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  • El acuerdo

    El acuerdo

    Gema oyó la puerta y se levantó de la silla notando como las mariposas revoloteaban en su estómago. Llevaba puestos pantalones finos de andar por casa color negro y una camiseta de color blanco con una leyenda gamberra en inglés. Las gafas con gruesos marcos de color bermellón, rostro alegre, media melena, tetas de tamaño medio y trasero respingón a juego con la nariz. Hace un mes había cumplido treinta y uno.

    -Hola vecino. -Dijo nada más abrir la puerta.

    Fran era un tipo serio de cuarenta años con barba. Llevaba puesto traje de vestir color azul oscuro y camiseta de cuadros pequeños color beige. Su voz era ronca e imponía respeto.

    Nada más cerrar la puerta el recién llegado dio la primera orden.

    -¿No me vas a dar un beso de bienvenida?

    La mujer se acercó y rodeándole el cuello con las manos le dio un beso en los labios.

    Las manos de Fran se posaron en las nalgas de Gema apretándolas con suavidad. Nalgas firmes y tiernas a un tiempo.

    -Y bien, supongo que hoy es primero de mes. -intervino la chica.

    -Lo sé, por eso estoy aquí… ¿el acuerdo sigue vigente verdad?

    Gema asintió con la cabeza.

    La relación con su vecino no era estrictamente sexual. Eso podría cambiar cualquier día, pero no era el principal motivo de sus encuentros mensuales. Se trataba más de algo psicológico, de una necesidad.

    Gema era una persona exigente consigo misma pero muy inconstante. Capaz de lo mejor y lo peor. Su vaguería era hereditaria y perdía la concentración en el trabajo o llegaba tarde. Los psicólogos que había visitado no le habían ayudado, nada parecía funcionar con su carácter caprichoso… hasta que encontró la terapia de azotes y, de casualidad, a alguien de confianza que pudiera aplicarla.

    -Pues no nos demoremos más. Tráeme el cepillo.

    La mujer fue al cuarto de baño, sacó el cepillo con el que domaba su pelo del cajón y volviendo al salón se lo entregó a su vecino. Luego se bajó pantalones y braguitas y se tumbó sobre las rodillas de Fran.

    Los azotes comenzaron sin más preámbulo. La primera decena en silencio, la segunda con queja por parte de la azotada, conteo y frase. “Cinco, gracias por calentarme el culo.” dijo recibiendo el “cepillazo” número quince.

    El trasero rojo, el rostro rojo y el pene del ejecutor grande.

    “25, gra… gracias por calentarme el culo.” dijo la chica sin poder contener las lágrimas. Las nalgas picaban mucho.

    -Bien, por hoy basta de azotes. Ahora te arrodillas y atiendes mis necesidades.

    Gema, sorprendida, pensó en pedirle explicaciones. Aquello era nuevo y no formaba parte del acuerdo inicial. Sin embargo, algo en su interior, un deseo irrefrenable, la obligó a seguir. “Quizás, si le doy placer, termine cogiéndome de manera ruda.” pensó.

    Primero lamió y chupó el pene con esmero.

    Luego utilizó la lengua para recorrer la sudada raja del culo de su vecino.

    Por último, pidió que le hicieran el amor.

    Un preservativo de traje para el miembro viril, una vagina expuesta y parcialmente cubierta por una mata de pelos gruesos.

    El trasero femenino pegado sobre la mesa, las piernas abiertas de par en par y una mirada que brillaba con el deseo.

    Fran la penetró haciéndola gemir.

    La penetró mientras metía la lengua en su boca.

    La penetró mientras pellizcaba los pezones erectos.

    La penetró mientras besuqueaba su cuello llenándolo de saliva.

    Gemidos, más gemidos… hasta que el cuerpo, presa del orgasmo, perdió el control.

    -¿Quién es la siguiente? -preguntó Gema mientras se cubría las tetas con el sujetador.

    -Eso es confidencial.

    -Al menos puedes decirme que haces con ellas… o ellos.

    Fran recordó a Mario, un universitario al que azotaba con el cinturón mientras se masturbaba. También estaba Inés y las sesiones de masaje con final feliz, Paula, con la que practicaba sexo anal y Rosa, de su misma edad, con la que jugaba a médicos y enfermeras, poniéndole supositorios y administrando inyecciones de vitaminas en sus glúteos.

    -Hay de todo… -se limitó a responder.

    -¿Mañana estás libre?

    -Sí, pero… -contestó Fran con la imagen del culo rojo en su cabeza.

    -No, no es para que me azotes… es para besarnos, abrazarnos y bueno, para hacer el amor después de una cena ligera con vino.

    Fran anotó la cita en la agenda de su móvil y se marchó.

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  • Zona roja lunar

    Zona roja lunar

    Sinopsis: Mientras las dos potencias cósmicas se disputan el control de los recursos lunares, el Teniente Antón, espía de élite de la Federación del Oriente, recibe una única advertencia: nada de escándalos, ni mucho menos corazones rotos. Pero esa regla queda en el olvido cuando se cruza con Madlen, una seductora agente encubierta del Sur Global que aparenta ser solo una científica torpe y encantadora. Lo que comienza como un encuentro fortuito se convierte en un duelo de cuerpos, secretos, placer e inteligencia, donde el sexo se mezcla con traición, y el amor… con la estrategia. En medio del conflicto interestelar, hay algo más poderoso que una guerra: un deseo que puede costarles todo.

    Él ya estaba advertido: nada de escándalos internacionales. Y mucho menos corazones rotos.

    Fue lo primero que le dijeron. Y aun así, no prestó atención. Acabó enredado con una agente sudaca —como la llamaban en los pasillos—, follándosela con una entrega que ni él sabía que poseía. Ella, que apenas ayer era su oponente, ahora bailaba al ritmo de su juego… uno que no estaba en ninguno de los esquemas y simulaciones que él había ensayado antes del viaje.

    El Teniente Antón, alto, impecable, con reconocimientos que hablaban de guerras secretas, había ganado su rango descifrando códigos enemigos. Pero nada, absolutamente nada, lo había preparado para ella.

    Madlen.

    Ella no parecía peligrosa. Torpe, incluso. Una especie de bailarina con título falso, infiltrada entre científicos espaciales. Su cuerpo —una obra maestra— nublaba el juicio de cualquier hombre (o mujer). Hablaba cinco idiomas, sabía capoeira, mentía como si respirara y tenía un instinto felino para cazar información… mientras reía como una niña rica que juega con fuego.

    Y aún así, buscaba su proximidad.

    —¿Por qué me atrae este tipo? —pensó, fingiendo tropezar con él—. Si me toca otra vez, le rompo los dedos… o se los chupo hasta el hueso.

    Su carisma fue suficiente para que aliados del propio Antón comenzaran a confiarle secretos. Era una experta. Estar presente, escuchar, fingir empatía… así era como Madlen robaba verdades.

    Ellos ya sabían quién era quién. Pero el juego de las máscaras era demasiado excitante.

    El sexo fue inevitable.

    Se entregaron como dos planetas colisionando. Salvajes. Ruidosos. Vulnerables. Como si entre sus cuerpos pudieran inventar una tregua.

    Y, sin embargo… después del orgasmo vino el silencio. Madlen dudó. ¿Aceptar su invitación a la habitación? ¿Huir? ¿Envenenarlo?

    Cayó al piso, su cuerpo aún temblaba. ¿Cómo podía sentir rabia y deseo al mismo tiempo? Mientras tanto, él dejaba la puerta entreabierta, esperando que fuera ella quien entrara. Temía que no llegara. Sabía que la había comprometido.

    Ella lloró frente al espejo. Pensó en matarlo. Pensó en besarlo.

    Se puso de pie. Había una misión. Pero también… una corazonada.

    Cinco golpes. Luego dos. El ritual que ella usaba de niña para llamar a la puerta de casa.

    Él la levantó en brazos. Ella lo abrazó como si él fuera la única salida. El Teniente ya no era una amenaza. Era una adicción.

    —¿Qué soy para ti? ¿Una misión? ¿Un error? ¿O tu puta favorita?

    —No preguntes —respondió él, tocándole el rostro—. Aún no lo sé… no quiero mentirte.

    —Entonces… dame algo que no esté en tus informes —pidió ella, jugando con su anillo—. Pero dímelo mientras me follas contra esa ventana.

    Él la miró en silencio. Luego rio.

    —¿Quieres el verdadero nombre del infiltrado?, ¿verdad?

    Ella sonrió como una loba.

    —Muéstrame cómo distorsionar esa cara perfecta con placer. Eso te va a costar una mamada —susurró, mientras se quitaba la ropa.

    Lo que siguió fue salvaje. Su lengua, sus dedos, su aliento, sus cuerpos… todo conspiraba para hacerles olvidar a qué bando pertenecían.

    —Shuuu, nos pueden escuchar, no tienes idea de cuantas veces estuve a punto de correrme imaginando cómo te volvería a follar.

    —Hazme venir igual… –dijo ella, arqueándose.

    Se subió a la cama y bailó sin música, como si su cuerpo recordara cada empujón salvaje de horas antes. Sus dedos resbalaron bajo su vestido:

    —Mira cómo acaricio mi vulva… y deseo que sea tu mano. Imagina que te pido que me abras las piernas… ¿Lo harías?

    Él solo la veía moverse, tocarse y no podía creer lo que pasaba. Nunca había visto a una mujer en ese estado de placer.

    Ella comenzó a besar su pecho masculino, bajo buscando su pene, lo acarició, se lo llevó a la boca para darle placer. Tocó sus dedos, palpó el anular, se lo metió también a la boca y le susurró al oído:

    —Juega con mi travieso ano, por favor, lo quiero ahí, no doy más, quiero gozar, quiero mi orgasmo.

    —Pues entonces, ¡estalla!, —le ordenó nalgueándola.

    —Ahh, bébeme así, ¡que rico!, violento, duro, tierno, sensual, todo junto.

    Dejó caer sus manos al costado del cuerpo, lo miró y miró como por sus piernas caían ríos de sus jugos. Simplemente se rio.

    A Madlen no le había fallado la intuición de que el Teniente podría regalarle el mejor orgasmo de su vida. El momento de satisfacción que su mente esperaba.

    Él quizás también necesitaba saber que existen otros niveles de deleite al que conocía.

    —¿Porque me miras así? ¿Acaso no gozaste? —dijo tratando de no destruir su ego.

    —Te equivocas, gocé viendo tu placer, como gozabas, —la besó tiernamente.

    —Quiero que esto se repita, bah, quiero que me lleves a la cama, ahora, mañana, siempre. Te deseo Antón. Deseo tu boca, tu cuerpo, deseo que me guíes al placer total.

    —Yo también Madlen, yo también.

    Entre jadeos, gemidos y promesas falsas, ella pensó: Este hombre me va a costar la guerra.

    Pero ambos sabían: el único encanto que importaba era el de sus cuerpos destrozándose una y otra vez… hasta que la guerra los alcanzara.

    Ella tomó la iniciativa de irse antes de parecer vulnerable.

    —Espera mi reina —le dijo enjugando las lágrimas.

    La volteó, sabía que le quedaba poco tiempo. No podía darse el lujo de volver a perder su vuelo. Se le abalanzó encima y nuevamente la trató con rudeza… la pegó a los ventanales.

    Le escupió salvajemente la espalda y el culo.

    —¡Que rico papito, que rico… este culito es suyo… quiero que lo haga suyo papito!

    Esas caderas estaban entrenadas para ese movimiento sensual que hacía.

    Prácticamente ella misma se la metió y miraba como la verga se hundía en su apretado orificio.

    —Así papito, fuerte… deme fuerte que me corro, así fuerte… no pare, no pare … deme, deme, así, así así….

    Antón se la sacaba para volver a meterla. Esto le causaba tanto placer que miraba cómo le temblaban las nalgas cuando se la taladrara con ganas, estaba a punto de correrse. Le dio un embate endemoniado que hasta le hizo sudar mientras veía el brillo de las gotas que bajaban por la espalda de Madlen. Sus gemidos se elevaron, aquellos jadeos magnificaron la compresión de su culo.

    —Me vengo, me vengo… uh me vengo…

    —Si, así, así… dele, dele, dele, rómpame el culo que es suyo… este culo es suyo.

    Gimieron en coro y esto se repitió una vez más. Explotaron. Mientras la penetraba contra el cristal, ella veía su reflejo.

    Se limpiaron y escucharon como el aire salía después de haberla pompeado por más de veinte minutos.

    ¿Cuál de los dos está usando a quién?

    Ella se corrió tanto que olvidó activar la grabación… o quizá lo hizo adrede.

    Si el Teniente supiera que ella ya copió sus códigos… mientras le mordía el cuello, ¿la mataría… o se correría más fuerte?

    Antes de despedirse, él le colocó algo frio en la mano.

    —Ábrelo cuando cruces la puerta. Así el encanto no se rompe.

    Y se fue, sin voltear.

    Él la miró partir, sabiendo que algo raro había en su collar… ¿una cámara? ¿o solo paranoia?

    Pasaron los días. Luego meses.

    Y un día, el teléfono sonó.

    —Buenas… tengo un recado para usted… desde Panamá. ¿Estoy marcando al número correcto?, ¿cierto?

    —Claro, —contestó sorprendido, pero sin titubeos… —¿dónde? ¿cuándo nos encontramos?

    El encuentro fue limpio, casi inocente. Como en aquella tienda de frutas en Huangshang, él era todo un experto en esos temas.

    Tomó el sobre, lo agitó, no se atrevió a hacer preguntas comprometedoras, solo agradeció y sacó la información que necesitaba para sí.

    Abrió la cajita y sonrió, ella no había olvidado ningún detalle. Nunca supo si lo usó a él, o si ella había sido la verdadera víctima de su propio deseo.

    Al despedirse pudo relajarse para descubrir que ella lo había conseguido… a miles de kilómetros de distancia lo había vuelto a excitar gracias al peligro latente.

    Porque el verdadero peligro no era la guerra.

    El verdadero peligro… era no volverse a ver.

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  • Una propuesta diferente de tres lesbianas (2): Lo que él se ganó

    Una propuesta diferente de tres lesbianas (2): Lo que él se ganó

    Después que el entrenador se vistió y se fue del departamento Ana Paula pensaba

    No suelo perder el control. Ni siquiera cuando juego con el deseo. Pero esa noche… algo fue distinto.

    Sentí su fuerza, su cuerpo contra el mío, su glande golpeo mi cuello uterino toda la noche. Era como si cada movimiento suyo reafirmara que estaba viva, deseada. Me encantó. Me devoró con la mirada, y cuando finalmente me tuvo, me dejé ir como pocas veces, eyaculo muchísimo dentro mío, que todavía siento el espeso semen de mi macho dentro mío.

    Lo más impactante no fue su cuerpo ni sus manos —aunque eso también— sino el instante preciso en que él cruzó el umbral. Cuando ya no se contuvo, cuando su respiración se volvió temblorosa y yo lo sentí… dentro. Calor, pulsos, algo profundo. Instintivo. Humano, pensaba que me gustaba más las mujeres que hombres, pero él tenía niveles de testosterona muy grande que me hizo desearle más.

    Y en medio de ese torbellino, su voz:

    —¿Puedo… probar con alguna de tus amigas?

    No lo dijo con malicia. Era más bien deseo sincero, ingenuo quizás. Había mirado a Rayane y a Lariza. Sus ojos decían mucho más que cualquier palabra. No. No era el momento, ni su momento. Solo nuestro.

    Después de que se fue, el silencio flotó entre nosotras, pero estaba cargado de algo eléctrico.

    —¿Qué sentiste? —preguntó Lariza, siempre directa.

    Me senté en el sillón, aún con el cuerpo latiendo, aún con su presencia, su semen dentro de mí.

    —Fue… intenso. Muy real. Me gustó —respondí sin rodeos.

    Rayane me miró con una media sonrisa, como quien entiende pero aún evalúa.

    —¿Lo harías de nuevo? —susurró.

    —¿Si ustedes me lo pidieran? —les devolví la pregunta, mirándolas fijamente—. Sí. Lo haría otra vez.

    Sabía que entre nosotras había confianza, pactos que van más allá de las palabras. Pero esa noche, algo nuevo se abrió. No solo habíamos compartido la experiencia, sino que estábamos explorando qué significaba.

    ¿Era solo un experimento? ¿Una travesura?

    ¿O estábamos, sin decirlo, buscando algo más… permanente?

    No lo sabíamos aún. Pero algo era claro: lo que empezó como un deseo puntual, había despertado una nueva puerta. Y ninguna de las tres tenía intenciones de cerrarla tan rápido.

    Decidimos invitarlo de nuevo, Ana Paula lo encontró en el gimnasio, con una mirada picara y sensual, se acercó a él y solo le dijo que lo esperaba nuevamente en el apartamento a las 20 h, a lo que él respondió que estaría puntual.

    Siendo esta actividad repetida durante una semana seguida, donde Ana Paula iba a entrenar a la misma hora y le pedía estar en el apartamento a la misma hora, siempre lo hacían ellos dos, frente a las chicas, quienes desnudas se tocaban entre ellas y compartían besos y orgasmos, mientras Ana Paula no paraba de vaciar a su entrenador, sintiendo ella, como el depósito de su semen.

    El entrenador siempre veía con deseo a las otras dos chicas, pero respetaba porque entendía que eran “lesbianas” el hecho de experimentar este momento muy íntimo con ellas tres ya estaba bien para él, pero no dejaba de pensar que se sentiría penetrar a las otras dos, además de considerar que por su buen estado físico u excitación del momento, llego a venirse dentro de Ana Paula como 2 a 3 veces en una misma noche, demostrando su hombría y potencia sexual

    Una noche el ambiente en el departamento había cambiado. Lo que empezó como una experiencia puntual entre Ana Paula y su entrenador, se convirtió en una especie de ritual. Cada encuentro estaba cargado de tensión, deseo contenido y, sobre todo, de un juego silencioso entre las tres chicas.

    Ana Paula siempre fue la que lo recibía. Él sabía a lo que venía, y lo esperaba con calma, sin exigencias, sin reclamos. Las otras dos observaban, a veces con tímida curiosidad, otras con admiración disfrazada de indiferencia. Y aunque solo Ana Paula era su compañera en esos encuentros, él nunca pedía más.

    Nunca cruzaba la línea, si noto que Lariza y Rayane, se besaban entre ellas y tocaban con más deseo, parecía que mientras el penetraba a Ana Paula frente a ellas, las dos eran excitadas por los gemidos de su hembra, incluso el entrenador solía ponerle a Ana Paula de pie, mirando hacia el sofá donde estaban las 0tras dos chicas, tocándose y disfrutando del espectáculo, él era enorme al lado de su chica, la penetraba estando desde atrás y mirando a las chicas tocándose, incluso en más de una ocasión por la confianza, Lariza y Rayane hacían la famosa tijera mientras el embestía a Ana Paula como un animal, hasta llenarla de leche.

    Fue Lariza quien, una tarde, dijo lo que todas pensaban.

    —¿No crees que se merece un regalo? Siempre espera, siempre nos respeta… y siempre termina en ti —le dijo a Ana Paula con una sonrisa pícara.

    Rayane se cruzó de brazos, pensativa.

    —No sé… sería raro. Pero… ¿y si no se entera?

    Y así nació el plan.

    Esa noche, lo recibieron con una sonrisa distinta. Más lúdica. Más misteriosa. Le pidieron que se recostara, que se dejara vendar los ojos.

    —Queremos que sientas, no que veas —dijo Ana Paula en voz baja, mientras le ajustaba la tela negra con delicadeza.

    Él sonrió, relajado, confiado.

    Primero fue Ana Paula quien lo besó. Lo acarició con familiaridad, su pija estaba una piedra, Lariza y Rayane estaban desnudas en el sofá, Ana Paula se sentó encima de su pija, haciendo una seña a Rayane quien se acercó muy sutilmente del sofá a la cama. Su cuerpo ya era terreno conocido, y el entrenador reaccionaba a ella como siempre: con deseo contenido. Pero luego, cuando se separó suavemente, Rayane ocupó su lugar sin hacer ruido.

    Rayane temblaba. No por miedo, sino por emoción. Era la primera vez. No estaba segura de cómo reaccionaría él, pero sentía que era justo. Y, en secreto, también lo deseaba.

    Rayane, miro el falo de su macho, húmedo por los fluidos vaginales de Ana Paula y resto de semen que recién había dejado en ella, pero seguía duro a pesar de esto, cosa que le mojo más a ella, se sentó sobre su pija, quien con dificultad entro la glande pero luego resbalo hasta el fondo de su cuello uterino por la humedad vaginal de ella y de su compañera que precedió y los restos de su semen que sirvieron para lubricar la penetración, se movía con fuerza, al entrenado le fue raro, no era el cuerpo de Ana Paula, puso sus manos en la cintura y sintió otra piel, se dejó llevar, hasta que no se contuvo y lo hizo, comenzó a eyacular dentro de Rayane, marcándola como su nueva mujer en este ritual.

    Si bien el seguía vendado, percibió que estaba penetrando otro cuerpo y eso lo emociono de más, traducido en la cantidad abismal de semen que pronto rebozo de la vagina de Rayane, él respiraba con fuerza, aún sin saber lo que había pasado. Fue entonces cuando Ana Paula le retiró la venda, y frente a él estaban ambas. Rayane tenía las mejillas sonrojadas, pero no se apartó.

    Él abrió los ojos lentamente, sorprendido, confuso… hasta que Ana Paula se inclinó hacia él y le susurró con una sonrisa:

    —Te lo ganaste. Por tu paciencia… y por hacernos sentir tan seguras.

    Rayane, aún un poco tímida, le tomó la mano.

    —Gracias por esperarnos.

    Él no dijo nada al principio. Solo las miró, con esa mezcla de gratitud y deseo que ya conocían. Luego asintió, como si entendiera que esa noche no había sido solo un regalo para él… sino también para ellas.

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  • Carta a Priya

    Carta a Priya

    Querida Priya,

    ¿Cómo van las cosas por Calcuta? Supongo que con pocos cambios. Allí las cosas van con otro ritmo, no como el frenético vaivén de la City. Aquí el tiempo ya cambió, y Londres presenta unos días tan grises e inhóspitos como siempre, con su gente cargada de falsa amabilidad y el fariseísmo de todo Occidente.

    Te quiero contar lo último entre Edgar y yo. Lo pasarás bien, ¡seguro!

    El domingo pasado se acercó al salón y se quedó mirándome un rato, con los brazos detrás de la espalda. Cuando levanté la vista de mi libro vi que estaba extraño. En seguida comprendí que estaba caliente y quería que nos acostáramos.

    Se acercó y me mostró lo que escondía detrás de la espalda. Era una caja. “Es una sorpresa, Rami”, me dijo. Me lo dio y abrió el paquete. Dentro había un delgado dildo plateado. Yo me eché va reír sosteniendo el instrumento. “Menudo regalo…”, dije. Él se sentó al lado mío y me abrazó. Inició los juegos besándome el cuello y abriendo mi blusa. Metió los dedos y acarició mis senos, como sopesándolos y retorciendo los pezones. Inevitablemente, yo noté el ardor en mi interior, ya me conoces, así que me dejé manosear y comer por su boca caliente. Toqué su bulto y tenía el pene duro dentro de los pantalones. Así que le abrí la cremallera y se la saqué y la apreté entre mis dedos, bajando y subiendo la piel, sobándole el capullo con fuerza. La polla estaba durísima y tiesa. Edgar la tiene grande y gruesa.

    Él se dejó hacer y yo me quité la blusa y la falda, quedándome en bragas. Edgar se echó sobre mí y me magreo los senos, las besó y chupó mis pezones. Me acordé de ti, de tus inmensas tetas cuando le dabas de mamar a Arhaan. Fue, ¿recuerdas?, cuando tú me miraste y me sonreíste, y yo a ti. Te diste cuenta y me mostraste mejor la que el bebé dejaba libre. De ese momento nació nuestro deseo común y nuestro amor. ¡Ah, amor mío, cómo suspiro al recordarlo! Tenías el pezón grandísimo, con aquella aréola brillante que ocupa casi la mitad de la circunferencia del pecho.

    Al cambiar a Arhaan el otro pezón dejó discurrir gotas de tu blanca leche hacia abajo. Yo me acerqué y pasé por él con el pañuelo, haciendo una caricia disimulada; pero tú te percataste, echaste la cabeza hacia arriba y me dirigiste una mirada entre tierna y voraz. Así que deje el pañuelo y pase mis dedos por encima de tu pezón, que seguía rezumando gotas lácteas. Así comenzó, mi vida, estrella de mis noches, nuestra relación de pasión y dulzura. ¿Te acuerdas, Pri?

    Froté su falo y Edgar se desnudó. Entonces yo me quité la braga. Él cogió el artefacto y sacó de la caja un pequeño spray lubricante, y untó todo el dildo. “Túmbate en el sofá, Rami”, me dijo.

    Y yo me puse boca abajo. Edgar comenzó a besarme desde el cuello al culo, me dio un par de cachetadas suaves y me beso cada glúteo. Y metió sus dedos por en medio de mi mata frondosa de pelos. Los hundió dentro de mi vulva, que estaba muy mojada ya. Su lengua mojaba la entrada, pero no como tú lo haces, cariño, con tu suave lamido, con tu forma de besar toda la extensión de mi yoni, como un pétalo de rosa en cada labio abierto. También me acordé de la fragancia de tu vulva, rosada y perlada de tu rocío interior.

    Sacó los dedos y me acaricio el agujero de encima. Yo notaba cómo acariciaba la grietita y las líneas de mi ojete, una por una, deteniéndose en el agujero y haciendo circulitos en él. Se agachó y lo besó.

    Yo seguía de boca para abajo, con las piernas abiertas, dejando que él me llenara de saliva el ojete. Edgar jugaba en mi entrada. Para facilitar la penetración recogí las piernas y subí los glúteos. Si dedo accedió fácilmente con la humedad de la saliva. Tomó el consolador y lo fue introduciendo en mi recto. Yo gemí al sentir cómo me penetraba, tu conoces cómo me excito. El aparato iba entrando y se hundió en mi carne expandida. ¡Ojalá hubieras sido tú, Pri, la que me follase por el culo! Me fui mojando toda, a la vez que él me iba jodiendo. El dildo salía y entraba fácilmente; mi canal estaba lubricado. Edgar estaba todo empalmado y cuando me giré se estaba manoseando el pepino.

    Me dejó dentro el aparato y vino hacia mí. Quería que se lo chupase. El lingam se le balanceaba al caminar. Aproveché para acariciarme la vulva y masturbarme. Le besé el capullo, pero no le hice la mamada que reclamaba. Él se pajeaba y jadeaba fuertemente. Me bajé del sofá con el consolador dentro del ojo del culo. Me gustaba la sensación, tú ya lo sabes, porque una vez jugamos a hacer un 69; que yo te comiera la almejita mientras tú me follabas por detrás. Ese inolvidable día las dos tuvimos un orgasmo simultáneo, y nos corrimos entre chillidos de placer, para terminar abrazadas hasta que nos dormimos.

    Le pedí a Edgar que se tumbara él boca arriba. Le agarré la verga y comencé a masturbarlo enérgicamente, hasta que le hice correrse en su propio vientre velludo. El esperma salió disparado y chorreó por su pecho y el vientre. Entre espasmos dejó escapar salpicones de leche, que bajaba a lo largo de su falo enhiesto y le mojaba los huevos. Él gemía una y otra vez. Mientras, yo metí los dedos en el coño y me masturbé vigorosamente el clítoris…y me fui. Los movimientos de la vulva arrastraron el dildo fuera de mi agujerito, que estaba chorreante, palpitando y abierto.

    Así terminó todo. Y esa fue mi experiencia anal con Edgar, quien seguramente creía que yo era virgen por ahí. El ignora, como es natural que tú me desvirgaste aquella tarde, el día que nos quedamos solas (a veces lo recuerdo y me pongo caliente, entonces me excito hasta que me dejó llevar y me masturbo) y él fue a su consulta médica. Fue cuando tú me follaste por detrás, mientras yo te comía ese jugoso coño, mi añorado yoni. Fue, la segunda maravillosa vez en que nos hicimos el amor, tiernamente, no a la manera masculina.

    Ahora pienso en ti, en tu voz clara, en tu silueta. Priya, te echo de menos y añoro tus labios, tu espalda, tu vientre, tus pechos…¡Necesito restregarme en tu cuerpo, sentir como tu chocho moja el mío, las dos rajas apretaditas una contra la otra y deslizándose con los fluidos como gelatina! ¡Necesito que me comas la boca y mi higuito tierno para ti! Añoro nuestras tardes de amor, y sólo espero ansiosa tu vuelta, cielo mío.

    Te echa de menos, te añora… y algo más,

    Rami

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  • Mi suegro, la chica de compañía y yo

    Mi suegro, la chica de compañía y yo

    Como mis anteriores relatos, este sucedió hace varias décadas, si alguien sigue mis relatos igual recordara que, aunque estoy casada he logrado convertir a mi marido en un cornudo, y uno de los pocos amantes que le ocultó es su padre, es decir mi suegro, follamos una tarde y él, según sus palabras, consideró que lo hacía mejor que su mujer, un día me llamó que fuera a su casa, asegurándome que su mujer mi suegra no estaría, y que me reservaba una sorpresa.

    Cuando llegué a su casa me invitó a pasar y me condujo al salón, entonces vi que no estaba solo, a su lado estaba una chica veinteañera, era preciosa y no sé si eran mis prejuicios, pero el asunto es que tuve la intuición de que se trataba de una dama de compañía. Mi suegro me la presentó como Paty, supongo que Patricia y nos dijo que debía de hacer unas cosas en el piso de arriba, que mientras nos fuéramos conociendo, nada más desaparecer mi suegro, Paty, me dijo que tenía unas buenas tetas, y me preguntó si me las podía acariciar. Yo ya había tenido algunos contactos con mujeres, pero decidí hacerme la inocente, y le dije que bueno, pero que nunca ninguna mujer me las había acariciado, jajaja, la dejé que me las acariciara durante un rato y después la dije:

    -Ahora me apetece a mi acariciar las tuyas.

    Ella que sin duda era una profesional, se subió el vestido, dejando al aire un par de teas espectaculares, solo cubiertas por un sujetador rojo, que apenas tapaba la mitad, en ese momento decidí mostrar lo zorra que era, la saqué las tetas del sujetador y me lancé sobre una de ellas y me puse a chupárselas, ella comenzó a gemir, así estuve un rato, se la notaba que estaba disfrutando muchísimo, hasta que fue ella la que, lanzándose sobre mí, como una leona se puso a chuparme las mías, en ese momento alce la vista y me di cuenta de que en lo alto de la escalera estaba mi suegro mirándonos, le hice una señal para que bajara, estaba dispuesta hacer algo muy especial con esa mujer, pero quería que él participara.

    Mi suegro comprendió mi deseo y abandonado su papel de mirón bajó al piso donde estábamos dispuesto a participar en la fiesta, cuando llegó donde nosotras estábamos Paty me estaba chupando un pezón, le hice una señal a mi suegro para que le chupara uno de los pezones a Paty, esta se puso a gemir y dejando por un momento de chupar el pezón, dijo:

    -Con este hombre da gusto chupa las tetas maravillosamente.

    De nuestros anteriores encuentros sabía que mi suegro era buenísimo con la lengua, seguimos así un rato hasta que yo, que deseaba algo nuevo dije:

    -Suegrito, ¿No te parece que es momento de que nuestra invitada vea la maravilla de instrumento que tienes?

    -No creo que sea una maravilla, dijo mi suegro, pero si tú que eres la mujer que más quiero de toda mi familia me lo pide,

    Y delante de nosotras, mi suegro dejó su polla al aire.

    -Verdaderamente tu suegro tiene un buen pollon, no me extraña que te lo quieras follar, ¿Pero tu marido no lo tiene así?

    -Ni lo tiene, ni sabe utilizar lo que tiene, dije yo.

    En ese momento pedí a Paty que se pusiera de espaldas a mí, y a mi suegro le hice una señal para que se acercara, cuando lo hizo arrime las tetas de la chica a la polla de mi suegro y las aprisioné como si fueran un coño. Paty, interpretando muy bien lo que se esperaba de ella y se dejó hacer, mientras mi suegro comenzó a moverse ligueramente entre las tetas de la chica.

    La polla de mi suegro se puso durísima y en ese momento nos dijo:

    -Bueno chicas, creo que en el dormitorio matrimonial estaremos más cómodos.

    -Pero no tienes miedo de que mi suegra se dé cuenta, le pregunté.

    -En cierto modo me alegraría que así fuera, respondió mi suegro.

    Así que, entre los dos, cogidos los tres de la mano subimos al piso superior de la casa, donde estaba la habitación matrimonial, una vez allí Paty y yo, primero nos terminamos de desnudar y nos pusimos de rodillas ante mi suegro, que para eso era el macho del grupo, y nos pusimos a chuparle la polla, parecía que estábamos coordinadas, cada una, así mientras ella se ocupaba de uno de los lados de su polla yo me ocupaba del otro, y cuando ella se lanzó a por su capullo yo me lancé a lamerle sus huevecillos. Con todo esto la polla de mi suegro se puso bien dura, y en ese momento mi suegro, dirigiéndose a mi dijo:

    -Cariño, perdona, pero me gustaría probar el coño de nuestra invitada, pero tu Paty no debes de dejar que mi nuera se aburra.

    Por supuesto las dos estuvimos de acuerdo y Paty abrió bien sus piernas, para que su coño quedara al alcance de la polla de mi suegro, este, por supuesto, no desaprovechó la ocasión e introdujo su polla dentro del coño de la chica, que al sentirla me dijo:

    -Querida, tu suegro no solo tiene una buena polla sino que la sabe utilizar bien.

    Estoy a favor de la libertad de expresión, pero decidí que ella se debía de expresar de otra manera y poniéndome de rodillas puse mi coño encima de su boca, ella comprendiendo sacó su lengua y se puso a comerme el coño, y lo hacía divinamente, el resultado fue que rápidamente me provocó un orgasmo increíble, ella recibió todos mis líquidos y dijo:

    -Tía se nota que eres muy puta y te gusta el sexo, no me extraña que te lo hagas con tu suegro.

    Mientras la polla de mi suegro seguía penetrándola, mientras yo me baje de encima y sin que mi suegro se la sacará ella se puso de lado y comenzamos a besarnos mientras nos acariciábamos, mi suegro sin abandonar su tarea dijo:

    -Joder veros besarse así le pondría caliente hasta a un muerto, gracias por el espectáculo que me estáis dando.

    Esto nos animó a Paty y a mí a continuar dándonos placer, mi suegro de momento se la sacó a Paty y se puso a mirar, Paty se sentó sobre la cama y yo me puse a chuparle una de las tetas, poniéndome a cuatro patas, de manera que mi suegro tenía un primer plano de mi culo ante sus ojos, mi suegro aguantó un poco viendo el espectáculo, pero no tardo en tumbarse sobre la cama y mirándome dijo:

    -Cariño tengo ganas de follar contigo.

    Yo comprendiendo me puse encima de él, con el culo mirando hacia su cara y comencé a cabalgarle, Paty viéndome dijo:

    -Siento repetirme, pero se te nota que eres putisima, la forma en que estas follando a tu suegro es de profesional.

    Por un momento la polla de mi suegro parecía fallar Paty dándose cuenta de esto la masturbo un poco, lo que la puso de nuevo en forma, pero en ese momento mi suegro volvió a hacernos participes de otro de sus caprichos:

    -Querida, dijo refiriéndose a mí, me encantaría penetrarte mientras el comes el coño a nuestra invitada.

    Patricia se tumbó sobre la cama con las piernas bien abiertas, yo me puse a cuatro patas con mi cabeza a la altura de su coño, y mi suegro detrás de mí, en ese momento su suegro, de un golpe me la metió en el interior de mi coño, la verdad era que el padre lo hacía mucho mejor que el hijo, y comenzó a darme un placer muy intenso. Pero yo, para satisfacer los deseos de mi suegro, introduje mi lengua dentro del coño de la chica que al sentirla dijo:

    -Se te nota que eres una zorra con experiencia, más de una clienta mía pararía por disfrutar de tu lengua.

    -Pues tu estas cobrando por ello, dijo mi suegro, así que espero que lo hagas muy bien.

    Mientras decía esto, mi suegro con su polla seguía moviéndose en el interior de mi coño dándome un placer muy intenso, parecía que el estar haciendo realidad su fantasía mejoraba sus capacidades amatorias, me estaba follando con una intensidad propia de un chico de veintipocos años y desde luego muy superior a la que el pánfilo de su hijo tendría nunca.

    Estuvimos así hasta que Paty se corrió, en ese momento se movió de donde estaba en la cama, se puso de rodillas, y acercándose a mi boca me dijo:

    -Muchas gracias querida, muy pocas de mis clientas, o de mis compañeras me han comido el coño como tú, te adoro y me tienes a tu disposición.

    Y a continuación intercambiamos un beso muy apasionado. En estas condiciones yo me corrí, y en ese momento mi suegro nos pidió:

    -Cariño follar contigo es increíble, y no sé cómo el tonto de mi hijo no te lo hace mejor, pero ahora me gustaría follarme a nuestra invitada.

    -Mi amor sabes que tus deseos son órdenes para mí, y si encima son mis deseos.

    Mi suegro me la sacó, y se tumbó en la cama y Paty se puso encima de él y comenzó a subir y bajar en ese momento, yo arrimé mi boca a la suya y volvimos a intercambiar un beso muy apasionado, mientras yo llevaba mis manos a sus pezones y me puse a acariciarlos, ella dijo:

    -Creerme que para mí esto es alucinante, pocas veces encuentra una, una buena polla en el cono, y una tía que te bese y te acaricie las tetas tan bien, os adoro.

    Mi suegro debí de notar que Paty se cansaba, pues nos propuso que ellos dos se pusieran de lado, bueno en esta postura ella dejó de tener el control del acto y lo pasó a tener él, que se puso a follarla con intensidad, mientras yo seguía copándome de sus tetas, los gemidos que emitía la chica de ninguna manera parecían ser fingidos, como parece ser lo normal entre sus compañeras de profesión.

    Cuando mi suegro sintió que se iba a correr. Nos ordenó a las dos tumbarnos en la cama, él se puso de rodillas y depositó su semen sobre nuestras caras. Tras ello Paty y yo mirándonos, nos decidimos a chupar la polla de mi suegro, él se encontraba de rodillas sobre la cama y nosotros tumbadas, él al sentir nuestras lenguas sobre su polla nos dijo:

    -Sois maravillosas, os adoro.

    Y mientras recibía nuestras bocas sobre su polla, llevó una de sus manos hacia mi culo, y con ella se puso a acariciar mis dos agujeros de manera alterna, por una mirada de mi compañera de juegos, me apoderé de la polla de mi suegro y la introduje en el interior de mi coño; mientras ella llevó su lengua hacia los huevos de mi suegro y comenzó a lamérselos, mi suegro dijo:

    -Sois terribles, me vais a volver loco de gusto.

    Tras un rato, yo saqué su polla de mi boca y llevé sus labios hacia los míos, y estos se encontraron en medio de u beso muy apasionado, para ello me puse de rodillas y mientras nuestro beso continuaba noté como una lengua jugueteaba con mi coño, claramente era la lengua de Paty, que había abandonado a la polla de mi suegro. Cuando terminamos de besarnos mi suegro me dijo:

    -¿No te parece querida de que debemos de ocuparnos de nuestra invitada?

    En ese momento los dos nos agachamos, mi suegro ordenó a la chica de compañía que se estuviera tumbada con las piernas bien abiertas, y cuando esta lo hizo, llevó su lengua hasta el coño de la chica, mientras yo, colocándome a un lado comencé a acariciar una de sus tetas y uno de sus muslos. Ella gimió:

    -Follar con dos personas como vosotros es un verdadero lujo.

    Mientras ella lo decía, yo me decidí a ser más activa, y mientras mi suegro seguía comiéndole el coño, yo llevé mi boca hacia una de sus tetas y comencé a chupársela, ella al sentirlo dijo:

    -Chicos vais a hacer que me sienta mal por cobrar, me estáis volviendo loca de gusto, debería ser yo quien os pagará a vosotros.

    Estuvimos así hasta que sentimos que ella se corría, y mi suegro se tragó todos los líquidos, en ese momento yo miré a la polla de mi suegro, y la encontré de nuevo en todo su esplendor y le dije:

    -Vaya suegrito, tu polla esta otra vez en forma,

    -Es para follarte mejor querida nuera, me respondió.

    -Me parece muy bien, dijo Patý, yo os ayudo.

    Hizo que mi suegro se tumbara sobre la cama, y me sugirió a mí, ponte encima de él, lo estaba deseando y la petición de mi compañera de juegos no hizo otra cosa que incrementar mi deseo, así que me puse a cuatro patas encima de mi suegro y Paty de un lado.

    Me pidió que hundiera mis piernas, y cuando lo hice, cogió la polla de mi suegro con una de sus manos, y la dirigió hasta las proximidades de mi coño, mientras me daba instrucciones para que la polla de mi suegro, como si fuera una nave espacial aterrizara dentro de mi coño, cuando esto sucedió yo comencé a moverme, quería que mi suegro disfrutara nuevamente, así que comencé a mover mi coño, para que su polla se calentara todo los posible, Paty al ver que nos había acoplado se levantó un momento y puso su coño encima de la boca de mi suegro.

    Este al sentir el coño de la chica encima de él comenzó a lamerlo y saborearlo, y ella se puso a gemir:

    -Esto es maravilloso, mi amor me haces olvidarme de quien soy y sentirme una mujer dichosa.

    Y era eso lo que mi adorado suegro quería, que las mujeres que estaban con el disfrutaran a tope, así que siguió comiendo el coño de la chica hasta que esta se corrió.

    En ese momento ella se decidió ayudarnos a corrernos a nosotros, y desplazándose hasta el lugar donde mi coño se juntaba con la polla de mi suegro, sacó su lengua y se puso a lamernos nuestros miembros, sentir su lengua sobre mi coño, a la vez que sabía que estaba lamiendo la polla de mi adorado suegro que entraba y salía de mi coño era muy morboso y excitante, y cuando ella sentía como la polla de mi suegro flaqueaba se ponía a acariciarla, para que esta recuperase todo su vigor, sentí que adoraba a mis dos compañeros de juego, mientras mi suegro se corrió y su polla llenó mi coño con su leche.

    En ese momento Paty llevó la polla de nuestro macho a su boca y sacando su lengua se puso a chupársela para dejársela bien limpia.

    Cuando esto sucedió, ella cogió la polla de mi suegro con su mano y se puso a acariciarla, mientras hacía esto acercó su lengua a mi coño y comenzó a lamer los restos del semen de mi suegro que se habían quedado dentro de mi coño, la verdad es que sintiendo como lo hacía yo comprendía que ella cobrara por eso, su lengua me estaba volviendo loca de placer.

    Pero yo no estaba dispuesta a recibir de una forma pasiva, así que me di la vuelta, y me agaché de forma, que sin que ella sacara su lengua de mi coño, mi lengua se pusiera al lado de su sexo y sacado yo mi instrumento vocal comencé a comérselo de esta manera iniciamos un fantástico sesentainueve, mientras mi suegro miraba, y saber que él era espectador me excitaba todavía más.

    Pero la polla de mi suegro estaba otra vez a tope, era una maravilla verla así, el asunto es que se puso detrás de mí, y de un golpe introdujo su instrumento dentro de su culo, sentirla me puso todavía más calenté de lo que ya estaba, la situación no podía ser más alucinante tenía una lengua que sabía muy bien como jugar con mi coño dentro de este, y a pocos centímetros tenía la maravillosa pola de mi suegro castigando mi culo, no hay ser humano que aguante esta situación y yo por supuesto no la aguanté, tuve un orgasmo increíblemente intenso.

    Tras ello me salí y anime a mi suegro a follar con Paty, que recibió encantada la propuesta y se tumbó en la cama bocarriba, mi suegro se puso de rodillas e introdujo su polla dentro del coño de la chica que al sentirlo se puso a gemir como una loca. Mientras yo llevé mi boca hasta la de Paty e intercambiamos un beso extremadamente apasionado, mientras la chica seguía gozando de una manera increíble de la polla de mi suegro, dejando de besarme un momento dijo:

    -Vosotros conseguís que mi trabajo sea muy agradable y placentero.

    Para mi suegro oír eso era maravilloso, siguió follando a la chica hasta que se corrió, pero en esta ocasión tenía un capricho muy especial, correrse en el vientre de la chica, así que sacándosela poco antes de correrse le desparramó su semen a la chica encima de su ombligo.

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  • Tavo, Sandra, yo y… (2)

    Tavo, Sandra, yo y… (2)

    Apenas había bajado dos escalones cuando escuche un “chist… chist…”, voltee hacia donde provenía el sonido, en la puerta del cuarto de Tavo estaba su prima Irma, con su mano me hacia la seña de que no hiciera ruido mientras que con la otra me llamaba. Le hice señas de que no, moviendo solo los labios le dije, vámonos. Con la cabeza se negó mientras seguía moviendo su mano para que me acercara.

    La familia de Irma era muy conservadora, su padre era muy estricto, tanto que a pesar de que ella tenía diecinueve años, su apariencia y vestimenta eran como de una adolescente de secundaria. Su figura no era la de una chica que llamara la atención, además de que por ser prima de Tavo, nadie del barrio la había pretendido.

    Usualmente vestía con faldas que le llegaban debajo de las rodillas, blusas tipo chazarilla, calcetas y zapatos informales sin tacón. Su cabello largo siempre estaba relamido, recogido en una cola de caballo o en una trenza. Su piel era lechosa sin imperfecciones, usaba unos lentes de aro que la hacían verse más como una estudiante modelo. Tenía una vibra totalmente virginal.

    Me dirigí hacia ella y entramos en la habitación, Irma se puso de rodillas en la cama para asomarse discretamente por la ventana.

    –¿Qué haces aquí?, vámonos. –Le susurré.

    –Sandra me dijo que iba a ver una película con mi primo, ella me invitó.

    –Vámonos. –Le insistí.

    –¿Por qué no te quedaste con ellos?

    –¿Cuánto tiempo llevas aquí? Mejor vámonos. –Le insistí.

    Irma volteo a verme, su mirada bajó a mi entrepierna, mi pene seguía duro.

    –La tienes parada ¿verdad? Ven, vamos a espiarlos.

    Me acerqué para mirar por la ventana, Sandra seguía montando a Tavo, solo que ahora le estaba dando la espalda, desde el ángulo en que estábamos se veía como rebotaban sus senos.

    –Acércate. –Me insistió Irma.

    Me puse junto a ella, y me preguntó nuevamente por qué no seguí con ellos.

    –¿No te gusta Sandra? ¿está muy buena, porque no se la metiste? ¿Te dio miedo?

    Irma estaba haciendo muchas preguntas, y qué tipo de preguntas, su apariencia virginal se estaba desmoronando ante mí.

    –Tu primo la quiso para él solo.

    Tavo y Sandra se pusieron de pie, se abrazaron y mientras se besaban Sandra le acariciaba el pene.

    –Nos van a ver. –Dijo Irma mientras se escondía.

    Yo también me agaché, Irma me miró, pude ver que estaba excitada, su mirada reflejaba curiosidad y un poco de complicidad por estarlos espiando. Sonrió con actitud de travesura tapándose la boca. Le insistí que mejor nos fuéramos, su respuesta fue mover la cabeza negándose.

    Escuchamos los gemidos en aumento de Sandra, nos asomamos nuevamente, la cabeza de Tavo estaba entre las piernas de Sandra haciéndole un oral.

    –¿Querías cogerte a Sandra?

    –Si.

    –¿Quieres conmigo? ¿te gustaría que cogiéramos?

    –Eres la prima de mi amigo, no puedo hacerle eso, además, no tengo condones. –Le respondí buscando un pretexto para evitar tener sexo con ella.

    –Están en ese cajón, con las revistas.

    –¿Ya viste esas revistas?

    –Si, una vez las encontré por andar buscando unas cosas, cuando sé que no hay nadie a veces las vengo a ver.

    Escuchamos que Sandra gemía cada vez más fuerte, nos asomamos nuevamente, Tavo seguía mamándosela hasta que ella se vino.

    –Ay qué rico, me vine riquísimo, méteme tu verga otra vez. –Dijo Sandra.

    Tavo se acomodó entre sus piernas para penetrarla.

    Sentí la mano de Irma acariciando mi entre pierna, en ese momento noté que había metido su otra mano en su falda, se estaba masturbando.

    –La tienes bien dura.

    –¿Quieres hacerlo? ¿Me dejas tocarte? -Le pregunté a Irma.

    –Si, quiero hacerlo.

    Nunca se me quitó la excitación, estaba en un punto en que no me importaba quién me había puesto así, sino con quién me desquitaba. Sentí algo de remordimiento por ser la prima de mi amigo, pero estaba tan caliente y con ganas de coger que no me importó.

    Mientras Irma seguía viendo por la ventana, me puse atrás de ella, la abracé pegando nuestros cuerpos, empujé mi pene hacia su trasero para que sintiera la dureza. Exploré sus pechos con mis manos, sus senos eran mucho más pequeños que los de Sandra. Levanté su ropa un poco para acariciar mejor sus senos.

    En alguna de tantas pláticas con Tavo, me dijo que si un día lo hacía con una chica que fuera virgen, debía ser muy cuidadoso y paciente para no lastimarla, nuestros sexos debían estar bien lubricados para que fuera más fácil la penetración.

    Fui por un condón, tomé el primero que encontré, me quité los pantalones y me lo puse.

    Desabroché la falda de Irma y la dejé caer. Bajé su pantaleta. Vi sus nalgas bien redonditas, ovaladas, bien marcadas cada una. Por su usual vestimenta, no podía imaginar que estaban así, una delicia de trasero.

    Acaricié sus nalgas, bajé mi mano entre ellas para llegar a su vagina, sentí como se estremeció, como se tensaron sus muslos. Su vagina se sentía abierta y bastante húmeda. Irma suspiró fuerte cuando toqué su clítoris, lo froté suavemente.

    –Relájate y disfruta, te la voy a meter suavemente.

    Jalé un poco su cadera, Irma levantó sus nalgas para recibir mi miembro, lo tomé de la base para que se impregnara de sus fluidos y quedara lubricado, con esta acción Irma gimió un poco.

    –La tienes grande y muy dura.

    Apunté a su entrada, empujé un poco para penetrarla, sentí la calidez de su vagina, empujé un poco más y retiré mi miembro.

    –Qué rico, métemela más. –Dijo Irma en voz baja.

    Empujé nuevamente y metí mi glande, lo mantuve un poco y lo retiré nuevamente.

    –Métemelo más, cógeme rico, así como le están dando a Sandra.

    De nuevo, suave y lentamente lo fui introduciendo, Irma se pegó a mi cuerpo y entré en ella sin dificultad, no era virgen, vaya, eso me quitaba un poco de culpa.

    La aseguré por la cintura y me moví con esas ganas que ya tenía acumuladas de coger. Dicen que el fuego se combate con fuego, sentir su vagina caliente estaba aliviando la calentura que me había quedado por no poder hacerlo con Sandra. Me sentía reconfortado con el placer que estaba sintiendo.

    –¿Ya viste?, creo que se van a venir, están gimiendo mucho.

    No quise darle mucha atención, estaba extasiado aliviando mi calentura. Además de que en la posición que estaba no podía ver por la ventana.

    Acaricié sus senos, esos pequeños bultitos redondos y firmes, su piel se sentía muy suave, sus pezones estaban duritos.

    –Se levantaron, Sandra se puso de perrito, mi primo se hincó y se la está mamando.

    Irma me describía lo que Sandra y Tavo estaban haciendo, poco me interesaba, me agarraba de sus senos, acariciándolos mientras seguía penetrándola, pegando con la parte baja de mi abdomen en sus nalgas.

    Abrí su chazarilla para quitársela, solté su cabello y besé su cuello. Irma gemía suavemente, sabíamos que no debíamos hacer ruido y trataba de contenerse.

    –Estás muy buena Irma, no creí que estuvieras así.

    Escuchamos gritar a Sandra, estaba teniendo otro orgasmo y era intenso.

    –Que vergota tienes, está muy dura y tienes de sobra. –Decía Sandra.

    –Quiero metértela toda. –Respondió Tavo.

    –No seas cabrón, no me cabe. Luego me va a doler.

    –Te puede caber por el culo, quiero sentir toda mi verga a dentro de ti. Déjame intentar.

    Irma se ocultó detrás de la cortina, y volteo a verme con una sonrisa de sorpresa por lo que habíamos escuchado.

    Penetrar a Irma era bastante placentero, aún tenía ganas de que me la chupara y le pedí que lo hiciera.

    –Yo también quiero que me beses en mi rajita.

    –Acuéstate encima de mí, ponme tu vagina en la cara y nos la chupamos al mismo tiempo.

    Me acosté en la cama, Irma pasó su pierna para acomodarse. Abrí su vagina y me alcé un poco para chupársela. Irma me agarró el pene, jaló el condón para quitármelo.

    –Sin condón para que sientas más rico.

    Clavé mi lengua en su entrada y provoqué que jadeara. La boquita de Irma se ajustaba al grosor de mi pene, subía y bajaba dándome mucho placer. Mi respiración se agitaba.

    –Así se la estaba mamando Sandra a mi primo, ¿lo hago bien?

    –Mmm, si, muy bien.

    Recorrí con mi lengua su vagina, le di unos chupetones suaves a su clítoris, lamí de arriba abajo su sexo, alternando los recorridos de mi lengua, Irma se estremecía y jadeaba más con cada movimiento.

    Sandra gemía, pero era con cierto dolor.

    –Me duele Tavo, no voy a poder.

    –Relájate, suéltate y va a ir entrando poco a poco.

    Irma estaba atenta, dejó de chupármela para escuchar lo que decían. Sandra seguía quejándose.

    –Ya está, relájate, ya la tienes toda adentro.

    –¡Quiero ver! –Dijo Irma levantándose como si la impulsara un resorte.

    No me quedó otra más que asomarme también. Sandra estaba de rodillas en el piso, con su cuerpo apoyado en el sillón. Tavo estaba pegado a ella, la tenía metida hasta el fondo de Sandra.

    Irma me volteó a ver, asombrada por lo que veíamos. Tavo se movió lentamente, podíamos ver todo el recorrido de su pene hacia afuera y luego como se la ensartaba hasta que sus cuerpos volvían a estar pegados, estando así, Tavo le daba unos empujones más a Sandra, como para que no quedara duda que estaba totalmente adentro de ella.

    –Acuéstate Irma, sigamos.

    –Déjame ver más.

    Fui por otro condón, al ponérmelo, vi a Irma, contemplé su figura, tenía bonito cuerpo, menudito, bien formado. Su cabello caía hasta la mitad de su espalda.

    –Ven Irma, acuéstate.

    Volteó a verme, con el cabello suelto, sus facciones se veían más femeninas, y no como las de una niña, se veía muy bonita, su cara estaba sonrojada.

    –Acuéstate y separa las piernas.

    Me acomodé para penetrarla, su vagina húmeda y caliente me recibía nuevamente. Lentamente inicié mi recorrido, entrar y salir con suavidad para incrementar los movimientos.

    –Mmm si, dame…

    –Que rica estás Irma, no sabía que estabas bien buena, aprietas bien rico.

    Irma entrecerró los ojos y gimió, un poco más cada vez que entraba y salía mi pene.

    Sus gemidos se hacían más largos, Irma estaba muy excitada, pude advertir que no tardaría en correrse.

    –Mmm, que rico, tus huevos pegan en mis nalgas, me prende.

    –Córrete si quieres Irma.

    La penetré más fuerte pensando que no tardaría en venirse.

    Sandra había estado gimiendo, y de pronto, escuchamos que Tavo gemía más fuerte.

    –Ya casi me vengo Sandra, tienes el culo poniéndome para venirme.

    –Si, vente, ya, hazlo.

    Sandra gemía más fuerte al ritmo de los gemidos de Tavo, no sé si se estaba corriendo nuevamente, o solo lo hacía para prenderlo más y que se viniera.

    Tavo se vino en Sandra, casi al mismo tiempo Irma gimió y su cuerpo vibró al tener su orgasmo, Irma no pudo contener sus gemidos al correrse.

    –Javier, ¿eres tú? ¿Te estás masturbando en mi cuarto? –Gritó Tavo.

    Irma se tapó la boca con sus manos, yo al saberme descubierto la penetré más fuerte, quería venirme rápido pensando que nos habían descubierto.

    Tavo entró a su cuarto seguido por Sandra, los dos aún estaban desnudos.

    –¡Wey que pedo!, ¿Por qué estás con mi prima?

    Irma se cubrió la cara, yo dejé de moverme sin sacársela, tonto de mí, pretendía cubrirla para que no la vieran desnuda.

    –¡No te pases de cabrón!

    Tavo estaba bastante molesto, Sandra detrás de él sonreía al ver como estábamos.

    –Déjalos que se diviertan, ven, déjalos que terminen.

    Puedo apostar a que si Sandra no hubiera intervenido Tavo me hubiera molido a golpes.

    –Anda ven, te la voy a mamar hasta que se te pare otra vez, y me vuelves a dar por el culo si quieres. Déjalos.

    Sandra lo tomó de la mano y se lo llevó. Escuchamos lo chupetones que Sandra le estaba dando.

    Irma se incorporó y ya no pude penetrarla.

    –¡Nos encontró!, ¿y ahora? Si le cuenta a mi papá me va a matar.

    –No creo que le cuente, él también estaba haciendo lo mismo y se culparía también.

    –Si, pero es hombre, de seguro mi papá le diría que estaba bien.

    Irma estaba muy mortificada y asustada. En ese momento me resigné a no tener mi orgasmo.

    –Tranquila, yo hablo con él para que no cuente nada.

    No encontraba palabras para tranquilizarla, entre los silencios incómodos pudimos escuchar que Sandra y Tavo lo estaban haciendo nuevamente.

    Me sentí incómodo de seguir desnudos y le dije a Irma que nos vistiéramos.

    –Pero no has terminado, no te viniste.

    Irma me miró pensativa.

    –Bueno, si voy a tener problemas, que sea con provecho. Lo bailada nadie me lo quita.

    Se puso de pie, de espalda frente a mí, separé un poco mis piernas para que se sentara, se inclinó y sujetó mi pene, fue bajando lentamente, se dejó caer y movió en círculos su cadera.

    Puse mis manos en su cintura y dejé que ella tomara el control, bajaba y subía haciendo que sus gemidos se fueran incrementando. Apretaba rico, su instinto le iba dictando como moverse.

    –Cuanto placer, tu verga está tan dura que me voy a correr otra vez.

    –Vente Irma, déjame sentir tu orgasmo.

    Irma temblaba, sus piernas se cerraban apretando más mi pene, se sentía tan bien que se estuviera viniendo, con fuerza la sentaba en mi para darle más placer.

    –Irma, híncate en la cama.

    Su trasero se veía suculento, expuesto para el placer. Me agaché para darle un par de lamidas, sentí como se estremecía al sentir mi lengua recorriendo su entrada, succioné su clítoris mientras mi lengua lo recorría.

    Me incorporé para penetrarla, entré en ella en un movimiento, hasta el fondo.

    –Qué rico, me gusta sentir tus huevos.

    Empecé a darle con fuerza, rápido como si tuviera prisa. En realidad, así era, escuchábamos los gemidos de Sandra y Tavo, eran intensos, no tardarían mucho. Tenía que venirme antes de que ellos terminaran.

    Irma se descontroló, gemía y jadeaba con intensidad, no sé si lo que pasaba alrededor había dejado de importarle o estaba compitiendo con los gemidos de Sandra por demostrar quién sentía más placer.

    Irma no tardó en venirse de nuevo, yo ya estaba a punto también. Bufé de placer mientras sentía las descargas de mi orgasmo, ya sabían que estábamos teniendo sexo, ya no lo ocultamos y nos dejamos llevar.

    Irma volteó a verme complacida.

    –Me encantó, coges bien rico.

    –Tú también Irma, estuviste dándome placer todo el tiempo. Estás bien buena y te disfruté mucho.

    No pudimos relajarnos, de inmediato nos vestimos y nos preparamos para ver finalmente cómo reaccionaría Tavo.

    –Espero que estén vestidos, vengan a la sala. –Nos gritó Tavo.

    Sandra estaba terminando de vestirse, acomodándose la ropa, Tavo ya estaba vestido, sus ojos echaban fuego.

    –¿Lo disfrutaron chicos? –Preguntó Sandra.

    Apenas asentimos con la cabeza.

    –Ven chica, vamos a mi casa, te arreglo un poco y luego te llevo a tu casa. –Le dijo Sandra a Irma.

    En cuanto se fueron, Tavo empezó su reclamo.

    –¿Te cuidaste wey? ¿Usaste condón? Si queda embarazada vas a armar un pedote.

    –Si, use condón, nos cuidamos.

    Tavo me dio un sermón de los códigos de amistad, de no meterse con las hermanas ni las primas. Eso de las primas era nuevo porque siempre se hacía referencia solo a las hermanas de los amigos.

    Cuando Tavo terminó con su sermón, me despedí de él.

    –¡Eres un ojete!, te cogiste a mi prima.

    –Si no te hubieras puesto mamón en lugar de tu prima hubiera sido Sandra.

    –¡Pinche ojete!, te cogiste a mi prima. No pongas pretextos.

    Esa frase me la repitió Tavo muchas veces, solamente cuando estábamos solos. Nadie más se enteró de lo que pasó entre Irma y yo.

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  • Vacaciones nudistas en familia (1)

    Vacaciones nudistas en familia (1)

    Siempre he disfrutado de los viajes familiares, y siempre tratamos de quedarnos en un lugar diferente. Esta vez mis padre y mi madrastra propusieron un resort nudista.

    Estaba muy emocionado de probar esta experiencia, todos los hombres sueñan con estar rodeados de mujeres desnudas. Entonces, cuando mis padres nos dijeron a mi hermanastra y a mí que íbamos a un resort nudista, mis pantalones casi explotaron. La idea de estar rodeado de mujeres desnudas de todas las formas y tamaños hizo que toda la sangre corriera hasta mi entrepierna, casi no podía pensar. Al hacer las maletas para el viaje no tenía idea de qué llevar, no había necesidad de traje de baño ni ropa alguna. Fui a preguntarle a mi hermanastra qué necesitaba para el viaje.

    Al entrar a su habitación no podía creer lo que vi. Estaba completamente desnuda, nunca antes había visto a mi hermanastra de esa manera. Nos conocimos desde muy pequeños juntos, así que nunca pensé en ella como… bueno, como una mujer. Ella siempre fue justamente, mi hermana, pero no podía creer lo que veía. Desde su largo cabello castaño y rizado que se asentaba justo encima de sus pechos pequeños pero turgentes. Ella siempre estaba pálida, tenía un arbusto pequeño, era largo, pero se notaba que lo había recortado lo suficientemente corto como para que todavía se pudiera ver su vulva asomando por detrás.

    “Oye, ¿qué pasa?” me preguntó mientras entraba a su habitación, haciendo todo lo posible por no mirar su cuerpo desnudo. “Me preguntaba qué debería traer para las vacaciones”. Le pregunté: “Traigo artículos de tocador, y esto… ” dijo mientras caminaba hacia su maleta y sacaba una botella de ron, “¿qué planeas hacer con eso?” Le pregunté: “¿Qué crees que voy a hacer con eso? Me voy de vacaciones, así que mejor actúo como tal”, dijo con una sonrisa, “Está bien, gracias”, dije saliendo de la habitación, pero no sin antes estacionarse una vez más mientras se inclinaba completamente sobre su cama, dejando al descubierto su pequeño trasero y su vagina.

    Caminé de regreso a mi habitación tirando de mis pantalones hasta mis pantalones ahora ajustados. “Hola cariño, ¿ya casi empacas?” Escucho detrás de mí, “Creo que sí”, respondí dando la vuelta para ser recibido por mi madrastra completamente desnuda “eso es bueno, sabes que saldremos temprano mañana por la mañana y sabes cómo está tu papá”, dijo, traté de no mirar. La miré, pero estaba tan lejos en el pasillo que no importaba como la mirara, su cuerpo estaba en fotograma completo.

    Tenía senos grandes que se hundían un poco, no demasiado. Ella tenía un tono de piel pálido, al igual que su hija, mi hermana, con una gran areola rosada que cubría buena parte de sus senos. Mi madrastra lucía un arbusto grande y tupido, parecía como si no se hubiera afeitado ni recortado en años. Su cabello era liso, había tenido el cabello rizado pero se lo alisó.

    “¿Por qué estás usando ropa? Se supone que debemos estar de humor para nuestras vacaciones, dame esas”, dijo acercándose a mí, agarrando mi camisa y levantándola por encima de mi cabeza, “¡Puedo hacerlo!” Dije dando un paso atrás, “déjame ayudarte” dijo continuando agarrando mi ropa, desabrochando el cinturón “no, en serio, está bien” dije nerviosamente, “No me importa, sigo siendo tu madre, es mi trabajo “Mientras se arrodillaba frente a mí, me bajaba los pantalones, revelando mi erección rebotando a centímetros de su cara. Dejó escapar una sonrisa mientras se levantaba, agarró mi polla con firmeza por una fracción de segundo, tirando de ella ligeramente mientras se giraba y se alejaba.

    Me quedé allí en estado de shock, sin saber cómo reaccionar “ve a empacar y asegúrate de recortar un poco”, dijo desde el final del pasillo, girando ligeramente su cuerpo, sonriendo y mirando mi pene completamente erecto.

    Temprano a la mañana siguiente, me despertó sacudido por mi hermanastra, todavía completamente desnuda, inclinada sobre mi cama” despierta, tenemos que irnos “ni siquiera hay luz afuera todavía, ¿por qué nos vamos tan temprano?” Le pregunté: “papá quiere evitar el tráfico y llegar al resort antes del mediodía”. “Ugggh”, respondí quitándome las mantas, ella sonrió y se rio mirándome.

    Tenía madera de la mañana “No puedo evitarlo’, solté tapándome “Lo sé, simplemente no esperaba que fuera tan grande”, me dijo, “¿es grande?” Pregunté destapando, “tienes un buen tamaño, en realidad lo prefiero de ese tamaño exacto” dijo tocando la punta de mi pene rebotándolo con su dedo, “ahora apúrate, tenemos que irnos” agarré mis maletas y caminé hacía la puerta del coche.

    “¿Estás listo?” Preguntó mi papá, recargándose contra el auto “si señor dije abriendo la puerta y sentándome en el asiento trasero. Comencé a quedarme dormido en el asiento trasero, hasta que escuché un ruido extraño en el asiento delantero, todavía estaba oscuro afuera así que no había estado dormido por mucho tiempo, tal vez media hora más o menos. Abrí los ojos para ver a mi madrastra inclinándose desde el asiento del pasajero, chupando la polla de mi padre. Miro a mi hermanastra y la veo ligeramente despierta, tocándose con mis padres en el frente. Podía sentir que me excitaba más y finalmente estaba a toda velocidad. No pude evitar empezar a acariciarme a mí también.

    Mi hermanastra me miró y comenzó a frotarse más rápido, mirándome y mordiéndose el labio. Podía sentirme cada vez más cerca, pero justo cuando estaba a punto de correrme, ella se acercó y envolvió sus labios alrededor de la punta de mi pene, y entré en su boca mientras ella tragaba cada gota. Podía sentir su lengua girando alrededor de la punta haciendo que me corriera aún más fuerte.

    Sentí como si la electricidad recorriera todo mi cuerpo cuando ella soltó su boca de la punta de mi pene. Ella me miró a los ojos y sonrió, recostándose en su asiento y cerrando los ojos. Podía sentir mis ojos cada vez más pesados, todavía escuchando a mis padres al frente, mi papá llegando al clímax mientras mi madrastra gemía, mientras yo me quedaba dormido.

    Comenten para la segunda parte.

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  • Karla, una flaquita que me dio sus nalguitas (1)

    Karla, una flaquita que me dio sus nalguitas (1)

    Regularmente paso los dos primeros meses del año en Cancún, pero en esta ocasión comencé mis vacaciones en la primavera. Siempre visito la zona hotelera y donde por $25.00 puedes acceder a sus instalaciones y esa misma cuota te sirve para consumir. En esta ocasión visito uno de esos hoteles donde más suerte he tenido con las chicas y llego con mis pantalones cortos, mi camisa polo y unas sandalias. Me quedo cerca de una de las piscinas y donde convenientemente también me queda uno de los tantos bares o cantinas del lugar.

    Son las once de la mañana y la algarabía apenas comienza, pues estos lugares son conglomerados por las tardes y noches. Las sillas reclinables se van llenando y de repente veo a esta chica flaca con unos pantalones blancos muy cortos, un top de baño color naranja que cubren unos pequeños pechos y sus sandalias de cuero. Puedo ver que lleva una cadena de oro que cae por su tobillo y veo un par de tatuajes pequeños en una de sus piernas y otro en su hombro y veo que va en dirección mía donde hay todavía una silla reclinable vacía. Me pregunta: -¿Le puedo acompañar o está ocupada?

    Le dije que estaba vacía y en ese momento me dijo que se llamaba Karla y directamente me dijo que me hacía plática para esquivar a un chico que la había estado acechando desde la cantina y que la venía siguiendo y por eso decidió hablar conmigo para que este individuo viera que estaba acompañada, o por lo menos esa fue su excusa. Me presento y es donde ella me interroga por mi acento en español y la plática se extiende donde me cuenta que está en su segundo año de derecho y que ha venido acompañada con sus amigas, pero sus amigas se tomaron unas copas de más esa noche anterior y se han quedado dormidas en la habitación y ella decidió bajar. Luego me vuelve a preguntar: -¿De veras no esperaba a nadie? No me gustaría ser impertinente.

    Respondí su interrogante y le hacía saber que su compañía era como un anillo al dedo. Karla es una chica mestiza de bonitas facciones. Carita alargada, un bonito y ligero cuerpo y se le miraba el culito muy bonito con esos pantalones cortos de color blanco donde también divise llevaba su bikini de baño ya puesto y que parecía ser al igual que su top de color naranja. Su piel ya asoleada la hacía ver más morena, pero se podía notar esos ademanes finos y un cuerpo joven muy bien cuidado. Ella me hizo esas preguntas de rigor de mi estado civil y ella me contestó que no tenía novios, pues los novios según ella decía, estorban cuando se estudia. Al principio me dio esa impresión de ser recatada, pero luego descubría a una chica muy lanzada quien decía tener solo 19 añitos.

    De un bolso pequeño sacó un tubo de bloqueador solar y sin duda alguna me pidió que, si le asistía en untarlo a su cuerpo, lo que yo definitivamente no tenía ninguna objeción. Me abalancé hacia ella y comencé con la faena de untarle aquella crema por su espalda y hombros y fue cuando Karla me dijo: -Usted tiene las manos muy suaves, inclusive más suaves y delicadas que las de mis amigas. – Y se sonreía con su comentario. Yo iba a parar de untarle el bloqueador, pues asumía que los brazos y las piernas ella lo haría por si misma y ella viendo mi movimiento de retroceso me lo decía: -¿Y mis brazos y piernas?

    En ese momento supe que esta pequeña y fina chica se me estaba ofreciendo… ya no era insinuación, pues que chica le pide a un extraño que la toque de todo el cuerpo. Tomé el bloqueador de sol y se lo unté por todas las piernas y brazos y siendo ya más declarado le masajeé buena parte de sus pequeñas nalgas y llegué cerca de su sexo cuando hacía lo mismo en su entrepierna donde miraba como su piel se erizaba al contacto. Me lo repetía: -Tienes unas manos muy suaves y dejas una vibra muy rica. -Me dijo.

    Cuando una chica me habla así y me provoca de esta manera siempre pienso en mi edad y si ella imaginará o calculará que me acerco a mis 60 años. Varias chicas jóvenes me han dicho que no aparento esa edad y siempre estas chicas me han dado cumplidos y que les parezco un hombre atractivo y muy sensual. Unas me han dicho que mi sonrisa es muy sexy, que mi cuerpo es muy deseable y cosas así.

    Karla después de haber esparcido el bloqueador por casi todo su esbelto cuerpo pasa a quitarse el pequeño pantalón blanco y se quedó ante mí con un pequeño bikini que su parte trasera se le metía en la raja de sus nalgas y cuando se volteó ante mi podía ver como ese hueso pélvico se notaba y se le hacia esa rajadura de su panochita. Esta flaquita tiene un cuerpo muy sensual y fue ahí donde descubrí otro tatuaje en sus nalgas de algo que parecía ser una flor con un bejuco. De nuevo se sentó a la par mía y yo solo le dije: -¡Tienes un hermoso cuerpo! -Y ella solo me dijo como respuesta: -¡Y tú no solo tienes un lindo cuerpo, tienes la sonrisa más hermosa que apuesto derrite a mujeres!

    Tenía la seguridad que se me estaba ofreciendo y en ese momento me preguntaba: ¿Cuándo regresas a USA? – La verdad apenas comenzaba mis vacaciones, pero le contesté que el siguiente día me iría. Ella se volvió a parar y me preguntó si quería alguna bebida y le pedí una cerveza y Karla traía dos.

    Seguimos platicando y quizá ambos teníamos la seguridad que íbamos a ir a coger y después de 30 minutos de charla ella me dijo: ¡Por eso no me gusta mucho la cerveza, me da de ir al baño seguido! -Fue cuando me paré por primera vez para acompañarla a los baños cerca de la piscina y me dijo: -Uf… te miras grande, pero no sabía que eras así de alto. -Nos fuimos dejando las toallas en las sillas y regresamos. Ella con una piña colada y yo con mi güisqui regular solo con hielo.

    Yo estaba seguro de que me la iba a coger y no llevaba prisa, pero creo que Karla tenía más prisa que yo y aquella cerveza y la piña colada le daban esa barrera que ya no miraba el pudor. Karla me preguntaba:

    -¿En qué habitación te hospedas?

    -Yo no estoy en este hotel, estoy en un lugar más privado que pertenece al mismo hotel.

    -¡Uf… me gustan los hombres que sean privados! Tony… ¿No me llevas a conocer tu habitación muy privada?

    -¡Por supuesto! Si gustas podemos ir ya.

    Le dio algunos cumplidos a mi coche que todavía huele a nuevo y tomamos la carretera y en doce minutos entrabamos a mi casa en Cancún y donde hay cuatro casas más las cuales rentamos a turistas. Todas están amuebladas y sabía que la más grande no estaba rentada y llevé a Karla a ese lugar. -¡Ya veo los gustos que se da! ¡Me gusta este lugar… todo está a detalle! Pero, pero … esto es toda una casa, tu me dijiste que me llevarías a tu habitación privada. La llevo a la habitación matrimonial de este lugar y pienso que va a sospechar que yo no estoy hospedado ahí, pues no tengo ropa alguna.

    Yo para que pierda la posibilidad de analizar y que no sospeche me abalanzo y le doy un beso en la boca el cual Karla corresponde y le tomo de las nalgas sobre su pantalón corto y bajo por su cuello a besarla y me dijo: -Tony, démonos un baño porque si no nos estaremos comiendo el residuo del bloqueador. -decía sonriendo. -Está bien, entra tu primero en lo que ordeno otra piña colada para ti y otro güisqui para mí. -Eso me dio tiempo para ir por ropa a mi casa, agarrando lo que podía y colgando un par de camisas en el armario. Salió ella del baño cubierta con solo toallas y entré yo a tomarme el baño cuando llegaron también las bebidas.

    Las bebidas quedaron a un lado porque esta linda y pequeña chica estaba ansiosa de coger como si de eso dependiera su vida. Sali del baño y ya ella había abierto las cortinas que dejaban ver un jardín desde el segundo piso y estaba completamente desnuda esperándome. Me quitó la toalla que me cubría el sexo y tomándolo en su estado pasivo me comenzó a chupar los pectorales mientras con la otra mano se apoderó de mi nalga. Karla me chupaba las tetillas y me pajeaba la verga que conforme crecía en sus manos ella solo exclamaba: ¡Tú si tienes pito! ¡Y que rico se te mira!

    Se hincó ante mí y con esa pequeña boca miraba su bonita y delgada cara tomando mi falo y tragándose lo que más podía. Me besaba el glande, me la chupaba al contorno hasta llegar a mi huevos y me hacía el ademán que mi verga era más grande que su rostro. Chupaba rico y se atragantaba queriendo comérsela toda mientras con sus manos me masajeaba los testículos. Luego solo me la chupaba mientras me masajeaba las nalgas sobándome con su saliva el ojete y aquella combinación como que me estaba enviando al paraíso.

    Hice una pausa para poder resistir y tomé a Karla y la elevé con mis brazos y puse sus tetas al nivel de mi rostro y comencé a chupar esos meloncitos y aunque Karla es flaca, sus tetas son muy visuales con una areola café y un pezón largo. Ella me abrazaba con sus piernas y podía sentir su panochita que era fuego y sentía que se derretía de las ganas.

    La bajé y la puse en cuatro a la orilla de la cama, puse una almohada en mis rodillas porque son pisos de cerámica y comencé a comerme esa conchita jugosa y ese culito apetecible. Ese culo se le miraba brilloso de mi saliva y sus jugos vaginales y de un constante masaje en su culo y su concha Karla comenzó a mover su pelvis pidiendo verga y no dudo en pedírmela: -Tony, dame la verga, que la deseo muy adentro de mí.

    Le puse la verga por sobre su espalda baja y mis 21 centímetros se miraban imponentes sobre su pequeño cuerpo y entre sus nalgas que imaginé que tenía que ir despacio para no dañarla. Y esto es lo que me han sorprendido muchas chicas con esta anotomía… se sienten apretadas, pero aguantan una buen verga. Poquito a poquito se la comencé a meter y sentía ese apretón de su vagina, pero Karla se movía con esa ansiedad de cogerla toda y se le hundió toda y sin mucho, ni esperar que se ajustara a mi grosor y tamaño comenzó un vaivén endemoniado.

    Esta chica movía su pelvis con buenas revoluciones y mis pelotas solo pegaban en sus nalgas haciendo ruido de aplauso que se magnificaban en estas paredes de cemento y pisos de cerámica. Sus jadeos elevaron sus decibeles y le taladré esa concha sin piedad y escuché a Karla decir: -¡Puta! Me vengo, dame esa verga, que me vengo… así, fuerte, no pares dame, dame, dame. – Y con esa letanía de “dame” Karla sucumbía al placer y se fue de bruces contra la cama dejándome solo el culo elevado para que siguiera en ese picoteo que le causaba tanto placer.

    Ella sabía que no me había corrido y tomando aire me indicó que me acostara y ella se subió por sobre mí y se hundió mi verga y comenzó su cabalgata. Al principio fue algo semi lento, pero con los minutos parecía una licuadora y podía sentir ese rico golpeteo de su hueso pélvico y ese chapoteo incesante de mi verga entrando y saliendo de esa pequeña panochita. Ajusté la posición de Karla y la halé hacia mí para mamarle los pequeños pechos y fue como el punto que comenzó a mandarle esa señal de su segundo orgasmo.

    Movía esa panochita bien rico y yo le daba un azote frenético de vez en cuando y chupándole las tetas y apretando la otra de modo intermitente sentí de nuevo la vibración de su vagina, que era algo así como carrasposa y me masajeaba la verga rico y precisamente cuando ella gozaba de su segundo orgasmo le inundé la concha con esperma blanco, muy blanco y espeso. Le saqué la verga flácida y su concha comenzó a drenar todo aquello frente a mí. Tomamos unas toallas y en eso me hacía platica:

    -¡Esa cogida estuvo de maravilla… me has hecho correr dos veces ya y en la posición que más me gusta!

    -¿Cuál? -le pregunté.

    -En cuatro… nunca me habían hecho acabar así. Casi me desmayo del placer. Y ese oral fue divino… creo que eso ayudo a que llegara así.

    -¿Te gustó?

    -Si… aunque sentí incomodo que llegara usted allí, nunca nadie había llegado de esa manera allí.

    -¿Te refieres a tu panochita?

    -Si también, pero a mi culito nunca.

    -Lo importante es que te haya gustado y disfrutado.

    -Ya mero me hacía acabar así, por eso esa verga la sentí divina cuando me llenó. Se mira que usted sabe lo que hace. Dígame… ¿Qué otra cosa me enseñará esta tarde?

    -¿Ya te han cogido por el culo?

    -No… nunca.

    -¿Te lo han pedido antes?

    -No… Mi experiencia solo ha sido con un novio, pero nunca llegamos a eso. Con él solo lo básico y de por sí solo con sexo oral me hacía llegar.

    -¿Te gustaría intentarlo esta tarde?

    -Si usted quiere… no quiero irme de aquí con la curiosidad.

    -Está bien, a mí me gustaría hacerlo contigo, tienes un culito bien paradito y muy apetecible.

    -¿Se le antoja mi culito?

    -Primero me lo quiero volver a comer y luego quiero que sientas como mi verga entra centímetro a centímetro en tu culito y si quieres lo filmamos con tu cámara para que lo tengas de recuerdo.

    -¡Uh… que rico! Ya siento que mi pepita me está vibrando otra vez. Déjame decirte Tony, que tú sí sabes encender a una mujer… solo con tu sonrisa, tu voz me harías venirme.

    -¿Tú tienes algo en mente que deseas experimentar?

    -Pensaba lo mismo cuando me lo hacía por detrás. Creo que es el día que mi culito perderá la virginidad.

    -Una pregunta Karla: ¿Te cuidas? Te eché la corrida en tu panochita.

    -Si… estando en la universidad es lo primero que me aconsejaron mis amigas. En el DF hay muchas violaciones y la universidad no es exenta de ello.

    -Y… dime, ¿de verdad ese chico te acechaba esta tarde? No vi a nadie que lo hiciese obvio.

    -La verdad… No. Solo quería saber que podría pasar con usted. Se me hizo un hombre muy varonil y guapo y comencé a fantasear con usted. Tony venga para acá… quiero comerme esa hermosa verga que tiene.

    Yo me acomodé elevando con las almohadas mi cabeza y ver como esta chica me daba otra mamada en la verga. Esta vez Karla iba más lenta, menos ansiosa con la felación, como que quería disfrutar mas saboreando mi verga lentamente. Me pidió que abriera mis piernas aún más para chupar mis huevos y era lindo ver a esta chica con su carita delgada jugar de esa manera con mi verga. Subió de nuevo a chupar mis pectorales y fue que llegué con mis dedos a su panochita de nuevo y obviamente ya me la encontré bien húmeda.

    En ese momento tomé yo el control halándola para volver a chupar sus pequeñas tetas y mis dedos le sobaban el clítoris en círculos y de vez en cuando le hundía uno o dos dedos en su cavidad vaginal. Karla solo cerraba sus ojos disfrutando el placer que la chupada de tetas y las masturbación le provocaban. Ella jadeaba profusa y nuevamente me pedía que le hundiera la verga y obviamente que la obedecí. Se acomodó sobre mi verga y en esa posición sobre mis almohadas le chupaba una de sus chiches y mi dedo comenzó a masajear su pequeño ano a la vez.

    En ese momento Karla me decía al oído: -Usted si sabe lo que una mujer quiere… Sus manos, su lengua, su verga a la vez me están llevando al cielo bien rico Tony. ¡Que delicia de verga tienes Tony… esto no me lo esperaba ni en sueños hoy!

    Karla respiraba profusamente cerca de mis oídos y esta vez nos besábamos y nuestras lenguas se enredaban. Las caderas de Karla se movían con un ritmo armonioso lentamente, como queriendo sentir ese roce de la cabeza de mi verga llegar a golpearle el útero. Mis dedos jugueteaban con su ano y ella me miraba como untaba mis dedos con mi saliva y volvían a masajear su pequeño ojete y las yemas de mis dedos se lo golpeteaban mientras levantaba y se sentaba sobre mi verga y cerraba los ojos. Volvíamos con los besos y sentí la vibración de su vagina, como un golpeteo interno y sin control.

    Esta vez no dio gemidos y solo me dijo sonriendo mientras me volvía a atrapar mis labios con su boca: -¡Me estoy corriendo bien rico Tony… que deliciosa corrida! -Sentí sus jugos llenar toda mi zona pélvica y más parecía que Karla estaba orinándose. Le batí mi verga con un poco más de revoluciones y ella me pidió que no me moviera mucho, que así estaba rico solo sintiendo las compresiones que le enviaba mi verga.

    Cuando me secaba la zona del pelvis vimos que aquella humedad había llegado a las colchas de la cama y me decía Karla que era la primera vez que le pasaba; un orgasmo como con ganas de orinar en el proceso o lo que muchos conocen como “Squirt”. Por la humedad no fuimos a dar otra ducha y fue ahí donde comencé a trabajar ese culito. Mientras nos caía agua tibia y Karla en una posición inclinada contra las paredes del baño comencé a darle una chupada en el culo. Por la posición era más cómodo chupar solo el culo. Le abría esas pequeñas nalgas y le mordía las paredes de cada nalga para luego llegar al ojete he intentar penetrárselo con mi lengua.

    Karla solo me decía casi gimiendo: -¡Tony, que rico… usted tiene una lengua muy juguetona… me encanta… uf que rico! – Aquellas palabras eran monotonía en quizá unos diez minutos de chupar esas nalgas y concentrarme es su ojete y de repente Karla movía sus caderas chocando su culo con mi lengua y comenzaba a jadear y vi esos espasmos en sus solidas nalgas y en áreas de sus bien tonificados muslos. Sabía que su primer orgasmo anal le venía, 10 minutos de chuparle ese culito le llevaban a un orgasmo que Karla según sabía, nunca había experimentado y de repente quedó temblorosa y solo me pidió que le metiera la verga.

    Sabía que era un orgasmo anal y muy fuerte y como pude entre toda esa agitación le dejé ir la verga en la panochita y le di un vaivén de porno duro hasta que ella se fue saciando y yo le inundé la panocha con mi segunda corrida. Se volteó y me dio un beso y bajó a mi verga y me la comenzó a mamar hasta quedar flácida de nuevo y sacarme la última gota de leche. En eso estábamos cuando su celular sonaba, pero como estábamos mojados ella lo ignoró para insistencia de otras varias llamadas. Ella solo me dijo que deberían ser sus amigas que ya habían despertado y la comenzaban a buscar.

    Salimos con Karla y de nuevo nos acomodábamos en la cama cuando ella poniendo su cabeza entre mis piernas le contestaba a sus amigas dejando la bocina encendida para que yo escuchase la conversación:

    -¿Karla, donde estás… todo bien contigo?

    -¡Mejor no podría estar! Estoy viviendo uno de los mejores momentos de mi vida. -dijo.

    -¿Eso significa que estas con alguien y te estamos interrumpiendo?

    -Algo así… pero no te preocupes, estoy tomando un descanso pues después de 7 corridas…

    -¿Siete corridas? ¿Es un hombre o un robot?

    -Mira, este hombre no es un hombre, es un Dios del sexo. Estoy a punto de perder la virginidad de… tú ya sabes.

    -¿Se lo vas a dar? ¿Tanto así Karla?

    -Si amiguita… tómense unas Coronas para que te pase la cruda que yo regreso en un par de horas… quiero aprovechar la tarde.

    -Disfrútalo, amiga… vamos a brindar por ti, por la culeada que te estarán dando… enhorabuena, Karla. – Y se oyeron unas risas.

    Tan pronto colgó resumimos la acción. Le pedí a Karla que se sentara sobre mi cara y que de esa forma le iba a comer el culo. Al principio se puso de enfrente y le comía la panocha y el culo, pero con los minutos le pedí que se pusiera a la inversa y en esa posición solo alcanzaba su culito confortablemente. Ella me pajeaba la verga y yo pasé alrededor de 12 minutos comiéndome ese culo y en esa posición miraba como contraia el ojete sin control. Poner la lengua en su ojete era una reacción de temblor en esa zona tan erógena.

    Y como he dicho en muchos relatos, el sexo anal no es solo la penetración y más que todo, la zona donde están esos nervios que llevan el placer se ubican en la zona superficial del ojete y en las paredes de las nalgas, si se estimula esta zona eventualmente tu pareja llegara al orgasmo sin ni siquiera tocar su vulva o clítoris.

    En esta ocasión por su altura y la posición que estaba sobre mi cara, era Karla la que buscaba el placer y era ella la que descubría esos lugares donde quería sentir mi lengua y me dejaba llegar con mis manos a sus pequeñas tetas. Le sobaba las tetas y le apretaba los pezones mientras le comía el culo y explotó y solo restregaba el culo sobre mi cara buscando mi lengua y fue entonces que le metía uno de mis dedos en su panocha mientras se corría.

    Continuará.

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  • Mi hija me seduce para entregarme su virginidad

    Mi hija me seduce para entregarme su virginidad

    Me llevó mucho tiempo asumir que mi destino estaba echado. Y que nada iba a poder hacer para modificarlo. Lo intenté de mil maneras. Escapé mientras pude. Tuve que dejar de lado los buenos modales y el cariño, para escudarme en la distancia, la frialdad y la indiferencia. Aunque no fuera de mi sangre, era para mí lo mismo que el resto de mis hijos.

    Cuando nos fuimos a vivir con Estela hace 20 años, Candela tenía dos recién cumplidos. Un año más tarde nació mi otra hija y al año y medio mi único hijo varón. Siempre se daba por sentado que Candela también era mi hija, porque realmente esa fue la relación que siempre tuvimos. La de un padre con una hija.

    Pero todo cambió abruptamente en la fiesta de graduación a la que tuve que ir porque Candela y sus compañeros me lo pidieron. Estaba espléndida, con un vestido ajustado que dejaba bien su cuerpo tallado. Era la más alta de todo el curso y como yo también soy alto nunca nadie imaginó que yo no era su papá. Estaba muy borracha, bailó toda la noche y cada tanto pasaba a levantar al grupo de padres que estábamos en las mesas para bailar. Candela brillaba en la noche como una diosa feliz y sonriente.

    Yo no veía la hora de irme a casa, estaba agotado. Se fueron yendo todos y perdí de vista a Candela por un rato. Ella me había dicho que si se iba con sus amigos no me preocupara. Así que a las cinco en punto, cuando cerraba el boliche para la fiesta encaré para el estacionamiento. Pero de pronto todo cambió.

    “Me voy con vos papi”, me dijo Candela. Tenía los tacos en la mano, los breteles del vestido caídos en los hombros y sus enormes tetas se balanceaban de un lado a otro mientras caminaba hacia el auto. El vestido se le había metido casi en la entrepierna lo que dejaba ver un poco los cachetes de un culo parado y grande para su cintura diminuta. Era una bomba sensual por donde se la mirara.

    Me sentí incómodo con la situación, traté de pensar en otras cosas, pero Candela fue al grano.

    –“¿Papi vos serías capaz de hacer algo importante por mí y guardar el secreto?”. Me preguntó a quemarropa, inclinada en el asiento con sus dos tetas casi al borde de salirse del escote.

    –Por supuesto que sí Candela, dije casi tartamudeando sin poder de sacar la mirada de sus tetas redondas y con dos pezones que parecían timbres.

    –Quiero que me enseñes a coger, quiero debutar con vos —me susurró al oído con una mano apoyada en mi muslo muy cerca de mi verga. No sabía que responder, pero traté de ponerme firme.

    –Es imposible esto que me pedís Candela. Imposible. Y prendí el auto para salir de ahí. Ella subió su mano hasta llegar a mi pija que a pesar de los nervios se me había puesto bastante dura.

    –Yo nunca pude ver una pija como esta –me dijo y la apretó con la mano.

    –Es imposible Candela. Le corrí la mano y le dije que teníamos que volver, que estaba muy borracha y que por favor nadie se enterara de esta conversación.

    El viaje hasta casa fue en silencio, cuando terminé de estacionar el auto Candela se abalanzó sobre mi y dio un beso en la boca. Me resistí al principio, pero luego dejé que nuestras lenguas jugaran. La pija se me había puesto más tiesa con ella casi subida en el asiento del conductor con sus dos tetas enormes a la altura de mi cara. Me agarró la mano y la llevó hasta su entrepierna. Se corrió la bombacha y frotó mi mano en su rajita depilada. Estaba empapada. Y luego se llevó mi mano a la boca y empezó a comerse mis dedos.

    “Mirá como me puso tu beso papi” me dijo otra vez al oído, pegada a mí. Fueron dos o tres minutos interminables. Pensé en comerle esas tetas, pero iba a ser fiel a mi decisión. Me bajé del auto en silencio y nos volvimos a despedir con otro beso, más corto, pero igual de apasionado. Algo había cambiado para siempre en la relación con mi hija y las cosas se iban a poner más al límite.

    Desde esa noche yo traté de esquivar momentos a solas con Candela porque siempre trataba de buscarme. Bajaba a desayunar en musculosa y con una tanguita que se le veía todo el culo literalmente. Era un espectáculo maravilloso si no fuera mi hija y lo hiciera delante de su madre, que nada sospechaba lo que traía entre manos.

    –Papá, ya está decidido, es mi destino: me tenés que desvirgar vos. Tengo 20 años soy la única de mis amigas que nunca tuvo sexo, apenas unos roces o unos besos pero nada.

    –Quiero que seas vos el primer hombre en cogerme – me dijo cuando la saludaba antes de irme para el consultorio una mañana que mi mujer había salido por una audiencia. Y me volvió a comer la boca de un beso, se apretó contra mí y comenzó a acariciarme el miembro por encima del pantalón. Se me puso dura al instante, la pendeja estaba casi en bolas con esa musculosa sin corpiño, las dos tetas se le escapaban ante cualquier movimiento.

    –Te calienta la idea ¿no? Te prometo que no le voy a contar nunca a mamá, déjame guardar ese secreto, me dijo aferrada a mi pija que estaba dura como una piedra. “La quiero toda adentro, quiero sentir lo que siente mamá cuando te la cogés”.

    Esa frase me puso más caliente. Estuve a punto de agarrarla de los pelos para que su cara quedara pegada a mi pija y me diera terrible mamada, pero tuve miedo. Si mi mujer se enteraba o nos encontraba en una situación comprometida era el fin de mi zona de confort. Y el de mi matrimonio, por supuesto.

    –Me tengo que ir Candela, tengo una urgencia en el consultorio, le dije y tuve que esperar varios minutos en el palier para que se me bajara la erección. Esa pendeja me estaba volando la cabeza y era cada vez más difícil esquivarla. Me había levantado la libido a mil, estaba todo el día pensando en lo lindo que estaría pegarle una buena cogida hasta que le temblaran las piernas. Desvirgarla era un morbo adicional que me la ponía más tiesa todavía. Si quería pija iba a tener que dársela.

    Y todo se precipitó ese fin de semana. Candela tenía planeado todo y yo tampoco tenía muchas ganas de escapar. Cuando su madre se fue a sus clases de tenis a las siete de la mañana se metió en mi habitación en tetas y con una tanga diminuta. Y sin mediar palabra se subió a la cama y se tapó con las sábanas. Me abrazó y sus enormes globos quedaron apretados en mi pecho y la reacción de mi pija fue instantánea.

    Ella notó mi erección y esta vez directamente metió la mano por debajo de mis calzoncillos y la acarició hasta cerrar sus dedos alrededor de mi tronco que estaba al tope. Con leves movimientos de un lado y otro de mi cintura fue bajándome el calzoncillo hasta que quedó hecho un bollo en los pies de la cama.

    –Qué linda pija tenés papi, te la puedo chupar –me preguntó y antes de que pudiera atinar a decir nada la había envuelto en sus labios y con su lengua jugaba mientras se la metía más y más en la boca. Por momentos lo hacía con maestría y por momentos se notaba que no era su primera vez también con la boca.

    –Te gustá como la chupo —me preguntó— es la primera vez que me meto una verga así de linda entera en la boca. Es mucho más lindo de lo que pensaba –susurro y volvió a chuparla con ganas.

    Esta vez empecé a bombearle en la boca, con una mano la ayudé con el ir y venir por mi pija hasta que vio que se ponía más dura, que la cabeza se había puesto más grande y rosada y empezó a jugar otra vez con su lengua en mi frenillo. Le gustaba la sensación de sentirlas hasta la garganta. Los ojos se le llenaban de lágrimas, pero ella seguía aferrada con su nariz pegada a mi pubis y su lengua acariciándome los huevos. Tuve que contenerme para no acabar.

    –Que rica pija papá, quiero que me desvirgues con esa pijota, que me la metas en mi conchita aunque me duela. Se incorporó sobre mí y con un giro la dejé de espaldas en la cama. Le empecé a comer el cuello y a sobarle las tetas y por primera vez la escuché gemir como una gatita en celo, casi con vergüenza se mordía los labios para no gritar. A Candela también la calentaba saber que se estaba por coger al marido de su madre en su propia cama.

    Bajé con mis manos y de corrí la tanga. Estaba empapada, bajé con mi lengua recorriendo sus pezones. Bajé hasta su conchita virgen y era un néctar de dulzura. Tenía apenas unas pelusas rubias, y dos labios carnosos y rozados que intenté desvirgar primero con mi lengua, para que estuviera bien lubricada cuando se la enterrara hasta el fondo. Me puse sus dos piernas en mis hombros y le hundí la lengua hasta el fondo. Con unos de mis dedos le rozaba el clítoris que se había puesto durito y emanaba unas gotitas blancas mientras ella meneaba sus caderas casi contorsionándose y agitaba su cabeza de un lado para otro como implorando que no parara de ninguna manera.

    Y pude sentir como llegaba al orgasmo porque la boca se me llenó de sus jugos. Le metí más la lengua, le hundí la nariz y Candela se retorcía frotándose las tetas y chupándose los dedos. Estaba punto caramelo para desvirgarla.

    –Papá por favor cógeme. Quiero sentir lo que es coger. Enseñame, méteme toda esa pija hermosa, caliente, que late cuando la toco y me vuelve loca.

    Le separé las piernas y me puse arrodillado frente a ella con sus dos nalgas casi a la altura de mis muslos. Con las dos manos la apreté de los cachetes y la acerqué hasta la cabeza de mi pija. Al sentir el contacto ella subió un poco más y sus labios quedaron rozando mi tronco venoso. Empezó a mover las caderas para frotarse con mi pija y gemía cada vez que veía aparecer mi pija por su vientre mientras iba y venía con sus caderas, cada vez con más intensidad.

    –Cogeme papá, desvirgame te lo suplico, estoy muy caliente -Me dijo y se acomodó otra vez hacia abajo y mi pija quedó en entre sus labios rozados y húmedos.

    Tengo la pija bastante gruesa y no quería que su primera vez fuera traumática así que le dije que siguiera mis movimientos, que no se apresurara. En mi cabeza el morbo de desvirgarla me hizo esperar en todo momento que algo se rompiera, pero mi pija fue entrando sin ninguna resistencia hasta el final, hasta que mi vientre quedó pegado a su entrepierna. Empecé a moverme lentamente, la sacaba y la metía toda pero con suavidad. Candela estaba súper lubricada y pude notar un hilo pequeño de sangre casi incipiente pero que me puso más caliente y más intenso.

    –Qué linda pija papí, dámela toda —Y empecé a bombear con fuerza, la acercaba y la alejaba con mi tronco clavado en su entrepierna y ella gemía y se retorcía.

    Le dije que se pusiera en cuatro y me paré a uno de los costados de la cama. Volví a lubricarle la rajita con mi lengua y se la metí hasta el fondo. Ella empezó a balancearse con las rodillas hacia atrás para empujar más en cada una de mis embestidas. La pendeja estaba gozando como una perra y llegó al orgasmo cuando después de hacerle chupar un dedo, se lo metí en ese culito que también era virgen, pero no por mucho tiempo.

    Candela aflojó sus brazos y dejó caer su torso hasta que su cabeza quedo pegada a las sábanas, y atinó a morderlas para evitar dar un grito que despertara la atención de los vecinos. Gritaba con la cara pegada la cama y otra vez tuve que contenerme. Las piernas le temblaban y meneaba las caderas para sentir más y más mi pija en sus entrañas. Yo estaba muy caliente, pero preferí sacarla. Seguí jugando con mi dedo en su ano y Candela se ponía más y más puta.

    –Me podés acabar en la boca papá, te gustaría que me la trague —me preguntó y se abalanzó sobre mi pija al borde del colapso.

    Candela empezó a pajearme con la pija metida en su boca. Y con la otra mano me acariciaba los huevos que también estaban a punto de explotar. Cuando lancé un gemido pensó que estaba por acabar y aferró sus labios lo más que pudo a mi tronco. Fueron dos movimientos o tres más los que bastaron para que le llenara la boca de leche, literalmente porque hacía mucho que no tenía sexo y porque desvirgarla había sido un placer inolvidable.

    Le descargué todo y ella daba pequeños gemidos mientras succionaba a tal punto que sus cachetes se hundían desde sus pómulos. No la soltaba, la apretaba con su boca para exprimirle toda la leche que quedara.

    –Qué rica es tu leche papi me dijo y siguió jugando con su lengua hasta dejarla casi inmaculada, limpita y ya no tan dura. Le dio otro besito y se incorporó hasta quedar otra vez parada al lado mío y me volvió a comer la boca con esos labios carnosos y frutales.

    Agarró su tanguita y se fue directo para su baño para pegarse una ducha. Mientras me bañaba y después de tan tremendo polvo, sentí algo de culpa.

    Pensaba que me había metido en una trampa sin salida. Pero Candela me agradeció varias veces que accediera a su pedido de desvirgarla, que gracias a mí había tenido una experiencia maravillosa que por qué no se podría repetir si así lo indicaran las circunstancias. Al fin y al cabo, desvirgar a tu hijastra porque te lo pide por favor sin que se entere su esposa me fue librando de los pesares de darle pija a esta terrible pendeja en mi propia casa.

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  • De Daniel a Daniela (3): Daniela comienza a surgir

    De Daniel a Daniela (3): Daniela comienza a surgir

    Me despertó la alarma de mi teléfono, tarde un momento en reaccionar de un momento a otro las sensaciones de la noche pasada habían regresado, volviendo a sentir la incomodad de la jaula recordando que ahora le pertenezco a ella, comencé a llorar, pero no por mucho tiempo debido a que se abrió la puerta de la habitación.

    C: Vaya veo que la señorita ya se despertó, dime cómo te sientes con la jaula de castidad.

    D: Buenos días mi señora, la verdad es que es muy incómoda y me duele cuando tengo una erección.

    C: Perfecto es justo lo que quería, si te portas mal o me desobedeces buscare una jaula más pequeña para que te duela tu amiguito todo el tiempo.

    D: No señora por favor no, me portare bien y la obedeceré en todo.

    C: Me encanta esa actitud, pero ya casi es hora de ir a trabajar, así que arréglate.

    D: Cierto señora me bañare para vestirme y preparar el desayuno.

    C: Suena bien tu plan, pero solo prepararas desayuno para mí, tu desayuno dependerá de cómo te portes esta mañana.

    Escuchar que no desayunaría me causo cierto temor, no sé qué tendría que hacer para poder comer algo.

    Sin darle más vueltas al asunto me metí a bañar y sin más remedio tuve que utilizar todos los productos femeninos que había en el baño, estaba por terminar de bañarme cuando escuché a la señora Cecilia.

    C: Daniii te deje la ropa interior que usaras en tu cama, la tendrás que usar bajo tu ropa de hombre.

    D: Claro señora, hare lo que usted me ordene.

    C: Igualmente revisa tu depilación, si veo que tienes los bellos crecidos te tendré que castigar.

    Aun no sabía que ropa había dejado en la cama, pero me estaba preocupando el cómo usaría esa ropa interior todo el día sin que nadie se diera cuenta, así que me apure a secarme y revisar mi depilación.

    Salí del baño y mis temores se confirmaron, había un conjunto de lencería completo brasier, tanga, medias y liguero, todas en color rosa Barbie, no podría usar cualquier camisa por que se vería el color, así que decidí que hoy usaría ropa negra y andaría con una chamarra todo el día.

    Sin más comencé a colocarme la lencería, por un momento olvide mis temores debido a lo delicioso que se sentía esa ropa sobre mi cuerpo, era una sensación que me estaba comenzado a encantar, me tome mi tiempo y termine de vestirme.

    Revise que no se viera nada bajo mi ropa de hombre y salir hacia la cocina a prepare el desayuno a la señora Cecilia.

    Una vez listo el desayuno procedí a esperarla, no sabía si me podía sentar a esperarla así que decidí esperarla arrodillada a un lado de la puerta.

    C: Wow que rápido aprendes, así me gusta verte de rodillas.

    D: Ese es mi lugar delante de usted mi señora.

    C: Cállate y bájate el pantalón, quiero ver cómo te queda la tanga.

    Procedí a bajarme el pantalón frente a ella, no era la primera vez, pero aun así se sentía igual de humillante.

    C: Se te ven hermosas esas nalgas con el hilo de la tanga en medio, cualquier macho no dudaría que es un buen culo.

    D: Gracias señora, solo espero que nadie más me vea así.

    C: Tu no esperas ni deseas nada, pasara lo que tenga que pasar y lo que yo quiera que pase.

    Me quedé sin palabras y solo subí mi pantalón casi automáticamente y salimos hacia la oficina.

    Al llegar a la oficina estaba muy nervioso, sentía que todos me miraban y sabían lo que llevaba bajo mi ropa, casi entre corriendo directo a mi despacho y Cecilia se fue directo al suyo.

    No quería salir para nada de mi despacho, pero me fue imposible, Cecilia durante todo el día me hizo subir a pasarle cosas a su oficina, tenía que pasar delante de todos y al estar en la cocina preparando su café ocurrió lo inevitable. Me agaché a buscar la taza de la señora Cecilia y no me di cuenta que al agacharme la tanga se veía.

    Joaquín el encargado de mantenimiento un hombre maduro, se acercó a ayudarme a buscar la taza y me dijo.

    J: Vaya Dani no sabía que tenías esos gustos, pero esta bonita esa tanga rosa.

    D: No sé de qué hablas es un bóxer, yo no uso tanga.

    Después de contestarle eso me pare e intente salir de la cocina, pero Joaquín me detuvo abrazándome.

    J: Efectivamente no solo usas tanga, sino que también brasier y a ver se siente raro tu pantalón.

    D: Suéltame o grito.

    J: Uy también noto unas medias, sí que eres una zorrita que viene con su conjunto de lencería al trabajo, y si quieres gritar grita, que todos se enteren de como vienes vestido al trabajo o perdón “vestida”

    D: No es lo que piensas, solo perdí una apuesta.

    Joaquín me comenzó a sobar todo el cuerpo y no podía gritar ni hacer nada, hasta que se escucharon unos pasos y alguien entro a la cocina, pensé que era mi salvación, pero no fue así.

    C: Disculpen que tenemos aquí, porque están tan pegados.

    J: No pasa nada jefa, solo le estaba dando un abrazo a mi compañero.

    C: Ya veo, entonces no están haciendo nada malo, pero ya quiero mi café así que Dani apúrate y sube con mi café.

    D: Si señora ya estaba por llevárselo.

    Cecilia salió de la cocina y por fin Joaquín se separó de mí.

    J: Zorrita te salvo la campana, pero más tarde te veré, así que no te quites esa linda ropa interior.

    D: Olvídalo yo no te veré mas tarde.

    Joaquín salió y yo subí a llevarle su café a la señora Cecilia.

    C: Veo que la señorita ya tiene un fan, no creas que no me di cuenta lo pegado que tenías a Joaquín

    D: Señora no fue a propósito, el vio mi tanga y se me pego, no pude hacer nada.

    C: Ya que alguien más conoce tu secreto, tendremos que tomar las medidas necesarias para que Joaquín no hable.

    D: Si señora por favor haga algo, despídalo o amenácelo.

    C: Jajaja yo no hace nada, tu será la que haga todo, pero antes pasa a mi baño en lo que hablo con él.

    Me metí al baño, en el baño había unas bolsas, la señora Cecilia aun tenía más bolsas con sorpresas para mí, muy dentro de mi quería abrir esas bolsas

    y ver que contenían, pero antes de hacerlo escuché a la señora hablándole a Joaquín.

    C: Joaquín sube a mi oficina por favor.

    J: Claro que si jefa, que necesita de mí.

    C: Por favor cierra bien la puerta.

    J: Ok jefa no sé qué pase, pero lo hare.

    C: No te emociones, yo no quiero nada contigo, pero me entere que descubriste algo de tu compañero Dani

    J: No sé de qué hable jefa, la verdad no somos cercanos, no se a que se refiera.

    C: Déjate de tonterías, ya sé que descubriste sus gustos por la ropa de mujer.

    J: Usted como sabe eso.

    C: Eso no es de tu incumbencia, solo tienes que saber que él hace todo lo que yo le ordene.

    J: Eso es algo nuevo para mí, la verdad es que al descubrirlo con esa tanga encendió algo en mí.

    C: No te preocupes, yo no te juzgo, pero no quiero que nadie más se entere. Esto solo quedara entre nosotros.

    J: Entiendo Jefa, no le diré nada a nadie.

    C: Gracias, eso me agrada y sé que tu silencio merece un pago, así que te propongo ser el primer hombre en penetrar a esa zorrita.

    J: Jefa en verdad no es necesario, no me gustan los hombres.

    C: Él no es un hombre, es una zorrita y por lo que me dices las zorritas si te gustan, así que será toda tuya en tres días.

    J: Gracias, creo que aceptare su pago por mi silencio.

    No lo podía creer, la señora Cecilia había usado mi virginidad como una moneda de cambio, no sabía qué hacer y solo me puse a llorar, no sé cuánto tiempo paso hasta que escuche que Joaquín salió de la oficina y mi señora me hablo.

    C: Daniii ya puedes salir del baño, supongo que escuchaste todo.

    D: Señora por favor reconsidérelo, no puedo estar con un hombre, no soy gay.

    C: Tu estarás con quien yo diga que vas a estar, así que cállate y límpiate esas lagrimas

    D: Por favor señora no lo…

    No logre terminar de hablar debido a que me dio una bofetada, sus bofetadas no eran muy dolorosas, pero si cumplían con su función, demostrar que ella estaba por encima de mí.

    C: Ya me tienes harta con tus suplicas y llantos, me debes estar agradecida, sabes por qué pacte tu cita en tres días.

    D: No señora, ¿Por qué?

    C: Porque tendrás tres días para preparar tu anito virgen, te conseguí tiempo para que lo acostumbres a ser penetrado, para esto usaras lo que deje en el baño. Así que trae las bolsas.

    Volví a entrar al baño y le lleve las bolsas que me pidió, de dichas bolsas saco una peluca pelirroja, unos tacones raros porque tenían unos candados y una caja alargada.

    C: Mira esta peluca la usaras para tu gran noche de estreno, al igual que estos tacones y para que te prepares usaras esto.

    De la caja alargada saco un dildo, no era muy ancho, pero si era alargado.

    C: Este dildo será tu mejor amigo estos días, quiero que te lo metas antes de dormir y al despertarte, te lo meterás en tu ano y tú lo moverás, entre más practica tengas evitara que Joaquín te destroce tu ano.

    D: Pero nunca me he metido nada en mi ano, lo único que ha entrado es su dedo.

    C: Pues ahora este amiguito será lo segundo en entrar a tu ano, sécate esas lágrimas y vete a trabajar.

    Baje había mi despacho, por suerte durante todo lo que quedo del día no vi a Joaquín y la señora Cecilia no me llamo a su oficina, todo en paz hasta que llegó la hora de irnos, como siempre la señora y yo éramos los últimos en irnos.

    C: Zorrita vámonos que hoy es tu primer día de preparación para tu macho.

    Ya no sabía qué hacer, al levantarme de mi silla volví a sentir el roce de toda la lencería que llevaba puesta, se seguía sintiendo delicioso pero cada paso que daba me recordaba lo que tendría que pasar estos tres días.

    Aquí termina la tercera parte de esta serie, espero sea de su agrado.

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