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  • Mi hijo pequeño y Vanesa la abuela de su amigo Pedro

    Mi hijo pequeño y Vanesa la abuela de su amigo Pedro

    Mientras mi hijo mayor y yo, estábamos comenzando a desarrollar, de una manera muy confusa, planes para llevar a otras parejas al incesto, mi hijo pequeño, que hacía unos meses había cumplido los dieciocho años, seguía con sus aventuras, un sábado por la noche, más bien de madrugada, me aviso que no vendría a casa a dormir, sino que se quedaba con su amigo Pedro en casa de la abuela de este. Cuando varios días después pude quedarme a solas con él, esta fue la historia que me contó.

    Esa noche fui con Pedro y algunos amigos más a una discoteca, Pedro bebió esa noche más que nosotros y en el momento de salir de la misma se encontraba claramente borrachos, nos dispusimos a llevarle a su casa, pero Pedro se opuso:

    -No quiero ir a mi casa, si mi padre me ve así me da cuatro ostias, mejor llevarme a casa de mi abuela.

    A nosotros nos daba igual, además ese señor si veía a su hijo así, igual se mosqueaba con nosotros también, así que aceptamos su idea, Pedro llamó por el móvil y le respondió una voz muy sensual, era la de su abuela Vanesa, cuando Pedro le pidió quedarse en su casa ella aceptó. Así pues, nos encaminamos a casa de la abuela de Pedro, al llegar vimos claro que Pedro no podía ir solo, y de otro lado estaba relativamente cerca de mi casa, así que quedamos con los otros amigos, que yo acompañaría a pedro hasta su destino y después me iría por mi cuenta a mi casa, tras esto ellos partieron.

    Siguiendo las indicaciones de mi amigo nos fuimos a casa de su abuela, al llamar al portero automático, nuevamente, una voz muy sensual nos contestó y abrió el portal, subí a mi amigo en el ascensor, la puesta de la casa de su abuelos estaba entreabierta, cuando entramos me quedé sorprendido, me encontré con una mujer que apenas superaría los sesenta, pero me pareció muy sexy, además llevaba una bata transparente que dejaba a la vista una ropa interior de lencería muy sexy, cuando vio a su nieto dijo:

    -Cariño, creo que te hace falta dormir la mona.

    Y me condujo hacia una habitación con una cama individual, donde al parecer dormía Pedro cuando se quedaba en casa de sus abuelos, Pedro pregunto dónde estaba su abuelo, y ella le explicó que ese fin de semana se había ido de pesca con unos amigos, no dejaba de parecerme una estupidez que alguien se fuera de pesca teniendo semejante sirena en casa.

    Tras dejar a Pedro tumbado en su cama ella me dijo:

    -Muchas gracias por traerle cariño, y no te preocupes por él, va a dormir tranquilamente varias horas más.

    Después me invitó a un café, yo me quedé sentado en el sofá, mientras ella iba a prepararlo volvió al poco tiempo y me lo trajo, en ese momento yo seguía contemplándola, no podía apartar mi vista de esas tetas grandes que tenía, ella me dijo:

    -Perdona que os haya recibido así, me gusta ir arreglada para mi marido, pero como soy vieja el ya no me desea y prefiere irse con sus amigos en vez de quedarse en casa conmigo.

    Le dije que me parecía una mujer esplendida y que si su marido no la sabía apreciar es que era sencillamente estúpido, ella me sonrió y me dio las gracias, después dijo:

    -Gracias, cariño, eres muy galante, creo que tengo la calefacción muy alta, y tengo calor si no te importa me quitó la bata.

    Y lo hizo quedándose en un conjunto interior de lencería muy sexy, creo que en ese momento ella se dio cuenta de que mi polla se había puesto durísima y dijo:

    -Perdona, no pensaba que ver a una vieja como yo así te iba a excitar.

    Se arrodilló ante mí y se puso a acariciarme la polla por encima del pantalón, después llevó sus manos a mis pantalones, me los desabrochó y de un golpe junto con el bóxer me los bajó, creo que sintió que yo estaba inquieto y me dijo:

    -No te preocupes cariño, mi nieto cuando duerme la mona no le despierta nadie en muchas horas, podemos estar tranquilos.

    Después se lanzó sobre mi polla y se puso a lamerla, mientras decía:

    -Menudo pollón tienes cariño, casi el doble que la de mi marido y la suya esta siempre arrugada, en cambio la tuya está bien dura.

    Con su lengua lamio mis huevos y poco después se la metió en la boca. Estuvo chupándomela un rato y debió de notar que miraba mucho sus tetas, puesto que sacándose mi polla de su boca se la metió entre ellas, aunque después volvió a chupármela, aunque parando un momento me dijo:

    -No sabes el tiempo que llevo sin ordeñar una polla en condiciones, a mi marido le cuesta un montón correrse cuando se la chupo, y con una sonrisa pícara añadió, y a sus amigos también.

    Y siguió chupándomela con toda naturalidad, se la notaba que tenía experiencia y con mucha hambre, parecía que era verdad que llevaba mucho tiempo sin comerse una en condiciones, no es extraño que me viniera rápido, ella no notó y se la sacó de esta manera mi leche fue a parar a sus maravillosas tetas, cuando deje de eyacular ella me dijo:

    -Mi amor, hacía años que no veía tanta leche junta.

    Pero, aunque viera que ella había disfrutado mucho así, yo no me conformaba con eso quería que esa vieja tuviera la mejor experiencia de su vida, así que cuando se puso de pie, me lancé sobre ella y arrodillándome ahora yo, la quité el tanga, ante mi vista apareció un coño delicioso y perfectamente depilado.

    La senté sobre el sofá, la abrí bien las piernas y llevé mi cabeza hasta su coño, ella sorprendida me preguntó:

    -¿Qué me vas a hacer, cariño?

    Mi respuesta fue sacar mi lengua, la introduje en el interior de su coño y comencé a comérselo, tenía un sabor delicioso, ella al sentir mi lengua comenzó a gemir, mientras me decía:

    -Cariño es la primera vez que me hacen esto en mi vida y es delicioso.

    Mi respuesta no fue con palabras, mi lengua siguió lamiendo cada centímetro del coño de esta mujer maravillosa, sus gemidos se fueron intensificando hasta que se corrió y soltó una gran cantidad de líquidos, en ese momento me levanté y ella se sentó de forma relajada sobre el sofá, ella estaba completamente desnuda, yo estaba desnudo de cintura para abajo, pero yo quería mostrarme desnudo ante ella, así que me quité la camiseta, ella se me quedó mirando y dijo:

    -Nunca hubiera pensado que hacer cosas con un chico de la edad de mi nieto fuera tan excitante, me dijo, pensaba que aún erais muy niños, pero viéndote y follando contigo se ve que ya sois hombres.

    -Pues ya ves que somos hombres, y con ganas de follar con una mujer como tú, le respondí.

    Y tras ello me fui hacia donde estaba ella, y la coloqué en la misma postura donde minutos antes la había comido el coño, pero esta vez hice que fuera mi polla, en vez de mi lengua, lo que se colocara a la entrada de su coño, y de un golpe se la metí.

    -Pero querido, dijo ella, con todo lo que hemos hecho, y tu polla está a tope, desde luego los jóvenes tenéis mucha más potencia que los sesentones.

    Me encantaba que lo reconociera y pensaba premiarla por ello, mi polla empezó a moverse dentro de ese coño tan apetitoso, mi deseo era volverla loca de placer, y oyendo sus gemidos parecía que lo estaba logrando, su coño era muy cálido, lo que había descubierto era propio de las mujeres muy calientes, sus gemidos fueron en aumento hasta que noté como se corría, en ese momento ella dijo:

    -Gracias, mi amor, por este rato tan maravilloso que me has hecho pasar, pero por favor no te salgas, quiero que tu leche riegue por completo mi coño, tengo la impresión de que mi vida sexual comienza ahora.

    Era eso lo que yo deseaba oír, así que seguí follandola de una manera salvaje, sus gemidos seguían siendo muy intenso, esa mujer se merecía todo, así que seguía moviéndome en su interior, hasta que ya no pude más, y tras un fuerte espasmo un montón de leche salió de mi polla y fue a parar al interior de su coño.

    -Eres maravillo mi amor, esta noche estoy recibiendo más leche en mi coño que en los últimos diez años.

    En ese momento me levanté de encima de ella y me puse de pie, ella se sentó de manera cómoda, y tras recuperarse un poco, se quedó mirando a mi polla y dijo:

    -¿Qué veo yo?, Leche, hacía años que no veía tanta leche, no puedo consentir que se desperdicie.

    E inclinándose un poco hacia delante llevó su boca hasta mi polla y con su lengua comenzó a lamer los restos de semen que se habían quedado en ella. Ante las caricias de su lengua mi polla reaccionó y se volvió a poner dura de nuevo, ella parecía impresionada, yo aproveché y le dije:

    -Pues el sueño de esta polla es follar a una mujer como tú en una postura muy concreta, ponte a cuatro patas.

    Ella obedeció y se sentó en el sofá en la postura que yo le había indicado, yo de pie me acerqué a ella por detrás, y de un golpe introduje mi polla dentro de su coño, ella al sentirla se puso muy caliente y se puso a gemir de una manera muy intensa, lo que me animaba a seguir con mis movimientos, ella nuevamente me lo volvió a agradecer:

    -Muchas gracias, mi amor, mi coño llevaba décadas sin sentir tanto placer y estar tanto rato con una polla en su interior.

    La verdad es que ese coño se merecía que tener una polla en su interior constantemente, así que seguí follandomela con ganas, esa hembra se lo merecía, se merecía esto y más, sentí como se corría, yo seguí follandola con muchas ganas, esa mujer era una verdadera diosa y se merecía ser follada con frecuencia, seguí así hasta que fui yo quien se corrió dejando su coño lleno de semen, ella al verlo, sonriendo me dijo:

    -Tranquilo cariño, con mi edad no me voy a quedar embarazada, jajaja, y luego añadió, creo que estaremos mejor en mi cama.

    Y me condujo hasta su habitación, allí me dijo:

    -Cariño en esta cama vas a sustituir a mi marido, que no la utiliza para lo que esta, así que mientras él está pescando, yo me dejo pescar, jajaja.

    Y poniéndose de rodillas delante de mí, añadió:

    -Voy a preparar esta caña.

    Arrimando su boca a mi polla se puso a besarla, y después se la tragó y comenzó a mamármela, la verdad es que lo hacía muy bien y mi polla no tardó en recuperarse, era increíble que su marido se hubiera ido a pescar en lugar de dejar que su mujer le pescara.

    En ese momento yo tenía un primer plano de sus tetas, que pese a su edad estaban estupendas, me agaché y se las besé, ella me dijo:

    -Gracias, mi amor, no sabes lo que esto significa para esta vieja, y después añadió, deja que yo te monte.

    Ella se puso de pie y fui yo quien me tumbé en la cama, ella se puso de pie encima de mí, y después se arrodilló, y por último aproximó su coño a mi polla y la introdujo en su interior.

    Después comenzó a cabalgarme, se le notaban las ganas y la experiencia, se movía con un vigor propio de una chica de mi edad, me puso las tetas encima de mi boca, y yo, por supuesto se las besé, después llevé mis manos hasta su culo y me puse a acariciárselo, ella me decía:

    -Mi amor esto es divino, nunca me hubiera imaginado hacérmelo con un chico joven como tú, bellísimo y con una polla fuerte y vigorosa.

    Después se giró y continúo cabalgándome, mientras me decía:

    -Mi amor, a mi edad nunca me imaginé esto, te adoro.

    Su cabalgada era bestial, pero al parecer no tenía bastante con mi polla y se puso a sobarse las tetas con sus manos. El resultado fue que tuvo un orgasmo brutal, pero siguió cabalgándome hasta que consiguió que me corriera, cuando lo hice se bajó y me dijo:

    -Mi amor mi coño llevaba muchísimo tiempo sin recibir tanta cantidad de leche, me has hecho muy feliz.

    Se bajo de mí y descansó un momento, pero se la notaba que era una verdadera ninfómana, así que me pidió que me pusiera de pie y nuevamente ella se puso de rodillas delante de mí, beso mi polla y dijo:

    -Me estoy enamorando de esta maravillosa polla.

    Y se la metió en la boca, comenzando nuevamente a hacerme una deliciosa mamada. Y como ya he comentado en esto era una verdadera maestra, mi polla recuperó pronto su dureza, pero ella parecía disfrutar jugando con ella, siguió chupándomela, aunque había ratos que se la sacaba de la boca y me masturbaba. Y mientras lo hacía me preguntaba:

    -Dime mi niño, ¿Esta polla la han catado muchas chicas de tu edad?

    Tuve la tentación de decirle que había sido mi madre la que me había desvirgado, pero me pareció pronto para ello, así que le dije que lo que me gustaba eran las mujeres maduras, ella me dijo:

    -Quizá algún día te presente a mi amiga Penélope, pero hoy quiero ser yo quien disfrute de esta maravilla.

    Y me la siguió chupando hasta que sintió que yo estaba a punto de correrme, en ese momento me la sacó de su boca y la puso entre sus tetas, y apretándolas con sus manos para mi polla, y siguió moviéndolas como si de un coño se tratara, con esta situación no tarde mucho en correrme y mi leche se extendió por sus tetas. Ella se puso de pie y besándome me dijo:

    -Muchas gracias, mi amor, no sabes las ganas que tenía de que una buena cantidad de leche bañara mis tetas, con mi marido imposible, y con sus amigos apenas les sale leche.

    Para mi era un honor haberla complacido, y me encantaba que no tuviera reparos en contarme que ponía los cuernos a su marido, pero en ese momento me vino a la mente el único de sus agujeros que no había penetrado y la pregunte:

    -¿Me dejarías que te la metiera por el culo?

    -Mi amor, dijo ella, ese agujero lo tengo virgen, pero si tu deseas meter tu polla en él, después del rato que me estás haciendo pasar, esto si que va a ser a la vejez viruelas.

    Yo la dije que lo había hecho algunas veces y se dejó guiar por mí, se puso a cuatro patas y se dispuso a recibir mi miembro, que ante esta perspectiva se había puesto muy duro, me puse de rodillas detrás de ella y poco a poco, quizá con algo de miedo de hacerla daño fui acercando poco a poco, y al llegar a la entrada de su coño se la metí despacito, pero ella dijo:

    -Mi amor, métemela de golpe, así será más rápido.

    Lo hice y ella soltó un grito de dolor, pensé en sacársela, pero ella insistió en que siguiera, así lo hice y sus gestos de dolor se transformaron en gemidos de placer, yo animado por sus gritos seguí moviéndome en el interior de su culo, que parecía haber estado toda la vida preparado para recibir mi polla comencé a moverme, ella se le veía que estaba disfrutado y me decía:

    -Mi amor, muchas gracias por hacerme esto, no pensaba que iba a gozar tanto.

    Mi polla seguía moviéndose dentro de su culo, noté como se corría, seguí moviéndome en el interior de su culo, hasta que me corrí y se lo llené de leche. Podíamos haber seguido follando, pero Pedro podía despertarse en cualquier momento, así que debíamos terminar los dos nos duchamos y nos vestimos.

    Cuando su nieto se despertó, nos encontró conversando y entonces Vanesa le dijo a su nieto:

    -Mi amor, tus amigos son muy agradables, tráelos aquí más a menudo.

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  • El temor y el deseo

    El temor y el deseo

    Después de mi primera vez, dolorosa y traumática a la vez, pasaron días para recuperarme del dolor que tenía al ir al baño y en todo; pero a la vez las ganas de volver a hacerlo, mi trabajo transcurría muy bien, es así que Mi compañero de cuarto Danilo tuvo que regresar a su pueblo y el alquiler me salía muy caro por eso tuve que buscar uno más pequeño, es así que encontré unas cuadras cerca, pero la verdad, que me moría por penetrar, es así que pasado dos meses después de recuperarme fui al centro de lima a las cabinas y encontré a un hombre versátil en línea con quien entable conversación y nos vimos en la esquina para ir a un hotelucho gay en un pasaje.

    Al salir vi a un hombre alto con unas grandes piernas que acercó y me preguntó si era Miguel, le dije que si; pero que en el video lo gordito quizás por eso era culón, me dijo que las cámaras no muestran la realidad, es así que salimos al hotel donde pagó todo y entramos a una habitación, fui al baño a miccionar y al volver lo vi boca abajo con el culazo enorme boca abajo sobre una almohada, me dijo “cáchame, porque luego me toca a mí”, le dije si podía mamarlo, ahí echado me mamó la pinga que al final me dijo “que a las justas me harás cosquillas”, eso me intimidó, subí sobre él y le penetré sin saliva al cual se quejó y dijo que así no era, pues le dolió un poco; no sé si lo hizo por burlarse o no sé, pero al final eyaculé en su culo.

    Se dio la vuelta y pide observar con los ojos absortos una gruesa y larga polla que me asustó, le dije que “eso no lo voy a aguantar y que era muy grande”, me dijo “que culo que ya recibió pinga aguanta lo que sea y que no tenga miedo”; porque el vino a qué lo cachen y a cachar; quise salir y se puso en la puerta mientras veía colgar esa enorme pinga asustado me agaché y empecé a mamarlo hasta verlo crecer y ponerse duro; temblaba para mis adentros, me quejaba con ganas de querer llorar pero me empezó a gustar esa pinga que boto un líquido cristalino me dijo que no me preocupe porque aún no eyacula.

    Me dio la vuelta y empezó a chupar mi culo, que a cada chupada me causaba sensaciones de deseo y lujuria, “este culo va a ser mío hoy” me dijo mientras que metió un dedo en mi culo, me dolía, pero a la vez me excitaba, era una sensación rica y placentera. Sentía que se dilataba mi culo, hasta que sentí los 2 dedos dentro mío; pero si que me dolía y le decía que por favor despacio que me duele mucho, me levantó el culo y me puso en posición de perrito mientras sentía la cabeza de su pinga apuntar a la entrada de mi ano; hasta que de pronto sentí la cabeza ingresar.

    Yo pujaba mientras me ponía la sabana en la boca diciendo muerde la sabana, me metió la pinga con fuerza que me tiré a la cama y él no me soltó cayendo sobre mí y la pinga entrando totalmente, traté de soltarme pero él no se movía y empujaba despacio mientras mordía mi cuello y espalda, yo lloraba del dolor; porque sentía que me partía el culo; fue extremo y duró esa buena penetración que mi culo latía, lo sentía así.

    “No te muevas, me decía, porque te va a doler más”; sentía atravesado su pinga dentro de mi ano y el dolor era grande que le dije que lo sacara o que eyacular ya, empezó a moverse poco a poco, hasta que como loco empujó una y otra vez que al final eyaculó en gran cantidad que la leche salía por entre mis piernas, sacó su pinga y me ardía todo, la cama tenía sangre y leche me puse a llorar sentado, mientras veía su pinga rebosar de felicidad y lujuria,” me caché el culo más rico de mi vida” me dijo.

    “No sabía que eras virgen” me dijo, lo miré asustado y lloroso a lo que se acercó me abrazó y se echó junto a mi en la cama diciendo que ya todo pasará y que no me preocupe, me besó en los labios que estaban temblorosos y temerosos. Lo miré y le dije que no pensaba probar una pinga como esa, me pidió que lo mamara le dije que había sangre, me dijo que era mi sangre y que no había problema, lo mamé hasta dejarlo limpio por completo; al final le dijo que con mi pinga chica no calificaba para ser activo, que mejor debía tomar el camino de ser pasivo.

    Nos duchamos, cambiamos y salimos del hotel, nos dimos la mano y nos alejamos, quedando en volver a vernos en algún otro momento.

    Tenía miedo en mi cuarto porque aún latía mi culo, fue una experiencia muy fuerte y traumática para mí, que dije para mis adentros que ya no lo volvería a hacer de nuevo.

    Compré una cremas para curarme de la rotura anal que me hizo y cada vez que tocaba mi culo lo sentía abierto.

    Esa fue la experiencia más fuerte y dura que tuve.

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  • Transporte sorpresa

    Transporte sorpresa

    Ella estaba por regresar de un viaje de 7 días al Caribe (en otra ocasión les contaré sobre ese viaje), habían sido días de anhelo y deseo constante, algunos mensajes motivadores y fotos más que reveladoras que hacían este regreso cada momento más deseado.

    Ella avisó a qué hora aterrizaba y aprovechando la falta de conectividad en el vuelo, él aprovecho para trasladarse al aeropuerto a esperarla. De camino al aeropuerto pasó a una farmacia, compró una pastilla sobre la cual había leído buenas referencias, supuestamente esta pastilla motivaba el líbido de las mujeres en gran manera.

    Por fin recibió el mensaje “ya aterricé, tomaré mi equipaje y te aviso a qué hora sale el camión”, a lo que él le respondió “Perfecto, avísame cuando tengas tu equipaje en mano antes de comprar tu boleto”.

    Una vez con equipaje en mano, ella de manera diligente, lo informó y como respuesta obtuvo una foto en su WhatsApp, era la imagen de la entrada del aeropuerto. Él estaba esperándola en la comodidad de su camioneta, amplia, con vidrios entintados.

    A la salida de ella del aeropuerto, ella lo vio y lo besó, como se besan las parejas que se han extrañado, pero había algo más en ella, algo en su mirada.

    Al subirse a la camioneta, él le dio una botella de agua y la pastilla recientemente comprada, ella no preguntó y se la tomó.

    El avance en el tráfico de la ciudad transcurrió entre plática sobre los generales del viaje y un poco de caricias.

    Ella, como buena viajera venía con jeans y una blusa muy cómoda, pero nada especial.

    Antes de llegar a la caseta, ella tocaba la pierna de él con más “interés”… al momento de cruzar la caseta le pidió orillarse y pasarle de su maleta la ropa que estaba encima. De manera muy obediente el atendido la solicitud.

    Le paso la ropa y antes de subirse, ella le pidió que esperara abajo de la camioneta con el argumento de que quería que guardara la ropa del cambio.

    El ambiente pronosticaba un camino interesante por delante…

    Ella le paso la ropa, y el no volteó a verla, pero al momento de guardar la ropa en la maleta, él encontró unos jeans, una blusa y un bra.

    Al subir a la camioneta, ella vestía una blusa escotada sin bra, lo cual dejaba ver su escote, la caída natural de sus senos y sus pezones sumamente excitados que se transparentaban y se hacían notar debajo de la blusa; al bajar la mirada, ella se había puesto una minifalda… ella solo se recargó en la puerta subiendo una pierna en el tablero y con una sonrisa pícara le dijo “ahora si, vámonos”.

    Al retomar el camino ella empezó a acariciarlo con mayor intensidad, las caricias fueron respondidas.

    Él debía tener ojos en el camino, el cual ya era oscuro y manos para ella… ella lo besaba con pasión y empezó a acariciarlo sobre el pantalón para desabrocharlo y buscar con interés y casi necesidad sacar esa verga que ya la esperaba con una erección que se notaba.

    Finalmente ella lo hizo, la saco y empezó a masturbarlo mientras lamía la cabeza, de pronto paso a empezar a succionar como si de ello dependiera su vida, con necesidad, desesperación y una excitación notable.

    El respondió acariciándola y buscando la forma de llegar a su vulva, lo cual ella notó y a modo de ayuda, se retiró la tanga que tenía puesta debajo. Mientras eso sucedía, el bajo los tirantes de su blusa para dejar sus senos al descubierto.

    La oscuridad de la autopista, con la complicidad de los vidrios entintados, eran los perfectos cómplices para esta situación.

    Pero no debía ser así, por lo que mientras ella mamaba, el decidió bajar los vidrios y en cada acercamiento a un vehículo o camión, otorgaba el cambio de luces para llamar la atención y al momento de pasar a un lado, reducía la velocidad para compartir la vista.

    Al pasar a los nuevos cómplices, ellos respondían con un cambio de luces el cual fue interpretado como agradecimiento.

    Venía el momento de ella, el Cruise control fue un gran aliado, ella, semidesnuda empezó a ser acariciada. Su vulva hinchada, excitada, empapada, fue sujeta a la intrusión de un dedo… después dos… ella quería más, llegaron a los 3 y ella empezó a retorcerse de placer, gemía mientras empapaba el asiento del copiloto. Pero ella quería más.

    Con el avance de la autopista, su desnudez fue compartida con más de un afortunado.

    Ella regreso en más de 3 ocasiones a deleitar su boca con la verga de su hombre.

    Mientras el buscaba retribuirle con estimulación y caricias. Sus pezones estaban duros, necesitados… la humedad que se desprendía de su vagina era usada por él para estimular sus pezones… ella también pedía que esa humedad la llevara a su boca, no solo a la de él, sino también a la de ella quien decía que el sabor era delicioso.

    En mas de dos ocasiones se detuvieron antes de llegar al orgasmo, no era necesario hacerlo puesto que al llegar a casa, les esperaba un espacio diferente con mayor comodidad para terminar juntos.

    La llegada a casa era cada minuto más próxima, ambos necesitaban que esto sucediera.

    Finalmente llegaron, ella como pudo recogió lo que pudo de ropa y pidió una chamarra para cubrirse un poco sin tener que vestirse en su totalidad y así poder caminar a casa lista para que, después de 40 minutos de estimulación mutua, por fin pudiera recibir ella el semen que tanto anhelaba…

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  • Donde todo comenzó. La fantasía que desató el fuego en mí

    Donde todo comenzó. La fantasía que desató el fuego en mí

    Esta es la primera vez que me atrevo a contar esta anécdota. Siempre he sido muy tímida en lo que respecta al sexo, demasiado cohibida, aunque sé que dentro de mí arde un fuego que he tenido que mantener bajo control. Lo sé porque, a lo largo de mi juventud, siempre tuve fantasías que moría por hacer realidad.

    Así que hoy les contaré la primera que logré cumplir.

    Como ya mencioné, soy una mujer tímida, y creo que eso siempre me ha dado un aire especial a los ojos de los hombres, sobre todo de los que son mayores que yo. Soy chaparrita, con muslos firmes y caderas generosas, algo muy característico de las mujeres latinas. En aquel tiempo trabajaba en el negocio familiar para ayudarme con los gastos de la universidad. Estaba apenas entrando a mis 20´s y la fiesta, las reuniones y la diversión estaban a la orden del día.

    Una tarde que estaba ya por cerrar la tienda, llegó un hombre. Era la primera vez que lo veía por ahí; se notaba que no era del vecindario. No tendría más de 42 años y vestía un pantalón algo formal, pero con la camisa un poco desabotonada. Se notaba que hacía algo de ejercicio, pues se le marcaban los pectorales y… sus pezones. Tengo que confesar que los pezones de los hombres me prenden demasiado; es algo que siempre noto en ellos.

    No había nadie más ahí, así que me acerqué para atenderlo. Él notó enseguida lo mucho que me había atraído desde el primer momento. Me miró con una sonrisa pícara mientras se acercaba al mostrador, sosteniéndome la mirada un segundo más de lo necesario.

    —Parece que llegué justo antes de que cerraras… —dijo con voz grave y pausada.

    —Sí… apenas iba a cerrar —respondí, sintiendo que mis mejillas se sonrojaban sin poder evitarlo.

    Él inclinó ligeramente la cabeza, con una curiosidad que me hizo temblar.

    —¿Te molesta si me tardo un poco? —preguntó, bajando la voz apenas lo suficiente para que sonara íntimo.

    —No… para nada —dije, jugando nerviosamente con mis dedos—. ¿Buscabas algo en particular?

    Se acercó un paso más, tan cerca que podía oler un toque de su loción amaderada.

    —Creo que encontré justo lo que estaba buscando —susurró, dejando que sus ojos bajaran a mis labios antes de volver a mirarme a los ojos.

    Sentí un calor que me subía desde el cuello hasta las mejillas. La forma en que me miraba, tan segura y tan llena de deseo contenido, me hizo tragar saliva.

    —¿Y qué es lo que buscabas exactamente? —le pregunté, mi voz apenas un susurro.

    Él sonrió, esa sonrisa de quien sabe exactamente el efecto que tiene en ti.

    —Algo… inesperado —contestó, dejando que la palabra flotara en el aire como una promesa.

    Fue entonces cuando algo me recorrió la espalda: la certeza de que no era casualidad que estuviera ahí. Su presencia tenía un aire casi hipnótico, como si supiera exactamente qué botones presionar para que yo misma me ofreciera.

    Sin apartar la vista de sus ojos, llevé la mano hasta el borde de mi falda. Con un gesto casi imperceptible, me la subí apenas un poco. Él no se movió, pero la intensidad de su mirada me hizo temblar.

    Tomé mis bragas con los dedos y, con un atrevimiento que me sorprendió, me las quité con un suave movimiento. Él no dijo nada. Sus ojos, oscuros y profundos, parecían devorar cada detalle.

    Cuando se las entregué, su mano rozó la mía con una suavidad deliberada, y sus labios esbozaron una sonrisa casi imperceptible. Se las llevó a la nariz y las olió despacio, como si ya supiera a qué sabía mi deseo.

    Sacó una tarjeta de su bolsillo y la dejó sobre el mostrador, sus dedos rozándome apenas un instante más de lo necesario.

    —Llámame si quieres saber qué más he notado de ti… —dijo, su voz un susurro cargado de promesas.

    Y así, sin más, salió por la puerta. Me quedé ahí, temblando y con un calor que me quemaba por dentro, preguntándome si acaso ese hombre ya me había visto mucho antes… y si, tal vez, yo misma lo había invitado sin saberlo.

    La tarjeta seguía ahí, esperando ser levantada. Mi cuerpo también. Y, aunque no lo sabía en ese momento, aquella entrega inesperada era solo el principio.

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  • Micaela y sus sobrinos (9 – final)

    Micaela y sus sobrinos (9 – final)

    Anteriormente:

    El marido de Micaela llega de sorpresa e interrumpe la sesión caliente que estaba teniendo ella con sus sobrinos.

    El esposo intenta tener relaciones con Micaela pero luego de una pobre actuación queda rendido durmiendo en la cama matrimonial.

    Micaela se pone una bata de baño y va hacia el living y allí sus sobrinos deciden no quedarse con las ganas y comienzan a seducirla hasta que cede a sus bajos instintos.

    La tía termina cayendo sobre el falo de su sobrino Marcos que está sentado en el sillón. Además, tiene por detrás a Agustín que la besa con intensidad mientras ella sostiene con su dulce mano el miembro de 20 centímetros de su otro sobrino.

    La bata solo está atada por la cintura por el cinturón de una forma caprichosa, pues sus tetas están al aire y por detrás Agustín ha levantado la prenda para que se aprecien las nalgas maduras de la tía.

    Micaela tiembla mientras sube lentamente y se deja caer para sentir el tamaño monstruoso de la pija de su sobrino en su interior.

    Intenta no hacer ruido pero se le escapan pequeños jadeos mezclados con gritos sordos. Ella siente que cada embestida de su sobrino suena como un campanazo en la casa.

    Agustín toma de los hombros a su tía y la hace recostar de espalda sin que se salga de la cogida de Marcos. Allí se menea para sentir mejor el caliente falo de su sobrino y recostada sabe que Agustín querrá participar de alguna manera, usando su boca.

    La abre, y deja que su sobrino introduzca su miembro entre sus labios que buscan aprisionar la carne.

    Agustín empuja para que se abra paso en la boca y llegue hasta la garganta. Micaela da arcadas, pero no de asco como con su marido sino porque el mástil de su sobrino ha tocado la campanilla.

    Ella está acostada de la mejor manera para recibir la mayor cantidad de carne de su sobrino. Desde esa posición puede ver las enormes bolas de Agustín bambolearse, se embriaga con el olor que emana y se excita mucho más haciendo que comiencen a caer líquidos de su interior lubricando todo, bañando la pija de Marcos.

    Se entretiene tragando, enroscando su lengua en el falo, mientras siente como taladra suavemente su otro sobrino.

    Aprovecha que tiene la boca llena para jadear sin hacer ruido, sus pechos erectos son presa de las manos de sus sobrinos que las tocan con descaro.

    De repente Agustín saca la pija de la boca de su tía y al instante Marcos hace lo mismo con la vagina. Ella no entiende que pasa en principio.

    Solo están cambiando de rol, ahora Agustín acomoda a Micaela como una muñeca de trapo poniéndola en cuatro sobre el sillón y se inclina para comerle el culo y la concha.

    Micaela se tapa con fuerza la boca pero Agustín toma sus manos poniéndolas hacia atrás como si estuviera esposada.

    Marcos aprovecha la situación y pone su pene a golpear la cara de su tía quién ve también la oportunidad de usar su miembro como bozal.

    Siente la enorme pija de Marcos en su boca y lo chupa con desesperación mientras Agustín hace lo mismo con el culo de ella.

    Está comiendo la pija de su sobrino como si no hubiera mañana, y pierde el sentido del tiempo y la razón. La saliva se cae en el sillón y los líquidos de su vagina chorrean por su pierna manchándolo todo.

    Agustín se pone detrás de ella y sin preámbulo ensarta a su tía que cierra los ojos de placer.

    Luego de varios minutos así se detienen y sacan sus miembros de los orificios de su tía.

    Marcos alza a Micaela y la lleva como una bolsa de papas a la entrada del cuarto matrimonial donde duerme su esposo boca arriba roncando y babeando.

    Micaela pone cara de terror, les dice que no mientras intenta golpearlo en la espalda con sus manos.

    La dejan de pie y ella mira a ambos, no sabe que va a ocurrir.

    Agustín entonces la alza con destreza para poner sus piernas alrededor de su torso.

    Ella susurra que por favor se detengan, que ya era demasiado.

    Pero los sobrinos parecen no querer detenerse.

    Agustín deja caer por el propio peso a Micaela y ella siente como sus labios vaginales abiertos le dan la bienvenida al falo de su sobrino.

    Ella clava las uñas en la espalda de Agustín para amortizar el grito de placer que quisiera dar.

    Sube y baja con delicadeza y ella siente que se va a desmayar de tanto que está gozando.

    Perdida en el éxtasis siente que por detrás se pega Marcos. Y ella lo besa con pasión.

    Pero Marcos no solo quiere su lengua entremezclada con la suya. Ubica la cabeza del enorme glande en el ano húmedo y dilatado de su tía.

    En las sucesivas subidas y bajadas deja que vaya puerteando y le gusta la situación a la tía.

    Finalmente sucede lo inevitable, apoyados contra la puerta Agustín por delante y Marcos por detrás logran que Micaela, su tía, se deje penetrar doblemente.

    La cabeza enorme del glande de Marcos se hace paso con facilidad al tener las piernas abiertas de esa manera. Marcos ayuda esta vez tapando la boca de su tía para que lance el grito de placer que tanto necesita.

    Se siente el chasquido por toda la casa de los cuerpos desnudos, transpirados y llenos de líquidos sexuales.

    El esposo de Micaela parece querer despertarse pero no lo logra, mientras ella sigue dejándose penetrar por sus sobrinos que no paran en la tarea de hacerla gozar.

    Otros tantos minutos transcurren hasta que de forma coordinada ambos miembros eyaculan una cantidad enorme de leche que sacude el interior de su tía, haciéndola temblar de placer.

    Bajan a Micaela para que esté de pie pero no puede, sigue temblando teniendo más orgasmos luego de que las pijas de sus sobrinos salen de su interior.

    Intenta sostenerse de Marcos pero sus manos desfallecen y solo logra arañar sus pectorales.

    Micaela nuevamente pierde el conocimiento mientras tiene espasmos de placer en su interior.

    Pasan un par de horas y Micaela siente que la despiertan.

    Es su esposo que está a su lado en la cama. Ambos desnudos.

    “apa como te deje cansadita mi amor eh” le dice mientras se pone de píe buscando ropa para cambiarse.

    Micaela está sin la bata, desnuda pero llena de leche que sigue saliendo de su culo y su vagina. Su esposo no se dio cuenta, cree que es todo producto de su virilidad.

    El esposo toma la bata que uso Micaela hace unas horas y se la lanza a la cama.

    “dale vestite que tenemos que ir a ver que hacen esos sobrinos”

    Ambos salen caminando de la mano al comedor y solo pueden ver que los sobrinos Marcos y Agustín están en la pileta nadando.

    Sale el esposo de Micaela hacia afuera y les grita en forma de burla:

    “¿ustedes no se cansan nunca de nadar che? a ver si se consiguen unas novias para ponerla aunque sea así no están acá todo el día jajaja”

    Fin

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  • Mi colaboradora favorita (1)

    Mi colaboradora favorita (1)

    Hace aproximadamente año y medio, en mi oficina, sucedió un cambio de personal.

    Honestamente esto es algo que no me generaba el mayor interés, la relación con dicho departamento siempre se ha centrado en comunicaciones cordiales y saludos, siempre apegado a lo estrictamente necesario:

    -Buenos días.

    -Buenas tardes.

    -Hay alguna llamada que deba ser atendida.

    -Traerán documentación, podrías apoyarme a recibirla.

    -Recibiremos a un cliente, serías tan amable de acompañarlo a la sala de juntas.

    Fuera de ello, la comunicación no avanzaba mucho, hasta que vino este cambio.

    Me notificaron que ingresaría nuevo personal, para lo cual solicite el CV para conocer un poco respecto a los antecedentes y capacidades. Honestamente no me generó mayor interés que el de dar la bienvenida a las instalaciones.

    En cuanto llegó, mi atención se centró únicamente en informarle las actividades que por mi parte necesitaba que fueran atendidas y listo.

    Pasaron las semanas y algunos meses, hasta que un día, la vi con un vestido bastante elegante, de look de oficina pero más ejecutiva. Pude ver su silueta, y como se marcaba su cadera. Lo único que pensé era que tenía un gran potencial. Es importante señalar que la comunicación con ella era muy corta y breve, con cierta característica de inseguridad y reserva por parte de ella.

    Con el paso de las semanas, dentro del marco de cordialidad, continuó la comunicación breve, pero un día sucedió algo fuera de lo normal.

    Estaba yo por salir de mi oficina, así que me acerqué al lugar de trabajo de ella para pedirle apoyo con un tema muy sencillo y cuando ella volteó, pude ver que usaba una blusa escotada que dejaba ver de una manera elegante su senos. No pude no verlo, fue algo tan rápido que de manera inmediata cambié mi mirada y cerré la conversación. Ella notó que me había fijado de una forma distinta, la mirada y reacción de sorpresa y asombro, no pudo ser ocultada. Había quedado como un adolescente viendo su primer par de senos en una revista de adultos. Honestamente me sentí mal por ello y me retiré de la oficina.

    Paso una semana y en el siguiente encuentro resulto algo extraño, yo tenía ese pensamiento de haber mirado lo que no debía y sobre el cual no sabía como lo había tomado ella, no quería que personal de mi oficina se sintiera incomodo…

    Al llegar, ella estaba en su escritorio, y al acercarme a saludar ella se inclinó hacia adelante, dejando ver una blusa escotada, juntó los brazos para apretar sus senos, volteó hacia abajo a mirarse y subió la mirada de forma coqueta y sonriente para decirme “Buenos días”.

    En ese momento mi sonrisa fue inevitable y le respondí de la misma forma, dándole los buenos días. Aquí se percibía ya una intención y aceptación de ella, eso hizo que mi sangre corriera más rápido y que mi mente me llevara a pensar en situaciones que pudieran suceder. Con el paso del día, el pensamiento no dejo mi mente por lo que al cierre con plena decisión, me acerque a ella y con el argumento de tener una comunicación más ágil, le pregunte si era viable que le escribiera al número de trabajo, a lo cual ella me respondió que no… que mejor le escribiera al personal y me dio su número.

    En el acto lo guardé directo en la plataforma de mensajería y le envié un mensaje para abrir la conversación.

    Vía mensaje le agradecí la cortesía de darme su número y establecí que no la buscaría en horarios fuera de trabajo, a lo cual ella me pidió que tuviera la confianza para buscarla en cualquier hora.

    Esto ya estaba empezando a cocinarse, cada límite que yo deseaba poner con ella; ella lo derribaba y me abría más y más las puertas.

    Con el paso de unos mensajes, se acabaron los puntos de conversación y se hizo un silencio, en un momento de tensión podía ver la plataforma la palabra “Escribiendo…” para luego desaparecer… esto se repetía continuamente. Yo estuve a punto de escribir “Dale enviar”, pero recordé que la paciencia es una virtud que en su debido momento, rinde frutos. Y así fue. Por fin le dio enviar.

    En su mensaje iniciaba con un agradecimiento porque siempre la había tratado con respeto, dándole su lugar y refirió al incidente de mi mirada, con el cual me dijo que no me preocupara, que no quería que me sintiera incómodo. Después refirió al segundo incidente diciendo que esperaba que me hubiera gustado la vista. A este mensaje adicionó que yo le parecía un hombre muy atractivo e interesante a quien le gustaría conocer y cerro preguntando sobre mi opinión de ella.

    Tuve que leer y releer ese mensaje, era demasiado bueno para ser verdad. No quería interpretar de forma equivocada o darle un sentido que no tuviera, pero el texto era claro directo.

    Ahora, era mi turno de contestar…

    Pero esta respuesta vendrá en la siguiente parte del relato.

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  • Fui infiel a mi esposo con su tío

    Fui infiel a mi esposo con su tío

    Soy de la selva, casada con hijos, conocí a mi esposo en una fiesta, con quien me casé a los 18 años y resulta que al año de vivir juntos llegó su tío de la ciudad de Tarapoto a visitarnos; era un hombre cuarentón, apuesto, alto y fuerte que se veía joven.

    Mi esposo lo recibió muy bien y lo instaló en la sala de nuestra casa ya que solo teníamos un cuarto, donde dormíamos con mi esposo y mi bebé de meses, el tío aceptó quedarse hasta que mi esposo regrese pues se lo había pedido ya que tenía que ir a trabajar a 5 horas de la ciudad y prefirió quedarse por una semana hasta que mi esposo regrese del trabajo.

    Esa noche a eso de la medianoche, salí al baño a orinar y lo vi masturbándose sentado en la ducha ya que el baño estaba junto a la ducha; vi su gran polla gruesa y grande, la verdad nunca había visto algo así, porque la de mi esposo era delgada y pequeña.

    Mi mente voló en ese instante por la excitación que me había causado y tenía curiosidad de probar algo así, lo vi salir a la sala donde estaba su cama. Mientras yo volvía a mi cuarto a buscar una toalla para ir a ducharme; pues buscaba provocarlo al pasar por su lado, lo vi avergonzado, hice soltar la toalla ya que me di cuenta que me miraba y me agaché mostrando todo mi culo provocativo, levanté la toalla y fui desnuda al baño.

    Dejé la puerta abierta por si venia, me metí a ducharme; mientras mi mente volaba a 100, mi mente sucia quería probar algo semejante, estaba muy caliente, cuando de pronto me doy la vuelta y lo veo desnudo con la verga dura detrás de mí, me dijo si no me molestaba bañarse conmigo, también porque hacía calor; le respondí que ¡no! mientras le miraba su gran polla.

    Se acercó y me besó en los labios, al cual accedí mientras tocaba con mis manos su gran verga venosa y dura que a duras penas lo podía agarrar; me enjuagó el cuerpo que estaba con jabón y me envolvió con la toalla para cargarme a su cama en el piso levantándome en brazos y me llevó a su cama; un colchón en el piso de la sala, me echó, me abrió de piernas y me metió su verga que entró a duras penas que me hizo suspirar de pasión, haciéndome gemir de placer y me cachó con unas ganas enormes de pasión.

    Me preguntó si me estaba cuidando, le dije que si, con la T de cobre, eyaculó dentro mío hasta sentir que la leche escapaba entre mis piernas y mi culo, me dio la vuelta e intentó penetrarme por el culo, le dije que no porque mi esposo lo había hecho, pero su verga no era tan grande como la de él y paró diciéndome que le tenía ganas a mi bonito culo.

    Esa noche cachamos hasta decir basta; luego me puse a dormir en su cama, viendo en el como un perrito aguantado y se echó detrás mío y en todo momento rozaba su verga a mi culo ya que estaba yo desnuda, me excitaba los pezones y me chupaba el culo, besando mi cuello y espalda, sentía el roce de su verga en la puerta de mi ano diciéndome que si entraba.

    Me di la vuelta y le dije que no; a lo que él me dijo: “entonces mámalo”, me agaché y lo mamé, pero no eyaculaba y mis labios no aguantaban, le dije que duerma y me rogó de nuevo “por favor quiero tu culo” hasta que le dije que lo haríamos por el culo; pero que yo me sentaría para ver si resistía esa verga grande.

    Se echó boca arriba; mientras yo me sentaba en su verga, sintiendo como me abría de a poco el ano, yo gemía del dolor, pues era grande mientras me chupaba los senos, hasta que de pronto se empezó a mover con fuerza que me abría más el culo y me hacía gemir que me daba ganas de llorar. Mientras me decía: “aguanta perrita rica y apretada”; hasta la fuerza del golpe de sus piernas con la mía sonaba con fuerza que al final se vino dentro de mi culo.

    Fue fuerte lo que me pasó; tenía el culo destrozado y lleno de leche que al final se echó detrás de mi sintiendo su verga flácida; mientras me decía: “que rico culo me he comido sobrinita hermosa”.

    Al día siguiente como al mediodía llegó mi esposo con la noticia que no se concretó el trabajo y mi tío que pensó quedarse más días; se tuvo que ir a su pueblo; quedándome con las ganas locas de su verga enorme.

    Esa noche mi esposo me metió por el culo, pero no se dio cuenta a pesar que me ardía todo intenté aguantar mientras me decía “que rico culo tienes mi amor”.

    Esa fue la primera infidelidad a mi esposo, aunque mi conciencia estaba sucia yo me decía que lo gozado no me lo quitaban.

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  • Socorrista enseña a mi mujer algo más que a nadar

    Socorrista enseña a mi mujer algo más que a nadar

    Mi mujer y yo vamos asiduamente a la piscina y hace unos día me había comentado que el nuevo socorrista le había hecho unas indicaciones sobre su forma de nadar para evitar malos vicios y mejorar el estilo.

    Ese día me pareció extraño que el socorrista estuviera dentro de la piscina con sus manos sobre el cuerpo de mi mujer, una en su barriga y otra me pareció que sobre sus pechos, sustentada mientras ella hacía movimientos natatorios, aunque pasando yo nadando cerca me pareció que una mano de mi mujer se agarraba al bañador del socorrista y no precisamente sólo a un trozo de tela. Eso sólo fue un instante, ella se incorporó para conversar sonriendo frente a frente sin que ninguno de los dos sacara sus manos de debajo del agua, muy cerca el uno del otro.

    Terminadas las tandas de largos salimos para ir a las respectivas duchas, el caso es que ella se adelantó sin que se percatara que yo salía detrás, cogió la bolsa de la taquilla y en vez de ir a la ducha de las mujeres, entró en el cuarto del socorrista, supuse que algo tendría que decirle. Me fui a la ducha de los hombres y mientras me daba un agua no dejaba de pensar en qué tendría que decirle al socorrista.

    Al salir de las duchas, envuelto en mi toalla, me paso por la puerta del cuarto del socorrista que está medio abierta y veo en el suelo un bañador igual al de mi mujer, a la vez escucho unos jadeos que me resultan familiares, lo siguiente visión fue de algo que me dejó petrificado, contemplé a mi mujer desnuda, de pie, mirando a una pared, con las manos apoyadas sobre la misma y al socorrista también desnudo que la estaba penetrando desde atrás, agarrando sus tetas y cada vez que le clavaba su verga ella soltaba un leve gemido.

    Él le decía en cada clavada si le gustaba, si quería que le follara así, ella de vez en cuando respondía con un prolongado “siii” o un deseado “sigue” “no pares” hasta escuché de ella un “no te corrasss todaaviaaa” lo dijo de una forma que yo sabía que se estaba corriendo ella y seguro quería tener más orgasmos aún, ella suele tener varios cada vez que lo hacemos.

    Nunca habíamos probado esa postura, entre otras cosas porque ella y yo no somos de la misma altura y sería imposible si ella no se sitúa más arriba del nivel del suelo.

    Estaba claro que lo estaban disfrutando los dos y yo no sabía qué hacer, si irme, si interrumpir, si sumarme, en realidad no me vino ninguna de las tres reacciones, sólo contemplaba la escena. El hombre, que supongo se dio cuenta de la corrida de mi mujer, paró para decir que estaba a punto correrse y en realidad tampoco quería hacerlo porque le estaba resultando de lo más placentero el polvo que estaba echando.

    Se sentó en el banco que tenía detrás con su polla apuntando al techo, mi mujer dio unos pasos para atrás y se sentó encima, clavándose dentro de nuevo el falo del hombre y ahora era ella la que movió su redondo culo arriba y abajo mientras por su vagina se deslizaba ese falo a punto de explotar.

    El hombre acompañaba el movimiento sus manos sobre las caderas de mi mujer, jadeaban los dos hasta que los jadeos de ella se volvieron gemidos y le empezó a decirle “córrete, venga, lléname de leche por dentro, venga” todo ello mientras pasaba de un movimiento rítmico a dejar caer su culo sobre la entrepierna del socorrista cada vez con más fuerza, hasta que el hombre la inmovilizó sobre él a la vez que lanzaba un silencioso alarido. Así se quedaron unos segundos inmóviles para seguido salir a la vez una risa floja a los dos.

    En ese momento salí de mi trance y me fui a mi vestuario, en mi cabeza seguía la escena que acaba de ver y de entre la toalla sobresalía mi miembro en plena erección, sin pensarlo dos veces me la empecé a menear, aún resonaban en mi los jadeos, gemidos y palabras de mi mujer, algo que me excita mientras lo hacemos y ahora no tardó en llegarme el orgasmo, dejé que la leche saliera a escape libre sin dejar de menearla.

    A la salida de la piscina pregunté a mi mujer “¿qué tal?” ella me dio un piquito en la boca y me respondió con cara sonriente “muy bien”.

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  • Bocas ardientes

    Bocas ardientes

    Se irguió con los dos codos apoyados sobre el colchón y le dijo: Bésame; quiero sentir en mi boca el sabor de mi coño. Matías sacó su lengua del orificio chorreante y despegó sus labios de la carne cálida de los labios vaginales de Trini. Tenía en sí el olor de la suave vulva de ella y lo aspiró con deleite.

    Estaba arrodillado en la parte baja de la cama. Se apoyó en la almohada en que Trini tenía apoyado el culo erguido en ella y los muslos abiertos. La excitada mente de Matías anticipaba imágenes que le ponían cachondo, antes de bajarle la braga malva de encaje a Trini y ver su chocho rasurado, salvo una erótica raya vertical que se iniciaba en el vientre y llegaba justo al declive por el cual el clítoris asomaba con su forma de fruto carmesí, muy salido, grueso, carnoso y llamativo; antes de estirar lateralmente de la tela, que se enrolló bajando hacia los muslos, le vino a la mente la carne hinchadita y de color calabaza de un mejillón, con sus delineados bordes oscuritos, abiertas sus valvas y sujetas por la hendidura central.

    Se levantó y se agachó nuevamente; está vez para llevar sus labios húmedos de tibio flujo y saliva del interior de la vagina de Trini, a los de ella, que recibió los labios brillantes de él con su boca abierta y la lengua expectante. Le lamió los delgados labios con la lengua y tomó el labio inferior entre los suyos, chupándolo. La boca de Matías desprendía el olor sexual de ella, de su interior incandescente de deseo, humectante de fluido ligeramente salobre, eróticamente viscoso. Eso aumentó su fogosidad. Saboreó la mezcla de saliva y flujo, mientras chupaba la lengua de Matías y tragaba los fluidos.

    Matías tenía la polla como una dura vara ardiente. Mamarle el chumino a Trini le provocaba una erección fuerte, e inmediatamente se le llenaba el meato del líquido seminal. Ahora el glande estaba completamente empapado, desde el agujero hasta la corona lívida y gruesa del hinchado pene.

    Las bocas se chupaban y sorbían mutuamente. Las lenguas se enroscaban, se superponían, se buscaban, huían, se reencontraban, se dejaban morder suavemente. Disfrutaban de los besos sexuales incrementando su fuego.

    Matías bajó y agarró las tetas suaves de Trini. Las magreó con apretones intensos, como si quisiera extraer leche de los pezones rosados, de pequeñas aréolas de ella. Si las cogía entre los dedos, casi podía introducir cada seno en su boca. Chupaba con fuerza, metía los conos de los pezones alternativamente entre los labios, los sorbía y tiraba de ellos con fuerza. Los botoncitos redondos estaban enhiestos. Trini gemía, volvió a dejarse caer sobre la cama. Sentía oleadas de licor sexual desparramándose desde lo hondo de su vagina hasta los abiertos labios verticales, distendido su túnel de penetración.

    Matías volvió a su vientre, lo acarició y lamió el botón erecto de su clítoris. Introdujo un par de dedos en la cavidad lubricada. Notó el ardor interior de aquel coño abierto que pedía besos; ser lamido, succionado, sorbido. Trini se relamía al sentir nuevamente cómo era penetrada, ahora por los dedos de Matías, que la iban follando rítmicamente. A cada empujoncito de él, ella jadeaba y movía sus caderas; su culo se contoneaba sobre la almohada; eso le producía un suave placer añadido, el del roce del estrecho anillo del esfínter deslizándose sobre la tela.

    Los dedos salían para penetrar profundamente, todos impregnados del néctar sedoso de los jugos de Trini. Los dedos masturbaban vaginalmente; los labios de Matías chupaban y estiraban la perlita delicada, toda endurecida, del clítoris. Su lengua trazaba círculos en torno al órgano del placer orgásmico de ella. Trini se sobaba los pezones estirándolos y retorciendo los botoncitos…

    Y estalló…

    Un suave alarido seguido de largos gemidos contenidos, espasmos y empujones en los dedos chorreantes de Matías. El deleite de un gran orgasmo… Él se separó y vio cómo el agujerito de Trini con latidos irregulares, primero más rápido, luego decrecientes, se abría y cerraba; la trompita enrojecida del clítoris se elevaba y bajaba simultáneamente.

    Cuando Trini se fue calmando, le dijo, ahora quiero comerte a ti. Me voy a comer tu polla y a hacer que tengas una eyaculación que nunca olvides. Quiero que te corras en mis tetas y me las llenes de tu lechecita caliente.

    Matías abandonó el chocho de Trini, pasando antes la lengua por toda su carne, para recoger el líquido vaginal. Su tranca estaba erguida, dura, tensa; cimbreaba mientras trepaba hacia la boca expectante de ella. Se colocó encima de ella. Le puso los dos dedos brillantes del semen femenino entre los labios, y ella los chupó sonoramente.

    Trini le atrajo y se metió toda la verga en la boca y comenzó a succionar el falo endurecido por la lujuria. Tenía sujeta la polla desde su raíz, desde la bolsa de los testículos. Miró el glande colorado por el ansia y la tensión sexual, colocando la punta de su lengua en el agujero que coronaba el capullo calentísimo de él. Estaba cubierto del flujo sedoso que subía desde los huevos muy juntos y duros; se lo llevó al paladar y lo tragó. El miembro seguía dejando caer hilillos de líquido preeyaculatorio, que ella lamía y saboreaba. Abrió los labios y se metió toda la extensión de la verga en la boca.

    La chupó haciendo movimientos masturbatorios y notó cómo la excitación de Matías crecía, hasta el punto de ir a desbordarse con todo el semen en la boca. Apretó el enrojecido cipote para evitar que se derramase la leche que pugnaba a leves golpecitos por salir. Se lo sacó de la boca y lo colocó entre sus tetas, lo aprisionó en el canalillo y siguió su masturbación entre los pechos.

    Matías explotó en un orgasmo y con un bufido dejó saltar una oleada de leche seminal que salpicó el rostro de Trini. La polla siguió lanzando el blanco y caliente flujo espeso, que fue cayendo sobre las tetas de Trini, salpicando su frente, su barbilla y sus labios, cubriendo los pequeños pezones. Matías dejó escapar todo el fluido espasmódicamente, con los ojos cerrados, la boca abierta, dejando escapar sonidos de placer, sujeto con las palmas de las manos a la cama.

    Cuando tan sólo brotaban unas gotas lácteas, Trini untó sus dedos en el líquido seminal y los llevó a sus labios, mientras Matías observaba con deleite y los dos gozaban de la sensación del sexo sin tabúes, descubriendo nuevas formas de disfrute, como venían haciendo muchos meses y pensaban seguir haciendo lujuriosamente.

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  • El secreto de mi hermana

    El secreto de mi hermana

    Hace ya algunos años me divorcié y regresé a mi estado natal donde renté un apartamento en lo que construía de nuevo mi vida.  Vivía muy cerca de la casa de mi hermana y me llevo bien con ella y mi cuñado, él es militar de rango medio y ella es una enfermera delgadita con facciones infantiles a pesar de ya pasar los 30s, delgada de 1.45 m, piel blanca, pelo corto y carita de no romper un plato, lo que más destaca es un par de tatuajes que tiene en el brazo derecho un pulpo que abarca casi la totalidad del brazo y sus tentáculos se pierden en los hombros…

    Una vez descrito esto les cuento que yo andaba en busca de sexo casual y por qué no encontrar algo más.

    Para esto anduve vagando en blogs y páginas de Facebook y llegué a una página del ambiente, rápidamente me hice miembro y empecé a querer visitar muy de vez en cuando hasta que organizaron una fiesta de disfraces por ser Halloween y lógicamente los singles tienen que pagar su acceso, ese día mi disfraz era sencillo según yo era Gambito un Xmen.

    Pasada la medianoche ya todos encuestados comenzó el concurso de disfraces y en primer lugar quedó una colegiala con su uniforme de secundaria tacón alto y un cachetero de encaje blanco, pero con una colita de zorrita bien incrustado en el anito…

    Yo estaba embelesado por esa belleza delgadita un culo hermoso y sobre todo lo coqueta que se veía.

    Cuando el presentador le dijo vuelta, vuelta y le quitaron el suéter a su…

    Quedé como piedra y también mi verga automáticamente se me paró al mil por hora, tragaba saliva solamente al verla ahí bailando y mostrando a los demás su culo.

    El presentador no se quedó ahí invito a los 2 primeros lugares de disfraces hombres y les pidió la desvistieran los cuales se dieron gusto cargándola según para quitarle su falda abriendo su culo notándose que tan rico tenía el plug encajado.

    Sus pechos si bien no son enormes si están ricos y con unos pezones muy grandes.

    Ya semi desnuda le preguntan qué quiere de premio y ella de la forma más normal le dice “lo quiero a él”…

    Las risas y lo caliente de la escena tenían a los asistentes al mil por hora.

    El presentador saco una cabina portátil y con el permiso de sus parejas los introdujo en ella…

    Yo rápidamente busque a mi cuñado el cual se encontraba a lado de una pareja conviviendo y tocándole la pierna a la otra dama.

    Se apagaron las luces y se ilumino la cabina.

    Se veía como ella estaba hincada y él la tenía mamando verga, ella experta se tragaba más de la mitad de esa verga para después desaparecerla por completo…

    Yo no perdía detalle de sus movimientos, varias parejas ya comenzaban a desaparecer con otras y otros tanto ya fajaban sin descaro.

    En un movimiento sencillo pero para mí demasiado erótico ella se levanta y se sienta en una silla abriendo sus piernas para recibir ahora una rica mamada del Tarzán que rápidamente se hincó y clavó su cara entre sus pliegues, para lamerle hasta el alma y después de no sé cuántos minutos ella se levanta y se inclina para recibir la iniesta verga de aquel desconocido que la empieza a sacudir y en un momento dado la carga para cogerla duro, no tardan ni 5 minutos y él finaliza hincándola para posteriormente terminarle en la cara y boca…

    Las luces se apagan y cuando las encienden ella se encuentra solamente con su diminuto bóxer puesto y su pelo ya no tan finamente peinado.

    El conductor pide una tanda de aplausos para los ganadores y a ella le da tremenda nalgada para invitarla a ir a su mesa.

    Yo me acerco lo mejor que puedo y al estar cerca y verla caminar observo como muchas manos le agarran el culo y las tetas y ella en lugar de incomodarse, solamente camina más lento y se detiene de vez en cuando para dejarse hacer.

    No aguanto el impulso y le agarro el culo metiendo mis manos y tocando su empapada vagina metiéndole un dedo de forma fugaz para sacarlo y llevarlo de forma automática a mi boca.

    Sus jugos me saben a gloria y la veo como se sienta en las piernas del otro chico y besarlo de forma vulgar mientras su marido se encuentra besándole los pechos a la otra chica.

    Los 4 se levantan y los veo salir rumbo a la habitación que yo creo tienen reservada.

    Ese episodio me obsesionó, yo no sabía cómo decirle que había probado su vagina con mis dedos, no sabía cómo confesarle que la había visto coger y se me antojaba demasiado, me hice más cercano a mi hermana y seguido les invitaba unas copas, llegaba a su casa con el pretexto de un partido de fútbol o cualquier cosa y trataba de emborracharnos y yo de tener el valor de pedirle me dé el culo…

    Y si, mi espera dio frutos y de la forma menos inesperada posible para ellos, pero para mí fue algo planeado y que ya llevaba tiempo pensando…

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