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  • El inquilino y la señora Luz

    El inquilino y la señora Luz

    Un día mi esposa dejó su correo electrónico abierto, y este relato lo encontré en el correo de Luz Stella mi esposita zorra; allí pude ver todos los mails sexuales que le había enviado Fernando (inquilino) y las respuestas cachondas de mi esposita putita, hoy les comparto este relato, son vivencias de mi zorrita.

    “Señora Luz, quiero relatar en este documento los hechos sucedidos en su apartamento donde tuve la oportunidad de vivir en una habitación, porque son vivencias de los dos y quiero que las recuerde siempre señora Luz.

    Una noche llegué tomado con un amigo y hubo una discusión, con gran alboroto, usted subió las escaleras y nos regañó, mi amigo se fue usted bajo, y volvió a subir a mi habitación a seguir con la cantaleta, se sentó a los pies de la cama yo acostado vestido, usted estaba con una pijama muy vaporosa, y al regañarme se inclinaba y yo visualizaba sus senitos hermosos y comencé a excitarme, cuando terminó de cantaletearme usted se levantó a irse pero perdió el equilibrio y cayó sobre mí y una de sus manos sobre mi polla erecta.

    Usted la comenzó a sobar y palpar por encima del pantalón y dijo: “la tiene usted parada y muy dura”, yo me baje el pantalón y mi polla salto muy parada, usted la cogió de nuevo y comentó: “que rica polla, dura, hermosa, gruesa y más grande que la de mi marido” y siguió acariciándomela y comenzó a bajar y subir su mano a lo largo de ella, haciéndome una paja.

    Siguió pajeándome y de pronto se agacho y se la metió a la boca comenzando a hacerme la mejor mamada de mi vida, señora Luz, que rico recordar como usted subía y bajaba su cabeza mamándome mi polla, y comentaba: “nunca se la he mamado así a mi marido, que rica polla tiene pendejo”, mientras mamaba mi verga y escuchar sus comentarios me excitaron más y de pronto me derrame en su boca y usted doña Luz con mi leche en su boca y en su cara decía: “que rica leche, ni la de mi marido me la he comido” y se comió toda mi corrida y chupaba la punta de mi polla sacándome hasta la última gota.

    Como me la chupo sacándome toda la lechita, yo seguía con mi polla parada y dura, entonces usted dijo: “nunca me he comido otra polla que la de mi marido, pero esta no la voy a desperdiciar”, enseguida se levantó se quitó su pijama, usted estaba sin calzones, se le veía una chocha hermosa y me bajó totalmente mis pantalones y se me subió encima metiéndose mi polla en esa chocha rica que tiene usted doña Luz, una chocha apretadita, y comenzó a darse sentadas sobre mi verga, subía y bajaba a lo largo de mi palo, metiéndosela hasta el fondo de su chocha, mientras me cabalgaba usted decía: “que rico, que rica verga tiene este pendejo”, usted solita se follaba.

    Mientras usted se culeaba cabalgando sobre mi polla, usted doña Luz se corrió varias veces y seguía follándome, hasta que yo me derrame llenándole su chocho de semen, finalmente se bajó de mi verga, cogió el pijama se la puso y entró al baño del piso de arriba y luego bajo las escaleras con cuidado, a dormir al lado de su esposo, quien mientras dormía la esposita follaba con el inquilino en el piso de arriba.

    El domingo siguiente usted doña Luz me invitó a desayunar, que desayuno, me imaginé que en agradecimiento por el sexo que le había proporcionado mi verga, y efectivamente, porque así me lo comentó usted misma días después.

    A la semana siguiente, el martes llegué temprano al apartamento, como a las cinco de la tarde, baje las escaleras y usted doña Luz estaba en la sala sentada en el sofá hablando por teléfono, me hizo señas de callarme, cuando termino de hablar simplemente nos besamos, nos desvestimos y yo me metí entre sus piernas y comencé a chupar su chocho, usted doña Luz gemía y me cogía de la cabeza y me hundía en su entrepierna y yo le chupaba el botoncito y usted decía: “que rico chupas pendejo, chupa, chupa más duro, hágame correr, mi marido no la chupa tan rico como usted”.

    Luego comenzamos a culear en la sala, y usted dijo: “vamos a mi cama que es más cómodo”, y culeamos en su cama, en la cama donde dormía y culeaba con su marido, recuerdo de esa tarde y de otras tardes que tuvimos sexo que hacíamos todo tipo de posiciones, usted debajo de mí, usted boca abajo y levantaba su culito, también le gusta follar de medio lado.

    Pero la posición que más le gustaba a doña Luz era en cuatro o de perrito, la coloqué en cuatro y se la metí por su chocho, usted gemía, gritaba y decía: “me gusta de perrito porque me la puede meter hasta el fondo, dame duro, más más… duro… duro”. De esta posición de perrito me gustaba ver como se dilataba su culito mientras yo le daba clavo por su chocha hambrienta de verga, una de esas tardes, yo le metí un dedo en su culo comencé a moverlo dentro de su culo y usted dijo: “me gusta, hágame más, que rico..”.

    Entonces yo le metí dos dedos y dilaté más su culo, seguidamente le metí tres dedos y usted pedía más de lo excitada que estaba, decía: “mi marido nunca me ha dado por el culo, nunca me la ha metido por el culo, pero quiero su verga, métemela por el culo, rómpame el culo”, y yo pues obedecí, y le metí mi verga por su culo que estaba más apretadito que la hermosa chocha que tiene usted doña Luz, su chocha es linda, con los pelitos recortados. Mientras le clavaba mi verga en su culo y usted gozaba de mis embestidas hasta que le llené de lechita los intestinos.

    Recuerdas que estuve viviendo dos meses más, dos meses donde follamos casi todos los días señora Luz, pues me trasladaron de ciudad y tuve que irme, la tarde que me despedí fue una tarde de sexo intenso y apoteósico, como le recuerdo a la señora Luz, sobre todo sus ansiosas mamadas que le daba a mi verga y la forma de comerse mi semen, la forma como se corría en mi boca cuando le comía su chochita, la forma como me cabalgaba cuando se subía en mi verga, y como gritaba y se retorcía cuando le culeaba su culo. Siempre le recordare con amor, me enamoré de lo fogosa y caliente en el sexo.”

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  • Mi sobrina llega a casa

    Mi sobrina llega a casa

    Nosotros, mi hermana Stella y yo Roberto, nacimos en una ciudad del norte de la provincia de Buenos Aires. Siendo chicos nuestros padres se trasladaron a Quilmes, ciudad costera del Rio de la Plata.

    Hicimos los estudios en un colegio religioso muy bien conceptuado en el ámbito educativo de esta zona. El colegio tiene primaria, secundaria y terciario, yo terminé el secundario y fui a ayudar a mi padre al negocio, estaba enfermo, la inmobiliaria era lo que mantenía a la familia. Al poco tiempo moría mi padre y al año, lo siguió nuestra madre. Mientras tanto Stella terminaba el magisterio, ella viajaba asiduamente a la ciudad natal, terminado sus estudios se fue a vivir a Ramallo, yo me quede solo en la casa paterna.

    Los dos nos casamos casi al mismo tiempo, ella tuvo hijos un casal un varón y una mujer. Yo no tuve suerte mi compañera no quedaba embarazada y como yo no tenía apuro en ser padre, no hice ningún problema.

    Pasaron los años y mi esposa enfermo, yo me repartía entre el trabajo y su atención con la enfermedad de ella mi vida sexual se al tacho, no era que me importaba, pero es parte de la vida.

    Por entonces recibo un llamado de mí hermana:

    –Hola Rober, el llamado es para proponerte algo, que hemos hablado con tu sobrina Mariana, ella quiere seguir mis pasos y estudiar magisterio en el mismo colegio que lo hice yo, el San Francisco entonces pensé que podría ir a vivir con ustedes y les serviría de ayuda a ustedes ¿Qué te parece?

    –Me parece bien, tengo espacio y necesito ayuda. Si ella lo acepta no tengo drama.

    En ese momento no me di cuenta que estaba firmando mi condena.

    –Tendrías que acercarte al colegio y hacerle el trámite para inscribirla en magisterio. Yo te mando los papeles.

    –¿Qué edad tiene Mariana ahora? la última vez que la vi, hace unos 4 o 5 años era una chiquilla hermosa.

    –Ahora tiene 18 años y sigue siendo hermosa y no lo digo por ser mi hija.

    Hable en el colegio y arregle todo para que mariana comenzara sus estudios allí, mientras mi esposa Nelly se quedaba más en cama por su debilidad para andar. Acordamos con Stella que mi sobrina viniera antes del comienzo de clase para que se acomodara y conociera el colegio. Termine de arreglar lo que fuera el dormitorio de mi hermana, que se usaba para las visitas y ahora seria de Mariana. Estábamos entusiasmados con Nelly, porque nuestra sobrina sería una bocanada de aire fresco en nuestra casa. No había pensado ni por las tapas, en el problema que me estaba metiendo.

    Llego el día, que tuve que ir hasta la terminal de ómnibus de Retiro a buscar a mi sobrina, esperaba en el andén 12, que llegara el ómnibus de Ramallo, no tuve que espera mucho, cuando anunciaron la llegada. Comenzó a bajar la gente, cuando desciende una joven espectacular, a la que no pude sacarle los ojos de encima, vestía minifalda con una remera donde se destacaban sus redonda tetitas una carita angelical coronada con una cabellera negra, sus ojos calzaban unos anteojos redondos. Ella me miro, no alcance a bajar la vista, cuando corrió hacia mí y abrazándose a mi cuello grito:

    –¡Tíooo!

    Yo como un estúpido pregunte incrédulo.

    –¿Mariana? ¿Cómo me reconociste?

    –Por la foto que me dio mamá. Y me enseño una foto mía que traía en la mano.

    Busque las maletas que traía, cargue con ellas un carrito y las lleve al auto, ella caminaba tomada de mi brazo y me charlaba, sin hacer caso de las miradas de los varones que cruzaban con nosotros, respondía con monosílabos a sus preguntas. Cuando subió al auto me di cuenta a quien era parecida. Unas noches pasadas tenía necesidad de descargar toda la leche acumulada en mis huevos, hacía tiempo que no tenía sexo con Nelly, entre a una página porno y una actriz muy buena, el actor le daba por la concha y el culo, vi que se llama Megan M., descargué mis huevos con una buena paja, mi sobrina Mariana era muy parecida a ella, sentí un cosquilleo en el pene.

    Le conté como estaban las cosas en casa, que su tía estaba muy enferma, pero habíamos hecho un pacto y no hablábamos de la enfermedad.

    Una vez instalada en casa, yo trabajaba y ellas se quedaban en casa. Hicieron buenas migas entre las dos, Nelly no se quedaba tanto en cama. Mariana hacia las cosas en la casa y Nelly le hacía compañía. Pero sucedió algo era el principio de todo lo que vino después. Yo me propuse trabajar medio día por la mañana, así a la tarde cuando mariana fuera al colegio, yo me quedaba para atender a mi esposa, uno de los primeros días hice una siesta y después de levantarme preparé el mate, aunque Nelly no tomaba me hacía compañía.

    Mariana andaba de entrecasa con unas calzas, que se metían en la raya del culo y por delante en los labios de la concha. Yo le había dicho a Nelly que hablara con ella, solo me respondió, que ella andaría así, si fuera joven y con ese físico.

    –Déjala ser, aparte recreas la vista con algo joven y hermoso.

    Me lo dijo sonriendo, sin enojo, se había dado cuenta de cómo me alteraba. Encima entro Mariana y saludando con un beso a su tía, dio vuelta a la mesa y sentándose en mis rodillas me dio un beso en la mejilla. Yo algo molesto la dije:

    –¿Por qué no te sientas en una silla?

    –¡Tío, me siento en tus rodillas, porque soy tu sobrina preferida!

    Mi esposa reía divertida como si fuera cómplice. Mientras charlábamos los tres ella refregaba su culo en mi empalmada verga. Así siguieron las cosas, mariana comenzó el colegio y se sentaba en mis rodillas cuando tomaba mate, pero ahora traía puesta la pollerita que usaba para el colegio, ahora refregada su bombachita en mi bulto, ya era una ceremonia, también era una ceremonia que yo todas las noches me matara con unas pajas fenomenales recordando el culo de Mariana. Pasaron los meses y todo seguía igual.

    En un fin de semana, que Mariana fue a Ramallo a festejar su cumpleaños 19, me di cuenta de cuánto la extrañaba y como me hacía falta, las pajas ya no me conformaban, quería tenerla, hacerla mía, chuparla toda, morderle los cachetes del culo.

    Al poco tiempo, Nelly no soporto más y una mañana no despertó, quede viudo a los cuarenta años, y teniendo a cargo una sobrina que me vuelve loco.

    El duelo fue corto. Interiormente ya sabía, que era la única salida posible, trate de hacerla feliz, lo más posible en este caso. Lo que yo no sabía es que ella trato de que yo fuera feliz, después de que se fuera. Después de que se fuera mi hermana que se había quedado unos días con nosotros, trate de seguir igual, pero sentía que me faltaba algo, en ese tiempo Mariana se comportó más formal, pero un día, yo tomando mate en la cocina sentí su voz, que decía alegre.

    –¡Ya llegué! ¿Tío donde estas?

    –¡En la cocina! Respondí.

    Vino derecho hacía, se sentó en mis rodillas y tomando mi cara dijo:

    –Tío querido, no puedo verte así.

    Y me beso en la boca. Metiendo la lengua buscando la mía a lo que respondí dándole la mía que se enrosco con la suya, mi mano desesperada busco en su entrepierna retirando su bombachita le metí el dedo mayor entre sus labios. Gimió sin soltar mi boca, de golpe cerro las piernas.

    –Mi primer orgasmo contigo, lo quiero en la cama y con tu verga adentro.

    Nos seguimos besando, la abrace por cintura y en el aire la lleve a su dormitorio. Nos tiramos en la cama, levante su pollera y le quite la diminuta bikini. Como sediento en el desierto, fui en busca del oasis, su conchita, lamia, chupaba, mi boca se inundaba con un líquido cristalino que despedía su conchita cada vez más. Nuestros gemidos eran ahora más fuertes.

    –¡Por favor, métela ya! ¡Cógeme, cógeme tío!

    Saque mi cabeza de su entrepierna, saque mis pantalones y calzoncillos, subí en busca de su boca, pero hice una parada para chupar sus pezones, ella había desprendido su blusa dejando las tetitas al aire, mientras mamaba alternativamente sus pechos, apunte mi pija hacia esa hendidura que me llevaría al paraíso. Mi pene es normal, lo que sí es grueso. Al entrar la cabeza parece que lo noto.

    –Despacio tío, por favor.

    –Sí chiquita, lo que menos quiero es hacerte daño, quiero que goces, como yo lo hago. Tu conchita esta apretada.

    Los gemidos se hicieron pequeños gritos. Cuando estuvo dentro comencé con el bombeo despacio primero y cada vez más fuerte igual a los grititos de ella. Yo resoplaba, hacia mucho que no practicaba este ejercicio.

    –¡Sí tío, así tío! ¡Qué bien se siente!

    Sentí que su cuerpo se contraía y su conchita largaba líquido, como si estuviera orinando. Su acabada me mojo toda la pelvis. Sentí que mi acabada estaba en puerta, tuve un segundo de lucidez y lamentándolo la saque y acabé sobre su concha. Quedamos boca arriba en la cama, exhaustos los dos. Los pensamientos se agolpaban en mi cabeza, la primera que pensé fue en un cigarrillo, cuando cogía con Nelly al terminar siempre compartíamos un cigarrillo, pero cuando enfermó, dejamos de coger y de fumar. El segundo pensamiento fue precisamente en Nelly, dije en voz alta:

    –Perdón Nelly, ¡fue más fuerte que yo!

    Mariana, todavía acostada a mi lado me hablo, yo enfrascado en pensamientos no la escuche bien, di vuelta la cabeza para escucharla bien. Se había cerrado la blusa y bajado la pollera.

    –¿Decías?

    –Que la tía Nelly ya te perdono, de eso tenemos que hablar, me doy una ducha y lo hablamos, tío.

    Me dio un piquito y se fue, me quede sentado en la cama, tuve el impulso de seguirla al baño, pero pensé que seguiría metiendo la pata, recién me daba cuenta, que había acabado adentro, ahora pensaba en las consecuencias. Esperé que saliera del baño. Entró al dormitorio envuelta en una toalla. No pude mirarla a la cara, fui al baño.

    Cuando entre a la cocina, ya estaba ella ahora vestía calzas, las que me hacían parar la verga. Si decir nada calenté el agua para seguir con el mate. Mariana dijo

    –Hablemos tío.

    –Mariana, lo que hice…

    –Yo lo quería, yo lo busque y me gustó mucho. Hay algo que tengo que contarte, que lo hable con tía Nelly.

    –¡Qué decís!

    –Sí, quiero contar lo que charlamos sobre nosotros con la tía.

    Recordé aquellas sonrisas cómplices de Nelly cuando Mariana se sentaba en mis rodillas ¿sería sobre eso lo que tenía para contar? Recién ahora la mire a los ojos sorprendido.

    –En una charla que tuvimos, ella sabía que le quedaba poco tiempo y estaba muy preocupada que te quedaras solo. Me dijo, ella veía que yo te quería mucho. Que no me fuera, quédate con él y ayúdalo a encontrar alguien que lo haga feliz. Le pregunte si me daba permiso, para que fuera yo quien te hiciera feliz. Dijo seria hermoso, ustedes dos se gustan, yo lo veo. Yo confesé estar enamorada de vos, no me importa la diferencia de edad y sería feliz siendo tu mujer.

    –Confieso que estoy loco por vos, Nelly se dio cuenta y fue generosa, pero pienso varias cosas, hay que hablar con tu madre, hoy no tenía forro y tuve que acabar afuera, tenemos que cuidamos y…

    –Ya hablé con mamá, le dije que me quedo hasta terminar el magisterio y tomo pastillas para cuidarme.

    Vino y sentó en mis rodillas y refregando su concha contra mi pija, dijo:

    –Mi amor, podes acabar adentro tranquilo, ahora a la noche quiero más, mi conchita tiene hambre de esa pija, tuya.

    Preparamos la comida, nos toqueteábamos, cenamos y nos fuimos al dormitorio, desesperados por cogernos. Yo pensé, tengo tres años para seguir cogiéndola, después, veremos, el destino dirá.

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  • Y ese día íbamos a celebrar nuestro décimo aniversario

    Y ese día íbamos a celebrar nuestro décimo aniversario

    Hola muy buenas, esperando no ser una molestia, hoy quiero contarte una de las tantas experiencias que he tenido con mi amada ex esposa y dice así:

    Era un viernes en la tarde y habíamos quedado de vernos para celebrar nuestro décimo aniversario de bodas en un restaurante al que habíamos reservado mesa, pasé a recogerla a su oficina, y empezamos a caminar por la calle buscando un taxi, cuando de pronto escuchamos con una voz de acento extranjero pronunciar su nombre, volteamos a ver quién era y era un señor alto de piel bronceada barbado de unos 60 años quien se bajó de un campero, nos miramos con mi esposa y la veo que se sonríe emocionada y me dice:

    -Ay papi perdóname yo no sabía que Raúl estaba en Bogotá, de haberlo sabido te había cancelado, pero no te vayas a molestar podemos celebrar otro día.

    A lo que le digo.

    -Pero mami tenemos las reservaciones e íbamos a ir.

    Me pone su dedo en mis labios indicando que me callara, me dice:

    -Si yo sé papi, celebramos otro día, hoy quiero irme con Raúl, que hace rato no lo veo.

    No me quedó otra que aceptar y dejarla ir.

    -Listo mami si quieres irte con el anda vete ya.

    Sin despedirse de beso como es su costumbre, rápidamente se aleja de mí y va hacia el Raúl a quien al llegar a su lado brincando de la felicidad, se besan apasionadamente por varios segundos, hablan algo no alcanzo a escuchar oír por lo retirado que estoy, a lo que ella mueve su cabeza afirmativamente y vuelven a besarse, se sonríen.

    Raúl le abre la puerta del campero, mi esposa se sube y mientras el Raúl da la vuelta para subirse y arrancar. Teresa me mira y sonriendo me hace señas despidiéndose con su mano, arrancan y se van perdiéndose por las calles mientras yo me quedo caminando en busca de un taxi para irme para la casa e imaginándome a mi amada esposa desnuda en la cama de aquel caballero.

    A Teresa la volví a ver hasta el domingo en la noche que regresó de su fin de semana de sexo, lujuria y pasión desbordada, vino por una ropa para ponérsela al otro día ya que se quedó toda la semana con su amante hasta el otro domingo que viajó de regreso a su país.

    Una semana que disfrutó hasta el cansancio, conoció a varios de los amigos del Raúl con los que realizaron tríos sexuales, llenos de lujuria. Terminando el último sábado en una orgía impresionante donde 12 hombres hicieron las delicias de 8 mujeres, la verdad yo no lo podía creer, que mi amada esposa se prestara para estos eventos.

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  • Travesuras de parejas en Lima (1): Daniela y Andrés

    Travesuras de parejas en Lima (1): Daniela y Andrés

    Daniela y Andrés son una pareja joven de 25 años. Son peruanos y viven juntos en un edificio de elegantes departamentos en el Malecón de Miraflores, que es un exclusivo distrito de Lima, que tiene una preciosa vista al mar y desde donde se ve toda Lima y la hermosa Bahía de Miraflores. El departamento es muy bonito y acogedor. Tiene todo el piso alfombrado, con una fibra blanca, muy suave y mullida que invita a caminar descalzo, cosa que normalmente hace Daniela, con mucha sensualidad, para dicha y tortura de Andrés que idolatra los preciosos pies de su amada. Y que sólo verlos lo hace poner a mil, excitado sexualmente hasta el extremo más extremo.

    Ambos son físicamente muy atractivos. Se conocieron cuando estudiaron en la mejor universidad privada del Perú. Hace tres años que viven juntos. Ellos pertenecen a la clase social llamada alta y, económicamente, no les falta nada.

    Andrés es alto; mide 1.82 m, es de piel blanca, tiene cabello castaño oscuro; va al gimnasio y tiene los músculos bien marcados. Su miembro viril es grande y poderoso. Todo su cuerpo es depilado por todas partes. Tiene ojos color marrón claro. Es abogado y trabaja en un gran estudio jurídico de la ciudad.

    Daniela mide 1.70 m, es alta para ser mujer. Es de piel blanca. Tiene cabello largo y es color rubio natural. Sus ojos son verdes; va al gimnasio todos los días y su cuerpo es perfecto. Sus senos son de tamaño mediano, pero bien proporcionados para su anatomía. Todo su cuerpo está cuidadosamente depilado por todos los rincones, hasta los más íntimos. Tiene piernas largas y bellas. Su joya máxima son unos pies preciosos, muy bien cuidados y con las uñas bien acicaladas, pintadas siempre de un atractivo color rojo, al igual que las uñas de sus bien cuidadas manos. Su vagina es extremadamente preciosa y apetecible. Trabaja como gerente de recursos humanos en una empresa inmobiliaria de Miraflores.

    Cuando Daniela no está en el trabajo, se viste con una blusa a medio abotonar, unos pantalones muy cortos y delgadas sandalias de playa, lo que hace lucir sus lindas piernas y sus preciosos y bien cuidados pies con uñas rojas, que es lo más bonito de su cuerpo y que vuelve loco a su pareja, Andrés, y a todo hombre que la ve. Las piernas de Daniela, sus preciosos pies, sus ojos verdes y su perfecto cuerpo, enloquece a Andrés, que desea a su pareja intensamente y tiene relaciones sexuales con ella, excitado por sus lindos pies y usualmente le pide a Daniela que le haga masajes sexuales con sus lindos pies y él se los besa y lame sin parar.

    Ambos siempre llegan al orgasmo de esta manera, pues a Daniela le encanta y excita que le besen y acaricien sus piernas y pies. Además, goza y llega al clímax cuando masajea con sus pies a Andrés, por todas partes de su cuerpo, en especial cuando con sus dos pies acaricia su enorme miembro viril.

    Una tarde, después del trabajo, mientras tomaba un trago, Andrés la observaba a Daniela desde el sofá, con el traje deshecho tras una larga jornada en el estudio jurídico, sintiendo cómo la ansiedad le recorría el cuerpo. No necesitaba palabras: bastaba la forma en que Daniela cruzaba lentamente la sala, consciente de su efecto sobre él. Ella iba muy fresca, descalza, parecía que el trabajo en la oficina no la agotaba.

    Andrés se acercó a ella, besándole primero los dedos de las manos, delicadamente, como si cada caricia fuera una promesa. Luego, sus labios descendieron en un recorrido reverente hasta sus tobillos, donde empezó a besar con devoción. Daniela sonrió, sabiendo cuánto lo enloquecía el roce de su piel perfecta.

    Ella se dejó caer suavemente sobre el sillón, extendiendo sus piernas con gracia, ofreciéndose. Andrés tomó cada pie entre sus manos como quien sostiene algo sagrado, y empezó a recorrerlos con sus labios, besándolos, acariciándolos, respirando el aroma tenue de la crema que Daniela solía usar. Cada caricia era una invitación, un lento despertar de sus sentidos.

    Daniela, entrecerrando los ojos, dejó escapar un suspiro que encendió aún más la pasión en el ambiente. Los dos se perdieron en un juego sensual donde cada roce, cada beso, cada suspiro, los conducía lentamente a un clímax que no era solo físico, sino también profundamente emocional.

    Las ropas empezaron a caer al piso. Primero, la blusa de Daniela terminó de ser desabotonada y fue arrancada con delicadeza por Andrés. Él pudo ver los perfectos senos de su amada, pues ella no usaba brasier. No pudo contenerse y se acercó para acariciarlos y lamerlos lentamente. Mientras Daniela dejaba escapar gemidos cortos de placer, notó que sus pezones estaban duros, deseando que sigan siendo estimulados.

    Daniela notó la entrepierna de Andrés y vio que estaba a punto de estallar su pantalón por el tremendo bulto que tenía debajo y que ella adoraba. Muy atenta ella, se levantó, caminó descalza hacia él, con los senos desnudos y desafiantes y le quitó a su amado los zapatos, las medias y el pantalón, quedando fascinada por lo que sus ojos veían. Andrés gemía de pasión y le rogó a Daniela para que termine con su labor. Ella no se hizo rogar; se agachó y con la boca le empezó a quitarle la ropa interior a su pareja amada, mientras se relamía de gozo ante la vista del gran banquete que le esperaba.

    Finalmente, Daniela obtuvo su merecido premio; ya tenía en sus manos el poderoso y completamente depilado miembro viril de su hombre. Lo empezó a acariciar con las manos, con suavidad. En ese momento, Daniela se puso de pie y, delante de Andrés, se quitó el diminuto short blanco que tenía puesto. Como ella no usaba ropa interior en casa, en ese momento, ya estaba completamente desnuda, ante los ojos de su macho que la miraba con un deseo y pasión que es fácil de imaginar.

    Daniela le preguntó a Andrés:

    —¿Te gusto?

    Andrés juró que obviamente sí le gustaba y le rogó que le hiciera lo que él tanto deseaba. Ella sabía lo que él quería, pero se estaba haciendo esperar, para que la pasión se eleve al máximo.

    Andrés se arrancó la camisa y ya estaban totalmente desnudos los dos.

    Daniela tomo la iniciativa: se arrodilló frente a él y empezó a lamer su miembro viril, suave y rítmicamente, sin apuros, sin prisas, para ellos el reloj no existía. Andrés gemía de placer. Seguidamente, Daniela se introdujo en la boca el tremendo miembro viril de su amado, no sin dificultad, porque estaba enorme. Parecía que Daniela se iba a atragantar en esta faena. Estuvo más de cinco minutos en esta tarea. Lo lamía de arriba abajo. Estimulaba su glande con la lengua, con gran maestría.

    Ambos estaban gozando al extremo, pero se aguantaban porque faltaba el plato fuerte de la noche: el masaje con los pies.

    Daniela se sentó en la suave alfombra, frente a frente a su amado que también reposaba en el piso. Andrés estaba contemplando a su hembra, totalmente desnuda, que le mostraba su lindo rostro, enmarcado con sus cabellos rubios oro y que le clavaba ese par de ojos verdes intensos llenos de picardía y deseo. Daniela se dejaba admirar. Cuando en eso, sacó su poderosa arma mortal. De entre las suaves fibras blancas de la alfombra, aparecieron los preciosos, suaves y diminutos pies de Daniela, pulcramente cuidados y con sus uñas rojas pasión que eran la locura de Andrés y todos los hombres que tenían la dicha de verlos.

    Conocedora de su encanto, Daniela levantó sus lindos pies, mostrándoselos a su amor para que goce con el espectáculo. Andrés se relamía de gusto al ver este manjar, que él sabía que era, exclusivamente, suyo.

    Andrés tomó con las manos los provocativos pies de Daniela y empezó a acariciarlos y besarlos lentamente, empezando por los tobillos, los empeines y, finalmente, metiéndose en la boca cada uno de sus deditos con las uñas perfectamente pintadas de rojo, color de la pasión. Mientras lamía las aterciopeladas plantas de los pies de su mujer, Andrés sentía una erección descomunal de su miembro viril; algo nunca visto. Es que esa tarde, Daniela estaba especialmente encantadora y sensual. ¡Parecía la Diosa del amor!

    Cuando Andrés estaba más excitado, llegó lo que estaba esperando desde que llegó esa tarde al departamento: Daniela, con una maestría no muy propia de su edad, estiró sus bellas y bien torneadas piernas hasta que sus lindos pies tocaron los bien formados pectorales de su pareja. Con mucha suavidad y sensualidad iba acariciando, con sus aterciopeladas plantas de los pies, el pecho de Andrés, que aprovechaba en besarlos cuando estas joyas de marfil se acercaban a su boca. Poco a poco, sin prisa, Daniela bajó sus pies al abdomen de su amado.

    Finalmente, las joyas de Daniela llegaron, por fin, al miembro viril de Andrés, que los esperaba en una erección espectacular. Daniela lo sujetó con sus dos pies y empezó a masturbarlo suavemente, pero con mucha sensualidad.

    Los dos gozaban, por igual, al máximo con esta experiencia. Andrés estaba loco de lujuria y pensaba que iba a eyacular en ese momento, pero hizo esfuerzos enormes para aguantar.

    Mientras Daniela le hacía esa maravillosa faena a su amado, lo miraba a los ojos con esos ojos verdes brillantes llenos de pasión, que le advertían que esto recién empezaba.

    Después de 15 minutos, más o menos de deliciosos masajes con los pies, Daniela se echó de espaldas en la cómoda alfombra y abrió sus lindas piernas para mostrarle a su macho el premio mayor: su preciosa y totalmente depilada vagina. Daniela empezó a tocarse ella misma y a gemir muy fuerte. Andrés se arrodilló frente a ella, como si fuera un acto de adoración a una Diosa griega, y le empezó a lamer su vagina, suavemente. Empezó a beber los jugos que salían de dentro de Daniela, pues estaba muy excitada.

    Andrés, con una gran experiencia, le comenzó a meter la lengua a la vagina de su amada, mordiéndole y tocándole suavemente el clítoris. Ella gozaba como una reina y sus gemidos parecían escucharse en todo Miraflores. Andrés seguía lamiendo su hinchada vulva hasta las comisuras del ano, cosa que excitaba totalmente a Daniela.

    Pasados varios minutos de esta deliciosa experiencia de pareja, Andrés se puso de pie, mostrando a su mujer su musculatura y en especial su tremendo miembro viril en perfecta y total erección. Daniela seguía de espaldas en la cómoda alfombra. Ella abrió totalmente sus lindas piernas para ofrecerle a su amado lo que él deseaba. Antes de agacharse, Andrés aprovechó para besar y chupar los preciosos pies de su reina, cosa que lo excitaba todavía más. Finalmente, le echó saliva a su tremendo pene y se agachó para penetrar a su hembra, que lo esperaba ansiosa.

    Antes de entrar en ella, se recostó sobre el cuerpo de Daniela y le acarició y besó lentamente, los perfectos senos que seguían con los pezones muy duros. Finalmente, acerco su boca a los labios de ella y se besaron, intercambiando lenguas y saliva, en el beso más apasionado, erótico, sensual y sexual que es fácil de imaginar.

    Andrés metió su enorme miembro viril en la depilada, delicada y preciosa vagina de Daniela. Lo hizo suavemente, aunque ella ya estaba súper lubricada, producto del gran deseo que tenía. Se mecieron juntos, se movían con ritmo apasionado, se besaban constantemente, con mucho amor y pasión, durante un buen rato. Ambos gemían de tal forma, que parecía que el edificio completo se iba a caer. Mientras pasaban los minutos Daniela, que era una experta, se frotaba su clítoris, para que la experiencia sea más intensa.

    En esos momentos, los gemidos se convirtieron en alaridos y gruñidos, que aumentaron a su máxima expresión cuando Andrés descargó todo su semen dentro de la vagina de Daniela, llenándola por completo con su leche, llegando a un súper orgasmo juntos.

    Se quedaron juntos, abrazados, acariciándose, besándose apasionadamente durante largos minutos, él sobre ella, diciéndose cosas muy ricas y sensuales.

    Cuando finalmente llegaron juntos al clímax de ese momento, abrazados, piel contra piel, supieron que lo que tenían era más que deseo: era una complicidad única, una conexión donde cada gesto encontraba eco en el otro.

    Allí, entre la suavidad de la alfombra y el resplandor del crepúsculo, toda la bahía de Miraflores, con el faro de la Marina al centro, parecía detenerse para contemplarlos.

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  • Los trabajos de Mirtha (2)

    Los trabajos de Mirtha (2)

    Habían pasado unos días desde que habíamos visto a Sonia, la mujer de mi suegro, con mi marido, en la cocina de la casa de mi suegro, cuando mi suegro nos convocó a una reunión on line, cuando todas estuvimos conectadas apareció él en la imagen, se encontraba en el despacho de su chale, y comenzó a hablarnos:

    -Mis queridas putitas quiero comunicaros que desde que vosotras estáis al servicio de nuestra empresa va mucho mejor, vosotras con vuestro sacrificio, jajaja, habéis ayudado a que algunos de nuestros clientes estén más satisfechos, e incluso los cornudos de vuestros maridos desde que se creen corneadores rinden más y mejor, jajaja

    Tras una pausa añadió:

    -Pero tenemos un problema, con Cristino, ¿Le recuerdas Mirtha?, Tu hiciste que sus relaciones con nosotros mejoraran, pero ahí un problema, en sus negocios tiene cada día más importancia su hija Leyla, nos convendría tenerla de nuestra parte, conocemos su punto débil, le encantan los coños, ¿Mirtha te animas a ser su amiga?

    -Suegro, contestó Mirtha, ya sabes que yo por la empresa hago lo que haga falta.

    -Muy bien zorrita, lo dejó en tus manos, dijo mi suegro

    Y con esto dio por terminada la conferencia, dos días después volvía a recibir la orden de conectarme al sistema, y apareció el salón de la casa de Mirtha, y allí estaba ella con otra chica más o menos de su edad, estatura y tamaño de tetas, pero con el pelo rubio, era preciosa, Mirtha le preguntó:

    -¿Esto te parece bien Leyla?

    -Me lo tengo que pensar contestó la aludida.

    Se levantó del sofá donde las dos estaba sentadas, parecía tener intención de marcharse, en ese momento Mirtha la rodeo con sus brazos, y llevando su boca hasta la boca de su interlocutora, ambas se fundieron en un beso apasionado, en ese momento Mirtha aprovechó para desabrochar el vestido de Leyla, y esta se quedó con una tanga blanca diminuto, no llevaba sujetador y sus tetas parecían las de una mujer más de nuestro clan, de mediano tamaño.

    Leyla llevó sus manos a la blusa de Mirtha y le bajó las hombreras, las tetas de mi cuñada se quedaron al aire, pero su compañera no se conformó, sino que la hizo quitarse los pantalones, dejándola, igualmente con una tanguita blanco, en ese momento Leyla dijo:

    -Tienes un cuerpo precioso Mirtha.

    Mientras la aludida con sus manos bajo la tanga de Leyla dejándola completamente desnuda, pero ella no iba a ser menos, poniéndose en la espalda de Mirtha, se arrodilló y le quitó su tanga, de esta manera las dos se quedaron completamente desnudas, en ese momento Mirtha dijo:

    -Que buenorra estas, si te pilla así mi marido, te echa un buen polvo.

    -Quizá algún día te lo pida, dijo Leyla, pero en este momento el cuerpo que me interesa es el tuyo.

    Las dos se fundieron en un beso apasionado.

    -Cuando le quieras es tuyo, dijo Mirtha, pero ahora eres mi invitada, y por cierto me encanta tu culo.

    Y se puso a acariciar el precioso trasero de su compañera.

    -Túmbate en el sofá, le pidió Mirtha, eres mi invitada y quiero darte una bienvenida como te mereces.

    Leyla lo hizo con las piernas bien abiertas y Mirtha se puso a cuatro patas a sus pies llevando su cabeza hasta el coño de su invitada, y luego abriendo su boca sacó su lengua y la introdujo en el coño de su invitada que desde el primer momento dio muestras de sentir un placer muy intenso, y dijo:

    -Cariño menuda lengua tienes, me lo estás haciendo pasar muy bien, no te imaginaba yo siendo lesbiana.

    Mirtha dejo, por un momento, de comerle el coño y le respondió:

    -Hombres o mujeres ¿Qué más da? El asunto es dar y recibir placer

    Después volvió a su actividad amatoria, o lametoria, jajaja, se notaba que Leyla cada vez sentía más placer, su cara y sus gemidos así lo demostraban y sin duda, y no pudo aguantar el ataque de Mirtha sin correrse, cuando Mirtha, lo sintió la lamio el coño y luego se apartó, Leyla le dijo:

    -Si me vas a comer siempre así el coño, espero que seamos amigas y que vivamos muchas experiencias juntas, aunque no creo que a tu marido le haga gracia.

    -No te preocupes por mi marido, respondió Mirtha, mientras nuestras dos familias hagan negocios, a él le va a parecer bien, aunque si no se entera de los que hacemos mejor, y ahora deja de pensar en otras cosas y concentrémonos en darnos placer, cariño.

    Se levantó fue hasta donde estaba un bolso, lo abrió y sacó de él un consolador de ciertas dimensiones, y después volvió hacia el sofá donde Leyla seguía tendida, y se lo introdujo dentro del coño, ella volvió a gemir de manera muy intensa, lo que animaba a Mirtha a seguir follandosela con el aparato, Leyla volvió a gemir de una manera intensa, mientras Mirtha parecía también disfrutar de su papel de macho artificial, lo movía dentro de coño de su invitada, que no dejaba de decir:

    -Esto es fantástico mi amor, follas mejor que cualquier tío, prometerme que me lo harás más veces y yo haré todo lo que tú quieras.

    Mirtha ajena a las palabras de Leyla seguía moviendo el consolador dentro del coño de su amiga, se la notaba como el gozo de la invitada provocaba placer en su anfitriona, nuevamente Leyla se corrió:

    -Joder tía, hacia mucho que no tenía dos orgasmos tan seguidos, te adoro, y se volvieron a besar en la boca apasionadamente.

    Cuando terminaron el beso fue Leyla la que dijo:

    -Ahora me toca a mi hacer de macho, túmbate tu aquí.

    Se levantó del sofá para que su compañera de juegos se tumbara en él, y cuando esta lo hizo Leyla repitió lo que le había visto hacer a su anfitriona, primero la hizo tumbarse boca arriba con las piernas bien abiertas, y ella se puso a cuatro patas e introdujo su lengua en el coño de Mirtha. Esta al sentirla comenzó a gemir de una manera muy intensa.

    -Tía lo comes divinamente, dijo.

    Pero Leyla estaba saboreando el coño de su compañera de una manera tan intensa que no escuchó sus palabras. Mientras la cara de Mirtha era un poema, lo estaba pasando divinamente con su compañera de juegos, en un momento dado apretó la cabeza de su acompañante contra su coño, como deseando que sus lamidas fueran más intensas, no dudo evitar decirle:

    -Tía comes el coño maravillosamente, esto lo tenemos que repetir más veces.

    -Es que tienes un coño delicioso, dijo Leyla

    Y siguió comiendo el coño de su socia de placer, los gemidos de esta demostraban que estaba llegando al clímax y se corrió de una manera muy estruendosa, se notaba que Leyla la había vuelto loca. Esta acercó su boca a la de Mia y las dos se fundieron en un beso extremadamente placentero, tras ello Leyla dijo:

    -Cariño antes tú has sido el macho de la relación, ahora me toca a mí.

    Busco con su mirada el juguetito que Mirtha le había aplicado hacia un rato en su coño y la dijo:

    -Mi amor ahora me toca a mí ser tu marido.

    Y dado que mi cuñada tenía las piernas bien abiertas le fue facilísimo, llevar el consolador hasta la entrada de su coño e introducírselo de un golpe en su interior; Mirtha se puso a gemir como una loca, mientras decía:

    -Mi amor eres fantástica, con este cacharro me lo haces mucho mejor que mi marido.

    -Si estos chismes, dijo Leyla, son mejores que las pollas de los tíos y nunca fallan, jajaja.

    Y siguió jugando con el aparato dentro del coño de Mirtha, dándole muchísimo placer en el coño de esta que no aguantó mucho tiempo sin correrse, por un momento las dos parecía agotadas, Mirtha aprovechó el ambiente para hacer una propuesta a Leyla:

    -Supongo que debes tener cuidado con tu padre y no podrás hacerlo en tu casa, así que cuando quieras.

    -Lo tendré en cuenta, dijo Leyla, pero en estos momentos lo que más deseo es meterte el consolador por el culo.

    Ante esta propuesta Mirtha no se lo pensó en un rápido movimiento se puso a cuatro patas y con su preciosa sonrisa le dijo a su compañera:

    -Aquí me tienes querida para hacer conmigo lo que te apetezca.

    Leyla parecía saber muy bien lo que quería y de un movimiento introdujo el consolador dentro del culo de su amiga, Mirtha al sentir como se movía este dentro de su culo, sus gemidos eran muy intensos y dijo:

    -Mi amor nadie me la ha metido en el culo tan bien como tú te adoro.

    Leyla decidió seguir con su táctica y siguió moviendo el consolador dentro del culo de Mirtha que parecía poseída, lo que animaba a su compañera a seguir el tratamiento, se notaba que mi cuñada estaba llegando al clímax sus gestos demostraban que se estaba corriendo, cosa que finalmente sucedió. En ese momento la conexión se cortó, Mirtha había disfrutado, pero además si Leyla aceptaba su oferta tendríamos su vida sexual a nuestro alcance.

    Pocos días después volví a recibir otro aviso de conexión, cuando me conecté apareció ante mi uno de los baños de la casa de mi suegro, Violeta, la criada de la casa limpiaba, cuando al poco tiempo de la ducha salió Mirtha completamente desnuda, al verla Violeta se quedó sorprendida y un poco ruborizada dijo:

    -Perdone la señora, no sabía que estaba duchándose, la Señora Sonia me ha dicho que no hay problema en que limpie mientras ella se ducha.

    -No te preocupes Violeta, dijo Mirtha, tú eres como de la familia, así que no importa que me veas desnuda.

    Pero mientras decía esto acercó su boca a la de la sirvienta y las dos se dieron un beso muy apasionado, antes de que Violeta se pudiera dar cuenta Mirtha le había quitado el vestido, dejándola únicamente con un tanga negro de tamaño diminuto, entonces mi cuñada se arrodilló ante la sirviente, de espaldas a esta y poco a poco le fue bajando el tanga, y en ese momento dijo:

    -Así estamos las dos iguales.

    A continuación, le pidió que se apoyara en el lavabo con una pierna levantada, cuando lo hizo Mirtha le introdujo tres de sus dedos en el coño, mientras le preguntaba:

    -¿Nadie de la casa te hace esto?

    La criada cayó y Mirtha le dijo:

    -Si te lo hacen que sea porque te apetezca, tú haces muy bien tu labor y nadie debe aprovecharse de ti.

    Y siguió un rato masturbándola mientras le preguntaba:

    -¿Te gusta?

    La criada no decía nada, pero en la expresión de su cara se veía la respuesta, Mirtha siguió con su interrogatorio, mientras la masturbaba:

    -¿Te lo haces con alguien de la casa?

    Violeta volvió a responder con su silencio, solo roto por sus gemidos, Mirtha la continuó masturbando hasta que la hizo correrse, en ese momento sacó sus dedos del coño de la criada y se los llevó hasta sus labios y saboreo los jugos de la criada, después fue hasta la ducha, y salió de ella con un consolador, luego dijo:

    -Supongo que tampoco sabes de quien es esto, miro a la criada, que una vez más no la respondió, se rio y añadió, supongo que, de la zorra de mi suegra, pero el asunto es que nosotras vamos a jugar con él.

    Se tumbaron las dos en el suelo y Mirtha introdujo el aparato dentro del coño de Violeta, que nuevamente se puso a gemir, mientras le decía:

    -Cariño disfruta del juguete de la dueña de la casa, aunque imagino que ese coño lo habrán disfrutado varios de los miembros de la familia, quizá incluso mi marido.

    Y se rio mientras con el aparato no paraba de entrar y salir del coño de Violeta cuyos gemidos se intensificaron hasta que se corrió, tres ello fue la criada la que dijo:

    -Ahora me toca a mi dar placer a la señora.

    Le pidió a Mirtha que se pusiera de pie y ella se arrodilló, y desde esta postura Violeta introdujo tres de sus dedos dentro del coño de la nuera de su jefe, esta al sentirlos comenzó a gemir mientras decía:

    -Tía masturbas deliciosamente, ¿Quién te ha enseñado a hacerlo así, la zorra de mi suegra?

    Pero la criada guardó silencio mientras con sus dedos seguía jugando con el coño de Mirtha, a la cual se la notaba que lo estaba pasando divinamente, Violeta al comprobarlo seguía complaciéndola, hasta que en un momento dado sacó los dedos del coño de mi cuñada y arrimando su cabeza al mismo se puso a lamérselo. Los gemidos de Mirtha se intensificaron aún más y dijo:

    -Tienes una lengua que habla poco, pero como los coños de una manera increíble, me estas volviendo loca de gusto.

    Y Violeta haciendo realidad las palabras de Mirtha guardó silencio, pero su lengua seguía atacando el coño de Mirtha de una manera muy intensa, las convulsiones de esta eran cada vez más fuertes, tras ello no pudo evitar tumbarse en el suelo para recuperar fuerzas.

    En ese momento la criada dijo:

    -Hasta ahora he sido la mujer de la señora, pero ahora voy a ser su marido.

    Y haciendo que Mirtha se pusiera a cuatro patas, se colocó detrás de ella y le introdujo el consolador en el coño. Nuevamente los gemidos de mi cuñada se intensificaron, Violeta le preguntó:

    -¿Te folla tu marido así?

    -No para nada, tu manejas tu aparato mejor que él su herramienta, dijo Mirtha, aunque posiblemente ya lo sepas.

    -Si la señora quiere, dijo Violeta, yo de vez en cuando, si no hay nadie en casa la puedo complacer, ya ve que soy muy discreta.

    Mirtha se rio, pero sus risas se mezclaban con sus gemidos de placer, había caído en las redes de Violeta, esta seguía moviendo el consolador de una manera que a su compañera de juegos le estaba resultando particularmente placentero, y así estuvo hasta que Mirtha dijo:

    -Me viene.

    En ese momento la criada sacó su instrumento del coño de su señora, está la pidió que se acercara a ella y cuando lo hizo las dos se enzarzaron en un nuevo beso muy intenso, Mirtha dijo:

    -Muchas gracias, mi amor, el hecho de que me hayas follado con un consolador, mientras yo estaba en el suelo a cuatro patas, como una perra me ha resultado extremadamente excitante, lo repetiremos, si tu quieres.

    Violeta se volvió a acercar a su señora y de nuevo se besaron apasionadamente y en ese momento se cortó la conexión.

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  • Ares en mi piel

    Ares en mi piel

    Querido mío, gracias por esta semana,

    por incendiar mi alma con cada palabra temprana.

    Sé que es una locura, una dulce osadía,

    pero en este rincón secreto, reviví mi fantasía.

     

    Perdona si mis juegos te causan sorpresa,

    pero tú… tú despiertas en mí la naturaleza traviesa.

    Eres fuego que arde donde ya no esperaba calor,

    eres viento que me acaricia con deseo y con amor.

     

    Quizá esta pasión es tan fuerte, tan divina,

    que mejor dejarla vivir entre sombra y neblina.

    Porque si los dioses nos vieran arder con verdad,

    nos lanzarían rayos, llenos de envidia y ansiedad.

     

    Recuérdame así, desnuda en emociones,

    murmurando tu nombre entre suspiros y tensiones.

    Y yo te guardaré como Ares al Sol encendido,

    guerrero imponente… mi dios prohibido.

     

    Te admiraré siempre, por tu mente afilada,

    por ser alfa y poeta, alma desatada.

    Por leerme con hambre, por entender mi pasión,

    por devolverme el fuego, sin condición.

     

    Gracias por tocarme sin tocar,

    por encenderme con tus frases sin rozar.

    Por devolverme ganas, deseo, y sentido,

    por hacerme sentir mujer… y no solo lo vivido.

     

    Si mañana el silencio vuelve a reinar,

    sabrás que mis versos te seguirán sin cesar.

    Y si no podemos hablar, ni vernos, ni huir,

    tendremos esta historia… para nunca desistir.

     

    Con amor

    Tu Afrodita

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  • Construyendo paraísos (3): Relax acuático

    Construyendo paraísos (3): Relax acuático

    Al día siguiente quizás les fastidié la sesión de baño de sol de cuerpo entero, esta vez yo quería disfrutar de sus compañías, por la mañana volvieron a la ciudad de compras y por la tarde, tras la siesta donde sólo dormimos, nos fuimos a la piscina, pertrechados cada cual con sus prendas, mi bañador de slip justito y sus respectivos bikinis que tiraban a escasos, además, sus braguitas eran tipo tanga, resulta que se los compraron esta mañana, Tara se quejaba que todos sus bañadores estaban viejos, como sólo los usa cuando hay visitas, normalmente nos bañamos desnudos. Al comprarlo Tara, Nore también.

    Sus tangas dejaban sus nalgas al descubierto, una visión exuberante, que recreaba mi vista cuando caminaban por el borde de la piscina, no pude por menos de lanzar un silbido y piropear ese desfile de modelos que tenía ante mí. Ellas se sonrieron y acentuaron su contoneo a la vez que se agarraban mutuamente por el talle y se daban una palmadita en el culete de la otra. Por mi parte necesitaba refrescarme porque estaba que echaba humo de lo caliente me estaba poniendo aquella visión.

    Me tiré de cabeza al agua y me puse a hacer unos largos para desfogarme, tenía que desgastar el cuerpo porque refrigerarlo no era suficiente, no se me quitaba la imagen de la cabeza, dos hembras, cada cual más exuberante y deseables, me quedaba el consuelo que Tara me bajaría el calentón, esta noche o mañana por la mañana, aunque la imagen de Nore me venía a la mente o lo que incitaba más, estaba ante mis ojos cuando salía de la piscina.

    Después de un rato en la piscina nos fuimos la jacuzzi, en realidad fui yo primero porque me era imposible que no se me notara la erección que tenía, me daba igual dentro o fuera del agua. Estaba pensando en hacerme una paja, cuando se presentaron las dos, se metieron dentro, una a cada lado, las burbujas golpeaban sus pechos y los hacía moverse como flanes, 4 deliciosos flanes que allí mismo los habría liberado de sus envoltorios de tela y me los habría comido.

    Ellas seguían hablando de sus cosas mientras los chorros hacían su función bajo el agua, yo no podía creer la visión que tenía a cada lado. Me recosté para intentar relajarme y de repente noto una mano que me agarra la polla por encima del bañador, me quedo sorprendido, aunque dejo que maniobre, no sé de quién es la mano, las dos mujeres las tienen bajo el agua.

    Me libera el duro palo de su envoltura y me lo pela con una maestría que no se nota nada fuera debido a las burbujas que llenan el jacuzzi. Ya no sólo la vista de las hermosas tetas convertidas en vibrantes flanes, es que las dos mujeres que se hablaban una a la otra se habían arrimado a mí para poder escucharse y sus respectivos flanes me rozaban cada una por un lado, sentía su blandura y a la vez su firmeza, mientras una mano sin identificar me la estaba meneando hasta que explotó, eché la cabeza para atrás, cerré los ojos y me abandoné al placer que estaba sintiendo mientras expulsaba la leche. Me daba igual si se salpicaba fuera del agua.

    Se me quedó una cara de felicidad, con una sonrisa que las dos hicieron un comentario al respecto, como que no las estaba haciendo ni caso. No quise ni mirarlas, porque de haberlo hecho me delataría y delataría a quien me había hecho correrme, si fue mi mujer la invitada se escandalizaría y nos diría que somos unos pervertidos, si fue la invitada, tenía serias dudas, tampoco podía descubrirla porque sería un escándalo peor, por mi permisividad y por su descaro. Me quedé ahí, inmóvil hasta un rato después que se fueron las mujeres a la sauna. Pensando en lo ocurrido, lo increíble que ha sido y que si se lo contara a alguien no se lo creería. Ese día ya había tenido bastantes subidas de temperatura, así que pasé de la sauna.

    Por la noche tampoco saqué el tema con Tara, si hubiese sido ella que lo dijera, algo que no hizo, lo cual me mosqueó bastante, pues si ella no fue sólo pudo ser otra persona. La situación entraba en otra dimensión.

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  • Verónica y Sonia (1)

    Verónica y Sonia (1)

    Por cuestiones de trabajo me trasladé a una ciudad remota; un verano un tanto abrumador y caluroso, pero llegaba el tan esperado fin de semana. Aquel día fue largo, complicado, diferente a los demás; concluí la jornada con fatiga después de lidiar con demasiada gente, soñoliento. Al llegar a mi habitación de hotel, me sorprende el timbre de mi teléfono, aunque trato de ignorar sigue sonando y contesto.

    -¿Ya despertaste? -me dice Juan con ansiedad.

    -¿Qué? -Algo desorientado respondí.

    -Vamos a ir por unas cervezas, ¿Qué dices? -contestó Juan con cierta emoción.- Si claro, vamos -Le respondí aun adormilado.

    Me encontré con mis compañeros de trabajo, Juan, Carlos, Roberto y Daniel

    -¿Cuál es el plan? -Dijo Carlos mientras revisaba su teléfono.

    -Vamos por unas cervezas, ¿No? -Nos dijo Juan aun con cierta emoción.

    -Donde ustedes gusten, inges -Respondió Roberto ante la propuesta de Juan; Daniel y yo solo asentimos con la cabeza.

    -Aquí encontré un lugar, se ve tranquilo y hay música en vivo -Nos decía Carlos mientras nos mostraba el celular.

    -Se ve espectacular el lugar -Comentábamos todos los demás, más por compromiso qué por gusto, resultado del cansancio por las tareas del día.

    Llegamos al bar, buena música nos esperaba en el lugar y nos sentamos en una mesa y comenzamos a platicar sobre trabajo, política, futbol, etc. Ya era tarde, tarros en la mesa y muchas risas, mientras escuchábamos el rock ochentero que sonaba en el lugar. De pronto llegaron dos chicas y se sentaron en una mesa a un lado de nosotros, note que Daniel realizo contacto visual con una de las chicas y así siguieron por un rato. De pronto, Daniel se levantó de nuestra mesa y se dirigió a la mesa de las chicas.

    -Que bolas tan grandes -Dijo Juan sorprendido por la acción de Daniel. Todos solo reímos y seguimos con nuestra plática.

    Pasaron los minutos y Daniel comenzó a hablar con una de las chicas más de cerca, la otra chica lo entendió y se hizo a un lado quedando sentada frente a mí. Comenzó a sonar ‘light my fire’ -the Doors, interpretada por la banda que tocaba en ese momento, voltee a ver a la otra chica sola y se cruzaron nuestras miradas, ella bajo su mirada pero yo continúe con mis ojos fijos en ella. Hice un ademan dando a entender que tocaba bien la banda y ella sonrió asintiendo con la cabeza.

    -Adelante amigo, ve por ella -me decía Roberto observando la situación. Me levanté y me dirigí hacia la chica.

    -Hola, ¿aburrida? -le dije a la chica mientras le sonreí.

    -No, para nada -Me respondió volteando hacia la banda.

    -Bueno, ya que me ignoraste procederé a sentarme. ¿Te molesta?, tu amiga ya se ocupó -Le dije mientras ambos volteamos a ver a nuestros amigos, para esto Daniel ya estaba besándose con la amiga.

    -Que tal, soy Mario. ¿Y tú eres? -le dije a la chica extendiéndole la mano.

    -Soy Verónica -Me respondió con una sonrisa y regresándome el saludo.

    Después de una plática amena e intensa con Verónica, vi que se acercaba Roberto y con un ademan despidiéndose.

    -Ya nos vamos, ¿Se quedan? -Nos decía Roberto mientras se levantaban de la mesa.

    -Sí, otro rato -Le respondí a Roberto y Daniel solo asintió con la cabeza.

    -Nos vemos mañana -Nos gritó Juan mientras levanto la mano para despedirse.

    -Hasta mañana -Le respondí regresándole el ademan. Roberto, Juan y Carlos se fueron del lugar, ya era algo tarde y estábamos algo tomados, aunque Daniel y yo nos quedamos, quizá sabíamos que habría algo de acción.

    La plática siguió su rumbo con Verónica, su amiga, Daniel y yo, era casi la una de la mañana cuando de repente Verónica nos pregunta:

    -¿Y dónde se están quedando? -dándole un trago a su cerveza.

    -Yo en el hotel que está sobre la avenida principal, como a dos cuadras de aquí-le respondí con un guiño.

    -Yo me quede en otro que igual está cerca -dijo Daniel volteando a ver a Verónica y a su amiga.

    -Vaya, ya es tarde y nosotras si vivimos un poco lejos -Dijo Verónica mientras tomaba su bolsa.

    -Las podemos llevar -respondió Daniel.

    -¿Nos podemos quedar con ustedes? -soltó repentinamente Sonia, la amiga de Verónica- Es que ya es tarde y nos da miedo, aparte el Uber ya está más caro -continuo algo tímida.

    -Por mí no hay ningún problema, la cama es amplia -le respondí casi inmediato a su petición.

    -Pues si quieres te pago el Uber a tu casa ya solo te voy monitoreando -dijo Daniel mientras Verónica y yo nos miramos burlonamente.

    -Pues a mí me dieron habitación con dos camas, si quieres comparten una y yo me quedo en la otra -Les dije para salvar el momento.

    -O nosotros compartimos una y que Sonia se queda en la otra -dijo Verónica mientras me sonrió con una mirada picara.

    Le regrese la sonrisa de igual modo y por mi mente solo paso -Vamos a hacer porquerías.

    En ese momento Daniel quiso entrar al juego -Pues mi cama también esta amplia -se quiso retractar pero Sonia le dio la espalda.

    Fuera del bar, Daniel pidió su Uber hacia su hotel, yo pedí otro vehículo hacia el otro destino.

    Al llegar el vehículo, verifiqué el auto y abrí la puerta del copiloto llamando a Sonia -Sube -le dije tomándola de la mano y abriendo la otra puerta para Verónica, ella subió y yo me subí al lado de ella.

    En cuanto inicio el viaje Verónica volteo a verme, yo le correspondí viéndola directamente a los ojos, el deseo comenzó a hacerse presente. Sin decir más, mi mano se posó en su pierna, subiendo y rosando su cuerpo hasta llegar a su cuello, me acerque a ella y le di un beso intenso qué enseguida me respondió. El acto comenzó a elevar la temperatura, quizá por los tragos qué teníamos encima y comenzamos a recorrer nuestros cuerpos con las manos temblorosas; En una ocasión voltee y Sonia nos observaba con la cara enrojecida, mire al retrovisor y el chófer también nos observa cuando se detenía el carro.

    -Llegamos joven -me decía el chófer mientras se detuvo en la recepción del hotel; lo que acababa de pasar me tenía vuelto loco.

    Salimos del auto, tome a Verónica de la mano guiándolos hasta el lobby, detrás Sonia solo nos siguió, de la excitación no le preste tanta atención. Pasamos de largo hasta los elevadores y las curvas de Verónica no pasaban desapercibidas entre los empleados y uno que otro huésped en la barra.

    -Buenas noches -nos dijeron un par de recepcionista. Solo escuche a Sonia decir:- Buena noche -mientras nos seguía.

    Dimos con el ascensor, busque mi tarjeta y Verónica se pegó al fondo del elevador, en seguida entro Sonia y yo y cerraron las puertas; oprimo el séptimo piso con cierto nerviosismo, gire hacia las chicas; Verónica ruborizada y su respiración agitada, sudorosa de la frente por el calor, el momento, la excitación de hace unos instantes.

    Nuestras miradas se cruzaron y no me contuve con esa escena, me acerqué a ella tomándola de la cintura y le di un beso qué ella me respondió y me tomó de los brazos, su respiración comenzó a agitarse más a tal grado que empaño mis lentes, así que comencé a jugar con mi lengua, ella un poco torpe con la suya.

    Entonces comencé a bajar mis manos hacia su trasero, lo recorrí con mis manos suavemente mientras la seguía besando, hasta que de repente ella rodeo mi cuello con sus brazos y pase a apretar sus nalgas qué la hizo soltar un gemido; en ese momento se abrieron las puertas del ascensor, nos separamos Verónica y yo pensando que alguien iba a entrar, sin embargo, llegamos al séptimo piso. Sonia nos miraba atónita. Tome a Verónica de la mano y ella a su vez tomó la mano de Sonia guiándolos hasta mi habitación; Iba tan apresurado que me fui del lado contrario, me di cuenta cuando la numeración de las habitaciones incrementará.

    -Vamos hacia el lado contrario -les dije algo apenado.

    -Ok -respondió Verónica algo burlona y ambas comenzaron a reír. Recorrimos el andador hacia el otro lado, la luz del pasillo era tenue pues ya casi eran las 3 de la mañana, a cada paso que daba mi excitación aumentaba. Verónica y yo éramos cómplices en ese momento, pero me llenaba de morbo qué su amiga nos escucharía, quizá se pondría a mirar la escena. ¿Le existiría ver como me cojo a su amiga?, la pregunta rondaba en mi cabeza pero no me imaginaba lo que me esperaba.

    Llegamos a la puerta de la habitación, abrí la puerta mientras ingresaban mis dos invitadas. Levante un par de camisas qué deje botadas.

    -Dejen sus cosas sobre el burocracia o sofá, están en su casa -les dije mientras giré hacia ellas.

    Verónica tomó su bolso y lo lanzó a un lado de la cama, se acercó a mí con un caminar muy sensual, me perdí en el menear de sus voluptuosas caderas; me quedé parado sin decir más, ella me volvió a tomar por el cuello y continuamos con el acto que se había interrumpido hacía unos momentos. Verónica aún más ruborizada, nos separamos, nos miramos, en su mirada se notaba esa picardía como invitándome a perder el control, sus manos bajaron a mis hombros y mis manos seguían en su trasero y sin quitarnos la mirada sonreímos cual niño sabe que hizo una travesura, hasta olvidé que Sonia seguía ahí mirándonos mientras colocaba sus cosas lentamente en el sofá.

    Repentinamente Verónica tomó mi camisa del cuello y la abrió tumbando todos los botones, coloco sus manos en mi pecho denudo y se paró de puntas para darme un beso en la boca, paso a mis mejillas, el cuello, paso a mi pecho y continuo por mi abdomen; yo solo disfrutaba el acto y verla bajar con nuestros ojos clavados entre si. Verónica volvió a sonreír traviesa y me sacó el cinturón, lo lanzó al suelo y volteo a mirar a Sonia, quien continuaba atónita observándonos, totalmente ruborizada.

    Verónica le extendió la mano como invitándola a disfrutar el momento con nosotros; Sonia se acercó lentamente, tomó la mano de Verónica y comenzó a arrodillarse frente a mí. Poco a poco levanto la cabeza y las miradas de los tres se perdieron por completo en una inmensa lujuria.

    En ese momento me perdí, no supe en que momento ya estábamos así, Verónica me miró fijamente, Sonia me tocaba sobre el pantalón, volví en si en los ojos de Verónica quien sonreía y se mordisqueaba los labios. Marque una sonrisilla estúpida y Verónica actuó. Desabrocho mi pantalón, bajo mi bragueta y tiro de mis pantalones llevándose mis calzoncillos; mi pene dio un par de rebotes frente a la cara de ambas chicas y al momento sentí sus manos cálidas en mi cuerpo.

    Cerré mis ojos disfrutando, sintiendo, dejándome llevar por el ritmo de sus caricias. Cuando regrese la mirada hacia ellas, Verónica se levantó y se quitó la blusa. En seguida note sus hermosos senos qué aun con el sostén ya delataban su excitación. Tome a Verónica de la cintura y la pegue a mi costado girándome un poco para disfrutar de la maravillosa vista. Sonia seguía de rodillas frente a mí con él va y ven de su mano.

    Comencé a besar a Verónica ya un poco frenético, deslice mis manos por su espalda desnuda y se estremeció, solo pegó sus manos a su pecho y mientras la mire a sus ojos quite el broche de su sostén y pase mis manos por toda su espalda desnuda, note como su piel de gallina recorrió desde los hombros hasta los brazos. Verónica sin apartar los ojos de los míos bajo los brazos dejando caer el sostén y liberando sus pechos, dirijo sus manos a el botón de su pantalón y cuando lo iba a bajar le quite las manos, la tomé por su cintura y le di un beso en la boca, inmediatamente ella inicio el jugueteo de lenguas.

    Cuando se distrajo en el beso, con mi mano izquierda le rodeé por la espalda y con la mano derecha toque su abdomen y baje la mano hasta llegar a la abertura de su pantalón, introduje mis dedos e inicie un jugueteo con las yemas de los dedos por encima de su ropa interior; Verónica intensificó sus besos hasta que se desvaneció sobre mi pecho, separamos nuestras bocas y dio tres suspiros intensos, suaves y temblorosos. Subí mi mano hacia sus pechos, sus pezones ya lucían demasiado hinchados; Verónica subió su mirada y encontró la mía, su cuerpo ya desprendía un cierto calor demasiado agradable.

    Comenzamos otra vez con los besos, Verónica comenzó a apretar mis brazos y pecho ya marcando sus dedos, procedía a llevar mi mano nuevamente a explorarla cuando sentí una sensación agradable en mi entrepierna, me separé de Verónica para observar a Sonia moviendo su cabeza con un movimiento rápido pero era placentero. Me dediqué a mirar a Sonia mientras Verónica camino hacia el sofá, se apoyó con una mano y retiro sus tenis y calcetas, lanzó su pantalón hacia el buró y camino hacia mi luciendo unas diminutas bragas rojas.

    La imagen de Verónica y la suave boca de Sonia me tenían en éxtasis y para rematar Verónica tomo mi mano y junto a la suya la colocamos sobre la cabeza de Sonia, guiando un poco el va y ven. Estuve a punto de explotar en un momento pero Sonia se detuvo, se levantó y comenzó a quitarse la ropa…

    Entre una tenue luz de la lámpara miraba embobado la silueta de Sonia quien lentamente se despojaba de todas sus prendas, me puso a mil; después tímidamente se acercó y se paró frente a mí, la tomé por la cara y la comencé a besar; Verónica se acercó por la espalda, me rodeo con sus brazos y comenzó a acariciar mi entrepierna. Sonia y yo intensificamos los besos, mis manos recorrían cada centímetro de su tersa piel mientras me dejaba llevar por las caricias que me propinaba las manos de Verónica.

    De pronto Sonia comenzó a empujarme hacia la cama que teníamos a un lado, Verónica se apartó un poco y me recosté sobre la cama. Sonia pronto se me tiro encima, pensé que se iba a montar en seguida y la detuve quedando sentada en mi estómago. Me acerqué al cajón del buró y tomé un condón; Verónica me arrebató el condón

    -Yo te lo pongo -me dijo bastante risueña al mismo tiempo que Sonia se levantó de la cama dio unos pasos hasta colocar sus pies a la altura de mis hombros

    -Es tu turno -me dijo mientras se ponía de rodillas, coloqué mis manos sobre sus piernas y la recibí con mi lengua, al contacto Sonia se estremeció, pronto subí una mano a su cadera recorriendo su espalda y su trasero, la otra se posó sobre sus pechos. Empecé preparando la situación con lengüetazos, besos y a veces propinaba pequeñas mordidas en sus muslos que presionaba contra mi cara. La mire para observar cualquier señal de ella, su cabello negro ya hacía en su cara lo cual no me permitió observar sus expresiones, sin embargo, sus espasmos, su respiración y de repente se escapaban gemidos desde su garganta.

    Por su parte, Verónica había engullido mi entrepierna propinando tremendos movimientos con su lengua, ya no me parecía que fuera torpe usándola. Después de algunos minutos Sonia emitió un gemido ahogado, sus piernas temblaron sobre mi cara, su respiración se agitó aún más, levantó su cara y su respirar se hizo sonoro, se quedó sin fuerzas encima de mí, su lubricación se hizo abundante.

    -Yo también quiero probar eso -Dijo Verónica mientras masajeaba mi parte, Sonia trato de hacerse a un lado pero la detuvo Verónica, -No, quédate ahí. Yo quiero algo más -respondió Verónica mientras se levantó de la cama y comenzó a deslizar su pequeño calzón. Yo seguía recostado esperando señal de Sonia quién aún seguía respirando exhaustiva; Verónica comenzó a ponerme el condón y sentí como se sentó en mi pelvis, comenzó a jugar conmigo sin haber penetración. Comencé a tener sensaciones de terminar.

    -No ahora -pensaba mientras me perdía en la sensación que me brindaba Verónica y comenzó a moverse más fuerte y rápido.

    -No puedo terminar así -pensé mientras apretaba músculos de mi cuerpo. Sonia comenzaba a recuperarse, puse mis manos sobre ella otra vez y comencé con la labor oral otra vez, Sonia coloco sus manos en sus muslos con el puño cerrado -Pensé, si voy a terminar no quiero ser el único -puse empeño a recorrer su intimidad con la lengua, pequeñas succiones, mordiscos y hacia movimientos circulares con mi cara en lo posible para que sintiera el roce de mi barba. Sonia rápidamente se tomó del respaldo de la cama, sus gemidos se hicieron más sonoros, ahí fue cuando sentí que me introduje dentro de Verónica, quien comenzaba a moverse encima de mí.

    Todo llegaba a su clímax, Sonia ya estaba como loca, Verónica y yo teníamos un ritmo jadeante.

    De repente Sonia inhalo muy fuerte con la vista fija en la pared frente a ella, intento cerrar las piernas pero la contuve con mis manos y continúe haciendo la labor hasta que dio un ligero impulso para separarse, me golpeó los costados de la cabeza con sus rodilla, me aturdió un poco cuando me trajo en si la sensación de un chorro abundante en mi barbilla, cuello y pecho, mire a Sonia quién mantenía su espalda curva, seguía agarrada del respaldo de la cama, su respiración se descontrolo y pronto empezó a temblar, como pudo se incorporó a medias y se tendió a un lado de la cama, mientras trataba de controlar su respiración soltaba gemidos como tratando de retenerlos.

    Volví rápidamente hacia Verónica quien apoyaba sus manos en mi pecho y me propinaba unos sonoros sentones con sus carnosas nalgas, yo no quería que eso terminará así; tome a Verónica por la cintura y la derribe sobre el borde de la cama, abrí sus piernas en su totalidad y apoye mi mano izquierda en su muslo derecho y mi pecho aprisiono su muslo izquierdo, mi mano derecha la apoye en la cama para poder llegar a su boca, le di un beso mientras la posición hizo que su intimidad quedara completamente al descubierto y la penetre de una.

    De lo húmeda que estaba podía sacarla casi por completo y volver a encajarla, me excitaba demasiado que la humedad entre su vagina y mi pelvis fuese tan sonora y para controlarme buscaba sus labios; ahí fue cuando Sonia se nos unió y buscaba nuestras bocas, en ese momento nos ganaba la lujuria a tal grado de terminar los tres con la cara ensalivada.

    Me comencé a prender más con los labios carnosos de Sonia y al separar nuestras bocas ella me lamia la cara, los brazos, el cuello, lo que tuviera a su alcance y yo como podía seguía penetrando a Verónica qué gemía delicioso.

    -Que lengua tan traviesa -le dije a Sonia, -¿Por qué no lames un poco a tu amiga? -agarrándola de los cabellos, me quité de entre las piernas de Verónica y hundí la cara de Sonia qué comenzó a meter la lengua en la raja palpitante de Verónica qué no dejaba de gemir. Esa posición me dejó mirar el culo de Sonia, le propine un par de nalgadas bastante sonoras y ella solo se estremeció un poco pero seguía disfrutando de su amiga.

    Me retiré el condón, la verga ya me dolía de lo tiesa que estaba por aquel espectáculo, y comencé a acariciar el culo redondo de Sonia, en esa pose, era inmenso. Coloqué mi verga entre sus nalgas y comencé a frotar mientras Sonia saboreaba con vehemencia los jugos de Verónica.

    -Ya métemela, cabron- Sonia me dijo totalmente fuera de si, volteo un poco un poco -Necesito tenerte adentro -me ordenaba.

    -Tan tímida que te pensé y en realidad eres una putita, te encanta la verga, ¿verdad? -le decía mientras tomaba otro condón del buro y me lo colocaba.

    Coloqué la punta en la entrada de su raja ya bastante húmeda, comencé a sacudir mi miembro por sus labios para escuchar pequeños gemidos que salían de la boca semiabierta de Sonia y las pausas de su lengua contra la raja de Verónica. Poco a poco me fui adentrando mientras escuchaba los gemidos más sonoros de Sonia qué ya eran similares a los de Verónica.

    Tras una fuerte nalgada, comencé a cabalgar a Sonia; por mis embestidas y sus gemidos intercambio su lengua por un par de dedos qué le introdujo a Verónica, eso la volvió loca y mientras nos observaba como tomaba del cabello a Sonia, Verónica tomo pechos y pellizcaba sus pezones disfrutando del par de dedos que le ofrecía Sonia clavados en su entrepierna hasta que se corrió a chorros.

    Con tal imagen ya no pude más, me salí de Sonia, me arranqué el condón y apreté mi verla que ya empezaba a lagrimear.

    -Ya no aguanto más, voy a terminar -les dije mientras fruncí hasta el alma.

    Ellas captaron lo que yo quería, lo que tanto anhelaba de ese trío. Ni flojas ni perezosas se hincaron frente a mí.

    Sonia me dio un beso en la cabecita y cuando sentí la lengua de Verónica acercarse ya no aguanté más, reventé con un estruendoso gemido mientras litros y litros de semana brotaban de mí, me perdí en la sensación del éxtasis, de reojo miraba a las chicas riendo y gritando con mi semen en su cara, escurriendo por sus barbillas y resbalando hasta sus senos cayendo hasta su abdomen.

    -Necesito un pañuelo -dijo Sonia entre risas, levantándose y se dirigió al baño.

    -Yo no lo necesito -escuche a Verónica, que ya hacía aun hincada, lamiendo sus dedos que habían recorrido su piel en busca de mis rastros de leche, engullendo todo lo posible para saborearlo y mirarme con una cara de lujuria.

    -Quiero un poco más -me miró con una cara tan lasciva mientras tomo mi semiflacido pene y lo succionaba. Con cada chupada me estremecía, me daban pequeños espasmos hasta que lo dejo limpio y me lanzó una picara sonrisa.

    Mi compañero quería darlo todo y se rehusaba a terminar ahí la batalla.

    Verónica se levantó y fue al baño con Sonia, yo me quedé recostado en la cama recuperando el aliento. Pronto me gire sobre la cama, alcance mi camisa del suelo y me limpie un poco el sudor cuando escuche a las chicas reírse, esa melodía risueña venía del baño. Me acerque a mirar tras la puerta y aquel par de siluetas desnudas se acariciaban la una a la otra entre un chorro de agua.

    -¿Quieres bañarte con nosotras? -Me invito Sonia mientras Verónica marco una sonrisa y se mordía el labio superior.

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  • Los cuernos duelen más ¿al salir o al crecer? (2)

    Los cuernos duelen más ¿al salir o al crecer? (2)

    Narración de David.

    Esa tarde, luego de la reunión para ajustar detalles con el empresario, y su prolongación de tareas en el estudio, la vi llegar con gesto de cansancio.

    -“Hoy te veo casi agotada, espero que el esfuerzo valga la pena”.

    -“Sí mi amor, con toda suerte falta poco para terminar esta etapa, cuando haya un nuevo encargo graduaremos mejor los plazos a la luz de la experiencia adquirida”.

    Añoranzas de Marcia.

    Lógicamente, con el cargo de conciencia a cuestas, y sin conocimiento de David, reanudé la ingestión de anticonceptivos

    A comienzos de la semana siguiente lo llame a Jeremías para avisarle que la prueba estaba lista, lo que hacía innecesaria otra reunión de coordinación, así que convinimos reunirnos el viernes en la sala del estudio y ahí ver el resultado.

    El día previsto nos juntamos los cinco en la agencia, yo con la consabida vestimenta de pantalón y blusa, recibiendo la felicitación de Paula por haber tenido la fuerza de regresar a una senda más segura; qué distinto pensaría de saber que, en la reunión anterior, había gozado como puta a pesar de haberme salvado de una cogida monumental.

    Expuesto el trabajo, se propusieron ínfimas modificaciones y fue aprobado; quedando satisfecho el cliente se comprometió a transferir la semana siguiente el importe convenido, cosa que produjo honda satisfacción en las cuatro. Paula fue la que recordó nuestro próximo programa.

    -“Chicas, esta noche en La Cabaña comida, bebida y después tragos en otro lado”.

    Ahí intervino el varón.

    -“No me digan que están abandonando a los maridos”.

    -“Nada de eso, ellos ya deben estar por partir hacia una excusión de pesca”.

    -“¿Y traen algo?”

    -“Sí, traen y, después de limpiar cada ejemplar, acondicionan porciones para frizar y luego consumir en otro momento, pero las anécdotas son más sobre lo que comieron y bebieron que sobre las piezas cobradas”.

    -“¿No será que se van de farra con variada compañía?”

    -“No creo, la nariz llora ante el hedor a suciedad y sudor acumulados, y encima el olor del alcohol transpirado es asqueroso”.

    En un momento mis socias fueron a sus despachos para tomar sus cosas y retirarse, Jeremías hizo lo mismo, pero retrasándose para decirme.

    -“Cuando ellas se vayan yo regreso, esperame”.

    Un minuto debe haber pasado desde que la última dijo hasta que sonó el portero eléctrico, al ver en la pantalla la cara de mi amante abrí, caminando rápidamente a su encuentro. A mitad de la sala de espera lo abracé, poniéndome en puntas de pies para llegar a su boca, haciéndole saber así la calentura que me consumía.

    Satisfecha del mutuo deleite de labios y lengua, me arrodillé para desprenderle el pantalón, sacar su miembro y llevármelo a la boca.

    -“Por favor, dejá que me siente, no voy poder expulsar toda la leche que vengo acumulando si debo estar pendiente de no perder el equilibrio, además, cuando tenga buena dureza te la pienso meter hasta las bolas”.

    -“No, eso va llevar más tiempo y no puedo demorarme mucho, quiero despedirlo a David”

    -“Mucha despedida, pero los cuernos que le ponés son enormes y frecuentes; ¿realmente lo querés?”.

    -“Por supuesto que lo amo, esto que me lleva a portarme como una puta con vos ni yo lo entiendo; la excitación que me corre por dentro cuando estoy cerca tuyo o cuando se aproxima la hora de verte es algo enfermizo, que solo se puede sentir, no entender, y al no poder sobreponerme a esa tendencia malsana me siento una basura; no soy feliz a tu lado después de calmar la arrechera, y mucho menos junto a mi marido”.

    -“Bueno, ya hemos hablado demasiado, chupá fuerte putita”.

    Y atrajo mi cabeza atragantándome con el miembro; por supuesto que lo empujé para poder respirar y esa reacción natural le causó gracia porque con una sonrisa en la cara largó.

    -“Parece que el cornudo no te hizo practicar lo suficiente para ser una buena mamadora”.

    -“Ya te dije que evites nombrar a mi marido, no lo voy a decir nuevamente”.

    -“De acuerdo mamita, pero sácame la leche que no doy más, así tesoro, así, ahí va al fondo de tu boca”.

    Esa noche, un poco antes de las diez, hora de la reserva, ya estábamos las cuatro instaladas listas para pedir; habíamos quedado en usar taxi para ir pues, si bien no éramos bebedoras, queríamos tener la tranquilidad de poder tomar algo sin pensar en ulteriores consecuencias; íbamos terminando el postre cuando escuchamos una voz conocida.

    -“Hola bellas damas, qué gusto encontrarlas”.

    Era Jeremías con dos amigos a quienes presentó como Aníbal y Ramón, ambos con cargos gerenciales en una de las empresas y mostrando buena pinta; nos contó que habían comido en un restaurant cercano y, al salir rumbo a una discoteca, el cartel de La Cabaña, le recordó las palabras de Paula diciendo que aquí tendríamos cena de celebración, por lo cual se le ocurrió entrar a ver si estábamos para sumarse al festejo invitándonos a tomar algo en otro lado

    Ahí Beatriz nos consultó con la mirada y, al no ver oposición, aceptó pero haciéndole saber que no éramos afectas a fiestas extensas y pidiéndole compartir los gastos ya que bastante había pagado nuestro trabajo; por supuesto quien invitaba dijo que el tiempo lo manejáramos nosotras y sugirió un cambio que tenía varias ventajas, cero costo, bebidas de buena calidad sin límite, música a elección, sin horario de finalización y, en caso de necesidad, lugar cómodo para descansar, y ese lugar era su casa de fin de semana a unos quince minutos de auto.

    Como ellos habían salido en dos coches hicimos el trayecto en esos vehículos, yo agradeciendo que mi amante disimulara, haciéndome viajar con el amigo.

    Al entrar encontramos lujo sin ostentación, buen gusto en la sobriedad, cómoda amplitud de todas las dependencias y eso produce un deslumbramiento potenciado por no ser esperado. El paseo por los seis dormitorios y sus respectivos baños, todo listo para usar era una invitación tremendamente atrayente.

    Se ve que tenía personal permanente en la casa porque estaba todo iluminado, ventilado, con hornillos de aceite esencial soltando un suave aroma riquísimo y música ambiental apropiada. Un conjunto minuciosamente preparado para asombrar por su magnificencia. Cuando nos sentamos ya con las bebidas servidas, el dueño de casa se ubicó a mi lado preguntándome.

    -“¿Estás cómoda?”

    Aprovechando que mis amigas estaban en la barra mirando el surtido de botellas, mis primeras palabras fueron en voz baja.

    -“Estoy cómoda, y mejor me voy a sentir si me prometés ser cuidadoso de manera que nadie piense mal; la decoración me parece hermosa y en justo equilibrio, como para que cada cosa sea bien disfrutada sin la intromisión de algo cercano”.

    Y él me contestó en dos volúmenes distintos.

    -“No tengas miedo, voy a ser precavido; respecto de eso te voy a hacer una confesión, ese cuadro que está detrás nuestro vale un platal a pesar de ser un adefesio. Lo compré como inversión para venderlo dentro de un tiempo con importante ganancia. Dicen que para apreciarlo debidamente hay que estar a dos metros, justo la distancia del espaldar del sillón, vení nos ubiquemos en el lugar apropiado”.

    Al girar la cabeza para mirarlo, su cara delataba que me iba a poner de espaldas a los otros para otra cosa, no con el fin de observar el cuadro.

    -“Por favor, no cometás alguna locura”.

    -“Querer hacerte gozar como una burra no es una locura, es un deseo natural teniendo al lado una hembra con la almeja babeando flujo de calentura”.

    -“No me digás eso cualquiera que te escuchara pensaría que soy una perversa degenerada”.

    -“A eso vas en camino putita, ahora desprendé tu pantalón, bajá el cierre y abrí las piernas. Mi sugerencia es que te agarres fuerte del respaldo para no caer al piso luego de la acabada que vas a pegar”.

    -“Todos se van a dar cuenta”.

    -“Lo que te debe importar son tus socias, y ellas no lo saben con certeza, pero lo suponen. Hoy vas a seguir siendo la misma puta que ellas creen que sos; por lo pronto agarrá fuerte la pija que vas a recibir en breve, para eso la saqué”.

    El muy porquería tenía razón, si había algo que abundaba entre mis muslos era ese líquido espeso que largamos a granel cuando andamos buscando verga, y sus dedos, hábiles navegantes, se movían a lo largo de la hendidura, descapuchaban el botón del placer para moverse sobre él subiendo y bajando, pasando luego al ingreso vaginal, recorriendo circularmente sus bordes, amagando entrar, pero dejándome con las ganas, y así llegué al punto de no retorno.

    En ese momento, donde lo fisiológico se transforma en el único protagonista, anulando casi al completo intelecto y voluntad, mandé a la mierda mi recato, mi honorabilidad y mi condición de casada; con ambas manos tomé la muñeca de Jeremías y, encorvándome hacia adelante, forcé la entrada de dos dedos, que mantuve firmes mientras mi pelvis iba hacia adelante profundizando la penetración.

    Cuando volví a la conciencia, rogué que nadie hubiera dirigido la mirada hacia nosotros unos segundos antes, pues estarían percibiendo mi espalda encorvada, la cabeza gacha con los brazos hacia adelante y en plenas convulsiones orgásmicas. Algo compuestos y adecentados mi macho giró la cabeza indicándole a uno de los hombres lo que debía hacer, ante lo que el receptor invitó a las tres damas a ver el espectáculo observable desde la terraza, saliendo los cinco. Ahí aprovechó Jeremías para tomarme de la mano.

    -“Vení, vamos a prepararnos unos tragos al bar”.

    Y me llevó haciendo que pasara detrás de la barra, al sentir que me tomaba de la cintura para apoyarme el bulto de su entrepierna en medio de las nalgas, me di cuenta que en realidad la elección del lugar no era para mezclar bebidas sino para tenerme a cubierto de miradas que pudieran generarme algún escrúpulo y oponer alguna resistencia.

    Me dejé hacer mansamente porque, además de la común excitación que me producía su cercanía, tenía empapada la biquini por las caricias recibidas mientras simulábamos mirar ese cuadro de porquería; y así mientras las tres mujeres con los dos hombres iban a la terraza a disfrutar de la magnífica vista, teniéndolo a mis espaldas, pasó las manos hacia adelante para desabrochar el pantalón y bajarlo a medio muslo con la prenda interior, luego me ayudó a sentarme en uno de los bancos altos pero dejando las nalgas afuera y reclinándome hacia adelante sobre la superficie del mostrador; todo fue tan rápido que, en un abrir y cerrar de ojos, me había metido toda su pija de un solo golpe llegando hasta el fondo.

    -“Por Dios, puede venir alguien”.

    -“No va a suceder, mis amigos tienen a tus socias bien entretenidas, y si alguna muestra una pequeña grieta le van a hacer lo que yo estoy haciendo con vos”.

    El vaivén era de retirada suave y entrada brusca, como si quisiera traspasarme; mis gemidos contrastaban con sus palabras.

    -“Así te quería tener reputa, te hiciste desear como si fueras una adolescente virgen, ahora vas a tener mi leche bien adentro”.

    Estaba concentrada en el placer de sentirme horadada cuando sentí frío en el ano, y luego algo ingresando y moviéndose circularmente, dándome certeza sobre lo que se avecinaba, me iba a encular, y me enculó más rápido de lo que me decía mi cabeza; un poco de dolor acompañó el ingreso, pero con toda suerte fue nada más que por forzar el ensanche de las paredes, el lubricante que había sentido frío surtió efecto, pues no hubo desgarro.

    Con el acostumbramiento apareció el gozo, y así, pecho sobre la barra, ojos cerrados y gimiendo quedamente por miedo a que me escucharan, empecé a sentir los cabeceos y latidos del pene largando semen.

    -“Aguantá un poquito más para que yo también pueda acabar”.

    -“No hay cuidado cerdita mía, te vas a correr mejor que una burra arrecha”.

    En eso sentí que su verga salía para, un momento después, entrar con nuevos bríos aumentando la frecuencia del metisaca; al sentir que del otro lado del mostrador me tomaban las manos y unos labios cubrían los míos me asusté, pero al abrir los ojos me di con la cara del que, hace instantes, me taladraba desde atrás.

    -“Aprovechá yegua que hay más de una manguera para vos deseado llenarte la concha”.

    Mi duda inicial se disipó de golpe, los tres hombres tenían perfectamente planeado lo que pensaban hacer, al punto que pocos minutos después apareció Aníbal haciendo que Ramón aumentara el movimiento, en seguida se tensara y me clavara fuertemente dando comienzo a la eyaculación. Al largar la última escupida quedó quieto unos instantes y luego cedió el lugar al recién llegado.

    Debo reconocer que el nuevo candidato a cogerme fue diferente a los otros, con suavidad, diría que tiernamente me sentó de frente a él acariciándome la cara.

    -“Marcia, sos una hermosa mujer, me encantaría poder intimar con vos, pero no de esta manera algo brutal, valiéndome de tu indefensión”.

    -“Gracias Aníbal, estos dos me usaron como si fuera una muñeca inflable, preocupados solo de su placer, ¿me harías gozar?”

    -“Nada me gustaría más en este momento”.

    Y ahí percibí la segunda diferencia, lo que tenía entre las piernas era un chorizo gordísimo, que entró con paciencia expandiendo los músculos vaginales, provocándome un placer inmenso y el orgasmo de ambos fue casi simultáneo; nos recompusimos y regresamos con el resto, donde inventé la excusa de haber ido al baño. Ya reunida con los otros tomé conciencia de que, una corrida tan intensa y prolongada como la reciente, solo era comparable con aquellas de los primeros tiempos junto a David, lo cual hizo que mi conciencia nuevamente me recriminara.

    El resto de la velada fue muy agradable, amena conversación, ambiente cómodo, música, bebidas y aromas exquisitos, hicieron que el tiempo pasara volando; la invitación de Jeremías para quedarnos hasta mañana la declinamos amablemente y, para evitar una segura caída en las garras de los tres, me quedé a dormir en la casa de Beatriz. En realidad, la invitación fue para darme su parecer.

    -“Amiga, no te recrimino, no te critico y no pretendo explicaciones, simplemente creo que estás cuesta abajo y que, por alguna razón que te supera, no estás pudiendo frenar. Ojalá esté equivocada, hasta mañana, que descanses”.

    No le pude contestar y al desvestirme encontré en el bolsillo un papelito de Aníbal diciendo; el buen recuerdo que tenía de él me hizo acceder a su pedido a pesar de la hora y, al escuchar el tercer timbrazo, corté. Fin de las añoranzas.

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  • Cruzando el límite con Luciana

    Cruzando el límite con Luciana

    Era el cumpleaños de mi papá, y la casa estaba llena de risas, música y el aroma a comida casera. La familia se había reunido para celebrar, y entre la multitud, allí estaba ella: mi prima, Luciana. No la veía desde hacía años, y la última vez que la recordaba era una adolescente traviesa y llena de energía. Ahora, frente a mí, estaba una mujer madura, con una familia propia y una mirada que aún conservaba esa chispa pícara que tanto la caracterizaba.

    —¿Y vos? —me preguntó de repente, interrumpiendo mis pensamientos—. Veo que no subís ninguna foto con ninguna chica. ¿Qué pasa, no tenés novia?

    Su pregunta, directa e incómoda, me pilló desprevenido. Luciana siempre había sido así, sin filtros, como si el mundo fuera su terreno de juego y todos fuéramos sus compañeros de aventura. Yo, por el contrario, era reservado, especialmente cuando se trataba de mi vida personal. En ese momento, estaba pasando por una situación complicada con una chica, algo que no quería tocar ni siquiera en mi propia mente.

    —No es tan sencillo —respondí, evadiendo el tema con una sonrisa forzada.

    La noche avanzó, y después de la cena, Luciana se acercó de nuevo.

    —Te llevo a tu casa —le ofrecí, sabiendo que vivía cerca.

    —Gracias, pero… ¿por qué no pasás un rato? Los nenes están con su papá, y la casa está vacía —sugirió con una sonrisa que me hizo dudar.

    Acepté, más por cortesía que por ganas. Llegamos a su casa, un lugar acogedor pero con ese silencio que solo las casas sin niños pueden tener. Encendió la televisión y puso una película que ninguno de los dos estaba realmente interesado en ver. Abrió la heladera y saco un fernet ya empezado y una coca.

    —¿Qué te pasa? —preguntó de repente, mientras el alcohol comenzaba a hacer efecto—. Sé que sos reservado, pero te conozco. Algo te está molestando.

    La miré, sorprendido por su intuición. Luciana siempre había sido así, capaz de leer entre líneas, de ver más allá de lo que las personas mostraban.

    —No es nada —respondí, intentando cambiar de tema.

    —Si querés no me contés, pero sabés que estoy acá para vos —dijo, acercándose un poco más.

    Sus palabras resonaron en mí, y el alcohol comenzó a desdibujar los límites que siempre había mantenido. La película seguía su curso, pero ninguno de los dos la estaba viendo. En su lugar, nos mirábamos, como si el tiempo se hubiera detenido.

    —Gracias —murmuré, sintiendo cómo la distancia entre nosotros se acortaba.

    Sin decir más, nos abrazamos. Fue un gesto natural, como si nuestros cuerpos hubieran estado esperando ese momento. Sus brazos me rodearon, y su aroma, una mezcla de perfume y alcohol, me envolvió. El abrazo se prolongó, y poco a poco, la tensión se hizo palpable.

    —¿Esto está bien? —pregunté, aunque en el fondo sabía que no lo estaba.

    —No lo sé —respondió ella, su voz temblorosa—. Pero no quiero parar.

    Y no lo hicimos. Nuestros labios se encontraron en un beso apasionado, como si todos los años de distancia se hubieran evaporado en ese instante. Sus manos recorrieron mi espalda, y las mías se deslizaron por su cintura, sintiendo la calidez de su piel a través de la ropa.

    —Esto está mal —murmuré, pero mis palabras se perdieron en otro beso.

    —Lo sé —susurró ella, antes de llevarme de la mano hacia su habitación.

    La habitación estaba en penumbras, iluminada solo por la luz de una lampara. Nos miramos, conscientes de lo que estábamos a punto de hacer, pero incapaces de detenernos. Nuestra ropa cayó al suelo, pieza por pieza, como si el tiempo se hubiera acelerado.

    Su cuerpo era perfecto, con curvas que delataban su vida como madre, pero que no habían perdido su belleza. Sus pechos, firmes y generosos, se elevaban hacia mí, invitándome a explorarlos. Sus caderas, anchas y seductoras, prometían un placer que mi mente no podía ignorar.

    —Nunca pensé que esto pasaría —dije, mientras mis labios recorrían su cuello.

    —Yo tampoco —respondió, su voz entrecortada por el deseo—. Pero ahora que está pasando, no quiero que termine.

    La besé con intensidad, sintiendo cómo su cuerpo se arqueaba contra el mío. Mis manos exploraron cada centímetro de su piel, descubriendo cada curva, cada rincón que el tiempo había transformado. Ella hizo lo mismo, sus dedos trazando patrones invisibles en mi espalda, sus uñas clavándose suavemente en mi piel.

    —Sos mi prima —murmuré, como si esa frase pudiera detener lo que ya estaba en marcha.

    —Lo sé —respondió, antes de guiarme hacia la cama.

    El sexo que tuvimos fue salvaje, explícito, como nada que hubiera experimentado antes. Sus gemidos llenaron la habitación, mezclándose con los míos en una sinfonía de placer prohibido. Nuestros cuerpos se movían al unísono, como si hubieran estado esperando ese momento durante años.

    La penetré con fuerza, sintiendo cómo su cuerpo me recibía con avidez. Sus piernas se enredaron en mi cintura, y sus manos se aferraron a mis hombros, como si temiera que me fuera a escapar. Movimientos rápidos y desesperados se alternaron con momentos de ternura, como si intentáramos convencernos de que lo que hacíamos estaba bien.

    —Más fuerte —pidió, su voz por el deseo.

    Y lo hice. La embestí con toda la fuerza que pude, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el mío. Sus ojos, clavados en los míos, reflejaban el mismo conflicto que yo sentía: el deseo ardiente mezclado con la culpa de lo que estábamos haciendo.

    —Voy a acabar —gimió, su voz casi un susurro.

    —Yo también —respondí, sintiendo cómo mi cuerpo se tensaba.

    Y entonces, en ese momento, todo explotó. Nuestros cuerpos se fundieron en un orgasmo compartido, un grito que llenó la habitación. Caímos exhaustos, nuestros corazones latiendo al unísono, como si hubiéramos corrido una maratón.

    —Esto no debería haber pasado —dije, mientras la abrazaba, sintiendo su piel húmeda contra la mía.

    —Lo sé —respondió ella, su voz llena de una mezcla de satisfacción y arrepentimiento—. Pero pasó.

    Nos quedamos así, en silencio, mientras la realidad de lo que habíamos hecho comenzaba a asentarse en nuestras mentes. El alcohol ya no era suficiente para borrar la culpa, y la emoción del momento daba paso a una sensación de vacío.

    —¿Qué hacemos ahora? —pregunté, aunque en el fondo sabía que no había una respuesta fácil.

    —No lo sé —respondió ella, su voz quebrada—. Pero no podemos pretender que no pasó.

    Y allí estábamos, dos personas que habían cruzado una línea que nunca deberían haber cruzado, envueltos en una mezcla de placer y culpa. La noche avanzaba, y con ella, la certeza de que nada volvería a ser igual.

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