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  • La bibliotecaria y su secreto (2 – final)

    La bibliotecaria y su secreto (2 – final)

    Por fin llegó el viernes. Tal y como habíamos quedado, María (que así se llamaba) y yo salimos juntos de la facultad en dirección al aparcamiento. Parecíamos verdaderos amantes que se esconden de las miradas de la gente y guardábamos las apariencias en cierto modo. Al llegar al coche no dudamos en besarnos y poner una sonrisa de oreja a oreja en señal de prueba superada. Ella temía que una relación de ese tipo pudiera perjudicarla en su trabajo, debido principalmente a la temporalidad de su contrato.

    Como en toda la semana llovía a mansalva y al llegar a su apartamento nos pusimos de nuevo perdidos de agua hasta las cejas. Eso no evitó que al dejar la puerta cerrada tras de sí, nos abrazáramos apasionadamente y empezáramos a besarnos. No tardamos en llegar al salón donde ella dio un respiro a la lujuria invitándome a sentarme en el sofá. Tomamos varias copas y nos reímos de nuestra aventura. Ella solía decir que estaba loca por haberme dado pie, pero yo le rebatía todos los argumentos diciéndole que cada día la veía más alegre y más guapa.

    En un momento de silencio, María me dijo que en caso de seguir adelante no dudara en parar si me sentía incómodo ya que le había dado más en mi primer encuentro de lo que esperaba. Tal y como me confesó, sus relaciones íntimas con su ex marido fueron algo rígidas y “distantes” y después de aquello no había tenido más contactos con hombres. De repente me encontraba incómodo por sus pensamientos y le repetía una y otra vez que cómo iba a sentirme incómodo con una mujer como ella. Suavicé la situación con un tierno beso en su mejilla y otro muy seguido en los labios. Ella me miró fijamente y levantándose me guio de la mano al dormitorio.

    Nos desvestimos de pie, muy despacio, disfrutando de nuestros cuerpos. Mientras me besaba el pecho yo acariciaba su cintura y mordía su cuello. Era muy bajita y rodearla con mis brazos me daba una extraña sensación de protección y posesión. La eché sobre la cama y la rodeé nuevamente con mis brazos. La luz era tenue pero lo suficiente para apreciar unos preciosos senos. Tal y como pude apreciar momentos antes, su volumen era enorme y eso hacía que cayeran hacia abajo sin disimulo, pero su forma redondeada daba un placer inmenso al tacto. Eran muy blancas y cálidas, dejando ver pequeños capilares alrededor de sus aureolas.

    Mordí uno de sus pezones mientras pellizcaba el otro y enseguida reaccionó sonoramente. Mientras su cuerpo se erizaba, ronroneaba de placer. Bajé hacia su ombligo y noté que se empezaba a vibrar. Sus latidos eran fuertes al apoyar mi mano en su pecho. Terminé en su frondoso bosque, rizado y oscuro en contraste con la piel suave y blanquecina de su cadera. Le besé la raja, le chupé los labios y posé mi boca en su parte superior. Ella respiraba fuertemente. Al instante noté una protuberancia exagerada en su vulva. Estaba claro que su clítoris era de un tamaño mayor del normal.

    Se asemejaba al de un garbanzo y el capuchón de piel que lo recubría se puso duro al notar el calor de mi aliento. No dudé en metérmelo en la boca y lamer con mi lengua aquel delicioso manjar. María soltó un gemido de placer sonoro y exagerado y abrió totalmente sus anchos muslos. Su pequeño tamaño me permitía manejarla a mi antojo y posando mis manos en su culo, llevé su coño hasta mi boca sedienta. Le chupé su “garbanzo” fuertemente y se lo lamí con fuerza. Por entonces, sus caderas oscilaban ligeramente de un lado a otro y con respiración entrecortada gritaba: ¡dios… siii… me voy… dios…!

    Aquello me animó a darle mayor placer y a trabajar con más ligereza con mi lengua. Lo que ocurrió después terminó de sorprenderme. De su vagina salió expulsado un chorro de líquido acuoso que me puso la cara pegajosa. No puedo decir cómo ni porqué, pero mi excitación se hizo máxima con aquella respuesta y enterré mi lengua en su cavidad para chupar todo el líquido que pudiera haber derramado. Su sabor especial me erizó todo el cuerpo. Bebía de su esencia y sentía en mi interior todo el placer que le estaba dando a ella. Tras un instante de pausa me cogió la cabeza y me subió a la altura de su cara.

    Mi erección estaba a mil, de hecho, me dolía lo dura que la tenía. Puse sin dudarlo mi pene entre aquellas montañas cálidas y al momento sus manos apretaron las tetas para que no pudiera escaparse. Me moví al principio lentamente, saboreando ese inmenso placer. En cada empujón sus tetas llegaban hasta su rostro y mi polla se perdía en la inmensidad. Me deslicé un poco más arriba y así pude ver salir mi glande de entre aquel par de globos. Golpeaba en su barbilla y María no tardo en abrir su boquita. Cada vez que mi punta salía al exterior, era lamida por una golosa lengua. Estaba a punto de correrme…

    —¡Vente en mi boca… vamos… Dámelo todo…!

    Como un loco empecé a masturbarme a mí mismo y sin ser dueño de mí mismo eché toda mi leche en su boca y cara. Fue una experiencia excitante.

    Estuvimos un rato tumbados, uno junto al otro disfrutando del momento. Me llegó a preguntar si había disfrutado a lo que respondí que no dudara de ello.

    Tuve otra erección entre caricia y caricia y entonces decidí disfrutar de su culo.

    La tumbé bocabajo y ella se dejó hacer. Pude comprobar que aquel blando trasero permitía amasarse con facilidad. De hecho, era una tentación abrir sus nalgas para introducir toda mi cara en su interior. Le lamí de nuevo aquel inmenso clítoris quitándole todos sus complejos y le chupé su agujerito superior, pequeño y rosado. Ella se dispuso a cuatro patas mostrando su lustroso trasero y entonces no dudé en perforar de nuevo el coño escondido entre una poblada melena de vello púbico. Me agarré al culo y empujé fuerte.

    Ella volvía a chillar e inclinándome hacia delante le agarré su pequeño “capullo”. Le acaricié con brusquedad mientras la follaba hasta el fondo. No tardó en mojarme la mano y respondí con una corrida simultánea. Me di cuenta que esa nueva experiencia me volvía un animal sexualmente frenético.

    Así pasó la noche del viernes y todo el fin de semana. Evidentemente, el lunes posterior estábamos exhaustos y nuestras miradas cómplices que se encontraban en la biblioteca traducían un deseo incontenido. Debíamos vernos el próximo fin de semana y no antes. La espera fue terrible y mis noches húmedas soñaban con violarla en múltiples situaciones y ver como se corría a borbotones. Me obsesioné con su facilidad para llegar al orgasmo y jamás había visto a alguien que pudiera eyacular que fuera de sexo femenino.

    Cuando nos encontramos nuevamente a solas, disfrutamos de nuestros cuerpos sin prejuicios de ningún tipo. Así pasaron los meses y una de mis mayores excitaciones era verla correrse cuando se tocaba. Un día, minutos después de habernos follado, intenté besar su secreto y me dijo que esperara, que se estaba orinando. Fue al baño y yo la seguí. Fue la primera vez que la vi orinar. Era una sensación extraña ver a una mujer orinar delante de mí. Un caño de pis caía en la taza del wáter. Aquello se repitió en varias ocasiones hasta que un día le pedí que se tocara justo antes de orinar.

    Me miró con sonrisa pícara y abriéndose de piernas encima de la taza, empezó a tocarse el coño. Se cogía con dos dedos aquel pequeño pene de miniatura y lo frotaba de un lado a otro. Se corrió de manera escandalosa y acerqué mi cara para ver como expulsaba sus esencias vaginales. Le besé su chorreante raja y al instante empezó a mear. Me bañó toda la cara e incluso el pelo.

    Un inmenso chorro de líquido amarillo y salado invadió mi rostro y una erección surgió de mi interior. Allí mismo se la metí, de cara a la pared. Luego la cogí en alto y la monté apoyando su espalda en un pequeño armario junto al lavabo. Su pequeña estatura permitía montarla sin dificultad y sus muslos se abrazaron a mi cintura. Eyaculé al instante porque estaba a cien por hora. Fue una experiencia espectacular.

    Durante casi un año experimentamos mil y una formas de amarnos y cada una superaba a la siguiente. Luego pasó lo inevitable. La trasladaron a otra ciudad y perdimos el contacto. Nos vimos en otro par de ocasiones e incluso nos escribimos correos con asiduidad, pero pronto se enfrió la relación.

    Lo importante es que yo aprendí a dar placer a una mujer y ella dejó de sentirse mal con su cuerpo. En fin, como siempre digo, cada mujer es un tesoro escondido por descubrir.

    Un saludo para todos y todas mis lectores que tienen el valor de seguir mis relatos.

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  • Secuencias: El nirvana excelso

    Secuencias: El nirvana excelso

    Grego está desnuda de cara al espejo. Acaba de dejar la toalla de baño sobre la cama. Sus cabellos rubios caen planos y lacios, brillantes de la humedad de la ducha. Se peina con la cabeza inclinada a un lado; después, al otro. Su piel pálida brilla ligeramente por el reflejo de la luz de la mañana.

    Entra Pauline y la mira detenidamente. Desde el espejo le sonríe Grego; no se gira, sigue pasando el cepillo de arriba abajo; recoge en el nido de su mano las puntas del pelo y las desenreda. Pauline se acerca por detrás y pone las manos en sus hombros. Su cabeza aparece en el espejo junto a la de Grego. Su cabello negro y encrespado forma con el de ella un contraste casi pictórico. Masajea ambos hombros a la vez, repasando las curvas deliciosas de los hombros. Besa el cuello y Grego entrecierra los ojos placenteramente.

    Los labios de Pauline descansan sobre las cervicales, inicia el descenso por la espalda en un circuito que repasa las vértebras, una a una hasta el sacro. Pauline sujeta a Grego por la cintura en el contorno de las caderas y se aprieta contra ella. Su monte de Venus se pega a las rotundas nalgas desnudas y presiona. El momento hace crecer la tensión sexual de ambas mujeres. El frotamiento es un lento vals que excita el sexo de Pauline. Ésta sube las manos por el vientre de Grego hasta alcanzar los pechos, que recoge en las palmas a modo de cazo y comienza a acariciar los endurecidos pezones rosados.

    Grego jadea. Pauline pellizca con delicadeza cada cono. Se frota intensamente en las lunas generosas de su compañera, baja las manos e inicia suaves caricias por ambas nalgas. Grego se inclina levemente, apoyada en el tocador. Los dedos de Pauline descienden hasta alcanzar el huequito redondo del ano; lo circundan y acaricia cada apretadita estría del ojito central, con un leve empujoncito que es recibido por Grego con un gemido prolongado. Abre las piernas para facilitar las caricias de los dedos en la entrada de ese placer menos común.

    Las manos aprietan el culo y voltean por entre los muslos abiertos, acarician el abundante vello púbico y abren el sexo como si fuera una fruta delicada, una breva húmeda y caliente. Introduce dos dedos en Grego. Ambas jadean. Pauline redondea el túnel de la vagina repleta de flujo. Grego comienza a gemir y se contonea bajo el intenso placer de la masturbación vaginal. La otra mano acaricia el bulbo redondo del clítoris expertamente. Pauline besa el cuello y mordisquea los lóbulos de las orejas. Los dedos dentro del sexo penetran y salen rítmicamente.

    La respuesta de Grego es un eco sonoro, hasta que un sonido descontrolado da paso al orgasmo. Cuando se aplaca, Grego se gira y los labios se funden, las bocas se poseen, las lenguas se acarician.

    Grego desabrocha el pantalón a Pauline y le baja las braguitas. Se agacha y le lame y chupa los labios del sexo. Pauline está depilada y la boca de Grego besa los labios pequeños, sorbe el líquido que ha brotado de la vagina de Pauline con deleite, lo traga. Abre la vulva y encuentra la perla caliente. Dispensa un cunnilingus lento y calculado, con pausas intermedias… Sin poder resistir más, ahora es Pauline la que con un chillido se corre y empuja su coño contra la lengua de Grego.

    Ambas se dejan caer en la moqueta y continúan amándose como ningún hombre sabría. Ambas se conducen a un largo paseo de caricias y besos, volviendo a llevarse mutuamente a una serie de orgasmos, donde la suavidad y el amor están exentos de cualquier rasgo de prepotencia, de toda búsqueda de placer con sumisión disfrazada, sin tener que simular el placer que la tradición exige para satisfacer el ego masculino.

    El nirvana del placer puro y compartido las une con el dulce lazo del amor en un renacimiento cotidiano de sí mismas para sí mismas.

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  • Por fin con mi vecina

    Por fin con mi vecina

    Esto pasó hace algunos meses (no había podido ponerlo acá), si leyeron mi relato anterior podrán entender mejor la historia.

    Como lo dije anteriormente tuve un pequeño acercamiento con mi vecina Flor, pues acá el desenlace…

    Yo estaba hablando con Flor con frecuencia (solo por teléfono y muy pocas veces personalmente, pues tenía que ser discreto) pero no se daba la oportunidad de estar solos, hasta que un día para fortuna mía me llamó y me dijo que al día siguiente iba a tener un par de horas libres ya que sus hijos irían a clases y su esposo al trabajo, en ese instante sentí una gran emoción así que cancelé lo que tenía que hacer ya que iba a valer mucho la pena.

    Pues llegó el momento, nos pusimos de acuerdo, me dijo que la buscara en su casa sin problema, yo lo hice, llegué y con algo de nervios y emoción la llamé diciéndole que estaba ahí afuera de su casa, cuando abrió la puerta nos miramos y ella con esa sonrisa que me fascina de inmediato se me paró cerré la puerta y fue ella quien se lanzó hacia mí para darme el primer beso, yo estaba ya demasiado excitado, no perdimos tiempo y me llevo a su recámara.

    Seguimos besándonos al tiempo que ella me saco la camisa, yo también la despojé de su ropa hasta que ambos quedamos solo en ropa interior, ella llevaba un conjunto de brasier y un hilo de color turquesa, le saqué el brasier y comencé a lamer sus pezones que estaban deliciosos, ella gemía de placer y con su mano me acariciaba la verga por encima del bóxer.

    Nos detuvimos unos segundos, se tiró en la cama y sin quitarle el hilo comencé a chuparle la panocha, estaba casi recién depilada, solo se había dejado una línea de vello de forma vertical, (no sé si ese sea el estilo de ella o tenía planeado lo que iba a pasar) estaba ya demasiado mojada y el sabor era exquisito, después de un par de minutos de estar disfrutando de tan delicioso manjar le dije que era el turno de ella, me dijo que me acostara sobre la cama y vaya sorpresa, se acomodó ella sola y empezamos un rico 69, así que aproveché y le comía el culo y la panocha al mismo tiempo, mientras ella me daba una mamada única; no podía creer lo que estaba pasando y nunca me hubiera imaginado lo que mi rica vecina sabía hacer.

    Después de unos minutos se levantó y de su cajón sacó un condón que ella misma me lo puso, se acomodó en la esquina de la cama y yo empecé a penetrarla, primero lento y así fui subiendo la velocidad, Flor gemía de placer, eran gemidos diferentes a los de otras mujeres sus gemidos son únicos, después se acomodó para metérsela de perrito, le di una nalgada y empecé a bombear poco a poco más intenso igual la nalgueaba, me dijo que no lo hiciera muy fuerte para no marcar mis manos sobre sus nalgas sus gemidos se convirtieron en ligeros gritos muy excitantes por cierto.

    Al final me tiré sobre la cama y ella empezó a cabalgar, lo hace muy rico, ambos lo disfrutamos, tanto que no tardó mucho tiempo así cuando de repente sentí un gran chorro que me mojó los huevos como en tres ocasiones mientras ella gritaba y yo gemía, sabía que había llegado el momento así que la tomé de la cintura, los dos hacíamos movimientos alocados y finalmente eyaculé con ella sobre mí, fue riquísimo, se quedó recostada unos instantes, recuperamos el aliento, nos dimos un gran beso de agradecimiento, se levantó y me dio papel para sacarme el condón y limpiarme mientras ella se dirigió al baño, nos vestimos y me acompañó a la puerta, volví a besarla antes de salir y le di una pequeña nalgada.

    Después de eso tuvimos dos encuentros más, cada uno muy diferente pero igual de delicioso y satisfactorio.

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  • Carolina, mi segunda vez

    Carolina, mi segunda vez

    En el barrio había una casa de cultura con diversas actividades. La casa tenía una explanada y un jardín grande por lo que se podía convivir después de clases con los compañeros de grupo, y como tomábamos varias actividades conocías a mucha gente, a veces parecía que eso era una fiesta.

    Entre las compañeras de clase llamaba mi atención una chica de nombre Marcela, alta, con bonito cuerpo, cabello largo, siempre sonriente. Platicamos varias veces, parecía que podría tener oportunidad con ella.

    En la clase también asistía Félix, ambos teníamos 18 años. Él era un muchacho siempre impecable en su apariencia, a pesar de que nos llevábamos bien, había una cierta rivalidad, la cual fue más evidente porque él también mostró interés por Marcela.

    Algunos compañeros me comentaron que Félix, a mis espaldas me hizo de una mala reputación con Marcela, esto le permitió dejarse el camino libre con ella. Un día llegaron juntos de la mano, se habían hecho novios. Me sentí molesto por la forma en que habían pasados las cosas, no había sido de caballeros.

    Una tarde que Marcela llegó, saludó a quien encontraba a su paso y se sentó a esperar a que iniciara la clase, yo la contemplaba desde mi lugar. No me di cuenta que alguien llego a sentarse junto a mí.

    –¿Qué haces?

    Brinqué del susto, volteé a ver quién había sido, era Carolina, la hermana un año mayor de Félix.

    Mi reacción por el susto fue de molestia. Le dije que no lo volviera a hacer, Carolina solo reía…

    –Te gusta Marcela. Supe lo que te hizo mi hermano, no está bien, no le gusta perder. –Dijo Carolina mientras observaba a Marcela.

    Yo me había vuelto muy amiguero, me gustaba pasar el rato conviviendo sin importar si eran hombres, mujeres bonitas o no tan agraciadas. A veces iba, aunque no tuviera clase.

    En ese tiempo me gustaba mucho leer, Carolina y yo coincidimos en libros y autores favoritos, además de películas que nos gustaban a los dos. Llegamos a pasar mucho tiempo platicando, Carolina siempre tenía una charla amena y divertida.

    Carolina tenía el cabello muy corto, su complexión era de mujer fuerte, espalda más ancha que el común de las mujeres, piernas hasta cierto punto musculosas, podría decirse que a la distancia podría pasar por hombre de complexión mediana.

    En el cumpleaños de Félix, él invito a unos cuantos compañeros a su casa, obviamente yo no fui uno de los invitados. Cuando iba saliendo Carolina me alcanzó y me dijo que nos fuéramos juntos a su casa, le comenté que su hermano no me había invitado, me tomó del brazo y me dijo: –Yo te invito. Carolina era una mujer determinada y firme así que no me opuse, sabía que de nada me valdría negarme.

    Cuando llegamos a su casa, Félix se sorprendió al verme, disimuló su malestar, también me sentí incómodo encontrarme con Marcela.

    –Ven, quiero mostrarte algunos libros. –Me dijo Carolina al darse cuenta del momento tenso.

    La seguí a otra parte de la casa, me enseño el librero en el que tenía sus libros favoritos, pasamos la tarde bastante bien, intercambiando opiniones y recomendándonos obras literarias.

    Pasaron unos días, seguíamos conviviendo con otros compañeros de manera cotidiana. Me di cuenta de que cuando platicaba mucho tiempo con Carolina, Félix le decía que ya era hora de irse, al parecer no aprobaba que me llevara bien con ella, supongo que como buen hermano la celaba.

    Un día Carolina me invitó al cine, así, directamente, muy segura de sí misma, había una película que ella quería ver y no quería ir sola. Acepté la invitación. Me dijo que al otro día después del taller iríamos.

    Al terminar la clase Félix esperó a su hermana y le dijo que se fueran juntos a la casa, Carolina le dijo que tenía un compromiso y que se fuera sin ella. Sentí la mirada molesta de Félix, aunque yo no tenía dolo, disfruté su molestia.

    Carolina y yo pasábamos mucho tiempo juntos en la casa de cultura, a pesar de eso, realmente yo no la veía como mujer, aunque era simpática, físicamente no era de mi tipo.

    Una tarde me dijo que, si la acompañaba a comprar un libro, como no tenía que hacer fui con ella.

    –¿Aún te gusta Marcela?

    –Si, es bonita. –Le respondí.

    –Si no saliera con mi hermano, ¿la cortejarías?

    –Es muy probable, pero no creo que ella me corresponda.

    –Te entiendo, sé lo que se siente, que no te tomen en cuenta.

    Pensé que solo era una charla casual, me di cuenta hacia donde se dirigía e intenté cambiar el tema.

    –¿Yo te gusto? Tú me gustas, me pareces muy atractivo y la pasamos muy bien. ¿O no?

    Antes de que pudiera contestarle de inmediato preguntó.

    –¿Te gustaría que fuéramos novios?

    No le respondí, realmente no sabía qué decirle.

    –Hemos salido varias veces y lo hemos disfrutado mucho, al menos yo la he pasado genial. Podemos intentarlo, no pierdes nada y podemos ganar mucho tú y yo.

    Carolina me veía atentamente esperando mi respuesta, yo seguía sin saber que decirle.

    –¿Es por Marcela? –Me preguntó.

    Sostuve la mirada de Carolina, busqué algún detalle en ella que en ese momento me inspirara algo por ella.

    –Entiendo, una mujer no debe tomar la iniciativa, olvida lo que te dije, nos vemos después.

    Intenté seguirla para hablar con ella, la vi tan molesta que preferí darle su espacio.

    Estuve pensando en que yo también la pasaba bien con Carolina, había muchos temas de que platicar con ella, había risas y momentos muy amenos. Con Marcela solo era una atracción física, realmente no la conocía lo suficiente, no sabía de sus gustos y de su forma de pensar. Le estaba dando mucha importancia a lo superficial.

    Al otro día Carolina y yo no teníamos actividades juntos, esperé a que saliera de su clase y la acompañé a su casa, ella estaba como cualquier otro día, como si nada hubiera pasado, actuaba muy natural. Casi al llegar a la puerta de su casa la tomé del brazo, ella volteo a verme sorprendida.

    –Carolina, ¿quieres ser mi novia?

    –No lo sé, te veo mañana, adiós.

    Supongo que me lo merecía.

    Al día siguiente pasé por Carolina a su casa, no quería esperar más tiempo. Salió con su hermano y no pudimos platicar sobre el tema. Mientras caminábamos sentí que la mano de Carolina tocaba la mía, entrelazamos nuestras manos hasta llegar a la casa de cultura, una compañera nos vio y nos preguntó si éramos novios, Carolina le respondió que sí, que estábamos saliendo. Félix asombrado preguntó que desde cuándo, y ella le contestó que desde ese día.

    Al pasar los días, seguíamos con charlas que podían durar horas, lo nuevo es que ahora había abrazos, arrumacos y besos. Carolina besaba muy bien, un poco de succión y una lengua juguetona hacían que besarla fuera muy placentero.

    En nuestros acostumbrados intercambios de libros, un día Carolina me llevó un libro de diez cuentos eróticos. No puedo negar que me sorprendió, pero traté de aparentar que era como cualquier otro libro. Siempre que nos recomendábamos un libro intercambiábamos puntos de vista, por supuesto que ese libro no iba a ser la excepción.

    –¿Te gustó el libro?

    –Si. –Le respondía con cierta timidez.

    –¿Qué cuento te gustó más?

    –Aun no termino de leerlo. –Mi respuesta era mentira, ya había terminado el libro, pero me daba un poco de pena decirle cuál me había gustado más.

    –Hay una historia que me gustaría hacer contigo, pero no te voy a decir cual, cuando termines de leer el libro tienes que adivinar.

    Carolina había hecho que mi mente se revolviera, ¿cuál de esas historias podría ser? Sembró esa curiosidad, si esa era una forma de seducción, le estaba funcionando muy bien. Volví a leer el libro completo imaginándome con ella en cada una de las historias.

    Un día llegó a la casa una invitación para la boda de una prima que vivía en otro estado, mi madre y mis hermanas viajarían para la boda, yo con el pretexto de la escuela y de prácticas me quedaría en casa, se presentaba la oportunidad perfecta para vivir la historia que Carolina aún no me había revelado.

    Le comenté a Carolina que estaría solo en casa por un fin de semana.

    –Y, ¿me vas a invitar?

    –Claro, pero será con una condición. ¿Dime cuál es la historia del libro que más te gusta?

    –Cuando me invites, tú mismo sabrás cuál es.

    Llegado el momento, el plan era simple, una tarde de películas y palomitas. Entre líneas sabíamos que habría algo más.

    Carolina llegó a mi casa, nos sentamos en la sala y charlamos un poco. Iniciamos los cortejos con un poco de timidez, ninguno de los dos tomaba la iniciativa de la relación sexual.

    –Vamos a hacerlo, no hay que darle tantas vueltas. –Dijo Carolina.

    La tomé de la mano y la llevé a mi habitación. Nos quedamos parados junto a la cama, Carolina desabotonó mi camisa, su mano acariciaba mi pecho mientras nos besábamos. Se desabotonó su blusa para quitársela, se quitó el sostén, sus senos eran algo pequeños, no eran muy firmes, sus pezones ligeramente hacia abajo, me encantó el tamaño, mi mano podía amoldarse perfectamente a ellos, los acaricié un poco y me decidí a besarlos, chupé sus pezones mientras ella suspiraba ligeramente.

    Subí besando su cuello hasta llegar nuevamente a su boca. Sus manos sujetaron mi trasero jalándome hacia ella para sentir mi pene pegado a ella.

    –Que dura la tienes, me encanta.

    Me soltó para quitarse el pantalón, como si yo fuera un reflejo de ella también me quité el mío, apenas dos pasos nos separaban, contemple su cuerpo. Sus hombros eran un poco anchos, su cuerpo era recto, casi no tenía cintura, sus piernas eran un tanto anchas, pero con buena forma. Su vello púbico era natural.

    Me acerqué, pegué mi cuerpo al suyo, yo aún conservaba mi trusa que apenas contenía mi endurecido miembro. La dirigí hacia la cama para acostarla, le abrí las piernas para buscar su vagina. Vi un par de diminutas gotitas entre sus vellos, Carolina empezaba a humedecerse.

    Es común que en revistas y películas los protagonistas tengan sus partes rasuradas, o los vellos muy al ras, pero este no era el caso de Carolina. Yo tenía un poco recortado el vello.

    Yo tenía muchas ganas de probar una vagina. Empecé a pasar mi lengua por sus labios, buscaba abrirme paso, Carolina me ayudó, con sus manos acomodaba el vello y abría su vagina para que pudiera chupársela a gusto.

    –Si, ¡qué rico! Se siente muy bien, es la primera vez que me la chupan.

    –Es la primera vagina que pruebo, me gusta mucho.

    Empujé mi lengua en su entrada, la chupé y lamí su clítoris un poco más, los jadeos de carolina se habían vuelto gemidos de placer.

    Me puse de pie, me saqué el pene y las bolas por la abertura de la trusa para que me hiciera un oral, yo ya estaba muy prendido y quería experimentar que me la chupara.

    –Chúpamela Carolina.

    Se incorporó, juntó sus manos como si fueran una vagina y me masturbó un poco.

    –No soy virgen, ¿y tú?

    Le respondí que no, que ya había tenido sexo antes. Carolina le daba pequeños besos a mi pene, me di cuenta de que en el sexo oral no tenía experiencia, le pedí que lo chupara, que lo lamiera, ella apenas pasó un poco su lengua por la punta.

    Con un poco de frustración le pedí que se recostara, separé sus piernas, moría de ganas de penetrar una vagina, esta vez me aseguraría de meterla en el lugar indicado.

    Como si mi pene fuera un lápiz, calqué la forma de su vagina, choqué mi glande con su clítoris, Carolina tenía los ojos cerrados, sus mejillas estaban encendidas de rubor. Apunté a su entrada y comencé a deslizarme dentro de ella, en cada movimiento Carolina gemía de placer.

    Debo de reconocer que, en mi poca experiencia sexual, me tiré sobre ella, percibí en su rostro que el peso de mi cuerpo le causaba algo de molestia, aun así, no me dijo nada y continúe moviéndome penetrándola un poco más en esa posición. Me incorporé para quedar de rodillas y seguir penetrándola, ella seguía con los ojos cerrados mientras sujetaba sus senos con sus manos.

    Le pedí que se pusiera en cuatro, sus nalgas eran como planas y un poco ovaladas, me acomodé para seguir cogiendo, sus gemidos se hacían más intensos, Carolina casi no se movía, estaba dejando que yo hiciera todo el trabajo, su actitud era pasiva, ¿en dónde había quedado la Carolina abierta, segura de sí misma y que tomaba el control de las cosas?

    Seguí haciendo lo mío, disfrutando de la sensación que me daba su vagina húmeda y apretada, un placer indescriptible. Carolina jadeaba y gemía, eso me indicaba que lo estaba disfrutando a pesar de que seguía casi sin moverse, totalmente pasiva. Incrementé la fuerza para penetrarla al igual que el ritmo, más rápido buscando que despertara. Yo estaba a punto de venirme, apenas podía aguantar para esperarla.

    –Vamos a cambiar, acuéstate otra vez. –Le dije.

    Me puse entre sus piernas, la penetré despacio, la hundía toda y la sacaba hasta el glande, poco a poco mientras mi dedo pulgar acariciaba su clítoris, me mantuve así hasta que explotó, grito de placer mientras tenía su orgasmo, su cuerpo temblaba y sus manos trataban de sujetarme con fuerza, de inmediato me vine, sentí las contracciones de mi orgasmo, sentí mucho placer y finalmente me acosté junto a ella.

    –Que rico mi amor. –Me susurró al oído.

    La besé mientras la abrazaba.

    –Que rico sentir tu pene, me cogiste muy rico, me gustó mucho sentir cuando te venías, casi nos venimos juntos.

    –Creí que no lo estabas disfrutando, estuviste pasiva. –Le dije con cierto reproche.

    –No quería moverme para que aguantaras. No quería que te vinieras rápido.

    Me platicó que el novio con quién tuvo su primera relación se venía rápido y la culpaba porque se movía mucho, vaya patán.

    Carolina era la segunda chica con quién tenía sexo, aunque no tenía mucha experiencia creo que tenía muy claro lo que debería ser una relación de pareja y el sexo. Platicamos un poco al respecto, compartimos ideas de lo que esperábamos, el sexo es de dos y hay que dar y recibir placer. Carolina tenía el concepto de lo que es ser callejera y ser señorita. Tenía inhibiciones para liberar su sexualidad, en parte por las buenas costumbres y por su ex novio.

    Mientras charlábamos, Carolina había estado jugando con mi pene flácido, habíamos estado platicando el tiempo suficiente para que despertara.

    –Ya se está poniendo duro otra vez. –Dijo Carolina con tono alegre.

    –Si Carolina, quiero que ahora tú me disfrutes. Chúpamela rico vuélveme loco de placer con tu boquita, envuelve la punta con tus labios.

    Se acomodó para hacerlo, inició como antes, apenas tocando con sus labios la punta.

    –Hazlo como si fuera una paleta, chúpalo todo.

    Su boca se abrió para devorar mi pene, su lengua revoloteaba en mi glande y poco a poco lo introducía más. Sus labios se amoldaban a mi pene, lo succionaba con fuerza. Bajó hasta la base lamiéndolo, llegó hasta mis bolas y las lamió también, succionó una de mis bolas, la metió a su boca, sentí un poco de dolor, era tan placentero que aumentó mi respiración y gemí por esa mezcla de dolor y placer.

    De alguna forma me tomó del escroto para jalarme las bolas, sentí que se reventaría de la presión que ejercía con su mano, dolía, pero su lengua acariciando el glande me dejaba soportar. Sin soltarme lamió todo el escroto, chupeteó mis bolas mientras su otra mano me masturbaba, llegó un momento en que no soporté el dolor.

    –Más suave con mis testículos Carolina, siento que me los vas a arrancar.

    Al decir eso, me soltó, sentí mucho alivio, aún quedaba la sensación, parecida a como se siente cuando te pegas en esa zona. Carolina lamía y succionaba mi pene, lo recorría con mucha intensidad, como si fuera un dulce que se quiere terminar.

    Cambiamos de posición, ahora me tocaba a mi hacerle el oral, sus labios vaginales estaban más abiertos que en la sesión anterior, estaban más carnosos, su clítoris resaltaba más, y estaba más sensible, al chuparlo Carolina se estremecía perdiendo el control de su cuerpo, sus manos se aferraron a mi cabeza apretándola contra ella, dejé que mi lengua atendiera ese punto de placer.

    Carolina jadeaba y gritaba manifestando su placer, ahora si lo estaba dejando salir. Me incorporé frente a ella, levantó sus piernas y las abrió para recibirme, sujeté sus tobillos para empujar un poco sus piernas hacia ella, su vello púbico estaba totalmente empapado, sus labios vaginales sobresalían en esa maraña, me acomodé para que mi pene apuntara hacia su entrada y entré con firmeza.

    –Ahh, así… la quiero toda.

    Sus manos sujetaban sus senos, le pedí que los dejara libres, me encantaba verlos moverse libremente mientras la empujaba y soltaba al penetrarla.

    Solté sus tobillos para inclinarme hacía ella, esta vez no me deje caer encima, sus piernas me abrazaron, apoyé mis manos en la cama, ella se sujetó de mis brazos, le di más duro, entraba y salía una y otra vez, Carolina gemía con más intensidad cada vez, sus piernas me apretaban dejando poco espacio para separarme de ella, su cadera hacía un vaivén mientras apretaba su vagina, sus muslos se tensaban y sus manos me apretaban.

    Su orgasmo llegó, todo su cuerpo estaba tenso, sus músculos contraídos y su cara inundada de placer, dejé todo mi miembro adentro de ella hasta que se fue relajando.

    –Cuánto placer me das, es maravilloso, este es el paraíso.

    Me solté de ella, me acosté, Carolina entendió y de inmediato se montó en mí. Hizo unos movimientos con su cadera acomodándose, como si midiera para saber cómo moverse.

    Subía y bajaba sobre mi pene, sus muslos se tensaban para realizar ese movimiento. Levantó los brazos hacia su cabello, como si se estuviera peinando con las manos, con ese movimiento sus senos se levantaron, se veían erguidos, los acaricié. Carolina había tomado buen ritmo, había dejado ese lado pasivo y el placer ahora era grandioso.

    Bajé mi mano para frotar su botoncito de placer, Carolina jadeaba más, sus movimientos eran más enérgicos, bajé mi otra mano a su cintura para jalarla con fuerza. Su orgasmo se estaba acercando, nuestros jadeos se hacían como una melodía que anunciaba esa explosión de placer que se estaba acumulando

    Carolina apoyó sus manos en mi pecho, sus movimientos se intensificaron, así como sus jadeos, poco a poco se volvieron sonidos guturales hasta que tuvo su orgasmo, dejó caer su cuerpo sobre mi pene, éste se hundía en ella, traté de levantar mi cadera para hundirlo más y soltar un poco.

    –Mi amor, fue más intenso, es la mejor corrida que he tenido.

    –Te moviste muy rico Carolina, te ganaste ese orgasmo. –Le respondí.

    –Vente amor, quiero sentirte, ¿cómo lo quieres?

    –Así está muy rico, sigue montándome.

    Carolina retomó sus movimientos, sensualmente, suavemente, yo me entregué a ese placer que me estaba dando. Poco a poco incrementaba sus movimientos, me preparaba para lo inevitable, la explosión de mi orgasmo.

    Su vagina apretaba mi pene, sus jadeos también se incrementaban.

    –Quiero venirme otra vez amor, tu palo está muy rico, su dureza me está prendiendo otra vez.

    Se levantó de mi pene, se dio la vuelta y volvió a sentarse en él dándome la espalda.

    –Ahora así, mírame el trasero mientras me vengo.

    Yo estaba a punto de venirme, traté de relajarme un poco para aguantar hasta su nuevo orgasmo. Carolina se apoyó en la cama, subía y bajaba su trasero, separé sus nalgas para ver como su vagina se comía mi pene. No tenía muchas nalgas, pero la vista que tenía era muy excitante.

    Los movimientos de Carolina tenían mucha energía, se percibía que estaba abierta a dejar que su sexualidad brillara, se entregaba al placer y también daba mucho placer.

    Finalmente, sus movimientos me pusieron al borde del orgasmo, la sujeté de la cadera y empuje para descargarme, la jalé mientras sentía como expulsaba los chorros de mi semen, de inmediato al sentirme, Carolina también tuvo su orgasmo, nuestros cuerpos se movían sin control a causa del éxtasis que compartíamos en ese momento.

    Después de asearnos un poco, al vestirnos contemplé el cuerpo de Carolina, no era como el de una modelo, no era como el de Marcela, pero esta segunda sesión de sexo había sido maravillosa.

    Como buen caballero, la acompañé a su casa. Durante el camino se quejó un poco de dolor de cansancio en sus rodillas y piernas, le dije que había estado muy intensa, que era normal el cansancio, que debíamos tener más sexo para desarrollar condición. Carolina rio, entendió que mi comentario era mitad broma y mitad en serio, que quería volver a hacerlo con ella.

    Al día siguiente había planeado dormir hasta tarde, pero cerca de las nueve de la mañana tocaron a la puerta, me asomé por la ventana y vi a Carolina que había llegado con unas bolsas. Me vestí y bajé a abrirle la puerta.

    –Hola Carolina, buenos días. –Le dije mientras le daba un beso en la mejilla.

    –¿Ya desayunaste?

    –No, acabo de despertar.

    –Llegué a tiempo entonces, quiero prepararte el desayuno. ¿Puedo usar la cocina?

    La invité a pasar, le pedí que me permitiera darme una ducha rápida para estar presentable. Mientras me bañaba, imaginé que Carolina entraría a bañarse conmigo, lo cual no sucedió. Terminé de arreglarme y bajé con ella.

    Al entrar a la cocina Carolina estaba preparando hot cakes. Se había cambiado de ropa, vestía una blusa azul claro entallada, llevaba también una minifalda negra con medias negras y zapatillas de tacón bajo. A Carolina le faltaba volumen en el trasero, pero aun así se veía muy sensual.

    Cuando volteó a verme me di cuenta de que no usaba sostén por lo que se le marcaban los pezones.

    –¿Quieres comer? –Me preguntó con una voz sensual.

    –Si claro.

    Carolina me miró fijamente, desabotonó su blusa y se puso crema chantilly en el pezón.

    –Me embarré, ¿me puedes limpiar?

    Me acerqué a ella, me incliné y lamí su pezón, lentamente, tomándome el tiempo de disfrutar. Mientras lo hacía, Carolina se quitaba la blusa y se untaba más crema en el otro seno.

    –El otro también está embarrado, límpialo por favor.

    Una de las historias del libro que Carolina me había prestado era de una pareja con ciertos prejuicios sexuales que se liberaban untando en su cuerpo crema dulce, crema de cacahuate y de chocolate para desinhibirse. Esa era la historia que Carolina quería recrear conmigo.

    Solo les diré que en este festín nos acabamos tres latas de crema chantilly.

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  • En la multi: La de ventas

    En la multi: La de ventas

    Tenía una muy buena relación con la secretaria del CEO, quien me había dejado en claro “nunca me vas a coger pichón”.

    Lourdes (Lulú), una rubia de 30 años, no mucha teta pero con un culo de campeonato, muy buena onda, bonita de cara, no muy alta, pero que ya me había dicho 3 veces que no.

    Como dije, teníamos muy buena onda y somos hinchas del mismo equipo de básquet, así que en más de una ocasión habíamos coordinado para ir juntos, pero en un plan no fuck, esta vez iba a venir una chica relativamente nueva en la empresa, pero que ella conocía hace tiempo, Cecilia.

    Yo no la conocía, así que cuando llegó nos presentó “ya era hora de que se conocieran, trabajan piso de por medio chicos y nunca se habían tomado ni un café”. Cecilia se puso un poco colorada, pero no le di importancia porque ya había empezado el partido.

    Era Viernes, terminó el partido cerca de las 23, Lulú dijo de ir a tomar algo, yo tenía planes con unos compañeros y compañeras de facultad, así que les dije si no querían venir con nosotros.

    Cecilia dijo que estaba muerta, que acababa de llegar de una visita a un cliente fuera de la ciudad, que quería darse una ducha y acostarse a descansar. Lulú se fue a su casa, así que esa noche no nos vimos más.

    El lunes estaba en pleno cierre mensual, pero ya había adelantado bastante los días anteriores, así que no iba a ser necesario quedarme hasta las 22 como pasaba habitualmente.

    Me salta un mensaje en el comunicador interno.

    Era Lulú que me decía de ir a fumar un cigarrillo y tomar un café en “el fumadero” del edificio, que era un patiecito en planta baja, donde se iba a fumar porque estaba terminantemente prohibido fumar en las oficinas.

    L: Traé los puchos y yo llevo el café.

    Y: En 5 estoy.

    Bajé con encendedor y cigarros, cuando la veo venir a Lulú con Ceci, hablando y riéndose.

    El viernes no la había mirado mucho, pero como dicen los españoles tenía un tipo de “gordibuena”, o sea, mujer con todo en su lugar y buenas carnes si estar pasada.

    Camisa justa con 2 botones abiertos que marcaba una delantera generosa, por encima del promedio, pollera por la rodilla ni muy justa ni muy floja, lo justo para marcar un lindo culo, zapatos de taco que estilizan bastante y el pelo con rulos suelto que le pasaba un poco los hombros, buenos labios, de esos para comerlos que acompañaban una linda sonrisa.

    L: Te la estas comiendo con los ojos (me dijo al oído mientras me daba mi café)

    Y: No me habías dicho que estaba buena.

    Unos minutos de charla intrascendente, que el partido, que el cierre, que preciso que el CEO mande unos docs firmados,

    Ceci estaba sentada en un banco alto y me dice

    C: Habla con tu jefa que me apruebe el crédito para la propuesta “X” que me va la vida.

    Cuando giro la cabeza para verla, vi que tenía puestas unas medias blancas con encaje, que se le veían al subirse un poco la pollera.

    Y: Cómo no, le digo y vos me conseguís laburo al lado tuyo.

    C: Cuando quieras, mirá que precisamos alguien con tu perfil.

    Y: Yo con el tuyo me conformo, dije riendo, pero mirándola a los ojos.

    Cada uno volvió a su lugar, hablé con Bruno para que viera con Sandy el tema del crédito, que me lo había pedido Lulú (nombrar a la secretaria del CEO, ayuda a que muevan el culo y evita que le deba un favor).

    Al otro día llego a la oficina, empiezo a hacer mis cosas y me salta un mensaje en el comunicator

    C: ¡Gracias genio te debo la vida!

    Y: No tanto… no sé qué habré hecho.

    C: Dale que si vos no pinchabas a Sandy, no me aprobaban el crédito para la propuesta y gracias a eso acabo de cerrar el negocio ¡y con eso el 60% de los objetivos del año!

    Y: bueno, pero tampoco hice nada extraordinario, si no fuera buen negocio, Sandy no lo aprueba, el mérito es todo tuyo.

    C: Sos un genio, Lulú tenía razón, te debo una. ¡Gracias!

    Pasó la semana y el viernes después de almorzar, ya casi había terminado mi trabajo, me llama Lulú por el interno

    L: Hoy a las 9 en casa, nos juntamos a tomar algo y después salimos.

    Y: ¿Quiénes van?

    L: Unas amigas, algunas con sus novios Ceci vos y yo.

    Y: pero caigo como peludo de regalo, no conozco a casi nadie.

    L: Dale que vos sos capaz de sacarle charla a un árbol, además Ceci me dijo que vengas que te quiere agradecer.

    Y: Ceci, agradecer… Me encanta, a las 21 en tu casa.

    L: jajaja sos fatal.

    A las 18 salí hacia mi casa, me tiré media hora, me bañé, vestí, perfumé y por las dudas agarré unos condones, porque uno nunca sabe.

    A las 21 h estaba tocando timbre en lo de Lulú, me abrió la puerto Ceci y gritó.

    C: ¡mi héroe! Gracias, en serio, gracias y me dio un beso muy cerca de la comisura.

    Y: Vas a hacer que me ponga colorado.

    L: ¿Vos? haceme reir

    Dijo Lulú que estaba sentada en un sillón en el living.

    Ceci me sirvió un Whisky y nos pusimos a conversar.

    Llegaron el resto de los invitados, Ceci y yo no conocíamos a casi nadie, así que estuvimos charlando casi toda la noche mano a mano, y cuando a eso de las 00:30 empezaron a preguntar “¿a dónde vamos?”, había pocas ganas de salir, así que fui a un 24hs compré un par de botellas más, hielo y seguimos en lo de Lulú hasta las 3 am.

    C: Yo me voy, ¿vos?

    Y: ¿Vos no te quedabas a dormir acá?

    C: ¿Viste a Lulú?

    Lulú estaba muy acaramelada con un chico.

    C: no puedo quedarme bajo ningún concepto… je

    Y: ¿Querés que te acompañe?

    C: Si vos querés. Capaz que me pierdo si no venís conmigo.

    Y: Capaz que nos perdemos los dos.

    C: Mirá que tengo puestas unas medias como los que tenía puestas el otro día en la oficina.

    Dijo mientras abría un poco el vestido y me dejaba ver.

    Y: Si no nos vamos, te agarro acá mismo.

    C: Son 2 cuadras.

    Nos fuimos sin despedirnos, igual nadie se iba a dar cuenta.

    Al salir de lo de Lulú, le planté un beso y ella respondió con ganas.

    Debemos haber demorado entre 20 segundos y media hora en llegar, porque estábamos apurados, pero parábamos en cada árbol y nos pegábamos tremendas refregadas, parecía que teníamos 15 años.

    Entramos en la casa y me pregunta si tenía condones, le mostré la cajita y me dice que para esa noche daba.

    Se apoya en el respaldo de un sofá, abre el vestido y la muy puta se había sacado la tanga y se veía una conchita depilada solo con un triángulo de pelo cortito en el monte de venus.

    C: Vení y chupá que me muero de ganas.

    Y: ¡Ay dios! como te voy a comer la concha.

    Me arrodillé, sentí el olor a hembra en celo y le pasé la lengua por todo el largo de su concha para después dedicarme a comerle el clítoris, me encanta porque es como el botón de encendido, lamer, chupar, apretarlo con los labios y Ceci gemía así que le metí un dedo y empecé a moverlo mientras seguía chupando, con la otra mano me abrí la bragueta y saque mi verga, me levanté y empecé a refregar el glande contra el clítoris, me puse un gorrito y se la clavé hasta el fondo, el espectáculo de las piernas enfundadas en medias con encaje es algo que me calienta mucho, así que me movía como un pero en celo metiendo y sacando a mas no poder, ella ya gritaba de placer, ¡me vas a partir hijo de puta pero no pares seguí dándome verga!

    Yo ya tenía la leche en la punta de la verga, pero no quería acabarme tan rápido, así que le saqué el vestido, ella empezó a sacarme botón por botón la camisa, pasándome las uñas por el pecho, pero yo quería chupar esas tetas que tenían un pezón con aureola grande como una galletita maría, se puso en cuclillas y me hizo una rusa con esas tetotas donde se perdía mi verga, se puso a mamar, se atragantaba y se escuchaba glup glup glup, mientras me amasaba los huevos, se los metió en la boca, los succionaba y los soltaba mientras me pajeaba.

    Me senté en el sillón, se me trepó y empezó a cabalgar como posesa, rebotaba clavándose la verga hasta el fondo gimiendo mientras le chupaba y mordía esas tetotas divinas.

    En un momento la agarré de las nalgas, la levanté, ella cruzó las piernas para quedar afirmada y en el aire empecé a bombear mientras nos besábamos, las lenguas se enredaban, la acosté en la mesa y seguí bombeando con las patitas en mis hombros, tenía la verga dura como si fuera de piedra, ya se me habían ido las ganas de acabar y cuando pasa eso, puedo estar casi una hora bombeando sin acabar, así que me afirmé y seguí meta pija, ella se puso en 4 y con los dedos se abrió la concha y me pidió que se la meta hasta el fondo y a mi juego me llamaron, se la clavé de una hasta el fondo y ella gritaba “¡metemela mas! ¡mas! ¡quiero que me metas más la pija!”.

    Estaba sacada Ceci y yo estaba dejando los restos, al otro día tenía partido y las piernas no me iban a responder, pero no me importaba porque estaba gozando a full…

    Bombeaba y empecé a decirle cosas.

    Y: Te voy a garchar en el baño del último piso del edificio que está vacío, van a quedar tus manos marcadas en el espejo y te voy a ver la cara de puta que pones en el espejo mientras te cojo.

    C: Siii quiero que me cojas entes de la reunión de ventas para ir bien livianita a bancarme la perorata del gordo

    Y: Te voy a tirar la lechita en la cola, te subo la tanga y te mando a la reunión.

    C: No veo la hora de que me cojas en la oficina, pero ahora ¡rompeme la concha cogeme toda hijo de puta!

    El teléfono de Ceci sonaba una y otra vez.

    Y: Atendé que debe ser Lulú.

    C: ¡No!

    Y: atendé vos, o atiendo yo.

    Era Lulú nomas.

    C: Ho… hola amiga

    Y: Poné manos libres

    C: No…

    Y: poné manos libres o empiezo a gritar

    Pone manos libres.

    L: ¿te fuiste con el nene?

    C: Si si

    Empecé a bombear fuerte y mi pelvis aplaudía con su culo pla pla pla.

    L: Ay amiga te están haciendo un service completo

    C: Si si siii

    Y: ¡Y falta rato todavía! Anda a garchar vos y dejanos a nosotros tranquilos

    L: Jajaja hijo de puta, no me la rompas.

    Y: no te prometo nada, ¡pero ella pone mucho de su parte!

    Ceci corta la llamada, me agarra de la mano y me lleva al baño.

    Abre la ducha, nos metemos abajo del agua ella agarra gel de ducha y empieza a enjabonarme el pecho y la espalda, me llega hasta el culo, me amasa las nalgas, me lava bien los huevos y empieza a pajearme con gel de ducha para que resbale más.

    Se da vuelta, se abre las nalgas, se tira gel entre medio y me dice:

    C: Dale, metemelo pero despacito.

    Y: Me dejé los forros en el living.

    C: Por ahí no me vas a embarazar

    Y: Como quieras, ahí voy.

    Apoyé la cabeza en la entrada y fui presionando de a poco, ella agarró la verga y la acomodó para que entre mejor y se deslizó hasta el fondo y de a poco fui empezando a moverme.

    C: Dejamela metida un poco hasta el fondo que me encanta, movete con la verga toda clavada.

    Y: te voy a coger el culo y no te vas a poder sentar

    C: Te voy a dejar la verga que mañana no vas a poder ni mear hijo de puta

    Empecé a bombear y volvían los aplausos pero en ese culo resonaba más.

    C: Ay, me estás partiendo el culo

    Y: y hay para rato

    C: Garchame toda papito

    Y: Te voy a dar leche hasta para el gato

    Seguí bombeando y de repente empieza a temblar y gritar y creí que se estaba meando, pero era un squirt, era la primera vez que una mujer se acababa de esa manera mientras garchaba conmigo y las contracciones del culo fueron demasiado para mí, la saqué y empecé a tirarle la leche en las nalgas, ella se dio vuelta y se refregaba la verga y la leche en las tetas y la chupó hasta que se murió.

    Nos terminamos de bañar, nos secamos me vestí y me fui prometiendo revancha, porque ya había salido el sol y a la 1 pm tenía que estar en la cancha.

    Este trabajo me está dando demasiadas satisfacciones…

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  • Construyendo paraísos (8): Finales felices y disfrutar mirando

    Construyendo paraísos (8): Finales felices y disfrutar mirando

    Durante todo este tiempo que llevamos con la invitada no he querido tomar ninguna iniciativa, no fuera a ser que se volviera contra mí y diera al traste la estupenda semana que llevamos, las primeras veces fueron inesperadas, ni tampoco imaginadas por mi (no sé si alguno de los encuentros con Nore fueron premeditados por ella), que me viera sorprendido no significa que no fuera deseado, el primer día no miré por la ventana pensando en hacerme un paja, fue la visión lo que hizo excitarme. Como discurrían las cosas fui buscando la manera de propiciar que algo pasara, como la cena romana, el rato de piscina fue más descarado, pero fue Tara quien se metió la polla en su coño. No había que desaprovechar la ocasión que me servían en bandeja.

    Después de cenar, nos sentamos relajados en los sofás-balancín del poche contemplando las estrellas. En la conversación, tras rememorar lo acontecido en el día, lanzarlas unos cuantos piropos bien merecidos, decirlas que me estaban dando todo lo que un hombre podía desear, por partida doble y estaba más que encantado y satisfecho.

    Nos quedaban un par de noches juntos los tres, la intimidad entre nosotros era plena, no quería dejar pasar la oportunidad, aposté fuerte y les propuse a las dos una de mis fantasías sexuales, no es ninguna rareza, más bien es un sueño erótico que tiene la mayoría de los hombres. No es otra cosa que pasar la noche juntos, ellas y yo en nuestra gran cama de dos metros de ancha, en la habitación con espejos, si con dos parece con el reflejo que estamos más gente en la cama, con tres parecerá una orgía.

    Les planteo dormir juntos, lo que pase después ya veremos, una cosa puede llevar a otra y dar mucho juego y placer.

    Nore dejó la decisión en manos de Tara, como yo por la mañana para hacer de jardinero íntimo, quizás debí haberlo propuesto primero a Tara, tampoco se trata de conspirar y que nadie se sienta condicionada. Proponerlo abiertamente propicia contarnos cómo nos sentimos, crear confianza, debate y reflexión conjunta que evite malos rollos, sin poner en un brete a nadie, aunque Tara se vea en la tesitura, habría estado mal que lo habláramos Tara y yo y si acordáramos que sí plantearlo a nuestra invitada, entonces sí sería forzado.

    Ellas querían que les explicara esa fantasía, me decían entre risas que no querían que un hombre se aprovechara de ellas. Les dije que ya que estamos tan bien juntos por el día, ellas asentían con la cabeza, continué diciendo que podemos prolongarlo los tres en la habitación grande, les dejaría los lados para ellas, yo en el medio, de tal forma que me diera la vuelta para donde me la diera, me iba a encontrar con alguno de esos estupendo cuerpos. Al explicarlo me estaba excitando, pero eso lo intenté disimular.

    Hablamos de ronquidos, de manotazos y patadas involuntarias (o no) mientras dormimos, nos dio para un buen rato de velada, contando rarezas, sueños recurrentes, experiencias nocturnas. Al final consensuamos en cumplir mi fantasía, a condición que les tenía que dar un masaje completo mañanero con final feliz. Fue Tara la que le puso los “dientes largos” a Nore, contando lo rico que le saben los masajes que le doy muchas mañanas.

    Nos dieron las tantas, cuando llegó la hora de ir a la cama, yo no sabía se sería capaz de dormir, me sentía como en la primera noche de campamento escolar. Tara se tumbó en su lado de costumbre y Nore al otro lado, yo me deslicé desde los pies de la cama, por el centro y me quedé tumbado boca arriba, la visión se me quedará grabada para toda la vida.

    Tres cuerpos desnudos quedaban bien definidos entre las sábanas de raso brillante azul oscuro de la cama. Nos echamos unas risas al vernos en el espejo del techo. Ya hubo quien dijo que le picaban los ojos del cansancio y apagamos la luz. No dejé pasar la ocasión de acariciar a las dos a la vez, una con cada mano, pasándola suavemente por las caderas y sus culetes. No quise ser pesado y dejé dormir no sin antes darle un beso de buenas noches a Tara.

    Me despertó la luz del sol que entraba por la ventana, la sábana de arriba se fue resbalando y quedándose Tara con ella, es algo friolera y le gusta estar arropada, en invierno se arrima a mí para que le dé calor. Nore dormía de lado, un poco acurrucada, desde mi posición veía su trasero, algo mayor que el de Tara, pero bien redondeado y en su sitio, en el techo se veía todo su cuerpo, su pecho que sobresalía de lo que tapaba el brazo que pasaba por encima, contorneados muslos y sugerentes piernas.

    Suelo amanecer con el arma preparada y esa vez no fue distinto. No quería importunar, pero me resultaba irresistible ver y no tocar, estando a mi alcance. Me di la vuelta del lado de Nore y me abracé a ella, pasé mi mano por encima y la posé despacio sobre su teta, las tiene más grandes que Tara y mi mano no las abarca, me sabe delicioso juguetear con sus tetas y sus pezones.

    Mantengo a distancia mi miembro para no violentar, pero mientras acaricio sus pezones noto que su trasero hace contacto con mi parte más sobresaliente de mi cuerpo en ese momento, es la punta de mi polla, fue un instante porque la aproximación continuó, era el culete de ella que venía a mí. Le di los buenos días y ella se fue desperezando apretándose a mí. Encajando mi miembro entre sus piernas, sobresaliendo la punta por delante de sus muslos.

    Un sublime despertar que culminó con el acercamiento de Tara por detrás, primero fueron sus pezones los que contactaron con mi espalda y luego le siguió todo su cuerpo. Hicimos un emparedado conmigo en medio. Aquello era más que lo que podía soportar mi imaginación y mi visión. Tuve que poner orden antes que nos acelerásemos, se elevara la temperatura y llegáramos al punto de no retorno, donde se da rienda suelta a los sentidos y goce desenfrenado.

    Les dije que lo prometido era los masajes y no era cuestión de empezar por el final feliz, ya llegará en su momento. Le digo a Nore que se quede tumbada boca abajo, Tara y yo nos colocamos cada uno a un lado, nos damos aceite en las manos y le damos un masaje a 4 manos. Dejamos que nuestras manos se deslicen por su espalda, casi solas, desde los hombros hasta sus muslos, incluidos. Resulta gratificante para la masajeada, como sus masajistas, de vez en cuando nos damos un morreo Tara y yo mientras sobamos a Tara si mirar donde se van las manos.

    Tras un ratito de caricias, frotamientos, golpecitos, pinzamientos, presión, incluso surcos con las uñas de Tara, dejando la espalda levemente enrojecida a rayas. Le digo a Tara que se tumbe al lado, como ella, le echo un poco de aceite por su culito y se lo esparzo con una mano, mientras la otra mano le da el mismo masaje en el culo de Nore, dos manos para dos culos y alrededores.

    Mi fantasía sexual seguía haciéndose realidad, dos hembras con sendos culitos en pompa esperando recibir placer. Pasaba y repasaba cada mano por cado culo, imposible de abarcar todo lo que los dedos querían, dejaron las nalgas de sus culetes para adentrarse por sus rajitas hasta las otras rajitas. Lo que hacía con una mano lo repetía con la otra, en realidad iban a las dos a la vez. Descubrí con satisfacción que las dos cuevitas estaban bien lubricadas, resbaladizas para recibir dos dedos cada agujero.

    A las risitas le seguían jadeos, de una y de otra, estaban receptivas a las sensaciones que les venían, cada cual a las suyas, aunque se miraban y ponían cara de satisfacción, esperando notar el siguiente gustillo, siendo mis dedos los culpables de ellos. Con dos dedos entrando y saliendo, mis pulgares no se quedaron quietos, les humedecí en sus respectivos jugos y los aproximé al agujero que estaba al lado, el de sus hermosos culos.

    Nore reaccionó diferente que Tara, dio una sacudida de sorpresa, entendí que ese terreno estaba sin explorar, por lo que le dije que se relajara, que no iba a hacer nada que no estuviera haciendo a Tara a la vez, relax y disfrute de las sensaciones que le vengan. Apliqué un poco de aceite del masaje, para tener más lubricación. Volví con dos dedos en su coño y el pulgar venciendo poco a poco la resistencia muscular de su ano, algo que hacía tiempo el otro pulgar había superado en el culito de Tara.

    Algo indescriptible notar alrededor de mis pulgares esos músculos culares, contracciones que notaba en distinto momento de uno u otro pero que eran síntoma de las sensaciones que estaban teniendo con mis otros dedos en su centro de placer, así estuvimos hasta que, de mutuo acuerdo quisieron darse la vuelta y seguir por delante, ellas tumbadas boca arriba, yo frotando sus clítoris, Tara agarró mi polla y me pajeaba mientras Nore jugueteaba con mis huevos.

    Primero fue Tara la que agarrada a mi polla, me la apretó con su mano con la misma fuerza que juntó sus piernas mientras tensaba todo el cuerpo, mis dedos quedaron entre sus muslos. El placer debe ser contagioso porque, sin dejar de gemir Tara de gusto, Nore reaccionó de la misma forma, sus manos se agarraron de las sábanas y me aprisionó mi otra mano con sus muslos. Las contemplaba de rodillas entre las dos, mis manos prisioneras mientras ellas daban pequeñas sacudidas por el repelús posterior al orgasmo.

    Unos minutos para recomponerse, les digo que se me están terminando las fantasías, seguidamente les pregunto si no tienen alguna que podamos satisfacer. Ser ríen sin decir nada. Entonces le digo a Nore si no le gustaría que me adentrara en lo inexplorado. Responde que en el sexo nadie se lo había propuesto y si no iba a ser doloroso por que no.

    Tara siempre me ponía pegas cuando le comía la almeja, ahora tenía la oportunidad de probarlo con una cara imberbe, suave. Nore no sólo le parece bien, además nos cuenta que ya ha tenido una experiencia con una amiga que le resultó muy agradable y satisfactoria. Mientras lo decía se fue aproximando a Tara besándola en la boca, luego en los pezones, en la barriguita y siguió bajando. Nore hizo el comentario de lo agradable que es mordisquear un monte pelado, muy de acuerdo por experiencia mordedora. Le dio los primeros lametazos entre las piernas que sobresaltaron plácidamente a Tara.

    Mientras ellas “boyeaban” saqué el dilatador de ano que tenemos entre nuestros juguetes, lo embadurné bien de lubricante, también la entrada del agujero trasero de Nore y muy despacio fui venciendo poco a poco su resistencia mientras ella pasaba su lengua por el clítoris de Tara. De vez en cuando yo miraba los espejos y entre la realidad y lo reflejado, aquello parecía una orgía de hombres y mujeres dándose placer. Mujeres comiéndose la almeja de otras mujeres, hombres empalmados abriéndose paso en bonitos traseros de mujeres.

    Dejé unos minutos el dilatador dentro mientras le masturbaba el clítoris, yo no aguantaba más la calentura, quería ensartarle mi polla, deseaba poseer su culo, desflorarlo y correrme dentro. Engrasé mi pene que no podía estar más duro, saqué el dilatador y sin dejar que cerrara el agujero metí la punta, avancé despacio y me recreé notando su presión. En ese tiempo Tara empezó a rilar del gusto que le venía por la lengua de Nore contra su clítoris. Quedó como engullida en el colchón, inmóvil y con cara de satisfacción.

    Nore al dejar el clítoris de Tara, fue más consciente de lo que tenía metido en su culo, de la postura de cuatro patas pasamos a la de cucharas sin sacarla, así podía frotarle el clítoris cómodamente, además de seguir follándola por el culo. No duré mucho, la excitación se unió estrecho espacio y explosioné dentro de Nore con mucho placer. El gustazo que me dio hizo que dejara de bombear con mi polla, pero seguí pajeándola metido en su culo. Noté sus contracciones aprisionar mi polla de forma intermitente cuando le vino el orgasmo. Tres fantasías cumplidas, tres finales felices.

    El masaje mañanero y los finales felices hicieron que se nos pasara la mañana sin salir de la habitación, se nos hizo casi la hora de comer, debatimos en la comida a ver quien había tenido el orgasmo más placentero, ellas podían elegir entre los dos que habían tenido cada una. Nore expresó que correrse con mi polla en su culo le dio más gusto y no dudará en volver a probarlo. Por la tarde habían planificado para ir a comprar recuerdos del viaje. Aproveché para atender el rancho que llevaba varios días entregado a las dos mujeres e iba a terminar exprimido. Con mucho gusto, eso sí.

    Nos quedaba la última noche, estuvimos hasta muy tarde, hablando de proyectos, de recuerdos y de quedarnos sólo con los buenos. Aquella semana sería imborrable. Cumplida mi fantasía y con el buen despertar del día siguiente, no dudamos en volver a acostarnos los tres juntos en la gran cama.

    Por la mañana, nos fuimos despertando con besos, caricias y abrazos, a la vez que nos mirábamos en el espejo del techo. A cuenta de los espejos les propuse excitarnos con la mirada, ellas tenían su succionador y yo una polla. Les pareció divertido, cogieron sus aparatos, se recostaron en la cama, sobre la cabecera, cada una a un lado, yo me senté en el sillón de la habitación, a los pies de la cama, frente a ellas.

    Encendieron sus aparatos y se lo llevaron entre las piernas, verlas allí desnudas, con ganas de disfrutar, tan deseables, me había despertado empalmado y en la conversación me había relajado un poco, sólo un poco, porque viendo cómo se masturbaban la erección volvió a ser plena, sin prisas, disfrutando de las vistas, me la meneaba lentamente, como ellas se pasaban el succionador, agarrando el mango como si tuvieran una polla de la mano.

    Empezaron cada una por separado pero tras unos minutos se juntaron y se cambiaron de mango, cada una cogió el de la otra, se masturbaban mutuamente mientras se morreaban, yo no podía aguantar sólo mirando, además, si seguía pajeándome me iba a correr y quería disfrutar de nuestra última fiesta con la invitada.

    Me acerqué, les dije que ya que ellas habían dejado de mirar yo también, me comí los pezones a la vez que magreaba las tetas de las dos, luego me uní al morreo juntando las tres bocas y lenguas. Agarré la cabeza de Nore y empujé un poco para abajo, ella sabía lo que quería, con una mano tenía su aparato, con la otra cogió mi polla que no tardó en llevarse a la boca.

    Mis manos agarraron sus culos y mis dedos se encaminaros a sus jugosos coños, así era, sería por la maquinita, por sus morreos lésbicos, por mis mordisqueos en sus tetas, por la escena en su conjunto. El caso es que Tara fue la primera en retirar el aparato porque la corrida que tenía le hacía insoportable tenerlo en el clítoris más tiempo, se quedó jadeando recostada mientras Nore seguía mamando y succionando mi polla, la calentura que yo tenía hizo que me viniera sin dar tiempo a avisar.

    Cuando Tara nota que me voy a correr la saca de su boca, pero en Nore descargué toda la leche llenando su boca, ella al notarlo no se apartó, levantó la cabeza después de correrme, tragó lo que tenía y se centró en su succionador que no tardó en hacer su función, gimiendo de placer, aún tenía restos de mi leche entre la comisura de los labios, como propina por el placer que me había dado llevé mis dedos a su clítoris y le hice tener otros dos orgasmos seguidos mientras yo disfrutaba de sus tetas y del resto de su cuerpo que no sabía cuando volveríamos a estar juntos.

    Nos quedamos tumbados en la cama, boca arriba, mirándonos en el espejo de techo, con una risa floja y sensación de haber disfrutado todo lo que se puede disfrutar en la vida. Más y mejor imposible.

    Una vez recuperados del éxtasis, comentamos lo bien que lo hemos pasado y acordamos que debemos volver a juntarnos al menos una vez al año. Nos queda sexo por experimentar y disfrutar, para ellas con dos hombres, yo no me puedo desdoblar, aunque quisiera, nos emplazamos para la próxima vez, si Nore sigue sola, ojalá no, nos regalaremos un arnés con falo. En vivo o con juguete incorporado, nos emplazamos a probar la doble penetración y quien sabe si yo me animo, pero esas son otras fantasías.

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  • Mi mujer, yo y María

    Mi mujer, yo y María

    Lo que les voy a contar es algo que me ha ocurrido hace tiempo. Jamás pensé que al leer aquel correo todo pudiera desembocar en algo tan excitante. Empezaré por el principio, como debe ser.

    Hace unas tres semanas recibí un email de una chica de mi país diciéndome lo mucho que le había gustado un relato mío. Me sentí halagado por el hecho de que fuera una chica la que me lo dijera y aún más cuando quiso saber más de mi persona.

    Como es costumbre en mí, no dudé en contestarle agradeciéndole su interés por mi historia y la invité a que leyera alguna otra de mi cosecha. A todo ello añadí lo que me pedía, es decir, describí a groso modo mi vida personal y profesional.

    Al día siguiente volví a tener un nuevo correo de la chica aún más sorprendente. Me decía que se había puesto muy cachonda al leer otros relatos míos y que en palabras textuales se “había hecho unos dedos” mientras disfrutaba la lectura.

    Como ustedes podrán imaginar aquello a la vez que peculiar me puso muy excitado y no dudé en contestarle. El caso es que casi sin darme cuenta me estaba escribiendo con una chica de 28 años que mostraba un enorme interés hacia mi persona. Supe que tenía novio, que eran una pareja muy liberal y que le encantaba el sexo.

    Ella por su parte descubrió que estaba casado (jamás se lo oculté), que mi vida era hasta cierto punto trivial y monótona como la de tantas parejas y que tenía una enorme afición a la escritura. A los pocos correos me pidió alguna foto a lo que yo accedí sin problemas. A su vez ella me mandó una en la que se le veía la cara tapada y aparecía con el torso desnudo. Yo no pedí una foto así, pero reconozco que al verla quedé sorprendido de su belleza.

    Era de complexión normal, piernas bien formadas y unas tetas pequeñas, pero de formas redondeadas. Me pedía insistentemente que le contara algo íntimo de mi relación de pareja y ella cada vez que me escribía me contaba más y más de sus gustos y lo excitada que se ponía cuando le hablaba del sexo que yo hacía con mi mujer. Poco a poco me fue enviando más fotos, algunas muy morbosas y sorprendentes y caí rendido a sus pies.

    Estaba claro que la chica estaba para comérsela y de hecho me veía a mi mismo abriendo una y otra vez las fotos que me mandaba para masturbarme pensando en ella. Evidentemente mi mujer no sabía nada de María, que así se llamaba. Al final ocurrió algo que me dejó entrever días antes. María me pidió fotos nuestras y tras gustarle mucho se ofreció a hacer un trío con nosotros.

    Al leer aquellas líneas sentí una mezcla de miedo y excitación. Sólo el pensar en tenerla en mi cama con mi mujer me ponía cardiaco, pero por otro lado, el simple hecho de planteárselo a mi mujer suponía que me llevara una buena hostia con seguridad.

    Traté el tema con sumo cuidado y cuando mi mujer y yo veíamos películas porno le decía medio en broma lo divertido que sería el meter a alguien allí con nosotros. No tardaba en decirme que estaba loco y que con dos ya éramos suficientes. Nuestra vida sexual era placentera, pero como tantos otros matrimonios, los años habían hecho que la pasión del comienzo decayera y que la monotonía se apoderara de nuestras relaciones.

    Ella lo sabía, pero no quería darle mayor importancia. De hecho, sabía que jamás la engañaría con otra persona. Habíamos probado muchas cosas para “despertar” nuestra pasión, pero no daban el resultado esperado. El caso es que un día le conté que una chica me estaba escribiendo en relación a mis historias y que me había propuesto algo curioso. Le enseñé fotos riéndome de la ocurrencia para crear un clima calmado y ella reaccionó bien, con normalidad, pero dejando claro que jamás se había planteado hacer sexo con otra mujer.

    Pasaron los días y en una cena romántica abordé nuevamente el tema. Le dejé claro mis sentimientos hacia ella, pero le propuse conocer a la chica sin compromiso alguno. Más que nada lo achaqué a la curiosidad del momento y que como era muy agradable y divertida entendería nuestra postura. Ella se negó en rotundo, pero tras unas copas terminé convenciéndola.

    María era de otra provincia y decidió venirse a pasar unos días en la ciudad. Tenía contratado un hotel y nada más llegar, nos citamos en el restaurante del mismo.

    Mi mujer estaba muy nerviosa, casi ni habló en el coche y yo estaba aún peor.

    Dejamos pactado que la conoceríamos, nos contaría sus experiencias como personas civilizadas, nos divertiríamos con unas copas y cada uno para “su casa”.

    María estaba esa noche espectacular. Nada más verla me temblaron las piernas y mi mujer me echó una mirada furtiva como contemplando mis reacciones ante aquella chica de provocativo vestido. Llevaba una blusa roja de pequeños tirantes y una falda corta del mismo color. Sus pies mostraban unas sandalias de tacón y unas uñas perfectamente pintadas de color sangre. Llevaba el pelo semilargo, ojos oscuros como en las fotos y rostro sereno. El escote era pronunciado y mostraba unos pechos emergentes del tamaño justo para ser masajeados por manos expertas. Venía mostrando una sonrisa de oreja a oreja y comenzó a hablar sin el menor síntoma de nerviosismo.

    Manejaba la situación desde el primer momento a pesar de ser algo más joven que nosotros. Tras unos minutos de cierta tensión por nuestra parte, la conversación intranscendente dio paso a un clima agradable en el que terminamos riendo y contando mil y una historias. La copas iban de ronda en ronda y terminamos cenando en un restaurante del centro de la ciudad donde María nos contó la peculiar relación que tenía con su novio. Cada uno podía hacer lo que quisiera pues ambos estaban seguros de que con quien mejor podían estar era el uno con el otro, aunque disfrutaran del sexo con otras personas.

    Nos reconoció abiertamente que le encantábamos, que éramos una pareja ideal y que se nos veía felices. Terminamos bebiendo mucho más en una discoteca donde ella mostró en ciertos momentos más atención a la “presa” difícil, es decir, a mi mujer. Hubo un momento en el que fueron juntas al baño y tardaron unos minutos. No sé qué hablaron allí, pero la curiosidad me mataba. Al verlas salir y dirigirse a mí, me dijeron con total normalidad que nos fuéramos a casa a tomar la última copa.

    Durante la cena, mi mujer le había reconocido que las chicas no le atraían y que le sería muy difícil practicar sexo con alguna. María respondió que eso le pasó a ella hasta que lo probó pero que si accedía a un encuentro íntimo con ella, se convertiría en un “hombre” para mi esposa y así hacerlo más fácil. Aquello provocó las risas de todos pero me dejó tan intrigado creo que como a mi querida mujercita.

    Al llegar a casa, nos sentamos y bebimos algo más. Mi mujer no es muy dada a la bebida y era evidente que ya no estaba muy “católica”. No paraba de reír y llegó incluso a cierta complicidad con María. Todo ocurrió muy deprisa.

    María puso su mano en mi pierna y ante mi mirada de asombro me dio un apasionado beso. Mi mujer miró entre asombrada y complacida. Digo eso porque no reaccionó como yo hubiera pensado. Se limitó a ver la escena tal y como discurría. María metió su lengua hasta mi garganta y no dudó en poner su mano en mi paquete. Yo miraba de reojo a mi mujer y ella con rostro serio seguía dando sorbos a su vodka. María abrió la cremallera del pantalón y inevitablemente mi polla salió disparada como un resorte. Estaba más empalmado que la bandera del Estado Mayor y María empezó a chuparla sin dejar de mirar fijamente a Sandra.

    Sandra no dejaba de mirar la mamada y yo, casi sin atreverme a encontrarme con sus ojos, cerré los míos.

    Cuando estaba en el momento más excitado ella paró. Se sentó al otro lado del sofá y se inclinó hacia Sandra. La besó dulcemente y ella se dejó hacer. Cerró sus ojos al igual que yo y se entregó por completo a la “experta”. La cogió de la mano y se levantaron con tranquilidad. Al llegar a la entrada del dormitorio María se dirigió a mí.

    —¿No vienes?

    —Si, siii… por supuesto…

    La tumbó en la cama y con mucha parsimonia la desvistió. Yo me recosté a su lado y empecé a chupar los pezones de mi mujer. Tanto María como yo nos habíamos aliado en un pacto silencioso en dar placer eterno a Sandra. Las tetas de mi mujer eran mucho más grandes que las de María y pronto sus pezones se pusieron duros como piedras mientras ella jadeaba con cierta evidencia. María la besaba y le acariciaba el pelo con ternura y dirigía las operaciones con autoridad.

    —Héctor, métele la polla en la boca.

    —Siii… así… cómetela nena… así…

    Sandra engullía con lujuria mi tremendo pene mientras María se situaba justo al lado y me ofrecía su culito redondeado. Se disponía a comerle el coño a mi esposa mientras me ofrecía su trasero. Mis manos no tardaron en recorrer aquel trasero y a acariciar su coño poco velludo. Estaba húmedo, lo cual indicaba que tal y como me había dicho en sus correos, aquella situación la volvía una ninfómana total. Le froté con fuerza su clítoris mientras mi polla entraba y salía de la boca de Sandra. Pude ver como mi mujer se abría por entero de piernas para sentir la lengua de otra mujer chupar su “intimidad”.

    —¡Qué coñito tienes Sandra! Ummm… que bien te sabe…

    —Dios… sigue amor… ahhhh…

    Sandra gemía sin contemplaciones llegando a olvidar por completo mi polla pero eso no me hizo sino excitarme aún más. La imagen de mi mujer abierta, masajeándose sus propias tetonas mientras otra chica le comía el coño era impactante. Era toda una fantasía hecha realidad. Yo cambié de posición y me puse justo detrás de María. Estaba a cuatro patas u su culo mostraba haber sido jodido muchas veces por detrás ya que sin haber dilatado en ningún momento, su agujerito no estaba prieto del todo como suele ser normal.

    Presentaba un ligero orificio que me invitaba a entrar para disfrutar de su calidez. Tal y como hablamos en tantas ocasiones, el sexo anal la hacía disfrutar en gran medida así que me dispuse a comerle a ella el coño y a penetrar su pequeño ano.

    Era todo un manjar y pronto su vagina desprendió cantidad de lubricación. Era curioso disfrutar del aroma de otro coño distinto al de Sandra. Cada una olía de forma distinta. Sandra no tardó en correrse abundantemente y se desmadejó mientras veía como mi lengua entraba y salía del chocho de María. Pronto me dediqué a su culito y mi músculo bocal entró sin dificultad en su ano. Ahora era María la que gemía y movía el culo en pequeños círculos.

    Justo debajo estaba la cara de Sandra que vio como mi pene se disponía a violar aquellos dos agujeros provocadores. Primero se la metí en el coño y la envestí con suavidad. Tras varias envestidas noté la mano de Sandra como me agarraba la polla y la sacaba para chupármela sin compasión. Al instante volvía a meterla de donde la había sacado. Yo estaba como loco…

    —¡Fóllame el culo ya, cabrón!… no puedo más… Fóllamelo… ahhh…

    —ummm, métesela cariño… quiero verlo… ayyy… métela dentro…

    Fue ella mismo quien dirigió con su mano mi polla y la entrada fue más fácil de lo esperado. El placer era inmenso y noté como una boca trabajaba cerca de mi polla palpitante. Era Sandra que estaba chupándole el coño a María mientras yo la envestía fuerte por el culo. Pronto tuvo que dejarlo porque me aferré a su cadera y mis movimientos eran bruscos y decididos. Se retiró a un lado y contempló la escena con ojos vidriosos. Como un poseso dirigí mi mirada a sus tetas y le agarré con mi mano mientras con la otra me apoyaba en el trasero de María. No pude más e iba a correrme…

    —Joder… me voy a correr… ahhh…

    —Córrete en mi boca, por favor, dame tu leche…

    La saqué con rapidez y dirigí mi polla a su boca. Al instante Sandra se puso junto a ella esperando también su ración. Me masturbé unos segundos, pero no hizo falta más. Era demasiado para mí ya l igual que en las películas porno las rocié de esperma por toda su cara. Fue increíble.

    Nos quedamos tumbados unos minutos, pero pronto la “experta” se incorporó y cogió algo de su bolso. Sandra la miraba ansiosa y yo recuperaba el aliento sin perderla de vista. Sacó un pene de plástico colocado en un arnés y se lo colocó. Al momento me acordé de sus palabras durante la cena y en pocos segundos era un “hombre” para Sandra.

    La besó y sin preguntar le metió la polla de goma en su boca.

    —Cómetela guarra… Vas a saber lo que es un hombre de verdad… ahhh… así entera… vamos…

    —Glup… dámela… glup…

    Se habían puesto en acción sin darse un respiro y yo tumbado presenciaba aquella extraña escena. Era como si la mujer que estaba allí comiéndose aquella polla naranja no fuera la misma que hacía 8 años se había casado conmigo.

    —Ábrete de piernas zorrita mía… quiero metértela hasta las entrañas, venga…

    Sandra levantó sus cortas piernas y mostró su sabroso coño a María. Ésta dirigió su artificial órgano hasta su cavidad y la penetró. Ví como movía hábilmente sus caderas y le frotaba sus tetas con brusquedad. A los pocos minutos le dio la vuelta groseramente y la puso a cuatro patas. Yo volvía a estar empalmado y ella se la metió de un tirón sin delicadeza alguna. Sandra soltó un chillido seguido de gemidos varios. Por primera vez veía a mi mujer follada por otra persona. Sus tetas se movían alocadas en cada empujón que le daba María y ésta le daba cachetazos en su culo gordito.

    —¿Quieres tú también jugar verdad? Vamos hombre anímate a follarte a esta guarrilla.

    —Si por favor, ahhh… follarme ya… vamos… quiero…

    —Pero mueve el culo zorra… no dejes de darme placer en mi polla… Así.

    Era alucinante la transformación mostrada en mi mujer y yo estaba tan cachondo como ellas dos. María se situó debajo y le metió la polla de nuevo. Sandra le dejó sus tetas en la cara para que ésta disfrutara de su sabor. Yo me situé detrás y tras lubricarla con ayuda de mis dedos la penetré por detrás. Ella se tensó por un momento al sentir que yo quería entrar.

    —Con cuidado por favor… con cuidado.

    —Calla mujer… Y mueve tu culo sobre mi “compañero” solté casi en una voz que no sentía mía.

    Estaba tan metido en la nueva situación que me excitaba pensar en que estaba dominada por dos personas. Al final logré introducirle mi polla en el interior de su agujero y noté como la “otra” rozaba casi la mía. Una ligera pared de piel separaba ambas pollas dando una sensibilidad inimaginable. Debía ser así también para ambas porque no paraban de emitir ruidos. Sandra jadeaba y se dejó caer sobre las tetas de María. De hecho creí llegar a ver como le chupaba sus pequeños y puntiagudos pezones. ¡Mi mujer comiéndole las tetas a otra!

    Mis empujones eran cada vez más fuertes pero no quería que el momento acabara, así que me salí y vi como su culo había dilatado ostensiblemente.

    —Vamos poneros las dos a cuatro patas, quiero follaros juntas.

    Mi voz decidida debió dar resultado y ambas me agasajaron con sus culos uno al lado del otro. Era una imagen curiosa. El culo de mi mujer era algo más grueso y por el contrario el de María presentaba un pene colgando hacia abajo.

    Aquello no hizo más que ponerme aún más cachondo y empecé a metérsela a la una y la otra. María disfrutaba enormemente y su culo era una delicia ya que cada vez que se la sacaba se veía una enorme cavidad abierta. Terminé corriéndome en Sandra y caí rendido nuevamente. Ellas me ignoraron y seguidamente se hicieron un 69 sin timidez alguna. Terminaron llegando al orgasmo casi al mismo tiempo.

    La noche había sido larga y terminamos durmiéndonos abrazados los tres. A la mañana siguiente todo volvió a empezar irremediablemente. Estábamos ansiosos unos de otros.

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  • La casa de los espejos

    La casa de los espejos

    La gente dice que es bueno tener amigos abogados, periodistas, policías, funcionarios, albañiles, pero no se suele decir que el mejor amigo que puede tener alguien es un feriante.

    Como cada año, la feria había llegado a la ciudad, así que decidí acercarme, más que para subirme a alguna atracción, para ir a saludar a mi amigo Paco. Paco es un chaval que yo conocí cuando era pequeño, y es el hijo del dueño de “La casa de los espejos”, ya sabéis, ese laberinto compuesto de espejos, donde no consigues salir sin haberte llevado un buen golpe, llegando a ser algo agobiante al no encontrar la salida. Y exactamente junto a la salida, estaba Paco para ayudar a aquellos que se pusiesen demasiado nerviosos.

    Cuando me vio se acercó a saludarme, y tras un fuerte apretón de manos, empezamos a hablar, no le veía desde la última vez que estuvo la feria donde yo vivo. Me contó que la vida no le iba mal, tenía una novia bastante formal, y lo de la casa de los espejos le daba de comer bastante bien, así que no se podía quejar. También me dijo que el que ahora no estaba bien del todo era su padre, que ya se cansaba un poco, por lo que tenían que haber contratado a otra persona para ayudarles con el negocio.

    Por lo visto ahora, temporalmente, les ayudaba una chica, Marta, la hija de unos vecinos suyos que para sacarse un dinero extra ayudaba de vez en cuando al padre de Paco. Justo en ese momento, como si nos hubiera oído, se acercó una chica que resultó ser ella. Era rubia, ojos verdes, delgada, y llevaba en ese momento un mono de trabajo, algo sucio ya que había bastante polvo en el ambiente.

    Paco nos presentó, y me comentó que estaba empezando la carrera de Empresariales, y que mientras conseguía en la feria algo de dinero para sus gastos. Resultó ser una chica bastante simpática… e interesante. Estuvimos hablando un buen rato, hasta que me tuve que ir, pero Marta me pidió que esa noche volviese, que le había caído bien, y que me dejaría pasar gratis a la atracción. Yo le di las gracias, y me fui, no sin darle vueltas a eso de que me dejaría pasar gratis… ¿Llevaba alguna segunda intención? Por supuesto no iba a quedarme con la duda…

    Pasó el día, y llegó la noche, y volví a la feria. Aquello estaba lleno de gente, padres con hijos, pandillas de amigos, parejas, personas mayores, que paseaban entre las atracciones, hacían colas para subir a alguna, se tomaban algo de lo que podían comer en los distintos puestos… No cabía una aguja en un pajar. Yo me dirigí directamente a “La casa de los espejos”, y allí estaban Paco junto a la salida, su padre en la puerta controlando la entrada para que no pasase demasiada gente de golpe, y Marta dentro de la taquilla cobrando la entrada.

    Saludé a Paco y a su padre, que me recibió con una sonora palmada en el hombro que me dejó dolorido, y después fui a darle dos besos a Marta, que me había abierto la puerta de la taquilla y me invitó a sentarme a su lado en un pequeño taburete. Allí seguimos hablando un buen rato, entre cliente y cliente que venía a pagar su entrada. Finalmente, ya sobre la 1 de la madrugada, cada vez había menos gente. Los niños se iban a dormir, las personas mayores también, y los grupos de amigos se iban a pubs o discotecas a continuar la fiesta. Fue justo en ese momento, cuando todo empezó.

    Casi sin darme cuenta, y aprovechando un momento que yo estaba mirando para otro lado donde me había parecido observar una pareja detrás de una caravana en actitud “muy cariñosa”, noté como una mano empezó a deslizarse sobre mi paquete, y una voz me susurraba al oído: “Parece que tú también los has visto… y por lo que noto también te has puesto cachondo…” Ahí estaba Marta, empezando a meter su mano dentro de mi pantalón, y acariciando algo que cada vez estaba más duro y caliente.

    Me dio un rápido beso, y me volvió a susurrar “Te dije que te dejaría entrar gratis… ¿Qué tal si comenzamos con la visita?”. Me cogió de la mano y arrastrándome y aprovechando que el padre de Paco había ido un momento al baño, nos metimos dentro del laberinto. Fuimos avanzando hacía un sitio donde uno de los espejos tenía un pequeño picaporte, que daba a una salita, también rodeada de espejos, con una especie de colchón inflable.

    Marta me comentó que lo descubrió una vez de casualidad, y que le habían explicado que aquello servía de lugar de descanso los días que hacía demasiado calor en la caravana, y era verdad que se notaba algo más de fresco que fuera. Acto seguido me empujó sobre la colchoneta, y se bajó la cremallera del mono, que al caer, y para mi sorpresa, dejó un precioso cuerpo absolutamente desnudo. Ante mi vi una mujer delgada, pero con unas tetitas muy atractivas y suculentas, y una matita de vello rubio que cubría su pubis.

    Se abalanzó sobre mí, atrapando mi cabeza entre sus piernas, y dejándome todo al alcance de la lengua… así que le agarre por las nalgas, y empecé a lamerle todo muy fuerte, que notase con intensidad mi lengua recorrer de arriba abajo toda su rajita, apretando mi cara contra ella y dejando que entrase en su interior, rozando con mi nariz su clítoris. Marta gemía y gemía, y en un rápido movimiento, se levantó y se puso de forma a hacer un 69.

    Mientras yo volvía a devorar todo su coñito, ella sacó mi verga del pantalón, y suavemente, comenzó a besarla, dándole primero pequeños besitos inocentes desde la punta hasta los huevos… pero de golpe se la introdujo dentro de la boca, y usando su lengua, me dio un “masaje” como nunca me habían dado hasta entonces. A la intensidad de su mamada, yo correspondía con un cunnilingus mucho más rápido y fuerte, lo que hacía que Marta lanzase intensos gemidos de placer.

    Así estuvimos varios minutos, hasta que por fin, pasamos a la acción. Ella se tumbó de espaldas a mí, recostada sobre un costado, para que yo pudiese abrazarla por detrás. Eso hice, agarrando en mis manos sus tetas, y atrapando con dos dedos sus pezones. Marta separó ligeramente sus piernas y yo, lentamente, me fui introduciendo en ella con cierta dificultad, que ella disfrutaba ya que al no acertar bien por la dificultad de la postura, rocé con la cabecita en mas de una ocasión su clítoris, haciéndole emitir pequeños ruiditos de placer, a la vez que me daba cariñosos besos en la mejilla.

    Finalmente, y una vez bien acoplado, empecé a entrar dentro de ella despacito, despacito, hasta que mi miembro había desaparecido dentro de ella. En esa postura, ella ligeramente abierta de piernas de espaldas a mi, empecé a bombearle. Despacio al principio, pero acelerando progresivamente. Ahí estábamos entregándonos al placer, yo la penetraba sin descanso, y ella también colaboraba, apretando sus músculos vaginales para sentir mejor cada movimiento. Aquello era el paraíso, pero ella quería probar mas cosas.

    Se dejó caer sobre mí, e incorporándose y de espaldas sin dejar que me saliese de ella, empezó a cabalgar. Yo veía su culito moverse a cada embestida, y eso me producía una excitación enorme, por lo que yo también empecé a moverme, haciendo la penetración mucho más profunda e intensa. Se dio la vuelta y siguió cabalgando, esta vez de frente a mí, dejándose caer para besarme con mucha pasión, mezclando el placer del sexo con el placer de sentir su lengua jugar con la mía.

    Estábamos a punto de explotar, yo notaba mis huevos que no podían más, y su rajita ya estaba mojadísima, por lo que no tardábamos mucho en acabar, ella tras una serie de fuertes embestidas por mi parte, y yo sobre su vello púbico, como ella me había pedido, mezclándose mi esperma con sus fluidos conforme este se iba deslizando hacía abajo.

    Descansamos abrazados durante unos 15 minutos. La atracción ya había cerrado, y mientras nos volvíamos a vestir, oímos pasos en el laberinto. Salimos y ahí estaba Paco, dándose un paseo por si alguien se había perdido, y cuando nos vio, pareció muy sorprendido, pero no tardó mucho en darse cuenta de lo que había pasado, y me lanzó, sonriendo, una mirada como diciendo “Que cabrón eres…”.

    En fin, todo lo bueno se acaba, y la feria se tuvo que ir, menos mal que iba a volver el año siguiente, y yo la iba a esperar con más ganas que nunca…

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  • La mamada de mi vida durante un concierto

    La mamada de mi vida durante un concierto

    Aquella mañana me desperté ilusionado pues iba a ver a un grupo de los que más me gustan, una fusión de estilos como el rock, el heavy-metal, la música celta… Había quedado con Cristina, una amiga mía desde hace algunas semanas, la verdad es que habíamos congeniado bien. Cristina es alta, rubia, y tiene los ojos más bonitos que he visto nunca, realmente son preciosos, esa mezcla entre el azul, el verde y el gris… Sus tetas serán una talla 85 o 90, algo normal, pero muy redonditas y muy bien puestas y su culito, madre mía qué culito que tiene mi niña, usa una talla 36 y es que te dan ganas de comértelo entero.

    La llamé por teléfono y quedamos en que la pasaría a buscar a las cinco de la tarde por su casa, me puse una camiseta, unos vaqueros cortos y las playeras desgastadas que uso para los conciertos, aquella noche hacía un calor infernal así que decidí ir lo más sport y cómodo posible, ya hay otros momentos para vestirse “elegantemente”. Me llevé ya preparado de casa en la neverita del camping, una botella de Coca-Cola que contenía un buen kalimotxo fresquito, una bolsa de patatas y agua. Bajé al garaje y me dirigí a buscarla, no estaba muy lejos, así que como era sábado apenas tarde 15 minutos en llegar a su casa.

    —Hola guapetona ¿qué tal?

    —Muy bien, oye … ¿a qué hora abren las puertas?

    —Pone en la entrada que a las siete, pero yo paso de meterme en todo el mogollón de la gente y eso, además tomamos algo antes y entramos a las siete más o menos ¿ok?

    —Vale, como quieras —me dijo sonriendo— por cierto, te has puesto mechitas rubias ¿no?

    —Sí, me las di el otro día, porque me gustaban de cuando las llevé el verano pasado.

    —Ah, pues te quedan de puta madre

    Pusimos algo de música en el coche, un CD de Gamma Ray y nos dirigimos hacia Leganés, yo estaba pendiente de la música y de la carretera para los carteles así que en unos minutos no la presté mucha atención, pero una vez que ya estaba orientado estuvimos hablando de qué tal le había ido la semana, de cómo había terminado el curso para nosotros, y de que hacía dos semanas o tres que no nos veíamos y que teníamos muchas ganas de vernos.

    Yo tengo 21 años, y Cristina es un poquito más mayor que yo, tiene 25 y nunca pensé que se pudiese fijar en un chico como yo, porque supongo que me consideraría un crío, que querría otro chico de más edad, con más dinero, con un buen coche… es lo normal, pero bueno, nosotros éramos una pareja peculiar, habíamos estado saliendo un tiempo, pero luego lo dejamos y preferimos seguir como “amigos con derecho a roce”.

    Llegamos a “la cúpula del trueno” como yo la llamo al igual que mucha gente, la verdad que esto es como un huevo, y los conciertos salen fatal muchas veces porque en cuanto cierran la mitad de la cúpula… la cagan, en fin, aparqué como pude… cerré la capota y noté cómo algunos me miraban como si fuese un bicho raro solo porque no llevo el pelo largo, ni camisetas negras, y al ver aparcar el 206 Cabrio… en fin.

    Sacamos del coche la botellita de kalimotxo y nos pusimos desesperados a buscar una sombra… y allí bebiendo y entre cigarros y un par de canutos que nos hicimos, pasamos el rato.

    La verdad es que odio a Cristina, odio que me guste tanto, odio que esté tan buena, y odio que me guste todo… absolutamente todo de ella… porque es que no lo puedo remediar, pero me vuelve loco. Encima usa mis dos colonias favoritas en chica, la de Nenuco y la de Mango.. y ya sólo con oler su cuello, su pelo se me pone como un barrote. Eso es lo que pasó mientras ella estaba sentada encima de mí, me empecé a empalmar a lo loco… porque entre sus caritas, su sonrisa, y el olor de su colonia no podía resistirme. Ella notó que mi bulto crecía y me miró y me dijo:

    —Espera cámbiate un poco, porque me estas clavando las llaves del coche…

    Yo la miré y sonriendo pícaramente no pude evitar un…

    —Je je, no son las llaves del coche, las llaves del coche están aquí en el otro lado —dije en su oído, sonriendo y señalando el bolsillo del lado contrario.

    Decidimos entrar, no nos dejaron pasar ni el kalimotxo ni el agua, así que bueno, nos pusimos en el centro de la plaza, y esperamos, los grupos fueron saliendo uno por uno, en una puntualidad bastante aceptable. Con el primer grupo no prestamos nada de atención, y estuvimos hablando y mirando por la plaza y las gradas, para ver si veíamos a algún conocido. Yo me encontré con dos chavales de mi facultad y con una amiga. Y ella también se encontró con dos chicas que conocía.

    —¿Es tu piba? —me dijo Juan

    —Sí, bueno… más o menos

    —Joder, pues está muy buena.

    Nos pusimos al lado de la mesa de sonido disfrutando de la actuación… me puse detrás de Cris y no podía evitar prestar más atención a su culo que al concierto… apoyé las manos en su espalda y comencé a masajearla. Y acercándome por detrás me frotaba un poco contra su culito, ya empezaba a hacer mucho calor así que me quité la camiseta quedando a la vista mi tatuaje tribal en la espalda, me apetecía enseñarlo… así que eso hice.

    Ya era de noche y en el descanso Cris apoyada en una valla amarilla y como ya habíamos terminado el mini, no pudimos evitar la tentación y nos volvimos a liar, su lengua se enredaba contra la mía, y la muy cabrona sabía cómo ponerme a mil pues se había metido un hielo en la boca y llevaba un piercing en la lengua, una bolita que la parte de arriba es como un planeta (Júpiter, Saturno o algo de eso…). Su bolita helada jugaba con mi lengua mientras me plantó las manos en el culo (yo hice lo mismo…) y me dijo al oído:

    —Qué culo tienes tío…

    Bueno, creo que no estoy mal físicamente, y soy deseado por muchas chicas, y bueno, aunque yo también deseo a muchas, al final son ellas las que eligen. Las luces se apagaron de nuevo y subí a Cris a hombros un rato durante el concierto para que tomase algunas fotos. Le tuve que dejar las pilas de mi cámara porque había perdido las suyas. Yo ya no podía ni tomar fotos, ni fumar ni beber porque tenía que estar pendiente de las piernas de Cris, para que no se me diese una hostia y se abriese la cabeza. Ella me entrelazó sus manos en mi cuello y a veces la soltaba y me acariciaba la cabeza, eso me encantaba…

    Fuimos al servicio para mojarnos un poco la cabeza y subimos a las gradas para descansar, allí estaríamos más cómodos. Nos subimos a lo más alto de la grada. Ya eran las dos de la mañana y aún quedaba el plato fuerte de la noche. Mägo de Oz tardarían un rato en salir… porque preparar la batería, el decorado…

    Nos bajamos a la plaza otra vez y de repente nos dimos cuenta que había sitios más tranquilos la cogí y nos fuimos por los pasillos internos de la plaza, se supone que no se podía estar allí, pero aquí estábamos lejos de la gente, de cualquier guardia, etc. Había unos recovecos y allí nos sentamos a esperar que saliesen Mago, tranquilamente seguimos besándonos y ella siguió disfrutando acariciándome el pecho, me empezó a dar besos y mordisquear muy dulcemente mis pezones y eso me volvía loco, ya estaba como un barrote nuevamente porque además llevaba toda la semana sin masturbarme y me había tomado un par de bebidas energéticas de esas que te pone mogollón.

    Ella me miró y acariciándome el paquete por los tejanos. Besándome, mordiéndome el cuello y la oreja, bajando por mi pecho y mi tripa sin quitarme los ojos de encima, me desabrochó el cinturón, abrió el botón del vaquero bajó un poco la cremallera y sacó mi miembro por un lateral del slip-tanga que yo llevaba, la verdad es que fue un alivio tremendo sentir esa liberación… ella me acarició el pene, y acercó su lengua para lamer la base. Y lamer el glande como si fuese un helado hasta que se la metió en la boca, porque si no así me iba a volver loco.

    Madre mía, en cuanto me dio la primera chupada, metiéndosela hasta la mitad creí que me corría ahí mismo. Ella empezó a hacerme la mejor mamada de mi vida, realmente fue.. la mejor mamada de mi vida, hacía un mes y pico cuando salíamos ya habíamos follado y me la había comido otras veces, pero sin duda esta vez disfruté como un loco, ¿sería la nostalgia?

    Se acurrucó a mi lado y mientras seguía con la mamada, yo la metía la mano por detrás y por debajo de su tanguita, se lo retiré un poco y pude ver que estaba toda mojadita de flujo, saqué un momento la mano con mi dedo índice empapado en esa deliciosa miel y chupé mi dedo, me supo a gloria el sabor de su conejito así que repetí esa operación unas cuantas veces más. Mi dedo húmedo jugaba con su clítoris mientras ella con mi miembro en su boca emitía gemidos, el concierto comenzaba…

    «Dicen que de todos los animales de la creación, el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir. Por eso es mejor forjar el alma que obnubilarla, es el fin del camino… es Finisterre.»

    La columna donde estaba apoyado empezó a retumbar y se oía todo como en un túnel, me iba a correr ya de un momento a otro así que ella me miró y la avisé de que me corría, aunque a ella ya sabía que le gustaba tomarse la leche. Di golpecitos con mi miembro a punto de estallar en su lengua y los lechazos calientes fueron a parar a su boca y a su lengua, no sé la cantidad de semen que tuvo que salir, pero ella se lo tomó todo aunque quedó algo por la comisura de sus labios que se relamió al final..

    —Qué barbaridad… —me dijo riéndose—, llevabas un montón de días sin descargar ¿no?

    —Sí la verdad es que sí, me has hecho la mejor mamada de mi vida

    —Yo también me he corrido a gusto tío, además qué morbo hacerte una mamada aquí detrás… mmm, quiero quedarme toda la noche y luego en el coche más tranquilos… ¿vale?

    —Claro que sí

    Se subió encima de mí la metí un morreo de impresión, aún quedaban restos de mi leche, pero no me deba asco al fin y al cabo era mía.

    Nos fuimos de nuevo y disfrutamos de los Mago de Oz, abrazados, el concierto estuvo de puta madre, hasta las 4 de la madrugada… y luego la juerga de Cristina y yo en mi coche duro muchísimo más… El domingo lo pasé entero durmiendo.

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  • Me sorprende una amiga de mi madre

    Me sorprende una amiga de mi madre

    Me levanté de la siesta un poco desconcertado, dos horas seguidas de tan excepcional invento no pueden ser buenas, y más en verano, aquel año me habían dejado solo en casa y la ausencia de ruido logro tal inusitado descanso. Subí la persiana de la habitación, e inspire fuertemente, una bocanada de aire húmedo me espabilo por completo, la descarga instantes antes de una tormenta veraniega había dejado ese típico olor a lluvia y la pegajosa sensación de humedad que producen esos singulares chaparrones.

    Me desvestí y me metí en la ducha, una ducha fría recuperadora para volver a sentirme persona, de repente sonó el timbre de la puerta, me coloqué como buenamente pude una toalla y tras ir medio resbalando por el pasillo abrí la puerta. Era una amiga de mi madre, cuarenta y muchos, castaña, de mediana estatura, se notaba que se cuidaba, siempre sonriendo y bromeando.

    La hice pasar, venía a recoger unas fotos que mi madre le había dejado, hacia una semana que todos se habían ido a la playa y me dejaron la tarea de recadero para casi todo. Le comenté si quería tomar algo y me dijo que si, un vasito de agua fresca si tienes, me dijo mientras me repaso de arriba abajo. Esa mirada me excitó sobremanera, excitación que me produjo una buena erección que no escondí.

    Me siguió hasta la cocina, allí le acerque el vaso de agua fresquita que me había pedido, ella se quedó mirando el bulto que escondía mi toalla, sin alterarse, cogió el vaso de agua, mirándome a los ojos, se lo acercó a la boca y comenzó a beber, yo estaba delante de ella, deseando que la toalla cayese, que se encontrara en la situación de verme así, empalmado por su culpa.

    —Te he pillado en la ducha —me dijo volviéndome a repasar de arriba abajo.

    Yo estaba nervioso, creí que la polla me iba a reventar, yo también la repasé y vi como los pezones marcaban sus considerables senos, un silencio se apoderó de la habitación, se acercó a mí y colocó su dedo en mi pecho y jugó con una gota que iba cayendo hacia abajo, subiéndola hacia arriba, atravesando mi cuello, llegando a mi barbilla e introduciéndola en mi boca, boca que saboreó aquel dedo como si se tratase del mejor de los manjares.

    Mi corazón palpitaba a un ritmo casi desconocido, me acerqué a ella, separé su pelo y empecé a besarle el cuello, “¿estás solo? ¿nos pueden pillar?”, dijo entrecortadamente, .”no, le conteste yo, estoy solo”, mientras mi labios iban besando su mejilla hasta alcanzar sus labios maduros, experimentados y sabrosos.

    Me quité la toalla, cogí su mano y la puse encima de mi miembro, duro como una roca, lo asió fuertemente y empezó a masturbarme, mientras seguíamos besándonos, “¿vamos a la cama?”, le pregunto medio balbuceando, nervioso de oír una negativa, de que me dejase empalmado, solo, jodido, pero asintió y nos dirigimos rápido a la habitación de mis padres, se quitó la camiseta blanca dejándome al descubierto dos enormes pechos, semi caídos, cubiertos por un sujetador marrón poco sugerente, le di la vuelta y mientras continuaba besando su cuello, se lo desabroché y con gran rapidez acoplé mis manos en aquellos blandos y sabrosos senos, apretándolos y manoseándolos sin ningún pudor ni delicadeza por mi parte.

    Dándose la vuelta, se quitó la falda y las bragas poco eróticas que llevaba con rapidez, supongo que para que no las viese, y pude ver una gran mata de pelo entre sus piernas, negro, rizado, abundante, se recostó en la cama y yo la seguí, me puse encima de ella intentando penetrarla en ese momento, ansioso, ciego de lujuria, como un amante inexperto a pesar de haber tenido alguna que otra relación, pero aquello era diferente, aquello me venía grande, intente penetrarla sin éxito.

    Ella cogió mi erecto pene y lo puso en la entrada de su hambriento sexo, y con un solo empujón se lo introduje hasta lo más profundo de aquella frondosa cueva, sus labios inferiores lo acogieron como al hijo pródigo que vuelve a su casa, sus manos apretaban mi culo, quería tenerla más dentro, más hondo, y yo también lo quería, y me movía rápidamente y salvajemente encima de ella, perforándola hasta los confines del abismo, con mis manos locas tocando todo lo que podían, besando su boca, su barbilla, su cuello.

    Nuestros jadeos acompasados al ritmo de las continuas penetraciones eran cada vez más fuerte, su olor me excitaba, agarre su cintura para que la sintiera hasta el fondo, la sacaba y la metía sin parar, era una fornicación frenética, estaba a punto de correrme, ella lo noto y me dijo que lo hiciese dentro, y así lo hice, descargando todo mi semen en aquel sexo maduro, grande y experimentado. Me vacié entero, ella seguía jadeando, disfrutando y sintiendo como la llenaba y como mi polla se iba ablandando dentro de ella, hasta que la saque y me recosté a su lado, resoplando, sudado, y satisfecho.

    No sé si ella lo disfrutó tanto como yo, la verdad es que no me preocupé, por aquel entonces era un poco inexperto a pesar de mis 26 años, y pensaba más en mi satisfacción que en la suya, pero sudar, sudamos los dos y de lo lindo. Se vistió en el baño de mis padres mientras yo hacía lo propio en la habitación, salió sonriendo con la frase de “vaya tardecita que hemos echado”, cogió sus fotos y se marchó propinándome un beso en la mejilla y cucándome el ojo.

    La he vuelto a ver varias veces más, pero nunca me ha dado la sensación de complicidad o de un secreto guardado, quizás lo ha borrado de su mente o quiere darle la mayor de las normalidades, se ha vuelto a casar, sigue igual de simpática y atractiva que antes, y sigue teniendo esas grandes tetas que me hicieron gozar aquellas pegajosa tarde de verano.

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