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  • Cita con la dentista

    Cita con la dentista

    Ya habían pasado seis meses desde mi última visita al odontólogo. Así que, como acostumbro hacer cada seis meses, nuevamente tenía que agendar una cita para una profilaxis y revisión de rutina.

    Mi prima, una chica de 26 años, había abierto su consultorio hace un par de meses atrás, y ya había recibido de su parte una tarjeta en la que ofrecía sus servicios de salud bucal.

    Busqué la tarjeta y copié el número de teléfono en mi celular para enviarle un mensaje y agendar una cita, la cual me la dio para el día siguiente.

    Pero antes de todo, les daré algo de contexto…

    Mi prima, como mencioné antes, tiene 26 años. Mide aproximadamente 170 cm. Es de piel algo clara. Ojos y cabello negro. Va al gimnasio. Tiene unas piernas hermosas, y del resto del cuerpo ya ni hablar.

    Yo, en cambio, tengo 23 años. Soy de piel más o menos morena. Ojos almendrados color café claro. Cabello ondulado castaño claro, y apenas rebaso los 165 cm.

    Pero bueno…

    Al día siguiente me presenté en el consultorio. Toqué el timbre y abrió la puerta.

    Estaba usando un uniforme negro algo ajustado. Yo no pude evitar mirar sus pechos.

    —Hola, Víctor. Pasa.

    La saludé, entré al consultorio y tomé asiento. Me pidió que la esperara unos segundos; yo le dije que sí.

    Después de un par de minutos pasé para revisión y limpieza. Me acosté en la unidad dental, la echó hacia atrás y encendió la lámpara. Me hizo algunas preguntas de rutina y procedí a abrir la boca. Después de unos 20 minutos regresó el sillón a una posición vertical y me hizo un par de preguntas más.

    —Bien, Víctor. ¿Cómo te sientes?

    Me preguntó mientras se quitaba los guantes de látex.

    —Bien, Vale. Gracias.

    Su presencia, para ser honesto, me causaba algo de ansiedad. Mi prima es bastante linda, y con el uniforme se veía aún más atractiva.

    —¿Sentiste sensibilidad en algún momento?

    Yo respondí que no. Y ella solo se limitó a decir “bien”. Me pasó un espejo y me pidió que lo pusiera frente a mí.

    —Mira, Víctor. Envidio tus dientes. Todos encajan a la perfección. Tus encías están sanas y no tienes caries.

    Mientras miraba mi reflejo en el espejo no podía evitar mirarla a los ojos mientras me hablaba.

    Me levanté y la seguí a su pequeña oficina. Se sentó en su escritorio y yo frente a ella.

    —Víctor, felicidades; tienes una excelente higiene bucal.

    Para ser honesto, yo no me esperaba eso. Así que me quedé mudo por un momento.

    —¿Enserio? Gracias, Vale.

    —De verdad. Tus dientes tienen el tamaño y color perfectos. Solo espero que mi trabajo te haya gustado.

    Me sentí en confianza con ella así que le comenté que a partir de ahora ella sería mi dentista por lo que me quedara de vida.

    Mientras hablábamos ella comenzó a hablar sobre el clima.

    —Víctor, estoy aquí en el consultorio y tengo frío, pero me pongo a trabajar y entro en calor. Mira como estoy sudando.

    Cuando dijo eso se bajó el cierre del uniforme. Traía puesta una blusa de cuello redondo, pero todo el pecho lo tenía casi descubierto. Así que al bajarse el cierre pude ver gran parte de su piel y un poco de sus senos cubiertos por un brasier negro.

    Yo no supe que hacer en ese momento. Ella me estaba mirando mientras mantenía su uniforme abierto para que yo viera que estaba sudando.

    —No te espantes, Víctor. Somos primos.

    De nuevo no sabía que responder.

    —Yo tengo un poco de frío, Vale. Y ya me estaba quedando dormido ahí en el sillón.

    —¿En serio? Me hubieras dicho y nos acostábamos los dos un rato. Yo también tengo mucho sueño y la siguiente hora la tengo libre. Hasta podíamos ver una película en la pantalla de la unidad dental.

    Nuevamente su comentario me tomó por sorpresa.

    —Me habría gustado, Vale, pero será para la próxima.— le respondí de manera algo sarcástica.

    —Está bien, Víctor. Entonces te veo en seis meses para tu próxima limpieza, ¿verdad?

    —Sí, por favor.

    Me levanté y caminé junto a ella hacia la salida. Al llegar a la puerta me tomó de la mano derecha y me puso un paquete con algunos utensilios de higiene bucal.

    —Toma, Víctor; un regalo de mi parte.

    Mientras me tomaba de la mano la miré al rostro. No sé por cuánto tiempo la miré, pero me quedé perdido en el color negro de sus ojos.

    —Tus dientes también están muy bonitos, Vale. Tienes una sonrisa bastante linda.

    Ella se sonrojó y comenzó a sonreír.

    —Gracias, Víctor. Espero verte pronto.

    Abrí la puerta, y antes de salir, me detuvo y me dió un beso en la mejilla.

    —Adiós, Víctor. Cuídate mucho.

    Ese beso también me tomó por sorpresa, pero al final yo también le di un beso en una mejilla.

    —Adiós, Vale. Espero verte pronto.

    Bajé las escaleras, puesto que su consultorio estaba en el segundo piso de una pequeña plaza, junto a un gimnasio.

    Durante todo el trayecto a mi casa no podía dejar de pensar en ella.

    Durante la noche noté que ella había publicado una historia en WhatsApp. Ella ya me había agregado a sus contactos, cosa que creí que jamás pasaría.

    Al día siguiente yo publiqué un meme sobre el miedo a los dentistas en una historia y a los diez minutos me llegó un mensaje de ella:

    “jajaja ¿en serio?”

    Yo lo había hecho con la intención de que ella reaccionara a mi historia, pero jamás me imaginé que la fuera a responder. Así que no tuve más remedio que responder su mensaje.

    —Sí Vale. En serio.

    —Pero miedo de qué?

    —Hay dentistas que me dan miedo, sobre todo si es una dentista guapa

    —¿Cómo yo?

    —Mmmm sí. Te veías muy linda con tu uniforme negro

    —Bueno, pues cuando vuelvas a venir te voy a atender sin ropa para que no tengas miedo

    —Jajaja bueno, bueno

    Lo veía y no lo creía. Pero ahora tenía que esperar seis meses para volver a ir. Sin embargo, a la semana siguiente le escribí para que me hiciera un aclaramiento dental, y la cita, nuevamente, me la dió para el día siguiente, por la tarde.

    Así que en punto de las cinco de la tarde llegué al consultorio. Llegué tan solo para encontrar las puertas cerradas con candados. Supuse que había ido a comer, así que me senté en las escaleras, justo a un lado del gimnasio. De repente mi celular sonó…

    —Hola primo. Dame cinco minutos

    —Claro, Vale

    Como a los tres minutos escuché su voz detrás de mí. Era ella que venía saliendo del gimnasio ya con el uniforme y recién bañada, con una maleta cargando de un hombro.

    Caminé detrás de ella y al llegar comenzó a abrir el consultorio.

    Me pidió disculpas por el retraso, y yo solo le dije que no se preocupara.

    Al entrar me pidió que le diera unos minutos. Después me llamó a la unidad dental, y al acostarme sucedió lo inimaginable.

    —Entonces, Víctor, ¿con o sin ropa?

    Yo me quedé mudo mientras el corazón se me aceleraba a mil por hora.

    —No te asustes, primo; ya me bañé.

    Mientras me decía eso último, abrió el cierre de su mochila, metió la mano y me mostró la ropa que se había quitado después de bañarse en el gimnasio. Pero yo seguía mudo.

    Estaba a punto de responderle cuando tocaron el timbre del consultorio. Ella volvió a meter la ropa en la mochila y me pidió que la esperara un minuto.

    Era una señora, venía con una emergencia. Mi prima regresó conmigo y me preguntó que si me podía esperar una media hora. La señora debía ser atendida de inmediato. Yo le dije que sí. Que primero atendiera a la mujer y yo podía regresar otro día.

    Me levanté de la unidad dental y caminé hacia la puerta. La mujer me miró…

    —Joven, de verdad, discúlpeme.

    —No se preocupe, señora. No pasa nada.

    Me despedí de mi prima y salí. Ya iba bajando las escaleras cuando ella me alcanzó corriendo.

    —Toma, Víctor. Para que te acuerdes de mí.

    Sacó algo de la bolsa de su uniforme y lo metió rápidamente a una de las bolsas de mi sudadera.

    —Adiós, Víctor.

    Regresó corriendo a su consultorio. Yo metí la mano a la bolsa de mi sudadera y traté de adivinar lo que era. Toqué con la yema de los dedos y pude sentir una tela muy suabe. Revisé con cuidado y…

    ¿En serio? Mi prima había metido en mi bolsa su brasier color rosa. Pero había algo más. Revisé bien y no solo era eso, había guardado el conjunto de la ropa deportiva que acababa de usar. Regresé a mi casa y entré a mi habitación. Saqué la ropa. Todo el conjunto era color rosa. Lo olí, pero es imposible describir el olor que ahí había.

    No olía mal. Era su olor natural. Lo revisé y tenía una mancha transparente. Lo olí a detalle. Era un olor indescriptible. No pude evitar pasar la lengua por ahí.

    Después, inevitablemente, lo puse sobre mi cara mientras me masturbaba.

    Al terminar, guardé la ropa en mi ropero, sin poder creer aún lo que tenía en mi poder.

    Por la noche mi prima me escribió preguntando si me había gustado su regalo. Yo le expliqué todo lo inexplicable que había sentido al tener su ropa entre mis manos.

    —¿En serio? Ay Víctor. ¿Vas a querer cita para mañana?

    Yo, desde luego le dije que sí. Pero está vez la cita me la dió hasta las siete.

    —Solo tengo disponible a las 7 pm. ¿Está bien?

    —Sí, Vale. A las siete está bien.

    Al final de una larga conversación me pidió que fuera preparado.

    Durante la escuela no pude dejar de pensar en ella. Al llegar a mi casa me metí a bañar. La hora ya casi llegaba y yo cada vez estaba más nervioso.

    Cuando dieron las 6:45 pm salí de mi casa. Subí las escaleras y toqué el timbre. Después de diez segundos abrió la puerta.

    Esta vez no traía uniforme. Tenía puesto una sudadera de mezclilla desabrochada, dejando ver un brasier negro con encaje. Tenía un piercing en el ombligo. Me tomó de la mano y me metió al consultorio. Cerró la puerta, y esta vez no me hizo esperar. Por encima del consultorio se escuchó la lluvia que comenzaba a caer. Apagó las luces y solo dejó encendida la luz de la estación dental. Me acosté en la estación y ella se sentó sobre mí. Le bajé la sudadera y comenzamos a besarnos.

    Recuerden, amigos. Visiten a su odontólogo de confianza por lo menos dos veces al año.

    Si les está gustando este relato, por favor, háganmelo saber para así publicar la siguiente parte.

    Esto es 100% real.

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  • Luna de plata iridiscente (1): Momentos

    Luna de plata iridiscente (1): Momentos

    Es difícil explicar, pero lo haré en otros relatos cómo llegué a mi segundo matrimonio con un esposo legal (que conocí al emigrar a América del Sur apenas terminar el ciclo básico de estudios huyendo de lo que creí era un horror. Una noche volví a mi casa natal en Francia y presencié una orgía en la sala de estar dónde mi madre estaba siendo cogida por 2 hombres mientras chupaba con ahínco una teta de mi tía, hermana de mi padre) y 1 o 2 señores más que se dirimen entre grupo de amigos míos y/o de mi marido, ganas de coger que tenga, celebración u ocasión que se presente, como es este caso, el mayordomo que mi esposo tiene contratado desde hace años en nuestra casa de Madrid.

    Si bien mi profesión es contadora también soy profesora de Lengua y literatura, ambas carreras cursadas en el país que elegí vivir, Argentina y revalidadas en España y Francia

    Hasta que me casé me desempeñé como administrativa de cuentas en el banco en el cual mi esposo era el gerente, que dicho sea de paso no hubo tetas ni coños de empleadas qué no haya visto, chupado o incluso penetrado.

    En los frecuentes viajes a España que hace por su trabajo para no estar tanto tiempo separados doy cursos cortos en las universidades de Madrid.

    Necesito coger entre 2 y 3 veces al día, por lo que cuando estamos separados tengo permitido jugar con algún o algunos señores mientras mi esposo nos ve por video-chat. Amo los consoladores, vibradores, succionadores de clítoris, pezones etc.

    De hecho, son pocas las veces que al cogerme a diario no este penetrada con uno de los consoladores con los que mi marido ávidamente va jugando mientras yo chupo su polla y trago hasta la garganta cuando una leve fuerza empuja hasta el fondo el consolador en mi culo y lo saca así sin más haciendo que mi cuerpo y voz reaccionen, de esa manera va cambiando el tamaño del consolador o plug y mi agujero se va agrandando cosa que adora ver e ir filmando en su teléfono para cuando, dice, se siente solo o me extraña.

    Ese lunes hacía un calor infernal, yo no tenía curso ese día y Marco (mi esposo) avisó al comité que no iría.

    Estábamos desayunando en la cocina y mi esposo por detrás de la banqueta empezó a jugar con mis tetas, pellizcar los pezones y buscando hielo los empezó a acariciar con ese trozo helado que se siente delicioso, comencé a humedecerme, quise tocarme, me pidió que no, que cerrara los ojos y sólo sintiera, comenzó a pasarlo por los costados de mi cuerpo, me hacía estremecer y sólo podía decir “si, si”…

    En un momento, mientras me estaba mamando una teta como si quisiera sacar leche y con 2 dedos apretando y estirando mi otro pezón, escucho en mi oído y en voz muy baja decir “quédate tranquila, no te inquietes, hace un rato llegó Joaquín, nos mira”, (abrí los ojos) me repite: “tranquila, está excitado, siempre desde que te conoció y sabe como es nuestra relación, se excita contigo, quieres que te cojamos los dos?”. Sólo dije si.

    Fuimos a la habitación, mi marido es de polla generosa pero la del mayordomo más.

    -Enséñale a Joaquín como la chupas mientras yo te cojo el culito con los juguetes para que después él te lo clave

    Poniéndome en 4 patas sobre la cama le empecé a sobar la pija con la boca y la mano mientras él me amasaba las tetas y pellizcaba los pezones que es lo que más me calienta, me tocan un pezón y mi clítoris empieza a palpitar, a un rato me quita la boca de su verga, pone la cara bajo mis tetas que colgaban, las junta y se las empieza a refregar por la cara y con la boca chupaba un pezón le pasaba la lengua y estirando mi teta hacia arriba la soltaba con el clásico ruido de chupar, así con una y otra, una y otra vez.

    Dejando un consolador bastante ancho en mi culo, mi marido se para en la cama, me toma la cara y me clava hasta la garganta su pija, entra y sale una y otra vez, pidiendo que me la trague toda, Joaquín se va atrás quita sin reparo alguno el consolador y me clava sin escala, me dolió, me quejé pero esa verga llenando mi culo se sentía de maravillas, quería más, me lleva hacia él sin sacarla y se sienta, me sostiene de los muslos para poder entrarla y sacarla con frenesí Marcos se inclina entre mis piernas y empieza a chupar y masturbar con la lengua mientras que con 2 dedos me coge la vagina, en un segundo acabo, gimo sin parar mientras seguía la polla de Joaquín cogiendo mi culo.

    Marco me penetra por arriba y como de acuerdo reempujaban entrando y saliendo uno y otro en mis agujeros. De repente ambos salieron, Marco me acuesta y comienza a comerme las tetas mientras Joaquín es quien me penetra con los dedos por delante y atrás en tanto con la lengua me masturba una y otra vez sin quitarse, aun pidiéndole que lo haga, porque por acabar tenía el clítoris expuesto y muy sensible pero no escuchaba seguía penetrando lamiendo y yo a casi gritos acabando 3, 4, 5 veces.

    Por último y para que ambos me pudieran penetrar hasta el tronco de la pija me cogieron de a 1 mientras yo tragaba la verga del otro, a punto casi de acabar pero aguantando, luego chupando la otra que ya se había corrido limpiando los restos de leche y bebiendo el último chorro que mientras se la sobaba salió. Cuando terminamos casi era el 1/2 día. Almorzamos desnudos, seguimos jugando, chupándonos y cogiendo hasta 1/2 tarde pero sin penetración, quedé dolorida pero me siguieron masturbando lamiendo y succionando el coño, me tragué con todo placer 3 corridas más de cada uno, era casi una competencia Tuve muchísimas buenas cogidas pero como se dio ésta, pocas.

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  • Cuando conocí al ingeniero

    Cuando conocí al ingeniero

    Estaba ansiosa por tener esa reunión, por conocer a ese hombre que se escondía detrás de una voz sexy. Obviamente, no me importaba si me tenía que quedar después de hora. Mi objetivo del día: conocerlo…

    Una llamada que yo no llegué a contestar, un audio esperando por ser reproducido… y sí, señores, era él, el que me decía:

    —Hola Lorna, ¿cómo estás? Recién me estoy desocupando de una última reunioncita. Si querés y estás desocupada, podemos hablar. Si no, bueno, hacemos un meet.

    El meet no era opción. Yo quería conocerlo a ese hombre: conocer su olor, conocer su estatura, conocer sus ojos, conocer sus manos… conocer el conjunto del ingeniero.

    Haciendo caso a mis instintos, le contesté:

    —Buenas tardes, ingeniero, ¿cómo estás? Todavía estoy en horario laboral. No tendría problema en recibirlo.

    Su respuesta fue:

    —Okey, ahí voy.

    De pronto, la puerta de mi oficina se abrió. Un hombre de unos 43 años, alto, castaño claro, con una sonrisa impactante, una camisa negra, unas manos grandes, una boca carnosa, unos ojos verdes, una tez blanca… el verdadero qué hombre.

    Recién estábamos saliendo de la pandemia y, por ende, saludar con un beso en la mejilla no era algo habitual, pero yo me moría por comerle la boca. Pero ya vamos a llegar a eso… Solo atiné a preguntarle:

    —¿Cómo te saludo?

    Obviamente, yo quería darle un beso en la mejilla, sentir su perfume, su piel, el rigor de su barba…

    Él contestó:

    —Sí, obvio, sin problema, nos saludamos con un beso.

    Automáticamente, lo miré a los ojos e hice de ese simple beso un recuerdo permanente.

    Su piel era suave, como me imaginaba. Recién afeitado. Un perfume que bajaba cualquier ropa interior con el solo hecho de sentirlo.

    Fueron 5 segundos, pero para mí fue una eternidad. Lo invité a sentarse y le dije:

    —Comencemos.

    —Bueno, mirá, yo estuve analizando las proyecciones de venta y me parece…

    Justo levantó su mirada, y yo le clavé mi mirada… la misma mirada que le haría si le estuviera haciendo sexo oral. La verdad, las proyecciones de venta me importaban muy poco… Yo solo quería saber cómo sabía su miembro. Me imaginaba pasándole la lengua por la cabeza, haciendo círculos, lamiendo cada gota preseminal que salía de él. Seguir jugando con mi lengua por todo su tronco, acariciar sus testículos mientras él me pedía que me lo trague todo, y así poder cogerme toda la boca…

    Intenté volver en sí. Él ya estaba yendo por la segunda diapositiva y yo no había entendido ni la primera. Pero había unos números raros que no proyectaban el total de ventas reales del 2022, a lo que le consulté el porque… Y mientras le pregunté, noté que él me miraba y se mordía el labio.

    Mi inseguridad me llevó a pensar que yo estaba mal en lo que pensaba… pero no, en realidad, a él le estaba pasando lo mismo que a mí. Noté cómo su mirada se dirigía a mi boca. Mientras hablaba, me acomodé el pelo y me lo puse de lado… Noté cómo, con ese gesto, él acompañaba mi movimiento. Me miraba el cuello, la boca, mis ojos…

    Le tocó seguir hablando de las benditas ventas. A esta altura, ¿a quién le interesaba? ¿Se le habrá parado?, pensaba yo. No creo… No había nada sexual, pero cómo me calentó ver cómo se mordía los labios. Noté que se me empezaron a poner duros los pezones. Me imaginaba cómo me los mordía lentamente, casi como acariciándolos con los dientes, suavemente, jugando con su lengua ahí… Dios, está difícil pensar en el futuro de la empresa con semejante hombre…

    Llegó el momento de la última diapositiva. Habíamos intercambiado un par de cosas interesantes de la empresa. Me tenía que concentrar. Pero cuando conseguí concentrarme, él se para y yo aprovecho para verle su pantalón y ver su bulto. Se notaba que era grande: unos 20×4 (usaba unos pantalones ajustados). ¿A dónde me llevaría su miembro? Al más allá, de eso seguro… Unas ganas de sacarlo y jugar con él, que me ponga en cuatro, que me tire del pelo, que me pegue, mientras me da unas embestidas bien adentro, que me diga que soy su putita, cabalgarlo y con cada sentada mirarlo a los ojos y sentir sus manos cómo me aprietan el culo…

    ¡Qué bien nos llevaríamos en la cama con este hombre!

    Volviendo en sí, la reunión había llegado a su fin. Nos despedimos y él se fue. Yo, a esta altura, agradecía no ser hombre, porque si no tendría una erección de aquellas. Pero sí, estaba toda mojada por dentro. No veía la hora de llegar a casa a masturbarme…

    En lo que volvía a mi hogar, me sonó el corporativo. Era él, agradeciendo por la reunión.

    Y esta historia continuará.

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  • El vuelo de regreso no fue lo único que subió (2)

    El vuelo de regreso no fue lo único que subió (2)

    El día anterior no había visto a Roberto —o mejor dicho, Beto— por ningún lado, pero a la mañana siguiente, un golpe suave en mi puerta me sorprendió.

    —Hola, Alma. Perdoná que te moleste tan temprano… —Beto estaba allí, con esa sonrisa tímida que ya me resultaba familiar—. Te quería invitar a desayunar. Ayer no te encontré.

    —Hola, Beto —respondí, conteniendo una sonrisa—. Dale, dame unos minutos y salgo.

    —Perfecto. Y por favor, decime Beto —agregó, riéndose nervioso.

    —Bueno, Beto. Enseguida nos vemos.

    Cerré la puerta y no pude evitar reírme… hasta que la voz de la razón apareció en mi cabeza: ¿Qué estás haciendo, Alma?

    Pero la ignoré.

    El desayuno fue encantador. Beto era divertido, atento, y cada palabra suya me hacía reír. Al regresar a mi habitación, noté en el reflejo del espejo del pasillo cómo sus ojos se detenían en mi trasero, ardientes de deseo.

    Entré a mi cuarto con el corazón acelerado, tratando de convencerme de que no pasaría nada… hasta que revisé mi teléfono.

    Mi esposo había respondido a mis fotos en lencería —poses ardientes, piel al descubierto— con su clásico:

    «Estoy cansado, perdón.»

    Esa fue la gota que colmó el vaso.

    Día siguiente.

    Después de entrenar y almorzar, me senté en el balcón con una taza de té, disfrutando del sol. Abajo, en la pileta, estaba Beto. Solo.

    Le envié otra selfie a mi marido (que ahora parecía mi ex), y su respuesta fue aún más fría:

    «Estoy ocupado, perdón.»

    Sin pensarlo dos veces, me puse el bikini más sexy que tenía —un body verde con top rosa, diseñado por mi amiga—, me envolví en una bata y bajé.

    —Hola, Beto —saludé, notando cómo sus ojos se clavaban en mis curvas.

    —H-ho-hola, Alma —tartamudeó, casi atragantándose con su propia saliva.

    —¿Te puedo hacer compañía? Me encanta darme un chapuzón a esta hora.

    —Sí, c-claro. La pile está vacía.

    Nos reímos, charlamos, y pronto estábamos jugando como niños, salpicándonos y riendo sin parar. Hasta que, sin darnos cuenta, terminamos demasiado cerca.

    Y entonces lo sentí.

    Algo enorme bajo su short.

    —¿Pasa algo, Alma? —preguntó, notando mi expresión.

    —No, no —mentí, sonrojada.

    —A mí sí me pasa algo —susurró, acercándose más y agarrando mis caderas con fuerza.

    Su erección se frotó contra mí, y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

    —Ah… ¿y qué te pasa? —jugué, enredando mis brazos en su cuello.

    —Que tengo que ser más animado, ¿no?

    Le respondí con un sí moviendo la cabeza y, antes de que pudiera pensarlo, le robé un beso.

    Fue electricidad pura.

    Nuestros labios se encontraron con hambre, sus manos exploraron mi cuerpo como si lo conocieran de toda la vida, y yo me dejé llevar… hasta que escuché voces.

    Gente llegando a la pileta.

    El pudor me golpeó de golpe.

    —Perdón, me tengo que ir —murmuré, escapando del agua antes de que me vieran así.

    Última noche.

    No podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Beto: sus manos, su boca, ese enorme pene que no dejaba de imaginarme.

    ¿Cómo alguien tan tímido escondía semejante bestia?

    Al día siguiente, mi vuelta a Argentina me esperaba… pero antes, tenía que despedirme.

    Me puse una lencería sexy —una tanga de encaje blanco— y un vestido transparente que había comprado para mi esposo.

    Pero Beto lo merecía más.

    Llamé a su puerta.

    Él abrió, sorprendido, e intentó saludarme como siempre… pero le puse un dedo en los labios, callándolo.

    Lo empujé hacia adentro, cerré la puerta con llave y lo besé con toda la lujuria acumulada.

    —¿Estás segura? —preguntó, mientras sus manos recorrían mi cuerpo.

    —Sí. Ya no nos veremos más.

    —Entonces… a darle.

    Me llevó hacia la cama, pero yo tomé el control.

    Lo tiré sobre las sábanas, me subí encima y comencé un baile lento, sensual, dejando que mi cuerpo hablara por mí.

    Me desvestí lentamente, dejando que su mirada ardiente recorriera cada curva de mi cuerpo. Cuando solo quedé en tanga, me moví hacia él en cuatro patas, como una felina acechando a su presa, y comencé a besarlo desde el cuello hasta la cintura. Pero él tenía otros planes.

    —Quiero que pongas ese culo perfecto en mi cara mientras me chupas la verga —susurró entre gemidos, sus manos ya tironéandome del pelo con urgencia.

    —Lo que ordene, papi —respondí, girando con sensualidad hasta posicionar mis piernas a cada lado de su cabeza.

    Con un movimiento brusco, su nariz se hundió en mi entrepierna. Apartó la tela de mi tanga con los dientes y, mientras una mano me agarraba la cadera, la otra masajeaba mi trasero con dedos expertos.

    —¡Oh, sí! Justo así… —arqué la espalda al sentir su lengua explorando cada pliegue de mi sexo.

    Su timidez inicial había desaparecido, reemplazada por la ferocidad de su erección, que ahora liberé de su ropa. La tomé con ambas manos, admirando su tamaño antes de llevármela a la boca.

    —Dios… qué grande la tenés —murmuré entre lamidas, saboreando cada centímetro hasta llegar a sus testículos, que succioné con voracidad.

    Él gruñó, empujando mi cabeza hacia abajo.

    —Más profundo, nena.

    Obedeciendo, me moví arriba y abajo, alternando entre chupadas y caricias con mis pechos, que ahora apretaban su miembro en un hot sándwich improvisado.

    —¿Te gusta, mi amor? —pregunté, mirándolo con ojos desafiantes.

    —Sos una diosa —jadeó.

    —Entonces cómeme toda.

    Alcanzando un condón, se lo coloqué con destreza. En segundos, me empujó contra la cama y penetró con un gemido ronco.

    —¡Aaah, sí! Así, duro… —grité, clavando las uñas en su espalda.

    Cambiamos de posiciones una y otra vez: yo encima, controlando el ritmo; él detrás, azotando mis nalgas con cada embestida. Entre gemidos y sudor, el tiempo perdió sentido.

    —¡Voy a acabar! —anunció, pero yo no le permití detenerse.

    —Dentro de mí, papi.

    Cuando ambos climaxamos, quedamos entrelazados, jadeando.

    —Pensé que los tímidos no duraban tanto —bromeé, acariciando su pecho.

    Él rio, tirándome de la cintura.

    —Todavía no es de noche, y tengo tres condones más… ¿Te atrevés?

    La respuesta fue un beso profundo mientras mi mano ya descendía hacia su erección renaciente.

    En ese momento, mis manos ya recorrían su cuerpo con urgencia, deslizándome hacia su entrepierna mientras mis labios sellaban los suyos en un beso profundo. Poco a poco, fui bajando, dejando un rastro de besos ardientes por su torso hasta llegar a su virilidad, que respondió rápidamente a mis caricias. Con movimientos lentos al principio, luego más decididos, lo masturbé mientras lo miraba a los ojos, disfrutando de cada gemido que escapaba de sus labios.

    Cuando lo sentí completamente erecto otra vez, no pude resistirme. Lo tomé en mi boca, saboreando su textura, jugando con la punta antes de hundirme más profundamente. Sus manos se enredaron en mi pelo, guiándome con una mezcla de ternura y desesperación.

    No tardamos en volver a la cama. Con los condones que quedaban, pasamos la noche explorándonos una y otra vez, cada encuentro más intenso que el anterior. Él me dominaba, yo lo montaba, nos perdíamos en posiciones que hacían crujir los muebles del hotel. Tres veces más nos entregamos al placer, hasta que el agotamiento y la satisfacción nos dejaron sin aliento.

    Antes de irme, compartimos una ducha caliente donde el vapor se mezcló con nuevos gemidos. Me empujó contra la pared fría de los azulejos y me penetró por detrás, sus manos firmes en mis caderas marcando el ritmo de nuestra despedida.

    Cuando finalmente me vestí para partir al aeropuerto, mi cuerpo aún vibraba con el recuerdo de sus caricias. Fue una de esas noches donde el tiempo parece detenerse, donde no hay horarios ni responsabilidades, solo piel, sudor y placer compartido.

    Una semana después, regresé a Argentina con la energía renovada y un apetito sexual que no conocía límites. Me quedan pocas historias que contar – aventuras que estoy segura les encantará leer.

    ¿Qué les pareció este encuentro? ¡Déjenme sus comentarios! Si tienen preguntas sobre mis relatos o quieren sugerencias para próximas historias, con gusto responderé. (¡no olviden dejarlo en los comentarios!).

    Un abrazo fuerte y besos a todos. ¡Hasta la próxima entrega!

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  • Chongo arrogante: Mañanero

    Chongo arrogante: Mañanero

    Era un jueves, cerca de las siete, y el frío de la mañana se colaba por las hendijas. El cielo estaba limpio, despejado.

    Me desperté con el ruido de un auto que rompió el silencio desde la calle. No tenía que laburar ese día, pero igual me levanté temprano.

    Ni bien agarré el celular, vi el mensaje de Simón. Dos y pico de la mañana.

    “No puedo dormir. Pensaba en vos, Mey. Me la pasé imaginando cómo me la chupabas. Qué ganas de cogerte otra vez”.

    Me calentó. Le respondí al toque, sin vueltas:

    “Si te levantás con ganas, venite a casa. Estoy sola”.

    No termine de soltar el teléfono en la mesa de luz cuando contestó:

    “Ya salgo”.

    Me reí. Qué tipo enfermo. Me calentaba que fuera así de decidido.

    Tiré el celular en la cama, me saqué la tanga que tenía desde anoche —todavía medio húmeda— y me metí a la ducha.

    Quería recibirlo limpia, pero no demasiado perfecta. Natural, fresca.

    El agua caliente me recorría la espalda cuando escuché el timbre.

    Mis hermanas ya se habían ido a laburar, así que salí húmeda y en toalla a abrirle. Cuando me vio, me miró como si me quisiera agarrar ahí nomás.

    —Dame dos minutos —le dije, girando para volver al baño.

    —Ni en pedo —me respondió con voz ronca.

    Escuché que se sacaba la campera, las zapas, todo. Y al minuto, ya estaba ahí, en el baño, mirándome como si fuera su desayuno.

    Se metió a la ducha conmigo sin decir nada. Agarró el jabón y empezó a pasarme las manos por el cuerpo.

    Me enjabonó las tetas con movimientos lentos, me apretó los pezones duros, me lamió el cuello mientras me recorría la concha con los dedos.

    —Estás más linda que nunca, boluda. No sabés las ganas que tenía de esto.

    Incliné la cabeza hacia atrás, dejé escapar un gemido y apoyé el cuerpo entero contra el suyo, buscando más roce, más calor.

    Me arrodillé despacio, sin sacarle los ojos de encima. Le agarré la pija, ya durísima, y me la metí entera.

    Le chupé la punta con la lengua húmeda, babosa, rozando la lengua por el frenillo mientras mis dientes jugaban a pellizcarlo.

    Sentí cómo se le tensaba todo el cuerpo, el jadeo apurado que se escapaba entre sus dientes. Metí más adentro la lengua, su sabor amargo y salado me invadió, mientras mis labios apretaban y chupaban sin piedad.

    Lo escuché gemir bajito, poner una mano en mi cabeza y la otra contra la pared para apoyarse.

    Se la chupé con hambre, con ganas de hacerlo acabar, pero también quería que me haga mierda. Lo escuché putear:

    —La concha de tu madre… qué puta hermosa sos.

    Me agarró del pelo y me levantó. Me di vuelta, puse las manos contra la pared y saqué el culo.

    Me abrió con una mano mientras con la otra me tomaba del abdomen. Sentí la punta de la pija rozarme y después, despacito, me la metió.

    Cerré los ojos y gemí bajito.

    El agua nos caía encima, caliente, mientras él me cogía lento pero firme. Me agarraba de la cintura, con movimientos que me llenaban entera.

    No había apuro, había disfrute. La espalda me ardía del agua y del roce, y el cuerpo me temblaba de ganas.

    En un momento me dio vuelta. Me empujó contra la pared, me besó con fuerza, con saliva, con bronca.

    Me mordía los labios mientras seguía cogiéndome, esta vez mirándome a los ojos. Estábamos mojados, resbalosos, pegados.

    Sentía cada empuje en lo más profundo de la panza.

    —Sos mi puta, ¿no?

    No dije nada. Solo lo miré con cara satisfacción. Y eso bastó.

    Se salió de mí de golpe, me agarró del pelo y me hizo bajar otra vez.

    Me la metió en la boca con fuerza, sin piedad. Me ahogaba, pero no me importaba. Me sujetaba de la cabeza y gemía mientras me usaba.

    —Aguantá, que me vengo —me dijo entre dientes.

    Yo abrí más la boca, saqué la lengua, esperándolo. Sentí su mano pajeándose con furia, su cuerpo temblando.

    Gritó y me bañó la cara. Leche caliente, espesa, cayéndome por la nariz, el mentón, la lengua.

    Me tragué un poco, me la unté con los dedos, mientras él se metía otra vez bajo la ducha.

    Me miraba desde ahí, todavía le latía la pija. Se pasó el jabón por el pecho y después por la entrepierna, como si necesitara limpiarse de lo que me acababa de hacer.

    Yo me enjuagué la cara despacito, saboreando lo que quedaba en mis labios, con el agua cayendo sobre mis hombros y el corazón acelerado.

    Simón salió primero. Se secó sin decir mucho, como si el cuerpo ya le estuviera pidiendo volver al mundo real.

    Se puso el bóxer y el jean, todavía húmedo del cuello, y mientras buscaba la camisa me miró por última vez.

    —Estuvo zarpado. Después te escribo —me dijo, ya medio vestido. Me dio un beso en la boca y salió.

    Yo me quedé ahí, desnuda, con el pelo mojado y una sonrisa. Me quedé un rato más en la ducha, disfrutando de la mañana perfecta.

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  • Enamorándome de Dianita (11)

    Enamorándome de Dianita (11)

    El trato de Thiago con Sofia, aparte de salvar a Dianita supondría tener que alejarse de ella, pero era un sacrificio al que estaba dispuesto a pagar por el bienestar de Dianita.

    Thiago recibió la ubicación por parte de Sofia, pero no sabía si pedirle ayuda a Cristian, ya que no sabía en qué situación iba a encontrar a Tony con Dianita, lo peor pasaba por su cabeza mientras manejaba, pensaba como podría entrar a la casa, encontraría a Tony penetrando a Dianita, ¿podría llegar a tiempo?, el tiempo era su enemigo más terrible. Thiago llamo a Cristian y le conto todo lo que estaba pasando.

    -Ya estas al tanto de todo Cristian, hoy más que nunca te necesito, no sé qué me puede esperar al llegar.

    -Sabes que siempre cuentas conmigo para lo que sea, pero pienso que debemos avisar a la policía, hay que hacerle pagar a ese imbécil.

    -No, nada de policías primero llegamos y allá decidimos que hacer, no tardes.

    -Ya estoy en camino hermano.

    Thiago seguía el GPS, aún estaba lejos del lugar, mientras tanto Tony estaba feliz, su plan había salido perfecto pensaba, Dianita no se salvaría de que le rompiera el culo, ya estaba deseando llegar a la casa campestre de su padre para poder disfrutar de ese hermoso culo, se le pasaban toda clases de ideas por la cabeza de lo que le haría hasta someterla y se volviera adicta a él. Pero que bien me la voy a pasar contigo puta, ja, ja, ja. Decía Tony en voz alta.

    -Tony me asustas, quedamos en que solo te la ibas coger.

    -Y eso es precisamente lo que voy hacer, pero también la voy hacer sufrir.

    -Nunca dijimos que usarías la violencia. -le decía Amber.

    -No voy a usar la violencia, pero si voy a tener sexo duro con ella ja, ja, ja, ja.

    -Eso es lo mismo Tony.

    -No es lo mismo, pero se acordará toda su puta de vida de este día, la voy a dejar marcada. -decía Tony

    Amber pensaba, creo que me equivoque al ayudar a Tony, pero ya no había vuelta atrás para arrepentimientos, llegaron a la casa campestre, Tony parqueo el auto, y saco cargada a Dianita, para llevarla a dentro de la casa, de lo cegado que estaba nunca se percató de la presencia de Sofia, que presenciaba todo lo que hacía Tony y Amber con Dianita.

    En serio este imbécil piensa abusar de Dianita, decía Sofia en su auto, no sabía que hacer, si salir y confrontar a Tony, pero tenía miedo que algo le pasara a ella también, Tony estaba cegado de venganza, y podía llevarse a cualquier persona por delante con tal de llevar a cabo su venganza, por lo que decidió mejor esperar dentro del auto, pero con su celular se dedicó a filmar todo lo que hacía Tony, esto puede servirme más adelante contra Tony, pensaba Sofia.

    Ya dentro la casa Tony, amarro a Dianita en la silla sexual tántrica que había llevado para su macabro plan, se aseguró que los amarres estuvieran firmes para que no pudiera soltarse, estaba ansioso, pero respiro y se tomó todo con calma, este es un plato que se debe disfrutar lentamente le decía a Amber.

    -Le tienes muchas ganas a esta golfa. -le decía Amber.

    -Ganas, pero de romperle el culo, ya que fue lo único que nunca quiso darme la muy puta. -Contestó Tony.

    -¿Pero si ya te la cogiste porque estas obsesionado con ella?

    Ya te dije que solo quiero romperle el culo, es lo único que me falta por romperle, y este día nunca lo va a olvidar eso te lo aseguro, cuando termine con ella, le van a tener que coser el culo, porque se lo voy hacer sangrar, le dije que me pagaría con sangre la ofensa que me hizo, ja, ja, ja, ja.

    -Tony solo cógetela y ya, no le hagas daño.

    -¿A caso es amiga tuya, paras que te estés preocupando por ella? -dijo Tony.

    -No, pero tampoco quiero que le hagas un daño que no se pueda reparar, no quiero tener eso en mi conciencia.

    -Pensé que no tenías conciencia ja, ja, ja.

    -No seas imbécil Tony, claro que la tengo.

    -Eso debiste pensarlo antes de decidir ayudarme, ahora déjate de tonterías y ayúdame a quitarle la ropa.

    A Amber no le quedó más remedio que ayudar a Tony a quitarle la ropa a Dianita, la dejaron solo con su lencería, una tanga hilo que estaba metido entre sus grandes nalgas, y un brasier de encajes semi transparente.

    -Pero que buena esta esta puta. -decía Tony

    -Si la verdad que es muy hermosa. -contesto Amber.

    Tony espero a que Dianita despertara, quería escucharla suplicar, verla llorar, pasaron 10 minutos y Dianita empezó a despertar, sentía mareo, su vista estaba borrosa, intentaba moverse, pero sentía que no podía, cuando de pronto escucho una voz conocida.

    -Hasta que la puta decidió despertar. -dijo Tony.

    -¿Dónde estoy?, eres tú Tony? -pregunto Dianita.

    Claro que soy yo ja, ja, ja, reía Tony, te lo advertí, que me pagarías con sangre y hoy me voy a cobrar la ofensa que me hiciste, y me vas a decir con quien estabas follando cuando me llamaste.

    Dianita asustada por lo que Tony podía hacerle, le contestaba, -te dije que nunca estuve con alguien, solo quería que sintieras el dolor de que le pongan los cuernos a uno, era una broma, por favor suéltame Tony.

    -Respuesta equivocada perra. -Le contesto Tony

    -Es en serio, nunca estuve con alguien, por favor Tony suéltame. -le volvió a decir Dianita.

    Yo te voy a soltar, pero primero te voy a romper ese hermoso culo que tienes y que nunca me diste, y si es cierto que no estuviste con nadie, que yo no me creo, entonces seré el primero en romperte el orto, como debería ser, ja, ja, ja. -Reía Tony a carcajadas.

    Dianita viéndose perdida, nadie podía saber que Tony la tenía secuestrada, sabía que la iba a pasar mal, solo le quedaba convencer a Amber que la ayudara y se jugó esa carta.

    Amber, tú eres mujer por favor ayúdame, suéltame no dejes que Tony me haga daño, nosotras nunca hemos tenido problemas, porque estas ayudando a Tony. -le decía Dianita.

    Es cierto nunca hemos tenido problemas entre comillas, mi problema contigo es que Tony está obsesionado contigo, y después que te rompa el culo como él lo desea, ya se aburrirá de ti y será solo para mí, y empezara a tratarme más gentil. -le contestaba Amber.

    Dianita sabía que estaba perdida solo un milagro la salvaría, Tony abusaría de ella no había vuelta atrás, por lo que de sus ojos salieron unas lágrimas, el ambiente era tenso, por lo que Tony se acercó a Dianita y poniendo su mano en el mentón de Dianita lo levanto para que lo viera directamente al os ojos.

    Tony le paso suavemente la mano por el rostro de Dianita y acto seguido le pego una leve cachetada volteándole el rostro a Dianita, enseguida la tomo del cabello y lo jalo hacia atrás, Dianita con lágrimas en los ojos, solo lo miraba con odio y desesperación, Amber al ver la cachetada que Tony le acaba de dar a Dianita solo se atinó a poner su mano en su boca como sorprendida por lo que acababa de pasar, se apartó y solo se sentó en un mueble que estaba enfrente para presenciar todo lo que Tony tenía planeado en hacerle a Dianita.

    Tony empezó a pasarle la lengua por el rostro a Dianita, que trataba de apartarse, pero su esfuerzo era inútil, estaba a merced de Tony, pero seguiría luchando era lo único que podía hacer, pensaba.

    Con las dos manos Tony toma el rostro de Dianita y la besa a la fuerza, era la ocasión perfecta para demostrarle a Tony que lucharía hasta el cansancio, por lo que aprovecho y con sus dientes apretó el labio inferior de Tony, hasta hacerlo sangrar, se lo quería arrancar, Tony solo gritaba y le propino otra cachetada esta vez con violencia, haciendo que Dianita lo soltara, y dejándole la mano marcada en el rostro.

    -Eres una perra infeliz, casi me arrancas el labio. -le decía Tony

    -Cada vez que te acerques voy a tratar de arrancarte una parte de tu cuerpo. -le decía Dianita con una pequeña sonrisa.

    Gracias por decirlo zorra, esto lo tenía pensado para más tarde, pero me va a tocar usarlo ahora, no quiero que en serio cumplas lo que tienes pensado, -le dijo Tony, entonces con una seña le ordeno a Amber que le trajera la máscara bucal con mordaza en forma de bola, ¡Apúrate perra!, le grito Tony a Amber.

    -Eres un imbécil Tony, te estoy ayudando y me sigues tratando mal. -le recriminaba Amber, por lo que le tiro en la cara la mordaza.

    -No seas infantil Amber, después que termine con esta puta, te prometo que te daré cariñitos a ti, ja, ja, ja. -le decía Tony

    Le coloco la mordaza a Dianita, y empezó masajear las tetas de Dianita, le rompió el brasier, dejándole las tetas en el aire, le apretaba los pezones, haciéndola gritar y retorcer de dolor, solo que la mordaza apaciguaba los gritos de Dianita, Tony hizo girar a Dianita, y desgarro el hilo que llevaba Dianita, dejándola totalmente desnuda, empezó a darle fuertes nalgadas, dejando siempre marcados sus dedos en las nalgas ya de color rojo de Dianita.

    Con cada sonora palmada que le daba Tony, a Dianita se le salían las lágrimas, se sentía impotente, sometida por el imbécil de Tony, pensaba en Thiago después de esto no podría mirarlo a la cara, sentiría vergüenza solo con mirarlo, el dolor que sentía al pensar en Thiago era más intenso que el castigo que estaba recibiendo por parte de Tony.

    Por otra parte, Sofia observaba todo a través de una ventana a la vez que grababa todo lo que estaba sucediendo al interior de la casa, por su mente pasaba que en esa casa podría ocurrir una tragedia, Thiago no le perdonaría todo lo que Tony estaba haciendo sufrir a Dianita, no podía permitir que Thiago entrara a la casa y viera ese tremendo espectáculo.

    Tony seguía sometiendo a Dianita, ahora la tenia de pie amarrada con los brazos extendidos, en los pies tenía una especie de tubo delgado que sujetaba sus pies para que no pudiera cerrarlos, y el bozal en la boca que a los lados se desplegaban unas cuerdas con pinzas, las cuales ubico cada una en un pezón, si movía su rostro la cuerda estiraba sus pezones.

    Entre su lucha Dianita sentía dolor, pero a la vez empezaba a sentir excitación, su cuerpo no era ajeno al placer del sometimiento, su vagina ya estaba húmeda de la excitación, Tony con un consolador lo ubico en su vagina, especialmente en su clítoris, su cuerpo se tensionaba y arqueaba la espalda y las cuerdas estiraban sus pezones del placer que estaba recibiendo en su vagina, era dolor y placer al mismo tiempo, sentía que sus fuerzas la abandonaban.

    Su cuerpo no aguanto más los estímulos y llego a un tremendo orgasmo en el que salían chorros de su coño, la imagen era espectacular y Tony se deleitaba con cada chorro que salía del coño de Dianita, tanto que puso su cara para recibir los líquidos de Dianita.

    Amber empezó a tocarse los senos y empezó hacerse una paja, se dejó llevar por el momento, cuando Tony giro su rostro para ver a Amber se encontró con la escena de Amber con las piernas abierta en el sofá y las tetas al aire siendo estrujadas por ella misma, sus dedos entraban y salían a un ritmo frenético, por lo que rápidamente llego al éxtasis del orgasmo.

    Su respiración agitada inflaba sus tetas aparentemente más de lo normal, desde la posición de Tony las tetas de Amber se veían inmensas.

    Sofia no era ajena al morbo de la escena, sin que se diera cuenta una de sus manos fue a parar a su coño, notando lo mojado que estaba, se sorprendió ya que toda su tanga estaba empapada, su respiración empezó a cambiar, se tornó más agitada, estaba caliente por su cabeza paso entrar a la casa y unirse a la fiesta que tenía Tony, pero en un momento de lucidez, -pero que carajos estás pensando idiota, como podría dejar que Tony siquiera me ponga una mano encima y sobre todo que me deje coger por ese imbécil. -se decía mentalmente.

    Siguió grabando todo con su celular, y con la otra mano siguió con su masturbación, la escena era muy heavy para solo estar de espectador, -toda esta calentura me la sacare con Thiago, también quiero ser sometida pero solo por él, pensaba Sofia, por su mente pasaron todas las escenas de ella siendo sometida por Thiago, y sin darse cuenta llego al orgasmo, tapándose la boca para no ser escuchada por Tony y Amber, de lo caliente que estaba salieron fuertes chorros de su vagina, -uf, que rico. -decía Sofia en voz bajita.

    Cuando Sofia levanto su mirada, vio a Tony que estaba completamente desnudo, detrás de Dianita, solo podía ver que las manos de Tony amasaban las grandes tetas de Dianita, Amber también seguía caliente y también desnuda completamente se dejó llevar y empezó a meter dos dedos en la vagina de Dianita y agachada empezó a pasar su lengua por el clítoris, el cual succionaba con sus labios.

    Tony apretaba las tetas y restregaba su verga por las nalgas de Dianita, acerco su boca al oído de Dianita y le dijo; -estoy seguro que con lo puta que eres, más allá del dolor que puedes estar sintiendo, estas cachonda y con ganas de ser follada como la puta zorra que eres, la respiración de Dianita era agitada, pero su mirada era de odio.

    Continuará.

    Si te ha gustado el relato, por favor, no dudes en dejar un comentario y una valoración, lo apreciare mucho. Siempre agradezco las muestras de apoyo de los lectores, son muy importantes para mí.

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  • La contadora en el trabajo

    La contadora en el trabajo

    Está historia es de las mejores que he tenido, aparte de ser con una milf, fue en horas de trabajo.

    Todo comenzó cuando inicie a trabajar en una maquiladora, una que otra chava con buenos atributos, pero no me volvían loco como una contadora que era la encargada de entregar las nóminas.

    Trataré de describirla lo mejor que pueda, ella se llama Alejandra, es de tez clara, un rostro bastante risueño, bastante alta y más cuando lleva tacones (su debilidad), rostro tan risueño con una voz tan suave que excita cada vez que habla. De físico un poco llenita con poco pecho, pero un tremendo y majestuoso culo hermoso, redondo y firme.

    En el trabajo se hablaba mucho de ella que aún que era casada en la hora de comida salía a qué le comieran el postre, un compañero que después nos enteramos que su debilidad era los tacones, y aún que parecía fácil, tenía su modo.

    Es una milf bastante sociable, y le gusta reír, y desde ahí supe por dónde debía empezar. Cada día que podía iba a su oficina a verla, y aún que la empresa no permita escotes, no me perdía de mucho, ya que nos gustaba verla en sus tacones de todo tipo, de ajuga, plataforma, etc. y como los dominaba en su rico meneo al caminar y con sus pantalones super apretados de mezclilla.

    Cumplía muchas de mis fantasías, tacones, lentes, buen culo… uff.

    Iba con cualquier pretexto, y a sacarle una sonrisa cada vez que iba, esa muy alegre y no se me complicaba.

    Una vez, mientras hacía mis labores observé que llevaba sus catálogos de calzado.

    -¿Cuántos nos vamos a comprar? Le decía de broma y para iniciar charla.

    -No se aún voy a verlos, pero ya tengo algunos pero no creo que me alcance tendré que elegir -me contestaba.

    Yo sabiendo sobre el rumor del compañero que se la andaba comiendo, solo me límite a contestar de broma.

    -Pues si no le molesta, le patrocinó unos -le dije entre risa y seriedad

    Ella se rio, no entono de burla, si no esa risa coqueta y diciéndome:

    -Ah bueno siendo así, voy a escoger otro más

    El día termino y olvide todo eso, hasta el día siguiente que por un momento pensé que era mala suerte, ya que los compañeros habían faltado y la carga iba a recaer en mí.

    Era día de paga y ya a la hora habitual de entrega de papeletas, llegaba ella, yo olvide todo, lo dije de broma.

    -¿Cuál me vas a comprar entonces? Me decía mientras me entregaba mi papeleta y vi que traía los catálogos

    -¿Ah es en serio? ¿Va ver preferencia en mis consultas después? -Le contesté

    -Claro eso y más todo depende de cuántos me vayas a comprar

    Cuando dijo eso sentí tan helado mi cuerpo, me daban ganas de lanzarme sobre sus pechos y apretarle esas nalgas super redondas y grandes.

    A ver cuales son los que le llamaron la atención, conteste y mientras me los mostraba (unos tipo piel de serpiente, y unos negros de tacón delgado) si eran de un costo elevado, sin duda le gustaba vestir bien.

    Sin chillarle por el precio, le dije:

    -vaya si van a tener que ser varios favores, lástima que no todos se podrán cobrar (refiriéndome a tener sexo con ella y pasarla rico)

    Echó una risa traviesa, vio mi miembro que ya empezaba hacer bulto, y sin pensarlo lo tomo con su suave mano, pero a su vez acariciando con sus uñas.

    -¿Estás solo verdad?, no vinieron tus compañeros, mientras me empujaba hacia dentro de nuestro taller

    Yo sin saber que hacer o contestar, y por las ganas que moría de hacerlo, la tome de sus nalgas y le dije:

    -no, estoy solo

    -¿Hay algún espacio oculto por aquí?, me decía mientras le indicaba la dirección de un pequeño rincón donde a veces nos ocultábamos para echar una siesta, por lo cual no era el gran lugar cómodo pero servía.

    Me empujaba sobre una silla y empezó a besar mi bulto conforme empezaba yo a desabotonar y a ponerme cómodo, cuando ya faltaba mi bóxer ella lo tomo con su bolsa y empezó a mojar lo sobre el mismo.

    Hasta que sentí como sus uñas me lo bajaban, y empezaba con una rica mamada, tan rica que me perdí por unos minutos, solo sentía como su lengua la pasaba una y otra vez, mientras que con sus unas rascaba mis testículos, era una experta, paraba cuando sabía que ya estaba a punto de venirme, y aún que me castigaba, también me gustaba.

    Era tan excitante de estar cumpliendo mi fantasía y por la adrenalina de que alguien entrara, hasta que después me dijo:

    -Dame los, quiero probarlos, no dejes ni una gota fuera, no quiero manchas.

    Y así fue, me dio un rico apretón de testículos que no aguante y empecé a vaciarme, fue tan rico que ella empezó a tomarlos como si fueran un popote.

    Me limpio con su boca, tomo las demás papeletas y se marchó regalándome su número y un beso.

    Pasaron algunos días, lógico habíamos mensajeando un poco, por qué me había pedido que solo fuera cosas importantes por su esposo.

    Hasta que un día, me llegó su mensaje diciéndome que pidiera el resto del día después de comida, que me tenía una sorpresa. No lo pensé más y lo hice, y mientras llevaba mi permiso ví que en su escritorio estaban cajas de zapatos me imaginé ya a qué iba esto.

    Dio la hora, y yo ya estaba fuera esperando como ella había indicado, para que no sospecharan. Cuando subió al carro, subía varias cajas y una bolsa un poco sospechosa, yo aún la saludaba cordialmente y ella empezaba a besarme

    -Vamos, arranca quiero ir a un lugar que siempre he querido ir

    Ingenuamente pensaba que algún lugar para comer, cuando es mi sorpresa que era un motel. Pedimos habitación y mientras subimos, yo por detrás no podía dejar de ver su enorme culo a punto de romper sus pantalones.

    -Espérame tantito, aparte ¿cuáles te gustaron más los de serpiente o los negros? Me preguntaba mientras cerraba la puerta en mi cara, me habían encantado los de tipo serpiente eran más delgados del tacón y se veían más sexis.

    Y no fue para más, cuando me dio luz verde para entrar, estaba recostada sobre el sillón del amor con esos ricos tacones y un baby doll que cubría todo, pero era translúcido y brillante, tal como una serpiente.

    La empecé a besar y acariciar, empecé a mamar su busco y aun que era pequeño, los tenía bien duritos a pesar de ya haber tenido 2 hijos. Seguimos y ella empezaba a bajaba hacerme un oral, tan rico como la primera vez cuando fue mi turno, ufff su parte se la había perfumado creo que con feromonas, por qué no me resistía a chuparle todo, quería comérmela sin saciar…

    -¿Ya estás listo? -Me decía mientras me daba una bebida energética- tómala, porque a mí me gusta que aguanten.

    Fue el mejor sexo de mi vida, sentones como una perra en brama, gemía tan rico, que esa risita que antes escuchaba se volvía en ricos y suaves gritos, vaya que ella perrita sabía hacerlo, se mojaba una y otra vez era multiorgásmica y a mi me hacía venir dos veces, una recargada sobre un buro con sus patitas bien abiertas y la otra de perrito sobre el sillón.

    Mientras me daba descanso para el tercero, su teléfono sonaba, y si era su esposo…

    -Hola amor, si salí porque me sentí mal, y vine con el doctor a que me revisara. Eso le contestaba mientras yo ya me estaba alistando para el tercer palo, pero está vez lo preparaba con aceite, sin condón y empezar a jugar su ano, ella sin poder hacer más, más que gestos me pedía que no.

    Yo no la escuché y empecé a penetrarla por su rico ano, que para sus tremendos glúteos, costaba, así que le pedía que se volteara para así empinada tener una buena vista y mejor acceso, vaya que eso empinado se veía riquísimo, ver cómo duplicaba su tamaño y ver cómo su ano ya me lo pedía, empecé suave pero conforme más se aguantaba de gemir empecé a dar más duro sin piedad, hasta que ella ya no aguanto y termino colgando con un grito.

    Pensé que había escuchado su cuernudo, y eso excitaba más, el saber que ella estaba bien penetrada, empecé a venirme ya no pude aguantar como las anteriores veces.

    Descansamos un poco, ella se tomó un baño en el jacuzzi mientras me daba la última mamada y se los comía tan rico, que era lógico que le encantaban, sabía que eran proteína para ella.

    Al despedirnos ella prefirió tomar un taxi y yo por mi lado.

    Pasaron los días en el trabajo disimulábamos, y en la calle preferíamos parecer desconocidos, rara vez me invitaba a comer postre, pero solo era mientras duraba la hora de comida, no por mi si no por ella que limitaba la hora.

    Siguieron pasando los días hasta que la empecé a sentir distante, hasta por mensajes.

    Hasta que en los baños solos, con la excusa que lo estaba yo revisando la encare, y me contaba que ese día su esposo se enteró que había salido del trabajo por qué le había avisado el otro vato que se la comía y que resultó ser su compadre de su esposo, vaya sorpresa.

    Sentí una envidia, y pronto se calmaría, cuando me decía que el compadre le pedía un trío, quería que él y yo, estuviéramos con ella, le dije que si eso le incomodaba, y dijo que no al contrario le encantaba la idea, pero no sabía cómo decirlo para que yo no cayera en el chantaje del cobarde, como él la tenía.

    Sin duda llegó el día en el que los dos y ella se entregaba como una puta de primera y la disfrutaba de una doble penetración que la volvió loca, al término que hoy en día nos sigue pidiendo que seamos ahora tres y ella. Y si el tercero le gustaría que fuera su esposo, y aún está buscando la manera de convencerlo, pero no poder hacerlo buscará otro patrocinador de aretitos ricos para usarlos.

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  • Cuckold: Día de piscina con amigos

    Cuckold: Día de piscina con amigos

    Desde nuestra ultimas aventuras, nuestro sexo había sido regular, pero mucho más monótono.

    Luna seguía igual de sexy, pero nuestro hijo casi siempre estaba con nosotros, y el sexo se había vuelto un poco, aquí te cojo y aquí te mato.

    Llegó el verano y con él la poca ropa. Nosotros tenemos una pequeña piscina en casa y casi siempre que podemos estamos en el agua.

    A mí, además de por refrescarme, me encanta la piscina porque ella se pone bañadores muy pequeños y puedo apreciar su cuerpo durante horas.

    Muchas veces, al nadar, se le salen sus tetas y me vuelvo loco mirándola dado que sus pezones son una delicia.

    Un día me llamaron dos amigos míos, Luis y Pedro, que viven fuera desde hace años, cada uno en un lugar, y me dijeron que planeaban venir a mi ciudad, que es su ciudad natal y que a ver si hacíamos algo.

    Hacer algo para que me entendáis es ponernos bien borrachos y comer mucho.

    Mi mujer me dijo que perfecto, dejábamos al niño con los abuelos y pasamos un día de piscina y de alcohol.

    Llegado el día planeado, preparamos todo, compramos y nos dispusimos a esperarlos.

    Cual fue mi sorpresa al verlos llegar que venían sin sus parejas.

    Luís me contó que no tenía con quien dejar a los niños y a su mujer, Rosa, le venía muy mal venir, así que se quedó en casa.

    Pedro, por su parte nos contó que se había dejado con su mujer, llevaban mucho tiempo juntos, pero se había torcido la cosa por culpa de las infidelidades de él. Nos dio mucha pena porque Paola nos caía muy bien.

    Total que al final estábamos los tres amigos y mi mujer.

    El día transcurrió con normalidad, como una de nuestras quedadas, mucho asar, mucho comer y mucho beber.

    Cuando cayó la noche estábamos todos bien pedos.

    Hacía un calor bastante abrasador y nos fuimos todos a la piscina.

    Entre risas y algunas copas Pedro dijo que pasaba del bañador y decidió quitárselo y meterse sin nada. De todos los amigos, él siempre había sido el que tenía la polla más grande, siempre teníamos el cachondeo de decirle que si no le cabía en un vaso de tubo y que las destrozaba con ese rabo.

    Luna, al verlo, se quedó mirándolo fijamente y él se dio cuenta.

    Yo la verdad es que me puse un poco cachondo. Nunca me había gustado mezclar amigos y nuestros encuentros sexuales, pero iba tan borracho que la verdad es que me dio igual.

    Para animar la cosa, yo también me quité el bañador antes de entrar y Luis entre risas dijo que a tomar por culo, él también se lo quitaba.

    Luna por su parte no se lo quitó.

    Nos metimos en la piscina y estuvimos de risas y seguimos bebiendo.

    En una de estas, Luna se puso a nadar entre las luces y al salir, tenía las tetas fuera, pero con el alcohol no se dio ni cuenta.

    Mis dos amigos no paraban de mirarla de reojo. De repente dio un grito y dijo:

    -uy perdón, -y se echó a reír.

    -No pasa nada, mira como estamos nosotros con las pollas al aire -dijo Pedro entre risas.

    -Claro amor, no pasa nada, como si te desnudas -dije yo.

    Ella me miró sorprendida porque eran mis amigos.

    -Perdóname colega, pero Luna tiene unas tetas espectaculares.

    Luna se puso colorada.

    -A tomar por culo -dijo ella-y se quitó del todo la parte del biquini.

    -Esas tetas tienes que enseñarlas mas, cariño -le dije yo.

    Seguimos allí de bromas y jugando en el agua, una de las veces nos pusimos a jugar con una pelota y en un choque, Luna y Pedro se rozaron bastante.

    Yo con el nivel de alcohol que llevaba me estaba poniendo muy cerdo.

    En una de estas Luna se me acercó y le rocé la polla por la nalga, ella se rio y con esa risa supe que estaba cachonda.

    Pedro salía del agua con su pedazo de colgajo y se tiraba, Luis, sin embargo, la tenía más o menos como yo, pero yo sabía que Pedro la estaba mostrando adrede porque el mismo se estaba poniendo algo cachondo y se lo notaba.

    -¿Cariño, has visto que estamos todos desnudos, menos tú? -dije en un momento y los dos se giraron a mirar.

    -Pues si es verdad, pero me da cosa desnudarme con gente que conozco.

    -¿Y con gente que no conoces no? -dijo Pedro.

    -Con gente que no conozco no me la encuentro mas, así que no pasa nada.

    -¡Desnúdate! ¡Desnúdate! -empecé a gritar y mis amigos me siguieron.

    Se rio y se fue a quitar la parte de abajo en el agua, pero yo le dije que ella nos había visto la polla a todos que se saliera y se quitara que la viéramos.

    -Pero primero voy al baño.

    Y se fue, nosotros estuvimos riéndonos un rato como si nada estuviera pasando.

    Pedro se fue a echar unos hielos y entro para adentro.

    Tardó un poco en salir con las 4 copas bien cebadas de hielo picado y me fijé que iba un poco empalmado y supuse que se habían cruzado por lo menos

    Al rato salió Luna.

    -Bueno ¿te lo quitas o no? -le dijo Pedro

    Luna se sentó en el borde, se quitó las bragas y abrió las piernas. Mostrándonos su coño sin ningún tipo de pudor lo tenía sin un solo pelo.

    -Cariño jajaja -me reí

    -Me lo acabo de rasurar… ¡No os lo iba a enseñar con pelos! Además, Pedro ha entrado en el baño desnudo y me ha visto rasurándome espatarrada y en vez de cerrar la puerta se ha quedado mirándomelo y se ha acariciado esa pedazo de verga que tiene. No he podido dejar de mirarle esa anaconda.

    Mi amigo me vino corriendo a decir que lo sentía, pero yo me reí y le dije:

    -No pasa nada hermano, si ese coño es digno de ver, no me importa que la vean y alguna otra cosa -dije riendo.

    Él se sorprendió. Yo ya estaba cachondisimo y ella también.

    Luis que estaba super borracho ni hablaba. Solo luchaba por sostenerse en pie y sonreía.

    -Cariño, del 1 al 10, ¿Cómo estás de cerda? -le dije

    -Mmmm… ¡Un 7!

    -¿Sólo un 7? ¡Pensé que ibas a decir un 12 por lo menos! jaja

    -No he visto suficiente y miró a Pedro riéndose.

    Pedro abrió mucho los ojos y me miró a mí.

    -Hazle caso, ella manda. -le dije.

    Luna se metió en el agua y le dijo a Pedro que se sentara en el bordillo, donde había estado ella antes. Él obedeció. La tenía morcillona.

    -Ya que te la has acariciado antes mirándome bien el coño mientras me lo rasuraba, quiero verte como te la acaricias ahora, valiente. Además, la tienes bien peladita por lo que veo -refiriéndose a que la verdad nuestro amigo no tenía ni un pelo en el cuerpo -quiero que te la “peles” de otra manera -y me miro riéndose y sacándome la lengua.

    Pedro se empezó a reír.

    -Dice tu marido que tu mandas, así que sin problema.

    Yo la tenía dura, me acerqué a Luna y me puse a acariciarle las tetas y el coño desde atrás y a besarle el cuello, ella no perdía ojo de lo que hacía nuestro amigo.

    Pedro estaba justo delante de ella en el bordillo y empezó a acariciársela. Se escupió en la mano y llena de babas empezó a pajearse.

    Aquello empezó a crecer una barbaridad. a ver, yo sabía que mi amigo tenía una polla grande, pero claro, siempre que nos habíamos duchado en campamentos o bañado en alguna charca, la tenía en reposo, pero aquello cogió un grosor y una tamaño que es puedo asegurar que le llegaba a mitad de la barriga.

    Luna me besó y se salió. Se puso a su lado y abrió bien las piernas, el le miraba el coño fijamente y ella a él la polla.

    -Cariño, ¿me traes el lubricante de la mesilla? -me dijo- Se va aquedar sin babas para lubricarse esa barra, y yo la voy a necesitar para mi coñito, no sé si esta polla me va a entrar por muy cachonda que esté.

    -¿Ya das por hecho que te lo vas follar? -dije riéndome

    -Hombre, llegados hasta aquí estoy super cachonda, y mi maridito siempre me consiente, no lo doy por hecho, es que eres el mejor. Y ese trabuco me lo voy a tener que comer y si me lo como ¿no me lo voy a meter en mi coñito con lo que le gusta tragar pollas gordas? -me dijo guiñándome un ojo pasó a mirar a mi amigo, se metió 2 dedos de cada mano y se lo abrió bien abierto.

    -jajaja que guarrilla eres -le dije- ¿Pero él tendrá algo que decir, no?

    Pedro aceleró la paja. No habló solo abrió los ojos al ver el coño abierto, se volvió a escupir y se puso a hacerse la paja en circulo y con las dos manos.

    -Corre por el lubricante cariño -me dijo.

    Me empecé a reír y entré a por el lubricante.

    Aproveché y cogí el pollón de goma que tanto le gusta.

    Cuando salí, Luna estaba pajeándolo con las dos manos con su culo en pompa.

    -Aquí te traigo el lubricante y a nuestro amigo de goma por si quieres hacernos un show de los que me haces a mí.

    Se río.

    Cogió la polla de goma y la puso al lado de la polla de mi amigo. La de amigo sobresalía más que el pollón de goma, le sacaba la cabeza y un par de centímetros más.

    -Esta es mejor -dijo meneando la de mi amigo- pero no hago ascos.

    Soltó la polla de Pedro y cogió el lubricante, se puso de píe, embadurnó la polla de goma, lo que sobraba, se lo echó en el coño, el cual se pringó con fuerza apretándose bien el clítoris. Pegó la polla de goma al suelo y mientras con una mano lo guiaba hasta su coñito, con la otra abría sus labios para que entrara, se lo clavó de una hasta la mitad.

    -¿Que guarrilla eres no, Luna? -Dijo Pedro.

    -No lo sabes tu bien, acerca esa gloria de verga, anda, que no aguanto mas sin chuparla.

    Pedro se acercó arrastrando el culo por el bordillo. Ella le lubrico solo el tallo y le empezó a acariciar los huevos.

    El espectáculo era brutal. Había bajado las rodillas al suelo y subía y bajaba despacito sobre la polla de goma. Con una mano le acariciaba los huevos, con la otra subía y bajaba por el troco de la polla de mi amigo mientras se tragaba el pedazo de glande morado de mi amigo.

    Se sacó la polla de mi amigo y le dijo -puedes tocarme eh

    Pedro cogió el lubricante que tenía al lado de la polla, se echó en las manos y empezó a acariciarle las nalgas que se las quedó bien pringadas.

    Luna cada vez se follaba mas fuerte el pollón de goma, llegando ya con tranquilidad a la base y suspiraba muy fuerte.

    De repente, Pedro, le metió un dedo en el culo. Yo pensé que se iba a quejar como ha hecho siempre, pero en vez de eso se sacó la polla de la boca, empezó a gritar fuerte y se corrió.

    No me lo podía creer, el culo era algo prohibido, pero no se si es que estaba tan cachonda con la polla que tenía delante que le dio igual.

    Siguieron así un rato enorme, Pedro me miró como diciéndome que me uniera, pero yo le dije que no y le hice una señal de ok con la mano mientras con la otra me pajeaba.

    Luna cada vez tragaba mas polla, cada vez le daba sentones mas fuertes a la polla de goma y pedro ya tenía el dedo corazón enterrado hasta el fondo en su culo y parecía estar moviéndolo dentro. De un dedo pasó a dos, y ella en vez de quejarse, se tragaba la polla, se ponía colorada con las venas en la frente, el cuando hacía eso, con la otra mano la apretaba un poco la cabeza hasta la arcada, al salir, le echaba un montón de babas que usaba para seguir manoseándole los huevos.

    -No puedo mas -me dijo- me la voy a follar.

    -Lo que ella diga -le dije.

    Ella ni hablaba, se sacó la polla de la boca, le empujó para atrás. Él se tumbó para atrás. Se sacó la polla de goma y se arrastró sobré él hasta que su polla quedó a la altura de su coño, la cogió con una mano y sin mediar palabra se clavó la polla casi entera y empezó a temblar. Se corrió nada metérsela, de cuclillas, como a ella le gusta.

    Bajó las rodillas subió el culo y bajó con fuerza y se la clavó entera. No hablaba solo gritaba como una animal. él le agarro las nalgas y subió la cintura entrando mas si eso podía ser.

    Volvió a su culo, se puso a darle un masaje en círculos y esta vez le metió 3 dedos. Yo flipaba.

    Se volvió a correr.

    -Vamos dentro -dijo de repente.

    Salimos de la piscina y fuimos dentro.

    Luis se había espabilado y no siguió, la tenía a reventar y se pajeaba sin mediar palabra.

    Luna se llevó a Pedro cogido por la verga. Lo empujó al sofá pero en lugar de sentarse en la polla, se subió de pie, le cogió la cabeza y se la llevó a su coño.

    Él le lamía con ansias y ella apretaba el culo haciendo fuerza con su coño contra su cara, corriéndose una tercera vez.

    Lo empujó y volvió a sentarse sobre su verga.

    Él me pidió el lubricante que yo había cogido de la piscina y volvió a echarse en la manos, volvió a extenderlo sobre sus nalgas y volvió a la carga con su culo. Luna se derretía, estuvieron así un rato hasta que ella le dijo

    -Empótrame.

    Se levantó y se puso a 4 patas, pegando la cara al asiento del sofá y dejando su culo para arriba.

    De un golpe se la metió en el coño. Yo estaba flipando y Luis a mi lado, pajeándose, igual.

    Le metió el dedo gordo en el culo y jugaba con él. ella gemía y apretaba hacia atrás para que no quedara ni un centímetro fuera con cada embestida.

    En una de estas miró hacía Luis y le dijo que se sentara mas cerca.

    Luis obedeció. Empezó a pajearlo y tardó poco en meterse su polla entera hasta la garganta.

    Estaba desando que se uniera, pero nunca había visto a Luna así.

    De repente Pedro la sacó del coño y se echó lubricante en la punta, la verdad es que la cabeza de su polla era casi cónica, es decir, empezaba mas fina y acaba en su pedazo de grosor.

    Se la puso en la entrada del ano, ella se giró pero no dijo nada. Yo lo flipaba.

    Pedro fue haciendo presión y ella puso un poco de cara de dolor, pero entró la cabeza sin problema, se echó mas lubricante en el tallo de la polla y poco a poco empezó a entrar.

    Pero ella lo paró.

    -Me duele -le dijo- mejor en el coño, siéntate.

    Se sentó y ella soltó la polla de Luís y se volvió a sentar sobre la polla de Pedro.

    Saltó 3 veces y volvió a correrse.

    Luis se levantó y se puso detrás de ella.

    Le metió dos dedos en el culo, ella se giró y dijo: Joooder, ¡tu también quieres!

    Pegó su pecho al de Pedro, él le empezó a chupar los pezones.

    Ella cabalgaba con ganas, su culo se veía impresionante, grande, redondo, lubricado…

    Luis acercó su polla a su culo. Ella paró de moverse y la polla de Luis, entró en su culo sin problema, ella abrió los ojos un montón.

    Me miró diciendo que si con la cabeza, con cara de gusto.

    Luis empezó a moverse despacio y Pedro al poquito también.

    Bombeaban sobre ella y ella aunque a veces fruncía el ceño supongo que por algo dolor, poco a poco fue dejando de fruncir el ceño. y empezó a poner los ojos en blanco.

    -Joder como aprieta -Dijo Luis.

    -Uff siii, joder, que buen coñito tienes Luna.

    -Ahhh siii, dale la gracias a mi marido que me consiente.

    Yo estaba super cachondo, me pajeaba despacio, viendo el espectáculo.

    -Ven que te la chupe cariño, me queda un agujero -me dijo

    -Cuando ellos acaben voy yo, no te preocupes.

    Luis empezó a embestir con mas fuerza.

    -Me voy a correr.

    -Córrete en mi culo.

    Y así fue.

    Le llenó el culo de lefa caliente. Él sacó la polla y se tumbó en el sofá.

    Ella empezó a saltar otra vez sobre la polla de Pedro.

    -Que vacío ahora en mi culo, cariño, métemela -dijo mientras ella misma se metía los 2 dedos recogiendo la corrida de Luís.

    -Ahora si -le dije.

    Y le metí mi polla en su culo.

    La verdad es que no aguanté mucho, la jodía apretaba el culo sobre mi polla y notaba las embestidas de Pedro desde el otro lado.

    Creo que no estuve ni 5 minutos. Me corrí enseguida.

    -Lo siento cariño, esto me pone muy cachondo -le dije.

    No te preocupes. Dijo y siguió metiéndose 2 dedos. Pedro tenía un aguante brutal.

    Siguió follándosela, ella pasó a 3 dedos en el culo.

    -¿Y este cabrón no se corre? -dijo cansada y riéndose.

    -Vamos a probar una cosa -dijo Pedro- date la vuelta.

    Luna se sacó la polla del coño y se puso al revés. Iba a volver a metérsela en el coño cuando le dijo.

    -Ya que tienes el culo bien abierto, ¿por qué no pruebas a metértela en el culo controlando tú desde arriba?

    Ella obedeció.

    Se puso la cabeza en la entrada y empezó a apretar.

    La cabeza entró sin problema y siguió bajando hasta meterse la mitad del pollón.

    -Jodeeer ahora si -dijo y empezó a rebotar.

    No la clavaba entera pero si hasta la mitad.

    Y volvía a subir y volvía a bajar.

    Me puse en frente. Tenía el coño rojo y super abierto y el culo se le abría al paso de aquel pedazo de barra.

    Pedro le metió 3 dedos en el coño y empezó a subirlos hacia la pelvis.

    Luna empezó a correrse otra vez.

    -Joder, si que aprieta, me voy a correr.

    Luna giró la cara y empezó a comerle la boca a la vez que empezaba a cabalgar mas fuerte, la polla entro del todo en su culo (no se gasta donde le estaría llegando).

    Terminaron juntos.

    Luna no podía moverse. Pedro tampoco.

    -Buena noche jajaja joder mañana no voy a poder sentarme.

    -Casi me partes la polla cabrona.

    Todos no reímos un rato.

    Nos quedamos dormidos todos en la chaise longe, desnudos.

    Me despertó Luna solo con un tanga y le pelo mojado para decirme que si quería desayunar.

    Desayunamos todos juntos, sin ropa.

    Luna le hizo una mamada de despedida a Pedro, porque decía que tenía el culo y el coño que no podía mas, pero que le había encantado su rabo y quería agradecérselo.

    Luis me pidió que no dijera nada de lo que había pasado la noche anterior, por su mujer, cosa que le dije que lo daba por hecho.

    Pedro en cambio, nos dijo que cuando quisiéramos, fuéramos a su casa en la sierra los dos.

    Que tenía alguna amiga y que lo íbamos a pasar muy bien los cuatro.

    Pero eso será una historia que contaré en otro momento.

    Desde ese día, Luna me deja follarle el culo. No siempre, la verdad, pero las veces que salimos o nos ponemos borrachetes, termino abriéndole el culo.

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  • De paseo con la señora

    De paseo con la señora

    Como conté en mi anterior relato, la vida sexual con mi esposa cambió radicalmente desde su operación. Como dije, mi esposa, Laura, tenía un cuerpo muy bonito, unas tetas recién operadas, de un tamaño mediano, casi grandes. Un culo delicioso, sin ser muy grande, redondo y bien puesto. La verdad que no tengo porque quejarme. Y menos ahora, que después de la operación, se volvió un poco más sexual. Antes de la operación, se cohibía bastante y prácticamente no teníamos sexo. Ahora, después de “arreglar” lo único que no le gustaba de su cuerpo, se volvió más libre y más fogosa.

    La historia que les contaré ahora es de una vez que salimos de fiesta, a despejarnos un poco. Mis padres habían venido de visita y se hospedaban en mi casa. Aprovechamos en dejarlos al cuidado de los niños y nos fuimos a una discoteca, como hace tiempo no hacíamos.

    Fuimos a una discoteca bastante conocida de la ciudad. Bailamos, tomamos, la estábamos pasando muy bien. Como dije, mi esposa tiene un cuerpo muy bonito, así que muchos la miraban. Además, que iba vestida bastante provocativa. Con una minifalda pegada y bien cortita, un top que dejaba ver su abdomen y con un escote medianamente pronunciado que dejaba ver sus nuevas tetas.

    La idea de que la miren tanto, por momentos no me agradaba, pero también me excitaba un poco. A ella le encantaba la idea de sentirse deseada por otros hombres, y le gustaba provocarlos, con bailes sensuales y besos bastantes calientes. Yo me estaba excitando bastante. Nos fuimos a una zona un poco escondida de la discoteca y comenzamos a besarnos desesperadamente, le sobaba las tetas por encima del top, ella metió su mano dentro de mi pantalón. Estaba bastante caliente la escena, que salimos disparados de la discoteca.

    Al salir, fuimos directo al auto. Nos subimos y nos comenzamos a besar en el estacionamiento, metía mi mano debajo de su minifalda y tocaba su vagina por encima de su ropa interior, la cual ya se sentía ligeramente húmeda. Ella sobaba mi pene por encima de mi pantalón.

    -Llévame a un hotel –dijo– así como hacíamos cuando éramos novios.

    -De inmediato –respondí, prendiendo el auto y saliendo en dirección al hotel más cercano.

    La verdad que hacía mucho no iba a un hotel, pero recordaba uno que unos amigos siempre comentaban que era el mejor hotel para coger. No estaba tan cerca, pero al no conocer otro, decidí ir para allá. Tampoco podía llevar a mi esposa a un hotel de mala muerte.

    En el camino, mi esposa abrió mi pantalón, sacó mi pene y rápidamente se lo metió a la boca. Me comenzó a hacer una mamada espectacular mientras manejaba. Yo estaba tratando de concentrarme en el volante, pero me lo ponía muy difícil. Con una mano manejaba y con la otra le tocaba las tetas, las cuales ya estaban fuera del top y del sostén.

    -Amor, si sigues así, vamos a tener que hacer otra cosa que hacíamos de novios –dije.

    -¿Qué cosa? –preguntó, sacándose mi pene de la boca y mirándome.

    -Buscar un lugar oscuro y coger en el auto –dije, sonriendo.

    -Bueno –dijo, sentándose bien en el asiento y sacándose la ropa interior– ya estoy lista.

    Se comenzó a tocar la vagina con una mano, mientras la otra me masturbaba. Me dirigí a un lugar bastante alejado de la ciudad, donde había poca iluminación, me estacioné y tiré el asiento para atrás, recliné el asiento y rápidamente ella se subió y se sentó en mi cara. Comencé a lamerle la vagina desesperadamente, ya estaba bastante húmeda. su sabor era delicioso. Se dio la vuelta y se volvió a meter mi pene en la boca.

    Después de unos minutos, se sentó encima mío y se metió mi pene dentro de un solo sentón. Al estar tan mojada, entró con facilidad. Comenzó a moverse delicioso, aprovechaba para chupar sus tetas, lamer sus pezones y apretar esas hermosas nalgas. Estuvimos así un buen rato, pero por la excitación y lo incómodo del lugar, además del riesgo a ser encontrados, decidimos hacerlo rápido, así que comenzó a acelerar sus movimientos, hasta que nos corrimos juntos. Eyaculé una gran cantidad dentro de ella.

    -Que rico mi amor –dijo, separándose de mí, puso su mano en la entrada de su vagina, recogiendo mi corrida y rápidamente metiéndosela a la boca– que rico sabe tu leche mi amor.

    -Me encanta cuando te pones así –dije– toda una putita.

    Se recostó encima de mí, nos besamos y nos quedamos unos minutos así, abrazados. De repente se vio una luz detrás de nosotros, un auto pasaba. Nos asustamos, se pasó al asiento del copiloto, me subí el pantalón lo mejor que pude y acomodé mi asiento. Pensamos que era un policía, pero solo era un auto que pasaba. Se acomodó las tetas dentro de su top, sin sostén, el cual tiro en el piso del auto, junto con su tanga. Prendí el auto y nos fuimos.

    -¿A dónde vamos? –pregunté.

    -Al hotel pues, tengo ganas de cogerte toda la noche –respondió.

    Nos dirigimos al hotel, al llegar, era una puerta grande, toqué el claxon y me abrieron rápidamente, al ingresar, había una caseta como de peaje. Le pedí una habitación al recepcionista, nos indicó el precio, pagué y nos indicó a donde dirigirnos.

    Había una puerta levadiza levantada, con un gran numero 5 encima. Estacioné el auto dentro y me bajé rápidamente a cerrar la puerta. Laura se bajó y entramos por una puerta de vidrio. Al entrar, había una cama muy grande, una ducha amplia, con paredes de vidrio, en una esquina. Al costado de esta había un lavadero grande y al otro extremo de este, un cuarto con el inodoro. Al entrar, me recosté rápido en la cama.

    -Espérame aquí –dijo Laura, agarrando su cartera y yendo hacia el pequeño cuarto– te traje una sorpresa.

    -Ok, no iré a ningún lado amor –dije, sonriendo– pero no demores, que me desespero.

    Me quité la camisa, el pantalón, los zapatos y las medias, quedando solo con bóxer. Laura demoró unos minutos en el baño. Cuando salió, no pude contener mi cara de asombro. Vestía una muy pequeña minifalda a cuadros, de colegiala, que con las justas le cubría la mitad de las nalgas, las cuales estaban descubiertas, ya que el pequeño hilo blanco que llevaba no le cubría casi nada.

    Encima una blusa corta de color blanco, amarrada con un nudo por encima del ombligo. Tan solo tenía un botón abrochado, con lo que dejaba un escote bastante prominente. No llevaba sostén, por lo que se le notaban los pezones paraditos. También llevaba unas medias blancas hasta los muslos. Y coronaba con unos lentes muy bonitos. Se veía espectacular.

    Agarró su celular y colocó una canción muy sensual. Comenzó a bailar suavemente, moviéndose tan rico como sabe hacer. No sé si lo mencioné antes, pero Laura había sido bailarina desde muy chica, participando en algunos grupos de baile en su juventud. Por lo que el baile era una de sus especialidades. El baile estaba espectacular. Siguió un buen rato, hasta que se quitó la blusa, me la lanzó y no pude más, me levanté y fui hacia ella. La tomé de la cintura y la besé mientras sus tetas se pegaban a mi pecho. Levanté su minifalda y la nalgueé en ambas nalgas. Ella metió su mano dentro de mi bóxer y comenzó a sobar fuertemente mi pene, que estaba completamente erecto.

    Nuestras lenguas jugaban dentro de nuestras bocas. Ella me bajó el bóxer mientras yo deslizaba suavemente su hilo, dejando su depilada vagina libre. Se agachó y comenzó a chuparme el pene de una manera deliciosa. Mientras lo hacía, me miraba con los lentes ligeramente caídos, con una cara de puta increíble. Me estaba poniendo a mil. La levanté, la recosté en el borde de la cama y así, con sus medias, su minifalda y sus lentes. Se veía espectacular. Abrí sus piernas, acomodé mi pene en la entrada de su vagina y empujé con fuerza.

    -¡ay! ¡bruto! Con cariño –dijo.

    -Bien que te gusta, sé que te gusta duro –dije, mientras me movía fuertemente.

    -Sí, pero avisa al menos –dijo entre gemidos.

    Seguí penetrándola muy fuerte, ella gritaba. Mis manos no podían separarse de sus tetas, solo cuando me acercaba a besarlas. Laura se retorcía y se agarraba la cabeza, jalando suavemente su cabello. Unos minutos después, puse sus piernas en mis brazos y la cargué, ella se abrazó de mi cuello y yo la tomé del culo. Comencé a moverme rápidamente, estaba excitadísimo. Laura gemía fuertemente, yo seguía dándole con fuerza.

    Estuve cargándola un rato, hasta que me cansé y me recosté en la cama, Laura se subió encima mío y comenzó a cabalgarme de manera deliciosa, sus tetas saltaban. La vista era espectacular. Sus movimientos eran muy ricos. Como dije, después de dar a luz por segunda vez, perdió las ganas de coger, los movimientos no eran los mismos de cuando éramos novios. Pero después de la operación. Volvió a ser la bailarina de antes, la que se movía delicioso mientras me cabalgaba.

    Después de pasarme varios minutos disfrutando su cabalgata y de chupar sus tetas, me pidió que le dé en perrito. Se colocó en cuatro y desde atrás, volví a penetrarla sin compasión. Le estaba dando muy fuerte y rápido. Después de unos fuertes empujones, se corrió fuertemente y cayó desplomada en la cama, boca abajo.

    -¡Ahhh! ¡Que rico! –dijo, mientras se corría, recostada en la cama– no pares que quiero que me tires la leche en las nalgas.

    Coloqué mis piernas al lado de las suyas, y con el culo paradito, comencé a penetrarla rápidamente. Apretaba sus hermosas nalgas mientras mi pene entraba dentro de su chorreante vagina. En menos de un minuto, comencé a sentir las ganas d correrme.

    -Ahí te va mi amor. ¿Quieres que te bañe el culo de leche? –pregunté.

    -¡siii! ¡dame tu leche! –dijo gimiendo.

    -Toma tu leche entonces perrita –dije, sacando mi pene de su vagina y tirándole un gran chorro de leche en las nalgas -¡ahhh! ¡toma toda la leche perrita!

    Nos recostamos en la cama, abrazados, besándonos. Parecíamos dos enamorados en su primera escapada a un hotel. Era bueno poder retomar esa parte de la relación que por un momento habíamos perdido. Conversamos un poco, luego me dijo que se quería bañar. Fue a la ducha y comenzó a bañarse tranquilamente. Hasta que el muchacho volvió a tomar fuerza. así que decidí acompañarla. Nos bañamos, tranquilos al comienzo. La ayudaba a jabonarse, aprovechaba en tocarle todo el cuerpo.

    -Tienes que mantener todo limpiecito –le decía en tono burlón, mientras metía un par de dedos enjabonados en su vagina y la masturbaba suavemente– higiene ante todo bebé.

    Con la otra mano, metía un dedo en su ano. La tenia de costado, metiéndole dos dedos en la vagina y uno en el ano, mientras lamia sus tetas. Comencé a mover los dedos con más fuerza, hasta que explotó en un orgasmo increíble, gritando fuerte y lanzando un gran chorro hacia el piso de la ducha. Me agaché lo más rápido que pude, pero solo pude recibir una pequeña parte de tremenda corrida.

    Volvimos a la cama y se recostó al borde de la cama, con la cabeza colgando. Abrió la boca y comencé a cogerle la boca. Con una mano amasaba una teta y con la otra la masturbaba, su vagina chorreaba. Me recosté en la cama y se subió dándome la espalda. Su culo se veía hermoso rebotando en mi abdomen. Comencé a darle unas palmadas fuertes en las nalgas, mientras ella se movía de arriba abajo, recostada pegando sus tetas a mis piernas. En un momento, por primera vez, comenzó a besarme y lamerme los pies. Se sentía muy rico.

    Estuvo cabalgando un buen rato. Luego se cansó y me pidió ir al lavadero. Apoyó su pierna en el mesón y levantó el culo invitándome, abriendo sus nalgas. No demoré ni 2 segundos en llegar detrás de ella. acomodé mi pene en la entrada de su vagina y apreté con fuerza, entró rápido ya que estaba bien mojada. Comencé a penetrarla rápidamente. En esta pose, pude ver su ano y comencé a frotarlo. Mojé mi dedo índice con sus jugos y comencé a frotarlo con su ano, lo metí suavemente.

    -Suavecito mi amor –me dijo– si lo vas haciendo despacio, te dejo que me lo cojas.

    Hice caso a su pedido. Fui metiendo cada vez más rápido mi dedo, luego metí dos. Laura gritaba de placer, se comenzó a correr, por lo que aproveché y saqué mi pene de su vagina, para comenzar a presionar en su ano. Entró despacio, pero entró todo. Después de dejarlo todo dentro un momento, comencé los movimientos suaves. Laura metía dos dedos en su vagina para continuar la corrida anterior.

    -¡que rico mi amor! ¡dame por el culito! –decía entre gemidos.

    -Me encanta como me aprieta tu culito mi vida –dije sin parar de penetrarla, ahora ya un poco más rápido y fuerte– te lo quiero llenar de leche.

    -¡no! Recuerda que quiero tomarme tu lechita mi vida –dijo.

    La seguí penetrando por el culo unos minutos hasta que comencé a sentir que me venía, aceleré los movimientos, ella no paraba de gemir y de correrse. Cuando ya estaba a punto de venirme, me separé de ella y le ordené que se arrodille.

    -Arrodíllate putita, para que recibas toda la leche en la boca –dije –abre esa boca bebe.

    -¡si! Mi amo –dijo obediente, se arrodilló y abrió la boca– dale tu leche a tu putita que se va a tomar cada gota.

    -¡toma puta! ¡Ahh! –grité botando dos grandes chorros directos a su boca –trágatelo todo.

    Laura recibió todo en la boca, jugo un poco con el semen en la boca y se lo pasó todo. Después de esto, nos fuimos a la cama y nos recostamos, besándonos apasionadamente. Nos quedamos dormidos un par de horas. Me desperté y Laura estaba recostada a mi lado desatapada, boca abajo, con una pierna doblada. Podía ver su vagina y su ano.

    Me levanté suavemente para no despertarla. Me acerqué a ella por detrás y comencé a lamerle la concha y el ano. Se lo lamia suavemente primero, pero luego comencé a hacerlo más rápidamente. Ella seguía durmiendo, pero gemía suavemente. Cuando comencé a sentir que se movía ligeramente para frotarse contra mi cara, me di cuenta que había despertado, pero no me decía nada.

    Me separé de ella, acomodé mi pene en su vagina y se lo metí suavemente, hasta que entró todo. Luego me comencé a mover rápidamente. Mi cuerpo rebotaba en esas hermosas nalgas. Laura ya no se hacia la dormida. Gemía fuertemente y volteó la cara para mirarme con una cara de puta increíble.

    -¡que rico me despiertas mi amor! Pero no demores que tenemos que ir a casa, para que los niños no se den cuenta.

    -Ok mi amor. Te lo hago rapidito entonces.

    Me comencé a mover más rápido. Sin dejar de penetrarla, la giré para que quede boca arriba, con una pierna en mi hombro. Comencé a amasarle las tetas sin parar de cogerla fuertemente. Ella se frotaba el clítoris y gemía. Después de unos minutos, levanté sus dos piernas y las puse a los lados de su cabeza. Saqué mi pene de su vagina y se lo puse en el ano.

    -¿Ahora si me dejarás llenarte el culo de leche? –pregunté– anoche me dejaste con las ganas.

    -¡si amor! Pero no pares que ya me estoy por venir –dijo desesperada.

    Se lo metí en el ano y comencé a moverme rápidamente. Laura se masturbaba sin parar, ahora tenía dos dedos dentro y los movía fuertemente. Seguí con los movimientos rápidos. Que rico se sentía penetrar ese año. Y más viendo cómo se masturbaba con tantas ganas. De repente, Laura comenzó a temblar, estaba a punto de correrse.

    -¡siii! ¡Ahhh! –dijo fuertemente, mientras un gran chorro salía de su vagina hacia mi pecho, salpicándome en la cara- ¡me vengooo! ¡Ahhh!

    -Que rico mi vida –dije, frotándome su corrida por el pecho– yo también me vengo.

    -¡lléname de leche por favor!

    -¡ahí va tu leche putita! ¡Ahhh! –grité botando bastante leche dentro de su ano.

    Caí rendido encima de ella. Al caer, la besé en la boca. Luego me metí sus tetas en la boca y las lamí desesperadamente. Después de descansar unos minutos, nos metimos a la ducha, nos duchamos y salimos de vuelta a casa. En el camino, volvió a meter su mano en mi pantalón y me masturbó suavemente, mientras con la otra mano se sobaba la vagina por debajo de su minifalda. Llegamos a casa y nos fuimos directo al cuarto. nos acostamos y dormimos un rato hasta que llegaron los niños a despertarnos.

    Fue una noche increíble que tratamos de repetir de vez en cuando. A veces de frente al hotel, a veces con salida casual antes de ir al hotel. Pero siempre terminamos en un hotel.

    Fin

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  • Exquisita ducha

    Exquisita ducha

    Al despertar tuve la sensación de haberte soñado, no recordaba bien qué, pero soñé contigo, sentía en mi cuerpo una sensación extraña, una urgencia de tenerte a mi lado.

    Al bañarme deseaba que succionaras mis pezones, tocaras mis pechos, que los mordieras, que los estrujaras con tus manotas, después al estarme enjabonando al lavarme la vulva, deseé tanto que fueran tus dedos los que estuvieran ahí tocando mi clítoris rodeándolo, frotándolo, estimulándolo haciéndome vibrar…

    Poco a poco fui explorando más, primero metí solo un dedo a mi vagina sentí delicioso, lo moví dentro, sentí mis paredes vaginales contraerse lentamente, después fueron dos dedos, wow, todo mi cuerpo reaccionaba, mi respiración y ritmo cardiaco se aceleraron, era tanta euforia que metí tres dedos, wow…

    Fue delicioso, poco a poco se empezaba a lubricar ahí, sentí ese líquido tibio y viscoso correr por mis dedos, no podía parar, seguían entrando y saliendo mis dedos de mi vagina, así seguí hasta lograr un gran orgasmo, grité, gemí, disfruté mucho; cuando me di cuenta el agua caliente se había acabado, estaba extasiada y feliz.

    Al salir del baño también me di cuenta que ya era tarde para irme a trabajar así que me vestí con lo primero que encontré y salí corriendo con una cara de alegría y satisfacción que no podía evitar.

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