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  • Mujer seria y respetable (IV)

    Mujer seria y respetable (IV)

    Recomiendo leer los capítulos anteriores para poder seguir correctamente la historia.

    Hasta ahora había descubierto que María era una mujer muy activa sexualmente, necesitaba su orgasmo a diario, y tenía relaciones sexuales con su pareja varias veces a la semana, aunque no eran suficientes para ella y su marido no podía seguirle el ritmo, por lo cual ella se complementa con sus masturbaciones el resto de los días, ayudándose para ello de un conejito rampante que tenía en un cajón a buen recaudo.

    Otra de las cosas que había descubierto que era un poco exhibicionista, le gustaba mucho ser el centro de atención más bien en modo deseo, sus sensaciones sobre el juego que le había mandado hacer en el gimnasio así me lo habían confirmado, excitada, a punto de correrse delante de todos eso hacía que aun estuviera más caliente, además era muy decidida, no ponía ningún pero a nada que le pidiera, tenía una ganas enormes en seguir el juego, siempre quería más retos, la última semana de preparación ya para la sesión pase a controlar sus orgasmos, y cuando podía o no follar con su marido, inclusive como debía ser, sabia de la necesidad diaria de correrse que tenía, pero aun así la prive de sus orgasmos un día de prueba, que salió vencedora, y los dos últimos días antes de vernos, esos ya le dije que sus próximos orgasmos eran míos, para mi placer, y serian conmigo, si hubo una cosa que me chocó bastante, como podía ser que una mujer tan activa sexualmente no fuera multiorgásmica, se podía correr varias veces al día, pero siempre con un espacio de tiempo largo entre ellos, no acaba de entender porque no podía encadenar los seguidos, pero según ella era así.

    Llego el día, ya por la mañana fui enviando juegos para realizar, las instrucciones se las pasaba con cuentagotas, pero sí le dije por la mañana que es lo que necesitaría por la noche como vestimenta, aunque sin especificar detalladamente cómo debería venir, eso lo guardaba para la tarde, el día transcurrió estando ella muy agitada y nerviosa, si estaba tomando café en una cafetería la mandaba al baño a masturbarse sin correrse, si estaba en el curro hacía que se quitara las bragas y el sujetador, todo ello creo en ella un estado de ansiedad nunca antes experimentado, pues yo la controlaba, y le mandaba que debía hacer y cuando, llego a estar súper caliente, necesitaba tocarse, necesitaba correrse, y así me lo pedía una y otra vez, negándome yo a ello, pues su siguiente orgasmo era mío, y debía entregármelo a mí, la tarde se volvió muy tensa por ese motivo, el estado de humor de María se había crispado, y llegue a pensar que se caía el castillo que había creado, por lo que por la tarde relaje un poco su sufrimiento, le di libertad para tocarse cuando quisiera, pero sobre todo le pedí no correrse, y si lo hacía no tendría sentido la sesión de la noche, pues lo que tenía en la mente se rompía en pedazos, aun asi aguanto a duras penas, pero aguanto, un 10 para ella.

    Le pedí que viniera totalmente desnuda, solo podía llevar unas medias, unos zapatos y un abrigo, además de su bolso, no podía llevar nada más, pero lo sorprendente fue que después de enviarle esas instrucciones no me respondió, eso me descoloco por completo, que hacía? Se había acabado el juego o continuaba para adelante y me estaba castigando ella a mi, me quede desconcertado la verdad, pero decidí seguir adelante como tenía planeado y si no aparece pues significaba que no aguanto la presión infringida hasta el final.

    Le envié un Whatsapp diciéndole la calle y el número, pero para curarme en salud ya no era el apartamento, era el de una cafetería que hay enfrente, decidí esperarla allí por si no aparecía.

    Y sorpresa, a la hora indicada la veo entrar por la puerta, como ella no sabía quién era me levanté y me acerque a ella para asegurarme y darme a conocer, nos dimos los dos besos de rigor y la invite a sentarse a mi lado, estaba temblando bien por el frío de la calle, bien por los nervios, le pregunté si había seguido mis instrucciones, a lo que asintió con la cabeza, le pedí que se abriera un poco el abrigo por arriba y accedió, se veía el contorno de sus generoso pechos, mientras mi mano se coló por debajo del abrigo buscando su sexo, a lo dio un pequeño salto, estaba empapada, mucho, le acaricie un poco y enseguida cerró los ojos para poderlo degustar, si no hubiera parado se hubiera corrido allí mismo, pues sus gemidos eran muy elocuentes, y necesitaba correrse, por lo que pare, pagué y nos fuimos al apartamento.

    Al entrar a la escalera le pedí el abrigo, me miró como diciendo estás loco? Pero no tuve que repetirlo, simplemente se lo quitó y me lo dio, llegó el ascensor, y entramos en él, al entrar en el ascensor le mande ponerse de rodillas y que me sacara el pene y se lo comiera, cuando llegamos a la planta la levanté e hice que me siguiera, yo con mi pene fuera y ella detrás desnuda, abrí la puerta y entramos en el apartamento, la suerte nos acompañó, nadie nos vio durante el trayecto de la zona común de la escalera.

    Dentro del apartamento mi intención era aportar multitud de sensaciones que fueran nuevas para ella, usando cuerdas, esposas, látigos, y algún vibrador, mi intención era llevarla a un placer aún mayor, y tenerla en ese estado un buen rato hasta que decidiera que podía soltar todo su placer contenido, placer que sería mío.

    El resultado de la sesión no quiero explicarlo yo, quiero que sea ella, a través de sus sensaciones que obtuvo en la sesión, como siempre, una de mis condiciones es que luego deben explicarme que han sentido ellas por ellas, bajo su punto de vista, no del que yo pueda creer, eso me hace conocerlas aún más a fondo.

    Sus sensaciones fueron estas:

    Hola Alex,

    Y ahora sí dulce tentación… nunca mejor dicho.

    Dios, que morbo ir desnuda para ti por la calle, notaba como estaba mojándome, estaba muy mojada, creía que todo el mundo sabía que debajo del abrigo no había nada, incluso tuve la sensación que la gente me olía, buffff brutal…

    Luego en el bar me sentí muy vulnerable, me hiciste desabrochar dos botones para comprobar que no llevaba ropa y cuando metiste tu mano dentro de mi uhmmm no podía silenciar mis gemidos, no sé qué me pasa pero me he vuelto gritona, no puedo remediarlo.

    Lo del ascensor creo que ahí te pasaste, nos podían haber pillado fácilmente, tuvimos suerte, pero me encanto poder saborearte ya en es ese momento, estaba muy excitada… al salir del ascensor fue muy surrealista, tú delante con tu polla fuera del pantalón todo empalmado y yo detrás siguiéndote sumisa y desnuda… que alivio cuando entramos dentro…

    Aunque no sé qué fue peor, lo de fuera o lo que me tenías preparado, no me dejaste ni tranquilizarme un poco, allí estaba yo de pie, esposada, privada de vista, con una mordaza puesta, y totalmente expuesta para ti…

    Yo me consideraba sexualmente estaba satisfecha, ya sea con sexo en pareja o sola… pero me has enseñado un placer que en mi vida me lo hubiera imaginado… (mi punto G, multiorgásmica, eyaculación).

    Me ha encantado, lo he disfrutado y me gustaría que me enseñaras a disfrutar aún más de ese placer oculto que yo desconocía de mi misma…

    No sé qué has encendido dentro de mí… pero es tan gratificante que quiero más…

    El sábado por la mañana nada más despertarme mi sexo me pedía que quería un nuevo desahogo y me masturbe como me enseñaste para darme más placer buscando mi punto G… fantástico…

    Y a la hora de la siesta que también practique sexo con mi marido, me coloque yo arriba pues así yo controlo mejor mi placer…

    Y los orgasmos fueron increíbles y seguidos… fueron dos, el segundo más intenso y duradero que el anterior… (Nunca me había pasado).

    PD: Te acepto como mi dominante… me aceptas tu como tu aprendiza-sumisa??

    Gracias Amo

    Y mi respuesta a su mail fue esta:

    Me alegra verte así de contenta.

    Por mi encantado de ir avanzando contigo, pero debes conocer varios detalles.

    Has tenido la suerte de descubrir todo eso la primera sesión, pero a partir de este punto buscaré además de lo del viernes convertir esos orgasmos en que sean más largos y más violentos para seguir aumentando el placer que me entregas a mi, tienes que tener en cuenta que según me dijiste tu piel es bastante sensible, pero aun así trabajaremos más el tema de los azotes (ahora ya sabes que te gustan y que pueden llegar a ser excitantes) también trabajaremos el tema pechos y pezones, debemos trabajarlos de manera que pueda llegar a proporcionarte placer a través del dolor al ser pinzados, y empezaremos a trabajar también el tema humillación física.

    Partiendo que ya sabes que mi intención no es hacerte daño de ninguna manera, estas dispuesta a ir añadiendo todo esto para ir incrementando el placer que me vas a entregar?

    Sigues queriendo más?

    Continuará…

    VentRoig

  • Religiosos a solas: (Parte II: Por el culo)

    Religiosos a solas: (Parte II: Por el culo)

    Después de besarnos un buen rato y compartir sabores nos quedamos acostados, desnudos y sudados en mi cama hasta que me dieron ganas de ir al baño. Nunca me lavaba nada cuando me la culeaba porque me gustaba sentir ese olor… Ese olor a sexo. Y se bien que ella tampoco se bañaba al llegar a su casa a menos que fuera a salir, por la misma razón.

    Cuando volví al cuarto mi pelirroja estaba dormida y pensé dejarla un rato más antes de comenzar a pervertirla nuevamente. Cuando iba caminando hacia mi lado de la cama, conseguí el encaje que le había quitado rápidamente y no aguante las ganas… Me lo pegue a la nariz e inhale lo más que pude. Inhale ambos lados, la parte frontal y la que claramente había estado un buen rato entre sus nalgas… Que rico olor, hasta me dio hambre.

    Pensé: «lo siento rojita, pero es hora de comer…» Me acosté a su lado y le recosté el guevo mientras le metía mano en sus nalgas suaves. Apenas vi que se iba despertando lancé un manotazo a su nalga que sonó fuerte y vi que se sobresaltó un poco. Justo después de nalguearla le manoseaba esa nalga y luego pasaba a la otra.

    Empecé a pegarle manotazos en el culo cada vez más fuertes y que sonaban más duro. Mi perra había volteado la cara y me miraba pidiéndome más así que la seguía nalgueando y manoseando.

    Por ser muy blanca, se le pusieron las nalgas rojas al instante, pero no me importo. Quería pegarle fuerte en ese culo para que no olvidara quien era su dueño…

    Después de un manotazo que di muy debajo sentí flujo que salía de su papo y note lo mojada que estaba. Me puse de rodillas sobre ella y abrí sus nalgas de par en par. Su huequito del culo me incitaba. Me acerque y pegué mi nariz, un olor que aún recuerdo claramente. Sé que a ella le encantaba que le oliera el culo antes de comérselo.

    Acto seguido le pase la lengua que ya estaba hecha agua por todo el huequito de su culo y empecé a lamer una y otra vez como si fuera su papo. Como vi que estaba muy mojada le metí dos dedos por el papo e iba estimulando su punto g mientras le lengüeteaba el hueco del culo.

    Cuando me despegué de su rico culo seguí pegándole en las nalgas, más fuerte, mientras la jalaba del pelo y ella gemía como puta .»Que eres?» preguntaba yo, «Tu puta» me respondía. ”Que qué eres?!», «Tu maldita perra.»

    Después de un rato ya no aguante más. Me despegue y le pregunte «que quieres?» Y me respondió con el tono más puta del mundo «sabes muy bien lo que quiero» .

    Puse la punta de mi guevo en la entrada de su culo fui metiendo poco a poco. Le dolía. Y me gustaba que le doliera. Le jalaba el pelo y empujaba pero no lo lograba meter.

    «Es muy grande, nunca me cabra tu guevote en mi culo» mientras yo seguía empujado. Después de un rato empezó a entrar la cabeza mientras mi perra gritaba. Comencé con un vaivén y poco a poco su culo se fue abriendo para recibir todo mi guevo.

    Empecé a darle cada vez más rápido mientras mi perrita gemía de dolor. La jalaba del pelo y le manoseaba las tetas. «Maldita perra. Dónde está mi guevo?» «En mi culo. Lo tienes metido en mi culo.» «Te gusta que te de guevo por el culo mi puta?» «Si, sí. Me dueleee pero no me lo saques.»

    Mi perra pelirroja era muy estrecha, así que cogérmela por el papo era muy placentero ya que sentía su tope y me costaba mucho encajarle el guevo completo. Sin embargo, por su culo era aún más estrecha y cerradita así que el roce con mi guevo era demasiado fuerte, demasiado rico.

    Después de un buen rato metiéndolo y sacándolo de su culo apretado me dijo «ya no puedo más, sácalo» y lo saque. Cayó rendida. Pero yo no estaba satisfecho.

    La voltee y la agarre del pelo y le puse sus tobillos en mis hombros y de un solo empujón le metí todo el guevo por su papo que estaba totalmente mojado y empecé a darle cogérmela con rabia por no haberle enlechado el culo.

    Sentía como la llenaba toda. Como le dolía pero le encantaba «ay si, dale, cógeme. Dame guevo» y seguía dándole más y más. Le di cada vez más rápido y le pregunté «que quieres?» Y me respondió «tu leche».

    «Donde quieres mi leche?», «Ay, en mi papo. Lléname todo el papo de leche». «Te voy a llenar todo el papo de leche de guevo.» Y seguidamente empecé a acabar adentro de su papo. Me encantaba cogerla sin condón y sentir los chorros de leche llenándola toda. «ay siii, calientica» decía mientras yo descargaba mi guevo dentro de ella.

    Sin sacarle el guevo caímos acostados. Ella disfruto de la leche en su papo un buen rato antes de ir al baño y yo me quede manoseándole el culo y tomándole fotos mientras le abría las nalgas.

    Que rico culear bien sucio todos los domingos, no?

    Debo confesar que actualmente no estamos juntos, pero nos escribimos de vez en cuando. Compartí estas historias con ella y le encantaron y le gustó la idea de compartirlo con ustedes para que imaginaran lo rico que culeabamos. En lo particular me dijo que le gusto mas esta parte y me dijo «Por el culo es mejor, primero porque es más rico por el culo y segundo porque está más detallado y es más sucio, me encanta.»

    Si les gustó la historia tal vez me anime a contarles la vez que la cogí en el mueble durante una reunión familiar y termino regándose las gotas de leche en pelo para que no se vieran o la vez que la cogí en la camioneta frente a la casa de una amiga. De momento seguimos imaginando como sería un futuro encuentro, donde obvio, me la cogeré por el culo de nuevo.

  • Un viaje a la playa con mi madre y yo (Segunda parte)

    Un viaje a la playa con mi madre y yo (Segunda parte)

    Para Lara, mi más fiel lectora.

    Dormimos abrazados mi madre y yo. Para nosotros esa noche el mundo dejó de existir.

    Yo me desperté empalmado y al abrir los ojos, mi madre no estaba.

    Me levanté medio dormido con legañas en los ojos y vi que la luz del baño estaba encendida. Me asomé a la puerta y vi a mi madre sentada en la taza y masturbándose.

    Imaginaos la escena, mi madre haciéndose un dedo y yo el rabo empalmado apuntándola.

    -Mamá, le dije, ¿porque no me has esperado? si estas tan caliente, podemos tener sexo, ¿no?

    -Pensé que estabas dormido y quería dejarte descansar, dijo parando un momento.

    -Oye, se me ha ocurrido una idea. ¿Porque no sigues haciéndolo y yo me masturbo también a ver quién termina antes?

    -No está mal, me dijo picarona. Tu padre y yo nos masturbamos muchas veces juntos antes de acostarnos.

    -¿Pero hasta cuando no os acostasteis?

    -Hasta la noche de bodas. Yo enseñé a tu padre como te conté, todo lo que tenía que saber sobre sexo, pero el muy tonto no quiso probarme hasta entonces.

    -Pues él se lo perdió. Que tonto.

    -Hala, vamos a ello, me dijo mi madre retomando su masturbación.

    Como no me daba tiempo a ir a la habitación y coger el lubricante, me eché jabón por encima y empecé a masturbarme.

    -Avísame cuando te vayas a correr, me dijo mi madre ya muy jadeante. Sonó así: Avi, sa, sa, me, cua, cuan, do, do, te, te, va, va, yas, a, co, rre, rre, rrer…

    Yo estaba a tope viendo como mi madre se iba, pero quería aguantar lo más posible.

    Como unos 10 minutos después mi madre se corrió. Me dijo entre jadeos:

    -Hijo, ¿todavía no? ¿todavía aguantas?

    -Si mamá. Esto es muy fuerte, pero todavía aguanto.

    Viendo que no me iba, agarró mi polla y terminó de masturbarme. Mi semen salpicó su cara y sus tetas. Esta vez sí se restregó el semen por ellas. Era mi fantasía porno echa realidad.

    Al acabar, se duchó, pero cosa rara, no me dejó ducharme con ella.

    Bajamos a la playa y nos bañamos juntos, jugamos a las palas y enseguida tuve que tumbarme boca abajo, porque viéndola con su bañador mojado volví a tener una erección y me quedé así todo el rato hasta que nos fuimos para que nadie me viera.

    -Eres muy ardiente, me dijo cuando nos íbamos de la playa.

    -Claro mamá, no soy el mojigato que era tu marido.

    -La juventud que viene pegando fuerte, jajaja.

    Me encantaba verla reír.

    Llegamos al apartamento, nos duchamos y nos dispusimos a volver al restaurante.

    -¿Vamos a volver al restaurante del camarero salidorro? le pregunté a mi madre.

    -Conocemos al dueño de toda la vida. Ya veníamos aquí antes de que tú nacieras.

    -Pues no me pareció tan viejo.

    -Ya, es que es su hijo. Ahora lo lleva el.

    Nos sentamos en la mesa de ayer y esperamos a que nos trajeran la comida. Otra vez paella, pensé, que originales son.

    Mi madre se había tapado un poco más esta vez, con lo que el “camarero salidorro” se quedó con las ganas de mirarle las tetas.

    Dejó la comida y se marchó. Comimos con ganas después de una jornada en la playa.

    Nos trajo el postre por último y ni siquiera miró a mi madre.

    Al terminar, pagamos y nos fuimos. Mi madre no pudo saludar al dueño porque no estaba por allí.

    Llegamos al apartamento y nos desvestimos y nos echamos la siesta. Después vendría lo mejor.

    Nos despertamos algo tarde, serían las 19:30 o así. Mi madre estaba sentada en la cama desnuda, con sus tetas apuntando hacia mí. Yo me incorporé y no me di cuenta hasta entonces que estaba desnuda.

    -Llegó el momento, hijo. Vas a hacer el amor con tu madre.

    -Estoy un poco nervioso.

    -No te preocupes. Recuerda lo que te dije y todo irá bien.

    Diciendo esto, se tumbó boca arriba y abrió las piernas.

    Me puse sobre ella y empecé a chupar sus pechos. Me recreé en sus pezones y luego bajé a su ombligo. Mi madre se iba excitando.

    Luego pasé a sus muslos. Besé su cara interna mientras ella me acariciaba y besaba la cabeza y cuando vi que estaba a punto, le acaricié el chocho.

    La masturbé con un dedo y luego me pidió que le metiera dos.

    Me indicó como comérselo y finalmente llegué a su clítoris. Yo para entonces ya estaba empalmado y mi madre me invitó a penetrarla para que se corriera conmigo dentro.

    Me pasó un condón de los que habían traído para mi padre y me ayudó a ponérmelo. Era mi primera vez y al principio no pasaba de mi glande. Con su ayuda lo desenrollamos hasta la base de mi pene.

    Con mi mano derecha guie mi pene hasta la entrada de su vagina y lo introduje lentamente.

    -Ahora tienes que ir despacio mi niño. Me indicó mi madre.

    -Si mamá. Así lo haré.

    Empecé a bombearla despacio, muy lento. Sintiendo como por primera vez estaba dentro de una mujer. Aquello era lo mejor del mundo y ahora entendí porqué la gente estaba tan fascinada por el sexo.

    -Más despacio mi niño. No aceleres aun o te perderás lo mejor.

    Obedecí a mi madre, pero enseguida noté un pinchazo. Estaba a punto de correrme.

    -Mamá, me voy. Me corro.

    -No pasa nada mi niño. Échamelo todo.

    -Uuughh, aaaah, dije y me derramé dentro de ella.

    Me sentí satisfecho por haberme corrido, pero no por ella, porque sabía que no había llegado al orgasmo.

    Nos sentamos en la cama después de terminar.

    -Tranquilo hijo, cuando te recuperes volveremos a hacerlo y ahora podrás darme el placer que no has podido darme antes.

    Cariñosa como una madre, me quitó el condón y me limpió el glande de las gotas que aun salían de él.

    No tardé mucho en volver a excitarme y ahora dándome otro condón me dispuse a volvérselo a hacer.

    La penetré despacio de nuevo y ahora me moví más tranquilo. Habiéndome corrido duraba mucho más y enseguida mi madre empezó a gemir. Ahora si estaba disfrutando.

    -Pueden oírnos los vecinos.

    -Me da igual, me dijo. Tú sigue follándote a tu madre. Es el mejor regalo que puedo darte.

    Yo seguí bombeando. Llegamos a un momento en que nuestros cuerpos estaban sincronizados con cada embestida mía.

    Imagino que con mi padre disfrutaría más, pero por sus gemidos creo que no lo estaba haciendo nada mal para ser mi primera vez.

    -¡Aaaaah, hijo! Sigue, sigue, estas a punto de llevar al éxtasis a tu madre.

    Ver a la madre que te había parido disfrutando como una loca, era la experiencia más excitante que había tenido en mi vida. Quizá por ser primer polvo o por que fuera mi madre. No tenía ni idea.

    Unas cuantas embestidas más y mi madre se agarró con fuerza a mi espalda y me clavó sus uñas, al tiempo que estallaba en un orgasmo bestial.

    -¡Aaaaah!

    Debieron oírla en todo el edificio, pero para entonces a mi tampoco me importó.

    Yo aún aguanté un poco más y terminé corriéndome, ya más relajado que antes, pero también disfruté bastante.

    Estaba sudando mucho y me incorporé para recuperarme. Mi madre se quedó un rato boca arriba, como recuperándose de su orgasmo.

    Al final nos levantamos de la cama los dos y nos fuimos al baño. Esta vez sí nos duchamos juntos.

    Me dijo que volveríamos a cenar al restaurante. Yo acepté pero diciéndole que por favor no quería otra vez paella. Se rio y me dijo que de acuerdo.

    Antes de salir de casa, cogí otro condón sin que mi madre se diera cuenta y nos fuimos al restaurante.

    La cena fue más ligera. Mi madre bebió vino y me echó un poco en mi copa. Yo no había bebido nunca, así que enseguida me puse contento. No estaba borracho, pero si alegre.

    Nos fuimos calentando con los comentarios y al salir del restaurante, estábamos los dos cachondos. Mi madre llevaba un vestido corto que ayudaba bastante.

    -Mamá, le dije, tengo ganas de ti. No puedo esperar a llegar al apartamento. Hagámoslo aquí mismo.

    Ella se reía, aunque no estaba borracha y no sé cómo, pero aceptó.

    La apoyé contra la pared de detrás del restaurante. La subí el vestido y pude ver que no llevaba bragas.

    Entonces me puse más cachondo y me desnudé de cintura para abajo.

    -No llevas protección, me dijo mi madre.

    -Si. Aquí está y le enseñé el condón.

    Me lo puse sin ayuda de ella y la penetré sin más. Con el preservativo no sabía si estaba húmeda pero me daba igual.

    Comencé a follármela y al poco giré la cabeza. Desde allí se veía un ventanal de la cocina del restaurante. Era pequeño, pero suficiente para ver que el “camarero salidorro” nos espiaba desde dentro.

    Yo me puse más cachondo aun y seguí dándole fuerte a mi madre. Había planeado ese momento. Sabía del deseo que tenía el camarero por mi madre y ahora iba a darle envidia viéndonos follar.

    De vez en cuando giraba la cabeza para que nos viera hacerlo y me mordía el labio. Él no se cortaba y seguía observándonos.

    No sé si era por el vino o porqué pero estaba aguantando mucho.

    Por su gesto imaginé que el camarero se estaba pajeando con nuestra visión.

    Levanté el vestido a mi madre por encima de su culo y la giré aposta para que se lo viera.

    En ese momento vino mi orgasmo y me corrí. Mi madre no se daba cuenta de que su culo estaba a la vista del camarero y por encima de su hombro vi su cara cuando se corrió el voyeur.

    Di un par de empujones más hasta que mi madre se corrió. No pude más y acabamos sentados en el suelo por el cansancio.

    Los levantamos, nos limpiamos un poco y nos vestimos. Le guiñé un ojo al camarero al irnos.

    El muy guarro se había corrido, pero era yo el que le había provocado.

    Me sentí orgulloso y cogí a mi madre de la mano como una pareja de enamorados.

    Si os gustado el relato y queréis cambiar impresiones, escribidme a: [email protected].

  • El destape de Valeria

    El destape de Valeria

    Les cuento, se acuerdan de Juan, el novio de mi amiga Valeria con el que me acosté un par de veces?, pues resulta que se separaron y Vale no encontró mejor manera de pasar el tiempo que estando sobre mi todo el día!, no podía moverme sin ella, pobre, soy su única amiga en realidad.

    Salimos en estos días a un local a beber unos tragos, ella estaba como deprimida, comenzamos a beber, mientras ella me contaba sus cosas con Juan, estábamos ya un poco entonaditas por el alcohol, en eso se acerca a nuestra mesa mi jefe, nos saludó y nos invitó a sentarnos con un grupo de amigos suyos a compartir, «sin problema» le dije y Vale me miró con una cara como diciéndome «que hacés?», le dije que no había drama, solo serían unos tragos más y que luego ya nos iríamos a casa, aceptó de mala gana, ella es muy malhumorada en ese sentido, seguido, nos mudamos a la mesa de mi jefe, una mesa larga, estaban entre muchos, venían de un juego de fútbol, nosotras éramos las únicas mujeres entre ellos, tomamos mucho, Valeria ya empezó a entablar conversación con algunos señores, así pasaba la noche, se iban retirando de a poco algunos, hasta que se quedaron entre 3 hombres, mi jefe me dijo que no tenía problemas en acercarnos, le sonreí y accedí.

    Ya por el camino surgió la idea de ir a otro lugar, le pregunté a Valeria si no había inconvenientes, me dijo que no tenía dramas, fuimos llegando a una casa en donde estaban otros 5 señores compartiendo un asado y bebidas, nos sentamos un rato, bebimos de vuelta un poco hasta que uno de ellos sugirió empezar un juego, yo no tenía ni pizca de miedo entre tantos hombres pero podía ver por la cara de Vale que estaba incómoda, le di de beber más tragos, hablamos mucho y le dije que no se preocupara, que todo estaba bien, en fin, el juego propuesto era de la «botellita», verdad o consecuencia, en principio solo mirábamos el desarrollo del juego, si se optaba por consecuencia, debía dar alguna prenda de su propiedad o realizar actos que eran solicitados, empezaron con dinero, joyas y así hasta quedar sin nada, me pareció súper divertido y me uní al juego, Vale quedó a un costado sin participar (aún), poco a poco fuimos quedando sin nada, ya yo no tenía prendas que dar, me pidieron entonces que le dé un beso a cualquiera de ellos, me acerqué y se lo di a uno de los dueños de casa, sin lengua, sólo un beso normal, continuamos entonces y a mi jefe solo le quedaba su ropa interior, se lo sacó, quedó en cueros y noté que iba teniendo una erección, Vale empezó a reír por la escena, entonces la estiré para que se una, no dijo nada, se quedó en el círculo y el juego prosiguió, justo le tocó a ella pero eligió «verdad», le preguntaron si era verdad que ella estaba caliente por sexo y contestó que sí!, y así seguía el curso del juego, varios ya estaban desnudos, a mí me quedaba tan solo la ropa interior, cayó por Valeria que sin problema se sacaba la ropa, ya había entrado al juego, me tocó a mí y me saqué el brassier, dejando ver mis pechos, pude ver cómo me miraban e iban poniéndose duras algunas de las pijas, déjenme decirles que todas las que veía tenían mi tamaño perfecto… señores regalos de la naturaleza jajajaja!

    Vale iba quedándose sin nada, las dos y 4 de ellos estábamos totalmente desnudos, el juego seguía ya sin nosotros, hasta que el resto quedó como llegó al mundo, en eso voy al sanitario y Vale detrás de mí preguntándome que pasaría ahora, le dije que se relaje, que nada que no desee pasaría y me contestó que ya estaba toda mojada y que tenía vergüenza, me reí y le dije que disfrute del momento.

    Una vez todos desnudos, el juego volvió, «qué vamos a dar si ya estamos desnudas» exclamó Vale, una risa generalizada se escuchó, «no te preocupes, algo daremos» le dije.

    Me llegó el turno, me pidieron que me toque los pechos y apriete los pezones, lo hice con cierto gemido para tentarlos, Vale estaba toda sorprendida, me sonreí y le tocó a mi jefe, le pidieron que me chupe los pechos, accedí… pude notar que Vale estaba entrando en calor, se tocaba cada tanto disimuladamente, le tocó el turno al dueño de casa y le pidieron que me haga sexo oral, me recosté, le abrí las piernas y comenzó a lamer mis partes, con un suspiro y gemidos de placer lo acepté, le tocó a Vale, le pidieron que se frote el clítoris e increíblemente lo hizo sin reparo, buenos gemidos dio, vi que estaba súper mojada, que hasta por poco goteaba, me impresionó que no esté haciéndose la escandalizada y santa como era su costumbre, ahí en ese instante supe que ella estaba para todo esa noche, cuando volvió a tocarme turno, me pidieron que se la chupe a mi jefe, me puse de rodillas, empecé a mamárselo con ganas y sentí que otro de los señores me abría las nalgas y me lamía el culo, no pasó de eso, el juego continuaba…

    Cuando tocó turno a uno de los señores, le pidieron que le haga sexo oral a Vale, se acercó a ella y como convenciéndola, fue abriéndole las piernas y chupándole la concha, Vale empezó a gemir y a apretarlo por ella.

    Cuando tocó a otro de ellos, le pidieron que le muerda las nalgas, Vale me miró y dijo «de aquí sin coger no salimos», esa fue mi señal para pasar a lo siguiente…

    Cuando fue el turno de uno de ellos le pedí que se lo haga chupar a Vale, apenas le puso el miembro de frente, ella empezó a mamárselo como desesperada, casi hizo llegar al señor, volví al sanitario y la llevé conmigo, «lo que pasa y pase aquí, se queda entre nosotras» le dije, «vos soles hacer esto?» me preguntó, le respondí que es la primera vez que hago el juego así pero que ya había tenido sexo con más de uno a la vez, «bien escondidita andabas entonces» me dijo riendo, «tengo preservativos en la cartera, te voy a dar algunos para que lo usen por vos y tomate esta pastilla por las dudas» le dije.

    Salimos ya preparadas para lo que sea, ella mucho no se animaba, decía algo y luego retrocedía, era normal supongo por cómo se daba la situación, yo muy tranquila por la experiencia que me gané, pero ella, toda nerviosa y caliente a la vez.

    Me tocó turno y me pidieron que elija sobre quién sentarme, elegí al dueño de casa, un señor robusto, de pene grueso, me senté, sin penetración, puse su pija entre mis nalgas y empecé a hacerle jueguitos mientras me apretaba los pechos.

    Tocó a Vale y le pidieron lo mismo, ella se destapó, rompió el envoltorio del condón, se lo puso al que le hizo sexo oral y se sentó abriendo las piernas fue metiéndolo todo, empezó a gemir y a moverse con el pene en la vagina, ese no era el juego, pero bien que nadie dijo nada, empezaron a besarse, ella abajo con las piernas arriba del hombro del señor y siendo penetrada mientras mi jefe me abría las piernas para cogerme, gemíamos casi al compás, ella boca arriba y yo de perrito, en eso veo que se están turnando por ella, yo estaba con mi jefe y otro más enfrascados en un sándwich, sintiéndome abierta por todos lados, todos y cada uno de ellos fueron abriéndose paso por nuestras vaginas, en una fila de penes esperando turno para poseernos, la locura terminó con sendos baños de esperma sobre nosotras… Valeria estaba súper satisfecha y no paraba de repetir «nunca lo había hecho con muchos hombres a la vez», en mi cabeza solo tengo ahora el deseo de que la pastilla que se tomó resulte, porque muchos terminaron adentro de nosotras, nos llenaron de semen… parecerá irreal lo que acabo de contarles, pero es la verdad, así sucedió y adivinen qué? Vale ya me pide hacerlo más seguido… para satisfacción de los hombres.

  • La novia de sus fantasías (parte 3)

    La novia de sus fantasías (parte 3)

    Al amanecer, la piscina se veía maravillosa. Rectangular, con una hermosa iluminación interna y un diseño colorido de azulejos al fondo. Era inevitable un chapuzón.

    Me había levantado de la cama hace unos momentos, aunque los pesados brazos de Salomón, quien aún dormía, buscaban retenerme. Todavía desnuda me acerqué a la ventana, y desde ahí contemplé ese pasaje matutino.

    Rápidamente me puse mi bikini negro (lo llevaba conmigo, por si Salomón quería que lo usara), tomé una bata y salí con el entusiasmo de una niña pequeña. Al llegar, dejé la bata a un lado y sumergí mi pie derecho despacio, para medir lo fría que estaba el agua.

    Estaba helada, pero eso no me iba a detener.

    Salté, y caí en un lago de hielo. Era maravilloso contemplar aquel cielo de la mañana mientras jugaba en el agua.

    Minutos después, llegó Salomón. Usaba una bata oscura y traía un celular en su mano derecha.

    —Buenos días, mi amor. ¿Cómo amaneciste? —preguntó.

    —Cansada pero feliz. Gracias a ti.

    —¿Cómo puede una chica tan joven saber tanto sobre sexo?

    —Me gusta aprender —respondí, y le di la espalda, para que contemplara un trasero de primera categoría una vez más. Ese espectáculo tuvo efecto: de inmediato se quitó la bata, y así, completamente desnudo, se arrojó a la piscina, buscando repetir las locuras que hicimos en la noche.

    Con sus manos sujetó mi abdomen, para luego subir a mis pechos. Los acariciaba con sus ásperas manos de una forma tan deliciosa que yo misma terminé pegándome más a su cuerpo. Sentí perfectamente su pene durísimo, y me sentí orgullosa de haberlo logrado tan fácilmente. Aun así, meneé las caderas para recordarle lo mucho que eso me gustaba.

    —¿Ya lo has hecho en una piscina, nena?

    —No. Y me muero por hacerlo.

    —Pues hoy es tu día de suerte —respondió, mientras me bajaba la parte inferior del bikini e insertaba su miembro erecto donde podía, con una actitud casi salvaje. La sensación era novedosa, pero no era lo que yo quería. Así que di la vuelta y lo besé en la boca, con más pasión de la que había mostrado durante la noche, y brinqué hacia él, para que tomara mis muslos e hiciera lo que tenía que hacer.

    Y lo hizo, con todas sus fuerzas.

    Me penetró, y la sensación de su pene entrando en mí junto con cierta cantidad de agua fue algo incomparable. Lancé un pequeño grito de dolor y clavé mis uñas en sus hombros cuando una explosión había empezado a nublar mis sentidos. La tranquila mañana que nos rodeaba empezaba a parecerse a un bacanal desenfrenado en mi mente.

    —¡Qué golosa eres, niña!

    —Así es, me lo quiero comer todo.

    Me fue llevando hacia atrás hasta que llegamos al borde de la piscina, y aferrándose con las manos, me dejó aprisionada y a su completa merced. Fue entonces que inició a invadir mi intimidad con su miembro, aumentando la velocidad de las penetraciones y haciéndome quejar de forma cada vez más ruidosa. Su salvaje pasión me llevó al desenfreno, y todo lo que podía hacer entonces era apretar más su cuerpo con mis piernas, para que no se detuviera… Para no dejarlo ir.

    Esta vez fue rápido. Creo que lo impetuoso y lo atrevido de nuestra locación nos excitó demasiado y nos hizo terminar de forma súbita y explosiva, con un fuerte orgasmo y muchos besos. Un fuerte quejido de mi parte le hizo ver lo mucho que disfruté ser cogida por él en la piscina.

    Tras un rato relajándonos, él me tomó en sus brazos y me sacó del agua como a una princesa. No sólo es una fiera insaciable… Salomón también es muy dulce.

    Él se vistió y yo me quedé sólo con el bikini negro. Entonces él ordenó a la servidumbre que nos preparara el desayuno frente a la piscina, ésa en la acabábamos de tener ese momento sexual tan intenso.

    Mientras comíamos, Salomón me dijo en voz baja:

    —¿Estás segura de querer salir con Tomás, o con Elio? En verdad desearía que ya fueras mi novia oficial.

    —Amor… Debo cumplir la promesa que hice. A pesar de que has sido adorable y exquisito no puedo dar marcha atrás.

    Fue notorio como se entristeció al escuchar mi respuesta. Eso me motivó a hablar.

    —Pero creo que aunque esté con ellos dos, mi corazón prácticamente ya es tuyo. Has sido intenso, exquisito conmigo… Y eso quiero en mi vida.

    —¡No vayas entonces! —exclamó de forma súbita y tomando mis manos. —Sé que tanto Tomás como Elio pueden ser agresivos con las jovencitas… Ellos me lo han dicho.

    —Eso lo sé. Pero debo hacerlo. No puedo darte más explicaciones por ahora, pero mi amor, y mi cuerpo, lo tienes garantizado tras todo esto.

    Salomón aceptó de mala gana, y tras vestirme, llevarme a casa en su limusina, y despedirme con un largo beso, fui a mi cama y me tumbé un largo rato.

    Iba a necesitar energías para satisfacer a Tomás esa misma noche.

    (Continuará)

  • El culo de mamá entró en un concurso

    El culo de mamá entró en un concurso

    Nací con un particularidad que me destaca desde muy chica, soy culona, la verdad no me molesta pero me acompaña como un sello distintivo en mi familia, casi una cuestión de herencia genética, las mujeres llevábamos el culo en nuestra sangre. Mi abuela era culona, mi mamá es culona, yo soy culona. En realidad no me molesta pero es medio incomodo tener un faro que atrae la mirada de hombres y mujeres. Ya de adolescente llamaba la atención de profesores y de los padres de mis amigas, muchas veces lo tapaba con algún buzo o una remera que me ataba en la cintura.

    El tiempo fue pasando y tuve que aceptar mi herencia, convivir con mi culo, hasta aprender a quererlo. Supe hacerlo mi arma de seducción y una herramienta para conseguir cosas. Una de las cosas más importantes en mi vida fue conseguir a mi marido, si lo atrape con el culo, era él más lindo y más deseado por mis amigas. Desde el primer momento lo enloquecí, me besaba el culo y lo chupaba todo el tiempo, mientras erramos novios siempre me pedía el culo y yo nunca se lo daba, creo que mantener el deseo vivo hizo que lo llevará al altar.

    Pasó el tiempo y con mi marido la pasamos muy bien, pero obvio en el primer año le tuve que entregar el culo, sino creo que me mataba, tuvimos dos hijos, Gabriela y Martín que son la luz de mis ojos, ahora son dos adolescentes estudiosos, Gabriela es la preferida de mi marido, Martín siempre pelea con él y llega a no hablarse por meses cuando se pelean.

    A Martín de 19 años, le falta un año para entrar en la Universidad, y Gabriela, de 18, es la pequeña de la familia. Él no es muy estudioso pero zafa bastante con las notas y aprueba, todo lo contrario con su hermana que siempre rinde todo bien, igual que yo cuando era chica.

    No me quiero olvidar de decirles mi nombre es Paula, tengo 36 años y quiero describir un poco mi cuerpo, aunque ya les dije que el culo es la frutilla del postre, mi cuerpo es el postre, tetas proporcionadas con una caída natural, pezones no muy oscuros pero bastante puntiagudos cuando me excito y por suerte tengo una cintura de avispa. Lo mío es todo natural.

    Como describir el culo sin una foto, bueno hagan esto, pongan la manos al frente y sepárenlas unos cuarenta centímetro, hagan la prueba lo van a poder sentir, separen los dedos de las manos lo más que puedan y ahora dejando fijos los brazos levanten las manos al cielo, como rezando al Dios culo, ese es mi culo, sé que lo pueden sentir entre sus manos. Imaginen que con el movimiento de sus manos lo pueden abrir y cerrar para ver el pequeño asterisco rosado que protegen los gordos cachetes. Así soy.

    Todos en casa me tocan el culo, se van a reír pero es cierto, casi como un Buda de la suerte. Mi marido cuando llega de trabajar me da un beso y me da una palmada en la cola. Mi hijo muchas veces pasa corriendo y entra a la cocina cuando estoy cocinando y ¡plaf! en vez de saludar me pega en culo. Mi hija es más cariñosa y me lo pellizca. Son terribles, pero no me molesta, me río y lo tomo como algo natural.

    Pero de repente un día la inocencia cambio. Estaba por empezar a lavar ropa y pasa corriendo Martín por detrás mío hacia la puerta.

    -¿A dónde vas?

    -Me llamó Javier, tenemos un partido.

    -Sí hay ropa sucia tráela

    -No sé. Creo que hay algo. Anda a buscarla.

    -Pero, lo podrías hacer vos

    -No, me tengo que ir

    Me terminó de decir eso casi en la puerta, como siempre tuve que ir a su habitación para ver si había dejado ropa sucia. Termino de meter lo que tenía de ropa en el lavarropa y voy a su habitación. Como siempre todo tirado en el piso, calzoncillos, remeras, medias y pantalones. Los recojo del piso y empiezo a poner sobre la cama, mientras estoy en este trabajo veo que el estúpido dejó la computadora prendida. Me acerco para cerrarle la sesión y apagarla.

    Cuando veo la pantalla veo que tiene lo que parecía una página porno, me fijo bien y no era eso, era la página de una red social donde sus amigos de colegio habían formado un grupo para compartir fotos, pero no era sólo eso.

    Tomo la silla de su escritorio y me siento a investigar que estaba mirando, al fin y al cabo soy su madre y quería ver en que andaban sus amigos, sabía que mira pornografía y nunca me deja ver que hace pero ahora tenía la oportunidad, no me iba a enojar por lo que vería pero era mejor saberlo.

    Era un listado de comentarios sexuales entre los compañeros y fotos de mujeres de espalda, específicamente de sus culos, pero no desnudos, eran fotos que parecían caseras, la intriga no me dejaba parar. Comienzo a leer los comentarios y me doy cuenta que había una discusión entre ellos o más bien una competencia, no podía entender sobre qué cosa y seguí leyendo. Había un link que me llevaba a un blog y ahí estaban cargadas un montón de fotos de mujeres o más específicamente de sus culos, estaban clasificados, por los mismos chicos con números que representaban votos. En la segunda página estaba mi foto, estaba de espaldas y con un pantalón jogging que uso en casa, quedo fría, no podía creer que la foto de mi culo estaba en la web y estaba compitiendo sin saberlo con otras mujeres y siendo juzgada por mi hijo y sus amigos. Sigo leyendo y el título del blog era “Culos de mamás ardientes” y la cantidad de votos no sólo se limitaba a los compañeros de mi hijo, no daban los números, eran muchos más.

    Vuelvo a leer los comentarios en la red social de mi hijo y me doy cuenta que había una competencia clandestina entre varios institutos y colegios, siempre nombraban a Natalie y había muchas peleas entre ellos.

    Decido copiar las páginas en un papel para tener acceso desde mi pc, apago su laptop y trato de borrar las huellas de mi navegación.

    En un principio estaba enojada, pero se me pasó rápido, ser el deseo de unos adolescentes me gustaba, la idea de decirle a Martín y reprenderlo no duró ni un minuto en mi cabeza. Pero que haría, mi curiosidad era más fuerte. No sabía qué hacer con esa información que me atormentaba.

    Voy a mi habitación y me encierro, sabía que no había nadie en casa pero igual echo llave. Enciendo mi portátil y copio los link, mi curiosidad no me hace perder tiempo.

    En seguida me posiciono en mi foto y veo la cantidad de votos que tenía, 2436. Primero siento vergüenza pero se me pasa enseguida cuando veo en qué posición estaba, 14. Yo siempre orgullosa de mi culo, redondo, suave, casi comestible, no podía creer cómo había quedada humillada por otros 13 culos, como si fueran los 13 Ronin que le dieron un golpe letal a mi orgullo.

    Esto no podía quedar así algo se me tenía que ocurrir para ocupar un lugar en el podio y que mejor si podía lograr el primer puesto. Pero como lo haría o qué se me ocurriría, era algo que en ese momento todavía no sabía.

    Empecé a ver mi competencia, a quienes tendría que vencer y a la tan mencionada Natalie. Había culos de todos los tamaños, pero corrían con una ventaja, muchos se veían casi en su totalidad, en short, con mallas, en calzas, hasta el mencionado culo de Natalie, sólo cubierto por una tirita roja, era algo imbatible, una diminuta tanga era el traje de baño de una mamá, era dorado, como el culo de una chica de Playboy, hermoso, trabajado en el gimnasio.

    ¿Quién era esa Natalie? ¿La madre de quién era? ¿Cómo podría averiguar sin levantar sospechas de mi hijo?

    Pero se me ocurrió algo, cuando llegué mi hijo le preguntaría si conocía si alguna de las madres de sus compañeros estaba yendo al gimnasio porque quería tomar clases, estaba segura que le podría sacar en dónde entrenaba Natalie.

    Espero hasta llegará Martín y lo encaro cuando veo que está solo.

    -Hola ¿estás cansado?

    -Más o menos

    -Tengo ganas de tomar unas clases de gimnasia, no conoces alguna madre de tus amigos que vaya al gimnasio.

    -Nnnno, a nadie

    -¿seguro?

    -No, de mis amigos no, pero sé que la madre de un chico del San Agustín practica crossfit

    -¿Qué es eso?

    -Es como un entrenamiento militar.

    -¿Le podes preguntar dónde entrena?

    -Pero no la conozco.

    -¿Pero cómo sabes que entrena?

    -Todos saben, sale en Facebook

    -¿es linda?

    -Si

    -¿más que tu mamá?

    -jajaja Si

    -Que malo. Soy tu madre, yo tendría que ser la más linda.

    -Bueno, tu cola es más linda.

    -jajaja pensaba que ibas a decir mis ojos

    Fue una pequeña conversación que me sirvió para sacarle unos pocos datos sobre Natalie y como encontrarla, pero lo principal fue saber el interés que podía generar con mi culo.

    Entre a la red social y pude averiguar datos sobre esta mamá, tenía una amplia variedad de amistades y era casi una celebridad en el mundo del crossfit, era una competencia muy dura por lo que veía, se me iba a hacer casi imposible poder competir. Decido ubicar el gimnasio para verla de cerca y ver si todo lo que tenía era real.

    Pude averiguar hasta los horarios en los que entrenaba, la idea era aparecer por el gimnasio y compartir el entrenamiento con la excusa que estaba eligiendo uno para entrenar. Cuando llego al gimnasio y después de hablar con varias personas que me explicaron el tipo de entrenamiento que hacían me dejan participar en una de las clases, fue algo duro para mí que hacía mucho que no entrenaba pero el objetivo era otro, era ir al vestuario y poder ver a mi competencia.

    Voy al vestuario y me saco la ropa para ducharme, veo que Natalie se estaba duchando a unos metros míos, me arrimo para poder verla. En verdad era hermosa, el culo parecía esculpido en mármol, las piernas musculosas brillaban por el agua. Me arrimo y me doy cuenta que soy mucho más alta, gracias a Dios en algo le podía ganar.

    Decido entablar una conversación mientras nos duchábamos.

    -Hola soy Paula

    -Natalie.

    -¿Hace mucho entrenas?

    -Sí. Hace años. ¿La primera vez que venís?

    -Sí, quiero achicar este culo un poco.

    Mientras le decía esto me daba vuelta y le mostraba el culo, lo agarraba con las dos manos.

    -¿Por qué? ¿Qué tiene de malo?

    -Pero el tuyo es perfecto.

    -Jaja, no creas, es por la gimnasia, pero la mitad del tiempo me duele, estiramientos, desgarros, prefiero tenerlo como el tuyo que es hermoso, natural, más tiernito.

    Mientras me decía esto me lo tocaba, yo la dejaba, lo estaba admirando la número uno, volví a tener esperanzas de poder sacarle el primer puesto. Pero para eso tendría que trabajar.

    Ya había visto a mi competencia, ahora necesitaba un plan para entrar en competencia, subir puestos rápidamente y mi hijo era el único que tenía la llave para ese concurso.

    Mi objetivo era que Martín me fotografíe, yo sé que cuando está en casa, tiene todo el tiempo el teléfono móvil en sus manos, así que tendría que mostrarle un poco más de piel para que me pueda fotografiar.

    Al otro día mi hijo estaba en el living acostado en el sofá con el móvil en la mano, aprovecho la situación para ser su modelo y poder entrar en competencia. Llevaba puesto solo una remera y ropa interior, la remera es larga y muchas veces estoy así de entrecasa, sabía que si me agachaba un poco le podría dejar el culo expuesto para que lo fotografíe, así que me puse a sacar unas cajas que estaban sobre un mueble delante de mi hijo. Me estiré varias veces esperando a darle tiempo a fotografiarme, el resultado lo podría ver al otro día, un tiempo prudente como para que suba las fotos al blog, si hubiese sacado las fotos.

    No se me pasaba más la hora, las expectativas eran muchas, recién cuando estoy sola en casa puedo revisar la página y ver si pudo cargar las fotos. La desilusión fue grande, el pajero no me saco ninguna foto o no las cargo, no sé, pero estaba quedando fuera del juego, por lo menos la posición la mantenía.

    Tendría que usar otra estrategia ya que en cuatro días iríamos a la casa de un amigo de mi marido a pasar diez días aprovechando las vacaciones de verano de mis hijos. Se me había ocurrido algo.

    Tenía una casa a metros de una playa espectacular, un verdadero paraíso. La playa era mi excusa para planear algo con mi hijo. Primero tenía que sembrar el campo en la cabeza de mi esposo e hija. Yo conozco que les gusta y que no, que quieren hacer y que no, esa era mi ventaja.

    Estábamos cenando los cuatro y les pido ayuda sabiendo la respuesta, primero a mi hija y después a mi marido.

    -Gaby, mañana quiero ir temprano al shopping para comprar un traje de baño para usar en lo de Rubén (él amigo de Ricardo, mi marido), los que tengo están todos gastados.

    -No, Ma, yo no puedo y sabes que me cansa elegirte ropa, nunca te conformas con nada.

    -Pero no puedo ir sola, tengo que probar varios y no puedo entrar y salir a cada rato del vestidor para ir a buscar otro modelo. Si no me acompañas vos (lo dije mirando a Ricardo)

    -¿No por qué yo? Sabes que no puedo mañana, tengo que ir al trabajo a la mañana.

    -Pero si nadie me quiere acompañar, no voy de tu amigo.

    -Pero no seas pesada, porque no te acompaña Martín, si está sin hacer nada.

    -No, yo que voy a hacer, son cosas de mujeres.

    -Dale, tarado, no te vas a transformar en maricón si acompañas a tu mamá. Aprovecha y pedí que te compre algo.

    -¿Me acompañarías?

    -Si me compras algo, sí.

    -Ves que tu hijo es más fácil que la tabla del 1. Con un regalo enseguida cambia de opinión.

    Por fin, todos contentos, logré mi objetivo sin mayor esfuerzo. Ahora tenía que pensar en cómo podría manipular a mi hijo.

    A primera hora despierto a mi hijo para llevarlo de compras, quería que haya poca gente en los locales de ropa, para poder elegir sin que nadie nos moleste.

    Ya en el shopping fui derecho a un local que vende ropa interior y deportiva, era un local muy grande y a esa hora de la mañana estaba prácticamente vacío. Uno puede elegir las prendas que quiera e ir probarlas en vestidores alineados a lo largo de una pared de 10 metros, como única puerta tienen cortinas de tela gruesa que no tocan el piso y dejan ver los pies del que se está probando la ropa.

    -Voy a elegir varios y me los pruebo

    -¿Necesitan algo? (Nos pregunta una vendedora)

    -No, gracias. Puedo tomar varias prendas.

    -Sí, no hay problema, pero no las puede llevar todas juntas al vestidor, es una regla de la empresa. ¿Quiere que se las alcance?

    -No, es muy amable, mi hijo me las alcanza, no se moleste.

    -No es ninguna molestia, pero como usted quiera, cualquier duda estoy en el mostrador.

    Ya estaba, yo tenía en mis manos como diez modelos diferentes de trajes de baño y la vendedora nos había dejado solos, la monótona música ambiente de fondo me hacía recordar a las películas porno de los noventa.

    -Martín me voy a probar todos estos. Me los vas alcanzando de a uno.

    -Sí, no hay problema

    Martin se sienta un banco largo que estaba enfrente de los vestidores, yo mientras entro a uno y llevo una malla enteriza, tuve la precaución de llevar todos modelos de talles más chicos que el mío, todo tenía un propósito.

    -shsh, shshh, Martín ¿Podes venir? (le digo mientras saco la cabeza por un costado de la cortina)

    -Sí, ahora voy.

    Se arrima, yo ya me había calzado la malla enteriza roja, el talle chico era el responsable de hacer sobresalir mis tetas por los costados y de meter bien adentro del culo la tela, parecía que se la estaba comiendo.

    -Mira ¿Te gusta? (lo dejaba asomarse por un hueco que dejaba la cortina).

    -Mmm, a ver date vuelta.

    -Dale ¿Cómo me queda?

    -No me gusta el color y como te queda

    -Bueno, espera que me pongo una de dos piezas

    Corro la cortina y no cierra del todo queda abierta unos tres centímetros, me doy cuenta que Martín se queda cerca. Mientras estoy desnuda tomo un traje de dos piezas una bikini no muy chica pero lo suficiente para mostrar mejor mi culo.

    Me pongo la tanga y de repente asoma la cabeza mi hijo por la cortina.

    -Para, para, que todavía no estoy lista.

    Su mirada se clava en mis tetas y las sigue mirando, yo con naturalidad termino de ponerme la parte de arriba.

    -Bueno ahora ¿Cómo me queda?

    -Un poco mejor, pero es muy grande, a ver date vuelta.

    Me giro lentamente en el vestidor y veo su reacción por el espejo, clava su mirada en el culo.

    -¿Y?

    -Te queda mejor, pero proba otro.

    -jajaja, no me estoy cansado, no te gusta nada. Porque mejor no elegís el modelo que te gusta y lo llevamos a casa y me lo pruebo allá, dale igual estos los llevo igual.

    -Bueno, ahora elijo y lo voy pagar, es un regalo, pero lo ves en casa.

    -jajajaja tengo que venir siempre con vos a comprar, papá nunca me compra nada.

    No podía ocultar mi alegría y por su cara también la de él. Yo fui a la caja a pagar lo que había elegido y probado, después fuimos al auto. En el auto me sentía una adolescente, nos reíamos de cualquier pavada, estábamos ansiosos por llegar a casa.

    Apenas llegamos a casa le pido que me muestre lo que me había comprado.

    -Dale, a ver que me compraste.

    -¿Te la vas a poner?

    -No, después, ¿por qué tanto apuro?

    -Bueno entonces te la doy después.

    -jajajaja que vivo, bueno entonces vamos a mi habitación, ya que estás tan apurado.

    Yo no aguantaba ver lo que había elegido y él tampoco, lo nuestro era descarado, pero era un juego en el que tratamos de demostrar otra cosa, indiferencia frente a la situación. Tira sobre la cama una pequeña bolsa de papel, dentro había una pequeña caja de cartón dorada que contenía el traje de baño.

    Saco del sobre la caja y la abro, descubro con agrado un pequeño bikini dorado como la caja, era hermoso y muy chico.

    -Es muy lindo, pero vos pensas que esto me entra.

    -Claro que te tiene que entrar.

    -jajaja, pero es muy chico, mira atrás, tiene una tirita, estás loco

    -te lo tenes que poner, es un regalo.

    -jajaja, pero con una condición, no te tienes que reír

    -trato hecho.

    -bueno, me lo pongo y te llamo para que veas como me queda.

    Se retira de la habitación, yo no podía creer que estaba por hacer, pero estaba decidida y muy excitada como para dar marcha atrás. Me saco la ropa y quedo desnuda, me toco la vulva y la tenía toda mojada, tomo la remera de algodón que me había sacado y me la seco, no quería manchar el bikini.

    Primero me pongo la parte de arriba, un diminuto pedazo de tela que apenas cubría mis pezones, las tetas se derramaban por los costados como queriendo escapar. Luego tomo la tanga y veo que delante tenía un pequeño triangulo que continuaba en una delgada tira dorada. Me la pongo y era descarada la forma en que se metía en mi cola, desaparecía entre mis rellenos cachetes. Me miro en el espejo por última vez y tomo coraje para llamarlo.

    -¡Martín! Podes pasar.

    Al segundo mi hijo abre la puerta y entra a la habitación, sus ojos me recorren de los pies a la cabeza, escaneando cada milímetro de piel.

    -¿Y? ¿Cómo me queda?

    -Estás hermosa. A ver date vuelta.

    -jajajaja

    Giro lentamente y quedo de espaldas, le mostraba el culo, podía sentir clavada su mirada.

    -jajaja vos pensas que tu papá me va a dejar usar esto. Ni loco

    -¿qué tiene de malo?

    -parece que estoy en bolas.

    -Pero ese culo es para mostrar.

    -Martín, soy tu madre.

    -¿Qué tiene de malo? Lástima la etiqueta, sino estarías para un afiche

    -¿Qué etiqueta?

    -La del culo.

    Me doy giro y me miro en el espejo, tenía razón, entre mis nalgas salía una pequeña etiqueta de tela rectangular con la marca y el talle.

    -jajaja, bueno quiero estar en un afiche, dale arrancala

    Me subo sin pensar a la cama y me pongo en posición de perrito, en cuatro patas y le ofrezco el culo para que me arranque la etiqueta. Enseguida se arrima y se sienta en la cama, toma la tira que pasa entre mi culo y tira, como suponía no lo puede arrancar fácil, la tira se separa del culo y me doy cuenta que le estoy mostrando el ano. No le puedo ver la cara pero me la imagino. Decido romper el hielo y tomarlo con humor, para que él lo tome con naturalidad.

    Entonces cierro el culo de golpe y le atrapo la mano con mis nalgas.

    -Te atrapé, jajajaja.

    Pero él me sorprende a mí gratamente. Mientras tengo apretada su mano el apunta un dedo y me lo mete entero en el ano. Yo por la sorpresa y por un acto reflejo retiro el culo de golpe, y sale el dedo de la misma forma.

    -jajaja, que asqueroso, ahora te vas a tener que lavar el dedo. Jajajaja

    Atine a decirle eso y reírme, no quería avergonzarlo y menos reprimirlo y asustarlo. Nuevamente su reacción me sorprende.

    -¿Por qué asco?

    Me dice eso mientras se chupa el dedo como una dulce paleta.

    -jajaja, estás loco.

    -¿Te lo puedo chupar?

    -¿Qué cosa?

    -el culo.

    -Pero Martín, soy tu mamá.

    -Dale.

    No dijo más nada, acerca su cabeza y la hunde entre mis nalgas, podía sentir la lengua acariciando mi esfínter y empujando sobre el agujero como queriendo entrar. Baje la cabeza y la apoyo sobre la almohada mientras llevo la mano derecha a la vagina, él me chupa, me toco el clítoris con frenesí hasta dejarlo duro como mis pezones. Estaba por acabar, él seguía chupando, entre suspiros y jadeos le puedo decir.

    -metela en el culo.

    Sacó la cabeza del culo casi al instante y después de un segundo siento la cabeza de su pene empujando en el ano. Hace un poco de fuerza pero entra de un golpe, puedo sentir su calor en mis entrañas, empieza a bombear con fuerza y rapidez. No tarda mucho en acabar, me llena con un largo chorro de leche, siento como un enema que me llena. Saca el pene y quedamos acostados uno al lado del otro sobre la cama, mirando el techo y en silencio. Al bajar la calentura no podía creer lo que habíamos hecho. Gira su cabeza y en voz baja me dice.

    -tenes el culo más lindo del mundo.

    -Esto tiene que quedar entre nosotros. No se puede enterar tu padre.

    No me dijo más nada, ya tenía la pija dura como una piedra, me pone en cuatro sobre la cama y me la mete en el culo nuevamente, está vez no acaba rápido, entra y sale con mucha fuerza, me quería romper el culo, a mí me encantaba. No sé cuánto tiempo pasó de bombeo pero nos tuvimos que detener de golpe cuando escuchamos un ruido en la puerta de entrada a la casa, había regresado mi marido y mi hija. Me acuerdo el ruido que hizo cuando sacó de golpe la pija del culo, sonó como un sonoro pedo. Martín sale corriendo a su habitación, yo me pongo la ropa lo más rápido posible para ir a la cocina y demostrar normalidad.

    No podía creer lo que acababa de hacer con mi hijo, me puse a hablar con mi marido como si nada hubiese pasado, pero mi cabeza estaba en otro lado.

    -Y ¿compraron algo?

    -Sí, no había mucha variedad pero pude comprar

    -¿Se aburrió Martín?

    -Se fue a dar una vuelta mientras compraba.

    Mientras hablábamos sentía la humedad que tenía en el culo, tenía ganas de llevarme el dedo al ano y chupar los restos de leche.

    El resto del día pasó como cualquier con la diferencia que cada vez que me quedaba sola con Martín me metía la mano dentro de mi calza y me metía en dedo en el culo, yo lo dejaba aunque le decía que tenga cuidado para que no se den cuenta de lo que estábamos haciendo.

    Al otro día mi marido fue al trabajo y mi hija se fue con unas amigas, en casa quedo sola con mi hijo. Nos miramos y salimos corriendo a mi habitación, todavía podía sentir el calor de mi marido en la cama, me pongo en cuatro y le ofrezco el culo, me lo chupa y me ensarta, era una máquina, metía y sacaba la cabeza del pene con fuerza, me dejaba el culo dilatado y aprovechaba para meter la lengua. Acaba y quedamos tendidos y cansados, de repente rompe el silencio con una confesión.

    -Ma

    -Sí

    -Quiero que ganes un concurso

    -¿un concurso?

    -Sí, el del mejor culo del colegio.

    -¿estás loco?

    El destino hizo que se cumpliera mi deseo sin pedírselo, me cuenta lo del concurso sin que sospeche que yo sabía, su deseo era el mismo que el mío, que mi culo gane el concurso. Primero me niego, para disimular, pero después de hablar llegamos a un acuerdo para que pueda ganar con mi culo.

    -Ya sé lo que podemos hacer, me vas a sacar una foto robada en el baño, agachada de espaldas, como recogiendo algo en la ducha y con el ano bien dilatado, eso va a llamar la atención. Dale vamos y preparamos la foto así la podes subir hoy.

    Eso hicimos, en el baño preparo todo y especialmente mi culo, me paso una crema en el cuerpo para que tenga un tenue brillo. Luego me mete la pija varias veces y la saca para tomar varias fotos desde la puerta entreabierta como que la foto hubiera sido tomada por asalto.

    Después de la sesión de fotos fuimos a la habitación para seleccionar la que entraría al concurso, luego cogimos varias veces más.

    Todo estaba hecho, ahora era tiempo de esperar.

    El día terminó como cualquier otro, hasta cogí con mi marido a la noche.

    Al otro día cuando despierto me encuentro con mi hijo en la cocina y me susurra al oído que era la numero uno. Por fin mi sueño se había cumplido, mi culo era el primero y era el sueño y las pajas de cientos de chicos y amigos de mi hijo. No veía la hora de ver cara a cara a la espectacular Natalie y aunque ella no lo sepa sentirme superior.

    Ya era el culo más deseado de la escuela o de varias escuelas. Ya en la casa del amigo de mi marido podía ver como aumentaba las visitas y votos en la página y ver cómo me alejaba de Natalie.

    Todo era un sueño, cuando podíamos quedar solos con mi hijo le regalaba el culo, era suyo.

    Todo transcurrió con normalidad, me sentía observada y desnudada por la mirada de los amigos de mi hijo, eso me encantaba, hasta que un día cuando estaba sola con mi hija, viene como a contarme un secreto, había descubierto mi culo en la red y me cuenta lo que yo sabía.

    Mi hija me lo contó indignada y enojada con su hermano, quería contarle todo a su padre, de lo que había hecho conmigo, de cómo me había humillado, pero yo la fui tranquilizando para transformar ese enojo en otra cosa. Primero le dije que era algo normal lo que había hecho Martín, por su edad y de poco la fui entusiasmando a que forme parte del concurso.

    Cómo lo hice, cómo la hice cómplice y cómo le rompimos el culo con mi hijo será tema de otro relato.

  • Embriagado de amor por mamá

    Embriagado de amor por mamá

    Mi madre tuvo una reunión con sus amigas de juventud. Era bueno que saliera luego de la muerte de mi padre. La recogí, la encontré un poco tomada y abrazados la ayudé a entrar a la casa. Llevaba un vestido sencillo de una sola pieza que hacía juego con sus ojos color caramelo.

    Mi mamá no es gorda, pero es llenita por sus 50 años y de caderas anchas y tetas grandes. Cogí su cadera y la vi como la mujer que es.

    – Hijo, ¡qué bueno que te hayas acordado de tu vieja madre! ¡Ya que estás enamorado, ji, ji, ji

    – ¡Mamá! Sí, estoy saliendo con Mirella, pero siempre estoy pendiente de ti.

    Mi madre seguía molestándome, dirigiéndome indirectas por lo de mi enamorada. Por un tiempo creí que estaba celosa con Mirella.

    Cargué a mi madre que se tambaleaba. A pesar del alcohol, el aroma que emanaba de su piel era delicioso. Acercó su boca a la mía y luego se detuvo. Por un momento creí que me quería besar.

    Al llegar a casa acosté a mi madre en el sillón y empezamos a conversar hasta que se quedó dormida sobre mis piernas. Se veía tan dulce y frágil. Con su piel tersa y suave, sus caderas anchas, sus tetas grandes, su piel clara, sus ojos caramelo, su cabello castaño largo, sus lentes redondos y su cara redonda.

    Acaricié su cabello y su rostro suave. Mi madre hacía dulces gemidos, bajé mi mano por dentro de su vestido, abriendo los botones, pasando mi mano por la naciente de sus tetas, un botón más y se abre su falda, paso mi mano por sus piernas tersas. Estoy caliente y con una erección. Mi instinto me gana y no lo piensa, abro ligeramente la boca de mi madre y la llevo hasta mi pene, se siente tan bien su aliento caliente. Rápidamente reaccioné y dejé a mi madre. La acosté en su cuarto y me fui al mío. Me masturbé pensando en mi madre hasta quedarme dormido.

    A la mañana siguiente mi madre se levantó con resaca, la ayudé a llegar al baño. Le sostuve el cabello mientras vomitaba en el wáter. Se ensució su ropa y la ayudé a quitársela, sin pensar. La lavé tiernamente. Una erección empezó a formarse. Me coloqué detrás de ella para cepillarle los dientes. Mi pene estaba sobre su espalda y me quería retirar pronto.

    La llevé a su cuarto y la acosté. Le llevé un vaso con agua y el desayuno. A las horas mi madre estaba dormida boca abajo, las bragas resaltaban su culo grande y oía gemidos de mi madre que estaba en un sueño erótico y sus bragas se transparentaban un poco porque estaban húmedas. Mis hormonas de 18 años estaban a tope. Puse las bragas a un lado, olí su coño que olía a gloria y lo empecé a lamer de a lados y en círculos. La cogí de las nalgas y levantándola le bajé las bragas, olí el perfume de su piel, besé sus nalgas mientras mis dedos se deslizaban por su raja.

    Mi madre gemía creyendo que era parte del sueño al despertarse y mirarme para decirme:

    – ¿Qué? ¿Qué estás haciendo? –mientras seguía gimiendo.

    No me resistí más, le clavé mi pene y empecé las arremetidas. Mis manos se aferraban a su culo, levantándolo. Mis arremetidas eran brutales. Mi madre decía que parara, pero seguía gimiendo. Por lo que seguí bombeando en la improvisada posición del perrito. Cuando sentí que me iba a correr terminé sobre su espalda, manchando su camisón.

    Mi madre estaba agitada. No podía creer lo que había hecho. Lo que no sabía era que solo sería el comienzo. Mi morbo era que se convirtiera en una adicta de mi polla.

    De nuevo continué con otra arremetida. La puse boca arriba y le abrí las piernas sosteniéndola de los tobillos. El fuego de sus ojos por la pasión indicaba que le gustaba.

    – Mami, te amo tanto. Quiero que seas feliz, quiero hacerte feliz. ¿Te gusta mi polla?

    – Sí… ahhh… ess más grande que la de tu padre… ahhhh… ¡Qué buena polla! ¡Dame más hijo! ¡Dame más!

    – Mamita linda, quiero terminar en tu cara.

    – No está bien hijo, pero te amo tanto… Mami es tuya para que hagas lo que quieras con ella.

    Le di unas arremetidas más. Cuando sentí que me iba a correr me puse frente a ella y le pedí que me masturbara mientras le sobaba el clítoris. Me corrí en su cara. Mi mamá saboreaba el semen. Pero quería que ella también se corra. Me fui a su coño lamiendo y sobando su coño. Mi madre bufaba y resoplaba hasta que su respiración se normalizó.

    Al cabo de una hora me levanté y llené la tina con agua caliente. Dejé descansar a mi madre. La llevé a la tina somnolienta y desorientada. Le quité el sudor poniéndola en cuatro. Mientras la penetraba echaba champú y sobaba su cabello, jalándolo para quitarle el champú.

    Esta pasión se repitió por toda la semana. Con el paso de los días mi mamá se apuraba en llegar a casa rápido, apenas cerraba la puerta la desnudaba y comía de sus tetas arrinconándola contra la pared. Nos morreábamos en un pasional beso mientras con una mano le metía dos dedos en el coño y luego le clavaba mi pene en continuos mete-saca vertical hasta que me corría. Al salir las piernas de mi madre temblaban y no soportaban su peso, cayendo en cuclillas, saliendo el resto de semen de su coño.

    – Mami es toda tuya para que hagas lo que quieras con ella.

    Yo sonreí y supe que había logrado mi cometido y desde allí a ambos nos esperaba una nueva vida pasional.

  • Bailando, muslo contra muslo

    Bailando, muslo contra muslo

    A mí personalmente me gusta mucho leer y dentro de la lectura soy muy aficionada a la literatura erótica, en el último libro que he leído “Dentro y fuera de la Cama” de Megan Hart, llegó un momento que me sentí dentro del libro y hay un pasaje al que no he podido resistirme a realizar mi propia versión, está es la que os aporto a continuación, espero que sea la mitad de bueno que el original, el cual os invito a leer.

    Nos habían presentado esa misma tarde, en una cena con unos amigos comunes, nos presentaron y la verdad es que “conectamos”, después de la cena fuimos a bailar y a tomar unas copas, como era tarde nuestros respectivos amigos se marcharon alegando esas excusas que suelen dar los amigos casados y con familia a cargo, nosotros decidimos ir a ese sitio de moda en el que ponen una música bailable y unas copas decentes.

    Cuando llegamos me preguntaste que quería beber, yo te conteste que “una Coca-light, no bebo alcohol”, Así que eres una buena “chica”, nos acercamos más y te susurre, dependes de los que entiendas por “buena”.

    Tu mano se abrió sobre mí cintura, y tu pulgar empezó a juguetear con la tela de mi camisa. ¿Estás dispuesta a hacer lo que yo te diga?

    Se me aceleró el corazón cuando me susurraste aquellas palabras al oído. Estábamos muslo contra muslo, vientre contra vientre. Nuestras bocas estaban lo bastante cerca como para besarse. Tu aliento me acariciaba la oreja y el cuello. ”Sí”. Habías deslizado la mano hasta la base de mi espalda, y me mantenías apretada contra tu cuerpo “Baila conmigo”.

    Te apartaste un poco para mirarme a los ojos. Tu mirada reflejaba un brillo de deseo inconfundible. Tu mano seguía posada en mi espalda. ¿Es eso lo que quieres? —intenté parecer seductora, incitante, pero mis palabras reflejaron cierta timidez.

    Asentiste con expresión seria. En ese momento, sólo era capaz de ver tus ojos fijos en los míos, sólo podía sentir las zonas donde se tocaban nuestros cuerpos.

    “Sí, eso es lo que quiero” Te di lo que me pedías. La pista de baile estaba más abarrotada que la barra del bar, así que había menos espacio para poder maniobrar, pero casi nadie estaba bailando de verdad. Algunos saltaban y se contoneaban al ritmo de la música, pero no puede decirse que bailaran.

    Me tomaste de la mano, entrelazaste tus dedos con los míos, y me condujiste al centro de la pista. Un paso, y me atrajiste hacia tu cuerpo; otro paso, y tus manos se posaron en mi cintura como si estuvieran hechas a medida para encajar con mis curvas; tres pasos, y tu muslo se deslizó entre los míos. Aquellos puntos de contacto me centraron, me mantuvieron anclada.

    Allí no podíamos hablar, no habríamos podido oírnos ni a gritos por culpa de la música. El ritmo iba acompasado con el latido que me retumbaba en la boca del estómago, en la garganta, en las muñecas, en la entrepierna. El gentío se movía a nuestro alrededor como el océano contra las rocas, se dividía y retrocedía antes de rodearnos de nuevo, y nos presionó aún más cuando empezó otra canción y la pista de baile se llenó más.

    Habías dejado de sonreír, Era como si estuvieras tomándote aquello muy en serio, como si no fueras consciente de lo que nos rodeaba, como sí tu mundo se hubiera centrado en mí. Tu mirada hizo que me estremeciera. Me sobresalté un poco cuando tu mano subió hasta debajo de mi pecho, nos movimos al unísono, y mi mano se deslizó por su hombro hasta llegar a tu nuca. Tu pelo me hizo cosquillas en los nudillos, y el calor de tu mano pareció quemarme a través de la blusa. Mi estómago se inundó de calor mientras se restregaba contra tu ingle. Me quedé sin aliento, y me humedecí los labios con la lengua. Seguiste el movimiento con la atención de un gato que está a la caza de un ratón. Alzaste la mano hasta mi pelo, y me instaste a que echara la cabeza hacia atrás. Cuando deslizaste los labios por mi cuello desnudo, solté un jadeo que no alcancé a oír. Me acercaste más hacia tu cuerpo, y me rendí a sus deseos.

    El gentío se había convertido en un cuerpo que se movía al ritmo sensual de la música, era una entidad que nos tenía a nosotros en el centro. Estábamos tan pegados el uno al otro, que me costaba distinguir dónde terminaba mi cuerpo y empezaba el tuyo. Parpadeé al notar que su mano subía hasta abarcar mí seno por encima de la blusa.

    Nadie nos miraba, nadie nos veía. Habíamos pasado a ser parte de un todo más grande, pero al mismo tiempo estábamos al margen. La pareja que estaba junto a nosotros empezó a besarse, sus lenguas se entrelazaron mientras se acariciaban el uno al otro.

    Los cuerpos que nos rodeaban hicieron que nos apretáramos más. El sudor me caía por la espalda. Todo se había convertido en calor y en ritmo. Al notar que tu erección presionaba contra mí vientre, abrí la boca ligeramente en una reacción silenciosa.

    Fijaste la mirada en mis labios con expresión tensa, como si estuvieras dolorido.

    Tu boca no se tensó por dolor, lo supe por la forma en que tu mandíbula se puso rígida cuando otro envite del gentío me apretó contra tu cuerpo. La mano que cubría mi trasero se abrió, subió hasta llegar a la base de mi espalda, volvió a bajar, y me apretaste aún más contra su erección.

    Deslizaste una mano hasta mi muslo, agarraste el borde de la falda, y lo subiste mientras seguíamos bailando hasta que pudiste deslizar la mano por debajo de la prenda. Tus dedos fueron ascendiendo hasta mi sexo, y presionaste la base de la mano contra mi clítoris, Tus ojos se ensancharon ligeramente cuando tus dedos entraron en contacto con mi sexo húmedo, pero sólo lo habría notado alguien que estuviera observándolo de cerca. Tus labios se entreabrieron en un jadeo, o quizá fuera un gemido. Mi cuerpo se sacudió cuando tu piel entró en contacto directo con la mía. Y solté un gemido gutural.

    Tus dedos juguetearon con los pliegues de mi sexo antes de empezar a acariciarme el clítoris. De no ser por el apoyo que me proporcionaban tu mano y la gente que nos rodeaba, me habría caído. Me recorrió una oleada de placer. Me aferré con tanta fuerza a tus hombros, que hiciste un pequeño gesto de dolor. Me di cuenta de que te había hecho daño, pero me sentía indefensa. Cada vez que tus dedos me acariciaban el clítoris, los míos se hincaban en tu hombro de forma involuntaria.

    En ese momento me mirabas con una mezcla de determinación y de admiración, y cuando trazaste con un dedo mi clítoris y vistes la reacción que no pude disimular, la expresión interrogante que había en tus ojos se desvaneció.

    Cuando te humedeciste los labios con la lengua, mi clítoris reaccionó al instante y palpitó con fuerza bajo tus dedos y empezaste a masajearme la base del cráneo mientras me mantenías sujeta. Seguimos bailando, y cada movimiento fue meciéndome contra tu mano; en cuestión de segundos, estaba al borde del orgasmo, con el cuerpo dolorido y ardiendo de deseo, incapaz de centrarme en otra cosa que no fuera el placer que iba acrecentándose entre mis piernas, los pezones se me endurecieron, y vi que bajabas la mirada hasta mis senos.

    Aquello era increíble, iba a correrme allí mismo, en ese mismo momento, iba a correrme en tu mano como si no existiera nadie más en el mundo, y me daba igual que alguien me viera. El placer era tan intenso, que creí que iba a desmayarme.

    Sentí tu aliento en mi piel cuando me besaste la oreja, y alcancé a oír tu susurro “Déjate llevar… Estallé en mil pedazos, y tuve que morderme el labio para contener el grito que subió por mi garganta. Mi pulso me resonaba en los oídos y en el cuello mientras mi clítoris se contraía espasmódicamente una y otra vez. Me abrazaste con más fuerza, y me mantuviste apretada contra tu cuerpo mientras me estremecía y me sacudía sobre tu mano.

  • Espejismo

    Espejismo

    Una amistad ofrecida, con tiempo compartido. Simples palabras carecientes de sentimiento alguno, al mismo tiempo cargadas con un poco de alegría-hipocresía, energía falsa! Días transcurridos, emociones adquiridas; un maldito mal entendido, y el final de nuestro primer acto.

    Arriba la cortina con el acuerdo de una junta compartida, a medias -no por decisión mía, un par de copas con su confusa despedida. Inquietudes de timidez disminuidas con el primer beso, ilusiones destrozadas con la primera caricia, hasta ser completamente olvidadas con pasiones queriendo ser compartidas, pero por el momento -nuevamente retenidas por tu insensatez… ¡cómo no darse cuenta!

    El romanticismo continuo con una inolvidable cena para dos; bromas y coqueteo, tantos deseos envueltos en un simple paquete de kétchup. Muchos ridiculizarían semejante merienda, pero para mí, quedara eternamente marcada como uno de los manjares más exquisitos de mi vida. La comida alimento mi cuerpo, tu presencia, mi alma entera… quería tu cuerpo, deseaba ser tu postre.

    Un local que ya había visitado cienes de veces -con los mismos ojos, tú como guía, un viaje a otra galaxia diferente: esa noche poseía un encanto inconfundible; de nuevo la luz de tu presencia causando la innegable diferencia. Los pasos tomados juntos en la pista, rodeados de gente, sin embargo un momento completamente íntimo. Miradas compartidas, cruce de cuerpos e intercambio de pasiones inciertas. Impenetrablemente me hiciste el amor con cada vuelta, con cada traída de mi cuerpo hacia el tuyo, y cada junta de frentes empapadas de sudor; ya no viajaba, está en las estrellas, me importaba muy poco la gente, la vida, los rumores, vivíamos un sueño.

    Una noche que no trajo el sueño. Ansias de compartir lo que queríamos, pero al mismo tiempo deteniendo el efecto; sentimientos resguardados con los malditos tabúes, y sus consecuencias. Lujuria exquisita, un beso y caricias suaves, placer contenido hasta que nos dominó el cansancio. El primer abrir de ojos, un nuevo dio, otra noche perdida, y yo envuelta en tus brazos.

    Lo que la noche logro prevenir, la mañana siguiente gritaba que era prohibido abstenerse. Indudablemente caímos en el mar de los deseos; entregándonos mutuamente el placer conmemorio de los actos anteriormente vividos… ambos, disfrutando de la piel, de la saliva prohibida en otras bocas, esta vez -nuestra, solamente para nosotros! Dicen sabios que la perfección no existe: me atrevo a decirles que se han equivocado, la melodía de mil años de evolución fue creada en ese instante que nos hicimos uno. Cuerpo, alma-fuerza compartida en el éxtasis, con el corazón, y con las manos, escribiendo el estribillo de una inolvidable canción, jamás escrita, jamás olvidada… sin repetición.

    Un encuentro más lleno de aventuras imprevistas… acercándonos mutuamente más a ambos, y compartiendo la dicha con melodías a los dioses; una felicidad completa que comenzó a mancharse con pequeñas dudas e incertidumbre de amistad futura. Cobarde. El fin de segundo acto y breve pausa.

    Sube el telón y con el tercer acto entran nuevos actores: la escena pedía tu ausencia en mi vida causada por tu incertidumbre a tu despedida, a tu estancia, a tu decisión prematura, y las terceras personas -nuevamente el maldito miedo, tu despedida eterna. Ah. Pero la obra no termina: otro actor hace su noble presencia distinguida, llenando de ilusiones una vida que realmente se dio por vivida. Llega el clímax y con el la realización, y el recuerdo de quien has dejado y no se ha ido. Dos historias que una vez se unieron sin saber el porqué, y de nuevo baja el telón con el asombro de todos los espectadores, inclusive de todos los artistas en este cortometraje de pasión medida con suaves sentimientos.

    Amor declarado y un sueño confesado; con miedo al futuro e invariabilidad del presente, tantas decisiones que se atrasan, mientras el tiempo se nos escurre como aquella lluvia de los días infantiles, en la ciudad de las calles estrechas, con las casas de los techos altos. Esplendor de emociones sin cautela, sin remordimiento, ansiosamente esperando respuestas mientras consumo un café que aún no me ha hecho efecto… y así, en mi alma y en mi mente, el reflejo de las flores que en ellas contenían todas mis esperanzas, y las cuales gritaban tu nombre.

    Siguiente acto: tantas palabras dichas, acciones cumplidas, hechos mínimos con el contenido para máximas reacciones. Desilusiones cayendo como relámpagos, deshaciendo todo en su aterrizaje brusco e indiscriminante. Sueños líquidos deshaciéndose con promesas de un nuevo amanecer. La luz de la esperanza deslumbrada con desprecio cruel…y mucha nostalgia en mi corazón; razonamiento de abandono, y deseo de reconciliación ante un ser invisible. Eres un bendito fantasma que va y viene para atormentarme. La habitualidad de dejarlo todo, y el dolor de que nada permanezca conmigo.

    Acto final: aún no ha terminado, la heroína no se dará por vencida, pues el amor consume su vida; y con el brinda la fuerza de matar cualquier adversidad, tuya incluida. Otra junta, y tu cuerpo que me trata con indiferencia, tus palabras que quedan marcadas en mi corazón como puñaladas llenas de traición. Y te amo, te deseo, te odio pero más te amo, y te digo, “no te vayas!” Ojos que me miran con dolor llenos de heridas que aún no han sangrado, y miedos que aún no han llegado; la incertidumbre de mañana e insistencia de un ayer hermoso que nunca más va existir. Castillos edificados, deshechos en un instante por completo, más aún tengo vida y me sobra material para de nuevo edificar la grandiosidad de lo perdido, me quiero enamorar nuevamente, mas quien soy yo para imponerme a lo que está escrito en el destino. Eres mi amor. Te amo.

    Que siga la función…

  • Ana, mi compañera de clase

    Ana, mi compañera de clase

    Cuando entré a estudiar la especialidad, conocí a Ana. 1.70, ojos marrones, cabello castaño liso y sonrisa matadora, además de unas tetas en su lugar y de buen tamaño a juzgar por las blusas que acostumbraba usar. Por aquel tiempo, había comenzado la relación con mi actual novia y debo aceptar que tenemos algo bueno juntas, sin embargo, no puedo negar que Ana llamó mi atención desde el primer día en que la vi.

    Lo primero que me atrajo de ella, fue su perfume. Un delicioso olor dulzón que me provocó voltear a verle al pasar a mi lado, solo para comprobar que el par de piernas que cubrían esos jeans, eran para morderlas, rematadas por unas nalgas en las que se me fueron los ojos más de una vez. Además de eso, Ana cuidaba cada detalle de su arreglo personal; desde las uñas delicadamente cuidadas, la ropa combinada y el pelo liso oliendo delicioso todos los días.

    Al poco tiempo, me enteré que era casada. Y no solo eso, sino que además tenía un hijo de 4 años. Ella tenía 33 cuando iniciamos la especialidad, aunque la verdad aparentaba ser más joven.

    Al principio nos llevamos bien. Hacíamos buen equipo en las clases y ella siempre me decía que era inteligente, y que por eso me buscaba para los trabajos en equipo o en pareja. Y lo cierto, es que siempre se me acercaba mucho, tomaba mis manos con cualquier pretexto, se apoyaba en mi pierna mientras charlábamos, buscaba mis abrazos y cosas que podían parecer de amigas, pero que a mí siempre me resultaron una oportunidad para sentirla cerca de mí.

    Poco a poco nos hicimos más cercanas y formamos un grupo de 5 amigas, con las cuales comenzamos a salir bastante, sobre todo los viernes, a beber unos tragos o cervezas. Con 26 años, yo era la más pequeña del grupo, después de Stephanie, quien tenía 24.

    Así que el grupo era muy animado y charlábamos de muchos temas, pero el favorito era el sexo.

    Todas las chicas, eran hetero y desde que les conté que me gustaban las mujeres se mostraron curiosas y confesaron tener al menos una fantasía con mujeres. Nuestras pláticas de sexo eran divertidas y picantes. Y la verdad es que sirvieron de preámbulo para que Ana fuese perdiendo la pena y en medio de varias borracheras, se abrazara a mi cuello o acariciara mi entrepierna haciéndose la distraída. Buscaba contacto físico todo el tiempo; y la verdad es que a mí me encantaba sentirla. Sobre todo cuando, bailando en grupo me abrazaba y yo la atraía hacia mí rodeando su cintura con mis manos. Sentía sus tetas firmes en las mías y a ella no parecía molestarle esa cercanía. Por el contrario, la propiciaba cada vez un poco más.

    Luego de algún tiempo, ese jugueteo, del cual nunca hablábamos en voz alta (solo lo dejábamos ser), se convirtió en caricias más intensas. Cierta vez, por ejemplo, en un bar frente a la escuela estábamos sentadas lado a lado, charlando con las demás chicas y ella sin más llevó su dedo índice a mi vagina y comenzó a acariciarme suavemente los labios vaginales sobre mis jeans mientras seguía la conversación de las demás. Eso me calentó muchísimo, así que cuando ella se levantó al baño la seguí y una vez dentro, la jalé del brazo para besarla. Ana besaba con mucha lengua, y generalmente eso no me gusta del todo, pero cuando te sientes caliente, supongo que eso te calienta más. Así que nos besamos y tocamos las tetas y la vagina sobre la ropa en menos de 2 minutos para no levantar sospechas de las demás, por la tardanza.

    Debo confesar, que lo más excitante desde el principio, era el hecho de que Ana estuviese casada con un hombre. Me producía una sensación nueva y excitante y sobre todo me hacía querer más.

    Este deseo aumentó una tarde en que, charlando por mensaje, ella por fin se atrevió a tocar el tema. Por fin, sin alcohol en el sistema, me confesó que a pesar de tener una buena relación con su esposo, y no estar dispuesta a incumplir el rol de esposa y madre de familia, sencillamente yo le atraía demasiado y la excitaba, al grado de que varias veces se había masturbado imaginando que eran mis dedos los que la penetraban, y que además tenía ganas de experimentar solo conmigo. Esa noche, antes de dormir, me masturbé delicioso pensando en ella y dormí con la pantaleta mojada.

    El fin de semana siguiente, una de mis amigas cumplió años, así que antes de las clases, fuimos a festejar en el acostumbrado bar de enfrente. Tomamos unos tragos, la plática se animó y al 15 para las 5, algunas de las chicas nos dejaron para irse a sus clases. En la mesa quedamos solamente Ana, Stephanie, Lynda y yo. Pedimos una ronda de cervezas más y de pronto fuimos abordadas por 3 chicos que intentaban ligarnos. Me aparté en seguida, porque no me interesaba y para mi sorpresa, Ana también lo hizo. Así que ella y yo entramos en una animada plática, en la cual de pronto, perdimos de vista a las chicas y cuando reparamos, habían salido del bar con los chicos y se habían ido al bar de junto.

    En el que nosotras estábamos, cada vez se llenaba más, de los alumnos de la facultad que iban saliendo a esas horas, así que cada vez el ruido y el tumulto era mayor. Bebimos una ronda más y durante esta última, nuestra plática comenzó a calentarse. Comenzamos a hablar sobre la masturbación y el cómo nos gustaba hacerlo a cada una. Además de que eso nos calentó, estábamos prácticamente a solas (sin gente que nos conociera), así que de vez en cuando nos dábamos un beso en los labios, sin mencionar que para lograr hablar con el volumen de la música, estábamos muy, muy cerca la una de la otra. Mientras esperábamos la cuenta, Ana me besó intensamente. Yo sentía el sabor a alcohol en sus besos y su manos apretaban mis piernas, como queriendo controlar sus ganas.

    Salimos de ahí y entramos a la facultad dispuestas a ir a nuestra única clase. Pero antes de ello, ambas coincidimos en ir al baño.

    Sabíamos que era un pretexto. Apenas entramos, comenzamos a besarnos y yo rápidamente hice entrar a Ana en uno de los cubículos del baño (el más grande) sin dejar de besarla, cerré la puerta y la empujé hasta el final de este, de manera que nadie pudiera ver nuestros pies bajo la puerta. Comenzamos a tocarnos, sin que pararan los besos, yo tenía a Ana tomada en las nalgas haciéndola acercarse mucho a mí, cuando ella me apartó un poco, para subir su playera y dejar libres sus tetas, luego bajó su sostén para mostrarme sus pezones, los cuales quise besar en seguida, y mientras le comía las tetas y jugaba con la punta de mi lengua en su pezón, desabroché sus jeans y los bajé ligeramente solo hasta sus caderas para permitir el paso libre a una de mis manos. Pude ver en su tanga, como ya estaba mojada. Volvía a besarla en la boca y sin pensarlo más, introduje mi mano en su tanga y por fin sentí su vagina caliente. Estaba deliciosamente mojada. Así que por instinto saqué mis dedos de su vagina y los llevé a mi boca para probarla. Eso la excitó mucho y dejó escapar un gemido, el cual tuve que callar tapando su boca para evitar que nos escucharan. El solo pensar que estábamos en los baños de la escuela, me ponía al 100 y a ella también.

    Llevé mis dedos a su vagina de nuevo y comencé a frotar su clítoris, poco a poco fui metiéndole uno de mis dedos y después 2, mientras la escuchaba respirar agitadamente en mi oído sin poder hacer más ruido, solo me susurraba “más”, “sigue”.

    Cuando estaba más excitada, subió mi camiseta y bajó mi sostén para sentir mis tetas y rozarlas con las suyas. Pude ver como eso le gustaba. Tuvo un orgasmo rico y vibrante. Tras el cual saqué mis dedos llenos de sus ricos jugos y lo probé de nuevo.

    Ana jamás había estado con una mujer, así que me dijo que yo no podía quedarme así, y me pidió que guiara su mano para que yo también terminara y sin terminar de bajar mis jeans, introdujo sus dedos en mi vagina. Comenzó a moverlo, primero muy bruscamente, hasta que yo tomé su mano y a mi gusto la dirigí para cogerme. Estaba tan excitada ya, que no tardé nada en venirme, y al terminar, Ana también quiso probar mi sabor en sus dedos.

    Salimos del baño y nos fuimos a clase, a la cual por supuesto llegamos tarde.