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  • Mi primer vergón

    Mi primer vergón

    Hoy les contaré cómo me cogió una verga gigante

    Todo comienza un día cuando entré a una App de citas gay, siempre entro pero nunca hago encuentros cerca de mi casa ya que soy bi de clóset

    Aquella tarde un tipo llamado Nathan me mandó mensaje diciendo que quería verme, se veía bien, 190 cm, maduro, y marcado así como me gustan, su descripción decía “Vergón Maduro” y la verdad quería probar así que fui a su casa

    Al llegar me recibió un señor de 50 años, hermoso y con una voz varonil, salió en shorts y se le notaba la verga gigante, yo mido 160 y ya imaginarán mi sorpresa cuando me saludo, y me agarró de las manos para llevarme a su cuarto, al llegar me vuelvo una putita y comienza

    Se me fue acercando mientras me decía quítate el pantalón y la playera.

    Cómo buena sumisa obedecí quedando en bóxer y me apretó con cariño las nalgas redondas por el gym, se me acerca más y me abraza y yo me sentía nerviosa ya que sentía sus enormes brazos y la verga en la pierna, me llevo lentamente a la casa y yo me disponía a bajarle el shorts cuando me detuvo y me hizo un oral mientras me apretaba los pezones que cabe resaltar ya estaban erectos, yo seguía queriendo ver si verga y cuando ya agarré era enorme, era todo mi brazo y aún sin erectar pensé si eso me cabría pero tenía tantas ganas que no me importaba.

    No me dejó darle oral y me recostó en la cama y mientras me la chupaba me metía un dedo para dilatar, yo ya quería y le dije que me cogiera ya y en consecuencia, se puso lubricante en la verga, puso una almohada bajo mis nalgas y comenzó a frotar, él sabía cómo hacerlo, era tierno y cuidadoso, yo sentía dolor ya que nunca me habían cogido un dotado, comenzó a entrar su cabeza y cada que me ponía tenso me decía que no tuviera miedo y que me relajara, tenía que caerle caso a mi macho y así entró más, yo sentía que ya tenía mucho adentro y aún no iba ni un cuarto, pausó su metida un rato para que me acostumbrara a tenerla, yo ya tenía muchas ganas y sola me metí la verga.

    Que rico fue tener eso dentro, yo sola me comencé a mover mientras me apretaba las chiches, después el comenzó a moverse y fue más rico porque me la sacaba toda y me la metía toda, nunca sentí dolor, solo placer, un placer indescriptible, después me cargó, puso mis piernas en sus hombros y con la verga en mi cola me subía y bajaba, mi verga chocaba con su abdomen marcado y me mordía los labios, ahí fue donde él notó que me gusta duro y me dio más duro un buen rato, yo gemía y gemía, mientras mis nalgas chocaba n en sus muslos y del roce de mi verga en su abdomen me vine y nos manché de mi semen, aun cargándome, se acostó en la cama y ahora yo lo montaba.

    Era delicioso poder saltar en esa verga gruesa y grande, mientras me apretaba las chiches de repente me dio una cachetada y me prendí más de lo que ya estaba, en ese momento me volví más su puta.

    Con una mano me levantaba más y con la otro me agarró la cara completa y yo seguía saltando, gimiendo, gozando no me quería bajar de ahí, no quería que terminara, con su gran fuerza me volvió a cargar solo para acomodarme en 4 la posición que más me gusta, y ahí fue cuando sentía el verdadero tamaño de su verga, agarro mi cinturón y mientras en cogía me daba con el cinturón en las nalgas y yo lleno de placer me vine de nuevo, el seguía, me bajo de cabello, me agarraba del cuello y me llevaba hasta su pecho con la verga aún metida y me besaba riquísimo el cuello

    Cuando sintió que se veía se salió , me quitó el condón y mientras se venía en mi cara vi el tamaño real, no entiendo cómo eso me pudo entrar, eran como 30 cm y gruesa, hermosa, y aún tenía la erección, se la limpié a chupadas mientras me agarraba del cabello, nunca me pude completo en la boca pero hice el intento, yo estaba totalmente complacido y el también, dormimos un rato, yo en su pecho musculoso y el me abrazó, cuando nos despertamos me dejó bañarme en su casa, y al despedirnos quedamos en volver a vernos

    Quedan más relatos de él, de cuando mi esposa me metió un dildo, de como me cogí a mi cuñada y a mi vecina madura.

    Espero les haya gustado y díganme si les gustaría más relatos.

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  • La ceremonia del salón

    La ceremonia del salón

    A solas ya, en la oscuridad compartida, ante los cómplices ojos del ventanal, con un susurrante viento del sur. Fue así como metió su mano por el amplio escote de mi vestido blanco. Blanco vestido de un ritual antiguo y desfasado. A solas y unidas en esta otra ceremonia verdadera, transgresora, profunda.

    Carmen deslizó la mano hasta llegar a la carne de mis senos. Me incliné para facilitar su exploración. Localizó el pezón que ya estaba endurecido y lo estrechó en una caricia circular; lo apretó. Esas caricias se hicieron gemelas en ambos pechos. Sentí cómo mi interior se iba humedeciendo. El deseo rompedor de cadenas se licuaba en mi vientre, gota a gota resbalaba.

    Me apreté contra su cuerpo. Carmen hizo bajar el vestido por mis hombros. Extrajo las tetas. Mis pezones enhiestos pedían sus labios. Su cabeza se inclinó y lamió las cúspides de ambos senos. Chupó y sorbió como si esperasen recibir el premio de un virginal manar lácteo. Me estremecí, dejé caer mis manos sobre sus cabellos cortos y rizados. Deseaba que si saliva ardiente bendijera una vez más mis pechos desnudos, lunas que exigían ser amadas por su lengua y aquellos labios sabios.

    Tomé la mano de Carmen y la dirigí a mí vientre. Levanté el inútil y vacío vestido de bodas. Ella acarició la braguita. Introdujo un par de dedos entre las gomas. Yo tenía fuego en la vulva. Ella acarició la rajita húmeda, lactante de flujo; los introdujo suavemente. Los sacó y encontró el frutito rosado de mi clítoris. Delicadamente lo hizo girar entre mis dedos. Gemí. Ella dejó mi sexo superior y se arrodilló. Bajo la escasa tela de la braga hasta mis tobillos. Yo abrí las piernas, me apoyé el marco de la puerta. Carmen acarició el musguito de mi vello púbico y besó mis labios calientes, el botoncito del clítoris; hundió la lengua ensalivada en el agujero de mis placeres, la acaracoló e hizo girar.

    Besaba, lamía, succionaba, bebía. Bebía el licor placentero del deseo. Yo jadeaba y me sacudía con su lengua dentro. Salió de mi interior y comenzó a acariciar con la punta de su lengua experta el hinchado fruto de la pasión femenina verdadera. De repente un latigazo de éxtasis me hizo gritar de placer en la última etapa del clima. Me corrí a sacudidas cortas y seguidas y ella saboreó mis fluidos. Mi corazón palpitaba desbocado.

    Luego, Carmen se levantó y me besó dulcemente. Su lengua sabía a mi sexo, a nuestra comunión.

    Me recompuse. Ella acarició mis cabellos y salimos de la sala. Abajo los invitados a la boda: Germán y su familia. Mamá, papá, Valentina y Humberto estarían extrañados de nuestra ausencia. ¿Notarían mi cara enrojecida por la concupiscencia? No importaba. Ahora lo que importaba de veras era que el amor auténtico entre Carmen y yo había dispersado la futilidad de un acto carente de todo calor, que sólo servía para anudar unos lazos económicos con el marchamo de la apariencia social. El amor verdadero, la carnalidad del deseo habían celebrado su ceremonia más pura unos cuantos escalones más arriba.

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  • Frente a mi marido

    Frente a mi marido

    ¡Nuevo relato después de estar tanto tiempo desaparecida! (Algo cortito eso sí) Aclarar que este relato es ficticio. ¡Muchos besos!

    -¿Estás totalmente seguro de esto? -Pregunté seria-.

    -Claro Karen, lo hemos hablado muchas veces y quiero hacerlo. -Dijo mi esposo mientras me miraba fijamente a los ojos-.

    -Sabes que no habrá vuelta atrás.

    -Lo sé perfectamente. Pero es una fantasía que quiero ver cumplida.

    Sebastián. Ese es el nombre de mi marido. Desde hace mucho tiempo tiene una extraña fantasía… un fetiche más bien. Verme follar con otro hombre, específicamente negro, es algo llamado “voyeur”. La verdad es que no estoy familiarizada con este tipo de términos ni prácticas pero él me insistió en que debíamos hacerlo. ¿Yo me quería negar? No lo sé, solo sé que estoy con él no porque le ame, sino por su dinero. Gracias a él puedo conducir un Porsche, irme de vacaciones con mis amigas a Bali y comprar ropa sin mirar el precio.

    Nuestro “amor” empezó con una relación abierta, yo follaba con otros hombres a la vez que él follaba con otras mujeres pero sabía que yo era su preferida de entre sus chicas. Meses después de iniciar nuestra relación me dijo de cerrarla, obviamente yo acepté. Desde ese momento le fui infiel unas cuantas veces pero él ni lo sabe y ni lo sabrá, pero que él tuviese ese fetiche me pilló por sorpresa, no sé si buena o mala ya que la idea de tener sexo mientras otra persona me mira… no sé que pensar sobre ello.

    Él es un hombre que roza los cuarenta años, yo estoy rozando los treinta, específicamente tengo 27 años. La diferencia de edad es notoria pero el salir con mujeres jóvenes al parecer es algo común entre los hombres ricos, yo no soy nadie para quejarme. Por su edad ya se le va notando la calva y los efectos de la edad y estrés en su cuerpo. Sin embargo yo me mantengo bien. Mi físico destaca por poseer una “esbeltez elegante” que es como lo llama mi esposo. Soy una mujer blanca de pelo largo rojo, ojos marrones, nariz puntiaguda, labios carnosos. Soy algo alta (1,75cm), con pechos pequeños, un culo redondo y piernas largas. De hecho lo que más destaca de mi son las piernas bien entrenadas que poseo, de ahí lo de “elegante”.

    Sebastián y yo estábamos hablando en el dormitorio de lo que iba a pasar en un rato. Llevábamos días hablando del tema y él me convenció para hacerlo. Si, iba a follar con un negro delante de él. En aquel momento llevaba lencería de encaje de color negro, unas medias oscuras enganchadas al encaje. Tenía los labios pintados de un rojo intenso que hacían contraste con mi pálida piel. También llevaba puestos unos colgantes de aro y como no, el anillo de compromiso, anillo que normalmente me quitaba cuando iba a follar con otro hombre.

    El móvil de Sebastián sonó.

    -Está en la puerta.

    -Pues ve a abrirle.

    Me besó en la mejilla. Al rato volvió y tras de él entró un hombre muy alto y musculoso de tez negra. Tenía las facciones faciales muy marcadas, el pelo muy corto y la barba totalmente afeitada. Cuando me vio yo seguía tumbada en la cama, me levanté y me puse delante de él.

    Sebastián nos presentó y habló del tema.

    -Entonces… ¿Empezamos? -Dijo mi marido mirando nerviosamente a ambos-.

    -Si la chica quiere. -Dijo el hombre que se llamaba Robert-.

    -¿Quieres cariño?

    Me quedé mirándole fijamente a mi marido.

    -Si, adelante.

    Sebastián se sentó en un sillón encarando la cama y a nosotros dos. Robert se fue quitando la camiseta blanca que estaba ceñida a su fornido torso. Yo me arrodillé y le fui quitando el cinturón para luego bajarle el pantalón, dejándole en boxers. Se le marcaba la polla muy exageradamente, veía un bulto enorme en su bóxer que palpitaba y que se hacía cada vez más grande, con la puntita sobresaliendo un poco. Robert se quitó los zapatos y echó los pantalones a un lado.

    Cuando le quité el calzoncillo su pene rebotó y su glande se quedó apuntando a mi cara. Era una polla enorme, circuncidada y muy venosa, fácilmente alcanzaría los 20 cm. Miré a Sebastián, él tenía una mano encima del pantalón masajeándose levemente el pene mientras que con la otra estaba grabando con el IPhone. Volví la mirada a Robert, quien parecía impasible. Agarré su miembro y me metí su glande en la boca. Era muy grueso y estaba mojado, fui metiéndome el pene cada vez más adentro de mi boca para dejarlo totalmente lubricado con mi saliva. Me encantaba hacer mamadas, notar la rugosidad y las venas de los penes era algo que me ponía muy muy caliente.

    El pene de mi marido me entraba entero en mi boca pero con el de Robert apenas podía, no solo por lo largo que era sino por lo grueso que lo tenía. Mi mamada fue apasionada e intensa y se notaba que al hombre le estaba encantando. Él me agarró del cabello y me lo apartó para facilitarme el oral, luego con su gruesa mano fue empujando mi cabeza hacia él para que su pene entrase hasta el fondo de mi garganta. Su glande tocó más allá de mi campanilla, tuve que aguantar la respiración varias veces y al sacar su pene lo dejaba bañado en babas. Lo hizo tantas veces que comencé a lagrimear pero me encantaba ser ahogada con su polla dentro de mí.

    Tras hacerle un oral de 10, el hombre me hizo señas de ir a la cama. Yo sin dudarlo acepté. Me puse en cuatro, él me giró y me encaró a mi marido quien estaba expectante de todo. Me apartó el tanga hacia un lado dejando mis labios al descubierto. Comenzó a lamerme el coño que ya lo tenía mojado por la mamada. Su oral fue fantástico, no gemí tanto pero la sensación de placer fue suficiente como para soltar algunos sonidos. Sebastián se quitó los pantalones y comenzó a masturbarse lentamente mientras nos miraba y grababa. Yo, por algo de vergüenza, no le miraba.

    Cuando Robert acabó de comerme el coño acercó su glande a mi vulva, arrastró la punta por mis labios y lentamente fue penetrándome hasta llegar al fondo de mi vagina. Disfruté todo el proceso de la penetración, me encantó sentir su gran polla empalándome hasta tocar fondo. Comenzó a embestirme fuertemente mientras me azotaba las nalgas, las cuales no paraban de moverse. Sus embestidas eran tan fuertes que tenía que hacer fuerza con mis brazos para mantenerme estable. Mi coño y yo lo estábamos disfrutando, comencé a soltar gritos de placer mientras miraba a Sebastián a los ojos y a la vez a la cámara del móvil, ahora sin vergüenza alguna.

    Robert me agarró del cabello, tiró de mi cabeza hacia atrás y dejó mi sudoroso rostro más expuesto a mi marido. Sebastián tenía una expresión de preocupación o nerviosismo pero él se seguía masturbando mientras estaba siendo follada a apenas un metro de él. Robert se puso encima de mi y comenzó a besarme mientras aún me estaba follando en cuatro, yo acepté sus besos gustosamente.

    Tras acabar Robert se tumbó a mi lado, yo me puse encima de él encarando a mi marido y comencé a besarle mientras sentía su pene rozar mi vulva. Nuestros sudorosos cuerpos se deslizaban, nuestras lenguas jugueteaban sin parar y mis erectos pezones se excitaban con el tacto de su piel. Tras los besos, agarré su miembro y me lo fui metiendo hasta el fondo quedándome en vaquerita sobre él. Empecé a cabalgarlo con muchas ganas, mis glúteos enrojecidos golpeaban su cadera, mis tetas no paraban de rebotar y mis ojos se desviaban con lo tanto que estaba disfrutando.

    Robert me agarraba de los pechos y gemía pero no tanto como yo. Mi marido se acercó un poco a nosotros para vernos follar y grabar con más detalle. Me miraba a la cara y yo le devolvía la mirada con gemidos y con un rostro de placer y disfrute. Montar su polla fue tan excitante que después de tanto tiempo tuve un squirt que mojó toda la polla y el abdomen de mi empotrador. Pocas veces había tenido un squirt y nunca con Sebastián, quien soltó un “Dios mío” cuando mio el chorro escapar de mi vulva.

    Yo estaba agotada. Me tumbé boca arriba y Robert puso su polla al lado de mi cara, encantada comencé a chupársela mientras yo jugueteaba con sus huevos y él me dedeaba el coño. Su polla estaba aún más grande y venosa que antes. El sabor de mis fluidos mezclados con su lefa me encantó, pero sentir sus gruesos dedos dentro de mi coño me estaba excitando demasiado. Cuando terminé de mamársela fui a chuparle los huevos mientras con una de mis manos le masturbaba. Tuve sus testículos por un buen rato metidos dentro de mi boca y luego volví a chuparle la polla con muchas ganas. De reojo veía a Sebastián grabar todo mi cuerpo pero sobre todo mi cara mientras le hacía un oral a su amigo.

    Robert se movió hacia mis piernas, se encaró hacia mi y me penetró en misionero. Yo me abrí de piernas lo más que pude, llegando a poner las rodillas casi a la altura de mi cabeza. Sus embestidas empujaban todo mi cuerpo junto a la cama, mi coño chapoteaba con cada penetración. Él se acercó hacia mi cara y comenzó a besarme de nuevo mientras yo soltaba gemidos de placer, sentía todo su peso sobre mi, su pecho aplastar mis tetas, su polla perforarme hasta el fondo y su agitado respirar sobre mi rostro rojizo y sudoroso.

    Luego se apartó, puso mis piernas sobre sus hombros y comenzó a follarme con más intensidad que antes. Yo fui soltando un largo, agitado y agudo grito de placer por la gran follada que me estaba dando, alcancé un segundo orgasmo que me dejó temblando y por el cual solté otro chorro a presión.

    -Ven ven. -Dijo Robert mientras se masturbaba-.

    Sabía lo que quería, se iba a correr. Él se puso de pie en el suelo, yo fui rápidamente a arrodillarme frente a él. Le masturbé la polla una vez más mientras le comía los huevos y se terminó corriendo sobre mi cara. Recibí su semen encantada y con la boca abierta, todo su semen mojó mi rostro y me dejó totalmente satisfecha. Mi marido seguía grabando, me acerqué a él y comencé a comerle la polla mientras le miraba a los ojos con mi rostro mojado de semen, no tardó ni un minuto en correrse mojándome toda la cara. Mi cara, mi pelo y parte de mis pechos estaban empapados de semen de los dos hombres.

    Sebastián y Robert empezaron a hablar mientras yo me limpiaba los ojos.

    -¿Qué tal Robert? ¿Crees que podrías repetir la próxima vez que te llame?

    El hombre me miró y sonrió.

    -Si me pagas yo vendré encantado.

    -No hay problema con el dinero, es un placer haberte tenido en casa amigo.

    -Lo mismo digo Sebastián.

    Sebastián acompañó a Robert a la salida, yo fui a lavarme la cara y preparar la bañera para descansar.

    -¿Te ha gustado cielo?. -Preguntó Sebastián desde la puerta del baño-.

    -Si… si… la verdad es que no ha estado tan mal.

    -¿Podrás repetir?.

    -Claro, sin problemas.

    -Eres un encanto.

    Se acercó a mi y me dio un beso.

    -Cariño.- Interrumpí el beso. -¿Me puedes pasar el video?.

    -Sí claro… ahora te lo paso.

    -Gracias cielo.

    Fin del relato. Espero de corazón que os haya gustado. ¡Muchos besos!

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  • Sorpresa rica de Halloween

    Sorpresa rica de Halloween

    Conocí a Rosario que, por muchos era llamada Rosi para acortar el nombre. Ella trabajaba en una de esas tiendas donde rentaban películas pornográficas y también vendían juguetes y productos sexuales y que por ese entonces yo regalaba de vez en cuando a algunas chicas en turno. Estamos hablando a principios del 2000.

    Ella habrá tenido su mayoría de edad para trabajar en un lugar como este, pero la verdad Rosi tenía una carita infantil y más que todo por esa altura que dudo pasara del metro cincuenta. Tenía unas piernas tonificadas tirándole a gruesas, pero sus brazos eran más delgados proporcionalmente a su sensual figura. Gustaba vestir minifaldas en verano que fue cuando la conocí y pantalones vaqueros en el tiempo de frío. Su cabello era lacio y largo y siempre lo llevaba teñido de rubio. No podría decir que era la chica más linda del mundo, pero que, a pesar de su altura, tenía unos meloncitos y un bonito trasero que, creo es lo que más llamaba la atención.

    Obviamente con los meses nos acercó la rutina de mis visitas y con la confianza de un cliente frecuente Rosi me comenzó a llamar Papi Chulo. No sé por qué mucha gente no me ven como hispano o latino, pero creo que Rosi y su amiga también hispana pensaron que yo no hablaba español. Una vez las escuché hablando entre ellas mientras yo buscaba un artículo:

    -De él es de quién te hablaba. Está para comérselo todito. ¿Te lo comías?

    -Sin lugar a duda… está como quiere el condenado. -le contestó su amiga.

    Por ese tiempo ya teníamos breves pláticas y muchas veces Rosi me dio sugerencias en los juguetes y lubricantes que buscaba. Era tan directa y me hacía toda clase de sugerencias sin tabú alguno. Nunca me preguntó por qué compraba tantos juguetes o por qué compraba muchos lubricantes. Obviamente ella se lo habrá figurado.

    Un día me sugirió un estimulador que se aplicaba en el clítoris y que según ella ayudaba a magnificar los orgasmos y que además tenía un sabor a menta. Claramente me dijo que a ella le gustaba usarlo y de esa manera me hablaba de las nuevas innovaciones que llegaban a la tienda.

    Recuerdo el día que llegué a la tienda y me dijo que me tenía un regalito pues era un viernes 31 de octubre y aquí en este país celebran Halloween. Ambas chicas estaban disfrazadas de vampiresas muy sensuales… muy sugestivas diría yo. Su capa, un bikini diminuto, un bustier negro y su zapatos de tacón negros y altos. Pasé porque tenía un viaje y le había prometido a una chica llevarle unos juguetitos. La tienda estaba prácticamente vacía y después de una breve plática con Rosi y cuando me despedía ella me dijo: -Espéreme en su coche, le quiero dar un regalito.

    Antes me había preguntado que cuál era el sabor a frutas que más me gustaban y mi respuesta fue: -Casi todas. Me dijo que en cinco minutos tomaría un descanso de 20 minutos y si la podría esperar en mi coche.

    A los minutos veo que sale y lleva una bolsita de esas de regalo. Se sube en el asiento del pasajero y me da la bolsa y, antes de que la revise me pidió que nos estacionáramos al lado del edificio, lo cual hice. Era un estacionamiento bastante grande, pero por ese lado casi nadie se estacionaba. Me pide que esculque la bolsa y encuentro un calzoncito sellado en una bolsa plástica con unas letras que decían “cereza” en inglés y un paquete pequeño de condones que también con letras rojas decían lo mismo. Ella sin muchas vueltas me decía que le encantaba las cerezas y que eran una de sus frutas preferidas y obviamente llevaba ese morbo de la insinuación. Le devolvía con una sonrisa la insinuación, pero yo fui más directo:

    -A mí me gusta también la cereza y si está saladita me encanta chuparla y saborearla con muchas ganas. -le dije.

    -¿Tiene prisa?

    -No… ¿por qué?

    -Porque me gustaría abrir ese paquetito de condones y chupársela.

    -¿Quieres? Ven… ponme el condón y mámamela si quieres.

    Se le miraba brillante la mirada y me dio una sonrisa un tanto nerviosa. Sacó un condón de la caja y me desabrochó el pantalón y bajó el cierre. Yo me acomodé haciendo el asiento hacia atrás y de esa manera no estorbara mucho el timón. Mi verga estaba semi erecta y si, ya estaba goteando. Rosi me puso el condón y se podía oler el aroma a la fruta. Ella solo dijo una corta frase antes de agachar la cabeza hacia mi: ¡¡Que hermosa verga tienes!!

    Me comenzó chupando la cabeza envuelta con el condón con sabor a cereza y ella elevaba sus nalgas con ese bikini negro de su disfraz al lado del asiento del pasajero. Sentía que caía su saliva al contorno de mis testículos y viendo su columna encorvada y sus nalgas, metí los dedos de mi mano derecha entre su raja mojada, hice de lado su bikini y comencé a sobar ese clítoris el cual estaba inflamado de la excitación.

    Aquella pequeña conchita se sentía de labios gruesos, era de esas panochas gorditas y no le sentía vellitos algunos. Parecía que Rosi no se la rasuraba, ella usaba cera para que esa área púbica se sintiera tan tersa como la piel de sus nalgas y rostro. No dejaba de chupármela y yo le hundía dos dedos en su pequeño orificio y supe que era de esas panochitas que aprietan. Mis dedos se hundían y le chaqueteaba el clítoris con cierto golpeteo más intenso, lo que Rosi me aprobó diciendo: -pégale así… me gusta, me gusta; dedéame así papi, es tuya. -Oyendo como Rosi me hablaba, supe que esta pequeña chica era de esas que les encanta el sexo duro.

    Creo que Rosi no se podía concentrar en chupar mi falo o disfrutar de la chaqueteada que le daba a su panochita y hacia pausas dejando escapar sus gemidos. Con sus mismos jugos llené mi pulgar y mientras mi dedo anular y el de en medio entraban y salían de su vagina, con ese pulgar comencé a sobar su ojete. Podía sentir como Rosi contraía su vagina apretándome los dedos con exagerada presión.

    No sé cuánto tiempo había pasado, pero con seguridad nos estábamos acercando a los veinte minutos del que me hablaba era su descanso. Por la posición con mis dedos le hacía presión en la parte trasera de su vagina y esta pequeña chica comenzó a mover su cadera con ese ritmo como ansiosa a sentir ese roce de mis dedos penetrando su vagina y ya mi pulgar se hundía en su primera falange.

    No podía ver su rostro pues ella seguía chupándome la verga, pero ya con menos intensidad, quizá ella está más concentrada en el placer que le causaban mis dedos y haciendo una pausa me decía lo siguiente: -así papi chulo, deme así que me corro… que rico, que rico, dedéame, chaquetea tu panochita papi… es tuya, es tuya mi amor…uh me vengo, me vengo. – Mis dedos fueron incansables entrando y saliendo y el chasquido de esa fricción se oía como un concierto de música estimulando nuestros oídos y mis dedos y toda mi mano estaban untados de sus jugos vaginales y como último estimulo comencé a golpetear con todos mis dedos esa panocha y solo escuchaba los gemidos de Rosi, mientras escuchábamos un CD de Phil Collins.

    Rosi intuyendo que estaba sobre excitado escuchando su recital de gemidos me pidió que me fuese para su lado. Medio me abroché el pantalón y ella abrió la puerta del pasajero y aunque estábamos bien encaminados en el otoño, no era noche fría, más bien era una temperatura todavía de verano. Estaba estacionado a la par del edificio y la puerta bloqueaba la vista de la salida del edificio, en la parte de atrás era un muro de contención, así que parecía que todo estaba bloqueado para que alguien nos observara.

    Y con esa prisa y excitación como Rosi se había corrido, con esa misma prisa me desabrocho de nuevo el pantalón y mientras me contraminaba como acomodándome en el asiento, Rosi prosiguió a mamarme la verga y a ponérmela bien erecta de nuevo. Mi verga se puso dura, tiesa y ella se incorporó y esta pequeña chica se puso contra el asiento poniendo uno de sus pies por sobre el piso del coche para nivelar mi altura con su panochita y vi ese precioso culo donde el pequeño bikini se le hundía. Hice ese bikini elástico de lado y mi verga rojiza por el color del condón comenzó a penetrar la reducida vagina de Rosi.

    Esa panocha era estrecha y se sentía como Rosi me enviaba sus contracciones cuando la apretaba. De mis 21 centímetros creo solo 12 o 15 entraban y se sentía el tope. Se la comencé a menear de esa manera y mientras mi verga entraba y salía de una manera semi lenta por no lastimarla, mis dedos le golpeteaban el clítoris. En dos minutos estaba gimiendo de nuevo y eso de golpetear su clítoris de esa manera le encantaba demasiado que literalmente podía sentir los espasmos de todo su cuerpo y aunque se quería mover no podía por la posición, pues una pierna le quedaba en el aire.

    Ese culazo era hermoso de esta pequeña chica, creo que es lo más apetitoso de esta pequeña chica, un culo de piel clara y redondo y dejaba apreciar una cintura exageradamente pequeña. Mi verga entraba y salía lentamente, pero mis dedos la llevaron a un segundo orgasmo cuando me lo decía: -Tony, me corro, me corro… que verga mas rica, deme verga, húndame la verga… es tuya, es tuya ah ah ah…

    Le sacudí la verga y mientras ella seguía gimiendo del placer o quizá por el dolor de la presión de mi verga queriendo entrar más allá de ese límite. Esa panocha estaba tan apretada y sus contracciones me hicieron tocar también el cielo y mis huevos se arrugaron y siento esa electricidad que desde mis nalgas se regó por todo mi cuerpo. Ella solo me dijo de esta manera con un alivio de excitación: -Que ricas corridas me ha sacado… realmente necesitaba ya una cogida así. – Yo me quitaba el condón y por suerte siempre llevo una caja de esas toallas Kleenex en mi vehículo. Nos limpiábamos ambos mientras platicábamos.

    -¿Tu amiga se ha de estar preguntando si vas a regresar? ¿Creo que nos pasamos de los 20 minutos?

    -Ella se ha de imaginar lo que está pasando… de hecho, ella ya me habrá puesto de nuevo en el reloj. Yo hubiera hecho lo mismo… somos buenas amigas.

    -¡Mira que buena amiga tienes!

    -Tony, ¿a usted le gusta Jenny?

    -Jenny es una chica atractiva, ¿por qué lo preguntas?

    -Porque yo sé que usted le gusta a ella. ¿Se la quisiera tirar?

    -¿Quién llora por que le den pan? -le dije y agregué. – Jenny tiene lo suyo.

    Jenny al igual que Rosi no son las chicas más lindas de rostro, pero tampoco son feas y al contraste de Rosi, Jenny es más alta y aunque tiene pechos pequeños, sus nalgas si no son tan exuberantes como las de Rosi, también atraen miradas y no en balde este tipo de compañías contratan a chicas como ellas. Son simplemente atractivas. Imaginado que había esa posibilidad de coger con esta otra chica estaba o intentar procesar esa posibilidad estaba cuando Rosi me lo confronta de esta manera:

    -¿Se la quiere tirar?

    -Jenny es bonita, ¿quién no se la quisiera tirar?

    -¡Va! Espere aquí y deme su número de celular. Yo le hago saber si se esto se hace.

    De solo pensarlo mi verga comenzó a tomar volumen de nuevo y me quedé esperando y quizá imaginando esa conversación entre Rosi y Jenny y donde mi imaginación proyectaba un rotundo No de parte de Jenny. Y es que Jenny siempre fue algo esquiva conmigo, nunca tuve una conversación más allá de lo competente de este negocio y siempre fue muy breve. Pero no tenía nada que perder y a los cinco minutos contesto mi celular y es Rosi diciéndome que entre al negocio, que hay una zona de descanso en el interior y que Jenny está de acuerdo en coger y que allí me espera.

    No sé porque me puse nervioso y entré en el interior del lugar, Rosi me mira con una sonrisa y me guía por un lugar donde anteriormente he visto a personas entrar y ver en cubículos privados que están viendo esas películas pornográficas. Paso y me hace entrar a este cuarto donde veo una mesa en el centro, una televisión, unos armarios metálicos donde los empleados ponen sus cosas personales con llave y frente a esto hay una banca con cuya superficie es uno de cuero acolchonado.

    Veo a Jenny sentada con una sonrisa con nervios supongo y me le acerco y sin protocolo alguno ella sentada en esa banca me desabrocha los pantalones, estos caen y ella ve mi verga erecta mojando mi bóxer, ella me lo baja y sin decir palabra me la comienza a mamar sin condón alguno. Esta chica se la tragaba más que Rosi, unos tres cuartos de mi verga se le hundían en su boca. Me agarraba las nalgas y solo la veía que con muchas ansias se la tragaba en un maniobrar fenomenal y delicioso.

    La levanté para quitarle ese bustier que le cubría sus pequeñas tetas y se las comencé a mamar delicadamente primeramente a pasar a halarlas y mordiscarlas. Le chupaba las tetas así parados y mi mano derecha comenzó a esculcar entre sus calzoncitos. Ya la tenía mojada y a diferencia de Rosi, le podía sentir algo de vello púbico por sobre la panochita a Jenny. Mamándole las tetas le acariciaba su panocha hasta que mis dedos se le hundían. Jenny solo gemía del placer, pero no decía palabra alguna.

    Jenny movía su pelvis como disfrutando la invasión de mis dedos. Ella ya había llegado mojada, pero con los minutos de ese encuentro su panochita se derretía. Hice una pausa para traer un silla y la puse a la par de la banca. Jenny intuyendo mi accionar, de su cartera que tenía en la mesa sacó un condón regular, de esos que tienen textura para estimular mejor una panocha y luego de hacerlo le quité ese pequeño bikini y se puso de perrito sobre la banca y apoyando sus manos en la silla. Ese culo se le miraba divino y las marcas de sus calzones se le reflejaban en una piel más clara que el resto.

    Apunté a su vagina y lentamente mi verga se metió hasta al fondo y fue la primera expresión que Jenny dijo: ¡Por Dios, que verga más rica tienes… me llenas… dame papito! – Se la hundía y se la sacaba lentamente y de esa manera pasé por varios minutos hasta que Jenny me pidió que se la dejara ir más fuerte. Ahora mis estocadas eran con más impulso y con una aceleración buscando el ritmo de Jenny. Escuché el chasquido de sus dedos chaqueteando su panocha y eso me gustó y se la comencé a acelerar y con estocadas aún más fuertes.

    Los gemidos de Jenny eran de medios decibeles y estos aumentaron cuando escupiendo su culo, le comencé a frotar su culo con mis dedos y exclamó: -¡Que rico papito, que rico… ese culito es suyo… quiero que lo haga suyo papito! -Jenny movía muy bien ese culo, esas caderas estaban entrenadas para ese movimiento sensual que hacía, era como si estuviera escuchando esa música popular del perreo… que rico lo movía. No dejé de hundirle los dedos en el culo cuando me anunciaba que se corría: Así papito, fuerte… deme fuerte que me corro, así fuerte… no pare, no pare … deme, deme, así, así así….

    Después de esa corrida con Rosi, estaba todavía a años luz de volverme a correr y además que lo hacíamos con profilácticos, pues no es el mismo tacto. Jenny hizo en esta ocasión una pausa después de recuperarse de esa corría y como la mayoría de las mujeres, ella ya estaba lista para otra faena y me dio algo que ella llamó como las bolas chinas. Se puso en la misma posición y le volví a hundir los 21 centímetros de mi verga y con su concha bien lubricada mojé las bolas que me había dado y procedí a hundir la primera bola, la cual me tomé el tiempo en hacerlo, luego pasé a la segunda, la cual pasó mas fácilmente, una tercera y una cuarta, algo así como unos 15 centímetros de mi verga.

    Le gustaba que se las halara y de vez en cuando se le salía una para volver a meterla. Esto le causaba tanto placer a Jenny que miraba como le temblaban las nalgas del placer y me decía: -¡Que rico, que rico… quiero su verga en mi culo… este culito quiere su verga!

    Le saqué cada bola, las cuales están unidas a una cuerda entre sí. Jenny me tomó la verga con su mano si dejar esa posición y me la llevó directa a su precioso culo. Prácticamente ella se la metió y miraba como mi verga se hundía en su apretado orificio. Lo movía al igual cuando tenía mi verga en su panocha y me sobaba los huevos con sus manos.

    Era delicioso verla mover ese culo y escuchar como cacheteaba su panocha y me pidió que se la taladrara con ganas, que estaba a punto de correrse. Le di un embate endemoniado que hasta me hizo sudar y podía ver el brillo del sudor de Jenny en sus espaldas y sus gemidos se elevaron, aquellos jadeos me magnificaron su compresión de su culo y me decía: -Péguele, péguele fuerte a mi culo, me vengo, me vengo… uh me vengo…

    Parecía que el orgasmo cesaba, pero luego me volvía a decir: Deme, deme, deme fuerte que me vengo otra vez… Si, así, así… dele, dele, dele, rómpame el culo que es suyo… este culo es suyo. -Y volvía a gemir y hasta hacer un coro que parecía lloraba y esto se repitió una vez más y fue cuando yo exploté y llené por segunda vez ese profiláctico esa noche.

    Este mi segundo orgasmo fue más fuerte que el primero con Rosi, pues siento que cogerme un culo es más excitante para mí. Nos limpiamos y escuchaba los ventosos que Jenny sacaba del aire que le había pompeado por más de veinte minutos. Me dijo que se había corrido cinco veces en esos 20 minutos y fue cuando me lo propuso: -Deberíamos hacer un trío esta noche. ¿Usted que dice? ¿Quiere?

    Miré los ojos alegres y excitados de Jenny, una chica esbelta, alargada de piernas atléticas y un culito rico y bien definido. Se vestía frente a mí y observaba su rayita de barbie y que me acababa de coger. En todos los tríos que he experimentado han sido las chicas quienes lo han propuestos y este día ya estaba enormemente excitado y me despedí y me fui directo a un motel a reservar una habitación y tener una de esas experiencias de ensueños. Las vi entrar a aquel cuarto de hotel y créame que esa gran cogida continuaba esa noche de Halloween.

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  • Mi esposa, mi compañera y yo en mi cumpleaños

    Mi esposa, mi compañera y yo en mi cumpleaños

    Bueno, me presento, mi nombre es Luis, soy un hombre casado de 26 años, mido 1.74 nada del otro mundo, cabello negro, tengo una espalda marcada por el hecho de practicar natación, brazos comunes, ni muy musculosos ni delgados, unas piernas anchas y ligeramente marcadas y buenas nalgas.

    Hoy les quiero contar la ultima de las 3 veces que mi esposa y yo hemos tenido un trío, mi esposa Coral una mujer de estatura promedio con pechos ligeramente grandes y un culo bastante grande y unas piernas que hacen juego con su culo.

    Les cuento, llevo 1 año y medio trabajando en un almacén de una fábrica, mi esposa y yo hemos hecho 2 tríos aparte de este, ya les contaré de ellos, pero este en especial fue sin planear ni preguntar, tengo una compañera de trabajo que es muy amiga mía, pero solo eso, nos llevamos muy bien, ella me cuentas de su vida con su novio y yo con mi esposa, tenemos muchísima confianza y ningún tabú, podemos hablar de nuestra vida sexual sin problema tanto que hemos congeniado en que seríamos muy buena pareja sexual si no tuviéramos pareja, su nombre es Sam, ella tiene una estatura similar a mi esposa, tiene pechos medianamente grandes aunque más pequeños que los de mi esposa, tiene caderas grandes, su culo no es muy grande pero sus caderas ayudan mucho.

    Bueno mi historia comienza el día de mi cumpleaños, no teníamos nada planeado pero mi esposa me llamo al trabajo para decirme que me había hecho mi comida favorita, que solo pasara a la tienda por la bebida, para esto Sam estaba conmigo y escucho y decidí preguntarle a Coral si Sam nos podría acompañar ya que adora la comida de Coral, ella inmediatamente acepto y nos fuimos para mi casa, pasamos la tarde comiendo, bebimos un poco y vimos una película, paso el día y ya que nuestras casas quedan muy retiradas invitamos a Sam a dormir.

    Nuestra cama es muy grande así que sin problema cabríamos los tres, Sam, Coral y yo, en ese orden, Coral le prestó a Sam un shorts de pijama pequeño que a ella le quedaba ya chico y le apretaba mucho, a Sam le quedó perfecto, justo y resaltaba muy bien su cuerpo, y una blusa de tirantes, tanto Sam como Coral no suelen usar brasier así que sus pechos se notaban bastante bien y sus pezones se veían paraditos, nos acostamos y ambas se quedaron dormidas muy rápido, yo como siempre tarde en dormir, me puse mis audífonos y puse música para dormir ya que eso me ayuda, en cierto momento sentí como me movían el brazo, era Sam.

    -¿Luis, hay problema si enciendo la luz del pasillo? Voy al baño.

    -No Sam, prendela, no hay problema

    Mientras Sam estaba en el baño Coral se movió de lugar y termino en el lugar de Sam, Coral es de esas personas que si las despiertas ya no pueden volver a dormir tan fácil así que decidí mejor moverme yo a en medio de la cama y dejarle mi lugar a Sam, cuando llegó le dije en vos baja.

    -Sam acomodate aquí que Coral se movió, y para no despertarla mejor nos acomodamos

    -Está bien

    Ya me estaba quedando dormido cuando sentí como Sam se pegó a mí y me abrazo con un brazo y una pierna, poniendo su rodilla sobre mi pene, pero no dije nada pues creí ya estaba dormida pero comenzó a frotar su pierna y mi pene comenzó a ponerse erecto, con su mano volteo mi cara hacia ella y me sorprendió con un beso al cual corresponda y nos unimos en un beso muy apasionado, mientras bajo su mano y la metió en mi shorts y bóxer, yo duermo sin playera así que solo traía eso puesto, comenzó a masturbarme y yo a manosear sus pechos, todo esto sin movernos mucho, se acercó a mi oído y me dijo:

    -¿Recuerdas que me dijiste que a Coral le gusta que la despiertes con sexo?

    -Si si le gusta, es una de las cosas que más le gusta, pero no sé si con alguien más le guste

    -Vamos a intentar por favor, de todo lo que me cuentas que le haces y te hace me dan muchas ganas de probarlo

    -Okay está bien, solo espero no terminemos en la calle los dos

    Cómo pude subí la blusa de Coral para dejar su pechos al aire y abrí lentamente y con dificultad pero con experiencia baje su shorts y su cachetero y se lo quite, le dije a Sam que bajara y le hiciera un oral, muy lento y delicado, así le gusta iniciar, Sam me hizo caso y bajo a hacerle el oral mientras yo moje mis dedos de la mano derecha y con ellos masajeaba el pezón izquierdo de Coral y con la boca lamia y chupaba su pezón derecho, aún seguía dormida cuando empezó a lanzar pequeños gemidos, lo cual cada vez me calentaba más, y mi pene se ponía más duro.

    Sam aprovecho y lo tomo y estaba masturbando sin despegar su cara del sexo de mi esposa, en un momento Coral despertó y aún medio dormida me preguntó:

    -¿Qué me estás haciendo?

    Pero no termino de decirlo cuando soltó un gemido.

    -Perdón mi amor, teníamos ganas de ti…

    Al parecer seguía tan dormida que no se había dado cuenta de que había alguien más entre sus piernas.

    -¿Teníamos? Ahhh

    Soltó un gemido más fuerte cuando Sam metió su lengua en su vagina.

    -Si Coral, Luis me cuenta tanto de ti que sentí antojo de ti, y hoy no me quedaría con las ganas.

    Antes de que dijera algo bese a Coral muy apasionadamente mientras Coral con su mano hundía la cara de Sam en su sexo para que siguiera chupando.

    -Ohhh si Sam, sigue, sigue

    Mientras con la otra mano tomo mi cabeza y la apoyo contra su pecho para que chupara sus pezones.

    -Si amor tú también chúpame, chúpame todo, no paren no dejen de chuparme, ahhh siii, sigan, voy a, voy a…

    Y entes de acabar de decirlo tubo un orgasmo, que puso a temblar sus piernas, siempre ha sido multiorgásmica así que tuvo al menos 3 orgasmos seguidos.

    Me tomo de la cabeza y me dijo:

    -Métemela, enséñale a Sam lo que me haces, y tú Sam, ven para acá, te voy a enseñar como se siente lo que tú me estabas haciendo, ven siéntate sobre mi cara para que sientas y veas como Luis me lo mete

    Sin decir una sola palabra pero con una sonrisa en el rostro llena de lujuria ambos hicimos lo que coral nos pidió, comencé a penetrarla a una velocidad media, y mientras Coral chupaba el sexo de Sam, ella solo gemía de placer, tocaba sus pechos, pasaba sus manos por su cabeza, como de desesperación, pero era una desesperación del placer que estaba teniendo, Sam solo había tenido una pareja sexual pero me había contado casi todas sus fantasías y su pareja no se las cumplía, esa noche cumplió varias, voltee a verla a los ojos y le pregunté:

    -¿Habías sentido tanto placer antes?

    -No nunca había sentido nada de esto, creo que mi novio no sabe, y apenas me estoy dando cuenta

    Puse mi mano en su cuello y con algo de fuerza hice presión ahorcándola, al igual que a Coral eso le gusta y la jale hacia mi y nos besamos, sin soltarle el cuello le dije al oído, hoy te voy a hacer mi otra perra.

    -¿Amor, quien es mi perra?

    -Yo bebé, yo soy tu perra

    -¿Y puedo tener otra perrita?

    -Si bebé, hazla tu perra, hazle todo lo que me haces a mi

    Me puse de pie sobre la cama, y les dije:

    -A ver perritas quiero que me lo chupen, Coral enséñale a San como me gusta

    Se pusieron de rodillas y comenzaron a lamer desde los huevos hasta el glande y aunque mi esposa nunca a podido hacerme un garganta profunda, aprovecho a Sam para que yo lo pudiera disfrutar y apretaba la cara de Sam contra mí para que entrara todo, solo podía escuchar jadeos, gemidos y como se atragantaban con mi pene.

    -Sam, sigue aquí, tu chúpalo y yo te enseño que más le gusta a nuestro dueño.

    Camino en cuatro patas y se puso detrás de mí y comenzó a lamer mi ano, eso me gusta muchísimo, le saque mi pene a Sam de la boca jalándola del cabello y le dije:

    -Ahora sí ponte como lo que eres

    Inmediatamente entendió y se puso de perrito frente a mí, Coral se separó de mi y yo antes de penetrar a Sam la puse de rodillas tomándola del cuello mientras la besaba volteando su rostro un poco para conmigo, Coral como pudo se acomodó frente a ella, su cara debajo del sexo de Sam y mi pene, y sus piernas abiertas que quedaron frente a la cara de Sam cuando la volví a poner de perrito.

    -Amor, mi pene está muy seco, ¿puedes mojarlo para metérselo a Sam?

    -Si amor, yo lo preparo

    Y comenzó a chuparlo y dejarlo bien mojado, antes de meterlo me hice para atrás, besé a Coral y comencé a mamar el culo de Sam y Coral a chupar su vagina, Sam solo podía gemir, no podía decir nada del placer.

    Me acomodé y comencé a penetrarla lentamente y subiendo la intensidad por momentos.

    -Si Luis, si, hazme tuya, si, dime qué soy tu perra, quiero ser tu perra, si más fuerte más rápido, pégame.

    -Vamos perra pídemelo, pídeme lo que quieras, hoy te haré mía.

    Procedí a darle dos nalgadas que la hicieron gemir más fuerte.

    -Oh si así, por favor no pares, sigue, si Coral tampoco pares chupa, chúpame como la perra que eres, yo te voy a chupar como la perra que soy.

    Y ahí estábamos, ellas chupando su vagina la una a la otra y yo penetrando con gran fuerza a Sam, recordé que días antes Sam me dijo que quería probar el sexo anal pero no sabía cómo iniciar, le di unos tips pero al parecer no se animó pero seguía queriendo intentar.

    -Hoy te voy a enseñar lo que quieres probar Sam

    Mientras lo decía puse mi pulgar en su ano y comencé a frotarlo para dilatar un poco, ella no se resistió de echo gemía más fuerte aún después de un rato deje de penetrarla, volvía a hundir mi cara en su culo que a 4 se veía muy apetecible, la moje muy bien y volvía poner mi dedo en su ano hasta que fácil entro, Coral le comenzó a meter los dedos en la vagina y al no saber cómo actuar con una mujer Sam solo hacia lo que Coral hacía, así que también le metió los dedos, era increíble los únicos ruidos que podía escuchar eran los gemidos de Sam y Coral, mientras yo metía ahora dos dedos en el ano de Sam, me puse de pie y le dije:

    -Estás lista

    Estire mi mano a un cajón donde guardamos juguetes sexuales, lubricantes y condones, me puse un condón, le puse lubricante en su ano y lentamente metí mi pene, la primera reacción de Sam fue de dolor, se movió como para quitarse pero Coral la abrazo de la espalda para que no se moviera, y la penetre lentamente.

    -Me duele, ohhh si, más lento, duele pero por favor no pares, me gusta

    Pasaron unos minutos y su ano había cedido así que comencé más rápido, volví a estirar mi mano al cajón y alcance un dildo vibrador y se lo di a Coral, ella sabía bien que quería que hiciera, lo chupo para lubricarlo y lo metió lentamente en la vagina de Sam, dio un enorme grito de placer pero la hice callar empujando suavemente cara contra el sexo de Coral y le dije no grites mejor chupa, pasaron pocos minutos cuando Sam comenzó a temblar de todo su cuerpo.

    -Me voy a ve… Y soltó un chorro de líquido sobre la cara de Coral

    Coral bebió lo que pudo pero igual se mojó toda.

    Saque mi pene, coral le saco el dildo y la dejamos que se recostara, Coral se le acerco y después de besarla apasionadamente le dijo:

    -Aún no hemos acabado las dos, me toca a mí disfruta, espero que hayas visto bien lo que te hice porque ahora te toca hacérmelo

    Me cambié el condón, Coral le dio a Sam el dildo, se puso sobre su cara y de perrito para que pudiera penetrarla yo y Sam con el dildo, con Corka ya tenemos experiencia en el anal así que fue más sencillo y el la penetración fue más ruda.

    -Si amor, mas fuerte, azótame, yo no soy Sam, a esta perra si le gusta más fuerte, pégame fuerte, que los vecinos nos escuchen, que escuchen como tratas a tus perras

    Yo seguía las órdenes de Coral hasta que no pude más.

    -Me voy a venir, ohh si, me vengo

    -Si amor vente junto conmigo, siii por favor, yo también me vengo siii

    Saque mi pene del ano de Coral y me quite el condón rápidamente, y lo metí sin avisar en la boca de Sam, ella por la sorpresa soltó el dildo aún dentro de Coral, lo tome yo y comencé a moverlo rápido dentro de Coral par que no perdiera su orgasmo, y al mismo tiempo yo me vine dentro de la boca de Sam y saque el dildo de Coral y ella terminó en la cara de Sam.

    Los tres terminamos rendidos en la cama, pero tuvimos que meternos a dar un baño rápido, nos metimos juntos sin ningún problema, en la ducha ya no hubo acción más que algunos besos, y agarrones, volvimos y quitamos las cobijas mojadas y el cubre colchón que si no fuera por el que es impermeable todo el colchón estaría empapado, pusimos otras cobijas y nos acostamos desnudos, Coral, Sam y yo, en ese orden, nos dimos beso de buenas noches y Coral y yo chupamos un poco los pezones de Sam para dormir luego, antes de quedarse dormida Sam dijo:

    -Fue mejor de lo que imagine, espero no sea la única vez

    Al día siguiente nos paramos Sam y yo para irnos al trabajo, Coral nos besó a ambos y así el día continuo como si no hubiera pasado nada, va ya casi un año de eso y aún no pasa nada de vuelta, pero algo me dice que en mi cumpleaños que es en unas semanas volverá a pasar algo, porque Coral me preguntó que se le antoja a Sam para comer en mi cumpleaños…

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  • Fiesta de Halloween en Coppel

    Fiesta de Halloween en Coppel

    Como les platique, resulta que Chuy el chico que coincidimos en dos fiestas una de ellas de parejas liberales, resulto conocer a uno de mis jefes en Coppel y entre platicas salió que una señora que trabaja en Coppel se la cogían en tríos, mi jefe no supo por mi nombre que era yo, sin embargo, por las características se lo imagino.

    Resulta que se organizó una fiesta en Coppel de disfraces de Halloween y quedamos de ir disfrazados, yo tenía un disfraz de diablita que Armando me había comprado para acudir a una fiesta de las mismas parejas un año antes, me lo puse y en la fiesta todos opinaron que me veía muy bien, para mi edad 38 años, la fiesta paso muy divertida yo baile con varios de los chicos de ahí, y con Ismael (el Gerente) quien no dejo de decir que me veía muy sexy y provocativa, yo me reí y le digo «de verdad te lo parece» ¡Gracias!

    Para esto yo ya me había fijado como Ismael y mi jefe directo Manuel conversaba mucho, Manuel es quien en ocasiones me daba raid pues vive cerca de mi casa y me platicaba que andaba con otra de mis compañeras y yo la hacía de su confidente. Ya cuando me tenía que retirar era pasada la una de la mañana y estaba a punto de hablarle a mi esposo para que viniera por mí, cuando se acercó Ismael y me dice «apoco ya te vas Jenny» -y le contesté que sí, ya me retiraba, sin dudarlo me dice pues Manuel y yo también ya nos vamos si gustas te damos raid, yo le digo «bueno, si»

    Ya en el vehículo íbamos platicando y como la plática iba tornando caliente pues no dejaban de chulearme Ismael me pregunta «oye Jenny tú has ido a fiestas de parejas» y yo me puse roja por la pregunta, en eso Manuel dice, que padre debe ser eso, como dándome confianza y le digo «si, en una ocasión fuimos a una que nos invitaron, Ismael me pregunta ¿apoco has hecho tríos? Yo volteé a verlos y les digo ¿Por qué? Ellos sonriendo dicen, porque debe ser muy rico hacerlo contigo, yo les conteste «ustedes creen que sea rico»

    Ellos de inmediato contestaron pues como no, si estas buenísima, yo riendo les dije «hay gracias» y cómo íbamos por el periférico hay varios moteles y me dicen como vez, «entramos a uno de esos» yo sonriendo y viéndolos les dije «pues si ustedes quieren» Manuel algo sorprendido, pero a la vez con lujuria me dice, en serio cogerías con los dos juntos, Ismael dice –¿puedes con los dos? Y les digo, pues no se ustedes que creen, ¿que si o que no? –yo, ya retándolos y con algo de calentura por la conversación, Manuel giro y entro al motel “Atenas”.

    Ellos incrédulos pero calientes como son los hombres, ya en el motel me bajaron del carro y en la cochera me comenzaron a besar y a tocar, yo los deje cuando subimos al cuarto, me comenzaron a quitar el vestido de disfraz y vieron que traía un conjunto de tanga y brasier rosa, encantados de verme comenzaron a besarme toda y a decirme palabras bonitas, y yo les comencé a tocar sus vergas, después me puse en canclillas para comenzar a mamar sus vergas, que eran normalitas, se veían ricas jijiji, me gusta recorrerles todo su tronco y me encanta chuparles los huevos, eso los calienta mucho.

    Ellos al ver como mis caderas se enanchan y se me formaba mi culo, me llevaron a la cama y ahí estuvimos alternando ellos conmigo, me dijeron que empinada lucía un culo hermoso y me daban nalgadas mientras uno me cogía yo le mamaba la verga a otro, luego se recostaron para volver a mamarles la verga, yo agarraba sus vergas una con cada mano y se las jalaba mientras los veía como disfrutaban de tenerme.

    Ismael se recostó en el sillón Kamasutra y me ensarté su verga en mi panochita hambrienta de verga, lo monte a cabalgarlo y me movía como perrita en celo, mis movimientos lo hicieron terminar dentro de mí, después cambiaron lugar y Manuel que tenía la verga un poco más grande me la fue metiendo, mientras me decía que le gustaba mucho y hacia tiempo me tenía ganas, eso me calentó y le dije, «cógeme como tú quieras cabron» mientras lo cabalgaba los dos me decían de cosas, Ismael observaba como me movía, y cuando Manuel también termino dentro de mí, me recosté un poco hacia atrás, Ismael me acerco su verga un poco flácida para seguirla mamando, así duramos un rato, después me fui a bañar y ellos seguían diciéndome que cogía como una diosa.

    Ya sentados en la cama Ismael me pregunto ¿oye Jenny y con cuantos has cogido juntos? Y comencé a platicarles que, fue mi esposo quien me entrego por primera vez a su mejor amigo y lo hemos hecho muchas veces, y también les platique de como en un taller me habían cogido entre varios, se quedaron sorprendidos y preguntaron si él no se enojó «yo les dije «pues creo a él le gusta ver cómo me cogen o que yo le cuente» dijeron es que coges de una manera que enamora, seria fabuloso verte como coges con muchos, yo les sonreí sin decir nada, Ismael que era el más pervertido y por su cara supe que algo tramaría, después de eso me llevaron a mi casa.

    Camino a casa seguían besándome y tocándome y me dijeron que les encantaría volver hacerlo conmigo, y fue así como ahora también soy la puta de mis dos jefes.

    Armando ya me deja ir sola a las fiestas pues sabe que en ocasiones ellos me llevan a una de sus casas o algún motel para cogerme y eso lo calienta mucho, saber que mis jefes me hacen su puta, y a mis jefes les calienta más saber que se cogen a una mujer casada y a mí me gusta ser el objeto sexual de ellos, por lo que cuando es planeado me visto como una puta para ellos, al igual que lo hago con Efra y mi esposo, me hace sentir sexy y deseada pues los cabrones hacen conmigo lo que estoy segura que no hacen con sus esposas, cuando le platico a Armando él se calienta mucho al saber que me cogen mis compañeros de trabajo, incluso me ha sugerido que me deje coger por varios de ellos, lo que sucedió tiempo después… pero es otra historia.

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  • Kira, una mujer insaciable (2)

    Kira, una mujer insaciable (2)

    Aunque unos segundos más tarde, después de estar bien humectados nuestros labios de saliva, decidimos fundirnos en un beso largo y apasionado. Aquel beso ayudó significativamente a aliviar un poco la incomodidad o sufrimiento que estaba resistiendo ella por las penetradas anales. Y es que, al alejar mi rostro del suyo, pude apreciar la sensación agridulce que estaba padeciendo.

    En el rostro de Kira existía una expresión de resistencia, orgullo, placer y sufrimiento. Tal como ella me lo ha dicho siempre: el gran secreto del sexo anal se encuentra en aceptar el dolor y transformarlo en satisfacción. Su punto de vista del sexo anal es que hay que entregarse, aceptando el gozo del otro. La verdad es que yo concuerdo mucho con su punto de vista.

    En cierto momento de esa resistencia femenina, ella se mordió sus labios, reprimiendo una sonrisita cínica, maliciosa, malévola. Su sonrisa la delataba: estaba sufriendo, estaba padeciendo la incomodidad de tener un pene dentro de su culo, pero para ella valía la pena. A cambio de eso tenía a todo un semental hinchándose su ego y su espíritu de una sensación humanamente carnal.

    —Ay, ¡que delicia Mark! —gritó ella interrumpiendo nuestras miradas—. Me encanta como me culeas.

    —¿Te gusta querida Kira? ¿Quieres que incremente la potencia?

    —Sí, hazlo con mayor ritmo, como en las películas porno.

    —De acuerdo, de acuerdo.

    El “sufrimiento” de Kira se sublimó en ese instante. O quizá, se volvió tan fuerte e intenso, que no tuvo otra forma de liberarse de éste mismo que actuando con violencia. De modo que con determinación y rapidez, ella usó sus manos para abrir mis piernas y luego llevó sus labios a los labios de mi vagina. A mí me fascinó esa manera brusca de actuar. Siempre me ha encantado cuando en el sexo llega a esos estados en los que parece poseída.

    Y naturalmente, la posesión sexual que la gobernaba logró transferírmela con el delicioso sexo oral que me ofreció. Parecía una perrita mamando leche de una de teta su madre. Se consagró de manera tan perfecta a darme placer que mis ojos no tardaron en pasar al blanco total. Terminé de recostar mi cuerpo en la cabecera de la cama y me enfoqué en solo disfrutar de sus favores.

    De modo que los tres estábamos gozando. Mark, desde su panorama de semental y hundiendo su pene en el ano de Kira, era el que más disfrutaba. Estaba fascinado de sentirse realizado como hombre, follándose a una mujer divina que se entregaba a otra mujer para saciarla con su boca. La energía que fluía en mi cuerpo se canalizaba a través de Kira y llegaba hasta él. Y lo mismo ocurría desde allá para acá.

    Había momentos, en que abría mis ojos y, aparte de ver el mundo salpicado de estrellitas, percibía la magia cósmica que ardía en el cuerpo de Mark. Su rostro, con sus ojos cerrados, se elevaba hacía el techo y apretaba sus labios como si no quisiera perder la esencia del trance en el que se encontraba. El mismo trance que él sabía que nos encontrábamos las dos.

    —¡Esto sí que es sexo ardiente, por Dios! —dijo Kira emocionada—. Para eso vinimos a este mundo, a gozar como mortales.

    —Sigue en lo tuyo amor mío —le exigí yo—. Esto está tan delicioso. Quiero llegar, quiero llegar.

    —Discúlpame, cariño, disculpa.

    Kira volvió a hundir su boca en mi vagina. Mi vagina, como lo he descrito en otras escenas de mis relatos eróticos, se convirtió en una boca para ella. Esas dos bocas se amaban, se humedecían, se buscaban enloquecidas por obtener más y más placer. En algún punto de ese encuentro, no pude resistirme y mi cuerpo expresó su orgasmo.

    Quizá Mark haya alcanzado a ver en mi rostro y en mi propio cuerpo la liberación del orgasmo. O quizá sintió cómo la energía misma de mi orgasmo, emanó de mi ser como un sentimiento invisible que lo llenó de orgullo. Lo cierto, o de lo que estoy convencida que pasó, es que mi felicidad rebotó en la de él, condenándolo a no refrenar más su placer.

    Por eso, un segundo después de que yo aceptara entregarme a mi satisfacción, el expresó con voz derrotada y en inglés: “I’m sorry, Kira, I can’t do it more”. Lo dijo en inglés, muy a pesar de que hasta entonces siempre había estado comunicándose con nosotros en español. Al escucharlo, Kira dejó de lamer mi vagina y me miró a los ojos.

    Cuando yo la miré a los ojos, ella comprendió por completo que en efecto había alcanzado mi orgasmo más perfecto; algo que naturalmente Kira ya venía adivinando con mis gemidos y el comportamiento de mi vagina, que parecía huir de su boca. Conocer esta verdad, sumada a lo que suponía que Mark no hubiese podido resistir más, inundó su espíritu sexual de un orgullo supremo.

    Entonces Kira, ahora que el ritmo de las penetradas había cesado, enderezó su cuerpo y anunció con satisfacción:

    —No te preocupes Mark. Tú sabes que no tengo inconveniente en que eyacules dentro de mí.

    —Dile a tu amiga que nos ayudé con esto…

    —Oh, disculpen —dije emocionada—. ¿Qué es lo que hay que hacer?

    —Toma ese paquete de pañitos húmedos y saca unos dos o tres —me indicó Kira—. Lo que menos queremos es que el semen de Mark moje las sábanas.

    Lo que ocurría es que, hasta ese momento, el pene de Mark aún se encontraba dentro del ano de Kira. Yo, actuando con la rapidez de una enfermera en medio de una cirugía, saqué los pañitos y me aproximé al coito anal. El pene de Mark se veía grueso, a pesar de que ya no poseía el tremendo vigor de unos minutos antes. De manera lenta y con calma, empezó a extraerlo, mientras me quitó uno de los pañitos.

    Ese pañito que eligió, lo ubicó justo debajo de su pene, dejando que realizará contacto con la piel de Kira. Al mismo tiempo, me explicó que estuviera atenta para cuando extrajera por completo su pene, para que prácticamente me hiciera cargo de tapar el ano de ella con los pañitos. Al cabo de unos segundos, conseguimos cumplir correctamente la tarea.

    Solo una pequeña porción de semen resbaló hasta caer en el pañito que él tenía. Yo, con mucha precisión me hice cargo de hundir los pañitos restantes en el mismísimo ano de Kira. Ella misma me había explicado que los presionara “como si se tratara de sellar una botella”. Alrededor de un minuto más tarde, mi amiga se colocó de pie y entonces retiró ese corcho que representaban los pañitos.

    Un hilo de semen cayó de inmediato al suelo. Fue un momento que realmente logró excitarme. Quizá para otra persona, ver ese líquido salir de su intestino hubiese tenido una connotación demasiado sucia. Pero para mí representó todo lo contrario. Y fue aún más deleitante cuando ella se agachó y apoyó sus nalgas sobre sus talones. Sus pies estaban ligeramente empinados.

    Al estar en dicha posición, el resto del semen de Mark fluyó hacia el suelo. Kira al reconocer que ya había emanado de su interior todo el líquido, usó un pañito húmedo para limpiarse el ano. Nuestro amante le ofreció unos pañitos adicionales para que limpiara el suelo. Después de esto, ella se colocó de pie. Al ver mis ojos emocionados por lo que acababa de ver, decidió darme un beso en la boca.

    —¿Nunca habías visto algo así, querida Tatiana? —me preguntó.

    —Claro que sí. En películas porno.

    —¿Qué es lo que más te emocionó de esto?

    —No sabría definirlo exactamente —le respondí—. Me causó mucho morbo y placer ver cómo emanaba ese líquido blanco de tu interior.

    En ese momento, Mark se encontraba bajo la ducha del baño, realizando la tarea de lavarse su pene. Cuando segundos más tarde salió del baño, nos descubrió a las dos besándonos. Fue un beso muy apasionado, donde nos entregamos a sentirnos la una a la otra, mientras nos acariciábamos nuestras tetas.

    Los tres estaríamos alrededor de una media hora en la cama, conversando y a la espera de que el pene de Mark estuviese listo para una nueva sesión de amor. La manera cómo ese hombre se comportó con nosotras fue muy fantástica. Cuando nos abrió la puerta de su apartamento, su rostro se emocionó ante la sorpresa.

    —Hola, muy buenas noches —nos saludó—. Esto no me lo esperaba, Kira.

    —Te presento a mi amiga Tatiana. Una de mis amigas y amantes más cercanas.

    —Mucho gusto, Mark —dije mientras le estrechaba la mano—. Mi presencia aquí obedece a una invitación inesperada.

    —Lo importante es que vamos a pasar una buena noche —agregó Kira.

    Entonces decidimos sentarnos en la sala para conversar un poco. Mark se encontraba vestido con una ropa casual que le otorgaba una gran elegancia. Sus jeans, su camisa a cuadros, su correa negra de cuero, incluso sus zapatos que también eran de cuero, dejaban a la vista que aparte de ser muy solvente, también era un hombre con mucha cultura.

    Unos minutos más tarde, aquel hombre nos invitó a una copa de vino. Durante el tiempo que se prolongó nuestra conversación en aquella sala, ni Mark ni Kira hablaron sobre el tema del dinero correspondiente a lo que serían mis servicios. Probablemente por la sencilla razón de que buena parte de la conversación se mantuvo alrededor de que era la primera vez que iba a tener sexo como si fuese una escort.

    —Kira simplemente me invitó —dije—. Me explicó que no quería dejarme sola y que solo lo haríamos por diversión.

    —Vamos a ver entonces cómo te va, Tatiana —reflexionó Mark—. Aunque de antemano déjame halagarte y reconocerte que eres una mujer muy hermosa.

    Kira se levantó en ese momento del sofá en el que se encontraba y se colocó junto a él. Con una confianza plena, como si fuesen novios desde hacía mucho tiempo, ella introdujo su mano por debajo del jean de Mark. Entonces comenzó a acariciar su pene al mismo tiempo que le ofrecía unos deliciosos besos.

    El amante se levantó casi que de inmediato del sofá, tomando la mano de Kira como si fuese su novia. Me ofreció su otra mano y yo obedecí. Fue así como nos llevó hacia la habitación principal de su apartamento. Era una habitación muy espaciosa que poseía una iluminación muy hermosa, matizada de un color naranja.

    El acto de amarnos no tardó en iniciar. Nos entregamos en un primer momento a compartir besos y caricias, dejando que la sangre fluyera con intensidad. La respiración de cada uno de nosotros comenzó a sincronizarse, lo mismo que los turnos en que Kira y yo teníamos la suerte de besarlo. Fue un momento muy excitante.

    Un rato más tarde, Kira se encontraba acostada boca arriba, con sus piernas abiertas y preparadas para sentir el pene ingresar en su vagina. Mark se comportó muy bien dándole placer a ella de esa manera. Se entregaba a la faena demostrando que tenía buena experiencia. Yo por mi parte, aproveché la situación para aproximarme a su cuerpo y brindarle unos besos deliciosos.

    —Me encantan tus besos, Tatiana.

    —Y a mí tu talento para dar amor. Te mueves muy bien. ¡Y qué bonitas nalgas tienes!

    —En un rato será tu turno. Por ahora disfrutemos de los gemidos de Kira.

    —Está muy delicioso —comentó ella—. Ya comencé a ver estrellitas.

    Por cierto que había olvidado dejar en claro que Mark es un hombre con un cuerpo esculpido y muy hermoso. Es fruto de sus horas de entrega al gimnasio. En realidad, se conoció con Kira en el mismo gimnasio al que ella asiste. Por eso, a medida que el pene de él ingresaba en la vagina de ella, yo me daba el gusto de acariciar sus pectorales, al igual que sus nalgas robustas.

    Tal como lo había prometido, un rato más tarde llegó mi turno. Kira me cedió su lugar y yo me acosté en la misma posición. Hubo un momento de silencio que en cierto sentido resultó incómodo para todos. Pero Mark logró despejar esa sensación sonriéndome. Hasta entonces me sentía indefensa, pero dicha sonrisa me disuadió a entregarme y confiar en él.

    El pene de este hombre ingresó despacio en mi vagina. Mi sangre comenzó a fluir aceleradamente en mi cuerpo, llenándome de una alegría irresistible y tremenda. El juego de penetrarme me resultó muy satisfactorio y en mi rostro la expresión de asombro por sentir su hombría en mí se manifestó casi de inmediato.

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  • Fe y lujuria

    Fe y lujuria

    Allí estaba ella sentada mirando la calle con su lentes de sol, solo yo la noté, su mirada buscando compartir su fe, pero su hermoso rostro muestra toda la fe que un hombre quisiera tener.

    Pero yo no la veía con ojos de fe sino con ojos de lujuria con ojos convertidos en la perversión humana, pero sin traspasar los límites de la moral y decencia que este mundo impone para los hombres.

    Solo yo al ver su rostro sentía y quisiera que toda su cara estuviera en mi abdomen dándole pequeños besos, pequeñas lamidas con su lengua, sus manos tocando y apretando mis pezones, eso me excitaría mucho, pero lo que más me excita es pensar que ella siendo una mujer de fe pueda tener este lado tan lujurioso, pero me conformo con esa mirada que recibí aquella mañana cuando pasé al frente de ella.

    Estremeció mi mundo en solo un momento y todo tipo de pensamiento cruzaron mi mente, por ejemplo, como sería su boca alrededor de mi pene, esa húmeda boca ascendiendo y descendiendo por todo mi pene erecto, mis manos empujando su cabeza para que mi pene llegue hasta su garganta…

    Luego antes de soltar mi semen en su boca parar por un momento, tomarla de sus brazos voltear su espalda hacia mí, quitarle sus pantys e introducir mi pene por su ano…

    Su cuerpo estremeciéndose por cada arremetida con mi pene y el dolor que siente tan excitable hace que me ponga más brusco con ella, que sus piernas terminen fallando por todo y que ella suplique mi semen en su boca, pero que ella se lo saque de su ano y lo chupe hasta hacer salir toda esa leche varonil y que lo trague de forma desesperada…

    Pero como ya les había dicho solo fue un caminar por la mañana, aunque hubiese deseado que se hubiera quitado sus lentes de sol.

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  • Carnaval

    Carnaval

    En febrero del 2023, llegaron mis primos de otra ciudad. Íbamos a hacer un viaje para festejar el carnaval.

    A las nueve y media del jueves, tocaron el timbre. Fui yo la que abrió.

    Primero entraron mis primas, después mis primos… y atrás, él. Lautaro, un amigo de ellos. Alto, moreno, con los brazos marcados y unos ojos marrones que brillaban con picardía.

    Cuando me saludó, me dio un beso en la mejilla y me miró dos segundos de más. Sentí un calor intenso en el pecho.

    Nos sentamos todos en la mesa a charlar, a organizar cosas del viaje.

    A eso de las doce y media se fueron todos a dormir. Me acosté con mis hermanas, pero no podía pegar un ojo. Tenía la imagen de Lautaro tatuada en la cabeza.

    No sabía cómo ni cuándo, pero quería que me coja. Y no tardó mucho en pasar.

    El viernes llegué muerta del trabajo. El calor y el insomnio te chupan la energía. La casa estaba en silencio, y eso ya era raro. Seguro que todos se fueron al centro como dijeron. Bien. Quería dormir unas horitas antes del viaje.

    Mientras pasaba frente a la pieza del fondo, vi la puerta apenas abierta. No sé por qué miré, pero ahí estaba Lautaro. Reposado en la cama, sin remera, y con el calzoncillo asomando por el pantalón.

    —Uh… perdón —dije, queriendo desaparecer.

    Se corrió el brazo de la cara, me miró, y dijo:

    —Entrá si querés. No pasa nada.

    Yo no quería entrar, pero mi cuerpo fue solo. Me senté en el borde de la cama.

    —¿Qué hacés acá? —pregunté, tratando de hacerme la desinteresada.

    —Me dolía un poco la cabeza. Quería descansar un rato.

    —¿Querés un ibuprofeno? —le ofrecí, ya como una nena buena. Me miró. Me sonrió.

    —Sí, dale. Gracias.

    Fui a la cocina, busqué el blister y un vaso de agua. Cuando volví, él seguía en la misma posición, como si me esperara.

    Le di la pastilla, se la tomó, y mientras apoyaba el vaso en la mesa de luz, sentí su mano en mi pierna. Me congelé.

    —Gracias, linda —me dijo, bajito, casi en secreto.

    No pude responder. Le sonreí nerviosa.

    Me estaba por levantar, por irme, cuando me agarró del brazo con fuerza y me tiró hacia él. En un segundo, su boca estaba en la mía. Y yo… me entregué.

    Sus labios eran salvajes. Me apretaba la cintura, me subía la remera, y yo solo quería más. Me empujó hacia atrás, quedé sentada en la cama. Me mordía el cuello, la clavícula, me apretaba las tetas. Yo gemía y me arqueaba.

    Le bajé el pantalón. Su pene estaba durísimo. Me arrodillé frente a él. Me miraba desde arriba. Se lo chupé lento, profundo, dejándolo temblar.

    Jugaba con su verga mientras su respiración se entrecortaba. Mis labios la envolvían, mi boca se abría más. La sentí contra mi garganta y se me escapaban algunas arcadas.

    —La puta madre, Mey… —gimió, agarrándome del pelo.

    Sentí cómo se tensaba, pero se contuvo. Me subió, me tiró en la cama. Me sacó el jean casi de un tirón. Quedé con la bombacha negra mojada. Me la sacó con los dientes.

    —Estás hermosa —me dijo.

    Se metió entre mis piernas y me lamió como si me necesitara. Yo me retorcía, me tocaba las tetas, le decía que no pare. Me metía los dedos y me hablaba sucio.

    Después se puso encima de mí, me miró a los ojos y sin decir nada, me la metió de una. Grité.

    Era grande. Me llenaba. Me penetraba con fuerza. Me agarraba del cuello mientras me bombeaba sin parar.

    —Que puta sos pendeja —jadeó, mientras me daba con más ritmo.

    —Más, Lauti. No pares.

    Me tomó de la cintura, me dio vuelta y me cogió desde atrás, me tiraba del pelo el pelo y me cacheteaba fuerte, con bronca. Yo gritaba como una yegua.

    De repente, él se sacó el forro y acabó en mis nalgas, todo caliente, todo descontrolado.

    Fui al baño y me limpié. El espejo me devolvía una cara con mejillas rojas, el pelo revuelto y los labios hinchados.

    Salí… y justo llegaron todos.

    Me acomodé el pelo, respiré hondo y saludé como si nada.

    Él seguía en cama, y yo pensé: “Ojalá este finde dure toda la vida”.

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  • El casero

    El casero

    Era una mañana de Lunes, Gabriela se dedicaba a tirar la basura en los contenedores que estaban detrás de la unidad habitacional donde ella y su pareja vivían.

    La chica intentaba hacerlo con la mayor rapidez posible ya que no quería encontrarse con

    —¡Hola señorita Gabriela!, ¿no es muy temprano para tirar la basura? — dijo su casero, un hombre llamado Gaspar.

    El sujeto en cuestión es de complexión media fornido su cabello ya está encaneciendo y su aspecto podría pasar por el típico bonachón de barrio, pero a Gabriela tenía un mal presentimiento cada vez que estaba cerca de él según sus palabras era una mala vibra que salía de él y que no sabía cómo describir, lo que le incomoda más es la forma en la que él miraba a las mujeres en general.

    Ya fueran solteras o casadas ninguna mujer en esa unidad habitacional escapaba a su lujuriosa mirada.

    —¡Hola don Gaspar! —respondió Gabriela tratando de no ser grosera— es que Jorge se fue temprano a trabajar y no le dio tiempo de tirar la basura.

    El hombre solo le sonrió y continúo.

    —Hablando de otras cosas — dijo el hombre esbozando una gran sonrisa— me gustaría hablar sobre las nuevas cámaras de seguridad.

    El sujeto traía una Tablet consiguió.

    —¿Finalmente las instalarán? — dijo la mujer con fastidio—Ya era hora

    —¡Cómo usted sabrá esas cosas toman tiempo! — respondió el hombre con calma— el dueño del edificio finalmente dio el visto bueno.

    —¿Le gustaría ver su funcionamiento? — dijo el hombre mientras le extendía la Tablet.

    Gabriela dudó un momento nuevamente esa sensación de desconfianza hacia aquel hombre se hacía presente pero no podía negar su interés en las cámaras de seguridad.

    Gabriela tomo la Tablet con algo de recelo y en efecto parecía que simplemente eran imágenes del edificio y sus alrededores incluso podía verse a ella misma junto a su casero.

    —Todo parece estar bien — dijo Gabriela sin notar que lo decía con voz baja y monótona.

    Esa misma noche.

    Gabriela y su novio Carlos se disponían a cenar.

    Cuando ya se habían sentado y para tener tema de conversación simplemente dijo:

    —El casero me abordó en la mañana para mostrarme la nueva seguridad del edificio — dijo Gabriela con calma

    —¿Y dime qué tal? — respondió Carlos.

    —No es la gran cosa, tenemos visita de las afueras del edificio y nuestro pasillo —dijo Gabriela — pero tenemos que accesar a ella por una aplicación.

    —Eso se escucha bien dime el nombre para buscarla — dijo Carlos — mientras sacaba su teléfono.

    —Oye eso no te incómoda siquiera un poco — dijo Gabriela ante la calma de su pareja — que un viejo verde como el pueda verme en todo momento me incómoda mucho.

    Carlos miro a su novia un momento y calmadamente le respondió.

    —Cariño no es como si el casero hubiera instalado cámaras en nuestra recámara o el baño — le dijo con el tono más calmado y conciliador que pudo.

    —Además creo recordar que tú y otras mujeres exigieron casi a gritos las cámaras de seguridad en el edificio — continuó el hombre.

    —Las pedimos por los robos de ropa íntima — respondió Gabriela —además estoy segura que él fue quien robó esas pantaletas.

    Carlos suspiro con pesadez.

    —¿Por qué alguien se metería en los departamentos solo para tomar unas pantaletas? Teniendo tantas cosas más valiosas que podía tomar — dijo el con tono conciliador — aún un gran pervertido se daría un momento para tomar algo de más valor.

    Gabriela tomo aire un momento y le respondió a su novio.

    —Quizás si tengas razón y me esté volviendo loca — respondió Gabriela con un pesado suspiro.

    Carlos se levantó de su lugar para acercarse a su novia y empezar a masajear sus hombros.

    —Solo estás un poco tensa — dijo el mientras acariciaba los hombros y el cuello de su pareja.

    Gabriela respondió Gimiendo suavemente

    —Y dime amor, ¿el día de hoy sí Lo haremos? — dijo Gabriela mientras acariciaba el brazo de su novio

    —Sabes que me encantaría — respondió Carlos — pero el trabajo me dejó molido.

    —Al menos chúpame la concha, ¡Por favor! — dijo Gabriela casi suplicando.

    —Si me lo pides así no puedo negarme —le respondió Carlos.

    Unos minutos más tarde.

    En la intimidad de su habitación Gabriela gemía ruidosamente mientras su novio tenía su rostro entre sus piernas mientras le hacía su solicitado sexo oral

    —¡Así amor!, ¡Así! Tú sabes dónde me gusta — decid Gabriela mientras acariciaba la cabeza de su novio

    La pareja continuaba en su ocupación intima sin saber que una pequeña cámara espía los observaba.

    Aquel Casero los miraba sin perder detalle alguno mientras preparaba su siguiente movimiento.

    Al día siguiente.

    Eran las 7 de la mañana y Carlos había salido corriendo de su apartamento su jefe le había llamado por una emergencia

    Gabriela por su parte era trabajadora freelancer y no tenía ninguna comisión pendiente así que pensó que lo mejor sería relajarse un poco.

    Pero inesperadamente escuchó como tocaban la puerta.

    —¿Quién será tan temprano? — se dijo mientras se acercaba a la puerta— Quizás la señora Devora está buscando otra vez a su gato.

    Gabriela miro por la mirilla de la puerta para encontrarse con su casero.

    —Buenos días señorita Gabriela, ¿podría darme unos minutos de su tiempo? — dijo el hombre con una amplia sonrisa en su cara.

    A la mujer se le fue el color de su rostro así que busco la manera más rápida para deshacerse de su nada apreciada visita.

    —Disculpe don Gaspar estoy algo ocupada — respondió tratando de sonar casual — No podría pasar más tarde

    —Descuide será rápido — dijo el hombre mientras él sacaba su teléfono y se lo mostraba a la mujer a través de la mirilla el aparato mostraba una luz brillante y cautivadora.

    Gabriela fue víctima de la fascinante luz que apagó sus pensamientos rápidamente.

    —Espero sus órdenes amo — dijo Gabriela con vos mecánica a través de su puerta

    —Vaya no pensé que funcionaria tan fácilmente en usted — dijo Gaspar con una amplia sonrisa en su rostro — Realmente no es tan inteligente como presume.

    —Si amo no soy tan inteligente — respondió la mujer nuevamente.

    —¡Muy bien esclava! Abre la puerta inmediatamente — dijo el hombre con gran naturalidad.

    La puerta se abrió y el sujeto entro dentro la mujer presentaba un estado antinatural sus ojos lucían en blanco sin pupilas visibles además de que su rostro parecía casi mecánico.

    —Vamos a tu Saka para estar más cómodos — sugirió el hombre mientras entraba a el apartamento.

    Una vez en la sala Gaspar tomo el rostro de la chica con su mano para verlo con más detalle.

    —Tienes un encantador rostro de muñeca linda — dijo el antes de darle un pequeño beso — deberías usar maquillaje más seguido.

    —Si usare maquillaje más seguido — respondió Gabriela de manera automática con un tono de voz casi mecánico.

    —Que encanto — dijo el hombre alegre — cualquier sugerencia es una orden para ti, ¿No es verdad?

    —Si mi amo — respondió Gabriela nuevamente con ese sexy tono mecánico de vos.

    Gaspar simplemente se carcajeó un poco y luego continúo.

    —Ok linda, primero empieza a desvestirte — dijo el hombre con una amplia sonrisa.

    —Si mi amo — respondió la mujer mientras empezaba a quitarse la ropa.

    Las prendas empezaron a caer al suelo una tras otra primero su blusa que dejaron expuesto un sencillo sostén de algodón que guardaban unas tetas copa C dejo caer su pantalón de mezclilla mostrando unas increíbles caderas y un prominente trasero la sencilla panty del juego íntimo mostraba un oscurecimiento debido al vello púbico.

    —¿Por qué usas este tipo de ropa Interior tan simple? — dijo Gaspar decepcionado— teniendo un cuerpo tan erótico

    —Mi cuerpo me avergüenza desde muy pequeña — respondió la mujer mientras se quitaba el sostén y las pantaletas quedando finalmente desnuda.

    —Oh ya veo — dijo Gaspar mientras se acercaba a tocar el cuerpo de Gabriela — te ayudaré con eso créeme

    —Veo que está bastante húmeda aquí abajo — dijo Gaspar mientras tocaba el monte de Venus —dime a qué se debe.

    —La manera en que me toca me está excitando — respondió Gabriela de manera mecánica— No he tenido sexo en varias semanas mi novio trabaja mucho y no me atiende como me gustaría

    —Ya veo estás insatisfecha — mientras decía eso empezó a amazar los pechos de la chica — debería solucionarlo por ti—

    — Vamos a tu habitación para estar más cómodos — dijo Gaspar mientras retiraba sus ya húmedos dedos de la intimidad de Gabriela.

    Una vez en la habitación Gaspar ordenó a Gabriela recostarse en la cama y abrir sus piernas sosteniendo las en el aire con sus manos.

    La mujer obedeció sin cuestionar las instrucciones de su amo.

    Gaspar se recostó a su lado para empezar a meter sus dedos en la cálida vagina y frotaba su hinchado clítoris.

    Gabriela empezó a gemir de placer por el trato recibido lo que alentó al hombre a ir más profundo en aquella húmeda intimidad complemento el ataque empezando a succionar los pechos de la mujer.

    Después de un par de minutos Gabriela tuvo su tan anhelado orgasmo vaciándose abundantemente sobre su cama.

    —Alguien tendrá mucho trabajo lavando estás sábanas —dijo Gaspar mientras se relamida los fluidos de la mujer de su mano— Te has venido como una puta, se ve que no te atienden como debería

    Gaspar se quitó los pantalones y saco su erecta verga para ponerla sobre la cara de Gabriela.

    —Aquí está la tan anhelada verga puta — dijo él mientras la frotaba en su rostro —voy a consolar a tu vagina de perra en celo

    El casero todavía no terminaba de dictar la orden para Gabriela cuándo inesperadamente ella ya le estaba dando una mamada de campeonato.

    —¿Qué tanto deseabas una verga? — dijo el hombre completamente excitado—tienes una lengua fabulosa

    Gaspar apenas se podía contener el trato recibido por la boca de su inquilina era delicioso y brutal al mismo tiempo.

    —Ya que vas a hacer que me venga puta — dijo el hombre sintiendo que llegaba a su límite —quiero que te lo tragues todo y no desperdicies nada

    El hombre se vino con violencia en la boca de la mujer llegando incluso a sostener la cabeza de la misma con fuerza mientras que ella empezaba a succionar todo lo que podía pero parte se escapó por la comisura de sus labios y su nariz.

    Gaspar respiraba forzosamente por el esfuerzo realizado saco de golpe su miembro aún erecto de la boca y solo dijo.

    —Voltéate voy a penetrar tu vagina de mujerzuela en celo — dio la orden con vos pesada pero firme.

    Gabriela enseguida acato la orden y se colocó en posición.

    —Así… así… está… bien… amo — respondió la mujer

    Gaspar miro lo que tenía frente a el, un turgente trasero donde se veían una vagina húmeda y goteante de fluidos íntimos y un esfínter oscuro que parecía solicitar la atención de aquel hombre.

    — Ambos agujeros piden verga — dijo Gaspar mientras sostenía su miembro con su mano.

    Sonriendo con malicia la penetró de golpe y empezó a penetrarla.

    —Pensé que estarías más suelta de tu vagina — dijo el hombre mientras la penetraba —Pero la tienes bastante apretada.

    Gabriela no respondió a la afirmación del hombre tenía una expresión de lujuria pura con la boca abierta su lengua de fuera mientras babeaba profundamente.

    —Me gustaría que pudieras ver la cara de degenerada que tienes — dijo Gaspar mientras azotaba el trasero de Gabriela —en este momento mientras te estoy cogiendo

    La mujer simplemente gimió con lujuria en respuesta.

    Mientras seguía penetrándola con fuerza y dando un ocasional azote en el trasero no pudo evitar sonreír y hacer una pregunta.

    —Dime puta comparando, ¿Quién es mejor en la cama yo o tú cornudo novio? — dijo Gaspar mientras azotaba nuevamente el trasero de Gabriela con más fuerza que antes.

    Gabriela respondió entre gemidos de lujuria pura.

    —Cójame… cójame… más duro — fue lo primero que salió de sus labios — usted es increíble es mucho mejor que Carlos

    Después de un aguado gemido de placer continúo.

    —El pene del amo es más grande — dijo Gabriela con la voz cargada de deseo —que el pene de mi novio

    —Jajaja — el hombre no pudo evitar reír por la respuesta —¡qué mujer tan asombrosamente zorra!

    —Te llenaré por completo tu vagina golosa como recompensa — dijo Gaspar mientras se movía con más fuerza— Así que recibe mi semen puta

    Mientras el hombre se venía Gabriela tenía un rostro de enorme placer y satisfacción.

    —Vaya han pasado años desde la última vez que me vine así — dijo el hombre mientras sacaba su flácido pene de la chorreante vagina— ¿Te gustó lo que te hice?

    La mujer tenía una expresión facial difícil de leer en ese momento sos ojos estaban entrecerrados su boca abierta baneante y su cuerpo temblando suavemente.

    —Creo que no necesitas palabras para expresar lo que sientes — dijo Gaspar — estás feliz, ¿Verdad puta?

    Gabriela simplemente se carcajeó en bajo.

    Minutos más tarde.

    Gabriela se encontraba frente al televisor de su propio apartamento en el cual se mostraba una espiral infinita ella estaba masturbándose furiosamente con un gran consolador de goma negro mientras decía.

    —Soy una pervertida lasciva a la que le encanta la verga — decía mientras metía una y otra vez el dildo en su húmeda intimidad— me encanta la verga del señor Gaspar — emitió un gemido casi animal tras decir esa frase — esa rica verga tiene todo el control, controla mi ser, controla mi mente, controla de mi cuerpo.

    A su lado aquel hombre simplemente sonreía viendo como esa mujer se convertía lentamente en nada más que una puta barata a su servicio.

    A lo largo de varios días se empezó a formar una extraña rutina entre Gaspar el casero y su inquilina Gabriela.

    El hombre buscaba cualquier pretexto para acercarse a ella ponerla en trance y practicar nuevas perversiones en su cuerpo además de darle nuevas instrucciones que ella asimilaba rápidamente.

    Por su parte Gabriela era inconsciente de las acciones de Gaspar limitándose a seguir con su vida y su trabajo.

    O lo que ella creía que era su vida.

    Cierto día Gaspar miro su calendario y noto que había pasado un mes desde que comenzó el tratamiento con Gabriela.

    —Me sorprende que haya tomado tanto tiempo — dijo el hombre mientras sacaba su teléfono y le enviaba un mensaje a Gabriela.

    —Ha llegado el momento de sacar a la luz la puta de tu interior — dijo para sí viendo como el mensaje era recibido por Gabriela

    2 horas después.

    Gabriela se encontraba completamente desnuda sobre una especie de silla muy extraña estaba atada de manos y piernas sin saber que estaba pasando.

    Lo único que recordaba antes de que todo se oscureciera era haber recibido un mensaje en su celular.

    —Veo que finalmente despertaste — dijo una voz muy familiar para la mujer

    —Gaspar ¡Maldito cerdo! — grito Gabriela con todas sus fuerzas mientras forcejea con sus ataduras.

    —Es inútil luchar ,solo te lastimarás si no te controlas — respondió el hombre apareciendo atrás de ella.

    Aprovechando la inmovilidad de la mujer Gaspar sujeto con firmeza los pechos de la mujer.

    Gabriela no pudo evitar gemir mientras aquel sujeto acariciaba sus pechos.

    ¿Qué me está pasando?, ¿Por qué disfruto el trato de este cerdo?, pensaba Gabriela intentando contener su excitación.

    —Tu cuerpo ya responde como lo esperaba — dijo Gaspar mientras continuaba con sus caricias obscenas.

    —¿De que estás hablando maldito cerdo? — respondió la mujer que apenas contenía la gemidos de placer que salían de su boca.

    —¡Déjame mostrarte! — dijo el hombre mientras una pantalla se iluminaba.

    Las imágenes dejaron muda a Gabriela, en ellas Gaspar la tomaba de todas las perversas firmas que se pudiera imaginar.

    Mamándole la verga mientras él estaba sentado en el sillón de su sala de estar.

    Cogiéndosela salvajemente mientras estaba en la ducha.

    —¡Eso tiene que ser una mentira! — grito Gabriela desesperada —Yo jamás me acostaría con un hombre tan repulsivo como usted

    —¿Acaso no puede creerle a tus ojos putita? — dijo Gaspar mientras apretaba los pezones de la mujer.

    Los ojos de Gabriela se llenaron de lágrimas mientras veía como el sujeto le estaba haciendo un “besó negro” para después empezar a penetrarle el culo en la cama de la alcoba principal.

    —¡Hola Gabriela! — dijo una voz que para el horror de Gabriela era ella misma.

    Gabriela se vio a sí misma mientras era penetrada en una posición “de a perrito” por Gaspar en una cama desconocida para ella sonriendo con malicia y lujuria,  maquillada como una puta, sus labios rojos como cerezas, su piel parecía bronceada de manera artificial y sus ojos resaltan con sombras de colores de noche su ropa no era mejor vio que estaba usando unas medidas de red a medió muslos con un ligero a juego sus pezones estaban cubiertos únicamente por unas “pasties” negras en forma de corazón por lo que estos estaban libres y rebotaban con cada embestida que recibía en su cuello ella vio un collar de cuero como el que usaría un perro en el cual colgaba una placa dorada.

    Tembló pensando en lo que estaría inscrito en esa placa.

    —Es inútil resistir, no somos nada, solo una puta barata que sirve a la verga de nuestro amo — dijo su versión corrupta.

    El ese momento para horror de Gabriela de la parte de abajo de la silla que la aprisionaba salió un dildo negro de goma atado a lo que parecía ser un pistón y se posicionaba hasta quedar frente a su húmeda intimidad.

    —No — dijo Gabriela con vos temblorosa anticipando lo que pasaría.

    De un movimiento mecánico y calculado aquel dildo de introdujo dentro de Gabriela con asombrosa facilidad.

    —Ahhh — un gemido escapó de su boca.

    —Te resulta familiar, ¿Verdad Gabriela? — dijo su forma corrupta desde la pantalla — Es una copia exacta de la verga del amo

    Después de esa revelación el falo empezó a moverse lentamente dentro de Gabriela.

    Ella intento resistir la excitación que empezaba y recorrer su cuerpo pero era inútil su corazón se aceleraba, sus pezones se endurecieron hasta el punto de causarle dolor y para empeorar las cosas su intimidad empezó a lubricar y su clítoris mandaba señales placenteras a su maltrecho cerebro.

    Gabriela intentó resistir pero la máquina casa ves la embestida con mayor rapidez y fuerza sumando el constante bombardeó de su versión corrupta la empezaron a doblegar lentamente.

    Gabriela miraba aquella pantalla donde era penetrada salvajemente por una persona que ella despreciaba y esa imagen empezó a excitarla.

    Cuando Gaspar noto ese cambió presiono un botón de un mando y el fondo de la pantalla empezó a cambiar los colores parecían derretirse formando una espiral psicodélica donde ella flotaba mientras era follada salvajemente por aquel hombre.

    —Soy una pervertida lascivia que le encanta la verga — dijo su forma corrupta desde la pantalla.

    En un último intento Gabriela negó con todas sus fuerzas esa afirmación cerrando los ojos y negando con la cabeza

    En respuesta la frase empezó a repetirse en un bucle mientras el dildo empezaba a moverse lentamente casi hasta detenerse.

    Gabriela sabía que el orgasmo le sería negado hasta que aceptará su nueva naturaleza.

    Lentamente los labios de Gabriela empezaron a abrirse.

    —Soy… una… pervertida lasciva a la que le encanta… La verga — decía mientras el dildo en su húmeda intimidad empezaba a moverse más.

    —¡Me encanta la verga del señor Gaspar! — dijo su forma corrupta.

    Su vis parecía reverberar dentro de la cabeza de Gabriela.

    —Ne encanta la verga… del señor… Gaspar — emitió un gemido casi animal tras decir esa frase mientras el dildo volvía a aumentar su velocidad.

    —Esa rica verga tiene todo el control… Controla mi ser… controla mi mente… controla de mi cuerpo.

    —Esa rica verga tiene todo el control, controla mi ser, controla mi mente, controla mi cuerpo — respondió Gabriela

    —Soy esclava de esa verga, soy esclava de Gaspar — dijo su forma corrupta mientras pareciera tener un intento orgasmo

    Cuando su otra yo dijo esa frase algo se rompió en Gabriela que simplemente se limitó a responder.

    —¡Siii, Siii! soy esclava de esa verga, ¡Soy esclava de Gaspar! — casi grito Gabriela con locura —dedame más, dame la verdadera verga de mi amo— dijo mientras babeaba de lujuria —¡La deseo ,la necesito!

    —Eres una cerda irremediable — dijo Gaspar mientras apretaba un botón y liberaba a Gabriela de sus ataduras y retiraba el dildo.

    Esta callo al piso con brusquedad.

    La única respuesta que dio Gabriela fue arrastrarse por el piso y meter la flácida hombría de su amo a su boca para empezar a realizar una mamada.

    —¡Buena chica! — dijo Gaspar mientras acariciaba la cabeza de su primera esclava.

    Al día siguiente.

    Carlos nuevamente estaba apurado para salir a su trabajo.

    —¡Adiós cariño! — dijo el hombre mientras le daba un beso en la mejilla a su novia.

    —¡Adiós amor! — respondió la mujer al despedirlo en la puerta.

    Cuando está cerró la puerta solo suspiro pesadamente.

    —Al fin se fue ese pito chico — dijo ella mientras sacaba su celular y marco un número que simplemente decía “amo”— amo mi puchita exige una verga de verdad

    —¿Hiciste lo que te pedí anoche? — dijo la vid de Gaspar desde el otro lado de la línea.

    —Por supuesto amo — dijo ella con una sonrisa perversa— vio su mágica espiral como me lo ordeno

    —¿Y aceptó las condiciones? —dijo el hombre.

    —Por supuesto amo — respondió Gabriela — sabe que de mi solo tendrá mi mano derecha — diciendo eso se sentó en su sillón y metió su mano en su entrepierna — Mis agujeros solo le pertenecen a usted

    —Y si se porta bien verá como un macho de verdad me toma — mientras decía eso empezó a masturbarse.

    —Perfecto puta mía — dijo el hombre — te has portado bien, prepárate para recibirme estaré contigo en unos minutos

    — Sí amo — respondió la mujer mientras se imaginaba saboreando el semen del casero.

    Por su parte Gaspar miraba satisfecho un diagrama de su edificio donde se mostraban las diferentes inquilinas que vivían hay tomo un sticker de corazón y lo puso al lado de la fotografía de Gabriela.

    —Muy bien ahora a planear, ¿Quién será mi siguiente puta? — dijo el mientras salía de su oficina en el edificio rumbo al departamento de Gabriela.

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