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  • Emilia (3 – final)

    Emilia (3 – final)

    Estuve esperando el llamado hasta el miércoles, el jueves desesperé y ya tarde-noche la llamé.

    -Estoy desesperado esperando tu llamada, ¿Qué pasa?

    -Perdona, no pude llamarte. Lo que pasó es que los chicos no tuvieron clases esta semana, te iba a llamar mañana, este fin de semana los dejo con su abuela, (la mamá de su ex) y voy para tu casa ¿Te parece?

    -Sí, sí, voy estar ansioso esperándote. El olor de las bikini ya no me calma, necesito jugo de concha.

    -Jajaja, sos un guacho, ¿Quieres más concha?

    -Sííí, quiero meterle toda la lengua y chuparle el clítoris y tomarme todo el jugo cuando te acabes en mi boca.

    -¡Ya estoy mojada! Te llamo.

    El sábado a la tarde, atiendo el celular, era ella para avisar que ya venía. Yo había limpiado la casa y ordenado todo, especialmente el dormitorio, donde pensaba pasar la mayor parte de la noche. Oí el ruido de un auto, miré por la ventana era ella bajando de un taxi, camino hacia la puerta de casa. ¡Era algo digno de ver! La típica morocha argentina, estatura media, rellenita sin grasa. El vestido bamboleaba al ritmo de sus caderas. El taxista se quedó unos segundos mirándole el culo. Es que es un ¡Hermoso culo! Y yo me lo quiero comer.

    La recibí en la puerta con un piquito en los labios y un:

    -Hola.

    -¿ese es todo tu saludo? ¡Yo esperaba algo más efusivo!

    -¡Perdón! Pensé que era más atrevido te enojarías. ¡Sí por mi fuera te como a besos!

    -¡Bueno, es lo que esperaba!

    No espere más la atraje hacia mí y metí la lengua en su boca, buscando la suya. Mientras le masajeaba las nalgas.

    -Tengo mucho miedo, Emi. Le dije al oído.

    -De qué tienes miedo, “viejo”.

    -De enamorarme de vos y que lo tuyo solo es un calentura.

    -Pero, yo soy viejo y te voy a servir poco tiempo y vos necesitas una pija joven para estar satisfecha.

    -yo te voy a dar concha toda la vida, con tus dedos y tu lengua me alcanza.

    -¿Lengua en tu conchita?

    -Sí, me dijiste que la querías chupar, ¿O no?

    -Te voy hacer acabar, como nunca. Vamos a la cama.

    Tomándola de la cintura y cubriéndola de besos la lleve hacia el dormitorio, antes de llegar entro al baño. Fui al dormitorio me desnude y la espere solo con el calzoncillo puesto, me palpitaba el corazón y la pija de solo pensar, que se iba a cumplir el sueño de comerle la concha.

    Entro al dormitorio con el vestido en la mano, lo dobló en el espaldar de una silla, enfilo hacia la cama. Resaltaba el conjunto interior blanco en su piel aceituna. No me lo podía creer que tuviera en mi cama una mujer mucho más joven, que yo y hermosa. Subió a la cama, acostándose a mí lado, ofreciendo su boca, le chupe los labios y busque su lengua, se enredaron nuestras lenguas, mientras su mano buscaba mi pija. No me pajees porque me acabo. Le dije.

    -Tarda mucho en pararse de nuevo y quiero acabar chupándote la concha. Cuando yo te diga, vos aprieta fuerte para cortar la acabada.

    -Dale juguemos, méteme los dedos que me gusta.

    Estuvimos así un tiempo bastante largo para mí, yo estaba ansioso por meter lengua esa cavidad suave, que se mojaba con mis dedos. Ella ya había acabado varias veces, mi mano estaba mojada con un líquido, apenas viscoso, que largaba su vagina.

    -¡Oye Emi, no doy! quiero lamer tu conchita y chuparte ese botoncito que se agranda cuando lo toco.

    -Bueno, mi amor ¿Cómo quieres hacerlo?

    -Quiero que desnudes toda y que te pongas estilo “perrita” y abras las nalgas yo te chupo de atrás.

    Se en cuatro patas y pregunto ¿Así? Le vi la concha soñada, me pareció ver una rara orquídea con los bordes oscuros y el centro, donde iba a meter mi lengua, de un rosado viejo. Agarrándola de las nalgas le avisé.

    -¡Te voy a comer toda! Avisa cuando te canses cambiamos y hacemos un sesenta y nueve.

    Comencé suave, pasando mi lengua de abajo a arriba, cuando volvía me detenía unos segundos en el botón dorado, ella gemía suavemente y a veces se sacudía y empujaba su culo para que le enterrara la lengua en la concha, cada vez más mojada. Apure los movimientos de mí lengua rozando más el clítoris. Sacudió su cuerpo y con un gemido fuerte, lanzó líquido como si se orinaba, pero no era orín. Aproveche el momento junte en mi boca un poco de jugo y lo escupí en el orificio marrón de su culo y metí la lengua todo lo más que pude, cogiéndole el culo.

    -¡Ay que me haces, me volvés loca con tu lengua! ¡Me acabo de nuevo!

    No pude contener y acabé sin más.

    Se tiro sobre la cama y lo mismo hice yo. Quedamos de costado mirándonos. Ella tomo mi cara con las manos y besándome, dijo muy bajito.

    -Mi amor, eres más de lo que yo creía, me has hecho gozar como nadie ¡Estoy loca por vos! Hacemos una pausa, me quiero bañar y después seguimos ¿SÍ?

    No pude oponerme, sentía mi lengua hinchada y tenía toda la cara mojada de sus jugos. No fuimos al baño, contentos y felices, no enjabonamos besándonos bajo la ducha. Salimos del baño solo envueltos en una toalla cada uno.

    -Comemos algo ¿Te parece?

    -Lo que tú digas, amor.

    Me dijo apoyando su cabeza en mi hombro. Cenamos como una pareja feliz, después nos fuimos a la cama, donde hicimos el 69 y me dejo cogerla estilo perrito.

    Fin

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  • Tinto de verano

    Tinto de verano

    El calor agobiante de la mañana dominical en la hacienda familiar de Afrodita era casi tangible, un manto pesado que envolvía cada rincón del lugar. El aire olía a tierra seca, a hierba quemada por el sol, y a ese aroma dulzón de los frutales maduros que rodeaban la casa principal. Afrodita, vestida con un suéter ligero y una falda holgada, trabajaba recogiendo leña bajo la sombra de los árboles, imaginando escenarios prohibidos. Fantaseaba con un hombre libertino, uno lo suficientemente audaz como para tomarla por la fuerza, arrancarle la ropa y devorarla sin remordimientos. No quería solo sexo; anhelaba la perversión, la entrega absoluta a un juego donde las reglas las pusiera él.

    Ares, invitado a la fiesta de la noche anterior, la observaba desde la distancia. La casa de huéspedes, separada de la vivienda principal por un sendero bordado de “bougainvillea”, le ofrecía el escondite perfecto para estudiar cada uno de sus movimientos. La vio agacharse, el suéter levantándose por un instante cuando una rama le rozó el seno, revelando la piel dorada por el sol y la ausencia de sostén. Él conocía demasiado bien esa mirada suya, esa tensión en su mandíbula que delataba sus pensamientos lascivos.

    Sus ojos se encontraron, y en ese cruce de miradas hubo un pacto tácito.

    De la noche anterior había sobrado alcohol, y Afrodita le ofreció un trago con una sonrisa que era pura provocación. Él bebió con avidez, dejando que un hilo del líquido se derramara sobre su pecho, como una invitación. Antes de que ella pudiera reaccionar, la alzó en sus brazos con una fuerza que la hizo contener el aliento. La llevó a una construcción rústica en medio del jardín, rodeada de enredaderas y con un techo translúcido que filtraba la luz del amanecer en rayos dorados.

    El interior era pequeño pero encantador: paredes de piedra cubiertas de musgo, macetas con hierbas aromáticas que perfumaban el aire, y una ducha antigua de que brillaba bajo el sol. Afrodita apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando él, aun sosteniéndola como un trofeo sobre su hombro, con gesto de pillo, le levantó la falda. Algo brilló entre sus piernas, a través de una lencería traslucida color piel que apenas cumplía su función. Con un movimiento brusco, él rompió el pantie, haciendo que el elástico le azotara la piel.

    —Filho da puta —maldijo ella en portugués, más por el ardor del golpe que por verdadera indignación.

    Él la giró hacia el espejo, donde su reflejo mostraba un detalle inesperado: incrustado en ella, un juguete que semejaba una joyería se asomaba entre sus nalgas, brillando como una gema robada. Con un gesto dominante, lo extrajo, lo escupió y tiró en el lavabo dejándolo rodar con desdén.

    —¿Что еще ты сппрятиваешь, киса? —preguntó él, mientras sus manos exploraban su cuerpo con una mezcla de crudeza y fascinación.

    El aire se espesó con el olor a sexo, a piel caliente y a deseo contenido. Él la nalgueó una y otra vez, marcándola con sus dedos, antes de obligarla a arrodillarse frente a la ducha. El chorro de agua que brotó era fino pero implacable, y él jugó con eso, dirigiendo el flujo hacia su boca entreabierta antes de introducir su miembro entre sus labios. Afrodita ahogó un gemido cuando el agua se mezcló con el sabor salado de su piel, creando una sensación que era tanto placer como tortura.

    La lavadora antigua, apoyada contra la pared, se convirtió en su altar. Él muy caballerosamente la tendió sobre ella, lamiendo cada gota de agua que resbalaba por su cuerpo, deteniéndose en los pliegues más íntimos, donde el aroma a jabón y a su excitación formaban un dulce cóctel embriagador.

    —Выпей меня (Bébeme)—suplicó ella en ruso, arqueándose cuando sus dedos la penetraron con fuerza por ambos orificios.

    El primer orgasmo la sacudió como una descarga eléctrica, dejándola temblorosa y hambrienta de más. Cuando por fin se besaron, el sabor a tinto de verano —dulce, ácido, embriagador— se mezcló en sus bocas.

    Extra:

    Gracias a que el lugar en donde se encontraban aún estaba en construcción y que su lejanía se mezclaba con estar escondido entre la vegetación, era el refugio perfecto dónde nadie los encontraría. Por lo que, Afrodita aprovechó la privacidad para explorar cada centímetro de su propio cuerpo frente a él excitándose de ver sus movimientos resbaladizos reflejados en el espejo, cuya anticipación convertía cada caricia en una promesa.

    —Кончи мне в грудь (córrete en mis senos)—ordenó ella, al ver que ya él no era capaz de contenerse más.

    Mirando cómo Ares perdía el control, lo escuchó por primera vez maldecirla en ruso y aunque ella no entendía todo lo que él le decía, nuevamente se le erizaba la piel de verlo tan vulnerable.

    El sabor de Ares fue una revelación para ella, y cuando se besaron de nuevo, supo que esta fantasía solo era el principio. Porque para Afrodita, el sexo era más vital que el aire, y hoy, bajo el sol de la mañana, había saciado su hambre… por ahora.

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  • El veterinario

    El veterinario

    Me pasó está semana. Jueves a la tarde, cielo gris, Clay vomitando desde la noche anterior y yo con la remera más fea de mi ropero. Ni me peiné y ni me fijé en las ojeras que tenía.

    Me pedí un Uber e iba puteando por lo bajo y rogando que el gato no me vomitara en el camino.

    Llegué a un consultorio limpio, olía a lavanda y a desinfectante caro. El tipo todavía no salía. Mi hermana me dijo que ya había llevado al michi ahí.

    Cuando salió, supe que estaba al horno. Aníbal. Brazos firmes, pelo algo despeinado, guantes puestos. Fachero sin buscarlo. Me sonrió y me pidió que pusiera a Clay en la camilla. Asentí sin poder sacarle los ojos de encima

    Lo revisó con una dulzura que me hizo tragar saliva. Le hablaba al gato como si fuera un nene. Le acariciaba el lomo, le limpiaba el hociquito con una gasa húmeda y le decía “tranqui amigo, ya va a pasar”.

    En un momento, no sé por qué lo dije, pero lo dije:

    —Nunca vi a un hombre tratar con tanta dulzura a un animal.

    Él levantó la vista, se me acercó, me acarició la mejilla, la oreja, el aro, y soltó:

    —No soy tan dulce como pensás.

    Ahí ya no hubo retorno. Me apretó contra la pared, cerró la puerta con una sola mano y me besó con desesperación.

    Yo le devolví el beso con hambre, con furia. Le metí la lengua hasta el fondo mientras sus manos me apretaban el culo con ganas.

    Me sacó la remera y la tiró por ahí. Quedé en corpiño. Después me bajó el pantalón, la tanguita sin decir nada y me metió dos dedos de golpe. Me arqueé contra la pared, gimiendo bajito, mordiéndome los labios para no gritar.

    —Sos tan, tan linda… —me dijo entre dientes, besándome el cuello, lamiéndome la oreja.

    Me arrodillé. Le abrí el pantalón. La tenía dura y gruesa. Me la metí en la boca y le agarré las bolas, mirando desde abajo.

    —Estás buenísimo —le dije, con la voz ronca—. Quiero toda tu leche.

    Gemía. Me sujetaba el pelo. Me guiaba la cabeza con la mano. Me decía “así, mi amor, tragámela”. Y yo tragaba.

    Me levantó de un tirón, me dio vuelta y me apoyó contra la pared. Me la metió de una y grité. Me embestía con furia y me encantaba.

    —Dame más. Más fuerte. No pares, por favor, no pares.

    Y no paró. Me cogió todo.

    Yo gemía, lagrimeaba, y me corrí tan fuerte que se me doblaron las piernas. Tanto que él me agarró para que no me cayera.

    A partir de ahí me bombeó con más fuerza, con una urgencia que me enloquecía, hasta que acabó en mi culo. Sentí el calor espeso de su delicioso semen en mí.

    Respiraba hondo con la cara apoyada contra la pared, los ojos cerrados, el cuerpo entregado. No dije nada, me quedé ahí con la piel todavía ardiendo.

    Él también se quedó un rato ahí. Respirando sobre mi espalda. Me besó el cuello, las orejas y los aros con una ternura que me desarmó.

    —Sos hermosa, pendeja puta —me susurró.

    Yo sonreí. Todavía con el corazón latiendo a mil por hora.

    Me limpió la cola con una gaza y me vestí. Clay dormía tranquilo en su transportador, como si todo esto no hubiese pasado.

    Intercambiamos números. Le quise pagar la consulta y me dijo que no hacía falta. Que lo importante era que Clay estuviera bien. Y que yo la haya pasado bien.

    Salí, me subí a un taxi y pensé: Qué lindo es coger cuando no lo esperás. Qué lindo cuando un tipo te desea de verdad. Y qué ganas de volver.

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  • Mi cuñadita

    Mi cuñadita

    Cuando vine a Bogotá a estudiar, viví en casa de mi hermano quien tenía una mujercita muy interesante, pues mi cuñadita Mary tenía unas téticas bien paraditas con unos pezones super, lo que más me gustaba de ella era su culo, ¡que trasero ah!, redondito, paradito como para morderlo; además se le notaba un chocho super hermoso como para comérselo.

    Una noche me despertaron unos ruidos y salí de mi alcoba a mirar que sucedía, pase por la alcoba de mi hermano y escuche jadeos, como la puerta estaba entreabierta yo me atreví a mirar hacia el interior y observe la luz sobre la mesa de noche estaba encendida, mi cuñada estaba en cuatro y mi hermano de la estaba follando fuertemente.

    Yo me arreché y comencé a tocarme viendo el espectáculo, en cualquier momento mi hermano le dio nalgadas a mi cuñadita en ese culo y bramó, pues se estaba viniendo llenándole la vagina de semen, mi hermano se la saco del chocho y ella se voltio, cogió la verga de mi hermano y se la metió a la boca y a mamar se dijo, en esos momentos ella miró hacia la puerta yo me escondí, pero ella tal vez alcanzó a verme, no lo sé.

    Al siguiente día mi cuñadita entró a mi alcoba como a las 7 am y me llevó el tinto, esto era de todos los días. Como a las ocho y media volvió a mi alcoba con otro tinto, ese día yo no madrugaba, tenía clase a las dos de la tarde en la U. Ella estaba desnuda y tenía puesta una bata algo transparente, llegó hasta mi cama y dijo córrete y se metió en mi cama y preguntó:

    Mónica: ¿Te gusto lo que viste anoche?

    Yo: ¿de qué me hablas?

    Mónica: Hazte el bobo, anoche me viste cuando tu hermano me follaba

    Yo: No he visto nada. Estuve durmiendo toda la noche

    Mónica: No mientas que yo te vi cuando me acomodé a mamar la verga de tu hermano

    Yo: Si me gusto como mamas una verga y como mi hermano te la metía de perrito

    A estas alturas de la conversación yo estaba con mi verga super erecta, ella hablaba y me daba la espalda, no era la primera vez que ella se metía en mi cama pero nunca había pasado algo, ella no lo permitía, pero esta vez me arriesgue, la abrace fuerte y me pegue a su culo para que me sintiera y comencé a besar su cuello y lamer sus orejitas, ella echo su culo hacia atrás apretando mi verga que quería salir de los bóxer, yo seguí besando su espalda, su nuca, su cuello y sus orejas se las chupaba, entonces ella se giró y me miraba y comencé a besarla le metí la lengua, nuestras lenguas se entrelazaban, literalmente nos comíamos nuestras bocas.

    Le metí un dedo en su boca y ella la chupaba, mientras yo le comía sus tetas, chupaba la una y luego la otra, me metí dos dedos a mi boca y los ensalive y baje mi mano y se los metí en su chocho, ella solo gemía y comencé un mete saca con mis dedos lento y profundo.

    Seguíamos besándonos, yo baje de nuevo a sus senos y se los chupaba y continuaba dedeándole el chocho, seguí bajando besando su abdomen, lamiendo su ombligo y llegué a su chocho y comencé a lamer y penetrar su vagina con mi lengua y acelere el ritmo de meter y sacar mis dedos de su chocho, ubique el clítoris y se lo chupe con fuerza, yo chupaba su pepita y metía y sacaba mis dos dedos de su vagina con rapidez, ella gemía y mordía la almohada para no gritar.

    De pronto convulsiono y grito: “me corro… ag”, y de su chocho comenzó a salir liquido espeso blanquecino, líquido que yo lamia y sorbia y me tragaba, su sabor muy rico con la arrechera que teníamos, llené mi boca de su corrida y me fui hasta su boca y la besé metiéndole la lengua y parte de su corrida y le dije prueba el sabor de tu chochito.

    Seguimos luchando con nuestras lenguas, ella me dice: “penétrame”, yo subo muy despacio mi verga erecta se la metí de un solo empujón, comenzamos un mete saca pausado pero sostenido, sacaba y al fondo, sacaba y al fondo, mi cuñadita solo gemía y decía: “así, duro, dámela toda, siii…”, aumentamos el ritmo y después de 15 minutos de meter y sacar llegamos sincronizados a su orgasmo y mi corrida.

    En ese momento de la metí toda con fuerza y le llené el chocho de semen; se lo saqué húmedo de flujos y mi cuñadita se lo metió a su boquita y me hizo una mamada espectacular con corrida y tragada de semen, luego nos abrazamos y yo la consentía besándole toda su carita, su cabello, sus tetitas… y nos quedamos dormidos.

    Me desperté como una hora después, estábamos desnudos, ella me daba la espalda y comencé a acariciar ese hermoso culo que me fascina, estaba toda húmeda, su entrepierna estaba babosa de todos nuestros fluidos, con ellos lubrique su ano y comencé a meterle un dedo y luego dos, al meterle dos dedos se despertó, yo la abrace le besada su cuello y lamia su espalda, ella gemía y suspiraba, me decía que haces en mi culito, le dije te quiero culear, quiero para mi tu culo, quiero follarlo y llenar tus intestinos con mi semen.

    Seguí con mi tarea de dilatarle el esfínter, su anillo anal poco a poco fue cediendo, yo seguía lamiéndole la espalda y chupándole sus orejitas, la puse en cuatro sobre la almohada con su culito dispuesto, le puse la cabeza d mi verga en su ano y empuje suave, lento pero sostenido hasta que entró la cabeza de mi verga, ella gimió muy fuerte y sollozo diciendo: cuñadito me duele, le dije: tranquila relájese, relaje tu culito, me estaré quieto para que te acostumbres a mi verga, seguiré cuando tú quieras.

    Ella comenzó al rato a moverse hacia atrás y hacia adelante, se estaba follando solita, entonces seguí metiéndole mi verga despacio hasta que mis huevos chocaron con su chocho, y me dice: dame más, dame duro cuñadito, fóllame fuerte quiero tu verga bien adentro de mi culo, si puedes métame los huevos, culéame con fuerza, rómpame el culo.

    Con todo lo que decía me excitaba más y la follé muy fuerte sacaba mi verga hasta el capullo y se la hundía con fuerza, el ritmo de meter y sacar mi verga de su culo se hizo infernal, yo la follaba y le daba nalgadas, le jalaba de su cabello ella giraba su cabeza y yo le comía literalmente su boca, hasta que explotamos, ella tuvo unas convulsiones y yo eyaculé mucho semen en su culo, como seis chorros de semen, de su culo salía semen y yo saque mi verga y se la puse frente a su cara y ella me la mamó dejándola limpia y de nuevo dura como una roca para seguir follando.

    Ese día no fui a la U, de nuevo me comí su chocho con mi corrida, le comí su culo con semen y todo, éramos unos guarros sucios pero muy rico comerse una chochita como la de Mary, rosadita, saladita y apretadita, igual ella me lo mamó, me corrí y ella se comió todo el semen que me salía, hasta me pasó su lengüita por mi ano, fue un día inolvidable, y el inicio de una relación de cama que duró dos años hasta que me fui a vivir fuera de la casa de mi hermano.

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  • La señora del embajador

    La señora del embajador

    -Bienvenido a la embajada señor Hernández, dijo la encargada de Recursos Humanos, Maguie una veterana de 60 años medio entradita en carnes con no muy buen humor.

    Por fin entraba a trabajar a la Embajada, había terminado de estudiar y quería entrar a trabajar en diplomacia.

    Había postulado para la oficina de servicio comercial, y que aplicaba mis estudios, me permitía viajar y conseguir un buen descuento para el master que quería hacer.

    La que iba a ser mi jefa, había sido profesora en un semestre de la universidad, una señora de unos 50 años que unos 10 años atrás había llegado en misión a nuestro país y se había afincado, ya que había formado familia por aquí.

    Me presentaron al resto del equipo y a los de relaciones políticas, que trabajaban en la oficina al lado de la nuestra.

    Ese viernes el embajador daba una cena en su residencia y había unos productos que venían en valija diplomática, pero necesitaban una habilitación especial del ministerio de agricultura que si se demoraba podía hacer que no estuvieran a tiempo para el evento.

    Charly, uno de mis amigos había concursado para una posición en Agricultura, así que lo llamé a ver que se podía hacer, ya que las cajas habían quedado retenidas en el aeropuerto.

    Si solucionaba este entuerto iba a ganarme unos puntos no solo con mi jefa, sino con el embajador, un hombre de unos 45 años, alto, buen porte y como muchos diplomáticos, una tanto “afrancesado” en sus modales, que había ido directamente a la oficina a hablar con la jefa para que solucionaran esto “a como diera lugar”.

    -Charly querido ¿cómo va?

    -¡Pinino!! Todo bajo control ¿y vos?

    -Acá, viendo si me gano unos puntos con la profe Kate, que ahora es mi jefa.

    -¡¿La morocha tetona que está que se parte en mil pedazos?!

    -La misma.

    -¡Mirá que sos suertudo, trabajar con semejante caballo!

    -Bueno, hay unas cajas para la embajada que están trancadas en el aeropuerto y parece que son ustedes los que no sé qué papel piden para liberarlas, el viernes hay una cena en lo del embajador y si no llegan a tiempo para que el chef haga no sé qué plato, acá arde troya.

    -Dejame ver con mi jefe y te aviso, pero creo que son los tarados de control del aeropuerto que quieren un billete.

    -¿Y justo vienen a joder con unas cajas que vienen en valija diplomática? ¿son nabos o se hacen?

    -Dame un rato y te aviso.

    Dicho y hecho, eran unos pelotudos de control aeroportuario que estaban rompiendo las pelotas, le di a Charly un par de botellas de whisky que habían quedado del casamiento de mi hermano y se dejaron de romper las pelotas.

    Llamo a mi jefa que no estaba en la oficina. me responde con voz de pocos amigos y le comenté que el tema estaba resuelto y que había una camioneta con control de temperatura que estaba saliendo del aeropuerto para la residencia del embajador.

    -¿Como lo lograste?

    -Un viejo compañero de la Universidad me ayudó y le hizo notar a su jefe que estaba todo en regla…

    Quita el teléfono del oído y escucho que dice “Señor embajador, el tema quedó resuelto y las cajas están rumbo a su casa”

    -Gracias, luego bajo a la oficina.

    Seguí armando una presentación para una feria que había en 2 semanas, cuando entra a la oficina la jefa y atrás de ella el Embajador.

    -Quería agradecerte en persona porque salvaste la fiesta y quiero invitarte como gesto de agradecimiento, el viernes a las 20 en mi residencia, vestimenta formal.

    Se dio media vuelta y se fue.

    Miré a mi jefa y me dijo, “si no vas, va a ser pero que si no hubiéramos resuelto el problema”.

    El viernes llegué a la residencia y había cerca de 100 personas en un carpa en el fondo de la residencia.

    Estaba el Embajador recibiendo a los invitados junto a una morena impresionante, que no sabía si era su secretaria o que.

    -Señor Embajador, gracias por la invitación.

    -Gracias por venir, ella es Mery, mi esposa, Mery, este es el muchacho del que te hablé y consiguió que llegaran tus mariscos en tiempo y forma.

    -Muchas gracias muchacho, luego hablamos.

    -Un gusto señora.

    Fui al fondo, encontré a mi jefa junto a su esposo, me puse a hablar con ellos y me preguntaron por qué había llegado solo, a lo que les respondí que no sabía que la invitación era con pareja.

    La cena riquísima, el mejor vino que había probado en mi vida, estábamos en los postres, cuando se acerca uno de los de seguridad y me pide que lo acompañe.

    Lo sigo hacia el jardín donde había una pequeña pérgola y ahí estaba la señora del embajador, conversando con algunas amigas. Un grupo de cuarentonas de muy buen ver, con algún bisturí que había hecho alguna magia.

    -Este es el muchacho del que les hablaba, quien hizo que tengamos los mariscos.

    -Hay muchacho (dijo una rubia con cara de gato fino), si no hubiéramos tenido los mariscos que Mery siempre sirve, la fiesta no hubiera sido lo mismo.

    -Ay sí, dijo una pelirroja con acento británico y tetas hechas, Mery debería agradecerte, ¿no? (dijo entre risas). Si no hubieran llegado los mariscos, podríamos haber degustado carne de primera (comentó mientras me miraba de arriba abajo).

    -No seas trola amiga, replicó la rubia y vamos, que nos deben estar extrañando en la mesa.

    Al quedar solo con Mery me pide que la acompañe y fuimos hacia una construcción que era el gimnasio de la residencia y me hace pasar al vestuario.

    -Tengo que terminar de agradecerte, ¿no?

    -Señora…

    -Mery, decime Mery

    -Mery, no es necesario, es parte de mi trabajo y con haber sido invitado estoy más que agradecido.

    -No seas tonto, ¿acaso no te gusto?

    -Usted es hermosa.

    -Tuteame, veni, acercate.

    Me acerqué ya la morena me dio un beso que casi me saca el alma del cuerpo.

    1.70 morena, pelo negro azabache largo casi por la cintura, unas tetas de campeonato, cintura de avispa y un culo para alquilar balcones.

    Fui derecho a agarrarme de ese culazo mientras nos besábamos, ella manoteó el paquete y dijo, “venis bastante bien servido muchacho”.

    A mi no me importaba mucho lo que dijera, yo la quería coger y disfrutar de ese cuerpazo.

    Bajé los tirantes del vestido y me fui derecho a esas tetazas operadas y bastante duras, pero que respondían bien a los estímulos, que bien la vamos a pasar, repetía la negrita y no se soltaba la pija por arriba del pantalón.

    Me abrió la bragueta, sacó mi pija ,se levantó un poco el vestido por encima de las rodillas, se agachó y empezó a lamer y morder el tronco de la pija para arriba y para abajo, sin llegar a la cabeza, cosa que me volvía loco, me miraba desde abajo con una gran cara de puta.

    -Esta verga es mía y me vas a llenar de leche joven.

    Voló el saco la corbata, la camisa, ella me sacó los zapatos y el pantalón, pero ella seguía con el vestido remangado, me hizo sentarme en un banco, me pasó la lengua por los huevos, se mojó un dedo y me masajeaba el perineo, acto seguido se tragó la pija hasta el fondo y la mantuvo ahí haciendo un movimiento con la garganta que la apretaba y aflojaba, lo que significaba que la señora es una gran chupapijas.

    Estuvo como 10 segundos así y casi logra que le deje toda la leche en la garganta, aflojó y empezó con un sube y baja, infernal metiéndose la pija hasta el fondo de la garganta y sacándola casi hasta la punta y yo estaba entre el cielo y el infierno, con los huevos a reventar y unas ganas tremendas de cogerme a la señora, que había dejado de masajear mi perineo y me hacía círculos alrededor del agujero del culo. En un momento miro para abajo y para mi sorpresa, veo que se había subido más el vestido y en la mano derecha de la señora había una verga negra que se agitaba a más no poder.

    Quedé como petrificado, ya que no tenía idea de que la señora del embajador, alguna vez había sido señor.

    -¿Pasa algo? ¿No me digas que no sabías?

    Dijo mirándome a los ojos.

    -No tenía ni idea.

    -¿Te querés ir?

    -Para nada señora.

    Ya que estaba en el baile, iba a bailar y no con la más fea. La agarré por debajo de las axilas, la levanté, le terminé de sacar el vestido y empecé a besarla de nuevo, refregando pija con pija, no era mi primer trans, pero era la primera vez que no sabía que era antes de empezar.

    Estaba meta beso, las lenguas luchaban y espadeaban igual que nuestras vergas, agarrado de ese culazo, ya con un dedo medio incrustado, cuando se escucha una voz desde la puerta.

    -¿Qué es esto?

    Era el embajador, la fiesta había terminado y se habían retirado los invitados.

    -Señor… apenas llegué a balbucear.

    Me miró fijo, caminó hacia donde estábamos y 2 pasos antes de llegar se empezó a reír y dijo:

    -¿Viste Mery que lindo muchacho que contraté? ¿Decís que hay que darle destino a nuestra residencia como secretario tuyo?

    -Vamos a ver si se gana el puesto…

    Se volvió a agachar y empezó a mamarla para resucitarla, porque casi se me había muerto.

    El embajador se sentó en una silla y dijo, “adelante muchacho, siga con lo suyo”.

    La agarré del pelo y empecé a cogerle la boca mientras miraba al embajador a los ojos y él asentía.

    La señora se levantó, se puso en 4 en el banco y me fui de cabeza a comer ese culo.

    Ella berreaba y decía “ay mi amor, no sabés cómo come el culo el muchacho”, yo seguía comiéndole el culo y con una mano le agarré la verga y la iba ordeñando, bajé hasta los huevos y se los chupaba mientras la pajeaba, moví su verga para atrás y se la lamí mientras le metía un dedo en el culo se la chupaba y la dedeaba a la vez, cosa que la enloquecía. El embajador se había desnudado y la había puesto a mamar, tenía una verga más bien chica, pero estaba dura como una estaca y no paraba de meterla en la boca de la señora.

    Me incorporé y acerqué la verga al culo de la morena y el embajador dijo “Proceda muchacho”, a lo que ni lerdo ni perezoso empecé a meter la pija en ese culazo que calzaba como un guante. Cuando llegué al final, la dejé un momento ahí y ella empezó a mover las caderas en círculo, apretando el esfínter igual que lo había hecho con la garganta, se saca la verga del marido de la boca y dice, “cójame muchacho, cójame”, me agarré de las caderas y empecé un metesaca furioso, aplaudiendo contra esas nalgas,

    -Mas despacio muchacho, que tenemos toda la noche, dijo el embajador.

    Aminore el ritmo, mientras él se ponía en posición de 69 y se llenaba la boca de verga de la morena. yo estaba concentrado en no acabar, cuando siento la lengua del señor embajador en mis huevos, me quedo quieto y él se pone a chuparme los huevos mientras la señora de nuevo apretaba el esfínter, yo no podía más de la calentura.

    -¿Te gustan los huevos del muchacho?

    -Si, mucho.

    -Y eso que no probaste la pija, no sabes lo lindo que te llena la boca.

    La señora se movió un poco hacia adelante, mi verga salió de su culo y el señor embajador se puso a mamar.

    Ella se incorporó y vino de frente a mí, dejando ambas pijas al alcance de su marido, me refregaba las tetas en la cara mientras su marido me chupaba la pija y a veces se metía las dos en la boca.

    -No aguanto más señora, estoy por acabar, el embajador me apretó la verga en la base y dijo de manera autoritaria:

    -¡Todavía no muchacho! Vamos al dormitorio.

    Nos medio vestimos e ingresamos a la residencia, subimos a la planta alta, llegamos al dormitorio y la señora me desnudó nuevamente, mi verga no había perdido ni un grado de erección, se agachó a chupar y enseguida vino el embajador, también desnudo y se agachó a su lado.

    Yo cerré los ojos y mientras uno me chupaba la pija, el otro me chupaba los huevos, me la mamabas a 2 bocas, aquel placer era excelso, la señora me agarra de la mano y me acuesta en la cama se acuesta ella de un lado y el embajador del otro, yo ya estaba entregado y no me importaba que fuera a pasar, ella me besaba y el me la chupaba, ella se incorporó y me puso la pija al alcance de mi boca, empecé a chuparla como me gustaba que me la chuparan a mí, había estado 3 veces con chicas trans, por lo que no tenía demasiada experiencia, pero hacía lo que me gustaba que me hicieran a mí.

    El embajador me levantó las piernas y me dio una buena chupada de culo, en un momento siento algo duro y me estaba empezando a penetrar, por suerte la pija era medio chica, por lo que el dolor no fue mucho y cuando llegó al fondo empecé a sentir el gustito.

    -¿usted se piensa que se va a coger a mi esposa gratis muchachito?

    Empezó con un mete y saca lento pero constante, era la segunda vez que me cogían y no me disgustó, se ve que el embajador tenía experiencia con novatos. después de un rato tenía a la señora sentada en mi cara y no paraba de darle lengua a ese culo cuando el embajador cambia y se sienta en mi pija.

    -Tenías razón, es una pija que calza perfecto.

    -¿Lo contratamos para que sea mi secretario?

    -Creo que sí, pero Kate lo quiere testear primero.

    El señor embajador estaba dando sentones en mi pija y yo era un muñeco que estaban usando a su antojo, no me quejaba, pero era así.

    Él se pone en 4 y me pide que lo penetre, yo estaba como fuera de sí y no podía decir que no a lo que me pedían, así que lo penetré y enseguida vino la señora y me clavó. Yo estaba yendo para adelante y para atrás penetrando al embajador y haciendo que me penetrara la morena que me decía “que ricos culo pija y boca tenés muchacho”.

    -No aguanto más gritó el embajador, se acabó y quedó rendido en la cama, mientras la señora se agarró de mis caderas y me daba cada vez más fuerte, me para, me pone de cara contra la pared, me agarra del cuello mordiéndome una oreja diciendo putito divino te voy a llenar el culo de leche y después con mi marido nos vamos a tomar toda tu leche.

    Yo seguía sin poder decir que no a nada, era como que no tenía voluntad, pero disfrutando a más no poder, en un momento siento algo viscoso que me empieza a llenar el recto y ella gemía y gritaba pero seguí taladrándome el culo hasta que se le empezó a bajar, me la sacó y me chorreaba la leche por las piernas, pero tenía mi verga dura como nunca en mi vida.

    Me agarró del brazo, me llevó hasta el borde de la cama, donde estaba acostado su marido, se arrodilló, me masturbó con furia y al minuto empecé a acabar como nunca en mi vida, me dolían los huevos de tanta leche que tenía acumulada de estar 2 horas o más teniendo sexo y ellos juntaron sus caras y les caía la leche en las bocas, cara y ojos, me la siguieron chupando hasta que se me bajó y casi pierdo la conciencia.

    -Funcionan bien las pastillitas, ¿no amor? dijo la señora.

    -Espectacular, como siempre dijo el embajador.

    No entendía nada, como pude me vestí, me iba a tomar un taxi, pero el embajador puso a su chofer para que me lleve a mi casa…

    Llegué. Caí vestido arriba de la cama y al otro día me desperté como a la 1 pm.

    Tenía llamadas perdidas de mi jefa y un mensaje preguntando si estaba bien.

    ¿Habría sido una especie de rito de iniciación?

    No lo sé, el lunes me enteraré.

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  • El despertar de Laly

    El despertar de Laly

    Era un viernes de febrero del año 98 yo tenía apenas 20 años, mi novia “Claudia” en ese entonces de 25 años había partido junto a su familia como todos los años a pasar las fiestas de Navidades y Año nuevo a Europa, siempre lo hacían por un par de meses y a veces por un poco más. Mis intentos por conseguir trabajo en la agonizante economía de mi país, habían fracasado rotundamente y las palabras de Claudia al partir rondaban mi cabeza día y noche. Ella me dijo poco antes de tomar el vuelo, que no tenía problemas de estar con alguien pobre, pero que nunca toleraría estar con un fracasado.

    Por suerte aún vivía en casa de mi madre y un plato de comida sobre la mesa no faltaba, pero no había más que eso, en un par de semanas Claudia estaría de vuelta y yo no podría mostrar más que mi fracaso, por dios estaba completamente enamorado de ella.

    Revisé mis bolsillos y apenas pude encontrar dinero como para pagar un par de boletos de bus, en ese momento me acorde de Leo, él había dejado la secundaria un año antes de que terminemos, discutió con sus padres y se fue a vivir solo, ahora se llamaba “Abril”. Yo tenía su dirección, si alguien sabia como rebuscárselas era él o ella, ya no sabía ni como decirle. Decidido tome el bus rumbo a su casa y llegue tipo 20 h. Toque timbre y en ese momento comencé a preguntarme que, hacia ahí, pero no hubo tiempo, Abril abrió la puerta y me saludo con un beso, como si los tres años que no nos veíamos no tuvieran importancia:

    Ella se dio cuenta que yo no estaba bien, preparo café y se dedicó a escucharme durante dos horas, pero en un momento me interrumpió de improviso y me dijo que se tenía que cambiar, que hoy iría a bailar al boliche de moda en el pueblo vecino, y salió para su habitación, yo la seguí y le dije que me iba que no la quería interrumpir, a lo que ella respondió, “¿sabes qué? ¿Porque no vienes conmigo?”… “Yo? Imposible no tengo nada de dinero”… “No te hagas problema, yo tampoco tengo mucho, pero tengo el tanque de combustible de mi coche lleno y un poco de dinero como para comprar una botella dentro del boliche”… “Pero Abril y las entradas” respondí…

    “Jajaja hoy dejan pasar gratis a los que vayan disfrazados. O acaso pensaste que dejarían entrar a una travesti a su adorado boliche jajaja, es hoy o nunca”… “y yo de que me voy a disfrazar”… “De nena tonto, si somos parecidos físicamente, vamos, va a ser divertido”, me presto su baño para que me duchara y al salir solo vestido con una toalla se sorprendió porque soy completamente lampiño, entonces dijo: “La ropita te va a quedar mejor que a mi jajaja”.

    Me vistió toda de negro, dijo que el color iría bárbaro por ser yo tan blanco, tanga, medias ligueras, minifalda, top y mitones, plancho mi pelo rubio y me maquillo, me puso re perra, debo reconocer que me costaba reconocerme frente al espejo. Y partimos para el boliche.

    Estaba un poco nervioso en la puerta del boliche, pero ingresamos sin problemas, una vez dentro, Abril dijo de tomar algo fuerte ahora para relajarnos y fuimos para la barra que estaba en la otra punta, hasta llegar ahí me tocaron no menos de cinco veces el culo, cosa que le conté a Abril y me dijo “Bienvenida a mi mundo, la mayoría de los hombres tienen fantasías con los travestis, igual se la dan de machos y después te piden que te los cojas”… “¿y te cogiste a muchos?”… “A todos con los que estuve, seis o siete, qué más da, ahora me gustaría encontrar dos pibes lindos que me enfiesten” respondió.

    Comenzamos a compartir la botella y en ese momento me di cuenta que ella se sentía muy sola, talvez por eso me recibió tan bien, se sintió identificada conmigo o algo así, cuando le iba a decir algo la veo charlando con dos chicos de más o menos nuestra edad, entonces decidí no interrumpir y en eso vino un tipo de unos 30 años y se nos acercó, por lo que pude ver conocía a los chicos que chichoneaban con Abril, pero no hablaba, simplemente se quedaba ahí parado.

    Hasta que después de unos minutos se me acerco me tomo por la cintura y me dijo cómo te llamas, yo no sabía qué hacer, quería que me soltara, pero no le quería arruinar la noche a Abril, ni siquiera podía inventarme un buen nombre para responder, hasta que me salió “Laly, Laly me llamo” dije y el “Hola Laly, yo me llamo Esteban”, se notaba que era de buen pasar por su ropa y el perfume que hasta se olía costoso, pero no soporte más y le saque la mano, en eso veo que Abril le dice a los chicos que estaban con ella, “Vamos a otro lado” y uno responde yo tengo un departamento acá a pocas cuadras, y para allá partieron y atrás de ellos iba Esteban, y atrás de todos iba yo.

    Una vez en la calle y a un par de cuadras del boliche se me acerca Abril y me dice “que haces boludo, me iba para que puedas echar al tipo ese, yo me voy a enfiestar con los pibes”, “ahaaa dale nomas yo voy con vos y cuando pueda meto una excusa y me voy” conteste, pero no podía, no tenía dinero para volver a casa desde ahí, así que decidí seguir con la corriente para ver como hacía.

    Al rato llegamos al departamento de los pibes, y Esteban entro también y se servía cosas de la heladera por lo que no me cabía la menor duda que los conocía perfectamente a los otros dos, estuvimos un rato ahí, tomamos algunas bebidas y por ahí Abril se metió con los dos pibes en la habitación, yo ya no sabía qué hacer y en eso Esteban me dice, “Bueno yo me voy y los dejo tranquilos”… “yo salgo con vos” conteste y nos fuimos para la calle.

    Yo sin saber bien que hacer, en eso Esteban me dice, “quieres que te lleve a tu casa?” y si la verdad que quería pero como le decía a mi mama que llegaba vestido de mina, entonces pensé que me lleve a la puerta de la casa de Abril y la espero ahí hasta que vuelva para poder cambiarme, pero cuando le dije que era en la ciudad, me dijo “No ni loco, tome bastante y no estoy para manejar 30 kilómetros de ida y otro tanto de vuelta, si no tenés como irte te podes quedar en mi casa y mañana te llevo, te prometo que no te va a pasar nada”… “bueno dale” conteste, y así fue como llegamos a su casa, el tipo vivía solo y me ofreció el sillón para que durmiera un rato mientras el descansaba en su cama.

    A la mañana me despertó el olor a café, me acerque hasta la cocina y Esteban me sirvió una taza, mientras yo tomaba mi café el desapareció un rato y al regresar tenía un billete de 100 dólares en la mano y me dijo:

    “¿Los querés? Te los doy si me das sexo oral”… “no, yo no, no puedo” no me salían las palabras y el metió la mano en su bolsillo y saco otro billete más y me dijo “Te doy 200 si me dejas hacerte el amor acá en el sillón”… “No, por favor, no Esteban, no entendés a mí no me gustan los hombres, esto es un disfraz, para entrar gratis al boliche” le dije, en eso pude ver que su cara se transformaba y me dijo “termina tu café y te llevo a tu casa” creo que no me creyó, o pensó que lo estaba rechazando, el camino en el auto fue todo silencio. Hasta que llegamos a casa de Abril, ahí antes de bajar del auto, me dio su tarjeta y me dijo, “toma mi número por las dudas, que tengas buena vida”.

    Abril, por suerte ya estaba de regreso en su casa, por fin podría cambiarme y regresar a la mía, además los tacones me estaban matando y ya me había doblado los tobillos un par de veces.

    Toco timbre y cuando la veo a Abril estaba toda desalineada, me causo gracia, imagine como le habrán dado de duro esos dos muchachos, me mira y me dice “donde estuviste? Estas fresca impoluta, ni el maquillaje se te corrió, vos naciste para esto jajaja” “Callate” le contesté, “haceme un café que dormí poco y te cuento lo que me paso”.

    Café en mano le conté todo lo que había pasado con Esteban y ya casi sobre el final de mi relato, me interrumpe y me dice “Dios le da pan al que no tiene dientes, sos una estúpida, Esteban es un bombón, pulcro, lindo, amable, desde que se acercó a nosotras en el boliche se fijó en vos, y para colmo tiene plata”… “Para, para, ¿cómo que se fijó en mí?” respondí, “Si, no te diste cuenta él se fijó en vos y mando a los dos pibes que estaban con él a que me sacaran del medio a mí, para que el tuviera el camino libre, da la casualidad de que yo quería fiesta, pero siempre fuiste vos”… “jajaja en serio me decís, jajaja yo ni enterado, bueno igualmente jamás tendría sexo con otro hombre, no me gusta”…

    “Ahh ¿si? ¿y cómo sabes que no te gusta? Cuantas pijas te chupaste para decir que no te gusta, cuantas veces te cogieron el culo, creeme vi como lucias la ropita que te presté, y si Esteban te llega a coger, te vas a volver su putita para siempre, además te perdiste 200 dólares y con eso le podrías hacer creer a Claudia, que tenés trabajo por lo menos por un mes y al menos tendrías más tiempo de seguir buscando”… “Con lo de los 200 dólares tenés razón, con eso tendría un mes más de chance, pero no imposible, además debe ser re doloroso que te hagan la cola”…

    “Ni ahí amiga, si vos estas preparada, no te duele nada, mírame a mí, anoche me dieron entre dos pibes de 20 como para dejarme en sillas de ruedas y acá estoy impecable, y con una sonrisa de oreja a oreja, déjame que te muestre todos los trucos para que estés bien preparada y después si no querés no lo llames”.

    Tome un poco de coraje y otro poco de curiosidad y deje que Abril me mostrara todo, estuvimos más de dos horas entrenándome como decía ella, después de eso, me dice, “ahora dúchate para que estes impecable, te presto otra ropa y te acompaño al teléfono público de acá a la vuelta para que lo llames, si te atiende yo misma te alcanzo hasta la casa de él”, hice todo lo que Abril me dijo y de lo que hablamos por teléfono solo recuerdo que dijo “Venite ahora” .

    En 30 minutos Abril me dejo en la puerta de su casa, cuando entre estaba temblando como una hoja, la puerta se cerró detrás mío y comencé a pensar que hago acá, pero no hubo tiempo, Esteban me beso la boca apasionadamente.

    Para sorpresa mía me gusto, tenía aliento fresco y labios carnosos, no alcance a entender que me pasaba con sus besos que sus manos ya me acariciaban la cola por debajo de mi falda, tampoco me disgusto, pero comencé a sentir su pene erguido a la altura de mi ombligo y el cada vez me apretaba más fuerte contra su cuerpo, sin dejar de besarme, las dudas comenzaron a regresar a mi cuando empecé a pensar si sería capaz de chuparle el pene, pero el me dio vuelta y me arrojo sobre el sillón, mi cintura quedo sobre el reposabrazos y mi culo hacia arriba.

    Esteban se abalanzo sobre mi hundiendo su cara entre mis dos cachetes del culo, mientras con una mano corrió mi tanga a un costado, me comenzó a chupar todo el orto de forma bien babosa, ejerciendo presión suave pero firme, mi cuerpo se invadió de sensaciones encontradas, me encantaba pero algo me decía para ahora o ya no podrás parar nunca, sin embargo no hice nada más que disfrutar, nunca Claudia me había hecho eso a mí ni yo a ella, y era algo realmente delicioso pero mientras más tiempo pasaba.

    Esteban jadeaba dentro de mi culo cada vez más y yo comencé a sentir la necesidad de sentir su verga dentro mío, entonces me levante intempestivamente poniendo la mano en el pecho de Esteban como pidiendo que parara, y ahí los dos parados por un segundo pude ver como se notaba su erección a través de su pantalón de vestir, y no puedo entender lo que me paso pero me fui directo a su entrepierna, prácticamente le arranque el pantalón y le baje el bóxer, y de rodillas frente a el me metí todo su miembro en la boca, y comencé a succionarlo intensamente, sentía como Esteban se estremecía de placer y su miembro caliente se agigantaba en mi boca.

    Mire hacia arriba y lo vi mirándome erguido casi como dominante y yo postrada de rodillas con su rica verga en mi boca y mi culo pidiendo a gritos que me sentara en su pija, en ese momento supe que Abril tenía razón ese tipo me había hecho su total y completa puta y lo volvería a hacer cuando quisiera, pero no tuvimos tiempo para más, Esteban vacío toda su pasión en mi boca y mientras yo intentaba entender lo que sucedía me tomo del cuello levantándome y llevándome hacia su boca para besarme, en ese momento me trague todo su néctar para poder sentir mejor sus labios y nos fundimos en un beso apasionado.

    Luego de unos segundos de besarnos y con sus dos manos en mi rostro me separo un poco de él y dijo ”Que lastima, me hubiera gustado cogerte, pero un trato es un trato” tomo los 200 dólares del pantalón que en ese momento estaba tirado en el suelo y me los dio, “Imagino que ya quieres irte”… me dijo, “Si” conteste y me acompaño a la puerta, cuando estaba por abrir, le dije “Si querés me quedo un rato más” sonrió y me dijo “Laly la pase bárbaro, por un momento sentí que esto era otra cosa y no una transacción, así que dejémoslo acá”… “no Esteban conteste, necesito el dinero la verdad que si, pero me quedo de onda, y si me chupas la cola como hace un rato te dejo que me cojas el culo”…

    Note en su cara que algo cambio, como que de repente se le iluminaron los ojos, me tomo del cuello y me llevo hasta el cuarto de baño, abrió el agua de la ducha y me saco la toda la ropa de forma violenta y me metió bajo el agua, atrás se metió el ya todo desnudo, abrazándome desde atrás, podía sentir su pene semierecto contra mis glúteos, me fue enjabonando todo el cuerpo y yo a él, se podía notar como se iba excitando cada vez más, hasta que me tomo del cabello y me obligo a arrodillarme, y ahí estaba yo otra vez hincada frente a su preciosa verga, a punto de metérmela nuevamente en la boca para darle una chupada de pija inolvidable, pero esta vez no dude en lo más mínimo.

    La chupe mejor que actriz porno, y en menos de 4 o 5 minutos Esteban ya no daba más, me tomo del cuello y me levanto, casi que me llevo en el aire hasta el sillón del living, me tiro culo para arriba y otra vez enterró toda su cara en mis nalgas, que buena chupada de culo me estaba pegando por favor, a los pocos minutos quería que por fin me enterrara la verga de una buena vez y nada el seguía chupándome el orto, hasta que no di más y le dije “dale hijo de puta culeame de una buena vez” ahí me agarro de la cintura me acomodo bien en cuatro y puso la cabeza de su pija en la puerta de mi culo, con una mano me tomo del pelo y con la otra me tenía del cuello.

    Se acercó a mi oído y me dijo “escúchame putita, querés que te haga la cola o querés que te rompa el culo” yo con voz casi afónica le dije “haceme la cola” y el elevando la vos me dice “más fuerte decilo que no te escucho”…”Haceme la cola” dije con voz fuerte … “¡Gritalo puta!”… grito Esteban…”¡Rompeme el culo por favor!” grité con todas mis fuerzas, y ahí sentí como me sodomizaba con todas sus fuerzas.

    Sentí un dolor intenso, pero también mucho placer y Esteban comenzó a cogerse mi culo como si no hubiera un mañana, cada vez el dolor era más tolerable y el placer aumentaba, sentía como toda su entrepierna golpeaba contra mis nalgas, plaf plaf plaf y el tallo de su verga hundido en el agujero de mi culo culeándome sin descanso, hasta que miro hacia el costado y noto un espejo de un tamaño descomunal del cual no me había percatado, en el cual pude ver como si se tratara de una porno como Esteban me daba por el culo sin compasión durante no menos de 20 minutos.

    Hasta que sentí como sus manos que estaban en mi cintura se apretaban y Esteban que al oído me decía “Senti, sentí como te lleno el culo de leche” y se vino dentro de mí, recién en ese momento me di cuenta que me estaba cogiendo sin forro, pero ya no me importaba, caí de costado sobre el sillón, toda sudada y a mi lado él, también todo transpirado, sentía como la leche se iba saliendo de mi culo y chorreando por mi pierna.

    No comprendía bien lo que me pasaba, y sentimientos encontrados comenzaron a invadirme, así que me pare y le pedí a Esteban que me dejara ducharme, el accedió sin problemas. Salí de la ducha renovada, me cambié y decidí que era hora de marcharme y dejar todo esto atrás. Esteban tenía otros planes, estaba en la cocina y había preparado algo para comer, Le dije que me quería ir y contesto, tranquila Laly, come algo, charlemos un rato y después te llevo.

    Estuvimos un par de horas largas hablando, le conté absolutamente todo, hasta de Claudia y no me podía creer, en un momento me dice vamos que te llevo de tu amiga y fuimos hasta la puerta y ahí me dice, “Necesito una persona de confianza a mi lado, pero también una compañera, pero a su vez nada serio” “Esteban, no entiendo porque me estas contando todo esto a mi” le respondí, “Porque quiero que seas mi persona de confianza” Dijo. “No, no, no puedo, es decir, necesito urgentemente trabajo, pero no puedo trabajar para vos, menos después de lo que paso” conteste, “1000 dólares por mes es mi oferta, por ser mi mano derecha”.

    Esteban retruco, “Guau, seria excelente para mí, pero te tengo que decir que no” dije yo, “Trabajarías desde acá, desde mi casa y te daría 1000 más si de vez en cuando te vestís de Laly y me das amor, y también un auto de la empresa a tu disposición, eso si me tenés que acompañar en los viajes que hago por la empresa y tendrías todo pago y además quiero que por otro lado sigas con Claudia” respondió el. En ese momento Laly se apodero de mi nuevamente y dijo “Si”.

    Veinte años fui mano derecha de Esteban, y veinte años me hizo su puta, en la cama, en el sillón, en el escritorio, en donde quiso y como quiso. También me casé con Claudia, pero esa es otra historia.

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  • Castigo, inyección, sexo y más sexo

    Castigo, inyección, sexo y más sexo

    Laura gritó y se incorporó llevándose las manos a sus desprotegidos glúteos.

    Su cara pintada de rojo por la humillación y el dolor, su mirada desafiante.

    -Inclínate y no te muevas. -susurró don Mariano.

    La mujer tardó solo unos segundos en obedecer. Necesitaba el maldito trabajo para pagar el alquiler. Su jefe era un salido, eso se veía a una legua. Además era de esos que disfrutan con el sufrimiento ajeno y la desnudez. Laura tenía un culete generoso, con una raja engulle bragas que no dejaba indiferente. El pene de don Mariano, crecido bajo los pantalones de vestir comenzó a palpitar. Tenía que controlarse o, de otro modo, no llegaría a marcar el trasero de su subordinada doce veces. Aquel culo merecía el castigo, aquella empleada necesitaba disciplina y él era el encargado de administrar justicia.

    Respiró hondo, midió la distancia y con habilidad descargó el octavo golpe sobre la piel desnuda. De nada sirvió el intento de Laura por escapar al dolor apretando las nalgas.

    -“Joder” -dijo gritando y resoplando a un tiempo.

    El jefe aguardó unos segundos mientras la fémina recuperaba la posición, arqueaba la espalda y presentaba la retaguardia con valentía para recibir un nuevo azote.

    El reloj analógico de la mesilla marcaba las diez de la noche.

    Laura, tumbada boca abajo en la cama, acababa de extender crema sobre su trasero. No usaba pijama para dormir y aquella noche, en lugar de braguitas, decidió ponerse un tanga color negro. Hacía calor y no era necesario cubrirse con la sábana, además, la brisa que se colaba por alguna rendija secreta, era bien recibida cuando acariciaba sus cachetes colorados.

    Sonó el timbre.

    -“mierda” -masculló Laura acordándose de la cita.

    Se levantó de la cama, se puso una bata ligera y fue a abrir.

    Lucía, su vecina, aguardaba con la medicación.

    -Perdona se me ha hecho un poco tarde, pero aquí traigo la medicina.

    -Ahora… y si lo dejamos para mañana. -respondió Laura con poca convicción.

    -No, tiene que ser hoy. Recuerda, una inyección los jueves durante tres semanas.

    -Pero es que duele… -protestó la anfitriona.

    -Lo sé, pero es lo que hay. Túmbate en la cama y prepara el culo.

    La paciente regresó a la habitación, se quitó la bata y la arrojó al suelo antes de dejarse caer sobre la cama.

    Luego, por instinto, aunque no era necesario, se bajó el tanga y aguardó nerviosa.

    -Pero como tienes el culo de rojo. -comentó su vecina.

    -Ya, mi jefe… era esto o el despido.

    -Ya veo… yo le habría propuesto sexo.

    -Ya, pero probablemente si le digo eso aparte de llamarme algo hubiera sido capaz de zurrarme más. Es un sádico de cuidado.

    -Ya veo. -comentó la vecina.

    Mientras se preparaba la inyección se hizo el silencio. Laura preferiría estar de chachara, pero no sabía que decir. Sus oídos, atentos, percibían los sonidos… y luego el olor a alcohol llegó como un ramalazo acompañado de más nervios que se acumulaban en su tripa.

    El frío algodón rozó su nalga derecha haciéndola temblar. Involuntariamente apretó el esfínter apretando el culo.

    -Relaja la nalga. -dijo la vecina dándole un azote suave.

    Laura se relajó demasiado pronto, la aguja perforó la cara exterior del glúteo y cuando el líquido comenzó a entrar, dudó entre apretar el culo de nuevo o relajarse del todo. Aquel día la suerte no estaba de su lado y antes de que pudiese evitarlo, el aire escapó de su ano como cuando se desinfla una rueda. Vamos, un pedo en toda regla.

    Por fortuna, su vecina se comportó como una profesional y con calma terminó de inyectar todo el líquido. Luego extrajo la aguja y frotó con algodón y alcohol la zona.

    -Yo, lo sien… -balbuceo Laura

    -Nada, no te preocupes… el olor del alcohol amortigua el otro aunque sabes una cosa…

    Laura no preguntó y se limitó a que la vecina dijese algo.

    -Sabes una cosa… los pedos son algo muy sexy.

    -¿Sí?

    -Si me ponen mucho…

    -Oye, ¿por qué… por qué no te tumbas a mi lado un rato? -dijo Laura

    La vecina no se hizo de rogar, se quitó la ropa hasta quedar en ropa interior y se acostó al lado de Laura.

    Luego acarició el trasero de la mujer a la que acababa de pinchar. La besó en la boca y luego le susurró al oído.

    -Cómeme el culo.

    Laura se incorporó de rodillas, bajó las bragas de la invitada y se encaramó sobre ella moviendo la pelvis de arriba a abajo, simulando el acto sexual por detrás. Luego, enterró la nariz en la raja de su compañera y aspiró.

    La vecina ventoseó y se llevó un azote ante tal desfachatez. Luego se comieron la boca a besos.

    La semana siguiente Laura llegó tarde a la oficina, con tan mala fortuna de que su jefe estaba de mal humor.

    Entró en el despacho y cerró la puerta.

    La amenaza de despido, la amenaza de un nuevo castigo para evitarlo cruzó la mente de la mujer. Esta vez no bastaría con inclinarse sobre la mesa, en esta ocasión sería atada al banco y la vara, el cinturón y quien sabe que más, pondrían su trasero al rojo vivo. Esta vez no podría aguantar las lágrimas.

    Aguardó de pie, esperando gruesas palabras. Quizás una bofetada, tal vez, tal vez incluso un escarmiento en público. Las palabras de aquel caballero no invitaron a la esperanza.

    -Tendría que pelarte el culo con un látigo.

    Laura agradeció haber orinado minutos antes, de otro modo, habría vaciado la vejiga allí mismo. Sus piernas le fallaron durante un segundo y tuvo que apoyarse en la mesa para no caer.

    Don Mariano se levantó y caminó tras ella.

    -Eres atractiva… quizás en lugar de pegarte podríamos tener sexo -dijo de manera inesperada.

    Laura enrojeció violentamente… aquel tipo estaba proponiéndole algo que… bueno, por muy rudo que fuese eso no dolería como la vara mordiéndole las nalgas.

    -Necesito relajarme… tu podrías encargarte de está. -añadió tocándose las partes.

    La mujer miró el bulto. Tragó saliva y, viendo una alternativa al dolor, asintió.

    Don Mariano se bajó los pantalones y los calzoncillos y se sentó en el sillón de cuero, notando como sus peludas y sudorosas nalgas se pegaban al cuero como una ventosa. El pene, crecido, se erguía inclinándose ligeramente a la derecha.

    Laura se arrodilló frente al sillón, acercó la boca al miembro y comenzó a lamerlo. Luego, sujetándolo con una mano, empezó a chupar los huevos. Sabían a sal y sudor y los pelos negros se sentían extraños en el paladar.

    Lo siguiente fue descubrir tetas y pezones. La lengua de aquel hombre maduro se movía con agilidad. Laura gimió dejándose llevar.

    Don Mariano se puso en pie, se quitó zapatos y pantalones y ordenó a la mujer que, tras desnudarse de cintura para abajo, se inclinase sobre la mesa.

    Dos palmadas en el culo y un dedo juguetón entrando y saliendo de la vagina. Luego, sin previo aviso, la penetró. El ritmo de la cogida fue in crescendo y en menos de cinco minutos llegó el orgasmo, el placer inundando su cuerpo. Si llegar tarde tenía esas consecuencias… bien, quizás mereciese la pena arriesgarse.

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  • La fantasía de Stephany (1)

    La fantasía de Stephany (1)

    Stephany era de esas personas que llenaban un espacio sin siquiera intentarlo. A sus 23 años, había encontrado un equilibrio único entre dulzura y carácter que dejaba huella en quien la conociera. Bajita, con el cabello negro recogido en una coleta que siempre terminaba algo desordenada, tenía una figura imposible de ignorar —esa cintura marcada y un trasero que parecía desafiar las expectativas—, pero su verdadera magia estaba en su forma de ser. Era amable, sí, aunque no de un modo pasivo que pudiera confundirse con fragilidad. Su bondad era intencional, como si hubiera decidido que el mundo necesitaba un poco más de calidez y ella estaba dispuesta a ofrecerla.

    En la universidad, era la estudiante modelo. Sus cuadernos estaban repletos de apuntes ordenados, y siempre llevaba un lápiz entre los dedos, listo para subrayar o anotar algo nuevo. Pero no era de esas personas que se aíslan en sus estudios. Si alguien en el aula parecía perdido, Stephany se giraba con una sonrisa y preguntaba: “¿Te ayudo con eso?” Lo hacía sin rastro de superioridad, con una paciencia que parecía no tener fin. Por eso todos gravitaban hacia ella, aunque no siempre por las mismas razones.

    Los “raritos”, como los llamaba en broma, eran un grupo especial. Esos chicos tímidos, de mirada esquiva y frases a medio armar, siempre parecían rondarla. Stephany lo percibía, por supuesto, pero nunca los apartaba. Si alguien se acercaba con una pregunta o un comentario torpe, ella respondía con cortesía, incluso cuando sus intenciones eran evidentes. No era ingenuidad; sabía que algunos tomaban su amabilidad por algo más. Pero para ella, ser dura o distante no tenía sentido. “Si puedo ayudar, ¿por qué no?” se decía a sí misma, encogiéndose de hombros.

    Ese día, mientras el sol de la tarde bañaba el aula con una luz cálida, Stephany estaba en su salsa. Revisaba sus apuntes, tarareando bajito una melodía que se le había pegado. A su lado, una compañera le pidió ayuda con algo que el profesor había explicado demasiado rápido. “Tranquila, mira, es sencillo si lo ves así,” dijo, inclinándose para señalar una línea en el cuaderno ajeno. Su voz era suave pero firme, y sus ojos tenían ese brillo de quien disfruta enseñar.

    En el fondo del aula, cerca de la ventana, un chico de cabello castaño despeinado y lentes ligeramente torcidos la observaba en silencio. Erick no dijo nada, como era su costumbre. Solo miró, con esa mezcla de curiosidad y reserva que lo definía. Stephany no reparó en él; para ella, era solo otro rostro entre tantos. Pero algo en su manera de mirarla, aunque breve, parecía distinto ese día.

    Más tarde, en su pequeño apartamento, Stephany se dejó caer en el sofá. Su novio aún no llegaba del trabajo, así que tenía el lugar para ella sola. Mientras revisaba su celular, pensó en lo curioso que era que siempre terminara enredada en situaciones así: chicos tímidos abriéndose con ella, compañeros pidiéndole favores, todos buscando un pedacito de su tiempo. “Solo trato de ser buena gente,” murmuró con una risita, acomodándose el cabello detrás de la oreja. No sospechaba que, en algún rincón del mundo, alguien como Erick la veía de un modo que ella jamás había considerado.

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  • El mejor sexo de mi vida

    El mejor sexo de mi vida

    Durante algunos años usé un app de citas en el que en su mayoría había maduras de ahí había que filtrar a las que se mantuvieran bien conservadas.

    Hice match con Sandra, de 50 años, yo tenía 31 en ese entonces.

    Empezamos a platicar y poco a poco tomó confianza, no era muy extrovertida.

    Tengo varios tatuajes en los brazos y me dijo que los quería ver, eso propició a que le mandara fotos sin playera.

    Agarrando confianza le dije que, si quería ver una foto sin nada, dijo que si y mandé una de mi verga y le encantó, me dijo que era la verga más grande que había visto. Y así estuvimos mandándonos fotos. Ella me mandó de sus tetas 42 DD. Yo estaba emocionado, lamentablemente en ese momento estábamos en distinta ciudad.

    Un par de semanas volví y la busqué, acordamos ir por algunas cervezas, ella no quería coger aún porque le parecía pronto.

    Íbamos en el auto y me acerqué a un motel y le dije que nos tomáramos las cervezas adentro y accedió.

    Llegamos y pedimos cervezas. Estábamos en la sala de la habitación. Me paré y mientras ella estaba sentada me saqué la verga del pantalón y quedó a la altura de su cara. Sin dudarlo ella tomó mi verga y se la empezó a comer.

    Le comencé a agarrar las tetas, y nos fuimos a la cama. Nos desnudamos. Era una maravilla. Nunca había tenido unas tetas tan grandes a mi disposición.

    Se las mamé un buen rato.

    Ella ya me había avisado que squirteaba, así que dándole dedo mientras le comía las tetas ya había echado algunos chorros.

    Luego hicimos un 69.

    Ella se esforzaba por meterse mi verga entera a la boca, cada que hacía esfuerzo con la garganta su pucha hacía contracciones y se venía, lo que provocaba un chorro de squirt en mi boca.

    La situación era super excitante y húmeda, y a los pocos minutos lo logró, mis 22 cm de verga estaban en mi boca y garganta y con su lengua intentaba chuparme los huevos.

    Estaba muy excitado y ya no aguanté más y le aventé toda mi leche en la boca.

    Lo disfrutó y bebió todo mientras se venía y me aventaba chorros en la cara y boca.

    Cambiamos de posición y por fin la empecé a penetrar, lo mejor de las mujeres de esa edad es que ya les da igual si te vienes dentro de ellas. Y así estuvimos en distintas posiciones, a intercambio de semen y squirt.

    Le cabía mi verga entera.

    La cabalgó, la cogí de perrito, de misionero.

    Todos nuestros cuerpos eran sudor, semen y squirt.

    Ella aprovechaba cada cambio de posición para chuparme la verga, y probar el sabor de su pucha, mi semen y su squirt.

    La cama estaba hecha un charco.

    Después de varias posiciones y muchas corridas.

    Decidió hincarse y mientras yo me sentaba en la orilla de la cama me hizo un oral con ruda incluida hasta que me vine en sus tetas enormes.

    Después nos dimos cuenta de la hora y nos metimos a bañar, manoseándonos y nos fuimos.

    Con Sandra continuó una buena relación donde seguido nos encerrábamos para darle sus dosis de semen, ya que le encantaba que me viniera dentro de ella y a mí me encantaba que me echara su squirt en la boca además de mamar sus enormes tetas.

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  • En la multi. El cleaning day

    En la multi. El cleaning day

    Año 2001, tenía 22 años y trabajaba en el departamento de finanzas de una multinacional de tecnología.

    Había entrado en la empresa trabajando de pinche en un proyecto y al año había hecho méritos para que me ascendieran y entrar en lo que estaba estudiando.

    Mi jefa tenía unos 50 años, divorciada, sin hijos, fumaba como un murciélago y según dicen tomaba como obrero recién cobrado y la llamaremos Carmencita.

    La gerenta una amargada, soltera 2 títulos universitarios, no se la conocía novio ni novia ni nada, más de 40 años y vivía con sus padres más allá de ganar cerca de 6000 dólares por mes a la que llamaremos Sandy.

    En el área éramos cerca de 30 personas y se destacaban el gordo Julio, bonachón, hombre de familia y putañero perdido, pero nunca se había metido con nadie del trabajo. “Donde se come no se caga mijo, para eso están las señoritas que fuman” (como les decía a las prostitutas).

    Bruno, mano derecha de la gerenta y que le gustaba más la pija que el dulce de leche. Muy reservado, pero un par de cadetes le habían limado el buje en el cuartito de archivos algún día fuera de hora.

    En los 7 pisos de la empresa, había un pink power, grupo de 5 o 6 gays que se daban soporte y cubrían entre ellos más allá de ser profesionalmente muy buenos.

    Y Martita… morocha, ojos verdes, sonrisa que enamora, un poco tímida y un cuerpo que hacía que todos la miraran, a pesar de que no era la típica que anduviera mostrando todo el tiempo.

    Ella había tenido mi posición hasta que la ascendieron a la división de control financiero de proyectos y ahí entré yo en el departamento, por lo que me había mentoreado durante los primeros 2 meses y habíamos generado una buena relación y complicidad.

    Una vez cada 2 años, había un cleaning day, día en el que se sacaban las cosas que estaban guardadas de manera innecesaria, como ser artículos de marketing que se habían utilizado para algún evento, papeles que ya habían cumplido su tiempo legal de archivo, etc. En ese tiempo íbamos aún de camisa, saco y corbata, pero ese día íbamos con ropa informal.

    Martita se calzó unos jeans ajustados que hacía que se resalte más el culo y una remera un poco justa, que le marcaba bien las tetas. Estuvimos casi todo el día trabajando y sobre última hora, todos se marchaban y Martita me pidió que la ayude con una parte del archivo que nadie había tocado en los últimos 4 años, por lo que había bastante para sacar.

    Con tal de mirar ese culo más de cerca, fui raudo y veloz a ayudarla, tomamos unas cajas y nos fuimos al subsuelo.

    Al llegar veo que son cosas que correspondían a Bruno, ante lo que le digo,

    Y: ¿No debería hacer Bruno?

    M: Debería…

    Y: Tan aplicado para muchas cosas jeje

    M: Si, pero acá abajo se aplica a otras cosas.

    Y: ¿Así que este es el lugar donde Bruno viene a desaplicarse?

    M: Jeje, algo así.

    Y: ¿y por qué venís vos a hacer esto?

    M: Es una larga historia, pero en un momento que me mandé una macana muy grande, él me salvó, si no Sandy me hubiera puesto de patitas en la calle, justo cuando mi novio estaba sin trabajo, así que me siento en deuda con él.

    Nos pusimos a ordenar todo y en una hora teníamos casi todo listo, yo veía que de a ratos me miraba y se sonreía, a lo que yo le devolvía la sonrisa.

    Un par de veces me capturó mirándole el culo, que me hacía perder la concentración y había puesto papeles que iban en una caja dentro en otra.

    M: Estás medio disperso, ¿puede ser?

    Y: De a ratos pierdo la concentración.

    M: ¿y por qué? me dijo acercándose.

    Y: Hay un motivo muy grande.

    M: ¿Mucho? me preguntó quedando muy cerca de mí.

    Y: Muchísimo le respondí, plantándole un beso que ella respondió.

    Se separó y me dijo… -ahora soy una mujer casada… -a lo que me quedé helado.

    M: Estas cosas con una mujer casada no se hacen con la puerta abierta.

    Cerró la puerta y cuando se giró, veo que se le marcaban los pezones a lo que le espeté. “tenés frío o estás contenta de verme?”

    M: Vení y no te hagas más el pelotudo.

    Ahora fue ella la que me plantó un señor beso y mi mano derecha fue directo a su culo, por dios, era imposible agarrar toda la nalga con una mano.

    Ella me había pasado las manos por detrás de mi cuello, como noviecita del liceo y yo estaba desacatado queriendo ir a fondo, metí mi mano izquierda por debajo de su remera y fui directo a una de sus tetas que estaban contenidas por un soutien, levanté mi mano derecha y con un simple movimiento de mis dedos pulgar e índice lo desabroché por detrás, liberando esas mazas de carne, le saqué la remera, ella me sacó la mía y seguimos besándonos pero con contacto pecho con pecho. me fui directo a sus tetas y empecé a lamer esos pezones rosaditos, los chupé y mordía suavemente, ella me abrió el jean y metió la mano agarrando mi verga por encima de mis boxers, masturbándome.

    Terminó de volar la ropa, quedándonos en tanga y bóxer, la agarré por la espalda refregándole el pene entre sus nalgas, besándole el cuello y amasando sus tetas.

    M: ¿Te gusta mi culito? Veo como me lo mirás desde que venías al edificio, antes de trabajar con Carmencita.

    Y: ¿Culito? ¡Culazo que tenés mi amor! es el sueño de todos los hombres en la oficina y hoy va a ser mío.

    Acto seguido le bajé la tanga y me sumergí entre esas dos montañas de carne a lamerle el hoyito, ella se dobló hacia adelante, dándome mejor acceso y yo iba de abajo a arriba, saboreando el culo y la conchita que estaba muy mojadita y bien sabrosa.

    Me bajé los calzones y apunté la cabeza directo a la concha, ella se aguantaba con las manos contra un archivador y yo le daba bomba y plena, hasta ese momento Martita era algo inalcanzable, porque había visto como un par de veces unos de los vendedores le habían insinuado algo y ella los había cortado en seco, pero conmigo se había desatado y estábamos disfrutando de una buena cogida.

    Y: Dame el chiquito le dije al oído.

    M: ¿La primera vez y ya querés hacerme la colita?

    Y: Mañana te vas a arrepentir, no me vas a dar pelota nunca más y no me quiero quedar con las ganas.

    M: Ay, dale, pero mojame bien el hoyito, si no va a estar muy difícil.

    Ni lerdo ni perezoso me agaché y estaba lamiéndole el culo de nuevo.

    M: Escupime y dejamelo lleno de baba, dale que se me hace tarde.

    A mi juego me llamaron, junté saliva, escupí directo en el hoyo y enfilé la cabeza hacia el objetivo, fui presionando y fue más difícil de lo que pensaba, nalgas muy grandes, pero el agujero más estrecho de lo que pensaba.

    M: Despacio, despacio, que hace tiempo que no lo entrego.

    Y: Como vos quieras preciosa, pero no la saco ni que venga un tanque ruso.

    Seguí presionando hasta que entró todo, cuando suena su celular, nos quedamos quietos, ella hizo la seña de hacer silencio con su dedo índice cruzando sus labios, atendió y era el marido que en 15 minutos la pasaba a buscar, mientras hablaba, yo empecé a moverme despacio, ella aguantaba pero me agarraba fuerte del brazo para que me quedara quieto.

    M: Amor, te dejo así acabo en lo que estoy y en 20 pasame a buscar.

    Cortó y fue como la campana de largada, me afirmé en esas nalgas con un mete saca furioso, ya no me importaba nada, quería disfrutar de ese culo y en 20 minutos ya no lo iba a tener.

    M: ¡Ay animal Ay animal, te estás sacando las ganas hijo de puta!

    Yo no hablaba, era como estar poseído por ese culo de campeonato que estaba penetrando. Ella ya había perdido la compostura y gritaba, “más rompemelo más, dame verga, llenamelo de leche, quiero irme a mi casa con tu leche en mi culo”.

    Me afirmé aún más y a los 5 minutos estaba largando la leche adentro de ese culo, aguantando las ganas de gritar.

    Ella se la sacó del culo, estaba limpita, así que me la chupó, extendiendo el placer.

    M: No me iba a ir sin chupártela bebé.

    Nos vestimos, yo fui a buscar un carrito, cargué las cajas y las llevé al garaje donde se estaba juntando todo para que se lo llevaran.

    Cuando subíamos hacia el quinto piso, nos mirábamos sonriendo, a lo que me dice, ese cuartito está maldito, o bendecido le respondí.

    Le di otro beso, ella me agarró la verga por encima del pantalón y me dijo, “quedaron un par de carpetas sin acomodar, capaz que podemos venir el sábado a hacer un par de horas extras y acabamos con todo”.

    Agarró su cartera y bajó sola porque el cornudo la estaba esperando en el auto.

    Yo esperé unos minutos y salí chiflando bajito rumbo a mi casa y la sonrisa no me la iban a sacar ni refregándome un limón en la cara.

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