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  • Mi marido ahora es un cornudo complacido

    Mi marido ahora es un cornudo complacido

    Después de la pelea y discusión con mi esposo, en la cual se enteró que ya otro me había hecho suya, me sentí de veras muy mal, me dolía haberlo engañado.

    El domingo en la mañana, me levanté me percaté que estaba sola en casa. Me di una buena ducha y me arreglé como suelo hacerlo. Traté de ocultar el moretón que traía en la barbilla con maquillaje, eso me recordó el coraje que aún tenía en contra de mi esposo.

    Como me encontraba sola, así que después de arreglarme decidí ir a ver a mi mamá. Busqué mi bolso de manos y por más que lo busqué no lo encontraba; no recordaba haberlo puesto en otro lugar que no fuera sobre mi peinador… Hasta que se me ocurrió ir al estudio de mi marido y sobre su restirador estaban regadas las chucherías que suelo guardar en mi bolsa de mano. Me di cuenta que mi esposo había estado esculcando mis cosas, y con algo de pánico me di cuenta que en mi cartera no estaban mis tarjetas de crédito ni mi dinero, solo un triste billete de a cien pesos me había dejado…

    El muy cabrón me había dejado sin un peso, y por más que le di vueltas al asunto, no encontré la forma de saber en donde había ocultado mi dinero y mis tarjetas. Aun así, me fui a casa de mi madre… Regresé ya entrada la noche y me lo encontré viendo un programa deportivo y con una copa de licor en la mano.

    —¿Ya vienes de putear, cabrona?… —me dijo al entrar.

    Hice caso omiso a sus insultos y me fui a mi dormitorio, de inmediato entró tras de mí y volvió al ataque:

    —Siempre supe que eras igual de puta que la que te parió…

    —Deja en paz a mi madre, ¿si?; que ella ni mi familia te piden nada…

    —¿Qué no?… ¿Quieres que te lo recuerde?…

    —Ni los buenos días te deben…

    —Ya se te olvidó a quién le deben todo lo que tienen… Pero apuesto que no sabe la clase de piruja que tiene por hija, ¿o si?… Yo me voy a encargar de platicarles a todos los que te conocen la clase de perra que eres, cabrona —dijo arrastrando las palabras por efectos de la bebida.

    Fingí no escucharlo, pero me agarró del pelo y me estampó una bofetada que me hizo trastabillar…

    —Siempre supe que eras una puta y que te encanta la verga; y ahora vas a demostrar lo bien que te mueves en la cama para ganarte lo que te tragues porque no pienso darte un centavo…

    —No te olvides que la mitad de todo lo que hay aquí, me pertenece… dijo llorando.

    —¡Mira donde está tu mitad!… —dijo restregándose el bulto de la bragueta.

    —¡Aunque ironices papacito, la mitad de esto es mío!… —lo reté.

    —Sigue creyéndote eso, que te voy a mandar a chingar a tu madre y que estés a donde perteneces, pendeja; a un prostíbulo donde están los de tu raza…

    —Me valen tus amenazas, afortunadamente estuve con mi familia y ellos me brindaron todo su apoyo, ya que no pienso vivir al lado de un alcohólico enfermo… —dije mintiendo.

    —¡Chinga tu madre!… —me dijo dándose la vuelta.

    —Igualmente, estúpido… —dije y me eché a llorar.

    En la mañana del día lunes, me levanté antes que se fuera a su oficina.

    —Me dejas mis tarjetas y mi dinero, por favor; si no quieres que levante un acta por agresión y despojo…

    —¡Estas pendeja!, todo me pertenece…

    —Ya lo veremos…

    Debí haberme imaginado que me quitaría todo lo de valor, pero mis acertados pasos me llevarían a ganar la partida. Después de ducharme, y desayunar, fui a su estudio y ahí estaban mis cosas, creo que no faltaba nada. Después de desayunar le marqué a Verónica, pero no la encontré, era con la que mayor confianza tenía; ella debía de saber como debía yo proceder ante tales acontecimientos. A mis otras amigas no les conté nada, ¿para qué?, nada más se concretarían en escucharme y hacer el chisme más grande.

    Pasaron tres días sin que nada cambiara, sin dirigirnos la palabra y mucho menos intentar la reconciliación. En realidad yo estaba inquieta y al mismo tiempo, confundida, aunque suene poco creíble yo lo quiero, y eso me tenía muy preocupada. Mientras tanto me dedicaba a leer, a pensar en lo que sería mi vida cuando mi marido se cansara de esta situación.

    El miércoles hablé con Vero y me aconsejó que no podía verme, pues andaba ocupadísima pues iba a ser madrina de pastel en una boda, pero que ya habría tiempo; mientras tanto me aconsejó a actuar con cautela y que cuando todo pintara mejor, hablara con mi marido, que en realidad él tenía la culpa por tenerme tan abandonada y yo siendo tan fogosa… Total que no saqué nada en claro.

    Quería hablar con alguien, pues me sentía sola y vacía; a mi familia no la quería preocupar hasta que tuviera algo en claro. Así que le marqué a Julio, pero la secretaria me contestó que andaba de viaje con unos ejecutivos, traté de hablar con Juan Emilio, pero me respondió Luis, quien me dijo que por qué no nos veíamos y hablaríamos. Le dije que me sentía muy deprimida y que necesitaba me reconfortara como amigo. Lo cité en un parque que está a unas cuantas cuadras de mi casa, que me buscara pues necesitaba hablar con alguien.

    Él llegó en su coche después de las siete de la noche. Estuvimos platicando dentro del carro, pero en realidad no paraba de acariciarme los muslos bajo mi vaporoso vestido, diciéndome lo buena que estoy, pero sin escuchar lo que yo decía, sobre mi situación; claro que no le hablé claro, solo que me sentía muy triste… Él por su parte intentaba atraerme para besarme y yo, sutilmente lo rechazaba. Yo intentaba encontrar consuelo a mi desdicha, a mi decaimiento, pero él tenía en mente otra cosa… Terminó por colar su mano entre mis muslos y empezó a acariciar mi almeja por sobre la pantaleta…

    —¡Por favor Luis, no estoy de ánimos!…

    —¡Mamita, ve cómo me pones!… —dijo señalando su bragueta.

    —Hay niños y nos pueden ver… Otro día, te juro que otro día lo hacemos, hoy no por favor… —pero mientras más me resistía, mayor empeño ponía.

    —Nadie nos presta atención… ¡Por favor nena, no me dejes así!…

    Quizá fue la depresión que sentía, el caso fue que puse mi mano sobre su verga, la sentí erectarse y de inmediato un cosquilleo nació en mi pubis. Le sugerí hacerle una chaqueta, la cual aceptó encantado. Le saqué la verga y empecé a frotársela.

    —¡Mámamela putita!…

    Me llevé a la boca su órgano venudo y procedí a chupársela con ahínco, quería evadir mi triste realidad y olvidarme de toda aquella mierda en que se había convertido mi vida… Cuando Luis ya no aguantó, prácticamente me arrancó las pantaletas y hundió su rostro entre mis piernas; en ese momento dejó de importarme mi marido, la algarabía que había en nuestro alrededor, la posibilidad de que nos descubrieran o que la policía nos descubriera…

    Cuando se cansó de lengüetear mi almeja, se bajó los pantalones hasta los tobillos y me pidió que me sentara en su erecta macana. Me acomodé de espaldas a él, vigilando que nadie apareciera, mientras subía y bajaba sobre su falo y apretaba los labios para no gemir escandalosamente. Él se afianzaba a mis chichitas mientras me sacudía a cada embestida que me daba, su verga entraba y salía de mi pucha y por lo apretados que estábamos, la fricción era más intensa.

    Entre gemidos le pedí que no me echara la leche adentro, pero cuando ya no aguantó más, lo sentí ponerse rígido, en ese momento intenté levantarme, para no recibir su esperma en mis entrañas, pero me sujetó tan fuerte que todo su semen se anidó en mi interior.

    Le recriminé su actitud y ni siquiera me despedí como hubiera querido, pues me urgía llegar a casa y levarme… Luis intentó alcanzarme y disculparse, pero yo estaba bastante encabronada, pues no me estaba cuidando y podía quedar preñada… Lo dejé ahí, vociferando en voz alta. Cuando llegué a casa, escuché que mi esposo ya se encontraba, no quería encontrarme con él, pues sabía que estaba despeinada y toda batida de semen. Una vez más había metido la pata… Pensé qué hacer, pero no se me ocurrió nada, respiré hondo y me dije que lo que tenía que pasar, pasaría…

    Cuando abrí la puerta, se me quedó viendo, ya no tenía caso tratar de pasar directamente al baño como era mi intención, lo tenía casi de frente.

    —¿De dónde vienes hija de la chingada?… ¿De revolcarte con tus amantes?…

    Intenté escabullirme hacía mi cuarto, pero me jaló del brazo y se quedó viendo mi rostro de labios despintados y con toda la pinta de haberme besuqueado con otro hombre… Por instinto me eché hacía atrás pero no pude evitar la cachetada que se estampó en mi mejilla izquierda…

    —¡Contesta perra, ¿de dónde vienes?!…

    —¡De acostarme con otro cabrón!… —dije presa de la rabia y llorando.

    Él se quedó atónito, creo que no esperaba que fuera tan directa.

    —¡Sí, y no sabes lo mucho que lo gocé!… —vi que su mandíbula temblaba y la frente se le perlaba de sudor.

    Dejó la copa sobre la mesa de centro y fue aproximándose hacía mí, sentí que todo estaba perdido y que me sacaría de la casa a empellones. Sabía que todo lo había perdido, así que qué más daba hacerlo rabiar, quería humillarlo como él pensaba hacerlo frente a los míos…

    —¡Mira!… —le dije levantándome el vestido— aún traigo muestras de su leche de la tremenda cogida que me dio… ¡Es semen!, pues se vino en mi interior aun sabiendo que podía dejarme panzona… —dije ya sin medir las consecuencias…

    —¿Y se la mamaste, puta?… —me preguntó enronquecido, no sabía si de coraje o de placer, pues así me habla cuando está súper encabronado o muy excitado…

    —¡Claro!, si no, no sería la puta que soy, la que no te coges y la que siempre anda urgida por una buena verga… —le dije aún con el vestido levantado y con mi calzón a un lado para demostrarle las huellas de esperma que aún brillaban en mi ensortijado pubis.

    De verdad que no me esperaba la reacción que tuvo, en un arrebato me atrajo hacía él y me besó en la boca y yo respondí, sentí su verga muy parada restregarse a mi pierna y esto me hizo temblar, sus besos en mi cuello me empezaron a calentar tal como él sabía que me ocurría; me abrazó y una de sus manos se fue directamente a mis nalgas, gemí y me seguí retorciendo. Me subió el vestido y cayó de rodillas y lamiendo todo el jugo que brillaba en mis pelitos. Lo agarré de la cabeza y se la restregué contra mi chocha, él gimió y me empujó sobre el sofá donde caí sentada, me recosté y abrí de par en par mis piernas…

    —Daniela, mi vida… —yo solo me acomodé y lo abracé mimosa.

    —Pasa esto porque no me complaces… ¿Qué necesidad tengo de buscar lo que tengo en casa?…

    Una de sus manos bajó a mis muslos que yo abrí complacida, haciendo a un lado mi tanga, introdujo un dedo en mi rajita y lo sacó empapado de semen, eso me estremeció. Acto seguido fue bajando con su boca por los muslos y me metió su lengua en mi cueva como tanto le gusta. Me abrí lo más que pude dándole mi coño en flor; de esa manera, su lengua se hundió hasta el fondo y me empezó a chupar la panocha como un desesperado. Esto solo logró que yo me pusiera más ardiente que nunca, era nuestra forma de empezar a reconciliarnos.

    —Papi, deja que me lave…

    —¡Aghhh, dime que te la metió en la pucha!…

    —¡De verdad papi, te juro que me cogió y se vino en mi interior!… ¡Y eso que sale de mí, es su leche!…

    Sin embargo mi marido absorbía como aspiradora el esperma aún fresco de Luis junto con mis jugos.

    —¿Cómo te cogió?…

    —En su carro mi vida… Me senté en sus piernas y así me la metió…

    —¿Cómo la tiene?…

    —¿La verga?…

    —Si…

    —¡Muy grande papito, hasta me hizo gritar cuando me la metía toda!…

    Cuando se cansó de mamarme la papaya, se separó de mí y me pidió:

    —Chúpame la verga, mamita —yo complacida y lo hice.

    Me sorprendí al sentirla tan dura, así que se la mamé por un buen rato, después de esto me abrió de piernas y me quitó la tanga dejándome abierta ante sí. Se acomodó y me metió la verga de un golpe, se la sentí deliciosa y le rodeé con mis piernas para atraerlo y sentirlo aplastar mi cuerpo; él se las arregló para sacarme las tetas y me empezó a chupar mis pezones que parecían piedras.

    Me besaba el cuello, los labios y me cogía delicioso. Esto me puso al borde del orgasmo y un poco después, me contraje en una deliciosa venida, él lo sintió y se empeñó más, sacándome la verga me hizo poner de rodillas dándole mis nalgas, las cuales me besó y aprovechó para lamer mi gruta. Me la metió de nuevo así como me tenía y empezó a decirme:

    —¿Te gusta así mi vida?, dime como te gusta que te cojan, dímelo por favor Daniela…

    —¡Así chiquito, cógeme así, métela muy profundo!… ¡Tú sabes cómo me gusta mi rey!…

    Desde luego que él estaba ardiendo al igual que yo y entonces vino lo inesperado… Se vació en mi interior en grandes chorros de leche, pero lo más curioso es que su verga no perdió la erección; me volteó de prisa y se puso a mamarme la pucha de la que me escurría su leche, me dijo que sabía rico, que le gustaba mi vagina enlechada y me hizo explotar con sus chupadas y lengüeteadas… Me abrió de nuevo las piernas y me enterró su verga nuevamente. ¡Qué delicia era para mí que mi esposo me repitiera la cogida!, solo lo hizo así cuando estuvimos recién casados; ¡y ahora estaba irreconocible!…

    Me atrajo de la cadera y sentí como me bombeaba con furia, yo solo alcanzaba a gemir pues me estaba llegando otro orgasmo delicioso, en eso, él me preguntó:

    —Dime puta, ¿así te cogía tu amante?… Quiero saber como te la metió, cuéntamelo todo…

    En mi arranque de atrevimiento, empecé a detallarle todo. Él me bombeaba más y más, estaba transformado y me cogía con verdadera furia, creo que nunca lo había sentido de esta forma. Así que en mi delirio sexual, le seguí narrando la cogida que me habían dado…

    Mi cueva se contraía de gusto al sentir sus bombeos, y un extraño placer me inundó y le conté con lujo de detalles la cogida con mi amante…

    —¿Y quién fue el que te cogió cuando me fui a ciudad Altamirano?… ¿Es el mismo?…

    —No papi…

    —¿Dime quién es, lo conozco?…

    —Si lo conoces mi vida, pero no te diré quien es…

    —Dímelo Dany, te lo suplico. Dime su nombre e imagina que yo soy él…

    Esta nueva solicitud me prendió más, este era uno de nuestros juegos al coger, pero antes todo había sido fantasía, ahora mi esposo me estaba pidiendo que lo llamara con el nombre del tipo que me había penetrado por delante y por atrás, y al verlo tan ardiente, no dudé en hacerlo…

    —¡Cógeme Julio!… ¡Así mi vida, déjame bien cogida así papito, cógeme!… ¡Soy una puta para ti, y bien lo sabes!… —le decía a mi marido con gran insistencia, sin dejar de pronunciar el nombre de Julio, imaginando que era él quien me la metía y no mi marido…

    Mi esposo me bombeó con más fuerza al escuchar mis palabras indecentes diciéndole el nombre de mi amante…

    —¿Te refieres a Julio el chofer?… —me preguntó entrecortadamente sin dejar de penetrarme una y otra vez.

    —¡Si mi vida!, él fue quien me estuvo cogiendo… —ya no fueron necesarias las explicaciones.

    —Cuéntame todo Daniela, dime cómo pasó todo, cuéntame con detalles y dime si te hizo gozar…

    Claro que le empecé a describir todo…

    —Dime, ¿te cogió muy rico?

    —Si mi vida me cogió muy sabroso, y tiene una verga riquísima…

    —¿Quieres seguir cogiendo con él?

    —¡Ay papi, sabes que me encantaría que me cogiera de nuevo, muchas veces!… ¡Nada más de imaginarlo!… ¡Pero que vergota se carga!…

    —¿Quieres seguir siendo su puta?…

    —Si mi rey, quiero ser su puta y tu putona, quiero que los dos me disfruten mucho, quiero andar de puta… Me encanta ser una ramera, tuya y de él y de muchos otros…

    Creo que el escuchar eso de mis labios fue el colmo del placer para mi marido, pues apretándome las ancas me empezó a embestir más fuerte y más rápido hasta que me hizo venirme y al mismo tiempo él se derramó de nuevo en mi panochita que se contraía apretando su verga intensamente.

    Sudorosos nos quedamos abrazados, eran cerca de las ocho de la noche.

    —¡Oh papito, te quiero muchísimo!… —le dije yo muy melosamente mientras lo besaba con ternura. – ¡Nunca me dejes, no soy nadie sin ti!…

    Él me devolvió el beso y me contestó:

    —Dany, perdóname; sé que yo he sido culpable de todo, no te quiero perder mi reina, y de ahora en adelante nos llevaremos mejor… Puedes hacer lo que tú quieras, creo que no hace falta pedirte que seas discreta…

    ¡Mi propio marido me estaba dando permiso de darle las nalgas a quien yo quisiera, y eso me encendió!… Siguió hablándome, pero mi cuevita era una catarata de jugos…

    —Lo he pensado mucho en estos días, sé que eres muy caliente y no te puedo llenar como antes, además he reflexionado que el saberte cogida por otro hombre me calienta como nunca lo imaginé…

    —¿En serio?… ¿No te molesta que me acueste con otros?…

    —Me excita, se me pone la verga bien parada, aun sabiendo que me engañas con otros cabrones…

    —Pero sabes que solo a ti te quiero, ¿no?…

    Esta confesión de su parte me estremeció. Sabía de oídas que a muchos hombres les encanta tener una vieja tan puta, pero nunca me imaginé que mi propio esposo me estuviera dando el permiso de coger con otros y para reafirmarlo me dijo:

    —¿Quieres traer a tu amante hoy mismo?… ¿O a alguien más?…

    Yo me quede sorprendida, pero el ofrecimiento de mi esposo casi me hace estallar de la fiebre que albergaba mi conchita…

    —¿Tú quieres?… ¿Quieres que me vaya a coger con otro, mi vida?…

    —Si nena, quiero que me demuestres lo putona que eres, que te coja tu amante, o quien tú quieras, que te vayas a la calle y regreses bien cogida para volverte a coger yo…

    Se quedó en silencio pero su mástil lucía retador y amenazante, su rostro reflejaba una excitación como en los primeros años de casados, y su voz, estaba enronquecida por el deseo.

    —¿Quieres coger de nuevo con Julio?… —me preguntó súper excitado…

    —No sé…

    —¿Con quién quieres salir, entonces?…

    Pensé en estúpido de Luis y su comportamiento, y me prometí jamás volver a verlo…

    —Se me antoja que me invitara otro… Tal vez tú me digas quien te gustaría que me metiera la verga —le conteste disfrutando ese lenguaje de puta callejera.

    Mi marido me dijo entonces:

    —¿En serio quieres que yo te diga con quién?

    —Si mi rey, tu dime con quien y le doy las nalgas muy rico…

    —En estos días te he imaginado revolcándote con alguien que en verdad te haga gritar cuando te la esté metiendo… Eso me pone loco…

    —¿Quién?…

    Sin dejarme decir más me contestó:

    —Mira…se de uno de los tipos de la constructora que tiene fama de vergudo, ¿te animarías con él?… Yo te llevo donde seguramente él está ahora…

    Sin pensarlo mucho acepté entre curiosa y caliente y más aún, al ser ofrecida por mi propio marido para coger con otro hombre…

    —Si papi, si tú quieres que esté con él, lo haré… —le dije caliente.

    Ese fin de semana estaba radiante de felicidad, me duché y me perfumé todo el cuerpo, al salir mi esposo me veía con gusto, me dijo que me vistiera muy putona; así que elegí un liguero azul marino, un brasier transparente y una tanga brevísima del mismo color que el liguero; medias transparentes, un vestidito color marino y unas sandalias de tacón del mismo color que el vestido, de esas que solo se atan a los tobillos por una delgada tira de piel. Me esmeré en mi arreglo como nunca, me puse mi perfume favorito, y algo nerviosa tomé un trago de tequila y fumé. Mi esposo bebió conmigo, me acariciaba las piernas y sus dedos se fueron a mi bollo húmedo y caliente. Me levanté por un segundo trago y regresé a su lado.

    —¿Cómo me veo, papi; crees que le gustaré?…

    —Daniela, te ves como puta de primera mamacita, ¡estás riquísima!…

    Yo le sonreí y acercándome melosa, le di mi lengua entre sus labios cuidando de no correrme el labial; mi marido me levantó el vestidito y me introdujo nuevamente sus dedos en mi bollito ya más mojado…

    —¿Quieres que me lo traiga a coger aquí mi vida?… —le pregunté muy puta y atrevida.

    —¿Lo harías, cabrona?… ¿Te lo cogerías aquí en la casa?… —dijo dándome una nalgada.

    —Si papi, si tú quieres lo dejo que me coja en tu cama… ¿Te gustaría ver como me la mete?…

    —Si mi reina, me muero de ganas por verte de puta con él y que se la mames… —me contestó sin dejar de frotar con sus dedos mi panocha cada vez más mojada.

    Mi esposo sacó el auto de la cochera, me subí junto a él y abrí mis muslos; él me miraba de reojo y lo escuchaba percibir mi perfume de una manera discreta, hasta que me dijo.

    —De seguro que ese cabrón te hará disfrutar…

    Empezó a conducir hacia el centro de la cuidad, llegamos a lo que parecía un bar bastante agradable, acordando de antemano que yo me sentaría sola en una mesa y mi esposo estaría con el hombre del que hablamos y al que yo no conocía, por lo tanto entró mi marido y yo lo hice después. El lugar estaba más bien vacío, dos o tres mesas estaban ocupadas, pero de inmediato vi a mi marido con su amigo; la verdad no me decepcioné, era un hombre bastante atractivo, pero con las luces tenues no lo aprecie muy bien. Los hombres que estaban en el bar me miraron y yo haciéndome la ingenua pedí una mesa.

    El mesero me guió a una en un rinconcito, le pedí un trago y se marchó, mientras veía cómo mi esposo le decía algo al tipo aquel que se me quedó mirando de manera muy insistente. Mi marido se puso de pie y salió del bar después de despedirse de su amigo, me miró de un modo especial y supe que algo le había dicho, salió y como habíamos quedado se fue a casa. Después supe que me había presentado como su comadre y que necesitaba de mucha acción cosa que por respeto, él no lo haría por ser mi compadre.

    Yo miraba mi reloj insistentemente, como si estuviera esperado a alguien y este nunca llegó, este detalle no pasó desapercibido para el tipo que tanto me miraba. Entonces se levantó de su mesa y lo venir hacia mí, me hice la tonta y llegando a mi lado se presentó:

    —Hola, me llamo Juan Arturo, no me tomes por atrevido pero desde que llegaste te he estado mirando y me pareces lindísima, y por lo que veo te han dejado plantada…

    —¡Así parece!—le contesté mirándolo de pies a cabeza. —Esperaba a mi marido pero de seguro que tuvo más trabajo, ¡cómo siempre!… —le comenté con ingenuidad pero haciéndole saber de inmediato que estaba casada…

    —Si me permites te puedo acompañar e invitarte una copa, desde luego si no te causo molestia… —sonreí, pero le rechacé su invitación.

    Él regreso a su mesa, pero me seguía mirando, yo me hacía que no lo notaba, y pedí un tercer trago que junto con los dos que tomé en casa ya eran cinco, miré de nuevo mi reloj, miré al tipo y le sonreí. Me levanté para ir al baño y Arturo me siguió, al salir allí estaba esperándome. Me hizo la plática de nuevo, y me invitó una vez más; acepté pero a condición de que tomáramos algo ligero. Él estuvo de acuerdo y me acompañó a la mesa, pedimos de beber y empezamos a charlar… Al cabo de un tiempo le pedí me acompañara a hacer una llamada telefónica pues estaba “preocupada” por mi esposo… Hice la farsa de llamar, y él a mi lado escuchaba y entendía que mi esposo no llegaría por mí.

    —¿Quieres que te lleve a tu casa, o nos tomamos otros tragos?… —me dijo muy amable, le acepté otro trago y de nuevo en la mesa.

    Me miraba muy intensamente, yo ya algo bebida, le rocé con mi pierna su pierna, creo que entendió todo muy bien. Se acomodó más junto a mí y su mano atrevida se posó en uno de mis muslos, y no hice nada por retirar su mano, así que la subió un poco más, hasta llegar a donde mi media dejaba de cubrir; me estremecí y moví mi pierna. Él me dijo entonces que estaba yo preciosa y no entendía como es que mi marido me dejaba allí sola plantada, yo le comenté entre insinuante que eso era común por su trabajo y que constantemente me la pasaba yo sola en casa y que incluso siempre llegaba tomado y casi amaneciendo…

    Terminé mi trago y le dije que me iba a casa, que tomaría un taxi, pero de inmediato se ofreció llevarme, claro que yo acepté… Al subir a su automóvil, subí mi vestido más de la cuenta mostrándole mis muslos y lo que traía debajo… Íbamos ya camino cuando le pedí si me invitaba otro trago, pasamos a una licorería, se estacionó y salió del auto a comprar, regresó y me ofreció un cóctel embotellado; me lo bebí casi de un trago y le pedí otro, me lo dio y llegamos casa. Detuvo su auto y bebimos allí en el interior, entonces empezó lo rico…

    Me acercó su rostro y me besó, yo le abrí mi boca y le di mi lengua, me empezó a meter mano entre las piernas y me abrí para permitirle llegar a mi cosita, me hizo a un lado la tanga y me dio dedo en mi raja ya mojada, así también se las arregló para sacar uno de mis senos del vestido y liberándolo del brasier me empezó a besar y a chupar el pezón. Me estremecí con este tratamiento y le di mi lengua lo mejor que pude, me encantaba el tipo, así que le toqué su verga, y por el volante del carro, se acomodó y se la sacó impúdicamente; me tomó una mano y colocándola en su fierro me dijo:

    —¡Chaquetéame mamacita!… —yo lo hice encantada, pero al sentir su verga enorme crecer, me atreví a más, y agachando el rostro se la empecé a chupar y mamar con gusto.

    La tenía muy dura y gorda, en especial la cabezota, pues era muy gruesa, y eso me agradó. Me imaginé de inmediato lo que sería tener ese monstruo en mi papaya. Juan Arturo pareció leer mi pensamiento, sacándome la verga de la boca me dijo:

    —Ven mami, móntate en mí que te la quiero meter, ¡ya no aguanto más!…

    —Pero, ¿aquí?… —le pregunté cachonda.

    —Si mi reina, ¡aquí mismo te voy a coger!… —ya no dije más.

    Me quitó la tanga y montándome sobre él, me jaló y me la ensartó haciéndome dar un grito, ¡era enorme su verga!… Me entró de golpe ya que al sentarme en su leño, me jaló y me la clavó hasta el fondo produciéndome algo de dolor pero muy agradable. Empecé a mover mi cadera de forma que me entraba y salía muy sabroso, mientras Arturo me chupaba las tetas y me acariciaba y apretaba las nalgas que quedaban entre el volante y él. Yo me estremecía y empecé a gemir y gozar con ese monstruo en mi cueva; me ardía porque me la metió sin lubricarme mucho, pero estaba deliciosa y yo me seguí moviendo:

    —¡Qué rica verga tienes, está enorme, no me deja ni respirar!…

    —¿Te gusta, puta?…

    —Me encanta papi cógeme duro…

    —¡Qué rico te mueves Dany, que estrecha tienes tu panochita, y que nalgas tan sabrosas, duras y suavecitas tienes!… Me vas a hacer explotar, cabrona…

    —No papi aún no te vengas, entremos a casa quiero que me la metas muy rico y que me disfrutes mucho…

    Me desmonté de él y salí del auto sin darle tiempo a negarse, abrí el portón y él llegó mi lado, lo tomé de la mano y lo guie al interior de la casa. En la sala me acosté abriendo las piernas, él se arrodilló y me chupó la pucha, enseguida me abrió de piernas y sin quitarme siquiera la ropa me clavó su enorme verga de jalón, grité de nuevo… No sabía donde estaba mi marido, pero de seguro nos estaba observando, y eso me calentó mucho más; así que empecé a pedirle más verga a Juan Emilio. Ahora los empujones de su tranca me llagaban hasta lo más profundo de mi vagina, me la estaba clavando delicioso y yo gemía escandalosamente como una perra, mientras me entregaba toda.

    Le pedí que se detuviera, me sacó su chile lleno de mi líquido vaginal, me quité el vestido y le pedí se desnudara; me vio y rápidamente se quitó la ropa, estaba totalmente velludo, era fornido y fuerte y me gustó mucho más, en especial su enorme verga que se mostraba orgullosa y parada (como me había dicho mi marido), con esas gruesas venas que me encantaron al sentirla en mi interior. Se la mamé de nuevo, y volteándome le ofrecí las nalgas poniéndome como perrita para él. Me atrapó por las pompas, me puso su verga en la entrada de mi cuca y me la dejó ir nuevamente, arrancándome un quejido de lujuria.

    Me empezó a coger brutalmente, metiéndomela y sacándola, lo que me hizo venir sabrosísimo, y entonces empecé a decirle palabrotas:

    —¡Cógeme con todo lo que tengas, cabrón!… ¡Clávame toda tu verga que la tienes deliciosa!… ¡Papito, qué gorda la tienes, mi vida; siento que me revientas por dentro!… ¡Sigue, dame más, más, así!…

    Así me tenía clavadota cuando vi a mi marido, más bien lo intuí. Él estaba en la penumbra de la escalera a la segunda planta; no se veía, pero vi su silueta. Estaba disfrutando viendo como ese hombre me tenía bien empalada… Vi una seña que me hizo, quería que nos subiéramos a la recámara. Entendí de inmediato…

    —Ven, cariño… —le dije a mi amante. — Llévame a la recámara, allí me cogerás mejor y como tú quieras… —lo tomé de la mano y así prácticamente desnudo él y yo en ropa íntima, lo llevé a mi cama.

    Me acosté de espaldas y me abrí de piernas…

    —¡Cógeme como quieras, papi!… ¡Soy una señora puta que le encanta la verga!… ¡Párteme la madre con tu garrote!… —le dije presa de lujuria.

    Juan Arturo se me trepó, me abrió más los muslos y me la metió de nuevo, yo sudaba y me movía con su verga adentro, me retorcí y le dije.

    —Ponme de patitas al hombro mi rey, así es como me encanta…

    Él se acomodó y me la metió, así me llegaba hasta la matriz y me hacía relinchar como una yegua, y no sé cómo aguanté tanto… Me bombeaba incansablemente y empezó a hacerme venir, me escurrí y me vine a cántaros, mientras le gritaba que me cogiera como a su puta y él lo hacía. Me moví de nuevo y me la saqué yo misma, lo volteé de espaldas y me dediqué a chuparle la verga con gusto. Yo estaba más que poseída de cachondez, me lo comí todo, me monté en su firme vergota y dejándome caer me invadió de nuevo la calentura.

    Me movía, bajando y subiendo por su palo, me lo estaba cogiendo deliciosamente. Lo hacía para mí, para él y para el cornudo de mi marido que seguramente veía desde algún lugar como se cogían a su esposa…

    Arturo no aguantó más mis movimientos y se empezó a venir al mismo tiempo que otro orgasmo me avasalló; me vine con él; y mientras más me movía, más contraía mi coño como ordeñándole la verga hasta que toda su leche fue mía… La sentía escurrir entre los labios de mi panocha, me dejé caer sobre él, agotada y sudorosa, abandonándome a sus caricias. Él se acomodó de nuevo, me vio y quedando de lado hacia mí me besaba con cariño; me acariciaba las nalgas, me puso bocabajo y empezó a besar mi espalda; de inmediato me estremecí, pues sabía cómo encender a una hembra tan putona como yo.

    Fue recorriendo mi espalda, buscando mi enorme culo, y sentí renacer mi calentura, cuando me dio suaves nalgaditas, comentando lo nalgona que estoy. Abrí mis piernas y con esto también mis pompas, sentí su lengua por el canal de mi culo y su lengua me invadió después. Lo sentí hurgar mi culito contraído, y me imaginé lo que estaba pensando mi marido cuando lo sentí abrirme más las cachas del trasero, las piernas y poniéndose en medio de mí, me lamía el ano y la papaya alternadamente…

    Ya no pude más y me empecé a venir de nuevo con sus lamidas, me abrió con ambas manos las nalgas y enterró sus cara entre ellas, su lengua me perforaba el culo, me lo mamaba como nadie, incluso me lo mordisqueó suavecito haciéndome gritar de gusto.

    Entonces vino lo que esperaba, se acomodó sobre mí, su enhiesta verga buscó mi orificio anal y me la intentó meter.

    —¡Papi, por ahí no!… Lo tengo sin inaugurar… —a él le valió.

    Me la quiso meter y me dolió mucho, me moví y le impedí que siguiera, me moría de ganas por probar su verga en mi culo y ya tendría oportunidad de que me la metiera, pero no quería provocar alguna reacción negativa en mi marido que nos veía no sé de donde…

    —¡Cógeme por delante papi, lo tengo delicioso y súper empapado!…

    —¡Nena, déjame metértela por atrás!…

    —Nunca me han cogido por ahí… —le dije haciendo pucheritos.

    Él me entendió y levantándome de la cadera me paró de nalgas ante él, me chupo de nuevo la papaya así como me tenía y al poco rato me embistió nuevamente. Era terrible coger con este bruto, me hacía gritar sucesivamente y me la metía a gran velocidad; me hizo derramarme una y otra vez, pues sentía lo duro que me la metía; hasta que mis brazos perdieron apoyo y me deslicé hasta quedar con mis mejillas en el colchón, mientras mi redondo culo oscilaba en el aire y mi ardiente amante me nalgueaba con su endurecida verga, hasta dejarme rojísima de las nalgas.

    Cuando se cansó de nalguearme, me detuvo de las ancas y empezó a bombearme incansable. Alcancé otro orgasmo y él seguía sin venirse, la vagina me ardía ya de sus metidas, pero le pedía y le suplicaba que me diera más…

    —¡Empújamela toda mi rey, dame más, mucho más!… ¡Cógeme como ni el pendejo de marido me lo hace!… ¡Empálame completa, soy tuya, soy tu puta!…

    Sabía que mi esposo me escuchaba y trate de ser la puta más puta. Así que moví mi buen par de nalgas y a cada embestida yo me empujaba hacia atrás para sentir más profundamente su garrote, esto le encantó a Juan Arturo…

    —¡Qué rico te mueves, hija de la verga, eres una puta deliciosa!…

    —¡Si papi, soy una putona y mi marido no lo sabe!… ¡Dime que soy una perra; dímelo y cógete a esta puta que adora la verga!…

    Sin esperar mas, me vine y él me trababa con más brío, me la empujaba y me entraba toda, así una y otra vez me enfundaba su verga en mi panochita expandida por su gorda tranca; hasta que se vino violentamente, inundándome de nuevo… Toda su leche me entró y lo sentí contraer su verga y sus chorros de leche me llenaron el bollito. Pero me seguía limando todo sudoroso, yo le daba las nalgas así, y él me disfrutaba… Se dejó caer sobre mí y con su reata aún dentro de mi cueva. Me aplastó por la espalda y mis duras nalgas fueron su soporte, me estremecía de tenerlo así aplastando mi culo…

    Su verga fue perdiendo la erección, me la sacó y sentí escurrir por mi panocha su leche caliente. Respiré aliviada sin su peso, me lamió la nuca, me besó las mejillas y me agradeció lo rica que fui al entregarme. Se levantó y fue por su ropa, yo con mucho trabajo me puse de pie y fui tras él. Mi coño escurría su leche, lo acompañé a la sala, así desnuda; él se vistió y con un beso se despidió de mí, no sin antes darme su número de teléfono y prometí llamarlo muy pronto…

    Lo acompañé a la puerta así como estaba, no me importaba que algún vecino me viera, pues me sentía puta y gozada y sabía que mi marido ya estaría esperando para darme más verga… En el portón me entretuve besándome con Juan Arturo, y por fin salió y se fue…

    Entre a la casa y allí estaba mi marido, desnudo, pajeándose y al verme entrar me dijo:

    —¡Eres la puta más deliciosa que existe, nunca me imaginé que tuvieras tanta gracia para el sexo!…

    —¿Así me querías ver, no?… —dije sorbiendo un trago de licor.

    —Sé que te cogió delicioso, lo vi., eres sensacional Daniela… Pero ahora quiero tenerte… Quiero lamer esa panocha de puta repleta de leche de tu amante…

    Se puso de pie y fue hacia mí, me besó descaradamente metiéndome la lengua en la boca, chupando mi saliva con sabor a licor, sus dedos entraron en mi papaya, me sintió enlechada y se prendió más. Me arrojó sobre el sofá donde me había cogido antes mi amante, se apoderó de mi cuca con su boca y sorbió los jugos que manaban de mi interior, junto con el semen de mi amante. El chapoteo de su lengua en mi vagina, sus dedos en mi culo, y la forma tan cerda de entregarme a Juan Arturo a quien acababa de conocer, me hizo prenderme de nuevo.

    Cuando mi marido se cansó de dejarme seca la crica del elíxir que de ella brotaba, me la metió y me dolió; estaba yo muy irritada, pero me gustó este dolor. Me empezó a bombear enloquecido, me decía puta hija de la chingada y me besaba, me chupaba la lengua, me apretaba las nalgas y me mamaba mis erguidas tetas apretándolas y causándome algo de dolor, pero me encantaba lo que estaba pasando con mi marido.

    Entonces me la sacó y se dedicó a chuparme el coño nuevamente, tragándose mis jugos y los pocos residuos que aún quedaban de la leche de mi amante. Lo vi tragarse los líquidos de mi panocha, me la metió de nuevo y se movió más; me la sacó otra vez y me chupó nuevamente mi cosita, me volteó de perrito y me cogió nuevamente. Me la sacó por enésima ocasión y me chupó el bollo, hundiéndome su lengua muy intensamente.

    Finalmente, no aguantó más y me la metió fuerte, mientras me decía perra, hija de tu reputa madre. Me encantaba que me hablara sucio y yo le hacía lo mismo…

    —¡Cógeme cabrón, cógeme marica!… Gozaste viendo como me trabaron, ¿verdad puto?….

    —¡Si cabrona, fue maravilloso verte cogida!… ¡Me tienes encendido como nunca, eres una perra deliciosa, quiero que te cojan mil hombres hija de la chingada!…

    —Si mi vida, quiero tener muchas vergas para mi sola, para ser más puta de lo que ya soy, y agradecerte por dejarme ser así… Quiero hacerte el más cornudo y que te agrade ser el dueño de una puta a la que se cogen todos…

    —¡Si puta, si perra caliente quiero que te cojan hasta por el culo!… Que te lo desfloren para siempre y que te den verga por todos lados…

    Sin dejarnos de decir tantas perradas, me hizo venir y él se vino también, mi papaya estaba repleta de leche, estaba inundada y abierta, irritada de tanto coger, hinchada de tanta verga, pero lo disfrutaba. Me encantaba el ardor de mi panocha y se lo dije a mi marido al terminar de vaciarse en mí…

    —Pero eso querías, ¿no?

    —¡Ay papi, fue demasiado!…

    Acostados en el sofá fumábamos plácidamente abrazados…

    —¿Quieres seguir puteando?…

    —Si me dejas, ¿por qué no?…

    —Quiero que cojas mucho con otros, te doy permiso de coger con quien tú quieras y que me hagas cornudo las veces que lo desees. Solo te suplico que seas discreta y que me lo digas para gozar junto contigo, y cogerte después que los demás… Siempre que quieras coge con quien desees, pues quiero ser el dueño de la puta más guapa y caliente…

    —¿Puedo seguir diciendo lo que le dije a Juan Arturo?…

    —¿Qué?…

    —Eso que soy casada y que mi marido no me llena y me tiene abandonada… Eso los pone loquitos…

    —Por supuesto… Me enciende pensar que mi esposa es la más puta… ¡Qué ricura de puta tengo en casa!…

    —¡Ay mi vida, pero me encanta decirles que eres un pendejo y que te pongo los cuernotes con quien se me da la gana!…

    —Y es cierto, ¿no?…

    —Si mi vida, pero quería que me dieras permiso; además, seré la más puta y tú el más cornudo, mi rey…

    Desde luego que lo que ha seguido en mi vida ha sido coger y coger pero cada vez con más atrevimiento, contando desde luego con el permiso de mi marido…

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  • Presa de mi morbo me follé al mejor amigo de mi hijo

    Presa de mi morbo me follé al mejor amigo de mi hijo

    Viernes, 13 de diciembre de 2002; 09:30 horas de la mañana. Mi marido ya se había marchado a trabajar, como de costumbre. Mi hijo Oscar también había salido camino de la universidad, aunque los viernes termina las clases a las 14:30 horas. Yo estaba sentada frente a la mesa de la cocina removiendo el humeante café con leche del desayuno, en bata y con los pelos alborotados de la cama. Después confeccioné la lista de la compra mientras me fumaba el primer cigarrillo del día. Me duché, me arreglé, me vestí informalmente y salí al mercado.

    Cuando regresé a casa con la compra serían las 13:30 horas del mediodía. Subí en el ascensor hasta la octava planta, donde se encuentra mi domicilio. Al salir de la cabina del ascensor, en el rellano de la escalera, me encontré con un chico de la edad de mi hijo, que parecía esperar a alguien. Cuando me vio introducir la llave en la cerradura de la puerta de mi piso, se dirigió a mí preguntándome si allí vivía Oscar. Yo le respondí que era mi hijo. Entonces se presentó educadamente, me dijo que se llamaba Eduardo, y me contó que era amigo de Oscar y que habían quedado para comer juntos ese día.

    Entonces le expliqué que su amigo estaba en la facultad y que no vendría hasta las 14:45 horas aproximadamente. El chico, algo contrariado, me dijo que pensaba que Oscar no tenía clases los viernes. Como apenas quedaba una hora y cuarto para que mi hijo regresara, le invité a que le esperara en casa tomando una Coca-Cola. Tras un ligero titubeo Eduardo aceptó mi invitación.

    Abrí la puerta de la casa, le acompañé hasta el salón y le serví una Coca-Cola y unas patatas fritas. Luego me disculpé para ir a ponerme ropa más cómoda mientras él se tomaba aquel aperitivo. Sin caer en la cuenta de que Eduardo, a pesar de su juventud, era ya un hombre, me vestí como habitualmente suelo estar en casa, es decir, me quité la ropa y me enfundé una bata ajustada sobre las prendas interiores. Después me recogí el pelo en una coleta y me lavé la cara para quitarme el maquillaje.

    Nuevamente entré en el salón y me volví a disculpar, ya que tenía que preparar cosas de la casa. Eduardo con una sonrisa encantadora me dijo que no me preocupara por él, que esperaría allí a Oscar sin molestarme. Le agradecí sus palabras y me dirigí a la cocina para fregar los cacharros del desayuno. Mientras fregaba repasé mentalmente el aspecto de aquel chico. Era moreno, con el pelo muy corto por los laterales y terminando en una especie de cresta engominada en su parte superior, como lo solían llevar los chicos jóvenes del barrio. Tenía los ojos marrones, casi negros, bastante bonitos por cierto.

    En el lóbulo de su oreja derecha lucía un pendiente consistente en un pequeño aro plateado. Era bastante alto y muy delgado. Vestía un pantalón vaquero ajustado bastante raído, una camiseta negra, calcetines blancos y deportivas negras. Como se había remangado la camiseta, pude observar que llevaba tatuado el dibujo de una sirena en su antebrazo izquierdo. En definitiva, Eduardo no era muy distinto a cualquier chico del barrio de su edad, incluyendo a mi hijo Oscar.

    Después de fregar los cacharros me dispuse a hacer el cuarto de baño. Me encontraba agachada sobre la bañera cuando de pronto vi el reflejo de Eduardo en el espejo. El corazón me dio un vuelco ocasionado por la visión inesperada del chaval. Él se disculpó amablemente, argumentando que tenía muchas ganas de orinar. Yo asentí con la cabeza y me dispuse a recoger el bote de lejía para salir y dejarle el baño libre, pero Eduardo, sin esperar a que lo hiciera, se bajó la cremallera de su bragueta, se sacó el pene y comenzó a mear como si nada.

    Turbada por la situación no me atreví a moverme del sitio, ya que para abandonar el cuarto de baño tenía que pasar por detrás de Eduardo a escasos centímetros. Entonces, sin querer, los ojos se me fueron hacia el pene del muchacho. Lo tenía bastante largo y gordo pese a su estado de flacidez. También pude observar que su glande se mostraba totalmente descapullado. Cuando retiré los ojos de su miembro me percaté de que Eduardo se había dado cuenta de que le estaba mirando el pene, y me sonrió pícaramente, a lo que yo respondí poniéndome colorada como un tomate.

    Cuando el chaval terminó de mear, se la sacudió varias veces y en lugar de guardársela en su bragueta, se la dejó fuera colgando. Luego, mirándome a los ojos directamente, me preguntó que si quería probar su polla. Aquellas palabras hicieron que un hormigueo, mezcla de miedo, vergüenza y excitación, recorriera todo mi cuerpo. Me quedé varios segundos sin reaccionar, mirándole a la cara, pero sin verle. Luego un desconocido y brutal impulso provocó que me arrodillara frente a Eduardo y metiera aquel trozo blando de carne en mi boca, sin mediar palabra alguna.

    En un tiempo récord el pene del muchacho se puso duro como una piedra. Si ya me había parecido grande antes, ahora era descomunal. Debía medir más de veinte centímetros y su capullo se veía terso e hinchado como un globo. No sé ni como, ni porqué, pero el caso es que se la estaba chupando sin parar.

    Al rato, Eduardo me cogió por los hombros para que me incorporara del suelo. Al hacerlo la polla del chaval se salió de mi boca acompañada de un borbotón de mi propia saliva. Cuando finalmente me puse de pie, me agarró la cara con ambas manos y comenzó a besarme en la boca con habilidad. Su lengua exploraba mis encías como una serpiente nerviosa y sus labios acariciaban suavemente los míos. Luego, sin dejar de besarme, me abrió la bata, me desabrochó el sujetador y comenzó a acariciar mis tetas.

    Irrefrenablemente mis pezones se pusieron duros como pitones. Después comenzó a lamerme los pechos y a mordisquear mis pezones. Yo me estaba derritiendo de placer. Una de sus manos, abandonó mis tetas y fue resbalando por mi tripita. Hábilmente la introdujo bajo mis bragas y comenzó a acariciar mi ya húmedo coño. Presa de la excitación le agarré la polla y empecé a masturbarle lentamente.

    Eduardo se sentó sobre la tapa del wáter, me quitó las bragas y la bata, me cogió por ambas manos y me condujo hasta colocarme a horcajadas sobre él. Con una de sus manos apuntó su rabo entre mis labios vaginales hasta introducirme el glande. Luego me fue sentando lentamente hasta que sus huevos hicieron tope en mis nalgas. Parecía mentira que mi vagina pudiera engullir su descomunal miembro, pero lo cierto es que sin el más mínimo dolor me la había metido entera.

    Comenzó a estrujarme las tetas y a retorcerme con delicadeza los pezones al mismo tiempo que me besaba en la boca con su particular destreza. Yo por mi parte apoyé los pies en el suelo, me sujeté con fuerza en sus brazos y comencé a cabalgarle. En cada movimiento de ascensión su glande se salía casi por completo de mi vagina, mientras que cuando procedía al descenso se me clavaba profundamente. Aquel bombeo extraordinario, aderezado con sus besos de tornillo y su masaje en mis tetas provocó lo inevitable: Un orgasmo como hacía tiempo que no había gozado.

    Mi cuerpo se retorcía de placer con aquel pilar de hormigón trepanándome el coño. Su lengua ahora recorría mis pezones y sus dedos masajeaban mi clítoris al mismo tiempo. Notaba como mi vagina cada vez se abría más y más. Ni que decir tiene que el segundo orgasmo no se hizo esperar. Fue de mayor intensidad que el primero, aunque un poco más corto. Nuestros cuerpos estaban cubiertos de sudor y nuestras lenguas se entrelazaban frenéticamente intercambiando saliva.

    Cuando Eduardo se aseguró que mi segundo orgasmo había finalizado me retiró de encima de él, se levantó del wáter, se quitó toda la ropa excepto los calcetines blancos y, cogiéndome de la mano me pidió que le llevara al dormitorio. Yo obedecí ebria de excitación y lo conduje hasta la cama. Me colocó a cuatro patas sobre la cama. Él se situó, de rodillas, por detrás de mí. Me abrió las nalgas con sus manos y me la metió en el coño sin siquiera apuntarla antes. Y es que la tenía tan dura que ella sola se abría paso entre mis piernas.

    Luego me agarró por las tetas y comenzó a follarme a un ritmo frenético. En menos de dos minutos encadené tres orgasmos seguidos que me hicieron gritar de placer. Yo tenía el chocho tan mojado y dilatado que su polla entraba y salía a una velocidad endiablada.

    Minutos más tarde Eduardo volvió a sacármela, cerciorándose antes de ello de que había terminado de correrme. Me tumbó sobre la cama, boca arriba, y recostándose entre mis piernas comenzó a comerme el coño.

    Su lengua me recorría la vagina por completo. En cada pasada comenzaba por el clítoris y terminaba prácticamente en mi ano. Luego movía la punta de su lengua dibujando círculos sobre mi clítoris. Aquello me hizo ver el firmamento. Mi cuerpo rebotaba sobre la cama en espasmos de placer mientras que de mi garganta salían sollozos cada vez más fuertes, hasta el punto de temer que los vecinos me oyeran.

    Su lengua seguía su recorrido incansable provocando que mi coño segregara una gran cantidad de flujo. Pero eso no parecía importarle ya que incluso me succionaba de vez en cuando el coño con sus labios para tragárselo todo. Decía que no había sabor más exquisito que el flujo de una hembra en celo.

    El reloj de la mesilla indicaba las 14:30 horas. Oscar estaba a punto de llegar y no podía permitir que fuera espectador de aquella singular orgía, así que puse en antecedentes a Eduardo para que fuera terminando. El muchacho dejó de lamerme el coño, se recostó encima de mi cuerpo y me la volvió a clavar. Luego empezó a follarme otra vez mientras volvía a chuparme las tetas. El chaval jodía como los ángeles. En cada embestida parecía que su polla se me iba a salir por la boca. Entonces empezó a venirme un nuevo orgasmo.

    Eduardo se percató de ello y aumento su velocidad al máximo, al tiempo que su lengua penetraba en mi boca hasta casi rozarme la campanilla. Aquel orgasmo fue tan brutal, intenso y prolongado, que estuve a punto de desvanecerme de placer. Cuando mi último orgasmo concluyó, el muchacho me la sacó del chocho y, avanzando en cuclillas hasta mi cara, me la metió en la boca y eyaculó como un toro de lidia.

    Interminables borbotones de leche condensada me inundaban la garganta al mismo tiempo que Eduardo se retorcía de placer. Su glande seguía vomitando semen sin parar, por lo que no tuve más remedio que ir tragándomelo todo. Luego sus chorros comenzaron a perder fuerza y volumen, pero, aun así, yo seguía tragando y tragando. Cuando finalmente vació sus huevos en mi estómago le limpié con mi lengua los restos de lefa que le colgaban del capullo.

    Antes de levantarse de encima de mí, me dijo que nunca una mujer se había tragado su semen y que le había vuelto loco de placer. Yo le dije que, confesión por confesión, jamás ningún tío me había follado como él. Nos besamos durante unos segundos más y luego nos vestimos y nos sentamos en el salón, fumando un cigarrillo, mientras llegaba Oscar.

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  • Un día caluroso con mi prima y sus amigas

    Un día caluroso con mi prima y sus amigas

    Empezaré por describirme tengo el pelo negro, ojos marrones-verdosos, mido 1,91 m y tengo una compleción normal, ni gordo ni flaco y siempre he tenido bastante éxito con las mujeres y también indicar que soy del sur de España.

    Esto que les voy a contar sucedió haces unos años mientras estaba estudiando en la universidad, yo tenía 20 años. Tengo una prima que se llama Marta, la cual es mayor que yo unos 10 años (al igual que sus amigas), por aquellos entonces estaba casada y tenía un hijo. Ella es castaña ojos negros, cuerpo atlético por el gym, un par de tetas que quitan el sentido y un culo perfecto, vamos que es un pibón.

    Pues bien, ella vive en una casa en el campo con jardín, piscina, etc., y cada vez que tenía un problema en el ordenador me llama para que lo resolviera. Un día me llama diciéndome que le salía una alerta diciendo que tenía 5 o 6 virus y no podía acceder a internet, que si podía arreglárselo, a lo cual yo como es natural le dije que si, que iría el viernes por la tarde después de comer.

    Llego el viernes y estaba con una amiga suya, Mirian (rubia, ojos verdes, un poco jamoncilla, un par de tetas de infarto, esta buenísima), con esta amiga de mi prima siempre me he llevado muy bien y tengo mucha confianza con ella, al igual que con mi prima, les di dos besos a las dos y me dirigí al ordenador, cuando estaba viendo que ocurría al ordenador entran las dos en bikini (que me quedé alucinado, cosa que debieron notar) y me dicen:

    Marta: ¿Cómo estamos con nuestros nuevos bikinis?

    Yo: Genial, estáis guapísimas

    Miriam: son nuevos, estábamos deseando que llegaras para que nos dijeras como nos quedaban, pero por la cara que pones, veo que te han gustado bastante.

    Yo: (bastante cortado) la verdad es que estáis muy sexys con ellos, y por el corte me volví para el ordenador.

    Marta: Cuando termines vente, para la piscina que hace mucho calor aquí.

    Yo: no he traído bañador

    Marta: no te preocupes ponte uno de Juan (su marido) se ha ido con mi hijo todo el fin de semana a el pueblo con sus padres y n le hará falta.

    Yo seguí con el ordenador y con un calentón que no se me quitaba de la cabeza después de lo que acababa de ver. En 15 minutos estaba todo resuelto, era muy fácil, cogí el bañador que mi prima me había dejado y me dirigí a la piscina donde estaban las dos.

    Al llegar mi prima Marta estaba tumbada boja abajo en una hamaca y me fijé que tenía la parte del bikini desabrochada para no dejar marcas, pero no le di importancia, y Mirian estaba bañándose en la otra parte de las piscina, apoyada en el borde y solo se le veía la cabeza, por lo que no podía ver su atractivo cuerpo. Las salude, y me tire a la piscina para quitarme el calor y la calentura que tenía, hice un par de largos y me puse en el borde a hablar con mi prima.

    Yo: Marta ya tienes el ordenar ok, era sencillo quitar los problemillas que tenías. En esto Marta con toda naturalidad se incorpora y me dejar ver sus tetas, con toda naturalidad.

    Marta: muchísimas gracias primito, que haría yo sin ti.

    Yo me quede con la boca abierta y ella lo noto. Mi prima tenía las tetas grandes y se veían duras con unos pezones de tamaño medio y que apuntaban al cielo, Miriam tenía las tetas un poco caídas y con unos pezones que parecían galletas María, para mi gusto las dos tenían las tetas perfectas

    Miriam llego por detrás y se agarró a mí, poniendo sus brazo en mi cuello y cruz sus piernas por delante mía, yo estaba que iba a estaba, no sé cómo el agua no hervía de lo caliente que me estaba poniendo, podía notar perfectamente las tetazas de Mirian en mi espalda.

    Marta: Espero que no te importe que estemos en topless no queremos que nos queden marcas, y como tenemos confianza contigo hemos pensado que no te importaría.

    Miriam tenía sus pies encima de mi polla, que estaba a punto de reventar por la situación, y la muy zorra no paraba de moverlos y dijo…

    Mirian: Creo que por lo que estoy notando aquí abajo si que le importa y mucho y las dos empezaron a reírse.

    Mirian salió de las piscina y me dijo que me saliera con ellas, pero yo les dije que no, que todavía quería un poco más de agua.

    Miriam: mentirosooo, lo que te da vergüenza es salir del agua porque estas empalmado (y era la verdad, eso me ocurría) que no nos vamos a asustaaar, y se volvieron a reír las dos.

    Yo todavía cortado por la situación y con una erección brutal me Sali de la piscina y me tumbe en la hamaca que me habían dejado libre, entre las dos.

    Marta: joder Miriam, si que tenías razón, va a reventar el bañador ,que bulto tiene.

    Miriam: Felipe ¿por qué estas así? ¿Es por qué estamos en topless? Dio esto tocándose ambas tetas con las manos y moviéndolas.

    Yo no respondí, a todo esto Miriam me pide que le ponga bronceador y claro no iba a negarme, se puse de espaldas y yo empecé a aplicárselo, a todo esto suena el timbre de las casa y mi prima va abrir la puerta.

    Miriam: Con lo que tienes ahí encerrado debes tener a tus amigas muy contentas, ¿no?

    Yo: a ver, hacemos lo que podemos.

    Miriam: la verdad es que se podrían hacer muchas cosas (con cara de perra en celo).

    Yo estaba flipando, masajeando las tetas de una de mis musas, no me lo creía, ella estaba con los ojos cerrados y emitió un pequeño gemido, creo que lo estaba disfrutando igual que yo.

    A todo esto aparece mi prima con otra amiga suya, Sora (morena delgadita y con unas tetas pequeñitas pero muy bonitas). Nos saludan y Sora va a cambiarse. Cual es mi sorpresa cuando también viene en topless y dice:

    Sora: Espero que no os importe, como estabais las dos en topless también me he puesto yo.

    Miriam: a nosotras no, pero a Felipe igual si, ¿te importa Felipito?

    Yo: No, para nada.

    Miriam se vuelve para que siga poniéndole el bronceador y me dice, por favor ponme mucho bronceador en los pechos, que el año pasado se me quemaron y me dolían mucho, me coge las manos y me las pone sobre sus tetazas.

    Miriam: Sora mira si le importa que estemos las tres en topless (dice esto y me coge la polla por encima del bañador).

    Sora: Joder Miriam y al pobre muchacho le está obligando a magrearte las tetas, normal que este así.

    Miriam: Perdona Felipe te duelen estos huevos (me los coge).

    Yo: La verdad que empiezan a dolerme.

    Dicho esto, me baja el bañador de un tirón me coge la polla y me pregunta: ¿quieres que te ayude? No puede responder, empezó a masturbarme ahí mismo.

    Marta: Joder Miriam que bruta eres, además así vas a tardar mucho, deja que te ayude.

    Aparta a Miriam y empieza a mamarme la polla como una loca.

    Marta: Joder primito que polla más rica tienes, ¿te gusta cómo te la chupo? A mi me está encantando y me estoy poniendo muy cachonda.

    Sora: Marta, si esta tan rica déjamela a mí un poco, estoy deseando probar ese rabo. (empieza a chupármela), Marta sí que es verdad está muy rica, esto hay que aprovecharlo, esta durísima.

    Miriam: yo soy la que tengo que aprovecharlo, yo he empezado y quiero esa leche en mi boca, así que aparta ya que yo todavía no la he catado.

    Dicho esto Miriam empezó a mamármela como un bebe hambriento, mientras yo le comía las tetas a Sora, estaba a punto de reventar.

    Yo: Miriam no te pares estoy a punto, diooos me estas matando con esa boca de zorra que tienes . Ella solo me miraba y no dejaba de chupar.

    Miriam: Quiero tu leche, dámela, seré tu zorra, pero dámela ya quiero saborearla.

    Yo: Me corrooo…

    Miriam no paraba de chupar y mamar mi leche, no quería dejar una gota, sora gemía por la mamada de tetas que le estaba haciendo y refregaba su coño bajo el bikini contra mi pierna.

    Miriam estaba saboreando mi leche cuando de repente Sora le dice:

    Sora: déjame saborearla a mí también, necesito tener ese sabor en mi boca. Y empezó a comerle la boca a Miriam.

    La verdad es que yo estaba en el paraíso, tres tías buenísimas en topless delante de mí y peleándose por comerme la polla, yo estaba que no me lo creía.

    Marta: ¿primito te ha gustado?

    Yo: joder me ha encantado, nunca me lo habría imaginado, se ha cumplido el sueño de mi vida.

    Marta: Cuéntame tus sueños (tocándome la polla todavía semidura). ¿has soñado alguna vez conmigo?

    Yo: si, muchas veces

    Marta: ¿te pajeas pensando en mí? Yo me he tocado pensando en comerte la polla muchas veces.

    Yo: sí, he soñado muchas veces en que te follaba hasta reventar, y me la he cascado mil veces pensando en ti y en lo buena que estas (a mí ya se me había quitado el corte).

    Marta: (se quita el bikini) pues se acabó eso de cascártela pensando en mí, a partir de ahora me follas y ve empezando por comerme el coño.

    Empecé a comerle el coño coger que rico estaba, metía mi lengua, le lamia el clítoris, le metía los dedos, ella gemía del gusto. Mientras las otras dos empiezan a tocarme todo el cuerpo, sora empieza otra vez a comerme la polla y Miriam me dice al oído:

    Miriam: te voy a hacer algo que no olvidas.

    Se chupa el dedo y empieza a acariciarme el ano, yo ya no podía parar estaba que no podía recoger tanta información, yo comiendo el coño a mi prima, sora comiéndome la polla y Mirian me estaba metiendo el dedo por el ano, parecía un hombre orquesta, pero en plan porno.

    Marta: primito como ves somos tres amigas muy diferentes, pero tenemos cosas en común, las tres somos unas zorras calientes y las tres llevamos años queriendo que nos folles, porque está buenísimo cabrón, pero yo he puesto una condición.

    Yo: ¿cuál prima?

    Marta: Yo voy a ser a la primera de las tres que te folles, cada una de las tres tiene un deseo y ese es el mío, ellas tienen otro que ya te irán contando. Así que como ya te he dicho antes fóllame, y fóllame ya que me tienes chorreando con esa comida de coño que me has hecho.

    Pues dicho y hecho, me puse encima de mi prima y empecé a darle con todo lo duro, joder que placer, mi prima me decía, más fuerte cabrón que llevo mucho tiempo esperando esto y no quiero que pares dame duro, yo la penetraba como un loco sin parar. Se puso encima mía y empezó a cabalgarme, mientras tanto Sora me puso el coño en mi boca para que se lo comiese y Sora se lo comía a Miriam (a esto lo llamo yo el trenecito de la muerte). Mi prima saltaba me galopaba y gemía como una perra.

    Marta: Cabrón no te corras todavía que no puedo parar de sentirte dentro de mi, que dura la tienes, me vas a desgarrar, aaah joder que me voy a correr ya, no pares, aguanta, aaaah.

    Y callo sobre mi exhausta, joder primo que bien follas y que calladito te lo tenías. Yo no me había corrido todavía y a ver que mi polla estaba mirando al cielo mientras le comía el coño a Sora, Mirian vino hacia mí y me dijo:

    Miriam: Felipe, ahora quiero yo mi deseo. ¿te has follado alguna vez alguna mujer por el culo? ¿Te gustaría romperme el culo?

    Yo: Miriam, nunca lo he hecho, siempre lo he deseado, pero todas con las que he estado han sido muy reticentes al sexo anal, pero me encantaría que tu fueras la primera, quiero partirte el culo hasta ver sangre.

    Esta última frase la puso a 100, me cogió la polla, la unto con aceite bronceadora, se puso en el culo, y se sentó en mi polla, poco a poco se la estaba metiendo, costaba bastante que entrara, lo que me producía muchísimo placer, sentía como que me estaban arrancando la piel de la polla, pero n me importaba. Por fin entro, ella tenía los ojos cerrados y de repente se paró como 10 segundos y me dijo:

    Miriam: ya la siento toda en mi culo, esta durísima, nunca había tenido una polla tan buena, gorda y dura aquí dentro, espera un poco a que me acostumbre para que no me duela.

    De repente empezó a subir y bajar de mi polla, y fue aumentando el ritmo, gemía como loca

    Miriam: Felipeee como te siento dentro, me siento llena, aaaah, parece que me vas a abrir en canal, siii, estoy a punto de correrme cabronazo.

    La cogí la puse a 4 patas y empecé a taladrarle el culo con mucha fuerza, a ella se le saltaban las lágrimas, no sé si por dolor o placer, creo que por las dos cosas a la vez, empezó a gritar como un cerdo en una matanza, Marta le comía el coño mientras la taladraba y se corrió como nunca había visto correrse a nadie, de su coño salió un caño de flujo viscoso que caía por mis piernas, yo estaba alucinando.

    Yo: no puedo más estoy que me corro otra vez, no sé si puedo aguantar más.

    Marta: tienes que cumplir mi deseo, quiero que me folles otra vez el coño y te corras dentro de mí.

    Se colocó a 4 patas delante mía y empecé con un ritmo muy fuerte para inundarle ese coño tan rico que tenía, hasta que me corrí, tampoco había visto salir tanto semen de mi polla nunca, y más después de haberme corrido una vez antes, fue increíble.

    Sora: ¿cómo estas cielo? (me decía dándome besos mientras estaba tumbado en la hamaca relajándome). Cada día que pasa estas más bueno, nos tienes a las tres locas, ellas ya han tenido lo suyo, pero todavía no te he dicho mi deseo, ahora descansa que luego te lo dire.

    Nos bañamos en la piscina los cuatro y después echamos una siesta los cuatro desnudos junto a la piscina, como a la hora de dormirnos me desperté sora me estaba mamando la polla.

    Sora: Vamos despertad, que ya habéis descansado bastante, ahora me toca a mí pedir mi deseo. Quiero hacer algo que seguro le encantara y no creo que lo haya hecho antes (saco un arnés del bolso, la muy puta ya venía preparada) quiero follármelo yo por el culo mientras vosotras dos le coméis la polla, pero cuando se vaya a correr debéis darme el relevo, para que derrame toda su leche sobre mi lengua.

    Miriam: yo te relevare.

    Yo estaba a 4 patas, Sora empezó a chuparme el culo, yo le comía las tetas a Miriam que estaba debajo de mí y mi prima le ponía el arnés a sora. Sora empezó a meterme su polla de goma por el culo, me dolía bastante, pero no me queje, me incorpore un poco y empezaron marta y Miriam a chuparme los huevos y la polla, me estaba empezando a gustar, aunque todavía me dolía un poco, a los pocos segundos me encanto, era increíble nunca había sentido nada igual era fascinante, en menos de 10 minutos estaba a punto de correrme y así lo indique.

    Sora empezó a mamarme la polla, Miriam empezó a meter sus dedos en mi culo y yo mientras le comía las tetas a mi prima. Me corrí, no sé cómo todavía salía algo de leche, Sora no paraba de mamar me la estaba dejando reluciente.

    Sora: joder niño, esa leche es adictiva, deberías envasarla y venderla,

    Jajaja, todos no reímos.

    Mi prima de repente desapareció, y volvió a los 5 minutos con unas copas de champan y una botella.

    Marta: vamos a brindar. ¿Sabes por qué Felipin?

    Yo: ¿por la follada que no hemos pegado, no?

    Marta: No, por eso no, acabo de hablar con tu madre y le he pedido un favor, como mi marido y el niño se han ido al pueblo, le he dicho que me daba un poco de miedo quedarme sola aquí en el campo, que si podías quedarte todo el fin de semana, a lo que ella me a respondido que sí, que si tu no tenías problema que te quedaras, y le he dicho que te preguntaría, pero imagino que te querrás quedas, ¿no?

    Yo: Madre mía, claro que si, esto es un sueño hecho realidad.

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  • Con mi madre en la boda de mi hermana

    Con mi madre en la boda de mi hermana

    Luego de meses de preparación mi hermana se casaría. La boda se realizó en otra ciudad, donde radica su flamante esposo y próximamente ella. No tenía muchas amistades por su carácter recatado y tímido.

    Mi madre estaba efusiva, pero a la vez triste porque sin ella viviría sola. Aún usaba su anillo de casada a pesar de que mi padre había muerto hace años.

    Llevaba un vestido esmeralda largo ajustado un tanto recatado que resaltaba sus caderas anchas, pero el escote no podía disimular el par de tetas que tenía, un tanto caídas a sus 50 años, pero bien llevados. Me senté a su lado tratando de que se sintiera mejor, la saqué a bailar muchas veces demostrando mucha destreza y alegría. Todos los invitados estaban felices y muchos querían brindar con ella, por lo que se le subieron las copas y empezó a cogerme del trasero en algunas ocasiones y hasta me dio un beso en los labios repitiéndome muchas veces lo mucho que me quería.

    Luego de la fiesta la acompañé a su habitación, durante el camino me cogió del brazo para no caerse y de vez en cuando me agarraba de una nalga. Cuando la dejé en su habitación me dijo: “¿Y si te quedas conmigo?” Se veía hermosa su cabello largo negro caía hasta la altura de su culo, no pude evitar besar su hombro y cuello a lo que ella respondió con un soplido.

    “¡No! ¡Estoy vieja!” –dijo. “Te ves hermosa” respondí, mientras continuaba besando su cuerpo, por diferentes partes, le bajé la cremallera del vestido el cual se deslizó por el suelo. Ella respondía con gemidos las caricias que le propinaba. Jugué un rato con sus tetas y chocho por encima de su ropa interior hasta que se las quité. Estaba completamente desnuda. La visión era hermosa y perfecta. Su estatura pequeña resaltaba sus caderas anchas, su coño peludo negro combinaba con su cabello largo que caía por sus hombros contrastando con su piel clara y pezones erectos de color rosado. “Te ves hermosa” le dije mientras le mostraba su cuerpo en el espejo de su habitación.

    Luego la llevé a la cama, la puse de perrito y besé sus labios vaginales que ya soltaba grandes cantidades de jugos. Mientras mi madre me apretaba la mano de forma cariñosa y gemía de forma tierna. Le dije que se tumbara sobre la cama y me quitase los pantalones.

    Cuando me los baje, mi falo salió como un resorte a lo que ella sonrió pícaramente.

    —Se lo que sientes, y aunque al principio me chocó debo reconocer que me excita un montón y quiero que me eches el mejor polvo de tu vida.

    Se subió a horcajadas sobre mí y tomando mi pene se lo introdujo lentamente en la vagina, húmeda y estrecha.

    —Ahhh. Gemimos los dos mientras nuestros ojos se clavaban en las pupilas del otro.

    —Oh mamá que gusto.

    —¡Cállate, hijo y fóllame! Empezó a moverse poco a poco y en un instante estaba cabalgando sobre mí como una fiera, la sensación era indescriptible.

    En pocos minutos noté que estaba a punto de correrme y así se lo dije a mi madre, quien me respondió

    —¡Oh sí, córrete hijo!, ¡hazlo dentro de mi coño! ¡Ooohh! ¡Qué gusto! ¡aguanta un poco más que yo también estoy por correrme!

    —Aaahhh. Grité cuando lancé tres chorros de semen que golpeaban contra las paredes de la vagina que me vio nacer.

    Los dos caímos agotados entre arrumacos y besos. Le confesé todo el amor que sentía y ella me dijo que me amaba.

    Durante mucho tiempo continuamos con nuestros escarceos, enseñándome mi madre todo lo que se sobre el sexo

    —De haberte aceptado antes creo hubiese sido la mujer más feliz del mundo. Soy muy afortunada.

    A la mañana siguiente no salimos del hotel, mi madre empezó a investigar nuevas formas de placer, ya no era la mujer mojigata y recatada de antes. Es feliz. Saliendo de la ducha me agarró la polla con su mano derecha, la cabeza de mi madre subía y bajaba recorriendo todo mi falo. Su caliente saliva ayudaba a facilitar el deslizamiento. Mi madre solo respondió con gemidos y acelerando el ritmo de su mamada.

    Con la otra mano me agarraba los huevos. Lo más increíble era que mi madre parecía estar disfrutando casi más que yo. Cuando ya parecía que aquello no podía mejorar mi madre separó su boca de mi verga. Me miró a los ojos sonriendo, su mirada brillaba de alegría. Mi polla, reluciente cubierta de saliva, apuntaba hacía ella más dura que nunca.

    —¿Te está gustando mi niño? —Preguntó ella, aunque la respuesta era obvia— Pero parece que ahora te está costando correrte más que antes… a ver, vamos a probar con esto.

    Entonces se quitó la toalla y por primera vez pude ver a mi madre totalmente desnuda. Ahí de rodillas en el suelo frente mi, contemplé sus preciosas tetas paraditas y su rico y peludo coño. El tono rosado de su raja se distinguía claramente entre la mata de pelo negro. Sin duda estaba tan excitada como yo. Se acercó un poco más a mí, agarró mi polla y se la puso suavemente entre sus tetas. Empezó a masturbarme haciéndome una deliciosa cubana que solo había visto hacer en películas porno. Mi polla se deslizaba fácilmente gracias a la saliva y el líquido pre seminal que la cubría.

    —¿A qué te gustan las tetas de mami? ¿A que sí? —Dijo mientras aceleraba el movimiento— Pues ahora las vas a probar…

    No me lo creí cuando se levantó y acercó sus melones a mi cara. Casi por instinto, los agarré con la mano y empecé a chupar sus pezones mientras ella me apretujaba la cabeza contra ella.

    —Mmmm siii… chúpale las tetas a mamá… me gusta…

    Noté como su mano acariciaba suavemente mi polla y parecía querer acercarla hacia ella. Me separé de sus tetas y me fijé en que parecía que mi madre quería meter mi pene en su coño.

    Sin rechistar más, fue pasando la punta del glande por su rajita húmeda. Sus pelos me hacían cosquillas. Ella gemía suavemente. Lentamente fue introduciendo mi polla hasta que se acomodó dentro de su vagina. Luego empezó un lento movimiento de su culo. Mi madre me estaba follando sentada encima de mí. Me abrazaba y gemía a mi oído. Me besó suavemente en la mejilla. Mi madre cogió mis manos y las puso en su culo. Agarré fuerte de sus nalgas y acompañando sus movimientos le clavaba la polla lo más hondo que podía dentro de su coño.

    —¡Mmmm!… ¡así muy bien hijo!… ¡qué rico!… ¡Estás aguantando como un machote…!

    Me dio un ligero pico en los labios y se levantó. Pero aquello no había acabado, se dio la vuelta y me ofreció su precioso culo. Con la mano me ayudó a volver a meter la polla dentro. Apoyándose con los brazos en la mesa movía su culo follándome mientras yo seguía sentado en la silla.

    Aquello era increíble. Su generoso culo moviéndose encima de mi polla. Sus gemidos, cada vez más fuertes, me volvían locos. Yo la agarraba por las caderas e intentaba clavar mi polla con fuerza pero en aquella postura era difícil moverse. Decidí levantarme y reclinar a mi madre un poco más encima de mi mesa. Mi madre aceptó un poco sorprendida y así, en esa postura, empecé a bombear lo más fuerte que pude.

    —¡Ooooh siii! ¡Dame así bebé!… ¡siií, que rico!…—Gemía ella desesperada mientras que yo, como poseído, la follaba sin parar.

    Como podía, mi madre se agarraba de la mesa.

    Me agarró el pene y me dio un beso en la boca, metiéndome la lengua. —Ven, vamos a la cama —y sin soltarme la polla me guio hasta allá. Se tumbó con las piernas abiertas ofreciéndome su coño mojado y abierto. Yo me puse encima suyo y sin esperar un segundo se la metí y empecé a follármela. Sabía que iba a aguantar poco tiempo más antes de correrme.

    —¡¡Ooh siii… follame mi niño, ¡follame!! ¡Follame, hijo! ¡¡Lo necesitooo!! —gritó desesperada.

    Los pechos de mi madre se movían al ritmo de mi follada, ella estaba gozando como una loca. Ya casi estaba a punto de correrme, empecé a sentir la presión del semen subiendo por mis huevos.

    —No puedo más mamá… me voy a correr ya…

    —No te corras dentro, ¡sácala!

    Rápidamente saqué la polla, le di un par de sacudidas y un gran chorro de semen salió escupido con fuerza. Tanta que llegó hasta la cara de mi madre. Los siguientes chorros fueron saliendo con igual de energía cayendo por todo su cuerpo mientras yo gemía de gusto. Mi madre también gimió al sentir la lefa caliente en su cuerpo.

    Acto seguido caí rendido al lado de mi madre. Ella se reía por como la había dejado. No me fijé mucho, pero debía ser algo digno de ver. Mi madre completamente cubierta por la leche de su propio hijo. Se estiró hasta alcanzar la toalla que estaba en el suelo y se limpió un poco.

    —Vaya corrida, bebé… más que la primera vez —Dijo mientras se tumbaba a mi lado y me cogía del brazo.— ¿Te ha gustado, verdad?

    Yo asentí con la cabeza y entonces nos besamos. Estuvimos morreándonos un buen rato, los dos desnudos en la cama. Pasados unos minutos mi madre se levantó, haciéndome volver a la realidad.

    Volvimos a casa, me mudé junto a mi madre manteniendo una relación de esposos. Mi madre se quitó el anillo que siempre usaba para convertirse en mi mujer, exploramos nuestros cuerpos conociendo cada rincón, los puntos G de cada uno. A mi mamá le gusta que acabe en su cara untándose todo el semen como crema facial. Creo que funciona porque su piel se mantiene elástica y aparenta de menos edad. Algunos de sus cabellos se han vuelto canos, por lo que se lo cortó hasta la altura del hombro, por lo que puedo besar su cuello cuando quiera.

    Han pasado 12 años, ahora tengo 35 y mi madre 62. Hemos vuelto a aquel hotel por el funeral del esposo de mi hermana. Mi madre viste un vestido estrecho negro con una falda hasta las rodillas y pantis negras. Mi hermana se mudará con nosotros, a quien le hemos ocultado nuestra relación de una década.

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  • Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (5)

    Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (5)

    —Vale…, venga. Lo haré.

    —Entonces… ¿Haremos cositas ricas delante de mis amigos?

    Ella sonrió tímidamente y asintió con la cabeza.

    —¿Y no vas a rechistar como una estrecha?

    Negó con la cabeza.

    —Así me gusta, cariño.

    Le dio un breve beso y con paso ansioso la arrastró de la mano hasta donde estaban los otros universitarios.

    Nicolau intentaba descifrar el comportamiento ambivalente de Minerva y el negro respecto al gordo y el flaco: Minerva, a espaldas del negro, se dejaba tocar de los otros chicos, pero frente a él los despreciaba. Y el negro, aunque era celoso y posesivo de su trofeo, también quería exhibirlo y poseerlo frente a sus amigos, como si le excitara demostrarles que ella podía ser de él y no de ellos.

    —Pardillos, prometéis no tocar, ¿verdad? —les preguntó el negro—. Que es mi chica, no la vuestra.

    —Lo p-prometo.

    —Te mentiría si te digo que no estoy loco por follarla —dijo el flaco mirando a Minerva—, pero me conformo con mirar y hacerme una paja.

    Minerva asintió con la cabeza.

    El negro arrojó su tolla del gimnasio al suelo rocoso y la hizo arrodillar. Como ella le había prometido, lo hizo sin rechistar. Los tres chicos rodearon a Minerva Magnusson. Tras sus bóxeres, los tres penes erectos se cruzaban en sus pelvis como espadas en su funda. El negro desenfundó la suya. La chica se sorprendió cuando el largo y grueso pene saltó como un resorte, haciendo que unos goterones de lubricación transparente salieran despedidos sobre su rostro y tetas; algo que causó risas a la chica y a todos.

    —¡Wow! Estás muy lubricado —dijo ella.

    —Así me pones. Ven, cómeme la polla.

    Con una mano, Minerva Magnusson tomó el pene por su base. Lo miró. Su piel marrón oscura, su dureza y las venas tortuosas le daban la apariencia de un leño con su corteza. Se lo metió en la boca y empezó a mamarlo; al principio con calma, pero pronto se volvió impetuosa y hambrienta. El pene llenando su boca le impedía que pudiera tragar saliva, por lo que esta se le escapaba por las comisuras de los labios hacia el cuello.

    Mientras tanto, el flaco y el gordo se quitaron los bóxeres y se empezaron a masturbar alrededor de Minerva. Sin dejar de chupar, ella deslizaba la mirada, alternando entre la polla de la izquierda: corta y gruesa, y la de la derecha: larga y delgada, con una gruesa argolla en el glande. Nicolau Prats, desde su escondite, también se empezó a masturbar.

    El negro le soltó los broches al sujetador y este se deslizó sedosamente por su piel, dejando al aire a unas tetas que desafiaban la gravedad, y liberando unos pezones de aspecto hinchado, como los de una mujer amamantando gemelos.

    Tras unos minutos de felación, el negro se impacientó al ver que Minerva no lograba entrar todo su pene en la boca, así que tomo firmemente la cabeza de ella con las dos manos, y empujó su pene hundiéndolo más profundo, hasta que tras tres envites pareció vencer una resistencia y el pene entro en la garganta de la chica, tan profundo, que su pubis chocó contra los labios de ella. Le dio una arcada, pero él le aguantó el pene así, hasta que le pasó. Luego empezó a follarle la boca de esa manera.

    Minerva se dejaba follar la boca con la misma docilidad que lo hace una muñeca hinchable. Le sobrevenían algunas arcadas, que hicieron que los ojos se le hicieran agua, humedeciéndole el maquillaje, haciendo que ríos de lágrimas negras serpentearan a lo largo de sus mejillas. Tras unos minutos, tuvo una intensa arcada, por la que le dio unas palmadas al negro en su muslo, y este le retiró el pene de la boca.

    —Casi me haces vomitar, ¡capullo! —dijo ella tosiendo, y escupiendo la espesa saliva que tenía acumulada en la boca.

    —Eso no es por mi polla. Es por haber bebido tanto. Ven aquí —le dijo, poniéndola de pie.

    Él se puso de cuclillas y le bajó el tanga hasta sacársela por los pies. Su vulva estaba lubricada hasta la raíz de los muslos.

    —Te has puesto cachonda, ¡he! Enséñanos —le dijo subiéndole el pie izquierdo sobre una roca. Ella apoyó una mano en su hombro para no perder el equilibrio—. Eso es, preciosa, así; que mis amigos te vean el coño.

    Los chicos también se pusieron de cuclillas para ver mejor.

    —M-menudo c-coño tienes.

    —Es un coño de guarrilla.

    Era verdad que no era una vulva corriente, con ese aspecto casi infantil de un ojo cerrado que tienen la mayoría de las chicas. Minerva tenía una vulva exuberante. Sus labios menores, de color rosa pálido, eran redundantes, de tal manera que sobresalían por entre los labios mayores, impidiendo que la vulva cerrara. En la posición de pie en que se encontraba, los labios menores le colgaban como unos hermosos pendientes. De esa orquídea en esplendor, estaba emanando un cálido y dulce néctar cristalino, que colgaba de los labios en forma de hilos filantes, que todos miraron con detenimiento hasta que los hilos se rompieron y gotearon sobre la superficie rocosa.

    —N-nunca había v-visto una m-mujer tan mojada.

    —Tú nunca has visto una mujer desnuda, pardillo —se burló el flaco. El gordo se sonrojó y Minerva lo miró con condescendencia.

    —¿P-puedo c-comértelo?

    Minerva hizo el ademán de contestarle, pero el negro habló primero:

    —¡He! Tu quieto donde estás. Mejor mira y aprende cómo se come una pussy.

    Así, en cuclillas, el negro pegó sus gruesos labios a la vagina de Minerva, y se llenó su boca de ese clítoris y de esos suculentos labios, y los succiono y lamió como si llevara varios días sin comer.

    Minerva empezó a exhalar unos breves gemidos, los cuales intentaba contener mordiéndose el índice de su mano libre. Una suave lluvia que humedecía la boca del basquetbolista parecía fluir del fondo de su vagina; misma de la cual, tras unos minutos, explotó una tormenta que empapó la boca de él, y la boca de ella emitió un largo gemido a la vez que las rodillas le tiritaban.

    El negro se secó la boca con el antebrazo y se puso de pie.

    —Despejen eso, pardillos.

    Sus dos amigos quitaron sus mochilas de la roca plana. Entonces, el negro tumbó a Minerva bocarriba, con el culo en el borde de la roca, y le abrió las piernas. Mordiéndose un lado de su mullido labio inferior, la chica observó cómo el negro tomó su pene con una mano, se lo encajó entre los labios vaginales y lo resbaló dentro de ella. Ambos exhalaron un profundo gemido.

    Tras unos segundos, empezó a follarla, pero sin metérsela toda, como dando tiempo a que las carnes de la chica se acostumbraran al tamaño de ese leño marrón oscuro.

    —Dame más duro. No te cortes —jadeó ella.

    —¿Y si te duele?

    —No me importa —dijo a la vez que ella misma se llevaba sus muslos hacia atrás hasta apoyarlos sobre la superficie de la roca, a cada lado del cuerpo, y a continuación, con la ayuda de las manos, llevaba los pies hasta cruzarlos tras su nuca—. ¡Has que me duela!, si te apetece.

    Los tres chicos se miraron boquiabiertos, sin dar crédito al grado de elasticidad que tenía esa chica.

    —¡La leche!

    —¿Pe-pero qué narices!

    —¡Qué cojones! ¿Cómo has hecho, eso? —dijo el negro, a la vez que empezaba a follarla de nuevo, ensartándole la polla hasta hacer chocar sus testículos a gran velocidad contra el ano de la joven.

    —Eso es, ¡así! Ábreme el coño, estíramelo con tu pollón.

    Los angelicales gemidos de Minerva iban llenando cada espacio del idílico paraje.

    —¡Búa, Minerva!, ¡eres lo puto mejor! Es como follarse a alguien sin piernas.

    Los otros chicos, quienes sonreían deleitándose con el espectáculo sexual, aprovecharon el frenesí del folleteo para acercarse gradualmente, hasta el punto en el que, de una manera descarada, estaban masturbándose a la altura de la cara de Minerva; tan cerca de su boca entreabierta y jadeante, que parecían a punto de meterle sus penes en la boca; tan cerca que, si ella hubiese estirado su elongada lengua, podría habérselas lamido. La joven no luchó contra el atrevimiento de esos chicos; pues parecía tener suficiente lucha intentando no desmayarse del placer que le estaba dando el basquetbolista.

    De repente, Minerva dejó de gemir y giró la cabeza hacia el arbusto de boj donde Nicolau Prats se escondía. Se quedó mirando fijamente hacia allí, con el ceño fruncido, como intrigada, mientras su cabeza se zarandeaba rítmicamente por las impetuosas penetraciones a las que estaba siendo sometida. Nicolau interrumpió su masturbación y contuvo el aliento. El tiempo pareció entrar en modo ralentizado, y tuvo la sensación de que el rostro de Minerva se acercó a él, como si hubieran usado el zum de una lente fotográfica. «Es imposible que me esté viendo», pensó, pues confiaba en que el arbusto y la oscuridad del bosque a su espalda lo ocultaban.

    Tras varios segundos, Minerva empezó a gemir de nuevo mientras seguía mirando fijamente hacia el arbusto. No dejó de mirar hacia allí hasta el momento en que estiró su cuello hacia atrás, y mirando al cielo, exhaló un largo y adorable quejido que resonó en todo el paraje, tras el cual quedó desmadejada sobre la roca. En ese estado, el negro siguió follándola un par de minutos más, y luego sacó su pene y eyaculó una abundante cantidad de semen sobre el abdomen de ella.

    Como el negro se fue a la balsa de agua a refrescarse y el flaco se entretuvo preparando un porro, el gordo sacó una camiseta blanca de su mochila y se le ofreció a Minerva a limpiarle el semen del abdomen. Ella dejó que lo hiciera mientras, con sus manos entrelazadas tras la nuca y con gesto divertido, miraba cómo lo hacía. Al final quedaba un goterón sobre el pubis, casi sobre un labio mayor; miró a los ojos de Minerva con timidez y ella asintió con la cabeza; la limpió con parsimonia y casi con amor, y acariciando con el torso de sus dedos la piel del juvenil y lampiño monte de Venus.

    Cuando pareció resignarse a que no había más disculpas para acariciar a la chica, vio que ella deslizó sus pupilas hacia su teta derecha; entonces, el gordo vio dos largos goterones de semen sobre esta, uno de ellos cruzando el pezón. Con un arco de sonrisa en sus labios, agarró innecesariamente la teta con una mano, y con la otra se puso a limpiarla, aprovechando la situación para palpar la firmeza de su juvenil teta y para hacer saltar como un muelle al pezón cada vez que pasaba la camiseta sobre este. Estaba haciéndolo cuando se percató de que el flaco los miraba. Lo hacía sonriendo con malicia, sentado en el suelo, lamiendo el papel del porro.

    —Ya está bien, David. Gracias. —le dijo Minerva en tono casi maternal.

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  • Una hermosa polla en mi boca y ano

    Una hermosa polla en mi boca y ano

    Hola, les cuento una experiencia de mi vida no tan secreta de mujer trans, creo que mis amigos y conocidos no lo saben, ya que soy de clóset, aunque a veces la locura del deseo me lleva a no ser tan discreta. Estaba en casa, presa de nuevo de esa excitación cíclica y deseos enormes de que un hombre me hiciera suya, de tomar su pene, pajearlo, besarlo y chuparlo hasta que se me impregne su delicioso sabor en mis labios, luego, sentarme sobre él y recibirlo en mi cola. Pero vayamos por partes.

    Estaba que me quemaba de ganas por ser follada, llegué a casa, me saqué la ropa de chico y me vestí de nena, con ropas discretas como de señora, unas lindas sandalias, pantaletas y un vestido floreado. Me relajé y horas más tarde, pasé a arreglarme. Me desnudé, pasé al baño y me repasé depilación por todo el cuerpo, poniendo especial atención al pubis y a la zona alrededor del ano. Tomé un baño y me puse cremas en todo el cuerpo. Me repinté las unas de los pies, untándoles crema especial.

    Tengo lindos pies desde siempre, pequeños, blancos y suaves. Saqué mis dildos para seleccionar alguno y bajar la calentura, pero de pronto, me llegó un mensaje enviado por un amigo, con quien ya había estado como mujer trans, me decía cosas hermosas y morbosas, me deseaba como loco y quería cogerme durante horas hasta dejarme el ano hinchado y escurriendo de su semen. Llegaría en un par de horas, ya entrada la noche. Comencé a maquillarme y a elegir ropa para recibirlo como toda una ramera.

    Me puse una tanga de encaje rojo e hilo dental hasta media nalga y hacia arriba un bordado de flores hasta el coxis, por delante un breve triangulo negro y transparente, que apenas cubría mi micro-pene; todo el pubis depilado excepto un triángulo de vellos justo arriba del pequeñísimo pene; cubriendo mis pechos un brasier color rojo de media copa, mis pechos eran talla B totalmente naturales, levanta busto, de escote profundo, broche al frente y tirantes de espagueti; un hermoso liguero color lila, también de encaje atado a medias súper transparentes color mosco.

    Una blusita top halter color metálico, cubriendo tórax y de espalda desnuda; una micro-falda de encaje, con volantes y cintura baja, una peluca rizada, color negro, hasta los hombros; finalmente, unas zapatillas destalonadas, taco muy alto de aguja, color rojo. Me perfumé abundantemente y quedé lista para una noche de locura y placer. Todo esto me había llevado un par de horas, así que al terminar ya estaba entrada la noche. Me encantó mi arreglo, vestida de mujer muy putita, expresando así mi enorme deseo de ser complacida con mucho amor y verga.

    Repentinamente llegó. Respiré agitadamente y con nerviosismo, ya que sólo habíamos tenido un encuentro sexual hacía meses y sin convivir, solamente sexo. Recordé que fue hermoso, me había quedado en la memoria que portaba una delicia de pene. Entró y ya venía con la polla dura, me relamí los labios y de inmediato puse mis manos en su bulto, que era muy notorio. Me dijo –Ay, putita, te voy a dar una cogida como nunca te han dado, -Ay sí papi, quiero sentir en mi ano la humedad de tu cuerpo-.

    Me besó en la boca con gran lujuria abrazándome con fuerza, puso sus manos en mis nalgas subiéndome la faldita, hizo a un lado el hilo de la tanga y metió un dedo en mi ansiosa y delirante cola. Gemí con la expectativa de que iba a ser clavada como una mujerzuela adicta al sexo anal. Me tocó los pechos, subió el top y bajó una copa del sostén, me lo besó y chupó unos minutos, el pezón se puso erecto, enseguida bajó la otra copa, sus labios chuparon el otro pezón mordiendo suave, succionando fuerte.

    A estas alturas ya se me estaba escurriendo el lubricante del ano. Bajé pantalón y trusa, saltando un hermoso, no tan grande, pero grueso, cabezón, venoso y húmedo pitote. Di un gritico de placer y de inmediato puse mis labios en la cabeza, succionando y besando. Se la besé y chupé desesperada y gustosa, lamí todo su tronco dando mordiscos y tragándolo todo o lo que me cupo. Mientras se la pajeaba con una mano y le sobaba las pelotas con la otra, le subía el prepucio con los dedos y se le bajaba con los labios.

    Así estuvimos un buen rato, yo mamando y adorando su polla y él gimiendo de placer. Realmente soy una fanática del sexo oral desde mi primera experiencia gay. Desde entonces, me volví adicta a tener una verga dentro de mi boca y su sabor me enloquecía. Sobre todo, el sabor ligeramente salado del precum, mejor si estaba mezclado con sudor púbico, restos de orina y el delicioso olor de miembro encerrado en una trusa.

    Al pasar unos 20 minutos de mamárselo, me lo saqué de la boca, me relamí los labios y con voz melosa y muy zorra de mujer trans, le pregunté, ¿Cómo quieres que me ponga, papi?, ya me urge tenerte dentro. Me miró lujuriosamente tomando mi rostro con ambas manos y respondió, -ponte de a cucharita mi reina, así te quiero hacer trizas el ano. Me puse de lado en la cama flexionando una pierna hacia el abdomen, al tiempo que arqueaba un poco la espalda, con lo cual, mi trasero quedó en pompa y mi ano bien abierto, ¿así?

    Para arquear más la cadera y que sobresaliera más el trasero, flexioné levemente la otra pierna recostada sobre la cama, él por detrás puso su pene en la entrada de mi orificio, jugó un poco metiendo y sacando sólo la cabeza y luego, comenzó a penetrarme lentamente esperando que me dilatara. Al introducir toda su herramienta de carne, besó mi cuello y la parte superior de la espalda y las orejas. Entretanto, puse una mano en la base de su pene haciendo un anillo con mis dedos para sentir sus movimientos de meter y sacar de mi cola de putita.

    En un movimiento desesperante me clavaba y me extraía la polla lentamente y, así varias, luego, comenzaba a aumentar el ritmo hasta que era un paroxismo de meter-sacar, me hacía gemir ruidosamente alternando con gritos, primero discretos y después, perdía todo pudor abriendo mi trasero con una mano y haciendo el trasero contra su pubis, su vello me hacía cosquillas, pues al tenerla toda dentro, hacía alto, rempujando ese delicioso pene sin separar nuestros cuerpos. Yo apretaba el recto repetidas veces, abrazando con furor esa herramienta de carne, dije -¡Así papi, cógeme duro, hazme trizas el ano!

    Se animó y empezó a salir y a entrar con furia abriendo mi colita, creí que ya se correría, pero aguantó varios minutos y yo de plano ya era una loca delirante, estaba en un cielo con ese pene en mi interior, deseaba que fuese eterno. Pero repentinamente lanzó un grito diciendo –Ay mamacito, tienes un culito riquísimo, ¿dónde quieres el semen?- balbuceando contesté, -dentro mío, papi- y explotó lanzando varios chorros de semen tibio y pegajoso, inundando mi entresijo, expulsó tanto semen que se empezó a salir de mi botoncito de amor, escurriendo por mis nalgas y piernas.

    Nunca cambiamos de posición, pero desfallecimos exhaustos. Ambos satisfechos y felices, creo que yo más debido a mi gran sentido de puta, adoradora de polla y de semen. Me la sacó escurriendo, se acomodó la ropa y dando un beso tronado en una nalga, salió. Ciao, nenas trans y chicos que gustan de nosotras, espero que les haya gustado y se hagan muchas pajas anales.

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  • Andrea mi crush, mi fantasía

    Andrea mi crush, mi fantasía

    Como había comentado en un relato anterior, tengo una amiga la cual me encanta, me gusta demasiado y aparte de eso la deseo sexualmente.

    No la había descrito pero es pelinegra, pelo liso, cara bonita, tiene uno senos que aunque no son grandes se ven bien, bajita y muy agradable como persona.

    Para entrar en materia, como había comentado antes, chateamos muy intermitentemente, en este momento vivimos en ciudades diferentes por lo tanto es muy difícil buscar un encuentro con ella.

    Hace varios meses se me ha ido incrementado el deseo por esta hermosa mujer, el solo chatear con ella, escucharle una nota de voz me empieza a generar cosas en el cuerpo.

    Nuestras conversaciones nunca son pasadas de tono, siempre manejando el respeto, pero últimamente con ese deseo sexual que me despierta he querido ir más allá de una forma mesurada y respetuosa, le hablo de robarle un beso y trato de enviar indirectas pero con miedo a que ella se ofusque o sienta que la estoy acosando.

    Quisiera ir más allá y saber de su vida sexual, preguntarle con cuantos hombres ha estado, que le gusta hacer en la cama, que le gusta que le hagan, que la excita, que fetiches tiene, si le gusta el sexting y muchas cosas más, hablar temas más explícitos, pero me da mucho miedo.

    Ella es una mujer que lo poco que he conocido es muy recatada, decente y eso hace que me de miedo dar el siguiente paso, además no me ha dado pie para hablar de estos temas naturalmente.

    Hace pocos días que le envié un indirectazo esperaba una respuesta que de pronto me abriera la puerta para hablar más ampliamente pero no se dio. Ese día me puse a chismosear desde otro perfil sus fotos y empecé a imaginarme muchas cosas, me imaginé con ella desnudos, me empecé a imaginar sus senos, su cola y en resumen todo su cuerpo desnudo, en diferentes situaciones, bañándose, cambiándose, masturbándose, teniendo sexo y eso me generó una gran excitación que terminó en una gran masturbación de mi parte.

    Ese día movía mi mano en mi pene totalmente erecto, primero despacio después duro mientras pasaban imágenes de Andrea por mi cabeza, fueron más o menos 10 minutos imaginando como se vería de linda desnuda, besando sus labios, chupando sus pezones, tocando su vagina mojada, penetrándola en 4 y haciéndome un delicioso oral, como siempre logré llegar a ese clímax derramando semen sobre mi mano.

    Desearía mucho que ella algún día me diera esa oportunidad de hablar con más amplitud de esos temas, tener conversaciones más calientes, por qué no enviarnos fotos, verla desnuda y por qué no tener sexo con ella.

    No sé qué opinen pero ojalá alguien tenga un consejo para poder lograr ese deseo tan anhelado de cumplir mi fantasía con esta hermosa amiga que tengo.

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  • Iniciación en el mundo lésbico

    Iniciación en el mundo lésbico

    —¿Así que eres reportera de “Vergara Mundi”?

    Marcela, ahora conocida mundialmente como “Marchu” me ofreció delicadamente una taza de café vienes, mientras cruzaba sus hermosas piernas para que pudiera ver sus muslos, de sus labios carnosos se desprendió una ligera sonrisa de complicidad.

    —Bueno, no exactamente —conteste nerviosa, al instante de que sentía sus dedos acariciando los míos al tomar el plato de porcelana que me ofrecía.— Soy estudiante y hago mi tesis apoyando a la editora de “Vergara”.

    —Ah, supongo que has oído hablar de mi obra.

    —Claro —Conteste rápidamente, ya que en este tema me sentía más segura.— Sus trabajos son excepcionales, aunque algunos críticos la califican de exagerada.

    —Querida, eres muy joven —Marcela deslizó su mano por debajo de mi blusa y empezó a acariciar mis senos con la punta de sus uñas.— Ay tantas cosas por conocer. Supongo que conoces la obra de Vergonio.

    —Si, claro, se le considera el iniciador de la doctrina.

    —Vamos, niña, relájate un poco —dijo riendo Marcela— Vergonio no es mas que un cobarde que no se atrevió a descubrir al mundo… ciertas cosas.

    Ahora sentía los dedos de Marcela juguetear libremente sobre mis pezones que –claro– respondían en forma casi inmediata a sus caricias. Delicadamente abrió su pequeña cartera y sacó una agenda con fotografías que fue mostrándome una por una. Cada imagen me dejaba helada, extasiada, me olvide de la pequeña taza de café vienes que me había servido y solamente tenía ojos para esas fotografías.

    —¿Son reales? Es decir, ¿existe algún truco?

    —No, claro que no, soy una artista, ¿te parecen exageradas?

    En la mayoría de las fotos se encontraba ella, ¡pero que situaciones! Marcela tragoneando la punta de un pene que podría pesar cinco kilos, Marcela deslizando por su culo un falo de más de 30 centímetros de largo, y más grueso que mi brazo, Marcela chupeteando unas bolas tan grandes que una sola no entraba en su boca…

    —¡Cielos!, es decir, no sé qué decir…

    —Todas son reales, querida. Ups, mira esta, la llamo “La Verga”, ¿te gusta?

    Por un momento sonreí, ¡claro que me gustaba!, pero lo que provoco mi sonrisa fue el sonido, tan maravilloso, tan especial, como un pequeño motor acelerado listo para entrar y salir por mi vagina con un ritmo desenfrenado, un pistón súper potente…

    Marcela me sonrío, y sacó de su bolso un hermoso dildo negro, lleno de venas, con todo y bolas, Cielos, debía de medir al menos unos 20 centímetros, con la mano no podía abarcar su diámetro y su textura era súper suave y a la vez maravillosamente firme.

    —Repite conmigo.

    Marcela empezó a pasar este dildo por mis labios obligándome con una suave presión a entreabrirlos, mientras que con la otra mano masajeaba suave pero firmemente los labios de mi vagina, obligándome a separar las piernas lentamente.

    —Repite conmigo, verga, verga, verga…

    Cielos, empecé a abrir un poco mas la boca y de manera totalmente inconsciente mi lengua recorría la punta de esa gran pija de suave látex, mientras susurraba entrecerrando los ojos esa maravillosa frase: —verga, verga, verga…

    —¡Vamos! ¡Pero si eres una putita maravillosa!

    Exclamó Marcela cuando me vio cerrar los ojos y sintió en sus dedos la humedad exagerada que brotaba de mi vagina.

    —Ahora trata, tan solo un poco de meterlo en tu boquita, inténtalo.

    Cuando escuche eso, estuve a punto de levantarme de la mesa, lo que me pedía me parecía imposible, apenas si podía cubrir la punta de esa pija con mis labios y ella me pedía que me la metiera en la boca, ¡imposible!

    —No sé si pueda.

    Alcancé a balbucear, mientras mi lengua, como un ser independiente a mi conciencia, giraba frenéticamente por toda la punta de ese magnífico dildo.

    —Te voy a ayudar.

    Con un tono divino, Marcela me quito de los labios esa magnífica pija y tomando mi rodilla, hizo que separara aún más mis piernas hasta dejar los muslos en cada lado de la silla, como si estuviese montando un gran corcel.

    Entonces colocó esa preciosa, grande, gigante, gruesa, tibia, suave y dura pija en la entrada de mi vagina empapada y empezó a empujarla con suave firmeza, como nunca lo hubiese yo imaginado.

    —Cielos, no voy a poder.

    Exclamé mordiéndome el puño de la mano en espera de un gran dolor…

    Pero increíblemente la punta de esa maravilla se deslizó en mi vagina como si fuese un guante hecho a la medida. Marcela lo giraba y lo retiraba casi en su totalidad para volver a empujarlo cada vez un poco mas adentro…

    —Uffff, uffff, uff.

    En cada arremetida mis muslos se separaban un poco más, pero mis nalgas y mi culo se apretaban tratando de mantener dentro de mi cuerpo esa monstruosidad. Marcela lo movía cada vez un poco mas rápido, aprovechando la excesiva lubricación de mi vagina sobre todo el dildo.

    —Ven, acércate a mí, pequeña. No digas uffff.

    Me tomó del cuello y me incliné hacia ella hasta apoyar mi frente en sus hombros, mis manos sujetaban rabiosamente la mesa y todo mi cuerpo se tensaba tratando de alcanzar un súper orgasmo.

    — Dilo, di ese nombre que tanto te gusta.

    Marcela me susurraba estas palabras una y otra vez al oído, mientras yo empezaba a sentir como un sueño las bolas de ese dildo ya pegadas a mi cuerpo y la mano de Marcela moviéndolo y girándolo maravillosamente rápido.

    — Verga, verga, verga, verga…

    —¿Vamos, putita, acaso no lo puedes tragar todo ahora?

    Marcela empujaba y arremetía con su mano esa pija maravillosa y yo podía sentir como su brazo ejercía presión para poder empujarlo hasta adentro, las bolas chocaban con mis nalgas haciendo un profundo sonido de “plosh”, “plash”, mi culito se encontraba empapado de mis propios jugos y yo repetía como hipnotizada en cada arremetida:

    —verga, verga, verga…

    Entonces Marcela retiro de mi vagina ese monstruoso pero delicioso dildo, el cual al salir goteaba escandalosamente mis jugos y lo llevó directamente a mi boquita, embarrando todo lo largo del dildo en mi carita, haciendo que lo cubriese de besos y lamidas a todo lo largo.

    Abrí la boca… y no sé cómo, aún ahora cuando veo este dildo en el cajón de la mesa de noche de Marcela, no puedo explicarme como lo logré, pero en aquella ocasión, mientras me venía como una perra puta, me trague todo esa pija, hasta sentir sus bolas pegando en mi barbilla, sintiendo momentos de asfixia que Marcela me ha ayudado a controlar, con las pantys mojadas y el vestido completamente empapado y arrugado de mis propios jugos, mientras Marcela repetía como una letanía maravillosa a mi oído, abrazándome y sujetándome para controlar mejor mi orgasmo, repitiendo una y otra vez esta palabra increíble para ambas:

    —verga, verga, verga…

    Esa noche dormimos abrazadas y desde entonces no nos hemos separado.

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  • Dominado por mis compañeras de piso (2)

    Dominado por mis compañeras de piso (2)

    A las 9 del domingo me despertó Ana de un golpe en los huevos. A continuación, empezó a tocarme todo el cuerpo viendo el resultado de la depilación. Sin decir nada me dio un beso en los labios, que me dejo perplejo. A continuación, me cogió de la oreja y me llevo hasta el cuarto de Vane. Me dijo al oído que la despertara chupándole el coño. Vane dormía plácidamente solo con unas braguitas, así que empecé a lamerla por encima de la braga para no despertarla al sacársela, tal como me había dicho Ana. Vane se empezó a despertar extrañada pero feliz, después de 4 minutos me ordeno que le bajara la braga y aumentara los lametones.

    Ana mientras desde detrás nos miraba. Vane empezó a gritar de una manera animal mientras me sujetaba de los pelos. En un instante note que Ana empezaba a acariciarme la espalda y el culo, lo que me produjo una sensación placentera. Se entretuvo un rato tocando mi ojete del culo, y sin ningún tipo de advertencia, Vane me cogió más fuerte del pelo y Ana me metió algo húmedo y largo de un golpe por el culo. Por la sorpresa me tire para arriba, pero Vane me sujetaba bien de los pelos y apretó aún más mi cabeza contra su coño. No me dolió mucho porque era delgadito y estaba muy bien lubricado. Ana me dio dos palmadas en el culo que me lo puso rojo para que siguiera con la faena que estaba.

    Ana empezó a meter y a sacar el vibrador de una forma muy suave y a la vez a acariciarme la poya. Y esta empezó a crecer, porque entre la comida de coño que le estaba haciendo a Vane, sus gritos, su olor, el placer extraño que me producía el vibrador en el culo, el increíble masaje que me daba Ana en la polla y las palabras obscenas que me susurraba al oído, mi excitación estaba por las nubes.

    Ana siguió con su masaje cada vez con más fuerza a la vez que encendió el vibrador. Un cúmulo de sensaciones circulaban por mi cuerpo y en el instante en que a Vane le llego el orgasmo, Ana me dio una sacudida en la polla a la vez que me metía el consolador de un golpe y me corrí en un éxtasis próximo al desmayo.

    Me quede tirado sobre el cuerpo de Vane, que también lo estaba, mientras me acariciaba el pelo y Ana me tocaba dulcemente el culo. A los 2 minutos Ana me dio una palmada en el culo y me dijo que recogiera con la lengua el abundante semen que había echado por las sábanas.

    Vane se fue a la ducha y Ana se tumbó y me ordeno lamerla de arriba abajo, y lo hice como nunca he hecho nada en mi vida. Le provoqué 3 orgasmos en algo más de 30 minutos. Vane salió de la ducha y se quedó mirándonos. Cuando Ana ya no podía más me cogió la cabeza y me dio un beso en los labios y un pequeño azote en el culo. Yo estaba medio muerto y aun no era ni la hora de comer.

    Mientras descansábamos un rato los tres desnudos sobre la cama, Ana me pregunto que como estaba yendo el fin de semana. Yo con una sonrisa de oreja a oreja le dije que “Increíble”. Me dio una palmadita en el culo y me mando a hacer la comida, eso si, con las bragas que había llevado puestas toda la noche Vane. Mi sorpresa llego cuando ella cogió mi plato y me lo puso en el suelo, y mientras me cogía del cuello me dijo “Las perritas comen en el suelo”. Yo me quedé helado, pero me puse a cuatro patas y me puse a comer los macarrones como un perro.

    Después nos fuimos a la cama y ambas se pusieron de espaldas y me ordenaron darles un masaje. Yo estaba que moría otra vez, tocando aquellos maravillosos cuerpos. Vane se quedó dormida, porque estaba extasiada, pero a Ana no había forma de que se le acabaran las ganas.

    Para no despertar a Vane nos fuimos a su cuarto y me tuvo lamiéndole los pies hasta que me dolía la boca, entonces me dijo que tenía ganas de verme disfrutar de verdad, me tiro en la cama y se sentó sobre mi polla totalmente erecta. Lo hizo de forma lenta, porque yo le había dicho el día anterior que era virgen. Creo que fue una de las sensaciones más increíbles de mi vida, ella cabalgando sobre mí, estaba viendo una diosa montada sobre mí. Pero de repente se levantó y dándome un golpe mano abierta en los huevos se fue. Yo me quede muerto, y le dije que volviera.

    Ella se rio y me dijo que se lo pidiera como era debido. Yo me puse de rodillas y le pedí que follara conmigo. Ella me dio una bofetada y me dijo que lo pidiera como debía. Así que le dije que por favor me diera el honorable honor de hacerle el amor y que sería su más ferviente esclavo para toda la vida. Ella sonrió y me dio un beso en la boca, eso produjo que mi polla saltara como un resorte. Me volvió a tirar sobre la cama y acabamos en un orgasmo monumental. Vane nos miraba desde la puerta con unos ojos de lujuria que nunca había visto. Tras acabar Ana se sentó sobre mi cara y obligo a limpiarle la mezcla de sus jugos y los míos. Cuando ya me empezaba a animar, me dijo que solo limpiara, que por ahora ya valía.

    Vane me cogió y me llevo hasta el sofá, me puso sobre sus muslos y me empezó a dar azotes mientras me decía que había sido muy mala. Su idea era buena, pero mi polla ya no podía más. Al rato vino Ana me tiro de una patada al suelo y me dijo que me pusiera en el suelo de alfombra. Vane aprovecho para que le lamiera los pies, mientras Ana jugueteaba con mis pezones y mis huevos. Volví a tener una erección que Ana intento bajarme a golpecitos en los huevos, pero eso ahora hasta conseguía que me excitara más. No sé como pero había conseguido que me excitara cuando ella me diera de esa forma.

    Vane le dijo a Ana que ya tenía ganas de perder la virginidad, así que nos fuimos a su cama, y tras estar chupándole tetas y coño durante más de 15 minutos y que tuviera unos orgasmos. Ana me coloco la polla sobre el coño de Vane y de una fuerte patada me empujo hacia Vane. Esta pego un grito cuando todo mi pene le penetro y le rompió el himen. Suerte que estaba muy lubricada y Ana me había puesto gel lubricante. Ana no me dejo sacar la polla y me obligo a follarla hasta acabar dentro.

    Saque la polla con restos de sangre, semen y fluidos, y ahí fue donde Ana me volvió a dejar otra vez de piedra. Tras limpiarme muy suavemente la polla me tumbo sobre la cama e hizo que Vane se sentara sobre mi cara para limpiarla. Me entraron unas ganas terribles de vomitar, pero los pellizcos que Ana me daba por las piernas me devolvían a la realidad. Vane se tiró sobre la cama y con una patada me tiró al suelo y me mando fuera.

    Nos pusimos a ver la tele mientras le masajeaba los pies a Ana. Durante todo el rato me decía que había estado increíble, que sería su esclavo amante, y otras cosas parecidas.

    Yo súper cansado recibía aquellos halagos sin darme cuenta que lo que hacía era minar mi voluntad.

    Por la noche me prometió que un día de estos iba a recibir una mamada y una cubana. Y eso hizo que automáticamente mi polla volviera a levantarse. Vane se rio y Ana de un golpe en los huevos consiguió que se me pusiera dura. Ella sonrió y yo alucinaba. Un solo golpe de ella y ya estaba totalmente empalmado. Vane se me pidió para pasar la noche, pero Ana le dijo que era el perrito de las dos. Vane era más adicta al sexo de lo que hubiéramos podido imaginar y Ana lo noto.

    Fuimos al cuarto y Ana mi hizo lamerlas a ambas para calentarlas, aunque no hacía falta la verdad. Vane me tumbo y se sentó sobre mí, Ana me hizo señas para que la acercara para chuparle las tetas, a lo que Vane respondió encantada. Ana le metió de un golpe por el culo el mismo consolador que me había metido a mí. Vane pego un grito increíble, pero estaba demasiado excitada para protestar, Ana lo encendió y se sentó sobre mi cara para disfrutar de una buena comida de coño. Vane termino en un orgasmo brutal e intercambio posiciones con Ana, que se sentaba sobre mi polla como si fuera de plástico, llegue a pensar que me la arrancaba.

    Cuando me iba a correr avise a ambas y Ana me cogió los pezones y me los retorció hasta que ella considero que mi erección no era tanta. Y siguió cabalgándome. Esto lo repitió dos veces más, yo estaba que me moría. Hasta que por fin me golpeo suavemente los testículos y consiguió la máxima erección de mi polla y me permitió acabar. Con la mano limpio mi polla y la llevo hasta mi boca y después me hizo limpiarle el coño. El sabor del semen ya no me desagradaba. Dormimos casi toda la noche.

    El lunes de madrugada Vane se presentó en mi cama totalmente desnuda y se sentó sobre mi cara dormida. Me estiro de las orejas y me mando empezar a chupar su coño. Empecé medio dormido, pero con dos estirones en mis pezones consiguió que me despertara del todo. Tras un rato Vane empezó a llegar al orgasmo y chillo como una loca. Cuando Vane se levantó de mi cara y se tumbó a mi lado, vimos que Ana nos miraba desde la puerta con una gran sonrisa.

    Se acercó a mí como si me fuera a besar y me dio un bofetón de campeonato. Me quede alucinado y Vane también. Ana me grito que porque no la había despertado lamiéndola. Y sin dejarme responde me dio otra bofetada. Yo aun alucinado no entendía nada, me cogió de la polla que estaba casi empalmada y me arrastro hasta la bañera, me hizo tumbarme sobre la fría piedra y mi erección desapareció.

    Me mando lamerle los pies y después se sentó sobre mi cara. Yo lamía como un loco, y ella empezó a darme golpecitos en los huevos. Sabía que ese era mi punto débil. Estaba disfrutando chupando su coño, cuando de repente sus jugos empezaron a manar de una forma descontrolada. Yo chupaba y tragaba, hasta que me di cuenta que no eran flujos vaginales, sino orina. La muy zorra se me estaba meando en la boca y yo bebiendo su meada. Cuando ella vio que yo había entendió lo que hacía, me dio dos golpes fuertes en los testículos lo que me produjo una sensación de placidez.

    Con 3 golpes consiguió que no protestara nada mientas me bebía toda su meada. Tras acabar me hizo limpiarla y se levantó, dejándome toda la cara meada. Se rio y llamo a Vane para que viera lo que acaba de hacer. Yo aún estaba alucinando. Ana cogió a Vane y la metió en la bañera y le hizo mearse sobre todo mi cuerpo. Mi polla empezó bajarse, pero Ana con el pie me dio un golpe en los huevos que hizo que volviera en sí. Vane mientras se meaba sobre mí y parecía que estaba llegando solita al orgasmo. Tras acabar se sentó de golpe sobre mi polla y me cabalgo durante el rato que quiso hasta que ella acabo, yo aún no había eyaculado y estaba frustrado.

    Después me hizo limpiarle todo el coño y el culo. Ana me hizo poner a cuatro patas y quitando la alcachofa de la ducha me medio metió la punta de la manguera por el culo y le dio al agua. Yo notaba como mis intestinos se llenaban de agua caliente. Vane mientas me sobaba el culo, la espalda y la tripa. Llego un momento en el que me empecé a encontrar mal, ya que estaba entrando demasiada agua en mi cuerpo. Ana me quito la manguera y me metió un dedo por el culo en forma de tapón. Y empezó a jugar con mi polla y mis huevos con la otra mano. Yo me moría de gusto y dolor por el agua.

    Siguió hasta que ya estaba a punto de correrme Vane presiono fuertemente con sus manos mi tripa contra la espalda y en ese instante Ana me quito el dedo del culo y me termino la paja. Acabe en un clímax total. Echaba chorros de semen por la polla y agua con restos de mierda por el culo saliendo a presión. Debió impresionarlas mucho a ambas porque se quedaron alucinadas. Yo me quede tirado en la bañera medio muerto y lleno de meado, semen y mierda. Ana encendió la ducha y con agua fría me lavo como si fuera un perro. Me dijo que me lavara bien y luego la llamara, eso si, nada de agua caliente.

    Tras limpiarme bien Ana me dio la ropa interior de Vane del día anterior. Y me dijo que de ahora en adelante llevaría la ropa interior después de que ella la usara. Me puso el sujetador y me puso unas mandarinas en el sujetador, pero se caían, así que busco algo más parecido a las tetas de Vane y me puso dos naranjas grandes. Yo me notaba raro, pero entre la licra de la braga y los toqueteos de Ana en mis pezones, verme como una tía y ver reflejado el cuerpo de Ana mientras me arreglaba, pues mi polla volvió a encenderse y sobresalía por encima de la goma de la braga. A Ana esto ahora no le hizo ninguna gracia.

    Y me dio un pizco en cada pezón, pero no se me bajaba. Me empezaba a gustar aquella sensación de dolor. Ana vio que no pasaba nada y me golpeo con la rodilla en los huevos y poya. Me caí al suelo redondo y por supuesto mi erección desapareció. Ana complacida me dio una patada en el estómago y me dijo que eso estaba mejor. Y que me pusiera a cuatro patas que no tenía ganas de andar.

    Se sentó sobre mí y me hizo llevarla al cuarto de Vane a caballito. Vane estaba tirada viendo la tele y se empezó a reír cuando nos vio llegar. Le grito a Ana que le faltaba la fusta y le dio una regla. Ana me empezó pegar fustazos con la regla en el culo. Al rato se subió Vane y me desplome sobre el suelo y me desmaye. Habían sido demasiadas sensaciones en tan poco rato.

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  • ¡Qué vacaciones! (3 – final)

    ¡Qué vacaciones! (3 – final)

    Tal y como habíamos acabado no estábamos para muchos trotes, así que nos dimos un pequeño baño en la piscina, de lo más pueril, y nos pusimos a tomar el sol, las niñas se pusieron a hacer top less y se dieron cremita mutuamente en los pechos, que en seguida denotaron excitación a la vista de los pezones. Seguimos un rato más medio adormilados cuando nos despertó la voz de la animadora del hotel que pedía un poco de ayudar para hacer el Gaita en la piscina, en el mini golf y por la tarde en las pistas de tenis y baloncesto.

    Se nos acercó para invitarnos a las actividades.

    ―Hola, soy Vanesa, soy la animadora del hotel, ¿de dónde sois? —y siguió con la retahíla típica.

    Juan y yo nos presentamos y nos hicimos los graciosillos con las cosas que nos comentaba, vamos, le metimos un poquito de caña, ante las miradas de nuestras mujeres, que contenían las risas, y para despedirse nos dijo:

    ―Si os puedo ayudar en algo, ya sabéis.

    Aquí fue cuando la interrumpieron las niñas, y parecía que la estaban esperando.

    ―Perdona, Vanesa, —comentó Sylvia— pero necesitamos alguna cosilla que no se si vamos a ser capaces de conseguir.

    La cara de Vanesa era un poema, en un principio pensó que queríamos coca, éxtasis o algo así, aunque ella fue algo más suave.

    ―Mira, es que hemos venido con muchas ganas de hacer otros tipos de deporte, no sé si me entiendes, y parece que nuestros maridos están algo desentrenados.

    Ahora la cara simplemente se le sonrojó, pero ya estaba más tranquila.

    ―Vamos que necesitan vitaminas, tu no sabrás por aquí si podemos conseguir Viagra, ¿verdad?

    ―Uy, que apuro, —contestó Vanesa— no os preocupéis, esto ya nos ha pasado antes, si bien que con personas algo mayores —Comentó con una cara de ironía increíble—. Se os pueden conseguir, pero son algo carillas, y creo que en chicos jóvenes hay que tener cuidado, que os podéis pasar todo el día alerta, ¿eh?

    ―Eso es lo que andamos buscando, disponibilidad 24 horas, tú nos entiendes Vanesa, —concluyó Lucía.

    ―Pues pasaros esta tarde por la pista de básquet y os las doy, y de paso echáis unos tiritos.

    La verdad es que no costó mucho hacer contactos en el hotel, después de esto se nos vino la hora de la comida encima, nos fuimos a nuestras habitaciones, nos duchamos, vestimos y fuimos al comedor, que tenía un Buffet de ensueño, nos pusimos hasta arriba de todo, con lo que al terminar de comer no teníamos ganas más que de echarnos una siesta, y así lo hicimos, aunque Sylvia propuso que fuéramos a nuestro cuarto por si alguien quería hacer uso del jacuzzi.

    Así fue, nos metimos en nuestra habitación, y nada más entrar, como si fuéramos un ballet, empezamos a quitarnos la ropa todos, para estar más cómodos, encendimos la tele y nos empezamos a acomodar por la cama, Juan se quedó completamente en pelotas, y yo no fui menos, Sylvia se quedó con unas braguitas tipo slip en color negro y Lucía con un tanguita blanco, nos acomodamos en la cama, y Lucía se fue al baño, nos quedamos en la cama Sylvia Juan y yo, ella nos agarró las poyas y empezó un suave masaje que de repente paró, se quedó dormida con nuestros cipotes en sus manos, Juan y yo nos miramos y también quedamos dormidos.

    Como al cabo de una hora noté como mi polla crecía, pensé que era un sueño, pero era demasiado real, efectivamente Sylvia había despertado y continuaba con la labor que había empezado, mientras tanto Lucía le comía el coño, por lo visto le había encantado, ya que no paraba de hacerlo casi desde que desencadenamos esta lujuria sin freno, estábamos empezando otra vez cuando sonó el teléfono de la habitación, llamaban de recepción para recordarnos la partida de baloncesto, las niñas saltaron como un resorte diciendo que teníamos que ir por las vitaminas.

    Así que nos pusimos todos un poco deportivos y nos fuimos a las canastas, allí estaba Vanesa esperando, con un pelota y dos tíos más con otra chica, los tres tenía pinta de hacer deporte, y según nos comentaron es que jugaban frecuentemente al baloncesto, Juan y yo jugamos a todo, y las niñas son algo más sedentarias, pero en el instituto jugaron al baloncesto, ahora sólo hacía jogging, step y esas cosas. Empezamos a charlar, Vanesa nos dijo que ya tenía nuestras vitaminas a lo que uno de los chavales, José se llamaba dijo:

    ―¿No jugareis dopados?

    Todos nos reímos y para disimular dijimos de jugar un cuatro contra cuatro, sorteamos los equipos y a mi tocó con el tal José, con Lucía y con Sylvia. Vicente, que es como se llamaba el otro chaval nos dijo que para que fuera entretenido hay que esforzarse un poco, y querer ganar, que si no nos íbamos a aburrir en cinco minutos, y así empezamos.

    Efectivamente era divertido lo del esfuerzo, entre bloqueos y rebotes y defensa, podías tocar carne fresca con permiso, Vanesa estaba impresionante, tenía un culito duro impresionante, y Amalia, la otra muchacha, unas tetas pequeñitas pero con unos pezones grandes, lo digo porque se le marcaron con el sudor de la camiseta, a través del top deportivo que llevaba, Juan no podía tocar nuevos cuerpos pero lo llevaba bien con su mujer y la mía, imagino que los otros pensarían raro, pero que les dieran por allí mismo.

    Acabamos sudando como pollos, y Vanesa nos dijo:

    ―Ahora para terminar de quemar los excesos del verano, ¿que? ¿Nos damos una sauna? Ya ha pasado la hora del Spa, pero pueden pasar los de las actividades extras, si os apetece, yo voy todas las tardes, y no hay nada más tranquilo.

    No hizo falta ni decir que sí, los siete como hipnotizados por la simpatía de Vanesa, morena, ojos azules, 1,60/1,65, buenas curvas sin ser exageradas, la seguimos casi en silencio por los pasillos del bajo del hotel, ella iba abriendo puertas y nosotros mientras callados como si fuéramos a robar, cuando abrió la sala de la sauna y entramos volvió a echar la llave y accionó las luces, eran algo tenues, había un par de piscinas de burbujas muy grandes, y otro pasillo que nos llevó a una pequeña sala con perchas y toallas, una vez allí los siete, Vanesa se empezó a quitar la ropa y se tapó con una toalla, todos las imitamos, y con nuestras toallas terminamos de acompañarla a la sauna, abrió, subió la temperatura, accionó el temporizador y se adentró con nosotros,

    ―Ahora a relajarse, —dijo Vanesa mientras se soltaba la toalla y se recostaba sobre las maderas de la sauna.

    Tenía unos pechos perfectos, como pequeñas manzanas, desafiaban la ley de la gravedad, con unos pezones marrones oscuros, tenía el pubis completamente rasuradito a excepción de una pequeña hilera de pelillos en el medio.

    Nos quedamos medio embobados y muy cortados mirándola, pero a nuestra mujeres no las dejaba atrás, hicieron lo mismo, apoyándose la una en la otra y recostándose en la balda que quedaba encima de Vanesa, Amalia no parecía estar en la misma onda, y se tumbó sin quitarse la toalla, sin embargo José y Vicente ya estaban desnudos y sentados, con dos tremendas pollas colgando, yo tenía un empalme del quince, pero estos dos estaban flácidos, que tíos, con el espectáculo que tenían delante, a lo mejor les iba más otra cosa, y me entraron ganas de comprobarlo.

    Me quede mirándolos de forma un poco disimulada, y me quité la toalla, dejando que vieran mi polla totalmente tiesa, me la cogí con una mano y me la toque un poco, pude ver como José le daba un pellizco en el culo a Vicente mientras decía en voz baja, aunque perfectamente claro.

    ―Aquí hay mucho vicio.

    Y acto seguido se agarraron los rabos mutuamente, mientras se empezaban a morrear, no sé si los demás pudieron verlo, Vanesa, Sylvia y Lucía seguro que no porque estaban casi en semi inconsciencia, pero Amalia y Juan seguro que si, es más, Amalia se levantó, e intentó salir, pero no podía, no se podía abrir hasta que terminara el ciclo.

    ―Perdona Vanesa, pero quiero irme ya, ¿te importa?

    ―Pero Amalia, ¿qué te pasa? —Dijo Vanesa que no se había inmutado.

    ―Que aquí hace demasiado calor, —continuó Amalia sin quitar vista del espectáculo de nuestros amigos, algo que ya comprobó Vanesa.

    ―Pero hija, si esto es muy divertido, verás que bien te lo pasas.

    ―No, Vanesa, que yo estoy de viaje de novios y paso, por favor.

    ―Hay chicos, hay que convencer a Amalia para que se quede, seguro que se lo va a pasar mejor aquí que esperando a su maridito en la habitación.

    Me levanté y me acerqué a Amalia, iba completamente desnudo y completamente empalmado, ella, sin embargo, se mantenía quieta, erguida junto a la puerta, con su toalla tapándola por completo, al llegar a su altura la cogí por la cintura y la atraje hasta mí, para que notara mi erección, ella se resistió y se soltó con rudeza, así que llamé a Juan y a nuestra mujeres y les dije que me la sujetaran, y a ella le dije:

    ―No te preocupes, no vamos a hacerte nada que te haga daño, sólo vamos a pasar un buen rato, ya verás como cuando salgas de aquí no te vas a acordar de tu marido.

    Diciéndole esto le retiré la toalla y le puse la mano entre las piernas, efectivamente no se había humedecido ni un poquito, la pobre estaba aterrada, me dio un poco de cargo de conciencia, así que rectifiqué y le dije:

    ―Mira, nosotros nos lo vamos a montar con Vanesa y creo que no estaría bien que te fueras, por el qué dirán, pero si de verdad no quieres, no te vamos a forzar, siéntate y mira, o duerme un rato, pero para Vanesa y su trabajo es mejor que te quedes con nosotros.

    ―Venga vale, pero dejarme tranquila, y no os preocupéis que no voy a contar nada.

    Seguramente al ver que no intenté utilizar la fuerza ni nada se debió tranquilizar un poco, así que cuando me quise dar cuenta Vanesa estaba chupándole la polla a Juan con la ayuda de Sylvia, mientras Lucía me estaba mirando pidiéndome guerra, me fui hacia ella y le di un morreo de impresión, a la par que la abría de piernas contra la pared de madera, la alcé un poco y la penetré sin dilación, nuestros cuerpos estaban sudorosos, y resbalan nuestras caricias.

    Aguanté el equilibrio y me fui al banco con Lucía insertada en mi nabo, me senté y ella empezó a cabalgar como una loca, desde donde estaba ya casi no podía ver, con tanto movimiento se había creado una densa nube que no permitía distinguir, sólo se oían algunos gemidos aislados, y mucho movimiento, después de un rato penetrando a Lucía noté como agarraban a Lucía por detrás, alguien le estaba sujetando las tetas, y al instante alguien detrás mía hacía lo mismo, a la par que empezó a darme pequeños mordiscos por el cuello.

    Entonces me di cuenta de que era un tío, porque noté una polla recta en mi espalda, y como está fue bajando, ya que el individuo en cuestión empezó a bajar hasta sentarse alrededor mía, y meter su polla en la ranura de mi culo, me estaba poniendo cardiaco, ni intenté separarlo, debía ser Vicente, ya que lo imaginé más pequeño por el contacto de nuestros cuerpos, eché mis manos hacia atrás y agarré fuerte su polla, haciéndole una paja en difícil situación, entonces escuché su voz que me dijo.

    ―Sigue cabrón, que buenas pajas haces, te voy a llenar el culo de leche, súbete encima, verás como disfrutas.

    Ni en las más remotas de mis fantasías había imaginado algo así, pero como un resorte me levanté con Lucía en mi polla aún y me senté sobra la polla de Vicente, que aplasté con mi culo, noté como su punta tocaba mis huevos, y me hizo enloquecer, empezó a abrirme el culo con sus manos, mientras me pasaba saliva, sudor, y otros jugos por la raja, acomodó su rabo y empezó a empujar, yo intenté hacer fuerza para que entrara del todo, pero no había forma.

    ―Me la vas partir, relájate un poquito, —Me dijo Vicente mientras me rodeaba con sus brazos y agarraba el trozo de polla que salía del coño de Lucía.

    Esto hizo que Lucía empezara a correrse de una forma bestial, se convulsionaba de manera extrema, agarrando mi polla con su coño, que se contraía y dilataba como a pequeños espasmos, después de esto se salió y vi que quien estaba de tras de ella era José, con su rabo tieso, apartó a Lucía, y alzando mis piernas por encima de sus hombros, me empezó a chupar la polla, lo hacía de escándalo, y se la metía entera en la boca, parecía que iba a comérsela, en esto Lucía había ido a avisar a Sylvia y a Vanesa, que como imaginaréis ya había dejado yo a Juan.

    Hicieron un corro alrededor mía y empezaron a besarnos a Vicente y a mí, con tanto movimiento y lengua en mis bajos la polla de Vicente ya estaba casi completamente dentro, me agarró fuerte y zas, hasta la bola, me entró entera, noté un calor y un placer extremos, y más cuando Vicente vació su polla en mi culo, lo que me hizo explotar en la cara de José, que se levantó, y dándome un morreo junto con mi mujer me dijo:

    ―Vaya, vaya como son los hombres de hoy en día.

    Así que sonó el final de las calderas y la densidad fue desapareciendo, Juan estaba exhausto, recostado sobre las maderas, con su polla flácida, Lucía estaba sentada en el suelo a mis pies, acariciándome los pectorales, José se estaba limpiando con una toalla, Vicente se retiraba de mi culo y Sylvia y Vanesa se morreaban dulcemente mientras se acercaron a Amalia, que seguía envuelta con la toalla, se levantó me dio un beso en la mejilla y acarició mi rabo y dijo:

    ―Muchas gracias por el espectáculo y por la comprensión, perdonar que no haya participado.

    Nuestros horizontes sexuales en el hotel no habían hecho más que empezar.

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