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  • La madre, la hija y yo

    La madre, la hija y yo

    Me inscribí en un curso acelerado sobre fiscalidad, dirigido a directivos de empresa y profesionales del ramo, su duración sería de una semana, impartido por las tardes. Estaríamos sobre unas 30 personas asistentes, algunas mujeres de las que sobresalían dos o tres como máximo, que mereciera la pena fijarse. Cuando esto ocurrió tenía 38 años y seguía divorciado y sin pareja, por lo que instintivamente solía fijarme en las damas.

    El segundo día se sentó en la butaca de al lado una rubia, de cara más o menos atractiva, alta, delgada, buenas tetas, pero bastante desgarbada, con caderas altas y un culo no demasiado bien formado. No se parecía en nada a las protagonistas de los relatos, en los que todas las mujeres suelen ser espectaculares y hacen marear a los varones. Sin embargo, transmitía sensualidad y morbo, sin saber la causa. Comentamos algunas cuestiones y al terminar la reunión la invité a un café.

    Nos presentamos y hablamos de nuestras profesiones y de cosas sin transcendencia. Se llamaba Aurelia, tenía 45 años y había enviudado hacía un tiempo. Tenía una hija de 20 que estudiaba en Inglaterra. Ella era titular de un despacho de consultoría y era una profesional de prestigio, además su marido le había dejado en buena posición económica.

    Hubo empatía desde el primer momento, todos los días nos sentábamos juntos y al terminar tomábamos una cerveza antes de despedirnos. El viernes, último día del curso, fuimos como de costumbre a tomar algo, después sugerí tomar una copa, puesto que al día siguiente no íbamos a trabajar. Las copas se alargaron, la compañía era agradable, ambos estábamos a gusto y surgió lo inevitable, acabamos enrollados, le metí mano, se puso cerda y me invitó a su casa a follar.

    Entramos en casa calientes, nos desnudamos apresurados y follamos como salvajes. La tía era insaciable y tuve que esforzarme en darle todo lo que pedía, follándola por todos sus agujeros, le gustaban todo tipo de desviaciones, era una verdadera guarra. Al día siguiente, después del polvo mañanero, me pidió me quedara el fin de semana. Fui a recoger el cepillo de dientes y algo de ropa. La madura deseaba sexo sin descanso, su coño enganchaba demasiado, así que el fin de semana seguí tirándomela, ella debió pensar había encontrado el macho perfecto y acepté quedarme en su casa.

    Le acompañé en el primer viaje que hizo a Londres a ver a su hija. La hija vivía en una residencia de estudiantes y había empezado no sé qué carrera. Era una preciosidad, rubita, guapa, unas tetitas que inspiraban deseos irrefrenables, supuse que su coñito estaría en consonancia con el resto. Me presentó su madre como su pareja y ella me dio un beso en la comisura de los labios, desde ese momento tuve la impresión de que la hija era tan buena zorrita como la madre.

    Transcurrían los días y Aurelia me tenía agotado. Era una hembra insaciable pero pronto sospeché y llegué a comprobar, se la tiraban más tíos. Al menos dos gerentes maduros de sendas empresas, clientes importantes para su despacho, se la follaban con alguna frecuencia, al parecer ella consentía para mantenerlos como clientes, pero no me cabe duda lo hacía por vicio. Con el tiempo empezó a tener demasiados compromisos de trabajo y llegaba tarde a dormir. Me preocupé de conocer la causa y comprobé estaba liada con una especie de macho alfa de gimnasio, de unos 25 años, que al parecer la dejaba satisfecha a cambio de invitaciones y dinero.

    A todo esto, la hija había regresado a casa para pasar las vacaciones de verano. Ambos teníamos bastante confianza y me hacía confidencias. Ella ya había follado con bastantes amigos y por lo que me contaba, los chicos se la rifaban y ella elegía a los que le daban gusto, vamos una zorrita en ciernes. Andaba siempre ligera de ropa, dejaba la puerta de su habitación abierta y con toda naturalidad se mostraba delante de mí en ropa interior. Eso me obligaba a reprimir a duras penas, mi deseo irrefrenable de follármela, a lo que me tentaba frecuentemente.

    Una mañana estaba en la cama, cuando entró en la habitación con la excusa de buscar una crema de su madre en el baño. Iba solo en braguitas, sus tetas al aire mirando al techo, sus pezones erectos y rosaditos en punta, como los pitones de un torito bravo, su culito respingón, redondito, apretado, sus dos cachetes a la vista y su coñito solo tapado con u triangulito mínimo de su tanga. Hice como que no la veía y seguía durmiendo, pero al salir del baño se sentó en la cama. La tenía a escasos centímetros, a mi alcance, provocando los deseos de un maduro que muchas veces había fantaseado con hacerla mía y ya no pude contenerme.

    La tumbé en la cama y empecé a mamarle aquellos deliciosos botoncitos rosados, mientras ella con sus manos en mi nuca, me atraía y deslizaba sus dedos por mi pelo. Respiraba profundo, entrecortado y aumentando sus palpitaciones y deseo a medida que mis lamidos y caricias le hacían disfrutar. Mi mano bajó a su entrepierna y palpé su tanga mojado. Metí dos dedos por un lado del tanga y rocé su rajita con la yema de los dedos.

    Se estremeció, su respiración se aceleró, su pecho latía con fuerza, se abrió de piernas, le saqué el tanga y metiendo mi cabeza entre sus piernas empecé a lamer aquel coñito delicioso que empezaba a fluir néctares a raudales. Temblaba al succionar su clítoris y cuando mi lengua penetró en su vagina, su cuerpo se estremeció, gemía y pedía siguiera dándole placer.

    No tardó en correrse, gritó a la vez que cerraba sus piernas oprimiendo mi cabeza entre ellas, tensó sus músculos y paró un momento su respiración. La puse boca arriba y arrodillado entre sus piernas rocé con mi polla su vagina mojada y abierta.

    Resbalaba mi prepucio sobre su raja y empecé a frotar sus clítoris con mi capullo a punto de explotar, aumentaba su deseo con mis juegos y sin aguantar más pidió a gritos la verga. ¡Metémela de una vez! Entro de un golpe seco, le di metisaca con dureza un buen rato y se corrió de nuevo. Sus contracciones vaginales provocaron que mi polla estallara con espasmos que escupían mi leche en su coño, que quedó a rebosar de semen, mientras ella seguí viniéndose en un rosario de orgasmos sin parar.

    El resto de sus vacaciones disfrutamos de sexo sin control, aprovechando las ausencias de su madre, encoñada con el chulo de turno. Sofía, así se llamaba, se había hecho adicta a mi polla y no podía pasar un día sin recibir su ración. A mí me pasaba lo mismo con su coño.

    Una noche, que su madre avisó tenía un compromiso y llegaría tarde, estábamos enfangados en nuestra sesión de sexo, cuando apareció antes de lo previsto, pillándonos en nuestra cama fornicando. La hija andaba de amazona cabalgando sobre mi polla, cuando la vieja zorra entró y empezó a dar gritos al vernos. Me llamó pervertido, cabrón, hijo puta, y otros improperios que no puedo reproducir. Cuando se le acabó el repertorio de insultos la agarré de un brazo y la tumbé en la cama, la abrí de piernas con fuerza mientras ella se resistía y gritaba, la dominé, le saqué el tanga de un tirón y se la metí, aun la tenía dura y entró con fuerza excitado aún más por la situación.

    El coño lo traía follado de su nuevo macho, así que estaba bien lubricado y entro hasta el fondo. No tardó en aplacarse la puta con la polla dentro y empezó a moverse para disfrutarla. Sofía viendo la escena, se excitó más y empezó a machacar su clítoris, sin poder aguantarse se sentó en la boca de su madre que no tardó en darle lengua. Se corrieron las dos, una con lengua y otra con mi polla.

    Cambié la posición poniendo a Sofía en cuatro frente al chocho de Aurelia, encharcado de líquidos. Cogiéndola del pelo la amorré contra aquel chochazo usado por mil vergas, mientras se la metía por detrás. Los tres nos lanzamos a un sexo salvaje, gemían las putitas, jadeaba yo llamándolas zorras y guarras, hasta que nos corrimos en medio de jadeos, sudor, líquidos y palabras obscenas. Caímos rendidos y dormimos en la misma cama.

    Cuando despertamos Aurelia empezó de nuevo a dar el coñazo, insultándome por haber follado a su hija; no había manera de que aceptara la situación y la disfrutara, tan insoportable se puso que hice las maletas y me fui a mi casa.

    No tardó Sofía en llamarme, preocupada por la situación creada y seguramente por temor a quedarse sin polvo. Los días que restaban de sus vacaciones, venía a mi casa por las tardes y se iba con sus expectativas bien cumplidas, la hija tenía el vicio en el cuerpo por naturaleza.

    Cuando regresó a Inglaterra al inicio de curso, seguimos en contacto y en alguna ocasión iba a visitarla y nos encamábamos en la habitación del hotel todo el fin de semana. Pronto empezó una relación formal con un chico y evité seguir visitándola para no entorpecer su noviazgo. Cuando venía de vacaciones no dejaba de visitarme y follábamos sin descanso.

    A medida que pasaba el tiempo estaba más buena, se había convertido en una hembra espectacular, habían aumentado sus tetas, el coño más sabroso, y había aprendido prácticas sexuales que le permitían gozar como una ninfómana. Era toda una mujer viciosa y apetecible para estar cogiendo todo el día sin descanso. Tuvo varios novios y al final acabó por decidirse y casarse. No falté a su boda y dos días antes celebramos su despedida de soltera pasando la noche juntos. Fue nuestro último polvo.

    El día de la boda me reencontré con su madre que asistió acompañada del semental de turno. Se había hecho un estiramiento de piel y alguna cirugía que le permitía tener un aspecto juvenil artificial. Nos saludamos por mera cortesía y jamás la he vuelto a ver.

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  • Además me arregló el aire acondicionado

    Además me arregló el aire acondicionado

    Estaba arreglando la casa, soy mujer y vivo sola y de vez en cuando tengo que hacer una revisión de cosas que se acumulan y poner mi casa en orden y en ello estaba cuando además del calor reinante, se puso el aparato del clima a hacer ruidos extraños y se paró, lo cual convirtió la casa en pocos minutos en un verdadero horno, me duché y no tuve más remedio que llamar al taller indicado para reparaciones, diciéndoles que era urgente, tuve que rogarles, pues parece ser que tenían muchas llamadas, pero con voz lo más dulce posible, convencí al encargado que vendrían enseguida.

    Estaba en la ducha de nuevo, para refrescar aquel enorme calor que reinaba y llamaron al timbre y poniéndome una bata de baño por encima, sin aun secarme acudí a abrir y ya por la mirilla, pude observar un dios griego con mono de mecánico, que me hizo dar vuelta al corazón y sin más abrir la puerta. Lo hice entrar y mientras le explicaba donde estaba el motor y aparato del clima, notaba sus ojos taladrándome mi bata de baños mi entrepierna ya que por la abertura se veían los muslos recién duchados.

    Ni se fijó en el aparato solo me dijo que lo arreglaría todo, para que me entrara el fresquito y no sufriera más el calor y todas las palabras note que les daba una entonación especial. Le dije que le dejaba solo y que yo iba a terminar de arreglarme en la ducha y apenas había cerrado la puerta de ella, y mi bata había caído el suelo ya me había abrazado y dándome la vuelta, sus labios sellaron los míos impidiendo una protesta posible, pero que yo no había iniciado ni pensaba iniciar, sus manos acariciaron mi espalda y note su aspereza, al pasar por mi tersa piel y pronto su traje de buzo mecánico estaba saliendo de su cuerpo a patadas.

    Mientras me mantenía en el aire y su aparato varonil en plena erección se colocaba entre mis piernas, mientras me preguntaba donde estaba el dormitorio para que me pudiera poner cómoda le indique casi sin hablar y en el aire me condujo a mi cama aun sin hacer, me dejo encima con suavidad y acabo de quitarse lo poco que le quedaba.

    Yo estaba entusiasmada viendo aquel aparato sobre mi, mientras todo su velludo cuerpo quedaba al aire y mis jugos ya eran incontrolables abrí mis piernas y desee con todo el cuerpo que me penetrara, pero no era esa su intención primera, comenzó a besarme la cara los bellos aun mojados, los senos y yo comencé a retorcerme ante este ataque, que seguía por mi cuerpo pronto eran mis senos los atacados por sus labios y su lengua imparable y mi terso vientre, deteniéndose lentamente en mi ombligo en el que sentí su lengua taladrándolo mientras ya sin control yo culeaba y levantaba mi trasero pidiéndole sin palabras que me penetrara de una vez.

    Mientras mis manos acariciaban su cara sus cabellos y sus hombros y arañaba su sudorosa espalda, el sudor nos inundaba, sentía caer sus gotas sobre mi cuerpo y el olor al macho inundaba mis sentidos. No pude resistir mas y le pedí a gritos que me poseyera, que yo no soportaba más esto y sin pensarlo mucho, sentí como lo hacía.

    Mi gruta estaba de mis jugos propios y el sudor sufriendo una inundación de humedad y el ruido de nuestras carnes y el sudor fue como un canto de fieras haciendo su labor de procreación, y al poco mi orgasmo se unió al de él y nos volvió a la realidad de la belleza del sexo, quedamos exhaustos y entonces él me dijo “creo que en lugar de arreglar el calor te he metido más calor en el cuerpo, voy a arreglar el aparato frigorífico descansa que pronto acabo, no te muevas”.

    Y de un salto tal como estaba desnudo como Apolo, tomó el camino de la cocina y le oí manipular con sus herramientas mientras yo empapada de sudor seguí en la cama, esperando que aquello no tuviera fin y deseando que la reparación fuera un rápido trabajo y volviera a mí, pero no pude resistir el ir de nuevo al baño y ponerme bajo la ducha a intentar refrescar aquel horno que era mi cuerpo, mientras oía que me decía: “¡ya termino te voy a poner toda la casa fresquita!”.

    Me sequé y me tiré de un salto en la cama cuando comencé a sentir las oleadas de aire fresco, que llegaban ya del frigorífico, mientras él gritaba desde la cocina: “Ya está, ¿sientes el fresquito? No te muevas que pronto voy a terminar mi trabajo”. Tan pronto oí esas palabras comencé a humedecerme de nuevo, tomé un frasco que siempre está en mi mesa de noche y aproveché para ponerme en determinadas partes de mi cuerpo y a esparcir por el ambiente desde mi cama, me hubiese gustado gritarle, que viniese rápido

    Pero no quise acelerar nada, y esperar aun unos minutos que me parecieron eternos, pero ya el ambiente se iba refrescando y cada vez era más agradable estar allí tendida en la cama con las piernas bien abiertas.

    Apareció de nuevo un Apolo y ya tenía su palo como un vengador duro como el mástil de una bandera y se acostó a mi lado y comenzó a besarme con suavidad, primero los labios, la cara, mis orejitas, mi hombro y llegó a mis senos hambrientos de caricias y nuevamente erectos mis pezones y los fue alternado en chuparlos como un bebe hambriento mientras su mano, me abrió mi coñito con dos dedos y otro de la misma mano, me acariciaba mi clítoris, en suaves círculos alrededor, que me volvían frenética y mi culo se levantaba pidiendo que me penetrara, pero su idea era otra.

    Esta vez no tenía prisa, era yo la que tenía prisa, mi ansiedad aumentaba por segundo y tan pronto note que sus labios se acercaban a mi coñito y lo besaban no pude aguantar más y un enorme orgasmo sacudió todo mi cuerpo, haciendo temblar toda, pero el siguió y ahora note que era su lengua la que recorría mis labios interiores y pasaba por mi clic, fue hundiendo su cara en mi cosita mientras su culete subía hasta mi cara y subiendo una pierna colocó ante mí su mástil en una muda invitación a que lo chupara, no lo dude y comencé a chupar aquel delicioso trozo de carne dura y palpitante, mientras sentía que el aumentaba sus movimientos de lengua en mi interior y con ambas manos agarraban mis nalgas y las apretaban contra su cara.

    Podía oír el ruido de sus labios al lamer mi coñito con toda la humedad de mis jugos y una de sus manos comenzó a acariciar la hendidura de mis nalgas y rozar mi agujerito, llenándolo de mis jugos y su saliva, hasta que uno de sus dedos me penetró y sin poderlo evitar se escapó un grito de mis labios y apreté mi ano fuertemente, no insistió porque su pene comenzó a expulsar sus chorros de semen en mi boca en tal cantidad que no pude evitar tragar la mayor cantidad de lo que expulsó y el resto cayo por la comisura de mis labios, hasta mis hombros para terminar entre mis senos su potente verga.

    Se colocó bien a mi lado y me preguntó si estaba satisfecha y le di un si con un gracias de corazón y me añadió “ahora si quieres acompañarme nos duchamos pues de lo contrario, mis jefes te van a cobrar todo este tiempo”. Le acompañé, él se vistió y recogiendo sus herramientas me dijo “hasta la próxima” y con una largo beso se despidió en la puerta, después de yo firmarle un papel de la reparación.

    Quedé tendida en mi cama oliendo su olor de macho y recordando cada minuto que había pasado con él.

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  • Los cuernos con dinero, son menos cuernos

    Los cuernos con dinero, son menos cuernos

    Marga trabajaba como comercial en una empresa del sector informático. Su edad, 37 años, sin estar casada, vivía con su pareja desde hacía 8 años.

    Todos los días, realizaba la rutinaria visita por la oficina, para después ir a ver a los clientes que tenía encomendados, para regresar, poco antes de irse a casa, de nuevo a las instalaciones de la empresa que la tenía contratada.

    Marga era una mujer de carácter afable, lo que había hecho que se ganase el cariño y la amistad de sus clientes. Siempre tenía tiempo para dejarse invitar a un café, y una breve charla sobre la vida, familia, circunstancias personales.

    Aquella mañana primaveral, entró en las oficinas que regentaba Pedro, un hombre joven, al que aún le quedaba algún año para llegar a la treintena. Como siempre, le presentó los nuevos productos y este le hizo el nuevo pedido. Antes de marcharse, el cliente ofreció a la mujer prolongar su charla desayunando en el bar que se situaba, justo en frente de la oficina.

    Marga comentaba que había comprado un piso, a medias con su novio, cuya mudanza al mismo, estaba prevista para dentro de 5 semanas, sus agobios con los muebles, la hipoteca, instalaciones, y sus problemas económicos que conllevaban todos los gastos a los que tenía que hacer frente.

    Pedro, por su parte, como propietario de un pequeño, pero próspero negocio, no tenía problemas económicos. Le agradaba la compañía de Marga, pero siempre mantuvo la distancia, tal y como aconsejaba el buen fin del negocio.

    El hombre charlaba amigablemente, y le comentaba que iría a la boda de su mejor amigo en dos semanas, y que el próximo sábado, sería la despedida de soltero.

    Pedro despejaría parte de la nave donde desarrollaba su negocio, para poder realizar la fiesta.

    —¿Qué vais a hacer en la fiesta?, —preguntó inocentemente la chica.

    —Pues básicamente lo que es una despedida de soltero. Traeremos comida, mucha bebida, y contrataremos a una chica que nos haga un striptease… Vamos, lo normal.

    —¿Un striptease?, —volvió a preguntar Marga.

    —Si, claro, traeremos una chica, y se desnudará para nosotros. Algo inocente, pero tradicional entre amigos. La verdad es que yo soy quien me encargo de su contratación. Esta tarde la llamaré para concretar los detalles. En realidad, hace el agosto con nosotros, porque por un trabajo que no será más de una hora, vamos, no creo que llegue a la mitad de ese tiempo y se llevará 1.500 euros.

    —¿1.500 euros? —Exclamó Marga—. ¿Por una hora de trabajo? Eso es más de lo que yo cobro en un mes.

    —Si, si, dijo Pedro, pero en este caso, ella baila y se desnuda para nosotros.

    —Yo, por ese dinero, también lo haría, —respondió ella entre la envidia y la picardía.

    Pedro contempló ahora con relajo a la mujer. Sus pechos eran enormes, y siempre llamaba la atención el tamaño de sus tetas, y sus dificultades, a veces, para taparlas cuando el vestido tenía cierto escote. A pesar de su edad, se mantenían firmes.

    —Bueno, pues yo soy el encargado de llevar a la gogó el sábado. Dime ahora mismo si te interesa hacerlo tú, y cerramos el trato ahora mismo. Eso si, no puedes fallarme después, puesto que ya no tendría oportunidad de encontrar a otra persona en tan poco tiempo.

    Marga se mostró nerviosa.

    —Pero… yo tengo 37 años, no soy ya una jovencita, que supongo que será lo que buscáis, No sabía que decir. —Muchas cosas pasaron por su cabeza, entre ellas la relación con su novio, quien no permitiría que su mujer bailase desnuda ante un grupo de hombres.

    —A mí me pareces preciosa para hacer el baile. Sólo dime si estás interesada, y los 1.500 euros serán tuyos. No será más de media hora.

    —¿Puedo darte mi contestación esta tarde? —Preguntó ella.

    —Por supuesto, he quedado en llamar a la stripper a las 7 de la tarde. Tienes hasta esa hora para darme una respuesta, sino lo haces, la contrataremos, aunque la verdad es que me gustaría que lo hicieras tú.

    —Sólo una pregunta, Pedro. ¿El desnudo será integral? Nunca he visto un striptease, no sé si llegan a quedarse desnudas las mujeres que se dedican a esto.

    —No, normalmente suelen usar un pequeño tanga. Si alguien te ofrece algo más por quitártelo, y tú aceptas, más dinero para ti. Sino lo hacen, o simplemente, no te apetece, el trabajo terminará ahí.

    La mujer estuvo muy nerviosa durante todo el día. Dudó en llamar a su pareja, aunque no lo hizo a sabiendas que no lo aprobaría, pensó llamar a alguna de sus amigas para desahogarse, pero ellas siempre habían criticado lo estúpidos que eran los hombres al irse a locales de striptease. Al final, no habló con nadie, y pensó que el dinero le vendría muy, pero que muy bien, de cara a sus próximos gastos. Por fin, a media tarde, Marga aceptó hacer el espectáculo el próximo fin de semana.

    —Pedro, aceptaré, sólo te pido una cosa. Que esto no salga de este círculo, y por supuesto, que no se enteren en mi empresa, nadie, absolutamente nadie. —El hombre aceptó sin dudar, asegurándole que en su trabajo nadie se enteraría.

    Durante los días que pasaron hasta la fiesta, Marga dudaba sobre lo acertado de su idea, pero unos gastos imprevistos a la hora de terminar con la instalación de los muebles, cortinas e iluminación, le quitaron cualquier duda que le pudiera quedar. Tal vez, lo que más le apesadumbraba era que Pedro la viese desnuda, porque era con el único con quien seguiría teniendo relación los días siguientes.

    Para poder ir a su trabajo, fingió una cena con sus compañeras, de tal forma que la coartada quedó encajada ante su novio, y podría tener la noche libre.

    Ya contaba con todo lo necesario. Una minifalda, un short, y un bonito conjunto de tanga y sujetador, que le serviría para celebrar con su novio el estreno de la nueva vivienda, que compartirían próximamente.

    Por la noche, a la hora convenida, Marga entró en el local. No eran muchos los hombres que se encontraban en el local que Pedro había habilitado para la fiesta, en torno a doce, pero lo que no esperaba es que fueran todos muy jóvenes, que ninguno de ellos la superase en edad.

    Pedro, primero le presentó a Nacho, el novio, quien iba disfrazado como de forma ridícula como correspondía a la situación y posteriormente la acompañó a un despacho vacío, donde se cambió de ropa. Pensó que se sentía ridícula y que pasaría una vergüenza enorme a la hora de bailar y desvestirse ante aquellos chicos.

    Cuando salió, su “patrón” la esperaba para acompañarla al lugar donde haría el baile. Habían colocado unos palés que harían de improvisado escenario. Antes de salir, pidió beber algo fuerte, que la envalentonara ante aquella situación. Casi de forma oculta, bebió dos medios vasos de whisky.

    Pedro ya había comunicado en privado a todos los hombres que sería una proveedora suya quien haría el espectáculo, una chica un poco más mayor, pero con el morbo de no ser una profesional.

    Todos le preguntaban si había tenido algo con ella, a lo que respondía que la mujer tenía pareja, y que respetaba esas cosas. Todos hacían comentarios al respecto, ser gogó y tener novio a la vez, una mezcla explosiva. Él la defendía como podía, reseñando que lo hacía sólo por dinero.

    Por fin Pedro pidió silencio a todos, indicando que iba a empezar el espectáculo.

    El silencio se impuso brevemente, hasta que de nuevo el griterío y el aplauso inundaron la sala mientras Marga bailaba.

    Mientras se movía al ritmo de la música, comenzó a desabrocharse lentamente el short, que estaba abotonado por delante, hasta que su sujetador quedó al descubierto. Sus pechos también seguían el ritmo de la música, y el top, lo retiró tirándolo al suelo.

    Siguió bailando, y los muchachos aplaudían. La timidez había desaparecido, al menos de momento. Lo más difícil ya había pasado, que era el comienzo del espectáculo.

    Ahora le tocó el turno a su falda. Una cremallera lateral, la hizo caer al suelo por efecto de la gravedad. Su precioso tanga quedó a la vista de todos los hombres que comenzaron a aplaudirla.

    El baile siguió hasta que con movimientos provocativos, como si fuese una profesional, iba desplazando el sujetador, lo que permitía ver casi la totalidad de sus tetas, y a veces los pezones.

    Con un movimiento, sus manos se depositaron detrás, y desabrochó el sostén. Ella iba apartando poco a poco los cazos hasta que por fin se lo quitó.

    Siguió bailando, un chico, al más puro estilo americano, le metió un billete de 20 euros en el lateral del tanga.

    Marga permaneció bailando unos minutos más. Los chicos le pedían que se desnudase totalmente, hasta que haciendo un gesto a Pedro, le solicitó parar.

    Todos los muchachos sacaron dinero y lo depositaron sobre el improvisado tablado. Habría una cantidad similar a la que le habían dado por ir al espectáculo, 1.500 euros. Muchas cosas pasaron por su cabeza. Por un lado, eso era ya otro tipo de traición. Una cosa era enseñar las tetas, que no era nada, y otra el coño. Eso si, estaba segura que su novio, no habría aprobado ninguna de las dos cosas.

    Por fin, sin tardar demasiado, Marga cogió el dinero y lo depositó junto a sus cosas, en un lado del tablado, y comenzó a bailar de nuevo.

    Agarrando los laterales de su braguita, fue bajándola, dando placer visual a todos los jóvenes. Estos no pararon de jalear mientras esto ocurría, y los minutos siguientes, en los que la muchacha siguió bailando, ahora ya, sin nada de ropa. Su sexo, depilado, con tan sólo dos dedos de pelo por encima de sus labios vaginales, y muy recortado, quedó a la vista de todos los hombres.

    Por fin terminó el baile, en el que todos aplaudieron a rabiar. Marga se puso una bata que llevaba preparada para no tener que ir desnuda a su vestuario, una vez hubiera terminado el espectáculo. La cerró con la única cinta que tenía, a la altura de la cintura.

    Pedro habló con ella.

    —¿Ves? No ha sido tan difícil, te has llevado 3.000 euros sólo por bailar un rato.

    —Por bailar, y por desnudarme, ¿no? —Contestó ella con un tono entre enfadado y sarcástico. Había ganado mucho dinero por un rato, pero pensó que no sabía si sería capaz de volver a mirar a la cara a Pedro.

    —Marga, —requirió Pedro—. A cuatro de nosotros nos gustaría poder tocarte y acariciarte, sólo eso….

    La mujer, al escuchar la proposición, negó inmediatamente.

    —Somos cuatro, entre ellos, estamos el novio y yo. Te tocaríamos, te acariciaríamos, y con esto te ganarías otros 3.000 euros. Lo mismo que has ganado bailando esta noche.

    La negativa tan rotunda de unos segundos atrás, se cambió por un gesto de duda.

    —Sólo serían unas caricias, y total, ya te hemos visto desnuda. Todo lo que has hecho, sé que no lo apruebas, pero te llevas un dinero que te vendrá bien para tu piso, y si aceptas dar un paso más, aún conseguirás poder hacer un pequeño viaje.

    Mientras hablaba con ella, Pedro tenía el dinero en la mano, lo que hizo que ella lo cogiera y preguntase: —¿En donde lo haremos?

    La sala de juntas fue el lugar que eligieron. Tenía un cierto morbo el sitio. Cuando llegaron los cinco, le dijeron a Marga que se tumbase encima de la mesa. Lo hizo, y le situaron las manos hacia atrás. Pedro fue el encargado de tirar del cinturón que amarraba su bata, y de nuevo quedó desnuda ante varios hombres, aunque ahora el juego pasaría la línea de un simple baile

    Uno tras otro, una mano tras otra, fueron acariciando su cara, sus pechos, sus piernas, y sobre todo su sexo. Otro de los hombres, le recordó que por 3.000 euros debía abrir mucho las piernas, y dejar que sus dedos se introdujeran por todos los agujeros de su cuerpo.

    Marga sabía que llevaba razón, e hizo lo que le mandaron. Se dejó tocar, besar y sobre todo, lo que más le gustaba, puesto que siempre, los dedos, terminaban en su coño.

    Todos se daban cuenta, que cada vez la vagina de Marga estaba más húmeda, y los dedos se deslizaban más lentamente. Sus pechos también estaban más erectos. Sin querer, se estaba excitando.

    Pedro intentó que les permitiera llegar a más, pero sabía que eso si sería una traición en toda regla hacia su pareja.

    —¿Quieres más dinero? —Preguntó Pedro.

    Ahora Marga se sentía entre la espada y la pared. Con cuatro hombres al menos diez años más jóvenes que ella se sentía guapa, mucho más guapa, pero no podía avanzar más.

    Pedro, y los otros dos hombres, a excepción del novio, continuaron tocándola, metiendo y sacando sus dedos, tocándola por todos lados, a la vez que se masturbaban. Todos ellos se corrieron, dejando su semen encima de su cuerpo.

    Marga se limpió con su bata. Pero ahí quedaba el novio, quien sacó su pene.

    —A ver guapa, no vas a negar el capricho al novio, ¿verdad?

    La mujer negó con la cabeza, aunque no hizo ningún movimiento para impedir la penetración. Se mostraba excitada, incluso comenzó a gemir de forma sonora. El pene entraba y salía por su lubricada rajita, mientras los otros hombres la contemplaban. A la vez, le iba tocando su clítoris, lo que hizo, que antes de llenar el coño de Marga con su leche, comenzó a gritar de placer, y tuvo su orgasmo. Unos segundos después, Nacho se corrió encima de ella.

    Cuando terminó, la chica se sintió apesadumbrada. Había sido infiel a su novio por primera vez, pero al menos podría costearse todos los gastos que le venían, incluso darse un capricho. Al fin y al cabo, los cuernos con dinero, son menos cuernos.

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  • Polvo lunar

    Polvo lunar

    Nadie dijo que escribir un artículo científico iba a ser fácil. Menos aún si el tema es tan etéreo e intimidante como la exosfera de polvo de plasma lunar y los analizadores de iones y neutros energéticos. Pero lo verdaderamente difícil, lo realmente peligroso… era él.

    En la facultad todos sabían que el Departamento de Astrofísica Aplicada estaba lleno de mentes brillantes y egos aún más grandes. Ningún profesor quería guiar un nuevo artículo, todos estaban ocupados con sus propios proyectos, sus viajes a conferencias, sus doctorandos favoritos. Y ella, solo una estudiante más, con la presión de publicar para poder graduarse.

    —Tienes que hablar con él, —le dijo la decana, bajando la voz—. Apolo. El profesor Apolo.

    El nombre le resultó familiar. Había oído rumores: que era brillante, que había trabajado en misiones lunares reales, que hablaba poco, pero observaba demasiado. Y, por supuesto, que no aceptaba estudiantes fácilmente.

    La primera vez que lo vio fue en un pasillo casi vacío del centro de investigación. Iba sin bata, con una camisa remangada y una carpeta en la mano. Llevaba gafas sin marco y su mirada era como una lectura espectral: invisible, pero exacta.

    —Así que tú eres la que necesita salvar su tesis con una publicación —dijo sin mirarla directamente—. Ven mañana al gabinete 412. Si llegas tarde, olvídalo.

    Ella no durmió esa noche. Y al día siguiente estaba frente a la puerta 15 minutos antes.

    El gabinete era pequeño, con maquetas de satélites y una pizarra completamente llena de ecuaciones. Allí dentro, comenzó algo más peligroso que la carrera espacial: la atracción intelectual.

    Apolo explicaba conceptos con frases cortas, a veces con dibujos. No la halagaba, pero tampoco la ignoraba. La exigía. Y esa exigencia la encendía. A veces no entendía si estaba en un laboratorio… o en una danza.

    —Nos invitaron a presentar en una conferencia en Ginebra. Solo hay un pasaje —dijo él una tarde, sin apartar la vista de la computadora—. Si quieres ir, tendrás que convencerme de por qué tú y no yo debo presentarlo.

    Ella lo miró. Sabía que había algo más en el juego. Algo no dicho. Algo que latía entre párrafos de análisis espectral y gráficos de emisión de iones.

    Se fue de ese lugar una sensación muy extraña. Pasaron los días.

    Ella se dirigió al gabinete 412 con el pretexto de necesitar ayuda para desarrollar el artículo científico. El ambiente olía a peligro y promesas rotas. Caminó por los pasillos fingiendo interés por los títulos técnicos, pero su cuerpo vibraba con una tensión apenas contenida. Hacía tiempo que no sabía de él, y la última vez que hablaron de su proyecto no logró avanzar casi nada.

    Se sentó en su sitio habitual, con el corazón latiéndole más rápido de lo que admitía. Él estaba frente a ella, serio, enfocado, pero no del todo. Ella sacó de su bolso una paleta sabor mango y, sin decir una palabra, empezó a chuparla con descarada lentitud. Sabía que eso era un acto desenfrenado, y aún más provocador era el modo en que lo hacía: su lengua se deslizaba por el dulce como si cada lamida llevara un mensaje oculto.

    Él se mantenía en su lugar, pero sus pupilas le delataban. El chasquido del polvo picante que traía el carmelo, los labios húmedos de Afrodita, y la tensión creciente entre ambos hacían del silencio algo casi insoportable.

    Ella notó cómo él comenzaba a ceder, como si le perdonara, convirtiendo el escenario de una redención cargada de deseo.

    —¿Te gusta cómo lo chupo? —susurró ella, con la paleta ya a medio derretir, dejando un brillo naranja en sus labios.

    Él no respondió, pero ella notó el leve temblor en sus manos. Se incorporó con gracia y se deslizó hasta su lado. Fingiendo buscar algo en su bolso, dejó caer una hoja, obligándolo a agacharse. En ese instante, rozó su muslo con el dorso de la mano. Un roce mínimo, pero incendiario.

    —Si no quieres, me detengo aquí —le susurró al oído.

    —Cierra la cortina —fue su respuesta, seca, autoritaria.

    El cubículo tenía una vieja cortina de lona, más simbólica que útil. Afrodita la corrió y volvió a sentarse frente a él. Despacio, se desabrochó los primeros botones de la blusa. No llevaba sujetador. Él tragó saliva, sus ojos fijos en el vaivén de sus pechos apenas contenidos.

    Ella se levantó. Se inclinó sobre la mesa, haciendo que uno de sus senos rozara los papeles entre ellos. Él acercó el rostro, la besó con hambre. Su lengua exploró sin pudor.

    —No nos pueden ver, pero sí nos pueden oír —le dijo ella mientras se subía sobre él, quedando a horcajadas en sus piernas.

    Él no dijo nada. Sus manos subieron por debajo de la falda, sintiendo el calor húmedo que ella ya no podía disimular. Ella se mordía el labio, luchando por no gemir.

    Ella tomó su miembro por encima del pantalón, acariciándolo, sintiendo cómo se endurecía con rapidez. Con movimientos calculados, lo liberó. Todo quedó en pausa, como si el tiempo mismo se hubiera detenido.

    —No hay condón —dijo él entre jadeos.

    —No necesito uno. Solo quiero sentirte. Ahora. Aquí.

    Durante varios minutos ella friccionó la tela de su pantalón con su entrepierna. Encendiéndolo, pero sin perder la cordura. Cuando ella acabó tuvo que usar un pañito húmedo para limpiarlo. A partir de allí compartieron el gabinete, el vuelo, incluso el hotel.

    El artículo avanzaba. Pero también avanzaba la tensión. Ella comenzó a vestirse diferente. A dejar el cabello suelto. A leer sus propias notas con voz baja mientras él revisaba los datos, como si su lectura fuera una caricia.

    Una noche, en la habitación del hotel, corrigieron juntos el último gráfico. La cama estaba deshecha. El silencio era pesado.

    —¿Sabes qué es lo más inestable en una exosfera de polvo lunar? —preguntó él de pronto—. El momento justo antes del colapso.

    Ella no respondió. Solo se acercó. Lo demás fue física de cuerpos: movimiento, calor, fricción… y un estallido de energía sin ecuaciones.

    Al acabar ella se deslizó sobre él con un gemido contenido, una mano cubriendo su boca. El ritmo se volvió frenético, pero sus movimientos eran suaves, precisos, como si cada embestida estuviera coreografiada por el deseo más animal y prohibido.

    Sus uñas se clavaban en sus hombros. Apolo apretó los dientes, tratando de no rugir. Cuando ella volvió a alcanzar el clímax, todo su cuerpo tembló, y el suyo la siguió apenas unos segundos después.

    Ella se levantó con cuidado, cerró su blusa, y se acomodó la falda.

    —Creo que con esto ya tengo material suficiente para mi artículo —dijo, sonriendo mientras recogía su bolso.

    Y él, aun jadeando, supo que jamás podría volver a su gabinete sin recordar esos instantes de pura transgresión.

    El paper fue aceptado. La universidad la felicitó. Pero nadie supo lo que realmente ocurrió entre ecuaciones. Solo él y ella sabían lo que se había intercambiado más allá de los datos: secretos, miradas, y una sumisión que no era científica.

    Pero el gabinete 412 aún guarda sus huellas.

    Y su historia… mantiene las cenizas.

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  • Cuñada muy puta

    Cuñada muy puta

    Me “hago los ratones” con mi cuñada, desde que mi novia me presentó a Perla, doce años mayor. En sus treinta y pocos, exhibe una contundente belleza que me dejó loquito, rápida supo leer la pasión que despertó en mis jóvenes veintiún años.

    Fue madrina de nuestro apresurado casamiento, en la fiesta no pude menos que elogiarle los deliciosos atributos que se prometían en el generoso escote. No dejé dudas de mi admiración por ese par de tetas que harían la delicia de un goloso como yo, halagado el ego de mujer, asintió con graciosa sonrisa, que mi condición de calentón decodificó como posible ir por más.

    En la fiesta pagada por el padre de la novia corrían los brindis a discreción, en uno de ellos y el alcohol como excusa me insinué diciendo que me quita el sueño, simulando que me había pasado de tragos, tuve la osadía y el descaro de ir al frente, que me enganché con Luisa para estar cerca de ella. Acusó el golpe, sorpresa y duda, relajaba el autocontrol, se dejó llevar por la desfachatez del novio, tal vez, “entonada” por el champán o seducida por más de medio año de abstinencia de “carne en barra”, me deslizó al oído:

    —Al sentenciado al matrimonio, se le concede una última voluntad… ¿Que pide el condenado?

    —¡A ti!… —era lo que esperaba y seguí— Si, tú eres la Perla, ¿cómo será… la ostra?

    —¿La ostra? ¡La mejor! ¡Ni te lo imaginas cómo! —Aprieta mi mano y suspira…

    —Te creo, aunque…

    —Pará de hacerte los ratones, esta noche tienes una almeja donde esmerarte, pero… guarda algo de resto para esta ostra jugosa que te estará esperando…

    Nos comunicamos tan pronto llegamos de la luna de miel, tampoco fue nada del otro mundo, con el embarazo a mitad de camino el sexo con mi mujer no era una novedad.

    Nos invitó a su quinta el primer fin de semana largo. La promesa pendiente, atracción mutua, miradas que podían derretir el hierro de la verja, roces osados. A tanto llegó que, en un aparte de la reunión familiar, sentados frente a frente separó bien las piernas para que pudiera apreciar y regodear mis ojos mirando entre sus piernas, el vello púbico se ofrecía poniendo sombras donde debía haber parte de la tanga.

    En este juego de alto contenido erótico Perla gozaba ver como hacía para disimular el efecto de su exhibición en la bragueta.

    La noche pasó calenturienta, plagada de roces y toqueteos bajo la mesa.

    Me levanté temprano para matear (infusión de mate cebado), esperando… Llegó, me encontró mirando por la ventana, apoyó su cuerpo contra mi espalda, la dos tetas que me quitan el sueño, el perfume de sus feromonas a full, dicen que es ella, sin voltear busco su entrepierna, bajo la mini, no trae bombacha, entré en el suave vello, llego a la ostra caliente y húmeda.

    —¡Ah, ah… sentí que ostra tiene la Perla!

    —¡Vamos fuera! ¡Nos pueden dar la cana (pescar in fraganti)!

    Nos metimos en un galponcito que se usa para guardar las herramientas de jardinería, trancamos la puerta, desnudo total, exhibe orgullosa mi debilidad, sus tetas, carne firme y vigorosos pezones.

    La senté sobre una mesa de labor, lamí y mamé la desafiante ostra, calentura atroz, palabras obscenas y soeces expresan su calentura descontrolada.

    Pretender acallarle los gemidos, era como querer tapar el sol con un dedo, volcán en erupción, se tendió sobre la mesa, piernas levantadas, el cráter pletórico de jugos se ofreció al macho sediento.

    Labios abiertos, aleteando febril deseo, el vello púbico brilla húmedo de jugos, con los dedos abre y expone su sexo, la sonrisa vertical reclama atenciones.

    Entre sus piernas, lamí la roja cereza que corona la entrada del placer, liberó desmesurada lascivia de Perla, dos profusos, intensos y fogosos orgasmos, obscenamente descontrolados, con el pulgar juego en la conchita y el dúo del índice y mayor deslizados en el ano.

    Despatarrada sobre la mesa como muñeca de trapo, la mirada perdida, babeándose, las piernas colgando, inermes, abiertas, el vello brilloso de humedad.

    Tuve consideración de su maltrecha humanidad, le permití volver al mundo de los mortales.

    Era mi tiempo, la oportunidad de hacerme sentir en ella, de disfrutarla luego de haberme pajeado varias noches pensando en este momento mágico.

    Volví entre sus piernas con la pija enhiesta, dura como pocas veces, caliente como una caldera, apuntando a su abertura de hembra.

    La bajé de la mesa, coloqué de bruces sobre ella, ofreciendo su retaguardia, separando las nalgas, súper caliente, apoyé la cabeza entre los labios y en un solo envión se la entré todita, el resto lo hizo ella apretando la poronga con sus labios vaginales entrenados para coger como una diosa. Sabe menearse acompañando al macho que se la coge.

    Diestra en manejar los músculos vaginales, masajea la verga en cada entrada, se siente ajustada en el metisaca, profundo, intenso movimiento, volvía a excitarse con renovado entusiasmo que me transmitía. Era una consumada experta en el arte del garche.

    Un par de nalgadas la hacen sentir bien hembra, sabe subirse al sitial de puta, hacerse bien perra para que disfrute un calentón como yo.

    Goza y devuelve placer apretando los músculos vaginales entorno del choto que pistonea con afiebrado deseo, ¡Ensartada a fondo!

    —Tito, acábame que estoy llegando. ¡Quiero juntos, acaba!

    Me agarré de sus cabellos, sofrenando a la potra contra mi cuerpo, las piernas temblando, empujo el choto cómo para llegarle hasta la garganta, apuré y profundicé cuanto pude, en menos sacudidas que las deseadas me fui en una profusa eyaculación dentro de su cuca.

    El semen se confundió en el descomunal orgasmo de Perla.

    Quedamos encastrados, escuchando nuestra respiración, agitadas por el esfuerzo físico y mental de la entrega sin reservas a una cogida atroz, soldados sin poder ni querer salirme de ella.

    Al retirarme podía disfrutar con la mágica visión de ver escurrirle mi leche de su conchita, deslizarse por el muslo, parecía que su boca vertical se babea para deleite de su macho que.

    Antes de concluir el fin de semana largo hubo otras escaramuzas, como que a la mañana siguiente habíamos concertado que por causalidad nuevamente saldríamos a ver asomar el son en el parque, más precisamente en el cuarto fuera de la casa, donde tuvimos esa primera relación. El tiempo que disponemos es poco y el deseo que cargamos mucho.

    Mujer previsora había acondicionado el lugar con un grueso edredón que haría las veces de improvisado colchón.

    Cuando abrí la puerta del cobertizo la encontré tendida, desnudita y acariciándose para que cuando abriera me reciba el espectáculo erótico de una hembra haciéndose una paja a pura mano.

    Permanecí un momento engolosinado con la escena totalmente lujuriosa que representaba para su hombre, con el índice me llama a su lado, más precisamente quiere que vaya con mi boca al “pesebre” a lamer esos labios juguetones, que ahora me tocaba el turno de hacerla gozar.

    Estruja y empuja mi nuca hasta enterrarme entre sus piernas, las rodillas son la muscular tenaza que amenaza con prensar mi cabeza en cada lamida.

    Se estremece y vibra, se agitan sus músculos y tensan los tendones, toda ella es puro movimiento y gemidos, las convulsiones anticipan el desenlace de un intenso orgasmo que la sacude y tensa el cuerpo de tal modo que se eleva la cintura haciendo un arco, queda apoyada en sus hombros y las rodillas en mi cabeza.

    Fue un instante donde todo el mundo se le detuvo, dejo de respirar y de sentir, se le aflojó el cuerpo, como muerta hasta que la paleteando con fuerza dentro de la vagina vuelve a retomar la conciencia y desandar el camino hasta el próximo estertor, el segundo orgasmo fue parecido al primero, y un tercero y un cuarto que la dejó destruida.

    Cuando pasó el temblor me salí de entre sus piernas, su bombacha sirve para limpiar el exceso de jugos vaginales que cubrían mi cara. La invité a lamer y chuparme el miembro, cogiendo su caliente boca con un par de metidas que le producen arcadas.

    Es tiempo de que la verga pruebe la humedad de la ostra caliente.

    Ahora es tiempo de ponerla en cuatro, arrodillada, empujo el torso para que esté de bruces apoyando la cara en el edredón, las nalgas bien empinadas ofreciéndose para ser penetrada como perrita.

    No le fue tan difícil adivinar las intenciones de su macho, que solo uso los jugos vaginales para darle un poco de juego y lubricación a la poronga para apoyarme en su delicioso culo.

    Un momento antes había anticipado las intenciones mojando el aro con sus jugos, ahora es tiempo de hacerle el culo.

    La pija apoyada en el centro del esfínter, juega un poco haciendo presión para conseguir que ceda, no bien le entré toda la cabeza, emitió un ¡Ahhh! Intenso y profundo, un doloroso gemido, estaba tensa, las manos agarrotadas entorno a una parte del improvisado colchón. Seguí el juego inocente de insinuarme en el anillo del ano que resiste, un par de caricias no hacen efecto, todo sigue igual.

    Es tiempo de usar la técnica para vencer al instinto de conservación, el factor sorpresa siempre surte efecto, esta vez también lo será…

    Es un instante de quietud y de pronto una fuerte nalgada bien aplicada, más ruido que dolor, la sorprenden y distraen su atención, lo tenía calculado y “no contaba con mi astucia…”, “la puñalada trapera” la atravesó de un solo envión hasta enterrar la poronga dentro del ano.

    —¡Ahhh! —fue lo más que pudo pronunciar antes del silencio.

    Ya está hecho, penetrada hasta el fondo sin aviso, quedamos en un perfecto encastre, aguantando la posibilidad de que retroceda o intente salirse, sujetada con firmeza por la cintura, con las rodillas aprisionaba sus caderas para impedir cualquier movimiento espontáneo.

    Sometida la potranca, se calma, soportando la intrusión sorpresiva de la verga.

    —Ya está amor, ya estoy todo dentro tuyo…

    —¡Qué hijo de puta! Me rompiste el culo, sin avisarme, hijo de puta me está doliendo…

    —Y qué, me pareció que le tenías un poco de miedo, me parecía que lo tenía virgen…

    —¡Sí!… lo… tenía. Ahora me lo abriste como a una gran puta. ¡Dale, date el gusto ahora! ¡Vamos cogemeee!

    Como si me hiciera falta su permiso, sabido es que cuando los hombres prometemos el consabido y repetido “no vamos a hacer nada que no quieras… no tengas miedo si te duele te la saco…” solo es “verso” frases del manual de compromiso que todos sabemos que no se cumplen.

    Era tiempo de sacudir ese culito virgen, estrenarlo con mi poronga para que no se olvide de este momento.

    —Pon tus manos en la conchita, mueve los dedos, ¡pajéate!

    Vencida por el peso de mi cuerpo se venció el arco, quedó tendida, con las manos bajo de su vientre la elevé solo un poco, abrí las cachas y me mandé a fondo.

    Desde ahí todo fue un continuo y fragoroso movimiento, la calentura no me permite demorar el juego de meter y sacar, la calentura se hace dueña de mis ganas, concentrado en mis propios delirios estoy preparando el semen, aceleradas penetraciones, violentas y profundas abren el recto y preparan el momento de venirme.

    Dos estertores venidos del más allá son el trueno que anticipa el rayo seminal que estalla dentro del ano desvirgado.

    No sé cuántos chorros más, pero me siguió latiendo un momento más.

    Cuando me retiré de su culo me dio la sensación de que había descorchado una botella de champán, o tal vez el pedo espumoso que comunicó al mundo el haber sido desvirgada por el culo.

    Satisfecho por la proeza, besé a Perla en el culito y en la boca, acondicioné la maltrecha pija en el pantalón y marché a la casa.

    Al rato apareció la Perla con la cara transfigurada, con los rastros de haber venido de una guerra, que necesito pasar por el toilette para borrar y disimular las huellas del combate cuerpo a cuerpo.

    Los encuentros de sexo que se sucedieron, pero no por habituales dejaron de tener la espontaneidad y fogosidad de esta primera vez, nuevos incentivos se agregaron a nuestros juegos de sexo.

    Nazareno Cruz

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  • Enamorándome de Dianita (12)

    Enamorándome de Dianita (12)

    Tony pasaba su verga entre las nalgas de Dianita, con sus manos las abría y miraba con lujuria su rosado y apetitoso ano, dejo caer un hilo de saliva y con sus dedos le dio un masaje esparciendo la saliva, Dianita con movimientos a los lados trataba de evitar que Tony le profanara su culo, que ella solo tenía destinado para Thiago, pero era inevitable Tony ubico su glande en la entrada del ano y comenzó hacer presión sobre él.

    Dianita gritaba, y moviendo su cara haciendo gesto de no, pero la mordaza no dejaba entender lo que quería decir, sus lágrimas eran evidentes, sus ojos estaban rojos de tanto llorar.

    Cuando Tony puso sus dos manos en las caderas de Dianita para hacer más presión y enterrar completamente su verga en el culo de Dianita, se abrió violentamente la puerta de la casa, era Sofia que tenía una copia de las llaves, ya que el papá de Tony alguna vez en el pasado le había regalado una copia al padre de Sofia, ya que en muchas ocasiones iban a pasar fines de semana en esa casa y Sofia conservo la copia en su llavero.

    ¡Detente Tony!, si le penetras el culo a Dianita, este video llegara a la policía, y se hará viral, y como sé que eres un imbécil, no trates de quitarme el teléfono ya que se lo mande a otra persona y si no sabe de mi en 5 minutos, tu ubicación le llegará a la policía y hará viral el video tú decides, ni siquiera tu padre podrá salvarte de ir a la cárcel tú decides.

    -Pero que carajos haces tu aquí perra. -Decía Tony

    -Lo de perra no te lo discuto, pero no estoy jugando. -le decía Sofia

    -Y a ti que te importa lo que yo haga con esta zorra.

    -La verdad no me importa, pero para conseguir lo que quiero ella es importante y no puedes ponerle un dedo encima.

    Tony camino en dirección de Sofia, Amber estaba asustada con la presencia de Sofia, completamente desnudo y con la verga parada Tony se pone enfrente de Sofia para intimidarla.

    -Tu estas sola, a ti también puedo someterte en estos momentos si me diera la gana.

    -Tienes razón, pero como te dije si en 5 minutos no saben de mí, tu vida se va a la mierda y contigo me arreglo después. -le dijo a Amber.

    Tony vio que Sofia no mentía, por lo que retrocedió dos pasos, -además te estoy haciendo un favor, ya que Thiago y su amigo Cristian vienen en camino, y si mal no recuerdo la última vez no te fue nada bien al enfrentarte a Thiago, imagínate lo que te puede hacer si encuentra esta escena. -le dijo Sofia.

    Dianita al escuchar las palabras de Sofia, abrió los ojos no quería que Thiago la viera de esa forma, no podría volver a verlo a los ojos.

    Tienes un minuto para desatarla y ponerle la ropa, antes que Thiago entre por esa puerta, no tienes mucho tiempo, -le dijo Sofia muy seriamente, Tony miro a Amber y le dijo que lo ayudara, ambos se pusieron a desatar a Dianita.

    Sofia tomo su teléfono y empezó a mandar un mensaje, haciéndole creer a Tony que estaba informando a la persona que estaba esperando saber de Sofia, en realidad le escribía a Thiago diciéndole que se diera prisa.

    Tony y Amber también se vistieron, cuando escucharon llegar dos vehículos, eran Cristian y Thiago que llegaron casi al mismo tiempo.

    -Thiago espera. -le dijo Cristian

    -No puedo esperar, debo salvar a Dianita.

    -Si, pero solo quiero que te calmes no sabes que vamos a encontrar adentro, debes actuar con inteligencia.

    -Si ese imbécil le hizo algo a Dianita lo voy a matar

    -A eso me refiero, quiero que sepas que si me toca detenerte lo voy hacer no vas a tirar tu vida la basura por ese imbécil.

    -Eso ya lo veremos. -dijo Thiago

    Ambos corrieron a la casa y vieron la puerta que estaba abierta, les extraño eso, pero no se detuvieron a analizar la situación, cuando entraron vieron que Tony estaba sentado en un mueble y Sofia se disponía a salir de la casa con Dianita casi cargada, Amber la ayudaba.

    Thiago miro a Tony, quiso encaminarle para golpearlo, pero miro a Dianita y fue a cargarla de inmediato, con Dianita en brazos y ella con sus manos abrazando el cuello de Thiago, su cuerpo no aguanto más y perdió la conciencia, Cristian al ver que su amiga se desmayaba perdió el control y se abalanzo sobre Tony y le propino sendos golpes, -que le hiciste hijo de puta. -le gritaba Cristian.

    -Sabía que eras tú, pero no te vas a enterar lo que paso en esta casa, lo único que puedo decirte fue que lo disfruto ja, ja, ja, ja. -le contesto Tony.

    -Te vas a arrepentir de esto te lo juro. -le contesto Cristian.

    Ambos se intercambiaron golpes, cuando se escucha -¡Cristian!, detente después se la cobramos a este imbécil, -le dijo Thiago, ahora lo importante es Dianita, vámonos.

    Thiago llevo a Dianita al auto de Cristian y la ubico en la parte de atrás, se arrepintió de haber ido en su moto, quería estar al lado de Dianita.

    -Cristian por favor cuídala, estaré detrás de ustedes, llévala a tu apartamento. -le dijo Thiago.

    -Tranquilo bro, la cuidare como si fuera mi hermana.

    -Cristian voy contigo. -le dijo Sofia.

    -Pero si tu viniste en tu auto.

    -Tranquilo Amber se llevará mi auto y lo dejará en mi casa.

    -Si yo dejare el auto de Sofia en su casa. -dijo Amber muy sumisamente.

    -Tú y yo, tenemos una conversación pendiente. -le dijo Sofia a Amber.

    Todos partieron en sus vehículos, Tony se quedó en la casa maldiciendo su mala suerte, no podía entender como Sofia había dañado su plan perfecto, por el momento no podía hacer nada Sofia lo tenía en sus manos con ese video, tenía que conseguir destruir esa evidencia contra él, por el momento dejaría en paz a Dianita, pero por otra parte tenía entre ceja y ceja a Cristian, para Tony Cristian era la razón por la que Dianita lo había dejado.

    En al auto de Cristian, Dianita empezó a recobrar la conciencia, cuando despertó por completo pregunto por Thiago, Cristian le respondió que él los estaba siguiendo en su moto.

    -Quiero irme con Thiago en su moto me siento más segura si estoy con él. -dijo Dianita.

    -Eso no lo podemos permitir, estas muy débil se pondrían en riesgo los dos. -le dijo Sofia.

    -Tiene razón Sofia, estas muy débil en el auto estas mejor, además tengo la misión de cuidarte con mi vida si es necesario. -le dijo jocosamente Cristian a Dianita.

    Sofia, aprovecho que Dianita había despertado y le dijo muy bajito para que Cristian no escuchara lo que le decía. -Diana escúchame muy bien, todo lo que paso en esa casa debes guardártelo para ti, Thiago no puede enterarse de todo lo que te hizo Tony, sabes que lo mataría y no queremos ninguna de las dos que Thiago dañe su vida por el imbécil de Tony.

    -Tienes razón, pero él va hacer preguntas. -le dijo Dianita

    -Le diremos que no te llego hacer nada, que yo llegue a tiempo y lo amenace, le diremos que me invente que lo había grabado y Tony se acobardo.

    -Thiago no es tonto Sofia.

    -Lo sé, pero por su bien tienes que ser muy convincente.

    -Por un tiempo podrás estar tranquila Tony no se meterá contigo, lo tengo controlado.

    -¿Por qué me ayudaste, porque haces esto? -pregunto Dianita.

    Voy hacer honesta y directa contigo, sé que la pasaste mal, pero te ayude solo por Thiago, lo quiero para mí, y tú te vas hacer a un lado, se nota que tienen sentimientos mutuos, te voy a dar dos días para que le dejes claro que no quieres nada con él, si no lo haces dejare que Tony se cobre su venganza contigo, ¿estoy siendo totalmente clara?

    Sabía que esa ayuda tendría consecuencias, pero de todas maneras te agradezco mucho que me ayudaras, pero solo te pido que me des más de dos días para alejarme de Thiago, sabes que sospecharía y si de un momento a otro acabo todo. -le dijo Dianita.

    -Lo siento, solo tienes dos días. -le contesto Sofia.

    -Está bien, hare lo que dices.

    -Esta todo bien allá atrás. -dijo Cristian al ver que hablaban bajito.

    -Si esta todo bien. -contesto Dianita.

    -Esta demás decirte que Thiago no puede enterarse de esta conversación. -le recalco Sofia.

    Llegaron al apartamento de Cristian, Dianita lo primero que dijo fue; -por favor sé que tienen muchas preguntas, pero solo quiero descansar un rato, después les contare todo lo que quieran saber.

    -Claro no hay problema, descansa en la habitación que esta adecuada para Thiago. -le dijo Cristian.

    -Llamemos a Natalia te hará bien su presencia. -le dijo Cristian.

    -Si por favor, Llámenla. -dijo Dianita y se fue a descansar.

    -Quieres que te acompañe. -dijo Thiago.

    Dianita antes de contestar miro disimuladamente a Sofia, esta con una seña con la cabeza le dijo que no. -No, quiero estar sola y descansar solo eso por el momento, -le contesto Dianita, Thiago se sintió mal, quería estar con ella, pero respeto su decisión, -está bien descansa luego hablamos, -le dijo Thiago.

    Dianita se dirigió a la habitación cerró la puerta, se acostó en la cama y comenzó a llorar desconsoladamente, no por el dolor o la humillación que la sometió Tony, sino porque sabía que tenía que alejarse de Thiago, por el bien de los dos, más calmada pensó que dejaría que las cosas se calmaran, después buscaría la forma de acercarse a Thiago, no renunciaría fácilmente al amor que sentía por él.

    Sofia aprovecho que Dianita estaba en la habitación y le dijo a Thiago que quería hablar con él, Thiago accedió, necesitaba saber que había pasado y cómo fue que Sofia salvo a Dianita.

    Antes que empieces hablar quiero darte las gracias por salvar a Dianita, pero te expusiste, Tony pudo hacerte daño a ti también, -le dijo Thiago, tranquilo yo sé cómo controlar a Tony, él le tiene temor a su padre y sabe que si me hace algo su padre se las cobrara, Thiago levanto una ceja cuando escucho esas palabras, -a que te refieres ¿hay algo entre el padre de Tony y tú?, disculpa que pregunte así. -dijo Thiago.

    Nada que ver con ese viejo verde, pero es muy amigo de mi padre y me quiere como a la hija que nunca tuvo, así que me sobreprotege solo eso, pero no quería hablar de eso. -le dijo Sofia.

    -De que quieres hablar. -dijo Thiago.

    -De nuestro trato.

    -Ya te dije que sí, cual es el problema ahora.

    -El problema es que quiero estar contigo, hoy mismo.

    -Pero Sofia, podemos hacerlo mañana si quieres, hoy por favor déjame acompañar a Dianita.

    -Lo siento, pero no, en algún momento Diana se tiene que ir a su casa, después de eso tú y yo nos vamos y me cumples, está claro.

    -No entiendo cuál es tu obsesión, pero está bien, cuando Dianita este en su casa tu yo vamos a donde tú quieras.

    -Listo no hay más nada que hablar.

    Natalia llego al apartamento de Cristian, saludo a todos, y se fue a la habitación de Dianita, -hola, ¿estás despierta?, Dianita se abrazó fuertemente a su mejor amiga, le conto todo con lujos de detalles todo lo que Tony le hizo y que estuvo a punto de romperle el culo si no es porque Sofia interviene, -así que tenemos que agradecerle a la zorra de Sofia que Tony no te haya roto el hermoso culo que tienes ja, ja, ja, Rieron las dos, -necesitaba reír gracias por ser mi amiga, -le dijo Dianita, -sabes que siempre estaré para ti.

    Ahora necesito un favor tuyo, le conto la amenaza de Sofia, y le dijo, -necesito que llames a Paula, ¿tienes su número?

    -Sí claro, pero para que quieres que la llame.

    -Es que Sofia se va a querer coger a Thiago, pero no será hoy, no me da la gana, y Paula es la clave, para que eso no ocurra.

    No creo que Thiago, tenga ganas de cogerse a Sofia, -dijo Natalia, -es cierto, pero esa arpía es muy astuta y Thiago es hombre puede caer en sus redes, eso no va a pasar hoy, por eso necesito a Paula, Natalia llamo a Paula, y le pidió que llegara al apartamento de Cristian, Dianita le quito el teléfono a Natalia y le explico que Sofia estaba en el apartamento y no dejaba de manosear a Thiago.

    Que ellas no podían hacer nada, pero que ella como su novia si, Paula molesta de inmediato salió para el apartamento de Cristian, Dianita le recalco que si le preguntaban quien la llamo que dijera que había sido Natalia, que le había dicho que todos estaban reunidos por algo que le había pasado a Dianita, que en el apartamento le contaban.

    Estaban todos esperando que Dianita saliera de la habitación cuando sonó el timbre de la puerta, -esperas a alguien, -pregunto Thiago, -no que yo sepa, -dijo Cristian.

    Thiago abrió la puerta y se escuchó.

    -Hola amor, como estas me extrañaste.

    -Pero que haces aquí, claro que te extrañe, -dijo Thiago agradeciendo al cielo que Paula hubiese llegado.

    Paula se dirigió donde Sofia, la saludo y le dijo; -sé que te quieres coger a mi novio y voy hacer clara contigo eso no va a pasar, y se la quedo mirando de forma desafiante.

    Continuará.

    Si te ha gustado el relato, por favor, no dudes en dejar un comentario y una valoración, lo apreciare mucho. Siempre agradezco las muestras de apoyo de los lectores, son muy importantes para mí.

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  • Sexo lésbico en la oficina

    Sexo lésbico en la oficina

    Si alguien sigue mis andanzas, quizás recuerde como hacía varios meses que me lo había hecho con un funcionario del grupo e oficinas, donde limpio llamado Chema, y quizás recuerden que la mujer de Chema, llamada Marian, también es funcionaria de mismo edificio.

    Una tarde mientras limpiaba las oficinas, era jueves, tarde en la que pocos funcionarios acuden a la oficina, pero ese día Marian si había ido, llevaba un vestido de lunares, se había puesto unas gafas y se había recogido el pelo con un moño. A mi me daba la apariencia de ser muy sexy, le pedí permiso para limpiar la oficina y la noté muy cansada, y se lo dije; ella me respondió que sí que estaba con un tema difícil que le tenía agotada, yo l propuse darle un masaje y ella aceptó, en ese momento no pude dejar de fijarme en sus tetas que asomaban por su escote y me puse cachonda, y llevé mis manos hacia ellas.

    Para mi sorpresa fui muy bien acogida y ella se dejó hacer, antes de que cambiara de ideas la quité el vestido, ella se levantó para ayudarme a hacerlo y se quedó ante mi con un precioso conjunto de ropa interior de lencería negro, yo le dije:

    -Estas bellísima, si Chema te ve así estará siempre con su polla bien dura.

    -Si, y la sabe usar muy bien, dijo ella, pero en estos momentos lo que me apetece es hacerlo con una mujer.

    Mientras decía esto había subido mi bata de trabajo, hasta dejar mis bragas al aire, yo me puse a su espalda y desde esta posición acaricié sus tetas, eran deliciosas, de repente ella se dio la vuelta y se puso a tomar la iniciativa, sus manos fueron sobre mi vestido le hizo caer hasta la cintura, dejándome solo con el sujetador:

    -Hablas de mis tetas, pero resulta que las tuyas son fantásticas, me dijo.

    Pero no se conformó con eso, llevó su boca hasta la mía y de esta manera comenzó entre nosotras un morreo muy intenso, después me quitó el sujetador, y de esta manera nod quedamos las dos en sujetador, ella se agacho lo justo para qu su cabeza se juntara con mis tetas y me dijo:

    -Las tienes divinas, seguro que, a más de un tío de esta oficina, incluido mi marido, se le pone dura viéndotelas.

    Y me siguió acariciando y chupando las tetas durante un rato, después me dijo:

    -Querida, si no tienes inconveniente prefiero ser yo la que te dé el masaje.

    Antes de que yo pudiera reaccionar ella me había quitado las bragas dejándome completamente desnuda, se fijo en mi coño y añadió:

    -Esto está muy apetitoso

    Y se puso a acariciármelo, yo me encontraba en la gloria disfrutando de las caricias de su mano sobre mi coño. Después de acariciarlo un poco, agacho su cabeza sobre mi sexo y sacando su lengua se puso a lamérmelo, sus lengüetazos eran divinos, me estaba volviendo loca de gusto, y no es de extrañar que rápidamente me corriera,

    Ahora me tocaba a mi darle gustito a ella, así que la senté sobre una de las mesas de su despacho, y me senté en una silla a su espalda, desde esta postura la introduje uno de mis dedos en su coño, ella al sentirlo comenzó a gemir, mientras yo la besaba, comencé a preguntarle:

    -¿Cómo te va con Chema?

    -Folla muy bien cariño, me contestó, pero ahora lo que quiero es que una mujer me de placer, quiero experimentar otras cosas.

    Por supuesto la iba a ayudar a hacerlo, seguí con mis dedos dentro de su ciño quería que ella gozara a tope, así que seguí masturbándola, sus gemidos se intensificaban y me dijo:

    -Joder tía, me estas dando más gusto que mi marido.

    La humedad de su coño me decía que, al menos, estaba gozando mucho, así que seguí con la tarea, sentir esta humedad y oír sus gemidos me resultaba muy excitante, sus gemidos se intensificaron hasta que finalmente se corrió, no pude evitar llevarme los dedos a mi boca para saborear ese néctar tan delicioso-

    Ella me dio las gracias, descansamos un momento, pero ella me dijo:

    -Quiero que goces tanto como me has hecho sentir a mí.

    Me besó apasionadamente y me pidió que me pusiera encima de la mesa, a cuatro patas, y desde esta postura acercó su boca a mi coño y se puso a chupármelo, lo hacia con muchas ganas, y me daba mucho placer, aun así, sintió ganas de disculparse y me dijo:

    -Perdona si no lo hago bien, no tengo mucha experiencia.

    Le dije la verdad, que lo estaba haciendo muy bien y que estaba gozando muchísimo con ella, ella animada por mis palabras siguió comiéndome el coño y la verdad era que me encantaba como lo hacía, en un momento dado me pidió que me sentará sobre la mesa y me abriera bien de piernas, lo hice y su lengua invadió mi coño.

    Quizá su forma de comer el coño no fuera técnicamente perfecta, pero era divina sentía que su lengua me provocaba un placer intenso, la adoraba, mis gemidos se fueron intensificando, y finalmente me corrí de nuevo, ella se tragó mis líquidos y dijo:

    -Mi amor tus líquidos saben mejor que la leche de Chema.

    Sus palabras me excitaban y decidí hacer más cosas con ella, le pedí que se tumbará en el suelo con las piernas bien abiertas, yo con las mías bien juntas me puse encima de ella, e hice que nuestros coños se rozaran, ella al sentirlo dijo:

    -Joder nunca pensé que dos mujeres pudieran gozar tanto juntas, esto es mejor que cuando un tío te mete la polla.

    La verdad es que sentir como una chica mucho más joven que yo, y no solo más inteligente, sino más sexy, gima por las cosas que tu lr haces, a mí al menos me hace sentirme más hembra y más mujer.

    Notaba como sus gemidos iban en aumento, lo que me animaba a reforzar los roces, quería obligarla a correrse, le pregunté si era su primera vez con una mujer y ella me dijo que si, la verdad no era algo que me importase, lo que quería era hacerla gozar y sentía que lo estaba consiguiendo, hasta que ella dijo:

    -No puedo más

    Y sentí como ella se corría y su ciño quedo tan húmedo como si el agua del mar lo hubiera cubierto por completo, pero yo no me había corrido aún y me moría de ganas por hacerlo, quería que ella experimentara la total humedad de mi coño sobre ella, y lo hice, el resultado fue una sensación muy especial, ella parecía sentir lo mismo, así que en ese momento nos besamos apasionadamente, En ese momento ella dijo:

    -Déjame ahora a mí.

    Intuyendo sus intenciones me tumbé en el suelo con las piernas bien abiertas, ella ocupó mi puesto, y se puso a mover su coño sobre el mío su ritmo de movimientos era divino, parecía que lo había estado haciendo siempre, me estaba proporcionando un placer increíble, mientras me decía:

    Mi amor hacia mucho que no disfrutaba tanto

    -Bueno con Chema no lo pasaras más, le respondí.

    -Como te he dicho antes folla bien, pero hemos entrado en una etapa de cierta monotonía, por eso hacer cosas nuevas, como esto me encanta.

    Mientras me decía esto rosaba su coño contra el mío, mientras intercambiábamos besos, besaba muy bien y me hacía sentir un gran placer, y sus gemidos me hacían pensar que ella también estaba gozando, pero a mi me hizo correrme rápidamente, ella siguió moviendo su coño sobre el mio hasta que se corrió de nuevo.

    En ese momento oímos un ruido, ante el temor de que alguien nos estuviera viendo nos levantamos rápidamente y nos vestimos, después nos pusimos a mirar por los alrededores, no se veía nadie. En ese momento ella me beso dulcemente en la boca y me dijo:

    -Parece que no hay nadie, otro día seguimos con los masajes.

    Ella siguió con su trabajo y yo con el mío

    Una semana después yo estaba limpiando la misma zona de despachos, ese día Marian no estaba, pero quien si estaba era Juani, otra de las chicas que trabajaban allí, dado que su despacho era parecido al de Marian yo creo que deben de tener la misma categoría.

    Cuando entre en su despacho note que me miraba de una manera extraña, y mientras le limpiaba la mesa ella se acercó a mí por detrás y con una voz, mezcla de erotismo e ironía me pregunto:

    -¿Lo del servicio de limpieza dando relajación las chicas de aquí es un nuevo servicio para todas, o solo para algunas?

    Estaba claro que nos había visto a Marian y a mí, yo me puse nerviosa no quería tener problemas en el trabajo, ella lo notó y me dijo:

    -Tranquila, nunca perjudicaría a Marian, ella es mi amiga, y a ti tampoco, solo que me da envidia.

    Antes de que yo pudiera reaccionar Juani se había puesto de rodillas ante mí, me había bajado las bragas y alzado la bata, mi coño quedó ante sus ojos y dijo:

    -Tienes un coño fantástico, no me extraña que Marian deseara comérselo enterito, y seguro que lo hizo.

    Pero en ese momento yo reaccioné y le dije, con voz irónica:

    -Dado que la chantajeada soy yo lo lógico es que yo te comience a dar la sesión de relajación, ponte de pie y apóyate sobre la mesa.

    Ella lo hizo y fui yo quien se arrodilló, desde esta postura, tuve un primer plano de su culo que me encantó, comencé a acariciárselo con suavidad, y a ella parecía encantarle y durante un momento, me pareció que andaba muy caliente, y no quería que se corriera tan rápido.

    Me levanté, y mientras nos besábamos fui subiendo poco a poco su vestido, después me dirigí hasta su teta y se la saqué des vestido y me puse a chupársela, mientras con otra de mis manos acariciaba su teta, ella se puso a gemir, mientras decía:

    -Si yo me entero antes de que las chupas tan bien, me hubiera pedido la primera para que me lo hicieras.

    Mientras yo seguía sobando sus pechos y chupándoselos, notaba como ella disfrutaba, hasta que sentí que era el momento de arrodillarme ante ella y comerla su sabroso coño, así que la pedí que se abriera bien de piernas y arrodillándome ante ella introduje mi lengua en el interior de su sexo, ella se puso a gemir mientras me decía:

    -Mi amor esto es fantástico, ti te equivocaste de profesión, debiste hacerte come coños

    Sus gemidos eran para mí la mejor demostración de que estaba consiguiendo que experimentara placer, así que seguí con mi lengua dentro de ella y si su coño tenía un sabor delicioso, parecía que ella estaba hambrienta de una lengua, y no me cotó mucho llevarla hasta el orgasmo, primero fue un fuerte jadeo y luego un rio de líquidos invadió mi boca, en ese momento ella dijo:

    -Tía esto es alucinante, nunca en mi vida había experimentado algo así, ha sido fantástico.

    -De ha sido nada, dije yo, esto está solo comenzando.

    Y a continuación la pedí que cambiara de postura y girándose pusiera su culo en primer plano ante mí, lo hizo y un culo sensacional estaba ante mi vista, primero se lo acaricie y después, volviéndome a arrodillar ante ella volví a comerla el coño, mientras con mis manos acariciaba la entrada de su culo.

    De nuevo ella volvió a gemir mientras yo seguía aplicándole el tratamiento, otra vez se repitió la historia sus gemidos eran muy intensos, y no tardó en correrse de nuevo.

    Entonces fue ella quien tomó la iniciativa y me dijo:

    -Ahora me toca a mi probar tu coño.

    Mie hizo sentarme en una silla y abrir bien mis piernas, a continuación, se arrodilló ante mi e introduciendo su lengua dentro de mi coño se puso a comérmelo, se le notaba que no era la primera vez, aunque tampoco una experta, su lengua recorría mi coño con mucha hambre, proporcionándome un gran placer.

    Yo me cansé de estar sentada, tenía ganas de ponerme de pie y de sentir su lengua de esa manera, lo hice y ella se adaptó a mi sin dejar de comerme el coño, de esta manera me provocó un gran orgasmo, en ese momento, tras recibir mis líquidos ella saco su lengua y me dijo:

    -Esto es fantástico deberían de enseñarlo en el bachillerato, quiero volver a hacerlo, pero esta vez en una postura más relajada, ¿Qué te parece las dos tumbadas en el suelo?

    La idea no estaba mal, la pedí que se tumbara en el suelo, yo me coloqué de rodillas encima de ella, poniendo mi coño al alcance de su lengua, ella entendió bien mi idea, y, de nuevo, introdujo su lengua dentro de mi coño y comenzó una nueva mamada, su lengua parecía conocer mejor mi coño, y sus lamidas eran aún más certeras que en las de la comida de coño anterior.

    En estas condiciones no tardo en provocarme un nuevo orgasmo, la verdad es que así daba gusto que la pillaran a una haciendo cochinadas, jajaja. Ante esto yo le dije:

    -Cariño ahora me toca a mi probar otra vez con ese coño tan apetitoso que tienes.

    Ella, por supuesto aceptó y se colocó encima de mí, pero al poco de comenzar a comerle el coño me dijo:

    -Necesito seguir comiéndote el coño.

    Se fue agachando, sin permitir que mi lengua se saliera de su coño, hasta que ella alcanzó el mío, y una vez más introdujo su lengua en mi interior, en ese momento cada una se dedicó a explorar el coño de la otra, de una forma implícita se estableció entre nosotras una especie de competición a ver cuál hacia correrse antes a la otra, yo saboreaba con mi lengua cada centímetro de su coño, pero a la vez sentía en el mío como ella me lamia cada centímetro del mío, no sabía decir cual de las dos cosas me daba más placer, ella fue la primera en correrse.

    Pero no por ello se quitó de encima de mí, sino que seguía con su lengua dentro de mi coño, se ve que había decidido que iba a hacer que me corriera, su lengua comenzó a darme lamidas más fuertes y rápidas, ante este ataque mi coño no pudo resistir mucho tiempo y me corrí en medio de un gran orgasmo.

    En ese momento ella si se bajo de encima de mí, y nos quedamos las dos tumbadas en el suelo, hasta que a ella se le ocurrió la idea de que estando sentadas cruzáramos nuestras piernas de manera que nuestros coños estuvieran en contacto, lo hicimos y la sensación fue muy agradable, yo le dije:

    -Cariño has tenido una gran idea.

    Y estuvimos así durante un tiempo, pero a mi me apetecía un contacto más intimo así que la hice volver a tumbarse en el suelo y abrir bien sus piernas, su coño con pelos, pero muy bien cuidado estaba a mi alcance, me puse encima de ella de manera que nuestros coños quedaron en contacto, ella al sentirme dijo:

    -Tía, has tenido una gran idea esto es delicioso.

    Yo comencé a rozas su coño con el mío y nuevamente sus gemidos me hacían ver que estaba gozando igual que yo. Así que continue con nuestros roces, las dos estábamos sintiendo algo muy placentero, no pude evitar las ganas de buscar sus labios para darles un beso muy dulce en señal de agradecimiento, en ese momento noté como ella se corría, yo continue con mis movimientos quería correrme encima de ella que viera como estaba disfrutando, finalmente también me corrí.

    Nuestro encuentro debía de terminar ella debía de volver a su trabajo y yo a mi limpieza, no era cuestión de no hacerlo y mientras limpiaba, yo pensaba si alguna otra chica nos había visto, jajaja.

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  • Juré nunca más travestirme, pero eres mi dueño

    Juré nunca más travestirme, pero eres mi dueño

    Recobré la consciencia. Soy un hombre. El fin de semana pasado fue un error. No entiendo y me arrepiento absolutamente ¿Cómo pude caer tan bajo de esa manera? Yo ¿usar prendas de mujer? Yo ¿estar contigo en la cama? Lo negaré siempre. Temeré que el mundo lo sepa, pero entérate: ¡jamás volverá a pasar!

    Vine únicamente a tu apartamento a decirte esto: recobré la dignidad y la hombría. Lo nuestro nunca sucedió. No te atrevas a decirlo a nadie. Olvídate de mí.

    Pero, al verte de nuevo, mis piernas tiemblan, mi respiración se agita y mi ano recuerda deliciosamente el dolor que sintió al ser inaugurado por ti.

    Dominantemente me enfrentas con la mirada. Mi hombría desaparece inmediatamente. Mi feminidad aflora tímida. Dudo, vacilo, quiero arrepentirme e irme, pero me tomas de los brazos con esa fuerza de hombre, de varón que tienes.

    Me das una cachetada en la mejilla derecha y de regreso otra en la izquierda. Eres más alto, musculoso y fuerte que yo. Me tomas de la cintura y me jalas hacia ti pegándome hacia tu cuerpo. Gimo por la sorpresa. Me agarras del cabello arriba de la nuca y fuertemente tiras de él hacia abajo, forzando mi cabeza hacia atrás y mientras gimo de nuevo y suspiro entrecortadamente por la boca, besas jugosamente mi cuello, mordisqueándolo, succionándolo con chupones de tus labios y repasándolo con tu lengua ardiente.

    -¿Quién te crees? -Me dices.- Aquí y siempre, eres mi esclava.

    Intento liberarme, pero eres más fuerte y me sometes sin dificultad. Te separas un poco de mi y con tus dos manos abres violentamente mi camisa. Me desabrochas el pantalón y lo bajas junto a mi calzoncillo hacia los tobillos.

    Me tomas el micropene y mis minúsculos testículos y los aprietas. Grito de placentero dolor.

    -¡No! Te lo ruego –te suplico sollozantemente. Me volteas y arrimas a la pared para luego darme una fuerte y excitante nalgada en cada lado.

    Me doy cuenta de mis sentimientos, de la verdad y de la razón de estar allí: aunque quiero disfrazarlo de hombría, intentar huir y ocultarlo, es demasiado tarde, soy una esclava travesti. Lo acepto, lo reconozco y me entrego al deseo de mis pasiones más irracionales.

    Me arrodillo ante ti, amo mío, estiro los brazos, sumisa, y bajo los hombros y frente al suelo, desnuda, imploro tu perdón y me entrego a tu voluntad.

    -Perdóname, por favor –te pido lloriqueante.

    -Así me gusta -me dices.- Te he comprado algo especial.

    Me conduces a tu habitación y me entregas un uniforme de sirvienta. No es un disfraz, es un uniforme de verdad. Me visto con él y estreno también unas sandalias playeras color rosa que no solo combinan con mi piel, sino se sienten deliciosas al caminar femeninamente con ellas. Entiendo mi lugar, tu eres el patrón, yo la que obedece (me siento en ese momento tan mujer).

    -Así debes verte -declaras triunfante mientras sonríes.

    Me besas apasionadamente. Respondo con mi lengua hirviente al masaje de la tuya en mis labios. Te abrazo al cuello. Me llevas a la cama y me volteas de modo que quedo en posición de perro.

    Me levantas la falda. -Así que querías escapar de mí. Espero que te haya quedado claro que eso es imposible -me indicas mientras me das dos duras nalgadas y te desvistes.

    Jadeo del placer que esto me provoca. Delicia pura, fruto del deseo contenido de tantos años de ser un travesti de closet.

    -Perdóname, te lo suplico, te lo ruego. Soy tu esclava, soy tu nena, tu princesa –te imploro humillándome, como debe ser y como tú te mereces al ser mi dueño.

    Siento cómo te posicionas atrás de mí. Separas mis nalgas con las palmas de tus manos y mi raya del culo queda expuesta a tu merced y a tus deseos. Siento un morboso y delicioso placer cuando el viento libera y refresca mi ano que está empinado ofreciéndose a tu voluntad.

    Escupes abundantemente en mi agujero para lubricarlo. Metes la punta de tus dos pulgares en mi orificio y, como si separaras los gajos de una naranja y la partieras en dos, me abres de par en par el agujero del culo, exponiéndolo a tus más pervertidos caprichos.

    Me devano del dolor de fondillo, pero soy tuya, eres mi propietario y yo tu sirvienta. Siento la cabeza de tu verga dura como un roble acomodarse en la puerta de mi ano. La circunferencia de tu miembro es dos o tres veces más grande que mi cola, pero no te importa.

    Súbitamente me penetras sin piedad metiendo tu larga, dura y hermosa verga hasta adentro. Las heridas dentro de mi recto, que empezaban a sanar de la noche de pasión de hace apenas la semana pasada, se abren nuevamente y sangro del culo como una virgen otra vez.

    Siento el dolor alucinante, la sangre viva de mi agujero que desgarra sus músculos. Inmisericordemente entras y sales potentemente de mi cuerpo, mientras mi entrega es total, en cuerpo y alma.

    Al estar allí entregando mi sexo a ti, me declaro absolutamente femenina, soy una nena, una princesa, una verdadera mujer siendo penetrada exquisitamente en el culo por ti, el hombre mas fuerte que encontré para dedicar todo mi secreto. Esa verdad oculta íntimamente que solo tu has descubierto, esa que dice que me gusta vestirme de mujer, olvidarme que la naturaleza me trajo al mundo con pene -micropene- y disfrutar la forma en que me haces hembra.

    Siento la cabeza gruesa de tu miembro abrirse paso en mi recto. Luego, mi esfínter siente el paso lento y rápido del largo cuello de tu verga venosa, que masajea mi ano y mi intestino hasta sentir topar tus testículos en mis nalgas. Una y otra vez. Eres un semental incansable y yo una doncella abandonada a tus esclavizantes deseos que agradezco el privilegio de obedecer.

    Sentir como entras y sales de mi cuerpo es una delicia y un placer. Grito, gimo, lloro, jadeo, suspiro llegando al orgasmo en mi micromiembro, luego en el ano, luego en el resto del cuerpo, estremeciéndome como un calambre delicioso de goce y sensualidad desde la punta de mis pies (que adoro ver en femeninas sandalias) hasta la coronilla. Mi cuerpo convulsiona con movimientos de látigo enajenándome, abandonándome totalmente y desfalleciendo finalmente ante la potencia de tus penetraciones.

    Al verme rendida y débil de tanto que me has bombeado, estallas potentemente con un chorro de semen ardiente que perfora mis entrañas y te ahogas en un grito de hombre victorioso que, nuevamente has logrado que me convierta en tuya, solo tuya. Tu leche es ligosa, caliente, espesa y deliciosa.

    Nunca me saques el pene del culo, quiero sentirlo dentro de mi siempre; no puedo vivir ya sin la sensación de que eres mi semental, mi macho, mi hombre, el que me ordenas y eres dueño de todo mi cuerpo, mi sexo y mi placer.

    Nos desplomamos cansados en la cama, tu sobre mí, dominándome, como debe ser.

    A ti que me lees, te dedico este relato. Mi hombre, mi amo y mi dueño podrías ser tú. No dejes de masturbarte en mi honor, como yo lo hago por ti. Tragaré cada vez mi semen, salado, lechoso y espeso, pensando que es el tuyo, y lo esparciré por mi cara y mi pecho, soñando que disfrutas mi cuerpo al pedirme que olvide que soy hombre y que me vista de hembra para ti. Y así, seré única y exclusivamente una esclava sexual travesti, solo para ti.

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  • Donde todo comenzó. La fantasía que desató el fuego en mí (final)

    Donde todo comenzó. La fantasía que desató el fuego en mí (final)

    Nos vimos al siguiente día.

    Eran las dos de la mañana, el campus dormía.

    Caminé entre sombras y faroles tenues, con el celular en la mano, siguiendo la ubicación que él me había enviado. El corazón me latía tan fuerte que creí que cualquiera podría escucharlo. Llegué frente a una puerta metálica, sin letrero, sin vida. Me detuve. Dudé. Toqué una vez. Nada. Iba a intentarlo de nuevo cuando se abrió desde dentro.

    Era él.

    No dijo nada. Solo me miró, y yo supe que ya no podía retroceder.

    El salón estaba en penumbra, iluminado apenas por una lámpara vieja sobre un escritorio. Pizarrones al fondo, sillas apiladas a un lado. Silencio absoluto, como si el mundo nos hubiera cedido un rincón para pecar.

    Él cerró la puerta con llave.

    Se acercó. No preguntó. Solo me besó. Un beso con sabor a ansiedad, a deseo retenido demasiado tiempo. Me empujó suavemente contra la pared y sus manos comenzaron a recorrerme como si ya conocieran el camino. Mi blusa subió, su boca bajó por mi cuello y yo gemí sin poder contenerlo.

    —Rápido —susurró él—, no sabemos quién podría venir.

    Eso solo lo volvió más excitante.

    Me sentó sobre una de las mesas y me abrió de piernas, sin quitarme la ropa interior. La empujó a un lado y me rozó con sus dedos. Ya estaba mojada, y él lo supo. Me miró a los ojos, sonrió con esa maldita seguridad que me desarmaba y se arrodilló frente a mí.

    Su lengua me tocó directo, sin preámbulos. Húmeda. Apretada. Lenta al principio, pero pronto más rápida, más firme. Su lengua dibujaba círculos precisos sobre mi clítoris, mientras sus dedos se hundían en mí, uno… luego dos. Me abría, me exploraba. Jadeé. Intenté callarme, morderme los labios, pero no pude. Me corrí en su boca, y él no se detuvo hasta que terminé de temblar.

    Me bajó de la mesa sin decir una palabra. Me dio la vuelta. Me apoyó contra el borde.

    Entonces me levantó la falda. Esa falda.

    La misma que llevaba el día en que lo conocí. Cuando me miró por primera vez. Cuando olió mis bragas. Como si todo esto hubiera estado escrito desde entonces.

    Me empinó sin sacarme la ropa interior. Solo la jaló a un lado y me la metió de un solo empuje. Gemí fuerte. El golpe me cortó el aliento. Me sostenía del borde de la mesa mientras él embestía con fuerza, con ritmo, con hambre.

    —Así te quería —me dijo, jadeando—. Mojada, calladita, rendida.

    Cada vez que entraba, lo sentía más profundo. Me partía, me llenaba. Sus manos en mi cadera, sus huevos chocando contra mí, su respiración contra mi nuca.

    Me cogía como si me hubiera esperado toda la vida.

    Y yo me entregaba como si él fuera lo único que existía.

    Me jaló del cabello, me levantó el torso, y sin salir de mí, me susurró al oído:

    —Dime que eres mía.

    —Soy tuya… —dije temblando—. Solo tuya.

    Y me vine otra vez, gritando, sintiendo cómo mi cuerpo entero se sacudía mientras él, por fin, se corría dentro de mí. Caliente. Hondo. Brutal.

    Nos quedamos así, jadeando. Piel contra piel. Silencio sucio. Placer absoluto.

    Después, solo dijo:

    —Ahora sí, me conoces.

    Y yo supe que nunca más iba a olvidar esa noche.

    La fantasía perfecta de una universitaria: cogerse a su profesor en un salón de clases.

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  • Mi esposa, el moreno y yo

    Mi esposa, el moreno y yo

    Mi hermosa esposa y yo llevamos 10 años juntos, cuando tenemos sexo siempre es muy rico y mientras la penetro me susurra al oído libremente sus fantasías y yo las mías.

    Hemos coincidido que a mí me gustaría verla culeando con un moreno y a ella le gustan los morenos, aclaro que ya cumplimos una fantasía que era hacer un trio HMH, y esa experiencia se las iré contando después, pero ahora quería un moreno y yo en la cama.

    Casualmente tenía varios amigos morenos que laboraban en diferentes áreas de los negocios donde me muevo, y comencé a ver perfiles para ver quien se acomodaba a la fantasía.

    Mi esposa es una mujer sensual, voluptuosa con un culo hermoso, una cara y un cabellos perfectos y unas tetas deliciosas, sabía que no cualquiera estaría allí dándole su leche.

    Analizando sus gustos sabía que el moreno debía ser corpulento, alto, y de buen porte y así recordé a Jack un amigo moreno que conocía de hace tiempo y en ese momento era quien manejaba la seguridad de un sitio de rumba importante en mi ciudad.

    Decidí una noche invitarla a salir y sin decirle nada fuimos precisamente a donde estaba trabajando Jack esa noche, con anterioridad le hablé por teléfono, le dije que iría con mi señora y que nos reservara una mesa para tres.

    Al llegar al sitio nos encontramos, nos saludamos y vi el brillo lujurioso que tuvo al ver a mi esposa en su vestido corto, tacones, piernas gruesas y un culo redondo, Jack no disimuló nada al presentarla, se vio el gusto que le despertó, ella un poco más discreta también sonrió y yo que la conozco sé que le agradó.

    Al llegar a la mesa Jack nos acomodó y con curiosidad me dijo al oído, “separé mesa para tres, ¿pero son solo los dos?” yo me reí y le dije que la otra silla era para el para que nos acompañara, Jack se fue a terminar unas labores y nos dijo que volvería al rato, al irse mi esposa se quedó observando de arriba a abajo al moreno, le había gustado:

    -No sabía que tenías un amigo moreno

    -De hecho, tengo varios, -le dije- pero este es el mejor

    -ufff -exclamó-, querido si está, y que tal será para… -me preguntó de manera picarona

    -Pues vamos a probar -le dije

    Comenzamos a tomar, a bailar salsa, esa noche mi esposa era la reina de la pista, todos miraban ese culo delicioso que se le marcaba con el vestido azul, sus piernas eran precisas para esas nalgas y ese cuerpo.

    Antes de llegar Jack a la mesa le dije a mi esposa que coqueteara y se insinuara con Jack y que si todo salía bien nos iríamos a un sitio más privado a terminar la noche.

    Jack regresó a la mesa charlamos y no dejaba de mirar a mi esposa que estaba en medio de él y yo “ve a bailar, le dije, disfruta de esta hermosura”, Jack tuvo una risa nerviosa, pero de inmediato salió a la pista a bailar.

    Mi esposa acato la orden de ser coqueta al pie de la letra, y desde la mesa observaba como acercaba su cuerpo a su bulto que se le notaba crecía dentro del pantalón, pasaron dos canciones y al volver a la mesa mi esposa dijo que iría al baño, desde allí me escribió por WhatsApp que estaba muy caliente, que como estaba Jack.

    Cuando Jack se sentó brindamos, su pantalón había cambiado de forma, era evidente que venía una erección en camino y no era para menos.

    -Que linda es tu esposa te felicito

    -La tienes a la orden y es en serio

    -Huy no me digas eso que te creo

    -Seguro que si, -le dije- ¿no te gastaría irnos a culear los tres?

    Jack rio nervioso.

    -¿en serio?

    -Claro es en serio.

    De inmediato le escribí al WhatsApp a mi esposa y le dije que se quitara las bragas que traía debajo del vestido y se las diera a Jack cuando llegara

    -Mira, -le dije a Jack- si ella te da ahora las tangas que tiene puestas será la invitación para irnos los tres a otro sitio.

    Jack no podía creer lo que le decía y su risa nerviosa continuaba.

    Mi esposa regresó del baño, se sentó en medio de los dos, me dio un beso en la boca y me invitó a bailar y con su otra mano entregó a Jack las bragas que traía puestas.

    Desde la pista mirábamos como el moreno olía la bragas de mi esposa al tiempo que se acomodaba la verga en el pantalón.

    Mi esposa algo nerviosa y excitada me preguntaba que si le gustaba ella a Jack.

    -Obviamente, sácalo a bailar y pregúntale por la bragas y dile que si vamos a otro sitio.

    Sin sentarse en la mesa mi esposa sacó a bailar a Jack que aún tenía las bragas en las manos, me las entregó y se dispuso a bailar con ella.

    Mientras también yo disfrutaba del olor de las bragas y miraba a la pista, me calentaba imaginando a Jack sobre mi esposa, penetrándola despacio.

    Los tragos y las canciones pasaban, Jack ya más entrado en confianza y más desinhibido por el alcohol tocaba y acariciaba las piernas de mi esposa, la oscuridad de la discoteca permitió que metiera mi mano entre su mojada vagina mientras ella besaba a Jack y luego a mi.

    -Bueno nos vamos, -les dije.

    Ella miró a Jack quien afirmó de inmediato que si que conocía un sitio para ir los tres, mi esposa pasó su mano por el bulto de Jack, y por el mío y preguntó “¿qué me van a dar?” mientras apretaba las vergas que más tarde se iba a comer.

    En el taxi nos sentamos cada uno a un lado y ella en el medio, los tragos ya nos tenían más calientes y cada uno besaba y tocaba a mi mujer, el hombre que conducía solo dejaba ver su asombro al ver en el espejo la escena.

    Llegamos a un motel, escogimos una de sus mejores habitaciones y no era para menos, mi esposa muy caliente abrazó al moreno y comenzó a besarlo mientras me agarraba el bulto y me besaba también.

    -Voy a llenar el jacuzzi -les dije.

    Los dejé en la entrada mientras miraba el resto de la habitación y llenaba el jacuzzi con agua caliente, lo hice para que ella calentara más a Jack, sabía perfectamente que iba a hacer y cuando miré a la puerta, mi esposa de rodillas sacaba la verga negra y erecta de Jack, la tomó en sus manos, masturbó un poco mirando que ya salía algo de lubricante del pene del invitado, con su lengua lo rodeó en la cabeza y lo metió a la boca y comenzó a chupar el gran báculo negro de Jack que con los ojos desorbitados no daba crédito a lo que sentía.

    Mientras veía en vivo y frente a mí la escena me quité la ropa, mi verga también estaba dura y tenía gotas de lubricante que indicaban la calentura y ganas que tenia de seguir viendo la mejor película porno del mundo, en la que la protagonista era mi hermosa esposa.

    Me acerqué y puse mi verga al lado de la boca de mi mujer, ella la tomó con su manos y sin decir nada la comenzó a chupar y a lamer, su sueño se estaba cumpliendo, tenía en una mano una verga negra y en la otra una blanca, las dos de buen tamaño las dos para ella sola.

    Jack se retiró y se quitó la ropa, yo abracé a mi esposa y la besé, su boca sabía al sexo de Jack y mío al tiempo, la tumbé en la cama y comencé a besar sus senos, eso la volvía loca.

    Jack regresó sin ropa con una erección notable, mientras besaba los senos de mi amada le ofrecí señalando con mi mano la hermosa y jugosa vagina de mi esposa que para ese momento estaba hirviendo de placer. La lengua de Jack comenzó a moverse entre sus labios y su clítoris, sus manos morenas levantaban las dos piernas para tener con su lengua acceso al ano de mi esposa donde sin pensar introdujo su lengua para luego sacarla y chupar su vagina.

    Yo enloquecía con la escena mientras besaba los senos y la boca de mi esposa, muy excitado me levanté, puse mi verga en la boca de mi esposa y con mis manos tomé sus piernas y las levanté y las abrí para permitir que Jack entrara en ella, dio dos, tres golpes sobre su humedad y comenzó a deslizar su miembro hacia la vagina caliente de mi esposa, sus gemidos no se hicieron esperar.

    -Huy que rico, dale dale -pedía desesperada.

    Jack embestía mientras con su boca chupaba los hermosos pies de mi esposa, me retiré de la escena y me senté a mirar como el moreno le daba placer a mi amada, luego de un rato acercó su cara y me preguntó que si la podía besar.

    -Obvio -le dije mientras me hacia la mejor paja del mundo, es indescriptible el placer que sientes viendo a tu esposa disfrutar con otro.

    Mi esposa lo besaba y le susurraba al oído:

    -Quiero que me des en cuatro, ¿te gastaría?

    El moreno sacó su verga de la vagina se puso de pie y la ayudó a sentar dejando su verga frente a ella para que ella saboreara sus líquidos luego de dejarle muy mojado su pene, se volteó y se puso en cuatro, mientras me llamaba para estar con ella. Me acerque y la empecé a besar mientras Jack la penetraba.

    -Que rico amor, -me decía- gracias por esta velada.

    Me senté, puse mi verga en su boca y al rato cambiamos, al hacerme atrás le chupé el culo, metí mi lengua para prepararlo para lo que venía y enseguida mi verga, muy despacio entró por su ano, sus gemidos de placer eran indescriptibles, su ano se dilató al punto de recibir todo mi miembro.

    Jack se acostó en la cama, la tomó de la cintura y la sentó sobre su rígido miembro, las nalgas de mi esposa bailaban sobre esa gran verga morena que brillaba cada vez que entraba y salía de su cuquita. Ella se agachó más y besó a Jack mientras yo me acomodé y chupé su culo, veía muy cerca como el moreno con su miembro viril le daba placer y yo muy cerca preparaba su ano para entrar, la doble penetración llegó y con ella un sueño de mi mujer, ser penetrada al tiempo por dos vergas, sus gemidos de placer calentaban la escena.

    -¿Quieres por el culo? -preguntó ella mientras se bajaba del cuerpo de Jack que de inmediato se paró, la tumbó en la cama, la puso de lado y con sus manos morenas abrió sus nalgas para meter la lengua y probar primero el culo que había mirado y tocado toda la noche en la disco.

    Luego de pasar su lengua y saborear esa delicia metió poco a poco su verga en el culo de mi esposa que al sentir la cabeza dejó escapar un gemido de placer, nuevamente observé como la venosa verga del moreno desaparecía poco a poco en el delicioso ano de mi esposa, con ella de lado le tocaba y acariciaba sus senos, la besaba en la boca mientras su verga entraba y salía de su pequeño orificio.

    Mi esposa al ver la cara de Jack mostrando placer como ninguno le pidió “lléname el culito de leche dale, dale”. La verga de Jack comenzó a bombear leche en el culo de mi esposa que no cabía de placer al recibir las desorbitada descarga, Jack sacó su verga y aun así seguía saliendo una blanca y espesa leche que bañó las nalgas y piernas de ella.

    Al retirarse mi esposa se puso en cuatro y me invito a mí a seguir con la tarea. Yo me acerqué y con mi lengua limpié su culo lleno de leche de nuestro nuevo mejor amigo y luego penetré su ano con locura, después la volteé boca arriba, penetré su vagina y mientras soltaba mi líquido sagrado la besé para saborear la leche que nuestro amigo Jack le había dejado.

    -Definitivamente el semen es el líquido de la felicidad -dijo mi esposa acercándose a Jack a besarlo y luego a mí.

    El jacuzzi estaba caliente para ese momento y fuimos allí a descansar. Allí tuvimos el segundo round de esta maravillosa noche, la verga de Jack y la mía dieron placer esa noche a esa hermosa mujer que cumplía uno de sus deseos mientras yo descubría que sentía placer no solo de verla culear con otro si no de limpiar la leche del invitado con mi boca y penetrarla después.

    Jack se convirtió en el gran amigo de la relación y llegaron con él nuevas experiencias que luego les iré contando.

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