno de ellos que la lleva hasta donde hacía pie, el aprovecha para meter mano y besarla, a la vez obligando a cumplir la propuesta.

    Fue así que sin salir de la pileta se sacó la parte de abajo de la biquini y luego la parte de arriba, dejando ver sus hermosas tetas, los chicos fue ahí que la rodeaban, sin dejar de tocarla y besarla como siempre el más osado, que la tenia de frente vuelve a llevarla un poco a lo hondo obligaba abrazarlo hasta con las piernas dejando la entradita de su conchita servida, lo que aprovecha y se la mete de una fue así que se la coge un rato hasta que ambos tienen un orgasmo.

    Luego salen del agua y la llevan a un toallón en el parque donde aprovechan de a uno pasar por mi esposa, en el momento que estaba arriba de uno de los muchachos otro le hacía chupar, y el más osado, vuelve al acecho poniéndose detrás y metiendo su pene en la colita provocando qué grite poco de dolor y poco de placer fue así que estuvieron un rato hasta que la llenaron de leche por todos lados, luego aparecí yo le hacían como que nada pasó.

    Al rato ella me dijo lo que pasó, al atardecer ya nos íbamos para mi casa cuando vemos llegar en un auto al abuelo de uno de los chicos que nos despidió amablemente sin dejar de ver el culo de ella sin disimulo.

    Pero no termino acá la cosa, en el próximo relato cuento que pasó al otro día.

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  • Una sesión de fotos inesperada. Sandy (9)

    Una sesión de fotos inesperada. Sandy (9)

    Después de unos días, Diego me llama y me dice que quiere seguir viéndome, así no sea su novia oficialmente. Me dijo que le encantaba estar conmigo, le gustaba mucho y no quería dejar de verme. Me ofreció pagar por mis costos, y así dejar de trabajar. Soy consciente ahora de que vio la oportunidad de moldear a una mariquita de 1.82 m y 72 kilos para ser su mujer a cada una de sus expectativas, básicamente diseñar a su “mujer” perfecta, diseñada para cumplir con todos sus caprichos. Accedí y renuncié a mi trabajo.

    Quedamos en ir de compras e invité a Claudia. Diego nos recogió y dijo que conocía un sitio muy bueno. En efecto cuando llegamos era una tienda de ropa bellísima, tallas que me entraban, ¡incluyendo los zapatos!, las dueñas trabajaban ahí y conocían todo muy bien. Las chicas se llamaban Luciana y Caro, bellísimas, especialmente Luciana, wow.

    Entre todas seleccionamos unos vestidos, jeans, leggins, faldas, para todas las ocasiones. Fui a probarlos al vestidor, pero las chicas me llevaron a una sala privada pasando la oficina, este tenía un sofá y un sillón al lado opuesto, cada pared tenía un espejo, unas mesas y colgadores.

    Diego se sentó en el sofá mientras le modelaba las prendas, Claudia me sugería poses y supervisaba mi caminata y coquetería. Había ido con una tanga cruzada de cintura baja, azul marino y con encaje de seda, era una delicia al contacto con mi piel, y claro, me mantenía excitaba en todo momento. Mi brasier seguía siendo el único que tenía con las siliconas que me daban un poco de busto. Claudia me enseñaba como quitarme la ropa de manera seductora, Diego se estaba volviendo loco teniendo a las dos en el vestidor, excitándolo con tanta seducción.

    Iba donde él y le ponía una pierna en el sofá a su costado, me agachaba y lo besaba, me daba la vuelta para que me bese las nalgas mientras le meneaba bailando sensualmente, Diego aprovechaba y me daba palmazos que me daban escalofríos. Lo tenía muy excitado, sobre todo cuando me sentaba en sus piernas, le movía el culo en círculos, rozando su tronco mientras lo besaba. Los pantalones me daban una figura increíble, era consciente de que aún me faltaba desarrollar más caderas eso sí, los leggins eran ya de otro nivel de excitación para mí, rozar mis manos por mis piernas era delicioso y cuando Diego lo hacía, me excitaba aún más.

    Tenía que apretar mi paquetito bien atrás al igual que con las falditas para que no se me vea el “detalle”, a Diego le gustaba como se me veía en calzones con mi paquetito a la vista, pero para salir si tenía que hacerme un “tucking”, sobre todo con faldas. Las chicas me ayudaron a elegir tangas, hilos, etc., ya no iba a tener un solo sostén. Habían de todo tipo, pero eso sí, “push up” todos. Lo que me llamó la atención era la variedad de zapatos y los tamaños, agarré de tacos 5 hasta 9 centímetros, abiertos, cerrados, botines, ya estaba un poco cansada pero muy contenta.

    Las chicas me ayudaron con unos “body” de manga corta, larga, sin manga y ya con mi talla clara, me trajeron conjuntos de lencería. Le empecé a modelar un body negro de encaje y transparencias, tenía mangas largas y me quedaba atrás muy ajustado mostrando todo mi culo y con un hilo, su roce con mi piel me excitaba mucho. Mi macho estaba ya más de una hora con su cosota dura dentro del pantalón, lo miré con cariño y me puse de rodillas al borde del sofá y aproveché para darle una mamada rápida a mi hombre.

    Diego tenía su verga al máximo cuando le bajé el pantalón, no desperdicié tiempo en tragármela toda, sabía muy rico. Mi macho me cogió de la cabeza y me empujaba para chupársela hasta el fondo, me encantaba ser sumisa para él. Quería que se viniera rápido antes de que regrese Claudia o las chicas de la tienda, pero era intoxicante el morbo de chuparle la verga a mi hombre en un vestidor público. Puse mi mano en la base de su tronco y empecé a chuparle del fresón hasta la mitad de su vergota, mirándolo con seducción y entrega, Diego se echó hacia atrás, disfrutando de esa mamada. Agarré su barra de carne y me empecé a dar de golpes en la cara y la lengua con él.

    Mi macho se paró, se quitó la ropa muy rápido y me levantó para besarnos, me entró la sensatez por un momento

    -no amor, no podemos, alguien va a entrar

    -ven cariño, no te preocupes

    Diego me empezó a besar el cuello y apretar mi culo, sentía su enorme pene apretando mi abdomen, me cogió de la cintura y me dio vuelta, yo retrocedí mi cara lo más que pude para besar su cuello, la colonia de Diego y sus caricias me estaban volviendo loca.

    -no amor, no podemos, este conjunto es nuevo, se va a ensuciar

    -me encanta como te queda, me excita mucho, lo vamos a llevar

    Me puso en cuatro en el sofá, a lo largo del mueble, mientras que se paró en el borde y agachó su rostro por mi colita. Me empezó a pasar su lengua por mi coñito, con una mano acariciaba mi cola y con la otra sacó mi paquetito, Diego me empezó a masturbar en esa posición. A estas alturas ya se me olvidaba todo.

    -penétrame amor, te necesito dentro de mí, ¡culéame por favor!

    Mi coñito ya estaba mojadito, Diego lubricó su fierro con saliva y me la metió despacio, muy despacio. Empecé a gemir de dolor, mi macho sabía muy bien lo que hacía, dejó que su miembro se abriera campo dentro de mí de a pocos, centímetro tras centímetro, agghh, se sentía delicioso. Mis ruidos de dolor se convirtieron ahora en gemidos de placer, me encantaba que Diego me destrozara follándome, pero también me volvía loca cuando lo hacía despacio y profundo.

    -Así mi vida, así amor, agghh, ¡así Diego!, oh cielo, que rico me haces el amor, uuhhmm

    -toma cosita rica, siénteme todo dentro de ti, que rico culo tienes Sandy, me encantas amor.

    Mis gemidos iban con cada embestida que me daba, lentos y largos, sentía como llenaba mis entrañas con su falo, cubriendo cada milímetro, ¡aghh!. El placer era intenso, seguía gimiendo, mi cabeza estaba contra el respaldar del brazo derecho del sofá, y mis manos se apoyaban para amortiguar los golpes de mi hombre que estaba acelerando el ritmo.

    Claudia abrió la puerta y entró, la vi por el espejo, se detuvo un segundo mirándonos, apreciándonos, dejó la ropa en la mesa y se sentó en el sillón, disfrutando del show. Me miró por el reflejo del espejo, habrá visto mi cara atontada, hinchada de placer, y comenzó a disfrutar visualmente del cuerpo de mi hombre. Lo miraba con lascivia, se mordía los labios y se pasaba la lengua, ¡que perra!, delante de mí.

    No podía quejarme, ella me había dado un show hace más de un mes y mostrado mucho, miré al espejo de frente, me veía preciosa, mi cabello ya me había crecido hasta debajo del cuello, totalmente planchada, hermosa, y detrás veía a mi macho, guapo, fuerte, musculoso, dándome una rica follada. Diego me estaba dando ahora ya rápido y fuerte, me alocaba que hiciera eso agarrándome con ambas manos de mi cintura, me hacía sentir tan sumisa, empecé a gemir más fuerte.

    Mi macho salió de mí y me dio vuelta otra vez, echándome en el sofá, abrió mis piernas y me clavó su verga, ¡aagghhh!!

    -¡sí! ¡sí! ¡sí! ¡así, que rico!, ¡aagghh!! ¡aaghh!! ¡aaghh!

    Empecé a vociferar más alto, Claudia que se estaba sobando la panocha, se levantó y se arrodilló a mi costado, tapándome la boca con su mano para que no haga un escándalo en la tienda. La otra mano la metió en su coño húmedo, volteó y lo miró a mi hombre, era una visión de ensueño para cualquier mujer, él me estaba follando y con una mano me masturbaba, yo con las mías apretaba mis pezones.

    -C: así Diego, dale a tu perra, fóllala, ¡fóllala!, dale como a la perra que es. La has convertido en toda una perrita golosa.

    Diego bufaba como un toro, el sudor caía por su cuerpo, la excitación lo tenía muy concentrado, me cogió de la cintura para darme con más fuerza, Claudia retomó entonces la masturbación de mi paquetito.

    C: así, dale, saca a la mujer que lleva adentro Diego, hazla mujer, ¡hazla mujer!

    Volteó su cara, sacó su mano de mi boca y me empezó a besar mientras me seguía haciendo una paja increíble. Yo gritaba en la boca de Claudia, no podía más y me corrí en su mano y en mi estómago.

    -¡agghh!! ¡agghh! ¡agghh!

    Fue demasiado y Diego comenzó a llenarme con su leche que casi me da un segundo orgasmo. Se salió de mí y se sentó al costado, jadeando, respirando con dificultad. Claudia movió su cabeza y limpió mi paquetito con su lengua, de ahí se agachó y puso su lengua en mi orificio, esperando que cayera el jugo de hombre que Diego me propinó. Se lo tomó todo mientras que se masturbaba, no demoró en correrse y vimos como Claudia echaba un “squirt” por el piso.

    C: les voy a hacer una buena sesión de fotos, son una pareja bella, y tienen una química increíble, se merecen unas fotos lindas como pareja y una sesión de sexo brutal capturado por mi lente. Diego y yo aceptamos, quedamos para el día siguiente.

    Esa tarde comenzó con Claudia Y Franchie seleccionando prendas, lencería, vestidos, y accesorios para la sesión. Estábamos en nuestra suite en el hotel que Diego separó para nosotros, Franchie como siempre me maquilló muy bien, cada vez se me veía más pasable y femenina. Esta vez usé una peluca que compramos la noche anterior, muy real, el cabello era lacio de color negro, me llegaba hasta la mitad de la espalda y con un cerquillo recto y capas a los costados (me parecía a Dakota Johnson en “fifty shades freed”).

    Mientras tanto, Claudia puso sus luces en ciertos puntos de la suite. A la mitad de la tarde comenzamos con fotos mías, la habitación era muy elegante y las ventanas daban una vista hermosa de la bahía. Empezamos con fotos en leggins, tops cortos mostrando mi ombliguito y mis hombros marcados, nunca pensé que se me vería bien en jeans de chicas, pero ahí estaba, llenándolos con mi colita y mis caderas que ya estaban empezando a verse más llenas producto de la dieta y ejercicio que estaba llevando.

    Pasamos a vestidos, cortos de verano, de cuero, de tela elástica, muy apretados, vestidos de noche elegantes, y otros más calientes para ir a bailar. Mientras yo posaba, me hacían bailar y entre las tres bailábamos sensualmente para el lente, capturamos un par de las tres, muy “sexies”. Franchie aprovechó para tomar varias de mi rostro para su catálogo de maquillaje, no paraba de decirme lo bella que se me veía, y pensar que cuando empecé con mi transformación no lo procesó muy bien que digamos, ahora me daba halagos.

    Diego aún no llegaba, si bien la idea de una sesión de fotos para su mujercita le encantaba, como típico hombre le aburría la idea de estar ahí todo el día sentado, así que se la pasó en el bar, igual con las chicas estábamos ya por la tercera botella de vino. Cuando subió a la suite, Franchie se despidió después de darme una última retocada al maquillaje, Diego se quedó fascinado con mi cabello y se notaba que ya venía empilado con los tragos, pero nosotras ya estábamos semi borrachas.

    Diego tenía puesto un pantalón de vestir negro el cual resaltaba sus muslos fuertes y su cola hermosa, ummm, y lo acompañaba con una camisa negra manga larga muy elegante la cual lo usaba fuera del pantalón. Llevaba 3 botones desabrochados dando a ver las líneas perfectas de sus pectorales y un collar con un dije de plata, un reloj omega en la mano izquierda y zapatos con punta de cuero. Me derretía de solo mirarlo, ummm, de verdad me volvía loca este hombre.

    Yo tenía un “vestido” blanco, semi transparente, y digo “vestido” porque parecía para mí una blusa larga que me llegaba hasta un poco más abajo de los muslos, manga larga y un poquito suelto. Me habían puesto una correa de metal que eran círculos metálicos entrelazados, estos apretaban mi cintura y levantaba el vestido hasta los muslos y por atrás unos 5 centímetros debajo de donde ya se vería mi colita grande y redonda. Abajo tenía una tanga blanca de tiro bajo que se metía deliciosamente por mi raja y levantaba aún más mi colita, esa tela acariciaba mi piel de una manera muy rica y excitante.

    No llevaba brasier y mis pechos se veían a través de la blusa muy ligeramente, aunque mis pezones estaban tan excitados que empujaban la tela hacia afuera coquetamente. La blusa estaba abierta hasta la altura de mi esternón, pero llevaba un collar que en realidad eran como 4 collares gruesos que caían hasta cubrir mi piel y hacían juego con la correa. Para completar el juego, tenía unas botas negras de cuero que llegaban hasta arriba de mis rodillas, la verdad es que era un bombón y viéndome en el espejo me daba ganas de follarme a mí misma.

    Claudia comenzó con un par de fotos de mi hombre, me decía que eran para ponerlas en mi cartera y en la mesa de noche de mi cama. Diego seguía las instrucciones de Claudia, ella de vez en cuando se acercaba y le acomodaba la camisa, de cuando en cuando parecía coquetearle mucho a mi hombre, seguramente eran los tragos.

    Claudia estaba también muy apetecible, con unos tacos 10 ya que era un poco baja, una minifalda de denim negra que con las justas y le tapaba el culo y un top pegado al cuerpo con tiras y que llegaba hasta por encima del ombligo, dejaba ver unos senos jugosos y duritos, por momentos la miraba con ojos de hombre, me daba bofetadas en la mente y regresaba a mi estado de mujer.

    Modelamos para Claudia y su lente por media hora, tomando fotos juntos, éramos una pareja linda. Me encantaron algunas, Diego sentado en el sofá y yo sentada en sus piernas con mis brazos en su cuello, otra con él arrimándome contra la pared, con su mano en mi cintura y mi pierna doblada, en el balcón tuvimos varias fotos preciosas con el mar al fondo.

    Entre foto y foto, los tres le dábamos más al vino, Claudia aprovechó una pose donde yo estaba en cuclillas con mi brazo pasando por detrás de la pierna de Diego, y mi macho jalándome el cabello despacio en pose dominante, ella se acercó y desabrochó todos los botones de Diego, abrió su camisa para que su pecho y abdomen se vean. Desde esa posición le dije:

    -corazón, él se puede desabrochar solo

    C: es solo para mantener la imagen Sandy, nada más

    Me puse muy celosa por dentro, pero a la vez me puso muy cachonda, en ese momento recordé las cosas que la misma Claudia me había enseñado un mes atrás. Puse mis pies juntos y abrí un poco las rodillas, desabroché el pantalón de Diego y se lo bajé junto con el bóxer hasta los tobillos. Con una mano empecé a sobar mi chochito, rozando esa tela deliciosa contra mi paquetito, y con la otra masturbaba su verga de 18 cm que ya estaba dura.

    Con los ojos invité a Claudia a que se acercara para tomar fotos o video. Ella capturó unas fotos increíbles de lo buena que me estaba convirtiendo en darle placer a la verga de un hombre. Me olvidé de Claudia y comencé a mamarle su tranca a mi macho, dejé de sobarme, sentía como mi tanguita estaba mojada de mi líquido. Yo ya le estaba metiendo una buena paja, rápida, una mano en la tranca y la otra acariciando los huevos hinchados de Diego, llenos de semen. Se veía su líquido pre seminal y me animé a mirar a Claudia, puse mis dos manos detrás de mi espalda como si tuviera esposas que me aprisionaran y volteé a mirar a mi hombre.

    Claudia aprovechó para tomarme fotos y de verdad que se me veía muy puta, pero a la vez súper sexy, igual a ella cuando me enseñó como hacer eso. Era una combinación de mamada de garganta profunda y de Diego follando mi boca, la cantidad de saliva era increíble y chorreaba por mi garganta, Diego se detuvo, se quitó la ropa y me cargó a la habitación, Claudia venía detrás capturando todo en su cámara.

    En la recámara, Diego me tiró en la cama, como su muñeca de trapo, mientras tanto Claudia prendía las 2 cámaras que tenía puestas en la habitación. La excitación me absorbía por completo, mientras Diego subía a la cama, me quité la correa y el collar, Diego tiró de la blusa y rompió los botones, quitándome el vestido de un golpe, y yo ya rogaba porque me destrozara en la cama. Me jaló de las piernas abriéndome al máximo, yo era muy elástica, no me lubricó, su verga estaba mojada de su jugo pre seminal y me la metió de un golpe.

    Grité, me dolió un poco pero mi hombre empezó a follarme despacio y se me nubló la mente. El placer se apoderó de mí casi de inmediato y mis gemidos sentenciaron mi sumisión, estaba entregada y rendida a él. Mi macho cogió mis manos, las puso encima de mi cabeza y sentía que perdía el oxígeno, era suya, era su puta, su mujer. Me volvía loca cuando me penetraba así, lento y muy profundo, sentir su verga recorrerme por dentro en su totalidad era lo máximo. Diego soltó mis manos, pasó las suyas por debajo de mis nalgas y me apretaba contra él, era imposible estar más adentro de mí.

    Esa posición misionero era rica, Diego me estaba comiendo a besos mientras me penetraba hasta el borde de partirme el coño en dos. Me empezó a susurrar al oído mientras yo solo podía gemir y pensar en el placer que me estaba dando.

    D: creo que tu amiga está volviéndose loca con todo esto, se le ve con ganas de ser follada

    La miré de reojo, en verdad estaba con la cara hinchada, se había quitado la ropa la muy puta, tenía casi toda mano dentro de su concha y gemía muy fuerte.

    D: ¿quieres que la folle un rato?

    Recordaba que mientras te follan así de rico, pierdes el control de ti, yo estaba débil mentalmente, podía decirle sí a lo que quiera.

    -aghh, aghh, ¡no!, aghh, aghh, !no!, tu eres mío, eres mi hombre, aghh, agghh

    Le dije mirándolo firmemente mientras mi alma se me escapaba con cada clavada que me daba este macho hermoso.

    D: pero se le ve que necesita ser satisfecha, ¿quieres dejarla así?

    -¡eres mío carajo! ¡eres mi hombre! ¡NO!

    Mientras Diego soltaba una pequeña sonrisa, lo empujé hacia atrás, me paré de la cama y fui donde Claudia, la cogí de una mano y la llevé con firmeza del sillón a la cama. La tiré en la cama, casi al borde, me subí, la abrí de piernas y le clavé mi falo. Un grito de placer salió de su boca, sus ojos mostraban lo sorprendida que estaba de esto. Empujé sus piernas contra ella y me le tiré encima para follarla profundamente. Volteé a mirar a Diego, estaba con cara de sorpresa, pero a la vez matándose de la risa.

    -ven acá y culea a tu mujer, ¡culéame! le ordené.

    Diego no me obedeció, dejó que me la follara a Claudia, volteé y vi que se estaba haciendo una paja lenta, mirándonos, me dio un beso volado. Miré a Claudia, se estaba mordiendo los labios, me acerqué y la besé, la besé con fuerza mientras empecé a follarla con furia, le estaba dando un mete y saca con estacadas largas. Sentía como mi paquetito estaba al máximo y se movía dentro de la vulva de Claudia con toda libertad, su concha estaba mojadísima, nunca había sentido un coño tan mojado en mi vida.

    Claudia gemía en mi boca, Diego apareció por mi costado, tenía una de las cámaras de ella y nos estaba filmando, me excité más y la penetraba con fuerza, como nunca había follado a nadie. Claudia gritaba de placer, me abrazó con fuerza, trayéndome hacia ella y tuvo un orgasmo gigante, la habitación se llenó son el sonido de su placer. Bajé el ritmo, la empecé a follar despacio, quería venirme dentro de ella cuando siento que Diego se pone detrás de mí, agacha mi cuerpo contra el de Claudia y me vuelve a clavar su mástil.

    D: son unas perras las dos, wow, ¿así que te gusta follar mujeres aún? ¡perra!

    Diego me empezó a penetrar con fuerza, casi como castigándome por el atrevimiento, pero la verdad es que era indescriptible el placer que sentía. Miré en el espejo del costado, Claudia echada, totalmente doblada con los pies a la altura de su cabeza, me veía encima de ella con mi verga aún dentro de su coño, follando a la amiga de mi novia mientras estaba vestido de mujer (y que belleza de mujer), y un hombre súper dotado clavándome su polla en mi culo, ¡mierda!, pensaba yo, que momento tan increíble.

    Yo ya no le movía mi verga a Claudia, solo estando dentro de ella y con los movimientos brutales de Diego era suficiente para que los tres estuviéramos gozando del sexo a su máximo esplendor. Claudia y yo seguíamos besándonos, gimiendo nuestro placer de boca en boca, no pude más.

    -¡me corro! ¡me corro! ¡así amor! ¡danos así, que rico! Aghh, ¡aghh!, ¡agghh!

    C: vente dentro de mi coño Sandy, ¡córrete dentro de mí, perra! ¡somos unas perras!

    Empecé a gritar de placer y le llené el coño a Claudia con mi semen, la inundé más bien.

    C: ¡agghh! ¡agghh! ¡sí! ¡sí! ¡me corro! ¡me…!

    Claudia se volvió a correr y todo este morbo lo llevó a Diego al punto máximo, se salió de mí, se acercó a mi costado y comenzó a correrse en mi cara. Ummm, abrí la boca y me tragué ese líquido al que ya era adicta. Diego se sentó, miré hacia abajo y la veo a Claudia con cara de puta golosa, abrió la boca y dejé caer la leche de Diego. Nos empezamos a besar y a compartir del semen de mi hombre.

    C: que par de putas que somos Sandy, eres una bomba de morbo y belleza, que gusto que Tania te haya apoyado en tu transición

    ¿Tania?, me pregunté, acabo de follar a la amiga de mí novia y la llené de leche. Pero era Sandy en esos momentos, ¿le fui infiel o nó?. Cada vez reconocía menos a la persona que era solo dos meses atrás/ El verano se acababa y tendría que regresar a mí vida antigua, cada vez me gustaba más el ser mujer, ¿qué hacer?, pensaba. Al carajo con todo dije, ya nada importaba, la llevé de la mano a Claudia hasta el sofá de la sala de la suite. Ahí le metí mi falo en su boca e hice que me la chupara, la volví a follar hasta que me vine en su boca, ella tuvo otro “squirt”. Claudia se bañó y la envié a casa en taxi. Sin siquiera despedirme de ella fui a acostarme con mi hombre.

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