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  • Maestra de una pareja de jóvenes

    Maestra de una pareja de jóvenes

    No había vuelto a ver a Chus, el hijo de mi compañera Andrea desde que ese día por Navidades habíamos tenido nuestro tórrido encuentro, por eso me sorprendió que ese día me llamará porque quería conversar conmigo, yo le di cita para unos días más tarde, ese día iba a estar sola en casa, decidí ponerme una fada corta que dejaba al descubierto una buena parte de mis piernas y una blusa, que dejara ver buena parte de mis tetas, que tanto le habían impresionado en nuestro encuentro. Cuando llegó le abrí, llevaba unos pantalones jeans y una camiseta.

    La hice pasar al salón y nos sentamos solos en el sofá y le pregunté que le ocurría, él sin dejar de mirar mis tetas, me contó que se había echado una novia, tenía 18 años, como él, pero ella era virgen y le daba miedo iniciarse, en ese momento le propuse:

    -Si quieres, yo os enseñare a hacerlo juntos, pero te advierto que la hare putisima, como yo.

    Él se mostró encantado, y quedamos para que vinieran a casa unos días después, cuando yo estuviera sola, o al menos que ellos pensaran eso, y después le dije:

    -Bueno dejemos de hablar del pasado y centrémonos en el presente.

    Me desabroché la blusa, dejando mis tetas solo tapadas por mi sujetador negro, que dejaba al descubierto buena parte de ellas, en ese momento creo que él se olvidó de su novia y se lanzó hacia mí, con sus manos se puso a acariciármelas, mientras con sus labios besaba mi cuello.

    Estuvimos así un rato, pero yo quería más, así que apartándole de mi un momento, me arrodillé ante él y me puse a chuparle la polla, me decía:

    -Que bien la chupas, ojalá mi novia me lo hiciera igual.

    -Tranquilo cariño, le respondí, vamos a hacer que te la cupé divinamente, ni te vas a acordar de mí

    Y continue chupándosela, hasta que pensé que había llegado el momento de pasar a la siguiente fase, me puse a cuatro patas encima del sofá y le dije:

    -Cariño, follame, como te gustaría follarla a ella.

    Él se puso de rodillas, detrás de mí, y de un golpe me la metió, y comenzó a moverse con mucha rabia, era una forma de follar salvaje, su polla taladraba mi coño con una gran fuerza, yo sentía un placer increíble, que hizo que tuviera raídamente un orgasmo bestial, pero el me siguió follando de la misma manera, quizás para calmarle le dije:

    -Mi amor, quiero ser yo quien marque el ritmo.

    Le hice sentarse en el sofá y yo me puse encima de él, de esta manera era yo quien le cabalgaba procurando que follaramos de una manera más reposada, él seguía gimiendo de una manera muy intensa, se puso a acariciarme las tetas, eso me encantó y le dije:

    -Mi amor, tu novia tiene suerte de tener un novio como tu

    -Pero no sé si la sabré follar bien, me replicó

    -Tranquilo mi niño, le respondí, yo me ocuparé de haceros unos buenos amantes, tanto el uno con el otro, como con otras personas.

    Mientras hablábamos no dejábamos de follar, era fantástico, me giré dejando mis tetas al alcance de su boca, mientras procuraba lleva un ritmo que fuera muy placentero para los dos, hasta que él me dijo:

    -Me voy a correr.

    Y su leche invadió mi coño.

    Quedamos que vendría a mi casa unos días después, con la excusa de recoger un paquete para su madre, y así fue, me encargué de que esa tarde no hubiera nadie en casa, cuando llegaron les hice pasar ella tenía mucho encanto, llevaba un vestido muy primaveral, les hice pasar y me puse a conversar con ellos, hasta que la chica, tuvo ganas de ir al servicio y la indiqué el sitio.

    En ese momento, según habíamos acordado, Chus y yo nos desnudamos rápidamente de manera que cuando su novia volvió nos encontró a mi sentada en el sofá con las piernas bien abiertas, mientras su novio estaba de rodillas, con su polla dentro de mi coño. Los dos estábamos gimiendo y haciendo como que ignorábamos su presencia. Al vernos dijo:

    -¿Pero qué demonios pasa aquí?

    Fue en ese momento cuando haciendo como que nos dábamos cuenta de que existía yo le dije:

    -Cariño, tu novio me estaba diciendo que de momento no follais, si quieres tener un novio y conservarle ya puedes espabilar, además de pasártelo muy bien.

    Los avergonzados deberíamos de haber sido nosotros, pero en verdad es que era ella, nos contó que, aunque no era virgen, lo había hecho con un novio anterior, pero él no le daba placer y le hacía daño, por eso no quería hacerlo.

    -No te preocupes mi amor, le respondí, yo seré vuestra profesora de sexo.

    Ella pareció dudar, pero finalmente se acercó a donde estábamos nosotros, dejamos de follar y nos ocupamos de ella, lo primero que hicimos fue quitarla, la parte superior del vestido y el sujetador, yo me senté en el sofá y acercando mi cabeza a sus tetas, eras dos pechos de tamaño mediano, pero preciosos, saqué mi lengua y me puse a chuparlos, ella se quedó un poco sorprendida y me dijo:

    -Pero señora, a mí no me gustan las mujeres.

    No hice caso a sus palabras y se los seguí chupando, mientras su novio me imitó en ese momento cada uno de nosotros la chupaba un pezón, y ella pese a su resistencia inicial se dejaba hacer, y gemía de gusto, al rato yo le dije:

    -Tu novio me ha contado que tampoco se la chupas.

    Ella pareció un poco avergonzada por estas palabras, yo la calmé diciéndola:

    -Cariño no hay de que avergonzarse, todas hemos tenido una primera vez, mira que polla más bonita tiene tu novio se merece que se la chupen y tu veras como se disfruta haciéndolo.

    Le hice una señal al chico para que se quedara de pue, su polla estaba empalmada, y la pedí que nos arrodilláramos, cada una a un lado de la polla del chico, saqué mi lengua de la boca y me puse a lamer el tronco de la polla, y después le indiqué a la chica, se llamaba Mónica, de que hiciera lo mismo, ella me hizo caso, la polla de Chus se puso más dura todavía en ese momento le dije a su novia:

    -Cariño ha llegado el momento de que te la metas en tu boca, la vi nerviosa, y le dije, no te preocupes mi amor, yo te diré como.

    Ella me hizo caso y comenzó a chupar la polla de su novio, a lo primero torpemente, pero por momentos iba mejorando, paro un instante y sacándosela de la boca dijo:

    -Esto es delicioso, si llegó yo a saber que se disfrutan tango haciéndolo lo hubiera hecho mucho antes.

    Y después siguió chupándosela, mientras Chus comenzó a gemir, y dijo:

    -Que bien, gracias, Clara, vas a ser nuestra asesora sexual. Y mirando a su novia le preguntó, ¿Mi amor te importa si me follo a nuestra maestra?

    -Adelante mi amor, le respondió ella.

    Yo me dispuse a recibir la polla del chivo, me tumbé en el sofá y alcé bien las piernas, el se puso con una de sus piernas dobladas sobre el sofá y la otra estirada en el suelo y desde esta postura me la metió, yo me puse a gemir, mientras su novia nos miraba, llevaba sus manos hasta su coño con intención de masturbarse, pero en ese momento yo le pregunté:

    -¿Mi amor, estas muy caliente?

    Ella asintió con la cabeza y yo la hice una señal para que se acercara y apoyara su cuerpo sobre mis pies, cuando lo hizo sus pechos quedaron al lado de mi boca, aunque primero llevé mis manos a ellos y comencé a acariciárselos, pero después abrí mi boca y me puse a chupárselos, ella se puso a gemir y dijo:

    -Yo no soy lesbiana, pero esto me encanta.

    -Cariño, déjate de definiciones, lo importante en el sexo es disfrutar y hacer disfrutar, le respondí.

    Y en ese momento fue su novio quien le propuso a ella

    -Mi amor creo que debes de mostrarte agradecida a nuestra profesora, ¿Qué te parece si la comes el coño?

    Ella nos miró un momento a los dos con cara de duda, y después dijo:

    -Está bien, pero no esperéis mucho de mí, dijo ella, va a ser la primera vez que hago una cosa así.

    Yo continue en la misma postura, pero el chico se levantó y la chica acercó su lengua a mi coño y se puso a chupármelo. Se le notaba que era su primera vez y comenzó a comérmelo de una manera un poco torpe, pero le ponía muchas ganas y no tardó en comenzar a hacerlo mejor su lengua comenzó a repasar cada centímetro de mi coño, dándome un gusto increíble, en ese momento oímos la voz de su novio que nos decía:

    -No puedo aguantarme más

    Y se puso detrás de la chica y la levantó, dejándola a cuatro patas, le separo bien las piernas y se la metió de golpe, la chica apartó un poco su boca de mi coño y dijo:

    -Mi amor esto es fabuloso, estoy disfrutando como nunca, no pensaba que el sexo fuera tan bonito.

    El chico siguió follandola con ganas, ella no paraba de gemir, hasta el chico dijo:

    -Me voy a correr.

    Yo le pedí que se la sacara, con la emoción del momento no se había puesto condón, cuando lo hizo, fue ella la que le dijo:

    -Mi amor que tu primera leche de esta tarde sea para nuestra amada profe.

    Le hizo acercar su polla a mi boca y yo comencé a chupársela, hasta que se corrió dentro de mi boca.

    Descansamos un poco ella estaba muy ilusionada por lo que había disfrutado, y él estaba muy contento, tras un rato de animada conversación, la polla de nuestro macho se había puesto de nuevo a tope, la chica dijo:

    -Mi amor, me encantaría verte follar a tope con nuestra madrina,

    -Si ese es tu deseo, dijo él.

    Yo me volví a poner sobre el sofá, en posición para ser follada, con una de mis piernas muy alzada y el chico, nuevamente, poniéndose de rodillas ante mí me la metió y comenzó a follarme de una manera rabiosa, su novia nos miraba se notaba que cada vez tenía más deseo de participar, hasta que llevando su boca hacia uno de mis pezones comenzó a chupármelo.

    Puede que no tuviera mucha experiencia, pero desde luego ganas le ponía, entre los dos me estaban dando muchísimo placer, hasta que ella fijo:

    -Maestra, me gustaría disfrutar ahora yo fr esa polla un ratito.

    Me pareció algo muy normal y me salí, ella primero chupó un poco la polla de su novio, y después, tumbándose en el sofá, le pidió:

    -Métemela.

    Por supuesto él la complació y ella se puso a gemir, pero, para mi sorpresa, no tardó mucho en pedirme:

    -Profe tengo ganas de comerte el coño.

    Por supuesto no era el caso decirle que no me puse encima de ella con mi coño a la altura de su boca y ella, nuevamente, sacando su lengua se puso a comerme el coño, la verdad es que estaba demostrando ser una alumna muy aplicada, su lengua comenzó a hacer maravillas dentro de mi coño.

    Al cabo de un rato ella dijo:

    -Profe me encanta ver como haces correrse a mi novio.

    Así que me hizo tumbarme otra ve sobre el sofá y le pidió a su novio que acercara su polla a mi boca para que yo pudiera comérmela, ella se puso con su boca sobre mi coño y una vez más, se puso a lamérmelo, lo hacía con muchas ganas, entre los dos me estaban dado un rato increíble, y nuevamente el chico se corrió llenando mi boca con su leche, estaba pasando un rato increíble.

    Descansamos un rato, pero noté que ellos seguían con ganas, así que les dije:

    -Jovencitos, se acabó el recreo, y luego les pedí, tu cariño, dirigiéndome a la chica, siéntate en el sofá, muy relajadita, y tú, dirigiéndome a Chus, vas a hacer una de las cosas que más nos gusta a las mujeres, lamela todo su cuerpo.

    Él siguió mi sugerencia, y la chica pronto comenzó a gemir de placer, esto siguió hasta que la chica dijo:

    -Cariño, me muero de ganas de ver como le haces lo mismo a nuestra profesora

    Chus se dispuso a complacernos a las dos y se puso a lamer mi cuerpo, especialmente mis tetas, mientras su novia miraba muy fijamente y muy excitada., tras un rato de hacer esto, bajó hasta m coño y metió su lengua en mi interior, yo comencé a gemir, y de nuevo la chica, que parecía haber desarrollado actitudes de voyeur, pidió a su novio:

    -Me gustaría mucho ver cómo te la follas.

    Nuevamente su novio fue muy complaciente y poniéndose de rodillas en el suelo, hizo que yo abriera mucho las piernas, en ese momento la chica que estaba a mi lado se puso a acariciar mi muslo que estaba más cerca de ella, y el chuco me la clavó de nuevo, yo al sentir dentro de mí me puse a gemir, estuvimos así un rato hasta que la chica me preguntó:

    -Profe, ¿Duele hacerlo por el culo?

    -Mi amor, no tiene porque, si estas relajadita y el chico sabe cómo hacerlo y te aseguro que tu novio sabe.

    -Quiero veros, dijo ella.

    Nos dispusimos a ser complacientes con ella, él me sacó su polla y yo me di media vuelta, dejando mi culo en primer plano, el acercó su polla a mi agujero trasero y de un golpe me la metió y se puso a moverse dentro de mí, mientras decía a su novia:

    -¿Ves como no duele?

    Ella nos miraba con una mezcla de asombro y deseo, y seguimos así hasta que me corrí, pero la polla de Chus continuaba muy dura, así que mirando a la chica le dije:

    -Cariño, ahora te toca a ti.

    La chica se puso a cuatro patas y dijo:

    -Cariño, porfa ves con cuidado que soy virgen por ese agujero.

    Él se la metió muy despacito, aunque la chuca dio un pequeño grito de dolor yo le hice señas a él para que siguiera con la penetración, pronto sus gemidos se transformaron en gemidos de placer, y al poco dijo:

    -Mi amor, esto es delicioso, su hubiera sabido que se gozaba tanto te hubiera dejado hacérmelo desde el primer día.

    Chus estaba contento y siguió ocupándose de su culo, noté como ella se venía, pero la polla de él seguía sin descargar, hasta que finalmente se corrió y llenó el culo de su novia de leche y con ello dimos por finalizada nuestra clase, ese día.

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  • Cámaras nuevas en la tienda

    Cámaras nuevas en la tienda

    Juan empezó desde abajo, reponiendo las estanterías de la perfumería. Más adelante, cuando el señor Vicente se jubiló, pasó a ser el encargado de seguridad y logística.

    Le asignaron un cuarto.

    Dos cámaras vigilaban los pasillos y prácticamente nadie hurtaba sin embargo, faltaban colonias. Juan pensó en ello y, con su propio dinero, decidió quitar la cámara principal y sustituirla por dos cámaras, digamos, más discretas… invisibles para quien no supiera que estaban allí.

    La gente entraba y salía de la tienda y Juan observaba. Le gustaba observar a la gente, imaginar como serían sus vidas… íntimas.

    Una tarde, después de la hora de cierre, se quedó a revisar unas entradas. Nadie le esperaba en casa. Había tenido una chica, de eso ya hacía un mes. Se habían morreado, incluso había llegado a tocarle las tetas. Pero por algún motivo, que nunca llegó a saber, un día le dejó. Él había seguido todas sus indicaciones, respetado los tiempos y ella, probablemente, se había acabado aburriendo. “A las tías les gusta la marcha, alguien que las sorprenda y no las deje hacer todo lo que quieren.” Le dijo una vez su madre. Claro, la teoría era fácil, él era un buen estudiante, un buen teórico, pero un desastre en el apartado práctico. Además tenía sus obsesiones.

    Se conectó a internet y buscó navegando de incógnito unas páginas de cómic japonesas que había descubierto hace poco. Allí, las personas que no cumplían, recibían lo suyo. Las chicas eran tan dulces y sumisas… incluso las más autoritarias eran encantadoras y acababan con el culo rojo. También los chicos recibían lo suyo. Con paciencia, tradujo los diálogos del japonés al castellano. Aquella prisionera merecía unos buenos golpes en el trasero. El culo rojo, la onomatopeya de los golpes.

    Juan desabrochó la cremallera de sus vaqueros y asiendo el cálido pene que se escondía bajo los calzoncillos comenzó a masturbarse.

    Al día siguiente una mujer joven, pero no tanto. Entró en la tienda. Llevaba gafas de pasta color negro que hacían juego con su pelo recogido en una coleta. Traje gris de dos piezas, blusa blanca, chaqueta y pantalón oscuro de vestir. Zapatos de tacón.

    Juan observó la cámara y pulsando el zoom dirigió el foco al trasero de la mujer. Eso no estaba permitido, pero él estaba al mando y le apetecía contemplar un buen culo. Acabada la inspección, volvió al modo normal y observó. Había algo sospechoso en aquella cliente.

    Un minuto después la vio metiendo un frasquito de perfume en su bolso. No era muy grande, tampoco muy caro. Juan sopesó ir en busca de la cliente e impedir que saliese con la mercancía robada, pero no se movió. De repente por su mente pasó una idea muy loca. Iba a hacer algo que no era muy honesto, pero qué narices, él también quería su cuota de diversión. Pensó en su ex amiga. Seguro que podría encontrar a otra chica de su edad por ahí, aunque no fuese tan atractiva como la que estaba hurtando el perfume. Seguro que podían quedar y hacerlo en el sillón, o en la cama. Después de todo eso de coger le gustaba a las tías. Pero el quería más, quería jugar, quería ser un personaje de un cómic para adultos.

    Pasaron tres días, diez minutos para cerrar y de nuevo aquella mujer, con su traje y sus zapatos de tacón. Esta vez metió tres perfumes en el bolso. En su rostro una mezcla de excitación y miedo, la adrenalina del que está haciendo algo prohibido. Luego una sonrisa. “Cree que no hay cámaras, el otro día robó poco para probar y hoy se ha decidido a hacer “la compra” del mes.” Pensó el vigilante y salió del cuarto con determinación.

    Perdona. – le dijo poniéndose frente a ella.

    La mujer vio al guardia y su rostro traicionó la reacción de sorpresa al ser pillada.

    Maite, una de las empleadas miró hacia dónde estaban.

    Juan, con frialdad, mintió.

    Maite, está esta es mi amiga Vanesa.

    La mujer no sonrió nerviosa y asintió cuando el guardia la invitó a ir a su despacho.

    Ya es hora de cerrar. – anunció Andrés dirigiéndose a Juan.

    Lo sé, no te preocupes, ya cierro yo. – dijo abriendo la puerta del cuarto e invitando a entrar a la ladrona.

    ¿No te llamarás Vanesa por casualidad?

    La mujer no contestó.

    Enséñame tu carné o algún documento.

    ¿qué quieres? – dijo al fin

    Juan sonrió y tras sentarse en una silla tomó la palabra.

    Mira, tú y yo sabemos que tienes en el bolso tres perfumes. A eso se le llama robar.

    La mujer puso cara de sorpresa pero no dio su brazo a torcer.

    Miré o mira Juan – dijo leyendo el nombre que venía en la chapa.

    Soy abogada y estoy a nada de llevarte a juicio.

    Juan mantuvo la calma. “Así que abogada… una representante de la ley robando. Ahora sí que la tenía en su poder.”

    No necesito decir nada. La mirada de la mujer lo decía todo. Se había dado cuenta de su error.

    Toma, aquí tienes mi DNI, aunque no se a que viene esto. – dijo sin convencimiento.

    Marta. Marta, te has metido en un buen lío. Abre el bolso. No, no digas nada, lo tengo todo grabado. ¿Quieres verlo?

    La abogada le creyó, sabía que estaba en un buen lío.

    Mira, la he cagado. Lo admito. Pagaré los perfumes y la multa o lo que sea pero por favor, no me denuncies.

    Juan se levantó. Dio unos pasos por el cuarto y volvió a tomar asiento.

    Marta, necesito que te desnudes.

    La aludida quedó en shock.

    Perdón.

    Es muy fácil. Necesito comprobar que no escondes nada.

    Marta se ruborizó violentamente y espetó con enfado.

    ¿qué crees, que me he metido un pinta labios por el culo?

    Eso lo vamos a comprobar ahora. De todas maneras, esto hay que hacerlo conforme a la ley. Como sabrás, abogada, el consentimiento es la base de todo el nuevo ordenamiento jurídico. Así, si eres tan amable, necesito que valides y firmes este documento.

    La mujer se tomó unos minutos leyendo lo que parecía ser un contrato sadomasoquista.

    No puedo firmar esto. No soy tu esclava.

    Ni lo eres, ni quiero que lo seas corazón. Pero es el único documento completo que encontré. Esto no te obliga a nada y en cualquier momento puedes salir por esa puerta. Por supuesto yo tengo que reportar este “incidente” a las autoridades.

    Marta tragó saliva.

    Esta bien terminemos esto lo antes posible.

    Y sin más demora empezó a quitarse la ropa.

    Juan admiró y sobó el trasero de la abogada.

    Separa las nalgas. – dijo dándola un azote.

    Inspeccionó los pechos, firmes y de medio tamaño y luego acabó metiendo un dedo en ambos agujeros.

    No te quejarás, la temperatura es ideal en el cuarto.

    ¿qué quieres ahora?

    Juan se metió en el papel de uno de sus cómics y ordenó a la muchacha que se tumbase sobre las rodillas. Una vez allí, comenzó a darle nalgadas.

    ¿duele?

    Un poco.

    Bueno, tú no te muevas mucho o tendré que atarte. Tengo cuerdas, ¿sabes?

    Marta bajó la cabeza resignada mientras las nalgadas coloreaban su trasero.

    Ya casi hemos terminado. Te pediría que me besases, pero esto no tiene que ver nada con el amor. Para besuquearme con una tía me apunto a tinder.

    Qué quieres entonces. – respondió la abogada, dispuesta a cumplir con todo y salir indemne de aquel lío.

    Juan se puso en pie y se desabrochó los pantalones. El bulto bajo los calzoncillos era más que evidente.

    ¿Sabes chupar?

    Marta, obediente, se acercó a donde estaba Juan y se puso de cuclillas. A continuación bajo los calzoncillos del hombre, agarró su pene con la mano y tras menearlo un poco, lo introdujo en su boca.

    Juan gimió y apretó el culo. Aquella mujer conocía el oficio.

    Tras unos minutos de chupeteo y lametones, siguiendo indicaciones, Marta vistió con un condón el miembro erecto, se apoyó contra la pared con la palma de las manos. Piernas abiertas, inclinada hacia delante. Trasero en pompa.

    Juan colocó la punta en el orificio de entrada y empujó.

    Marta, muy a su pesar, jadeó inundada por el placer.

    Juan embistió de nuevo.

    Y de nuevo, y otra vez.

    Luego una nalgada y otra.

    Un nuevo empujón.

    Un pedo involuntario.

    Lo siento. – se disculpó el hombre.

    No importa. – replicó Marta.

    Y Juan volvió a la tarea, empujando con más ritmo.

    Eyaculó fuera, en las nalgas.

    Luego le dio papel de cocina para que se limpiase.

    Puedes vestirte, gracias.

    Marta se puso la ropa, dijo adiós con educación y salió a la calle.

    “Esto hay que repetirlo.” Se dijo Juan.

    Era arriesgado, muy arriesgado, pero el riesgo le excitaba. Y las posibilidades… enormes.

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  • Sometida por la profesora de mi hijo

    Sometida por la profesora de mi hijo

    Salí del trabajo apresurada, despidiéndome de mis compañeros con un escueto saludo, fui a buscar mi vehículo y me cambie los zapatos por unas cómodas chanclas, el tráfico en Santander estaba congestionado, pero confiaba en llegar puntual.

    A pesar de ser primeros de junio, hora punta y tener que aparcar en un lugar alejado llegué bastante temprano, las luces estaban apagadas y pude distinguir la silueta de una mujer que hacía la limpieza, golpeé el cristal con insistencia hasta que se dio cuenta de mi presencia, me abrió la puerta y me indicó donde tenía que ir, subí por el pasillo y busque el despacho, no tuve dificultad en encontrarlo, era el único que tenía la luz encendida, me asomé y la vi hablando por el móvil, me hizo una señal con la mano, me senté en un banco y esperé.

    Mientras esperaba repasaba los acontecimientos, me había llamado la profesora del instituto para acordar una cita y hablar de mi hijo. Miré las chanclas de color negro con una plataforma redonda, mis uñas estaban recortadas y pintadas de un tono marrón oscuro, era una de las zonas de mi cuerpo de la que me sentía muy orgullosa, llevaba una falda vaquera que me llegaba hasta las rodillas y una camiseta de tirantes desflecada y me hizo dudar si era lo apropiado.

    Mi nombre es Pilar y todo el mundo me conoce cómo Pili, tengo 41 años, mido 1,58, pelo castaño hasta los hombros, una cara pecosa, con un cuerpo voluminoso pero proporcionado y una barriga pronunciada, unas nalgas anchas con buen culo y unas tetas ni grandes pero tampoco pequeñas.

    -Buenas tardes… ¿Pilar verdad? – dijo ella con una sonrisa.

    -Todo el mundo me llama Pili – le contesté de forma educada.

    -Isabel y todos me conocen por Isa – me dijo al tiempo que me hacía un gesto con la mano para que pasará al despacho -¿Té importa que nos tuteamos?

    Me senté en una silla que había enfrente de una mesa de despacho, al típica mesa llena de papeles desordenados, con una pantalla de ordenador, un teclado y ratón, las paredes eran de un símil de madera de color muy vivo y con un pequeño sofá a un lado.

    Isabel se sentó y pude observar su cuerpo, era delgada, atractiva, de unos 30 años, vestía un pantalón liso que resaltaba sus nalgas, una camisa desenfadada que dejaba entrever que no llevaba sujetador y dejaba marcados sus pezones, mediría aproximadamente 1,70 y su rostro era jovial y llevaba su melena negra recogida, no pude evitar mirarla descaradamente y pensar que era la mujer que todo adolescente le gustaría follar.

    -Disculpa que te haya convocado a estas horas – dijo ella comenzando a hablar – pero tenemos que tratar un tema sensible y delicado.

    -No entiendo – dejé ir con preocupación – si saca buenas notas y estudia cada día en casa.

    -El problema ahora mismo es de actitud y no de estudios.

    -¿Cómo? – Dije visiblemente alterada – Es su último año y quiere ir a la universidad.

    -Ahora mismo eso no va a ser posible – susurró ella – no va a tener suficiente nota de admisión.

    -¡No lo entiendo! – dije titubeando.

    -¡Háblame de vosotros! – inquirió Isabel.

    -Vivimos en un piso pequeño y me he divorciado hace unos meses – dije con los ojos llorosos – desde entonces él ha cambiado y se ha vuelto más problemático.

    -¡Ahí está el problema! – Dijo ella – tu hijo no para de molestar a sus compañeros, asediar a sus compañeras e intentar atemorizar a sus profesores.

    -Crees que va a ser un impedimento para ir a la universidad – le pregunté con voz temblorosa y por primera vez dejando caer lágrimas por mis mejillas.

    -¡Mira! – Dijo haciendo el gesto para girar la pantalla del ordenador para que pudiese verlo con mis propios ojos – Tengo una cámara instalada en el retrovisor de mi coche.

    Mire la pantalla aterrada y vi como un joven se acercaba a un vehículo cercano y le rallaba la puerta con las llaves, al alejarse pude ver claramente el rostro de mi hijo y solté un sollozo.

    -¡Ese es el vehículo del director! –apostillo ella.

    Me mostro otra imagen que me resulto familiar, era del mismo despacho donde me encontraba ahora mismo, y un individuó forzó la puerta y abrió los cajones por el suelo y esparció todos los papeles por el suelo, rompiendo el teclado de un golpe seco, al salir volvió a ver la cara de mi hijo y estallé en llanto.

    Dejé caer mi cara entre mis manos y estuve un rato lloriqueando, sin darme cuenta que ella se había levantado y ahora estaba de pie delante mío con su trasero apoyado en la mesa.

    -Las imágenes solo las tengo yo – susurró en posición ventajosa – y los daños que me produjo son mínimos, pero si sumó todo esto a su comportamiento no va a superar este curso y lo van a expulsar.

    -Lo siento – tan solo fui capaz de balbucear -¡Te pagaré los desperfectos!

    -Me lo pagas…. ¿Y ya está? – Dijo ella en tono burlón – y me olvido de todo.

    -¿Puedo solucionarlo de alguna manera? – susurré en actitud conciliadora.

    ¡Eso es inusual! – Dijo ella -¿qué me puedes ofrecer?

    -¿Qué quieres? – le susurré sorprendida.

    -¡Me fascinan las gorditas! – Murmuró poniendo la yema de su dedo en mis labios -¿Cuánto hace que no follas?

    La miré enfurecida, sorprendida, no podía describir lo que sentía en aquel momento, ella me sujeto la barbilla con una mano y metió su dedo lentamente en mi boca, me paralicé y le chupe el dedo, inconscientemente accedía a sus pretensiones, mi cuerpo reaccionaba de manera opuesta a cómo esperaba hacerlo y noté como mi coño se humedecía y mis pezones se ponían duros.

    -¡Contéstame! – dijo sacando el dedo de mi boca.

    -Hace ya más de un año – contesté de forma involuntaria sin poder evitar que mis palabras salieran de mi boca.

    -¡Pues quiero follarte! –murmulló ella llevando su cara hacía la mía y me beso en los labios y su mano se metió por debajo de mi falda buscando mi entrepierna.

    Sus labios buscaban los míos y yo los mantenía cerrados y giraba la cara, entonces ella empezó a darme tiernos besos en el cuello, su mano me acariciaba el coño por encima de las bragas, sus movimientos fueron lentos, pero empezó a frotar su mano contra mis bragas, deje escapar algún ligero gemido y mi cuerpo sufrió un escalofrío y una descarga que iba desde mis pies hasta mi cabeza.

    -¡Basta ya! – le grité mientras la apartaba y me ponía en pie y me dirigí a la puerta, mi mano apretó el pomo dispuesta a salir de allí.

    -Entiendo que no quieras – dijo ella volviendo a apoyar su culo en la mesa – No tenía que habértelo pedido…pero sé que te ha gustado.

    -¡No! – Dije alzando la voz – cómo quieres que haga esto.

    -¡Vete de aquí! – Dijo ella en tono amenazador – Vete a tu casa y yo mañana presentare todas las imágenes al claustro.

    Me quede paralizada con la puerta entreabierta, pensativa, dubitativa y ese momento lo aprovecho ella para volver a atacarme.

    -¡Cierra la puerta! – Me dijo suavemente -¡Lo estas deseando, eres una gordita mal follada!

    Mi mente me pedía una cosa y mi cuerpo reaccionaba de otra, mi mano cerró la puerta y me giré, ella ya estaba justo a mi lado y su mano accionó el pestillo trabando la puerta, me sujeto de la mano y me sentó en una especie de sofá diván y agarrándome por las nalgas me hizo poner mi culo en el borde.

    -Súbete la falda – me ordeno – Y abre bien las piernas.

    Me subí la falda hasta la cintura y abrí las piernas dejando ver unas bragas de color granate bastante formales.

    -¡Apártate las bragas y enséñame ese coñito!

    Mis manos obedecían sus órdenes como si fuese un autómata y mis dedos apartaron la braga a un lado dejando ver mi coño.

    -Así me gusta – dijo sonriendo -¡Un coñito bien peludito!

    Isabel se acerco y puso las manos por debajo de mis nalgas y estiró de mis bragas, quitándomelas y sacándolas por los pies.

    -Me gustan tus pies… te los voy a comer – me susurró -¡Frótate lentamente el coño!

    Llevo mi pie a su cara y lo acarició con las manos y lo olió soltando una sonrisa y besándome la planta del pie.

    -Me gusta cómo te huelen –dijo pasando la lengua y llegando a mis dedos y besándolos suavemente.

    Estaba totalmente fuera de sí, excitada y entregada, ella metió mi dedo gordo en su boca y lo chupo lentamente, yo solté un gemido placentero, lo de chupar los pies tan solo lo había visto en internet mirando porno, pero nunca lo había practicado y sentía como una pequeña descarga eléctrica subía por mi cuerpo.

    Isabel dejo mi pie y se arrodillo delante de mí y sus manos me acariciaron los muslos y sus dedos me apartaron los pelos y me abrieron los labios vaginales.

    -¿Cuánto hace que no te comen el coñito?

    -Mucho tiempo.

    -Solo tu marido te lo comía.

    -Sí.

    -Seguro que te lo comía mal.

    Isabel enterró la cabeza y me dio un lametazo que acabo con la punta de su lengua en mi clítoris, mis piernas temblaron y deje escapar un gritito ahogado.

    -¡Vamos a mojar un poquito más este coñito! – me dijo metiéndome dos dedos en la boca y obligándome a chuparlos.

    Me golpeo con la palma de la mano el coño, yo soltaba grititos y ella sonreía maliciosamente, bajo la cabeza y escupió en mi coño varias veces, casi me corro en aquel instante, sus dedos esparcieron toda la saliva por mi coño.

    -¡Te quiero bien mojada gordita! – Me susurró levantando la cabeza – Voy a jugar con tu coñito.

    Sentí cómo me metió los dedos y los movió lentamente, yo solté un suspiro enorme y no pude evitar humedecerme ampliamente y empecé a gemir placenteramente.

    -¡Así buena chica! – Me decía sonriendo – deja que juegue con tu coñito.

    -¡No te soporto! – grité.

    -¡Vas a correrte sobre mi!

    -¡No quiero!

    -¡Pues no te corras!

    Sucedió lo inevitable y estallé en un orgasmo salvaje, mi cuerpo tembló como si sufriera un terremoto, mis piernas temblaron y mis pies se movían como un flan encima de un plato con movimientos giratorios, mis manos se movían inquietas sobre mi cabeza.

    -¡Así es como sabe cuando hago que te corras! – me dijo metiendo sus dedos en mi boca y haciendo que chupara mis propios fluidos.

    Yo quede en trance en el diván con las piernas abiertas e Isabel se levanto y sacó del cajón un consolador plateado.

    -Voy a abrirte un poco el coñito-me dijo metiendo la punta del consolador en mi boca y obligándome a chuparlo y lubricarlo -¡Tienes el coñito muy estrecho!

    -¡Déjame ya por favor! – le suplique

    Sentí como la punta del consolador rozó mi clítoris y solté un gemido profundo junto a una convulsión de mis caderas, los dedos de Isabel me abrieron los labios y me metió el consolador profundamente y lo dejo clavado, yo deje escapar un suspiro mientras mi pecho se contraía y s expandía al soltar y coger aire.

    -Vas a ver lo bien que te voy a follar…ya tienes el coñito chorreando… eres una mamá muy mala.

    Sentí como ella movía el consolador lentamente entrando y saliendo de mi coño y como mis labios se estiraban.

    -Ten cuidado por favor – le suplique con voz ronca – notó como se abre mi coño.

    -Lo tienes muy apretado – dijo – estabas muy mal follada.

    Yo temblaba con cada penetración y gemía con fuerza y mis manos le arañaban la espalda a ella por encima de la camisa.

    -¡No seas tan escandalosa! – Me dijo – Voy a follarte despacio y con calma.

    Isabel me penetraba lenta pero profundamente, mi coño no estaba acostumbrado y cada estocada hacía que mis cimientos temblarán involuntariamente.

    -¡Ahora voy a follarte bien duro gordita!

    Movió el consolador de forma frenética y tuve que taparme la boca con las manos para no chillar y me corrí otra vez salvajemente, solo que esta vez al sacar el consolador noté cómo dejaba escapar una gran cantidad de líquido a chorro haciendo que temblase de forma violenta.

    -¡Me gusta cómo te corres…eres una buena putita!

    Me quede en el diván temblando con las piernas abiertas, era incapaz de moverme y tan solo quería que pararan los temblores, hacía mucho tiempo que no me corría así, no sé cuánto tiempo paso, pero estaba desconectada del mundo real.

    -Venga guarra – chillo Isabel – vístete.

    Me incorpore y fui a coger mis bragas, ella me lo impidió y tan solo me bajo la falda y me dio un palmada en el culo.

    -¡La próxima vez haré que te corras aún más fuerte! – me susurró a modo de despedida abriendo el pestillo e invitándome a salir.

    Caminé por el pasillo con el paso errático, las piernas aún me temblaban, baje por el pasillo y me encontré con la mujer de la limpieza que me abrió la puerta cuando entré y ahora lo volvía a hacer para que pudiera salir, me despidió con una sonrisa que me helo la sangre, me abría escuchado gritar, una vez salí a la calle respire aliviada y camine hasta estar lejos y me fume un cigarro para aclarar mi cabeza.

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  • Enamorándome de Dianita (20)

    Enamorándome de Dianita (20)

    Todo en el hospital seguía igual, pasaban los días y el estado de Thiago seguía siendo crítico, pero ya lo peor había pasado, solo era esperar a que despertara, Cristian tuvo una conversación con Dianita y Sofia, les hizo entender que lo importante era que Thiago se recuperara, así que las dos lo entendieron, por el momento harían una tregua, aunque Sofia le recalco a Dianita que cuando Thiago despertara, ella tenía que aceptar que al final Thiago la eligió a ella, así que debía alejarse por completo.

    En su interior Dianita sabía que era cierto, Thiago y Sofia estaban saliendo, ella le había dicho que no quería saber más nada de él, se arrepentía de esas palabras, pero también recordaba el dolor que sintió al enterarse que ellos dos se habían acostado, por lo que cuando Sofia da la vuelta, ella misma se dice en voz baja. – Tienes razón cuando Thiago se recupere por completo, me alejare de su vida.

    Pasaron los días, Amber hablo con Sofia, le conto todo lo sucedió con Tony, la humillación que le hizo, que no quería saber nada de él, que la ayudara a alejarse, Sofia quería mucho a Amber por eso decidió protegerla. – escúchame algo ese imbécil jamás volverá a humillarte, pero debes prometerme que no volverás hablarle. – le dijo Sofia.

    -Tranquila nunca más, pero por favor ayúdame, tu eres mi mejor amiga. – le contesto Amber.

    -Ok, desde ahora estarás conmigo siempre, además necesito que me ayudes en el hospital, si yo no estoy, Diana no puede quedarse sola con Thiago, si se despierta yo debo verlo primero que ella, entendiste. – le recalco Sofia.

    -Tranquila lo tengo claro. – le contesto Amber.

    Todos seguían con su vida normal, la señora Isabel siempre estaba al lado de Thiago, rezando por su recuperación, los médicos hablaron con ella y le explicaron que todo dependía de Thiago, que estaba luchando, pero que al despertar debían ser pacientes ya que muy posiblemente podría tener pérdida de memoria a largo plazo, ya que por el golpe tuvieron que sacar coágulos de sangre de su cerebro, no había ningún daño la operación fue todo un éxito, pero una de las consecuencia podría ser esa, con el tiempo existía la posibilidad que recuperara sus recuerdos.

    -¿Doctor, usted me está diciendo que mi hijo no tendrá su mente en blanco?

    -Así es, por eso lo recomendable es que su entorno lo ayude para que la recuperación de la memoria sea lo más rápido, pero no debe tener emociones fuertes. – le contesto el doctor.

    La madre de Thiago solo le comento esto a su esposo y a Cristian que era su mejor amigo, Cristian se encargó de explicarles a las chicas incluida Sofia de la situación, les recalco que no podía tener emociones fuertes.

    Cuando Thiago despertó, en la habitación estaba Sofia tal como ella quería, ser la primera persona que Thiago viera, Sofia tenía el pensamiento que las personas cuando despiertan confían en la primera persona que ven, ya que lo había leído y quería implementarlo.

    Sofia estaba sentada a su lado, cuando Thiago empezó abrir los ojos, ella se sorprendió y pensó en llamar al doctor, pero pensó que ella tenía que ser la primera persona que hablara con él, -Hola mi amor, al fin despertaste. – le dijo tomándolo de la mano. Thiago la miraba fijamente pero su mente estaba en blanco tal como dijo el doctor, miraba todo a su alrededor, pero no decía nada, se quedó admirado por la belleza de Sofia, de pronto dijo – Disculpa, pero ¿Quién eres?

    Mirándolo a los ojos y sonriendo le dijo. – tranquilo yo soy Sofia tu novia, y tú eres Thiago, sufriste un accidente cuando conducías tu moto, a fuera están tus padres y algunos conocidos, también esta Diana la chica que causo tu accidente.

    -¿A qué te refieres con que causo el accidente? – preguntó Thiago.

    -Ella te estaba reclamando porque tú no querías volver con ella, tú le decías que ya habías tomado la decisión de estar conmigo, que lo aceptara y dejara de perseguirte, que no querías saber nada de ella y de sus amigos. – le dijo Sofia.

    -¿Sus amigos? – pregunto Thiago.

    -Si sus amigos, Paula, Natalia y ella Diana, Cristian es cercano a ti, pero por ser el novio de Natalia también te alejaste de él, a ellos no les caigo bien y no quieren que estemos juntos, por eso siempre estas con Amber y conmigo. – le dijo Sofia

    -Me duele la cabeza. – le dijo Thiago.

    Sofia salió de la habitación y les dijo que Thiago había despertado y llamo al doctor, Dianita estaba feliz, pero al mismo tiempo no podía creer que Thiago a la primera persona que había visto era Sofia, pero daba igual ya había despertado era lo importante.

    Todos querían entrar, pero el doctor solo dejo pasar a los padres para poder revisar el estado de Thiago. Luego de examinarlo el doctor quedo tranquilo, todo estaba bien, Thiago seguiría unos días más y luego sería dado de alta, no había más que ellos pudieran hacer, los demás solo entraron un momento ya que Thiago debía descansar, estando todos en la habitación Sofia se sienta a su lado, Thiago le agarra la mano y le sonríe, y empieza a observar a cada uno de ellos, a la primera persona que mira es a Dianita, su belleza hacía que su corazón se le acelerara, ella solo le sonrió, después miro a Cristian, a Paula y Natalia en ese orden, como Cristian estaba al lado de Natalia casi abrazándola, dijo – Tu debes ser Cristian y tu Natalia, giro su mirada a Paula, tu debes ser Paula y por ultimo dijo y tu Diana.

    Cada vez que la mirada su respiración se agitaba, no sabía la razón, pensaba que era por la rabia que debía sentir hacia ella, peri su belleza lo cautivaba, todos quedaron estupefactos pensaron que Thiago los recordaba, pero estaba lejos de la realidad. – Sofia ya me conto de ustedes, gracias a todos por estar pendiente de mí, perdón por preocuparlos. – dijo muy seriamente.

    Chicos creo que es mejor dejar descansar a Thiago, apenas está recuperando fuerzas, ya más adelante podrán hablar más relajados. Dijo la mama de Thiago.

    Todos salieron de la habitación, estando afuera Sofia les dijo, creo que ya pueden irse a sus casas, Thiago despertó y se está recuperando bien, no es necesario que estén acá. Dianita mirándola a los ojos le dice – Sofia, tranquila ellos no tienen que irse, me iré yo para que estés más tranquila, Cristian es como un hermano de Thiago él debe estar aquí.

    Cristian la tomo de la mano tratando de hacerla entender que no tenía que irse, que Thiago la necesitaba a su lado, pero Dianita le dijo que era mejor que ella se fuera, la salud de Thiago era primero, además ella prometió que, si Thiago despertaba ella se alejaría, por lo que Dianita giro y se fue del hospital, pero antes de hacerlo le dio una nota a Cristian, por favor entrégale esta carta a Thiago y asegúrate que la lea, y se alejó sin que nadie la viera llorar.

    Después de un rato todos se fueron, Natalia y Cristian fueron a su apartamento, estaban cansados, por lo que decidieron acostarse un rato, pero Natalia estaba con calor y decidió darse un baño, -amor voy al baño y aprovecho y me doy una ducha. – le dijo Natalia a Cristian.

    Se puso de pie y camino hacia el baño, Cristian quedo mirando su hermoso culo, pensaba en la suerte que tenía, Natalia era una niña muy hermosa y complaciente, se llevaban muy bien, se dio cuenta que Natalia no cerro completamente la puerta del baño, se puso de pie y la empezó a mirar a través de la puerta, miraba como se desvestía, como su vestido caía al suelo y quedaba en ropa interior negra con encajes semi transparentes, la tanga se le metía entre las nalgas, llevando sus manos hacia atrás desabrocho el sostén colocándolo encima del váter, al bajar la tanga sus nalgadas se abrieron de par en par y se podía ver su perfecto ano, ella no tenía idea que Cristian la estaba viendo.

    La división del baño era de cristal transparente, se podía ver claramente su figura y como caía el agua sobre su piel, paso sus manos por el cabello, el agua recorría su hermoso cuerpo, se podía ver como el agua caía en su espalda y bajaba por su trasero, se empezó a enjabonar sus redondos senos, mientras se hacía círculos en sus pezones erectos, y luego limpiaba su abdomen y poco a poco fue bajando hasta su vagina, con sus dedos se estaba dando masajes, se estaba tocando y se podía ver como lo disfrutaba, Cristian tenía una carpa de circo en su pantalón, su pene estaba muy duro y Natalia no se daba cuenta que la estaba mirando, ella siguió dándose masajes pero ahora apretaba todo su seno, podía ver su cara de placer, Cristian se empezó a quitar la ropa la cual quedó en su habitación y decidió entrar con ella, al momento de verlo allí dentro del baño desnudo y con la verga parada ella solo lo miro y dijo “ya te habías tardado en entrar, quiero que me folles amor”, Cristian no tardo ni un segundo en meterse al agua y besar sus labios mientras le acariciaba todo el cuerpo, podía morder sus labios mientras con sus manos jugaba pechos, luego empezó a bajar sus manos hasta su cadera y a moverlas como si estuvieran bailando, podía agarrar sus nalgas y apretarlas, escuchaba como gemía de placer, su boca siguió bajando y empezó besar su cuello y a jalar su cabello hacia atrás, beso su oreja y fue bajando por su cuello hasta llegar a sus senos, estaban duros y bien parados, Natalia le decía que no me detuviera.

    Empezó a morder sus pezones erectos, mientras que con su mano acariciaba sus nalgas y de vez en cuando le daba una sonora nalgada, a Cristian le encantaba escuchar como gemía Natalia de placer y con su otra mano le daba masajes a su clítoris en forma de círculos muy despacio, ella empezaba a moverse más y más rápido de placer, su cuerpo ya no podía más hasta que lo abrazo con mucha fuerza, Cristian no dejaba de mover sus dedos en su clítoris, sin dejar de besar y morder sus pezones, fue ahí cuando llego al clímax, esa sensación de placer inundo su cara la cual estaba roja del placer.

    Después de un beso apasionado, Natalia con sus manos hacia movimientos en círculos hasta bajar por su espalda y jugar con sus nalgas, de repente ella fue bajando y empezó a frotar sus manos por muslos de Cristian para luego jugar con sus testículos, poniendo una cara de pícara comienza a meterse la verga en su boca, Cristian podía sentir como su lengua se movía rodeando y succionando al mismo tiempo. Ella sabe que a Cristian le encanta que le hagan sexo oral.

    Segado por el placer Cristian la levantó, le dio media vuelta, la pegó contra el vidrio quedando sus senos aplastados en el vidrio y jalando su cabello hacia atrás la penetró, Natalia gemía se podía ver su cara de placer, dejándose llevar por la lujuria Cristian empezó a darle unas nalgadas tan fuertes que se podían escuchar por toda la habitación, se podía ver como sus ya rojizas nalgas se movían cada vez que la envestía duro y fuerte, sus testículos tocaban su clítoris y ella solo decía que no parara, que estaba a punto de venirse nuevamente.

    Natalia no podía más con tanto placer que su vagina se contrajo tanto que saco el pene de su vagina y tuvo otro orgasmo que la dejo muy débil de las piernas, se podían ver sus piernas temblando y la necesidad de sentarse, en ese momento Cristian llego al orgasmo y con Natalia arrodillada le lleno la cara de leche caliente, ella solo paso sus dedos y recogió todo el semen y se lo metió a la boca para que no se desperdiciara con cara de satisfacción, ambos se metieron al agua unos segundo y después salieron del baño desnudos tomaron una toalla se secaron y se fueron a la cama a descansar.

    Después de varios exámenes, el doctor no vio la necesidad de que Thiago se quedara en el hospital, así que le dieron el alta médica con todas la recomendaciones, los padres de Thiago y Sofia llegaron a la casa, lo ubicaron en su habitación, para Thiago todo era extraño, pero al mismo tiempo le resultaba familiar, Sofia le decía como era su relación, que se conocieron en la universidad que ella fue quien le hablo primero, que él era muy atento, que antes del accidente ellos estuvieron juntos en un hotel toda la noche, y como él tuvo que irse porque la mama lo llamo le dejo un mensaje, le mostro la foto donde se podía ver desayuno frutas delicioso y al lado con una salsa un mensaje que decía “perdóname por favor”, y al final el nombre de Thiago, también le mostro la foto donde él estaba dormido con la sabana solo cubriendo su pelvis, se podía apreciar en la fotografía que él estaba totalmente desnudo, para Thiago no habían dudas Sofia tenía que ser su novia, ella le estaba diciendo la verdad.

    En un momento se le vino a la mente un recuerdo fugaz, era una imagen de una mariposa que volaba hacia una luna, Thiago se agarró la cabeza le dolía, Sofia le pregunto si se sentía mal, que, si quería que llamara a sus padres, estaba preocupada, Thiago contesto que no era necesario, solo le había llegado una imagen de repente.

    -¿Qué imagen? -pregunto Sofia.

    -Era una mariposa y una luna. – contesto Thiago.

    Sofia se sorprendió, pero al mismo tiempo sonrió, y le dijo – eso debe ser que te están llegando recuerdos de cuando estuvimos juntos en el hotel. – Que quieres decir con eso. – pregunto Thiago.

    Pues que debes referirte a esta imagen, Sofia quito el botón de jean pegado, bajo el cierre y se bajó un poco los pantalones, Thiago trago saliva de ver esa imagen, Sofia tomo su tanga color rojo y lo bajo un poquito y apareció esa imagen el tatuaje de Sofia una mariposa que volaba hacia la luna, Thiago se perdió en esa imagen quedo en shock, además se podía apreciar que Sofia tenía depilado su coñito, -¿Puedo ver un poquito más? – pregunto tímidamente Thiago.

    -Y al final salió a relucir el verdadero Thiago, tu mente está en blanco, pero tu instinto sexual sigue intacto. – le dijo Sofia con una sonrisa pícara.

    -Lo siento no debí preguntar eso, aunque seas mi novia y hayamos tenido sexo, siento que soy un completo extraño. – dijo Thiago.

    -Tranquilo si no hubieses salido hoy del hospital seria toda tuya, no solo te mostraría el tatuaje, te mostraría todo mi cuerpo, estoy segura que tu mente te dice que es todo tuyo, pero por el momento debes reponer fuerzas. – le dio Sofia.

    Thiago solo suspiro y dijo -Tienes razón primero tengo que coger fuerzas para después dedicarme a recuperar la memoria y se quedó dormido. Sofia quedo satisfecha, hasta el momento todo lo que sucedía la ayudaba a ella a ganar más la confianza de Thiago, le dio un beso en los labios y salió de la habitación, cuando bajo las escaleras se despidió de los padres de Thiago y les pidió el favor que cualquier cosa le avisaran no importaba la hora.

    Continuará.

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  • Avergonzada pero satisfecha

    Avergonzada pero satisfecha

    El camino hasta su casa se me hizo más largo de lo que era. Tal vez eran los nervios, o la incomodidad de no saber exactamente cómo iba a reaccionar Marian cuando me viera después de tantos meses.

    Las calles estaban vacías, como si la noche pesada de febrero las hubiese aplastado; solo el zumbido de algún aire acondicionado y el chirrido distante de una moto rompían el silencio. Sentí una gota de sudor bajar por la frente mientras caminaba, mezcla de calor y ansiedad.

    Su abuelo había muerto. Yo no iba por la persona fallecida. Iba por él. Por mi amigo. Por ese “casi” que siempre había flotado entre nosotros sin convertirse nunca en nada concreto.

    Mientras me acercaba a la puerta, pensé inevitablemente en lo mismo de siempre: en cómo él había intentado algo conmigo años atrás y cómo yo… estaba rota en ese momento, cerrada a todo.

    Él había llegado en mal timing, justo cuando yo no podía dar nada. A veces me pregunto si eso lo dejó marcado, si todavía había algo ahí, algún resto de esa conversación que no tuvimos.

    Respiré hondo antes de entrar. No esperaba nada, no buscaba nada. Solo quería estar presente, acompañarlo en un momento duro, sin cargar la noche con viejas historias.

    Eran casi las once de la noche y el calor seguía pegado a la piel como una capa de polvo húmedo. El silencio tenía un peso raro, contenido, como si la quietud misma pidiera respeto.

    Empujé la puerta lentamente.

    Al entrar al velorio, la penumbra parecía absorberlo todo: susurros, pasos, miradas que se esquivaban. El dolor ajeno flotaba entre las paredes como un perfume negro.

    Lo encontré hablando con alguien, la mandíbula rígida, los ojos apagados. La ropa negra le quedaba demasiado bien, marcando las líneas de su cuerpo con una precisión que me desarmó. El moreno de su piel parecía más profundo bajo esas luces amarillentas, y el nudo en su garganta, tenso, respirándose apenas, lo volvía más atractivo de lo que debería ser en un momento así.

    Cuando me acerqué a saludarlo, lo sentí frío. Distante. Como si mi presencia rozara una fibra sensible que él prefería mantener dormida.

    Estaba hablando con una mujer que no conocía, y aun así reconocí en su postura ese tipo de incomodidad educada: hombros ligeramente tensos, mandíbula firme, mirada que buscaba una salida sin encontrarla.

    Ella, en cambio, parecía muy instalada en la conversación; lo miraba con un interés que me chocó apenas llegué.

    —Hola, Marian —dije en voz baja, sin querer interrumpir demasiado.

    Él me devolvió una mirada rápida, apenas un contacto, y respondió:

    —Ali.

    Seco. Una sola sílaba. Como si no supiera dónde ubicarme.

    La mujer me escaneó de arriba abajo con una sonrisa demasiado neutral. El tipo de gesto que pretende cortesía pero es todo lo contrario.

    —Perdón, no quise cortar nada. Lo siento mucho —agregué, intentando aligerar un poco, suavizar el clima. Sonreí apenas—. Solo quería ver cómo estabas.

    —Bien —dijo él, sin mirarme demasiado.

    Un monosílabo que cayó entre los tres como un objeto pesado. Mi intento de humor se deshizo en el aire. La mujer ladeó la cabeza, apenas, como si registrara algo que no terminaba de entender… o que entendía demasiado.

    Sus dedos le rozaron el brazo a él en un gesto que pretendía apoyo, pero que me tensó la espalda sin razón lógica.

    Intenté no darle demasiada importancia. No estaba para leer gestos, pero la atmósfera era espesa.

    —Debe estar siendo una noche difícil… —dije, todavía con ese tono suave que no quería abandonar.

    Marian asintió sin más. Casi automático. Silencio.

    Un silencio incómodo, de esos que estiran un segundo hasta hacerlo insoportable. Los tres parados ahí, sin saber bien qué decir, como si la presencia de cada uno complicara a los otros en formas distintas.

    Él respiró hondo, apenas, como si necesitara aire y no hubiera suficiente en la habitación. Su mirada se deslizó de la mujer a mí, y luego a ningún lado. La incomodidad se le notaba en la piel.

    Y entonces lo vi hacer ese gesto mínimo: la lengua pasando por la comisura, la mirada hacia el pasillo, el cuerpo girando un poco hacia atrás. Una salida. Una excusa que no dijo.

    Se fue enseguida, casi escapándose. Yo quedé con la mujer con la que él hablaba, una que no me conocía pero habló como si supiera todo.

    —Mejor no molestarlo —dijo con una falsa compasión que me raspó—. Está muy sensible.

    Lo entendí. Era una indirecta tan torpe que casi me dio vergüenza ajena. No la enfrenté. No tenía sentido. Pero tampoco me iba a dejar pisar.

    —Yo solo quiero lo mejor para él —respondí, sin perder el tono suave—. Aunque tenga que aguantar que cualquiera se meta.

    Sus ojos se abrieron un poco, sorprendidos. No me quedé a ver cómo reaccionaba. Me di vuelta y me alejé por el pasillo, respirando el silencio espeso del lugar… hasta que lo vi.

    La puerta de su habitación estaba entreabierta. Él estaba ahí, sentado en la cama, la cabeza baja, los hombros tensos. Vulnerable de una manera que me quebró algo adentro. Sin pensarlo, sin medir nada, entré. Cerré la puerta detrás de mí.

    —No estoy tan mal como parece —dijo antes de que pudiera hablar—. Obvio que me duele… pero ya estaba sufriendo demasiado. Todos lo sabíamos. Lo que me jode es ver a los hipócritas acá dentro, haciendo de cuenta que les importa.

    Me quedé mirándolo. El alivio de saber que no estaba enojado conmigo se mezcló con una ternura feroz.

    Me acerqué y él abrió un álbum sobre sus piernas. Me mostró fotos, dos, tres. Pequeñas historias en voz baja. Sonrisas que no sabía que podía tener hoy.

    —Mirá esa cara… —le dije, riéndome suave.

    —No te burlés… —respondió, pero sus labios se aflojaron un poco.

    Seguimos así un rato, dejándonos respirar. Dejándome verlo.

    Su mano subió a mi pelo como un reflejo. Un gesto torpe, dulce, casi adolescente. Y yo… yo me recosté en esa caricia sin pensarlo, buscando ese calor que no había dejado de querer desde hacía años.

    La cercanía se volvió insoportable. Su respiración chocaba con la mía, suave, irregular.

    Él me miró. Yo no sé qué le devolví, pero lo hizo inclinarse. Rozó mi boca con la suya, apenas. Y entonces me besó.

    Lento. Casi con miedo. Un roce que me abrió el pecho de golpe. Pero en cuanto lo sentí, en cuanto lo saboreé después de todo ese tiempo, Marian se alejó un centímetro, respirando fuerte.

    —¿Estás seguro…? —murmuré, con su frente apoyada en la mía.

    Yo lo estaba desde antes de entrar al cuarto.

    —¿Vos no? —me preguntó, casi sin aire.

    Volvió a besarme con hambre contenida, como si algo adentro suyo finalmente se liberara. Mis manos le rodearon la nuca, encontrándose con la punta de un tatuaje que siempre había querido tocar.

    Él me atrajo hacia sí con una urgencia que se escapaba por cada exhalación, como si necesitara sostenerme para no caerse.

    La tensión que arrastrábamos desde años atrás se volvió un latido único, un tirón inevitable. Su boca bajó a mi cuello, y mi respiración se quebró contra su hombro.

    Sentí sus dedos en mi cintura, indecisos primero, firmes después. Yo me aferré a su remera negra, sintiendo el calor de su piel debajo, ese calor que tanto había imaginado.

    El mundo afuera quedó reducido a murmullos distantes, sombras deshechas, pasos lejanos. Ahí adentro solo existíamos él y yo, y todo lo que no dijimos durante demasiado tiempo.

    Su frente volvió a apoyarse en la mía.

    —Ali… —susurró, como una confesión.

    Yo lo acerqué más. Su mano bajó por mi espalda, lenta, firme, y la habitación pareció encogerse alrededor nuestro.

    El beso se rompió para volverse más profundo, más urgente. Ya no había miedo ni dudas en la forma en que sus labios se mordían, solo un hambre contenida que por fin encontraba su salida.

    Mis manos viajaron por sus brazos, sintiendo la tensión de sus músculos bajo la tela negra, hasta que bajaron con una decisión propia hasta su entrepierna. Lo encontré duro, ardiendo, y él soltó un gemido ahogado contra mi boca que me recorrió entera.

    A su vez, sus palmas se posaron en mi culo, apretándome con fuerza para jalarme contra él, y luego subieron, torpes y ansiosas, hasta mis tetas. Las apretó sobre la tela, como si quisiera confirmar que eran reales, que estaba ahí, y su pulgar me rozó el rostro, la línea de mi mandíbula, mientras nos devorábamos sin aire.

    Una de mis manos se desprendió de él para bajar hasta mis tobillos. Con un movimiento torpe, me saqué las zapatillas. Él lo notó y, sin romper el beso, sus dedos encontraron el elástico de mi calza. La bajó despacio, como si desempacara un regalo, y la tela se deslizó por mis piernas hasta caer en un montón oscuro a mis pies.

    Sus ojos se clavaron en mi tanga roja, un destello de color en la penumbra del cuarto. Se arrodilló frente a mí y me besó por encima del tejido, un contacto húmedo y caliente que me hizo temblar. Luego, con la punta de los dedos, corrió la tanga hacia un lado y su boca encontró mi concha.

    El primer lengüetazo fue lento, explorador. Un trazo largo y húmedo que me dejó sin respiración.

    Después su lengua empezó dibujando círculos precisos, mientras sus labios mordisqueaban suavemente los bordes. Cuando llegó a mi clítoris, lo hizo con una succión corta y un mordisco casi imperceptible que me arqueó sobre sus manos. Sus dedos se unieron a la fiesta, entrando y saliendo, frotando ese punto dentro de mí que solo yo conocía hasta ahora.

    Apreté la mano contra mi boca para no gritar, pero un gemido bajo y rasposo se escapó igual, mezclado con el sonido de su respiración y el zumbido de la noche afuera.

    Se levantó de golpe, como si no pudiera aguantar más lejos de mí. Con un solo movimiento, me alzó la remera por encima de la cabeza y la tiró a un rincón.

    Sus ojos se oscurecieron al ver mi corpiño negro. Me apretó las tetas de nuevo, esta vez directamente sobre la tela y el encaje, sus dedos presionando mis pezones hasta que se pusieron duros bajo el tacto.

    Me besó de nuevo, un beso salvaje, mientras una de sus manos se deslizaba a mi espalda para buscar el broche del corpiño. Lo encontró, lo abrió, y la tela cayó, dejándoselas al descubierto.

    Su boca bajó de inmediato, lamiéndolas, besándolas, hasta que me tomó un pezón entre los dientes y lo mordió con justeza, una mezcla de dolor y placer que me hizo jalar de su pelo y pedirle más.

    El dolor placentero de sus dientes en mis pezones me hizo moverme con una urgencia que no pude controlar. Mientras él apretaba con fuerza, mis manos buscaron el cierre de su pantalón.

    Lo abrí sin mirarlo, y el metal cedió con un chasquido seco. Bajé la cremallera lentamente, sintiendo el calor que emanaba de él, y empujé la tela hacia abajo. Él me ayudó, levantando las caderas, y el pantalón cayó hasta sus tobillos, dejándolo solo con su boxer oscuro, tenso y marcado.

    Me separó un paso, solo para sentarse al borde de la cama, con las piernas abiertas y la mirada fija en mí, como si fuera una presa y él un depredador finalmente saciado.

    No me lo dijo. No hizo falta. Me arrodillé en el suelo, entre sus piernas, y mis manos subieron por sus muslos hasta aferrarme a la tela de su bóxer. Se la bajé con la misma lentitud con la que él me había quitado la calza, y su pija se liberó, dura y pesada contra mi palma.

    La miré un segundo, el tamaño, la forma, y luego la tomé con la boca. Le di un primer lengüetazo en la punta, salada y limpia, y luego me la metí todo lo que pude. Él se recostó sobre los codos, jadeando, y sus palabras salieron rotas, cargadas de años de espera.

    —Así te quería tener… —murmuró, con la voz ronca.

    Pasé mi lengua por todo el tronco, despacio, sintiendo cada vena, cada pulso. La llevé a mis labios de nuevo y la hundí hasta la garganta, ahogándome un poco, y él arqueó la espalda.

    Se sacó la remera de un tirón, tirándola al suelo, y su torso desnudo se iluminó con la luz tenue de la habitación.

    Luego apoyó sus manos sobre mi cabeza, entrelazando los dedos en mi largo pelo negro, no para empujarme, sino para sostenerse, para anclarse a mí mientras mi boca lo devoraba.

    Me guio con una presión suave, un ritmo que él marcaba con el movimiento de sus caderas. Sentí cómo se tensaba, cómo sus músculos se endurecían y su respiración se cortó en un quejido ahogado que retumbó en las paredes del cuarto.

    —La puta madre que te parió… —dijo él, y las palabras salieron como un suspiro final. No me dejó terminar.

    Con una fuerza que me tomó por sorpresa, me levantó de los brazos y me tiró sobre la cama. El colchón recibió mi cuerpo con un golpe seco.

    Me deslicé hacia el borde, sin que él me lo pidiera, y abrí las piernas, una invitación clara y desesperada. Él se inclinó sobre mí, con una pierna en la cama y la otra en el suelo, y su mano guio su pija hasta mi concha.

    El primer empujón fue seco, profundo, y me abrió de golpe. Entró todo de una, y el aire se me escapó de los pulmones en un gemido que no pude contener.

    Empezó a moverse, entrando y saliendo con un ritmo salvaje, sin tregua. Cada embestida me hacía subir un poco más por el colchón, y los gemidos se me escapaban de la boca, fuertes y sin filtro, rompiendo el silencio sagrado de la casa.

    Me tapó la boca con una mano, grande y caliente, presionando mis labios para ahogar el sonido. Sus dedos se hundieron en mi mejilla, y el esfuerzo por callarme se mezcló con el placer de su cuerpo dentro del mío, convirtiéndolo todo en una sensación única y abrumadora.

    Se detuvo de golpe, retirándose y dejándome vacía. Su mano salió de mi boca, pero antes de que pudiera recuperar el aliento, su voz llegó, baja y autoritaria.

    —Dale, hija de mil puta. Ponete en cuatro.

    No fue una pregunta. Fue una orden. Obedecí sin dudarlo, con el cuerpo moviéndose por instinto.

    Me giré, apoyé las palmas en el colchón y arqueé la espalda, ofreciéndole mi culo, mi concha, todo lo que era. Lo escuché respirar detrás de mí, un sonido animal y excitado.

    Sentí la punta de su pija rozarme, deslizándose por mi culo, mojada en mi propio fluido, una amenaza caliente que me erizó la piel. Por un segundo pensé que me lo metería ahí, pero luego la bajó, la guio hasta mi vagina otra vez y penetró de nuevo, esta vez aún más profundo.

    Empezó a bombear, duro y sin piedad. Sus manos se aferraron a mi cintura, con los dedos clavados en mi piel, usándome como un ancla para cada embestida.

    De vez en cuando, una de sus manos se despegaba para bajarme un cachetazo en el culo, un golpe seco y vibrante que me dejaba la piel ardiendo y me obligaba a morder las sábanas para no gritar.

    Contenía los sonidos, los tragaba, pero de todos modos se me escapaban, pedazos de palabras rotas por el placer.

    —Así, así… ay, la puta madre —logré decir, con la voz ahogada contra la tela.

    Se desplomó sobre mí, agotado, y luego rodó hacia un lado de la cama, vencido. Su pecho subía y bajaba con fuerza, y sus ojos estaban perdidos en el techo.

    Yo no había terminado, quería más. Me levanté, con los músculos temblando, y me subí encima de él, una pierna a cada lado de su cuerpo. Su pija, dura y brillante, esperaba.

    La agarré, la guie hasta mi entrada y me la metí de nuevo, despacio, sintiendo cómo me llenaba por completo desde esa nueva posición.

    Me incliné hacia adelante, hasta que mis tetas apoyaron en su rostro. Él las rodeó con sus brazos, abrazándome por la cintura como si no quisiera soltarme nunca, y su boca encontró mi pezón.

    Empezó a succionar, húmedo y caliente, mientras mis dedos se enredaban en su pelo, mojado por el sudor.

    Empecé a moverme. Los movimientos de mi culo para entrar y salir eran lentos, cansados, pero duros. Cada vez que me sentaba sobre él, lo hacía con toda mi fuerza, buscando el fondo.

    Con su pija todavía dentro de mí, me abrazó con una fuerza que me robó el aire. En un solo movimiento fluido y potente, me giró y me acostó boca abajo sobre el colchón, sin salirse nunca.

    Su peso me aplastó de una manera deliciosa. Mis brazos quedaron extendidos por encima de mi cabeza, y él los atrapó desde atrás, agarrándome las muñecas con una mano firme. Me tenía inmovilizada.

    Empezó a moverse de nuevo, entrando con firmeza y saliendo con ternura y delicadeza, un contraste que me volvía loca.

    Las gotas de sudor me caían en la frente, luego mi pelo empezó a pegarse en mis mejillas. Estaba acalorada, ardiendo por dentro y por fuera.

    Moví la cabeza de un lado a otro, secándome con las sábanas que sentía húmedas y calientes contra mi piel. Mis manos seguían prisioneras de las suyas, y esa rendición total me empujaba hacia un borde que no conocía.

    De repente, se detuvo. La sacó de golpe, y oí el frote de su mano moviendo su pija, rápido y seco, mientras la otra seguía sujetando mis muñecas, impidiéndome moverme.

    Un segundo después sentí la primera explosión. El semen me cayó en una de las nalgas, luego en la otra, y algunas gotas salpicaron mis manos atrapadas. Sentí cómo chorreaba por mis costados, un río caliente y pegajoso.

    Escuché su respiración cortarse y sentí la punta de su pija, todavía dura, esparciendo su propia leche por todo mi culo, pintándome, marcándome como suya.

    Nos quedamos así, sin movernos, los dos respirando agitados, el único sonido en la habitación era el de nuestros pulmones pidiendo aire y el latido de nuestros corazones desbocados.

    El vacío que dejó su cuerpo fue peor que el golpe. Aun sentía el calor de su semen en mi piel, humedeciéndome, y una parte de mí, una parte oscura y hambrienta, quería más. Quería que me volviera a tomar, que me rompiera, que me reventara el culo hasta que no pudiera más. Pero el sonido lejano de los susurros afuera me recordó dónde estaba, por qué estábamos ahí.

    No era el momento. No era el lugar. El deseo era un fuego que no podía apagar, pero que tenía que contener.

    Él soltó mis muñecas y se sentó en el borde de la cama, con la espalda hacia mí. Su voz sonó cansada, pero firme.

    —Te tenés que ir, Ali. En serio. Está todo bien… pero no es el momento.

    Asentí contra la almohada, aunque él no pudiera verme. Tenía razón. La lógica volvía a entrar por las rendijas del deseo.

    —Está bien —murmuré—. Dame algo para limpiarme.

    Él se levantó y fue hacia un armario. Volvió con un trapo viejo y áspero, y se arrodilló detrás de mí. Empezó a limpiarme con una delicadeza que contrastaba con la violencia de hacía un rato.

    Pasó la tela por mis nalgas, por mis muslos, recogiendo su propia leche. Pero entonces sentí algo diferente. Sentí su lengua, húmeda y caliente, pasar por mi ano, un último acto de posesión que me erizó la piel.

    Un escalofrío me recorrió, y mi cuerpo reaccionó antes que mi cerebro.

    —Pará —dije, con voz firme, pero sin darle la espalda—. Ya basta.

    Él se detuvo en seco. Me levanté, mis piernas temblaban todavía, y me vestí en silencio. La calza, la remera, las zapatillas. Cada prenda era una barrera que se levantaba entre nosotros.

    Sin mirarlo a los ojos, caminé hacia la puerta, la abrí y salí de la habitación primero, dejándolo solo.

    Cuando cerré la puerta detrás de mí, sentí que el pasillo me golpeaba de lleno. Era como si el aire ahí afuera fuera distinto, más denso, más real… demasiado real para lo que acababa de pasar.

    Mi cuerpo iba un paso delante de mi cabeza: respiraba rápido, como si necesitara convencerme de que ya estaba afuera, de que había vuelto a un lugar donde todo tenía que ser normal.

    No miré hacia atrás. La casa estaba envuelta en el murmullo apagado del velorio. Voces tenues detrás de las puertas, como si el aire mismo tuviera miedo de hacer ruido. La luz baja, amarillenta, dibujaba sombras largas en las paredes. Sentí el calor acumulado en los rincones, ese calor que da la sensación de que nadie abre una ventana desde hace horas.

    Seguí caminando con las piernas un poco inestables, tratando de ordenar mi respiración, que seguía saliendo entrecortada. Me repetía que tenía que moverme, avanzar, lo que fuera… cualquier cosa menos detenerme a pensar.

    Y entonces la vi: la mujer de antes. La misma con la que él hablaba cuando llegué. Se detuvo al verme, como si no supiera dónde ubicarme. O como si supiera demasiado. Me miró raro, con una mezcla que no supe descifrar. Bajé los ojos enseguida, sintiéndome expuesta, todavía con el pulso acelerado.

    No nos dijimos nada. Ese silencio, tan cortito, tan filoso, me apretó más el pecho que cualquier palabra.

    Pasé de largo y seguí caminando rápido por la casa. Oía susurros, el roce de sillas, el tintinear suave de una taza. Nadie me prestó atención; nadie tenía por qué hacerlo. Yo solo quería salir. Salir antes de que mi cabeza alcanzara a entender lo que mi cuerpo ya sabía.

    Cuando abrí la puerta principal, el aire de afuera me pegó en la cara, fresco, distinto, casi cruel.

    Me quedé ahí un segundo, tragando esa mezcla agridulce que me subía por la garganta: deseo todavía vibrando, culpa recién nacida, y la sensación de que lo que pasó atrás de esa puerta no se iba a ir conmigo de forma dócil.

    Di un paso, después otro, y me fui sin mirar atrás.

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  • Mario y la enfermera profesional. Azotes y algo más

    Mario y la enfermera profesional. Azotes y algo más

    La mujer levantó la vista del mostrador de la recepción y cogió el documento que un hombre de cuarenta y tantos años, vestido con traje azul oscuro de oficina, le entregó.

    -Un momento. – comentó mientras consultaba con una chica de pelo corto y rizado que chupaba un caramelo.

    El rostro del hombre se ruborizó levemente.

    -Perdone… Mario, ¿verdad?

    El hombre asintió mientras la mujer continuaba hablando.

    -Esto es bastante nuevo como sabe, pero está todo en orden y podemos encargarnos nosotros. Miré, firmé aquí para darnos su consentimiento y ahora mismo le digo.

    Mario ojeó el documento por encima sin llegar a leerlo y firmó. Quería terminar cuanto antes.

    -Sala 15.

    Con cierto nerviosismo, el empleado se dirigió a la sala, golpeó la puerta con los nudillos y, sin esperar respuesta, entró.

    -¿Mario verdad?

    Una chica joven y atractiva, que podría ser su hija por edad, se sentaba tras un escritorio de madera. La bata blanca inmaculada, un portátil como herramienta y una sonrisa… profesional.

    Mario tragó saliva y logró mover la cabeza en señal de asentimiento. Al menos con ese gesto ganaba unos segundos para recuperarse de los nervios y hablar sin que le temblara la voz. Lo del rubor, bueno, eso no podía controlarlo.

    -Veo que el jefe de su compañía a activado el protocolo… primera vez

    El hombre asintió aunque no estaba seguro de si la enfermera había afirmado o preguntado.

    -Bueno Mario. Le explico. Voy a tomarle la tensión, auscultarlo y hacerle algunas preguntas sobre su salud.

    Durante unos minutos datos médicos, fecha de nacimiento y hábitos de vida fueron parte de la conversación que acompañó al examen.

    -Está bien, todo en orden. ¿Necesita usar el baño antes de que comencemos?

    Mario pensó rápidamente. No tenía ganas de orinar, pero con los nervios su tripita.

    -sí, voy un momento.

    En el baño se bajó los pantalones y los calzoncillos, aguardó un instante, y tiró de la cadena en el momento exacto en que se tiraba uno. El sonido del agua camufló el otro.

    Luego se lavó las manos con jabón y con valentía abrió la puerta y se enfrentó a las primeras órdenes.

    -Bájese los pantalones y los calzoncillos.

    Mario desabrochó el cinturón y con algo de torpeza hizo lo propio con el botón de sus pantalones. Bajó la cremallera y tiró de la prenda. Los pantalones cayeron con facilidad arrastrados por el peso de la hebilla del cinturón dejando sus piernas velludas al aire.

    -Los calzoncillos también- le recordó la enfermera viendo que dudaba.

    Las mejillas de Mario enrojecieron violentamente mientras se bajaba los calzoncillos dejando su pene, algo crecido al aire.

    La mujer palmeó sus muslos invitándole a acostarse sobre su regazo.

    Mario, finalmente, se movió hacia ella con cuidado. No era sencillo caminar con los pantalones enredados en los tobillos.

    Luego, de alguna manera, se puso boca abajo en posición. El culo, su culo, al aire, a la vista de esa joven.

    -Bonito culete. – comentó la enfermera tocando las nalgas del “paciente” mientras observaba con curiosidad cómo algunos pelos largos y negros nacían en la raja del trasero.

    Incapaz de contenerse, agarró un par de ellos con la punta de los dedos y tiró con suavidad. Luego acarició las nalgas.

    -Bueno Mario, ha llegado el momento. Voy a darte unos azotes con la mano para calentar la zona. Luego, para lo que es el correctivo en sí, usaré el cepillo. Preparado.

    El hombre balbuceó un sí

    Una lluvia de palmadas cayó sobre su trasero. Aquella chica parecía tener prisa por calentarle el pompis cuanto antes.

    Luego llegó el primer golpe de verdad.

    Mario notó la diferencia de inmediato.

    -Quieto Mario, que acabamos de empezar.

    Aquello era muy fácil de decir para quien no tenía que lidiar con el escozor.

    -Si no te portas bien te pondré una inyección muy gorda.

    Mario no supo si tomarse aquellas palabras como una amenaza o como una broma.

    El trasero empezaba a picar de verdad y el movimiento sobre el regazo de la enfermera estaba haciendo que su miembro creciese.

    -por favor, escuece.

    -lo siento, es importante mantener esta intensidad para que el tratamiento sea efectivo. Ya casi estamos acabando. – dijo la enfermera sin bajar el ritmo.

    El casi duró mucho. O eso le pareció a Mario.

    -Este es el último. Será un poco más fuerte.

    El golpe cayó sobre la nalga derecha que para entonces ya presentaba un color rojo vivo.

    -El culo está muy rojo, debe escocer lo suyo. Cuando puedas te levantas, no hay prisa.

    Mario tenía lágrimas en los ojos.

    -le voy a poner un poco de pomada – añadió.

    De nuevo las manos de esa joven, con la cremita fresca. Las manos masajeando la zona, extendiendo el ungüento por toda la superficie, acariciando.

    Mario se levantó

    El pene erecto.

    Ella miró en esa dirección.

    -Si quiere le ayudo a terminar. Acércate. – dijo mezclando el “usted” y el “tú” a propósito.

    Mario se acercó.

    Apretó el culo en el momento en que la enfermera agarró su mástil. Luego la mano femenina inició el proceso de estimulación.

    El hombre no aguantó mucho y el líquido viscoso saltó manchando la bata de la mujer. Mario había perdido la vergüenza hace mucho, así que gimió.

    -Esta bien, ahora ven aquí y abrázame.

    Mario se preguntó si eso era parte del tratamiento o esa enfermera estaba yendo más lejos de lo que debía. Sea como fuere abrazó a la mujer notando su piel, su perfume.

    -le duele el culete. No se preocupe, pronto se le pasará. – dijo la joven masajeando las nalgas de Mario de nuevo.

    Mario la hubiese besado en aquel momento. De hecho se le pasó por la cabeza hacer con ella muchas cosas. Pero aquel sitio y situación eran estrictamente profesionales.

    Dos o tres minutos después Mario se vistió.

    -Gracias por venir Mario… y siento lo de la zurra.

    -Gracias a ti. Solo has cumplido con tu deber.

    -me alegro que lo vea así. Buen día.

    Mario salió y cerró la puerta.

    Fuera esperaba turno una mujer de su edad. Mario la saludó cortes.

    -Buenos días

    Ella asintió.

    Mario se alejó camino a casa. Distraído se llevó la mano al trasero.

    Luego pensó. Pensó que quizás esa mujer le había visto tocarse la nalga. O quizás estaba demasiado preocupada por afrontar su propio destino.

    Mario no podía saber si aquella mujer estaba allí para ser azotada o para otra cosa. Si se encargaría de su culo la misma enfermera que le había tocado a él. Mario solo podía imaginar.

    E imagino como sería compartir un rato íntimo con esa mujer. Los dos tumbados en cama, boca abajo, con el culo rojo y la enfermera poniendo crema. O quizás uniéndose a ellos en un intercambio de besos y caricias o quizás algo más travieso.

    Imaginó a la enfermera sobre su regazo, nalgueada por él, luego por esa mujer.

    Venganza poética.

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  • Crónicas de Humbertville (2)

    Crónicas de Humbertville (2)

    Estoy con Jaqueline en el piso de ella. Cuando le dije: «Lo tengo, tía…¡Vas a flipar! No me dejó tiempo a seguir: «Te espero para comer. ¿De verdad? ¡Me muero de impaciencia!»

    El recibimiento de Jackie en la puerta es indescriptible. Adoro sus besos ardientes, su sonrisa infantil, su piel de terciopelo. Ahora salta como una niña enloquecida: «¡Cuenta, cuenta!»

    —Vale, tontita, dame un respiro —Le enseño el móvil—. No lo quiero colgar…, al menos todavía —Me echó a reír a carcajadas y ella se contagia:

    —¡Estoy impaciente! —Salta a mí alrededor como una niña un domingo de Reyes. Se cuelga de mi cuello y me besa el cuello, las mejillas, los labios…

    Ha preparado un estupendo rustido de pollo con patatas cocidas y vegetales. Queso y un estupendo Marqués de Riscal que seguro nos acabamos antes el postre que he traído.

    Una vez hemos fregado los platos y nos sentamos en el sofá, con un café irlandés sobre la mesilla, le explico:

    —Los cogí in fraganti. Me extrañó mucho que Ricky y Lou tuvieran una repentina inclinación religiosa —Jaqueline eleva las cejas, abre los labios, se lleva una mano a la boca y luego se troncha de la risa.

    —Eres un…, un bicharraco, mi vida.

    Conecto el televisor y abro el archivo de mi smartphone enviado la grabación a la tele.

    —Es el aula de religión del centro, ¿no?

    Asiento. La imagen se mueve mientras camino en el plasma, hasta llegar a la ventana.

    —¿Es… en…?

    —Ajá: me metí en el cuartito de la lado.

    —¡Serás puta…! Ja,ja,ja.

    En el plasma:

    En la imagen está Ruth Mallory junto a Lou y Ricky Brackett en el aula de religión. Mientras Ricky besa fogosamente a Ruth, Lou le desabrocha por detrás los botones del vestido. Ruth queda en sostén; desde atrás, Lou introduce las manos por los tirantes y magrea las tetas inmensas, a la vez que besa y mordisquea la nuca. Ricky baja el vestido y Ruth queda con la braga y el sostén por toda prenda.

    Lou desabrocha el sujetador y las grandes bolas mamarias: los pezones grandes y botonudos sobresalen en el centro de las grandes y oscuras aréolas. Ricky toma los conos redondos, los aprieta entre sus dedos y a continuación comienza a mamarlos alternativamente.

    Jacqueline exclama:

    —¡Uauhhh, anda….! ¡Pero…no es posible! ¡Ruth Mallory…!

    Ricky desde atrás, se agacha y baja la braga, que queda sobre los zapatos de tacón de ella; acaricia la carne flácida y redonda, blanquecina de las nalgas. Seguidamente da unos suaves azotes al entregado culo de Ruth. Si que no se escucha, se puede ver la boca entreabierta, los ojos cerrados; el rostro muestra el arrobamiento de ella. Ricky, a continuación se arrodilla y sumerge su cara entre las circunferencias carnosas (Ruth abre los muslos y se deja explorar por la boca de Ricky).

    Jaqueline se echa a reír a carcajadas agudas:

    —¡Vaya con la mojigata de Ruth! —y deja escapar un largo silbido.

    En el televisor, por delante, Lou mete mano en la raja de Ruth. (Se ve la cara congestionada de Ruth). Tras unos momentos de manoseo en el coño muy peludo de la mujer. Lou se abre la cremallera y se baja el jean y el bóxer. Su larga polla negra sale a flote.

    Ricky se levanta y mira por encima del hombro de Ruth. La polla de su hermano está en la mano de Ruth; la de él se empalma al máximo y Ricky se coloca al otro lado, con su tranca enhiesta. Ella agarra los dos mandobles y comienza a masajear los grandes nabos negros, los dos capullos gruesos. Ruth mira alternativamente a los dos chicosievtras los pajea.

    —¡Joder, ooogr..! —exclama Jacky sin dejar de mirar la escena—: todo esto me ha puesto cachondisima, ¡uuuuf!

    Eso mismo sucede en la pantalla. Lou quita los dedos de la mujer de su verga. Debe estar tan caliente que no puede contenerse: de coge el falo y empieza a masturbarse enérgicamente. Ruth no puede despegar sus ojos de la vigorosa masturbación. Casi al momento un chorro de esperma salta al vacío desde su capullo tieso. Lou abre la boca en un rictus casi de dolor. Tiene los ojos cerrados y de su polla sigue brotando un caudal de leche seminal.

    Jacqueline jadea viendo la sugestiva secuencia sexual. Tracy se echa a reír, acaricia los muslos de Jacqueline:

    —A mí me ocurrió lo mismo, tesoro. Me puse a cien mientras hacia la grabación. Me tuve que hacer caricias. Queda lo.ñ mejor: verás.

    Ruth se coloca a cuatro patas. Lou la embiste por detrás. Ella se abre el coño y la polla negra se clava hasta dentro de la vagina.

    Es Ricky quien ahora observa como su hermano folla con Ruth Mallory. Lou cabalga agarrado a la ancha cintura cimbreante. Las tetas de la mujer se balancean al ritmo de las embestidas del chico. El voyerismo del otro ha hecho que si miembro vuelva a erguirse, se empina del todo y cuando está completamente empalmado se acerca y besa a Ruth casi furiosamente. Ella le besa la tranca y se la mete en la boca. La polla sale chorreando saliva. Ruth le dice algo que en la grabación no se escucha, pero Ricky se dirige a la parte trasera.

    Lou sigue follando el chocho de Ruth y entonces sucede lo que Jaqueline no podía esperar: Lou se tumba sobre la espalda y las nalgas de Ruth. Ha llegado al clímax y se corre dentro del coño de Ruth Mallory. Ve llegar a su hermano y saca su miembro cubierto de semen. Entonces es Ricky quien se coloca en posición y se clava en el agujero chorreante de la mujer, mientras su hermano se deja caer y observa la jodienda de Ruth con Ricky.

    Ricky tiene cogidas las tetas de Ruth con ambas manos, mientras la penetra, primero despacio e, inmediatamente con golpes rápidos y profundos. La polla negra se hunde una y otra vez, repitiendo las embestidas hasta que Ricky llega al clímax y saca la polla, va a buscar a Ruth y deja que ella le coma el falo hasta que termina eyaculando entre los labios de Ruth, que se acaricia la vulva y el clítoris.

    Finalmente, ella se tumba boca arriba mostrando el chocho a ambos hombres. Sigue tocándose hasta que junta los muslos con la mano en el coño y le sobrevive un orgasmo que hace que sus muslos de abran y se cierren espasmódicamente ante los ojos de los dos hermanos. Pero es Lou el que se ha puesto tan caliente que acaricia a Ruth Mallory. Tiene la verga erecta completamente otra vez. Le dice algo a la mujer. Se ve perfectamente en la grabación cómo ella se carcajea y se lleva la mano a la boca. Acto seguido asiente y vuelva a la posición del caballito, y…

    Jaqueline se frota la entrepierna y deja escapar sonidos de placer. Tracy le acaricia los muslos y ambas siguen contemplando la sesión sexual.

    Lou se coloca frente al trasero de Ruth, se frota el miembro y escupe sobre él, se acomoda frente al culo y el chocho…, pero es en el ojete de Ruth donde coloca la polla y comienza a follar. La negra tranca se hunde tras varios enpujones. Lou abre el ojo del culo de la mujer y se hunde en el agujero con movimientos copulatorios hasta que al poco rato parece que se corre dentro. Unos minutos más tarde, Ruth y él se dejan caer al suelo, al parecer extenuados.

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  • Perversión absoluta en Tailandia (2)

    Perversión absoluta en Tailandia (2)

    “Pipipipi” el sonido de la alarma del móvil nos despertó, hasta ese momento no fui consciente del cansancio acumulado por el cambio de horario y todo lo que habíamos caminado el día anterior, fui la primera en levantarme y me acerque a mi hijo para darle un beso en la mejilla.

    -Voy a ducharme – le dije -¡sigue acostado!

    Me metí en el baño, esta vez cerré la puerta para tener un poco de intimidad, el agua caía por encima de mi cuerpo mientras mi mente recreaba lo sucedido la noche anterior, cerré los ojos por un instante pero las sensaciones invadieron mi cuerpo y sentí un gran escalofrío recorriendo mi espalda, mis piernas temblaron y mi coño se humedeció sin poder evitarlo.

    Salí del baño tapada con una toalla, mi hijo seguía en la cama de espaldas, le moví los hombros con mis manos, él se giro quejándose y levantándose, pude contemplar como sufría una profunda erección, se levanto, yo estaba sentada y él se puso delante de mí totalmente empalmado.

    -¡Disfruté mucho de tu coño estrecho! – me susurró en voz baja mientras se movía la polla y empezaba a descapullarla delante de mí.

    Me quede paralizada y aparté la mirada abochornada, él me sujeto por la barbilla y me dio varios golpes con su glande en los labios, me sentía vulnerable, pero el contacto de su polla me hizo sentir una descarga eléctrica que recorrió desde mi estomago hasta mi garganta, él me sujeto la cara con las dos manos.

    -¡Eso si que no! – exclamé con los ojos vidriosos.

    -¡Lo estás deseando! – me susurró él con una sonrisa deliberada.

    Lo que pasó a continuación no supe entenderlo, mi cuerpo obedeció a sus impulsos y en un instante me había metido la polla en la boca él resoplaba mientras yo lo miraba con los ojos horrorizada.

    Sus manos sujetaban mi cabeza mientras sus caderas se movían de manera fluida y su polla entraba y salía de mi boca, paró de golpe y me dio golpes con el glande en los labios.

    -¡Chúpamela! – dijo con voz autoritaria.

    Mi voluntad se quebró y le sujeté el tronco con la palma de la mano y le dí unos lametazos en el glande y después succionarle el capullo y mover mi cabeza de atrás hacía adelante y viceversa, le estaba haciendo una mamada a mi propio hijo.

    Notaba cómo su polla se endurecía por momentos, él resoplaba complacido intentaba empujar para meterme toda la polla en la boca pero no era capaz, soltaba pequeñas arcadas y él me sacaba la polla de la boca lo que permitía que cogiese aire hasta que me la volvía a meter.

    -¡Mírame mientras me la chupas! – me susurraba.

    Me obligaba a levantar la cabeza y a mirarlo a los ojos mientras se la chupaba, cada vez me la metía más profundo y de vez en cuando la sacaba para darme golpes en la cara, otras veces me pasaba todo el tronco por los labios, hacía mucho que no tenía una polla en la boca y mi cuerpo respondía de manera inconsciente y mi coño se humedeció.

    -Vamos a continuar de otra manera – dijo quitándome la toalla de un tirón y empujándome encima de la cama.

    Solté un grito y me tape con las manos el coño y cerré las piernas, él las abrió despacio, mis piernas y mi cintura obedecieron al instante, me daba pequeños golpes con el glande en el coño y provocaba que suspirase excitada.

    Entró despacio haciendo que soltase un jadeo profundo, empezó a metérmela y sacármela con lentitud, yo temblaba y me mordía los labios.

    -¡Voy a follarte bien follada! – me dijo aumentando el ritmo de sus penetraciones, mis piernas temblaron y empecé a jadear con fuerza, las manos de mi hijo me sujetaron fuerte por las caderas para follarme a su antojo, lo hacía a un ritmo acelerado, el choque de nuestros cuerpos sonaba rítmicamente, yo respondía con pequeños golpes.

    -¡Voy a reventarte el coño! –aulló mi hijo – quiero que te corras como no te has corrido en tu puta vida.

    Mis gemidos eran ya grititos continuos, cómo mi hijo me hablaba de forma soez y me usaba como su juguete sexual conseguía que me mojara más y más, mis piernas temblaron, solté un alarido y convulsione cómo si una fuerza interior me zarandease de un lado a otro, me corrí salvajemente, mi hijo saco su polla de mi coño y empezó a masturbarse con fuerza hasta que se corrió encima de mi estomago, el esperma me golpeaba a chorros constantes y llego hasta mis tetas, él resoplaba cada vez con menos fuerza y se separó de mi con las piernas temblando.

    -Voy a ducharme otra vez – le dije nerviosa intentando recomponerme y volver a ser la madre de siempre – luego te duchas tú.

    Volví a ducharme y dejar que el agua me limpiase el esperma que me había impregnado, salí rápido y él entró a ducharse, abrí todo lo que pude la ventana y encendí un cigarrillo alterada, le di fuertes caladas mirando desde la altura el rio que pasaba por debajo, incluso hice el gesto de morderme las uñas, mi cabeza daba vueltas a una velocidad espeluznante, por primera vez me pregunte si aquel viaje era una locura, pero inexplicablemente la humedad volvió a invadir mi coño, apague el cigarro e hice aspavientos con las manos para dispersar el humo, la habitación disponía de detectores de humo y rociadores de agua, me vestí y empecé a guardar la ropa en la maleta, mi hijo salió del baño secándose con la toalla aún empalmado.

    Antes de marchar del hotel tomamos un café y degustamos unas pastas dulces y un buen surtido de frutas. Un transfer nos recogió y nos trasladó al aeropuerto desde donde volaríamos a nuestro siguiente destino Chiang Rai en el interior.

    El vuelo transcurrió con normalidad, un trayecto corto, unas dos horas más o menos, tan solo un pequeño bache de turbulencias y por un error informático no pudimos sentarnos juntos y mi hijo se sentó unas filas más adelante y eso me dio la oportunidad de pensar, pero mi coño se humedecía otra vez muy a mi pesar, crucé las piernas inquieta evitando molestar a la persona que estaba a mi lado una mujer tailandesa mayor.

    Después de aterrizar y recoger las maletas salimos de la terminal, me fume un cigarro mientras esperábamos pacientemente para subir a unos pequeños autobuses que realizaban el trayecto hasta la ciudad, el calor era más sofocante que el día anterior en la capital

    La ciudad era totalmente opuesta a la gran capital, su tamaño, sus edificios eran muy bajos, máximo dos o tres alturas, los hoteles y edificios más altos destacaban sobre los demás.

    Nuestro hotel un antiguo edificio colonial, tan solo dos plantas, era muy antiguo pero se notaba que lo cuidaban con esmero, su habitación daba a la calle con un pequeño balcón, la habitación no era muy amplía y con una ducha muy antigua con un enorme agujero en medio en qué hacer las necesidades y una pequeña pica para lavarse o afeitarse y cerrada con una simple cortina de plástico, una enorme cama con un ventilador enorme en el techo, bajé a la recepción para ver si nos podían ubicar en otra habitación con camas individuales, una sonriente y atenta recepcionista me dijo que era imposible por estar a plena ocupación y al no haber pedido las camas individuales entendieron que eran un matrimonio y hasta dentro de varios días no podrían solventarlo, tuve que aceptarlo y resignarme.

    Tomamos un pequeño refrigerio en el hotel, la comida no era ningún problema en aquel país estaba lleno de puestos de comida callejera y pequeñas tiendas multiservicio Seven Eleven, nuestra primera y única parada fue el Templo Blanco donde su arquitectura única lo hacían una verdadera joya y tal vez uno de los lugares más fotografiados de Tailandia, me quejé de un dolor exagerado de pies y mi hijo me hizo entrar en una de las muchas tiendas locales en las que hacían masajes, me senté en un amplio sillón abatible donde una chica tailandesa me lavo los pies y me hizo un suave y relajante masaje.

    Mi hijo hablo con nativos y cuando acabo el masaje nos tomamos una cerveza local en una terraza improvisada con taburetes y algún tablón de madera.

    Ya estaba anocheciendo y el calor disminuía considerablemente, comimos en unos puestos callejeros unas hamburguesas locales acompañadas de verduras con mucho condimento lo que hizo que siguiéramos bebiendo abundante cerveza. Y luego fuimos al Chiang Rai Night Bazaar, el mercado nocturno de la ciudad, era más pequeño que los de Bangkok pero muy animado, limpio y ordenado, tenía de todo, pero lo que más me gusto a fueron sus puestos de flores y sus terrazas con música en vivo y nos tomamos otra cerveza en una de ellas.

    Nos subimos a un tuk tuk, Víctor se metió la mano en el bolsillo, saco una tarjeta y se la mostró al conductor que hizo un gesto con la cabeza, la diferencia con la capital es que no hablaban tanto, ni tan bien el inglés y a veces se comunicaban por señas, Víctor le dio dinero y empezó a conducir decidido y sorteando gente por las calles de la ciudad, llegamos a una calle iluminada con neones, no tan llamativa y exuberante cómo la capital, pero estaba claro lo que era donde estábamos, entramos en un local donde un logotipo de metal simulaba una bailarina desnuda.

    Entramos y nos dirigimos a la barra, nos sentamos en los taburetes y pedimos dos cervezas, la iluminación era muy tenue con neones de color rojo en el techo y de color azul en los bajos, estaba bastante ambientado tanto de gente local cómo de turistas, a diferencia de la ciudad dominaban un inglés perfecto y fluido.

    -¿Dónde me has traído? -pregunté.

    -Es un local un poquito especial -contesto mi hijo

    Al otro lado de la barra había varías chicas tailandesas, prostitutas y pude intuir que desperdigados por el local había tanto chicos como chicas, todos bien vestidos y elegantes.

    Víctor se levanto, recorrió el local y hablo con chicos y chicas, más tarde volvió con una chica, era muy parecida a la que Víctor había estado el día antes, se llamaba Fon, tenía 21 años, era muy educada y hablaba un inglés perfecto, nos tomamos unas cervezas más y unos shots de un aguardiente local, yo no era una gran bebedora y a estas alturas el alcohol me hacía mella y no me dejaba coordinar.

    Fon se puso detrás de mí y empezó a acariciarme las caderas, me giré incrédula pero ella siguió acariciándome con descaro, sus manos se metieron a través de mi pantalón corto, sentí cómo su mano buscaba mi coño, intenté cerrar las piernas, pero mi hijo las mantuvo abiertas poniendo sus manos en mis muslos.

    -¡Estate quieta! – me susurró Fon al oído y empujándome un poco hacía adelante.

    Consiguió meter la mano por debajo de mis bragas y empezó a acariciarme el coño insolentemente, su otra mano se metió por debajo de mi camiseta y me acaricio las tetas.

    -¡Déjame por favor! – le suplique

    -¡Tú hijo quiere que te folle! – me susurró al oído.

    Sus dedos acariciaron mi raja suavemente y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo desde las uñas de los pies hasta el último pelo de mi cabeza, movió un dedo y lo introdujo con suavidad, suspire profundamente mientras mis piernas temblaban.

    -¡Mira a tu hijo! – me susurró ella mientras me giraba la cara -¡Que vea como te acaricio el coño!

    Cruce la mirada con mi hijo y vi una mirada perversa y estuve a punto de gritar, dar un manotazo y tirar las cervezas al suelo y salir corriendo.

    -¡Tienes el coño muy mojado! – me murmullo la tailandesa.

    Apreté los puños contra la barra y suspire profundamente, mi coño estaba muy mojado y su dedo me estaba poniendo muy cachonda, Fon notó mi excitación y su dedo frotó mi inflamado clítoris intensamente, cerré los ojos y me agarré fuertemente a la barra y me corrí intensamente, mi cuerpo se estremeció y Fon tuvo que sujetarme con fuerza para evitar que cayese y me beso en el cuello.

    -¡Vamos al hotel! – dijo Fon -¡Quiero follarla!

    Salimos del local, Fon me arrastraba y yo la seguía sumisa con las piernas aun temblando y empapadas por la corrida, nos subimos los tres en un tuk tuk que arranco y salió disparado dando gas, recorrimos el trayecto, el hotel no quedaba muy alejado, llegamos al hotel, una mujer mayor estaba detrás del mostrador, discutieron un momento en tailandés, Fon se giró y le dijo algo al oído a mi hijo que saco de su bolsillo un billete y lo puso debajo del gran libro en que firmaban los clientes, la mujer hizo un gesto de conformidad y nos dio la llave de la habitación mientras recogía el billete y se lo guardaba, en Tailandia toda discusión se arregla con una cantidad adecuada bajo mano.

    Llegamos a la habitación y Fon abrió la puerta, encendió la luz y giro un botón de esos que ya ni existían en España y el ventilador se puso en marcha haciendo que una brisa suave se esparciese por la habitación, mi hijo se sentó en un sillón de bambú mientras se encendía un cigarro.

    Fon me quitó las botas y los calcetines, al tiempo que ella también se desnudaba, me giro la cara y empezó a besarme en los labios, yo miraba a mi hijo que observaba la morbosa escena. Fon atrajo mi cara hacía ella y me metió la lengua en la boca, me quede paralizada, era la primera vez que una mujer me besaba y encontré su lengua muy suave y sensual y me deje llevar morreando con ella bajo la atenta mirada de mi hijo.

    Fon me giro otra vez la cara y busco otra vez mi boca, yo me entregaba sin ningún pudor delante de mi hijo y ella me besaba el cuello mientras me quitaba la camiseta y me desabrochaba el sujetador.

    -¿Te gusta lo que te hago? – me susurró Fon sensualmente.

    -¡Me éstas poniendo muy cachonda! – le contesté excitada.

    Me lamió los pezones y yo echaba la cabeza hacia atrás placenteramente mientras soltaba pequeños gemidos

    -¡Supe que eras una guarra en cuanto te vi! – le dijo Fon.

    Me mordió el pezón dos veces y luego le pasaba la lengua, lo masajeaba y lo pellizcaba con los dedos y eso provoco que gimiera y temblara.

    -¡Te voy a poner muy cachonda! – murmulló Fon en tanto seguía trabajándome las tetas

    Mi hijo observaba la escena, se había sacado la polla y estaba haciéndose una paja, yo cruce la mirada con él y pude observar su perversión. Fon me empujo hacía la cama y me estiro abriéndome las piernas y me acaricio el coño con los dedos, yo lance un suspiro profundo.

    -¡La guarra de tu madre tiene el coño mojadito! – dijo Fon girándose y mirando fijamente a mi hijo -¡Está deseando que le coma el coño!

    Fon enterró su cabeza entre mis piernas me besaba los muslos y me paso la lengua por la raja, solté un grito presa de la excitación y empezó a comerme el coño lentamente, su lengua recorría mi raja, se paraba y me penetraba con la lengua y luego volvía a recorrer mi raja otra vez, yo me sujetaba las piernas con las manos y encogía los pies mientras gemía atronadoramente.

    -¡tiene un coño tan sabroso! Le dijo fon a mi hijo que en aquel momento ya se hacía una paja frenética.

    Fon me lamió el clítoris con intensidad y lo mordió estirándolo suavemente con los dientes, me pareció que me iba a arrancar el clítoris y estallé en el orgasmo más salvaje que había sufrido en mi vida, mi cuerpo convulsionaba mientras yo lloriqueaba y jadeaba intensamente, la primera comida de coño que le estaba brindando una mujer era salvajemente gustosa.

    -¡Cómo me he corrido! – balbuceé extenuada y levándome las manos a la cabeza.

    Fon me metió dos dedos en el coño y empezó a meterlos y sacarlos, iba aumentando sus movimientos y los giraba como una tuerca y al sacarlos los abría estirándome el coño.

    Mi hijo escuchaba mis gemidos, nunca había sido tan escandalosa e incluso llegué a temer por qué me oyeran los demás huéspedes.

    -¡Me voy a volver a correr! –chille con fuerza.

    -¡Chilla guarra! – grito Fon -¡que tu hijo te oiga como te follo!

    -¡Me corro! – aullé mientras mis pupilas desaparecían tras mis parpados y me dejaban los ojos en blanco -¡Me corro otra vez!

    El dedo de Fon se metió en mi culo y levanté las caderas violentamente y solté un grito descomunal y me volvía a correr otra vez salvajemente y volví a lloriquear mientras decía palabras inconexas.

    -¡Cómo le chorrea el coño cuando se corre! – dijo Fon sonriendo.

    Me quedé espatarrada en la cama mirando fijamente el ventilador en el techo, fon se vestía y mi hijo la despidió dándole un billete de 50 dólares.

    Me levante y fui a lavarme los fluidos me habían empapado los muslos, me estire en la cama poniendo una toalla donde me había corrido y estaba mojado, me dormí enseguida viendo cómo mi hijo se hacía otra paja.

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  • Profesora de religión muy católica pero caliente

    Profesora de religión muy católica pero caliente

    Llegue al café varias veces y siempre la vi sentadita sola, es bajita gruesa, blanca, muy bonita de cara. Al pararse le miré el culo y era perfecto, un pequeño calzón se le enterraba en la raja. Lo que mas me llamo la atención era el tamaño de sus pechos: gigantescos. El cuarto dia me pregunto donde estaba el metro, coincidimos al salir y me ofreci llevarla. Su ropa es delicada, aunque poco erotica, pero se le notaban sus dos gruesas tetas, gran trasero apretado y ricas piernas, me calenté mas cuando al subir al auto le vi las pantorrillas gruesas y los muslos muy bien armados. Me conto que se llamaba Teresa y que era profesora de religión en el colegio católico, obviamente era Opus Dei. No se porqué pero olí en ella el sabor del deseo sexual.

    Al día siguiente nos sentamos juntos y entre conversa y café me conto que era felizmente casada desde hace 25 años, tenia 55 años recién cumplidos pero no los representa.

    Conversamos mucho y a las dos semanas de conocernos me conto que ella era feliz pero que tenia algunos secretos como toda mujer. Me costó que me lo dijera pero finalmente si ella toco el tema con un desconocido como yo, era obvio que quería ir más allá; me dijo que ella tenía sexo con su marido solamente dos o tres veces por año. Su esposo tiene 69 años y me confesó que el ya no estaba muy interesado en la intimidad.

    Me atreví a decirle que ella era hermosa y muy atractiva, y que no me imaginaba a una mujer como ella sin sexo. Vestía un hermoso traje blanco cerrado y largo, pero al pararse cuando fue al baño, le mire el culo y de verdad lo tiene parado, grueso y bien armado, la imagine desnuda pues su vestido permitía ver, una vez más, el calzón enterradito entre las prominentes nalgas. La relación entre sus nalgas y sus pechos era deliciosa, desnuda sería una joya, pensé.

    Días después le dije que me había quedado pensando en que era de verdad muy atractiva y que hacia volar mi imaginación.

    Se puso roja, se cortó entera y me dijo “¿y que fantasias?” sexo le dije. “… te imagino desnuda. Imagino besar tu cuerpo, eres voluptuosa, erótica, me imagino penetrándote…” me atrevi a decírselo pues no me importaba si no aparecia nunca mas.

    Se puso roja y muy seria después lanzó una sonrisa. Pero ocurrió lo contrario: la volvi a dejar en el metro y Teresa me beso tiernamente y me dijo “tu también me haces volar la imaginación.” Se bajó y se fue caminando de manera erótica. Observe como movía su culo carnoso y perfecto y sus senos se bamboleaban… quedé caliente.

    Al día siguiente luego del café de rigor y de palabras de buena crianza, fui al grano: le pregunte sin tapujos si ella tendría sexo conmigo.

    “no te parece impertinente esa pregunta?” me dijo. Respondi que no, que ella me gustaba de verdad, la dejé en el metro y al bajarse la bese en los labios.

    Al dia siguiente me dijo: “… tengo un secreto más para ti: anoche lo pensé; cuando mi marido apagó la luz, me iluminé: hazme el amor”.

    No lo podía creer, una hembra casada, católica y conservadora pedía ser penetrada.

    Nos fuimos a un hotel en ese mismo momento. En el trayecto subi su vestido y le toque los muslos carnosos y suaves; mi pene estaba deseoso de sentir a esa hembra. Al entrar al hotel la bese y la toque y pude sentir un delicioso cuerpo grueso, ancho, duro y bien formado. El paso del tiempo, sin embargo, se hacia notar y la piel de su abdomen y sus tetas ya estaban caídas, pero eso, lejos de desanimarme me encendió la calentura, ¿cómo sería culearse a una hembra desconocida, casi virgen a sus 55 años, y muy catolica? Nos besamos mucho y me dijo que esto era una locura, pero que se moría de ganas, pues hacia 5 meses que no tenia sexo.

    Me propuse tratarla como hembra, al borde de ser una puta. Subí el vestido y ella nerviosa no hizo nada, toque sus piernas, sus nalgas y palpe el culo mas rico en muchos años, duro y prominente. Mi pene estaba tieso. Estando de pie, la di vuelta, le bese el cuello y le hice sentir el paquete sexual en su raja. Comenzó a gemir, meti la mano por el vestido y toque su abdomen, y sus tremendas tetas, mientras al oido le decía como la quería penetrar: “me subiré encima de ti, te abriré los muslos y pondré el glande en la entrada de tu vagina, te lo voy a meter por completo”. No para, me dijo, esto es una locura, me arrepiento, no se que diría Mario si sabe esto.

    No hice caso y le abri el vestido, le palpe las tetas y se las empecé a mamar. Bajé y le besé los muslos, la guatita y la llegue a una delicada vaginita ancha y sin muchos pelos. Deja sacarme la argolla, me dijo.. enseguida se recostó.

    Me tiré encima, la desnudé y me quité la ropa, ella no hacia nada pero se dejaba. Entonces decidí chuparle entre las piernas, separé las piernas gruesas y carnosas, y le lami el clítoris. Un caudal de jugos babosos comenzó a salir, una concha grande y un clítoris muy erecto cayeron en mi hambrienta boca; luego me paré y le puse el pene en la boca. “nunca lo he hecho” me dijo, le pedí que abriera la boca y le metí el pene y luego los testículos. Me refregué ahí hasta ponerle el ano en su boquita, ella lamia. Luego lo puse entre sus pechos y me sobe entre esas maravillosas masas de carne dura. Unos pequeños pezones rosados y duros rozaron mi glande y quedé como bala.

    La acosté, me puse encima, le tomé los muslos los flecté y… la penetré por completo. Costó pese a sus casi 60 años era muy estrecha, casi virgen. Mientras le hundia el pene le besaba los pies, los dedos y las rodillas gruesas de señora. Para Ignacio, me dijo, es muy grande lo tuyo, no me cabe. Estaba con los ojos blancos y con cara de caliente. No me importó su pedido, le sujeté las piernas y comencé a bombear, metiéndoselo entero hasta cerca de las huevas. Se le meneaban las tetas a cada sacudida.

    Culeé y culeé por más de 15 minutos, luego la puse de lado y levantándole una pierna me la seguí culeando mientras le chupaba los dedos de los pies y la dejaba llena de saliva. Entré y salí muchas veces, mis bolas golpeaban sus nalgas, la di vuelta y le separé las piernas para culeármela por detrás. Exquisito… empezó a gemir y a sollozar… “rico, que rico”, decía, mientras su cuerpo se movía al vaivén de las penetraciones. Ver su culo duro y blanco, abierto y su vagina dilatada para tragarse mis 21 centimetros de carne me tenían al borde de la eyaculación.

    Cuando estuvo bien caliente, la hice hacer un 69, me meti entre sus piernas montado encima y chupe todo, hasta que llegue al estrecho agujero anal…l ami y sentí la exquisita fragancia del ano… ”¡no, eso no, para que me haces, estas loco…! Gritó.

    “Eso no… es muy sucio…” seguí lamiendo y le meti la lengua en el ano casi por completo luego le pedí que se comiera mi verga una vez más. Obedeció mientras le metia mi verga y se las sacaba para que me volviera chupar, yo chupaba todos los agujeros que estaban al alcance de mi lengua. Enseguida la puse en cuatro me afirme de su cadera carnosa y gruesa y le penetré la vagina hasta el fondo mientras le masajeaba el clítoris, comenzó a acabar gritando, estaba como inconsciente.

    La acosté y me monte encima de sus tetas para masturbarme entre esas gloriosas mamas. Puse mi pene entremedio y comencé a frotarme el pene… grite pero me contuve… entonces le dije “chúpame Teresa, mamame el pene” obedecio y mientras resbalaba la verga entre sus tetas, ella con su lengua me excitaba el glande… eyaculé enseguida.

    Eres maravilloso, me dijo, me hiciste ver estrellas…

    Luego de tragar se limpio los labios con su mano y nos besamos. Hasta el día de hoy es mi amante.

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  • Mi coche nuevo (1)

    Mi coche nuevo (1)

    Hola, me llamo Carlos y les cuento como mi mujer se acostó, y sigue follando, con el vendedor de coches. Esto es todo verdadero.

    Fue haces dos años cuando decidimos comprar un coche. Fuimos a la feria de coches y nos dirigimos hacia el stand de una conocido marca coreana. Yo sabía cual quería. No es el primer coche que compro de esta marca. Nos atedio Daniel que ya conocíamos. Preguntamos precios y ahí quedo todo, nos quedamos con os precios que nos dio. Los números de teléfonos ya los tenía tanto el mío como el de mi mujer. Llegamos a casa

    Yo: Pili hay que ver cómo te ha dado dos besos Dani.

    Pili: ¿Se ha pasado un poco no?

    Yo: Yo solo he visto dos besos en cara, je, je.

    Pili: Si pero también me ha rozado una teta.

    Yo: Habrá sido sin querer.

    Cenamos y suena un wasap en el teléfono de mi mujer.

    Pili: Es Daniel, dice que se alegra de habernos vuelto a ver.

    Suena de nuevo

    Pili: Ja, ja, ja

    Yo: Que pasa

    Pili: Dice que especialmente a mí.

    Al día siguiente fuimos a ver de nuevo el coche, hablamos de precios, intente que me rebajara todo lo posible. Probe el coche yo solo, Pili se quedó en el concesionario. Cuando llegue estaban tomando un café. Me gustó mucho el coche. Le seguí apretando, pero el me dijo que dependía el recio de mas cosas, tenía que hablar con su jefe. Decidimos quedar la semana siguiente.

    En el coche de regreso a casa, Pili me dice que han quedado para tomar un café, le dije que donde, y me dijo que en el centro de Badajoz. La vi un poco alterada y me dijo que Daniel se la había insinuado. Le pregunte que le parecía, y me dijo que se había calentado. Nunca me ha puesto los cuernos, Pili tiene 58, mide 160, pesa 65, lo que llama la atención son sus tetas no por el tamaño, qué son grandes, sino por el tamaño de sus pezones, son muy grandes, tiene el coño depilado, le gusta depilárselo para ir a la playa nudista que vamos en Punta Umbría.

    Le dije que iba a hacer, me dijo que no lo sabía.

    Quedaron en el concesionario, cogerían un coche. Lee dije a Pili que se pusiera guapa a ver si conseguía rebajarnos el coche, me contesto que ya vería.

    Llego el día y se puso falda por la rodilla, medias y liguero y un tanga rojo, camisa blanca y sujetador rojo, Con un abrigo. Tomo un taxi y al sentarse en la parte trasera observa que se ve las medias, se baja la falda. Llega al concesionario y se sienta en la sala de espera, Daniel tiene un cliente. Esta frente a él sentada en unos sillones bajos. Daniel no hace más que mirarla. Pili se está dando cuenta y se mueve y se abre un poco de piernas.

    Pasado unos minutos Daniel termina. Se dan dos besos y Pili le pregunta donde vamos, le comenta que van a coger un coche nuevo eléctrico y luego tomaran un café.

    Se montan y otra vez la falda se le sube y se ve parte de las medias y el liguero. Pili se la pone bien. Van por la autovía y Daniel le comenta que le ha visto las bragas rojas, Pili le dice que es una tanga y que los siente.

    Daniel le dice que el encantado, se ríen los dos. Daniel haba de lo mucho que la gusta, Pili solo le ríe, hasta que Daniel le pone una mano en la pierna. ¿Te molesta?, estoy casada, pero separa las piernas y Dani le toca el tanga. Pili cuando se excita moja mucho. Dani coge una salida de la autovía y se mete por un camino. ¿Dónde vas?, quiero follarte. Pili le dice que no, Dani le responde mira como he has puesto y se saca la polla, la mía mide 17 Pili me conto que esta era más larga y gorda. están parados en un camino, Pili con la falda arriban y Daniel tocando el coño a través del tanga. Y ahora que hacemos para bajar esto, Pili le dice que no va a follarla, pues tú me dirás.

    Pili se quita el cinturón y se amorra, la mía le cabe entera con facilidad, pero esta le cuesta, no por lo larga sino por lo gruesa. Dani le coge la cabeza y la empuja, sin sacársela de la boca consigue que se corra pasados unos cinco minutos. Su corrida es muy grande, se le sale por los lados a Pili. Dani tiene la polla con pelo cosa que a Pili le gusta por como huele. Te has quedado a gusto Dani, mucho, aunque yo hubiera preferido follarte, eso si que no por lo menos en un coche no. Eso quiere decir que me dejaras follarte, ya veremos depende como te portes, en que dice Dani, no quiero que Carlos se entere le dice Pili, pero tendrás que hacer algo con el precio del coche.

    Que puta eres Pili, te dejas follar por dinero je. Je. Seguía tocándole el coño a través del tanga, Pili se lo quita, me quedo con el dice Dani. Le mete un dedo, dos y tres hasta que se corre. Vamos a tomar el café le digo. Pili puedo hacerte una foto de tu coño sin cara, si, pero sin cara solo del coño, como la quieres, ábrete y te la hago, lo tienes muy bonito depilado. Pili se pone y Dani se la hace. Regresan a Badajoz y se toman el café, hablan del coche, de lo que ha pasado, y de las ganas que tiene de fallársela, pero eso depende de la rebaja que hagas Dani, intentare rebajarle lo máximo posible, pero tendré que hablar con Pablo mi jefe. Pili le dice que haber que le vas a decir, nada no te preocupes.

    Se vuelven a montar Enel coche y se van al concesionario, antes de bajarse del coche Dani la besa. Cuando podemos quedar, para que, tu qué crees, nos vemos pasado mañana, te llamo por la mañana y te digo donde, le dice Pili.

    Cuando llegó a casa Pili me lo cuenta todo y acabamos follando. Hasta donde está dispuesta a llegar, no lo sé Carlos eso se ira viendo a ver que oferta nos hace, tiene razón Dani, eres una puta ja, ja, ja.

    Llegó el jueves, me levante para ir a trabajar, y le dije a Pili que que ibas a hacer, me dijo que cogería un taxi para ir al concesionario.

    Que te vas a poner.

    No sé lo que me pondré, pero ropa interior no, que se la queda.

    Me fui a trabajar y Pili se levantó para hacer la casa, cuando la recogió, se ducho y se depilo el coño, algo le había crecido el vello. Se dio crema por todo el cuerpo y reparo la ropa para ponerse. cogió una minifalda roja a medio muslo y una camisa blanca, sujetador blanco transparente y una cazadora.

    Coge el teléfono, hola Dani ¿te apetece desayunar juntos?

    Claro acércate ahora y vamos y te hablo de vuestro coche. Ponte guapa.

    En media hora estoy allí Dani.

    Se viste Pili y coge un taxi y se va al concesionario. Allí esta Dani, es temprano y no hay clientes:

    Le da dos besos y aprovecha para rozares las tetas.

    Pili no llevas sujetador.

    ¿Te gusta?

    Claro que me gusta, eso quiere decir que quieres algo y lo vas a tener.

    De ti depende, de tu oferta.

    Puedo conseguirte cuatro años de revisión gratuita,

    Está muy bien, ¿pero el precio sigue siendo el mismo?

    Si, 35.148.

    Jo lo veo insuficiente. además, entregamos un coche

    Ya tendría que hablarlo con Pablo a ver cuánto te da por el coche..

    Dani inténtalo.

    Vamos a desayunar y luego te lo presentare. ¿Dónde quieres ir?

    Si quieres venir a casa, Carlos no esta y mi hijo estudia en Cáceres.

    Dani se le abren los ojos, no sé si poder escaparme tanto tiempo Pili, porque su0pngo que después del desayuno… je, je.

    Tu dirás, con la oferta que me has hecho algo podríamos hacer.

    Y si no desayunamos, me puede dar tiempo.

    Tu mandas, venga vamos.

    Se montan en el coche.

    De qué color llevas el tanga Pili

    Dani hoy no llevo que te quedas con ellos ja, ja.

    A ver.

    Pili se abre de piernas.

    Que puta eres.

    Llegaron al piso y subieron, vivimos en el primero, pero subieron por el ascensor, a Dani le da tiempo de besarla en la boca y meterle mano.

    ¿Espera no quieres desayunar?

    Se me ha quitado el hambre.

    Salen del ascensor y abre la puerta de casa. Entran y Dani se tira a por ella.

    Espera que nos pongamos cómodos.

    Quítate la falda y la camisa, pero quédate con el liguero.

    Desnúdate tú. ¿Dónde quieres ir?

    Donde follas con Carlos

    En la cama, alguna vez cerca del balcón, en la ducha, pero cerca del balcón pueden vernos.

    Entonces en la cama.

    Se fueron a la cama, se tumbó boca arriba Dani.

    Vamos ya sabes lo que tienes que hacer.

    Pili coge la polla con una mano y se mete la cabeza de la polla en la boca.

    Vamos tú puedes tragarte más.

    Pili ya dije que la mía de 17 se la traga entera, y poco a poco lo consigue, llega hasta los huevos y después de algunas arcadas consigue coger ritmo. Dani le sigue tocando el coño super húmedo.

    Siéntate encima de mí.

    Pili se la mete no sin un poco de dolor, entera.

    Es la segunda polla que entra en mi coño, Y esta deliciosa.

    ¿Qué postura te gusta más Pili?

    Estilo perrito.

    Ponte a cuatro patas.

    Pero con cuidado.

    Dani le mete el capullo y empieza a moverse y de golpe se la mete.

    Bruto.

    Si quieres la saco, dímelo si te duele la saco, je, je.

    Nooo, no pares.

    Dani continua con el mete saca, Pili se corre la primera vez, Dani se saca la polla del coño y lo enfila a la entrada del culo.

    Nooo, es virgen y aun no te lo mereces, sigue por donde estabas.

    Dani vuelve a metérsela y sigue moviéndose hasta que se corre Pili de nuevo.

    Si, tú ya te has corrido dos veces y yo aun no me corro. Abre la boca.

    Cabrón te quieres correr en mi boca.

    En tu boca no en tu garganta, trágatela entera.

    Después de unos minutos Dani se corre en la garganta de Pili, que casi vomita.

    Te has quedado a gusto Dani, lo que has hecho que me trague. En cuanto al culo tienes que ganártelo.

    ¿Cómo?

    A ver que precio me das por el coche viejo.

    Supongo que rondara los 2.000, pero tengo que hablar con Pablo.

    Eso es muy poco. Llama Carlos y díselo.

    Dani coge el teléfono y me llama.

    Carlos, te llamo para decirte el precio que hemos tasado tu coche, 2000 €. Uff.

    Eso es muy poco Dani. ¿Qué te pasa?

    Pili ha cogido la polla de Dani y se la está limpiando.

    No pasa nada es que voy en el coche, ufff, y he cogido un bache. Intentare hablar con Pablo para ver lo que puedo sacar más. Ya te llamo.

    Hasta luego Dani.

    Pili ya termina de nuevo, je, je.

    Por hoy es suficiente Dani. El próximo día más. Dependiendo como te porte.

    Se vistieron y Daniel se fue al concesionario.

    Cuando llegue al mediodía, Pili me conto.

    Después de comer, siesta y…

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