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  • Tríos pagados

    Tríos pagados

    Estaba obsesionado con los tríos, solo que convencer a dos chicas no siempre es fácil.

    En una ciudad donde viví existen “estéticas” donde más bien son espacios de prostitución y está muy normalizado. Yo ya había acudido a varias, por servicios sobre todo cuando tenía algún fetiche en especial, alguna madura, alguna jovencita o alguna muy chichona.

    Seguido pasaba por una que decía “dos chicas por $ tantos pesos” (ya no recuerdo el precio).

    Hasta que un día me animé a ir.

    No había tanta variedad de chicas así que agarré a las dos que había.

    Una delgada, con buen culo y otra llenita con buenas tetas.

    Me saqué la verga y me hicieron elogios de mi tronco de 20 cm.

    Me pusieron un condón y empezaron a mamar mientras se daban besos.

    Una me mamaba la verga y la otra los huevos, luego las dos la verga y se besaban. Luego la tetona me puso las tetas en la boca mientras la otra seguía mamando.

    Luego ella me mamó mientras la otra me besaba super cachondo en la boca.

    Llegó el momento en el que la culona me pedía verga a gritos.

    Entonces nos fuimos a un sillón y se montó en mi verga mientras la otra chica le acariciaba el cuerpo y nos besaba a ambos en la boca.

    Fue riquísimo, el vaivén de su culo me hizo venir y ahí acabó la media hora que había pagado.

    Obviamente volví a ir a ese lugar, siempre por dos chicas diferentes, a veces solo dejaba que me mamaran entre dos. O solo una mientras jugaba con las tetas de la otra y venirme en la boca.

    Incluso una vez fue delicioso pues mientras una me succionaba la verga, la otra los huevos y me vine de esa forma, muy placentera.

    Otra vez tuve a dos chichones. Tener las 4 tetas en mi cara fue una experiencia deliciosa.

    En distintas combinaciones estuve con maduras, jóvenes, tetonas, flacas, culonas. Todo muy delicioso, pero nada como el primero.

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  • La cortina azul

    La cortina azul

    Una valiente y rebelde etapa en su juventud separaba a mi esposa de la exclusividad de mi miembro. Por supuesto que Mario el mecánico cuarentón no iba dejar pasar, sin masticar ese caramelo qué los 19 años lucía virginal aunque no lo fuera, ofreciéndosele como una fruta jugosa en medio del árido desierto. Ya saben, una fugaz discusión de novios originó dos semanas de distanciamiento yo termine en las playas de Atlántida con mis amigos y Carolina mi novia entonces, con las piernas abiertas en la parte trasera de la camioneta de Mario, donde varias veces le midió el aceite como lo hacía con el auto de sus padres y de los míos.

    Veinte años pasaron desde entonces y la mota negra en su expediente de esposa perfecta mutó como un gusano de seda, lo que mucho antes me pareció vil y rastrero ahora volaba en colores y cada tanto, cada vez más frecuente, suplicaba qué me contará, qué narrara sutilmente aquellas experiencias que conocía de memoria, como si fuera yo quien empaño los cristales y empapó la cuerina incómoda qué recubría los asientos de la Ford.

    El relato me provocaba pasear por todos los estados, rabia, celos, ira, confusión pero a la vez producía una excitación inexplicable que elevaba la libido a las estrellas y permanecía días enteros en absoluto goce. Parecía irreal qué un desliz casi adolescente alimentara la locura frenética en nuestras madrugadas y en una de ellas, en plena cabalgata descontrolada le propuse intercambiar parejas. Al principio aceptó pero al cabo de un rato la razón moral prevalecía.

    Así estuvimos un tiempo, deliberando, jugando, fantaseando. Un buen día quedamos en conocernos con una pareja, no funcionó. No hubo química y no la habría ni en cien años, otro día conocimos otra y nos cayeron mejor pero concluimos que tampoco daba, no quiero comentar la razón porque no viene al caso. Ahora dicen que la tercera es la vencida y nuestro caso calzo perfectamente.

    Bernhard y Louisa Bauer eran cincuentones escapando del invierno europeo y de la monogamia. Era una pareja abierta desde hacía más de una década y por lo que percibía claramente estaban dispuestos a volcar toda su experiencia en un par de novatos nerviosos como nosotros. La magia de las redes sociales nos presentó y una semana después viajamos 2 horas en auto para llegar a su casa.

    Un breve tour, por la gran casona de dos plantas y enorme jardín acabó con un brindis a orillas de la piscina. Louisa enseñaba un vestido escotado, blanco y demasiado largo para mi gusto, y sobresalía por sus caderas anchas y su elocuente forma de hablar, Bernhard era metódico, estudioso, vestía y miraba de negro y lo primero que noté después de su barba prolija y canosa fueron dos tatuajes, uno de un escorpión en el dorso de la diestra y el otro de una rosa en la parte derecha del cuello qué llamaba la atención de mi esposa que no dejaba de mirarlo.

    Luego de veinte minutos sugirieron tomar algo más adentro si estábamos de acuerdo, seguramente esa fue su señal para activar el código verde, avalando la locura que se avecinaba. Sorprendentemente, Carolina enfundada en su faldita negra apuro el paso a la finca al lado del desconocido que indudablemente la atraía, y estaba a punto de follarla.

    Brindamos, hablamos y nos miramos profundamente entre todos, porque por algo estábamos ahí y no era precisamente para observar muebles victorianos ni pinturas rupestres. Todos estaban eufóricos, menos yo y era que la austriaca no me motivaba en nada, quizás por sus libras de más o su boca pintada de fucsia no lo sé, el exceso de maquillaje pudo influir también y es que en ese punto pensé que mi mujer estaba bromeando y me quería hacer sufrir. ¡Que equivocado estaba!

    En fin las mujeres se fueron a cuchichear sobre unas vasijas traídas de la India y yo quedé mano a mano con el ex nadador olímpico, qué nunca había ganado nada, salvo medallas escolares. —Estoy seguro que lo vamos a pasar genial. Aseguró, con el vaso vacío en la mano. —Creo que si. Contesté apurando el último trago. Una parte de mía estaba excitada pero no por la mujer europea, sino por la profesora de idioma español y madre de mis dos hijos que estaba por recibir la tercera caña de su vida.

    —Arriba tenemos la habitación del deseo. Dijo la señora Bauer apuntando al cielo con su índice y continuó. —Si suben, ya saben… ¡Sexo! Advirtió seriamente. Se hizo una pausa larga y helada, mi corazón palpitaba acelerado, casi podía escucharlo cuando las carcajadas de los tres estallaron al pie de la escalera. Carolina me rescato de la risa fingida y dijo con los ojos brillosos —¡A eso venimos!… ¿Verdad mi amor?… Yo quedé de piedra con las tres figuras expectantes esperando mi respuesta que no se hizo esperar. Y masticando algo de resentimiento balbucee— Por supuesto, que si mi vida.

    El cuarto era gigantesco y estaba dividido en dos por un telón azul y largo que iba de extremo a extremo justo por el medio, dos grandes camas una en cada esquina del cuarto quedaban aisladas por la tela. Las mujeres se adelantaron a la cama más alejada, conversando como grandes amigas. Las luces se atenuaron, y una penumbra sutil envolvió la habitación, la respiración de Bauer se tornó tan pesada que podía escucharla claramente. Dios mío pensaba, esté es el peor negocio de mi vida. Y como si él hubiera escuchado lo que pensaba dijo. —Tranquilo, ella lo desea, no lo hagas por ti, hazlo por ella.

    Carolina quedó en el fondo parada al lado de la cama esperando a Bernhard quien se cruzó con su esposa para cerrar el telón azul en el medio.

    Y fue ahí cuando la mujer rellenita y rubia me hizo tumbar en el lecho. Rápidamente notó mi nerviosismo. —Déjate llevar. Susurró. Quitándose la ropa. La tetas enormes cayeron sin brasier y los pezones negros y duros quedaron en libertad para llenarme la boca con ellos, mientras hundía la mano entres sus piernas mojadas. Hubo una pausa y nos besamos como amantes la hembra europea era más bella de lo que parecía y yo estaba con una erección descomunal y como si de una coreografía se tratara del otro lado del telón, jadeaba el nadador seguramente teniendo la boca de mi esposa llena.

    —Cómeme. Ordenó la señora con la raja finamente depilada para la ocasión. Y obedecí como un perro hambriento. La fémina enloqueció con el menester y chilló como pocas veces escuche gritar a una mujer y como escucharía bramar a mi esposa en la madrugada. No voy a mentir, una vez que me subí a aquel cuerpo voluptuoso y la clave me vine a chorros en el acto, como un bombero que no puede controlar su manguera. Fue tremendo.

    Media hora después y gracias a una buena mamada resucitó para ahora si propinarle una buena domada, como se lo merecía. Como nos lo merecíamos.

    La penumbra era entrecortada por la luz del cigarrillo qué encendió Louisa, eran cerca de las doce y habíamos cogido como por una hora, estaba exhausto y del otro lado de la frontera azul se escuchaban las risas de la señora González y su tercera victoria. —Pensé que se habían dormido. Bromee. —Bernhard, no duerme. Menos con una mujer como la tuya. Aseguró , tirando el humo que escalaba hasta el techo. —No creo que sea para tanto. —Mirá, si lo conoceré que aún no la clavó . Sostuvo, apagando el pitillo.

    —¿Como podes saberlo?…. Pregunte atónito. —Lo conozco, la hará gritar. Sentenció.

    Pocos minutos después la predicción se volvió realidad, la profesora estaba siendo devorada por aquel macho europeo que juzgar por los sonidos la estaba matando. La función continuó largo rato. Cuando al fin pareció terminar comenzó nuevamente. —¿Podemos ir? Pregunte inocente. —Claro, a veces no desplegamos el telón. Pero como ustedes son primarios lo corrimos.

    Cuando entramos mi mujer estaba en un grito, encima de él de espaldas a mí. La vi cabalgando la descomunal pija del extranjero a un ritmo frenético, guiada magistralmente por la mano del escorpión qué tenia ensartado un dedo en su culo. Desconocí totalmente a esa mujer brincando sobre el musculo tieso del desconocido. Cuando por fin cambiaron la posición se percató de mi presencia. Esta vez quedo boca abajo, mirándome. Me agache en cuclillas para verla de cerca. Estiró su brazos para tomar mis manos mientras el mastodonte se posicionó detrás, arrodillado., ensalivo su punta gruesa, mi señora abrió más sus piernas y coloco aquella aberración en la puerta agrandada.

    —¿Entro o no? Preguntó el austriaco. Carolina cerró los ojos miel y suplico. —Si… Por favor. —¿Entro o no? Pregunto nuevamente.

    Nos miramos y solo moví la cabeza para, un si ahogado salió de mí y él logro escucharlo, la perforó despacio pero firme varios minutos ante la atenta mirada de su mujer y los gemidos inconexos de la mía, que contorsionaba su cuerpo tratando de adaptarse a aquel instrumento de placer inconmensurable como posteriormente lo bautizo en su diario. Bernhard aumentó las embestidas, mi esposa hundió sus uñas en mis antebrazos, y los gritos se aunaron ante la llegada del líquido seminal, que llenó la boca de Louisa qué sin pereza masturbo aquel caño enorme, vaciando a ese hombre que abría sus fauces para rescatar el aire qué le faltaba para seguir viviendo.

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  • Por preguntón me confiesa el tamaño de su ex (2)

    Por preguntón me confiesa el tamaño de su ex (2)

    Después de haberme enterado que mi amigo Javier, el vergón, era su ex con el cual me era cornudo mi esposa, tuve que aceptar la situación y adaptarme a la nueva realidad.

    Mi esposa a partir de ese momento se arreglaba más, se perfumaba más y estaba más feliz y radiante. Yo sospechaba que se cogía al vergón si culpa a partir de haberlo confesado.

    Yo: sabes que no me molesta que te cojas a Javier pero al menos podrías decirme algo.

    Esposa: jajaja amor yo feliz de contarte te juro pero no sé si tú quieras saber.

    Yo: no es que quiera… es que necesito saber lo que te pasa.

    Esposa: ¿tienes celos?

    Yo: obvio que si, pero te amo y estoy dispuesto a ser cornudo.

    Esposa: jajaja eres lo máximo, nunca imaginé enamorarme de un pito chico y peor aún tener la libertad de hacerte cornudo, repito eres lo máximo y te amo.

    Yo me sentí raro, no sabía se agradecer o sentirme humillado, solo atiné a decir gracias.

    Esposa: jajaja y todavía me agradeces por dejar que me coja Javi

    Yo: ¿cuándo fue la última vez que estuviste con el?

    Esposa: ¡hoy! Un verdadero dotado, que tal aguante además. Le conté que tú ya asumiste tus cuernos.

    Yo: jaja ¿en serio? Qué vergüenza… ¿y que dijo?

    Esposa: se burló de ti y me pidió que hiciera algo jaja

    Yo: ¿qué cosa?

    Esposa: que te diera de tomar su leche después de haberme cogido, que tú me hicieras oral cuando llegara de coger con él.

    Yo: están locos… no creo que pienses hacer eso ¿verdad?

    Esposa: ¿bebé, por qué hablas en futuro?

    Yo: ¿qué quieres decir? No te entiendo…

    Esposa: todos estos días que te pedí que me hiciera oral te estuviste tomando su leche de Javi jajaja y me dio un beso agarrándome el rostro mirando a los ojos sonriendo pícaramente.

    Yo: ¿qué me has hecho? ¡Sabes que te amo, pero no crees que es muy fuerte esto!

    Esposa: te hice cornudo y Javi te hizo tragaleche, tranquilo, vas a seguir haciéndolo ¿verdad?

    Yo: ¡nooo! ¡Esto no!

    Esposa: no malogres estos que estamos teniendo, bebe. De lo contrario no sabrás de tus cuernos y será peor.

    Yo: pero amorrr… -hice gesto de niño

    Esposa: ya dije… ¡tú decides!

    Yo: ok, no me queda otra que seguir haciéndote oral después de estar con ese maldito.

    Esposa: mi pito de niño, te amo. Me beso dándome un pico.

    Yo: ¿en serio tanto es la diferencia de tamaño?

    Esposa: no te mentiría con eso, es súper grande y sobre todo gordasaaa… creo que lo traerá a la casa para hablar juntos de nosotros…

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  • Calor, hombres, baile y mi esposa (2)

    Calor, hombres, baile y mi esposa (2)

    Al día siguiente me despertó el sonido de la ducha. Eran aproximadamente las 8 de la mañana y mi esposa ya se había levantado para asearse.

    Pasados unos diez minutos salió del baño y me dirigió una sonrisa un tanto apenada. Le di los buenos días, contestando con otra sonrisa igual de cómplice.

    Decidí darme igualmente un baño y le propuse ir a desayunar para planear nuestro día. Cuando salí de la regadera ella ya se había alistado, luciendo radiante y aún más primorosa que el día anterior.

    Durante el viaje por fin decidimos abordar los hechos de la noche anterior. Yo quise adelantar mi opinión y le agradecí el que ella se hubiera decidido a hacer algo de esa magnitud, pues para mi había sido una de las experiencias más excitantes de mi vida, verla disfrutar completa y sin inhibiciones. Estas palabras actuaron como un bálsamo en ella, agradeciendo también mi apertura.

    Ya más tranquila me confesó que jamás había tenido tantos orgasmos y, a pesar de que nunca lo había imaginado, el estar a disposición de tantos hombres, había tenido un efecto erógeno que aún la estremecía y hacia palpitar nuevamente sus orificios al recordar la sensación de varios miembros entrando y saliendo a placer.

    De regreso al complejo nos topamos con una de las esposas de los hombres que habíamos conocido la noche anterior, ella nos saludó afablemente, esto nos hizo pensar que solo los protagonistas de la velada sexual tenían conocimiento de lo acontecido. La discreción de aquellos caballeros nos dio mucha confianza y decidimos darle mi número de celular para que pudiéramos continuar con el contacto, en caso de que así lo deseáramos.

    Una vez en nuestro cuarto decidimos poner una película y reposar los alimentos antes de continuar con nuestros planes. Pasados algunos minutos yo empecé a dormitar un poco, pero mi somnolencia se interrumpió por las caricias de mi esposa que se dirigían directamente hacia mi miembro. Después de un par de besos prolongados me despojó del pantalón y comenzó a bajar el bóxer, dejando libre mi enhiesta herramienta. Después de recorrerla con la lengua se la introdujo completamente en la boca, chupando con fruición y deseo.

    Hizo descender su escote para poder liberar los hermosos senos, colocándolos sobre mis testículos sin dejar de succionar mi brillante verga. La sensación de sus senos oprimiendo me ocasionó una excitación instantánea. La tomé de la cabeza e inicié un movimiento de mete y saca que la hizo emitir deliciosos sonidos mientras intentaba tragar saliva. Después de un par de minutos me derrame en su boca abundantemente, siendo la primera vez que ella aceptó mi semen, ingiriendo sin chistar.

    Obviamente le di un prolongado beso, pensando en los importantes cambios que notaba en el comportamiento sexual de mi esposa, después de aquella noche desenfrenada.

    Nos quedamos dormidos un par de horas, despertando debido a un par de mensajes que recibí por WhatsApp. Al leerlos no pude evitar una sensación de emoción, era Hernán, avisándonos que había recibido nuestro contacto y lo consideraba bastante oportuno porque necesitaba comunicarse con nosotros.

    Le devolví el saludo y pregunté porque la necesidad de contactarnos, a lo cual pregunto que sí aún estábamos en el complejo. Ante mi afirmación me preguntó si podíamos vernos pues mi esposa había olvidado un pendiente en su cabaña.

    Mi esposa me urgió a aceptar el encuentro pues quería recuperar el pendiente, a pesar de haber perdido ambos. Pero me dijo que no deseaba acudir a un lugar donde estuvieran más personas , pues debido a lo acontecido, aún sentía cierta vergüenza.

    Le pedí a Hernán que viniera a nuestro cuarto para poder recibir el pendiente, aceptando él inmediatamente y pidiendo las indicaciones para poder acudir sin dilación. Cuando escribía la respuesta mi esposa se levantó casi corriendo hacia el baño, noté que se comenzaba a acicalar el cabello y ponerse un humectante de labios. Se justificó diciendo que no quería parecer avergonzada o agobiada, para no hacerlo sentir incómodo. Noté de inmediato que esa no era la verdadera razón de su nerviosismo, pero decidí no insistir.

    Al cabo de 15 minutos tocaron la puerta, al abrir saludé cordialmente a Hernán invitándolo a entrar. Él me saludó amablemente y de inmediato buscó con la mirada a Vivi. Yo le agradecí por su preocupación por devolver el pendiente, pero él no prestaba mucha atención a mi palabras.

    Cuando mi esposa salió del baño a él se le iluminaron los ojos con una mirada de perversión y deseo, mientras ella no podía ocultar su perturbación, mostrando unas mejillas encendidas y una sonrisa de oreja a oreja, incluso su mirada descendió sin querer hacia la entrepierna de Hernán, recordando, quizá, el placer que ese pedazo de carne le había proporcionado la noche anterior.

    Ambos se fundieron en un abrazo que duró más de lo esperado, haciéndome sentir un tanto incómodo, pero excitado, por la franca atracción sexual entre ambos.

    Tomamos asiento en la cama y después de una corta platica sin importancia Hernán se sinceró. En realidad, no había encontrado ningún pendiente, había inventado esto como pretexto para volver a ver a Vivi antes de viajar de regreso.

    Nos quedamos algunos segundos en silencio para al final soltar una leve carcajada, los tres aliviamos la tensión y nos permitimos sonreír después del bochornoso comienzo.

    Vivi le dijo que estaba muy contenta después de la experiencia y esperaba que ambos la hubiéramos disfrutado. Hernán afirmó con energía, expresando que él era el más agradecido, especialmente con ella por haberlo considerado en lo que calificó como la mejor experiencia de su vida.

    Para este momento el ambiente se tornaba más cálido, las miradas se desviaban de los ojos hacia otras partes del cuerpo y regresaban a los labios.

    Finalmente Hernán hizo una pregunta que nos tomó desprevenidos: ¿Me permitirías besar a tu esposa, en caso de que ella acepte?

    Yo le respondí, con la voz temblando de excitación: ella decide, yo no tengo porque darle permiso.

    Vivi, sin esperar a que terminara, le replicó: hazlo por favor.

    Hernán la tomó de rostro y le dio un beso largo, con emoción, pero dándose tiempo de disfrutarlo.

    Me levanté de la cama para cerrar las persianas y encender la luz, como pretexto para darles un poco de espacio. Al voltear me di cuenta que no era necesario, Hernán ya había subido el vestido de mi esposa y ella tocaba su abultado miembro sobre el pantalón.

    Mi esposa extendió su mano hacia mi sin dejar de masajear la verga semiparada de Hernán. Tomé su mano sentándome al lado de ella, empezando a acariciar sus senos y besar su cuello. Hernán mientras tanto masajeaba sus piernas, sin dejar de besarla apasionadamente. Vivi se dirigió a nuestras braguetas, deseosa de liberar ambos miembros.

    Una vez que ambos penes aparecieron erguidos ante ella, los miro embelesada, prestando más atención al gran miembro de Hernán. Este abrió las piernas de ella y haciendo a un lado la tanga introdujo dos dedos en su vagina, ocasionando un quejido de placer en Vivi. Cuando retiró ambos dedos me los mostró completamente húmedos, para después chupar esos jugos deliciosos provenientes de la panocha de mi esposa.

    Después de masajear nuestros penes durante un rato, Vivi se hincó frente a nosotros y paseando su mirada entre Hernán y yo engullo la verga palpitante de Hernán.

    La misma dificultad se presentó una vez más, el tamaño era deseado, pero difícil de manejar por los labios de Vivi. Afortunadamente ya había tenido oportunidad de buscar formas diferentes de lidiar con esto y se enfocó en disfrutar al máximo de la hombría de Hernán mediante succiones lentas y acompasadas que él disfrutaba y promovía con gemidos, acariciando la nuca de mi esposa.

    Mientras hacía gemir a Hernán chupando deliciosamente su verga continuaba acariciando mi miembro ocasionando una constante salida de líquido preseminal.

    Vivi decidió cambiar y alojó ahora mi miembro en su boca, la calentura para mi ya era demasiada, así que comencé un movimiento rápido de caderas para tratar de llegar más profundo en su garganta.

    Aprovechando que tenía su atención la levanté y despojé rápidamente de sus ropas, dejándola completamente desnuda y a nuestra disposición. Hernán se abalanzó sobre su cuerpo, besando, succionando, mordiendo, oprimiendo cada parte del cuerpo de mi esposa mientras ella se retorcía y le pedía que continuara. En medio de la vorágine, los dos machos nos deshicimos de la ropa, ocasionando un efecto de mayor excitación en Vivi, si es que esto fuera posible, fundiéndonos en un abrazo comunal donde la persona que recibía la mayor atención era ella.

    Vivi no aguantó mucho tiempo sin tener nuestros penes dentro de su cuerpo, así que le pidió a Hernán que se recostara en la cama para después ella acercarse en cuatro a devorar nuevamente su verga. Esta vista me enloqueció pues me permitía un exquisito panorama de los orificios y el culo delicioso de Vivi.

    Sin esperar un segundo puse inmediatamente mi boca en su vagina, lamiendo desesperadamente y extrayendo todos los deliciosos jugos que se habían desbordado por su calentura. Vivi emitía pequeños gritos debido al placer del cunnilingus y la boca llena de un pene que le encantaba.

    El sabor de su panocha era embriagante, yo no podía dejar de beber sus jugos mientras escuchaba las palabras entrecortadas de Hernán, urgiéndola a continuar mamando su gran miembro. Mientras ella continuaba su labor, Hernán le preguntó si podía llamarla con palabras más fuertes, a lo que ella afirmó con un sonido de su garganta, al no poder emitir palabras. No quería dejar de succionar un segundo la verga que la mantenía encantada.

    A partir de ese momento todo fue de menos a más en temperatura. Hernán no escatimo en lenguaje obsceno, ocasionando que todos, no sólo aumentáramos el ritmo, si no que buscáramos satisfacer completamente a los demás. Él instaba a Vivi a comer su verga completa, llamándola putita y jalando su cabello para hundir completa la verga dentro de su boca, haciendo que ella dejara lleno de saliva el miembro, mientras otro tanto caía sobre sus testículos.

    Yo pasé de chupar su vagina hacia su apretado culito, haciendo que ella se estremeciera en un orgasmo, que disfrutó sin sacar el pene de Hernán de su boca. Aproveché el momento para colocar mi verga en la entrada de su ano y empujé con fuerza. Mi labor previa ayudó a que mi verga entrara completa ocasionándome un placer infinito. La sensación física de calidez, humedad y presión era indescriptible, unida al deseo reprimido de penetrarla analmente.

    Vivi, inundada de lujuria, inició un movimiento de vaivén, haciendo que nuestros cuerpos chocaran creando el excitante sonido de la penetración. Este mismo movimiento le permitía ejercer una rica felación a Hernán, el cual continuaba con sus provocativas frases, incitándola a disfrutar de sus machos, como hembra en brama poseedora de 2 vergas a su disposición.

    Los sonidos por sí mismos eran excitantes, los gemidos de Vivi, su boca húmeda subiendo y bajando en la verga de Hernán, mis embestidas y por último las frases vulgares de Hernán creaban un cuadro pornográfico digno de una película.

    Ahora Hernán preguntaba a Vivi si estaba disfrutando la cogida que le estábamos propinando, a lo que ella afirmaba con gemidos, sin que fuera necesario que dijera algo. Cuando él le preguntó que más deseaba, ella le respondió entre jadeos que quería montar su vergota.

    Sus deseos eran órdenes, así que ella se giró y poniéndose en cuclillas descendió lentamente mientras el miembro de Hernán llenaba su culo. El tamaño le ocasionó cierta incomodidad, pero en cuanto él le dijo a voz en cuello que se lo metiera todo, pues era poco para una hembra como ella, Vivi se dejó caer, empalándose hasta la base de la imponente verga, brincando inmediatamente entre gritos de placer. Esta vista era hermosa, Vivi con los ojos cerrados, pidiéndole más a Hernán mientras sus pechos se bamboleaban al ritmo de la penetración anal. Hernán le replicaba llamándola zorra hambrienta y le decía que tenía un culo hermoso y tragón, que debía ser disfrutado por muchos hombres.

    Yo me ubiqué frente a ella y tomando su cabeza le metí completamente mi verga en la boca, controlando los rápidos movimientos mediante ligeros tirones de cabello.

    La caliente escena me hizo llegar rápidamente a la eyaculación, haciéndome sujetar la cabeza de Vivi, obligándola a tragar mis chorros de leche. Aunque esto no era en realidad necesario, pues ella comió hasta la última gota chupando mi glande como paleta de caramelo.

    Hernán saco su verga del ano de mi esposa y la giró dejándola boca arriba y abriendo sus piernas completamente. Dirigió la cabezota de su verga hacia la vagina de mi esposa ensartándola pausadamente mientras ella lo veía a los ojos con la boca entreabierta y oprimía las nalgas de Hernán exigiéndole que la empalara hasta el fondo. Él no espero mucho para clavar hasta los huevos a Vivi con un mete saca salvaje que le ocasionó dos orgasmos seguidos, poniendo a Hernán como animal, buscando devorar sus senos y boca, levantando cada vez más sus piernas para conseguir la mayor penetración posible.

    Los gritos de ambos debieron escucharse en todo el edificio cuando ella alcanzó otro orgasmo y le exigió que le diera toda su leche en la vagina, a lo que él obedeció mientras le gritaba que ahora era suya y sería para siempre su putita, mientras llenaba de leche la palpitante vagina de mi esposa.

    Estaremos felices de leer sus comentarios.

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  • Trabajando en el mercado con una amiga de mi madre

    Trabajando en el mercado con una amiga de mi madre

    Me llamo Javier y lo que les voy a contar sucedió de verdad, me acuerdo cuando nos graduamos le dije a mi madre que quería trabajar, para tener algo de dinero y divertirme los fines de semanas con mis amigos.

    Así que ella habló con su amiga Claudia que tenía un puesto en el mercado, vendiendo frutas, ella era una mujer de unos 46 años más o menos con dos hijos, que tenía a su cargo, ya que su marido los había abandonado, es una mujer bonita algo rellenita, sin llegar a estar gorda buenas tetas yo diría ricas tetas, y un culito paradito, que la hace muy apetecible a cualquier hombre estar íntimamente con ella.

    Así que empecé a trabajar con ella, era un puesto pequeño que casi no nos podíamos mover sin tener contacto con nuestros cuerpos, me acuerdo que ese día llevaba unos jeans pegaditos que resaltaba su empinadito culo más, una blusa blanca que transparentaba su brasier del mismo color y sus hermosas tetazas que casi se le salían, es una mujer muy educada al hablar y muy generosa con la gente.

    Me dijo que fuera poniendo las frutas afuera del pequeño puesto y así lo hice, una vez abrieron las puertas del mercado y empezó a entrar la gente, me metí adentro del puesto y empezamos a despachar a los clientes, yo estaba sudando la gota gorda, porque cada vez que nos cruzábamos yo rozaba su hermoso culo, y también sus tetas, tenía que poner mucho de mi parte para controlarme y evitar una erección de mi pene.

    Pero era casi imposible y sucedió lo que tenía que suceder se fue parando poco a poco mi pene, ese bulto ya se me notaba y para que ella no se diera cuenta cuando tenía que pasar por detrás de ella lo hacía de espalda, para no sintiera en su culo mi pene parado, pero con al ajetreo de los clientes en una de esas pase sin darme cuenta por detrás de ella, y le recosté toda mi verga, por su culito, se tuvo que dar cuenta pero no dijo nada, y si noté que ella se movía más y buscaba pasar de un lado para otro, recostándole mi pene.

    Terminamos la faena y yo apenado por si me decía algo, me fui rápido a la casa.

    Al llegar a mi casa lo primero que hice fue meterme al baño, para masturbarme recordando que me había restregado ese hermoso culo, apretadito por mi verga y en par de ocasiones con mis codos rozaba esas tetas grandes.

    Al día siguiente la señora Claudia vino con una falda negra y unas botas hasta las rodillas y otra blusa con un escote que parecía que fueran a salirse esas tetazas.

    Pasó lo mismo que ayer, pero esta vez viendo que en el primer roce no se inmutó, yo ni corto ni perezoso dejé mi vergüenza a un lado, y cada vez el recostamiento de mi pene sobre ella era más continuo por parte mía, es más, le digo que en una de esa estuve detrás de ella como un minuto sintiendo la rajita de su culo, entre mi pene ya que la tela de su falda era delgadita, y yo sentía el pene con pulsaciones cada vez más fuertes sobre su rajita, y claro ella también lo tuvo que sentir, yo ya sentía cada vez más confianza.

    Pasaba de un lado a otro, aunque no hubiera clientes y es más le ponía las manos en su cintura para apretarla más y hacer el recostamiento más fuerte.

    En una de esa fui más atrevido a ver hasta donde me hacía llegar la señora Claudia, un cliente pidió unas manzanas, que estaban cerca donde ella, y con mis manos para agarrarlas le toqué las tetas, fue allí donde me di cuenta que tenía vía libre para hacer todo.

    Ya la situación la manejaba yo, puse mi mano en una de sus nalgas y empecé acariciarla, se veían que estaban duritas y bien paraditas, me atrevía a más, fui levantándole de a poquito a poquito la falda, hasta que llegué a sus bragas, eran también de color negras y con mis dedos le separé sus braguitas y toqué su sexo, que por cierto lo tenía bien mojadito, y empecé a meterle mis dedos dentro de su conchita, notaba que sus labios vaginales succionaban con fuerza mis dedos, y eso me excitaba más, era una sensación muy rica lo que estaba yo sintiendo con ese sexo tan mojadito.

    Menos mal que ya estaban cerrando el mercado, y cuando se fue el último cliente, le terminé de subirle la falda y esa vista de ese culito paradito con bragas negras y sus botas altas la hacían ver más sexy.

    Me bajé los pantalones y saqué mi verga que estaba bien dura, menos mal que las cajas de las frutas nos tapaban y los otros puestos no sabían y no podían ver lo que pasaba allí.

    Le metí otra vez mis dedos en su conchita mojadita y con su flujo vaginal fui lubricando mi verga, busqué con mis dedos su agujero anal, introduje primero un dedo luego dos, hasta llegar a tres, y luego empecé a penetrarla con mi pene poco a poco, mientras que con mis manos acariciaba y metía en su conchita, era tanta la excitación de los dos, que de un zarpazo introduje todo mi pene en su culo.

    Pegó un pequeño grito, y acto seguido me dijo “cógeme ya que no puedo más”, así que empecé a sacárselo y metérselo mientras que ella gemía cada vez con más fuerza, y enseguida me dijo “me vengo ah ah ah que rico ya había olvidado lo rico que es esto” y fue cuando solté un buen chorro de mi leche dentro de su culo.

    Nos quedamos un buen rato así, y me digo que no pensara nada malo de ella, que era mujer y que necesitaba de eso más, así que yo le respondí que podía contar conmigo porque yo había disfrutado mucho de ella, nos dimos un beso y nos fuimos…

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  • Beto y Rosy

    Beto y Rosy

    Cuando llegué a la casa de Beto y Rosy, estos ya me esperaban, incluso Beto salió a recibirme en una bata de baño y me sugirió que pasara que ya su mujer no tardaba en bajar, le dije que, si no había llegado muy temprano y me dijo que no, que era la hora acordada, pero que Rosy como toda mujer tenía problemas como que debe ponerse, y se tardó más tiempo del debido en el baño.

    —Es muy cuidadosa de su higiene —señaló Adalberto.

    Me hizo pasar y me ofreció algo de beber, le entregué una botella de vino tinto para que la pusiera a helar y me dijo que enseguida le hablaba a su “vieja” para que me atendiera, mientras él se ponía algo encima; le dije que si gustaba se quedara cómodo.

    —Entonces deja avisarle que baje en lo que yo termino conmigo…

    Subió, no se tardó ni 4 minutos, luego vi bajar a Rosy, así como en la foto… es cuando se da media vuelta para que le aprecie su atuendo y pregunta que como se ve.

    —Muy hermosa —le contesto.

    Baja y nos ponemos a platicar en lo que baja Beto.

    Me pregunta…

    —¿Qué piensa hacer Profe para que esto no sea decepcionante? Míreme estoy nerviosa, pero muy excitada.

    Le dije que recordara todo lo que habíamos platicado en la consulta pasada, que solo se darían las cosas si ellos querían, volví a retomar el tema sobre lo swinger, y la bisexualidad, y lo natural que es si la pareja así lo determina, incluso que tal vez ella algún día le gustaría saber que se sentía estar con una mujer… se sonrojó un poco y me dijo:

    —Esa es otra consulta que le quiero hacer en privado, pero más delante, cuando esto ya haya salido bien.

    Le aconsejé que no se preocupara más de lo necesario, pues todo saldría muy bien pasara lo que pasara, se tomaría como experiencia y todos nos disculparíamos, pues en acuerdo mutuo habíamos tomado los riesgos.

    Se quedó más tranquila, ya en eso bajó Beto con otra bata más bonita y más tarde supe que había ido a depilarse su culito, por lo que pasara…

    Nos pusimos a platicar y a beber, yo vino tinto, ella un tequila y él una cerveza, retomamos los temas de la consulta pasada, saqué a relucir algunos ejemplos, entre ellos los de Dany y Eva, que les gustó mucho. Beto estaba excitadísimo, y ya llevaba como 3 cervezas cuando decidió acompañar a su esposa con un tequila “para el desempañes” dijo Rosy.

    Preguntó más sobre el cómo Eva se había atrevido y como la admiraba sin conocerla. Beto dijo que el nene era muy atrevido, pero valiente, y eso le gustaba… conté otros relatos de bisexualismo y de lesbianismo, para ver como reaccionaban y Beto dijo:

    —Rosy, ¿te animarías a tener una experiencia les?

    Rosy solo sonrió y dijo:

    —Ya veremos amor… ya veremos.

    Continuamos y le sugerí que pusieran una película, que según ellos habían comprado de regreso a casa, era de 3x y nos pusimos a verla los tres juntos, en el sillón de la sala, el más grande y Rosy en medio de los dos. Después de varios tragos, media película y muchos comentarios, vimos que la protagonista hacía un trío y era penetrada por ambos lados.

    Rosy me acariciaba la pierna, yo hacía otro tanto. Beto le metía mano un poco más adentro y ella ya platicaba entre susurros y semi gemidos, cuando la protagonista mamaba, Beto hasta se le salían los ojitos y como relamiéndose por ello, Rosy me volteó a ver y nos sonreímos.

    Me guiñó un ojo y me dio un apretoncito de pene, luego pidió permiso para ir al baño, y desde allá me hizo una seña de que le pusiera a Beto su mano sobre mi pito, asentí y me arrimé a Beto, éste estaba un poco nervioso, pero excitado, le tomé la mano izquierda y se la puse en mi pene, y éste ni volteó, solo cerró sus ojos y comenzó a sobarla con desconfianza, luego con más ganas y al poco rato, ya la había sacado de mi pantalón y me hacía una rica puñeta.

    Volvía hacia donde Rosy y esta estaba emocionada y me decía que más, que lo animara a hacer más cosas, volví a asentir, y le dije al oído a Beto:

    —¿Quieres mamar tantito antes de que venga Rosy?

    —Si —me dijo y se puso a hacerlo con algo de miedo, pero sin titubear.

    Rosy nos miraba desde su lugar y se relamía y se sobaba su cosita… después de que le dije que parara un poco… volvimos a tomar nuestras posturas y Rosy se hizo como que iba llegando. Beto estaba un poco nervioso, pero desinhibido, ya hablaba más sobre los tríos y las mamadas, le dijo a Rosy que, si quería empezar ella, él no tendría inconveniente, dijo Rosy:

    —Pillin, crees que no los vi, pero no hay pedo, ahora me desquito.

    Y diciendo y mamando, se pegó como lapa a mi verga y casi me hace derramarme en su boca, pero les invité a que jugáramos un poco a la botella o la baraja de besos y de prendas y tal vez algunas travesuras más.

    Aceptaron gustosos ya medios pedos y desinhibidos les comenzó a valer madres casi todo.

    Luego ella me la mamó por orden de su “viejo”, luego él por la misma razón (mandado por ella) y así comenzó todo, los amagues, los agasajos y las puñetas, hasta que decidimos que la cogeríamos primero a ella entre los dos haciéndole un soberano trío, ella mamando y cogiendo, la culeada de ella la dejaríamos para el último, después de la de Beto.

    Rosy llevó a cabo su fantasía, pero ahora le surgía el morbo por ver ensartado a su marido y ver como se comportaba, pues la mamada solo la vio de lejos y quería verlo todo ahora en vivo y a todo color.

    En el segundo palo que lograron parar entre los dos, Rosy le pidió a Beto que trajera un tarro de crema que tenía en el buró, al estar solos por unos segundos, ella me preguntó que si no le dolería mucho a su “viejito”, le dije que lo haríamos entre los tres para mayor seguridad, que ella me lo mamaría, mientras yo le lubricaba el culito, que al final al igual que a Dany, me pondría un condón para que ella misma lo condujera dentro de él, se emocionó y se acordó del trío que le hicimos Beto y yo.

    En eso llegó su marido y nos pusimos a cachondear de nuevo, como no queriendo poco a poco fui poniendo a Beto a gatas y Rosy me arrimó el tarro abierto de forma discreta, y le comencé a sobar el ano a Beto, luego le puse crema, y le comencé a introducir un dedo hasta que lo consintió, luego dos y ya gemía y pujaba suavecito, mientras su vieja seguía mamando, luego el tercer dedo con más crema, y ya me absorbía con su culito los tres dedos.

    Rosy se emocionaba de verlo “tan mujer” según sus palabras, pues solo se sacaba el pito para decirle a su marido:

    —Qué mujer te ves mi vida, que putita te miras así.

    Beto jadeaba y se recosía, yo le pregunté:

    —Ya te lo meto Bety.

    —mju —contestó de forma gutural aceptando y se escuchó muy femenino, me puse un condón rojo y nos preparamos para metérselo entre Rosy y yo.

    Mas gemía y se quejaba, pero de placer… porque decía entre suspiros gemidos y quejas:

    —ya métemelo papi, ya lo quiero sentir adentro mi rey, mmm que rico se siente ser mujer, hay que sabroso se siente, todo por fa todo mmmmm.

    Esto era la locura con “las dos mujeres” que estaban predispuestas a ¡todo! Rosy ya me susurraba cosas fuertes como:

    —cógetelo por puto al cabrón, métesela toda, así así papito, y luego me chiquiteas a mí, me rompes el culo igual que a “esta puta” y luego me culeas toda para que se me quite lo piruja, verdad mi amor —le decía a su marido que solo atinaba a jadear y a pujar muy sensual y muy movido para facilitar la penetración en su ano ya dilatado y penetrado…

    Después de 10 minutos cogiéndolo y mamándole las tetas a su mujer y besándola, muy calientes los tres, terminé derramándome en su ano a raudales, a pesar de que ya lo había hecho en la panocha de Rosy anteriormente, aun así me vine en abundancia dentro de su recto, se la saqué aun palpitando y erecta, Rosy le quitó el condón y se abalanzó a limpiarla de la leche que le escurría y Beto no se quedó atrás, le ayudaba con mucho esmero y dedicación, era una competencia de chupar y lamer, a ver quién lo hacía más cachonda y dedicadamente.

    Después de esta candente sesión, nos pusimos a platicar de la vida de cada quien y sin faltar las gracias de cada uno para conmigo, aduciendo que, de no ser por ello, tal vez su vida sexual se hubiera venido abajo, entre otras cosas, luego cada quien me platicó sobre su familia. Rosy que no era de esta ciudad, pero que vivía con una tía muy promiscua, pues a pesar de ser divorciada y tener distintos amantes, la había visto cachondearse en diferentes oportunidades y que aduce que “es muy caliente la vieja” y nos reímos los tres de buena gana, luego nos la describió y me dijo que tenía una foto que una vez le tomó cuando se estaba “chacaliando” la muy piruja.

    Y nos volvimos a reír de buena gana… luego nos la mostró y quedó que luego me la presentaría en cualquier oportunidad.

    Luego Adalberto, me platicó de su mami doña Susy y que era viuda desde hacía un tiempo y que a su juicio aún era joven para desperdiciar su vida sin un hombre que se hiciera cargo de ella, le dije que me gustaba que pensara de esa forma ya que no todos los hijos les dan esa oportunidad a sus madres… me contestó que él siempre la apoyó en ese sentido, pero que su mamá estaba “cortada a la antigüita” y que aducía que ningún hombre la haría feliz.

    —yo creo que extraña mucho a su viejito —dijo él.

    Luego me enteraría por la misma Susy del porque en un relato exclusivo de ella, me mostró una foto de una de sus hermanas, que les muestro en seguida.

    Y que luego la conocí un poco más de lo pensado, así pasamos el rato hasta que, de nuevo, entre mamada y dedeada, nos pusimos a tono. Les pedí que me permitieran pasar a su baño un rato para lavarme y defecar, así como para tirar el agua, pues la vejiga ya estaba muy llena, volvimos a carcajearnos y me metí a lavar mis partes y remojarme un poco con agua tibia para que se me despejara un poco las ideas y saber que seguiría, pues la noche se veía larga en ese tenor de cogedera y lo demás.

    Después conocí a Marcela hermana de Beto, pero esa es otra historia.

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  • Vacaciones candentes en Vallarta

    Vacaciones candentes en Vallarta

    Decidimos Ángel y yo irnos 5 días a Puerto Vallarta, lo necesitábamos, queríamos una escapada un fin de semana lejos de casa, lejos de los problemas diarios, desde que íbamos en la carretera mi marido venía fantaseando con encontrar una pareja con la cual hacer nuestras diabluras.

    Llegamos a Vallarta era miércoles en la mañana, y llegamos a unos bungalow, ya saben de esos que tienen cocina, dos recamaras, sala, etc., como era temporada baja en México (Febrero) pensamos que estaría medio vacío, realmente si había poca gente, pero había un grupo grande o más bien varios canadienses, que se escapan a México en esa temporada, para pasar sus vacaciones.

    Llegamos al hotel, tomamos la suite o bungalow, sacamos y acomodamos todo y nos fuimos a Vallarta a comprar bebidas, comida, botana, etc.

    Regresamos al hotel, y decidimos salir a asolearnos a la alberca, yo traía 4 trajes de baño diferentes, 2 tradicionales y dos muy atrevidos que me compro Ángel, uno blanco y otro amarillo prendido, de hilo dental, y triangulito pequeño, por lo que antes de salirnos a la alberca, Ángel le dio una rasuradita a mi pubis y labios vaginales, total como casi no había gente en el hotel, y los que habían la mayoría eran viejitos, decidí ponerme el traje amarillo prendido, que era como lo comenté diminuto de abajo, y yo como la verdad es que llegué tarde a la repartición de tetas, la parte de arriba quedaba bien y obviamente no dejaba ver nada (no se puede ver lo que no existe).

    Salimos a la alberca como a las 4 pm, me acosté en un camastro y me dispuse a tomar el sol, la tanga me quedaba un tanto apretadita, por lo que si abría un poco las piernas se notaba perfectamente la rajita de mi panocha, Ángel me dijo que se me veía deliciosa, por lo que decidí abrir las patitas un rato para que los viejitos que estaban asoleándose y nadando pudieran ver un poquito de mí.

    A los pocos minutos se me acercó Ángel y me dijo:

    —Amor vas a matar a los viejitos, tienes un grupo de admiradores viéndote la puchita.

    En ese momento levanté la cabeza (yo estaba dormitando) y vi que efectivamente en la alberca estaban 4 señores maduros como de 60 años platicando plácidamente en la orilla de la alberca con una vista directa a mi panocha.

    A mí me dio risa, pero también me calentó mucho, sobre todo al ver a las esposas de estos señores, señoras de más de 50, cuyos cuerpos ya mostraban totalmente los estragos del tiempo, en ese momento decidí reacomodarme la parte más íntima de mi tanga y les dejé ver unos 3 segundos mi panocha completamente rasurada a los “viejitos”.

    Una señora al ver eso se levantó de su camastro y llamó a su marido para que fueran a comprar no sé qué cosas y lo sacó de la alberca. El pobre salió de la alberca con su traje de baño, tipo short largo, con una erección impresionante, el viejito estaba bien armado, a mí me dio risa, el viejito me volteó a ver y yo le guiñé el ojo, creo que la viejita se iba a dar una atracón de garrote.

    Poco a poco los viejitos salieron de la alberca y se fueron a sus habitaciones, eran apenas las 5 pm demasiado temprano para ir de reventón a cualquier lado, Ángel, me dijo que fuéramos a solearnos a la playa, por lo que me levanté del camastro entré al bungalow (que estaba situado entre la alberca y la playa) y nos servimos un par de vodkas con jugo de arándano y un poquito de granadina (la granadina es ese jarabe dulce que se usa en las bebidas tropicales para disimular el sabor del licor) tomamos las toallas, la grabadora, y nos fuimos a la playa, coloqué mi toalla en la arena y me acosté boca abajo a tomar el sol, Ángel me desabrochó el top del traje y comencé a quedarme dormida, solo reaccionaba cada 2 minutos a darle un sorbo al vodka.

    En la playa a nuestro alrededor había poca gente, en su mayoría familias con niños, la abuelita, etc., y algunos viejitos más canadienses.

    Después de 30 minutos y 3 vodkas de estar acostada, escuché una voz en ingles que decía “what a nice ass, wonderfull” le contestó la otra voz, a mí la verdad me dio hueva voltear, por lo que dejé pasar el comentario, los dos fulanos se detuvieron y comenzaron a decir cosas como “está para comérselo… si, mira esos cachetes” etc. En ese momento se acercó Ángel con otro par de vodkas y los tipos se quedaron callados. Ángel me dio mi vodka, por lo que me senté en la toalla deteniéndome mi top con la mano, y volteé a ver a los dos tipos, que yo pensé que eran un par de viejitos más de la excursión.

    Wow, eran un par de negros (la palabra negros lo uso como adjetivo descriptivo no como despectivo ok) medían un poco más que Ángel o sea 1,85, 1,90 con un par de cuerpos bastante marcados, como de 35 años y en un traje de baño los dos del tamaño de un suspiro, yo le di un trago al vodka y volví a mi posición original.

    Escuche a Ángel hablar con ellos, lo saludaron le preguntaron cualquier cantidad de babosadas acerca de los lugares para divertirse en Vallarta, y yo comencé a mirarlos de reojo uno el más alto y de color más firme, no me quitaban los ojos de encima, el otro platicaba amablemente con Ángel, yo los analicé desde mi posición, los dos eran bastante guapos, fuertes y emanaban una sensación de hombres.

    Caliente como estaba, les abrí un poco las piernas, ellos no hablaban ni madres de español, así es que le pregunté a Ángel como se veía mi cuevita desde ahí, el solo me dijo… “los vas a matar”.

    Note que a Leonard que así se llamaba el más alto de los dos y era el que me estaba comiendo con los ojos se le comenzó a parar su asunto.

    Se veía bastante grande, yo pensé que ya lo tenía completamente parado (error que comprendí después) así es que seguí mostrándole mi rajita, y él siguió observándome.

    Ángel me comentó que mi traje de baño estaba mojado en la panocha por los jugos que escurrían de la misma por la calentura que traía, por lo que decidí meterme al mar a nadar un rato o al menos a refrescarme, mientras los dos negritos platicaban con mi marido que muy solícito se levantó a traerles un par de vodkas.

    Yo les sonreí, y caminé para meterme al mar, los dos me siguieron con la vista mientras yo contoneaba el culo al meterme al agua. Ya dentro del agua, que por cierto estaba helada, vi que Ángel llegó con los vodkas para sus nuevos amigos.

    Después de estar como 3 minutos en el agua vi que Leonard, se levantó de la arena y caminó en dirección del mar.

    Se metió al agua y comenzó a platicarme en inglés, el cual yo hablo y entiendo perfectamente, pero se me hizo gracioso hacer como que no entendía, me dijo que se llamaba Leonard, me preguntó mi nombre, le dije “Leticia”, pero le fue difícil repetirlo así es que le dije “Luli” él lo repitió y se puso a juguetear conmigo dentro del agua, en alguno de los movimientos, nuestros cuerpos chocaron y pude sentir su verga gruesa como una barra dura en mi pierna, si de por sí ya estaba yo caliente con eso me puse mucho más, me salí del agua y me dirigí nuevamente a echarme en mi toalla donde estaba mi marido y Jack que era el nombre del otro chavo.

    Ángel me platicó en español obviamente que los dos tipos viajaban solos, que llevaban 3 días ahí en busca de acción, pero que no habían encontrado nada, y que se habían desecho en elogios hacia a mi felicitándolo por la esposa tan buena que tenía.

    Leonard salió del agua visiblemente excitado, se le veía una verga inmensa queriendo salir del traje de baño, yo me quedé como hipnotizada viendo ese garrote inmenso mientras se acercaba a nosotros caminando. “Mira nada más, me dijo Ángel, el garrote que se carga este wey, amor cierra la boca”, en ese momento Jack le comentó a Ángel; “parece que a tu esposa le gustó mi amigo, o al menos una parte de él”, ambos soltaron la carcajada, y yo me sentí muy excitada y algo abochornada.

    Me levanté de donde estaba y le dije a Ángel que me iba a bañar y cambiar para irnos a algún bar o al centro de Vallarta.

    Me metí al bungalow, me quité el traje de baño y procedí a bañarme, quería ver si el agua helada me quitaba un poco lo caliente, pero mi morbosidad y el recuerdo del enorme paquete de Leo, no me dejaban casi ni respirar, estaba sofocada, enjaboné mi cuerpo y sentía como escurría el agua por todo mi cuerpo, enjaboné furiosamente mi clítoris que estaba duro, parado.

    Después de 10 o 15 minutos, me salí de la regadera, sequé mi cuerpo, y me envolví la toalla en la cabeza, abrí la puerta del baño y salí desnuda a la recámara, cuando levanto la vista, veo a Leo, parado junto a la cama totalmente desnudo y su enorme miembro semi erecto, que aun así le mide 22 cm.

    No voy a poner los diálogos en ingles porque no tiene caso, pero cuando salí me vio totalmente desnuda con mi panocha completamente rasurada, “hola pequeña zorra, me dijo, ¿esta verga es la que buscabas?”. Yo no salía de mi asombro, primero por el atrevimiento del fulano de meterse a mi habitación y desnudarse y segundo por el tremendo garrote color chocolate que se cargaba junto con un par de huevos enormes.

    Él se tomó la verga en la mano y se la sacudió un poco diciéndome, “¿quieres comerte esta vergota negra putita?”. Caminó hacia a mí, y me atrajo con su enorme brazo, el tipo mide casi 1,90, yo 1,70, me atrajo de la cintura, me besó con una calentura y desesperación deliciosa mientras que con sus negros y gruesos dedos hurgaba por toda mi raja empapada.

    Yo me dejaba tocar, y acariciaba ese miembro enorme, sentía como palpitaba y comenzaba a crecer mientras se endurecía, Dios mío agarraba esa gruesa tranca y la movía de atrás hacia delante. Leo me alentaba a jalársela, diciéndome cosas sucias en inglés. Lentamente me fue llevando a la cama me sentó en ella y se quedó parado frente a mí, obviamente a la altura de mi cara quedó su enorme garrote, imagino que por la cara de asombro que puse, él me dijo, “¿qué pasa putita nunca habías visto una así?”.

    Yo asombrada abrí la boca, y la verdad es que me costó trabajo meterme la cabeza a la boca, era como meterme una naranja o una manzana completa, comencé a lengüetearle la cabeza de la verga y con las dos manos la jalaba rítmicamente de adelante a atrás no sé a qué hora porque la verdad estaba hipnotizada mamando ese delicioso palo, pero cuando reaccioné ahí estaban en el cuarto Jack y mi marido poniendo atención al show, ambos con las vergas en las manos jalándoselas, yo no los pelé, con trabajo podía darme a basto con el garrote que tenía en la boca, menos pensar en atender otros dos.

    Me detuve un rato a observar el monstruo que tenía entre las manos, lo lamí desde la base hasta la cabeza, sentía como palpitaba en mis manos, repentinamente, se alejó de mí y me recostó en la cama, me abrió las piernas y comenzó a lamerme mi puchita de arriba abajo, tenía una lengua rasposa, ágil, me la metía por el hoyito y me recorría de arriba abajo jugueteando con mi clítoris.

    Jack se subió a la cama, se puso de mi lado izquierdo y me ofreció su enorme y negro garrote, yo no me hice del rogar y abrí la boca para comerme ese manjar, comencé a lamerlo de arriba abajo, me metía su cabezota en mi boca mientras Leo continuaba lamiéndome la pucha, no veía a Ángel por ningún lado.

    Repentinamente Leo se levantó y apuntó su enorme verga a la entrada de mi panocha, lentamente rozó toda la entrada de mi rajita con su poderoso garrote, yo le mamaba la verga como una desesperada a Jack, Leo me estaba matando de la desesperación, yo me moría por sentir ese trozo de carne entrando en mis entrañas, repentinamente sin preámbulo alguno me lo metió completito de un solo golpe, yo bufé como un toro o aullé o no sé cómo explicarlo, pero sentí como si mi hoyito estuviera lleno de agujas, mientras Jack me metía cada vez más su aparato en la boca.

    Busqué con la mirada a Ángel, y lo vi entrar al cuarto con la cámara de video en las manos, preparándola para filmar, Leo me bombeaba despacio, me dejaba sentir cada centímetro de la verga grande y jugosa, Jack le preguntaba a Leo si apretaba rico, si la mexican pussy estaba rica, que se la estaba mamando delicioso, mientras que Ángel no perdía detalle con la cámara y me preguntaba en español, “¿te gusta mi vida? ¿Es suficiente carne para ti?”.

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  • Los amigos de mi marido prueban mis tetas

    Los amigos de mi marido prueban mis tetas

    Estábamos cenando en la casa de Sebastián.

    Estaba Sebastián con su mujer, Lucas con la suya, Julián y yo.

    La noche era ideal, por lo que decidimos cenar en el balcón terraza. Era verano, pero no hacía mucho calor. Me había puesto ropa liviana por el calor. Unas bermudas blancas, unas sandalias sport, y arriba una musculosa gris media suelta sin corpiño.

    El estar en esa mesa, compartiéndola con los amigos de mi marido con quienes nos enfiestamos, y que estuviesen sus mujeres ahí me causó mucho morbo. Un morbo que me excitaba.

    A medida que avanzaba la noche, y el alcohol empezaba a hacer efecto, me sentí mucho más liberada.

    Hacía pocos meses que me había operado las tetas, y con los primeros calores me gustaba mostrarlas. Desde que me había operado aun no habíamos hecho ninguna “fiesta” con los amigos de mi marido por lo que aún no tenían la suerte de conocerlas.

    Obviamente en medio de la sobremesa salió el tema de mis tetas, y enseguida la mujer de Sebastián pidió permiso para tocarlas y ver como habían quedado. Me dejé y delante de todos me tocó un poco las tetas. Es una mujer bastante asexuada, en mi opinión, por lo que no me generó nada el hecho de que me tocara. Es más, sé que lo hizo realmente para sentir como estaban sin ninguna connotación sexual. La mujer de Lucas hizo lo mismo y lo tomé de la misma manera.

    Enseguida vi los ojos de los amigos de mi marido. Los dos querían hacer lo mismo que sus mujeres, pero era evidente de que no podrían. Es más, Lucas pregunto tímidamente “¿puedo?”, a lo que la mujer le respondió, “solo si querés perder la mano”. Nos reímos todos y quedó en eso.

    En un momento la mujer de Sebastián estaba hablando con Lucas y mi marido, y la de Lucas se había ido al baño. Yo estaba apartada mirando mi celular y se me acerca Sebastián quien me dice disimuladamente que se moría de ganas por tocarme las tetas. Yo lo mire, me reí y le contesté, “en un rato me voy para adentro, vos hacete el boludo y anda atrás mío”. Me volví a sentar al lado de mi marido, y en eso Lucas empieza a preparar unos tragos. La mujer de Sebastián se levanta de la mesa y ahí aprovecho para decirle a mi marido lo que me había dicho Sebastián.

    Mi marido me mira y me dice:

    —¿Me estás pidiendo permiso?

    —Yo qué sé, te digo porque no sé qué hacer

    —Si gorda, no hay drama, que aprovechen. Eso sí, ojo que están las chicas dando vueltas.

    Listo, ya tenía el ok de mi marido. Solo tenía que encontrar el momento y tener cuidado. Como estábamos afuera, el ventanal que daba al interior del departamento estaba siempre cerrado para que no entraran bichos ni el calor. Por eso cada vez que alguien entraba o salía tenía que abrir o cerrar ese ventanal. Era bastante ruidoso y llevaba unos segundos, lo que servía como una especie de alarma.

    Con la excusa de levantar la mesa empiezo a llevar cosas adentro, el problema fue que todos quisieron colaborar y entraban y salían conmigo. Podía ver la cara de Sebastián como frustrado. Entonces tuve una idea, me ofrecí a lavar los platos. Obviamente tuve que insistir porque las otras dos mujeres también se ofrecieron. Como me les adelanté y agarré la esponja me quedé con el “premio” de tener que lavar los platos. La luz de la cocina estaba apagada. Solo iluminaba la del bajo alacena que era más tenue. La del living también estaba apagada, por lo que la luz en la cocina era realmente baja. Alcanzaba solamente para lavar los platos.

    Todos salieron y se fueron a sentar al balcón nuevamente. En eso siento que se abre el ventanal y enseguida lo cierran. Dentro mío imaginé que sería Sebastián que venía por su premio. Los pocos metros que hay desde el ventanal a la cocina se recorren en menos de 5 segundos, pero como hay que doblar en un momento, desde el balcón no se ve el interior de la cocina. Mi sorpresa fue cuando apareció Lucas en lugar de Sebastián, y tenía la hielera en la mano. Había entrado a buscar hielo para los tragos. Falsa alarma.

    Se va y yo sigo lavando. Trataba de lavar lo más lento posible para darle tiempo a Sebastián que viniese. En un momento vuelvo a escuchar el ventanal. Enseguida me doy vuelta y veo que era Sebastián. Me mira riéndose, le devuelvo la sonrisa y me dice, “¿puedo?”. Le agarro la mano y se la pongo sobre mi teta derecha. La agarra tímidamente y mueve un poco la mano. Le digo que la agarre de verdad, que no era la primera vez que me tocaba una teta.

    Era evidente de que el morbo de saber que estaba todos a pocos metros nos excitaba mucho. En eso siento que mis pezones se estaban endureciendo y Sebastián también, porque con sus dedos empieza a pellizcármelo. Habremos estado así alrededor de 1 minuto, pero decidimos cortar la situación por las dudas.

    Ni bien termina de tocarme entra la mujer de Sebas para decirme que deje de lavar y que vaya afuera con ellos. Insisto en que me quedaban unas pocas cosas y de mala manera acepta y se va.

    Enseguida escucho que mientras abre el ventanal para salir intercambia unas palabras con Lucas. Se cierra el ventanal y aparece Lucas nuevamente con la hielera. Esta vez me dice, “no vengo a buscar hielo, yo también quiero tocar”. Me causa gracia y mientras me mete una mano en cada teta, le pregunto, “¿y como sabes que Seba me estaba tocando las tetas?”, “porque me dijo Julián”.

    El hijo de puta de mi marido me estaba mandando a los amigos para que vinieran a tocarme. Lucas es un poco más lanzado que Sebastián. Si bien con Sebastián tuvimos muchísimos más encuentros y experiencias, siempre se mostró más tímido o respetuoso. Como que no toma la iniciativa sin que Julián o yo le demos el ok. Lo entiendo, debe ser difícil manosear y mucho más garcharse a la mujer de un amigo. En cambio, Lucas es más lanzado. Las pocas veces que estuvimos siempre fue de tomar la iniciativa.

    Al poco tiempo de tocarme las tetas por arriba de la musculosa, baja una mano y me la mete por debajo de la misma, empezando a tocarme la teta, pero directamente sobre la piel. Yo me estaba calentando y en un momento amagué a tocarle la pija. Pero enseguida me di cuenta que era peligrosísimo y desistí. Medio que lo tuve que cortar porque si era por el seguíamos un rato más, pero entendió, agarró un poco de hielo y se fue. Yo salí detrás de él y me senté al lado de mi marido. Mi marido me pregunta delante de todos, “¿todo bien Nati?”, “si, todo bien gordo”. El hijo de put estaba disfrutando todo.

    Lucas empezó a sacar tragos y empezamos a tomar bastante. Sumado a las cervezas ya estaba bastante tomada. Creo que todos estábamos iguales. En un momento entro de nuevo para ir al baño y veo que Lucas se para agarrando de nuevo la hielera. Por lo que entramos los dos juntos. El resto se quedó afuera charlando como si nada pasara. Una vez adentro, lejos de donde alguien pudiera vernos, nos estampamos un beso enorme. Volvió a meterme la mano por debajo de la musculosa y esta vez levantándomela empezó a chuparme las tetas. Yo me moría por agarrarle la pija, pero sabía que era peligroso y volví a desistir. A los 45 segundos lo corto, me voy al baño y lo dejo ahí.

    Cuando salgo del baño ya había salido y estaba sentado con el resto afuera. Cuando salgo y me siento al lado de mi marido, la mujer de Sebastián me dice, “Nati te mojaste toda”. Al principio me asusté con el comentario, porque tranquilamente podía estar refiriéndose a mi vagina que estaba empapada. Pero se refería a mi remera. Tenía en la zona de la teta derecha una mancha de agua, pero lo que en realidad nadie sabía es que era saliva de Lucas. Me sentí un poco incómoda, pero me tranquilicé cuando noté que nadie se dio cuenta de la verdad.

    El que estaba como loco era Sebastián. Quería a toda costa ir adentro y que lo acompañara. En más de una oportunidad lo enganché mirándome, y cuando nuestras miradas se cruzaban me revoleaba los ojos como indicándome ir adentro. No le presté atención y me hice la distraída.

    Al rato Lucas y su mujer se despiden y se van, ya que al otro día tenían un compromiso temprano.

    La mujer de Sebastián se ofrece a bajar para abrirles la puerta, con la condición de que cuando nos fuésemos nosotros bajara Sebastián. “Trato hecho” le dijo Sebastián y me imaginé que algo tramaba.

    Ni bien bajó la mujer, le dice a mi marido, “Juli, le quedaron divinas. Las quiero tocar de nuevo”. Y acercándose viene a tocarlas, pero como siempre tímidamente. En eso, Julián me levanta la musculosa y deja mis tetas al aire. Me quedé un poco, pero enseguida Sebastián empezó a tocarlas y me relajé. No habrá pasado ni medio minuto que cortamos la situación porque sabíamos que la mujer estaría subiendo.

    Nos habremos quedado una hora más, hasta que decidimos irnos. Nos despedimos de la mujer de Seba y ni bien cerró la puerta del ascensor entre él y mi marido empezaron a tocarme y chuparme las tetas. Aproveché y les toqué las pijas por arriba del pantalón, las cuales estaban muy duras. Los 8 pisos que hay hasta planta baja pasaron volando, por lo que nos despedimos y nos fuimos.

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  • Un viejo pervertido me chantajea

    Un viejo pervertido me chantajea

    Mi nombre es Ingrid, tengo 35 años y estoy casada desde hace 4 con un hombre de 50. Le conocí recién terminada mi anterior relación, él creyó era una presa fácil, cuando me probó se enchochó de una hembra deseada por muchos hombres con la que presumía ante sus amistades. Para mí era un maduro atractivo, con buen nivel económico, que satisfacía mis caprichos.

    Al poco tiempo quiso asegurar la relación proponiéndome matrimonio, a lo que accedí estableciendo algunas condiciones con cierto margen de libertad para ambos, en base a la confianza, el respeto y no mentir. Era la única manera de sobrellevar una relación por parte de dos personas liberales que habían fracasado en relaciones anteriores.

    Nuestro matrimonio transcurre hasta el momento de forma satisfactoria. No puedo decir estar enamorada de mi marido, pero le quiero y nos compenetramos lo suficiente para que la convivencia sea agradable y disfrutemos con pasión de momentos íntimos. Aceptamos las aventuras que el otro tiene, siempre que sean con discreción, sin engaños y contándolas con detalle para excitarnos y disfrutarlo en pareja.

    La historia que voy a relatar ocurrió en mi primer año de matrimonio. Solía frecuentar una cafetería cercana a mi casa, donde entraba de vez en cuando a tomar algo. Al cabo de un tiempo ya conocía a los clientes habituales, con los que me cruzaba meros saludos de cortesía. Entre ellos un caballero entrado en los 60, que vestía elegantemente. Pasaba bastante tiempo leyendo prensa o algún libro y solía observarme disimuladamente. Un día que llegué cargada con algunas bolsas de compra, se ofreció a ayudarme a llevarlas a casa. Le agradecí el detalle, pero le dije que no era necesario, él insistió y me vi obligada a permitir me acompañara. Ya en mi casa entré en el ascensor y le agradecí su ayuda despidiéndole.

    En los días sucesivos todo seguía en su rutina, solo que me saludaba más cordial e incluso cruzaba alguna conversación conmigo si la proximidad lo permitía. Un día se acercó y pidió permiso para sentarse en mi mesa. “Hacía tiempo quería hablar contigo”, dijo. Me habló que desde el primer día se sintió atraído y estaba obsesionado con poseerme, disfrutar de mis atributos, gozarme una noche entera, follarme sin parar, recorrer cada centímetro de mi piel. No podía dejar de pensar en ello y estaba dispuesto a lo que fuera. Era consciente que, por su edad, no tenía ningún atractivo para mí, así que solo podía ofrecerme dinero.

    Me dijo pensara una cifra para permitirle satisfacer sus deseo. Me levanté ofendida, pero me retuvo agarrándome del brazo, “te conviene sentarte”, dijo. Si tono amenazante me paralizó, explicó que el día que me acompañó lo hizo para conocer detalles de mi vida: donde vivía, los nombres de mi marido y mío, con lo que pudo encargar investigaran nuestras vidas. Así pudo conocer que en mi juventud, cuando estudiaba en la Universidad, realicé algunas actividades con una agencia de eventos y publicidad y ocasionalmente acompañaba a empresarios y ejecutivos a cenas y viajes. “Tengo información de que trabajaste de puta y eso a lo mejor lo desconoce tu marido. Solo te pido una noche conmigo y se queda entre nosotros. Toma mi tarjeta y me llamas cuando lo tengas decidido”. Es lo que me dijo. Me fui con el miedo de que este pervertido arruinara mi vida.

    Di muchas vueltas a cómo salir de esa situación y acabé por rendirme a sus pretensiones. No podía arriesgarme a que mi marido conociera aquella faceta de mi vida, la única que le había ocultado, me jugaba mi matrimonio y la forma de vida cómoda y lujosa que tenía. Le llamé aceptando su propuesta. Le dejaría abusar de mí, pero sin aceptar un euro y luego me dejaría en paz el resto de mi vida. Estuvo de acuerdo y quedamos en que pasaría con él la primera noche que mi marido estuviera fuera por algún viaje de negocios.

    Cuando se produjo esta circunstancia le llamé. A la hora convenida llegué a su casa donde me esperaba con una mesa lujosamente montada y llena de apetitosos manjares. También sobre la mesa una pequeña caja conteniendo un regalo. “Es para ti, ábrelo a ver si te gusta”. Era un precios collar de perlas naturales. “Es lo único que vas a llevar puesto para la cena”. Una vez desnuda, solo ataviada con el lujoso collar, nos dispusimos a degustar los alimentos. El también desnudo, solo con una pajarita en el cuello, me contemplaba embelesado y ensalzaba mis encantos adelantando sus intenciones para conmigo.

    Abrió una botella de Moët & Chandon, escanció dos copas y brindó por la mujer más bella. Tomé un sorbo y me pidió derramara el líquido sobre mis tetas, así lo hice y él las lamía y mamaba. Se arrodilló entre mis piernas haciéndome derramar el champagne sobre mi cuerpo que escurría deslizándose hasta mi sexo donde lo bebía a lametazos. Me metió en el coño trufas congelada que derretidas por la temperatura de mi vagina, la lamía con sabor a chocolate. Había ya esnifado alguna raya de coca que me ofreció y no acepté. También puso en mi coño algo de polvo, decía que así estaría con deseo sexual toda la noche.

    Su polla aún seguía morcillona y me pidió se la mamara para ponerla en forma. Después de una buena estimulación se puso tiesa y dura como un palo y así la mantuvo toda la noche por los efectos de la viagra y la coca. Me hizo apoyarme con las tetas en la mesa y mi culo en pompa y con su cinturón me azotó las nalgas hasta ponerlas rojas y doloridas, luego untó con vaselina su polla y mi ojete y me folló sin compasión hasta que eyaculó unas gotas de semen, daba la sensación que su verga estaba dura por los efectos de la viagra, pero sin sensibilidad, solo era un miembro duro por los efectos de la química y su disfrute era poseer a la hembra sin ningún placer físico, solo el hecho de cubrirla como un animal.

    Se mostraba excitadísimo y agresivo. Obedecía a todos sus deseos por miedo. Me llevó a la cama y durante horas probó todas las variantes del Kama Sutra follándome en todas las posturas posibles. Intentaba abstraerme, pero la estimulación constante del meteyasaca de aquella polla mecánica, permanentemente dura, me ocasionaba orgasmos seguidos que no podía evitar. Perdí la cuenta de las corridas que sufrí a lo largo de la noche. Estaba muerta y me dormía a intervalos, pero no tardaba en despertar con su miembro dentro machacando mi coño, incluso parte de la noche, lo poco que dormí, fue con su verga dentro.

    Al amanecer desperté dolorida y con dolor de cabeza. El tipo estaba dormido, pero con su miembro en erección. Me levanté sin hacer ruido y salí de aquella maldita casa.

    Había olvidado ya el desagradable episodio, cuando al cabo de un mes una llamada suya me sobresaltó. Volvía a exigirme otra noche de sexo y a ofrecerme un regalo valioso cono en la ocasión anterior. No supe que contestar quedé en llamarle.

    Daba vueltas a mi cabeza en cómo resolver de una vez por todas este chantaje. Sabía que si aceptaba de nuevo seguiría sin darme tregua durante el tiempo que quisiera. Recordé entonces que cuando frecuentaba la noche, en tiempos en los que salía diariamente de fiestas y discotecas, conocí a un chico que trabajaba en seguridad, con el que me acosté alguna vez. Lo localicé haciendo mis pesquisas. Había montado su propia empresa de seguridad y le iba bien. Le expliqué mi problema. “No te preocupes más por ese asunto, yo arreglo el tema con ese hijo de puta” me dijo.

    Apenas había transcurrido una semana cuando me llamó para decirme que ya no tenía que preocuparme más. “El viejo mamón ya no te volverá a molestar”. Salté de alegría. “Me has salvado de una gorda, cielo, no sé cómo podré agradecértelo”. “Yo si lo sé, contestó y además sé que te gustará hacerlo. Cuando puedas pásate a verme”. Fui un día a su despacho, como primer saludo nos dimos un morreo y al poco rato estaba tumbada en un sofá con su polla dentro.

    A mi marido le expliqué que había conocido un chico con el que me apetecía acostarme. Me contestó que lo disfrutara y que se lo presentara un día, cosa que hice y en un par de ocasiones me cogieron los dos. Estuvimos un tiempo viéndonos esporádicamente, cuando alguno de los dos necesitábamos un buen polvo. Luego encontró una novia y fuimos distanciando los encuentros hasta dejar de vernos. Otros amantes ocuparon su lugar, unos jóvenes, otros maduros, todos de paso sin dejar huella, pero todos me han deseado y me han permitido disfrutar de mi sexualidad y sentirme satisfecha.

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  • El cumpleaños de Susana

    El cumpleaños de Susana

    Fede, un joven recién graduado llevaba dos semanas en su primer trabajo. Aquella tarde, en la oficina, levantó la vista del portátil y observó como una figura femenina caminaba con determinación y elegancia hacia el despacho de su jefe. El vestido rojo de una pieza, más ajustado que suelto, moldeaba una figura cien por cien femenina, caderas definidas y trasero generoso. Al llegar a la puerta, antes de abrirla, se giró durante un instante para echar un ojo al sitio.

    Sonrió.

    Fede observó el rostro bien maquillado, alguna arruga que hablaba de madurez, mínimo cuarenta y cinco, mirada inteligente y pechos, sí pechos, bien puestos. Seguramente el sujetador jugaba un papel importante en el resultado final, pero aquellos senos llamaban la atención.

    Unos minutos más tarde, don Carlos, su jefe, abrió la puerta del despacho y le llamó.

    -Federico, entra. Te presento a mi esposa, Susana.

    -Encantado señora. -dijo el joven dudando entre estrechar la mano o darle dos besos en las mejillas.

    Finalmente fue la mano.

    -Este es mi chico. ¿Sabes que en dos semanas ha conseguido un cliente? Sí, están a punto de firmar. Solo hay que mandarles hoy unos papeles y el contrato… vamos, una mera formalidad.

    El móvil de don Carlos sonó.

    -Ah, me tengo que ir, serán diez minutos, ahora vengo.

    Fede se quedó a solas con la mujer.

    -Dime Fede, ¿te gustan mis tetas?

    El joven se quedó sin saber que decir y lo que es peor aún, se ruborizó levemente traicionando sus nervios.

    -¿No te gustan? Lo entiendo, debes pensar que soy mayor para ti. -continuó la mujer con su juego.

    -No, nunca he pensado, esto, sus… sus senos son ciertamente… esto

    -Ya veo, entonces me has mirado las tetas.

    Fede guardó silencio.

    -¿Te gustaría tocarlas? -dijo la señora acercándose a su víctima.

    El joven, nervioso, no sabía cómo reaccionar, ¿estaría de broma? ¿sería una prueba? Decir que no le apetecía tocar aquellas “peras” era mentir y podía considerarse indecisión, el peor crimen de un vendedor de éxito.

    Se decidió y tocó los pechos de la mujer de su jefe.

    Eran tiernos, apetecibles.

    Susana gimió. Descubrió un pezón y le pidió que lo chupara.

    Aquello era una locura pero Fede, bajo el hechizo de la lujuria, obedeció y lamió y chupó el pezón desnudo. Su pene palpitó bajo sus calzoncillos.

    El picaporte de la puerta giró, por fortuna despacio, y la mujer pudo ocultar su teta a tiempo separándose del joven.

    -Tenemos que irnos cariño. -dijo don Carlos.

    Fede imaginó que esa noche su jefe haría el amor a esa mujer. Quizás ella encima, en cueros, con las tetas dando saltitos, y el trasero subiendo y bajando mientras el pene de su afortunado marido entraba y salía de su vagina empapada.

    Una semana después, su jefe salió del despacho y le llamó.

    -Federico, venga a mi despacho inmediatamente.

    Lucía, una compañera menuda, levantó la vista. El tono de voz del jefe no era para nada amigable. Y cuando Fede pasó junto a ella, esta le deseo suerte.

    -Llevo dos horas hablando con el que iba a ser nuestro cliente. -comenzó a decir don Carlos tratando de mantener la calma.

    Pronto, esas intenciones se fueron al traste y el volumen se incrementó. También aparecieron las primeras palabrotas e incluso hubo un golpe en la mesa.

    Por resumir el tema, diremos que Fede envió los papeles mal y el cliente se enfadó, exigiendo un castigo ejemplar.

    -Por fortuna, pude negociar y llegar a un acuerdo… debe estar a punto de llegar.

    Cinco minutos después una joven de veintitantos años, rubia, rellenita y con gafas de pasta color azul marino entró en el despacho.

    -Esta es Clara, secretaria de nuestro cliente y testigo de que el castigo se lleva a cabo.

    Fede miró a la recién llegada y luego a su jefe. No estaba entendiendo nada y la orden que vino a continuación le pilló por sorpresa.

    -Bájate los pantalones e inclínate sobre la mesa.

    El empleado se quedó paralizado.

    -Lo diré solo una vez más, obedece o estás en la puta calle.

    Fede tragó saliva y con las manos temblando por los nervios se desabrochó el cinturón y el botón de sus pantalones de vestir y se inclinó, en calzoncillos, sobre la gruesa mesa de escritorio.

    -Los calzoncillos también hay que bajarlos. -añadió Clara con voz profesional.

    Fede, metido en la surrealista dinámica, se bajó la ropa interior hasta sus rodillas. Su culo, con poco pelo, más pálido que otra cosa, quedo expuesto.

    Sin más preámbulos don Carlos se quitó el cinturón y lo dobló por la mitad.

    -Preparado… serán veinte.

    El joven contrajo las nalgas.

    El azote impactó dejando una marca roja en medio del trasero.

    -Uno -contó Clara.

    A partir de ese momento, los azotes cayeron sobre las desprotegidas nalgas del varón con fuerza y buen ritmo. Apenas unos segundos para digerir el escozor e instintivamente tratar de esconder o apretar el pompis para un nuevo latigazo. Pronto, el decoro y el pudor pasaron a un segundo plano. El pene colgando se exhibía sin recato a pedida que los glúteos se pintaban de rojo.

    Al final alguna lágrima en un rostro encendido por la vergüenza y la humillación. La mano de la chica palpó e inspeccionó el resultado final asintiendo satisfecha con el resultado.

    -Puedes tomar una foto del culo y se la enseñas a tu jefe.

    -Buena idea. -repuso la invitada tomando una instantánea del trasero desnudo.

    “Se lo enseñaré a mi jefe si lo pide y de todas maneras me servirá de estímulo para masturbarme esta noche.” pensó la secretaria excitada por el espectáculo que había presenciado.

    Federico se vistió, esperó unos minutos para recuperar la compostura, y tras pedir disculpas a Clara en nombre de la empresa y agradecer a su superior la oportunidad de seguir trabajando, salió del despacho.

    Una semana después. Diez minutos antes del fin de la jornada. El jefe le llamó al despacho.

    La pregunta fue directa.

    -¿Has tocado los pechos a mi mujer?

    -Sí. Ella me lo pidió. -se sorprendió así mismo respondiendo sin pensar.

    -Veo que eres directo, sincero, pero no de los que cargan con la culpa de otros.

    Fede guardó silencio. Quería el puesto y no iba a renunciar a él. Si le esperaban nuevos azotes estaba preparado pero eso no significaba que se fuera a callar.

    Don Carlos suspiró.

    -Sé de qué va todo esto… las tetas de mi mujer están ahí y hay que estar ciego para no verlas. Le conté lo del castigo del otro día y ella, medio burlándose, pero con franqueza, me dijo lo de las tetas. Parece que sabes tocar.

    -Ya, ¿y por qué me cuenta esto?

    -Veo que vas al grano… bien seré claro. Es el cumple de mi mujer y me ha pedido “sexo” como regalo. Lo único es que me ha dicho que le gustaría hacerlo con un tipo joven… ha preguntado por ti. Naturalmente esto sería un favor y yo te compensaría.

    Fede tardó cinco segundos en aceptar la propuesta.

    El dormitorio tenía una cama grande, colcha color bermellón a juego con las cortinas y una lámpara de araña dorada con seas bombillas en forma de vela. Olía a jazmín y madera.

    Susana vestía una bata de seda azul. Estaba descalza. Su marido y el joven empleado aguardaban de pie frente a ella, con pantalones de oficina, camisa y corbata. Esperando órdenes.

    -Espero que hayáis echo pipí. Desnudaos. Corbata, calcetines y calzoncillos no.

    Los hombres comenzaron a quitarse la ropa hasta quedar en ropa interior. La mujer caminó poniéndose detrás de ellos y luego, sin avisar, tiró de los calzoncillos de su marido y de los de Fede dejándoles con el culo al aire.

    -Uhhh. Tienes pocos pelos en el culo, mi marido parece un osito a tu lado.

    Luego se sentó en la cama y les pidió que se acercasen.

    El pene de don Carlos era algo más largo y caía flácido apuntando al lado derecho. Por el contrario, el miembro viril de Federico estaba más vivo y a medio camino de una erección.

    Susana cogió los penes, uno en cada mano y cerrando los ojos comenzó a apretarlos notando la textura. Luego, por turnos, comenzó a lamerlos de manera sensual. Primero el de su marido, luego el del joven invitado. En este caso no se contentó con pasarle la lengua, si no que, metiéndoselo en la boca lo chupó con entusiasmo hasta que Fede se mordió el labio y gimió.

    -Está bien, ahora os toca a vosotros. Carlos encárgate del coño, Fede tú me lamerás el ano.

    La mujer se levantó y los hombres, en cuclillas, se centraron en sus tareas.

    -Sabes Fede, tengo uno solo guardado para ti… -dijo sensualmente la mujer visiblemente excitada con la doble estimulación.

    -Consientes.

    El joven, dijo que sí y Susana dejó escapar un pedo silencioso mientras el joven le comía el culo.

    Fede tosió. Pero siguió con su tarea.

    -Levántate. -le ordenó Susana.

    El joven se incorporó y la mujer, sujetándole la cabeza con sus manos, le besó en los labios.

    Fede aspiró por la nariz el perfume de la mujer madura que contrastaba deliciosamente con el olor, ligeramente desagradable, del gas que se acababa de tragar. Su boca sabía muy bien. No era algo dulce, ni agrio, tenía tintes de vino añejo con tonos ácidos y era muy, muy adictivo.

    Susana empujó a Fede sobre la cama y se encaramó sobre el sujetándole por las muñecas. Le beso y luego soltó sus manos y comenzó a besuquear sus pezones masculinos. Las manos del joven, libres, buscaron el culo de Susana y un par de dedos juguetones se deslizo en su sexo mojado haciéndola gemir.

    El marido, mientras tanto, se dedicó a masajearle los pies a su mujer.

    -Venga, Carlos, chico malo, vamos a azotarte.

    El marido fue en busca de su propio cinturón.

    -Tu siéntate ahí Fede, abre las piernas. Carlos, a cuatro, chúpale el pene mientras te caliento el culo a base de azotes.

    Susana solo aguantó cinco golpes. Excitada, pidió a Fede que la penetrase. Este, rápidamente, se puso un preservativo, colocó a la mujer de su jefe boca abajo en la cama y le metió el pene por detrás haciéndola gritar de placer.

    Luego la embistió con ganas durante un par de minutos provocándole un orgasmo.

    Poco después se besaron y repitieron. Esta vez en posición de misionero. Ella con las piernas dobladas y bien abiertas y el empujando como un toro, babeando encima de sus tetas, chupándolas, pellizcándolas, para luego subir por el cuello femenino y pasar la lengua por el rostro hasta acabar de nuevo en su boca.

    El orgasmo llegó para ella.

    Don Carlos, eyaculó como resultado de su masturbación.

    Fede, sacando el pene del cuerpo de la mujer, regó con su semen el pubis mientras apretaba su piel contra la de ella buscando hacer suyo cada espasmo de placer.

    -Gracias Federico. Te debo una. -dijo don Carlos todavía en pelotas.

    Fede, ya vestido, miró a Susana en ropa interior y luego a su jefe.

    -Gracias a ustedes.

    Y se marchó.

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