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  • Lejos de casa y sin mi mujer (3): Por fin

    Lejos de casa y sin mi mujer (3): Por fin

    Carlos salió desesperado de la ducha. Tomó una toalla y me lanzó a mi otra. Se secó con desespero, como si su cuerpo ardiera. Yo también hice lo mismo. Mal secos, con nuestras erecciones al máximo y guiados por el deseo carnal, salimos desesperados hacia la cama. Él, iba adelante halando mi mano como si yo fuera su hembra. ¡Que extraña, pero rica sensación me invadía!

    Por instinto, me dispuse en cuatro encima de la cama con mis manos apoyadas en la tabla transversal de la cabecera. Él sonrió. Se dispuso detrás de mí en pose de penetrador.

    -Esta es una de mis poses favoritas, pero tú eres primerizo. Para empezar, mejor acuéstate boca arriba. Así va a ser mejor y más fácil para ambos.

    Me dejaba guiar. Hablaba la voz de la experiencia. Así que me acosté boca arriba. Él tomó una almohada y la dispuso debajo de mis caderas.

    -Así tu culito queda alzado y es más fácil para ambos –hablaba con voz dulce.

    Nos mirábamos a los ojos. Había fuego, había deseo. Lo vi tan grande, acuerpado, todo un macho para mí. No me lo podía creer. Estaba a punto de vivir uno de los momentos más fantaseados desde que empecé a descubrir esa curiosidad por el mismo sexo que nace con el tiempo en la mayoría de los hombres heterosexuales casados, pero que pocos llegan a materializar por miedo. Podía considerarme un afortunado.

    Yo tenía las piernas dobladas y abiertas. Carlos me acariciaba las rodillas y las pantorrillas con ternura. Su verga dura, bien parada apuntaba palpitante hacia mí. Entonces, repentinamente él se agachó. Hundió su cara entre la “V” que yo hacía con mis piernas abiertas y me lamió el falo de arriba hacia abajo varias veces.

    Pasó su lengua juguetonamente por mis huevos y descendió a esa zona sensible del perineo. ¡Dios! Sí, sí. Lo hizo otra vez. Su lengua volvió a lamer mi culo. Esta vez con más ahínco y libertad. La sentí más plena, más viva y completa. Me encantaba esos lamidos intensos en mi ano. No me retuve. Del alma me salieron gemidos que excitaron más a Carlos. El extendió sus manos hasta alcanzar las mías, como consolidando nuestra complicidad, como queriéndonos comunicar a través de las manos el goce mutuo.

    Entonces ya, satisfecho se levantó de allí como si lamer mi culo le hubiera dado más fuerza. Agarró su pantalón que había dejado tirado en la cama y del bolsillo sacó un condón que rápidamente desempaquetó con sus dientes. Vaya, venía preparado, pensé. Lo extendió por su pene y echaba saliva. Entonces recordé que yo había comprado el aceite anal. Le pedí que tomara mi pantalón corto que había quedado tirado de cualquier manera en el piso. Lo tomó y me lo lanzó en el pecho con mirada interrogante. Saqué el tarrito y se lo di. Él lo tomó, leyó y sonrió.

    -¡Ah!, venias listo ya para la clavada, ¿no?

    -Lo acabé de comprar –le respondí sonriendo.

    Embadurnó su verga como pajeándose.

    -Así se te va suavecito y la vas a sentir más rica. Ya verás.

    Untó un poco de aceite alrededor de mi culo y me miró con actitud perversa.

    Dispuso su cuerpo en posición de ataque, como buen activo penetrador. Mordisqueo sus labios. Rozó su verga varias veces por mi culo sin hundirla como para que me acostumbrara a la sensación. Yo giraba para encontrar su mirada y él me miraba a los ojos con sus pupilas dilatadas. Sin penetrar, resbaló varias veces su pene lentamente acariciando mis piernas que él mismo jugaba a abrir y cerrar. Sentí entonces que algo blando y luego duro hincó mi ano obligándolo a ceder. Fue una extraña sensación sentir que algo envés de salir, entraba por ahí.

    Sí, mi ano se explayó y no era por mi voluntad. Sí, sentí una suerte de incomodidad leve, o quizás un leve dolor. Me puse tenso un instante. Él, se detuvo y luego siguió hundiendo. Sí, eso avanzaba despacio, estaba entrando en mi cuerpo. Carlos me miraba con fuego, con mirada triunfal pero gentil. Sí, era real, sí. Me estaba penetrando. Sí, el pene de un hombre entraba en mi culo, igualito a como lo había visto en tantas veces en escenas porno. Pero esta vez no lo estaba viendo, mejor aún, lo estaba sintiendo. Por fin, un hombre me estaba culeando.

    Su espeso vello púbico se estrelló contra mi perineo. Lo pude sentir. Me la había entrado. ¡Por Dios! toda su verga, todita dentro de mi culo. No se desesperó. La dejó ahí metida sin moverse.

    -¿Te gusta mami? Disfruta la verga de tu macho.

    -Hm, si-iii –extrañamente me excitaba aún más oírlo hablarme así, como macho a su hembra.

    Cuando me vio cómodo entonces inició un meneo lento. Rico, podía sentía resbalar su pene dentro de mí. Me poseía, me tenía para él. Yo estaba entregado. Completamente entregado a mi hombre.

    Carlos gozaba con cada embestida. Se fue soltando, haciendo el culeo más ligero, más fluido. Su verga entraba y salía un poco, volvía a entrar y volvía a salir cada vez con más confianza hasta que empecé a oír el golpeteo de su pelvis contra mis nalgas. Ese sonido excitador que delata cuando dos personas están teniendo sexo: tac, tac, tac, tac, tac con los gemidos como música de fondo. La cama también acompañaba la sinfonía. Quizás algún tornillo había flojo en alguna parte. Si alguien pasando por el pasillo se detenía en la puerta y escuchara con cuidado, seguramente sabría que había sexo en esa habitación.

    Carlos a ratos cerraba los ojos en pleno goce, su boca abierta no dejaba de jadear. Me encantaba su cuerpo peludo meneándose tan procazmente penetrando mi cuerpo. Sin dejar de cogerme se apoyó un poco encima de mí con sus brazos a lado y lado como haciendo flexiones. Pude acariciar su pecho y el vaho de su aliento lo podía sentir cerca al mío. Luego se dejó tumbar encima de mí completamente. Pecho con pecho, abdomen con abdomen aplastando mi verga excitada y su aliento a sexo, a culo, a macho muy cerca de mi cara.

    Nos dábamos calor el uno al otro. Jadeábamos al tiempo. Su pene entraba y salía, el morbo aumentaba en los dos. Nos miramos. Su boca buscó la mía. Esquivé el beso. Era algo que no me había planteado hacer con un hombre. José besó mi mejilla, pero arrastró su cara para buscar nuevamente mi boca. Giré mi rostro para evitar pegar los labios. Entonces besuqueó mi oreja y un cosquilleo me erizó el cuerpo. Me habló al oído con voz varonil sin dejar de menearse como guano:

    -Mami, ¿Qué pasa? Ven, dame un besito. Uno cortito nada más. No seas así con tu macho.

    Me excitó oírlo hablarme así, tan seductor, tan morboso y tratándome con dulzura, como si yo fuera realmente su hembra. Besuqueaba mis orejas sin dejar nunca de penetrarme con ganas. Me encantaba sentir su cuerpo de hombre agitándose encima del mío. Eran tantas sensaciones al mismo tiempo. Su piel suave, su calor, sus vellos, el sonido de sus jadeos, el olor a macho y esa verga infiel entrando y saliendo como pistón llenando mi espacio anal. Carlos, era todo un toro encabritado potente y bello encima de mi feminidad por fin exteriorizada.

    Volvió a intentarlo. No me resistí esta vez. No había razón para esquivarlo. Su boca afanada buscó mis labios. Cedí al beso. El vaho de su aliento a hombre penetró mis narices. Los labios se tocaron finalmente. Beso. Beso entre dos hombres. Iniciamos despacio, como explorando el tacto mutuo de nuestras bocas. Me daba picos, cada vez más largos. Se sentían suaves, húmedos y, sobre todo, tiernos. Nuestras miradas cómplices cerquitas aprobaban el beso. Fue instintivo. Las lenguas se tocaron.

    Primero muy tenuemente y poco a poco con más firmeza. Era tan erótico. Nos concentramos en ese beso definidor. Hasta dejó de embestirme dejando su pene quieto completamente arropado en mi culo. El beso cogió forma. Encontramos ese punto, ese ángulo en donde nos sentimos cómodos. Nos besamos con pasión. Jamás me hubiera imaginado que yo fuera a hacer algo así con otro hombre. Sentía mariposas por todo mi cuerpo al punto que yo no quería que ese beso terminara.

    El beso selló algo. Marco un antes y un después. Su culeo se hizo más entregado, íntimo y apasionado. Pero se detuvo. Sacó la verga y exhaló con profundidad.

    -¡Uf, Dios! –voltéate. Ponte ahora en mi pose favorita –dijo con voz cansada expresión de enfermo morboso.

    Me incorporé ya sin su cuerpo encima del mío. Ambos estábamos sudados. Le di la espalda y apoyé mis manos en la tabla horizontal de la cabecera. Alcé mis caderas para ofrecerle mis nalgas. Embadurnó con más crema nuevamente su condón que se había medio deslizado en su pene. Lo volvió a ajustar hasta el pegue de su pubis. Sentí después la punta de la verga deslizarse por la raya de mis nalgas nuevamente. Me dio varias palmadas juguetonamente. La última un poco fuerte.

    -Ay –exclamé y él se río con cierta perversidad.

    -¡Uf! me encanta este culo. Besas rico amor y eso que no querías ¡eh! –dijo sin dejar de rozar su verga por fuera de mi culito.

    -Si, tienes razón. Perdóname. La verdad, tú también besas rico –le expresé con franqueza.

    Sentí al toro otra vez. Hundió de una sola tacada su pene. Sentí que explayaba mi culo. Se sentía distinta estar en cuatro. Es la pose universal del sexo entre hombres. Esta vez no fue tan gentil. Sus movimientos parecían motivados por una descarga de ansiedad animal. Su pelvis golpeaba, chocaba a buen ritmo con fuerza contra mis nalgas. Él jadeaba con mayor intensidad y con sus manos agarradas en mis caderas. Mis gemidos se hacían desgarradores al compás del plap, plap, plap, plap de nuestras pieles al copular.

    Aceleró su ritmo. Me taladraba el culo con morbo, ganas, pasión, entrega. Sus manos se apoyaron en mis hombros como arrastrándome más hacia él. Sentí más profunda y total la penetración. Me encantaba eso, sentir al macho entregado detrás gozando mi cuerpo. Era una sensación única y nueva para mí. Su jadeo se volvió más grave, gutural. Se detuvo con su cuerpo contraído y sus manos se aferraron con más fuerza a mi cuerpo, casi arañándome.

    -Ah-ah-hm-mmmmm, ay, jueputa que rico-oh-hhhh. Ufff

    Sentí levemente pálpitos en mi culo. Entendí que estaba teniendo un orgasmo con su verga adentro. No lo interrumpí. Dejé que lo disfrutara. Luego del clímax emitió un sonido gutural profundo de satisfacción. Al rato, con su rostro colorado, sacó la verga y se quedó arrodillado como vencido sin dejar de necearme las nalgas con su mano. Lo miré al girarme hacia él y su rostro tenía esa expresión post orgásmica. Su cuello sudaba y su verga aún erecta, estaba cubierta con el condón algo zafado cuyo depósito estaba inflado y colgando lleno de abundante y pesado semen. Era una escena morbosa ante mis ojos.

    -¡Uf! Hacía rato que no culeaba tan rico.

    -¿Ni con tu mujer? –le interrogué.

    -Mi mujer culea rico, pero ajá, es la mujer de uno, a la que uno se coge cuando quiere. No es lo mismo. Tú me entiendes.

    -Sí, sí. Te entiendo. No hay mucha novedad.

    Miró el reloj. Faltaba un cuarto para las ocho.

    -Todavía podría quedarme un rato más si quieres. Como hasta las ocho y media.

    -Sino tienes problemas, pues si, por favor, quédate un poco más –le pedí.

    -Además, tú no te has venido todavía.

    -No pasa nada. Así me mantengo más excitado –le dije

    -Déjame ir al baño y reposarme un momento.

    -Sí, sin presión. No tienes que seguir, si no tienes ya más ganas –le expresé para que no se sintiera incómodo.

    Su verga se había dormido. Se fue al baño. Escuché el sonido de su orina en la taza. Después escuché la ducha. Me levanté yo también de la cama. Me fui a orinar y al entrar yo al baño, él estaba bajo la ducha dejando que el chorro de la ducha mojara su zona erógena solamente. Se la estaba enjabonando. Entendí entonces que se lavaba.

    Secó su verga y los huevos. Cogió su celular y me pidió que le diera unos minutos porque tenía que hacer una llamada. Habló con un tal Jairo sobre un negocio y una plata durante varios minutos. Eso me permitió a mí reposarme desnudo acostado boca arriba, mirando hacia el cielo raso, intentando digerir el mundo de sensaciones sexuales que acababa de experimentar. Había dado un paso gigante en mi vida y todavía ni me lo creía.

    Cuando terminó de hablar por teléfono, Carlos vino a la cama. Se sentó en el borde desnudo. Me acarició mi pene fláccido. Se inclinó luego y lo lamió hasta que se me provocó la erección. Al parecer íbamos a seguir jugando al sexo. Me chupó la verga despacio, sin afanes. Me gustaba como la comía. Con ganas.

    -Ya me arreché otra vez -dijo con sus ojos cerrados lamiendo el glande de mi pene.

    -Ya veo. Que bien.

    -Esto no se ve ni lo tengo todos los días. Tengo que aprovecharte al máximo.

    Se puso de pie y pude ver que efectivamente su verga había ganado cuerpo. Gruesa, bella, agreste, varonil, limpia, brillante con su vena inflada y poderosa. Me haló para que yo me sentara en el borde de la cama como cuando iniciamos. Ya sabía qué era lo que él deseaba. La metí en mi boca y otra vez sentí el placer de mamarle su falo. Ahora más tranquilo, con menos ansiedad.

    Me concentré en disfrutar las texturas blanda y liza del glande; y dura y corrugada del tallo. Todo eso llenaba mi boca. Me encantaba mirarlo a los ojos lamiendo la parte baja de su glande sensible. Su erección llegó a su máximo. Su carne toda en mi boca. Luego se desprendió de mí. Se sentó entonces en la cama con sus piernas velludas extendidas sobre la sábana blanca y su espalda en dos almohadas apoyadas contra el espaldar de la cama. Su verga parada parecía una asta apuntando al cielo.

    -Ven, quiero que te me sientes tú encima.

    -Ah, ¿quieres que te cabalgue? -pregunté neciamente la obviedad.

    -Si, ven, como caballito, así la vas a sentir toda adentro –habló con vulgaridad en su cara y colocándose otro condón que había sacado previamente del bolsillo de su pantalón.

    Tomó el tarrito de crema y aplicó una buena cantidad por todo su falo. Yo, al verlo allí, tan morboso, vulgar, atrevido y tan hombre me llené de ganas. Me iba a ensartar en la verga de un hombre. Era algo que me excitaba ver en escenas porno. Pensé un poco en Paola que siempre me dice que esa es su pose favorita.

    Me acomodé encima de él con mis piernas abiertas franqueando su cadera. Me senté en sobre sus muslos y nuestras vergas se juntaron. Nos miramos a la cara. Él acariciaba mis tetillas y yo jugueteaba a enredar mis dedos en su pecho peludo.

    -Ven, álzate, échate un poco pa’ lante.

    Lo hice para su beneficio. Carlos agarraba su picha dura, meneándola como buscando que su glande tanteara el punto exacto de mi hoyo anal. Lo halló. La embonó y me pidió que me dejara caer encima despacio. Lo hice y pude sentir que su verga explayaba mi orificio, entrando hasta que toqué suelo. Quedé sentado encima de su pelvis. Su verga llenaba mucho más mi ano.

    Me sentí cómodo en esa pose. Mis manos apoyadas en sus hombros y Carlos con sus manos bajo mis nalgas ayudando a menearme. Lo sentí tan macho, tan hombre y aunque jamás se lo expresé, en ese instante mágico, yo me sentí toda una hembra. Su hembra. Esa sensación fue única, especial y placentera. Comprendí entonces a Paola.

    Yo subía y bajaba para sentir la penetración total. Cada vez que me sentaba me sentía suyo, o más bien suya en ese instante. Esta vez fui yo quien buscó sus labios. Él, complacido correspondió. Nos besamos aforadamente danzando el culeo. Me sentí haciendo el amor, completamente entregado. Carlos comenzó a estimularme la verga, masturbándome al ritmo del meneo de mis caderas. A ratos dejaba mi beso para lamerme las tetillas.

    El placer llegó al máximo en mi cuerpo y sin avisar, gimiendo más intensamente, eyaculé contra su abdomen humedeciendo sus vellos y mojando su mano que no paró de pajearme. Sonrió al sentir en su mano mi leche tibia. Nos comimos a besos. Un beso intenso, apasionado, carnal, animal, profundo y húmedo.

    Después me habló al oído entre jadeos y gemidos:

    -Mami, ¿quieres leche? ¿quieres la leche de tu macho?

    -Sí, ah, sí, dame tu leche, sí.

    Me empujó sin brusquedad para que yo me desensartara de su cuerpo. Yo me dejé tumbar en la cama boca arriba. Él se incorporó ansioso, hábilmente retiró el condón y se pajeó afanosamente acercando su verga a mi cara arrodillado en la cama. Lo vi gigante desde el ángulo de mi visión. Contrajo su cuerpo, sus ojos se dilataron y su verga estalló en mi cara. El primer pringo tibio y potente de semen lo sentí caer encima de mis labios cerrados y luego otros chorros mojaron mi cara y mi nariz. Carlos gimoteaba su segundo polvo.

    Yo experimentaba embelesado la famosa fantasía de la leche en la cara que tanto morbo genera en nosotros los hombres. Luego, aun chorreante y palpitando su verga resbalaba por mis labios como buscando entrar en mi boca. Dudé por un instante, pero poco a poco abrí mis labios y dejé que la hundiera. El sabor del semen pegajoso llenó mi boca de un nuevo sabor. La textura de su sexo sucio de espesura láctea, lejos de desagradarme, resultaba suave, tibia y reconfortante en mi lengua. Evité tragar semen, pero no fue tan fácil impedirlo del todo.

    Luego la sacó de mi boca y con vulgaridad se la sacudía azotando mi cara. Le divertía hacer eso y a mí también.

    -Que polvo rico que echamos.

    -Si, muy rico –dije con mi boca pegajosa de semen.

    Se puso de pie. Estaba rojo y exhausto.

    -Ahora si me tengo que ir, sino quiero tener líos en mi casa.

    -Y si tu mujer quiere un polvo, ¿tendrías leche para ella? –le pregunté más por bromear.

    -Ja, ja. No-ooo. No le dejaste nada. Ella cuando viene del hospital no quiere saber nada del mundo. Solo dormir. Así que no tendré lío por eso, ja, ja. A esa hora, ni si le lamo la chucha y se le moja, me dejaría culeármela, ja, ja.

    Me reí de su comentario viéndolo vestirse con agilidad. Me levanté desnudo todavía para despedirme de él. Faltaban cinco para que fueran las ocho y media. Me agarró por las nalgas y me asió hacia él. Me habló acercando su cara a la mía justo detrás de la puerta con esa actitud de macho que me fascinaba.

    -Gracias. Me hiciste el día. Que culiada sabrosa.

    -Gracias a ti. Me hiciste vivir cosas que no conocía.

    Nos miramos en silencio. Me besó despacio, pero con firmeza. Abrió la puerta, me guiñó el ojo y se marchó.

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  • Cambio de planes, abandonamos el streaming

    Cambio de planes, abandonamos el streaming

    Nos habíamos desinhibido en lo sexual, primero habíamos hecho participar a terceras personas, luego participado de una fiesta swinger, habíamos grabado en vivo (streaming) desde nuestra casa en una habitación especial, pero no le encontrábamos la vuelta para vivir de esto porque no monetizaba bien e implicaba muchas horas

    Pasaban los días, la cantidad de visitas por sesión no aumentaba y las ideas de nuevas sesiones no aparecían.

    -Paremos esto, no funciona y me estoy aburriendo. Dijo mientras se iba al baño secándose el lubricante de su vulva.

    Y surgió la idea.

    ¿Y si nos enfocamos en grabar videos, los editamos y los subimos a las plataformas? De esa forma el trabajo sería el mismo pero sin tener la presión de tener que mantener usuarios online.

    -¿Y si cambiamos de temática? Le dije mientras ella estaba en la ducha.

    Ella abría los ojos cada vez más grandes mientras se enjabonaba las hermosas tetas que tiene.

    Busquemos que es lo que más funciona y que publico tiene y vayamos por ese camino

    -¿De que hablas? dijo

    -Te espero en la sala de estar, dije mientras cerraba la puerta.

    Allí nos servimos una copa de vino y unos snacks, encendí la TV y busque en plataformas de porno “extreme insertions” “extreme toys” “huge dildo insertion” y ella quedó sorprendida de un submundo que se abría frente a ella. En la pantalla no paraban de reproducirse videos de chicas o parejas con grandes dildos, también puños (fisting) botellas, latas, frutas y verduras, objetos diversos como desodorantes, cepillos y objetos de cocina por enumerar algunos, se le notaba a ella la respiración entrecortada, hacía una media hora que no parábamos de saltar de video en video

    -¿Te calienta mirar? pregunté

    -No me imaginaba esto, no soy de mirar porno, lo sabes. Dijo

    -Sí, me calienta, y me quiero imaginar cómo poder llegar a ese tamaño de dilatación, dijo

    Me agaché al lado de ella y le di un profundo beso, deslicé mi mano bajo la blusa y encontré una vulva grande y su vagina dilatada y húmeda.

    La botella vacía de vino estaba sobre la mesa chica y terminó con todo el pico dentro de su húmeda vagina, primero se estremeció cuando el frío vidrio la tocó y luego abrió sus piernas.

    -¿Quieres probar con algo más? Pregunté

    -En la heladera hay cosas, dijo.

    Había un zucchini y una berenjena pero esta era muy grande, traje ambos luego de enjuagarlos, en la TV se repetían las imágenes a pesar de que los videos iban cambiando, el zucchini entró todo sin resistencia, la berenjena no a pesar de varios intentos y mucho lubricante, un par de veces ella me avisó con su mano cual era el límite y hoy no iba a poder ser.

    Terminamos follando como dos adolescentes sobre el sillón de la sala, me calentaba de sobremanera su vagina abierta y suelta, no pude aguantar ni un par de minutos cuando la inundé de semen, ella demoró un par de minutos más, ambos estábamos con ganas.

    -La clave está en la preparación y la dilatación, van a salir unos hermosos videos si continuamos por este camino, y nos vamos a divertir mucho filmándolos. Dije.

    Ella sonrió mientras un hilo de semen bajaba por su pierna.

    Esa noche nos acostamos y mientras yo me dormía ella cerraba la compra que teníamos en el carrito de compra del sex shop.

    Eran la dos de la tarde, me llegó una notificación del sitio de streaming, ella se había conectado, no había nadie frente a la cámara y se escuchaban ruidos, ella limpiaba la habitación y pasaba frente a la cámara que grababa cada movimiento, como sonido de fondo se escuchaba la TV pero no era nada conocido, tal vez una serie nueva, algunos gritos, cuando pasaron a quejidos me di cuenta que en la TV había porno, ella se iba de la habitación y volvía a seguir limpiando, en determinado momento tomó el pomo de lubricante y se fue, la cámara quedó filmando la zona alfa donde no había nadie.

    Estuve tentado a llamarla por teléfono pero no quería interrumpir su momento, si era que lo estaba teniendo.

    A eso de las tres de la tarde recibo una notificación, esta vez era una foto al servicio de mensajería, la abrí y era ella, estaba recostada en un camastro del patio leyendo…

    “escribiendo”

    “escribiendo”

    -¿Quieres tomar ahora o después? Decía

    Otra foto igual a la anterior, pero de piernas abiertas, se veía el pico de una cerveza mejicana de botella transparente de 355 mililitros, toda la parte ancha adentro y solo el pico para afuera, sin destapar.

    -¿Quieres destaparla y tomarla antes que se caliente? Decía el mensaje

    -¿Por qué me haces esto? Le pregunté.

    -Me gusta, me divierte y me calienta que vos estés de pija dura y no puedas venir, contestó…

    A las seis de la tarde cuando llegué, ella olía rico y la casa también. Había tenido tiempo para hacer todo, con el profundo beso que le di, quise meter la mano debajo del vestido y me bloqueó el paso.

    -Primero ve a bañarte y luego hablamos

    Estaba en la ducha y pregunté en voz alta si habían llegado los bultos de la compra, me contestó que uno solo, que el otro llegaría al día siguiente.

    -¿Me los vas a mostrar? Le dije

    -Luego. Contestó

    Mientras me secaba y salía del baño volví a preguntar

    -¿Usaste bien el tiempo en la tarde?, le dije

    Me contó que estaba limpiando y al prender la tele comenzaron a reproducirse videos de los que habíamos visto la noche anterior, de chicas con objetos en la vagina y el culo. De vez en cuando paraba a mirar alguno que le llamaba la atención.

    Me contó que los de fisting anal y vaginal le llaman mucho la atención y los que son con grandes consoladores aún más, pero cuando vio uno con botellas le dieron ganas de probar y ahí fue donde me pasó la foto.

    -No filmé nada, solo probé los límites, me había calentado mucho con los videos y probé con diferentes cosas de la casa, de la cocina, del baño, de la heladera y el límite son unos casi siete centímetros de diámetro. Como los juguetes mas grandes que tenemos

    -Vi en un sitio de internet un dildo, que hay en 3 medidas, son de una silicona blanda como a vos te gustan, le dije.

    -¿Tamaño? Preguntó

    -El chico siete centímetros en la cabeza, el mediano ocho y el grande nueve, contesté

    -Déjame verlos y después vemos, contestó.

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  • Me convertiste en mujer, mi virginidad anal será por siempre tuya

    Me convertiste en mujer, mi virginidad anal será por siempre tuya

    Te vi a los ojos mientras te acariciaba al cabello y sonreía en erótico enamoramiento. Tu cuerpo encima del mío, sofocándome. Desnudos los dos, solos, en secreto, en clandestino encuentro. Podía ver mis sensuales pies de princesa como tocando el cielo mientras mis torneadas, suaves y depiladas pantorrillas abrazaban tu espalda alta, a la vez que mis rodillas sentían el cosquilleo de los vellos de tus axilas.

    Me mirabas con tus ojos seductores recorriendo todo mi rostro, saboreabas mis labios en la distancia provocando sádicamente que quisiera que me los mordieras de deseo. Disfrutabas el momento sabiendo que habías vencido todas mis excusas, todos mis temores y al fin era tuya. Habías logrado al fin que olvidara mi hombría y que decidiera entregarme a ti y te obsequiara la inocencia de mi esfínter anal para que lo conservaras como un trofeo; una muestra de tu triunfo como señor y soberano de mi cuerpo, tanto de fuera como dentro de él.

    Mientras mis redondas y robustas nalgas sentían muy cerca el vapor caliente que emanaba de tu delicioso miembro, supe que apenas faltaban unos segundos para que rompieras el sello de castidad de mi ano.

    En ese momento, vinieron a mí muy rápidamente los recuerdos: tú me escribiste por vez primera diciéndome que habías leído mis relatos y que te gustaban. Yo me había ruborizado pues me sentí tan bien que alguien me pusiera atención. Yo, una simple y tonta nena travesti de closet, quien debido a un mísero e insignificante micropene comencé muy temprano en mi juventud a fantasear con ser una princesa en vez de hombre; escondida tras la fachada de un individuo común, pero por dentro con la necesidad de ser protegida, feminizada, dominada y atender los deseos de alguien que me vistiera de mujer y me hiciera saber que debo ser de él.

    Llevado únicamente por el apetito sexual que me provocas, te respondí pidiendo una foto. Me moría de ganas por ver un miembro. Y allí fue, en ese correo, mientras veía esa imagen de tu verga que sin duda habías masturbado hasta agotarla pues en su punta deliciosamente emanaba una prueba de semen, que supe que había llegado el momento de entregarme, transformarme en esclava y que únicamente podría sentirme realizada al ser penetrada y poseída por ti.

    Nunca olvidaré la locura que me embargó al comprar esos zapatos color piel, destalonados y de pequeño tacón, que al amarrar su pequeña hebilla por mi talón me excitaron al sentir mis pies en ellos. O como ese vestido enfundó tan femeninamente en las curvas de mi cuerpo, resaltando mis caderas, cintura y posaderas, a la vez que llegaba muy arriba de las rodillas mostrando sensualmente mis piernas.

    Recuerdo cómo concertamos por correo esa cita, cómo te confesé que quería vestirme cómo una nena y entregarme a ti sin refrenar en nada nuestra pasión y tú me lo exigiste y describiste cómo debería yo obedecerte y vestir para ti. También recuerdo cómo viajé hasta tu ciudad, el hospedarme en ese hotel, maquillarme, rizar mis pestañas, peinar esa peluca pelirroja hasta los hombros y verme al espejo tan elegante, tan mujer, tan femenina, tan deseosa de ti. Me sinceré conmigo misma ante esa imagen reflejada: “mereces que alguien te penetre rico y que te complazca hasta dejarte cansada” me dije.

    Llamaste a la puerta de la habitación. “¿Genoveva?” preguntaste sorprendido de ver a la sensual doncella que te invitaba a pasar. Me tomas te de la mano. Nos vimos a los ojos “¿Mi Amo José Luis?” te respondí, y allí fue que besé a un hombre por primera vez. Me entregué con fogosidad a ese beso, era el primero. Mi lengua se entorchó a la tuya degustándola. Nos separamos, nos sentamos en el sillón y hablamos largamente como dos enamorados. Tomaste mi pierna, la acariciaste y desamarraste la cinta de mi zapatilla destalonada y me la quitaste. Me besaste enardecido, perdí la consciencia de mí y me abandoné a tu voluntad. Lentamente me desnudaste.

    Al quedar vestida solo en lencería, toqué por vez primera tu enorme, gordo y delicioso miembro por debajo de tu pantalón, lo apreté con la mano y te rogué implorándote: “José Luis: Penétrame, hazme mujer, mi culo ya no desea esta virginidad que me estorba, estoy cansada de ella, soy tuya, te lo suplico, te lo pido por favor”.

    Regresé a la realidad. Tu y yo desnudos, ardientes sobre la cama, tu sobre mí. Noté como tu cadera se empinó para tomar impulso y tu colosal pene comenzó a abrirse camino separando mis nalgas, llegando a mi agujero que estaba empapado y forzándolo empezaste a entrar en mí. Cerré los ojos, gemí y sentí un dolor incalculable.

    Como una punta de flecha, tu órgano, duro como una barra de acero hirviente, rasgó las fibras de mi ano, separándolas dolorosamente. Sentí como la cabeza de tu verga desgarraba mi virginidad anal. Mi recto envolvió el glande de tu miembro que pulsaba estando ya dentro de mí. Lágrimas de dolor y placer salieron de mis ojos. Sonreíste, me las secaste con las manos y me besaste. “Tu virginidad es del pasado” me dijiste. “Prepárate, voy a entrar más”.

    Gemí, sujeté las sábanas con las manos, grité y lloré al sentir el cuello de tu falo atravesando inmisericorde desde la puerta de mi ano hasta el fondo de mi recto. Fue un tiempo eterno, tanto porque lo hiciste muy lentamente, como porque su delicioso tamaño prolongó el deleite de sentirte al fin dentro de mí.

    De pronto, sentí los vellos de tus testículos en mis nalgas. Habías entrado todo. Sudábamos. Tus gotas caían en mi cara y yo sentía esa lluvia con gozo. Era un manjar completo. Al fin me sentía mujer por dentro y por fuera. No pude entender en ese momento por qué había tardado tanto en permitirme sentir esa delicia. Sonreíste con malicia. Ambos sabíamos que a partir de ese instante yo nunca dejaría de ser tu esclava sexual y mis deseos estarían siempre sometidos a los tuyos.

    Tomaste ritmo, entrando y saliendo de mi culo deliciosamente. Perdí la noción del tiempo, estaba enloquecida. Cuando me di cuenta ya no entraba luz por las ventanas, había entrado la noche y tu continuabas penetrándome, eras un semental. Súbitamente tus metidas de verga erecta se hicieron más potentes. Los dos gritábamos, sollozábamos, gemíamos. Tú me decías “Qué rico tu culo Genoveva”. Yo respondía “¡Qué deliciosa tu verga dentro de mi José Luis, soy una travesti, soy una princesa, soy una nena, soy al fin una mujer!”.

    Tus chorros de leche fueron inagotables. El primero me quemó todo el intestino, el segundo fue más espeso, el tercero fue muy abundante. Después, olvidé la cuenta, fueron demasiados e intensos, tantos que hicieron que mi micropene rebalsara de semen y en mi ano sintiera un cosquilleo que me provocó un delicioso orgasmo anal con el que mojé de sudor toda la cama. Mi corazón explotaba sintiendo haber corrido kilómetros en solo segundos. Fue la desvirgada de culo más deliciosa que pudo existir en el mundo para una nena travesti de closet como yo. Gracias por hacerme mujer.

    Me estoy recuperando frente al teclado. Mi mano, las teclas y el ratón están inundadas de semen. Estoy sudando y jadeando de placer. Mis sandalias doradas planas con que me veo como una princesa casi revientan sus cintas de lo entumecido que estaban mis pies mientras llegaba al orgasmo. Mi ropa de princesa que tenía puesta voló por toda la habitación mientras me regocijaba caliente. Este relato que viene de mi fantasía me excitó demasiado, tanto como imaginar que lo lees y lo disfrutas. Adoro escribir para quienes me escriben y masturbarme para ti.

    Escríbeme y, mientras, te mando un beso para que lo coloques donde más te guste.

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  • Mi esposa en el hospital y mi suegra me atiende

    Mi esposa en el hospital y mi suegra me atiende

    Bueno me presento mi nombre es Luis, soy un hombre casado de 26 años, mido 1.74 nada del otro mundo, cabello negro, tengo una espalda marcada por el hecho de practicar natación, brazos comunes, ni muy musculosos ni delgados, unas piernas anchas y ligeramente marcadas y buenas nalgas.

    Quién ya leyó mi primer relato es sobre mi suegra y yo, como ya saben mi esposa estaba embarazada hace unas semanas, ya estaba llegando a los 9 meses y justo ayer ya fue ingresada al hospital, pero no la dieron de alta y por esa razón mi suegra y las dos abuelitas de mi esposa están durmiendo en mi casa. Hay dos habitaciones con cama en una está mi cama que es muy grande, es una cama matrimonial, fácil las tres señoras caben en mi cama que es la grande por esa razón les dije que se quedarán ahí y yo en el otro cuarto, cosa que aceptaron, y hasta ahí todo normal, a mí no se me había ocurrido que pasara algo de nuevo con mi suegra por la situación y porque pues había dos personas más así que todo normal pero…

    A medianoche tocaron mi puerta, yo duermo algo por la noche así que estaba despierto

    -Hijo, Luis, ¿Estás despierto?…

    Se abrió un poco mi puerta sin hacer mucho ruido.

    -Mande señora, ¿qué paso? ¿Necesitan algo?

    -Te dije que ya no me digas así, dime suegra…

    Entro y cerró la puerta lentamente.

    -Jaja bueno, entonces suegra, ¿Qué pasó, que les hace falta?

    -No hijo es que hace mucho calor y las tres en la misma cama nos da más calor, ellas ya se durmieron así que yo dije mejor me voy allá con Luis y así más frescos dos en cada cuarto.

    -Oh, claro señora sin problema usted acomódese aquí conmigo

    -Está bien amor deja me pongo cómoda.

    Procede a quitarse un shorts que a ella le quedaba pequeño por su culo grande y se quitó una blusa de esas pijamas delgaditas y se quedó solo en cachetero, un cachetero de encaje que a ella no le tapaba mucho, y en los pechos no tenía nada puesto.

    -Listo hijo, aprovechando que contigo ya hay confianza y para evitar el calor…

    -Si suegrita ya sabe que aquí hay confianza.

    Se metió en la cama y aparentemente a dormir, yo me puse audífonos, me puse a ver videos y pasaron como 10 minutos cuando sentí una mano sobre mi bóxer subiendo a mi pene muy lentamente, volteé mi celular para ver con la luz de la pantalla y mi Sonia (mi suegra) me dice susurrando.

    -Tranquilo, solo no hagas ruido para que no despierten, yo sé que ya tenías ganas, pero no decías nada porque no estamos solos, no dije nada y ella se acercó y me beso muy apasionadamente y metió mi mano al bóxer y en cuanto empezó a masturbarme mi pene se puso como piedra y me quite el bóxer, me separé del beso y le dije:

    -Si suegrita ya tenía ganas, pero ya me había resignado, pero vamos a aprovechar que ya está aquí.

    Baje la cabeza y comencé a succionar sus pezones, a restregar mi cara entre sus pechos y morderlos, solo podía escuchar unos gemidos ahogados, baje mi mano y comencé a meter mis dedos y me di cuenta de que estaba empapada y estaba completamente rasurada.

    -Me rasure para ti mi amor, porque quiero que me comas como tú sabes

    No dije nada y me pare, la dirigí para que se moviera al centro de la cama, y me subí sobre de ella, pero con mi pene en su boca, y mi cara sobre su sexo.

    -¿Así suegrita? ¿Quiere que me la coma? Entonces comience a mamar que si no mama no hay nada.

    Y le metí mi pene de golpe hasta el fondo.

    -chupe suegra, chupe o no tendrá premio

    Ella movía como podía su cabeza para sacar y meter mi pene de su boca y con su lengua hacia maravillas, le comencé a comer la vagina mientras metía dos dedos en la vagina y uno en el ano, escuchaba sus gemidos ahogados y de vez en cuando como sacaba mi pene para respirar muy profundo y volver a metérselo, hasta que lo saco de nuevo

    -Sigue mi amor, sigue, me voy a venir (parecía ya no importar que nos escucharan porque ya no hablaba bajito) ayyy si, sigue mete tus dedos más al fondo y mas fuerte, me voy a venir, sigue que ya quiero tu pene dentro de mi, aahhh.

    Tuvo su primer orgasmo, deje de lamer y meter mis dedos y le dije, se la voy a meter pero primero me va a chupar todo, me levanté pero sin pararme ni quitarme de encima de ella, solo quede en rodillas abrí mis nalgas con mis manos y me senté en su cara.

    -chúpeme todo su quiere que se lo meta, y masturbarme que me quiero venir en su cara mientras me chupa

    Así pasaron unos 8 minutos y cuando me iba a venir me levanté apunte a su cara y me vine en toda su cara pero no dentro de su boca.

    -Listo ahora sí ya se lo puedo meter pero venga, póngase frente al espejo, quiero que vea su cara llena del semen se su yerno mientras se la meto suegrita, que vea como usted le pide verga a su yerno y como gime por como su yerno se la está dando (hacia énfasis en lo de yerno porque sé que a ella le gusta).

    Sin pensar se paró y puso sus manos en el tocador y viéndose al espejo me dijo:

    -Ya mi amor, ven a cogerte a tu suegra

    Me acerqué y abrí sus nalgas y hundí mi cara en su ano y metía mi lengua y luego dos de mis dedos, ella gimiendo me comenzó a decir:

    -¿Que estás haciendo, eso no fue lo que te pedí?

    -Tranquila suegrita, solo estoy preparando el siguiente round.

    Le di unas lamidas a su vagina y me puse de pie, y comencé a penetrarla sin piedad, las cremas y otras cosas que había en el tocador se comenzaron a caer de lo duro que le estaba dando, le di dos nalgadas.

    -Si pégame, pégame por puta.

    -No es cualquier puta, es mi puta y de nadie más, y quiero que me lo diga usted, ¿Que es mía?

    -Soy tu suegra y soy tu puta, soy tuya nada más, solo tú me puedes hacer tuya.

    Le di una nalgada más fuerte y la tomé del pelo y la jalé para que volteara a verme.

    -¿Que se siente ser la perra y puta de su yerno suegrita?

    -Ayyy mi amor es lo más ricooo, desde la última vez ya solo soy exclusiva para ti, ya me enseñaste como se trata a una mujer y tu suegro no sabe tratarme así que seré solo para ti

    Me excité aún más con su repuesta y comencé a jalar más su cabello y y a metérselo más fuerte y me vine dentro de ella.

    -Ayy que rico tu leche calientita adentro de mi

    Bajo su mano y cuando saque mi pene tomo un poco de lo que escurría y se lo comió.

    -Suegrita arrodillarse que tiene que ponerme de nuevo como piedra porque yo no le prepare el ano para nada

    Se puso de rodillas y me lo chupo mientras con un dedo acariciaba mi ano, cuando ya estuve igual de duro le dije:

    -Listo suegra póngase en cuatro ahí mismo en el piso.

    -Ay mi amor es que en cuatro me duele más por allá atrás.

    -Bueno ¿De quién es puta?

    -Tuya mi amor

    -¿Entonces quién manda?

    -Tu amor

    Se puso en cuatro, escupí en su ano y lo esparcí bien con mis dedos antes de todo metí tres dedos y al ver que entraron bien dije:

    -ya ve ya está bien abierta para mí

    Y metí la punta de mi pene y le dije:

    -Castíguese sola suegra, ¿hasta dónde quiere que entre?

    Sin decir nada se hizo para atrás hasta que entró todo.

    Puse mi mano en su cuello y la levanté y quedó solo de rodillas y le dije:

    -¿Ya ve que si es bien puta suegrita?

    Se lo metí muy fuerte y la nalgueaba tanto hasta el sus nalgas ya se veían solo rojas.

    -¡Pídame más!

    -¡Si más mi amor más, dame más, dámelo todo, dámelo todo!

    Terminé dentro de ella y me salí de ella empujándola para enfrente, haciéndola caer.

    -Límpieme el pene suegra, no deje ningún rastro

    Se volteo, me lo chupo y dejo bien limpio, para eso ella aún traía semen de hace un ratito en su cara y otro poco escurriendo por sus piernas, se puso de pie y tomo su ropa y me dijo:

    -ya me voy mi amor, para que descanses, voy, me limpio al baño y me voy a acostar

    Abrió la puerta y salió y al salir escuche:

    -Shhh usted no diga nada, ya vámonos a dormir, deje solo paso al baño…

    A la mañana siguiente las dos señoras me veían mucho y algo raro, como escondiendo algo, queriendo preguntar algo, pero no dijeron nada, no se cual de las dos fue la que vio a mi suegra con la cara llena de mi semen y desnuda cargando su ropa fuera de mi cuarto, pero si estoy seguro de que las dos escucharon como me cogí a mi suegra.

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  • El encuentro

    El encuentro

    El día fue largo y tenso para ambos, de esos días en los que el estrés se apodera del cuerpo. Ella lo invitó a su casa a tomar una copa, él aceptó con gusto.

    Al llegar se recibieron con un rico y muy húmedo beso.

    —Siéntate, —le dijo ella.

    Él se sienta, ella se va por detrás de él y comienza a acariciarle sus hombros como una manera de aligerar el estrés, él enseguida se olvidó de todo.

    —Te serviré algo de tomar —le dijo.

    Se dirigió a la cocina, él se quedó mirándola y se fue tras ella, mientras ella estaba de espaldas abriendo el vino él se acercó e hizo lo mismo, acarició sus hombros, pero enseguida una mano se fue adelante y comenzó a acariciarle los senos, fue suavemente besándole el cuello, ella se dio vuelta y enseguida otro beso en la boca.

    Ella con sus manos le acariciaba el pecho, también besó su cuello, barbilla, sus manos llegaron hasta su pene, ella siguió acariciando, fue suavemente abriendo su cinturón y desabrochando el pantalón, con un deseo inmediato de llevárselo a la boca, se arrodilló y comenzó a besar su pene, suavemente la lengua también comenzó a hacer lo suyo, la mano recorriendo de arriba hacia abajo, buscando acariciar cada centímetro.

    El bajó sus manos y siguió tocando sus senos, ella succionando cada centímetro de ese pene, levantó la cabeza y lo observa, él con la mirada hacia el techo, pero con los ojos cerrados, continuó un rato más saboreándolo, decide levantarse y se besan con absoluto placer…

    Él la agarra por la cintura y la levanta, sentándola en el mesón, comienza a recorrer su cuerpo, sus senos, sus pezones, ya firmes de placer, decide quitarle la ropa, le abre las piernas y lleva su rostro hacia la vagina sintiendo todo deliciosamente mojado, dándole placer con la lengua, también se ayudó con los dedos, ella al oído le dice “te quiero dentro de mi”…

    Con ese pene muy duro, él la penetra apasionadamente, luego de unos minutos decide bajarla del mesón, vuelve a besarle su vagina, ella gemía de placer, también necesitaba llevarse de nuevo a la boca aquel pene firme y deseoso…

    Luego de volverse a dar sexo oral la voltea teniéndola de espaldas e inclinada, comenzó de nuevo a penetrarla, sus manos tocaban sus pezones, sus nalgas, sintiéndola toda, ella decide querer estar sobre él, lo dirige hacia la silla y sentándose sobre él sin necesidad de manos de una vez seguía siendo penetrada, hacia arriba y abajo ya los dos estaban por explotar de placer, ambos gimen, llega el orgasmo, se besan apasionadamente, luego de unos minutos tranquilos, ella se levanta y finalmente va por el vino, la noche será larga y apasionada…

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  • Las aventuras sexuales de Madame Pussy (3)

    Las aventuras sexuales de Madame Pussy (3)

    Dejándolos exhaustos en el sillón me retiré al baño, me lavé para adecentarme un poco y me vestí para volver a mi habitación. Sólo pensaba en llenar la bañera y disfrutar de un buen baño caliente mientras en mi mente seguía sintiendo la pija de Ramiro adentro de mí.

    Mi habitación estaba al final del pasillo. Sali con los zapatos, el corpiño y la tanga en la mano y corrí hasta mi puerta. Pensé que siendo tan tarde, mi compañera de habitación ya estaría dormida, pero no. Abrí la puerta sigilosamente. La antecámara estaba oscura, pero veía luz por la puerta entreabierta del recinto donde estaban las camas. Voy acercándome despacio y escucho un ruidito que no logro identificar… lo conozco, lo he sentido… pero… ¿qué es?… llego hasta la puerta con intenciones de espiar hacia adentro y un segundo antes de asomarme me viene a la memoria la respuesta: ¡un consolador! ¡efectivamente!

    Ahí estaba Mariana, la seria, la aburrida, la mojigata de mi compañera de cuarto, tirada en la cama vestida únicamente con su corpiño, piernas abiertas y consolador a full… nunca había estado con una mujer, pero sería hipócrita si no les dijera que me subió un calor por la entrepierna que me hizo quedar sin aliento. Ella gemía y arqueaba la espalda mientras se autosatisfacía con ese aparatito y yo, parada del otro lado de la puerta sentía inundar mi vagina por enésima vez esa noche… de puro golosa quise ver más, y tratando de no hacer ruido empujé otro poco la puerta, pero a pesar de lo silenciosa de mi maniobra, Mariana giró su cara hacia mí y me quedó mirando perpleja por un segundo.

    —Perdón, —le dije y hui hacia el baño.

    Me desnudé y comencé a llenar la bañera tratando de volver a la pija de Ramiro para sacarme la imagen de la vagina de Mariana. La pija de Ramiro… adentro de mi… entrando y saliendo… mmm y ese ronronron del maldito consolador de Mariana interfiriendo… Me metí al agua, que estaba caliente pero no tanto como yo y comencé a tocarme.

    Entonces fue cuando se abrió la puerta y entró Mariana sin pedir ningún tipo de permiso.

    “Me estabas espiando”…

    “No, no fue mi intención, yo recién llegaba y…”

    “Ah ¿no? lástima, me hubiera calentado mucho que me hubieras espiado hasta el final, me hubieras dado un orgasmo todavía más grande… ¿Y de dónde venías?” Se acerca… “No me digas nada, ya me imagino a quien te cogiste. Contame, contame y nos calentamos las dos”.

    No podía decirle que a los organizadores del viaje, así que para salir del paso le inventé una historia sobre un empleado del hotel que me llevó a un subsuelo y me llenó de leche por todos lados sobre materiales de depósito.

    Se sentó en el borde de la bañera. Seguía como yo la había visto, con corpiño y nada más. Estiró la mano, agarró la botella de shampú, se echó un poco en una mano y me dijo: “a ver, vení, dejame lavarte, todavía tenés en el pelo olor a puta”.

    Comenzó a frotarme el cabello y la cabeza completa. La nuca, las sienes.

    Me fue empujando hacia adelante y se metió en la bañera por detrás de mí. Con sus piernas envolviendo mi cintura. Tan cerca que yo podía sentir el calor de su concha sobre mi piel. Me dio un escalofrío. Comenzó a enjuagarme el pelo y con la espuma que caía me acarició la piel de los hombros, el cuello, sus manos vinieron hacia adelante y se prendieron de mis grandes pechos. Mis pezones se pusieron alertas. De pronto esa sensación nueva y desconocida por mí me estaba invadiendo desde el estómago a la entrepierna. Me mordió el cuello y solté un gemido.

    “Me calienta que seas tan puta”, me dijo… “yo también quiero comerme esa concha que le diste al empleaducho, ¿me la vas a dar a mi también?”

    Yo no podía hablar, pero estaba más que claro que le hubiera dado todo lo que ella me hubiera pedido en ese momento porque estaba en llamas.

    “Voy a limpiarte bien así, ves, así y así y a enjuagarte y secarte y cuando quedes inmaculada y perfumada te voy a llevar a mi cama…”

    Yo que siempre había sido de llevar la iniciativa, me volví un corderito sumiso. Sin decir una palabra la dejé hacer. Me condujo a la cama, donde me hizo recostar y puso una almohada debajo de mi cola, de esa forma toda mi vagina quedaba abierta y expuesta.

    “Mmmm no sabés lo que me gustan las conchitas depiladas como la tuya, se saborean mucho más. Vos debés gozar como loca, porque además tenés un culito que es como para sacarle una foto… ¿Te molesta si lo hago?… me gusta coleccionar fotos de las conchas y culos que me como”.

    No tuve tiempo de decir nada que ya estaba con su celular sacando un primerísimo primer plano de mi concha abierta y ya totalmente mojada de mis jugos para este momento. Cuando me la mostró casi me corro… ¡nunca me imaginé que mi propia concha jugosa pudiera verse tan rica!

    Me exploró con sus dedos, con su lengua, fue abriendo mis labios vaginales con su mano y recorriéndolo internamente con su boca. Mientras acompañaba esta exploración que me hacía retorcer de gusto, con uno, dos y luego tres dedos en mi culo. “Quiero que acabes para mi” me decía mientras tanto… “quiero que te corras en mi boca, putita hermosa”… pero cuando estaba a punto de correrme, con toda la crueldad del mundo salió de dentro de mí… pegué un grito ahogado… “Impaciente… es más rico todo si es de a dos”…

    Me hizo girarme de costado y se colocó pegada a mí con su concha en mi boca en posición ideal para hacer un delicioso 69… y asi nos agarró la mañana, acabando cada una en la boca de la otra… varias veces…

    Para ser mi primera vez con una mujer debo decir que lo disfruté muchísimo… pero a mí me gusta la pija más que el dulce de leche… no tengan miedo, no me voy a pasar de bando jajaja pero cada tanto para matizar, no está nada mal… como dicen por ahí “en la variedad está el gusto”.

    Nunca imaginé que mi primera noche de viaje iba a ser tan intensa. Y faltaban 3 más aún… Se abría un mundo de posibilidades sexuales jamás pensadas.

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  • Acordándome de ti mientras me masturbaba

    Acordándome de ti mientras me masturbaba

    —He estado acordándome de ti

    —¿En serio? ¿En plan romántico y bonito?

    —Sabes que no

    —Lo sé. Y, bueno… ¿En qué pensabas?

    Yo acababa de llegar al piso. Llevaba la minifalda negra que tanto te gusta. Me había puesto minifalda y tacones sólo para ti. Por suerte, en el piso no había nadie. Me recibiste con un beso dulcísimo en el cuello y el abrazo más cálido que se pudiera dar. Yo me dirigí hasta la mesa y dejé el bolso. Me mirabas el escote y pusiste cara de “dios mío, pero qué buena estás”, lo que me dio pie para, casualmente, subirme un poco la minifalda.

    Te acercaste a mí rápido y apresaste mis labios contra los tuyos. Ahí empezamos a arder mientras nuestras lenguas se peleaban en un sufrir de llamas y prisas, como si fuera un beso urgente. Fue muy excitante. Sentí que comenzaba a humedecerme, que menos mal que llevaba el salvaslip y no únicamente ese tanga finísimo que dices que me hace parecer una putita.

    Una puta. Eso quería ser para ti. Acabamos de besarnos y mientras tú seguías lamiendo los lóbulos de mis orejas y mi cuello, yo posé la mano sobre tu bragueta. Te noté la polla dura y eso me hizo ponerme más cachonda aún. Sentí la urgencia de que estuvieras dentro de mí. Pero no era aún el momento.

    Me desabotonaste la camisa y bajaste tu lengua hasta mis pezones. Los mordisqueaste por encima del sujetador y un gemido escapó de mi boca. Volviste a besarme intensamente y yo únicamente podía sentir tu polla contra mi cuerpo mientras te cogía la cabeza. Bajaste hasta mis tetas y comenzaste a lamerlas en círculos, desde fuera hasta dentro. Después te entretuviste un buen rato en mis pezones. Yo cada vez te deseaba más y te aparté un poco. Te desabroché el pantalón y te lo bajé. Los boxers se veían enormes con aquella polla inmensa esperándome.

    Te arranqué los boxers y la agarré con mi mano. Estabas tan duro y tan caliente que no podía dejar de gemir imaginándome lo que vendría después. Antes de dejarme hacer más, me sacaste la camisa y el sujetador y me levantaste la falda. Posaste tu polla ardiendo sobre mi tanga, y agarrándolo suavemente me lo bajaste. Notaste mi coño húmedo y caliente y te moviste adelante y atrás, masturbándome con la polla y haciéndome desear que me la metieras hasta el fondo de una vez.

    Me agaché y me la llevé a la boca. Noté mi sabor y tu calor y lamí ligeramente todo el tronco. Me detuve en el glande, mordisqueándolo suavemente, para luego metérmela toda entera en la boca, y escucharte gemir y decirte que querías que te la chupara, que era increíble verme desnuda y chupándotela. Verme de frente. Empecé a agitar tu polla y a chuparla al tiempo.

    Me detuviste al rato agarrándome por la cabeza y llevándome hasta el sofá. Allí me tumbaste, te agachaste y comenzaste a lamerme los labios y a juguetear rápidamente y suave con mi clítoris, que hacía ya rato estaba listo. Me metiste un dedo y noté cuánto te necesitaba mi coño. No quería un dedo. Ni dos. Quería tu polla caliente sacudiéndome. Metiste un segundo dedo. Cada vez estaba más húmeda y mis caderas se movían al compás de tus dedos.

    Te apretaba la cabeza contra mí y me volvías a lamer. Entonces te rogué que me la metieras. Fóllame, por favor. Y tú me soltaste y negaste con la cabeza. Te colocaste delante de mí y empezaste a masturbarte mientras me mirabas. Dijiste: hazlo tú. Me metí dos dedos y me entregué al placer de mirarte masturbándote mientras lo hacía. Me llevaste tu polla a la boca y te la chupé mientras pensaba que no faltaba nada para que me corriera.

    Los dos gemíamos como animales, y justo cuanto más duro te noté, saliste de mi boca, te colocaste sobre mí y apresaste mis manos con las tuyas impidiendo que me moviera. Fue entonces cuando por fin me la metiste. Entró rápida, casi resbalándose, y acelerado y agitado comenzaste a follarme como nunca, mientras me susurrabas al oído que era una puta, que mirara cómo me movía, cómo te deseaba, en lo que me había convertido. Yo te llamaba cabrón hijo de puta, mientras seguía sin poder mover las manos. Cuando me las dejaste libres, apresé tu culo contra mi cuerpo.

    Nos agitábamos cada vez más fuerte y sentía que la cabeza se me iba a ir. Subiste mis piernas sobre tus hombros y sacaste tu polla. Empezaste a meter sólo la punta, mientras yo te susurraba que era así como me gustaba, aunque eso ya lo sabías. Entrabas y salías suavemente para luego meterla entera con una sacudida que me hacía perder el sentido cada vez más. Estábamos tan húmedos que parecía que nos íbamos a escapar el uno del otro, pero entonces la volviste a sacar y aproveché para hacer que te sentaras.

    Me coloqué encima de ti y me metí tu polla lentamente. Los dos gemimos al unísono. Era lo mejor del mundo. Empecé a sacudirme una y otra vez. Me cogías de las caderas y me agarrabas las tetas con las dos manos. Gritabas que follaba de putísima madre, que siguiera, que siguiera, que te ibas a correr. Yo apenas podía aguantar más y me notaba cada vez más tensa, cada vez más tensa. Empezamos a sacudirnos rápidamente mientras gemíamos y gritábamos y te susurré que me iba a correr y tú te agitaste aún más rápido y me apretaste el culo contra ti mientras te corrías tú también.

    Entonces, respirando aceleradamente me quedé tendida sobre tu cuerpo. Tú me acariciabas la espalda mientras me decías que era una puta adorable, y que follarme era lo mejor que se te daba en la vida.

    —Fóllame, por favor.

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  • Mi suegra y la prima de mi novia

    Mi suegra y la prima de mi novia

    Era miércoles de tarde, mi novia estaba en la facultad, mis cuñados en el liceo yo había salido temprano del laburo y me había ido a garchar con mi suegra.

    Estaba dándole por el culo desde hace un rato, mientras ella se colaba un consolador en la concha, cuando se desplomó en la cama.

    Se le daban vuelta los ojos y yo me pegué un cagazo tremendo, lo último que me podría pasar es que mi suegra se muera mientras le estoy dando por el culo.

    No sabía que hacer, estaba por llamar al 911 cuando mi suegra me agarra de la mano y me pide que llame a Belén (su sobrina que es enfermera). Llamala a ella por favor.

    Busqué el número en su celular, sonó.

    B: Hola tiita, ¿cómo estás?

    Y: Hola, soy el novio de María.

    B: ¿Y qué hacés con el teléfono de mi tía?

    Y: Se sintió mal y me pidió que te llame en lugar de la emergencia.

    B: Ya voy para ahí, ponele una toalla con hielo en la nuca y que no se incorpore, esta pelotuda se está pasando de la raya de nuevo.

    A los 10 minutos llegó Laura cargando un maletín, entró al cuarto de mi suegra, me hizo salir, estuvo con ella 15 minutos y salió.

    B: Dejala descansar un rato y por un par de días no te la vas a poder garchar. Le estabas dejando el culo a la miseria, se ve que entró mal tu verga.

    Y: ¿¡Eh!?

    B: No te hagas el boludo, yo conozco a mi tía.

    Y: Bueno… no sé qué hacer ahora.

    B: Ahora me vas a tener que atender a mí, ya que imagino que debes tener los huevos llenos de leche y eso no se puede quedar así, ¿no?

    La prima de mi novia tiene una pinta de trola que si no fuera enfermera, seguramente trabajaría de puta en una casa de placer que hay a unas cuadras, cosa que no descarto que haga en sus momentos libres.

    Y: ¿Y decís que sos mejor que tu tía y tus primas?

    B: ¿Ya te garchaste a la bebé que acaba de cumplir 18 años?

    Y: Creo que fui parte de su regalo.

    B: Que putas que somos en esta familia.

    Se desabrochó la túnica blanca y abajo tenía un sostén blanco con encaje y tanga haciendo juego.

    Me acerqué, la agarré de la cadera y le zampé un beso, ya tenía la verga dura de nuevo, ella se pegó a mí y me agarró del culo para quedar bien pegados.

    B: Quiero que me des esa verga con la que cogés a mi tía y primas.

    Y: Pija y leche te voy a dar, puta.

    O en esa familia estaban faltas de verga, o capaz que mi verga tenía algo especial, no muy grande, tampoco demasiado gruesa, pero con una buena cabeza, o eso me habían dicho.

    Con dos dedos liberé el broche del sostén y me fui a comerle las tetas, mientras le amasaba el culo. Definitivamente, esa es una familia de buenas tetas ¡y a mí me fascinan las tetas!

    B: Uy siii, la primita le da pechito chupe chupe la tetita de la prima (hablaba parecido a mi suegra, ojalá aguante de la misma manera).

    Yo seguía chupando y manoseando el culo.

    Y: Ponete en cuatro que te voy a hacer el culo de una.

    B: No seas bestia.

    Y: Estaba dándole por el culo a tu tía y no me gusta dejar las cosas inconclusas.

    Se puso en cuatro, le bajé la tanga, le escupí el agujero del culo y emprendí el viaje a esa caverna desconocida.

    Mi verga entró demasiado fácil y ese recto estaba previamente lubricado.

    Y: Vos no venís del sanatorio, ese culo ya está jineteado de hoy, vos venís de lo de Ludmila acá a unas cuadras. ¡Vos no sos enfermera, vos sos puta!

    Seguía dándole verga y ese culo aguantaba las embestidas como si nada.

    B: ¿No te acordás de mí?

    Y: Me acuerdo que desde que te vi tengo ganas de cogerte, con esa cara de brisca que tenés.

    B: Hace 2 años, estabas en la despedida de soltero de un amigo tuyo, fueron acá a la vuelta y vos te enfiestaste conmigo y con una amiga, de ahí te conozco y ahora que sos el novio de mi prima, te quiero garchar con más morbo.

    Y: te encontraba cara conocida, sobre todo estando en cuatro, putita divina. otro día vamos a repetir con la morocha culona.

    B: Quiero repetir contigo y con mi prima.

    Se la saqué del culo y se la dí a mamar porque me acordé que era una maga chupando vergas.

    Hacía como una U con la lengua y hacía desaparecer la verga en la boca, chupando demasiado bien, metiéndosela hasta la campanilla sin hacer arcadas, sacando la lengüita, acariciando los huevos con la punta.

    Un MBA en chupadora de vergas más que licenciatura en enfermería tiene aprobado Belén, pensé para mis adentros.

    Y: No me vas a sacar la leche tan rápido, putita.

    B: Ni quiero, cogeme la concha que me la dejaste mojadita de tanto darme por el culo.

    Se acostó en el sofá (bendito sofá en el que ya me había culeado a 2 generaciones completas y si venía la abuela la garchaba también), y empecé con el mete saca, aplaudiendo pelvis con pelvis.

    Y: Que rica concha que tenés Belén, encaja mejor que en las de tus primas y tía.

    B: Será porque está bien entrenada en ordeñar machos y giles.

    Por el pasillo apareció mi suegra, arrastrando los pies.

    S: A mí no me vas a dejar sin leche puta de mierda, esa leche me la estaba ganando yo.

    B: Ay tía, prestámelo un ratito, que me está garchando riquísimo y estoy por acabar. Además vos tenés que guardar reposo.

    S: Reposo guardo, pero leche puedo y quiero tomar.

    Y: La va a tomar pero de la concha, porque yo no me voy sin llenarle la concha de leche a Belén, porque aprieta más que el culo que lo tiene bien domado.

    Puse las patitas de Belén en mis hombros y se la metí hasta el fondo, estaba en un mete y saca glorioso, cuando mi suegra se acomoda atrás mío, me apoyé las tetas en la espalda, me empieza a comer el cuello desde atrás y a decirme, solo te falta garcharte a mi ex cuñada y mi ex suegra para marcar a todas las mujeres de la familia.

    Mientras yo seguía dándole pija a morir a Belén y ella estaba gimiendo, quería abrir las piernas, pero se las tenía bien sujetas y no la dejaba.

    B: Dejame abrir, dejame abrir.

    Y: No puta, te voy a garchar como a mí se me dé la gana.

    B: Dejame abrir así me das fuerte y te siento en el clítoris que me lo tenés encerrado.

    S: Dejala gozar a la puta de mi sobrina. haceme el favor.

    Le abrí las piernas manteniéndolas bien extendidas agarradas de los tobillos y parecía un motor a 7000 vueltas, meta y ponga.

    B: ¡Dame la leche, llename la concha! ¡Preñame! ¡Preñame como la puta que soy!

    No aguanté más y me dejé ir dentro de la concha de Belén, largando la leche que tenía acumulada de la sesión con mi suegra y con su sobrina, gritando.

    -¡Tomá leche puta! ¡Que lindo es coger!

    La saqué, mi suegra me la limpió con la boca y se fue a tomar lo que salía de la concha de su sobrina.

    Fui a buscar un vaso con agua a la cocina y cuando volví, mi suegra le había limpiado la concha y se la estaba comiendo.

    B: Ay tía, siii, que rico la chupas, siii siii no pares seguí chupando, que torta que me ponés.

    S: Vos acercate para que te la chupe, esta puta no se va sin que le del ala leche en el culo.

    Y: Suegra, va a venir María.

    S: Y si viene, que ayude, pero esta puta se va con el culo lecheado de acá.

    De ver como le chupaba la concha a su sobrina, se me estaba poniendo dura de nuevo, así que me acerqué a Belén y me la empezó a chupar con la maestría que solo ella tiene y me quedó dura como garrote para matar osos.

    Belén seguía mamando, tragándosela hasta el final, cuando mi suegra vino a lamerme el culo, me tenían en las nubes entre las 2, yo seguía caliente estas dos no me la hacían fácil.

    S: Ponete en cuatro Belencita que voy a hacer que te den lechita.

    Belén se puso en 4, se cacheteó el culo y dijo:

    B: Dale, dame verga de nuevo y lllename el culo de leche como un hombre, no como un gil.

    Eso me envalentonó y se la metí de una hasta el fondo, mi suegra me hizo quedarme quieto y me lamía el culo.

    S: ¿vas a darle la lechita en el culo a la putita de mi sobrinita?

    Me pasaba las uñas por los huevos, me los chupaba, me lamía el perineo, le metía dos dedos en la concha a Belén que empezaba a tener contracciones, como pude empecé a darle de bomba, entraba y salía, entraba y salía, ella seguía contrayendo el esfínter porque no resistía que le dieran por los 2 agujeros a la vez, estaba en pleno orgasmo, yo no pude aguantar más, así que me afirmé y le dejé lo que me quedaba de leche dentro del culo.

    Igual seguí moviéndome hasta que se me bajó y se salió del culo de Belén.

    B: Ufff no voy a poder volver a terminar el turno, quedé muerta.

    Y: No mientas que vos aguantas mucho más que esto.

    S: Yo me voy a descansar, ustedes arreglen este relajo.

    Se fue y nos dejó en el living desnudos.

    Nos vestimos y Belén me pidió que no cuente su secreto, que ahora que se había recibido iba a dejar el sexo pago.

    Saqué plata y le pagué los 2500 del turno más los 500 del anal.

    Me miró, sonrió y me dio un beso.

    B: Un placer hacer negocios.

    Y: Te pagué como un gil

    B: No, como un macho y cuando quieras, repetimos, pero en casa toda la noche.

    Y: Sabes mentir muy bien, después decime cuando y cuánto me cuesta toda la noche.

    B: La próxima va por mi cuenta.

    Y: Andate antes que llegue tu prima, si no no me van a dejar escaparme a garchar ese culo de puta otro día.

    B: El viernes inventate algo y te venis a casa solito.

    Hay que juntar fuerzas para el viernes, solo espero que en esta casa no me expriman por un par de días.

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  • Recorrí todos los espacios de mi mujer

    Recorrí todos los espacios de mi mujer

    Nancy y yo cumplimos veinticinco años de casados el pasado mes de octubre, para celebrarlo hice las reservaciones para ir un recordable fin de semana.

    Nancy quien me ha acompañado en todas mis odiseas trabajando para una transnacional de alimentos en América latina, esto nos ha hecho recorrer varios países y conocer diferentes costumbre, algunas muy excitantes.

    Nancy es una mujer de 45 años, tetas grandes producto de los 8 hijos que hemos procreado, muy hermoso abdomen, una nalgas sensacionales redondas bien formadas y muy bien cuidadas y una pera depilada con gusto. Una vieja caliente que le gusta disfrutar sesiones largas de sexo caliente.

    Yo soy un ejecutivo de una empresa transnacional, que no hago mucho deporte, pero tengo buena condición física, un poco panzón, fornido y con un buen pedazo grueso y de buen tamaño, no grande pero un poco más de lo normal. Tengo mucha facilidad para venirme sin eyacular lo que ayuda mucho en nuestra unión.

    Por fin después de varias juntas en mi empresa pude liberarme y tuve que viajar el día previo a nuestro fin de semana a Costa Rica, estando ahí traía el chipote muy amorcillado, y no encontraba la forma de bajarlo. Termine a las 10 de las noche y me voy a mi hotel, recojo mi llave, mientras subía el elevador pensaba en las múltiples visitas que haría en los siguientes días a las casitas de mi mujer, en eso mi paquete se endurecía más. Por fin el elevador se abre y aprisa voy a mi cuarto, pensando en darme una buena ducha que baje mis pretensiones.

    Entro a mi cuarto, estaba oscuro, no prendo la luz, me voy directo al baño, me desnudo, salta mi cipote, y me dan ganas de calmarlo, pero pienso, mañana tendré donde. En fin, me voy a la regadera, abro las llaves, y empiezo a sentir el flujo del agua, el agua ardiente, calienta aún más mi cipote, en eso oigo una voz en el cuarto, es una voz femenina, me digo que hace aquí, si mi mujer se entera me lleva, mi paquete baja rápidamente de volumen.

    —¿Quién es? —Le digo

    —Soy un regalo del director de Costa Rica, para agradecer tu apoyo —me contesta una voz sensual que inmediatamente hace reaccionar mi amigo.

    —Por favor, le digo, mañana salgo muy temprano para alcanzar a mi mujer, le agradezco mucho pero no. —le respondí

    —Señor mis servicios ya fueron pagados, usted no tiene que pagar nada, estoy certificada y se hacer muy bien mi trabajo, su mujer se lo agradecerá —me contesta con una voz muy provocativa.

    Mi verga dice si, mi corazón dice no.

    —Mire señorita, nada más termino de bañarme y la despido no quiero problemas —yo insistía.

    —Se tratar muy bien a alguien como usted, no se arrepentirá —me lo decía en un tono que no soportaba, mi cuerpo.

    En fin, medio enojado con Luis el director de Costa Rica y pensando en que si mi mujer se enterara, el fin de semana que me iba yo a pasar. Me terminé de duchar, me sequé, me puse unos short, ya que mi ropa estaba en el closet y salí.

    El cuarto esta tenuemente iluminado, en la cama encontré una mujer de muy buenas tetas vestida con baby doll de tono rosa, que acentuaba sus piernas que se encontraban cubiertas por una medias con dibujos acentuando el tono negro.

    —Por favor señorita, deje usted mi cama, mañana me voy con mi mujer, vamos a celebrar los veinticinco años de casado, por favor váyase usted, —entre la penumbra y mi calentura que ya no me deja pensar, me daban una ganas de darme un polvazo con este cuerazo.

    La muñeca empezó a contornearse sin pronunciar palabra, exhibiendo lo mejor de su culo.

    MI verga estaba que explotaba, entonces se me ocurrió, llamar a recepción para averiguar.

    Ella, puso de pie, de espaldas exhibiendo su hermoso cuerpo y me dice:

    —Yo soy su regalo de aniversario.

    Camino hacia el teléfono, e intento marcar…

    Ella prende la lámpara que estaba junto a la cama…

    Me volteo y me doy cuenta…

    —Nancy ¿Qué haces aquí?

    —Como te dije tu director me envió los boletos para darte tu regalo.

    En ese momento cuelgo, y me dirijo hacia ella, quedándome el short que ya no aguantaba,

    La recibo con un beso que unta mi lengua con la suya, lo cual alborotó aún más mi paquete, la empiezo a besar, a saborear con mis manos sus hermosas nalgas, en ese momento, ella se inca y empieza a saborear mi cipote que ya mostraba su dureza, me da unos pequeños lengüetazos, y luego suavemente va devorando con su lengua y boca mi pene, haciendo sentir que toda la espera de esa semana sin ella, no había sido en vano.

    Le indico que me voy a venir, ella toma con sus manos mis huevos y los empieza a sobar lentamente, lo que multiplica mi placer, en ese momento me vengo profundamente, agitando mi pene, pero no derramo un solo mililitro de leche, terminado, le quito el corpiño y queda en todo su esplendor, un durazno peladito, una tetas que quieren acción y un calor, que se refleja en el ambiente, me coloco detrás de ella, y me dice:

    —Mama las tetas…

    —Separa la puntita… –con una voz que aloca.

    —Dale suavemente…

    Mientras mi boca se desarrolla y recrea con sus tetas, mis manos se van introduciendo por su duraznito, al recorrer sus labios, siento su humedad, introduzco inmediatamente un dedo…

    —Amor, no, no,

    Le meto otro dedo.

    —Amor, mejor mi niño, mejor mi niño…

    —Todavía no —le contesto— tienes que desearlo pícara, me hiciste sentir que iba a estar con una puta, ahora te aguantas…

    Mantengo mi sube y baja con los dos dedos… la beso… me besa…

    En eso se mueve y agarra mi pene, y me dice:

    —Esto es mío…

    Se monta sobre en la cama y se introduce el pene de un solo golpe…

    Empieza un movimiento de sube y baja, donde su vagina se mueve y recorre todo mis centímetros, al mismo tiempo introduce su luenga en mi boca de manera volcánica…

    Siento como se viene por primera vez, sus jugos, recorren mis piernas, mi pene parece que se inunda…

    —Me vengo… Me vengo… –grita con una fuerza que pienso que todo el hotel se dará cuenta.

    Empiezo yo a moverme, ella acelera, sus movimientos… Se hacen sincrónicos…

    Mi verga esta que explota… en eso siento una vaciada que inunda todo mi cuerpo, su jugo, moja mis huevos, mis piernas, las colcha de la cama…

    —Ah… Ah… otra… otra…

    Le digo que ya no aguanto…

    —Vente, pero no me mojes… Sino me voy…

    Siento mi verga que explota… Que no puedo detenerla… En eso siento su tercera venida… Acompañada de jugo a lo bestia… Siento que se va deshidratar…

    En eso se me ocurre y le digo:

    —Si, pero quiero tus nalgas… ahora…

    Me dice solo otra…

    Me volteo, saco mi verga, la pongo en posición de perrito, me pongo el condón y se la meto…

    —Que buena estas… Mi vieja…

    —Tú también… Pero no eyacules…

    Empiezo a acelerar siento como su esfínter se distensiona, empieza a sentir placer…

    Mi verga empieza el movimiento final, pero no eyacula, siento como toda mi verga descansa, se mueve, agita su orificio distenso…

    Se viene de nuevo, yo me vengo…

    Los dos quedamos enculándola, mi verga baja de dimensiones…

    Ella me empieza a besar…

    Volteo a ver el reloj son las 2:15 de la mañana, llevamos tres horas…

    Ella quiere más, le digo que el avión sale a las 8:15.

    Ella me contesta solo uno más…

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  • La cachonda amiga de mi madre

    La cachonda amiga de mi madre

    Saludos, lo que a continuación os contaré fue la historia real que me ocurrió hace algunos meses, vivo en la capital de España y soy un chico de 21 años, alto, pelo corto, delgado, pectorales marcados… vamos que no estoy nada mal, aunque sé de sobra que hay muchos más tíos que están mejor que yo. El caso es que soy a primera vista bastante resultón para las mujeres, esto me hace no tener excesivos problemas a la hora de encontrar un ligue o un rollo, un polvo de una noche con alguna chica de mi edad en mis múltiples recorridos por las discotecas, pubs y locales de moda de la ciudad.

    Mi madre se dedica a hacer arreglos de ropa por el barrio, coser los bajos de los pantalones, arreglar faldas, y yo muchas veces me encargo de hacer los recados, porque mi madre no tiene mucho tiempo. Aquella tarde estaba yo aburrido en casa, había terminado de estudiar y estaba chateando un rato en un canal de sexo intentando pasar el rato y solventar el aburrimiento cuando mi madre me mandó a que fuese a entregar una falda que mi madre le había arreglado a una amiga suya.

    Me encantan las mujeres maduras y gracias a esto he podido conseguir conocer a muchas maduritas atractivas de mi barrio, dependientas de tiendas, la mujer de la mercería de la esquina, la estanquera, y mujeres que trabajan en el mercado. Todas ellas han servido en mi imaginación para hacerme unas pajas antológicas y tener todo tipo de fantasías y posteriormente en la realidad todo tipo de experiencias con mujeres maduras.

    Mi madre me dio la bolsa con la falda y me dijo que Angelines, la mujer del mercado que tiene un puesto de frutas y es la encargada, me tenía que dar el dinero que costaba el arreglo de la falda (unos 20 euros), por lo visto era algo complicado. Me encaminé a casa de Angelines, a dos minutos andando de mi casa. Me abrió la puerta esa señora que tantas pajas me había “obligado” a hacerme. 55 años, pero muy bien conservada para su edad.

    Pelo con algunas canas, gafas, me resultaba muy morbosa, además era bastante adinerada, y muy viciosona porque en el barrio tenía fama de ser un poco zorra desde que se quedó viuda cuando yo tendría unos 10 años o así. Pero desde siempre me he sentido muy atraído hacia ella.

    —Hola cielo, qué guapo estás. —Sólo faltaba que me dijese eso para que mi mente empezase a cavilar.

    —Hola, Angelines, que traigo la falda que te ha arreglado mi madre ¿qué tal?

    —Muy bien, aquí estoy sola, que estaba terminando de hacer unas cosas.

    Le pregunté por su hijo Andrés, el cual tenía mi edad, su hijo era un poco amanerado, pero nunca he llegado a saber si era gay o no, no lo sé. La verdad es que me da igual. Le dije que estaba tan guapa como siempre, es cierto que hace muchísimo que no la veía y ver a ese pedazo de mujer en sus plenos 55 años, me levantó “la moral” de una forma impresionante.

    Muy amable ella me ofreció tomar un refresco el cual acepté gustosamente. Me dijo que iba a salir y que la había pillado apunto de meterse en la ducha. Me dijo que me tomase tranquilamente el refresco, hablando con ella. La dije que qué planes tenía y bueno como se iba a quedar sola, me ofrecí a proponerla que por qué no íbamos al cine a ver una película y luego a tomar algo. Se quedó un tanto extrañada, pero creo que enseguida adivinó (no es tonta , que yo, aquel chico inocente que ella conocía desde que yo tenía 5 años, ya no era un niño, yo ya estaba hecho todo un hombretón.

    Aceptó gustosamente no con cierto reparo por si alguna amiga la viera con un joven de 21 años recién cumplidos qué iban a pensar (envidia seguramente). La dije que quería ver, eligió ella la película (la verdad es que la película me importaba más bien poco, lo único que en mi mente cabía era la oportunidad de cumplir mi sueño de calentar la cama de esta madurita que me ponía a mil por hora).

    Ella se vistió, y no pude evitar acercarme a la ducha que dejó la puerta entreabierta y cuál fue mi sorpresa al verla enjabonarse sus pechos bien dotados y para nada caídos a pesar de la edad, se mantenían bien firmes y jugosos. Empezó a pasar la esponja por su coño y seguidamente a tocarse y acariciar sus senos con una mano mientras con la otra se tocaba el coño inclinándose un poco e incluso creo que se estaba metiendo un dedo en el culo. Esta tía se estaba masturbando y no sabía si era porque sabía que presuntamente yo estaba en el salón escuchando música y viendo la tele, o porque realmente le había excitado mi presencia.

    No pude evitar sacar mi polla de los pantalones y pegarme una paja de campeonato, no llegué a terminarla, lo cual fue peor porque estuve caliente durante toda la tarde. Se visito y se puso elegantísima. Bajamos al garaje donde cogimos su todo terreno y nos fuimos a unos cines bastante grandes de las afueras, era la última sesión la de las diez, y nos sentamos en una de las ultimas filas y viendo la película, pude ver como a través de los destellos de luz se marcaban unos pezones duros a través de su blusa blanca y se podía ver de reojo su seno izquierdo puesto que no se había puesto sujetador, la verdad es que sus tetas aguantaban bien sin sujetador.

    Al terminar la película la llevé a un pub, lujoso, donde nos tomamos una copa, es un pub donde maduritas elegantes van a ligar con jovencitos con pelas (no es mi caso) aquí en la capital. Tomamos una copa y la empecé a tirar los tejos de manera más descarada diciéndola lo guapa que era y que tenía un cuerpo realmente precioso y que se conservaba demasiado bien para tener la edad que tenía.

    —Pero qué dices… si ya estoy casi hecha una abuela

    —Venga Angelines, no digas tonterías, si estás en la flor de la vida, a mí me encantas (estuve tentado de decirla que se pone como un misil cuando la veo pero decidí lógicamente que era mejor no ser tan basto).

    La saqué a bailar, y bailamos agarrados una canción lenta, no dábamos para nada el cante porque a nuestro alrededor había muchas más parejas de mujeres de 40 a 60 años bailando o charlando, o tomando una copa con jóvenes de 18 a 30 años… y por lo que pude comprobar ella ya había estado aquí más veces aparte de que me lo confirmó, empecé a bajar lentamente la mano y tocar disimuladamente su culo, mientras me acercaba ya con mi paquete duro hacia su entrepierna, se dio la vuelta y no pude evitar restregarla disimuladamente mi polla por el trasero a través de su falda, y ver cómo ella sacaba un poco más el culo en señal de aprobación.

    Nos fuimos a su casa, pues era un poco tarde y ella ya estaba algo bebida, no había tomado más que dos Martinis con limón y yo dos whyskis con coca-cola pero se ve que le subieron enseguida. En el coche, no pude evitar meterla mano en el semáforo y tocar sus preciosos muslos a través de sus pantys negros y acercarme y empezar a besarle su cuello al tiempo que la dije:

    —Llévame a tu casa o a un hotel o a donde sea, porque te lo voy a comer todo y quiero que tengas el mejor orgasmo de tu vida.

    En su casa no podíamos ir porque se supone que su hijo ya había llegado puesto que estaría cansado en cuanto saliese de la pizzería donde curra, además no me gustaría que me diese una hostia o que lo intentase al ver que yo me había ligado a su madre.

    Así que como ella de pelas andaba muy sobrada decidimos ir a un hotel que ella conocía donde la reservaron una habitación, el hotel estaba situado en la zona del Barrio de Salamanca y cuando llegamos mis sospechas se confirmaron, no era un mal hotel en absoluto, subimos a la habitación y yo me pedí una copita pequeña de güisqui solo.

    Nos empezamos a besar frenéticamente, mientras Angelines se quitaba la blusa dejando al descubierto unas maravillosas tetas, una talla 100, no muy grandes, pero estaban muy bien, su piel era suave, tersa, con la madurez que a mí me encanta, empecé a deslizar mi lengua desde su cuello hacia sus pechos, esos pezones de un tono oscuro palpitaban mientras yo los recorría con mi lengua.

    Le quité los pantys y empecé a hacerle un buen trabajito en su almeja caliente que ya chorreaba flujos y daba claros síntomas de estar excitada, recorrí todos los pliegues de su almeja con mi lengua, mientras notaba su calor, sus palpitaciones, me desnudé y comenzamos un 69 alucinante que me transportó al séptimo cielo, hasta que con el calentón que duraba todo el día me tuve que correr porque no aguantaba más… me corrí sobre sus pechos.

    Enseguida volví estar a tono y después de ver desaparecer mi miembro entre los labios de Angelines. Decidí que mi misil no podía esperar más y tenía que entrar en esa cueva cuanto antes.

    —¡Métemela! —Suplicaba Angelines.

    Y así fue empecé a acomodarme para meterme dentro de su cueva, y el folleteo duró un buen rato hasta que nuevamente me corrí en su abdomen. Lo hicimos de nuevo tres veces más, la sodomicé y me pasé horas y horas comiéndome el coño de aquella mujer que tanto me excitaba.

    La verdad terminé exhausto, y lo peor fue la hora de dar explicaciones a mi madre cuando aparecí a las nueve de la mañana del sábado y sin darle el dinero de la falda (puesto que me lo gasté en pagar los refrescos y las palomitas del cine).

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