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  • Economista y prosti: Vacaciones y excepciones (2 – final)

    Economista y prosti: Vacaciones y excepciones (2 – final)

    ¡Hola! Continúo con mi puesta al día de “reuniones inevitables” que fueron excepciones a mis vacaciones.

    Capítulo 2: De vacaciones, pero…

    Después de nuestra disfrutable estadía en el Este con Sam, pasamos unos días divinos con Tommy en Montevideo, él ya trabajando. Luego yo pasé tres días maravillosos en Colonia del Sacramente, que nos encanta, con dos amigas y ex compañeras de Universidad. Somos muy amigas aunque ellas ignoran todo de mi “segunda actividad”. Además de ser muy amigas, de mi edad un año más o menos, ambas son hermosas, delgaditas, más bajitas que yo, cuernitos delgados perfectos, tetitas de juguete pero divinas.

    Una de ellas, Maca, más abierta y libre, casada. Estábamos en una habitación triple y no vacilaba en salir desnuca o casi, de la ducha hacia el dormitorio (igual que yo).

    La otra, Sandra, mucho más reservada y tímida, al borde del casamiento, cada vez que oía que una de nosotras estaba por salir de ducharse, se ponía a mirar el Río desde la ventana, y siempre salía del baño totalmente te vestida. Pero las tres somos excelentes amigas.

    Y estando en Colonia (siempre la llamamos así) recibí en el putifono, que nunca abandono, una llamada de Tib, el magnate farmacéutico argentino.

    Debí alejarme de mis amigas para atenderlo.

    En resumen, aunque había recibido mi mensaje de que estaría de vacaciones todo mayo, me solicitaba muy especialmente que lo recibiera en Montevideo junto a dos de sus Gerentes regionales de Argentina, pues vienen a mi ciudad a estudiar el abrir un Laboratorio más en el país, no necesariamente en Montevideo.

    Comprendía él que estaba yo de vacaciones, pero me prometía “lo que pidas”.

    –Pero Tibu, claro que puedo hacer una excepción a mis vacaciones, para ti lo que sea, y propongo una conferencia para ti y tus gerentes en mi oficina de Montevideo, y además con hermosa puesta en escena.

    –¿Ellos saben algo?

    –No Sofi, es reunión de trabajo, no saben nada de que quiero presentarte a ellos (y más que presentarte, claro). Veré fechas posibles y vuelvo a llamarte.

    En dos horas me llamo nuevamente y debí nuevamente dejar a mis amigas, que al regreso me preguntaban con quién hablaba en secreto, etc. etc.

    En resumidas cuentas, Tib aceptaba venir la semana siguiente, sin que sus dos Gerentes sospecharan nada, y reservaba para mí de martes a miércoles.

    Le sugerí enviarle al día siguiente el plan de la reunión y aceptó. Terminamos nuestro paseo con mis amigas, regresamos a Montevideo y preparé junto a Tommy la propuesta / resumen de la reunión y se lo envié a Tibu (se acuerdan, espero, que le digo Tib o Tibu por aquello de que es el Tiburón Blanco de la industria farmacéutica).

    El plan era el siguiente, un poco abreviado:

    A) Salud garantida de todos. Tib debería asegurarse eso, pidiéndoles análisis de todo tipo (no solamente de ETS), como nueva rutina de la compañía, era mi sugerencia para no llamarles la atención. Resultó ser que por requerimiento a su personal de alto nivel, ya les exige chequeo de salud completo, no sería problema.

    B) Conferencia sobre Compañías, Situación Internacional y Finanzas Personales y posterior sesión de preguntas.

    C) Deriva de la situación hacia muestra de videos sugerentes y “desfile”.

    D) Yo quedaba a la espera de lo que deseaba Tib obsequiar a sus Gerentes, de lo cual dependería el arancel. Por la índole de la conferencia, no estaba previsto que Tommy estuviera en ningún momento.

    La respuesta fue casi al instante, todo aceptado, y quería él también ser sorprendido por los videos y el desfile, por lo tanto ningún detalle previo. Proponía que sus Gerentes luego del desfile tuvieran una sesión individual conmigo, posteriormente, noche a solas él y yo, y el miércoles de mañana, hasta la hora de regresar a Buenos Aires, una sesión grupal, no muy exigente, pues entendía que yo quizás, podría estar cansada. El arancel propuesto por mí era el usual internacional en dólares de 3 k cada uno, pero para redondear, dije que lo dejaríamos en 8k total, y obviamente él se haría cargo de todo, transfiriendo a mi compañía a título de Honorarios por Conferencia. Y así quedó convenido.

    Era ya martes y Tommy se dedicó a preparar los videos a exhibir en la pantalla de mi oficina en el momento oportuno, y yo a preparar la conferencia, teníamos una semana para preparar todo.

    Finalmente, llegó el día que habíamos marcado, aunque ellos llegaron con bastante retraso, debido a sus otras tareas en la ciudad, a eso de las 3 pm del martes de la semana siguiente.

    A raíz de eso, cuando llegaron a mi oficina, decidimos pasar directamente a mi disertación, dejando para el final, solicitar jugos, refrescos y dulces para una merienda al terminar esa parte. Solamente Tibu y yo sabíamos que habría mucho más.

    Sobre las 4 y 30 pm finalicé la exposición del tema, y propuse un pequeño intervalo para ponerme más cómoda para la sesión de preguntas y aclaraciones, y para la merienda siguiente.

    Hice el pedido a mi confitería de confianza, me lo entregaron a los 45 minutos, y fui a dejar mi conjunto de riguroso traje sastre y pasar a pantalón de tipo

    vinilo símil cuero, negro, con camisa blanca, seria pero sugerente, con mis tetas casi todo es sugerente ja ja.

    Al volver, conversamos un par de minutos acerca de generalidades, les encantó que proyectara los datos y gráficos en una super pantalla y que ellos estuvieran ubicados en cómodos sillones frente a la TV.

    Comenzamos con una larga sesión de preguntas y ampliación de datos, que yo aproveché para cada vez que pude colocarme para señalar algo de frente al televisor y de espaldas a ellos… luciendo mi ajustadísimo pantalón de vinilo.

    Llegó el pedido para la merienda, aproveché para caminar frente a ellos moviendo ostensiblemente el trasero al ir a recibirlo.

    Poco a poco el tema se agotó a satisfacción de ellos. Hasta que uno de los Gerentes, por ahora no pondré seudónimos, pidió la palabra, pensé en una pregunta más, acerca de economía o finanzas.

    –Por favor, una pregunta más, con el mayor respeto… ¿Podrás sacarte el pantalón cuando termines el día? Lo veo difícil. Hubo risas generalizadas.

    –Ohhh… claro que sí. Tengo experiencia en eso. Se lo sostiene estirado y una va moviendo el cuerpo mientras baja el pantalón, o simplemente, a partir de la cintura lo va enrollando hacia abajo, ¡y hecho!

    –Ya hemos aprendido algo nuevo, gracias.

    –Y ya que hemos terminado la parte técnica, que es la que ocupa mi actividad como Economista, me permito invitarlos, mientras van merendando, a que conozcan un poco más mi actividad personal. Les traeré café, para complementar los refrescos, me ausentaré unos minutos y mientras tanto les proyectaré un video personal para que me conozcan mejor por si, ojalá, seguimos relacionándonos en el futuro.

    Así lo hice, y les puse a correr un video que preparó Tommy, con filmaciones mías que avanzaban desde estar de compras en algún Mall, hasta fotos de la estadía en París cuando nuestro amigo nos invitó a ir, y de a poco derivaba a tomas lejanas en playa, tomas cercanas de playa, pasando de malla enteriza a bikini, y varias tomas en la piscina de mis suegros con el bikini que me prohibieron en el crucero. Cuando regresé, al final del video, vestía mi querido mini vestido strapless elastizado y metalizado color plata, con altísimos tacos.

    La exclamación fue inmediata, de parte de quien me había consultado antes:

    –Ohhh evidentemente pudiste quitarte el pantalón.

    –Se lo dije, ja ja. Y por cierto no quería que quedara ninguna pregunta sin respuesta.

    Les serví café o refresco adicional para que me tuvieran bien cerca.

    –Habrán visto que me encanta la playa y las compras, entre otras cosas.

    –Ciertamente dijo Tib, y ¿podrías decirnos si tienes otras aficiones?

    –Soy una persona muy abierta. Les cuento que intenté ser modelo en mis 20 años, pero faltaba algo de estatura y sobraban dos centímetros de cadera y de busto ja ja ja.

    –Estoy en desacuerdo con eso dijo uno de ellos, no sobra nada.

    –Pues bien, les cuento que desde esa época me ha quedado una cierta afición a desfilar, y lo he hecho varias veces. Si lo desean podemos ver algún video de esos desfiles de aficionada. Iremos conociéndonos mejor. Hubo unanimidad por el sííí.

    Me senté entre ellos, cuidando de mostrar tanto como fuera posible los muslos, dejando que el vestido se subiera. Se proyectaban imágenes de los desfiles de “subasta” y también de algún desfile privado para papá, Tomás y Tommy; nunca imágenes que me mostrara desnuda o casi. Más bien en micro vestido, minifalda, bikini o en soutien media copa y culotte.

    No les miento ni les exagero, hubo aplausos. Y tomó la palabra Tib: –Pues quienes no te contrataron se lo perdieron.

    –Bueno, eso ya es cuestión de opinión.

    –Nos ha maravillado conocer esa variante de tu personalidad. ¿Sigues desfilando?

    –Solamente en situaciones muy especiales y dónde hay mucha confianza.

    –¿Todos esos señores son de confianza?

    –Totalmente de mi confianza… se lo ganan.

    –Y si no es demasiada curiosidad, ¿cómo se ganan tu confianza?

    –De cierta manera que surgió inesperadamente por una pregunta de mi marido.

    –Mi marido ha sido mi único hombre desde la adolescencia hasta fin de enero de 2024. Una noche me preguntó si estaba conforme con eso.

    –Mmm ¡eso suena picante!

    –Mi respuesta lo sorprendió, pero accedió.

    –Quiero saber, dijo uno de ellos.

    –Le respondí que era completamente feliz con él, y lo sigo siendo, pero que me intrigaba saber cómo sería estar con otro hombre, y también que se sentiría al recibir dinero por sexo.

    –¡Tremendo! ¡Increíble! ¡Qué sorpresa! Fueron comentarios que alcancé a oír.

    –¿Y?

    –Estuvo de acuerdo en que probara ambas cosas. Pero me dijo: “Si vas a ser puta, debes ser la mejor y la más cara”. –Y yo le tomé la palabra.

    –Maravilloso. Y uno de ellos preguntó: “¿Podríamos tener un desfile?”

    Y ahí la sorpresa: –Uds. no lo saben, pero mi amigo Tib es tan gentil que ha contratado un desfile para Uds.

    Lo aplaudieron, y yo dije que si estaban de acuerdo comenzaría el desfile, pero que mientras iba a cambiarme al dormitorio del piso superior, (antes me había cambiado en el dormitorio de abajo), les proyectaría imágenes. Y sugerí, los lectores lo imaginan, que se acercaran al pie de la escalera para verme subir. Al llegar encima y segura de que habían vislumbrado mi culo, les advertí: –“Es desfile, me toquen”.

    Opté para la primera pasada por microfalda roja plisé soleil, con micro tanga debajo, y crop top negro sin nada debajo. Tacos altos en zapatos rojos. Ni que decir, que al bajar la escalera del estudio, las tetas se bamboleaban en gran forma.

    Mientras esperaban, habían estado viendo un breve video de desfiles en conjuntos de liguero (alto y bajo), tanga y soutien.

    Bajé y pasé un par de veces frente a ellos, asegurándome de mover bien tanto mi culo como las tetas, y paré entre ellos para comer un dulce.

    Obvio que cuando subí se agruparon al pie de la escalera y lograron ver más que la vez anterior pues la falda era realmente micro y al ser plisada, se movía muy libremente.

    Desde el dormitorio, les habilité un nuevo video de entretenimiento, cada vez más atrevido, con escenas de escalera en tanga hilo, lencería mínima y transparente, y también tomas lejanas desnuda en playa Chihuahua.

    Me “vestí”, es un decir, rápidamente.

    Bikini de terciopelo cubierta de lentejuelas doradas. La parte superior, dos triángulos sostenidos como en todos los bikinis con hilos dorados, el terciopelo de ésta parte, perfumado con toque de base peach, para que se transfiera discretamente a la piel. Abajo, dos triángulos que colgaban libremente, delante y detrás sostenidos por un cinturón dorado, el terciopelo discretamente perfumado con base de jazmín.

    Bajé, tratando (lo logré) que no se me escaparán las tetas del bikini. Pero dejaba que los triángulos inferiores por detrás y por delante se movieran libremente ya que simplemente cuelgan del cinturón.

    Cuando llegué a ellos, uno dijo: “Divina, mejor que en el video”. Los dejé contemplarme a gusto, parecía que en cualquier momento me tocarían pero se contuvieron.

    Pasé al lado de ellos, alguno respiró profundamente, casi seguro aspirando los perfumes de la base aterciopelada de mi bikini.

    –Amigos, mi próxima pasada será la última, dije, y al final, tendré que decirles algo.

    Nuevamente te subí la escalera, “la escalera al paraíso” suele llamarla Tommy.

    Desde la suite, les conecté en video con rápidos flashes en acción total. Siempre en fotos o imágenes filmadas en donde no se veían las caras de mis partenaires, que a veces eran Tommy, Tomás, papá, Manu o Vic. Me mostraban haciendo oral, penetraciones en misionero, en cuatro o en cucharita, y al final, unos veinte segundos, editados, de cuando el chofer afro–francés de Paul me la mete tanto en la concha como en el culo.

    Bajé, con stilettos negros, babydoll negro translúcido a mitad del culo, sin nada debajo. Me dediqué a pasearme frente a ellos, a veces haciendo giros para que el babydoll dejara ver mi pubis o mi culo, a veces se escapaba una teta que yo recién escondía varios segundos después.

    –Y ahora amigos, ya me conocen totalmente tanto en mi faceta economista como también en faceta de purifica… pero creo que Tib tiene algo que decirles a Ustedes dos.

    –Gracias Sofía. Lo que quiero decirle a mis queridos Gerentes, es que están invitados a conocer en forma íntima a Sofía. Los honorarios por la conferencia han cubierto todo.

    Los empleados abrazaron a Tibu, le agradecieron y él dijo: solamente decidan el orden para compartirla. Sus empleados dijeron al instante: –¡Vaya primero!

    Pero Tib aclaró que en realidad él iba a pasar la noche conmigo, ellos podrían divertirse ahora y volver el miércoles de mañana.

    Para divertirme e incrementar el deseo, que ya era evidente, moviéndome en forma pícara me fui quitando el babydoll, hasta quedar completamente te a la vista, y no conforme con quedarme desnuda, me puse a besar a Tibu.

    Uno de ellos aventuró: –¿ Y si fuéramos los dos? –¡Me encantaría! respondí.

    Me separé de Tib, me situé entre ellos y comencé a caminar hacia la escalera.

    Cuando comenzamos a subir, uno de ellos me puso una mano sobre el culo, al instante también el otro puso una mano sobre una nalga, y ambos subieron masajeándome las nalgas. Tib que nos miraba desde abajo, me contó después que era un espectáculo precioso.

    Me recosté en la cama, los pies hacia el piso y las piernas abiertas, mostrando e invitando… –Quiero verlos desnudos, dije.

    Al momento se desvistieron, físicos normales en señores +50, salvo por un detalle. Otra vez, no es la primera vez, un par de huevos que asombran, muy grandes y bien colgantes, no menos de 10 o doce cm de escroto colgante, bien relleno con esos huevos hermosos.

    No sé si ya habían tenido experiencias juntos, pero no mostraron timidez ni vergüenza por estar juntos conmigo. Los llamaré A y B simplemente, hasta ver si les pongo nombre cuando (lo prometieron) vuelvan a estar conmigo juntos o separados.

    A, es el de los huevos grandes, se dedicó a chuparme la concha, con gran dedicación al clítoris, para mi regocijo. Mientras tanto B se me puso de costado, y me daba su pija a chupar, alternando con chuparme y acariciarme las tetas, y a veces, besos de lengua.

    Debo decirles que la lamida de concha que me daba A era perfecta, lenta, babosa, metiendo a veces la lengua entre mis labios vaginales y siempre yendo al clítoris para lamer y chupar; y de continuo, la saliva cayendo a mi ano.

    Al cabo de un rato, sentí que lo que se deslizaba en mi concha no era una lengua, era la verga de A, que comenzó a frotármelo en toda la cocha y a veces subía a frotarla en los pelitos de mi landing atrio. Un placer total. Mientras tanto, B se dedicaba a besarme, a veces me escupía en la boca abierta, y alentaba a A: “metésela, está caliente”.

    Abrí aún más las piernas, y A colocó la pija en posición. Me la metió hasta aplastar sus pelos contra mi concha, y sentí el golpe de sus huevos contra el culo. La sensación del golpeteo de los huevos cuando comenzó a moverse es indescriptible, los sentía golpearme regularmente, al mismo ritmo que su verga iba y venía dentro de mí.

    Me faltaba la respiración y para poder jadear llevé la boca de B a mis tetas. Me mordía suavemente los pezones y eso me enloquece, ¡estos dos sabían portarse! Acabé, grité, tembló todo mi cuerpo, y sentí que A aumentaba su ritmo, y acabó dentro de mí, ¡Como lo gocé!

    Y lo mejor, no lo esperaba. Hizo una seña a su compañero e intercambiaron posiciones, A me dio sus huevos y pija a chupar. B tomó mis piernas por los tobillos y las mantuvo bien levantadas y abiertas. Y lo inesperado, sin dilatarme y lubricado por la leche que escurría de mi concha, me empezó a puntear mi adorado asterisco.

    Pensé que era imposible que me entrara, pero probó varias veces, no lo lograba, pasaba la verga por la puerta de mi concha y volvía a intentarlo, y al final, logré colaborar, relajarme y ¡entró!

    Luego de tener adentro la cabeza, mi relax fue total, confié en dilatar, y le pedí: “escupime y movete”.

    Lo hizo, y ya fue todo placer, pero eso no me impidió decirle que no me acabara adentro (ya saben que no es de mi gusto en el culo).

    Su compañero nos dejó disfrutar, contemplando como me culeaba su amigo, y cuando B se sintió venir, la sacó y me tiró todo su cum encima, senos, ombligo. Yo, enloquecida como estaba, lo recogí y me lo devoré. Mientras él se limpiaba la pija en mis pelitos y luego en mi lengua.

    Lo que siguió fue una fiesta de besos y manoseos. Y luego un descanso donde intercambiamos elogios, yo lo había disfrutado y ellos también.

    Acostados los tres conmigo en el medio, los comencé a masturbar, mientras me decían cosas lindas, entre ellas que mis tetas son muy similares a las de una actriz porno, A.D. Pero con mejores pezones, ¡nada menos!

    Respondieron en poco rato, cuando ya estaban con sus vergas casi duras, propuse darme una ducha “para que me tuvieran limpita”, a lo cual se negaron… ”Así estás perfecta”.

    Y comenzamos a hacernos oral. Yo me alternaba a chupar sus miembros y ellos se alternaban a chuparme las tetas, la conchita y, con mucha dedicación, el culo, lo que me hizo pensar en que nuevamente me iba a sodomizar alguno de ellos.

    Se las chupé hasta endurecerlos, y pregunté ¿Quién comienza?

    Y la respuesta me excito muchísimo: “¡Los dos!”.

    B se sentó al borde de la cama y me señaló su pija para que me montara… obediente lo hice, me metí bien a fondo su pija en la concha y me curvé un poco hacia adelante, ofreciéndole mis tetas a chupar. Mientras tanto, A se pasaba gel, que nunca me falta, en la poronga y se acercó por detrás, curvo un poco las rodillas, pues es alto, y enfrentó su glande en mi culo, mientras B se micía apenas para no dificultar la entrada.

    Un par de intentos y tenía también a A dentro de mí, y con mayor libertad de movimientos, imagino el escroto con sus huevos balanceándose al ritmo de la sodomía.

    Es difícil y a veces una siente que la están dilatando al límite, ¡pero sentir dos vergas yendo y viniendo es lo más!

    Era lógico, A se movía con más facilidad y cuando sintió que eyacularía, me la sacó del culo y me chorreó la espalda.

    B siguió hasta llenarme de fluido masculino, tibio y espeso, y nos dejamos caer en la cama nuevamente.

    De nuevo jugamos y charlamos. Me prometieron invitarme a su país o visitarme, y dijeron no tener inconveniente en pagarme lo que mencioné, pues “te lo mereces sin lugar a dudas”.

    Fuimos a ducharnos los tres, nos divertimos cuando uno de ellos “amenazó” con usar su miembro como manguera para colaborar en la ducha ja ja.

    Y ya vestidos bajamos a encontrarnos con Tib. Lógicamente quiso saber cómo había ido todo, y como había tiempo, fuimos todos a cenar. Nos divertimos, hice dos o tres exhibiciones de camisa abierta para calentar a Tib, A y B se fueron a su hotel y Tib se fue conmigo a pasar la noche.

    Lógicamente, ya estaba Tommy en mi oficina, se saludaron y Tommy, que estaba sabiendo todo simplemente nos dejó solos y se fue a dormir al dormitorio del piso inferior. Por suerte ya había ordenado y cambiado las sábanas del dormitorio en suite.

    No los aburriré con detalles de la noche con Tib. Solamente te decirles que se portó muy bien, que ningún orificio de mi cuerpo quedó con ganas y que planificamos algunas cositas interesantes para el futuro. Nos dormimos tarde, como siempre que duermo con un cliente, cogimos al despertar, y a las ocho de la mañana estábamos desayunando con Tommy, cuando llegaron A y B Tommy ya había salido a su trabajo, y cumplimos con la fiesta múltiple que estaba prevista como fin de esa aventura.

    Subí sola a la suite, vestida en babydoll y bata. Me preparé para recibirlos. Completamente desnuda, super perfumada y con una cadenita dorada a la cintura, con tres pequeños cascabeles sujetos a ella, que suenan al moverse.

    Subieron, y me fueron manoseando mientras se desvestían. Ya desnudos. Los hice tender en la cama, para chuparlos alternadamente. Mientras chupaba a cada uno los otros me manoseaban o me lamían el cuerpo. Largo rato disfrutamos así.

    Luego, decidí una vez más, llevar a cabo lo visto una vez en un video (no olvido lo que realmente te me gusta).

    Los hice acercar, siempre tendidos en paralelo. Y me monté a uno de ellos, ya con la concha húmeda y ellos con las pijas ensalivadas.

    Al instante desapareció la verga dentro de mí, y mientras comencé el sube y baja, alenté a los otros a masturbarse suavemente.

    Pasado un tiempo, me salí del primero y pasé instantáneamente al segundo, y así sucesivamente, pasaba de uno otro. A pedido, alguna vez me lo metí en el culo, en vez de la concha, y me masturbaban los otros mientras subía y bajaba.

    ¡Les encantó! Disfrutaron mucho la alternancia, y me obsequiaron (lo que quedaba) de sus líquidos.

    Sin avergonzarse de mezclar sus fluidos, sin avergonzarse que meter sus miembros en una deliciosa cueva donde ya habían estado otros. Definitivamente, así me gustan los hombres.

    Habían planificado trabajar de tarde. Nuevamente nos bañamos juntos y juntos almorzamos. Nos despedimos cariñosamente en el restaurante (ya les contaré que alguien me vio despidiéndome), y me prometieron repetir cuando cada uno pudiera, y donde fuera.

    Nota: para uno de mis lectores a quien le interesa el dato: hasta este relato, mayo del 2025, desde que comencé a fines de enero 2024, van 33 vergas (incluye a Tommy, a su papá, a mi papá, y cuento también la relación bi con Mary). No incluye las vergas de la aventura de vacaciones con Mary.

    La aventura de vacaciones con Mary respondió a una propuesta muy especial de ella, para cumplir una fantasía especial de ella, y otra fantasía que teníamos las dos en común. Pero, lamentablemente, no puedo relatarlas. De verdad lo siento. Solamente te decirles que disfrutamos mucho, tanto ella de lo suyo exclusivo (me dejó pensando) como de la fantasía en común.

    ¡Hasta la próxima! Hemos quedado al día con mis vacaciones y las actividades especiales. Por supuesto me reintegré a mis actividades con agenda llena a más no poder, y con papá y mi suegro desesperado por más de un mes de abstinencia (ya se los contaré).

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  • La confianza silenciosa: Un relato de intimidad compartida

    La confianza silenciosa: Un relato de intimidad compartida

    La vida remota tenía sus rutinas, sus horarios fijos, y ese estrés sutil que se acumulaba con cada videollamada y cada tarea urgente. Pero en mi departamento, compartido con mi amiga, existía un respiro, un pacto silencioso que transformaba el ajetreo en momentos de profunda calma. No era una relación al uso, ni una historia de amor convencional; era algo mucho más específico, forjado en la confianza y el entendimiento mutuo.

    Lo más notable es que ella es una mujer “realmente guapa”, con un “físico increíble” esculpido en el gimnasio. A pesar de eso, de mi propia percepción de no ser guapo y de ser algo gordo, ella me ofrecía esta intimidad. Su generosidad trascendía lo físico. “Todo esto, de hecho, fue algo que ella me ofreció, que ella me propuso llevar a cabo, impulsada por una filosofía muy clara: “Deberíamos normalizar que si vemos a un hombre deseoso, no nos compliquemos y decidamos darle sexo. Que querer satisfacer a ese hombre se vea como algo completamente normal y libre de juicios.” Quizás nadie lo crea, quizás suene increíble o difícil de entender desde fuera, pero esto es algo que he estado viviendo ya por un año.

    Un lunes cualquiera, con la pantalla parpadeando con correos sin leer, mi amiga me vio. Conocía mi lenguaje corporal, la forma en que mis hombros se tensaban. “Ven, tómate un tiempo para relajarte” me dijo con esa voz suave pero firme. Sabía lo que eso significaba. Nos levantamos, dejando atrás el escritorio, y nos dirigimos a mi cama. El aire cambió, volviéndose más íntimo, más nuestro.

    Sin necesidad de palabras, ella se quitó el calzón, subió su falda y, recostándose, abrió las piernas. Su mano rozó su intimidad, una invitación sutil que no necesitaba ser verbalizada. Yo hice lo mismo, sintiendo la familiar tensión y la promesa de alivio. “Estoy lista” susurró, y en sus ojos vi esa generosidad que siempre me ofrecía.

    Me subí a ella, sintiendo la calidez de su piel. Metí mi pene, lento al principio, buscando esa conexión que solo ella me ofrecía. “¿Estás cómodo?”, preguntó, su voz un murmullo de preocupación genuina. Empecé a moverme, disfrutando cada deslizamiento, cada roce dentro de ella. No había prisa. Sus palabras me lo recordaban: “Sin prisas, tómate el tiempo que necesites.”

    Media hora de puro placer, de moverme con libertad, de sentir su vagina envolviéndome. Y cuando el clímax se acercó, la solté. Me corrí dentro de ella, sintiendo la liberación total. Sus piernas se cerraron suavemente a mi alrededor, un abrazo sin palabras. Al terminar, la saqué, le di las gracias, y ella se levantó con la misma naturalidad con la que había llegado. Se limpió, se puso su calzón y ambos regresamos a nuestros escritorios, a nuestras vidas remotas, como si nada extraordinario hubiera pasado. Pero lo había. Habíamos compartido un momento de intimidad única, un alivio que solo ella sabía darme.

    Otro día, la hora del almuerzo se sintió como una trampa entre reuniones interminables. Apenas había comido cuando ella me llamó. “Ven, relájate antes de volver” me dijo, señalando el sofá junto a mi escritorio. Esta vez fue aún más rápido. El calzón y la falda se deslizaron en segundos. Abrió sus piernas, ofreciéndome su vagina de nuevo. La metí. Quince minutos.

    El tiempo apremiaba, pero ella estaba ahí. “Hazlo a gusto” me dijo, y luego, viendo que el tiempo se agotaba: “Sigue, si necesitas moverte más rápido, hazlo para que te corras y no quedes a medias.” Aceleré el ritmo, y el placer fue intenso, casi violento por la urgencia. Me corrí con fuerza. Apenas terminé, me incorporé, el pantalón a medio subir. La reunión sin cámara fue una bendición. Ella, a mi lado, se limpió con la misma discreción, y continuamos con nuestro trabajo como si ese oasis de placer nunca hubiera existido.

    Incluso en días de estrés máximo, la solución era la misma. Sentado en mi escritorio, la presión acumulándose, ella simplemente se despojaba de su ropa interior, se ponía a cuatro, y me ofrecía su vagina. Diez minutos. Rápidos, urgentes, pero suficientes. Metía mi pene y me movía con una velocidad que solo la desesperación por el alivio permitía. Siempre ella, atenta a mi necesidad, facilitando el momento.

    Los fines de semana eran diferentes. Había más tiempo, más espacio. Un sábado, nos desnudamos por completo. Podía tocar sus pechos, besar su piel. Los succionaba, sentía la suavidad contra mi boca, una intimidad que no involucraba los labios, pero que era profunda a su manera. Luego, como siempre, ella abría sus piernas. La penetraba una y otra vez esa mañana, moviéndome a mi antojo, sin prisas. “¿Sientes placer?”, “¿Lo disfrutas?”, sus preguntas eran constantes, una confirmación de su deseo de que yo estuviera bien.

    Hubo un momento gracioso, al principio. Mi pene se salía, una y otra vez, de su vagina. Ella soltó una carcajada. “¡Oye, tu pene no me quiere! ¡Está rebelde, no quiere meterse en mi vagina!”, exclamó entre risas. Nos reímos juntos, la ligereza de ese momento reforzando el vínculo. Después, volvió la seriedad del placer, y me corrí dentro de ella, una y otra vez, con la misma libertad y confianza.

    Nuestra dinámica era única, un acuerdo tácito de apoyo mutuo y placer consensuado. Sin besos, sin ataduras románticas, solo la entrega de su cuerpo para mi satisfacción, envuelta en la más pura confianza y amistad. Ella siempre dispuesta, yo siempre agradecido, y ambos cuidando nuestra salud con la misma diligencia. Era nuestra forma, particular y especial, de navegar la vida juntos.

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  • Encuentro en el auto

    Encuentro en el auto

    Me invitaste a tomar café, al subir al carro vi que traías un termo, pensé que pasaremos una tarde charlando y tomando café, inmediatamente me indicaste hacia dónde conducir, llegamos a un lugar poco transitado y tranquilo, después de saludarnos y preguntarnos por cómo estuvo nuestro día, te pedí me dieras café, a lo que dijiste ¡primero quiero sentir esto que tienes aquí!, al tiempo que habrías mis piernas, recorriste sutilmente mi muslo dándole pequeños apretoncitos, después metiste tu mano en mi entrepierna, con delicadeza hiciste a un lado mi pantaleta, ¡ohh!, empecé a estremecerme.

    Fue genial sentir tus deliciosos dedotes explorando mi vulva, mis labios mayores, y entre esa delicada y excitante búsqueda llegaste a mi clítoris, lo empezaste a estimular despacio, recorriendo con tus dedos, tocándolo, lo hiciste de una manera tan sutil, tan delicada y decidida que de inmediato empecé a humedecerme, poco a poco incrementaste la velocidad, rodeabas mi clítoris, lo rozabas, apretabas, ¡Ohhh, tus dedotes son geniales! empezó a salir un poco de agüita, una y otra vez, entre más movías los dedos, más me mojaba, ¡siii, genial!

    Te escuché decir “sí, así, vente” lo que provocó que saliera un chorrito de agüita (un squirt), te sorprendiste, mencionaste ‘te vienes delicioso, dame más”, no podía evitarlo, era incontrolable, el agüita salía y salía al tiempo que sentía pequeñas contracciones vaginales, empapé tus dedos, ¡fue delicioso! Me olvidé del lugar donde estábamos, las ventanillas del carro estaban empañadas, vi a algunas personas pasar, lo que incrementó la adrenalina y la excitación.

    Un poco después sin decir nada, metiste en mi vagina dos de tus dedotes, me preguntaste ¿Así, aguantas dos dedos?, sentí como mi vagina se contraía una y otra vez, sentía como los movías dentro, como rozaban las paredes vaginales, no pude evitarlo nuevamente salió agüita, mucha (un squirt tras otro). Me provocaste más de un delicioso orgasmo, te pedía ¡más!, mencionaba ¡no pares, más!, susurré tu nombre, gemí, grité y me contorsionaba, empecé a mover la cadera al ritmo en que tú metías y sacabas tus dedos de mi vagina, ohh, genial; al terminar te aseaste, revisamos el asiento del carro, quedó empapado, no podía moverme.

    Ambos estábamos extasiados y excitados con la mirada señalaste tu entrepierna, wow, habías bajado el cierre de tu pantalón, tenías la verga de fuera, wow, tenía un tamaño impresionante, gruesa, resaltaban sus venas, brillaba, estaba en el punto exacto, ¡Deliciosa! sin pensarlo me incliné y de forma desesperada la introduje en mi boca, de inmediato llegó al fondo, sentía como rozaba mi campanilla, era una sensación deliciosa, recorrí tu gigante y deliciosa verga dándole pequeñas mordiditas, le daba lengüetazos, con la lengua rodee esa deliciosa cabezota rosita jugosa, sentí como te estremecías, succione esa deliciosa cabezota rosita jugosa, deliciosa.

    La mamé a diferente ritmo, después tomé con firmeza la base de tu verga la apreté, la solté y repetí varias veces, eso te provocó más excitación, tu verga lucia gigante maravillosa nuevamente la introduje a mi boca lamiéndola de arriba a abajo, otra vez la mame apretando y soltando la mandíbula, escuché tus gemidos, lo estabas disfrutando mucho, te estremeciste, empezaste a mover la cadera, pedías ¡Más, no pares, así! Tomaste mi cabeza con ambas manos hiciste que tu verga llegara más adentro, al fondo de mi boca ¡ohh, maravilloso!, de repente y sin decir nada terminaste en mi boca, sí, dejaste tu lechita en mi boca, trague el semen, ¡wow!, tenía un sabor dulce, suave, delicioso, único.

    Después nos aseamos, platicamos un poco sobre lo que sentimos al hacerlo y antes de despedirnos tomamos café acompañado de galletas, ¡Rico!

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  • Altitud de placer

    Altitud de placer

    Quito – Sector Pacífico

    Frecuencia abierta: 125.7 MHz

    Altitud: 33,000 ft

    —Tower Galápagos, aquí Tango-Romeo Alfa 9-1-2, solicitando permiso para entrar en tu espacio aéreo, control. Estoy muy cargada, necesito descargar pronto.

    La voz femenina atravesó los cielos con la precisión de un misil guiado.

    Pilotaba un Falcon 900. Cabina limpia, muy bien peinada, con la blusa abierta lo justo para sentir la piel arder.

    En tierra, el controlador desvió la vista de la consola.

    Sabía de inmediato quién hablaba.

    La reconoció no por el código, sino por ese tono.

    Su voz era más adictiva que el oxígeno a gran altitud.

    —Tango-Romeo Alfa 9-1-2, permiso denegado, tráfico pesado en mi pista. A menos que cambies a frecuencia: 327.9 Lima-Whisky. Confirmas recepción.

    Le respondió con una sonrisa torcida, digitando el protocolo no oficial en el teclado oculto.

    El tono cambió.

    Zumbido leve.

    Ahora nadie más podía oírlos.

    Sólo ellos dos.

    —Control, aquí Tango-Romeo… cambio de frecuencia confirmado. Estoy en modo sigiloso, lista para contacto visual. Muy húmeda… digo, muy nubosa la pista.

    —Copiado. Estoy visualizando tu radar, hermosa. Tus curvas están entrando justo en mi cono de cobertura. Qué placer detectarte.

    —¿Te gusta mi plan de vuelo? Tengo una ruta alternativa si deseas inspeccionar más a fondo.

    —Voy a enviarte un vector directo a la zona caliente: 007 grados. Aproxímate lento, y mantén el tren arriba… por ahora.

    El calor subía en la cabina.

    Ella soltó un botón más.

    Sudaba, pero no por la altitud.

    Apretó los muslos y bajó el regulador de velocidad, aunque en su mente todo iba a hipersónica.

    —Mi panel de instrumentos está desbordado. El stick está duro, necesito liberar presión.

    —Despresurízate con cuidado, capitana. Aun no estás en mi torre, pero puedo sentir tus turbulencias aquí abajo.

    Ambos tenían pasado similar con historia en operaciones peligrosas.

    Una misión en Ipiales, otra en San Antonio.

    Y ahora el código secreto: “G-0-4-G0”, el indicativo para encontrarse en la isla Isabela, en las Galápagos.

    —Recibí tu G-0-4-G0, confirmo encuentro en la pista de Puerto Villamil. Llego con poca carga, pero con muchas ganas.

    —Yo tengo el hangar listo. Tengo herramientas nuevas. Te haré una inspección profunda, por debajo del fuselaje.

    —No traigo ropa interior debajo del uniforme. Así paso más rápido el escáner de seguridad.

    La frecuencia comenzó a saturarse.

    Los sensores se encendieron.

    Pero a nadie más parecía importarle.

    Solo ellos dos, a miles de pies del suelo, desnudos de todo menos del deseo.

    Galápagos – Isabela

    Ubicación secreta: Coordenadas enviadas vía canal cifrado.

    La Falcon 900 tocó tierra sobre una pista improvisada entre palmeras. El sol caía con agresividad sobre el fuselaje, pero nada comparado con el calor que ella llevaba por dentro. Bajó por la escalinata lentamente, sin gafas, sin sostén, sin miedo.

    Él la esperaba en un hangar abandonado, lo suficientemente lejos del radar civil y con bloqueo satelital activado. Su silueta se marcaba entre sombras. Camisa blanca abierta, pantalones ajustados, las botas manchadas por el lodo volcánico.

    —Pensé que no llegarías, Tango-Romeo —dijo él sin moverse.

    —Siempre aterrizo donde me necesitan… —respondió, y dejó caer su mochila a un lado—. Pero esta vez no vengo por datos, ni misiones. Vengo a descargar una urgencia que solo tú puedes controlar.

    Se acercó a él sin más palabras. El olor a sal y queroseno los envolvía. Lo besó como si la guerra estuviera por estallar en la siguiente hora.

    Él la giró de golpe, empujándola contra la pared del hangar. Sus manos bajaron por el uniforme hasta encontrarse con el pantie negro que se ocultaba debajo. La desnudó de un tirón.

    —Toma esto —dijo ella, y metió su propia prenda interior en la boca de él, obligándolo a saborear su esencia.

    El controlador no protestó. Solo gruñó.

    Ella tomó el control, lo arrodilló, le quitó el cinturón y lo montó sin previo aviso. El primer contacto fue húmedo, envolvente, pero no buscaba dulzura. Su pelvis marcaba el ritmo como un radar guiado a su objetivo.

    —¿Quieres entrar en zona restringida, capitán? —susurró mientras lo miraba con ojos de piloto suicida.

    Él asintió, sin poder hablar.

    Ella lo guio lentamente, introduciendo el lubricante que sacó de un compartimento secreto de su traje de vuelo. Se apoyó en una caja de herramientas, bajó las caderas y lo dejó entrar por la vía menos explorada.

    —Tócamelo así —ordenó mientras lo sentía avanzar milímetro a milímetro—. Dame ese empuje de emergencia, rompe el protocolo.

    Los jadeos eran como interferencias de frecuencia, amplificándose con cada embestida profunda. Él la sujetaba por la cintura con fuerza, con urgencia. Cada movimiento la dejaba sin aire.

    —¡Más, más fuerte! —gritó ella con el rostro contra el metal—. ¡Hazlo como si esta fuera nuestra última misión!

    Los pájaros chillaban fuera del hangar. Las palmeras crujían. Pero dentro, el tiempo se detuvo.

    Se corrió en un grito agudo y tenso, como si una línea de transmisión se cortara abruptamente. Él la siguió segundos después, mordiéndose la lengua con la tela aún en la boca.

    Ambos cayeron al suelo metálico, exhaustos, cubiertos de sudor y sal marina.

    —Jamás pasaría este polígrafo —dijo ella entre risas.

    —Ya no estamos en frecuencia abierta —le contestó él mientras le quitaba la tela de la boca.

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  • Un amigo de hace años vuelve y lo pasamos muy bien nuevamente

    Un amigo de hace años vuelve y lo pasamos muy bien nuevamente

    Hola de nuevo.

    Hace un mes salí de viaje, tenía ganas de viajar y salí un tiempo a Buenos Aires. Vuelo a Santiago y de ahí a Buenos Aires. En el aeropuerto, buscando a alguien que me de fuego para encender un cigarrillo. En la salida a los estacionamientos veo a alguien fumando y le pido el encendedor. Cuando levantó la cabeza reconozco a alguien familiar. Alguien que conocía. Era Roberto, un amigo de la infancia con quien tuvimos nuestra primera incursión hombre a hombre.

    En el aeropuerto, mientras fumábamos, obviamente recordábamos lo que pasó antes.

    Esa conversación nos fue calentando. Nos excitaba recordar cuando nos tocábamos mientras nos besábamos. Terminamos el cigarrillo, y me dice que lo espere que “va al baño”, y entrando voltea y me invita…

    -Los dos ya tenemos 38 años, adultos, con vidas vividas de forma distinta, pero, con cosas hechas de la misma manera, sobre todo en la vida sexual, los dos crecimos teniendo parejas mujeres, incluso él se casó para divorciarse por una relación con un hombre. Yo después de muchas mujeres en mi vida, tuve una relación homosexual y, ahora estábamos aquí, de nuevo.

    Entramos al mismo cubículo, después de un abrazo nos miramos un rato y acercándonos me metió la lengua en la boca, ahora ya éramos adultos, y nos gustaba volver a juntarnos y recuperar esos momentos y respondí a ese beso también con mi lengua en su boca. Bajando las manos, me desabrochó el pantalón, me paré sobre el WC para darle altura a mi pene y ponerlo en su boca, que no desaprovechó.

    En uno de los tantos baños, tal vez si o tal vez no, con gente cerca, me chupó el pene, metía y sacaba mi pene de su boca hasta que tragó todo mi semen. Luego él se pone de pie y meto su verga en mi boca, le chupé el pene hasta que llenó mi boca de su semen, que no dejamos que se perdiera una sola gota. Mi culo y su culo iban ya dilatados, por un par de dedos curiosos que nos metimos.

    Repuestos los dos a ras de piso, nos besamos y nos despedimos, cuando la aerolínea llama a abordar.

    En nuestra incursión homosexual, incluso ahora ambos con experiencia, jamás pasamos del sexo oral, solo metíamos uno o dos dedos en el culo del otro, hasta una vez, pero eso es para contarlo en otro por fuera.

    Esta vez, no sé si por la calentura del momento, entre que nos arreglábamos para salir de los cubículos, sin que nadie nos viera, no nos dimos cuenta de que ambos tomaríamos el mismo avión con el mismo destino, Roberto y yo íbamos los dos a Santiago por lo menos.

    Salí de los baños, cada el sabor su pene y su leche en la boca igual que él. Y por cierto que excitado. Roberto se adelantó al encounter a dejar su equipaje y como ya había entregado el mío, salí a fumar un cigarrillo aprovechando que no le había devuelto el encendedor. En la salida al estacionamiento, mi calentura era evidente, mi verga estaba dura nuevamente, con la mamada que nos acabábamos de dar.

    Último llamado a abordar, para variar llego de último a la puerta, y subo al avión. El avión no iba muy ocupado. Quedaron al despegue muchos asientos desocupados y yo iba solo en mi hilera de asientos. Autorizados para movernos, voy al baño del avión, y en el medio del avión en el asiento de en medio de su hilera, estaba Roberto. Que al salir del baño le toco el hombro y lo invito a sentarse a mi lado (que mejor). Ni corto ni perezoso, se liberó de una señora medio voluminosa sentada a la ventana y de un desconsiderado tipo que literalmente se desparramó en el asiento sin importar la incomodidad que generaba en quien iba al lado.

    Se levantó y se fue conmigo a los asientos del enfrente del avión. El vuelo fue de noche, así que viajamos con luz tenue, lo que aprovechamos desabrochar nuestros pantalones, tocarnos y despacio y sin ruido masturbarnos, cubiertos por una chaleco, suéter o chaqueta. Aprovechando que cerca de nosotros no había asientos ocupados. Yo no acabé, pero el sí y no podíamos mancharnos con semen nosotros o la butaca del avión y, la única y mejor manera de evitar que pasara, era nuevamente chuparle el pene y tragarme su semen. En eso casi se le sale un gemido, que imagino alertaría hasta al capitán en la cabina así que tapé su boca para evitarlo.

    La verdad es que desconozco si alguien se dio cuenta de que íbamos masturbándonos en el avión, y que el pene de mi compañero eyaculó en mi boca. Pero, les reconozco que fue una experiencia exquisita y por cierto memorable.

    De Calama a Santiago, son dos horas de viaje, llevamos recién 45 minutos y sentados juntos seguimos tocándonos y por cierto calientes y ante la probabilidad de que una de las sobre cargo en sus paseos nos viera, no hallamos nada mejor que ir y ocupar uno de los baños del avión (nuevamente aprovechando los pocos pasajeros). Nos levantamos y entramos los dos en uno de los baños.

    Y sin esperar mucho me bajó el pantalón, mi verga estaba dura y lista para que le metiera en su boca y la disfrutara entera; la chupó, la mamó la masturbó y cuando empezó a bombear, la metió hasta su garganta, y recibió de tiro directo mi semen que se lo tragó completo, siguió mamando hasta que mi pene se fue poniendo flácido, aunque por cada entrada en su boca, mi pene se volvía a poner ligeramente duro y siguió hasta que se tomó hasta la última gota de leche de esa eyaculación.

    Pero yo estaba caliente todavía y más viendo su verga que estaba durísima; al bajarme del lavado del baño lo levanté para sentarlo en la misma posición que estaba yo, que con lo estrecho el baño era lo mejor que teníamos en ese momento.

    A esa altura del momento los dos estábamos desnudos, y él ahora estaba sentado en sobre el lavado de baño y yo aprestándome a meter su verga en mi boca, lo masturbé para que se lubricara la punta, cuando noté las primeras gotas de semen pasé mi lengua y lo metí en mi boca y empecé a meterlo y a sacarlo y saborearlo mientras gemía y tomándome por la nuca me follaba la boca apuntando ya a mi faringe provocando arcadas que no estimé mientras de a poco iba dejando semen en mi boca. Ya no sabía cuánto tiempo iba o habías pasado, pero disfrutábamos haciéndonos sexo oral, después de tantos años, en este reencuentro.

    Con sus piernas rodeándome y cayendo por mi espalda, su verga dura y palpitando en mi boca, era el aviso de que iba a llenármela de semen nuevamente, y yo solo quería que me hiciera tragarlo, saborearlo y fueron chorros que llenaron mi boca; chorros tras chorros de leche caliente que, de tanta se fue escapando por entre los espacios que dejaba mi boca para caer por mi barbilla y caer al suelo. Le chupé la verga hasta que se ablandó gustosamente en mi boca sacándole cada gota de semen, me levanté y nos besamos haciendo una última recolección de lo que quedaba del semen en nuestras caras.

    Deben saber que todas las veces que fuimos homosexuales, con Roberto, solo llegamos al sexo oral. Nos duchábamos y aprovechábamos eso para tocarnos, masturbarnos y chuparnos el pene, también nos acostamos algunas veces, sin ropa, y besándonos el cuerpo lamíamos nuestras nalgas, y en eso metíamos algunos dedos en el culo, eso hasta que dolía, pero, nunca llegamos a penetrarnos, yo conocía su trasero, tocado y amasado sus nalgas, incluso lamido su ano como él lo mismo a mí, pero, nunca hubo siquiera una insinuación para penetrarme o penetrarlo, aunque solo una vez, pero eso es de otra historia.

    Los dos estábamos más que sudados, el sabor del semen rebosando aún en nuestras bocas, nos empezamos a vestir, cosa que se hacía difícil por el espacio del baño. Así que con dificultad nos vestimos y salimos del baño para volver a nuestros asientos y cuando salimos los dos, una de las sobrecargo que pasaba por ahí nos miró y extrañamente sonrió y volvimos a sentarnos. En nuestros asientos, no dijimos nada, solo nos recostamos y descansamos hasta tener que bajar del avión.

    Al bajar, y antes de que se encendieran las luces, nos dimos un beso y bajamos y en lo pasábamos por la puerta la misma sobre cargo que nos vio salir del baño nos regaló una sonrisa evidenciando que había notado lo que pasó dentro de ese baño. En el lobby del aeropuerto, caminamos y pasamos a tomar un café. Ahí conversamos de donde íbamos después de ahí, le dije que iba a Buenos Aires por unos días, y resulta que él también viajaba a la Argentina, pero, él viajaba a Córdoba por unos días a ver un negocio.

    Yo en tanto de Buenos Aires pasaba a San Antonio de Areco, que era donde quería ir a descansar unos días. Pero, teníamos tiempo así que el quedó de terminar su negocio y encontrarme en San Antonio; yo en tanto debí cambiar mis planes de residencia para poder quedarnos los dos.

    Y así fue, él voló con destino a Córdoba y yo a Buenos Aires. Aquí debía buscar un departamento, o residencia, cabaña u hostal donde podamos estar los dos cuando Roberto llegue. Y fueron dos días, en que él llegó a San Antonio me llamó del taxi, para avisarme que estaba de camino y que le enviara mi ubicación para que llegar.

    Cuando llegó salí a buscarlo de ese momento teníamos para los dos, dos días y medio para darnos como caja otra vez. Cuando entró a la cabaña, nos abrazamos y nos besamos, todo y mucho rato buscando algo donde caer, alcanzamos a cerrar la puerta, y caímos a un sofá pequeño en un pequeño estar de la cabaña. Fue, sin dejar de besarnos, que nos desnudamos, tocarnos.

    El calor era bastante y nos metimos a la ducha, seguimos besándonos mientras nos caía el agua, entre los dos; dos vergas durísimas, como nosotros se tocaban abajo. Salimos de la ducha directo a la cama, de piernas abiertas, Roberto en la cama y yo me dejo caer para chuparle la verga, pero, esta vez el cambió para una posición igual, su pene lo tenía en mi boca, como él tenía mi pene en su boca, estábamos en un 69. Yo se la chupaba al momento que él me la chupaba a mí, entre gemidos de ambos, que acusaban lo rico de ese sexo oral impulsados también por nuestros dedos que entraban y salían de nuestros culos.

    Dábamos vueltas, buscaba que mi verga le llegara bien adentro y él no se quedaba atrás empujando su verga bien adentro en mi boca. Los gemidos y gritos eran cada vez más fuertes, ya nos daba lo mismo que hubiera alguien en las cabañas del lado, solo éramos nosotros follándonos de lo mejor.

    Rompimos el 69, Roberto se recostó en la cama nuevamente de piernas abiertas mientras yo entre ellas, le chupaba otra vez la verga, lo sacaba solo para tomar aire mientras lo masturbaba, para volver a chupárselo.

    Era eso, quizás cuanto rato, disfrutaba del semen que de a poco rotaba de su pene mientras se lo chupaba, y de ahí las palpitaciones que me avisaban que debí recibir con la boca abierta su semen o meterme bien adentro para que me la llene de una vez para sacarle todo y en un descuido para masturbarlo acabó chorreando su semen en mi cara, pero, el segundo chorro y los demás los quería enteros en mi boca, y metiéndola de nuevo siguió chorreando semen hasta que esa verga rica empezó a ponerse flácida.

    Luego de acabar se levantó, me empujó a la cama y abriendo mis piernas se dejó caer ahora él, mi verga dura no quería nada mas entrarle en la boca y que la mamara, que la chupara y me hiciera gemir, como gimió el con su verga en mi boca cuando se la estaba chupando, lo chupa de manera exquisita, usa su lengua de forma magistral, saborea el semen mientras mete y saca me verga de la boca.

    Lo mama, lo chupa, lo masturba, con sus manos acariciaba mis testículos, y de ahí metía sus dedos en mi culo, que daba más placer y más ganas de que lo chupara con más ahínco y si que lo mamaba con esmero. Todo el tiempo que lo chupó, no sé cuánto fue, pero, fue el sexo oral más rico, y fue porque lo hacíamos en un espacio íntimo, solo para nosotros, sin el temor de que nos vieran, pillaran o molestaran, este era un espacio que teníamos solo para los dos, visto única y exclusivamente para hacer todo lo que venimos a hacer.

    Llegó un momento en que pedimos la cuenta de cuando semen, de cuanta leche tomamos, íbamos por los dos días, cada vez que nos hacíamos sexo oral, era tomar de a chorros el semen, y nos preocupábamos de no perder “una sola gota”. Y así fue, porque hasta lo que acabamos en el abdomen, espalda o cara, nos lo lamíamos para nosotros.

    Ese día fue descansar para volver a hacerlo, hasta que fue la noche, en la cabaña, hermosa por cierto, con luces bajas, una botella de vino, música del gusto de ambos, solo nos dedicamos a conversar, ponernos al tanto de lo que fue de nosotros después de tantos años de no vernos, y que hicimos después de ser, solo para nosotros y entre nosotros dos chicos homosexuales que de un momento a otro empezaron a gustarse mas que como solo buenos y los mejores amigos, hasta que por fuera mayor, perdimos el contacto.

    Nos contamos nuestras vivencias, supe de su relación con un hombre de un par de años, como así también sipo de mi relación con Samuel que había terminado semanas atrás después de 6 años.

    Esos días fueron de intentar llevar las cosas como cuando más jóvenes, en que solo buscábamos estar solos para tocarnos, besarnos y a lo más nos hacíamos sexo oral, eso era lo único que podíamos hacer, -según nosotros- y en esta conversación inevitablemente caímos en cuentas, de que por eso nunca hicimos nada más, que nunca pasamos del sexo oral, aunque tal vez y solo tal vez, queríamos algo más.

    Se acabó ya la segunda botella de vino, eran quizás la 2 de la mañana y al otro día debíamos dejar la cabaña. Así que en lo que quedaba de vino en las copas, el me preguntó -supongo que pasados de cosas- que si las relaciones con mi pareja hombre, habían pasado mas allá del sexo oral, o era como lo que teníamos nosotros y habíamos hecho por estos días.

    Obviamente la respuesta fue decirle que el sexo pasaba mucho mas allá de chuparle o que me chupara el pene, por casi cinco años hicimos el amor. Y él, a la misma pregunta me cuenta que con su pareja a quien quería mucho, era el quien era mas pasivo, que él lo prefería y le gustaba así. Después de eso, nos acomodamos un rato, nos besamos por un rato y pasamos a la cama a descansar.

    Roberto pasó primero a la cama, cuando pasé Roberto estaba acostado, solo con ropa interior sobre la cama; guau, su trasero es exquisito, supongo que su pareja se lo formó bien. Del baño salí desnudo, y lo vi tirado en la cama, casi entregándome su culo, más después de la conversación que tuvimos antes. Me acerqué y como lo habíamos hecho tocándole las nalgas, le di un par de mordiscos a cada nalga, lamí desde donde termina la raya del trasero hasta sus escápulas, quedando sobre el con mi pene entre sus piernas y quedándome ahí le doy las buenas noches al oído, su respuesta fue levantar su culo y apegarse a mi y darme las buenas noches también, pero, reclamarme el porque no “le hacía el amor” como a Samuel.

    Con ese comentario terminamos de calentarnos, en esa misma posición le quité el bóxer, y como lo hicimos innumerables veces, mordí sus nalgas, las abrí y pasé y metí mi lengua en su ano, lubricando bastante para lo que venía. Le levanté el culo, casi poniéndolo e cuatro, y poniendo mi pene para entrarle, el mismo cargó hacia mí, y dejó entrar mi pene mas bien deslizar mi pene hasta que sus nalgas tocaron mi pelvis.

    El gemido que salió de su boca fue magistral, mientras mi pene le iba entrando y mientras gemía su espalda se encorvó y se levantó apoyándose en mí, y moviéndonos al unísono su trasero se posaba delicadamente sobre mi pelvis y mis testículos desde abajo, golpeaba también, la penetración que Roberto recibía le gustaba sus gemidos, jadeos, y sus gritos ahogados por cada envestida lo hacía notar.

    Pero, había que cambiar, ahora yo estaba en la cama boca arriba, y el sentado sobre mí, de piernas abiertas se acomodó para que mi pene le entrara nuevamente, estaba tan caliente y dilatado que mi verga le entró sin esfuerzo, se levantaba y se dejaba caer y mi pene le entraba sin mayor problema, sin obstáculo, pero dándole tanto placer que pedía más. En otro cambio quedó de espalda sobre mí, se levantó un poco y abrió sus piernas, así se meneaba, despacio y a veces rápido sin dejar de jadear, sin dejar de gemir, aún no había acabado, pero, sentía como su culo estaba mojado, fuera de lo dilatado que estaba. mi pene salió de su culo con un grito a tiempo de otro cambio de posición, para alargar más el momento.

    Sudamos mucho. Ambos estábamos mojados, el sudor nos caía por todo el cuerpo, pero, no había nada mas mojado que el culo de Roberto. Ahora él estaba en cuatro, su culo era una exquisita diana para mi pene que le apuntaba directo. En lo que se encorva su espalda, acerca sus nalgas hacia mí, mi verga ase apresura a follarlo a meterse en ese culo que hace rato ya le tenía ganas.

    Cuando le entré me encantó el gemido que Roberto dio, que siguió con gritos que ahogaba metiendo la cara en la almohada que tenía al frente. Esa espalda, mojada y ese culo erguido hacia mi y abierto con mi verga dentro, me había excitado al punto de que llené de leche el culo de Roberto sin salir; sin querer salir me dejé caer sobre él tomándole sus manos y apretándolas hasta que mi pene salió despacio y con mi pene salió también hilos de semen que bombeaba de apoco su culo.

    Salí de sobre Roberto, al voltear seguimos besándonos y al mirar hacia abajo, su vega seguía erecta, dura, más larga que gruesa, y no dudé en chuparla, en lamerla entera y de ver que seguía tan dura, le pedí que vaciara todo dentro de mí, de igual manera que yo vacié mi verga dentro de él. Quería, deseaba que me patiera el culo, con una sola petición, una sola condición, que lo hiciera despacio…

    El motivo de pedirle que me penetrara, pero, despacio, era porque a pesar de que antes con Samuel éramos básicamente versátiles, yo le daba “como bombo en fiesta” y el conmigo, con la salvedad de que su pene era menos delgado y no tan largo. Por lo que disfrutaba bastante, sin el lapsus de dolor o malestar previo.

    Empezó, poniéndose detrás de mí, un ligero masaje, desde mis hombros hasta llegar a mi trasero, y de un empujón, me puso en cuatro, sentí su saliva correr entre mis nalgas, y de ahí su lengua también que fue dilatándome aún más y con la ayuda de un par de sus dedos, notó que ya estaba listo, abierto, para recibir la magnitud de su verga.

    Yo en cuatro, y mi culo ahora era la diana y su verga me apuntaba directo, y como le pedí fue despacio, empezando por su glande, que entró sin problemas, y de ahí ente gemidos mi fui soltando mis nalgas y mi ano, para que su verga fuera entrando. La quería hasta el tope, bien adentro, y fue entrando hasta que llegó a poner su pelvis bien pegada a mi culo, y su verga en lo más profundo de mí.

    Así empezó a entrar y a salir, lento, pero ya estaba abierto y a su merced, me tenía agarrado de la cadera, y de mi hombro y de ahí empujaba para llegarme más adentro. Minuto más minutos menos, no sé cuántos; pero los jadeos me de Roberto me avisaban que su orgasmo ya estaba pronto a llegar, y llenarme. Me levanté, y haciendo más fuerza, metió su pene más adentro, y con eso sentí el calor de su leche, que me chorreaba dentro de mí. Salió de mí, y se recostó a mi lado, los dos de frente, y tanto de mi ano, como el de Él, había goteado semen, y estábamos los dos follados.

    Nos dimos una ducha, una ducha los dos juntos, pegados en un abrazo, y en un beso exquisito. Salimos de la ducha y cansado caímos a la cama, para descansar. En la mañana temprano debíamos arreglar todos para volver a Chile, el descanso se había terminado; y despertamos temprano, de cucharita el frente a mí, y su culo bien pegado a mi pelvis y mi verga se había dado cuenta, y a los buenos días, mi pene de mañana nuevamente, entró en Roberto, para llenarlo nuevamente de leche caliente. El metió su pene en mi boca, y me bebí ahora yo su leche caliente. Y así terminaos ese viaje. Con una gran sorpresa.

    Volvimos a Chile, yo volví a mi ciudad, y él a la misma ciudad y se radicó, nos hicimos pareja, decidimos que no era buena idea, pero, lo que no quitó que nos juntemos de vez en cuando, en mi casa o en su casa o salgamos a alguna parte, y nos demos el mejor follón los dos. Como siempre nadie sabe o conoce esta “relación”. Tenemos amigos en común, pero siempre al margen y solo para nosotros.

    Los leo en sus comentarios si les gustó el relato.

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  • Mi fantasía

    Mi fantasía

    Un día mi esposo me dijo que si quería un encuentro se lo diga; y decidí decirlo aunque con un poco de vergüenza, que deseaba hacer un trio; me dijo que buscaría y me avisaría.

    Así pasó y me dijo que para el sábado había ubicado a dos personas una de Trujillo y otra de San Martín de porres; me mostró las fotos que le habían enviado y los vi, nada mal al parecer; mi esposo trabajaba los sábados hasta el mediodía y había tiempo.

    Llegado el sábado imaginaba disfrutar a lo máximo esa fantasía; fuimos al hotel acordado y a la hora acordada, nos instalamos y no llegaban aún, diciendo que estaban en camino, mi esposo estaba impaciente en el cuarto tomamos unas cervezas con mi esposo esperando y luego me cachó rico.

    Al fin llegaron y entraron juntos y se instalaron en un cuarto, luego vinieron a nuestro encuentro, se desnudaron y no era los vergones que vi en la foto; me sentí un poco decepcionada; pero seguí adelante, me pidieron que baile desnuda; lo cual mi esposo me dijo que lo haga, pusieron en la TV un canal con música y baile al compas, pues siempre me encantó bailar, viéndoles con las vergas duras incluyendo a mi esposo, me acerqué y mamé blas 3 vergas uno se vino al momento subí sobre el otro y me cachaba rico mientras el otro intentaba parar su verga y no pasaba nada.

    Mi esposo me cacho por atrás y se turnaron, el amigo se incomodó y pidió retirarse, fue una decepción, el otro amigo me cachó por el culo y se vino dentro quedando cansado y se retiró fue un fiasco total que me quedé con las ganas; mi esposo se molestó al sentir que no estaba satisfecha, solos me dijo que quería una sesión de fotos; me tomó en todas las poses; la verdad que estaba súper arrecha, nos echamos en cama cuando de pronto escuchamos en el cuarto de al lado; a una chica gritar de dolor mientras le decía a su pareja que por ahí no.

    Mi esposo me dice: debe ser vergon ese pata, cuando de pronto oímos a la chica salir del cuarto y escapar, le digo a mis esposo, quiero a ese hombre, tráelo, salió y no sé cómo lo convenció y vino diciendo coge las cosas vamos a su cuarto dice que si; tome mis cosas y entramos al cuarto desnudos y lo vimos sentado con su gran verga colgando que me quedé admirada por esa gran verga; pues no había visto algo enorme en mi vida; mientras balbuceaba palabras entrecortadas al parecer estaba drogado.

    Me arrodille y lo mamé hasta que se puso dura y rígida me subí a la cama y me empezó a mamar la concha y el culo que me levantaba entre sus brazos la verdad era fuerte y alto; eso me excitaba sin límites; me cachó en pose de perrita que sentía mi concha invadida de lleno mientras mi esposo grababa todo con su celular; no puedo negar que estaba rico; mientras balbuceaba palabras entrecortadas, se echó sobre la cama; mientras monte sobre esa verga que me abría la concha y sentía que cubría todo apretadito, estaba rico y me movía como una loca mientras me meaba los senos que me excitaban más y mas.

    En tanto mi esposo seguía grabando el acto sexual con su celular agarre su verga y lo puse en mi culo; mientras mi esposo lo llenaba de saliva, introduje esa verga que nunca voy a olvidar que me destrozó toda haciéndome gemir de dolor, mi esposo grababa y me preguntaba si me dolía; le dije que no; pero la verdad sentía que me destrozaban toda; al final el hombre se vino dentro mío, sé que estaba arrecho pues me llenó el culo de leche; mientras mi senos me dolían de tanto mamarlo, saque la verga de mi culo que sentí la leche salir de mi culo caliente mientras mi esposo, me cachaba el culo abierto que lo sentía adolorido; eres una gran puta me dijo.

    Me asusté y lo besé con fuerza diciéndole muchas gracias mi amor, te adoro con toda mi alma; sentí que eso calmó sus ansias mientras le mamé su verga y me tomé su leche, vimos al amigo dormido a un costado con la verga exhausta y nos retiramos a nuestro cuarto; nos duchamos y salimos a casa a dormir.

    Fue una experiencia dura, adolorida y sexualmente hablando excitante que no olvido; pues verga como esa no ha habido hasta hoy.

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  • Permiso otorgado

    Permiso otorgado

    La cosa venía de mucho antes, de ver aquella mala película francesa, aunque nunca me atreví a confesárselo directamente. Me calentaba de manera exorbitante imaginar a mi esposa siendo poseída por otro hombre, me transportaba inexplicablemente a un sitio repleto de emociones contrapuestas, desde los celos incontrolables hasta la satisfacción plena por alentar o permitir que otro varón gozará de aquella piel casi virginal de mi mujer, que a sus 27 años se ruborizó al admitir que le agrado la temática del film.

    En la película una pareja de mediana edad que estaban por casarse, deciden probar sexo con otras personas alentadas por unos amigos gay. Luego de meditarlo por un tiempo, logran lanzarse a un torbellino de aventuras y termina espantoso. El caso es que Noelia (mi esposa) se sintió identificada con la protagonista, quien nunca había estado con otro hombre que no fuera su marido. –La dinámica, fue muy rápida. Entre qué lo piensan y lo llevan a cabo. Sentenció Noelia, como una crítica de cine.

    –Si, es que la peli dura una hora y media. Si lo piensan mucho nos dormimos en el cine. Contesté.

    –Podríamos intentar probar algo así, algún día. Sugirió la farmacéutica con los ojos raramente brillosos. Las risas se extendieron en el habitáculo del coche y cesaron con un contundente y desafiante –No, creo que te animes a tanto.

    – ¿A, no?… Ponlo a prueba y vas a ver que si.

    La charla prosiguió todo el viaje, un poco en broma y otro poco enserio al llegar al apartamento cogimos como pocas veces antes lo habíamos hecho. Yo imaginaba que era otro y ella luego admitió que también. Tres o cuatro días pasaron con la libido a tope y la fantasía también. Yo no paraba de pensar en ello y deseaba que ella sacará a relucir el tema y eso no pasaba así que finalmente pregunté…

    –Bueno, ¿qué ocurrió con lo del permiso para coger con otros?

    –Pensé que habías desechado la idea, como no insististe. Pensé que habías arrugado. Aseguro la rubia recogiéndose el pelo.

    –No, obvio que no. Es más ya tengo una para el viernes. Mentí.

    –¡Pero, sos rapidísimo! ¿Quien? Pregunto con media sonrisa.

    –Gabriela, una mesera simpática qué está loca por comerme la pija a besos. Continúe mintiendo.

    –Bueno, pero no vengas hasta las tres mínimo y menos arrepentido. Aviso la estampa de 1.66, desabrochando su camisa y dejando aquel par de tetas turgentes al aire.

    –Gerardo seguro va a saber que hacer con ellas. Aseguró mi esposa llenándose las manos de esa masa con pezones duros y negros qué apuntaban a mi.

    –¿Gerardo?… ¡El que repara aire acondicionado! Casi grite.

    –Ese mismo. A juzgar como me miró la otra vez, seguro se prende y le echa un buen polvo a la clienta.

    –¿Estas segura? Pregunte totalmente excitado.

    –¡Por supuesto! –Contesto rápidamente y agregó– Somos adultos, merecemos otras experiencias sexuales. Te contaré todo a detalle y quiero que vos también lo hagas.

    Noelia estaba decidida a llegar al final fuera con Gerardo o con otro, ella ansiaba la experiencia en realidad ambos la ansiábamos, por eso continúe fingiendo que Gabriela existía.

    Llego el viernes, tenía pensado alquilar una habitación pero me fui al bar con unos amigos. Les dije que mi mujer estaba en un cumpleaños y disfrutamos de la velada. Gerardo había quedado en “revisar el artefacto” a las 7 y media y ya eran la 1 de la mañana. El morbo me tomaba de rehén y las mil preguntas también. Un mensaje de audio llego al móvil, 1 y 9 minutos “amor, venite. Gerardo recién se fue… fue… maravilloso.”.

    15 minutos después estaba llegando en taxi.

    Noe estaba en la cama, la piernas fornidas escapaban a las sábanas exultantes y aun temblorosas, el olor a sexo deambulaba en el aire y no cabía duda Gerardo la había follado. Las bragas blancas de encaje yacían en la alfombra con otras prendas y con los preservativos rojos caídos como cuerpos en el campo de batalla, me senté en la cama y la bese despacio.

    –No, enciendas la luz por favor. –Rogó tan suavemente como la penumbra del cuarto.– ¿Como te fue con la mesera? –Preguntó.

    –Bien… Pero prefiero saber que paso aquí.

    Gerardo llegó cuarenta minutos tardes, claro que si hubiera imaginado lo que le esperaba hubiese llegado antes. Pregunto por vos y le dije que no vendrías esta noche, que seguro tenías una amante, se sorprendió porque alzó las cejas y se dio cuenta casi enseguida que el aire andaba perfectamente. Lo que no sé es porque carajo seguía acá, si fue por la copa de vino que le ofrecí o por el deseo que le pedí que pidiera mientras me quite la blusa para mostrarle la rigidez de los pezones.

    Dios, se me abalanzo como una jauría de perros salvajes alzándome de un tirón, no sabes la fuerza que tiene ese hombre y la boca, dios que boca casi podía devorarme los dos pezones al mismo tiempo. Una vorágine de deseo vertiginoso nos atrapó, nos desnudamos en un ya, tenía la verga grande, sudorosa, peluda, ligeramente torcida hacia arriba, un ramillete de venas lo adornaban y las chupe una a una mientras sus dedos largos hurgaban mi raja incandescente.

    No sé cómo fue, debo haber perdido el conocimiento, pero cuando lo recobre me había ensartado, estaba encima de el contra su pectoral velludo saltando y gritando, lo gozaba, por la sonrisa dibujada debajo del espeso bigote y yo también, rebotaba como una goma al compás de aquellas piernas fornidas mientras las tetas golpeaban aquel pecho macizo. Me vine, pero creo que ya lo había hecho antes, era una máquina.

    Cuando la piedad llegó extrajo aquel magnífico falo empapado en mis jugos y me suplico que lo mamara nuevamente y lo hice. Soy tu mujer pero fui su puta por cinco horas y me encantó, me encantó quiero que lo sepas.

    –¿qué más paso? Pregunte totalmente sorprendido y excitado.

    –Hubo de todo, en varias posiciones, acabamos una y otra vez. Estoy destrozada, mañana te cuento con más detalles. Te amo.

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  • Otra historia

    Otra historia

    Después de que mi marido haya contado su parte de la historia con Claudia me he decidido a escribir otra parte más de nuestras eróticas aventuras.

    Tras bastante tiempo dándome el coñazo para que nos montáramos otro trío con Claudia en Barcelona y después de no haber accedido a ello me decidí a prepararle una sorpresa.

    Aprovechando la visita que tuve que hacerle a una amiga que había sido hospitalizada en Gerona a causa de un accidente, nada grave por cierto pero si muy aparatoso, me las ingenié para pasar por Barcelona y quedar con Claudia, tras nuestro encuentro el año pasado nos intercambiamos los teléfonos pero no nos habíamos hablado desde entonces, quedé con ella en un disco-bar muy famoso y tras alojarme en un hotelito de la Barceloneta me fui a su encuentro.

    Llegué bastante pronto y ella todavía no había llegado al local y el ambiente empezaba a estar caldeado, muy pronto me di cuenta que el ambiente era “ambiente” de verdad, las parejas de chicos y chicas eran muy evidentes y tomando mi primer Martini estaba cuando una preciosa chica se me acercó y me invitó a otra copa, era bastante joven e iba muy sexy, falda cortita, un top muy ajustado y brillante que resaltaba sus grandes tetas, y una carita de ángel deliciosa, yo desde nuestra aventura con Claudia veía a las mujeres de diferente manera y llegué incluso a reconocer cierta bisexualidad,

    Intenté negarme a la invitación, pero ella era muy insistente y ante la tardanza de Claudia al final acepté.

    Sara, que así se llamaba se sentó en el taburete junto a mí y comenzamos a hablar, me preguntó si venía mucho por allí, y tras varios minutos de banal conversación me preguntó si estaba casada señalándome el anillo y que si había cambiado de acera, en tono gracioso, yo le dije que no, que estaba esperando a una amiga y que era muy feliz en mi matrimonio.

    Sara se extrañó un poco pero siguió con la conversación directa al grano preguntándome si lo había hecho con alguna chica alguna vez, yo me sonreí ante el descaro de esta cría a la que seguramente le pasaba quince años, y le contesté que se podía decir que si…

    Justo entonces apareció Claudia, espectacular, impresionante, Sara y yo la miramos con la boca abierta, el ajustadísimo vestido corto que llevaba se ajustaba como un guante a su cuerpo resaltando sus curvas, Claudia me dio dos sonoros besos y un fuerte abrazo, le presenté a Sara, la cual una vez la presenté hizo ademán de irse y dejarnos solas pero Claudia, reaccionado antes que yo la agarró del brazo y le dijo que no se tenía porque ir que estábamos entre amigas y podíamos cenar las tres juntas, Sara aceptó encantada, pedimos otro Martini y nos pusimos a hablar de todo un poco, hasta la hora de cenar en un restaurante cercano.

    La cena fue de lo más distendida, reímos y hablamos sin parar, parecía como si nos conociéramos de toda la vida, incluso Sara se compenetró con nosotras enseguida.

    Le comenté a Claudia que quería darle a mi marido una sorpresa, y le pregunté si estaba dispuesta a venirse conmigo un par de días y repetir lo irrepetible de aquella noche en Barcelona. Sara estaba flipando e incluso me recriminó que antes le dije que no había tenido relaciones con otra chica y Claudia le respondió que no era lo que parecía riendo a carcajadas.

    Sara lo cogió al vuelo y mirando a Claudia con los ojos como platos no se pudo reprimir y por debajo de la mesa metió su mano entre sus muslos alcanzando su delicioso caramelito, Sara para ser lesbiana, estuvo durante varios segundos palpando el paquete de Claudia mientras esta se reía y excitaba cada vez más. Yo me animé también y me uní a Sara en los tocamientos, la polla de Claudia estaba cada vez más gorda y estuve a nada de sacársela del tanga y empezar a masturbarle, pero el camarero llegó con los segundos platos y nos pilló in fraganti, las dos sacamos las manos de debajo de la mesa rápidamente y comenzamos a reír a carcajadas mirándonos con ojos lascivos.

    Durante los postres le contamos a Sara nuestra aventura con todo tipo de detalles con lo que nos confesó que se estaba poniendo a cien y que tenía el tanga completamente mojado, Claudia propuso que nos fuéramos a un local muy íntimo que conocía y del que Sara dio buena cuenta, cogimos un taxi y nos fuimos.

    La verdad es que el sitio era una especie de casa de citas de alto standing, nos recibió una especie de Madamme y tras hablar Claudia un momento con ella nos hizo pasar a una sala decorada exquisitamente con una cama redonda gigantesca, una mini barra de bar, sofá y cojines por todos lados.

    Claudia abrió una botella de cava y las tres con una sonrisa en los labios brindamos por los buenos tiempos.

    Yo no tenía previsto acabar la noche así pero después de conocer a Sara y lo calentita que se había puesto la noche no tuve ningún reparo en pasar un buen rato con las dos, la idea me puso a cien, no me lo pensé y decidí que era un buen día para unirme a estas dos bellezas.

    Claudia nos pidió que nos sentáramos en el gigantesco sofá, puso música suave y lentamente empezó a contonearse al ritmo de la música.

    La verdad es que Claudia, como ha descrito mi marido es un bellezón, Sara se relamía solo de verla moverse, Claudia se acariciaba por encima de vestido las tetas, el culo, las piernas y su entrepierna lentamente y poco a poco dejó al descubierto su generoso pecho, miré a Sara y ya se había comenzado a sobar el chumino por encima del tanga, decididamente se acercó a mí y me besó en la boca posando sus manos sobre mis recién operadas tetas, (al final me decidí y me operé el pecho aunque ahora pienso que me pasé un poco porque pasó de una talla 90 a la 105, mi marido no puso reparos pero yo todavía no me he acostumbrado), yo le correspondí al beso ofreciéndole mi lengua y mi mano se posó sobre su tanga apartándolo hábilmente a un lado insertándole un dedito en su mojadísimo conejito.

    Claudia totalmente desnuda se acercó a nosotras y con su enorme polla completamente erecta nos dio un toquecito en la cara, Sara se sobresaltó y se dejó caer sobre el respaldo del sofá y yo sin pensármelo me la metí en la boca, aún recordaba el curioso sabor de la polla de Claudia, la recorrí desde la punta hasta la base y me metí uno de sus depilados testículos en la boca, succionándolo hasta casi morderlo.

    Sara continuó recostada, mirándonos, con una mano dentro de su top pellizcándose un pezón y la otra en su delicada vulva, masturbándose como una loca, relamiéndose, con una cara de viciosa que haría levantársela a un muerto.

    Mi boca recorría la polla de Claudia sin parar, todo su grosor, su gordo glande, las potentes venas que la recorren, eran suavemente ensalivadas por mi lengua, en un momento le ofrecí la polla a Sara, y ella acercándose a nosotras nos dijo que nunca había probado una de verdad, yo la dije que ya era hora y delicadamente poso sus carnosos labios sobre la punta del capullo, abriendo su boca se lo envolvió y haciendo un esfuerzo se la metió todo lo que pudo en la boca, yo la masturbaba mientras Sara se la seguía mamando.

    Los lametones fueron cada vez más intensos y yo me uní a Sara en la mamada recorriendo cada una a un lado la polla y uniendo nuestras lenguas en la punta, saboreando su liquido preseminal, Claudia agarró nuestras cabezas y con una gran tensión se corrió en nuestras bocas, donde nuestras lenguas luchaban por hacerse con el dulce manjar de sus testículos, las dos nos unimos en un húmedo beso, intercambiando semen y saliva hasta que Claudia se unió a nosotras ofreciéndonos su lengua entre nuestras bocas.

    Acto seguido, Claudia me recostó sobre el sofá y se puso entre mis piernas, su lengua alcanzó mi clítoris justo cuando Sara se terminó de desnudar y a horcajadas me ofreció su conchita justo a la altura de mi boca.

    Mi lengua probó por primera vez el sabor de una vagina que no fuera la mía y la lengua de Claudia se habría paso entre mis labios, electrizándome cada vez que su punta rozaba mi sensible clítoris.

    Me resultaba bastante difícil concentrarme en mi lamida al coñito de Sara, ya que la lengua de Claudia recorría toda vulva y la entrada de mi ano de forma vertiginosa, las sensaciones eran muy intensa y Sara agarraba mi cabeza centrándomela en su coñito, mi lengua entraba y salía de su vagina y la recorría de arriba abajo, no tardé en llegar al orgasmo y entre convulsiones sentí como Sara se corrió cuando me aplastó la nariz contra su chochito, sus jugos recorrieron mi garganta y cuello, las tres quedamos rendidas sobre el sofá y Claudia propuso que nos metiéramos en la bañera redonda del baño.

    Las tres completamente desnudas, nos metimos en la bañera y antes de que Sara se pudiera sentar con nosotras nos apoderamos de sus caderas haciendo que pusiera una de sus piernas sobre el borde de la bañera, Claudia por el agujerito de su chochito y yo por el de su culito le comenzamos a lamer como posesas, nuestras lenguas se unían en uno u otro y Sara empezó a decir que se corría y que se meaba, que nos apartáramos, que se meaba, se meaba, se meaba y se meó, en un glorioso orgasmo en el que chillaba y chillaba, su vejiga no aguantó y se meó sobre nosotras (conocidos son los gustos de Claudia y ahora míos también) con fuerza.

    Claudia fue la primera que recibió la dorada lluvia del conejito de Sara, luego yo me uní a ella dejando nuestras caras a su merced, la orina nos recorría el cuello y las tetas y nos unimos en un húmedo beso con todo el chorro en nuestras frentes.

    Sara no salía de su asombro ante nuestra reacción, nos comentó que nunca le había pasado nada igual, y le parecía increíble que hubiéramos hecho eso con tanto gusto y placer, las tres nos unimos en un gran beso y nuestras lenguas empezaron a jugar por nuestros cuerpos.

    Claudia nos colocó a cuatro pata, apoyadas sobre el borde de la bañera y con el culo en pompa nos empezó a lamer el agujerito del culo mientras nos besábamos Claudia nos metía la lengua alternativamente en el ano, las dos estábamos mojadísimas cuando sentí apoyar la punta del rabo en la entrada de mi agujerito, de un solo empujón entró prácticamente entera, sus bombeos eran muy fuertes y Sara me masturbó a la vez, el orgasmo no tardó en llegar y entre espasmos me corrí brutalmente mientras Claudia no paraba de meter y sacar su pollón de mi culo.

    Sara le pidió a Claudia que la penetrara por detrás pero con cuidado porque prácticamente era virgen, solamente un pequeño vibrador había pasado por su agujerito anal.

    Sara se volvió a colocar a cuatro patas y fui yo quien le terminó de preparar para la enculada, agarré la polla de Claudia y se la dirigí al ano, Sara se agarraba los cachetes con las dos manos mientras yo apuntaba y Claudia lentamente empujaba su cuerpo contra Sara, la polla empezó a entran lentamente y los gritos de Sara iban convirtiéndose en gemidos a medida que entraba dentro de ella, Claudia empujó hasta el final y cuando sus huevos tocaron su vulva Sara pidió a gritos que no parara que quería más y más.

    Claudia siguió empujando, y el mete saca fue bestial, Sara no paraba de gritar y yo la masturbaba por debajo como había hecho ella conmigo, se pudo correr dos veces antes que Claudia sacara la polla de su culo y nos la ofreciera en la boca a Sara y a mí, la corrida de Claudia fue bestial y las dos la recibimos con pasión relamiéndonos de gusto, el semen corría por nuestras bocas y su polla parecía no tener fin cuando nos la volvíamos a meter en la boca con todo su semen por nuestra lenguas y gargantas.

    Las tres terminamos en la cama para toda la noche, volvimos a comernos la polla de Claudia por la mañana antes de salir de la habitación y despidiéndonos de Sara nos dispusimos para el viaje y poder darle la sorpresa a mi marido llegando dos días antes de lo que él esperaba…

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  • El ojo discreto

    El ojo discreto

    Llovía copiosamente y la tarde estaba siendo un verdadero tedio, la televisión ofrecía la misma porquería de costumbre de que si Pepito se ha acostado con Menganita o si Fulanita le gustaban más las mujeres que los gatos de angora y por hacer algo distinto me fui a mi habitación y conecté mi ordenador.

    Muchos de mis contactos aparecían en línea y yo estaba conectado, pero sin aparecer como conectado y tampoco tenía muchas ganas de hablar, confieso que tampoco estaba muy “caliente” por lo que empecé a brujulear por las diferentes páginas que podía encontrar en la web, obvié las páginas explícitas de sexo y terminé por entrar en un chat de personas de más de 40.

    Uno termina cansándose tratando de conectar con gente afín y que la gran mayoría sean perfiles falsos, tipos “disfrazados” o coleccionistas de tonterías y en los chats de sexo explícito abundan ese tipo de perfiles, el chat que descubrí estaba animado por el último derby con que si se equivocó el portero en el gol o si ese famoso delantero estaba muy bueno.

    El caso es que reparé en cierto nick que se salía de lo habitual: Alma y con un escueto privado traté de entablar una conversación con ella, no me llamó la atención que tardase bastante en responderme pues generalmente las mujeres suelen ser bombardeadas en esos chats y algunas ni pueden decirte que no le interesas lo más mínimo, pasados unos minutos mientras me perdía entre las líneas de una conversación sin sentido una pequeña ventana se abrió en la parte superior de mi pc:

    —Hola, perdona que no te hubiese respondido antes, poniéndome un té.

    Sus primeras palabras me resultaron simpáticas, ningún hombre suele empezar una conversación con algo tan trivial como eso por lo que despertó mi curiosidad.

    —No te apures, imagino que también estarás agobiada cerrando ventanas de privados. Por cierto, si entro en esta sala es porque tengo más de 40 aunque la vida me ha tratado muy bien y me conservo mejor que la momia de Tutankamón.

    —Uys, eso se lo dirás a todas, jeje, pues yo también tengo más de 40 y me conservo divinamente.

    Y sin mediar palabra me mandó una foto con una imagen tras una sábana blanca que vislumbraba un hermosa figura, el juego de luces hacía deliciosa la imagen.

    —Un fantasma, que miedo, respondí.

    —No me digas eso, que los fantasmas son otros, jaja y yo soy real, te lo prometo.

    —Vale, te creo. Y siendo un poco vulgar, ¿qué hace una chica cómo tú en un sitio como este?

    —Pues esperaba a mi príncipe azul, pero ha debido perder el autobús.

    —Oye, yo no soy príncipe y mucho menos azul y además viajo en Metro por lo que casi nunca llego tarde, ¿te vale un proyecto de rana con la que charlar como yo?

    —Sólo si sabes croar al revés.

    —Vale, acepto la prueba.

    En ese instante recibí una invitación para abrir mi web-cam, mi nerviosismo o mis ganas de agradar no sé si se dejaron ver, pero creo que no tardé ni medio segundo en conectarla y ella se dio cuenta.

    —Vaya, eres rápido, jaja, pero quiero ver como croas al revés.

    No sé si la edad o la falta de vergüenza, pero cuando nuestras cámaras se conectaron mostraron nuestras caras y no un pecho, un teclado o una parte de anatomía de difícil calificación.

    —Hola Brad, espero que Angelina no se entere de lo nuestro.

    —Jaja, tranquila Charlize, nunca sabrá lo nuestro.

    La verdad es que me gustó la forma en la que me desarmó, no es que me parezca a él, mejor dicho, creo que me parezco en que los dos tenemos dos brazos, una cabeza, nariz, boca y poca cosa más, pero Alma era realmente bonita, una mujer de unos 35 años habría jurado con una media melena color caoba lisa, unos sensuales labios sin carmín, una naricita propia de una muñeca y unos ojos marrón claro muy sugerentes. Vestía una camiseta de tirantes que dejaban al aire unos hombros delicados con unas pocas pecas muy sugerentes y que no desentonaban en blanca y presumo, cálida piel.

    —Venga, la prueba.

    Giré mi silla para darle la espalda y croé sólo como la ranas saben hacerlo, mi idea original era ponerme haciendo el pino y croar pero uno ya no está para saltos acrobáticos y opté por esa opción y por lo que pude comprobar con maravillosos resultados.

    —Jaja, bien, has aprobado y con nota, me quedo.

    —Gracias, es que español-rana, rana-español era un asignatura optativa en mi colegio y yo la cursé.

    —Pues la cursaste muy bien y no sólo esa asignatura, veo que la educación deportiva tampoco se te deba nada mal, dijo entre pícara y coqueta.

    La verdad es que cuando uno no deja el deporte y lo sigue practicando pues es fácil mantenerse y yo lo hacía, el banco de remo era una obligación y una delicia para dejar esa mala energía que acumulada en la oficina todo los días.

    —Perdona que sea tan directa, tengo sólo media hora y vendrán mis hijos que los trae mi exmarido, me gustaría preguntarte una cosa y espero que no pienses nada raro, ¿te has masturbado para una extraña por la cam alguna vez?

    Yo estoy seguro que ella sospechaba que si, pues quien no lo ha hecho y no quise mentirle pues su voz me embargaba y podría haber hecho de mi lo que quisiera y eso de recalcar la parte del ex, de la palabra exmarido me excitó un poco.

    —Pues si, algunas veces, dependiendo de la situación es muy excitante y morboso, ¿por qué quieres saberlo?

    —Es que me gustaría verte hacerlo para mí, me gusta ver tocarse a los hombres, ¿lo harías?

    Seducido por su voz debí responder que si, su hipnótica mirada estaba tan fija en mí que era imposible negarse a nada que me hubiese pedido y como un resorte me levanté para colocar la cam lo suficientemente lejos para que me viese, pero sin que perdiese nitidez y me dispuse a desvestirme.

    Lentamente saqué por mi cabeza mi camiseta gris claro de una misteriosa universidad americana que ha debido existir nunca dejando al aire mi torso desnudo, con los restos del moreno del verano aún tenía un color agradable y no ese color crudo que se nos queda a los morenos en el invierno, lo hice muy despacio, recreándome en sacar mis brazos para que los hombros redondeados por el ejercicio fuesen apetecibles para Alma, su voz marcaba un ritmo más rápido pero quería que aguardase y me demoraba con movimientos sensuales y dulces, sin brusquedades ni prisas para que se recrease.

    Mi vaquero de botones se fue cayendo poco a poco a lo largo de mis piernas dejando al aire un slip negro para disfrute de Alma, su voz apareció entre mis conteneos

    —Nene no estás nada mal, pero que nada mal y me gusta como te mueves, tú has hecho esto antes.

    Me sonreí ante las nada inocentes palabras de Alma y saqué mis pies de las perneras y girándome le mostré mi culo duro y ejercitado mientras lo bajaba hasta el suelo, estaba completamente desnudo para ella y lentamente me giré, pero tapándome mi pene con las manos a lo que ella con una voz lastimera pero dulce protestó.

    —No seas malo, quiero ver tu cuerpo, no me castigues.

    Confieso que sería incapaz de negarle nada, estaba completamente idiotizado por su voz, mi culo mostraba las marcas del bañador pero no le quitaba un ápice de atractivo.

    —Está bien, respondí y lentamente pasé mi mano derecha al costado mientras con la mano izquierda acariciaba mi abdomen subiendo hacia mi pecho para acariciar mis pezones.

    —Gracias cielo, acaríciate para mi, como si estuviese enfrente tuya, que poquito pelo, pasar la lengua por tu cuerpo debe ser un placer.

    Obediente pasé mi mano derecha por mis testículos depilados sin tocar mi pene que aún estaba dormido pero que poco a poco estaba empezando a tomar cierto tono, mi mano izquierda se olvidó de mis tetillas y se fue hasta mi trasero, con toda la palma abierta acariciando leve y suavemente apretar mis glúteos firmes. Mi respiración aumentaba su ritmo y mi pene ya había cogido un tamaño y color que no envidiaría a la de cualquier jovencito y Alma pareció apreciarlo pues agradecía lo que veía a través de esa pequeña pantalla.

    —Que rica y encima con poquito vello, me gusta mucho lo que veo corazón.

    Yo seguía preso de mis ganas de agradar y mojando la palma de mis manos con mi propia saliva e impregné mi palpitante y sonrosado glande que adquirió un color sonrosado pulsante como queriendo salirse de mi propio cuerpo.

    Mientras acariciaba mis testículos tirando de ellos comencé a pasar la palma de mi mano sobre mi pene hasta que lo agarré firmemente, mis mano cubría algo menos de mitad de su longitud y con un ligero movimiento comencé a masturbarme lentamente, desde que había descubierto que acariciarse recién depilado se sentía y disfrutaba más, nunca había permitido que los pelos sobrepasasen una medida que yo consideraba poco higiénica o mejor dicho, que me restase sensibilidad.

    Alma disfrutaba y me animaba con su suave voz a que continuase.

    Duro como una piedra, apenas me permitía moverlo más que arriba y abajo, llevé mi mano izquierda para ayudarme y poniendo mis palmas alrededor de mi pene continuaron mi delicioso masaje.

    —Mmmm que gusto, decía a la cam ajeno a lo que pudiera estar haciendo Alma pero atento a sus peticiones y su voz, acércate un poquito cielo, quiero tenerte cerca.

    Me empujé como pude hasta casi perder la perspectiva, pero Alma me podía ver aún entero y mejor aún, podía oírme y eso la excitaba sobremanera. Mi pene empezó a segregar líquido preseminal que lubricaba mi palpitante glande haciendo más placenteras mis propias caricias, fui a recostarme sobre mi silla para no caer a la par que mi respiración se entrecortaba y mis exclamaciones y gemidos de placer excitaban a Alma.

    —Me gusta escucharte tanto como verte, eres una delicia.

    Yo no sé si ya estaba sordo o no pero apenas podía escuchar lo que Alma me susurraba, mi ritmo se acrecentó hasta que solté una de mis manos para acariciarme el perineo mientras alzaba mis piernas y aumentaba cada vez más mi ritmo, mis embestidas manuales cada vez eran más fuertes con ese ritmo y fuerza que solo nosotros podemos darnos.

    Antes de que me diese cuenta ya me había metido la punta de mi propio dedo dentro de mi culo y las contracciones del anillo anal me marcaban el punto de no retorno, una oleada incontrolada de placer me invadía completamente, todo mi cuerpo gozaba de una excitación total y hasta las uñas de mi cuerpo parecían estar en comunión con ese instante. Llevé mi mano a la punta de mi glande y un primer pequeño chorro de semen mojó la palma de mi mano, un primer latigazo de placer de los varios que me llevaban desde lo más hondo de mi cuerpo hasta mi médula.

    Una cantidad ridículamente pequeña para lo que se imagina por las películas porno acabó en mi mano pero mis ojos cerrados no repararon en ello, poco a poco fui recobrando la compostura y la respiración y abrí los ojos para fijarlos en la pantalla, hacía unos instantes que Alma se había marchado y yo no me había dado cuenta, por toda despedida me había dejado una pequeña nota:

    —Me encanta ver como disfrutas pero está llegando mi ex, me gustaría volver a verte, mi mail es… gracias.

    Nunca entendí esas gracias aunque tampoco importa demasiado, sólo sé que esa fue la primera de muchas y sin haberme tocado, ella tocó mi alma.

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  • Como negarme a su pedido

    Como negarme a su pedido

    ¿Cómo negarme a su pedido? la parte homosexual de mi bisexualidad siempre fue oculta, pero ella me conoció así y entonces con ella no había problemas.

    Le gustaba que le cuente cuando, en algún masaje con algún hombre, las cosas se ponían calientes y terminábamos apasionadamente incendiando nuestras pieles, pero a ella los relatos no le fueron suficientes y entonces le empezó a gustar la idea de presenciar alguno…

    A mí la idea me encantó, pero había que buscar la persona indicada, especialmente sabiendo que Vanesa tenía serias intenciones de sumarse a nosotros en un muy caliente trío.

    Todos mis clientes son muy reservados, muchos son casados y otros no le interesaría la idea de sumar a una mujer.

    Por suerte me acordé de Cesar, treinta y algo de años, buen cuerpo, profesor de tenis, y con alguna experiencia en este tipo de juegos.

    Nuestros encuentros con Cesar eran siempre muy calientes, había buena onda entre nosotros y lo disfrutábamos mucho… seguramente él era el indicado.

    Lo llamé y le conté, le encantó la idea, solo quedaba ponernos de acuerdo con la fecha y la hora. El plan estaba en marcha.

    Llegó el esperado día, Cesar, ansioso, vino temprano, eso sirvió para ponernos de acuerdo en algunas cosas y que el show sea bueno y caliente.

    A él no le excitaba mucho jugar con su cola y a mí tampoco, no habría penetraciones entonces, pero todo lo demás le encantaba y eso haría poner muy loca a ella.

    Llegó Vanesa y luego de las presentaciones fuimos al lugar donde sería el encuentro, mi gabinete de trabajo. El lugar con la suficiente intimidad para poder jugar tranquilos.

    La camilla no sería lo adecuado, de a dos es fácil (ufff… si mi camilla hablara…) pero de a tres no entraríamos cómodos, así que preparé el tatami, almohadones y demás para estar muy cómodos y con mucho lugar en el piso.

    Tenía unos porrones de cerveza en la heladera y les convidé a mis amigos, tomamos y charlamos un rato para distendernos un poco. Vane se había acomodado en un silloncito que tengo en el gabinete y con Cesar nos habíamos sentado en el piso, en los almohadones.

    Vanesa tenía una pollera de jean, bastante corta y una remera escotada que destacaba ese hermoso par de tetas que tiene y que te hace desear estar todo el tiempo entre ellas besándolas.

    Obviamente Cesar no podía quitar la vista de ese escote, pero ahora, desde nuestra perspectiva del piso, sus piernas se veían bellísimas, y cada vez que se movían nuestras miradas estaban expectantes para lograr ver su lugar más íntimo…

    Pero ya era tiempo de ir a la acción y mientras charlábamos comencé a acariciar a Cesar, en sus hombros, su nuca, como masajeándolo suavemente, besé su cuello y miré fijo a Vane, el brillo de su mirada me dijo que estaba muy caliente porque iba a presenciar algo de lo que fantaseó mucho pero que creyó que nunca iba a ver.

    Besé el cuello de Cesar, su rico perfume me embriagó, me fui acercando a su boca y la besé con mucha pasión. Abrazados y acariciándonos caímos sobre el tatami, me puse sobre él y le saqué la remera, hice lo mismo con la mía y comencé a besar su cuerpo y lamer sus pezoncitos… Cesar suspiraba y también oí suspirar a Vanesa, giré la cabeza para verla y tenía una mano metida bajo su falda, entregada a una hermosa y lenta paja provocada por nuestro espectáculo.

    Bajé lamiendo su pecho hasta el ombligo y me puse de costado para que Vane pueda ver el momento en que le bajara su pantalón y dejara su pija a la vista, cosa que hice muy lentamente, primero el pantalón corto deportivo que él tenía y después de acariciar su dura pija por sobre su bóxer lo bajé lentamente besándole la piel que iba dejando al descubierto… su pija saltó ante mi cara y yo la tomé con mis manos y la acaricié lentamente.

    Miré a Vane y se había sacado la remera, mientras se seguía pajeando con una mano, con la otra acariciaba sus pechos que parecían querer explotar dentro de su hermoso corpiño blanco.

    Mientras yo hacía eso, Cesar fue besándome de la misma manera y sacándome el pantalón y el bóxer y me acariciaba la pija que ya estaba que explotaba, Vanesa se había sacado el corpiño y sin perderse detalle de show con su mano libre manoseaba sus tetas y se lamía los pezones.

    Cruzamos una mirada cómplice con Cesar y lamí su pija mientras sentí en la mía el inconfundible cosquilleo húmedo de su lengua. Metí su pija en mi boca mientras sentía sus labios envolver mi verga hasta que oímos a Vane, entre jadeos decirnos: ¡Hijos de puta! Y acabar fuertemente desparramada en el sillón y ya totalmente desnuda, con las piernas levantadas y dos dedos metidos en su muy chorreante concha.

    Hicimos un prolongado y muy sensual 69, y Vanesa seguía pajeándose, paro todavía faltaba para invitarla a jugar.

    Después de un rato de brindarnos toda la pasión posible con nuestras bocas y de haber sentido acabar otra vez a Vane, me di vuelta y acomodando pija con pija, me recosté sobre Cesar, con mi cuerpo bien pegado al suyo lo besé comiéndole bien la boca y lentamente comencé a frotar mi cuerpo sobre el de él, Cesar gemía de la calentura que tenía y de sentir mi cuerpo caliente frotarse con el suyo, yo también gemía y en medio de ese éxtasis siento a Vanesa que se nos viene encima y también comienza a frotar su cuerpo contra el nuestro.

    ¿Cómo explicar lo que sentimos en ese momento? ¿Cómo contarles el goce supremo de esos tres cuerpos al extremo de calentura frotándose y besándose de esa manera?

    Los besos de Vanesa se dirigieron hacia la pija de Cesar, entonces baje hacia su muy afiebrada conchita para darle alivio con mi lengua….

    Cesar estaba boca abajo, Vanesa se acomodó con la cabeza entre sus piernas y yo me metí, de espaldas entre las de ella para tomarme todos sus abundantes jugos.

    Al poco rato Cesar ya no aguantó tanta calentura y acabó copiosamente en la boca de ella que no alcanzaba a tragarse todo tan rápido. Limpió hasta la última gotita, no dejó nada.

    Y ahora, en un improvisado 69 comenzó a chupármela a mí mientras yo la hacía acabar con la lengua entre sus labios.

    De pronto el 69 deja de serlo porque sentí la boca de Cesar sumarse a la de Vane en mi pija…

    ¿Qué número tendrá esa posición?…. no sé, y en ese momento era lo menos que me importaba, solo me dediqué a gozar y cuando estaba por acabar Cesar se retiró para dejar que Vane se encargue de tomar toda mi leche… mucha cayó adentro y otra chorreó por su cara.

    Vane cayó de espaldas, exhausta, y yo me acerque a su cara y con mi lengua junté la leche que se había derramado dándosela a tomar y besándola profundamente.

    Quedamos mucho tiempo tirados, abrazados, acariciándonos de a ratos, felices, pero todavía había tiempo para más.

    Vane testeó nuestra recuperación acariciándonos las pijas que volvían a endurecerse. Se incorporó y teniendo a Cesar de espaldas al suelo comenzó a chuparle la pija que ya estaba muy dura nuevamente. Sin pensarlo dos veces se subió sobre él e introduciéndose su verga en su conchita, comenzó a galoparlo.

    Yo me acerqué a la pareja y ella me chupo la pija un ratito y después, parando bien su culo, me hizo saber lo que quería.

    Desde que la conozco que quería entrarle por atrás, pero no había tenido la oportunidad, incluso lo habíamos hablado. Ahora era el momento.

    Lo mojé con saliva y con sus propios copiosos jugos y acomodándome se la comencé a poner.

    Cuanto placer sentir su apretado culito, se la fui entrando de a poquito y cuando estuvo adentro comenzamos la cabalgada, tratando que sea muy acompasada para no caernos.

    Yo estaba en la gloria, metérsela por el culo, sentir el contacto de los dos cuerpos, verla como gozaba. Nuestros cuerpos estaban ya muy transpirados, Vane acabó dos veces, estaba como loca, había cumplido varias fantasías juntas, nunca había estado con dos hombres, nunca había hecho una doble, se sentía plena, subiendo y bajando, clavándose las dos vergas bien adentro de ella. De repente vio que Cesar iba a acabar y le dio fuerte para que le acabe bien adentro.

    Sentir el lechazo en su interior la hizo acabar y tanto espasmo me hizo acabar a mí también llenándole su culo de caliente leche.

    Caímos casi desmayados. Cesar estaba feliz, veíamos como chorreaba nuestras leches de su culo y concha. La cara de Vane era de un éxtasis total.

    Cuando pudimos reaccionar nos fuimos a duchar, juntos. Hubo tiempo para alguna caricia y varios besos.

    Vane y Cesar se fueron a sus respectivas casas, los dos son casados, yo me tiré en mi cama, cansado, feliz de tener la cabeza tan abierta como para permitirme disfrutar de cosas así.

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