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  • Secuencias: Mati y Fernando

    Secuencias: Mati y Fernando

    “Sigue…, así, querida…, más”. La voz de Fernando suena entrecortada. Mati agachada sobre el vientre de él, con el cabello en cascada, metida su tranca en la boca, casi toda entera y mamándola. Sus mejillas se hinchan y deshinchan mientras la lengua las empuja alternativamente al chupar la polla gruesa y larga, tiesa y endurecida de él.

    Las piernas velludas de Fernando recuerdan a las agujas de un compás abierto. Mati sujeta las pelotas peludas, con algunas hebras plateadas, con la palma de su mano en forma de copa. A intervalos palpa bajo la piel ligeramente granulada las desiguales bolas de él; las hace moverse, las junta, las sube y las baja, las aprieta con delicadeza. La otra mano agarra el falo por la parte de abajo, donde arranca el tronco de la polla.

    A Mati le gusta la polla de Fernando. Particularmente le agrada cuando está en reposo, pequeña, dúctil, con una blandura casi infantil, con el glande escondido bajo los pliegues de piel oscura, el borde violáceo curvado. Disfruta cuando él se pone cachondo y ella ve cómo se desarrolla su tamaño; se descapulla el glande; va endureciéndose y se pone robusta, tiesa. Entonces el capullo adquiere un brillo matizado. Toda la verga tersa y hace que los huevos se tensen y endurezcan. Ella se calienta también al verla. Nota el deseo en ascenso, anticipando la penetración de ese miembro hasta sus adentros vaginales.

    Fernando está muy tenso, las piernas con todos los nervios comprimidos. Se saca el mango de la boca. Chorrea babitas con alguna burbuja. Mati acaricia ese rabo que refulge a la luz de la lámpara de pie —él deja escapar sonidos guturales; se yergue y mira los juegos de ella. Aumenta su lujuria—. Hace círculos con la tensión del dedo índice sobre el agujero redondo que corona el capullo. El capullo está violáceo, pero menos que el borde que separa el glande del resto de la polla. La hace girar entre los dedos y observa en medio del glande el cordón rosáceo, que divide en dos la cabeza del falo y lo sujeta al resto de la piel tensada que se une a la de los cojones.

    Mati sabe que si continúa jugando y sobando esa zona Fernando se correrá inevitablemente. Pero está vez quiere que se vaya en su boca, para saborear el surtidor de la leche masculina, caliente y espesa. Se la lleva otra vez adentro. Fernando vuelve a tumbarse con los brazos caídos a cada lado del cuerpo.

    Dentro de la cavidad chorreante de saliva, el glande vuelve a ponerse rígido. Mati lo pasa de un lado a otro de la boca. Se mete la polla y la saca rítmicamente. La lengua la repasa. Chupa y sorbe su propia saliva abundante, aunque una poca resbala desde sus labios a su barbilla. En ese instante ella lo nota: Fernando está a punto de soltar chorros de caliente semen.

    Comienzan los espasmos, y allí agachada apretando y succionando la tranca le oye gemir desesperado, y… un salto y luego otro de leche como un surtidor esparce el líquido en la boca de Mati, que sorbe como puede el torrente de semen, lo paladea y lo traga hasta que un ¡uummm! de Fernando señala el fin de la mamada. Poco a poco, nota como se afloja el miembro y lo saca al exterior. Lame unos pocos de los grumos lácteos y sube para besar los labios de él, mientras se abrazan.

    Se levanta, se limpia con el dorso de la mano las gotas de leche que manchan los labios, se baja las bragas y se sienta sobre el pecho de Fernando. Separa la matita pelosa y los labios se abren mostrando sus paredes húmedas. «Cómemelo», le dice. Fernando la atrae hacia sí y besa el coño, introduce la punta de la lengua y saborea el flujo vaginal. Con el dedo medio dibuja la forma de guisante del clítoris. Las tetas de Mati suben y bajan con ritmo acelerado. Fernando manipula con Leticia el botón duro de la flor abierta de ella y juega a follar el coño con la lengua sinuosa en su interior.

    La boca de Fernando exprime los jugos sexuales de ella y, a la vez, caliente de nuevo, se masajea la polla tiesa. Mati comienza a gemir tocándose las tetas de pezones tiesos y endurecidos. Como un terremoto carnal, la vulva se estremece y golpea los labios de Fernando. Mati exhala suspiros de placer frotando el chocho goteante contra la boca de él. Ella nota los golpes del puño de Fernando con el ritmo masturbatorio que se centra al llegar al clímax. Estalla violentamente en una fuerte eyaculación. Mati se retira y se tumba frente a la verga que como un surtidor expulsa la leche y se la introduce toda en la boca, chupando el esperma.

    Fernando escudriña cada instante de aquella mamada, hasta que Mati se saca la polla de entre los labios succionadores.

    Mezclando los sabores sexuales se besan con fruición y los dos hermanos se abrazan hasta que se duermen plácidamente.

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  • Pegging, maravillosa experiencia (2)

    Pegging, maravillosa experiencia (2)

    Luego de experimentar una primera vez el pegging le tomamos el gusto, y lo empezamos a practicar con mi pareja con cierta frecuencia.

    A mí me resultaba placentero y morboso, y mi pareja me decía que se sentía poderosa y le gustaba verme dominado por ella; es decir, lo disfrutábamos los dos.

    Sin embargo, la clásica posición de “perrito” nos resultaba algo incómoda. Yo aguantaba mucho, y ella me daba duro, así que un largo rato en esa posición nos cansaba mucho.

    Por lo tanto buscamos variedad de posiciones… Y de todas las variedades, las que más disfrutábamos eran la del misionero (que voy a relatar ahora) y cuando cabalgaba sobre ella.

    Casi siempre, antes de convertirme en el putito de mi chica, follábamos con ganas.

    Somos pareja estable, por lo que no necesitamos preservativos, y ella siempre termina con el coño lleno de leche.

    En cierta ocasión, apenas terminamos de follar me retiro y mi chica extrae de debajo de la almohada un consolador de silicona, de unos 20 cm y algo grueso, y muy realista (una considerable cabeza y venas bien marcadas).

    -Este es mi macho, y no tiene permitido entrar en tu culo -me dijo.

    Luego se empezó a acariciar la vagina, llena de leche, con la cabeza del consolador.

    -Quiero que veas cómo mi macho me coge -me dijo, mirándome con lujuria.

    Me acerqué para ver cómo se masturbaba con el consolador. Estaba acostada de espaldas, con las piernas abiertas, y hacia entrar y salir lentamente el consolador, que brillaba por la leche que había dejado en el coño de mi pareja.

    -Lameme la concha -ordenó.

    Acerqué mi boca para lamerle la entrepierna, sintiendo frotar el consolador por mis labios mientras se masturbaba.

    En un momento se lo quitó de la vagina y lo hizo entrar en mi boca; estaba bañado en sus jugos y mi semen, me gustó el sabor y me dediqué a saborearlo.

    Continuó masturbándose, alternando el consolador entre su vagina y mi boca.

    Al cabo de un rato cerró los ojos, dejó el consolador inmóvil dentro suyo, y suspiró intensamente; había llegado al orgasmo.

    Unos instantes después se había recuperado, y dijo que quería follarme el culo.

    Me hizo acostar de espaldas, me separó las piernas, y empezó a hacerme una mamada. Enseguida la verga se me puso dura; entonces, mientras me mamaba, jugaba en mi culo con un consolador anal, delgado y largo que ya habíamos utilizado varias veces antes, hasta meterlo dentro de mí.

    Me hizo acabar con la boca; se retiró dejando resbalar cantidad de saliva y semen hacia mis testículos.

    Inmediatamente se colocó el arnés, lo untó con lubricante, me tomó por los pies levantándolos y abriéndome las piernas, y empezó a introducir el consolador del arnés en mi culo. Lentamente…

    Cuando me tenía completamente ensartado empezó a bombear.

    -¿Te gusta, putito?, ¿o preferís sentir a mi macho en tu culo? -me decía.

    Yo solo gemía y disfrutaba del momento.

    Esta nueva posición que estábamos experimentando resultó ser maravillosa, porque nos permitía mirarnos a la cara, y manteníamos la vista fija el uno en el otro.

    Ver su cara mientras me follaba era encantador, y a ella le encantaba ver mi cara mientras me llenaba el culo (me lo dijo luego).

    Una vez que me había ensartado, liberó mis piernas y tomó su consolador (su macho) y empezó a hacerle una mamada, sin soltar su vista de la mía.

    Mi verga había quedado flácida. Estuvimos unos diez minutos así, cuando de pronto sentí una extraña sensación. Sentí como un extraño calambre en las piernas y la verga me latía intensamente, sin estar dura.

    Lancé un gemido, y de mi verga empezó a brotar semen con intensidad; mi chica lo notó, se quitó el consolador de la boca y miraba mi verga con los ojos muy abiertos.

    Sentí como se tensaban mis músculos y largué un chorro, luego otro, y un tercero. En mi entrepierna se había juntado gran cantidad de semen, que se deslizaba hacia mis huevos y mi culo.

    -¡Wow, qué acabada, putito! -exclamó.

    Sin liberar mi culo, rápidamente tomó su consolador y lo untó con mi semen.

    -Mi macho también acabó, ahora quiere le dejes la verga bien limpia -me dijo.

    Luego lo acercó a mi boca para que lo lama. Mientras lo hacía, lentamente se retiró de mi culo.

    Se puso a mi lado, volvió a untar a “su macho” con mi semen, y me hizo lamerlo nuevamente.

    Esta vez, mientras lo hacía, juntó en su boca todo el semen que pudo de mi entrepierna para luego dejarlo caer de su boca sobre la mía, mientras lamía a “su macho”.

    Cuando ya casi había descargado todo el contenido de su boca, se acercó para hacerle una mamada a dos bocas a “su macho”.

    Quedamos exhaustos con esta sesión de sexo.

    Empezamos a repetir esta posición con frecuencia, y en sesiones similares a la que les acabo de contar.

    Mi chica introdujo, de vez en cuando, la variante de follarme usando un preservativo; luego se lo quitaba, untaba el consolador del arnés en mi semen, y lo acercaba para que le haga una mamada.

    Todo esto, sumado al vocabulario sucio que usaba (ella se transformaba cuando me rompía el culo, jaja) hacían de las sesiones algo muy excitante y caliente.

    Pero lo más importante, según nuestras experiencias, era el hecho de mirarse a los ojos durante la sesión, esto elevaba la temperatura a niveles maravillosos…

    Mi chica me confesó que llegaba al orgasmo al ver mi cara al eyacular, sabiendo que me tenía ensartado.

    Pero no nos conformamos con quedar solo con esta posición, por lo que continuamos experimentando, lo que me llevó a encontrar mi posición favorita. Pero eso es tema para otro relato…

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  • Construyendo paraísos (4): A galope tendido

    Construyendo paraísos (4): A galope tendido

    El siguiente día por la mañana tocaba cubrir una yegua en celo por un semental, mientras están en celo es el momento para ello, si quería aumentar la yeguada. La yegua se coloca entre unos palos para que se mueva lo menos posible, estando en celo se va a mostrar receptiva y no se moverá. El semental al verla y olerla se excita y saca su manguera, porque más parece una manguera que otra cosa, monta sobre ella y se aparean. Así se lo enseñamos a nuestra invitada, que contempló la escena boquiabierta.

    Por la tarde hicimos una ruta a caballo, Tara dijo que sólo hacía una ruta corta y pensé que Nore se quedaría con ella, yo iba a dar un paseo más largo y de paso ver si el vallado no tenía más desperfectos. Mi sorpresa fue que Nore quiso acompañarme.

    Ella no montaba normalmente, pero sé que le gusta dar alguna galopada de vez en cuando, así que iniciamos la marcha, primero tranquilamente y en una zona despejada, nos miramos y picamos espuelas a nuestros equinos, el galope te saca la adrenalina, es otro tipo de excitación.

    Seguimos a una paso más pausado y nos adentramos en una zona de monte, paramos para descansar de la cabalgadura, íbamos andando explicándole el proceso de apareamiento y la necesidad que la yegua esté en celo, porque de lo contrario no permitiría que el semental la monte, lo rehuiría, por muy buena planta y elegancia que mostrara.

    Nos sentamos a la orilla del camino, una zona de sombra que corría el aire, seguimos con el tema y lo trasladamos a los humanos, donde los signos externos importan, ya no tanto que la mujer esté en los días fértiles, si no que se dé un ambiente propicio, por ejemplo con sol que calienta el cuerpo, con poca ropa, donde lo que se ve agrada a la vista, Nore seguidamente dijo:

    –Cuerpos atractivos en un jacuzzi por ejemplo.

    Al oírlo me hizo ponerme de pie.

    No podía preguntar directamente, pero sí sonsacar sin destapar lo que no sea. Le pregunto si le gusta nuestras instalaciones acuáticas, a lo que respondió afirmativamente de forma insinuante, desabrochándose la blusa y soltando su sujetador expresando que le estaba molestando, para cabalgar sobre el caballo está muy bien que sujete los pechos, pero incómodo para otras cabalgaduras.

    No sabía lo que quería decir, mi interés estaba en saber si fue ella la que me pajeó el día anterior o no. De pie contemplaba el amplio escote de Nore, ha dejado al descubierto la mayor parte de sus pechos, mi entrepierna lo había captado a través de mis ojos. Mi bulto se tenía que notar, así que me volví a sentar en el promontorio de la cuneta.

    Siguiendo con los espacios acuáticos de mi casa, le digo que normalmente los disfrutamos como Adán y Eva antes de pecar, si taparnos, como disfrutasteis hace dos días. Sin darme cuenta, en vez de descubrirla a ella, me descubrí yo. Ella preguntó si las había visto tumbadas al sol, asentí sin pararme a pensar que podría haber dicho que me lo contó Tara, le dije que estaban despampanantes, que no me pude contener. En ese momento se acercó a mí, aproximó su mano a mi paquete y Nore lanzó la pregunta de la que ya sabía la respuesta:

    –¿Como ayer en el jacuzzi?

    Quedamos los dos al descubierto y me quedé como una estatua mientras ella desabrochaba mi bragueta, no me esperaba ni sus respuestas ni sus acciones, sólo miraba aquellos grandes senos que se mostraban ante mi mientras Nore se había apropiado de mi polla que ya estaba dura y disponible, se la metió en la boca mientras yo abarcaba con una mano lo que podía de una de sus tetas, metiéndome en su blusa para seguidamente dejarla totalmente al descubierto, con un gran pezón de lo más apetecible.

    Mientras me daba una buena mamada se desabrochó el pantalón y se lo fue bajando a la vez que sus bragas de encaje. Entonces se incorporó, se dio la vuelta y se sentó sobre mí, encajando mi polla dentro de ella. Por mi parte seguía siendo espectador, de la mamada primero y la follada después. Contemplaba como ella subía y bajaba su culo y se tragaba o sacaba mi polla de su coño, con un chapoteo que era lo único que se escuchaba en mitad del campo, de vez en cuando ella soltaba un gemido.

    Sus movimientos hicieron que mi polla acabara llenando su coño de mi leche, me vino sin querer, la visión de aquella hembra y todas sus maniobras me llevaron al orgasmo, mientras me deshacía de gusto le agarré por las caderas para que no siguiera moviéndose, creo que eso le excitó más y le vino su orgasmo porque sentada encima de mí, seguía removiéndose despacio, con mi polla dentro con gemidos placenteros acompasados con sus contoneos de cadera.

    Nos quedamos un ratito quietos, en silencio, se escuchaban los pájaros solamente, mi polla estaba mermando y Nore se incorporó a cámara lenta, se subió las bragas y el pantalón, se colocó el sujetador y abrochó la blusa, por mi parte cerré la bragueta y la verdad, no sabía que decir.

    Aunque estaba claro, le pregunté:

    –¿Ayer fuiste tú la me hiciste una paja en el jacuzzi ?

    Asintió y dijo:

    –Vi Guille que estabas que reventabas el bañador y no pude por menos que liberarte de tanta presión. Corría el riesgo que tu mujer también quisiera meterte mano y coincidir debajo del agua, pero me arriesgué. Sabía que tú te dejarías hacer. ¿Te gustó?

    Se sonreía. Nore me llama Guille, traducido mi nombre al español. Le respondí:

    –Claro que me gustó y me quedó intrigado, a la vez que no podía descubrirlo, aunque no era mi mayor creencia que hubieras sido tú.

    –Fue divertido y excitante, en mi cuarto me masturbé recordando tu duro falo.

    –Esto no podemos decir que no ha ocurrido, Nore y encima no hemos tomado precauciones.

    –En eso no te preocupes, yo estoy limpia y sé, Guille, que eres un “sacarino” de los que endulzan y no engordan, me lo ha dicho tu mujer.

    –¿Qué más cosas te ha contado Tara?

    –Llevamos años contándonos Tara y yo nuestras penas y nuestras glorias. Sé que eres bastante bueno en la cama. La verdad es que me ha sabido muy rico.

    –Gracias por lo que me toca. Tú también estás muy muy bien. Pero no puede volver a pasar. Ayer no sabía quien me estabas pajeando y no quería que nadie se sintiera violento y hoy me he visto sorprendido. Es verdad que eres muy deseable, tienes una delantera de escándalo. El primer día me masturbé viéndoos a las dos tomando el sol desnudas, pero quiero a Tara y esto no debemos repetirlo, por mucho que yo lo desee y lo puedas desear tú.

    –Hoy nos hemos desfogado, no volverá a pasar por mi parte, si eres capaz de aguantarlo. También te digo, Guille, que si no aguantas, yo no diré que no.

    No dejaba de sonreír y por mi parte me ponía serio, pero me acaba saliendo una sonrisa de haberme gustado el polvo que habíamos echado, creo que ha sido ella la que me ha follado a mí, la que ha cabalgado a galope tendido sobre mi polla en mitad del campo.

    Volvimos a montar en los caballos y regresamos a casa tranquilamente mientras me contaba algunas de las cosas que habían hablado entre ellas todos estos años. Ya sabía yo que se conocieron después de leer Tara una de sus novelas eróticas, hace años que se aficionó a ellas gratamente. Tara empezó a leer este género escrito por mujeres, además de gustarle, noté cierto aumentó de nuestra actividad sexual y podría decir que también de su maestría en el sexo. Para disfrute de los dos.

    Nore es escritora y seguro que lo de ayer y lo de hoy saldrá en alguno de sus libros, quizás ya ha escrito algo similar. En ellos pone su correo electrónico para recabar opiniones de quien lee sus libros y Tara le había escrito, iniciando así una amistad que, a pesar de la distancia, perdura en el tiempo. Pasamos unos días en España hace un par de años, con ella y su pareja, ahora separados, habíamos quedado en devolver la visita viniendo a nuestra casa.

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  • Verónica y Sonia (2)

    Verónica y Sonia (2)

    Sin decir nada camine hacia ellas casi por inercia, verlas ahí desnudas mientras el agua recorría sus cuerpos me excitó demasiado. Al toque de sus cuerpos con el mío agarre sus nalgas, ellas a su vez comenzaron a masajear mi pene semierecto que poco a poco tenía más firmeza y nuestras bocas volvieron a encontrarse.

    Esta vez Sonia comenzó a meter su lengua en la boca y se inclinó más hacia mí, aproveche para pasar mi dedo medio entre sus nalgas, en una de esas caricias roce su ano y sentí como me apretó más la verga. Su acción me lleno de morbo, por lo que buscaba más esa tocar ese punto de Sonia. Entre nuestros besos y caricias nos movimos dentro de la ducha. A Sonia le corría el agua por la espalda y continuaba hasta llegar a mi mano, aprovechando esto comencé a intentar introducir mi dedo en el ano de Sonia.

    -Mmmm Ahaaa -Sonia intentaba ahogar su gemido, tal vez estaba siendo un poco brusco pero no parecía querer que parara. Los besos de Verónica cedieron y fue descendiendo de a poco, se colocó de cuclillas y abrió las piernas para comenzar a tocar su raja, su mirada era de total perversión. Antes de que pudiera decir algo la tome del cabello y la dirigí a mi miembro ya erguido, ella como por reflejo abrió la boca y saco la lengua.

    -Aggh jajaja me vas a ahogar -Me decía mientras nos veíamos fijamente y opte por repetir la acción una y otra vez. Esta vez ya no me reprocho, solo se dejaba guiar por mi mano y entre arcadas se separaba para volver a intentarlo. Sonia continuaba jadeando, inclino más su cuerpo hacia el muro y levanto sus nalgas, para entonces ya tenía medio dedo en su culo.

    Verónica se sacó mi verga de su boca, escurría su salida y comenzó masturbarme. -¿Te gusta? -me decía con la mirada fija y recogiendo con su lengua la saliva que tenía alrededor de los labios, dejo caer la saliva por su barbilla hasta sus generosos pechos, por último me escupió la verga, se arrodillo y abrazo mi pene con sus tetas. La sensación era sublime, suaves pero a la vez me aprisionaban; con mi mano libre tome su barbilla y ella busco morder mi dedo, era toda una maníaca en ese momento.

    -Ah mmm ahhh -Sonia ya hacía sonoros sus gemidos.- Cógeme, anda -Me decía Sonia casi desesperada.- Anda, ¿quieres que te ruegue? -me decía casi sollozando.

    Quite mi miembro de entre las tetas de Verónica, incline a Sonia casi en 90 grados, abrí el compás de sus piernas con mis pies y le clave mi estaca en su húmeda vagina. Verónica se levantó y sin decirme nada me tomo de la cara para jalarme hacia ella para darme un beso, pero un beso lleno de deseo, recorriendo mi boca con su lengua, sus labios succionando los míos, mordidas qué por el movimiento de estar clavando a Sonia chocaban nuestros dientes.

    -Ahhhh si, cabron, cógeme así, duro -Me gritaba Sonia ante mi frenéticas embestidas gracias a la excitación que me provocaban los besos de Verónica. Con una mano nalgueaba a Sonia y con la otra comencé a meter los dedos en la vagina de Verónica qué resbalaban tan bien de lo húmeda que estaba.

    Entre mis embestidas, comencé a sentir como Sonia me aprisionaba cada qué entraba mi verga, sus manos fueron cayendo, sus piernas se fueron enchuecando con las rodillas hacia adentro. Le propine una nalgada más en su enrojecido culo qué la estremeció.

    -¿Te encanta que te coja duro, verdad? -Le decía entre jadeos.

    -Siii mmmm -Me decía ella entre suspiros y gemidos.

    -¿Quieres más?, ¿si?, ¿así te gusta? -le decía mientras aumentaba la velocidad y fuerza de mis metidas, recargaba mi mano derecha en sus caderas y ya tenía tres dedos dentro de la vagina de Verónica quien también me gemía en el oído.

    -Siii ya, ya, ya, yaaa -comenzó a gritar Sonia cuando una fuerza empujo mi pene hacia afuera de su vagina.

    -Ahhhh -grito Sonia cuando un chorro abundante salió de su entrepierna y se desvaneció entre temblores. Verónica y yo la observamos, nos volteamos a ver y sonreímos. Sonia se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y con algunos espasmos aún.

    -Estoy fuera, estoy fuera -Apenas escuchamos a Sonia entre jadeos.

    -Es mi turno -me dijo Verónica rodeando mi cuello con sus brazos y dándome otro beso apasionado. En ese momento no pensé más, me agache un poco, coloque mis brazos en la parte interna de sus piernas y en un rápido movimiento la cargue, abrí totalmente sus piernas y sus pies colgaban de mis brazos. En tres torpes movimientos encontré la entrada de su húmeda cavidad.

    -Mmmm -Gemia Verónica mirándome fijamente mientras iba deslizando mi herramienta en su interior.

    Comencé a moverme lento, hasta ese punto no había tomado en cuenta lo cansado que ya estaba, en mi mente todo lo había visualizado más fácil, pero Verónica no me quitaba la mirada de los ojos y gemía suavecito a cada metida lenta que le daba mientras seguía mordiéndose los labios, todo eso me excito y el deseo pudo más que el cansancio. Tome sus piernas con las manos abiertas y las deslice hasta llegar a sus carnosas nalgas.

    -Estoy lista, ya quiero -Me dijo Verónica susurrando, lanzándome una sonrisa y me planto otro beso intenso qué me quito cualquier pensamiento de la cabeza.

    Apreté las nalgas de Verónica y empecé a penetrarla una y otra vez.

    -Mmmmm -Verónica y yo soltábamos gemidos ahogados entre un apasionado beso.

    Mi cuerpo empezó a desfallecer, ya era algo evidente mi cansancio, pero quería seguir besando y escuchando a Verónica. Ella seguía prensada de mi cuello, los brazos ya se me estaban venciendo. Saque mi brazo izquierdo y tome a Verónica por la espalda, ella se aferró más a mi cuello e intento continuar con sus piernas lo más abiertas que podía, sus pezones totalmente erectos rozaban mi pecho.

    -Ah ahhhh -estábamos entre jadeos sincronizados

    -Ahhhh -Con fuertes gemidos anuncie mi venida. Solté su espalda apoyando mi mano en el muro, mi mano izquierda ya estaba más que apoyada en mi pierna. Verónica se acomodó, abrazándome totalmente, sus tetas se desbordaban por mi pecho, su cara quedó en mi hombro derecho, sentía su respiración en mi oído. Con sus piernas rodeo mi cadera

    -Lléname -Me susurro Verónica en el oído y procedió a morder el lóbulo de mi oreja.

    Yo no pude más con la excitación, apoyé las dos manos en el muro y comencé a hacer movimientos de abajo hacia arriba, penetrando profundamente la vagina de Verónica.

    -Ahhh mmmm -tras sentir espasmos en el cuerpo de Verónica no aguante más y deposite tres abundantes chorros de leche en la cavidad de Verónica.

    Nos quedamos un momento así, entre jadeos y la respiración agitada.

    -Que rico -me dijo Verónica casi sin voz

    -Delicioso -Siguió Sonia incorporándose a nuestro lado. Yo solo sonreí, ya no tenía energía para decir una sola palabra.

    Nos lavamos en la regadera, nos volvimos a besar. Tomamos las toallas, nos sacamos un poco, nos derrumbamos los tres en una de las camas, totalmente desnudos y nos quedamos dormidos.

    Por la mañana me despertó el sonido del baño. Las chicas ya estaban vestidas.

    -Buenos días, dormilón -Me dijo Verónica sonriente. Sonia solo me miro y sonrió.

    Las chicas se despidieron, ya no podíamos seguir la fiesta pues las estaban buscando, no sin antes intercambiar contactos y prometernos que volveríamos a encontrarnos. Ese sería el inicio de una gran amistad.

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  • Nadie mejor que tú, tío

    Nadie mejor que tú, tío

    Más allá de alguna urgencia o consulta puntual sobre un diagnóstico, imagen, medicación o molestia, siempre traté de no mezclar la profesión con la familia. Soy ginecólogo hace más de 25 años y con el tiempo me convertí en uno de los puntos de referencia en lo que a ovarios se refiere y todo el sistema reproductivo femenino. Trabajo hace más de una década en una clínica de fertilización y atiendo en mi consultorio privado a pacientes particulares o derivados a algunas empresas de medicina prepaga.

    Tengo cinco hermanos y 12 sobrinos, ocho mujeres y cuatro varones. Nos vemos una o dos veces al año, para los cumpleaños, las comuniones, los casamientos y las fiestas. Tengo 48 años recién cumplidos, tres hijas y un matrimonio aparentemente feliz. Con mi mujer aprendimos a convivir sin molestarnos, tanto para ella como para mí seguir casados significaba estar en una zona de confort que no estábamos dispuestos a poner en peligro. No teníamos horarios, no había ningún tipo de reclamo y nos organizábamos bien para llevar la casa y las finanzas.

    El mes pasado, cuando fuimos a la confirmación de uno de mis sobrinos luego hubo una reunión familiar en la casa de mi cuñada, que hacía años que estaba separada de mi hermano y vivía allí con sus tres hijas. Yo estaba a punto de meter como excusa una urgencia para retirarme con elegancia, pero apareció Candela, un ángel de 28 años con curvas pronunciadas y piernas largas. Tenía tatuada una serpiente dorada que le recorría uno de sus muslos, casi al aire por el tajo pronunciado de un vestido que la favorecía.

    Candela tenía la piel brillante y unos ojos grises que contrastaban con sus labios pintados de un rojo furioso. Era esa boca la única boca, sobresalía por su aura entre todos los del festejo familiar. Cuando nos saludamos intercambiamos algunas palabras, me contó que tenía una hija de 5 años y que hacía dos se había divorciado “y no en muy buenos términos”. Fueron dos minutos en los que me costó no dejar de mirarle la boca o el escote que dejaba ver dos tetas redondas y medianamente grandes.

    Me sentí un viejo pajero porque era mi sobrina la hembra que me estaba poniendo caliente así que decidí continuar con mi plan de escape y me excusé de los presentes comentando solamente que tenía que concurrir a la clínica “con posibilidades de tener que operar”. A Candela, que todavía la tenía al lado le di un beso en la mejilla y le pasé la mano por el hombro con la confianza de familiar. Tenía una piel suave y humectada. Quedé impactado con su hermosura. Con ese culo grande y paradito que dejaba ver ese vestido ajustado. En otro contexto y si no hubiese sido mi sobrina, algo hubiese intentado para que pasara algo más.

    Me llevó unas semanas sacarme de mis fantasías esa hembra infernal. Me había subido la lívido a niveles impensados y después de varios meses de matrimonio inmaculado me habían vuelto las ganas de coger. La imaginé chupándome la pija con esos labios carnosos y esa boca que parecía poder con todo lo que tuviese enfrente. Era una belleza sensual, una bomba divorciada, pero era mi sobrina y difícil intentar nada lejos del ambiente familiar.

    Y otra vez le voy a tener que dar las gracias a la profesión. Porque hace dos semanas recibí un mensaje que me dejó helado. No tenía registrado el número, pero era de Candela, lo supe apenas pude reconocer su voz sensual y dulce. “Tío, sé que no te gusta atender a los familiares, me lo dijo mamá. Pero creo que nadie mejor que tú para esta primera consulta y en tal caso me derivas con quien quieras. Muchas gracias por entender espero tu respuesta, Cande”. La pija se me puso instantáneamente tiesa. Una consulta con ella indefectiblemente sería algo más íntimo que la última vez.

    Traté de estar lo más lo más sereno posible antes de responder para no notara que me interesaba el encuentro. Yo me estaba haciendo la cabeza con mi sobrina y a lo mejor tenía un problema serio o una urgencia. “Candela cómo estás, mirá hoy tengo la agenda explotada, mañana atiendo en el Hospital, recién podría pasado mañana a las 14 en mi consultorio. Decime si es más urgente y te hago un lugar hoy mismo. Beso”.

    Su respuesta no tardó en llegar y mucho mejor de lo que me esperaba: “Gracias tío, me siento muy pelotuda con lo que te voy a contar, pero entendeme me quede muy sola después del divorcio y nadie mejor que tú para ayudarme”.

    “No te preocupes Cande, te espero en el consultorio”.

    Las horas hasta el encuentro fueron interminables. Verdaderamente me había puesto caliente esta pendeja y estaba dispuesto a todo. Era ese tipo de mujer que cuando la vez te imaginás que debe ser un volcán en la cama, todos sus movimientos eran sensuales, tenía una piel suave y las piernas largas. El culo era una invitación redonda y firme a perderse entre esas nalgas que se movían al ritmo de sus pasos como en cámara lenta.

    Llegó puntual a mi consultorio. Como era abogada venía con un ambo que la hacía mucho más apetecible. Las tetas le explotaban en el escote de una camisa blanca apenas abotonada. Por los tacos que se había puesto el culo lo tenía super paradito, firme y los tajos de su minifalda dejaban ver casi la totalidad de sus muslos. Cuando se sentó frente a mi escritorio quede paralizado con tanta belleza. Seguía con los labios pintados del mismo rojo fuerte que en la fiesta, pero todavía eran una fruta prohibida, cualquier movimiento en falso mío podría significar el fin de mi familia. Pero la pendeja me volaba la cabeza.

    Candela comenzó a relatar una historia bastante complicada respecto de su relación anterior. Se había divorciado porque “vivía realmente en el infierno”. Me contó que su exmarido la drogaba y le hacía tener relaciones sexuales con sus amigos o con desconocidos. “Una vez en un hotel se escondió detrás de las cortinas y me obligó a que le hiciera sexo oral al botones. Perdón Carlos siento muchísima vergüenza”, dijo e inmediatamente se recostó sobre el escritorio y se puso a llorar desconsoladamente. Sus tetas casi se habían salido de la camisa, era una hembra caliente y derrotada, pero yo seguía sin entender para qué me había ido a ver a mí.

    Me incorporé y fui hasta donde estaba sentada para darle un abrazo, una demostración de afecto. Era una mujer rota pero su hermosura la convertía en una fuente de lujuria. Mientras me relataba su desdén pude imaginármela comiéndose varias pijas a la vez, cabalgando y pidiendo que le dieran más y más. Tuve que calmarme, estuve a punto de cometer una locura, pero me contuve. Mi erección era bastante notable, pero eso no me importó nada.

    Noté que Candela miró hacia mi bulto pronunciado antes de también incorporarse y abrazarme fuertemente, sus tetas se pegaron a mi pecho y sentí por primera vez que su corazón latía agitadamente. Apoyó su cabeza en mi hombro y le ofrecí un vaso de agua. Y ahí vino su confesión brutal.

    “Carlos hace cuatro años que no tengo sexo con nadie, tengo miedo de haber quedado con algunas secuelas, siento miedo a ser penetrada y que me duela como con ese hijo de puta que hasta palos me llegó a meter”.

    Le dije que se tranquilizara, que se notaba que era una mujer sana y que cualquier herida del pasado la cura el tiempo. Que más que una visita a un ginecólogo, más allá de los controles habituales, lo que necesitaba era otro tipo de terapia. Que le iba a pasar el contacto de una ginecóloga amiga que trabajaba con algunos casos complejos y tenía un muy buen consultorio interdisciplinario.

    Candela me escuchaba atentamente, mientras yo iba hablando vi como se iba desabrochando los botones de su camisa luego de quitarse el saco y ponerlo en una de las puntas de la camilla.

    “Entonces no me vas a revisar Carlos. Nadie mejor que tú para saber si tengo algo grave”, me dijo mientras lentamente se desbrochó el botón de su pollera y la dejo caer por sus piernas largas hasta el piso. El espectáculo que tenía ante mis ojos era descomunal, tenía un conjunto de encaje con transparencia que dejaban ver sus dos pezones erguidos, como dos timbres asomando en su piel suave y brillante. También la tanga era transparente y se notaba que tenía la vagina bien depilada, apenas un triángulo diminuto que me voló la cabeza.

    “Por favor tío Carlos —me imploró— luego continuaré los chequeos con quien vos me digas”. Agregó y con un simple movimiento de uno de sus dedos en la espalda dejo caer su brasier y las tetas quedaron al aire. Eran redondas y grandes, con dos pezones que sobresalían sobre una estela rosada. Se le había puesto la piel de gallina y los pezones sobresalían con una forma cilíndrica perfecta. Tuve que contenerme las ganas de jugar con mis labios, darles un pequeño mordisco para ver su reacción.

    Candela estaba decidida, se inclinó sobre la esquina donde estaba toda su ropa amontonada y lentamente comenzó a bajarse la tanguita, pude ver cómo se desprendía de esos labios carnosos que a simple vista se notaban húmedos. Candela estaba caliente, necesitaba que alguien la tocara después de tantos años de abstinencia. Tenía un culo perfecto y unos mulsos tan sinuosos que su vagina sobresalía con apenas separar las piernas. Se dio vuelta y me miró a los ojos. Notó que yo estaba nervioso con la situación y que mi erección era grotesca. Traté de acomodarme para que no se notara tanto pero ella me frenó en seco.

    “Tranquilo Carlos, te pido disculpas por el atrevimiento. Espero que esto quede como un secreto entre vos y yo”. Acto seguido se sentó en el banquillo y apoyó sus piernas en cada uno de los lados de la silla de exploración ginecológica. Por primera vez pude ver su conchita rosada y un orificio anal bien marcado, como los que tienen mucha actividad. Se recostó sobre el banquillo y su cuerpo era un espectáculo. No podía creer que tuviera a mi sobrina con las piernas abiertas y caliente.

    Comencé a escucharla con el estetoscopio. Primero por el pecho. Estaba frío y eso le puso más duros los pezones. Fui acercando el aparato hasta que lo apoyé directamente y le pedí que inhalara y exhalara suavemente. Candela largo un gemido dulce y prolongado.

    Bajé la inclinación del banco y empecé a manosearle las tetas. Con criterio profesional, pero con extremada lujuria. Disfrutaba apretando esas dos tetas redondas y firmes y masajearlas por todos lados para ver si detectaba algo raro. Candela se mordía los labios para no gemir, sentía como mis manos la iban poniendo cada vez más cachonda.

    Comencé con la palpación abdominal. Tenía un abdomen chato y con algunos músculos marcados. Apenas se notaba la operación de cesárea como una línea fina en una piel suave y humectada. Cuando llegué cerca de la zona de su vagina no pudo contener el gemido y volvió a morderse los labios.

    “Está todo bien doctor?” me preguntó con una voz quebrada y sensual. Como quien dice cosas lindas al oído. Le dije que por ahora estaba todo correcto, que iba a tener que mirar sus partes íntimas y ella instintivamente abrió un poco más las piernas. Me puse unos guantes de látex y la linterna vincha para mirar bien en su interior. Siempre que pude traté de rozar su clítoris y eso la aflojaba un poco más. Separé los labios con mis dos manos y encendí la linterna para ver bien. Era una concha perfecta, estaba toda mojada. Y era una invitación a lamerla.

    Le dije que iba a acercar mi cabeza para sentir sus olores, que a veces son muy importantes para un análisis de este tipo y cuando acerqué mi nariz a centímetros de su vagina sentí como con sus dos manos presionó mi cabeza para que mi nariz se hundiera en esa laguna de néctar dulce. Me saqué de un manotazo la vincha linterna y le hundí la lengua hasta lo más profundo que pude. Candela suspiró con fuerza y comenzó a gemir mientras le hundía mi lengua y jugaba con su clítoris. Candela me agarró más fuerte de la cabeza y comenzó a temblar. “Me vengo tío”, me dijo y sentí como mi boca se llenaba de sus jugos calientes. Seguí chupándosela hasta que relajó su espalda y se le aflojaron las piernas.

    Me levanté del banquito y me bajé los pantalones. Por primera vez Candela pudo apreciar mi pene. Estaba hinchado y se le marcaban las venas. La cabeza quedó a centímetros de su vagina caliente. Ella atinó a tocarla. “Está hirviendo tu pija tío Carlos, ¿me va a hacer mal?”; me preguntó mientras con las dos manos puso mi cabeza amenazante en sus labios rosados. Recordé sus años de abstinencia y opté por empujarla muy suavemente. Mi pija estaba tiesa, hinchada y con las venas s punto de explotar.

    La cabeza se fue perdiendo entre sus labios carnosos, y Candela gritó por primera vez de placer. Se contorsionó sobre su espalda y con ambas piernas hizo presión para que mi pene se incrustara hasta los huevos. Quedamos pegados, me incliné para comerle los pezones y lentamente empecé a bombear con un ritmo moderado. Ella cruzó sus dos piernas en mi espalda y con leves empujones en mi culo iba metiéndosela hasta el fondo en cada embestida.

    Candela gritaba y se retorcía y me metía la lengua en las orejas mientras le iba comiendo las tetas. Me separé un poco para poder bombear más fuerte y con una de mis manos le empecé a acariciar el clítoris. Se puso más puta, con sus piernas se clavaba mi pija hasta lo más hondo de su rajita inundada. Seguí acariciándole el clítoris hasta que noté que estaba acabando, las paredes de su vagina latían en mi verga mientras me pedía que se la metiera más adentro.

    “Cogeme más fuerte hijo de puta”, me dijo mientras con sus uñas se aferraba a mis antebrazos. Saqué la pija la dejé un instante rozando su clítoris hasta que ella la volvió a empujar hasta el fondo, hicimos ese juego que la ponía más caliente hasta que volvió a acabar con un gemido largo y sostenido. “Dame más pija”, me imploraba mientras sus piernas temblaban en mi espalda y yo seguía golpeando mis huevos en sus nalgas.

    La volví a sacar, pero esta vez la cabeza la apoyé en el botón de su culo. Estaba dilatado, pero se mantenía cerrado. Aproveche sus jugos para jugar con mis dedos en el orifico de ese culo sediento. Ella inclinó las piernas casi a la altura de mis hombros y por la altura del banco mi pija quedo pegada al botón de su culo. Empujé suavemente y su ano se fue dilatando hasta que logré meterla toda. Ella suspiraba y temblaba, me pedía que lo hiciera muy despacio, me quedé quieto, con la pija enterrada en su culo, tenía miedo de largarle todo el chorro de leche al menor movimiento.

    Estaba muy caliente, quería cogerla hasta que me pidiera que frenara. Empecé a a masajearle el clítoris y las paredes de su culo cedieron ante mi pija gorda que comencé a entrar y sacar con movimientos suaves. Tenía el culo más estrecho que la concha y mi pija se iba haciendo lugar en cada embestida. Le empecé a pellizcar los pezones y se puso loca.

    “Rompeme bien el culo, tío, hacía mucho que no sentía una pija tan hermosa en mis entrañas, dame fuerte, llénamelo de leche”, me suplicó mientras yo seguía bombeando cada vez con más fuerza. Ella volvió a acabar y me seguía pidiendo que se la metiera más adentro. “Enterrámela hasta los huevos, Carlos, quiero sentir tu semen caliente”, me dijo mientras me chupaba los dedos y gritaba como una loca pidiendo más y más. “La leche te la voy a dar en la boca”; le dije mientras la sacaba de su culo latiente. “Donde quieras Carlos”, me dijo y se inclinó hacia mi pija. “Te gusta que sea puta y chancha”; me dijo mientras se metía hasta la garganta mi pija al borde del colapso.

    Le hundí la pija hasta la garganta y le presioné la nuca hasta que sintiera que se atragantaba. Cuando la saqué hizo algunas arcadas, pero volvió a metérsela hasta que su nariz golpeaba con mi pelvis y con su lengua llegaba a lamer mis huevos a punto de explotar. Ella la chupaba y se frotaba el clítoris, cada vez que se la metía hasta la garganta sus ojos se humedecían y daba un pequeño grito de placer cuando se la sacaba. “Dame toda la leche hijo puta, te gusta como te coge esta pendeja”, y empezó a jugar con uno de sus dedos en mi culo. Eso me la puso más dura, la agarré de las mejillas y literalmente empecé a cogerle la boca. Fueron diez o quince embestidas en las que ella sólo acompañaba con sus labios y su lengua.

    Cuando notó que estaba a punto de acabar, acarició mis huevos y se aferró a mi pija. Con el primer chorro de leche caliente la hice toser pero enseguida se repuso y empezó a succionar y a tragársela toda. Fueron dos o tres chorros interminables con ella prendida a mi poronga que seguía tiesa a pesar del orgasmo.

    Siguió jugando con su boca en mi miembro. Con la lengua bajaba hasta los huevos y volvía rápidamente para envolverla con sus labios carnosos y empujar hasta el fondo. Luego la sacaba lentamente, succionando para llevarse hasta la última gota de leche que me quedaba. Ella seguía frotándose el clítoris y pude sentir como volvía a acabar mientras saboreaba mi leche. Se estaba tragando uno de los mejores polvos de mi vida.

    Se incorporó, me dio un beso en la boca y se quedó desnuda varios minutos pegada a mi cuerpo. Candela estaba agitada, le temblaban las piernas, pero por primera vez se la veía sonreír. Le dije que no tenía absolutamente nada por lo que preocuparse, que le iba a pasar el teléfono del algún colega para que se hiciera los estudios de rutina. Ella seguía allí , como perdida, contenta por haber dado un paso adelante en su vida íntima. Me reiteró que para ella esto iba a quedar en secreto y que nadie iba a enterarse ni siquiera de su visita al consultorio.

    Le dije que las puertas estaban abiertas y que podía consultarme cuando quisiera. “Nos veremos pronto tío Carlos, sabía que para mi problema no había nadie mejor que tú”.

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  • Me pagaron una deuda, con una mujer

    Me pagaron una deuda, con una mujer

    Estaba bajándome de la camioneta, me dirigía a hablar con un cliente. Un viejo conocido de mi familia, de esos que son un compromiso. Yo soy su proveedor y él un mal cliente, indisciplinados, que te cuestan cobrarle, el que te pide siempre de más, sus cuentas estaban en rojo conmigo. Aunque siempre había pagado, tarde y mal, en este momento su deuda para conmigo era muy grande y para su volumen de ventas era difícil que me pagara. Hasta que me llamo y me ofreció juntarnos para encontrar una solución.

    Juan Carlos, que es como se llama mi amigo, es más grande que yo, amigo de mi hermano de la época de la escuela. Yo empecé a salir con ellos a bailar, fueron los que me cuidaban en esos años. Él era el típico agrandado, el que se las sabe todas, con un carisma inigualable, un magnetismo para las mujeres, un encantador de serpientes, era capaz de vender arena en el desierto.

    Él venia de una familia acomodada, sin ser ricos, tenían un buen pasar económico. Sus padres al morir le dejaron una buena herencia, casi toda ella dilapidada en muy poco tiempo. Esto no hizo que bajara su tren de vida, su vida era una fachada, buena casa, una camioneta alemana, y una mujer que es una bomba, mucho más joven que él. Pero en realidad debía casi todo lo que tenía, la casa estaba hipotecada y sobrevivía con un pequeño negocio que instalo en su casa.

    Yo me llamo Esteban, tengo 42 años, divorciado. Soy un tipo normal, con unos kilos de más, un poco pelado por lo que he decidido raparme a cero. De talla grande mido 1.85 m y practico Muay Thai. Soy muy cerrado, y me cuesta vincularme, estoy dentro del espectro autista, aunque muy leve, afecta principalmente a mis habilidades sociales, por lo que me cuesta mucho vincularme con otra persona. Vengo de una familia muy tradicional, madre presente y cariñosa, y padre muy autoritario.

    Siempre podíamos contar con ellos. Nos transmitieron valores, uno de ellos era el trabajo. Por eso siempre chocaba con Juan Carlos y sus negocios poco claros. Mi distribuidora me había costado mucho esfuerzo, años de arduo trabajo.

    Entre por la puerta del negocio, con la carpeta bajo el brazo, en ella levaba copias de los pagarés, donde se detallaba toda su deuda, 100.000 dólares, a eso había que sumarle 25.000 dólares que me había pedido hacia un mes. Si le preste plata, es que me llamo desesperado porque el Banco le quería ejecutar la hipoteca por falta de pago, así que me pidió la plata y me dio como garantía la camioneta, que estaba a nombre de su mujer para no ser embargada. Digo su mujer porque él y Ana no estaban casados legalmente.

    Así que le preste la plata ya que si le embargaban me sería mucho más difícil cobrarle ya que no podría trabajar, y la otra es, por que la camioneta valía muchísimo más que esa plata. Él me aseguraba que en un mes le liquidarían las ganancias de un negocio y me pagaría. Muy probablemente sea de sus juegos de póker uno de sus vicios junto con el alcohol y la marihuana.

    Al entrar estaba Ana acomodando algunas cosas en el local, mientras su empleado un jovencito muy amanerado atendía un cliente. Salude cortésmente, pero sin ser tan cercano, esto porque ella era muy tímida y siempre hablaba muy bajito y esquivaba la mirada. Al escucharme entrar Juan Carlos salió de la trastienda, vino muy efusivo a darme un abrazo y saludo al cliente que estaba en la tienda. Después de un par de chistes con el cliente me hizo pasar a su casa que estaba atrás del negocio, fuimos al fondo, en un pequeño galpón muy bien hecho donde tenía sus plantas de marihuana, tipo invernadero, con luz artificial y un sistema de riego por goteo. Todo estaba muy bien organizado, muy profesional, me di cuenta que no solo consumía, sino que también vendía el producto.

    Juan Carlos: ¿Qué te parece mi emprendimiento?

    Esteban: Ya veo donde está la plata que me debes.

    Juan Carlos: Tranquilo amigo, te voy a pagar todo y con intereses- me toma por el hombro fuertemente- Es más te quiero hacer partícipe de mi negocio, con esto nos vamos a llenar de plata vos y yo.

    Esteban: No, te agradezco. Prefiero estar tranquilo, aparte esto está bien montado, pero no creo que alcance para los dos.

    Juan Carlos: Tranquilo esto es una prueba piloto, es para demostrarte que se puede hacer. Con esto iniciaríamos, yo tengo los proveedores, y los clientes. Vos no te involucrarías en nada, si eso es lo que te preocupa, yo me encargaría de todo. Solamente me falta un empujoncito- Lo veía venir, más plata, era un pozo sin fondo.

    Esteban: Mira Juan Carlos, te voy a ser franco, no me interesa. Yo hoy vine acá a cobrar lo que me debes, la plata esa me hace falta, ya es un número importante y está afectando mis finanzas. Ya esta deuda tiene más de un año y yo no te puedo seguir financiando.- sabía que no le gustaba lo que le dije, sino calculaba mal ofrecerme este negocio fue una jugada de último momento.

    Juan Carlos: Me cortas las piernas Esteban, no voy a poder trabajar y si no puedo trabajar, como junto la plata para pagarte, pensé que por nuestra amistad me ibas a dar una mano.

    Esteban: Te he dado un montón de manos, todo este tiempo es lo único que he hecho, pero ya no puedo bancarte más, necesito la plata o ejecuto los pagarés en la justicia- Venia dispuesto a terminar esto hoy, en que sea cobrar una parte, aunque si podía me llevaría todo y más, después de ver en lo que invertía mi plata.

    Juan Carlos: Me matas, déjame pensar.

    Esteban: Mira tengo que ir a visitar a un cliente en la zona, me tardo una hora más o menos, paso y me das la plata.- No le di tiempo ni a contestar y salí.

    En realidad nunca trabajaba así, siempre llevaba las cuentas corrientes de los clientes muy cortas, pero Juan Carlos era un caso particular, su deuda se convirtió en una bola de nieve, así que me vi obligado a hacerles pagares de deuda, para tener un respaldo y una obligación que debería respetar. Como dije podía ejecutarla de forma judicial o venderla y ahí le iría peor. Ya la cosa entre nosotros estaba más que tensa desde hace mucho tiempo, por eso al pedirme la plata me dio como garantía la Camioneta Audi Q5, la más completa, tenía dos años y el valor de reventa estaba en el orden de los 60.000 dólares, así que si me la llevaba pensaba salvar un poco de la deuda.

    La otra cosa que pensé es que al hablar de la justicia él temió por su reciente proyecto ilegal, cosa que no era mi problema. Yo estaba muy enojado, me sentí usado por él. Al volver me llevo al living de su casa.

    Juan Carlos: Mira yo sé todo lo que has hecho por mí, no quiero parecer un mal agradecido- su semblante ya no era el jovial de siempre- por eso pensé en incorporarte a mis negocios, como compensación.

    Esteban: Te lo agradezco pero no es algo de lo que quiera participar, ahora solo busco recuperar la plata que es mía.

    Juan Carlos: Bueno la verdad es que no tengo la plata, pero te puedes llevar la camioneta- se prendió un cigarrillo de marihuana, odio ese olor- y por el resto te puedo dar a mi mujer por un mes.

    Yo me quede helado. ¿Que me acaba de decir? Todavía no lo procesaba bien. Él me quería entregar a su mujer por un mes. Esto no estaba bien, él se paró y salió de la habitación. No cabía en mi cabeza, o no lograba procesar esto. Mientras estaba en ese estado catatónico, Juan Carlos volvió con Ana, venia tras él y con la cabeza gacha se quedó parada frente a mí. Esta situación ya me tenía cansado, me estaban viendo la cara.

    Esteban: Esto es una broma, porque no tiene chiste- Mi cabeza trabajaba a mil por hora analizando todas las posibilidades- o acaso es una trampa para después acusarme me violación o cualquier otro delito -Dije esto enojado, levantándome bruscamente de mi asiento.

    Juan Carlos: Tranquilo amigo siéntate, no hay nada malo acá.

    Esteban: Como que no, estas prostituyendo a tu mujer o me quieres embaucar. ¿Tú no tienes nada que decir a todo esto? -Interrogue a Ana.

    Juan Carlos: Mira Esteban, Ana y yo no somos una pareja convencional, somos amo y esclava, ella no tiene opinión en esto, y gustosa pagaría las deuda de su amo.

    Esteban: Pero esto no es normal, déjala que responda ella. -Miro a Juan Carlos y este asintió.

    Ana: Yo estoy complacida de obedecer a mi amo, y hare lo que él me pida.

    Juan Carlos: Para que estés más tranquilo te haría un contrato con sesión de derechos sobre Ana, no sería legal pero tendrías pruebas de que tú no la forzaste a nada.

    Esteban: Mira tomare la camioneta, y con respecto al dinero no me dejas más camino que ejecutar todo, yo esto no es lo que busco- vi pavor en sus ojos, se acercó y me interrumpió.

    Juan Carlos: Tranquilo vamos a hablarlo, mira que pedazo de mujer, tiene 28 años, es un manjar para nosotros que pasamos los cuarenta, encima puedes hacer lo que quieras con ella, usarla de la forma que te plazca, esta para servirte, serás su amo por un mes entero o si la quieres por más tiempo solo tienes que decirme.

    Dicho esto, le bajo el vestido que llevaba, no tenía corpiño, dos hermosas tetas quedaron a mi vista, medianas, tenían el tamaño justo con un pequeño pezón color marrón claro, muy paradas, hasta me hicieron dudar si eran naturales. Bajé mi vista y vi una tanga blanca, Juan Carlos se la quito quedando a la vista una pequeña vulva, con una línea de pelos en su pubis, perfectamente delineada, todo lo demás muy bien depilado. Era una delicia, miraba su carita angelical, con rasgos finos con una nariz chica, labios medianos, con ojos color miel que transmitían entre ternura y melancolía.

    Su cabellera castaña clara, no estaba arreglada solamente tenía una cola en el pelo, igual que estaba sin maquillaje, en realidad nunca la había visto arreglada. En eso la da vuela y la inclina un poco para que yo pueda ver su trasero y su vulva desde atrás, eso me mato era una vista genial, nalgas chicas pero tentadoras.

    Juan Carlos: Ves que pedazo de hembra que puedes tener- El creía que tenía la partida ganada y yo tenía que darla vuelta a mi favor.

    Esteban: Si, la verdad que si. Pero no vale 100.000 dólares ni en tus mejores sueños.

    Juan Carlos: hombre se puede negociar, pero es una sumisa hermosa, yo pienso que tampoco está lejos.

    Esteban: Mira yo tengo una página de escorts VIP, que usamos cuando tenemos reuniones de amigos o de negocios, consultamos y preguntamos cuánto cuesta un día, y lo calculamos por 30.

    Juan Carlos: oye que Ana no es ninguna puta, es una esclava sumisa pero no se prostituye, tu serias el primero al que se la cedo, y únicamente por la deuda que tengo contigo y porque sé que tú la vas a cuidar y no le harás daño.

    Esteban: Mira este sitio es muy exclusivo incluso alquilan esclavas. Por otro lado tu estas ofreciendo a tu mujer por el dinero de una deuda, sexo por dinero. La mejor forma de saberlo y cotizar ese tiempo es esta.

    Acepto a regañadientes, me metí a la página con mi número de usuario y les escribí, en la página había dos Zaira, una la esclava que era una mujer de 45 años que ya sus mejores años había pasado y la gata un bombón de 22 años que era de lo mejor que se podía conseguir, sus precios eran una punta y la otra de la carta, pregunte por Zaira la esclava, le iba a hacer una pequeña trampa a Juan Carlos y esperaba que no conociera este exclusivo sitio. La respuesta fue casi inmediata 1.200 dólares por un día, acto seguido le mostré en mi celular la respuesta y las fotos de Zaira la gata, Ana era muy linda, Zaira estaba un escalón por arriba.

    Juan Carlos: No puede ser, eso es muy poco por Ana. Solo serian 36.000 dólares- se quedó pensando mientras veía las fotos de la escort- Mira tengo que cerrar el local ahora, tu mientras puedes usar gratis a Ana y ver su valor, así te darás cuenta que vale mucho más que eso, yo vuelvo dentro de un rato.

    Ana miraba al piso con su dulce mirada, parecía tranquila. Su piel blanca era una armonía con su cabellera, labios y pezones. Me acerque lentamente a ella, ya el dinero pasaba a un segundo plano, debía poseerla, pero hacerlo bajo mis términos y con todas las salvaguardas posibles. Juan Carlos había estado abusando de mi por mucho tiempo y ya no pensaba permitirlo. Lo racional ya había pasado a un segundo plano, como dije tengo problemas para relacionarme socialmente, por eso soy directo y a veces brusco y cortante.

    Esteban: ¿Qué opinas de todo esto, de mí, de la forma de pago?

    Ana: Yo no tengo opinión en esto, a mí me complace obedecer a mi amo. Y sobre usted señor, opino que es buena persona.

    Esteban: ¿O sea que cuando yo sea tu amo podré hacer contigo lo que quiera? ¿Y no te molesta eso? ¿Qué piensas al respecto?

    Ana: Cuando acepte ser esclava, también acepte ser cedida a quien mi amo disponga momentáneamente. Para nosotros esto no es un juego, es una forma de vida, por eso mientras este con usted lo respetare y obedeceré como mi amo.

    Entendí que Ana no era un objeto, era una persona que aceptaba ciertas condiciones y delegaba algunas de sus decisiones en un Amo. Mientras la miraba pasaba mi mano por su cuello, clavícula, amasaba sus pechos, que si eran naturales y se sentían excelentes al tacto, muy suaves y tersos. Baje mi mano a su vulva y abrí sus labios con un suave masaje de mi dedo medio, con mi otra mano tome su barbilla y le levante la cara para que me mirara a los ojos, no pudo sostenerme la mirada, como reprimenda le mordí los labios, me retire unos pasos y baje mi pantalón dejando libre mi miembro.

    Esteban: Enséñame que sabes hacer.

    Ana se puso de rodillas automáticamente, tomo mi pene erecto y lo meneo. Introdujo la cabeza en su boca, comenzó una suave succión mientras su lengua recorría el glande, fue muy placentero, mientras succionaba su lengua recorría la cabeza y terminaba en un movimiento de frotación contra mi frenillo, algo que nunca antes me habían hecho, en verdad era muy buena.

    Ella me miraba a los ojos, la saco de su boca y con su lengua empezó a recorrer todo el largo de mi miembro, una y otra vez, mientras su mano acariciaba suavemente mis bolas, de repente se la metió más de la mitad en su boca, realizando un mete y saca bastante bueno, seguía agraciando mis bolas mientras intentaba hacer una garganta profunda, aunque no conseguía metérsela toda, se la saco bajo un poco y se metió un huevo completo en la boca, y eso que son grandes, jugo con su lengua y los chupaba y lo volvía a meter enteros, era una mezcla de placer con un poco de dolor buenísima, hasta que volvió a mi miembro a metérselo casi todo. Solamente habían pasado un par de minutos y yo ya estaba a punto de acabar.

    Esteban: De rodillas en el sofá, que voy a usarte.

    Ella obedeció inmediatamente, la vista era preciosa, sus blancas nalgas en medio un rosado ano, y una vulva de labios pequeños. Me situé tras ella, frote me pene en sus labios, recorrí todo lo que pude, lo pase entre sus dos nalgas, las apreté y frote lo que pude. Tome su cabello y lo jale fuertemente para que se arquera y sacara más el culo. La penetre suavemente, hasta el fondo, sintiendo cada centímetro, estaba mojada, la verdad es que estaba muy apretada. Con mi mano tomaba fuertemente una de sus nalgas, apretándola hasta dejarle los dedos marcados, y con la otra seguía jalando su pelo.

    Su espalda mostraba un pequeño brillo debido a la transpiración, al abrir bien sus nalgas pude ver el pequeño ano, parecía que lo usaba poco. Escupí en su ano y con mi dedo pulgar empecé a frotarlo, en un momento dado entro, estaba realmente apretado, eso me calentó más y acelere mis embestidas. En medio de un ritmo endiablado de penetración ella emitió unos gemidos ahogados y su vagina se contrajo un par de veces dando una agradable sensación, ella acabo y yo no estaba muy lejos.

    Esteban: Al suelo que te vas a tragar mi leche.

    Ella tardo unos segundos en responder, ya que se estaba reponiendo de su orgasmo. Se arrodillo, y antes que pudiera hacer algo la tome del cuello, ella entendió todo y abrió su boca. La metí de un solo movimiento toda, hasta que mis huevos chocaron contra su pera. Empecé un mete y saca brutal, casi no la dejaba respirar. La sacaba toda y la volvía a meter, ella tenía los ojos llorosos y la boca llena de saliva y liquido pre seminal.

    Su cara era un poema, verla tan frágil, inocente comiéndosela toda no pude contenerme más, y acabe abundantemente en su boca, fue tanto que se ahogo y tuve que sacarla, por lo tanto también termino con semen en su cara, pelo y tetas. En la puerta estaba parado Juan Carlos mirándonos.

    Esteban: Cincuenta mil dólares y me la llevo ya, junto con la camioneta.

    Juan Carlos: Bueno es mucho menos de lo que pedía, pero- No lo deje terminar.

    Esteban: Esa es mi última oferta. Si, aceptas prepara los papeles. Y lo que me debes me lo pagaras cuando te devuelva a Ana, ella será la garantía.

    Juan Carlos: Esta bien- Hizo señas y Ana se marchó- Acepto porque no me queda de otra, sabes que estás haciendo un buen negocio con esto, por eso te pido un último favor, esta noche hay un torneo de póker de ricos en club de Esgrima, préstame dinero así puedo juntar la plata para recuperar a Ana ya sabes que esos ricos no les importa perder dinero.

    Esteban: Esta bien, te daré lo que tengo en la camioneta, esto será lo último. Lo dejaremos por escrito y Ana será la garantía.

    Un par de horas después partimos, le dejé 5.000 dólares, yo me fui en mi camioneta y atrás mío Ana en la Audi.

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  • La mejor experiencia en lucha libre mixta que tuve (1)

    La mejor experiencia en lucha libre mixta que tuve (1)

    Un día en mi apartamento me encontré haciendo ejercicio cuando vi el calendario, que ya estaba cerca la fecha de mi viaje de vacaciones, era tan solo en unos días, aproveche en ejercitarme bastante para estar en forma, tengo 25 años, mido 1,70 peso unos 75 kilos y si bien no soy musculoso, tengo algo de musculatura y la fuerza suficiente para defenderme solo.

    Llega el día de mi viaje y yo emocionado y feliz me subo al avión sabiendo que será unas 2 semanas de vacaciones de lujo, en el asiento me encuentro al lado de una mujer bastante exuberante y algo madura, de unos 35 años aproximadamente si se le puede llamar madura, se llamaba Rebeca, tuve un buen rato para charlar con ella y congeniar bastante, me conto que hacía de réferi en unos eventos de lucha libre super amateur.

    Me dijo que podía ir gente que no tenía entrenamiento en lucha libre, solo tenía que pasar un pequeño cast. Le conté que me gustaba desde pequeño la lucha libre y siempre me intereso alguna vez participar en un ring de combate. Ella me dio su tarjeta y me dijo que la llamara estando en una determinada dirección.

    Al día siguiente de llegar me dirigí a la dirección y llama el numero de la tarjeta, una señorita muy cordial me invito a pasar a su oficina para esperar al que supervisa todos estos eventos, llego un señor trajeado a la oficina y me explico y advirtió que los combates en ese tipo de eventos eran peculiares ya que todos los combatientes del ring no poseen entrenamientos para luchar ahí.

    También me dijo que no había reglas en el combate, solo unas pocas que no eran la gran cosa como romper huesos o así. Me dijo que toda valía. Me quede atónito al escuchar su afirmación ya que mi curiosidad solo aumento por participar, desde luego escuche que la paga por participar ya era bastante alta y encima más por ganar. Era mucho mejor para mí, vivía mis vacaciones y un sueño que tenia de niño y encima ganaba dinero, acepte inmediatamente. Como dije no tenía mal cuerpo así que pase el cast muy fácil.

    Me explican que mi participación si era buena, tendría oportunidades de volver a participar como luchador, cosa que se oía bien y que había un castigo por perder. Básicamente el castigo es ser sometido y ser el esclavo del ganador en el ring de combate. Eso me puso un poco en duda de si debía dar el paso, pero me mire a mí mismo y me sentía en la condición para ganar el combate, después de todo nadie tiene entrenamientos en estos eventos. Así que firme y acepte.

    Llega el día y yo emocionado entro al camerino a usar una fantástica ropa de luchador que soñaba con usar (básicamente un calzoncillo y ya) me sentía como un luchador en todas las de la ley. Pasa luego un asistente a mostrarme con quien voy a luchar, yo me esperaba a un hombre de mi porte o un poco más musculoso si tenía mala suerte, pero sabia también que era rápido en mis movimientos así que en el caso de que llegará a perder al menos habrá ganado algo de dinero.

    Mi sorpresa fue al ver a una mujer madura llamada Sonia de unos 40 años aproximadamente con un cuerpo escultural, no tenía una cinturita o brazos musculosos. Si no que, si bien no era gorda y no tenía barriga, era una barriga muy ancha y tonificada, sus brazos no eran delgaditos o musculosos, solo veía que tenía unos brazos anchos y ya, tenía unas piernas algo musculadas y un trasero normal pero aun así muy sexi. Lo que me llamo más la atención eras unos pechos gigantescos como talla G y muy rimbombantes. Fue bastante excitante verla en video, tendría que ser fuerte para mantenerme centrado en el combate.

    Luego se me mostro varias de sus pelas con varias mujeres e incluso hombres. Lo primero que note es que ella tenía una fuerza excepcional, pero era lenta al dar los golpes, también que su resistencia al castigo que recibía por parte de sus oponentes lo resistía casi siempre. Otra cosa es que gano muchos combates, casi no tenía muchas derrotas, y también note algo, que los hombres perdían muy fácil contra ella, básicamente porque se abalanzaban a sus pechos o a su vagina y ella muy fácilmente los noqueaba de un golpe.

    Yo sabía que tenía que mantener la calma, pero esos hombres que perdieron lo hacían porque se excitaban viéndola tanto que perdían la calma. Lo tenía muy claro ahora, y por último que mi réferi iba a ser Rebeca, cosa que me sorprendió también, pero bueno supongo que así son las casualidades.

    Me dispongo a entrar al escenario con mucha gente observando, gritando y todo muy espectacular, era un nuevo luchador y para su sorpresa alguien joven comparado con mi rival que estaba a punto de entrar al escenario. La gente le silbo, le lanzo piropos y fueron más hacia ella como una muñeca cosa que note que le incomodaba de sobremanera.

    Sube al escenario y se quita la bata mostrando únicamente un sostén que cargaba semejante peso de pechos y un calzón bastante normal para mi sorpresa ya que esperaba que usara alguna pantaloneta o short. Bastante excitante para mí y el público, más me centré en atacar sus puntos como estomago o costillas para derribarla de una llave.

    Sonia miro de arriba a abajo y me dijo que me largara de aquí si no quería que le estrujara los testículos, me di cuenta de ahí que tendría que tener mucho cuidado con que no me agarrase ahí o seria mi fin. A lo que yo le dije que me quedaría y que diera su mejor esfuerzo. La verdad es que estaba bastante emocionado todavía.

    Suena la campana que indica el inicio del combate, mi rival propone hacer un duelo de fuerza mostrando sus dos manos frente a los míos, mi fuerza no estaba a la altura de ella, yo finjo seguirle la corriente levantando ambas manos frente a frente, estando muy cerca de chocar ambas manos trato de embestirla para tenerla en el piso, mala mía. Apenas logre hacerla retroceder unos pasos, me sostiene realizando el abrazo del oso más fuerte que haya sentido nunca, siento como mis huesos sucumben ante tal fuerza, por más que me esfuerzo en liberarme solo logro chocar mis dientes mientras ella me estruja entre sus brazos y el público se empieza a calentar.

    Sus enormes pechos que pensaría uno serian tan suaves como para amilanar su técnica, en realidad son tan duros como una roca que hace que mi cuerpo empiece a calentarse y a excitarse mientras siento como pierdo mi fuerza. Para mi sorpresa ella decide soltarme en lo que me susurra al oído: “Ya que no te fuiste, me divertiré contigo”.

    Caigo como una roca mientras siento como el aire y mi fuerza regresan hacia mí, jadeo con mucha intensidad mientras comienzo a sudar y sentir un calor dentro mío. Me quedo en el piso observándola de abajo hacia arriba notando como los pezones de Sonia mi rival se marcan a través del prominente sostén que lleva puesto, está claro que a pesar de que se mostraba como alguien ruda, le resultaba excitante el contacto físico que tuvo conmigo.

    Trato de levantarme en lo que siento una mano sobre mi cuero cabelludo que me jala hacia arriba, en lo que estoy levantando la mirada noto como otra mano con el puño cerrado impacta contra mis costillas, ese puño se transforma en dos y tres, golpes en el costado. No puedo evitar soltar gemidos de dolor mientras soy castigado por mi rival. Lo que más trataba de evitar de entrada era ser debilitado por esa fuerza inmensa y esos golpes infernales. El público abuchea: “¡Acaba con ese idiota!”. El dolor no me deja responder, esto va mal.

    Perdí la cuenta de los golpes que recibí por el costado, por mi cabeza pasa la opción de rendirme. Pero otra parte cree que puedo ganar esta batalla, solo debo aprovechar mi velocidad, debilitarla y finalizarla con alguna llave. Me aferro a esa posibilidad mientras no paro de gritar gemidos de dolor. Sonia lo disfruta mucho, al ver que muy ligeramente sonreía con algún tono malévola y dominantes, y a ver esos pezones cada vez más erectos abultándose por ese sostén.

    Tal parece que se cansó de golpearme y me suelta de sus manos, nuevamente caigo con más fuerza impactando con la cabeza hacia arriba y con muchas expresiones y gestos de dolor conmigo. Se detiene y comienza a levantar sus brazos frente al público recibiendo aplausos y ovaciones de parte del público, al fin un poco de descanso para mí, pero sé que volverá a castigarme así que debo apresurarme en levantarme.

    Me duele mucho mis costillas y mi espalda, tanto que levantarme se me hace un martirio, pero aun con la confianza de poner ganar me pongo de pie temblando, por un lado, ella se voltea y se empieza a reír mientras dice: “Eres más débil de lo que pensaba, no debiste venir aquí”. Su ancha y fuerte figura me recrea los ojos por un momento mientras que trato de tomar aire para lanzar mi ataque. Alla voy.

    Ella levanta sus brazos para retarme a la fuerza otra vez, esta vez no dejare que me agarre. Estando ya cerca hago uso de mi velocidad y le propino una patada en el rostro antes de que pudiera reaccionar, creí que eso la tumbaría, pero solo retrocedió apoyándose en una esquina mareada, aprovecho la oportunidad y me acerco propinándole varios golpes en la misma zona de las costillas donde me castigo, su expresión comenzó a cambiar a una donde gruñía apretando los dientes. “Ahora me toca a mi” le digo cerca de su oído.

    Empiezo a soltar una ráfaga de puños por todo su estómago, ella se trata de cubrir con sus brazos, pero a ellos también los golpeo, se sienten como un saco de boxeo bastante duro, pero el dolor empieza a apoderase de ella. Trata de hacerse la que no le duele, pero no es así, se le empieza a enrojecer toda la zona abdominal de tantos golpes que recibió, pero aun así intenta mantenerse serena y dar fuertes respiraciones para recuperarse, pero no puedo dejar que eso ocurra. Ahora me toca darle castigos a esos prominentes morros que lleva.

    Ver aquellas dos redondas y firmes tetas desde cerca hace que se endurezca mi pene, me empiezo a calentar con la idea de follarla una vez vencida ya que el ganador puede hacer lo que quiere con el perdedor. Pero aún no puedo cantar victoria, debo centrarme en aprovechar esta ventaja que tengo. Cierro mi puño con toda mi fuerza y dirijo un golpe de lateral a una de sus ubres, esta se va disparada a chocar con la otra ubre. El golpe hace que ambas se sacudan con mucha fuerza como las bolas de entrenamientos que utilizan boxeadores para entrenar dando golpes.

    El impacto hace que se salgan de su sostén y queden en evidencia, eran preciosos, excitantemente grandes y sobre todo carnosos, con una aureola marrón gigante a su alrededor y unos pezones erectos y gordos. Ella ya no puede resistirlo y suelta un fuerte gemido de dolor. Mi pene parece querer salirse de mi calzoncillo de la duro que esta al ver semejante imagen. Siembro otro golpe de lado por la otra teta y estas vuelven a rebotar majestuosamente, ella se los agarra por el intenso dolor que siente.

    Aun así, sigue de pie, recostada sobre la esquina del ring, no puedo creer que no callera al suelo por lo menos de tal castigo que le doy. Aun así, sigo con la ventaja y puedo hacer más con esas tetas que expulsaban sudor a chorros.

    Le retiro las manos que tenía en sus pechos de golpe y retiro su sostén que tiro fuera del ring. Mis manos se acercan a sus tetas con la intención de hacerles de todo. Primero los manoseo lentamente, se menean y rebotan mientras aumento la intensidad del agarre, miro su rostro y la veo con el cuello doblado y la cabeza apuntando hacia arriba jadeando y gimiendo por el dolor y la excitación que empieza a sentir. Los agarros con más fuerza como si fueran dos balones de futbol y los empiezo a aplastar y retorcer, se enrojecen muy rápidamente y ella comienza a temblar, “al fin te estoy debilitando”, le digo.

    Sigo manoseando una de sus tetas mientras que mi boca se acerca a un pezón totalmente erecto, lo empiezo a chupar como si nunca hubiera tenido sexo. Luego paso a morderlo como si fuera mi chupón de juguete. Ella exhala jadeos y gemidos cada vez más fuertes. Cambio de posición y los sigo chupando y mordiendo mientras mi pene lucha por querer salirse. El público no paraba de gritar de emoción y gritar que la pusiera en su sitio a esta madura prepotente. Ahora debo de tirarla al suelo del ring y terminar de debilitarla para derrotarla con la llave.

    Tengo que ir a su vagina.

    Me detengo unos segundos a verla de panorama completo. Temblando de pies a cabeza con sus pechos ya rojos colgando de ella y con la mirada arriba gimiendo fuertemente. Me excita tanto. Pero aún no, debo finalizarla de una vez por todas. Cuando me dirigía a agacharme para liberar su calzón siento que por atrás alguien me detiene con un golpe inesperado. Era Rebeca, el arbitro

    Siento un golpe con toda la fuerza hacia mis testículos que venía desde abajo, sin embargo, lo termina rosando y el impacto lo recibe el pene. sentí como casi era derrotado por un golpe mortal. Sin embargo, el impacto en mi pene se repartió entre mi zona genital y me hizo caer de rodillas. Rebecca me da vuela al rostro y recibo un derechazo implacable en los cachetes que me hace caer. El público se sorprende y se queda en silencio por unos segundos.

    Cuando me trato de levantar, la veo a ella frente a mí con si traje de arbitro y su figura plana por delante pero colosal por detrás que se impone ante mí. “Pero ¿por qué?” Le reprochó a la que creí que era podría convertirse en mi amiga. Cambia su expresión a una más picara y me dice: “No tenía esperanza en que ganaras, te quería ver derrotado y siendo follada por mi amante Sonia.

    Y si, aquella rival a la que tu estuviste cerca de ganarle era mi amante. No sabes cómo me molesto ver que le dieras la vuelta a la tortilla y la sometieras a tu antojo. Pero como ahora te habrás dado cuenta, no hay reglas en este combate. ¿Así que yo puedo controlarte un rato y darle espacio a Sonia de que se recupere y te destruya, lo entiendes amigo?”

    Me quede de piedra al escuchar las palabras de Rebeca, por un momento pensé que la organización de este evento había conspirado para que yo perdiera, pero ahora me doy cuenta de que mi “amiga” es una sucia traidora por quitarme la victoria de las manos. No sé si pueda aguantarla un poco más y luego volver con Sonia. Me siento acorralado.

    Rebeca me da una fuerte patada en el estómago haciéndome vomitar saliva, enseguida da otra patada a mi costado lastimado y me manda al suelo del ring. El público no se lo podía creer, comienzan a abuchear a Rebeca, pero ella estaba más concentrada en debilitarme todo lo posible para que su amor Sonia me finalice. Procede a ponerme un pie en las costillas y comienza a hacer presión sobre ellas, el dolor se incrementa de 0 a 10, comienzo a gritar de dolor y a tratar de retirar su pie, por fortuna lo consigo y ruedo hacia afuera del ring para escapar y ganar algo de tiempo.

    Estoy temblando y fuera del ring totalmente desnudo, el público me observa gritándome cosas a mi favor y en mi contra. Solo trato de levantarme y rodear un poco el ring para escapar de Rebeca. Ella se baja imponentemente haciendo rebotar esas dos pelotas que se hacen llamar nalgas, con sus piernas gruesas y su pisada fuerte me persigue. No lo costó mucho trabajo hacerlo, me manda a volar con sus fuerzas a una de las esquinas del ring, su fuerza no es tan grande como la de Sonia, pero ya estaba bastante débil como para resistirme así que recibo el golpe de frente y caigo de frente.

    Me levanta y me empuja hacia parte del público que estaba sentada adelante, ellos me reciben suavemente y me ayudan a levantarme a volver al ring, siento que me derrumbo.

    Rebeca me hace subir al ring, lo primero que noto al subir me quito esperanza, ver a Sonia ya de pie y acercándose a mí, “este es mi derrota” ya estaba pensando. Trato de arrastrarme hacia una esquina del ring para levantarme cuando soy sujetado de los brazos por Rebecca por atrás, inmovilizado totalmente, verla caminar frente a mí ya recuperada a quien me costó tanto debilitar me desanima sobremanera, agacho mi cabeza hacia abajo.

    Después de quedarme un par de segundos mirando al suelo del ring siento las enormes tetas de Sonia sobre mi mentón, hace un movimiento de abajo hacia arriba con ellas y sube mi mirada hacia Sonia que estaba sorprende mente relajada. Esperaba ver quizás una cara de rabia y enojo hacia mí, pero no. Tomo mi rostro con mi su mano aplastándome ligeramente los cachetes observándome.

    Escucho a Rebeca atrás decirle y su amor. “Lo retuve y te salvé del mi amor, la victoria es tuya mi poderosa mujer”. Sin embargo, escuche algo de Sonia que me sorprendió bastante. “Que esta sea la última vez que interfieres en mi pelea, encárgate de tu trabajo como referí únicamente y no lo vuelvas a hacer”.

    Rebeca puso una cara de enojo y posteriormente de sumisión considerando lo dominante que intento ser conmigo y me soltó volviendo al ring. No sabía que pensar al respecto solo que a los segundos de aquel acontecimiento sentí una mano sobre mi escroto y de repente escuché: “Ahora estas bajo mi control con tus bolas en mis manos”. Lo entendí a la primera: “estoy derrotado”, con su fuerza me destrozaría mis testículos dejándome fuera de combate y hasta lesionado. Desde luego volví a mirar abajo como derrotado, así que se acabó.

    “Al final si resulto ser una buena pelea” me dije a mi mismo tratando de tranquilizarme, había logrado someter a semejante mujeron y si no fuera porque jugaron sucio habría ganado, “pero al menos lo intente me dije a mi mismo”. Sonia no estaba haciendo nada conmigo todavía, supongo que me estará dando tiempo a sentirme derrotado antes de que me acabe, a perder las esperanzas de ganar y de disfrutar y saborear ese exquisito cuerpo que tiene, pero no se pudo. Aunque…

    Se me vino una última cosa antes de rendirme del todo, ella me estaba tocando mis pechos con sus ubres, tenía una mano en mi escroto y otra en mis cachetes, así que aun sabiendo que estaba perdido lo hice. Levante mi cabeza y le dije, “más allá del cuerpo que muchos te ven y te desean, tienes el espíritu de lucha más fuerte que vi, no cediste a pesar de que te intente someter con todo lo que pude, y supongo que por eso has ganado aquí, te felicito” terminando de decir dichas palabras acerque mis labios a los de ella y le di un beso.

    Rebeca me quería destruir con su mirada, estaba furiosa al ver lo que había hecho, así que le grito a Sonia que me acabara y que apretara mi saco escrotal para quedar lesionado de por vida, pero ella solo me miraba, bajo la mirada unos segundos y comenzó a ejercer algo de presión sobre mis testículos, comenzaría mi tortura. Eso fue lo que pensé.

    Pasaron los segundos mientras hacía eso y esperaba con temor que los fuera a aplastar muy violentamente, pero esa pequeña presión que hacía fue cambiando a una caricia a mis asustados testículos. Los estaba masajeando. Fue tan relajante que sentí como mi miedo se transformaba en calma, las manos que sostenían mis cachetes con intensidad se suavizaron y se volvieron caricias hacia mi rostro y posteriormente un beso de ella hacia mí, no lo podía creer. Y esos pechos que presionaban fuertemente contra mí en la esquina se empezaron a mover y a convertir en masajes hacia mis tetillas.

    Yo estaba de piedra, ¿qué estaba pasando? ¿No era mi final? Porque quiere darme placer ahora, debería destruirme. Todo eso paso por mi mente rápidamente mientras esas manos de rival que tanto dolor me causaron hace un rato se volvían manos suaves de caricias y calma, paso un largo rato que ella no dejaba de masajearme, todo mi estrés y miedo se caían a pedazos, me derrumbe sobre su hombro, ahí fue cuando escuche: “Gracias por verme como algo más que un cuerpo que ven como uno de lucha y sexualidad” “Luchaste muy bien contra mí y ambos nos castigamos muy fuerte, pero sé que el ganador eres tú, así que te daré la victoria esta ocasión”.

    No podía creer que estuviera escuchando eso, Rebeca no entendía lo que pasaba al igual que yo, pero con el accionar de sus manos sentí que iba en serio. Esas ganas de castigarla fuertemente al derrotarla se habían ido, solo quería hacerle el amor placenteramente. Supongo que ella pensaba lo mismo, así que hizo algo que me dejo atónito de nuevo.

    Se dirigió hacia quien supuestamente era su amor Rebeca y de una embestida la tiro al suelo, ella casi desnuda se posó frente a ella y le dijo: “Solo me ves como un juguete sexual y jamás me viste como persona, ni siquiera pudiste respetar mi pelea, a partir de hoy terminamos”. Ni Rebeca ni yo dábamos crédito a lo que veíamos y escuchábamos, Sonia se agacho y levanto una pierna de Sonia, el público igual de asombrado que nosotros gritamos la cuenta de la derrota, 1, 2 y 3. Sonaron las campanas del ring quedando ella como la derrotada,

    Inmediatamente apareció otro arbitro de tribunas y declaro a Rebeca como la derrotada y a Sonia como la ganadora, más en eso ella me jalo a mí y le dio la mano al árbitro declarándome como ganador a mí, lo que significaba una cosa. Que la perdedora seria castigada a gusto del ganador o ganadores como fue en esta ocasión.

    Sonia se acercó a Rebeca y le empezó a quitar el polo mientras ella gritaba: “¿¡Qué diablos te pasa a ti!?”, “¿Es que esos golpes que recibiste por este idiota te dejaron estúpida?” “¡Como que rompes conmigo!” “¡Eres una maldita egoísta!”, y siguió blasfemando cosas por ese estilo.

    Sonia paso a decirme que primero le diera su merecido por traicionarme y atacarla por la espalda. Que hiciera lo que quisiera, que después iba ella. Como mencione antes Rebeca era plana de pechos y muy cinturona y culona por detrás, así que me dejo la labor de quitarle el pantalón jean que tenía y su calzón ya que polo ni brasier tenía. Me acerque a quitarle el dicho pantalón cuando ella me dio una débil patada en el brazo diciendo que eso no pasaría jamás, a lo que el nuevo arbitro saco unas esposas y se las puso en ambas muñecas reiterando que tiene que abstenerse a las reglas. Estuvo retorciéndose en el piso del ring un rato hasta que se calmó y se quedó boca arriba. El árbitro me invito a proseguir.

    Está historia continuará.

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  • La primera vez que terminaron en mi boca

    La primera vez que terminaron en mi boca

    Ya había pasado algún tiempo desde que había tenido aquel último encuentro con Wendy, ya confirmado mi gusto por ser penetrado, me encontraba en la ciudad de México, por una visita de trabajo, así es que, aprovechando el momento de estar ahí, me dije, ¿Porque no busco algo de acción?, así es que, aprovechando que llevaba un minilaptop, aprovechando que tenía red de tipo wifi, me dispuse a entrar en un chat de temática trasvesti y transexual.

    Habiendo iniciado mi navegación en esa sala de chat, primero me dedique a leer los comentarios y platicas que solían hacerse en la sala principal, las típicas preguntas y respuestas, estuve varios minutos leyendo y entonces me puse a ver la lista de los que estaban conectados, me percate que había un Nick, el cual se me hacía conocido o así lo pensé, que decía “Trasvesti Activa”, decidí mandarle mensaje de inmediato, con la esperanza que fuera la persona que pensaba y la conversación siguió de la siguiente manera:

    Yo: Hola, buenas tardes. ¿Como estas?

    Tras Act: Buenas tardes. ¿Bien y tú?

    Yo: Bien, disculpa mi atrevimiento, ¿De casualidad eres la trasvesti que alguna vez conocí y fuimos juntos a un hotel?

    Tras Act: Si fue a un hotel por Metro San Cosme y que todavía no tenías mucha experiencia, si, así es, cuanto tiempo sin saber de ti. ¿Por qué no me has llamado o mandado mensaje?

    Yo: Si, ya vez que uno se la pasa trabajando. Me vas a tener que disculpar, porque cambie mi número de teléfono y se perdieron los contactos que tenía. ¿Qué andas haciendo? ¿Como te ha ido?

    Trans Act: Esta bien, sin problema, suele suceder, Todo bien, nada de que quejarme, aquí descanso en casa un rato. ¿Tú que haces? ¿Cómo has estado de ese culito rico? ¿Ya te ha cogido alguien más?

    Yo: Aquí llegando a donde me estoy hospedando por ahora, a descansar un rato. Respecto a lo otro, pues ya tiene algo de tiempo que no tengo nada, solo una última vez con aquella que me inicio, pero hasta ahí y ya paso algo de tiempo de eso, Así que, ha estado algo olvidado. ¿Gustas hacerme compañía y de paso hacerle un pequeño recordatorio?

    Trans Act: ¿En serio que puedo hacerte compañía ahorita? Si lo dices en serio, dime donde estas y voy de inmediato, se me antoja mucho tu culito, ya hasta se me paro de imaginarme penetrándolo.

    Yo: Si, es en serio, estoy hospedado en un hotel, en un cuarto yo solo, se encuentra algunas calles más delante, de donde nos vimos esa vez, si te animas, mi culito es materia dispuesta.

    Me escribió su número de teléfono, lo guarde en mi celular y de inmediato le mande el nombre del hotel, la dirección y en que numero de habitación estaba hospedado, me contesto, que solo se alistaba en unos minutos y salía de inmediato allá conmigo, me quede esperando a que llegara conmigo, sintiéndome algo excitado, sin saber lo que estaba por venir.

    A los pocos minutos, me mando mensaje, de que ya estaba saliendo, mientras estaba esperando, seguía leyendo la sala del chat y contestando algunos mensajes que mandaban, pasando unos 15 minutos aproximadamente, escucho que tocan la puerta, a lo que me levanto del asiento para dirigirme a abrir la puerta.

    Al abrir la puerta, la veo a ella, en un vestido largo, de color blanco, con adornos de flores impresas, cabello amarrado en cola de caballo, me quedo admirándola un momento y luego de salir de embeleso, le invito a pasar al interior de la habitación, una vez pasa, me dispongo a cerrar la puerta, siento como pone su mano sobre mis nalgas, sobándolas, consigo cerrar la puerta y ella, sin perder un momento, se puso detrás de mí, me abraza por la espalda, empieza a estar pasando su lengua por mi cuello y mis orejas.

    Al estarme sosteniendo de esa manera, con una de sus manos, deja de sujetarme, sin soltarme del todo y empezó a estar pasando su mano libre por mi pecho, mi estómago, acariciándome, de pronto, me dio un pequeño empujón, que me llevo hasta la orilla de la cama, para después, ponerse detrás de mi nuevamente y puso sus manos al frente de mi pantalón, con un movimiento, desabrocho mi cinturón y de paso, soltó el botón de mi pantalón, besando nuevamente mi cuello, ella toma un papel dominante sobre mí, me toma de la cintura y me ponerme de pie para después, hacer que me de vuelta, quedando de frente ante ella, luego ella, de un empujón, me hace caer en la cama sobre mi espalda.

    Al estar tumbado sobre la cama, tomo mis pies con una de sus manos y los levanto, llevándolos a la altura de su cabeza, aprovecha esa posición, para quitarme mis tenis, luego de hacerlo, sin dejarme bajar las piernas, tomo con sus manos por los lados mi pantalón, de esta forma, con un jalón, consigue sacarme mis pantalones, llevándose también mi trusa, para luego, dejar mis piernas sostenidas con una de sus manos y con la otra, comenzó a pasarla por mis nalgas, tomándolas con fuerza, pasando sus dedos por en medio de ellas, tocando mi agujero, haciendo un poco de presión con la punta de su dedo, en un intento de meterlo, entre mis suaves gemidos de satisfacción.

    Siento como retiro su mano y vi como metió uno de sus dedos en su boca, ensalivándolo bastante, para luego dirigir su mano directo a mi culo, poniendo su dedo que ensalivo, en la entrada de mi culo y empezando a ejercer presión.

    Al estar ella, tratando de introducir su dedo, en mi ser, mi culito, opuso algo de resistencia y no se dejaba perforar por ese inesperado intruso, pero mientras seguía ejerciendo presión, ella con mis piernas sobre sus hombros, empujo hacia adelante, lo que provocó que quedara en una posición con mis pies casi a la altura de mi cabeza, em una posición en la cual, le dejaba mi culo a su entera disposición, sin poder moverme de la forma en que me tenía, no me era posible librarme.

    Al tenerme en esa posición, volvió a acercar sus dedos a su boca y los ensalivó de forma bastante profusa, también, soltó algo de saliva, directamente en mi agujero anal, para poner nuevamente uno de sus dedos en la entrada de mi culo, primeramente frotándolo con calma, esparciendo la saliva alrededor y luego tratando de introducirlo, poniendo fuerza, dejando de hacerlo, lo acariciaba, le echaba un poco más de saliva y volvía a hacer el intento.

    Hasta que en la tercera ocasión que lo hizo, logro meter la punta de su dedo, al ella notar su éxito, empezó a mover su dedo en forma circular, tratando de expandirlo, moviendo su dedo de forma circular y luego metiéndolo hasta el tope, para luego sacarlo y volver a hacer ese movimiento circular, entre sus acciones, me estaba provocando que ya estuviera gimiendo de forma bastante constante, cada que introducía su dedo o hacia movimiento para dilatarme, soltaba gemidos de satisfacción.

    Después de unos momentos, saca su dedo de mi interior, se incorpora y levanta mis piernas con sus manos, haciéndome girar y poniéndome boca abajo en la cama, para luego con sus manos, abrir mis nalgas, dejando a su vista mi agujero anal, a lo que ella expreso, “creo que ya estas listo para que te la pueda meter”. Termina de decir eso, se quita su vestido, quedando solo en un sostén negro y un calzón rojo con negro, me toma con sus manos por mis pies, los sostiene y me hace girar, acostándome boca arriba, pone mis piernas sobre sus hombros, se hace a un lado su calzoncito, liberando de su prisión su verga, que salió prácticamente disparada fuera de ese trozo de tela que la aprisionaba.

    Vi cómo se acomoda hacia mí, empecé a sentir como empezaba a pasar algo rozando la entrada de mi orificio, obviamente era ese pedazo de carne que le colgaba entre las piernas, que si bien no era muy largo, estaba de buen ver y grosor. Ya extrañaba esa sensación, sentí como me soltó algo de saliva y la pasa con sus dedos alrededor de orificio y por dentro, haciéndolo una segunda ocasión, entre mis gemidos, ella se vuelve a incorporar y acomoda la cabeza de su verga en la entrada de mi culo, voy sintiendo como la empieza a empujar hacia mi interior y como de inicio logro abrirse paso sin mucha resistencia.

    En ese primer ataque, logra introducir la cabeza de su verga, con una sensación de ligera de dolor, pero también de satisfacción, ella, sin dejar de empujar su verga hacia mi interior, logra meterla por completo, cediendo por completo mi culo, a ese invasor que lo acababa de perforar y llenar con su carne, expandiendo su interior, al sentirme perforado de esa manera, solté un breve gemido entre quejido de dolor y empezando también a soltar exclamaciones de placer.

    Ella a su vez, soltando un sueva gemido de satisfacción, exclama un “Que rico se siente” “Ya extrañaba tu culito”, empieza entonces, a ir sacando de manera lenta su verga, hasta llegar casi al final, para meterla nuevamente de forma lenta, volviendo a hacer y con eso, ir aumentando su ritmo, iniciando un constante mete y saca de su verga, provocando tanto en ella, como en mí, que estuviésemos soltando gemidos y de vez en cuando se acercara a besarme con mucha pasión y exclamar de forma insistente de que mi culo estaba delicioso.

    Aumenta y disminuye su ritmo, en ocasiones deteniéndose por completo en mi interior, luego lo saca por completo y observa mi culo una vez que sale su verga, para introducir su verga de nuevo y estarme cogiendo así, después de algunos deliciosos minutos, baja mis piernas de sus hombros, me hace levantarme de la cama, me lleva a la orilla de la cama, donde ella me acomoda en posición de perrito, se acomoda detrás de mí, metiendo su verga de un solo golpe, haciéndome exclamar un pequeño quejido de dolor que se fue convirtiendo en gemidos de placer conforme fue aumentando el ritmo de movimiento, entre gemidos de ella y las palabras que iba exclamando, alabando mi culo.

    De verdad, que estoy disfrutando estas sensaciones de ser cogido, de que alguien me esté penetrando.

    Entre las embestidas que me daba, de vez en cuando también me iba soltando una que otra nalgada, saca su verga, abre mis nalgas y deja a su vista mi culo, el cual, al sentirse expuesto, se frunce y palpita, al notar ella esta respuesta, exclama en voz un tanto alta, “Este culito sí que le gusta la verga”, después de decir eso, me suelta se acomoda y vuelve a penetrarme con bastante deseo de parte de ella, metiendo y sacando su verga de mí, de forma constante, aumentando su ritmo, siento como se detiene por completo y libera mi agujero de su pedazo de carne, para tomarme de la cintura y hacerme hincar, quedando mi cara a la altura de su verga.

    Me acerca su verga, a mi cara, para luego decirme, “Quiero que la recibas por completo, así que prepara tu boquita”, me pone la mano en mi barbilla, con sus dedos, haciendo el movimiento hacia abajo, para hacerme abrir la boca, mete su verga en mi boca y empiezo a chuparla y ella a masturbarse, moviendo su mano, cada vez más rápido, empezando también a gemir con mayor fuerza, a respirar con mayor rapidez, a sentir como su verga empieza a palpitar dentro de mi boca, hasta que siento un chorro caliente, algo viscoso y espeso que inunda mi boca, seguido por otro y otro más, siendo un total de 5 chorros calientes los que suelta dentro de mi boca.

    Al sentir el primer chorro caliente, trate de moverme, pero ella, me sujeta con firmeza de la barbilla, no permitiendo que me mueva, de este modo vaciando toda su leche dentro de mi boca, a lo que solo pude tragarla, lo cual me costó algo de trabajo, era una sensación un tanto extraña y diferente, de un sabor algo salado, dejando una sensación rara al momento de pasarla, una que ella, se hubo vaciado, saco su verga de mi boca, viendo con agrado que me logre tragar toda su leche, esboza una sonrisa triunfante, me hace ponerme de pie, se acerca a mí y me besa con pasión, apretándome las nalgas y metiendo sus dedos en mi culo todavía abierto de sus arremetidas.

    Después de besarme y manosearme, nos separamos y se empieza a vestir, ya cuando se puso toda su ropa, se acerca nuevamente a mí, me vuelve a besar y aprovecha para manosearme y jugar con mis nalgas, se separa y me dice, me encanto, espero y pueda repetirse pronto, termina de decirme eso, me vuelve a besar y mete uno de sus dedos en mi culo, se acerca a la puerta y sale de la habitación, quedándome yo solo por esa noche, esperando la próxima ocasión que la pudiera verla y con la extraña sensación de lo que fue la primera corrida en mi boca.

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  • Construyendo paraísos (5): Playeras calientes

    Construyendo paraísos (5): Playeras calientes

    Lleva varios días Nore en casa y aún no hemos ido a la playa, es verdad que no está cerca para ir andado, a Tara le hubiera gustado, pero a caballo es un paseo y se hace corto. Un año le regalé a Tara una calesa, porque no le gusta montar, así que engancho el penco al carruaje y va encantada.

    Esta vez van las dos en la calesa y yo a caballo. Tengo cierto reparo en dejarlas a solas porque, metidas en conversación, quien sabe si sale la cabalgada de ayer o la paja de antes de ayer o la del primer día. Me resulta incómodo y esquivo el contacto con Nore, ni visual y menos físico. Aun no queriendo mirar, las dos llevan sus mini bikinis con pañuelos traslúcidos atados a las caderas que dejan a la vista velada sus hermosos culos, redondos y bien proporcionados, para nada caídos, al contrario, pompis bien pomposos y deseables. A caballo no podrían haber ido casi semidesnudas.

    A pesar de las vistas, no estoy en disposición de disfrutarlas, las pocas veces que se han cruzado nuestras miradas, ha sido de complicidad, con una sonrisa para dentro, de centésimas de segundo y retiro la mirada. Por ahora las conversaciones son cotidianas, triviales y chistosas, que sigan así.

    Llegamos a la playa y aquí sí que no hay medias tintas, fue colocar los bártulos en la arena y deshacerme de todo lo que llevo encima. Aunque tenga el “run-run” de si se cuentan o no entre ellas, también sé que al despelotarme no se sorprenderá por ello. Al hacerlo han soltado unas risitas las dos, no he querido prolongar el momento, es la primera vez que me sentía algo cohibido en bolas y me fui al agua a disfrutar del agua y sus olas.

    Al poco rato viene Tara a darse un baño y se acerca, lleva sólo el tanga del bikini, está estupenda y nos abrazamos y besamos. Me dice que me nota distante con nuestra invitada, le respondo que no quiero ser pesado, ni acaparar, que prefiero interferir lo menos posible. Me responde algo enfadada que nada de eso, que estamos para pasarlo bien los tres y nada de estar a un lado. Asiento y sigo nadando.

    Pasado un rato entre las olas me reincorporo al grupo, más relajado y dispuesto a disfrutar de la contemplación de dos estupendos cuerpos, de dos tías buenas, como diríamos los tíos sin rodeos. Me voy acercando y veo que las dos se están dando una a la otra aceite protector, el caso es que no sabría si se están esparciendo el aceite o se estaban magreando las tetas una a la otra ya que estaban sin lo de arriba del bikini, en cuanto me han visto han acelerado la maniobra para darla por terminada y se han tumbado boca arriba.

    Las dos brillaban con la crema que se habían dado, unos pechos relucientes apuntaban al cielo, me quedé de pie delante de ellas, sonriente, algo desafiante, saliendo de la fresca agua del mar, mi miembro no daba las medidas ni el tono para provocar alguna reacción, aun así quería exponerme a los ojos de las dos, que eso sea lo natural, así también podré estar así en la piscina de casa.

    Cuando dejo de gotear me tumbo junto a Tara y la acaricio, aún me ha quedado la imagen de las dos sobándose las tetas mutuamente, con disimulo meto mis dedos entre sus piernas y descubro que hay humedad aflorando entre ellas. Estaba claro que no era sólo aceite corporal lo que se daban, Tara no se aparta y me recreo empapándome de sus jugos.

    La temperatura sube en mi cuerpo y reacciona mi, hasta ahora, relajada entrepierna, tampoco hay que mostrar todo de golpe, Tara se pone de lado, frente a Nore que sigue boca arriba con los ojos cerrados. Mantienen una conversación trivial, yo estoy detrás de Tara, abrazado a ella, mi polla se va abriendo hueco hasta encontrar la entrada, me muevo a cámara lenta, sólo entra y sale la punta, pero lo suficiente para que a Tara se le activen los nervios del placer y tras varias llamadas de atención que me hace, disimulando contrariedad porque no la dejo tranquila para hablar con su amiga, de repente me suelta una culada, en realidad se clavó mi polla hasta el fondo y ahí la mantuvo mientras se mordía el labio inferior, cerrando los ojos y arqueando la cabeza.

    Se había corrido delante de su amiga sin que se diera cuenta o haciendo que no se daba cuenta.

    Para correrme yo necesitaría algo más de acción, imposible de disimular, así que pasados unos minutos me fui al agua tapándome discretamente, empujando para abajo lo que por su erección quería mantenerse a noventa grados respecto de mi cuerpo. Lo cierto es que fue divertido, rico y excitante.

    Aún estaba recordando la escena, absorto en mis pensamientos y dispuesto a rematar mi desahogo, sin ver que Nore se metía en el agua. Tara se había quedado super relajada con la corrida que había tenido. Al llegar a mi lado, Nore me clavó sus pezones en la espalda a traición, se había puesto tiesos al contacto con el agua del mar. Antes que me pudiera dar la vuelta, ella me abraza y me dice:

    –Guille. Se te da bien hacer que se corra una mujer, ayer lo pude comprobar yo y hoy has hecho alcanzar el cielo a tu mujer tumbados en la playa.

    –Sólo he puesto el instrumento, ella es la que lo ha tocado.

    Nore seguía rozando sus pezones en mi espalda, agarrada a mí, mientras baja una mano desde mi pecho hasta mi pene que sigue tieso y me lo agarra mientras dice:

    –Ya noto que tu instrumento quiere seguir tocando.

    Tara está tumbada, aunque nos mirara no vería la paja que Nore me estaba haciendo debajo del agua. Se pone frente a mí, sus tetas parecían hermosas calabazas medio flotando en el agua, sus pezones seguían tiesos De vez en cuando se sumerge y me da unas mamadas hasta que le falta aire. Aparece y desaparece, como si nadara a mi alrededor. La calentura de antes y el ataque a traición que no pude, ni quise, repeler, dio como resultado una corrida, expulsando mi leche al mar que los peces habrán degustado después.

    Mientras esperábamos unos minutos a que se relajara todo, le pregunto a Nore si antes de acercarme yo, cuando volvía de mi primer baño, estaban las dos haciendo algo más que darse aceite en el cuerpo una a la otra, porque Tara tenía el coño ya lubricado cuando la toqué y ahí no llegaría el aceite corporal. Nore echó una carcajada y me respondió que mejor se lo preguntara a Tara.

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  • Compañera de facultad

    Compañera de facultad

    Lucía y él eran compañeros de facultad, coincidiendo en varias materias. Cada vez que la veía caminando por los pasillos, él se acercaba y le ofrecía llevarla a su casa, especialmente en invierno, cuando el anochecer llegaba temprano. Ella, con sus 46 años, era mucho mayor que él, que apenas tenía 25. Lucía le había contado que siempre había querido estudiar, pero recién ahora, divorciada y con sus hijos ya grandes, había podido concretar su sueño.

    Físicamente, ella no era el tipo de mujer que solo le atraía. Nunca le habían gustado las mujeres mayores, pero había algo en la personalidad de Lucía que lo cautivaba. Cada conversación que tenían, cada palabra que ella pronunciaba, se quedaba dando vueltas en su cabeza durante todo el día. Era como si su mente no pudiera dejar de pensar en ella, en su voz, en su forma de ser.

    Un día, al despedirse con un beso en la mejilla, sus labios se rozaron accidentalmente. Lucía se disculpó, pero él no pudo evitar sentir una extraña emoción. Esa noche, en la soledad de su habitación, no pudo evitar masturbarse pensando en ese breve contacto. La imagen de Lucía, su sonrisa, su perfume, se habían grabado en su mente de una manera que no podía ignorar.

    La siguiente vez que la vio, la llevó a su casa como de costumbre. Al llegar, al despedirse, él la tomó por la nuca con una mano y la besó. Lucía se dejó llevar, sorprendida por la audacia de su compañero. Él, envalentonado por su respuesta, metió la otra mano entre sus piernas, sintiendo la calidez de su cuerpo.

    Los besos se volvieron más apasionados, más intensos. Él comenzó a bajar por su cuello, besando y lamiendo su piel, mientras sus manos exploraban su cuerpo. Lucía, inicialmente sorprendida, se dejó llevar por la pasión del momento. Sus manos se aferraron a los hombros de él, mientras sus labios buscaban los suyos con ansia.

    Él la empujó suavemente contra la puerta del coche, sintiendo la firmeza de su cuerpo contra el suyo. Con una mano, levantó su falda, revelando sus muslos desnudos. Lucía jadeó suavemente, sintiendo la excitación crecer en su interior. Él, sin decir una palabra, se arrodilló frente a ella, mirándola a los ojos con una intensidad que la hizo temblar.

    Con habilidad, él desabrochó los botones de su blusa, revelando su sostén. Lucía cerró los ojos, sintiendo la frescura del aire en su piel. Él besó su cuello, su hombro, mientras sus manos exploraban sus senos, masajeándolos suavemente. Ella gimió suavemente, sintiendo el placer recorrer su cuerpo.

    Él bajó su cabeza, besando y lamiendo sus senos, mientras sus manos se movían hacia abajo, desabrochando su falda. Lucía se dejó llevar, sintiendo la excitación crecer en su interior. Él, con habilidad, le quitó la falda, dejándola en ropa interior. Ella se sintió vulnerable, pero la mirada de él la hizo sentirse deseada.

    Con un movimiento rápido, él le quitó las bragas, dejándola completamente desnuda. Lucía se aferró a la puerta del coche, sintiendo la frescura del aire en su piel. Él, sin decir una palabra, se posicionó entre sus piernas, mirándola a los ojos con una intensidad que la hizo temblar.

    Él comenzó a besar y lamer su sexo, mientras sus manos se movían por su cuerpo, explorando cada curva, cada pliegue. Lucía gimió suavemente, sintiendo el placer recorrer su cuerpo. Él, con habilidad, introdujo un dedo en su interior, mientras su lengua jugaba con su clítoris.

    Ella se retorció de placer, sintiendo la excitación crecer en su interior. Él, sin detenerse, introdujo otro dedo, mientras su boca se movía con ritmo, chupando y lamiendo su sexo. Lucía jadeó suavemente, sintiendo el orgasmo acercarse.

    Con un movimiento rápido, él la levantó, sentándola en el asiento del coche. Lucía se aferró a sus hombros, sintiendo la excitación crecer en su interior. Él, sin decir una palabra, se posicionó frente a ella, desabrochando sus pantalones.

    Ella miró hacia abajo, viendo su erección, dura y lista. Él, con una sonrisa, la miró a los ojos, antes de posicionarse entre sus piernas. Lucía sintió la punta de su pene contra su entrada, antes de que él comenzara a moverse, penetrándola lentamente.

    Ella gimió suavemente, sintiendo la sensación de plenitud en su interior. Él, con movimientos lentos y profundos, comenzó a mover sus caderas, mientras sus manos se movían por su cuerpo, explorando cada curva, cada pliegue.

    La pasión se intensificó, mientras él aumentaba el ritmo, moviéndose con fuerza y determinación. Lucía se aferró a sus hombros, sintiendo el placer recorrer su cuerpo. Él, con habilidad, la besó, mientras sus caderas se movían en sincronía.

    El orgasmo se acercó, mientras él se movía con más fuerza, sintiendo la tensión en su cuerpo. Lucía jadeó suavemente, sintiendo el placer crecer en su interior. Él, con un grito ahogado, se corrió, sintiendo su semen llenarla.

    Ambos se quedaron en silencio, respirando agitadamente, mientras el placer se disipaba lentamente. Lucía, con una sonrisa, lo miró a los ojos, antes de besarlo suavemente. Él, con una sonrisa, la abrazó, sintiendo la calidez de su cuerpo contra el suyo.

    En ese momento, supieron que su relación había cambiado para siempre. Lo que comenzó como una simple amistad, se había convertido en algo más, algo intenso y apasionado. Lucía, con su experiencia y madurez, había despertado en él un deseo que nunca antes había sentido. Y él, con su juventud y energía, había encendido en ella una pasión que creía olvidada.

    Se miraron a los ojos, sabiendo que este era solo el comienzo de algo nuevo, algo emocionante. La noche los envolvió, mientras se besaban suavemente, sintiendo la conexión que los unía. La facultad, los estudios, todo quedó en un segundo plano, mientras se perdían en la intensidad del momento.

    Y así, en el asiento de ese coche, en una noche fría de invierno, Lucía y él descubrieron un nuevo mundo de placer y pasión, un mundo que los uniría de una manera que nunca antes habían imaginado. La edad, la experiencia, todo quedó en un segundo plano, mientras se entregaban por completo al deseo y la lujuria.

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