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  • Hice acabar en mis tetas a un futbolista

    Hice acabar en mis tetas a un futbolista

    Nos conocimos por Instagram. Bueno, “conocernos” es una forma de decir. Él me había visto en la historia de una amiga y me dio follow.

    Ni bien le acepté la solicitud, reaccionó una historia: una foto de mi gato, tirado panza arriba en mi cama.

    —Ni siquiera te conozco y ya tengo celos de tu gato —me escribió.

    —Es calentito —le puse.

    —Yo también. Si querés, probame —respondió casi al toque.

    Lo dejé en visto. No por mala, sino porque no me hizo mucha gracia. Pero a la hora, volvió.

    —¿Cómo andás, morocha? —dijo con confianza.

    —Bien, ¿vos? —contesté desinteresada.

    —Mejor desde que estoy hablando con vos —tiró.

    Ahí lo stalkeé. Vi que era jugador, pero me dio lo mismo. No me calienta mucho el fútbol ni los que viven de eso, pero estaba bueno.

    Igual me enganchó. Me hablaba de noche, cuando ya estaba tirada en la cama, y sin decirlo, los dos sabíamos a dónde iba todo eso.

    —Si no querés venir a verme jugar, al menos vení a tomar unos mates a casa —me dijo un día.

    Dudé un poco, pero terminé aceptando.

    Era jueves y ya desde que me desperté tenía un nudo en el estómago. No por culpa, ni por duda. Por ansiedad. Sabía que íbamos a coger.

    Con Bruno (así le vamos a decir) no habíamos hablado de eso con todas las letras, pero lo sentía. Estaba en el tono de los mensajes, en la manera en que me hablaba en los audios, en cómo me sacaba información. Era un lenguaje que yo entendía.

    Me bañé, me depilé, me puse crema con olor a vainilla en las piernas y entre las tetas.

    Elegí un jean gastado, bien al cuerpo, y una remerita blanca. Abajo, una tanga beige bien metida y un corpiño negro de encaje. No era para seducirlo, pero si para estar lista.

    Cuando llegué, me abrió con una remera blanca básica, pantalón corto del club. Y ahí vi su pija marcada, acomodada hacia un costado.

    Me costó no mirarla directamente. Nos saludamos como si nada, pero yo ya estaba con la boca hecha agua.

    Nos sentamos en el sillón, él cebaba mate y dejaba correr una playlist de esas que te meten en clima sin que te des cuenta. Me miraba cada vez que yo hablaba, como si me estuviera estudiando.

    —Sos muy linda… ¿no tenés novio? —preguntó.

    —No, ¿por qué? —le dije, sonriendo apenas.

    —Porque si fueras mía, no te dejaría salir de la cama —agregó riendo.

    Tenía ese humor ácido y me preguntaba cosas, pero no era invasivo. Quería saber, pero no por interés, sino por morbo.

    En un momento me acerqué para mostrarle algo en el celu, un meme creo, ni me acuerdo.

    Me le pegué un poco y él me acomodó el pelo, con los dedos apenas tocándome la nuca. Un gesto mínimo, pero íntimo.

    —Me tengo que ir en un rato… —le dije, bajito, como queriendo que no me escuchara.

    —Entonces no perdamos tiempo —y cerró los ojos.

    Me comió la boca. Así, sin pedir permiso. Me agarró fuerte, me apretó contra su cuerpo.

    Yo me trepé a sus piernas sin pensarlo. Sentía su pija dura bajo el short, empujando entre mis piernas.

    Me subió la remera, me lamió las tetas por encima del corpiño. Después me lo sacó con una mano mientras con la otra me agarraba el culo con violencia.

    Me chupaba las tetas con hambre, como si me estuviera devorando. Sentí su lengua húmeda, lenta, recorriéndome los pezones.

    —Ay… No me hagas esto —gemí bajito, mordiéndome el labio, mientras me aferraba a sus hombros.

    Se paró de golpe. Yo quedé sentada en el sillón, con la respiración entrecortada. Se bajó el short y me la puso en la cara. Tenía la pija más gorda que había visto en mi vida.

    Se la escupí primero, dejando que el hilo de baba le corriera por toda la pija. Después la lamí lento, saboreándola desde la base hasta la punta.

    Subía y bajaba la cabeza, sintiendo cómo me llenaba la boca. Lo succionaba con fuerza, cerrando bien los labios, haciendo ese ruidito húmedo que lo volvía loco.

    Él suspiraba fuerte, tirado hacia atrás, con la cabeza apoyada en el sillón y una mano en mi pelo.

    —Qué hija de puta sos —me dijo, y me agarró del cuello. Me apretó con fuerza, me hizo levantar y me besó con furia.

    Me empujó contra el sillón, me puso en cuatro, y con el jean y la tanga en las rodillas me la metió entera.

    Grité. Me arqueé. Me tiró del pelo. Me dio nalgadas secas, duras.

    Sentía cómo su pija gruesa me abría la concha. Me dolía, pero ese dolor me encantaba, quería que no parara nunca.

    Después se sentó en el sillón con la pija dura, empapada. Me sostenía por la cintura mientras yo lo cabalgaba lento, con los ojos cerrados y el cuerpo rendido.

    Me acariciaba la espalda con ternura, como si entre tanta brutalidad todavía quedara un espacio para lo suave.

    Me apretaba las tetas con las dos manos, las recorría con los pulgares, y me miraba con esa cara de hombre hambriento.

    —Sos hermosa, boluda… —me murmuró al oído, jadeando.

    Yo le gemía bajito, apenas, como si tuviera miedo de romper ese momento, como si el placer fuera tan profundo que no necesitara ruido.

    De golpe empezó a bombearme desde abajo, con fuerza, con la pija dura entrando y saliendo de mi concha mojada sin piedad.

    —Te voy a romper toda, putita —me gruñó, apretándome el culo con las dos manos.

    —No pares… no pares —le supliqué, con la voz quebrada, sintiendo cómo cada embestida me sacudía toda.

    Se puso animal de golpe, me agarró fuerte del cuello mientras yo lo cabalgaba, apretándome como si quisiera dejarme sin aire.

    —Te voy a llenar de leche, putita —amenazó.

    Yo gemía, sintiendo cómo la presión de su mano me hacía excitar más. Le resguñé el pecho, le clavé las uñas, era brutal.

    Me bajé, me senté en el piso. Junté mis gomas alrededor de su verga. Las moví arriba y abajo, lo escupí.

    Le hice fricción hasta que eyaculó como una bestia, chorros calientes de semen sobre mis tetas.

    Seguí lamiendo después, aunque la pija ya estaba medio flácida.

    —Se te va a hacer tarde —me dijo.

    Me limpié las tetas con una servilleta, me acomodé el corpiño, me subí el jean y él me despidió con un chape rápido, intenso, que me dejó con ganas de más.

    Me fui, pero no a clases. Me dolía todo el cuerpo, tenía la piel pegajosa, sucia, llena de semen seco que me recordaba todo lo que había pasado.

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  • La tentación lleva mi nombre

    La tentación lleva mi nombre

    Hola, me llamo Paloma, pero todos mis amigos me llaman Pam. Soy rubia natural, mis hinchados labios no han sido retocados, mi cuerpo ni siquiera ha tenido que pasar por el gimnasio y mis enormes pechos han crecido solos. Como siempre he tenido tanto éxito con los hombres tengo todo lo que quiero y puedo elegir amante con toda la facilidad del mundo. No me duran más de dos semanas. Me aburro de ellos, es mejor probar por todos los lados. Mis amigos me dicen que como siga así voy a acabar mal, pero bueno, les hago una mamada y se les quitan las ganas de decirme como he de vivir.

    Tengo 26 años y salimos juntos desde los 18, cuando entramos en la facultad. Yo todavía no era la que soy. No había conocido a Marcos Antonio, un cubano que estuvo conmigo unas semanas hasta que se cansó de mí. No fue mi primer novio, pero fue el único que me ha dejado a mí y no al revés. Él me enseñó todo lo que sé. Con él descubrí lo que es disfrutar del sexo. Pero no quiero entretenerme, que esa no es mi historia.

    Decía que somos una pandilla muy numerosa, somos unos dieciséis, más chicos que chicas. Algunos están emparejados, otros han traído a sus novias o novias al grupo. He de reconocer que me he enrollado con todos ellos, que los he probado alguna vez. A todos menos a Jorge. Él desde el principio se enamoró de Silvia y han sido novios desde entonces. Llevan unos ocho años saliendo y están prometidos, se van a casar cuando le asciendan en la empresa.

    Jorge es distinto a todos los demás. No es que sea guapo ni nada, me refiero a que es el único que no me mira al escote cuando le hablo, sino que me mira a los ojos y no se comporta como los demás tíos que conozco. No creo que nunca se la haya cascado pensando en mí. Esto me atormentó durante un tiempo. Me daba mucha rabia que una chica como Silvia (guapa, discreta, morena, con un buen tipito, pero no tanto como yo) se llevara a Jorge. Me lancé sobre él como una posesa y me insinué abiertamente, dejándole claro que podía ser suya, pero él me rechazó y me recriminó que tuviera esa actitud.

    Al ver que esa táctica me había fallado, me disculpé cuando le volví a ver (varios meses después, no podía verle a la cara) y decidí comportarme de otro modo. Le pregunté si se lo había dicho a Silvia y me dijo que sí, así que también me disculpé con ella. Los dos me perdonaron…

    Conseguí que él fuera mi confidente. Le decía que estaba arrepentida de la vida que estaba llevando, pero que estaba enganchado al sexo. Él se creyó que ya sólo buscaba de él una relación de amistad. El muy ingenuo no sabía que estaba planeando acostarme con él. No quería tener una relación con él, sólo echarme un polvo con él y demostrarme que consigo a quien quiero.

    Ya sé que suena mal, pero tanto tiempo obsesionada con eso hacía que sólo con verle mojara las bragas. Además, me estaba rondando la idea de tener una relación lésbica con Silvia, pero eso ya es otra historia. Me gusta el morbo, simplemente eso. No pretendo que los dos se separen, sólo que disfruten de lo que no conocen.

    Bueno, el verano pasado llegó mi oportunidad: me enteré de que se iban a Castellón y yo iba a veranear por allí. No se lo dije, sólo les comenté que me apetecería pasarme por allí. Ellos me invitaron amablemente a su apartamento. No les confirmé si iría o no, pero ya tenía claro que sí que iría. Silvia trabaja en una revista y yo conozco a su jefa, me debe un favor y conseguí que el miércoles la hiciera venir a Madrid para hacer un artículo importante. Sólo estaría la tarde del miércoles y volvería el jueves. Antes de que mi amiga la hiciera esa llamada, yo me presenté el martes.

    Pasamos juntos el día y me entristecí con ellos por la marcha de Silvia. Sobre todo, porque yo el jueves tenía que irme. Para que no se preocupara (aunque no lo iba a hacer), les dije que saldría por ahí, que había conocido un chico y estaría fuera. Cuando Silvia se fue le pregunté a Jorge si quería salir conmigo. Como supuse, me dijo que se quedaría en casa leyendo. Hacia las nueve me preparé para la “cita”: un vestido malva de una pieza bien ceñida, me quedaba algo pequeño, pero me venía al pelo, lo había metido en la maleta a propósito y unos zapatos de tacón de aguja.

    Si me sentaba con él se me veían las nalgas y me dejaba la mitad de mis tetas fuera. Por supuesto, no llevaba sujetador y el tanga tenía pensado quitármelo cuando saliera. Le pregunté a Jorge qué tal estaba. No se atrevió a reprocharme nada y no quiso mirar más abajo de mis hombros. Me preguntó si quería que me llevara a algún sitio, pero le dije que me esperaban en el pub de la plaza y que luego nos iríamos por ahí.

    No me costó encontrar a alguien que me llevara al pueblo (no está demasiado lejos de la urbanización donde tenían el apartamento, pero hay que ir en coche). Bebí, provoqué, pero me marché sola y busqué una cabina. Ya antes, en unos aseos, había dejado el tanga. Me rasgué el vestido por abajo y rompí la cremallera trasera. Desordené mi cabello y estropeé el maquillaje. Rompí el tacón por la mitad de uno de mis zapatos y tiré el otro a la basura. Unas lágrimas de cocodrilo, unos dedos para irritarme un poco por encima la vagina, perfecto, ya podía llamar a Jorge. Ya era casi la una.

    Con la entonación más lastimera que supe fingir le dije que me habían intentado violar y que me había escapado y no sabía que hacer, que estaba en una cabina y que tenía mucho miedo. Si hubiera habido un jurado, el Óscar hubiera sido para mí. Jorge me dijo que me esperaba, que iba para allá con el coche a buscarme. Comprobé si mi vestido estaba apropiado y sí, si quitaba la mano de la parte de arriba se caía hasta el vientre. Remangué un poco más la parte de abajo para que me viera mi coñito depilado sólo con sentarme y esperé. No tardó en llegar Jorge.

    Me abracé a él y llorando le dije que nunca iba a cambiar, que no le hacía caso y al final me había pasado lo que tenía que pasar. Él fue muy cariñoso conmigo y me preguntó qué había pasado. Le dije que calenté a un inglés y que me quiso violar en la parte de atrás de un local, que me arrancó las bragas, me destrozó el vestido y me metió los dedos abajo, que por suerte una pareja pasó y pude salir corriendo…

    —Sube al coche, vámonos.

    Subí al coche y me senté en el asiento de al lado. Fingí estar muy compungida y no me di cuenta de que el vestido apenas me tapaba la entrepierna. Jorge seguía sin querer mirarme y yo ya estaba cansada de sostenerme el vestido, así que me fingí la dormida y dejé caer los brazos y el vestido. Mis senos quedaron descubiertos. Por fin me veía Jorge mis paradas tetas y mis pezones encarnados y duros como un botón dispuestos a ser lamidos. Noté que dio un brusco volantazo. Notaba que me miraba a la cara y que no podía evitar mirarme de arriba abajo. Estuvimos a punto de estrellarnos. Cuando llegamos, me movió un poco el hombro, con suavidad.

    —Ya hemos llegado.

    Al bajar del coche conseguí que la falda me quedara por encima del pubis; luego me tropecé al caminar y caí de rodillas, haciéndome daño en el tobillo. No podía apenas caminar, así que me subió Jorge en brazos. Mi coño estaba al rojo vivo, lubricado como nunca, y estaba al aire. Estaba medio desnuda en brazos de mi hombre. Me dijo que me iba a limpiar las rodillas antes de dejarme en el sofá.

    Volvió con un trapo mojado y con agua oxigenada y me tocó un poco el tobillo. Me dijo que si me hacía un masaje y me dejé hacer. Yo me tapaba la cara con el brazo para permitirle que me siguiera disfrutando. Me tumbé y él empezó un masaje en mi pie. Estaba disfrutando de mi coño depilado, por el cual una cantidad enorme de flujos estaba discurriendo. Le pedí que subiera un poco, que me estaba relajando mucho y él obedeció. Me abrió las piernas y se puso en medio. Mmm… Por fin llegó a los muslos, aunque no se atrevía mucho a subir. Gemí un poco. Le pregunté si estaba cansado.

    —Te has portado genial y yo te debo otro masaje.

    Intentó negarse, pero le fue inútil. Me levanté hacia él (ahora me miraba a la cara) y le dije que se quitara la camiseta. Me puse detrás de él y pegué mis senos en su espalda. Pude ver que tenía una erección enorme. Le masajeé los hombros. Ambos estábamos sudados, hacía mucho calor. No sabía cómo dar el siguiente paso. Estaba excitado, pero si le besaba seguro que me dejaría. Me moví y me resentí de la lesión. Caí a un lado gritando y él se dio la vuelta y me recogió. Sin querer le toqué el paquete. Me abrazó. Nuestras caras estaban muy próximas. Ambos jadeábamos.

    No aparté la mano de su entrepierna y él bajó su mano por mi costado. Me besó. Primero con dudas, luego al responderle yo con fuerza, abrió su boca y entrelazamos nuestras lenguas. Le frotaba el pene por encima del pantalón corto y él buscaba mis senos. Los dos nos acariciábamos por todo el cuerpo. Cada roce con mis pezones o en mi clítoris me hacía gemir. Yo le había bajado el pantalón y vi que su erección era enorme. Su polla no era demasiado grande, pero era muy bonita, tenía un tamaño considerable, me pareció perfecta.

    Jorge fue bajando sus besos hasta hacerse con mis pechos. Yo le masturbaba y hacía aparecer y desaparecer su glande colorado. Se lo quería chupar, estaba bien lubricado. Fui hacia su verga e hicimos un 69 fantástico. Ambos nos absorbimos nuestros jugos, pero yo quería más.

    —Métemela, Jorge.

    Él estaba muy excitado y se dio la vuelta y me la metió de un golpe. Grité y le pedí más. Le busqué su culo y le metí un dedo en su agujero. Le sorprendió mucho y tensó sus glúteos. Le pedí que me metiera a mi su dedo en mi ano. Le chupé sus dedos y lo hizo. Volví a suspirar. Desde que empecé a hacerle un dedo su polla se había puesto aún más dura. Entraba y salía con fuerza de mí y también jadeaba. Me decía que me deseaba y yo le decía lo mismo. Y nos besábamos. Me dijo que iba a terminar. Le metí más el dedo y se corrió dentro de mí. Una corrida fabulosa. Me había hecho gozar mucho.

    Como sabía que ése sería nuestro único polvo, me levanté y le limpié la verga con mi lengua, ensalivándola, tragándomela. Le dije que le quería cabalgar y eso hizo efecto y volvió a empalmarse. Me puse sobre él y empecé a saltar. Él me agarraba del culo y de las tetas con lujuria, aunque le estaba haciendo un poco de daño con mi brusquedad. Yo gritaba con cada arremetida y decía sí, sí, quiero tu polla bien dentro. Le pregunté si me quería ver a cuatro patas. Me puse en esa posición y me entró por detrás. Después de un mete saca frenético le dije que me metiera más dedos en el culo, que quería que me penetrara por ahí.

    Por fin sacó su vocabulario grosero y me dijo que tenía el agujero ensanchado, me llamó puta y lo ensalivó. Me metió su lengua y le pregunté si Silvia le había permitido darle por culo. Me dijo que no y me metió el tronco en el culo. Me dolió bastante. ¿Quieres más rabo? Toma, y me metió más rabo. Grité más y le excité, por lo que volvió a embestirme. Noté sus huevos en mi culo. La sacó de nuevo y la volvió a meter. Una y otra vez. Me estaba matando y le insultaba, aunque ya me estaba metiendo hasta cuatro dedos en la raja y estaba gozando como nunca.

    Conseguí que me dijera que me deseaba más que a Silvia, que deseaba mi cuerpo, mis tetas, mi coño. Él decía que sí a todo y seguía follándome y me preguntaba si quería más rabo. Yo decía que sí. Estaba gozando con tanta presión y se corrió por fin. Otra buena ración de leche.

    Le dije que nos ducháramos y lo volvimos a hacer, esta vez de pie, yo enroscando mis piernas sobre su cintura y él sujetándome y culeándome. Nos acostamos y nos quedamos dormidos. Por la mañana me desperté antes que él y vi que ambos estábamos desnudos. Me excitó verle su pene tan pequeñito, así que empecé a agitarlo, a acariciarle los testículos. Me lo llevé a la boca y en poco tiempo volvía a estar enorme. Jorge se hacía el dormido.

    Me puse sobre él y volví a cabalgarle. Jorge intentó pararme y me decía que me parara. Yo le dije que era la última vez que podríamos disfrutarnos y me besó los pechos y follamos de nuevo. Cuando se iba a correr, le dije que me eyaculara en los pechos y en la cara. Se corrió sobre mí y yo me restregué su semen por el cuerpo y por la boca.

    No hemos vuelto a follar juntos. Él me evita siempre que puede y nunca me ha hablado de lo que vivimos juntos. Con Silvia conseguí una noche de despedida de soltero de una amiga emborracharla y tirármela y hacer que se la follara el stripper de su tranca de 20 centímetros. La rompió incluso el culo. Con ella también la excusa de las copas y el juramento de no decirle nada a Jorge funcionó, pero ahora casi nunca les veo. La última vez fue en su boda. Ahora son felices, aunque no sé si el hijo que ella espera es de Jorge o del tipo de la verga enorme. Da igual, ambos se quieren mucho.

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  • La mamá de mi novia

    La mamá de mi novia

    Esto me pasó cuando tenía 20 años.

    Tengo una novia llamada Andrea desde hace 2 años, por lo que mi relación con mi suegra (su mamá) es muy estrecha, además de tenernos mucha confianza.

    Andrea es una niña muy hermosa, sin llegar a ser una supermodelo.

    Bueno lo que voy a relatar es algo con respecto a su mamá, que la describiré a continuación: Ella es chaparrita como de 1.60, blanca y bastante joven, pues tuvo a su primer hija (mi cuñada) a los 18 años. Es de esas señoras que por ser tan crédulas, a veces lo excitan a uno sin que ellas lo quieran, por ejemplo, cuando se pone a hacer el aseo, sin querer se agacha a 90° y ¡wow! ¡Qué vista!

    Tiene unas caderas hermosas, un busto no muy grande, pero la piel, tiene una piel perfecta blanca, pero lo mejor de ella son sus caderas… esas caderas en forma de corazón y siempre anda vestida de una forma ejecutiva, tú sabes, trajes sastre, blusas transparentonas y las faldas un poco cortas, más o menos a la rodilla… nada más de recordarla ¡uf! ¡Me pongo bien filoso!

    Bueno, esto sucedió una vez que sus hijos se fueron con su tía a Monterrey (imagínense qué niñas) y mi suegra se quedó en su casa solita. Por la confianza que ya tenemos mi novia y yo, tengo llaves de su casa, para cuando no hay nadie, pues para cuidarla y así recíprocamente.

    En esa ocasión yo llegué un sábado como a las 11 am y me fui a dar una vuelta a su casa, porque mi suegra iba a estar todo el día en casa de otra hermana.

    Llegué, me serví un poco de agua, estuve esculcando en el refri para ver qué había de comer, me hice unas palomitas, me puse a ver una película en la recámara de mi suegra. Cuando terminó la película, fui a la recamara de las niñas (novia y cuñada) a hacer lo habitual: Revisar la ropa interior de las dos, masturbarme un poco, y lo que más me excita: dejarle una panti llena de semen a Andrea, porque eso le excita mucho.

    En eso de andar revisando, se me fue el tiempo, por lo que me quedé dormidísimo… como a las 6 de la tarde se escuchó la puerta, y ella mi suegra Julieta acababa de llegar. Rápidamente me asomé y me di cuenta de que traía el traje que más me excita: un traje sastre, color mamey, muy pegado a su cadera (lo repito, ¡qué caderas!) y se me ocurrió una idea…

    Rápidamente me metí debajo de la cama, pero no sin antes haber dejado una nota que decía:

    “Señora Julieta, estuve aquí toda la mañana y todo está bien le mando besos… Javier”

    De la recámara de mi novia se ve muy bien la sala, por lo que vi cuando ella la leyó.

    Yo ya me estaba emocionando porque ella se tragó el cuento, así que decidí seguir hasta las últimas consecuencias. Escuché cómo abrió la ducha y rápidamente fui hasta el baño para espiarla…

    Esa visión jamás la podré olvidar: Su cara de ángel con un gesto de cansancio, se comenzó a quitar la ropa: primero los zapatos, unos zapatos también color may que hacían que sus pantorrillas hicieran esfuerzo que por lo tanto, marcaban más sus músculos, miré cómo se quitaba el saco y se veía su cintura que es pequeña en comparación con sus caderas.

    Se quitó su collar de perlas, la blusa y por fin veía sus senos aunque fuera en brassier. Yo no tenía muchas esperanzas, ya que por ser tan recatada, aunque esté sola, cierra el baño, pero ¡Oh sorpresa! ¡No cerró la puerta! Por lo que yo estaba ya caliente atrás de su cama (me fui a esconder rápidamente ahí).

    Después se quitó la falda… por fin iba a ver ese maravilloso secreto: ¡sus hermosísimas y redondas caderas! Se la quitó muy femeninamente, tú sabes, doblando la cintura, pero sin flexionar las piernas… vi su tremendísimo trasero cómo se salía por los lados… ¡aaagh! Y eso que no usa panties pequeñas, sino del tamaño “aseñorado” de color blanco era su pantie, con unos olanes muy ricos que se levantaban y dejaban a la vista sus muslos… ¡carajo! ¡Qué muslos!

    Su brassier también era blanco de esos que se desabrochan por enfrente… su piel… su piel… si la vieran, me comprenderían… sus pezones estaban pequeños y rosados, tan rosados que no se percibía la diferencia entre los pezones y la aureola. Yo ya quería aventarme ¡y besarle hasta las muelas! Pero yo ya me estaba restregando mi pene con la alfombra…

    Se dio un vistazo en el espejo, sumió el estómago, sacó las nalgas y el busto, lo clásico que la mayoría de la gente hacemos en el baño… hacernos los fuertes, revisarnos la grasa, etc…

    Después se metió a bañar, más bien se metió en la tina por lo que eché una maldición, pues desde mi escondite no era posible ver nada y no me quería arriesgar… Yo ya estaba ansioso porque saliera, por lo que yo estaba demasiado cachondo… A los 20 minutos salió, pero ¡demonios! Ya traía su toalla, y lo peor, cerró el vestidor y yo me quedé con mi calentura…

    Ya después salió con un camisón de esos muy aseñorados también, pero con una especie de agujeta en el busto, pero ella no había amarrado la agujeta, por lo que cuando se agachó para secarse el cabello, se le salió un pecho, cosa que me excitó mucho. Alcancé a ver más debajo y wow ¡No traía bragas! Lo sabía porque como dejó el baño prendido, ella estaba de perfil y se notaba perfectamente su figura sin ningún tipo de ropa interior.

    Se acostó en la cama, prendió la tele pero ¡maldición! Había olvidado quitar la película de la video casetera no era una película porno ni nada así, pero sí contenía una que otra imagen medio fuerte.

    Escuché cómo ella dijo “ah qué niño… dejó prendida la video”, por lo que la vio un poco, recostada en su cama… yo ya estaba temblado de miedo —aparte de la excitación claro está— se hizo un silencio y como yo ya me había desabrochado el cinturón, sin querer hizo ruido la hebilla, pues pensaba meterme bien debajo de la cama hasta que ella se durmiera…

    Cuándo me di cuenta del ruido me dije a mí mismo “¡pendejo!” por lo que me quedé inmóvil, y como a los 7 segundos vi la cara de mi suegrita viéndome con cara de enojo.

    “¡Pero Javier! ¿Qué haces ahí? ¿No que te habías ido? ¡Qué tratas de hacer!” por lo que yo con la cara hecha un trapo, me salí no sin antes pedirle disculpas y rogándole que no le dijera nada a Andrea…

    “Ya para que te vas, ya me viste bañándome ¿o no?” lo que yo asentí y me dijo “ven siéntate”, yo estaba muy nervioso, tenía los ojos llorosos y las mejillas muy rojas qué pena…

    “Sabes Javier, esto que hiciste está muy mal ¿sabes? ¿Qué hubiera pasado si me hubiera tocado los senos y…? tú sabes…” —¿si la hubiera visto masturbándose?— le dije sin pensar, un segundo después me di cuenta de mi nivel de pendejada que había dicho…

    Ella dudo un poco pero al final asintió “pues sí, ¿qué más puede hacer una mujer divorciada con 3 hijos dos de ellos mujercitas eh? Tengo que darles un buen ejemplo”…

    Yo solo podía decir sí o no, por los nervios, ya después ella me dijo que me tranquilizara, porque ya me tenía bastante confianza, y en el momento que me iba a sentar, vio como me hice a un lado el pene, que ya estaba hecho acero, por lo que preguntó:

    “¡Ay Javier! ¿Qué te pasa eh?” con una cara como de asustada, pero al mismo tiempo le brillaron los ojos…

    Ya le tuve que decir: “perdóneme señora Julieta, pero desde que la conozco, no hago otra cosa más que soñar con esas caderas, yo pienso que su marido fue un estúpido al haberla dejado… yo sé que Andrea va a ser como usted de grande, por lo que nunca la voy a dejar”

    Ella quitó inmediatamente la cara de sorprendida, la cual cambió por una cara de ternura…

    “Ay Javier qué lindo… mi hija tiene mucha suerte al tenerte” Cuando me dijo eso, abrió los brazos en señal de abrazo, por lo que yo nada menso, fui y la abracé… Tenía mi cara en sus pechos… ¡dios! ¡Si tan solo tuviera el valor para hacer algo! Cuando me di cuenta, ella ya me había dejado de abrazar, pero yo todavía no me quitaba… quería estar ahí por mucho tiempo…

    Escuché que su respiración se empezaba a agitar, al igual que la mía…

    “Mi niño Javo, no… hazte a un lado… esto no debe ser…” —”¡pero señora! ¿Sabe cuánto la deseo?”— “lo que sea Javier, ¡pero no!”

    Lo único que se me ocurrió fue darle un beso en el cuello antes de quitarme pero… ¡sorpresa! Al besarla, me volvió a abrazar. No lo podía creer.

    Me dijo:

    “Javier… Vamos a hacer un trato…”, “¿Cuál?” le dije… en eso ella me contó: “Hace mucho tiempo que no tengo relaciones y quieras o no, pues mi… mi… —¿vagina? Alcancé a decir, por lo que otra vez me dije pendejo internamente, —sí, pues eso mismo, mi vagina a veces se hincha y se pone muy rojita… pero ¡no cambiemos de tema! Lo que te quiero decir es que puedes hacer lo que yo te deje únicamente, y así no te corro ni le digo a Andrea… ¿Qué opinas?

    Al oír esas palabras pensé que sólo me iba a dejar tocar un poco de senos y nalgas, pero pues era eso o nada…

    “¡Acepto!” le dije, por lo que ella me dijo: “ven bésame el cuello como lo hiciste ahorita”.

    Ya se me había bajado el palo por los nervios, pero al escuchar eso, se paró estilo catapulta (en 001 segundos).

    La obedecí, la besé muy dulcemente en el cuello… ella aceleraba la respiración… y decía “así ay así qué rico besas” por lo que me aventuré y como traía el camisón como ya les dije, me aventé a besarle un seno de la misma forma que besaba su cuello…

    —Aaaah, qué rico me estoy agitando demasiado Javier

    —no se preocupe señora, no la voy a defraudar

    —aahh siiiii… bésalo… chúpalo.. aaahhh qué rico se siente…

    —¿qué siente señora?

    —como descargas eléctricas que van directas a mi vagina

    —¡qué rico señora! ¿Me dejaría tocar sus caderas?

    —Sí pero no me dejes de besar…

    La puse boca abajo y poco a poco iba levantando su camisón… por fin iba a ver esas caderas que tanto me excitaban, las culpables de correrme a cada rato con su hija, pero pensando en esas caderas…

    Lo levanté, miré sus pantorrillas… sus muslos… ¡aaaah! ¡Sus caderas! Y se veía claramente sus labios vaginales entre esos suculentos muslos… decidí hacer esto más lento, por lo que me enfoqué a su cuello, a su espalda… qué piel tan suave tenía… Iba bajando, acariciándole la espalda con la puntita de mi lengua… cuando llegué debajo de las nalgas, pensé en dar una buena lamida a sus labios… ¡de verdad que estaban hinchaditos! ¡Qué ricura!

    Opté por separarle las piernas con mis piernas, por lo que ella volteó con una mirada un tanto sorprendida, pero se dejó hacer… miré su vagina por unos cuantos segundos… una vagina riquísima pensando “Me voy a comer tu primera casa Andrea”. Di una rápida pasada de lengua en sus labios por lo que ella:

    “Aahh… ya no me acordaba lo bien que se siente… sí, sí, sigue así ¡ay! ¡Ay! ¡Así!

    Ella se volteó, con las piernas bien abiertas y me dijo “¿no te da asco?” —¡para naaada! por lo que me dijo “¡cómetela!”. Yo no tardé ni un segundo, por lo que ella ya se arqueaba y pegaba su pubis a mi cara…

    “Sigue, sigue, sigue… J-j-avier…”, —¿mande? —hazte a un lado porque suelto mucho fluido. Mi repuesta fue pegarme más a su vagina y darle un masaje directo a su clítoris, por lo que ella me dijo “¡qué morbo me da!” estuve lamiendo unos 10 segundos más hasta que ella me dijo “ay… ay… ahí viene ¡ahí viene! ¡Javier!… ¡aaaah! cuando se quedó inmóvil tirada sobre la cama… Yo ya quería sentir ese cuerpecito debajo, o enfrente o arriba ¡o como fuera de mí! Simplemente le levanté los muslos, la puse a la orilla de la cama y me dispuse a meterle el pene hasta donde llegara… nunca voy a olvidarlo… mis brazos llenos de sus muslos… mis manos pellizcándole los pezones mi pene dentro de ella, mis huevos golpeando sus carnes… ¡qué delicia!

    Así estuvimos como hasta las 11 de la noche… ya exhaustos nuestra última corrida —la 6ª creo— Optamos por sólo masturbarnos hasta llegar al último orgasmo… a ella ya le dolía un poco la vagina tanto como a mí el pene… Fue un orgasmo delicioso y doloroso…

    Nos abrazamos….

    —Ya me voy es tarde

    —bueno cierras la puerta ¿si?

    —¡claro!

    Nos dimos el ultimo beso, se despidió de beso también de mi pene, y cuando ya estaba vestido y a punto de salir de su recamara me dijo:

    “Javier” —¿sí? —las condiciones ya han cambiado —¡pensé lo peor! Le iba a decir a Andrea— con un tono de miedo le pregunté “¿cómo?” —Sí ahora si quieres que mi hija no se entere de que estabas espiando tendrás que acostarte conmigo cada vez que yo tenga ganas; ni importa hora ni día ni nada, simplemente cuando yo quiera…

    No me quedó decir otra cosa más que… ¡Acepto!

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  • Visitando un club swinger

    Visitando un club swinger

    En casa mi esposo arrecho me cachó por el culo que me dolía mucho ya que estaba adolorido y si lloraba del dolor, por ello mi esposo me dijo que pararíamos está situación pues se nos estaba yendo de las manos.

    Pasó mucho tiempo para recuperarme de todo esto, que mi esposo no me hablaba de algún encuentro, es por ello que un día le dije si se podía organizar otro encuentro, me dijo que aún no y que me avisaría si se presentaba algo.

    Hasta que un día me dijo que había averiguado y había un club swinger llamado Eros y que sería bueno conocer a amigos, es así que nos registramos para un sábado por la noche, entramos y al ver qué estábamos registrados pasamos.

    Pudimos observar juegos con premios sorpresa, bailes eróticos y demás, hasta que llegó la hora de entrar a los cuartos, adentro mi esposo me dijo que iría al baño, razón por lo cual un muchacho aprovecho acercarse a mi para proponerme sexo del bueno, le dije que tenía que hablar con mi esposo, ok me dijo.

    Al llegar mi esposo le comenté del amigo y me respondió que si era de fiar que no había problema, con señas le dije que podía venir y vino con 6 cervezas y 1 vino, donde se presentó como un grande admirador de mi belleza, le cayó bien a mi esposo, era muy conversador y respetuoso, hasta que sacaron a mi esposo a participar de uno de los juegos revienta globos, donde tenía que atinar el globo con premio y castigos.

    Me quedé con el amigo quien me hacía tocar su bulto, si que estaba bueno, la verdad que me excitaba la idea, al final nos tocó ir a los cuartos a donde nos invitaron a entrar los que quieran, fuimos, el amigo detrás nuestro.

    Ahí pude ver de todo, era una orgía, vergas de todos los tamaños, vi una doble penetración anal y vaginal a una señora, me quedé súper excitada antes todo eso, se acercó mi esposo y me dijo, sólo te permito cachar con el amigo, oki amor le dije, pues el amigo estaba desnudo y tenía un buen miembro tampoco puedo decir dotado pero si que estaba bueno y regular.

    Lo mamé rico y el hizo lo mismo con mi concha y mi culo, intentó meterlo por el culo y me dolió, quizás me quedé con el trauma anterior y le dije que por favor solo vagina, aceptó mientras gozaba duro y parejo con mi conchita, mientras le mamaba la verga de mi esposo, era una excitación rica hasta que eyaculó sobre mi culo.

    Estuvo super rico esa escena mientras de reojo veía las grandes cachadas a la señora de al lado mío, como le abrían el culo y la concha. Le tome la leche de mi esposo y salimos a casa, fue inolvidable estar en un club así.

    Llegando a casa mi esposo me dio culo y vagina mientras me preguntaba porque no le había dado el culo al chico, le dije que no sabía que me había pasado pues me dio miedo, pero que para la próxima si pasará.

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  • Lore mi fantasía (2 – final)

    Lore mi fantasía (2 – final)

    Recordarán en el primer relato “Lore mi fantasía” como me fui obsesionando con partes de su cuerpo y que en la última reunión con mi amigo tuvimos una conversación en donde él jugaba con Lore a darle permiso para que se dejara manosear.

    Yo con la obsesión por Lore y la idea de que mi amigo podría darme permiso de pasar mis manos por las piernas, nalgas y pechos de su esposa, regresamos a la casa con los tacos pero yo con la fantasía de que Lore me escogiera para usar ese permiso que le decía mi amigo que tenía.

    Cuando llegamos Lore mantenía sus manos al frente muy concentrada en que no tuviera yo la oportunidad de ver otra vez bajo su vestido entre sus piernas. Transcurrió la noche, muy divertidos y sin darnos cuenta nos tomamos 4 botellas de vino tinto.

    Ya tarde, como a las 3 am y con el efecto de vino tinto deciden irse, salimos y le doy un abrazo a Lore para despedirnos y me dice en voz baja cerca de mi oído “si te gustó lo que viste ábreme la puerta otra vez”.

    Por supuesto que la acompañe, le abro la puerta de la camioneta y ella sube abriendo las piernas intencionalmente dando el tiempo perfecto para que yo apreciara nuevamente su tanguita blanca de encaje, pero en esta ocasión se notaba hinchada su panochita, se veía húmeda la tanguita y se salía uno de sus labios con prácticamente nada de bello.

    Sentí que estaba soñando, cierra las piernas y subo la mirada viendo la cara de Lore roja, con una mueca pícara viendo al parabrisas.

    No pude dormir, toda la noche tuve mi mano tocando mi pene erecto, recordando las ocasiones en que me la estuve sabroseando, sus piernas, pies, pezones y las 2 ocasiones en que vi entre sus piernas. Me vine 2 veces despierto y 2 veces soñando.

    Los siguientes días estuve muy distraído pensando cómo podría yo tener una oportunidad de charlar solo con Lore, lo veía imposible ya que siempre nos veíamos en pareja y sería muy torpe llamarle para verla solo a ella.

    Pasó la semana y me despierta mi esposa el sábado diciéndome “ve por tu hija a casa de Lore” se quedó a dormir por qué salió ayer con su hija la más grande.

    Inmediatamente me metí a bañar, me puse loción y me fui a casa de mi amigo y Lore por mi hija.

    En el camino iba pensando en algún tema de conversación que pudiera hacer un vínculo especial con Lore, no se me ocurrió nada cuando ya estaba fuera de la casa.

    Se abrió el portón y salió mi amigo, baja la ventana y me dice: entra, ahorita bajan.

    Entro a su casa, paso a la cocina y veo a Lore preparando la cafetera, de espaldas con un camisón negro que apenas si le cubría las nalgas, se le veían hermosas sus piernas y sus talones lisitos, la tela del camisón era muy delgada y se traslucía bastante se veía su pantaleta, pero no traía sostén.

    De repente sin voltear dice Lore “que pasó” y respondí “buenos días Lore”, volteo de inmediato y pude ver como por lo delgado del camisón se veían sus pechos y se podía notar como sus pezones se fueron haciendo duros hasta quedar bien paraditos.

    Dijo, perdón pensé que se le había olvidado algo a mi esposo, se rio y dijo, deja te saludo, se acercó y vi la oportunidad de abrazarla, rodeé con mis brazos su cintura obligando a que sus brazos subieran a mi cuello y la apreté a mi cuerpo fuerte con toda intención, sintiendo sus tetas en mi pecho, una delicia percibir la presencia sus pezones parados rosando mi pecho, vi abajo y su camisón se subió dejando ver como una nalga se salía completa de su pantaleta.

    Lore hizo un poco de fuerza para soltarse del abrazo y dijo, deja aviso que ya estás aquí.

    Ya estaba mi verga bien dura desde que la vi de espaldas, seguro la sintió en el abrazo.

    Lógicamente bajó de nuevo con un pantalón y playera, llegó mi amigo con desayuno y quedamos de hacer algo en la noche.

    Llegada la noche mi esposa dijo vamos a un lugar con música, Lore propuso un bar de moda en donde cantan todo el tiempo.

    Iba preciosa, muy elegante pero sensual, con un vestido a medio muslo, zapatito de tacón con pulsera y tirita en los dedos, uña pintada muy bonita, se le veían los pies muy acariciables, escote delicioso con un dije justo en donde comienza la separación de sus tetas.

    Nos dieron una mesa bien ubicada tipo periquera y mi esposa y Lore se sentaron juntas.

    Platicaban ellas y platicaba yo con mi amigo, Lore se veía riquísima y estaban tipos cerca viendo sus piernas sin disimular.

    A la hora de haber llegado, mi amigo se va al baño y uno de los tipos se arrima a Lore y me cambio de lugar poniéndome entre Lore y el tipo.

    Mi amigo regresa y se pone donde yo estaba antes de ir a un lado de Lore y así nos quedamos.

    Teníamos avanzada la botella, cantábamos los cuatro muy ambientados y se me ocurre bajar la mano y comienzo a acariciar el pie de Lore, tocándole sus dedos, talones, la veo y sonríe, subo mi mano y comienzo con la cara externa de mi mano a acariciar su pantorrilla y de repente pongo mi mano en su rodilla y empiezo a subir la mano a la parte externa de su muslo y cuando voy a la parte interna, atrapa mi mano juntando con fuerza las dos piernas, volteo para ver su cara y estaba cantando con los ojos cerrados, intento sacar la mano y agarra mi muñeca impidiendo que quite mi mano.

    Me siento desconcertado, cuando de repente comienza a separar las piernas y jala mi mano hacia el centro de ellas, con mis dedos siento una tela de encaje húmeda cubriendo sus labios que se sentían dilatados estoy así por un tiempo breve, hago a un lado la tela para estimular directamente y apenas sentí un poco en el interior de sus labios el clítoris y bruscamente cierra sus piernas y quita mi mano.

    Dejó unos minutos pasar y me acercó a su oído diciéndole, “tienes permiso”, ella hace cara de extrañada y me dice, ¿quien dice? Y contesto, tu marido.

    Empieza a cantar y pasan como 20 minutos cuando mi esposa dice, siento que tomé mucho ya vámonos, mi amigo dice, no me siento muy bien, nos llevas.

    Nos salimos, tomo el carro y mi esposa se sube adelante, Lore y mi amigo atrás, cuando dice mi esposa, me dejas a mí primero y los llevas, no me siento bien.

    Se mete mi esposa a la casa, avanzo en el carro y me dice mi amigo, detente, me estaciono a media cuadra y me dice pásate atrás, con un poco de desconcierto, me paso al asiento trasero y ahí mismo se queda Lore.

    Tan pronto comienza a avanzar, Lore sube su pierna derecha a mi pierna izquierda, quedando sus piernas muy abiertas, empiezo a acariciar su pierna deliciosa y veo que mi amigo nos veía en el retrovisor, me voy a besar el cuello de Lore y bajo la parte delantera de su vestido, dejando sus tetas de fuera.

    Le quito su tanga y con una mano hago caricias a su panochita en sus labios y clítoris, con la otra mano agarro sus nalgas.

    Se oye abrir el portón de la casa de mi amigo, entramos, cierra el portón, apaga el coche y se pasa al asiento del copiloto para ver mejor.

    Lorena de repente se sube arriba de mí y yo empiezo a lamer sus pezones, con una mano le agarró las nalgas y con la otra jugaba con su clítoris.

    De un momento a otro, yo me sacó la verga y me dice Lore jadeando, no puedo, lo decía bajito y torcía los ojos para ver a mi amigo.

    Yo rogaba, solo déjame sentir con la punta de mi verga tu panochita.

    Lore ve a mi amigo, él dice que si con la cabeza y agarro mi verga y la resbaló de arriba a abajo sin meterla, Lore empieza a decir qué rico y hacia pujitos, cuando hago un movimiento para meterle la verga y Lore dice, no, eso no quiere mi marido, forcejeamos, ella se defendía haciéndose atrás, cuanto mi amigo le pone una mano en medio de la parte baja de la espalda y la empuja para ayudarme y le entra toda como cuchillo en mantequilla.

    Lore se empezó a mover delicioso y decía, sácala por favor con pujitos, repitiendo, mi marido no quiere, y mi amigo la empezó a nalguear suave y rico.

    Nos venimos al mismo tiempo, Lore me jaló el cabello muy fuerte y después se bajó de mí y se quedó tranquila un rato.

    Se baja del carro y va por mi amigo, le agarra la mano y le dice, no te la vas acabar en toda la noche.

    Desde entonces ya no nos hemos juntado, pero me platicó mi amigo que el permiso era con 2 condiciones:

    1: Mi amigo tenía que ver

    2: No podía repetir con nadie

    Me confesó que conmigo fue la primera vez y que continuaron con otros hombres que por supuesto Lore les traía ganas.

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  • Calor de puta

    Calor de puta

    No puedo más. Llevo horas encerrada, caliente como nunca. Me desperté mojada, con las sábanas pegadas a las piernas y el coño latiéndome como si estuviera en celo. Me toqué apenas abrí los ojos… y ya iba por el tercer orgasmo antes del desayuno. Me he corrido cinco veces hoy, y todavía me siento vacía, necesitada, usada… pero no lo suficiente.

    Me metí a la regadera pensando que el agua fría me ayudaría a calmarme, pero en cuanto empezó a caer sobre mi cuerpo, todo se fue al carajo. El agua resbalaba por mis pezones duros, por mi cuello, entre mis piernas… y no lo aguanté. Me tiré al piso como una puta necesitada. Me abrí de piernas sin pensar, como si me fueran a coger ahí mismo.

    Mis dedos se fueron directo al coño. Estaba tan mojada que se oía el sonido asqueroso de mis dedos chocando contra esa carne blanda, hinchada, sensible. Me froté con desesperación, gimiendo como perra en celo. Me imaginaba tus manos, tu boca… tus dedos hundiéndose en mí sin piedad. Me agarraba las tetas con fuerza, me las arañaba. Me mordía los labios, jadeando, rogando por ti, por tu lengua, porque vinieras a romperme.

    —“Hazme tuya… por favor, ven, fóllame…” —no dejaba de repetirlo mientras me metía los dedos a la boca y los chupaba como si chupara los tuyos… o algo más.

    Me sentía tan sucia, tan entregada. Me abría más, por si de alguna forma me estuvieras viendo. Me decía a mí misma que tú estarías orgullosa de verme así: en el piso, con el culo al aire, mojada hasta el ombligo, rogando porque me uses como quieras.

    Y me vine. Fuerte. El cuerpo me temblaba, me escurría por todos lados. El suelo quedó empapado. Me metí los dedos a la boca para probarme. Me relamí como una ninfómana agradecida. Pero eso no me calmó. Me dejó peor.

    Sigo caliente. Me arde el coño. Me late, me duele. No quiero tocarme otra vez sola. Quiero que tú vengas. Que me abras de piernas, me escupas el coño, me metas la lengua hasta el fondo. Que me ahogues en placer, que me pongas en cuatro y me digas lo zorra que soy por mojarte toda la cara.

    Quiero mirarte desde abajo mientras te dejo usarme. Quiero que me tires del cabello, que me hagas gritar tu nombre, que me digas que soy tuya, solo tuya. Que me cojas sin parar hasta que te canses de mí o hasta que me desmaye de tanto venirme.

    Estoy aquí, abierta, temblando, sola… deseándote. ¿Vas a venir a hacerme tuya, o vas a dejar que me siga tocando como una puta desesperada mientras pienso en ti?

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  • Era enorme

    Era enorme

    Aún recuerdo cuando salíamos, lo nuestro no funcionó, pero su miembro era enorme tanto que cada vez que me penetraba me terminaba doliendo el estómago, ese morbo me encantaba. Tenía la circuncisión hecha y yo nunca había estado con alguien así, era larga y gruesa de esas clásicas de películas xxx.

    Volviendo de comprar me lo crucé, yo estaba recién bañada y con ropa cómoda porque recién volvía del trabajo, respondí su mirada con una sonrisa pícara y él me entendió.

    Yo soy curvy con lindas tetas y cintura, él alto 1.89 grandote medio castaño claro y blanco. Se acercó a saludarme y yo sentía nervios en el estómago, me dio un beso abajo de mi oreja y yo suspiré. Listo, sin decir nada me agarró la mano y me llevó a su casa, se dio una ducha mientras yo estaba en su habitación.

    Escucho que termina de bañarse y sube la escalera, los nervios se intensifican me encanta esta sensación.

    Llega y se sienta en la cama, yo desesperada me arrodillo para meterme su frío pene en mi boca que dormido me entraba todo. Comienzo a mover la lengua mientras siento que mi boca me va apretando, ya no me entra todo continuo comiéndome esa hermosa verga como la extrañaba. La succiono poniendo mis dos manos en donde empieza, era enorme tal y como la recordaba. Me la meto casi hasta llegar a mi garganta, con una mano le acaricio sus huevos suaves y los beso, bajo un poco más… él me dice que no porque tiene cosquillas, pero yo estoy desesperada le meto la lengua atrás de sus huevos mientras le aprieto la verga con mis manos, comienza a gemir uff ¡como amo que los hombres giman!

    Vuelvo rápido a metérmela lo más que puedo en mi boca y comienzo a succionar pasando mi lengua por todas partes, necesito esa leche en mi boca ya. Le agarro su cadera y la empujo hacia mi cara, lo tengo bajo mi control él solo me mira, hasta que siento algo muy suave y caliente en mi boca trago lo que puedo, pero se me sale por los costados hasta mis pechos, él me pide que pare, pero yo me quedo tragando todo mientras late en mi boca, se la limpio bien y la saco con cuidado. Quedó acostado agotado, pero con una sonrisa feliz.

    Yo estoy toda mojada esperando a que se recupere, pero eso será en otra historia.

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  • Mi experiencia con el sexo anal

    Mi experiencia con el sexo anal

    Quiero relatarles a grandes rasgos mi experiencia con el sexo anal como gay 100% pasivo.

    Solo he tenido dos parejas sexuales en toda mi vida, aquellos hombres que estuvieron adentro de mi y descubrieron mi intimidad anal.

    El primero fue un compañero del colegio con quién nos reencontramos después de un año de la graduación aquello fue de una sola noche pero fue de mutuo acuerdo, para ese entonces yo ya introducía mis dedos por el ano con bastante frecuencia.

    Quería sentir un pene real adentro y mi amigo fue mi primera experiencia en ese sentido. Ya después los dildos estaban a la orden del día.

    Máximo pasaban 3 días sin que yo hiciera mis prácticas anales así les llamaba a mis masturbaciones anales.

    Dos años después de lo de mi amigo del colegio conocí a mi novio actual, no voy a ahondar en como lo conocí solo voy a hablar de sexo anal como tal.

    Al principio no tenía sexo con el por qué el era bastante tímido para decirlo y yo muy cobarde como para pedir que me penetrara.

    Tiempo después con más confianza me animé y le dije que ya era hora que tuviéramos sexo yo venía practicando con dildos de 12 cm más o menos pero ya con el pene de el que es de unos 17 cm cambiaba.

    Al principio me dolía pero el lo hacía lento y con mucho lubricante para que no me saliera, primero metía una parte lo sacaba entero y luego un poco más.

    Esto lo hacíamos cada que nos veíamos y llegó el punto en el que pude contener el pene entero adentro de mi ano.

    Con el tiempo aprendí a disfrutarlo bastante hasta el punto que para mí ya es la única manera de tener sexo y es siendo el penetrado o el pasivo el 100% de las veces dado que me genera un placer indescriptible.

    Generé una conexión profunda con mi novio en la que le entrego toda mi intimidad para que él reciba placer y yo también reciba placer.

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  • Mi esposa prueba por primera vez un trío

    Mi esposa prueba por primera vez un trío

    El murmullo alegre de la fiesta resonaba en el salón, pero para Marcos era solo un telón de fondo. Sus ojos buscaban a Sofía entre el grupo de amigos, su esposa desde hacía quince años. Quince años en los que una fantasía persistente había crecido en su interior: verla entregarse a otro hombre. Sofía, con su piel canela, su cabello azabache ondeando sobre sus hombros y esa sonrisa que siempre lo había desarmado, era el centro de su universo. Y esta noche, después de incontables conversaciones tímidas y miradas cargadas de deseo reprimido, parecía que su sueño estaba a punto de hacerse realidad.

    La excusa perfecta había sido la celebración del ascenso de Javier, un amigo íntimo de ambos. El alcohol corría generoso, las risas eran fáciles y la atmósfera relajada había creado una complicidad palpable entre los tres. Javier, con su atractivo varonil y su mirada pícara, parecía entender la tensión latente que existía entre Marcos y Sofía.

    En un momento dado, mientras la música sonaba más suave y algunos invitados comenzaban a despedirse, Marcos sintió la mano cálida de Sofía en la suya. Sus ojos se encontraron y él vio en ellos una mezcla de nerviosismo y una excitación que nunca antes había presenciado.

    “Subamos un momento”, susurró Sofía al oído de Marcos, su aliento cálido erizando su piel. Él asintió, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Javier los siguió discretamente.

    Una vez en la habitación, la puerta cerrada tras ellos, la atmósfera cambió drásticamente. La luz tenue de la mesita de noche creaba sombras danzantes en las paredes. Sofía se giró hacia Marcos, sus dedos desabrochando lentamente los botones de su camisa. Él la observaba, embelesado, mientras la tela se abría para revelar su sostén de encaje negro.

    “¿Estás seguro de esto?”, preguntó ella, su voz apenas un hilo.

    “Más que de nada”, respondió Marcos, su voz ronca por la excitación.

    Sofía sonrió, una sonrisa que prometía placer y abandono. Se acercó a él y lo besó con una intensidad que lo hizo tambalearse. Sus lenguas danzaron, un preludio al baile más íntimo que estaba por comenzar.

    En ese instante, Javier se unió a ellos, sus manos acariciando la espalda de Sofía por encima del encaje. Ella jadeó ante el contacto, sus manos aferrándose a los hombros de Marcos. La fantasía comenzaba a tomar forma, más real y excitante de lo que jamás había imaginado.

    Los besos se multiplicaron, los tres entrelazados en un abrazo apasionado. Las manos exploraban sin pudor, despojando las últimas barreras de ropa. Sofía quedó en ropa interior frente a los dos hombres, su cuerpo curvilíneo brillando bajo la luz tenue. Marcos no pudo evitar admirar su belleza, la forma en que sus pezones se erizaban bajo la mirada de Javier.

    Fue Javier quien rompió el silencio con una voz grave y sensual. “Eres preciosa, Sofía”.

    Ella se sonrojó ligeramente, pero no apartó la mirada. En cambio, se acercó a Javier y desabrochó su camisa, dejando al descubierto su torso musculoso. Marcos sintió una punzada de excitación al ver a su esposa tomar la iniciativa, dominando la situación.

    Los tres terminaron desnudos, los cuerpos rozándose, la piel erizada por el deseo. Marcos tomó la mano de Sofía y la guio hacia el miembro erecto de Javier. Ella dudó por un instante, luego lo rodeó con sus dedos, moviéndolos con una lentitud sensual que hizo gemir a Javier.

    “Ahora tú”, susurró Sofía a Marcos, ofreciéndole su propia entrepierna húmeda. Él se inclinó y la lamió con avidez, sintiendo el sabor dulce y salado que lo enloquecía. Sofía arqueó la espalda, sus manos aferrándose a su cabello.

    El sexo comenzó sin pudor, sin reservas. Javier tomó a Sofía por la cintura y la penetró por detrás, sus embestidas profundas y rítmicas. Sofía gritó de placer, su cabeza hacia atrás, su cabello azotando. Marcos se unió a la escena, besando su cuello, lamiendo su oreja, sus manos acariciando sus pechos.

    Cambiaron de posiciones constantemente, explorando cada rincón de sus cuerpos. Sofía se colocó encima de Javier, cabalgándolo con movimientos lascivos, sus pechos balanceándose libremente. Luego se giró hacia Marcos, tomándolo en su boca con una destreza que lo hizo perder el control. Javier observaba la escena, su propia excitación creciendo ante el espectáculo.

    En un momento de frenesí, Marcos tomó a Sofía y la levantó, sus piernas rodeando su cintura. Javier se unió a ellos, penetrándola por detrás mientras Marcos la embestía de frente. Los gemidos y los gritos de placer llenaron la habitación, un coro de deseo desatado.

    Probaron todas las formas posibles de unirse, cada encuentro más intenso que el anterior. El sudor brillaba en sus cuerpos entrelazados, el olor a sexo llenaba el aire. No había límites, solo el deseo de explorar y complacerse mutuamente.

    Finalmente, los tres alcanzaron el clímax al mismo tiempo, sus cuerpos temblando con espasmos de placer. Sofía gritó con fuerza, sus uñas arañando la espalda de Marcos mientras la leche caliente de Javier se derramaba en su interior.

    Jadeantes y exhaustos, se desplomaron sobre la cama, sus cuerpos aún unidos por el sudor y la satisfacción. Un silencio denso y placentero llenó la habitación. Marcos miró a Sofía, sus ojos brillantes de una felicidad salvaje. Ella le devolvió la mirada, una sonrisa cómplice en sus labios.

    La fantasía se había hecho realidad, superando todas sus expectativas. La noche de celebración entre amigos se había transformado en una explosión de deseo compartido, uniendo a los tres en una intimidad carnal que ninguno de ellos olvidaría jamás.

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  • Mi esposa follando con otro (2)

    Mi esposa follando con otro (2)

    Recordaran como tuve sexo con mi esposa después de que su asistente David la folló, al final le dije a mi esposa: “busca a David y haz que te coma el chocho con mi semen, que deguste mi semen con tus flujos; de la misma manera como yo me comí su semen con tus flujos”.

    Cuando mi esposa me miraba interrogándome, le dije: “no sabía que eras una putita, te vi follando con David, quería hacerte una escena, pero la calentura me ganó y gocé follándote con el semen de otro en tu chocho, quiero ahora convertirte en mi puta y follarte junto con tu asistente, vamos a hacer un trio, llámalo”.

    Mi esposa muy enojada me respondió, si es lo que quieres, llámalo tu. Tome su celular y le marque a David, al contestar muy nervioso al saber que yo le llamaba del celular de su puta, le dije: “hola David, estas invitado a almorzar mañana junto con mi esposa, te espero hacia las once de la mañana en nuestra habitación”; él me contestó que gracias y que estaría puntual.

    Ella me increpó: “¿qué estas maquinando?”, yo le respondí: ”mañana los niños estarán todo el día en excursión, saldrán a las 10 am y regresarán a las 5 y media de la tarde, por tanto, tenemos cuatro horas para follar con tu asistente, y tú esposa mía recatada y fiel te vestirás muy sugerente, muy sexy como la puta que es, porque te follaremos toda la tarde, y por favor, no me retes”.

    Al día siguiente, entregué a los niños a los encargados para su día de camping, y regresé a la habitación, mi esposa estaba en la ducha alistándose según mis planes, David llegó le hice seguir y le ofrecí de tomar, sirviendo un par de wiskis y una copa de vino para mi esposa, y entablamos una conversación de cualquier cosa para pasar el tiempo, mi esposa tardaba mas de la cuenta, fui a la habitación y no estaba lista, yo le dije: “mejor así, con eso no tenemos que desvestirte, el almuerzo llega a las doce en punto, tu elige como saldrás a almorzar”.

    Mi esposa salió de la habitación vestida con una minifalda color piel muy ajustada, ese culo se le veía precioso, zapatos de tacón que realzaba más su culo y sus piernas, una blusa muy vaporosa ajustada, se le veían sus pezones, no tenía brasier, el peinado en una coleta y con un mínimo maquillaje, estaba simplemente maravillosa, David y yo nos quedamos embobados mirándola, llegó el almuerzo y comenzamos a degustar y a beber vino, y yo coloque en mi celular música romántica muy suave.

    Terminamos y nos sentamos en el sofá, mi esposa entre David y yo, conversando y bebiendo, ya estábamos más que entonados y el alcohol cumple su función. Coloque seguidamente música bailable suave e invité a mi esposa, la abrace y la bese, y comenzamos a bailar muy pegaditos para que sintiera mi erección, ella sabe que son 23 centímetros de verga que le fascina mamar y disfrutar, a la siguiente pieza la deje en manos de David que muy nervioso le puso las manos en su espalda-hombros, porque mi esposa se le colgó a su cuello y se le pegó, David me miraba y se alejaba un poco de mi esposa, y otra ronda de vino, serví sendos vasos y vino y dije fondo blanco.

    Ellos seguían bailando y David sacando el culo para no pegarse, entonces me acerqué abrace a mi esposa por la espalda y comencé a acariciarle las tetas, ella se giró y me besó con lengua incluida y se me pegaba, David quedo solo, entonces le dije venga péguese que mi esposa quiere sentir tu verga en las nalgas, él se pegó, yo cogí sus manos y con ellas magreaba las tetas de mi mujer; giré a mi mujer quedando cara a cara con David y le dije bésala, chúpale la lengua y las tetas en ese momento le arranqué la blusa quedando solo en tetas.

    David se lanzó a chupar esos hermosos pezones de mi mujer, ella gemía y decía: ”chupa David, chúpame las tetas bien duro me gusta fuerte, muérdeme los pezones, siii… siii … rico que rico…”, mientras tanto le arranque la minifalda y la tanga quedando desnuda y comencé a chuparle el culo, le follaba el culo con mi lengua, David también se puso de rodillas para comerle el chocho a mi mujer, yo chupaba el culo y se lo penetraba con dos de mis dedos y David le dedeaba y le chupaba y mordía su clítoris.

    Ella gritaba: ”esposo soy tu puta hoy y siempre quiero ser tu puta, para que me folle con David, soy la puta de ustedes, que rico, siento que me voy a correr, chúpame el chocho David y tu marido mío fóllame el culo con tu lengua, si así, delicioso se siente, chupen fuerte, mas fuerte, duro muy duro ¡ahh! Me estoy corriendo, David y esposo tráguense mi corrida, par de cabrones, como gozo, pero quiero sus vergas en mi chocho y culo, quiero a los dos dentro de mí, fóllenme, fóllenme pero ya… quiero sus vergas”, nos desvestimos y le ofrecimos nuestras vergas, ella las mamó un ratito y nos dijo que quería verga.

    Puso a David de espalda sobre la cama y cogió su verga, la puso a la entrada de su canal y se sentó en ella en un solo envión, se empalo de una sola sentada, me miro y me dijo marido quiero tus 23 centímetros dentro de mi culo, quiero que me lo partas. Coloque la punta de mi verga en su ano y apreté hasta que entró en su anillo anal, esperé unos segundos y de un solo golpe de riñón se le metí mi verga hasta que mis huevos chocaban con los huevos de David, nos sincronizamos y follamos como 20 minutos, yo la nalgueaba y David le chupaba las tetas y las mordía.

    Ella solo gritaba: ”cabrones como gozo, estoy en la gloria, que rico, denme duro, fóllenme duro, marido métemela con fuerza quiero sentirla muy adentro, ábrame las nalgas y métela toda con fuerza, David fólleme con fuerza quiero sentir tu verga en mi útero para eso estoy super abierta para que me partas la panocha, me corro, me estoy corriendo” y los tres explotamos al tiempo, David le llenó el chocho de semen, ella lavo las huevos de David con el torrente de flujo que arrojó y yo le llene los intestinos con mi semen, nos tiramos a descansar con ella en medio.

    La acariciábamos, y yo comencé a comerle el chocho, mordía el clítoris y le dije a David “me comeré su semen y usted cabrón le comerás el culo para que degustes mi semen”, mientras mi esposita me mamaba mi verga y pajeaba a David, ahí estuvimos hasta que el culo y la chocha quedaron muy limpias, y nuestras caras manchadas de semen y flujo, cambiamos y ahora yo le chupaba el culo a mi mujer y David su vagina y clítoris, y ella mamaba la verga de David y a mí me masturbaba.

    Me puse de espaldas con mi verga mirando el techo y le dije “esposita ahora me cabalgas a mí, mi verga si llega a tu útero, y David te romperá el culo”; ella se subió y se ensarto mi verga en una sola sentada, se acostó sobre mí levantando el culo, David le abrió las nalgas y apuntó su verga y se la metió despacio por su recto, ahí comenzamos con un mete saca muy sincronizado, yo meto David saca, yo saco David mete; follamos con fuerza como por otros 30 minutos, David explotó en el culo de mi mujer llenando sus intestinos de lefa, y se salió.

    Mi mujer y yo seguimos follando, las puse abajo yo me subí, puse sus piernas en mis hombros y me la follé con fuerza, quería romperle el chocho, ella durante todo el tiempo gimió, grito y pedía que le rompiéramos el culo y la panocha, después de 15 minutos nos corrimos y bufamos simultáneamente, como David miraba estaba de nuevo con la verga muy parada, yo se la saqué y David se acercó y de una se la hundió en el chocho a mi mujer, se la folló por otros 10 minutos y le lleno el chocho de lefa, se salió y mi esposa rezumaba semen por su agujeros que los tenía rojos e inflamados de la follada que le dimos a mi mujercita hermosa y amada, pero putita.

    Por los siguientes seis meses, yo follaba a mi esposa Luz Stella todos los días noche y mañanero; con mi consentimiento David follaba a mi mujer todos los jueves por la tarde y los fines de semana sábado y domingo nos la follábamos entre los dos; los niños terminaron viviendo con los abuelos, y David dejó de ser el asistente de mi esposa y se trasladó de ciudad.

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