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  • Estudiante inoportuno

    Estudiante inoportuno

    Me encanta caminar o trotar por el parque lineal, cercano a mi casa. Buscando estar en buena forma física, decidí fortalecer mis músculos ejercitando ese día. Muy temprano, luego de calzarme zapatillas, un mini short de algodón, una remera sin mangas y aplicarme aceite protector solar, me dirigí al parque acompañada por la mirada de los hombres que encontraba en el camino

    La visera parasol protegía un poco mis ojos de la fuerte luz solar en un cielo diáfano.

    Comencé caminando a paso continuo a fin de calentar músculos para comenzar a trotar. En mi mente daban vueltas suposiciones sobre futuros encuentros nudistas en casa de Carlos. O tardes de playa disfrutando con amigos. El sacrificio valdría la pena. Es hermoso estar con buen estado físico en el verano.

    Cuando noté que alguien caminaba con paso fuerte a mi lado, giré la cabeza hacia él. Era Juan, mi amigo el kinesiólogo. Me sonreía. Lo vi sonriente, feliz. Creo que está un poco enamorado de mí. Y si no lo estuviese, no afecta en nada nuestra amistad. Hemos tenido pocos encuentros íntimos, pero deliciosos desde que nos conocimos en ese mismo parque. Nos besamos en las mejillas y abrazamos. Luego continuó caminando a mi ritmo.

    Me preguntó si estaba ejercitando sola, quiso saber si podía acompañarme en mis ejercicios.

    -Es hermoso ejercitar acompañada por ti. Me encanta estar contigo ―Le respondí sonriente.

    -El agasajado soy yo por lucirme con una hermosura como tú ―Respondió.

    Nos reímos los dos y cerré ―Basta de cumplidos por ahora. Debo quemar calorías y mantener mis músculos con buena tonicidad.

    Luego, me preguntó por un amigo que conoció junto a mi hace casi dos años. También mencionó a Gregory, el chico venezolano, con quien ya no comparte el departamento.

    Luego de trotar juntos durante cuarenta y cinco minutos, dimos por terminado el ejercicio. Juan me propuso ir a su casa ―¿Te agradaría recibir una sesión de masajes? ―Me preguntó

    Le respondí que pasaría por la tarde. Lo que más me apetecía era ducharme bien y quitarme la ropa mojada de transpiración.

    Al despedirnos dijo ―Estaré pendiente de tu llegada querida Belu. Prepararé un rico licuado de frutas para ti.

    ―Descuida, iré, en tus manos me siento de maravillas ―Respondí mirándolo a los ojos.

    Los dos nos reímos y nos despedimos, en la puerta del edificio donde vivo, con un abrazo y beso de pico en los labios.

    Tomé un largo baño de espuma y eliminé todo vestigio de pelito naciente en axilas y zonas intima. También me lavé prolijamente en profundidad para sentirme segura de ser agradable en toda situación.

    Llegué a su casa al caer la tarde, como lo habíamos acordado. Él, sonriente abrió la puerta y exclamó ―¡Estás preciosa! ―Recorriendo mi cuerpo con sus ojos.

    Yo, discretamente vestida con una pollera corta ajustada y remera bien escotada dejando visible mi ombligo y sandalias de tirantes cruzados sobre los tobillos. Giré una vuelta completa mi cuerpo delante de él y pregunté ―¿Estoy aprobada?

    Juan se reía nerviosamente no pudiendo ocultar el deseo de tenerme entre sus manos. Luego de charlar unos minutos fui al toilette para alistarme y recibir sus masajes.

    Mientras me quitaba la ropa y miraba el espejo que me reflejaba de cuerpo entero, pensaba como sorprender a Juan para motivarlo a que deseara poseerme con urgencia. Tardé varios minutos en tomar la decisión. Opté por ir hasta la camilla para masajes, desnuda, únicamente con mis sandalias de tirantes ceñidas a mis tobillos.

    Abrí la puerta esperando sorprenderlo. Pero la sorpresa fue mía al verlo junto a otro hombre que se volvió para mirarme. Avergonzada y confundida volví a ingresar al toilette e inmediatamente, Juan golpeó la puerta con sus nudillos pidiendo que lo dejase pasar. Me cubrí con una toalla y abrí la puerta.

    -Perdón, Belu ―Dijo Juan moviendo su cabeza.

    ―La imprudencia fue mía por intentar sorprenderte ―Dije sintiéndome realmente mal.

    Él me explicó lo acontecido ―José Luis es un compañero de trabajo. Es estudiante de kinesiología y ha venido por material de estudio que ya no uso… No te pongas mal. Ya se irá.

    Me tomé tiempo para responder y se me ocurrió decir ―Dile que soy una paciente un poco loca… pero que no me molesta su presencia.

    Salió del toilette y dos minutos más tarde lo hice yo cubriendo mi desnudez con una toalla blanca.

    José Luis resultó ser un chico muy joven. Cuando llegue hasta él, me saludó con mucha ternura y pidió perdón por ser inoportuno. Lo besé en la mejilla y me senté en la camilla.

    Juan le dijo que me ayudase a quitarme las sandalias. Entonces José Luis me miró buscando aprobación.

    ―¡Por favor ayúdame! ―Le dije sonriendo.

    Se arrodilló en el piso tomando suavemente un pie para quitarme el calzado. Luego con delicadeza me ayudó a tenderme boca abajo sobre la camilla y cubrió mi cola con la toalla.

    Juan, vistiendo su conjunto de pantalón amplio y chaqueta celeste comenzó a masajear un brazo mientras José Luis lo observaba.

    ―¿Estás cómoda y relajada Belu? ―Preguntó Juan.

    ―Me siento de maravillas en tus manos ―Le respondí.

    ―¿Te importaría que José Luis haga práctica de masaje en tu otro brazo? ―Volvió a preguntar.

    ―¡Adelante José Luis! quiero probar tus masajes ―Animé sonriendo.

    El chico tomó mi mano entre las suyas aceitadas y comenzó a tratar dedo por dedo. Ambos avanzaron masajeando los brazos hasta llegar a mi cuello y clavículas.

    ―Me siento una diosa griega deleitándose en el palacio ―Dije, intentando tener empatía con el chico y ambos se rieron.

    Abrí los ojos y los vi parados junto a mi cabeza. En verdad veía los montículos que se levantaban en sus pantalones. Mi libido se acrecentaba minutos tras minuto, cuando cuatro manos bajaban por mi espalda. Por momentos fantaseaba imaginando que había sido atrapada por un pulpo gigante.

    Cuando sus manos llegaron a la toalla se detuvieron. Luego se pararon junto a mis pies. Comenzaron a tratar dedo por dedos y a masajear las plantas de los pies provocándome cosquillas y haciendo que se humedeciera la vagina. Instintivamente movía las piernas y las separaba unos centímetros. Posiblemente ellos veían mi conchita mojada.

    Continuaron masajeando mis tobillos, pantorrillas llegando casi a la naciente de mis muslos gorditos

    Juan dijo con seguridad en su voz ―Querida Belu, debo retirar la toalla para masajear enérgicamente los glúteos.

    ―Hazlo como tú sabes ―Respondí.

    Sin nada cubriendo mi desnudez, tomaron mis glúteos entre sus manos aceitadas. Amasaron, sobaron y presionaron con sus dedos hasta sentirlos sobre el capullo de mi ano. Me invadió una sensación de picor en toda la cola.

    ―Es por la activación del flujo sanguíneo en la zona ―explicó Juan en una oportunidad. Me mantuve callada y me indicó que me girara.

    Empezaron por los pies, tobillos y luego se detuvieron en mis rodillas. Ya era inocultable para ellos, lo mojada que estaba. mirando al techo y sin que nada me cubriera. En ellos era inocultable la erección de sus miembros. Dos tremendas carpas se levantaban bajo la línea de sus cinturones.

    Juan salteando zonas a masajear, se apoderó de mis pechos. Dejando a José Luis tratando las rodillas. Llevé una mano hacia Juan y apreté su pene cubierto por su pantalón. Él se inclinó y devoro mis labios. Mordiendo suavemente.

    Aproximando mi boca a su oído le dije ―Estoy muy mojada, no soportaré que juegues así conmigo. Los quiero desnudos a mi lado.

    Me besó nuevamente y comenzó a quitarse la ropa. En un minuto más, ambos ya desnudos jugaban con mis tetas y ofrecían sus penes al alcance de mi boca. Les hice mamadas cortas mientras hurgaban en mi conchita inflamada y jugaban con mi clítoris, haciendo que me retorciera y gimiera.

    Me bajaron al piso sobre una toalla tendida en la alfombra. Juan me separó las piernas para encajar su pelvis entre ellas. Comenzó a penetrarme con movimientos lentos y ondulantes, haciendo que su pene rozase mi clítoris. Enloquecida de placer me vine a chorros mientras temblaba y gritaba.

    José Luis meneaba su verga blanca y la restregaba en mis labios abiertos. Pero pronto no pudo contenerse más y se derramó sobre mi cara.

    Juan continuaba haciendo movimientos de caderas mientras me penetraba haciendo que tuviera un ruidoso segundo orgasmo. Se aferró a mis tetas dando estocadas profundas, se puso rígido y me lleno con su semen caliente.

    José Luis se puso de pie y fue hasta el baño.

    Juan se volteó a mi lado evitando que soportase su peso y pasé a estar sobre él, con la cabeza apoyada en su pecho y mi vientre sobre su vientre.

    El chico ya vestido pasó a mi lado y despidiéndose nuestro, cerró la puerta de un golpe al salir.

    Mis fluidos caían sobre la pelvis de Juan que me mantenía abrazada mientras me acariciaba la espalda y el culo. Disfruté mucho ese momento de relajación juntos. Hasta que sugirió ducharnos para refrescarnos. Acepté gustosa para quitarme el pegote de semen en cara y cabellos que me había regalado José Luis.

    Me ayudo a ponerme de pie y me condujo de la mano hasta el baño principal. El agua tibia se deslizaba desde mi coronilla hasta los pies quitando todo pegote de semen en mi cuerpo. Juan me besaba y se detuvo a mordisquear mis pezones hasta ponerlos duros. Sus manos recorrieron toda mi piel. Mi conchita se enrojeció y sus labios se hincharon, deseando ser separados.

    La verga de mi amigo estuvo nuevamente dura y se apoyaba en mi pancita. Al terminar de ducharnos, Juan pasó una toalla seca por mi cuerpo y me cargó en brazos para dejarme sobre su cama. La habitación estaba en penumbras y olía exquisitamente bien.

    Abrí la boca y le reclamé me diera su pene en los labios. No fue necesario que lo pidiera dos veces. Me lo dio entero hasta tocar mi garganta haciendo que me atragante, mis ojos se pusieron llorosos y comenzó a liberase saliva por las comisuras de mi boca. Luego, metiendo su cara entre mis piernas, me devoró con ansias vulva y ano, haciendo que llegase a sentirme flotar en una nube de placer.

    En posición de perrito, me abrió bien la conchita con su preciosa herramienta dándome embestidas desde atrás. Con fuerza y profundidad. Llegué al orgasmo gritando y acomodando el culo para recibirlo muy adentro en cada estocada.

    No me sorprendió cuando sacó la verga de mi vagina y la apoyó en el capullo marrón. Yo intuía que Juan querría abrirme el culo. Apoyó el glande con firmeza. Empujó hasta doblegar la resistencia del esfínter y me ensartó en todo lo largo de su miembro. Metiendo y sacando todo el tiempo. Fue una sesión de sexo anal tan prolongada que logró hacerme tener un orgasmo antes de que se viniera y me llenará con su néctar.

    Mientras yo me quejaba que me ardía el ano, suspiró profundamente, se dejó caer boca arriba a mi lado y dijo ―Creo que merecemos un vaso de licuado de frutas.

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  • Compañeros de trabajo

    Compañeros de trabajo

    Dia normal de trabajo en la consulta con mi compañera. Rubia, de 40 años, madre, cuerpo tónico y trabajado, pero de madre, con su micro barriguita, un culo perfecto y un pecho normal de madre, una mama cañón.

    Nos reímos bastante, hay una complicidad, algo de tonteo, y algo de tensión sexual.

    Un viernes justo después de comer, y sin venir a cuento ella me dijo:

    “Creo que deberíamos dejar este juego que llevamos, porque cada vez es más peligroso, ven hablemos, aprovechemos que los otros hoy están de reunión”.

    Fuimos a una cabina que estaba libre, me hizo la pregunta clave:

    Ella:  “¿Nos dejamos llevar una sola vez?”. Ahora o nunca dijo dando un paso hacia mí.

    Yo: ”Es muy peligros…”. Dije dando un paso hacia ella. Estábamos uno frente al otro, y pasó. Nos empezamos a besar lentamente, yo acaricie su espalda, y ella me acarició el pelo.

    Puse mis manos en su cintura y fui subiendo su camiseta, ella levantó los brazos, camiseta fuera. Ella hizo lo mismo conmigo.

    Se cubría el pecho con los brazos y le pregunté el porqué, y ella me dijo:

    Ella: ”Me da cosa mostrar mi pecho después de mis dos hijas”

    Yo: “¿Puedo?”, le dije poniendo mis dedos debajo de los tirantes de su sujetador, a la altura de los hombros.

    Ella: ”Vale” me dijo bajando los brazos.

    Baje los tirantes y desabroche su sujetador ,dejando a la vista sus pechos.

    Yo: ”Son muy bonitas, no tienes porque avergonzarte” le dije acariciándolas de abajo arriba. Ella suspiró.

    Continuamos besándonos y la cosa se calentó. Desabroché sus pantalones y los dejé caer.

    Besé sus tetas mientras deslizaba mi mano dentro de sus bragas, y lo acaricié hasta que estuvo bien húmedo. La tumbé boca arriba en la camilla, le quité las bragas, doblé sus rodillas y empecé a comer su mojado sexo.

    Lamí su coño, introduje mi lengua, mientras con mis labios apretaba su clítoris.

    La oía gemir de placer y estremecerse.

    Mis manos acariciaban sus tetas suavemente mientras presionaba sus pezones con mis dedos.

    Ella: ”Para, para o me voy a correr…”. Entonces entraron en acción mis dedos introduciendo los en su húmeda cueva.

    Cerró de golpe las piernas frotándose contra mi boca unos segundos y…

    Ella: ”Ah si me corro… uf”. Breve descanso y se levantó. Me quitó los pantalones, el bóxer, y me la acarició hasta que la dejó bien a punto. Me sentó en la camilla y empezó a chupármela con movimientos largos de arriba abajo, succionando la punta.

    Ella: ”Ven…”

    Me tumbó boca arriba, se puso sobre mí, se la metió suavemente en su caliente y resbaladiza vagina, y empezó a follarme con lentos movimientos de cadera. Estaba muy excitado, y profundizaba en mis penetraciones, ella parecía excitada también tenía los ojos cerrados, gemía y se acariciaba los pechos. La cogí del culo y empecé a acelerar, no podía más.

    Ella: ”córrete dentro, deseo notarlo caliente dentro de mí”. Esas palabras ayudaron a que descargara dentro de ella mi caliente esperma.

    Ella: ”Aguanta un poco… chúpame las tetas…”.

    Empezó a follarme cada vez más rápido hasta que un gemido seco la delató. Quedamos extasiados… Unos minutos más tarde, nos vestimos, nos dimos un beso apasionado seguido de un “ha valido la pena”, pero se acabó, amigos y ya.

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  • Chequeo médico

    Chequeo médico

    Nunca se me pasó por la cabeza que esto llegará a suceder, si lo fantaseé, pero de ahí a que se hiciera realidad nunca.

    Como es habitual cada año me realizo mis chequeos médicos, esta vez fue de ginecología. Llegue temprano a mi consulta sentándome en la sala de espera a esperar el llamado; ya había pasado media hora de la cita acordada y el medico nada que me llamaba, ya me estaba estresando porque tenía planes después de la cita, planes que no tenía ya hace algunos años.

    Después de una hora hace el llamado y estaba ofuscada por la demora; entré al consultorio con ganas de reclamar pero cuando lo vi con esa sonrisa tan amable y pidiendo disculpas por la demora todo lo que llevaba se me borro. No podía gesticular media palabra solo le sonreía como tonta, me pide que tome asiento y le comente mi motivo de consulta.

    Así que le conté mi motivo y me pide que pase al baño me desvista quedando solamente en ropa interior y me colocará una bata que se encontraba allí. Me sentía algo apenada porque la lencería que llevaba era algo chiquita y muy sexy (era para mí cita luego de terminar la consulta) llevaba un conjunto negro de encaje, mi brasier realizaba mi busto ya que tenía un escote profundo y unas tiras cruzadas por debajo del busto; mi tanga era brasilera diminuta que solo tenía un triángulo en frente y el resto eran tiras que cruzaban mis caderas hacia mis nalgas.

    Salgo del baño y me dirijo a la camilla ginecológica, él con esa sonrisa su mirada brillante y todo su cuerpo lo hacía ver muy atractivo.

    -Ven ponte de pie sobre la escalerilla -me toma de la mano para subirme

    Me mira de arriba hacia abajo y esto hace que ponga nerviosa.

    -Para la edad que tienes, tienes un cuerpo bonito y espero que no le incomode pero esa lencería la hace ver muy sexy

    -Gracias Doc. -sentía que mi rostro me ardía

    -Gira el cuerpo por favor

    Me ayuda a darme la vuelta y me retira la bata cayendo al piso, ¡Oh por Dios! Saber que me está viendo de espaldas y ver mi tanga brasilera diminuta hace que tiemble no de frío sino de pena, no sé qué me pasaba pero este hombre me tenía muy nerviosa.

    -Lo dicho tienes un cuerpo muy lindo y tu lencería te ayuda a que resalte mejor

    Pasaba su mano enguantadas por entre mis piernas de abajo hacia arriba suavemente haciendo que separara un poco mis piernas.

    -coloca tus manos sobre la camilla

    -¿Así Doctor? -me incliné hacia adelante colocando mis manos sobre la camilla, postura que hacía que mis nalgas quedarán expuestas al él

    -Si, esta perfecto… te voy a examinar

    De pronto siento cuando delicadamente toma mi tanga y la desliza hasta caer al piso… Dios será que estoy teniendo un sueño erótico porque sin querer mi interior se está humedeciendo.

    -¿Has tenido relaciones sexuales anales?

    -Eh… si Doctor

    -¿Qué tan seguido lo haces?

    -Cuando tenía vida sexual activa no lo hacía tan seguido

    -¿Hace cuanto que no tienes?

    -Ya llevo unos años, estoy separada

    Se retira y va a la mesita de procedimientos tomando una botella con glicerina, se unta la mano y se dirige nuevamente hacía mí.

    -Relájese, voy a introducir mi dedo en el ano quiero saber como esta

    Sin querer separó un poco más mis piernas sacando mis nalgas para él, siento como resbala su dedo por mi hoyito esto hace que cierre mis ojos y sin querer suelte un leve gemido.

    -Esta perfecto, se siente apretado

    Introduce otro dedo y me folla lentamente porque eso es lo que está haciendo entrando y sacando sus dedos suavemente. Luego de unos segundos saca sus dedos desechando los guantes.

    -Ven, te vas a sentar en la camilla

    -Doctor me ayuda por favor las piernas me tiemblan

    -Si claro no quiero que se haga daño

    Me ayuda a sentarme sobre la camilla quedando en frente de él.

    -Te puedes retirar el brasier por favor, quiero examinar tus senos

    Los nervios se fueron porque me estaba excitando por la estimulación que tuve en mi raja, así que lo miraba coqueta, perversa llevando mis manos a mi espalda y solté mi brasier dejándolo caer sin hacer nada para que mis tetas quedarán expuestas para él.

    -Permítame y me coloco otros guantes

    Se coloca unos nuevos guantes y se acerca quedando en frente a mí nuevamente. Toma mis brazos y los ubica por detrás de mí cabeza luego empieza a pasar sus manos por mis tetas para examinarlas.

    -Ya puedes bajar los brazos

    -¿Como están Doc.?

    -Yo los veo perfectos

    -Doc, ¿Es normal sentir mucha sensibilidad en mis pezones?

    -¿Has utilizado pinzas para pezón?

    -Si Doc, me gusta sentir la sensación que produce

    -¿Cómo, así? -Lleva sus manos a mis pezones y los pellizca como sintonizado una radio

    -¡Ah…si así Doc! -gimo sin querer

    -¿Qué mas te gusta sentir? -no deja de estimular mis pezones

    -Doc, que los amasen, los chupen y jueguen con ellos

    Él se va hacia la puerta y coloca seguro.

    -Ahora te vas a acostar y vas a poner tus pies sobre los cabestrillos

    Me encontraba tan excitada que mi vulva estaba muy mojada; me ubico como él me lo pidió y espero que me siga “examinando”.

    Se retiran los guantes e introduce sus dedos en mi coño con fuerza.

    -¡Ah Doc!

    -Quiero saber como lo tienes -me habla de manera morbosa

    -¡Mn… Doc! -ya no me importa gemir

    -Veo que lubricas muy bien

    -¿Le parece?

    -Si, estas para hundir… “mi especuló”

    -Continúa con el examen Doc -abrí más mis piernas ofreciéndole mi coño

    -¿Estas segura?

    -Si Doc esto queda entre los dos, que valga la pena la espera de una hora

    -Te voy a recompensar

    Se desnuda en frente de mí y quedo boquiabierta viendo su verga gruesa y venosa.

    -Doc, quiero que me cojas con su bata de médico puesta

    -Ahh… quieres cumplir una fantasía

    -Si doctor

    -Así será

    Abre más los cabestrillos y me toma por mis caderas para acercarme hacia él, de la mesa destapa un tarro sacando un preservativo y se lo coloca luego me clava su falo sin compasión haciendo que grite de placer.

    -Shii… no nos deben escuchar

    -Ah si Doc pero eres el culpable que me ponga así de cachonda

    -Quiero examinarte a profundidad

    -Hazlo, quiero que me examine toda

    Me penetra con rudeza haciendo que mis tetas se muevan de arriba hacia abajo, las tomo a dos manos y las amaso con fuerza mientras disfruto de este hombre.

    -No sabes como me pusiste al verte con esa lencería

    -No era mi intención venir a provocarlo no pensé que me pidiera retirar mi ropa

    -Me gusta examinar bien a mis pacientes-se clavaba con más fuerza

    -Eso me doy cuenta

    -Jajaja… No creas

    -Menos charla Doc, y termina con su trabajo

    Se retira y me ayuda a ponerme de pie para inclinarme sobre la camilla.

    -Quiero cogerme ese culito tan apretado que tienes -pasa una mano por su lengua y luego por entre en medio de mis nalgas

    -Todo tuyo, Doc -levanto bien mi culo para que me folle con toda

    Lubrica el preservativo con glicerina luego abre mis nalgas y deja caer glicerina en mi raja.

    -Folláme como lo hiciste con tus dedos

    -Jajaja ¿Se me notaron las ganas?

    -Así es, ¿no escuchó mi gemido?

    -Si, eso me prendió aún más

    Se hunde lentamente para que mi culo se adapte al tamaño de su verga, al estar completamente dentro me toma por el cabello para arquear mi espalda y luego me toma de mis tetas pellizcando mis pezones.

    -Estas caliente -me susurra al oído

    -¡Ah y quiero arder en el infierno!

    -Así será perrita

    Empieza a embestirme con fuerza mientras amasa mis tetas y gime en mi oído.

    -Que rica estás y ese culito está tan delicioso cuando te hice poner en cuatro

    -Eres un pervertido

    -Y tú no te quedas atrás… de santa no tienes nada -me golpea fuertemente con sus caderas sintiendo esa verga hasta el fondo

    -Jajaja… dale más duro -respiro agitada

    -eres una mujer muy arrecha, que disfruta que le partan ese culo con fuerza

    -Si me gusta que me den con ganas

    Me embiste con ganas haciendo que gime mas duro así que coloca su mano en mi boca para silenciar mis gemidos mientras con la otra mano continúa pellizcando con fuerza uno de mis pezones.

    Suelta mi pezón y lleva la mano a mi coño hundiendo tres dedos allí mientras continúa con las embestidas.

    -Como mojas de rico

    -Todo eso es por lo cachonda que me tiene

    -Quisiera tener un cinturón con verga para hundirme al tiempo por tus orificios y cogerte como te gusta

    -¡Uy, sería lo máximo!

    -¡Ahh… te gusta la doble penetración!

    -Soy algo garosa

    -Jajaja… eres una puta lo sabías

    -¿Le molesta?

    -No, ¡me fascina!

    Se retira girándome y luego me toma por la cintura para sentarme sobre la camilla, se retira el preservativo y se pone otro.

    -Ábrete bien para mí y ofrézcame esa “cuca” tan rica que tienes -me lo pide mientras se frota su verga

    Así que me corro un poco para atrás y apoyo a cada lado mis pies sobre la camilla, llevo los dedos de una mano a boca y los chupo, luego los bajo a mi coño separando mis labios vaginales para que me vea bien abierta para él mientras lo miro con lascivia.

    -¡Uff!… que rico se ve, estas muy mojada

    -Hunda ese especuló -bajo mi mirada a su verga

    -Te voy a examinar hasta el fondo

    Se acerca tomándome por las caderas clavándose en una sola estocada y empieza sus movimientos con fuerza, lo tomo por el cuello y mientras gimo lo miro fijamente a los ojos. Mi sudor recorre por entre medio de mis senos, mi respiración cada vez es más agitada sintiendo espasmos por todo mi cuerpo.

    Su mirada oscura lleva ese demonio que hace pecar, nunca pensé que esto lo fuera a vivir si es un sueño no quiero despertar…

    -Quiero ver mi leche en tus tetas

    -Son todas tuyas Doc

    Se aleja retirando el preservativo luego apunta a mis pechos y se frota con fuerza mientras con la otra mano me frota con su dedo pulgar mi clítoris y yo hundo mis dedos en mi coño para follarme.

    -¡Oh si!… ¿Estas lista para recibir mi leche?

    -¡Que esperas!

    -¡Ohh!… ¡Ahí va!

    Cierra los ojos con fuerza y veo como sale disparada su leche caliente, continua nuevamente y esta vez cae en mi ombligo y llevo mis manos a mis tetas para esparcirlo en ellos. Luego de terminar lleva una mano a mi coño y se hunde allí follándome haciendo que grite.

    -Sé que quieres más

    -Así es, llévame al infierno

    Me folla con más fuerza así que muerdo su hombro para callar mis gemidos hasta que exploto disfrutando mi orgasmo… me falta el aire no puedo recuperar mi respiración, mi corazón está a mil y él no para de follarme cuando siento otro orgasmo, esta vez dejo salir mi grito ya no me importa si nos escuchan.

    -Te espero para un próximo control -me mira a los ojos agitado

    -¿Dentro de cuánto? -le respondo con dificultad

    -En 15 días

    -Así será

    -Pide la última cita del día porque quiero cogerte fuera de este lugar.

    Se retira para vestirse mientras como puedo me bajo de la camilla ya que me tiembla todo mi cuerpo recogiendo del piso mi ropa interior y me dirijo al baño para ir a vestirme, al rato salgo de allí acalorada.

    -Doc, nos vemos en 15 días

    Me retiro del consultorio feliz y la otra cita quedó cancelada… fue el mejor chequeo, 10 de 10.

    Gaby Borsh

    Notas del alma

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  • Una propuesta diferente de tres lesbianas (4): El pedido de Lariza

    Una propuesta diferente de tres lesbianas (4): El pedido de Lariza

    Ahí estaba yo, manejando camino al departamento de este muy particular grupo de chicas, era una fantasía hecha realidad, la mayoría de los chicos queremos tríos, yo cumplía esa fantasía a diario, pero con la particularidad que había una tercera, que si bien no penetraba, nos miraba, desnuda, la he visto tocándose frente a nosotros, incluso presencié como con su lengua limpiaba la vagina de Ana Paula después de una masiva descarga de mi esencia dentro de ella, con mi leche aun chorreando, Lariza parecía saborearlos, recuerdo una vez eyaculé dentro de Rayane, ella se salió encima de mí.

    Ana Paula sin perdón tomo su lugar moviéndose en mi pija que seguía muy dura y comenzó a besarme, en eso Lariza se acercó a Rayane y le pidió que hicieran una tijera, y así me toco presenciar como Rayane golpeaba su vulva contra la de la Lariza, estando mi semen haciendo hilos de esperma entre esas dos vaginas, Lariza me llamaba la atención, decía ser lesbiana pero indirectamente trago mi semen desde las vaginas de Ana Paula e incluso con esa tijera algo de mi se quedó en ella, aunque sea superficialmente, quería cogerla, pero temía abusar de ella, y que eso me costara seguir teniendo tríos.

    Mientras recordaba esto, mi pija se volvió una piedra, me imagine que al llegar volvería a recibirme una de las chicas con ropa íntima y ya seguro al entrar Lariza estaría besándose con una de ellas, claro hoy tenía ganas de reventarle la vagina a mis mujeres y disfrutar del morbo de Lariza observando, pero pasaron cosas que no espere.

    Llegué, Ana Paula me recibió con solo una tanguita negra, me beso apasionadamente, cuando me acerque, encontré a Lariza totalmente desnuda en medio de la sala mirándome a los ojos, nunca pensé que ella me hablaría directamente. Lariza siempre observaba desde un rincón, tranquila, con esa mirada que parecía contener mundos. Pero esa noche, antes de que todo comenzara, se acercó y con voz suave, casi tímida, me dijo:

    —Hoy… me gustaría besarte. Solo eso. Cuando estés con Ana Paula o Rayane. Quiero sentirlo.

    No lo esperaba. Por un segundo, me quedé en silencio, sorprendido por su iniciativa, pero también tocado. Porque ese gesto era íntimo. Profundo. Más íntimo incluso que el cuerpo.

    Asentí, con respeto. Y cuando llegó el momento, con Ana Paula se subió encima de mí, Rayane se puso a mi derecha, besándose apasionadamente con Ana Paula (ellas saben que las escenas lésbicas me enloquecen), mi mirada se cruzó con la de Lariza. Se coloco a mi izquierda, totalmente desnuda, se acercó a mi cara y me miro a los ojos, nos besamos, mientras escuchaba los gemidos de Rayane y Ana Paula besándose encima de mí. El beso fue suave primero, luego más decidido, como si los silencios de todas nuestras noches compartidas cobraran forma. Sus labios sabían a curiosidad, a deseo contenido, a algo que aún no se había dicho.

    Y entonces, mientras nuestros labios aún se rozaban, sus ojos se clavaron en los míos. Susurró, casi en mi oído:

    —Hazlo… quiero verte acabar dentro de ella. De Ana Paula. Hazlo mientras yo te miro.

    Su tono no era solo excitado: era una entrega. Una forma de decir “te dejo entrar en nuestro mundo”, sin decirlo. Sentí una mezcla de fuego y respeto, de conexión real con las tres, Sentí mi glande golpeando el cuello Uterino de Ana Paula, cerré mis ojos para sentirme vivo, comencé a sentir como mis huevos se vaciaban y mi semen salía expulsado llenando el útero de Ana Paula quien me salpicaba de flujo vaginal.

    Cuando nuestras miradas volvieron a cruzarse al final, con su amiga acurrucada a mi alrededor, ella no apartó la vista. No era solo deseo lo que había en sus ojos, era confianza.

    Y yo supe que algo había cambiado entre los cuatro. Me miraba con una cara de perrita en celo, quería sacarle a Ana Paula y penetrarla, pero me contuve, cuando Ana Paula salió encima de mí, enseguida Rayane se subió y comenzó a moverse, ahora Ana Paula comenzó a besarle, Lariza se acercó a mí y ya sin preguntar comenzó a besarme apasionadamente, mi lengua jugaba con la suya mientras sentía como mi glande golpeaba el fondo de Rayane, estuvimos así un buen rato, hasta que Lariza se acercó a mi oído y me susurro

    “Córrete en Rayane”, yo me acerque a su oído y le dije “Voy a marcar a nuestras chicas” y ahí mis huevos comenzaron a votar toneladas de esperma en la vagina de Rayane, mientras Lariza me observaba con cara de placer y yo gruñía como un animal que se apareaba con sus hembras.

    Salió Rayane de mí, mi pija estaba brillante, mezcla de los fluidos de mis dos chicas y mi semen, Ana Paula y Rayane estaban a mi derecha abrazándose, se reían, parecían cómplices, hasta que Lariza me dijo algo que me puso la pija apuntando al cielo.

    “Puedo subirme, solo quiero rozar, no me penetres, solo juguemos”

    Yo acepte con un “si, por su puesto”, vi por primera vez a Lariza subirse sobre mí, comenzó a rozar con sus dos labios vaginales la vara de mi pija, iba suave, despacio, sus labios bordeaban el palo de mi pija, incluso llegaban hasta mi glande, sin penetración, solo roce, con la mirada atenta de las otras dos chicas, me moría por penetrarla, pero la respetaba, era raro, no sé a qué iría esto, pero me estaba gustando.

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  • El vuelo de regreso no fue lo único que subió (1)

    El vuelo de regreso no fue lo único que subió (1)

    Queridos seguidores, ha pasado un tiempo considerable desde mi experiencia con Lucas hasta la vivencia que hoy comparto con ustedes. En lo personal, mi vida no ha cambiado significativamente. A pesar de las conversaciones constantes y varias sesiones de terapia de pareja, mi relación con mi esposo no lograba encontrar un equilibrio, especialmente en el ámbito de la intimidad.

    Lo sentía distante, siempre ocupado y centrado en su trabajo, con frecuentes viajes que, en ese momento, no comprendía, dado el evidente éxito de su empresa. (Hoy, con perspectiva, entiendo las razones detrás de ello). Aunque mis emociones y mi razonamiento me ayudaron a mantenerme firme y evitar caer en la tentación de la infidelidad, logré superar la mayoría de los desafíos… aunque, debo admitir, no todos.

    Era una mañana agitada en la oficina. Montañas de papeles, documentos por firmar y carpetas desordenadas ocupaban mi escritorio. Justo cuando intentaba organizar el caos, escuché un suave golpe en la puerta.

    —Alma, llamada por la línea 2 —anunció mi secretaria, asomándose por la ventana con una sonrisa.

    —Gracias —respondí, dejando a un lado los papeles antes de tomar el auricular.

    Al otro lado de la línea, una voz familiar:

    —Hola, ¿qué tal?

    —Hola, Alma. Soy Eduardo, de la Empresa NN. Hablamos con tu gerente en la sucursal de Montevideo… —Hizo una pausa breve, como midiendo sus palabras—. Nos interesa saber si podrías viajar a Estados Unidos para concretar los acuerdos que ya discutimos. Creemos que es un negocio beneficioso para ambos.

    El entusiasmo en su voz era contagioso, pero miré el desorden de mi escritorio y respiré hondo.

    —Hola, Eduardo. Claro, me encantaría, pero necesitaría viajar pasado mañana. Tengo algunos pendientes aquí… ¿Crees que sea un problema?

    —Para nada —respondió con calma—. Tómate tu tiempo. Lo importante es que puedas venir.

    Una sonrisa de alivio se dibujó en mi rostro.

    —Perfecto, entonces lo coordinamos. Muchas gracias, Eduardo.

    —Igualmente. Que tengas un lindo día.

    Colgué, miré por la ventana y dejé escapar un suspiro. El viaje prometía… pero antes, esos malditos papeles no se iban a ordenar solos. La noticia del viaje me llenaba de orgullo, no solo por el negocio en sí, sino por lo que representaba. Esta empresa la había construido yo, a puro pulmón, como decimos aquí en Argentina.

    Mi padre siempre quiso darme todo en bandeja: contactos, capital, incluso un puesto directivo en una de sus filiales. Pero yo necesitaba probarme a mí misma, forjar mi propio nombre lejos de su sombra. Ahora, cada contrato firmado, cada viaje de negocios, era un triunfo personal.

    Aunque no todo era tan sencillo. El viaje sería largo —probablemente una semana en Estados Unidos—, y la idea de alejarme de mi familia me encogía el corazón. No entendía cómo el padre de mis hijos podía viajar tanto sin que el hogar le pesara. A él parecía no afectarle; a mí, en cambio, cada despedida se me hacía un nudo en la garganta.

    Llegué a casa con una noticia que sabía que cambiaría todo. Mi familia me recibió con euforia, conscientes de que este éxito era el fruto de años de sacrificio y esfuerzo en mi empresa. Cenamos lasaña, brindamos con helado de postre y, después de acostar a mi hijo, decidí que la noche no terminaría ahí.

    Me preparé con esmero: lencería negra de encaje, medias translúcidas conectadas a tirantes, un corpiño que apenas contenía mis curvas y una tanga que acentuaba mis formas. Al salir del baño, mi esposo ya estaba en la cama, y al verme, esbozó una sonrisa entre sorprendido y divertido.

    —Jajaja, ¿qué haces, cariño? —preguntó, aunque sus ojos ya delataban interés.

    —Quiero que esta noche sea inolvidable —susurré, acercándome con lentitud, deslizando mis manos sobre su pecho.

    —Mi amor, estoy un poco cansado —mintió, mientras sus dedos trazaban círculos en mi cadera.

    —Relájate… yo me ocupo de todo.

    Encendí una música sensual, apenas audible, y me coloqué frente al televisor, donde la tenue luz de las lámparas laterales dibujaba sombras seductoras sobre mi piel. Comencé a moverme al ritmo de la melodía, balanceando mis caderas, deslizándome hacia él como una pantera hacia su presa.

    —Shhh… esto no es lo mejor, papi —murmuré antes de sellar sus labios con un beso ardiente.

    Mis labios descendieron por su cuello, su pecho, hasta llegar a su abdomen. Con movimientos deliberadamente lentos, le quité el pantalón, disfrutando de cómo su cuerpo respondía a cada caricia. Cuando por fin liberé su erección, lo miré a los ojos y sonreí.

    —Vamos a probar algo nuevo, mi amor.

    Era mi primera vez haciéndolo así, pero la literatura erótica y aquellas noches de fantasía me habían dado ideas. Comencé con besos suaves en la punta, luego deslicé mis labios hasta tomar la mitad de su longitud, mientras mis dedos acariciaban sus testículos. La recompensa fue un gemido gutural, y su mano en mi nuca, guiándome con más firmeza.

    —No sabes cuánto esperé esto —gruñó, arqueándose bajo mi boca.

    Alterné entre succiones profundas y lamidas juguetonas, explorando cada centímetro de su piel. Cuando finalmente me aparté, él me miró con ojos oscuros de deseo.

    —Es mi turno, bebé.

    Me tumbó sobre la cama y, con una paciencia exasperante, recorrió mi cuerpo con besos y mordiscos. Su lengua encontró su objetivo, y no tardé en gemir, aferrándome a las sábanas mientras las olas de placer me sacudían.

    —¡Aaah, sí, amor! ¡Qué rico!

    La penetración llegó después, intensa pero breve. No fue la mejor noche, pero probamos cosas nuevas, y eso bastó para encenderlo. Aunque, como siempre después de sus viajes de trabajo, el cansancio lo venció demasiado pronto.

    A la mañana siguiente, los nervios se apoderaron de mí mientras empacaba. Esta reunión en Washington no era como las otras: era el salto de una empresa pequeña a algo mucho mayor.

    El hotel era lujoso, con una habitación digna de una reina: cama king size, decoración elegante y vistas impresionantes. Decidí bajar a la sala para tomar un café y relajarme junto a la piscina antes del maratón de reuniones del día siguiente.

    En el ascensor, un hombre discutía por teléfono en un inglés entrecortado, con un acento que reconocí al instante: argentino. Era de estatura media, tez blanca, cabello canoso y un aire de descuido que contrastaba con su voz firme. Al colgar, me dirigió una mirada de disculpa.

    —Las entrevistas de mañana van a estar complicadas —dijo en inglés, con una risa cansada.

    —Jajaja, hablo español —respondí, extendiendo mi mano—. Soy Alma, de Argentina. Vine por negocios.

    —Ah, ¡mucho gusto! Roberto, perdón por el escándalo. La empresa me está volviendo loco estos días.

    —Entiendo perfectamente. Yo estoy en la misma.

    —Perdona si es atrevido, ¿cuántos años tienes?

    —Treinta. ¿Y tú?

    —No puede ser. Pareces más joven. Yo tengo treinta y tres, aunque el estrés me hizo encanecer antes de tiempo —bromeó, pasándose una mano por el pelo.

    —Jajaja, a mí no me queda mucho entonces.

    El ascensor se detuvo y él hizo una mueca de pesar.

    —Bueno, lamento irme. Ojalá nos veamos por aquí.

    —Seguro. Estaré unos días.

    Nos despedimos con un beso en la mejilla, y aunque no era mi tipo, algo en su mano grande y su contacto fugaz me dejó un cosquilleo inesperado. Pero no le di importancia. Después de todo, mañana era el día más importante de mi carrera.

    El gran día había llegado. Me preparé con esmero: un pantalón de vestir azul marino, una camisa blanca impecable y un pañuelo blanco que contrastaba con el saco azul que llevaba sobre los hombros. Completaba el look con unos tacones que estilizaban mi figura, aunque me aseguré de que el saco cubriera lo suficiente para mantener la elegancia sin resultar inapropiada.

    Al salir de la habitación, me encontré con Roberto otra vez.

    —Hola, buenos días —lo saludé, notando cómo su mirada se detenía en mí con admiración.

    —¿Te pasa algo? —pregunté con una risa ligera mientras llamaba al ascensor.

    —No, no… Perdón si sueno como un baboso, pero estás espectacular —dijo, recorriéndome de arriba abajo con una sonrisa tímida.

    —Gracias —respondí, sonrojándome un poco—. Tengo una entrevista por la mañana y reuniones importantes por la tarde.

    —Ah, qué bien. Mucha suerte —dijo, asintiendo.

    —¿Bajas también? —pregunté cuando las puertas del ascensor se abrieron.

    —Sí, te acompaño. Tengo reuniones virtuales con unos emisarios de Europa que no pudieron venir —explicó mientras entrábamos.

    —No hace falta que te molestes, en serio —insistí.

    —No es molestia, es un placer. Nunca he conversado con una mujer como tú.

    —¿Cómo? —arqué una ceja, intrigada.

    —Bueno… Eres como una supermodelo, y yo solo soy un nerd —confesó con una carcajada incómoda.

    —Ay, no exageres —reí, sintiendo el calor subirme a las mejillas—. No soy ninguna supermodelo.

    —En serio, eres increíble. Normalmente, las mujeres como tú ni me miran —dijo, con un dejo de tristeza en la voz.

    —Mira, a mí no me interesa lo superficial. Mientras seas buena persona, yo seré buena onda contigo. Además, la arrogancia no va conmigo. La vida ya es bastante complicada como para andar de diva.

    —Wow… Cada minuto me sorprendes más —murmuró, observándome con genuino asombro.

    —¿Y tú? ¿No tienes esposa o hijos? —pregunté, cambiando de tema.

    —Sí, estoy casado… Pero mi esposa últimamente está más enfocada en su trabajo que en mí. Ni siquiera quiere que la toque. Es una relación… complicada. Estoy pensando en divorciarme —confesó con un suspiro.

    —Entiendo. Mi marido siempre está de viaje, y tengo la sospecha de que me engaña… —dejé caer las palabras, aunque preferí no ahondar en ese pensamiento. (Que, como después descubriría, era cierto.)

    —No entiendo a los hombres. ¿Cómo pueden despreciar a alguien como tú? —dijo, sacudiendo la cabeza.

    —Bueno, en fin… Ojalá no sea verdad —murmuré mientras llegamos a la puerta principal.

    —Hasta aquí te acompaño —dijo Roberto—. Gracias por tu amabilidad. De verdad, fue un honor hablar contigo.

    Antes de que pudiera responder, me dio un beso suave en el cachete.

    —Gracias a ti también. Cuídate, ¡hasta luego! —sonreí antes de salir.

    La conversación había sido inesperadamente agradable. No suelo tener amigos hombres, y Roberto me trató con la sinceridad que necesitaba. Era refrescante tener una charla así, sin pretensiones ni juegos.

    El día había sido perfecto. Las reuniones habían salido incluso mejor de lo esperado, el acuerdo estaba firmado y, aunque podía volver a Argentina, decidí quedarme cuatro días más. Necesitaba este respiro: la pileta del hotel, las tardes de relax y alejarse del estrés que me consumía los últimos meses.

    Al regresar al hotel, exhausta pero satisfecha, me dirigía directo a mi habitación cuando escuché una voz conocida.

    —¡Alma! ¿Recién llegas? —Roberto asomó desde la puerta de su habitación, apoyándose en el marco con esa mezcla de timidez y entusiasmo que lo caracterizaba.

    —Hola, Roberto. Sí, por fin voy a descansar un poco —respondí, conteniendo un bostezo.

    —Ah, bueno… Te iba a invitar a cenar, pero si estás cansada… —Se pasó una mano por el pelo, nervioso.

    —No, perdón, en serio estoy agotada. Pero gracias —sonreí, tratando de no parecer brusca.

    —No hay problema, lo entiendo. Descansa bien. Dulces sueños.

    —Gracias, igualmente.

    Entré a mi habitación y, antes de dejarme caer en la cama, llamé a casa. Mi esposo apenas me dirigió la palabra, como siempre. Pero lo que realmente quería era escuchar a mis niños. Su voz alegre me reconfortó, aunque al despedirme, intenté un tono más picante con mi marido:

    —¿Y si hablamos un poco más… íntimo? —susurré, juguetona.

    —Estoy cansado. Hablamos después.

    Colgué frustrada. Ya estaba harta de esa actitud, pero ese era un problema para otro momento.

    Al día siguiente.

    Me levanté temprano, fui al gimnasio del hotel, desayuné sola y luego salí a pasear por la ciudad con una amiga que vivía allí. Al regresar, decidí merendar algo en la cafetería del hotel.

    —Alma, ¡qué alegría verte! —Roberto estaba sentado en una mesa con su laptop abierta, levantando la mirada con una sonrisa sincera.

    —Hola, ¿trabajando? —pregunté, acercándome.

    —Algo así. Estoy revisando unas acciones —dijo mientras corría sus cosas para hacerme espacio—. ¿Te sentás?

    —Dale —acepté, riendo un poco.

    —¿Día pesado? —preguntó mientras yo pedía un café.

    —No, para nada. Estos días son de vacaciones. Estuve paseando por la ciudad.

    —Ah, qué bueno. Hacen bien unos días para vos sola.

    —Sí —asentí—. Y vos, ¿de dónde sos, Roberto?

    —Ah, perdón, ni me presenté bien —se rio—. Soy de Buenos Aires, pero vivo entre España e Inglaterra. Dirijo una empresa y ahora la estamos relocalizando.

    —¿Y eso es bueno o malo?

    —Complicado. En España no terminamos de despegar, así que probamos suerte allá.

    Asentí, comprendiendo. La conversación fluyó naturalmente, como si nos conociéramos de toda la vida. Él me preguntó sobre mí, y le conté de mi empresa de empaquetados, mis hijos, mi matrimonio… y esa charla pendiente que tenía con mi esposo.

    —Parece que estamos en la misma —dijo Roberto con un dejo de amargura—. La monotonía y el desinterés terminan cansando.

    —Totalmente. Pero mis hijos son lo primero. Ya veré qué hago.

    —Yo también pienso igual, aunque si me divorcio, dudo que encuentre a alguien —se rio, incómodo—. Miráme: soy un gordito con lentes y feo.

    —¡No digas eso! —protesté, sorprendida—. Sos amable, educado, inteligente… Eso vale mucho más que el físico. Y además, no sos feo. Tenés que ser más seguro de vos mismo.

    —Bueno, gracias por el halago —sonrió, ruborizándose.

    La charla siguió, cada vez más cómoda, hasta que finalmente nos despedimos para retirarnos a nuestras habitaciones.

    Pero algo en mí había cambiado. Sus palabras, su mirada, esa atención genuina que mi esposo ya no me daba… empezaron a generar pensamientos que no esperaba.

    ¿Y si…?

    Me sorprendí a mí misma sonriendo ante la idea. Nunca me había pasado, pero había algo excitante en la posibilidad de portarme mal…

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  • La madre perfecta

    La madre perfecta

    Muchos creen que ser una actriz porno es un trabajo sencillo, pues consideran dicho trabajo consiste en, simplemente, grabarse teniendo relaciones delante de una cámara, pero nada más lejos de la verdad. Al igual que pasa con cualquier profesión, ser actriz porno requiere de cierto grado de sacrificio, pues las mujeres que forman parte de la industria del entretenimiento adulto deben someterse a intensos regímenes de entrenamiento, seguir dietas estrictas, saber al derecho y al revés todas las técnicas del Kama Sutra, entre muchas otras cosas.

    Sin embargo ¿Saben que es más difícil que ser una actriz porno? Ser una actriz porno que, además, es madre soltera, y de eso tratara este relato: de una mujer que logro sobrellevar las dificultades de su vida laboral y convertirse, a su manera, en una gran madre para sus hijos.

    Antes de empezar con nuestro relato, les voy a presentar a los protagonistas del mismo, los cuales son:

    Anna (44 años): es una milf pelirroja de ojos celestes. Es una mujer alta, musculosa, femenina, de muslos gruesos, tetas enormes, e inmenso trasero. Es una actriz porno muy famosa y respetada en la industria del entretenimiento para adultos y, pese a todo el trabajo que ellos implica, siempre tuvo tiempo para criar correctamente a sus hijos.

    Jen (21 años): es la hija mayor de Anna. Es una chica rubia con varios mechones teñidos de violeta y, al igual que su madre, tiene un cuerpo musculoso con grandes atributos femeninos (aunque no tan grandes como los de Anna). Ella admira mucho a su madre, y sueña en convertirse en una gran actriz porno como ella.

    Alfredo (18 años): es el hijo menor de Anna y el hermano menor de Jen. Es un joven rubio de baja estatura, poca masa muscular, y con un rostro muy hermoso. A diferencia de su hermana, a él no le gusta que su madre se dediqué a la industria para adultos y, aunque la ama, tiene una relación medio conflictiva con ella debido a esa cuestión.

    Nuestro historia comienza en la casa de Anna, en el que ella y su hija se estaban arreglando para ir a una reunión en el estudio de grabación para el que la miof culona trabaja. Aquella reunión era muy importante para Jen porque, en la misma, el director del estudio decidiría si la contrataba como actriz porno o no.

    “¡Ay, madre!” exclamó Jen, con entusiasmo “¡No puedo creer que por fin ha llegado el día! ¡El día en el que iniciaré mi camino para ser una gran actriz porno como lo eres tú!”

    “¡Uy, si, que gran orgullo!” exclamó Alfredo, de forma sarcástica y despectiva “¡Qué gran orgullo debe ser que te graven mientras un afroamericano te rompe el culo! ¡Sin duda alguna, las personas que se mataron estudiando una carrera se deben estar muriendo de envidia! ¡te felicito, Jen!”

    “¡No le hagas caso al aguafiestas de tu hermano, hija!” exclamó Anna “¡Mientras no lastimes a nadie, siempre debes estar orgullosa de hacer lo que apasiona, sin importar que sea! ¡Ahora vámonos, que se nos hace tarde!”

    “¡Adiós, hermano!” exclamó Jen “¡Que te diviertas pajeándote mientras no estemos!”

    “¡Cállate!” grito Alfredo, molesto.

    Ambas mujeres salen de su casa, se suben al auto, y Anna conduce hasta el estudio de grabación. Una vez allí, madre e hija se presentan ante la secretaria, y está les pide amablemente que tomen asiente y esperen a que el director las reciba.

    “¡ay, madre, que nervios!” exclamó Jen, preocupada “¿Tu realmente crees que tú jefe me quiera contratar?”

    “Sería un tanto si no lo hiciera, pues estaría perdiendo a la puta más pervertida de toda la ciudad, la cual fue entrenada por la mejor actriz porno que existe” dijo Anna, con firmeza.

    “¡No le des falsas esperanza a la pobre chica!” exclamó una mujer afroamericana, la cual usaba un corte abro, y tenía un cuerpo y una altura muy similar al de Anna “¡Si fue entrenada por ti, no tiene futuro alguno en la industria pornográfica!”

    “¿No tienes algo mejor que hacer que venir a molestarnos, Victoria?” preguntó Anna, enojada.

    “¿Así que tú eres Victoria, la gran rival de mi madre?” preguntó Jen “Mi madre me hizo ver varias de tus películas porno”

    “¿De verdad?” preguntó la afroamericana, sorprendida.

    “¡Si, para que aprenda todo lo que no se debe hacer!” exclamó la pelirroja.

    “¡Mira quién habla!” exclamo Victoria, enojada “¡Tu, más que dedicarte a hacer porno, deberías dedicarte a la industria de los medicamentos para el sueño, pues eso es lo que me provoca ver tus películas!”

    “¡Son palabras muy grandes para una mujer con un culo tan pequeño!” exclamó Anna, molesta, mientras se ponía de pie.

    “¡Parece que alguien ha bebido de mss. y anda con la percepción de la realidad completamente alterada!” exclamó la milf de piel oscura, mientras ella y Anna presionaban sus enormes tetas una contra la otra.

    “¡Anna, Jen, el director dice que ya está disponible, y que pasen a su despacho!” exclamó la secretaria.

    “¡Terminaremos esto más tarde porque, por ahora, tengo cosas más importantes que hacer que perder mi tiempo contigo!” exclamó la milf pelirroja, mientras ella y su hija se iban.

    Luego, madre e hija entraron en la oficina del director, y se sientan enfrente del escritorio de este.

    “¡Bienvenidas, señoritas!” exclamó el hombre muy cordialmente “Ahora, si no les molesta, iré directamente al grano: luego de haber analizado muy minuciosamente los videos porno casero que Jen me mandó, y luego de consultarlo con unos expertos, he decidido que la chica merece una oportunidad de trabajar con nosotros”

    “¡Que genial!” exclamó Anna, muy contenta.

    “¡Es realmente fantástico!” exclamó Jen, mientras abrazaba a su madre “¡Se lo agradezco mucho, señor! ¡Le prometo que no se arrepentirá de su decisión!”

    “¡No tienes nada que agradecer, te lo has ganado! Además, siendo la hija de Anna, confío plenamente en que te convertirás en una actriz muy cotizada” exclamó el director, mientras él y Jem se daban un apretón de manos “Además, siendo la hija de Anna, estoy seguro de que te convertirás en una actriz porno muy lucrativa para mí estudió”

    Tras firmar un par de contratos, Jen se retira de la oficina junto con su madre, y las dos se suben al auto y se van del estadio.

    “¡No sabes lo orgullosa que estoy de ti!” exclamó Anna, mientras manejaba “¡Yo sabía que lo ibas a lograr!”

    “¡Y todo te lo debo a ti, mamá!” exclamó Jen, con gran alegría “De no ser por todos los consejos que me diste y por todos los ejercicios que me hiciste hacer, nunca hubieran podido ser contratada, y te estoy muy agradecida por ello ¡Ahora volvamos a casa, que tengo ganas de celebrar!”

    “De hecho, te prepare una sorpresa especial para festejar el gran paso que has dado en el inicio de tu carrera”

    “¿De verdad?” preguntó Jen, con gran interés “¿Qué es?”

    “Lo verás cuando lleguemos allá” dijo Anna, con una sonrisa pervertida.

    Tras conducir por unos minutos, la milf estaciono su auto en la entra de un motel llamado “Corazón de Fuego”.

    “Espera, yo he oído hablar de este lugar ¿Este no es el motel en el que papá y tú nos concibieron a Alfredo y a mí?” Preguntó Jen.

    “¡Así es, y es en este mismo lugar en el que te quiero hacer una propuesta indecente!” exclamó la milf, mientras le acariciaba la pierna a su hija “He notado como me miras con ojos de deseo y, la verdad, yo también hago lo mismo ¡Es por eso que quiero proponerte que celebremos tu ingresó en la industria pornográfica teniendo sexo lésbico e incestuoso en la misma habitación en la que tu padre me dejó embarazada de ti!”

    “¿Sabes?… eso suena… ¡Excitante!” exclamó Jen, y luego beso a su madre “La verdad, tenía planeado proponerte algo parecido en algún momento, pero creo que es mejor hacerlo ahora”

    Ambas mujeres bajan del auto y, agarradas de las nalgas, ingresan al motel, caminan hasta la recepción, y Anna le pide al empleado que quería rentar la habitación número 17. Para fortuna de la milf y de su hija, dicha habitación se encontraba disponible y, al entrar en ella, se desvistieron rápidamente.

    “¡Te veo nerviosa!” exclamó Anna, mientras abrazaba a su hija “¿Qué pasa? ¿Te has arrepentido?”

    “¡No, para nada, es solo que jamás he tenido sexo lésbico!” exclamó Jen, preocupada.

    “¡Tranquila, mami te guiará en todo!” exclamó la milf, mientras besaba apasionadamente a su hija.

    Las lenguas de ambas mujeres se entrelazaron con fuerza, al tiempo que las dos se manoseaban mutuamente.

    “¡Siempre he envidiado el inmenso culo que tienes!” exclamó Jen, mientras le agarraba las nalgas a su madre.

    “¡No te preocupes porque, si sigues mi rutina de entrenamiento al pie de la letra, tu tendrás un culazo como el mío e, inclusive, hasta más grande y redondo!” exclamó Anna, y luego le empezó a chupar las tetas a su hija, al tiempo que le manoseaba el coño.

    Jen gimió de con gran fuerza al sentir la boca y las manos de su madre dándole placer. Luego, Jen hizo que Anna se acostara boca arriba sobre la cama, metió su cabeza entre las piernas de esta, y le empezó a chupar el coño.

    “¡Se ve que has prestado mucha atención en las clases de sexo oral que te he dado!” exclamó Anna, mientras disfrutaba el sexo oral que su hija le hacía “Pero no es justo que solo yo disfrute ¡Colócate sobre mi para que puedas sentir la lengua de mami!”

    La joven acato la orden de Anna, se colocó encima de esta, y las dos se dieron placer mutuo al hacer el 69.

    Luego de mucho Sexo oral, madre e hija entrelazaron sus piernas, y comenzaron a frotar sus coños uno contra el otro.

    “¡Puta madre!” grito Anna de placer, mientras se movía con fuerza “¿Estás segura de que nunca antes tuviste sexo lésbico? Porque te mueves como toda una experta”

    “¡Eso es un gran halago para mí, viniendo de la puta más hermosa que conozco!” exclamó Jen, mientras besaba apasionadamente a su madre.

    Tras frotar sus coños por varios minutos, las mujeres se separaron, y Jen le dió una nalgada a su madre.

    “¡Pero que atrevida eres al nalguear a tu madre, putita!” exclamó Anna, con sarcasmo y excitación, mientras agarraba a su hija del pelo y metía la cara de está entre sus nalgas “¡Mereces un castigó para ver quien es la que manda en esta relación!”

    Sin que su madre le ordenará que lo hiciera, Jen metió su lengua dentro del culo de Anna, y está pego un grito de placer.

    “¡Mete tu lengua tan adentro como puedas, sucia perra de mierda!” grito apasionadamente Anna, mientras agitaba con fuerza sus nalgas, al tiempo que Jen metía su lengua tan adentro del ano de su madre como le fuese posible.

    Al finalizar con el apasionado beso negro entre madre e hija, Anna saco de su bolso una cinturonga, la cual poseía un gran consolar, y se la puso.

    “¿Lista para que mami te coja, zorrita?” preguntó Anna, mientras agitaba su consolador.

    “¡Si, quiero, pero no con esa cinturonga!” exclamó Jen, mientras sacaba del bolso una cinturonga con un consolador mucho más grande “¡Quiero que uses esta conmigo!”

    “¿Segura? No creo que estés lista para soportar algo tan grande”

    “¡Te lo suplico, úsalo conmigo!” exclamó Jen, mientras se inclinaba ante su madre, y le lamía la pierna derecha “No me tengas piedad por ser tu hija ¡Cogerme como coges a tus compañeras de trabajo!”

    “¡Si eso quieres, eso tendrás, mi amor!” exclamó Anna, mientras se ponía la cinturonga que Jen le dio.

    Luego, Jen se acostó boca arriba sobre la cama, Anna se colocó sobre ella y, de un solo movimiento la milf penetro el pequeño coño de su hija con el enorme consolador de su cinturonga.

    “¡Puta madre!” grito Jen, entre gemidos de placer, mientras Anna se la cogía tan fuerte como podía.

    “¡Eso es, puta de mierda!” grito la milf, al tiempo que penetraba, estrangulaba, y le escupía en la boca a su hija “¡Grita para mí! ¡A mami le encanta ver a las zorras retorciéndose de dolor y de placer!”

    Tras follar el coño de su hija hasta el hartazgo, Anna hizo que Jen se pusiera en cuatro, y se dispuso a penetrarle el culo.

    “¡Mama, espera!” exclamó Jen, preocupada “¡Por el culo no, me lo vos a romper!”

    “¡Lo lamento, hija, pero saber que mami es incapaz de contenerse cuando está exita!” exclamó Anna quien, de un solo movimiento penetro el culo de Jen “¡Ahora solo cállate y disfruta!”

    “¡Mierda!” grito la joven quien, pese al inmenso dolor que sentía, gimió de placer “¡Piedad, mami, piedad!”

    “¡Nada de piedad!” grito la milf y, mientras cogía con fuerza el culo de su hija, la agarraba del pelo y la nalgueaba “¡Si quieres ser una actriz porno, será mejor a qué te acostumbré al sexo duró y salvaje! Ahora dime ¿Quién es mi zorrita?”

    “¡Soy yo, mami!” exclamó Jen, mientras agitaba sus nalgas “¡Culeame hasta que mi culo se rompa! ¡Enséñame como domina una verdadera actriz porno para que aprenda a hacerlo!”

    Finalmente, y tras haber tenido mucho sexo salvaje, ambas mujeres tuvieron un gran orgasmo, y ambas mujeres se desplomaron en la cama una al lado de la otra.

    “¡Mañana no voy a poder caminar bien, pero valió completamente la pena!” exclamó Jen, mientras le agarraba una nalga a Anna.

    “¡Esa es la actitud de una verdadera actriz porno, querida!” exclamó Anna, y luego beso apasionadamente a su hija.

    “Dime ¿Crees que, algún día, podré ser tan buena actriz porno como tu?”

    “¡No!… ¡Vas a ser mucho mejor de lo que yo fui!” exclamó Anna, mientras abrazaba cariñosamente a Jen “La verdad, me encanto lo que hemos hecho, y desearía poder hacer lo mismo con tu hermano, pero no creo que a él le guste”

    “¡Le va a encartar, mamá! Ningún hombre se puede resistir a tu cuerpo y, si se niega, es porque es gay. El problema es que eres demasiado comprensiva con él y le has permitido que te falte el respeto varias veces ¡Deberías agarrar de los pelos ese odioso saberlo todo y convertirlo en tu consolador viviente, para que se le quite lo antipático!”

    “Es una tentadora idea… pero no sé si me animaría a hacer eso, ni yo soy tan puta”

    “¡En fin, dejemos de hablar de Alfredo y, mejor, sigamos cogiendo!” exclamó Jen, mientras le pasaba la lengua por el cuello a Anna “¡Aún estoy caliente!”

    “¡No existe madre que tenga una mejor hija que yo!” exclamó Anna, mientras se colocaba encima de su hija para seguir teniendo sexo.

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  • Propuesta indecente

    Propuesta indecente

    Cierto día mientras almorzábamos; Manuel me propuso algo que me dejó con el pensamiento desordenado; me dijo que íbamos hacer un trio con el amigo del Agustino, quien me recomendó; pero que sería una doble penetración; le dije que la verdad no estaba seguro que entre dos pingas en mi ano; me respondió que lo dejé en sus manos que todo saldrá bien mientras se acercaba a besarme.

    Estuve con la mente divagando como sería esto; pero al fine calme porque pasaron días y no venía; hasta que un fin de semana a eso de las 9 de la mañana mientras dormía; me despertaron totalmente desnudos que me asusté al ver a los dos desnudos con sus pingas paradas tratando de meter las dos pingas en mi boca que no cambian; empezando a mamar su pollas; era alucinante; pues me atoraron a pingasos que se gozaban hacerme arcadas; pero si que tenía miedo como voy a hacer para que estás dos pingas entren en mi culo.

    Empezaron a cacharme unos a uno que me gustaba a pesar del dolor que sentía; era un trio súper sexual que me destrozaban el culo a pingasos; hasta que Manuel se echó y me pidió que me siente sobre su pinga y el otro intentaba meterlo; la cual no ingresaba era doloroso; pues intentaron por todos los medios y nada que le decía que ya no porque me dolía era un cache espectacular que eyacularon como dos locos empedernidos que la leche lo dejaron en mi espalda y en mi boca; hasta que de pronto entraron policías en el cuarto; seguidos de la prensa; quizás cuando entraron olvidaron cerrar la puerta.

    Nos hicieron cambiarnos y nos llevaron a la comisaría; pues alguien había denunciado que se ejercía la prostitución en esa casa; yo aduje que era gay y que Manuel era mi pareja; por mi cuenta quise hacer un trío pues era mayor de edad; la verdad que me había enamorado de Manuel quien quedó detenido y confiscado sus cosas y materiales; recuerdo que iba a visitarlo a la carceleta; recuerdo que el amigo de él Agustino asumió la defensa de Manuel; pues era abogado y fue quien le ayudó mucho y al final le dieron libertad.

    Decidió rematar todo lo que tenía y vendió todo; pues la casa era de su tío de España en donde me dijo que podía vivir allí hasta que vendan la casa; pues había coordinado con su tío y acordado que se vendería esa casa y viajó a España; pues tenía familia allá; lloré mucho recuerdo, como quien pierde a alguien muy querido y amado; al final junto al amigo de él Agustino lo despedimos en el aeropuerto.

    Yo muy triste por su partida; me entregó un sobre con dinero diciéndome que si la vida quiere algún día volveremos a encontrarnos; regresamos a casa donde el amigo me acompañó; lloré mucho a lo que me abrazó y besó diciendo que estará para mí cachando me en ese momento y dejándome triste pues tenía que volver a su estudio.

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  • Economista y prosti: Vacaciones y excepciones (1)

    Economista y prosti: Vacaciones y excepciones (1)

    ¡Hola!

    Contenta de regresar de nuestras vacaciones, tal como les había informado. En realidad, yo tomé muchas más vacaciones que mi marido Tommy. Él me acompañó en los primeros días y luego volvió a trabajar.

    Yo luego de que él volvió al trabajo, me dediqué a descansar cuerpo y mente, salvo dos aventuras excelentes que ya les contaré. Pero igualmente tuve varios días de descanso disfrutando de no hacer nada.

    Por razones de espacio y para ponerme al día rápidamente, trataré de no dar más detalles de los necesarios.

    Capítulo 1: De vacaciones.

    La primera semana de vacaciones, con Tommy. Tomamos tres días solos, de sábado a lunes, en el campo, disfrutándonos mutuamente. Sensacional para reafirmarnos en nuestro amor.

    En el almuerzo usual de los jueves con Sam, el dueño y Director General de la compañía donde ahora Tommy es Director de industria y Logística, habíamos convenido que compartiríamos algunos días de vacaciones con él, (buen amante y Jefe de Tommy), en un gran hotel cerca de Punta del Este; donde ellos “estarían de gira visitando clientes de la zona”.

    Y así se hizo. Sam se encargó de las reservas del hotel a cargo de la Compañía, y tal cual hiciéramos en Paris con mi primer macho extramarital, yo me alojé con Sam, y Tommy solo, con lo cual nos visitaba o nos veía por video llamada y Sam disfrutaba de mí sin límites y mucho más que en las cogidas semanales post almuerzo de los jueves.

    Honestamente, fui su esposa por desde el martes de mañana hasta el viernes al atardecer.

    Se imaginan cuánta excitación, desde planificar ese encuentro hasta llevarlo a cabo.

    De viernes a lunes, en nuestro campo, con Tommy hicimos el amor continuamente, sin límites, a cualquier hora y en cualquier lugar; a veces, al aire libre sin importarnos si podían vernos desde el camino que pasa al frente de la propiedad.

    A ambos nos excitaba pensar en los días que vendrían con Sam. Él me desea fervientemente desde antes de tenerme, y yo descubrí desde la primera vez, que me cae muy bien y me coge de maravillas, y todavía más, me regaló el amoblamiento de toda mi actual oficina.

    El hotel, cerca de la playa y pueblo de José Ignacio, es maravilloso y ultramoderno, no daré más datos por discreción.

    Llegamos, nos instalamos tal como dije, Sam y yo juntos y Tommy por separado. Disfrutamos de días de buena temperatura, los últimos en este otoño, pues ahora en junio ya la temperatura es casi invernal, y de inmediato del check in, nos fuimos a caminar los tres a la playa.

    Pero no a cualquier playa, decidimos ir un rato a Chihuahua. Playa naturista, y disfrutar viendo nuestros cuerpos. Almorzamos en el camino, la distancia de un lugar al otro es importante, y se debe atravesar la ciudad de Punta del este. ¡Pero teníamos tiempo y ganas!

    Llegados a la playa, muy poca gente un martes a las tres de la tarde, nos desnudamos, dejamos la ropa en el vehículo de Sam, y nos fuimos a caminar. Obviamente, iban semi erectos, viéndome desnuda en medio de ellos. Cuando no había nadie a la vista, yo los tomaba de la mano a ambos. A veces me hacían alguna caricia cuando nos cruzábamos con desconocidos

    Caminamos bastante, nos refrescamos entrando al agua, y emprendimos el regreso.

    Acordamos que siendo ya cerca de las seis de la tarde, lo mejor era no cenar, prepararnos y pasar nuestra noche tipo matrimonial con Sam. A lo cual, como siempre Tommy accedió.

    Habíamos planificado con Tommy un regalo especial a Sam. Fuimos Sam y yo a su habitación, él se duchó y volvió en pijama, yo me excusé para bañarme (y prepararme analmente) y me llevé mi bolso de ropa para la sorpresa especial.

    Luego de sacarme la sal del agua de playa y de prepararme totalmente, desde el baño llamé por teléfono a Sam.

    –Amor, voy a llamar a Tommy para que venga un momento a ayudarme a vestirme para ti. ¿Te molesta? Solamente minutos y se retira.

    –Mmm, debe ser una linda sorpresa, no me molesta en absoluto.

    Llamé a Tommy y en minutos estaba en la suite, y pasó al baño.

    Necesitaba su ayuda para ponerme mi vestido de novia (el que está con manchas de leche de Tommy, papá y Paul).

    En minutos estaba vestida, con lencería blanca mínima, el vestido de novia y el correspondiente velo largo al piso.

    En el teléfono, Tommy puso la Marcha Nupcial, y con esos hermosos acordes pasé al dormitorio de la suite.

    Sam abrió los ojos desmesuradamente, y preguntó: ¿qué es esto?

    –Es una nueva ofrenda para ti, significa que puedes considerarte con derechos de esposo sobre mi. Incluso, debes pensarlo, fertilizarme, cuando decidamos que me embarace. Muy pocos, solamente te Tommy, su papá, mi papá y un francés tienen ese derecho, aunque hay dos en espera… pero si quieres participar tendrás pleno derecho a participar y preñarme. Obviamente, ese embarazo será siempre atribuido a Tommy y no generará problemas a quienes hayan sumado su esperma a la fecundación.

    –¡Ustedes son increíbles! ¡Desde ya que acepto! Es un hermoso paso más en nuestra confianza mutua, ¡y me imagino que habrá derecho a cogerte estando embarazada y a qué nos amamantes con tu leche! ¡Desde ya lo deseo! ¿Es tu auténtico vestido nupcial?

    –Claro que es el auténtico, manchado con el semen de Tommy, papá y Paul, y se lo haremos manchar a mi suegro. Espero que a partir de hoy, también tenga mancha de tu semen.

    –¡Claro que sí!

    –Me retiro, los dejo como recién casados, dijo Tommy.

    Lo saludamos Sam y yo, y le dijimos que sí había algo excepcional no vacilaríamos en llamarlo para video llamada o que estuviera presencial.

    De inmediato, le pedí a Sam que me quitara la tiara y el velo, que no son lo más cómodo del mundo ja ja. Lo hizo y comenzó a besarme dulcemente, como auténtico novio.

    Pero sin perder de vista su lugar de tercero y cogedor fuera de mi matrimonio me comenzó a susurrar al oído:

    –Sos la más putita, súper puta y eso me encanta, esta idea me ha calentado al extremo. ¡Me encanta que seas tan buena esposa, tan buena economista y tan puta!

    Vamos a llenar el vestido de leche que salga de tu cuerpo cuando te llene dentro…

    –Sí, por favor, sabes cómo me gusta la leche, y te darás cuenta cuanto quiero tu leche si me he vestido así para que me cojas. Éstos días soy tu esposa, todo el día, todos los días.

    Y me di vuelta ofreciéndole mi espalda para que me desabotonara el vestido, pero primero desfilé frente a él varias veces, y finalmente, al ponerme de espaldas, le dije:

    –Desnúdame y hazme tuya amor.

    –Mmm que bien lo haces… te siento realmente como mía.

    –Me gusta que lo sientas así, realmente así será en estos días.

    Ya los botones estaban desprendidos, el vestido cayó al piso y Sam lo levantó y lo arrojó sobre la cama, y me imaginé su intención.

    El mínimo corpiño también abandonó mi cuerpo, y la lengua de Sam se dedicó con frenesí a mis tetas.

    –Me encanta que me las chupes.

    –Me encanta chupártelas, y ahora solamente pienso en cuando te hayamos fecundado y tengan leche y yo pueda verlas goteando leche y disfrutarlas.

    –Ahhh me encanta oír eso.

    Bajó a sacarme la tanga y arrodillado frente a mí me hizo una hermosa lamida de concha, larga y bien mojada de su saliva.

    Lo desvestí, y lo tiré al borde de la cama, yo me arrodillé en el piso y comencé a chuparle la pija, ya enhiesta.

    Fui regulando el oral, pues quería disfrutar de su leche dentro de mí. Hasta que salió de mí, sin pensarlo: “por favor cariño, haceme tuya”

    –Sí. Amor, te voy a coger, no puedo esperar.

    –Me gusta que me digas “amor”, se lo diré a Tommy y él entenderá. Dije, mientras dejaba de chupársela.

    –Al menos estos días…

    –¡Siempre!

    Lo monté, puse la cabeza de su pija entre los labios de mi concha, y comencé a frotarlo, a jugar con ella en los labios de mi concha, húmeda y caliente. Sentía enormes deseos de tenerlo dentro de mí, pero pude preguntarle:

    –¿Lo llamo? Quiero que vea todo, incluso cuando tú leche manche el vestido.

    –Sí sí…

    Lo llamé, sin dejar de frotar la verga de Sam en mi concha. Entró con mi llave, pues yo se la había dado.

    Cuando hubo llegado y estaba al lado de la cama (fue menos de un minuto), me dejé caer sobre la pija de Sam que entró en mi como entra un cuchillo caliente en mantequilla.

    No sé si es que por estar circuncidado no se arrolla la piel del glande o que es, pero su miembro entra y se mueve con total facilidad.

    Yo casi que saltaba subiendo y bajando sobre ese tronco que tanto placer me da, Tommy miraba y le dijo a Sam:

    –¡Las tetas! ¡No le descuides las tetas, le encanta! Y me hizo doblar mi torso un poco hacia Sam, que me las comenzó a chupar y casi a morder. Yo creí que los pezones se me reventaban de duros.

    –¡Ahhh y cuando tengan leche! Fue lo que dijo, pensando en cuando me embaracen y comenzó a volcarse dentro de mí.

    Lo sentí como a otros, un líquido tibio, abundante, lo adivinaba viscoso… ¡me enloquece!

    Me doblé totalmente sobre él y nos besamos al menos dos minutos, su verga se ablandaba, y sabiendo que estábamos sobre el vestido de novia, me levanté apenas para que se saliera su verga y entonces todo lo que tenía dentro de mí comenzó a caer sobre el vestido…

    Misión cumplida, ya tengo semen de Sam en el vestido, solamente falta el del padre de Tommy.

    Lo miré a Tommy, rojo de cara, excitado, vi que se moría por besarme y lo atraje a mi boca; nos besamos y se fue de la habitación llevándose el vestido. Luego me contó que al llegar a su suite se masturbó después de lo visto.

    Me dediqué a mi “casi marido” o “novio”. Tirada sobre él mientras me acariciaba las nalgas y chupaba mis tetas, le dije cuánto lo gozo, cuánto me gusta que me coja, y que soy esposa, puta y feliz.

    –Todo eso se nota, me dijo.

    Por supuesto seguimos besándonos, conversando, el tema de fecundar me lo tiene desesperado, ¡desearía que fuera ya!

    Echada encima de él, le pregunté si se sentía con ganas de cogerme de nuevo, pues teníamos tres días más por delante, “y no quiero que te agotes”…

    Quiero seguir, ya bajaremos a dos polvos en los días siguientes, pero esta noche de bodas serán tres, señora.

    Me encantó que se dirigiera a mí como “señora”, es dulce, cariñosa y me calienta. Además denota confianza en mí y en Tommy.

    Bajé a chuparle la pija, aún con semen de cuando me cogió, y le ofrecí mi concha para que chupara. Yo me dediqué, ésta vez con energía a chuparle la pija, con largas visitas a su culo, pues disfruta mucho de mi lengua y de algún dedo que le introduzco como juego, nunca totalmente.

    Me chupó los dedos de los pies, me lamió el culo y hasta con esfuerzo me lo dilató con la lengua; finalmente volví a tirarme encima de él y restregando mi cuerpo encima de él mientras le ofrecía mis tetas, su miembro estuvo duro como siempre.

    Nos volteamos, él vino encima, y con mis piernas al hombro me la metió de una, sin paradas intermedias, sin esfuerzo, los dos súper lubricados.

    Y en esa pose, chupándome los pelones comenzó un vaivén lento, suave y que progresivamente me fue poniendo on fire.

    Sentía la cabeza de su pija subir y bajar en toda mi vagina, la se tía especialmente en la zona rugosa, delante y un poco más arriba de la entrada, comencé a gemir y me vino el inevitable temblor.

    Y llegó un orgasmo largo y que no pude controlar, confieso que me mojé como nunca. No le importó y siguió en su vaivén suave y rítmico, que terminó cuando como diez minutos después acabó, casi tanto como en la penetración anterior. Lo sentí aún más caliente, no sé, mi excitación quizás.

    Una divina sensación sobre todo cuando se salió de mi, y sin darme tiempo me restregó la pija en las tetas y luego me la dio a chupar para que se la limpiara, lo cual hice con deleite.

    Se puso de espaldas, me atrajo encima de él y comenzó a chuparme las tetas, cubiertas de restos de su propia leche. “No me importa, quiero tus tetas como sea”.

    Tal como se imaginan, sin comer desde el almuerzo, bramábamos de hambre, pedimos Room Service de champagne, olivas y mini sándwiches. Lo comimos y bebimos así como estábamos, desnudos y cubiertos de fluidos. Mis tetas brillaban por saliva y semen.

    Luego nos tendimos a acariciarnos y a decirnos cosas hermosas. En cierto momento me dijo que en uno de mis bolsos había un regalo para mi, como agradecimiento por estos días que pasaríamos juntos. Salí de la cama, fui al bolso, y… un sobre, no conté su contenido, años de economista viendo sumas de dinero, me llevaron a saber instantáneamente que eran 10k. No lo podía creer.

    Volví a la cama, lo besé largo rato, lo acaricié, le lamí la cara, y le dije “Gracias, dueño mío”. Se rio y me dijo “No olvides eso de que soy tu dueño, quizás lo tome en serio”.

    Realmente, hemos hecho una gran conexión, no de amor, pero sí de simpatía mutua y de sexo, en la que Tommy sigue teniendo todo mi amor, y Sam es como un novio extraoficial.

    Nos quedamos tendidos, con sueño pero sin dormirnos, hablando diciéndonos lo lindo que van a ser estos días, caricias y besos de continuo.

    –¿Sabes Sofía? Hay algo que quiero hablar con ustedes, iba a plantear el tema mañana en el desayuno, pero, estamos tan a gusto que oreguntaré PRI era tu opinión, y en todo caso mañana lo vuelvo a plantear cuando estemos con Tommy.

    –Ayyy qué intriga, dime lo que sea.

    –Hipotéticamente, repito, hipotéticamente, si algún día por alguna razón importante de negocios o personal, quisiera compartirte, ¿sería posible o se sentirían ofendidos?

    –Cariño, sabes cuánto me gusta coger, sabes, ya deberías saber y lo sabrás más aún, cuanto te aprecio, ¡claro que puedes contar conmigo para ese tipo de ayuda! Y mañana al almorzar, estando los tres juntos, yo misma se lo plantearé a Tommy, aunque ya una vez él te dijo que puedes disponer de mí sin límites, ¿recuerdas nuestra primera vez en el campo?

    –Claro que lo recuerdo, pero es que siempre es bueno aclararlo pues la relación con ustedes es cada vez mejor, laboral y sexual.

    –Verás que no hay problemas, y por supuesto simplemente se debería respetar siempre lo de los análisis previos, o asegurarnos de alguna manera la salud de quien “hipotéticamente” me recibiera de ti.

    Luego conversamos acerca de llamar un rato a Tommy en la noche, pero yo, mimosa, le dije que no que esa noche quería estar solamente con él, que en todo caso le enviáramos alguna foto.

    Antes de dormirnos nos duchamos nos hacía buena falta. Nos dormimos abrazados.

    Ya sobre las seis de la mañana desperté, Sam dormía. Lo desperté, besándolo, encendí la luz, no me gusta hacer el amor a oscuras, y me puse al borde de la cama, atravesada, con los pies en el borde del colchón y las piernas abiertas… el mensaje era claro… mi concha deseaba que le dieran los buenos días.

    Lo captó de inmediato, ja ja. Puso un almohadón sobre el piso, se arrodilló cómodamente y comenzó su tarea. Me encanta que me chupen la concha al despertar, y lo hizo con dedicación y maestría.

    Se dedicó a todo, con suavidad, a los labios, me los lamía, los cubría con su boca y succionaba, luego me metía la lengua, después, siempre lamiendo, iba al clítoris y se quedaba largo rato lamiéndolo, si se asomaba del capuchón, lo ensalivaba y lo lamía más. Mientras tanto siempre me acariciaba las tetas y me pellizcaba los pezones.

    Me puso a punto y se me notaba, se subió a la cama y me dio su pija a chupar; no me negué ja ja, y se la chupé y también las bolas.

    Nos acostamos frente a frente y mientras nos besábamos y nos manoseábamos fue ubicando la verga y llegado el momento me la metió suavemente, sin parar de besarme y siguió y siguió dándome. Entraba y salía que era una delicia, alguna vez se le salió del todo y me la metió de vuelta. Frescos y descansados, fue una cogida deliciosa, que culminó cuando me sacó la pija y me la ofreció a la boca para acabarme, mientras, a mi sugerencia, le enviábamos las imágenes a Tommy. Después las pude ver, y apreciar como yo abrí la boca al máximo y me entraron los chorros que tragué encantada.

    Se la seguí chupando y al poco tiempo tuvimos a nuestro lado a Tommy, desesperado. También se la chupé y tragué su esperma, eufórica.

    Nos fuimos duchando, pedimos tres desayunos al servicio de habitación, y mientras desayunábamos y conversábamos de mi buena idea de darle mi llave a mi esposo, saqué a relucir el tema de si Sam podría, si fuera ventajoso para su negocio o persona, ofrendar mis servicios corporales a alguien.

    La respuesta de Tommy fue clara y concisa: “Si fuera para tu negocio, sería bueno para mí que soy director de la compañía y para Sofía que es mi esposa… si fuera bueno para ti en lo personal, sería bueno para nosotros que somos tus amigos”… tema liquidado de la mejor manera.

    También le dije que a veces se nos escapaban las palabras y nos decíamos “amor” o “cariño” con Sam, lo cual a Tommy lo hizo sonreír y lo aprobó, diciendo “mientras yo sepa todo, no me están traicionando”; yo considero que eres un novio de Sofi, Sam.

    Decidimos salir los tres juntos a pasar el día almorzando en la Rambla de Punta del Este, y visitando después el maravilloso “Museo R…”, que tiene la particularidad de ser absolutamente gratis, tener excelente arte en su muestra, y por sobre todo, para mí, uno de los mejores patios del mundo. Lleno de esculturas, similar a un claustro, no se puede pensar en un lugar más bello, visítenlo.

    Así lo hicimos, y, muy felices volvimos para cenar en el hotel, una exquisitez. Con Sam planificamos una linda noche (del miércoles al jueves) solos, así fue y pude disfrutar de dos hermosos polvos, uno por delante y uno por detrás.

    El jueves, desayunamos los tres juntos, mostrándole a Tommy, en forma discreta pues estábamos en el salón de desayunos, la filmación POV de cuando Sam me hizo el culo. Se excitó tanto mi Tommy que tuvimos que esperar más de media hora a que se le bajara la pija y poder salir del salón.

    Almorzamos en un restaurante genial, sobre la arena, al lado del pueblo de José Ignacio y nos fuimos a una famosa fundación y museo de esculturas. ¡Una tarde hermosísima!

    Regresamos temprano y antes de cenar nos tomamos un tiempo libre con Sam, caminata en el césped y en la playa cerca del hotel, caricias, besos (cuando volvimos a Montevideo, ya solos con Tommy, supe que nos observó con prismáticos y se masturbó).

    Cenamos liviano, unas ensaladas y cervezas, y convinimos que comenzaríamos la noche solos con Sam, pero que Tommy se sumaría a eso de las cinco o seis de la mañana (fue mi idea pues deseaba una doble vaginal, que me encanta).

    Me puse tan linda como pude para Sam, y disfrutamos de nuestros cuerpos por horas… nada nos quedó por hacer me cogió en tres o cuatro posiciones, me dejo la leche adentro, obvio, y me la tomé recogiéndola con mis dedos cuando escurría. Lo volví loco con un beso negro espectacular, con metida de dedo incluida, y susurró “me gusta”…

    Él me lamió los pies y las piernas de punta a punta, desde luego dedicó muchísimo tiempo a mis tetas, luego de coger memoasó su pija por toda la cara y después me besó, y así jugando y conversando de lo bien que nos llevamos los tres hasta dormirnos.

    A las cinco de la mañana, llegó Tommy, que nos despertó, nos encontró dormidos, abrazados.

    Por supuesto de inmediato se desnudó y me dediqué a ponerlos en forma a ambos (léase de pija dura), les desfilé desnuda, me masturbé delante de ellos, les chupé las vergas y finalmente les dije lo que quería.

    Yo excitada y ellos con las pijas lubricadas por mi saliva, no hubo necesidad de gel.

    Tommy me la puso primero , el cucharita desde atrás, y Sam se acomodó por delante y empujando y empujando logró metérmela también.

    Fueron sincronizando los movimientos, y fue delicioso sentir a los dos en mi concha.

    Como casi siempre Tommy acabó primero, pero logró mantenerse dentro de mí. Y Sam siguió moviéndose hasta acabar. En ese momento se salieron los dos y la pobre sábana recibió todo el semen que se escurrió.

    Antojada de más leche, me dediqué a masturbarlos y chuparlos, mientras ellos me manoseaban o chupaban las tetas cuando podían, hasta que finalmente me acabaron encima lo poco que les quedaba.

    Los limpié y nos duchamos, nuevamente te desayuno en el salón. Luego salí a pasear por una laguna cercana con Sam, incluso vimos unas hermosas cabañas tipo palafito sobre la laguna, muy cerca del famoso puente circular, en las cuales sería hermoso pasar un par de noches en una escapada de a tres.

    Almorzamos solos. Regresamos al hotel donde ya habíamos hecho check out previamente y nos volvimos a Montevideo. Sam solo, obviamente te y Tommy y yo juntos, lo cual aproveché para introducirlo al tema de las cabañas sobre el agua de la Laguna.

    Sábado y domingo fueron nuevamente solo para nosotros, y el lunes Tommy retomaba el trabajo, pero yo continuaba con mis vacaciones, sin siquiera ver a mis padres o a mis suegros.

    Pero a veces, surgen imprevistos, y de ellos les contaré en “Vacaciones (2)”.

    Un beso a todos.

    Sofía.

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  • Así da gusto cerrar un negocio (3): Mareas en deseo

    Así da gusto cerrar un negocio (3): Mareas en deseo

    En este relato culminaré con el fin de semana que pasé con María José, la jefe de compras de una clínica muy importante, con la que estaba cerrando un trato comercial.

    El sol del domingo caía suave sobre la bahía. El agua, tan quieta como un secreto, reflejaba el cielo sin nubes. Ángel subió al yate detrás de María José, aun sintiendo en la piel las huellas de las noches anteriores, donde las risas y el deseo se habían entrelazado sin pudor y de eso mi espalda era testigo con algunos arañazos de evidencia.

    Ella lucía un pareo blanco que apenas contenía el traje de baño rojo que abrazaba su figura como si el mar la hubiese esculpido a su antojo. Lo miró por encima del hombro, con esa sonrisa suya que decía más que mil palabras.

    —Hoy quiero que te relajes… sin límites —me dijo mientras me tomaba de la mano y me guiaba hacia la cubierta.

    No entendió muy bien a que se refería sin límites, pero después lo descubrí.

    Allí estaban algunas de sus amigas, las mismas con las que había salido hace algunas noches y otros chicos más, bronceadas, despreocupadas, con copas de vino en la mano y miradas que no disimulaban la curiosidad. Había una en particular, tenía un aire desafiante, el tipo de mujer que no teme explorar ni mirar directo al fuego. Después supe que se llamaba Claudia.

    María José se inclinó hacia mí, sus labios rozando apenas su oído:

    —Puedes ver cómo te miran, son mis amigas, ellas saben… y no me importa. Si alguna se te insinúa o te provoca siéntete libre de jugar. Y me dio un beso intenso mientras yo sujetaba sus nalgas.

    El comentario fue un susurro que se instaló como una chispa en su pecho.

    Durante el día, el yate se movía lentamente por la costa mientras las conversaciones se deslizaban entre risas, música suave y toques sutiles.

    Claudia se acercó a mí con naturalidad, cuando estaba en una de la barandas del yate bocanando aire de un cigarro, me extendió una copa de vino.

    —Me dijo María José que eres todo un prospecto.

    Yo la mire como tratando de intuir a que se refería.

    —¿Como así?

    —Mi amiga hace mucho que no se sentía tan en confianza con un hombre como para invitarlo a pasar todo un fin de semana con ella.

    —Ella es una mujer muy interesante, y sobre todo sexy, así que como se lo dije a ella misma, hombres que quieran compartir con ella no debería faltar.

    —Ve hasta caballeroso resultaste.

    Yo la mire mientras hacia una especie de brindis silencioso.

    Continue conversando de trivialidades con claudia, respecto a nuestras vidas.

    María José parecía entretenida con algunas de sus amigas, aunque de vez en cuando sosteníamos la mirada ella o me mandaba un beso o guiñaba el ojo en símbolo de complicidad.

    Más tarde, cuando el sol comenzaba a rendirse al horizonte, claudia se despidió de mí, yo había encendió otro cigarro así que seguí en mi sitio, la vi pasar con maría José hacia uno de los camarotes, al poco rato se me acerco María José.

    —Como estas bebé, que tal te entretiene mi amiga.

    —Hola ricura, bien, una mujer cuando menos interesante Claudia, la forma como se expresa es muy parecida a ti.

    —Si por eso somos mejores amigas. Y me dio un beso intenso, sabes te tengo una propuesta.

    El beso no fue urgente. Fue una pregunta sin hablar, una exploración delicada pero cargada de promesas. Las manos encontraron piel, las respiraciones se acortaron. Nada se apresuró, pero todo ardía.

    —Rico que ya estes así, decía mientras sujetaba mi entrepierna que ya se marcaba en la bermuda que usaba.

    —Ve al cuarto, mi amiga a pedido permiso quiere divertirse contigo.

    La mire incrédulo, pero con un beso de despedida, me encamino al cuarto.

    Al entras pude ver a Claudia totalmente desnuda en la cama.

    —Espero que la hagas disfrutar como a mí, mientras me daba una pequeña nalgada.

    Claudia era igual de inhibida que María José.

    Yo me divertía con su cuerpo, ella le gustaba ser la que mandaba, así que me acostó en la cama, y se subió encima mío a cabalgarme, mientras me ponía sus senos en la cara para besarlos y chuparlos.

    La noche aún no había comenzado. Y las mareas apenas despertaban.

    Tuve una maratón de sexo, en distintas posiciones con Claudia, el típico misionero, ella cabalgándome (que era su favorita o al menos donde más orgasmos tenía) y en 4 por favor que culito marcaba, todo rosadito, se notaba que no le daba uso, y desde ya pretendía disfrutarlo.

    La noche caía como un velo de terciopelo sobre el mar. Las luces del yate temblaban en la superficie del agua, reflejando el calor de los cuerpos y las emociones que se agitaban a bordo.

    Después de tan magnifico encuentro con Claudia, yo me encontraba en la borda del yate, con una cerveza en la mano y un cigarro en otra, cuando se acercó a mi María José.

    —Ya me dieron reporte de como te fue con mi amiga, y sabía que la dejarías satisfecha papasito.

    Yo la volteé pegándola contra la borda y mordiéndole el lóbulo de la oreja le dije: —Y todavía me faltas tu.

    —Ahí que rico, papasito, pero espérate que aún tengo otra sorpresa para ti. Me dijo mientras me daba un beso y se agallaba a darme un oral en plena borda.

    Me la estuvo chupando un rato, debido a que no había pasado mucho de haberle llenado las entrañas a Claudia con mi lefa, me costaba venirme, así que María José, cuando hubo saciado su deseo de carne, se paró, metió mi miembro en la bermuda y me dijo.

    —Esto solo es un preámbulo, termina de recuperarte, relájate con otra cerveza o algo mas fuerte y yo vendré a buscarte.

    Me acerque a unos manes que estaban reunidos, empezaron a increparme de quien era, que de donde conocía a María José.

    Siempre he pensado que el que come callado come dos veces, así que respondía de manera monótona, para no dar ninguna información de más.

    Pasado un rato, no se una hora creo yo, regresa María José y le dice a los chicos con los que estaba reunido que me necesita y me va a robar un momento.

    Me toma de brazo y me dirige nuevamente al camarote.

    Al entrar, los besos fueron lentos. Las caricias, cuidadosas, como si cada gesto fuera una promesa. No se trataba de prisa, sino de reconocimiento, de tocar lo que ya se conocía, me pidió acostarme en la cama y ella lentamente fue desnudándome, luego me pidió cerrar los ojos y me vendo con una pañoleta, yo solo me dejaba hacer, sabía bien que con esta mujer no había pierde.

    —Así me gusta papasito, con la verga dura, aun después de darle placer a mi amiga, comenzó a saborearme la verga, me daba pequeños mordiscos en la cabeza y me chupaba el tronco, podía sentir como su lengua jugaba con mi glande, cuando de un momento a otro siento otra boca, está en mis testículos. Me trato de incorporar, pero maría José no me deja.

    —Tranquilo, tranquilo, disfruta. Y acto seguido pone su vagina en mi boca para que se la chupe.

    Trato de saber quien es la otra boca que juega con mi verga.

    Si bien no me incomoda sentirme dominado, no me gusta jugar sin saber que esperar, pero aun así sigo como mi labor, chupando esa vagina que no paraba de escurrir jugos.

    Al rato de estar dándole placer con la boca a María José y de que me estuvieran dando placer a mí a dos bocas, me quitan la venda, y puedo ver a María José y a Claudia, cual diosas, besándose y chupando mi verga.

    No puedo dejar de sentir más que satisfacción, así que tomo a María José del pelo y la hago subir hasta donde mí, para besarla y decirle.

    —Eres fascinantemente perversa.

    —Te gusta mi sorpresa, quiero que me des placer junto a mi amiga, que nos des placer a las dos.

    —Así, me incorpore he hice que Claudia se la chupara a María José, mientras yo me deleitaba con la vagina de Claudia, pero sobre todo su culito, ese culo rosado que había visto hace unas horas, me había prometido reventar.

    Claudia al sentir mi lengua y mis dedos en su culito, se sintió invadida, pero no la deje reponerse, sino que le mordí una nalga.

    —Auch, amiga como que me quieren reventar el culo. Dijo Claudia, mientras seguía chupándole la vagina a María José.

    —Deja, déjate Clau, él sabe lo que hace, prometo lo disfrutaras. Dijo María José dándome vía libre a desatar mis deseos.

    Sin miramientos y contemplación apoye mi verga en ese culito, el cual hizo un poco de fuerza para no ser profanado, pero debido a mis ganas y a todo el trabajo bucal previo no se pudo resistir.

    Claudia tuvo un profundo gemido entre placer y dolor, que fue ahogado por un beso de María José, mirándome cómplice, yo seguí metiendo y sacando mi verga de ese culito virgen, que poco a poco iba cediendo más a mi intromisión.

    Cuando considere que ya era suficiente, se la deje ir toda, haciendo que Claudia soltara alguna lagrima de dolor y placer.

    Tuve un mete y saca frenético mientras maría José se había ubicado de bajo de ella y le chupaba la vagina y mis bolas, con cada arremetida mía.

    Claudia no paraba de gemir, por el placer de ambos.

    —Papasito, y yo que. Dijo María José sintiéndose un poco excluida por mi atención a al culo de Claudia.

    —Claro que para ti también ahí. Dije mientras sacaba mi verga del culo de Claudia, viendo que la había reventado, por los pequeños rastros de sangre que salieron junto a mi verga.

    —Hijuemadre me reventaste, me dejaste ardiendo el culo.

    —No te preocupes ya pasara, mejor chúpamela, para dejarla lista para tu amiga que está pidiendo su ración.

    Me recosté en la cama, mientras Claudia me la chupaba y le dije a María José que se subiera. Esta no se hizo esperar y se subió a cabalgarme.

    Me estaba cabalgando como poseída, mientras le chupaba las tetas, y claudia se masturbaba a nuestro lado.

    —Venga ricura, dije refiriéndome a Claudia, porque no vas preparando el culo de tu amiga, que ella tampoco se va a salvar.

    Claudia se hizo detrás de María José aun mientras la sostenía y le daba verga intensamente, podía sentir como chupaba mis testículos y el culo de su amiga, luego de un rato así, claudia tomo mi verga y me la chupo y acto seguido hizo que su amiga se auto empalara y se enterrara mi verga en el orto.

    María José no paraba de gemir, y claudia seguía chupándome los testículos.

    No sabía cuánto llevábamos en estas, pero sabía que no duraría mucho, y así se lo hice saber a las dos, pero ni maría José ni claudia, querían prestarme atención seguían una cabalgándome con el culo y la otra chupándome las bolas.

    Como pude di una última arremetida y solté todo mi semen en el otro de María José mientras ambos gemíamos.

    Luego de esto Claudia saco mi verga del culo de su amiga haciendo que sonara como una botella desconchada.

    Y comenzó a limpiarme la verga que poco a poco perdía su rigor, también limpiaba con su lengua el semen que escapaba del culo de María José, que estaba tirada sobre mi besándome.

    —Gracias por tanto placer, gracias por tanto. disfrute decía María José

    —Ahí sí que rico amiga, esto si es un verdadero Trio.

    Cuando ya habíamos recuperado el aire un poco, nos vestimos y salimos del camarote, ante la mirada inquisitoria y celosa de todos los demás.

    Yo con el ego inflado por haber estado disfrutando de tan despampanantes mujeres, caminaba erguido y satisfecho, con ambas entre mis brazos mientras agarraba con cada mano una nalga de cada una.

    Claudia fue la primera en soltarse y fue a la nevera por un par de tragos.

    Yo bebi mi cerveza y seguí conversando de bobadas con ellas.

    Claudia tomo mi celular y anoto su número y me dijo que le escribiera cuando volviera a la ciudad, en cualquier momento que su amiga no me pudiera atender.

    Los tres reímos en complicidad.

    Al poco tiempo estábamos nuevamente en la costa, al bajar del yate, veía como Claudia caminaba con algo de dificultad, su culo no se recuperaba de tal profanación.

    María José me acompaño a mi hotel, donde nuevamente volvimos a hacerlo entrada la noche, disfrutando por ultima ves el uno del otro por ese fin de semana, pues yo ya estaba pensando en mis próximas vacaciones venir a pasar un tiempo con ella.

    Al otro día, ella no me pudo acompañar al aeropuerto, pues surgió algo personal, entregue la habitación del hotel, tome un taxi y me regrese a mi ciudad.

    El día martes, temprano como de costumbre estaba en mi trabajo, cuando recibo un mensaje de María José.

    —Revisa tu correo, te envié algo que estoy seguro te interesa.

    Revise y correo y era una invitación a participar en un importante conversatorio donde estarían los gerentes y jefes de compras de los principales hospitales y clínicas de la región.

    Al ver la invitación, inmediatamente la llame.

    —¿En verdad estoy invitado?

    —Si papasito, no creerías que esperaría mucho tiempo para volver a verte o sí. Y por cierto escríbele a Claudia que no hace mas que preguntar por ti.

    —En un rato le escribo, primero debo hablar con mi jefe y cuadrar todo para poder ir a cumplir con una invitación que me acaban de hacer.

    —Así papasito, más vale que si vengas y que lo hagas bien preparado, porque voy a volver a devorarte completico.

    —Muak te dejo, porque tengo un comité en un momento.

    Y me colgó la llamada.

    Obviamente mi jefe estaba encantado de dejarme ir al conversatorio, además por el hecho de que ya la clínica donde trabajaba María José, nos había hecho los primeros pedidos, y superaban con creces nuestras proyecciones esperadas.

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  • Con un negro en el establo

    Con un negro en el establo

    Una vez más quiero contaros una historia que sucedió hace varias décadas, cuando yo era joven la presencia de negros en España era muy escasa, fueron necesarios varios años, e incluso décadas para que los hombres de color comenzaran a aparecer en nuestro país. Y junto con ellos empezaron a surgir mitos sobre el tamaño de sus pollas, ¿De verdad eran mucho más grandes que las de los blancos? Por supuesto no pensaba quedarme con la duda.

    Y la oportunidad surgió cuando unos amigos míos, que desconocían mi condición de puta me invitaron a pasar un fin de semana en una finca que tenían en el campo, en la misma había un pajar, do de habían construido unas habitaciones para que un emigrante africano, al que llamaban Pepe, pasando por completo de su nombre real, que le cuidaba la finca, se alojara.

    Cuando llegamos me lo presentaron, era fuerte y musculoso, toda una tentación para mí, llegamos un sábado por la mañana y me lo presentaron, era un hombre alto y musculoso, un bombón muy apetecible de comer, y si a eso añadidos la curiosidad por el tamaño de su cosa, creo que es normal que pensara en follarmelo.

    Al poco de llegar mis amigos, que habían traído comida preparada de la ciudad, me dijeron de comer, acepté, después de comer, como hacía calor decidieron irse a echar la siesta, bueno quien sabe si otra cosa, jajaja, el asunto es que yo también me fui al cuarto que me habían asignado, pero no podía dormir y además tenía curiosidad por comprobar lo del tamaño del negro.

    Así que me levanté y me dirigí al establo, y lo que vi allí superó todas mis expectativas, Pepe estaba desnudo, pude comprobar como su cuerpo se correspondía con el de un atleta, y mirando su polla, eso no parecía humano, era extraordinariamente grande y gorda, me acerqué despacito hacia donde estaba, y fue casi cuando estaba a su lado cuando él se dio cuenta de mi presencia, cuando esto ocurrió, él se tapó rápidamente y avergonzado trató de pedir perdón:

    -Perdone la señora, pero es que a estas horas los señores suelen estar durmiendo la siesta y no suele haber nadie en casa.

    Yo me acerqué a él y le dije:

    -En primer lugar, no me llames señora, y menos si estamos solos, llámame Isabel, y segundo no te avergüences de estar desnudo, dado el cuerpo que tienes debería estar orgulloso, a las mujeres nos encantan los hombres así.

    Le abracé, después comencé a acariciar su pecho, parecía un atleta, subí una de mis piernas y la puse, doblada encima de su polla, la verdad es que más que una polla parecía un brazo, todo esto me puso muy caliente, él se fue animando conmigo, me hizo sentarme sobre la paja y me dijo:

    -La señora está muy rica.

    -Gracias Pepe, pero te lo vuelvo a decir, no me llames señora

    Él se fue tomando confianzas y primero me acaricio el vientre por encima de la blusa y poco a poco fue subiendo hasta llegar a mis tetas y se puso a tocármelas, como yo me dejé él se fue animando más conmigo y acercando su cabeza a mi cuello comenzó a besarme en este, yo por supuesto, me dejé hacer, el me volvió a poner de pie y con sus manos fue subiendo mi blusa, hasta dejar mis tetas a la vista y se puso a acariciármelas, mientras dejó su cabeza para que reposara encima de estás, mientras me decía:

    -Isabel eres bellísima, eres la primera mujer que veo así, aparte de las chicas que salen en las revistas.

    Mientras me decía esto no solo me acariciaba sus tetas, sino que pegaba su polla a mi cuerpo, yo en ese momento no pude contener la tentación de tener entre mis manos la herramienta del negro, menudo tamaño tenía, más del doble que la de mi marido, desde luego no iba a perder la ocasión de que esa maravilla de la naturaleza entrara dentro de mi coño, mientras el negro me había abierto la cremallera del pantalón, e introdujo uno de sus manos dentro de él, mientras decía:

    -No sabes las ganas que tengo de acariciar el coño de una mujer blanca.

    -Pues no te quedes con las ganas, mi amor, le respondí.

    Él animado por mis palabras, de un golpe me bajo los pantalones y el tanga y siguió acariciándome el coño, y dijo:

    -Es la primera vez que veo el coño de una mujer blanca.

    -¿Y tenías ganas de hacerlo?, le pregunté

    Me hizo una señal de que sí.

    -Bueno, dije yo, pues no solo lo vas a ver, sino que si te apetece vas a meter tu pollón dentro de todos los agujeros de esta mujer blanca, pero primero túmbate sobre la paja.

    El obedeció mi orden, no podía apartar mi vista de su descomunal miembro, así que me arrodillé a la altura de ese dios, y me lo introduje en mi boca, la verdad siempre había pensado que tener una cosa de esa magnitud en mi boca me iba a ser difícil, pero para mi sorpresa el pollón entro en ella con facilidad y comencé a chuparle, el negro comenzó a gemir:

    -Muchas gracias, señora, dijo, nunca me hubiera imaginado a una mujer blanca haciéndome esto.

    Me la saqué de la boca justo el tiempo necesario para decirle:

    -Pero seguro que las negras se mueren de ganas por jugar con esta maravilla, y te he dicho que no me llames señora, llámame, Isabel.

    -De acuerdo Isabel, dijo él, pero, aunque algunas negras se lo hacen conmigo, yo me moría de ganas por que fuera una blanca quien me lo hiciera.

    Seguí chupándosela, creo que debí de parecer una posesa, deseaba tanto esa polla, mientras lo hacia el no paraba de gemir, lo cual me excitaba aún más, hasta que logré que se corriera, yo no sé cómo aguante en mi boca la enorme cantidad de leche que soltó, pero me la tragué toda, no quería desperdiciar semejante manjar, cuando se la deje bien limpia, pero arrugada, aun así su tamaño era grande, me puse a acariciársela, el disfrutaba, y yo aprovechando la situación le pregunté:

    -¿Dime una cosa Pepe, la señora de la casa nunca ha venido a hacerte lo que te estoy haciendo yo?

    -Esto no, dijo Pepe excitado y nervioso a la vez, alguna vez ha venido a verme desnudo, cuando piensa que no la veo.

    Menuda zorra mi amiga, venir a espiar al negro, pero tener esto en casa y no aprovecharlo debería de ser delito, así que pensé que quizá podría pervertir al matrimonio para que los cuarto disfrutáramos. Pero ahora estaba con mi negro, él estaba aguantando mi mamada, hasta que apartó mi cabeza de su polla y dijo:

    -Esto es divino Isabel, pero quiero ser yo quien te toque un poco.

    Alzó un poco su cuerpo y posó su cabeza sobre uno de mis pezones, y se puso a chupármelo, yo le dije:

    -Con las tetazas que tienen las negras no sé cómo te gustan las mías.

    -Pero las tuyas son especiales para mí, y por favor, Isabel no me vuelvas a habar de las negras más, en el universo solo existimos tú y yo.

    Y siguió chupando mis tetas y lamiéndome los pezones y sin dejar de hacerlo me los cogió con las manos y se puso a acariciármelas, solo con esto consiguió que me corriera, y en ese momento decidí que había llegado la hora de follar, cuando s lo propuse él se mostró encantado, la idea de metérsela a una mujer blanca y supongo que también me veía como pija, le encantaba y yo por mi parte, aunque viendo el tamaño de su polla estaba asustada, tenía miedo de que semejante pollon no me cupiera en el coño, pero esta loquita por hacerlo.

    Así que le pedí que permaneciera tumbado, me puse encima de él y con mi mano agarré su polla, apenas me cogía en la mano, la acerqué a mi coño, seguía llena de dudas sobre si ese pedazo tan grande de polla iba a entrar dentro de mi coño, pero me moría de ganas de que así fuera, así que poco apoco fui acercando mi coño a ella, y la llevé hasta la entrada de mi sexo y poco a poco fui descendiendo, pensaba que me iba a doler muchísimo, pero debía de estar tan mojada que para mi sorpresa su polla fue entrado en mi coño poco a poco y en vez de experimentar dolor lo que experimenté fue un placer muy intenso. Él me dijo:

    -Muchas gracias, Isabel, jamás hubiera pensado en follar con una dama como tú, ¿Sabes que incluso muchas putas de tu color no quieren follar contigo porque dicen que les puedo hacer daño?

    Pues eso prueba que la más puta soy yo, jajaja, pensé, pero le dije:

    -cariño no te preocupes yo te ayudare a conseguir mujeres como yo, aunque no tan putas jajaja, pero ahora disfrutemos del momento sin pensar en los demás.

    Y seguí cabalgándole, estaba experimentado un placer intenso, y notaba como él además de gozar por tener a una mujer con clase, jajaja, gozaba porque tenía un coño muy caliente rodeando su polla.

    Yo por mi parte trataba de disfrutar a tope de ese tesoro que tenía dentro de mi sexo, pocas mujeres han gozado de eso. Me agaché e hice que mis tetas entraran en contacto con sus labios quería sentir de nuevo sus lengüetazos sobre ellas, él estaba gozando a tope y me dijo:

    -Isabel hay pocas mujeres que sepan follar tan bien como tú me estas follando en este momento.

    Yo seguía cabalgando su pollón, quería disfrutar a tope en ese momento, mientras que sentir como sobaba mis tetas y me daba mordisquitos en los pechos me hacían sentir todavía más placer. En estas circunstancias no es extraño que tuviera rápidamente un orgasmo brutal que fue seguido de otros, yo seguía follando quería que la leche de ese negrito, que sin duda sería muy abundante regara mi coño. Y eso no tardó en ocurrir rápidamente, Pepe se corrió, y mi coño se llenó de su semen.

    Descansamos los dos sobre el suelo, pero ver esa maravilla de la naturaleza arrugada se me hizo pronto insoportable, así que comencé a acariciarle su miembro y Pepe parecía encantado de tener una blanca muy puta ocupándose de su polla, pronto mi tratamiento dio resultado su descomunal miembro se puso nuevamente en forma, en ese momento el negro me dijo:

    -Isabel, si no te importa, me gustaría ser yo quien se pusiera encima de ti

    Pensé que ese hombre con ese pollon encima de mí me reventaría, pero no era cuestión de parecer timorata, así que acepté, me tumbé sobre la paja y le dije a mi acompañante:

    -Aquí me tienes, puedes hacer conmigo lo que quieras.

    Él se puso de rodillas al lado de mi coño, agarró mis dos piernas, y alzándolas las puso sobre sus hombros, y desde esta postura me volvió a meter su pollón n mi coño, este ya se había acostumbrado a su miembro, así que libre de temores me puse a disfrutar de una manera muy relajada.

    Se ve que, para él hacerlo con una dama blanca, aunque fuera más puta que las chicas de cualquier burdel donde pudiera ir, era un honor y me follaba con rabia, sus embestidas eran muy intensas, eso me ponía muy caliente, y no tarde en volver a tener una auténtica cadena de orgasmos, mientras el seguía dando embestidas, cada vez más fueres, a mi coño, de esta manera el no tardo en volver a correrse y su leche a llenar mi coño.

    Pero no quería que esa leche tan deliciosa se desperdiciara, así que saqué, nuevamente, mi lengua de la boca y me puse a lamérsela, debía de dejarla limpísima.

    En ese momento el llevó sus manos hasta mis tetas, parecía tener una cierta obsesión hacia ellas, y mientras me las acariciaba me decía:

    -Isabel, tienes unas tetas lindísimas.

    Y mientras lo hacía me las sobaba con ansia, eso me puso muy caliente y le dije:

    -Déjame hacer a mí, ponte de pie.

    El obedeció, yo me puse de rodillas delante de él y le dije:

    -A ti te gustan mis tetas y a mí me vuelve loca tu polla, vamos a hacer algo con lo que nos gusta a los dos.

    Cogí su polla con la mano y la acerqué hasta mis tetas y la puse entre ambas, luego as apreté con mis manos, de forma que su polla quedó amarrada entre ellas y le dije:

    -Toma Pepe, deja que mis tetas follen con tu polla.

    -Esto es divino Isabel me contestó.

    Mientras yo movía mis tetas, como si fueran un coño, quería que mi negrito gozara a tope que teniendo una zorra como yo haciéndole cosas no pensara en esas negras que parecían tener todas unas tetas y un culo espectaculares, mientras yo le hacía esto Pepe gemía, y me decía:

    -Mi diosa blanca, me estás haciendo muy feliz.

    En realidad el dios era el por el tamaño de su polla y para mi tener ese pedazo de carne entre mis tetas era fabuloso, así que continué masturbándole con ellas, notaba como sus gemidos iba en aumento, hasta que tras un gran gemido él se corrió, ver como de una polla tan negra salía una gran cantidad de esperma blanco era algo que me resultó muy morboso, y ver su leche corriendo entre mis tetas también, no pude evitar llevar mis dedos hasta su rastro de leche, untármelos con ello y después llevármelos a mi boca para saborear ese delicioso líquido.

    Nuevamente esa polla, digna de un dios estaba arrugada ante mí, y verla en ese estado era un desafío para mí, quería verla bien durita, así que, otra vez más llevé mi lengua hasta ella en un movimiento que podía entenderse como de adoración y sacando mi lengua comencé a lamérsela, y nuevamente, como correspondería a un dios la polla del negro se puso nuevamente dura.

    Y en ese momento una idea comenzó a rondar en mi cabeza, desde que los instintos puteriles habían comenzado a desarrollarse en mí, el recibir las pollas por mis tres agujeros se había convertido en una necesidad, pero al ver la polla del negro, como había pasado antes con mi coño, mis deseos de recibirla por ahí se contrarrestaban con el miedo de que algo de ese tamaño me hiciera daño, pero me había vuelto muy puta y, como siempre mis instintos puteriles se impusieron así que se lo pedí. Él se quedó sorprendido y dijo:

    -¿De verdad Isabel deseas eso? Me da mucho morbo, pero nunca te lo hubiera pedido por miedo a que te ofendieras.

    -Pues ya ves que no, dije yo.

    Y me puse a cuatro patas, él se dio cuenta de que hablaba en serio y se puso detrás de mi con una mezcla de deseo y de miedo a no ser capaz, arrimó su polla a mi culo, creo que en ese momento los dos estábamos con la misma duda e inquietud, ¿Iba a ser mi culo capaz de recibir esa enorme polla en su interior su sufrir daños? Creo que eso hizo que Pepe me la fuera metiendo muy despacito.

    Y la realidad se fue imponiendo poco apoco, quizá es que estuviera muy caliente, pero el resultado fue que mi culo recibió sin ningún tipo de problemas, es más a medida que me la iba metiendo yo, lejos de sentir ningún dolor experimentaba un inmenso placer, Pepe al darse cuenta de ello, se olvidó también de sus temores y comenzó a follar mi culo con un ritmo más vivo y a medida en que lo hacía mis gemidos, y los suyos, se intensificaban. Mientras él me decía:

    -Muchas gracias, Isabel, llevaba mucho tiempo queriendo realizar esto, pero tanto las chicas negras, como las blancas, incluidas las putas, con las que he estado, siempre se había negado a ello, porque dicen que la tengo enorme.

    -Y la tienes, jajaja, dije yo, pero parece que necesitabas encontrar una mujer lo suficientemente puta, como yo para hacerlo.

    El siguió moviéndose dentro de mi culo, yo comencé a tener orgasmos y é no tardó en correrse llenándome el culo con su leche, en ese momento me di cuenta de que mis amigos debían de estar al despertarse, así que me lavé y me vestí.

    Salí del establo y me encaminé a la casa entré despacio no se oía ningún ruido y me dirigí al cuarto donde dormían mis amigos, me parecieron muy sexys los dos, dos personas a las que sería maravilloso pervertir.

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