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  • Mi vecina quiere divertirse un poco

    Mi vecina quiere divertirse un poco

    Era una tarde calurosa de verano, yo estaba descansando en mi casa y alguien llama a mi puerta, era mi vecina Grecia.

    -Hola vecino, lo invito a una fiesta en mi casa, será divertido.

    Yo le respondo que sí iré a su fiesta.

    -Está bien vecino, vaya lo más rápido que pueda, lo estaré esperando.

    Toco la puerta de la casa de Grecia y para mi sorpresa esta vestida solamente con una camiseta con un gran escote que me dejaba ver un poco de sus enormes tetas y un pequeño short que me deja ver perfectamente sus gruesas piernas.

    -Pase vecino, espero que no le moleste que esté vestida así, usted sabe que está haciendo mucho calor.

    Yo: Esta bien Grecia, no me molesta, pero, ¿Dónde están todos los demás?

    -Solo estamos usted y yo vecino, así nos divertiremos mejor.

    En ese momento comprendí que Grecia quería ser follada por mí una vez más.

    Grecia se desnuda y yo me quito los pantalones, me siento en el sillón, Grecia se pone frente a mí y meto mi enorme polla dentro de su coño y comienzo a follar a esa hermosa hembra de cabello rubio.

    Comienzo a follar a Grecia lentamente, y subo la intensidad poco a poco, hasta que alcanzó el máximo punto, Grecia gime fuerte y descontroladamente, parece como si se fuera a caer pero yo la tomo por las nalgas.

    -Ahhhh… vecinooo estooo eees demasiadooo.

    Finalmente las enormes tetas de Grecia empiezan a rebotar como si fueran dos balones.

    Yo: -Grecia, tus tetas me vuelven loco, tú me vuelves loco, me encanta follarte.

    -Ahhh… lo se… y aaa miiii… Meee… ahhhh… encaaantaaa.

    Pongo a Grecia boca arriba en el sillón y comienzo a pasar mi lengua por sus enormes tetas y a chuparlas.

    -Ahhh vecino, me encanta, siga así no se detenga.

    Yo: -Lo sé perfectamente Grecia, sé que te encanta estar con tu macho.

    -Vecino, no puedo dejar de ver ese enorme trozo de carne que tiene entre sus piernas, ¿puedo probarlo un rato?

    Yo: -Por supuesto Grecia.

    Grecia toma con sus manos mi enorme polla.

    -Es más pesada de lo que pensaba.

    Grecia mete mi enorme polla en su boca y comienza a chuparla, la saca y la pone entre sus senos y comienza a masturbarme con ellos.

    Yo: -Me encanta Grecia, tu sí que eres una hembra de verdad.

    No puedo contenerlo más…

    Yo: -¡Prepárate para refrescarte Grecia!

    Y finalmente mi semen sale a chorros directo a la cara y tetas de Grecia.

    -Esto es delicioso vecino.

    Yo: -Aun no termina la fiesta Grecia.

    Volteo a Grecia boca abajo, separo sus nalgas lo más que puedo y meto mi polla lechosa dentro de ese culo irresistible, la pongo en 4 patas y meto mi polla lo más que puedo pero aun así le sigue saliendo leche por el culo.

    Finalmente saco mi polla y dejo que Grecia descanse un poco.

    Nos vestimos.

    -¿Le gusto la fiesta vecino?

    Yo: Me encanto.

    Estaba a punto de irme, cuando de repente recibo un fuerte golpe en la cabeza que me deja inconsciente.

    Despierto amarrado a una cama, con mi pene conectado a una extraña máquina.

    -Qué bueno que despierta vecino, la fiesta aún no ha terminado.

  • Reunión con el jefe

    Reunión con el jefe

    Tal como mi jefe lo pidió, cerré la puerta de su despacho al entrar. Él me esperaba en su amplio sillón, y la luz que entraba por las enormes ventanas de ese piso del edificio destacaba su redonda e imponente silueta.

    Noté que al detenerme sus ojos me recorrieron de arriba a abajo. Eso me puso más nerviosa.

    —Veo que trajiste la falda más corta después de todo.

    —Fue lo que usted me solicitó, señor.

    —Así me gusta, Luna. Que entiendas la importancia de las instrucciones. Con esa actitud llegarás muy alto.

    No pude evitar cerrar los puños y juntar un poco las rodillas.

    Dije entonces: —¿Tiene alguna otra instrucción para mí, señor.

    —De hecho, sí —respondió acariciándose el bigote. —Acércate, por favor.

    Caminé hacia su escritorio, pero no me quedé frente a él, sino que lo rodeé y, frente a mi jefe, me senté sobre el mueble. Él sonrió, y pasó una de sus manos sobre mis piernas.

    —Dime, nena… ¿Alguna vez te han dicho que tienes un rostro muy bonito?

    —Nunca. Gracias por decírmelo —contesté con una falsa sonrisa.

    —Me sorprende en verdad. Esos ojos coquetos y tus pecas son un encanto. Es un placer para mí verlos.

    Me puse de pie.

    —Entonces, hay algo que puedo hacer por usted.

    Y, despacio, me puse de rodillas ante él. Mi jefe se puso de pie, me vio con suma atención, aunque fue probablemente por la vista que tenía de mi escote en ese momento. Manteniendo la sonrisa con mayor dificultad, le bajé el cierre de su pantalón. Una pequeña risa surgió del hombre cuando metí mi mano para liberar su pene aprisionado. Lo observé largo y duro, y su dureza se incrementaba gracias a las caricias que le daba con un dedo de un extremo a otro.

    Él bajó su mano y acarició mi cabeza por unos segundos antes de hacer que me acercara a su miembro. Le di un pequeño beso a la punta, y dirigí la mirada hacia arriba. El rostro del viejo sonreía sobre su prominente barriga.

    —Tenías razón. Te ves mucho mejor así —comentó.

    Sin dejar de mirarlo a los ojos, abrí la boca e introduje su pene ahí, comenzando a succionarlo con lentitud. Luego, un poco más rápido. Escucharlo gemir con suavidad no hizo más que aumentar la fuerza y la velocidad con la que seguía mi faena. Los minutos pasaron, y lo notaba cada vez más excitado. Llegó el momento de frotar. Con una de mis manos, empecé a acariciarle desde la parte central hasta la base, y el tono de sus gemidos empezó a cambiar. Le encantaba… Así que aumenté la velocidad y la fuerza, para hacerle sentir una excitación incontrolable. Un rato después, volví a chuparle, pero con más fuerza y usando mi lengua esta vez. De repente, sin mayor aviso, un chorro de su semen fue lanzado directo a mi boca. Me alejé, y un segundo chorro fue hacia mi rostro.

    Tras un sonoro suspiro, mi jefe comentó: —Tal como lo deseaba. Tu carita se ve más bella así.

    Caí sentada hacia atrás y cerré de inmediato las piernas, tras temer haber mostrado mucho mi ropa interior. Mi jefe me ayudó a ponerme de pie.

    El habló: —Lo que acabas de hacer ha sido… Magnífico. Digno de recompensarlo. ¿De cuánto necesitas tu aumento? ¿Quinientos está bien?

    —Sería lo ideal, señor.

    —Muy bien. Lo tendrás de inmediato. Y puedes tomarte el resto del día libre. Te lo mereces.

    —Muchas gracias por eso —respondí, mientras él me extendía unos pañuelos desechables.

    —Limpia esa carita, preciosa. Cuídala mucho.

    Al salir, no pude ocultar una sonrisa. Porque aunque lo que acaba de hacer no era ético en absoluto, fue algo que terminé disfrutando en gran manera.

  • Venancio, el viejo tendero (Parte 5)

    Venancio, el viejo tendero (Parte 5)

    Estábamos a jueves, y desde la semana pasada no había vuelto a ser follado por el viejo Venancio; lo único que pude hacer fue una felación a Marcos, donde le tuve que tragar todo el semen; eso había sido el lunes a la noche; lo habíamos hecho en los aseos del bar.

    Ese jueves parecía que había bastante marcha, ya empezaba a ser la hora de cierre del bar, y además del viejo tendero y yo, todavía quedaba una pandilla de 5 estudiantes; 4 eran universitarios, y otro empezaría ese año, ya que había aprobado la selectividad; no hacía mucho que habían entrado; venían de una fiesta universitaria, o botellón; no les entendí bien; al parecer eran conocidos de Marcos, el camarero.

    En una de las ocasiones en las que fui al aseo, entró Marcos, y después de magrearme el culo, me dijo que esa noche no me fuera que íbamos tener fiesta. Ya había avisado al viejo Venancio y que este estaba de acuerdo.

    Cuando salí del aseo, fui para la mesa donde solíamos ponernos, y luego de sentarme yo, vino el viejo Venancio, sentándose a mi costado. Dejó que Marcos ocupara el sitio que estaba enfrente de mí. Allí al menos dejó su copa Marcos, mientras atendía a los chavales, e iba limpiando y recogiendo poco a poco, para cerrar en cuanto pudiera.

    Ya habían pasado unos 40 minutos cuando aquellos chavales se iban del bar; eso fue lo que yo pensé, que se habían ido los 5, pero había quedado uno de ellos; era el más jovencito, era el que se había examinado de selectividad; y yo no me había dado cuenta de ello.

    Marcos les abrió la puerta que ya se encontraba cerrada, una vez salieron, volvió a cerrar la puerta, y ahora sí, bajó las persianas para no ser vistos desde fuera. Luego ocupó su puesto en la mesa. El chaval que había quedado estaba en otra mesa que quedaba enfrente de la nuestra, pero a la otra parte del bar, cosa que yo no sabía, y es que con el ruido de la película que estaban Echando, y lo silencioso que estaba aquel chaval, yo no me había enterado.

    Volví a ir al servicio a mear. Cuando estuve de vuelta a la mesa, me agarro Marcos por la cintura, empezando a meterme mano e intentar desabrochar el cinturón del pantalón, cosa que llevó a cabo, para luego empezar a desabotonarme el tejano Levi’s que llevaba puesto. Tan pronto hubo desabotonado el primer botón, este ya me empezaba a caer; había adelgazado bastante, y el pantalón que llevaba puesto ese día, sino era sujetado por el cinturón, se me caía el solo; cuando quiso desabotonar el segundo botón, ya tenía el pantalón por debajo de las rodillas. ¡Joder ciego, tu pantalón parece que tiene prisa por dejarnos ver tu culito! Tiró del slip para abajo, y ambos cayeron a la altura de mis tobillos.

    ¡Hostia ciego! Ya estás bien empalmado. Empezó a menearme la polla con una de sus manos mientras con la otra la subía por el pecho, levantándome la camiseta que llevaba, y acariciar y pellizcarme los pezones. Dejó que el viejo Venancio se apoderara de mi polla y huevos, mientras él me sacaba la camiseta, dejándola una vez me la hubo quitado sobre una de las mesas. Luego se agachó para sacarme por completo el pantalón y slip, y ponerlos junto a la camiseta. Ya me tenían en pelota picada, y ellos todavía estaban completamente vestidos, además que yo seguía sin haberme enterado de la presencia del chaval; chaval que como luego supe, se llamaba Luca, y que en unos días iba cumplir los 18 años. Al parecer el chaval estaba disfrutando del espectáculo y no perdía detalle.

    El primero en sacar la polla fue el viejo Venancio, que luego de abrazarme, morderme el cuello, para continuar con los labios, dándome pequeños mordiscos, hasta que metió su lengua en mi boca para saborear y jugar con mi lengua.

    Me empezó a empujar por los hombros hasta que me dejó a la altura de su polla. Acercándome la polla a mis labios, me pidió que abriera la boca; abre y chupa que vamos a lubricarla un poco antes de metértela en el culito.

    Abrí la boca, y empecé a saborear aquel manjar que me estaban ofreciendo.

    Mientras yo chupaba y lamía la polla del viejo Venancio, Marcos había ido por el lubricante que tenía, empezando a pasar sus dedos por mi culo, luego introducir un dedo, y terminar de lubricar mi culito y meterme otro dedo en mi ano.

    Una vez me hubo lubricado bien el ano, Marcos bajó sus pantalones y bóxer, llevó su polla que ya la tenía más tiesa que el mástil de un velero, a la entrada de mi culito, me sujetó por las caderas, acomodó el glande en la entrada de mi ano, arrimó las piernas más a mí, y dando un movimiento a su pelvis, me enterró la polla dentro de mi culo.

    ¡Dios, ya me tenían empalado por los 2 agujeros de los que disponía! No podía gemir ya que cada vez que habría la boca para hacerlo, la polla del viejo Venancio se me incrustaba más en mi garganta, dándome arcadas, y hacerme llorar.

    El que no paraba de gemir, era el camarero Marcos, ¡ooohhhh, oooohhh, que culito más delicioso tienes ciego! Que gusto, ¡oooohhh!

    Debía ser el morbo por la situación y la calentura que tenía encima Marcos, que no tardó en llenarme el culo de semen, ¡ooohhhh, ciego, ya me voy correr! ¡oooohhh, ya me corro, ya me corro!

    Clavó más profundo su polla dentro de mi culito, y empezó a soltar trallazos de semen, en lo más profundo de mi culo.

    Cuando Marcos sacó la polla de mi culo, yo saqué la polla del viejo Venancio de la boca, ya que tenía la boca desencajada, y cansada de tanta polla; necesitaba coger un poco de aire.

    Pero fue por poquito tiempo, ya que Marcos no dejó pasar la ocasión de meterme la polla en la boca, y que se la dejara limpita de semen.

    Una vez terminé de chupar y relamer la polla de Marcos, este abrazándome me empezó a comer la boca a besos. Mientras me acariciaba con sus manos, fue cuando me soltó lo del chaval.

    Tenemos una sorpresa. Hoy tenemos un espectador invitado, se llama Luca. Es un estudiante amigo mío, el cual es gay, y quería participar de la fiesta. No te hemos dicho nada, porque queríamos darte una sorpresa, y que Luca se fuera calentando y animar a participar. También nos ha pedido permiso para grabar con el teléfono, y si a ti no te importa, nosotros se lo damos; ya ha grabado todo hasta ahora, así que, si a ti no te importa, lo dejamos seguir grabando y que no borre lo grabado.

    Joder, pues sí que sois bien cabrones, bien me pudisteis haber avisado antes. Pero bueno, si quiere participar, yo no tengo ningún inconveniente, por mi parte no hay problema alguno.

    Luca se acercó a mí, se presentó dándome la mano, luego me abrazó y empezó a darme un pequeño morreo. Llevó su mano a mi polla acariciándola, llevando la mía a su entrepierna, mira cómo me habéis puesto, si llega a seguir un poco más, me voy en los bóxer.

    Estuvimos charlando un poco mientras terminábamos de beber las copas que teníamos, para poco a poco volver a empezar con aquella pequeña orgía. Pero ahora con la participación de Luca, y mientras tanto, Marcos nos seguía grabando.

    Mientras Luca se iba despelotando, yo volví a la polla del viejo Venancio. Tenía su polla en la boca, cuando se me acercó Luca, agarró mi polla y huevos con su mano, y con la otra iba metiendo 2 de sus dedos en mi culito. Mientras me follaba el culo con 2 de sus dedos, Luca, con la boca iba lamiéndome por toda la espalda, y dando pequeños mordiscos.

    Al poco tiempo, sacó los dedos de mi culo, acercó su polla a mi ano. Puso la punta de su polla en mi esfínter, empujó un poco metiendo el glande, esperó unos segundos, y repitió la operación; sacó la cabeza de la polla, y volvió a meterla, dejando el glande en la entrada de mi ano. Le encantaba cómo mi esfínter le apretaba el glande de su polla, y estuvo repitiendo la operación varias veces.

    ¡Dios! Aquella sensación de estar abriendo continuamente con su glande el esfínter, me estaba volviendo loco, ¡ohhh! Métela de una vez, por favor, le pedí, ¡ooohhh! Vas a acabar conmigo.

    ¡Ahhh! ¡ummmm! ¡ahhh! Me gusta como tu esfínter aprieta la cabeza de mi polla al entrar en tu culo, ¡ahhh! ¡ahhh! Que gusto me da.

    ¡Cabrón, oooohhhh!, métela de una vez, que no aguanto más.

    Dio un golpe a su pelvis, y terminó por meterme toda la polla. Tan pronto la hubo metido por completo, empezó un vaivén salvaje y frenético.

    ¡Dios, el chaval era como un toro que no para de envestir! No paraba de gemir; era como si estuviera llorando, o en un lamento continuo. Tan rápido y fuerte me dio, que me hizo correr antes de que él me inundara de semen el culo, ¡oooohhhh, dios me corro, me corro! Las piernas se me doblaban y me temblaban como un flan. Si no es por el viejo Venancio que me tenía entre sus piernas, me hubiera caído al suelo.

    Menos mal que aquel toro salvaje empezaba a soltar toda su leche, ¡aaaahhhh, aaaahhhh, gemía mientras me iba llenando el culo con su lechita.

    ¡Dios, los 2 estábamos sudando como si estuviéramos en una sauna, él abrazado a mi espalda, y yo tumbado sobre las piernas del viejo Venancio, agarrado con una mano su tremenda polla, la cual tenía pegada a mi cara!

    Cuando el chaval se fue reponiendo fue saliendo su polla de mi culito, fue entonces cuando nos pusimos de pie, me dio la vuelta y empezó a comerme la boca a besos.

    Pero el que todavía no se había corrido y no quería pasar sin descargar la mercancía que alojaba en sus huevos, era el viejo Venancio. Tiró por mis caderas, y me hizo sentar sobre su tremenda polla, ¡ooohhh, dios mío, ya volvía estar empalado por una polla esa noche!

    Mientras el pollón del viejo Venancio me taladraba el culo, Luca se apoderó de mi boca, y me iba mordiendo por todas partes. Mordía mis labios, cuello, y con sus manos apretaba mis pezones que ya estaban que reventaban de duros y excitados. Su lengua saboreó toda mi boca, jugó con mi lengua, me chupeteó el cuello y pezones, luego dio mordisquitos por todas partes, hasta que el viejo Venancio, empezó a correrse dentro de mí, ¡oooohhh, oooohhhh, ya ya, ya me vengo! ¡oooohhhh!

    Soltó unos trallazos de leche dentro de mi culito, y quedamos parados unos segundos recuperando la respiración.

    Poco a poco nos fuimos reponiendo, y ayudado por Luca, me fui poniendo de pie, mientras iba saliendo el pollón del viejo de mi culito.

    ¡La hostia, tenía el culo abierto a más no poder y chorreando semen por él, el agujero que tenía, debía parecer un bebedero de patos!

    Apretando el culo para que no escurriera el semen, me senté en la silla, y le pedí a Marcos que me diera algo de beber, que estaba muerto de sed. Fue para dentro de la barra, poniéndonos unas copas a todos.

    Mientras tomamos las copas, yo y Marcos nos fumamos un par de cigarrillos. Ya iban dar las 5 de la madrugada, y allí estábamos haciendo una orgía y disfrutando de unas buenas y ricas pollas y culito.

    Cuando creí que aquello ya había terminado, y que nos iríamos para casa, el chaval, Luca, que estaba en pelotas como yo, agarró la polla del viejo Venancio, que seguía tiesa a más no poder, y se puso a lamerla. El chaval estaba impresionado por aquella tremenda polla del viejo Venancio. No quiero marcharme sin antes probar este tremendo pollón. Quiero meterlo en la boca, y quiero que me abra el culo y me lo llene de leche.

    Empezó a lamer el pollón del viejo Venancio, y nos pedía a Marcos y a mí, que le lubricáramos el culo, y le chupáramos la polla.

    Yo me puse sentado a los pies del viejo Venancio, el cual estaba de pie arrimado a una mesa; casi estaba sentado sobre ella; y mientras Luca le chupaba la polla al viejo, yo metía la polla del chaval en mi boca, se la chupaba como si estuviera comiendo un rico helado. Al poco apareció Marcos con el lubricante, y untándole bien el culito al chaval, le fue metiendo los dedos en él.

    Ya llevábamos un buen rato, cuando Marcos se bajó los pantalones y sacando su polla, se la clavó en el culito al chaval, ¡oooohhhh, gritó Luca, al sentir la polla de Marcos entrar en su joven culito, ¡ooohhhh, oooohhhh, gritaba Luca!

    No tardó en vaciarse Marcos en el culito del chaval, ¡oooohhh, me corro, me corro! Gritaba Marcos. Cuando de repente, empecé a tragar el semen que Luca estaba soltando en mi boca.

    ¿¡Sigue, sigue, pedía Luca mientras soltaba su semen en mi boca, ooooohhh gemía mientras dejaba de chupar el tremendo pollón del viejo que tenía en su boca!

    Cuando dejaron de soltar semen Marcos y Luca, el viejo Venancio agarró al chaval, lo sentó en la mesa, le levantó las piernas llevándolas sobre sus hombros, le colocó la cabeza de su tremenda polla, y se la fue introduciendo en aquel jovencito y rico culito.

    Luca no paraba de gimotear, y en cuanto pudo, Venancio con un movimiento de cadera, le dejó ir toda la polla dentro.

    El Chaval dio unos gritos algo más fuertes, pero en cuestión de segundos, ya gemía como una perrita en celo. Luca no paraba de gemir, y pedir más, ¡oooohhhh, dame más, dame, dame más, rómpeme el culo, oooohhh!

    Como Marcos había ido a seguir grabando, yo me coloque al otro lado de la mesa, y con mi boca le mordía el cuello, pezones, luego le pellizcaba los pezones, hasta que el viejo Venancio, empezó a gritar que se corría, ¡aaahhhh, me corro, aaaahhh, me corro!

    Entonces me fui a la boca del chaval, y le fui mordiendo el labio inferior, luego le pasaba la lengua por sus labios, para al final introducir mi lengua en su boca, jugar con su lengua, y terminar por chuparle la lengua hasta que Venancio terminó de vaciar su semen en el culito de Luca, sacarle poco a poco la polla, y bajarle las piernas para que se pudiera incorporar.

    ¡Joder, ha sido maravilloso, decía Luca, nunca folle tan rico como hoy!

    El chaval estaba que deliraba de placer. Todavía seguía gimiendo y con la respiración entrecortada.

    Nos fuimos a lavar un poco al aseo, luego nos empezamos a vestir, y mientras lo hacíamos, Luca no paraba de decirnos que aquello había que repetirlo, que era maravilloso.

    Cuando estuvimos listos y todo recogido y en orden, salimos del bar, y nos fuimos andando para casa. El primero al que dejaron fue a mí, ya que Venancio quiso acompañarme hasta el portal, despedirse y volver atrás. Allí también me despedí de Marcos y luca, el cual me dio un abrazo y un buen morreo en la boca.

    Subí para casa, feliz, muy bien follado, el culito bien abierto, y repletito de semen.

  • Un maestro con su alumno en mi casa

    Un maestro con su alumno en mi casa

    Por ser el único hermano soltero y contar con tres recamaras en mi apartamento, recibí como huésped a mi padre por algunos años. Me daba gusto cuidarlo, pero, no podía dar rienda suelta al gay de closet que soy. Vivo en un complejo de apartamentos bastante grande, por lo que los vecinos prácticamente no nos conocemos, es ideal para el anonimato que requiero en mi doble vida.

    Mi padre, hace algunos días, fue ingresado a un asilo, ya que por su edad, no puede estar ni cuidarse solo, los sentí mucho por él, pero, había llegado la hora de disfrutar mi de mi vida y mi depa.

    Contacte a un gay maduro en un portal web, intercambiamos teléfonos y chateamos, acordamos en vernos pero, me indicó que había acordado con otro chavo pasivo. Yo soy versátil pasivo, me encanta que me llenen en el culo de verga, pero no tengo nada en contra de darle placer a un pasivo. Me preguntó si habría problema si lo llevaba también y contesté que no, que con mucho gusto los recibía y acordamos la hora.

    Me bañe, y me puse presentable con unos pants y una playera, encendí el sonido con música erótica y en el ordenador de la sala abrí una página de videos porno gay, para que cuando llegaran, pudiéramos romper más pronto el turrón. Llegaron los dos, el mayor, un oso, gordito, canoso y peludo, el otro, un joven moreno y alto.

    El mayor, que era activo se sentó en el sillón de la sala, el joven y yo hicimos lo propio a su derecha e izquierda. Ya con unas cervezas en mano y habiendo pasado por los saludos y presentaciones, estábamos viendo un video de un negro con una deliciosa polla cogerse a un rubio, les comente como me excita el contraste de una verga negra entrando y saliendo de un culo blanco como la nieve.

    El joven y un servidor, comenzamos a acariciar el cuerpo del oso, se excito y metió cada una de sus manos por debajo de nuestras nalgas para acariciarlas. Comenzamos a desabrochar su camisa, besábamos su pecho velludo al tiempo que nos besábamos y lo besábamos. Era mi primer trio, estaba muy excitado. Continuamos con las caricias, la verga de aquel hombre se puso como de piedra, no era una herramienta que podamos llamar muy grande, pero era suficiente para proporcionar delicioso placer. Soltamos su cinturón, desabrochamos su pantalón y se lo bajamos. Juntos, el joven y yo, le dimos una deliciosa mamada. Mientras disfrutábamos de su verga y nuestras lenguas, peleando por cada gota de néctar que comenzaba a emanar de su pene, los dos nos quitamos los pantalones y la camisa para quedar en calzones. A nuestro macho, le dieron ganas de penetrar un culo, y para mi tristeza, eligió primero el culo del joven. Él se quitó los calzones, el oso y yo le dimos una deliciosa mamada a su culo para lubricarlo y dilatarlo. Deje al oso ocupado con el rico culo y seguí mamándole la verga, me fascinó tener la boca llena y tener el néctar para mi solito. El joven se sentó sobre el oso para ser penetrado. Mientras lo intentaba, comencé a mamar la verga del joven que escurría delicioso líquido pre eyaculatorio. Mi suerte cambió para bien, el joven se quejó de que le dolía algo y se sentía estrecho, por lo que se paró, aproveche, ya que nuestro oso moría por penetrar un rico culo. Corrí a mi cuarto y tomé un lubricante que puse generosamente en mi culo y en el pene encapuchado del oso. Me senté y deje que me penetrara, mmmhhhh no hay otra forma de describir lo rico que es sentir cuando una verga te va penetrando hasta adentro. El joven se paró frente a mi mientras yo cabalgaba a ese oso tan rico, comencé a mamarle la verga al joven. Que experiencia tan rica experimentar el tener dos vergas al mismo tiempo, y el joven, wow, la tenía bastante grande y linda, una delicia. Cambiamos de posición, el oso me estaba cogiendo en cuatro como si fuera su perra, y eso me encanta, ser la perra de un macho. Le pedí al joven que se hincara frente a mi, mostrando sus nalgas, mientras el oso me embestía y los dos gemíamos de placer, le di una deliciosa mamada en el culo al joven, que comenzó a gemir delicioso. Yo sentía que se me perdía la conciencia con la rica cogida que me estaba dando el oso, pero puede concentrarme para darle un rico masaje y una deliciosa dedeada para dilatar el ano del joven, él, con cada momento transcurrido gemía más rico y más fuerte. Estaba listo para que se lo cogieran. Entonces me hinqué, el oso, sin sacarla, se hincó y siguió envistiendo dentro de mi, hice hincar al joven y poco a poco le metí mi verga, que, no por presumir, es un muy buen pedazo de carne. En esta ocasión, el joven comenzó a disfrutar y casi gritaba de placer, éramos un trenecito de amor gay.

    El oso, comenzó a gemir más fuerte, lo sentí, estaba a punto de estallar para arrojar su rica leche, me halo del cuello y dijo, me voy a venir. De inmediato hice un movimiento para sacar su verga de mi culo. También saque la mía del culo del joven, los dos nos volvimos hacia la polla del oso y se la comenzamos a mamar delicioso, estábamos tan calientes que mamábamos y nos besábamos intensamente. La verga de nuestro oso se puso muy caliente y estallo, arrojando su deliciosa leche sobre nuestros rostros y bocas, que rica venida nos comimos. Luego, seguimos besándonos y lamiéndonos de nuestras caras, las gotas de leche que nos escurrían, nuestro oso se derrumbó, agotado, sobre el sillón.

    El joven y yo, nos colocamos en posición y continuamos dándonos placer con un sesenta y nueve, nos mamábamos mutuamente y dedeábamos nuestros culos. Continuamos un rato hasta que ya no aguanté, le dije al joven que ya, me corría en cualquier momento, mamo con mayor energía y me llegó un delicioso orgasmo, nuestro oso estaba fascinado con la escena, mientras el joven se comía toda mi leche. Sentí tanto agradecimiento que senté al joven en el sillón, yo hincado sobre la alfombra, seguí mamando su verga y levantándole el culo para dedearlo. Nuestro oso era de rápida recuperación, se puso a nuestro lado y, de reojo, vi que la tenía dura como piedra. El joven se sentó sobre su rica polla, se la metió toda, comenzó a gemir como perra. Yo continué lamiendo su hermosa verga hasta que la sentí muy caliente, desmesuradamente hinchada, no dijo nada, soltó un gemido de placer como jamás lo había escuchado y sentí una enorme marea de leche entrando en mi boca, sabia exquisita, su orgasmo fue tan largo, que llenó mi cara también de leche. Se la mame hasta dejarla limpia, otra vez, nuestro oso nos dijo que ya no aguantaba, nuevamente el joven saco la polla de su culo, los dos mamamos su verga y volvimos a comernos, alimentarnos de su semen. Después de dejar limpia su polla y nuestras caras, nos recostamos exhaustos en el sillón, cuerpos contra cuerpos, descansando del ejercicio más placentero que existe. Luego de un rato, nos paramos y nos vestimos.

    Al despedirnos, quedaos de vernos nuevamente, pienso que hoy les llamaré, tengo ganas de verga, en realidad siempre las tengo, me encantaría volverlos a ver, o, tal vez a ti lector, si eres activo y te gusta coger a tope.

  • Por qué no vamos juntos a la cama, en vez de ir a la cancha

    Por qué no vamos juntos a la cama, en vez de ir a la cancha

    Acepte que me llevara; él fue bajando, yo me quede arreglando el acolchado y me acomodé un poquito la bombacha, ajuste el reproductor de vídeo, quedando como si nada hubiera pasado en esa cama.

    Previo paso por el baño a higienizarme y retocarme un poquito bajé a la sala.

    Estaban tomando té mi hermana y mamá, fue verla y me flasheo lo que había visto de ella en su más íntimo, me pregunto – «Estas bien, pudiste descansar? Te lleva Mati?». Yo respondí – «Oh!! Si, bien creo que estoy con otra energía» suspire «Bueno perdón que no me quedé, pero me queda re bien que Matías me lleve al apartamento, sino hoy domingo se hace más difícil conseguir trasporte.»

    Mi hermana interviene – «Si dale aprovecha, que Mati va a la cancha y pasa a buscar Miguel, su amigo, que vive a una cuadra de tu apto».

    Para mi pensé ahora como hago, tenía la fija de transarme a mi cuñado, pero ahora había que ver como zafar de este amigo o sumarlo a la fiesta.

    Con cara de tonta yo contesté – «buenísimo, ya las voy saludando mientras Matías termina de hablar por el móvil».

    Besos a ambas y Matías corta y dice: – «Pronta?… Vamos rápido así no llegó tarde».

    Yo había quedado muy cachonda con lo que había visto y hecho (relato «Acariciándome, por mamá y el chico que la cogía en su cama») que ya cuando salimos por el coche he iba pensando el cómo, si me le ofrezco a él solo o le digo del amigo, la idea y oportunidad no estaba mal, pero nunca me había tocado trío con dos chicos.

    Durante el viaje hablamos de tonterías y de Ernestina (mi futura sobrina), fue entonces que fui cambiando el tono de la charla y la fui haciendo picante y comencé a tocárselo mientras conducía.

    El – «Sos terrible cuñadita, como te gusta el muñeco, no empieces que ya sabes cómo termina esto».

    – «No, no se»… «Ah sí ya se, tu terminas en mi casa desnudo y con mis labios en tu muñeco…» mientras le contestaba al oído y acariciaba su entrepierna por encima del pantalón»… Pero si no te gusta la idea avísale a tu verga que se está poniendo dura».

    Poniendo su mano sobre la mía me dijo: – «Tu sabes lo que a mí me gusta estar contigo y darte bien fuerte, pero hoy no puedo, ya quede con Miguel para ir a la cancha.»

    Con voz cómplice dije – «Y como es ese tal Miguel?»

    Internamente y seguro entendió mi pregunta a donde iba y haciéndose el tonto dijo: – «Como, cómo es?»

    Yo – «Si, si es alto, flaco, lindo, casado, soltero, le gustan las fiestas?»

    El – «Naa… Pero que estás pensando? Que perra es estas pareja! Es un poquito más bajo que yo, no sé si se prende?*»

    Yo – «Tenemos entonces que averiguarlo, a ver que prefieres tú, consolar a tu cuñada y pasar una tarde de fiesta con tu amigo, o ir a ver un cancha a ver un partidos?»

    El- «Como ves mi la verga que estas acariciando te está contestando. Me encanta la idea, pero no si él se sume*»

    Yo – «Llámalo, la perrita y el lugar ya lo tienen, no dejes que me enfrié»

    Detuvo el auto, tomó el móvil y bajo para llamarle. Ahí lo veía hablando y gesticulando, parece que lo estaba convenciendo, gesticulo que lo había logrado subió al auto y como recargado de entusiasmo dijo – «Hoy vamos a tener fiesta, como te vamos a coger entre los dos no tienes idea, el aceptó.»

    Yo -«Ya quiero conocerlo vamos!» e iniciamos la marcha y yo continúe jugando con su entrepierna el resto del viaje.

    Llegamos y estaba Miguel, no es tan petizo pero bien fornidito, tipo rugbier, pelo largo y vestido con la camiseta para la cancha. Baje y le bese me presente y note que en su dedo faltaba el anillo, como ese no es mi tema y Matías no me comento al respecto, deje pasar subimos al auto y marchamos a mi apto que estaba a dos calles de ahí.

    Los tres sabíamos a lo que íbamos, con Matías ya en el ascensor veníamos besandonos y tocándonos, y Miguel seguía callado y al costadito nos miraba, debo confesar que un poco ya me daba que no iba a estar buena la idea del trío, y hubiera estado mejor solo Matías.

    Entramos al apto y Matías ya casi como dueño de casa invito un trago…

    Yo respondí: «Si, hay cervezas frías en la heladera para mí, y whisky en la barra, ya vengo me voy poner cómoda» y partí para el dormitorio a cambiarme.

    Me desvestía y vestía para quedar con el vestidito corto amarillo, cuando los escucho chamullar.

    Miguel le decía: – «que buena esta tu cuñada, pero esto es una locura Mati»

    Matías: – «Tranquilo toma la cerveza y relájate, pensar que es una puta más, como las que traíamos a casa antes, tranquilo no sabes cómo se deja esta Mina».

    Miguel: «vos decís, pero no es una puta, sino que tu cuñada… esta buena si y se me paro la verga cuando me dijiste de venir pero…»

    Matías: «pero nada, relajate y eso si no me dejes mal, vamos a darle pa que tenga»

    No quise seguir escuchando por ahí deje, terminé lo mío y salí interrumpiéndolos y pidiendo por mi cerveza, yo estaba caliente y mi mente flaseaba, tome la cerveza para sentarme entre medio de los dos en el sofá. Y ahí, Miguel que hablo: – «que cómoda te pusiste, me encanta el amarillo cuando es color del vestido de la mina que me voy a coger…» acariciando mi pierna se me pegó un poquito.

    Matías: – «hoy sí que vamos a disfrutar contigo» y su mano en mis pechos, besos en mi cuello, el cosquilleo me invadió me puse un tanto nerviosa.

    Miguel: «tranquila, flojita, que la vamos a pasar bien, que más que dos hombres con ganas de pasarla bien contigo» y su mano comenzó a avanzar por mi falda – «uy por dios no llevas ropa interior y la tienes depiladita toda» decía mientras deslizaba si mano sobre mi conchita.

    Ya estábamos en marcha, me deje llevar y acariciar, los tenía sobre mí, Matías quito su remera y mi mano fue sobre sus abdominales bajando a su pantalón ya se sentí dura su verga y eso, fue un click.

    Le pedí a Miguel que se desvistiera, mientras yo terminaba de desvestir a Matías, lo hago parar y desnudo frente a mi le tomo la verga al cenit y cabezona que tiene, comienzo a chuparle apretándosela con mis labios y llenándome completamente la boca, a los pocos segundos siento que con su verga Miguel me golpea en la cabeza; corrí mi cara para encontrarme su miembro grueso erecto pronto para chuparlo todito.

    Los dos totalmente frente a mí y yo besando y chupando sus penes erectos, sosteniendo uno en cada mano intercambiaba con uno y otro, estaba súper excitada y me sentía quererlo todo.

    Solté a Matías y pase a atender directamente la de Miguel en la boca toda era súper gordota y suave, se sentía deliciosa mirándolo a los ojos, lo veía estremecerse y disfrutar, mientras con complacencia sostenía mi cabello y me agradecía y alentaba a «sigue así que estas muy bien, vamos sigue» y yo me concentre en ella, desde la bese desde su punta hasta su base con una salivada mamada y atoradaditas.

    Matías, me fue por atrás subiendo el vestido, mientras Miguel entre suspiros decía, «como la chupas que divina que sos, seguí así seguí…» yo seguí con una de mis manos la sobaba mientras comía y chupaba la punta de su verga.

    Por detrás Matías jugaba besaba y mordía mis nalgas a su antojo, mientras, seguí con la golosina de su amigo. Su mano empezó a acariciar mi conchita y a buscar mi clítoris hasta que puso un dedo en mí, solté de mi boca es verga gruesa y dije – «¡qué haces? Ahí no van los dedos, lo que quiero son vergas en mí… Que pongas ahora la tuya dentro» y levante mi cola para quedar en cuatro patas, estaba muy excitada, se la movía, mientras encapuchaba.

    Cuando estuvo pronto, haciendo honor a su dura verga al cenit, yo bien abierta apoyando mis ante brazos en suelo, deje que sus manos tomara mis caderas me levantara hacia él para penetrarme en forma suave y llenarme toda, y empezar a embestir, embestir y yo gritar gemir, suspira de sentirme la perra alzada. Alcé la vista y Miguel se masturbaba mirándonos, como perros nos dábamos placer, y me empape, sus manos en mis glúteos ahora y yo recibiendo todo de él.

    Miguel se acomodó en la alfombra y sentado puso la verga en mi cara, la que comencé a chupar mientras Matías me así suya de la forma más rica, estaba haciendo real una fantasía y empada estaba en la cima dejo todo ahí. Matías no paraba y ahí tengo la sensación ya está pronto acelerando sus embestidas más mas, y le pido que espere que quiero probarlos a los.

    «Cambiemos de posición, quiero cabalgarte Miguel» lo llevo al sofá y lo tiro en él, le pido una capucha a Matías y comienzo a vestir la verga de Migue,l a esa altura dura y roja latiendo, parecía no entrarle de lo gruesa. Ponta me le subo de frente a montarlo, en cuclillas sobre él, que me besaba y acariciaba mis pecho, pongo su punta en mi vagina y me dejo caer en él, sintiéndola, llevándome toda, divino comencé sobre él, la sentía toda sobre las paredes de mi vagina.

    Matías con mi cola a la vista, con dedos húmedos, comienza a meterme los dedos en el culo, y mis latidos aumentar, ya era necesario y no podía mas de tener la oportunidad de recibir dos a la vez.

    Yo – «Por favor ve con cuidado pero clávame por detrás los quiero ambos en mi»

    Matías se mezcló con nosotros en el sillón, pidió que nos moviéramos poco y me preparo tiernamente hasta que puso su pene en la punta de mi culo y lo lleno todo volé de dolor sentí abrirme pero el placer fue más y pedí que siguiera, mientras Miguel mantenía llena mi vagina, el movía su pelvis con un hermoso ritmo, era poquitín incomodo la posición pero eran míos en mi y yo para ambos su hembra, éramos animales, y cuerpos sudorosos latiendo cerca, nunca me había sentido tan puta y deseada, así nos disfrutamos

    Hasta que Matías avisando a Miguel me saco de arriba, para penetrarme el solo de parado contra la pared, en la forma que solo él lo logra, me dio con todas sus fuerza por el culo agarrándome de mis pechos y atrapándome en sus músculos, y ahí mismo explotó y acabo todo todo en mi, apretándome bien fuerte.

    Yo quede con las piernas temblando y apareció Miguel que seguía a tope, me sentó en el sofá alzo mis piernas a su pecho y me penetro divinamente exquisito todo lo que quiso, cero resistencia era mucho y muy puta me sentía. Hasta que la saco de mi vagina y la puso en mi culo dilatado por Matías, y en esa posición siguió todo en mí, llevándomela hasta bien a fondo.

    – «Puedo acabar en tus pechos?» mirándome me pregunto

    Tirándole un beso, le respondí: – «Crees que te pueda decir que no, donde te guste bebé, a mi me encantaría conocer tu leche»

    No termine de decirle saco su pene de mi culo, quitó la capucha y al instante me lleno mi vientre y pechos con su semen.

    Quedamos unos minutos riéndonos, luego me fui por una ducha, mientras ellos quedaron en la sala… Prendiendo la tv por el partido, desnudos en mi living tomando cerveza y Miguel buscando fuego para sus cigarros, y diciéndome: «chiquita chancha bañarte bien, que en un ratito acá tenemos más verga para esa cola»

    Salí en mi bata cruce frente a la sala solo estaba Matías, Miguel espera en mi cama dispuesto para revolcarnos de nuevo.

  • Cuánto hombre para mi sola

    Cuánto hombre para mi sola

    ¿Qué tal? Aquí estoy, dispuesta a contaros otra de mis experiencias sexuales. Esta me ocurrió en Septiembre de 1999. Había tenido que ir a la boda de un primo mío en La Coruña. Había ido con mis padres y mi hermano. Mi novio, me iba a haber acompañado, pero al final, circunstancias del trabajo le habían impedido acudir. Me había quedado compuesta… y sin novio. Pero como habéis podido ver, desde el verano me las había compuesto muy bien. Para la boda, me había puesto un vestido negro de encaje con minifalda, un corsé negro con un liguero y medias negras. Durante un tiempo había dudado en si me ponía tanga o no me lo ponía… Al final decidí que me lo ponía. No era cuestión de que un golpe de viento te levantara la falda y…

    La boda transcurrió como transcurren la mayoría de bodas. Lo bueno llegó en el banquete…

    Aquí, en España es costumbre que en los banquetes de las bodas te den el castañazo unos estudiantes vestidos como en el siglo XVII, tocando guitarras, bandurrias y panderetas: Son los tunos. Aquí eran cinco chicos. La verdad es que muy guapos… Normalmente tocan tres o cuatro canciones, hacen un par de chistecitos y reciben una propina por parte del padrino. Estos hicieron igual. Recibieron su propina y se salieron. Mientras tanto se acercaban los postres y decidí salir un momento fuera a llamar a mi novio, para preguntarle cómo iba todo. Cogí unas monedas y me salí al vestíbulo, a la cabina. Cuando llegaba, una de las monedas se me cayó y fue rodando hasta la pared. Me acerque a ella y me agaché a cogerla.

    ―¡¡Vaya trasera, preciosa!!… ¡¡ Mejor que la de un tráiler!!…

    El grito procedía de uno de los tunos, que estaban a mis espaldas. No me había dado cuenta de ello y al agacharme le había ofrecido una espléndida visión de mis muslos y nalgas.

    Me di la vuelta apresuradamente, bajando mi falda y ellos volvieron a replicar.

    ―Si fueras un tráiler, yo sería un mecánico y te daría el repaso de los 10000 km.

    Me puse a pensar rápidamente: 5 chicos que no estaban nada mal, yo sin mi novio…

    ―… Ya… todos los tíos sois iguales… de boquilla mucho pero luego a la hora de la verdad os acojonáis.

    ―Como que nos acojonamos… si las tías sois las que sois unas estrechas…

    ― ¿Estrecha, yo…? …Mirad, bonitos, con vosotros 5 no tengo ni para empezar.

    Se miraron entre ellos, se sonrieron y me hablo el que parecía el jefe.

    ―Es muy fácil decir eso… como no se puede demostrar.

    ― ¿Cómo que no se puede demostrar?… Cuando queráis… aquí y ahora… si sois capaces… -dije con una sonrisa de complicidad.

    ― ¿Aquí?… ¿Dónde?

    Eche una mirada a mi alrededor y vi uno de los salones de las bodas, ahora vacío…

    ―Ahí… vamos… si sois valientes…

    Comencé a andar hacia el salón, sonriéndome a mi misma y pensando que o me había convertido en una ninfómana peligrosa o me estaba volviendo loca de remate.

    Llegué al salón, que estaba a oscuras y encendí una de las luces. En ese momento comenzaron a entrar. Al entrar el quinto, cerró la puerta y echó el cerrojo.

    ―Bien chicos. Solo os pongo dos condiciones. Que me dejéis quitarme el vestido y que no os corráis ni en mi pelo ni en mi cara. Luego he de volver a la fiesta…

    Me giré para que uno de ellos me ayudara a bajarme de cremallera. Mientras uno de ellos me la bajaba, otro me preguntó:

    ―Oye… en serio… ¿Eres de verdad?… yo solo creía que tías como tú existía en las revistas…

    Finalmente, el vestido cayó a mis pies. Lo recogí y lo dejé encima de una mesa. Me di la vuelta mientras preguntaba:

    ―Bueno, ¿Quién va a ser el primero?

    El primero estaba claro. El que parecía el jefe. Ya se había quitado las calzas y se sujetaba su pene, un hermoso ejemplar largo y grueso, su punta brillante y viscosa.

    ―Mira, cacho guarra, puedes empezar cuando quieras…

    Me acerqué a él contoneándome y le comencé a besar. Mientras, cogí su pene y me lo metí entre los muslos. Su punta me salía por las nalgas. Apreté con fuerza y comencé a moverme adelante y atrás, masturbándole. El me metía su lengua y recorría toda mi boca. Comenzó a besarme el cuello y a resoplar y su miembro a hincharse entre mis piernas.

    ― ¡So guarra!… ¡Mámamela antes de que me corra!

    Accedí a sus deseos. Liberé su pene y poniéndome a horcajadas, comencé a lamerlo delicadamente. Recogí una gota de líquido con la punta de mi lengua y comencé a explorar el agujero de su polla. Finalmente, me llené la boca de saliva y me la mete hasta que su pubis dio en mi nariz y con la punta me tocaba la campanilla. Mi boca estaba llena de su carne y mi vagina de mis líquidos. Empezaba a venirme el calentón de nuevo. Su polla tenía un sabor dulce y viscoso, a esperma. Me encanta ese sabor. Por fin sentí las palpitaciones de su rabo y explotó en mi boca. Una cascada cálida comenzó a llenarme la boca, a un ritmo que iba a hacer que me rebasara pues me llenaba más que tragaba. Así que todo lo cuidadosamente que pude, saqué su miembro de la boca y dirigí los últimos chorros a mi escote. Los regueros de semen aterrizaron en uno de mis senos y en el canalillo. Notaba como descendían hasta llegar al fondo de mi corpiño. Como aun me quedaba en la boca una buena dosis de su leche y a los tíos le gustan que las tías hagamos las mayores cerdadas, me levante y girándome a los otros 4 tunos (que por cierto, tenían sus instrumentos en la mano, cascándosela a base de bien) comencé a dejar caer el semen en mi escote. Los grumos tomaron el mismo camino y comenzaron a acumularse en mi corpiño. Me relamí los labios, tragué los restos y dije:

    ―Bien… ¿Quién va a ser el siguiente?

    Rápidamente, el más gordito salió:

    ―Ven aquí, cacho puta… te voy a reventar.

    Me agarró y me empujó hasta sentarme en una mesa. Su polla era como él: Corta pero gorda. Se embutió un preservativo y, metiendo su mano entre mi raja y mi tanga, tiró violentamente y me lo rompió. Yo quise protestar, pero él me volvió a empujar contra la mesa y agarrándome de los tobillos y de un golpe me metió su polla hasta la empuñadura. Mi vagina estaba tan llena de líquidos que se oyó en toda la sala el chapoteo. El golpe me repercutió hasta la punta de los pelos. Me follaba con una violencia desconocida para mí y cada embestida era un nuevo chapoteo. Su polla, al ser corta no entraba mucho, pero era de un grosor bastante bueno y mi entrada estaba muy dilatada. A cada chapoteo y gemido mío, sus compañeros le jaleaban con los típicos comentarios:

    ― ¡Rompe a esa puta!

    ― ¡Demuéstrale quien somos…!

    ― ¡Que pida misericordia o más pollas…!

    Desde luego estaba haciendo un trabajo muy bueno, ya que logró arrancarme los dos primeros orgasmos de la noche. El chico sudaba y resoplaba del esfuerzo hasta que, apretando los dientes, se corrió. Se quedó boqueando un rato, como un pez. Saco su pene. El preservativo estaba viscoso de mis licores vaginales y su depósito bien lleno de su leche. Me bajé de la mesa, me arrodillé y le saqué el condón. Cogí su flácido pene y me lo metí en la boca, lamiendo y succionando para no dejar ni un solo grumo. Mientras, cogí el preservativo y me lo vertí en el escote, volviendo a notar como el esperma se deslizaba entre mis tetas y reuniéndose en mi tripita con el de su compañero. Me levanté muy, muy satisfecha…

    ―Bueno, chicos, ya han caído dos… ¿Quién va a ser el tercero en sucumbir?

    Se adelantó el más alto de los tres. Bajó su mano hasta mi húmeda raja y comenzó a acariciarme el clítoris.

    ―Eres una zorrita… ahora vas a ver lo que es un hombre de verdad.

    ―Menos hablar, cabrón, y más follar…

    Me agarró por los hombros y volteándome, me dio la vuelta, me empujó contra la mesa, dejando mi culo en pompa y mi tripa y pechos contra la mesa. Luego, muy, muy despacio comenzó a penetrarme. La follada de este era diferente. Se esmeraba más en restregar su pene por mis paredes vaginales, produciéndome unas descargas orgásmicas desde la punta de los pies hasta el pelo. Se removía dentro de mí como una serpiente.

    ― ¿Te gusta, putón?… ¿Te gusta…?

    Ya lo creo que me gustaba. Para demostrárselo, pegué aún más mis nalgas a él. Él, para moverse mejor, deslizó sus manos entre las cinchas de mi liguero y mis nalgas, me agarró las caderas y arreció en sus movimientos, que eran suaves pero firmes, hasta el punto que dos o tres veces me levantó del suelo. Mi tercer orgasmo me vino como una explosión en mi útero y una descarga de fluidos vaginales. No me di cuenta como otro de los chicos dio la vuelta a la mesa y me metía la polla, enfundada, en su preservativo, en la boca.

    ― ¡No aguanto más, come… ¡Comeee!!!

    Ya lo creo que comí. La primera vez desde Granada que tenía dos pollas en mi cuerpo. Le comí la polla, se la chupé, me metí los huevos en la boca, todo eso mientras su amigo hacía de batidora con su rabo en mis entrañas. Estaba en esa locura cuando me vino casi seguidos el cuarto y quinto orgasmo. Todavía me estremecía cuando noté que el condón de la boca se hinchaba. También su compañero debía de haberse corrido porque con un ruido de succión, saco su pene. Me quedé un rato, saboreando ese orgasmo casi múltiple que había tenido. Por fin me levante, notando que al haber estado apoyada boca abajo en la mesa, todo el semen que llevaba acumulado en las copas de mi corsé, había traspasado el tejido, quedando este empapado… ¡Qué más da!… me encantaba la humedad del esperma.

    Con ellos dos seguí el ritual: Les retiré los condones y los exprimí bien en mis tetas. Empezaba a notar el olor dulzón del semen.

    Bueno, solo quedaba uno. Parecía un poco cortado el chico, allí medio en pelotas, con una tranca de buen tamaño.

    ― ¿Qué pasa cariño, eres tímido?

    ―Es el pardillo -comentó el jefe- …seguro que no ha visto pelo en toda su vida.

    Sus compañeros comenzaron a reírse y a animarle.

    ―Vamos, Manuel, dale caña…

    ―Dale de comer a esta putilla kilo y medio de carne…

    ―Pero que no se te olvide darle un vasito de leche…

    Como parecía muy cortado, le dediqué una sonrisa me acerqué a él y muy suavemente, comencé a besarle en la boca. El me daba un beso tímido pero yo bajé la mano y agarré su pollón, ya enfundado en la goma, y comencé a pajearle. Su beso comenzó a coger consistencia, un beso largo y apasionado, húmedo, entrelazando nuestras lenguas. Sin separar nuestros labios, me agarró por la cintura y quiso comenzar a penetrarme, pero yo le iba a dar una sorpresa. Sin poder apenas separarme de su apasionado beso, le musité:

    ―Espera, cariño, a ti te guardo algo especial…

    Mi di la vuelta y pasé mis manos por debajo de mis ingles. Agarré su miembro y lo apoyé en la entrada de mi recto.

    ―Empuja, empuja… que no me va a doler…

    La timidez del chico era manifiesta porque no empujaba nada, así que le di un empujón. El perdió pie y cayo, sentado en la mesa. Su polla se alojó en mi intestino entera y mis nalgas atraparon sus pelotas. Gimió con fuerza. Yo me agarré a sus muslos y empecé a moverme.

    ―¡¡Vamos, vamos!!… ¡¡¡Rómpeme el ojete!!!…

    Estaba en éxtasis, casi se me iba la cabeza… que me follen el culo es algo que me vuelve loca… ¿Cómo podía haber pasado parte de mi vida sin que me reventaran los intestinos a pollazos?… En ese momento, me acordé del campamento… Granada… un coche… los pinos…

    ― ¡A que esperáis!… ¡¿Tengo el coño libre y nadie me lo folla?!… ¡¿Sois maricones o qué?!

    El que parecía el jefe -el primero que se había corrido en mi boca- se apresuró a ponerse un condón y allí mismo me metió la polla en mi palpitante y desbordada vagina. Ya casi no recuerdo nada, la cabeza me daba vueltas. El sexto, séptimo y octavo orgasmo me dejaron apenas sin fuerzas. Pero con fuerzas suficientes como para al correrse ellos, realizar la mayor salvajada de mi vida: Cogí los preservativos llenos y me los vacié en la boca, metiendo la lengua dentro de ellos, cogiendo los grumos, notando como se deslizaban garganta abajo… ¡Mmmmhhh!… Asqueroso pero delicioso a un mismo tiempo. Para acabar la faena, hice que, a pajas, los otros se volvieran a correr en mi escote.

    Reconocieron mi victoria, porque después de esto, no quisieron más caña. Me ayudaron a ponerme el vestido encima de mi rebosante y empapado corsé y se despidieron de mí. Salí de la sala, llamé a mi novio y me fui a arreglar un poco al servicio de señoras. Una gran noche…

    Al regresar al hotel y quitarme la ropa, descubrí que el corsé estaba perdido de esperma, completamente empapado. Lo tuve que enviar a la tintorería. También me di cuenta que mi tanga había quedado olvidado… bueno, otro souvenir más… a este paso no gano para tangas… finalmente observé mis pechos, con costras de esperma reseco… me los limpié a lametazos y luego me hice una buena paja. Cuando volví a Madrid… Bueno eso es otra…

    PD.- Al día siguiente fuimos a Santiago de Compostela y vi a mis «amigos». Había un certamen de tunas. Ellos no me vieron. El jefe, en su capa, llevaba muchas cintas y entre ellas, un trofeo… los restos de mi tanga.

  • El hijo del concejal: Turno de noche

    El hijo del concejal: Turno de noche

    Afortunadamente, mi casa queda solo a diez minutos del hospital. Y en cuanto llegué, miré a ver si mis compis se habían comido la tortilla que había dejado en el frigo.

    Estos cabrones, suelen jugármela en cuanto me descuido.

    Por suerte, todavía seguía ahí; así que, la metí un minuto en el microondas y me preparé una ensalada. Luego, le di un par de vueltas a unos filetitos de cinta de lomo, que no aguantaban mas; y aunque no lo creáis, a las 15:45 ya estaba comiendo.

    No tomé café.

    Me acoplé en el sofá, para ver el octavo episodio de la primera temporada de “Krypton”, que es la serie que estoy viendo y, por supuesto, que pude oír a Dani y Alejandro cuando llegaron… pero, me quedé dormido.

    Me desperté a las 20:20, de un sueño muy pesado.

    Me comí unas mandarinas, mientras me preparaba un té; y después de disfrutarlo, tranquilamente, me metí en la ducha.

    Y a las 22:55, ya estaba mirando la agenda de tareas, en el ordenador de “CONTROL” en la séptima planta…

    Y lo vi salir del ascensor.

    ¡Como me gusta, mi estudiante en prácticas!

    Llegaba sonriendo…

    – ¡Que puntual!…

    – ¡Si!… es uno de mis defectos, ¡jajaja!

    Estaba precioso con ese pantalón vaquero, elástico, azul oscuro, destrozado en la parte superior del muslo, en ambas piernas, y esa camisa blanca, absolutamente impecable, debajo de una cazadora de piel color wisky, preciosa (de Desigual) y sus botas (de Panama Jack).

    – ¡Bueno!, creo que sería mejor que te pusieras esto para estar por aquí; y le dejé una de mis batas. Ya le he dicho, a Rosi y a Barbara, que eres de la casa.

    Bajamos a los vestuarios; y me encantó ver como se cambiaba delante de mi…

    Después, subimos al hall de entrada para ver como se presentaba la noche.

    – ¡Que tranquilidad!, ¿verdad?

    No se veía a nadie; y todo estaba en silencio.

    Adrián solo movió la cabeza; y asintió, risueño.

    Cuando llegamos arriba, nos encontramos con Denís; un futbolista, con el tobillo destrozado, que solía pasearse por el pasillo antes de meterse en la cama.

    – ¿Que tal?, Denís… ¿como va la cosa?

    Nos miró de arriba a abajo y…

    – Bien. Muy bien, ¡gracias!

    – ¡Venga!… ¡que descanses!

    – ¡Hasta mañana!

    – ¡Hasta mañana!

    Al entrar en la 712 nos encontramos a Tobías muy tranquilo, y leyendo una novela…

    – ¿Y, eso?, le pregunté

    – Me la han dejado unos amigos de mi padre.

    – ¿Has tenido visita?

    – ¡Si!… y me ha venido muy bien, la verdad.

    Y me miró de manera incisiva…

    – Supongo, que habrás cenado… ¿no?, dije…

    – ¡Eso, si que no! ¿ves?

    Y, en ese momento, reparé en la bandeja de la cena, que aún continuaba sobre la mesa.

    – ¿No ha pasado nadie a recogerla?…

    No contestó…

    … y, un poco extrañado, por su silencio, miré la bandeja de la cena diciendo:

    – ¡Asquerosa!, ¿no?

    – ¡Como lo sabes!, tío… ¡que asco!

    Y le miré, como solo lo hace un cómplice…

    – Entonces, ¿voy a por algo más apetecible?, ¿te parece?

    – ¡Estaría bien!… ¡si!

    – Este es Adrián, un compañero…

    – ¡Hola!

    – ¡Hola!

    – ¡Bueno!… no tardo mucho, ¿vale?

    Según salía de la habitación, me dio por entrar en el WC, para mear; y enseguida me di cuenta de que en el suelo había semen.

    Y eso, me dio que pensar, la verdad…

    Fui a mi taquilla, a por algo; para que Tobías pudiera cenar. Y a la vuelta, pillé una coca cola de la máquina del hall.

    – No sé si te apetece un poco de jamón, Tobías; pero es lo único que he podido conseguir.

    – ¡Genial, tío!, ¡de verdad! ¡Eres la hostia!

    Me encanta el jamón…

    … y ¡una Coca!, tío. ¡Que fuerte!

    Los dos estaban sentados en la cama, absolutamente preciosos y atracativos; y me acerqué a Adrián para abrazarme a él…

    Giró la cabeza; y me miró a los ojos, sonriendo.

    – Que guapo eres, ¡cabrón!, le dije…

    Luego, miró a Tobías, que comía jamón, a dos carrillos, con una cara muy graciosa; y se levantó a cerrar la puerta.

    – ¡Esperanos!, Tobías…

    Y sin quitarle la vista de encima; me levanté y me acerqué a Adrián, para que me acompañara a echar un vistazo…

    Como teníamos ganas de jaleillo, teníamos que cubrirnos bien las espaldas.

    Después de darnos una vuelta por los alrededores; y ver si todo estaba tranquilo, Adrián decidió quedarse en la puerta, vigilando mientras yo iniciaba el juego.

    Me acerqué a la cabecera de la cama para hablar con Tobías; sabía que podía hablarle sin tapujos.

    – Queremos follarte, tío…

    … tenemos muchas ganas de pasar la noche follando a saco…

    Tobías, se sonrió… y me miró con cara de vicio…

    Y, en ese momento, Adrián, cerró la puerta con seguro.

    – Todo está tranquilo.

    Levanté la sábana y le pedí que se diera la vuelta, para que Adrián pudiera ver ese culo.

    – ¡Mira que culo!, tío; le dije a Adrián… y le di unas nalgadas,…

    Luego, se lo abrí para que pudiera contemplar, ese ojete… ¿que te parece?

    Adrián solo hizo un gesto, acompañado de la lengua, muy elocuente; pero no dijo nada…

    Y, enseguida, quise volver a ver esa preciosa cara.

    – ¡Date la vuelta!, ¡por fa!… que no me controlo.

    Me acerqué; y empecé a comerle la boca, con ansia; mientras le metía la mano debajo de los huevos y le hurgaba en la raja del culo.

    Adrián, lo miraba como si fuera un caramelo; un tanto indeciso…

    … hasta que, por fin, se decidió y le metió la cara entre las piernas.

    Pero, no sé porqué, empecé a sentirme intranquilo; y me levanté para colocarme en la puerta, a vigilar que no hubiera sorpresas; y entonces los vi.

    – ¿Que hacen, aquí, estos dos?…

    … ¿a estas horas?

    Solo era un pensamiento.

    Angel y Gabi acababan de pararse en la puerta de la 742, y estaban hablando con Denís.

    Tobías se había tumbado boca arriba y miraba el foco de luz blanca que iluminaba la cabecera.

    – ¡Ahhh!… ¡que rico!…

    Mientras balanceaba la cabeza de un lado a otro… con los ojos cerrados y moviendo la pelvis hacia arriba.

    Adrián se la estaba tragando… y a punto de que le diera una arcada.

    – ¡Chsss!, ¡Chsss!… ¡Adrián!, ¡déjalo!… ¡corre!, ¡ven!

    Levantó la cabeza; y vio, mis manos apremiándole para que dejara a Tobías y viniera conmigo.

    – ¡Mira!…

    Se asomó al pasillo y les vio charlando animadamente con Denís.

    – Tenemos que volver a “CONTROL”, Adrián. Luego, ¡ya veremos!…

    … me temo que estos dos cabrones, vienen a ver a Tobías.

    Adrián y yo, podríamos seguir a lo nuestro en el cuarto pequeño, hasta que alguien quisiera de dormir. Las chicas sabían lo mío; y Adrián lo tenía muy claro.

    Así que, disimulamos sentándonos en el mostrador de “CONTROL”, y mirando el listado de tareas, en uno de los ordenadores; y efectivamente, no tardamos mucho en ver como abrían la puerta de la 712.

    Me levanté, acordándome de la bandeja de la cena de Tobías, que aún estaba en la habitación; para ver que se traían entre manos, esos cabrones; y pidiéndole a Adrian que vigilara el acceso al pasillo desde el mostrador, me acerqué a la 712.

    Puse la oreja; y no se oía nada. Así que, entré abruptamente, y con el pretexto de retirarle la bandeja de la cena, me pude ver como Gabí acababa de inyectarle algo, mientras Angel, le pasaba una mano por la frente, tumbado junto a él y echándoselo encima, como si pretendiera poder contenerlo de una posible reacción violenta.

    Les saludé, con cierta indiferencia, para no llamar su atención; y cuando salía con la bandeja de la cena me dirigí a Tobías.

    – ¿Que tal?, Tobías. ¿Como te sientes?…

    … ¿Que tal, la cena?

    Solo me miró, con una amplia sonrisa, y los ojos muy abiertos; como si quisiera decirme algo.

    Al salir, me dejé la puerta entornada; pretendiendo que pareciera un descuido. Pero, fue absolutamente intencionado; quería ver mucho más.

    Dejé la bandeja de la cena, sobre una de la sillas de “CONTROL”

    Y me llevé a Adrián hasta una esquina, desde la que podríamos ver todo lo que pasara en la cama de la 712, a través del estrecho hueco que dejaba la puerta entornada.

    Miré hacia la puerta y pude ver como Tobías estaba completamente desnudo; y con las piernas en alto, como si lo estuvieran preparando para dar a luz.

    – ¿Has visto?, le dije a Adrian…

    . ¿Que hacen?

    – ¡Ni idea!

    Y en ese momento, se cerró la puerta.

    Nos miramos; y sonreímos.

    – Mejor seguimos a lo nuestro, ¿no?

    – ¡Creo que va a ser lo mejor!

    En “CONTROL”, ya estaba Rosi…

    … y Barbara, llegaría de un momento a otro. Así que le dije a Adrián, que la 746 estaba libre; y nos encaminamos hacia allí.

  • Era criada y la convirtieron en puta (Tercera parte)

    Era criada y la convirtieron en puta (Tercera parte)

    Para Lara, mi más fiel lectora.

    Después de las emociones del día anterior, Lola se recuperó durmiendo bien. Se levantó un poco más tarde de lo habitual y preparó el desayuno para sus señores. Como bajaban tarde a desayunar, se había quedado un poco más en la cama.

    Cuando se levantó, se quedó sentada en el borde de la cama recordando la visión del torso desnudo de Joaquín y se volvió a excitar. Se fue corriendo al baño y tras orinar, se mojó los dedos bajo el grifo y se masturbó como el día anterior. Había pasado de ser una completa inexperta a saber darse placer como a ella le gustaba.

    Se lavó bien las manos y bajó a la cocina a prepararlo todo. Después de desayunar Manuel y Josefina, se preparó mentalmente para ser follada por su señor, pero no fue así. En lugar de eso, la ayudaron a recoger los platos y se marcharon.

    Lola se asomó a la puerta de la cocina y vio como subían las escaleras. Manuel le tocó el culo a su mujer y esta sonrió. No se dieron cuenta de que Lola los observaba.

    Tampoco esta sabía que los dos iban a su habitación a hacer el amor.

    Más tarde, decidió llevarle algo de comer a Joaquín el mecánico. Le había gustado lo que había visto y quería volver a verle y sentirse bien en su presencia.

    Tocó la puerta del garaje y este la invitó a entrar. Llevaba una bandeja con huevos fritos y beicon. Su torso seguía desnudo. Lola se le quedó mirando fijamente.

    -Está usted muy guapo.

    -Llámame de tu, Lola.

    -Está bien. Espero que te guste Joaquín.

    -Eres muy amable.

    Se puso a comer los huevos y el beicon. En un instante se le cayó algo de beicon encima y Lola se apresuró a limpiarle.

    Lola no podía aguantarse más. Se acercó y le besó en la boca. Joaquín al principio no hizo nada, pero enseguida la besó también con fuerza y acabaron tirando la bandeja, ya casi vacía.

    Joaquín puso a Lola sobre unos de los coches de Manuel. Le abrió las piernas después de haberla dejado desnuda de cintura para abajo y le comió el chocho.

    Lola se moría de gusto. Lo que no sabían ninguno de los dos, es que ese momento, Tomás el jardinero, estaba viéndolos a través un cristal muy sucio del taller.

    Lo limpió un poco más con el mono de jardinero y se quedó contemplando como los dos lo hacían sobre el capó del coche. Sobre aquel Citroën que tanto le gustaba a Tomás.

    Cuando terminaron de hacerlo, se vistieron. Lola recogió lo que había quedado por el suelo y se llevó la bandeja y se fue. Joaquín la invitó a que al día siguiente le trajera el desayuno. Esta aceptó encantada.

    En esto estaba volviendo a casa, cuando Tomás se cruzó en su camino.

    -Veo que te has vuelto una guarra ¿eh?

    -¿Pero qué dices Tomás?

    -Acabo de ver cómo te has follado a Joaquín el mecánico. Ya no te importa ser una puta, ¿verdad?

    -Me he acostado con el porque me ha apetecido. Es el único de vosotros con el que no me ha importado hacerlo.

    -Pero eres de Manuel. Él es tu dueño y te folla cuando le apetece. ¿Sabes cuantas chicas han pasado por esta casa?

    -No, ni me interesa saberlo.

    -Cinco. Cinco chicas y a todas se las ha follado. Pero creo que tu eres la única a la que le gustas realmente.

    Quería decirle lo de Josefina aquella vez, pero prefirió callarse y no empeorar más las cosas.

    -¿Qué? ¿No tienes nada que decir?

    Lola seguía callada y mirando al suelo.

    -Pues lo que he visto se lo voy a decir a Manuel. No le va a gustar nada.

    -Ni se te ocurra, le dijo.

    -Mi silencio tiene un precio. Ya te imaginaras cual es.

    -Sois todos unos cerdos.

    -Y a ti te encanta.

    Era mentira, ella solo quería hacerlo con Joaquín.

    La llevó detrás de la casa. Le hizo bajarle los pantalones y los calzoncillos y le dejó desnudo de cintura para abajo. El día anterior no se había fijado en que tenía algo de tripa y era velludo.

    Su pene oscilaba a un lado y a otro medio empinado. Era lo que hoy se conocía como “tenerla morcillona”

    -Ya sabes lo que tienes que hacer.

    Lola se agachó resignada. Agarró su pene y empezó a subir y bajar su mano sobre él. Joaquín le había enseñado como meneársela a un hombre hacía un rato.

    -Más suave, está seca. Anda mójala.

    Lola no sabía qué hacer y entonces vio detrás de ella que alguien había tirado una botella de leche y aún quedaba algo de líquido en ella. La cogió y la echó sobre el pene de Tomás.

    -Vaya me echas leche y luego te la echaré yo a ti. Y se rio.

    Lola siguió con la paja. La polla ya se deslizaba bien arriba y abajo, hasta que Tomás le dijo que parara y se la chupara.

    -Vamos, házmelo con ganas.

    Lola obedeció, no tenía otro remedio si no quería que su jefe se enterase y la despidiese o incluso algo peor.

    Aunque le daban arcadas, le hizo una buena mamada a Tomás. Le había advertido previamente que no quería tragar semen y que la avisara cuando fuera a correrse.

    Unas pocas embestidas más y Tomás la avisó. Justo cuando la sacó de su boca, un chorro de semen saltó a su cara y luego tres más, que cayeron en su blusa y su cuello.

    -Joder cuanto tenía dentro. Dijo este.

    Lola no sabía con que limpiarse. Estaba toda pringosa.

    -Toma, anda, le dijo Tomás sacando un pañuelo de su bolsillo. Su pene le dio en la cara, aun un poco erecto.

    Lola se limpió como pudo y se levantó dispuesta a irse.

    -Ah no, todavía no. No puedes irte aun.

    -Pero ya he hecho lo que has querido.

    -Sí, pero ahora quiero un poco más.

    -¿Quieres follarme?

    -Sí, pero ahora quiero hacértelo por el culo. Tienes un culo divino y el otro día me quedé con ganas.

    -Ni se te ocurra. No vas a hacérmelo por el culo. Me follas por el chocho como todo el mundo y te largas.

    -Pues entonces iré directamente a Manuel y se lo contaré.

    Lola terminó asintiendo con la cabeza. Pensó que cuanto antes pasara, mejor.

    -Quédate aquí un momento. Ahora vuelvo.

    Tomás se fue dentro de la casa y ese momento Joaquín llegó donde estaba Lola.

    -Lola, pero ¿qué vas a hacer?

    Ella se giró y al ver a Joaquín, estalló en lágrimas.

    -Ese cabrón nos ha visto hacerlo y ahora me ha amenazado con decírselo a Manuel. Quiere follarme por el culo.

    -Le partiré la cara cuando vuelva.

    -No, por dios, no hagas nada.

    En ese momento, sin verlo ninguno venir, un puño se estrelló contra la cara de Joaquín. Dos más fueron a parar a su estómago y este cayó al suelo.

    -Eres un gallito de mierda. Ahora te he dado lo tuyo.

    Cogió a Lola y la puso de espaldas contra la casa. Bruscamente la desnudó y le separó las piernas. Abrió un bote que llevaba, era lubricante, y se mojó un dedo con él. Después de masturbar a Lola, metió ese mismo dedo por su culo. A esta le dolió. Siguió alternando masturbarla, con meterla un dedo por el culo. Luego entraron dos dedos. Para entonces los gemidos de Lola le habían vuelto a poner cachondo y su polla volvía a estar erecta.

    Agarró su pene con su mano derecha y dirigió su polla a la entrada de su ano. Se la metió despacio. A Lola le dolía pese a estar dilatada.

    -Uggh, gimió Tomás.

    -Ah, me duele, bruto, más despacio.

    -Lola ¿te gusta? ¿Te gusta? Tu nene te folla por el culo. Ah, ah, ah, sí, sí, sí, que gusto, joder, que gusto, que apretadito tu culo, como me aprieta la polla. Ah, ah, ah, qué bien Lola, me gusta, me gusta, un poco más, aguanta un poco más.

    Pese al dolor, Lola estaba a punto de correrse.

    Justo en ese momento Joaquín recuperó la consciencia y lo primero que vio fue a los dos follando.

    Le dolió oír a Lola gemir, porque eso significaba que estaba disfrutando, pese a ser forzada por el culo.

    -Ya voy, ya me queda poco, ya me voy a correr. Lola sigue así, que bien te mueves, que bien, me corro, me corro en tu culo, me corro, me voy, ¡aaah! ¡me corroooo!

    Lola también gimió, se corrió y la humedad de su chocho se deslizó por sus piernas.

    Cuando terminó de follársela, se sentó en el suelo recuperando la respiración. Lola también se sentó desnuda.

    Joaquín se quedó tumbado en el suelo. No se atrevía a levantarse por si Tomás volvía a pegarle.

    Tras limpiarse la polla Tomás y Lola el chocho, se vistieron y Tomás se fue. Lola se acercó a Joaquín cuando este ya no podía verles y le limpió la sangre de la cara.

    -Tenía que hacerlo Joaquín, no tenía otro remedio.

    -Ya lo sé, pero lo que más me jode es que parecía que lo estabas disfrutando.

    -El culo me dolía mucho, pero en el coño sentía un placer enorme y acabé corriéndome.

    -No puedo hacer nada contra Tomás, es más fuerte que yo. Mis músculos son solo fachada.

    -No te preocupes, tu eres el único que me importa de esta jodida casa, ya hablaba como si fuera mucho más mayor, y en cuanto pueda, tu y yo nos iremos de aquí.

    -Manuel nos encontrará y nos matará.

    -¿Qué dices? Ni lo sueñes, nos escaparemos y seremos libres tú y yo.

    -Tengo que contarte algo.

    -¿El qué?

    -Josefina me obliga a follármela también.

    -No te preocupes. Lo entiendo, debe ser duro para ti. Pero en esta casa deben de estar todos locos.

    -Sí, lo sé. Ahora vámonos.

    Los dos volvieron a sus tareas. Lo que no sabía Lola era lo que pasaría esa tarde.

    Después de comer y recoger la cocina, a Lola la permitieron echarse la siesta. Durmió de un tirón de tan cansada que estaba.

    A eso de las 6 la despertaron un ruido de coches. Se asomó a la ventana y vio como dos autos llegaban y paraban a la entrada de la casa. De ellos bajaron dos hombres, cada uno iba en uno de los coches.

    Al rato Manuel y Josefina la llamaron.

    Bajó y al llegar al salón, los dos hombres estaban sentados cada uno en su sofá.

    -Estos son Pedro y Juan, le dijo Manuel. Me gustaría que les trajeras algo de merienda y un Oporto que tenemos reservado para ocasiones especiales. Josefina te mostrará donde está.

    Josefina acompañó a Lola y le dijo que los dos eran socios de Manuel y que debía tratarles muy bien.

    -Como a ustedes señora, respondió Lola.

    Lola les llevó el vino y unas pastas y bizcocho que sirvió gentilmente a los dos. Ellos siguieron a lo suyo charlando, hasta que terminaron.

    Juan se levantó del sofá y se quedó mirando a Lola. Esta no sabía de qué iba la cosa.

    -Eres muy guapa, le dijo. Justo como nos dijo Manuel.

    -Tienes razón, le dijo Pedro levantándose también del sofá.

    En ese momento, detrás de ellos, Tomás el jardinero estaba preparando una especie de cinematógrafo. Desplegó el trípode y lo colocó apuntando a ellos.

    Lola no se dio cuenta de lo que pasaba, hasta que Tomás quitó la tapa del objetivo y un reflejo de la luz dio en él.

    -Ahora vas a mostrarnos tu cuerpo. Manuel nos ha hablado de él muy bien. Era Juan el que hablaba.

    Lola miraba a Manuel y a Josefina alternativamente. Estos asintieron con la cabeza. Lola ya sabía que iba a pasar a partir de ahora.

    Se quitó la ropa pensando en que estaba en otro sitio, que era Joaquín el que la quitaba la ropa y no ella misma y que iba a hacerlo con él y no con ese pervertido que tenía delante.

    Tomás colocó dos colchones detrás de ellos.

    Juan acarició sus pechos rosados y tiernos. Chupó sus pezones y después se bajó los pantalones y los calzoncillos, quedándose desnudo de cintura para abajo como siempre.

    Su polla era pequeña y no estaba muy erecta.

    -Anda, haz algo con mi pequeña.

    Lola le masturbó, pero aquello no se enderezaba. No sabía cómo podría follársela si no se empalmaba.

    Entonces se le ocurrió algo. Sus tetas no eran demasiado grandes, pero pensó que podría hacerle una cubana si se las apretaba. No sabía cómo se le había ocurrido esto, pero lo sabía. Quizá en algún sueño erótico, pero que más daba.

    Cogió la polla de Juan y se la puso en sus tetas. Apretó y comenzó a subir y bajar. El hombre enseguida se dio cuenta y se puso a hacerlo. Enseguida se le puso lo suficientemente dura para penetrarla.

    Manuel le paso un condón y este se lo puso. Le sobraba un poco, pero era suficiente. Metió su polla en el coño de Lola sin mucha delicadeza y empezó a follársela.

    En esto estaban, cuando oyó un gemido que venía de al lado. Boca arriba no había podido ver hasta ahora que Josefina estaba tumbada a su lado y que Joaquín se la estaba tirando como ya le había dicho.

    Josefina se giraba y la miraba con cara libidinosa mientras se mordía el labio inferior. Joaquín seguía con el bombeo mecánicamente, como si no hubiera nada más en el mundo.

    Juan también seguía follándose a Lola, pero esta no sentía nada. Evidentemente tuvo que fingir que disfrutaba. Tenía otra cosa en la cabeza, cuando Juan se corrió. Al oír el gemido de este, apretó sus manos contra su espalda y simuló un orgasmo para que no se diera cuenta de que no había disfrutado nada.

    -¿Quieres probar con ella? oyó que Manuel le decía a Joaquín señalando a Lola.

    -Todavía no he terminado señor.

    -¿Qué opinas mujer? ¿Dejamos que Joaquín la pruebe? Le dijo Manuel a su mujer.

    -Claro, es joven y guapa. Si luego termina conmigo, puede probarla.

    Joaquín se salió de ella, Lola vio que no llevaba condón.

    Se acercó a ella, Juan ya había terminado y la penetró. Lola hizo como nunca había follado con él y se dejó hacer.

    Aquello era una autentica perversión. Por un lado Manuel y Juan contemplaban de pie la escena y por otro, Josefina seguía tumbada en la cama mirándolos.

    Joaquín aceleró un poco más y Lola volvió a correrse como nunca. Bajó un poco los gemidos para que no pareciera que había disfrutado más con Joaquín.

    Cuando este se salió de ella, todavía goteaba semen que manchó sus piernas.

    -Bueno, le dijo Josefina, espero que todavía puedas acabar conmigo.

    Joaquín asintió y volvió a hacerlo con ella.

    Ahora era el turno de Pedro. Este era más espabilado que Juan y enseguida estaba empalmado y listo para follársela.

    Después de estar un rato en la postura del misionero, puso a Lola a cuatro patas. En un principio se asustó porque pensaba que querría follársela también por el culo al ponerla así, pero fue una follada normal, por el chocho.

    Terminaron después de un rato. Vio antes de irse por tercera vez como las tetas de Josefina se movían con cada empujón de Joaquín y que este estaba sudando por el esfuerzo. Pero ahora no podía parar y llevó al éxtasis a su señora.

    Todo quedó grabado. Lola imaginaba que para posteriores orgías y que usarían eso para volverse a excitar.

    ———————–

    Ya sabía de antemano que iba a largarse de allí. Al día siguiente fue al doctor para que le recetara algo para dormir. El hombre le hizo una receta y Lola compró el medicamento.

    Lo echo en la bebida de los dos y cuando estos se quedaron durmiendo, llamó a Joaquín y se marcharon de la casa.

    Esperaba que nunca los encontraran.

  • Mi madre es una puta

    Mi madre es una puta

    Todo empezó cuando comencé a darme cuenta que mi madre desaparecía por la noche, después de que pensaba que yo ya estaba dormido, una vez me dijo que salió a caminar, la siguiente que había enfermado una amiga y así hasta que ya no sabía que inventar.

    Soy hijo único, no tenía padre y solo vivíamos en casa mi madre y yo. Mi madre se llama Lluvia, y unos compañeros míos me empezaron hacer burla, a decirme que mi mama chupaba (tomaba alcohol) y yo sin encontrar nada que sospechar.

    Hasta que un día, un chavo me dijo que había visto a mi madre salir de un bar. Yo empecé a sospechar un poco con sus salidas. Empecé a observarla y unos días después me decidí seguirla y si efectivamente la vi entrar en un bar. Una hora después me asomé dentro del bar y vi que estaba sentada sobre las piernas de un señor viejo, pero se veía de dinero. Entonces yo regresé a casa y me puse a pensar.

    Mi madre tenía un trabajo de secretaria y tenía ya algunos años ahí y me empecé a dar cuenta que a ella le gustaba mucho tener parejas diferentes, y que la mayoría la tomaban como aventura, y también me di cuenta que ella era una mujer caliente, muy sexy, y que era una de esas mujeres llamadas camaronas pues no era muy bonita, pero tenía excelente cuerpo, no tenía muchas tetas, pero un culo impresionante y unas piernas que entre ellas se viene cualquiera.

    Al otro día le reclamé y me dijo que mientras no me hiciera falta nada no tenía por qué reclamarle, y pues tenía razón, pero después de algunos días empezó a llevar a diferentes hombres a la casa, su cuarto era como cuarto de motel, no sabía cuántos entraban en la noche. Sí, mi madre era una prostituta, trabajando en el día como secretaria y en la noche como puta.

    Cada vez empezaban a descararse más las cosas y cada vez a mí me gustaba más, mi madre llevaba a otras putas y yo las conocía y hasta que un día tuve la oportunidad de tirarme a una, después fue a otra, y cada vez me gustaba más, hasta que no me gustaba ninguna mujer, yo solo quería tirarme a una y la veía muy lejos, era a mi propia madre, yo trataba de tener pequeños roces con ella y así hasta que se empezó a dar cuenta y me dijo que no, que ella no era para mí.

    Pero yo seguía con tal obsesión y empecé a trabajar. Si no la podía conseguir a la buena la compraría como prostituta. Al conseguir el dinero se me negó de nuevo. Entonces hicimos un pacto mi madre y yo, que si acababa la prepa ella me daría lo que yo quisiera, ella sabiendo bien lo que quería.

    Pasaron algunos meses cuando llego el día de la graduación, yo solamente me esperé a recibir mis papeles y salí rumbo a casa. No aguantaba más de tenerla, por suerte esa noche le tocaba descanso, llegué y ella solamente tenía sus medias negras y un top, llegue y la abracé, ella no muy conforme solamente me dijo que lo prometido ya era deuda y dejo que la tocara.

    La empecé a besar en su cuello, bajé, le quité el top, sus tetas pequeñas, pero bien duritas, las mamé, le quité las medias, quedó desnuda, la empecé a dedear y no hacía nada. Como si fuera una estatua, le mamé su pucha rosadita y no hacía nada, pero cuando empecé a pasarle mi lengua sobre su ano parece que eché andar una máquina. Ella me envolvió sobre sus brazos, me besó, cuando de repente sentí sus labios sobre mi pito.

    Me empezó a mamar y de inmediato mi pito empezó a sacar líquido transparente, ella comía mis huevos, los succionaba, me besó el ano, hasta que no pude más y metí mi verga en su pucha. Era muy caliente pero muy satisfactorio, después de un rato la saqué y la siguió mamando. Mi pito cada vez sacaba más líquido, metí mi verga en su ano y no pasó mucho rato y me vine dentro de ella.

    Yo quedé satisfecho por aquella noche. Al otro día yo salí muy temprano y cuando regresé a casa y entré a mi cuarto no estaba mi cama, le pregunté a mi madre y me dijo que la había regalado pues pensaba ella que no la utilizaría más. Me di cuenta que le gustaba coger conmigo, y así en cada rato libre comenzaba aquella calentura loca, pasamos viviendo así por unos meses.

    Ella tenía ganas de salir de la prostitución, pero ¿quién trabajaría? yo no sería capaz de soportar sus gastos y habló conmigo, que el viejo del putero le había pedido matrimonio y como tenía algo de dinero le convenía. Ella después de un mes se casó.

    Los primeros seis meses la trataba como reina y a mí como su hijo, pero yo no era tan feliz pues no la podría tener más, después de los seis meses empezó a haber conflicto entre ellos, y él le gritaba y le pegaba a mi madre. Hasta que la obligó a regresar a prostituirse ahora más.

    A mí me seguía tratando igual, y hablé con el viejo que porque la trataba así y me dijo que era una perra y que lo había engañado, y que yo me quedara de su parte pues ese negocio me lo iba a dejar y que así tenía que ser, y que a mi madre le podíamos sacar todavía mucho dinero. Yo accedí pues sé que mi madre es una perra.

  • Lobas (El ermitaño)

    Lobas (El ermitaño)

    Un viernes por la tarde, estaba Diana en un bar con una amiga, rubia como ella y con un cuerpo que quitaba el hipo. Las dos estaban contentillas. Diana, le preguntó:

    -¿Crees en los hombres lobo, Soraya?

    -Todos los que conozco comen más con la vista que con la boca.

    -Me refiero a un hombre lobo de verdad.

    -Esas criaturas no existen. Existen los vampiros.

    -¿Y dónde los has visto tú?

    -En el banco.

    -No estoy de broma. Yo conozco uno.

    -¿Cómo se llama?

    -Saulo, y es tío mío.

    -¿El ermitaño? ¿Ese que dicen que vive en La Montaña del Diablo?

    -Ese. Follé con él y volveré a follar. Es una bestia metiendo y sacando.

    Soraya, le echó un trago al gin tonic, y después le dijo:

    -¡Qué poco aguantas la bebida, cariño!

    -Nada tiene que ver la bebida con lo que te estoy diciendo.

    Soraya, con tono burlón, le dijo a Diana:

    -Hoy comienza la fase de luna llena. ¿Vas a ir a follar con el hombre lobo?

    -No follé con él de noche, follé con él de día.

    -Claro, claro. No cojas la moto para volver a casa, hazme caso. ¿Quieres que te acerque yo?

    -Sí, esta noche no me gustaría estar sola. Puede que el semen que depositó dentro de mi haga que me transforme en mujer loba. Quisiera que me ataras a la cama por si eso ocurre.

    -Original.

    -¿Lo qué?

    -La manera de decirme que quieres follar conmigo.

    -No quiero follar contigo.

    Soraya no la creyó y fue al ataque.

    -¿Desde cuándo te gusto? Tú a mí me gustaste desde la primera vez que te vi.

    -No me gustas como mujer, bueno, sí, -se puso colorada- me gustas, pero no soy lesbiana.

    -Ni yo, bueno un poquito, ¿Pero no somos todas las mujeres un poquito lesbianas?

    -Supongo que sí.

    -¿Dejarías que te hiciera el amor?

    -No sé, puede que no, o puede que sí.

    -Yo ya hice algún dedito pensando en ti. ¿Y tú?

    -Pensando en ti, no.

    -¿Y en otra chica?

    -Sí.

    -¿En quién pensaste la última vez?

    -¡A ti te lo voy a decir!

    -Te digo con que amiga nuestra me acosté si me dices tú en quién pensaste.

    Diana era demasiado curiosa. No se lo pensó dos veces.

    -En Sonia. Pensé en Sonia cuando me hice el último dedo.

    -Yo me acosté con ella.

    En la boca de Diana se dibujó una hermosa sonrisa.

    -¡¿De verdad?!

    -De verdad de la buena.

    -¿Es dulce en la cama?

    -Sí, su chochito sabe a miel de colmena. Tengo unas ganas locas de comerte el tuyo. ¿Te llevo a tu casa?

    -Lleva.

    Diana, que trabajaba de modista, vivía sola en una casita que alquilara a las afueras del pueblo. La casita estaba al lado de un monte, y allí la llevó Soraya en su moto.

    Diana, al entrar en su habitación, le dijo a Soraya, que la había cogido por la cintura y la besaba en el cuello:

    -Hueles a pecado.

    -Soy un pecado húmedo, muy húmedo -le giró la cabeza con tres dedos y la besó- un pecado que te va a hacer pecar.

    Soraya le bajó la cremallera del vestido. Le quitó el sujetador y le magreó las tetas mientras seguía besando su cuello y sus labios. Le quitó las bragas, se agachó, la cogió por la cintura, y le lamió el periné y el ojete. Diana abrió las piernas y Soraya le pasó la lengua desde el coño hasta el ojete. Al rato, Diana, se dio la vuelta y Soraya le comió el coño a conciencia. Después se levantó, comió sus tetas y la besó… Al rato, Diana, desnudó a Soraya y le comió las tetas, unas tetas con grandes areolas rosadas y gordos pezones… Se agachó y le comió el coño. Al levantarse y después de volver a besar a su amiga, se echó sobre la cama. Soraya la volvió a besar y a comer las tetas… Metió su cabeza entre las piernas y comenzó a comerle el coño…

    Ya estaba a punto de echar por fuera, cuando le dijo Diana:

    -Átame, cielo, átame no vaya a ser…

    Soraya, con una sonrisa en los labios, le dijo:

    -¡Qué viciosilla eres!

    Con cuatro cintas la ató de pies y manos a la cama de la habitación, y le dijo:

    -Vas a saber lo que es bueno. Voy a hacer que te corras seis o siete veces.

    Media hora más tarde, llegó la noche, y con ella la luna llena…

    Soraya le comía el coño y le acariciaba las tetas cuando Diana se empezó a convulsionar. Pensó que se estaba corriendo otra vez, (ya se corriera tres veces en su boca) y siguió lamiendo. De repente vio que le salían unos grandes pelos rubios en las piernas. Levantó la cabeza y vio como le aumentaban de tamaño las tetas, los muslos, como le salían unas uñas que se hacían garras… Horrorizada, quiso gritar, pero la voz no le salía de la garganta. Quiso moverse. El miedo la paralizaba. Al rato, Diana, con la cara y el cuerpo cubiertos de pelo, y con unos grades colmillos que enseñaba al gruñir, rompió las ataduras. De un salto salió de la cama. Soraya, se desmayó. Al verla como muerta sobre la cama. Diana, desnuda saltó por la ventana y se perdió en medio del monte.

    A la mañana siguiente, Diana, despertó con el cuerpo ensangrentado. Al lado de ella tenía a un jabalí, al que le faltaba un trozo del muslo y que estaba destripado. Volvió a su casa. Tuvo suerte. Nadie la vio. Soraya ya se había ido.

    Estaba a punto de caer la noche cuando Diana llegó a la cueva del Ermitaño. Metió la moto dentro. Saulo no estaba. Se desnudó. Sabía que no tardaría en transformarse. Así fue, al rato aullaba:

    -¡¡¡Auuuuu!!!

    En la entrada de la cueva apareció El Ermitaño transformado en hombre lobo. Era un bicharraco de casi dos metro. La mujer loba, al verlo, saltó sobre él. El hombre lobo no le iba a hacer daño porque era hembra. La agarró fuertemente. La puso a cuatro patas. Le agarró las tetas con las garras e hizo amago de clavárselas. La mujer loba gimió como una perrita sumisa. El hombre lobo, con su tremenda tranca erecta, le puso sus brazos sobre la espalda y se la clavó hasta el fondo. La loba echó la lengua fuera y comenzó a jadear… Cuando el hombre lobo se corrió dentro de la mujer loba, le clavó las garras en la espalda, y aulló:

    -¡¡¡Auuuu!!

    Después de follar, el hombre lobo salió de la casa y la mujer loba lo siguió. Poco después se unía a ellos una manada de lobos.

    Saulo y Diana despertaron uno al lado del otro, en la cueva. No se acordaban de nada de lo que hicieran, pero al estar cubiertos de sangre, Saulo, supo que le había jodido la vida a su sobrina.

    -Lo siento, Diana. No fue mi intención…

    -No lo sientas. Estuve leyendo sobre los licántropos y somos inmortales.

    -Cambiarás de idea. La nuestra no es vida, es una aberración.

    -Las noches de luna llena, el resto del mes podemos vivir como reyes con tu herencia. Te he traído ropas limpias para que vuelvas a la ciudad.

    -Iré contigo. Te lo debo. Ahora vamos a lavarnos a la fuente.

    Las portadas de los periódicos del quiosco del pueblo llevaban una foto con una noticia en letras grandes: «HIJO DE GRANJERO FOTOGRAFÍA UNA MUJER LOBA COMIENDO UN CERDO EN LA GRANJA DE SU PADRE».

    En su casa, Soraya, cogia alguna ropa y la metía en una bolsa con la idea de ir en busca de su amiga Diana y su tío.

    Saulo y Diana sintieron el ruido de una moto subiendo los caminos de tierra de la ladera de la montaña y se taparon los oídos. Al llegar al lado del pequeño huerto, Soraya, se bajó de la moto, quitó el casco y unos tapones que traía en los oídos, y les dijo a Saulo y a Diana que estaban comiendo una sandía:

    -¡Familia de monstruos! Me habéis condenado a una vida de perros.

    Saulo, miró para su sobrina, y le preguntó:

    -¿Te acostaste con ella?

    -Se acostó ella conmigo.

    -¡Tenías la rabia y no me lo dijiste, zorra!

    -Te dije que podría estar contagiada.

    Soraya, se abalanzó sobre Diana, diciendo:

    -¡Te voy a hacer un traje de hostias, puta!

    Diana la recibió con un puñetazo en el estómago.

    -¡Y una mierda, come coños!

    Se enzarzaron a hostias. Luego, a tumbos por el suelo, se rompieron las ropas y las bragas, después, ya medio desnudas, al tirarse de los pelos, sus bocas se rozaron. Se escupieron a la cara una a la otra. Volvieron a dar tumbos pegadas como lapas. Sus tetas y sus coños se rozaban. La pelea las excitaba, ya que las dos tenían el interior de los muslos húmedos, y aquello, sudor no era… Cuando ya estaban calientes, en los dos sentidos, Saulo, las separó.

    Las dos muchachas intentaban zafarse de Saulo para seguir dándose de leches, aunque yo creo que lo que se morían era por comerse las bocas, las tetas, los coños, se morían por comérselo todo.

    Diana, con los ojos inyectados en sangre, una teta fuera de la camisa y con las bragas en los pies, le dijo a Saulo:

    -¡Suéltame que la como!

    Soraya, con las dos tetas al aire, el vestido rasgado, el coño al aire y cara de abrevada, le dijo a Saulo:

    -¡Suéltala, suéltala que me la zampo!

    -Tenéis toda una eternidad para pelearos.

    Lo de la eternidad calmó a Soraya. Le preguntó a Saulo:

    -¡¿No moriremos nunca?!

    -Si en fases de luna llena venimos a la cueva, no.

    Los ánimos se fueron calmando, y más se calmaron cuando les dijo Saulo:

    -Estáis escandalosamente sensuales.

    Diana, le preguntó:

    -¿Quién está más apetitosa?

    -Ella.

    Soraya le dijo a Diana:

    -¡Jódete!

    Saulo no dejó que la cosa fuese a más.

    -Haya paz, haya paz. Dije que estás tú más apetitosa porque a mi sobrina ya la caté, pero estáis igual de sensuales. Lo que no sé es cuál de las dos folla mejor.

    Soraya miró para el Pecho lobo. Le gustó lo que estaba viendo. Le dijo:

    -Eso tiene fácil solución, si ella quiere. ¿Podrás con las dos?

    -¿Te apetece un trío, Diana?

    Diana, mintió.

    -¡No! Que te folle ella primero. Yo te follo después y comparas.

    Se metieron en la cueva. Saulo se desnudó y se echó sobre la cama. Iba a dejar hacer.

    Soraya se desnudó. Subió a la cama de piedra. Le cogió la verga a Saulo, la descapulló, le lamió la cabeza, se la mamó mientras se la meneaba, luego lamió de los cojones al glande, mirando para Diana, que se había sentado en una piedra. Diana la miraba a ella. Ya no había rencor en sus miradas. Había otra cosa. Soraya se dio la vuelta, le puso el coño en la boca a Saulo y le siguió mamando y masturbando la verga.

    Diana, sin dejar de mirar a Soraya, se metió dos dedos en el coño y se masturbó… De vez en cuando, sacaba los dedos del coño, los llevaba a la boca y los chupaba mirando para su amiga. Soraya sacaba la lengua y lamía los labios, lo que ponía a Diana aún más cachonda de lo que ya estaba.

    Al rato largo, Soraya, se volvió a dar la vuelta, le dio las tetas a mamar a Saulo, después cogió la verga y pasó la cabeza por los labios con ella y luego metió la cabeza. Un gemido escapó de su boca al tenerla dentro.

    Diana, subió a la cama. Le olió el culo a Soraya. Se lo lamió y se lo folló con la punta de la lengua sin dejar de masturbarse. Le quitó la polla del coño y se la puso en la entrada del ojete, Soraya empujó y metió la cabeza, Siguió metiendo. Cuando iba por la mitad, se la volvió a sacar y se la llevó al coño. Los gemidos de las dos muchachas anunciaban que sus orgasmos estaban muy cerca. Diana dejó a Soraya y le puso el coño en la boca a Saulo, Soraya, al ver como se lo comía sintió que se venía. Saulo lo notó y le dio caña al estilo motosierra. Soraya se corrió inundándole de jugo la verga y los cojones.

    Al acabar de correrse Soraya, le dijo Diana:

    -Aparta.

    Soraya se quitó de encima. Diana, dándole la espalda a su tío, metió la verga en su coño. Estaba tan cachonda, que fue meterla, echar el culo hacia atrás una docena de veces y empezar a correrse. Saulo sentía como el jugo de la corrida de su sobrina, anegaba sus cojones cada vez que se abría y se cerraba apretando su verga. No aguantó más y le lleno el coño de leche.

    Fue una tarde muy larga y de muchos orgasmos. Ellas se corrieron como lobas y Saulo como un lobo.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.