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  • La bibliotecaria y su secreto (1)

    La bibliotecaria y su secreto (1)

    No sé qué pensarán ustedes queridos lectores, pero hay experiencias en la vida que nos marcan para siempre. Cuando leemos relatos y narraciones de diferentes personas podemos adivinar que detrás de sus historias existen deseos incontrolados, fantasías insatisfechas, experiencias inolvidables y secretos inconfesables que si no fueran escondidos tras un apodo, más de uno sería incapaz de dar rienda suelta a su imaginación.

    Lo importante de todo ello es que cada historia esconde muchos fragmentos de nuestro ser. De ahí que seamos tantos los que disfrutemos de los relatos de los demás. En mi caso en cuestión les contaré una experiencia que ocurrió muchos años atrás. Más concretamente en mi último año de facultad y que evidentemente me marcó para el resto de mi vida.

    Todo empezó en el primer trimestre del curso. Acababa de romper una relación de 9 meses con una chica, más interesada en ir de fiestas que en estar a solas conmigo. Sobra decir que a esa edad mis hormonas estaban por las nubes y reconozco que pensaba a todas horas en el sexo. Era como válvula de escape a tantas horas de estudio. El único problema estribaba en que aquella chica no seguía ni de cerca el ritmo que yo marcaba.

    Como no podía ser de otra forma acabó mandándome a un “lugar muy lejano” que no voy a mencionar y me quedé sin novia y sin sexo. Pasaron semanas en las que vagaba como zombi por la universidad. Ni tan siquiera el deporte con los amigos calmaba mi desasosiego. Como tantas otras veces me recluía en la biblioteca a estudiar e imaginarme mil y una historias de encuentros amorosos.

    Uno de esos días, tuve que sentarme en una de las mesas cercanas a la de la bibliotecaria y eso significaba que, en caso de estar acompañado de un amigo, nuestras conversaciones serían rápidamente sancionadas por ésta. Pero tan pronto como tomé asiento en aquellas sillas tan “cómodas” fijé mi mirada en la mesa de la directora de todo aquel enorme conjunto de libros del saber humano.

    Comprobé que no era la mujer de días anteriores. Esta chica en cuestión era más joven. Imagino que rondaría los 35 años aproximadamente. No es que llamara excesivamente la atención, pero siempre me quedo con la cara de las personas y me gusta estudiar la fisonomía de cada una de ellas, con sus defectos y virtudes. Imagino que si pintara bien sería un estupendo retratista.

    La chica se sentaba erguida delante de su ordenador con rostro concentrado. Su cara era totalmente ovalada y unas pequeñas gafitas rectangulares le daban un toque de intelectualidad. Los ojos no eran demasiado pequeños, pero sí su boca, cuyos labios bien formados se entreabrían cada cierto tiempo mientras tecleaba frente a la pantalla. Lo que más llamaba la atención era que llevaba el cabello recogido en una especie de moño. El color era caoba y todo el pelo quedaba perfectamente recogido hacia atrás. Yo no dejaba de mirar cada detalle suyo. Vi que unas pequeñas manos regordetas eran las que hábilmente repiqueteaban sobre el teclado. Llevaba hecha la manicura y el color de uñas resaltaba un intenso rojo sangre.

    La gente pasaba de un lado a otro con sus carpetas, libros y otros enseres. Los asientos no dejaban de ser vaciados y ocupados por nuevos estudiantes. Era una de esas tardes de ebullición. Por un momento la perdí de vista entre tanta muchedumbre y cuando volví la vista a su mesa ya no estaba allí.

    Entre un grupo de chicas que ojeaba una de las enormes estanterías pude verla de nuevo. Había cogido un taburete para elevarse a las últimas baldas de la librería y se disponía a ordenar ciertos libros de filosofía. Llevaba un corpiño en cierto modo ajustado que mostraba un prominente busto y sus pantalones oscuros le quedaban holgados dejando caer las perneras hasta unos zapatos de tacón pequeño.

    Cuando pude fijarme mejor imaginé que debajo de aquellos pantalones se escondería un trasero voluminoso y unas anchas caderas. Su fisonomía así lo delataba. Tenía las piernas cortitas y su estatura era más bien bajita por lo que quizás aparentara mayor volumen del que tenía a primera vista. A mis 23 años y deseoso de sexo y con una imaginación desbordante, rápidamente me imaginé una sesión de sexo intenso con aquella menuda mujer de apariencia experta y algo antiguada.

    No dejaba de mirarla, poniéndose casi de puntillas para llegar lo más arriba del todo con un pesado libro y dejando al placer de la vista unas posaderas respingonas y apretadas. Ella por un momento se percató de la mirada indiscreta y, con una fugaz mirada, se cruzó con mis ojos. Al los pocos segundos volvió a sus quehaceres bajándose de la sillita. Se fue al fondo de otro pasillo caminando erguida. Su forma de andar era peculiar, sus pequeñas piernas le hacían dar zancadas muy cortas y los muslos apretados le hacían mover las caderas de forma graciosa.

    Ese día no le di mayor importancia a mi descubrimiento, pero tengo que reconocer a al volver a los pocos días volví a fijarme en aquella figura menuda. Cada día que pasaba por allí la veía más encantadora y sobre todo, deliciosamente apetecible. Así que decidí realizar un primer acercamiento.

    Al llegar a su mesa le pedí un libro de Derecho natural de una edición muy concreta. Ella levantó la vista y creo pensar que me reconoció. Imagino pensaría: ¡ya está aquí el pervertido éste!. Sin embargo, se levantó de si asiento ágilmente y con una sonrisa cortés me indicó que la siguiera. Yo la recorría con la mirada desde atrás mientras seguía sus pasos. Al llegar a una librería vio que el libro en cuestión estaba muy arriba, al igual que el primer día que la “descubrí”. Me dijo que esperara un momento. Llegó en seguida con el conocido taburete y se subió en él de forma decidida.

    Con las yemas de sus dedos buscaba entre tomo y tomo, pero casi le costaba dificultad llegar a ellos. En seguida y viéndola de puntillas, le puse una mano en la cadera y le mostré mi ayuda. No dejaba de mirar su tremendo culo mientras ella rechazaba mi cortesía y alcanzaba el dichoso libro solicitado. Al llegar a la mesa me tomó los datos y por primera vez entablé una vaga conversación con ella. Hablamos del tiempo, trabajo y cosas sin mayor trascendencia, pero observé que detrás de aquellos ojos inquietos, escondidos por unas finas gafas, se escondía una chica agradable y muy social.

    Pasaron las semanas y cada día que por allí pasaba la saludaba y le hacía alguna inocente broma o le contaba algo gracioso. Poco a poco me gané su confianza. Un buen día, estando sentado con la mirada perdida en su forma de andar, no me percaté que se dirigía con sonrisa maliciosa.

    ―¿En qué piensas chico?

    ―¡Ah! Nada, nada… Me preguntaba si alguien te está esperando en casa cuando acabes de trabajar.

    ―¿Cómo? Elevó la voz medio sorprendida. ¿No estarás seduciéndome? Sonrió.

    ―Bueno… ¿y si lo hiciera te molestaría? —Dije convenciéndome a mí mismo de mis palabras.

    ―Si te digo la verdad… hace mucho tiempo que no me espera nadie en casa y por lo demás… creo que eres demasiado joven para mí ¿no te parece?

    Sin dejar de mirarla le convencí que me dejara invitarla a un refresco a la salida del trabajo para contarme algo de su vida y no olvidáramos de nuestras obligaciones por unas horas. Costó trabajo, pero al final logré salirme con la mía y pasado un buen rato nos dirigíamos en mi coche a un bar del centro de la ciudad. Tomamos unas copas y la conversación se animó. Nos reíamos y charlábamos de multitud de cosas y yo no dejaba de mirar sus oscuros ojos con deseo. Ella me sorprendió invitándome a cenar con la excusa de que estaba hambrienta por un largo día de trabajo y yo accedí de inmediato.

    Cenamos en un restaurante pequeño, acogedor y de comida italiana. Bebimos vino y la conversación giró hacia nuestras vidas personales. Yo le conté mis breves aventuras con chicas y ella me confesó que había estado casada con un hombre durante dos años y que al poco la dejó por muchas razones. Una de ellas era que ¡le daba asco!.

    ¡Increíble! Era una mujer joven, de buen ver y agradable… ¿cómo podía darle asco a un hombre?

    El caso es que su vida amorosa se resumió en un corto noviazgo de juventud, muchos estudios y un corto matrimonio con final triste.

    Evidentemente no paré de halagarla y decirle que a pesar de mi edad la veía muy atractiva y medio en broma le solté que si fuera más mayor no dudaría en seducirla de verdad. Entonces ella me miró fijamente durante un rato. Pidió decidida la cuenta y me dijo que nos fuéramos a un lugar más tranquilo.

    Era una noche de lluvia y al salir nos pusimos empapados. Corrimos hacia el coche y al entrar en su interior me besó.

    Fue un beso apasionado, un beso de desesperación. Me mordió el labio e incluso me introdujo su lengua. Yo le correspondí subiendo mi temperatura corporal de inmediato. Nos fuimos a un parque ya que por aquel entonces mi apartamento era compartido por dos estudiantes algo estúpidos y ella no hizo por invitarme a su casa. Serían las una de la madrugada y no había un alma en el lugar. Con la radio de fondo volvió a besarme.

    Ella misma se desabrochó su camisa y entonces no dudé a su invitación. Metí la mano en su interior y masajeé sus tetas, firmes y voluminosas. Ella no paraba de besarme mientras le desabrochaba su sujetador para liberar aquellas dos maravillas. Su piel era blanca y sus aureolas oscuras y de tamaño exagerado. Justo en el centro estaban dos pequeños pezones erectos y rojos como las fresas. La mordí y saboreé el calor de sus pechos. Ella gemía de placer y en seguida buscó mi paquete.

    Me abrió la cremallera y se metió mi pene tieso en la boca. Sus tetas descansaban en mis piernas y su boca se deslizaba de arriba abajo acompasadamente. De vez en cuando levantaba la mirada buscando mi aprobación y ahora era yo el que gemía de gusto. Le cogí su cabeza, acariciando su pelo mojado y encendí la luz del coche para apreciar su mamada. Aquello me excitaba un montón. La vi allí, invadida por el éxtasis, con la mirada perdida mientras chupaba mi enrojecida polla. Su pequeña boca engullía una y otra vez dejando casi invisibles sus labios. Sólo podía verse una tremenda verga entrando y saliendo de su cara redondeada.

    Estaba a punto de llegar al final y no quería terminar así. Entonces la levanté y le volví a besar sus senos mientras daba descanso a mi desesperado órgano que gritaba por estallar. Quise meterle mi mano en su entrepierna, pero ella me paró en seco. Sorprendido por aquello ví que en seguida ella misma se bajaba sus pantalones seguidos de sus bragas. Luego se sentó a bocajarro sobre mí penetrándome hasta el fondo. Echamos el asiento hacia delante todo lo que pudimos para que su gran culo pudiera trabajar a gusto. Le arranqué la camisa y sus tetas salieron disparadas hacia mi cara.

    Ella movía sus caderas una y otra vez de delante a tras y algunas veces giraba en redondo dejándome disfrutar de sus cachetes. Le apretaba el culo con mis manos e incluso llegué a tocarle su agujero trasero. Ella ya no gemía, sino que soltaba tremendos griticos de placer que hicieron que se le soltara su cabello mojado. No era muy largo, pero recortaba las facciones de su cara. Estaba cachonda, excitada y no paraba de mover la cabeza, morderse los labios y suspirar entre grito y grito.

    ―Joder no puedo más ahhh sigue joder… muévete rápido por favor…

    ―Ahhh me voy… siii

    No aguanté más y la inundé por dentro. Ella exhausta cayó al asiento de al lado mientras respiraba aceleradamente.

    Al quitarse de encima mía comprobé que estaba mojado. Una tremenda pringue de líquido chorreaba de mi entrepierna. Estaba claro que tanto ella como yo habíamos disfrutado y una de dos: o yo había tenido una corrida como nunca o ella había chorreado como jamás había visto en una mujer.

    La llevé a su casa y le conté por el camino que había sido fantástico. No entendía que alguien no pudiera desearla.

    Prometimos volver a vernos dos días después. Sería un sábado entero para los dos y significó un fin de semana inolvidable. Esa noche dormí pensando en el encuentro y en cómo me había mojado tanto al follarla. Pronto descubriría su secreto, pero… no quiero cansaros.

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  • Amores lejanos

    Amores lejanos

    No voy a contar cómo fue que mi marido descubrió lo de Alejo. Fue una imprudencia mía, loca como estaba por él, loca por completo y sí, quizá con ganas de hacer lo que ahora estoy haciendo. No contaré lo duro que fue superarlo y, para él, perdonarme. Nunca sabrá que fui yo quien sedujo a Alejo, yo quien ansiaba cogérmelo. Nunca sabrá que aquello salvó nuestro matrimonio. Nunca sabrá que estuve otra vez, casi un año, sin más verga que la suya, ni sabrá que sé de ciencia cierta que necesito vergas, pero que las buscaré, las tendré con suma discreción y cuidado.

    La verdad es que en cuanto vi a Mariano me enculé durísimo. Yo estaba en su ciudad por cuestiones de trabajo (ya se habrán dado cuenta) para negociar algo con el gobierno de un estado del sur. Lo que importa es que al terminar el trabajo del primer día, él llegó por nosotros para ir a un bar: tres amigas saldríamos y una de ellas, casada, nos pidió permiso para hablarle… así que mientras ella se embellecía, yo que soy relativamente rápida para esos menesteres, charlaba con él en el loby del hotel.

    Me habló de su ciudad, una ciudad espléndida; me habló de su trabajo, que tenía que ver con la vida cultural de su ciudad… y yo lo miraba. Sus ojos brillaban en la penumbra y él brillaba con ellos, imaginé sus labios en mi cuello y sus manos de finos dedos en mi nuca.

    Lo miraba mirarme. ¿Cuánto dura una cerveza? Aquella alcanzó para hacerme creer que me miraba de manera especial. No es que lo entendiera de inmediato, de hecho, necesité varias semanas para entenderlo racionalmente, pero una parte de mi lo entendió. Lo entendió, porque se creó una corriente inmediata de atracción. Y yo lo miraba.

    Bajó mi amiga, su amante, y luego la tercera chica que nos acompañaría y partimos a un bar de copas. Me senté junto a él, del otro lado de mi amiga, y lo vi brillar. Envidié a mi amiga cuando él la besaba, cuando le hablaba a dos centímetros de su rostro, cuando acariciaba la piel enfundada en unos jeans hechos sólo para sus interminables piernas.

    Pero Dios existe y mi amiga no baila. No soy una gran bailarina, ya lo he dicho, pero me defiendo. Mariano, en cambio baila más que bien y me llevaba entre sus brazo mientras mi pantaleta se iba empapando y yo, aunque no debía, aunque sabía bien que por varias razones no debía, me seguía enamorando. La cercanía de su cuerpo felino, de movimientos de tigre, me permitía estrecharme contra su pecho sólido como una montaña.

    No bailamos más de tres canciones. No quería enamorarme perdida. No quería, pero uno no manda en esas cosas. Solo tres canciones, demasiados minutos de contacto, de roce de nuestros cuerpos, de sentir sus fuertes brazos desnudos, calibrar su cintura. Cada una de las terminales nerviosas de mi cuerpo, por una u otra vía, recibía el estímulo de su baile “Es mío, no seas puta”, me dijo mi amiga cuando nos sentamos, con una sonrisa torcida. Y yo lo recordé: esa noche no era, no podía ser mío.

    Esa noche no dormí. No me preocupaba saber que en la habitación de al lado, Mariano se estaba cogiendo a mi amiga, sino las múltiples razones por las que no podía, no debía ser mío. Desnuda, me rozaba con el lino de las sábanas y casi me hice daño con el consolador que a veces llevo a mis viajes.

    Regresé a la capital sólo por un día y volé al extremo norte. Solo pensaba en Mariano, solo en Mariano y no podía concentrarme en el trabajo, el trabajo que seguíamos haciendo, para el mismo grupo, con la misma gente. No podía concentrarme y todo me salía mal, pero el tercer día, que tenía la tarde libre milagrosamente, gracias al FB (¡inició la era del FB, FB bendito!) encontré en la misma ciudad en que yo estaba, a Salvador, un antiguo alumno con el que me mantenía en contacto por FB. Me gustaba, me encantaba su acento norteño, sus ojos de golondrina, su esbelta figura y tras largo día que incluyó carne a la parrilla y partido de beisbol, terminamos haciendo el amor en mi hotel.

    Desde que empecé a besarlo, desde que acaricié sus piernas de futbolista, pensé en otros labios, en otras piernas… en los labios y las piernas de aquel sureño que me había hechizado. Cuando mi amigo del norte me penetró, cuando la verga de Salvador se deslizó dentro de mí, era la verga de Mariano la que mágicamente me penetraba. Aquel chico casi desconocido, apenas tocado durante el baile, aquel de los ojos milagrosos y el fuerte pecho, los velludos brazos escote mágico; aquel, cuya mirada me imantaba; aquel, cuya magia me hacía descreer de la ciencia.

    Regresé otra vez a la capital, a mis labores cotidianas. Busqué pretextos para escribirle sobre diversas cosas y encontré pretextos para que me escribiera. Bendito FB… que tuve que cancelar, porque mi marido llegó a sospechar. Pasaron diez meses. Dirán que es un recurso literario, pero en esos meses no dejé de pensar en Mariano… Y a veces, también en Salvador. La verdad es que ahora pienso en Salvador cada vez más, pero esa es otra historia.

    Pasaron diez meses de fantasías desesperadas, los últimos diez meses en que realmente intenté serle fiel a mi marido. Por fin, volvieron a enviarme a la ciudad de Mariano. Esta vez, yo sola. Solo estaría un día y una noche y apenas tuve tiempo de invitarlo a cenar, rezando, poniendo veladoras a la imagen de San Judas Tadeo. “Que venga, que cene conmigo” Que cenara conmigo, sólo eso pedía, que cenara… y le hablé por teléfono.

    Aceptó la invitación y yo preparé los pretextos para la gente que me invitó: “Estoy muerta. Ni hambre tengo”. A las nueve me dejaron en el hotel. Me retoqué un poco el maquillaje, cambié mi traje sastre por un vestido rojo de tirantes, de una sola pieza, me puse las tangas de guerra y una chaqueta de cuero negra, como las medias, y a las nueve y media estaba en la mesa del restaurante en que nos habíamos citado. Me pedí una cerveza bien fría y traté de apagar mis fuegos, mis íntimas fantasías. “Sólo cenaré con él –me mentía a mi misma- sólo cenaré”.

    Tres horas después, pasada la medianoche, en un pequeño y hermoso bar, tres horas después de mirarlo, de desearlo, de querérmelo coger, de ver que él no daba paso en firme, le pregunté: “¿Puedo besarte?” Y no dejamos de besarnos el resto de la noche, hasta llegar al hotel, dos horas después, yo empapada y feliz. Ya había masajeado su verga por encima del pantalón, su mano había subido por mis muslos, su pecho había sido besado por mi boca, mi vagina estaba empapada y su pito espléndido en su grosor.

    Tan pronto entramos, le bajé los pantalones y sin advertencia, me metí su precioso trozo en la boca y empecé a chuparlo como poseída, no con la delicadeza que acostumbro, sino de inmediato. Mariano jadeaba mientras yo disfrutaba la textura de aquella gloriosa verga. Le fui quitando los zapatos, los calcetines, los pantalones, sin dejar de mamársela de abajo a arriba. Le empecé a besar los huevos, de tamaño normal, las ingles, le apreté las nalgas, que son pura fibra, y regresé a la verga, hasta que él se movió, me levantó en brazos, me acostó, me desnudó a zarpazos y me la metió, dejándome los ojos en blanco. Poco a poco entró toda y él embistió con fuerza, cada vez con más fuerza, viniéndose en tremendo orgasmo al mismo tiempo que el mío.

    Pero cuando me sacó la verga, aún la tenía durísima. Se la cogí y empecé a chupar y a succionar tan hermosa verga para pronto sentarme en ella, empalada de arriba abajo, gozando aquella noche interminable que abrió mi vida a tres meses de enamoramiento total: sí, amaba, amé, amo a Mariano tanto como, al mismo tiempo que amo a mi marido. Sí se puede.

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  • Sexo terapista

    Sexo terapista

    Está terapia es para gozar.

    Yo siento que disfrutaste tanto de mi instrumento que se vino tu panocha tan solo con chuparlo.

    Es una delicia maravillosa que una verga en tu boca provoque un orgasmo sin meterlo siquiera, una deliciosa mamada de pitote y de guevotes provocaron tal evento, liberar un orgasmo de placer, luego con mis dedos dentro de ti, tocando el punto exacto, para explotar en un maravilloso orgasmo tuyo.

    Apretar las piernas. Sentir mis dedos, disfrutar mi chupadas de pechos y mamadas de pezones mientras te masturbo con mi mano dentro de ti y me aprietas con tanta fuerza que lastimas mis otros dedos mal puestos, te contraes, gimes y disfrutas como nunca unos dedos adentro y una verga en la boca.

    Te la meto toda, gruesa, erecta, firme, venosa, palpitante ansiosa de las mamadas que le das, a punto de explotar y venirse me pides ponerte de perrita, me pones el culo, tus nalgas paradas tu panocha abierta de piernas, siento la entrada de tu vagina, la entrada a la felicidad mutua, y erecta la hundo en ti y la sientes toda, tu cuerpo goza y gimes de pasión, gozas de placer, disfrutas de mi pito dentro, te doy para dentro y lo recibes gustosa y feliz, mujer plena y completa, está llena la panocha y el pito dentro, el calor es intenso, la estancia agradable, la posición exquisita, la vista panorámica de tu cuerpo desnudo, empinada en cuatro.

    Me muevo y me quiero unir más, no entran mis guevos que tocan el clítoris, y chapolean de jugos, empiezas a sentir el clímax, el orgasmo se avecina y mi verga a lo que dentro de ti, gimes y gritas de placer intenso, no quieres que acabé, se prolonga el placer y mi pito goza la humedad y la presión y a punto está de explotar sus líquidos, que tan pronto te aviso y expuso mi leche, mi semen te inunda tu cavidad y se inflama tu interior, empieza el orgasmo, es intenso y fuerte, feliz, incontenible lo expulsas, tus glándulas explotan inundan el lugar y chorrean líquidos mutuos, mojas todo, gritando ser tu cabrón cogelon, otro orgasmo después y ya sin contarlo mi verga chorrea y lo sacas.

    Ha completado su tarea, y tú aún sin reponerte gozas esos instantes posteriores, en espasmos, aún la sientes dentro, esa sensación de placer no se termina como mi pito, goza también ese instante y sigues en cuatro palpitando tu panocha, se queda pasmada unos instante, el pito de fue a lavar, lo a mucosidad de ambos chorrean del pito que sigue erecto.

    Hasta que lo lavo y lo limpio, cumplió y termino chorreado, la cogida fue deliciosa, te limpias el exceso de moco de la panocha y los escurrimientos de las piernas chorreadas, y te recuestas y te tapas, cubres tu cuerpo, la sensación sigue aún latente, el placer fue delicioso, culminó exitosamente y reposa del placer.

    Todo se olvidó, vuelves a la realidad, estás en un cuarto de hotel con un hombre que te acaba de coger un buen cabrón.

    Es un experto en la parchada, te hizo gozar, disfrutar y venirte como nadie, ni contaste los orgasmos, quedaste rendida y temblorosa de las piernas, agotada y sedienta, de tanta agitación de placer, y de orgasmos, te viniste mucho y podrías seguir hasta la fatiga, Pero él no, su pajarito está vencido, flácido e inapetente, ya se comió tu cuerpo y te dio dos veces su semen, te inundó la vagina y te colmo de placer intenso, con su instrumento de la felicidad extrema

    Ni piensas nada, estás como ida, ausente sin pensar nada, solo disfrutas ese instante, junto a ese hombre culpable de tu estado, complaciente y cabrón por no cogerte tres veces por semana.

    Cómo es posible que solo te coja una o dos al mes.

    Te despides y te vas, tus piernas apenas responden esa caminata a tu transporte, te subes, pagas y te bajas, llegas a tu casa y te acuestas te quedas dormida, ese vaso de agua te calmó un poco la sed y el hambre, ero estás satisfecha y feliz, y lo disfrutas y te quedas dormida profundamente.

    Ya mañana será otro día y esto durará al menos hasta que tú cuerpo pida más.

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  • Familia complicada (6): Asedio a mi hermanastra

    Familia complicada (6): Asedio a mi hermanastra

    He tenido un poco abandonada la historia, espero tener un poco más de tiempo ahora. Gracias por leerla.

    Parece repetitivo y siempre lo digo. Mi vida dando cambios radicales permanentemente, hasta no hace mucho era el nerd, alguien prácticamente ignorado por la mayoría, ahora era un escultural atleta, tenía una sumisa a disposición, tenía algo que todavía no sabría definir con mi hermanastra. En la facultad pase de ser un don nadie a ser mirado con respeto por los hombres y deseo por las féminas, si y no cualquieras, la mayoría eran del grupito de Laura.

    La pelea en parque se había hablado toda la semana, el musculito no había aparecido, había rumores de todo tipo, algunos decían que estaba grave en el hospital y otros que lo que realmente dañado tenía era su orgullo y que por vergüenza no iba a la facultad. Hay que ver hasta donde llega la imaginación de la gente, de la pelea había pocos videos y la mayoría no se veían bien, o porque estaban grabados desde lejos o porque empezaron a grabar cuando la pelea estaba por terminar, y eso alimento más la ignorancia y las habladurías cada una más exagerada que otra, esto hizo que fuera la estrella esa semana

    Yo seguía con mi vida, hacia lo mismo de siempre, me juntaba con mis amigos y Flor, asistía a todas las clases, esa semana solamente pude ir dos veces al gimnasio, donde fui recibido con aplausos y entre risas.

    Como dije todo normal, debía dejar pasar lo de la pelea y concentrarme en los próximos exámenes, aunque me resultaba difícil apartarme de todo eso, aunque esperaba que fuera algo pasajero, algunos populares se acercaron a hablarme pero la gran mayoría me veía como alguien peligroso o para respetar. Después me enteré que uno de los rumores más difundimos era que mi padre era un poderoso mafioso y que tenía muchos hombres, por supuesto muchos sabían la verdad, pero quedó esa leyenda popular y eso servía solo para una cosa, que se hablara más de mí.

    Con mi hermanastra las cosas estaban raras, no nos hablábamos y nos evitábamos, lo del beso fue muy fuerte para los dos, y yo pensaba, pero si nos hemos visto desnudos, nos hemos espiado y masturbado en el proceso. Pero el beso, fue algo trascendental, fue como aceptar que ambos nos deseábamos, era reconocer que conocíamos el secreto del otro, era el fin del juego. Pero no estábamos listos hablarlo, ella me evitaba todo lo que podía, casi nunca estaba en casa y cuando estaba lo hacía encerrada en su habitación. Parecíamos dos niños, bueno no es que yo fuera el hombre maduro, pero bueno pienso que iba creciendo a pasos agigantados.

    Había cambiado de novio, nuevamente, si a mí me preguntan, tenía a varios y se mostraba con el que le convenía en ese momento, una zorra de cuidado la nena. En este caso era un pelele, uno se daba cuenta a la distancia que lo manejaba como quería. Alejado completamente del estereotipo de los musculosos, este era un chico de dinero, muy elegante, hermoso, era como el Kent de Barbie. Flaco, alto, rubio de ojos claros, muy blanco, con muy delicadas facciones.

    Parece que nunca se hubiera esforzado en su vida. Estaba en los últimos años de la facultad, y la pasaba a buscar en un flamante BMW serie 3, mi zorra hermanastra tenía taxi de alta gama propio con chófer, hasta lástima me daba el pobre por como lo trataba. Nosotros lo veíamos cada vez que la iba a buscar, incluso para cosas insignificantes, también veíamos los regalos y muchas veces eran descartados por ellas y el pobre se volvía a ir con ellos. El lunes lo presento y más por la insistencia de mi madrastra a que se bajara el chico del auto para conocerlo.

    Nos saludó muy formalmente a todos, con la mano a mí y a mi padre, y con dos besos a Gabriela, la mano la daba suavecito, sin esfuerzo, como de compromiso más que por saludar. Realmente era alguien patético controlado y dominado por Laura.

    El martes pase por lo de Flor, su madre se iba a comprar y nos daba un tiempo de intimidad, ella pago la calentura que tenía con mi hermanastra, aproveche la hora y media que estuvimos solos para darle sin parar, se me acabaron los tres preservativos que llevaba y como seguía con ganas me tuvo que hacer un oral mientras yo jugaba con mis dedos en su ano, fue una tarde gloriosa, aunque yo seguía caliente, vivía caliente por todo lo que estaba viviendo.

    Fer: Vas a tener que tomar precauciones, porque la próxima vez no usare preservativo, y no te quiero preñar, no todavía. -Ella solamente asintió.

    La Facultad no quedaba lejos de mi casa, y hacia el trayecto caminando. En realidad, no me molestaba no tener vehículo, disfrutaba caminar, aunque si estaba ahorrando para uno, más que nada para los fines de semana o los trayectos largos. El jueves era el día que más tarde salía de la facultad, ya de noche. Laura sabía mis horarios y el camino que yo tomaba cruzando por el parque, porque más de una vez lo hicimos juntos, ella ese día salía temprano. Iba perdido en mis pensamientos, con mis auriculares, pensado en todo lo que me había pasado últimamente, cuando veo el BMW blanco de nuestro querido pelele, estaba en lo oscuro del parque, donde no transita mucha gente.

    Lo primero que pensé es que le había pasado algo, por la posición del auto, de punta bajo un frondoso árbol, me acerque por el lado del acompañante para darme cuenta lo inocente que soy a veces y lo zorra que es mi hermanastra.

    Fer: Hija de su puta madre -Se me escapo por lo bajo.

    Laura estaba en el asiento de atrás del auto, con su minifalda remangada y su novio entre sus piernas comiéndoselo a gusto. Lo mejor de todo es que parece que Laura me estuviera esperando, es más me dedico una sonrisa mostrándome sus dientes, una sonrisa cargada de erotismo, a continuación tomo los pelos de su novio y lo hundió más contra su entrepierna. Aquella situación era muy morbosa, y yo como he dicho venia caliente desde el beso con ella. Sin pensarlo me acerque al auto quedando casi pegado al vidrio de la puerta.

    Y como dije sin pensarlo, ya que no me subía sangre al cerebro porque se dirigía a otro lado, saqué mi pene, Laura lo vio y se quedó congelada por unos segundos con la boca abierta, la tenía durísima y empecé a masturbarme mirando fijamente a sus ojos. Ella se recuperó y apretó aún más si se puede la cabeza contra su vagina, yo seguía meneándola, moviéndola y Laura miraba mi pene y mis ojos, en momento dado se abrió la camisa y bajo el sujetador dejando al aire sus dos tetas, y con su mano libre pellizcaba y apretaba uno de sus pechos, tan fuertemente que quedaban colorados, yo no perdía detalles de nada y nuestras miradas se cruzaban permanentemente.

    Hasta que ella no pudo más y emitió un sonido gutural bastante largo, que anunciaba su orgasmo, también soltó la cabeza del fulano, yo todavía no había acabado, pero como pude me fui de ahí, ella me busco con la mirada y con mi mano le hice la seña del pulgar para arriba como que todo estaba bien, una sonrisa se dibujó en su rostro y no vi más nada.

    Quince minutos después llegaba a mi casa y para mi sorpresa también Laura con su novio, esta se bajaba del auto dando un portazo, y el pelele corriendo atrás de ella como un perrito faldero, ella se dio vueltas enojada, parecía no haberme visto ya que me faltaban un par de metros.

    Pelele: Cariño, cari déjame compensarte.

    Laura: Compensarme los huevos -dijo furiosa- yo no puedo creer lo pincha floja que eres, yo necesito un verdadero macho a mi lado -Dijo esto metiéndose a la casa enojadísima, él me vio y de la vergüenza saludo de pasada y se fue.

    Ella se encerró en su cuarto y no salió a cenar, por más que su madre fuera a llamarla, cuando volvió Gabriela la disculpo diciendo que seguro había peleado con su novio, y de qué manera pensé yo, riéndome por lo bajo.

    Ya en mi habitación intente ver por la cámara si podía ver algo de Laura, pero tenía la cortinas cerradas, como vetándome el derecho a espiarla. Yo me tuve que masturbar, por supuesto en honor a ella. Pero seguía sin poderme dormir, todavía la tenía como el mástil de una bandera. Yo ya pensaba que tendría que hacerme otra, cuando escuche ruidos en la lavandería. Mi habitación es la única que está en planta baja. Salí despacio y vi a Laura poniendo ropa en el cesto de la ropa sucia. Iba vestida muy diferente a los sensuales conjuntos de otras veces, una remera vieja desgastada, y un pantalón muy fino ancho. Claro que Laura se vería bien hasta vestida de mendigo. Me vio venir por el pasillo, y no encendí la luz, me daba morbo esa intimidad entre penumbras.

    Fer: ¿Qué pasa? ¿No puedes dormir?

    Laura: Y a ti que te importa.

    Fer: Ah ya veo, esa ira se llama insatisfacción sexual. ¿Que pasa el pelele tuyo no te sirve?

    Vi venir la cachetada, no quise impedirla, fue más fuerte de lo pensado, pero yo ya estaba curtido y no fue mucho. A ella no le gusto que después de recibir el golpe yo solamente la mirara sonriendo, esto hizo que largara fuego por los ojos. La segunda no la iba a permitir y en el aire tome su mano, y la aplaste contra la pared, ella se movía para zafarse de mí queriendo pegar con su otra mano, la inmovilice como pude. Su respiración era profunda, más que respirar parecía un toro que iba a envestir a alguien, le faltaba sacar vapor por la nariz.

    Entonces me arriesgue y la bese, ella no colaboro, es más quiso golpear mis bolas con su rodilla, aunque la posición se lo impidió. Se negó, y se negó. Hasta que de un momento a otro nuestras lenguas entraron en un combate épico, ella ya tenía el cuerpo laxo y sin hacer fuerza, nuestro beso se volvió obsceno, era ver quien le metía más la lengua al otro, quien podía chuparle mejor la lengua, la saliva entre ambos era abundante, fue un beso eterno, que en realidad duro un poco más de un minuto. Nos separamos para poder coger aire, ella tenía la boca abierta y respiraba agitada, sus ojos estaban vidriosos. Pasaron un par de segundos y quise volver a besarla, pero ella parece recordar algo, me empuja y logra zafarse.

    Laura: Que eres un imbécil -dijo mientras se iba.

    Yo la verdad no entendía muy bien lo que pasaba, tal vez a Laura le pasaba lo mismo, y tenía una maraña de ideas y pensamientos. Miré el cesto de la ropa sucia, y vi el tanga, completamente húmedo y con partes donde ya se había secado, pero quedaba la mancha, las sábanas más de lo mismo, ahí me di cuenta que se la debía haber pelado, su vagina debía estar en carne viva de tanto darse placer. No me quedo otra que irme a mi cuarto con esa incógnita y a masturbarme nuevamente, yo también me la iba a dejar a carne viva tanto darle.

    El viernes terminada la semana de estudios, me fui para casa de Flor, en si no podíamos hacer mucho, ya que le había venido y yo que pensaba reventarla, quería descargar todo con ella. Flor usaba un tampón, por lo tanto, podría hacer de todo menos penetrar su vagina. Ni bien su madre se fue nos desvestimos rápido, no queríamos perder tiempo y empezó a comérmela, que buena que se había vuelto, a mi favor tengo que decir que la había entrenado a mi gusto.

    Daba un buen repaso de todo con su lengua, parecía que comía una paleta helada, para después concentrarse frotarla mucho y lengüetear la cabeza, para cuando ya estas a punto introducirla toda con buen ritmo mientras hace un buen masaje de bolas, se había vuelto una experta, también gracias a los concejos de su madre.

    Con penetraciones profundas en su garganta. Yo estaba sentado en el sillón de su habitación, ella a mi lado subida al sillón de rodillas haciendo un gran trabajo, su cabeza subía y bajaba, me la mamaba quedando en cuatro, esto me posibilita acariciar sus pechos qué en ese momento hacía un trabajo similar al ordeñar una vaca, y con mi otra mano jugaba con su vulva y ano. Cuando introduje un dedo en él costo bastante, noté cierta molestia de su parte, no estaba tan excitada como el martes. Ella se incorporó y pidió permiso para hablar.

    Flor: Amo, mi madre me ha hecho un regalo para estos casos -yo sabía que le contaba todo, y lo permitía porque hasta ahora me había sido muy útil.

    Fer: A ver qué te regaló tu madre.

    Flor se acercó con un tubo de crema, cuando lo leí decía, Gel Intimo, más abajo en letras pequeñas, gel lubricante de uso íntimo, apto para uso oral, vaginal y anal, con sabor a fresa.

    Fer: ¿Este es el que usa tu mamá cuando le rompe el culo tu padre?

    Flor: No, mi padre ya no tiene erección tan fuertes como para penetrar analmente, pero mi madre me dijo que este era bueno para nosotros para que mi culito no sufriera, y como tu herramienta es tan grande, tampoco va a sufrir ella -dijo señalando el miembro.

    Fer: ¿Que más te dijo?

    Flor: Esta mañana me llevo a la ginecóloga, y me dieron las pastillas, así evito que usted me preñe -Me miro y bajo la cabeza- o hasta que usted lo decida.

    La madre de Flor siempre era una sorpresa, y siempre salía yo beneficiado.

    Fer: Rápido ponte en la misma posición que recién a comérmela, así te trabajo de paso el culito -lo hizo rápidamente y empezó con mi miembro que había perdido un poco de rigidez- voy a tener que desvirgarte ese culo cuanto antes o buscarme a otra puta para cuando tengas la menstruación.

    Flor: alguien como Laura, o más puta -Dijo apenas sacando el miembro de la boca, para continuar el trabajo, la levante un poco del mentón.

    Fer: ¿Tú que sabes de eso?

    Flor: Nada, pero si veo que entre ustedes dos hay una tensión sexual muy grande.

    Fer: ¿Y eso te molesta?

    Flor: no para nada, mi madre me ha dicho que los hombres como tu generalmente tienen varias mujeres, mi padre ha tenido varias mujeres desde que esta con mamá, incluso a compartido muchas con ella, hasta no hace mucho hacían un trío una vez por semana con su secretaria- mira el viejito es un auténtico maestro -yo soy exclusivamente tuya para que hagas lo que quieras, aunque no me gustaría que me cedieras a otro hombre, lo haría si es lo que decides.

    Fer: ¿Y a otra mujer?

    Flor: esa idea no me desagrada tanto -dijo sonriendo y volviéndose a meter el pene en la boca, Flor era una mina de oro para mí.

    En mi cabeza se empezaba a diagramar un plan, y me reía mientras exigía a Flor más profundidad y velocidad en la mamada. Tenía que poseer a Laura, hacerla mía y Flor me iba a ayudar a cumplir mis metas. Tome el celular de la mesa contigua al sillón, y le anuncie a mi zorrita que la iba a grabar cuando eyaculara, que diera un buen espectáculo y que se viera en primera toma todo eso, ella pareció gustarle porque los dos dedos en su ano desaparecieron de inmediato mientras mi mano izquierda hacia malabares para tener una buena toma, tuve que dejar el celular en el respaldo y poner la cámara frontal porque mi pulso no permitía una buena toma.

    Flor se desato con una mamada bien profunda, cuando le avisé que estaba próximo le di a grabar ella se sacó el pene de la boca y la puso a un par de centímetros del miembro que empezó a escupir semen, en la boca, mejillas y pelo de ella, parecía que mi miembro se quería lucir porque lucía poderoso, fuerte, brillante lleno de saliva, con las venas marcadas y me parecía que un poco más grande de lo habitual.

    Tenía buenos planes con ese video, y se los conté a Flor, ella a parte de mi sumisa era parte importante en mi vida como mi compañera. Llegue a casa, mi padre tenía un asado en el gimnasio, el cual me habían invitado el miércoles y lo rechace ya que quería ir a desahogarme con Flor, entonces cene con Gabriela y Laura, yo con mi madrastra tuve una charla ligera y amena, mientras mi hermanastra nos ignoraba con su celular. Después de una sobre mesa tome un café con Gabriela y Laura se fue a su habitación.

    Ya más tarde en mi cuarto aproveche y conecte la cámara del patio, pude ver poco de su habitación, pero me di cuenta que se había preparado para masturbarse, una peli porno en su PC y cada vez que pasaba por la mísera parte de la ventana que podía ver, la veía semi desnuda. Espere un rato a que su masturbación este en un punto caliente y le mande el video por WhatsApp, lo mande de forma que se podía ver una vez, pasaron unos minutos y Laura me envió una mano con el dedo medio extendida, a lo que respondí con un beso.

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  • Ser modelo webcam

    Ser modelo webcam

    Ser modelo webcam es lo más divertido que me ha podido ocurrir. Anoche ofrecí un espectáculo inolvidable. Mis piernas estaban juntas y la cámara transmitía en primer plano mi culo. Yo apretaba el agujerito del ano para excitar a mis clientes, contrayendo y expandiendo su belleza. Sé muy bien que es la pose que más divierte a mis espectadores.

    Mientras tanto, con los dedos de mi mano derecha me masturbaba, acariciando mi clítoris. Al cabo de un rato, dejé de repetir el movimiento de contracción y expansión mi ano. Y entonces, introduje con gusto mi dedo índice en mi ano. Los comentarios de mis clientes demostraron la fascinación que les causaba eso. En realidad me gusta usar mis dedos para estimular mi ano.

    Estuve unos diez minutos así, masturbándome y estimulándome con ambas manos. Me entregaba al placer con gusto. Al cabo de dos años trabajando en esta industria, puedes dedicarte con gusto al placer. Cuando me inicié, los nervios no me dejaban actuar. Así que la satisfacción que simulaba no coincidía con lo real.

    Hoy, cuando me masturbo frente a la cámara, en realidad lo estoy disfrutando. Me gusta ver cómo mis dedos describen círculos sobre mi vagina. Me encanta ver los comentarios de mis clientes incitándome. Me llena de emoción saber que me dejó llevar por las experiencias nuevas. Sí, las experiencias que me sugieren mis espectadores sobre mi trabajo como modelo webcam.

    —¿Qué más le gustaría que hiciera? —dije anoche tras llegar a mi orgasmo—. ¿Alguien tiene una idea para continuar con este show?

    —Acerca tus tetas a la cámara y mándame un beso —dijo el usuario Dark-Knight—. Eres una rubia muy hermosa.

    —También mándame un beso a mí. Te doy 5 tokens ya mismo —pidió Michel.

    Sin dudarlo, cumplí los deseos de ambos usuarios. Sé muy bien que se fascinan cuando pronuncio sus nombres. A Michel le di un beso directo en la cámara. Y luego, le lancé un beso soplado. Es decir, besé mi mano derecha, antes de ubicarla sobre mi mentón y soplar. Ese es un gesto muy provocador de toda modelo webcam.

    Siempre he trabajado sola. Así que debo jugar con mi imaginación constantemente. El otro día ubiqué mi cámara web justo frente a mi vagina. Así que era posible apreciar todo. Y cuando digo todo, es todo. Se podían ver con nitidez los labios mayores, los labios menores. También el huequito de la uretra, el clítoris y el hueco de la vagina.

    Sé muy bien que mis clientes se deleitan con el chorreo del líquido vaginal. Bueno, me refiero a ese líquido viscoso y suave al tacto. De hecho, para mí genera gran sensación cuando lo tengo en mis dedos. Es interesante cuando entre mis dedos logró formar un puente colgante de ese líquido. Fluido vaginal es el nombre más exacto, aunque otros lo llaman mucosa vaginal.

    Yo tengo el gusto de ver desde otra pantalla lo que está ocurriendo en mis sesiones de modelo webcam. No tengo que mirar directamente a la pantalla de mi laptop. Así que también me siento a gusto observándome a mí misma, teniendo sexo conmigo misma. En medio de ese espectáculo de primer plano de vagina, uno de mis clientes dijo:

    —Toca la cámara con ese fluido.

    —Si vamos, tócala. La semana pasada vi a otra modelo webcam hacerlo.

    —¿Están seguros? —dije.

    —Sí, hazlo —respondieron otros.

    Así que me levanté de la cama y con la punta de mi dedo índice toqué el lente. Tras ver el resultado en la pantalla de mi habitación, acepté que valió la pena. A mis clientes también les gustó. Así que empezaron a llover notificaciones de tokens. A pesar de que la cámara estaba sucia, se podía ver con claridad mi rostro. Empecé a lanzar besos con mis labios a todos, para agradecer.

    Luego tuve que usar un pañito húmedo para limpiarlo. No es la primera vez que lo hago. Ya en otras ocasiones había tenido que hacerlo. Sobre todo cuando tras tener un squirt, el jugo vaginal salpicaba el lente. Y hablando de salpicaduras: sé lo mucho que a los espectadores les gusta el spitting.

    Es algo que los espectadores piden con frecuencia. El spitting, como su nombre lo indica en inglés, alude a escupir. Para mí también resulta excitante la idea. El otro día, vi a un par de modelos webcam ofreciendo un “spitting contest”. En otras palabras, un “Concurso de Escupir”. Las dos intercambiaban escupitajos por turno. Así cada una mantenía su boca abierta para recibir la descarga de saliva.

    Honestamente fue algo que me excitó. También me gusta hacerlo. Pero en mi caso, como soy modelo webcam independiente, lo hago sola. Ya tengo dominada la técnica de escupir. Para mí es tan sencillo como disparar un dardo y acertar en el blanco. Pero a veces los escupitajos caen en distintos lugares.

    —Cuánto me gustaría tragarme esa saliva, querida Verónica —apuntó uno de los espectadores—. Lanza más, lanza más.

    —Sí, es excitante. Es grosero, es provocador —dijo otro.

    Continué haciéndolo con gusto. El sonido de las notificaciones de los tokens continuaba sonando y sonando. Debía ganarme unos 5 dólares en menos de un minuto. Yo complementaba lo de los escupitajos de saliva, masturbándome. Y a veces acariciaba mis tetas hermosas de modelo webcam. También les gustaba que dejará un poquito de saliva en mis labios apretados.

    Al principio de ofrecer este servicio, algunos escupitajos caían en el lente de la cámara. Y aún a veces ocurre. Solo que ahora el lente no queda manchado. Porque, antes de iniciar el spitting, coloco un tablero, un panel transparente. Lo sensacional de este panel es que puedo escupir de frente.

    Así que en pantalla el resultado es aún más excitante. Yo continúo con la labor de escupir hasta que en los comentarios piden algo distinto. Entonces corro el panel que protege a la cámara y comienzo a masturbarme. La creatividad de ofrecer un espectáculo distinto a los de siempre se mantiene.

    Soy una modelo que apenas tiene 23 años. Me inicié en esto desde hace un año. Lo hice después de terminar mi relación con mi novio. Es mucho el dinero que gano a diario por esto. Mis padres aún no lo saben. Yo tengo un as bajo la manga para evitar que lo sepan. Y es que no trabajo desde casa. Lo hago desde un motel. Tengo que pagar el doble al administrador para que me deje usar sola la habitación. Pero es un costo que tiene una alta rentabilidad.

    Ahora que lo pienso, creo que meter dedos en el ano es lo que más complace a mis espectadores. Todo lo que tiene que ver con lo anal los excita tremendamente. Como modelo webcam puedo certificar esto, por las vibraciones que me da mi consolador. Que suerte tenemos las modelos de tener ese aparato que se estimula con los tokens.

    Hace unos días, sentí como ese vibrador llenaba de sensaciones mi cuerpo. Sentí que ese aparato iba a estallar en mi vagina. Y todo porque unos minutos antes había comenzado a meter dedos en el ano. Esta es una práctica también conocida como ass fingering. En ese momento, como en otras ocasiones, la cámara transmitía en primer plano. Mi culo era el protagonista.

    Yo me había colocado en cierta posición desde la que era notable mi rostro. El extremo rosa del vibrador salía de mi vagina. Yo iba a introducir mi dedo, porque un espectador lo había pedido. Y entonces, cuando lo introduje en mi ano, la lluvia de tokens comenzó. Y como esos tokens están sincronizados con mi vibrador, mi cuerpo comenzó a estremecerse.

    Mis ojos se colocaron en modo blanco por varios segundos. Era un estremecimiento único e imprevisto. Como si hubiesen hundido en mi interior una verga gruesa y larga. Mi dedo aún permanecía en mi ano. Cuando logré reponerme al efecto, observé de inmediato los comentarios.

    —Qué delicia, cariño —escribió uno de mis clientes—. Ver a una mujer meter dedos en el ano me excita mucho.

    —Vamos continúa, te seguiré dando todos mis tokens—apuntó otro.

    —Húndete esos dedos bien a fondo.

    Tengo que confesar que tengo muy buena experiencia en el sexo anal. Desde que me inicié en la masturbación no tardé en prestar atención a mi ano. Así que lo he sabido estimular. Actualmente no siento ninguna molestia cuando hago eso de meter dedos en mi ano. Mi último novio se dio gusto teniendo sexo con mi ano. Realmente, a la hora de masturbarme, eso es algo que me complementa. Es delicioso el ass fingering.

    Tal como lo dije anteriormente, soy una mujer rubia. Tengo unos pechos muy bonitos y unas piernas muy atractivas. Sé que soy hermosa. Y me siento orgullosa de serlo, porque eso me ha garantizado buen sexo conmigo misma. Lo disfruto mucho. Y más cuando lo hago frente a la cámara, complaciendo a mis espectadores.

    Cuando estoy frente a la cámara, generalmente uso medias de seda. Esa lencería me hace ver muy hermosa y provocadora. También suelo usar vestidos elegantes o temáticos. Me he vestido de policía, bombero, secretaria, entre otros. Tengo mi colección de disfraces y otras cartas bajo la manga. En este negocio hay que ser muy creativo.

    —Saca otro papelito, saca otro papelito —dijo ayer mis clientes con frecuencia—. Ojalá que vuelva a salir eso de meter dedos en el ano. Quiero el papelito de ass fingering.

    —¿Seguro que quieres que vuelva a hacerlo? Porque recuerda que no depende de mí, sino de la suerte.

    —Vamos, vamos, sorpréndenos. Déjanos saber que sale.

    Así que metí mi mano en la urna de cristal y saqué un papelito. No salió lo de meter dedos en el ano, pero sí la de “ass spread”. Como lo dice su nombre en inglés, esto significa culo abierto. En este caso, el show consiste en aproximar más la cámara a mi culo. Generalmente lo hago de pie.

    A los espectadores, les encanta que empiece a manosearme mi culo. Pero sobre todo, que haga contracciones con mi ano. Mi ano se expande y se retrae. Ese movimiento da una sensación muy excitante. Generalmente pienso que mi ano se convierte en dos labios bien estrechos. Sí, como cuando uno está a punto de dar un beso.

    La sesión de “ass spread” o culo abierto se prolongó durante varios minutos. A mitad del juego usé aceite lubricante en mis nalgas, lo que las dejó brillando. Mis manos se deslizaban con mayor facilidad por mi piel. Era delicioso manosearme, sentir que estaba teniendo sexo conmigo misma.

    Después me retiré de la cámara y caminé hasta la cama. Me arrodillé sobre ésta en posición de cuatro. Durante un buen tiempo le estuve dando fuertes palmadas a mis nalgas. Algo que también generó provocación en mis espectadores. Los tokens se intensificaron, logrando que mi vagina vibrara de emoción.

    —¿Quieren algo más? —pregunté—. ¿Vuelvo a elegir otro papelito?

    —Sí, veamos qué hay de nuevo en el menú —dijo Dark-Knight.

    —Sí, escoge uno nuevo.

    —Pues allá voy.

    Saqué el papelito y descubrí la palabra “consolador anal”. Me levanté de la cama y coloqué el papelito frente a la cámara. Tomé el consolador sexual de mi cama e inicié el show. Como ya tenía el ano lubricado, el consolador entró con suavidad. Mientras tanto, el vibrador seguía en el interior de mi vagina.

    Estuve introduciendo el consolador en una posición desde la que se apreciaba mi rostro. Así, mis espectadores podían contemplar mi rostro de satisfacción. El periodo de “consolador anal” generó grandes sensaciones entre mis espectadores. Yo iba leyendo los comentarios con la misma emoción.

    Cuando uso el consolador, la satisfacción es mucho más intensa. Es algo distinto a lo que se alcanza con el ass fingering. Porque el consolador es más grueso, más “anatómico”. Mis gemidos de satisfacción eran reales. Mis espectadores lo sabían a la perfección por el número de tokens que estaba recibiendo.

    Y es que es fascinante combinar la estimulación anal con la vaginal. Si logras tener un dominio perfecto de ambas zonas sensibles, lo disfrutarás. Así ha sido de momento conmigo. Eso de meter dedos en el ano hay que saberlo hacer. Si eres mujeres, comienza a estimularte suavemente, hasta que lo domines.

    No sé cómo será el asunto con los hombres. Pero en lo que a mí respecta, es mi plato favorito. No siendo más me despido.

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  • Santa pecadora

    Santa pecadora

    El aire en la oficina olía a tinta seca y sudor frío, como en aquellos relatos rusos que Ares le enviaba meses atrás. Afrodita, con su vestido blanco transparentado por la humedad de su excitación— igual que la mujer de “Insolación” en su habitación de hotel—, se arqueó contra el espejo hasta empañarlo con la curva de su espalda.

    —¿Sientes cómo nos observan? —susurró, clavando las uñas en sus hombros hasta dejar marcas en forma de luna creciente—. Como en tu “Lunes Puro”… donde los amantes gemían “¡Bozhe moy!”.

    Sus muslos, cubiertos de un brillo viscoso, se cerraron como una trampa alrededor de sus caderas.

    Ares estaba goteando como cera de vela.

    —Esos amantes que creían estar solos… mientras Dios los miraba desde el rincón oscuro de la habitación. -le mencionó él.

    Afrodita trazó una cruz ortodoxa en el pecho de Ares con la punta de su lengua, saboreando el sabor amargo del miedo mezclado con el deseo.

    —Dijiste que éramos espirituales… —él le dio un mordisco en su clavícula.— Pero mira cómo rezamos ahora.

    —Tú y yo somos iguales: rezamos con los cuerpos… pero el diablo siempre toma nota.

    La mano de Afrodita descendió hasta su cinturón, jugando con la hebilla como si fuera un rosario, mientras la otra deslizaba el teléfono bajo el cojín.

    Y entonces, justo cuando él cerraba los ojos, ella le colocó una mordaza en la boca.

    —Eres tan espiritual y carnal a la vez. No huyas de mí… ¿Qué soy yo para ti, dorogóy? ¿Tu monja… o tu pecado favorito?

    Ares sintió el aliento de ella en su cuello, húmedo y ligero como el rocío en los cristales, pero no vio la sombra que se movía tras la puerta entreabierta. Apolo, su rival, ajustaba el zoom de la cámara con dedos que temblaban no de miedo, sino de placer anticipado.

    En la pantalla, la luz roja de la grabación parpadeaba.

    Apolo, con una mano grababa mientras con la otra se palmeaba la entrepierna, los dedos manchados de precum como tinta de bolígrafo barato.

    Afrodita arqueó una ceja y frotó su clítoris hinchado contra el muslo de su amante.

    —El aire huele a poder —murmuró Afrodita, mientras su mano deslizaba el teléfono bajo el cojín—. Y a traición… ¿No es eso lo que amas de los clásicos rusos, dorogóy?

    En el grupo anónimo, la captura de pantalla llegó con un mensaje:

    «Tus gemidos son tan predecibles como tus contraseñas.»

    —”Солнечный удар”… Nuestro golpe de sol. Tú me lo enviaste diciendo que eras el teniente y yo tu desconocida. Pero en el relato, ella nunca vuelve… (Una lágrima resbaló por su mejilla). —Apolo grabó nuestro final. ¿Quieres verlo… teniente?

    Sus palabras fueron como un cuchillo envuelto en terciopelo.

    La mujer de la limpieza —una silueta callada como las sirvientas de las novelas de provincia— avanzó con su trapo. Pero en lugar de limpiar el polvo, tomó el vibrador rosado que Afrodita le tendía.

    —Él cree que esto es suyo —dijo Afrodita, con la voz dulce y venenosa de una heroína. —Enséñale su error.

    La mujer lo escupió (como se escupe el vodka barato) y lo frotó contra las nalgas de Ares mientras él penetraba a Afrodita. El zumbido se confundió con el tic-tac del reloj de pared —ese mismo ritmo que se usaba para contar segundos de éxtasis y ruina.

    Afrodita gimió, empalándose en su miembro con furia litúrgica hasta que juntos se derritieron de placer derramándose el uno al otro.

    —Los pecados… siempre son alquilados, dorogóy —dijo ella quitándole la mordaza para escupir en su boca —Traga. Así sabrás mi sabor cuando ya no esté.

    Al amanecer, Ares encontró su cafetera favorita llena de granos quemados con un texto que decía: «Los secretos, como el café, se filtran» y un condón usado (el de su última infidelidad).

    Además, el espejo estaba roto al igual que su orgullo. Y para rematar el informe de desempeño estaba en su escritorio acompañado de un post-it que citaba textual:

    «La felicidad es como el sol… quema cuando más alta está.»

    Y en el aire, el perfume barato de la mujer de la limpieza —a jazmín y lejía— se mezclaba con el eco de la última frase que le había dicho Afrodita:

    —«Ahora tú eres el personaje, Ares. Y los personajes… rara vez terminan bien.»

    Inmediatamente él tuvo un déjà vu al recordar cómo el día anterior Afrodita puso un dedo sobre sus labios y dijo suavemente:

    —No hace falta palabras. ¿Recuerdas lo que te escribí? “Aunque seamos como dos orillas de un mismo río…”.

    Y en el aire, su último susurro —transmitido por el altavoz de su computadora hackeada—:

    —«Los ríos llevan secretos al mar… pero yo llevo tus gemidos al infierno.»

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  • En el tren

    En el tren

    Entrar en el tren en un día normal ya es algo complicado, pero en días donde las personas están desesperadas por llegar a casa o ir al trabajo en hora pico es otra cosa.

    Soy apretujada entre medio de tantas personas que para el momento en el que llego a un lugar donde nadie me empuja ya hasta estoy desorientada, atrapada entre un hombre mayor, canoso, parece estar saliendo del trabajo.

    Un escalofrío pasa por mi cuerpo cuando siento erección contra mi trasero, nunca me había pasado algo así antes, me aferro a mi bolso como si eso pudiera darme algo de seguridad mientras intento moverme lejos, pero es inútil, la gente me empuja, escucho sus quejas casi perdidas en el bullicio de la cabina.

    Sus manos me toman de la cadera hundiéndose en mi carne solo para moverme de vuelta a mi lugar como si yo no pesara nada, me retuerzo.

    —Señor, por favor, suélteme —apenas llego a susurrar. Creo que me tiemblan las piernas, él es lo único que impide que caiga al piso del vagón.

    Presiona mi espalda contra su pecho, una mano en mi cadera y la otra en mi suave estomago haciendo que me estremezca, puedo sentir el calor de su cuerpo, el olor de su colonia desorientándome un poco. El calor de mi cuerpo sube cada vez que su pene se frota sobre mí, no puedo creer que la primera vez que un hombre sea de esta manera.

    —No pasa nada, no tengas miedo. —Susurra en mi oído haciendo que un escalofrío recorra mi cuerpo, él se ríe suavemente. Sus dedos se hunden en mi estomago como si lo usara de soporte para mover mejor sus caderas.— No te voy a lastimar, solo se buena para mí.

    Su mano se desplaza hasta la parte delantera de mi falda y se desliza por debajo, acariciando mi entrepierna posesivamente. No puedo evitar jadear, mi espalda se tensa cuando sus dedos se aprietan suavemente sobre mí, sus dedos frotan mi sexo, trato de parecer normal, no quiero que otros nos vean aunque siendo sincera todos están ocupados en sus cosas, no quiero que vean que la idea comienza a gustarme.

    Su voz es suave y aunque es algo brusco no me lastima, no me empuja ni jala mi cabello, su mano se mete debajo de mi camiseta solo para acariciar la piel de mi cadera. Mi cara está ardiendo, por un momento muerdo mi labio mirando al suelo, me gusta saber que la forma en la que sus dedos se deslizan sin problema ahora envueltos en mis fluidos.

    Su cadera se presiona bruscamente sobre mí, está usando mi falda, mi trasero, para masturbarse. La mano de mi cadera se mueve a mi trasero apretándolo, mi falda se sube y el frota su bulto directamente en mí, el hombre comienza a jugar con mi clítoris, es algo brusco haciendo que jade en sorpresa, pero rápidamente acepto lo que hace, no quiero perderme esto aunque sienta miles de emociones contrarias. Es tan excitante, estoy siendo manoseada en un tren por un tipo que podría ser mi papá.

    —Estas tan mojada… Sabía que te iba a gustar —me susurra al oído, sus dedos están empapados mientras se mueven en mí.

    Asiento con los ojos entre abiertos, miro a su mano bajo mi falda, me alegra haber dejado de usar ropa interior.

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  • Construyendo paraísos (7): Circuito acuático

    Construyendo paraísos (7): Circuito acuático

    Por la mañana Tara tenía resaca y no dejaba de preguntar qué pasó la noche anterior, le conté nuestra bacanal romana y me preguntaba si fue verdad, decía que ella lo tenía como algo que había soñado, lanzándome miradas incriminatorias de cómo había permitido que pasara, como si yo tuviera que haber puesto freno al desenfreno, sólo fueron miradas.

    No dejé que los derroteros fueran por ahí y le mostré su regalo, el succionador, preguntando si lo recordaba, ella se ruborizó y me lo quitó de las manos. Entre risas le pregunté si recordaba cómo se usaba y si recordaba si hizo su función, a lo que procedió a encenderlo y se lo llevó a la entrepierna.

    Aún estábamos en la cama, me puse a comerle la boca y acariciar sus tetas, mientras ella maniobraba el aparato en su clítoris. Disfruté sobando, más que acariciando su cuerpo desnudo, apretando su culo, que me pedía que lo hiciera presionando cuanto más fuerte mejor. En el momento que le vino el orgasmo, yo estaba mordisqueando sus pezones y aproveché a morder con cierta fuerza, para mi disfrute y también del suyo, en ese momento en vez de molesto, acentúa su placer, se estaba corriendo con el aparato, cuanto más gusto le daba, más apretaba ella mi cabeza contra sus deliciosas tetas.

    Tras un momento quietos para recuperar el tono, Tara se dispuso a darme placer, a lo que rehusé diciendo que ya era tarde y quizás nuestra invitada nos esperaba para desayunar, si nos demoramos a lo mejor irrumpe en la habitación, le dije. A lo que me respondió que si no me gustaría eso, respondí que claro que sí, pero mejor dejemos que pasen cosas sin esperarlas.

    La mañana pasó deprisa, ya nos levantamos tarde, la pasamos bromeado y toqueteándose entras ellas y conmigo. En la comida salió el tema del rasurado púbico, ya que Nore había visto el primer día que Tara tiene el monte de Venus pelado y le contó que yo era su jardinero particular y cuidaba su jardín. Nore preguntó con desparpajo si podría ocuparme de su jardín esa tarde mientras tomamos el sol. Miré a Tara esperando que fuera ella la que respondiera, entre risas dijo que se me daba muy bien, a lo que respondí que yo encantado.

    Ya me había desnudado en la playa estando las dos, ya habíamos tenido nuestro primer encuentro sexual los tres (de los anteriores ni hablamos), así que era ridículo que anduviera tapándome y Tara no puso peros a ello, no me pareció que estuviera achispada, como la velada romana, aunque también habíamos bebido vino y chupitos en la comida.

    Dispusimos las tumbonas para que yo pudiera hacer de jardinero púbico, dos tumbonas juntas donde estábamos Tara y yo y la otra tumbona a la larga en la cabecera de las dos, allí se tumbó Nore y su triángulo de pelos quedó a mi altura, estaba algo arreglado, pelo recortado que no llegaban a formar caracolillos y ya estaba rasurado para que no sobresaliera de las braguitas.

    Con mi pinza me dispuse a quitar pelos de su monte de venus, nos miramos Nore y yo, ella entreabrió su boca y humedeció los labios con su lengua, se mostraba deseosa ante mis ojos y había que manejar la situación para que los tres nos sintiéramos integrados. Cada vez que pasaba mi mano por su sexo, para sacudir los pelos que iba arrancando, Nore se estremecía, la mano que tenía ella cerca de Tara se la pasaba por su hombro, acariciando sutilmente su piel y vi que se estremecía cerrando los ojos, parece que le gustaba las caricias de su amiga.

    Mis dedos pasaron por la rajita de Nore y noté que estaba húmeda, eso subió mi excitación y mi pene no pudo frenar la calentura, fue aumentando de tamaño sin que yo pudiera controlarlo. Ya no era roce accidental, mis dedos estaban empapados de los efluvios de Nore y se disponían a entrar en su cuevita, ella ya estaba teniendo momentos de placer mientras arreglaba su jardín.

    Tara se topó con mi polla que estaba dura y tiesa, se apropió de ella con sus manos y me la empezó a pajear, estaba a punto de correrme y Tara se dio cuenta por lo que paró, se puso de lado, cuchara, con cuchara y se la metió hasta dentro, también ella estaba bien lubricada. Querría repetir como en la playa el día anterior.

    Nore disfrutaba de mis dedos masturbando su clítoris y metiéndolos en su vagina. Ella, con la mirada al cielo, no se daba cuenta que Tara y yo estábamos follando. Movía rítmicamente mis dedos y mi polla, cada cosa en un coño. El sol bañaba nuestros cuerpos, pero la temperatura nos salía de dentro, mi excitación llevaba tiempo al límite y no tardé en correrme dentro de Tara, la explosión de leche dentro de ella hizo que se corriera en cuando lo notó, soltando un gemido. Al darse cuenta Nore que nos habíamos corrido le excitó tanto que hizo que le viniera un orgasmo quedando aprisionados mis dedos entre sus muslos mientras le daban sacudidas de placer.

    Entre risas, tras unos momentos para relamernos del gustazo que nos habíamos dado, vuelvo a la tarea jardinera y le dejo un monte de venus bien pelado. Una ducha y nos lanzamos al agua, los tres desnudos, disfrutamos toda la tarde de la piscina, del jacuzzi y de la sauna, además del sol. Jugueteamos con achuchones, palmaditas, abrazos, caricias, restregones… unas veces entre ellas, otras veces alguna de ellas conmigo, yo disfrutaba de sus tetas y de sus culos indistintamente. Un Adán con dos estupendas Evas. Nuestro paraíso.

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  • Como conseguí una aventura brutal en la disco

    Como conseguí una aventura brutal en la disco

    Estaba en la disco con unos amigos, justos habíamos aprobado el examen final, era hora de festejar, y como es común en estas situaciones, es obligatorio perderse un rato entre copas y colillas.

    Fuimos al Panda, el mejor cuchitril donde es ilegal no estar sobrio.

    Los patas estaban desatados como toro en corrida, tomaban como hipopótamos sedientos, al toque nomas se tumbaron, a las 2 horas ya 3 estaban durmiendo en los sillones.

    Solo los más machos todavía seguíamos en pie discutiendo, haciéndose el orgulloso.

    Bueno yo la verdad solo estaba de espectador de esa lamentable fotografía nocturna.

    Justo a mi lado había parejitas que venían y se iban, bueno no me importaba, ya estaba empezando a caminar como borrachito, mis patas estaban que conversaban y bebían a la par, solo escuchaba y disfrutaba de la música. Sin que me diese cuenta había detrás una pareja que no sé a qué hora habrán entrado ni nada. A cierta hora ya sentía el cosquilleo espermal, tantas féminas hacían que se despierte el monstruo.

    Ya eran como las 12:35 pm y los dos que quedaban estaban no sé qué, peleando o llorando, creo que era un estorbo ahí, bueno solo fui a ver mi alrededor.

    Mientras detrás de mí la parejita que ya estaba buen tiempo tomando, creo que el hombre de repente recibió una llamada, estaba que hablaba y hablaba y hablaba, y el final se fue. Pero dejo a la chica, pero antes, discutieron como perros, gatos y lagartos. No sé qué habrá pasado, pero la mujer se quedó sola y el tipo no regresaba.

    Inmediatamente fui por ella, ya era 20 minutos que no regresaba.

    -¿Amiga sabes a qué hora cierran este lugar?

    La mujer me respondió con ojos de asada, pero al rato como que expandió la conversación, a mis amigos ya no les importaba que hacía, creo que ya se estaban declarando. Yo seguía alimentando más la conversa, me fui a su mesa, tenía unas piernasas se notaba al sentarse, usaba gafas y tenía cara de cubana o venezolana, bueno tenía que atornillarme más con ella. ¡bum!, le invite unos tragos extras. Para esa hora como que nadie le importa nadie. Yo seguía intimando con ella, más y más. Y el trago era el tobogán que lo hacía más rápido.

    Ya no aguante más y chapamos, y otro pico más, y otro chape más. Bueno había que irse a un aposento más cómodo no.

    Fui al baño un rato, ya la vejiga ni aguantaba, y por ahí le pregunté a un barman:

    —brother, por donde hay un telo cerca, no soy de acá… —el barman se rio

    —hey man, yo tengo unos cuartos en el 4º piso, de los dejo barato nomas… 20 luquitas nomas.

    —¡como así ahh!

    —en el baño hay una puerta azul, entras y subes, agárrate cualquiera, acá nomas me cancelas.

    Le pague en prima y le lleve a la chica. La levante del asiento y ¡madre mía!, tenía un derrier de infarto, ella lo cubría con su abrigo, pero clarito lo vi, eso me reventó los sentidos, se me paro en prima.

    Entre al sitio ese, había como 5 cuartos, ¡a su madre!, en 3 cuartos estaban cachando como locos, se escuchaba como las mujeres gemían como vacas, eso me excitó más.

    Entramos en el cuarto, y era simple nomas, pero la guerra que se iba desatar era indescriptible.

    La flaca creo que quería vengarse del tipo y por eso me la puso fácil, y esta era la oportunidad, la que me esperaba, esta iba a desquitarse conmigo, estaba dispuesta a todo, iba acabar conmigo, pobre mi cuerpo iba ser objeto de venganza insana, y de lujuria salvaje, lo que a él nunca le hicieron a mi lo iba hacer por 10. Era un gatito entrando a la cueva de una fiera desatada.

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  • Sexo casual de una noche

    Sexo casual de una noche

    Esto sucedió hace aproximadamente dos años, donde actualmente vivo arriendo una pieza en la casa que comparto con otra persona, habitualmente se hacen convivencias donde el dueño invita amigas y gente.

    Esto sucedió una noche donde el dueño de la casa me pidió si podía preparar un asado para una amiga de su novia que vendría de visita, cuando ella llego me saludo de forma muy normal y yo igual, se puso a fumar cerca de la parrilla y empezamos a conocernos hablar de temas cotidianos, yo le serví una copa de vino y la compartíamos mientras yo terminaba de hacer el asado.

    Marcela como la llamare en un momento de la conversación cuando ya estábamos en la mesa refirió de forma muy sorpresiva estar sola hace tiempo y que sus hormonas femeninas estaban revolucionadas y que buscaba un macho que le entregara placer, a lo que yo me reí y ella me miro de forma muy coqueta, así paso la noche hasta que se hizo tarde y ella decidió irse a costar pero dormiría en el sofá de la casa, luego que ella se fuera acostar yo me quede un momento en el patio contemplando el anochecer.

    En un momento ingreso para dirigirme a mi habitación y la veo acostada de lado en el sofá y tapada con una frazada, me acerco a ella y le digo “buenas noches”, ella me responde “¡serían muy buenas noches, si me dejaras dormir en tu cama para no pasar frio!”. A lo que yo le respondí “pero yo duermo solo con slips”, ella me contestó “¡no me complica!”.

    Se levantó del sofá y nos fuimos a mi habitación, le dije “¡apagaré la luz para desvestirme!” ella me dijo, “¡como quieras!”.

    Luego de desvestirme me tape con la ropa de cama, al rato ella también se metió bajo la ropa de cama, pero solo con ropa interior, Marcela llevaba una pantaletas muy ajustadas y un sostén que hacían relucir sus grandes senos y firmes.

    Al acostarse me dice “¡me puedes abrazar para que no me dé frio!”. Al abrazarla mi verga se puso duro al sentir su trasero de tamaño mediano pero muy trabajado, a lo que ella se percató de la situación y empezó a moverse, diciéndome “¡tienes buen pene parece! ¿Por qué no me das calorcitos?”.

    Fue después de esa pregunta que me saque mi slips, quedando desnudo ella se bajó su pantaleta y se subió encima de mí jugando un buen rato con mi pene rosando sus labios vaginales sobre él, mientras desabrochaba su sostén dejando sus deliciosos pechos al descubierto, para comenzar a masajear y luego empezar a besar sus pezones que ya en ese entonces estaba duros, mientras ella afirmaba mi cabeza para que no la saca de sus senos.

    Así fue como en un momento mi pene se introdujo dentro de su vagina y empezó a moverse forma desenfrenada como perra en celo, el vaivén de sus caderas era increíble, mientras yo me aferraba a sus deliciosas nalgas y no paraba de lamer sus pezones hasta que un momento descargue todo mi semen dentro de ella, sintiendo un delicioso orgasmo de su parte, quedando quietos por un segundo ambos abrazados.

    Luego de este momento se bajó de encima de mí y nos limpiamos, se volvió a recostar y nos dormimos abrazados hasta el otro día, donde yo me levante temprano para ir a trabajar y dejándola en mi cama que siguiera durmiendo.

    Luego de este encuentro, no volvimos hablar producto de diferentes cambios de opinión que tuvimos, pero quedando en mi recuerdo este delicioso momento de una noche.

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