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  • Las aventuras de Manu y Joshua (1)

    Las aventuras de Manu y Joshua (1)

    Me presento soy Manu y estaré contando las aventuras que he vivido junto mi amigo Joshua durante nuestro periodo de estudiantes universitarios.

    Mido 176 cm, color de piel canela, ojos marrones, peso unos 90 k, pelo en pecho, unas piernas que parece que corriera maratones, pelo rizado castaño y bisexual versátil.

    Por otro lado, mi amigo Joshua mide 168 cm, piel blanca rojiza, lampiño, ojos negros, delgado, pelo lacio y negro, gay, y foráneo.

    Iniciaba el último día del semestre para eso Joshua había organizado una fiesta de fin de semestre previo a las vacaciones, la casa que renta Joshua queda retirada de la mía por lo cual le había pedido permiso a mis padres para pasar la noche después de la fiesta en casa de él.

    El día de clases transcurrió normal y una vez termino este nos fuimos en el carro de Joshua tardamos unos 15 minutos en llegar y le pregunte a Joshua cual era el plan para la noche me comentó que se le ocurrió que se armarán las retas de Just Dance él es super fan de la franquicia, yo al tener poca experiencia en el juego le dije que si podíamos jugar un poco para no sentirme tan manco jugando por la noche, y me dice pero está haciendo mucho calor vas a sudar tu ropa estarás cómodo por la noche y a lo que me puse a pensar que solo traía un pijama en mi mochila.

    Pedimos una pizza para comer y yo seguía pensando que no me quería ver torpe jugando en la noche por lo cual pensé y si juego en boxers así no sudo mi ropa y puedo tomar una ducha antes de que inicie la fiesta con algo de pena le comenté a Joshua mi idea y me dijo “está bien Manu”.

    Joshua encendió la consola y puso just dance, mientras yo con algo de pena me quitaba mi camisa poco a poco para lo cual Joshua voltea y me dice ¡vaya que estas peludo pareces un osito de peluche” y en lo que yo levantada los brazos para quitármela sentí como empezó a abrazarme, yo solo sentí su calidez en su abrazo mientras terminaba de quitarme la camisa y le pregunte “todo bien amigo” y él me contestó “me dirás que ya estoy grande pero era fan de dormir con osos de peluche y solo recordé a uno ellos”.

    Continue quitándome los jeans y solo pude ver como se me quedaba viendo y preguntando “¿dónde compraste esos bóxer? Son de seda verdad” y yo afirmé, y en eso me dice “dicen que son muy suaves, ¿puedo tocar?” Y yo de sí, el bóxer era tan fino que podía sentir sus manos en mis nalgadas y un pequeño roce en mi pene (el cual empezó a despertar poco a poco) y dice “confirmo si son muy suaves y te quedan muy lindos” y en eso se fue a su recamara.

    Mientras mi pene fue despertando poco a poco después de ese roce de Joshua, seleccione una de las canciones e inicie a jugar, termine la primera canción y en eso sale Joshua de su cuarto y se me queda viendo “vaya qué te prende jugar eh” y yo todo apenado “creo que sí fue el juego” (en mi mente: fue tu roce fue el que me prendió) en eso me dice “quieres que te acompañe a jugar para que veas como se hace” y yo de a ver.

    Puso una canción en pareja y para estar en el mismo mood se empezó a quitar la camisa y por primera vez me toca ver su abdomen lampiño y sus pezones rosados y como se le marcaba su V debajo del abdomen, y como poco como se bajaba los jeans hasta parecía que me estaba seduciendo o no sé si era el mismo calor y mi calentura que vea como lo hacía en cámara lenta y termino viendo como el usa bóxer de los sueltos de tela y me dice “¿listo?”. Y yo de listo.

    Inicio la canción y todo normal hasta que iniciaron a interactuar los couches/ avatars los cuales teníamos que imitar y ahí fue donde por primera vez sentimos nuestros cuerpos juntos, después de varios pasos interactuando cuerpo a cuerpo pude notar como él también estaba que no podía ocultar su erección a lo que le pregunto v”aya qué prende el juego ¿no?”. Y él me contesta “sí es la primera vez que me pasa”, para ese entonces Joshua y yo nunca habíamos hablado de nuestras orientaciones y que nuestro compartimiento no cae en los estereotipos.

    Pero el estar los dos sudados por el calor y al 100 poco a poco nos fuimos acercando hasta darnos un beso lento, que rico sentir sus labios suaves y como lentamente nuestras lenguas se estaban conociendo, poco a poco nuestros cuerpos se estaban rosando lentamente mientras nos abrazamos y caímos en el sofá de la sala, nos separamos un poco y nos quedamos viendo de frente y le digo “¿estás seguro de esto?”. Y me contesta “sí quiero esto y más” y pone sus manos en mi pecho y me acuesta en el sillón y baja lentamente sus manos hasta llegar a mis bóxer y me los baja lentamente y solo siento como me brinca mi pene después de que Joshua me quita el bóxer.

    Me da un pequeño besito y luego baja a empezar a mamármela poco a poco, saca su lengua, con su mano empieza a pelarme el pene y empieza a frotarme el glande con su lengua en círculos y poco a poco se la comía tan rico que yo empecé a gemir que parecía que eso lo excitaba más y en eso hace una pausa y me dice “hacemos un 69” y yo haciendo con la cabeza, pero me dice “vamos a mi cuarto”.

    Ya en el cuarto él se acuesta y le quito el bóxer de un jalón y tomo posición para iniciar el 69 inicie a comérmela poco a poco sobrepasada de mi puño y juguetear con mi lengua para darle más placer cuando me percate que tenía un dildo y lubricante en uno de sus buros a lo cual en mi mente pasó por lo menos es pasivo y hoy toca dar, después de un rato de darnos una rica mamada mutuamente me doy la vuelta y le pregunto a Joshua “¿cómo quieres que te dé? Que ya no aguanto y me quiero venir dentro de ti”. Joshua: me dirás básico, pero se puede de misionero quiero ver tu cara de placer cuando me la estés metiendo.

    Nos seguimos besando un rato mientras frotaba sus nalgadas con mis manos lentamente estire unas de mis manos y alcance el lubricante me puse en uno de mis dedos y mientras nos besábamos empecé a dilatarle su culto se sentía muy apretado al parecer tenía rato sin usar el pequeño dildo del buro.

    Mientras dilataba su ano sentía como me presionaba el dedo y eso me prendía más y me dice “méteme otro dedito la tienes muy gorda no quiero que me lastimes”, me puse más lubricante para embarrarme en los dos dedos e inicio a dar círculos en su culito para que poco a poco se vayan dando espacio en ese culto que apretaba delicioso.

    Una vez ya dilatado su culito me deja de besar y me dice ya métemela y yo de a sus órdenes el acostado boca arriba yo con mis manos abrí sus piernas luego me acomode me agarre el pene y lentamente puse mi glande en su culito lentamente metía y sacaba el escuchar los pequeños gemidos que se le salían me hacía desear metérsela toda de una sala vez pero no quería lastimarlo, quería que disfrutara cada momento de mí.

    Y así seguí hasta que entro toda y era un placer delicioso sentir como mi pene pensaba y su culito como lo apretaba nos mirábamos a los ojos y me dice “jálame que ya estoy por venirme”, lo empiezo a masturbar mientras se la metía, fueron unas 5 jaladas y empezó a salir su leche la cual le cayó en la cara y lo primero que se me vino a la mente fue limpiarlo con mi lengua para después besarlo.

    Una vez que lo limpie y en medio de un beso francés me vine bien rico dentro de él, cuando termine me dice “sácamela quiero probar de tu leche” y me la empezó a mamar hasta que no quedo ninguna gota de leche y cuando ya iba a terminar me volví a venir en su boca lo cual después de eso repitió el beso francés de hace rato con su leche pero ahora con la mía y después de eso nos quedamos dormidos.

    Después de la acción nos bañamos juntos rápido (aunque con muchos besos de por medio) porque ya casi se llegaba la hora de que llegaran nuestros compañeros.

    Ya después les cuento el after de la fiesta.

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  • Mi hijo mayor y nuestra vecina Saray

    Mi hijo mayor y nuestra vecina Saray

    Habíamos entrado en el mes de febrero y mi hijo tuvo un encuentro con otras de nuestras vecinas de nombre Saray, es una mujer cerca de sesenta años muy bien conserva, casada con un marido que, aunque de su edad, parece mucho más viejo que ella.

    El asunto es que un día vino a verme a mi casa, tenía una avería de agua en su casa, parece que el fontanero iba a tardar unos días en arreglarla, le ofrecí usar mi ducha para bañarse, como trabaja por las tardes podía hacerlo después de que todos los de mi casa hubieran salido, ella aceptó, la verdad es que se me olvido decírselo a los miembros de mi familia, pero como yo era la última en salir no le di importancia. Así que cuando me iba a ir llamé a Saray, ella me dio las gracias, y yo me fui a trabajar ella se quedó en casa se desnudó y se metió a la ducha, pero lo que nadie contaba era con los despistes de mi hijo mayor, dejemos que sea él quien nos cuente las consecuencias de este despiste.

    Iba camino de la universidad cuando iba a coger el metro me di cuenta de que se me había olvidado recoger en pendrive con un trabajo que tenía que entregar a última hora, así que decidí volver a mi casa, volví corriendo y sude mucho, cuando llegué aparentemente no había nadie en casa, como he dicho había sudado y tenía la sensación de oler mucho a sudor, así que decidí darme una ducha rápida, me desnude en mi cuarto y me fui al baño, y al abrir la puerta me tope con nuestra vecina Saray cubierta solo con u toalla, que tapaba su coño, pero dejaba al descubierto dos tetazas impresionante, mi polla reaccionó y en ese momento ella se dio cuenta de mi presencia.

    Instintivamente yo intenté taparme con mi toalla, pero para mi sorpresa ella se quitó del todo la suya quedándose completamente desnuda, estaba espectacular avanzó a mi y me dijo:

    -Me ha parecido ver que mi vecinito ya no es un niño, sino ya un hombre y con una buena polla.

    De con un rápido movimiento me quitó la toalla y mi polla, completamente empalmada, se quedó al aire.

    -Claro que no soy un niño, proteste yo tímidamente, tengo más de veinte años.

    -Y una buena polla, dijo ella.

    Y llevó su mano hacia ella, la cogió y se puso a acariciarla. Yo estaba dubitativo, Saray estaba buenísima, había sido objeto de mis pajas, pero sabía que su marido era muy bruto y que podría tener que pelear con él si se enteraba, así que la dije:

    -¿Más grande que la de tu marido?

    -¿La de mi marido?, preguntó ella riéndose, te voy a contar una cosa desde hace tiempo me cuesta ponérsela dura, en cambio yo conservo intactitas mis ganas de follar.

    Mientras decía esto seguía acariciando mi polla, yo estaba excitadísimo, no podía desperdiciar una ocasión como esta, y si tenía que ponerle un ojo morado al bruto de su marido lo haría. Así que llevé mis manos hasta sus tetas y me puse a acariciarla, no tarde en arrancar los primeros gemidos de su boca y la dije:

    -Vamos a follar.

    Ella me giño un ojo y me dijo:

    -Este será nuestro secreto

    Mire su coño en ese momento, estaba depilado y deseaba comérmelo, así que la empujé un poco contra la pared, me arrodille ante ella y arrimando mi cabeza a su tesoro saqué mi lengua y comencé a comérselo, ella al sentir mi lengua dentro de su coño comenzó a gemir mientras decía:

    -Que cosas tan deliciosas hacéis los chicos jóvenes,

    Después apretó mi cabeza contra su cuerpo mientras yo le seguía chupando el coño, yo seguía saboreando ese coño tan delicioso hasta que se corrió, yo disfruté del sabor de sus líquidos, pero lo que estaba ocurriendo había hecho que mi polla se pusiera a tope, así que la dije:

    -Me muero de ganas de follar contigo.

    Si ese es du deseo, mi amor, respondió ella

    Se apoyo en la bañera y abrió bien su coño, mi madre me había enseñado a tomar precauciones, pero yo estaba demasiado caliente, primero se la metí de frente, ella al sentirla dentro dijo:

    -Mi amor, hacía muchos años que no disfrutaba de una polla como la tuya dentro de mi coño.

    Después se puso a gemir, yo siempre había mirado los labios de Saray y pensaba en lo bien que la tendría que mamar, pero ahora lo que me importaba era hacerla gozar y a tenor de la expresión de su cara lo estaba logrando. Pero en ese momento ella me pidió:

    -Querido me gustaría ponerme en una postura más cómoda, con mi marido solo follo, y poco, en la cama.

    -¿Cómo le iba a negar nada a semejante diosa

    Ella se dio la vuelta y se colocó de espaldas a mí, su precioso culo quedó ante mi vista y pensé que ese guajero debía ser mío esa misma mañana, pero de momento se trataba de meter la polla en ese coño tan calentito, así que se la volví a meter, y ella volvió a gemir, mientras me decía:

    -Mi amor esto me recuerda a mis polvos de juventud, muchas gracias.

    Yo seguí follandola, para mi tener mi polla dentro de su coño era suficiente premio, así que seguí con mi polla dentro de ese maravilloso coño, era una delicia, sentí que se corría, e sentí muy contento de haberla llevado hasta eso, pero yo quería correrme también así que seguí con mis movimientos hasta que sentí que me corría y con mi leche inundé su coño, el ese momento ella se puso de pie y uniendo sus labios a los mios me dijo:

    -Muchas gracias, mi amor, en este rato he gozado más que con mi marido en muchos años.

    Después me beso, en ese momento yo le manifesté mi deseo quería que esto solo fuera el principio, y quería que esos labios tan sensuales me chuparan la polla, ella no lo dudo, me pidió que me tumbará en el suelo, y cuando lo estuve ella sacó esa lengua tan excitante de su boca y se puso a lamer mi polla, nunca hubiera imaginado poseer esos labios, ante su estimulo mi polla no tardó en recuperarse, cualquiera se resistía ante una mujer como esa.

    A esto añadió, que una vez que me la había limpiado se la metió entre sus tetas, las apretó con sus manos, tener mi polla apretada entre esas dos cosas preciosas puso mi polla a tope, y volvió a estar preparada para follar, ella se dio cuenta y me dijo:

    -Mi amor, veo que estas otra vez preparado, bueno pero ahora quiero ser yo quien se ponga encima.

    Yo estaba tumbado en el suelo, y tenía muchas ganas de seguir follando con ella así que permanecí quiero, mientras ella se sentaba sobre mí, e introdujo mi polla dentro de su coño, de esta manera volvíamos a follar, pero ahora era ella quien marcaba el ritmo, y lo hacía divinamente mientras me decía:

    -Si supieras el tiempo que no hago esto con mi marido, muchas gracias mi amor por hacerme disfrutar.

    La verdad es que era yo quien debía de darle las gracias, su coño me estaba proporcionando un placer enorme y ver mover sus tetazas encima de mi era muy excitante.

    Ella marcaba el ritmo, y era un ritmo que delicioso, era una pena que su marido no supiera aprovechar este cuerpo, siempre me había parecido un tipo vulgar y cuando pensaba en los labios de su mujer chupándose la polla no me parecía justo, ya ahora era yo quien se los estaba poniendo, jajaja.

    Seguimos follando, yo no pude evitar llevar mis manos hasta sus tetas y acariciárselas, mientras ella continuaba con su ritmo maravilloso, vi cómo se corría y poco después lo hacía yo.

    Ella se bajó de mí y me dijo:

    -Me has hecho rejuvenecer veinte años, por lo menos, hacía muchísimo que no tenía una sesión de sexo como esta.

    Yo la pedí que me chupara de nuevo la polla, como he dicho, cuando coincidíamos, en sitios como el ascensor, yo había soñado que esa mujer me comía la polla, y en ese momento la tenía ante mi dispuesta a hacerlo.

    Nuevamente se metió mi polla en su boca, y la verdad es que parecían estar hechas la una para la otra, y comenzó a chupármela de nuevo, y debía de reconocer que lo hacia maravillosamente bien, sus labios rodeaban mi polla co o su fueran un coño y su lengua hacia maravillas, al poco ella la sacó y mirando mi miembro dijo:

    -Joder, tu polla está de nuevo lista, eres insaciable.

    Yo le dije que con una mujer como ella yo follaria hasta que mi miembro se cayera a cachos, ella se rio y dijo:

    -Parece que por lo menos otro asalto aguanta.

    Después se tumbó en el suelo con las piernas bien abiertas, yo me puse de rodillas e introduje nuevamente mi polla dentro de su acogedor como, ella al sentirla dijo:

    -Querido menudo instrumento tienes y que bien lo utilizas.

    Era yo que yo quería utilizar mi polla para darle muchísimo placer, comencé a moverme, mientras tanto ella comenzó a acariciarse las tetas, lo cual me resultaba aún más excitante, mi polla se movía dentro de su coño de una manera muy placentera, ella me decía:

    -Mi amor me estás haciendo gozar como nunca antes lo había hecho.

    Eso era precisamente lo que yo deseaba, que ese momento fuera el más placentero de su vida, así que seguí con mis movimientos en su interior, ella no paraba de gemir lo que me estimulaba a seguir follandomela, en un momento dado noté como se corría, eso me hizo sentirme muy bien, nada mejor que dar y recibir placer. Así que continue con mi polla en el interior de su coño hasta que nuevamente me corrí.

    Ella me pidió que me sentra en la taza del wáter, como si fuera a hacer mis necesidades, me hizo abrir bien las piernas y cuando lo hice, ella se colocó de rodillas en frente de mí, me imaginaba lo que iba a pasar y solo de pensar que mi polla iba a estar dentro de esa boca, que parecía estar hecha para mamar, me sentí muy excitado.

    Y efectivamente nuevamente tuve su lengua recorriendo mis testículos, lo que era muy excitante, y a continuación cada centímetro de mi polla, pese a sus años resultaba muy sensual y yo me imaginaba como debería de haber sido de adolescente, seguro que los chicos de su edad se peleaban por estar con ella, mientras yo estaba con estos pensamientos mi polla se puso bien dura, si la dejaba pronto me volvería a hacerme correr, pero no estaba dispuesto a ello, además como adorador de esa diosa, así que la pedí que cambiásemos de postura, me levante y me puse de pie y ella también se levantó y luego, se sentó en el mismo lugar donde lo había estado yo, en ese momento me arrodille tenía un primer plano de su maravilloso coño, y le iba a rendir culto como se merecía.

    Saqué otra vez mi lengua de la boca y me dispuse a adorar a mi diosa, su coño sabía maravillosamente bien, daban ganas de no sacar la lengua de él, me puse a lamer, nuevamente cada centímetro de este, ella se puso a gemir mientras decía:

    -¿Por qué no serás tú mi marido?

    En ese momento yo me acordé de él, me apetecía ir a decirle que era un cornudo y que me estaba follando a su mujer. Pero verla gemir de una manera desesperada era mi mejor premio, y ello me animaba a seguir comiéndole su delicioso coño, noté como tras un gemido fortísimo ella se corría nuevamente, yo me apresuré a tragarme todos los líquidos que salían de su coño, ella nuevamente me dio las gracias, el agradecido era yo, pero tras esa comida de coño me di cuenta de que mi polla se había puesto otra vez en forma, al ponerme de pie ella se dio cuenta y dijo:

    -Vaya cariño, parece que no te cansas nunca, tendremos que follar nuevamente.

    Me empujó nuevamente al suelo donde me volví a tumbar, no me importaba que el suelo estuviera frio, yo estaba muy caliente, ella agarró mi polla nuevamente y se la introdujo en aquél coño tan delicioso, y nuevamente yo me sentí en la gloria, y nuevamente ella comenzó a cabalgarme con una furia inusitada, parecía que nunca lo había hecho del ansia con la que movía su coño, yo sentía que estaba alucinando, mientras ella me decía:

    -Creía que nunca iba a experimentar nada igual, me estás haciendo revivir nuevamente, muchas gracias, mi amor.

    Ella seguía cabalgándome, mientras yo me sentía importante por tener ese coño a mi disposición, estaba gozando muchísimo, en un momento dado sentí que me iba a correr, y así se lo indiqué, ella me dijo:

    -Mi niño es lo que deseo que te corras y disfrutes como tú me estás haciendo disfrutar mí.

    Y siguió cabalgándome, yo no pude evitar correrme y, nuevamente, mi leche inundó su coño, tras ello ella se salió y los dos nos quedamos tumbados, uno al lado del otro, los dos estábamos cansados, pero yo comencé a recuperarme poco a poco y en ese momento me acorde de su culo, me parecía precioso cuando la veía con el tapado, cuando coincidíamos en el ascensor o en la entrada del edificio, y ahora que le había visto sin ninguna ropa que le cubriera me gustó todavía más. Me armé de valor y le dije que me gustaría follar con ella también por ahí, ella se río y me respondió:

    -Mi amor, tu parece que quieres hacerme revivir m i juventud, cuando tenía tu edad mi culo era un sitio muy visitado, pero desde hace años se ha vuelto virgen, así que si tu le haces resucitar, bienvenido.

    Y tras decir esto se puso a cuatro patas, se la notaba que sabía muy bien como colocarse, y desde luego que ese culo, visto en primer plano parecía estar diciendo follame, así que me puse de rodillas detrás de ella, arrime mi polla hasta la entrada de su culo y de un golpe la penetré, su culo me recibió de una manera muy hospitalaria, era como si mi polla estuviera hecha a medida para él, ella comenzó a gemir y decía cosas como:

    -Mi amor esto es delicioso, me estas haciendo volver a sentirme joven.

    Por el contrario, yo me sentía un adulto pleno por dar placer a una mujer como esa. Seguí moviendo mi polla en el interior de ese culo, mientras ella gemía, y sus gemidos me demostraban que estaba consiguiendo que gozara, la verdad es que era una pena que ese culo no recibiera visitas de una buena polla de manera continuada.

    Mientras pensaba en esto ella gemía de manera cada vez más intensa y me decía:

    -Mi amor sigue follandome, hacia tanto que no experimentaba cosas así.

    Y así estuvimos hasta que noté como, tras un fuerte gemido, ella se corrió, yo seguí con mi polla en su culo, ella quería que me corriera, y yo dejar su culo lleno de mi semen y seguí moviéndome hasta que me corrí, y mi leche se esparció por su culo, ella me dijo:

    -Mi amor me has hecho muy feliz.

    Yo se la saqué, los dos nos pusimos de pie y ella me dijo:

    -Mi amor gracias por resucitarme, hoy me he vuelto a sentir como me sentía cuando tenía tu edad, esto lo tenemos que repetir, solamente te pido una cosas, por nuestro bien esto debe de ser nuestro secreto, si mi marido se entera la que podría armar, pero si somos discretos, lo podemos repetir muchas veces,

    Después se metió a la ducha, no podemos olvidar que había venido a mi casa para eso, viéndola me dieron ganas de meterme a la ducha para seguir con nuestra pasión, pero me iba a perder varias clases de la universidad y sin duda ella tendría que hacer sus cosas, otro día repetiríamos, tras salir ella de la ducha me metí yo no era cuestión de ir a la universidad con olor al cuerpo de una mujer y cuando salí de la ducha ella ya estaba vestida, me beso en la boca y salió, espere un poco para disimular y salí camino de la universidad.

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  • Cuando me tocaste en el taxi

    Cuando me tocaste en el taxi

    Mi amor,

    Anoche, acostada en esta cama vacía, no podía dejar de pensar en ti. Tu ausencia es un eco que resuena en cada rincón de mi alma, y aunque la distancia nos separa, mi cuerpo y mi corazón te reclaman con una intensidad que me quema por dentro. Te extraño tanto que duele, un anhelo que se enreda en mi piel y no me deja en paz. Mientras las sombras jugaban en las paredes, mi mente se llenó de ti. Imaginé tus manos recorriendo mi cuerpo, lentas, seguras, como si conocieran cada curva, cada rincón que te pertenece. Cerré los ojos y casi pude sentir tu aliento cálido en mi cuello, tus labios susurrando promesas que me hacen temblar.

    En mi fantasía, no había kilómetros entre nosotros; estabas aquí, conmigo, encendiendo cada fibra de mi ser con ese fuego que solo tú sabes avivar. El recuerdo de aquel sábado por la noche que fuimos al cumpleaños de tu amigo, de todos los hombres en el bar, solo tenía ojos para ti, eres el único que atrapa mi mirada, y me estremece cuando cautivo la tuya. Toda la noche no dejabas de desnudarme con los ojos, tus manos siempre buscando alguna excusa para rozar mi piel.

    Cuando los demás estaban entretenidos con la conversación del momento, sentir tu mano alrededor de mi cintura, estrecharme hacia ti, y sutilmente subir hasta rozar uno de mis pezones con las yemas de tus dedos por encima de mi vestido. Aquel recuerdo estremece mis sentidos, de tan solo pensarlo no puedo evitar apretar los muslos y sentir como el deseo florece entre mis piernas.

    Qué ganas de sentir tu mano entre mis piernas nuevamente, no estar aquí sola acostada en la cama añorándote. Imito los movimientos de tu mano con la mía. El taxista robaba vistazos en el espejo retrovisor cuando nos montamos en el asiento trasero, con más de una copa encima y el deseo a flor de piel que sentía que al tocarme se incendiaría en chispas.

    Tus labios sobre los míos, mi lengua en tu boca, tu mano en mi pelo, para bajar por mi hombro y apretar mis pechos. Tus dedos provocando mis pezones hacen que te abra las piernas sin siquiera pensarlo, sin importar que estemos donde estemos, sin importar que el taxista estuviera allí conduciendo mientras que tus manos me ponían como una gata en celo.

    Tu mano subió debajo del vestido, separo los muslos aún más, desesperada por sentirte. Gimo contra tus labios a medida que tus dedos frotan mi clítoris, mis caderas se ondulan sobre el asiento, la excitación escala hasta el punto que me refriego contra tu mano. Exhalo un gemido de alivio cuando apartas la tela de mi tanga, aquel contacto directo de piel a piel, tu dedo penetrando mi abertura mojada.

    Tu boca se traga mis gemidos hasta que tienes hambre de más, tu otra mano hala el escote de mi vestido hacia abajo, dejas mis tetas desnudas y expuestas en el asiento trasero de aquel taxi, lo único que me importa es sentir tu boca allí, sí, así, chupando uno de mis pezones luego el otro. Tu dedo entrando y saliendo de mi raja empapada, el aroma de mi excitación impregnando el interior del taxi.

    Aprieto los labios tratando de ahogar mis gemidos, pero cualquier intento de sutileza ha desaparecido. El taxista no se ha quejado, así que sin duda no le molesta el espectáculo que le estamos dando. Ya no siento tu boca en mis tetas, y estoy allí sentada de piernas abiertas, removiéndome contra tu mano. Veo que miras al taxista a los ojos por el espejo retrovisor sin aminorar el ritmo de tu mano, el sonido de tus dedos deslizando en mi humedad se siente amplificado.

    No sé cómo, pero con tan solo aquel intercambio de miradas le dejas saber que puede ver, pero no tocar, yo soy tuya, nadie más que tú puede tocarme. El taxista aparca para que pueda observar plenamente, girándose en su asiento, veo sus ojos sobre mí y mi hambre de ser exhibida por ti se intensifica. Sacas tus dedos y restriegas mis propios jugos primero en mis pezones, luego los acercas hasta mis labios y chupo mi propia miel con gula. Tu mano regresa entre mis piernas y bendita sea tu boca como chupa, lame y muerde mis pezones.

    El taxista no es más que un espectador silencioso que soba su erección a medida que tus actos me acercan cada vez más al éxtasis del orgasmo, hasta que finalmente aquel cúmulo de placer no le queda espacio hacia donde expandirse sino estallar. El clímax se apodera de mis músculos, de mi voz, de mi respiración.

    Mi sexo chupa tus dedos en su interior y palpita con fuerza, bañando tu mano en la evidencia de mi placer, hasta que quedo jadeando, y mi cuerpo da pequeños respingos como un corto circuito de sobrecarga eléctrica mientras tu dedo, ya más suave, pero no ausente, levemente sigue estimulando mi centro. Llevas tus dedos resplandecientes e inhalas mi olor antes de chupar mi esencia. Ajustas mi tanga, bajas el largo del vestido por mis piernas y acomodas mi escote, me muerdo el labio y te miro, ¿Cómo es que después de dejarme tan sensualmente satisfecha mi hambre de ti despierta aún más?

    El taxista reanudó la marcha, y cuando llegamos a casa le preguntaste cuánto le debías, y él solo te dijo que ese viaje iba por la casa con una sonrisa que llevaba una curiosa mezcla de picardía y respeto.

    Tan solo rememorar aquella parte de esa noche y lo que vino después… No dejo de pensar en el momento en que estemos juntos otra vez, cuando pueda perderme en tus ojos, en tu risa, en el calor de tu abrazo. Eres mi refugio, mi deseo, mi todo. Esta cama se siente tan fría sin ti, pero mi corazón arde con la certeza de que pronto estaremos entrelazados, haciendo realidad cada sueño que anoche no me dejó dormir. Te amo con todo lo que soy, y te espero con un ansia que no puedo contener.

    Siempre tuya, Dévora

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  • En una boda

    En una boda

    Javier se sintió muy halagado cuando sus amigos le pidieron que fuera el padrino de su boda. Se conocían desde la infancia y habían hecho tantas cosas juntos que, junto con otras personas, formaban una gran familia. Además, eran las dos únicas personas que conocían la homosexualidad de Javier, lo cual les otorgaba un grado mayor de amistad y confianza.

    El día amaneció espléndido, con un sol radiante en el cielo y una temperatura muy agradable. Después de una emotiva ceremonia, las fotos de rigor y la lluvia de arroz, todos los invitados se dirigieron al salón donde se celebraría el banquete. Se trataba de un hotel rural en el que muchos iban a quedarse a dormir para evitar el viaje de vuelta a las tantas de la madrugada a sus lugares de origen; de esta forma, la fiesta se podría alargar hasta que el cuerpo aguantase sin el peligro que suponía coger después el coche.

    Casi todos los invitados eran ya conocidos de Javier, que, aunque estaba acompañado por todos los amigos de la pandilla, se sentía un tanto solo por tener que acudir sin pareja. A sus 32 años había tenido que inventarse alguna que otra excusa cuando algunas personas le preguntaban (y más en ocasiones como ésta) cuándo se casaba. Pero desde el primer momento se fijó en un chico un poco mayor que él, sobre todo porque llevaba un traje exactamente igual; ya se encontraba raro con aquel traje negro que la novia le había recomendado comprar para ir conjuntado con el novio para que encima hubiera otro invitado del montón vestido casi exactamente igual.

    A pesar de eso, se lo estaba pasando muy bien. Todos se rieron y se hartaron de bailar al son de la orquesta que amenizaba el banquete. En el caso de algunos, el alcohol ayudó considerablemente.

    En medio del baile, el otro se dio cuenta también de la coincidencia y acercándose al son de la música le dijo:

    ―En la tienda me dijeron que no habría un traje igual al mío; está claro que tendré que ir a llamarles la atención.

    ―Vaya, a mí me han dicho lo mismo —respondió Javier—. Cuando quieras quedamos y le echamos una bronca por partida doble.

    La broma provocó alegría en ambos y se presentaron. El otro, que se llamaba Pepe, también había acudido solo, por parte del novio. Así que decidió presentarlo a su grupo de amigos, que lo acogió muy cordialmente, como siempre hacían.

    Se siguió bailando y disfrutando de la fiesta hasta que poco a poco, y bastante avanzada la noche, la gente se fue marchando. Javier se despidió también de sus amigos, incluido Pepe.

    ―Uno que se va a dormir, que estoy muy cansado. Me voy a tomar un cafelito en la cafetería y me retiro.

    Esto último lo dijo sobre todo para que Pepe tomara nota. Le había sorprendido anteriormente mirándole disimuladamente y algún roce durante el baile le había parecido algo más que casual, pero no quería hacerse ilusiones porque la experiencia le decía que no había muchas posibilidades de que un tío como aquel entendiese. Aun así, decidió con aquella frase, jugar su última carta.

    De pie en la barra del bar pidió su café, aunque casi no pudo terminar porque de repente oyó decir detrás de él:

    ―Camarero, deje el café para otra ocasión y traiga una botellita de champán y dos copas. —Javier se giró para ver que quien hablaba era Pepe, pero no le dio tiempo a decir nada—. Tendremos que hacer un último brindis por los novios, no te parece. Y por tener ambos tan buen gusto al vestir.

    ―Por los novios de acuerdo, pero en lo del traje no estoy de acuerdo contigo. Estoy deseando sacármelo.

    ―Me acabas de dar una idea. Nos cogemos la botella y brindamos en mi dormitorio, allí podremos ponernos más cómodos.

    Le pareció una señal evidente que no estaba dispuesto a dejar pasar. Así que hicieron en el bar un pequeño brindis y subieron a terminar la botella a la habitación.

    Ya sentados en el sofá del estar que había en el cuarto de Pepe, no hicieron falta muchas palabras más para que Javier se decidiera a tocar directamente el muslo de su amigo sin que éste se sintiera ni mínimamente extrañado. Todo lo contrario. Después de masajearse mutuamente el paquete por encima del pantalón, enseguida estaban ambos con la polla fuera. Al mismo tiempo, Javier acercó su boca a la de Pepe para besarle, primero levemente y luego con más pasión, buscando su lengua y rozándole con los pelos de su recortada perilla, lo cual provocó en Pepe un gran placer.

    Mientras Pepe se aflojaba la pajarita y empezaba a desabrocharse la camisa, Javier bajó hasta su pija para empezar a besarla y lamerla. Era una gran polla que le hizo babear desde antes de metérsela en la boca.

    ―No decías que querías sacarte el traje para estar más cómodo —preguntó Pepe.

    Y sin esperar respuesta invitó a Javier a ponerse de pie para ir desnudándose con calma el uno al otro. Pudo descubrir entonces cómo el cuerpo de Javier era mucho más peludo que el suyo y comenzó una ceremonia de besos y lamidos que abarcaron desde el cuello hasta el ombligo. Besó su pecho, lamió, chupó y mordió tiernamente sus pezones y llegó finalmente al miembro de Javier, que apuntaba ya al techo. La besó y comenzó una mamada que le provocó al otro una explosión de placeres tal que le costó frenar los gritos que su cuerpo le estaba pidiendo.

    Recostados de nuevo en el sofá siguió chupando la verga de Javier hasta que éste le pidió parar para corresponderle con una mamada casi más espectacular que la que había realizado él. Siguieron durante un largo rato las felaciones recíprocas y los besos hasta que, desnudos completamente, decidieron que había llegado el momento de ir más allá.

    Sentado Pepe en el sofá y de rodillas en el suelo, delante de él, la polla de Javier llegaba justo a la altura del culo de aquél. Comenzó primero por introducir un dedo mojado en saliva, poco a poco pudieron ser dos, hasta que consideró que la dilatación era suficiente como para meter su polla, que derramaba abundante líquido preseminal. Eso ayudó a que en apenas dos embestidas, la verga de Javier entró por entero en el culo de Pepe, que gimió de placer.

    Empujó Javier durante algunos minutos hasta que no pudo más. Se lo hizo saber a Pepe, que cogió su mano para invitarle a masturbarle y conseguir así terminar casi al mismo tiempo. Él derramó su semen en su pecho mientras que Javier acababa con una explosión de placer en el interior de Pepe. Pensó, mientras se corría, que nunca hasta ese momento había sentido un gozo tan grande con ningún otro hombre.

    Después brindaron por los novios con la botella de champán medio llena que había quedado sobre la mesa auxiliar, y después de compartir la cama aquella noche, tomaron por la mañana el café que Javier no había terminado de pedir en el bar la noche anterior.

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  • Una partida muy especial con un grupo de amigos

    Una partida muy especial con un grupo de amigos

    Al trasladarse las oficinas centrales de la empresa donde trabaja mi marido a la periferia de la ciudad, decidimos dejar el apartamento que teníamos alquilado en el centro de Madrid y alquilar un piso por la zona. Al año y medio de haber fijado nuestra nueva residencia, conocí a una chica, vecina de nuestro mismo edificio, con la cual entablé una bonita y profunda amistad.

    Lola, que así se llama mi amiga, es una mujer de treinta y un años, es decir, diez menos que yo, muy alta y delgada (mide más de un metro ochenta), con un frondoso pelo castaño muy rizado y los ojos azules muy claros. No es una belleza de mujer, pero resulta muy atractiva. Después de varios meses de amistad, ambas decidimos presentar a nuestros maridos para poder salir juntos los cuatro.

    Resultó que nuestros respectivos esposos se cayeron en gracia y, por ese motivo, conseguimos que las dos parejas saliéramos bastante a menudo. Rafa, el marido de mi amiga Lola, tiene treinta años, es un tipo muy alto (mide un metro noventa y cinco) y corpulento (pesa cien kilos). Tiene la típica barriga del buen bebedor de cerveza y, aunque no es mi tipo de hombre, debo reconocer que tiene cierto atractivo.

    Mi marido Javier, que tiene cuarenta y dos años, es bastante más guapo que Rafa. De tipo son bastante parecidos, ya que Javier también es bastante alto (un metro ochenta y cinco) y corpulento (noventa kilos), aunque no tiene la barriga tan pronunciada.

    Yo me llamo Carmen (Mamen para los amigos), tengo cuarenta y un años, soy rubia (teñida) con los ojos marrones, mido un metro sesenta y cinco y peso cincuenta y seis kilos. Reconozco que soy bastante guapa de cara y tengo el típico cuerpo de una mujer de mi edad que la gusta cuidarse. Es decir, pechos grandes y erguidos, culito respingón, cintura de avispa y caderas anchas, pero bien torneadas.

    Tras dos años de mantener una buena y sana amistad con nuestros amigos, ocurrió algo inesperado, y, es justamente este asunto el tema central de este relato.

    Serían las nueve de la noche de un viernes del mes de diciembre, cuando mi marido y yo estábamos medio adormilados en el salón de nuestra casa, después de una dura semana de trabajo. Estábamos viendo la tele y haciendo tiempo hasta la hora de cenar, cuando de pronto sonó el timbre del teléfono sobresaltándonos a ambos. Se trataba de Lola. Al día siguiente era su cumpleaños y nos invitaban a cenar en su casa, en compañía de otro matrimonio al que apenas conocíamos. El plan nos pareció sugerente así que, aceptamos de buen grado.

    El sábado a las nueve de la noche acudimos a la cita. No tuvimos que salir con mucha antelación, ya que nuestros amigos viven en el décimo piso de nuestro mismo bloque. Al entrar en su casa, sus otros amigos ya estaban dentro. Amablemente procedieron a presentarnos. Ella se llamaba Elena, tenía treinta y cinco años, y era una mujer de bandera. Su marido Eduardo, de treinta y siete años, tampoco estaba nada mal. Eran muy simpáticos y extrovertidos, por lo que consiguieron romper rápidamente el hielo con nosotros.

    Después de una sensacional cena, Lola preparó unas copas y nos sentamos en los cómodos sofás y sillones dispuestos alrededor de la mesa del salón. Entonces Rafa propuso jugar una partida de cartas entre los seis, y ahí es donde el ambiente se empezó a enrarecer, ya que no se trataba de un juego de cartas tradicional, sino de un singular juego, inventado por ellos, al que denominaban sex-póker, y que nuestros nuevos amigos parecían ya conocer sobradamente.

    Javier me miró con la misma cara de sorpresa con la que yo le miré a él. Las otras dos parejas parecieron adivinar nuestro estupor ante aquel juego, por lo que nos dijeron que comprendían nuestra postura, y que no hacía falta que jugáramos nosotros si no queríamos, pero que podría ser divertido que nos limitáramos a mirar sin participar. Luego, podríamos decidir si marcharnos o incorporarnos a la partida, sin enfados ni malos rollos por parte de nadie.

    Javier parecía haberse animado algo con aquella nueva proposición, teniendo en cuenta que estaba mirando con ojos picantotes a la preciosa Elena. A mí no me gustaba la idea de mirar, pero menos aún la de participar. El caso es que finalmente aceptamos a ser espectadores del juego, pero solo durante un ratito, después nos iríamos a nuestra casa y les dejaríamos a los cuatro solos.

    El juego parecía tener dos etapas bien distintas. Se trataba del juego tradicional del póker abierto, en el que las apuestas consistían en prendas de vestir, en una primera fase, y de prendas sexuales en su segunda fase. Para la segunda fase tenían una especie de peonza de plástico hexagonal, cuyos seis lados contenían escritos seis actos sexuales distintos.

    Por tanto, el que perdiera, debía lanzar la peonza sobre la mesa, y realizar el acto sexual que contuviera escrito la cara del hexágono que quedara sobre la mesa, con su acreedor del sexo opuesto. Claro está que las caras de la peonza permanecían ocultas en ese momento, ya que el gran aliciente del juego era precisamente ese, no saber que te podía tocar.

    El juego se iba desarrollando con absoluta naturalidad por parte de los cuatro participantes, pese a que a algunos de ellos ya les faltaba alguna que otra prenda de vestir. Visto desde fuera perdía una gran dosis de morbo, a pesar de resultar excitante. Entonces, Javier me miró a los ojos y sin hablarme le entendí perfectamente.

    Su mirada denotaba una mezcla de miedo y excitación. No quería participar en aquello, pero en el fondo sentía morbo por hacerlo. Y supe perfectamente sus sentimientos porque yo sentía exactamente lo mismo. Nuestros amigos, que no eran tontos y se estaban percatando de nuestra indecisión, nos animaron a que nos incorporáramos al juego. Entre esto y el efecto de las copas terminamos por aceptar.

    Una hora después los seis estábamos medio desnudos, por lo que la segunda fase estaba a punto de iniciarse. Y se inició justo cuando Javier perdió un mano a mano con Lola, sin que le quedaran más prendas para pagar su apuesta. Entonces Lola le entregó la peonza para que la lanzara sobre la mesa. El artefacto de plástico comenzó a girar a gran velocidad. Poco a poco fue perdiendo fuerza, hasta que por la inercia una de sus seis caras se detuvo bruscamente contra la mesa. Lola procedió a retirar la tapita negra que ocultaba su prenda. Cuando leí la inscripción me dio un vuelco el corazón. A mi marido le había tocado lamer el sexo de Lola durante dos minutos de tiempo.

    Con cierta vergüenza hacia mi persona, pero con total decisión, mi amiga Lola se abrió de piernas para que Javier la lamiera el sexo. En el ambiente se generó cierta tensión, pero habíamos aceptado jugar con todas sus consecuencias, así que Javier se arrodilló entre las piernas de mi amiga y empezó a lamerla el coño, mientras que Rafa accionaba el mecanismo de su cronómetro, que previamente fijó en los dos minutos de rigor. Lola cerró los ojos y se concentró en sí misma, como si nadie más que ella y mi marido estuvieran en la sala. Al minuto de tiempo, mi amiga comenzó a emitir pequeños gemidos de placer, mientras que la lengua de Javier la recorría la raja y el clítoris.

    Cuando el cronómetro de Rafa anunció el final de la prenda, con dos agudos pitidos, su mujer estaba a punto de alcanzar el orgasmo. Javier se retiró sin atreverse a mirarme a la cara, notablemente cortado. Los demás, al objeto de eliminar aquella tensión, anunciaron la siguiente mano, repartiendo las cartas.

    En la siguiente partida se enzarzaron Rafa y Eduardo. Esta vez la mano la ganó Rafa, por lo que la prenda la debía cumplir la mujer de Eduardo, Elena, según las reglas establecidas. La peonza se detuvo sobre la cara del hexágono, cuya prenda consistía en una masturbación con beso en la boca incluido, durante tres minutos. Rafa se sentó frente a Elena, la cual le agarró el pene con sus manos y comenzó a frotarlo. Luego, ambos fueron acercando sus rostros hasta que sus labios se fundieron en un morreo lento y suave. El miembro de Rafa fue adquiriendo un tamaño considerable.

    Nunca pensé, por su aspecto físico, que Rafa pudiera calzar semejante verga. Debía medirle más de veinte centímetros de longitud, por descontado mucho mayor que la de mi marido. Cuando los tres minutos transcurrieron, los dos improvisados amantes tenían sus rostros cubiertos de saliva, producto de los lengüetazos que se habían dado.

    Rafa se retiró a su asiento totalmente empalmado, mientras que la bella Elena se mostraba ostensiblemente excitada, a juzgar por la magnitud y dureza de sus pezones, sobre los cuales, Javier había posado su mirada lasciva, lo cual me molestó bastante, aunque reconozco que las tetas de Elena eran prácticamente prefectas, tanto en forma y tamaño, como en rigidez y dureza.

    En la siguiente mano conseguí un “full” de ases y reyes, una de las jugadas más altas que se habían dado hasta el momento, por lo que me envalentoné desmesuradamente. Javier, Elena y Lola se retiraron del juego. Eduardo y Rafa, por el contrario, aceptaron mi apuesta. Entonces mostré mis cartas con orgullo. Eduardo tiró sus cartas en señal de derrota. Luego, Rafa, mostrando una sonrisa chulesca mostró su “póker” de sietes. El muy cabrón me había ganado.

    Cuando me crucé con la mirada de Javier, comprendí que no solo había perdido el juego, sino que tendría que tirar la peonza y someterme al capricho de su azar, nada más y nada menos que con nuestro anfitrión Rafa. La peonza parecía no terminar de girar nunca, y mientras lo hacía, un silencio sepulcral inundó el ambiente. Las miradas de todos nosotros se cruzaban nerviosamente. Pude ver la cara descompuesta de mi marido, pensando en que tendría que someterme a otro hombre delante de todos.

    Por fin la peonza se detuvo apoyando una de sus caras sobre la mesa. Lola hizo los honores de destapar la inscripción. No podía creer lo que estaba leyendo. Tenía que hacer el amor con Rafa sin límite de tiempo, es decir, hasta consumar la eyaculación de mi amante. Para mayor humillación de mi marido, dado que nuestros amigos sabían que yo no podía quedarme embarazada por un problema hormonal congénito, se decidió, por unanimidad (excepto el voto de Javier) que el coito se llevaría a cabo sin utilizar condón.

    Me arrodillé en el suelo, apoyando mis brazos sobre el asiento central del tresillo, cuyos asientos laterales estaban ocupados por Eduardo y Elena, respectivamente. Lola y mi marido se sentaron a los lados en sendos sillones. Rafa, que no había perdido su erección anterior, se arrodilló entre mis piernas, por detrás de mí. Entonces noté como su glande se iba abriendo paso delicadamente entre mis labios vaginales, hasta penetrarme. El respetable grosor de su miembro me provocó un estremecimiento nada más entrar en mi vagina.

    Luego, lentamente, fue empujando su rabo hasta que los testículos hicieron tope en mis nalgas. Colocó sus dos manos por debajo de mi cuerpo agarrando firmemente mis tetas. Una vez en aquella posición comenzó a balancear sus caderas muy despacio, tomando como punto de apoyo mis pechos.

    En cada movimiento de entrada hundía sus más de veinte centímetros de carne dura hasta mis entrañas, mientras que en cada retirada de sus caderas, su glande se salía prácticamente de mi coño, para volver a entrar sin ayuda de sus manos. Luego comenzó a follarme con más fuerza, aumentando paulatinamente la velocidad de bombeo. Al quinto o sexto empujón comencé a sentir un súbito cosquilleo en el clítoris, señal inequívoca de que estaba cerca de correrme de gusto. En efecto, un impresionante e intensísimo orgasmo se fue apoderando de mis sentidos, proporcionándome un placer inconmensurable.

    Debo reconocer que jamás había experimentado un orgasmo tan brutal y satisfactorio. Rafa seguía aumentando la velocidad de bombeo, sin la mínima pausa. Aquel primer orgasmo, lejos de desaparecer, se encadenó con un segundo si cabe más intenso. El segundo dio paso a un tercero, y éste a un cuarto. Estaba tan borracha de placer que me olvidé por un momento que mi marido era espectador de aquel fenomenal polvo.

    Ya no era dueña de mis actos. Mi cuerpo temblaba íntegro en espasmos de placer, y me agarraba al cojín del sofá como una gata en celo. En uno de esos movimientos vi a Eduardo, que estaba sentado justo a mi lado, como se empalmaba solo, al ver el espectáculo. Loca de placer, me coloqué poco a poco entre las piernas de Eduardo y, hundiendo mi cabeza entre sus muslos, me metí su rabo en la boca y empecé a chupárselo.

    Aquello no formaba parte del guion, pero a Eduardo no pareció disgustarle mi actitud y se dejó trabajar la polla sin la menor resistencia. Desconozco el extraño impulso que me hizo reaccionar de esa manera, pero lo cierto es que estaba tan caliente y excitada que le hice una mamada de reglamento. Rafa seguía jodiéndome sin parar, con más fuerza que nunca. Tiraba de mis tetas hacia él, al mismo tiempo que me pellizcaba los pezones.

    El glande de Eduardo comenzó a supurar liquido preseminal y sus testículos se hinchaban como globos. El quinto orgasmo provocó que me metiera el rabo de Eduardo hasta la garganta y apretara sus huevos con mis manos, justo en el momento en el que un río de leche tibia y espesa salió a borbotones de su capullo.

    Cuando Eduardo se estaba corriendo, tenía su glande alojado en mi garganta, por lo que no tuve más opción que irme tragando todo el cuajo que le iba saliendo. Cuando la polla de Eduardo por fin se secó, comencé a notar que un calor intenso se apoderaba de mis entrañas. Entonces comprendí que Rafa estaba descargando toda su leche en mi útero, mientras estrujaba mis tetas con más firmeza que nunca y sus empujones comenzaban a perder velocidad.

    Cuando Rafa la estaba sacando de mi coño comencé a notar un sexto orgasmo. Él, se dio cuenta y todavía aguantó varios minutos follándome, pese a haberse corrido ya. Aquel gesto fue de agradecer, puesto que conseguí finalizar mi sexto y último orgasmo hasta el final.

    Por supuesto que la velada terminó en ese momento, ya que Javier no tenía ánimos para seguir después de ver lo puta que podía ser su mujer.

    Nunca jamás hemos vuelto a acudir a esas partidas, pero confieso que por mi parte no me importaría repetir… muchas más veces.

    Fin

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  • Una de mis mejores noches de placer (1)

    Una de mis mejores noches de placer (1)

    Pusimos la mesa de centro cerca del sofá y sobre la mesa la botella de vino, sodas, vasos y una bandeja con hielo, ni marido venía muy caliente y se notaba que quería cogerme muy apasionadamente, le dije que se sentara mientras yo me daba una ducha.

    Me fui al baño de la recámara y luego me puse un baby dool rojo transparente, sin bra, unas tangas rojas de hilo dental también transparentes y por supuesto medias clásicas con dibujos y el liguero, las zapatillas blancas de tacón de aguja y luego me alboroté la cabellera, me pinté muy sexy y me puse su perfume favorito.

    Me vi de cuerpo completo en el espejo y me gustó mucho como me veía, realmente muy sensual, les diré que soy morena clara, de 1.75 m de estatura, mis pechos son firmes y redondos muy duritos no necesito usar brassere, cintura de 65 cm y muy buenas nalgas, eso me dicen todos, firmes redondas y duras, mis piernas bien formadas desde los chamorros hasta mis muslos.

    Satisfecha con mi arreglo y mi figura, salí de la recámara dispuesta a agradarle y complacer a mi marido y vaya que lo logré, cuando me vio, me dijo “guau mi amor, que riquísima te ves, estás más buenota que nunca.”, “¿te gusto mi amor?”, “me encantas” me dijo.

    Me acerqué a él caminando muy cadenciosamente moviendo mis caderas de un lado a otro, él se paré y me abrazó, parecía pulpo agarrándome todo, “espera mi amor, vamos a sentarnos a beber algunas copitas”, entonces mientras yo servía los vasos mi marido se paró a poner un video porno, me senté en el sofá con las piernas cruzadas, “mamita me dijo, sabrosa”, “siéntate” le dije, empezamos a beber mientras veíamos el video, se trataba de una relación sexual de un trío, las escenas eran por demás eróticas, pero de muy buen gusto, la chica del video era realmente guapa y de muy buen cuerpo.

    Mientras los actores además de buen cuerpo estaban por demás muy bien dotados, pero sobre todo el más morenito, tenía una vergota impresionantemente deliciosa, mientras veíamos el video y bebíamos, mi marido no dejaba de acariciarme las piernas, las escenas del video se fueron dando con las caricias de uno de ellos con la chica, mientras el otro actor estaba sentado en la orilla de la cama viéndolos coger, sin intervenir para nada, solo se masturbaba su vergota.

    Cuando acercaban la cámara a sus genitales, de la vagina de la chica salían sus carnosidades y sus gemidos de placer parecían muy reales, sin exageraciones, las caricias de mi marido los efectos del alcohol y las escenas de sexo nos pusieron a mil, yo ya tenía mis piernas abiertas con la mano de mi marido en mi rajita que ya estaba muy mojada, “que rico cogen, me dijo mi marido, ¿verdad mi amor?”, uf si.

    Luego de que el chico terminó de cogerse a la chica, se paró de la cama y se fue a sentar a un sillón, mientras el otro chico moreno se paró acariciándose su enorme vergota, y se acostó en la cama a un lado de la chica, ella le empezó a hacer el sexo oral y luego se montó sobre el chico.

    En esos momentos el camarógrafo acercó la lente y se vio muy claro como ella acomodó su vagina en la cabezota de la vergota que tenía a su disposición, se lo fue introduciendo muy lentamente y su vagina se iba enanchando mucho, ella subía y bajaba deliciosamente en esa vergota mientras el chico le daba tremendas chupadas a sus pezones, en eso mi marido me dijo “ufff mira nada más que vergota se come la niña, como la llena toda, ¿ya viste?” Me preguntó, “si le dije, que rico debe sentir ella, toda llena de la vagina”, los líquidos de ella escurrían por el penesote del chico, “mira como se viene la canija”, y yo le contesté a mi marido, “pues como no, con una vergota así, ya si no”.

    Esas palabras me salieron inconscientemente y a la vez recordando para mí misma lo rico que se siente tener esas vergotas dentro de la vagina, mi comentario no pasó desapercibido para mi marido, y me preguntó “¿a ti te gustaría coger con alguien así?”, “a quien no” le respondí, seguimos viendo el video hasta que terminó, ya habíamos consumido casi toda la botella, entonces mi marido ya no se pudo contener y me acariciaba toda muy excitado.

    Luego me hizo que me parara frente a él y me dijo que me diera una vueltecita, giré sobre mis piernas y cuando estaba dándole la espalda, me agarró las nalgas y me jaló hacia él, luego me fue bajando la tanga y me quitó el baby dool, se paró y me llevó a la cama, se desvistió muy rápido y se acomodó a un lado mío, quise quitarme el liguero y las medias pero él me dijo que me quedara así, que me veía muy… Calló, “¿muy qué?, le pregunté, dímelo sin temor mi cielo, ¿me veo muy qué?”, “muy puta, me dijo, perdona pero así te veo”, “guau, le dije, ¿y te gusta verme así?”, “me superexitas”, “pues ya cógeme” le dije.

    Ya sentía dentro de mi vagina un frío y un hueco deseoso de ser llenado, mi marido se montó sobre mí y nos besamos de lengüita, luego bajó a mis pezones y yo estaba bien chinita de la piel de la excitación, bajo su boca hasta mi vagina y empezó a lamerme el clítoris, su lengua fue entrando en el hueco de mi raja, “así mi amor, sigue así, le decía yo, estoy muy caliente mi cielo”, “¿te gustó el video que puse?” Me preguntó, “si me excité mucho”.

    Luego él me puso a cuatro patas y me besaba las nalgas, luego su lengua se posó en mi vagina y su lengua me recorría desde el clítoris hasta el ano, ufff mi cuerpo temblaba de placer por esas riquísimas caricias, “ya métemela, le dije, ya no aguanto más”, acomodó su verga en la entrada de mi vagina y me la metió toda de un solo empujón, aggg salió de mi garganta, “así mi rey, soy tuya mi amor, cógeme rico por favor”, mis dedos estaban apretando la sábana, y mi marido metiéndome y sacándome su verga, me provocó dos deliciosos orgasmos.

    “Que rico mi cielo, vienes muy semental”, “a mí también me excitó mucho el video, me dijo, y más me excité cuando me dijiste que la vergota del moreno te gustó mucho, ¿en serio te gustaría coger con alguien así?”, “ya te dije que si mi amor, pero no lo haría porque te amo mucho”, “¿pero si te gustaría?”, si le contesté de nuevo, “pero ya te dije que aunque me gustara, no lo haría sólo que tú estuvieras de acuerdo” y para mi sorpresa mi marido me dijo que por él no habría problema alguno, que me quería tanto, que estaba dispuesto a que yo disfrutara el sexo con alguien así.

    Mi marido comenzó a cogerme más rápido, como que esa plática lo excitó mucho, y me dijo, “ya te imagino toda llena de verga y tu gritando de placer, ¿te animas a coger con otro? Pues si tú quieres yo también”, “¿cuándo quieres que me vaya a coger con otro?”, no lo pensó mucho y me dijo, “pues hoy mismo ¿qué te parece?”, “mmm, le dije, ¿es en serio? Mira que muchos hombres me quieren coger pero me he detenido”, “si es en serio, me dijo, es más, dijo sacándome su verga, ahorita mismo sal a la calle muy provocativa y busca un amante de ocasión”, como yo aún estaba muy excitada me le quedé viendo como tratando de descifrar si era verdad su propuesta, “anda mi amor, arréglate y aquí te espero”.

    “Bueno si tu así lo quieres, que así sea”, me paré de la cama y me di una rica ducha, luego me arreglé muy sexy con una superminifalda y una blusa muy escotada, mis zapatillas doradas y me arreglé como cuando me fui al putero, mi esposo seguía bebiendo sentado en el sofá, cuando me vio ya arreglada dijo “ay mamita, que puta te ves, seguro te va a ir muy bien, suerte. Disfrútalo mucho. Cualquier cosa me hablas por fon y voy por ti”.

    Sali a la calle y desde mi celular llamé a mi amigo taxista, le pedí que me recogiera en la calle donde me encontraba, tardo casi 15 minutos en llegar, mientras muchos hombres desde sus automóviles me invitaban a subirme con ellos, al fin llegó el taxi, me subí y le dije que me llevara al putero, “hola amiga, me dijo, tanto tiempo sin saber de ti, ¿caliente?” Jajaja reí, “si hoy más que nunca, ya es tarde, pero a ver que agarro”, jajaja reímos los dos.

    Llegamos al putero y le pedí que me recogiera a las 4 como siempre, entre al putero y estaba lleno de clientes, no me sentaba aun cuando un mesero me saludó y me dijo “que bueno que viniste tenemos muchos clientes solos, vente”, me llevó a una mesa donde estaban dos hombres ya medio maduros, me senté en medio de ellos y me sirvieron una copa de champán, los dos me agarraban las piernas y yo los hacía beber más rápido, luego me sacaron a bailar y como siempre me agarraron las nalgas, la espalda, y en la mesa me recorrían las piernas, uno de ellos quiso sacarme una bubi, pero le dije que si quería mejor nos fuéramos al hotel, acordamos el precio, me pagaron y pagaron en la barra mi salida.

    Los tres nos fuimos al hotel y entramos al cuarto, nos sentamos y seguimos bebiendo algunas copas, luego me pidieron que les hiciera un baile frente a ellos, así que les dije que se sentaran en la alfombra, puse música adecuada y empecé a bailarles.

    Mi baile era por demás erótico, me movía toda, luego en la segunda pieza, empecé a quitarme la blusa, y a uno de ellos le puse un pezón en su boca, de ratito seguí bailando y me quité la minifalda, luego la tanga y me agache frente a ellos enseñándoles mi raja abierta, luego me encuclillé y me puse a cuatro patas, me movía hacia adelante y hacia atrás, eso me causó mucho placer, sentía sus manos acariciarme las nalgas, cuando la música acabó, los tome de sus manos y los llevé a la cama, se desvistieron y yo me acosté en medio de la cama, cerré mis ojos sudando de placer…

    Continuaré este deliciosa aventura en otro relato.

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  • Aprendiendo con maduros (final)

    Aprendiendo con maduros (final)

    El sexo con maduros me resultaba cada vez más gratificante. La mayoría de las experiencias que tenía con clientes o conocidos eran gratificantes, aunque el único que me hacía llegar a la locura era Emilio. Varios días antes de su habitual visita mensual por tema de negocios Emilio me llamo para preguntarme si me apetecía probar algo nuevo con él, algo morboso, excitante y que exigía tener una mente bastante abierta y una confianza total en la persona con la que estabas.

    Me quedé un poco confundida y me lo pensé un par de días, tras lo cual decidí que sería interesante probar esos juegos prohibidos de los que hablaba. Emilio me volvió a llamar para decirme que él se encargaba de comprar lo que necesitaba. Que lo único que tenía que hacer yo era estar disponible para él desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la mañana.

    Emilio llegó a la ciudad el miércoles. Cumplió con sus compromisos laborales y el viernes me invitó a comer. Yo no tenía problema ya que una compañera me debía un turno así que se lo pedí que me lo hiciera ese fin de semana. Mientras comíamos charlamos de cosas triviales… el trabajo, el tiempo… y fue cuando nos sirvieron el café cuando Emilio me desveló lo que tenía preparado.

    Me contó como desde que se había quedado viudo había decidido dar rienda suelta a todas cosas que siempre había querido probar, pero que por respeto a su mujer nunca lo había hecho durante el matrimonio. Dentro de esas fantasías estaba la de la dominación, la de someter a una mujer a su antojo, sin malos rollos ni cosas raras y evidentemente dentro de unos límites que los dictaba el propio sentido común.

    Emilio me volvió a decir que si no quería probarlo no pasaba nada, algo que siempre heria mi orgullo cuando me lo decían los maduros ya que tenía la sensación de que me consideraban todavía una adolescente. Le dije que estaba preparada para experimentar cosas nuevas y que no tendría problema.

    Nos dirigimos a la habitación de Emilio y mientras subíamos en el ascensor comenzó el juego: me arrinconó, me tiró con fuerza del pelo y me dijo: “bien zorrita, en cuanto salgas del ascensor dejaras de ser Nuria para convertirte en una perrita obediente y complaciente cuyo único fin será el de servir a su amo y aceptar su voluntad sin rechistar”. Emilio se había transformado en un completo desconocido, pero yo había aceptado las reglas del juego así que decidí seguir hasta el final.

    En cuanto entramos a la habitación Emilio me ordenó que me desnudara dejándome solo el tanga puesto y que me quedara de pie en el centro de la habitación. Dio varias vueltas alrededor mío en plan desafiante hasta que se plantó delante de mí. Agarró mis pezones con fuerza y los pellizcó y retorció hasta que el dolor resultó casi insoportable y mi cuerpo se doblegó y cayó rendido a sus pies: “esa es la posición natural de una perra, a los pies de su amo” dijo Emilio mientras mis doloridos pezones fueron recuperando poco a poco la normalidad.

    Cometí el error de incorporarme ante lo cual Emilio reaccionó estirándome del pelo y recordándome que no debía hacer nada que él no me hubiera ordenado. Como castigo se sentó en la cama, me tumbó boca abajo encima de sus rodillas y me azotó las nalgas, algo que me resultó muy morboso ya que intercalaba los azotes con caricias. Estaba siendo dominada y castigada, pero sin saber por qué mi coño se estaba empezando a humedecer.

    Cuando terminó de azotarme me volvió a dejar de pie en el centro de la habitación y me vendó los ojos. Me hizo levantar los brazos, me esposó las manos y con una cuerda bien tirante unió las esposas con una argolla que previamente había colocado en el techo. Allí estaba yo, atada, sin escapatoria y entregada a un hombre que podría hacer conmigo lo que quisiera. Lo extraño del asunto es que lejos de estar asustada, el estar completamente indefensa y a su merced me hacía sentirme cada vez más excitada.

    Pasaron algunos minutos hasta que me quito la venda. Giré mis ojos hacia la cama y vi que Emilio, que para entonces ya vestía solo con unos bóxer ajustados, había aprovechado para sacar todo el material y ponerlo encima de la cama: pinzas, velas, cuerdas… había de todo. Se acerco a mí, metió su mano en mi tanga y al notarme mojada se enfadó. “¿quién te ha mandado excitarte perra estúpida?”. El comentario me hizo sentirme muy vulnerable y me entraron ganas de llorar: “vaya, además de perra y estúpida resulta que eres una niñita llorona… no te mereces un amo como yo” me dijo. Tomó unas pinzas y las puso en mis pezones.

    El dolor crecía rápidamente de intensidad y se vio incrementado cuando tomó su fusta y me volvió a castigar las nalgas. Las lágrimas comenzaron a brotar por mis ojos, le supliqué que parara, que no podía más, pero pese a que no paraba en mis súplicas Emilio se mostró inflexible hasta que algunos minutos después se detuvo. Se acercó a mí y agarrándome del pelo me dijo: “veo que has aprendido a suplicar como las perras asquerosas y eso se merece una recompensa”.

    Me besó en los labios, liberó mis pezones de la tortura de las pinzas y comenzó a lamérmelos con delicadeza. Aquello hizo que me volviera loca. Tenía los pezones tremendamente sensibles y su lengua cálida aumentó esa sensibilidad hasta un placer difícil de describir. Mi coño, que había perdido excitación con los azotes, volvía a estar empapado. Deseaba que Emilio me follara… aunque parezca increíble deseaba ser su perra estúpida.

    Emilio me desató y me llevó a la cama. Me puso a 4 patas, tomó mis brazos, ato mis muñecas a mis tobillos y me dejo en una postura de completa entrega. Mi cara apoyada contra el colchón y mi culo en pompa con mis agujeros totalmente ofrecidos a él… indefensa, pero excitada, sin escapatoria, pero entregada, completamente sometida a la voluntad y al placer de mi amo. Emilio comenzó a comerme el coño controlando que en ningún momento alcanzara el orgasmo. Cuando me puso a punto clavó su polla de un solo golpe y empezó a follarme como un salvaje mientras me llamaba puta, perra, zorra y otras lindezas varias.

    Tuve un par de orgasmos mientras me follaba, pero él no estaba satisfecho y decidió que era hora de darme por detrás. Ensalivó mi ano, acercó su verga y comenzó a empujar con golpes bruscos, pero cortos que hacían que su polla se fuera adentrando poco a poco y que abrían un poco mi ano a cada embestida. Me tuvo clavada y sin moverse durante un rato hasta que empezó a follarme mientras su mano iba dando rítmicamente azotes en mis nalgas. Emilio duró una eternidad en mi culo.

    Cuando estaba a punto de correrse volvía a bajar el ritmo para tranquilizarse. Yo me sentía bien, por un lado, porque me estaba gustando y por otro porque la situación de estar indefensa hacía que me excitara. Finalmente, Emilio se corrió. Varios chorros de leche habían inundado mi culo dándome una sensación de placer muy cercana al orgasmo. Emilio me desató y me ordenó que lamiera su polla hasta dejarla bien limpia, cosa que hice encantada.

    Al día siguiente Emilio y yo pasamos el día en la habitación, tuvimos mucho sexo (en ocasiones bastante subido de tono) y lo pasamos muy bien. Solo se le ocurrió una perversión… que le chupara la polla mientras hablaba con un cliente por el móvil, cosa que reconozco resultó de lo más morboso. Hablamos sobre mis sensaciones del día anterior y le dije que fueron positivas, aunque matizando que lo que realmente me excitó fue el hecho de sentirme indefensa y entregada.

    Los castigos fueron duros (nunca he sabido soportar el dolor) aunque es algo que no se puede evitar ya que entran dentro de lo asumible cuando se participa en roles de dominación/sumisión. Desde entonces lo he vuelto a practicar alguna vez con Emilio y las experiencias han resultado satisfactorias.

    Y aquí terminan las experiencias que he vivido hasta la fecha con hombres maduros. Reconozco que me gustaría volver a encontrar a alguien como Carlos para tener una estabilidad y dejar de tener relaciones esporádicas que en muchos casos solo las tengo para mantener la dosis de sexo necesaria que toda persona necesita. No digo que no sean satisfactorias, pero sí que les falta ese giro de tuerca que me hacía estar completamente entregada a Carlos y que en algunos casos también lo he conseguido con Emilio.

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  • La novia se entregó al primo. Le entregó su culito virgen

    La novia se entregó al primo. Le entregó su culito virgen

    Había pasado un tiempo viviendo en el exterior, ahora nuevamente instalado en el terruño natal, estaba retomando el contacto social y sobre todo familiar. Estaba invitado al casamiento del primo Daniel.

    La relación con la prima comienza la noche que asistí al casamiento del primo Daniel, al momento de darle mis augurios de felicidad, conocí a la desposada, Elizara, belleza tan exótica como el nombre.

    Esa misma noche luego de las inefables referencias familiares, se estableció entre ambos ese feeling, ese puente de simpatía y complicidad, como si nos conociéramos desde siempre, había “piel” y algo más inexplicable, cruces de miradas insinuantemente prometedoras, tanto que un aparte durante la reunión familiar le dije de lo afortunado que era Daniel por tener esta preciosa mujer.

    Es una mujer, de esas que piensan que el tiempo es oro, y mientras bailábamos me hizo sentir sus pechos, y me susurró al oído

    —Por qué solo él debe ser afortunado… búscame al regreso del viaje…

    Al regreso de los “mieleros” forcé el encuentro, paso, por “causalidad”, Ely fingió sorpresa.

    —¿Y ahora qué sigue? —dijo con su mejor sonrisa.

    —¿Un café?

    —Vamos… tú no vienes por eso solo… —guiño cómplice.— ¿Dónde quieres ir?

    No fue necesario hablar más, estaba todo dicho, me dejó la opción de decidir…

    No hubo demoras, salimos, rápido al telo (hotel) más próximo, se agachó cuando estábamos para entrar, se tumbó en el asiento para evitar ser vista, entramos, compartimos un whisky con hielo.

    Dijo saber mucho mí, de la fama de promiscuo que me había hecho la tía René entre las mujeres de la familia, que era un irreverente cogedor, sabían que me gustan todas, de no perdonar ni pelo ni marca. Con todo eso que se decía, le había despertado la curiosidad por saber más de mí, que me suponía que algo debía de haber hecho bien para tener esa fama.

    —¿Quieres saberlo? —Dije con el ego alto como el obelisco.

    —¿A ver? —con risita nerviosa.

    El tema la había excitado, saqué del encierro al “amigo” era el momento de mostrar la “mercadería”.

    —¿Te agrada?

    —¡Qué aparato!, es bastante más gordo que el de mi marido. Él la tiene más larga, pero delgada y para colmo no la usa bien.

    Lo agarró en su mano, sin soltarla, le dedicó una mamada furiosa. Debí rescatarla de su caliente boca para no acabar tan pronto, con el obvio disgusto. Gané en la comparación con la del marido.

    Comenzamos el juego, exploré su conchita con los dedos, recorriendo cada rincón, mientras golosamente mamaba sus tetas, casi con desesperado ímpetu, tanto que me tuve que disculpar por un par de mordidas, la conchita golosa “paleteada” como nunca se lo deben haber hecho, me otorgó elogiosa consideración, la mejor que había tenido en mucho tiempo, dijo en ronco gemido a punto de acabar.

    Más relajada, dijo que deseaba poder mamarla un poco más, a él le parece impropio de una esposa, el sexo debe ser dentro de los cánones de la moral cristiana, y ella necesita más acción y variedad. Que necesita urgentemente ser “garchada” como una putita.

    —¡Dame lo que me falta! —y agregó— Me dejé “levantar” (seducir), porque necesito más acción, se de tu habilidad por haberte cogido a otras mujeres de la familia, y de tu discreción, lo que se sabe es porque algunas de esas “bombacha floja” que te tiraste dejaron entrever que habías estado de visita en sus camas. Cría fama y échate a dormir, y fue esa fama lo que me trajo a ti.

    Sin más preámbulo la acomodé, la conchita tan mojadita, piernas abiertas, bien elevadas y me zambullí de pleno sobre la concha tan mojadita, se la emboqué de una, y en dos movidas se la abrí, quejidos mediante, me hice dueño de su vagina, en dos golpes bien rudos, hasta el fondo, toda la carne golpeando en cada ataque.

    Disfrutaba ser maltratada, empujada con violencia controlada y nalgadas como acompañamiento musical en la salvaje cogidota.

    Demoraba el polvo y gozar más, la sacaba y llevaba a la boca, mamaba y volvía a la vagina, varias veces hasta que no aguanta más y rogaba que le permitiera llegar a su momento de gloria. Breve pausa y retomo el ritmo, afortunado de mí por gozar de esos orgasmos seguidos. Tres de ventaja a favor de Ely, me voy preparando para volcar todo, interminable polvo, me acompañó, un postrer orgasmo con el último chorrito de mi leche.

    Pudimos hacerlo completo y al natural, la píldora como aliada protectora.

    En el segundo turno le di “como en la guerra”, sin tregua, la maratón de sexo nos dejó fundidos por tanta pasión. Quedamos en repetirlo, volvió al hogar con el sabor y el calor de mi semen dentro de ella, cumplió mi orden, sin lavarse se colocó la bombacha, me llevó dentro de su conchita.

    Días después la revancha, fue tiempo de conocernos más y mejor, aprendimos a complacernos y saber dónde están los puntos más erógenos, el mío en las habilidades bucales que se las hacía como nadie, ella se recalentaba cuando le chupan y muerden los pezones al rojo vivo, ni que hablar del sexo oral que la hacen aullar como loba a la luna.

    Aprendió a disfrutar ser vendada en los ojos, amarrada de las muñecas y ser nalgueada hasta que los glúteos se enrojecían y la calentura se le subía a mil. Precisamente al nalguearla podía admirar y desearle el culo, magnífico y respingón, un sueño para cualquier tipo, imposible no desearlo.

    Se hacía la difícil, pero el juego de amarrarle las manos facilitó la tarea de ¿seducción?

    ¡Ja! Hasta ese momento se había resistido a las insinuaciones, evitaba conceder el permiso de uso. Lo entregó un par de veces, pero la herramienta no era tan gorda, comparando el grosor del miembro dudaba, la falta de uso y ser estrecha le hacía temer un desgarro. Siendo adolescencia se la garchó un amigo y le dolió bastante aun siendo delgada, asustada pero caliente, y como la tenía sujeta no podía hacer mucho para impedirme entrarle por el ano, cedió.

    —Porfa… suave, no me lo rompas, ¡suave porfa!

    Accedí a todas las condiciones, recaliente, por conseguir ese culo prometía todo lo que me hubiera pedido, sabido es que todas las promesas forzadas en esa emergencia calenturienta, prescribe con el último chorro de semen.

    Solo uso la lubricación que trae la pija, de sacarla de la vagina, no más que eso, quiero sentir a pleno el contacto. Salvaje en el juego, pero no cruel como para causar daño sin placer compartido, rudo, pero con paciente consideración se entregó toda, de bruces, almohada bajo el vientre, ofrecía la carne rosada y tersa, era evidente que se había hecho la “tira de cola” sin sombra de vellos, ese “marrón” se hace desear al máximo. El dedo movido con profesionalidad, oprimido por el esfínter, resiste la intrusión, dicen que “el miedo no es tonto” y para colmo de mi goce bien estrechito.

    Expectante ante el contacto del glande, el aro prieto, nos ayudamos a entrar la cabeza, con esfuerzo, ella sacaba la cola hacia arriba, sus manos abren las cachas, movimientos controlados abriéndolas acompañan la acción de asomar la verga al abismo oscuro de ese culo ardiente. Aún en tamaña calentura, necesité toda la concentración para mantener la rigidez, los quejidos dolientes de Ely, hacían menguar la dureza por temor a lastimarla, también los salvajes tenemos ese lado tierno cuando la hembra nos gusta tanto.

    Casi resignado a retirarme de ella, mezcla de agradecimiento y calentura pidió que siga intentando. Pujando en ella, avanzaba poco y retrocedía, hasta que el avance se hizo constante, el límite lo marcó ella con fuerte bramido amortiguado por la feroz mordida a la sufrida almohada, las manos crispadas, arruga el colchón.

    —Sigue…, ¡despacio! —decía doliente y resignada.

    Me movía con precaución, voy tomando ímpetu, penetración en el abismo anal, para disfrutarlo mejor, ella con instinto conservador interpuso su mano, en torno de la chota, barrera entre ambos, para que pudiera embestir hasta el límite de la mano, protegía la retaguardia. Con habilidad retiré sus manos, para liberarme el movimiento de penetración.

    —¡Dale, apura! no sé cuánto más pueda aguantarte!

    Aferrado a sus hombros, el afecto por Ely me hace prudente en el gozo del culo. El vaivén intenso dentro del recto me lleva al séptimo cielo. Menea las caderas en forma circular, se acerca al momento supremo de dejarme ir en sus entrañas, dejo de morder la piel de su nuca, en un estertor dije en su oído la palabra liberadora.

    —¡Me voy, me voy, meee voyyy!…, ah, ah, ah…

    —Te siento, ¡mi macho violador!

    Largué toda la leche en el divino recinto, accedí su pedido de no retirarme hasta que aflojara la rigidez del choto para no causarle más dolor. Despacio… fui dejando el estuche relleno con mi semen.

    Liberé sus manos del amarre, descubrí los ojos, al besarla, agradecido por el acto de entrega, bebí sus lágrimas, auténtico producto de la estoica resistencia por el macho dominante que abrió sus entrañas. Al sacar la verga suele producirse el pedo por el bombeo durante la cogida, también ocurrió esta vez y las burbujas de semen afloran de su culo bien rotito. Le quedó bien inflamado y salido, por la desarmonización de tamaños y la impiadosa cogida que aguantó para sentirse mi puta.

    El chorro de agua del bidé alivió algo los dolores, pidió tregua por temor de que lo intentara otra vez en esa sesión. Apreció las recomendaciones que le proporcioné para tratar su ano tan inflamado.

    —Claro todas estas indicaciones y recomendaciones son para que lo tenga reacondicionado para la próxima cogida, ¿no? —era una mezcla de agradecimiento e ironía.

    Hasta aquí una de las historias, con mi prima, que promete ser una relación creciente y de alto voltaje.

    Ambos tenemos fantasías sexuales pendientes, incorporar a una amiga a la relación, falta un poquito. Así lo pasamos bomba, sin culpas, con todo el fuego y la excitación de lo nuevo.

    Agradecemos mucho habernos permitido contar esta historia personal esperando que sea de interés y produzca muchos imitadores.

    Nazareno Cruz

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  • La primera verga que me entró

    La primera verga que me entró

    Hola, esto que les contaré pasó hace como 15 años en Veracruz, México.

    Ya tenía meses buscando experimentar con hombres, iba mucho a cabinas gay, así que tuve la oportunidad de chupar varias vergas, ya había tenido en mis manos y en mi boca diferentes tipos de penes, con o sin prepucio, curvas, rectas, flacas, gruesas, cabezonas, pero solo las había chupado, mamado, lamido y succionado. Pero aún no me animaba a ser penetrado, pero lo deseaba.

    Una noche estaba en unas cabinas, y por medio de un chat IRC contacté a un gay activo, charlamos un momento, estaba solo en casa, se describió como moreno claro e ingeniero, varonil. Su ubicación estaba como a 5 minutos de la mía. Eran como las 9 de la noche, así que no lo pensé mucho y fui a su casa, me estacioné frente a su puerta, abrió la puerta, entre temblando de nerviosismo, pero excitado.

    Era un departamento pequeño, de una habitación, no había muebles de sala, solo la cama, una mesa y una estufa. Me invitó a sentarme en la cama, y en cuanto lo hice el casi brincó sobre mi besando mis labios… Nunca había besado los labios, estaba nervioso, y traté de relajarme con el beso, él se desnudó muy rápido y me ayudó a desvestirme. Era un hombre de una estatura de 1.70 aproximadamente, con bigote y barba de candada, delgado y de pecho y piernas velludos. Yo mido 1.82, delgado.

    Ya desnudos los me pidió que le mamara la verga, lo cual hice con deseo. Tal vez media como 16 o 17 cm y estaba dura y recta como un palo de escoba, después de un rato me pidió hacer un 69.

    Me chupaba tan rico que yo le chupaba la verga con mayor deseo e intensidad, entonces me dijo: “ya no bebé, me vas a sacar la leche”. Y me preguntó: “¿quieres que te la meta?”.

    Y le respondí que sí y le pregunté, “¿cómo me pongo?”.

    Él me dijo “acuéstate boca abajo y separa las piernas”. Eso hice, él tomó un tubo de lubricante, me lo puso en el ano y se untó en su verga, entonces se acomodó sobre mí. Y empezó a frotar su verga entre mis nalgas. Yo sentía la gloria. Entonces colocó la cabeza de su pene en mi entrada y empujó. Para mi sorpresa no sentí dolor como muchos decían que era la primera vez. Empecé a sentir sus movimientos pélvicos y le pregunté: “¿ya entró?”.

    Y me dijo: “si bebé ya entró completa, disfrútalo”.

    Después de eso vinieron varios minutos sintiendo esa verga entrar, salir y moverse rico. Entonces reaccioné: “¿Te pusiste condón?” Pregunté y me dijo que no, que ya no tenía. Entonces le pedí que se viniera afuera.

    Como 2 minutos después me la sacó y descargó su leche en mi espalda. Yo estaba extasiado, no sabía qué hacer en ese momento, además sentía su semen caliente escurriendo mi espalda. Él me limpió la espalda. Se vistió, me vestí. Nos despedimos.

    Al salir de su casa me llamó mi esposa para preguntar si tardaba, le dije que ya iba de regreso a casa.

    Esa noche dormí feliz porque ya me habían metido la verga y me gustó mucho. En la madrugada desperté con la verga bien parada y dura con ganas de coger a mi esposa como me cogieron, la puse boca abajo, le chupé el culito y se la metí hasta el fondo. Y me imaginaba que me cogían a mí. Descargué toda mi leche dentro de su ano y volví a dormir.

    A mi cogedor nunca lo volví a ver, pero luego vinieron muchos más, ya les contaré.

    Saludos.

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  • Segundo turno: hoyo doble

    Segundo turno: hoyo doble

    Un día salí de fiesta a un bar donde siempre había chicas guapas. Era en una colonia céntrica donde hay muchos bares y edificios de departamentos.

    Conocí a una chica muy linda, mucho más joven que yo. Yo estaba algo tomado, así que solo me dejé llevar, estaba con la chica y su amiga que estaba con otro tipo más grande que ella. Era obvio que a las dos les gustaban más grandes.

    Fuimos al departamento del otro tipo, y mientras ellos ya se habían pasado al cuarto, nosotros seguíamos en la sala, platicando. No creí que fuera a pasar algo con la chica, hasta que le dije que mejor fuéramos a mi departamento (cerca de ahí) y accedió solo con una condición: que la llevara en mi auto después. Para ese momento, yo ya tenía varias horas sin beber y se me había bajado un poco el efecto. Llegamos a mi departamento y empezamos a besarnos en la sala. La desnudé y le comencé a comer la pucha. Estaba deliciosa. Me pidió que me desnudara e hicimos un 69.

    Me dijo que me pusiera un condón y se subió en mí, se movió como loca y en unos minutos ya nos habíamos venido los dos. Vuelvo al punto, su madre le marcaba como loca porque ya había pasado su hora de llegada.

    Me puse un pants deportivo (jogger) sin nada abajo. Nos subimos al auto y comencé a manejar. Pero me bajé un poco del pants para sacar mi verga y le pedí que la mamara. Fue un trayecto de media hora aproximadamente (porque tomé el camino largo) donde no dejó de chupármela y me vine delicioso.

    Cuando recién la dejaba recibí un mensaje de una chica de mi edad con la que cogía seguido. Estaba ebria y quería pasar la noche en mi departamento. Le dije que la vería en 30 minutos ahí. Ahora tomé el camino corto. Llegué. Me bañé rápido y me tomé una pastilla. Ya me había venido dos veces. Llegó la chica, estaba muy tomada, pero sabía lo que hacía, pues nos veíamos seguido.

    Un auténtico bombón. Un culo impresionante y unas tetas medianas y redondas que me encantaba comerme al menos una vez a la semana. Empezamos a coger, con ella era siempre a pelo, y disfrutaba mucho como me venía en su vagina. Estuvimos cogiendo un rato, como yo tomé pastilla estaba durísimo. Ella ya se había venido y par de veces y le dije: “¿Te la puedo meter por el culo?”. Y dijo que ok, así que la puse boca abajo con una almohada a la altura de su pelvis. saqué lubricante, lo embarré en mi verga de 20 cm y en su ano. Metí un dedo, dos, mucho lubricante y empecé a meterla.

    Ella estaba vuelta loca lo disfrutaba muchísimo estuvimos un rato así hasta que me dijo “me vengo, me vengo” y tuvo un orgasmo. Mientras le hacía el culo, me prendí muchísimo y le llené el culo de leche.

    Estaba super caliente y quería más por la vagina, así que fui a lavarme la verga para metérsela. Ella no quería, decía que así, pero no le hice caso y en unos minutos estaba arriba de mi recibiendo mi pene.

    Nos quedamos dormidos y al otro día me preguntó qué habíamos hecho. Me reí y le conté todo, estaba sacada de onda, pero muy excitada.

    Me dijo que había sido su primera vez y le recordé que hasta se vino y me dijo que estaba bien, pero que no siempre lo haríamos por atrás.

    Ella no lo sabía, pero por ser del segundo turno le tocó hoyo doble.

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