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  • Secuencias: Paula y Mónica

    Secuencias: Paula y Mónica

    Con un delicado beso entre los pétalos de aquella vulva humedecida, Mónica recibió en la suya el calor de la lengua de Paula. Una caricia intensa que exploraba el interior, deslizándose entre los dúctiles labios verticales, hundiéndose en la sabrosa carne femenina. Los dedos abren suavemente las orillas del canal placentero que hace estremecer a Mónica.

    Paula poseída por el toque sabio de aquellos labios gordezuelos que atrapan los suyos desiguales y se ajustan a la abertura espaciosa para dejar paso a la penetración circular de la lengua de Mónica, gime y se frota en los labios que lamen el capullo endurecido. La creciente pasión hace que también su penetrante lengua se ladee, se enrosque, empape el interior de la vagina de Mónica. Paladea los jugos espesos, los lleva a todos los rincones de su boca.

    Mónica se separa ligeramente, observa el agujero brillante, rosado como una aurora de primavera, e introduce dos dedos entre las paredes lubricadas por el fluido interno de la vagina de Paula. Entra y roza hasta que se estrellan sus nudillos en el vientre desnudo, con su forma de delta, jugoso y tierno demandando el agasajo cariñoso.

    Siguen en esa posición, en esa despaciosa secuencia invertida, la una sobre la otra. Se suceden las caricias de las yemas de los dedos, los delicados toques en las paredes deslizantes de los conductos distendidos, que se abren a la espera de las ondas penetraciones. Las caderas de las dos se mueven facilitando el encuentro entre los dedos amantes y los puntos placenteros del ardor. Se alternan las penetraciones y los besos que lamen y sorben chupando el licor gemelo.

    Paula conoce los recónditos espacios donde Mónica se derrama en densos arroyos aromáticos como miel ligeramente salina. Extrae sabiamente cada gota, mientras Mónica se retuerce y sube el montículo de oscuro musgo ensortijado. La lengua de Paula como la lámpara de una experimentada espeleóloga descubre cada espacio donde desatar gemidos cadenciosos.

    Para un instante, observa los hilos del fluido del interior de la vagina de Mónica mezclados con la burbujeante saliva cálida que ha ofrendado en el altar sagrado del abierto agujero, a la vez que del interior de aquella raja ensanchada por las caricias dactilares se escapan los dedos oferentes y un largo beso humectante prolonga los placeres para volver a recorrer el vaginal pasillo sedoso con tres dedos agrupados en un haz que provoca fuertes gemidos espasmódicos.

    Paula atrae entre sus muslos la cabeza de Mónica y la presiona. La lengua se introduce hasta el fondo recorriendo el conducto resbaladizo, y bebe la jalea real del goce compartido. Es una penetración larga seguida de una extracción corta para profundizar en aquella gruta chorreante y ardiente.

    El festejo del sexo enamorado continúa hasta que Mónica entre un torbellino de jadeos se vierte entre los dedos de Paula, los atrapa con latidos succionadores; se corre con los ojos cerrados, sin dejar de lamer y sorber el licor de suave aroma que brota de Paula. E inmediatamente con una sacudida contenida siente como ésta se viene en sus labios de fuego.

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  • Al parque

    Al parque

    Hay en mí una pasión, a veces imparable: escribir. A veces paso noches enteras inclinada sobre un cuaderno escribiendo, experimentando lo que mi pluma traza en el papel. No soy ni me siento como W. Smith o S. King, nunca he escrito una novela, y nada mío ha sido publicado jamás, salvo en sitios web. Podría ser que escribo cuentos demasiado cortos, o quizás porque mi temática favorita es el erotismo, el erotismo hardcore. Pero estas son las historias que me gusta contar y escribir.

    Al no poder sustentarme con esta pasión, tengo que trabajar, lo cual detesto, principalmente porque limita el tiempo que puedo dedicar a escribir.

    Por eso tuve que organizarme: llevo siempre conmigo una libreta para anotar las inspiraciones a desarrollar lo antes posible y, aprovechando los días lindos, paso mi hora de almuerzo en el parque cerca de la oficina. Sentado en mi banco habitual cerca del quiosco, descubrí no sólo un lugar tranquilo y agradable, sino una verdadera fuente de inspiración. Muchas mujeres, sin darse cuenta, pasando ante mi vista, se han convertido en musas inconscientes de mis historias; a veces su forma de vestir o de caminar, su cabello o su voz, eran suficientes para encender mi imaginación.

    En un momento dado, mi atención se centró en una mujer en particular. Quizás porque casi siempre elegía el banco frente al que se había convertido en mío, cerca del antiguo puesto de sandías, o quizás por algunos de sus curiosos hábitos que poco a poco fueron capturando mi curiosidad. Físicamente, ciertamente no era del tipo que pasa desapercibido. Medía aproximadamente 44 m, parecía una talla 46/XNUMX: pelo rojo y rizado, ojos verdes muy expresivos, aunque a menudo ocultos tras unas gafas, además de un pecho abundante, que creo que noté entre las primeras cosas.

    Ella casi siempre vestía de traje, de esos que abrazan sus generosas caderas y resaltan su estrecha cintura, con una falda que terminaba justo por encima de la rodilla, dejando imaginar la suavidad de sus muslos. Los zapatos de tacón alto completaban esa figura de secretaria a la antigua usanza, esa imagen estereotipada pero emocionante, capaz de hacer viajar la imaginación a encuentros prohibidos en alguna oficina desierta.

    En los primeros días llegaba con un libro, se sentaba con las piernas cruzadas en el banco y se sumergía en la lectura, aislándose del mundo real como todos los grandes lectores. Ella permaneció allí en silencio durante aproximadamente una hora, cambiando de vez en cuando la posición de sus piernas. Esperé ese momento con una inquietud mal disimulada, disminuyendo el ritmo de mi escritura, con la esperanza de comprender mejor sus piernas, pero el gesto fue cuidadosamente estudiado y casto.

    De repente, dobló una esquina de la página y se puso de pie. Todo lo que pude hacer fue seguirla con la mirada mientras se alejaba con su andar elegante, sus caderas balanceándose con cada paso, su trasero redondo y firme que parecía bailar bajo su falda ajustada, antes de dirigirme a la oficina con esas imágenes llenando mi mente. Los días pasaban y yo aprovechaba para estudiarla de vez en cuando. Se acercaba la temporada de calor y, poco a poco, la señora fue vistiendo ropas cada vez más ligeras que dejaban ver más la forma de su cuerpo.

    Noté que había cambiado uno de sus hábitos: de vez en cuando sustituía el libro por algunas hojas de papel, el típico formato A4 de oficina, que leía con creciente inquietud. Un día, cuando mi inspiración estaba a punto de estallar, decidí dedicar un poco más de atención a esa mujer que cada vez me fascinaba más, seguro de que sería un excelente tema para una historia. Primero me di cuenta de que estaba leyendo los papeles misteriosos. Cruzaba las piernas con mucha más frecuencia, sin su atención habitual, permitiendo que mi mirada entrara en lugares que habitualmente me estaban prohibidos.

    Me di cuenta de que los releyó varias veces. En un momento se levantó y desapareció, para regresar varios minutos después con una mirada extraña, los ojos brillantes y satisfechos. Esto empezó a intrigarme mucho, así que la próxima vez que la vi sacar los papeles, simplemente fingí escribir y estudié más su comportamiento. Cuando se levantó, la seguí y descubrí que estaba escondida detrás del viejo quiosco, protegida por una jungla de arbustos, invisible para cualquiera en el parque. Lo que estaba haciendo allí y por qué iba allí fueron las dos curiosidades que guiaron mis siguientes movimientos.

    Lo más fácil de averiguar era lo que estaba leyendo. Cuando salió de su escondite, la seguí y la encontré tirando a la basura los papeles que había leído. Dándole tiempo para alejarse, los recuperé y los guardé rápidamente en mi carpeta. Descubrí que estaba leyendo un cuento erótico: contaba la historia del encuentro entre un vendedor apasionado por escribir historias eróticas y una mujer que estaba preocupada por no ser lo suficientemente apasionada en la cama.

    Escondidos en un bosque, los dos tuvieron repetidas relaciones sexuales, descritas con bastante detalle. Había descubierto lo que tanto inquietaba a mi dama, pero aún me quedaba un último misterio por descubrir: ¿qué hacía escondida detrás del quiosco? Al día siguiente hice un reconocimiento y descubrí una pequeña cabaña detrás del quiosco que servía de almacén.

    La puerta estaba abierta y tan dañada que había mucho espacio entre las tablas que la formaban. Desde dentro, oculto a la vista de todos, podía tener una visión completa de la parte trasera del quiosco. Esperaba ansiosamente el día en que mi provocativa dama llegara con una nueva historia, pero parecía que lo hacía a propósito: siempre llegaba con su libro.

    Finalmente, un viernes, después de sentarse en su banco, sacó de su bolso los papeles fatídicos. Con aire de indiferencia me levanté y, rodeando el quiosco, me escondí en mi refugio. Tras quince interminables minutos llegó, comprobó que no la veían y, con un gesto lento y sensual, se levantó la falda hasta la cintura, dejando al descubierto sus suaves muslos enfundados en unas medias oscuras y una diminuta combinación de encaje.

    Se sentó en el viejo taburete abandonado, con las piernas ligeramente separadas, y comenzó a masajear su sexo a través del encaje con movimientos circulares cada vez más intensos. Cuando apartó la tela para tocarse directamente, pude ver la humedad ya mojando sus dedos. Con la otra mano sacó un consolador de goma de su bolso y lo colocó sobre el taburete, colocándolo en posición vertical antes de bajarse lentamente sobre él.

    Me quedé hipnotizado por la vista: ojos bien abiertos, boca bien abierta, respiración agitada, corazón latiendo con fuerza en mi pecho y, lo más importante, una erección palpitando con el deseo de chorrear placer. Mi excitación aumentó aún más cuando, con dedos temblorosos, empezó a desabrocharme la blusa un botón tras otro. Bajó las copas de su sujetador, liberando sus pechos llenos, sus pezones ya turgentes que llevó a su boca, arqueando la espalda, lamiéndolos y mordiéndolos mientras seguía cabalgando el consolador con un ritmo cada vez más frenético.

    Sin darme cuenta, saqué mi polla y comencé a masajearla al mismo ritmo que sus movimientos. La vi arquear la espalda y poner los ojos en blanco mientras un orgasmo intenso recorría su cuerpo, haciéndola temblar. Ella se mordió el labio para no gritar, su cuerpo temblaba con espasmos de placer, mientras al mismo tiempo yo llegaba también, soñando con llenarle la cara con mi esperma. Levantó el consolador, todavía brillante con sus jugos, y se lo llevó a los labios, lamiéndolo y chupándolo con los ojos cerrados antes de guardarlo de nuevo en su bolso.

    Se levantó del taburete y, dándome la espalda, se levantó completamente la falda para ajustarse las medias y las bragas, ofreciéndome la vista de su generoso y perfectamente formado trasero que casi parecía invitarme a tocarlo. Finalmente se recompuso y regresó a su banco. Nunca había tenido que masturbarme con la misma necesidad. Esa mujer me había dejado atónito con sólo mirarla.

    Me quedé en la jaula con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho y mi polla negándose a aflojarse en mi mano, dándome tiempo para recuperarme, esperando que ella no se diera cuenta de que la estaba espiando. Llegué a la oficina todavía aturdido, realizando mis tareas como en trance, mi mente en otra dimensión, las imágenes de ella masturbándose no me daban respiro. De repente, un destello de inspiración: escribiría una historia para ella. Habría sido mi homenaje personal y, al mismo tiempo, un gran desafío.

    Tenía curiosidad y me emocionaba descubrir si una de mis historias sería capaz de provocar en ella las mismas reacciones que acababa de ver. Tuve dos días para dejar que Dago, el personaje de mis historias, diera lo mejor de sí. El domingo por la noche, mientras daba los últimos toques al relato, me sentí en conflicto: satisfecho con el resultado, pero aterrorizado de no aprobar el examen.

    Pasé una mañana infernal con la vista constantemente en el reloj y la cabeza puesta en la historia, pensando en posibles mejoras de último momento. Imprimí y puse la historia en un sobre y escribí en letras mayúsculas con un marcador: “Una historia para ti”.

    Me quedaré en mi banco hasta que ella empiece a leer, luego me escabulliré a mi refugio para esperarla.

    Ya es tarde, o eso me parece, pero llegará. Lleva un traje primaveral de color crema que realza su tez. La chaqueta ligeramente ajustada enfatiza sus generosos pechos, mientras que la falda, con un ligero vuelo que le permite moverse con elegancia, se detiene justo por encima de la rodilla, resaltando sus generosas curvas. Él va a sentarse en el banco. Él ve el sobre. Él está perdiendo el tiempo. Él lo toma en su mano. Él lo estudia. Él se acerca a mí. ¿Viste quién dejó este sobre? La miro. Ella es hermosa. “¿Qué sobre?” Respondo fingiendo estar completamente asombrado. “En ese banco… encontré este sobre… no sé…” “Lo siento, no vi nada… no sabría decirte…” Me sonríe. “Gracias de todos modos…”

    Su rostro se ilumina y regresa al banco. Él se sienta. Da vuelta el sobre en tus manos. Ella está indecisa. Él lo abre. Despliega las sábanas. Comience a leerlos. Se detiene. Mira a su alrededor, casi como si buscara quién dejó el sobre. Si él lo supiera. Empieza a leer de nuevo. Veo que la agitación crece en ella, su respiración se acelera, sus mejillas se sonrojan ligeramente. Mi polla palpita en mis pantalones al verla tan excitada con mi historia. Tratando de mantener una actitud indiferente, llego a mi puesto. Me encierro dentro y espero. El corazón late. No sé si es la agitación o la excitación lo que me provoca taquicardia.

    Por fin está aquí. Ella levanta su falda como si supiera dónde estoy y quisiera darme un espectáculo. Ella levanta su falda con manos temblorosas de excitación, revelando sus suaves muslos desnudos y dejando al descubierto una diminuta combinación de encaje negro que no esconde prácticamente nada. Ella cierra los ojos, abre más las piernas y comienza a acariciarse a través de la fina tela, gimiendo suavemente.

    Ella no puede resistir por mucho tiempo: aparta el encaje con dos dedos y comienza a masajear su clítoris con movimientos circulares cada vez más rápidos. Su coño ya está tan mojado que sus dedos se deslizan fácilmente dentro y fuera mientras, con la otra mano, le desabrocha la blusa. Sus gemidos se hacen más fuertes mientras libera sus pechos del sujetador de encaje a juego y comienza a pellizcarse los pezones ya duros.

    Ver su placer me vuelve loca, sobre todo sabiendo que es mi historia la que lo causa. Me obligo a disminuir los movimientos de mi mano sobre mi polla dura, no quiero correrme demasiado pronto. La observo mientras saca su consolador del bolso y, colocándolo sobre una vieja caja justo en frente de la puerta de la cabina, se posiciona encima de él. La forma en que se muerde el labio mientras lo empuja hacia su culo casi me hace perder el control. Mi mente regresa a mi historia, a la escena que él está recreando fielmente ante mis ojos, y pierdo el control de mi mano nuevamente mientras siento un nuevo tipo de emoción creciendo.

    La cerradura de la puerta cede de repente. Me encuentro catapultado hacia adelante, tambaleándome con mis pantalones alrededor de mis tobillos y mi polla dura en mi mano. Ella me mira con los ojos muy abiertos por la sorpresa y la vergüenza, el consolador todavía clavado en su culo, sus pechos en exposición obscena, su coño goteando y sus mejillas sonrojadas. Nuestras miradas se encuentran, llenas de vergüenza y emoción. Por un momento el tiempo parece detenerse. Su mirada se desliza hacia abajo, fijándose en mi erección, y para mi sorpresa, en lugar de gritar o salir corriendo, extiende una mano temblorosa hacia mí.

    Sus dedos acarician mi eje, enviando escalofríos por mi columna, haciendo que mi carne vibre como una varita mágica. Me acerco esperando que algo suceda y ella se inclina hacia adelante, el calor húmedo de sus labios envolviendo mi glande confirmando que esto no es un sueño. Un gemido escapa de mis labios mientras su lengua comienza a explorar, sus labios succionan mi polla en su boca con creciente intensidad.

    “Es tu historia, ¿verdad?” susurra, haciendo una breve pausa y mirándome con ojos que brillan con picardía. No puedo responder, perdido en las coloridas sensaciones que su boca puede hacerme sentir.

    “Es tu historia, ¿verdad?” Me pregunta de nuevo, un momento antes de que sus manos agarren mis nalgas, empujándome más profundamente hacia su garganta. El placer es tan intenso que tengo que obligarme a no correrme de inmediato.

    “Es tu historia, ¿verdad?” -pregunta de nuevo. Él entiende mi estado, juega a mantenerme ahí, al borde, lista para correrme sin poder, lo hace acariciando, lamiendo, besando, chupando, cada parte de mi sexo, no hay un milímetro que no esté cubierto por su saliva. En ese momento me doy cuenta que si no respondo a esa pregunta, ella seguirá sin concederme ese placer, o incluso podría dejarme en ese estado. “Sí, lo escribí yo…” Apenas puedo reconocer mi voz que en este momento es casi suplicante.

    Sólo entonces acelera, agarrando mis nalgas para empujarme más profundamente dentro de su garganta. Quiero gritar pero no puedo, estamos en un parque. Agarro su cabeza y siento sus labios apretarse alrededor de mi carne dura. Sólo hacen falta unos segundos, unas cuantas embestidas más para hacerme gruñir como un animal mientras me corro abundantemente en su boca. Ella no lo suelta. Él lo bebe todo y continúa bombeando, y me mira con esos ojos que piden placer. Es todo tan bonito y excitante que mi polla todavía está dura como si no hubiera venido.

    Lo limpia todo con cuidado, luego se levanta, me mira con pícara rebeldía mientras se limpia un poco de semen de los labios, me besa y susurra: “Hazme lo que escribiste en el cuento”. Luego se da la vuelta, se apoya en la caja y, levantándose completamente la falda, me ofrece la vista de su culo perfecto.

    Me arrodillo detrás de ella, incapaz de resistir la tentación. Unas manos agarran esas increíbles nalgas, las abren y dejan al descubierto la jugosa fruta que es su coño. Comienzo a lamerla, saboreando su sabor, introduciendo mi lengua profundamente, para luego subir hacia su ano, ya dilatado por el consolador, provocando en ella gemidos más intensos. Deslizo dos dedos en su coño mientras continúo lamiéndola, sintiendo su contracción de placer.

    “Por favor”, susurra ella, con la voz quebrada por la emoción, “fóllame como en el cuento”.

    Sin necesidad de que me lo digan dos veces, me levanto y me posiciono detrás de ella, con una mano agarra su falda, mientras con la otra apunto firmemente mi glande contra su ano. Mi mente vuelve a la historia, a lo que le conté a Dago que hace y, sin pensar, empujo con decisión, también con el deseo de satisfacer su petición. El gemido ahogado que escapa de sus labios es claramente una mezcla de dolor y placer. Me detengo solo un segundo, para entender qué pasa, pero es ella la que se mueve, buscándome. Entonces siento la sangre de Dago fluyendo por mis venas nuevamente.

    Le doy una palmada en el trasero y empujo, fuerte, decisivamente, penetrándola por completo. Ella gime, pero la historia corre por mi cabeza, me extiendo sobre ella y agarro sus grandes pechos y los aprieto fuerte mientras no dejo de golpear su trasero. Hay un momento en el que siento que puedo disociarme, como cuando escribo, y veo desde un punto fuera de la escena, a Dago follando salvajemente por el culo a esta mujer en esa esquina del parque.

    Un sonido extraño sale de su boca. Parece venir de lo más profundo. Estoy empezando a entender: “Sí… sí… sí… lo estoy disfrutando… oh Dios, lo estoy disfrutando… no pares…” No podría parar aunque quisiera, de hecho intento aumentar las embestidas. Sus palabras solo tuvieron el efecto de enviarme a la órbita y, mientras mi semilla llenaba su interior, su cuerpo se estremeció en un orgasmo abrumador. Salpicaduras de su intenso placer empapan mi camisa y mis pantalones.

    Mi cabeza da vueltas y ella también parece cansada. Pasan unos instantes antes de que pueda, lamentablemente, salir de ese culo celestial. Ella también se mueve lentamente, comenzamos a recomponernos mientras un aire de vergüenza también regresa. Inesperadamente, ella se acerca y me besa apasionadamente. Por primera vez noto lo suaves que son sus labios. Ella se aparta de mí con una sonrisa traviesa, se inclina y toma mi polla aún húmeda en su boca, lamiéndola y limpiándola con minucioso cuidado.

    Las campanas de la iglesia cercana suenan, rompiendo el hechizo. Se alisa rápidamente la ropa, pero antes de desaparecer entre los arbustos se gira hacia mí con una sonrisa pícara: “La próxima vez…” susurra, acariciándome la mejilla, “…quiero leer lo que pasa después”. Ella me deja allí, aturdida y con los pantalones todavía en los tobillos, mi mente ya corriendo para imaginar nuevas historias para ella. Me visto rápidamente, consciente de que llego terriblemente tarde al trabajo, pero con la certeza de que éste es sólo el comienzo de una serie de encuentros prohibidos en el parque.

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  • Los cuernos duelen más ¿al salir o al crecer? (1)

    Los cuernos duelen más ¿al salir o al crecer? (1)

    Narración de David.

    Somos cuatro matrimonios amigos, los ocho en la treintena, que nos reunimos con frecuencia; la relación entre las cuatro parejas es fruto de la suerte, porque es raro que el cimiento esté en los varones, y sucedió por obra del azar pues nuestras compañeras, ya en el noviazgo, encontraron afinidad, en tanto que los hombres traíamos esa amistad desde los tiempos del secundario.

    Las cuatro se asociaron en una agencia de publicidad y, con inmensa suerte, les va bien. Los varones tenemos un buen pasar, yo bioquímico que tengo un puesto público y mi laboratorio privado, mientras los otros tres son comerciantes que encontraron el rubro apropiado y tienen ingresos muy superiores a los míos; esta situación desahogada nos permite una periódica dedicación a nuestra común pasión, la pesca.

    La relación entre mi mujer y yo es buena aunque para afuera pueda parecer opaca, ella cada vez que llega a casa me besa con esa deliciosa mezcla de amor y pasión que únicamente pone de manifiesto cuando estamos solos, pues suele decir que las cosas íntimas a ningún extraño le interesan; y eso abarca todos los aspectos de su vida, arreglo personal, vestuario, adornos y conversaciones; esto resulta especialmente llamativo ya que es muy linda, y no solo de cara, pues su cuerpo proporcionado posee todas las curvas compatibles con su delgadez, donde los pechos medianos resaltan y son un imán para cualquier hombre.

    Esa postura hacia el exterior hace que generalmente vista pantalones holgados, prendas superiores con reducido escote y nada ajustadas, pero en el interior del hogar usa ropa cómoda sin importarle que alguna parte de su cuerpo quede expuesta; a tal punto su negativa a la tiranía de la moda que no le conocí otro peinado que media melena de pelo lacio, pegado al cuero cabelludo y tirante en una coleta; tiempo atrás al comienzo de la convivencia la pregunté la razón de esa diferencia y su respuesta fue clara y contundente.

    -“No hay que mostrar aquello que no está a la venta, adentro ando como quiero porque solo me ve el dueño de mis deseos”.

    Un día, minutos antes del almuerzo llega mi esposa con expresión particularmente alegre y me da el consabido beso algo más largo.

    -“Hoy llegás con más alegría que otros días”.

    -“Es que sin buscar ni ofrecer nos llamó un cliente poderoso interesado en saber sobre la agencia, tiene varias empresas y podría generar buenos ingresos”.

    -“Y cómo llegó a ustedes”.

    -“Simplemente la suerte, nos dijo que andaba buscando agencias, y entre ellas estaba la nuestra, de la cual algunos trabajos le habían gustado, por otro lado era la única a cargo de mujeres y que eso lo había decidido, pues, según él, somos menos especuladoras y más pasionales lo cual redunda en mayor entrega al trabajo”.

    -“¿Ya está decidido?”

    -“No, mañana iremos a verlo pues quiere conocernos y saber cómo solemos trabajar”.

    A la tarde del día siguiente estaba por salir para el laboratorio cuando llegaron a buscarla a mi mujer sus compañeras Beatriz, Lorena y Paula, pues iban a reunirse con el probable cliente; las recién llegadas estaban primorosamente vestidas y, sin ser exageradas, como para atraer miradas masculinas sobre piernas y escotes, pues tanto blusas como faldas podían enseñar algo si había un descuido; Marcia salió vestida y arreglada como de costumbre, las miró haciendo un gesto de perplejidad y se fueron.

    Cuando nos juntamos nuevamente, antes de la cena, le pregunté sobre el resultado de la entrevista.

    -“Creo que nos fue bien a juzgar por los comentarios que hizo, aunque estuvo más pendiente de mis tres socias”.

    -“¿A vos te ignoró?”

    -“De ninguna manera, me prestó suma atención a lo que le decía, pues las otras estuvieron más pendientes de mostrar lo menos posible por esa vestimenta que eligieron, en cambio yo tuve que atender nada más que a la conversación”.

    -“O sea que esta experiencia te da una vez más la razón en cuanto a atuendo”.

    -“Totalmente, además creo que es un pícaro, el despacho es enorme, calculo que en él entra cómodamente nuestro estudio y, en ese espacio, hay tres juegos de sillones, mesa para una docena de asistentes, su propio escritorio, etc.; sin embargo, nos llevó al juego que tenía los asientos más bajos, lo cual obligó a las tres mujeres a ejecutar malabarismos para impedir que las respectivas bombachas estuvieran a la vista del anfitrión”.

    -“¿Y cómo es su aspecto?”

    -“Un cuarentón muy bien conservado, alto, físico y vestimenta muy cuidadas y ciertamente pintón; no le vi alianza, pero eso, hoy día, nada significa”.

    -“¿Y en qué quedaron?”

    -“Vamos a hacer la prueba con un producto y, si queda conforme, nos hará más encargos; como prácticamente llevé todo el peso de la charla decidió que yo fuera el contacto, pues siempre conviene que haya un solo interlocutor, aunque después el trabajo se distribuya entre varios”.

    -“¿Cómo se llama?”

    -“Jeremías Sotelo, seguramente en internet debe haber más información sobre él”.

    Unas semanas más tarde Marcia volvió del trabajo muy contenta, la prueba de publicidad para el nuevo cliente había sido aprobada y, en consecuencia, ya tenían dos nuevos encargos aunque eso significara mayor carga de trabajo; por supuesto me alegré con ella ofreciéndole todo el apoyo que estuviera a mi alcance y su pedido fue que la reemplazara en algunas tareas hogareñas cuando se le alargase el tiempo de trabajo; es sabido que la preocupación por alguna responsabilidad inmediata va en contra de la concentración necesaria para realizar bien la tarea en desarrollo.

    Unos días después me sorprendió, cuando para ir al trabajo, eligió un vestido a media pierna, holgado según su costumbre y un escote ligeramente mayor a lo habitual, por lo cual la felicité pues, siendo hermosa, hoy lo estaba más.

    -“Gracias mi amor, es que las chicas me convencieron diciendo que nuestra apariencia redunda en beneficio del negocio; de todos modos acepté hacerlo pero cada tanto, pues más cómoda me siento en pantalones”.

    Y esa rutina se verificaba solo una vez por semana, cosa lógica pues era introducir una modificación en un hábito ya arraigado.

    Reflexiones de Marcia.

    La primera vez que fui a verlo sola me recibió con un beso en la mejilla un poco más duradero de lo usual y luego, en un intervalo para servir café, medio en broma me dijo.

    -“Si fuera mujer no permitiría que mi marido me imponga limitaciones en la vestimenta”.

    -“Y vos pensás que esa es la causa de yo use estas prendas”.

    -“Es que no encuentro otra razón para que vos ocultes un cuerpo que, si responde a la cara, debe ser precioso”.

    -“Lamento decepcionarte, pero mi esposo más de una vez alabó mi aspecto cuando llevo vestido o falda; uso pantalón y camisa holgada porque es la manera de despreocuparme de los mirones que, por desgracia, abundan, y así puedo enfocarme en lo que esté haciendo”.

    -“¿Y yo podré tener el privilegio de verte con esa vestimenta típicamente femenina? Me encantaría sentirme en la obligación de darle la razón a tu marido”.

    -“Ya veré más adelante”.

    Ese comentario, a primera vista inocuo, me estuvo rondando la cabeza toda la semana y cuando se avecinaba la próxima reunión me dije ; y así, sin excepción, dejé de usar pantalones cada vez que debía ir a verlo. Fin de la reflexión

    Narración de David.

    Debo reconocer que la contribución hecha para aliviar la tarea de mi esposa fue mínima, pues era raro que su carga horaria en la agencia se incrementara; muy esporádicamente se retrasaba y en ese caso siempre avisaba. El cambio importante se dio en el entusiasmo con que afrontaba el trabajo y la consiguiente alegría al obtener buenos resultados, lógicamente por el esfuerzo conjunto.

    Evocaciones de Marcia.

    Al llegar a la primera reunión llevando vestido, después de mirarme detenidamente, me saludó con un beso en la mejilla, no solo más largo de lo común, sino que posó los labios ligeramente entreabiertos para juntarlos teniendo entre ellos un pedacito de mi piel, para luego decirme con voz queda.

    -“Estás preciosa”.

    Ese contacto y el susurro apenas audible me produjeron un escalofrío que hizo tambalear mi habitual aplomo en el desempeño propiamente laboral, lo que no me impidió percibir un cambio en el despacho, ya no estaba la mesa de trabajo anterior sino una redonda para cuatro personas y con superficie de vidrio transparente. Al sentarnos se ubicó de manera que la parte inferior de mi cuerpo fuera bien visible para él. Luego de un rato de trabajo, en que nada pudo ver, hicimos un intervalo para tomar algo y estirar las piernas; ahí volvió a la carga sobre mi atuendo.

    -“Ese vestido es demasiado largo, pienso que debiera llegar apenas por encima de las rodillas”.

    -“Si así fuera, al sentarme el ruedo estaría a medio muslo, y en lugar de trabajar tranquila, tendría que estar pendiente de no dejar a la vista la bombacha; además a vos no te conviene que decline mi atención sobre la tarea por la cual estás pagando”.

    -“¿Me permitís una confesión que no puede salir de estas paredes?”

    -“Si es algo incómodo para mi o mis socias, o deshonesto respecto del trabajo no quiero escucharlo”.

    -“Ninguna de las dos cosas, es simplemente contar lo que siento”

    -“Entonces te voy a escuchar, pero me reservo el derecho a estar en desacuerdo y decírtelo”.

    -“Es que hoy, al verte tan femenina y hermosa el trabajo pasó a segundo plano”.

    -“Gracias por el elogio, pero el trabajo sigue siendo lo más importante y eso es lo que nos reúne”.

    Habiendo declinado el café y bebiendo un jugo de fruta me acerqué al ventanal ubicado al costado de su escritorio, atraída por la preciosa vista hacia un parque totalmente verde.

    -“Qué hermoso paisaje se divisa desde acá”.

    -“Es verdad, y desde acá también”.

    Iba a contestar algo cuando, en el reflejo del vidrio, lo veo mirando fijamente mis nalgas; aunque el comentario hizo crecer mi ego, no debía reconocerlo, así que me guardé la sonrisa de satisfacción que pugnaba por salir y, girando empecé a caminar hacia la mesa de trabajo.

    -“Bueno, se acabó la vagancia, a continuar en lo que estábamos pues los términos hay que respetarlos”.

    Había dado dos pasos cuando me frenó, él sentado en un sillón y yo de espaldas al ventanal.

    -“Por favor, ¿cumplirías un deseo que me come por dentro desde que llegaste?”

    -“Primero tendría que saber cuál es”.

    -“Ciertamente algo sencillo y casi infantil, ¿levantarías tu vestido más arriba de las rodillas? así resuelvo la incógnita de la belleza de tus piernas”.

    El pedido en cierto modo me paralizó, aunque estaba en línea con su actitud general de admirar mi cuerpo, cosa que íntimamente me agradaba, y ahí permanecí inmóvil pero seria, sabiendo que él estaba enfocado en mi silueta que la fuerte luz exterior mostraba a través del vestido.

    -“Lo voy a hacer solo para darte algo de tranquilidad y así enfocarnos en lo que tenemos pendiente”.

    Con espontánea lentitud tomé el vuelo desde la mitad y empecé a subirlo para frenar habiendo superado las rodillas; él estaba mirando esa parte de mi cuerpo, mordiéndose el labio inferior con la expresión de quien está frente a un tesoro; al percibir la detención habló con voz suave a modo de ruego.

    -“Un poquito más, por favor”.

    Yo, aunque por fuera pareciera insensible a su patente excitación, me había contagiado, y le di en el gusto hasta que me di cuenta que había llegado a medio muslo; solté de golpe la tela y fui a sentarme; por supuesto que el intento de ambos por retomar el trabajo fue infructuoso, el impacto del momento vivido seguía presente y hacía inútiles los esfuerzos por sobreponernos al nivel de excitación alcanzado.

    Ante eso le dije que necesitaba retirarme y disculpándome me comprometí a compensar el tiempo perdido; me acompañó hasta la puerta donde hizo el ademán del beso habitual de despedida, pero no fue así, pues tomándome de la cintura con una mano, con la otra inmovilizó mi cara cubriendo con sus labios los míos; mi inicial parálisis se transformó en aceptación y permití que su lengua ingresara a entrelazarse con la mía y mansamente dejé que su miembro presionara mi vulva, hasta que sus manos, apretando desde mis nalgas intentando subir el vuelo del vestido, me hicieron recapacitar sobre lo que estaba haciendo; ahí me separé y salí sin decir una palabra. Fin de la evocación.

    Narración de David.

    Cuando llegué a casa, algo temprano porque había concluido rápido lo pendiente, me encuentro con mi amada, llamándome la atención su cara seria con gesto de incomodidad.

    -“Hola mi amor, te noto apagada, ¿pasó algo que te hizo regresar un poco más temprano?”

    -“Hola tesoro, siento algo raro en el abdomen y un gusto desagradable en la boca, por eso no te recibo como siempre”.

    -“Quizá sea un simple desarreglo digestivo y mañana ya te hayas compuesto, si querés meterte a la cama yo me encargo de la cena y te llevo aquello que quieras. Antes que me olvide, ya pasó bastante tiempo desde el último descanso de las pastillas anticonceptivas, así que podés comenzar otra interrupción y, mientras tanto, yo uso preservativo”.

    Durante la noche se movió mucho, con algunos sobresaltos, pero al día siguiente fue a trabajar, aunque no con la buena disposición de costumbre.

    Recuerdos de Marcia.

    Después de la reunión donde nos besamos con Jeremías me sentí tan mal que inventé una excusa y, en lugar de regresar al estudio, me fui directamente a casa. Al poco rato llegó David y me encontró en ese estado de ánimo lamentable, pues la conciencia taladraba mi cabeza reprochando el reciente proceder, el resto de la tarde estuve en cama y la noche fue un infierno de pesadillas.

    En los siete días que pasaron, hasta la nueva reunión semanal con el empresario, de manera pausada, sin pensar ni buscar, fui transitando de la culpa a la tranquilidad, luego al entusiasmo por la tarea y por último a la ansiosa espera de que llegara el momento.

    El día para la prevista reunión semanal de coordinación, después de vestirme, caí en cuenta que inconscientemente, había elegido cada prenda en función de esa cita; la blusa abotonada que permitía graduar el escote, la falda con elástico en la cintura que podía subir o bajar a gusto, zapatos de taco medio cómodos para moverme y también la ropa interior, un hermoso conjunto transparente regalo de David.

    Puestos los pies sobre la tierra me recriminé, pues mi conducta era la de una puta que, juntando flujo en la toalla higiénica de la biquini, corre con desesperada arrechera a los brazos del amante.

    Esa mañana cuando llegué al estudio, apenas me vio Paula me llevó a su despacho, cerrando la puerta para hablar en privado.

    -“Amiga, hace años que nos conocemos, y hay indicios apuntando a que estás en peligro”.

    -“¿Por qué decís eso?”.

    -“Porque pareciera que, transgrediendo la vieja costumbre de vestirte extremadamente recatada, has hecho un cambio notable coincidiendo con las veces que te toca ir a verlo a Jeremías; y no solo eso, sino que lentamente vas avanzando en mostrar más. Te lo digo porque no quiero que salgan perjudicados tanto vos como David; la pendiente, cuando es suave, te lleva al fondo sin que te des cuenta”.

    -“Ya te entendí, voy a volver a lo viejo, gracias”.

    Miré el reloj cuando entraba a la secretaría, faltaba un minuto para la hora convenida y al verme la joven que atendía hizo una seña de saludo y me anunció; estaba terminando de hablar cuando se abrió la puerta apareciendo en el marco el hombre que buscaba; daba la sensación de haberme estado esperando del otro lado de la hoja de madera lustrada. Ambos serios nos miramos y él, movió el brazo dándome paso para después cerrar.

    -“Temía que no quisieras volver”.

    -“Este es un trabajo, y mis compañeras no tienen la culpa de lo sucedido”.

    -“Te agradezco esa disposición y que nuevamente hayas optado por la vestimenta que me encanta y, por supuesto, la que hace justicia a tu belleza”.

    -“Gracias”.

    Los dos, veladamente, pues no lo decíamos con palabras, estábamos haciéndole saber al otro la excitación que llevábamos a cuesta, y probablemente sucedía por el temor que anidaba en él de avanzar más rápido de lo esperado, mientras yo pretendía conservar un mínimo de dignidad; mi concha aplaudía de ganas pero no lo podía reconocer.

    Con paso no del todo firme fui hasta el lugar de costumbre ocupando el sillón giratorio. No quería darle la oportunidad de pegarme a su cuerpo, pues eso me llevaría a una segura claudicación. Igualmente se ubicó a mis espaldas mirándome desde arriba.

    -“Recién me dijiste que esto es un trabajo y como tal estás decidida a realizarlo; me encantaría saber si además viniste porque te resulta placentero”.

    -“Sí, también fue por eso”.

    La vergüenza de aceptarlo me llevó a hablar con cabeza y voz baja, pareciendo que ese era el aviso esperado para continuar el asedio, porque puso las manos sobre mis hombros presionándolos suavemente, luego bajó a soltar dos botones de la blusa dejando a la vista el corpiño.

    -“Qué preciosura lo que veo, pero solo a modo de anticipo”.

    Y soltó dos más.

    -“Ahora sí están a la vista dos maravillas, aunque todavía cubiertas, pero ya lo arreglamos”.

    Y deslizó la blusa hacia arriba sacando los faldones para dejar todo el pecho al aire. Inmóvil, sin oposición, con la mente en blanco, deseando solamente gozar en manos de ese hombre, cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás apoyando el cuello en el borde del respaldo; ahí fue cuando deslizó los breteles hacia los brazos y fácilmente bajó el corpiño dejando los pechos desnudos para apretarlos con fuerza y retorcer los pezones.

    Mi quejido, respondiendo a esa mezcla de dolor-placer, lo calló con su boca que empezó comer la mía mientras continuaba con la caricia-tortura de mis tetas; terminado el beso, su voz me llevó a abrir los ojos.

    -“Hoy comenzó lo bueno putita, y vas a recordar por mucho tiempo el placer que viniste a buscar y te vas a llevar, arremanga lentamente la falda hasta que llegue a la cintura, perfecto, preciosa esa transparencia, ahora hay que hacerla a un lado; impecable esa almejita rodeada de vellos castaños, solo falta separar los labios para que pueda apreciar el tesoro completo”.

    -“Madre mía, no puedo creer lo que estoy haciendo para darte en el gusto”.

    -“Sin duda debo agradecer al inventor del sillón giratorio, ya que con una simple rotación de noventa grados tengo a centímetros de mi boca el manjar que, esta antigua esposa recatada, me ofrece para hacer progresar los cuernos que ya porta el esposo”.

    La tarea de labios y lengua me llevaron rápidamente a un estado de enajenación, donde lo único que quería, y se lo hacía saber, era correrme; sin embargo el muy infame, cada vez que me veía al borde del orgasmo frenaba y sostenía mis manos para que no lo sepultara en mi vagina; por eso la acabada fue muy intensa dejándome exánime durante unos minutos; volví a mis cabales cuando lo escuché.

    -“Ahora vas a recibir la ración de pija que viniste buscando”.

    -“¡No, eso no, por lo que más quieras!, dejalo para más adelante, hace unos días deje de tomar anticonceptivos, no me puedo arriesgar, te pajeo, te la chupo, pero no me la metas”.

    -“No solo me la vas a chupar sino que te vas a tragar todo lo que salga; esta vez te salvás pero la próxima vas a recibir carne del derecho y del revés. Por ahora tu marido es cornudo al diez por ciento por el beso, apoyada y tocada de culo del otro día; hoy mamada con leche bebida es un treinta por ciento más, así que te queda sesenta por completar, treinta de concha y treinta de culo, vení que no quiero correrme de pie”.

    Y me llevó casi a la rastra, se desnudó de la cintura para abajo y me dijo.

    -“Te quiero solo con la falda arrollada en el medio de tu cuerpo, arrodíllate sobre el sillón de manera que, mientras chupas mi pija, yo pueda meterte mano por detrás y ver el trabajo de labios y lengua”.

    En cierto modo fue una tortura, porque había momentos en que me apretaba la cabeza provocándome arcadas, pero compensaba con dos dedos que entraban rítmicamente en mi concha mientras el pulgar traveseaba en mi culito; así llegué a correrme mientras tragaba la leche depositada en mi boca.

    Con el maxilar bañado en esperma y el flujo empapando mi entrepierna quedé tendida y laxa sobre el sillón; una dama, generalmente cuidadosa de su aspecto, recatada en el vestir, pudorosa en sus posturas y digna en sus actitudes, ahora se mostraba despatarrada, las nalgas en el borde del asiento, la falda en la cintura, mostrando la vulva mojada en la unión de las piernas abiertas, la cabeza ladeada con los ojos cerrados y los labios entreabiertos largando saliva y esperma por una de las comisuras.

    Esa fue la imagen que tomó el celular de mi seductor, y me la mostró cuando recuperé la cordura al entregarme unos pañuelos descartables para secar un poco los líquidos, pues hubiera resultado desagradable caminar hacia el baño dejando el reguero de cremas resbaladizas.

    El trabajo había brillado por su ausencia y, ya repuestos después de aplacar la urgencia del deseo ciego, volvió a la carga mi conciencia con una embestida salvaje.

    Esta vez no me animé a regresar a casa para reponerme, di vueltas dando tiempo a que mis compañeras se hubieran retirado a sus casas para ir al estudio, tomar algo y componerme un poco; por supuesto antes le avisé a mi marido que hoy iba a demorarme, y el recibir su amorosa comprensión empeoró mi estado.

    Fin de los recuerdos.

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  • En la plaza, con una vieja amiga

    En la plaza, con una vieja amiga

    Después de años de ausencia en las redes sociales, la curiosidad lo llevó a reinstalar Instagram. Entre las notificaciones acumuladas, un mensaje resaltó como una chispa del pasado: “Te encontré, desaparecido. ¿Cuándo esos mates? Te extraño”. Era Julia, aquella chica del círculo de amigos que siempre lo buscaba, pero que él, por timidez y una diferencia de edad que entonces le parecía insalvable, había ignorado. Ella tenía 17, él 22, y esos cuatro años le pesaban como una barrera infranqueable.

    Con el tiempo, el grupo de amigos se había disuelto: algunos se pelearon, otros se enamoraron, y él se marchó de la ciudad para perseguir sus sueños. Cerrar sus redes sociales fue parte de ese proceso, una forma de cortar amarras y enfocarse en lo que realmente importaba. Así, perdió el contacto con todos, incluso con ella.

    Ahora, de vacaciones en su antigua ciudad, decidió responderle. La curiosidad por saber qué había sido de su vida lo impulsaba. Concretaron una reunión en la plaza, un lugar que evocaba recuerdos de tardes interminables y risas compartidas. Él, alto y delgado, con su habitual timidez, llegó puntual. Ella, gordita y bajita, con su energía contagiosa, ya lo esperaba. Su sonrisa era la misma, pero en sus ojos había algo nuevo, una madurez que el tiempo había esculpido.

    —¿Cuánto tiempo, no? —dijo Julia, abrazándolo con la misma naturalidad de antes.

    —Demasiado —respondió él, sintiendo cómo el pasado y el presente se entrelazaban en ese momento.

    Se sentaron en el césped, el mate entre ellos como un puente entre dos épocas. La conversación fluyó con facilidad, como si los años no hubieran existido. Hablaban de los viejos tiempos, de los amigos que se perdieron y de los que quedaron. Ella le contó de sus estudios, de sus sueños, de las veces que lo extrañó. Él, introvertido como siempre, escuchaba con atención, sus palabras medidas pero sinceras.

    El sol comenzó a ocultarse, y la plaza se vació poco a poco. La gente se marchaba, pero ellos permanecían allí, envueltos en una burbuja de nostalgia y complicidad. El aire se volvió más fresco, y las luces de la ciudad comenzaron a encenderse, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados.

    —¿Te acuerdas de aquella vez que nos quedamos hasta tarde aquí, hablando de todo y de nada? —preguntó Julia, su voz teñida de melancolía.

    —Cómo olvidarlo —respondió él, recordando aquella noche en la que ella se había acercado más de lo habitual, y él, inseguro, había puesto distancia.

    El silencio se instaló entre ellos, pero no era incómodo. Era un silencio cargado de significado, de cosas no dichas, de miradas que se cruzaban y se esquivaban. Julia se recostó en el césped, mirando las estrellas que comenzaban a asomarse. Él la imitó, sintiendo cómo la proximidad de sus cuerpos creaba una tensión que antes no había sabido manejar.

    —¿Sabes? —dijo ella, girando la cabeza para mirarlo—. Siempre me gustaste. Pero tú nunca me diste bola.

    Él la miró, sorprendido por su franqueza. ¿Cómo no se había dado cuenta? ¿Cómo no había visto la forma en que ella lo miraba, la manera en que buscaba su atención?

    —No era que no me interesabas —confesó, su voz baja pero firme—. Era la edad. Pensaba que eras demasiado joven para mí.

    Julia sonrió, una sonrisa que era a la vez triste y desafiante.

    —Ahora ya no soy tan joven. Y tú ya no eres tan tímido, ¿o sí?

    La pregunta colgó en el aire, y él sintió cómo su corazón latía con fuerza. La miró, realmente la miró, y vio a la mujer en la que se había convertido. Su cuerpo curvilíneo, sus ojos brillantes, su sonrisa atrevida. Ya no era la chica de 17 años que él había subestimado. Era una mujer que sabía lo que quería, y en ese momento, él entendió que lo quería a él.

    Sin decir una palabra, se acercó a ella. Sus labios se encontraron en un beso que fue a la vez suave y urgente, como si estuvieran recuperando todo el tiempo perdido. Las manos de Julia se deslizaron por su espalda, mientras las suyas se posaban en sus caderas, sintiendo la calidez de su cuerpo a través de la ropa.

    El césped frío contrastaba con el calor que los invadía. Ella lo empujó suavemente, recostándolo y colocándose sobre él. Su altura diferenciaba sus cuerpos, pero en ese momento, todo encajaba perfectamente. Ella se desabrochó la camisa, revelando un escote generoso que él no pudo evitar admirar.

    —¿Te gusta lo que ves? —preguntó, su voz ronca y seductora.

    —Siempre me gustó —respondió él, sus manos subiendo por su cintura para atraparla contra él.

    Julia sonrió, satisfecha, y comenzó a besarlo de nuevo, sus labios explorando su cuello, su pecho. Él la ayudó a despojarse de la camisa, y luego de la suya propia, sintiendo el aire fresco en su piel. Sus manos recorrieron su cuerpo, adorando cada curva, cada pliegue. Ella era perfecta, y él no podía creer que la hubiera ignorado durante tanto tiempo.

    —Te extrañé —murmuró ella, sus labios rozando los suyos—. Te extrañé más de lo que puedes imaginar.

    Él la atrajo hacia sí, sus cuerpos entrelazados en un abrazo que era a la vez tierno y apasionado. El mundo a su alrededor desapareció, y solo quedaron ellos, bajo un cielo lleno de estrellas, recuperando el tiempo perdido en cada beso, en cada caricia.

    La noche avanzaba, y el frío se intensificaba, pero ninguno de los dos parecía notarlo. Estaban demasiado ocupados explorándose, descubriéndose, como si fuera la primera vez. Y de alguna manera, lo era. Porque ahora, ya no había barreras, no había miedos, solo el deseo y la conexión que habían estado ahí todo el tiempo, esperando el momento adecuado para florecer.

    Y así, tirados en el césped de la plaza, bajo la luz de la luna, se entregaron el uno al otro, dejando que el pasado se desvaneciera y que el futuro quedara en suspenso. Porque en ese momento, solo importaba el aquí y el ahora, y la promesa silenciosa de que, esta vez, no se dejarían ir.

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  • Mi esposa Erika y su novio vagabundo

    Mi esposa Erika y su novio vagabundo

    Luego del castigo que recibió mi esposa y yo humillado por solo quedarme viendo nos dedicamos al trabajo a manera de no perder el enfoque más el estudio en curso requeríamos estar al 100% así que nos relajamos, visitamos centros de masaje, salimos, y disfrutamos nuestra vida de casados.

    Siempre nos manteníamos en contacto con Ricardo, pero casi como una adicción nos nació ir nuevamente donde los vagabundos que como hemos mencionado varias veces pues de cierta forma le hemos tomado aprecio pues a pesar de ser pesados son a la vez agradables y aunque no lo mencionemos en los relatos solemos hacer más cosas como jugar cartas o dados, o simplemente pasar tiempo con ellos es como visitar a un amigo en casa y no siempre terminan cogiendo a mi esposa a veces solo es charlar o ellos terminar ebrios.

    Pero bueno, era nuestro fin libre (Si la jefa de enfermeras que fue nuestra docente nos consiente, algo muy poco profesional pero que agradecemos) entonces al tener fin de semana libre durante el día aprovechamos a pasarla juntos viendo Max+ para luego en la noche ir a la exconstructora.

    Yo nunca suelo describir como me visto por el hecho que uno no pasa de una camisa y un pantalón, aunque bueno en mi caso short y camiseta, en el caso de mi esposa que pedimos las cosas por internet por barato o ahorrarnos el problema de ir a buscar ropas atrevidas o directamente ropa que no se ocupa decir para que se ocuparan después… En fin, ella se puso un top tubo negro transparente literalmente se le miraban los pechos y en la parte de abajo una mini falda transparente con una tanga-hilo solo para cubrir la parte de adelante y unos tacones finos negros, iba 100% puta así que para salir de la casa se colocó un suéter mío pues lo largo le cubría todo, pero ya en el carro se despojó de él.

    Y de rutina, aunque esta vez me bajé yo a comprar bebidas y sándwich para los vagabundos y pusimos marcha al lugar, me estacioné por detrás siempre en la ubicación de Antonio y Héctor, nos bajamos y a ambos se le querían salir los ojos cuando vieron a mi esposa…

    -Increíble… ¿Cómo le haces para salir de tu casa?, fue lo primero que preguntó Héctor y mi esposa solo le dijo que se ponía un suéter.

    -Pero como vienes le dijo Antonio agarrándole la mano y dándole una vuelta, entonces Antonio le preguntó si traía algo para ellos además de su culo.

    -Obvio –dijo mi esposa sacando lo que yo había comprado en otra tienda.

    Y nos encaminamos hasta donde esta Julio pues ahora ese era el punto de reunión para estar todos juntos además que su ubicación si bien es en esquina nosotros al meternos mas para alejarnos de la orilla quedamos mas ocultos, pero esta vez nos quedamos casi a orilla de calle mientras ellos comían yo saqué un juego de cartas para jugar 21 con ellos.

    Mientras jugábamos otro grupito a media cuadra le silvó a mi esposa para que fuera donde ellos, entonces ella se levantó y nos dijo que ya regresaba, mientras jugábamos escuchaba la risa de mi esposa con el otro grupo de vagabundos, supongo la estaban acortejando o bromeándola, ya que ella se lleva bien con todos los demás en la cuadra con fama de puta pero la respetan.

    Mientras hablábamos y jugábamos no pude evitar ver donde estaba ella por las risas vi que uno de los vagabundos se había parado la tenia de la mano y la levantó para que mi esposa les diera una vuelta y así lo hizo con un medio bailecito.

    -Veo que tu esposa si sabe animar a todos aquí –dijo Antonio

    -¿Qué puedo decir? Es un privilegio tenerla conmigo todos los días –dije presumiendo

    Eso les dejó tocados pues sabían que tenía razón.

    -Si tienes razón pero lo bueno es que su culito es bien sociable –dijo Julio riendo

    Ja! Me habían devuelto la tiradera que les di.

    Mientras eso sucedía, escuché el típico ¡beso! ¡beso! Vi a mi esposa y le dio un piquito en los labios y después se regresó a donde estábamos, ella venía riendo por la situación diciendo que ellos no tenían remedio…

    -Bueno es que así como vienes vestida a cualquiera tientas –dijo Héctor

    -Si no, pues mira –dijo bajándose un poco la trusa dejando ver su erección

    -A poco nomas por verme te has puesto así ¿Héctor? –dijo mi esposa

    Mi esposa buscó con la mirada el colchón, y luego se fue hacia él poniéndose en cuatro levantando un poco su culo…

    -¿Qué tal así? –le preguntó mi esposa a Héctor

    Héctor, Julio, Antonio y yo quedamos congelados al verle el culo pues si yo enterarme se había traído el plug metido en su culo y lo primero que notamos fue el corazón purpura bajo el hilo.

    Mi boca estaba seca de la excitación, todo este tiempo desde que salimos de la casa lo traía adentro de su culo y ni me enteré, increíble.

    Héctor, bueno todos no supimos que hacer ante tal impacto visual, mi esposa movía su culo invitando al primero que se anime, el cual fue Héctor pues el había comenzado todo…

    Héctor con los ojos bien abiertos como plato despojó del top a mi esposa, le quito la falda y el hilo se lo rompió para sacárselo… Y procedió a besarle la espalda a Erika hasta llegar a sus nalgas y proporcionarle un oral mientras con su mano movía el plug de manera circular provocando gemidos de parte de ella…

    Héctor halaba y empujaba el plug, mientras continuaba lamiendo la vagina de mi esposa y ella a ese punto ya estaba muy mojada, Héctor se detuvo y acomodó su verga entre los labios vaginales de mi esposa y empujó poco a poco hasta meterla toda, mi esposa suspiró de placer, Héctor empezó a bombear entre una velocidad media y rápido y a veces lo mas profundo que podía empujando su pelvis…

    Mi esposa al estar en cuatro, Héctor con su mano agarró el cuello de ella levantándola para poder besarle el cuello.

    -Me encanta tu verga –le dijo mi esposa

    -Oh… Yo sé que sé que te encanta y mas me encanta a mi cogerte a la vista de los demás –dijo Héctor

    -Es lo que las putas hacen –le dijo mi esposa

    Eso hizo aumentar la velocidad a Héctor mientras que con su mano aun continúa sosteniendo el cuello de mi esposa…

    -Quiero que tu esposo vea como te reviento el culo –le dijo Héctor

    -Y todos pueden cogerme por el culo –le dijo mi esposa

    Entonces Héctor lentamente sacó el plug del ano de mi esposa y al sacarlo del culo de mi esposa le dijo:

    -Tenme esto putita –dijo Héctor mientras mi esposa abría su boca para meterle el plug como si de un biberón para bebe se tratase

    Ahora el plug lo tenía en su boca, el corazón purpura ahora estaba en sus boca.

    Héctor de entre los fluidos vaginales de mi esposa deslizo su verga para metérsela en su culo lo cual lo hizo sin dificultad por la previa dilatación que había hecho el plug…

    Héctor sin piedad comenzó a meter y sacar su verga, podía ver como el ano de mi esposa quedaba abierto del tamaño de una moneda por la forma en como la penetraba, continuaba sacando por completo su verga y luego metiéndola, mi esposa daba pujidos ahogados por el plug en su boca, luego cambiaron de posición…

    Héctor ahora paso a acostarse y mi esposa rápido cómodo sus nalga en la verga de Héctor y poco a poco se fue sentando de espaldas a Héctor hasta calzar su verga, y empezó a brincar mientras él suspiraba supongo aguantando las ganas de no acabar rápido.

    Era maravilloso ver a mi mujer brincando sobre esa verga y más aun sabiendo que aún tenía que complacer a 3 más…

    Tal vez solo pasaron tres minutos más cuando Héctor le pidió que se volviera a poner en cuatro entonces la volvió a penetrar así pero solo fue para acabar adentro de su culo y rápido le pidió el plug sacándolo de su boca y metiéndoselo en el culo sellándolo dejando el semen adentro de sus entrañas, después de eso mi esposa le hizo un pequeño oral.

    Qué increíble imaginación la de estos sujetos.

    A todo esto yo con la verga de afuera jalándomela lentamente para no acabar antes.

    Llegaba el turno de Julio y Antonio, no querían esperar más así que los dos al mismo tiempo se empezaron a coger a mi esposa, mientras Julio la penetraba, Antonio la tenía mamando.

    Llegados un momento donde Julio era quien penetraba a mi esposa, dijo:

    -Vamos a ver que desastre hizo este cabrón –jalando del cuello a mi esposa

    Entonces Julio sacó el plug del culo de mi esposa el cual estaba muy embarrado de semen y otra vez mi esposa se metió el plug en la boca para quedar como biberón, a la vez que sin avisar Julio le metió la verga de golpe en el culo aunque al parecer no fue doloroso para mi esposa pues ya estaba demasiado dilatada…

    Julio es de los que poco le importa solo le interesa satisfacerse el pues empezó a penetrarla de una manera rápida y violenta azotándole varias veces el culo a mi esposa, dándole nalgadas, diciéndole lo puta que era.

    -Así nos tienes que entregar el culo siempre –le decía Julio a Erika

    -Si no ya sabes toca meados –dijo en forma de burla

    Por otro lado Antonio se dedicaba a manosearle los pechos mientras Erika lo masturbaba, no le podía hacer oral por tener el plug en la boca, así que ella hacia lo que podía…

    Julio por estarla penetrando demasiado rápido también eyaculó rápido dejando todo su semen adentro.

    -A ver puta dame el plug, a la vez que se lo volvió a meter en el culo sellándolo nuevamente…

    Era turno de Antonio… sorpresivamente la dejo descansar unos minutos pues mi esposa estaba bañada en sudor y muy roja de las nalgas por las nalgadas y embestidas que le daban, sin perder la posición de estar en cuatro le di agua a mi esposa para que se hidratara, a la vez que me dio un beso en la boca.

    Antonio nos interrumpió…

    Quería seguir para penetrar a mi esposa, él se colocó atrás de ella y repitió el mismo proceso de los otros dos, sacó el plug del culo de mi esposa y se lo puso en la boca…

    Se escuchó un fuerte palmazo y era que le había dado una nalgada y con la misma la penetró analmente, pero fue más calmo cada que sacaba su verga podía ver lo blanca que estaba al estar revolviendo el semen de los otros dos con su verga… Hasta que finalmente también acabo…

    -Dale el plug a Roman –le dijo Antonio

    Y pues lo agarré y lo guardé entre la ropa que ella traía.

    Hasta que su verga ya estaba flácida la sacó del culo de mi esposa, hasta entonces pude ver como el semen restante salía, entonces Antonio con su verga atrapaba el semen que salía para llenarla.

    -Girate hacia acá, puta –le dijo Antonio

    Mi esposa vio la verga de Antonio llena de semen mezclado de los 3 y se llevó la verga la boca sin necesidad que se lo pidiera, hasta limpiar todo.

    -Eres una marrana –le dijo Antonio

    -Te apuesto a que la vez anterior eran lagrima de cocodrilo la que tenías cuando te tragaste los meados –dijo burlándose de ella

    -Mira que te encanta tragar semen y ahora hasta puedo llegar a pensar que los meados también –dijo riéndose

    -Bueno –dijo Antonio poniéndose de pie

    Julio al escuchar eso se acercó a mi esposa y le dijo suavemente al oído.

    -Eh.. ¿Quieres meaditos también?

    -Tienes sed te puedo dar algo de beber –dijo Julio poniendo su verga en la cara de mi esposa

    Ella únicamente dijo que no con su rostro, yo pues sin hacer nada era una situación que me cortaba (lo menciono aquí, pero asimilarlo me llevo tiempo)

    -Uhmmm… lástima –dijo Julio

    Después de eso mi esposa se quedó acostada en la colchoneta reposando y recuperando, mientras tanto los demás tomaban agua, yo igual, a mi esposa pues le continuaba saliendo algo de semen del culo que resbalaba por su nalga al estar acostada de lado… hasta que tomo fuera para levantarse, entre todo eso Héctor se había ido.

    Mi esposa agarró su carterita (que se me olvido mencionar) y se limpió el rostro con una toallita húmeda e igual sus partes hasta la lavo con botellas con agua, y se retocó el maquillaje, y totalmente desnuda se acercó a la orilla de calle a tomar aire fresco para calmar la adrenalina de su cuerpo… Obviamente inmediatamente salió desnuda a la orilla los demás grupos de vagabundos le empezaron a silbar y a tirar besos, luego se regresó con nosotros.

    Se sentó en las piernas de Julio que ellos ya se habían puesto sus harapos, únicamente mi esposa estaba desnuda, entonces mientras platicábamos Héctor regresó y no venía solo que digamos… venia acompañado de un chico muy joven, su nombre es Gabriel un chico de apenas 19 años.

    Bueno llego con Héctor y todo fue miradas por decirlo de esa manera, pues Gabriel se le quedó viendo a mi esposa, mi esposa a Gabriel, yo me quede viendo a Gabriel, Héctor se le quedo viendo a mi esposa, Antonio se le quedó viendo a Héctor, Julio se le quedó viendo a mi esposa que continuaba viendo a Gabriel.

    Entonces Héctor dijo: -¿Bueno es concurso de miradas o qué?

    Creo que ese momento fue el alivio cómico del momento, todos reímos, pero persistía la interrogante entre mi esposa y yo ¿Quién rayos era ese chico?

    Bueno pero el punto es que Gabriel sorprendido no le quitaba la mirada a mi esposa y pues era obvio estando ella desnuda sentada en las piernas de Julio mientras todos platicábamos…

    -Ven pasa le dijo Julio a Gabriel siéntate a la par de esta belleza y pues Gabriel con algo de pena se sentó en uno de las cubetas al lado de mi esposa.

    -Te presento a Erika ella es enfermera que nos viene a “cuidar” de vez en cuando y él es su esposo Román y nos saludamos…

    Mientras platicábamos y nos íbamos conociendo miraba a Gabriel con un aspecto totalmente diferente al resto de indigentes, él no se miraba tan descuidado, no llevaba harapos de hecho era un pantalón de lona anchos rotos pero sin camisa… Ciertamente no tenía modo que fuera indigente.

    Mientras platicábamos digamos que como el tetris todo iba llegando a su lugar y las dudas de mi esposa y mía se iban despejando, según tenemos entendido el si tiene hogar pero son de esos chicos que simplemente les gusta más las cosas de la calle y vaya que si porque desde su casa hasta la exconstructora hay mucho tramo recorriendo a pie, y por supuesto meterse en problemas, que ni va a clases y por sus padres pues si están mas no para él, en resumen la receta perfecta para un posible delincuente y futuro vagabundo cuando alcance las edades de Antonio o Héctor…

    Entonces todo cayó en su lugar, al final era que desde hace tiempos querían presentárnoslo pero que nunca se había presentado la oportunidad, pero ahora que hay mas confianza pues se tomaron la molestia.

    Su juventud era evidente a la par de los 50 y tantos de los demás, con casi 19 años encima son de esos que si se caen no les pasa nada, pero bueno continuamos la plática, pero el miraba a mi esposa de vez en cuando y luego a mi tratando de entender todo.

    Mi esposa se dirigió a él y le dijo que se mantuviera tranquilo que ya nos conocíamos y que le gusta estar así, el chico nomas dijo “Okey”.

    Julio luego le dice a Gabriel riéndose: -No te preocupes por eso no pasa nada lo que sucede es que la esposa de Román es bien puta y ese culo no da abasto solo para él así que le toca compartirla.

    -No tienes remedio –le dijo a Julio

    -Que dices si hace ratos te acabamos de coger enfrente de tu esposo –dijo Héctor

    El chico si bien está acostumbrado a ser callejero pero aún se limitaba un tanto pero no perdía detalle.

    -¿Cuántos años tienes tu? –le pregunto a Gabriel a mi esposa

    -24 –le dijo ella

    -Yo cumpliré los 19 en dos semanas –dijo él

    -Soy mayor así que tendrás que respetarme –dijo bromeando mi esposa

    Y así comenzaron a romper el hielo poco a poco hasta el punto de bromear mas, de parte de Gabriel era como “medir” el terreno.

    -Y dime algo ¿Tienes novia? –le preguntó mi esposa

    -No tengo aun –dijo él

    -¿Quieres que sea tu novia? –le preguntó mi esposa bromeando y presionando a Gabriel

    -E… eh… -alcanzó a decir Gabriel

    -¡Bah! No es justo nosotros llevábamos mas tiempo contigo y no me has pedido eso –dijo Antonio (seguro le tocó el alma a Antonio en ese momento)

    -Román has algo –dijo Héctor poniéndose de pie

    -A mi no me miren ahí mi esposa le preguntó a Gabriel, él tiene que responder –dije pasando la pelota a mi esposa

    -Entonces Gabriel, ¿quieres que sea tu novia? –dijo mi esposa

    Gabriel en shock dijo que si, entonces mi esposa le dijo:

    -Muy bien pero me tienes que sacar a pasear o invitarme a algo ¿Sí?

    -Si –dijo Gabriel

    -Muy bien dame un beso entonces –le dijo ella

    -¿Pe… pero no me hará nada tu esposo? –pregunto él

    Yo solo me reí y mi esposa le dice:

    -¿Me lo darás o no? –dijo ella ahora sentándose en mi pierna

    Vaya manera de intimidación sentándose en mi pierna…

    Entonces Gabriel se puso de pie y fue directo a la boca de mi esposa quien le dio un beso en la boca fenomenal.

    -Listo ahora somos novios –le dijo mi esposa

    -Ven, dame otro beso –dijo mi esposa levantándose

    Entonces ahí si mi esposa lo agarró a besarlo con mas ganas y ya luego Gabriel se animó a abrazarla de la cintura y ya le seguía el ritmo del beso…

    -Sabía que si podías besar –dijo mi esposa retirándose un poco de él y luego para volver a besarlo

    Gabriel entonces se aventuró a besarle el cuello, pero no bajaba de ahí entonces mi esposa le agarro la cabeza para volver a besarlo en la boca y lo hizo bajar a sus pechos para que los chupara.

    -Si eso querías hacer, hazlo –dijo ella

    Gabriel se intimidó un poco pero continuó…

    -Para ser novios vamos muy rápido –dijo ella volviendo a besar a Gabriel

    -Pero si tu eres la que la recibió sin ropa –dijo Antonio

    Los demás solo rieron dejando como “payasa” a mi esposa.

    Por detrás de Gabriel se acercó Antonio y le dijo algo al oído, Gabriel hizo un gesto que “No” con la cabeza, entonces Antonio le dijo algo mas y le dio palmaditas en la espalda como de ánimos…

    Entonces Gabriel dudoso llevo su mano a la cabeza de mi esposa y tímidamente la empujo hacia abajo para que mi esposa se agachara…

    -Vaya, mi novio salió bien desesperado, mi amor –dijo viéndome

    -Bueno corazón demuéstrale que eres una excelente novia –le dije animándola

    Entonces mi novia agachada le bajo el zíper a Gabriel e hizo a un lado su bóxer sacando su verga, Gabriel al sentir la humedad y lo tibio de la boca de mi esposa en su glande solo cerró sus ojos en señal de satisfacción.

    No aguanté más, me puse de pie y cambie de posición a mi esposa haciendo que se pusiera en cuatro por ende Gabriel tuvo que ponerse de rodillas y yo comencé a penetrar a mi esposa, por dentro su vagina ardía pero que sensación mas placentera.

    Luego mi esposa se apartó de mi para darle el espacio a Gabriel para que la cogiera y vaya si que estaba desenfrenado con su joven energía hasta empujaba a mi esposa hacia adelante por las embestidas que le daban, obviamente experiencia tenía adaptarse y tener confianza con mi esposa es lo que faltaba.

    Luego pude ver que sus embestidas disminuyeron, se quedó quieto y penetró dos veces más de manera suave pues estaba vaciando todo su semen adentro de mi esposa hasta que finalmente la sacó y un chorro de semen salió inmediatamente de la vagina de mi esposa.

    Mi esposa se acostó en el colchón boca arriba y pude retomar lo que había comenzado, nos pusimos en posición de misionero y con la punta de mi verga agarré los restos de semen que habían quedado y los volví a meter con mi verga para poder batir el semen adentro de mi amada hasta saciarme con mi esposa y mientras la penetraba los demás no perdían detalle.

    -Ven Gabriel –le dijo mi esposa

    -No pierdas detalle de como me cogen –dijo ella

    Hasta que exploté vaciando tomo mi semen en mi esposa y quedamos acostado en el colchón…

    Y por respeto al tiempo de lectura, después de eso nos incorporamos hablamos un rato más y nos despedimos, mi esposa le dio un beso a su nuevo “novio” y nos fuimos a descansar.

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  • Cuando Richi me culeó

    Cuando Richi me culeó

    Hola. Esta es una de las historias dignas de contar. Es una narrativa real.

    Ya he tenido algunas experiencias disfrutando como pasivo y a veces como travesti de closet, todo depende de los gustos de mi hombre.

    Me gusta siempre hacerlo con condón incluido el oral, cosa que a muchos hombres les desagrada, pero no falta quien si busca cuidarse y ese tipo de hombres es a quien me gusta encontrar.

    Richi es un señor de aproximadamente unos 65 o más años. Por lo que se vive solo en un buen sector de la ciudad. Es amable y muy comprensivo. No sé si usará algún estimulante para tener la buena erección que se carga o es natural, no le he preguntado, pero lo que si se es que me ha hecho gozar mi femineidad al máximo.

    Lo contacté en una plataforma de internet y he ido con él un par de veces y quizá vuelva a buscarlo.

    En cuanto a mí, actualmente rondo en los 55 años, y debido a la pérdida de mi capacidad de tener erecciones, el hecho de disfrutar el ser penetrado me ha ayudado a poder disfrutar de esa manera mi sexualidad. Soy delgado 1.67metros de estatura. Tengo bonitas y atractivas nalgas, que ya empinadita, de cuatro o de 71 me veo super antojable.

    Pues resulta que la primera vez que Richi me contactó, desde el inicio él me hizo sentir en confianza, estuvo muy de acuerdo en usar preservativo y también estuvo de acuerdo en tratarme con delicadeza tal y como se lo pedí, porque hacía muchos años que nadie me había poseído.

    Una vez todo acordado, pedí un Uber y pasé a una farmacia genérica para comprar mi tubo de lubricante a base de agua y un paquete de condones sabor fresa.

    Quizá él pensaba que a lo mejor no iría, porque a cada cinco minutos me preguntaba donde iba. Finalmente como vio que si me iba acercando me dijo que me abriría la puerta de su cochera.

    Llegué muy amablemente me dio el pase y al ver que tengo un problema para caminar, me preguntó si así podíamos tener el encuentro. Le confirmé que a eso había ido que se preocupara, solo que me tuviera paciencia si le pedía algún cambio de posición.

    Ya en su sala me ofreció una modelo bien fría y también sacó una para él. Luego me empezó a cortejar y yo muy pronto le fui dando entrada. Como en 20 minutos ya se le notaba su verga bien parada abajo de short. Por mi parte sentía palpitar mi culito de deseo. El como buen semental que se ve que es, vio que ya me tenía al punto rojo vivo, me empezó a desvestir, ahí mismo en la sala ya que yo no puedo subir escaleras por mi problema en las piernas.

    Luego puso una toalla de baño sobre el sillón y me acostó boca abajo, yo muy obediente con sus órdenes o lo que sentía que él quería hacer. Una vez acostado en esa forma, me acarició la espalda baja y fue dirigiéndose hacia mis nalgas que acarició cada centímetro cuadrado y se fue centrando con más atención a mi raja trasera que me la embadurnó de gel lubricante y jugó con mi anito, dilatándolo con un dedo, después dos y estando dentro como que los doblaba y giraba, haciendo con ello que mi esfínter se dilatara cada vez más, hasta que le tuve que pedir que ya me culeara.

    Pero aún se puso un condón de fresa y me metió en la boca, casi me hacía vomitar cuando me llegaba más allá de la garganta, pero justo en eso se salía de mi boca. Después de estar mamando su verga un buen rato me puso de cucharita, volvió a dedearme mi culo, para muy pronto ponerme la punta de mástil en la entrada anal y empezar la rica acción que tanto disfruto.

    Metió quizá solo el glande, descansó unos instantes y entró más a mi cuerpo y finalmente entró todo hasta sentir sus huevos topar en mis nalgas. Teniéndome así, me comenzó a dar despacio pero fue aumentando el ritmo en base a mis gemidos que solos me salían.

    Cuando ya vio que me tenía bien dilatado mi esfínter, me puso de cuatro sobre el sillón quedando mi cara hacia el respaldo y dejándole a su disposición mis nalgas bien calientes con ganas de tragarme aquella rica verga con mi culo ardiente y así fue; se colocó detrás de mí me tomó por la cintura y de una sola metida entró toda su verga en mi caliente y apretado culito que sufría de dolor por lo gruesa de la verga y porque así me estaba entrando toda, pero a la vez me sentía super feliz de estar disfrutando tan rico momento como tanto lo había deseado. Llegó el momento que me entró hasta el último pedazo al sentir sus bolas golpear mi perineo en cada arremetida que me daba mi hombre.

    Así en esa posición mu estuvo culeando quizá por unos 40 minutos, hasta que se salió que porque ya sentía que iba a eyacular y no quería hacerlo, quizá se estaba guardando su energía para culearse a alguien más tarde, pero a mí eso no me importa, porque justo en ese momento me hizo tener un doble orgasmo, uno en mi culo y el otro con mi eyaculación, no sé cómo ocurrió, pero el sentir los espasmos de mi pene hacía que estos fueran más intensos en cada arremetida de verga que me daba.

    Fue un encuentro tan rico que después volví a que me hiciera su hembra por segunda vez, pero eso se los contaré en otra historia.

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  • Construyendo paraísos (2): Pajas en el establo

    Construyendo paraísos (2): Pajas en el establo

    Este verano tenemos visita, en realidad todos los veranos pasan algunos días en el rancho familia y amistades, al final nos organizamos para repartirse según las vacaciones de cada cual.

    Esta semana viene una amistad que trabamos hace ya unos cuantos años, una pareja española, al otro lado del mundo. Esperábamos a los dos, pero al final viene sólo ella. Lamentablemente, durante este tiempo de planificación del viaje se han separado y ella ha querido mantener nuestra invitación como distracción y cura de heridas. Se llama Nore y se hicieron muy amigas Tara y ella por casualidades de la vida.

    Tara fue a recogerla al aeropuerto porque yo tenía mucho trabajo en el rancho, es época de recoger la cosecha y nos faltan horas en el día para las tareas que hay que hacer en el campo y con los animales. Ya me dijo Tara que aprovecharía a dar una vuelta por la ciudad e ir de comprar con Nore.

    Llegaron justo a la hora de la comida, había preparado yo una paella, algo típico español, que aprendí en nuestro viaje por aquellas tierras y donde conocimos a Nore. Todo lo que sea cocinar con fuego vivo era yo el encargado de hacerlo. En tiempos de mi abuelo y de mi tío preparábamos parrilladas en el suelo, con ladrillos, algo muy rudimentario, también evolucioné e hice un asador para no tener que agacharme con la parrilla o la paella.

    Cuando llegaron a casa ya tenía yo la mesa preparada, tenemos un estupendo porche a la entrada de la casa, zona de sombra con un sistema de agua vaporizada que no moja pero sí contribuye a bajar unos grados la temperatura del entorno, a la vez que si te da un chorro cerca te refresca sin calar.

    Nos saludamos casi a distancia, yo estaba todo sudoroso del calor y de haber estado pendiente de la paella, atizando el fuego para que se hiciera. Tara había dejado masa de pan preparada y también he estado haciendo de panadero en el horno de barro que tenemos junto al asador. Todo lo hecho con leña adquiere un sabor diferente, más rico.

    Con ayuda de Tara, se acomoda nuestra invitada en su habitación, nos trae como regalo unas botellas de vino de su tierra, vino tinto que parece sangre, donde cae se queda rojo y hay que reconocer que está muy bueno, lo abrimos para la ocasión, comida típica española, como bienvenida.

    Antes de sentarme a la mesa me he dado una ducha rápida y me he puesto presentable, incluida camiseta, algo que llegando el verano me pongo sólo cuando cae la noche. Ya sentados a la mesa me puedo fijar en Nore, es de la misma estatura que Tara y con la misma edad, las veces que se han comunicado Tara y ella no me había fijado en ella, de buena presencia y atractiva para su edad. Aunque habían pasado unos cuantos años no parecía que hubieran pasado por ella, se lo dije y me agradeció el halago.

    La comida giró en torno a los avatares del viaje, en realidad Nore ya lleva unos días en Australia, visitando las grandes ciudades del país en viajes organizados, así que ya está acostumbrada al horario, los dos primeros días fueron muy extraños, nos contaba, lo típico del “jet lag”. Para llegar al rancho ha tenido que coger otro vuelo hasta el aeropuerto más cercano.

    En la sobremesa nos da cuenta de las últimas novedades de su ruptura, con Tara ya se había sincerado en la distancia y consolado en la medida de lo posible a miles de kilómetros. Pese a lo dramático de lo que es un divorcio nos dice que ha pasado página y que se ha venido al otro lado del mundo para olvidar las penas y disfrutar a tope del momento.

    El rato que llevábamos allí hizo que los nebulizadores, aunque no mojaran, sí humedecían el ambiente y también la ropa, no lo notamos porque el calor es abrasante y el agua atomizada nos refresca, dando sensación de confort sin notar la ropa húmeda, yo que estoy sentado frente a Nore he ido viendo como su blusa blanca se ha ido transparentando, dejando a la vista un bonito sujetador de encaje color hueso, entre el dibujo del encaje se han terminado por marcar unos pezones que apuntaban hacia el cielo.

    La visión era de lo más excitante para un hombre, lo de concurso de camisetas mojadas sería una nimiedad comparado con lo que tenía ante mis ojos. Sus pechos eran más grandes que los de Tara, sin ser desproporcionadamente grandes, ya se alumbraba un escote generoso antes de sentarnos a la mesa, tanto que al inclinarse para sentarse ya me alegró la vista.

    Las mujeres no dejaban de hablar y yo no quitaba ojo de aquellos dos melones que invitaban a quedarse sin respiración entre ellos. De vez en cuando miraba a Tara para que no se notara mi fijación y porque su contemplación, la blusa casi transparente, me estaba llevando a empalmarme y si me tuviera que levantar sería difícil de explicar mi estado. Tara se dio cuenta y fue quien se lo dijo a Nore que se levando rápidamente abochornada e intentando tapar con brazos y manos lo que por su estupendo volumen era imposible tapar. Cuando nos quedamos solo Tara me echó la bronca por no avisar y por quedarme mirando como un calentón.

    En la siesta estaba yo que me salía pero Tara se negó a satisfacer mis ganas, me decía que si no me daba vergüenza y que para nada me iba a hacer una paja pensando en las tetas de su amiga, así que dejé que se calmaran los ánimos y mi calentura, a dormir y soñar, mejor con algo frío.

    Tras la siesta habían quedado en darse un baño en la piscina, yo tenía que atender el ganado y no volvería hasta anochecido. Antes de irme ya estaban las señoras con su bikini dispuestas, las dos llevaban el socorrido pañuelo anudado a las caderas, que supongo se lo ponen para disimular un exceso de culo y de ensanche de caderas, debido esto último por la maternidad. Las contemplé y ninguna necesitaba disimular nada, de Tara ya lo sabía, de Nore lo estaba descubriendo, aunque mis ojos volvieron a fijarse principalmente en su delantera, el bikini dejaba ver los lados de los pechos perfectamente redondeados, tapando sólo el frente.

    Tara casi me echo de allí, que me fuera a hacer las tareas que tenía previstas. No quería irme, mientras Tara me empujaba, yo seguía mirando a Nore, el tipazo que tenía que me hacía babear. Al final me fui al establo para dar de comer al ganado y luego tenía que revisar una valla algo lejos, por lo que iría a caballo. El establo tiene unas ventanas que dan a la zona de la piscina, están sucias y llenas de polvo, pero una de las veces miro a través de ellas y las veo a las dos tumbadas en las hamacas al sol y completamente desnudas, he tenido que volver a mirar fijamente para asegurarme y que no era mi calentada imaginación.

    La visión no dejaba dudas, Tara le gustaba tomar el sol desnuda y yo le animaba a ello, me encanta ver su cuerpo, sus curvas, sus pechos al sol, hasta su coñito, sabía quien era quien no sólo por la diferencia de tamaños de las tetas, también se notan las marcas de la piel donde no ha visto el sol de Nore que Tara no tiene y además, el rasurado del vello púbico, sin pelos lo tiene Tara, aunque Nore lleva un rasurado agradable de ver.

    Las veo de frente, ellas no me ven porque, además de la suciedad de los cristales, el pajar está oscuro, sólo la luz que entran por las ventanas donde estoy, el recuerdo de las vistas de la comida y las de ahora se me pone la polla dura y no dejo pasar la ocasión de hacerme una paja viendo a las dos bellezas tostándose al sol, mientras me la meneaba contemplaba sus caderas, sus muslos, sus pechos, todo me excitaba y dejé que la leche saliera disparada, en el momento del orgasmo se me volvieron a cerrar los ojos, instante fuera de control, porque lo que yo quería es sentir el placer viendo lo que me excitaba, fue un instante, luego volví a verlas y disfrutar unos momentos de la vista. Tras lo cual ensillé un caballo y salí sin molestar a las damas.

    De vuelta ya anochecido las mujeres estaban en el porche de charla, yo me acerqué montado en el caballo, quería hacerme el interesante para ellas, que me vieran como esos jinetes de las películas de vaqueros acercándose al pueblo, les saludé, descabalgué con elegancia y pregunté si había pasado buena tarde, a lo que asintieron a la vez. Seguido me llevé el caballo a los establos. Tengo que decir que no era la primera vez que me hacía una paja desde allí, aunque sí la primera con la visión de alguien más que Tara.

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  • Economista y prosti: Visita del francés y doble vaginal (2 – fin)

    Economista y prosti: Visita del francés y doble vaginal (2 – fin)

    Sobre las 8 de la mañana, extrañados de que no hubiera actividad, aparecieron papá y Tommy y nos despertaron. Nos duchamos Paul y yo. Y nos fuimos a desayunar todos juntos.

    Conversamos en nuestro lenguaje múltiple, nos reímos, y nos asombramos de que aún teníamos buena parte del sábado y todo el domingo por delante.

    Me había vestido como para no pasar desapercibida, pero tampoco andaba desnuda.

    Al menos en la mañana no planeaba salir ni al jardín, simplemente descansar, hacer mi célebre ensalada de papas huevos y pepinillos agridulces para acompañar el inevitable asado y poca cosa más.

    Un vestido largo hasta el tobillo pero strapless, de voile azul Francia en honor al invitado y zapatos de tacón medio, para comodidad.

    Por supuesto, el voile tiene opacidad muy limitada, y ya de por sí dejaba apreciar mi total carencia de lencería. Y cuando pasaba frente a algún rayo de luz que entraba por una ventana, o cerca de una lámpara encendida, ¡zás! transparencia total. Por supuesto, al ser la que más domino el francés, era la referente de Paul, quien estuvo buena parte del tiempo conmigo. Conversamos mucho y nos reímos mucho también. Directamente me preguntó si podríamos volver a tener sexo, dado que él había venido “a verme con papá”. Y que no necesariamente había contratado sexo.

    Por supuesto le expliqué mi sistema de atención, sin límite hasta que él invitado lo diga. Nunca se había cruzado con ninguna chica que aplicara ese criterio, que lo dejó maravillado. Le dije también que en algún momento volvería a coger con mi padre y que Tommy no podía seguir al margen, todo lo cual le pareció muy justo. Ni que decirlo. En el correr de la mañana, aparte de preparar la ensalada y conversar, me tocó toda, me manoseaba y levantaba el vestido, a veces me bajaba el escote para manosearme las tetas, a lo cual no me negaba en absoluto. Mis tetas son una de mis partes más amadas, además de que yo misma las admiro en forma merecida, son muy sensibles y amo cuando las tratan como se merecen.

    Almorzamos, tomamos café, y ya anochecía en Francia, y llegó una llamada de Jeanne. Está vez era ella quien transmitía y era una impresionante imagen del chofer Charles penetrándola en cuatro. La verga no entraba más allá de la mitad, nos entretuvimos viéndolos, hasta que él sacó aquel trozo de ébano de la concha de Jeanne y descargó su eyaculación en la espalda de ella. Fin de la transmisión.

    Divertidos, comenzaron a tocarme y a jugar conmigo, caricias por aquí y por allá, besos que van y vienen. Tocaron a la puerta, y yo, imaginando que sería Roque fui a atender, con las tetas al aire (no era la primera vez). Preguntó si necesitábamos algo y se marchó.

    A Paul le encantó saber que dábamos acceso a mi cuerpo a nuestro empleado, al igual que ellos con Charles.

    Hablamos luego largo y tendido del tema de mi futura preñez, de mi inseminación, de cuantos serían. De Manuel, anotado como suplente por si alguien no podía (“yo podré como sea”, dijo Paul). Yo aventuré un pensamiento de que quizás si hubiera tres o cuatro interesados, podría considerar un tercer día de fecundación, reservando al grupo principal el día 1 y 2 de fertilidad.

    Poco a poco se avanzó en el tema fantasías cumplidas y a cumplir. Mencioné dos que me están dando vueltas en la cabeza, que solamente te Tommy conocía y aprueba, a él también le dan vuelta la cabeza.

    Hablamos de que a veces nos gustan cosas mal vistas socialmente, y conté como muy por encima Manuel me mencionó algo que yo rechacé, pero que es una de las fantasías de Mary. Intrigado, Paul preguntó que era, y cuando se lo dije, dijo que “se siente muy agradable, es una sensación muy linda”. Y el propio Paul aventuró que quizás en otra visita conozca a Mary “si a ustedes no les molesta”.

    Ya casi era de noche, mi vestido dejaba ver zonas de mi cuerpo por varios lados.

    Picamos algunas cosas remanentes del mediodía y me fui, con la expectativa de todos de que “vuelvas aún más bella”.

    Puse lo mejor de mí. O mejor dicho, eché mano de bella lencería. Bata blanca transparente sobre tanga hilo y soutien marco (el que no tiene copa) negros, y ahora sí con tacos bien altos. Ya que tenía un voyeur como invitado, quise sacar a relucir mi lado exhibicionista. Ni que decir, las tetas se mecían al compás de mi andar, ya que solo su contorno estaba enmarcado por la armazón del soutien. Los pezones parecían querer perforar la bata.

    Pasé frente a ellos hice caer la bata, y me lucí en tanga y sostén. Me alabaron toda, especialmente el culo, que llegaron a acariciar y también las tetas, obvio.

    Me retiré, me tomé más tiempo del necesario para cambiarme con el fin de aumentar la expectativa, y reaparecí con conchero negro y babydoll blanco, cortísimo, “a medio culo” como siempre digo.

    De nuevo pasé frente a ellos, me senté sobre las piernas de Tommy a besarlo. Enlazando nuestras lenguas, me sacó el babydoll que solamente se sujetaba por un lazo al frente.

    Papá se acercó a acariciarme el culo y Paul se acercó por el otro lado a acariciarme y chuparme las tetas.

    Les di unos minutos de diversión y excitación y nuevamente desaparecí. ¡Ya era noche y quería aprovecharla!

    Mi siguiente outfit fue… ¡Nada! Salvo mi querida boa blanca de plumas. Una prenda que resultó muy del gusto de Paul. Solamente colgaba hacia atrás y adelante, pasando sobre uno de los hombros, por detrás caía simplemente y la sujetaba entre las nalgas, por delante, con un brazo la guiaba a taparme la concha. Completé con medias negras, de puño elástico. Me paseaba frente a ellos y dije:

    –Mis amores, ¿que desean que hagamos esta noche?

    –Lo que ya sabes, ¡con todos nosotros! Dijo Tommy.

    –De acuerdo dijeron papá y Paul.

    –Quisiera un favor, dijo Paul. Quisiera pedirles ser el último y pasar el resto de la noche con Sofía, pero en condiciones especiales.

    –Desde ya que sí, aventuró Tommy, pero ¿cuáles son esas condiciones?

    –Poder hacer una especie de ensayo del ritual de fecundación, pido ser el último, y que esta noche estemos solos Sofía y yo, como estaremos al fecundarla, siento que anoche no hice lo suficiente, solamente lo hicimos una vez.

    –Me parece bien, dijo Tommy, has venido desde lejos, y tu generosidad con Sofía ha sido impactante. ¡Haremos un ensayo general!

    –Ya sabes cariño, dije yo a Paul… mi finalidad es satisfacerte, y lo haremos así como deseas. Tus deseos son como órdenes, más cuando no sé si nos volveremos a ver antes de fecundarme.

    –Si ustedes lo permiten, claro que volveremos a vernos, no me molesta invitarlos a Francia o venir yo mismo o con Jeannette si es posible.

    –¡Eres muy bueno!

    Y entonces procedí a dejar a un lado la boa de plumas, desnuda los atraje a mí, me besé con todos y pregunté a Tommy y papá quien sería el primero.

    –Yo primero, dijo mi marido, pues el día de fecundarte también seré el primero. Y por supuesto Paul puede mirar y tú papá también.

    Nos fuimos al dormitorio, Tommy abrazándome y Paul y papá con copas de coñac en sus manos.

    Se instalaron y yo, de rodillas, comencé con una linda chupada de miembro a Tom, ya desnudo. Los voyeurs del caso se quedaron en bóxers, con toda confianza.

    Largo rato de rodillas chupándole la verga, mientras él me acariciaba el cabello y con sus manos acompañaba el movimiento yo de mi cabeza.

    Luego, la inevitable devolución de favores, chupándome la concha y finalmente, la que dijo a todos que sería su posición de inseminarme, en cuatro y bien metida a fondo. Aún tuvo tiempo de chuparme las tetas.

    Me puse en cuatro y me la metió como siempre, de una, conoce mis gustos. Me acariciaba el esfínter y me metía un dedo bien ensalivado.

    Yo gozaba mucho su característica de que las bolas le cuelgan aún excitado (a muchos hombres se les contrae el escroto y no les cuelgan) y entonces en el vaivén, siento el golpeteo de las bolas en mi cuerpo.

    Cuando iba a acabar, lógicamente la metió bien a fondo, buenos chorros lácteos. Y me la dejó adentro un minuto o dos sin moverse, (“para que los espermatozoides se orienten”) dijo, ja ja.

    Se salió de mí y yo me tiré acostada, con las rodillas levantadas, en la posición recomendada a las que buscan embarazo.

    Limpio un poco su verga en mis medias, que por supuesto no me había quitado, y tampoco los stilettos. Y me la dio a chupar para terminar de limpiársela. En mi concha ya empezaba a rezumar leche, pese a lo profundo de su acabada.

    Miré a papá y le dije, mimosa, papá, es tu turno… ¿me ducho?

    –Nooo Sofía, te quiero así mismo, cuando termines con Tommy. Pasamos con Tom a la poción frente a frente que ya les he relatado. Besos, caricias, y al oído le dije: “Gracias por comprenderme amor” y respondió “yo sabía que podías se la mejor y más cara de las putitas de Uruguay, pero que te regalen lo que te regaló Paul, eso no lo pensaba”.

    Me había asegurado que mi posición fuera de espaldas a los mirones, para que pudieran disfrutar de la vista integral de mi culo, de economista casada y prostituta de lujo, y al mismo tiempo, de hija amante de su padre.

    Tommy se levantó , se fue a higienizar y volvió en bóxer. Yo, desnuda y reclinada en la cama, un poco como la estatua de Paulina Bonaparte, sabía que mis tetas lucían hermosas y también mi culo, obviamente toda desnuda y sin cubrirme con la sábana.

    Me quité, de manera sexy o al menos eso creo, los stilettos y las medias manchadas del semen de Tommy.

    Y papá se quitó su bóxer y como siempre de verga enhiesta se acercó a mí.

    Parado, acercó su verga a mi boca, yo seguía en la posición de la estatua que les nombré. Se la pude chupar perfectamente, mientras le acariciaba los huevos y él me acariciaba el rostro y las tetas, repitiendo “Sofía, Sofia, qué divino que seas tan puta y pueda cogerte”.

    Me senté en la cama para chupársela un poco más, luego me paré de frente a él y dirigí su verga a mi entrepierna para que me la metiera. Entro fácilmente, y luego de algunos vaivenes (tomé nota de que me encantó), la sacó, brillante de semen de Tommy y me empujó a la cama.

    Sé que me ama, hasta donde nuestro amor es posible, al caer a la cama, lo atraje a mí, a besarnos y a frotar nuestros vientres, y a disfrutar con mis tetas de sus pellizcos y caricias.

    Nos pasábamos saliva el uno al otro, nos mordisqueábamos los labios, hasta que me pidió que me pusiera al borde de la cama, con las piernas de modo que mis rodillas fueron hasta casi los hombros, y las sujeté con mis manos, aprovechando para además abrir las piernas.

    Él se paró al lado de la cama, lamió mi concha varias veces, que estaba un poco abierta, y me metió la pija, mirándome directo a los ojos.

    Quizás no me crean, pero esa mirada, directa y fuerte, me transmitió todo, lujuria, deseo incestuoso, amor, cariño paternal… y creo que hasta el deseo genuino de ser él quien me embarace llegado el momento.

    La posición es ideal, poco faltó para que me entraran hasta los huevos. Desesperado, bufando y sin dejar de mirarme a los ojos, comenzó su vaivén, mezcló un par de mete saca y siguió incansable. Su descarga de la noche anterior hizo que durara más tiempo sin acabar.

    Paul y Tommy miraban a menos de un metro, asombrados de nuestra pasión.

    No pude evitarlo, gritaba en forma intermitente, y temblaba.

    Y siguió hasta acabarme bien a fondo, yo gemía, él emitía gruñidos y siguió con el vaivén hasta que se le ablandó y se salió. Desesperada por más contacto, bajé mis piernas apoyando los pies en la cama, abrí aún más las piernas y mi concha quedó evidentemente ofrecida para lamer.

    Me besó la concha, brillante de leche, aunque casi toda estaba adentro. Se recostó sobre mi cuerpo a decirme cosas hermosas, yo no paraba de acariciarlo.

    Estuvimos así, amándonos sin penetración, hasta que él se levantó y yo miré a Paul para guiñarle un ojo, y le dije: ¿vienes?

    Rápidamente te se quitó el bóxer. Se acostó en la cama junto a mí y me chupaba las tetas.

    Tommy y papá se fueron, cumpliendo lo prometido, pero en unos instantes volvió Tommy y dejó sobre una silla mi vestido de novia.

    El mensaje era obvio, para que lo mancháramos con semen de Paul, para ir guardando las manchas de los que van a preñarme. Se retiró Tommy dejando ahora la puerta cerrada. Estábamos a solas con Paul por segunda noche consecutiva.

    Evidentemente, actuar como voyeur lo excita mucho, tenía su pija bien parda, dura, lo comprobé al acariciársela. Y me dediqué a chupársela, con excursiones de mi lengua a sus huevos y al año, lo cual obviamente te le encanta.

    No paraba de decirme cuán agradecido está de que podrá inseminarme cuando llegue el momento, y también por el ensayo de esa noche.

    Me puso de espaldas en la cama y comenzó a refregar su pija sobre mis labios conchiles, abriéndolos de a poco, comenzaba frotando la cabeza cerca de mi estrecho asterisco, y terminaba frotando el capuchón del clítoris.

    “Yo te voy a embarazar en cucharita” dijo, quiero ser diferente.

    Me acomodé de costado, pasé mi pierna libre sobre las suyas, con lo que abrí bien mi concha. Aprovechando que su verga es relativamente te larga, me la metió a fondo, lo sentí muy agradable. Mientras me daba bomba, me acariciaba las tetas o el clítoris, otras veces me tomaba de la mano entrecruzando los dedos. Hasta que se puso rígido y comenzó a entregarme su elixir de macho.

    Me encantó y quedamos así un rato, con la verga adentro. Recordé tener el domingo por delante aún y me dije que al día siguiente me haría hacer una doble en la concha con papá y Paul, segura de sorprenderlo con eso.

    Continuamos con nuestros diálogos del frente a frente, volvió a prometerme hacer que me cojan en el Bois de Boulogne, y “venderme” a algún amigo de París, o a alguna trophy wife bisex de su entorno.

    Jugó con mis tetas y mis nalgas, me acarició y lamió la espalda, el tiempo pasaba y comenzó a endurecerse su verga nuevamente. Me levanté, traje baby oil y comencé a frotar el frente de su cuerpo, verga incluida, cada vez más dura a raíz de untarlo con aceite, casi una masturbación.

    Le entregué el aceite para que me untara él a mí. Sé y ya he probado, que es hermoso frotarse así con los cuerpos aceitados.

    Me untó las tetas, y con las tetas brillantes tomó una foto que envió a su mujer. Me subí a él y comencé a restregar mi cuerpo sobre el suyo. Lo disfrutaba, su expresión de cara y sus besos lo demostraban.

    De a poco mi concha se fue posicionando de manera de poder recibir su verga, sentí la cabeza entre los labios y me moví más, lubricada por el polvo anterior, y el aceite que nos frotamos, sentí la verga deslizarse dentro de mi como si siempre hubiera estado en mis entrañas.

    El resto lo saben, un lindo vaivén sobre el, a veces resbalándome sobre su cuerpo ja ja, efecto de los cuerpos aceitados. Hasta que me acabó en medio de gemidos míos y palabras amorosas de él.

    Cuando me levanté saliéndose su verga de mi cuerpo, caminé dos pasos, tomé mi vestido de novia que había traído Tommy, y le limpié la verga.

    –Ahora eres parte de mi vida, estás formalmente autorizado a fecundarme.

    –¡Que hermoso gesto tan simbólico! Eres única, mereces todo lo que te doy.

    –Y créeme, yo disfruto todo lo que recibo, lo que sea… semen, besos, regalos o amistad y cariño…

    –¡Seguirás recibiendo todo, al menos de mi parte!

    Fuimos directo a la ducha a quitarnos el aceite, y ya limpios, volvimos a la cama, a jugar como adolescentes que descubren sus cuerpos, nos chupamos todo, desde los pies a los labios ( todos los labios ja ja).

    Y nos dormimos, obvio.

    Llegado el domingo, deberíamos dispersarnos, sobre la tarde, papá volvía a su casa, y nosotros, con Paul invitado a nuestra casa en Montevideo, también retornábamos para estar más cerca del aeropuerto el lunes de mañana, y también asegurarnos que Tommy saliera descansado hacia su trabajo.

    Pero tenía ganas de algo, quería que Paul disfrutara, segura de que lo disfrutaría, una doble vaginal. No dudaba que no le importaría sentirse en contacto con otro pene.

    No volveré a relatarles la rutina de desayuno, esta vez caminamos hasta el río, almuerzo, y a la hora del café, nuevamente la putita, o sea yo, apareció en ropita provocativa.

    Babydoll blanco transparente, totalmente abierto atrás en forma de V invertida, con vértice de la V en mi nuca, único punto de sujeción del babydoll.

    Y una preciosa tanga, cuando la ví me encantó, negra, pequeña pero nada especial por delante, lo hermoso estaba detrás. Al emerger de entre las nalgas se abre también en V, hacia la espalda, y en esa V, para ajustarla, un hilo que va de lado a lado en zigzag, por ojales en cada rama de la V.

    Tacos altos negros, y amplia sonrisa. Me les mostré desfilando, y aclaró que Tommy y papá ya sabían de mis ganas de hacer doble vaginal, se los dije en la mañana.

    Me senté entre ellos, sorbí mi café, con dificultados por las manos que no dejaban en paz mis tetas.

    Alguien desató el babydoll en la parte trasera de mi cuello, y ellos se fueron desnudando.

    A medida que se desnudaban, los iba masturbando poniendo sus miembros entre mis tetas. En poco rato estaban full erectos.

    Me tiraron culo para arriba en el sofá, y fueron desatando y aflojando el cordón que sostenía la tanga.

    En minutos ya estábamos los tres totalmente te desnudos, y nos chupábamos todo, ellos a mí y yo a ellos.

    Mi concha y mis tetas estaban chorreando baba, y sus pijas disfrutaron de mis habilidades con la lengua.

    No lo voy a negar, dedos de más de uno entraron en mi pequeño esfínter. Previa escupida para ensalivarlo. Papá comenzó a escupirse la mano y pasársela por la pija, seña evidente de ganas de ponérmela.

    –Paul, dije, tengo muchas ganas de algo y quiero que colabores…

    –¡Lo que sea!

    –Ya verás, no te extrañes con lo que pase, le dije, mientras lo hacía ponerse sentado al borde del sofá.

    Sus piernas tocaban el piso e hice que pusiera su torso hacia atrás y reposara su cabeza en el respaldo.

    Me subí a él tipo vaquera inversa, y me fui metiendo su linda poronga hasta el fondo, estuve como cinco minutos subiendo y bajando para acercarlo al orgasmo (dificultoso pues venía casi agotado), hasta que incliné mi torso hacia atrás y quedó totalmente expuesta mi concha con su verga adentro.

    Tommy se untó un poco de gel de base acuosa y apoyó su verga en la entrada de mi concha, presionando por encima la pija de Paul.

    Un poco de fuerza empujando y logró meterla me decía luego mi papá que parecía estar mi argolla a punto de reventar. Pero yo quería eso, lo estaba gozando. Me sentí puta por mi cliente Paul y al mismo hotwife por mi marido Tommy, los dos dentro de mí.

    Paul intentaba moverse, pero era casi imposible, todo el vaivén era de Tom, que mientras me cogía al mismo tiempo rozaba el miembro de Paul.

    Lentamente se fue dilatando un poquito más mi concha, más cómoda mi goce ya era inmenso, y en eso, llegó la acabada de Tommy en mi concha y sobre la verga de Paul. Grité, no sé qué dije, pero sé que grité.

    En segundos, Tommy se salió, pero como lo habíamos convenido, se posicionó mi papá.

    Me la metió mucho más fácilmente, pues todo, vagina y pija de Paul, estaba lubricado por el esperma de mi esposo.

    Buscamos movernos un poquito y Paul pudo moverse un poco dentro de mí. Papá iba y venía casi que cómodamente, Tommy se acercó a chuparme las tetas y a besarme de lengua. ¡Me sentía en las nubes!

    Papá acabó y logró algo así como resistir uno o dos minutos yendo y viniendo en mí.

    Cuando él se salió, yo me salí de Paul y lo monté de frente en vaquerita, subiendo y bajando tan rápido como pude, para que acabara a gusto. Al mismo tiempo gozaba dándole mis tetas a chupar, y sentí que papá y Tommy se alternaban en ponerme un dedo en mi culo totalmente te expuesto.

    Paul acabó, me salí de él y solamente pude recostarme en el piso sobre algo de ropa caída, exhausta pero feliz, híper feliz chorreaba leche de mi concha y mis tetas estaban bañadas en saliva.

    Y mi adorado marido, no dudó… colocó su cabeza entre mis piernas y procedió a darme una hermosa chupada de concha, que a veces interrumpía para besarme y volver a bajar a mi entrepierna.

    Con una ducha que fui tomando con cada uno de ellos. Terminamos el domingo y volvimos a Montevideo.

    Pasé la noche en mi lecho matrimonial, besada, acariciada y jugando, con Paul y Tommy, desnudos, con besos y caricias pero sin penetración.

    Desayunamos, Tommy se despidió y se fue a su trabajo y yo llevé a Paul al aeropuerto para su vuelo de regreso a Paris vía Madrid.

    En toda la noche y esa mañana, hicimos planes, nos conocimos mejor, Paul hizo ciertos pedidos, y me hizo sentir, a mí, la economista y prosti, que para él los regalos no tienen límite.

    Nos vamos de vacaciones (random, iremos improvisando) y algo de trabajo en Buenos Aires, un desfile privado en Puerto Madero a pedido de Tiburón Blanco.

    ¡Nos reencontramos en junio!

    Besos a todos.

    Sofía.

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  • Retrato impresionista: Cuentos del manual de la masturbación (1)

    Retrato impresionista: Cuentos del manual de la masturbación (1)

    Nos sentamos en la terraza del chiringuito con vistas al mar. Nuestras manos se separaron al sentarnos en una pequeña mesita para dos y eso me desagradó. El perder el tacto de su mano me producía una extraña sensación de desconsuelo.

    “Martina, vamos a comer algo. Tengo mucha hambre”

    Un camarero muy alto y amable nos trajo un par de cervezas y nuestras raciones.

    Mientras me comía una sardina asada, miraba a Lali con interés. Me encantaba su mirada perdida cuando fijaba los ojos en el mar… por alguna razón notó que la miraba con interés y dijo: “¡Ay perdona, es que me encantan las vistas de este sitio!”.

    Mi propia sonrisa me hizo sonrojarme y me puse muy nerviosa al sentir que ella estaba percibiendo las ganas que tenía de cogerle la mano y de tocarla mientras terminábamos de comer.

    Me propuse borrar de mi mente esos pensamientos y empecé a hablar de tonterías, con una verborrea propia de alguien que está nerviosa.

    Lali reía a carcajadas todas mis ocurrencias, mientras bebía su Estrella Damm. Volví a sonrojarme y ella me cogió la mano que apoyaba impaciente sobre la mesa. La acarició suavemente y sonriendo dijo: “¡tranquila, hay confianza!” Su tacto suave me hacía temblar. Su mano sobre la mía se movía lentamente y noté una exagerada humedad y tensión en mi coño. “Piensa en otra cosa Martina…”, me repetía una y otra vez.

    Lali sin dejar de mirarme dijo: “al café invito yo en mi casa. Está aquí mismo, al final del paseo marítimo”.

    Asentí sin hablar, porque no era capaz de articular palabra de lo excitada que estaba. Nos levantamos y ella me agarró de la cintura mientras salíamos del chiringuito.

    Unas grandes rocas marcaban el final de la playa y el inicio de las rústicas casas de ese pequeño pueblo costero. Nos metimos entre las rocas, ya que era un atajo para llegar a su casa. El frescor de aquellas rocas mojadas era muy agradable en aquella tarde de calor. Lali me besó en el cuello, mientras me agarraba por detrás. Yo cerré los ojos, presa de un placer desconocido para mí, cuando de repente noté sus labios en los míos. En ese momento, mi excitación fue tan intensa que creí que iba a correrme, y tras un sonoro jadeo comencé a besarla (¡lo deseaba desde hacía horas!).

    Una fuerza ajena a mí misma, hacia que no pudiese despegar mis labios de los suyos. Nuestras lenguas se encontraban una y otra vez. Lali metió sus manos por debajo de mi ropa. Acariciaba mis tetas y yo metí la mano por la braguita de su bikini, notando su vello púbico húmedo, caliente. Acaricié su coño y con mis dedos masajeé su vulva chorreante. Entre jadeos me suplicaba más, mientras ella metía los dedos en mi chocho, que estaba a punto de estallar. Deseaba que me follara con sus dedos y que no se acabara nunca. Sus dedos entraban y salían completamente cubiertos de flujo.

    Yo, con movimientos circulares cada vez más intensos, acariciaba su clítoris erecto. Sus gemidos me indicaban la cercanía de su orgasmo y sus dedos me follaban cada vez más rápido. Yo no podía contener más aquella ola de placer y perdí el control, todo mi cuerpo palpitaba descontrolado, y mientras, notaba en mis dedos los espasmos de Lali, que jadeaba y reía a la vez. No podría precisar el tiempo que duró aquello, pero tras recuperarnos un poco, continuamos el camino hacia la casa de Lali.

    Tras cerrar la puerta, una oleadas de deseo volvió a invadirnos. Nos sentamos en el salón y pusimos la tele mientras tomábamos café. El ruido lejano de aquel aparato no impedía nuestros besos cada vez más intensos

    Nos arrastramos la una a la otra hasta la habitación, dejando un reguero de ropa a nuestro paso. Completamente desnudas, iniciamos un intercambio de deliciosas caricias, que nos pusieron de nuevo a tono. Mis labios recorrían el cuerpo de Lali con esmero, besaba sus tetas, lamía sus pezones, su pequeña tripita, su redondo ombligo. Su coño desprendía un olor atrayente, mis besos recorrieron su vulva, mi lengua acariciaba su clítoris. Deseaba a aquella mujer que gemía con mis caricias, con mis húmedos besos. Mi lengua exploraba aquel coño que empezó a latir con fuerza. Lali había llegado al clímax; gritaba pidiendo más y a mí aquello me ponía muy cachonda (estaba excitadísima).

    Mientras, Lali volvía a su ser y sacaba un dildo de su mesita de noche. Con una pícara mirada lo pasaba por mi coño, arriba y abajo. Mi clítoris estaba tieso y duro. Lali que lo sabía, introdujo el juguetito en mi vagina suavemente. Mis propios jadeos me impedían escuchar nada más. Lali jugaba moviendo rítmicamente aquel artilugio, mientras movía mi clítoris con sus dedos. Aquello hizo que me perdiera completamente en un brutal orgasmo en el que las piernas me temblaban sin control. Quedé exhausta y con una sensación de plenitud que jamás había experimentado ni sentido con ninguna de mis parejas y besé a Lali sonriendo.

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  • Cien orgasmos en Manila con olor a Channel

    Cien orgasmos en Manila con olor a Channel

    Cuando llegué a Manila y recibí el texto diciéndome que la guía de turista había sido reemplazada debido a enfermedad me frustré un poco, pero en ese momento solo pensaba en dormir en una cama, pues el viaje había sido prácticamente de todo un día. Mi frustración y cansancio tomó otro rumbo cuando la vi con un cartel donde leía mi nombre.

    Una chica de una carita deliciosa y cuerpo exquisito, que más parecía hispana que asiática me esperaba en Manila. Me dio la bienvenida con un inglés bien fluido y se presentó como Channel. Olía rico como el perfume y me guio al Uber que nos esperaba y nos llevaría al hotel.

    Al principio me había decepcionado pues la guía original en foto se miraba bastante sensual y habíamos acordado que además de su servicio de guía, también ofrecía servicio de novia; un arreglo que es común por este lado del mundo. En texto se me confirmaba que el trato seguía en pie con esta nueva chica. La verdad que no sabía cómo funcionaba esto, pues sexo no estaba contemplado en nuestro arreglo por email.

    Ahora déjenme darles una breve descripción de como lucía Channel ese domingo por la tarde. Llevaba un vestido color naranja pastel bien ceñido con dos aberturas que te dejaba ver la piel de su moldeada cintura. La falda del vestido caía unos diez centímetros por arriba de sus rodillas y aunque no era minifalda te dejaba soñar con esas preciosas piernas bien tonificadas y esculturales. Sus zapatos de tacón color blanco la elevaban a quizá el metro y sesenta centímetros… me llegaba apenas al hombro.

    No parecía maquillarse mucho y lo único que no parecía natural eran sus pestañas onduladas. Se podía notar sus curvas de sus pechos y trasero de tamaños bien simétricos a un cuerpo de los que yo podría llamar casi perfectos. Unos pechos redondos en brasier de copa C y un trasero sólido y redondo de un perfecto 90. Cabello ondulado teñido de rayos de oro, aretes del mismo color y quizá todo ese paquete no pasaría de las 130 lbs. Verdaderamente Channel lucía muy comestible.

    Desde que nos subimos al auto esta chica comenzó a darme ese trato de novio y yendo en el asiento trasero puso mis pies por sobre sus piernas, removió mis zapatos y calcetines y comenzó con un masaje muy relajante que si el viaje hubiese sido más largo me hubiera dormido.

    Tiene unos brazos delgados al igual que sus dedos con una piel muy bien cuidada y muy tersa. Miré sus uñas con solo esmalte y me halaba los dedos de una manera tan delicada que hasta podría decir erótica, pues tal parecía que me insinuaba que de la misma manera me haría un masaje a mis genitales. Me daba esa mirada provocativa junto a esa sonrisa que te hipnotiza y me volvió a poner los zapatos pues llegábamos al hotel.

    Me registré y me dieron una suite en el penúltimo piso y Channel me hablaba de los lugares a visitar, pero antes me recomendaba descansar después de ese largo viaje. Obviamente y aunque cansado yo quería otra cosa y realmente esta hermosa chica de quien descubría que, semana antes había cumplido sus 21 años era una máquina de erotismo, esta chica nació para recibir y dar placer.

    Entramos a la habitación y ella llevaba su maleta y comenzó a colocar su ropa y la mía en los armarios y burós disponibles. Lo hacía de una manera tan provocativa como mostrándome las prendas interiores que regularmente vestía; obviamente solo prendas diminutas que me hacían fantasear como esta hermosa mujer se vería en ellas.

    Habló de darme un masaje para que reposara y Channel en forma como pidiendo permiso se fue a darse una ligera ducha a su cuerpo pues el cabello lo traía seco. Llevaba unas toallas mojadas en agua caliente y removiéndome la camisa y los pantalones y después de verificar que toleraba ese calor de las toallas, comenzó a pasarme esas toallas por todo el cuerpo y no tuvo ninguna duda en pasármela por la ingle que incluso haciendo de un lado mi bóxer me las pasó por mi pene y testículos.

    Aquello se sentía relajante, pero también muy excitante pues cuando Channel regresaba de su ducha ya llevaba un bustier que le elevaba aún mucho más esos pechos y sus pezones estaban erectos y llevaba una especie de pantalones de una tela como los leggins, pero casi transparente. Se le notaba uno de esos calzoncitos cacheteros con unos relieves oscuros color amarrillo u oro. Esta chica se miraba fenomenal.

    Cuando terminó con esa limpieza de toallas calientes se acomodó sobre el espaldar de la cama y me acomodó la cabeza entre sus piernas y me comenzó a dar un masaje en la cabeza, llegaba a mis hombros y pectorales y su calor se sentía delicioso. De una forma muy sensual vi cómo se llevó unos de sus dedos a su linda boca y con la humedad de su saliva me masajeaba las tetillas y de vez en cuando me las apretaba y halaba.

    Realmente esta chica me estaba excitando mucho y luego cuando menos lo esperaba se llevó cada uno de mis dedos a su boca y me los chupaba como insinuándome que de esa manera me chuparía el falo. La verdad que todas estas acciones sugerentes derivaban en la reacción de mi pene que, aunque no tomaba esa erección potente, comenzaba a lubricar goteando mi ropa interior. Ella seguía chupándome los dedos y masajeando las tetillas.

    Desde mi ángulo viendo hacia arriba, esas tetas se proyectaban y lucían aún más grandes sujetadas a ese bustier. Mi cabeza podía sentir el calor de su sexo y me encantaba ese aroma de su piel fresca. Channel solo me preguntaba y aquella pregunta se repitió en muchas ocasiones: ¿Te gusta? – Claro que me gustaba y no sé si era por ese desvelo de todo un día de viaje que mi sentido del tacto se magnificaba y sentía super delicioso esa mamada a mis dedos y su jugueteo apretándome mis tetillas con sus delgados dedos.

    Con los minutos me pidió cambiar de posición y en esta ocasión ella se puso a un lado de mí y girando su torso me ponía sus preciosos pechos contra el mío y con sus dedos me le daba masajes a la nariz y sonriéndome con esa carita exquisita y juvenil quizá me hizo su pregunta obligada: Sr. Zena… ¿es usted casado? -le hice saber que era un hombre soltero y no sé si me creyó o no, pero luego me sorprendió con su próxima acción… me comenzó a besar y a chupar la punta de la nariz. Creo que la única persona que me hizo eso fue la que fue mi esposa hace décadas atrás. Me trajo esos recuerdos y mi excitación ahora subía casi al máximo. Sentía como mi pene se contraía al bóxer.

    Podía sentir ese aliento fresco y mentolado de su boca y quizá pasó chupando la punta de la nariz por unos cinco o siete minutos. Extrañamente eso me excitó mucho. Luego pasó a esos besos de lengua, largos y penetrantes y tenía mucho tiempo de no besar a una chica así… parecíamos verdaderos novios que inclusive Channel chupándome los lóbulos me decía: Eres un hombre tan lindo que te voy a comer todo.

    Su accionar hasta el día de hoy siempre me pareció genuino, nunca me dio esa sensación que lo hacía forzada por una paga o algo así. Parecía que lo hacía porque verdaderamente le excitaba, lo disfrutaba. Miraba esas tetas comprimidas con el bustier y dejaban ese hueco entre las dos chiches que, más bien parecían sus redondas nalgas. Que delicia era sentir su pezón aun con bustier y solo imaginaba estarlos ya chupando.

    Channel había tomado la iniciativa y el tiempo. Su lengua pasaba por mis pectorales, sus labios me halaban las tetillas, sus dientes me los apretaban con delicadeza y de esa manera llegó al ombligo, mi ingle y hasta me chupó los dedos de los pies. Cuando se agachaba a chuparlos miraba ese perfecto trasero elevarse y ver esa curva de su precioso culo y su espalda encorvada.

    Había un espejo de esos que creo tienen doble propósito, ver como uno va vestido y ver desde otro ángulo esa rica culeada que nos estamos dando. Llegó a mi falo y me lo sacó de un lado del bóxer. Me lo iba a chupar, pero este estaba super mojado y levantándose tomó una de esas toallas y quitándome totalmente lo último que tenía de ropa, se quedó como admirando mi falo mientras lo remojaba limpiándolo.

    Pasó a darme una felación de esas que recibes una vez al tiempo. Esta chica se tomó su tiempo mamando mi verga. Fácilmente unos veinte minutos de ver ese precioso rostro como esos gruesos labios le daban placer a mi verga. Era un juego de su boca, dedos, pechos… era todo su cuerpo y alma ofreciéndose al máximo. Tenía años de no sentir una chupada a mis testículos como me lo dio esta linda mujer. Me amenazó llegar a mi ojete, de hecho, sentí la punta de su lengua brevemente de formas esporádicas. Me tenía a merced de llegar en cualquier momento a una eyaculación, pero milagrosamente me contuve… quería chuparle esas hermosas tetas, chuparle su conchita y luego abrírsela.

    Channel parecía que lo intuyó, se paró y del buró sacó un profiláctico el cual colocó en mi falo. Ella parada sobre la cama se quitó ese pantalón leggins transparente y ese cachetero blanco se le miraba lindo dándole más erotismo a sus perfectas nalgas y el cual ya estaba muy mojado. Se lo quitó frente a mi y me lo arrojó hacia el pecho. Se quitó el bustier y me sorprendió ver esas tetas redondas y tan hermosas, cuyos pezones erectos apuntaban hacia el cielo. Pensé eran producto de un cirujano, pero eran tan naturales como la belleza de esta pequeña mujer.

    Se sentó frente a mi abriendo sus piernas y me ofreció sus tetas poniéndolas en mi cara. No sé por cuanto tiempo las mamé, pues ese gemir de Channel tal parecía me decía que quería más y más. De una teta me pasaba a la otra y de esa manera mi mano derecha llegaba a su sexo exageradamente mojado y con la otra le atrapaba una de sus redondas nalgas. Le chaqueteaba el clítoris mientras le seguía chupando las dos ricas tetas.

    Comenzó moviendo su pelvis de una manera como ya pidiendo verga y al igual mi verga quería ya abrir esa conchita y haciendo una breve pausa apunté mi glande a la entrada y Channel se sentó hundiéndose los 21 centímetros de mi verga y siguió moviendo su pelvis sentada sobre mis piernas y yo contra el espaldar de la cama continué afanado chupando esas dos magnificas tetas. Esa conchita se sentía que apretaba, de hecho, Channel dio un gemido de dolor cuando se sentó, pero estábamos tan excitados que ella estaba más en estado de orgasmo que pensar en el dolor.

    Desde el espejo miraba de otro ángulo la cogida y observaba como esta linda chica movía su rico trasero y quizá presintiendo la llegada de un orgasmo esta linda chica me decía: Tony, que rica verga tienes… ábreme lo que tú quieras con esa preciosa verga… esta semana voy a ser tu puta cariño, quiero ser tu puta… cógeme, cógeme… así, así, así. Chúpame las tetas cariño, dame verga que me vengo, me vengo, me vengo… Que rico, que rico… dale, dale… no pares, dame, dame.

    Por más está decir que a los segundos me corrí también y ahora éramos los dos quienes gemíamos. La verdad Channel era más escandalosa y la verdad me gusta que las mujeres sean así, me gusta que expresen lo que sienten, lo que viven sin pena alguna. La habitación olía a sexo, se oía ese crujir y vibrar de la cama, ese chasquido de un entra y sale del choque de nuestros sexos y Channel entre sus gemidos me comenzó a besar jugueteando con mi lengua. Fue un rico orgasmo para ambos, era un buen comienzo a solo horas de llegar a Manila.

    ¿Deseas que te cuente más de este viaje a Manila junto a esta linda chica de nombre Channel? ¿Quieres saber que más pasó? Estas son solo las primeras horas de este viaje que duró siete días.

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