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  • Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (4)

    Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (4)

    Parece que la actitud dócil de Minerva durante la prueba anterior animó a los chicos a proponer más juegos. El gordo propuso jugar a pillar la pelota, la de baloncesto. Consistía en que el que se dejara quitar la pelota tenía que intentar recuperarla mientras los demás se la pasaban entre ellos. El juego empezó conforme a las reglas; pero, tras unas rondas, las reglas del juego degeneraron, y cuando era ella quien tenía la pelota, todos se la querían quitar. ¡Fue una carnicería! En el furor de las luchas cuerpo a cuerpo, buscando la escurridiza pelota, el cuerpo de Minerva fue acariciado con derroche por los otros jugadores.

    Con frecuencia, parecía el jamón de un sándwich, con un jugador inmovilizándola por la retaguardia y otro intentando quitarle la pelota por el frente; así, los chicos le pegaban sus pelvis al culo y pubis, mientras ella reía y mantenía la pelota elevada por encima de su cabeza; o si la escondía entre sus muslos, el chico frente a ella se sumergía y metía las manos entre sus piernas, y ella se limitaba a reír divertida al ver la ineficiencia de los chicos en lograr arrancársela.

    A través del agua cristalina, Nicolau se percató de que no hubo centímetro del cuerpo de Minerva que quedara sin ser amasado, no importaba si eran sus muslos, abdomen o espalda, como si eran las tetas, el culo o el pubis; y ella actuó con permisividad a estos manoseos, como si le pareciera que esto era natural en un juego de contacto como ese.

    Y es que debía de ser difícil, pensó Nicolau en un principio, porque incluso Minerva, cuando tenía que recuperar la resbaladiza pelota, también terminaba deslizando inevitablemente sus manos por las zonas íntimas de los chicos, especialmente cuando se sumergía intentar infructuosamente recuperarla de entre sus piernas. Eso sí, todos intentaban que el chico negro no se percatara de los manoseos, pues hacía mala cara cada vez que veía alguna mano que no fuera la suya cerca de las zonas íntimas de Minerva.

    Cuando lo tenían más fácil para tocar a Minerva era cuando el negro se apoderaba de la pelota. Entonces, Minerva se le subía a la espalda a horcajadas, y desde allí intentaba quitarle la pelota que el negro aprisionaba contra sus pectorales. Entonces, el culo quedaba de cara a los otros dos chicos. El primero que aprovechó fue el gordo, quien se puso a magrearlo a dos manos, y como ella no dijo nada, el flaco lo apartó de un empujón de cuerpo, quien no tuvo más remedio que ir por delante a disimular que le ayudaba a Minerva a recuperar la pelota.

    El flaco le deslizó el hilo del tanga a un lado y se puso a tocarle la vulva, y como ella siguió divirtiéndose, forcejeando con el negro como si nada pasara en su retaguardia, le metió dos dedos dentro de la vagina y empezó a follársela. Se los había metido y sacado una docena de veces, cuando ella se bajó de la espalda del negro, con sus mejillas encendidas, y el manoseo terminó. Sin embargo, unos minutos después, cuando el negro volvió a coger la pelota, nuevamente ella se subió a horcajadas a su espalda, y de nuevo el gordo se apoderó del culo de Minerva, pero otra vez el flaco lo empujó a un lado y el gordo se apartó con gesto enojado y, tras hacerle un gesto fálico con el dedo, se fue hacia delante.

    El flaco le apartó el tanga y nuevamente se puso a follarle la vagina con dos dedos, y en esta ocasión, Nicolau pudo notar cómo ella puso el culo en pompa, como si pretendiera facilitarle al flaco que le enterrara los dedos más profundo. Nicolau, excitado con el espectáculo que ocurría furtivamente a espaldas del rudo hombre negro, lamentó cuando, no más de un minuto después, el rabioso chico gordo sacó fuerzas de donde no las tenía y logró arrancarle la pelota al negro, haciendo que todo terminara intempestivamente.

    Minerva se vio obligada a bajar rápidamente de la espalda del negro, aún con el tanga corrido a un lado, y tuvo que volverla a su sitio debajo del agua. Tras esto, se escabulló del medio de los tres universitarios. Sus mejillas se habían pintado de carmesí y parecía faltarle el aire. Les dijo que se hacía tarde, y se dirigió a la orilla de la balsa. Los chicos se quedaron mirándola.

    La imagen trasera del cuerpo de Minerva Magnusson fue emergiendo lentamente del agua. Su contorno parecía la silueta alargada de una guitarra. Al caminar entre las piedras, las torneadas piernas se cruzaban una delante de la otra, intentando no perder el equilibrio. Sobre la piel se deslizaban, siguiendo las curvas de su cuerpo, abundantes perlas cristalinas que no alcanzaban el suelo, pues se evaporaban en el camino, formando una nube de vapor que la envolvía y la hacía misteriosa y celestial.

    Cuando llegó a la piedra donde tenían sus cosas, permaneció de espaldas mientras se servía una copa. Nadie parpadeó durante ese tiempo sublime. Luego se giró hacia ellos.

    —Si no salís del agua, os congelaréis.

    Entonces, todos pudieron verle con claridad las tetas y la vagina. El agua había vuelto a su fina y blanca lencería de algodón completamente transparente, revelando unos pezones y areolas sonrosadas, y unos labios vaginales apretujados tras la tela invisible. La imagen era exquisitamente impúdica y hacía imposible para Nicolau no desear que esos chicos terminaran de quitarle esas inútiles prendas de vestir, y se sintió bendecido por ver a esa popular chica prácticamente desnuda.

    Como si no hubiera caído en cuenta en la de facto desnudez en que se hallaba, o como si no le importara, Minerva empinó el codo, bebió un trago largo y se quedó esperándolos, con sus pecaminosas piernas entreabiertas, la copa sostenida a un lado del hombro y sus labios ligeramente separados, dejando entrever a sus juveniles incisivos. Esta actitud hizo pensar a Nicolau que era del agrado de ella ver a esos tres hombres con sus penes erectos, caminando hacia ella, como yendo por un caramelo.

    En cuanto el negro la alcanzó, le arrebató la copa que tenía en la mano, de un trago se la tomó y los restos al río arrojó. Un beso pasional le ofreció y ella se lo recibió.

    Mientras le comía la boca, la atrajo por la cintura hasta juntar y frotar sus pubis, y luego dejó caer sus manos hasta los glúteos y se los magreó a gusto, asiéndola suspirar. Un par de minutos después, cuando intentó bajarle el tanga y meterle la mano por delante, ella se despegó de él y le recordó con un carraspeo que los otros chicos estaban presentes.

    —Déjalos que miren.

    —¡Noo! —dijo ella con una risilla tonta—. Me daría mucho corte.

    Él insistía.

    Ella miró más allá de la orilla del río, hacia un grueso árbol de haya.

    —Vamos tras ese árbol —propuso ella.

    —¿Y dejar a mis amigos solos? Noo. Anda, déjalos mirar. Los pobres llevan babeando por ti toda la tarde.

    Ella tiró de la mano del negro, alejándolo un poco de los otros universitarios, muy cerca de donde estaba Nicolau Prats, y le susurró:

    —Miguel, ¿cómo me pides eso? Es de locos.

    —¿Qué tiene de malo? Has dejado que te miren semidesnuda toda la tarde, ¿y ahora te haces la estrecha? ¡No me jodas! —dijo en tono impaciente.

    —No es eso, Miguel. Simplemente, me da corte follar contigo delante de ellos. Nunca he hecho algo así. Además, me da miedo que ellos quieran… hacer lo mismo, y… yo solo quiero estar contigo.

    —No te van a tocar. Se los dejaré claro y me aseguraré de que así sea. Yo tampoco quiero que lo hagan. Hoy, ¡tú eres mía! Es solo que me gustaría que nos miraran. A mí eso me pone cachondo —le dijo susurrándole al oído mientras le acariciaba la vulva —. ¿A ti no?

    La respuesta de la chica no llegó hasta una larga pausa, durante la cual él no dejó de darle besos en el cuello y tocarle la vagina.

    —Vale…, venga. Lo haré.

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  • El cumpleaños de mi mejor amiga

    El cumpleaños de mi mejor amiga

    Era fin de mes y mi compañera de trabajo estaba de cumpleaños; por las conversaciones que hemos tenido, ella es más loca que yo. Hemos hablado de todas las cosas que hizo con su ex esposo en su tiempo de estar casados como entre tríos, llevarle unas escort de obsequio para su cumpleaños, dejar que una sobrina de él le chupara la verga mientras su hermano se encontraba durmiendo pasando la borrachera… entre otras cosas más. Por lo que veo fueron una pareja abierta en el sexo.

    La idea de llevarla a un bar de estríper fue mía así que armamos un grupito entre unas compañeras de trabajo, amigas de ella y nos dijimos aquel bar que es muy exclusivo de la cuidad y hace muchos años quería ir.

    Entramos al bar y nos ubicaron cerca a la tarima, pedimos una botella de Ron y algunas botanas. El lugar estaba a reventar mujeres gritando otras bailando en fin; de pronto el presentador dio inicio al primer show así que fueron saliendo a la tarima un grupo de hombres unos más lindos que otros; entre ellos me llamó uno la atención era alto de piel blanca cuerpo trabajado no tan musculoso, cabello corto barba perfilada ojos oscuros en fin me atrajo mucho ese hombre.

    Inició el baile y todas las chicas gritaban como locas y mis compañeras no se quedaron atrás, yo me quedé sentada observando a ese hombre, estaba vestido de marinero; sus movimientos sensuales y su prenda ajustada hacía que se le marcará todos sus atributos… mi mente empezó a viajar imaginando a ese hombre en mi cama cogiéndome así como bailaba.

    De un momento a otro se fue despojando de sus prendas así pude ver su torso, durante el baile llevó una mano a su verga para apretarla con fuerza; se tiró al piso y bailaba en una posición moviendo sus caderas como si me estuviera penetrando con intensidad. Cada movimiento hizo que me excitará cada vez más y mi coño empezó mojar mis pantis.

    Me levanté de la mesa y me acerqué a él donde se encontraba ubicado así él notó mi presencia y bailó para mí. Se arrodilló al borde de la tarima para ofrecerme su cuerpo así que llevé mi mano a su torso acariciando cada músculo marcado, lo miraba a los ojos mientras me mordía los labios… él pasaba su lengua por los suyos mientras con su mirada me indicaba su verga, entendí lo que quería así que bajé mi mano y apreté sintiendo ese pedazo de carne duro mientras él cerro sus ojos y suspiro.

    Me tomó de la mano para bajarse de la tarima después me tomó por la cintura y me acercó hacia su cuerpo para restregarme su verga, la mirada entre los dos fue de deseo y lujuria cuántas ganas me dieron en ese momento de besarlo; estaba tan excitada que acerqué más mi cuerpo al de él. Él me giro para llevar su mano a mi pelvis y así restregarme su verga en mi culo.

    -Me encantas, me tienes con muchas ganas de coger…

    Su voz ¡Wao! esa voz entró por mis entrañas haciéndome estremecer…  bajó su mano a mi coño para frotarme sobre mi pantalón y mi coño palpitaba deseando su verga. Llevé un brazo por detrás de su cabeza cerrando los ojos para mover mis caderas y así sentir como esa verga pedía salir del pantalón.

    Él hizo que tomará asiento y se liberó del pantalón quedando solo con su tanga, era muy pequeña así qué pude notar aquella verga como apuntaba hacía mí.

    -¡Tócame!

    Subió una pierna al borde de la silla y menea su cadera, así que sin ningún pudor llevé mi mano a su verga que estaba aparte de tiesa caliente… mientras lo miraba a los ojos recorría con un dedo todo el borde de su tanga así pude tocar la piel de su entrepierna y sus huevos; ese hombre cerró los ojos mientras movía sus caderas. Introduje mi dedo por debajo de su tanga para tocar su verga y llegar a la punta, cuando llegue ahí sentí lo mojado que se encontraba y la punta estaba muy babosa.

    -Desearía que lo chuparas

    Se acercó más hacia mí donde prácticamente tuve su verga a centímetros de mi cara y sin importar quien me estuviera mirando pasé mi lengua por todo el borde de su tanga.

    -Mn… Oh …si

    Sin importarme nada y él tampoco corrí solo un poco su tanga para que la punta de su verga se asomará y así pasar mi lengua por él.

    -Saborea mis jugos

    Terminó el show y él se retiró dejándome excitada y con mi coño pidiendo verga así que me llevé mi trago hasta el fondo de mi garganta para tratar de calmar el calor que tenía.

    -Niñas voy al baño y ya regreso –les dije a mis compañeras de trabajo mientras me retiraba de la mesa.

    La cumpleañera:

    -Ese hombre está como quiere, aprovecha amiga mientras yo distraigo a estas viejas -me miró con picardía

    La miré a los ojos y no le digo nada.

    -Tranquila, nadie se dio cuenta –Me guiñó el ojo.

    Me retiré de la mesa y fui directo al baño cuando llegué allí entré y cerré la puerta, me miré al espejo y estaba roja, sudada y con mis pupilas dilatadas… estaba ansiosa, nunca me había sucedido esto que sentía por un desconocido. Mojé mi frente un poco y en el cuello, hice mis necesidades notando mis pantis mojados.

    Al salir del baño sentí que alguien me tapo la boca y me jaló al fondo de un pasillo.

    -Tranquila, no grites soy yo

    Me soltó y así giré para verlo.

    -Casi me matas de un susto

    -Perdón, perdón… no se me ocurrió nada más que hacer, ven– me tomó de la mano llevándome a un lugar alejado

    -Entra por favor

    Era una habitación donde se guarda los disfraces.

    -Te deseo hermosa, no sabes cómo me tienes –me robó un beso muy apasionado.

    Sus manos viajaron por todo mi cuerpo haciendo que me estremeciera; él tenía puesto una bata negra satinada así que solté su bata cayendo al piso para coger su verga y apretarla… corrí a un lado su tanga liberando su estaca tiesa y empecé a masturbarlo.

    -Quiero que continúes con lo que estabas haciendo afuera

    Me senté en una silla que allí se encontraba y él se acercó a mi rostro para que chupará su verga apetitosa. La tomé llevándola hasta el fondo de mi garganta mientras él me tomaba por el cabello para hundirse más en mí. Estaba tan caliente que sentía como palpitaba dentro de mi garganta, sentía el sabor del líquido pre seminal… me quedé ahí un rato haciéndole sexo oral.

    Luego me levantó de la silla llevándome a rastras contra la pared y desabrochó mi pantalón para bajarlo de un solo golpe dejando expuesto mis partes íntimas.

    -Así quiero cogerte –Llevó una mano a mi coño para hurgarlo con sus dedos

    -Cómo estás de mojada- se llevó sus dedos a la boca para saborearlos.

    Con su verga buscaba mi entrada y cuando lo encontró se clavó en mí.

    -Mn.. si así quería tenerte, clavándote con fuerza

    Sus embestidas eran fuertes mientras lo hacía retiró mi blusa para sacar sobre mi brasier mis tetas y amasarlas con fuerza. Besaba mi cuello, mordía el lóbulo de mi oreja, metía la punta de su lengua allí para también follarme por mi oído.

    -Quiero sentarme sobre ti- le dije con mi voz agitada

    Detuvo sus embestidas y se alejó de la pared sentándose en la silla.

    -Ven clávate mi verga

    Cómo pude porque estaba temblando me retiré un zapato para quitarme una bota del pantalón y así poder sentarme sobre él. Separé mis piernas para sentarme mientras me frotaba mi coño, luego cogí su verga y me apunté para dejarme caer y así clavarme esa estaca hasta el fondo. Me agarré del espaldar de la silla y empecé a menar mis caderas de adelante hacia atrás y luego en círculos. Él por su parte me tomó del culo nalgueándome fuertemente.

    -Ah, ah… mn… si, oh que rico se siente esto

    -Clávate más duro hermosa

    Aumenté mis movimientos buscando tener esa verga en lo más profundo de mi… mis tetas estaban en su rostro así que él mordió cada una, las chupaba apretándolas con sus manos… ambos estábamos tan desesperados que no nos importó si alguien nos escuchaba. Dejó mis tetas para continuar con los azotes dejando mis nalgas ardiendo por cada golpe, luego sentí que hundió un dedo en mi hoyito haciendo que esto me excitará aún más.

    -Mn… me vengo, me vengo

    Mi corazón estaba a mil, mi respiración también tanto que me sentía mareada pero aun así no me importo y aumenté los movimientos para alcanzar mi orgasmo; él apretaba fuertemente mis nalgas y sentí cuando disparó su leche dentro de mí. Nos quedamos un rato ahí quietos tratando de recuperar nuestra respiración.

    Al salir de esa habitación me fui caminando con dificultad y nerviosa por lo que hice en ese momento, llegué a la mesa y me llevé otro trago hasta el fondo sin dejar de pensar en la locura mientras la cumpleañera me daba palmadas en la espalda felicitándome por mi travesura. Así terminó la celebración de cumpleaños entre trago, baile, risas y demás hasta la madrugada.

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  • Mi esposa Erika disfruta coger con Ricardo

    Mi esposa Erika disfruta coger con Ricardo

    Después que nuestro compañero conociera el cuerpo desnudo de mi esposa gracias a la idea e impulso de Ricardo pues decidimos invitarlo a cenar a nuestra casa.

    Nos encontrábamos ya en el mes de marzo un mes poco movido a los vagabundos los habíamos dejado de lado momentáneamente ya que queríamos experimentar más con Ricardo, entonces acordamos con él y le mandamos la ubicación de nuestra casa.

    Durante el día nos relajamos y a medida se iba acercando la noche empezamos a arreglarnos y pues uno de hombre no hay mucho que hacer.

    En cambio mi esposa si se tomó su tiempo para arreglarse un maquillaje muy bonito, un vestido sencillo pero muy llamativo color gris algo transparente era descubierto de la espalda, al frente un escote en forma de triangulo invertido dejando ver los bordes de sus dos pechos y por la tela algo transparente pero con diseños bordados de flores si prestabas atención le mirabas bien los pezones, este escote conectaba con la parte media hacia abajo del vestido que también era algo transparente y bien pegado al cuerpo y por lo apretado cuando se sentaba se transparentaba un poco más dejando ver su piel y las línea de su culo evidenciando la falta de ropa interior…

    Llegados la hora escuchamos un auto estacionarse frente a nuestra casa, sabíamos que era él.

    Rápido nos fuimos hacia la puerta a recibirlo agradablemente el traía una botella de Whisky dentro de su caja con una chonga para compartir y lo hicimos pasar, mi esposa se preocupó por atenderlo muy bien, pasamos a la sala de estar, Ricardo se sentó junto a mi esposa y yo en el sofá individual.

    Entre algunas pláticas salió el tema cuando fuimos al ginecólogo tema del cual fue de agrado para él, a la vez nos dio más tips para futuras citas como por ejemplo que ella vaya sola, que este sin ropa mas tiempo o que me haga una videollamada…

    Después de eso procedimos a cenar, una muy buena cena realmente, mi esposa se lució.

    Mientras cenábamos no pude evitar como mi esposa bajaba su mano de vez en cuando era obvio que estaba jugando con el paquete de Ricardo y nomas escuché el típico sonido cuando el ciper de los pantalones bajan, mi esposa le había sacado la verga a la vez que cenábamos y charlábamos, no sé cómo podía hacer tres cosas a la vez.

    Vi como Erika se vio su dedo con liquido preseminal el cual se llevo a la boca y chupó su dedo, después de eso ella se levantó para servirnos un poco whisky, Ricardo la agarró del brazo y le dijo algo en el oído y ella asintió, esta vez Erika se sentó conmigo.

    Como al tercer trago Ricardo dejó caer algo que ya ni recuerdo que fue y el a inclinarse iba cuando mi esposa le dice que no se moleste que ella lo recogerá, vaya sorpresa que se agachó por debajo de la mesa hasta llegar a su entrepierna y como ya le había bajado el cíper se puso a darle un oral que de vez en cuando escuchaba el típico “glo glo” mientras que Ricardo se relajaba tomando Whisky y recostándose sobre la silla, de vez en cuando poniendo su cabeza en la cabeza de mi esposa para penetrarla oralmente más profundo.

    Después de unos minutos mi esposa salió debajo de la mesa y Ricardo la hizo subir a la mesa apartando así cubiertos y platos, la puso en cuatro sobre la mesa para luego el regalarle un oral jugando así con su clítoris, besando sus nalgas, lamiendo su culito hasta dejar todo bien lubricado, mientras hacía eso un dedo incidía en su ano.

    La camisa al tener escote, Ricardo simplemente lo hizo aun lado liberando los pechos de mi esposa lamiendo y chupando al instante cual bebé con hambre.

    Ricardo pidió a mi esposa por favor se acostase sobre la mesa esta vez boca arriba y así lo hizo, astutamente le pidió las manos las cuales usando la cinta de chonga de la caja de whisky le ató las manos junto a sus pies quedando sus manos por debajo de sus pies, ahora si mi esposa estaba inmovilizada con toda su vagina expuesta.

    Ricardo posó su glande en la entrada de la vagina de Erika y empujó penetrándola suavemente hasta que encajó por completo y empezó a bombear de una forma más constante que a los minutos se empezaba a escuchar el “chapoteo” y por su puesto mi esposa disfrutando.

    Ricardo vuelto loco penetrando de manera fuerte y suave alternando, y yo sumamente excitado viendo cómo se cogían a mi esposa en la mesa donde cada mañana desayunamos juntos.

    Me saqué la verga, moví un poco a mi esposa para que ella pudiera chupármela toda y así lo hizo… era gratificante, mi esposa le pedía a Ricardo que se la metiera por el culo sorpresivamente se negó dijo que no era el momento…

    Disfrutando del oral de mi esposa estaba cuando Ricardo me pidió que fuera por el plug morado, fui lo busqué y se lo di a él, entonces se lo dio a mi esposa para que lo lamiese después poco a poco fue penetrando en su ano hasta quedar ensartado quedando así entre los cachetes de culo.

    Mi esposa suspiró para seguir disfrutando, Ricardo continuó en lo suyo hasta que mi esposa tuvo un orgasmo se había sentido satisfecha por lo que Ricardo también acabó adentro de ella todo lo que pudo… Para luego bajarla de la mesa y arrodillarla para que terminara de limpiar su verga, mientras el semen salía de su vagina y una pequeña parte se derramaba por su pierna… Sublime escena…

    Ricardo le pidió a mi esposa que se fuese a limpiar o lavar porque quería ir por algo de tomar y quería que fuéramos todos…

    Mi esposa sorprendida por la petición, bueno no tanto por la petición más bien por como ella andaba vestida pues se había vestido así por estar en casa y bueno termino aceptando lo que pidió Ricardo y ya ella regresó limpia.

    Probablemente eran las 9 de la noche cuando salimos de casa y como dije el vestido al ser un color gris transparente y de remate apretado dejaba ver que no andaba ropa interior y peor al sentarse, Ricardo me dio sus llaves para que yo manejara y el ir atrás con mi esposa lamiendo y mordisqueando sus pezones, pero antes de eso me pidió que fuéramos a una tienda, producto de los nervios y excitación no se me ocurrió otro lugar que no fuese el 24/7 que siempre he mencionado y justo estaban los mismos dos de toda la vida… ¿Es que acaso no duermen?

    Mi esposa bajó primero, Ricardo y yo nos fuimos detrás de ella, los dos dependientes la reconocieron casi de inmediato y sus miradas se fueron directo a sus pechos que seguramente fijaron bien su mirada para poder apreciar bien los pechos de Erika…

    Tal vez a estas alturas nunca he descrito esa tienda probablemente porque antes no lo ameritaba, les explico literal una tienda de esas de gasolinera pero no era de gasolinera, al nomas entrar estaban las góndolas, aun lado de la puerta la caja y al fondo butacas con mesa tipo bar por si se quería comer ahí, eso sí de ambiente de mala muerte.

    Bueno como iba diciendo los dos dependiente posando sus miradas en los pechos de mi esposa aunque algo confundidos al ver a Ricardo pues siempre nos habían visto a ambos, Ricardo invitaba esta vez por lo que cada quien pidió de esas comidas precocinadas nomas para meter al microondas.

    Y precisamente nos dirigimos a esas butacas mi esposa se sentó en una butaca con cuidado, entonces Ricardo le dice a mi esposa…

    -Eh pero saca más el culo el punto es que te lo vean –dijo tocándole una nalga

    -Pe-peroo –dijo mi esposa

    Anda saca más el culo le dijo nuevamente, entonces mi esposa obedeció y pues pasó lo que tenía que pasar mi esposa al sacar más el culo la tela se transparento más dejando ver un poco más el color de su piel de culo y lo más notorio era la línea que lo divide, aunque por alguna razón no se le miraba el plug.

    Los minutos pasaba los hombres que pasaban atrás de ella se le quedaban viendo sus nalgas, otros hacían señal de desaprobación, pero no importaba, lo que importaban eran los que se fijaban, hasta que Ricardo llamó a uno de los dependientes pidiéndoles una bebida y así haciéndoles pláticas para que estuviesen el mayor tiempo con nosotros.

    Uno de los dependientes se dirigió a mi esposa el cual elogió su vestido el cual mi esposa le agradeció, no sabía que tenía planeado Ricardo y aprovechó un momento en que los dependientes se fueron pues había más clientes, en eso me mandó un mensaje diciéndome que fuera al auto y que lo moviera de lugar para que quedase en dirección a las butacas pero más atrás y poder ver a través del ventanal de vidrio y que por favor me quedase ahí…

    Dude por un segundo pero acepté pues miraba que Ricardo tenía la situación bajo control, mi esposa se quedó viendo cómo me retiraba discretamente y más extrañada cuando deje el carro frente al ventanal pero retirado, me mandó un mensaje diciendo que me llamaría pero que me mantuviera al teléfono entonces para comodidad puse el altavoz.

    Al final los dependientes regresaron para seguir hablando con Ricardo y si bien no se podía escuchar al 100% pero si que podía entender y algunas partes que Erika me contó, entre preguntas Ricardo les dijo que eran amigos mi esposa y él, que solo andaban de paseo.

    -¿Pero el otro que andaba no es tu amigo verdad? –pregunto uno de los empleados

    -No, el no… es mi pareja pero fue a traer unas cosas –dijo mi esposa

    -Ah pero han de ser buenos amigos para que te deje sola con él –dijo sonriendo

    -Si nos conocemos desde hace mucho –dijo mi esposa

    Gran mentira de mi esposa apenas dos meses de conocerlo… pero bueno…

    -¿Venían de alguna fiesta? –preguntó el dependiente

    -Ah no, veníamos de cenar los tres –dijo Ricardo

    -Ah pero mira que te viste muy bonita y con estilo, nos gusta como te queda el vestido –dijo uno de ellos.

    -Gracias –dijo mi esposa sonriendo

    -Oye no es por nada pero es cómodo el vestido o te da frío? Así apagamos un rato el aire acondicionado –dijo uno de ellos.

    -No para nada, no tengo frio –dijo Erika

    -Es que no parece, pero la tela es calientita –dijo Ricardo tocando la parte del escote y halando, desde mi perspectiva no sabía si ese movimiento había hecho que se viera el pezón de mi esposa

    Entonces supe por dónde iba la cosa con Ricardo y esos dos dependientes…

    A medida los minutos iba pasando ya era más confianza y casi que ni prestaba atención al celular por estar viendo todo entonces uno de los dependientes al ya no haber clientes regresó, ahora estaban los dos y uno de ellos mientras hablaba miraba que de vez en cuando tocaba la cintura o espalda de mi esposa.

    Los dependientes que continuaban de pie a la par de mi esposa cada que reían de algo llevaban su mano aun lado del glúteo de mi esposa y como todo hombre sabemos que significa ¿Verdad? Es estar “midiendo” el terreno y pues al no haber rechazo de mi esposa era luz verde.

    Después de eso pasé a estar más atento a la llamada que a lo que miraba entonces un poco logré escuchar decir… ¿A tu pareja no le molesta que tu vestido sea casi transparente?

    Mi esposa rio y le dijo que no, de lo contrario no llevaría ese vestido, entonces Ricardo le dice a ellos:

    -En serio no es tan transparente solo cuando se sienta tal vez –dijo él

    Entonces Ricardo pone la mano en la espalda de mi esposa haciéndola hacia adelante haciendo que estire mas el vestido y se transparente todavía mas el culo de ella.

    -Bueno si le hacemos así si que se ve todo –dijo riendo

    Los dependientes sonreían bobamente diciendo que es verdad sin quitarle la mirada al culo de Erika.

    -Que malo eres –dijo mi esposa a Ricardo

    -Ni tan transparente es –dijo ella.

    -¿Qué no? –dijo Ricardo

    -Te apuesto a que si los dos ellos con la punta de sus dedos les toca apretar un pezón cada uno rápido lo encontrarían –dijo Ricardo

    Los dos dependientes no se lo creían y valientemente dijeron que podrían intentarlo, mi esposa los vio a ambos y les dijo que si, pero que tenían una oportunidad nomas

    A lo lejos vi como uno de ellos intento apuntar con su dedo a un pezón y fallo. Y yo digo ¿Cómo rayos falla si se ven bien?

    Ricardo rio ante el fracaso del primer dependiente y creo que ni Erika se lo esperaba, pero riendo le dijo que había fallado y en eso Ricardo le hace a un lado el escote dejando expuesto una teta y entonces Ricardo le dice que como pudo fallar si ahí nomas estaba, agarró a todos desprevenido hasta pálidos se pusieron y sonrieron de oreja a oreja.

    -¡Ey! –dijo mi esposa haciéndose la enojada

    -Eso es trampa –dijo ella

    Era turno del otro y pues por buena suerte o mala suerte este si le atinó, mi esposa asintió en señal de aprobación que había acertado.

    -Hummm ¿Qué le darás de premio? –le pregunto Ricardo a mi esposa

    -Creo que si lo logró puede tocar bien ¿No? –dijo ella

    Quería eyacular ahí mismo por la situación combinado a que mi esposa me había dejado a media mamada.

    Ni corto ni perezoso el segundo dependiente metió más su mano agarrando por completo el pecho de mi esposa e hizo a un lado el escote del lado derecho y jugó con su pecho como niño.

    Mi esposa reía diciéndole que pareciera que nunca había visto una, mientras que el otro estaba algo receloso, ah vamos toca tú también le dijo mi esposa al primero que había fallado y pues ahí estaba mi esposa con los dos dependientes tocándole los pechos, los dos dependiente que todo este tiempo si bien ya habían visto a mi esposa en otras situaciones pues nunca se imaginaron ni ellos ni nosotros estar en una situación así.

    Los dos dependiente querían llevar más lejos la situación ya que empezaron a chupar cada pecho de mi esposa a tal punto que empezaron a subir hasta llegar al cuello de ella mientras sus manos posaban en sus piernas, entonces al final mi esposa los quito y volvió a cubrir sus pechos y justo a tiempo porque en eso entraron mas clientes, aproveché la distracción de los dos dependientes con los clientes para hacer como que si recién llegaba y toque la bocina, entonces Ricardo y mi esposa salieron del 24/7…

    -Una vez mas Ricardo y mi esposa se fueron atrás, entonces Ricardo dice… bueno este culito ya está preparado para mas acción… Ve a este lugar me dijo él.

    Y así hice ¿Qué hará ahora?

    Llegamos a una calle sola de las que frecuentamos anteriormente y me hice aun lado del camino, entonces Ricardo le pidió a mi esposa que se bajara y si hacía frío, la calle estaba desolada, bueno no, habían mas prostitutas pero estaba vacía en cuanto a peatones comunes…

    Bueno mi esposa se bajó, Ricardo igual y dejo la puerta de atrás abierta del lado contrario a la calle y le dijo a mi esposa que se pusiera en cuatro en el asiento de atrás…

    -A ver perrita ¿te divertiste con esos dos verdad? –le pregunto mientras tocaba su clítoris y movía el plug

    Mi esposa estaba que le brillaban los ojos de excitación y su lubricación era evidente, no ocupaba responder ya que su culo respondía por ella…

    -Te voy a coger el culo aquí mismo –dijo Ricardo

    -Si por favor –dijo Erika

    Ricardo retiró lentamente el plug y se escuchó un “plock” al salir, y Ricardo con ayuda de su propio líquido seminal y una lamida en el culo de mi esposa, y procedió a introducir sin esfuerzo su verga.

    Mientras el penetraba más la iba metiendo llegando a lugares que el plug no había llegado, a mi esposa se le salían las lágrimas de placer y tal vez de algún pequeño dolor pero no se dejaba doblegar por eso ultimo…

    Ricardo continuaba con su mete y saca miraba hacia el cielo en señal de placer, mientras le decía que le encantaba su culo blanco a la vez que le dejo ir una nalgada.

    Mi esposa gemía y gemía disfrutando, Ricardo sacó su verga del culo de Erika y del cabello le dio vuelta a como pudo para que le hiciera un oral y volverá lubricar, y nuevamente la puso en posición para volver a penetrarla…

    Ricardo ciertamente había perdido la cordura e incluso se comportaba un tanto diferente a la primera vez.

    -Me encanta como rebota todo –le dijo el

    Mi esposa continuaba recibiendo todo y ella le dijo: ¡¡Te la quiero chupar otra vez!!

    El la volvió a sacar y mi esposa volvió a hacerle un oral y nuevamente a penetrarla y así estuvieron unos 10 minutos…

    ¡¡Me encanta que te hayas dejado lamer los pezones, me encanta que no te cortes de coger en la calle… espero acabar pronto adentro porque de lo contrario si alguien más pasa tendrás que prestarle el culo también!!

    Yo estaba sacadisimo, volando en mi mente, mi cuerpo estaba ahí pero mi mente volaba ya por todas las galaxias y yo nomas asentía aceptando esa propuesta…

    Pero al final Ricardo no pudo más y terminó acabando adentro de mi esposa, cuando finalmente se le empezó a poner flácida la saco del culo de Erika, y mi esposa se giró para masajearle con un oral su verga y por supuesto agarrar el poquito de semen que quedó en su verga…

    Mi esposa quedó en cuatro un momento mas con el culo de afuera hasta que el semen empezó a salir de su ano… y dejo la acera con ese pequeño charquito de semen, después de eso nos pusimos rumbo a casa pues ya eran casi las 11 de la noche… invitamos a Ricardo a pasar la noche pero declinó la invitación alegando que tenía cosas por hacer en la mañana …

    Al final nos despedimos de él y le agradecimos por otra noche loca mas… esa noche estando ya nosotros dos solos cogimos como locos hasta luego quedar dormidos…

    A la mañana siguiente empezamos a repasar todo lo ocurrido y caímos en cuenta lo que había pasado en el 24/7 que claramente los dos dependientes ya no nos verían igual…

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  • La locura de los cuarenta (3 – final)

    La locura de los cuarenta (3 – final)

    9 de octubre

    El año que viví divorciada solía salir de caza los miércoles y uno de cada dos viernes, noches que mi hijo mayor se quedaba con mi exmarido, salía de caza. Según mis cuentas, a lo largo de esos meses lo hice con 31 varones y una mujer, de los que recuerdo con verdadero gusto a media docena, sobre todo, a Franco, un colega con el que bailé toda la noche antes de irme a la cama. Coincidimos en medio de un Congreso, en Veracruz, y yo, en lugar de cogerme a un negro jarocho me cogí a mi coleguita, con el que coincidí en la pista de baile del hotel en que nos hospedábamos.

    Yo había bajado con ganas de guerra, vestida con una blusa ceñida al cuerpo y una minifalda de mezclilla bajo la que se asomaban mis piernas de 30 años (mis piernas y el conjunto de mis ojos y mis cejas son las partes que más me gustan de mi cuerpo). Dejé libre mi cabellera y apenas apliqué un toque de carmín a mis labios. Bebía un daiquirí cuando Franco tocó con sus dedos mi desnudo hombro invitándome a la pista, y lo seguí.

    Recuerdo a Franco bien, no lo he olvidado y el año pasado traté de encontrarlo otra vez. 28 años cabales, moreno de intensa mirada, cuerpo esbelto y elevada estatura, su mentón perfectamente afeitado y su cuerpo sin vello por ningún lado debieron hacerme sospechar, lo mismo que su maestría para el baile: es gay, pero no lo noté o no quise notarlo, no esa noche, cuando me estrechaba entre sus brazos, cuando me estrujaba, me llevaba por la pista con maestría… cuando era tan evidente su erección contra mi abdomen.

    Sus nalgas, durísimas y redondas bajo su jean, firmemente apretadas por mis manos, mostraban un cuerpo de gimnasio (gay), sus manos fuertes y finas, trasmitían mensajes cálidos y seguros. Jamás habría creído que era gay y hasta la fecha, agradezco haberlo agarrado en un momento de duda y ruptura, tenerlo para mi enterito aquella noche como la segunda y última mujer de su vida.

    Bailamos una hora o dos, tocándonos, el calibraba mi cintura y yo sentía sus nalgas y su espalda, el suave olor de su pecho justo en mi nariz, y me iba derritiendo lentamente. Sus besos sabían a miel, su delicadeza y suavidad me erizaban cada uno de los vellos de mis brazos –ya he dicho que para algunos quisquillosos, tengo demasiado— y yo, sin dejar de bailar, me di vuelta y acomodé mis nalgas contra su verga, acariciándolo al ritmo de la música. Completamente embriagada por la lujuria, lo masturbaba con mis nalgas sin quitarnos la ropa, ofreciendo mi cuello a sus labios y sus dientes, que iban desde el hombro hasta la oreja matándome de deseo, de ansia.

    Y, sin embargo, me contenía, seguía esperando, esperándolo, puesto que me mataba la lentitud de su ritmo y esa noche anhelaba morir.

    Y entonces, aprovechando la penumbra ¡se sacó la verga! Escondida bajo mi falda, sentí su delgado miembro, muy rígido, pasear desnudo por mi carne, por mis nalgas apenas cubiertas por mínima braga de hilo dental que aposta llevaba para esa noche… y que me quité. Sí: me las quité con ágil movimiento, mientras él se tapaba la verga con ambas manos. Las deslicé en el bolsillo de mi pantalón y dando un par de pasos, seguí el ritmo del baile con las manos recargadas en la columna, l culo ligeramente en popa y las piernas apenas balanceándose sobre los tacones. Él se me acercó por detrás, beso mi oreja y casi sin ayuda, gracias a su firmeza y mi humedad, se deslizó dentro de mí.

    Seguí moviéndome suavemente al ritmo del baile, sin separar los pies del suelo, apenas con la cadera, con ganas de gritar, ganas de ser rota, ganas de ser usada por los dos o tres que se daban cuenta perfecto de lo que estábamos haciendo Franco y yo y que me miraban con sonrisas lascivas. Y yo solo bailaba y bailaba mientras él, muy quieto, respiraba con ruido y me tenía firmemente tomada de la cintura.

    Me vine, casi eyaculé como hombre y dándome vuelta, escurriendo fluidos, lo besé largo y le pregunté: “¿subimos?” Y subimos, y bailé sobre su verga, sobre su ancho y depilado pecho, y tuve tres o cuatro orgasmos antes de que él me llenara con un mugido vacuno y luego, como tantos otros, se fue de mí. Como a ninguno de aquella época, lo que detener. Sólo a él y a Jessica volvía buscarlos, en vano. A los demás, los dejé pasar, irse, dejar sus marcas en mi cuerpo, llevarse mi olor y mis besos.

    Si, Jessica, que una noche de locura me enseñó el sabor de una vagina, lo que se siente tener un clítoris entre los dientes, las magias que sabe hacer cierto tipo de mujer para llevarte al orgasmo. Me abordó en la barra de un bar, directa y abierta.

    —Te he visto desde hace rato y me encantaría llevarte a la cama.

    —Pero es que yo necesito el pito de un señor.

    —¿Segura?

    No lo estaba, y me fui con ella y luego de que ella me hizo sexo oral yo quise hacérselo y nos soñé rodeada de dos o tres varones, p medio regimiento, con mi firme culo al aire chupando a aquella chica, chupándola, haciéndola gemir con mi lengua y con mis dedos, durmiendo muy juntitas, volverlo a hacer en la mañana y desayunar juntas y yo, salir disparada en busca de un hombre que me diera verga, que me partiera como Dios manda.

    Lo encontré en el metro. Muy mal, ya se que así aliento a los perversos, a los miserables que hostigan adolescentes, pero fui yo quien recargó mis pechos en su espalda, quien se repegó innecesariamente a ese joven lector –porque leía un buen libro, porque llevaba una playera del equipo de la Universidad–. Fui yo quien lo invitó al hotel y yo quien, con ansia de doce horas, chupé su pito hasta obtener una erección satisfactoria, yo quien lo monté, yo quien lo utilicé como objeto sexual.

    De ese año, de esas 31 vergas y esa única vagina me quedó el pendiente grave de hacer un trío, porque todos fueron de uno en uno… y me quedaron también varias lecciones:

    Primero: es cierto que no importan lo grande ni lo grueso, sino la firmeza y la manera de usarlas. No importa tanto que el tipo sea alto o chaparro, gordo o flaco, sino que sepa usarla y que sea respetuoso y amoroso, al menos durante las horas que soy suya suyita al completo.

    Segundo: todos los encuentros satisfactorios fueron con gente que me conocía de antes, o que sabía quién era yo. Todos los insatisfactorios fueron con desconocidos, por lo que comprueba la segunda parte de la conclusión anterior.

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  • De entrega inmediata, con el chofer de mi esposo

    De entrega inmediata, con el chofer de mi esposo

    Después de mi primera aventura extramarital, las cosas no eran como antes, mi marido y yo vivíamos en pleitos constantes, él con sus frecuentes borracheras y yo con mis reclamos, cada día nos distanciábamos más.

    Lo peor es que yo deseaba repetir mi experiencia infiel, pensaba en Luis y Juan Emilio, en sus vergas que tanto me hicieron gozar y todo lo que ellos me habían disfrutado y enseñado. Tres semanas de recuerdos, tres semanas de ardor, tres semanas de insatisfacción con mi marido, con quien la cama solo servía para dormir.

    Era sábado por la mañana, sonó el teléfono mientras me duchaba, mi esposo contestó, salí solo envuelta en la toalla, sentada en mi cama empecé a secarme, sin darme cuenta mi marido me observaba, de pronto se acercó por detrás y besándome el cuello me dijo:

    ―¡Qué rica estas nena, me encantas!…

    Me despojé de la toalla y le mostré mi moldeado y desnudo cuerpo, se acercó, me besó y empezó a mamarme y a chuparme los senos. Su mano bajo a mi rajita y su dedo entró en mi cueva. Yo muy mimosa le susurré:

    ―¡Te necesito mi vida, cógeme!… ―se lo dije pasando mi mano por su pene.

    Él se bajó ante mí y empezó a chuparme la pucha mojándome de inmediato. Acercó su enhiesta verga a mi cuca y sin esperar más, me la clavó hasta la raíz. Yo esperaba que retozáramos mucho más, que me permitiera mamarle la verga, que me hundiera los dedos en el ano… Unos cuantos movimientos bastaron para regarme con su leche. Por supuesto que se lo reclamé y me dejó fría su respuesta.

    ―Lo siento, pero ya no aguantaba las ganas de metértela… ―sentía riquísimo cómo se movía su flácida verga aún dentro de mi gruta, pues me sentía sumamente cachonda, pero sabía que no se le pararía inmediatamente.

    Casi lo golpeo, le dije que cómo era posible que únicamente pensara en él, y otras tantas verdades que tenía apechugadas en el alma. Se puso de pie y dejándome allí temblando de rabia, se fue a duchar. Un fiasco más, yo hambrienta de verga y el muy imbécil solo se le ocurrió ir a bañarse. Me vestí aún corajuda, el día se mostraba caluroso, pero yo estaba que me llevaba la chingada. Reflexioné y decidí darle otra oportunidad, no usaría ropa interior y seduciría a mi esposo como en los viejos tiempos.

    El vestidito que elegí, me hacía ver muy putona, pues era muy revelador, de color azul, muy delgado y muy corto; dejaba ver mis ricas piernas y al agacharme mostraba mis redondas y desnudas nalgas, y más abajo, mi depilado pubis. Preparé el desayuno y lo llamé, tardó un tiempo y al llegar al comedor me di cuenta que se había arreglado para salir.

    ―Tomaré solo jugo, tengo que salir… ―me dijo cínicamente.

    ―Pensé que hoy no trabajarías… ―le dije molesta.― Por lo menos desayuna, ya preparé todo…

    Sonó el timbre y mientras él se acomodaba en la mesa yo salí a ver quien era…

    ―Buenos días señora, vengo por el ingeniero…

    Se trataba de Julio, uno de los chóferes de la constructora en la que mi esposo trabaja. Al igual que el otro chofer, era atractivo y muy bruto, de hecho siempre me habían resultado los dos bastante patanes, pero muy cachondos, así que al ver a este tipo tan de cerca me estremeció involuntariamente, pues era un tipo bastante, fuerte y moreno. Cierto es que ya lo había visto y siempre me atrajo, pero nunca lo vi tan de frente, alto, fornido, quemado por el sol y de brazos velludos, ¡mmm!…

    ―¿Van a salir?… ―le pregunté entre ingenua y coqueta.

    ―Si, creo que van a supervisar a ciudad Altamirano…

    ―¿Van?… ¿Qué tú no vas con él?…

    ―No señora, llevará Ramón, mi compañero, a su esposo y al ingeniero Arturo

    ―Y yo que pensé que mi viejo estaría conmigo hoy. Pero que se puede hacer con un marido tan ocupado, ¿verdad?… Otra vez me la pasaré solita… ―le dije mientras le sonreía coqueta y enfatizaba la última palabra.

    Lo miré insinuante, con esa picardía que poseemos las mujeres atractivas y sensuales, y él, por supuesto, sosteniéndome la mirada solo me dijo:

    ―Falta de confianza señora, eso se puede arreglar si usted quiere…

    Al decir esto me miró los senos descaradamente.

    ―¡Estas loco!… ―le dije muy puta y sonriéndole me di la vuelta y moviendo las nalgas provocativamente.

    Me imagino que se le paró la verga al ver como oscilaban mis suculentas nalgotas, pues de reojo me di cuenta que se frotaba la bragueta. Entré a la casa y para mi sorpresa me sentía mojada de la panocha, en parte por las mamadas que me había dado mi marido y en parte por ese tipo que me había inquietado. Salí con mi marido a despedirlo, pero mi vista estaba en el chofer, el cual se despidió de mí dándome la mano con un prometedor:

    ―Hasta luego, señora… ―y que yo reafirmé con una leve e insinuante sonrisa.

    Al partir mi esposo, regresé a casa y me imaginé al chofer cogiéndome, se veía un bruto y me estremecí de pensarlo, pero el tiradero de la casa me hizo apartarlo de mi mente y me dediqué a mis quehaceres… Cerca de las 12 del día terminé y me fui a la sala, encendí el televisor y me fui quedando dormida… El ruido del teléfono me desperezó, contesté y me colgaron, eran las 14 horas… «Qué flojera», pensé. Fui al baño me lavé la cara y me maquillé levemente, estaba en eso cuando sonó el timbre del portón…

    ―¿Quién será?…

    Salí dispuesta a ver al clásico vendedor… El teléfono de nuevo y colgaron otra vez. Una vez más el timbre de la casa y ahora mi vecina. Charlé con ella unos cinco minutos y se despidió, me di una ducha para ir a casa de mi mamá y pasar la tarde con ella, pero que aburrida me iba a dar. Cambié de opinión y le hablaría a mi amiga Vero para salir a comer con ella. Me maquillé otra vez, elegí un vestidito corto de color rojizo, decidí no usar ropa interior de nuevo. Me encanta salirme a la calle sin nada debajo, excepto mi perfume favorito con olor a vainilla y mis sandalias de tacón. Me vi al espejo, me veía muy buena, bonita, más bien cachonda por mi cabello suelto, y con una cara de “cómeme”…

    De nuevo el timbre de la puerta: «Cómo chingan», pensé. Y de mala gana fui a ver quien era esta vez.

    ―Hola… ¡Qué tal si me invitas a pasar!…

    ―¡Julio!… ¿Qué haces aquí?… ―le dije sorprendida y nerviosa.

    ―¡Vengo por ti!…

    ―¡Estás loco!… Vete por favor te puede ver alguien, o puede regresar mi marido…

    ―No señora, ya están en Guerrero, y ahora vengo para darte lo que pides a gritos mi reina…

    Sin más me empujó y entró a la cochera, cerró el zaguán tras de sí y me tomó por la cintura; me acercó su cara rasposa por su barba sin afeitar y me besó. Su lengua entró en mi boca, me explotó el sabor delicioso de su saliva y una de sus manazas me apretaba las nalgas. Intenté separarme y no pude, el beso se prolongó y sin recato le correspondí… Me tomó de la mano y prácticamente me arrastró al interior de la casa. En la sala me seguí besando, me saco las tetas y se dedicó a chupármelas al tiempo que me seguía apretando las nalgas…

    ―Me encantan las viejas como tú que no usan ropa interior, son las más calientes y putas… ―me dijo jadeando. ―Cuando vine por tu marido me di cuenta que no traías nada debajo del vestido, se te veía todo, cabrona…

    ―Pero si uso… ―le dije confundida.

    ―¿Y ahora por qué no traes nada, puta?… ―me preguntó cínicamente mientras me seguía acariciando el culo.

    No dije nada y me gustó su atrevimiento y esas palabrotas que de inmediato me prenden, sus manos me habían levantado el vestido, me acariciaba las nalgas y me miraba con lujuria. De su pantalón se levantaba un bulto amenazador sin pensarlo le toqué esa verga por encima del pantalón.

    ―¡Llévame a la cama, quiero que me cojas riquísimo!… ―le dije ya sin medir las consecuencias y con toda la putería que fui capaz.

    Lo tomé de la mano y lo guie a mi recámara, pero él me hizo caminar adelante suyo, al tiempo que me nalgueaba sin cesar. Cuando llegamos, se quedó asombrado de lo bonita que tengo arreglada la recámara.

    ―¡Que rica camita!… ¿Aquí te empala tu marido?…

    Solo asentí con un ligero movimiento de cabeza.

    ―Me imagino que no te llena ese pendejo, ¿verdad?… Ya está viejo y tú estás bien jugosa… Desnúdate cosita, que ya me muero por trabarte… ¡Mira como traigo la verga, cómo a ti te gustan!… ―al tiempo que decía se quitó el pantalón mostrándome su tremendo garrote.

    Gruesas venas surcaban su verga, gorda y prieta. Su tórax velludo me hizo temblar de solo verlo y mi vagina se me contrajo al igual que mi ano.

    ―Quítate todo mami…

    ―Encuérame tú… ―le dije muy caliente.

    Me quitó el vestido y me dejó totalmente desnuda, me vio y sus ojos brillaron de lujuria.

    ―Déjate las zapatillas, me encanta cogerme a las putas con las zapatillas puestas y tiene unas patitas ricas…

    Yo estaba temblando, en un tris me desnudó y lo mismo hizo él.

    ―¿Qué te gusta que te hagan?…

    ―De todo, especialmente que me digas groserías y que me trates mal, eso me encanta.. ―dijo con voz pastosa por el deseo.

    Hincándome, le tomé la verga para verla de cerca, se la apreté y abriendo mi boca se la mamaba rico, como me gusta hacerlo.

    ―¡Si que eres puta, hija de la chingada!… Me encanta que me la mamen así, chúpala toda llénala de saliva para que te entre rico…

    Obediente lamí toda su verga, sabía a extraño, olía a ostras, pero se la seguí lamiendo y succionando. Su macana dura, brillaba por mi saliva, ¡qué ricura de verga, dura, prieta, grande, más bien enorme!… Me levantó y me acostó en la cama, de espaldas, su mirada me recorrió toda, instintivamente abrí las piernas y le mostré mi vagina abierta, afeitadita como me gusta tenerla siempre.

    ―¡Qué panochita más rica tienes Daniela, se ve riquísima, debes estar bien estrechita!… ―me dijo al tiempo que me pasaba la mano entre mis labios vaginales.

    Me abrió las piernas y acomodándose entre mis muslos, enfiló su lengua que me entró rauda en mi babeante hendidura, un gemido anunció su triunfo. Empecé a gemir más y más, hasta que a punto de venirme le supliqué entre gritos entrecortados.

    ―¡Cógeme Julio, métemela ya, te lo suplico!… ¡Clávame tu verga!…

    ―¡Te voy a sacar hasta los pedos, hija de tu pinche madre!…

    ―¡Hazlo papito, que me quemo!…

    Tomándome las piernas y abriéndome al máximo aproximó su verga a mi entrada, me jaló de las nalgas y de un golpe me la ensartó hasta el fondo, haciéndome gritar de tan ruda metida; pero al mismo tiempo lo jalé con mis piernas y me entregué a ese patán que me lastimaba, pero me hacía sentir mi panochita deliciosamente expandida. Sus movimientos de empalarme empezaron, primero rápidos y al poco tiempo lentos y deliciosos. Me estaba disfrutando como se le antojaba y yo me le entregaba entera. Me besaba y acariciaba todo el cuerpo mientras me cañoneaba una y otra vez, acomodándose me besaba el cuello y chupaba mis tetas sin dejar de penetrarme.

    Sus fuertes manos me tenían atrapada por las nalgas y a cada embestida me jalaba y me las apretaba con fuerza, parecía adivinar lo que esto me fascina… Moviéndose logró poner mis piernas en sus hombros y con esto sus embestidas se hicieron más profundas; yo sudaba y él me poseía a su antojo.

    ―¡Estás apretadísima, perra!… ¡Estás súper deliciosa!… ¡Qué bien coges, mami; muévete rico!…

    Yo cerrando los ojos no hacía más que entregarme a ese bruto, me movía como sé que les gusta a los hombres. Cuando me embestía yo salía a su encuentro moviendo mi cadera, haciendo más profunda la invasión de su verga a mis entrañas. Bombeando con furia y rapidez, me hizo explotar, mi papaya se contrajo rítmicamente como ordeñando esa verga rica que me ensartaba hasta el fondo y haciéndome gritar y gemir de gusto. Le di mi primer orgasmo intenso y prolongado como pocos, al tiempo que lo incitaba a que siguiera.

    ―¡Ohhh papi, me matas!… ¡Sigue así papito!… ¡Déjame bien cogida!… ¡Trábamela toda, cógeme duro!… ¡Julio mi vida, soy tuya, soy tu puta!… ¡Aghhh, me estoy viniendo!… ¡Así!… ¡Ay!… ¡Más, por favor, dame más, métemela toda!…

    Ese macho enfebrecido me daba con todas sus ganas, duro y más rápido… Se acomodó de nuevo y me aplastó con su pesado cuerpo haciéndome abrir mis muslos al máximo, sus cara con barba corta y me irritaba las tetas, me chupaba los pezones con fuerza y me los mordisqueaba; mis talones le pegaban en los glúteos pidiéndole más. Me hizo venir de nuevo y mis grititos entrecortados se lo hacían saber. Mis piernas lo rodearon por la cintura totalmente abierta de mi vulva y me entregué moviendo mi pelvis, sintiendo en mi clítoris los golpes de sus embestidas. Cuando ya no pude, contraje mis músculos vaginales con todas mis fuerzas y gocé como la puta que soy…

    Mis brazos lo apretaban y mis uñas se prendían a la piel de su espalda enterrándolas, pero disfrutando como nunca lo besaba con mi lengua y gemía de la rica cogida que me estaba regalando… Hasta que, por fin, sus chorros de leche caliente me inundaron, pero él seguía bombeando, enloqueciéndome y su verga dura batía por dentro mi estrecha cuevita convulsivamente pegada a su fierro. Finalmente me aflojé, me sentí desvanecer y él dejó poco a poco de moverse, quedando encima de mí, jadeante y besándome tiernamente en los labios, pasando su lengua y encontrando la mía, mojada y ofrecida, salivosa para ese bruto que me había gozado como nadie.

    Tembloroso se dejó caer a mi lado tratando de no aplastarme tanto, pero sin sacar su tranca de mi nido que poco a poco iba perdiendo su erección, al salirse un escurrimiento de su leche se hizo presente bajando entre el canal de mis nalgas y manchando la colcha de mi cama matrimonial, ¡allí mismo en la alcoba de mi esposo había sido cogida como nunca, pa’ las pulgas de mi marido, con su vieja y en su cama!…

    Estaba yo gozosa, me sentía transformada, estaba encantada con ese tipo, y se lo demostraba acariciándolo y abrazándome a él, me tenía rendida. Sin hablar, sin decirnos nada, nos quedamos en brazos uno del otro, recuperándonos ambos. Haciéndolo a un lado me levanté y sentí escurrir entre mis muslos su leche caliente, él me jaló de nuevo a la cama, me besaba, me acariciaba…

    ―Daniela, quiero tenerte de nuevo, mamita

    ―Espera mi vida tengo que ir al baño, ahora vuelvo

    Al regresar de hacer pis, él estaba de pie, su verga semierecta se veía aún mojada, ¡qué rico espectáculo para mí! Yo completamente desnuda, salvo mis chancletas, me sentía sudorosa y caliente aún, me acerqué insinuante y le dije:

    ―Ven papi, vamos a otro lugar…

    Lo llevé al estudio de la casa, me senté en el escritorio de mi marido y abriendo las piernas le dije insinuante:

    ―¿Quieres comerte mi bizcochito?, ya me lo lavé muy bien…

    Sin hacerse del rogar se inclinó ante mí y levantándome las piernas se dedicó a lamer mi panocha, allí mismo en el escritorio de mi esposo, entre sus documentos, entre sus planos… Yo estaba brindándole mi concha a la lengua de ese bruto, que había metido sus manotas bajo mis nalgas y me las apretaba deliciosamente.

    ―Ahora ven ―le dije― siéntate en el sillón, que te voy a mamar la verga como nadie te lo ha hecho…

    Muy obediente Julio se acomodó en el sillón ejecutivo de mi marido, y yo como su puta secretaria, le mamaba la verga; como si él fuera mi jefe y yo la golfa de la oficina. Su verga dura me prometió más placer…

    ―Espera aquí mi vida, no tardo, quiero que me cojas hasta dejarme harta de tanta verga… Ahora vuelvo… ―él se quedó quieto, algo sorprendido, pero se quedó allí, siguiendo el contoneo de mis nalgas y viéndome desaparecer a la puerta que da a la habitación principal.

    Rápidamente fui a mi recámara, me puse un liguero negro, medias negras y zapatillas de tiras de mis favoritas, claro, sin pantaletas. Me vestí estilo ejecutiva, falda y blusa; me maquillé como una puta y perfumándome mucho el “asunto”, regresé a donde estaba el chofer de mi marido, que al verme no pudo más que alegrarse de lo que veía.

    ―Siempre he querido ser la puta a la que se coge su jefe, ahora tu eres mi jefe… ―le dije descaradamente y mostrando mi tremendo trasero, levantando mi falda para mostrarle mis duras y redondas nalgas, enmarcadas en las medias y mi liguero negro.

    Dándome la vuelta le dije muy coqueta…

    ―¿Se le ofrece algo licenciado?… ¿Quiere tomar alguna cosa en especial?… ―al tiempo que sonreía y le insinuaba mis apetitosas tetas, que casi escapaban de mi blusa y mi voluptuoso trasero.

    Siguiéndome la corriente, mi nuevo amante se dejó llevar por la comedia que representábamos.

    ―Venga aquí Daniela, que le voy a dictar…

    ―Si licenciado…

    ―¿Qué espera Daniela?, tomé asiento…

    ―¿En dónde licenciado, si no hay ninguna silla?…

    ―¡Hija de la chingada, siempre has querido sentarte en una estaca y aquí la tienes cabrona!… ―dijo señalándome su enorme verga que cabeceaba con vida propia.

    ―¡Ay licenciado, creo que se equivoca!… Yo soy una mujer casada y muy recatada, no soy ninguna piruja… Pero ya que insiste, lo complaceré, pero por favor no vaya a pensar mal de mí, y el hecho de que me siente en su verga no quiere decir que sea una puta…

    Rodeé el escritorio y de inmediato sentí una fuerte nalgada, justamente cuando me sentaba en la tranca de mi supuesto jefe, que estaba totalmente desnudo y con su verga bien parada. Levantando mi falda me senté en su verga sin metérmela y empecé a mover mi trasero. Al sentir el contacto con mis nalgas, Julio emitió un gemido; me imaginé que nunca en su disipada vida, había tenido a una hembra tan nalgona como yo, sentadota en su verga y creyéndose mi jefe.

    ―Que culona está usted, señora Daniela, y que aroma más exquisito despide su cuerpo…

    ―¡Ay licenciado, no se mueva tanto que me está picando las nalgas con su cosota!…

    ―Se ve que no te han cogido en mucho tiempo, Danielita…

    ―Si licenciado, el pendejo de mi marido ya no puede y me abandona mucho, ¿usted cree? Es un imbécil, a veces creo que no le gusto…

    ―Pues si que tu marido es pendejo, mira que dejar este culito sin su ración diaria de verga, pero ahora ya no será así, yo te cogeré cada que ese pendejo no lo haga… Tú serás mi puta desde ahora.

    ―¡Ay licenciado, pero usted está acostumbrado a verdaderas hembras, y no creo cumplir con ese requisito!…

    ―No Danielita, no diga usted eso, yo la considero una potranca briosa y hambrienta porque se la monten… ¡Que digo una potranca, una señora yegua, con un enorme culote a la que hay que hacer relinchar con una verga bien dura y bien parada, y cogérsela como se la cogería un garañón!…

    ―Ay señor, que cosas tan cachondas me dice, pero creo que es solo para halagarme. Mire no le miento, mis chichitas no son lo grandes que las quisiera y de nalgas, pues creo que me defiendo un poco… ―dije echando el busto hacía delante y sacando mi trasero fuera del sillón.

    ―Daniela, usted me hace sufrir, y aún dice no tener los atributos suficientes… Cada día que la veo se me antoja ser el dueño de sus encantos y ahora que la tengo aquí, usted misma se ha dado cuenta como me la pone de dura; ¿o es que no siente la dureza de mi verga bajo sus nalgas?…

    ―Si licenciado, siento como me las pica y cómo su vergota busca ser consentida como si fuera una nena… Pero no me considera una malagradecida, así que por favor, déjeme mamársela ―le dije siguiendo el juego.

    Sin que me lo pidiera le volví a mamar su verga y él se estremecía, le di mis mejores mamadas, y un rato después me monté empalándome su pieza enorme en mi coño y moviendo mi cadera me lo seguí cogiendo muy sabroso moviendo mi pelvis y sintiendo su reata en mis entrañas. Oscilaba mis caderas suave y rico, mientras él me estrujaba las nalgas, y me chupaba las tetas que se habían escapado de mi blusa abierta, al tiempo uno de sus dedos me invadió mi apretado ano haciéndome gemir…

    ―Te gusta por atrás, ¿verdad puta?… Coges muy sabroso, y me imagino tu anillito bien estrechito y apretado alrededor de mi verga ―me dijo Julio.

    ―No lo sé señor, nunca me han cogido por allí, tengo el culo sin estrenar….

    ―No me digas eso, hija de tu reputa madre ―me dijo cariñosamente Julio, ―pues ahora mismo te lo romperé pinche puta.

    ―¡No licenciado, mi marido se dará cuenta!, yo seguía cogiendo más caliente que nunca, subiendo y bajando montada en su verga, mientras seguíamos con la charla caliente de nuestro juego.

    ―No creo que ese pendejo se dé cuenta, y si lo hace me vale una chingada, que vea como se coge un macho a una puta como su mujer.

    ―¡No, eso no!… ―le dije al tiempo que me desmontaba de él y me dirigí al sofá del estudio.

    El chofer de mi marido me alcanzó y ya sin decir más, le ofrecí mis nalgas abiertas para que me culeara, dirigiendo su gruesa cabeza de su verga a mis pliegues de mi culito. Me untó algo de saliva y se dedicó a encularme… Fue un suplicio, pero finalmente me entró, poco a poco su verga ganaba terreno, yo sufría, mi esfínter dilatado me dolía, pero lo alentaba a que me culera más, moviendo el trasero hacia él y acomodándome lo mejor que podía para permitir la penetración… Finalmente me entró con un golpe seco toda su verga, grité y me jaló de los cabellos, entrándome toda, haciéndome pujar y llorar, pero no dije nada.

    Él siguió con su verga adentro, me la sacó un poco y vuelta otra vez, donde me la metió de nuevo hasta la raíz; hasta que empezó el rico movimiento de entrada y salido de mi distendido ano. Me ardía terrible, le pedí que me la sacara, no hizo caso, a cambio me dio unas fuertes y sonoras nalgadas, enrojeciendo mi trasero. El muy maldito me estaba culeando de una manera terrible, salvaje, pero yo estaba encantada; lo deseaba así, con furia, y él cumplía a la perfección. Me jalaba de las caderas o del pelo una y otra vez, hasta que no pude más y sentí desmayarme del placer, al mismo tiempo que sentía delicioso, un dolor tremendo, sucio y humillante pero delicioso, me entregué a él y le empecé a gritar…

    ―¡Más fuerte papi, dame más!… ¡Así cabrón ábreme el culo!… ¡Es tuyo papito, gózalo como se te dé la gana!… ―y Julio lo hacía.

    Me la metía con rudeza, me la sacaba casia hasta la punta y me la dejaba ir de golpe. Mis pliegues del ano se expandían a cada metida, y con cada arremetida explotaba, me sentía morir, pero allí estaba aguantando hasta que por fin no pude más y le supliqué que me la sacara, era mucha verga para mi culo. Creo que sintió lástima por mí, y lo hizo. Al sacármela tenía muestras de mi excremento, olía a mí, y tuve que ir corriendo al baño a defecar, me había sacado la mierda y corrí al retrete.

    Terminé de hacer caca, pero seguía con más ganas, así que usando una pequeña manguera que tengo para irrigarme, me lavé el interior de mi recto y quedé prácticamente limpia. Salí del baño y fui hasta él que se había lavado la verga en el otro baño, lo vi limpio, y se me contrajo el culo de solo verle la macana. Fui a mi recamara y tomando algo de crema me unté generosamente mis rozadas nalgas y mi irritado ano, regresé y me le ofrecí de nuevo.

    Julio no lo podía creer, estaba yo ofreciéndole descaradamente mis ampulosas ancas y el apretado hoyo de mi culo adolorido, pero él entendió mi deseo y sin decir nada me apunto la verga y me la enterró de un golpazo. Me hizo gritar, pero la crema evitó la fricción con mis tejidos, así me estuvo culeando, diciéndome lo puta que era y yo sollozando y jadeando me entregué a su verga de nuevo con mi culo abierto, disfrutando de ese animal que me tenía súper enchufada.

    Sus manos me tomaban por las nalgas y me apretaban con gran fuerza, me entraba y salía a un ritmo veloz hasta que una de sus dedos hurgaron en mi panocha y empezó a dedearme al tiempo que me enculaba haciéndome gritar y explotar como una perra en celo en un orgasmo inigualable, al tiempo que él ya no aguantó más y se vino en mi culo, en el interior de mi recto, ahora lleno de su leche…

    Le di las nalgas y él me gozó como ninguna puta lo había complacido, al terminar me sacó su fierro y su leche con mi sangre confundidos gotearon; me limpié el culo y él me lo besó, me agradeció lo rica que había sido y me enterneció. Lo besé y recostados en el sofá empezamos a besarnos y a acariciarnos como dos amantes. Me decía que le encantaba, que desde siempre me había deseado y que nunca pensó ni en sueños que pudiera tenerme sin embargo esto había sido para él lo máximo.

    Yo le comenté lo mío, y le dije que mi esposo ya no me buscaba como antes, y de inmediato se ofreció a ser mi amante por más tiempo, y yo lo acepté. Así que ya puestos de acuerdo nos bañamos, comimos algo pues ya eran cerca de las cuatro de la tarde, y me comporté con él como si fuera su esposa.

    Ya cerca de las seis de la tarde se vistió, lo acompañé al portón de mi casa, nos despedimos en un prolongado beso, delicioso y me hizo la promesa de volverme a visitar cuando su jefe saliera nuevamente, de allí en adelante sería mi amante, y claro que yo estaba dispuesta a entregarme todas las veces que él quisiera; pues después de ser suya y sentir su rigor, quería que me siguiera cogiendo muchas veces. En eso estábamos cuando a lo lejos se vieron las luces de un automóvil, sin saber quien era me volvió a besar y se marchó, mientras yo entraba a casa.

    En pocos minutos llegó mi marido, una vez más con aliento alcohólico. Todo pasó muy rápido, entró a la casa y sin decirme nada me tomó por la cintura.

    ―Ya regresé mamita… ―me dijo muy cachondo, al voltear a verlo, me di cuenta que traía labial en el cuello y con mucho coraje me separé de él.

    ―Por lo menos límpiate el cuello que lo traes todo pintarrajeado ―le dije molesta― se ve que no te llenó la golfa con la que andas, ¿verdad?…

    Él se desconcertó, se fue al baño y se limpió, regresó a mi lado, yo sentada en la sala, aún con molestias por la tremenda cogida que me habían dado. Pero pudo más mi coraje y le reclamé sus fechorías y el muy cornudo, me pidió perdón, y era tanto mi coraje que no aguanté más y le dije con furia:

    ―Pues, entérate que mientras tú te cogías a esa puta, otro hombre estuvo aquí y me entregué a él… Sí, aunque me veas de esa manera… Fui suya aquí en la casa, hoy mismo y me hizo disfrutar como tú ya no puedes…

    ―Estás loca, no puedes decirme eso… ―me dijo el pobrecito.

    ―Claro que puedo, sobre todo con estás nalgotas… ―dije dándome una nalgadita y levantándome la falda que dejó al descubierto el liguero que enmarcaba mis desnudas pampas.― Me cogió como quiso y me hizo gozar muchísimo… Se acaba de ir hace muy poco tiempo, de hecho si llagas antes me hubieras encontrado entregándome a él…

    No me dijo nada, me soltó una bofetada y se fue a la recámara, supongo que vio las evidencias ya que la cama estaba toda revuelta, mientras yo lloraba y esperaba lo peor por mi estupidez de haberle dicho. Llegó de nuevo ante mí, me levantó por el cabello, me dio un empellón y me derribó; gateando traté de escapar, pero me atrapó por un tobillo y me arrastró al centro de la sala; con mis uñas me afiancé al tapete derribando la mesa de centro.

    Yo chillaba desesperada cuando me tomó de las greñas y me estampó una bofetada haciéndome de nalgas y golpeándome la cabeza. Pero mi esposo, aún no terminaba conmigo, pues me desgajó toda mi vestimenta y me arrastró de los cabellos sacándome al patio; afortunadamente no tenemos vecinos tan cercanos, si no, se hubiera hecho un escándalo.

    Después de romperme la madre, se fue a la calle y me dejó allí llorando, no sin antes decirme que era una puta, una perra, una cerda y otras linduras más. Me levanté y me fui a la cama quedándome dormida vestida como estaba, y no desperté hasta muy entrada la noche…

    Me puse mi bata para dormir, me alisé el cabello y al contemplarme en el espejo, tenía un moretón en la barbilla y los ojos un poco hinchados de tanto lloriquear. Me fui a la cocina tomé un poco de leche tibia, estaba arrepentida de lo que pasó con mi marido, no sabía qué hacer, el daño estaba hecho, ahora mi esposo sabía que otro hombre me la había metido y solo esperaba lo peor; sin embargo, el desenlace sería algo que nunca imaginé…

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  • Mi tía y sus hijas (3 de 3)

    Mi tía y sus hijas (3 de 3)

    Para mi desgracia el año pasó rápidamente y al tener la mala suerte de aprobar el curso me cambié a la universidad de mi ciudad con gran pesar me despedí de mis primas y mi tía, pues había pasado un año increíble.

    Con mi prima María no eché ningún polvo más, sólo el que os relaté en el anterior relato, pero en dos ocasiones que nos quedamos solos se avino a hacerme una buena mamada. Con mi tía sí que practiqué más sexo, pero la mayoría de veces me tuve que contentar con que me la chupase o me masturbase, por miedo a que nos pillaran.

    Pero a la que más echaría de menos era a mi prima Miriam con la que me había acostumbrado a follar casi todos los días. El día antes de irme nos pegamos un polvazo bestial y al acabar mi prima comenzó a llorar diciéndome que me echaría mucho de menos. Yo la calmé diciendo que nos iríamos viendo y que puede que coincidiéramos en vacaciones.

    Así que volví a mi ciudad al poco de acabar el curso y me tuve que volver acostumbrar a recurrir a las pajas para aliviar mi calentura. Comencé el curso y conocí a una compañera con la que empecé a salir. Después de varias semanas nos acostamos y aunque estuvo bien yo seguía echando de menos a mi tía y sus primas.

    Casi sin que me diera cuenta llegaron las navidades y las típicas reuniones familiares. La verdad es que nunca me han gustado esas reuniones, pero entonces pensé en que vería a mis primas y mi tía y eso me animó. No vinieron en nochebuena, pues la pasaron con la familia de mi tía en su ciudad, pero en Navidad irían a comer a casa de otra de mis tías que vivía a pocas calles de donde yo.

    Fuimos pronto a casa de mi tía pues mi madre es la típica a la que les gusta meterse en la cocina para ayudar. Fueron llegando todos mis familiares y las últimos fueron mi estimada tía y mis primas.

    Mi tía vestía un traje chaqueta blanco y unas medias del mismo color. Mi prima Miriam un pantalón ajustado blanco y una camiseta ajustadilla. Mi polla pareció querer salir ella sola del pantalón al ver a mi prima pues se había colocado dos coletas que le daban todo el aspecto de una colegiala. Mi prima María vestía un traje rojo oscuro y unas medias negras. Las tres me saludaron con un efusivo abrazo, pero yo me contuve de responder muy efusivamente pues no quería que mis parientes vieran nada raro.

    Después de la típica charla con los parientes nos sentamos en la mesa para comer. Yo me senté en una de las esquinas. Al lado se sentó Miriam y al otro, otra de mis primas llamada Nuria. Empecé a hablar con Miriam sobre como lo había pasado en mi ausencia.

    —Me he aburrido mucho —dijo y me miró con lujuria.

    Entonces noté su mano en mi entrepierna. Yo miré alarmado a mi prima Nuria, pero como la mesa tenía un mantel largo no veía nada. Seguí hablando mientras mi verga crecía bajo mis pantalones. Entonces yo bajé mi mano y empecé a acariciar a mi prima. Introduje la mano entre sus pantalones y noté su diminuto tanga ya húmedo.

    En ese momento se acercó mi madre y nos preguntó qué queríamos de comer. Rápidamente quité mi mano, mi prima hizo lo mismo, y le contestamos. Pasé toda la comida pensando cómo poder tirarme a mi prima. Casi al final se me ocurrió que ya que me acababa de comprar un ordenador nuevo podía llevarla a mi casa con la excusa de enseñárselo.

    —Claro, claro —dijo mi madre mientras los padres de mi prima asentían.—Espera que yo también quiero verlo —dijo María.

    Yo la miré duramente pensando que quería joderme el plan.

    —Claro enséñalo a María también —aprobó mi madre—Nuria, Jordi, ¿no queréis verlo vosotros también? —preguntó mi madre a mis otros primos.—No tita, no me gustan los ordenadores —respondió Nuria y Jordi dijo más o menos lo mismo.—Salí de casa de mi tía bastante enfadado consciente que la oportunidad se me había escapado y no dije nada en todo el camino. Cuando llegamos a mi piso entramos en el ascensor y me fije en las sonrisas de mis dos primas.

    —Seguro que pensabas follarte a Miriam —empezó María a lo que yo me ruboricé.

    —¡Pero qué te has creído!

    —Yo, yo…

    —No te vas a follar sólo a mi hermana —dijo. Yo me callé y la miré fijamente sin saber qué decir. Miré a Miriam que se estaba riendo.

    —Me aburría mucho yo sola —dijo con voz de niña pequeña—Y María quiso “jugar” alguna vez conmigo. Me contó que tu “jugabas” con ella.

    —Esas tenemos ¿ehh? —dije con una gran sonrisa.

    Bajamos del ascensor y abrí la puerta de mi casa. Mis primas me empujaron hacia adentro y me echaron sobre el sofá. Se abalanzaron sobre mí y sin dejar de besarme y acariciarme me desnudaron completamente.

    Entonces se lanzaron las dos hacia mi verga que tenía una erección increíble. Las dos devoraban mi polla, y había veces en que sus bocas se encontraban y no dudaban en besarse. Eso me excitó tanto que no tardé en correrme. Las dos lo notaron y abrieron bien sus bocas para recibir mis chorros de leche que les bañó la cara. Mis primas se lamieron mi leche de la cara la una a la otra.

    Se pusieron de pie y empezaron a desnudarse. María se quedó sólo con las medias y Miriam con el tanguita que se quitó completamente mojado.

    —Te han crecido las tetas cariño —le dije a Miriam que sonrió. Ahora también tenía más vello, pero aún no llegaba al bosque de su madre.

    Por su parte María llevaba su conejito perfectamente depilado.

    —Me aburría tanto que me divertía yo sola —me dijo Miriam.—Pero es más divertido jugar juntas —indicó María y se estiró en el suelo. Miriam se puso de rodillas sobre su cara para que su hermana pudiera lamerle el coño. Pero no tardó en agacharse para lamer el de María iniciando un excitante 69. Viendo a mis dos primas follar de esa manera hizo que mi polla recuperara todo su esplendor al momento. Me coloqué detrás de Miriam y le puse la polla en la boca a María que me la chupó con frenesí.

    —Sí así, así —le decía.— María alternaba mi polla con el coño de su hermana que pedía a gritos que me la follara. Cosa que no dude en hacer. De un solo golpe se la metí en el culo hasta los huevos. Mi prima chilló de dolor y yo me paré para que se acostumbrara a tenerla dentro.

    —¡Vamos no pares, fóllame, fóllame! —gritaba Miriam fuera de sí.

    Empecé a metérsela a lo bestia lo que provocó una seria de gritos de placer y dolor en mi prima. Cada vez que sacaba mi polla del culito de Miriam notaba como la lengua de María la lamía.

    —¡Me corro, me corro! —exclamó mi prima— ¡Ahhh!

    Yo continué penetrándola con fuerza varios minutos más hasta que le llené su culito de leche. Saqué mi polla e hice que María me la volviera a chupar, mi prima se la tragó entera y noté que en ese momento tenía un orgasmo.

    Mi prima Miriam se levantó deseosa de volver a sentir mi polla en su boca. María se puso de rodillas y Miriam a su lado, las dos con la boca abierta. Yo fui metiendo mi polla ora en una ora en la otra hasta que se recuperó.

    —Ahora me toca a mí —dijo María.

    Hizo que me sentara en el sofá y se colocó encima mío, metiéndose ella misma mi polla en su encharcado coño y empezó a botar lanzando gemidos de placer. Yo estaba en la gloria después de todo nunca me había follado por el coño a mi prima. Miriam se puso a mi lado y mientras acariciaba los pechos de su hermana me besaban a mí con pasión. Hubo un momento en que los tres nos besamos y nuestras lenguas se juntaron. María tuvo un orgasmo y se desmontó dejando su puesto a su hermanita con un gesto. Miriam se colocó sobre mi polla y se dejó caer de un golpe, siendo así penetrada de golpe. Miriam gritaba de placer mientras María no dejaba de acariciar su coño y me besaba.

    No sé si era por el morbo de follarme a mis dos primas o por otro motivo que mi capacidad de aguante era increíble. Miriam tuvo dos orgasmos más antes de volver a ceder su puesto a María que estaba tan deseosa que se estaba masturbando con tres dedos introducidos en su coño. Pero María se colocó de espaldas a mí y cogiendo mi polla la dirigió hacia su culo. Yo al ver sus intenciones apunté la cabeza de mi verga hacia su ano y la penetré, mi prima se dejó caer siendo totalmente empalada provocando un grito de dolor.

    Miriam se puso de rodillas delante de donde estábamos sentados y empezó a lamer el coño de su hermanita y penetrarla con los dedos.

    —¡Siii, hermanita no pares!

    Estábamos tan excitados que no oímos la puerta. Antes que nos diéramos cuenta mí tía entro y provocó que María chillara del susto.

    —¡Mamá! —exclamó Miriam levantándose y tapándose. Mi tía nos miraba fijamente, pero no parecía sorprendida.

    —Ya me esperaba algo así por eso me decidí a venir yo sola —dijo. María y Miriam se habían levantado, pero yo me había quedado sentado en el sofá con la polla erecta y llena de flujos.

    —Has sido muy malo, sospechaba que no solo disfrutabas de mí, pero nunca hubiera imaginado esto —continuó mi tía, que no parecía enfadada y se acercó al sofá— Creo que tengo que castigarte. —Se sentó y se tragó mi polla. La chupaba como si le fuera la vida en eso y me llevó rápidamente al orgasmo. Yo levanté la falda de su traje y metí mis dedos bajo sus bragas que estaban húmedas. Me corrí en su boca y entonces vi a mis dos primas mirarnos con los ojos muy abiertos. María era la más sorprendida pues Miriam me había visto haciéndolo con su madre.

    Mi tía se levantó y se quitó el traje dejándose sólo las medias y el sujetador.

    —¿Sois muy mayores para jugar con mamaíta? —Mis primas se miraron sorprendidas y se acercaron a su madre y empezaron a acariciarla. Mi tía se estiró en el suelo y Miriam se puso de cuatro patas y colocó su cara entre sus piernas para chuparle el coño. María acercó su coño al de su madre y esta empezó a lamerlo con desespero. Mi polla parecía no querer descansar pues ya estaba dura como una piedra. Me coloqué detrás de Miriam y se la metí por el coño. Mi prima empezó a remover su trasero.

    —Más, más —decía.— María fue la primera en correrse, mi tía lo hizo después y Miriam la siguió entre aullidos de placer.

    —Me corro, me corrooo —exclamé sacándola del coñito de mi prima para bañarla con mi semen.

    Miriam se puso de rodillas y María y mi tía Lourdes se colocaron a su lado. Mi verga empezó a lanzar una abundante lluvia de leche que cayó sobre los rostros de mi tía y sus hijas que la esperaban con las bocas abiertas. Las tres se lamieron mutuamente los restos de mi corrida. Mi excitación no bajaba por lo que mi pene quedó semirígido. Mi tía me miró y sonrió.

    Estuvimos follando durante casi una hora entera en la que penetré a cada una de ellas por delante y por el detrás, llegando a correrme cuatro veces más. En mi último orgasmo caía exhausto y pensé con alegría en que mis primas y mi tía volverían para Reyes. Además, mi tía me dijo que había hablado con mi madre para irnos juntos de vacaciones con lo que podría disfrutar de mi querida tía y sus hijas.

    Fin.

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  • Mi hijo el stripper (2 de 3)

    Mi hijo el stripper (2 de 3)

    Ya os conté lo que pasó con mi hijo y mis amigas hace unas semanas, ahora les contaré lo que sucedió ayer. Después de aquella noche, mi hijo la verdad es que actuaba con total normalidad, como si no hubiera pasado nada, tendría razón al hablar de bloqueos mentales y todo eso, que era un trabajo y nada más. Yo si que pensaba la verdad y mi hermana Yoli me lo recordaba a cada rato. Una mañana vino mi hermana a casa.

    —Hola cariño —dijo Yoli al entrar por la puerta.

    —Dime Yoli, ¿que te trae por aquí? —Respondí.

    —¿Sabes que la Juani el otro día le pagó a tu hijo un show privado?

    —¿Esa fea flacucha y salida con nariz de loro? —Respondió Esperanza

    —Si la misma, para que veas y encima me llamó para contarme las guarradas que le había hecho a tu hijo.

    —Ay pobre hijo mío, que asco le daría con ese espanto…

    En ese momento entró Manuel todo sudado porque venía de hacer footing.

    —Hola cariño, un beso —dijo Espe.

    —Hola mamá, hola tita… voy a ducharme

    —Manuelito, Manuelito —dijo su tía Yoli.

    —¿Qué me contó la Juani del otro día?

    —Ay tía, yo no hablo de curro, son cosas privadas.

    —Pero hijo, yo entiendo todo eso de tu trabajo, ¿pero no te da asco con una mujer de 50 años y tan fea? —Dijo Espe.

    —Bueno mamá, a mí me da igual que sea fea, es un curro, a mí no me importa que me miren desnudo y eso, no soy pudoroso, ala que me voy a duchar.

    Pasaron 10 minutos y Manuel ya estaba duchándose.

    —Oye hermana, ¿vamos a ver como se ducha en niño?

    —¿Ya empezamos otra vez? ¡Deja la tontería hermana que tu también tienes 50 años por el amor de Dios!

    —Por eso mismo, yo tengo 50 y tu hijo 18, mis ojos no van a ver a nadie más así, ¿no te acuerdas de su aparato? No me digas que no te gustaría volver a ver su polla… ala que te den, yo voy…

    —¡Yoliii!

    Yoli entró en el cuarto de baño.

    —Hola cariño, ¿puedo entrar?

    —Ya estás dentro tía, dime qué quieres.

    —Nada, que como dices que no eres pudoroso, me preguntaba si no te importaba que tu tía te mirase como te duchas, vamos, que te mirase desnudo.

    —No tranqui tía, tu mira lo que quieras, ya me has visto desnudo, no me da corte y menos después de lo del otro día, ¿qué? ¿la ves bien? —dijo mientras se pasaba la ducha por el cuerpo y se ponía delante de su tía .

    Yoli apartó la mampara.

    —Ahora si la veo bien, es preciosa cariño, de verdad, que grande la tienes, me la vas a tener que enseñar muchas veces.

    Manuel terminó de ducharse y empezó a secarse con la toalla.

    —Sobrino tienes una polla muy grande, ¿cuánto te mide?

    —Pues no lo sé, unos 20 o 22 supongo.

    —¿Sabes? A tu madre le da corte venir a verte ahora. ¿A ti te molesta que te venga a ver desnudo?

    —No, a mi esas cosas no me dan corte.

    —¿Te la puedo medir? ¿Me dejas? —Dijo Yoli mientras miraba el cuerpo desnudo de su sobrino. Salió y fue a por la cinta métrica.

    —Espe, hermana, voy a medírsela a tu hijo, ven a verlo desnudo.

    —Bueno me gustaría verlo, pero no sé.

    —Haz lo que quieras yo voy a medírsela.

    En ese momento sonó el móvil de Manuel.

    —Espeee, trae el móvil de tu hijo, por favor. No te importa que te vea tu madre ¿verdad?

    —No tranqui.

    Espe entró tímidamente.

    —Ay por Dios ¿qué es esto?

    —Si mucho ay por Dios, pero no dejas de mirar el aparato de tu hijo, anda ven que lo voy a medir.

    —Joder —dijo Manuel— esta llamada es de las largas y me tengo que afeitar la polla y los huevos y me tengo que ir ya.

    —Si no te importa yo te afeito —dijo Yoli.

    —¡Yoli! —dijo Esperanza.

    —Ok, me haces un favor tita.

    Yoli conectó la maquinilla eléctrica y empezó a afeitar las partes de Manuel, con la mano izquierda manejaba el pene de Manuel y con la derecha la maquinilla.

    —Sobre todo los huevos —dijo Manuel.

    —Anda Espe, hermana, agarra un momento la pistolita de Manuelito que le afeito los huevos por debajo y no puedo así.

    —¿Qué dices? Estás zumbada.

    —Que la agarres, ¿por qué te da corte después de lo del otro día?

    —¡El otro día no éramos nosotras hermana por favor!

    —A ver tontorrona, dame tu mano ya

    —Ay es que me da cosilla… bueno trae. —Y agarró la polla desde la puntita, tenía una sensación extraña la verdad.

    Yoli continuó con los huevos mientras Manuel seguía enfrascado en la conversación.

    —Espe… —dijo Yoli en voz baja— no seas reprimida joder, agárrala bien, con toda la mano, él no se da cuenta ahora.

    —No sé no sé, estás loca —y acto seguido Yoli abrió la pala de la mano de Esperanza y la puso a lo largo de la polla de Manuel.

    —¿Ves tonta? No pasa nada. ¿Quieres que me pase un poco contigo hermanita?

    —No seas mala Yoli te estás pasando.

    —Si pero tú no apartas la mano. Mira lo que hago. Y agarró la mano de su hermana y empezó a moverla de arriba abajo, frotando Esperanza todo el pene de su hijo.

    —¿Bueno termináis? —Dijo Manuel—Venga, venga, medidla y ya que me voy.

    Yoli le agarró el pene intentando tocarlo por todas partes y haciendo broma a su sobrino mientras lo manoseaba.

    —¿No te gusta sobrino? Si el otro día probé tu leche y todo.

    —Venga tía que me tengo que ir, mírame desnudo siempre que quieras y puedes tocarme algo, pero para más has de pagar.

    Yoli agarró entonces la mano de su hermana y la puso en la polla.

    —¿Y para tu madre también? —Y empezó a masturbarlo con la mano de su madre mientras esta se quedó muda.

    —Lo mismo, venga pesadas, me la mido yo, toma 23 cm en descanso y para que me dejéis en paz un regalito que no se repetirá, tía abre la boca, va…

    Yoli la abrió y Manuel puso su polla dentro de la boca de Yoli y la empujó dos veces y la sacó.

    —¿Estás contenta tía? ¿Me puedo ir ya?

    —Joder sobrino que sabor más guapo ¿y a tu madre?

    —Yoliii —dijo Esperanza.

    —Mi madre no sé, no sé, ¿tú quieres mamá? Me tengo que ir ya.

    —No se —dijo dudando Esperanza— ¿qué hago Yoli?

    —Venga no seas tonta, ¡ábrela y ya!

    Esperanza la abrió y Manuel le hizo lo mismo y cuando la iba a sacar Yoli lo detuvo.

    —Un poquito más que es tu madre ¿no? —Dijo yoli… Manuel le dio un poquito más la sacó y se fue.

    —Estamos locas Yoli, locas de remate.

    —Lo se hermanita, pero es que está buenísimo, yo me lo follaba ¿y tú?

    —Estás loca, es mi hijo, jugar así es una cosa follar es otra.

    —Pues que sepas, que esta noche la Rosi y la Juani han pagado un show total a tu hijo y vamos a ir.

    —No, yo paso.

    —¡¡Vamos a ir he dicho!!

    Ya estaban las cuatro en casa de Rosi.

    —Bueno chicas, ¿preparadas para la fiesta? —dijo Rosi cuando Manuel llamó al timbre.

    —Hola a todas, vaya si también está mi madre y mi tía…

    —Bueno chico —dijo Juani— hemos reunido 600 euros, ¿estás dispuesto a aceptarlos?

    —Hombre eso es mucha pasta, pero a ver que tengo que hacer.

    —Eso no te importa niño, lo que queramos, los aceptas o no.

    —Bueno si, pero según que cosas paso.

    —Sólo te los daremos a cambio de tu cartera, por si te niegas te jodemos con tu documentación y tarjetas, tú mismo, ¿aceptas?

    —Es mucha pasta, anda toma y portaos bien.

    —Ok, ok, —dijo Rosi la gorda—. En esta ocasión mientras jugamos a algo, tú serás nuestro camarero y nos irás sirviendo, vas a ir sólo con esto puesto. Rosi sacó un trapito minúsculo, poco más grande que un pañuelo con un cordel cosido para que pudiera ponérselo en la cintura y apenas tapase la polla y la dejase ver mientras caminaba.

    Pasaron unos minutos y Manuel hizo su aparición, estaba increíble, como un dios griego, escultural y dejando ver tímidamente su aparato con cualquier movimiento.

    Ellas empezaron a jugar mientras Manuel servía copas e iba bailando por todas las invitadas. Manuel sirvió una copa a su madre y Rosi que estaba a su derecha aprovechó para tocar el culo a Manuel.

    —Vaya culo prieto tiene tu bebé Esperanza, está para comérselo —dijo mientras le daba un mordisquito.

    Manuel que sabía cómo ponerlas a mil se dio la vuelta dejando sus nalgas a la cara de su madre, ésta las tocó suavemente mientras Rosi mordisqueaba el pene de Manuel por encima del pañuelo.

    —Vaya con la mamá —dijo Juani— mirad como esta vez le va tocando ya sin decirle nada.

    —¿Qué pasa chicas? ¿Habéis visto lo que hice yo? Este trozo de carne lo he hecho yo salidas, ¿por qué no voy a tocar este culo tan perfecto?

    —Guarraaa —dijo su hermana Yoli— jajaja se continuó riendo.

    —A ver chicas —dijo Juani—. Mientras Rosi sigue jugando con el bichito os digo lo que hemos hecho Rosi y yo. Debajo de todas estas cartas hay una cosa que tendrá que hacer Manuelito o hacerle a él, tiraremos los dados y quien gane hará lo que salga en la carta, ¿estáis todas de acuerdo?

    —¿Pero son cosas muy fuertes? —Preguntó Esperanza

    —Tú te apuntas o no, si no te apuntas te has de ir, son cosas que si salen se hacen y punto, hay de todo y es una suerte a quien le toque, a lo mejor tu no ganas nunca y te quedas con las ganas jajaja.

    —Pero chicas —interrumpió Manuel—. Hay ciertas cosas que con mi madre o mi tía no quiero.

    —Tú te callas, que tenemos tus cosas, tu harás lo que se te diga y punto, ¿no eres un profesional, no te bloqueas? El morbo del asunto es que será la fortuna la que dictamine qué pasa.

    —Ok, ok, pero espero que no sean cosas muy fuertes jajaja.

    —Bueno Espe, ¿qué dices? ¿y tu Yoli?

    —Yo me quedo encantada jajaja faltaría más.

    –Pero Yoliii.

    —Pero Espeee… ¿te imaginas que tu crío se folla a alguna? Yo quiero ver a ese toro bravo follar, vamos que lo quiero ver , ¿acaso tu no lo quieres ver?

    —Hombre reconozco que me gusta ver a mi hijo así, y tengo curiosidad por verlo follar a una de estas viejas salidas, pero como me toque a mí, me da algo, no sé si podré.

    —Venga Espe pues vete ya.

    —¿Y no me puedo quedar y solo mirar?

    —Nooo —respondieron todas.

    —Bueno está bien me quedo, tengo mucha curiosidad por ver a mi hijo así.

    Y empezaron a barajar las cartas, tiraron los dados y Juani la fea sacó el número más alto. Rosi levantó la carta y leyó “Te comerás una natilla que Manuel te dará utilizando su cuchara de la entrepierna…”

    Manuel se acercó a Juani que estaba feliz, con esa nariz aguileña y su delgadez casi extrema, un palillo vamos, abrió la boca y Manuel con el glande lleno de natilla se puso encima de la silla de ella y arqueando las piernas comenzó a bajar su pene puntiagudo hacia abajo hasta introducirlo en la boca de Juani que lamió y relamió el pene.

    —Ay hijo que polla tan rica tienes, la mejor natilla del mundo —dijo. Y así continuo hasta el final mientras todas miraban y comentaban.

    —Anda Esperanza —decía su hermana— anda que como te toque algo así a ti…

    En la segunda tirada de dados ganó Esperanza y todas gritaron: “alaaa ¿a ver que le sale a la mamá?”

    Juani levantó la carta y leyó “Ponte aceite lubricante en las manos y pásalas por todo el cuerpo hasta que esté completamente lubricado, mientras Manuel has de bailar y contornarte sensualmente”.

    Se rieron todas.

    Esperanza repetía “que fuerte, que fuerte” mientras Yoli le ponía un buen chorretón en las manos de su hermana.

    Manuel ya estaba listo, moviéndose, el pañuelito de la cintura iba dejando ver el pene por momento, Espe se levantó y empezó tímidamente por la espalda y por el pecho, se puso detrás de Manuel y empezó a masajear el pecho y las abdominales.

    —Bueno chicas ¿ya está? —Dijo Espe.

    Rosi y Juani le dijeron a Manuel que debía hacer exactamente lo mismo que haría si fuese un show con una desconocida. Entonces Manuel agarró la mano derecha de su madre y la bajó justo donde empezaba el cordel del pañuelo, él estiró el cordel y continuó bajando la mano de su madre lentamente, un poquito hacia delante y otro poquito hacia atrás, para calentar a las demás que no paraban de decir “Uuuy casiii”, finalmente bajó la mano del todo, la subió, la bajó, la subió y la volvió a bajar y apretarla duramente contra su polla y la dejó allí, entonces agarró la mano izquierda de su madre y repitió el proceso, cuando las dos manos estuvieron agarrando la polla se quitó el pañuelo de un tirón y a hacer un juego de cintura de forma que Esperanza lo masturbaba por los movimientos.

    —Hay dios mío —dijo Esperanza—. Uyyy pero que es estooo, jajaja

    —Pero como tiene la polla tu niño ehhh

    —La tiene gigante, madre mía, pero que polla tiene…

    —¿Ya no te da corte? —Dijo Yoli

    —Bueno algo si, jajaja, pero es que está tan grande y resbaladiza, tan caliente que es un gusto tremendo, ven toca, —y Yoli no se cortó y empezó a sobarle la polla también.

    —La tiene majestuosa hermana, ven agarra otra vez que ya pasa tu turno.

    —Bueno que le vaya tocando la polla mientras tiramos los dados… Espe siguió con el juego mientras tocaba la polla de su hijo lentamente.

    Esperanza volvió a ganar y leyeron “La ganadora escogerá a quien le come el coño Manuel durante 10 minutos” rieron todas

    —Anda hermanita.

    —Ya te gustaría Yoli, no, elijo a Juani, lo siento Rosi, tú estás muy gorda.

    Manuel empezó a lamer el coño de Juani, estaba bastante peludo, pero daba igual, Juani no tardó en correrse. Mientras Yoli le comentaba a su hermana —¿te has puesto cachonda? Yo lo estoy mucho.

    —Bueno, la verdad es que si, es increíble la polla que tiene Manuel, no sé a quién ha salido, que gusto tocar un miembro así de lubricado.

    Manuel terminó, Juani se corrió dos veces más, le dejó la boca a Manuel muy mojada. En la ronda siguiente ganó Rosi “Llenaremos de Nutella todas las partes de Manuel, culo, huevos y polla y la que escojas lo ha de limpiar en 5 minutos, de lo contrario tendrá que pagar 50 euros, si ves que no llegas podrás pedir ayuda”.

    —Bueno Yoli ¿no estás tan cachonda? Pues a por tu sobrino.

    Manuel se acercó a su tía completamente embadurnado con Nutella y Yoli como una loca ansiosa empezó a lamerlo sin parar, empezó por el culo, y siguió por la polla, con la tontería se le fue la olla y le estaba haciendo una felación.

    —Manuel dijo —oye tía que vas a perder, que se te ve el plumero.

    —Joder es verdad, anda hermana ayúdame ya.

    —¿Cómo?

    —¡Yaaa! —Y cogió la cabeza de Esperanza y la empujó a los huevos de su hijo—. Venga date prisa y cómete toda la Nutella.

    Las dos hermanas no pararon y al final lo consiguieron. Manuel ya estaba un poco trempado.

    —Mañana no quiero ni un comentario de esto ¿eh mamá y tita?

    En la siguiente partida ganó Esperanza y leyó “llegó la hora de follar”. Se quedó en estado de shock “escoge a quien se ha de follar Manuel durante 15 minutos”.

    —Ufff menos mal, creía que me daba un ataque, bueno a Rosi gordita te ha tocado jajaja.

    Manuel la puso esturada y la comenzó a penetrar salvajemente, parecía una bestia del pasado, un animal, el semental de una manada que es el que monta a todas las hembras, la imagen las dejó impactadas a todas, ver a ese joven musculoso de 18 años, sudando y empujando como un potro las puso a mil.

    —¿Estás viendo a tu hijo? —Dijeron las dos

    —Joo… der. Ese es mi hijo. —Esperanza no pudo evitar mojar las bragas— ¡pero que macho ostias! —Se acercó y empezó a frotar la espalda y culo de su hijo.— Joder mi niño que fuerza tienes empujando, pareces un toro —mientras le hablaba, con la mano derecha le iba tocando el pecho y las abdominales— ¡mira Yoli y no se cansa!

    Yoli estaba en otro mundo imaginándose que era ella la penetrada, Juani empezó a lamer el culo de Manuel, eso le encantaba y Esperanza continuaba.

    —Y que duro estás hijo, cuanto deporte debes hacer ¿eh? —Su mano derecha ya había bajado hasta el coño de Rosi y apretaba parte de la polla de su hijo mientras este empujaba como un toro, Yoli se había agachado y le empezó a manosear los huevos…

    —Escuchad Rosi y Juani, pasamos del juego ya…. ¿Y a saco? Vosotras mandáis.

    —Pero Yoli —dijo Espe— es que no se… no seee —mientras cada vez tocaba más parte de la polla de su hijo…

    Juani no se pronunciaba y Rosi que ya estaba para desmayarse gritó..

    —A tomar por culo el juegooo … aaaahh dios miooo, Manuel satisfaz a todas, a todas, haz lo que quieran contigo, tu madre y tía incluidas, si ellas quieren tu hijo puta no te vas a negar, te enteras, aaaah… Siiii… lo que ellas quieran y aguanta toda la noche porque te vamos a dejar secooo…

    —Joder —dijo Manuel— yo no digo nada, es mi trabajo, yo me dejo llevar que habéis pagado, haré todo lo que queráis.

    Yoli se levantó y empezó a besar profundamente a Manuel, este claro, se dejaba y correspondía… mientras Manuel sacó la polla y se corrió en las tetas de Rosi… Juani fue corriendo y se comió todo el semen, y después limpió toda la polla de Manuel hasta dejarla sin rastro…

    Yoli y Juani tumbaron a Manuel en el suelo y se desnudaron…

    —¿No vas a follar a tu hijo? —dijo Rosi—. Te digo que no es normal, es de otro mundo, este aguanta toda la noche te lo aseguro, Juani ya se lo ha tirado varias veces, lo está convirtiendo en puto que lo sepas, tu hijo por dinero folla a quien sea, pruébalo.

    —No sé, me está poniendo a mil, pero es que algo me echa atrás. —Todo esto sucedía mientras Yoli se dejaba chupar el coño y Juani cabalgaba a Manuel.

    Cambiaron de postura. Yoli dijo:

    —Venga Manuel me pongo a cuatro, dame bien, quiero sentir tu polla dentro de mí, todaaa… —Dijo mientras Manuel la penetró y comenzó a follar.

    —Yoli loca que haces —dijo Espe.

    —Tenía que pasar hermana… aghhh joder, es fantástico, es fantástico, tienes que probarlo hermana, por favor, tienes que probarlo…

    En eso Manuel se fue a correr otra vez.

    —Espera —dijo Yoli— en la boca sobrino, en la bocaaa —y Manuel llenó la boca de su tía de leche calentita que Yoli devoró con ansia— guauuu —dijo Yoli— es increíble, el mejor polvo de mi vida.

    —Chicas dejad que me recupere un poco….

    —Bueno Manuelito te vas a follar a tu madre —dijeron Rosi y Juani.

    —¿Yo? —Dijo Manuel, pero es queee…

    —Nada nada.

    —Joder que es muy fuerte… que me la chupe y ya, me corro en su boca y listo.

    —Que no que no —interrumpió Espe— que yo también paso, esto ya es demasiado.

    —Espe por favor, —dijo Juani— fóllate al niño de verdad, es una maravilla te lo digo yo, no es tu hijo ahora, es el estríper contratado.

    —Si hermana, no lo mires así, es que no te vas sin probarlo, es increíble y yo luego repito.

    —Es que no seee… estoy caliente pero que pensareis vosotras yo con mi hijo.

    —Tú confía en mí y déjate llevar, no hay nada de malo, no pensaremos que eres un monstruo ni nada de eso —repetía mientras ya le quitó la parte de arriba y comenzaba por los pantalones.

    —Es que y mañana en casa como lo miro…

    —Déjate llevar ¿ok? ¿Tú Manuel cómo estás?

    —Bueno necesito un momento, pero yo ya me he bloqueado.

    —Mira Espe, tu niño ya se ha bloqueado, haz tu lo mismo, mira ven Manuel, tu Espe siéntate en la mesa, ves Manuel que manos tiene tu madre, siempre con las uñas arregladitas, anda pon la polla en sus manos. —Manuel la puso en sus manos.

    Espe iba a decir algo cuando la pararon… “déjate llevar”.

    —Venga Espe masturba a tu hijo.

    —Bueno chicas, me dejo llevar a ver a donde llego y comenzó a masturbar a su hijo, estando ella sentada en la mesa y Manuel de pie. Manuel le dijo —un poco más suave y con la otra mano acaríciame los huevos —dicho y hecho, la polla de Manuel fue creciendo.

    —Ahora hermanita, pon su puntita en tu entradita y continúa masturbando…

    —Bufff —Espe hizo caso y se puso a mil— por favor hermana, fréname que no aguanto… nada nada —dijo Yoli y empujó a Manuel para que entrase la puntita… Esperanza lanzó un gritito y jadeando dijo— Está bien ¡fóllameee!… —Manuel comenzó a follarla, la levantó follándola en sus brazos y la puso contra la mesa para follarla por detrás.

    Yoli se puso al lado de su hermana con la piernas muy abiertas y dijo gritando —Manuel, dame por favor, dame más que me voy a morir de pasión.

    Manuel sacó la polla del coño de su madre y la metió en el de su tía, comenzó a follarla por segunda vez, Yoli se incorporaba y lo besaba salvajemente.

    —Qué Espe —dijo Juani— ¿Cómo sienta la polla descomunal de tu niño en tu coño? Reconoce que te gusta.

    —Es bárbaro la verdad, me estoy follando a mi hijo, que locura, pero que macho tengo…

    —¿Te lo vas a follar más?

    —Joder claro, me quiero correr dos veces más por lo menos y tragarme su semen. Manuelito deja a tu tía y vuelve a follarme que me tienes como una perra en celo. —Manuel la sacó de su tía, comenzó a comerle el coño a su madre para después atravesarla otra vez como un salvaje.

    —Mami, estoy a punto de correrme, si no quieres mi leche, tía Yoli está loca por saborearla.

    —¡Dios mío, dios mío esto es pecado, estoy en el infierno del placer, que barbaridad! Córrete en mi boca Manuel, en mi bocaaa…

    Manuel se corrió en la boca de su madre que no dejó ni una gota.

    —Ha sido flipante, madre mía, ¿cómo estás Manuel? ¿Estás cansado?

    —Un poca la verdad.

    —Pero puedes aguantar más, nos puedes dar a todas de poco en poco, ¿no ponemos en fila chicas?

    —Jajaja mira la Espe —dijeron todas.

    —Bueno habéis pagado ¿no?

    —Hay que aprovechar, ¿puedes o no hijo?

    —Algo puedo, por lo menos dos corridas o tal vez tres puedo.

    —Pues nos ponemos a cuatro patas y nos vas dando a las cuatro, pero te corres en mi boca y en la de tu tía que ellas ya te han aprovechado bastante.

    —Como quieras, la próxima me corro en tía Yoli y después en ti y si hay una tercera en Juani que aunque es muy fea, lo siento Juani, la chupa muy bien y me da muchísimo morbo, no sé por qué pero me da morbo.

    —¡Juaniiii! —dijeron todas.

    —Bueno el niño le ha dado por ahí, de hecho, alguna vez no me ha cobrado jajaja y me estoy volviendo adicta a su semen.

    —Y a nosotras nos follarás otro día —dijo Yoli.

    —Bueno tita, si quieres me puedes ver desnudo en casa siempre y mamá también, y alguna vez me dejaré tocar, pero para follar, sin pasta nada de nada.

    —Bueno, bueno, se acabó la cháchara —dijo Espe—. A follar que no ha terminado la noche…

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  • La perfecta esclava Marina

    La perfecta esclava Marina

    Hola, me llamo Marina, pero mis dueñas me llaman Mari. Tengo 23 años y lo que os quiero relatar, pasó hace justo 3 años, en 2022.

    Yo soy de un pueblo de la provincia de Cáceres, cercano a Trujillo. Hace tres años me enteré que en Madrid buscaban una chica interna, para atender una casa, llamé, me informé y todo me pareció bien.

    Se trataba de dos personas, madre e hija, a quienes tenía que atender, lo vi fenomenal, pues no tenían mascota que cuidar, ni mucho que ensuciar, pues dos personas… entendí que era trabajo muy llevadero.

    Empecé el 1 de marzo del 2022, era martes. Tenía que ir a la calle Claudio Coello de Madrid, cerca de la Puerta de Alcalá.

    Allí me presenté ante la señora Isabel, quién me explicó un poco por encima como iba todo y lo que quería de mí.

    Me llevó a la que iba a ser mi habitación, todo lo encontré fantástico y enseguida me puse a trabajar en la cocina.

    A eso de las 2 de la tarde, llegó la señorita Vanessa, una maravillosa muchacha que tenía un año más que yo.

    La señorita Vanessa la verdad es que es un encanto de mujer. Un tipo espectacular, alta, esbelta, majestuosa…

    Se la veía muy elegante, y enseguida me quedé prendada de ella.

    Obviamente traté de ser normal ante mis jefas Isabel, y Vanessa, yo me ocupaba de tenerles la comida, la cena, servírsela…

    Recoger, lavar y planchar sus ropas, adecentar los aseos, hacer las camas, limpiar el polvo y tener todo colocado…

    La señorita Vanessa estudiaba piano en el conservatorio. Y su madre la señora Isabel vivía bastante bien cobrando varios alquileres de diferentes naves industriales que tiene en propiedad.

    El piso que tienen en la calle Claudio Coello es una monada, pero también tienen un chalet precioso en Becerril de la Sierra (Madrid) dónde pasan muchos fines de semana.

    Yo trabajaba bien, para tener todo recogido y ordenado como les gustaba a mis jefas.

    Cuando se despertaba sobre las 8 horas, la señora Isabel, yo ya le tenía calentito su café, sus tostadas, su zumo de naranja recién exprimido, y todo colocado en su sitio favorito de la cocina dónde ella solía desayunar.

    A la señorita Vanessa, también se lo preparaba igual, pero un poco más tarde, pues ella suele levantarse sobre las 10 horas. Me encantaba podérselo servir.

    Pronto me hice con la cocina, con los gustos de mis jefas, poniendo atención a esos sabores que sabía que les gustaban.

    Me encantaba tratar a mis jefas con mucho respeto y educación. Ellas lo merecían.

    Con quién más rato estaba era con la señora Isabel. Una mujer elegante, también con un tipo excelente. Se cuidaba mucho. Comía muy sano, utilizaba buenas cremas para nutrir su piel y aunque tenía 43 años en 2022, cuando yo la conocí, no los aparentaba. Se la veía bastante más joven.

    La señora Isabel, se acababa de separar y no estaba atravesando un buen momento, por todo lo que conlleva una separación.

    Yo entonces me entregue a servirle con todo respeto y con mucha sumisión. Me gustaba que sintieran que yo era su criada, que estaba allí para servirles, y poco a poco me iba cargando con más y más obligaciones.

    Yo les hacia la compra, les hacía recados, les tenía todo el calzado impoluto, les limpiaba el coche por dentro y por fuera muchas veces, sobre todo los fines de semana, cuando se iban a Becerril de la Sierra. Allí también les servía siempre con mucho respeto.

    Cuando llegó agosto del 2022, La señorita Vanessa se fue unos días de vacaciones con su amiga Silvia, a Lloret de Mar (Girona).

    Yo me quedé con su madre, que quiso ir a Becerril de la Sierra a descansar.

    Yo con la señora Isabel estuve encantada, pues sabía como tratarla, sabía lo que le gustaba y hacia todo lo posible por tenerla siempre contenta.

    En el chalet de Becerril, tenían piscina particular y allí se ponía todos los días la señora Isabel a tomar el sol, en su tumbona.

    Yo me acercaba muchas veces, para preguntarle si deseaba tomar algo…Y casi siempre era agua lo que me pedía.

    Pero una mañana, me pide una cerveza, yo se la sirvo rápidamente… y me dice:

    –¿Dónde está mi aperitivo?

    –Ahora mismo se lo preparo, señora Isabel, le digo yo.

    –Eso ya lo tienes que tener preparado… me contestó.

    Yo enseguida abrí una lata de mejillones y se los puse sobre unas patatas de bolsa y rápido se lo serví pidiéndole perdón.

    Me puse en plan sumisa, y sólo me faltó ponerme de rodillas, para suplicar que me perdonara.

    A la señora Isabel le gustaba mi sumisión, le agradaba que yo estuviese pendiente de Ella, siempre tratándole de usted, con mucho respeto y educación.

    Esa misma mañana me dijo que quería comer en el jardín, yo por supuesto le monté su mesa en el jardín como ella quería y le serví allí su comida, una ensalada Cesar y un salmón con champiñones. Yo le puse su buen vino, su postre, le serví allí su café y la verdad es que cada vez más y más me desvivía, por contentar a mi jefa Isabel. Ella por supuesto se debió dar cuenta, pues después de tomarse el café, entró al chalet, se sentó en el sofá para ver la tele… Y cuándo yo le dije si me necesitaba, pues iba a ir a comer… La señora Isabel, cómo en broma me contestó: Hoy deberías estar castigada sin comer, por haberme fallado ésta mañana con el aperitivo.

    Yo sumisamente le comenté a la señora Isabel, que tenía toda la razón, que le volvía a pedir perdón y que por supuesto no iba a comer, cómo castigo.

    La señora Isabel, me dijo: Así me gusta, que aprendas que los fallos tienen su castigo… Así la próxima vez estarás más atenta.

    Yo sinceramente, no me esperaba eso de la señora Isabel. Pero no quedó ahí la cosa…

    Yo le comenté, que es que ya tenía la comida preparada… Sólo faltaba calentármela…

    Y la señora Isabel se levantó, se fue conmigo a la cocina y me dijo: A ver… ¿Dónde está tú comida?

    –Aquí la tengo señora Isabel. Y se la enseñé.

    La señora Isabel, cogió mi plato y lo que tenía, una rodaja de salmón con ensalada, lo tiró a la basura y me dijo:

    –¿Has visto que fácil es la cosa? Así de simple… Si no hay castigo, no vas a prender nunca, me dijo sonriendo.

    –Yo lo siento por el salmón, señora Isabel. Ya que lo tenía hecho… pero tiene usted razón. Tengo mucho que aprender y seguramente que me tendrá que castigar muchas más veces…

    –No te preocupes por eso, yo encantada de castigarte todas las veces que haga falta… Obviamente por tu bien, terminó diciendo con algo de ironismo.

    El caso es que ella se volvió a sentar en el sofá. Yo le pregunté: ¿Desea algo más señora Isabel?

    Y ella me contestó: Pues ya que hoy no vas a comer por estar castigada, deberías darme un masaje en los pies, mientras veo la tele, a modo de castigo, pues quedarte sin una comida, es muy poco castigo.

    Yo enseguida me arrodille a sus pies y le dije: Tiene toda la razón señora Isabel, una vez más le pido perdón y me quedo aquí arrodillada a sus pies para servirle y hacer lo que usted quiera mandar…

    –Muy bien. Me dijo la señora Isabel. Y añadió… De momento trae un taburete o una silla, para que yo pueda apoyar mis pies…Mientras tú me los masajeas.

    Yo le obedecí, coloqué una silla, para que sobre ella pudiera descansar sus pies. Yo me puse frente a ella, arrodillada y así estuve un buen rato masajeando sus pies.

    Sinceramente mi jefa Isabel tiene unos pies preciosos y yo de no haber estado arrodillada hubiera disfrutado dándole ese masaje. Pero no estaba acostumbrada a estar arrodillada y a la media hora ya me empezaban a doler las rodillas.

    Mi jefa notó que estaba incómoda… Me preguntó porqué me movía tanto…

    –Yo le dije, que es que me dolían las rodillas…

    Y mi señora me contestó: Es normal, los primeros días, suele suceder. Tendrás que irte acostumbrando, si quieres ser una buena criada.

    Sí mi señora Isabel le contesté yo, perdóneme.

    Ella al verme tan sumisa, tan vulnerable… No se apiadó y me tuvo otro rato bastante largo arrodillada a sus pies, dándole el masaje.

    Después de casi una hora de rodillas masajeando sus pies, mi jefa me pregunta si me gustan sus pies y yo le digo que sí, que tiene unos pies muy bonitos, muy finos y elegantes…

    Isabel me dice: Bésamelos y cálzame las zapatillas. Creo que por hoy es suficiente castigo.

    Yo veo el cielo abierto… Le beso sus pies con devoción varias veces, le calzo sus zapatillas y le doy las gracias por su castigo.

    Mi jefa me sonríe, y me dice que he estado muy bien, para ser mi primer castigo.

    Así quedó la cosa.

    Pero a la noche después de cenar, la señora Isabel se levanta para ir al baño a lavarse la boca. Y enseguida me llama, para que vaya.

    Yo acudo a su llamada y veo un rollo de papel higiénico en el suelo del cuarto de baño.

    Mi señora Isabel me dice: ¿Crees que está bien ese rollo de papel en el suelo?

    –No mi señora Isabel. Le contesté. Y lo recogí del suelo y lo coloqué en su sitio.

    Obviamente yo no lo había puesto en el suelo. Me pareció muy extraño. Y sinceramente pensé enseguida que era cosa de mi señora Isabel, pero obviamente no me atreví a decirle nada, y me limité a pedirle perdón.

    La señora Isabel me dijo: ¿Otra vez te tengo que perdonar?

    Yo me volví arrodillar otra vez ante ella y le supliqué sumisamente perdón.

    Estábamos las dos aún en el cuarto de baño. Cuando mi señora Isabel me vio de rodillas ante ella, se quedó algo sorprendida, pero enseguida me puso su mano en la cara y me dio pequeños cachetes diciéndome: ¿No sé qué voy hacer contigo?

    Voy a tener que volverte a castigar…

    Si mi señora Isabel, lo que usted mande… Le juro que yo no lo he tirado.

    Y mi señora Isabel me contestó: Tú no lo habrás tirado, pero estaba ahí en el suelo. Y ese no es su sitio.

    Yo no te tengo a ti para que estén los royos de papel por el suelo… ¿Lo entiendes? Me dijo mi jefa.

    Yo seguía de rodillas, sabía que mi jefa estaba dando el paso de quererme dominar… Se lo puse fácil, pues no le había protestado jamás. Todo lo contrario, siempre me puse a su favor y aquella noche mi jefa cogió las riendas de la situación.

    Yo que seguía arrodillada ante ella, la miré rogando, suplicando su perdón.

    Ella con su fina y elegante mano me dio su primera bofetada en pleno rostro.

    Yo de alguna manera esperaba esa bofetada, pero no tan fuerte…

    Me agaché, me incliné ante ella besando sus pies…

    Pero mi señora Isabel, me cogió de los pelos y me hizo mirarle de nuevo a la cara, mientras me decía:

    –Ya me besarás los pies después… Ahora mereces un castigo, lo sabes…

    Sí señora Isabel, lo que usted mande, lo que usted quiera, lo que usted decida…

    Me volvió a dar otro tremendo bofetón y me dijo:

    –Creo que tú y yo lo vamos a pasar muy bien, a partir de ahora… Y añadió…

    Bueno, obviamente yo lo voy a pasar mejor que tú… ¿No te parece?

    –Sí señora Isabel, haré todo lo que usted quiera… para ser mejor criada suya.

    La señora Isabel, dándome otra bofetada bastante fuerte me dijo:

    –No quiero que me llames señora Isabel. Quiero que me digas ama, dueña, diosa Isabel.

    A partir de ahora soy tu dueña, tu ama, podré tratarte como quiera, castigarte como me plazca…

    ¿Te gusta la idea?

    Sí mi ama, haré todo cómo quiera usted. Está en su derecho de poder castigarme como lo desee, quiero aprender a ser la mejor criada para usted.

    Mi señora me sonrió una vez más, y yo la notaba que le gustaba todo lo que estaba pasando en ese chalet de Becerril de la Sierra.

    Mi ama, mi dueña Isabel, despacio, con elegancia me cogió de la barbilla y me dio repetidos bofetones…

    Quizás ocho, tal vez, diez… No los pude contar, estaba sintiendo algo maravilloso a cada bofetada que mi dueña me daba.

    De repente paró, me ordenó quitarme la camisa… y empezó a pellizcar mis pezones una y otra vez… Yo me retorcía de dolor.

    Era el 5 de agosto, hacía mucho calor… Y aquella situación era un volcán de pasiones, de sentimientos nuevos y hasta extraños.

    Mi dueña Isabel volvió a darme cuatro o cinco bofetadas y después me pellizcó los mofletes, tenía la cara totalmente roja.

    Me cogió de los pelos y a cuatro patas tuve que seguirle hasta su habitación.

    Ella se sentó al borde de su cama y yo frente a ella tuve que soportar nuevos bofetones… Mientras me dijo:

    Mira cómo tienes de caliente a tú ama… Quiero que me lamas el coño ya, puta perra, me tienes encendida…

    Yo lamí su clítoris, metí mi lengua hasta lo más profundo de su coño y sentí cómo se corría en mi boca.

    La vi llena de placer a mi dueña y yo me sentía contenta de ver a mi divina ama Isabel tan feliz.

    Creí por un momento todo había terminado. Yo le estaba dando besos en los muslos a mi dueña Isabel.

    Mi ama entonces me preguntó: Perra… ¿Quieres correrte?

    Yo casi fuera de mí, le dije: Si mi ama, si mi dueña, Sí divina diosa Isabel… Me quiero correr…

    Y mi dueña, dándome otro fuerte bofetón me contestó:

    Pues yo no quiero que te corras… Ese será tú castigo, por no haber recogido a tiempo el rollo de papel.

    Ahora vas a ser mi esclava y te prohíbo correrte sin mi permiso.

    Vas a saber lo que es jugar conmigo… Voy hacer de ti, una esclava perfecta.

    Mi ama se recostó sobre la cama y me ordenó lamerle los pies.

    Estuve así un buen rato… Hasta que noté de nuevo cómo mi ama volvía a encenderse.

    Sus latidos, sus jadeos, no dejaban duda de lo que estaba sintiendo mi dueña Isabel.

    Por supuesto volvió a correrse en mi boca otra vez.

    Se sintió agotada, se extendió sobre la cama y me obligó a dormir con ella en su habitación.

    Ella sobre la cama y yo en el suelo. Era verano… y lo aguanté bien.

    Tardé mucho en dormir, pues había estado de alguna forma muy excitada y mi ama Isabel, no me había dejado correrme.

    Pero es que a las 6 y media, mi ama me despierta, para que le vuelva a dar otra vez placer.

    Vuelvo a lamer su coño, su pipa, su clítoris… Me bebo todos sus jugos… Vuelvo a sentir cómo disfruta una y otra y otra vez mi dueña.

    Ese día mi dueña no me dejó desahogarme. Yo estaba loca de deseo…

    Pero mi ama me prohibió disfrutar.

    Si me permitió correrme al siguiente día.

    Hasta que regresó su hija Vanessa de vacaciones, mi dueña Isabel me tuvo día y noche a su servicio.

    Me humilló, me azotó, me abofeteó infinidad de veces… Yo misma estaba sorprendida de mi aguante.

    Por primera vez sentí lo que el poder de una ama. A partir de ese agosto de 2022, mi vida cambió por completo.

    Dio un cambio radical, pues era imposible esconder nuestra relación ante la señorita Vanessa.

    Su madre, mi divina dueña y ama Isabel, algo le dejó entrever a su hija… pero ni una cuarta parte de lo en realidad era el dominio al cual me tenía sometida mi dueña Isabel.

    Pronto se fue dando cuenta la señorita Vanessa. Pronto empecé a sentir también su dominio.

    La señorita Vanessa es bastante más refinada de su madre. Me castiga muy severamente y es mucho más dominante y caprichosa que su madre.

    Varias veces, estuve a punto de dejar esa relación, pues ya no podía soportar los castigos de mi ama Vanessa.

    Sobre todo cuando me castigaba con sus zapatillas o sus chanclas. Entonces su madre, muchas veces tenía que salir en mi defensa, pues los zapatillazos que su hija me daba, eran tremendos…

    Han pasado ya tres años y sigo siendo esclava de ellas. Tengo mucho que soportar, lo sé… pero es maravilloso poder ser la esclava de dos bellísimas mujeres.

    Mi ama Isabel la verdad es que se comporta muy bien conmigo, no siempre lógicamente, pero la entiendo muy bien como mi ama que es… Y la hago mucho disfrutar, sin tanto castigo y sin tantos miedos.

    Hay veces que mi ama Isabel me regala blusas, ropa suya usada, pero que está muy bien.

    La señorita Vanessa, no me puede dar su ropa, pues ella es muy delgada y más alta que yo y no me vale nada de ella.

    A veces me trata mejor… Pero sigue castigándome bastante.

    Gracias a Dios, desde septiembre del año pasado, mi ama Vanessa viaja mucho tocando el piano en diferentes ciudades y hay semanas que sólo la veo dos o tres días.

    Me gusta, realmente estoy loca por ella, pero sé que es algo imposible tener una bonita relación con ella, pues enseguida le entra su lado dominante y noto que conmigo sólo disfruta humillándome y castigándome duramente.

    Yo lo aguanto principalmente por su madre, pues me sabe dar una de cal y una de arena.

    En otra entrega os hablaré más detalladamente de Vanessa, de los castigos y humillaciones que le tengo que soportar.

    Realmente me gusta mucho, pero han pasado tres años y su dominio sigue siendo el mismo.

    Ahora no me da tantos zapatillazos en la cara, pero me castiga a tener que estar horas enteras de rodillas, escribiéndole frases que ella me dicta.

    Por ejemplo: “Solo valgo para lamer el divino culo de mi ama y dueña Vanessa”. Eso me lo hizo copiar 500 veces, la semana pasada, copiárselo de rodillas y sobre granos de arroz. Es un castigo muy molesto y doloroso, pues acabas con un fuerte dolor de rodillas, y también de brazo, pues 500 veces copiar la misma frase se hace monótono y desagradable. Espantoso para el brazo, que no está acostumbrado a esos castigos y deja su huella…

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  • Mary y Alberto (match y cogimos)

    Mary y Alberto (match y cogimos)

    Ya con cinco años separada, mi vida se tornaba aburrida, era solo trabajo, visitar a mis padres y atender lo que les hiciera falta, entre casa e hijos… me di cuenta que en realidad los problemas que tenía solo eran los que debía resolver como abogada, que los niños estuvieran bien, que mi círculo de amistad era muy pequeño y de pretendientes, muchos, pero ninguno que me gustara, quería algo distinto…

    Este relato es 100 % real y lo comparto para expresar por este medio, lo que la sociedad llamaría como promiscuidad o aún peor, sobajar a una mujer por llevar a cabo sus instintos más bajos. Me dicen Mary y vivo al norte del estado de México, tengo 37 años, mido 1.70 y soy de complexión voluptuosa, la vida me dio un atributo difícil de ocultar, nalgas respingadas, piernas largas, mis senos copa DD y poseen unas grandes aureolas rosadas que son llamativas y unos grandes pezones que se distinguen bajo la ropa a veces aun con el brasier puesto, tengo bellas piernas, con enormes ojos y unos labios carnosos y llamativos, largo cabello rizado.

    Mi actitud siempre es servicial amable amorosa con mi familia y cuando tengo pareja, soy entregada y tierna, cuadrada en el trabajo y siempre recta en la vida diaria, aunque tengo mi lado b, que escondo bien y que solo quien está al nivel que me gusta, lo conoce.

    Siempre he vestido casual y recatada pero con vestidos cortos de vuelo, escotes no tan pronunciados, pues mi físico voluptuoso me ha traído situaciones incomodas en el transporte público, en entrevistas laborales, en la calle, incluso en fiestas familiares donde todo tipo de hombres y de todas las edades me han querido llevar a la cama o aunque sea manosear, todas estas situaciones me generaban desapego y desinterés en los hombres en general, hasta que lo conocí a él, pero quiero comentarles como llegue a él.

    Una amiga me dijo que ella cambiaba de novio seguido porque entraba a una aplicación de parejas en Facebook; realmente mi intención era conocer a alguien y descubrir que pasaría, charlar y compartir ideas…  Todo con calma.

    Subí esas fotos que pedía la app; fotos de cara y una de cuerpo entero, nada ostentoso, me encontré con algunos match que me decían que me querían conocer, pero mi trabajo, el desinterés y el cansancio hacía que no le diera continuidad, a veces pasaban días y yo ni entraba a la app, excepto cuando leí un perfil con las iniciales AC, que creí pretendían esconder su nombre, pensé que en el fondo mostraba recato según yo, en su primer mensaje hacia una descripción total de quién era y que hacía, el mensaje, al ser tan distinto, llamó mi atención y fue que tenía gustos muy parecidos a los míos y que además se veía atractivo, le propuse dejarle mi número después de responderle el mensaje, porque yo estaba segura que no iba a entrar con tanta frecuencia ahí.

    Después de escribir un poco en WhatsApp, noté que Alberto siempre hacía mucho énfasis en qué le gustaba el sexo, que le gustaban las cosas fuera de lo común y ahí pregunté: ¿cómo qué?

    Ahí empezó todo mi delirio, por fin había encontrado el clic perfecto sexual, que difícilmente encuentro en un hombre normal, hablaba de perversiones en fantasía, de como mojar la vagina de una mujer, cosas así, que me prendían. Después de días, muy pocos por cierto, nos organizamos para vernos, dejé a los niños con mi mama y yo me puse guapísima para la cita, al estar arreglándome, sentía algo nuevo, mi cuerpo temblaba de emoción, sentía que necesitaba una aventura y cosas nuevas en mi vida.

    La cita fue en una plaza con un estacionamiento subterráneo, me pidió que fuera vestida con un escote pronunciado y algo chiquito le obedecí y usé un lindo vestido gris, zapatos blancos de tacón, los más altos y oliendo delicioso, esas fueron sus peticiones para vernos, me excitaba que me dijeran que ponerme, pensando en todo lo que habíamos hablado en mensajes y que nos gustaría hacer cuando nos viéramos, el pregunto que como quería que me saludara y respondí que con un abrazo y un beso que fuera tierno y un abrazo grande, mi vagina estaba salivando de solo imaginar el momento con todo lo que íbamos a hacer.

    Debo mencionarles que parte de mi gusto por él, es que domino desde un principio y yo siendo complaciente y sumisa, me provocaba sentirme deseada y sometida a cosas que me excitaban de sobremanera, más aún porque siendo abogada y mamá separada siempre he sido quien toma rienda de todo, pero con el me convertí en ser totalmente de su propiedad a veces son juicio, desde que obedecí a lo que iba a llevar puesto y todo lo que me pedía, supe que ya estaba perdida.

    Me fui al lugar, tome un Uber, él me dijo que le enseñará mi cuerpo al conductor, que me hiciera notar, cosa que hice, pero no tuve que hacer mucho, el morboso conductor me veía sin provocarlo, yo, nerviosísima y emocionada le seguí el juego y la charla al chofer, fue mi primera vez haciendo eso y me encanto, porque el hecho de provocar a alguien y saber que se iba a quedar caliente me gustaba, quizá me vi malévola porque le enseñaba un poco, me veía como perro hambriento y me gustó, yo ya estaba caliente cuando baje del taxi, pues cada cosa del conductor y que le enseñaba se la iba contando a Alberto y me decía que se sobaba rico.

    Llegué… llegué antes, por diez minutos de diferencia, mientras el llegaba, entre a una tienda de zapatillas, me probé dos pares, pero ninguno me convencía, esperé por él, cuando me dijo que ya había llegado, salí de la tienda y lo noté a lo lejos, alto, guapísimo, vestido de negro, yo con mii corazón latiendo duro, para mí esto era una primera vez; nos vimos de frente, su primer comentario fue: ¡wow! Eres más bonita en persona, me beso como se lo pedí, me sujetó la cintura, espalda, cadera, olvidamos el abrazo pronunciado, no solo yo era la que estaba nerviosa, me llevó de la mano afuera, yo no hacía más que obedecerle.

    Fuimos a su camioneta dando vueltas al estacionamiento, encontramos un lugar pero no podíamos hacer mucho ahí, ya que me había dicho en mensajes que él quería faje en el auto. Se presentó conmigo y de inmediato me dio la confianza, pues tomaba mi mano, me calmo escucharlo y comencé a perder el miedo pero sobre todo a confiar en el, no solo es guapo, es educado y sexual, desde que escribimos se me antojaba probar su néctar y a él, el mío, así que de inmediato buscamos en donde estar, pagamos el estacionamiento y manejamos lento por la avenida.

    Pretendí ir a otro lugar, comer o algo, siendo honesta trate de fingir que quería rescatarme un poco, pero nos ganó el antojo; vimos un motel grande, apto para el cometido, mi mente pensaba que quería probar de todo, sabía que nuestra mente estaba igual de enferma…

    Un macho de verdad que me tomaba de la mano y me sobaba la cintura al caminar a la habitación, al entrar nos besamos, tocándonos frente a la ventana que aún quedaba abierta en donde nos alcanzó a ver quién debía el cambio.

    De una maleta saco una bocina, una botella de vodka, soda, vino tinto, condones.

    Cerramos, acomodamos las cortinas, bajamos la luz, me beso de nuevo sentí su lengua como cogiendo mi boca, jamás me habían besado así, me empinó en la cama, me subió la falda, hizo a un lado mi calzón negro de encaje, acaricio mis nalgas, las separó con sus manos y las beso, me lamio mi cueva mojada y mi ano apretado, después de entrar en mi con sus dedos y lengua me quedaba claro que saboreaba cada parte; yo también quería de él, se puso un condón, cogimos tan rico… de mil maneras y posiciones, pero lo más rico era sentirme su puta y el mi macho que dominara sobre mí.

    Sus palabras obscenas me calentaban más y era delicioso, todo lo que dijimos en mensajes lo realizamos ahí, me pedía que me dejara las zapatillas y me follaba a su gusto en todos los rincones de la habitación, me ponía a mamar y yo encantada obedecía todo del el, tocaba su verga grande, me la comía y succionaba su glande cabezón, quedándome ahí por mucho tiempo, me mojaba cada vez más, me mamo las tetas, como si nunca hubiera comido mientras frotaba mi botón, me penetró y seguía masturbándome a la vez, ahí me corrí, explote una primera vez, parecía que le había narrado cada cosa que quería y tenía en el pensamiento.

    Después de varias horas, pedimos comida, tardo tanto, que nos quedamos dormidos, al llegar la comida, cenamos y como si fuéramos pareja en luna de miel, me volvió a follar, pero la siguiente vez nos quedamos en pausa unos segundos.

    Me la iba a meter pero no había condón puesto aún y dijimos que así yo la verdad quería sentirlo todo piel a piel, que me cogiera libre y que su semen me lo dejara dentro, moría de ganas de eso y con esa confianza y conexión entro enseguida.

    Yo me moría de éxtasis de sentirlo y de escuchar cada expresión sucia que me decía pero además olernos y mojarme de esa manera, venía esa sensación desde mi cerebro, como un hormigueo me estaba excitando la mente y de ahí bajaba esa sensación hasta mi clítoris y me cogía más, su movimiento me avisaba que venía el orgasmo, hasta que lo moje más, grité y mil gemidos me decían que su pito grande y grueso había terminado al mismo tiempo que yo, pues gemía yo y bufaba él, fue tanto que nos quedamos dormidos para amanecer.

    Muy temprano casi sin dormir, me abrió de patas, ambos desnudos, acomodo su grueso falo en mi raja y lo empujó al fondo, yo me mojé en segundos, me follo mucho rato y se descargó en mi panocha de nuevo… Me deje llenar de mecos en la primera cita, una y otra vez.

    Nos arreglamos para salir pues yo tenía trabajo, me llevo a mi casa y en el camino en su camioneta, el muy cabron seguía caliente, me manoseaba y me obligaba a enseñarle mi cuerpo, me dijo que le enseñara las tetas, me las saque, así grandes en exhibición y le dije que me iban a ver, pues estábamos en un alto, menciono que si me veían mejor, se excito más y con el vestido arriba viendo los calzones se sobaba el pito, incitándome una vez más, me fajo y me exhibió en el tráfico, yo obedecía y quería más de eso, me enloquecía pero me prendía más escuchar como bufaba, sobre todo ver su cara de lujuria viéndome y tocándose.

    Al llegar a mi casa nos despedimos fuera del coche, me abrazo y me beso tan rico, me dijo que quería otro poquito, y yo siendo esa puta, abrí la puerta de mi casa y lo invité a pasar.

    Apenas entramos, me sentó en el sillón de la sala y de una metida, me dio su verga en la boca, me saco las tetas y me cogió la boca me dio mi desayuno cremoso y yo lo comí contenta, era su becerrita mamándole hasta saciarlo así durante minutos sin guardar mis grandes ubres, solo rebotaban y se paraban mis pezones, yo quería más, termino, eyaculo en mi boca, me bebí su leche, se guardó el paquete se despidió y se fue.

    Me dejó enloquecida, caliente con ganas de más y ahí regrese a mí, a la puta escondida que siempre quiere más…

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  • Deseos cruzados (2)

    Deseos cruzados (2)

    Dejo a Román atrás, su mirada todavía quemándome la espalda, pero el calor del día y la promesa de la noche con mis amigos me empujan hacia adelante. Cruzo el parque con el pulso acelerado, el eco de su sonrisa mezclándose con el ruido de la ciudad que me lleva a casa de Moni.

    A medida que llego al final del parque y me dispongo a cruzar la calle hacia el edificio de apartamentos donde la familia de Mónica, mi mejor amiga, tiene un piso espectacular, miro hacia arriba y veo a mis estúpidos amigos haciéndome señas desde el balcón de la casa de Mónica para que me apure. Les revoleo los ojos en señal de desaprobación y enojo, pero no puedo evitar que una sonrisa me delate el buen humor. Lo único que me saca de ese trance es el pitido de un imbécil que pasa en su coche y grita: “¡Qué tetas más deliciosas, mami!”. Ahora sí entrecierro los ojos con enojo y asco, y me percato de que el semáforo ya cambió hace rato.

    Ya dentro del edificio, después de saludar a don Jaime, el amable y tierno señor que trabaja como portero, me dirijo al ascensor cuando escucho que me llama.

    —Señorita —dice, alzando un poco la voz.

    —Dígame —le respondo con una sonrisa.

    —Me temo que tendrá que caminar. Los ascensores están en reparación —explica mientras ve cómo mis ojos se abren como platos.

    —¡Nooo! —exclamo, exagerando mi reacción—. Mi amiga vive hasta arriba.

    —La señorita Mónica vive en el piso doce, justo a la mitad del edificio. Espero que tenga buena condición física —me dice con un tono divertido.

    —No se preocupe, don Jaime, soy una chica fuerte —le contesto mientras levanto un brazo y le enseño mi pequeño bíceps.

    Don Jaime se ríe.

    —Eso veo, señorita —responde mientras empieza a alejarse.

    —Gracias —le digo, y comienzo mi faena por las escaleras.

    Cuando voy por el piso ocho, ya no me siento tan chica fuerte. La sed y la deshidratación por el calor me están matando. “Estúpidos ascensores, justo hoy”, digo en voz baja, sabiendo que nadie me escucha y que, si alguien lo hiciera, me moriría de pena por verme hablando sola como una loca que anda por ahí toda desaliñada.

    Cuando por fin llego a la puerta de la casa de los padres de Mónica, me arreglo un poco el pelo antes de tocar para no verme tan desastrosa como me siento. Llamo a la puerta, y casi de inmediato la abre Cami, la preciosa vecina de Moni que a veces sale con nosotras y por a veces me refiero apenas a un par de ocasiones, la conozco poco, pero es agradable. Cami acaba de cumplir dieciocho y la empezamos a llevar a nuestras fiestas para que se estrene como mayor de edad.

    —Holi, Alli, ¿cómo estás? —me dice mientras me abraza.

    —Hola, hermosa. Cansada de subir todas las escaleras del mundo —le respondo.

    Cami me dedica una tierna sonrisa y se aparta para que pase a la casa. Camino un poco adentro y me encuentro con Moni, quien de inmediato me suelta:

    —¡Qué tetas más deliciosas, mami! —exclama mientras mira mis pechos, se muerde el labio inferior de forma exagerada y finge una voz ronca y tosca.

    Todos explotan en risas mientras yo revoleo los ojos y me llevo una mano a la cara.

    —No puedo creer que se escuchara hasta acá —digo, todavía con la mano en la cara.

    —Se escuchó hasta China —me responde Mónica mientras me envuelve en un abrazo tierno y fuerte, como si llevara años sin verme, aunque apenas estuvimos juntas hace dos días. Se acerca a mi oído y me susurra, solo para que yo la escuche—: Pero no dijo ninguna mentira.

    Río y le correspondo el abrazo mientras noto lo guapa que está y lo bien que huele. Moni lleva un top negro, muy pegado al cuerpo, que realza sus pechos. Aunque son un poco más pequeños que los míos, tienen un buen tamaño, y su forma de vestir siempre los hace destacar. Además, trae una falda blanca, larga hasta los tobillos con una gran abertura en la pierna, lo que le da un toque único de elegancia y sensualidad. Entre la falda y el top queda un espacio de su abdomen al descubierto, dejando ver la línea de su vientre bien trabajado.

    No esperaba menos de mi gym sis. Su maquillaje es básico, pero lo acentúa con brillitos en el contorno de los ojos. Está simplemente espectacular, como siempre. A veces me siento la más desarreglada a su lado, pero es imposible odiar a esta chica; es casi mi hermana y la amo con todo mi ser. Aspiro su aroma, me embriago con él, y al mismo tiempo me siento mal por lo sudada, despeinada y mal vestida que estoy en comparación.

    —Estás espectacular —le digo mientras me separo poco a poco de ella, deslizando mis manos por sus brazos hasta que quedamos tomadas de las manos. Le doy una ojeada de arriba abajo, dejando claro que aprecio su outfit al cien por ciento.

    —Lo sé, nena —me responde con un guiño coqueto.

    Acto seguido, siento que me apartan de ella. Unas manos me rodean por la espalda: una se posa en mi abdomen mientras la otra me tapa los ojos. Un susurro me roza el oído, acompañado de un fresco aliento a menta.

    —Adivina quién es —me dicen.

    —No puedes ser más obvio, Christian —respondo, reconociendo al instante al primo mayor de Mónica, que nunca pierde la oportunidad de coquetear conmigo. Hoy quedamos de salir de fiesta: Moni, Cami, él, su mejor amigo y yo.

    —Le quitas toda la diversión —se queja mientras me aprieta más contra su cuerpo.

    La mano en mi abdomen me presiona con intención, y siento el calor de su cuerpo cuando mi culo roza su paquete. El efecto es inmediato: noto cómo su verga crece un poco en su pantalón, una erección semi-dura que él ajusta con un leve movimiento para colocarla justo entre mis nalgas. La sensación no me incomoda; al contrario, es agradable. Me gusta sentirme deseada, y a veces hasta un poco dominada.

    Pero no se lo dejo saber. Lo dejo disfrutar del paraíso de mis nalgas por un instante antes de girarme para saludarlo como corresponde y evitar que esto se vuelva una escena porno. Le doy un pequeño abrazo, me pongo en puntitas y giro el rostro para un beso de “mejilla con mejilla”. Sin embargo, él se aprovecha, plantándome un beso sonoro en el cachete, seguido de un abrazo rápido.

    Me sonrojo. Siento que me arde la cara y odio que me pase eso. Mientras tanto, él se aleja hacia la isla del comedor para terminar su cerveza. Cuando pasa junto a Moni, noto que ella le lanza una mirada de reproche y le suelta:

    —Tú no pierdes oportunidad con Alli.

    Él responde algo, pero estoy demasiado lejos para escucharlo. Moni se acerca a mí y, cuando Christian ya se ha alejado lo suficiente, me susurra:

    —Juro que eres su amor platónico.

    Moni me suelta ese susurro y yo solo atino a reír bajito, sacudiendo la cabeza mientras trato de que el rubor se me baje de las mejillas. Ella me toma de la mano y me guía hacia el interior, y es entonces cuando el espacio de la casa de sus papás me golpea de nuevo, como siempre que vengo. No es solo que sea grande, es que todo aquí respira una mezcla de lujo despreocupado y caos juvenil. El salón principal se abre frente a mí con sus ventanales enormes que dan al balcón, dejando entrar la luz dorada de la tarde que se cuela por el parque de enfrente.

    Los muebles son de cuero blanco, impecables pero llenos de cojines desordenados, como si alguien hubiera intentado mantener el orden y se hubiera rendido a medio camino. Hay una mesa de vidrio en el centro con marcas de vasos y un par de botellas de vino a medio tomar, un preludio perfecto mientras calentamos motores antes de que nos pasen a buscar para llevar la fiesta a otro lado. Las paredes tienen ese toque moderno con fotos familiares enmarcadas y algún cuadro abstracto que probablemente cuesta más de lo que imagino, pero el aire huele a una mezcla de perfume caro y algo dulce, quizás del incienso que Moni siempre insiste en prender.

    Todo grita que esta casa es de sus padres, pero hoy es nuestro territorio, y el desorden de risas y pasos que resuena desde la cocina lo confirma. Me siento un poco más despeinada y fuera de lugar entre tanto brillo, pero Moni me aprieta la mano y me arrastra hacia la cocina, como si supiera que necesito un trago para soltarme.

    —¿Vino o cerveza? —me pregunta Moni mientras llegamos a la isla de la cocina, que derrocha finura como todo en esta casa. Los padres de Mónica son dos abogados de renombre, y cada rincón aquí es fruto de su trabajo impecable, una vida de lujos despreocupados y una posición social que se nota en cada detalle.

    —Hmmm, vino para empezar —le digo.

    Acto seguido, ella saca una copa y la llena hasta el borde.

    —Vaya —le digo, riendo—, dejaste todos los modales de lado —haciendo alusión a cómo desborda mi copa.

    —Hoy vamos a alocarnos, nena —me responde mientras toma su copa y la llena igual, hasta el borde, sin dudarlo.

    —Por nosotras y la noche que nos espera —me dice, alzando la copa para que la choquemos.

    —Por mi mejor amiga —respondo, emulando su gesto.

    Justo en ese momento, volteo y veo a Cami, que se había quedado un poco apartada, retraída en su celular mientras pasaba todo el desastre de mi llegada. Levanto un dedo hacia Moni en señal de que me espere y me acerco dando saltitos al mueble donde está Camila sentada. Ella se sobresalta al verme venir. Echo una mirada de reojo a su teléfono y noto que está viendo videos de maquillaje. Le quito el celular, lo lanzo al sillón, la tomo de la mano y la arrastro hacia la cocina para que se una a nosotras. Ella, un poco más tímida que yo y muchísimo más que Moni, solo se deja llevar.

    —Ahora sí, estamos las tres —digo mientras saco una copa y me dispongo a servirle a Cami también—. A ella le sirvo yo —le digo a Moni. Cami acaba de cumplir dieciocho hace un par de meses y no quiero que termine mal tan pronto; la noche apenas comienza.

    Moni hace un puchero al ver que dejo la copa de Camila solo a la mitad y alza la suya en alto.

    —Ahora sí, por nosotras —dice.

    —Porque sea una noche genial —la secundo.

    —Amén —agrega Cami justo cuando chocamos las copas y damos el primer sorbo de vino.

    —¿Y a dónde vamos a ir? —pregunto mientras mi mirada va de Camila a Mónica un par de veces.

    Camila solo se encoge de hombros mientras termina su copa, y Mónica se la arrebata para llenársela ella esta vez.

    —Eso dejémoselo a los chicos —dice Moni, señalando con la cabeza a su primo, que está en el balcón con su teléfono. Lo volteo a mirar y noto que me observa fijamente mientras le da un sorbo a su cerveza—. Nosotras solo tenemos que preocuparnos por ser las más deliciosas del lugar al que vayamos —añade con un tono que mezcla sensualidad y seguridad.

    —Hablando de ser las más bonitas del lugar…

    —Deliciosas —me interrumpe Mónica.

    —¿Qué era ese video de maquillaje que estabas viendo? —le digo a Cami, quien empieza su segunda copa de vino, esta vez mucho más llena que la primera que yo le serví.

    —Es que estoy aprendiendo maquillaje profesional —responde Cami mientras se ruboriza un poco, ajustándose los lentes de marco fino que resaltan su rostro dulce.

    Vaya, eso explica por qué siempre se ve tan espectacular, aunque sus maquillajes sean sencillos.

    —No le hagas caso —la interrumpe Moni—. Solo está siendo modesta. Esta chica ya es una profesional, tiene un talento natural para maquillar —anota mientras la cara de Cami se pone al rojo vivo y agacha la mirada.

    Me encanta la actitud de esta chica. Me cayó bien desde la primera vez que salimos, pero nunca he tenido la oportunidad de hablar mucho con ella ni de conocerla a fondo. Siento que hoy mi misión es cuidarla para que ningún cerdo se quiera propasar con ella y, de paso, evitar que Moni la ahogue en alcohol. La idea me da un poco de gracia.

    —Vaya —le digo—, así que eres toda una maquilladora. Qué envidia, yo soy un poco básica para eso.

    — Pero ese rosa te queda muy bien con tu color de piel —me dice mientras examina mis ojos con atención tras sus lentes.

    —¿Quién crees que nos va a dejar preciosas esta noche? —interviene Moni, guiñándonos un ojo a ambas.

    —¡Wow! Eso me interesa —digo emocionada, sintiéndome un poco menos desarreglada de lo que estaba hace un rato.

    —Pues deberían ir a alistarse ya —nos dice Christian, acercándose a nosotras desde el balcón—. Brandon no tarda en llegar, ya son las ocho y sé lo que duran las chicas en alistarse, en especial mi primita —agrega mientras toma a Moni por los hombros y la sacude un poco.

    La escena es tan cómica que Cami y yo no podemos evitar reírnos. Creo que el vino ya empieza a hacernos efecto. Asumo que Brandon es el amigo de Christian.

    —No seas mentiroso —le pelea Mónica mientras se zafa de él y le da un golpe en el brazo, que no le hace ni cosquillas porque Christian es bastante alto y se nota que va al gimnasio—. Brandon dijo que pasaba a las nueve.

    —¿Y tú cómo sabes eso?

    —Él me dijo —responde Moni, dándole golpecitos a la pantalla de su teléfono.

    Jumm, ya Mónica entró en acción, pienso. Christian se acerca al refrigerador, saca una cerveza para él y me ofrece otra.

    —¿Quieres? —me dice mientras me extiende la botella.

    —No vas a lograr nada con ella ni aunque la emborraches, grandulón feo —le suelta Moni, tomándome por los hombros y sacándole la lengua a su primo—. Vámonos, Cami, es momento de arreglarnos. No te quedes mucho con ese, no sea que se te pegue lo feo —añade, volviéndole a sacar la lengua.

    Noto que el alcohol también empieza a hacer efecto en mi amiga. Justo antes de cruzar la puerta de la habitación de Moni, me detengo.

    —Ya vengo, nena —le digo mientras me giro y camino hacia su primo, que en realidad no es nada feo.

    Es alto, se nota que ha trabajado su cuerpo en el gimnasio; no tiene el físico fitness perfecto, pero sus brazos son gruesos y la camisa negra ajustada de botones que lleva resalta sus pectorales. Su corte de cabello tipo militar, recién cortado, me provoca esas ganas que tenemos las chicas de pasar la mano por una cabeza recién afeitada. Es una sensación tan deliciosa.

    Sé que le gusto, así que me acerco dando saltitos, como una niña pequeña jugando. Intento parecer divertida y juguetona, pero ese gesto no tiene nada de inocente detrás. Sé que correr así hace que mis pechos reboten de una manera que emboba y excita a los chicos. Aunque no tengo un interés particular en el primo de mi amiga, no es feo, y hoy, como dijo Moni, quiero sentirme sexy, deseada y deliciosa.

    Noto cómo me examina con la mirada, deteniéndose en mi abdomen y mis tetas, yendo de arriba abajo. Sé lo que piensa; lo veo en el deseo de sus ojos. Le gustaría saber cómo se mueven mis pechos mientras lo cabalgo. Me paro justo frente a él, sintiéndome un poco perra pero divertida, y lo miro a los ojos.

    —Te la acepto —le digo, extendiendo la mano para que me dé la cerveza.

    —Aquí tienes, guapa —me dice mientras la destapa y me la tiende.

    —Gracias —respondo con un tono que suena más aniñado de lo que quería.

    —El blanco te queda muy bien —me dice mientras sus ojos suben desde mi abdomen, pasando por mis pechos, hasta llegar a mis ojos.

    —Gracias por la mentira —le contesto—. Hoy me siento cero linda después de subir todas esas escaleras con este calor.

    —Sabes que no miento —me dice en tono de reproche—. Desde hace dos años, cuando llegaste a la ciudad y te hiciste amiga de la Mona —así le dice a mi amiga—, no he parado de decirte lo perfecta que eres.

    Es cierto. Cuando salí de mi pueblo para estudiar en la universidad y me hice amiga de Moni en la facultad de derecho —ambas queremos ser abogadas, como sus padres—, ella me adoptó como parte de su familia. Todos se han portado increíble conmigo, son como una segunda familia, pero su primo, que viene algunos fines de semana a visitarlos, nunca ha escatimado en elogios para hacerme saber lo mucho que le gusto.

    —Ay, no te pongas romántico —le suelto para quitarle seriedad al asunto—. Voy a ver si logran ponerme tan guapa como dices que soy.

    —Ya lo estás —me responde.

    Tomo la cerveza y me doy vuelta, caminando lento mientras le doy un sorbo pequeño. No tengo forma de saberlo, pero estoy segura de que su mirada está clavada en mis nalgas, esas que hace unos minutos tuvieron alojada su verga.

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