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  • Mi esposa en Santa Marta

    Mi esposa en Santa Marta

    Somos una pareja de 30 años mi esposa Stella es médica y yo 32 años soy ingeniero, llevamos 5 años de matrimonio, sin hijos, un super amigo nos invitó a unas vacaciones en Santa Marta en el hotel Zuana, donde él tiene una suite resort, como nuestro amigo no pudo volar el sábado, nos llevó al aeropuerto El Dorado, y que el volaría el martes, dio un par de besos a mi esposa y se despidió. Llegamos a Santa Marta, nos instalamos en Zuana, piscina, mar, comida y bebida el sábado, domingo y lunes.

    Carlos, nuestro amigo llegó el martes hacia las 3 de la tarde, los tres nos fuimos a la piscina a nadar y se pidió cerveza para beber mientras se permanecimos en la piscina. Ese día Stella se puso un bikini que no dejaba nada a la imaginación, como admirador del cuerpo puedo afirmar que ella tiene un buen par de tetas y un culo de campeonato, nuestro amigo Carlos estaba hipnotizado de ver ese culo tan cerca y tan lejos a la vez, Carlos siempre estuvo tras de Stella, siempre ha querido follarla, pero ella se hace la desentendida, pero estoy seguro que ella en su cabeza siempre ha querido follar con Carlos.

    Subimos a la suite, nos cambiamos, nos vestimos con ropa muy ligera para sobre llevar el calor costeño, pasamos al comedor, allí cenamos mariscos y los acompañamos con vino, salimos de allí y Carlos invito a la disco, nos acomodamos en algún lugar, se pidió vino para mi esposa y whisky para nosotros. Después del primer brindis, sonó algo de música caribeña y Carlos invitó a bailar a mi esposa Stella, fueron a la pista, yo observaba que hablaban, se reían, Carlos le hablaba al oído y de vuelta en vuelta Carlos apretaba más de la cuenta a mi mujer, me pareció ver que le cogía el culo y las tetas.

    Cuando regresaron a la mesa mi mujer venia acalorada, colorada y se tomó de un envión el vaso de vino que le esperaba, Carlos se ausento al baño y yo le pregunté que le pasaba, por qué tan acalorada, ella me dice: “por culpa de los apretones e insinuaciones de Carlos, me apretó contra su pene que lo tiene grande y duro”, a lo que le dije, pero estabas muy risueña con él, la acerque hacia mí la bese y le metí la mano y tenía el coño empapado, entonces se adelantó la siguiente charla:

    Yo: “pero lo que te insinuó Carlos y la apretada contra su verga te ha gustado, porque el chocho lo tienes chorreando jugos, están super cachonda”

    Stella: “sí, me gusto, tiene una buena verga, estoy excitada, quiero follar, quiero ser tu puta esta noche”

    Yo: “¿quieres ser mi puta está noche? ¿Y a quien te vas a follar? ¿A Carlos o a mí?”

    Stella: “quiero follar contigo mi esposo, pero también quiero follar con Carlos, quiero que los dos me la metan, tú mi marido en el chocho y Carlos en el culo, pero bien profundo, que me cumplan la fantasía de una doble penetración, que me hagan gozar como una perra que soy”

    Carlos regreso y continuamos departiendo y bebiendo, de vez en cuando yo besaba y le acariciaba las tetas a Stella, Carlos decía: “juicio que estoy solo viendo cómo se morrean, después no respondo de mí…” y todos reímos por su apunte y deseos de querer marcha.

    Nos fuimos a dormir hacia la media noche, entramos a la suite, Stella dice me voy a duchar hace calor, Carlos y yo servimos un par de Wiskis y un vaso con vino, Stella salió de la ducha envuelta en la toalla, Carlos entro a ducharse y por último yo entre a la ducha, cuando salí en pantalonetas de la ducha me quedé viendo como Stella y Carlos se estaban morreando y besando, sentados en el sofá, Carlos le magreaba las tetas y se chupaban entrelazando sus lenguas.

    Mi esposa le sobaba la verga por encima del pantaloneta, me acerque y mi esposa me dice: “solo vas a mirar cómo es que tu esposita actúa como una zorra y como esta noche saco la puta que vive en mí”, Carlos le quito la blusa y el top, y comenzó a chupar las tetas de Stella, alternaba chupando una y la otra como si fuera un bebecito, chupaba y chupaba, ella gemía y decía: “chúpame con fuerza, muerde los pezones, quiero sentir como me chupas las tetas Carlos”, ella le bajo las pantalonetas a Carlos y le comenzó a pajearlo, subía y bajaba su mano por la verga de mi amigo.

    Me miro con cara de zorra y comenzó a lamer la verga de Carlos, le lamia el glande, lamia el tronco y luego se la metía completa en boca, hasta tenía arcadas, pero volvía y se la metía toda hasta la garganta, mi mujer como buena mamadora estaba haciéndole a Carlos una mamada de campeonato, yo estaba super excitado mi verga estaba dura como una roca, de pronto Carlos se puso de pie, agarro por el pelo a mi mujer y comenzó a follarla por la boca diciendo: “perra quieres mamar una buena verga, pues chupa, mama zorra puta”.

    Carlos metía y sacaba su verga de la boca de mi mujer con fuerza y con intensidad, ella chupaba y se dejaba culear por su boca, Carlos no aguanto y exploto en su boca, a mi mujer le salía semen de su boca y ella seguía chupando y tragando semen, le dejo la verga limpia de semen, me miraba y decía: “hoy soy tu puta, quiero follar contigo y con Carlos, ese semen esta delicioso, quiero más semen, ven amor quiero mamar tu verga, y que te corras en mi boca”.

    Me acerque con mi verga super erecta y mi mujer se la metió a la boca y la mamaba con alma y vida, Carlos le quito los calzones a Stella, la abrió de piernas y se metió entre ellas y le lamia el chocho de abajo hasta arriba, le pasaba la lengua por su ano, ella gemía y aumentaba el ritmo de la mamada cada vez que Carlos le lamía su ano, mi esposita decía: “sii, chúpame el culo, Carlos que rico que me lames el culo, fóllame el culo con tu lengua”, la arrecha de mi mujer se corrió y gritaba, de su chocho salía líquido blanquecino.

    Carlos con la cara mojada tragaba y de ver esto el morbo me ganó y me corrí en la boca de mi mujer y a ella le ocurría el semen por su cuello, con sus dedos lo recogía y se lo metía a su boca, no lo desperdicio, siguió mamando mi verga hasta dejarla muy limpia y dura.

    Carlos la tomo de las manos y la llevo a la cama, la abrió de piernas y cogió su verga y se la pasaba por la vagina sin penetrar, sobaba y sobaba el chocho de mi mujer con su verga, ella gritaba: “fóllame, fóllame…, culeame, métela en mi chocho papi, quiero tu verga” y el Carlos seguía sobándole el chocho con su verga, y le dijo: “pídame que te folle, que todo el mundo se entere, grita: “quiero que me folle”, ella repetía: “fóllame, fóllame … fóllame” y Carlos le decía grita: “quiero que me folle” mi esposita entonces me ha mirado con esa cara de puta que tenía en ese momento de grito: “quiero que me folle, métela …”.

    Carlos con un golpe de cadera se la metió toda y mi mujer grito: “bruto, me duele”, pero Carlos simplemente comenzó el movimiento infernal de meter y sacar fuerte e intenso, y follaba y follaba, hasta que mi mujer comenzó a gemir y decir: “siii, así, dame más fuerte, rómpame el chocho, fóllame como la puta que soy, más, más fuerte Carlos quiero sentir tu verga en mi útero, siii así…” y de pronto Carlos bufo como un toro y comenzaron una corrida sincronizada, mi mujer convulsionada y Carlos le lleno el chocho de semen a la puta de mi esposita.

    Carlos se dejó caer en la cama agotado, mi mujer se puso en cuatro, le cogió la verga y se puso a mamar de nuevo, del chocho le salía semen y yo le puse mi verga a la entrada de su chocho y de un solo empujón se la metí hasta los huevos, y con la arrechera y lo cachondo que estaba comencé y una culeada intensa y vigorosa, ella seguía gimiendo y pidiendo más y con más fuerza y yo me concentre en meter y sacar fuerte e intenso, que morbo culear a tu mujer con el chocho lleno de semen de otro y mamándole la verga a ese otro, y seguí follando hasta que me corrí y también le llene el chocho de semen.

    Se lo saque y se lo puse cerca de su boca para que lo limpiara y ella dejo de mamar la verga de Carlos y mamo mi verga, alternada la mamada de verga, chupaba la de Carlos y luego chupaba la mía, estábamos agotados, dejo de mamarnos, fue al baño, y de regreso se metió entre los dos, la abrazamos y nos quedamos los tres en la cama a dormir.

    El movimiento de la cama me despertó, mi esposita estaba cabalgando a Carlos, yo estire mi mano y la jalé hacia mí, ella se desmonto de Carlos se me subió cogió mi polla y se la metió en su chocho y comenzamos una follada suave, ella cabalgaba en mi verga, Carlos se puso detrás de mi esposa y comenzó a lamerle el ano, le abría las nalgas y le metía la lengua en el culo, y dijo: “Stella quieres que te haga el culito, la quieres sentir dentro de tu culo?” y ella dijo: “sí, quiero que me coja por el culo bien rico”, y Carlos siguió lamiéndole el ano, ella insiste: “Carlos quiero que me haga en culo, fóllame el culo dame fuerte papito soy tu puta, rómpame el culo, pero yaaa”.

    Carlos le acomoda su verga a la entrada el ano y se la empuja fuerte, la cabeza de la verga le entro y ella grito, yo la abrace y Carlos empujo de nuevo hasta que los huevos chocaron con su culo, nos sincronizamos y comenzamos a hacer la doble penetración a Stella, ella gritaba y nosotros en un meter y sacar fuerte nuestra verga del chocho y de culo, follamos intensamente, mi esposa gritaba y decía “que rico tener dos vergas para mi sola, fóllenme duro cabrones quiero que me llenen de leche, Carlos quiero tu leche en mis intestinos y tu amor córrete en mi chocho” y de pronto los tres nos corrimos, ella quedo con sus intestinos y su vagina que rebosaban semen.

    Ese día se pidió almuerzo a la habitación porque culeamos todo el día y mi esposita Stella se comportó como toda una puta, yo de verdad no sabía que me case con una doctorcita que es una verdadera puta. Los siguientes días no salimos de la suite, nos follamos a mi esposa todo el tiempo. Han sido unas sexuales vacaciones maravillosas que hemos tenido, gracias, Carlos. Lo que paso en Santa Marta se queda en Santa Marta.

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  • Lourdes, mi primera vez

    Lourdes, mi primera vez

    En una plática entre amigos, alguien comento que si tocas un instrumento atraes a las mujeres, yo ya pasaba de los dieciocho años y no había tenido suerte con las chicas mucho menos había tenido sexo.

    En la escuela, un compañero tenía un grupo de música para eventos con sus hermanos, me invitó a probar y me quedé en el grupo.

    Tiempo después llegó una chica a cantar, iba acompañada por su padre y su hermana menor, hablaron con los del grupo para coordinar permisos y horarios para que el papá pasara por ella después de tocar y que siempre estuviera acompañada por su hermana Angélica.

    Las dos chicas llegaban a los ensayos y al poco tiempo se hicieron acompañar por su mejor amiga; Lourdes y la hermana menor de ella de quién no recuerdo su nombre. Ellas también la acompañaban a los eventos, iban algo así como chaperonas además de que significaba fiesta para ellas cada fin de semana.

    En una fiesta, durante uno de los descansos Lourdes me preguntó si tenía novia a lo que contesté que no, me preguntó la razón y le dije que simplemente no había tenido suerte con las chicas, fue muy insistente con el tema lo que me empezó a fastidiar, le pregunté: –¿quieres ser mi novia? –, pensando en que así dejaría de molestar, con el volumen alto de la fiesta no escuché su respuesta.

    Unos días después me encontré a Angélica, me comentó que Lourdes estaba molesta conmigo porque no la había ido a ver, y me preguntó que, si realmente éramos novios, le comenté brevemente lo sucedido y le dije que no había escuchado su respuesta, me dijo que iba a casa de Lourdes y que fuéramos juntos para que la viera.

    Al llegar con Lourdes, no disimuló su molestia, me reclamó por qué no la había ido a ver, que si así sería nuestro noviazgo no valía la pena, le dije que no había escuchado su respuesta y como se marchó sin despedirse no creí que éramos novios.

    Los días pasaban cotidianamente, iba a verla a su casa, ella llegaba a los ensayos para acompañar a su amiga y hacíamos cosas de novios.

    Una de las primas de Lourdes estaba por cumplir sus 15 años y sugirió que nosotros tocáramos en la fiesta. Así pasó, en la fiesta me presentó a sus hermanos, a otra hermana mayor y a sus padres, entre otros familiares. Parecía que las cosas iban más en serio de lo que yo pensaba.

    En algunos lugares se tiene la costumbre de partir el pastel hasta el día siguiente. Lourdes me dijo que se irían a su casa y que regresarían al otro día, me pidió que pasara por ella a las once de la mañana para que llegáramos “en familia”.

    Al otro día estuve puntual a las once en su casa, me invitó a pasar y me di cuenta de que estábamos solos, su familia ya se había ido a la casa de su prima. Extrañado le pregunté si yo había llegado tarde y me contestó que no, que se fueron antes pero que ella quiso esperarme.

    Me preguntó si quería conocer su cuarto, subimos las escaleras y entramos a una habitación típica de chicas.

    –Aquí es en donde duermo y pienso en ti. –Dijo al tiempo que se sentaba en su cama.

    Movía sus manos sobre la colcha, sus movimientos se acercaban a una caja que estaba sobre la cama, era una caja de condones, fingí no verla.

    –Ay perdón, esto no es mío, seguramente los dejó mi hermana, no vayas a pensar mal de mí. –Dijo con voz apenada–.

    –No te preocupes, yo no he visto nada. –Le respondí–.

    –¿Ya has tenido relaciones?

    Yo no había tenido sexo, por un momento no supe si decir la verdad o aparentar y decirle que sí. Por mi mala suerte con las chicas y algunas inseguridades generadas por platicas de amigos en relación a su primera vez yo no me había preocupado mucho por mi primera vez, aunque había fantaseado en cómo sería había sido muy lento en ese sentido. Finalmente le contesté que no.

    –¿Y si probamos uno?, ¿te gustaría hacerlo? Todos están con mi prima y nadie va a venir.

    Si quería hacerlo, pero a la vez tenía algo inseguridad, ¿podría satisfacerla? ¿podría aguantar?, o me vendría casi de inmediato como a algunos amigos decían que les había pasado en su primera vez.

    Lourdes no espero mi respuesta y pasó a la acción, se puso de pie y me abrazó. Nos besamos y exploramos nuestros cuerpos. Decidí no dejar pasar esa oportunidad.

    El cabello de Lourdes es castaño claro un poco chino que caía por debajo de sus hombros. Sus ojos negros, tez apiñonada y cara redonda. Su cuerpo es del tipo gordibuena, su cintura se notaba gracias a su cadera amplia y a estar nalgoncita. Decía tener dieciocho años, pero sabía que tenía dos años más. Vestía a la moda de ese entonces, cinturones gruesos, blusas largas y pantalones bombachos.

    Conforme la excitación crecía nos tocábamos con más intensidad, acaricié su trasero, sentí sus nalgas redondas y firmes, apreté su cuerpo contra el mío pegando con mi pene que ya estaba totalmente duro contra ella. Subí mis manos hacia su cintura para quitarle el cinturón. Metí mis manos en su pantalón para acariciar sus nalgas y sentir su piel, aunque ya había experimentado algunos fajes, mi experiencia con mujeres desnudas solo había sido a través de revistas o películas.

    Lourdes desabrochó mis pantalones para buscar mi pene y acariciarlo. Para entonces lo tenía escurriendo de manera abundante, mi bóxer estaba bastante mojado.

    Mientras ella frotaba mi pene desabotoné su blusa, su sostén era del tipo deportivo, ella decía que ese tipo le ayudaba a mantener sus senos en su lugar sin tanto movimiento. Sus senos eran un poco más grandes del promedio, intenté meter mi mano, pero su sostén estaba tan ajustado que no pude.

    Lourdes se apartó un poco y se bajó los pantalones para quitárselos y se sentó en la cama, yo también baje mis pantalones, me tomó suavemente de los testículos atrayéndome hacia ella.

    –¿Te lo puedo chupar?

    Me quedé algo sorprendido, algunos amigos comentaban que sus novias no querían sexo oral, al parecer eso de que solo las putas lo maman era algo no bien visto por algunas chicas.

    –¿Por qué te sorprendes? Me gusta tu verga, se ve deliciosa y quiero probarla.

    Apenas dijo eso y ya estaba lamiendo mi tronco. Sentir su lengua tibia fue un golpe de placer que recorrió todo mi cuerpo, las sensaciones apenas estaban empezando y no sabía que más podría experimentar hasta que devoró mi pene, al introducirlo en su boca el placer fue tal que sentí que se me iban las fuerzas de las piernas suspire de placer, apoye mis manos en sus hombros para ayudar a sostenerme.

    Una de sus manos jugaba con mis bolas, la otra sostenía mi pene Lourdes lo acomodaba a su voluntad para chuparlo en su extensión y meterlo en su boca alternadamente, su lengua rodeaba mi glande haciéndome sentir muchísimo placer.

    –Tu verga parece de piedra, está deliciosa y jugosa. –Dijo mientras sus manos me masturbaban.

    Me soltó para quitarse el sostén descubriendo sus abultados senos sus areolas eran oscuritas y con su pezón grande se veían hermosos.

    Lourdes se puso de pie y pude disfrutar de la vista de su cuerpo desnudo, me quité la camisa, juntamos nuestros cuerpos para abrazarnos y besarnos, mi pene aprisionado entre nuestros cuerpos trataba de acomodarse, acaricié sus caderas, sus nalgas, subí por su espalda y jugué con uno de sus senos.

    Bajé mi mano a su entre pierna y me fui abriendo camino hasta sentir su vagina que estaba húmeda, la masajeé suavemente mientras ella masturbaba mi pene.

    Sabía del clítoris, pero al ser mi primera vez, no estaba seguro de cómo identificarlo por lo que recorrí toda esa zona, Lourdes suspiraba de placer, sentí sus labios vaginales, toqué su entrada, en cada movimiento su respiración se intensificaba, de repente soltó un gemido, supe que era el clítoris y me concentré en acariciarlo, sentí como su cuerpo se estremecía y como su mano apretaba más mi pene.

    –Ponte el condón y cógeme.

    Se volteo hacia la cama para tomar la caja, al agacharse su trasero quedó bien expuesto, sus nalgas grandes y redondas se me antojaron mucho, me acerqué y pegué mi cuerpo al de ella, se incorporó un poco y la abracé, acaricié sus senos y besé su cuello. Moví mi cuerpo para que mi pene se embarrara en sus nalgas, estaba chorreando tanto que se deslizaba fácilmente. Paró sus nalgas y movió su cadera para aumentar la sensación.

    –Tu verga se siente bien dura, me gusta cómo se siente en mi trasero.

    Seguí acariciando su seno, con mi otra mano busqué masturbarla, suavemente acaricié su vagina.

    De alguna manera mi pene se acomodó entre sus nalgas, el volumen que tenían formaba una canal que aprisionaba mi miembro haciéndome sentir mucho placer. En alguno de los movimientos mi pene se hundió entre sus muslos, Lourdes apretó sus piernas, era tal la cantidad de fluido que salía de mí, que toda esa zona estaba lubricada facilitando el movimiento, por un momento creí que ya la estaba penetrando, pensé en el condón, pero no quería parar, quería seguir disfrutando todas esas sensaciones.

    Sentí sus dedos alrededor de mi glande apretándolo contra su vagina, me di cuenta que aún no la penetraba y seguí disfrutando, sus muslos carnosos apretaban muy rico mi pene, la sujeté de la cadera sin perder el ritmo de los movimientos.

    –Está bien dura, ya ponte el condón.

    Mientras me decía eso trató de inclinarse nuevamente para tomar la caja de su cama, ese movimiento facilitó que continuara masturbándome entre sus piernas, sus manos se apoyaron en la cama y levantó sus nalgas, –¿te gustan? –me preguntó. –Claro, estás bien nalgoncita, las tienes bien ricas.

    Estando inclinada, sujeté mi pene y lo pasé siguiendo la línea que separa sus nalgas presionaba un poco mientras recorría con mi glande esa zona. En un empuje sentí que como que entraba un poco, presioné un poco más, que rico sentía, quería sentir más placer.

    –Ay, suave, despacio porque duele.

    Pensé que al sentir que entraba lo decía como una especie de cumplido y empujé un poco más fuerte. Lourdes se hizo hacia adelante sin sacarla deteniendo momentáneamente la penetración.

    –Métela así, pero despacio, me duele, hazlo poco a poco.

    No me moví, Lourdes tomó el control y empujo lentamente su cuerpo hacia el mío dejando que mi pene se abriera paso con suavidad. Movía su cadera hacia atrás y hacia adelante, en cada movimiento se hundía un poco más, sentí más placer, sentí como apretaba mi pene, la sujeté de la cadera con ambas manos hasta que finalmente la penetración era total, todo mi pene estaba adentro de ella, mis bolas pegaban con ella, la sensación de placer era cada vez mayor.

    Lourdes se incorporó un poco, lo suficiente para hacer sus brazos hacia atrás por encima de ella para acariciar mi cabeza mientras yo besaba su nuca, subí mis manos a sus senos y sentí sus pezones erguidos, duritos, me moví suavemente para entrar y salir, poco a poco, aumentando gradualmente el recorrido de mi pene.

    –Así, mmmh, rico, que dura verga.

    –Que rico aprietas, la tienes bien apretadita. –Le conteste.

    Mis movimientos se incrementaban, se la hundía con firmeza y cada vez más fuerte, Lourdes hacia movimientos circulares con su cadera, como dibujando un ocho.

    Trate de acariciar su clítoris, el placer que sentía y mi inexperiencia sexual no me dejaban coordinar bien mis acciones. Lourdes apoyó sus manos en la cama, esta vez bajo su cuerpo un poco más por lo que su cadera quedó más levantada, la tomé por la cintura para tener mejor control de cada embestida que le daba, nuestros gemidos y el sonido de nuestros cuerpos chocando llenaban toda la habitación.

    Sentía que tenía el control del momento, el placer aumentaba, era la primera vez que tenía sexo, un par de veces ya me había masturbado, conocía las sensaciones de venirme y sabía que aún podía aguantar un poco más, estaba consciente de que no me había puesto el condón, no debía venirme adentro de ella. No quería parar y no me iba a detener hasta que Lourdes se viniera.

    –Que rico bebé, que rico coges, más, más…

    Sentí el movimiento de su mano estimulándose, sentí que se acercaba a su orgasmo.

    –Más… más… quiero venirme, cógeme duro…

    Puse mis manos en sus hombros para jalarla, le estaba dando todo, movimientos fuertes y rápidos, no podía darle más duro. La embestí bruscamente dejando todo mi pene adentro, la jalé con todas mis fuerzas, su mano se movía vigorosamente de un lado a otro frotando su vagina.

    Sus gemidos se volvieron como guturales, sentí como sus piernas temblaban como si se fueran a vencer, sentía como estaba perdiendo el control de su cuerpo. No sabía cómo era un orgasmo femenino y estaba por saberlo.

    –Vente conmigo… vente bebé…

    –No me puse el condón, vente tú… –Le contesté tratando de no perder el ritmo.

    –Estás atrás de mí… no me estás dando en la panocha, me tienes enculada.

    Mi mente tardó unos segundos en procesarlo, –Claro que estoy atrás de ti. –Pensé sin terminar de entender.

    –¿Te ensarté el ano?

    –Si pendejo, no te diste cuenta, te dije que me estaba doliendo.

    Había fantaseado muchas veces cómo sería la primera vez, había pensado en varias situaciones y posiciones, pero nunca que sería anal. No tengo nada en contra, pero como que el sexo anal no es algo que me prenda.

    El sonido de mi cuerpo pegando con sus nalgas y sus gemidos borraron mis pensamientos, quería sentirla y vaciarme adentro de ella. Le había dicho que estaba bien rica, que estaba bien apretadita, pero pensaba en su vagina, había que darle el crédito a quién se lo mereciera.

    –Tu culo está bien rico, apriétalo más.

    Miré hacía abajo para ver cómo se la estaba metiendo, vi como mi pene se hundía en ella, se amoldaban perfectamente, el contorno de su agujero me aprisionaba sin dejar ningún espacio.

    –Si bebé… si, si… me voy a correr con tu verga en mi culo.

    Sus gemidos se volvieron entre cortados, subieron su tono, se fueron haciendo poco a poco más agudos.

    –¡Oh boy!… ya estoy, ¡dame duro!, ¡párteme el culo!

    Su espalda se arqueaba, sus piernas temblaban sin control, qué rico se sentía saber que le estaba cumpliendo que mi pene en su ano le estaba dando un orgasmo explosivo, sus gemidos se hicieron largos y regresaron a ser como guturales, yo no había perdido el ritmo entrando y saliendo con fuerza.

    Lourdes se dejó caer en la cama, su cuerpo temblaba, sus manos se aferraban a la colcha de la cama, hasta ese momento me di cuenta que su cuerpo estaba bañado en sudor, me tiré sobre ella como si fuera una presa a punto de escaparse, de inmediato la penetré en el mismo lugar.

    –Lléname de ti bebé, mi chiquito quiere su lechita, se bueno y dámela toda…

    Levantó un poco su trasero, mientras continuaba con mi labor de penetración vi unas gotas de mi sudor que caían en su espalda.

    No me faltaba para descargarme, penetré más fuerte, cada que embestía escuchaba como el aliento de Lourdes salía con cierta fuerza, no eran gemidos, solo será sus exhalaciones sincronizadas con mi empuje. Sus manos seguían apretando la colcha al tiempo que también la mordía.

    Tuve mi orgasmo, sentí la convulsión del primer chorro de mi semen, Lourdes apretaba y soltaba su ano, no pude moverme de tanto placer, todo mi cuerpo estaba tenso, sus movimientos estaban ordeñando mi pene la sensación de su ano apretando mi pene era muy placentera, mucho más de lo que había podido imaginar.

    Aunque ya me había descargado, me quedé sobre ella el mayor tiempo que pude, sentía muy ricas sus contracciones anales, finalmente no pude mantener mi pene adentro y me acosté de lado junto a ella. Lourdes giró para quedar boca arriba, acaricié sus senos, estaban erguidos, sus pezones seguían hinchados y duros. La veía hermosa, mi primera mujer.

    –Se me va a salir tu semen, tengo que ir al baño. Vamos para que te limpies la verga.

    Me levante al mismo tiempo que ella.

    Después de asearnos, mientras nos vestíamos me dijo:

    –Me va a doler, nunca me la habían metido atrás, que cabroncete eres.

    Le contesté que no fue mi intención, creí que estaba adelante.

    –Tienes que darme por la panocha igual de fuerte, pero tenemos que irnos, nos esperan en casa de mi prima.

    Cuando llegamos su padre se notaba molesto, me disculpé diciendo que por la desvelada me había quedado dormido y por eso había pasado tarde por Lourdes.

    No vi a Lourdes hasta el martes que teníamos ensayo. Cuando terminamos me comentó que su hermana mayor había encontrado la caja de condones y que le costó trabajo convencerla de que no había pasado nada, como no usamos ningún condón con ciertas reservas logró que le creyera.

    Le advirtió que si se embarazaba sus padres se pondrían muy estrictos y seguramente siendo la mayor no la dejaría tener novio. Lourdes pensó que no la acusaba para no terminar perjudicada ella también.

    Lourdes y yo nunca pudimos estar solos nuevamente y no pudimos volver a tener sexo, su hermana mayor la cuidó mucho a partir de ese momento.

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  • El regreso de Afrodita

    El regreso de Afrodita

    Dicen que lo que ocurre entre los dioses no está hecho para ser conocido por los mortales. Algunos secretos son demasiado poderosos, demasiado sensuales, demasiado divinos para ser revelados.

    Desde el momento en que cerraron la puerta de la habitación, Ares y Afrodita decidieron ser desconocidos. No había nombres, no había historia previa, solo dos cuerpos respondiendo al llamado del deseo más primitivo. Era un pacto silencioso, un juego sin palabras.

    Esa noche, Afrodita se entregó al placer sin límites. Sus cuerpos se buscaron una y otra vez, como si el universo les hubiera concedido ese instante para recuperar el tiempo perdido. Sus corazones parecían palpitar con más intensidad, como testigos de un encuentro que no estaba destinado a suceder, pero que, aun así, ocurrió, para luego no verse jamás.

    Se tocaron con la urgencia de dos almas que llevaban demasiado tiempo deseándose en la distancia, pero que ahora, al fin, podían consumirse en la realidad. No hubo palabras, solo jadeos entrecortados y gemidos que quedaban suspendidos en el aire. Ares la recorría con sus manos como si estuviera descubriendo un territorio sagrado, cada roce impregnado de deseo y asombro. Afrodita, por su parte, se entregaba sin reservas, dejándose guiar por cada exigencia muda, por cada contacto que la hacía arder aún más. Pero en su mente, solo había una certeza: después de esta noche, debían olvidarse el uno del otro.

    Pero el juego no terminó ahí.

    Cuando finalmente el deseo los venció y sus cuerpos cayeron rendidos, Afrodita quedó envuelta en un sueño profundo, un trance que solo las diosas conocen. Sus labios entreabiertos, su respiración serena…

    Los primeros rayos del Sol entraban tímidamente por la ventana cuando Afrodita abrió los ojos. Ares aún dormía profundamente. Ella se levantó de la cama con movimientos perezosos, su piel aun hormigueando por las caricias de la noche anterior. El cuerpo de Ares descansaba entre las sábanas desordenadas, su desnudez aún marcada por las sombras del placer que habían compartido.

    La tensión inicial todavía se sentía en el aire, la conexión emocional entre ellos después de esa noche la seguía envolviendo con placer.

    Fue entonces cuando se percató de que él había firmado el “contrato de sensualidad” y sonrió para sí misma. Ares había sobrepasado todas sus expectativas, y ella tenía ciertas reglas inquebrantables en el sexo. Por lo que esa mañana, decidió recompensarlo.

    Se deslizó fuera de la habitación sin hacer ruido, vistiendo únicamente un largo vestido de tela ligera que acariciaba su cuerpo con cada paso. Nada debajo. Ni encaje, ni seda, ni barreras.

    Al entrar en el restaurante del hotel, notó cómo las conversaciones disminuían sutilmente a su alrededor. Tal vez la escucharon gemir. Era fácil saber que era ella, la única latina en ese lugar, y seguramente sus gritos la noche anterior no pasaron desapercibidos. O quizás era algo más primitivo, más instintivo.

    La observaban. ¿Era su silueta, apenas insinuada bajo la tela? ¿El roce de sus pezones endurecidos por la brisa matutina?

    O acaso, ¿podían percibir en el aire lo que había sucedido entre esas piernas unas horas antes?

    Ese aroma imperceptible que el cuerpo libera después del sexo, una firma invisible de placer reciente. No podían verla, no podían olerla conscientemente… pero la sentían. Los instintos no mienten.

    Algunos desviaron la mirada al instante. Ella sonrió para sí misma, disfrutando de la sensación de poder. No le importaba lo que pensaran de ella. Sus pensamientos estaban en llevarle el desayuno a la cama a su dios.

    Se inclinó suavemente sobre la mesa del buffet, dejando que el escote de su vestido ofreciera una vista tentadora. A lo lejos, un mesero dejó caer una taza.

    La noche anterior la había transformado.

    Y ahora, en cada paso, en cada mirada que provocaba, sabía que seguía siendo la dueña del juego.

    Tomó una fiambrera y caminó por las diferentes estaciones del buffet con la gracia de una diosa que sabe exactamente el efecto que causa. Seleccionó frutas frescas, jugo de naranja y empacó todo muy bien, saliendo rápidamente del lugar. Pero lo mejor aún estaba por venir.

    De vuelta en la habitación 1018, se tomó su tiempo, encendió la cafetera y el aroma llenó el lugar, perfecto para despertar los sentidos.

    Sus labios, apenas humedecidos con tinta rosa, estaban listos para despertar a Ares.

    Ares sintió un cosquilleo en sus pies antes de abrir los ojos. Unas manos suaves, recorrían su piel con movimientos pausados, ascendiendo desde sus tobillos hasta sus muslos. La transición perfecta del relajamiento al deseo.

    —Buenos días, guerrero —susurró Afrodita, con una sonrisa que prometía mucho más que un simple desayuno.

    Él apenas logró abrir los ojos cuando sintió sus dedos deslizándose por su espalda, masajeando cada músculo con la precisión de quien quiere otorgar placer en todas sus formas. Liberando la tensión en los músculos grandes. Desde los muslos, hasta que sus manos tocaron el pecho y el abdomen. Con movimientos largos y firmes, palpó del cuello hasta los muslos. Disipando cualquier estrés acumulado.

    Masajeó lentamente su cabeza, concentrándote en las sienes, la coronilla y la nuca. Luego, acarició suavemente los lóbulos de sus orejas antes de ir descendiendo. Con firmeza, pero con cuidado, continuó con los hombros.

    Para ese momento, el juego había cambiado.

    Sus palmas se detuvieron en la cintura de él, presionando suavemente, antes de deslizarse más abajo, recorriendo sus glúteos con una lentitud provocadora.

    Ares gruñó bajo su respiración. ¿Es un sueño?

    Afrodita se inclinó, dejando que sus labios apenas rozaran su oído.

    —¿Todavía crees en las casualidades? —susurró, mordiéndolo ligeramente, haciéndolo estremecer de placer.

    Ares cerró los ojos un instante, disfrutando la sensación. No, esto no era casualidad.

    Era el destino.

    Pero… ¿realmente ellos habían decidido estar ahí, en ese momento?

    O quizás, solo quizás… alguien más había escrito esta historia antes de que ellos siquiera la imaginaran.

    Porque en la vida, como en el universo, nada es realmente un accidente.

    ¿Qué sintió Ares al verla despertar? Sólo él lo sabe. ¿Qué pensó Afrodita mientras lo seducía? Que todos los dioses del olimpo estaban siendo testigos de ese desenfreno.

    Mientras Ares la miraba, con los ojos aún nublados por el sueño y el deseo, una pregunta cruzó su mente.

    ¿Realmente era ella quien había decidido volver a su lado esa mañana?

    O tal vez, solo tal vez… había algo más en juego, algo que aún no comprendía.

    Ares la observó con fascinación, preguntándose si alguna vez podría descifrarla por completo. Ella era un misterio, un enigma que lo atraía tanto como lo desconcertaba.

    Era el momento del plato fuerte. La excitación aumentó de forma progresiva: en sus muslos, glúteos, en la parte posterior de las rodillas y la cara interna de los muslos. Y solo entonces… su virilidad.

    La luz del amanecer filtrándose por la ventana iluminaba la escena. Ella abrió su vestido frente a él, se desvistió completa disfrutando de ver el efecto que causaba en él. Reemplazó su atuendo por una diminuta bata de seda negra que apenas le cubría el cuerpo. Su cabello recogido, su piel radiante, y en su rostro se dibujaba una sonrisa traviesa.

    —Buenos días, mi señor —murmuró con un tono seductor cambiando un poco la voz, sosteniendo la bandeja con el desayuno.

    Se acercó lentamente, con pasos suaves y gráciles, dejando que la tela de su bata se abriera apenas con cada movimiento. Ya no era la diosa que él había devorado la noche anterior. Ahora era ella quien estaba dispuesta a complacerlo en todo.

    Dejó la bandeja sobre la mesa y se arrodilló junto a la cama.

    —Espero que todo esté a su gusto —susurró, inclinándose para besar suavemente su muslo, mientras sus dedos comenzaban a recorrer su piel.

    Ares la observó con fascinación. ¿Hasta dónde estaba dispuesta a llegar con este juego?

    —Gracias, ahora levántate —ordenó con voz ronca.

    Ella obedeció de inmediato. Él se incorporó y deslizó su mano por su cintura, tirando de la bata hasta hacerla caer al suelo.

    Quedando completamente desnuda.

    Ella tomó un trozo de fruta de la bandeja y llevándoselo a la boca le dio a probar. El aroma a café recién hecho se mezclaba con el perfume de Afrodita, creando una fragancia embriagadora que llenaba la habitación.

    —La comida se ve muy rica, pero tu cuerpo será el manjar que saborearé esta mañana, —le dijo mirándola lascivamente.

    Ella sonrió, tenía otro plan.

    Se subió a la cama y, sin dejar de mirarlo a los ojos, vertió un poco de aceite tibio en su propio cuerpo. Dejó que el líquido resbalara por su cuello, sus pechos, su vientre, hasta gotear entre sus piernas.

    Entonces, lentamente, se deslizó sobre él, usando su propio cuerpo para continuar masajeando cada centímetro de su piel.

    Ares cerró los ojos un instante, disfrutando la sensación de su piel húmeda deslizándose sobre la suya. Sus pechos presionaban su torso, sus muslos se frotaban contra los suyos, sus labios rozaban su cuello en un roce tentador.

    Ella besó sus omóplatos, haciéndolo retorcer de placer al rozarlo con sus pechos. Lo acarició no solo con las manos y los labios, lo estaba manteniendo en un suspenso erótico insoportable. La cercanía a su zona más sensible hacía que su deseo se intensificara aún más. Ella estaba embelesada con sus pies y pantorrillas, masajeó suavemente las plantas de sus pies, ascendiendo por sus tensas pantorrillas y siguiendo hacia la cara interna de sus muslos.

    Era un acto que no tenía nada de inocente. Ella tomó las manos de Ares disfrutando de hacerle caricias orales en sus dedos excitándose a sí misma al imaginarse con su virilidad en la boca.

    Afrodita bajó lentamente, su aliento cálido recorriendo su abdomen, sus labios apenas rozando su piel. Sabía exactamente cómo volverlo loco.

    Pero ella no se detuvo ahí. Aunque tenía muchas ganas de ser penetrada nuevamente, entendía que no quería que ese momento fuera solo un juego de caricias oral cualquiera, sino un viaje hacia el placer más profundo, una explosión en su universo de deseo.

    Se convirtió en un juego de dominio. Siendo ella quien controlaba su lujuria, por lo que gateó hasta el borde de la cama. Se arrodilló, mirándolo con picardía. Con una mirada llena de deseo y promesas.

    Con una mano se tocaba sus grandes senos, firmes y voluptuosos, mientras deslizaba la otra con delicadeza hacia su entrepierna. Ares, completamente excitado, contuvo la respiración al sentir el primer contacto de sus dedos alrededor de su miembro, que palpitaba con anticipación. Lo rodeó con suavidad, acariciándolo con movimientos lentos y sensuales.

    Luego, con un gesto audaz, tomó lubricante y vertió una pequeña cantidad en sus palmas, calentándolo antes de aplicarlo suavemente sobre él. La sensación fue inmediata: Ares cerró los ojos, dejando escapar un gemido profundo mientras su cuerpo respondía al estímulo.

    La imagen era una fantasía hecha realidad.

    Él apretó los dientes, sus manos se aferraron a las sábanas.

    —Dime, ¿te gusta así, señor? —preguntó con una inocencia fingida, mientras seguía estimulándolo con la destreza de quien disfruta cada segundo del placer que provoca.

    Afrodita, sonriendo con complicidad, inclinó su cabeza hacia adelante y comenzó a usar su lengua para complementar el placer. Con movimientos circulares y precisos, lamió su glande, provocando que Ares se estremeciera. Luego, con una mano, sostuvo sus senos y los apretó suavemente alrededor de su virilidad, creando un cálido y suave túnel de piel. Comenzó a moverlos hacia arriba y hacia abajo, frotando su miembro entre ellos, mientras su lengua continuaba jugueteando con la punta, alternando entre suaves lamidos y presión firme.

    La excitación de ambos era palpable. Afrodita, arrodillada ante él, se sentía empoderada por el control que tenía sobre su placer, mientras que Ares, con los músculos tensos y la respiración entrecortada, se dejaba llevar por las sensaciones que ella le provocaba. Cada movimiento de sus senos, cada caricia de su lengua, lo acercaba más al borde del éxtasis.

    Usando su boca, mejillas, barbilla… toda su cara lo deseaba por completo, sin reservas, con su “look desastroso” lo estaba enloqueciendo con el rímel corrido y su tinta de labios desvanecida. Había perdido la dignidad. Le había demostrado que se entregaba para él sin límites.

    Estaba tan sumergida en el placer como él.

    Los sonidos húmedos retumbaban en la habitación, sus jadeos y respiración entrecortada, no eran sonidos exagerados, sino el nivel extra de excitación que ella también estaba sintiendo.

    Finalmente, con un gemido gutural, Ares alcanzó el clímax, su cuerpo sacudido por oleadas de placer mientras Afrodita succionaba y disfrutaba cada gota de su éxtasis al máximo. Ella lo miró con una sonrisa satisfecha, sabiendo que había cumplido su deseo de llevarlo a las alturas del placer.

    Ares gruñó y la tomó de la muñeca, tirándola hacia su regazo.

    Ella había jugado muy bien su papel.

    Pero él tenía el control ahora.

    Su respiración era errática, su cuerpo quedó muy tenso, incapaz de formular palabra alguna, solo logró decirle una frase entrecortada:

    —¿Qué… qué me has hecho?

    Ella lo abrazó presionando su cuerpo contra el suyo quedando inmóvil por un instante. Logrando escuchar los latidos de su corazón, intercambiando energía y calidez.

    No tenía prisa en soltarlo, fue un abrazo prolongado.

    Después de un tiempo indeterminado de caricias, besos y juegos sensuales, Afrodita se recostó en la cama, satisfecha y con una sonrisa triunfal.

    Ares se levantó con calma, tomó su billetera y sacó un dinero, dejándolo sobre la mesita de noche.

    —Buen servicio —dijo con una sonrisa pícara, siguiendo el juego.

    Afrodita arqueó una ceja, de manera muy divertida. Se incorporó lentamente, tomó el billete y se inclinó sobre él.

    —La primera vez es gratis, mi señor —susurró en su oído—. Pero la próxima… te costará más.

    Le deslizó el billete de vuelta en el bolsillo de su camisa blanca, la cual recogió del suelo y colocó en una silla, no sin antes morderle el cuello.

    Se vistió lentamente, asegurándose de que él disfrutara el espectáculo.

    Tomó un conjunto de lencería negra de encaje translúcido que dejaba poco a la imaginación. Su vestido de seda adornado con flores, tenía un escote que parecía hecho para tentar a los dioses. Se acomodó su moño alto, dejando algunos mechones sueltos que enmarcaban su rostro con una sensualidad natural. Se pintó los labios con mucha sensualidad.

    Ares la observó en silencio, atrapado en el eco de su piel, en el fuego de sus recuerdos. Eso no había sido solo placer, sino una obsesión grabada en su carne. No fue solo un encuentro, fue un pacto silencioso entre dos almas que no deberían haberse cruzado, pero que ahora eran incapaces de separarse.

    Afrodita le sonrió con esa expresión traviesa que él ya conocía demasiado bien, como si supiera algo que él aún no había descubierto.

    Pero entonces… la luz cambió. Un sonido metálico. Voces distantes. Una sensación fría en su piel.

    Abrió los ojos.

    Las luces blancas del quirófano la cegaron por un instante. La anestesia aún pesaba sobre sus pensamientos, pero una certeza la atravesó como un relámpago. El recuerdo de Ares seguía latiendo en su piel, tan real como el aire que volvía a llenar sus pulmones.

    No era solo una fantasía. No era solo un sueño. Era destino.

    Y el destino, como bien sabemos, siempre guarda una última carta.

    FIN… ¿O un nuevo comienzo?

    Pasó el tiempo.

    Ares observaba el horizonte, donde el Sol comenzaba a esconderse detrás de los edificios. La ciudad parecía sumida en un letargo dorado, mientras las luces comenzaban a encenderse una a una, anunciando la llegada de la noche. En su mente, sin embargo, no era la ciudad la que ocupaba sus pensamientos, sino ella… Afrodita.

    Nunca había imaginado que un simple intercambio de palabras, un cruce de miradas en una conferencia, pudiera dejar tal huella en su alma. Ella había sido como un destello fugaz en su vida, un relámpago que iluminó sus días grises con una intensidad arrolladora.

    La recordaba con claridad: su risa melodiosa, la forma en que su cabello caía sobre su rostro cuando inclinaba la cabeza para escuchar con atención, sus labios ligeramente entreabiertos antes de responder, como si cada palabra mereciera un momento de anticipación.

    Pero más que nada, recordaba la tensión entre ellos. Esa energía latente, ese deseo ardía en cada conversación, en cada gesto sutil.

    Tomó su pluma y comenzó a escribir. No sabía si alguna vez se atrevería a enviarle esas palabras, pero en ese momento, necesitaba darles forma, necesitaba sentir que, de algún modo, aún podía alcanzarla.

    “Afrodita, en mis pensamientos, sigues estando aquí. A veces te imagino sentada frente a mí, con esa mirada entre desafiante y traviesa. Me pregunto si en algún rincón de tu mente, todavía existe la posibilidad de nuestro encuentro…”

    Dejó la pluma a un lado y suspiró. Sabía que el tiempo y la distancia eran barreras difíciles de sortear, pero también sabía que algunas historias no terminan solo porque la realidad no las permitió. Algunas historias siguen viviendo en la imaginación, en la memoria, en cada suspiro contenido.

    Y tal vez, solo tal vez… Afrodita también lo recordaba a 10,000 km de distancia.

    Ares suspiró, sintiendo el peso de la distancia y el tiempo. Pero en su corazón, Afrodita seguía viva, como una llama que nunca se apagaba, recordándole que algunos encuentros no terminan, solo se transforman.

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  • Maratón

    Maratón

    Tenía unos días libres y me quedé en la ciudad.

    Estaba muy caliente y estaba usando un app de citas.

    Día 1, 18 h:

    Estaba esperando a que Laura se desocupara del trabajo y viniera a mi departamento.

    No la conocía en persona, llevábamos un par de días hablando. Era llenita, con unas tetas de excelente tamaño.

    La invité y aceptó sin dudar, quedamos ese mismo día y tan pronto llegó nos sentamos en el sillón y comenzamos con los besos.

    Nos fuimos al cuarto, me saqué la verga y comenzó a mamar.

    La desnudé, hicimos un 69 y luego me puse un condón, la penetré se vino y me vine.

    Día 1, 22 h:

    La noche aún era joven.

    Así que fui a cenar y beber con unos amigos, ahí estaba Karen, una chica con la que de forma recurrente cogía.

    Nos fuimos a mi departamento y cogimos, no se quedó a dormir ahí como era frecuente. Se fue como a las 2 am.

    Día 2, 3 am:

    Empecé a recibir llamadas de una de la aplicación de citas, no nos conocíamos en persona aún, pero me estaba marcando mientras estaba borracha. Este arroz ya se coció, dije.

    Le dije que viniera al departamento. En lo que llegaba me bañé.

    Llegó hirviendo, estaba caliente y borracha. Yo ya la esperaba con ansias.

    Tenía el cabello chino, tetas grandes naturales muy redondas, un culo regordete muy rico y la pucha peluda.

    Cogimos lo más que si borrachera y mi cansancio nos dejó. Se quedó dormida y como a las 7 am la desperté para que se fuera.

    Día 2, 8 pm:

    Quedé con Grecia, de la misma aplicación, era también la primera vez que nos veíamos.

    Llegó al bar donde nos citamos, estuvimos un rato ahí, y luego en otro bar.

    Ella era guapísima y gigante. Fácil 180 de estatura, y unos 90 kilos. Lo que implicaba que tenía mucha pierna. Mucho culo, muchas tetas.

    Le ofrecí irnos al departamento y aceptó.

    Lo de ella fue mágico, muchísima iniciativa agarró mi verga, le escupió y la empezó a engullir. Me hizo una rusa y luego hicimos un 69.

    Cogimos en varias posiciones y se quedó a dormir en mi departamento.

    Como la noche anterior la desperté como a las 7 am para que se fuera a su casa.

    Día 3, 12 h:

    Había hablado mucho con una chica del app, muy linda y tierna, pero que sabía que escondía un lado caliente.

    Ella no quiso venir a mi departamento, éramos de la misma colonia y decidimos vernos en un café de un centro comercial.

    Fue algo tímida, pero la plática se fue dando bien y la invité al departamento, ahí seguimos platicando hasta que nos empezamos a besar, algunos minutos después fuimos al cuarto y me la chupó, ella no quería que la comiera.

    Tenía unas tetas medianas, redondas, deliciosas con pezón rosita.

    Se montó en mi verga y mientras yo le comía las tetas, nos venimos al mismo tiempo.

    Día 3, 22 h:

    Esa noche estaba agotado, pero seguía muy caliente e incluso me masturbé, pero aproveché para dormir solo.

    Día 4, 16 h:

    Estaba escribiéndome con una madura del año, 55 años. Delgada y bajita o petit como se dice.

    Acordamos vernos un poco más tarde en un café. Sin importar que se notaba la diferencia de edades. Estuvimos en el café platicando y besándonos de forma intensa.

    No nos importaba que nos vieran. No la pude convencer de irnos al departamento, pero estuvimos hablando de sexo, le mostré fotos de mi verga y ella me acariciaba el bulto por encima del pantalón.

    Nos despedimos y quedamos de vernos después para cumplir la cogida que ya nos habíamos antojado.

    Llegué a casa y me masturbé, aventé chorros.

    Y ese fue el maratón donde en 4 días me vine como 15 veces y vi a 6 mujeres.

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  • Mi novia y mi padrastro (3)

    Mi novia y mi padrastro (3)

    Y en efecto, le paso una foto, su pene estaba erecto y se veía muy grande, tenía una gota en la cabeza saliendo de él. Su mano derecha abrazaba la base del tronco.

    M: ¡Ay dios!, que ganas de uno así! Jajaja no es cierto.

    G: Jajaja pues cuando quieras aquí está jaja.

    Y aquí, Mariana mandó su ubicación.

    Bloqueé el celular justo cuando leí eso, sentí muchas náuseas, dejé el celular en la cama y fui corriendo al baño. Comencé a salivar mucho y escupía todo lo que podía en la taza del baño, respiraba profundo y apretaba con las uñas las yemas de mis dedos para bajar el malestar. No podía creer lo que había leído, al empezar a leer y ver que se pasaron fotos me enojé y por supuesto también sentí ganas de vomitar, pero ver el mensaje de la ubicación fue lo que me hizo sentir mucho peor.

    Pensé que sería mejor dejarlo así, para no hacerme sufrir yo solo, pero necesitaba saber que es lo que había pasado, debía continuar con la conversación por mucho que me doliera. Esperé unos minutos para sentirme más relajado, mis palpitaciones bajaron y se me quitaron las náuseas. Respiré profundo, tratando de imaginar los peores escenarios, encontrar más fotos, o cosas que me lastimen, para así de cierta forma estar preparado.

    Salí del baño, Mariana seguía profundamente dormida, me acerqué a la cama y desbloqueé el celular para seguir leyendo justo después de que mandó la ubicación:

    M: Pues ven entonces jaja.

    G: Ay, ¿a poco sí?

    M: Pues ahorita estoy sola jaja.

    G: ¿Pero lo dices en serio? ¿Qué hay con Javi?

    M: Pues si me mandaste una foto de tu verga quiere decir que no te importa mucho, ¿o sí? Jaja

    G: Jajaja bueno, pero es la calentura del momento solamente.

    M: Yo también estoy caliente, ¿no quieres venir a comprobarlo?

    G: No lo sé, siento que no deberíamos hacer esto.

    M: Lo que debes sentir son estas en tus manos.

    Mariana le envió una foto de sus tetas desnudas, se veía casi hasta la altura del estómago y su lengua de fuera.

    G: ¡Dios mío!, ¿cómo puede ser que las tengas tan grandes?

    M: ¿Te gustan así?

    G: ¡Claro que me gustan! Sería un estúpido si no jajaja.

    M: Pues no seas estúpido y ven, así no nada más las ves jaja.

    G: Bueno pues, voy para allá, traviesa jaja

    M: Te espero, pitudo jaja

    Hubo una diferencia de una hora entre este último mensaje y el de Gustavo al llegar.

    G: Estoy afuera.

    M: Deja bajo a abrirte.

    Ese mensaje fue aproximadamente a las 11 y media de la noche, el siguiente mensaje fue de Gustavo, a las 5 de la mañana del otro día.

    G: ¡Ya llegué a mi casa preciosa!

    M: ¡Me alegro!, ¡descansa entonces!

    Volví a soltar el celular, si se hace una hora aproximadamente a su casa, quiere decir que al menos estuvieron 4 horas juntos. Me volvió a palpitar mucho el corazón, definitivamente hicieron algo, ¿habrá sido solo una mamada y manoseos?, se habrán bañado juntos?, ¿acaso tuvieron sexo? Me era imposible pensar con claridad, cualquier posibilidad se pintaba horrible, ya no podía estar con Mariana, pero tampoco permitiría que siga viendo a mi padre, pero ¿cómo lograr eso?

    Seguí la conversación, ya no hubo ni un mensaje si no hasta el miércoles, lo que quiere decir que todo el lunes y martes no platicaron nada. Fue una conversación convencional, solo se preguntaron cómo estaban y que hacían, las respuestas igual eran normales, si a uno se le olvidaba que habían hecho algo, por supuesto. El jueves la conversación fue la misma, nada relevante, pero cuando llegué al viernes, nuevamente comenzaron con mensajes morbosos.

    G: ¡Hola preciosa!, ¿cómo estás?

    M: Bien, ¿y tú?

    G: Que bueno, bien aquí, aburrido jaja.

    M: Pues ponte a hacer algo jaja.

    G: Lo que quiero hacer me queda muy lejos jaja

    M: Jajaja, lo mismo digo, pero ahora no nos podemos ver

    G: ¿Y eso?

    M: Mañana me veo con Javi y no me puedo arriesgar.

    G: Ah si, que tienes novio jajaja.

    M: ¡Oye! Jajaja, no seas así.

    G: Vale vale jajaja, pero ahora, ¿qué voy a hacer con esto?

    Y evidentemente le mandó una foto de su pene parado.

    M: ¡Ay que rico! Me gustaría poder jalártela jaja

    G: Ufff y sí que lo haces bien

    Ok, esto se estaba poniendo fuerte, y para mi sorpresa me estaba excitando, pero si estaba celoso y enojado, pero ya tenía el pene muy duro. Observé a Mariana, estaba seguro de que se despertaría hasta que suene la alarma, me metí al baño. O podía creer lo que estaba a punto de hacer, me bajé los pantalones, me senté en la taza, le puse seguro a la puerta, y con el teléfono en la mano izquierda y mi pene en la derecha, seguí leyendo la conversación mientras me masturbaba. Sentí un calor especial en el cuerpo, sabiendo que lo que leía era algo muy erótico.

    M: Jajaja pues con el tamaño de tu verga es fácil masturbarte.

    G: Pues sí pero ahorita sin ti, ¿cómo le hago?

    M: Pues ponte a ver el video que grabaste jajaja

    Dios mío, grabaron un video, necesitaba ver ese video.

    G: Lo he estado viendo toda la semana, me prende mucho verlo

    M: Jaja si ya lo sé, velo otra vez entonces

    G: Pero yo necesito más jaja

    M: ¿Pues que no se ve bien o qué?

    G: Se ve super bien, ¡es tan rico verte en 4 y con leche en las tetas!

    No puede ser, cogieron, cogieron y al menos ya se que la puso en 4 y se corrió en sus tetas. Me masturbé violentamente tratando de imaginar, no podía evitarlo, había mucha perversión en eso.

    M: Jajaja cállate que me da pena.

    G: ¿Cómo te va a dar pena si estás bien buena? Si por mi fuera te tendría aquí de mi puta.

    M: ¡Ay si!, eso me encantaría!

    G: ¿Quieres ser mi puta?

    M: Si papi.

    G: Eso me gusta, enséñame las tetas rápido.

    Y si, le enseño sus tetas, se veía tan rica en la foto, con una mano se apretaba una mientras la otra reposaba de una forma muy sensual.

    G: ¡Ufff puta, como me encantas!

    M: ¿Te ayudan mis tetas papi?

    G: ¿Tu qué crees perra? Anda, mándame un video amasándotelas.

    No puedo creer que estén hablando así, ni siquiera conmigo se deja decir esas cosas, una vez lo intenté y me dijo que ante todo debíamos mantener el respeto. Mariana le mandó un video de unos 30 segundos, en los que jugaba muy bien con sus tetas, las apretaba, se pellizcaba los pezones, incluso hasta les daba cachetadas ligeras.

    G: Así me gusta puta, ya sabes que debes hacer lo que yo diga.

    M: ¡Encantada papi!

    G: Ve cómo me traes ya.

    Otra foto, igual con el pene parado ero esta vez se notaba que toda la cabeza estaba húmeda, tenía mucho líquido preseminal.

    M: ¡Ay que rica verga!, ¡me encanta como la tienes!

    G: Es toda tuya princesa.

    M: ¡Gracias papi!

    G: Oye, ¿estás sola ahorita?

    M: Si, ¿por qué?

    G: Quítate toda la ropa y vete al baño, quiero que tengamos una videollamada mientras te bañas.

    M: Ufff sí, me encantaría. Voy papi.

    Y vi que en efecto tuvieron una videollamada de 25 minutos aproximadamente.

    G: ¡Que rica estuviste mi amor!

    M: Tú también papi, me encantó como me hablaste y al final, ¡toda la leche que te salió! ¡La sacas tan rico y es un buen! ¡Y sé que sabe muy rico! Jaja

    ¿Cómo? ¿Qué no se había corrido en sus tetas cuando se vieron? Por supuesto, hicieron muchas cosas, necesitaba ese video a como dé lugar.

    G: Tú no te quedas atrás mi reina, ¡cómo te masturbaste!, Me excitó mucho que antes de abrir la llave de la regadera te escupiste en las tetas.

    M: Jeje, sé que a los hombres les gusta mucho eso.

    G: ¡Y cómo te corriste!, Dios mío, ver un squirt tan rico y que te tiemblen las piernas es una obra de arte.

    M; Jeje gracias papi, estoy para ti.

    G: Gracias a ti, y, por cierto, recuerda que si te sientes mal con la forma en la que te hablo me puedes decir y lo dejo de hacer.

    M: Ay, eres muy atento, ¡gracias! Pero me encanta que me hables así.

    G: Bueno preciosa, tengo que dormir que mañana tengo muchas cosas que hacer.

    M: ¡Claro amor! No me mandes mensaje hasta el lunes o el domingo en la noche puede que yo te hable jaja,

    G: Como tú me digas, andaré checando el celular jaja.

    M: ¡Bye pitudo!

    G: Bye tetona jajaja.

    Ese fue el último mensaje, me corrí aproximadamente cuando dijo que se escupió en las tetas. No me había corrido así en mucho tiempo, tal vez nunca. Limpié el semen del piso y de mi pene, le jalé al baño y salí. Dejé el celular de Mariana en su buró y me acosté, sabiendo que era poco probable que llegara a conciliar el sueño. Volteé a verla, se veía tan bonita, tan inocente, no podía creer que esa mujer, que hablaba conmigo de películas, de sus princesas de Disney favoritas, de las canciones que más le gustaban, se comportara de esa manera con alguien que ni siquiera es su novio.

    Yo siempre fantaseé con eso, con una novia, así como ella se comportaba con mi padre, y ahora que conocía a alguien esperaba que así fuera. Yo quería llegar a ese punto paulatinamente, para que no se sintiera usada, pero veo que ese fue mi error. No, no fue un error, ella en cualquier caso no hubiera sido así conmigo, yo era demasiado protector, por supuesto que era muy morboso, y me masturbaba siempre imaginando que le hacía muchas cosas pervertidas a mi novia, pero todo se quedaba en la imaginación. Además, Gustavo era muy atractivo, tenía un pene que hacía que el mío se viera como el de un niño, o de un asiático, no tenía oportunidad de competir contra él.

    La noche pasó, dormí aproximadamente 4 horas, no soñé nada, solamente descansé la cabeza de todo lo que había presenciado. Mariana despertó una hora después que yo, me vio jugando con mi celular. Me dio los buenos días, besando mi mejilla, yo le seguí la corriente como si siguiera creyendo que es la novia perfecta. No la odiaba, o tal vez si no podría saberlo con facilidad, pero definitivamente ya no la amaba. Bajamos a desayunar, platicamos de lo que podríamos hacer ese día, al final escogimos ir a un parquecito cercano.

    Nos arreglamos y salimos, íbamos agarrados de la mano, ella me señalaba los lugares en los que solía comer, o que frecuentaba a la hora de comprar las cosas para su casa. Llegamos al parque, estaba bastante concurrido, nos sentamos en una de las bancas debajo de un árbol. Nos besamos un rato, sentía que ella era más activa que de costumbre, usaba mucho su lengua, incluso lamía por fuera de mi boca. Yo me excité, sin duda ella sabía cómo provocar a un hombre.

    Se pegó más a mí, me acariciaba la cara y yo a ella, para después de un rato separarnos, ella me vio los ojos y me dijo “te amo, eres lo mejor que me ha pasado”. Yo pensé, ¿por qué? ¿Por haberte ayudado a conseguir a tu hombre ideal? Respondí con un “te amo, también tú, eres increíble”.

    Quería irme de ahí por dos razones, una era que no podría verla a la cara sin recordar los mensajes, las fotos, y el video que quería ver, que ya me imaginaba lo que iba a encontrar. Y la otra razón era que quería ir a la casa de mi padre, me urgía ver su teléfono, necesitaba el video. Decidí decirle que me estaba sintiendo mal, y que lo mejor sería irme a mi casa, ya después nos veríamos. Ella fingió que se sentía mal porque quería pasar el día conmigo, pero a kilómetros se veía que no le importaba para nada que yo me fuera. Nos dirigimos a su casa por mis cosas, nos despedimos y me fui directamente a la casa de Gustavo.

    En el camino fui pensando lo desafortunado que era, Mariana era todo lo que yo quería, pero no conmigo. Se comportaba de una manera muy sumisa, se dejaba insultar y recibía órdenes que obedecía sin rechistar, pero con Gustavo. Ya me imaginaba como fue que acordaron que se podrían comportar así, con mi padre como dominante.

    Apuesto que fue cuando se vieron el domingo pasado, y en pleno sexo ella se lo pidió. Lo peor era que Gustavo ni siquiera se comportaba como un idiota, se lo tomaba como un personaje, cuidando que mi novia no se sintiera mal o incómoda. Yo debía ser el que se preocupara por esos asuntos, ¿es que el avanzar lento lo provocó?, ¿es que tenía que mostrarme más dispuesto a esas actividades? Daba igual, eso ya no tenía reparación, ahora eran amantes.

    Llegué a la casa de Gustavo, toqué la puerta y esperé, escuchando los sonidos del interior, y si, se encontraba en casa. Al abrir la puerta noté la sorpresa en su cara, pero me saludó como siempre, me invitó a pasar y me dijo con prisa que debía ir al baño. Yo inspeccioné lo más rápido que pude el piso de abajo, buscando su celular, pero no estaba por ningún lado, solo el que usa para negocios y esas cosas.

    Claro, ya Mariana le había dicho que ya no estaba conmigo, y en el baño mi padre le avisaba que yo estaba con él. Salió del baño más relajado, me invitó a comer y se disculpó porque debía ir a platicar con alguien sobre una compra, pero que estaba en mi casa y ahí me podía quedar. Le dije que sí, que solo quería dormir y ya haríamos algo en la noche, por lo que se despidió de mí y se fue.

    Inmediatamente cerró la puerta, subí corriendo a su cuarto, buscando su teléfono, y gracias a dios ahí estaba. Tenía una obsesión con los robos y asaltos, jamás se llevaba el personal a la calle con un cliente o por cosas de trabajo, solo lo sacaba cuando era una salida normal. Me volvieron a dar náuseas y fui al baño a escupir, esperando a que me calmara. Me senté en la taza del baño, bajándome los pantalones y ya con una erección porque sabía lo que iba a encontrar. Abrí primero el WhatsApp para confirmar mis sospechas, encontré esta conversación en el chat con Mariana:

    M: ¡Ven rápido! ¡Que ya estoy sola!

    G: ¿Qué? ¿No que este fin estarías con Javi?

    M: Si, pero se sintió mal y se fue.

    G: ¿Que le pasó?

    M: ¿Eso que importa? Jaja

    G: Oye, cálmate que se te olvida que soy si padre.

    M: Si, su padre que se coge a su novia jaja.

    G: Si, pero no por eso dejaré de preocuparme, además hoy no puedo, te vas a esperar, porque tengo un negocio que platicar.

    M: Como quieras.

    ¿Eso era una pelea? Era rarísimo leer algo así, ella enojada por no cumplirle un capricho y el por defenderme, no sabía que pensar. Lo que si es que cada vez mi idea de separarme de ella se hacía más fuerte. Pero ahora tocaba ver lo que más miedo me daba, el video del que platicaron. Abrí la galería, y tenía muchas carpetas de diferentes mujeres, exploré un poco y obvio que todas las fotos eran de esas chicas desnudas o cosas así. En algunas carpetas había videos, de ellas masturbándose o dándose nalgadas, las coleccionaba como si fueran solo objetos para su placer.

    Por fin vi la carpeta que tenía como nombre “Mariana” y la abrí, habían más de 40 fotos y 4 videos. Respiré hondo y decidí dejar los videos hasta el final, ordenando los archivos por tipo, por lo que abrí la primera imagen. Era de Mariana, desnuda con la toalla en las tetas, y aplicándose crema en los brazos, esa fue definitivamente cuando fuimos a su casa, no pareciera que mi novia se haya dado cuenta de la foto, había otras cuantas fotos así, y después vi la que le mandó en ropa interior cuando le pidió ver su cuerpo para ver como trabajarlo.

    Después de esa, empezaron las que no había visto, primero una de Mariana en su cama, con una blusa de tirantes que dejaba ver la parte superior de sus grandes tetas, y un short, no tenía calcetines, estaba sonriendo a la cámara. Comencé a masturbarme, pasando las fotos, estaba en diferentes poses, que jamás se me hubiera ocurrido pedirle.

    En una se apretaba las tetas por encima de la blusa, en otra estaba de espaldas mostrando su trasero y agarrándose una nalga. Poco a poco en las fotos se fue viendo como se despojaba de su ropa, Gustavo tomaba foto cada que podía, así hasta quedar completamente desnuda. Yo cada vez me la jalaba más fuerte, sabiendo que estaba posando para mi padre. Nuevamente una foto apretándose una teta, acariciando su vagina, metiéndose un dedo a la boca, volteándose y poniéndose en 4 abriendo las nalgas para apreciar mejor su ano y su vagina. En la siguiente foto a esta, se veía la mano de mi padre apretando su nalga, comencé a excitarme mucho, junto con una ola de celos.

    Ahora las fotos ya eran con interacción de Gustavo, acariciándole la cara, las tetas, las piernas, haciendo que chupe su dedo, jugando con sus pechos, apretándolos. Eran todas fotos de ese estilo, llegué a una en la que se vio a Mariana sentada en la cama, con la cara en el bóxer de mi padre, se veía muy tierna, como si estuviera abrazando algún peluche, pero era su cachete contra la verga de Gustavo.

    Ahora ella lamiendo el bóxer, ya se notaba un bulto enorme, hasta mojado en la cabeza, la siguiente foto era la lengua de Mariana contra la tela, en la parte del glande. Por fin se sacó la verga, mi novia la sostenía sorprendida, estaba embelesada, la lamió, la beso, comparó el tamaño de su cara contra el pene, en una foto se veía como la estaba oliendo, en otra besando sus huevos.

    Esto era demasiado morboso, ver la cara de la chica a la que amaba, que besaba y acariciaba, pasándose la verga de mi padre por toda la casa, ya chupándola, dejándola llena con su saliva. Fue cuando deslicé esta última foto cuando apareció Mariana en la misma posición, sentada en la cama con la verga de Gustavo en la cara, pero ahora había un botón de play y una leyenda que indicaba una duración de 5 minutos. No podría aguantar ver eso sin venirme en los primeros segundos, por lo que descanse tantito, para que se me bajara la erección y abrir el video para poder verlo.

    Por fin lo abrí, subiéndole el volumen del teléfono para escuchar por si hablaban. Empezó con Mariana chupando la cabeza, lamiéndola y sonriendo hacia mi padre, de vez en cuando decía frases como “ay, qué rica verga” o “¿cómo la puedes tener tan grande?”, también se escuchaba la voz de Gustavo diciendo “Así mami, chúpala toda” y también “¿dónde aprendiste a hacerlo así”.

    Era obvio también que vería la mano de mi padre amasando sus tetas mientras recibía su mamada, incluso le daba golpes un tanto fuertes encima de las tetas, viendo como rebotaban. Mariana siguió chupando, cada vez con más ímpetu, se pasaba la vera por su cara, la metía lo más profundo que podía, sacándola para escupirle encima y tomar aire.

    Llegó un punto donde tuvieron una pequeña conversación, mi novia se sacó la verga de la boca, vio a mi padre y dijo:

    M: ¿Te gusta como lo estoy haciendo papi?

    G: Ufff si, y me excita que me hables así.

    M: Oye, a mi me gusta que me hablen mal.

    G: ¿Mal? ¿Como mal?

    M: Dime puta.

    G: ¿En serio?

    M: Si, me gusta que me insulten.

    G: Ok, sigue mamándome la verga, perra.

    Aquí Mariana abrió los ojos con sorpresa, vi que se dedeaba y la chupó con más emoción, gimiendo con la boca llena. Gustavo le decía “así, perra”, “métela toda adentro, puta”, “chúpame los huevos, zorra”. Mariana obedecía a las órdenes de mi padre, gimiendo, succionando con mas fuerza y dedeándose. De vez en cuando mi novia se sacaba el pene de la boca, lamía la cabeza y mi padre la cacheteaba, algo fuerte, ella sonreía cuando lo hacía. Gustavo estaba por terminar, tomó la cabeza de Mariana con una mano, y la metió con tal fuerza que los labios de mi novia tocaron la base del pene, la cabeza debió llegar muy profundo en la garganta.

    Él exclamó un “trágatelo todo, puta de mierda”, mientras no la dejaba tomar aire, ella le pegó en la pierna para que la dejara ir, pero no la obedeció, quería terminar completamente en su garganta. Sacó su verga por fin, toda ensalivada, y todavía Mariana la lamió, y le dio muchos besos, en el tronco, los huevos y en la cabeza, incluso en su estómago, tenía los ojos llorosos.

    Ahí acabo el primer video, por supuesto que ya había yo terminado, todo era muy fuerte para mí. Pero aún quedaban 3 videos, solo vi las miniaturas de rápido, los seleccioné y me los mandé a mi teléfono por WhatsApp, borrando los mensajes del teléfono de mi padre una vez se enviaron. Era increíble lo que acababa de ver, Mariana actuando como una prostituta con el padre de su novio, me enojaba de una manera impresionante, pero también me excitaba demasiado. Limpié todo ahí, y me fui a mi casa, dejándole un mensaje a Gustavo de que tenía tarea que hacer. En el camino imaginé que aprovecharían para verse, o al menos para seguir hablando, eso me excitó.

    Llegando a mi casa le dije a mi novia que pasé de rápido con mi padre, pero que ya me encontraba en mi casa. ¿Estaba yo haciendo lo posible para que sepa que ya estaba Gustavo solo? No lo sé con claridad, me metí a bañar, nuevamente excitado, ya imaginando que estaban juntos cogiendo como locos. Al terminar de bañarme me preparé para ver el segundo video, esta vez sentado en mi cama, preparado para lo que pudiera venir. Me quité mis pantalones y mis bóxers, le puse seguro a la puerta por cualquier cosa, y abrí mi galería, dispuesto a reproducir el video.

    Dios mío, ese video duraba 45 minutos, eso era más de lo que yo podría asimilar, pero ya estaba ahí, por lo que decidí darle al play. Ahora la cámara estaba quieta en un rincón de la habitación, permitiendo ver todo lo que pasaba e la cama. Mi novia estaba sentada con las piernas cruzadas y mi padre parado con la verga erecta, los dos viéndose. Mariana dijo “Quiero que me hagas tu puta”, y Gustavo respondió “De ahora en adelante, solo te voy a usar para sacar mi semen”.

    Mi padre subió a la cama y comenzó a besarla, se separó un poco, le apretó el cuello y le dio una cachetada fuerte, haciendo que volteara la cabeza. Ella lo volteó a ver sonriendo y mordiéndose el labio, y él, le golpeó una teta igual de fuerte.

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  • Con el hijo del portero y su abuelo (2)

    Con el hijo del portero y su abuelo (2)

    Después de que mi esposa estuvo con el hijo del portero de mi trabajo, pasamos una noche muy fogosa, entre nosotros.

    Debo aceptar que todo lo que venimos pasando en estos años y los tipos que se cogieron a mi esposa, hizo de ella una verdadera putita en la cama.

    Después de desayunar suena el timbre de la puerta, al mirar quién era veo que es el hijo del portero nuevamente, quien venía con un mensaje de su abuelo.

    Diciendo, “hola Santiago, necesito que vengan urgente, en realidad el problema es con tu esposa, así que si tú no puedes, que venga ella, para el caso es lo mismo”, en eso entra mi mujer en ropa interior cuando lo ve al muchacho y trata de cubrirse, y el riendo le dice, ya te conozco sin ropa para que te cubres y la besa, apoyando una mano en el culo de ella quien se la saca al instante.

    Mi abuelo sabe lo que hicimos en su quinta, está enojado, y pide hablar contigo, ¿ conmigo? Dice mi esposa, si ustedes me llevaron, a lo que dice pero tú eres la mujer adulta, además él es quien quiere hablar.

    Así que nos cambiamos y nos fuimos para la quinta, al llegar nos dirigimos al encuentro del anciano que se encuentra al costado de la pileta, hay que admitir que para su edad se mantiene bien energético.

    Al verla le dice buenos días así que vos sos la putita que se coge mi nieto, ella lo mira y con la cara colorada de vergüenza le dice con voz enérgica, que dice, a lo que él la toma de la mano y la lleva hacia el diciendo, tengo los videos de las cámaras de seguridad de acá, flor de culito tenés en vivo es más lindo, y se lo acaricia.

    Mira zorrita te gusta comer pendejos, si no querés que te haga meter presa, hoy vas a estar con verdaderos machos, aprovechando que está cerca para besarla, al momento que entra otro hombre más o menos de su misma edad, cuando ve a mi esposa, le dice que bombón, esta es la sorpresa, y se le ilumina los ojos cuando le dice que si.

    José, así se llamaba el viejo dueño de la casa, le dice bueno prepárate para la pile y si no trajiste la ropa, desnuda es igual, total ya estas acostumbrada, no nos hagas esperar mucho.

    Era verdad ella no había traído nada, así que se quedó en bombacha y corpiño, algo que era muy tentador, fue así que los tipos se dieron el lujo de besarla y tocar esa linda muñeca que es mi mujer, ambos viejos la besaron, se hacían chupar la pija, y empezaron a cogerla se turnaban pero José la hizo poner en cuatro empezando a querer penetrarla por detrás, debido al tamaño del miembro le costaba hasta que de repente la veo arquearse y dar un grito, el viejo había logrado meterla empezando a mover su cuerpo clavando todo su paquete en el culito, el otro la besaba y mordía sus tetas, lo que hizo ponerla a full y que llegue a un orgasmos terrible.

    Cuando José siente que va terminar hace que ella se acueste y le termina en su cara llegando entrar algo en su boca.

    El amigo también hizo la degustación de esa cola hermosa, nosotros pensamos que con eso ya estaba pero el viejo tenía otra sorpresa, agarro el celular y llamo alguien de la casa, porque le dijo veni.

    Gran sorpresa fue ver entrar a Marcelo mi amigo el gordo policía que fue con quien se inició todo, y quien inició a mi mujer como puta

    Mi mujer me mira asombrada como preguntando si yo sabía, si bien sabía que se había retirado y estaba de chófer de un tipo de guita, nunca supe de quien. El al verla dijo pero miren que sorpresa, y la quiere besar y ella se niega, lo que es obligada por Marcelo, no solo a besarlo, también a que se arrodille, y mientras se la chupaba tenía que decir que era la puta de él. Marcelo algo que siempre le gustó es mostrar su poder así que le pregunta quien te hizo tan puta, a lo que ella dice vos, pero Marcelo redobla la apuesta y vuelve a preguntar, vos ¿qué? A lo que ella dice vos papito me hiciste puta, los viejos se reían, mientras decían, la tejes bien domada, fue así que la volvió a coger delante de nosotros.

    Ahora Marcelo pasa cada tanto por casa y se queda a dormir con ella, quien le entrega todo ese lindo cuerpo al gordo policía.

    Quien a la vez se la lleva cada tanto al viejo su jefe para deleite del fin de semana.

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  • En primer plano vi cómo se follaban y enculaban a mi esposa

    En primer plano vi cómo se follaban y enculaban a mi esposa

    Viaje con mi mujer a Rivera Huila donde un hermano tiene una finca con alberca, llegamos hacia las once de la mañana se destaparon unas cervezas y a la piscina. Mi hermano y mi esposa jugaban y se sobaban, mi hermano siempre ha querido culearse a mi esposa que es una zorra.

    Ya en la tarde disfrutando del fresco y tomando unas copas de vino, salió a colación la pregunta sobre nuestras fantasías, mi esposa sin miramientos dice quiero que tu hermano me folle y mi hermano responde: siempre he querido romperte ese culito hermoso que tienes. Y seguimos diciendo pendejadas.

    Llegó la hora de dormir y me acosté con mi mujer y comenzamos a tocarnos, estábamos cachondos, ella se pegó a mamar mi verga y yo la coloqué en posición 69 y le mordía y chupaba su clítoris, estábamos súper excitados, de pronto entró mi hermano si hacer ruido completamente desnudo y con su verga súper dura, mi esposa no lo podía ver, yo seguí chupando su clítoris y ella gemía, mi hermano se acercó yo le abrí su vagina más porque le tenía par dedos dentro, y mi hermano la penetro de un solo empujón.

    Ella quiso levantarse, no la deje y apreté su cabeza contra mi verga que llegaba a su garganta, yo seguí chupando su clítoris y mi hermano se la follaba con fuerza y podía ver cómo la verga de mi hermano entraba y salía del chocho de mi mujer, fue tal la excitación que los tres llegamos al tiempo, mi hermano le lleno de semen el chocho a mi mujer, yo me derrame en su boca y se tragó mi corrida y yo me comí parte de su orgasmo combinado con semen.

    Después de que mi hermano se follo a mi esposa y yo vi cómo entraba y salía la verga de mi hermano de su chocho, descansamos un poco pero la zorra de mi mujer continuó manándome la verga y mi hermano que quería más le limpio el chocho a mi esposa, él se tragó el resto del corrida y su propio semen, mi esposa solo gemía y decía que rico… rico cuñado chúpame más, mi hermano le metía la lengua en vagina y sorbía los flujos, luego le metió un par de dedos y yo seguí chupándole el clítoris, seguíamos haciendo un 69 y mi hermano ayudaba.

    Luego mi hermano comenzó a lamer y chupar el ano de mi mujer, le metía la lengua en su culo y mi mujer se retorcía gimiendo y diciendo lo rico que sentía su lengua dentro del ojete del culo, mi hermano le metió de nuevo dos dedos en el chocho y la masturbaba muy rápido, saco sus dedos llenos de flujo y se los metió a mi mujer por su culo, ella se quejó y yo apreté su cabeza contra mi verga para qué mamara y no se quejara, mi hermano le dilató el esfínter, mi mujer tenía hasta hoy el culo virgen, y hoy le pedía a mi hermano que le follara el culo, nunca me lo quiso dar.

    Mi hermano ni corto ni perezoso le puso la cabeza de su verga en la entrada del ano, yo la abracé fuerte y mi hermano de un empujón le metió la mitad de la verga en el recto, mi mujer trataba de gritar pero no podía porque tenía mi verga metida en la garganta porque le daban arcadas, ahí esperamos se relajara y pronto mi hermano comenzó a culearse ese culo que tanto le apetecía, ella mamaba mi verga, yo le chupaba y metía mi lengua en su chocho y mordía su clítoris y mi hermano comenzó un mete saca fuerte.

    Yo veía como la verga de mi hermano entraba y salía del ano de mi esposita amada, hoy convertida en una puta, así seguimos hasta que los tres estallamos muy sincronizados, se comió mi corrida, yo me bebía todo su orgasmo y mi hermano le llenó los intestinos de semen, la verga de mi hermano ya flácida se la saco del culo y le salía semen.

    Luego les contaré qué pasó después, lo único cierto es que mi recatada esposa es una simple perra, zorra y puta.

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  • Tarde de placer con el montador de muebles

    Tarde de placer con el montador de muebles

    No hace mucho tiempo me compré un piso. Después de años de vivir alquilado pude por fin cumplir mi sueño de tener una casa propia decorada a mi gusto. En fin. El caso es que visité varias tiendas de muebles para comprar todo lo necesario para convertir aquel ático en un hogar. Disfruté mucho con ello porque me encanta el diseño, la arquitectura y el interiorismo, y porque en muchas de esas tiendas me encontré con dependientes muy guapos con los que me recreé la vista mientras me enseñaban mesas, sillas y sofás…

    Pero con ninguno de ellos pasé a mayores, aún con la seguridad de que alguno era gay. Pero a mí no me atraen especialmente los chicos poco varoniles, sino todo lo contrario: siempre he preferido los hombres viriles y peludos que se ven por la calle con los cuales las posibilidades de ligue suelen ser bastante escasas.

    El caso es que en una de aquellas tiendas compré un par de muebles para el salón que era necesario montar en el lugar donde iban a colocarse. De eso se encargan normalmente en la tienda. Quedaron en traerme esos muebles una tarde que yo no trabajaba y ese día, después de comer y recoger mi cocinita recién estrenada me acomodé en un sillón para leer mientras esperaba. Eran casi las 6 de la tarde cuando llegaron los encargados del transporte a traerme los citados muebles. Eran dos.

    Un joven muy delgado que no me atrajo en absoluto y un chicarrón fuertote y de mediana edad que estaba para comérselo: moreno, fornido, con perilla y pelos por todas las partes visibles de su cuerpo, en aquel momento únicamente los brazos y la parte del pecho que se podía ver gracias a su camisa desabrochada hasta el segundo botón. Enseguida dejaron todas las piezas en mi salón, después de lo cual el hombre mayor le indicó al chico que volviera al almacén porque él era el que tenía que montarme los muebles.

    El joven se marchó y nos quedamos los dos solos. De repente y sin avisar el hombre se despojó de su ropa para ponerse otra más apropiada para hacer el trabajo manual que tenía delante. Fue bastante rápido, pero no lo suficiente como para que me impidiese ver en todo su esplendor aquel cuerpazo. Como yo pensaba, tenía todo el pecho cubierto de una espesa y negra mata de pelos, igual que las piernas y los brazos. Creo que se dio cuenta de mis miradas lujuriosas, pero no dijo nada en ese momento.

    Simplemente empezó a hacer su trabajo. Mientras tanto, yo rondaba por allí haciendo como que hacía cosas, cuando en realidad lo único que pretendía era comérmelo con la vista de arriba abajo. De vez en cuando hablábamos de cosas sin importancia y de lo bien que, en su opinión, estaba decorando la casa. De pronto me dijo:

    ―El único inconveniente sería que disfrutases sólo de un piso como éste, pero seguro que lo compartirás con tu mujer o tu novia, ¿no?

    ―Pues la verdad es que no tengo ni mujer ni novia –le respondí– pero no es algo que me preocupe demasiado.

    No sé por qué le di esa medio explicación, pero en ese momento me miró de reojo como pensando “ya decía yo que este tío me parecía maricón”…

    Siguió a lo suyo hasta que al rato me pidió permiso para usar el baño. Por supuesto accedí y le indiqué donde estaba. Cuando volvió le pregunté si quería tomar algo fresco ya que había hecho sitio en su vejiga, a lo cual accedió con una sonrisa por mi chiste malo.

    ―No podemos aceptar una invitación de un cliente, pero tampoco podemos usar el baño y ya lo he hecho, así que creo que va a dar igual saltarse las normas dos veces.

    ―No te preocupes –respondí– no me chivaré a tus jefes. Y diciendo esto, le guiñé un ojo de manera inocente. En realidad, estaba pensando: si quieres saltarte las normas de otra forma tampoco les diría nada…

    Estábamos de pie en la cocina, uno enfrente del otro, pero a cierta distancia, cuando sin saber muy bien por qué le dije:

    ―Corporación Dermoestética haría el año con un par de hombres como tú que fueran a depilarse…

    ―Es verdad –respondió soltando una risa–. Alguna vez pensé depilarme, pero creo que me resultaría muy chocante verme después completamente lampiño. En cambio, contigo, no tienen nada que hacer.

    ―Pues no. Los únicos cuatro pelillos que me salen en el pecho me los saco yo mismo. Pero no creas, quizá me hubiera gustado ser más peludo, ¿eh?

    ―Pues yo creo que estás muy bien así, –me dijo.

    ―Supongo que tendrás mucho éxito con las mujeres, ¿no? Si mi pregunta fue atrevida la respuesta me dejó completamente KO.

    ―No te creas; hoy en día están muy de moda los metrosexuales esos. En cambio, a muchos chicos les gustan los hombres peludos como yo. Y diciendo esto se fue acercando lentamente hasta mí, cogió mi mano y la acercó a su pecho.

    ―Creo que tú eres de esos –me dijo–. Lo cual significaba que se saltaría de nuevo las normas de comportamiento de su empresa.

    Comencé a desabrochar los botones de su camisa y mientras dejaba todo su torso al descubierto iba acariciando aquella maravilla. Pelos y más pelos negros y suaves de los que disfruté como nunca. Él se dejaba hacer al mismo tiempo que metía las manos por debajo de mi camiseta y acariciaba también mi pecho lampiño y mi espalda. En un momento me despojó de la camiseta y se acercó para besar y lamer mis pezones. Paseó su boca por mi pecho y mi cuello hasta que encontró mi boca y me plantó un tremendo beso que casi me hace llegar al orgasmo.

    Yo en ese momento ya no acariciaba su pecho, sino que lo agarré por las nalgas para acercarlo a mí y sentir su polla pegada a la mía (con eso ya adiviné que estaba muy bien dotado). Después de comerme la boca un buen rato, tiró hacia abajo del pantalón de mi chándal y arrastrando con él mi calzoncillo. Quedó entonces al descubierto mi tremenda erección. Yo volví a la carga con su pecho y le besé desde el cuello hasta el ombligo; esto me obligó a agacharme un poco hasta que concluí que ponerme de rodillas me resultaría más cómodo.

    Fue entonces cuando bajé su pantalón y vi de nuevo el calzoncillo que ya antes había tenido ocasión de vislumbrar cuando se estaba cambiando de ropa. Lo bajé y descubrí una tremenda polla circuncidada y de unos 16/18 cm de longitud; algo más grande que la mía. No pude evitar besar su glande al descubierto y comenzar después una mamada como nunca antes había hecho a nadie; pero era como si mi boca me lo estuviese pidiendo.

    Después me indicó que me acostase en el suelo (era verano, así que no estaba demasiado frío) y se tumbó encima de mí. Con su pecho sobre el mío pude sentir la placentera sensación de ser acariciado por aquel torso tan peludo. Era definitivamente lo que más me gustaba de él. Pero no se conformó con eso y fue deslizando su cuerpo sobre el mío hasta que su cara se situó a la altura de mi polla, la cual se metió en la boca para empezar a chupar. Su perilla me hacía algunas cosquillas, lo cual aumentaba más mi placer. Le dije que parara si no quería que me corriese ya.

    ―sí, me paro, que no quiero que te corras todavía.

    Levantó entonces mis piernas y mojó con su lengua la entrada de mi culo. Estuvo un ratito lubricando mi hoyito hasta que creyó llegado el momento propicio.

    ―Espera, ponte esto; a ver si te sirven. Le dije yo mientras me incorporaba un poco para coger de un cajón una caja de preservativos (sí, ya sé que no se guardan en la cocina, pero los había comprado recientemente y fue el primer lugar que encontré para dejarlos). Jamás he follado sin protección.

    De esa manera ya estaba listo para introducir despacio su polla en mi trasero. Lo hizo con gran cuidado para que no me doliera. Era algo que yo temía un poco dado su tamaño, pero no me dolió lo más mínimo. Cuando había dilatado lo suficiente empezó a bombear haciéndome rugir de placer. Pudo incluso recostarse sobre mí al tiempo que me follaba de manera que volví a sentir sobre mi cuerpo aquella delicia de pecho que tenía.

    Cuando vio que estaba a punto de acabar cogió mi polla y comenzó a masturbarme, suavemente al principio, y con más ritmo después, hasta hacer que me corriera como nunca sobre mi pecho. El apenas tardó unos segundos en hacerlo también. Exhausto se dejó caer sobre mí un rato y luego nos fuimos juntos al baño para darnos una relajante ducha juntos.

    Aquel día, como podrán imaginar, no terminó de montar los muebles en cuestión. Necesitó dos tardes más, con sus dos respectivos “descansos”.

    Mientras escribo esto, contemplo su pecho maravilloso. Está recostado en el sofá. Comparto mi piso y mi vida con él.

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  • ¡Qué vacaciones! (2)

    ¡Qué vacaciones! (2)

    Dicho y hecho, nos salimos del Jacuzzi, nos secamos unos más y otros menos y nos fuimos del baño a desayunar a la habitación, allí había lo típico, tostadas, bollería, cafés, zumos, estábamos los cuatro desnudos, saciando nuestro apetito encima de la cama, en un tenso silencio que se podía cortar, tanto Juan como yo teníamos las pollas morcillonas, pero las niñas tenían los pezones aún duritos y brillantes por el baño, así fue Lucía la que rompió el hielo.

    ―Oye, ha estado genial, esto hay que repetirlo, si no te importa amor, – dijo mientras le daba un beso a Juan.

    ―A mí que me va a importar, ha sido lo más salvaje que he hecho en mi vida, pero espero que Jacobo me deje un poquito más a Sylvia, que te tengo unas ganas…

    ―Ven aquí, no seas celosín, que aquí no se queda nadie sin nada. Dijo mi mujer mientras agarraba la polla de Juan, dándole un chupetón en el capullo.

    Continuamos desayunando, y sin darnos cuenta se abrió la puerta, era la chica del servicio de habitaciones, no habíamos colgado nada y entró sin llamar, llevándose las manos de la cara cuando nos vio y empezó a pedir disculpas sin parar, era una chica de cómo 20 años, rubia, ojos azules, menudita, con el pelo largo recogido en una cola…

    ―Perdón, perdonen, no sabía que había nadie, es que soy nueva, y no estoy aún acostumbrada, por favor, no digan nada, no quiero que me echen, sólo llevo dos días, y quiero aguantar todo el verano, necesito el dinero, por favor.

    ―No te preocupes, guapa, que no pasa nada, no vamos a decir nada, pero tú es también un poco discreta, no queremos ser el comentario de todos los camareros y camareras del hotel, ¿eh?

    ―Por favor, en absoluto diré nada, vuelvo luego.

    Dicho y hecho, se fue la chica y en eso aprovechamos para vestirnos un poco, entre idas y venidas nos tocábamos, nos besábamos, Juan le dio unas chupaditas a mi mujer en los pezones, mientras Lucía se daba un morreo con ella, y yo aproveché para ayudarla a ponerse el bikini.

    Una vez vestidos nos fuimos a la piscina, era una piscina alucinantemente grande, con un montón de hamacas alrededor, cogimos cuatro, pusimos las toallas y nos pusimos a descansar, me metí en el agua y acto seguido vino Lucía tras de mí.

    ―Oye, Jacobo, no sabía que fuerais tan liberales, ¿te he gustado?

    ―Joder, Lucía, esto ha sido muy heavy, estoy deseando cogerte, te vas a enterar de lo que es bueno, te voy a estar follando hasta que pidas que pare.

    ―Si lo haces tan bien no como dices no creo que tenga ganas de parar, yo no soy como Sylvia, yo puedo seguir follando, aunque me corra.

    Dicho esto, se agarró a mí y me dio un morreo mientras juntaba sus tetas con mi pecho, yo no le seguí el rollo un poco por corte, e instintivamente miré hacia Juan y Sylvia, que no estaban en las hamacas.

    ―Coño, ¿dónde se han metido estos dos? –Dije sorprendido.

    ―Míralos, allí van de la manita –Me dijo Lucía mientras Juan y Sylvia iban de la mano en dirección a nuestra habitación.

    ―¿Qué irán a hacer sin avisarnos?

    De repente me salió una vena como de celoso, pero no eran celos, era curiosidad.

    ―¿Los seguimos sin que se enteren? Vamos a recepción a pedir copias de nuestras habitaciones, decimos que han salido nuestras parejas y así tenemos libre albedrío. -Me sugirió Lucía, que estaba igualmente intrigada.

    Así lo hicimos, convencimos a la Recepcionista y nos fuimos a la habitación, esperamos un poco y entramos en silencio. Nada más abrir pudimos oír a Sylvia gemir profundamente y el sonido venía de la habitación, nos metimos en el baño desde el cual, y gracias a la disposición de los espejos podíamos ver sin ser vistos… Juan estaba comiéndole el coño a mi mujer mientras esta gemía sin parar al borde de la cama..

    ―Sigue, Juan, sigue, méteme la lengua, así, más, más…

    Sylvia aún tenía puesta la parte de arriba del bikini, aunque Juan estaba completamente desnudo, con la polla tiesa haciéndose una paja, con la boca dentro del coño de mi mujer, que se abría de piernas todo lo que podía, y ayudaba a mi amigo con las manos, le empujaba hacia ella, en esto Juan se separó un poco, se puso de pie y se la metió de golpe, la había abierto tan bien de piernas que entró como un cuchillo en la mantequilla.

    ―Te gusta, ¿eh? Te gusta, te voy a follar estas vacaciones como no te han follado en tu vida, a partir de ahora Jacobo te a saber a poco, y me vas a pedir que te visite para correrte a gusto.

    ―Sigue Juan, me encanta, dime lo que quieras, pero fóllame hasta reventar, fóllame…

    ―Toma, toma… ah ah ah ven aquí…

    La agarró con fuerza y le dio un morreo, no se separaban, estaban cada vez más juntos, se movían como animales ella lo había agarrado con fuerza con las piernas y él había trepado un poco en la cama, ahora veíamos el culo de Sylvia completamente abierto y la polla de Juan entrar y salir sin compasión… tanto Lucía como yo estábamos amarrados como dos niños escondidos, con la respiración acelerada, pero no teníamos ganas de interrumpirlos, pero no hacía falta, Juan estaba a punto de caramelo.

    ―Sylvia, me corro, me estoy corriendo, Diooos, que fuerte, toma, toma…

    ―No pares ahora, no, dame más, necesito más, cabrón no termines, aguanta, por favor…

    Juan se corrió en el coño de mi mujer, y calló literalmente agotado a su lado, eran muchas emociones juntas, Sylvia empezó a frotarse con su mano como desesperada, pero eso no podíamos permitirlo.

    ―Que sinvergüenzas, jugando sin nosotros, ¿eh? Deja, que yo termino lo que no ha acabado mi marido, quiero saber a qué sabe una mujer, ven aquí –Dicho esto Lucía se puso a comerle el coño a Sylvia, mientras le preguntaba– ¿Te gusta? ¿te gusta? O lo hace mejor mi marido.

    ―Nooo, no pares, como lo comes, guarra, sigue, no pares.

    Lucía estaba llevando al cielo a mi mujer, que no se podía estar quieta, yo me puse detrás de ella, le baje el bikini y empecé a comerle el culo, se lo abrí con las dos manos, le metí la lengua y le echaba algo de saliva, y lo empujaba con los dedos, empecé a pasarle la mano por la rajita y a traer los fluidos de su coño… estaba agarrándome la polla con la mano que me quedaba libre, y me acomode para metérsela por el culo al Lucía, no me lo pensé dos veces, ni pedí permiso, me costó algo de trabajo, pero de un empujón se la metí.

    ―Cabrón, ¿qué haces? –Me dijo, aunque sin mucha convicción.

    ―Te voy a reventar, calla, que me vas a gritar que no pare –y dicho esto le di un cachete suave– Toma zorra, y cómele el coño a mi mujer, que le gusta…

    Juan estaba mirándonos, pero su rabo no se recuperaba, estaba flácido, descolgando hilos de semen sobre sus dedos que le sujetaban la polla, mientras yo seguía bombeando dentro del culo de Lucía, que le estaba metiendo la lengua a Sylvia por el coño, mientras se abría el culo cada vez más, en una de estas se me salió la polla y no pude aguantar más, le llené la espalda de semen, Sylvia empezó a convulsionarse y Lucía no paró de comerle el coño, ella tiraba del pelo para que saliese, pero Lucía no quería parar, en esto se levantó y se puso sobre la boca de mi mujer, que le devolvió el favor, proporcionándole un orgasmo bestial.

    Así quedamos todos reventados, yo estaba de rodillas sobre la cama viendo a mi mujer y a su amiga limpiándose mutuamente con las lenguas como dos pequeñas gatas, y Juan estaba con su polla flácida sobre el sofá, y nos dijo:

    ―Oye, a este ritmo yo no aguanto ni un día más, lo siento, voy a acabar de palmero

    ―No te preocupes, le dijo Sylvia, ahora vamos a por Viagra para los dos, así podéis estar empalmados sin mucho esfuerzo, y eso que nos llevamos nosotras, ¿vale?

    Ahí creo que empezó de verdad las vacaciones más impresionantes que nadie pueda imaginar.

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  • Ella probando mi licor

    Ella probando mi licor

    Esto pasó hace unos años, en verano. Una de esas tardes de agosto había quedado con mi amiga Sara en su casa, sus padres andaban de vacaciones. Solíamos oír discos y beber un licor que ella traía de su pueblo, riquísimo, por cierto.

    La idea era salir esa noche por ahí a una discoteca del centro, de hecho, nos habíamos arreglado para ello, pero antes sacó la botella del maravilloso licor para entonarnos antes de la juerga.

    Lo mejor de ese licor era que entraba muy bien, era muy dulce y suave y cuando te querías dar cuenta te habías bebido la botella, pero te ponía muy chisposo sin provocar una mala borrachera o mal cuerpo. Por ello digo que era maravilloso. Empezamos a echarnos vasos y vasos y en efecto la botella se quedó vacía en un rato, mientras oíamos sus discos de música siniestra.

    “Buf tía, ha caído la botella, ya verás tus padres que bronca te echan” dije yo la mar de chisposo.

    “Bah, mis padres traerán otras tantas así que no van a echar en falta una, además para eso está, para bebérselo, esencia de mi pueblo jajaja” respondió ella riendo y muy chisposa también.

    “Bueno” dije yo, “creo que estamos listos para irnos de fiesta ¿no?” Era mi plan verdadero y no había pensado en nada más, lo juro.

    “Esperemos un rato, a que nos suba bien el licor y te pongo un disco que quiero que oigas” dijo ella sin moverse del sitio.

    El caso es que se había hecho tarde, y se estaba genial en su casa así que no me importo esperar y poco a poco me iban entrando ganas de quedarnos allí con nuestro puntillo y de risas. Ella pareció leerme la mente porque dijo: “mira, ya es muy tarde y estamos aquí muy a gusto. ¿Nos pasamos aquí la noche mejor? Ahorramos pasta y estamos más tranquilos”.

    “Por mi estupendo, no tendrás más licor ¿verdad? pregunté interesado.

    “jajaja que va tío, era la última botella, ¡hay que mantener este puntillo como sea!” dijo entre risas.

    Nos tumbamos en su cama, cara a cara, era muy estrecha (la cama digo) y seguimos hablando. De repente nos quedamos callados, y estallábamos de reír, el licor estaba en su máximo efecto.

    La música que sonaba era tremendamente oscura y erótica, y el calor veraniego más el efecto del licor hicieron el resto. Sin casi darnos cuenta nos estábamos morreando, primero suavemente y de nuevo nos entraba la risa tonta, como niños. Pero poco a poco fuimos perdiendo los papeles y ya que habíamos llegado a ese punto daba igual, así que se echó sobre mí y me comió la boca salvajemente mientras yo agarraba fuerte su culo a través de sus ceñidos vaqueros, apretándola contra mí.

    Me excité muchísimo, no esperaba que pasara esto, así que entre la sorpresa y la situación en si estaba de lo más caliente. Era delicioso el gusto a licor que compartíamos en nuestras bocas, empecé a subirle la camiseta despacio, eso la hizo ponerse más salvaje aun y comenzó a descender por mi cuerpo, levantó la mía y lamió mi pecho, mis pezones, mi vientre… y se detuvo preguntándome: “¿puedo bajar… más?”.

    La respuesta era muy obvia, y le dije que claro que si, mientras moví mi cadera hacia delante acercándole así mi entrepierna a la cara. Desabrochándome los pantalones sacó mi pene que estaba muy duro y comenzó a darle besitos y lamidas muy suaves y rápidas a la punta. Estuvo ahí un buen rato haciéndome sufrir, yo me retorcía y deseaba que se la metiera en la boca ya, me palpitaba y ardía, estaba excitadísimo.

    “Eres un ansioso” dijo riendo mientras seguía su tortura en mi pene, y de repente quiso ser buena chica y la devoró hasta casi el fondo. La sensación fue brutal, di un pequeño respingo y un sonoro gemido, y ella me miró y sonrió con mi polla dentro de la boca. La chupaba increíblemente bien, chupaba la punta varias veces y se la introducía hasta más de la mitad, masturbándome con la mano y moviendo rápido su lengua. Imponía un ritmo rápido, se veía que le encantaba hacerlo y yo estaba fuera de mí. Nunca hubiera imaginado así a Sara.

    Paró y empezó a quitarse los vaqueros, yo me masturbaba mirándola, tardó poco, volvió a la cama y siguió mamándomela, chupando y chupando y comiéndola hasta que yo ya no podía más, o paraba o me corría, ¡qué gusto joder! Debió intuirlo porque se subió encima de mí y se quitó la camiseta (no llevaba sujetador, ¿lo habría planeado todo?) pero no las bragas y empezó así a restregarse con ellas puestas encima de mi polla, la aplastaba y apretaba fuerte. Empezó a moverse muy rápido, yo la besaba y acariciaba su tetas.

    Empezó a gemir fuerte, yo quería follarla ya e intenté pararla y quitarle las bragas, pero me dio una respuesta que me sorprendió mucho:

    “¡No! no me cortes esto, además no quiero que me la metas porque la tienes muy grande y me vas a hacer daño”.

    Yo aluciné, no considero que la tenga muy grande ni pequeña, normal diría. Le insistí, pero ella no me hizo caso y siguió moviéndose fuerte, tanto que hasta me hacía daño y empezó a gemir y gemir con lo que comprendí que se estaba corriendo. Tuvo un orgasmo largo y por lo que deduje intenso, gemía mucho mientras se apretaba a mí.

    Cuando terminó se tumbó en la cama boca arriba y suspiró. Yo la miré y en broma le protesté un poco por no haberme dejado penetrarla.

    “Tranquilo” dijo riendo, “lo prefería así, me ibas a reventar con eso y no quería cortarlo, ha sido bestial, pero no te preocupes que vas a tener lo tuyo” dijo lascivamente.

    Y regresó a mi entrepierna dolorida y dura y comenzó una nueva mamada más fuerte que la de antes, chupaba y chupaba mi polla, masturbaba fuerte el tronco con la mano derecha, procuraba metérsela lo más posible, mamaba divinamente y me daba un placer tremendo.

    Tras toda esta sesión no aguantaba mucho más así que noté que me venía un inevitable orgasmo y se lo hice saber:

    “Sara no aguanto más, si sigues así me derramo ya mismo” le dije.

    “Córrete a gusto que te lo mereces” dijo ella mientras me la comía más fuerte aún.

    “Pero… te lo vas a tragar” le advertí yo, por si acaso.

    “Sara siempre se lo traga” respondió riendo.

    Así que me abandoné al placer absoluto y comencé a correrme muy fuerte y muy intenso dando gritos casi, mi esperma estallaba en su boca mientras ella mamaba y lo iba tragando. Me corrí mucho rato, parecía no acabar nunca y dolía de placer. La miraba, mi semen se resbalaba por su boca y su mano con la que la cabrona seguía exprimiéndome sin parar. Extendió todo mi jugo por mi vientre y lo lamió hasta secarlo, se tumbó sobre él y durante largo rato no dijimos nada.

    Dormí en su casa y me despertó con otra mamada…

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